Produced by PM Spanish, Hctor Cancela and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by the Bibliothque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr) EL CRITERIO. POR DON JAIME BALMES, PRESBTERO. Criterio es un medio para conocer la verdad. La verdad en las cosas es la realidad. BALMES. NUEVA EDICION. PARIS. Librera de A. Bouret y Morel, calle del Eperon, n. 6. 1849. [Nota de transcripcin: en este texto electrnico, se ha mantenido la ortografa y acentuacin del texto impreso original, excepto en algunos pocos casos en que claramente haba errores tipogrficos que fueron corregidos.] EL CRITERIO. CAPTULO PRIMERO. CONSIDERACIONES PRELIMINARES. I. En que consiste el pensar bien. Qu es la verdad. El pensar bien consiste, en conocer la verdad, en dirigir el entendimiento por el camino que conduce ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en s, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error. Conociendo que hay Dios conocemos una verdad, porque realmente Dios existe; conociendo que la variedad de las estaciones depende del sol, conocemos una verdad, porque en efecto es as; conociendo que el respeto los padres, la obediencia las leyes, la buena fe en los contratos, la fidelidad con los amigos, son virtudes, conocemos la verdad; as como caeramos en error, pensando que la perfidia, la ingratitud, la injusticia, la destemplanza, son causas buenas y laudables. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir la realidad de las cosas. De qu sirve discurrir con sutileza, con profundidad aparente, si el pensamiento no est conforme con la realidad? Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesion, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filsofo que en encumbrados conceptos y altisonantes palabras quiere darles lecciones sobre lo que no entiende. II. Diferentes modos de conocer la verdad. A veces conocemos la verdad, pero de un modo grosero; la realidad no se presenta nuestros ojos tal como es, sino con alguna falta, aadidura mudanza. Si desfila cierta distancia una coluna de hombres, de tal manera que veamos brillar los fusiles pero sin distinguir los trajes, sabemos que hay gente armada, pero ignoramos si es de paisanos, de tropa de algun otro cuerpo; el conocimiento es imperfecto, porque nos _falta_ distinguir el uniforme para saber la pertenencia. Mas si por la distancia otro motivo nos equivocamos, y les atribuimos una prenda de vestuario que no llevan, el conocimiento ser imperfecto, porque aadiremos lo que en realidad no hay. Por fin, si tomamos una cosa por otra, como por ejemplo, si creemos que son blancas unas vueltas que en realidad son amarillas, _mudamos_ lo que hay, pues hacemos de ella una cosa diferente. Cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se parece un espejo en el cual vemos retratados con toda fidelidad los objetos como son en s; cuando caemos en error, se asemeja uno de aquellos vidrios de ilusion que nos presentan lo que realmente no existe; pero cuando conocemos la verdad medias, podria compararse un espejo mal azogado, colocado en tal disposicion que si bien nos muestra objetos reales, sin embargo nos los ofrece demudados alterando los tamaos y figuras. III. Variedad de ingenios. El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no mas de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusion, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes. Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen los que no han salido nunca de su pas; fuera del horizonte que estan acostumbrados, se imaginan que no hay mas mundo. Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversacion y los escritos de estos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precision y exactitud. En cada palabra encontrais una idea, y esta idea veis que corresponde la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfecho; decs con entero asentimiento: si, es verdad, tiene razon. Para seguirlos en sus discursos no necesitais esforzaros; parece que andais por un camino llano, y que el que habla solo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontrais vuestro paso. Si explican una materia difcil y abstrusa, tambien os ahorran mucho tiempo y fatiga. El sendero es tenebroso porque est en las entraas de la tierra, pero os precede un guia muy prctico; llevando en la mano una antorcha que resplandece con vivsima luz. IV. La perfeccion de las profesiones depende de la perfeccion con que se conocen los objetos de ellas. El perfecto conocimiento de las cosas en el rden cientfico, forma los verdaderos sabios; en el rden prctico, para el arreglo de la conducta en los asuntos de la vida, forma los prudentes; en el manejo de los negocios del estado, forma los grandes polticos; y en todas las profesiones, es cada cual mas mnos aventajado, proporcion del mayor menor conocimiento de los objetos que trata maneja. Pero este conocimiento ha de ser prctico, ha de abrazar tambien los pormenores de la ejecucion, que son pequeas verdades, por decirlo as, de las cuales no se puede prescindir, si se quiere lograr el objeto. Estas pequeas verdades son muchas en todas las profesiones; bastando para convencerse de ello, el oir los que se ocupan aun en los oficios mas sencillos. Cul ser pues el mejor agricultor? El que mejor conozca las calidades de los terrenos, climas, simientes y plantas; el que sepa cules son los mejores mtodos instrumentos de labranza, y que mejor acierte en la oportunidad de emplearlos; en una palabra, el que conozca los medios mas propsito para hacer que la tierra produzca con poco coste, mucho, pronto y bueno. El mejor agricultor ser pues el que conozca mas verdades relativas la prctica de su profesion. Cul es el mejor carpintero? El que mejor conoce la naturaleza y calidades de las maderas, el modo particular de trabajarlas, y el arte de disponerlas del modo mas adaptado al uso que se destinan. Es decir, que el mejor carpintero ser aquel que sabe mas verdades sobre su arte. Cul ser el mejor comerciante? El que mejor conozca los gneros de su trfico, los puntos de donde es mas ventajoso traerlos, los medios mas propsito para conducirlos sin deterioro, con presteza y baratura, los mercados mas convenientes para expenderlos con celeridad y ganancia: es decir aquel que posea mas verdades sobre los objetos de comercio, el que conozca mas fondo la realidad de las cosas en que se ocupa. V. A todos interesa el pensar bien. chase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente los filsofos, sino tambien las gentes mas sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos oscuras, andamos tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inaccion, con peligro de que se ponga obtuso y estpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravie. VI. Cmo se debe ensear pensar bien. El arte de pensar bien no se aprende tanto con reglas como con modelos. A los que se empean en ensearle fuerza de preceptos y de observaciones analticas, se los podria comparar con quien emplease un mtodo semejante para ensear los nios hablar andar. No por esto condeno todas las reglas; pero s sostengo que deben darse con mas parsimonia, con mnos pretensiones filosficas, y sobre todo de una manera sencilla, prctica: al lado de la regla el ejemplo. Un nio pronuncia mal ciertas palabras; para corregirle qu hacen sus padres maestros? Las pronuncian ellos bien, y hacen que en seguida las pronuncie el nio: escucha bien como yo lo digo; ver ahora t; mira no pongas los labios de esta manera, no hagas tanto esfuerzo con la lengua y otras cosas por este tenor. He aqu el precepto al lado del ejemplo, la regla y el modo de practicarla[1]. CAPTULO II. LA ATENCION. Hay medios que nos conducen al conocimiento de la verdad, y obstculos que nos impiden llegar l; ensear emplear los primeros, y remover los segundos, es el objeto del arte de pensar bien. I. Definicion de la atencion. Su necesidad. La atencion es la aplicacion de la mente un objeto. El primer medio para pensar bien es atender bien. La segur no corta si no es aplicada al rbol, la hoz no siega si no es aplicada al tallo. Algunas veces se le ofrecen los objetos al espritu sin que atienda; como sucede ver sin mirar, y oir sin escuchar; pero el conocimiento que de esta suerte se adquiere, es siempre lijero, superficial, menudo inexacto, totalmente errado. Sin la atencion estamos distraidos, nuestro espritu se halla, por decirlo as, en otra parte; y por lo mismo no ve aquello que se le muestra. Es de la mayor importancia adquirir un hbito de atender lo que se estudia se hace; porque, si bien se observa, lo que nos falta menudo no es la capacidad para entender lo que vemos, leemos oimos, sino la aplicacion del nimo aquello de que se trata. Se nos refiere un suceso, pero escuchamos la narracion con atencion floja, intercalando mil observaciones y preguntas, manoseando mirando objetos que nos distraen; de lo que resulta que se nos escapan circunstancias interesantes, que se nos pasan por alto cosas esenciales, y que al tratar de contarle otros, de meditarle nosotros mismos para formar juicio, se nos presenta el hecho desfigurado, incompleto, y as caemos en errores que no proceden de falta de capacidad, sino de no haber prestado al narrador la atencion debida. II. Ventajas de la atencion inconvenientes de su falta. Un espritu atento multiplica sus fuerzas de una manera increible; aprovecha el tiempo atesorando siempre caudal de ideas; las percibe con mas claridad y exactitud; y finalmente las recuerda con mas facilidad, causa de que con la continua atencion estas se van colocando naturalmente en la cabeza de una manera ordenada. Los que no atienden sino flojamente, pasean su entendimiento por distintos lugares un mismo tiempo; aqu reciben una impresion, all otra muy diferente, acumulan cien cosas inconexas que ljos de ayudarse mutuamente para la aclaracion y retencion, se confunden, se embrollan y se borran unas otras. No hay lectura, no hay conversacion, no hay espectculo, por insignificantes que parezcan, que no nos puedan instruir en algo. Con la atencion notamos las preciosidades y las recogemos; con la distraccion dejamos quiz caer al suelo el oro y las perlas como cosa balad. III. Cmo debe ser la atencion. Atolondrados y ensimismados. Creern algunos que semejante atencion fatiga mucho; pero se equivocan. Cuando hablo de atencion no me refiero aquella fijeza de espritu con que este se clava, por decirlo as, sobre los objetos; sino de una aplicacion suave y reposada, que permite hacerse cargo de cada cosa, dejndonos empero con la agilidad necesaria para pasar sin esfuerzo de unas ocupaciones otras. Esta atencion no es incompatible ni con la misma diversion y recreo, pues es claro que el esparcimiento del nimo no consiste en no pensar, sino en no ocuparse de cosas trabajosas, y en entregarse otras mas llanas y lijeras. El sabio que interrumpe sus estudios profundos saliendo solazarse un rato con la amenidad de la campia, no se fatiga, ntes se distrae, cuando atiende al estado de las mieses, las faenas de los labradores, al murmullo de los arroyos, al canto de las aves. Tan ljos estoy de considerar la atencion como abstraccion severa y continuada, que muy al contrario cuento en el nmero de los distraidos, no solo los atolondrados sino tambien los ensimismados. Aquellos se derraman por la parte de afuera, estos divagan por las tenebrosas regiones de adentro; unos y otros carecen de la conveniente atencion, que es la que se emplea en aquello de que se trata. El hombre atento posee la ventaja de ser mas urbano y cortes; porque el amor propio de los demas se siente lastimado, si notan que no atendemos lo que ellos dicen. Es bien notable que la urbanidad su falta, se apelliden tambien atencion desatencion. IV. Las interrupciones. Ademas son pocos los casos, aun en los estudios serios, que requieren atencion tan profunda que no pueda interrumpirse sin grave dao. Ciertas personas se quejan amargamente si una visita deshora, un ruido inesperado, les cortan, como suele decirse, el hilo del discurso: esas cabezas se parecen los daguerretipos, en los cuales el menor movimiento del objeto, la interposicion de otro extrao, bastan para echar perder el retrato paisaje. En algunas ser tal vez un defecto natural, en otras una afectacion vanidosa por hacerse del pensador, y en no pocas falta de hbito de concentrarse. Como quiera, es preciso acostumbrarse tener la atencion fuerte y flexible un mismo tiempo, y procurar que la formacion de nuestros conceptos no se asemeje la de los cuadros daguerreotipados, sino de los comunes; si el pintor es interrumpido, suspende sus tareas; y al volver proseguirlas no encuentra malbaratada su obra; si un cuerpo le hace importuna sombra, en removindole, lo deja todo remediado[2]. CAPTULO III. ELECCION DE CARRERA. I. Vago significado de la palabra Talento. Cada cual ha de dedicarse la profesion para la que se siente con mas aptitud. Juzgo de mucha importancia esta regla; y abrigo la profunda conviccion de que su olvido se debe el que no hayan adelantado mucho mas las ciencias y las artes. La palabra _talento_ expresa para algunos, una capacidad absoluta; creyendo equivocadamente que quien est dotado de felices disposiciones para una cosa lo estar igualmente para todas. Nada mas falso; un hombre puede ser sobresaliente, extraordinario, de una capacidad monstruosa para un ramo, y ser muy mediano y hasta negado con respecto otros. Napoleon y Descrtes son dos genios; y sin embargo en nada se parecen. El genio de la guerra no hubiera comprendido al genio de la filosofa; y si hubiesen conversado un rato, es probable que ambos habrian quedado poco satisfechos, Napoleon no le habria exceptuado entre los que con aire desdeoso apellidaba _idelogos_. Podria escribirse una obra de los talentos comparados, manifestando las profundas diferencias que median aun entre los mas extraordinarios. Pero la experiencia de cada dia nos manifesta esta verdad de una manera palpable. Hombres oimos que discurren y obran sobre una materia con acierto admirable; al paso que en otra se muestran muy vulgares, y hasta torpes y desatentados. Pocos sern los que alcancen una capacidad igual para todo; y tal vez pudirase afirmar que nadie; pues la observacion ensea que hay disposiciones que se embarazan, y se daan recprocamente. Quien tiene el talento generalizador no es fcil que posea el de la exactitud minuciosa; el poeta que vive de inspiraciones bellas y sublimes, no se avendr sin trabajo con la acompasada regularidad de los estudios geomtricos. II. Instinto que nos indica la carrera que mejor se nos adapta. El Criador, que distribuye los hombres las facultades en diferentes grados, les comunica un instinto precioso que les muestra su destino: la inclinacion muy duradera y constante hcia una ocupacion, es indicio bastante seguro de que nacimos con aptitud para ella; as como el desvo y repugnancia que no puede superarse con facilidad, es seal de que el Autor de la naturaleza no nos ha dotado de felices disposiciones para aquello que nos desagrada. Los alimentos que nos convienen se adaptan bien un paladar y olfato, no viciados por malos hbitos alterados por enfermedad; y el sabor y olor ingratos nos advierten cules son los manjares y bebidas que por su corrupcion otras calidades, podrian daarmos. Dios no ha tenido mnos cuidado del alma que del cuerpo. Los padres, los maestros, los directores de los establecimientos de educacion y enseanza, deben fijar mucho la atencion en este punto, para precaver la prdida de un talento, que bien empleado, podria dar los mas preciosos frutos, y evitar que no se le haga consumir en una tarea para la cual no ha nacido. El mismo interesado ha de ocuparse tambien en este exmen; el nio de doce aos tiene por lo comun reflexion bastante para notar qu se siente inclinado, qu es lo que le cuesta mnos trabajo, cules son los estudios en que adelanta con mas facilidad, cules las faenas en que experimenta mas ingenio y destreza. III. Experimento para discernir el talento peculiar de cada nio. Seria muy conveniente que se ofreciesen la vista de los nios objetos muy variados, conducindolos visitar establecimientos donde la disposicion particular de cada uno pudiese ser excitada con la presencia de lo que mejor se le adapta. Entnces, dejndolos abandonados sus instintos, un observador inteligente formaria desde luego diferentes clasificaciones. Exponed la mquina de un reloj la vista de una reunion de nios de diez doce aos, y es bien seguro que si entre ellos hay alguno de genio mecnico muy aventajado, se dar conocer desde luego por la curiosidad de examinar, por la discrecion de las preguntas, y la facilidad en comprender la construccion que est contemplando. Leedles un trozo potico, y si hay entre ellos algun Garcilaso, Lope de Vega, Ercilla, Calderon Melendez, veris chispear sus ojos, conoceris que su corazon late, que su mente se agita, que su fantasa se inflama bajo una impresion que l mismo no comprende. Cuidado con trocar los papeles: de dos nios extraordinarios es muy posible que formeis dos hombres muy comunes. La golondrina y el guila se distinguen por la fuerza y lijereza de sus alas; y sin embargo jamas el guila pudiera volar la manera de la golondrina, ni esta imitar la reina de las aves. El _tentate diu quid ferre recusent, quid valeant humeri_, que Horacio inculca los escritores, puede igualmente aplicarse cuantos tratan de escoger una profesion cualquiera[3]. CAPTULO IV. CUESTIONES DE POSIBILIDAD. I. Una clasificacion de los actos de nuestro entendimiento, y de las cuestiones que se le pueden ofrecer. Para mayor claridad, dividir los actos de nuestro entendimiento en dos clases: especulativos y prcticos. Llamo especulativos los que se limitan conocer; y prcticos los que nos dirigen para obrar. Cuando tratamos simplemente de conocer alguna cosa, se nos pueden ofrecer las cuestiones siguientes: 1. si es posible no; 2. si existe no; 3. cul es su naturaleza, cules sus propiedades y relaciones. Las reglas que se den para resolver con acierto dichas tres cuestiones, comprenden todo lo tocante la especulativa. Si nos proponemos obrar, es claro que intentamos siempre conseguir algun fin; de lo cual nacen las cuestiones siguientes: 1. cul es el fin; 2. cul es el mejor medio para alcanzarle. Ruego encarecidamente al lector que fije la atencion sobre las divisiones que preceden, y procure retenerlas en la memoria; pues ademas de facilitarle la inteligencia de lo que voy decir, le servir muchsimo para proceder con mtodo en todos sus pensamientos. II. Ideas de posibilidad imposibilidad. Sus clasificaciones. _Posibilidad._ La idea expresada por esta palabra es correlativa de la de _imposibilidad_, pues que la una envuelve necesariamente la negacion de la otra. Las palabras posibilidad imposibilidad, expresan ideas muy diferentes, segun se refieren las cosas en s, la potencia de una causa que las pueda producir. Sin embargo, estas ideas tienen relaciones muy intimas, como veremos luego. Cuando se consideran la posibilidad imposibilidad, solo con respecto un ser, prescindiendo de toda causa, se las llama intrnsecas; y cuando se atiende una causa, se las denomina extrnsecas. A pesar de la aparente sencillez y claridad de esta division, observar que no es dable formar concepto cabal de lo que significa, hasta haber descendido las diferentes clasificaciones que expondr en los prrafos siguientes. A primera vista se podr extraar que se explique primero la imposibilidad que la posibilidad; pero reflexionando un poco, se nota que este mtodo es muy lgico. La palabra _imposibilidad_, aunque suena como negativa, expresa no obstante muchas veces una idea que nuestro entendimiento se le presenta como positiva: esto es, la repugnancia entre los objetos, una especie de exclusion, de oposicion, de lucha, por decirlo as: por manera que en desapareciendo esta repugnancia, concebimos ya la posibilidad. De aqu nacen las expresiones de esto es muy posible, pues nada se _opone_ ello; es posible, pues no se ve ninguna _repugnancia_. Como quiera, en sabiendo lo que es imposibilidad, se sabe lo que es la posibilidad, y vice-versa. Algunos distinguen tres clases de imposibilidad: _metafsica_, _fsica_ y _moral_. Yo adoptar esta division, pero aadiendo un miembro, que ser la _imposibilidad de sentido comun_. En su lugar se ver la razon en que me fundo. Tambien advertir, que tal vez seria mejor llamar imposibilidad _absoluta_ la metafsica; _natural_ la fsica; y _ordinaria_ la moral. III. En qu consiste la imposibilidad metafsica absoluta. La _imposibilidad metafsica absoluta_, es la que se funda en la misma esencia de las cosas, en otros trminos, es absolutamente imposible aquello que, si existiese, traeria el absurdo de que una cosa seria y no seria un mismo tiempo. Un crculo triangular es un imposible absoluto, porque fuera crculo y no crculo, tringulo y no tringulo. Cinco igual siete, es imposible absoluto, porque el cinco seria cinco y no cinco, y el siete seria siete y no siete. Un vicio virtuoso es un imposible absoluto, porque el vicio fuera y no fuera vicio un mismo tiempo. IV. La imposibilidad absoluta y la omnipotencia divina. Lo que es absolutamente imposible no puede existir en ninguna suposicion imaginable; pues, ni aun cuando decimos que Dios es todopoderoso, entendemos que pueda hacer absurdos. Que el mundo exista y no exista un mismo tiempo, que Dios sea y no sea, que la blasfemia sea un acto laudable, y otros delirios por este tenor, es claro que no caen bajo la accion de la omnipotencia; y, como observa muy sabiamente santo Tomas, mas bien debiera decirse que estas cosas no pueden ser hechas, que no que Dios no puede hacerlas. De esto se sigue que la imposibilidad intrnseca absoluta, trae consigo la imposibilidad extrnseca tambien absoluta: esto es, que ninguna causa puede producir lo que de suyo es imposible absolutamente. V. La imposibilidad absoluta, y los dogmas. Para afirmar que una cosa es absolutamente imposible es preciso que tengamos ideas muy claras de los extremos que se repugnan; de otra manera hay riesgo de apellidar absurdo lo que en realidad no lo es. Hago esta advertencia para hacer notar la sinrazon de los que condenan algunos misterios de nuestra fe, declarndolos absolutamente imposibles. El dogma de la Trinidad y el de la Encarnacion son ciertamente incomprensibles al dbil hombre; pero no son absurdos. Cmo es posible un Dios trino, una naturaleza y tres personas distintas entre s, idnticas con la naturaleza? Yo no lo s; pero no tengo derecho inferir que esto sea contradictorio. Comprendo por ventura lo que es esta naturaleza, lo que son esas personas de que se me habla? No: luego cuando quiero juzgar si lo que de ellas se dice es imposible no, fallo sobre objetos desconocidos. Qu sabemos nosotros de los arcanos de la divinidad? El Eterno ha pronunciado algunas palabras misteriosas para ejercitar nuestra obediencia, y humillar nuestro orgullo; pero no ha querido levantar el denso velo que separa esta vida mortal del ocano de verdad y de luz. VI. Idea de la imposibilidad fisica natural. La _imposibilidad fisica natural_, consiste en que un hecho est fuera de las leyes de la naturaleza. Es naturalmente imposible que una piedra soltada en el aire no caiga al suelo, que el agua abandonada s misma no se ponga al nivel, que un cuerpo sumergido en un fluido de menor gravedad no se hunda, que los astros se paren en su carrera; porque las leyes de la naturaleza prescriben lo contrario. Dios, que ha establecido estas leyes, puede suspenderlas; el hombre no. Lo que es _naturalmente_ imposible, lo es para la criatura, no para Dios. VII. Modo de juzgar de la imposibilidad natural. Cundo podremos afirmar que un hecho es imposible naturalmente? En estando seguros de que existe una ley que se opone la realizacion de este hecho, y que dicha oposicion no est destruida neutralizada por otra ley natural. Es ley de la naturaleza que el cuerpo del hombre, como mas pesado que el aire, caiga al suelo en faltndole el apoyo; pero hay otra ley por la cual un conjunto de cuerpos unidos entre s, que sea especficamente mnos grave que aquel en que se sumerge, se sostenga y hasta se levante, aun cuando alguno de ellos sea mas grave que el fluido; luego unido el cuerpo humano un globo aerosttico dispuesto con el arte conveniente, podr remontarse por los aires, y este fenmeno estar muy arreglado las leyes de la naturaleza. La pequeez de ciertos insectos no permite que su imgen se pinte en nuestra retina de una manera sensible; pero las leyes que est sometida la luz hacen que por medio de un vidrio se pueda modificar la direccion de sus rayos de la manera conveniente, para que salidos de un objeto muy pequeo se hallen desparramados al llegar la retina, y formen all una imgen de gran tamao; y as no ser naturalmente imposible que con la ayuda del microscopio, lo imperceptible la simple vista se nos presente con dimensiones grandes. Por estas consideraciones es preciso andar con mucho tiento en declarar un fenmeno por imposible naturalmente. Conviene no olvidar: 1. que la naturaleza es muy poderosa; 2. que nos es muy desconocida: dos verdades que deben inspirarnos gran circunspeccion cuando se trate de fallar en materias de esta clase. Si un hombre del siglo XV se le hubiese dicho que en lo venidero se recorreria en una hora la distancia de doce leguas, y esto sin ayuda de caballos ni animales de ninguna especie, habria mirado el hecho como naturalmente imposible; y sin embargo los viajeros que andan por los caminos de hierro, saben muy bien que van llevados con aquella velocidad por medio de agentes puramente naturales. Quin sabe lo que se descubrir en los tiempos futuros, y el aspecto que presentar el mundo de aqu diez siglos? Seamos en hora buena cautos en creer la existencia de fenmenos extraos, y no nos abandonemos con demasiada lijereza sueos de oro; pero guardmonos de calificar de naturalmente imposible lo que un descubrimiento pudiera mostrar muy realizable; no demos livianamente fe exageradas esperanzas de cambios inconcebibles; pero no las tachemos de delirios y absurdos. VIII. Se deshace una dificultad sobre los milagros de Jesucristo. De estas observaciones surge al parecer una dificultad, que no han olvidado los incrdulos. Hla aqu: los milagros son tal vez efectos de causas que por ser desconocidas, no dejarn de ser naturales; luego no prueban la intervencion divina; y por tanto de nada sirven para apoyar la verdad de la religion cristiana. Este argumento es tan especioso como ftil. Un hombre de humilde nacimiento que no ha aprendido las letras en ninguna escuela, que vive confundido entre el pueblo, que carece de todos los medios humanos, que no tiene dnde reclinar su cabeza, se presenta en pblico enseando una doctrina tan nueva como sublime. Se le piden los ttulos de su mision, y l los ofrece muy sencillos. Habla, y los ciegos ven, los sordos oyen, la lengua de los mudos se desata, los paralticos andan, las enfermedades mas rebeldes desaparecen de repente, los que acaban de espirar vuelven la vida, los que son llevados al sepulcro se levantan del ataud, los que enterrados de algunos dias despiden ya mal olor, se alzan envueltos en su mortaja, y salen de la tumba, obedientes la voz que les ha mandado salir fuera. Este es el conjunto histrico. El mas obstinado naturalista se empear en descubrir aqu la accion de leyes naturales ocultas? Calificar de imprudentes los cristianos por haber pensado que semejantes prodigios no pudieran hacerse sin intervencion divina? Creeis que con el tiempo haya de descubrirse un secreto para resucitar los muertos, y no como quiera, sino hacindolos levantar la simple voz de un hombre que los llame? La operacion de las cataratas tiene algo que ver con el restituir de golpe la vista un ciego de nacimiento? Los procedimientos para volver la accion un miembro paralizado se asemejan por ventura este otro: levntate, toma tu lecho, y vte tu casa? Las teoras hidrostticas hidrulicas llegarn nunca encontrar en la mera palabra de un hombre, la fuerza bastante para sosegar de repente el mar alborotado, y hacer que las olas se tiendan mansas bajo sus pies, y que camine sobre ellas, como un monarca sobre plateadas alfombras? Y qu diremos si tan imponente testimonio se reunen las profecas cumplidas, la santidad de una vida sin tacha, la elevacion de su doctrina, la pureza de la moral, y por fin el heroico sacrificio de morir entre tormentos y afrentas, sosteniendo y publicando la misma enseanza, con la serenidad en la frente, la dulzura en los labios, articulando entre los ltimos suspiros _amor_ y _perdon_? No se nos hable pues de leyes ocultas, de imposibilidades aparentes; no se oponga tan convincente evidencia un necio _quin sabe?_..... Esta dificultad que seria razonable, si se tratara de un suceso aislado, envuelto en alguna oscuridad, sujeto mil combinaciones diferentes, cuando se la objeta contra el cristianismo es no solo infundada, sino hasta contraria al sentido comun. IX. La imposibilidad moral ordinaria. _La imposibilidad moral ordinaria_, es la oposicion al curso regular ordinario de los sucesos. Esta palabra es susceptible de muchas significaciones, pues que la idea de curso ordinario es tan elstica, es aplicable tan diferentes objetos, que poco puede decirse en general que sea provechoso en la prctica. Esta imposibilidad nada tiene que ver con la absoluta ni la natural; las cosas _moralmente_ imposibles no dejan por eso de ser muy posibles _absoluta_ y _naturalmente_. Daremos una idea muy clara y sencilla de la imposibilidad ordinaria, si decimos que es imposible de esta manera todo aquello que, atendido el curso regular de las cosas, acontece muy rara vez nunca. Veo un elevado personaje, cuyo nombre y ttulos todos pronuncian, y quien se tributan los respetos debidos su clase. Es moralmente imposible que el nombre sea supuesto, y el personaje un impostor. Ordinariamente no sucede as: pero tambien se ha sufrido este chasco una que otra vez. Vemos cada paso que la imposibilidad moral desaparece con el auxilio de una causa extraordinaria imprevista, que tuerce el curso de los acontecimientos. Un capitan que acaudilla un puado de soldados, viene de lejanas tierras, aborda playas desconocidas, y se encuentra con un inmenso continente poblado de millones de habitantes. Pega fuego sus naves, y dice _marchemos_. Adnde va? A conquistar vastos reinos con algunos centenares de hombres. Esto es _imposible_; el aventurero est demente? Dejadle, que su demencia es la demencia del heroismo y del genio; la imposibilidad se convertir en suceso histrico. Apellidase _Hernn Corts_; es espaol que acaudilla espaoles. X. Imposibilidad de sentido comun impropiamente contenida en la imposibilidad moral. La imposibilidad moral tiene veces un sentido muy diferente del expuesto hasta aqu. Hay imposibles de los cuales no puede decirse que lo sean con imposibilidad absoluta ni natural; y no obstante vivimos con tal certeza de que lo imposible no se realizar, que no nos la infunde mayor la natural, y poco le falta para producirnos el mismo efecto que la absoluta. Un hombre tiene en la mano un cajon de caractres de imprenta, que supondremos de forma cbica, para que sea igual la probabilidad de caer y sostenerse por una cualquiera de sus caras; los revuelve repetidas veces sin rden ni concierto, sin mirar siquiera lo que hace, y al fin los deja caer al suelo; ser posible que resulten por casualidad ordenados de tal manera que formen el episodio de Dido? No, responde instantneamente cualquiera que est en su sano juicio; esperar este accidente seria un delirio; tan seguros estamos de que no se realizar, que si se pusiese nuestra vida pendiente de semejante casualidad, dicindonos que si esto se verifica se nos matar, continuaramos tan tranquilos como si no existiese la condicion. Es de notar que aqu no hay imposibilidad metafsica absoluta, porque no hay en la naturaleza de los caractres una repugnancia esencial colocarse de dicha manera; pues que un cajista en breve rato los dispondria as muy fcilmente; tampoco hay imposibilidad natural, porque ninguna ley de la naturaleza obsta que caigan por esta aquella cara, ni el uno al lado del otro del modo conveniente al efecto; hay pues una imposibilidad de otro rden, que nada tiene de comun con las otras dos, y que tampoco se parece la que se llama moral, por solo estar fuera del curso regular de los acontecimientos. La teora de las probabilidades, auxiliada por la de las combinaciones, pone de manifiesto esta imposibilidad, calculando, por decirlo as, la inmensa distancia en que este fenmeno se halla con respecto la existencia. El Autor de la naturaleza no ha querido que una conviccion que nos es muy importante, dependiese del raciocinio, y por consiguiente careciesen de ella muchos hombres; as es que nos la ha dado todos manera de instinto, como lo ha hecho con otras que nos son igualmente necesarias. En vano os empeariais en combatirla ni aun en el hombre mas rudo; l no sabria tal vez qu responderos, pero menearia la cabeza, y diria para s: este filsofo que cree en la posibilidad de tales despropsitos, no debe de estar muy sano de juicio. Cuando la naturaleza habla en el fondo de nuestra alma con voz tan clara y tono tan decisivo, es necedad el no escucharla. Solo algunos hombres apellidados filsofos se obstinan veces en este empeo; no recordando que no hay filosofa que excuse la falta de sentido comun, y que mal llegar ser sabio quien comienza por ser insensato[4]. CAPTULO V. CUESTIONES DE EXISTENCIA, CONOCIMIENTO ADQUIRIDO POR EL TESTIMONIO INMEDIATO DE LOS SENTIDOS. I. Necesidad del testimonio de los sentidos, y los diferentes modos con que nos proporcionan el conocimiento de las cosas. Asentados los principios y reglas que deben guiarnos en las cuestiones de posibilidad, pasemos ahora las de existencia, que ofrecen un campo mas vasto, y mas tiles y frecuentes aplicaciones. De la existencia no existencia de un ser, bien de que una cosa es no es, podemos cerciorarnos de dos maneras: por nosotros mismos, por medio de otros. El conocimiento de la existencia de las cosas que es adquirido por nosotros mismos, sin intervencion ajena, proviene de los sentidos mediata inmediatamente: ellos nos presentan el objeto, de las impresiones que los mismos nos causan pasa el entendimiento inferir la existencia de lo que no se hace sensible no lo es. La vista me informa inmediatamente de la existencia de un edificio que tengo presente; pero un trozo de coluna, algunos restos de un pavimento, una inscripcion otras seales, me hacen conocer que en tal cual lugar existi un templo romano. En ambos casos debo los sentidos la noticia; pero en el primero inmediata, en el segundo mediatamente. Quien careciese de los sentidos tampoco llegaria conocer la existencia de los seres espirituales; pues adormecido el entendimiento no pudiera adquirir esta noticia, ni por la razon, ni por la fe, no ser que Dios le favoreciera por medios extraordinarios, de que ahora no se trata. A la distincion arriba explicada en nada obstan los sistemas que pueden adoptarse sobre el orgen de las ideas; ora se las suponga adquiridas, ora innatas, ora vengan de los sentidos, ora sean tan solo excitadas por ellos, lo cierto es que nada sabemos, nada pensamos, si los sentidos no han estado en accion. Ademas, hasta les dejaremos los idelogos la facultad de imaginar lo que bien les pareciere sobre las funciones intelectuales de un hombre que careciese de todos los sentidos; sin riesgo podemos otorgarles tamaa latitud; supuesto que nadie aclarar jamas lo que en ello habria de verdad; ya que el paciente no seria capaz de comunicar lo que le pasa, ni por palabras ni por seas. Finalmente aqu se trata de hombres dotados de sentidos, y la experiencia ensea que esos hombres conocen, lo que sienten, por lo que sienten. II. Errores en que incurrimos por ocasion de los sentidos. Su remedio. Ejemplos. El conocimiento inmediato que los sentidos nos dan de la existencia de una cosa, es veces errado, porque no nos servimos como debemos de estos admirables instrumentos que nos ha concedido el Autor de la naturaleza. Los objetos corpreos obrando sobre el rgano de los sentidos, causan una impresion nuestra alma; asegurmonos bien de cul es esta impresion, sepamos hasta qu punto le corresponde la existencia de un objeto; h aqu las reglas para no errar en estas materias. Algunas explicaciones ensearn mas que los preceptos y teoras. Veo larga distancia un objeto que se mueve, y digo: all hay un hombre; acercndome mas, descubro que no es as; y que solo hay un arbusto mecido por el viento. Me ha engaado el sentido de la vista? no: porque la impresion que ella me trasmitia era nicamente de un bulto movido; y si yo hubiese atendido bien la sensacion recibida, habria notado que no me pintaba un hombre. Cuando pues yo he querido hacerle tal, no debo culpar al sentido, sino mi poca atencion, bien, que notando alguna semejanza entre el bulto y un hombre visto de ljos, he inferido que aquello debia de serlo en efecto, sin advertir que la semejanza y la realidad son cosas muy diversas. Teniendo algunos antecedentes de que se dar una batalla, se hostilizar alguna plaza, parceme que he oido caonazos, y me quedo con la creencia de que ha comenzado el fuego. Noticias posteriores me hacen saber que no se ha disparado un tiro; quin tiene la culpa de mi error? no mi oido, sino yo. El ruido se oia en efecto: pero era el de los golpes de un leador que resonaban en el fondo de un bosque distante; era el de cerrarse alguna puerta, cuyo estrpito retumbaba por el edificio y sus cercanias, era el de otra cosa cualquiera que producia un sonido semejante al del estampido de un caon lejano. Estaba yo bien seguro de que no se hallaba mis inmediaciones la causa del ruido que me producia la ilusion? Estaba bastante ejercitado para discernir la verdad, atendida la distancia en que debia hacerse el fuego, la direccion del lugar, y el viento que la sazon reinaba? No es pues el sentido quien me ha engaado, sino mi lijereza y precipitacion. La sensacion era tal cual debia ser; pero yo le he hecho decir lo que ella no me decia. Si me hubiese contentado con afirmar que oia ruido parecido al de caonazos distantes, no hubiera inducido al error otros y m mismo. A uno le presentan un alimento de excelente calidad, y al probarlo dice: es malo, intolerable, se conoce que hay tal cual mezcla, porque en efecto su paladar lo experimenta as. Le enga el sentido? no. Si le pareci amargo, no podia suceder de otra manera, atendida la indisposicion gstrica que le tenia cubierta la lengua de un humor que lo maleaba todo. Bastbale este hombre un poco de reflexion para no condenar tan fcilmente al criado al revendedor. Cuando el paladar est bien dispuesto, sus sensaciones nos indican las calidades del alimento, en el caso contrario no. III. Necesidad de emplear en algunos casos mas de un sentido, para la debida comparacion. Conviene notar que para conocer por medio de los sentidos la existencia de un objeto, no basta veces el uso de uno solo, sino que es preciso emplear otros al mismo tiempo; bien atender las circunstancias que nos pueden prevenir contra la ilusion. Es cierto que el discernir hasta qu punto corresponde la existencia de un objeto la sensacion que recibimos, es obra de la comparacion, la que es fruto de la experiencia. Un ciego quien se quitan las cataratas, no juzga bien de las distancias, tamaos y figuras, hasta haber adquirido la prctica de ver. Esta adquisicion la hacemos sin advertirla desde nios, y as creemos que basta abrir los ojos para juzgar de los objetos tales como son en s. Una experiencia muy sencilla y frecuente nos convencer de lo contrario. Un hombre adulto y un nio de tres aos estan mirando por un vidrio que les ofrece la vista paisajes, animales, ejrcitos; ambos reciben la misma impresion; pero el adulto, que sabe bien que no ha salido al campo, y se halla en un aposento cerrado, no se altera ni por la cercana de las fieras, ni por los desastres del campo de batalla. Lo que le cuesta trabajo es conservar la ilusion; y mas de una vez habr menester distraerse de la realidad, y suplir algunos defectos del cuadro instrumento para sentir placer con la presencia del espectculo. Pero el nio, que no compara, que solo atiende la sensacion en todo su aislamiento, se espanta y llora, temiendo que se le han de comer las fieras, viendo que tan cruelmente se matan los soldados. Todava mas: experimentamos cada paso que una perspectiva excelente de la cual no tenamos noticia, vista la correspondiente distancia nos causa ilusion, y nos hace tomar por objetos de relleve los que en realidad son planos. La sensacion no es errada; pero s lo es el juicio que por ella formamos. Si advirtisemos que caben reglas para producir en la retina la misma impresion con un objeto plano que con otro abultado, nos hubiramos complacido en la habilidad del artista sin caer en error. Este habria desaparecido mirando el objeto desde puntos diferentes, valindonos del tacto. IV. Los sanos de cuerpo y enfermos de espritu. Los que tratan del buen uso de los sentidos suelen advertir que es preciso cuidar de que alguna indisposicion no afecte los rganos, y as se nos comuniquen sensaciones capaces de engaarnos, esto es sin duda muy prudente, pero no tan til como se cree. Los enfermos raras veces se dedican estudios serios, y as sus equivocaciones son de poca trascendencia; ademas que ellos mismos, sus allegados, bien pronto notan la alteracion del rgano, con lo cual se previene oportunamente el error. Los que necesitan reglas son los que estando sanos de cuerpo no lo estan de espritu, y que preocupados de un pensamiento ponen su disposicion y servicio todos sus sentidos, hacindoles percibir, quizas con la mayor buena fe, todo lo que conviene al apoyo del sistema excogitado. Qu no descubrir en los cuerpos celestes el astrnomo que maneja el telescopio, no con nimo reposado y ajeno de parcialidad, sino con vivo deseo de probar una asercion aventurada con sobrada lijereza? Qu no ver con el microscopio el naturalista que se halle en disposicion semejante? A propsito he dicho que estos errores podian padecerse quizas con la mayor buena fe; porque sucede muy menudo que el hombre se engaa primero s mismo, ntes de engaar los otros. Dominado por su opinion favorita, ansioso de encontrar pruebas para sacar la verdadera, examina los objetos no para saber sino para vencer; y as acontece que halla en ellos todo lo que quiere. Muchas veces los sentidos no le dicen nada de lo que l pretende; pero le ofrecen algo de semejante: esto es, exclama alborozado, hlo aqu, es lo mismo que yo sospechaba; y cuando se levanta en su espritu alguna duda, procura sofocarla, achcala poca fe en su incontrastable doctrina, se esfuerza en satisfacerse s mismo, cerrando los ojos la luz para poder engaar los otros sin verse precisado mentir. Basta haber estudiado el corazon del hombre para conocer que estas escenas no son raras; y que jugamos con nosotros mismos de una manera lastimosa. Necesitamos una conviccion? pues de un modo otro trabajamos en formrnosla; al principio la tarea es costosa, pero al fin viene el hbito robustecer lo dbil, se allega el orgullo para no permitir retroceso, y el que comenz luchando contra s mismo con un engao que no se le ocultaba del todo, acaba por ser realmente engaado, y se entrega su parecer con obstinacion incorregible. V. Sensaciones reales, pero sin objeto externo. Explicacion de este fenmeno. Ademas, es menester advertir que no siempre sucede que el alucinado atribuya la sensacion mas de lo que ella le presenta; una imaginacion vivamente poseida de un objeto, obra sobre los mismos sentidos, y alterando el curso ordinario de las funciones, hace que realmente se sienta lo que no hay. Para comprender cmo esto se verifica, conviene recordar que la sensacion no se verifica en el rgano del sentido sino en el cerebro, por mas que la fuerza del hbito nos haga referir la impresion al punto del cual la recibimos. Estando el ojo muy sano nos quedamos completamente ciegos, si sufre lesion el nervio ptico; y privada la comunicacion de un miembro cualquiera con el cerebro, se extingue el sentido. De esto se infiere que el verdadero receptculo de todas las sensaciones es el cerebro; y que si en una de sus partes se excita por un acto interno la impresion que suele ser producida por la accion del rgano externo, existir la sensacion sin que haya habido impresion exterior. Es decir, que si al recibir el rgano externo la impresion de un cuerpo, la comunica al cerebro causando en el nervio A la vibracion otra afeccion B, y por una causa cualquiera, independiente de los cuerpos exteriores, se produce en el mismo rgano A la misma vibracion B, experimentaremos idntica sensacion que si el rgano externo fuese afectado en la realidad. En este punto se hallan de acuerdo la razon y la observacion. El alma se informa de los objetos exteriores mediatamente por los sentidos, pero inmediatamente por el cerebro; cuando este pues recibe tal cual impresion, no puede ella desentenderse de referirla al lugar de donde suele proceder, y al objeto que de ordinario la produce. Si se halla advertida de que la organizacion est alterada, se precaver contra el error; pero no ser dejando de recibir la sensacion, sino desconfiando del testimonio de ella. Cuando _Pascal_, segun cuentan, veia un abismo su lado, bien sabia que en realidad no era as; mas no dejaba de recibir la misma sensacion que si hubiese habido el tal abismo, y no alcanzaba vencer la ilusion por mas que se esforzase. Este fenmeno se verifica muy menudo, y no se hace nada extrao los que tienen algunas nociones sobre semejantes materias. VI. Maniticos y ensimismados. Lo que acontece habitualmente en estado de enfermedad cerebral, puede suceder muy bien cuando exaltada la imaginacion por una causa cualquiera, se pone actualmente enfermiza con relacion lo que la preocupa. Qu son las manas sino la realizacion de este fenmeno? Pues entindase que las manas estan distribuidas en muchas clases y graduaciones; que las hay continuas y por intervalos, extravagantes y arregladas, vulgares y cientficas; y que as como _Don Quijote_ convertia los molinos de viento en desaforados gigantes, y los rebaos de ovejas y carneros en ejrcitos de combatientes, puede tambien un sabio testarudo descubrir con la ayuda de sus telescopios, microscopios y demas instrumentos, todo cuanto su propsito cumpliere. Los hombres muy pensadores y ensimismados corren gran riesgo de caer en manas sabias, en ilusiones sublimes; que la msera humanidad, por mas que se cubra con diferentes formas segun las varias situaciones de la vida, lleva siempre consigo su patrimonio de flaqueza. Para una dbil mujercilla el susurro del viento es un gemido misterioso, la claridad de la luna es la aparicion de un finado, y el chillido de las aves nocturnas es el grito de las evocaciones del averno para asistir pavorosas escenas. Desgraciadamente, no son solo las mujeres las que tienen imaginacion calenturienta, y que toman por realidades los sueos de su fantasa[5]. CAPTULO VI. CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS ADQUIRIDO MEDIATAMENTE POR LOS SENTIDOS. I. Transicion de lo sentido lo no sentido. Los sentidos nos dan inmediatamente noticias de la existencia de muchos objetos; pero de estos son todava en mayor nmero los que no ejercen accion sobre los rganos materiales, por ser incorpreos, por no estar en disposicion de afectarlos. Sobre lo que nos comunican los sentidos se levanta un tan extenso y elevado edificio de conocimientos de todas clases, que al mirarle se hace dificil de concebir cmo ha podido cimentarse en tan reducida basa. Donde no alcanzan los sentidos llega el entendimiento, conociendo la existencia de objetos insensibles por medio de los sensibles. La lava esparcida sobre un terreno nos hace conocer la existencia pasada de un volcan que no hemos visto; las conchas encontradas en la cumbre de un monte nos recuerdan la elevacion de las aguas, indicndonos una catstrofe que no hemos presenciado; ciertos trabajos subterrneos nos muestran que en tiempos anteriores se benefici all una mina; las ruinas de las antiguas ciudades nos sealan la morada de hombres que no hemos conocido. As los sentidos nos presentan un objeto, y el entendimiento llega con este medio al conocimiento de otros muy diferentes. Si bien se observa, este trnsito de lo conocido lo desconocido no lo podemos hacer sin que ntes tengamos alguna idea mas mnos completa, mas mnos general del objeto desconocido, y sin que al propio tiempo sepamos que hay entre los dos alguna dependencia. As en los ejemplos aducidos, si bien no conocia aquel volcan determinado, ni las olas que inundaron la montaa, ni los mineros, ni los moradores, no obstante todos estos objetos me eran conocidos en general, as como sus relaciones con lo que me ofrecian los sentidos. De la contemplacion de la admirable mquina del universo no pasaramos al conocimiento del Criador, sino tuviramos idea de efectos y causas, de rden y de inteligencia. Y sea dicho de paso, esta sola observacion basta para desbaratar el sistema de los que no ven en nuestro pensamiento mas que sensaciones transformadas. II. Coexistencia y sucesion. La dependencia de los objetos es lo nico que puede autorizarnos para inferir de la existencia del uno la del otro; y por consiguiente toda la dificultad estriba en conocer esta dependencia. Si la ntima naturaleza de las cosas estuviera patente nuestra vista, bastaria fijarla en un ser para conocer desde luego todas sus propiedades y relaciones, entre las cuales descubririamos las que le ligan con otros. Por desgracia no es as; pues en el rden fsico como en el moral, son muy escasas incompletas las ideas que poseemos sobre los principios constitutivos de los seres. Estos son preciosos secretos velados cuidadosamente por la mano del Criador; de la propia suerte que lo mas rico y exquisito que abriga la naturaleza, suele ocultarse en los senos mas recnditos. Por esta falta de conocimiento en lo tocante la esencia de las cosas, nos vemos con frecuencia precisados conjeturar su dependencia por solo su coexistencia sucesion; infiriendo que la una depende de la otra, porque algunas muchas veces existen juntas, porque esta viene en pos de aquella. Semejante raciocinio, que no siempre puede tacharse de infundado, tiene sin embargo el inconveniente de inducirnos con frecuencia al error; pues no es fcil poseer la discrecion necesaria para conocer cundo la existencia la sucesion son un signo de dependencia, y cundo no. En primer lugar debe asentarse por indudable, que la existencia simultnea de dos seres, ni tampoco su inmediata sucesion, consideradas en s solas, no prueban que el uno dependa del otro. Una planta venenosa y pestilente se halla tal vez al lado de otra medicinal y aromtica; un reptil daino y horrible se arrastra quizas poca distancia de la bella inofensiva mariposa; el asesino huyendo de la justicia se oculta en el mismo bosque donde est en acecho un honrado cazador; un airecillo fresco y suave recrea la naturaleza toda, y algunos momentos despues sopla el violento huracan llevando en sus negras alas tremenda tempestad. As es muy arriesgado el juzgar de las relaciones de dos objetos porque se los ha visto unidos alguna vez, sucederse con poco intervalo; este es un sofisma que se comete con demasiada frecuencia, cayndose por l en infinitos errores. En l se encontrar el orgen de tantas predicciones como se hacen sobre las variaciones atmosfricas, que bien pronto la experiencia manifiesta fallidas; de tantas conjeturas sobre manantiales de agua, sobre veneros de metales preciosos, y otras cosas semejantes. Se ha visto algunas veces que despues de tal cual posicion de las nubes, de tal cual viento, de tal cual direccion de la niebla de la maana, llovia, tronaba, acontecian otras mudanzas de tiempo; se habr notado que en el terreno de este aquel aspecto se encontr algunas veces agua, que en pos de estas aquellas vetas se descubri el precioso mineral; y se ha inferido desde luego que habia una relacion entre los dos fenmenos, y se ha tomado el uno como seal del otro; no advirtiendo que era dable una coincidencia enteramente casual, y sin que ellos tuviesen entre si relacion de ninguna clase. III. Dos reglas sobre la coexistencia y la sucesion. La importancia de la materia exige que se establezcan algunas reglas. 1. Cuando una experiencia constante y dilatada nos muestra dos objetos existentes un mismo tiempo, de tal suerte que en presentndose el uno se presenta tambien el otro, y en faltando el uno falta tambien el otro, podemos juzgar sin temor de equivocarnos, que tienen entre s algun enlace; y por tanto de la existencia del uno inferiremos legitimamente la existencia del otro. 2. Si dos objetos se suceden indefectiblemente, de suerte que puesto el primero, siempre se haya visto que seguia el segundo, y que al existir este, siempre se haya notado la precedencia de aquel, podremos deducir con certeza que tienen entre s alguna dependencia. Tal vez seria difcil demostrar filosficamente la verdad de estas aserciones; sin embargo los que las pongan en duda, seguramente no habrn observado que sin formularlas las toma por norma el buen sentido de la humanidad, que en muchos casos se acomoda ellos la ciencia, y que en las mas de las investigaciones no tiene el entendimiento otra guia. Creo que nadie pondr dificultad en que las frutas cuando han adquirido cierto tamao, figura y color, dan seal de que son sabrosas; cmo sabe esta relacion el rstico que las coge? Cmo de la existencia del color y demas calidades que ve, infiere la de otra que no experimenta, la del sabor? Exigidle que os explique la teoria de este enlace, y no sabr qu responderos; pero objetadle dificultades y empeaos en persuadirle que se equivoca en la eleccion, y se reir de vuestra filosofa, asegurado en su creencia por la simple razon de que siempre sucede as. Todo el mundo est convencido de que cierto grado de frio hiela los lquidos, y que otro de calor los vuelve al primer estado. Muchos son los que no saben la razon de estos fenmenos; pero nadie duda de la relacion entre la congelacion y el frio y la liquidacion y el calor. Quizs podrian suscitarse dificultades sobre las explicaciones que en esta parte ofrecen los fsicos; pero el linaje humano no aguarda que en semejantes materias lo ilustren los sabios: siempre existen juntos estos hechos, dice; luego entre ellos hay alguna relacion que los liga. Son infinitas las aplicaciones que podrian hacerse de la regla establecida; pero las anteriores bastan para que cualquiera las encuentre por s mismo. Solo dir que la mayor parte de los usos de la vida estan fundados en este principio: la simultnea existencia de dos seres observada por dilatado tiempo, autoriza para deducir que existiendo el uno existir tambien el otro. Sin dar por segura esta regla, el comun de los hombres no podria obrar; y los mismos filsofos se encontrarian mas embarazados de lo que tal vez se figuran. Darian pocos pasos mas que el vulgo. La 2. regla es muy anloga la primera: se funda en los mismos principios, y se aplica los mismos usos. La constante experiencia manifiesta que el pollo sale de un huevo; nadie hasta ahora ha explicado satisfactoriamente cmo del licor encerrado en la cscara se forma aquel cuerpecito tan admirablemente organizado; y aun cuando la ciencia diese cumplida razon del fenmeno, el vulgo no lo sabria; y sin embargo ni este ni los sabios vacilan en creer que hay una relacion de dependencia entre el licor y el polluelo; al ver el pequeo viviente, todos estamos seguros de que le ha precedido aquella masa que nuestros ojos se presentaba informe y torpe. La generalidad de los hombres, mejor diremos, todos, ignoran completamente de qu manera la tierra vegetal concurre al desarrollo de las semillas y al crecimiento de las plantas; ni cual es la causa de que unos terrenos se adapten mejor que otros determinadas producciones; pero _siempre_ se ha visto as, y esto es suficiente para que se crea que una cosa depende de otra, y para que al ver la segunda deduzcamos sin temor de errar la existencia de la primera. IV. Observaciones sobre la relacion de casualidad. Una regla de los dialcticos. Sin embargo conviene advertir la diferencia que va de la sucesion observada una sola vez, repetida muchas. En el primer caso, no solo no arguye casualidad, pero ni aun relacion de ninguna clase; en el 2. no siempre indica dependencia de efecto y causa, pero s al mnos dependencia de una causa comun. Si el flujo y reflujo del mar se hubiese observado que coincidia una que otra vez con cierta posicion de la luna, no podria inferirse que existia relacion entre los dos fenmenos; mas siendo constante la expresada coincidencia, los fisicos debieron inferir, que si el uno no es causa del otro, al mnos tienen ambos una causa comun, y que as estan ligados en su origen. A pesar de lo que acabo de decir, tienen mucha razon los dialcticos cuando tachan de sofstico el raciocinio siguiente: _post hoc, ergo propter hoc; despues de esto, luego por esto_. 1. Porque ellos no hablan de una sucesion constante; 2. porque aun cuando hablaran, esta sucesion puede indicar dependencia de una causa comun, y no que lo uno sea causa de lo otro. Si bien se observa, la misma regla que atendemos en los negocios comunes, es mas general de lo que primera vista pudiera parecer: de ella nos servimos en el curso ordinario de las cosas, de la propia suerte que en lo tocante la naturaleza. Segun el objeto de que se trata se modifica la aplicacion de la regla: en unos casos basta una experiencia de pocas veces, en otros se la exige mas repetida; pero en el fondo siempre andamos guiados por el mismo principio: dos hechos que siempre se suceden, tienen entre si alguna dependencia, la existencia del uno indicar pues la del otro. V. Un ejemplo. Es de noche y veo que en la cima de una montaa se enciende un fuego; poco rato de arder, noto que en la montaa opuesta asoma una luz; brilla por breve tiempo y desaparece. Esta ha salido despues de encendido el fuego en la parte opuesta; pero de aqu no puedo inferir que haya entre los dos hechos relacion alguna. Al dia siguiente, veo otra vez que se enciende el fuego en el mismo lugar, y que del mismo modo se presenta la luz. La coincidencia en que ayer no me habia parado siquiera, ya me llama la atencion hoy: pero esto podr ser una casualidad, y no pienso mas en ello. Al otro dia acontece lo mismo; crece la sospecha de que no sea una seal convenida. Durante un mes se verifica lo propio; la hora es siempre la misma, pero nunca falta la aparicion de la luz poco de arder el fuego; entnces ya no me cabe duda de que el un hecho es dependiente del otro, por lo mnos hay entre ellos alguna relacion; y ya no me falta sino averiguar en qu consiste una novedad que no acierto comprender. En semejantes casos el secreto para descubrir la verdad, y prevenir los juicios infundados, consiste en atender todas las circunstancias del hecho, sin descuidar ninguna por despreciable que parezca. As en el ejemplo anterior, supuesto que poco de encendido el fuego se presentaba la luz, dirse primera vista, que no es necesario pararse en la hora de la noche, y ni tampoco en si esta hora variaba no. Mas en la realidad estas circunstancias eran muy importantes, porque segun fuese la hora, era mas menos probable que se encendiese fuego y apareciese luz; y siendo siempre la misma, era mucho mnos probable que los dos hechos tuviesen relacion, que si hubiera sido variada. Un imprudente que no reparase en nada de eso, alarmaria la comarca con las pretendidas seales; no cabria ya duda de que algunos malhechores se ponen de acuerdo, se explicaria sin dificultad el robo que sucedi tal cual dia, se comprenderia lo que significaba un tiro que se oy por aquella parte, y cuando la autoridad tendria aviso del malvado complot, cuando recaerian ya negras sospechas sobre familias inocentes; h aqui que los exploradores enviados observar de cerca el misterio, podrian volver muy bien rindose del espanto y del espantador, y descifrando el enigma en los trminos siguientes: Muy cerca de la cima donde arde el fuego, est situada la casa de la familia A, que la hora de acostarse aposta un vigilante en las cercanas, porque tiene noticia de que unos leadores quieren estropear parte de bosque plantado de nuevo. El centinela siente frio, y hace muy bien en encender lumbre sin nimo de espantar nadie, sino es los malandrines de segur y cuerda. Como cabalmente aquella es la hora en que suelen acostarse los comarcanos, lo hace tambien la familia B que habita en la cumbre de la montaa opuesta. Al sonar el reloj, levanta el dueo los reales de la chimenea, dice todo el mundo: vmonos dormir, y entre tanto l sale un terrado al cual dan varias puertas, y empuja por la parte de afuera para probar si los muchachos han cerrado bien. Como el buen hombre va recogerse, lleva en la mano el candil, y hos aqu la luz misteriosa que salia una misma hora, y desaparecia en breve, coincidiendo con el fuego, y haciendo casi pasar por ladrones quienes solo trataban de guardarse de ladrones. Qu debia hacer en tal caso un buen pensador? Hlo aqu. A poco rato de encendido el fuego aparece la luz, y siempre una misma hora poco mas mnos, lo que inclina creer que ser una seal convenida. El pas est en paz, con que esto debiera de ser inteligencia de malhechores. Pero cabalmente no es probable que lo sea, porque no es regular que escojan siempre un mismo lugar y tiempo, con riesgo de ser notados y descubiertos. Ademas que la operacion seria muy larga durando un mes, y estos negocios suelen redondearse con un golpe de mano. Por aquellas inmediaciones estan las casas A y B, familias de buena reputacion que no se habrn metido encubridores. Parece pues que ha de haber coincidencia puramente casual, que si hay sea, debe de ser sobre negocio que no teme los ojos de la justicia. La hora del suceso es precisamente la en que se recogen los vecinos de esta tierra; veamos si esto no ser que algunos quehaceres obligan los unos encender fuego, y los otros sacar la luz. VI. Reflexiones sobre el ejemplo anterior. Reflexionando sobre el ejemplo anterior, se nota que pesar de la ninguna relacion de sea ni causa, que en s tenian los dos hechos, no obstante reconocian en cierto modo un mismo orgen: el sonar la hora de acostarse. As se echa de ver, que el error no estaba en suponer que habia algo de comun en ellos, ni en pensar que la coincidencia no era puramente casual, sino en que se apelaba interpretaciones destituidas de fundamento, se buscaba en la intencion concertada de las personas lo que era simple efecto de la identidad de la hora. Esta observacion ensea por una parte el tino con que debe precederse en determinar la clase de relacion que entre s tienen dos hechos, simultneos sucesivos; pero por otra confirma mas y mas la regla dada, de que cuando la simultaneidad sucesion son constantes, arguyen algun vnculo relacion, de los hechos entre s, de ambos con un tercero. VII. La razon de un acto que parece instintivo. Profundizando mas la materia, encontraremos que el inferir de la coexistencia sucesion la relacion entre los hechos coexistentes sucesivos, aunque parezca un acto instintivo y ciego, es la aplicacion de un principio que tenemos grabado en el fondo de nuestra alma, y del que hacemos continuo uso sin advertirlo siquiera. Este principio es el siguiente: _donde hay rden, donde hay combinacion, hay causa que ordena y combina; el acaso es nada_. Una que otra coincidencia la podemos mirar como casual, es decir, sin relacion; pero en siendo muy repetida, ya decimos sin vacilar: aqu hay enlace, hay misterio, no llega tanto la casualidad. As se verifica que examinando fondo el espritu humano, encontramos en todas partes la mano bondadosa de la Providencia, que se ha complacido en enriquecer nuestro entendimiento y nuestro corazon con inestimables preciosidades[6]. CAPTULO VII. LA LGICA ACORDE CON LA CARIDAD. I. Sabidura de la ley que prohibe los juicios temerarios. La ley cristiana que prohibe los juicios temerarios es no solo ley de caridad, sino de prudencia, y buena lgica. Nada mas arriesgado que juzgar de una accion, y sobre todo de la intencion, por meras apariencias; el curso ordinario de las cosas lleva tan complicados los sucesos, los hombres se encuentran en situaciones tan varias, obran por tan diferentes motivos, ven los objetos de maneras tan distintas, que menudo nos parece un castillo fantstico, lo que examinado de cerca, y con presencia de las circunstancias se halla lo mas natural, lo mas sencillo y arreglado. II. Exmen de la mxima piensa mal y no errars. El mundo cree dar una regla de conducta muy importante, diciendo piensa mal y no errars, y se imagina haber enmendado de esta manera la moral evanglica. Conviene no ser demasiado cndido, se nos advierte continuamente; es necesario no fiarse de palabras; los hombres son muy malos, obras son amores y no buenas razones: como si el Evangelio nos ensease ser imprudentes imbciles; como si Jesucristo al encomedarnos que fusemos sencillos como la paloma, no nos hubiera avisado que no creysemos todo espritu, que para conocer el rbol atendisemos al fruto; y finalmente como si propsito de la malicia de los hombres, no leyramos ya en las primeras pginas de la Sagrada Escritura que el corazon del hombre est inclinado al mal desde su adolescencia. La mxima perniciosa, que se propone nada mnos que asegurar el acierto con la malignidad del juicio, es tan contraria la caridad cristiana, como la sana razon. En efecto: la experiencia nos ensea que el hombre mas mentiroso dice mucho mayor nmero de verdades que de mentiras, y que el mas malvado hace muchas mas acciones buenas indiferentes que malas. El hombre ama naturalmente la verdad y el bien; y no se aparta de ellos sino cuando las pasiones le arrastran y extravian. Miente el mentiroso en ofrecindosele alguna ocasion en que faltando la verdad, cree favorecer sus intereses lisonjear su vanidad necia; pero fuera de estos casos, naturalmente dice la verdad, y habla como el resto de los hombres. El ladron roba, el liviano se desmanda, el pendenciero rie, cuando se presenta la oportunidad, estimulando la pasion; que si estuviesen abandonados de continuo sus malas inclinaciones, serian verdaderos monstruos, su crmen degeneraria en demencia; y entnces el decoro y buen rden de la sociedad reclamarian imperiosamente que se los apartase del trato de sus semejantes. Infirese de estas observaciones que el juzgar mal, no teniendo el debido fundamento, y el tomar la malignidad por garanta de acierto, es tan irracional como si habiendo en una urna muchsimas bolas blancas, y poqusimas negras, se dijera que las probabilidades de salir estan en favor de las negras. III. Algunas reglas para juzgar de la conducta de los hombres. Caben en esta materia reglas de juiciosa cautela, que nacen de la prudencia de la serpiente y no destruyen la candidez de la paloma. REGLA 1. No se debe fiar de la virtud del comun de los hombres, puesta prueba muy dura. La razon es clara, el resistir tentaciones muy vehementes exige virtud firme y acendrada. Esta se halla en pocos. La experiencia nos ensea que en semejantes extremos la debilidad humana suele sucumbir; y la Escritura nos previene que quien ama el peligro perecer en l. Sabeis que un comerciante honrado se halla en los mayores apuros, cuando todo el mundo le considera en posicion muy desembarazada. Su honor, el porvenir de su familia, estan pendientes de una operacion poco justa, pero muy beneficiosa. Si se decide ella, todo queda remediado; si se abstiene, el fatal secreto se divulga, y la perdicion total es inevitable. Qu har? Si en la operacion podeis salir perjudicado, precaveos tiempo; apartaos de un edificio que si bien en una situacion regular no amenazaba ruina, est ahora batido por un furioso huracan. Teneis noticia de que dos personas de amable trato y bella figura, han trabado relaciones muy ntimas y frecuentes; ambos son virtuosos, y aun cuando no mediaran otros motivos, el honor debiera bastar contenerlos en los debidos lmites. Si teneis interes en ello, tomad vuestro partido con presteza; si no callad; no juzgueis temerariamente; pero rogad Dios por ambos, que las oraciones podrn no ser intiles. Estais en el gobierno, los tiempos son malos, la poca crtica, los peligros muchos. Uno de vuestros dependientes encargado de un puesto importante se halla asediado noche y dia por un enemigo que dispone de largas talegas. El dependiente es honrado segun os parece, tiene grandes compromisos por vuestra causa, y sobre todo es entusiasta de ciertos principios, y los sustenta con mucho acaloramiento. A pesar de todo, ser bueno que no perdais de vista el negocio. Haris muy bien en creer que el honor y las convicciones de vuestro dependiente no se rajarn con los golpes de un ariete de cincuenta mil pesos fuertes; pero ser mejor que no lo probeis, mayormente si las consecuencias fuesen irreparables. Un amigo os ha hecho grandes ofrecimientos, y no podeis dudar que son sinceros. La amistad es antigua, los ttulos muchos y poderosos, la simpatia de los corazones est probada; y para colmo de dicha, hay identidad de ideas y sentimientos. Presntase de improviso un negocio en que vuestra amistad le ha de costar cara; si no os sacrifica se expone graves prdidas, inminentes peligros. Para lo que pudiera suceder, resignaos ser vctima, temed que las afectuosas protestas se quedarn sin cumplirse, y que en cambio de vuestro duelo, se os pagar con una satisfaccion tan gemebunda como estril. Estais viendo una autoridad en aprieto; se la quiere forzar un acto de alta trascendencia, que no puede acceder sin degradarse, sin faltar sus deberes mas sagrados, sin comprometer intereses de la mayor importancia. El magistrado es naturalmente recto; en su larga carrera no se le conoce una felona; y su entereza est acompaada de cierta firmeza de carcter. Los antecedentes no son malos. Sin embargo, cuando veais que la tempestad arrecia, que el motin sube ya la escalera, cuando golpee la puerta del gabinete el osado demagogo que lleva en una mano el papel que se ha de firmar, y en otra el pual una pistola amartillada; temed mas por la suerte del negocio, que por la vida del magistrado. Es probable que no morir; la entereza no es el heroismo. Con los anteriores ejemplos se echa de ver que en algunas ocasiones es lcito y muy prudente desconfiar de la virtud de los hombres; lo que acontece cuando el obrar bien exige una disposicion de nimo, que la razon, la experiencia y la misma religion, nos ensean ser muy rara. Es claro ademas, que para sospechar mal, no siempre ser menester que el apuro sea tal como se ha pintado. Para el comun de los hombres suele bastar mucho mnos; y para los decididamente malos la simple oportunidad equivale vehemente tentacion. As no es posible sealar otra regla para discernir los casos, sino que es preciso atender las circunstancias de la persona que es el objeto del juicio, graduando la probabilidad del mal por su habitual inclinacion l, su adhesion la virtud. De estas consideraciones nacen las otras reglas. REGLA 2. Para conjeturar cul ser la conducta de una persona en un caso dado, es preciso conocer su inteligencia, su ndole, carcter, moralidad, intereses y cuanto puede influir en su determinacion. El hombre, aunque dotado de libertad de albedrio, no deja de estar sujeto una muchedumbre de influencias que contribuyen poderosamente decidirle. El olvido de una sola circunstancia nos puede llevar al error. As, suponiendo que un hombre est en un compromiso de que le es difcil salir sin faltar sus deberes, parece primera vista que en sabiendo cul es su moralidad, y cules los obstculos que la sazon median para obrar conforme ella, tenemos datos bastantes para pronosticar sobre el xito. Pero entnces no llevamos en cuenta una cualidad que influye sobre manera en casos semejantes: la firmeza de carcter. Este olvido podr hacer muy bien que defraude nuestras esperanzas un hombre virtuoso, y las exceda el malo; pues que para sacar airosa la virtud en circunstancias apuradas, sirve admirablemente el que obren en su favor pasiones enrgicas. Un alma de temple fuerte y brioso, se exalta y cobra nuevo aliento la vista del peligro; en el cumplimiento del deber se interesa entnces el orgullo; y un corazon que naturalmente se complace en superar obstculos, y arrostrar riesgos, se siente mas osado y resuelto cuando se halla animado por el grito de la conciencia. El ceder es debilidad, el volver atras cobardia; el faltar al deber es manifestar miedo, es someterse la afrenta. El hombre de intencion recta y corazon puro, pero pusilnime, mirar las cosas con ojos muy diferentes. Hay un deber que cumplir, es verdad; pero trae consigo la muerte de quien lo cumpla, y la orfandad de la familia. El mal se har tambien de la misma manera; y quizas los desastres sern mayores. Es necesario dar al tiempo lo que es suyo: la entereza no ha de convertirse en terquedad: los deberes no han de considerarse en abstracto, es preciso atender todas las circunstancias; las virtudes dejan de serlo, si no andan regidas por la prudencia. El buen hombre ha encontrado por fin lo que buscaba: un parlamentario entre el bien y el mal; el miedo con su propio traje no servia para el caso; pero ya se ha vestido de prudencia; la transaccion no se har esperar mucho. H aqu un ejemplo bien palpable, y por cierto nada imaginario, de que es preciso atender todas las circunstancias del individuo que se ha de juzgar. Desgraciadamente el conocimiento de los hombres es uno de los estudios mas dificiles; y por lo mismo es tarea espinosa el recoger los datos precisos para acertar. REGLA 3. Debemos cuidar mucho de despojarnos de nuestras ideas y afecciones, y guardarnos de pensar que los demas obrarn como obraramos nosotros. La experiencia de cada dia nos ensea que el hombre se inclina juzgar de los demas tomndose por pauta s mismo. De aqu han nacido los proverbios quien mal no hace, mal no piensa; y piensa el ladron que todos son de su condicion. Esta inclinacion es uno de los mayores obstculos para encontrar la verdad en todo lo concerniente la conducta de los hombres; ella expone con frecuencia al virtuoso ser presa de los amaos del malvado; y dirige menudo contra probada honradez, y quizas acendrada virtud, los tiros de la maledicencia. La reflexion, ayudada por costosos desengaos, cura veces este defecto, orgen de muchos males privados y pblicos; pero su raiz est en el entendimiento y corazon del hombre, y es preciso estar siempre alerta si no se quiere que retoen las ramas. La razon de este fenmeno no ser difcil explicarla. En la mayor parte de sus raciocinios, procede el hombre por analoga. Siempre ha sucedido esto, luego ahora suceder tambien. Comunmente despues de tal hecho, sobreviene tal otro, luego lo mismo acontecer en la actualidad. De aqu dimana que tan pronto como se ofrece la ocasion de formar juicio, apelamos la comparacion; si un ejemplo apoya nuestra manera de opinar, nos afirmamos mas en ella; y si la experiencia nos suministra muchos, sin esperar mas pruebas damos la cosa por demostrada. Natural es, que necesitando comparaciones las busquemos en los objetos mas conocidos, y con los cuales nos hallamos mas familiarizados; y como en tratndose de juzgar conjeturar sobre la conducta ajena hemos menester calcular sobre los motivos que influyen en la determinacion de la voluntad, atendemos sin advertirlo siquiera lo que solemos hacer nosotros, y prestamos los demas el mismo modo de mirar y apreciar los objetos. Esta explicacion, tan sencilla como fundada, seala cumplidamente la razon de la dificultad que encontramos en despojarnos de nuestras ideas y sentimientos, cuando as lo reclama el acierto en los juicios que formamos sobre la conducta de los demas. Quien no est acostumbrado ver otros usos que los de su pais, tiene por extrao cuanto de ellos se desvia, y al dejar por primera vez el suelo patrio se sorprende cada novedad que descubre. Lo propio nos sucede en el asunto de que tratamos: con nadie vivimos mas intimamente que con nosotros mismos; y hasta los mnos amigos de concentrarse tienen por necesidad una conciencia muy clara del curso que ordinariamente siguen su entendimiento y voluntad. Presntase un caso, y no atendiendo que aquello pasa en el nimo de los otros, como si dijsemos en tierra extranjera, nos sentimos naturalmente llevados pensar que deber de suceder all lo mismo corta diferencia que hemos visto en nuestra patria. Y ya que he comenzado comparando, aadir, que as como los que han viajado mucho no se sorprenden por ninguna diversidad de costumbres, y adquieren cierto hbito de acomodarse todo sin extraeza ni repugnancia, as los que se han dedicado al estudio del corazon, y la observacion de los hombres, son mas diestros en despojarse de su manera de ver y sentir, y se colocan mas fcilmente en la situacion de los otros; como si dijramos que cambian de traje y de tenor de vida, y adoptan el aire y las maneras de los naturales del nuevo pais[7]. CAPTULO VIII. DE LA AUTORIDAD HUMANA EN GENERAL. I. Dos condiciones necesarias para que sea valedero un testimonio. No siempre nos es dable adquirir por nosotros mismos el conocimiento de la existencia de un ser, y entnces nos es preciso valernos del testimonio ajeno. Para que este no nos induzca error, son necesarias dos condiciones: 1. que el testigo no sea engaado: 2. que no nos quiera engaar. Es evidente que faltando cualquiera de estos dos extremos, su testimonio no sirve para encontrar la verdad. Poco nos importa que quien habla la conozca, si sus palabras nos expresan el error; y la veracidad y buena fe tampoco nos aprovechan si quien las posee est engaado. II. Exmen y aplicaciones de la primera condicion. Conocemos si el testigo ha sido engaado no atendiendo los medios de que ha podido disponer para alcanzar la verdad: y en estos medios comprendo tambien su capacidad y demas cualidades personales que le hacen mas mnos apto para el efecto. Al referrsenos algun hecho, cuando el narrador no es testigo ocular, veces la buena educacion no permite preguntar quin lo ha contado; pero la buena lgica prescribe atender siempre esta circunstancia, y no prestar lijeramente asenso sin haberlo tenido presente. Atravieso un pais que me es desconocido, y oigo la siguiente proposicion: este es el ao de mejor cosecha que de mucho tiempo ac se ha visto en esta comarca. Lo primero que debo hacer es parar la atencion en la persona que as lo dice. Es un hombre anciano, rico propietario de la tierra, establecido en sus mismas posesiones, aficionado recoger noticias y formar estados comparativos? No puedo dudar que quien habla debe de saberlo muy bien; pues que su interes, profesion, inclinaciones particulares y larga experiencia le proporcionan cuantos medios son deseables para formar juicio acertado. Es un hijo del mismo propietario, que solo se llega las posesiones de su padre para divertirse sacar dinero; que distraido por la vida de las ciudades, se cuida muy poco de lo que pasa en los campos? Bien podr saberlo por habrselo oido su padre; pero si esta ltima circunstancia falta, el testimonio es muy poco seguro. Es un viajero que recorre de vez en cuando aquel pais, por negocios que nada tienen que ver con la agricultura? Su palabra merece poca fe, porque son escasos los medios que ha tenido para cerciorarse de lo que afirma; su proposicion podr ser echada la aventura. En una reunion se cuenta que el ingeniero N. acaba de idear una nueva mquina para tal cual producto, y que su invencion lleva ventaja cuantas se han conocido hasta ahora. El testigo es ocular.--Quin lo refiere?--Es un caballero de la misma profesion, muy acreditado en ella, que ha viajado mucho para ponerse al nivel de los ltimos adelantos en maquinaria, comisionado repetidas veces ya por el gobierno, ya por sociedades de fabricantes, para comparar diferentes sistemas de construccion y elaboracion: el juez es competente; no es fcil haya sido engaado por un charlatan cualquiera.--El testigo es un fabricante que tiene invertidos grandes capitales en maquinaria, y se propone invertir muchos mas; posee algunos conocimientos en el ramo, pues que su interes propio le llama la atencion hcia este punto, y cuenta con bastantes aos de experiencia. El testimonio no es despreciable, pero ha perdido mucho de las cualidades del primero. No conoce por principios la mecnica, habr visto algunos establecimientos, mas no los necesarios para poder comparar la invencion con los demas sistemas conocidos: el maquinista sabia que las arcas no estaban vacas, tenia un interes en que se formase alto concepto de la invencion; hay pues bastante peligro de que el mrito sea exagerado, hasta podr ser muy mediano, y quizas nulo. Una mujer de veracidad probada, pero de imaginacion ardiente y viva, y ademas muy crdula en asuntos de carcter extraordinario y misterioso, refiere con el tono de la mayor certeza y con el lenguaje y ademan de una impresion reciente, que en la noche anterior ha oido en su casa un ruido espantoso; que habindose levantado ha visto el resplandor de algunas luces en partes del edificio en las que no habita nadie; y que repetidas veces han resonado con toda claridad voces desconocidas, ya cual gemidos de dolor, ya cual aullidos de desesperacion, ya cual aterradoras amenazas. La testigo habr sido engaada. Es probable que estando profundamente dormida, algun gato que andaria ocupado en sus ordinarias tareas de hurto caza, habr derribado algun traste con estrepitoso fracaso. La buena seora, que quizas conciliaria dificilmente el sueo, agitada por espectros y fantasmas, dispierta al retumbante ruido: levntase despavorida, corre presurosa de una otra parte; ve en los aposentos desiertos alguna luz, por la sencilla razon de que nadie cuid de cerrar las ventanas, y por ellas penetran los rayos de la luna; por fin llegan sus oidos las voces misteriosas que no debieron de ser mas que los silbidos del viento, los crujidos de alguna puerta mal segura, y tal vez el remoto maullo del malandrin que salido por la buhardilla se va trabar refriegas por la vecindad, sin pensar que sus maldades tienen en congojosa cuita su duea y bienhechora. Asi discurriria un buen pensador, sin decidirse por esto creer dejar de creer, pero inclinndose algo mas lo segundo que lo primero; cuando h aqu que llega la reunion el marido de la seora espantada. Es hombre que frisa en los cincuenta, que ha tenido tiempo de perder el miedo en largos aos de carrera militar, no escasea de conocimientos, y retirado ahora, vive entregado sus negocios y sus libros, dejando que su mujer delire mansalva. La vista de los circunstantes se dirige naturalmente al recien llegado; y todos desean saber de su boca la impresion que le causara la medrosa aventura. En verdad, seores, dice, que no s qu diablos tenamos esta noche en casa. Ocupado en despachar unos papeles que me corrian prisa, no me habia acostado todava, cuando h aqu que eso de las doce oigo un estrpito tal que me cre que la casa se nos venia encima. Lo que es gato no podia ser, porque era imposible que hiciese tal estrpito; y ademas esta maana nada se ha encontrado, ni dislocado, ni roto. Eso de las luces, yo no las he visto; pero que resonaron unas voces tan tremebundas que casi casi me habrian metido el miedo en el cuerpo, es positivo. Veremos si la zambra se repite: yo me temo que se nos ha querido jugar una treta. Desearia sorprender los actores representando su papel. Desde entnces la cuestion cambia de aspecto; lo que ntes era improbable, ha pasado ser creible; el hecho ser verdadero, solo falta aclarar su naturaleza. III. Exmen y aplicaciones de la segunda condicion. Si conviene precaverse contra el engao que inocentemente puede haber sufrido el narrador, no importa mnos estar en guarda contra la falta de veracidad. Para este efecto ser bien informarse de la opinion que en este punto disfruta la persona, y sobre todo examinar si alguna pasion interes la impelen mentir. Qu caso puede hacerse de quien pinta prodigiosos hechos de armas de los cuales espera grados, empleos y condecoraciones? Est bien claro el partido que tomar el especulador, si no est dominado por principios de rgida moral y caballerosa delicadeza. As, quien refiere acontecimientos en cuya verdad apariencia tiene grande interes, es testigo sospechoso; prestarle crdito sobre su palabra fuera proceder muy de lijero. Cuando tratamos de calcular la probabilidad de un suceso que no sabemos sino por el testimonio de otros, es preciso atender simultneamente las dos condiciones explicadas: conocimiento y veracidad. Pero como en muchos casos, mas del testimonio, tenemos algunos datos para conjeturar sobre la probabilidad de lo que se nos cuenta, es necesario hacerlos entrar en combinacion, para decidirnos con mnos peligro de errar. Por lo comun, hay muchas cosas que atender, en lo cual ensearn mas los ejemplos que las reglas. Un general da parte de una brillante victoria que acaba de conseguir; el enemigo, por supuesto, era superior en fuerzas, ocupaba posiciones muy ventajosas, pero ha sido arrollado en todas direcciones, y solo una precipitada fuga le ha librado de dejar en manos del vencedor numerosos prisioneros. La prdida del general ha sido insignificante en comparacion de la del enemigo; algunas compaas que llevadas de su ardor se habian adelantado en demasa, vironse envueltas por cuadruplicadas fuerzas y tuvieron algunos momentos de conflicto; pero merced la bizarria de los jefes, y acertadas disposiciones del general, pudironse replegar con el mayor rden sin mas resultado que extraviarse un reducido nmero de soldados. Qu concepto formaremos de la accion? Para que se vea cunta circunspeccion es necesaria si se desea acertar en los juicios, y con la mira de ofrecer ejemplos que sirvan de norma en otros casos, detallaremos las muchas circunstancias que es preciso atender. Es conocido el general? Tiene reputacion de veraz y modesto, pasa plaza de fanfarron? Cules son sus dotes militares? Qu subalternos le auxilian? Sus tropas gozan fama de valor y disciplina? Se han distinguido en otras acciones, estan desacreditadas por frecuentes derrotas? Con qu enemigo ha tenido que habrselas? Cul era el objeto de la expedicion del general? Lo ha conseguido no? En el parte hay una clusula que dice: S de positivo que la plaza N puede todavia sostenerse algunos dias. As no he creido necesario precipitar las operaciones, mayormente cuando la situacion del soldado, rendido de hambre y fatiga, reclamaba imperiosamente algun descanso. El convoy queda seguro en la ciudad M, adonde me he replegado, abandonando al enemigo unas posiciones que me eran intiles, y dejndole que se cebase en una porcion de viveres que en el ardor de la refriega cayeron en su poder, causa de un desrden momentneo que se debi al miedo de los bagajeros. El negocio presenta mal aspecto; pesar de todos los rodeos, se conoce que el vencedor ha perdido una parte del convoy, y no ha podido pasar con lo restante. Qu trofeos nos presenta en testimonio de su victoria? No ha cogido prisioneros, y l confiesa algunos extraviados; aquellas compaas demasiado adelantadas sufrieron algunos momentos de conflicto, y fueron envueltas por fuerzas cuadruplicadas; todo esto significa que hubo en aquella parte un slvese quien pueda y que el enemigo no dej de hacer presa. Cules son las noticias que vienen del lugar donde se ha replegado el general? Es probable que las cartas sern tristes, y que traern descripciones aflictivas sobre el desrden en que entr la tropa, y la disminucion del convoy. Qu dicen los partidarios del enemigo? Ah! esto acaba de aclarar el misterio; se han echado las campanas vuelo en el punto P, y han entrado muchos prisioneros; los enemigos se han presentado orgullosos en presencia de la plaza sitiada, cuyos apuros son cada dia mayores. Qu est haciendo el general vencedor? Se mantiene en inaccion, y se aade que ha pedido refuerzos; la brillante victoria habr sido pues una insigne derrota. IV. Una observacion sobre el interes en engaar. Casos hay en que por interesado que parezca el narrador en faltar la verdad, no es probable que lo haya hecho, porque descubierta en breve la mentira, sin recurso para paliarla, se convertiria contra l de una manera ignominiosa. La experiencia nos ensea que no hay que fiar de ciertas relaciones militares que no pueden ser contradichas luego, con toda claridad y con presencia de datos positivos, que produzcan completa evidencia. Las mayores menores fuerzas del enemigo, el rden la dispersion con que tal cual parte de su ejrcito emprendi la retirada, el nmero de muertos heridos, lo mas mnos favorable de algunas posiciones atendida la situacion de los combatientes, lo mas mnos intransitable de los caminos, y otras cosas por este tenor, cmo las puede aclarar bien el pblico? Cada cual refiere las cosas su modo, segun sus noticias, intereses deseos; y los mismos que saben la verdad son quizas los primeros en oscurecerla haciendo circular las mas insignes falsedades. Los que llegan desembarazarse del enredo, y ver claro en el negocio, callan, se hallan impugnados por mil y mil quienes importa sostener la ilusion; y la mancha que cae sobre los embaucadores nunca es tan ignominiosa que no consienta algun disfraz. Pero suponed que un general que est sitiando una plaza, y nada puede contra ella, tiene la imprudencia de enviar un pomposo parte al gobierno, anuncindole que la ha tomado por asalto y estan en su poder los restos de la guarnicion que no han perecido en la refriega; pocos dias sabr el gobierno, sabr el pblico, sabr el mismo ejrcito, que el general ha mentido de una manera tan escandalosa; y la burla y la afrenta que caern sobre el impostor le harn pagar cara su gloria de momento. De aqu es que en semejantes casos el buen sentido del pblico suele preguntar si el parte es oficial: y si lo es, por mas que no haga caso de las circunstancias con que se procura realzar el hecho, no obstante presta crdito la existencia de l. Hasta es de notar que cuando en gravsimos apuros se miente de una manera escandalosa, con la mira de alentar por algunas horas mas y dar lugar al tiempo, rara vez se inventa un parte nombrando personas; se apela las frmulas de sabemos de positivo; un testigo de vista acaba de referirnos y otras semejantes; se suponen oficios recibidos que se imprimirn luego, se ordenan regocijos pblicos etc., pero siempre se suele dejar un camino abierto para que la mentira no choque demasiado de frente con el buen sentido, se tiene cuidado en no comprometer el nombre de personas determinadas; en una palabra, hasta reinando la mayor desfachatez, se guardan siempre algunas consideraciones la conciencia pblica. Para dejar pues de prestar crdito una relacion, no basta objetar que el narrador est interesado en faltar la verdad; es necesario considerar si las circunstancias de la mentira son tan desgraciadas, que poco despues haya de ser descubierta en toda su desnudez, sin que le quede al engaador la excusa de que se habia equivocado le habian mal informado. En estos casos, por poca que sea la categora de la persona, por poca estimacion de s misma que se le pueda suponer, mayormente cuando el asunto pasa en pblico, es prudente darle crdito, si de esto no puede resultar ningun dao. Ser dable salir engaado, pero la probabilidad est en contra y en grado muy superior. V. Dificultades para alcanzar la verdad, en mediando mucha distancia de lugar tiempo. Si es tan difcil encontrar la verdad, cuando los sucesos son contemporneos, y se realizan en nuestro propio pais, qu diremos de lo que pasa larga distancia de lugar tiempo, de uno y otro? Cmo ser posible sacar en limpio la verdad de manos de viajeros historiadores? Por mas desconsolador que sea, es preciso confesarlo, quien haya observado de qu modo se abulta, y se exagera, y se disminuye, y se desfigura, y se trastorna de arriba abajo lo mismo que estamos viendo con nuestros ojos, ha de sentirse por necesidad muy descorazonado al abrir un libro de historia de viajes, al leer los peridicos, particularmente los extranjeros. Quien vive en el mismo tiempo y pais de los acontecimientos tiene muchos medios para evitar el error: ve las cosas por s mismo, lee y oye muy diferentes relaciones que puede comparar entre s; y como est en datos sobre los antecedentes de las personas y de las cosas, como trata continuamente con hombres de opuestos intereses y opiniones, como sigue de cerca el curso de la totalidad de los sucesos, no le es imposible fuerza de trabajos y discrecion el aclarar en algunos puntos la verdad. Pero qu ser del desgraciado lector que mora all en lejanos paises, y quizas larga distancia de siglos, y no tiene otro guia que el peridico obra que por casualidad encuentra en un gabinete de lectura, en una biblioteca, que habr adquirido por haber visto recomendados en alguna parte aquellos escritos, oido elogios de quien presumia entenderlo? Tres son los conductos por los cuales solemos adquirir conocimiento de lo que pasa en tiempos y lugares distantes: los peridicos, las relaciones de los viajeros, y las historias. Dir cuatro palabras sobre cada uno de ellos[8]. CAPTULO IX. LOS PERIDICOS. I. Una ilusion. Creen algunos que con respecto los paises donde est en vigor la libertad de imprenta, no es muy difcil encontrar la verdad, porque teniendo todo linaje de intereses y opiniones algun peridico que les sirve de rgano, los unos desvanecen los errores de los otros, brotando del cotejo la luz de la verdad. Entre todos lo saben todo y lo dicen todo; no se necesita mas que paciencia en leer, cuidado en comparar, tino en discernir y prudencia en juzgar. As discurren algunos. Yo creo que esto es pura ilusion: y lo primero que asiento es que ni con respecto las personas ni las cosas, los peridicos no lo dicen todo, ni con mucho, ni aun aquello que saben bien los redactores, hasta en los paises mas libres. II. Los peridicos no lo dicen todo sobre las personas. Estamos presenciando cada paso que los partidarios de lo que se llama una notabilidad, la ensalzan con destemplados elogios; mintras sus adversarios le regalan manos llenas los dictados de ignorante, estpido, inhumano, sanguinario, tigre, traidor, monstruo, y otras lindezas por este estilo. El saber, los talentos, la honradez, la amabilidad, la generosidad y otras cualidades que le atribuan al hroe los escritores de su devocion, quedan en verdad algo ajadas con los cumplimientos de sus enemigos; pero al fin, qu sacais en limpio de esta baraunda? Qu pensar el extranjero que ha de decidirse por uno de los extremos, adoptar un justo medio manera de rbitro arbitrador? El resultado es andar tientas, y verse precisado suspender el juicio caer en crasos errores. La carrera pblica del hombre en cuestion no siempre est sealada por actos bien caracterizados; y ademas lo que haya en ellos de bueno malo, no siempre es bien claro si debe atribuirse l sus subalternos. Lo curioso es que veces entre tanta contienda, la opinion pblica en ciertos crculos, y quizas en todo el pais, est fijada sobre el personaje, de suerte que no parece sino que se miente de comun acuerdo. En efecto, hablad con los hombres que no carecen de noticias, quizas con los mismos que le han declarado mas cruda guerra; lo que es talento, oiris, nadie se lo niega; sabe mucho y no tiene malas intenciones; pero qu quiere V.?.... se ha metido en eso, y es preciso desbancarle; yo soy el primero en respetarle como persona privada; y ojal que nos hubiese escuchado nosotros; nos hubiera servido mucho, y habria representado un papel brillante. Veis ese otro tan honrado, tan inteligente, tan activo y enrgico, que al decir de ciertos peridicos, l y solo l, puede apartar la patria del borde del abismo? Escuchad los que le conocen de cerca, y tal vez sus mas ardientes defensores. Que es un infeliz, ya lo sabemos; pero al fin es el hombre que nos conviene, y de lguien nos hemos de valer. Se le acusa de impuros manejos; esto quin lo ignora? en el banco A tiene puestos tales fondos, y ahora va hacer otro tanto en el banco B. En verdad que roba de una manera demasiado escandalosa, pero mire V., esto es ya tan comun...., y ademas, cuando le acusan nuestros adversarios, no es menester que uno le deje en las astas del toro. No sabe V. la historia de ese hombre? pues yo le voy contar V. su vida y milagros ... Y se os refieren sus aventuras, sus altos y bajos, y sus maldades miserias, necedades, y desde entnces ya no padeceis ilusiones, y juzgais en adelante con seguridad y acierto. Estas proporciones no las disfrutan por lo comun los extranjeros, ni los nacionales que se contentan con la lectura de los peridicos, y as creyendo que la comparacion de los de opuestas opiniones les aclara suficientemente la verdad, se forman los mas equivocados conceptos sobre los hombres y las cosas. El temor de ser denunciados, de indisponerse con determinadas personas, el respeto debido la vida privada, el decoro propio, y otros motivos semejantes, impiden menudo los peridicos el descender ciertos pormenores, y referir ancdoctas que retratan al vivo al personaje quien atacan; sucediendo veces que con la misma exageracion de los cargos, la destemplanza de las invectivas, y la crueldad de las stiras, no le hacen ni con mucho el dao que se le podria hacer con la sencilla y sosegada exposicion de algunos hechos particulares. Los escritores distinguen casi siempre entre el hombre privado y el hombre pblico; esto es muy bueno en la mayor parte de los casos, porque de otra suerte la polmica periodstica, ya demasiado agria y descompuesta, se convirtiera bien pronto en un lodazal donde se revolvieran inmundicias intolerables; pero esto no quita que la vida privada de un hombre no sirva muy bien para conjeturar sobre su conducta en los destinos pblicos. Quien en el trato ordinario no respeta la hacienda ajena, creeis que proceder con pureza cuando maneje el erario de la nacion? El hombre de mala fe, sin convicciones de ninguna clase, sin religion, sin moral, creeis que ser consecuente en los principios polticos que aparenta profesar, y que en sus palabras y promesas puede descansar tranquilo el gobierno que se vale de sus servicios? El epicreo por sistema, que en su pueblo insultaba sin pudor el decoro pblico, siendo mal marido y mal padre, creeis que renunciar a su libertinaje cuando se vea elevado la magistratura, y que de su corrupcion y procacidad nada tendrn que temer la inocencia y la fortuna de los buenos, nada que esperar la insolencia y la injusticia de los malos? Y nada de esto dicen los peridicos, nada pueden decir, aunque les conste los escritores sin ningun gnero de duda. III. Los peridicos no lo dicen todo sobre las cosas. Hasta en poltica, no es verdad que los peridicos lo digan todo. Quin ignora cunto distan por lo comun las opiniones que se manifiestan en amistosa conversacion de lo que se expresa por escrito? Cuando se escribe en pblico hay siempre algunas formalidades que cubrir, y muchas consideraciones que guardar; no pocos dicen lo contrario de lo que piensan; y hasta los mas rgidos en materia de veracidad se hallan veces precisados ya que no decir lo que no piensan, al mnos decir mucho mnos de lo que piensan. Conviene no olvidar estas advertencias, si se quiere saber algo mas en politica de lo que anda por ese mundo como moneda falsa de muchos reconocida, pero recprocamente aceptada, sin que por esto se equivoquen los inteligentes sobre su peso y ley.[9] CAPTULO X. RELACIONES DE VIAJES. I. Dos partes muy diferentes en las relaciones de viajes. En esta clase de escritos deben distinguirse dos partes: las descripciones de objetos que ha visto, escenas que ha presenciado el viajero; y las demas noticias y observaciones de que llena su obra. Por lo tocante lo primero, conviene recordar lo que se ha dicho sobre la veracidad; aadindose dos advertencias: 1. que la desconfianza de la fidelidad de los cuadros debe guardar alguna proporcion con la distancia del lugar de la escena, por aquello de: luengas tierras, luengas mentiras; 2. que los viajeros corren riesgo de exagerar, desfigurar, y hasta fingir, haciendo formar ideas muy equivocadas sobre el pais que describen, por el vanidoso prurito de hacerse interesantes, y de darse importancia, contando peregrinas aventuras. En cuanto las demas noticias y observaciones, no es dable reducir reglas fijas el modo de distinguir la verdad del error; mayormente siendo imposible esta tarea en muchsimos casos. Pero ser bien presentar reflexiones que llenen de algun modo el vaco de las reglas, inspirando prudente desconfianza y manteniendo en guarda los inexpertos incautos. II. Orgen y formacion de algunas relaciones de viajes. Cmo se hacen la mayor parte de los viajes? Pasando no mas que por los lugares mas famosos, detenindose algun tanto en los puntos principales, y atravesando el pais intermedio tan rpidamente como es posible; pues ello instigan tres causas poderosas: ahorrar tiempo, economizar dinero, y disminuir la molestia. Si el pais es culto, con buenos caminos, con canales, rios y costas de pronta navegacion, el viajero salta de una capital otra disparndose como una flecha; dormitando con el mecimiento del coche de la nave, y asomando la cabeza por la portezuela para recrearse con la vista de algun bello paisaje, pasendose sobre cubierta contemplando las orillas del rio cuya corriente le arrebata. Resulta de ah que todo el pais intermedio queda completamente desconocido, en cuanto concierne ideas, religion, usos y costumbres. Algo ve sobre la calidad del terreno y los trajes de los moradores, porque ambos objetos se le ofrecen los ojos; pero hasta en estas cosas si el viajero no es cauto, y pretende hablar en general, podr dar sus lectores las noticias mas falsas y extravagantes. Si de aqu algunos aos logramos navegar por el Ebro desde Zaragoza Tortosa, el viajero que pintase el terreno y los trajes de Aragon y Catalua, atenindose lo que hubiese visto en la ribera del rio, por cierto que les proporcionaria sus lectores copia disparatada. Ahora reflexione el aficionado relaciones de viajes, el caso que debe hacer de las detalladas noticias sobre un pais de muchos millares de leguas cuadradas descrito por un viajero que le ha observado de la susodicha manera. El que lo ha visto de cerca lo dice, as ser sin asomo de duda: de esta suerte hablas, crdulo lector, pensando que en recoger aquellas noticias ha puesto tu guia gran trabajo y cuidado; pues yo te dir lo que podria muy bien haber sucedido, y otra vez no te dejars engaar con tanta facilidad. Llegado el viajero la capital, tal vez con escaso conocimiento de la lengua, y quizas con ninguno, habr andado atolondrado y confuso algunos dias, en el laberinto de calles y plazas, desplegando menudo el plano de la ciudad, preguntando cada esquina, y saliendo del paso del mejor modo posible, para encontrar la oficina de pasaportes, la casa de la embajada, y los sugetos para quienes lleva carta de recomendacion. Este tiempo no es muy propsito para observar; y si ratos toma coche, para librarse de cansancio y evitar extravo, tanto peor para los apuntes de su cartera: todo desfila sus ojos con mucha rapidez como en linterna mgica las ilusiones de los cuadros; recoger muy gratas sensaciones, pero no muchas noticias. Viene en seguida la visita de los principales edificios, monumentos, bellezas y preciosidades cuyo ndice encuentra en la _guia_; y la capital no ha de ser de las mayores, se le han pasado muchos dias en la expresada tarea. La estacion se adelanta, es preciso todava visitar otras ciudades, acudir los baos, presenciar tal cual escena en un punto lejano, el viajero ha de tomar la posta, y correr ejecutar en otra parte lo que acaba de practicar all. A los pocos meses de su partida del suelo natal, est ya de vuelta, y ordena durante el invierno sus apuntes, y en la primavera se halla de venta un abultado tomo sobre el viaje. Agricultura, artes, comercio, ciencia, poltica, ideas populares, religion, usos, costumbres, carcter, todo lo ha observado de cerca el afortunado viajero; en su libro se halla la estadstica universal del pais; creedle sobre su palabra y podris ahorraros el trabajo de salir de vuestro gabinete, sin que ignoreis los mas pequeos y delicados pormenores. Cmo ha podido adquirir tanta copia de noticias? Un Argos no bastara para ver y notar tanto en tan breve tiempo; y ademas, cmo habr sabido lo que pasaba all donde no ha estado, es decir, centenares de leguas derecha izquierda de la carretera, canal rio por donde viajaba? Hlo aqu. Cuando al dar los primeros rayos del sol la portezuela del coche, se habr dispertado, y bostezando, y desperezndose habr echado una ojeada sobre el pais, que no se parece ya lo que era el de anoche, cruzando y arreglando las piernas con el caballero de enfrente, habr trabado quizas la siguiente conversacion.--V. conoce el pais este?--Un poco.--El pueblo aquel cmo se llama?--Si mal no me acuerdo es N.--Los principales productos del pais?--N.--La industria?--N.--Carcter?--Flemtico como el postillon.--Riqueza?--Como judios. Entre tanto llega el coche al parador, el de las respuestas se marcha quizas sin despedirse; y sus informes que se ignoran de quin sean, figurarn cual datos positivos entre los apuntes del observador, que tendr la humorada de afirmar que cuenta lo que ha visto. Pero como estos recursos no son suficientes y dejarian muy incompleta la descripcion, recoger cudadosamente los trajes extraos, los edificios irregulares, las danzas grotescas que se le hayan ofrecido al paso, y hos aqu un cuadro de costumbres generales que nada dejar que desear. Sin embargo, aun hay otra mina que explotar el viajero, y de donde sacar tal vez el principal tesoro. En los peridicos y en las _guias_, encontrar en crecido nmero las noticias que ha menester para formar su estadstica; y con los datos que de all saque, puestos en rden diferente, intercalando alguna cosa de lo que ha visto oido conjeturado, resultar un todo que se har circular como fruto de los trabajos investigadores del viajero, y en sustancia no ser mas en su mayor parte, que cuentos de un cualquiera, y traducciones y plagios de peridicos y obras. Para que no se extrae la severidad con que trato los autores de _viajes_, sin que por esto me proponga rebajar el mrito donde quiera que se halle, bastar recordar las necedades y disparates que han publicado algunos extranjeros que han viajado por Espaa. Lo que nosotros nos ha sucedido puede muy bien acontecer otros pueblos; saliendo bien mal parados, aplaudidos con exageracion, criticados con injusticia, segun el humor, las ideas, y otras cualidades del lijero pintor que se empeaba en sacar copia de originales que no habia visto. III. Modo de estudiar un pais. La razon y la experiencia ensean, que para formar cabal concepto de una pequea comarca, y poderla describir tal como es, bajo el aspecto material y moral, es necesario estar familiarizado con la lengua, pasar all larga temporada, abundar de relaciones, estar en trato continuo sin cansarse de preguntar y observar. No creo que haya otro medio de adquirir noticias exactas y formar acertado juicio; lo demas es andarse en generalidades, y llenarse la cabeza de errores inexactitudes. Hasta que se estudien los paises de esta manera, hasta que se forme de esta suerte su estadstica material y moral, no sern bien conocidos. Estarn pintados en los libros como en los mapas muy pequeos que nos ofrecen la vista dilatadas regiones: todo est cubierto de nombres, y de crculos, y de crucecitas, y de cordilleras de montaas y de corrientes de rios; pero medid con el compas las distancias, y andaos por el mundo sin otra regla; menudo creeris estar muy cerca de una ciudad, de un rio, de un monte, que distan sin embargo nada mnos que cien leguas. En suma, quereis adquirir noticias exactas sobre un pais, y formar de su estado concepto verdadero y cabal? estudiadlo de la manera sobredicha, leed quien lo hubiere estudiado de esta suerte. Y si no truviereis proporcion para ello, contentaos con cuatro cosas generales, que os sacarn airoso de una conversacion con vuestros iguales en aquella clase de conocimientos; pero guardaos de asentar sobre estos datos un sistema filosfico, poltico econmico; y andad con tiento en lucir vuestra ciencia, si os encontrarais con algun natural del pais, y no quereis exponeros ser objeto de risa[10]. CAPTULO XI. HISTORIA. I. Medio para ahorrar tiempo, ayudar la memoria, y evitar errores, en los estudios histricos. El estudio de la historia es no solo til sino tambien necesario. Los mas escpticos no le descuidan; porque, aun cuando no le admitiesen como propio para conocer la verdad, al mnos no le desdearian como indispensable ornamento. Ademas que la duda llevada su mayor exageracion no puede destruir un nmero considerable de hechos, que es preciso dar por ciertos, si no queremos luchar con el sentido comun. As, uno de los primeros cuidados que deben tenerse en esta clase de estudios es distinguir lo que hay en ellos de absolutamente cierto. De esta manera se encomienda la memoria lo que no admite sombra de duda, y queda luego desembarazado el lector para andar clasificando lo que no llega tan alto grado de certeza, es solamente probable, tiene muchos visos de falso. Quin dudar que existieron en oriente grandes imperios, que los griegos fueron pueblos muy adelantados en civilizacion y cultura, que Alejandro hizo grandes conquistas en el Asia, que los romanos llegaron ser dueos de una gran parte del mundo conocido, que tuvieron por rival la repblica de Cartago, que el imperio de los seores del mundo fu derribado por una irrupcion de brbaros venidos del norte, que los musulmanes se apoderaron del Africa septentrional, destruyeron en Espaa el reino de los godos y amenazaron otras regiones de Europa, que en los siglos medios existi el sistema del feudalismo, y mil y mil otros acontecimientos ya antiguos ya modernos, de los cuales estamos tan seguros como de que existen Lndres y Paris? II. Distincion entre el fondo del hecho y sus circunstancias. Aplicaciones. Pero admitidos como indudables cierta clase de hechos, queda anchuroso campo para disputar sobre otros y desecharlos, darles crdito; y hasta con respecto los que no consienten ningun gnero de duda, pueden espaciarse la erudicion, la crtica y la filosofa de la historia, en el exmen y juicio de las circunstancias con que los historiadores los acompaan. Es incuestionable que existieron las guerras llamadas pnicas, que en ellas Cartago y Roma se disputaron el imperio del Mediterrneo, de las costas de Africa, Espaa Italia, y que al fin sali triunfante la patria de los Escipiones, venciendo Anbal y destruyendo la capital enemiga: pero las circunstancias de aquellas guerras fueron tales como nosotros las conocemos? En el retrato que se nos hace del carcter cartagines, en el sealamiento de las causas que provocaron los rompimientos, en la narracion de las batallas, de las negociaciones, y otros puntos semejantes, seria posible que hubisemos sido engaados? Los historiadores romanos, de quienes hemos recibido la mayor parte de las noticias, no habrn mezclado mucho de favorable su nacion, y de contrario la rival? Aqu entra la duda, aqu el discernimiento; aqu entra ora el admitir con recelo y desconfianza, ora el desechar sin reparo, ora el suspender con mucha frecuencia el juicio. Qu seria de la verdad los ojos de las generaciones venideras, si por ejemplo la historia de las luchas entre dos naciones modernas, quedase nicamente escrita por los autores de una de las dos rivales? Y esto sin embargo, lo han publicado los unos en presencia de los otros, corrigindose y desmintindose recprocamente, y los acontecimientos se verificaron en pocas que abundaban ya de medios de comunicacion, y en que era mucho mas difcil sostener falsedades de bulto. Qu ser pues vinindonos las narraciones por un conducto solo, y tan sospechoso, por interesado; y tratndose de tiempos tan distantes, de comunicaciones tan escasas, y en que no se conocian los medios de publicidad que han disfrutado los modernos? Mucho se deber desconfiar tambien de los griegos cuando nos refieren sus gigantescas hazaas, las matanzas de innumerables persas, sus rasgos de patriotismo herico, y cien cosas por este tenor. La fe ciega, el entusiasmo sin lmites, la admiracion por aquel pueblo de increibles hazaas, all se queda para los sencillos; que quien conoce el corazon del hombre, quien ha visto con sus propios ojos tanto exagerar, desfigurar y mentir, dice para s: el negocio debi de ser grave y ruidoso; parece que en efecto no se portaron mal esos griegos; pero en cuanto saber el respectivo nmero de combatientes, y otros pormenores, suspendo el juicio hasta que hayan resucitado los persas, y los oiga pintar su modo los acontecimientos y sus circunstancias. Esta regla de prudencia es susceptible de infinitas aplicaciones lo antiguo y moderno. El lector que de ella se penetre, y no la olvide al leer la historia, d por seguro que se ahorrar muchsimos errores, y sobre todo no desperdiciar tiempo y trabajo en recordar si fueron sesenta setenta mil los que murieron en tal cual refriega, y si los pobres que anduvieron de vencida, y no pueden desmentir al cronista, eran en nmero cuadruplicado quintuplicado, para su mayor ignominia y afrenta. III. Algunas reglas para el estudio de la historia. Como la historia no entra en esta obrita sino como uno de tantos objetos que no deben pasarse por alto cuando se trata de la investigacion de la verdad, fuera inoportuno extenderse demasiado en sealar reglas para su estudio; esto por s solo, reclamaria un libro de no pequeo volmen; y no conviene gastar un espacio que bien se ha menester para otras cosas. As me limitar prescribir lo mnos que pueda, y con la mayor brevedad que alcance. REGLA 1. Conforme lo establecido mas arriba (Cap. VIII), es preciso atender los medios que tuvo mano el historiador para encontrar la verdad, y las probabilidades de que sea veraz no. REGLA 2. En igualdad de circunstancias, es preferible el testigo ocular. Por mas autorizados que sean los conductos, siempre son algo peligrosos; las narraciones que pasan por muchos intermedios suelen ser como los lquidos, los que siempre se llevan algo del canal por donde corren. Desgraciadamente abundan mucho en los canales la malicia y el error. REGLA 3. Entre los testigos oculares, es preferible en igualdad de circunstancias, el que no tom parte en el suceso, y no gan ni perdi con l. (V. Cap. VIII.) Por mas crdito que se merezca Csar cuando nos refiere sus hazaas, claro es que sus enemigos no los habia de pintar pocos y cobardes, ni describirnos sus empresas como demasiado asequibles. Los prodigios de Anbal contados por sus mismos enemigos, valen por cierto algo mas. Cmo vemos narradas las revoluciones modernas? Segun las opiniones intereses del escritor. Un hombre de aventajado talento ha dado luz una historia del levantamiento y revolucion de Espaa en la poca de 1808; y sin embargo, al tratar de las Crtes de Cdiz, al traves del lenguaje anticuado, y del tono grave y sesudo, bien se trasluce el jven y fogoso diputado de las constituyentes. REGLA 4. El historiador contemporneo es preferible; teniendo empero el cuidado de cotejarle con otro de opiniones intereses diferentes, y de separar en ambos el hecho narrado de las causas que se le sealan, resultados que se le atribuyen, y juicio de los escritores. Por lo comun, hay en los acontecimientos algo que descuella, y se presenta los ojos demasiado de bulto para que pueda negarlo la parcialidad del historiador. En tal caso exagera disminuye, echa mano de colores halageos repugnantes, busca explicaciones favorables apelando causas imaginarias, y sealando efectos soados: pero el hecho est all; y los esfuerzos del escritor apasionado de mala fe, no hacen mas que llamar la atencion del avisado lector para que fije la vista con atencion en lo que hay, y no vea ni mas ni mnos de lo que hay. Los historiadores apasionados de Napoleon hablarn la posteridad del fanatismo y crueldad de la nacion espaola, pintndola como un pueblo estpido que no quiso ser feliz; referirn los mil motivos que tuvo el gran Capitan para entremeterse en los negocios de la Pennsula, y sealarn un millon de causas para explicar lo poco satisfactorio de los resultados. Por supuesto que llegarn concluir que por esto no se empaan en lo mas mnimo las glorias del hroe. Pero el lector juicioso y discreto descubrir la verdad pesar de todos los amaos para oscurecerla. El historiador no habr podido mnos de confesar su modo y con mil rodeos, que Napoleon ntes de comenzar la lucha, y mintras las fuerzas del Marques de la Romana le auxiliaban en el norte, introdujo en Espaa con palabras de amistad, un numeroso ejrcito, y se apoder de las principales ciudades y fortalezas, inclusa la capital del reino; que coloc en el trono su hermano Jos; y que al fin Jos y su ejrcito despues de seis aos de lucha, se vieron precisados repasar la frontera. Esto no lo habr negado el historiador; pues bien, esto basta: pntense los pormenores como se quiera, la verdad quedar en su lugar. He aqu lo que dir el sensato lector: t, historiador parcial, defiende admirablemente la reputacion y buen nombre de tu hroe, pero resulta de tu misma narracion, que l ocup el pais protestando amistad, que invadi sin ttulo, que atac quien le ayudaba, que se vali de traicion para llevarse al rey, que pele durante seis aos sin ningun provecho. De una parte estaban pues la buena fe del aliado, la lealtad del vasallo, y el arrojo y la constancia del guerrero; de otra podian estar la pericia y el valor, pero su lado resaltan la mala fe, la usurpacion, y la esterilidad de una dilatada guerra. Hubo pues yerro y perfidia en la concepcion de la empresa, maldad en la ejecucion; razon y heroismo en la resistencia. REGLA 5. Los annimos merecen poca confianza. El autor habr tal vez callado su nombre por modestia por humildad; pero el pblico que lo ignora, no est obligado prestar crdito quien le habla con un velo en la cara. Si uno de los frenos mas poderosos, cual es el temor de perder la buena reputacion, no es todava bastante para mantener los hombres en los lmites de la verdad, cmo podremos fiarnos de quien carece de l? REGLA 6. Antes de leer una historia es muy importante leer la vida del historiador. Casi me atreveria decir que esta regla, por lo comun tan descuidada, es de las que deben ocupar el lugar mas distinguido. En cierto modo se halla ya contenida en lo que llevo dicho mas arriba (Cap. VIII); pero no ser intil haberla establecido por separado, siquiera para tener ocasion de ilustrarla con algunas observaciones. Claro es que no podemos saber qu medios tuvo el historiador para adquirir el conocimiento de lo que narra, ni el concepto que debemos formar de su veracidad, si no sabemos quin era, cul fu su conducta, y demas circunstancias de su vida. En el lugar en que escribi el historiador, en las formas polticas de su patria, en el espritu de su poca, en la naturaleza de ciertos acontecimientos, y no pocas veces en la particular posicion del escritor, se encuentra quizas la clave para explicar sus declamaciones sobre tal punto, su silencio reserva sobre tal otro; porqu pas sobre este hecho con pincel lijero, porqu carg la mano sobre aquel. Un historiador del revuelto tiempo de la Liga no escribia de la misma suerte que otro del reinado de Luis XIV; y trasladndonos pocas mas cercanas, las de la revolucion, de Napoleon, de la restauracion, y de la dinasta de Orleans, han debido inspirar al escritor otro estilo y lenguaje. Cuando andaban animadas las contiendas entre los papas y los prncipes, no era por cierto lo mismo publicar una memoria sobre ellas, en Roma, Paris, Madrid Lisboa. Si sabeis donde sali luz el libro que teneis en la mano, os haris cargo de la situacion del escritor; y as supliris aqu, cercenaris all; en una parte descifraris una palabra oscura, en otra comprenderis un circunloquio; en esta pgina apreciaris en su justo valor una protesta, un elogio, una restriccion; en aquella adivinaris el blanco de una confesion, de una censura, sealaris el verdadero sentido una proposicion demasiado atrevida. Pocos son los hombres que se sobreponen completamente las circunstancias que los rodean: pocos son los que arrostran un gran peligro por la sola causa de la verdad; pocos son los que en situaciones crticas no buscan una transaccion entre sus intereses y su conciencia. En atravesndose riesgos de mucha gravedad, el mantenerse fiel la virtud es heroismo, y el heroismo es cosa rara. Ademas que no siempre puede decirse que haya obrado mal un escritor, por haberse atemperado las circunstancias, si no ha vulnerado los derechos de la justicia y de la verdad. Casos hay en que el silencio es prudente y hasta obligatorio; y por lo mismo, bien se puede perdonar un escritor el que no haya dicho todo lo que pensaba, con tal que no haya dicho nada contra lo que pensaba. Por mas profundas que fuesen las convicciones de Belarmino sobre la potestad indirecta, habriais exigido de l, que se expresase en Paris de la misma suerte que en Roma? Esto hubiera equivalido decirle: hablad de manera, que tan pronto como el Parlamento tenga noticia de vuestra obra, sean recogidos los ejemplares mano armada, quemado quizas uno de ellos por la mano del verdugo, y vos expulsado de Francia encerrado en un calabozo. El conocimiento de la posicion particular del escritor, de su conducta, moralidad, carcter, y hasta de su educacion, ilustran muchsimo al lector de sus obras. Para formar juicio de las palabras de Lutero sobre el celibato, servir no poco el saber que quien habla es un fraile apstata, casado con Catalina de Bor; y quien haya tenido paciencia bastante para ruborizarse mil veces hojeando las impudentes _confesiones_ de Rousseau, ser bien poco accesible ilusiones, cuando el filsofo de Ginebra le hable de filantropa y de moral. REGLA 7. Las obras pstumas publicadas por manos desconocidas poco seguras, son sospechosas de apcrifas alteradas. La autoridad de un ilustre difunto poco sirve en semejantes casos: no es l quien nos habla, sino el editor, bien seguro de que el interesado no le podr desmentir. REGLA 8. Historias fundadas en memorias secretas y papeles inditos; publicaciones de manuscritos en que el editor asegura no haber hecho mas que introducir rden, limar frases, aclarar algunos pasajes, no merecen mas crdito que el debido quien sale responsable de la obra. REGLA 9. Relaciones de negociaciones ocultas, de secretos de estado, ancdotas picantes sobre la vida privada de personajes clebres, sobre tenebrosas intrigas, y otros asuntos de esta clase, han de recibirse con extrema desconfianza. Si difcilmente podemos aclarar la verdad de lo que pasa la luz del sol, y la faz del universo, poco debemos prometernos tocante lo que sucede en las sombras de la noche y en las entraas de la tierra. REGLA 10. En tratndose de pueblos antiguos muy remotos, es preciso dar poco crdito cuanto se nos refiera, sobre riquezas del pais, nmero de moradores, tesoros de monarcas, ideas religiosas, y costumbres domsticas. La razon es clara: todos estos puntos son difciles de averiguar; es necesario mucho tiempo de residencia, perfecto conocimiento de la lengua, inteligencia en ramos de suyo muy difciles y complicados, medios de adquirir noticias exactas sobre objetos ocultos que brindan la exageracion y en que por parte de los mismos naturales hay veces mucha ignorancia, y hasta sabindolo, tienen mil y mil motivos para aumentar disminuir. Finalmente en lo que toca costumbres domsticas, no se alcanza su exacto conocimiento, si no se puede penetrar en lo interior de las familias, vindolas como hablan y obran en la efusion y libertad de sus hogares[11]. CAPTULO XII. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL MODO DE CONOCER LA NATURALEZA, PROPIEDADES Y RELACIONES DE LOS SERES. I. Una clasificacion de las ciencias. Conocidas las reglas que pueden guiarnos para conocer la existencia de un objeto, fltanos averiguar cuales son las que podrn sernos tiles, al investigar la naturaleza, propiedades y relaciones de los seres. Estos, pertenecen al rden de la naturaleza, comprendiendo en l todo cuanto est sometido las leyes necesarias de la creacion, los que apellidaremos _naturales_; al rden moral, y los nombraremos _morales_; al rden de la sociedad humana, que llamaremos _histricos_ mas propiamente _sociales_; al de una providencia extraordinaria, que designaremos con el titulo de _religiosos_. No insistir sobre la exactitud de esta division; confesar sin dificultad, que en rigor dialctico, se le pueden hacer algunas objeciones; pero es innegable que est fundada en la misma naturaleza de las cosas, y en el modo con que el entendimiento humano suele distinguir los principales puntos de vista. Sin embargo, para manifestar con mayor claridad la razon en que se apoya, h aqui presentada en pocas palabras la filiacion de las ideas. Dios ha criado el universo y cuanto hay en l, sometindole leyes constantes y necesarias; de aqu el rden natural. Su estudio podria llamarse filosofa natural. Dios ha criado al hombre dotndole de razon y de libertad de albedro; pero sujeto ciertas leyes, que no le fuerzan, mas le obligan: h aqu el rden moral, y el objeto de la filosofa moral. El hombre en sociedad ha dado origen una serie de hechos y acontecimientos: h aqu el rden social. Su estudio podria llamarse filosofa social, si se quiere filosofa de la historia. Dios no est ligado por las leyes que l mismo ha prescrito las hechuras de sus manos: por consiguiente puede obrar sobre y contra esas leyes, y as es dable que existan una serie de hechos y revelaciones de un rden superior al natural y social: de aqu el estudio de la religion filosofa religiosa. Dada la existencia de un objeto, pertenece la filosofa el desentraarle, apreciarle y juzgarle; ya que en la acepcion comun, esta palabra _filsofo_, significa el que se ocupa en la investigacion de la naturaleza, propiedades y relaciones de los seres. II. Prudencia cientfica y observaciones para alcanzarla. En el buen rden del pensamiento filosfico entra una gran parte de prudencia, muy semejante la que preside la conducta prctica. Esta prudencia es de muy difcil adquisicion, es tambien el costoso fruto de amargos y repetidos desengaos. Como quiera, ser bueno tener la vista algunas observaciones que pueden contribuir engendrarla en el espritu. OBSERVACION 1. La ntima naturaleza de las cosas nos es por lo comun muy desconocida: sobre ella sabemos poco imperfecto. Conviene no echar nunca en olvido esta importantsima verdad. Ella nos ensear la necesidad de un trabajo muy asiduo, cuando nos propongamos descubrir y examinar la naturaleza de un objeto; dado que lo muy oculto y abstruso, no se comprende con aplicacion liviana. Ella nos inspirar prudente desconfianza en el resultado de nuestras investigaciones, no permitindonos que con precipitacion nos lisonjeemos de haber encontrado lo que buscamos. Ella nos preservar de aquella irreflexiva curiosidad que nos empea en penetrar objetos cerrados con sello inviolable. Verdad poco lisonjera nuestro orgullo, pero indudable; certsima los ojos de quien haya meditado sobre la ciencia del hombre. El Autor de la naturaleza nos ha dado suficiente conocimiento para acudir nuestras necesidades fsicas y morales, otorgndonos el de las aplicaciones y usos que para este efecto pueden tener los objetos que nos rodean; pero se ha complacido al parecer en ocultar lo demas; como si hubiese querido ejercitar el humano ingenio durante nuestra mansion en la tierra, y sorprender agradablemente al espritu al llevarle las regiones que le aguardan mas all del sepulcro, desplegando nuestros ojos el inefable espectculo de la naturaleza sin velo. Conocemos muchas propiedades y aplicaciones de la luz, pero ignoramos su esencia; conocemos el modo de dirigir y fomentar la vegetacion, pero sabemos muy poco sobre sus arcanos; conocemos el modo de servirnos de nuestros sentidos, de conservarlos y ayudarlos, pero se nos ocultan los misterios de la sensacion; conocemos lo que es saludable nocivo nuestro cuerpo, pero en la mayor parte de los casos nada sabemos sobre la manera particular con que nos aprovecha daa. Qu mas? calculamos continuamente el tiempo, y la metafsica no ha podido aclarar bien lo que es el tiempo; existe la geometra, y llevada un grado de admirable perfeccion; y su idea fundamental, la extension, est todava sin comprender. Todos moramos en el espacio, todo el universo est en l; le sujetamos riguroso clculo y medida; y la metafisica ni la ideologa no han podido decirnos aun en qu consiste; si es algo distinto de los cuerpos, si es solamente una idea, si tiene naturaleza propia, no sabemos si es un ser nada. Pensamos y no comprendemos lo que es el pensamiento; bullen en nuestro espritu las ideas, ignoramos lo que es una idea; nuestra cabeza es un magnfico teatro donde se representa el universo con todo su esplendor, variedad y hermosura; donde una fuerza incomprensible crea nuestro capricho mundos fantsticos, ora bellos, ora sublimes, ora extravagantes, y no sabemos lo que es la imaginacion, ni lo que son aquellas prodigiosas escenas, ni como aparecen desaparecen. Qu conciencia mas viva no tenemos de esa inmensa muchedumbre de afecciones que apellidamos sentimientos! y sin embargo qu es el sentimiento? El que ama siente el amor, pero no le conoce; el filsofo que se ocupa en el exmen de esta afeccion, seala quizas su orgen, indica su tendencia y su fin, da reglas para su direccion; pero en cuanto la ntima naturaleza del amor, se halla en la misma ignorancia que el vulgo. Son los sentimientos como un flido misterioso que circula por conductos cuyo interior es impenetrable. Por la parte exterior, se conocen algunos efectos; en algunos casos se sabe de dnde viene y adnde va, y no se ignora el modo de minorar su velocidad, cambiar su direccion; pero el ojo no puede penetrar en la oscura cavidad: el agente queda desconocido. Nuestro propio cuerpo, ni todos cuantos nos rodean, sabemos por ventura lo que son? Hasta ahora ha habido algun filsofo que haya podido explicarnos lo que es un cuerpo? Y sin embargo, estamos continuamente en medio de cuerpos, y nos servimos continuamente de ellos, y conocemos muchas de sus propiedades, y de las leyes que estan sometidos, y un cuerpo forma parte de nuestra naturaleza. Estas consideraciones no deben perderse nunca de vista, cuando se nos ofrece examinar la ntima naturaleza de una cosa para fijar los principios constitutivos de su esencia. Seamos pues diligentes en investigar, pero muy mesurados en definir. Si no llevamos estas cualidades un alto grado de escrupulosidad, nos acontecer con frecuencia el sustituir la realidad las combinaciones de nuestra mente. OBSERVACION 2. As como en matemticas hay dos maneras de resolver un problema; una acertando en la verdadera resolucion; otra manifestando que la resolucion es imposible; as acontece en todo linaje de cuestiones: muchas hay cuya mejor resolucion es manifestar que para nosotros son insolubles. Y no se crea que esto ltimo carezca de mrito, y que sea fcil el discernimiento entre lo asequible inasequible: quien es capaz de ello, seal es que conoce fondo la materia de que se trata, y que se ha ocupado con detenimiento en el exmen de sus principales cuestiones. Es mucho el tiempo que se ahorra en habiendo adquirido este precioso discernimiento: pues en ofrciendose el caso, como que se adivina desde luego si hay no los datos suficientes para llegar un resultado satisfactorio. El conocimiento de la imposibilidad de resolver, es muchas veces mas bien histrico y experimental que cientfico; es decir que un hombre instruido y experimentado, conoce que una solucin es imposible, que raya en ello causa de su extrema dificultad, no porque pueda demostrarlo, sino porque la historia de los esfuerzos que han hecho otros y quizas de los propios, le manifiesta la impotencia del entendimiento humano con relacion al objeto. A veces la misma naturaleza de las cosas sobre las cuales se suscita la cuestion indica la imposibilidad de resolverla. Para esto es necesario abarcar de una ojeada los datos que se han menester, conociendo la falta de los que no existen. OBSERVACION 3. Como los seres se diferencian mucho entre s en naturaleza, propiedades y relaciones, el modo de mirarlos, y el mtodo de pensar sobre ellos han de ser tambien muy diferentes. Imagnanse algunos que en sabiendo pensar sobre una clase de objetos est ya trillado el camino para lograr lo mismo con respecto todos; bastando para ello dirigir la atencion lo que se quiere estudiar de nuevo. De aqu es, que se oye en boca de muchos, y se lee tambien en uno que otro autor, la insigne falsedad de que la mejor lgica son las matemticas, porque acostumbran pensar en todas materias con rigor y exactitud. Para desvanecer esta equivocacion, basta observar que los objetos que se ofrecen nuestro espritu son de rdenes muy diferentes, que los medios de que disponemos para alcanzarlos nada tienen de parecido, que las relaciones que con nosotros los unen son desemejantes, y que en fin la experiencia est enseando todos los dias que un hombre dedicado dos clases de estudios resulta sobresaliente en la una, y quizas muy mediano en la otra; que en aquella piensa con admirable penetracion y discernimiento, mintras en esta no se eleva sobre miserables vulgaridades. Hay verdades matemticas, verdades fsicas, verdades ideolgicas, verdades metafsicas; las hay morales, religiosas, polticas; las hay literarias histricas; las hay de razon pura, y otras en que se mezclan por necesidad la imaginacion y el sentimiento; las hay meramente especulativas, y las hay que por necesidad se refieren la prctica; las hay que solo se conocen por raciocinio, las hay que se ven por intuicion, y las hay de que solo nos informamos por la experiencia; en fin, son tan variadas las clases en que podrian distribuirse, que fuera difcil reducirlas guarismo. III. Los sabios resucitados. El lector palpar el fundamento de lo que acabo de exponer, y se desentender en adelante de las frivolas objeciones que pudiera presentar el espritu de sutileza y cavilacion, asistiendo la escena que voy ofrecerle, en la cual encontrar retratada al vivo la naturaleza de las cosas, y explicada y demostrada un mismo tiempo la importante verdad que deseo inculcarle. Yo supongo reunidos en un vasto establecimiento un gran nmero de hombres clebres, los que resucitados tales como eran en vida, con los mismos talentos inclinaciones, pasan algunos dias encerrados all, bien que con amplia libertad de ocuparse cada cual en lo que fuere de su agrado. La mansion est preparada como tales huspedes se merecen; un riqusimo archivo, una inmensa biblioteca, un museo donde se hallan reunidas las mayores maravillas de la naturaleza y del arte; espaciosos jardines adornados con todo linaje de plantas, largas hileras de jaulas donde rugen, braman, aullan, silban, se revuelven, se agitan, todos los animales de Europa, Asia, Africa y Amrica. All estan Gonzalo de Crdoba, Cisneros, Richelieu, Cristbal Colon, Hernan Corts, Napoleon, Tasso, Milton, Boileau, Corneille, Racine, Lope de Vega, Calderon, Molire, Bossuet, Massillon, Bourdaloue, Descrtes, Malebranche, Erasmo, Luis Vives, Mabillon, Vieta, Fermat, Bacon, Keplero, Galileo, Pascal, Newton, Leibnitz, Miguel Angelo, Rafael, Linneo, Buffon y otros que han trasmitido la posteridad su nombre inmortal. Dejadlos hasta que se hayan hecho cargo de la distribucion de las piezas, y cada cual haya podido entregarse los impulsos de su inclinacion favorita. El gran Gonzalo leer con preferencia las hazaas de Escipion en Espaa, desbaratando sus enemigos con su estrategia, aterrndolos con su valor, y atrayndose el nimo de los naturales con su gallarda apostura y conducta generosa. Napoleon se ocupar en el paso de los Alpes por Anbal, en las batallas de Cnas y Trasimeno; se indignar al ver Csar vacilante la orilla del Rubicon, golpear la mesa con entusiasmo al mirarle cual marcha sobre Roma, vence en Farsalia, sojuzga el Africa, y se reviste de la dictadura. Tasso y Milton tendrn en sus manos la Biblia, Homero y Virgilio; Corneille y Racine Sfocles y Eurpides; Molire Aristfanes, Lope de Vega, y Calderon; Boileau Horacio; Bossuet, Massillon y Bourdaloue san Juan Chisstomo, san Agustin, san Bernardo; mintras Erasmo, Luis Vives y Mabillon estarn revolviendo el archivo, andando caza de polvorientos manuscritos para completar un texto truncado, aclarar una frase dudosa, enmendar una expresion incorrecta, resolver un punto de crtica. Entre tanto sus ilustres compaeros se habrn acomodado conforme su gusto respectivo. Quien estar con el telescopio en la mano, quien con el microscopio, quien con otros instrumentos; al paso que algunos, inclinados sobre un papel cubierto de signos, letras y figuras geomtricas, estarn absortos en la resolucion de los problemas mas abstrusos. No estarn ociosos los maquinistas, ni los artistas, ni los naturalistas; y bien se deja entender que encontraremos Buffon junto las verjas de una jaula, Linneo en el jardin, Whatt examinando los modelos de maquinaria, y Rafael y Miguel Angelo, en las galeras de cuadros y estatuas. Todos pensarn, todos juzgarn, y sin duda que sus pensamientos sern preciosos, y sus fallos respetables; y sin embargo estos hombres no se entenderian unos otros, si se hablasen los de profesiones diferentes; si trocais los papeles, ser posible que de una sociedad de genios hagais una reunion de capacidades vulgares, que tal vez llegue ser divertida con los disparates de insensatos. Veis ese cuyos ojos centellean, que se agita en su asiento, da recias palmadas sobre la mesa, y al fin se deja caer el libro de la mano, exclamando: _bien, muy bien, magnifico?_.... Notais aquel otro que tiene delante de s un libro cerrado, y que con los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos fijos, y la frente contraida y torva, manifiesta que est sumido en meditacion profunda, y que al fin vuelve de repente en s, y se levanta diciendo: _evidente, exacto, no puede ser de otra manera....?_ Pues el uno es Boileau, que lee un trozo escogido de la carta los Pisones, de las Stiras, y que pesar de saberlo de memoria, lo encuentra todava nuevo, sorprendente, y no puede contener los impulsos de su entusiasmo: el otro es Descrtes que medita sobre los colores y resuelve que no son mas que una sensacion. Aproximadlos ahora y haced que se comuniquen recprocamente sus pensamientos; Descrtes tendr Boileau por muy frvolo, pues que tanto le afecta una imgen bella y oportuna, una expresion enrgica y concisa; y Boileau se desquitar su vez sonrindose desdeosamente del filsofo cuya doctrina choca con el sentido comun, y tiende desencantar la naturaleza. Rafael contempla extasiado un cuadro antiguo de raro mrito; en la escena, el sol se ha ocultado en el ocaso, las sombras van cubriendo la tierra, descbrese en el firmamento el cuadrante de la luna, y algunas estrellas que brillan como antorchas en la inmensidad de los cielos. Descuella en el grupo una figura que con los ojos clavados en el astro de la noche, y con ademan dolorido y suplicante, dirase que le cuenta sus penas, y le conjura que le d auxilio en tremenda cuita. Entre tanto acierta pasar por all un personaje que anda meditabundo de una parte otra; y reparando en la luna y estrellas, y en la actitud de la mujer que las mira, se detiene y articula entre dientes, no s qu cosas sobre paralaje, planos que pasan por el ojo del espectador, semidimetros terrestres, tangentes la rbita, focos de la elipse, y otras cosas por este tenor que distraen Rafael, y le hacen marchar grandes pasos hcia otro lado, maldiciendo al brbaro astrnomo y a su astronoma. All est Mabillon con un viejo pergamino, calndose mil veces los anteojos, y ora tomando la luz en una direccion, ora en otra, por si puede sacar en limpio una lnea medio borrada, donde sospecha que ha de encontrar lo que busca, y mintras el buen monje se halla atareado en su faena se le llega un naturalista rogndole que disimule, y armando su microscopio se pone observar, si descubre en el pergamino algunos huevos de polilla. El pobre Linneo tenia recogidas unas florecitas y las estaba distribuyendo, cuando pasan por all Tasso y Milton recitando en alta y sentida voz un soberbio pasaje, y no advierten que lo echan todo rodar, y que con una pisada destruyen el trabajo de muchas horas. En fin aquellos hombres acabaron por no entenderse, y fu preciso encerrarlos de nuevo en sus tumbas para que no se desacreditasen y no perdiesen sus ttulos la inmortalidad. Lo que veia el uno no acertaba verlo el otro, aquel reputaba este por estpido, y este su vez le pagaba con la misma moneda. Lo que el uno apreciaba con admirable tino, el otro lo juzgaba disparatando; lo que uno miraba como inestimable tesoro, considerbalo el otro cual miserable bagatela. Y esto porqu? Cmo es que grandes pensadores discuerden hasta tal punto? Cmo es que las verdades no se presenten los ojos de todos de una misma manera? Es que estas verdades son de especies muy diferentes; es que el compas y la regla no sirven para apreciar lo que afecta el corazon; es que los sentimientos nada valen en el clculo y en la geometra; es que las abstracciones metafsicas nada tienen que ver con las ciencias sociales; es que la verdad pertenece rdenes tan diferentes cuanto lo son las naturalezas de las cosas, porque la verdad es la misma realidad. El empeo de pensar sobre todos los objetos de un mismo modo, es un abundante manantial de errores; es trastornar las facultades humanas; es transferir unas lo que es propio exclusivamente de otras. Hasta los hombres mas privilegiados quienes el Criador ha dotado de una comprension universal, no podrn ejercerla cual conviene, si cuando se ocupan de una materia, no se despojan en cierto modo de s mismos, para hacer obrar las facultades que mejor se adaptan al objeto de que se trata[12]. CAPTULO XIII. LA BUENA PERCEPCION. I. La idea. Percibir con claridad, exactitud y viveza, juzgar con verdad, discurrir con rigor y solidez, h aqu las tres dotes de un pensador; examinmoslas por separado, emitiendo sobre cada una de ellas algunas observaciones. Qu es una idea? No nos proponemos investigarlo aqu. Qu es la percepcion en su rigor ideolgico? Tampoco es este el blanco de nuestras tareas, ni conduciria al fin que deseamos. Bastar pues decir, en lenguaje comun, que percepcion es aquel acto interior con el cual nos hacemos cargo de un objeto: siendo la idea aquella imgen, representacion, lo que se quiera, que sirve como de pbulo la percepcion. As percibimos el crculo, la elipse, la tangente una de estas curvas; percibimos la resultante de un sistema de fuerzas, la razon inversa de estas en los brazos de una palanca, la gravitacion de los cuerpos, la ley de aceleracion en su descenso, el equilibrio de los flidos; percibimos la contradiccion del ser y no ser un mismo tiempo, la diferencia entre lo esencial y accidental de los seres; percibimos los principios de la moral; percibimos nuestra existencia y la de un mundo que nos rodea; percibimos una belleza un defecto en un poema en un cuadro; percibimos la sencillez complicacion de un negocio, los medios fciles arduos para llevarle cabo; percibimos la impresion agradable desagradable que hace en nuestros semejantes tal cual palabra, gesto suceso; en breve, percibimos todo aquello de que se hace cargo nuestro espritu; y aquello que en lo interior nos parece que nos sirve de espejo para ver el objeto, aquello que ora est presente nuestro entendimiento, ora se retira, se adormece, aguardando que otra ocasion lo dispierte que nosotros lo llamemos para volverse presentar; aquello que no sabemos lo que es, pero cuya existencia no nos es dable poner en duda, aquello se llama idea. Poco nos importan aqu las opiniones de los idelogos; por cierto que para pensar bien no es necesario saber si la idea es distinta de la percepcion no, si es la sensacion transformada no, ni si nos ha venido por este aquel conducto, si la tenemos innata adquirida. Para la resolucion de todas estas cuestiones, sobre las cuales se ha disputado siempre, y se disputar en adelante, se necesitan actos reflejos que no puede hacer quien no se ocupa de ideologa, so pena de distraerse de su tarea, y embarazar y extraviar lastimosamente su pensamiento. Quien piensa, no puede estar continuamente pensando que piensa y cmo piensa; de otra suerte el objeto de su entendimiento se cambiar; y en vez de ocuparse de lo que debe, se ocupar de s mismo. II. Regla para percibir bien. Percibiremos con claridad y viveza, si nos acostumbramos estar atentos lo que se nos ofrece (Cap. II); y si ademas hemos procurado adquirir el necesario tino para desplegar en cada caso las facultades que se adaptan al objeto presente. Se me da una definicion matemtica? nada de vaguedad, nada de abstracciones, nada de fantstico sentimental, nada del mundo en su complicacion y variedad; en este caso he de valerme de la imaginacion, no mas que como del encerado donde trazo los signos, y las figuras, y del entendimiento como del ojo para mirar. Aclarar la regla proponiendo un ejemplo de los mas sencillos: una de las definiciones elementales de la geometra. La circunferencia es una lnea curva reentrante cuyos puntos distan igualmente todos de uno que se llama centro. Por lo pronto, es evidente que no se trata aqu, ni de la circunferencia tal como suele tomarse en sentido metafrico, cuando se la aplica objetos no geomtricos; ni en un sentido lato y grosero, como en los casos en que no se necesita precision y rigor; debo pues considerar la definicion dada como la expresion de un objeto del rden ideal, al cual se aproximar mas mnos la realidad. Pero, como las figuras geomtricas se someten la vista y la imaginacion, me valdr de una de estas, y si es posible de ambas, para representarme aquello que quiero concebir. Trazada la figura en el encerado, en la imaginacion, veo imagino una circunferencia; pero esto me basta para comprender bien su naturaleza? No. El hombre mas rudo la ve imagina tan perfectamente como el mas cumplido matemtico; y no sabe darse cuenta s mismo de lo que es una circunferencia. Luego la vista la imaginacion de la figura, no son suficientes para la idea geomtrica completa. Ademas, que si no se necesitara otra cosa, el gato que acurrucado en una silla est contemplando atentamente una curva que su amo acaba de trazar, y que sin duda la ve tan bien como este, y la imagina cuando cierra los ojos, tendria de la misma una idea igualmente perfecta que Newton Lagrange. Qu se necesita pues para que haya una percepcion intelectual, que se conozca el conjunto de condiciones de las cuales no puede faltar ninguna sin que desaparezca la curva? Esto es lo explicado por la definicion; y para que la percepcion sea cabal, deber hacerme cargo de cada una de dichas condiciones, y su conjunto formar en mi entendimiento la idea de la curva. Quien se haya ocupado en la enseanza habr podido observar la diferencia que acabo de sealar. Vista una circunferencia y la manera de trazarla con el compas, el alumno mas torpe la reconoce donde quiera que se le presente, y la describe sin equivocarse. En esto no cabe diferencia entre los talentos; pero viene el definir la curva, sealando las condiciones que la forman, y entnces se palpa lo que va de la imaginacion al entendimiento, entnces se conoce ya al jven negado, al medianamente capaz, al sobresaliente. Qu es la circunferencia? preguntais al primero.--Es esto que acabo de trazar.--Pero bien, en qu consiste? cul es la naturaleza de esta lnea? en qu se diferencia de la recta que explicamos ayer? Son lo mismo la una que la otra?--Oh! no: esta es as.... redonda.... aqu hay un punto....--Se acuerda V. de la definicin que da el autor? S, seor; la circunferencia es una lnea curva reentrante, cuyos puntos distan igualmente todos de uno que se llama centro.--Porqu la llamamos curva?--Porque no tiene sus puntos en una misma direccion.--Porqu, reentrante?--Porque vuelve entra en s misma.--Si no fuese reentrante, seria circunferencia?--S seor.--No acaba V. de decirnos que ha de serlo?--Ah! S seor.--Porqu, en no siendo reentrante, ya no seria circunferencia?--Porque.... la circunferencia.... porque....--En fin cansado de esperar, y de explicar, llamais otro; que os da la definicion, que os explica los trminos, pero que ahora se os deja la palabra _curva_, ahora la _igualmente_, que si le obligais una atencion mas perfecta, se hace cargo de lo que le decs, lo repite muy bien, pero que poco tiene otro olvido, equivocacion, dando entender que no se ha formado todava idea cabal, que no se da cumplida razon s mismo del conjunto de condiciones necesarias para formar una circunferencia. Llegais por fin un alumno de entendimiento claro y sobresaliente: traza la figura con mas mnos desembarazo, segun su mayor menor agilidad natural, recita mas mnos rpidamente las definiciones, segun la velocidad de la lengua; pero llamadle al anlisis, y notaris desde luego la claridad y precision de sus ideas, la exactitud y concision de sus palabras, la oportunidad y tino de las aplicaciones.--En la definicion podramos omitir la palabra _lnea_?--Como aqu ya hemos advertido que solo tratamos de lneas, se daria por sobrentendida; pero en rigor no, porque al decir _curva_, podrase dudar si hablamos de superficies.--Y expresando _lnea_, podriamos omitir _curva_?--Me parece que s, ... porque como aadimos _reentrante_, ya excluimos la recta que no puede serlo; y ademas la recta tampoco puede tener todos sus puntos igualmente distantes de uno.--Y la palabra _reentrante_, no la pudiramos pasar por alto?--No seor; porque si la curva no vuelve sobre s misma ya no ser una circunferencia; as, por ejemplo, si en esta borro la parte A B, ya no me queda una circunferencia sino un arco.--Pero, aadiendo lo demas, de que todos los puntos han de distar igualmente de uno que se llama centro, bien parece que se sobrentiende que ser reentrante....--No seor, porque en el arco que tenemos la vista hay la equidistancia, y sin embargo no es reentrante.--Y la palabra _igualmente_?--Es indispensable; de otro modo seria no decir nada; porque una recta tambien tiene todos sus puntos distantes de uno que no se halle en ella; y ademas una curva que trazo la aventura, rasgueando as.... sobre el encerado, tiene tambien todos sus puntos distantes de otro cualquiera, como A.... que sealo fuera de ella. H aqu una percepcion clara, exacta, cabal, que nada deja que desear, que deja satisfecho al que habla y al que oye. Acabamos de asistir al anlisis de una idea geomtrica, y de sealar la diferencia entre sus grados de claridad y exactitud; veamos ahora una idea artstica, y tratemos de determinar su mayor menor perfeccion. En ambos casos hay percepcion de una verdad; en ambos casos se necesita atencion, aplicacion de las facultades del alma; pero con el ejemplo que sigue palparemos que lo que en el uno daa, en el otro favorece y vice-versa; y que las clasificaciones y distinciones que en el primero eran indicio de disposiciones felices, son en el segundo una prueba de que el disertante se ha equivocado al elegir su carrera. Dos jvenes que acaban de salir de la escuela de retrica, que recuerdan perfectamente cuanto en ella se les ha enseado, que seran capaces de decorar los libros de texto de un cabo otro, que responden con prontitud las preguntas que se les hacen sobre tropos, figuras, clases de composicion, etc., etc., y que en fin han desempeado los exmenes cumplida satisfaccion de padres y maestros, obteniendo ambos la nota de sobresaliente, por haber contestado con igual desembarazo y lucimiento, de manera que no era dable encontrar entre los dos ninguna diferencia, estan repasando las materias en tiempo de vacaciones, y cabalmente leen un magnfico pasaje oratorio potico. Camilo vuelve una y otra vez sobre las admirables pginas, y ora derrama lgrimas de ternura, ora centellea en sus ojos el mas vivo entusiasmo. Esto es inimitable, exclama, es imposible leerlo sin conmoverse profundamente! qu belleza de imgenes, qu fuego, qu delicadeza de sentimientos, qu propiedad de expresion, qu inexplicable enlace de concision y abundancia, de regularidad y lozana! Oh! s, le contesta Eustaquio, esto es muy hermoso; ya nos lo habian dicho en la escuela; y si lo observas, vers que todo est ajustado las reglas del arte. Camilo percibe lo que hay en el pasaje, Eustaquio no; y sin embargo aquel discurre poco, apnas analiza, solo pronuncia algunas palabras entrecortadas, mintras este diserta fuer de buen retrico. El uno ve la verdad, el otro no; y porqu? porque la verdad en este lugar es un conjunto de relaciones, entre el entendimiento, la fantasa y el corazon; es necesario desplegar la vez todas estas facultades, aplicndolas al objeto con naturalidad, sin violencia ni tortura, sin distraerlas con el recuerdo de esta aquella regla, quedando el anlisis, razonado y crtico para cuando se haya sentido el mrito del pasaje. Enredarse en discursos, traer colacion este aquel precepto, ntes de haberse hecho cargo del escogido trozo, ntes de haberle _percibido_, es maniatar, por decirlo as, el alma, no dejndole expedita mas que una facultad cuando las necesita todas. III. Escollo del anlisis. Hasta en las materias donde no entran para nada la imaginacion y el sentimiento, conviene guardarse de la mana de poner en prensa el espritu obligndole sujetarse un mtodo determinado, cuando por su carcter peculiar, por los objetos de que se ocupa, requiere libertad y desahogo. No puede negarse que el anlisis, sea la descomposicion de las ideas, sirve admirablemente en muchos casos para darles claridad y precision; pero es menester no olvidar, que la mayor parte de los seres son un _conjunto_, y que el mejor modo de percibirlos es ver de una sola ojeada las partes y relaciones que le constituyen. Una mquina desmontada presenta con mas distincion y minuciosidad las piezas de que est compuesta; pero no se comprende tambien el destino de ellas, hasta que colocadas en su lugar, se ve como cada una contribuye al movimiento total. A fuerza de descomponer, prescindir y analizar, Condillac y sus secuaces no hallan en el hombre otra cosa que sensaciones; por el camino opuesto Descrtes y Malebranche, apnas encontraban mas que ideas puras, un refinado espiritualismo; Condillac pretende dar razon de los fenmenos del alma, principiando por un hecho tan sencillo como es el acercar una rosa la nariz de su hombre-estatua, privado de todos los sentidos, excepto el olfato; Malebranche busca afanoso un sistema para explicar lo mismo; y no encontrndolo en las criaturas, recurre nada mnos que la esencia de Dios. En el trato ordinario, vemos menudo laboriosos razonadores que conducen su discurso con cierta apariencia de rigor y exactitud, y que guiados por el hilo engaoso van parar un solemne dislate. Examinando la causa, notaremos que esto procede de que no miran el objeto sino por una cara. No les falta anlisis, tan pronto como una cosa cae en sus manos la descomponen; pero tienen la desgracia de descuidar algunas partes; y si piensan en todas, no recuerdan que se han hecho para estar unidas, que estan destinadas tener estrechas relaciones, y que si estas relaciones se arrumban, el mayor prodigio podr convertirse en descabellada monstruosidad. IV. El tintorero y el filsofo. Un hbil tintorero estaba en su laboratorio ocupado en las tareas de su profesion. Acert entrar un observador minucioso, razonador muy analtico, y entabl desde luego discusion sobre los tintes y sus efectos, proponindose nada mnos que convencer al tintorero, de que iba echar perder las preciosas telas que se aplicarian sus composiciones. A la verdad, la cosa presentaba mal aspecto, y el crtico no dejaba de apoyarse en reflexiones especiosas. Aqu se veia una serie de cazuelas con lquidos negruzcos, cenicientos, parduzcos, ninguno de buen color, todos de mal olor; all unos pedacitos de goma pegajosa, desagradable la vista; enormes calderas estaban hirviendo, donde se revolvian trozos de madera en bruto, y en las cuales se iban echando unas hojas secas, que al parecer solo podian servir para tirar la calle. El tintorero estaba machacando en un mortero cien y cien materias que andaba sacando ora de un pote, ora de una marmita, ora de un saquillo; y revolvindolo todo, y pasndolo de una cazuela otra, y echando ora ac, ora acull, cucharadas de lquidos que apestaban, y de cuyo contacto era preciso guardar el ctis porque le roian mas que el fuego, se aprestaba vaciar los ingredientes en diferentes calderas, y sepultar en aquella inmundicia gran nmero de materias y manufacturas de inestimable valor. Esto se va desperdiciar todo, decia el analtico. En esta cazuela hay el ingrediente A, que como V. sabe, es extremadamente custico, y que ademas da un color muy feo. En esta otra hay la goma B, excelente para manchar, y cuyas seales no se quitan sino con muchsimo trabajo. En esta caldera hay el palo C, que podria servir para dar un color grosero y comun, pero que no alcanzo cmo ha de producir nada exquisito. En una palabra, examinado todo por separado, encuentro que V. emplea ingredientes contrarios lo que V. se propone; y desde ahora doy por seguro, que en vez de sacar nada conforme las bellsimas muestras que tiene V. en el despacho, va sufrir una prdida de consideracion en su fama intereses. Todo es posible, seor filsofo, decia el inexorable tintorero, tomando en sus manos las preciosas materias y ricas manufacturas, y sumergindolas sin compasion en las sucias y pestilentes calderas, todo es posible, mas para dar fin la discusion, djese V. ver por aqu dentro pocos das. El filsofo volvi en efecto, y el tintorero desvaneci todas las objeciones, desplegando sus ojos las telas que por rigurosa demostracion debian estar malbaratadas. Qu sorpresa! qu humillacion para el analtico! Unas mostraban finsima grana, otras delicado verde, otras hermoso azul, otras exquisito naranjado, otras subido negro, otras un blanco lijeramente cubierto con variado color; otras ostentaban riqusimos jaspes donde campeaban un tiempo la belleza y el capricho. Los matices eran innumerables y encantadores, las manufacturas limpias, tersas, brillantes como si hubieran estado cubiertas con cristales sin sufrir el contacto de la mano del hombre. El filsofo se march confuso y cabizbajo, diciendo para s: no es lo mismo saber lo que es una cosa por s sola, lo que puede ser en combinacion con otras; en adelante no me contentar con descomponer y separar, que tambien hace prodigios el componer y reunir: testigo el tintorero. V. Objetos vistos por una sola cara. Entendimientos por otra parte muy claros y perspicaces, se echan perder lastimosamente por el prurito de desenvolver una serie de ideas que no representando el objeto sino por un lado, acaban por conducir resultados extravagantes. De aqu es, que con la razon todo se prueba y todo se impugna; y veces un hombre que tiene evidentemente la verdad de su parte, se halla precisado encastillarse en las convicciones, y resistir con las armas del buen sentido y cordura los ataques de un sofista que se abre paso por todas las hendiduras, y se escurre al traves de lo mas slido y compacto como filtrndose por los poros. La misma sobreabundancia de ingenio produce este defecto, como las personas demasiado giles y briosas se mantienen difcilmente en un paso mesurado y grave. VI. Inconvenientes de una percepcion demasiado rpida. Es calidad preciosa la rapidez de la percepcion; pero conviene estar prevenido contra su efecto ordinario, que es la inexactitud. Sucdeles con frecuencia los que perciben con mucha presteza, no hacer mas que desflorar el objeto; son como las golondrinas, que deslizndose velozmente sobre la superficie de un estanque, solo pueden coger los insectos que sobrenadan; mintras otras aves que se sumergen enteramente posan sobre el agua, y con el pico calan muy adentro, hacen servir su alimento hasta lo que se oculta en el fondo. El contacto de estos hombres es peligroso; porque sea que hablen, sea que escriban, suelen distinguirse por una facilidad encantadora; y, lo que es todava peor, comunican todo lo que tratan cierta apariencia de mtodo, claridad y precision que alucina y seduce. En la ciencia se dan conocer por sus principios claros, sus definiciones sencillas, sus deducciones obvias, sus aplicaciones felices. Caractres que no pueden mnos de acompaar el talento de concepcion profunda y cabal; pero que imitados por otro de mnos aventajadas partes, solo indican veces superficialidad y lijereza, como brilla limpia y trasparente el agua poco profunda, regalando la vista con sus arenas de oro[13]. CAPTULO XIV. EL JUICIO. I. Qu es el juicio. Manantiales de error. Para juzgar bien conduce poco el saber si el juicio es un acto distinto de la percepcion, si consiste simplemente en percibir la relacion de dos ideas. Prescindir pues de estas cuestiones, y solo advertir que cuando interiormente decimos que una cosa es no es, que es no es de esta de aquella manera, entnces hacemos un juicio. As lo entiende el uso comun; y para lo que nos proponemos, esto nos basta. La falsedad del juicio depende muchas veces de la mala percepcion; as lo que vamos decir, aunque directamente encaminado al modo de juzgar bien, conduce no poco percibir bien. La proposicion es la expresion del juicio. Los falsos axiomas, las proposiciones demasiado generales, las definiciones inexactas, las palabras sin definir, las suposiciones gratuitas, las preocupaciones en favor de una doctrina, son abundantes manantiales de percepciones equivocadas incompletas y de juicios errados. II. Axiomas falsos. Toda ciencia ha menester un punto de apoyo; y quien se encarga de profesarla, busca con tanto cuidado este punto, como el arquitecto asienta el fundamento sobre el cual ha de levantar el edificio. Desgraciadamente, no siempre se encuentra lo que se necesita; y el hombre es demasiado impaciente para aguardar que los siglos que l no ha de ver, proporcionen las generaciones futuras el descubrimiento deseado. Si no encuentra, finge; en vez de construir sobre la realidad, edifica sobre las creaciones de su pensamiento. A fuerza de cavilar y sutilizar llega hasta el punto de alucinarse s mismo, y lo que al principio fuera un pensamiento vago, sin estabilidad ni consistencia, se convierte en verdad inconcusa. Las excepciones embarazarian demasiado; lo mas sencillo es asentar una proposicion universal: h aqu el axioma. Vendrn luego numerosos casos que no se comprenden en l; nada importa: con este objeto se halla concebido en trminos generales y confusos ininteligibles, para que interpretndose de mil maneras diferentes, sufra en su fondo todas las excepciones que se quiera sin perder nada de su prestigiosa reputacion. Entre tanto el axioma sirve admirablemente para cimentar un raciocinio extravagante, dar peso un juicio disparatado, desvanecer una dificultad apremiadora: y cuando se ofrecen al espritu dudas sobre la verdad de lo que se defiende, cuando se teme que el edificio no venga al suelo con fragorosa ruina, se dice s mismo el espritu: no, no hay peligro; el cimiento es firme; es un axioma, y un axioma es un principio de eterna verdad. Para merecer este nombre, es menester que la proposicion sea tan patente al espritu, como lo son al ojo los objetos que miramos presentes, la debida distancia, y en medio del dia. En no dejando al entendimiento enteramente convencido desde que se le ofrece, y una vez comprendido el significado de los trminos con que se le enuncia, no debe ser admitido en esta clase. Viciadas las ideas por un axioma falso, vense todas las cosas muy diferentes de lo que son en s; y los errores son tanto mas peligrosos, cuanto el entendimiento descansa en mas engaosa seguridad. III. Proposiciones demasiado generales. Si nos fuese conocida la esencia de las cosas, podramos asentar con respecto ella proposiciones universales, sin ningun gnero de excepcion; porque siendo la esencia la misma en todos los seres de una misma especie, claro es que lo que del uno afirmsemos, seria igualmente aplicable todos. Pero como de lo tocante dicha esencia conocemos poco, y de una manera imperfecta, y muchas veces nada, es de ah que por lo comun no es posible hablar de los seres, sino con relacion las propiedades que estn nuestro alcance, y de las que menudo no discernimos si estan radicadas en la esencia de la cosa, si son puramente accidentales. Las proposiciones generales se resienten de este defecto; pues como expresan lo que nosotros concebimos y juzgamos, no pueden extenderse sino lo que nuestro espritu ha conocido. De donde resulta que sufren mil excepciones que no preveamos; y tal vez descubrimos que se habia tomado por regla lo que no era mas que excepcion. Esto sucede aun suponiendo mucho trabajo de parte de quien establece la proposicion general; qu ser, si atendemos la lijereza con que se las suele formar y emitir? IV. Las definiciones inexactas. De estas puede decirse casi lo mismo que de los axiomas; pues que sirven de luz para dirigir la percepcion y el juicio, y de punto de apoyo para afianzar el raciocinio. Es sobre manera difcil una buena definicion, y en muchos casos imposible. La razon es obvia; la definicion explica la esencia de la cosa definida; y cmo se explica lo que no se conoce? A pesar de tamao inconveniente, existen en todas las ciencias una muchedumbre de definiciones que pasan cual moneda de buena ley; y si bien sucede con frecuencia que se levantan los autores contra las definiciones de otros, ellos su vez cuidan de reemplazarlas con la suyas, las que hacen circular por toda la obra tomndolas por base en sus discursos. Si la definicion ha de ser la explicacion de la esencia de la cosa, y el conocer esta esencia es negocio tan difcil, porqu se lleva tanta prisa en definir? El blanco de las investigaciones es el conocimiento de la naturaleza de los seres; la proposicion pues en que se explicase esta naturaleza, es decir la definicion, debiera ser la ltima que emitiese el autor. En la definicion est la ecuacion que presenta despejada la incgnita; y en la resolucion de los problemas esta ecuacion es la ltima. Lo que nosotros podemos definir muy bien es lo puramente convencional; porque la naturaleza del ser convencional es aquella que nosotros mismos le damos por los motivos que bien nos parecen. As, ya que no nos es posible en muchos casos definir la cosa, al mnos debiramos fijar bien lo que entendemos cuando hablamos de ella; en otros trminos, deberamos definir la palabra con que pretendemos expresar la cosa. Yo no s lo que es el sol; no conozco su naturaleza; y por tanto si me preguntan su definicion, no podr darla. Pero s muy bien qu me refiero cuando pronuncio la palabra _sol_, y as me ser fcil explicar lo que con ella significo. Qu es el sol? no lo s. Qu entiende V. por la palabra _sol_? Ese astro cuya presencia nos trae el dia, y cuya desaparicion produce la noche. Esto me lleva naturalmente las palabras mal definidas. V. Palabras mal definidas. Exmen de la palabra igualdad. En la apariencia nada mas fcil que definir una palabra, porque es muy natural que quien la emplea sepa lo que se dice, y de consiguiente pueda explicarlo. Pero la experiencia ensea no ser as, y que son muy pocos los capaces de fijar el sentido de las voces que usan. Semejante confusion nace de la que reina en las ideas, y su vez contribuye aumentarla. Oiris cada paso una disputa acalorada en que los contrincantes manifiestan quizas ingenio nada comun: dejadlos que den cien vueltas al objeto, que se acometan y rechacen una y mil veces, como enemigos en sangrienta batalla; entnces si os quereis atravesar de mediador, y hacer palpable la sinrazon de ambos, tomad la palabra que expresa el objeto capital de la cuestion, y preguntad cada uno, qu entiende V. por esto? qu sentido da V. esta palabra? Os acontecer con frecuencia que los dos adversarios se quedarn sin saber qu responderos, pronunciando algunas expresiones vagas, inconexas, manifestando bien las claras que les habeis salido de improviso, que no esperaban el ataque por aquel flanco, siendo quizas aquella la primera vez que se ocupan, mal de su grado, en darse cuenta s mismos del sentido de una palabra que en un cuarto de hora han empleado centenares de veces, y de que estaban haciendo infinitas aplicaciones. Pero suponed que esto no acontece, y que cada cual da con facilidad y presteza la explicacion pedida: estad seguro que el uno no aceptar la definicion del otro, y que la discordancia que ntes versaba parecia versar sobre el fondo de la cuestion, se trasladar de repente al nuevo terreno entablndose disputa sobre el sentido de la palabra. He dicho _ parecia versar_, porque si bien se ha observado el giro de la discusion, se habr echado de ver que bajo el nombre de la cosa se ocultaba con frecuencia el significado de la palabra. Hay ciertas voces que expresando una idea general, aplicable muchos y muy diferentes objetos y en los sentidos mas varios, parecen inventadas adrede para confundir. Todos las emplean, todos se dan cuenta si mismos de lo que significan, pero cada cual su modo; resultando una algarabia que lastima los buenos pensadores. La igualdad de los hombres, dir un declamador, es una ley establecida por el mismo Dios. Todos nacemos llorando, todos morimos suspirando: la naturaleza no hace diferencia entre pobres y ricos, plebeyos y nobles; y la religion nos ensea que todos tenemos un mismo orgen y un mismo destino. La igualdad es obra de Dios; la desigualdad es obra del hombre; solo la maldad ha podido introducir en el mundo esas horribles desigualdades de que es vctima el linaje humano; solo la ignorancia, y la ausencia del sentimiento de la propia dignidad han podido tolerarlas. Esas palabras no suenan mal al oido del orgullo: y no puede negarse que hay en ellas algo de especioso. Ese hombre dice errores capitales, y verdades palmarias; confunde aquellos con estas; y su discurso seductor para los incautos, presenta los ojos de un buen pensador una algaraba ridicula. Cul es la causa? Toma la palabra _igualdad_ en sentidos muy diferentes, la aplica objetos que distan tanto como cielo y tierra; y pasa una deduccion general, con entera seguridad, como si no hubiese riesgo de equivocacion. Queremos reducir polvo cuanto acaba de decir? H aqu como deberemos hacerlo. --Qu entiende V. por igualdad? --Igualdad, igualdad.... bien claro est lo que significa. --Sin embargo no ser de mas que V. nos lo diga. --La igualdad est en que el uno no sea ni mas ni mnos que el otro. --Pero ya ve V. que esto puede tomarse en sentidos muy varios; porque dos hombres de seis pies de estatura sern iguales en ella, pero ser posible que sean muy desiguales en lo demas; por ejemplo, si el uno es barrigudo, como el gobernador de la nsula Barataria, y el otro seco de carnes como el caballero de la Triste Figura. Ademas dos hombres pueden ser iguales desiguales en saber, en virtud, en nobleza, y en un millon de cosas mas; con que ser bien que ntes nos pongamos de acuerdo en la acepcion que da V. la palabra igualdad. --Yo hablo de la igualdad de la naturaleza, de esta igualdad establecida por el mismo Criador, contra cuyas leyes nada pueden los hombres. --As no quiere V. decir mas sino que por naturaleza todos somos iguales.... --Cierto. --Ya; pero yo veo que la naturaleza nos hace unos robustos, otros endebles, unos hermosos, otros feos, unos giles, otros torpes, unos de ingenio despejado, otros tontos, unos nos da inclinaciones pacificas, otros violentas, unos.... pero seria nunca acabar si quisiera enumerar las desigualdades que nos vienen de la misma naturaleza. Dnde est la igualdad natural de que V. nos habla? --Pero estas desigualdades no quitan la igualdad de derechos.... --Pasando por alto que V. ha cambiado ya completamente el estado de la cuestion, abandonando restringiendo mucho la igualdad de la naturaleza, tambien hay sus inconvenientes en esa igualdad de derechos. Le parece V. si el nio de pocos aos tendr _derecho_ para reir y castigar su padre? --V. finge absurdos.... --No seor, que esto y nada mnos que esto exige la igualdad de derechos; si no es asi deber V. decirnos de qu derechos habla, de cules debe entenderse la igualdad y de cules no. --Bien claro es que ahora tratamos de la igualdad social. --No trataba V. de ella nicamente; bien reciente es el discurso en que hablaba V. en general y de la manera mas absoluta, solo que arrojado de una trinchera se refugia V. en la otra. Pero vamos la igualdad social. Esto significar que en la sociedad todos hemos de ser iguales. Ahora pregunto, en qu? en autoridad? Entnces no habr gobierno posible. En bienes? Enhorabuena; dejemos un lado la justicia, y hagamos el repartimiento: al cabo de una hora, de dos jugadores el uno habr alijerado el bolsillo del otro, y estarn ya desiguales; pasados algunos dias, el industrioso habr aumentado su capital, el desidioso habr consumido una porcion de lo que recibi; y caeremos en la desigualdad. Vulvase mil veces al repartimiento, y mil veces se desigualarn las fortunas. En consideracion? pero apreciar V. tanto al hombre honrado como al tunante? se depositar igual confianza en este que en aquel? Se encargarn los mismos negocios Metternich que al mas rudo patan? Y aun cuando se quiesese, podrian todos hacerlo todo? --Esto es imposible; pero lo que no es imposible es la igualdad ante la ley. --Nueva retirada, nueva trinchera; vamos all. La ley dice: el que contravenga sufrir la multa de mil reales, y en caso de insolvencia diez dias de crcel. El rico paga los mil reales, y se rie de su fechoria; el pobre que no tiene un maraved, expia su falta de rejas adentro. Dnde est la igualdad ante la ley? --Pues yo quitaria esas cosas; y estableceria las penas de suerte que no resultase nunca esta desigualdad. --Pero entnces desaparecerian las multas, arbitrio no despreciable para huecos del presupuesto y alivio de gobernantes. Ademas voy demostrarle V. que no es posible en ninguna suposicion esta pretendida igualdad. Demos que para una transgresion est sealada la pena de diez mil reales; dos hombres han incurrido en ella, y ambos tienen de que pagar; pero el uno es opulento banquero, el otro un modesto artesano. El banquero se burla de los diez mil reales, el artesano queda arruinado. Es igual la pena? --No por cierto; mas cmo quiere V. remediarlo? --De ninguna manera; y esto es lo que quiero persuadirle V. de que la desigualdad es cosa irremediable. Demos que la pena sea corporal, encontraremos la misma desigualdad. El presidio, la exposicion la vergenza pblica, son penas que el hombre falto de educacion, y del sentimiento de dignidad, sufre con harta indiferencia; sin embargo un criminal que perteneciese cierta categora preferiria mil veces la muerte. La pena debe ser apreciada, no por lo que es en s, sino por el dao que causa al paciente y la impresion con que le afecta; pues de otro modo desaparecerian los dos fines del castigo: la expiacion y el escarmiento. Luego, una misma pena aplicada criminales de clases diferentes, no tiene la igualdad sino en el nombre, entraando una desigualdad monstruosa. Confesar con V. que en estos inconvenientes hay mucho de irremediable, pero reconozcamos estas tristes necesidades, y dejmonos de ponderar una igualdad imposible. La definicion de una palabra, y el discernir las diferentes aplicaciones que de ella podrian hacerse, nos ha traido la ventaja de reducir la nada un especioso sofisma, y de demostrar hasta la ltima evidencia que el pomposo orador propalaba absurdos, no nos decia nada que no supisemos de antemano; pues no es mucho descubrimiento el anunciar que todos nacemos y morimos de una misma manera. VI. Suposiciones gratuitas. El despeado. A falta de un principio general tomamos veces un hecho que no tiene mas verdad y certeza de la que nosotros le otorgamos. De dnde tantos sistemas para explicar los fenmenos de la naturaleza? De una suposicion gratuita que el inventor del sistema tuvo bien asentar como primera piedra del edificio. Los mayores talentos se hallan expuestos este peligro siempre que se empean en explicar un fenmeno, careciendo de datos positivos sobre su naturaleza y origen. Un efecto puede haber procedido de una infinidad de causas; pero no se ha encontrado la verdad por solo saber que ha _podido_ proceder, es necesario demostrar que ha procedido. Si una hiptesis me explica satisfactoriamente un fenmeno que tengo la vista, podr admirar en ella el ingenio de quien la inventara; pero poco habr adelantado para el conocimiento de la realidad de las cosas. Este vicio de atribuir un efecto una causa _posible_, salvando la distancia que va de la _posibilidad_ la _realidad_, es mas comun de lo que se cree; sobre todo, cuando el razonador puede apoyarse en la coexistencia sucesion de los hechos que se propone enlazar. A veces, ni aun se aguarda saber si ha existido realmente el hecho que se designa como causa; basta que haya podido existir, y que en su existencia hubiese podido producir el efecto de que se pretende dar razon. Se ha encontrado en el fondo de un precipicio el cadver de una persona conocida; las seales de la vctima manifiestan con toda claridad que muri despeada. Tres suposiciones pueden excogitarse para dar razon de la catstrofe; una caida, un suicidio, un asesinato. En todos estos casos, el efecto ser el mismo; y en ausencia de datos no puede decirse que el uno lo explique mas satisfactoriamente que el otro. Numerosos espectadores estan contemplando la desastrosa escena; todos ansian descubrir la causa; haced que se presente el mas leve indicio, desde luego veris nacer en abundancia las conjeturas, y oiris las expresiones de es cierto; as ser; no puede ser de otra manera.... como si lo estuviese mirando ... no hay testigos, no puede probarse en juicio; pero lo que es duda, no cabe. Y cules son los indicios? Algunas horas ntes de encontrarse el cadver, el infeliz se encaminaba hcia el lugar fatal, y no falta quien vi que estaba leyendo unos papeles, que se detenia de vez en cuando, y daba muestras de inquietud. Por lo demas es bien sabido que estos ltimos dias habia pasado disgustos, y que los negocios de su casa estaban muy mal parados. Toda la vecindad veia en su semblante muestras de pena y desazon. Asunto concluido; este hombre se ha suicidado. Asesinato no puede ser, estaba tan cerca de su casa.... ademas que un asesinato no se comete de esta manera.... Una desgracia es imposible, porque l conocia muy bien el terreno; y por otra parte, no era hombre que anduviese precipitado ni con la vista distraida. Como el pobre estaba acosado por sus acreedores, hoy dia de correo debi de recibir alguna carta apremiante, y no habr podido resistir mas. --Vamos, vamos, responder el mayor nmero, cosa clara: y tiene V. razon, cabalmente es hoy dia de correo.... Llega el juez y al efecto de instruir las primeras diligencias, se registra la cartera del difunto. --Dos cartas. --No lo decia yo?.... el correo de hoy!.... --La una es de N. su corresponsal en la plaza N. --Vamos, cabalmente all tenia sus aprietos. --Dice as: Muy Sr. mio: en este momento acabo de salir de la reunion consabida. No faltaban renitentes, pero al fin apoyado de los amigos N N, he conseguido que todo el mundo entrase en razon. Por ahora puede V. vivir tranquilo, y si su hijo de V. tuviera la dicha de restablecer algun tanto los negocios de Amrica, esta gente se prestar todo, y conservar V. su fortuna y su crdito. Los pormenores para el correo inmediato; pero he creido que no debia diferir un momento el comunicarle V. tan satisfactoria noticia. Entre tanto, etc., etc. No hay por qu matarse. --La otra?.... --Es de su hijo.... --Malas noticias debi de traer.... --Dice as: Mi querido padre: he llegado tiempo; y pocas horas de mi desembarco, estaba deshecha la trampa. Todo era una estafa del Sr. N. Ha burlado atrozmente nuestra confianza. No soaba en mi venida, y al verme en su casa, se ha quedado como herido de un rayo. He conocido su turbacion, y me he apoderado de toda su correspondencia. Mintras me ocupaba de esto ha tomado el portante, ignoro su paradero. Todo se ha salvado excepto algun desfalco, que calculo de poca consideracion. Voy corriendo, porque la embarcacion que sale va darse la vela. etc. etc. El correo de hoy no era para suicidarse; el de las conjeturas sale lucido: todo por haber convertido la posibilidad en realidad, por haber estribado en suposiciones gratuitas, por haberse alucinado con lo especioso de una explicacion satisfactoria. --Si podria ser un asesinato?.... --Claro es, porque en este correo.... y ademas, este hombre no carecia de enemigos. --El otro dia su colono N. le amenaz terriblemente. --Y es muy malo..... --Oh! terrible.... est acostumbrado la vida bandolera.... vamos, tiene atemorizada la vecindad.... --Y cmo estaban ahora? --A matar; esta misma maana salian juntos de la casa del difunto, y hablaban ambos muy recio. --Y el colono solia andar por aqu? --Siempre; dos pasos tiene un campo; y ademas la cuestion estaba (sino que esto sea dicho entre nosotros), la cuestion estaba sobre esas encinas del borde del precipicio. El dueo se quejaba de que l le echaba perder el bosque, el otro lo negaba; como que en este mismo lugar estuvieron el otro dia pique de darse de garrotazos. Miren Vds.... sino que uno no debe perder un infeliz.... casi cada dia estaban en pendencias en este mismo lugar. --Entnces no hable V. mas.... es una atrocidad! pero cmo se prueba?.... --Y hoy vean Vds. como no est trabajando en el campo; y tiene por all su apero.... y se conoce que ha trabajado hoy mismo..... vamos, ya no cabe duda; es evidente; el infeliz est perdido, porque esto respirar..... Llega uno del pueblo. --Qu desgracia! --No lo sabia V.? --No seores, ahora mismo me lo han dicho en su casa. Iba yo verle, por si se apaciguaba con el pobre N. que est preso en la alcalda ... --Preso?.... --S seores; me ha venido llorando su mujer; dice que se ha excedido de palabras, y que el alcalde le ha arrestado. Como ya saben Vds. que es tan maton!.... --Y no ha salido mas al campo desde que habl esta maana con el difunto en la calle? --Pues cmo habia de salir? vayan Vds. y le encontrarn all, donde est desde muy temprano; el pobrecito estaba labrando ah!.... Nuevo chasco, el asesino estaba larga distancia, el preso era el colono: nuevo desengao para no fiarse de suposiciones gratuitas, para no confundir la realidad con la posibilidad, y no alucinarse con plausibles apariencias. VII. Preocupacion en favor de una doctrina. H aqu uno de los mas abundantes manantiales de error; esto es la verdadera rmora de las ciencias; uno de los obstculos que mas retardan sus progresos. Increible seria la influencia de la preocupacion, si la historia del espiritu humano no la atestiguara con hechos irrecusables. El hombre dominado por una preocupacion no busca ni en los libros ni en las cosas lo que realmente hay, sino lo que le conviene para apoyar sus opiniones. Y lo mas sensible es, que se porta de esta suerte, veces con la mayor buena fe, creyendo sin asomo de duda que est trabajando por la causa de la verdad. La educacion, los maestros y autores de quienes se han recibido las primeras luces sobre una ciencia, las personas con quienes vivimos de continuo, tratamos con mas frecuencia, el estado profesion, y otras circunstancias semejantes, contribuyen engendrar en nosotros el hbito de mirar las cosas siempre bajo un mismo aspecto, de verlas siempre de la misma manera. Apnas dimos los primeros pasos en la carrera de una ciencia, se nos ofrecieron ciertos axiomas como de eterna verdad, se nos presentaron ciertas proposiciones como sostenidas por demostraciones irrefragables, y las razones que militaban por la otra parte, nunca se nos hizo considerarlas como pruebas que examinar, sino como objeciones que soltar. Habia alguna de nuestras razones que claudicaba por un lado? se acudia desde luego sostenerla, manifestar que en todo caso no era aquella la nica; que estaba acompaada de otras cumplidamente satisfactorias; y que si bien ella sola quizas no bastaria, no obstante aadida las demas no dejaba de pesar en la balanza y de inclinarla mas y mas favor nuestro. Presentaban los adversarios alguna dificultad de espinosa solucion? El nmero de las respuestas suplia su solidez. El gravsimo autor A contesta de esta manera, el insigne B de tal otra, el sabio C de tal otra, cualquiera de las tres es suficiente, escjase la que mejor parezca, con entera seguridad de que el Aquiles de los adversarios habr recibido la herida en el tendon. No se trata de convencer, sino de vencer; el amor propio se interesa en la contienda, y conocidos son los infinitos recursos de este maligno agente. Lo que favorece se abulta y exagera; lo que obsta se disminuye, se desfigura oculta: la buena fe protesta algunas veces desde el fondo del alma; pero su voz es ahogada y acallada como una palabra de paz en encarnizado combate. Si as no fuere, cmo ser posible explicar que durante largos siglos, se hayan visto escuelas tan organizadas, como disciplinados ejrcitos agrupados al rededor de una bandera? Cmo es que una serie de hombres ilustres por su saber y virtudes, viesen todos una cuestion de una misma manera, al paso que sus adversarios no mnos esclarecidos que ellos, lo veian todo de una manera opuesta? Cmo es que para saber cules eran las opiniones de un autor, no necesitsemos leerle, bastndonos por lo comun la rden que pertenecia, la escuela de donde habia salido? Podria ser ignorancia de la materia, cuando consumian su vida en estudiarla? Podria ser que no leyesen las obras de sus adversarios? Esto se verificaria en muchos, pero de otros no cabe duda que las consultarian con frecuencia. Podria ser mala fe? No por cierto; pues que se distinguian por su entereza cristiana. Las causas son las sealadas mas arriba; el hombre ntes de inducir otros al error, se engaa muchas veces s propio. Se aferra un sistema, all se encastilla con todas las razones que pueden favorecerle; su nimo se va acalorando medida que se ve atacado; hasta que al fin, sea cual fuere el nmero y la fuerza de los adversarios, parece que se dice s mismo: este es tu puesto; es preciso defenderle: vale mas morir con gloria que vivir con ignominiosa cobarda. Por este motivo, cuando se trata de convencer otros, es preciso separar cuidadosamente la causa de la verdad de la causa del amor propio: importa sobre manera persuadir al contrincante de que cediendo, nada perder en reputacion. No ataqueis nunca la claridad y perspicacia de su talento; de otro modo se formalizar el combate, la lucha ser reida, y aun tenindole bajo vuestros pies y con la espada en la garganta, no recabaris que se confiese vencido. Hay ciertas palabras de cortesa y deferencia que en nada se ocupen la verdad; en vacilando el adversario conviene no economizarlas, si deseais que se d partido ntes que las cosas hayan llegado extremidades desagradables[14]. CAPTULO XV. EL RACIOCINIO. I. Lo que valen los principios y las reglas de la dialctica. Cuando los autores tratan de esta operacion del entendimiento, amontonan muchas reglas para dirigirla, apoyndolas en algunos axiomas. No disputar sobre la verdad de estos; pero dudo mucho que la utilidad de aquellas sea tanta como se ha pretendido. En efecto: es innegable que las cosas que se identifican con una tercera, se identifican entre s; que de dos que se identifican entre s, si la una es distinta de una tercera, lo ser tambien la otra; que lo que se afirma niega de todo un gnero especie, debe afirmarse negarse del individuo contenido en ellos; y ademas es tambien mucha verdad que las reglas de argumentacion fundadas en dichos principios son infalibles. Pero yo tengo la dificultad en la aplicacion; y no puedo convencerme de que sean de grande utilidad en la prctica. En primer lugar, confieso que estas reglas contribuyen dar al entendimiento cierta precision que puede servir en algunos casos para concebir con mas claridad, y atender los vicios que entrae un discurso: bien que veces esta ventaja quedar neutralizada con los inconvenientes acarreados por la presuncion de que se sabe raciocinar, porque no se ignoran las reglas del raciocinio. Puede uno saber muy bien las reglas de un arte, y no acertar ponerlas en prctica. Tal recitaria todas las reglas de la oratoria sin equivocar una palabra, que no sabria escribir una pgina sin chocar, no dir con los preceptos del arte, sino con el buen sentido. II. El silogismo. Observaciones sobre este instrumento dialctico. Formaremos cabal concepto de la utilidad de dichas reglas, si consideramos que quien raciocina no las recuerda, si no se ve precisado formular un argumento la manera escolstica, cosa que en la actualidad ha caido en desuso. Los alumnos aprenden conocer si tal cual silogismo peca contra esta aquella regla; y esto lo hacen en ejemplos tan sencillos, que al salir de la escuela nunca encuentran nada que ellos se parezca. Toda virtud es loable, la justicia es virtud, luego es loable. Est muy bien: pero cuando se me ofrece discernir si en tal cual acto se ha infringido la justicia, y la ley tiene algo que castigar; si me propongo investigar en qu consiste la justicia, analizando los altos principios en que estriba, y las utilidades que su imperio acarrea al individuo y la sociedad; de qu me servir dicho ejemplo, otros semejantes? Los telogos y juristas, quisiera que me dijesen si en sus discursos les han servido mucho las decantadas reglas. Todo metal es mineral, el oro es metal, luego es mineral. Ningun animal es insensible, los peces son animales, luego no son insensibles. Pedro es culpable, este hombre es Pedro, luego este hombre es culpable. Esta onza de oro no tiene el debido peso, esta onza es la que Juan me ha dado, luego la onza que Juan me ha dado no tiene el debido peso. Estos ejemplos y otros por el mismo tenor, son los que suelen encontrarse en las obras de lgica que dan reglas para los silogismos; y yo no alcanzo qu utilidad pueden traer al discurso de los alumnos. La dificultad en el raciocinio no se quita con estas frivolidades mas propias para perder el tiempo en la escuela que para ensear. Cuando el discurso se traslada de los ejemplos la realidad, no encuentra nada semejante: y entnces se olvida completamente de las reglas, despues de haber ensayado el aplicarlas continuamente, se cansa bien pronto de la enojosa intil tarea. Cierto sugeto, muy conocido mio, se habia tomado el trabajo de examinar todos sus discursos la luz de las reglas dialcticas; no s si en la actualidad conservar todavia este peregrino humor; mintras tuve ocasion de tratarle no observ que alcanzase gran resultado. Analicemos algunos de estos ejemplos, y comparmoslos con la prctica. Trtase de la pertenencia de una posesion. Todos los bienes que fueron de la familia N debieron pasar la familia M; pero el mucho tiempo trascurrido y otras circunstancias, hacen que se suscite un pleito sobre el manso B, de que esta ltima se halla en posesion, fundndose en que sus derechos ella le vienen de la familia N. Claro es que el silogismo del posesor ha de ser el siguiente: Todos los bienes que fueron de la familia N me pertenecen; es as que el manso B se halla en este caso, luego el manso B me pertenece. Para no complicar, supondremos que no haya dificultad en la primera proposicion, sea en la mayor; y que toda la disputa recaiga sobre la menor; es decir que le incumbe probar que efectivamente el manso B perteneci la familia N. Todo el pleito gira, no en si el silogismo es concluyente, sino en si se prueba la menor no. Y pregunto ahora: pensar nadie en el silogismo? sirve de nada el recordar que lo que se dice de todos se ha de decir de cada uno? Cuando se haya llegado probar que el manso B perteneci la familia N, ser menester ninguna regla para deducir que la familia M es legtima poseedora? El discurso se hace, es cierto; existe el silogismo, no cabe duda; pero es cosa tan clara, es tan obvia la deduccion, que las reglas dadas para sacarla, mas bien que otra cosa, parecern un puro entretenimiento especulativo. No estar el trabajo en el silogismo, sino en encontrar los ttulos para probar que el manso B perteneci realmente la familia N, en interpretar cual conviene las clusulas del testamento, donacion, venta por donde lo habia adquirido; en esto y otros puntos consistir la dificultad, para esto seria necesario aguzar el discurso, prescribindole atinadas reglas fin de discernir la verdad entre muchos y complicados y contradictorios documentos. Gracioso seria por demas, el preguntar los interesados, los abogados y al juez, cuntas veces han pensado en semejantes reglas, cuando seguian con ojo atento el hilo que deba respectivamente conducirlos al objeto deseado. La moneda que no reune las calidades prescritas por la ley no debe recibirse; esta onza de oro no las tiene, luego no debe recibirse. El raciocinio es tan concluyente como intil. Cuando yo este bien instruido de las circunstancias exigidas por la ley monetaria vigente, y ademas haya experimentado que esta onza de oro carece de ellas, se la devolver al dador sin discursos; y si se traba disputa, no versar sobre la legitimidad de la consecuencia, sino sobre si tantos cuantos granos de dficit se ha de tomar todavia, si est bien pesada no, si lleva esta aquella seal, y otras cosas semejantes. Cuando el hombre discurre no anda en actos reflejos sobre su pensamiento, as como los ojos cuando miran no hacen contorsiones para verse s mismos. Se presenta una idea, se la concibe con mas mnos claridad; en ella se ve contenida otra, otras; con estas se suscita el recuerdo de otras, y as se va caminando con suavidad, sin cavilaciones reflejas, sin embarazarse cada paso con la razon de aquello que se piensa. III. El entimema. La evidencia de estas verdades ha hecho que se contase entre las formas de argumentacion el entimema, el cual no es mas que un silogismo en que se calla por sobrentendida, alguna de sus proposiciones. Esta forma se la ense los dialcticos la experiencia de lo que estaban viendo cada paso; pues pudieron notar que en la prctica se omitia por superfluo el presentar por extenso todo el hilo del raciocinio. As en el ltimo ejemplo, el silogismo por extenso seria el que se ha puesto al principio; pero en forma de entimema se convertiria en este otro: Esta onza no tiene las condiciones prescritas por la ley, luego no debo recibirla; en estilo vulgar, y mas conciso y expresivo: No la tomo; es corta. IV. Reflexiones sobre el trmino. Todo el artificio del silogismo consiste en comparar los extremos con un trmino medio, para deducir la relacion que tienen entre s. Cuando se conocen ya, y se tienen presentes esos extremos y ese trmino medio, nada mas sencillo que hacer la comparacion; pero cabalmente entnces ya no es necesaria la regla, porque el entendimiento ve al instante la consecuencia buscada. Cmo se encuentra ese trmino medio? Cmo se conocen los dos extremos, cuando se hacen investigaciones sobre un objeto, del cual se ignora lo que es? S muy bien que si este mineral que tengo en las manos fuese oro, tendria tal calidad; pero el embarazo est en que ni se me ocurre que esto pueda ser oro, y por tanto no pienso en uno de los dos extremos; ni aun cuando pensara en ello, me encuentro con medios para comprobarlo. Sabe muy bien el juez que si el hombre que pasa por su lado fuera el asesino quien persigue desde mucho tiempo, deberia enviarle al suplicio; pero la dificultad est en que al ver al culpable no piensa en el asesino; y si pensara en l y sospechase que es el individuo que est presente, no puede condenarle por falta de pruebas. Tiene los dos extremos, mas no el trmino medio; trmino que no se lo ofrecer ciertamente bajo formas dialcticas. Cmo se llama este hombre? Su patria, su residencia ordinaria, los antecedentes de su conducta, su modo de vivir en la actualidad, el lugar donde se hallaba cuando se cometi el asesinato, testigos que le vieron en las inmediaciones del sitio en que se encontr la vctima; su traje, estatura, fisonomia, seales sangrientas que se han notado en su ropa, el pual escondido, el azoramiento con que lleg deshora su casa pocos momentos despues del desastre, algunas prendas que se han encontrado en su poder, y que se parecen mucho otras que tenia el difunto, sus contradicciones, su reconocida enemistad con el asesinado; h aqu los trminos medios, mas bien un conjunto de circunstancias que han de indicar si el preso es el verdadero asesino. Y para qu aprovecharn las reglas del silogismo? Ahora habr que atender una palabra, despues un hecho; aqu se habr de examinar una seal, mas all se habrn de cotejar dos mas coincidencias. Ser preciso atender las cualidades fsicas, morales y sociales del individuo, ser necesario apreciar el valor de los testigos, en una palabra, deber el juez revolver la atencion en todas direcciones, fijarla sobre mil y mil objetos diferentes, y pesarlo todo en justa y escrupulosa balanza para no dejar sin castigo al culpable, no condenar al inocente. Lo dir de una vez: los ejemplos que suelen abundar en los libros de dialctica de nada sirven para la prctica: quien creyese que con aquel mecanismo ha aprendido pensar, puede estar persuadido de que se equivoca. Si lo que acabo de exponer no le convence, la experiencia le desengaar. V. Utilidad de las formas dialcticas. Sin embargo de lo dicho, no negar que esas formas dialcticas sean tiles aun en nuestro tiempo, para presentar con claridad y exactitud el encadenamiento de las ideas en el raciocinio: y que si no valen mucho como medio de invencion, sean veces provechosas como conducto de enseanza. As es que ljos de pretender que se las destierre del todo de las obras elementales, conviene que se las conserve, no en toda su sequedad, pero si en todo su vigor. _Nervos et ossa_ las llamaba Melchor Cano con mucha oportunidad: no se destruyan pues esos nervios y huesos; basta cubrirlos con piel blanda y colorada, para que no repugnen ni ofendan. Porque es preciso confesar que ahora fuerza de desdear las formas, se cae en el extrema opuesto, sumamente daoso al adelanto de las ciencias, y la causa de la verdad. Antes, los discursos eran descarnados en demasa, presentaban, por decirlo as, desnuda la armazon; pero ahora, tanto es el cuidado de la exterioridad, tal el olvido de lo interior, que en muchos discursos no se encuentra mas que palabras, que serian bellas, si serlo pudieran palabras vacias. Con el auxilio de las formas dialcticas, traveseaban en demasa los ingenios sutiles y cavilosos; con las formas oratorias se envuelven menudo los espritus huecos. _Est modus in rebus_[15]. CAPTULO XVI. NO TODO LO HACE EL DISCURSO. I. La inspiracion. Es un error el figurarse que los grandes pensamientos son hijos del discurso; este, bien empleado, sirve algun tanto para ensear, pero poco para inventar. Casi todo lo que el mundo admira de mas feliz, grande y sorprendente, es debido la inspiracion; esta luz instantnea que brilla de repente en el entendimiento del hombre, sin que l mismo sepa de donde le viene. Inspiracion la apellido, y con mucha propiedad, porque no cabe nombre mas adaptado para explicar este admirable fenmeno. Est un matemtico dando vueltas un intrincado problema; se ha hecho cargo de todos los datos, nada le queda que practicar de lo que para semejantes casos est prevenido. La resolucion no se encuentra; se han tanteado varios planteos, y nada conducen. Se han tomado al acaso diferentes cantidades, por si se da en el blanco; todo es intil. La cabeza est fatigada; la pluma descansa sobre el papel, nada escribe. La atencion del calculador est como adormecida de puro fija; casi no sabe si piensa. Cansado de forcejear por abrir una puerta tan bien cerrada, parece que ha desistido de su empeo, y que se ha sentado en el umbral aguardando si alguien abrir por la parte de adentro. Ya lo veo, exclama de repente, esto es!.... y cual otro Arquimdes, sin saber lo que le sucede, saltaria del bao y echaria correr gritando: Lo he encontrado!..... Lo he encontrado!.... Acontece menudo que despues de largas horas de meditacion, no se ha podido llegar un resultado satisfactorio, y cuando el nimo est distraido, ocupado en asuntos totalmente diferentes, se le presenta de improviso la verdad como una aparicion misteriosa. Hallbase santo Tomas de Aquino en la mesa del rey de Francia; y como no debia de ser mal criado y descortes, no es regular que escogiese aquel puesto para entregarse meditaciones profundas. Pero ntes de la hora del convite estaria en la celda ocupado en sus ordinarias tareas, aguzando las armas de la razon para combatir los enemigos de la Iglesia. Natural es que le sucediese lo que suelen experimentar todos los que tienen por costumbre penetrar el fondo de las cosas, que aun cuando han dejado la meditacion en que estaban embebidos, se les ocurre con frecuencia el punto en cuestion, como si viniese llamar a la puerta, preguntando si le toca otra vez el turno. Y h aqu, que sin saber cmo, se siente inspirado, ve lo que ntes no veia, y olvidndose de que estaba en la mesa del rey, da sobre ella una palmada, exclamando: Esto es concluyente contra los maniqueos!.... II. La meditacion. Cuando el hombre se ocupa en comprender algun objeto muy dificil, tan ljos est de andar con la regla y compas en la mano para dirigir sus meditaciones, que las mas de las veces queda absorto en la investigacion, sin advertir que medita, ni aun que existe. Mira las cosas, ahora por un lado, despues por otro; pronuncia interiormente el nombre de aquello que examina; da una ojeada lo que rodea el punto principal; no se parece quien sigue un camino trillado, como sabiendo el trmino que ha de llegar, sino quien buscando en la tierra un tesoro cuya existencia sospecha, pero de cuyo lugar no est seguro, anda excavando ac y acull sin regla fija. Y si bien se observa, no puede suceder de otra manera, cuando ya de antemano no se conoce la verdad que se busca. El que tiene la vista un pedazo de mineral cuya naturaleza conoce, cuando trate de manifestar otros lo que l sabe sobre la misma, se valdr del procedimiento mas sencillo, y mas adaptado para el efecto. Pero si no tuviese dicho conocimiento, entnces le revolveria y miraria repetidas veces; por este aquel indicio formaria sus conjeturas, y al fin echaria mano de experimentos propsito, no para manifestar que es tal, sino para descubrir cul es. III. Invencion y enseanza. De esto nace la diferencia entre el mtodo de enseanza y el de invencion: quien ensea, sabe adonde va, y conoce el camino que ha de seguir, porque ya le ha recorrido otras veces; mas el que descubre tal vez no se propone nada determinado, sino examinar lo que hay en el objeto que le ocupa; quizas se prefija un blanco, pero ignorando si es posible alcanzarle, dudando si existe, si es mas que un capricho de su imaginacion; y en caso de estar seguro de su existencia, no conoce el sendero que l le ha de conducir. Por este motivo los mas elevados descubrimientos se ensean por principios muy diferentes de los que guiaron los inventores; el clculo infinitesimal es debido la geometra, y ahora se llega sus aplicaciones geomtricas por una serie de procedimientos puramente algebricos. As, se levanta en una cordillera de escarpadas montaas un picacho inaccesible, donde al parecer se divisan algunos restos de un antiguo edificio: un hombre curioso y atrevido concibe el designio de subir all; mira, tantea, trepa por altsimos peascos, se escurre por pasadizos impracticables, se aventura por el estrechsimo borde de espantosos derrumbaderos, se ase de endebles plantas y carcomidas raices, y al fin cubierto de sudor y jadeando de cansancio, toca la deseada cumbre, y levantando los brazos clama con orgullo: ya estoy arriba!.... Entnces domina de una ojeada todas las vertientes de las cordilleras; lo que ntes no veia sino por partes, ahora lo ve en su conjunto: mira hcia los puntos por donde habia tanteado, ve la imposibilidad de subir por all, y se rie de su ignorancia. Contempla las escabrosidades por donde acaba de atravesar, y se envanece de su temeraria osada. Y cmo ser posible que por estas malezas suban los que le estan mirando? Pero ved ah un sendero muy fcil; desde abajo no se descubre, desde arriba s. Da muchos rodeos, es verdad, se ha de tomar larga distancia, pero es accesible hasta los mas dbiles y mnos atrevidos. Entnces desciende corriendo, se reune con los demas, les dice seguidme, los conduce la cima, sin cansancio ni peligro, y all los hace disfrutar de la vista del monumento, y de los magnficos alrededores que el picacho domina. IV. La intuicion. Mas no se crea que las tareas del genio sean siempre tan laboriosas y pesadas. Uno de sus caractres es la _intuicion_, el ver sin esfuerzo lo que otros no descubrian sino con mucho trabajo, el tener la vista el objeto inundado de luz, cuando los demas estan en tinieblas. Ofrecedle una idea, un hecho, que quizas para otros sern insignificantes, l descubre mil y mil circunstancias y relaciones ntes desconocidas. No habia mas que un pequeo crculo, y al clavarse en l la mgica mirada, el crculo se agita, se dilata, va extendindose como la aurora al levantarse el sol. Ved, no habia mas que una dbil rfaga luminosa, pocos instantes despues brilla el firmamento con inmensas madejas de plata y de oro, torrentes de fuego inundan la bveda celeste, del oriente al ocaso, del aquilon al sud. V. No est la dificultad en comprender sino en atinar. El jugador de ajedrez. Sobieski. Las vboras de Anbal. Hay en este punto una particularidad muy digna de notarse, y que tal vez no ha sido observada; y es que muchas verdades no son difciles en s y que sin embargo nadie se ocurren sino los hombres de talento. Cuando estos las presentan, las hacen advertir, todo el mundo las ve tan claras, tan sencillas, tan obvias que parece extrao no se las haya visto ntes. Dos hbiles jugadores de ajedrez estan empeados en una complicada partida. Uno de ellos hace una jugada al parecer tan indiferente..... tiempo perdido, dicen los espectadores; luego abandona una pieza que podia muy bien defender, y se entretiene en acudir un punto por el cual nadie le amenaza. Vaya una humorada, exclaman todos, esto le har V. mucha falta. Qu quieren Vds.? dice el taimado, no atina uno en todo, y contina como distraido. El adversario no ha penetrado la intencion, no acude al peligro, juega, y el distraido que perdia tiempo y piezas, ataca por el flanco descubierto, y con maligna sonrisa dice: jaque mate. Tiene razon, gritan todos, y cmo no lo habiamos visto? y una cosa tan sencilla!.... pues es claro, perdi el tiempo para enfilar por aquel lado, abandon una pieza para abrirse paso; acudi all, no para defenderse sino para cerrar aquella salida; parece imposible que no lo hubiramos advertido. Estan los turcos acampados delante de Viena; cada cual discurre por donde se deber atacarlos cuando llegue el deseado refuerzo las rdenes del rey de Polonia. Las reglas del arte andan de boca en boca, los proyectos son innumerables. Llega Sobieski, echa una ojeada sobre el ejrcito enemigo: es mio, dice, est mal acampado. Al dia siguiente ataca, los turcos son derrotados, y Viena es libre. Y despues de visto el plan de ataque y su feliz xito, todos dirian: los turcos cometieron tal cual falta, tenia razon el rey, estaban mal acampados; todos veian la verdad, la encontraban muy sencilla, pero despues de habrsela mostrado. Todos los matemticos sabian las propiedades de las progresiones aritmticas y geomtricas; que el exponente de 1 era 0, que el de 10 era 1, que el de 1000 era 2, y as sucesivamente, y que el de los nmeros medios entre 1 y 10 era un quebrado; pero nadie veia que con esto se pudiese tener un instrumento de tantos y tan ventajosos usos como son las tablas de los logaritmos. Neper dijo hlo aqu; y todos los matemticos vieron que era una cosa muy sencilla. Nada mas fcil que el sistema de nuestra numeracion; y sin embargo, no lo conocieron ni los griegos, ni los romanos. Qu fenmeno mas sencillo, mas patente nuestros ojos, que la tendencia de los flidos ponerse nivel, subir la misma altura de la cual descienden? No lo estamos viendo cada paso en las retortas, y en todos los vasos donde hay dos mas tubos de comunicacion? Qu cosa mas sencilla que la aplicacion de esta ley de la naturaleza objeto de tanta utilidad como es la conduccion de las aguas? Y sin embargo ha debido trascurrir mucho tiempo ntes que la humanidad se aprovechara de la leccion que estaba recibiendo todos los dias en un fenmeno tan sencillo. Dos artesanos poco diestros se hallan embarazados en una obra. El uno consulta al otro, ambos cavilan, ensayan, malbaratan, sin conseguir nada. Acuden por fin un tercero de aventajada nombrada. A ver si V. nos saca de apuros?--Muy sencillo, de esta manera--Tiene V. razon, era tan fcil y no habamos sabido dar en ello. Est Anbal la vspera de un combate naval, da sus disposiciones, y entre tanto vuelven bordo algunos soldados que llevan un gran nmero de vasos de barro bien tapados, cuyo contenido conocen muy pocos. Comienza la refriega, los enemigos se rien de que los marinos de Anbal les arrojen aquellos vasos en vez de flechas; el barro se hace pedazos, y el dao que causa es muy poco. Pasan algunos momentos, un marino siente una picadura atroz: al grito del lastimado sucede el de otro, todos vuelven la vista y notan con espanto que la nave est llena de vboras. Introdcese el desrden, Anbal maniobra con destreza y la victoria se decide en su favor. Ciertamente que nadie ignoraba que era posible recoger muchas vboras, y encerrarlas en vasos de barro, y tirarlos las naves enemigas; pero la ocurrencia solo la tuvo el astuto cartagines. Y l sin duda encontr el infernal ardid, sin raciocinios ni cavilaciones; bastle tal vez que alguien mentase la palabra _vbora_, para atinar desde luego en que este reptil podia servirle de excelente auxiliar. Qu nos dicen estos ejemplos? nos dicen que el talento consiste muchas veces en ver una relacion que est patente, y en la cual nadie atina. Ella en s no es dificil, y la prueba est en que tan pronto como alguno la descubre, y la seala con el dedo diciendo: mirad; todos la ven sin esfuerzo, y hasta se admiran de no haberla advertido. As que el lenguaje, llevado por la fuerza misma de las cosas, los llama estos pensamientos _ocurrencias_, _golpes_, _inspiraciones_, expresando de esta manera que no costaron trabajo, que se ofrecieron por s mismos. VI. Regla para meditar. De lo dicho inferir que para pensar bien no es buen sistema poner el espritu en tortura, sino que es conveniente dejarle con cierto desahogo. Est meditando sobre un objeto, al parecer no adelanta; con la atencion sobre una cosa, dirase que est dormitando. No importa; no le violenteis; mira si descubre algun indicio que le guie; se asemeja al que tiene en la mano una cajita cerrada con un resorte misterioso, en la cual se quiere poner prueba el ingenio, por si se encuentra el modo de abrirla. La contempla largo rato, la vuelve repetidas veces, ora aprieta con el dedo, ora forcejea con la ua, hasta que al fin permanece un instante inmbil y dice: aqu est el resorte, ya est abierta. VII. Carcter de las inteligencias elevadas. Notable doctrina de santo Tomas de Aquino. Porqu no se ocurren todos ciertas verdades sencillas? cmo es que el linaje humano haya de mirar cual espritus extraordinarios los que ven cosas que al parecer todo el mundo habia podido ver? Esto es buscar la razon de un arcano de la Providencia, esto es preguntar porqu el Criador ha otorgado algunos hombres privilegiados una gran fuerza de intuicion, sea vision intelectual inmediata, y la ha negado al mayor nmero. Santo Tomas de Aquino desenvuelve sobre este particular una doctrina admirable. Segun el santo Doctor, el discurrir es seal de poco alcance del entendimiento; es una facultad que se nos ha concedido para suplir nuestra debilidad; y as es que los ngeles entienden, mas no discurren. Cuanto mas elevada es una inteligencia, mnos ideas tiene; porque encierra en pocas, lo que las mas limitadas tienen distribuido en muchas. As los ngeles de mas alta categora entienden por medio de pocas ideas; el nmero se va reduciendo medida que las inteligencias criadas se van acercando al Criador, el cual como ser infinito inteligencia infinita, todo lo ve en una sola idea, nica, simplicsima, pero infinita: su misma esencia. Cun sublime teora! Ella sola vale un libro; ella prueba un profundo conocimiento de los secretos del espritu; ella nos sugiere innumerables aplicaciones con respecto al entendimiento del hombre. En efecto, los genios superiores no se distinguen por la mucha abundancia de las ideas; sino en que estan en posesion de algunas, capitales, anchurosas, donde hacen caber al mundo. El ave rastrera se fatiga revoloteando, y recorre mucho terreno, y no sale de la angostura y sinuosidades de los valles: el guila remonta su majestuoso vuelo, posa en la cumbre de los Alpes, y desde all contempla las montaas, los valles, la corriente de los rios, divisa vastas llanuras pobladas de ciudades, y amenizadas con deliciosas vegas, galanas praderas, ricas y variadas mieses. En todas las cuestiones hay un punto de vista principal, dominante; en l se coloca el genio. All tiene la clave, desde all lo domina todo. Si al comun de los hombres no les es posible situarse de golpe en el mismo lugar, al mnos deben procurar llegar l fuerza de trabajo; no dudando que con esto se ahorrarn muchsimo tiempo, y alcanzarn los resultados mas ventajosos. Si bien se observa, toda cuestion y hasta toda ciencia, tienen uno pocos puntos capitales los que se refieren los demas. En situndose en ellos, todo se presenta sencillo y llano, de otra suerte no se ven mas que detalles y nunca el conjunto. El entendimiento humano, ya de suyo tan dbil, ha menester que se le muestren los objetos tan simplificados como sea dable; y por lo mismo es de la mayor importancia desembarazarlos de follaje intil, y que ademas, cuando sea preciso cargarle con muchas atenciones simultneas, se las distribuya de suerte que queden reducidas pocas clases, y cada una de estas vinculada en un punto. As se aprende con mas facilidad, se percibe con lucidez y exactitud, y se auxilia poderosamente la memoria. VIII. Necesidad del trabajo. De las doctrinas de este captulo sobre la inspiracion intuicion, podremos inferir la conveniencia de abandonar el discurso, y hasta el trabajo, y de entregarnos una especie de quietismo intelectual? No ciertamente. Para el desarrollo de toda facultad hay una condicion indispensable: el ejercicio. En lo intelectual como en lo fsico, el rgano que no funciona se adormece, pierde de su vida, el miembro que no se mueve se paraliza. Aun los genios mas privilegiados no llegan adquirir su fuerza herclea, sino despues de largos trabajos. La inspiracion no desciende sobre el perezoso; no existe cuando no hierven en el espritu ideas y sentimientos fecundantes. La intuicion, el _ver_ del entendimiento, no se adquiere sino con un hbito engendrado por el mucho _mirar_. La ojeada rpida, segura y delicada de un gran pintor, no se debe solo la naturaleza, sino tambien la dilatada contemplacion y observacion de los buenos modelos: y la magia de la msica no se desenvolveria en la organizacion mas armnica, sujeta nicamente oir sonidos speros y destemplados[16]. CAPTULO XVII. LA ENSEANZA. I. Dos objetos de la enseanza. Diferentes clases de profesores. Distinguen comunmente los dialcticos entre el mtodo de enseanza y el de invencion. Sobre uno y otro voy emitir algunas observaciones. La enseanza tiene dos objetos: 1. instruir los alumnos en los elementos de la ciencia: 2. desenvolver su talento para que al salir de la escuela puedan hacer los adelantos proporcionados su capacidad. Podria parecer que estos dos objetos no son mas que uno solo; sin embargo no es as. Al primero alcanzan todos los profesores que poseen medianamente la ciencia; al segundo no llegan sino los de un mrito sobresaliente. Para lo primero, basta conocer el encadenamiento de algunos hechos y proposiciones, cuyo conjunto forma el cuerpo de la ciencia; para lo segundo es preciso saber cmo se ha construido esa cadena que enlaza un extremo con otro; para lo primero bastan hombres que conozcan los libros, para lo segundo son necesarios hombres que conozcan las cosas. Mas dir: puede muy bien suceder que un profesor superficial sea mas propsito para la simple enseanza de los elementos que otro muy profundo; pues que este sin advertirlo, se dejar llevar discursos que complicarn la sencillez de las primeras nociones, y as daar la percepcion de los alumnos poco capaces. La clara explicacion de los trminos, la exposicion llana de los principios en que se funda la ciencia, la metdica coordinacion de los teoremas y de sus corolarios, h aqu el objeto de quien no se propone mas que instruir en los elementos. Pero al que extienda mas all sus miradas, y considere que los entendimientos de los jvenes no son nicamente tablas donde se hayan de tirar algunas lneas que permanezcan all inalterables para siempre, sino campos que se han de fecundar con preciosa semilla, este le incumben tareas mas elevadas y mas difciles. Conciliar la claridad con la profundidad, hermanar la sencillez con la combinacion, conducir por camino llano y amaestrar al propio tiempo en andar por senderos escabrosos, mostrando las angostas y enmaraadas veredas por donde pasaron los primeros inventores, inspirar vivo entusiasmo, despertar en el talento la conciencia de las propias fuerzas, sin daarle con temeraria presuncion, h aqu las atribuciones del profesor que considera la enseanza elemental no como fruto, sino como semilla. II. Genios ignorados de los demas, y de s mismos. Cun pocos son los profesores dotados de esta preciosa habilidad! Y cmo es posible que los haya en el lastimoso abandono en que yace este ramo? Quin cuida de aficionar la enseanza los hombres de capacidad elevada? Quin procura fijarlos en esta ocupacion, si se deciden alguna vez emprenderla? Las ctedras son miradas lo mas como un hincapi para subir mas arriba, con las arduas tareas que ellas imponen, se unen mil y mil de un rden diferente; y se desempea corriendo y manera de distraccion lo que deberia obsorber al hombre entero. As, cuando entre los jvenes se encuentra alguno en cuya frente chispea la llama del genio, nadie la advierte, nadie se la avisa, nadie se lo hace sentir: y encajonado entre los buenos talentos, prosigue su carrera sin que se le haya hecho experimentar el alcance de sus fuerzas. Porque es preciso saber que estas fuerzas no siempre las conoce el mismo que las posee, aun cuando sean con respecto lo mismo que le ocupa. Podr muy bien suceder que el fuego del genio permanezca toda la vida entre cenizas, por no haber habido una mano que las sacudiera. No vemos cada paso que una lijereza extraordinaria, una singular flexibilidad de ciertos miembros, una gran fuerza muscular y otras calidades corporales, estan ocultas hasta que un ensayo casual viene revelrselas al que las posee? Si Hrcules no manejara mas que un bastoncito, nunca creyera ser capaz de blandir la pesada clava. III. Medios para descubrir los talentos ocultos, y apreciarlos en su valor. Un profesor de matemticas que explique sus alumnos la teora de las secciones cnicas les dar una idea clara y exacta de dichas curvas, presentndoles las ecuaciones que expresan su naturaleza, y deduciendo las propiedades que de esta se originan. Hasta aqu el discpulo aprende bien los elementos, pero no se ejercita en el desarrollo de sus fuerzas intelectuales; nada se le ofrece que pueda hacerle sentir el talento de invencion, si es que en realidad le posea. Pero si el profesor le hace notar que aquella ecuacion fundamental, al parecer de mera convencion, no es probable que se le haya establecido sin motivo, desde luego el jven se halla mal seguro sobre la basa que reputaba slida, y busca el medio de darle algun apoyo. Si el alumno no acierta en el principio generador de dichas curvas, se le puede hacer notar el nombre que llevan, y recordarle que la seccion paralela la base del cono es un crculo. Entnces naturalmente el alumno corta el cono con planos en diferentes posiciones, y la primera ojeada advierte que si la seccion es cerrada, y no paralela la base, resultan curvas cuya figura se parece la que se ha llamado elipse. Ya imagina la seccion mas cercana al paralelismo, ya mas distante, y siempre nota que la figura es una elipse, con la nica diferencia de su mayor aplanacion por los lados, bien de la mayor diferencia de los ejes. Ser posible expresar por una ecuacion la naturaleza de esta curva? Hay algunos datos conocidos? Tienen alguna relacion con las propiedades del cono, y de la seccion paralela? La mayor menor inclinacion del plano cambia la naturaleza de la seccion? Dando al plano otras posiciones, de suerte que no salga cerrada la seccion, qu curvas resultan? Hay alguna semejanza entre ellas, y las parbolas hiprboles? Estas y otras cuestiones se ofrecen al discpulo dotado de capacidad; y si es de muy felices disposiciones, verisle al instante tirar lneas dentro del cono, compararlas unas con otras, concebir tringulos, calcular sus relaciones, y tantear mil caminos para llegar la ecuacion deseada. Entnces no aprende simplemente las primeras nociones de la teora; se ha convertido ya en inventor; su talento encuentra pbulo en que cebarse; y cuando aislado en los procedimientos de primera enseanza contaba muchos iguales en la inteligencia de la doctrina explicada, ahora echaris de ver que deja sus compaeros muy atras, que ellos no han dado un paso, mintras l, ha obtenido el resultado que se buscaba, adelantado en el verdadero camino. Entnces da conocer sus fuerzas, y las conoce l mismo; entnces se palpa que su capacidad es superior la rutina, y que quizas andando el tiempo podr ensanchar el dominio de la ciencia. Un profesor de derecho natural explicar cumplidamente los derechos y deberes de la patria potestad, y las obligaciones de los hijos con respecto los padres, aduciendo las definiciones y razones que en tales casos se acostumbran. Hasta aqu llegan los elementos; pero nada se encuentra para desenvolver el genio filosfico de un alumno privilegiado, ni que pueda hacerle sobresalir entre el comun de sus compaeros, dotados de una capacidad regular. El hbil profesor desea tomar la medida de los talentos que hay en la ctedra, y el tiempo que le sobra despues de la explicacion le emplea en hacer un experimento. --Sobre estos deberes le parece V. si nos dicen algo los sentimientos del corazon? Las luces de la filosofa estan de acuerdo con las inspiraciones de la naturaleza? A esta pregunta respondern hasta los medianos, observando que los padres naturalmente quieren los hijos, y estos los padres, y que as estan enlazados nuestros deberes con nuestros afectos, instigndonos estos al cumplimiento de aquellos. Hasta aqu no hay diferencia entre los alumnos que se llaman de buen talento. Pero prosigue el profesor analizando la materia y pregunta. --Qu le parece V. de los hijos que se portan mal con los padres, y no corresponden con la debida gratitud al amor que estos les prodigaron? --Que faltan un deber sagrado y desoyen la voz de la naturaleza. --Pero cmo es que vemos tan menudo los hijos no cumplir como deben con sus padres, mintras estos si en algo faltan, suele ser por sobreabundancia de amor y ternura? --En esto hacen muy mal los hijos, dir el uno. --Los hombres se olvidan fcilmente de los beneficios recibidos, dir el otro; quien alegar que los hijos medida que adelantan en edad se hallan distraidos por mil atenciones diferentes; quien recordar que los nuevos afectos engendrados en sus nimos causa de la familia de que se hacen cabezas, disminuyen el que deben sus padres: y cada cual andar sealando razones mas mnos adaptadas, mas mnos slidas, pero ninguna que satisfaga del todo. Si entre vuestros alumnos se encuentra alguno que haya de adquirir con el tiempo esclarecida nombrada, dirigidle la misma pregunta, ver si acierta decir algo que la desentrae y la ilustre. --Es demasiado cierto, os responder, que los hijos faltan con mucha frecuencia sus deberes para con sus padres; pero, si no me engao, la razon de esto se halla en la misma naturaleza de las cosas. Cuanto mas necesario es para la conservacion y buen rden de los seres el cumplimiento de un deber, el Criador ha procurado asegurar mas dicho cumplimiento. El mundo se conserva, mas mnos bien, pesar del mal comportamiento de los hijos; pero el dia que los padres se portasen mal, y olvidasen el cuidar de sus hijos, el linaje humano caminaria su ruina. As es de notar que los hijos, ni aun los mejores, no profesan sus padres un afecto tan vivo y ardiente como los padres los hijos. El Criador podia sin duda comunicar los hijos un amor tan apasionado y tierno como lo es el de los padres, pero esto no era necesario, y por lo mismo no lo ha hecho. Y es de notar que las madres, que han menester mayor grado de este amor y ternura, lo tienen llevado hasta los limites del frenes, habindolas pertrechado el Criador contra el cansancio que pudieran producirles los primeros cuidados de la infancia. Resulta pues que la falta del cumplimiento de los deberes en los hijos, no procede precisamente de que estos sean peores, pues ellos si llegan ser padres, se portan como lo hicieron los suyos; sino de que el amor filial es de suyo mnos intenso que el paternal, ejerce mucho mnos ascendiente y predominio sobre el corazon, y por lo mismo se amortigua con mas facilidad; es mnos fuerte para superar obstculos, y ejerce menor influencia sobre la totalidad de nuestras acciones. En las primeras respuestas encontrabais discpulos aprovechados, en esta descubrs al jven filsofo que empieza descollar, como entre raquticos arbustos se levanta la tierna encina, que andando los aos se har notar en el bosque por su corpulento tronco y soberbia copa. IX. Necesidad de los estudios elementales. No se crea por lo dicho, que juzgue conveniente emancipar la juventud de la enseanza de los elementos; muy al contrario, opino que quien ha de aprender una ciencia, por grandes que sean las fuerzas de que se sienta dotado, es preciso se sujete esta mortificacion que es como el noviciado de las letras. De esto procuran muchos eximirse apelando artculos de diccionario que contiene lo bastante para hablar de todo sin entender de nada; pero la razon y la experiencia manifiestan que semejante mtodo no puede servir sino formar lo que llamamos eruditos la violeta. En efecto: hay en toda ciencia y profesion un conjunto de nociones primordiales, voces y locuciones que le son propias, las cuales no se aprenden bien sino estudiando una obra elemental: de suerte que cuando no mediaran otras consideraciones, la presente bastaria demostrar los inconvenientes de tomar otro camino. Estas nociones primordiales, y esas voces y locuciones, deben ser miradas con algun respeto por quien entra de nuevo en la carrera, pues ha de suponer que no en vano han trabajado hasta aqu los que ella se dedicaron. Si el recien venido tiene desconfianza de sus predecesores, si espera poder reformar la ciencia profesion, y hasta variarla radicalmente, al mnos ha de reflexionar, que es prudente enterarse de lo que han dicho los otros, que es temerario el empeo de crearlo todo por s solo, y es exponerse perder mucho tiempo, el no quererse aprovechar en nada de las fatigas ajenas. El maquinista mas extraordinario empieza quizas dedicarse su profesion en la tienda de un modesto artesano; y por grandes esperanzas que puedan fundarse en sus brillantes disposiciones, no deja por esto de aprender los nombres y el manejo de los instrumentos y enseres del trabajo. Con el tiempo har en ellos muchas variaciones, los tendr de otra materia mas adaptada, cambiar su forma y tal vez su nombre; mas por ahora es preciso que los tome tales como los encuentra, que se ejercite con ellos, hasta que la reflexion y la experiencia le hayan mostrado los inconvenientes de que adolecen y las mejoras de que son susceptibles. Puede aplicarse todas las ciencias el consejo que se da los que quieren aprender la historia: ntes de comenzar su estudio, es necesario leer un compendio. A este propsito son notables las palabras de Bossuet en la dedicatoria que precede su _Discurso sobre la historia universal_. Asienta la necesidad de estudiar la historia en compendio, para evitar confusion y ahorrar fatiga, y luego aade: Esta manera de exponer la historia universal la compararemos la descripcion de los mapas geogrficos: la historia universal es el mapa general comparado con las historias particulares de cada pais y de cada pueblo. En los mapas particulares veis menudamente lo que es un reino, una provincia en si misma; en los universales aprendeis fijar estas partes del mundo en su todo; en una palabra, veis la parte que ocupa Paris la isla de Francia en el reino, la que el reino ocupa en la Europa, y la que la Europa ocupa en el universo. Pues bien: la oportuna y luminosa comparacion entre el _Mapa mundi_ y los particulares, se aplica todos los ramos de conocimientos. En todos hay un conjunto de que es preciso hacerse cargo, para comprender mejor las partes, y no andar confuso y perdido en la manera de ordenarlas. Aun las ideas que se adquieren por este mtodo, son casi siempre incompletas, menudo inexactas, y algunas veces falsas; pero todos estos inconvenientes aun no pesan tanto como los que resultan de acometer tientas, sin antecedentes ni guia, el estudio de una ciencia. Las obras elementales, se nos dir, no son mas que un esqueleto; es verdad, pero tal como es, ahorra muchsimo trabajo; hallndole formado ya, os ser mas fcil corregir sus defectos, cubrirle de nervios, msculos y carne; darle calor, movimiento y vida. Entre los que han estudiado por principios una ciencia, y los que, por decirlo as, han cogido sus nociones al vuelo, en enciclopedias y diccionarios, hay siempre una diferencia que no se escapa un ojo ejercitado. Los primeros se distinguen por la precision de ideas y propiedad de lenguaje; los otros se lucen tal vez con abundantes y selectas noticias, pero la mejor ocasion dan un solemne tropiezo que manifiesta su ignorante superficialidad[17]. CAPTULO XVIII. LA INVENCION. I. Lo que debe hacer quien carezca del talento de invencion. Creo haber dicho lo suficiente con respecto los mtodos de ensear y aprender; paso tratar del mtodo de invencion. Conocidos los elementos de una ciencia, y llegado el hombre edad y posicion en que puede dedicarse estudios de mayor extension y profundidad, est en el caso de seguir senderos mnos trillados, y acometer empresas mas osadas. Si la naturaleza no le ha dotado del talento de invencion, preciso le ser contentarse por toda su vida con el mtodo elemental, bien que tomado en mayor escala. Necesita guias, y este servicio le prestarn las obras magistrales. Mas no se crea que deba entenderse condenado ciego servilismo, y no haya de atreverse discordar nunca de la autoridad de sus maestros; en la milicia cientfica y literaria, no es tan severa la disciplina que no sea lcito al soldado dirigir algunas observaciones su jefe. II. La autoridad cientfica. Los hombres capaces de alzar y llevar adelante una bandera, son muy pocos; y mejor es alistarse en las filas de un general acreditado, que no andar manera de miserable guerrillero, afectando la importancia de insigne caudillo. Diciendo esto, no es mi nimo predicar la autoridad en materias puramente cientficas y literarias; en todo el decurso de la obra he dado bastante entender que no adolezco de tal achaque; solo me propongo indicar una necesidad de nuestro entendimiento, que siendo por lo comun muy flaco, ha menester un apoyo. La hiedra entrelazndose con un rbol, se levanta grande altura; si creciese sin arrimo, yaceria tendida por el suelo pisoteada por todos los transeuntes. Ademas, que no por haber hecho esta observacion, se ha de cambiar el rden regular de las cosas: pues con ella mas bien he consignado un hecho que ofrecido un consejo. S un hecho, porque pesar de tanto como se blasona de independencia, es mas claro que la luz del medio dia que esta independencia no existe, que gran parte de la humanidad anda guiada por algunos caudillos, y que estos su talante la llevan por el camino de la verdad del error. Este es un hecho de todos los paises y de todos los siglos; hecho indestructible porque est fundado en la misma naturaleza del hombre. El dbil siente la superioridad del fuerte, y se humilla en su presencia; el genio no es el patrimonio del linaje humano, es un privilegio pocos concedido: quien le posee ejerce sobre los demas un ascendiente irresistible. Se ha observado con mucha verdad que las masas tienen una tendencia al despotismo; esto dimana de que sienten su incapacidad para dirigirse, y naturalmente buscan un jefe: la que se experimenta en la guerra y la poltica, se nota tambien en las ciencias. La generalidad de los que las profesan son tambien masas, son verdadero vulgo que entregado si mismo no sabria qu hacerse; por lo mismo se arremolina manera de grupos populares en torno de los que le hablan algo mejor de lo que l sabe, y manifiestan conocimientos que l no posee. El entusiasmo penetra tambien en la plebe sabia, y lo mismo que la otra en sus asonadas, aplaude y grita: muy bien, muy bien!... t lo entiendes mejor que nosotros; t sers nuestro jefe.... III. Modificaciones que ha sufrido en nuestra poca la autoridad cientfica. A medida que se han generalizado los conocimientos con el inmenso desarrollo de la prensa, se ha podido creer que el indicado fenmeno habia desaparecido; pero no es as; lo que ha hecho, ha sido modificarse. Cuando los caudillos eran pocos, cuando el mando estaba entre pocas escuelas, andaban los entendimientos manera de ejrcitos disciplinados, siendo tan patente la dependencia que no era posible equivocarse. Ahora sucede de otra manera: los caudillos y las escuelas son en mayor nmero; la disciplina se ha relajado: pasan los soldados de uno otro campo; estos se adelantan un poco, aquellos se quedan rezagados; algunos se separan y se empean en escaramuzas sin instrucciones ni rdenes de sus jefes; dirase que los grandes ejrcitos han dejado de existir y que cada cual marcha por su lado: pero no os hagais ilusiones, los ejrcitos existen pesar de ese desrden, todos saben bien cul pertenecen; si desertan del uno se unirn al otro; y cuando se vean en aprieto, todos se replegarn en la direccion donde saben que est el cuerpo principal para cubrir su retirada. Y si entrar quisisemos en minuciosas cuentas, hallaramos que no es tan exacto que los caudillos de ahora sean en mucho mayor nmero que los de tiempos anteriores. Formando un cuadro de clasificaciones cientficas y literarias encontraramos fcilmente que en cada gnero son muy pocos los que llevan la bandera, y que sobre sus pasos se precipita la multitud ahora como siempre. El teatro y la novela no tienen un pequeo nmero de _notabilidades_, cuyas obras se imitan hasta el fastidio? La poltica, la filosofa, la historia, no cuentan tambien unos pocos adalides, cuyos nombres se pronuncian sin cesar, y cuyas opiniones y lenguaje se adoptan sin discernimiento? La _independiente_ Alemania, no tiene sus escuelas filosficas, tan marcadas y caracterizadas como serlo pudieron las de santo Tomas, Escoto y Suarez? Qu son en Francia la turba de los filsofos universitarios, sino humildes discpulos de Cousin? y qu ha sido Cousin su vez sino un vicario de Hegel, y de Schelling? y su filosofa, que tambien forceja por introducirse entre nosotros, no comienza con tono magistral, exigiendo respeto y deferencia, manera de ministerio sagrado que se dirige la conversion de las gentes sencillas? La mayor parte de los que profesan la filosofa de la historia, hacen mas que recitar trozos de las obras de Guizot, de otros escritores muy contados? Los que se complacen en declamaciones sobre elevados principios de legislacion, no son con frecuencia plagiarios de Becaria y Filangieri? Los utilitarios nos dicen por ventura otra cosa que lo que acaban de leer en Bentham? Los escritores sobre derecho constitucional, no tienen siempre en la boca Benjamin Constant? Reconozcamos pues un hecho que tan de bulto se presenta, y no nos lisonjeemos de haber destruido lo que es mas fuerte que nosotros, pero guardmonos de sus malos efectos, en cuanto nos sea posible. Si causa de la debilidad de nuestras luces, estamos precisados valernos de las ajenas, no las recibamos tampoco con ignoble sumision, no abdiquemos el derecho de examinar las cosas por nosotros mismos, no consintamos que nuestro entusiasmo por ningun hombre llegue tan alto punto, que sin advertirlo le reconozcamos como orculo infalible. No atribuyamos la criatura lo que es propio del Criador. IV. El talento de invencion. Carrera del ingenio. Si el entendimiento es tal que pueda conducirse s mismo, si al examinar las obras de los grandes escritores, se siente con fuerza para imitarlos, y se encuentra entre ellos, no como pigmeo entre gigantes, sino como entre sus iguales, entnces el mtodo de invencion le conviene de una manera particular, entnces no debe limitarse _saber los libros_, es preciso que _conozca las cosas_; no ha de contentarse con seguir el camino trillado, sino que ha de buscar veredas que le lleven mejor, mas recto, y si es posible puntos mas elevados. No admita idea sin analizar, ni proposicion sin discutir, ni raciocinio sin examinar, ni regla sin comprobar; frmese una ciencia propia, que le pertenezca como su sangre, que no sea una simple recitacion de lo que ha leido, sino el fruto de lo que ha observado y pensado. Qu reglas deber tener presentes? Las que se han sealado mas arriba para todo pensador. El entrar en pormenores seria intil y tal vez imposible; que el empeo de trazar al genio una marcha fija, es no mnos temerario que el de sujetar las expresiones de animada fisonoma al mezquino crculo de compasados gestos. Cuando le veis abalanzarse brioso su gigantesca carrera, no le dirijais palabras insulsas, ni consejos estriles, ni reglas que no ha de observar; decidle tan solo: Imgen de la divinidad, marcha cumplir los destinos que te ha sealado el Criador; no te olvides de tu principio y de tu fin; t levantas el vuelo y no sabes adnde vas: alza los ojos al cielo, y pregntaselo tu Hacedor. l te mostrar su voluntad; cmplela fielmente; que en cumplirla estan cifrados tu grandor y tu gloria[18]. CAPTULO XIX. EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZON Y LA IMAGINACION. I. Discrecion en el uso de las facultades del alma. La reina Dido. Alejandro. He dicho (Cap. XII) que para conocer la verdad en ciertas materias, era necesario desplegar un mismo tiempo diferentes facultades del alma, y entre ellas he contado el sentimiento. Ahora aadir que si bien esto es preciso cuando se trata de aquellas verdades, cuya naturaleza consiste en relaciones con dicho sentimiento, como todo lo bello tierno, melanclico sublime; no lo es cuando la verdad pertenece un rden distinto que nada tiene que ver con nuestra facultad de sentir. Si quiero apreciar todo el mrito de Virgilio en el episodio de Dido, es menester que no raciocine con sequedad, sino que imagine y sienta; pero si me propongo juzgar bajo el aspecto moral la conducta de la reina de Cartago, es preciso que me despoje de todo sentimiento, y que deje encomendado la fria razon el fallar conforme los eternos principios de la virtud. Al leer Quinto Curcio, admiro al hroe macedon, y me complazco en verle cuando se arroja impvido al traves del Grnico, vence en Arbela, persigue y anonada Daro, y seorea el oriente. En todo esto hay grandeza, hay rasgos que no fueran debidamente apreciados, si se cerrara el corazon todo sentimiento. La sublime narracion del sagrado Texto (1. Mach. Cap. 1) no ser estimada en su justo valor, por quien no haga mas que analizar con frialdad. Y sucedi que despues que Alejandro Macedon, hijo de Filipo, que fu el primero que rein en Grecia, salido de la tierra de Cethim, derrot Dario rey de los Persas y de los Medos, di muchas batallas, y conquist las fortalezas de todos, y mat los reyes de la tierra. Y pas hasta los confines del mundo, y se apoder de los despojos de numerosas gentes, _y la tierra call en su presencia_.... Cuando uno llega esta expresion, el libro se cae de las manos, y el asombro se apodera del alma. En presencia de un hombre _la tierra call_..... Sintiendo con viveza la fuerza de esta imgen, se forma la mayor idea que formarse pueda del hroe conquistador. Si para conocer esta verdad, abstraigo y discurro y cavilo, y ahogo mis sentimientos, nada comprender; es preciso que me olvide de toda filosofa, que no sea mas que hombre, y que dejando la fantasa en libertad, y el corazon abierto, mire al hijo de Filipo, saliendo de la tierra de Cethim, marchando con pasos de gigante hasta la extremidad del orbe, y contemple la tierra, que amedrentada calla. Pero si me propongo examinar la justicia y la utilidad de aquellas conquistas, entnces ser preciso cortar el vuelo la imaginacion, amortiguar los sentimientos de admiracion y entusiasmo; ser preciso olvidar al jven monarca rodeado de sus falanges, y descollando entre sus guerreros como el Jpiter de la fbula entre el cortejo de los dioses; ser necesario no pensar mas que en los eternos principios de la razon, y en los intereses de la humanidad. Si al hacer este exmen dejo campear la fantasa y dilatarse el corazon, errar; porque la radiante aurola que orla las sienes del conquistador, me deslumbrar, me quitar la osada de condenarle, me inclinar la indulgencia por tanto genio y heroismo; y se lo perdonar todo, cuando vea que en la cumbre de su gloria, la edad de 33 aos, _se postra en un lecho y conoce que se muere_. Et post hc decidit in lectum, et cognovit quia moreretur. (Machab. lib. 1. cap. 1.) II. Influencia del corazon sobre la cabeza. Causas y efectos. A cada paso se observa la mucha influencia que sobre nuestra conducta tienen las pasiones; y el insistir en probar esto, seria demostrar una verdad demasiado conocida. Pero no se ha reparado tanto en los efectos de las pasiones sobre el entendimiento, aun con respecto verdades que nada tienen que ver con nuestras acciones. Quizas sea este uno de los puntos mas importantes del arte de pensar, y por lo mismo lo expondr con algun detenimiento. Si nuestra alma estuviese nicamente dotada de inteligencia, si pudiese contemplar los objetos sin ser afectada por ellos, sucederia que en no alterndose dichos objetos, los veramos siempre de una misma manera. Si el ojo es el mismo, la distancia la misma, el punto de vista el mismo, la cantidad y direccion de la luz las mismas, la impresion que recibamos no podr mnos de ser siempre la misma. Pero cambiada una cualquiera de estas condiciones, cambiar la impresion; el objeto ser mas mnos grande, los colores mas mnos vivos quizas del todo diferentes; su figura sufrir considerables modificaciones, tal vez se convertir en otra nada semejante. La luna conserva siempre su misma figura, y no obstante nos presenta de continuo variedad de fases; una roca informe y desigual se nos ofrece lo ljos como una cpula que corona un soberbio edificio; y el monumento que mirado de cerca es una maravilla del arte, se divisa larga distancia como una pea irregular, desgajada, caida la aventura en las faldas del monte. Lo propio sucede con el entendimiento: los objetos son veces los mismos, y no obstante se ofrecen muy diferentes, no solo distintas personas, sino una misma; sin que para esta mudanza sea necesario mucho tiempo. Quizas un instante de intervalo es suficiente para cambiar la escena; nos hallamos ya en otra parte; se ha corrido un velo, y todo ha variado; todo ha tomado otras formas y colores; diriase que los objetos han sido tocados con la varita de un mago. Y cul es la causa? es que el corazon se ha puesto en juego, es que nosotros nos hemos mudado, y nos parece que se han mudado los objetos. As al darse la vela la embarcacion que nos lleva, el puerto y las costas huyen toda prisa; cuando en realidad nada se ha movido sino la nave. Y ntese que esta mudanza no se realiza tan solo cuando el nimo se conmueve profundamente, y puede decirse que las pasiones estan levantadas; en medio de una calma aparente sufrimos menudo esta alteracion en la manera de ver, alteracion tanto mas peligrosa, cuanto mnos se hacen sentir las causas que la producen. Se han dividido en ciertas clases las pasiones del corazon humano, pero sea que no se hayan comprendido todas en la clasificacion filosfica, sea que cada una de ellas entraa en su seno otras muchas que deben ser consideradas como sus hijas, como transformaciones de una misma, lo cierto es que quien observe con atencion la variedad y graduacion de nuestros sentimientos creer estar asistiendo las mudables ilusiones de una vision fantasmagrica. Hay momentos de calma y de tempestad, de dulzura y de acritud, de suavidad y de dureza, de valor y de cobardia, de fortaleza y de abatimiento, de entusiasmo y de desprecio, de alegra y de tristeza, de orgullo y de anonadamiento, de esperanza y de desesperacion, de paciencia y de ira, de postracion y de actividad, de expansion y de estrechez, de generosidad y de codicia, de perdon y de venganza, de indulgencia y de severidad, de placer y de malestar, de saboreo y de tedio, de gravedad y de lijereza, de elevacion y de frivolidad, de seriedad y de chiste, de.... pero adnde vamos parar, enumerando la variedad de disposiciones que experimenta nuestra alma? No es mas mudable inconstante el mar azotado por los huracanes, mecido por el zfiro, rizado con el aliento de la aurora, inmbil con el peso de una atmsfera de plomo, dorado con los rayos del sol naciente, blanqueado con la luz del astro de la noche, tachonado con las estrellas del firmamento, ceniciento como el semblante de un difunto, brillante con los fuegos del medio dia, tenebroso y negro, como la boca de una tumba. III. Eugenio. Sus transformaciones en veinte y cuatro horas. rase una hermosa maana de abril, Eugenio se habia levantado muy temprano, habia extendido maquinalmente el brazo su librera, y con el tomito en la mano, pero sin abrir, se habia asomado al balcon que daba vista una risuea campia. Qu dia mas bello! qu hora tan embelesante! El sol se levanta en el horizonte matizando las nubecillas con primorosos colores, y desplegando en todas direcciones madejas de luz, como la dorada cabellera ondeante sobre la cabeza de un nio; la tierra ostenta su riqueza y sus galas, el ruiseor gorjea y trina en la cercana arboleda, el labrador se encamina su campo, saludando al luminar del dia con cantares de dicha y de amor. Eugenio contempla aquella escena con un placer inexplicable. Su nimo tranquilo, sosegado, apacible, se presta fcilmente emociones gratas y suaves. Goza de completa salud, disfruta de pinge fortuna; los negocios de la familia andan con viento en popa, y cuantos le rodean, se esmeran en complacerle. Su corazon no est agitado por ninguna pasion violenta; anoche concili sin dificultad el sueo, que no se ha interrumpido hasta el rayar del alba; y espera que las horas se adelanten para entregarse al ordinario curso de sus tranquilas tareas. Abre por fin el libro: es una novela romntica. Un desgraciado quien el mundo no ha podido comprender, maldice la sociedad, la humanidad entera, maldice la tierra y al cielo, maldice lo pasado, lo presente y lo futuro, maldice al mismo Dios, se maldice s mismo; y cansado de mirar un sol helado y sombro, una tierra mustia y agostado, de arrastrar una existencia que pesa sobre su corazon, que le oprime, que le ahoga como los brazos del verdugo al infeliz ajusticiado, se propone dar fin sus dias. Miradle, ya est en el borde del precipicio fatal, ya est escrita en la cartera la palabra _ Dios_; ya vuelve en torno su cabeza desgreada, su semblante plido, sus ojos hundidos inflamados, sus facciones alteradas; y ntes de consumar el atentado se queda un momento en silencio, y luego reflexiona sobre la naturaleza, sobre los destinos del hombre, sobre la injusticia de la sociedad. Esto es exagerado, dice con impaciencia Eugenio; en el mundo hay mucho malo, pero no lo es todo. La virtud no est todava desterrada de la tierra; yo conozco muchas personas que sin atroz calumnia no pueden ser contadas entre los criminales. Hay injusticias, es cierto; pero la injusticia no es la regla de la sociedad; y si bien se observa, los grandes crmenes son excepciones monstruosas. La mayor parte de los actos que se cometen contra la virtud proceden de nuestra debilidad; nos daan nosotros mismos, pero no traen perjuicios otros; no aterrorizan al mundo, y los mas se consuman sin llegar su noticia. Ni es verdad que el bienestar sea tan imposible; los infortunados son muchos, pero no todo dimana de injusticia y crueldad; en la misma naturaleza de las cosas se encuentra la razon de estos males, que ademas no son ni tantos ni tan negros como se nos pintan aqu. No s qu modo de mirar los objetos tienen esos hombres; se quejan de todo, blasfeman de Dios, calumnian la humanidad entera, y cuando se elevan consideraciones filosficas, llevan el alma por una region de tinieblas, donde no encuentra mas que un caos desesperante. Cuando vuelve de semejantes excursiones, no sabe pronunciar otras palabras que _maldicion_ y _crmen_. Esto es insoportable; esto es tan falso en filosofa como feo en literatura. As discurria Eugenio, y cerraba buenamente el libro, y apartaba de su mente aquellos ttricos recuerdos, entregndose de nuevo la contemplacion de la bella naturaleza. Pasan las horas, suena la de comenzar sus tareas; y aquel dia parece el de las desgracias. Todo va mal; dirase que le han alcanzado Eugenio las maldiciones del suicida. Muy de maana corre por la casa un mal humor terrible; N ha pasado malsima noche; M se ha levantado indispuesto, y todos son mas agrios que zumo de fruta verde. A Eugenio se le pega tambien algo de la malignidad atmosfrica que le rodea; pero todava conserva alguna cosa de las apacibles emociones de la salida del sol. El dia se va encapotando, el tiempo no ser tan bueno como se prometia el espectador de la maana. Sale Eugenio sus diligencias, la lluvia comienza, el paraguas no basta para cubrir al viandante, y en una calle estrecha y atestada de lodo se encuentra Eugenio con un caballo que galopa, sin atender que los chispazos de fango de sus cascos dejan al pobre pasajero pedestre hecho una lstima de pies cabeza. Ya es preciso retroceder, volverse casa, entre irritado y mohino, no maldiciendo tan alto como el romntico, pero s haciendo no muy piadosa plegaria para el caballo y el jinete. La vida no es ya tan bella, pero todava es soportable; la filosofa se va encapotando como el tiempo, pero el sol no ha desaparecido aun. Los destinos de la humanidad no son desesperantes, pero los lances de los hombres son algo pesados. Al fin siempre seria mejor que las caras domsticas no fueran de cuaresma, que las calles estuviesen limpias, que si estaban sucias, no galopasen los caballos la inmediacion de los transeuntes. Sobre una desgracia viene otra. Reparado Eugenio del primer descalabro, vuelve sus diligencias, dirigindose casa de su amigo, quien le ha de comunicar noticias satisfactorias, con respecto un negocio de importancia. Por lo pronto es recibido con frialdad, el amigo procura eludir la conversacion sobre el punto principal, y finge ocupaciones apremiadoras que le obligan aplazar para otro dia el tratar del asunto. Eugenio se despide algo desabrido y receloso, y se devana los sesos por adivinar el misterio; pero una feliz casualidad le hace encontrar con otro amigo que le revela la trama del primero, y le avisa que no se duerma si no quiere ser vctima de la perfidia mas infame. Marcha presuroso tomar sus providencias, acude otros que puedan informarle de la verdadera situacion de las cosas, le explican la traicion, se compadecen de su desgracia, pero todos convienen en que ya es tarde. La prdida es crecida, y ademas irreparable: el prfido ha tomado sus medidas con tanta precaucion, que el desgraciado Eugenio no ha advertido la estratagema hasta que se ha visto enredado sin remedio. Acudir los tribunales es imposible, porque el negocio no lo consiente; reprochar al prfido la negrura de su accion es desahogo estril; con tomar una venganza nada se remedia y se aumentan los males del vengador. No hay mas que resignarse. Eugenio se retira su casa, entra en su gabinete, se entrega todo el dolor que consigo trae el frustrarse tantas esperanzas, y un cambio inevitable en su posicion social. El libro est todava sobre la mesa, su vista le recuerda las reflexiones de la maana; y exclama en su interior: Oh! cun miserablemente te engaabas, cuando reputabas exageracion las infernales pinturas que del mundo hacen esos hombres! No puede negarse: tienen razon: esto es horrible, desconsolador, desesperante, pero es la realidad. El hombre es un animal depravado, la sociedad es una cruel madrastra, mejor dir un verdugo que se complace en atormentarnos, que nos insulta, y se mofa de nuestras angustias, al mismo tiempo que nos cubre de ignominia, y nos da la muerte. No hay buena fe, no hay amistad, no hay gratitud, no hay generosidad, no hay virtud sobre la tierra; todo es egoismo, miras interesadas, perfidias, traicion, mentira. Para tanto padecer, porqu se nos ha dado la vida? dnde est la Providencia, dnde la justicia de Dios? dnde?.... Aqu llegaba Eugenio, y, como ven nuestros lectores, la dulce y apacible y juiciosa filosofa de la maana, se habia trocado en pensamientos satnicos, en inspiraciones de Beelzebub. Nada se habia mudado en el mundo, todo proseguia en su ordinaria carrera, y ni el hombre ni la sociedad podian decirse peores, ni entregados otros destinos, por haberle sucedido Eugenio una desgracia imprevista. Quien se ha mudado es l; sus sentimientos son otros, su corazon lleno de amargura derrama la hiel sobre el entendimiento, y este, obedeciendo las inspiraciones del dolor y de la desesperacion, se venga del mundo pintndole con los colores mas horribles. Y no se crea que Eugenio proceda de mala fe: ve las cosas tales como las expresa; as como las expresaba por la maana tales como la sazon las veia. Dejamos Eugenio, en el terrible _dnde_.... que no dudarlo hubiera abortado una blasfemia horripilante, si no se interrumpiera el monlogo con la llegada de un caballero que con libertad de amigo penetra en el gabinete sin detenerse en antesalas. --Vamos, mi querido Eugenio, ya s que te han jugado una mala partida. --Cmo ha de ser! --Es mucha perfidia. --As anda el mundo. --Lo que importa es remediarlo. --Remedio?.... es imposible ... --Muy sencillo. --Me gusta la frescura. --Todo est en aprontar mas fondos, aprovechar el correo de hoy, y ganarle por la mano. --Pero cmo los apronto? sus clculos estriban sobre la imposibilidad en que me hallo de hacerlo, y como sabia el estado de mis negocios, efecto de los desembolsos hechos hasta aqu para el maldito objeto, est bien seguro que no podr tomarle la delantera. --Y si estos fondos estuviesen ya prestos ... --No soemos ... --Pues mira, estbamos reunidos varios amigos para el negocio que t no ignoras; se nos ha referido lo que te acaba de suceder, y el desastre que iba ocasionarte. La profunda impresion que me ha producido, puedes suponerla; y habiendo pedido permiso los socios para abandonar por mi parte el proyecto, y venir ofrecerte mis recursos, todos instantneamente han seguido mi ejemplo; todos han dicho que arrostraban con gusto el riesgo de aplazar sus operaciones, y de sacrificar su ganancia hasta que t hubieses salido airoso del negocio. --Pero yo no puedo consentir.... --Djate ... --Pero, y si esos caballeros, quienes no conozco siquiera ... --T desconfianza estaba ya prevista; aprovecha el correo, yo me voy, y en esta cartera encontrars todo lo que se necesita. A Dios, mi querido Eugenio. La cartera ha caido al lado del libro fatal; Eugenio se avergenza de haber anatematizado la humanidad, sin excepciones; la hora del correo no le permite filosofar, pero siente que su filosofa toma un sesgo mnos desesperante. A la maana siguiente el sol asomar hermoso y radiante como hoy, el ruiseor cantar en el ramaje, el labrador se dirigir sus faenas, y Eugenio volver ver las cosas como las veia ntes de sus fatales aventuras. En 24 horas, que por cierto no han alterado nada ni en la naturaleza, ni en la sociedad, la filosofa de Eugenio ha recorrido un espacio inmenso, para volver como los astros, al mismo punto de donde partiera. IV. Don Marcelino. Sus cambios polticos. Don Marcelino acaba de salir de unas elecciones, en que los partidos han luchado en tremenda batalla. La fuerza muscular ha tenido tambien su voto; se han blandido puales, se han menudeado los garrotazos; la campanilla del presidente ha resonado entre el ruido de voces estentreas, y de pulmones de bronce. Don Marcelino pertenece al partido derrotado, y ha tenido que salvarse escape. Lo que es valor, ya se ve, no le faltaba; pero ha sido preciso no olvidar las consideraciones de prudencia y decoro. La desagradable impresion no se le borrar en algunos dias, y es notable que ella basta para echar perder sus ideas liberales. Desengense Vds., seores, dice con el tono de la mas profunda conviccion, esto es una farsa, un absurdo; nos hemos empeado en una barbaridad; no hay mas remedio que un brazo fuerte; el absolutismo tiene sus inconvenientes, pero del mal el mnos. El gobierno representativo; el gobierno de la razon ilustrada y de la voluntad libre, es muy hermoso en las pginas de las obras de derecho constitucional, y en los artculos de peridico; pero en la realidad no medran mas que la intriga, la inmoralidad, y sobre todo la impudencia y la audacia. Yo ya estoy desengaado, y he palpado bien aquello de: otros vendrn que me abonarn. A consecuencia de los disturbios, la autoridad militar toma una actitud imponente, declara el estado de sitio, la constitucion se suspende, los revoltosos se amedrentan, y la ciudad recobra la calma. Don Marcelino puede entregarse sin recelo sus paseos ordinarios; reina la mayor seguridad de dia como de noche; y as el cuitado elector va olvidando la escena de los campanillazos, gritos, garrotes y puales. Ocrresele entre tanto hacer un viaje, y necesita su pasaporte. A la entrada de la casa de la policia hay numerosa guardia de tropa: Don Marcelino se va entrar por la primera puerta que se ofrece, y el granadero le dice: _Atras._ Encaminase la otra, y el centinela le grita en alta y destemplada voz: _Paisano, la capa._ Qutase el embozo, prosigue algo mohino, y los esbirros, que se resienten de la rigidez gubernativa, le dicen en ademan descortes: no vaya V. tan aprisa; aguarde V. su turno. Llegado la mesa, el oficial le dirige mil preguntas investigadoras, le mira de pies cabeza, como si sospechase que el pobre D. Marcelino es uno de los jefes del motin del otro dia. Al fin le entrega el pasaporte con ademan desdeoso, baja la cabeza, y no se digna devolver el saludo que el viajero le dirige con afabilidad y cortesa. El paciente se marcha muy disgustado, pero no piensa que aquella escena haya debido modificar sus opiniones polticas. Renese con sus amigos, la conversacion gira sobre las ltimas ocurrencias, y se eleva poco poco hasta la region de las teorias de gobierno. Don Marcelino ya no ser absolutista del otro dia. Qu escndalo, dice uno de los circunstantes, yo no puedo recordarlo sin detestar esas trampas!--Ciertamente, responde D. Marcelino, pero en todo hay inconvenientes; mire V., el absolutismo proporciona quietud, pero qu s yo? tambien tiene sus cosas. A los hombres no conviene gobernarlos con palo; y al fin es necesario no olvidar la dignidad propia.--Pero la olvidan por ventura los que viven bajo un gobierno absoluto?--Yo no digo eso, pero s que es prciso no precipitarse en condenar las formas representativas; porque no puede negarse que las absolutas tienen cierta rigidez, de que se resienten hasta las ltimas ruedas del gobierno. El lector conocer que D. Marcelino, sin advertirlo siquiera, piensa en la escena del pasaporte; el rudo _atras_ del granadero, el grito del centinela, _paisano, la capa_, la descortesia de los esbirros y del oficial, han bastado para introducir en sus ideas polticas una reforma de alguna consideracion. Desgraciadamente el oficial de la polica habia llevado muy ljos sus sospechas. Librado el pasaporte, no pudo mnos de indicar su principal que se le habia presentado un sugeto, de quien recelaba, segun las seas, no fuese uno de los que buscaba la autoridad. Sin saber cmo, en el acto de subir D. Marcelino la diligencia es detenido, conducido la crcel, y all se le fuerza pasar algunos dias, sin que basten libertarle las vehementes presunciones que en su favor ofrecen, un traje muy decente y cmodo, un cuerpo bien nutrido, y un semblante pacato. No se necesitaba mas para que acabasen de desplomarse con estrpito sus convicciones absolutistas, ya algo desmoronadas con el negocio del pasaporte. Lo brusco de la captura, lo incmodo de la crcel, lo pesado y quisquilloso y ofensivo de los interrogatorios, bastan y sobran para que salga D. Marcelino de la prision con su liberalismo rejuvenecido, con su aficion la tabla de derechos, con su odio la arbitrariedad, con su aversion al gobierno militar, con su vehemente deseo de que la seguridad personal y demas garantas constitucionales sean una verdad. Su fe poltica es en la actualidad muy viva; en cuanto firmeza, aguardad que vengan otras elecciones, que un dia de ruido le asusten las carreras y los gritos de la calle. Ser dificil que las nuevas convicciones resistan tan dura prueba. V. Anselmo. Sus variaciones sobre la pena de muerte. Anselmo, jven aficionado al estudio de las altas cuestiones de legislacion, acaba de leer un elocuente discurso en contra de la pena de muerte. Lo irreparable de la condenacion del inocente, lo repugnante y horroroso del suplicio, aun cuando lo sufra el verdadero culpable, la inutilidad de tal castigo para extirpar ni disminuir el crmen, todo est pintado con vivos colores, con pinceladas magnficas; todo realzado con descripciones patticas, con ancdotas que hacen estremecer. El jven se halla profundamente conmovido, imagnase que medita, y no hace mas que _sentir_; cree ser un filsofo que juzga, cuando no es mas que un hombre que se _compadece_. En su concepto la pena de muerte es intil; y aun cuando no fuera injusta, es bastante la inutilidad para hacer su aplicacion altamente criminal. Este es un punto en que la sociedad debe reflexionar seriamente para libertarse de esa costumbre cruel que le han legado generaciones mnos ilustradas. Las convicciones del nuevo adepto nada dejan que desear; en ellas se combinan razones sociales y humanitarias; al parecer, nada fuera capaz de conmoverlas. El jven filsofo habla sobre el particular con un magistrado de profundo saber y dilatada experiencia, quien opina que la abolicion de la pena de muerte es una ilusion irrealizable. Desenvuelve en primer lugar los principios de justicia en que se funda, pinta con vivos colores las fatales consecuencias que resultarian de semejante paso, retrata los hombres desalmados, burlndose de toda otra pena que no sea el ltimo suplicio, recuerda las obligaciones de la sociedad en la proteccion del dbil y del inocente, refiere algunos casos desastrosos en que resaltan la crueldad del malvado y los padecimientos de la vctima; el corazon del jven ya experimenta impresiones nuevas; una santa indignacion levanta su pecho, el celo de la justicia le inflama; su alma sensible se identifica y eleva con la del magistrado; se enorgullece de saber dominar los sentimientos de injusta compasion, de sacrificarlos en las aras de los grandes intereses de la humanidad; imaginndose ya sentado en un tribunal revestido con la toga de un magistrado, parece que el corazon le dice: s, tambien sabrias ser justo; tambien sabrias vencerte t mismo; tambien sabrias, si necesario fuese, obedecer los impulsos de tu conciencia, y con la mano en el corazon, y la vista en Dios, pronunciar la sentencia fatal en obsequio de la justicia. VI. Algunas observaciones para precaverse del mal influjo del corazon. Nada mas importante para pensar bien que el penetrarse de las alteraciones que produce en nuestro modo de ver, la disposicion de nimo en que nos hallamos. Y aqu se encuentra la razon de que nos sea tan difcil sobreponernos nuestra poca, nuestras circunstancias peculiares, las preocupaciones de la educacion, al influjo de nuestros intereses; de aqu procede que se nos haga tan duro el obrar y hasta el pensar conforme las prescripciones de la ley eterna, el comprender lo que se eleva sobre la region del mundo material, el posponer lo presente lo futuro. Lo que est delante de nuestros ojos, lo que nos afecta en la actualidad, h aqu lo que comunmente decide de nuestros actos y aun de nuestras opiniones. Quien desea pensar bien, es preciso que se acostumbre estar mucho sobre s, recordando continuamente esta importantsima verdad; es necesario que se habite concentrarse, preguntarse con mucha frecuencia: tienes el nimo bastante tranquilo? no ests agitado por alguna pasion que te presenta las cosas diferentes de lo que son en s? ests poseido de algun afecto secreto que sin sacudir con violencia tu corazon le domina suavemente, por medio de una fascinacion que no adviertes? En lo que ahora piensas, juzgas, preves, conjeturas, obras quizas bajo el imperio de alguna impresion reciente, que trastornando tus ideas, te muestra trastornados los objetos? pocos dias, pocos momentos ntes, pensabas de esta manera? Desde aundo has modificado tus opiniones? No es desde que un suceso agradable desagradable, favorable adverso, han cambiado tu situacion? Te has ilustrado mas sobre la materia, has adquirido nuevos datos, tienes tan solo nuevos intereses? Qu es lo que ha sobrevenido, razones deseos? Ahora que ests agitado por una pasion, seoreado por tus afectos, juzgas de esta manera, y tu juicio te parece acertado; pero si con la imaginacion te trasladas una situacion diferente, si supones que ha trascurrido algun tiempo, conjeturas si las cosas se te presentarn bajo el mismo aspecto, con el mismo color? No se crea que esta prctica sea imposible; cada cual puede probarlo por experiencia propia, y echar de ver que le sirve admirablemente para dirigir el entendimiento y arreglar la conducta. No llega por lo comun tan alto grado la exaltacion de nuestros afectos, que nos prive completamente del uso de la razon; para semejantes casos no hay nada que prescribir; porque entnces hay la enajenacion mental, sea duradera momentnea. Lo que hacen ordinariamente las pasiones es ofuscar nuestro entendimiento, torcer el juicio; pero no cegar del todo aquel, ni destituirnos de este. Queda siempre en el fondo del alma una luz que se amortigua, mas no se apaga; y el que brille mas mnos en las ocasiones criticas, depende en buena parte del hbito de atender ella, de reflexionar sobre nuestra situacion, de saber dudar de nuestra aptitud para pensar bien en el acto, de no tomar los chispazos de nuestro corazon por luz suficiente para guiarnos, y de considerar que no son propios sino para deslumbrarnos. VII. El amigo convertido en monstruo. Que las pasiones nos ciegan es una verdad tan trivial, que nadie la desconoce. Lo que nos falta no es el principio abstracto y vago, sino una advertencia continuada de sus efectos, un conocimiento prctico, minucioso, de los trastornos que esta maligna influencia produce en nuestro entendimiento; lo que no se adquiere sin penoso trabajo, sin dilatado ejercicio. Los ejemplos aducidos mas arriba manifiestan bastante la verdad cuya exposicion me ocupa; no obstante creo que no ser intil aclararla con algunos otros. Tenemos un amigo cuyas bellas cualidades nos encantan, cuyo mrito nos apresuramos encomiar siempre que la ocasion se nos brinda, y de cuyo afecto hcia nosotros no podemos dudar. Niganos un dia un favor que le pedimos, no se interesa bastante por la persona que le recomendamos, recbenos alguna vez con frialdad, nos responde con tono desabrido, nos da otro cualquier motivo de resentimiento. Desde aquel instante experimentamos un cambio notable en la opinion sobre nuestro amigo; tal vez una revolucion completa. Ni su talento es tan claro, ni su voluntad tan recta, ni su ndole tan suave, ni su corazon tan bueno, ni su trato tan dulce, ni su presencia tan afable; en todo hallamos que corregir, que enmendar; en todo nos habamos equivocado; el lance que nos afecta ha descorrido el velo, nos ha sacado de la ilusion; y fortuna si el hombre modelo no se ha trocado de repente en un monstruo. Es probable que fuera tanto nuestro engao? No: lo es s que nuestro afecto anterior no nos dejaba ver sus lunares; y que nuestro actual resentimiento los exagera los finge. Por ventura no creamos posible que el amigo pudiese negarse prestar un favor, se portase mal en un negocio, en un momento de mal humor se olvidase de su ordinaria afabilidad y cortesa? Ciertamente que esto no era imposible nuestros ojos; si se nos hubiese preguntado sobre el particular, hubiramos respondido que era hombre, y por lo mismo estaba sujeto flaquezas, pero que esto nada rebajaba de sus excelentes prendas. Pues ahora, porqu tanta exageracion? El motivo est patente; nos sentimos heridos; y quien piensa, quien juzga, no es el entendimiento ilustrado con nuevos datos, sino el corazon irritado, exasperado, quizas sediento de venganza. Queremos apreciar lo que vale nuestro nuevo juicio? h aqu un medio muy sencillo. Imaginmonos que el lance desagradable no ha pasado con nosotros, sino con una persona que nos sea indiferente; aun cuando las circunstancias sean las mismas, aun cuando las relaciones entre el amigo ofensor y la persona ofendida, sean tan afectuosas y estrechas como las que mediaban entre l y nosotros, sacaremos del hecho las mismas consecuencias? Es seguro que no: conoceremos que ha obrado mal, se lo diremos quizas con libertad y entereza, habremos tal vez descubierto una mala cualidad de su ndole, que se nos habia ocultado; pero no dejaremos por esto de reconocer las demas prendas que le adornan, no le juzgaremos indigno de nuestro aprecio, proseguiremos ligados con l con los mismos vnculos de amistad. Ya no ser un hombre que nada tiene laudable; sino una persona que dotada de mucho bueno, est sujeta lo malo. Y estas variaciones de juicio sucedern aun suponiendo al amigo culpable en realidad, aun olvidando el ser muy fcil que nuestra pasion interes nos hayan cegado lastimosamente, haciendo que no atendisemos los gravsimos y justos motivos que le habrn impulsado obrar de la manera que nosotros reprendemos, hacindonos prescindir de antecedentes que conocamos muy bien, de la conducta que nosotros hemos observado, y en fin trastornando de tal manera nuestro juicio que un proceder muy justo y razonable nos haya parecido el colmo de la injusticia, de la perfidia, de la ingratitud. Cuntas veces nos bastaria para rectificar nuestro juicio, el mirar la cosa con nimo sosegado, como negocio que no nos interesara! VIII. Cavilosas variaciones de los juicios polticos. Estan en el poder nuestros amigos polticos aquellos que mas nos convienen, y dan algunas providencias contrarias la ley? Las circunstancias, decimos, pueden mas que los hombres y las leyes; el gobierno no siempre puede ajustarse estricta legalidad: veces lo mas legal es lo mas ilegtimo; y ademas, as los individuos como los pueblos, como los gobiernos, tienen un instinto de conservacion que se sobrepone todo; una necesidad, cuya presencia ceden todas las consideraciones y todos los derechos. La infraccion de la ley se ha hecho con lisura, confesndola sin rodeos, y excusndose con la necesidad? Bien hecho, decimos; la franqueza es una de las mejores prendas de todo gobierno; de qu sirve engaar los pueblos, y empearse en gobernar con ficciones y mentiras? Se ha procurado no quebrantar la ley? pero se la ha eludido con una cavilacion ftil, interpretndola en sentido abiertamente contrario la mente del legislador? La ocurrencia ha sido feliz, decimos, al mnos se muestra tan profundo respeto la ley, que no se le desmiente ni en la ltima extremidad. La legalidad es cosa sagrada, contra la cual es preciso no atentar nunca; no hace poco el gobierno que no pudiendo salvar el fondo, deja intactas las formas. Si algo hay de arbitrariedad, al mnos no se presenta con la irritante frula del despotismo. Esto es precioso para la libertad de los pueblos. Los hombres del poder son nuestros adversarios? El asunto es muy diferente. La ilegalidad no era necesaria; y ademas, aun cuando lo fuese, la ley es ntes que todo. Adnde vamos parar, si se concede los gobiernos la facultad de quebrantarla, cuando lo juzguen necesario? Esto equivale autorizar el despotismo; ningun gobernante infringe las leyes, sin decir que la infraccion est justificada por necesidad urgente indeclinable. El gobierno ha confesado abiertamente la infraccion de la ley? Esto es intolereble, exclamamos: esto es aadir la infraccion el insulto; siquiera se hubiese echado mano de algun lijero disfraz ... es el ltimo extremo de la impudencia, es la ostentacion de la arbitrariedad mas repugnante. Est visto, en adelante no ser menester andarse en rodeos; no hiciera mas el autcrata de las Rusias. El gobierno ha procurado salvar las formas, guardando cierta apariencia de legalidad? No hay peor despotismo, exclamamos, que el ejercido en nombre de la ley; la infraccion no es mnos negra, por andar acompaada de prfida hipocresa. Cuando un gobierno en casos apurados quebranta la ley, y lo confiesa paladinamente, parece que con su confesion pide perdon al pblico, y le da una garanta de que el exceso no ser repetido; pero el cometer las ilegalidades la sombra de la misma ley, es profanarla torpemente, es abusar de la buena fe de los pueblos, es abrir la puerta todo linaje de desmanes. En no respetando la mente de la ley, todo se puede hacer con la ley en la mano; basta asirse de una palabra ambigua, para contrariar abiertamente todas las miras del legislador. IX. Peligros de la mucha sensibilidad. Los grandes talentos. Los poetas. Hay errores de tanto bulto, hay juicios que llevan tan manifiesto el sello de la pasion, que no alucinan quien no est cegado por ella. No est la principal dificultad en semejantes casos; sino en aquellos en que, por presentarse mas disfrazado, no se conoce el motivo que habr falseado el juicio. Desgraciadamente, los hombres de elevado talento adolecen muy menudo del defecto que estamos censurando. Dotados por lo comun de una sensibilidad exquisita, reciben impresiones muy vivas, que ejercen grande influencia sobre el curso de sus ideas y deciden de sus opiniones. Su entendimiento penetrante encuentra fcilmente razones en apoyo de lo que se propone defender, y sus palabras y escritos arrastran los demas con ascendiente fascinador. Esta ser sin duda la causa de la volubilidad que se nota en hombres de genio reconocido; hoy ensalzan lo que maana maldicen; hoy es para ellos un dogma inconcuso, lo que maana es miserable preocupacion. En una misma obra se contradicen tal vez de una manera chocante, y os conducen consecuencias que jamas hubierais sospechado fueran conciliables con sus principios. Os equivocariais si siempre achacaseis mala fe estas singulares anomalas: el autor habr sostenido el s y el no con profunda conviccion; porque sin que l lo advirtiese, esta conviccion solo dimanaba de un sentimiento vivo, exaltado; cuando su entendimiento se explayaba con pensamientos admirables por su belleza y brillantez, no era mas que un esclavo del corazon; pero esclavo hbil, ingenioso, que correspondia los caprichos de su dueo ofrecindole exquisitas labores. Los poetas, los verdaderos poetas, es decir, aquellos hombres quienes ha otorgado el Criador elevada concepcion, fantasa creadora y corazon de fuego, estan mas expuestos que los demas dejarse llevar por las impresiones del momento. No les negar la facultad de levantarse las mas altas regiones del pensamiento, ni dir que les sea imposible moderar el vuelo de su ingenio y adquirir el hbito de juzgar con acierto y tino; pero no dudarlo, habrn menester mas caudal de reflexion y mayor fuerza de carcter, que el comun de los hombres. X. El poeta y el monasterio. Un viajero poeta atravesando una soledad oye el taido de una campana, que le distrae de las meditaciones en que estaba embelesado. En su alma no se alberga la fe, pero no es inaccesible las inspiraciones religiosas. Aquel sonido piadoso en el corazon del desierto, cambia de repente la disposicion de su espritu, y le lleva saborearse en una melancola grave y severa. Bien pronto descubre la silenciosa mansion donde buscan asilo, ljos del mundo, la inocencia y el arrepentimiento. Llega, apase, llama, con una mezcla de respeto y de curiosidad; y al pisar los umbrales del monasterio se encuentra con un venerable anciano, de semblante sereno, de trato cortes y afable. El viajero es obsequiado con afectuosa cordialidad, es conducido la iglesia, los claustros, la biblioteca, todos los lugares donde hay algo que admirar notar. El anciano monje no se aparta de su lado, sostiene la conversacion con discernimiento y buen gusto, se muestra tolerante con las opiniones del recien venido, se presta cuanto puede complacerle, y no se separa de l, sino cuando suena la hora del cumplimiento de sus deberes. El corazon del viajero est dulcemente conmovido: el silencio interrumpido tan solo por el canto de los salmos; la muchedumbre de objetos religiosos que inspiran recogimiento y piedad, unidos las estimables cualidades y la bondad y condescendencia del anciano cenobita, inspiran al corazon del viajero sentimientos de religion, de admiracion y gratitud, que seorean vivamente su alma. Despidindose de su venerable husped, se aleja meditabundo, llevndose aquellos gratos recuerdos que no olvidar en mucho tiempo. Si en semejante situacion de espritu, le place nuestro poeta intercalar en sus relaciones de viaje algunas reflexiones sobre los institutos religiosos, qu os parece que dir? Es bien claro. Para l, la institucion estar en aquel monasterio, y el monasterio estar personificado en el monje cuya memoria le embelesa. Contad pues con un elocuente trozo en favor de los institutos religiosos, un anatema contra los filsofos que los condenan, una imprecacion contra las revoluciones que los destruyen, una lgrima de dolor sobre las ruinas y las tumbas. Pero ay del monasterio, y de todos los institutos monsticos, si el viajero se hubiese encontrado con un husped de mal talante, de conversacion seca y desabrida, poco aficionado bellezas literarias y artsticas, y de humor nada bueno para acompaar curiosos! A los ojos del poeta, el monje desagradable habria sido la personificacion del instituto; y en castigo del mal recibimiento, hubiera sido condenado este gnero de vida, y acusado de abatir el espritu, estrechar el corazon, apartar del trato de los hombres, formar modales speros y groseros, y acarrear innumerables males sin producir ningun bien. Y sin embargo, la realidad de los casos habria permanecido la misma en uno y otro supuesto: mediando solo la casualidad que deparara al viajero acogida mas mnos halagea. XI. Necesidad de tener ideas fijas. Las reflexiones que preceden, muestran la necesidad de tener ideas fijas y opiniones formadas sobre las principales materias; y cuando esto no sea dable, lo mucho que importa el abstenerse de improvisarlas, abandonndonos inspiraciones repentinas. Se ha dicho que los grandes pensamientos nacen del corazon, y pudiera haberse aadido, que del corazon nacen tambien los grandes errores. Si la experiencia no lo hiciese palpable, la razon bastaria demostrarlo. El corazon no piensa ni juzga, no hace mas que sentir; pero el sentimiento es un poderoso resorte que mueve el alma, y desplega y multiplica sus facultades. Cuando el entendimiento va por el camino de la verdad y del bien, los sentimientos nobles y puros contribuyen darle fuerza y brio; pero los sentimientos ignobles, depravados, pueden extraviar al entendimiento mas recto. Hasta los sentimientos buenos, si se exaltan en demasa, son capaces de conducirnos errores deplorables. XII. Deberes de la oratoria, de la poesa, y de las bellas artes. Nacen de aqu consideraciones muy graves sobre el buen uso de la oratoria, y en general de todas las artes que llegan al entendimiento por conducto del corazon, al mnos se valen de l como de un auxiliar poderoso. La pintura, la escultura, la msica, la poesa, la literatura en todas sus partes, tienen deberes muy severos, que olvidan con demasiada frecuencia. La verdad y la virtud, h aqu los dos objetos que se han de dirigir: la verdad para el entendimiento, la virtud para el corazon; h aqu lo que han de proporcionar al hombre por medio de las impresiones con que le embelesan. En desvindose de este blanco, en limitndose la simple produccion del placer, son estriles para el bien, y fecundas para el mal. El artista que solo se propone halagar las pasiones, corrompiendo las costumbres, es un hombre que abusa de sus talentos y olvida la mision sublime que le ha encomendado el Criador, al dotarle de facultades privilegiadas que le aseguran ascendiente sobre sus semejantes; el orador que sirvindose de las galas de la diccion, y de su habilidad para mover los afectos y hechizar la fantasa, procura hacer adoptar opiniones erradas, es un verdadero impostor no mnos culpable que quien emplea medios, quizas mas repugnantes, pero mucho mnos peligrosos. No es lcito persuadir cuando no es lcito convencer; cuando la conviccion es un engao, la persuasion es una perfidia. Esta doctrina es severa, pero indudable; los dictmenes de la razon no pueden mnos de ser severos, cuando se ajustan las prescripciones de la ley eterna, que es severa tambien porque es justa inmutable. Inferiremos de lo dicho, que los escritores oradores dotados de grandes cualidades para interesar y seducir, son una verdadera calamidad pblica, cuando las emplean en defensa del error. Qu importa el brillo, si solo sirve deslumbrar y perder? Las naciones modernas han olvidado estas verdades, al resucitar entre ellas la elocuencia popular que tanto da las antiguas repblicas; en las asambleas deliberantes donde se ventilan los altos negocios del estado, donde se falla sobre los grandes intereses de la sociedad, no debiera resonar otra voz que la de una razon clara, sesuda, austera. La verdad es la misma, la realidad de las cosas no se muda, porque se haya excitado el entusiasmo de la asamblea y de los espectadores, y se haya decidido una votacion con los acentos de un orador fogoso. Es no verdad lo que se sustenta, es no til lo que se propone, h aqu lo nico que se ha de atender; lo demas es extraviarse miserablemente, es olvidarse del fin de la deliberacion, es jugar con los grandes intereses de la sociedad, es sacrificarlos al pueril prurito de ostentar dotes oratorias, la mezquina vanidad de arrancar aplausos. Ya se ha observado que todas las asambleas, y muy particularmente en el principio de las revoluciones, adolecen de espritu de invasion, y se distinguen por sus resoluciones desatinadas. La sesion comienza tal vez con felices auspicios, pero de repente toma un sesgo peligroso; los nimos se conmueven, la mente se ofusca, la exaltacion sube de punto, llega rayar en frenes; y una reunion de hombres que por separado habrian sido razonables, se convierten en una turba de insensatos y delirantes. La causa es obvia; la impresion del momento es viva; prepondera sobre todo, lo seorea todo con la simpata natural al hombre, se propaga como un flido elctrico, y corriendo adquiere velocidad y fuerza; lo que al principio era una chispa, es pocos momentos una conflagracion espantosa. El tiempo, los desengaos y escarmientos amaestran algun tanto las naciones, haciendo que se vaya embotando la sensibilidad, y no sea tan peligrosa la fascinacion oratoria: triste remedio para el mal, la repeticion de sus daos. Como quiera, ya que no es posible cambiar el corazon de los hombres, sern dignos de gloria y prez los oradores esclarecidos, que emplean en defensa de la verdad y de la justicia las mismas armas que otros usan en pro del error y del crmen. Al lado del veneno la Providencia suele colocar el antdoto. XIII. Ilusion causada por los pensamientos revestidos de imgenes. A mas del peligro de errar que consigo trae la mocion de los afectos, hay otro tal vez mnos reparado, y que sin embargo es de mucha trascendencia, cual es el de los pensamientos revestidos con una imgen brillante. Es indecible el efecto que este artificio produce; tal pensamiento no mas que superficial, pasa por profundo, merced su disfraz grave y filosfico; tal otro que presentado desnudo fuera una vulgaridad, mostrndose con nobles atavos oculta su orgen plebeyo; y una proposicion que enunciada con sequedad mostraria de bulto que es inexacta falsa, quizas un solemne despropsito, es contada entre las verdades que no consienten duda, si anda cubierta con ingenioso velo. He dicho que los daos en este punto son de mucha trascendencia, porque suelen adolecer de semejante defecto los autores profundos y sentenciosos; y como quiera que sus palabras se escuchan con tanto mas respeto y acatamiento, cuanto es mas fuerte el tono de conviccion con que se expresan, resulta que el lector incauto recibe como axioma inconcuso, mxima de eterna verdad, lo que veces no es mas que un sueo del pensador, un lazo tendido adrede la buena fe de los poco avisados[19]. CAPTULO XX. FILOSOFA DE LA HISTORIA. I. En qu consiste la filosofa de la historia. Dificultad de adquirirla. No trato aqu de la historia bajo el aspecto crtico, sino nicamente bajo el filsofo. Lo relativo la simple investigacion de los hechos est explicado en el cap. XI. Cul es el mtodo mas propsito para comprender el espritu de una poca, formarse ideas claras y exactas sobre su carcter, penetrar las causas de los acontecimientos, y sealar cada cual sus propios resultados? Esto equivale preguntar cul es el mtodo conveniente para adquirir la verdadera filosofa de la historia. Ser con la eleccion de los buenos autores? pero cules son los buenos? quin nos asegura que no los ha guiado la pasion? quin sale fiador de su imparcialidad? cuntos son los que han escrito la historia del modo que se necesita para ensearnos la filosofa que le corresponde? Batallas, negociaciones, intrigas palaciegas, vidas y muertes de principes, cambios de dinastas, de formas polticas, esto se reducen la mayor parte de las historias; nada que nos pinte al individuo con sus ideas, sus afectos, sus necesidades, sus gustos, sus caprichos, sus costumbres; nada que nos haga asistir la vida ntima de las familias y de los pueblos; nada que en el estudio de la historia nos haga comprender la marcha de la humanidad. Siempre en la poltica, es decir, en la superficie; siempre en lo abultado y ruidoso, nunca en las entraas de la sociedad, en la naturaleza de las cosas, en aquellos sucesos que por recnditos y de poca apariencia, no dejan de ser de la mayor importancia. En la actualidad se conoce ya este vaco, y se trabaja por llenarle. No se escribe la historia sin que se procure filosofar sobre ella. Esto que en s es muy bueno, tiene otro inconveniente, cual es, que en lugar de la verdadera filosofa de la historia se nos propina con frecuencia la filosofa del historiador. Mas vale no filosofar que filosofar mal; si queriendo profundizar la historia la trastorno, preferible seria que me atuviese al sistema de nombres y fechas. II. Se indica un medio para adelantar en la filosofa de la historia. Preciso es leer las historias, y falta de otras, debe uno atenerse las que existen; sin embargo yo me inclino que este estudio no basta para aprender la filosofa de la historia. Hay otro mas propsito, y que hecho con discernimiento, es de un efecto seguro: el estudio inmediato de los monumentos de la poca. Digo _inmediato_, esto es, que conviene no atenerse lo que nos dice de ellos el historiador, sino verlos con los propios ojos. Pero este trabajo, se me dir, es muy pesado, para muchos imposible, difcil para todos. No niego la fuerza de esta observacion; pero sostengo que en muchos casos, el mtodo que propongo ahorra tiempo y fatigas. La vista de un edificio, la lectura de un documento, un hecho, una palabra al parecer insignificantes y en que no ha reparado el historiador, nos dicen mucho mas y mas claro, y mas verdadero y exacto, que todas sus narraciones. Un historiador se propone retratarme la sencillez de las costumbres patriarcales; recoge abundantes noticias sobre los tiempos mas remotos, y agota el caudal de su erudicion, filosofa y elocuencia, para hacerme comprender lo que eran aquellos tiempos y aquellos hombres, y ofrecerme lo que se llama una descripcion completa. A pesar de cuanto me dice, yo encuentro otro medio mas sencillo, cual es el asistir las escenas donde se me presenta en movimiento y vida lo que trato de conocer. Abro los escritores de aquellas pocas, que no son ni en tanto nmero, ni tan voluminosos, y all encuentro retratos fieles que ensean y deleitan. La Biblia y Homero nada me dejan que desear. III. Aplicacion la historia del espritu humano. La inteligencia humana tiene su historia, como la tienen los sucesos exteriores; historia tanto mas preciosa, cuanto nos retrata lo mas ntimo del hombre, y lo que ejerce sobre l poderosa influencia. Hllanse cada paso descripciones de escuelas, y del carcter y tendencia del pensamiento en esta aquella poca; es decir que son muchos los historiadores del entendimiento; pero si se desea saber algo mas que cuatro generalidades, siempre inexactas, y menudo totalmente falsas, es preciso aplicar la regla establecida: leer los autores de la poca que se desea conocer. Y no se crea que es absolutamente necesario revolverlos todos, y que as este mtodo se haga impracticable para el mayor nmero de los lectores; una sola pgina de un escritor nos pinta mas al vivo su espritu y su poca que cuanto podrian decirnos los mas minuciosos historiadores. IV. Ejemplo sacado de las fisonomas, que aclara lo dicho sobre el modo de adelantar en la filosofa de la historia. Si el lector se contenta con lo que le dicen los otros, y no trata de examinarlo por s mismo, lograr tal vez un conocimiento _histrico_, pero no _intuitivo_: _sabr_ lo que son los hombres y las cosas, pero no lo _ver_: dar razon de la cosa, pero no ser capaz de pintarla. Una comparacion aclarar mi pensamiento. Supongamos que se me habla de un sugeto importante que no puedo tratar ni ver, y curioso yo de saber algo de su figura y modales, pregunto los que le conocen personalmente. Me dirn, por ejemplo, que es de estatura mas que mediana, de espaciosa y despejada frente, cabello negro y caido con cierto desrden, ojos grandes, mirada viva y penetrante, color plido, facciones animadas y expresivas; que en sus labios asoma con frecuencia la sonrisa de la amabilidad, y que de vez en cuando anuncia algo de maligno; que su palabra es mesurada y grave, pero que con el calor de la conversacion se hace rpida, incisiva y hasta fogosa; y as me irn ofreciendo un conjunto fsico y moral para darme la idea mas aproximada posible; si supongo que estas y otras noticias son exactas, que se me ha descrito con toda fidelidad el original, tengo una idea de lo que es la persona que llamaba mi curiosidad, y podr dar cuenta de ella quien como yo estuviese deseoso de conocerla. Pero es esto bastante para formar un concepto cabal de la misma, para que se me presente la imaginacion tal como es en s? Ciertamente que no. Quereis una prueba? Suponed que el que ha oido la relacion es un retratista de mucho mrito; ser capaz de retratar la persona descrita? Que lo intente, y concluida la obra, presntese de improviso el original, es bien seguro que no se le conocer por la copia. Todos habremos experimentado por nosotros mismos esta verdad: cien y cien veces habremos oido explicar la fisonoma de una persona; nuestro modo nos hemos formado en la imaginacion una figura en la cual hemos procurado reunir las cualidades oidas; pues bien, cuando se presenta la persona, encontramos tanta diferencia que nos es preciso retocar mucho el trabajo, si no destruirle totalmente. Y es que hay cosas de que es imposible formarse idea clara y exacta sin tenerlas delante; y las hay en gran nmero, y sumamente delicadas, imperceptibles por separado y cuyo conjunto forma lo que llamamos la fisonoma. Cmo explicaris la diferencia de dos personas muy semejantes? No de otra manera que vindolas: se parecen en todo, no sabriais decir en qu discrepan; pero hay alguna cosa que no las deja confundir: la primera ojeada lo percibs, sin atinar lo que es. H aqu todo mi pensamiento. En las obras crticas se nos ofrecen extensas y tal vez exactas descripciones del estado del entendimiento en tal cual poca; y pesar de todo no la conocemos aun: si se nos presentasen trozos de escritores de tiempos diferentes, no acertaramos clasificarlos cual conviene; nos fatigaramos en recordar las cualidades de unos y otros, pero esto no nos evitaria el caer en equivocaciones groseras, en disparatados anacronismos. Con mucho mnos trabajo saliramos airosos del empeo si hubisemos leido los autores de que se trata: quizas no disertaramos con tanto aparato de erudicion y crtica; pero juzgaramos con harto mas acierto. El giro del pensamiento, diramos, el estilo, el lenguaje revelan un escritor de tal poca; este trozo es apcrifo, aqu se descubre la mano de tal otro tiempo; y as andaramos clasificando sin temor de equivocarnos, por mas que no pudisemos hacernos comprender bien de aquellos que como nosotros, no conociesen de vista aquellos personajes. Si entnces se nos dijera: y tal cualidad, cmo es que no se encuentra aqu? porqu tal otra se halla en mayor grado? porqu?... Imposible ser, replicaramos quizas nosotros, satisfacer todos los escrpulos de V.; lo que puedo asegurar es, que los personajes que figuran aqu los tengo bien conocidos; y que no puedo equivocarme sobre los rasgos de su fisonoma, porque los he visto muchas veces. CAPTULO XXI. RELIGION. I. Insensato discurrir de los indiferentes en materias de religion. Impropio fuera de este lugar, un tratado de religion, pero no lo sern algunas reflexiones para dirigir el pensamiento en esta importantsima materia. De ellas resultar que los indiferentes incrdulos son psimos pensadores. La vida es breve, la muerte cierta: de aqu pocos aos el hombre que disfruta de la salud mas robusta y lozana, habr descendido al sepulcro, y sabr por experiencia lo que hay de verdad en lo que dice la religion sobre los destinos de la otra vida. Si no creo, mi incredulidad, mis dudas, mis invectivas, mis stiras, mi indiferencia, mi orgullo insensato, no destruyen la realidad de los hechos: si existe otro mundo donde se reservan premios al bueno, y castigos al malo, no dejar ciertamente de existir porque m me plazca el negarlo; y ademas esta caprichosa negativa no mejorar el destino que segun las leyes eternas me haya de caber. Cuando suene la ltima hora, ser preciso morir, y encontrarme con la nada con la eternidad. Este negocio es exclusivamente mio, tan mio, como si yo existiera solo en el mundo: nadie morir por m; nadie se pondr en mi lugar en la otra vida, privndome del bien, librndome del mal. Estas consideraciones me muestran con toda evidencia, la alta importancia de la religion; la necesidad que tengo de saber lo que hay de verdad en ella; y que si digo, sea lo que fuere de la religion, no quiero pensar en ella, hablo como el mas insensato de los hombres. Un viajero encuentra en su camino un rio caudaloso; le es preciso atravesarle, ignora si hay algun peligro en este aquel vado, y est oyendo que muchos que se hallan como l la orilla, ponderan la profundidad del agua en determinados lugares, y la imposibilidad de salvarse el temerario que tantearlos se atreviese. El insensato dice: qu me importan m esas cuestiones? y se arroja al rio sin mirar por dnde. H aqu al indiferente en materias de religion. II. El indiferente y el gnero humano. La humanidad entera se ha ocupado y se est ocupando de la religion; los legisladores la han mirado como el objeto de la mas alta importancia; los sabios la han tomado por materia de sus mas profundas meditaciones; los monumentos, los cdigos, los escritos de las pocas que nos han precedido, nos muestran de bulto este hecho, que la experiencia cuida de confirmar; se ha discurrido y disputado inmensamente sobre la religion; las bibliotecas estan atestadas de obras relativas ella; y hasta en nuestros dias la prensa va dando otras luz en nmero muy crecido: cuando pues viene el indiferente y dice: todo esto no merece la pena de ser examinado; yo juzgo sin oir, estos sabios son todos unos mentecatos, estos legisladores unos necios, la humanidad entera es una miserable ilusa, todos pierden lastimosamente el tiempo en cuestiones que nada importan; no es digno de que esa humanidad, y esos sabios, y esos legisladores, se levanten contra l, arrojen sobre su frente el borron que l les ha echado, y le digan su vez: quin eres t que as nos insultas, que as desprecias los sentimientos mas ntimos del corazon, y todas las tradiciones de la humanidad? que as declaras frvolo lo que en toda la redondez de la tierra se reputa grave importante? quin eres t? Has descubierto por ventura el secreto de no morir? miserable monton de polvo, olvidas que bien pronto te dispersar el viento? Dbil criatura, cuentas acaso con medios para cambiar tu destino en esa region que desconoces; la dicha la desdicha son para t indiferentes? Si existe ese juez, de quien no quieres ocuparte, esperas que se dar por satisfecho, si al llamarte juicio le respondes: y m qu me importaban vuestros mandatos, ni vuestra misma existencia? Antes de desatar tu lengua con tan insensatos discursos, date una mirada t mismo; piensa en esa dbil organizacion que el mas leve accidente es capaz de trastornar, y que brevsimo tiempo ha de bastar consumir; y entnces sintate sobre una tumba, recgete y medita. III. Trnsito del indiferentismo al exmen. Existencia de Dios. Curado el buen pensador del achaque de indiferentismo, convencido profundamente de que la religion es el asunto de mas elevada importancia, debiera pasar mas adelante y discurrir de esta manera: Es probable que todas las religiones no sean mas que un cmulo de errores, y que la doctrina que las rechaza todas sea verdadera? Lo primero que las religiones establecen suponen, es la existencia de Dios. Existe Dios? Existe algun Hacedor del universo? Levanta los ojos al firmamento, tindelos por la faz de la tierra, mira lo que t mismo eres; y viendo por todas partes grandor y rden, d, si te atreves: el acaso es quien ha hecho el mundo; el acaso me ha hecho m; el edificio es admirable, pero no hay arquitecto; el mecanismo es asombroso, pero no hay artfice; el rden existe sin ordenador, sin sabidura para concebir el plan, sin poder para ejecutarle. Este raciocinio que tratndose de los mas insignificantes artefactos, seria despreciable y hasta contrario al sentido comun, se podr aplicar al universo? Lo que es insensato con respecto lo pequeo, ser cuerdo con relacion lo grande? IV. No es posible que todas las religiones sean verdaderas. Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la tierra; seria posible que todas fuesen verdaderas? El s y el no, con respecto una misma cosa, no puede ser verdadero un mismo tiempo. Los judos dicen que el Mesas no ha venido, los cristianos afirman que s; los musulmanes respetan Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los catlicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos otros se engaan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas. Ademas, toda religion se dice bajada del cielo: la que lo sea, ser la verdadera, las restantes no sern otra cosa que ilusion impostura. V. Es imposible que todas las religiones sean igualmente agradables Dios. Es posible que todas las religiones sean igualmente agradables Dios, y que se d igualmente por satisfecho con todo linaje de cultos? No. A la verdad infinita no puede serle acepto el error, la bondad infinita no puede serle grato el mal: luego el afirmar que todas las religiones son igualmente buenas, que con todos los cultos el hombre llena bien sus deberes para con Dios, es blasfemar de la verdad y bondad del Criador. VI. Es imposible que todas las religiones sean una invencion humana. No seria lcito pensar que no hay ninguna religion verdadera, que todas son inventadas por el hombre? No. Quin fu el inventor? El origen de las religiones se pierde en la noche de los tiempos: all donde hay hombres, all hay sacerdote, altar y culto. Quin seria ese inventor, cuyo nombre se habria olvidado, y cuya invencion se habria difundido por toda la tierra, comunicndose todas las generaciones? Si la invencion tuvo lugar entre pueblos cultos, cmo se logr que la adoptasen los brbaros y hasta los salvajes? Si naci entre brbaros, cmo no la rechazaron las naciones cultas? Diris que fu una necesidad social, y que su orgen est en la misma cuna de la sociedad. Pero entnces se puede preguntar, quin conoci esta necesidad, quin discurri los medios de satisfacerla, quin excogit un sistema tan propsito para enfrenar y regir los hombres? y una vez hecho el descubrimiento, quin tuvo en su mano todos los entendimientos y todos los corazones, para comunicarles esas ideas y sentimientos que han hecho de la religion una verdadera necesidad, y, por decirlo as, una segunda naturaleza? Vemos cada paso que los descubrimientos mas tiles, mas provechosos, mas necesarios, permanecen limitados esta aquella nacion, sin extenderse las otras durante mucho tiempo, y no propagndose sino con suma lentitud las mas inmediatas relacionadas; cmo es que no haya sucedido lo mismo en lo tocante la religion? cmo es que de la invencion maravillosa hayan tenido conocimiento todos los pueblos de la tierra, sea cual fuere su pais, lengua, costumbres, barbarie civilizacion, grosera cultura? Aqu no hay medio: la religion procede de una revelacion primitiva, de una inspiracion de la naturaleza; en uno y otro caso hallamos su orgen divino; si hay revelacion, Dios ha hablado al hombre, si no la hay, Dios ha escrito la religion en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religion no puede ser invencion humana, y que pesar de lo desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y paises, se descubre en el fondo del corazon humano un sentimiento descendido de lo alto: al traves de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelacion primitiva. VII. La revelacion es posible. Es posible que Dios haya revelado algunas cosas al hombre? S. El que nos ha dado la palabra no estar privado de ella; si nosotros poseemos un medio de comunicarnos recprocamente nuestros pensamientos y afectos, Dios todopoderoso infinitamente sabio, no carecer seguramente de medios para trasmitirnos lo que fuere de su agrado. Ha criado la inteligencia, y no podria ilustrarla? VIII. Solucion de una dificultad contra la revelacion. Pero Dios, objetar el incrdulo, es demasiado grande para humillarse conversar con su criatura; mas entnces tambien deberamos decir, que Dios es demasiado grande para haberse ocupado en criarnos. Crindonos nos sac de la nada, revelndonos alguna verdad perfecciona su obra; y cundo se ha visto que un artfice desmereciese por mejorar su artefacto? Todos los conocimientos que tenemos nos vienen de Dios, porque l es quien nos ha dado la facultad de conocer, y l es quien, ha grabado en nuestro entendimiento las ideas, ha hecho que pudiramos adquirirlas por medios que todava se nos ocultan. Si Dios nos ha comunicado un cierto rden de ideas, sin que nada haya perdido de su grandor, es un absurdo el decir que se rebajaria si nos trasmitiese otros conocimientos por conducto distinto del de la naturaleza. Luego la revelacion es posible; luego quien dudare de esta posibilidad, ha de dudar al mismo tiempo de la omnipotencia, hasta de la existencia de Dios. IX. Consecuencias de los prrafos anteriores. Importa muchsimo el encontrar la verdad en materias de religion ( 1 y 2); todas las religiones no pueden ser verdaderas ( 4); si hubiese una revelada por Dios, aquella seria la verdadera ( 4); la religion no ha podido ser invencion humana ( 6). La revelacion es posible ( 7); lo que falta pues averiguar es, si esta revelacion existe y dnde se halla. X. Existencia de la revelacion. Existe la revelacion? Por el pronto salta los ojos un hecho que da motivo pensar que s. Todos los pueblos de la tierra hablan de una revelacion; y la humanidad no se concierta para tramar una impostura. Esto prueba una tradicion primitiva, cuya noticia ha pasado de padres hijos, y que si bien ofuscada y adulterada, no ha podido borrarse de la memoria de los hombres. Se objetar que la imaginacion ha convertido en voces el ruido del viento, y en apariciones misteriosas los fenmenos de la naturaleza; y as el dbil mortal se ha creido rodeado de seres desconocidos que le dirigian la palabra, y le descubrian los arcanos de otros mundos. No puede negarse que la objecion es especiosa; sin embargo no ser difcil manifestar, que es del todo insubsistente y ftil. Es cierto que cuando el hombre tiene idea de la existencia de seres desconocidos, y est convencido de que estos se ponen en relacion con l, fcilmente se inclina imaginar que ha oido acentos fatdicos, y se han ofrecido sus ojos espectros venidos del otro mundo. Mas no sucede, ni puede suceder as, en no abrigando el hombre semejante conviccion, y mucho mnos si ni aun llega tener noticia de que existen dichos seres; pues entnces no es dable conjeturar de dnde procederia una ilusion tan extravagante. Si bien se observa, todas las creaciones de nuestra fantasia, hasta las mas incoherentes y monstruosas, se forman de un conjunto de imgenes de objetos que otras veces hemos visto; y que la sazon reunimos del modo que place nuestro capricho, nos sugiere nuestra cabeza enfermiza. Los castillos encantados de los libros de caballera, con sus damas, enanos, salones, subterrneos, hechizos y todas sus locuras, son un informe agregado de partes muy reales que la imaginacion del escritor componia su manera, sacando al fin un todo que solo cabia en los sueos de un delirante. Lo propio sucede en lo demas: la razon y la experiencia estan acordes en atestiguarnos este fenmeno ideolgico. Si suponemos pues que no se tiene idea alguna de otra vida distinta de la presente, ni de otro mundo que el que est nuestra vista, ni de otros vivientes que los que moran con nosotros en la tierra, el hombre fingir gigantes, fieras monstruosas, y otras extravagancias por este estilo; mas no seres invisibles, no revelaciones de un cielo que no conoce, no dioses que le ilustren y dirijan. Ese mundo nuevo, ideal, puramente fantstico, no le ocurrir siquiera; porque semejante ocurrencia no tendr, por decirlo as, punto de partida, carecer de antecedentes que puedan motivarla. Y aun suponiendo que este rden de ideas se hubiese ofrecido algun individuo, cmo era posible que de ello participase la humanidad entera? Cundo se habria visto semejante _contagio_ intelectual y moral? Sea lo que fuere del valor de estas reflexiones, pasemos los hechos: dejemos lo que haya podido ser, y examinemos lo que ha sido. XI. Pruebas histricas de la existencia de la revelacion. Existe una sociedad que pretende ser la nica depositaria intrprete de las revelaciones con que Dios se ha dignado favorecer al linaje humano: esta pretension debe llamar la atencion del filsofo que se proponga investigar la verdad. Qu sociedad es esa? Ha nacido de poco tiempo esta parte? Cuenta diez y ocho siglos de duracion, y estos siglos no los mira sino como un perodo de su existencia; pues subiendo mas arriba, va explicando su no interrumpida genealoga y se remonta hasta el principio del mundo. Que lleva diez y ocho siglos de duracion, que su historia se enlaza con la de un pueblo cuyo origen se pierde en la antigedad mas remota, es tan cierto como que han existido las repblicas de Grecia y Roma. Qu ttulos presenta en apoyo de su doctrina? En primer lugar, est en posesion de un libro, que es sin disputa el mas antiguo que se conoce, y que ademas encierra la moral mas pura, un sistema de legislacion admirable, y contiene una narracion de prodigios. Hasta ahora nadie ha puesto en duda el mrito eminente de este libro; siendo esto tanto mas de extraar, cuanto una gran parte de l nos ha venido de manos de un pueblo, cuya cultura no alcanz ni con mucho la de otros pueblos de la antigedad. Ofrece la dicha sociedad algunos otros ttulos que justifiquen sus pretensiones? A mas de los muchos, cual mas graves imponentes, h aqu uno que por s solo basta. Ella dice que se hizo la transicion de la sociedad vieja la nueva, del modo que estaba pronosticado en el libro misterioso; que llegada la plenitud de los tiempos, apareci sobre la tierra un Hombre-Dios, quien fu la vez el cumplimiento de la ley antigua, y el autor de la nueva; que todo lo antiguo era una sombra y figura, que este Hombre-Dios fu la realidad; que l fund la sociedad que apellidamos Iglesia catlica, le prometi su asistencia hasta la consumacion de los siglos, sell su doctrina con su sangre, resucit al tercer dia de su crucifixion y muerte, subi los cielos, envi al Espritu santo, y que al fin del mundo ha de venir juzgar los vivos y los muertos. Es verdad que en este Hombre se cumpliesen las antiguas profecas? Es innegable: leyendo algunas de ellas parece que uno est leyendo la historia evanglica. Di algunas pruebas de la divinidad de su mision? Hizo milagros en abundancia; y cuanto l profetiz, se ha cumplido exactamente, se va cumpliendo con puntualidad asombrosa. Cul fu su vida? Sin tacha en su conducta; sin lmite para hacer el bien. Despreci las riquezas y el poder mundano, arrostr con serenidad las privaciones, los insultos, los tormentos, y por fin una muerte afrentosa. Cul es su doctrina? Sublime cual no cupiera jamas en mente humana; tan pura en su moral, que le han hecho justicia sus mas violentos enemigos. Qu cambio social produjo este Hombre? Recordad lo que era el mundo romano, y ved lo que es el mundo actual; mirad lo que son los pueblos donde no ha penetrado el cristianismo, y lo que son aquellos que han estado siglos bajo su enseanza, y la conservan todava, aunque algunos alterada y desfigurada. De qu medios dispuso? No tenia dnde reclinar su cabeza. Envi doce hombres salidos de la nfima clase del pueblo; se esparcieron por los cuatro ngulos de la tierra, y la tierra los oy y crey. Esta religion ha pasado por el crisol de la desgracia? No ha sufrido contrariedad de ninguna clase? Ah est la sangre de infinitos mrtires, ah los escritos de numerosos filsofos que la han examinado, ah los muchos monumentos que atestiguan las tremendas luchas que ha sostenido con los prncipes, con los sabios, con las pasiones, con los intereses, con las preocupaciones, con todos cuantos elementos de resistencia pueden combinarse sobre la tierra. De qu medios se valieron los propagadores del cristianismo? De la predicacion y del ejemplo confirmados por milagros. Estos milagros, la crtica mas escrupulosa no puede rechazarlos; que si los rechaza, poco importa, pues entnces confiesa el mayor de los milagros, que es la conversion del mundo sin milagros. El cristianismo ha contado entre sus hijos los hombres mas esclarecidos por su virtud y sabidura; ningun pueblo antiguo ni moderno se ha elevado tan alto grado de civilizacion y cultura como los que le han profesado; sobre ninguna religion se ha disputado ni escrito tanto como sobre la cristiana; las bibliotecas estan llenas de obras maestras de crtica y de filosofa debidas hombres que sometieron humildemente su entendimiento en obsequio de la fe; luego esa religion est cubierto de los ataques que se pueden dirigir contra las que han nacido y prosperado entre pueblos groseros ignorantes. Ella tiene pues todos los caractres de verdadera, de divina. XII. Los protestantes y la Iglesia catlica. En los ltimos siglos los cristianos se han dividido: unos han permanecido adictos la Iglesia catlica, otros han conservado del cristianismo lo que les ha parecido bien; y consecuencia del principio fundamental que han asentado, y que entrega la fe discrecion de cada creyente, se han fraccionado en innumerables sectas. Dnde estar la verdad? Los fundadores de las nuevas sectas son de ayer, la Iglesia catlica seala la sucesion de sus pastores, que sube hasta Jesucristo; ellos han enseado diferentes doctrinas, y una misma secta las ha variado repetidas veces, la Iglesia catlica ha conservado intacta la fe que le trasmitieron los apstoles; la novedad y la variedad se hallan pues en presencia de la antigedad y de la unidad; el fallo no puede ser dudoso. Ademas, los catlicos sostienen que fuera de la Iglesia no hay salvacion, los protestantes afirman que los catlicos tambien pueden salvarse; y as ellos mismos reconocen que entre nosotros nada se cree ni practica que pueda acarrearnos la condenacion eterna. Ellos en favor de su salvacion no tienen sino su voto; nosotros en pro de la nuestra, tenemos el suyo y el nuestro; aun cuando juzgramos solamente por motivos de prudencia humana, esta nos aconsejaria que no abandonsemos la fe de nuestros padres. En esta breve resea se contiene el hilo del discurso de un catlico que conforme lo que dice san Pedro, quiera estar preparado para dar cuenta de su fe, y manifestar que atenindose la catlica, no se desva de las reglas de bien pensar. Ahora, aadir algunas observaciones que sirvan a prevenir peligros, en que zozobra con harta frecuencia la fe de los incautos. XIII. Errado mtodo de algunos impugnadores de la religion. En el exmen de las materias religiosas siguen muchos un camino errado. Toman por objeto de sus investigaciones un dogma, y las dificultades que contra l levantan, las creen suficientes para destruir la verdad de la religion; al mnos para ponerla en duda. Esto es proceder de un modo que atestigua cun poco se ha meditado sobre el estado de la cuestion. En efecto: no se trata de saber si los dogmas estan al alcance de nuestra inteligencia, ni si damos completa solucion todas las dificultades que contra este aquel puedan objetarse: la religion misma es la primera en decirnos que estos dogmas no podemos comprenderlos con la sola luz de la razon; que mintras estamos en esta vida, es necesario que nos resignemos ver los secretos de Dios al traves de sombras y enigmas, y por esto nos exige la fe. El decir pues, yo no quiero creer porque no comprendo, es enunciar una contradiccion; si lo comprendieses todo, claro es que no se te hablaria de fe. El argumentar contra la religion, fundndose en la incomprensibilidad de sus dogmas, es hacerle un cargo de una verdad que ella misma reconoce, que acepta, y sobre la cual en cierto modo, hace estribar su edificio. Lo que se ha de examinar es, si ella ofrece garantas de veracidad, y de que no se engaa en lo que propone: asentado el principio de su infalibilidad, todo lo demas se allana por s mismo; pero si este nos falta, es imposible dar un paso adelante. Cuando un viajero de cuya inteligencia y veracidad no podemos dudar, nos refiere cosas que no comprendemos, por ventura le negaremos nuestra fe? No ciertamente. Luego una vez asegurados de que la Iglesia no nos engaa, poco importa que su enseanza sea superior nuestra inteligencia. Ninguna verdad podria subsistir, si bastasen hacernos dudar de ella algunas dificultades que no alcanzsemos desvanecer. De esto se seguiria que un hombre de talento esparciria la incertidumbre sobre todas las materias, cuando se encontrase con otros que no le igualasen en capacidad; porque es bien sabido que en mediando esta diferencia, no le es dado al inferior deshacerse de los lazos con que le enreda el que le aventaja. En las ciencias, en las artes, en los negocios comunes de la vida, hallamos cada paso dificultades que nos hacen incomprensible una cosa de cuya existencia no nos es permitido dudar. Sucede veces que la cosa no comprendida nos parece rayar en lo imposible; mas si por otra parte sabemos que existe, nos guardamos de declararla tal, y conservando la conviccion de su existencia, recordamos el poco alcance de nuestro entendimiento. Nada mas comun que oir: No comprendo lo que ha contado fulano; me parece imposible, pero en fin es hombre veraz y que sabe lo que dice; si otro lo refiriera no lo creeria, pero ahora no pongo duda en que la cosa es tal como l la afirma. XIV. La mas alta filosofa acorde con la fe. Imagnanse algunos que se acreditan de altos pensadores cuando no quieren creer lo que no comprenden; y estos justifican el famoso dicho de Bacon: poca filosofa aparta de la religion, mucha filosofa conduce ella. Y la verdad, si se hubiesen internado en las profundidades de las ciencias, conocieran que un denso velo encubre nuestros ojos la mayor parte de los objetos; que sabemos poqusimo de los secretos de la naturaleza; que hasta de las cosas, en apariencia mas fciles de comprender, se nos ocultan por lo comun los principios constitutivos, su esencia; conocieran que ignoramos lo que es este universo que nos asombra, que ignoramos lo que es nuestro cuerpo, que ignoramos lo que es nuestro espritu; que nosotros somos un arcano nuestros propios ojos, y que hasta ahora todos los esfuerzos de la ciencia han sido impotentes para explicar los fenmenos que constituyen nuestra vida, que nos hacen sentir nuestra existencia; conocieran que el mas precioso fruto que se recoge en las regiones filosficas mas elevadas es una profunda conviccion de nuestra debilidad ignorancia. Entnces infirieran que esa sobriedad en el saber, recomendada por la religion cristiana, esa prudente desconfianza de las fuerzas de nuestro entendimiento, estan de acuerdo con las lecciones de la mas alta filosofa; y que as el catecismo nos hace llegar desde nuestra infancia al punto mas culminante que sealara la ciencia la sabidura humana. XV. Quien abandona la religion catlica no sabe dnde refugiarse. Hemos seguido el camino que puede conducir la religin catlica; echemos una ojeada sobre el que se presenta, si nos apartamos de ella. Al abandonar la fe de la Iglesia, dnde nos refugiamos? Si en el protestantismo, en cul de sus sectas? Qu motivos de preferencia nos ofrece la una sobre la otra? Discernirlo ser imposible; abrazar ciegas una cualquiera nos lo ser todava mas; y por otra parte, esto equivaldra no profesar ninguna. Si en el filosofismo, qu es el filosofismo incrdulo? Es una negacion de todo, las tinieblas, la desesperacion. Andaremos en busca de otras religiones? Ciertamente que ni el islamismo, ni la idolatra, no nos contarn entre sus adeptos. Abandonar pues la religion catlica, ser abjurarlas todas; ser tomar el partido de vivir sin ninguna; dejar que corran los aos; que nuestra vida se acerque su trmino fatal, sin guia para lo presente, sin luz para el porvenir; ser taparse los ojos, bajar la cabeza, y arrojarse un abismo sin fondo. La religion catlica nos ofrece cuantas garantas de verdad podemos desear. Ella ademas nos impone una ley suave, pero recta, justa, benfica; cumplindola nos asemejamos los ngeles, nos acercamos la belleza ideal que para la humanidad puede excogitar la mas elevada poesa. Ella nos consuela en nuestros infortunios, y cierra nuestros ojos en paz; se nos presenta tanto mas verdadera y cierta, cuanto mas nos aproximamos al sepulcro. Ah! la bondadosa Providencia habr colocado al borde de la tumba aquellas santas inspiraciones, como heraldos que nos avisarn de que bamos pisar los umbrales de la eternidad!.... CAPTULO XXII. EL ENTENDIMIENTO PRCTICO. I. Una clasificacion de acciones. Los actos prcticos del entendimiento son los que nos dirigen para obrar: lo que envuelve dos cuestiones: cul es el fin que nos proponemos, y cul es el mejor medio para alcanzarle. Nuestras acciones pueden ejercerse, sobre los objetos de la naturaleza sometidos la ley de necesidad, y aqu se comprenden todas las artes; sobre lo que cae bajo el libre albedro, y esto comprende el arreglo de nuestra conducta con respecto nosotros mismos y los demas; abarcando la moral, la urbanidad, la administracion domstica, y la poltica. Lo dicho hasta aqu sobre el modo de pensar en todas materias, me ahorra el trabajo de extenderme sobre estos puntos, porque quien se haya penetrado de las reglas y observaciones precedentes no ignorar cmo debe proponerse un fin, ni cmo ha de encontrar los medios mas adaptados para alcanzarle. No obstante, creo que no ser intil aadir algunas reflexiones que sin salir de los lmites fijados por el gnero de esta obra, suministren luz para guiarse cada cual en sus diferentes operaciones. II. Dificultad de proponerse el debido fin. No hablo aqu del fin ltimo: este es la felicidad en la otra vida, y l nos conduce la religion. Trato nicamente de los secundarios; como alcanzar la conveniente posicion en la sociedad, llevar buen trmino un negocio, salir airosamente de una situacion difcil, granjearse la amistad de una persona, guardarse de los tiros de un adversario, deshacer una intriga que nos amenaza, construir un artefacto que acredite, plantear un sistema de poltica, de hacienda administracion, derribar alguna institucion que se crea daosa y otras cosas semejantes. A primera vista parece que siempre que el hombre obra debe de tener presente el fin que se propone, y no como quiera, sino de un modo bien claro, determinado, fijo. Sin embargo, la observacion ensea que no es as; y que son muchos, muchsimos, aun entre los activos y enrgicos, los que andan poco mnos que al acaso. Sucede mil veces que atribuimos los hombres mas plan del que han tenido. En vindolos ocupar posicion muy elevada, sea por su reputacion, sea por las funciones que ejercen, nos inclinamos naturalmente suponerles en todo un objeto fijo, con premeditacion detenida, con vasta combinacion en los designios, con larga prevision de los obstculos, con sagaz conocimiento de la verdadera naturaleza del fin, y de sus relaciones con los medios que a l conduzcan. Oh! y cunto engao! El hombre en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de la vida, es siempre hombre, es decir una cosa muy pequea. Poco conocedor de s mismo, sin formarse por lo comun ideas bastante claras, ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyndose veces mas poderoso, veces mas dbil de lo que es en realidad, encuntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adnde va, ni adnde ha de ir. Ademas, para l es menudo un misterio qu es lo que le conviene; por manera que las dudas sobre sus fuerzas se aumentan con las dudas sobre su interes propio. III. Exmen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras. No es verdad lo que suele decirse de que el interes particular sea una guia segura, y que con respecto l, raras veces el hombre se equivoque. En esto como en todo lo demas, andamos inciertos, y en prueba de ello tenemos la triste experiencia de que tantas y tantas veces nos labramos nuestro infortunio. Lo que s no admite duda es, que as por lo tocante la dicha como la desgracia, se verifica el proverbio de que el hombre es hijo de sus obras. En el mundo fsico como en el moral, la casualidad no significa nada. Es cierto que en la instabilidad de las cosas humanas, ocurren con frecuencia sucesos imprevistos que desbaratan los planes mejor concertados, que no dejan recoger el fruto de atinadas combinaciones y pesadas fatigas, y que por el contrario favorecen otros que, atendido lo que habian puesto de su parte, estaban ljos de merecerlo; pero tampoco cabe duda en que esto no es tan comun como vulgarmente se dice y se cree. El trato de la sociedad, acompaado de la conveniente observacion, rectifica muchos juicios que se habian formado lijeramente sobre las causas de la buena mala fortuna que cabe diferentes personas. Cul es el desgraciado, que lo sea por su culpa, si nos atenemos lo que nos dice l? ninguno, casi ninguno. Y no obstante, si nos es dable conocer fondo su ndole, su carcter, sus costumbres, su modo de ver las cosas, su sistema en el manejo de los negocios, su trato, su conversacion, sus modales, sus relaciones de amistad de familia, raro ser que no descubramos muchas de las causas, si no todas, de las que contribuyeron hacerle infeliz. Las equivocaciones sobre esta materia suelen nacer de que se fija la atencion en un solo suceso que ha decidido de la suerte de la persona, sin reflexionar que aquel suceso, estaba ya preparado por muchos otros, que solo ha podido tener tan funesta influencia causa de la situacion particular en que se hallaba en la persona, por sus errores, defectos faltas. La suerte prspera adversa, rarsima vez depende de una causa sola; complcanse por lo comun varias, y de rden muy diverso; pero como no es fcil seguir el hilo de los acontecimientos al traves de semejante complicacion, se seala como causa principal, nica, lo que quizas no es otra cosa que un suceso determinante, una simple ocasion. IV. El aborrecido. Veis ese hombre quin miran con desvo indiferencia sus antiguos amigos, quien profesan odio sus allegados, y que no encuentra en la sociedad quien se interese por l? Si os la explicacion en que l seala las causas, estas no son otras que la injusticia de los hombres, la envidia que no puede sufrir el resplandor del mrito ajeno, el egoismo universal que no consiente el menor sacrificio ni aun los que mas obligacion tenian de hacerle, por parentesco, por amistad, por gratitud: en una palabra, el infeliz es una vctima contra quien se ha conjurado el humano linaje, obstinado en no reconocer el alto mrito, las virtudes, la bella ndole del infortunado. Qu habr de verdad en la relacion? Quizas no ser difcil descubrirlo en la misma apologa; quizas no sea difcil notar la vanidad insufrible, el carcter spero, la petulancia, la maledicencia, que le habrn atraido el odio de los unos, el desvo de los otros, y que habrn acabado por dejarle en el aislamiento de que injustamente se lamenta. V. El arruinado. Habeis oido ese otro cuya fortuna han arruinado la excesiva bondad propia, la infidelidad de un amigo, una desgracia imprevista, echndole perder combinaciones sumamente acertadas, proyectos llenos de prevision y sagacidad? Pues, si alcanzais procuraros noticias sobre su conducta, no ser extrao que descubrais las verdaderas causas, por cierto muy distantes de lo que l se imagina. En efecto, podr suceder muy bien que haya mediado la infidelidad de un amigo, que haya ocurrido la desgracia imprevista; podr ser mucha verdad que su corazon sea excesivamente bueno, es decir que ser muy posible que en su relacion no haya mentido; pero no ser extrao que en esa misma relacion se os presenten de bulto las causas de su desgracia; que en su concepcion tan superficial como rpida, en su juicio extremadamente lijero, en su discurrir especioso y sofstico, en su prurito de proyectar la aventura, en la excesiva confianza de s mismo, en el menosprecio de las observaciones ajenas, en la precipitacion y osada de su proceder, halleis mas que suficiente causa para haberse arruinado, sin la bondad de su corazon, sin la infidelidad del amigo, sin la desgracia imprevista. Esta desgracia, ljos de ser puramente casual, habr dependido quizas de un rden de causas que estaban obrando hace largo tiempo, y la infidelidad del amigo, no hubiera sido difcil preverla, y evitar sus tristes consecuencias, si el interesado hubiese procedido con mas tiento en depositar su confianza, y en observar el uso que se hacia de ella. VI. El instruido quebrado y el ignorante rico. Cmo es posible que ese hombre tan despejado, tan penetrante, tan instruido, no haya podido mejorar su fortuna, haya perdido la que tenia, cuando ese otro tan encogido, tan torpe, tan rudo, ha hecho inconcebibles progresos en la suya? No debe esto atribuirse la casualidad, fatalidades, mala estrella? As se habla muchas veces, sin reflexionar que se confunden lastimosamente las ideas, y se quieren enlazar con ntima dependencia causas y efectos que no tienen ninguna relacion. En verdad que el uno es despejado y el otro encogido, que el uno parece penetrante y el otro torpe; que el uno es instruido y el otro rudo; pero de qu sirven ni ese despejo, ni esa aparente penetracion, ni esa instruccion para el efecto de que se trata? Es cierto que si se ofrece figurar en sociedad, el primero se presentar con mas garbo y soltura que el segundo: que si es necesario sostener una conversacion, aquel brillar mucho mas que este, que su palabra ser mas fcil, sus ideas mas variadas, sus observaciones mas picantes, sus rplicas mas prontas y agudas; que el rico en cuestion no entender quizas una palabra del mrito de tal cual novela, de tal cual drama; que conocer poco la historia, y se quedar estupefacto al oir al comerciante quebrado explicarse como un portento de erudicion y de saber; es cierto que no sabr tanto de poltica, ni de administracion, ni de hacienda, que no poseer tantos idiomas; pero, se trataba por ventura de nada de eso, cuando se ofrecia dar buena direccion los negocios? No ciertamente. Cuando pues se pondera el mrito del uno, y se manifiesta extraeza porque la suerte no le ha sido favorable, se pasa de un rden otro muy diferente, se quiere que ciertos efectos procedan de causas con las que nada tienen que ver. Observad atentamente estos dos hombres tan desiguales en su fortuna, reflexionad sobre las cualidades de ambos, ved sobre todo si podeis hacer la experiencia en vista de un negocio que incumba los dos; y no os ser difcil inferir que as la prosperidad del uno como la ruina del otro, nacen de causas sumamente naturales. El uno habla, escribe, proyecta, calcula, da mil vueltas los objetos, todo lo prueba, todo contesta, se hace cargo de mil ventajas, inconvenientes, esperanzas, peligros, en una palabra, agota la materia, nada deja en ella ni que decir ni que pensar. Y qu hace el otro? Es capaz de sostener la disputa con su adversario? no. Deshace todos los clculos que el primero acaba de amontonar? no. Satisface todas las dificultades con que su dictmen se ve combatido por el contrincante? no. En pro de su opinion aduce tanta copia de razones como su adversario? no. Para lograr el objeto, presenta proyectos tan varios ingeniosos? no. Qu hace pues el malaventurado ignorante, combatido, hostigado, acosado por su temible antagonista? --Qu me contesta V. esto, dice el hombre de los proyectos, y del saber? --Nada; pero qu s yo?.... --Mas, no le parecen V. concluyentes mis razones? --No del todo. --Veamos; tiene V. algo que oponer ese clculo? Es cuestion de nmeros; aqu no hay mas. --Ya se ve; lo que es en el papel sale bien; la dificultad que yo tengo es que en la prctica suceda lo mismo. Cuenta V. con muchas partidas, de que no estoy bien seguro; estoy tan escarmentado.... --Pero duda V. de los datos que se nos han proporcionado? Qu interes habr habido en engaarnos? Si hay prdida, no seremos solos nosotros, y participarn de ella los que nos suministran las noticias. Son personas entendidas, honradas, versadas en negocios; y ademas tienen interes en ello, qu mas se quiere? Qu motivo hay de duda? --Yo no dudo de nada; yo creo lo que V. dice de esos seores: pero qu quiere V.? el negocio no me gusta. Ademas hay tantas eventualidades que V. no lleva en cuenta.... --Pero qu eventualidades, seor? si nos atenemos un simple _puede ser_, nada llevaremos adelante; todos los negocios tienen sus riesgos; pero repito que aqu no alcanzo ver ninguno con visos de probabilidad. --V. lo entiende mas que yo, dice el rudo encogindose de hombros; y luego meneando cuerdamente la cabeza aade: no seor; repito que el negocio no me gusta; yo por mi parte no entro en l; V. se empea en que ha de ser tan provechosa la especulacion; enhorabuena; all veremos. Yo no aventuro mis fondos. La victoria en la discusion queda sin duda por el proyectista; pero quin acierta? La experiencia lo dir. El rico al parecer tan torpe, tiene la mirada mnos vivaz que su antagonista, pero en cambio ve mas claro, mas hondo, de un modo mas seguro, mas perspicaz, mas certero. No puede, es verdad, oponer datos datos, reflexiones reflexiones, clculos clculos; pero el discernimiento, el tacto que le caracteriza, desenvueltos por la observacion, y por la experiencia, le estan diciendo con toda certeza, que muchos datos son imaginarios, que el clculo es inexacto, que no se llevan en cuenta muchas eventualidades desgraciadas, no solo posibles sino muy probables; su ojeada perspicaz ha descubierto indicios de mala fe en algunos que intervienen en el negocio, su memoria bien provista de noticias sobre el comportamiento en otros asuntos anteriores, le guia para apreciar en su justo valor la inteligencia y la probidad, que tanto le ponderaba el proyectista. Qu le importa el no ver tanto, si ve mejor, con mas claridad, distincion y exactitud? Qu le importa el carecer de esa facilidad de pensar y hablar, muy propsito para lucirse, pero muy estril en buen resultado, como inconducente para el objeto de que se trata? VII. Observaciones. La cavilacion y el buen sentido. La vivacidad no es la penetracion: la abundancia de ideas, no siempre lleva consigo la claridad y exactitud del pensamiento; la prontitud del juicio suele ser sospechosa de error; una larga serie de raciocinios demasiado ingeniosos, suele adolecer de sofismas, que rompen el hilo de la ilacion, y extravian al que se fia en ellos. No siempre es fcil tarea el sealar punto fijo esos defectos; mayormente cuando el que los padece es un hablador facundo y brillante, que desenvuelve sus ideas en un raudal de hermosas palabras. La razon humana es de suyo tan cavilosa, poseen ciertos hombres cualidades tan propsito para deslumbrar, para presentar los objetos bajo el punto de vista que les conviene los preocupa, que no es raro ver la experiencia, al buen juicio, al tino, no poder contestar una nube de argumentos especiosos otra cosa que: esto no ir bien; estos raciocinios no son concluyentes; aqu hay ilusion; el tiempo lo manifestar. Y es que hay cosas que mas bien se sienten que no se conocen; las hay que se _ven_ pero no se prueban, porque hay relaciones delicadas, hay minuciosidades casi imperceptibles, que no es posible demostrar con el discurso quien no las descubre la primera ojeada; hay puntos de vista sumamente fugaces, que en vano se buscan por quien no ha sabido colocarse en ellos en el momento oportuno. VIII. Delicadeza de ciertos fenmenos intelectuales, en sus relaciones con la prctica. En el ejercicio de la inteligencia y demas facultades del hombre, hay muchos fenmenos que no se expresan con ninguna palabra, con ninguna frase, con ningun discurso: para comprender al que los experimenta es necesario experimentarlos tambien; y veces es tan perdido el tiempo que se emplea para darse entender, como si un hombre con vista quisiese fuerza de explicacion, dar idea de los colores un ciego de nacimiento. Esta delicadeza de fenmenos abunda en todos los actos de nuestra inteligencia; pero se nota de una manera particular en lo que tiene relacion con la prctica. Entnces, no puede abandonarse el espritu vanas abstracciones, no puede formarse sistemas fantsticos, puramente convencionales; preciso es que tome las cosas no como l las imagina desea, sino como son; de lo contrario, cuando haga el trnsito de la idea los objetos, se encontrar en desacuerdo con la realidad, y ver desconcertados todos sus planes. Adase esto que en tratndose de la prctica, sobre todo en las relaciones de unos hombres con otros, no influye solo el entendimiento, sino que se desenvuelven simultneamente las demas facultades. No hay tan solo la comunicacion de entendimiento con entendimiento, sino de corazon con corazon; mas de la influencia recproca de las ideas, hay tambien la de los sentimientos. IX. Los despropsitos. El que est mas ventajosamente dotado en las facultades del alma, si se encuentra con otros que carezcan de alguna de ellas, las posean en grado inferior, se halla en el mismo caso que quien tiene completos los sentidos con respecto al que est privado de alguno. Si se recuerdan estas observaciones, se ahorrarn mucho tiempo y trabajo, y aun disgustos en el trato de los hombres. Risa causa veces el observar cmo forcejan intilmente ciertas personas por apartar otras de un juicio errado, hacerles comprender alguna verdad. yese quizas en la conversacion un solemne desatino dicho con la mayor serenidad y buena fe del mundo. Est presente una persona de buen sentido, y se escandaliza, y replica, y aguza su discurso, y esfuerza mil argumentos para que el desatinado comprenda su sinrazon, y este, pesar de todo, no se convence, y permanece tan satisfecho, tan contento; las reflexiones de su adversario no hacen mella en su nimo impasible. Y esto porqu? Le faltan noticias? no. Lo que le falta en aquel punto es sentido comun. Su disposicion natural, sus hbitos, le han formado as: y el que se empea en convencerle debiera reflexionar que quien ha sido capaz de verter un desatino tan completo, no es capaz de comprender la fuerza de la impugnacion. X. Entendimientos torcidos. Hay ciertos entendimientos que parecen naturalmente defectuosos, pues tienen la desgracia de verlo todo bajo un punto de vista falso inexacto extravagante. En tal caso no hay locura, ni monomana; la razon no puede decirse trastornada, y el buen sentido no considera dichos hombres como faltos de juicio. Suelen distinguirse por una insufrible locuacidad, efecto de la rapidez de percepcion, y de la facilidad de hilvanar raciocinios. Apnas juzgan de nada con acierto: y si alguna vez entran en el buen camino, bien pronto se apartan de l arrastrados por sus propios discursos. Sucede con frecuencia ver en sus razonamientos una hermosa perspectiva que ellos toman por un verdadero y slido edificio; el secreto est en que han dado por incontestable un hecho incierto, dudoso, inexacto, enteramente falso; han asentado como principio de eterna verdad una proposicion gratuita, tomado por realidad una hiptesis; y as han levantado un castillo que no tiene otro defecto que estar en el aire. Impetuosos, precipitados, no haciendo caso de las reflexiones de cuantos los oyen, sin mas guia que su torcida razon, llevados por su prurito de discurrir y hablar, arrastrados, por decirlo as, en la turbia corriente de sus propias ideas y palabras, se olvidan completamente del punto de partida, no advirtiendo que todo cuanto edifican es puramente fantstico, por carecer de cimiento. XI. Inhabilidad de dichos hombres para los negocios. No hay peores hombres para los negocios; desgraciado el asunto en que ellos ponen la mano; y desgraciados muchas veces ellos mismos, si en sus cosas se hallan abandonados su propia y exclusiva direccion. Las principales dotes de un buen entendimiento prctico son la madurez del juicio, el buen sentido, el tacto, y estas cualidades les faltan ellos. Cuando se trata de llegar la realidad, es preciso no fijarse solo en las ideas, sino pensar en los objetos; y esos hombres se olvidan casi siempre de los objetos y solo se ocupan de sus ideas. En la prctica es necesario pensar, no en lo que las cosas debieran pudieran ser, sino en lo que son; y ellos suelen pararse menos en lo que son, que en lo que pudieran debieran ser. Cuando un hombre de entendimiento claro y de juicio recto, se encuentra tratando un asunto con uno que adolezca de los defectos que acabo de describir, se halla en la mayor perplejidad. Lo que aquel ve claro, este lo encuentra oscuro; lo que el primero consideraba fuera de duda, el segundo lo mira como muy disputable. El juicioso plantea la cuestion de un modo que le parece muy natural y sencillo, el caviloso la mira de una manera diferente; dirase que son dos hombres de los cuales el uno padece una especie de estrabismo intelectual que desconcierta y confunde al que ve y mira bien. XII. Este defecto intelectual suelo nacer de una causa moral. Reflexionando sobre la causa de semejantes aberraciones, no es difcil advertir que el origen est mas bien en el corazon que en la cabeza. Estos hombres suelen ser extremadamente vanos; un amor propio mal entendido les inspira el deseo de singularizarse en todo; y al fin llegan contraer un hbito de apartarse de lo que piensan y dicen los demas, esto es, de ponerse en contradiccion con el sentido comun. La prueba de que entregados con naturalidad su propio entendimiento no verian tan erradamente los objetos, y de que el caer en ridculas aberraciones procede mas bien de un deseo de singularizarse convertido en hbito, est en que suelen distinguirse por un espritu de constante oposicion. Si el defecto estuviese en la cabeza, no habria ninguna razon para que en casi todas las cuestiones ellos sostuvieran el _no_ cuando los demas sostienen el _s_, y ellos estuviesen por el _s_ cuando los otros estan por el _no_; siendo de notar que veces hay un medio seguro para llevarlos la verdad, y es el sostener el error. Convengo en que menudo ellos no advierten lo mismo que hacen, que no tienen una conciencia bien clara de esa inspiracion de la vanidad que los dirige y sojuzga; pero la funesta inspiracion no deja de existir; ni deja de ser remediable si hay quien se lo avise; mayormente si la edad, la posicion social y las lisonjas, no han llevado el mal hasta el ltimo extremo. Y no es raro que se presenten ocasiones favorables para amonestar con algun fruto; porque esos hombres con su imprudencia, suelen atraer sobre s amargos disgustos, cuando no desgracias; y entnces, abatidos por la adversidad, y enseados por experiencia dolorosa, suelen tener lcidos intervalos de que puede aprovecharse un amigo sincero para hacerles oir los consejos de una razon juiciosa. Por lo demas, cuando una realidad cruel no ha venido todava desengaarlos, cuando en sus accesos de sinrazon se entregan sin medida la vanidad de sus proyectos, no suele haber otro medio para resistirles que callar, y con los brazos cruzados, y meneando la cabeza, sufrir con estica impasibilidad la impetuosa avenida de sus proposiciones aventuradas, de sus raciocinios incoherentes, de sus planes descabellados. Y por cierto que esa impasibilidad no deja de producir de vez en cuando saludables efectos: porque el deseo de disputar cesa cuando no hay quien replique; no cabe oposicion cuando nadie ataca. As no es raro ver esos hombres volver en s poco rato de abrumar con su locuacidad quien no les contesta; y amonestados por la elocuencia del silencio, excusarse de su molesta petulancia. Son almas inquietas y ardientes que viven de contradecir, y que su vez necesitan contradiccion: cuando no la hay, cesa la pugna; y si se empean en comprenderla, bien pronto se fastidian cuando notan que ljos de habrselas con un enemigo resuelto pelear, se ceban en quien se ha entregado como vctima en las aras de una verbosidad importuna. XIII. La humildad cristiana en sus relaciones con los negocios mundanos. La humildad cristiana, esa virtud que nos hace conocer el lmite de nuestras fuerzas, que nos revela nuestros propios defectos, que no nos permite exagerar nuestro mrito, ni ensalzarnos sobre los demas, que no nos consiente despreciar nadie, que nos inclina aprovecharnos del consejo y ejemplo de todos, aun de los inferiores, que nos hace mirar como frivolidades indignas de un espritu serio el andar en busca de aplausos, el saborearse en el humo de la lisonja; que no nos deja creer jamas que hemos llegado la cumbre de la perfeccion en ningun sentido, ni cegarnos hasta el punto de no ver lo mucho que nos queda por adelantar, y la ventaja que nos llevan otros; esa virtud que bien entendida es la verdad, pero la verdad aplicada al conocimiento de lo que somos, de nuestras relaciones con Dios y con los hombres; la verdad guiando nuestra conducta para que no nos extravien las exageraciones del amor propio; esa virtud, repito, es de suma utilidad en todo cuanto concierne la prctica, aun en las cosas puramente mundanas. S, la humildad cristiana, en cambio de algunos sacrificios, produce grandes ventajas, hasta en los asuntos mas distantes de la devocion. El soberbio compra muy caro su satisfaccion propia; y no advierte que la vctima que inmola ese dolo que ha levantado en su corazon, son veces sus intereses mas caros, es la misma gloria en pos de la cual tan desolado corre. XIV. Daos acarreados por la vanidad y la soberbia. Cuntas reputaciones se ajan, cuando no se destruyen, por la miserable vanidad! cmo se disipa la ilusin que inspirara un gran nombre, si al acercrsele os encontrais con una persona que solo habla de s misma! Cuntos hombres, por otra parte recomendabilsimos, se deslustran, y hasta se hacen objeto de burla, por un tono de superioridad, que choca irrita, atrae los envenenados dardos de la stira! Cuntos se empean en negocios funestos, dan pasos desastrosos, se desacreditan se pierden, solo por haberse entregado su propio pensamiento de una manera exclusiva, sin dar ninguna importancia los consejos, las reflexiones indicaciones de los que veian mas claro, pero que tenian la desgracia de ser mirados de arriba abajo, una distancia inmensa, por ese dios mentido que habitando all en el fantstico empreo fabricado por su vanidad, no se dignaba descender la nfima region donde mora el vulgo de los modestos mortales! Y para qu necesitaba l de consultar nadie? La elevacion de su entendimiento, la seguridad y acierto de su juicio, la fuerza de su penetracion, el alcance de su prevision, la sagacidad de sus combinaciones, no son ya cosas proverbiales? El buen resultado de todos los negocios en que ha intervenido, quin se debe sino l? Si se han superado gravsimas dificultades, quin las ha superado sino l? Si todo no lo han echado perder sus compaeros, quin lo ha evitado sino l? Qu pensamiento se ha concebido de alguna importancia que no le haya concebido l? Qu ocurrencia habrn tenido los otros que con mucha anticipacion no la hubiese tenido l? De qu hubiera servido cuanto hayan excogitado los demas, si no lo hubiese rectificado, enmendado, ilustrado, agrandado, dirigido l? Contempladle; su frente altiva parece amenazar al cielo; su mirada imperiosa exige sumision y acatamiento; en sus labios asoma el desden hcia cuanto le rodea; en toda su fisonoma veris que rebosa la complacencia en s propio; la afectacion de sus gestos y modales os presenta un hombre lleno de s mismo, que procede con excesiva compostura, como si temiese derramarse. Toma la palabra, resignaos callar. Replicais? no escucha vuestras rplicas y sigue su camino; insists otra vez? el mismo desden, acompaado de una mirada que exige atencion impone silencio. Est fatigado de hablar, y descansa; entre tanto aprovechais la ocasion de exponer lo que intentabais hace largo rato; vanos esfuerzos! el semi-dios no se digna prestaros atencion, os interrumpe cuando se le antoja, dirigiendo otros la palabra, si es que no estaba absorto en sus profundas meditaciones, arqueando las cejas, y preparndose desplegar nuevamente sus labios con la majestuosa solemnidad de un orculo. Cmo podia mnos de cometer grandes yerros un hombre tan fatuo? y de esa clase hay muchos, por mas que no siempre llegue la fatuidad una exageracion tan repugnante. Desgraciado el que desde sus primeros aos no se acostumbra rechazar la lisonja, dar los elogios que se le tributan el debido valor; que no se concentra repetidas veces, para preguntarse si el orgullo le ciega, si la vanidad le hace ridculo, si la excesiva confianza en su propio dictmen le extrava y le pierde. En llegando la edad de los negocios, cuando ocupa ya en la sociedad una posicion independiente, cuando ha adquirido cierta reputacion merecida inmerecida, cuando se ve rodeado de consideracion, cuando ya tiene inferiores, las lisonjas se multiplican y agrandan, los amigos son mnos francos y mnos sinceros, y el hombre abandonado la vanidad que dej desarrollarse en su corazon, sigue cada dia con mas ceguedad el peligroso sendero, hundindose mas y mas en ese ensimismamiento, en ese goce de s mismo, en que el amor propio se exagera hasta un punto lamentable, degenerando, por decirlo asi, en _egolatria_. XV. El orgullo. La exageracion del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con un mismo carcter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento sagaz, es orgullo; en los flojos y poco avisados, es vanidad. Ambos tienen un mismo objeto, pero emplean medios diferentes. El orgulloso sin vanidad, tiene la hipocresa de la virtud; el vanidoso tiene la franqueza de su debilidad. Lisonjead al orgulloso, y rechazar la lisonja, temeroso de daar su reputacion hacindose ridculo; de l se ha dicho con mucha verdad, que es demasiado orgulloso para ser vano. En el fondo de su corazon siente viva complacencia en la alabanza; pero sabe muy bien que este es un incienso honroso mintras el dolo no manifiesta deleitarse en el perfume; por esto no os pondr jamas el incensario en la mano, ni consentir que le hagais undular demasiado cerca. Es un dios quien agrada un templo magnfico, y un culto esplendoroso; pero mantenindose el dolo escondido en la misteriosa oscuridad del santuario. Esto probablemente es mas culpable los ojos de Dios, pero no atrae con tanta frecuencia el ridculo de los hombres. Con tanta frecuencia digo, porque difcilmente se alberga en un corazon el orgullo, sin que pesar de todas las precauciones, degenere en vanidad. Aquella violencia no puede ser duradera; la ficcion no es para continuada por mucho tiempo. Saborearse en la alabanza y mostrar desden hcia ella; proponerse por objeto principal el placer de la gloria, y aparentar que no se piensa en ella, es demasiado fingir para que al traves de los mas tupidos velos no se descubra la verdad. El orgulloso quien he descrito mas arriba no podia llamarse propiamente vano, y no obstante su conducta inspiraba algo peor que la vanidad misma: sobre la indignacion provocaba tambien la burla. XVI. La vanidad. El simplemente vano no irrita, excita compasion, presta pbulo la stira. El infeliz no desprecia los demas hombres, los respeta, quizas los admira y teme. Pero padece una verdadera sed de alabanza: y no como quiera, sino que necesita oirla l mismo, asegurarse de que en efecto se le alaba, complacerse en ella con delectacion morosa, y corresponder las buenas almas que le favorecen, expresando con una inocente sonrisita su ntimo goce, su dicha, su gratitud. Ha hecho alguna cosa buena? Ah! habladle de ella por piedad, no le hagais padecer. No veis que se muere por dirigir la conversacion hcia sus glorias? Cruel! que os desentendeis de sus indicaciones, que con vuestra distraccion, con vuestra dureza, le obligaris aclararlas mas y mas hasta convertirlas en splicas. En efecto, ha gustado lo que l ha dicho escrito hecho? qu felicidad! y es necesario que se advierta que fu sin preparacion, que todo se debi la fecundidad de su vena, una de sus felices ocurrencias. No habeis notado cuntas bellezas, cuntos golpes afortunados? Por piedad, no aparteis la vista de tantas maravillas, no introduzcais en la conversacion especies inconducentes, dejadle gozar de su beatitud. Nada de la altivez satnica del orgulloso; nada de hipocresa, un inexprimable candor se retrata en su semblante; su fisonoma se dilata agradablemente; su mirada es afable, es dulce, sus modales atentos; su conducta complaciente; el desgraciado est en actitud de suplicante, teme que una imprudencia no le arrebate su dicha suprema. No es duro, no es insultante, no es ni siquiera exclusivo, no se opone que otros sean alabados; solo quiere participar. Con qu ingenua complacencia refiere sus trabajos y aventuras! En pudiendo hablar de s mismo su palabra es inextinguible. A sus alucinados ojos, su vida es poco mnos que una epopeya. Los hechos mas insignificantes se convierten en episodios de sumo interes, las vulgaridades en golpes de ingenio, los desenlaces mas naturales en resultados de combinaciones estupendas. Todo converge hcia l: la misma historia de su pais no es mas que un gran drama, cuyo hroe es l; todo es insipido si no lleva su nombre. XVII. La influencia del orgullo es peor para los negocios que la de la vanidad. Este defecto, aunque mas ridculo que el orgullo, no tiene sin embargo tantos inconvenientes para la prctica. Como es una complacencia en la alabanza mas bien que un sentimiento fuerte de superioridad, no ejerce sobre el entendimiento un influjo tan malfico. Estos hombres son por lo comun de un carcter flojo, como lo manifiesta la misma debilidad con que se dejan arrastrar por su inclinacion. As es, que no suelen desechar como los orgullosos el consejo ajeno, y aun muchas veces se adelantan pedirle. No son tan altivos que no quieran recibir nada de nadie; y ademas se reservan el derecho de explotar despues el negocio para formar su pomito de olor de vanagloria en que se puedan deleitar. Es poco por ventura si el asunto sale bien, el gusto de referir todo lo que pens el que le condujo, y la sagacidad con que conoci las dificultades, y el tino con que procedi para vencerlas, y la prudencia con que tom consejo de personas entendidas, y lo mucho que el aconsejado ilustr el juicio del consejero? No deja de haber en esto una mina abundante, que su debido tiempo ser explotada cual conviene. XVIII. Cotejo entre el orgullo y la vanidad. El orgullo tiene mas malicia, la vanidad mas flaqueza; el orgullo irrita, la vanidad inspira compasion; el orgullo concentra, la vanidad disipa; el orgullo sugiere quizas grandes crmenes, la vanidad ridculas miserias; el orgullo est acompaado de un fuerte sentimiento de superioridad independencia, la vanidad se aviene con la desconfianza de s mismo, hasta con la humillacion; el orgullo tiende los resortes del alma, la vanidad los afloja; el orgullo es violento, la vanidad es blanda; el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere tambien, pero con lnguida pasion, con abandono, con molicie: podria llamarse la afeminacion del orgullo. As la vanidad es mas propia de las mujeres, el orgullo de los hombres, y por la misma razon la infancia tiene mas vanidad que orgullo, y este no suele desarrollarse sino en la edad adulta. Si bien es verdad que en teora estos dos vicios se distinguen por las cualidades expresadas, no siempre se encuentran en la prctica con seales tan caractersticas. Lo mas comun es hallarse mezclado en el corazon humano, teniendo cada cual no solo sus pocas sino sus dias, sus horas, sus momentos. No hay una lnea divisoria que separe perfectamente los dos colores; hay una gradacion de matices, hay irregularidad en los rasgos, hay ondas, aguas, que solo descubre quien est acostumbrado desenvolver y contemplar los complicados y delicados pliegues del humano corazon. Y aun si bien se mira, el orgullo y la vanidad son una misma cosa con distintas formas; es un mismo fondo que ofrece diversos cambiantes segun el modo con que le da la luz. Este fondo es la exageracion del amor propio, el culto de s mismo. El dolo est cubierto con tupido velo, se presenta los adoradores con faz atractiva y risuea; mas por esto no vara, es el hombre que se ha levantado s propio un altar en su corazon, y se tributa incienso, y desea que se lo tributen los demas. XIX. Cun general es dicha pasion. Puede asegurarse sin temor de errar, que esta es la pasion mas general, la que admite mnos excepciones, quizas ninguna, aparte las almas privilegiadas sumergidas en la pursima llama de un amor celeste. La soberbia ciega al ignorante como al sabio, al pobre como al rico, al dbil como al poderoso, al desventurado como al feliz, la infancia como la vejez; domina al libertino, no perdona al austero, campea en el gran mundo, y penetra en el retiro de los claustros; rebosa en el semblante de la altiva seora, que reina en los salones por la nobleza de su linaje, por sus talentos y hermosura, pero se trasluce tambien en la tmida palabra de la humilde religiosa, que salida de familia oscura, se ha encerrado en el monasterio, desconocida de los hombres sin mas porvenir en la tierra que una sepultura ignorada. Encuntranse personas exentas de liviandad, de codicia, de envidia, de odio, de espritu de venganza; pero libre de esa exageracion del amor propio, que segun es su forma, se llama orgullo vanidad, no se halla casi nadie, bien podria decirse que nadie. El sabio se complace en la narracion de los prodigios de su saber, el ignorante se saborea en sus necedades; el valiente cuenta sus hazaas, el galan sus aventuras; el avariento ensalza sus talentos econmicos, el prdigo su generosidad; el lijero pondera su viveza, el tardo su aplomo; el libertino se envanece por sus desrdenes, y el austero se deleita en que su semblante muestre los hombres la mortificacion y el ayuno. Este es sin duda el defecto mas general; esta es la pasion mas insaciable cuando se le da rienda suelta; la mas insidiosa, mas sagaz para sobreponerse, cuando se la intenta sujetar. Si se la domina un tanto fuerza de elevacion de ideas, de seriedad de espritu y firmeza de carcter, bien pronto trabaja por explotar esas nobles cualidades, dirigiendo el nimo hcia la contemplacion de ellas; y si se la resiste con el arma verdaderamente poderosa y nica eficaz, que es la humildad cristiana, esta misma procura envanecerla, ponindole asechanzas para hacerla perecer. Es un reptil que si le arrojamos de nuestro pecho, se arrastra y enrosca nuestros pies; y cuando pisamos un extremo de su flexible cuerpo, se vuelve y nos hiere con emponzoada picadura. XX. Necesidad de una lucha continua. Siendo esta una de las miserias de la flaca humanidad, preciso es resignarse luchar con ella toda la vida; pero es necesario tener siempre fija la vista sobre el mal, limitarle al menor crculo posible; y ya que no sea dado nuestra debilidad el remediarlo del todo, al mnos no dejarle que progrese, evitar que cause los estragos que acostumbra. El hombre que en este punto sabe dominarse si mismo, tiene mucho adelantado para conducirse bien; posee una cualidad rara que luego producir sus buenos resultados, perfeccionando y madurando el juicio, haciendo adelantar en el conocimiento de las cosas y de los hombres, y adquiriendo esa misma alabanza que tanto mas se merece cuanto mnos se busca. Removido el bice es mas fcil entrar en el buen camino; y libre la vista de esa niebla que la ofusca, no es tan peligroso extraviarse. XXI. No es solo la soberbia lo que nos induce error al proponernos un fin. Para proponerse acertadamente un fin, es necesario comprender perfectamente la posicion del que le ha de alcanzar. Y aqu repetir lo que llevo indicado mas arriba, y es que son muchos los hombres que marchan la aventura, ya sea no fijndose en un fin bien determinado, ya no calculando la relacion que este tiene con los medios de que se puede disponer. En la vida privada como en la pblica, es tarea harto difcil el comprender bien la posicion propia: el hombre se forma mil ilusiones, que le hacen equivocar sobre el alcance de sus fuerzas, y la oportunidad de desplegarlas. Sucede con mucha frecuencia que la vanidad las exagera, pero como el corazn humano es un abismo de contradicciones, tampoco es raro el ver que la pusilanimidad las disminuye mas de lo justo. Los hombres levantan con demasiada facilidad encumbradas torres de Babel, con la insensata esperanza de que la cima podr tocar al cielo: pero tambien les acontece desistir pusilnimes, hasta de la construccion de una modesta vivienda. Verdaderos nios que ora creen poder tocar el cielo con la mano, en subiendo una colina, ora toman por estrellas que brillan inmensa distancia en lo mas elevado del firmamento, bajas y pasajeras exhalaciones de la atmsfera sublunar. Quizas se atreven mas de lo que pueden; pero veces no pueden porque no se atreven. Cul ser en estos casos el verdadero criterio? Pregunta que es difcil contestar, y sobre la cual solo caben reflexiones muy vagas. El primer obstculo que se encuentra es que el hombre se conoce poco s mismo; y entnces, cmo sabr lo que puede y lo que no puede? Se dir que con la experiencia; es cierto; pero el mal est en que esa experiencia es larga, y que veces da su fruto cuando la vida toca su trmino. No digo que ese criterio sea imposible; muy al contrario, en varias partes de esta misma obra indico los medios para adquirirle. Sealo la dificultad, pero no afirmo la imposibilidad: la dificultad debe inspirarnos diligencia, mas no producirnos abatimiento. XXII. Desarrollo de fuerzas latentes. Hay en el espritu humano muchas fuerzas que permanecen en estado de _latentes_ hasta que la ocasion las despierta y aviva; el que las posee no lo sospecha siquiera, quizas baja al sepulcro sin haber tenido conciencia de aquel precioso tesoro, sin que un rayo de luz reflejara en aquel diamante que hubiera podido embellecer la mas esplendente diadema. Cuntas veces una escena, una lectura, una palabra, una indicacion, remueve el fondo del alma y hace brotar de ella inspiraciones misteriosas! Fria, endurecida, inerte ahora, y un momento despues surge de ella un raudal de fuego que nadie sospechara oculto en sus entraas. Qu ha sucedido? se ha removido un pequeo obstculo que impedia la comunicacion con el aire libre, se ha presentado la masa elctrica un punto atrayente, y el fluido se ha comunicado y dilatado con la celeridad del pensamiento. El espritu se desenvuelve con el trato, con la lectura, con los viajes, con la presencia de grandes espectculos; no tanto por lo que recibe de fuera, como por lo que descubre dentro de s. Qu le importa el haber olvidado lo visto oido ledo, si se mantiene viva la facultad que el afortunado encuentro le revelara? el fuego prendi, arde sin extinguirse, poco importa que se haya perdido la tea. Las facultades intelectuales y morales se excitan tambien como las pasiones. A veces un corazon inexperto duerme tranquilamente el sueo de la inocencia: sus pensamientos son puros como los de un ngel, sus ilusiones cndidas como el copo de nieve que cubre de blanqusima alfombra la dilatada llanura; pas un instante; se ha corrido un velo misterioso; el mundo de la inocencia y de la calma desapareci, y el horizonte se ha convertido en un mar de fuego y de borrascas. Qu ha sucedido? Ha mediado una lectura, una conversacion imprudente, la presencia de un objeto seductor. H aqu la historia del dispertar de muchas facultades del alma. Criada para estar unida con el cuerpo con lazo incomprensible, y para ponerse en relacion con sus semejantes, tiene como ligadas algunas de sus facultades hasta que una impresion exterior viene desenvolverlas. Si supiramos de qu disposiciones nos ha dotado el Autor de la naturaleza no seria difcil ponerlas en accion, ofrecindoles el objeto que mas se les adapta, y que por lo mismo las excita y desarrolla; pero como al encontrarse el hombre engolfado en la carrera de la vida, ya le es muchas veces imposible volver atras, deshaciendo todo el camino que la educacion y la profesion escogida impuesta le han hecho andar, es necesario que acepte las cosas tales como son, aprovechndose de lo bueno, y evitando lo malo en lo que le sea posible. XXIII. Al proponernos un fin debemos guardarnos de la presuncion y de la excesiva desconfianza. Sea cual fuere su carrera, su posicion en la sociedad, sus talentos, inclinaciones ndole, nunca el hombre debe prescindir de emplear su razon, ya sea para prefijarse con acierto el fin, ya para echar mano de los medios mas propsito para llegar el. El fin ha de ser proporcionado los medios, y estos son las fuerzas intelectuales, morales fisicas y demas recursos de que se puede disponer. Proponerse un blanco fuera del alcance, es gastar intilmente las fuerzas; as como es desperdiciarlas, exponindolas disminuirse por falta de ejercicio, el no aspirar lo que la razon y la experiencia dicen que se puede llegar. XXIV. La pereza. Si bien es cierto que la prudencia aconseja ser mas bien desconfiado que presuntuoso, y que por lo mismo no conviene entregarse con facilidad empresas arduas, tambien importa no olvidar que la resistencia las sugestiones del orgullo de la vanidad, puede muy bien explotarla la pereza. La soberbia es sin duda un mal consejero, no solo por el objeto que nos conduce, sino tambien por la dificultad que hay en guardarse de sus insidiosos amaos; pero es seguro que poco falta si no encuentra en la pereza una digna competidora. El hombre ama las riquezas, la gloria, los placeres, pero tambien ama mucho el no hacer nada; esto es para l un verdadero goce, al que sacrifica menudo su reputacion y bienestar. Dios conocia bien la naturaleza humana, cuando la castig con el trabajo; el comer el pan con el sudor de su rostro es para el hombre una pena continua, y frecuentemente muy dura. XXV. Una ventaja de la pereza sobre las demas pasiones. La pereza, es decir, la pasion de la inaccion, tiene para triunfar, una ventaja sobre las demas pasiones, y es que no exige nada; su objeto es una pura negacion. Para conquistar un alto puesto es preciso mucha actividad, constancia, esfuerzos; para granjearse brillante nombrada es necesario presentar ttulos que la merezcan, y estos no se adquieren sin largas y penosas fatigas; para acumular riquezas es indispensable atinada combinacion y perseverante trabajo; hasta los placeres mas muelles no se disfrutan si no se anda en busca de ellos, y no se emplean los medios conducentes. Todas las pasiones, para el logro de su objeto, exigen algo; solo la pereza no exige nada. Mejor la contentais sentado que en pi, mejor echado que sentado, mejor sooliento que bien despierto. Parece ser la tendencia la misma nada; la nada es al mnos su solo lmite; cuanto mas se acerca ella el perezoso, en su modo de ser, mejor est. XXVI. Orgen de la pereza. El orgen de la pereza se halla en nuestra misma organizacion, y en el modo con que se ejercen nuestras funciones. En todo acto hay un gasto de fuerza, hay pues un principio de cansancio, y por consiguiente de sufrimiento. Cuando la prdida es insignificante, y solo ha trascurrido el tiempo necesario para desplegar la accion de los rganos miembros, no hay sufrimiento todava, y hasta puede sentirse placer; mas bien pronto la prdida se hace sensible, y el cansancio empieza. Por esta causa no hay perezoso que no emprenda repetidas veces y con gusto algunos trabajos; y quizas por la misma razon tambien, los mas vivos no son los mas laboriosos. La intensidad con que ponen en ejercicio sus fuerzas, debe de excitar en ellos mas pronto que en otros, la sensacion de cansancio; por cuyo motivo, se acostumbrarn mas fcilmente mirar el trabajo con aversion. XXVII. Pereza del espritu. Como el ejercicio de las facultades intelectuales y morales necesita la concomitancia de ciertas funciones orgnicas, la pereza tiene lugar en los actos del espritu como en los del cuerpo. No es el espritu quien se cansa, sino los rganos corporales que le sirven; pero el resultado viene ser el mismo. As es que hay veces una pereza de pensar y aun de querer, tan poderosa como la de hacer cualquier trabajo corpreo. Y es de notar que estas dos clases de pereza no siempre son simultneas, pudiendo existir la una sin la otra. La experiencia atestigua que la fatiga puramente corporal, del sistema muscular, no siempre produce postracion intelectual y moral; y no es raro estar sumamente fatigado de cuerpo, y sentir muy activas las facultades del espritu. Al contrario, despues de largos intensos trabajos mentales, veces se experimenta un verdadero placer en ejercitar las fuerzas fsicas, cuando las intelectuales han llegado ya un estado de completa postracion. Estos fenmenos no son difciles de explicar si se advierte que las alteraciones del sistema muscular distan mucho de guardar proporcion con las del sistema nervioso. XXVIII. Razones que confirman lo dicho sobre el orgen de la pereza. En prueba de que la pereza es un instinto de precaucion contra el sufrimiento que nace del ejercicio de las facultades, se puede observar: 1. que cuando este ejercicio produce placer, no solo no hay repugnancia la accion, sino que hay inclinacion hcia ella; 2. que la repugnancia al trabajo es mas poderosa ntes de empezarle, porque entnces es necesario un esfuerzo para poner en accion los rganos miembros; 3. que la repugnancia es nula cuando desplegado ya el movimiento, no ha trascurrido aun el tiempo suficiente para hacer sentir el cansancio que nace del quebranto de las fuerzas; 4. que la repugnancia renace, y se aumenta medida que este quebranto se verifica; 5. que los mas vivos adolecen mas de este mal porque experimentan ntes al sufrimiento; 6. que los de ndole verstil y lijera, suelen tener el mismo defecto, por la sencilla razon de que mas del esfuerzo que exige el trabajo, han de menester otro para sujetarse s mismos venciendo su propension variar del objeto. XXIX. La inconstancia. Su naturaleza y orgen. La inconstancia, que en apariencia no es mas que un exceso de actividad, pues que nos lleva continuamente ocuparnos de cosas diferentes, no es mas que la pereza bajo un velo hipcrita. El inconstante sustituye un trabajo otro, porque as se evita la molestia que experimenta con la necesidad de sujetar su atencion y accion un objeto determinado. As es que todos los perezosos suelen ser grandes proyectistas; porque el excogitar proyectos es cosa que ofrece campo vastas divagaciones, que no exigen esfuerzo para sujetar el espritu; tambien suelen ser amigos de emprender muchas cosas, sucesiva simultneamente, siempre con el bien entendido de no llevar cabo ninguna. XXX. Pruebas y aplicaciones. Vemos cada paso hombres cuyos intereses y deberes reclaman ciertos trabajos no mas pesados que los que ellos mismos se imponen: y no obstante dejan aquellos por estos, sacrificando su gusto el interes y el deber. Han de despachar un expediente, y le dejan intacto, pesar de que no habian de emplear en l ni la mitad del tiempo que han gastado en correspondencias insignificantes. Han de avistarse con una persona para tratar un negocio; no lo hacen, y andan mas camino, y consumen mas tiempo y mas palabras, hablando de cosas indiferentes. Han de acudir una reunion donde se han de ventilar asuntos de intereses: no ignoran lo que se ha de tratar, y no habrian de hacer grande esfuerzo para enterarse de lo que ocurra, y dar con acierto su dictmen; pues no importa, aquellas horas reclamadas por sus intereses, las consumirn quizas disputando de poltica, de guerra, de ciencias, de literatura, de cualquier cosa, con tal que no sea aquello que estan obligados. El pasear, el hablar, el disputar, son sin duda ejercicio de facultades del espritu y del cuerpo; y no obstante en el mundo abundan los amigos de pasear, los habladores y disputadores, y escasean los verdaderamente laboriosos. Y esto porqu? porque el pasear y hablar y disputar son compatibles con la inconstancia, no exigen esfuerzo, consienten variedad continua, llevan consigo naturales alternativas de trabajo y descanso, enteramente sujetas la voluntad y al capricho. XXXI. El justo medio entre dichos extremos. Evitar la pusilanimidad sin fomentar la presuncion, sostener y alentar la actividad sin inspirar vanidad, hacer sentir al espritu sus fuerzas sin cegarle con el orgullo, h aqu una tarea difcil en la direccion de los hombres, y mas todava en la direccion de s mismo. Esto es lo que el Evangelio ensea, esto es lo que la razon aplaude y admira. Entre dichos escollos debemos caminar siempre, no con la esperanza de no dar jamas en ninguno de ellos, pero s con la mira, con el deseo, y la esperanza tambien, de no estrellarnos hasta el punto de perecer. La virtud es difcil, mas no imposible: el hombre no la alcanza aqu en la tierra sin mezcla de muchas debilidades que la deslustran; pero no carece de los medios suficientes para poseerla y perfeccionarla. La razon es un monarca condenado luchar de continuo con las pasiones sublevadas; pero Dios la ha provisto de lo necesario para pelear y vencer. Lucha terrible, lucha penosa, lucha llena de azares y peligros, mas por lo mismo tanto mas digna de ser ansiada por las almas generosas. En vano se intenta en nuestro siglo proclamar la omnipotencia de las pasiones, y lo irresistible de su fuerza para triunfar de la razon; el alma humana, sublime destello de la divinidad, no ha sido abandonada por su Hacedor. No hay fuerzas que basten apagar la antorcha de la moral ni en el individuo ni en la sociedad; en el individuo sobrevive todos los crmenes, en la sociedad resplandece aun despues de los mayores trastornos: en el individuo culpable, reclama sus derechos con la voz del remordimiento; en la sociedad, por medio de elocuentes protestas, y de ejemplos hericos. XXXII. La moral es la mejor guia del entendimiento prctico. La mejor guia del entendimiento prctico, es la moral. En el gobierno de las naciones, la poltica pequea es la poltica de los intereses bastardos, de las intrigas, de la corrupcion; la poltica grande es la poltica de la conveniencia pblica, de la razon, del derecho. En la vida privada, la conducta pequea es la de los manejos ignobles, de las miras mezquinas, del vicio; la conducta grande es la que inspira la generosidad y la virtud. Lo recto y lo til veces parecen andar separados; pero no suelen estarlo sino por un corto trecho; llevan caminos opuestos en apariencia, y sin embargo el punto que se dirigen es el mismo. Dios quiere por estos medios, probar la fortaleza del hombre; y el premio de la constancia no siempre se hace esperar todo en la otra vida. Que si esto sucede una que otra vez, es acaso lijera recompensa el descender al sepulcro con el alma tranquila, sin remordimiento, y con el corazon embriagado de esperanza? No lo dudemos: el arte de gobernar no es mas que la razon y la moral aplicadas al gobierno de las naciones; el arte de conducirse bien en la vida privada, no es mas que el Evangelio en prctica. Ni la sociedad ni el individuo olvidan impunemente los eternos principios de la moral; cuando lo intentan por el aliciente del interes, tarde temprano se pierden, perecen, en sus propias combinaciones. El interes que se erigiera en dolo, se convierte en vctima. La experiencia de todos los dias es una prueba de esta verdad; en la historia todos los tiempos la vemos escrita con caractres de sangre. XXXIII. La armona del universo defendida con el castigo. No hay falta sin castigo; el universo est sujeto una ley de armona: quien la perturba sufre. Al abuso de nuestras facultades fsicas sucede el dolor; los extravos del espritu siguen el pesar y el remordimiento. Quien busca con excesivo afan la gloria se atrae la burla; quien intenta exaltarse sobre los demas con orgullo destemplado, provoca contra s la indignacion, la resistencia, el insulto, las humillaciones. El perezoso goza en su inaccion, pero bien pronto su desidia disminuye sus recursos, y la precision de atender sus necesidades le obliga un exceso de actividad y de trabajo. El prdigo disipa sus riquezas en los placeres y en la ostentacion: pero no tarda en encontrar un vengador de sus desvaros en la pobreza andrajosa y hambrienta, que le impone en vez de goce privaciones, en vez de lujosa ostentacion escasez vergonzosa. El avaro acumula tesoros temiendo la pobreza; y en medio de sus riquezas sufre los rigores de esa misma pobreza que tanto le espanta: l se condena s mismo todos ellos, con su alimento limitado y grosero, su traje sucio y raido, su habitacion pequea, incmoda y desaseada. No aventura nada por no perder nada; desconfia hasta de las personas que mas le aman; en el silencio y tinieblas de la noche visita sus arcas enterradas en lugares misteriosos, para asegurarse que el tesoro est all, y aumentarle todava mas; y entre tanto le acecha uno de sus sirvientes vecinos, y el tesoro con tanto afan acumulado, con tanta precaucion escondido, desaparece. En el trato, en la literatura, en las artes, el excesivo deseo de agradar produce desagrado; el afan por ofrecer cosas demasiado exquisitas fastidia: lo ridculo est junto lo sublime; lo delicado no dista de lo empalagoso; el prurito de ofrecer cuadros simtricos, suele conducir contrastes disparatados. En el gobierno de la sociedad el abuso del poder acarrea su ruina; el abuso de la libertad da orgen la esclavitud. El pueblo que quiere extender demasiado sus fronteras, suele verse mas estrechado de lo que exigen las naturales; el conquistador que se empea en acumular coronas sobre su cabeza, acaba por perderlas todas; quien no se satisface con el dominio de vastos imperios, va consumirse en una roca solitaria en la inmensidad del Ocano. De los que ambicionan el poder supremo, la mayor parte encuentran la proscripcion el cadalso. Codician el alczar de un monarca, y pierden el hogar domstico, suean en un trono y encuentran un patbulo. XXXIV. Observaciones sobre las ventajas y desventajas de la virtud en los negocios. Dios no ha dejado indefensas sus leyes, todas las ha escudado con el justo castigo; castigo que por lo comun se experimenta ya en esta vida. Por esta razon los clculos basados sobre el interes en oposicion con la moral, estan muy expuestos salir fallidos, enredndose la inmoralidad en sus propios lazos. Mas no se crea que con esto quiera yo negar que el hombre virtuoso se halle muchas veces en posicion sumamente desventajosa, para competir con un adversario inmoral. No desconozco que en un caso dado, tiene mas probabilidad de alcanzar un fin el que puede emplear cualquier medio por no reparar en ninguno, como le sucede al hombre malo; y que no dejara de ser un obstculo gravsimo el tener que valerse de muy pocos medios quizas solamente de uno, como le acontece al virtuoso, causa de que los inmorales son para l como si no existiesen; pero si bien esto es verdad considerando un negocio aislado, no lo es mnos que andando el tiempo, los inconvenientes de la virtud se compensan con las ventajas; as como las ventajas del vicio se compensan con los inconvenientes; y que en ltimo resultado, un hombre verdaderamente recto llegar lograr el fruto de su rectitud alcanzando el fin que discretamente se proponga; y que el inmoral expiar tarde temprano sus iniquidades, encontrando la perdicion en la extremidad de sus malos y tortuosos caminos. XXXV. Defensa de la virtud contra una inculpacion injusta. Los hombres virtuosos y desgraciados, tienen cierta propension sealar sus virtudes como el orgen de sus desgracias; pues que esto los inclinan de consuno el deseo de ostentar su virtud, y el de ocultar sus imprudencias; que imprudencias muy grandes se cometen tambien con la intencion mas recta y mas pura. La virtud no es responsable de los males acarreados por nuestra imprevision lijereza; pero el hombre suele achacrselos ella con demasiada facilidad. Mi buena fe me ha perdido, exclama el hombre honrado vctima de una impostura; cuando lo que le ha perdido no es su buena fe, sino su torpe confianza en quien le ofrecia demasiados motivos para prudentes sospechas. Acaso los malos no son tambien con mucha frecuencia vctima de otros malos, y los prfidos de otros prfidos? La virtud nos ensea el camino que debemos seguir, mas no se encarga de descubrirnos todos los lazos que en l podemos encontrar: esto es obra de la penetracion, de la prevision, del buen juicio, es decir de un entendimiento claro y atinado. Con estas dotes no est reida la virtud, mas no siempre las lleva por compaeras. Como fiel amiga de la humanidad se alberga sin repugnancia en el corazon de toda clase de hombres; ora brille en ellos esplendente y puro el sol de la inteligencia, ora est oscurecido con espesa niebla. XXXVI. Defensa de la sabidura contra una inculpacion infundada. Creen algunos que los grandes talentos y el mucho saber, propenden de suyo al mal; esto es una especie de blasfemia contra la bondad del Criador. La virtud necesita acaso las tinieblas? Los conocimientos y las virtudes de la criatura, no emanan acaso de un mismo origen, del pilago de luz y santidad, que es Dios? Si la elevacion de la inteligencia condujese al mal, la maldad de los seres estaria en proporcion con su altura; adivinais la consecuencia? porqu no sacarla? La sabidura infinita seria la maldad infinita; y hos aqu en el error de los maniqueos, encontrando en la extremidad de la escala de los reres un principio malo. Pero qu digo? peor fuera este error que el de Manes; pues que en l, no se podria admitir un principio bueno. El genio del mal presidiria sin rival, enteramente solo, los destinos del mundo; el rey del Averno deberia colocar su trono de negra lava en las esplendentes regiones del empreo. No, no debe el hombre huir de la luz por temor de caer en el mal; la verdad no teme la luz, y el bien moral es una gran verdad. Cuanto mas ilustrado est el entendimiento mejor conocer la inefable belleza de la virtud, y conocindola mejor, tendr mnos dificultades en practicarla. Rara vez hay mucha elevacion en las ideas, sin que de ella participen los sentimientos; y los sentimientos elevados nacen de la misma virtud, son una disposicion muy propsito para alcanzarla. Hasta hay en favor del talento y del saber una razon fundada en la naturaleza de las facultades del alma. Nadie ignora que por lo comun el mucho desarrollo de la una es con algun perjuicio de la otra; por consiguiente, cuando en el hombre se desenvuelvan de una manera particular las facultades superiores, menguarn en su fuerza las pasiones groseras, orgen de los vicios. La historia del espritu humano confirma esta verdad: generalmente hablando, los hombres de entendimiento muy elevado no han sido perversos; muchos se han distinguido por sus eminentes virtudes; otros han sido dbiles como hombres, mas no malvados; y si uno que otro ha llegado este extremo, debe mirarse como excepcion, no como regla. Sabeis porqu un malvado de gran talento compromete, por decirlo as, la reputacion de los demas, prestando ocasion que de algunos casos particulares se saquen deducciones generales? Porque en un malvado de gran talento todos piensan, de un malvado necio nadie se acuerda; porque forman un vivo contraste la iniquidad y el gran saber, y este contraste hace mas notable el extremo feo; por la misma razon que se repara mas en la relajacion de un sacerdote que en la de un seglar. Nadie nota una mancha mas en un cristal muy sucio; pero en otro muy limpio y brillante, se presenta desde luego los ojos el mas pequeo lunar. XXXVII. Las pasiones son buenos instrumentos, pero malos consejeros. Ya vimos (Cap. XIX) cun pernicioso era el influjo de las pasiones para impedirnos el conocimiento de la verdad, aun la especulativa; pero lo que all se dijo en general, tiene muchsima mas aplicacion en refirindose la prctica. Cuando tratamos de ejecutar alguna cosa, las pasiones son veces un auxiliar excelente; mas para prepararla en nuestro entendimiento, son consejeros muy peligrosos. El hombre sin pasiones seria frio, tendria algo de inerte, por carecer de uno de los principios mas poderosos de accion que Dios ha concedido la humana naturaleza; pero en cambio, el hombre dominado por las pasiones es ciego y se abalanza los objetos la manera de los brutos. Examinando atentamente el modo de obrar de nuestras facultades, se echa de ver que la razon es propsito para dirigir, y las pasiones para ejecutar; y as es que aquella atiende no solo lo presente sino tambien lo pasado y lo venidero, cuando estas miran el objeto solo por lo que es en el momento actual, y por el modo con que nos afecta. Y es que la razon como verdadera directora se hace cargo de todo lo que puede daar favorecer, no solo ahora, sino tambien en el porvenir; pero las pasiones como encargadas nicamente de ejecutar, solo se cuidan del instante y de la impresion actuales. La razon no se para solo en el placer sino en la utilidad, en la moralidad, en el decoro; las pasiones prescinden del decoro, de la moralidad, de la utilidad, de todo lo que no sea la impresion agradable ingrata, que en el acto se experimenta. XXXVIII. La hipocresa de las pasiones. Cuando hablo de pasiones, no me refiero nicamente las inclinaciones fuertes, violentas, tempestuosas, que agitan nuestro corazon como los vientos el ocano; trato tambien de aquellas mas suaves, mas espirituales, por decirlo asi, porque al parecer estan mas cerca de las altas regiones del espritu, y que suelen apellidarse _sentimientos_. Las pasiones son las mismas, solo varian por su forma, mas bien por la graduacion de intensidad, y por el modo de dirigirse su objeto. Son entnces mas delicadas, pero no mnos temibles; pues que esa misma delicadeza contribuye que con mas facilidad nos seduzcan y extravien. Cuando la pasion se presenta en toda su deformidad y violencia, sacudiendo brutalmente el espritu, y empendose en arrastrarle por malos caminos, el espritu se precave contra el adversario, se prepara luchar, resultando tal vez que la misma impetuosidad del ataque provoca una herica defensa. Pero si la pasion depone sus maneras violentas, si se despoja, por decirlo as, de sus groseras vestiduras, cubrindose con el manto de la razon; si sus sugestiones se llaman conocimiento, y sus inclinaciones voluntad, ilustrada pero decidida, entnces toma por traicion una plaza que no hubiera tomado por asalto. XXXIX. Ejemplo. La venganza bajo dos formas. Un hombre que ha irrogado una ofensa, est con una pretension en cuyo xito puede influir decisivamente el ofendido. Tan pronto como este lo sabe, recuerda la ofensa recibida, el resentimiento se dispierta en su corazon, al resentimiento sucede la clera, y la clera engendra un vivo deseo de venganza. Y porqu dejara de vengarse? No se le ofrece ahora una excelente oportunidad? No ser para l un placer el presenciar la desesperacion de su adversario burlado en sus esperanzas, y quizas sumido en la oscuridad, en la desgracia, en la miseria? Vngate, vngate, le dice en alta voz su corazon; vngate, y que l sepa que te has vengado; dale, ya que l te da, humllale, ya que l te humill; goza t el cruel pero vivo placer de su desgracia, ya que l se goz en la tuya. La vctima est en tus manos; no la sueltes; cbate en ella; sacia en ella tu sed de venganza. Tiene hijos, y perecern.... no importa.... que perezcan; tiene padres y morirn de pesar.... no importa.... que mueran: as ser herido en mas puntos su infame corazon; asi sangrar con mas abundancia; asi no habr consuelo para l; as se llenar la medida de su afliccion; as derramars en su villano pecho toda la hiel y amargura que l un dia derramara en el tuyo. Vngate, vngate; rete de una generosidad que l no practic contigo; no tengas piedad de quien no la tuvo de t; l es indigno de tus favores, indigno de compasion, indigno de perdon; vngate, vngate. As habla el odio exaltado por la ira; pero este lenguaje es demasiado duro y cruel para no ofender un corazon generoso. Tanta crueldad dispierta un sentimiento contrario: este comportamiento seria ignoble, seria infame, se dice el nombre s mismo; esto repugna hasta al amor propio. Pues qu? yo he de gozarme en el abatimiento, en el perpetuo infortunio de una familia? No seria para m un remordimiento inextinguible la memoria de que con mis manejos he sumido en la miseria sus hijos inocentes, y hundido en el sepulcro sus ancianos padres? Esto no lo puedo hacer; esto no lo har; es mas honroso no vengarme; sepa mi adversario que si l fu bajo, yo soy noble, si l fu inhumano, yo soy generoso; no quiero buscar otra venganza que la de triunfar de l fuerza de generosidad, cuando su mirada se encuentre con mi mirada, sus ojos se abatirn, el rubor encender sus mejillas, su corazon sentir un remordimiento, y me har justicia. El espritu de venganza ha sucumbido por su imprudencia; lo queria todo, lo exigia todo, y con urgencia, con imperiosidad, sin consideraciones de ninguna clase; y el corazon se ha ofendido de semejante desman; ha creido que se trataba de envilecerle, ha llamado en su auxilio los sentimientos nobles, que han acudido presto y han decidido la victoria en favor de la razon. Otro quizas hubiera sido el resultado, si el espritu de venganza hubiese tomado otra forma mnos dura, si cubriendo su faz con mentida mscara, no hubiese mostrado sus facciones feroces. No debia dar destemplados gritos, aullidos horribles; era menester que envuelto y replegado en el seno mas oculto del corazon, hubiese destilado desde all su veneno mortal. Por cierto, debia decir, que el ofensor no es nada digno de obtener lo que pretende; y solo por este motivo conviene oponerse que lo obtenga. Hizo una injuria, es verdad; pero ahora no es ocasion de acordarse de ella. No ha de ser el resentimiento quien presida tu conducta sino la razon, el deseo de que una cosa de tanta entidad no vaya parar malas manos. El pretendiente no carece de algunas buenas disposiciones para el desempeo; porqu no hacerle esta justicia? Pero en cambio adolece de defectos imperdonables. La ofensa que te hizo t lo manifiesta bien; de ella no debes acordarte para la venganza, pero s para formar un juicio acertado. Sientes un secreto y vivo placer en contrariarle, en abatirle, en perderle; mas este sentimiento no te domina; solo te impulsa el deseo del bien; y en verdad que si no mediase otro motivo que el resentimiento, no pondrias ningun obstculo sus designios. Hasta quizas, harias el sacrificio de favorecerle; y en verdad que seria doloroso, muy doloroso; pero quizas te resignarias ello. Mas no te hallas en este caso; afortunadamente la razon, la prudencia, la justicia estan de acuerdo con las inclinaciones de tu corazon; y bien considerado, ni las atiendes siquiera, experimentas un placer en daar tu enemigo, mas este placer es una expansion natural, que t no alcanzas destruir, pero que tienes bastante sujeta para no dejarla que te domine. No hay inconveniente pues en tomar las providencias oportunas. Lo que importa es proceder con calma, para que vean todos que no hay parcialidad, que no hay odio, que no hay espritu de venganza, que usas de un derecho, y hasta obedeces un deber. La venganza impetuosa, violenta, francamente injusta, no habia podido alcanzar un triunfo que ha obtenido sin dificultad la venganza pacfica, insidiosa, disfrazada hipcritamente con el velo de la razon, de la justicia, del deber. Por este motivo es tan temible la venganza cuando obra en nombre del celo por la justicia. Cuando el corazon poseido del odio llega engaarse a s mismo, creyendo obrar impulsos del buen deseo, quizas de la misma caridad, se halla como sujeto la fascinacion de un reptil quien no ve, y cuya existencia ni aun sospecha. Entnces la envidia destroza las reputaciones mas puras y esclarecidas, el rencor persigue inexorable, la venganza se goza en las convulsiones y congojas de la infortunada vctima, hacindole agotar hasta las heces el dolor y la amargura. El insigne Protomrtir brillaba por sus eminentes virtudes y aterraba los judos con su elocuencia divina; qu nombre creeis que tomarn la envidia y la venganza, que les seca los corazones y hace rechinar sus dientes? Creeis que se apellidarn con el nombre que les es propio? No, de ninguna manera. Aquellos hombres dan un grito como llenos de escndalo, se tapan los oidos, y sacrifican al inocente Dicono en nombre de Dios. El Salvador del mundo admira cuantos le oyen, con la divina hermosura de su moral, con el maravilloso raudal de sabidura y de amor que fluye de sus labios augustos; los pueblos se agolpan para verle, y l pasa haciendo bien; afable con los pequeos, compasivo con los desgraciados, indulgente con los culpables, derrama manos llenas los tesoros de su omnipotencia y de su amor; solo pronuncia palabras de dulzura y perdon: dirase que reserva el lenguaje de una indignacion santa y terrible para confundir los hipcritas. Estos han encontrado en l una mirada majestuosa y severa, y ellos la han correspondido con una mirada de vbora. La envidia les destroza el corazon, sienten una abrasadora sed de venganza. Pero obrarn, hablarn como vengativos? No; este hombre es un blasfemo, dirn, seduce las turbas, es enemigo del Csar, la fidelidad pues, la tranquilidad pblica, la religion exige que se le quite de en medio. Y se aceptar la traicion de un discpulo, y el inocente Cordero ser llevado los tribunales, y ser interrogado, y al responder palabras de verdad, el prncipe de los sacerdotes se sentir devorado de celo, y rasgar sus vestiduras, y dir _blasfem_, y los circunstantes dirn es reo de muerte. XL. Precauciones. Jamas el hombre medita demasiado sobre los secretos de su corazon; jamas desplega demasiada vigilancia para guardar las mil puertas por donde se introduce la iniquidad; jamas se precave demasiado contra las innumerables asechanzas con que l se combate s propio. No son las pasiones tan temibles cuando se presentan como son en s, dirigindose abiertamente su objeto, y atropellando con impetuosidad cuanto se les pone delante. En tal caso, por poco que se conserve en el espritu el amor de la virtud, si el hombre no ha llegado todava hasta el fondo de la corrupcion de la perversidad, siente levantarse en su alma un grito de espanto indignacion, tan pronto como se le ofrece el vicio con su aspecto asqueroso. Pero qu peligros no corre, si trocados los nombres, y cambiados los trajes, todo se le ofrece disfrazado, trastornado? si sus ojos miran al traves de engaosos prismas, que pintan con galanos colores y apacibles formas, la negrura y la monstruosidad? Los mayores peligros de un corazon puro no estan en el brutal aliciente de las pasiones groseras sino en aquellos sentimientos que encantan por su delicadeza y seducen con su ternura; el miedo no entra en las almas nobles sino con el dictado de prudencia; la codicia no se introduce en los pechos generosos sino con el titulo de economa previsora; el orgullo se cobija bajo la sombra del amor de la propia dignidad, y del respeto debido la posicion que se ocupa: la vanidad se proporciona sus pequeos goces, engaando al vanidoso con la urgente necesidad de conocer el juicio de los demas, para aprovecharse de la crtica; la venganza se disfraza con el manto de la justicia; el furor se apellida santa indignacion; la pereza invoca en su auxilio la necesidad del descanso; y la roedora envidia al destrozar reputaciones, al empearse en ofuscar con su aliento impuro los resplandores de un mrito eminente, habla de amor la verdad, de imparcialidad, de lo mucho que conviene precaverse contra una admiracion ignorante un entusiasmo infantil. XLI. Hipocresa del hombre consigo mismo. El hombre emplea la hipocresa para engaarse s mismo, acaso mas que para engaar los otros. Rara vez se da s propio exacta cuenta del mvil de sus acciones; y por esto, aun en las virtudes mas acendradas, hay algo de escoria. El oro enteramente puro no se obtiene sino con el crisol de un perfecto amor divino; y este amor, en toda su perfeccion, est reservado para las regiones celestiales. Mintras vivimos aqu en la tierra, llevamos en nuestro corazon un grmen maligno que mata, enflaquece, deslustra las acciones virtuosas; y no es poco si se llega evitar que ese grmen se desarrolle y nos pierda. Pero, pesar de tamaa debilidad, no deja de brillar en el fondo de nuestra alma aquella luz inextinguible encendida en ella por la mano del Criador; y esa luz nos hace distinguir entre el bien y el mal, sirvindonos de guia en nuestros pasos, y de remordimiento en nuestros extravos. Por esta causa, nos esforzamos engaarnos nosotros mismos para no ponernos en contradiccion demasiado patente con el dictmen de la conciencia; nos tapamos los oidos para no oir lo que ella nos dice, cerramos los ojos para no ver lo que ella nos muestra, procuramos hacernos la ilusion de que el principio que nos inculca no es aplicable al caso presente. Para esto sirven lastimosamente las pasiones, sugirindonos insidiosamente discursos sofsticos. Custale mucho al hombre parecer malo, ni aun sus propios ojos; no se atreve, se hace hipcrita. XLII. El conocimiento de s mismo. El defecto indicado en el prrafo anterior tiene diferente carcter en las diferentes personas, por cuyo motivo, conviene sobre manera no perder jamas de vista aquella regla de los antiguos, tan profundamente sabia: _concete ti mismo; nosce te ipsum_. Si bien hay ciertas cualidades comunes todos los hombres, estas toman un carcter particular en cada uno de ellos; cada cual tiene, por decirlo as, un resorte que conviene conocer y saber manejar. Este resorte, es necesario descubrir cul es en los demas, para acertar conducirse bien con ellos; pero es mas necesario todava descubrirle cada cual en s mismo. Porque all suele estar el secreto de las grandes cosas as buenas como malas, causa de que ese resorte no es mas que una propension fuerte, que llega las demas, subordinndolas todas un objeto. De esta pasion dominante se resienten todas las otras; ella se mezcla en todos los actos de vida; ella constituye lo que se llama el carcter. XLIII. El hombre huye de s mismo. Si no tuvisemos la funesta inclinacion de huir de nosotros mismos, si la contemplacion de nuestro interior no nos repugnase en tal grado, no nos seria difcil descubrir cul es la pasion que en nosotros predomina. Desgraciadamente, de nadie huimos tanto como de nosotros mismos, nada estudiamos mnos que lo que tenemos mas inmediato y que mas nos interesa. La generalidad de los hombres descienden al sepulcro, no solo sin haberse conocido s propios, sino tambien sin haberlo intentado. Debiramos tener continuamente la vista fija sobre nuestro corazon para conocer sus inclinaciones, penetrar sus secretos, refrenar sus mpetus, corregir sus vicios, evitar sus extravos; debiramos vivir con esa vida ntima en que el hombre se da cuenta de sus pensamientos y afectos, y no se pone en relacion con los objetos exteriores, sino despues de haber consultado su razon y dado su voluntad la direccion conveniente. Mas esto no se hace; el hombre se abalanza, se pega los objetos que le incitan, viviendo tan solo con esa vida exterior que no le deja tiempo para pensar en s mismo. Vense entendimientos claros, corazones bellsimos, que no guardan para s ninguna de las preciosidades con que los ha enriquecido el Criador; que derraman, por decirlo as, en calles y plazas el aroma exquisito, que guardado en el fondo de su interior, podria servirles de confortacion y regalo. Se refiere de Pascal que habindose dedicado con grande ahinco las matemticas y ciencias naturales, se cans de dicho estudio causa de hallar pocas personas con quienes poder conversar sobre el objeto de sus ocupaciones favoritas. Deseoso de encontrar una materia que no tuviera este inconveniente se dedic al estudio del hombre, pero bien pronto conoci por experiencia, que los que se ocupaban de estudiar el hombre eran todavia en menor nmero que los aficionados las matemticas. Esto se verifica ahora como en tiempo de Pascal; basta observar al comun de los hombres para echar de ver cun pocos son los que gustan de semejante tarea, mayormente tratndose de s mismos. XLIV. Buenos resultados del reflexionar sobre las pasiones. Cuando se ha adquirido el hbito de reflexionar sobre las inclinaciones propias, distinguiendo el carcter y la intensidad de cada una de ellas, aun cuando arrastren una que otra vez al espritu; no lo hacen sin que este conozca la violencia. Ciegan quizas el entendimiento, pero esta ceguera no se oculta del todo al que la padece; se dice s mismo, crees que ves; mas en realidad no ves; estas ciego. Pero si el hombre no fija nunca su mirada en su interior, si obra segun le impelen las pasiones, sin cuidarse de averiguar de dnde nace el impulso; para l llegan ser una misma cosa pasion y voluntad, dictmen del entendimiento instinto de las pasiones. As la razon no es seora sino esclava; en vez de dirigir, moderar y corregir con sus consejos y mandatos las inclinaciones del corazon, se ve reducida vil instrumento de ellas; y obligada emplear todos los recursos de su sagacidad para proporcionarles goces que las satisfagan. XLV. Sabidura de la religion cristiana en la direccion de la conducta. La religion cristiana al llevarnos esa vida moral ntima reflexiva sobre nuestras inclinaciones, ha hecho una obra altamente conforme la mas sana filosofa, y que descubre un profundo conocimiento del corazon humano. La experiencia ensea que lo que le falta al hombre para obrar bien, no es conocimiento especulativo y general, sino prctico, detallado, con aplicacion todos los actos de la vida. Quin no sabe y no repite mil veces que las pasiones nos extravian y nos pierden? La dificultad no est en eso, sino en saber cul es la pasion que influye en este aquel caso, cul es la que por lo comun predomina en las acciones, bajo qu forma, bajo qu disfraz se presenta al espritu, y de qu modo se deben rechazar sus ataques, precaver sus estratagemas. Y todo esto, no como quiera, sino con un conocimiento claro, vivo, y que por tanto se ofrezca naturalmente al entendimiento, siempre que se haya de tomar alguna resolucion, aun en los negocios mas comunes. La diferencia que en las ciencias especulativas media entre un hombre vulgar y otro sobresaliente, no consiste menudo sino en que este conoce con claridad, distincion y exactitud, lo que aquel solo conoce de una manera inexacta, confusa y oscura; no consiste en el nmero de las ideas, sino en la calidad; nada dice este sobre un punto, de que tambien no tenga noticia aquel; ambos miran el mismo objeto, solo que la vista del uno es mucho mas perfecta que la del otro. Lo propio sucede en lo relativo la prctica. Hombres profundamente inmorales hablarn de la moral, de tal suerte que manifiesten no desconocer sus reglas; pero estas reglas las saben ellos en general, sin haberse cuidado de hacer aplicaciones, sin haber reparado en los obstculos que impiden el ponerlas en planta en tal cual ocasion, sin que se les ocurran de una manera pura y viva, cuando se ofrece oportunidad de hacer uso de ellas. Quien est en posesion de su entendimiento, de la voluntad, del hombre entero, son las pasiones; esas reglas morales las conservan, por decirlo as, archivadas en lo mas recndito de su conciencia; ni aun gustan de mirarlas como objeto de curiosidad, temerosos de encontrar en ellas el gusano del remordimiento. Por el contrario, cuando la virtud est arraigada en el alma, las reglas morales llegan ser una idea familiar, que acompaa todos los pensamientos y acciones, que se aviva y se agita al menor peligro, que impera y apremia ntes de obrar, que remuerde incesantemente si se la ha desatendido. La virtud causa esa continua presencia intelectual de las reglas morales, y esta presencia su vez contribuye fortalecer la virtud; as es que la religion no cesa de inculcarlas, segura de que son preciosa semilla que tarde temprano dar algun fruto. XLVI. Los sentimientos morales auxilian la virtud. En ayuda de las ideas morales vienen los sentimientos, que tambien los hay muy morales, y poderosos, y bellsimos; porque Dios al permitir que sacudan y conturben nuestro espritu violentas y aciagas tempestades, tambien ha querido proporcionarnos el blando mecimiento de cfiros apacibles. El hbito de atender las reglas morales y de obedecer sus prescripciones, desenvuelve y aviva estos sentimientos; y entonces el hombre para seguir el camino de la virtud, combate las inclinaciones malas con las inclinaciones buenas; las luchas no son de tanto peligro, y sobre todo no son tan dolorosas; porque un sentimiento lucha con otro sentimiento, lo que se padece con el sacrificio del uno se compensa con el placer causado por el triunfo del otro, y no hay aquellos sufrimientos desgarradores que se experimentan, cuando la razon pelea con el corazon enteramente sola. Este desarrollo de los sentimientos morales, ese llamar en auxilio de la virtud las mismas pasiones, es un recurso poderoso para obrar bien ilustrar el entendimiento cuando le ofuscan otras pasiones. Hay en esta oposicion mucha variedad de combinaciones que dan excelentes resultados. El amor de los placeres se neutraliza con el amor de la propia dignidad; el exceso del orgullo se templa con el temor de hacerse aborrecible, la vanidad se modera por el miedo al ridculo; la pereza se estimula con el deseo de la gloria; la ira se enfrena por no parecer descompuesto; la sed de venganza se mitiga extingue, con la dicha y la honra que resultan de ser generoso. Con esta combinacion, con la sagaz oposicion de los sentimientos buenos los sentimientos malos, se debilitan suave y eficazmente muchos de los grmenes de mal que abriga el corazon humano; y el hombre es virtuoso, sin dejar de ser sensible. XLVII. Una regla para los juicios prcticos. Conocido el principal resorte del propio corazon, y desarrollados tanto como sea posible los sentimientos generosos y morales; es necesario saber cmo se ha de dirigir el entendimiento para que acierte en sus juicios prcticos. La primera regla que se ha de tener presente es no juzgar ni deliberar con respecto ningun objeto mintras el espritu est bajo la influencia de una pasion relativa al mismo objeto. Cun ofensivo no parece un hecho, una palabra, un gesto, que acaba de irritar! La intencion del ofensor, se dice s mismo el ofendido, no podia ser mas maligna; se ha propuesto no solo daar sino ultrajar; los circunstantes deben de estar escandalizados; si no se tomase una pronta y completa venganza, la sonrisa burlona que asomaba los labios de todos se convertiria irremisiblemente en profundo desprecio por quien ha tolerado que de tal modo se le cubriera de afrentosa ignominia. Es preciso no ser descompuesto, es verdad; pero hay acaso mayor descompostura que el abandono del honor? es necesario tener prudencia; pero esta prudencia debe llegar hasta el punto de dejarse pisotear por cualquiera? Quin hace este discurso? es la razn? no ciertamente; es la ira. Pero la ira, se dir, no discurre tanto. S, discurre; porque toma su servicio al entendimiento, y este le proporciona todo lo que necesita. Y en este servicio no deja de auxiliarle su vez la misma ira; porque las pasiones en sus momentos de exaltacion, fecundizan admirablemente el ingenio con las inspiraciones que les convienen. Queremos una prueba de que quien as discurria y hablaba, no era la razon sino la ira? hla aqu evidente. Si en lo que piensa el hombre encolerizado hubese algo de verdad, no la desconocerian del todo los circunstantes. Tampoco carecen ellos de sentimientos de honor, tambien estiman en mucho su propia dignidad; saben distinguir entre una palabra dicha con designio de zaherir, y otra escapada sin intencion ofensiva, y sin embargo ellos no ven nada de lo que el encolerizado ve con tanta claridad; y si se sonrien, esa sonrisa es causada, no por la humillacion que l se imagina haber sufrido, sino por esa terrible explosion de furor, que no tiene motivo alguno. Mas todava: no es necesario acudir los circunstantes para encontrar la verdad; basta apelar al mismo encolerizado cuando haya desaparecido la ira. Juzgar entnces como ahora? Es bien seguro que no; l ser tal vez el primero que se reir de su enojo, y que pedir se le disimule su arrebato. XLVIII. Otra regla. De estas observaciones nace otra regla, y es que al sentirnos bajo la influencia de una pasion, hemos de hacer un esfuerzo, para suponernos por un momento siquiera, en el estado en que su influencia no exista. Una reflexion semejante, por mas rpida que sea, contribuye mucho calmar la pasion, y excitar en l nimo ideas diferentes de las sugeridas por la inclinacion ciega. La fuerza de las pasiones se quebranta, desde el momento que se encuentra en oposicion con un pensamiento que se agita en la cabeza; el secreto de su victoria suele consistir en apagar todos los contrarios ellas, y avivar los favorables. Pero tan pronto como la atencion se ha dirigido hcia otro rden de ideas, viene la comparacion, y por consiguiente cesa el exclusivismo. Entre tanto se desenvuelven otras fuerzas intelectuales y morales no subordinadas la pasion, y esta pierde de su primitiva energa por haber de compartir con otras facultades la vida que ntes desfrutara sola. Aconseja estos medios no solo la experiencia de su buen resultado, sino tambien una razon fundada en la naturaleza de nuestra organizacion. Las facultades intelectuales y morales nunca se ejercitan sin que funcionen algunos de los rganos materiales. Ahora bien; entre los rganos corpreos est distribuida una cierta cantidad de fuerzas vitales de que disfrutan alternativamente en mayor menor proporcion, y por consiguiente con decremento en los unos, cuando hay incremento en los otros. De lo que resulta, que ha de producir un efecto saludable el esforzarse en poner en accion los rganos de la inteligencia en contraposicion con los de las pasiones, y que la energa de estas ha de menguar medida que ejerzan sus funciones los rganos de la inteligencia. Pero es de advertir que este fenmeno se verificar dirigiendo la atencion de la inteligencia en un sentido contrario al de las pasiones, lo que se obtiene trasladndola por un momento al rden de ideas que tendr, cuando no est bajo un influjo apasionado; pues que si por el contrario la inteligencia se dirige favorecer la pasion, entnces esta se fomenta mas y mas con el auxilio; y lo que pudiese perder en energa, por decirlo as, puramente orgnica, lo recobra en energa moral, en la mayor abundancia de recursos para alcanzar el objeto, y en esa especie de bill de indemnidad con que se cree libre de acusaciones, cuando ve que el entendimiento ljos de combatirla la apoya. Este trabajo sobre las pasiones no es una mera teora; cualquiera puede convencerse por s mismo de que es muy practicable, y de que se sienten sus buenos efectos tan pronto como se le aplica. Es verdad que no siempre se acierta en el medio mas propsito para ahogar, templar dirigir la pasion levantada; que aun encontrado, no se le emplea como es debido; pero la sola costumbre de buscarle basta para que el hombre est mas sobre s, no se abandone con demasiada facilidad los primeros movimientos, y tenga en sus juicios prcticos un criterio que falta los que proceden de otra manera. XLIX. El hombre rindose de s mismo. Cuando el hombre se acostumbra observar mucho sus pasiones, hasta llega emplear en su interior el ridculo contra si mismo; el ridculo, esa sal que se encuentra en el corazon y en el labio de los mortales como uno de tantos preservativos contra la corrupcion intelectual y moral, el ridculo, que no solo se emplea con fruto contra los demas, sino tambien contra nosotros mismos, viendo nuestros defectos por el lado que se prestan la stira. El hombre se dice entnces s propio lo que decirle pudieran los demas; asiste la escena que se representaria, si el lance cayera en manos de un adversario de chiste y buen humor. Que contra otro se emplea tambien en cierto modo la stira, cuando la empleamos contra nosotros mismos; porqu si bien se observa, hay en nuestro interior dos hombres que disputan, que luchan, que no estan nunca en paz, y as como el hombre inteligente, moral, previsor, emplea contra el torpe, el inmoral, el ciego, la firmeza de la voluntad y el imperio de la razon, as tambien veces lo combate y le humilla con los punzantes dardos de la stira. Stira que puede ser tanto mas graciosa y libre, cuanto carece de testigos, no hiere la reputacion, nada hace perder en la opinion de los demas, pues que no llega ser expresada con palabras, y la sonrisa burlona que hace asomar los labios se extingue en el momento de nacer. Un pensamiento de esta clase ocurriendo en la agitacion causada por las pasiones, produce un efecto semejante al de una palabra juiciosa, incisiva y penetrante, lanzada en medio de una asamblea turbulenta. Cuntas veces se nota que una mirada expresiva cambia el estado del espritu de uno de los circunstantes, moderando ahogando una pasion enardecida! Y qu ha expresado aquella mirada? nada mas que un recuerdo del decoro, una consideracion al lugar a las personas, una reconvencion amistosa, una delicada irona; nada mas que una apelacion al buen sentido del mismo que era juguete de la pasion; y esto ha sido suficiente para que la pasion se amortiguase. El efecto que otro nos produce porqu no podramos producrnoslo nosotros mismos, si no con igualdad, al mnos con aproximacion? L. Perpetua niez del hombre. Poco basta para extraviar al hombre: pero tampoco se necesita mucho para corregirle algunos defectos. Es mas dbil que malo, dista mucho de aquella terquedad satnica que no se aparta jamas del mal una vez abrazado; por el contrario, tanto el bien como el mal los abraza y los abandona con suma facilidad. Es nio hasta la vejez; presntase los demas con toda la seriedad posible; mas en el fondo se encuentra s propio pueril en muchas cosas y se avergenza. Se ha dicho que ningun grande hombre le parecia grande su ayuda de cmara; esto encierra mucha verdad. Y es que visto el hombre de cerca, se descubren las pequeeces que le rebajan. Pero mas cosas sabe l de s mismo que su ayuda de cmara, y por esto es todava mnos grande sus propios ojos; por esto aun en sus mejores aos, necesita cubrir con un velo la puerilidad que se abriga en su corazon. Los nios rien y juguetean y retozan: y luego gimen y rabian y lloran, sin saber muchas veces porqu: no hace lo mismo su modo el adulto? Los nios ceden un impulso de su organizacion, al buen mal estado de su salud, la disposicion atmosfrica que los afecta agradable desagradablemente; en desapareciendo estas causas se cambia el estado de sus espritus: no se acuerdan del momento anterior, ni piensan en el venidero; solo se rigen por la impresion que actualmente experimentan. No hace esto mismo millares de veces el hombre mas serio, mas grave y sesudo? LI. Mudanza de D. Nicasio en breves horas. Don Nicasio es un varon de edad provecta, de juicio sosegado y maduro, lleno de conocimientos, de experiencia, y que rara vez se deja llevar de la impresion del momento. Todo lo pesa en la balanza de una sana razon, y en este peso no consiente que influyan por un adarme las pasiones de ningun gnero. Se le habla de una empresa de mucha gravedad para la cual se cuenta con su prctica de mundo, y su inteligencia particular en aquella clase de negocios. D. Nicasio est disposicion del proponente; no tiene ninguna dificultad en entrar de lleno en la empresa, y hasta en comprometer en ella una parte de su fortuna. Est bien seguro de no perderla; si hay obstculos, no le dan cuidado, l sabe el modo de removerlos; si hay rivales poderosos, D. Nicasio no le hacen mella. Otras hazaas de mas monta ha llevado cabo; negocios mucho mas espinosos ha tenido que manejar; mas poderosos rivales ha tenido que vencer. Embebido en la idea que le halaga, se expresa con facilidad y rapidez, gesticula con viveza, su mirada es sumamente expresiva, su fisonoma juvenil, dirase que ha vuelto sus veinte y cinco abriles, si algunas canas asomando por un lado del postizo no revelasen traidoramente los trofeos de los aos. El negocio est concluido; faltan algunos pormenores; quedais emplazado para redondearlos en otra entrevista; maana? no seor, nada de dilaciones, no las consiente la actividad de don Nicasio, es preciso acabar con todo, hoy mismo, por la tarde. D. Nicasio se ha retirado su casa, y ni en su persona, ni en su familia, ni en ninguna de sus cosas ha ocurrido ningun accidente desagradable. Es la hora sealada, acuds con puntualidad, y os hallais en presencia del hroe de la maana. D. Nicasio est algo descompuesto en su vestido, merced un calor que le ahoga. Medio tentido en el sof, os devuelve el saludo con un esfuerzo afectuoso, pero con evidentes seales de fastidiosa lasitud. --Vamos ver, Sr. D. Nicasio, si quedamos convenidos definitivamente. --Tiempo tenemos de hablar.... contesta don Nicasio, y su fisonoma se contrae con muestras de tedio. --Como V. me ha citado por esta tarde..... --S, pero.... --Como V. guste. --Ya se ve; pero es menester pensarlo mucho; qu s yo!.... --Lo que es dificultades, conozco que hay; solo que vindole V. tan animoso esta maana, lo confieso, todo se me hacia ya camino llano. --Animoso s..... y lo estoy aun..... pero sin embargo, sin embargo, conviene no llevar demasiada prisa..... En fin ya hablaremos, aade con expresion de quien desea que no le comprometan. Don Nicasio es otro, expresa lo que siente; nada de la audacia, de la actividad de la maana, nada de los proyectos tan fciles de ejecutar; entnces los obstculos importaban poco, ahora son casi insuperables; los rivales no significaban nada, ahora son invencibles. Qu ha sucedido? Le han dado D. Nicasio otras noticias? no ha visto nadie. Ha meditado sobre el negocio? no se habia acordado mas de l. Qu ha sucedido pues, para causar tamaa revolucion en su espritu, alterando su modo de ver las cosas, y quebrantando tan lastimosamente sus mpetus juveniles? Nada, la explicacin del fenmeno es muy sencilla, no busqueis grandes causas, son muy pequeas. En primer lugar, ahora hace un calor atroz, lo que por cierto dista mucho del oreo de una fresca brisa como sucedia por la maana; D. Nicasio est sumamente abatido, la hora es pesada, el cielo se encapota y parece amenazar tempestad. La comida era ademas algo indigesta; el sueo de la siesta ha sido demasiado breve, y no sin alguna pesadilla. Se quiere mas? No son estos motivos bastante poderosos para trastornar el espritu de un hombre grave y modificar sus opiniones? A pesar de todas las citas, quin os ha llevado su casa bajo una constelacion tan infausta? Tal es el hombre; la menor cosa le desconcierta, le hace otro. Unido su espritu un cuerpo sujeto mil impresiones diferentes, que se suceden con tanta rapidez y se reciben con igual facilidad que los movimientos de la hoja de un rbol, participa en cierto modo de esa inconstancia y variedad, trasladando con harta frecuencia los objetos las mudanzas que solo l ha experimentado. LII. Los sentimientos por si solos, son mala regla de conducta. Lo dicho manifiesta la imposibilidad de dirigir la conducta del hombre por solo el sentimiento; y la literatura de nuestra poca, que tan poco se ocupa de comunicar ideas de razn y de moral, y que al parecer no se propone sino excitar sentimientos, olvida la naturaleza del hombre, y causa un mal de inmensa trascendencia. El entregar al hombre merced del solo sentimiento, es arrojar un navio sin piloto en medio de las olas. Esto equivale proclamar la infalibilidad de las pasiones, decir: "obra siempre por instinto, obedeciendo ciegamente todos los movimientos de tu corazon;" esto equivale despojar al hombre de su entendimiento, de su libre albedro, convertirle en simple instrumento de su sensibilidad. Se ha dicho que los grandes pensamientos salen del corazon; tambien pudiera aadirse que del corazon salen grandes errores, grandes delirios, grandes extravagancias, grandes crmenes. Del corazon sale todo; es un arpa soberbia que despide toda clase de sonidos, desde el horrendo estrpito de las cavernas infernales hasta la mas delicada armona de las regiones celestes. El hombre que no tiene mas guia que su corazon, es el juguete de mil inclinaciones diversas, y menudo contradictorias: una lijersima pluma en medio de una campia donde reinan los vientos, no lleva las direcciones mas variadas irregulares. Quin es capaz de contar, ni clasificar, la infinidad de sentimientos que se suceden en nuestro pecho, en brevsimas horas? Quin no ha reparado en la asombrosa facilidad con que se pasa de la viva aficin un trabajo, una repugnancia casi insuperable? Quin no ha sentido simpata antipata, la simple presencia de una persona, sin que pueda sealarse ninguna razon de ello, y sin que los hechos ofrezcan en lo sucesivo motivo alguno que justifique aquella impresin? Quin no se ha admirado repetidas veces de encontrarse transformado en pocos instantes, pasando del brio al abatimiento, de la osada la timidez vice-versa, sin que hubiese mediado ninguna causa ostensible? Quin ignora las mudanzas que los sentimientos sufren con la edad, con la diferencia de estado, de posicion social, de relaciones familiares, de salud, de clima, de estacion, de atmsfera? Todo cuanto afecta nuestras ideas, nuestros sentidos, nuestro cuerpo, de cualquier modo que sea, todo modifica nuestros sentimientos; y de aqu la asombrosa inconstancia que se nota en los que se abandonan todos los impulsos de las pasiones; de aqu esa volubilidad de las organizaciones demasiado sensibles, si no han hecho grandes esfuerzos para dominarse. Las pasiones han sido dadas al hombre como medios para despertarle y ponerle en movimiento, como instrumentos para servirle en sus acciones; mas no como directoras de su espritu, no como guias de su conducta. Se dice veces que el corazon no engaa; lamentable error! qu es nuestra vida sino un tejido de ilusiones con que el corazn nos engaa? Si alguna vez acertamos, entregndonos ciegamente lo que l nos inspira, cuntas y cuntas nos hace extraviar! Sabeis porqu se atribuye al corazon ese acierto instintivo? porque nos llama extremadamente la atencion uno de sus aciertos, cuando nos consta que son tantos sus desaciertos; porque nos causa extraa sorpresa el verle adivinar en medio de su ceguera, cuando son tantas las veces que le encontramos desatinado. Por esto recordamos su acierto excepcional, en gracia de este le perdonamos todos sus yerros, y le honramos con una prevision y un tino que no posee ni puede poseer. El fundar la moral sobre el sentimiento, es destruirla: el arreglar su conducta las inspiraciones del sentimiento, es condenarse no seguir ninguna fija, y tenerla frecuentemente muy inmoral y funesta. La tendencia de la literatura que actualmente est en boga en Francia, y que desgraciadamente se introduce tambien en nuestra Espaa, es divinizar las pasiones: y las pasiones divinizadas son extravagancia, inmoralidad, corrupcion, crimen. LIII. No impresiones sensibles, sino moral y razon. La conducta del hombre, as con respecto lo moral como lo til, no debe gobernarse por impresiones sino por reglas constantes; en lo moral, por las mximas de eterna verdad; en lo til, por los consejos de la sana razon. El hombre no es un Dios en quien todo se santifique por solo hallarse en l; las impresiones que recibe, son modificaciones de su naturaleza que en nada alteran las leyes eternas; una cosa justa no pierde la justicia, por serle desagradable; una cosa injusta, por serle agradable, no se lava de la injusticia. El enemigo implacable que hunde el pual vengador en las entraas de su vctima, siente en su corazon un placer feroz, y su accion no deja de ser un crimen; la hermana de la caridad que asiste al enfermo, que le alivia y consuela, sufre mas de una vez tormentos atroces, mas por esto su accion no deja de ser hericamente virtuosa. Prescindiendo de lo moral, y atendiendo lo til, es necesario tratar las cosas con arreglo lo que son, no lo que nos afectan; la verdad no est esencialmente en nuestras impresiones, sino en los objetos; cuando aquellas nos ponen en desacuerdo con estos, nos extravian. El mundo real no es el mundo de los poetas y novelistas: es preciso considerarle y tratarle tal como es en s; no sentimental, no fantstico, no soador; sino positivo, prctico, prosico. LIV. Un sentimiento bueno, la exageracion le hace malo. La religion no sofoca los sentimientos, solo los modera y los dirige; la prudencia no desecha el auxilio de las pasiones templadas, solo se guarda de su predominio. La armona no se ha de producir en el hombre con el simultneo desarrollo de las pasiones, sino con su represion; el contrapeso de las que se dejen funcionando no son solo las otras pasiones, sino principalmente la razon y la moral. La oposicion misma de las inclinaciones buenas las malas; deja de ser saludable, cuando en ella no preside como seora la razon; porque las inclinaciones buenas no son buenas sino en cuanto la razon las dirige y modera: abandonadas s mismas, se exageran, se hacen malas. Un valiente est encargado de un puesto peligroso: el riesgo crece por momentos; su alrededor van cayendo sus camaradas: los enemigos se aproximan cada vez mas; apnas hay esperanza de sostenerse, y la rden para retirarse no llega. El desaliento entra por un instante en el corazon del valiente; qu morir sin ningun fruto? El deber de la disciplina y del honor se extender hasta un sacrificio intil? No seria mejor abandonar el puesto, excusarse los ojos del jefe con lo imperioso de la necesidad? No, responde su corazon generoso; esto es cobarda que se cubre con el nombre de prudencia. Qu dirian tus compaeros, qu tu jefe, qu cuantos te conocen? la ignominia la muerte? pues la muerte, sin vacilar, la muerte. Se puede culpar esa reflexion con que el bravo oficial ha procurado sostenerse s mismo, contra la tentacin de cobarda? Ese deseo del honor, ese horror la ignominia de pasar por cobarde, no ha sido en l un sentimiento? s; pero un sentimiento noble, generoso, con cuya fuerza y ascendiente se ha fortalecido contra las asechanzas del miedo, y ha cumplido su deber. Esa pasion pues dirigida un objeto bueno, ha producido un resultado excelente, que tal vez sin ella no se hubiera conseguido: en aquellos momentos crticos, terribles, en que el estruendo del caon, la gritera del enemigo cercano, y los ayes de los camaradas moribundos, comenzaban introducir el espanto en su pecho, la razon enteramente sola tal vez hubiera sucumbido; pero ha llamado en su ayuda una pasion mas poderosa que el temor de la muerte: el sentimiento del honor, la vergenza de parecer cobarde; y la razon ha triunfado, el deber se ha cumplido. Llegada la rden de replegarse, el oficial se reune su cuerpo, habiendo perdido en el puesto fatal casi todos sus soldados.--Ya le tenamos V. por muerto, le dice chancendose uno de sus amigos; no se habr V. olvidado del parapeto.--El oficial se cree ultrajado, pide con calor una satisfaccion, y las pocas horas el burlon imprudente ha dejado de existir. El mismo sentimiento que poco ntes impulsara una accion herica, acaba de causar un asesinato. El honor, la vergenza de pasar por cobarde, habian sostenido al valiente, hasta el punto de hacerle despreciar su vida; el honor, la vergenza de pasar por cobarde, han teido sus manos con la sangre de un amigo imprudente. La pasion dirigida por la razon se elev hasta el heroismo; entregada su mpetu ciego, se ha degradado hasta el crmen. La emulacion es un sentimiento poderoso, excelente preservativo contra la pereza, contra la cobarda, y contra cuantas pasiones se oponen al ejercicio til de nuestras facultades. De ella se aprovecha el maestro para estimular los alumnos; de ella se sirve el padre de familia para refrenar las malas inclinaciones de alguno de sus hijos; de ella se vale un capitan para obtener de sus subordinados, constancia, valor, hazaas hericas. El deseo de adelantar, de cumplir con el deber, de llevar cabo grandes empresas, el doloroso pesar de no haber hecho de nuestra parte todo lo que podamos y debamos, el rubor de vernos excedidos por aquellos quienes hubiramos podido superar, son sentimientos muy justos, muy nobles, excelentes para hacernos avanzar en el camino del bien. En ellos no hay nada reprensible; ellos son el manantial de muchas acciones virtuosas, de resoluciones sublimes, de hazaas sorprendentes. Pero si ese mismo sentimiento se exagera, el nctar aromtico, dulce, confortador, se trueca en el humor mortifero que fluye de la boca de un reptil ponzooso, la emulacion se hace envidia. El sentimiento en el fondo es el mismo, pero se ha llevado un punto demasiado alto; el deseo de adelantar ha pasado ser una sed abrasadora; el pesar de verse superado, es ya un rencor contra el que supera; ya no hay aquella rivalidad que se hermanaba muy bien con la amistad mas ntima, que procuraba suavizar la humillacion del vencido prodigndole muestras de cario, y sinceras alabanzas por sus esfuerzos; que contenta con haber conquistado el lauro, le escondia para no lastimar el amor propio de los demas; hay s, un verdadero despecho, hay una rabia, no por la falta de los adelantos propios, sino por la vista de los ajenos; hay un verdadero odio al que se aventaja, hay un vivo anhelo por rebajar el mrito de sus obras, hay maledicencia, hay el desden con que se encubre un furor mal comprimido, hay la sonrisa sardnica, que apnas alcanza disimular los tormentos del alma. Nada mas conforme razon que aquel sentimiento de la propia dignidad, que se exalta santamente cuando las pasiones brutales excitan una accion vergonzosa; que recuerda al hombre lo sagrado de sus deberes, y no le consiente deshonrarse faltando ellos; aquel sentimiento que le inspira la actitud que le conviene tomar, segun la posicion que ocupa; aquel sentimiento que llena de majestad el semblante y modales del monarca, que da al rostro y maneras de un pontfice santa gravedad y uncion augusta; que brilla en la mirada de fuego de un gran capitan y en su ademan resuelto, osado, imponente; aquel sentimiento que la dicha no le permite alegria descompuesta, ni al infortunio abatimiento ignoble; que seala la oportunidad de un prudente silencio, sugiere una palabra decorosa y firme; que deslinda la afabilidad de la nimia familiaridad, la franqueza del abandono, la naturalidad de los modales de una libertad grosera; aquel sentimiento en fin que vigoriza al hombre sin endurecerle, que le suaviza sin relajarle, que le hace flexible sin inconstancia, y constante sin terquedad. Pero ese mismo sentimiento, si no est moderado y dirigido por la razon, se hace orgullo; el orgullo que hincha el corazon, enhiesta la frente, da la fisonoma un aspecto ofensivo, y los modales una afectacion entre irritante y ridcula; el orgullo que desvanece, que imposibilita para adelantar, que se suscita s propio obstculos en la ejecucion, que inspira grandes maldades, que provoca el aborrecimiento y el desprecio, que hace insufrible. Qu sentimiento mas razonable que el deseo de adquirir conservar lo necesario para las atenciones propias, y de aquellas personas de cuyo cuidado encargan el deber el afecto! l previene contra la prodigalidad, aparta de los excesos, preserva de una vida licenciosa, inspira amor la sobriedad, templanza en todos los deseos, aficion al trabajo. Pero este mismo sentimiento llevado la exageracion, impone ayunos que Dios no acepta, frio en el invierno, calor en el verano, mal cuidado de la salud, abandono en las enfermedades, mortifica con privaciones la familia, niega todo favor los amigos, cierra la mano para los pobres, endurece cruelmente el corazon para toda clase de infortunios, atormenta con sospechas, temores, zozobras, prolonga las vigilias, engendra el insomnio, persigue y agita con la aparicion de espectros robadores los breves momentos de sueo, haciendo que no pueda lograr descanso El rico avaro en el angosto lecho, Y que sudando con terror despierte. Vase pues con cunta verdad he dicho que los mismos sentimientos buenos la exageracion los hace malos; que el sentimiento por s solo, es una guia mas segura, y menudo peligrosa. La razon es quien debe dirigirle conforme los eternos principios de la moral; la razon es quien debe encaminarle, hasta en el terreno de la utilidad. Por esto jamas el hombre se ocupa demasiado del conocimiento de s mismo; ningun esfuerzo est de mas para adquirir aquel criterio moral y acertado, que nos ensea la verdad prctica, la verdad que debe presidir todos los actos de nuestra vida. Proceder la aventura, abandonarse ciegamente las inspiraciones del corazon, es exponerse mancharse con la inmoralidad, y cometer una serie de yerros que acaban por acarrear terribles infortunios. LV. La ciencia es muy til la prctica. En todo lo concerniente objetos sometidos leyes necesarias, claro es que el conocimiento de estas ha de ser utilsimo, cuando no indispensable. De cuyo principio infiero que discurren muy mal los que en tratndose de ejecutar, descuidan la ciencia y solo se atienen la prctica. La ciencia, si es verdaderamente digna de este nombre, se ocupa en el descubrimiento de las leyes que rigen la naturaleza; y as su ayuda ha de ser de la mayor importancia. Tenemos de esta verdad una irrefragable prueba en lo que ha sucedido en Europa de tres siglos esta parte. Desde que se han cultivado las matemticas y las ciencias naturales, el progreso de las artes ha sido asombroso. En el siglo actual se estan haciendo continuamente ingeniosos descubrimientos; y qu son estos, sino otras tantas aplicaciones de la ciencia? La rutina que desdea la ciencia, muestra con semejante desden un orgullo necio, hijo de la ignorancia. El hombre se distingue de los brutos animales por la razon con que le ha dotado el Autor de la naturaleza; y no querer emplear las luces del entendimiento para la direccion de las operaciones, aun las mas sencillas, es mostrarse ingrato la bondad del Criador. Para qu se nos ha dado esa antorcha sino para aprovecharnos de ella en cuanto sea posible? Y si ella se deben tan grandes concepciones cientificas, porqu no la hemos de consultar para que nos suministre reglas que nos guien en la prctica? Vase el atraso en que se encuentra la Espaa en cuanto desarrollo material, merced al descuido con que han sido miradas durante largo tiempo las ciencias naturales y exactas; comparmonos con las naciones que no han caido en este error, y nos ser fcil palpar la diferencia. Verdad es que hay en las ciencias una parte meramente especulativa, y que difcilmente puede conducir resultados prcticos; sin embargo es preciso no olvidar, que aun esta parte al parecer intil, y como si dijramos de mero lujo, se liga muchas veces con otras que tienen inmediata relacion con las artes. Por manera que su inutilidad es solo aparente, pues andando el tiempo se descubren consecuencias en que no se habia reparado. La historia de las ciencias naturales y exactas nos ofrece abundantes pruebas de esta verdad, Qu cosa mas puramente especulativa y al parecer mas estril, que las fracciones continuas? y no obstante ellas sirvieron Huigens para determinar las dimensiones de las ruedas dentadas en la construccion de su autmata planetario. La prctica sin la teora permanece estacionaria, no adelanta sino con muchsima lentitud; pero su vez, la teora sin la prctica fuera tambien infructuosa. La teora no progresa ni se solida sin la observacion, y la observacion estriba en la prctica. Que seria la ciencia agrcola sin la experiencia del labrador? Los que se destinen la profesion de un arte deben, si es posible, estar preparados con los principios de la ciencia en que aquella se funda. Los carpinteros, albailes, maquinistas, saldrian sin duda mas hbiles maestros si poseyesen los elementos de geometra y de mecnica; y los barnizadores, tintoreros y de otros oficios no andarian tan tientas en sus operaciones, si no careciesen de las luces de la qumica. Si una gran parte del tiempo que se pierde miserablemente en la escuela y en casa, ocupndose en estudios inconducentes, se emplease en adquirir los conocimientos preparatorios, acomodados la carrera que se quiere emprender, los individuos, las familias y la sociedad reportarian por cierto mayor fruto de sus tareas y dispendios. Bueno es que un jven sea literato; pero de qu le servir un brillante trozo de Walter Scott, de Vctor Hugo, cuando colocado al frente de un establecimiento sea preciso conocer los defectos de una mquina, las ventajas inconvenientes de un procedimiento, adivinar el secreto con que en los paises extranjeros se ha llegado la perfeccion de un tinte? Al arquitecto, al ingeniero, sern los artculos de poltica los que les ensearn construir un edificio con solidez, elegancia, aptitud y buen gusto, formar atinadamente el plan de una carretera canal, dirigir las obras con inteligencia, levantar una calzada, suspender un puente? LVI. Inconvenientes de la universalidad. El saber es muy costoso y la vida muy breve; y sin enbargo vemos con dolor que se desparraman las facultades del hombre hcia mil objetos diferentes, halagando un tiempo la vanidad y la pereza. La vanidad, porque de esta suerte se adquiere la reputacion de sabio; la pereza, porque es harto mas trabajoso el fijarse sobre una materia y dominarla, que no el adquirir cuatro nociones generales sobre todos los ramos. Se ponderan de continuo las ventajas de la division del trabajo en la industria, y no se advierte que este principio es tambien aplicable la ciencia. Son pocos los hombres nacidos con felices disposiciones para todo. Muchos que podrian ser una excelente _especialidad_, dedicndose principal exclusivamente un ramo, se inutilizan miserablemente aspirando la universalidad. Son incalculables los daos que de esto resultan la sociedad y los individuos: pues que se consumen estrilmente muchas fuerzas que bien aprovechadas y dirigidas, habrian podido producir grandes bienes. Vaucanson y Vatt hicieron prodigios en la mecnica: y es muy probable que se hubieran distinguido muy poco en las bellas artes y en la poesa; Lafontaine se inmortaliz con sus _Fbulas_, y metido hombre de negocios, hubiera sido de los mas torpes. Sabido es que en el trato de la sociedad, parecia veces estar falto de sentido comun. No negar que unos conocimientos presten otros grande auxilio, ni las ventajas que reporta una ciencia de las luces que le suministran otras, quizas de un rden totalmente distinto; pero repito que esto es para pocos, y que la generalidad de los hombres debe dedicarse especialmente un ramo. As en las ciencias como en las artes, lo que conviene es elegir con acierto la profesion: pero una vez escogida, es preciso aplicarse ella principal exclusivamente. La abundancia de libros, de peridicos, de manuales, de enciclopedias convida estudiar un poco de todo: esta abundancia indica el gran caudal de conocimientos atesorados con el curso de los siglos y de que disfruta la edad presente; pero en cambio acarrea un mal muy grave, y es que hace perder muchos en intensidad lo que adquieren en extension; y no pocos les proporciona aparentar que saben de todo cuando en realidad no saben nada. Si la Espaa ha de progresar de una manera real y positiva, es preciso que se acuda remediar este abuso; que se encajonen, por decirlo as, los ingenios en sus respectivas carreras, y que sin impedir la universalidad de conocimientos en los que de tanto sean capaces, se cuide que no falte en algunos la profundidad, y en todos la suficiencia. La mayor parte de las profesiones demandan un hombre entero, para ser desempeadas cual conviene; si se olvida esta verdad, las fuerzas intelectuales se consumen lastimosamente sin producir resultado: como en una mquina mal construida se pierde gran parte del impulso por falta de buenos conductos que le dirijan y apliquen. A quien reflexione sobre el movimiento intelectual de nuestra patria en la poca presente, se le ofrece de bulto la causa de esa esterilidad que nos aflige, pesar de una actividad siempre creciente. Las fuerzas se disipan, se pierden, porque no hay direccion: los ingenios marchan la aventura, sin pensar adnde van: los que profesan con fruto una carrera la abandonan la vista de otra que brinda con mas ventajas: y la revolucion trastornando todos los papeles, haciendo del abogado un diplomtico, del militar un poltico, del comerciante un hombre de gobierno, del juez un economista, de nada todo, aumenta el vrtigo de las ideas, y opone gravsimos obstculos todos los progresos. LVII. Fuerza de la voluntad. El hombre tiene siempre un gran caudal de fuerzas sin emplear; y el secreto de hacer mucho, es acertar explotarse s mismo. Para convencerse de esta verdad basta considerar cunto se multiplican las fuerzas del hombre que se halla en aprieto: su entendimiento es mas capaz y penetrante, su corazon mas osado y emprendedor, su cuerpo mas vigoroso: y esto porqu? se crean acaso nuevas fuerzas? no ciertamente: solo se despiertan, se ponen en accion, se aplican un objeto determinado. Y cmo se logra esto? El aprieto aguijonea la voluntad, y esta desplega, por decirlo as, toda la plenitud de su poder: quiere el fin con intensidad y viveza, manda con energa todas las facultades que trabajen por encontrar los medios propsito, y por emplearlos una vez encontrados; y el nombre se asombra de sentirse otro, de ser capaz de llevar cabo lo que en circunstancias ordinarias le pareciera del todo imposible. Lo que sucede en extremos apurados, debe ensearnos el modo de aprovechar y multiplicar nuestras fuerzas en el curso de los negocios comunes: regularmente, para lograr un fin, lo que se necesita es _voluntad_: voluntad decidida, resuelta, firme, que marche su objeto sin arredrarse por obstculos ni fatigas. Las mas de las veces, no tenemos verdadera voluntad, sino veleidad; quisiramos, mas no queremos, quisiramos, si no fuese preciso salir de nuestra habitual pereza, arrostrar tal trabajo, superar tales obstculos, pero no queremos alcanzar el fin tanta costa; empleamos con flojedad nuestras facultades, y desfallecemos la mitad del camino. LVIII. Firmeza de voluntad. La firmeza de voluntad es el secreto de llevar cabo las empresas arduas; con esta firmeza comenzamos por dominarnos nosotros mismos; primera condicion para dominar los negocios. Todos experimentamos que en nosotros hay dos hombres; uno inteligente, activo, de pensamientos elevados, de deseos nobles, conformes la razon, de proyectos arduos y grandiosos; otro torpe, sooliento, de miras mezquinas, que se arrastra por el polvo cual inmundo reptil; que suda de angustia al pensar que se le hace preciso levantar la cabeza del suelo. Para el segundo no hay el recuerdo de ayer, ni la prevision de maana; no hay mas que lo presente, el goce de ahora, lo demas no existe; para el primero hay la enseanza de lo pasado, y la vista del porvenir; hay otros intereses que los del momento, hay una vida demasiado anchurosa para limitarla lo que afecta en este instante; para el segundo el hombre es un ser que siente y goza; para el primero el hombre es una criatura racional, imgen y semejanza de Dios, que se desdea de hundir su frente en el polvo, que la levanta con generosa altivez hcia el firmamento, que conoce toda su dignidad, que se penetra de la nobleza de su orgen y destino, que alza su pensamiento sobre la region de las sensaciones, que prefiere al goce el deber. Para todo adelanto slido y estable, conviene desarrollar al hombre noble, y sujetar y dirigir al ignoble, con la firmeza de la volundad. Quien se ha dominado s mismo domina fcilmente el negocio, y los demas que en l toman parte. Porque es cierto que una volundad firme y constante, ya por s sola, y prescindiendo de las otras cualidades de quien la posea, ejerce poderoso ascendiente sobre los nimos, y los sojuzga y avasalla. La terquedad es sin duda un mal gravsimo, porque nos lleva desechar los consejos ajenos, aferrndonos en nuestro dictmen y resolucion, contra las consideraciones de prudencia y justicia. De ella debemos precavernos cuidadosamente, porque teniendo su raiz en el orgullo, es planta que fcilmente se desarrolla. Sin embargo, tal vez podria asegurarse que la terquedad no es tan comun, ni acarrea tantos daos como la inconstancia. Esta nos hace incapaces de llevar cabo las empresas arduas, y esteriliza nuestras facultades, dejndolas ociosas, aplicndolas sin cesar objetos diferentes, y no permitiendo que llegue sazon el fruto de las tareas; ella nos hace retroceder la vista del primer obstculo, y desfallecer al presentarse un riesgo fatiga; ella nos pone la merced de todas nuestras pasiones, de todos los sucesos, de todas las personas que nos rodean; ella nos hace tambien tercos en el prurito de mudanza, y ella nos hace desoir los consejos de la justicia, de la prudencia, y hasta de nuestros mas caros intereses. Para lograr esta firmeza de voluntad, y precaverse contra la inconstancia, conviene formarse convicciones fijas, prescribirse un sistema de conducta, no obrar al acaso. Es cierto que la variedad de acontecimientos y circunstancias, y la escasez de nuestra prevision nos obligan con frecuencia modificar los planes concebidos; pero esto no impide que podamos formarlos, no autoriza para entregarse ciegamente al curso de las cosas, y marchar la aventura. Para qu se nos ha dado la razon sino para valernos de ella, y emplearla como guia en nuestras acciones? Tngase por cierto que quien recuerde estas observaciones, quien proceda con sistema, quien obre con premeditado designio, llevar siempre notable ventaja sobre los que se conduzcan de otra manera; si son sus auxiliares, naturalmente se los hallar puestos bajo sus rdenes, y se ver constituido su caudillo, sin que ellos lo piensen ni l propio lo pretenda; si son sus adversarios enemigos, los desbaratar, aun contando con mnos recursos. Conciencia tranquila, designio premeditado, voluntad firme; h aqui las condiciones para llevar a cabo las empresas. Esto exige sacrificios, es verdad; esto demanda que el hombre se venza s mismo, es cierto; esto supone mucho trabajo interior, no cabe duda; pero en lo intelectual como en lo moral, como en lo fsico; en lo temporal como en lo eterno, est ordenado que no alcanza la corona quien no arrostra la lucha. LIX. Firmeza, energa, mpetu. Voluntad firme no es lo mismo que voluntad enrgica, y mucho mnos que voluntad impetuosa. Estas tres cualidades son muy diversas, no siempre se hallan reunidas, y no es raro que se excluyan reciprocamente. El mpetu es producido por un acceso de pasion, es el movimiento de la voluntad arrastrada por la pasion, es casi la pasion misma. Para la energa no basta un acceso momentneo; es necesaria una pasion fuerte, pero sostenida por algun tiempo. En el mpetu hay explosion, el tiro sale, mas el proyectil cae poca distancia; en la energa hay explosion tambien, quizas no tan ruidosa, pero en cambio el proyectil silba gran trecho por los aires, y alcanza un blanco muy distante. La firmeza no requiere ni uno ni otro; veces no consiente ni uno ni otro; admite tambien pasion, frecuentemente la necesita; pero es una pasion constante, con direccion fija, sometida regularidad. El mpetu, destruye en un momento todos los obstculos se quebranta; la energa sostiene algo mas la lucha, pero se quebranta tambien; la firmeza los remueve si puede, cuando no, los salva, da un rodeo, y si ni uno ni otro le es posible, se para y espera. Mas no debe creerse que esta firmeza no pueda tener en ciertos casos energa, mpetu irresistible; despues de esperar mucho, tambien se impacienta, y una resolucion extrema es tanto mas temible cuanto es mas premeditada, mas calculada. Esos hombres en apariencia frios, pero que en realidad abrigan un fuego concentrado y comprimido, son formidables cuando llega el momento fatal y dicen ahora.... Entnces clavan en el objeto su mirada encendida y se lanzan l rpidos como el rayo, certeros como una flecha. Las fuerzas morales son como las fsicas; necesitan ser economizadas; los que cada paso las prodigan las pierden; los que las reservan con prudente economa, las tienen mayores en el momento oportuno. No son las voluntades mas firmes las que chocan continuamente con todo; por el contrario los muy impetuosos ceden cuando se les resiste, atacan cuando se cede. Los hombres de voluntad mas firme no suelen serlo para las cosas pequeas; las miran con lstima, no las consideran dignas de un combate. As en el trato comun son condescendientes, flexibles, desisten con facilidad; se prestan lo que se quiere. Pero llegada la ocasion, sea por presentarse un negocio grande en que convenga desplegar las fuerzas, sea porque alguno de los pequeos haya sido llevado un extremo tal en que no se pueda condescender mas, y sea necesario decir, _basta_; entnces no es mas impetuoso el leon, si se trata de atacar, no es mas firme la roca, si se trata de resistir. Esa fuerza de voluntad que da valor en el combate y fortaleza en el sufrimiento; que triunfa de todas las resistencias, que no retrocede por ningun obstculo, que no se desalienta con el mal xito, ni se quebranta con los choques mas rudos; esa voluntad, que segun la oportunidad del momento, es fuego abrasador, frialdad aterradora; que segun conviene, pinta en el rostro formidable tempestad, una serenidad todava mas formidable; esa gran fuerza de voluntad, que es hoy lo que era ayer, que ser maana lo que es hoy; esa gran fuerza de voluntad sin la que no es posible llevar cabo arduas empresas que exijan dilatado tiempo; que es uno de los caractres distintivos de los hombres que mas se han sealado en los fastos de la humanidad, de los hombres que viven en los monumentos que han levantado, en las instituciones que han establecido, en las revoluciones que han hecho, en los diques con que las han contenido; esa gran fuerza de voluntad que poseian los grandes conquistadores, los jefes de sectas, los descubridores de nuevos mundos, los inventores que consumieron su vida en busca de su invento, los polticos que con mano de hierro amoldaron la sociedad una nueva forma, imprimindola un sello que despues de largos siglos no se ha borrado aun; esa fuerza de voluntad que hace de un humilde fraile un gran papa en Sixto V, un gran regente en Cisneros; esa fuerza de voluntad que cual muro de bronce detiene el protestantismo en la cumbre del Pirineo, que arroja sobre la Inglaterra una armada gigantesca, y escucha impasible la nueva de su prdida, que somete el Portugal, vence en San Quintin, levanta el Escorial, y que en el sombro ngulo del monasterio, contempla con ojos serenos la muerte cercana; mintras Extraa agitacion, tristes clamores En el palacio de _Felipe_ cunden, Que por el claustro y poblacion un tiempo Con angustiados ayes se difunden; esa fuerza de voluntad, repito, necesita dos condiciones mas bien resulta de la accion combinada de dos causas; una idea, y un sentimiento. Una idea clara, viva, fija, poderosa, que observa el entendimiento, ocupndole todo, llenndole todo. Un sentimiento fuerte, enrgico, dueo exclusivo del corazon y completamente subordinado la idea. Si alguna de estas circunstancias falta, la voluntad flaquea, vacila. Cuando la idea no tiene en su apoyo el sentimiento, la voluntad es floja; cuando el sentimiento no tiene en su apoyo la idea, la voluntad vacila, es inconstante. La idea es la luz que seala el camino; es mas, es el punto luminoso que fascina, que atrae, que arrastra; el sentimiento es el impulso, es la fuerza que mueve, que lanza. Cuando la idea no es viva, la atraccion disminuye, la incertidumbre comienza, la voluntad es irresoluta; cuando la idea no es fija, cuando el punto luminoso muda de lugar, la voluntad anda mal segura; cuando la idea se deja ofuscar reemplazar por otras, la voluntad muda de objetos, es voluble; y cuando el sentimiento no es bastante poderoso, cuando no est en proporcion con la idea, el entendimiento la contempla con placer, con amor, quizas con entusiasmo, pero el alma no se halla con fuerzas para tanto: el vuelo no puede llegar all; la voluntad no intenta nada, y si intenta, se desanima y desfallece. Es increible lo que pueden esas fuerzas reunidas; y lo extrao es que su poder no es solo con respecto al que las tiene, sino que obra eficazmente sobre los que le rodean. El ascendiente que llega ejercer sobre los demas un hombre de esta clase, es superior todo encarecimiento. Esa fuerza de voluntad, sostenida y dirigida por la fuerza de una idea, tiene algo de misterioso que parece revestir al hombre de un carcter superior y le da derecho al mando de sus semejantes: inspira una confianza sin lmites, una obediencia ciega todos los mandatos del hroe. Aun cuando sean desacertados, no se los cree tales; se considera que hay un plan secreto que no se concibe: l sabe bien lo que hace, decian los soldados de Napoleon, y se arrojaban la muerte. Para los usos comunes de la vida no se necesitan estas cualidades en grado tan eminente; pero el poseerlas del modo que se adapte al talento, ndole y posicion del individuo, es siempre muy til y en algunos casos necesario. De esto dependen en gran parte las ventajas que unos llevan otros en la buena direccion y acertado manejo de los asuntos; pudiendo asegurarse que quien est enteramente falto de dichas cualidades ser hombre de poco valer, incapaz de llevar cabo ningun negocio importante. Para las grandes cosas es necesaria gran fuerza, para las pequeas basta pequea; pero todas han menester alguna. La diferencia est en la intensidad y en los objetos: mas no en la naturaleza de las facultades ni de su desarrollo. El hombre grande como el vulgar, se dirigen por el pensamiento, y se mueven por la voluntad y las pasiones. En ambos la fijeza de la idea y la fuerza del sentimiento, son los dos principios que dan la voluntad energa y firmeza. Las piedrezuelas que arrebata el viento estan sometidas las mismas leyes que la masa de un planeta. LX. Conclusion y resmen. Criterio es un medio para conocer la verdad. La verdad en las cosas es la realidad. La verdad en el entendimiento, es conocer las cosas tales como son. La verdad en la voluntad es quererlas como es debido, conforme las reglas de la sana moral. La verdad en la conducta es obrar por impulso de esta buena voluntad. La verdad en proponerse un fin, es proponerse el fin conveniente y debido, segun las circunstancias. La verdad en la eleccion de los medios es elegir los que son conformes la moral, y mejor conducen al fin. Hay verdades de muchas clases; porque hay realidad de muchas clases. Hay tambien muchos modos de conocer la verdad. No todas las cosas se han de mirar de la misma manera, sino del modo que cada una de ellas se ve mejor. Al hombre le han sido dadas muchas facultades. Ninguna es intil. Ninguna es intrnsecamente mala. La esterilidad la malicia les vienen de nosotros que las empleamos mal. Una buena lgica debiera comprender al hombre entero; porque la verdad est en relacion con todas las facultades del hombre. Cuidar de la una, y no de la otra, es veces esterilizar la segunda, y malograr la primera. El hombre es un mundo pequeo: sus facultades son muchas y muy diversas; necesita armona, y no hay armona sin atinada combinacion, y no hay combinacion atinada si cada cosa no est en su lugar; si no ejerce sus funciones las suspende en el tiempo oportuno. Cuando el hombre deja sin accion alguna de sus facultades, es un instrumento al que le faltan cuerdas; cuando las emplea mal es un instrumento destemplado. La razon es fria, pero ve claro; darle calor, y no ofuscar su claridad: las pasiones son ciegas, pero dan fuerza; darles direccion, y aprovecharse de su fuerza. El entendimiento sometido la verdad; la voluntad sometida la moral; las pasiones sometidas al entendimiento y la voluntad, y todo ilustrado, dirigido, elevado por la religion; h aqu el hombre completo; el hombre por excelencia. En l la razon da luz, la imaginacion, pinta, el corazon vivifica, la religion diviniza. FIN. NOTAS [1] Pg. 7.--_Verum est id quod est_, dice san Agustin (Lib. 2. Solil. cap. 5). Puede distinguirse entre la verdad de la cosa y la verdad del entendimiento: la primera, que es la cosa misma, se podr llamar objetiva; la segunda, que es la conformidad del entendimiento con la cosa, se apellidar formal, subjetiva. El oro es metal, independientemente de nuestro conocimiento; h aqu una verdad objetiva. El entendimiento conoce que el oro es metal, h aqu una verdad formal subjetiva. Mucha presuncion seria el despreciar las reglas para pensar bien. Nullam dicere maximarum rerum esse artem, cum minimarum sine arte nulla sit, hominum est parum considerate loquentium. Es de hombres lijeros, decia Ciceron, el afirmar que para las grandes cosas no hay arte, cuando de l no carecen ni las mas pequeas. (Lib. 2. de offic.) En la utilidad de las reglas han estado acordes los sabios antiguos y modernos: la dificultad pues est en saber cules son estas, cul es el mejor modo de ensear practicarlas. _Don de los dioses_ llam Scrates la lgica, mas por desgracia, no nos aprovechamos lo bastante de este don precioso, y las cavilaciones de los hombres le hacen intil para muchos. Los aristotlicos han sido acusados de embrollar el entendimiento de los principiantes con la abundancia de las reglas, y el frrago de discusiones abstractas; en cambio, las escuelas que les han sucedido, y particularmente los idelogos mas modernos, no estan libres del todo de un cargo semejante. Algunos reducen la lgica un anlisis de las operaciones del entendimiento, y de los medios con que se adquieren las ideas; lo que encierra las mas altas y difciles cuestiones que ofrecerse puedan la humana filosofa. Quisiramos un poco mnos de ciencia y un poco mas de prctica; recordando lo que dice Bacon de Verulamio sobre el arte de observacion, cuando le llama una especie de sagacidad, de olfato cazador, mas bien que ciencia. Ars experimentalis sagacitas potius est et odoratio qudam venatica quam scientia. (De Augm. scient. L. 5. c. 2.) [2] Pg. 10.--Los hombres mas insignes en el mundo cientfico se han distinguido por una gran fuerza de atencion; y algunos de ellos por una abstraccion que raya en lo increible. Arquimedes ocupado en sus meditaciones y operaciones geomtricas, no advierte el estrpito de la ciudad tomada por los enemigos. Vieta pasa sin interrupcion dias y noches absorto en sus combinaciones algebricas y no se acuerda de s propio, hasta que le arrancan de tamaa enajenacion sus domsticos y amigos; Leibnitz malbarata lastimosamente su salud, estando muchos dias sin levantarse de la silla. Esta abstraccion extraordinaria es respetable en hombres que de tal suerte han enriquecido las ciencias con admirables inventos; ellos tenian verdaderamente una mision que cumplir, y en cierto modo era excusable que tan alto objeto sacrificaran su salud y su vida. Pero aun en los genios mas eminentes no ha estado reida la intensidad de la atencion con su flexibilidad: Descartes estaba elaborando sus colosales concepciones entre el estruendo de los combates; y cuando cansado de la vida militar se retir del servicio en que se habia alistado voluntariamente, continu viajando por los principales paises de Europa. Con semejante tenor de vida, es muy probable que el ilustre filsofo habia sabido enlazar la intensidad con la flexibilidad de la atencion, y que no seria tan delicado en la materia como Kant, de quien se dice, que el solo desarreglo cambio de un boton en uno de sus oyentes era capaz de hacerle perder el hilo del discurso. Esto no es tan extrao si se considera que el filsofo aleman jamas sali de su patria, y que por tanto no debi de acostumbrarse meditar sino en el retiro de su gabinete. Pero sea lo que fuere de las rarezas de algunos hombres clebres, importa sobre manera esforzarse en adquirir esa flexibilidad de atencion que puede muy bien aliarse con su intensidad. En esto como en todas las cosas puede mucho el trabajo, la repeticion de actos, que llegan engendrar un hbito que no se pierde en toda la vida. Acostumbrndose pensar sobre cuantos objetos se ofrecen, y dar constantemente al espritu una direccion seria, se consigue lentamente, y sin esfuerzo, la conveniente disposicion de nimo, ya sea para fijarse largas horas sobre un punto, ya para hacer suavemente la transicion de unas ocupaciones otras. Cuando no se posee esta flexibilidad, el espritu se fatiga y enerva con la concentracion excesiva se desvanece con cualquiera distraccion; lo primero, mas de ser nocivo la salud, tampoco suele servir mucho para progresar en la ciencia; y lo segundo inutiliza el entendimiento para los estudios serios. El espritu como el cuerpo ha menester un buen rgimen; y en este rgimen hay una condicion indispensable: la templanza. [3] Pg. 14.--Un hombre dedicado una profesion para la cual no ha nacido, es una pieza dislocada: sirve de poco, y muchas veces no hace mas que sufrir y embarazar. Quizas trabaja con celo, con ardor; pero sus esfuerzos son impotentes, no corresponden ni con mucho sus deseos. Quien haya observado algun tanto sobre este particular, habr notado fcilmente los malos efectos de semejante dislocacion. Hombres muy bien dotados para un objeto, se muestran con una inferioridad lastimosa cuando se ocupan de otro. Uno de los talentos mas sobresalientes que he conocido en lo tocante ciencias morales y polticas, le considero mucho mnos que mediano con respecto las exactas; y al contrario, he visto otros de feliz disposicion para adelantar en estas, y muy poco capaces para aquellas. Y lo singular en la diferencia de los talentos es que aun tratndose de una misma ciencia, los unos son mas propsito que otros para determinadas partes. As se puede experimentar en la enseanza de las matemticas que la disposicion de un mismo alumno no es igual con respecto la Aritmtica, Algebra y Geometra. En el clculo, unos se adiestran con facilidad en la parte de aplicacion, mintras no adelantan igualmente ni con mucho, en la de generalizacion; unos adelantan en la Geometra mas de lo que habian hecho esperar en el estudio del Algebra y Aritmtica. En la demostracion de los teoremas, en la resolucion de los problemas, se echan de ver diferencias muy sealadas: unos se aventajan en la facilidad de aplicar, de construir, pero detenindose, por decirlo as, en la superficie, sin penetrar en el fondo de las cosas; al paso que otros no tan diestros en lo primero, se distinguen por el talento de demostracion, por la facilidad en generalizar, en ver resultados, en deducir consecuencias lejanas. Estos ltimos son hombres de ciencia, los primeros son hombres de prctica; aquellos les conviene el estudio, estos el trabajo de aplicacion. Si estas diferencias se notan en los lmites de una misma ciencia, qu ser cuando se trate de las que versan sobre objetos los mas distantes entre s? y sin embargo, quin cuida de observarlas, y mucho mnos de dirigir los nios y los jvenes por el camino que les conviene? A todos se nos arroja, por decirlo as, en un mismo molde: para la eleccion de las profesiones suele atenderse todo, mnos la disposicion particular de los destinados ellas. Cunto y cunto falta que observar en materia de educacion instruccion! En la acertada eleccion de la carrera no solo se interesa el adelanto del individuo, sino la felicidad de toda su vida. El hombre que se dedica la ocupacion que se le adapta, disfruta mucho, aun entre las fatigas del trabajo; pero el infeliz que se halla condenado tareas para las cuales no ha nacido, ha de estar violentndose continuamente, ya para contrariar sus inclinaciones, ya para suplir con esfuerzo lo que le falta en habilidad. Algunos de los hombres que mas se han distinguido en la respectiva profesion, habrian sido probablemente muy medianos, si se hubiesen dedicado otra que no les conviniera. Malebranche se ocupaba en el estudio de las lenguas y de la historia, y no daba muestras de ninguna disposicion muy aventajada, cuando acert entrar en la tienda de un librero, donde le cay en manos el _Tratado del hombre_ de Descrtes. Causle tanta impresion aquella lectura, que se cuenta haber tenido que interrumpirla mas de una vez para calmar los fuertes latidos de su corazon. Desde aquel dia Malebranche se dedic al estudio que tan perfectamente se le adaptaba; y diez aos despues publicaba ya su famosa obra de la _Investigacion de la verdad_. Y es que la palabra de Descartes despert el genio filosfico adormecido en el jven bajo la balumba de las lenguas y de la historia: sintise otro, conoci que l era capaz de comprender aquellas altas doctrinas, y como el poeta al leer otro poeta, exclam: _tambien yo soy filsofo_. Una cosa semejante le sucedi Lafontaine. Habia cumplido veinte y dos aos, sin dar muestras de abrigar genio potico. No lo conoci l mismo hasta que ley la oda de Malherbe sobre el asesinato de Enrique IV. Y este mismo Lafontaine que tan alto ray en la poesa, qu hubiera sido como hombre de negocios? Sus inocentadas que tanto daban que reir sus amigos, no son muy buen indicio de felices disposiciones para este gnero. He dicho que convenia observar el talento particular de cada nio para dedicarle la carrera que mejor se le adapta: y que seria bueno observar lo que dice hace cuando se encuentra con ciertos objetos. Madama Perier, en la _Vida_ de su hermano Pascal, refiere que siendo nio le llam un dia la atencion el fenmeno del diverso sonido de un plato herido con un cuchillo, segun se le aplicaba el dedo se le retiraba; y que despues de reflexionar mucho sobre la causa de esta diferencia escribi un pequeo tratado sobre ella. Este espritu observador en tan tierna edad no anunciaba ya al ilustre fsico del experimento de Puy-de-Dme confirmando las ideas de Torricelli y Galileo? El padre de Pascal deseoso de formar el espritu de su hijo, fortalecindole con otra clase de estudios ntes de pasar al de las matemticas, hasta evitaba el hablar de geometra en presencia del nio; pero este encerrado en su cuarto, traza figuras con un carbon, y desenvolviendo la definicion de la geometra que habia oido, demuestra hasta la proposicion 32 de Euclides. El genio del eminente gemetra se debatia bajo una inspiracion poderosa, que todava no era l capaz de comprender. El clebre Vaucanson se ocupa en examinar atentamente la construccion de un reloj de una antesala donde estaba esperando su madre; en vez de juguetear, acecha por las hendiduras de la caja, por si puede descubrir el mecanismo: y luego despues se ensaya en construir uno de madera que revela el asombroso genio del ilustre constructor del _flautista_, y del _spid de Cleopatra_. Bossuet la edad de 16 aos improvisaba en el palacio de Rambouillet un sermon que por la copia de pensamientos y facilidad de expresion y de estilo, admiraba al concurso compuesto de los talentos mas escogidos que la sazon contaba la Francia. [4] Pg. 25.--He dicho que la teora de las probabilidades auxiliada por la de las combinaciones, pone de manifiesto la imposibilidad que he llamado de sentido comun, calculando, por decirlo as, la inmensa distancia que va de la posibilidad del hecho su existencia; distancia que nos le hace considerar como poco mnos que absolutamente imposible. Para dar una idea de esto supondr que se tengan siete letras e, s, p, a, , o, l, y que disponindolas la aventura, se quiere que salga la palabra _espaol_. Es claro que no hay imposibilidad intrnseca, pues que lo vemos hecho todos los dias, cuando la combinacion preside la inteligencia del cajista; pero en faltando esta inteligencia, no hay mas razon para que resulten combinadas de esta manera que de la otra. Ahora bien: teniendo presente que el nmero de combinaciones de diferentes cantidades es igual 1234.......(n-1)n, expresando n el nmero de los factores; siendo siete las letras en el caso presente, el nmero de combinaciones posibles ser igual 1234567.=5040. Ahora: recordando que la probabilidad de un hecho es la relacion del nmero de casos posibles, resulta que la probabilidad de salir por acaso las siete letras dispuestas de modo que formen la palabra _espaol_, es igual 1/5040. Por manera que estaria en el mismo caso que el salir una bola negra de una urna donde hubiese 5039 bolas blancas. Si es tanta la dificultad que hay en que resulte formada una sola palabra de siete letras; qu ser si tomamos por ejemplo un escrito en que hay muchas pginas, y por tanto gran nmero de palabras? La imaginacion se asombra al considerar la inconcebible pequeez de la probabilidad cuando se atiende lo siguiente: 1. La formacion casual de una sola palabra es poco mnos que imposible, qu ser con respecto millares de palabras? 2. Las palabras sin el debido rden entre s no dirian nada, y por tanto seria necesario que saliesen del modo correspondiente para expresar lo que se queria. Siete solas palabras nos costarian el mismo trabajo que las siete letras. 3. Esto es verdad, aun no exigiendo disposicion en lneas, y suponindolo todo en una sola; qu ser si se piden lneas? Solo siete nos traern la misma dificultad que las siete palabras y las siete letras. 4. Para formarse una idea del punto que llegaria el guarismo que expresase los casos posibles, advirtase que nos hemos limitado un nmero de los mas bajos, el _siete_; advirtase que hay muchas palabras de mas letras; que todas las lneas habrian de constar de algunas palabras, y todas las pginas de muchas lineas. 5. Y finalmente, reflexinese adnde va parar un nmero que se forma con una ley tan aumentativa como esta 12345678 ... (n-1)n. Sgase por breve rato la multiplicacion y se ver que el incremento es asombroso. En la mayor parte de los casos en que el sentido comun nos dice que hay imposibilidad, son muchas las cantidades por combinar, entendiendo por cantidades todos los objetos que han de estar dispuestos de cierto modo para lograr el objeto que se desea. Por poco elevado que sea este nmero, el clculo demuestra ser la probabilidad tan pequea, que ese instinto con el cual desde luego, sin reflexionar, decimos esto no puede ser es admirable, por lo fundado que est en la sana razon. Pondr otro ejemplo. Suponiendo que las cantidades son en nmero de 100, el de las combinaciones posibles ser 123456.... 99100. Para concebir la increible altura que se elevara este producto, considrese que se han de sumar los logaritmos de todas estas cantidades, y que las solas _caractersticas_, prescindiendo de las _mantisas_ dan 92: lo que por s solo da una cantidad igual la unidad seguida de 92 ceros. Smense las _mantisas_, y adase el resultado de los enteros las _caractersticas_, y se ver que este nmero crece todava mucho mas. Sin fatigarse con clculos se puede formar idea de esta clase de aumento. As suponiendo que el nmero de las cantidades combinables sea diez mil, por la suma de las solas _caractersticas_ de los factores se tendria una _caracterstica_ igual 28894; es decir que aun no llevando en cuenta lo muchsimo que subiria la suma de las _mantisas_, resultaria un nmero igual la unidad seguida de 28894 ceros. Concbase si se puede lo que es un nmero, que por poco espesor que en la escritura se d los ceros, tendr la longitud de algunas varas; y vase si no es muy certero el instinto que nos dice ser imposible una cosa cuya probabilidad es tan pequea que est representada por un quebrado cuyo numerador es la unidad, y cuyo denominador es un nmero tan colosal. [5] Pg. 35.--He creido intil ventilar en esta obra las muchas cuestiones que se agitan sobre los sentidos, en sus relaciones con los objetos externos, y la generacion de las ideas. Esto me hubiera llevado fuera de mi propsito, y ademas no habria servido de nada para ensear hacer buen uso de los mismos sentidos. En otra obra, que tal vez no tarde en dar luz, me propongo examinar estas cuestiones con la extension que su importancia reclama. [6] Pg. 47.--Lo que he dicho sobre las consecuencias que instintivamente sacamos de la coexistencia sucesion de los fenmenos, est ntimamente enlazado con lo explicado en la _Nota 4_, sobre la imposibilidad de sentido comun. De esto puede sacarse una demostracion incontrastable en favor de la existencia de Dios. [7] Pg. 56.--Los que crean que la moral cristiana induce fcilmente error por un exceso de caridad, conocen poco esta moral, y no han reflexionado mucho sobre los dogmas fundamentales de nuestra religion. Uno de ellos es la corrupcion original del hombre, y los estragos que esta corrupcion produce en el entendimiento y en la voluntad. Semejante doctrina es acaso muy propsito para inspirar demasiada confianza? Los libros sagrados no estan llenos de narraciones en que resaltan la perfidia y la maldad de los hombres? La caridad nos hace amar nuestros hermanos, pero no nos obliga reputarlos por buenos, si son malos, no nos prohibe el sospechar de ellos, cuando hay justos motivos, ni nos impide el tener la cautela prudente, que de suyo aconseja el conocer la miseria y la malicia del humano linaje. [8] Pg. 67.--Para convencerse de que no he exagerado al ponderar el peligro de ser inducidos en error por los narradores, basta considerar que aun con respecto paises muy conocidos, la historia se est _rehaciendo_ continuamente, y tal vez en este siglo mas que en los anteriores. Todos los dias se estan publicando obras en que se enmiendan errores, verdaderos imaginarios; pero lo cierto es que en muchos puntos gravsimos hay una completa discordancia en las opiniones. Esto no debe conducir al escepticismo, pero s inspirar mucha cautela. La autoridad humana es una condicion indispensable para el individuo y la sociedad: pero es preciso no fiarse demasiado en ella. Para engaarnos basta mala fe error. Desgraciadamente, estas cosas no son raras. [9] Pg. 72.--Es muy dudoso si el periodismo causar dao provecho la historia de lo presente; pero no puede negarse que multiplicar el nmero de los historiadores con la mayor circulacion de documentos. Antes, para proporcionarse algunos de ellos era necesario recurrir secretaras archivos; mas ahora, son pocos los que son tan reservados que desde luego, la vuelta de algun tiempo, no caigan en manos de un peridico; y por poco que valgan, pueden contar con infinitas reimpresiones en varias lenguas. Por manera que ahora las colecciones de peridicos son excelentes memorias para escribir la historia. Esto aumenta el nmero de los hechos en que se pueda fundar el historiador; y de que puede aprovecharse con gran fruto, con tal que no confunda el texto con el comentario. [10] Pg. 78.--Al leer algun libro de viajes, no debemos buscar el captulo de paises lejanos, sino de aquellos cuyos pormenores nos sean muy conocidos; esto proporciona el juzgar con acierto de la obra, y veces no escasa diversion. Entnces se palpa la lijereza con que se escriben ciertos viajes. Una poblacion que tenia yo bien conocida, y cuyos alrededores secos y pedregosos habia recorrido no pocas veces, la he visto en un libro de viajes cercada como por encanto de jardines y arroyos; y otra en que se habla de las aguas de un rio no lejano, como de un bello sueo que algun dia se pudiera realizar, la he visto tambien en otro libro regalada ya con la ejecucion del hermoso proyecto, mejor dir, sin necesidad de l, pues que el cauce del rio estaba junto sus murallas. [11] Pg. 89.--He manifestado mucha desconfianza de las obras pstumas, sobre todo si el autor no ha podido darles la ltima mano, dejndolas persona de muy segura entereza, y que no haya de hacer mas que publicarlas. Entre los muchos ejemplos que se pudieran citar, en que la falsificacion ha sido probada, en que se ha sospechado no sin fuertes indicios, recordar un hecho gravsimo, cual es lo que est sucediendo en Francia con respecto una obra muy importante: _Los Pensamientos de Pascal_. En el espacio de dos siglos se han publicado numerosas ediciones de esta obra, y ha sido traducida en diferentes lenguas, y todava en 1845 estan disputando M. Cousin y M. Faugre sobre pasajes de gran trascendencia. M. Cousin pretendia haber restablecido el verdadero Pascal, haciendo desaparecer las enmiendas introducidas en la obra por la mano de Port-Royal, y ahora M. Faugre ha dado luz otra edicion, de la cual resulta que solo l ha consultado el escrito autgrafo, y que M. Cousin, el mismo M. Cousin, se habia limitado, por lo general, las copias. Fiaos de editores. [12] Pg. 102.--Lo dicho en la _Nota 3_ sobre la diferencia de los talentos deja fuera de duda lo que acabo de asentar en el captulo XII. Sin embargo para hacer sentir que la escena de los _Sabios resucitados_ no es una ficcion exagerada, citar un ejemplo que equivale muchos. Quin hubiera pensado que un escritor tan fecundo, tan brillante, tan lozano y pintoresco como Buffon, no fuese poeta ni capaz de hacer justicia los poetas mas eminentes? Tratndose de un hombre que solo se hubiese distinguido en las ciencias exactas, esto no fuera extrao; pero en Buffon, en el magnfico pintor de la naturaleza, cmo se concibe esta anomala? Sin embargo la anomala existi, y esto basta manifestar que no solo pueden encontrarse separados dos gneros de talento muy diversos, sino tambien los que al parecer solo se distinguen por un lijero matiz. Yo he visto, dice Laharpe, al respetable anciano Buffon, afirmar con mucha seguridad que los versos mas hermosos estaban llenos de defectos, y que no alcanzaban ni con mucho la perfeccion de una buena prosa. No vacilaba en tomar por ejemplo los versos de la _Athalia_ y hacer una minuciosa crtica de los de la primera escena. Todo lo que dijo era propio de un hombre tan extrao las _primeras nociones de la poesa_, y los ordinarios procedimientos de la versificacion, que no habria sido posible responderle sin _humillarle_. Y advirtase que no se habla de un hombre que pensase mnos en la forma del escrito que en el fondo; se habla de Buffon, que pulia con extremada escrupulosidad sus trabajos, y de quien se cuenta que hizo copiar once veces su manuscrito _Epocas de la naturaleza_; y sin embargo este hombre que tanto cuidaba de la belleza, de la cultura, de la armona, no era capaz de comprender Racine, y encontraba malos los versos de la _Athalia_. [13] Pg. 115.--La confusion de ideas acarrea grandes perjuicios las ciencias: pero el aislamiento de los objetos es causa tambien de mucha gravedad. Uno de los vicios radicales de la escuela enciclopdica fu el considerar al hombre aislado, y prescindir de las relaciones que le ligan con otros seres. El anlisis lleva descomponer, pero es necesario no llevar la descomposicion tan ljos que se olvide la construccion de la mquina que pertenecen las piezas. Algunos filsofos fuerza de analizar las sensaciones, se han quedado con las sensaciones solas; lo que en la ciencia ideolgica y psicolgica, equivale tomar el prtico por el edificio. [14] Pg. 134.--La _duda_ de Descartes fu una especie de revolucion contra la autoridad cientfica, y por tanto fu llevada por muchos una exageracion indebida. Sin embargo no es posible desconocer que habia en las escuelas necesidad de un sacudimiento, que las sacase del letargo en que se encontraban. La autoridad de algunos escritores se habia levantado mas alto de lo que convenia; y era menester un mpetu como el de la filosofa de Descartes para derribar los dolos. El respeto debido los grandes hombres no ha de rayar en culto, ni la consideracion su dictmen degenerar en ciega sumision. Por ser grandes hombres, no dejan de ser hombres, y de manifestarlo as en los errores, olvidos y defectos de sus obras. _Summi enim sunt, homines tamen_, decia Quintiliano. Y san Agustin confiesa, que la infalibilidad la atribuye los libros sagrados; pero que en cuanto las obras de los hombres, por mas alto que rayen en virtud y sabidura, no por esto son mas obligados tener por verdadero todo cuanto ellos han dicho escrito. [15] Pg. 142.--Voy compendiar en pocas palabras lo mas til que dicen los dialcticos sobre la percepcion, juicio, raciocinio, trmino, proposicion y argumentacion. Segun los dialcticos, la percepcion es el conocimiento en la cosa, sin afirmacion negacion; el juicio es la afirmacion negacion; el raciocinio es el acto del entendimiento de lo que de una cosa inferimos otra. Pienso en la virtud sin afirmar negar nada de ella; tengo una percepcion. Interiormente afirmo que la virtud es loable; formo un juicio. De aqu infiero que para merecer la verdadera alabanza es preciso ser virtuoso; esto es un raciocinio. El objeto interior de la percepcion, se llama idea. El trmino vocablo es la expresion de la cosa percibida. La palabra _Amrica_ no expresa la idea del nuevo Continente, sino el mismo Continente. Es cierto que no existiera el trmino si no existiese la idea, y que esta sirve como de nudo para enlazar el trmino con la cosa; pero no lo es mnos, que cuando expresamos _Amrica_, entendemos la cosa misma, no la idea. As decimos la Amrica es un pais hermoso, y es evidente que esto no lo afirmamos de la idea. Al pensar en los metales, conozco que el ser _metal_ es comun muchas cosas que por otra parte son diferentes, como la plata, el oro, el plomo etc.; al pensar en los brutos, veo que hay algo en que convienen el camello, el guila, la serpiente, la mariposa, y todos los demas, saber el _vivir y sentir_, el ser animales. Cuando expreso esto que conviene muchos, diciendo, _metal_, _animal_, _cuerpo_, _hombre justo_, _malo_ etc, el trmino se denomina _comun_. El trmino comun tomado en general es aquel cuyo significado conviene muchos; pero como puede suceder que convenga muchos, bien tan solo en cuanto se consideran reunidos, bien que se aplique cualquiera de ellos por separado; suele decirse que en el primer caso el trmino es colectivo, en el segundo distributivo. _Academia_, es un trmino comun colectivo, porque expresa la _coleccion_ de los acadmicos; pero no de tal suerte que cada uno de estos pueda llamarse _academia_. _Sabio_ es trmino comun distributivo, porque se aplica muchos, de manera que cualquiera individuo que posea la sabidura, puede llamarse sabio. Trmino singular es el que expresa un solo individuo: como Pirineos, mar Negro, Madrid, etc. Me parece que el trmino colectivo no deberia contarse como una especie del comun, porque entnces hay el inconveniente de que la division no est bien hecha. Decimos el trmino es comun singular. El comun se divide en colectivo y distributivo. Para que una division sea bien hecha se requiere que de dos miembros opuestos el uno no pertenezca al otro, lo que se verifica si adoptamos la division expresada. En efecto, la palabra _nacion_ es comun, distributivamente, porque conviene todas las naciones; y colectivamente porque se aplica una reunion. Francia es comun colectivo porque se aplica un conjunto de hombres, y singular porque expresa una sola nacion, un verdadero individuo de la especie de las naciones. Luego el trmino colectivo no debe contarse entre los comunes, como contrapuestos al singular, pues hay nombres colectivos comunes, y los hay singulares. El trmino comun se divide en unvoco, equvoco y anlogo. Unvoco es el que tiene para muchos un significado idntico: como hombre, animal, corpreo. Equvoco es el que lo tiene diferente, como leon, que expresa un animal y un signo celeste. Anlogo que lo tiene en parte idntico y en parte diferente: como sano, que se aplica al alimento que conserva la salud, al medicamento que la restablece, al hombre que la posee; piadoso, que se aplica la persona, un libro, una accion, una imgen. _Amo_, se dice de los monarcas; as esa frmula el rey mi augusto amo se dice de los que tienen esclavos; se dice de los que tienen dependientes criados, se dice del dueo de la habitacion. De muchos trminos se verifica que envuelven una idea general, susceptible de varias modificaciones; y el emplearlos sin hacerla competente distincion, da lugar confusion de ideas, y estriles disputas. Usamos cada paso las palabras rey, monarca, soberano; hablamos sobre lo que ellas significan, asentando nuestros respectivos sistemas. Y sin embargo es imposible no desacertar gravsimamente, si en cada cuestion no se fija con exactitud lo que estas palabras expresan. Soberano es el sultan, soberano es el emperador de Rusia, soberano es el rey de Prusia, soberano es el rey de Francia, soberana es la reina de Inglaterra, y no obstante en ninguno de estos casos, la soberana expresa lo mismo. La definicion es la explicacion de la cosa. Si explica la esencia se llama esencial; si se contenta con darla conocer, sin penetrar en su naturaleza, se apellida descriptiva. Cuando la cosa explicada es la significacion de una palabra, se llama definicion del nombre: _definitio nominis_. Conviene no confundir la definicion del nombre con su etimologa: porque siendo esta ltima la explicacion del orgen de la palabra, acontece muchas veces que el sentido usual es muy diferente del etimolgico. La etimologa ilustra para conocer el verdadero significado, pero no lo determina. As, por ejemplo, la palabra obispo, _episcopus_, que atendida su etimologa griega significa vigilante, y en su acepcion latina, superintendente, nos indica en cierto modo las atribuciones pastorales; pero dista mucho de determinarlas en su verdadero sentido. As esta palabra significaba entre los latinos, el magistrado cuyo cargo corria el cuidado del pan y demas comestibles. Ciceron escribiendo Atico le dice: Vuit enim Pompejus me esse quem tota hc Campania, et maritima ora habent episcopum ad quem delectus et negotii summa referatur. (Lib. 7. epist.) Las calidades de una buena definicion, son claridad y exactitud. Ser clara, si no puede mnos de entenderla quien no ignore la significacion de las palabras; ser exacta, si explica de tal manera la cosa definida, que ni le aada ni le quite. La mejor regla para asegurarse de la bondad de una definicion, es aplicarla desde luego las cosas definidas; y observar si las comprende todas, y ellas solas. La division es la distribucion de un todo en sus partes. Segun son estas, toma distintos nombres; llamndose actual cuando existen en realidad, y potencial cuando no son mas que posibles. La actual se subdivide en metafsica, fsica, integral. Metafsica, es la que distribuye el todo en partes metafsicas, como el hombre en animal y racional; fsica, la que lo distribuye en partes fsicas, como el hombre en cuerpo y alma; integral, la que lo distribuye en partes que expresan cantidad, como el hombre en cabeza, pies, manos etc. La potencial es la que distribuye un todo en aquellas partes que nosotros le podemos concebir. As, considerando como un todo la idea abstracta _animal_, podemos dividirle en racional irracional. Si lo expresado por la division potencial pertenece la esencia de la cosa, se llama esencial, si no, accidental. Ser esencial si divido el animal en racional irracional; ser accidental si le divido por sus colores, otras calidades semejantes. La buena divisin debe: 1. agotar el todo; 2. no atribuirle partes que no tenga; 3. no incluir una parte en las otras; 4. proceder con rden, ya sea que este se funde en la naturaleza de las cosas, en la generacion distribucion de las ideas. Si afirmo una cosa de otra, formo un juicio; si lo enuncio con palabras, tengo una proposicion. Afirmo interiormente, que la tierra es un esferide; h aqu un juicio; digo escribo: la tierra es un esferide h aqu la proposicion. En todo juicio hay relacion de dos ideas, mas bien de los objetos que ellas representan; lo mismo ha de suceder en la proposicion; el trmino que expresa aquello de que afirmamos negamos, se llama sujeto; lo que afirmamos negamos se denomina predicado; y el verbo _ser_, que expreso sobrentendido se halla siempre en la proposicion, se apellida union cpula, porque representa el enlace de las dos ideas. As en el ejemplo anterior: la _tierra_ es el sujeto, _esferide_ el predicado, y _es_ la cpula. Si hay afirmacion, la proposicion se llama afirmativa, si hay negacion negativa. Pero conviene advertir, que para que una proposicion sea negativa, no basta que la partcula _no_ afecte alguno de sus trminos, sino que es preciso que afecte al verbo. La ley _no_ manda pagar. La ley manda _no_ pagar. La primera es negativa, la segunda afirmativa; el sentido es muy diferente con solo mudar de lugar el _no_. Las proposiciones se dividen en universales, indefinidas, particulares y singulares, segun que el sujeto es singular, indefinido, particular, universal. _Todo cuerpo_ es grave: es proposicion universal, causa de la palabra _todo_. _El hombre_ es inconstante; la proposicion es indefinida, por no expresarse si lo son todos alguno. _Algunos axiomas_ son engaosos; la proposicion es particular porque el sujeto est restringido por el adjunto _alguno_. Gonzalo de Crdoba fu insigne capitan; la proposicion es singular, por serlo el sujeto. Para ser singular la proposicion, no es preciso que el nombre sea propio, basta una palabra cualquiera que lo determine; como si digo: _esta_ moneda es falsa. Tocante las proposiciones indefinidas, puede preguntarse si el sujeto se toma en sentido universal particular; y esta cuestion dan orgen dos motivos: 1. el no estar aquel acompaado de trmino universal ni particular; 2. el observarse que el uso les seala unas un sentido universal y otras no. La proposicion indefinida equivale la universal, en sentido absoluto, si se trata de materias pertenecientes la esencia de las cosas, alguna de sus propiedades que pueda considerarse necesaria; equivale universal moral, es decir, para la mayor parte de los casos, si versa sobre calidades que as lo demanden; y por fin particular, si as lo indica la cosa de que se habla. Los cuerpos son pesados: equivale decir todos los cuerpos son pesados. Los alemanes son meditabundos; no equivale decir que todos lo sean, sino que este es uno de los caractres de aquella nacion. Las proposiciones son simples compuestas. Las simples son las que expresan la relacion de un solo predicado un solo sujeto: como todas las de los ejemplos anteriores. Las compuestas son las que contienen mas de un sujeto predicado; y por lo mismo explcita implcitamente comprenden mas de una proposicion. Con la clasificacion y los ejemplos, se comprender mejor en qu consiste una proposicion compuesta. Los dialcticos suelen distribuirlas en varias clases; indicar las principales. Proposicion copulativa es la que expresa el enlace de dos afirmaciones negaciones. El oro y la plata son metales. Equivale estas dos reunidas: el oro es metal, y la plata es metal. El oro es amarillo, y el oro es ductil. Para que estas proposiciones sean verdaderas se necesita que lo sean sus dos partes: porque la afirmacion no se limita la una sino que se extiende las dos. A la misma clase pueden reducirse estas negativas: ni la codicia ni la soberbia son virtudes; la templanza no es daosa ni al alma ni al cuerpo, etc. Disyuntiva es la proposicion en que entre dos mas extremos se afirm la existencia de uno. Las acciones humanas son buenas malas. A estas horas se habr ejecutado el designio no se ejecutar nunca. Para la verdad de estas proposiciones, se necesita que no haya medio entre los extremos sealados. Un papel es blanco es negro: la proposicion es falsa, porque puede ser de otros colores. Proposicion condicional es la en que se afirma una cosa con condicion. Si el viento sopla el tiempo ser frio. Si hiela se echarn perder los frutos. Para la verdad de estas proposiciones se necesita que en realidad la primera parte traiga consigo la segunda; porque esto es lo que se afirma; mas no que la segunda traiga la primera, porque de esto se prescinde. As en el ltimo ejemplo se dice que al hielo seguir la perdicion de los frutos; pero no que si se pierden los frutos haya hielo; porque no se afirma que los frutos no puedan perderse por otras causas. Poco dir sobre las formas de argumentacion. Los dialcticos las han distribuido en muchas clases, y sealndoles abundantes reglas, todo con mucho ingenio. Ya he indicado lo que pensaba de su utilidad. Para inventar sirven poco nada; para exponer mucho; y en general, el acostumbrarse ellos por algun tiempo, deja en el entendimiento una claridad y precision que no se pierden fcilmente, y se hacen sentir en todos los estudios. Silogismo es la argumentacion en que se comparan dos trminos con un tercero, para inferir la relacion que ellos tienen entre s. Lo simple es incorruptible, el alma es simple, luego es incorruptible. Los extremos son _alma_ _incorruptible_, el trmino medio es _simple_. Entimema es un silogismo abreviado. El alma es simple, luego es incorruptible. El dilema es una argumentacion fundada en una proposicion disyuntiva, que por todos los extremos hiere al adversario. O el cristianismo se difundi con milagros sin ellos; si con milagros, el cristianismo es verdadero; si sin milagros, el cristianismo es verdadero tambien, pues se difundi con un gran milagro que es el difundirse sin milagros. [16] Pg. 155.--He recordado con elogio una doctrina de santo Tomas; y no puedo mnos de advertir lo muy til que considero la lectura de las obras de aquel insigne Doctor, cuantos deseen entregarse estudios profundos sobre el espritu humano. Si bien es verdad que se halla en ellas el estilo de la poca, tambien es cierto que mas de una vez se asombra el lector de que en medio de la ignorancia, que todava era mucha en el siglo XIII, hubiese un hombre que tan vasta erudicion reuniese un espritu tan penetrante, tan profundo, tan exacto. [17] Pg. 165.--La carrera de la enseanza debiera ser una profesion en que se fijaran definitivamente los que la abrazasen. Desgraciadamente no sucede as, y una tarea de tanta gravedad y trascendencia se desempea como la aventura, y solo mintras se espera otra colocacion mejor. El orgen del mal no est en los profesores; sino en las leyes que no los protegen lo bastante, y no cuidan de brindarles con el aliciente y estmulo, que el hombre necesita en todo. Un solo profesor bueno es capaz en algunos aos de producir beneficios inmensos un pais: l trabaja en una modesta ctedra, sin mas testigo que unos pocos jvenes; pero estos jvenes se renuevan con frecuencia, y la vuelta de algunos aos ocupan los destinos mas importantes de la sociedad. [18] Pg. 171.--Esa inclinacion del hombre seguir la autoridad de otro hombre, da lugar elevadas consideraciones sobre la fe, sobre el principio de la autoridad de la Iglesia catlica, y sobre el orgen y carcter de las extraviadas sectas que han perturbado y perturban el mundo. Como en otra obra trat extensamente esta materia, me basta referirme lo que en ella dije. Vase _El Protestantismo comparado con el Catolicismo en sus relaciones con la civilizacion europea_. _Tomo 1_. [19] Pg. 203.--Podria escribirse una excelente obra con el ttulo de _moral literaria y artstica_. El asunto es tan til como fecundo. Si esta obra la ejecutase un escritor de crtica segura y delicada y de moral pura, podria ser de gran provecho. El abuso, cada dia mayor, que de las mas bellas dotes del alma se est haciendo para extraviar y corromper, aumentaria la importancia de semejante trabajo. Ojal que esta indicacion despierte la voluntad de alguno que se sienta con fuerzas para ello. [20] Pg. 209.--La filosofa de la historia, si bien ha adelantado algo en los ltimos tiempos, es sin embargo una ciencia muy atrasada. Probablemente sufrir modificaciones no mnos profundas que otra ciencia tambien nueva: la economa poltica. Para los catlicos hay en esta clase de estudios el grave inconveniente de que varias de las obras principales que en esta materia se han escrito, han salido de manos de protestantes, escpticos; as es que se las encuentra llenas de errores y equivocaciones en lo concerniente la Iglesia. Verdad es que ltimamente en Inglaterra, en Francia y en Alemania, se est rehaciendo la historia en un sentido favorable al catolicismo: pero esta es una mina riqusima de la cual no se ha explotado mas que una pequea parte. Los tesoros abundan; solo se necesita trabajo. [21] Pg. 227.--Figranse algunos que la religiosidad es signo de espritu apocado y capacidad escasa; y que por el contrario la incredulidad es indicio de talento y grandeza de nimo. Yo sostengo que con la historia en la mano se puede demostrar que en todos tiempos y paises los hombres mas eminentes han sido religiosos. FIN DE LAS NOTAS. NDICE DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTA OBRA. CAPTULO PRIMERO. CONSIDERACIONES PRELIMINARES. I. En qu consiste el pensar bien. Qu es la verdad. 1 II. Diferentes modos de conocer la verdad. 2 III. Variedad de ingenios. 3 IV. La perfeccion de las profesiones depende de la perfeccion con que se conocen los objetos de ellas. 4 V. A todos interesa el pensar bien. 5 VI. Cmo se debe ensear pensar bien. 6 CAPTULO II. LA ATENCION. I. Definicion de la atencion. Su necesidad. 7 II. Ventajas de la atencion inconvenientes de su falta. 8 III. Cmo debe ser la atencion. Atolondrados y ensimismados. 9 IV. Las interrupciones. 10 CAPTULO III. ELECCION DE CARRERA. I. Vago significado de la palabra Talento. 11 II. Instinto que nos indica la carrera que mejor se nos adapta. 12 III. Experimento para discernir el talento peculiar de cada nio. 13 CAPTULO IV. CUESTIONES DE POSIBILIDAD. I. Una clasificacion de los actos de nuestro entendimiento, y de las cuestiones que se le pueden ofrecer. 14 II. Ideas de posibilidad imposibilidad. Sus clasificaciones. 15 III. En qu consiste la imposibilidad metafsica absoluta. 16 IV. La imposibilidad absoluta y la omnipotencia divina. 17 V. La imposibilidad absoluta, y los dogmas. _Id._ VI. Idea de la imposibilidad fsica natural. 18 VII. Modo de juzgar de la imposibilidad natural. 19 VIII. Se deshace una dificultad sobre los milagros de Jesucristo. 20 IX. La imposibilidad moral ordinaria. 22 X. Imposibilidad de sentido comun impropiamente contenida en la imposibilidad moral. 24 CAPTULO V. CUESTIONES DE EXISTENCIA. CONOCIMIENTO ADQUIRIDO POR EL TESTIMONIO INMEDIATO DE LOS SENTIDOS. I. Necesidad del testimonio de los sentidos, y los diferentes modos con que nos proporcionan el conocimiento de las cosas. 26 II. Errores en que incurrimos por ocasion de los sentidos. Su remedio. Ejemplos. 27 III. Necesidad de emplear en algunos casos mas de un sentido, para la debida comparacion. 29 IV. Los sanos de cuerpo y enfermos de espritu. 31 V. Sensaciones reales, pero sin objeto externo. Explicacion de este fenmeno. 33 VI. Maniticos y ensimismados. 34 CAPTULO VI. CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS ADQUIRIDO MEDIATAMENTE POR LOS SENTIDOS. I. Transicion de lo sentido lo no sentido. 35 II. Coexistencia y sucesion. 37 III. Dos reglas sobre la coexistencia y la sucesion. 39 IV. Observaciones sobre la relacion de casualidad. Una regla de los dialcticos. 42 V. Un ejemplo. 45 VI. Reflexiones sobre el ejemplo anterior. 46 VII. La razon de un acto que parece instintivo. _Id._ CAPTULO VII. LA LGICA ACORDE CON LA CARIDAD. I. Sabiduria de la ley que prohibe los juicios temerarios. 47 II. Exmen de la mxima piensa mal y no errars. 48 III. Algunas reglas para juzgar de la conducta de los hombres. 49 CAPTULO VIII. DE LA AUTORIDAD HUMANA EN GENERAL. I. Dos condiciones necesarias para que sea valedero un testimonio. 56 II. Exmen y aplicaciones de la primera condicion. 57 III. Exmen y aplicaciones de la segunda condicion. 61 IV. Una observacion sobre el interes en engaar. 64 V. Dificultades para alcanzar la verdad, en mediando mucha distancia de lugar tiempo. 66 CAPTULO IX. LOS PERIDICOS. I. Una ilusion. 67 II. Los periodicos no lo dicen todo sobre las personas. 68 III. Los peridicos no lo dicen todo sobre las cosas. 71 CAPTULO X. RELACIONES DE VIAJES. I. Dos partes muy diferentes en las relaciones de viajes. 72 II. Origen y formacion de algunas relaciones de viajes. 73 III. Modo de estudiar un pas. 77 CAPTULO XI. HISTORIA. I. Medio para ahorrar tiempo, ayudar la memoria, y evitar errores, en los estudios histricos. 78 II. Distincion entre el fondo del hecho y sus circunstancias. Aplicaciones. 79 III. Algunas reglas para el estudio de la historia. 82 CAPTULO XII. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL MODO DE CONOCER LA NATURALEZA, PROPIEDADES Y RELACIONES DE LOS SERES. I. Una clasificacion de las ciencias. 90 II. Prudencia cientfica y observaciones para alcanzarla. 91 III. Los sabios resucitados. 97 CAPTULO XIII. LA BUENA PERCEPCION. I. La idea. 103 II. Regla para percibir bien. 105 III. Escollo del anlisis. 110 IV. El tintorero y el filsofo. 112 V. Objetos vistos por una sola cara. 114 VI. Inconvenientes de una percepcion demasiado rpida. 115 CAPTULO XIV. EL JUICIO. I. Qu es el juicio. Manantiales de error. 116 II. Axiomas falsos. _Id._ III. Proposiciones demasiado generales. 118 IV. Las definiciones inexactas. 119 V. Palabras mal definidas. Exmen de la palabra igualdad. 120 VI. Suposiciones gratuitas. El despeado. 126 VII. Preocupacion en favor de una doctrina. 131 CAPTULO XV. EL RACIOCINIO. I. Lo que valen los principios y las reglas de la dialctica. 134 II. El silogismo. Observaciones sobre este instrumento dialctico. 135 III. El entimema. 139 IV. Reflexiones sobre el trmino. 140 V. Utilidad de las formas dialcticas. 142 CAPTULO XVI. NO TODO LO HACE EL DISCURSO. I. La inspiracion. 143 II. La meditacion. 145 III. Invencion y enseanza. 146 IV. La intuicion. 147 V. No est la dificultad en comprender sino en atinar. El jugador de ajedrez. Sobieski. Las vboras de Anbal. 148 VI. Regla para meditar. 151 VII. Carcter de las inteligencias elevadas. Notable doctrina de santo Tomas de Aquino. 152 VIII. Necesidad del trabajo. 154 CAPTULO XVII. LA ENSEANZA. I. Dos objetos de la enseanza. Diferentes clases de profesores. 155 II. Genios ignorados de los demas, y de si mismos. 156 III. Medios para descubrir los talentos ocultos, y apreciarlos en su valor. 158 IV. Necesidad de los estudios elementales. 162 CAPTULO XVIII. LA INVENCION. I. Lo que debe hacer quien carezca del talento de invencion. 165 II. La autoridad cientfica. 166 III. Modificaciones que ha sufrido en nuestra poca la autoridad cientfica. 168 IV. El talento de invencion. Carrera del ingenio. 170 CAPTULO XIX. EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZON Y LA IMAGINACION. I. Discrecion en el uso de las facultades del alma. La reina Dido. Alejandro. 171 II. Influencia del corazon sobre la cabeza. Causas y efectos. 175 III. Eugenio. Sus transformaciones en veinte y cuatro horas. 176 IV. Don Marcelino. Sus cambios polticos. 183 V. Anselmo. Sus variaciones sobre la pena de muerte. 187 VI. Algunas observaciones para precaverse del mal influjo del corazon. 188 VII. El amigo convertido en monstruo. 191 VIII. Cavilosas variaciones de los juicios polticos. 193 IX. Peligros de la mucha sensibilidad. Los grandes talentos. Los poetas. 195 X. El poeta y el monasterio. 197 XI. Necesidad de tener ideas fijas. 199 XII. Deberes de la oratoria, de la poesa, y de las bellas artes. 200 XIII. Ilusion causada por los pensamientos revestidos de imgenes. 202 CAPTULO XX. FILOSOFA DE LA HISTORIA. I. En qu consiste la filosofa de la historia. Dificultad de adquirirla. 203 II. Se indica un medio para adelantar en la filosofa de la historia. 205 III. Aplicacion la historia del espritu humano. 206 IV. Ejemplo sacado de las fisonomas, que aclara lo dicho sobre el modo de adelantar en la filosofa de la historia. 207 CAPTULO XXI. RELIGION. I. Insensato discurrir de los indiferentes en materias de religion. 209 II. El indiferente y el gnero humano. 211 III. Trnsito del indiferentismo al exmen. Existencia de Dios. 212 IV. No es posible que todas las religiones sean verdaderas. 213 V. Es imposible que todas las religiones sean igualmente agradables Dios. 214 VI. Es imposible que todas las religiones sean una invencion humana. _Id._ VII. La revelacion es posible. 216 VIII. Solucion de una dificultad contra la revelacion. _Id._ IX. Consecuencias de los prrafos anteriores. 217 X. Existencia de la revelacion. _Id._ XI. Pruebas histricas de la existencia de la revelacion. 219 XII. Los protestantes y la Iglesia catlica. 222 XIII. Errado mtodo de algunos impugnadores de la religion. 223 XIV. La mas alta filosofa acorde con la fe. 225 XV. Quien abandona la religin catlica no sabe dnde refugiarse. 226 CAPTULO XXII. EL ENTENDIMIENTO PRCTICO. I. Una clasificacion de acciones. 228 II. Dificultad de proponerse el debido fin. 229 III. Exmen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras. 230 IV. El aborrecido. 232 V. El arruinado. _Id._ VI. El instruido quebrado y el ignorante rico. 234 VII. Observaciones. La cavilacion y el buen sentido. 238 VIII. Delicadeza de ciertos fenmenos intelectuales, en sus relaciones con la prctica. 239 IX. Los despropsitos. 240 X. Entendimientos torcidos. 241 XI. Inhabilidad de dichos hombres para los negocios. 242 XII. Este defecto intelectual suele nacer de una causa moral. 243 XIII. La humildad cristiana en sus relaciones con los negocios mundanos. 245 XIV. Daos acarreados por la vanidad y la soberbia. 246 XV. El orgullo. 248 XVI. La vanidad. 250 XVII. La influencia del orgullo es peor para los negocios que la de la vanidad. 251 XVIII. Cotejo entre el orgullo y la vanidad. 252 XIX. Cun general es dicha pasion. 253 XX. Necesidad de una lucha continua. 255 XXI. No es solo la soberbia lo que nos induce error al proponernos un fin. 256 XXII. Desarrollo de fuerzas latentes. 257 XXIII. Al proponernos un fin debemos guardarnos de la presuncion y de la excesiva desconfianza. 259 XXIV. La pereza. 260 XXV. Una ventaja de la pereza sobre las demas pasiones. _Id._ XXVI. Orgen de la pereza. 261 XXVII. Pereza del espritu. 262 XXVIII. Razones que confirman lo dicho sobre el orgen de la pereza. 263 XXIX. La inconstancia. Su naturaleza y orgen. _Id._ XXX. Pruebas y aplicaciones. 264 XXXI. El justo medio entre dichos extremos. 265 XXXII. La moral es la mejor guia del entendimiento prctico. 266 XXXIII. La armona del universo defendida con el castigo. 267 XXXIV. Observaciones sobre las ventajas y desventajas de la virtud en los negocios. 269 XXXV. Defensa de la virtud contra una inculpacion injusta. 270 XXXVI. Defensa de la sabidura contra una inculpacion infundada. 271 XXXVII. Las pasiones son buenos instrumentos, pero malos consejeros. 273 XXXVIII. La hipocresa de las pasiones. 274 XXXIX. Ejemplo. La venganza bajo dos formas. 275 XL. Precauciones. 280 XLI. Hipocresa del hombre consigo mismo. 281 XLII. El conocimiento de s mismo. 282 XLIII. El hombre huye de s mismo. 283 XLIV. Buenos resultados del reflexionar sobre las pasiones. 284 XLV. Sabidura de la religion cristiana en la direccion de la conducta. 285 XLVI. Los sentimientos morales auxilian la virtud. 287 XLVII. Una regla para los juicios prcticos. 288 XLVIII. Otra regla. 290 XLIX. El hombre rindose de s mismo. 292 L. Perpetua niez del hombre. 293 LI. Mudanza de D. Nicasio en breves horas. 294 LII. Los sentimientos por s solos, son mala regla de conducta. 297 LIII. No impresiones sensibles, sino moral y razon. 300 LIV. Un sentimiento bueno, la exageracion le hace malo. 301 LV. La ciencia es muy til la prctica. 305 LVI. Inconvenientes de la universalidad. 309 LVII. Fuerza de la voluntad. 312 LVIII. Firmeza de voluntad. 313 LIV. Firmeza, energa, mpetu. 316 LX. Conclusion y resmen. 321 FIN DEL NDICE. Besanzon, imprenta de la viuda C. Deis. End of the Project Gutenberg EBook of El Criterio, by Jaime Balmes License: Share Alike