Produced by Carlos Coln, Josep Cols Canals and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries) Nota del Transcriptor: Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original. Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Pginas en blanco han sido eliminadas. Letras itlicas son denotadas con _lneas_. Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas) han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal. Jacinto Benavente De sobremesa CRNICAS _QUINTA SERIE_ MADRID PERLADO, PEZ Y COMPAA SUCESORES DE HERNANDO Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33 1913 ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS Artes Grficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--MADRID [Ilustracin] De sobremesa I Los ojos y las almas se van tras lo que brilla, y la botadura del barco _Espaa_ ha sido lo ms brillante en esta semana pasada. Un barco de guerra magnfico! La consideracin de la cantidad pudiera entibiar el entusiasmo por la calidad, si, como dijo Shakespeare, lo que es hambre para un gigante, no fuera hartazgo para un enano. Los que no se deslumbran por lo que brilla, acaso ms relumbrn que lucimiento, sin quitarle importancia al flamante acorazado, estiman en tanto el saber que muy pronto la Transatlntica Espaola contar con dos nuevos barcos, barcos de paz, con todos los adelantos y comodidades de los mejores transatlnticos ingleses y alemanes. Como en Espaa todo se hace cuestin de ideas, por lo mismo que nos tienen todas sin cuidado, el hablar mal y por sistema de la Compaa Transatlntica Espaola es uno de los tpicos anticlericales. Aqu, hasta del hallazgo de un supuesto retrato de Cervantes se hace programa de partido y poco menos que dogma catlico. D. Alejandro Pidal ya comprometi la Divina Providencia en el hallazgo. Se ha censurado la Compaa Transatlntica porque en sus barcos se dice misa y se reza la oracin y el rosario. Yo no creo que la asistencia estos actos sea obligatoria para los pasajeros. Pero, ntese: siempre censuran la celebracin de estas ceremonias los que, sin creer en ellas, no se atreven proclamar su descreimiento y... porque no se diga, se molestan en presenciarlas. Es cobarda suya y dicen que es intolerancia ajena. A m me parece ms intolerancia la de los barcos ingleses, que, al viajar por lneas donde son muchos los pasajeros catlicos, slo celebran el culto protestante y no llevan un sacerdote que pueda auxiliar un moribundo de religin catlica. Pero, en este caso, nadie habla de intolerancias ni de intransigencias, y lo ms gracioso es que los ms libres pensadores no pierden ceremonia del culto protestante por... curiosidad, por pasar el rato. Y eso que, al final, hay colecta. Tambin habr odo usted decir que los camareros de los barcos espaoles, con esa democracia tan nuestra, se permitan andar en mangas de camisa entre los pasajeros. No he podido comprobarlo; pero s que, en barcos ingleses, con esa aristocracia tan suya, andaban... no en mangas de camisa, en calzoncillos. En esto, como en todo, as hemos escrito nuestra historia y as vamos contndola por el mundo. El saludo al nuevo barco de guerra _Espaa_ no debe ser cuestin de ideas; tampoco debe serlo el saludo los barcos de paz de la Compaa Transatlntica Espaola. II Distinguidos escritores y crticos de Arte han solicitado, para la prxima Exposicin Nacional de Bellas Artes, una instalacin destinada exponer obras de don Ignacio Pinazo. Tan de justicia es la demanda que, sin duda, la inmediata respuesta ser la concesin, y aun ha de parecemos tarda, pues quizs hubiera debido anticiparse la peticin el ofrecimiento en este caso. En la inquietud algo anarquista de nuestra moderna pintura, entre oscilaciones de la moda, influencia de fuertes individualidades, titubeos de los unos y afirmaciones prematuras de los otros, Pinazo ha sido de esos grandes y seguros artistas que, fieles la realidad objetiva del Arte, sobre modas y gustos pasajeros, son como estrellas fijas guiadoras infalibles del derrotero cierto. No quiere decir que la moda no sea legtima en arte y que no tenga sus encantos. La moda es siempre expresin de una modalidad espiritual en el tiempo, y por ser documento interesante en la Historia del Espritu Humano, tambin puede serlo en la Filosofa del Arte. Mas si nada pierde una mujer hermosa con ir vestida y adornada al gusto del da, y aun lo gracioso del atavo es picante realce de la hermosura los ojos vulgares, solicitados por lo llamativo del adorno antes que por la verdad de la hermosura, no es menos cierto que, si el adorno es gracia, slo la desnudez es verdad. Un figurn es muy poco; una hermosa mujer, bien vestida, es algo; una mujer desnuda y muy hermosa, es hermosa de veras. Pues de esta slida hermosura es la obra de Pinazo. Por las obras de otros pintores han dejado figurines y modas sus gracias y sus artificios; en unas, eso fu toda su razn de ser; de otras, quizs por haber atendido demasiado lo pasajero no qued todo lo que debiera haber quedado. En Arte slo sobrevive lo que es vida, lo que es Espritu. La obra de Pinazo es algo ms que un figurn, y la exposicin de sus obras puede ser saludable enseanza para tantos jvenes artistas en camino de perderse desorientados; unos, por andar la ltima moda; otros, por sacar moda nueva, como no se haya visto, si es posible. Hay obras de arte de contemplacin recomendable contra neurastenias artsticas, como el campo y el mar y sus aires puros contra la neurastenia fsica. Las obras de Pinazo son de estas obras privilegiadas; obras de salud, de fuerza, de verdad, como las de Velzquez, sus hermanas mayores. * * * * * En Pars han andado cachetes un autor y un crtico por un qutame all esa obra. El autor es M. Caillavet, fecundo colaborador de M. Flers, con algunas infidelidades, como es natural en toda colaboracin, ya sea matrimonial, ya literaria; el crtico es M. Mas, del peridico _Comedia_; y la obra en cuestin es _Primerose_, representada en la Comedia Francesa. En los Crculos teatrales de Pars ha sido sabrosa comidilla el incidente. Unos ponen por Tenorio y otros por Meja. No estoy seguro, pero me atrevera jurar, supuesto el compaerismo entre gente de letras, que los autores estarn favor del crtico y los crticos favor del autor. Los actores, naturalmente, favor del autor y del crtico, en presencia de cada uno de ellos, y en ausencia... deseando que no hubieran quedado ni las plumas del uno y del otro. En Pars, como en todas partes, la crtica teatral peca de benvola. Su mayor injusticia consiste, quizs, en tratar con igual benevolencia todo el mundo. En este caso particular M. Caillavet no ha tenido razn para incomodarse. M. Mas es un fantico admirador de la Comedia Francesa. Considera dicho teatro como una preciosa institucin nacional y vela celoso por sus prestigios y por sus excelencias. M. Mas cree que el teatro Francs no puede ser como otro teatro cualquiera, atento slo lo productivo del negocio; cree que son ms elevados sus deberes y sus atenciones. Se lamenta de continuo porque los actores de la Comedia andan desperdigados por esos mundos y dificultan con sus continuas ausencias la esmerada interpretacin de las obras. Deplora que las actrices del severo teatro conviertan la clsica escena en escaparate exhibitorio de atrevidas creaciones modistiles, y truena contra el predominio de las obras modernas sobre el repertorio clsico de Corneille, Racine y Molire. Lo mismo que ahora contra _Primerose_, la obra de Flers y Caillavet, ha protestado contra otras muchas obras de Lavedan, de Donnay, de Bataille, de Hervieu. Era un sistema, y ya se sabe que contra un sistema slo es posible otro sistema. Como las bofetadas no pueden ser un sistema, el mejor de todos era el seguido por los dems autores y por el administrador de la Comedia Francesa, M. Claretie, hombre de mundo y de teatro: Dejar decir y... que critiquen!, como deca Pina Domnguez al cerrar con mpetu la portezuela de su elegante berlina. Monsieur Mas sostiene, con razn, que slo por tratarse de un teatro subvencionado se permita protestar contra el excesivo nmero de representaciones de _Primerose_. Monsieur Claretie opina que, no slo de la subvencin oficial vive su teatro, y con nmeros, vencedores siempre de las letras, puede demostrar que el pblico prefiere las obras modernas las de Corneille, Racine y Molire. En un pas republicano y democrtico el sufragio universal es la razn suprema. Y en cuestiones de Arte es en lo nico que estar de acuerdo la aristocracia con la democracia. Votarn siempre por la vulgaridad y por la tontera. En un saln se notara gran diferencia entre una duquesa y una cocinera. En el teatro, si hay alguna, es en ventaja de la cocinera. III Un curioso impertinente ha descubierto y publicado la verdadera fecha del natalicio de algunas celebridades. La gente goza mucho con estas indiscreciones. Nuestra admiracin se trocara en odio si no considersemos los seres superiores sujetos estas miserias, patrimonio de la humanidad. Necesitamos saber que en algo son nuestros iguales, y en algo, tal vez, inferiores. La tristeza de admirar slo est comparada por la alegra de compadecer. Pobre del grande hombre de quien no se haya dicho alguna vez Pobre hombre! Por eso la admiracin los grandes hombres es ms espontnea cuando son ms viejos. No se les admira por haber sido grandes ms tiempo, sino porque ya les queda menos tiempo de serlo. Los setenta aos de la Patti, los sesenta y pico de Sarah, despertaron generales simpatas y admiracin. Cuando un artista es tan declaradamente viejo, quisiramos que, poder ser, no se muriera nunca. Las gracias seniles hallan tan propicia nuestra admiracin como las gracias infantiles. Todo lo que sea poder decir: Ha visto usted? A su edad! Es admirable! Los perjudicados con estas indiscreciones son los de la edad ingrata: Caruso y D'Annunzio, con sus cuarenta y tantos aos, y las artistas cincuentonas. Para estas edades no hay compasin. Son los aos crueles, sin amor y sin respeto. Aos en que todo es ridculo, en que todo parece afectado, impropio, equivalentes las horas de la tarde en el da, las ms difciles de distraer, las ms difciles en acertar con el traje adecuado. Cualquiera es elegante por la maana por la noche; pero por la tarde! La tarde es la verdadera piedra de toque de la elegancia; como la tarde de la vida lo es del saber vivir. No ser ridculo en esa edad ingrata, de los cuarenta los sesenta! Insuperable dificultad! Y si hombres y mujeres se limitaran en esa edad terrible al trato y sociedad de sus contemporneos! Mas, justamente, en esa edad, como se teme al espejo, se huye de la confrontacin con los que pueden servirnos de espejo. Las seoras y los seores maduros se rodean de jovencitos. Es la edad de los amores desproporcionados, trgicos. La edad en que nuestro llanto responden las risas; nuestra fidelidad el engao; en que decimos: T, y nos dicen: Usted. Besamos en la boca y nos besan en la frente. * * * * * Tambin ha sido sabrosa indiscrecin la de haber enterado al pblico de lo que cobran anualmente los ms aplaudidos autores y compositores. A estas horas habr quien crea que no hay profesin en Espaa como la de compositor autor dramtico. Yo me permito advertir los deslumbrados por esas cifras, ms verdaderas que elocuentes en esta ocasin, cmo esas cantidades apetitosas, cobradas por algunos autores durante algunos aos de su vida teatral, son, en parte, los atrasos de muchos aos de penuria y de lucha, y en parte anticipo de otros que llegarn, de agotamiento y decadencia. Si el pblico quiere saber la verdad que se esconde detrs de esas cifras, no mire lo que cobran los autores; mire cmo viven muchos de ellos, y sabr mejor qu atenerse. Y no es que pequen de ahorradores ni de avarientos. Si el pblico supiera los apuros que pasan veces, por muy poco dinero, muchos de esos que cobran tanto! No hay duda que sobre el dinero del teatro pesa alguna maldicin, sin duda por ser el teatro cosa diablica. Lo cierto es que no hay dinero que menos luzca. Ni renta que en menos tiempo consuma el capital. Todo autor pudiera decir, como la actriz francesa Mme. Dorval, ante los aplausos del pblico: Bien pueden aplaudirme; les doy mi vida. En fin, si ser teatral el dinero del teatro, que estoy seguro de que, al leer las cantidades cobradas, los primeros sorprendidos habrn sido los mismos autores. Pero es posible que yo haya cobrado todo ese dinero?--pensarn algunos. Y no hay duda; las cifras no mienten, todo eso es verdad. La de autor dramtico debe ser profesin envidiable. Ojal pudiera cederse traspasarse como un comercio establecimiento cualquiera con todos sus enseres! Y ojal pudiera anunciarse la cesin el traspaso como en Francia: _Aprs fortune faite!_ * * * * * Entre dos amigos: --Pero chico! Ests comprando ostras? Quieres suicidarte? --No. Yo no soy aprensivo. Adems, tengo convidada la familia de mi mujer. IV Como anticipo al centenario de Shakespeare, y ya nos contentaramos para suma total con un anticipo como ese en nuestro centenario de Cervantes, durante el prximo Mayo ha de inaugurarse en Londres una curiosa reconstitucin de dicha capital en tiempos de Shakespeare, con sus tortuosas callejas, sus casas de madera. Habr suntuosas fiestas, en que tomarn parte ms de tres mil personas de la mejor sociedad, vestidas usanza de la poca en la severa pero fastuosa corte de la reina Isabel, la vestal de Occidente. Habr torneos y pasos de armas, con histricas armaduras en caballeros y palafrenes. En el teatro del Globo, copia exacta del que fu dirigido por Shakespeare en unin de Burlage, sern representadas obras de Shakespeare, de Marlowe, de Ben-Johnson, de Beaumont y Fletcher y de otros gloriosos autores contemporneos del que logr oscurecer la gloria de todos. Una _kermesse_ revivir costumbres populares, las canciones y danzas de la poca, pavanas y gallardas. En la sala de los festines podr asistirse una comida de ceremonia de la reina Isabel, rodeada de sus adoradores y de sus cortesanos. Habr conciertos de msica del siglo XVI y mascaradas la italiana, tan del gusto de aquella corte, rara mezcla de rudeza y refinamiento, de energa y de corrupcin. No faltar el recuerdo triste para nosotros; la reproduccin del _Revenge_, el barco que mandaba lord Ricardo Granville en el combate contra nuestra Armada Invencible; el mismo, tambin, en que nuestro mortal enemigo el Drake di por primera vez la vuelta al mundo. Tan magnfico espectculo ha sido organizado por una empresa particular y ser modo de heraldo anunciador de las grandiosas fiestas que dispone Inglaterra para el ao diez y seis. Lo mismito que aqu, no es verdad, amigo Cvia? Aqu ya hemos convertido la conmemoracin de Cervantes en algo religioso, en declarar dogma catlico y conservador la Invencin del escondido retrato; Invencin no menos gloriosa que la de la Santa Cruz por Santa Elena. Ahora van enviarse fotografas y foto-grabados del retrato por esos mundos. Quiera Dios que no vuelva maltrecho y vapuleado, como Don Quijote de sus aventuras y andanzas! * * * * * En nuestro espritu nada se pierde ni se destruye, aunque mucho se oculte. De continuo allegamos experiencia y conocimiento, y por una serie de superposiciones, juzgamos tal vez terreno de solidez fundamental lo que slo es arena de aluvin movediza. Cuando creemos ms perdida alguna primera cualidad de nuestro espritu, una emocin, un recuerdo, una sacudida cualquiera, arrastra todo lo superpuesto y reaparece en nosotros lo que ms enterrado pareca. Slo as se comprende cmo sobre una balumba de ciencias filosficas y naturales surje y se alza de pronto un libro diminuto: el Catecismo. Slo as se explica cmo despus de haber ledo Mterlink y Ibsen, nos interesamos en el teatro con pueril inters, con emocin plebeya, por el melodrama de burdas complicaciones. Cmo, despus de haber ledo Flaubert y D'Annunzio, nos divierte el folletn policaco el cuento de nios. Por eso hay espectculos y libros y cuentos que durarn cuanto dure la Humanidad. Y no porque al renovarse las generaciones cada generacin celebre las novedades, sino porque, como en la Humanidad, con ser tan vieja, siempre habr nios y juventud, en el hombre, por muchos aos y mucha experiencia y muchos desengaos que pesen sobre su vida, siempre existirn el joven y el nio, prontos mostrarse apenas una emocin de su mocedad de su infancia los solicite. Como la tierra madre, el corazn del hombre se abre en grietas, simas, para decirnos, una, la historia, de sus edades geolgicas; el otro, la de sus edades espirituales. He aqu por qu unos cuantos hombres maduros y muchos viejos estbamos encantados una de estas noches con los juegos de prestidigitacin y de ilusionismo del caballero Watry. Este es un espectculo en que se ha progresado muy poco. Quiz en eso est su mayor encanto. Las innovaciones le perjudican. Preferimos los modernos aparatos de electricidad, combinaciones de espejos y cmaras oscuras, las antiguas suertes de baraja y de escamoteos; las que dieron inmortal prestigio Roberto Houdin, Benita Anguinet, Herman, al conde Patricio y dems clebres figuras de un arte siempre antiguo y siempre nuevo, como todo lo que tiene races profundas en lo ms profundo de la Humanidad. No es este todo el secreto del Arte? Hay novedad que valga tanto como acertar con una de vejeces que nunca envejecen; el cuento de ilusin que al nio maravilla por ser nio y al hombre le ilusiona porque se cree nio al recordarlo? V Bien dice el refrn: No hay peor cua que la de la misma madera. Cuando entre los pintores hay ms literatos, deciden los pintores recusar el juicio de los literatos. Para la prxima Exposicin de Bellas Artes desean los pintores que nadie, ajeno la pintura, intervenga en la admisin de cuadros. Grave pecado de ingratitud me parece. Qu sera de la mayor parte de los pintores modernos si los literatos no se encargaran de comentar y de explicar sus cuadros al pblico? Sin los literatos, hubiera logrado imponerse el impresionismo francs? Qu hubiera sido sin Ruskin de los hermanos prerrafaelistas de Inglaterra? Y de cuntos pintores modernos no puede decirse lo que el conde Tolstoi deca de Ibsen: Ibsen es feliz; l escribe lo que le parece, sin saber lo que escribe, y despus los crticos se encargan de explicrselo. Ah! Si algunos de nuestros pintores modernos tuvieran que entendrselas directamente y cara cara con el pblico! Y tambin muchos de los antiguos. Uno de los experimentos ms interesantes es el de acompaar en su visita al Museo una persona que no est tocada de literatura, un espritu virgen y sincero. Yo les aseguro ustedes que las convicciones ms firmes se tambalean. Ven tan claro y tan limpio estos ojos vulgares! No veramos nosotros como ellos, si slo percibiramos la objetividad de la belleza en los cuadros, en vez de ir saturados de subjetivismos de escritores y crticos? Cuntas obras de arte no deben su gloria su propia hermosura, sino la hermosa pgina que inspiraron! Cuando contemplamos la Venus de Milo, es la Venus de Milo la que nos admira, tantas famosas pginas literarias escritas en su honor? La cultura es la buena educacin del entendimiento, mas por lo mismo que es buena educacin, no puede ser siempre sinceridad. Hay buenas formas, indispensables para frecuentar el mundo artstico, como para andar en sociedad. Si dijramos siempre lo que pensamos y lo que sentimos! Pero, como dice en la comedia de Pailleron _Le monde o l'on s'ennuie_, en castellano, _Las tres jaquecas_, el subprefecto republicano la duquesa monrquica, que le propone hablar mal del Gobierno: Ah, duquesa, yo no puedo hablar mal, soy empleado; pero la oir usted con mucho gusto. Cuando no nos atrevemos ser sinceros ni con nosotros mismos, cmo agradecemos y cunto celebramos que alguien se atreva serlo! Por esto, los reyes y los grandes seores, obligados fingimientos de cortesa, gustaban de traer su lado bufones y chocarreros, que, con achaque de burlas, dijeran las verdades. Por esta misma razn, todava, en muchas casas aristocrticas gustan de convidar unas cuantas personas mal educadas, que puedan, de cuando en cuando, soltar cuatro frescas los dems invitados, con gran susto, aparente, de los seores de la casa; en realidad, con gran regocijo, porque son las cuatro frescas que ellos soltaran con mucho gusto, si la buena educacin no se lo estorbara. Y hay que convenir en que si la sinceridad y la mala educacin todas horas seran intolerables, son muy convenientes alguna vez, como ventiladores. Sin ellos no se podra respirar en algunos momentos. Tan cargada de mentiras y de convencionalismos est la atmsfera social! Hay salidas de tono, dgase coces, inapreciables para determinar una corriente de aire puro. Ahora, que las personas de buen talante ni les gusta acocear ni ser acoceadas. Por eso suelen acompaarse de quien sepa hacerlo con oportunidad. Un empresario de mucho entendimiento deca que todo empresario necesitaba tener dos representantes: uno, honrado, para entenderse con l, y otro, pillo, para entenderse con el pblico. Del mismo modo, es muy conveniente en la vida tener dos amigos de confianza: uno, bien educado, para tratar con l; otro, mal educado, para que trate los dems amigos. Y si fuera posible reunir en uno solo al que supiera decirnos las mentiras agradables nosotros y las verdades desagradables los dems! Pero esta suerte es patrimonio de los grandes personajes polticos. Por lo regular, cuando se tiene un amigo mal educado, somos sus primeras vctimas. Pero, en fin, en gracia de que puede molestar todo el mundo, le perdonamos gustosos que nos moleste. * * * * * La huelga carbonera de Inglaterra, de inters mundial, como ahora se dice, nos preocupa muy poco. La actitud de Francia en la cuestin de Marruecos, de inters tan nacional, nos preocupa lo mismo; menos, es imposible. Los temas de conversacin preferentes son: la crisis probable, el nuevo arrendamiento de la Plaza de Toros, la opereta vienesa, las tres peticiones en la Iglesia de Jess, la chismografa de sociedad y de bastidores... Amenidades todo: como en los pueblos felices y en las casas en donde hay que comer. Y bien mirado, no es admirable esta despreocupacin nuestra? Los destinos futuros de la Humanidad son tan inciertos! Todo el podero, toda la riqueza del Imperio britnico merced de una huelga proletaria! Oh! El brazo de reyes, emperadores, hombres de guerra y hombres de Estado, ese brazo extendido, que parece en nuestras estatuas imperioso, dominador! Ya son los brazos cruzados del obrero, del trabajador, del miserable, los que rigen, gobiernan y mandan en el mundo. Ante esta pasiva accin, qu puede otra accin? Qu puede el pensamiento? Los brbaros no necesitan esta vez ni avanzar sobre el Imperio; les basta con cruzarse de brazos, y el Imperio caer por s solo. Mientras el mundo viva preocupado por esta amenaza, y hasta realizarse, nosotros, que ni aun entonces nos preocuparemos gran cosa, podemos ser el rincn apetecible del mundo, que sirva como de Sanatorio los pensadores europeos que se hayan vuelto locos de tanto preocuparse por lo que nosotros nos tendr sin cuidado. VI No hay que echar mala parte nuestra ingratitud con los grandes hombres. Se ha dicho que la ingratitud es la independencia del corazn. Entre nosotros no es sino la independencia del cerebro. Nuestra ingratitud slo es olvido, y somos olvidadizos por pereza. Como la soberana nacional en unos cuantos polticos de profesin, delegamos gustosos la facultad de discurrir, con tal de molestarnos lo menos posible. Cuando admiramos cuando dejamos de admirar, no hay que tomar en serio nuestro entusiasmo nuestro desvo. Nada es conviccin, todo es comodidad. As, no hay gloria duradera entre nosotros. Y no por combatida, por ignorada. La crtica, aunque fuera para negar, ya sera conocimiento, pero ya sera molestia. Es mejor suprimir. La fama de todo gran escritor, por glorioso que sea, padece un eclipse peligroso: cuando extirpada la generacin de sus admiradores contemporneos, se suceden otras nuevas generaciones, solicitadas por nuevos nombres y nuevas glorias; cuando la obra es vieja y an no es antigua; cuando ya no es actualidad y an no es historia; cuando ya no creemos en el Revilla que la celebr en su tiempo y an no lleg para ella el Menndez y Pelayo que haya de consagrarla nuestra admiracin definitiva. La gloria de Campoamor ha podido tener este eclipse. Los jvenes dejaron de admirarle porque era el mejor pretexto para no leerle. Lo mismo ha sido con Vctor Hugo, con Lamartine, con otros muchos. Apenaba la escasez de estudios biogrficos y crticos de Campoamor y de sus obras. Entristece que el poeta de las mujeres no tenga una edicin de sus obras, elegante, artstica, digna de ser ofrecida una mujer como regalo. Las mujeres ingratas! dejaron morir al poeta sin ofrecerle el homenaje de su admiracin y de su cario. Ahora, patrocinada por leales amigos, se abre una suscripcin para erigir un monumento al poeta. Las hijas de aquellas madres que am tanto, como l deca, se acordarn del poeta? Me besan hoy como se besa un santo; exclamaba con ternura de abuelo, en el noble ocaso de su vida. Las jvenes de ahora no besan los poetas ni los tienen por santos, y los santos tampoco los besan, se los comen. Como no ande en ello batuta eclesistica, poco puede esperarse de las damas aristocrticas y de las jvenes distinguidas. De este modo, como deca Hamlet, bien puede asegurarse que la memoria del ms ilustre hombre vivir cuatro das, y eso si fu fundador de iglesias, que si no, podr decirse como del caballito de palo se canta: Ya muri el caballito de palo, y ya le olvidaron as que muri! Sera muy triste que slo contribuyeran los hombres al monumento que ha de perpetuar las glorias del poeta de las mujeres, del que poetiz el dolor en femenino con nombre de dolora. Andrs Gonzlez Blanco ha redimido culpas de la juventud literaria de nuestros das con un magistral estudio sobre Campoamor; libro de crtica seria, sin impresionismos, sin nerviosidades; un estudio todo serenidad, como corresponde uno de los pocos poetas espaoles del siglo XIX, que ha de hallar, por lo menos cada veinte aos, un crtico de entendimiento que lea sus obras y sepa imponerlas la admiracin de los que no leen. En Espaa, este pblico que no lee nunca es el que ms sostiene el esplendor de las glorias literarias; como la multitud que nunca piensa, el esplendor de las religiones. * * * * * Los deportistas de nuestra Sierra del Guadarrama se oponen la construccin de un Sanatorio para tuberculosos. El deportista ha ledo Nietzche; el deportista no tiene compasin. Como aquel hombre fro, del que habla Wordsworth en una poesa, capaz de estudiar botnica sobre la sepultura de su madre, el deportista considera el mundo como un inmenso campo de recreo. Si su aficin es el automvil, quisiera que el mundo fuera una inmensa carretera asfaltada y que hasta los crneos de los transeuntes fueran de asfalto para deslizarse con suavidad sobre ellos. Sobre la Sierra han puesto sus grandes patines dominadores. Bien est que se expongan por gusto romperse la cabeza en un ejercicio tan saludable y tan til en Espaa; pero exponerse, por sensibleras impropias de hombres fuertes, contagiarse de tuberculosis! Una cosa es tener valor ante un riesgo seguro, y otra ante un riesgo imaginario. S sabe uno cmo puede matarse, pero cmo puede morir! En este caso, los higienistas se ven combatidos con sus propias armas. Se ha exagerado tanto el peligro de los contagios! Ya es casi herosmo acercarse un enfermo. Lo que debieron considerar esos intratables deportistas opuestos la construccin del Sanatorio en el Guadarrama es que, ms vale prevenir y curar los tuberculosos en un Sanatorio apropiado, que no vivir de continuo entre ellos sin medios de evitar el contagio. Es el nombre lo que asusta? Pues si en el edificio de la Sierra puede escribirse: Sanatorio, por todo Madrid puede escribirse: Foco. Vase lo que es preferible y dnde es mayor el peligro. VII Es la Academia Espaola institucin tan aristocrtica y conservadora, que tiene gala no dejarse guiar en sus acuerdos y en sus determinaciones por nada que trascienda dictado de la opinin pblica y democrtica. Por esto, tal vez sea contraproducente el movimiento general de la opinin favor de la candidatura de la condesa de Pardo Bazn para ocupar uno de los sillones acadmicos vacantes. Aunque tanto blasonan de su mayora, cuando les conviene, es axioma de nuestras clases conservadoras que la mayora no tiene razn nunca. Pero es, claro est, cuando se trata de la otra mayora. En Espaa, tratndose de literatura, la mayora, por desgracia, es una mayora relativa, que solo puede considerarse mayora como D. Hermgenes consideraba numerosos los tres ejemplares vendidos de _El cerco de Viena_, con relacin uno. La opinin general se interesa tan poco por estos asuntos! Tener cinco mil lectores en Espaa, ya es ser un escritor popular. Como nuestro poeta ms popular hemos celebrado siempre Zorrilla, y, aparte _Don Juan Tenorio_, cuntos de los que conocen la obra ignoran el nombre de su autor! De sus restantes obras, qu razn puede dar el pueblo, lo que se llama el pueblo? La Academia Espaola debiera, pues, atender de vez en cuando indicaciones de la opinin, sin temor verse atropellada por el vulgo y mucho menos por el populacho. Los que se preocupan en Espaa por la literatura, aun los ms vulgares, ya constituyen una aristocracia. En el caso de la condesa de Pardo Bazn no podr atribuirse la demanda espritu sectario de ninguna clase. La condesa de Pardo Bazn ha sido siempre una gran seora de las Letras, y ya que tan mal parece nuestras clases conservadoras el escritor metido en poltica--cuando esta poltica no es la suya, por supuesto, pues los suyos bien les celebran el civismo y la literatura,--no se dir en esta ocasin que la poltica y el sectarismo y las pcaras ideas desnaturalizan el puro desinters artstico de lo solicitado. Qu puede oponerse la concesin? Fundar la negativa en el sexo de la ilustre escritora sera notoria injusticia, y ni siquiera puede alegarse como tradicin. Justamente las primeras Academias de Espaa, aquellas Academias de poesa, famosas en lo antiguo, eran presididas y congregadas por mujeres y las ms nobles y discretas damas concurran ellas. Los Juegos Florales, las Cortes de Amor, origen de las modernas Academias, por la mujer tuvieron vida y espritu. Por lo mismo que las Academias son instituciones aristocrticas, conservadoras, y est bien que as sea y esa es toda su razn de ser, yo creo que nada puede aristocratizarlas tanto como el ingreso de las mujeres distinguidas. Sin negar ni desconocer el mrito de algunos escritores, indicados cada vacante por la opinin pblica, no dejo de conocer que su sitio no est en la Academia; desentonan. La Academia no debe atender slo al mrito literario. No es en crculo tan selecto como una Academia, es en cualquier reunin de caf, y hay escritores de gran talento y de grandes merecimientos quienes no se les puede tolerar de contertulios... Por eso est muy justificada la resistencia de la Academia Espaola ciertos nombramientos. Ahora, tratndose de la condesa de Pardo Bazn, ninguna oposicin lo estara. Se teme que, una vez abierta la puerta las mujeres, no habra marisabidilla ni literata de las perniciosas que no se creyera con el mismo derecho ser acadmica? Esta objecin lo mismo reza con los hombres. Pues s que hay entre los escritores varones alguno que no se crea academizable! Nos quejamos todas horas de la inferior cultura y capacidad de la mujer, y cuando alguna mujer sobresale entre todas, la negamos el debido premio sus merecimientos pretexto de que es mujer. Hay, adems, una razn patritica para que la condesa de Pardo Bazn sea nombrada acadmica. Muy pronto ha de ir la Repblica Argentina, quizs otras Repblicas americanas. Son pueblos progresivos, donde la mujer es el alma de la cultura, donde se tiene muy triste idea de nuestro atraso y de nuestro espritu tradicionalista. Conviene, ya que una infanta de Espaa fu nuestra embajadora poltica con todos los honores, que nuestra embajadora literaria vaya rodeada de todos los prestigios y pueda dar testimonio, no slo de lo que puedan valer las mujeres entre nosotros, de esto se basta la ilustre escritora para responder, sino de algo que significa ms para nosotros: de cmo sabemos honrarlas y enaltecerlas. Cuando al saber y al talento se le regatean satisfacciones en su patria, por donde va, ms que grandezas, va atestiguando mezquindades. * * * * * Se anuncia el estreno de una refundicin, reduccin, adaptacin, como quiera llamarse, de _El barbero de Sevilla_, de Rossini, con destino los teatros de zarzuela espaola y de gnero chico. Hay quien clama contra esto, que le parece atentado y profanacin contra la pera de Rossini. No lo creo as. Si las obras musicales fueran profanadas en cuanto no se presentan en toda su integridad y en su marco adecuado, profanadas estn todos los das en interpretaciones detestables, en ejecuciones parciales, en sextetos, pianos, discos fonogrficos, etc. Popularizar y vulgarizar estas obras en condiciones decorosas me parece obra muy laudable. Sobre que el inters del refundidor y el de los artistas que han de interpretar estas refundiciones, han de tener en cuenta con quin y hasta dnde pueden atreverse. Seguramente, nadie se le ocurrir reducir _El ocaso de los dioses ni La Walkiria_. Pero la msica ligera y alegre de _El barbero_, por qu no ha de oirse en nuestros teatros de zarzuela? En Romea omos la Quinta sinfona, de Beethoven, entre las danzas de la Trtola de Valencia. El teatro Real es teatro caro. Hay muchos que no pueden ir la montaa; hay que llevarlos la montaa--_El barbero_ no son los Andes--aunque sea en pedacitos. Cranlo esos crticos celosos del respeto debido una obra. No es tan grave falta descender una pera al gnero chico como elevar el gnero chico categora de pera. VIII La obra literaria, el Arte moderno en general, aun en lo ms serio y meditado, adolecen de inconsistencia, con aire de improvisacin, de algo ligero y provisional. En cada poca hay un gnero literario dominante que, por decirlo as, da el tono toda la literatura de una poca. Hay un perodo literario pico, hay otro dramtico, los hay lricos y los hay novelescos. En la poca actual el gnero dominante, el que da el tono toda la produccin artstica, es el gnero periodstico. La literatura periodstica domina sobre todo el Arte moderno. El poeta lrico, el autor dramtico, el novelista, el orador sagrado, el historiador, pintores y escultores; todos ellos son periodistas en sus poesas, en sus dramas y comedias, en sus novelas, en sus sermones, en sus historias, en sus cuadros y en sus estatuas. La actualidad periodstica con alas de mariposa; polvillo de sus alas, tinta fresca y pegajosa de imprenta, es la musa del Arte moderno. Por eso cuando los mismos edificios, slidas obras de arquitectura, los monumentos escultricos de mrmol de bronce nos parecen hojas de volandera actualidad, ms nos sorprende hallar la obra de serenidad y de reposo en la obra periodstica juntamente. Tal es el libro de _Azorn_ Lecturas de Espaa, formado con artculos de peridico que tuvieron su da de actualidad y entran ahora, por derecho propio, en la eterna actualidad de las obras maestras. Cuando tantos libros grandes ofrecidos la inmortalidad por sus autores, desdeosos del juicio y del aplauso de sus contemporneos, pasaron como pasa el artculo de peridico, este libro de artculos de peridico slo ahora parece en su verdadera forma, con su prosa robusta, sano equilibrio de msculos y nervios, sus juicios certeros, su noble continente de hidalgo castellano. Para m, tan propenso nerviosismos y destemplanzas, nada tan admirable como esta prosa de _Azorn_, tan distinta de casi toda nuestra moderna prosa. Entre tanto asomo de chillones colorines, es la prosa de _Azorn_ como un buen grabado en acero, como un aguafuerte, donde claros y obscuros dan la exacta equivalencia de todos los colores y de todos los tonos. Tiene este libro, adems, para los que siempre hemos admirado _Azorn_, aunque alguna vez haya irritado nuestra sensibilidad, la ventaja, sobre otros libros suyos, de que nada, al leerle, en nuestro sentimiento protesta contra nuestra admiracin. _Azorn_, como no poda ser menos, parece curado de su maurismo agudo. Ya no cree, como creen los conservadores, que el mundo es slo un medio para que don Antonio Maura y don Juan de la Cierva gobiernen en Espaa. _Azorn_ es demasiado inteligente, demasiado artista para limitar su ideal los ideales de ninguno de nuestros partidos polticos. Su apasionada ceguedad conservadora fu... natural reaccin de protesta contra los liberales. Nuestros partidos liberales se dan tal arte que, en Espaa, parece incompatible el ser liberal y el ser inteligente. Los conservadores tienen de bueno el no ser liberales; pero el no ser algo es ser muy poca cosa. Como la nica ventaja que tiene un partido espaol sobre otro es no ser el otro, lo mejor es echar por la calle de en medio, aunque se exponga uno que le miren de mala manera los de una acera y los de la otra, y ms si ven que uno va por su camino sin hacerles maldito el caso. Se quejan los polticos del desvo de los escritores, de los artistas. Pero estiman en algo los polticos los escritores, los artistas? Lo que ellos estiman en el escritor no es la inteligencia, es la sumisin de la inteligencia. Los polticos, como las mujeres, no se contentan con dominar en el corazn si no dominan en la cabeza. No se contentan con que los perdonemos sus faltas por cario, quieren que no las conozcamos por ignorancia. Los polticos y las mujeres perciben claramente, aunque la envolvamos en palabras de afecto, la mirada de inteligencia que parece decirles: Aunque te quiero... te conozco; m no me engaas. Las mujeres y los polticos odian todo el que no pueden engaar. Por eso los hombres inteligentes no son nunca afortunados en amor ni en poltica. IX En la historia del teatro espaol, durante la segunda mitad del siglo XIX, es de gran importancia el estudio de los actores italianos que han pasado por nuestros escenarios y de su influencia sobre nuestro arte dramtico y nuestro arte escnico. Los actores italianos han sido siempre los que mejor han realizado el ideal de la representacin escnica: verdad en la poesa y poesa en la verdad. Este era el arte de sus grandes trgicos: la Ristori, Salvini, Rossi. Este es el arte de sus modernos comediantes. Lo extrao es que, tierra de admirables actores, no lo haya sido de grandes autores. Italia no ha tenido un Shakespeare, un Caldern, ni siquiera un Molire. Sus actores, ms que del teatro patrio, han sido por todo el mundo mensajeros y vulgarizadores del teatro de Shakespeare y del teatro francs. La Ristori apenas representaba obras italianas: _Medea_, _Fedra_, _Mara Estuardo_, _Macbeth_ eran las obras de su repertorio. Alguna tragedia de Alfieri, como _Mirra_, y la _Francesca de Rimini_, de Silvio Pellico, eran las nicas obras italianas de su repertorio. Salvini y Rossi eran los intrpretes de Shakespeare. Virginia Marini, con su excelente compaa, la mejor compaa italiana que hemos visto en Madrid, en la que figuraban segundas actrices que luego fueron eminentes y primersimas, como la Vitaliani, la Reiter y la Belli-Blanes, y actores como Ceresa, Cola, Vitaliani y Zoppetti, nos di conocer el repertorio, antes modernsimo, de Sardou y Dumas, hijo: _Dora_, _Fernanda_, _Rabags_, _Demi-monde_, _Monsieur Alphonse_, _La princesa Jorge_, etc. Estas obras parecan la ltima palabra del realismo en el teatro. La falsedad esencial se ocultaba bajo la minuciosidad de los detalles y el verismo de la presentacin escnica. Los rboles no dejaban ver el bosque. Despus de Virginia Marini fueron la Pa Marchi, Novelli; despus la Mariani, Zacconi, la Vitaliani, Tina di Lorenzo, y entre ellos Emmanuel con la Glech, primero, despus con la Reiter, y, sobre todos, la Duse incomparable: la divina y la humana, dolorosa del Arte, cuerpo de nube fulgurada por intensa luz espiritual, resplandeciente en relmpagos de pasin ensombrecida de tristezas profundas como la noche sobre el mar. Todos estos actores han infludo con su arte sobre nuestros actores, sobre nuestros autores y sobre nuestro pblico. Han sido educadores de nuestro gusto y vulgarizadores del teatro extranjero. Gracias ellos, nuestro pblico sabe que hay algo mejor, algo lo mismo, y mucho, tambin, peor que lo nuestro. Hoy su influencia no es tan notoria, las novedades teatrales que pueden ofrecernos son pocas, y el inters por asistir sus representaciones se limita al aprecio del mrito personal de los actores. Lyda Borelli es la actriz italiana de este ao. Llega la ltima, sin novedades llamativas en su repertorio, y lucha con desventaja en el terreno ocasionado de las comparaciones. Pero su figura, su arte, son tan personales, es tan _ella_, que la comparacin ms inevitable se desvirta. Lyda Borelli es la ltima... como el ltimo amor, que nos parece el primero. En esa melo-comedia de _Zaz_, que es _La dama de las camelias_ lo que la Repblica francesa es al Imperio, en lo social y poltico, y lo que Zola es Vctor Hugo, en imperios y repblicas literarias, Lyda Borelli consigue, con ser obra de tantos recuerdos, que no recordemos ninguna otra actriz; y esto, sin preocuparse de no recordar ninguna, sin rebuscar nuevos efectos ni caer en extravagantes originalidades. La mayor originalidad de Lyda Borelli es sa: que no pretende ser original. Y, por eso mismo, lo es, del nico modo que se puede ser original en Arte: por sentimiento propio, ntimo. Lyda Borelli, sobre todas las excelencias de su arte, posee la _gracia_; la gracia, en el sentido artstico de la palabra, ms cerca del teolgico que del vulgar significado. Es la gracia, ese don de esclarecerlo todo, de ver alegra hasta en la tristeza; en una armona de la inteligencia y del sentimiento, que siempre es claridad. Esa gracia que es todo el arte griego y pone la divina alegra de comprender sobre el humano dolor de sentir; como la serenidad del mrmol, en la escultura, ennoblece el dolor inquietante de la carne. El arte de Lyda Borelli culmina en _Salom_, de Oscar Wilde. Ella consigue lo que no pudo conseguir el desdichado poeta ingls en su obra ni en su vida: con nervios modernos, actitudes esculturales. X La Exposicin Beruete, con fervorosa atencin ordenada por el cario filial y el noble afecto de un insigne artista, Sorolla, quizs haya sido una revelacin para lo que hemos convenido en llamar el gran pblico. Aqu, donde el Arte slo es cultivado por los pobretes, nadie suele tomar en serio las aficiones artsticas de un gran seor que para nada necesita del Arte. El ttulo de buen aficionado es el ms alto que puede aspirar. Que don Aureliano Beruete era un admirable paisajista han de reconocerlo ahora todos al visitar la Exposicin de sus obras, y esta hora de justicia quiz sea para muchos de remordimiento. Con ser un gran lrico del paisaje, como lo es todo gran artista, era Beruete, como todos los grandes lricos, un espritu abierto y receptivo que en todo se transformaba, en vez de transformarlo todo la propia comodidad de una manera y de una tcnica, como tantos falsos lricos del Arte. Conviene no confundir el carcter con la tozudez, y, en el artista, la personalidad con el amaneramiento. Ha de ser el artista, como la luz del sol, ms admirada en cuanto alumbra al esparcirse que en el sol mismo. Y el sol es un gran lrico! Toledo, Guadarrama, Avila, Suiza, nada perdieron de su objetividad, con ser tan diversa, porque todo fu contemplado sin la preocupacin del procedimiento. No era el paisaje el que se acomodaba la tcnica; era la tcnica la que se acomodaba al paisaje. No es siempre lo que ms se admira lo que ms enamora. Para mis simpatas hay, entre todos, un cuadro; una vista de Madrid, castiza como un sainete de Ricardo de la Vega: entre solares y tapias de ladrillo rojo, desmontes areniscos, unas pobres casuchas bajas, y, sobre ellas, una de esas casas madrileas, tejado color de puchero, balcones de colorines, la fachada con sucio revoque amarillento, y el sol de Madrid alegrndolo todo; el sol, que rosea y dora los sucios revoques descoloridos como si fueran mrmoles y jaspes de palacios seoriales. Es preciso ser muy madrileo para hallar poesa en estas cosas. Es preciso ser muy artista para saber decir los dems: Aqu hay poesa. * * * * * Los pases meridionales, tan calumniados por las personas serias, ejercen una gran atraccin sobre los artistas y los escritores del Norte. Italia, Espaa, su Arte, su Historia, son de continuo estudiados por ingleses, alemanes, rusos y escandinavos. Ahora es el dinamarqus Joerguensen, enamorado de San Francisco de Ass, peregrino fervoroso por los lugares que en su vida recorri aquel caballero andante de Cristo, vestido el sayal de la fuerte humildad por toda armadura. Es el sueco Bratli, estudioso investigador de la vida y la obra de Felipe II, con imparcialidad desacostumbrada en autores extranjeros, y aun nacionales, al tratarse de rey tan desgraciado con los historiadores como con los novelistas y autores dramticos. De estos ltimos, el que le ha presentado con menos sombros colores ha sido el ms cercano sus das, el espaol Enciso, en su comedia _El prncipe Don Carlos_. El escritor sueco, en su monografa, pretende, y no en vano, esclarecer la sombra figura del monarca espaol, tan mal estudiada y comprendida por sus apologistas como por sus detractores. Se considere la Historia como Ciencia como Arte, slo cabe poner en ella el calor de una pasin, la pasin por la verdad. La obra de Bratli debe ser agradecida por los espaoles. Nuestra Historia corre por el mundo en libros extranjeros y en libros casi siempre inspirados por odios y antipatas. Dirase, al leerlos, que slo en Espaa hubo Inquisicin; que slo en Espaa hubo persecuciones religiosas, cuando fu, en realidad, donde hubo menos; que slo Espaa conquist y coloniz cruelmente, y que slo la Ciencia y las Artes espaolas padecieron bajo la presin de la Iglesia y del Poder real. Y no es lo malo que los extranjeros hayan contado as nuestra Historia; lo peor es que nosotros la hemos aprendido tambin en sus libros, sin tomarnos el trabajo de aprender las Historias de otras naciones, para comprender cmo, calumniados y todo, la nuestra no desmerece nada. Felipe II era el soberano ms noble, ms culto y ms humano de su tiempo. Su mayor defecto fu el que tan donosamente le seal don Juan Valera: el de ser un tanto _engorroso_. Y esto fu lo que alabaron en l de prudencia. * * * * * El alcalde de Madrid se ha credo en el caso de amonestar al concesionario del teatro Espaol, el sabio doctor Madrazo, por la baratura del precio en las localidades. Yo creo que el Ayuntamiento debiera agradecer el desinters del seor Madrazo y congratularse de que un teatro municipal sea, por fin, un teatro popular, por sus precios, al alcance de las clases menos acomodadas. No es deber del Ayuntamiento procurar por todos los medios el abaratamiento de las subsistencias? Quieren que el teatro espaol sea un teatro aristocrtico? Entonces debieron empezar por no concedrselo al doctor Madrazo, tan conocido por sus ideas democrticas y republicanas. Entonces, si un millonario generoso se ofreciera como empresario del teatro Espaol para obsequiar al pblico con funciones gratuitas, no se le concedera el teatro? Adems, cree el Ayuntamiento que es el precio de las localidades lo que da quita al teatro el decoro debido sus prestigios? No es al precio, sino la calidad del espectculo lo que debiera atender el Ayuntamiento. Bien est peseta el chocolate de peseta. El Ayuntamiento, en este caso, al contrario que en el sabido cuento, lo pide ms caro, sabiendo que peor es imposible. XI Dice una antigua cancin inglesa, parafraseada por Dante Gabriel Rossetti: El mar no tiene ms rey que Dios. Los archimillonarios, reyes del mundo, pasajeros del _Titanic_, navegaban sobre el mar con toda confianza, seguros de haberle vencido. En un palacio, fortaleza flotante, con la garanta de haber pagado muchos miles de francos por el pasaje. La travesa, alegre: fiestas, bailes y msicas y amoros viajeros de esos que no comprometen nada. Naufragar? Hundirse? Quin pensaba en eso? El barco poderoso, con toda su fuerza, con todas sus seguridades, era, en medio del mar, como un smbolo de un Estado social capitalista, defendido por caones y escuadras pagados buen precio, como el pasaje en el transatlntico de lujo. Algunos de aquellos millonarios, grandes industriales, hombres de negocios, quizs buscaban en viaje de recreo descanso sus preocupaciones, al malestar causado por una huelga obrera en sus fbricas, en sus industrias. Y las olas del mar les parecan de mansedumbre; no amenazadoras, como las olas proletarias. Era el mar un reposo y una caricia. Cmo haban de imaginarse que pudiera ser el vengador? Vencieron la huelga de los hambrientos y no contaban con el hambre vengativa del mar. Ya no se ofrecen vctimas humanas en sacrificios religiosos. Pero hay una divinidad justiciera para ordenarlos. Y esta imprevista nivelacin ante el dolor y la muerte es tal vez el nico destello de justicia que resplandece sobre la tierra. Vctimas expiatorias son estos millonarios. Con su muerte ponen inquietud sobre la soberbia de los poderosos y paz sobre el odio de los miserables. Tambin los grandes transatlnticos pueden hundirse en un momento! Entre ellos y las pobres embarcaciones veleras, donde van ganarse la vida pescadores y marineros de ventura, ya puede haber algo de simpata. El mar no tiene ms rey que Dios! Ms grande y ms fuerte que la tierra, ni siquiera el dinero. * * * * * Y el mar no cuenta sus historias con ruinas, epitafios ni monumentos, como la tierra, vieja comadre, que nos va sealando cada paso: Aqu fu Troya, Estas son las ruinas de Nnive, Esta fu la Acrpolis de Atenas. En la mayor desolacin hay siempre rastros visibles sobre la tierra, efemrides de su historia. En el mar no hay seales ni vestigios de ruinas grandezas. El mar no dice historias, slo nos dice: Eternidad! Por eso en l se templan las almas mejor que en la tierra. Unos pobres msicos, los ltimos tripulantes del barco, sin duda, que tal vez en el incendio de un teatro, en una catstrofe terrestre, hubieran sido los primeros en huir y en defender su existencia precaria de msicos jornaleros, ante el mar se agrandaron como hroes de epopeya y fu su pobre msica destemplada un himno al espritu: el salmo religioso en que acepta el Dios de misericordia la msica de valses y rigodones que anim el danzar frvolo de los millonarios durante la alegre travesa de recreo. * * * * * Monsieur Le Bargy, el ex socio de la Comedia Francesa, en reciente entrevista con el travieso _Duende de la Colegiata_, ha juzgado con despectiva frase los actores italianos. Al decirle el inquieto duende que los actores italianos ensayan las obras con mayor prontitud que los franceses, el celebrado actor hubo de replicar: As las hacen! Cree el aplaudido intrprete de _El marqus de Priola_ que es tanta la diferencia y siempre en favor de los actores grandes actrices? Ni por artistas, individualmente considerados, y por compaas, en su conjunto, mucho menos, creo, y conmigo el pblico madrileo, que la desventaja est de parte de los actores italianos. Entre los actores franceses los hay excelentes quin lo duda! Pero, sea por culpa suya de los autores que para ellos escriben, lo cierto es que su trabajo se limita una especialidad. Ni Sarah, ni la Bartet, ni la Rjane han interpretado en toda su carrera artstica la variedad de obras y de personajes distintos que nuestra Mara Guerrero cualquiera de nuestras actrices. Ahora mismo, en el ltimo retrato de Sarah, intrprete de la obra _Isabel de Inglaterra_, vemos Sarah, la de siempre, vestida... como Sarah, no como la reina Isabel; peinada... como Sarah... La misma Sarah que se present rubia en _Cleopatra_ y ha sido Sarah eternamente; como Guitry es Guitry siempre y Mounet Sully es Mounet Sully en cuantas obras interpreta. Actor por actor, ni Sarah es la Duse, ni ninguno de los actores franceses que nos han visitado es comparable Zacconi, Novelli, Emmanuel, Ceresa, Flavio And; ni las compaas francesas, la de Antoine inclusive, han presentado nunca un conjunto como cualquiera de las compaas italianas. En arte escnico no hemos podido aprender nada de los franceses; de los italianos, s. Los actores franceses van demasiado posedos de su superioridad por esos mundos. Ya es hora de que se vayan desengaando. Y conste que soy el primero en admirar los buenos actores franceses y, entre ellos, M. Le Bargy, quien es lstima que el pblico madrileo no haya podido admirar como galn joven cuando, al sustituir M. Delonnay en la Comedia Francesa, era excelente intrprete de las comedias de Musset. Hoy, como primer actor, _grand premier sole_, habra algunos reparos que ponerle. Pero no es cosa de complicar la cuestin de Marruecos. XII El actor M. Le-Bargy me ruega que inserte en esta seccin la siguiente carta. As lo hago con sumo gusto y fina voluntad. Sr. D. Jacinto Benavente. Muy seor mo: He tenido ocasin de decir uno de sus compaeros que la improvisacin en cualquier arte no me pareca un buen mecanismo de perfeccin en el trabajo y que para la _mise en scene_ de una obra dramtica prefiero, los bruscos procedimientos de los comediantes italianos, el sistema de los ensayos lentos y minuciosos que han adoptado los teatros de Pars. Con tal motivo, se ha lanzado usted la guerra como un conquistador y ha declarado que en la interpretacin dramtica, Pars ha sido eclipsado por Roma. Las opiniones son libres; mas tengo la costumbre, respetndolas todas, de no prestar atencin sino aquellas que se apoyan sobre pruebas sobre la autoridad de un juicio informado, prudente, comprensible. Respeto, pues, infinitamente su juicio sobre los actores franceses; pero excusndome de no poder detenerme en esto, pues se vislumbra en aqul una idea preconcebida de menosprecio, al menos el desconocimiento absoluto del genio de nuestra raza. Si yo tomase en consideracin lo que ha dicho usted, en particular, de Sarah Bernhardt y de Mounet Sully, hara, al defender estos gloriosos artistas, un esfuerzo ms vano sin duda que el que hizo usted al atacarles. Antes de despedirme os ruego vengis un da Pars: tendr el honor y el placer de recibirle, ensearle nuestro arte dramtico en su propio marco y revelarle esos matices que parecen haber pasado desapercibidos su fino discernimiento. Queda su ms atento seguro servidor, q. b. s. m., _Ch. Le-Bargy_. Conste, en primer trmino, que mis ideas respecto los actores franceses podrn ser equivocadas, pero no preconcebidas, como M. Le-Bargy asegura. Contra la opinin de la crtica, en general, juzgu en la temporada anterior al artista italiano Caravaglia como desdichado intrprete de _Hamlet_. Ya ve M. Le-Bargy cmo no siempre es Roma la capital del Arte. En Italia, por fortuna, el Arte est descentralizado y no es Roma, ciertamente, la capital artstica de mayor importancia. He sido y soy gran admirador de Sarah, sin desconocer que la Duse es artista de ms sinceridad. En cuanto Mounet Sully, cuando tanto di que reir al pblico madrileo, fu de los pocos defensores que tuvo. No me negar M. Le-Bargy que el arte de Mounet Sully es un arte _sui gneris_, y en el mismo Pars no todos son admiradores del fogoso artista. Monsieur Le-Bargy procede con nobleza al defenderle, ya que todos sabemos que no ha reinado siempre la mejor armona entre el decano de la Comedia Francesa y el propio M. Le Bargy. No recuerda el excelente artista--han pasado algunos aos,--durante una representacin de _Enrique III y su Corte_, de Dumas, padre, una desagradable escena, _hors d'oevre_, ocurrida entre M. Le-Bargy y Mounet Sully? Parece ser que Mounet Sully reprendi en tono algo destemplado M. Le-Bargy por haberse permitido una alteracin en la _mise en scene_ de la obra. Monsieur Le-Bargy replic con la misma viveza y dijo, refirindose Mounet Sully: Il se permet bien d'autres. Ya ve M. Le-Bargy que conozco las intimidades artsticas de los teatros de Pars tanto como sus actores, y que mi juicio podr ser equivocado, pero no ligero. Es el de todo el pblico madrileo, y M. Le-Bargy sabe que empieza ser el del americano. Los actores franceses carecen de sinceridad; son muy especialistas. Puede citarse una actriz francesa que haya interpretado la variedad de personajes que Mara Tubau, Mara Guerrero Rosario Pino? Los actores franceses cuentan por docenas lo que ellos llaman sus creaciones; los actores espaoles y los italianos, por cientos. Esta intensidad en la variedad es tan estimable, por lo menos, como la intensidad en la unidad. Y para el pblico, ms interesante. Si alguna vez vuelvo Pars, tendr sumo gusto en saludar M. Le-Bargy y en atender sus indicaciones; aunque temo no consigan rectificar mis juicios, ya que, actrices y actores, por dicha suya, sern los mismos que tuve ocasin de aplaudir, hace treinta aos, cuando fu Pars por primera vez, y los mismos que he vuelto celebrar cuantas veces he vuelto. Y los actores ay! no son como el buen vino: con los aos y con los viajes no ganan nada. XIII Existen industrias por esos mundos de las que no tenemos aqu la menor idea. Una de ellas es la cra de mariposas. En Inglaterra, en el condado de Kent, Mr. Newman ha destinado una granja esta novsima produccin, recompensada con no despreciables rendimientos. En Inglaterra son muchos los coleccionistas de mariposas. Son muchos tambin los Museos que tienen por proveedor mster Newman. La moda tambin ha venido favorecer su industria. Mesas y veladores se cubren con una tela de seda y sobre ella mariposas disecadas de varias especies y mltiples colores. Todo ello se cubre con un cristal y el efecto es muy vistoso, como de bordado japons chinesco. Para obtener alguna nueva especie de mariposas es preciso un procedimiento llamado azucarar. Para azucarar se emplea una mezcla de azcar, melaza, ron, cerveza y jugo de pera. Con esta mezcla se trazan rayas sobre la corteza de los rboles. Las rayas han de ser verticales, un metro del suelo, y han de tener 45 centmetros de largo por dos de ancho. Entrada la noche, las mariposas acuden golosear. Las mejores noches de caza son las noches tormentosas. Cuanto ms cerrada la noche, ms fructuosa recoleccin. Para la caza hay que proveerse de una cajita, bien mullida de algodn en rama, y de una linterna: con la linterna se ilumina la raya azucarada; el cazador acerca la caja, cuya tapa sostiene abierta con un dedo; el cazador elige su presa, toca ligeramente en la cabeza la mariposa, la mariposa cae en la caja, que se cierra de golpe. Desde all pasa las jaulas de cultivo, cuando no es condenada inmediata muerte. Mster Newman posee unas cien mil mariposas. Algunas de ellas, como la llamada Rey de la selva (Purple Emperor), se paga cinco y seis francos. Aunque son muchas las prdidas en tan frgil mercanca, las ganancias compensan lo suficiente. Y es una industria tan potica! Aqu no se concibe. Y eso que el procedimiento de azucarar es muy conocido. Es el medio empleado por los Gobiernos para obtener mayora en todas las votaciones. Los caramelos repartidos con profusin en el Parlamento vienen ser el smbolo tangible y chupable de otras ms apetitosas golosinas. Todo es azucarar. Pero quin ha de criar mariposas aqu, donde es preciso proteger los pjaros y donde no quedar dentro de poco animalito con alas, pjaro, mariposa poeta? Lo raro es no ver cazuelas de mariposas fritas como de pjaros. Entre la substancia de una mariposa y la de un pjaro... Comida de ilusin! Por eso tan espaola, tan madrilea sobre todo. El pjaro frito viene ser para los madrileos la gallina que Enrique IV de Francia deseaba para todo ciudadano francs, como garanta de paz y de ventura en sus Estados. En estos de Espaa no pueden pedir los gobernantes ms de lo que asegura un pjaro frito. Ahora se trata de proteger los pjaros con detrimento de la popular alimentacin. El pjaro tiene una leyenda sentimental de beneficioso para la agricultura. Yo s de quien prohibi que se matara ni se hostigara un solo pjaro en sus huertas y tierras de labranza, y vaya si not el beneficio! De la siembra dieron tan buena cuenta como administrador en absentismo del amo. Y de la fruta... como si se hubieran propuesto anunciar un remedio contra la obesidad: la dejaron toda en los huesos. Por eso digo que lo de beneficiar la agricultura debe ser leyenda que han hecho correr los pjaros en combinacin con los naturalistas. Y es que la mayor parte de los naturalistas estudian los animales... disecados. Como al pueblo la mayor parte de los socilogos. As hay tantas lamentables equivocaciones al legislar. * * * * * Dentro de pocos das tendremos en el teatro de la Comedia una compaa italiana con el repertorio del Gran Guignol, imitacin del tan celebrado de Pars. Gnero teatral, ratos tambin literario, muy la moderna. Rpido, cinematogrfico, violento, brutal en ocasiones, se apodera del espectador por los nervios. La inteligencia y el corazn se defienden tanto! Los autores dramticos, atentos la psicologa del pblico, han comprendido que el espectador moderno es ms atacable por lo fisiolgico. Se impone un teatro rascanervios. Como nica emocin, el espanto; como nico razonamiento, la sorpresa; como nico sentimiento, la curiosidad. El autor se entra por los nervios del espectador como un loco, como un criminal, como un violador. Le considera como una mujer histrica, se impone l como hipnotizador, como alienista, como juez de instruccin. Es un teatro para estudiar los espectadores. Obtendr un excelente xito. Sobre todo con las seoras. A las mujeres les gusta tanto asustarse en pblico! Despus, y visto el buen xito, padeceremos las imitaciones consiguientes. Y aqu s que puede decirse como de tantas otras cosas: Bien vengas, Gran Guignol, si vienes solo! XIV Un escritor de alto entendimiento y generoso corazn, el seor Zozaya, ha supuesto que yo era enemigo de los pjaros. De ningn modo. Unas cuantas libras de fruta averiada por su glotonera no es razn para malquistarse con los pjaros. Como unas cuantas pesetas sableadas por un amigo no es razn para reir con l, si el amigo es simptico y sablea con gracia; que es el caso de los pjaros al picar en la fruta. Nadie como yo les defiende de asechanzas de gentes y de muchachos. Para sazonarles la acidez de la fruta aado unas migajas de pan su merienda. De no haber sido gato en otra encarnacin--en sta lo soy por gracia de madrileo-- ave de rapia--menos probable, pues no me queda el menor instinto,--no me remuerde la conciencia por haber perseguido, maltratado, cazado, simplemente devorado, despus de cazado por otro, al ms insignificante pajarillo. A predicarles, como San Francisco de Ass San Antonio de Padua, no he llegado. Pero versos de Rubn Daro, de Gabriel D'Annunzio y de Guerra Junqueiro s han podido oirme recitar en mis soledades, las horas de siesta canicular, en que todo se amodorra, como en la cantada por Zorrilla. Todo, menos los pjaros y yo, bien hallados la sombra de un huerto, oasis en dorada llanura castellana. Su piar y los versos por m recitados son como escala de armona infinita, ascendente, que va del abecedario, balbucido por labios infantiles, al libro todo sabidura. Por todo esto amo los pjaros, sin pararme considerar si son tiles para la agricultura. Mis poetas tampoco le sern de gran utilidad. Pero yo no quisiera creer que los pjaros cantores y yo, recitador de poetas, somos como un insulto los campos de trabajo y de pena que nos rodean. Tampoco debemos creer, como algunos pjaros y muchos poetas, que todo aquello no es ms de apropiada decoracin para nuestra escena potica. Como el piar de los pjaros es preludio balbuciente de tanta msica y tanta poesa, mi recitar de versos en el silencio de los campos abrasados acaso es tambin preludio de cosechas futuras. Los poetas no pueden haber sembrado en vano. Entre tanto, sera injusto preguntarles como los pjaros: si son tiles para la agricultura. * * * * * Los nios son muchas veces vctimas de la vanidad de los padres. Los perros, de la vanidad de sus amos. A qu otro sentimiento responde, en el primer caso, los concursos de belleza infantil, los disfraces de Carnaval, la exhibicin de habilidades en los nios; en el segundo caso, las Exposiciones de perros? Los pobres animales, encerrados en jaulas mal acondicionadas, rodeados de personas extraas, padecen, inocentes, el mal del siglo: el exhibicionismo. Cuando ya no tenemos ms que exhibir, exhibimos al perro. El perro, animal simblico de la fidelidad, atributo de tumbas conyugales en otros tiempos, simboliza en estas Exposiciones la exhibicin ntima de los hogares. Ya saban ustedes cmo ramos todos en casa: la seora, las nias, los criados; ah va el perro. Que no se quede sin su fotografa. El trabajo de los futuros historiadores no ser, ciertamente, el de juntar documentos, sino el de aportarlos. Bien documentada va la posteridad! Ni siquiera tienen estas Exposiciones de perros la justificacin de contribuir la mejora propagacin de las razas mejores. Sabido que no hay nadie tan egosta como un poseedor de ejemplares de precio. Es ms difcil obtener la mano izquierda de uno de estos perritos de lujo que la derecha de una linajuda y bien dotada heredera. Ahora que ha vuelto reconstituirse la Sociedad Protectora de Animales, bajo la presidencia de una inteligente dama, debiera oponerse estas Exposiciones tan opuestas al verdadero amor por los animales. En algunas partes las Sociedades protectoras han llegado oponerse al sostenimiento de las casas de fieras y jardines zoolgicos. Tratndose de animales feroces y salvajes, sin cesar perseguidos, yo no s, ignorante de su concepto y su aprecio de la libertad, si ellos no pudieran preferir la cmoda y descansada vida de estos jardines y _menageries_ la azarosa vida de las selvas y de los desiertos. Tratndose de animales domsticos, no hay duda. La protesta de las Sociedades protectoras estara ms justificada. El jardn zoolgico puede ser civilizador para las fieras. Todas las razas salvajes se han civilizado en jaulas, ms menos holgadas. El perro est ya bastante civilizado. Volverle la jaula es un peligro. Podra volver sentirse lobo. Tal vez de puro civilizado participe del sentimiento vanidoso de los hombres y goce con las exhibiciones. Pero hay que concederle alguna superioridad mental. Aunque lleva mucho tiempo de ser el mejor amigo del hombre. Mucho ms que Muley Hafid de ser el buen amigo de los franceses. Debe estar contagiado del todo. Muley Hafid pareca ms fiero y hoy est hecho un falderillo. Dentro de poco tambin estar en Pars en su buena jaula y tan contento! XV _Voces de gesta_ ha aparecido en las libreras antes de ser representada en Madrid. Esto indica en cunto ms estima Valle-Incln el juicio reposado del lector que la emocin arrancada al pblico, por sorpresa unas veces, con habilidades teatrales, que tienen ms de lo artificioso que de lo artstico; otras, con los recursos del arte escnico: brillantez de la interpretacin del decorado. Son muy pocas las obras dramticas que, como esta admirable tragedia de Valle-Incln, pueden permitirse el lujo de su desnudez artstica al presentarse sin engaos teatrales. Al escribir estas lneas ignoro la opinin del pblico de teatro. Importa poco. Obras como _Voces de gesta_ estn sobre el pblico, y su probable fracaso demostrara, una vez ms, que hay un nivel medio del que no conviene elevarse. Yo estoy seguro de que el pblico del estreno, en el teatro de la Princesa, alcanza ese nivel con holgura. No me atrevera decir lo mismo del pblico en los das de abono aristocrtico. _Voces de gesta_ es obra redentora. Ella sola se basta redimir de muchos pecados teatrales. Es obra de esas que sirven para justificar un empresario: No dirn que no se hace Arte. Y sirve para disculparle cuando no lo hace: Pero, ya ven ustedes, el Arte no da dinero. Por desgracia, los empresarios tienen razn... mientras el pblico se obstine en drsela. * * * * * Hay que afrontar la verdad cara cara. La Prensa peridica ha procurado, con alto patriotismo, realzar la tristeza de todos por la muerte de Menndez y Pelayo. En este caso, la actitud de tristeza no ha bastado determinar el sentimiento, como afirma el psiclogo James. Cierto que la persona de Menndez y Pelayo ni su obra, por su ndole misma, podan ser populares. Lo triste ha sido que, entre la misma gente culta, antes hemos advertido el revuelo alrededor de las muchas vacantes dejadas por el muerto glorioso que la emocin por su prematura prdida. En los mismos artculos necrolgicos han podido advertirse ms amplificaciones de frmulas encomisticas que estudio detenido de las obras de Menndez y Pelayo. Sin duda el dolor embargaba las inteligencias. Es muy de la tierra lo de contar por cada lector cien admiradores. Hablen los muchos que se decan admiradores de Costa, sin haber ledo uno solo de sus libros; hablen muchos de los que se decan admiradores de Menndez y Pelayo. La fe y la admiracin son muy amables formas de la pereza. Hay quien no cree y quien no admira por la misma causa. Por todo esto, sucede que la fe, como la admiracin, como sus contrarios, adolecen entre nosotros de una tibieza fundamental, por falta de fundamento, que en vano pretende mostrarse calurosa entre voces enfticas y gestos exaltados. Slo parece al exterior, con luz del alma, lo que ha sido calor del alma interiormente. Por eso al morir Menndez y Pelayo hemos odo clamar su nombre; pero ese clamor sonaba como el eco de vaco aposento: un aposento que debieran haber llenado las obras del escritor, ms admirado que conocido. XVI Los Museos de cuadros antiguos tienen algo de panten. Un cuadro slo parece animado con vida propia como acorde justo en toda una armona de ambiente. El retrato del noble caballero de la dama infanzona, en la sala seorial de linajudo palacio, entre sillones y escaos de roble, mullidos de terciopelos damascos desvados; entre tapiceras herldicas, candelabros de plata de hierro forjado, armaduras enmohecidas y cdices miniados. La pintura religiosa de atormentado ascetismo, la indecisa claridad de lmpara votiva, en un rincn de alguna antigua iglesia convento pobre. La pintura religiosa risuea, de vrgenes y nios de Dios familiares, divinizados por gozosa humanidad, en altares acariciados de sol, en iglesias muy blancas, de algn convento de monjitas ms hacendosas que rezadoras; hadas de santidad con manos milagrosas para confituras, bizcochadas, bordados al realce y randales sutiles como vilanos telas de araa. Las triunfantes alegoras, entre mitolgicas y caballerescas, con su trompetear de oros y prpuras, en la amplia galera del alczar, frente los ventanales que dominan la ciudad de leyenda. Fuera de su lugar son los cuadros vago contorno espectral sin vida. Siquiera en los Museos dice la tumba, que es cada cuadro, un nombre glorioso. Y el nombre evoca un recuerdo vivo en nuestra memoria, y no es todo muerte. Pero estas Exposiciones de cuadros modernos son aun ms tristes. Si nos ponemos en la realidad, parecen almacn y dicen comercio. Si poetizamos, son como galera de nichos; pero con nombres que no dicen glorias; slo dicen muerte, con la frialdad de una estadstica. Y uno por uno, en adecuado lugar, en propio ambiente, es posible que todos los cuadros estuvieran bien. Figuraos una Exposicin de nios: al verlos all solos, ante las miradas curiosas, indiferentes del pblico, no pensaramos en que era alegra de una casa; pensaramos en la Inclusa. El Arte necesita un calor que no puede hallar en las Exposiciones. Todo parece all muerto abandonado, y, con la multitud de sepulturas, todo va en el recuerdo al hoyo grande. Cuando la Exposicin haya terminado, el Arte reconocer los suyos, como Dios en la matanza de hugonotes. * * * * * Los sultanes de Marruecos sern muy brutos, pero no tienen nada de tontos. Cuando se hallan muy empeados, en toda la magnitud de la palabra, corte de cuentas, borrn y... sultn nuevo. Como su dulce hermano, cuando se vi metido en el callejn sin salida de la Conferencia de Algeciras, Muley Haffid, acorralado por los franceses, tira por la calle de en medio y les deja con tres palmos de narices. Esta insolvencia--tambin en toda la extensin de la palabra--supone mucho trabajo y mucho dinero perdidos para los franceses. La diplomacia marroqu es nica en el arte de no pagar al casero. Aunque, en este caso, el casero era el sultn y su arte ha sido el de quedarse con la fianza y el mes adelantado por un inquilino que est pagando el alquiler bastante caro. Con este juego de sultanes compadres todo es tejer y tejer, para la diplomacia europea, en los asuntos de Marruecos. Lo peor es que Europa no consigue la civilizacin de Marruecos; pero Marruecos va conseguir la descivilizacin de Europa. En Francia, en el propio Pars, en el corazn de su corazn, como si dijramos, ya se ha levantado cruzada contra el extranjero. Si esto no es africanizarse! * * * * * La opereta vienesa triunfante no ser una frmula suprema ni definitiva del Arte para los teatros de gnero chico. Yo la juzgo reaccin saludable; tal vez extremosa, como todas las reacciones. Hay quien la juzga inferior nuestro gnero chico; hay quien, por el contrario, asegura que sto ha matado aqullo. En mi opinin, mejor puede decirse: Aqullo ha trado sto. Aqullo, es decir, nuestro gnero chico haba cado tan bajo! Hay que convenir en que la gracia espaola es siempre agresiva, dura. No ha sido el hambre tema fecundo de chistes en nuestra novela y en nuestro teatro? Tambin el error de muchos escritores, al creer que lo castizo slo se halla en las clases bajas de la sociedad espaola, porque es en ellas ms superficial y no cuesta desentraarlo, como en las clases alta y media, trajo la fatigosa repeticin de cuadros populares, de cada vez ms falseados. De la calle vinieron admirables cuadros al teatro: _La verbena de la Paloma_, _El santo de la Isidra_; los hermanos Quintero trajeron las calles andaluzas, con su sana alegra y sus limpios donaires. Pero despus llegaron los imitadores; como ya no quedaba qu traer de la calle ms que el arroyo, se trajeron el arroyo al teatro con toda su suciedad y su grosera. Esta opereta vienesa representa, en el gnero, la reaccin idealista. Su gracia es inocentona, sus chistes infantiles, su literatura de novela sentimental la moda del ao 30; pero todo es dulce, amable, de una fantasa sin perversin, como sueo de nia casadera. Los dos de amor terminan con besos en tiempo de vals y en el ritmo del vals se espiritualizan. Los hombres son galantes y las mujeres coquetas. Nadie se insulta ni salen relucir las navajas. Las aldeanas visten de raso y ofrecen flores. Los militares son como prncipes de cromo... Todo es lindo, lindo. Pondremos la finura el reparo de cursi? De ningn modo. Ms vale que nuestras cocineras aprendan estas finuras de las operetas vienesas que no nuestras seoritas aquellas ordinarieces. Y perdonen los casticistas. XVII El conde de Pradre ha tenido un rasgo de verdadero espaolismo al adquirir _La Vicara_, de Fortuny. Ya que del conde no puede decirse nada, se dice del cuadro. Ha pasado de moda; Fortuny ya no se lleva. Y qu pintor no ha pasado por estas alternativas y veleidades de la moda? Tiempo hubo en que Murillo era estimado sobre Velzquez, el Greco era menospreciado y Goya no era tenido en mucho. Ahora mismo no hemos desempolvado Lucas? La pintura de Fortuny est, sin duda, en ese perodo crtico para toda obra de arte: cuando se est viejo y no se ha llegado ser antiguo. Hasta muy pocos aos ha no eran risibles y ridculos los retratos de seora con su miriaque? Hoy ya tienen valor histrico. Actrices modernas se han atrevido presentarse con miriaque en escena al interpretar obras de aquel tiempo. Y obras dramticas; lo que ninguna actriz se hubiera atrevido antes, segura de comprometer el xito, ante el pblico regocijado. El polisn no ha logrado todava estos honores. Dentro de algunos aos tendr tambin su valor histrico y las actrices podrn atreverse con l como ahora con el tontillo y con el miriaque. Fortuny, como Meissonier, como tantos otros pintores, indiscutibles en su tiempo, pasan ahora por el perodo difcil del miriaque y del polisn. La posteridad inmediata es el ms recusable juez para las obras de arte. Slo nos interesa lo actual lo que ya parece muy lejano. Lo que pas, pero aun est cerca, dirase que nos envejece al considerarlo. Mejor sabemos dar razn de las guerras pnicas que de la guerra francoprusiana. Ms sabemos de Carlos V que de Isabel II. _La Vicara_, de Fortuny, recobrar su puesto de honor en la historia de la pintura espaola. Aunque no fuera ms que por la numerosa descendencia que tuvo. Durante medio siglo la pintura espaola fu procedente de Fortuny. Los grandes cuadros de historia, teatrales en sus personajes y en su indumentaria, los cuadros de gnero, lindos, acabaditos, como miniaturas: de una Espaa amable, bonita, de terciopelos, rasos y blondas. Visin de un arte lisonjero que todos nos tena adormecidos hasta el despertar cruel del desastre. Oh! El arte optimista! Hoy todava dicen algunos de Zuloaga que nos calumnia. Zuloaga no hubiera pintado nunca _La Vicara_. _La Vicara_ era un cuadro de sueo. Los cuadros de Zuloaga son el despertar. Pero hay quien dorma tan gusto! * * * * * En Barcelona la opinin ilustrada de algunos mdicos se ha credo en el deber de llamar la atencin sobre los perjudiciales efectos causados en la imaginacin de los nios por las pelculas cinematogrficas. El cinematgrafo, como el teatro, abusa de lo terrorfico. Cuando la vida era ms ruda y violenta; cuando la expansin individual alternaba, por lo menos, grandes herosmos con grandes crmenes, estos espectculos de horror no podan ser tan nocivos. En la vida moderna, tan socialmente disciplinada, en que los buenos ciudadanos no son capaces de grandes herosmos ni de grandes virtudes, por no desentonar, por no descomponer el conjunto, y slo se manifiesta el individualismo en los rebeldes y en los criminales, el contraste es ms llamativo. Para una imaginacin inquieta, al huir del gris montono, slo ve la intensidad del rojo de sangre. Los criminales son como hroes cuando no vemos hroes mejores. Los dramas y las novelas romnticas de ahora son dramas y novelas de ladrones y de asesinos. Sus aventuras son robos y asesinatos. Estos son los modernos libros de caballeras, capaces crear elementos artificiales inspiradores de siniestros propsitos. El teatro y el cinematgrafo para los nios es un problema de higiene, un problema educador en que el Estado debe intervenir con urgencia. Nuestras calles y nuestras casas, y el espectculo todo de nuestra vida, ya son bastante para manchar el alma de nuestros nios. Que al asomarse con la imaginacin los sueos de nuestro Arte, nuestro Arte no sea ms sucio, ms negro que la misma vida. Llevarais vuestros hijos pasear por un estercolero junto una charca pestilente? Pues aun es ms necesario el aire puro su imaginacin que sus pulmones. * * * * * Al ver cmo se interesaba la opinin por el nombramiento del nuevo director de la Biblioteca, alguien de buena fe habr pensado: Gracias Dios que nos interesamos por algo que no sea poltica menuda torera! Ay! Todo es uno y lo mismo. Si la gente se ha interesado en este caso es por lo que ello ha tenido de poltica y de torera. La importancia del cargo era lo de menos. Las personas designadas para ocuparle, significaba poco. Lo divertido era la lucha, la competencia. Hasta se han cruzado apuestas. Como siempre, y muy la espaola, los partidarios del uno negaban al otro todo merecimiento. La triste satisfaccin que pueden tener uno y otro es la seguridad de que los ms fieros disputadores eran los que ms ignoraban el valer de los dos ilustres contrincantes. En Espaa sera millonario cualquier escritor si le leyeran todos los que le admiran y la mitad siquiera de los que le odian. XVIII Desde Hamburgo me enva persona respetable el original y la traduccin de un artculo publicado en el diario _General Anzeigner_, de la ciudad citada. Extractar lo ms substancioso, segn la traduccin de referencia. El artculo se titula Deshonra de la raza, y dice, entre otras cosas: Varios peridicos publican relacin de las impdicas aproximaciones de algunas seoras y seoritas de raza blanca, los hombres de la tribu de bedunos que actualmente se exhibe en el Jardn Zoolgico de Hagenbeck, en Hamburgo. Los buenos bedunos vinieron las manos por cuestin de faldas y fu necesaria la intervencin de la Polica y la repatriacin de los ms levantiscos. Aunque la empresa Hagenbeck ha tomado enrgicas medidas para evitar la repeticin de estos incidentes y ha dado sus empleados orden terminante de expulsar del parque toda _seora_ que se aproxime los bedunos en forma sospechosa, todava han ocurrido escenas tan lamentables como la que acabamos de describir. Triste y lamentable es que la mujer alemana, por lo general de carcter y costumbres ejemplares, olvide hasta ese punto su decoro. Otras muchas consideraciones trae el artculo; pero no quisiera que, al transcribirlo, nadie creyera que yo me complaca en publicar debilidades de algunas seoras alemanas; debilidades que, si all son excepcionales, aunque numerosas, no son exclusivas de Alemania. Cuando en Pars se han exhibido de estas tribus salvajes, en el Jardn de Aclimatacin con motivo de Exposiciones universales coloniales, tampoco han faltado curiosas de amores exticos. Los mulateros de la calle del Cairo, en la Exposicin de 1889, fueron en aquella temporada, la _coqueluche de cs dames_. Por aqu no menudea ese gnero de exhibiciones. Slo hemos tenido una de aschantis y otra de esquimales, en los malogrados Jardines del Buen Retiro. Para prueba no es mucho. La mujer meridional, contra la vulgar opinin, es mucho menos acometedora en amor que las mujeres del Norte. Pero, en fin, celebremos que las exhibiciones no hayan sido muchas y que los aschantis y los esquimales fueran, unos, demasiado negros, y otros, demasiado descoloridos. Las inglesas, por su parte, tambin se han significado bastante en estas exhibiciones; con ms cautela y decoro, claro est: con pretextos de filantropa de evangelizacin. La raza inglesa ha sido siempre maestra en hallar buenas razones para hacer lo que le conviene lo que se le antoja. En esto tal vez consiste su superioridad. Los ingleses tienen una religin una filosofa para justificarlo todo. Pero su conducto no es nunca consecuencia de una religin de una filosofa, sino lo contrario; la religin la filosofa, consecuencia de su conducta. La conciencia procede del acto; como en todos los pueblos y en todos los hombres fuertes. Las alemanas, por lo visto, pesar de hallarse en tierra de filosofas para todos los gustos, no se andan por las ramas filosficas y se descaran buenamente en este sistema de colonizacin pacfica y casera. La mujer tiende siempre restaurar ms que revolucionar. Esta manifiesta inclinacin por los hombres de otras razas es, quizs, un argumento favor de la unidad de origen de las diversas razas humanas. Pero aunque la unidad volviramos por estos procedimientos, respecto las mujeres, siempre habra dos razas, comunes todos los pueblos y en todas las latitudes: las unas y... las otras. Es saber, para que no haya duda en la clasificacin: las limpias y... las puercas. * * * * * De todas las intolerancias, la ms intolerable es la pretensin de un monopolio para ejercitar el bien cumplir un deber. Por esta pretensin se ha planteado un desagradable conflicto en el benfico Instituto del doctor Rubio. La Junta de seoras pretenda sustituir las enfermeras laicas por hermanas de la Caridad. Los fieles guardadores de la voluntad del doctor Rubio se oponan esta sustitucin. No obstante, con mayor espritu de tolerancia, no se oponan que alternara un nmero determinado de hermanas de la Caridad con otro determinado nmero de enfermeras en la asistencia de los enfermos. Las seoras intransigentes no admitieron este _modus vivendi_. Dimitieron sus cargos muy ofendidas y retiraron su valiosa proteccin al benfico Instituto. No soy sospechoso; desde muy nio aprend respetar, admirar las hermanas de la Caridad. En una de mis obras presento la figura de una de ellas, de tal modo, que muchos la juzgaron por ideal; pero yo s que bien poda ser copia exacta de la realidad. Hay muchas hermanas como aquella hermana. Cuando se fund el hospital del Nio Jess, el primitivo, en el barrio de las Peuelas, era su directora una admirable mujer, por su talento y por sus virtudes: sor Rosala. El doctor Tolosa Latour la conoci seguramente y podr atestiguarlo. Ella sola poda ser honor de una institucin. Pero tambin, como aqulla, son muchas otras. Pero tambin como stas y como todas las hermanas de la Caridad, hay otras mujeres inteligentes y honradas y buenas, capaces de cumplir con su deber profesional tan santamente como las hermanas de la Caridad con su deber religioso. Cuando alguien cumple con su deber, no debe preguntrsele en nombre de qu ideal lo cumple. A buen seguro que si esas seoras de la Junta se hallaran en peligro de muerte y supieran que slo un doctor especialista poda salvarlas, no se andaran preguntando si era buen catlico, protestante librepensador. El personal facultativo del establecimiento se basta y se sobra para juzgar si las enfermeras atienden con solicitud los enfermos y cumplen con su deber. Ellos son los ms interesados en que as sea. Ni el amor al prjimo, ni la ms sublime caridad, ni el sacrificio por la ms alta idea del deber, son patrimonio de una creencia religiosa determinada. Con qu derecho puede negarse nadie que cumpla con su deber, porque sus razones no son las mismas que las nuestras? Adems, no hay religin en el mundo que llegue imprimir uno solo de sus mandamientos en nuestro corazn, si en nuestro corazn no estaban ya impresos todos los mandamientos religiosos. XIX Doa Sol Rubio, hija del eminente fundador del Instituto Rubio, me pide en carta abierta rectificacin de algunos errores en que incurr, por equivocados informes, al relatar los hechos que dieron ocasin disidencias en dicho Instituto. No fu descortesa mi retraso en acusar recibo de tan atenta carta, sino el deseo de rectificar en esta misma seccin. Lo de menos eran los hechos en mis apreciaciones. Pero, en fin, conste que los cumplidores de la voluntad del doctor Rubio no podan admitir la asistencia de hermanas de la Caridad, por oponerse ello la voluntad del fundador. Fueron, pues, las damas del Patronato las que propusieron la asistencia mixta de hermanas y de enfermeras. Lo importante era consignar que bien estaban unas y otras, como todas cumplieran con su deber. Al decir laicas las enfermeras, slo quise significar el no hallarse sujetas la regla de una Hermandad religiosa, sin poner en duda su catolicismo. Por ms que yo nunca haya credo que la caridad y, sobre todo, el cumplimiento del deber sean patrimonio de una religin determinada. Sin desconocer tampoco que en nuestra santa religin catlica resplandecen como en ninguna otra las ms altas virtudes. Estamos todos contentos? * * * * * La noche del mircoles pasado fu de fiesta mayor en casa de Joaqun Sorolla. Se obsequiaba Mr. Huntington, hispanfilo americano, meritsimo de cuantos honores pueda Espaa ofrecerle. La casa de Sorolla es un palacio del Arte, tan la espaola trazado, que all la suntuosidad no es soberbia ostentacin, sino hidalga limpieza. Antes que el palacio os admire os acaricia el hogar, y antes que las maravillas del Arte absorten vuestros ojos el amor y la paz familiares ungieron de buenos pensamientos vuestra frente. Por inquieto y perturbado que est nuestro espritu, cuando nos hallamos entre gentes buenas y dichosas nos sentimos tambin dichosos y buenos, como si las alas de nuestros ngeles custodios, los que nos guardaban de nios, volvieran traernos nuestra inocencia. Con vuelo impetuoso ms suele el Arte destruir que labrar nidos. Sus glorias rara vez van unidas la gloria de amar y ser amado. Por eso al juntarse en la casa de Joaqun Sorolla, este hogar del Arte, este palacio del Amor, parece como un templo ideal una diosa ms ideal todava: la felicidad. La casa de Joaqun Sorolla es tan espaola como el alma de cuantos la habitan; modelo de la verdadera familia espaola. La familia espaola, la ms pura gloria de nuestra raza! La casa de Joaqun Sorolla debiera ser provechosa leccin de edificaciones espaolas enfrente de tantos esperpentos la francesa, la inglesa y la suiza con que la cursilera europeizante deshonra nuestras tradiciones arquitectnicas. Sorolla debe ahora recorrer toda Espaa. Estudia tipos y paisajes para el grandioso friso decorativo del Museo Espaol de Mr. Huntington en los Estados Unidos. Podamos soar mejor desquite de pasadas humillaciones? Detrs de una puerta cerrada, en un gran saln, se nos dice que estn los estudios del natural apuntados por Sorolla para su gran obra. La entrada est prohibida. Mster Huntington no quiere que nadie goce las primicias de su encargo. El simptico hispanfilo no lo es del todo! Nada podemos ver, pero es mucho lo que adivinamos. Adivinamos, con los ojos que tantas admirables obras del gran pintor espaol admiraron, la ms asombrosa evocacin de Espaa, la verdadera Espaa: luz, color, bro. Se abren ante nosotros pginas del Romancero y del _Quijote_, de las novelas picarescas y de las hazaas de Italia y de Nueva Espaa... Y tambin tristezas, y tambin sombras que el pincel de Sorolla, al no mentir, no lisonjea. Pero de esas sombras y esas tristezas no se alza el pesimismo espectral, agero de muerte; es ms bien la sensacin catica de algo muy fuerte y vigoroso que no puede morir porque no ha nacido todava. He aqu la obra de un gran pintor, todo realismo, que, para poner espritu en su obra, le basta con poner verdad. Y todo es Arte. Y es que en Arte hay dos grandes estilos: uno, en que el alma del artista envuelve el alma de las cosas; otro, en que el alma de las cosas envuelve el alma del artista. XX Con la firma de Un concursante de buena fe recibo una carta muy atendible, de la que copio lo ms interesante: Querra usted llamar la atencin del Ayuntamiento respecto lo que est ocurriendo con el tercer concurso de comedias? Es el caso que, iniciativa tan plausible, no ha dado hasta ahora otro resultado prctico que molestar intilmente los Jurados y hacer perder tiempo ilusiones los concursantes de buena fe. Tres concursos van convocados; permtame que en pocas palabras le recuerde el historial de cada uno. El primero se convoc el 29 de Noviembre de 1909. Al expirar el plazo de admisin se haban presentado 153 obras. El Jurado, que formaban los seores Sells, Rodrguez Marn, Rpide, Gmez de Baquero, Linares Rivas y Jurado de la Parra, fall el 25 de Junio. (Es decir, invirti menos de cuatro meses en examinar los 153 originales), premi la comedia _Los jcaros_ y mencion con elogio otras varias. Bajo su firma declararon los seores del Jurado que el concurso era excelente. Recuerda usted el expresivo artculo que Rpide public en _El Liberal_? Pues si hubiera sido psimo, no hubiera fracasado de ms completo modo. Ninguna de las obras elogiadas se ha representado, ni siquiera la premiada, en el Espaol ni en ningn otro teatro. Segundo concurso. Se convoc el 5 de Diciembre de 1910; se clausur el 5 del siguiente Marzo, con 86 originales. El Jurado, que formaban los seores Villegas, Linares Rivas, Zozaya, Bueno y Martnez Sierra, tard en fallar cerca de nueve meses. Por fin, premi la comedia _El bobo_ y declar por buenas otras cinco. Resultado prctico? Acaso por la demora del fallo, _El bobo_ slo pudo estrenarse, al terminar la temporada oficial, en deplorables condiciones. As, mal ensayada, representada para salir del paso, la obra slo tuvo las tres representaciones que obliga la ley. Las dems comedias elogiadas siguen inditas. Antes de fallar en el segundo concurso--vea otra anomala--se convoc para el tercero. Al terminar el plazo de admisin--el 4 del pasado Febrero--slo haba presentadas 46 obras. Esta progresin descendente significa mucho tambin. Estamos fines de Junio, esto es, han transcurrido cinco meses, y ni hay fallo, ni se sabe si hay Jurado, aunque en el Ayuntamiento son prdigos en dar noticias hasta de lo que pasea cada concejal. Considera usted justo hacer una excitacin al Ayuntamiento, encaminada que se sepa lo que ha sido de esos originales y evitar que, una vez ms, se esterilice la iniciativa con un fallo en exceso tardo? Queda complacido el comunicante. Muy razonables me parecen sus quejas; pero ay! si el concursante de buena fe supiera lo que es ser Jurado, tambin de buena fe, en uno de estos concursos! Por haberlo sido en varios, no tengo ninguna fe en sus resultados. Cierto que los autores desconocidos dirn: Y cmo hemos de darnos conocer? Hay que ser algo fatalistas: lo que ha de ser, est escrito, y cuando est bien escrito... es siempre. Que puede existir algn talento ignorado? Es posible. Dichoso l, que, al verse desconocido, llegar dudar de su talento y podr creerse tonto... y ser feliz! * * * * * El cultsimo escritor Bernardo Cndamo abre informacin sobre la conveniencia de establecer la previa censura teatral. Un exceso de celo del jefe superior de Polica ha dado ocasin que se discuta de la moral y del arte. De todo ello podr discutirse, como de las ventajas y desventajas de la previa censura. Lo que est fuera de discusin es que un jefe de Polica, de no producirse alboroto grave escndalo en el teatro, no es quin para juzgar de moral ni de arte, cuando ni artistas, ni crticos, ni filsofos han logrado dictaminar de acuerdo en tan ardua materia. La vulgar opinin entiende por inmoral en arte algo que muchas veces nada tiene que ver con la moral, en el ms alto sentido de la palabra. Hay quien se escandaliza en el teatro por algo que bien puede calificarse de mera porquera, como un ingenio peregrino calificaba en picarescos versos algo que otro, no menos peregrino, diputaba por pecado nefando. En cambio, obras que pueden ser antisociales, demoledoras tal vez peligrosas por inoportunas, no pasan por inmorales ni dan ocasin que se alarmen los jefes de Polica. Estas otras, que tanto alarman los pudibundos, me parecen la suprema inocencia, y el pblico que con ellas se regocija de una simplicidad infantil. Considrese que toda la gracia del espectculo consiste en que nos digan ante centenares de personas lo que estamos aburridos de oir en reducidos grupos. La novedad no est en lo que omos, sino en oirlo delante de mucha gente. Ya sabemos lo que ha de parecemos nosotros; la picarda est en averiguar lo que les parecer los dems. Obsrvese al espectador durante la representacin de una de estas obras inmorales. Ms que la escena, atiende al pblico. No dir nunca: Cmo me he redo!, sino: Cmo se rean! El efecto cmico de este gnero es el mismo que se logra en ctedra en el saln de sesiones con un chiste malo que en los claustros en el saln de conferencias no tendra maldita la gracia. Previa censura? Voto en contra. En Espaa estara supeditada todo gnero de pasioncillas, caprichos y arbitrariedades, sin contar con la influencia de los cambios polticos. Y no sera la censura conservadora la ms temible. Sabido es que los liberales son los que aqu se toman mayores confianzas con las libertades. Hay una solucin productiva. Este gnero alegre no es ms nocivo que el juego. Por qu no gravarle con un impuesto especial? Es el mejor partido que puede sacarse de todo lo malo. Ay! Menos de los malos Gobiernos! XXI Las nicas cartas annimas insultantes que recibo proceden de furiosos aficionados toros, cuando me permito atacar la sublime fiesta. Como el blanco de mis tiros, ms que la fiesta misma, ha sido siempre su pblico, claro est que esas cartas llenas de improperios vienen confirmar lo que pienso respecto los furibundos aficionados toros. Escriben como van la Plaza. Son ellos, los mismos, los de las almohadillas al redondel y los insultos los lidiadores que arriesgan su vida, y slo por esto, ya merecen el mayor respeto. En justa compensacin recibo otras muchas cartas que bastaran sostenerme en mi empeo, si yo lo tuviera en combatir contra las corridas de toros. Pero siempre he juzgado ineficaz toda predicacin destructora. En la vida no se destruye nada. Las cosas desaparecen por s solas cuando deben desaparecer. Es decir, cuando se ha edificado lo que debe sustituirlas. No es la labor negativa de clamar contra las corridas de toros lo que puede ser provechosa, sino la paciente labor de promover en las gentes ms nobles aficiones. Entre las cartas agradables recibo una, firmada por un madrileo, solicitando mi atencin sobre un nio, verdadero fenmeno; as dice, con razn, la carta. Ese nio, fenmeno en Espaa, se halla en el Asilo de la Paloma, quiere y cuida los pajarillos y ha llegado inspirarles su vez tal cario que, cuando sale por los patios y jardines, le siguen en bandadas, se posan confiados en sus manos y sobre sus hombros y, su modo, le saludan y le agasajan. Esto, que en otras partes del extranjero es cosa corriente; que en las vidas de santos, como San Francisco de Ass y San Antonio de Padua, pasa por milagroso; que Murillo juzg como suprema bondad infantil, al mostrarnos en su cuadro de _La Sagrada Familia_, conocida por la del pajarillo, al nio Jess en actitud de defender un pjaro del gozquezuelo que le espanta con sus ladridos, en un nio espaol es ms que milagroso por lo inaudito. Cuntas veces he visto con pena, porque pensaba en los nios y en los pjaros de Espaa, en paseos y jardines de Pars los nios rodeados de pjaros. Los pjaros eran como los nuestros. Eran los nios los que no eran iguales! Aqu el nio es el enemigo, el hostigador; all era el buen amiguito, el esperado con impaciencia. Y nada excede en poesa la realidad cuando compone estos cuadros. Cuando el arte, al imaginarlos, no pudo inspirarse en ella, nos parece arte falso y sensiblero. Nuestro arte, si quiere ser realista, por fuerza ha de ser duro y seco. Dnde estn las inspiraciones de dulzura en nuestra realidad? Los que no sentimos la poesa de lo violento, no hemos de agradecer ese nio su inspiracin piadosa? No habr quien le premie por ella? No ha de merecer la atencin que no le hubiera faltado de ser un precoz criminal? El nombre de ese nio es Francisco Pancorbo, como dije, asilado en la Paloma. Los amantes de los nios, no harn algo en favor de ese nio bueno? No estara bien que se anticiparan los protectores de los pjaros recompensarle. * * * * * Cuando la poltica apesta--y nunca apesta como al convertir en cuestin poltica la que debiera ser cuestin nacional,--el nico desinfectante eficativo es volver los ojos otras manifestaciones de la actividad: las corrientes aguas, donde va la vida espaola por ms ancho cauce. Si atendiramos slo al saln de sesiones del Congreso! Si todo fuera como la poltica en Espaa! Por fortuna, fuera de ella, despecho de ella, casi siempre se trabaja, se camina y se progresa. Siempre que nos sorprende alguna novedad agradable es algo que no se ha discutido en las Cortes que pas por ellas en silencio, en un rengln de los presupuestos; esos presupuestos que nadie discute, cuya enunciacin basta para despejar la Cmara de diputados y de curiosos. La admirable instalacin de telegrafa sin hilos, en Carabanchel Alto, es una de estas gratas novedades confortadoras. Por qu nuestros modernos poetas, tan desmayados y luctuosos, por regla general, no cantan estas cosas? Son menos interesantes que los parterres de Versalles? Hay para dar razn los futuristas, con todas sus exageraciones. Yo os aseguro que la instalacin de telegrafa sin hilos de Carabanchel Alto bien merece una oda. El invento pertenece la Humanidad. Admira y deslumbra nuestra inteligencia. Pero aquella instalacin es nuestra, es de Espaa; halaga y conforta el corazn. Y espaoles, soldados de su ejrcito, son los sargentos inteligentes, modestos, que all prestan servicio y han recibido ofertas tentadoras de empresas extranjeras de navegacin y prefieren servir su patria: esta patria que no suele ser muy esplndida con los que trabajan por ella; porque los que trabajan no intervienen en los presupuestos, y los que intervienen... no trabajan. XXII Tres muertos ilustres cuenta la crnica en estos das: Massenet, el general Booth, y, el ms grave de todos, Muley Hafid. El msico francs no ha tenido su fallecimiento la Prensa que poda esperarse de su popularidad en vida. No es que la Prensa francesa y, por reflejo, la europea le haya escatimado las necrologas; pero los elogios han sido tmidos. Desde que un aristocratismo intelectual y artstico ha sentado como criterio fundamental en sus juicios la razn inversa del mrito con el aplauso pblico, es preciso blasonar de independiente y despreocupado para atreverse celebrar lo que todos celebran. Por donde sucede que, cuando una obra empieza ser aplaudida, es cuando empezamos dudar de que merezca serlo. Ah! Si las obras de Massenet no hubieran sido tan del gusto pblico! Si Massenet hubiera muerto obscuro y postergado como Bizet! Yo no digo que Massenet fuera uno de esos genios musicales definitivos en una poca; pero supo agradar y agradar por mucho tiempo los que aun piensan sienten que la msica no es una tabla de logaritmos. Al fin y al cabo, genios, lo que se dice genios musicales, cuntos han sido? Por los dedos de una mano pueden contarse. Y algunos de ellos muy discutidos por los grandes inteligentes. Por ejemplo, Bach, de quien yo he odo decir perreras personas de muy buen gusto musical. Yo no entro ni salgo, ni juzgo de msica ms que por sentimiento. A m la msica de Bach me suena capilla protestante, que es para m el sonido ms antiptico que puede tener msica en el mundo. A otro gran msico, Csar Franck, tambin se le cedo ustedes por una friolera. Me parece un filsofo de esos que pretenden explicar por razonamientos cosas pertenecientes la emocin ntima; conciliadores entre la Ciencia y la Fe, que no concilian nada. Por todo esto, bien mereca Massenet elogio ms fervoroso de la crtica. Es que slo puede haber dioses mayores? En Madrid slo hemos odo tres peras de Massenet: _El rey de Lahore_, _Manon_ y _Werther_. La primera es de las ms endebles. Obra estrenada en la Opera de Pars, confiado el xito al aparato escnico, la esplndida figura de la Reske y la hermosa voz del bartono Lasalle. _Manon_, mutilada con supresiones importantes, no tuvo al estrenarse en Madrid favorable acogida. Hasta que no fu cantada por Anselmi, y despus por Anselmi y la Storchio, no logr el aprecio del pblico. El estreno de _Werther_ tambin fu desgraciado. Batistini, primero, luego, Anselmi, consiguieron rehabilitarla. Massenet lo intent todo, con desigual desempeo, pero con laudable propsito siempre. Soaba con hacer grande, y, como tantos otros, slo consigui triunfar cuando menos se preocupaba por el triunfo. Vanidad del artista! En sus obras siempre prevalece un sentido inconciente que est sobre los cinco sentidos puestos por el artista en su obra. En las peras de Massenet hay variedad de asuntos y de estilos. Historias de amor en _Manon_ y en _Werther_; el cuento de hadas en _La Cenicienta_; el poema lrico en _Don Quijote_; en _Esclarmonda_ la mstica leyenda; en _Lohengrin_ hembra, donde Massenet aspir Wagner y fu su aspiracin dulce suspiro de enamorado ms que de creyente. La crtica hostil llamaba Massenet el msico de las _cocottes_. Ya es algo ser el msico de alguien; porque quin no tiene algo de todo sus horas? Slo los espritus superiores son siempre ellos mismos, que es ser muy poca cosa. Los dems, poco que soltemos las riendas, ya nos interesamos con las peripecias de un melodrama como la _Margot_ de Musset--vive le mlodrame o Margot a pleur!,--ya relinchamos como sementales rijosos ante un tablado de tangos y garrotines, ya, como sencillas _cocottes_, nos emocionamos con las chuleras Luis XV de Manon y de su caballero, puestas en msica absolutoria por un msico amable y francs. El general Booth, el admirable fundador del Ejrcito de Salvacin, slo hubiera podido salir adelante con su obra en Inglaterra. Slo en Inglaterra poda salvarse el peligro ms terrible de su empresa: el ridculo. Qu hubiramos hecho en Espaa con un general Booth? Qu hubieran hecho en Francia? Slo en Inglaterra es posible predicar el Evangelio al son de una murga, entre una estrafalaria mascarada, y slo all es posible sobreponer la intencin de la obra los procedimientos hasta ser considerado por los Poderes pblicos y colaborador suyo en ocasiones difciles. Todava, al contemplar el retrato del difunto general, publicado en casi todos los peridicos ilustrados del mundo, una sonrisa de escepticismo se disimula apenas en labios latinos. Era un santo? Era un vividor? Un grande hombre? Un chiflado? Ah! Cuntas buenas obras como la del general Booth se habrn malogrado en el mundo por temor que todos pregunten: Quin es el hombre? Y cuntas veces el hombre no puede dar mejor razn de s que sus obras! Nos da Dios, con ser Dios, otra razn de su existencia? XXIII Para la prxima temporada teatral la direccin artstica del teatro Espaol anuncia obras de casi todos los autores militantes y otras de autores noveles en el teatro, pero no tan desconocidos que sea aventurado esperar mucho y bueno de sus obras. Un nombre falta en la lista, un nombre que est sobre todos, el del propio director artstico: el de don Benito Prez Galds. Por delicadeza, estimada por todos en cuanto significa, pero inatendible en esta ocasin, don Benito se niega estrenar obra suya y que sean representadas las de su repertorio; y eso no debe ser. Cuando, por causas de enojosa explicacin, las obras y el nombre de don Benito Prez Galds no figuran en teatros de importancia, y, por dificultades de interpretacin, no pueden ser representadas como ellas merecen en teatros de segundo orden, el teatro Espaol es el nico que puede ofrecerlas digno escenario. Habr un solo autor de los que tienen obras anunciadas que pueda mirar con recelo la representacin de las obras de don Benito? Todo lo contrario; yo creo que todos se apresurarn firmar una solicitud pidindole que vuelva de su acuerdo. Una campaa de Arte independiente, popular, como debe ser la que en el teatro Espaol se emprenda en esta temporada, con actores de juveniles alientos como Matilde Moreno y Francisco Fuentes, no sera completa si faltaran las obras del maestro glorioso de la novela y del teatro contemporneo. Con palabras de _Un drama nuevo_ yo, soldado de fila, me atrevo dirigirme al maestro de todos para decirle: Sed nuestro general: conducidnos la victoria. * * * * * Ni en costumbres, ni en leyes, ni en poltica, en nada se muestra Francia tan republicana como en el arte de poner en ridculo cuantos reyes y soberanos, en activo pasivo, transeuntes residentes, caen en ella. No son, por cierto, reyes y prncipes modernos hroes de tragedia; mas si alguno lo fuera, al llegar Francia quedara convertido en caricatura de opereta. Francia es la Dalila capaz de tomar la cabellera al ms fuerte Sansn. Ved Muley Hafid, el sultn esperanza de los creyentes, el que fu proclamado por ellos como restaurador del espritu nacional y religioso, contra su hermano, el dbil, el descredo, el europeo. Nada pudo contra los invasores de su Imperio; pero todava, en el recogimiento de su palacio, podamos suponerle, como Prometeo encadenado, ms alto y ms noble en su vencimiento que el vencedor injusto. Estaba escrito! Pero ahora, al permitir que se traduzca al francs--al francs de Montmartre!--lo que el Destino escribi en rabe, ha perdido hasta el derecho la compasin. Es un triste len de feria, amaestrado como un perro. Lastimosas fueron las femeniles lgrimas del ltimo rey moro de Granada; pero aun han podido hallar piadosa acogida en la leyenda y en el poema. Para Muley Hafid slo queda la musa bulevardesca del caf-concierto y de las revistas del ao. Olvidado en el ltimo rincn de su Imperio, pudo ser una figura trgica digna de ser representada en tiempos futuros por algn Monnet-Sully del porvenir, en Pars mismo, en la escena del teatro Francs. As, no habr clown que no le remede y ridiculice por circos y tablados. Al ofrecerle Francia las libertades de su Repblica ha sido ms cruel que si le hubiera encerrado en una jaula del Jardn de Plantas. Su libertad es el ridculo. Y qu hace en Pars el sultn cado que no hiciera en su Imperio? Lo mismo: satisfacer todos sus deseos; pero lo que all parecan voluntades de un Dios, aqu parecen caprichos de nio de loco. * * * * * Nuestro aislamiento de la poltica internacional no era, ciertamente, el esplndido aislamiento de que blasonaba Inglaterra al saberse odiado de todos, pero, al fin, temida, en tiempos no muy lejanos. Ahora, segn noticias, nos disponemos entrar en alianzas; esas alianzas polticas en abstracto, que significan muy poco en concreto. Francia, Espaa, Inglaterra, Rusia! Est muy bien; no puede sonar mejor. Pero... y los franceses, los espaoles, los ingleses y los rusos? Formidable alianza si fuera siquiera por conveniencia de todos, ya que de amor no hay para qu hablar en estos matrimonios internacionales. Cmo se reir Alemania! Si es que las abstracciones pueden reirse como pueden aliarse. La alianza es preciosa; pero qu apostamos que, salvo entre Francia y Rusia, hay muy pronto que lamentar algn _coup de canif_, como dicen los franceses, en el contrato matrimonial? Pese quien pese, Inglaterra y Alemania estn llamadas entenderse; y en cuanto Francia y Espaa... Al buen callar llaman Sancho; pero bueno sera que le llamramos Don Quijote. XXIV Como en todos los veranos, las capeas han originado conflictos por esos pueblos. La autoridad gubernativa las prohibe, la autoridad de los alcaldes es insuficiente para imponer la prohibicin. Los mozos se amotinan; la intervencin de la Guardia civil ocasionara mayor conflicto. Qu han de hacer los alcaldes? Dejar que los mozos se salgan con la suya. Es mucho salvajismo el de los pueblos!, se dice. No es ms del que se ha cultivado en ellos. Si para ellos no hay otra fiesta ms que la capea, y, suprimida, no les queda otra diversin! Pero, aunque otra cosa crean los que por comodidad desidia declaran al pueblo ineducable, es tan fcil su educacin! Buen ejemplo es un humilde lugar de la provincia de Toledo: Aldeaencabo de Escalona. Por la fiesta del Santo Patrn era inevitable la capea. Verdad es que la capea quedaba reducido todo el festejo. En este ao se acord organizar una funcin teatral, hubo unas cucaas, unas carreras en sacos, unos fuegos artificiales y nadie ech de menos la capea y nadie protest contra su prohibicin. Para ello ha bastado con muy poco: con la autoridad de un sacerdote ejemplar, con la influencia educadora de un maestro, con la buena voluntad de algunos vecinos, y la fiesta se ha celebrado satisfaccin de todos, modelo de orden y de cultura. Con muy poco gasto y menor esfuerzo se conseguira lo mismo en todos los lugares de Espaa. El paisaje de Espaa es como su espritu: hosco, spero. Pongamos dulzura en los paisajes y en las almas. No escuchemos la voz egosta de esos enamorados de lo caracterstico, de lo pintoresco. Son los que se asoman al campo y pasan de largo, sin dejar su paso amor ni bondad. El amor al paisaje por el paisaje es como el amor los animales: una forma del egosmo, de la misantropa. Los paisajes y los animales no dan disgustos como las personas. Estos _dilettanti_ de lo pintoresco se complacen en la rudeza de los campesinos. Para lo que han de estar entre ellos! Que se instruyen? Qu lstima! Que pierden carcter? Qu profanacin! Hasta el da de la pedrada del garrotazo de la coz, que todo llega... No hay derecho mantener, en nombre de lo pintoresco, la ignorancia, el atraso, que nunca son bondad, aunque puedan parecer sencillez. Dulcifiquemos, dulcifiquemos, sin temor que la dulzura desvirte la virilidad. Los pueblos de vida amable sern siempre ms ardorosos defensores de su independencia que los pueblos de vida ingrata, atormentada. Slo entre los descontentos nacen los traidores. Es preciso una gran virtud para amar una patria en que nada es amable. El seor Canalejas, que tan gubernamentalmente ha tronado contra los inadaptados, debiera darse una vueltecita por algunos lugares de Espaa; y lo que haba de admirarle entonces sera... que hubiera tantos adaptados lo inadaptable. * * * * * Sarah Bernhardt celebra sus bodas de oro teatrales. Cincuenta aos de teatro! Y todava su arte extraordinario, nico en la historia de la escena, logra sobreponerse los ultrajes del tiempo. Verdad es que nunca el espritu se sirvi de medios tan inmateriales de expresin material como en la divina artista. El cuerpo de Sarah nunca tuvo edad; su voz no fu nunca de humano timbre. No era la voz que se oye; era la voz con que se suea. Era como la luz musical del pensamiento. Y la noble armona de sus actitudes! No hubo sensacin fugitiva que no se consagrara en ella, como en escultura, para la inmortalidad. Pars, escptico adorador de sus dioses, ya sonre ante los cincuenta aos escnicos de la actriz bisabuela; pero sonre carioso y admirado. Sarah, con muy buen acuerdo, ha ido celebrar sus cincuenta aos de teatro Inglaterra. Los ingleses saben admirarla sin escepticismo. La juventud espiritual de Sarah es para ellos tan respetable como la propia juventud de la vieja Inglaterra. Un milagro de voluntad, si al decir voluntad cabe decir milagro. Esa gloriosa vida de arte supone una tensin constante de espritu sin un desfallecimiento, sin una desconfianza en las propias fuerzas. Sarah slo ha vivido para su arte; el arte ha correspondido, generoso, tanta fidelidad. * * * * * En las fiestas de Salamanca he podido apreciar los tristes efectos del _absentismo_. De las casas grandes, de linajuda nobleza, cuyas ms saneadas rentas de Salamanca proceden, muy contadas han sido las que contribuyeron al lucimiento de las fiestas. Y digo yo, y decan muchos: Qu mejor ocasin para un acto de presencia? Son das en que los humildes, no slo miran sin odio el lujo de los seores, sino que lo agradecen y lo admiran como un esplendor ms de la fiesta. Son das de acortar distancias y de suavizar asperezas. Las hermosas muchachas premiadas en el Concurso de belleza, las que vistieron los trajes clsicos de charra, tuvieron que pasear por la poblacin en deslucidos coches de alquiler. Para cundo guardan los grandes seores de la provincia sus trenes de gala? En la escolta de charros montaraces, que dieron guardia de honor los prncipes de Baviera, faltaron los de casas muy principales. Buen ejemplo para los de abajo! Luego se quejarn del desamor de los humildes! Pues qu!, hacen algo por merecer su amor su respeto? Hay altas posiciones sociales que imponen muy altos deberes. No es de los ms penosos el de dejar, por unos das de fiesta en la provincia, alguna playa balneario del extranjero, donde, sin pensar, se va en la ruleta del Casino lo mejor de las rentas solariegas. Los grandes seores han olvidado el arte de agradar, que, claro est, no es ms que el arte de saber aburrirse. Pero ese arte es un deber de la nobleza y del dinero. Y es un deber que est tan compensado! Siempre que procuramos agradar acabamos por ser agradables; y... cuando se es agradable, se est ms divertido que nunca. XXV Bien pudiera algn predicador haber repetido las exclamaciones famosas de Bossuet, en los funerales de una princesa de Francia: Madame se meurt!... Madame est morte! Las que pusieron espanto en aquel auditorio de prncipes y grandes seores de la Corte, al considerar cmo, en el breve espacio de dos exclamaciones, aun no vista llegar, pas la Muerte. La Muerte niveladora, y, por serlo, el ms cierto resplandor de la ideal Justicia sobre la tierra; el ms seguro anticipo suyo para otra eterna vida. La Muerte, de quien otro poeta francs dijo: Et les gardes qui veillent aux barrires du Louvre, n'en defendent pas nos rois. Y triste actualidad recobran tambin los versos de Cervantes la sbita muerte de la reina Isabel de Valois: Cuando dejaba la guerra libre ya el hispano suelo, en un repentino vuelo, la mejor flor de la tierra se fu trasplantada al cielo. Y al cortarla de la rama el mortfero accidente, fu tan oculto la gente, como el que no ve la llama hasta despus que la siente. Los poetas de ahora temen ser tildados de cortesanos, y, slo cuando se trata de lisonjear las malas pasiones de los de abajo, no se juzgan aduladores. As, los poetas no cantarn la buena memoria de la infanta Mara Teresa. Ni es necesario: estas vidas sencillas, de bondad, de recogimiento, parece como si se profanaran con altisonancias ditirmbicas. En el abultado libro de la Historia, sobre el trompeteo de las grandes hazaas blicas y de las intrincadas empresas polticas, estas vidas han de ser como flor guardada entre las hojas del libro: una meditacin, un silencio entre el barullo de tantas grandes y de tantas malas acciones, que son la Historia y son la vida... Ni aun sientan bien ponderaciones cortesanas por el dolor que su muerte causara los suyos. Para qu decirnos que las tristezas de los grandes de la tierra son excepcionales como su grandeza? No estar nuestra mayor simpata en saber que son iguales las nuestras? El dolor de la madre? No digis las madres que es un dolor de reina; decidles que es el dolor de todas las madres, y cmo no han de comprenderlo? Ved cmo la Religin cristiana, al divinizar el dolor de Cristo, humaniz el dolor de la Virgen madre; porque divinizado hubiera dejado de ser dolor, al gloriarse en la gloria del Hijo. Ni es bien poner distancias ante el dolor que todos iguala. Ofrezcan, con grandeza de alma, los grandes de la tierra sus dolores, como sacrificio aplacador de odios y envidias. Nunca como en la Cruz comprendi Dios la Humanidad; porque en la Cruz est ms cerca de nosotros. * * * * * Cuando se estudia con serenidad algn problema econmico, hay que decir como aquel personaje de una comedia: A quin se engaa aqu? Esto es: Quin se lleva aqu el dinero? Porque oye usted los patronos, y no es porque lo digan ellos, les ajusta usted las cuentas y no puede usted por menos de darles la razn. Ellos no se llevan el dinero. Oye usted al trabajador, al obrero, y la razn les sobra: no pueden vivir. Y oye usted todo el mundo, y el dinero no parece por ninguna parte. El propietario de fincas, ya rsticas, ya urbanas, obtiene un menguado inters de su capital, y el arrendatario y el inquilino dicen que ya no pueden con la renta. El industrial se queja del comerciante, el comerciante del industrial, y el comprador de todos. Todo el mundo est mal servido y nadie est contento. Y, no obstante, esto es lo que llaman orden social y esto es lo que, segn dicen, hay que sostener toda costa. No valdra la pena de hacer algn ensayito para cambiarlo todo? Aunque fuera en seco; esto es, sin guillotina ni tiroteo por las calles; un ensayo en buena armona, puesto que nadie est gusto y todos se quejan. Y si viniera resultar, como es de temer, que el verdadero tenedor del dinero de todos es el Estado, con impuestos desproporcionados, insoportables para el pas, que el Estado se encargue de todo y con dos suculentos ranchos al da nos alimente todos. Y no nos asustemos del socialismo, cuando la actual organizacin social no es otra cosa: un socialismo con mala administracin. * * * * * Caricatura veraniega (sin dibujo y fuera de Concurso). En el Casino: --Qu le pasa Juanito? Tiene una cara! --Que le han dejado sin una peseta. --S? Cunto ha perdido? --Pues eso: una peseta. XXVI Cuando un madrileo, en cualquier esfera social, ha llegado ocupar un puesto, alto bajo, ya puede asegurarse que se lo ha ganado por su propio esfuerzo. Al madrileo no le gusta deber nada nadie. Por eso, aun de la clase ms humilde, prefiere los oficios independientes, en los que menos haya que obedecer y ser mandado. As es muy raro hallar un madrileo dedicado al servicio domstico, y si, por razn de sus ocupaciones, depende de algn patrn, maestro jefe, todo se conseguir del madrileo por la razn persuasiva por el ruego amable; nada por el mandato indiscutible, ni por el rigor spero. El madrileo no tiene cacique quien pedir recomendaciones; no trata, ni siquiera conoce, sus diputados; no tiene colonia que le proteja le obsequie. Por todas estas consideraciones, yo, que he perdido en absoluto mi aficin los toros, siento muy viva simpata por el torero madrileo Vicente Pastor y celebro su triunfo en la ltima corrida. Lo celebro con doble satisfaccin, porque, aunque me est mal el decirlo, entiendo de toros una barbaridad y no soy de los admiradores del da siguiente. Cuando Vicente Pastor, en sus aos de desgracia, que fueron ms de los debidos, y apuntados van su condicin de madrileo, andaba aperreado por esas Plazas, y en la madrilea sobre todo; favorecido por los empresarios con todo el ganado de peor lidia, toros cornalones, resabiados, mansos perdidos, nunca dej de ver y de apreciar en l lo que ms tarde apreciaron muchos como un descubrimiento: que Vicente Pastor es de los pocos toreros que saben para lo que sirve la muleta; de los pocos que paran y castigan. Y vaya si ha bregado Vicente Pastor hasta colocarse en el lugar que le corresponde! Nadie dir que lo ha robado. Los toreros madrileos luchan siempre con grandes desventajas. Por la mayor baratura y facilidad de conduccin, en las novilladas les sueltan, por lo regular, ganado de la tierra que, si escogido para corridas de toros, es siempre ms duro y ms dificultoso que el ganado andaluz, que ser en novilladas, donde todo boyancn es de recibo. Hechos torear mansos, al tomar la alternativa y encontrarse con toros ligeros y bravos, los toreros madrileos andan de primeras torpes y desmaados. Al contrario de lo que suele sucederles los fenmenos novilleriles de Andaluca, que, acostumbrados torear all toritos fciles y ligeros, al primer toro de la tierra que ven asomar por los toriles andan de cabeza y se acab el fenmeno. Con Vicente Pastor hicieron horrores las empresas. Recuerdo una corrida de novillos, con lucha entre un len y un toro como amenidad de mayor atractivo, y en ella Vicente Pastor hubo de torear con el estorbo de una gran jaula en medio del redondel; y por si esto no bastara, como despus de la lucha no hubo medio de sacar al toro de la jaula, el presidente orden la salida del toro de lidia, el cual, naturalmente, tom la querencia de su compaero y semejante, y as hubiera tenido que torearle y que matarle Vicente Pastor si la protesta unnime del pblico no hubiera obligado al presidente disponer la retirada del toro enjaulado. Luego se espantan los empresarios si los toreros, cuando llega la suya, tienen exigencias. Vicente Pastor no ha llegado por intrigas; no, ciertamente. Bien puede estar orgulloso de ello; ha llegado, como buen madrileo, sin deber nada nadie. Y hoy habr toreros ms vistosos, ms bonitos, ms alegres; pero lo nico verdad, lo nico serio, el nico toreo de buena ley que se ve en las Plazas es el de Vicente Pastor, el madrileo. * * * * * El Hotel Palace se levanta soberbio como un gran transatlntico. Aquel trozo de Madrid, de tan seorial aspecto cuando los tres linajudos palacios, de Medinaceli, del Infantado y de Vistahermosa, eran todo un casero; tan desolado, cuando el inmenso solar del primero de dichos palacios llenaba de obscuridad y de tristeza aquella parte de Madrid; hoy, con el gran hotel la moderna, ha cobrado un aire cosmopolita, de playa de balneario la moda, con su Casino resplandeciente de luces, bullicioso de multitud pasajera, con su msica bailable y su ejrcito de servidores. Con el hotel Ritz y el Palace ya cuenta Madrid con dos hoteles europeos. Quizs los precios sean ms asiticos que europeos y, por este lado, el problema de los alojamientos en Madrid no se haya resuelto con arreglo la capacidad espaola. Es de esperar que los europeos y los americanos nos sostendrn estos lujos, que para nosotros solos seran excesivos. Ya no hay pretexto para no venir Madrid. Y, en verdad, ahora que tanto se habla del turismo y tendremos en Madrid un Congreso para discutir cuanto al turismo se refiere, todo el problema es este: No acuden los turistas Espaa por falta de buenos hoteles, no hay buenos hoteles en Espaa por falta de turistas? Problema biolgico: Es la funcin la que crea el rgano el rgano la funcin? De cualquier modo, hay mucho que agradecer los que as arriesgan su dinero en el rgano, anticipndose la funcin. El viajero de raza no retrocede ante las incomodidades; pero el viajero de raza es poco productivo; suele viajar pie y sin dinero. Al viajero _snob_, que es el ms provechoso, hay que atraerle con mucho mimo y cultivarle con todo regalo. Una catedral gtica, las ruinas de un castillo son admirables despus de una buena comida en un buen hotel. Tan admirables, que algn viajero que slo vena por admirar la catedral las ruinas, deja de visitarlas por el gusto de volver un hotel donde tan bien se come. Porque si es verdad que un cuadro de Velzquez compensa de una mala fonda, tambin es verdad que una buena fonda compensa de no ver el cuadro. XXVII A los que se inquietan por mis obras futuras, los que suponen mi entrada en la Academia como una abdicacin de mi independencia, puedo asegurarles que no reniego de una sola de mis obras ni renegar nunca; ellas son toda mi vida, y unas mejores, otras peores, todas responden un estado espiritual. Ni de las culpas ni de los errores debe renegarse cuando no se ha perdido en ellos nuestra conciencia, antes nos han servido de provechosa enseanza. Nuestra vida no se gobierna por ideas, sino por sentimientos. Nadie se asimila las ideas que no apetece, como nadie se alimenta de lo que no le gusta, salvo en caso de necesidad extrema. Por fortuna, yo no me he visto precisado comer de ideas que me repugnaran. Es aventurado jurar sobre nuestro estmago mucho ms que jurar sobre nuestra conciencia; pero me creo capaz de haberme dejado morir de hambre. Mas, si alguna vez me hubiera visto en esa extremidad, como el miserable boticario de _Romeo y Julieta_, hubiera dicho: Mi necesidad es la que delinque; no mi conciencia. De que son las ideas las que se coloran de nuestros sentimientos, es buena prueba la idea religiosa. Ninguna parece ms fija, ms determinada; parece que todos los creyentes haba de unificar en una misma accin, encaminada al mismo fin; no obstante, unos prefieren la vida contemplativa; otros, se consagran obras de caridad con fervor activsimo; otros, la propaganda batalladora; todos creen seguir una idea, y lo que siguen es las naturales inclinaciones de su corazn. Lo mismo en Arte; si por ideas escribiramos, diramos siempre lo mismo y diramos una misma tontera siempre. Que nuestro arte sea espontneo, como juego de nios, expresin de vida y de fuerza y de natural esparcimiento; despus, nuestro arte, como los juegos tambin, ir ordenndose con cierto ritmo, y lo que fu primero actividad ser luego belleza y al fin ser bondad. No habr sido as la creacin, como una obra de arte, como un juego de nios; expresin de una fuerza que, por ser fuerza, es bella y por ser bella es al fin buena? Actividad, Inteligencia, Bienaventuranza: el Tamas, Rajas y Gattva de la Teosofa india, en que Dios dice al hombre: T eres yo mismo, mi imagen y mi sombra; yo me he revestido de ti y t eres mi vehculo, hasta el da sea con nosotros! en que volvers ser yo mismo y los dems t mismo y yo. De donde se deduce que en la vida universal, como en la vida de cada uno de nosotros, todo es armona y no hay para qu maldecir de las disonancias. * * * * * Sera falsa modestia hacerme el desentendido. Amigos cariosos pretenden obsequiarme y, con el mejor deseo, acaso no aciertan con el obsequio de mi gusto. Queris saber lo que ms pudiera satisfacerme? Nada de banquetes, nada de exhibiciones; podis suponer que por grande que fuera mi vanidad personal, estara ya bien satisfecha. Empieza el invierno; hay una obra meritoria que no consigue prosperar, en lucha con la indiferencia: la obra del Desayuno Escolar. Yo os agradecera con toda mi alma que ese fuera el obsequio: contribuir ella en lo que habais de contribuir obsequiarme en otra forma. A todos nos quedara mejor recuerdo; la buena obra del Desayuno Escolar, atendida, ser el mejor obsequio para m y un obsequio ms duradero en el corazn de todos los que nos unamos en el amor los nios. Si me creis capaz de una gran vanidad, permitidme que me envanezca de este modo; si me estimis lo bastante para creer que llevo ms alto el corazn que la inteligencia, ya que por amigos os estimo ms que por admiradores, sea el obsequio de corazn corazn. As el da que me sienta vanidoso, podr decir: Gracias mi talento, he procurado el desayuno muchos pobres nios! Y el da que me sienta modesto, por lo menos tendr el consuelo de pensar: Yo no tendr mucho talento; pero los pobres nios de las escuelas tienen su buen desayuno en las maanas del invierno! De suerte que ya lo sabis: con este obsequio no me obsequiais para un da solo, que sera de vanidad; me obsequiais para muchos das: unos, de vanidad; otros, de modestia, que all se van alternados, como los das tristes y los alegres; pero todos son buenos cuando sobre su variable temperanza ponemos algo que est sobre nosotros mismos, sobre nuestras arrogancias nuestros desalientos. XXVIII Siento molestar mis lectores con asunto referente en parte mi persona, aunque, por tratarse de una obra buena, tenga ya ms alto inters para todos. Pero debo satisfaccin cuantos han respondido generosos, y es justo que responda la gratitud en donde mismo se elev el ruego. De todas partes llegan m ofrecimientos en favor del Desayuno Escolar y tambin importantes donativos. Gracias todos. A Rosario Pino, la insigne actriz, que ofrece el producto ntegro de la funcin inaugural de su temporada en Valladolid. Y, en este caso, yo me atrevo solicitar de Rosario Pino que la mitad del ingreso se destine La Gota de Leche, institucin fundada en Valladolid. Del mismo modo, cuantos beneficios se den en teatros de provincias deben repartirse entre la institucin madrilea y alguna que, con el mismo fin de proteccin la infancia, exista en la provincia. La empresa del teatro Espaol y, al frente de ella, Matilde Moreno, la gran artista de todas las delicadezas, se apresuraba ceder el ingreso de otra funcin que ha sido aplazada ruegos de la Comisin organizadora de estos beneficios. El Crculo de Bellas Artes me anuncia en carta de su presidente, don Alberto Aguilera, que destina la cantidad de 1.000 pesetas para el Desayuno escolar. El primer actor don Luis Echaide me ha entregado la cantidad de 500 pesetas, importe total de su sueldo durante los das en que ha actuado en el teatro Espaol. Luis Echaide no quera cobrar dichas funciones y slo ha aceptado el cobro con la idea de ofrecerme esa cantidad. En carta que firma Un admirador me envan 25 pesetas; don Santiago Aragn, otras 25; el seor Gazul, de Llerena, otras 25; el seor Sabito, de Infiesto, 7,50. Muchas gracias todos. Ahora yo suplico los que me anuncian el envo de otros donativos y los que me preguntan quin han de enviarlos, esperen por unos das hasta que pueda organizarse convenientemente. Yo tengo sobradas ocupaciones para entender en esto. Muchas son tambin las solicitudes para que se atienda otras instituciones benficas, todas muy laudables y muy dignas de ser atendidas; pero como atender todas es imposible, preferible es atender una sola con resultado. Una hay, sin embargo, que yo crea identificada con el Desayuno escolar, y aunque no sea una misma en la organizacin, identificada est en el propsito. Es la institucin de las Cantinas Escolares. Como todo hace esperar que la recaudacin ha de ser importante, bien puede repartirse el ingreso entre las dos benficas instituciones, ya que las dos realizan la misma buena obra y mal puede haber divisin ni rivalidad entre ellas. De todas suertes, como el ofrecimiento primero fu al Desayuno escolar, no he de ser yo quien decida; apelo la generosidad de los seores organizadores de esta ltima institucin, y creo que no apelar en vano. * * * * * Entre los acuerdos de la Comisin reunida para festejarme hay uno con el que no puedo estar conforme, y perdone la respetable Comisin. Todo cuanto redunde en beneficio de los pobres nios me parece de perlas, aunque sea costa de mi exhibicin personal. Pero la idea de erigirme un monumento, por sencilla que sea, tendr siempre mi oposicin ms decidida. Soy enemigo de esos homenajes en vida, mucho ms si la vida, por desgracia por dicha, aun no toca su acabamiento. Yo no s si habr ya escrito mis mejores obras; pero s que aun puedo escribir las peores. Esos homenajes esculturales que, por serlo, tienen algo de funerarios, slo pueden discernirlos con serenidad las generaciones futuras. Qu sabemos lo que pensarn los que vengan de nuestras obras? Pesa mucha literatura sobre la Humanidad y de cada vez se impondr una seleccin ms depurada. Necesitan estos monumentos, adems, para su contemplacin gentes desapasionadas; pero mientras vivimos entre amigos y entre enemigos personales, quin sabr decirnos dnde acaba la pasin y dnde empieza el conocimiento? No, por Dios; nada de monumentos: todo para los nios pobres. Y otra vez pido perdn mis lectores por haberles hablado de m; vaya en gracia de la intencin. XXIX Aquellas guerras de los cien aos, de los treinta aos, tan molestas para los estudiantes de Historia Universal, ya no seran posibles. Las guerras de ahora tienen la ventaja de la brevedad. Mueren en ellas ms hombres que en las antiguas; pero mueren ms pronto. Puede ponderarse su corta duracin con las mismas expresivas frases de cierto predicador, al considerar la rapidez de los deleites carnales: Por qu os condenis, hermanos? Si fuera asunto de una hora... Qu digo de una hora? Si fuera asunto de cinco minutos... Pero, no; zs, zs, zs, y ya estis en el infierno! Por fortuna, las guerras modernas son un lujo muy costoso. Lo nico barato en ellas, por eso es lo nico que puede derrocharse, es el factor hombre. Un soldado, con su racin y todo, vale bastante menos que los cartuchos por l disparados. Esta baratura del factor hombre es consecuencia del poco coste de produccin. En esta guerra de los Balkanes se ha dado el mismo edificante espectculo que solan dar en otros tiempos algunos prncipes cristianos alindose con el Gran Turco por enemistad con otros prncipes cristianos. Mal disimuladas, por el buen parecer, las simpatas de la culta y cristiana Europa estaban, en esta guerra, del lado turco. No quiero pensar mal; pero sospecho que hasta oraciones, en templos muy catlicos, se han elevado al cielo en favor de las armas mahometanas. Los turcos tenan su deuda muy bien repartida. Los otros desgraciados, por no tener, no tenan ni acreedores. Qu inters podan inspirar nadie? Todava, despus de las victorias conseguidas, han de esperar que las grandes potencias las den por buenas; porque los turcos habrn perdido muchas batallas, pero pensar que Europa va perder su dinero! Como que no hay quien mire por uno como los acreedores. Por patriotismo, debiera procurar el Gobierno espaol, al levantar el anunciado emprstito de 300 millones, que se cubriera en el extranjero; de ese modo, tal vez en situaciones apuradas contaramos con la simpata y el inters de otras naciones fuertes; inters y simpata que nos faltaron en momentos muy crticos, quizs porque no estbamos bastante entrampados con el extranjero. Todo el arte de la guerra moderna est en enzarzarse, no con quien pueda menos que nosotros, sino con quien deba menos. * * * * * Tan vulgar tpico era el de la alegra espaola que, por extremosa reaccin, han sido muchos los escritores rectificarle con la contraria afirmacin de nuestra tristeza. Yo no s si seremos alegres; pero tristes, de ningn modo. El pueblo espaol no es un pueblo triste; es un pueblo duro, que no es lo mismo. De que no somos tristes es buena prueba nuestro modo de celebrar la conmemoracin de los difuntos. Puede darse menos emocin, menos recogimiento espiritual, menos ternura, en una palabra? La gente pasea por los cementerios como por un jardn; re y bromea y comenta con chistes los epitafios. Esto no puede llamarse alegra, ni siquiera desprecio la muerte, por fe religiosa por elevado estoicismo filosfico; esto es, sencillamente, dureza; esa dureza agresiva que est en la entraa de la vida espaola. En el hogar, en la vida pblica, en el Arte. Por eso hemos sido siempre tan retricos; por eso tenemos tantas frmulas de cortesa y de cumplimientos. Nuestra naturalidad es tan spera! La fiesta de los muertos debiera serlo de gratitud para los muertos gloriosos, para los buenos muertos... Y el amor acude las sepulturas en el primer ao, la vanidad hasta cinco; mas la verdadera piedad del recuerdo no tiene flores para los poetas, ni para los hroes, ni para los humildes... All nos esperen por muchos aos!, dicen los que viven gusto. Estn muy ricamente!, dicen los que viven desesperados. Y as, entre el egosmo satisfecho de los unos y el egosmo desesperado de los otros, los vivos van la muerte, los muertos al olvido, y la vida espaola es muy alegre, si alegra es que nada importe, y muy triste, si tristeza es no amar la vida, en verdad, ni alegre ni triste; dura como el odio: la nica pasin sin risas y sin lgrimas. * * * * * _Don Juan Tenorio_, casi desterrado de Madrid, ha encontrado esplndido refugio en Barcelona. En quince teatros, lo menos, se ha representado all en estos das. Si no supiramos que en Barcelona ha triunfado tambin durante muchos aos, y aun sostiene muy bien su cartel, el seor Lerroux, que es el Don Juan Tenorio de la poltica espaola, por lo seductor, por lo audaz y por lo de bajar las cabaas y lo de subir los palacios--presidenciales, se entiende,--pudiera creerse que la predileccin del pblico de Barcelona por hroe tan nacional como Don Juan Tenorio tena mucho de ensaamiento despectivo: Vean el personaje que nos mandan esos castellanos! Pero no; no hay segunda ni prfida intencin. El pblico de Barcelona se entusiasma con nuestro Don Juan, como ya no nos entusiasmamos nosotros. Seales de los tiempos! Vyase por el proyecto de mancomunidades, que tiene en Madrid ms decididos partidarios que en Barcelona. XXX En la sesin dedicada por el Ateneo de Madrid la gloriosa memoria de Menndez y Pelayo, al oir algunos fragmentos de sus obras, sabiamente glosados por el seor Bonilla San Martn en su magistral estudio de las obras y del espritu del gran don Marcelino; al sentir cmo la prosa clida, vibrante, toda emocin, toda elocuencia, del insigne polgrafo conmova hondamente al auditorio, pensaba yo cmo se debiera en Espaa, imitacin de Francia y de Inglaterra, sobre todo, publicar selecciones de las obras maestras; medio eficacsimo para vulgarizar el conocimiento de muchos escritores que, como Menndez y Pelayo, por no haber escrito siempre obras de un inters general, slo consiguen ser ledos por los especialistas interesados en aquellas materias. Dije en otra ocasin que Menndez y Pelayo era ms admirado que ledo. Y no hay que espantarse por ello. Hay dos clases de lectores: los estudiosos, atentos con preferencia las obras que pueden servirles en sus investigaciones especiales, y los desocupados, atentos slo la amenidad de los libros; lectores de novelas, de poesas, de cuentos. La obra total de Menndez y Pelayo, cada una de sus obras en particular, aunque nadie como l, por ser tan artista y tan poeta y tan creador, supo dar amenidad y calor de vida la crtica erudicin, todava mantiene respetuosa distancia los que muy especialmente no se interesan por la crtica y la historia literarias. Una esmerada seleccin de sus obras, semejanza de las muchas publicadas en Inglaterra, de Ruskin, de Carlyle, de otros grandes escritores, facilitara la lectura de lo bueno los asustadizos de lo mucho. En Espaa no sabemos ser oportunistas; siempre por los extremos: todo nada. No convendra refundir, aligerar muchas de nuestras obras clsicas? Es preferible que permanezcan ignoradas del todo? Ya s que sus admiradores incondicionales, muchos de los cuales las admiran de odas, no dejaran de clamar: Profanacin! Sacrilegio! Profanacin sera recortar, borrar y repintar una pintura de Velzquez de Goya, pues los cuadros slo tienen un ejemplar. Pero una obra literaria no padece detrimento por estas experiencias. Siempre queda el original para los que quieran admirarla y estudiarla en su integridad. Quevedo, Gracin, Saavedra Fajardo, otros grandes escritores, hoy tan poco ledos; _La Celestina_, _Guzmn de Alfarache_, otras muchas excelentes novelas, perderan algo con estas selecciones? De Inglaterra nos llegan todos los das libros pequeos, libros amables, lindos como juguetes, con pensamientos y trozos escogidos de los grandes poetas y escritores. Para quien de ellos sabe, son un recuerdo, una flor del jardn, una rama del bosque; para el que nada saba, son una iniciacin, tal vez la puerta de oro que se abre al jardn encantado. Pongamos estos libros ligeros en las manos perezosas, ante los ojos distrados de las almas frvolas, que vayan perdindoles el miedo... El libro espaol trae siempre un severo ceo de maestro; es preciso alegrarle con la sonrisa del buen amigo. * * * * * Por fin, el seor jefe superior de Polica, tan riguroso cumplidor de la ley de proteccin la infancia, cuando de espectculos teatrales se trataba, se ha convencido de que lo menos perjudicial, el trabajo menos penoso para un nio es el de representar un corto papel en el teatro. Era ridcula esa severidad en el trabajo de los nios en el teatro, cuando todas horas del da y de la noche andan infelices criaturas tiradas como perros por esas calles; cuando nios de cuatro y de cinco aos vocean peridicos las altas horas de la madrugada; cuando hay vendedoras de peridicos y dcimos de lotera, menores de edad, que, como los horteras complacientes, siempre le preguntan al comprador: Desea usted algo ms? No hablemos de los botones y recaderos de Crculos y hoteles que, por razn de su oficio, muy semejante, en ocasiones, al que Cervantes tena por muy necesario en toda repblica bien ordenada, han de enterarse y entender de todo. Y ya que de nios hablamos, las muchas personas que m se dirigen, interesadas en la buena obra del Desayuno escolar y de las Cantinas, les dir, que, nombrada una Comisin, ella es la que ha de disponer lo ms conveniente. A m estas andanzas, por ahora, no me han trado ms que disgustos y molestias. A disposicin de la Comisin est lo recaudado por m; y en cuanto la nube de pedigeos que de continuo me enva solicitudes y memoriales, ha de saber que el cargo de acadmico no tiene asignadas rentas ni sueldos; que agradezco mucho las postales alegricas, mesas revueltas, platos pintados y otras chucheras, como toda prueba de admiracin, siempre que sea, por lo menos, gratuita. S, por Dios. Basta de aplausos ya, bravos pecheros! XXXI Un crimen es un caso de una enfermedad social, que puede ser endmica epidmica. Por eso todo crimen debe ser asunto de meditacin, de recogimiento de nuestra conciencia. No caigan todo el horror y toda la culpa sobre el _caso_, tan irresponsable como el paldico que en su organismo debilitado recogi los miasmas perniciosos, inofensivos para el fuerte. El anarquista? Si le consideris como un hombre de ideas, _sus ideas_, ya le enaltecis demasiado y al mismo tiempo eluds vuestra responsabilidad. El anarquista viene ser lo que en Teosofa llamamos una forma de pensamiento, un elemental artificial, producto de esa misteriosa energa animada por nuestros pensamientos, buenos malos, de amor de odio. Sabis de qu est hecho un anarquista? Del espectculo del lujo insolente, de la ociosidad parasitaria, de la envidia que calumnia y murmura, de la intriga y del favor encumbrados, del mrito desconocido, de la justicia recomendada, y, sobre todo esto, de mil ligerezas que consideramos insignificantes: amenidades, pasatiempos de la vida diaria... El orador que, por redondear un discurso con una frase de efecto, preconiza el atentado personal contra el enemigo poltico quien despus saluda respetuoso, quien por s mismo por tercera persona, pedir algn favor, quien estima personalmente, quien sera incapaz de ocasionar el menor dao. El escritor--y entremos todos--malabarista de frases que desmiente en privado lo que escribi en pblico, y esas graciosas charlas que desgranamos en los Crculos, en los cafs, y esas indignaciones que no llegan perturbar nuestra digestin... Qu pas este! Los polticos! El chanchullo! El negocio sucio! Sabe usted por qu se ha hecho esto? Todos lo mismo!... Y todo ello, un da y otro, va condensndose en una forma de pensamiento, en ese elemental artificial, vido de tomar vida y cuerpo, y, al fin, como espritu diablico en los antiguos posesos, se entra por el cerebro dbil del mastoide, ya perturbado con pobres lecturas, se aduea de l y le deslumbra con la idea fija de ser el reparador, el justiciero. Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Y el brazo se arma, y el crimen, como el rayo, hiere brutalmente, sin eleccin, sin descernimiento... Un zarpazo de fiera desgarra una pgina de la Historia. Los ms inconscientes culpan al criminal, los ms cndidos la Polica, los ms solapados aprovechan la ocasin para culpar al enemigo, para pedir represin violenta, prevenciones extremadas. Todo se vuelve aspavientos sobre el _caso_. No es el caso, es la enfermedad, endmica epidmica, lo que importa. Hagamos escrupuloso examen de conciencia social, y todos tendremos de qu acusarnos. Quin no ha sembrado un granito de anarquismo? Quin no ha perturbado con algn pensamiento de odio? Hay que reprimir, hay que escarmentar, hay que suprimir! Ya se sabe: al energmeno siempre responde el energmeno. No; no es por el campo exterior por donde hay que dar la batida; intrinqumonos dentro de nosotros mismos, y ser ms segura caza y ms acertado remedio. Cuando ocurre un caso de enfermedad contagiosa--y ninguna tan contagiosa como el crimen,--desinfectar la vivienda es muy importante, por lo pronto; pero es ms importante sanear toda la ciudad, todo el ambiente. * * * * * La sesin del Congreso suspendida en seal de duelo por la muerte del presidente del Consejo, fu de tan glacial severidad, que no pareca sino que la mano trgica de la _Intrusa_ atenazaba todos los corazones. Aquello fu hielito puro. Dcese que los grandes dolores son mudos y que el verdadero sentimiento nunca es retrico. No lo creo yo as; antes creo que el dolor, como todo sentimiento verdadero, son los ms grandes retricos; que no fu la retrica la que di reglas al sentimiento, sino el sentimiento la retrica. Y la verdad es que un poco de retrica no hubiera sentado mal en aquellos momentos. Se abomina, sin razn, de la retrica, y tal vez creyse dar ms solemnidad al acto con aquel laconismo sin arte y sin artificio. Pero aquella elegante concisin, aquella noble sobriedad, no fueron apreciadas en toda su delicadeza ni por los diputados en el Congreso, ni por el pblico despus. El alma de la multitud es amplia y, como en los amplios lugares, se pierden en ella los matices delicados; necesita de frases sonoras, calurosas, vibrantes. Sin duda los oradores lloraban de verdad en aquellos momentos; pero el pblico no pudo apreciar el valor de aquellas lgrimas sin palabras... Y es que el Arte ser una mentira, pero es insustituble para comunicar verdades. XXXII El decreto para organizacin de la Polica ha promovido discusiones. La Polica es uno de los organismos sociales ms difciles de acomodar gusto de todos. Si pretende ser previsora, es casi imposible que lo sea sin profanar cada paso las libertades pblicas y hasta el sagrado de la vida privada. Las indagaciones secretas, los informes privados, las fichas; en una palabra, todo lo que viene ser higiene en la Polica es antiptico los ciudadanos. Sin perjuicio de censurarla airadamente y de pedirle estrecha cuenta de la imprevisin, cuando no ha podido evitar un delito, por falta, muchas veces, de esa higiene preventiva y molesta. Cmo conciliarlo todo? Llamamos inquisitorial la Polica si se excede en sus previsiones, y la censuramos por inepta si no es capaz de impedir un delito , si cometido, no lo descubre y esclarece en todos sus pormenores. Sobre la Polica pesa una triste tradicin en nuestro pas, desde los alguaciles siniestros de nuestras novelas picarescas y sus cuadrilleros pavorosos hasta el polizonte del absolutismo y el guindilla de nuestras jaranas populares. No se dignifica una institucin en un da. Qu es preciso para ello? Que nadie considere vergonzosa la profesin de polica, que nadie se desdore por ser auxiliar suyo. Indicado el nombre de un distinguido personaje poltico para la Jefatura de Polica, no hemos ledo la rectificacin desabrida, como de quien rechaza una injuria? Pues es preciso que la Polica llegue ser estimada como profesin noble. Para ser un buen jefe de Polica son necesarias condiciones superiores de inteligencia. Hay que ser hombre de mundo, ante todo, y no de un solo mundo. Hay que ser gran psiclogo, para saber tratar las leyes como las mujeres; esto es: lo mismo cuando se las atropella que cuando se las respeta, parezca siempre que es por amarlas, sobre todo. En nombre del amor estn justificados todos los atropellos. Un buen jefe de Polica debe poseer con las leyes el supremo arte en que fu maestro Don Juan Tenorio con las mujeres: el de violador que enamora; al que, cuando atropella, se le dice: Gracias! * * * * * En Pars se ha conmemorado el trescientos cincuenta aniversario del natalicio de Lope de Vega. En un teatro de los llamados all cot se ha representado, precedido de una interesante conferencia, un acto de _La estrella de Sevilla_, otro de _El mejor alcalde, el rey_, unas escenas de _La Dorotea_, no representadas nunca, ni en Espaa, deca el cartel, y unas escenas de _El castigo sin venganza_. Todo ello traducido con cierta libertad, pero muy lindamente. Aqu se ha representado por estos das _El anzuelo de Fenisa_, una de las ms primorosas comedias de Lope de Vega. Ya sabemos que estas obras antiguas, nunca viejas, no pueden despertar hoy la viva emocin de cualquier obra moderna. El teatro, como la oratoria, como el periodismo, vive de lo actual y su mayor gracia es lo efmero; como en la flor, como en la mariposa. Son contados los genios poderosos que en la oratoria, en el teatro en el periodismo lograron eternizar el instante. Pero causa tristeza la displicente actitud de nuestro pblico ante esas obras. Ello revela una incultura, un alejamiento de nuestra historia, una incapacidad de ponerse en situacin, todo ello base de ignorancia, que mal pretende disfrazarse de sabidura, echndolo elegante escepticismo. Dentro de poco nuestro teatro clsico ser letra muerta. Y lo malo es que no lo habremos sustitudo en nuestra admiracin con el teatro de Ibsen ni con el de Mterlink. * * * * * El doctor Moliner anda por Madrid en busca de... cien millones de pesetas, nada menos. El doctor Moliner no es hombre para desistir de su propsito. Esos cien millones son su idea fija. Tener en Espaa una idea fija, constituirse en incansable propagandista de ella, sacrificar comodidades, posicin social, por esa idea, es sentar plaza de loco , por lo menos, de monomanaco. Las ideas son bonitas para exponerlas un da en un brillante discurso, en un artculo vibrante, en una crnica de actualidad; pero por Dios!, no conviene insistir sobre ellas... A m me advirtieron: Ya ver usted; el doctor Moliner le ir ver usted, le hablar usted de sus cosas, le dar usted la lata; no sabe hablar de otra cosa. Y el doctor Moliner vino verme y le o con admiracin, y volv orle en la conferencia que di en el Ateneo sobre lo mismo; conferencia, por cierto, que no ha merecido una noticia en muchos peridicos, y el doctor Moliner tendr en m otro incansable propagandista de su locura, de su lata, como quieran llamarla. Esa locura, esa lata, es pedir al Gobierno cien millones de pesetas para Sanatorios martimos, para colonias escolares, para escuelas higinicas... Es un presupuesto que pudiramos llamar de la salud, de la vida. Ya veis si la cosa es disparatada! Las Sociedades obreras de Valencia lo piden en respetuoso mensaje, de que es portador el doctor Moliner. Las Sociedades obreras de Madrid, la Casa del Pueblo, no se han dignado tomarlo en consideracin. Manifiesta seal de la funesta orientacin revolucionaria de esas Sociedades. No quieren tener que agradecer nada para conservar en toda su plenitud el derecho la queja; opinan como el sabio, en la comedia de Caldern, que: A trueque de quejarse, haban las desdichas de buscarse. Ya lo dicen en carta dirigida al doctor Moliner: Todo eso no es ms que un calmante... Lo quieren todo nada. Todo? Y qu es todo en la vida? Qu es todo si no es un poco cada da, un paso en el camino de la perfeccin? Seran ellos capaces de revolucionar su mundo interior en un da? Y de lo que no son capaces en su espritu, se creen capaces con el mundo entero! Por lo mismo que as desvaran, hay que darles eso que ellas llaman calmante, pesar suyo, contra su voluntad; voluntad que ni siquiera interpreta la voluntad de todos, como lo muestra ese mensaje de las Sociedades obreras de Valencia. El Gobierno del seor conde de Romanones puede hallar el mejor programa de su poltica en ese calmante, en ese presupuesto de salud, de vida. XXXIII En el nmero de _El Libro Popular_, correspondiente al 5 de Diciembre, en un artculo titulado El prncipe de los dramaturgos, referente al autor francs M. Curel, escribe don Enrique Gmez Carrillo lo que textualmente copio: --Curel!--os oigo murmurar--quin es Curel?... En castellano nunca hemos visto ninguna de sus obras. Con su nombre no, efectivamente. Pero hay una comedia suya que fu traducida por Benavente y que obtiene desde hace diez aos el ms grande de los xitos en Espaa y en Amrica. Me refiero al Repas du lion, que en nuestra lengua se titula La comida de las fieras. --Pero--vais, sin duda, decirme con justa malicia--por qu esta pieza figura como original entre las obras de Benavente? --Sin duda por razones de empresa--os contestar, repitiendo una frase del mismo dramaturgo madrileo. Una comedia que se da como traducida, no tiene nunca, para las compaas, la misma importancia que una comedia nueva. En todo caso, si el autor de Los intereses creados, que es, ante todo, un hombre de honor, se apropia la paternidad del Repas du lion, no por eso deja de entregarle los derechos que le corresponden al verdadero autor. En las cuentas que la Sociedad de Autores, de Madrid, manda cada trimestre la Socit des Auteurs, de Pars, los productos de La comida de las fieras figuran siempre en el haber de Curel. Entre gente del oficio esto no es un secreto para nadie. El gran Joaqun Dicenta, que tan admirablemente ha presidido el Sindicato de los comedigrafos madrileos durante algunos aos, da testimonio de que en cuanto los auteurs parisinos reclamaron en nombre de uno de sus asociados la paternidad de la obra castellana, Jacinto Benavente fu el primero en reconocer que su Comida de las fieras no era, en efecto, sino un arreglo del francs. Cuando un escritor de seriedad y respetabilidad como don Enrique Gmez Carrillo asienta con tal aplomo semejantes afirmaciones, algo debe haber de verdad en ellas. Veamos. Ser verdad que _La comida de las fieras_ no es sino traduccin arreglo de la obra de Curel _Le repas du lion_? Por unas cinco seis pesetas que costarn los ejemplares de las dos obras puede cualquiera salir de dudas. Ni por el asunto, ni por la idea, ni por los personajes, hay el menor parecido entre una y otra. Hasta la aparente similitud del ttulo es una gran diferencia. _Le repas du lion_--basta haber ledo las fbulas--es, como todos saben, la parte del len. _La comida de las fieras_ es... el domador, segn mi obra, basada, como recuerdan cuantos la han visto ledo, en escenas muy madrileas y de actualidad cuando la obra se estren. Pasemos. Ser verdad que don Joaqun Dicenta, como presidente de la Sociedad de Autores Espaoles, asegur don Enrique Gmez Carrillo que los derechos de _La comida de las fieras_ eran enviados la Sociedad de Autores Franceses? Don Joaqun Dicenta tiene la palabra; entre tanto, don Miguel Ramos Carrin, actual presidente de la Sociedad, me escribe la siguiente carta: Mi querido amigo: La Sociedad de Autores Espaoles no enva ni ha enviado nunca la de Autores Franceses parte, grande ni pequea, de los derechos de representacin correspondientes las obras de usted, porque, para hacerlo, no hay ninguna orden. Claro es que usted le consta; pero, por complacerle en lo que desea, as lo declaro oficialmente. Sirva, pues, para quien, sin fundamento, afirma lo contrario. Siempre de usted compaero y padrino literario, MIGUEL RAMOS CARRIN. Todo esto aparte, mal podra M. Curel cobrar esos trimestres, de que el seor don Enrique Gmez Carrillo est tan al tanto, cuando _La comida de las fieras_ no se ha representado en Espaa ni en Amrica desde hace once doce aos. Como se ve, pesar de mi buen deseo, no puede hallarse el fondo de verdad que yo deseaba en las afirmaciones de don Enrique Gmez Carrillo. Ha sido ligereza? Para ligereza, es demasiado. Ha sido mala intencin? Para mala intencin, es poco. Ha sido irona? Para irona faltaba el fundamento de que _La comida de las fieras_ fuera, en efecto, algo parecido _Le repas du lion_. Ha sido una broma literaria? Como broma s hubiera tenido gracia... all en la juventud de don Enrique Gmez Carrillo. Contra la opinin de muchos, yo creo que slo ha habido ligereza por parte de don Enrique Gmez Carrillo, y espero que se apresurar rectificarla. Don Enrique Gmez Carrillo, por su historia literaria, por su significacin, no est en el caso de que se le confunda con uno de esos jovenzuelos cronistas que sueltan dos tres impertinencias, para llamar la atencin, en cualquier peridico de ventura. Y conste que el menos molestado con la ligereza he sido yo. En esta semana la actualidad era hablar, en pro en contra, de la Prensa. Don Enrique Gmez Carrillo me ha dado asunto para no verme obligado opinar; asunto y argumento. Muchas gracias. XXXIV A cada ao nuevo acude, con todo el valor de una gran verdad filosfica, la reflexin que, en otras ocasiones, no es ms de un tpico adecuado tertulias caseras: Cmo pasa el tiempo! Parece que fu ayer cuando estrenbamos siglo, y ya nos andamos por su ao 13. Pavoroso nmero para los agoreros! Por lo pronto, aparte la guerra de los Balkanes, ineludible legado de su antecesor, para nosotros ha comenzado con su poquito de perturbacin poltica y, lo que es ms grave, con la amenaza de una caresta general de los comestibles si no sacamos pronto en rogativa unas cuantas imgenes de singular devocin. A este respecto, sera muy de agradecer la buena intencin del ilustre jefe del partido conservador si, al retirarse de la vida pblica, hubiera pensado: Despus de m, el diluvio. Hoy por hoy, un diluvio es lo ms necesario sobre esta tierra nuestra, siempre combatida por los extremos: sequa hasta perecer, inundaciones y desbordamientos hasta la ruina. Por una vez, llovera gusto de todos; conformidad tan dificultosa de obtener en negocios del cielo y de la tierra. En la noche primera del ao una multitud alborozada, ms que un nuevo ao, pareca estrenar una vida nueva. A la flor de ilusin le basta con tan poco para prender de nuevo en nuestras almas! Una fecha del calendario es suficiente. A las once y media, nada esperamos de la vida; al sonar de las doce, lo esperamos todo de un ao nuevo. Doce uvas nos bastan para embriagarnos de ilusiones y de esperanzas. Qu nos traer el ao 13? Hasta ahora no trae, como cumple todo recin nacido, su correspondiente pan debajo del brazo. La multitud gozosa, que le saludaba al nacer, no pensaba en esto. Ni siquiera pensaba que, con el pan, subir la carne, y con la carne el precio de los toros de lidia. La multitud, como los nios, es irreflexiva en su alegra. * * * * * La moda tiene su significacin en Arte. Y tiene su valor el artista que logra imponer una moda, y ms si la moda es natural expresin de su espritu y en l fu originalidad y slo pareci moda al ser despus seguida y copiada por los imitadores. Y gran valor tiene tambin el que, con ajustarse la moda, logra, no obstante, destacarse entre los uniformes figurines con fisonoma y aire muy personales. Pero as como en una reunin de la mejor sociedad, aunque por lo pronto se lleven la atencin las mujeres ms llamativas en el vestir y en el adorno, las que ponen la moda, cuando nuestra curiosidad se ha reposado agradecemos el sencillo atavo de alguna noble dama y en su seorial sencillez aprendemos dnde est la verdadera distincin, as en Arte, sobre las gracias y frivolidades llamativas de la moda, acabamos por volver los ojos la noble sencillez, que es de todos los tiempos. Antes de ahora lo he dicho: creo que en ningn tiempo hubo en Espaa tantos y tan buenos poetas como ahora. De ellos, los hay favorecidos por la moda; de ellos, quien la moda perjudica. De ellos, y Manuel Sandoval es el primero, de los que no vistieron su poesa con galas la ltima, de los que dejaron pasar figurines, seguros de que la moda volvera ellos, y ellos, aunque alguna vez pudieron desesperarse al verse desairados, nada perdieron con esperar. _De mi cercado_ es el ltimo libro de versos de Manuel de Sandoval. En los anteriores, _Cancionero_ y _Musa castellana_, haba dado clara muestra de su valer. Hay en uno de ellos una poesa los primeros pasos de su hija, de las que no se olvidan, de las que dejan esa emocin perdurable que se suma las emociones de nuestra propia vida y es el verdadero valor de una obra de Arte. _De mi cercado_ es la plenitud del poeta. Lase Ptina; lase Recompensa. Como es esta ltima poesa la musa castiza, de noble prosapia castellana de Manuel Sandoval, bien puede decir los que ella se lleguen: Yo soy para vosotros deidad, sirena y maga; yo soy pasin sin celos y goce sin hasto; hoguera que el aliento del huracn no apaga y fuente que no seca los soles del esto. Tan slo al que me ama someto mi albedro; me otorgo como premio, mas no como merced; exijo, si soy fuego, que me busquis con fro, y quiero, si soy agua, que me busquis con sed. * * * * * Ir para tres aos, da ms, da menos, que empec escribir estas charlas de Sobremesa. Muy agradecido mis lectores, muy agradecido la direccin de este peridico, creo que ha llegado, con el ao nuevo, ocasin de despedirme por algn tiempo, no sin sentimiento por mi parte; fuera ingratitud, de que soy incapaz. Renovarse morir, ha dicho un excelso poeta. Ya que uno no pueda renovarse su voluntad, bueno es que la propia conciencia nos advierta del peligro que hay en ser siempre el mismo, que es el de fatigar los lectores. A m me conviene descanso, y vosotros variedad. XXXV _Desde Algeciras._--Algeciras es una minscula Cosmpolis. Picaresca, linda andaluza de todos festejada, quien nadie pregunta por su abolengo y de quien nadie indaga el origen de su fortuna. Es bonita, se presenta bien, sabe comportarse en sociedad, y basta. Su nombre logr resonancia universal en los das de la Conferencia; aquella Conferencia en que la diplomacia europea dej arreglado todo... lo que ha sido preciso arreglar despus punto por punto. Tiene dos excelentes hoteles muy la europea, un _kursaal_ muy concurrido, con recreos honestos; cinematgrafo, un buen sexteto. Alguien echar de menos otros recreos, aliciente sabroso de estos lugares. Yo no ech nada de menos. Algunos murmuradores dirn que all se juega; yo no he visto jugar. Las mujeres de Algeciras son muy guapas y visten con verdadera elegancia. El madrileo puede guardar para otro lugar y otra ocasin la compasiva sonrisa que tuvo para otras elegancias provincianas. Aqu no hay por qu sonreir. Frente Algeciras se alza el Pen de Gibraltar como enorme _dreadnought_ anclado. Un lejano atavismo nos mueve indignacin y tristeza. Bien ser guardar el sentimiento patritico en lo ms amplio de nuestra filosofa. De manifestarlo, nos expondramos observar en torno esas actitudes y esas caras que podemos advertir cuando en una visita cometemos alguna indiscrecin de la que no es posible avisarnos en voz alta sin cometer otra ms grave. Algeciras, La Lnea, San Roque, toda la comarca debe mucho la vecindad del Pen. Corren aires de Europa. Tal vez se piensa si no sera ms conveniente que razas y pueblos estuvieran as salpicados, entremezclados, por pequeas agrupaciones, sin la gran divisin de extensos territorios y sealadas fronteras. Quizs la fraternidad universal sera ya efectiva. * * * * * _Desde Ceuta._--Estremece pensar que Ceuta, en manos de nuestros Gobiernos, haya sido lo que fu hasta muy poco. Por fortuna, gracias los conjuros del general Alfau, se desvaneci la pesadilla. Aun dej el presidio alguna atmsfera angustiosa: los elementales artificiales de que nos habla la Teosofa. No subsistirn. Ceuta despierta, Ceuta vive y trabaja con fe y con entusiasmo. Las tropas espaolas animan y alegran la ciudad de situacin privilegiada, de suave clima, de sanos aires. Soldados y oficialidad son orgullo de todo buen espaol. Los que hemos visto en ciudades extranjeras muy guarnecidas, tumultos, indisciplinas, borracheras, y vemos este orden, esta disciplina, esta confraternidad de nuestros soldados, nos atrevemos decir nuestros inquietos antimilitaristas: La perfeccin no es de este mundo; pero, dentro de nuestro estado social, el Ejrcito es lo mejor que tenemos en Espaa. * * * * * En las canteras de Benz trabajan espaoles y moros en las obras del puerto. Un moro jovenzuelo, de vivo mirar, fino de cabos, como una gacela, como un antlope; resplandeciente de seoro sobre el pobre jaique, con esa nobleza de origen, don celestial en todas las razas hijas del Sol. Su vestidura es msera, no teme al sol ni las lluvias y lleva, como pudiera llevar un atributo de realeza, un gran paraguas, bien arrollada su tela de algodn. Los moros ms pobres tienen predileccin por el paraguas. No es utilidad, es lujo. Como el sultn bajo su imperial quitasol, ellos van orgullosos con su paraguas de tres pesetas debajo del brazo. La democracia busca extraos senderos para llegar todas partes. El morito busca trabajo, se conduele--Moro no tiene trabajo; busca y no encuentra.--Y el morito sonre ladino. Yo s que en las obras del puerto se da trabajo con facilidad. Le digo que no lo buscar con muchas ganas. De seguro. Ser su padre quien le mande. El morito se re ya francamente.--Cuando trabaja, duele cabeza.--Y se tiende sobre unas piedras como sobre un almohadillado divn; me pide un cigarro, lo enciende y ni siquiera se divierte en mirar los que trabajan en derredor; alza los ojos y mira lo alto. * * * * * Desde Ceuta Tetun va pasando ante nuestros ojos todo el escenario de nuestra guerra de Africa. Cmo sobreponerse la emocin del glorioso recuerdo? La guerra de Africa fu el nico redoble pico que son glorias espaolas en nuestros das. Recordamos cuanto omos referir nuestros padres, con el calor de viviente actualidad. La entrada de las tropas victoriosas en Madrid, despus de la toma de Tetun; el entusiasmo delirante del pueblo madrileo; las bizarras de Prim; la serena inteligencia de O'Donnell. Recordamos el _Diario de un testigo de la guerra de Africa_, el libro que prendi en nuestra infancia blicas llamaradas, resueltas en peleas pedradas; juegos de moros y cristianos. El _Diario de un testigo_, tantas veces ledo en aquella edicin de Gaspar y Roig, con sus ingenuos grabados en madera, con sus terribles morazos, terror de nuestros sueos infantiles! Ahora, en la realidad, pasan ante nuestros ojos Sierra Bullones, Los Castillejos, con su prestigio de pica leyenda. Ya puede haber cado sobre nuestro espritu una avalancha arrolladora de escepticismo, de criticismo y de cuanto puede pesar sobre el corazn como losa sepulcral de entusiasmos, que la losa saltar latidos del corazn ante estos lugares y la oracin la patria se alzar desde muy hondo; ms hondo que de nuestro propio corazn: desde el corazn de nuestra madre; como las oraciones Dios que ella nos enseaba y surgen siempre cuando, sobre todos los engaos de nuestra inteligencia, la verdad del corazn se estremece al golpear de un verdadero sentimiento. * * * * * Antes de llegar Tetun son bosquecillos de adelfales, frondosos de laurel y floridos de rosa. El mar, muy azul, se festonea de blancura al caer sobre la playa de las conchas; blanca tambin, ms blanca que las espumas; de albor calizo sus arenas. Despus, al fin, Tetun, ms blanco todava; sus caseros, como terrones de azcar, extendidos aqu, all apilados. Como irisacin de tanta blancura deslumbradora, los alminares de las mezquitas con el esmalte de sus mosaicos multicolores. Un aura de encanto, de misterio sagrado, envuelve la ciudad de las cincuenta mezquitas y los innumerables morabitos. Yo tengo que recordar algunas ciudades espaolas para no asustarme. Al entrar por la Puerta de Ceuta el encanto queda roto. Parece imposible que toda aquella blancura total pueda descomponerse en tantas negras suciedades. Nunca con ms razn puede decirse que la suma no es igual los sumandos. El Quin vive? las puertas de la ciudad le da un acre olor teneras; el olor que os perseguir siempre, que sentiris penetrar hasta los huesos, correr por las venas. Figuras y grupos interesantes restablecen pronto la atencin desilusionada. Un negro enano, con grandes anillos en las orejas, loquea en la plaza. Es el _Garibaldi_ de Tetun. Pasa un aguador, vestido de los ms pintorescos harapos que puede imaginarse. Toca su cabeza con un canastillo de mimbres. Slo nosotros le miramos sorprendidos. El ni siquiera se sorprende de nuestra extraeza. Visitamos al nuevo baj, recin llegado Tetun. Es mulato, de arrogante figura y noble porte. Viste como un moro de romance: de sedas sutiles como gasas, una tnica azul muy plido, y sobre ella otra blanca, y sobre todo ello un ropn tambin blanco y transparente. Nos ofrece el t la morisca. Sonre y se lleva la mano al corazn. El cnsul me presenta. Tiene una frase amable, que pudiera envidiar cualquiera de nuestros hombres pblicos: Las ciencias y las artes hacen grandes las naciones. Las casas de los moros acomodados presentan graciosos contrastes. Patios y salas lo morisco, y, entre todo, lmparas de comedor, procedentes de cualquier bazar europeo; cmodas dignas de la calle de los Estudios, espejos de cafetn, floreros y baratijas de baratillo. En la casa de un rico moro, sobre una cmoda se ostentaban dos floreros de altar entre candeleros de la misma especie. Pareca dispuesto para las Flores de Mayo para una devota novena casera. No falta el lbum de retratos con msica y profusin de relojes sin mrito alguno. En el patio de un moro poeta, un patio todo recogimiento, todo poesa, junto una fuente de preciosos azulejos vease un armario chinero, y, al travs de sus cristales, como preciosidades de vitrina, un frasco de Odol. Buen reclamo! Otros cachivaches, y... oh, civilizacin!, verdadero smbolo de la penetracin pacfica, un instrumento... Cmo nombrarlo? Una soberbia lavativa, en fin, inglesa, de llave. Este poeta, famoso entre los suyos, escribi en el lbum de uno de mis acompaantes unos versos en rabe. Traducidos, decan as: Cuntas veces amamos la ciudad, aunque sepamos que no es la mejor, ni su cielo el ms azul, ni buena el agua de sus manantiales... Pero es la Patria! Yo no s si el poeta moro escribira con intencin y la nuestra, estos versos. En su fisonoma inteligente la ancianidad sonrea con maliciosa resignacin. XXXVI[1] [1] Discurso ledo en la fiesta que di el _Mundo Grfico_ beneficio de los soldados heridos en campaa. Seoras y seores: Si yo creyera que habais tomado en serio el anuncio de esta, que mal puede llamarse conferencia, ni leccin, ni disertacin, y no ha de ser ms que una charla veraniega, apropiada al lugar y al tiempo, no sabra cmo disculparme antes de empezar, ni cmo pediros perdn al haber terminado sin deciros cosa de provecho. Ah es nada! El arte de escribir! Toda una vida de escritor slo puede mostrarnos las dificultades de ese arte, que ni se aprende ni se ensea, por lo menos con reglas fijas. Cuentan de un seorn adinerado, que al recibir en su casa un glorioso poeta, con esa osada que da el dinero, le pregunt: Dgame usted: Es muy difcil ser poeta? Y el poeta le contest sencillamente: Oh, seor! O es muy fcil es imposible. De todo arte, del arte de escribir, por lo tanto, puede asegurarse lo mismo. O es muy fcil es imposible. Quiere esto decir que el estudio no sirva de nada, que el arte sea un don ajeno todo esfuerzo, toda voluntad; que el verdadero artista sea inconsciente y en su obra se limite ser instrumento, poco menos material que los materiales, y como dice la Escritura: La voz sea de Jacob; pero la mano de Esa? Cierto que, sin ser fatalistas, es preciso creer en una predestinacin. Basta leer la vida de los grandes hombres de la Humanidad, basta con observar nuestra propia vida para comprender cmo hay en toda criatura una predisposicin natural que le inclina, sin forzarle, como dicen los telogos, hacia una direccin espiritual determinada, y cmo hasta los sucesos de nuestra vida que ms parecen apartarnos de nuestro camino, al fin vienen ser como atajos de ventaja, y sin ellos veramos que algo faltaba nuestra vida y no hubiramos llegado tan seguros y tan experimentados al derechero camino de nuestro propsito. Sin esta inclinacin natural, sin esta predestinacin, comprenderamos el ejercicio de algunas profesiones necesarias la soberana armona del mundo? Si por libre eleccin procediramos, todos elegiramos las profesiones ms brillantes. Ved una orquesta, por ejemplo; todos comprenderis que haya quien sea director, hasta violn, lleguemos hasta el clarinete; pero el bombo y los platillos!, quien comprende que puedan tocarse sin una predestinacin irresistible? Y no obstante, como es preciso que haya bombo y platillos para el perfecto conjunto instrumental, admiremos la sabidura infinita que no inclin todos los hombres al violn la batuta. Y desgraciados los pueblos en que todos quieren ser directores de orquesta! Que sobre la natural predisposicin es preciso el estudio, quin lo duda? No creis nunca en eso que llaman inspiracin. Hay artistas que prefieren pasar por geniales pasar por estudiosos. Quieren dar sus obras la importancia de lo sobrenatural: Yo no he estudiado nada--afirman;--yo no s cmo escribo, yo no s cmo pinto... No lo creis; son coqueteras de artista. Alguien dijo que el genio era una gran paciencia; yo me atrevera decir que el genio es siempre el premio de un gran trabajo. Ahora que, el trabajo del artista, es muchas veces lo ms parecido la holganza. El artista pasea, el artista est tumbado, el artista fuma saborea una taza de caf; el artista, al parecer, no hace nada. Los que andan como azacanes por la vida en trabajos de actividad material, pasan por delante de l y sonren despectivos: Que buena vida! El artista, tal vez pudoroso, como convencer al afanado de que aquel su holgar es trabajo contra la vulgar opinin?--No se hace nada?--Phs! Ya lo ve usted; nada.--Pero en esos aparentes ocios fueron engendradas las grandes obras del espritu; porque todo es trabajo para el artista, siempre en actividad su conciencia, siempre al atisbo su percepcin, siempre vibrantes sus nervios... tan vibrantes, que muchas veces saltan y se quiebran y en vez del bien templado acorde y la dulce armona, es el desgarrado desconcierto de la locura es el silencio pavoroso de la muerte. El arte de escribir! El ms perfecto sera el que llegara comunicar esa exaltacin de nuestro espritu sin necesidad de expresarnos con palabras. Escribir es una limitacin, como lo es toda obra, como lo es todo lo creado. S; la creacin es una resta del infinito; como toda obra es una resta del espritu creador del artista. Por eso, lo mejor de una obra no es lo que est en ella, sino lo que de ella se escapa para ir sumarse al espritu infinito. Ved, pues, si es difcil espiritualizar materializando. Y eso es la obra del escritor y eso es la creacin. Somos los hombres como vasos en que fu recogida un poco de agua de un mar espiritual infinito. El mar se ignoraba en su infinidad y quiso conocerse, ganar conciencia as limitado. Nuestra labor espiritual no es otra cosa: reintegrar una conciencia lo infinito inconsciente. A pesar mo, he hablado demasiado en serio. La ocasin que aqu me trajo interrumpir por unos instantes el grato esparcimiento de esta noche, era para m seguridad de vuestra benevolencia. Yo s quisiera, en esta noche, poseer absoluto dominio del arte de escribir para unir todos los corazones espaoles en un solo sentimiento de amor nuestros hermanos. El nos junt aqu esta noche, y por la expresin de este material sentimiento hasta sera ofensa daros las gracias. Esperemos que esta fiesta de amor sea el precedente de otras muchas en este verano en San Sebastin, en las playas y balnearios donde la gente adinerada se esparce y se divierte. Olvidarnos de los que luchan y mueren por Espaa, sera criminal. Cuando all se cumplen deberes penosos, olvidaremos nosotros los ms fciles? Ved que para el triunfo glorioso de Espaa en tan difcil empresa, si mucho importa que nosotros confiemos en los que all combaten, importa ms que ellos confen en los que aqu quedamos. Al alerta! de aquellos campamentos en tierra extraa ha de responder el alerta est! de la tierra espaola. Slo as comprendern nuestros hermanos que donde ellos estn est con ellos toda Espaa. XXXVII[2] [2] Ledo en la ciudad de Valladolid en una fiesta de los pjaros. Si esta fiesta, queridos nios mos, solo significase una leccin aprendida en la escuela, poco significara en verdad. No aprendida por vuestra inteligencia, prendida en vuestro corazn la quisiera yo para siempre; no por razonamientos de necesaria cultura y menos de provechosa utilidad, sino por sentimiento muy ntimo, muy hondo, por efusin de simpata, por amor, en una palabra: aquella misma llamarada de amor en que se arda el corazn de San Francisco, el serafn de Ass, cuando cantaba todas las criaturas de Dios como hermanos: Hermano sol, hermana agua, hermano lobo, hasta la hermana muerte; el mismo amor que se eleva en aquella sublime plegaria del Buda: Dios mo, evitad el dolor cuanto existe! Si esta fiesta solo significa una pblica exhibicin, algo como un examen bien preparado de una asignatura, nada valdra, os digo. No valdra ms que esas ruidosas hazaas guerreras de tambores y trompetera, que con ser mucho en la historia de los pueblos son muy poco en su vida. Los hroes de la vida son muy otros que los reyes y los guerreros de la Historia; son los trabajadores del telar, de la aguja, los inventores humildes, que ni un nombre dejaron. Si hoy diseis suelta estos pajarillos y maana en casa atormentrais al gato y al perro, y al otro da en el jardn en el campo, os dedicrais sorprender nidos y destrozar rboles y flores, qu valdra esta fiesta? No es que yo desconfe de vosotros, queridos nios; aunque muy graves sabios aseguran que sois de mala condicin por lo general, esos sabios no os conocen bien, porque slo os han estudiado como hombres de ciencia, y vosotros hay que estudiaros con el corazn. Yo s que los buenos sentimientos son naturales en vosotros, que vuestro corazn est siempre abierto la generosidad, que en vuestro espritu alienta la ms clara idea de justicia; pero s tambin que los hombres, cuando no con palabras y obras, con obras que desmienten cada paso sus palabras, os ensean muy pronto la mentira, la crueldad, la desconfianza. Y no s yo qu sea peor, si malas palabras y malas obras de acuerdo, buenas palabras en contradiccin con las malas obras; aun es ms perturbador, ms daoso este desacuerdo. Qu importa que digamos al nio: no se debe mentir nunca, si el nio ve y observa y comprende que nosotros mentimos siempre que nos conviene y l mismo le engaamos muchas veces por comodidad nuestra? Qu importa que le digamos: hay que ser afable con todo el mundo, si l nos ve descompuestos y groseros con los criados, con la familia, con l mismo, con enojo desproporcionado, ms cuando una travesura suya inocente nos molesta que cuando una verdadera manifestacin de peligrosa maldad no llega molestarnos? Y creis que los nios no se percatan muy pronto de todas estas contradicciones nuestras? Creeis que todo ello no va labrando en su espritu recelos, hipocresa y rencores? Por todo esto me atrevo yo dudar de la eficacia de esta fiesta. Si hoy los nios dan suelta los pjaros y maana los padres van los toros, qu leccin se inclinar su espritu? Palabras buenas nos llegan de todas partes; pero de dnde vendr el ejemplo? Y en la educacin slo el ejemplo es eficaz y slo l tiene virtud de imprimir bueno malo en las almas. Ya lo dijo San Juan de la Cruz: ms vale predicador de pocas letras, pero de ejemplares costumbres, que muy sabio en letras humanas y divinas y de mal arreglada conducta. No lo que nos dijeron padres y maestros, lo que en ellos vimos es lo que qued para siempre grabado en nuestra inteligencia y en nuestro corazn. Por eso la escuela sin la cooperacin del hogar nada valdra: casa y escuela ha de ser como un solo templo con un solo culto: el alma del nio. Con palabras y con ejemplos es preciso educar la sensibilidad del nio, despertar su simpata por cuanto existe y vive su alrededor. Los espaoles carecemos de ese precioso don de la simpata, que es comprenderlo y amarlo todo. Si en lo geogrfico somos una pennsula, en lo espiritual somos un archipilago. Separados unos de otros como islas espirituales. Somos hoscos y duros, y toda la vida espaola adolece de esta sequedad de nuestro espritu. Somos pobres y nuestra vida es dura; como la vida es cruel con nosotros, nosotros somos tambin duros y crueles. Y es que cuando somos crueles con los dems, es que alguien fu antes cruel con nosotros. Slo muy altos y nobles espritus saben volver el dolor en bondad y en dulzura. La historia nos lo dice: los reyes que dejaron nombres de sanguinarios y de crueles, fueron los que antes de reinar tuvieron que soportar penurias y afrentas: tal fu el caso de Nern en Roma, de Don Pedro llamado el Cruel en Espaa. En cambio, los que se criaron entre halagos y blanduras, sin que nadie les afrentara ni persiguiera, fueron de condicin apacible y magnnima: tales San Luis de Francia y San Fernando de Espaa, educados por aquellas dos nobles reinas de Castilla, Doa Blanca y Doa Berenguela, de eterno ejemplo como madres y reinas. Yo s que muchos son en Espaa los que en nombre de un mal entendido casticismo preconizan esta dureza nuestra como una preciosa virtud. Juzgan que si furamos blandos de condicin, acaso perderamos en virilidad. Nunca fueron mi entender muy varoniles virtudes la crueldad y la destemplanza. Mejor sienta al varn fuerte la noble continencia y la apacible gravedad. Ni la dulzura de costumbres debilita los pueblos, antes por ser ms amable la vida ser en ellos tambin ms firme el amor patrio. De los descontentos y los mal hallados salen los traidores y los malos patriotas, y en verdad que gran virtud es preciso para amar lo que no es amable. Una patria en que todos fueran dichosos, cmo no haba de defenderse con mayor entusiasmo que una patria en que nadie se hallara gusto? Meditad sobre la significacin de esta fiesta. Al llegar un pueblo no hay que conocer sus sabios, ni sus artistas, ni su riqueza, ni su podero para apreciar su grado de educacin y de bienestar; basta con muy poco. Pueblo en que veis que los pjaros no huyen espantados al acercarse un nio; pueblo en que veis que los gatos, esos mansos gatos que se tienden al sol en las puertas de calle, no huyen como escaldados y escarmentados cuando nios y mozalbetes se les acercan; pueblo en que sobre las ms pobres tapias se alza la frescura frondosa de unos rboles y en las ventanas sonren como saludo de paz las macetas floridas, bien cuidadas, como caricias de manos de mujer, bien puede asegurarse que es un pueblo culto, de dulces costumbres, un pueblo dichoso. Queridos nios, vosotros sois el sol de maana: que ese sol brille ms glorioso en nuestro cielo que aquel otro de nuestras grandezas, cuando el sol no se ocultaba nunca en los dominios de Espaa. XXXVIII[3] [3] Ledo en una funcin beneficio del Montepo para mdicos. Para mostrarnos cmo no puede haber paz en el alma de los malvados, como aun al verlos triunfantes y en apariencia dichosos, no por eso debemos desconfiar de la eterna justicia, dice un Santo Padre de la Iglesia: En la conciencia del malvado hay siempre algo que tiembla. S, es verdad...; pero tambin para los buenos, para los justos hay algo que tiembla siempre. Ved; es un da feliz en la familia, tal vez se celebra un santo, una fecha venturosa, ms unidos que nunca los corazones, padres, hijos, allegados... todos respiran esa confianza mutua, ese enlace de unas almas con otras, probadas en alegras y dolores compartidos todas horas... el corazn de cada uno engrana en el corazn de los otros, como una piedra en slido edificio... el edificio familiar; la familia! Nuestro pequeo mundo, en que nunca pesa sobre nosotros la angustia de sentirnos abandonados, como Robinsn en su isla, ni la tristeza de sentirnos perdidos, dispersos en la multitud del mundo grande, indiferente, hostil, acaso... Es la hora de la comida; la familia modesta, parte de su pan de comunin, bendito por el trabajo honrado. En el silencio hay ms efusiva cordialidad que en las palabras. Los pequeos ren alborozados. Los padres sin mirarse se miran en sus hijos... De pronto la mirada del padre se nubla de tristeza, un pensamiento triste ha pasado por su frente, ha estrujado su corazn. S, tambin en el alma de los buenos hay algo que tiembla, como en el alma de los malvados. El amor de los suyos. Si yo me muero, ha pensado el padre, qu ser de estos hijos? Quin podr darles esta alegra de ahora? Y en la desolacin de su alma, los ve con hambre, con fro, como esas criaturas de la calle que estremecieron tantas veces su corazn de padre, tanto de compasin por ellos como de egosmo por los suyos... las criaturas que piden limosna, que venden peridicos, la mozuela desvergonzada, vctima de hombres soeces... el ladronzuelo conducido entre guardias empellones... Todo eso puede ser de sus hijos, de aquellas criaturas que ahora son tan felices con tan poco, con la alegra de estar juntos, de compartir con amor aquella comida de bendicin... alegrada por alguna golosina de extraordinario... Y el padre tiembla y palidece, y cuanto ms ren los hijos ms le cuesta contener el llanto que desborda en su corazn. --Qu te pasa?--le pregunta la esposa, que advirti pronto la cerrazn de su alma. --Nada, mujer. Qu quieres que me pase? Pero ella lo sabe, porque tambin ha pensado lo mismo muchas veces... slo que la mujer, cuando piensa en la muerte, piensa en Dios antes, y ella est segura, porque as se lo ha pedido Dios muchas veces... de que el padre no les faltar nunca, porque ella le pide Dios todos los das que de morirse alguno sea ella... Yo no les hago tanta falta! Slo las madres saben ofrecer as su vida en el recogimiento de sus rezos, slo ella, por amor sus hijos, llega creer que no les hacen tanta falta en el mundo como los padres... Bendita institucin esta, que para socorro de viudas y hurfanos de mdicos algn consuelo ser en la vida de los que apenas logran con su trabajo la seguridad del da de hoy, siempre angustiada por la incertidumbre del maana! Penosa profesin es siempre la medicina, aun para los que logran cumplida recompensa. No se comprende sin vocacin tan decidida como la del sacerdocio. Consagrarse al dolor... luchar contra la muerte... enemigo que cuando huye parece que no hubo mrito en vencerle, y cuando se vence siempre deja lugar la sospecha de que falt el acierto en combatirle. Juzga la vulgar opinin que los mdicos, en fuerza de frecuentar el dolor, tienen embotada la sensibilidad... A pocos mdicos han conocido en la intimidad los que as juzgan. Yo s de mdicos que han llorado por muchos nios las lgrimas que no lloraba alguna madre indigna de serlo; yo s de algunos mdicos que han salvado con abnegacin muchos enfermos del abandono de familias despreocupadas, yo s de muchos mdicos que han muerto sin enfermedad, sin saber de qu... del corazn, certificaba otro mdico, ms bien por convencimiento ntimo que por diagnstico seguro... Lo que sucede es que el mdico, cuando nadie ve llegar la muerte, cuando todos sonren su alrededor confiados, es el nico que no puede llorar todava, y cuando todos lloran porque la ven llegar implacable, es el nico que ha de sonreir hasta el supremo instante... interponindose con fingida calma entre los ojos espantados del moribundo y la negrura insondable de la muerte. Pues estos hombres que pasan sonrientes como la esperanza, entre todos los dolores y males de la tierra no pensaron apenas en el dolor de los suyos. Ellos que saben como nadie, que esa crueldad del sentimiento egosta, cuando al llorar la prdida de un ser querido hace pensar con animal instinto: En qu situacin hemos quedado! Ellos que saben la brutalidad de la frase: El muerto se lleva la llave de la despensa. Realidad ms descarnada que la misma muerte, consideracin brutal que parece como si rebajara el sentimiento del alma al grito de la animalidad; ellos no haban pensado nunca en los suyos para evitarles este dolor vergonzoso... Pues es preciso que, unidos todos, los predilectos de la ciencia y de la fortuna con los humildes sea desde hoy tranquilidad de todos y honra de la clase el que vuestras esposas, vuestros hijos, no tengan que aadir un dolor del alma el dolor del hambre. Que el padre trabajador y honrado no se lleve al morir la llave de la despensa. Que esas palabras crueles, slo justificadas por la crueldad de la vida, no vuelvan oirse en duelos familiares. Es mala disculpa de nuestra indiferencia ante los males exclamar resignados: La vida es as! Cosas de la vida! Hay un espritu en nosotros que nada valdra si no fuera capaz de sobreponerse los males del mundo. Tened en cuenta que la mayor seguridad de que hay una Justicia y una Bondad infinitas est en que nuestro espritu las comprenda y las desea, y que en nosotros hay poder para realizarlas, poder que Dios bendice desde el cielo, cuando cantan sus ngeles: Paz en la tierra los hombres de buena voluntad. XXXIX[4] [4] Discurso de D. Jacinto Benavente. 11 de Mayo de 1911. En los Juegos Florales de Badajoz. Seoras y seores: Fuera descortesa solicitar vuestra benevolencia. Al haberme designado para ocupar este puesto de honor, ya os anticipasteis ofrecerme algo ms: un cario, al que sabr corresponder con toda la gratitud de mi alma, y una admiracin, la que ya no puedo aseguraros si sabr corresponder del mismo modo. Y, no por vanidad propia, creedme, para contento vuestro, hoy ms que nunca quisiera corresponder ella. Mas si en algo habais de ser defraudados, antes prefiero que lo seis por mi entendimiento que por mi corazn. Si el verdadero cario es el que ms perdona, y el ms verdadero el que ni aun se cree en el caso de perdonar, porque ni advierte si hubo falta, mayor ser mi agradecimiento cuanto ms crea yo en conciencia que mucho habis tenido que perdonarme; como perdona el noble, por natural nobleza, sin darme entender siquiera cuanto habis tenido que perdonar. En ocasiones como esta, os sentisteis entusiasmados y conmovidos por la palabra de elocuentes oradores; la palabra vibrante, con todo el calor del sentimiento, con toda la gracia de la espontaneidad. Hoy la palabra escrita llegar vosotros apagada y descolorida. Hay de la elocuencia del orador, corriente de agua saltadora y libre, estas mansas aguas aprisionadas, de la palabra escrita, la diferencia que hay, entre enamorados, de la declaracin de amor trmula, que va de la boca al odo, mejor dir, de boca boca, la carta en que el amor se declara, con palabras muy comedidas, muy respetuosas, porque no estn delante, al escribirlas, los ojos que niegan conceden licencia para mayor atrevimiento. Y, menos mal, si aunque corts y fra, aun indica, por su misma timidez, la verdad del sentimiento, peor, si con frialdades retricas, que quieren parecer apasionadas, dice bien claro que fu copiada de alguna novela ms vulgarmente del secretario de los amantes. Yo no soy orador, ni soy elocuente. Aqu me tenis con mi carta de enamorado tmido. Las hermosas jvenes que me escuchan comprendern mejor que nadie la verdad de esta comparacin entre oradores y escritores. Habis tenido novios orales y escritos. Porque habris tenido ms de un novio. No temis que descubra aqu vuestro secreto. Las mams no escuchan. Las mams no escuchan nunca; slo miran. No lo habis observado? Al despedirse algn rendido galn de ingeniosa charla, cuando las jvenes encantadas dicen: Es muy simptico!, cmo las mams solo advierten: lleva muy rozados los puos tuerce los tacones. Es que las jvenes escuchan hasta con los ojos; las mams no escuchan, miran siempre, hasta cuando parece que leen un peridico que duermen. Y qu bien hacen en mirar mientras escuchis vosotras! Porque su triste experiencia ve ms lejos, porque el matrimonio de maana y la vida de todos los das, tienen ms relacin con los puos rozados y los tacones torcidos que con las palabras seductoras, eterna letra sin sentido, de esa divina msica del amor, con que la vida se burla eternamente, sin vencerlos nunca, del eterno dolor y de la eterna muerte. Pensaris: ya pareci el escptico, el ironista. Mal sientan ironas y escepticismo en fiesta de amor y poesa. Pero el escepticismo no es negacin absoluta, es duda y nadie duda de una verdad aparente, si no lleva en lo ms profundo de su alma el sentimiento ntimo, la limpia imagen de la verdad verdadera y con ella de lo que es bueno, y es bello, y es justo, y es noble, y es grande. El escepticismo es comparacin y, naturalmente, todos los que quieren engaarnos quisieran que no hubiera comparaciones, que no furamos escpticos. Ya lo creo... Qu ganga para los falsificadores de moneda si no hubiera moneda legtima para confrontarla...! Nunca veris que el verdadero creyente se escandalice porque haya quien no crea santidad la hipocresa de muchos devotos por conveniencia. Nunca veris que la verdadera caridad se alarme porque no tomemos en serio esas funciones y esas rifas benficas organizadas por alguna Junta de seoras aristocrticas; esa caridad que no cuesta mayor sacrificio que enviar unas circulares los amigos, lucir un lindo traje y leer despus la revista de algn cronista de salones--acaso ste sea el mayor sacrificio--donde vuelta de adjetivarlas todas muy primorosamente, el propio cronista, con guante blanco y llave de aluminio, les abre de par en par las puertas del cielo. Pues no creer en cosas como stas se llama escepticismo. En cuanto la irona qu es la irona sino la bondad en la indignacin? Vamos indignarnos y nos entristecemos tanto que acabamos por compadecer y ni queremos entristecer compadecidos. Y as es la irona... una tristeza que no quiere llorar... y sonre... porque compadece y perdona. El escepticismo y la irona son alas tambin del ideal, que, si no sirven para elevarnos grandes alturas, como la fe y el entusiasmo, sirven para no tocar demasiado bajo en la tierra cuando la realidad hemos de acercarnos. Pero, no creer en nada! Eso slo es posible cuando hemos dejado de creer en nosotros mismos. Cuando nada bueno hallamos en nosotros, es cuando podemos decir: todo es malo; porque es nuestra alma como nuestros ojos, que al asomarse otros ojos lo primero que en ellos vemos es nuestra propia imagen... Pero el bien existe mientras el sentimiento del bien est en nosotros, aunque no seamos capaces de realizarlo por imperfeccin de nuestra voluntad. El amor existe mientras seamos capaces de amar, aunque nadie nos ame. La verdad es, mientras nuestra razn no llegue persuadirse de que son verdades, todas las mentiras con que nuestros intereses y nuestras pasiones y nuestras cobardas procuran engaar nuestra conciencia. En nosotros est nuestra vida y est nuestra muerte y est lo que ms importa, nuestra eternidad, siempre que nuestra conciencia est sobre todo. No hay que pedir fuera de nosotros mismos esa satisfaccin del premio y del castigo, buena para desenlazar melodramas y folletines. Ved, en las grandes tragedias de Shakespeare, la ms amplia concepcin de la humanidad que produjo el arte. En ellas, como en la vida, el dolor, que pudiera parecer castigo, cae por igual sobre los buenos y los malos, con ms ciega fatalidad que en la tragedia griega. El poeta mismo, tal vez espantado de no percibir en la tierra un resplandor de justicia divina, llega exclamar: Como las moscas para los chicuelos traviesos, somos los hombres para los dioses; nos matan por divertirse... Pero l sabe que sobre el terrible juego de los dioses, si eso fuera, est siempre la idea de justicia en nuestra conciencia, ms alta que los mismos dioses. Cuando envueltos en la misma trama de maldades mueren con muerte violenta el infame Yago, el apasionado Otelo, Desdmona sin culpa; aunque la fatalidad del destino sea para los tres dolor y muerte, no es verdad que nuestra conciencia basta para decirnos, aunque el poeta no lo diga, que es infierno y condenacin la muerte para Yago, el que solo vivi para su egosmo, y es muerte animal, muerte de fiera, la de Otelo, el que amaba mucho pero no amaba bien, porque slo am por instinto, y es gloriosa la muerte de Desdmona, la inocente, la que culpada no supo hallar ms que sencillas disculpas porque las razones de la virtud son sencillas siempre? Y de los tres, aunque solo Yago, por crueldad del poeta, hubiera sobrevivido y triunfado de todos... Quin quisiera ser Yago? No hay vctima inocente que quiera cambiarse al sucumbir por su verdugo triunfante. El que hace bien ni sabe decir por qu lo hace; el que hace mal, ved cmo busca explicacin su conducta; ms que convencernos necesita convencerse s mismo de que hizo bien, tan cierto est de que hizo mal. Y es que toda la maldad de los malos quizs llegara suprimir el bien sobre la tierra, pero no la justicia. Cuando todos los buenos fueran desdichados, no habra un solo malvado que fuera dichoso. El mundo moral est regido por rigurosas leyes mercantiles; todo valor recibido representa el mismo valor abonado. Tal vez recibimos mal por bien, bien por mal de quien no lo esperbamos. Es que el bien y el mal que hicimos son crditos transferibles; cobramos pagamos unos por otros, pero al cabo de cierto tiempo todo est satisfecho. Vuelve el mal al mal, el bien al bien; la moneda tal vez es distinta, el valor es el mismo. El malvado parece hombre dichoso, est alegre... No os engais. Impunes todos sus delitos que _escaparon_ las leyes humanas, absuelto por todas las indulgencias, descredo de la justicia de los hombres como de la justicia de Dios, sin temor nada ni nadie, hay siempre en el fondo algo que tiembla... En la mayor tristeza del justo, abrumado de todos los males, sobre todas las negruras que pudieran obscurecer su conciencia, hay siempre una serenidad de cielo, que ya sera el cielo aunque otro cielo no existiera... Es tan mezquina nuestra idea de la eternidad, que no podemos concebirla sin que de ella forme parte lo que ms nuestro nos parece, por sentirlo ms cerca de nosotros. Esto es, nosotros mismos; esta mezquindad, esta limitacin que es nuestra persona, un nombre propio, una percepcin reducida en una reduccin del tiempo y del espacio. Esperamos que la otra vida sea... casi como esta vida, otra vez nuestra vida; un lugar de reunin en que hemos de saludar la familia y los amigos por sus nombres y aun hemos de continuar murmurando de sus asuntos y preocupndonos por nuestros negocios. Qu eternidad sera esta? Eternidad es no saber de nosotros mismos; porque la eternidad no es material ganancia. La riqueza de nuestra vida no ser lo que hayamos atesorado, sino lo que hayamos repartido. Vivir de nosotros lo que de nosotros hayamos dado; ms se encontrar de nosotros cuanto ms hayamos perdido. Y cmo hemos de entregarnos, cmo hemos de perdernos? Dnde hallaremos nuestra eternidad, que por serlo del todo, ni podremos decir que es nuestra? En el amor y solo por el amor. Religin, Ciencia y Poesa; los tres ms claros luminares de nuestro espritu, nos esclarecen el camino del Bien, de la Verdad, de la Belleza, que es el camino de la eternidad del espritu. Amar inmensamente, amar infinitamente: ascender por escala de amor desde el instinto la inteligencia, de la inteligencia la divinidad. Hablemos slo de la poesa... Sabio es el lema tradicional de su torneo: Fe, Patria, Amor. Amor todo. Amor, primero instinto; forma ya menos egosta del instinto de conservacin, del miedo la muerte, de su instintivo horror en toda criatura... Siente el hombre que ha de morir y siente la necesidad de prolongar su existencia en la prole, carne de su carne, vida de su vida. El amor es todava instinto... Despus, siente que la conservacin de la prole le impone sacrificios, ha de defender sus hijos, ha de cuidarlos... Empieza el deber. Este deber se limita la familia, todo lo ms la tribu... los otros hombres son... el enemigo, el extrao... Pero el estado de lucha no puede ser constante... Se pacta con la tribu vecina, tal vez para combatir contra otra tribu ms fuerte, tal vez porque la paz permita el trabajo del campo, la quietud domstica. Empieza la amistad. El hombre, por su propio inters, se desinteresa ya en algo de s propio y de los suyos. Y al acercarse al extrao, que fu su enemigo, tal vez se encuentra en l, porque el extrao tambin tiene hijos, tambin los cuida y los defiende. Y empieza la simpata, y tras la simpata, que es amor, la inteligencia. S; tan una es la inteligencia con el corazn que no podremos nunca entender lo que no hemos sentido. Una vida de estudios y de meditaciones no dar tanta luz nuestra inteligencia como una hora de amor. Cuntas veces nos sucede sentir por alguien una antipata invencible. Fulano es un ser odioso, insoportable; le omos hablar y sentimos la necesidad de llevarle la contraria, por poco le mataramos. Y aquel hombre odioso, antiptico, llega un da nosotros con cara triste; habla de sus penas, tal vez perdi su madre, tal vez su hijo, tal vez fu vctima de una crueldad, de una injusticia de los hombres. Ya le escuchamos conmovidos; aquel hombre es un hombre como nosotros, aquella pena ha sido nuestra alguna vez, puede volver serlo, no es una pena extraa, es una pena de nuestro prjimo. Ya no parece aquel hombre tan odioso ni tan antiptico, ya es nuestro odio lo que nos parece injustificado. Y as todo se entiende cuando la simpata nos acerca... La virtud y sus ms altos herosmos, como el vicio y el crimen. Hay en todo ello algo humano que puede ser tambin nuestro. Para el amor no hay nada extrao ni nada incomprensible. Yo he odo una desdichada mujer, amante de un verdadero monstruo, un criminal rematado de presidio: Me dicen todos por qu quiero este hombre tan malo; pues porque para m no lo es, y si es malo para todos y para m no, seal de que m me quiere ms que nadie en el mundo. Y era verdad, solo que ella equivocaba la razn de su cario; porque aquel hombre tambin era malo para ella, pero era ella quien le quera ms que nadie en el mundo, y aquel amor de mujer era bastante para vestir de luz el alma del criminal, como de luz resplandecan las llagas de los leprosos al posarse en ellas las manos de azucena de la Santa Reina Isabel de Hungra. Milagros del amor, acaricie leprosos criminales; milagros del amor, sobre todas las miserias del alma. Nunca tuvo ms hermoso gesto el Cid Castellano, que al tender la mano sin guantelete al lazarino hundido en el fangal. Como esa mano entonces y tantas manos de mujeres divinas y de santos gloriosos, fueron las que vistieron en la Edad Media las armaduras de sayales, los sayales de armaduras, en aquella empresa de brbara grandeza, que fueron las cruzadas y el incesante guerrear de los cristianos contra los infieles. Y ved tambin cmo lo que empez en odio y en guerra, fu origen de civilizacin y de tolerancia, que si el Occidente y el Oriente guerrearon, tambin se conocieron y tambin llegaron amarse y los poetas cristianos cantaron gentilezas y amores y bizarras de los infieles, y los poetas orientales hazaas milagrosas, noblezas de corazn de los cristianos. Y sobre el sentimiento de Patria y el de Religin, surgi el de Humanidad... Y prendiendo sus alas de luz en el espaldar de las corazas, el espritu alboreaba... Aun alborea. No hay que desesperar porque tarde en brillar el da. Qu importa la tardanza de siglos en las auroras del Espritu si amanece para la Eternidad? El amor la Patria es primero instinto tambin, es el amor la tierra, al campo que el hombre labra con su trabajo; la Patria es la parte de tierra necesaria la subsistencia del hombre y de la prole, es el terreno en que ha de afirmarse la perpetuidad de la raza. Despus van despertndose emociones; recuerdos de horas felices, recuerdos de das gloriosos. El espritu de la Patria surge; van quedando ms hondas las races y elevndose ms areo el ramaje, y en la rama hay flor, y en la flor aroma. La Patria va teniendo conciencia y se constituye como Estado, que es ya la Patria inteligente. La raza aspira realizar el bien, la justicia. A la venganza se sobrepone la ley y la ley el perdn, que es tal vez la ms segura justicia. Por el amor la Patria comprende el hombre como debe respetarse la Patria de otros hombres; como por el amor sus hijos comprendi cmo era respetable el amor de otros hombres los suyos. Tambin en otras Patrias hay campos labrados con pena, y hay hogares de amor, y en torno abuelos y nietecitos, y recuerdos de das felices y gloriosos, y tierra que cubre los restos de muertos llorados. Y la simpata va de unas Patrias otras, y contra el combate injusto la conciencia universal protesta como contra una lucha fratricida. No es decir que toda guerra sea injusta. Hay guerras inevitables; cuando una nacin, un Estado constitudo, olvida, egosta, las relaciones de amor y de justicia con otros Estados; cuando un pueblo brbaro, todava de instinto, opone tenaz resistencia al avance de la civilizacin, precisa es la guerra, como es preciso limpiar de salteadores los caminos. Si por ambicin personal de un tirano, como Napolen; si por codicias de una oligarqua; si por intereses egostas de un pueblo entero el camino de la civilizacin se dificulta, deber es de las naciones inteligentes, de las que no descendieron de su elevacin espiritual, combatir contra los merodeadores. La guerra entonces es justa y es legtima, como lo fu nuestra guerra de la Independencia, hoy conmemorada entre vosotros en una de sus ms gloriosas y decisivas batallas, en que la conciencia de tres nobles pueblos se uni contra el instinto de un gran ambicioso, de quin apenas desaparecido, ya preguntaba el poeta: Fu vera gloria, Ai posteri l'ardua sentenza. La posteridad ha sentenciado. Todos los arcos triunfales, todas las columnas, todos los monumentos alzados en su honor por el pueblo cuyo nombre usurp para imponer sus ambiciones personales como aspiracin nacional, no hablan tan alto de justicia como cualquiera de esos humildes campos aldeanos, cuyos terruos, nutridos con la sangre de sus labriegos, que supieron morir gloriosos sobre la misma tierra que cultivaron humildes, levantan las espigas de sus mieses, como si protestaran de haber sido pisoteados por el extranjero. Extranjero de espritu, que extranjeros eran tambin por la Patria y no lo fueron al pelear con nosotros en nombre de la justicia y del Derecho atropellados, los nobles ejrcitos de Inglaterra y de Portugal que en Espaa y por Espaa combatieron. Si necesaria es en ocasiones semejantes la solidaridad de naciones alejadas por la distancia, unidas slo por el sentimiento, qu debemos pensar de esas demencias separatistas que pretenden la desunin en un Estado inteligente para volver la Patria primitiva del instinto? Empequeecer la Patria que antes debe tener por aspiracin constante destruir fronteras por el amor, que levantarlas por el odio? Si una Patria se perdiera y hasta el recuerdo de todas sus tradiciones y todas sus glorias, por realizar mejor la justicia al fundirse con otras naciones, para constituir un Estado ms perfecto, ms apto para realizar la justicia... bien perdida estara; nunca haba realizado mejor el destino de su eternidad. Y qu decir de esos que en nombre de la Patria son constantes perturbadores del Estado? Qu les impide aportar su concurso inteligente mejorar lo que slo por solicitud amorosa de todos llegar ser perfecto? Ah, no estn conformes con la forma de gobierno! La forma? No les dice bastante esta palabra? Hay alguna forma de Gobierno en los pueblos modernos civilizados que se oponga la realizacin de los ms altos ideales de justicia? Todo ser saber imponerlos y por el odio nada se impone. Ah, cuantas de esas brillantes inteligencias serviran mejor la Patria trabajando ms por ideales de fondo que por ideales de forma! Qu importa el metro en que se versifica si la poesa es buena? Cunto mejor fuera que muchos de esos halagadores de instintos despertaran inteligencias dormidas, y mejor que prometer bienaventuranzas que ellos son los primeros en saber que no consisten en cambiar de rgimen, en vez de decir al pueblo mentiras de la Repblica fueran los palacios decir los Reyes, cara cara, sin grosera pero con entereza, verdades de la Monarqua... Ah, ese amor la Patria que lo pide todo de los dems y nada ofrece por cuenta propia! El que no lee, pide que se estudie; el holgazn, que se trabaje; el falsificador, que no se engae. El padre que no supo educar sus hijos, se lamenta de la falta de escuelas. No: en la escuela, en la Universidad, ilustran los maestros, los libros. Educar slo educan los padres. Y no con palabras que se contradicen despus en las acciones, sino con ejemplos. Por eso son tantos los padres que dicen: Que vayan al colegio estos chicos, hay que educarlos. Saben que ellos no los educaran nunca. Y cuando no se educa la Patria en nuestros hijos, cuando nada hacemos por ella en nuestra propia casa, queremos que los gobiernos trabajen por los que no trabajan, estudien por los que no estudian, piensen por los que nunca pensaron, tengan una conciencia que nadie tiene. Nadie barre la puerta de su casa y nos quejamos de que la calle est sucia. Pedimos gobiernos inteligentes. Felices los pueblos que pueden ser gobernados por tontos! Y ahora, ved otra grave falta de educacin. Si preguntis al pueblo para qu sirve el Ejrcito, os dir: para hacer la guerra. As lo aprendi, as se lo dijeron. No fuera mejor decirle: el Ejrcito sirve para mantener la paz. El Ejrcito es la fuerza, s, pero es la fuerza la orden de la razn y de la justicia. No es amenaza, es seguridad. Si le juzgis improductivo en su accin, no veis que es todo vigilancia y la vigilancia no es nunca ociosa aunque parezca improductiva. La espada del Ejrcito, como la espada de la justicia, vela sobre vuestros campos, sobre vuestros talleres, sobre vuestros amores y vuestros ideales; sobre las codicias de fuera y las traiciones de dentro. Desconfiad de los que dicen: para qu tanta fuerza, para qu tantas precauciones? El que nada intenta contra la seguridad de un domicilio, no se ofende si al llamar la puerta observa que le miran por el ventanillo. Slo la gente maleante le parece que sobra la polica. Hasta del cielo cristiano, mansin de amor, donde la fe del creyente la imaginacin del poeta asientan todos los ideales de perfeccin, se dice que hay milicias celestiales. Hasta la justicia y el amor divino afirman el santo temor de Dios entre espadas flamgeras de arcngeles. Aun no ha llegado el da en que la inteligencia sea tan natural en los hombres como el instinto, cuando todo instinto animal se haya espiritualizado en la conciencia de nuestra eternidad. La fe religiosa del hombre es tambin instinto al despertar. Es anhelo angustioso de no morir para siempre. El hombre mira dentro de s y halla una vida interior que es algo que no palpan sus manos, ni ven sus ojos: es el pensamiento que vive en todo l y no est en parte alguna de su cuerpo. No es el latir de su corazn, ni es el golpear de su cerebro, es algo sutil, algo impalpable. Cierra los ojos, y le parece que ha muerto al cerrarlos la visin de cuanto le rodea y su pensamiento vive todava, dormido suea... No hay duda, el pensamiento es la parte inmortal de su ser. Morir, pero seguir pensando siempre. Y su pensamiento suea con una eternidad de vida. Vivir eternamente, pero dnde vivir? Y sus ojos entonces se vuelven adonde el horizonte es limitado, al misterio insondable de los cielos donde todo habla eternidad. Y all va su esperanza y all pone su fe. Despus, aquel cielo ignorado va poblndose de imgenes ideales. Primero, para el hombre de instinto, hay un Dios de venganza; despus es un Dios de justicia, despus un Dios de misericordia, un Dios que por amor se hace hombre y siendo todo sabidura y todo poder, no quiere juzgar los hombres sin haber padecido todo el dolor de la humanidad. Y padece como si no supiera. El, que todo lo sabe, que es un Dios quien padece y puede sobreponerse al dolor. Hermosa verdad para el creyente! Hermoso smbolo de la verdad para los descredos! Al expirar en la cruz, al gemir como una pobre criatura humana, Padre mo! por qu me has abandonado? Habr quien dude de que Dios pudiera nunca hacerse hombre; no habr quien dude de que en aquel instante, crucificado por amor todos los dolores de la carne y todas las tristezas del alma, el hombre se hizo Dios. Y nunca albore la aurora del espritu como al morir un Dios crucificado, sealando los hombres el camino de nuestra redencin y nuestra eternidad. Poetas, reina, damas gentiles, seores todos: vuestro corazn sea conmigo, el mo es con vosotros. Nada ms. XL[5] [5] Ledo en la funcin de despedida de Rosario Pino. Mi vida de autor dramtico no podr recordarse sin recordar Rosario Pino, la intrprete ideal de tantas comedias mas cuando mis comedias no le gustaban nadie ms que m, al contrario de lo que ahora sucede, que muchos les gustan y m no me gustan nada. Y yo estoy ms triste ahora, que no puedo estar conforme con el aplauso, que entonces cuando no saba estar conforme con las censuras. S que al despedirse Rosario Pino muchas obras mas se despiden tambin; pero no ser yo, por eso, quien entristezca esta despedida. Despedirnos, caminar, alejarnos... morir... olvidar al fin, que es verdadera muerte...! Todo es lo mismo, todo es la vida... y hay que afrontarlo cara cara... Si fumos siquiera, ya que no luz de astro esplendoroso, amable luz de lmpara familiar; si por algn alma pasamos como una caricia; si supimos avivar nuestro paso la simpata de otros corazones, capaces de sentir como propios toda alegra y toda tristeza humanas... al alejarnos--despedida muerte--y sustituir la presencia con el recuerdo, ser como purificarnos, ser como desmaterializarnos, ser un resplandor sin llamarada, ser como una diafanidad de gloria... Lo mejor de nuestra vida est en el corazn de los que nos aman. Para el artista el amor es la admiracin, que, como dijo Shelley, la gloria es amor disfrazado... Por eso slo puede decirse que se van que mueren los que no supieron hacerse amar. La dulce voz ser silencio. Pero qu msica valdr lo que el recuerdo de esa voz en nuestras almas? No ser yo quien le salga usted al paso para decirle: No nos deje, que el callar de su voz es como si algo tambin enmudeciera en nosotros... No; que aqu, en nuestro corazn, queda para siempre y bastar poner atento el odo al corazn para escucharla, como al acercar un caracol nos parece oir como recogidos en sus repligues de ncar el oleaje del mar lejano... No seamos egostas en nuestra admiracin... De una insigne actriz francesa se cuenta que en triunfo de teatro exclamaba: Bien me pueden aplaudir; les doy mi vida! Usted nos ha dado lo mejor de su vida; justo es que nuestra admiracin le consienta usted descanso. El pblico no ve, no sabe que cuando l llega una rfaga de arte puro, esa rfaga... presupone una tempestad en el alma del artista, como el aire apacible que refresca un da ardoroso nos llega tal vez de un vendaval remoto que fu desolacin y espanto... Para el artista son las lgrimas crueles, para el espectador las dulces lgrimas. Amor y gratitud para el artista que da por bien pagadas sus tristezas ms hondas con vuestro aplauso. Rosario Pino no podr olvidar nunca los aplausos de este pblico suyo: su recuerdo ser quizs toda su alegra en el descanso buscado... No olvidis vosotros pronto la que supo haceros olvidar tantas veces las emociones penosas de la vida con la elevada emocin de su arte. XLI CAMPOAMOR Siempre he temido volver los lugares que dejaran en m gratos recuerdos. Siempre he temido volver leer los libros que fueron el encanto de mi niez de mi juventud. El lugar ser el mismo, el libro tambin. Pero estaba en ellos el encanto el encanto era el de nuestras almas, sorprendidas y admiradas de todo, como ojos de ciego abiertos por milagro la luz... y slo de ver ya gozosos, porque ya el ver es una hermosura, aunque no sea hermoso todo lo visto...? Pero, entonces, es que las cosas no son nada por s? No hay valor alguno objetivo? S; las cosas son algo, son ellas, las mismas siempre; pero la luz que las alegra las entristece, auroras crepsculos, pleno sol estival luz de luna, nubarrones tormentosos con relmpagos de luz relmpagos de sombra, frecuentes en el cielo de las almas, todo eso es nuestro, y todo eso es el espritu de las cosas... y tambin nuestro espritu. Nos vemos en los ojos que nos miran y vivimos en las almas que nos atienden... Nosotros mismos no sabemos de nosotros ms de lo que saben decirnos los dems. Nuestra propia conciencia, lo ms nuestro, se esconde ante la conciencia ajena para que ella no pueda decirnos la verdad de nuestra conciencia. Y este ocultarnos unos otros la verdad para creernos mejores de lo que somos, si es hipocresa cuando nos damos tan mal arte vestir el disfraz que todos advierten que es disfraz, bien pudiera ser toda nuestra verdad cuando sabemos disfrazarnos de tal suerte que el disfraz llega ser ms que el vestido, algo tan propio y tan adaptado nuestro espritu como nuestra corporal hechura. El que logra hacerse una cara con la ms agradable de las caretas ha dejado de ser hipcrita para ser virtuoso. Y no digis: Buena virtud de mascarada ser esa!, si consideramos que ya es virtud llevar de ese modo una careta, y que estas caretas espirituales, si han de parecer como nuestra propia cara, han de amoldarse de dentro fuera, y han de ir muy prendidas en nuestro corazn. Pues si difcil es saber la verdad de nosotros mismos, cunto ms difcil ser saber la verdad de las cosas! Y si al volver ellas ya no somos los mismos, qu habr sido de ellas? Como deca Ronssard, el poeta que di sus mejores canciones la gloria efmera, dnde estn las nieves de antao...? Nuestro corazn es caminante que aunque dos veces pase por un camino siempre le parece camino nuevo. Un amigo mo acababa de reir con su novia, la que haba jurado amar eternamente, y los pocos das me daba leer una carta de otra novia. Y con otra carta en sus manos de la novia antigua, me deca como loco: Esta s que me quiere. Lee esa carta y compara, compara con esa carta. Yo le las dos cartas, y compar: las dos decan lo mismo. Y cuando l, al verme reir, se di cuenta de ello, sin darse partido, me deca: S, s, dicen lo mismo; pero esta es verdad y aquella era mentira. Despus de esto no extraaris que aun no os haya dicho nada de nuestro poeta. Si veis que la apariencia de las cosas, no me atrevo decir su verdad, est en nosotros ms que en ellas, estas emociones suscitadas por el poeta, no os dirn ms lo que del poeta siento que si de l os hablara? Campoamor! Yo le conoc. Era yo un nio y su fisonoma me era ya familiar. Slo una vez habl con l en los postreros aos de su vida; yo comenzaba _literatear_, literatura de seorito. Un ferviente admirador del gran poeta, gran amigo mo, me present l. Era la puerta de la librera de Fe. Don Ramn, antiguo tertuliante de la librera, por aquellos ltimos aos de su vida, llegaba en coche ante la puerta, y desde all saludaba los amigos; todos salan un momento de la tienda, rodeaban el coche y conversaban con el anciano poeta, de rostro rubicundo, de ojos azules, muy claros, unos ojos que sonrean todo, con tal gracia, que con no sonreir sus labios nunca, pues la boca era de severa expresin, la gracia de sus ojos bastaba mostrarle sonriente, como abuelo bondadoso que con la voz reprende al nietezuelo y con los ojos re la travesura. Un amigo le dijo al presentarme: Maestro, le presento usted Jacinto Benavente, escritor; tiene mucho talento. Y el maestro, el abuelo, me mir muy despacio y dijo: Mucho, mucho talento? Porque si no tiene mucho talento, vale ms que sea bueno. Y yo no he olvidado nunca aquellas palabras ni la mirada de bondad. Y como no he estado nunca muy seguro de tener mucho talento, mucho talento, he procurado siquiera, ya que en talento no fuese aventajado, aventajar en bondad. Porque aquellas palabras del poeta y otras del obispo, que al confirmarme me dijo: Hijito, seas santo, no he dejado de repetirlas un solo da desde que las oyera, y han sido acaso mis oraciones ms fervorosas, para que ellas me guarden de toda vanidad. Ahora, de la vida de Campoamor, que sabr deciros? La vida de los poetas est en sus poesas. La poesa de Campoamor es toda inquietud espiritual; pero una inquietud que pudiera decirse sosegada. Hay hombres de vida azarosa, perdida en vanas agitaciones, que al parecer responden desasosiego interior, inquietud espiritual, y si vamos ver, toda aquella turbulencia es epidrmica, de gestos y pasos. Otras vidas hay de tranquila apariencia, sin sacudidas aparentes, y toda aquella serenidad y placidez es muro de piedra en palacio seorial, que parece al exterior alegre mansin de riqueza y es por dentro mansin de dolor. Nuestro poeta hubiera podido escribir como Goethe: Tengo bien sealada la demarcacin entre mi vida poltica y social y mi vida moral y potica. Demarcacin puramente exterior, se entiende; pero me va muy bien as. Goethe llamaba Beethoven ser indomesticable, y l se deca s mismo un ser social. Campoamor era, como Goethe, un ser social. Y como el hombre era tan amable de cerca, su poesa era tambin amable. Y el poeta de las ironas y de los sarcasmos, el menos ortodoxo de los poetas espaoles, oa celebrados y repetidos sus versos en labios de las damas y de las jvenes ms distinguidas de la mejor sociedad. Fu el poeta preferido de las mujeres. Era el poeta que mejor las comprenda; las perdonaba todo. Las mujeres pobres mujeres! crean por eso que las amaba mucho... No comprendan que aquel su amable perdn, aquella su indulgencia para todas las faltas y errores que pueden cometer las mujeres, tena ms de profundo conocimiento de que no podan ser de otra manera, de que no se las deba pedir lo que no pueden dar... Las mujeres que saben de amor saben que el hombre que de verdad las ama es el que peor habla de ellas y ms abomina de sus engaos y ms se atormenta por sus traiciones... Lo otro no es amar, es comprender y perdonar. Ahora, que la mujer, cuando slo de poesa se trata, no sabe distinguir al amigo del amante. El poeta amigo de las mujeres, comprende y perdona. El poeta amante, maldice y castiga. En la realidad, ya saben ellas distinguirlos. Al buen amigo es al que las mujeres le cuentan las perreras que les hace el verdadero amante, y suelen decirle: Por qu no ser como usted? Usted s que me quiere, usted s que es bueno para m. No hay que creerlas mucho, porque si lo creyeran as, con dejar al amante y tomar al amigo... Y ya se sabe que las mujeres conceden rara vez ese ascenso. El amor y la muerte fueron las dos grandes inquietudes que animaron en la poesa de Campoamor. Y qu pensaba Campoamor del amor y de la muerte? Del amor, tal vez como el filsofo pesimista. Es el lazo que la Naturaleza nos tiende para perpetuar la especie. Nada ms? No, que de este lazo tendido por la Naturaleza, de este instinto en que el hombre puede ser inferior al bruto, cuando el hombre solo atienda al placer que engendra dolor, el espritu puede elevarse en sacrificio que, con ser dolor, ser ms alto goce, si nuestro espritu sabe elevarse al aceptarlo. As, del placer instintivo, por su conciencia de dolor, podemos elevarnos al amor espiritual. Cerrado queda as el crculo de nuestra evolucin. Completa ser cuando en sentido inverso, aceptado el deber, ya todo ser espiritualidad en nuestros amores, y del deber como instinto proceda el goce espiritual, en vez de proceder del goce instintivo el deber doloroso. Y de la muerte... La regin ignorada, de cuyos lmites ningn caminante torna, como dice Hamlet, qu pens Campoamor? Campoamor no saba si haba un Dios; crea que deba haberlo. Y esta creencia ya era una realidad. Si encerrados en un aposento obscuro, por donde entre las maderas entornadas llega un rayo de sol nuestra frente, no supiramos que el sol estaba all detrs; si ese rayo viniera del cielo azul sin astro visible nuestros ojos, no pudiramos creer que ese rayo de luz lo mismo pudiera llegar del cielo nuestra frente que de nuestra frente perderse en el cielo? Y dejara su luz de ser luz por eso? Dios! Dios! Dnde est? Qu es? Qu importa? Si el sol fuese invisible nuestros ojos pero su luz no nos faltara... qu importara? Creyramos que el rayo de sol en el aposento obscuro era luz de nuestra frente luz de lo alto, su resplandor siempre sera divino. XLII[6] [6] Ledo en la inauguracin del Florilegio de poetas castellanos. Seoras y seores: La Seccin de Literatura sabe muy bien lo que se expone con este florilegio de poetas cuya lectura hoy comenzamos. Se expone vuestro aburrimiento. Y conciencia de aburriros nos arriesgamos en esta empresa. S, seores. En Espaa es preciso que nos acostumbremos al aburrimiento. Los espaoles somos tristes por ser demasiado divertidos. Parece paradoja, verdad? Pues as es... Todo nos aburre y todo nos fastidia, porque pretendemos divertirnos con todo. De la palabra lata hemos hecho una pavorosa divinidad. Todo es lata. Lata es un discurso de presupuestos; los diputados y senadores huyen apenas se inicia la discusin, se refugian en el saln de conferencias, en los pasillos y all se bromea costa de los oradores serios y se prefiere la amenidad, la diversin de la comidilla poltica diaria... Despus nos sorprende algn impuesto oneroso, algn despilfarro que ha de pesar sobre el contribuyente harto castigado. Pero qu importa? Nos hemos librado de una lata. La Ciencia nos engorra, el Arte en serio nos fastidia. Faltos de ambiente, son muy contados los que trabajan por la Ciencia y el Arte... Asusta tanto que nos llamen lateros! Un da las naciones de Europa llaman concurso, se buscan nombres, obras, no hay nombres ni obras que ofrecer los extranjeros. La vanidad nacional se siente herida... No tenemos Ciencia, no tenemos Arte. Est bien. Pero tampoco hemos tenido que soportar latas, y lo que nos hemos divertido entre tanto? Yo confieso que me encanta y me enamora este modo de ser nuestro y prefiero para vivir las ciudades lo morisco, en que las gentes se tienden al sol y van reposadas por las calles en amables y ociosas charlas las ciudades la europea, la americana, por donde se camina empujones, codazos, sin un saludo cordial, sin un piropo chirigotero... Lo malo es que la humanidad ha llegado su madurez, y estos pueblos infantiles, que slo quieren diversin y juego como los nios, estn muy expuestos ser trados la razn de mala manera. Porque en la casa donde se trabaja, la hora de trabajar molestan los nios. Por eso conviene que los espaoles empecemos saber aburrirnos. La cultura no es otra cosa. Slo son grandes y cultos los pueblos que han logrado por fin no aburrirse con todo lo aburrido. Cuando se ha llegado sublimar el aburrimiento hasta el xtasis, como en la msica de Wagner, se ha llegado esa civilizacin suprema. Por fortuna, este aburrimiento disciplinado concluye por ser ms segura diversin que la otra, la diversin alocada de un da y otro. Porque la vida, aunque parece que es eso, un da y otro y una hora y otra hora es algo ms. Es el da de la suma, la hora de las cuentas, en que todo se paga. Hay una parte de nuestro ser perezosa, casi inerte, su aspiracin es el reposo y todo lo ms un dulce columpiarnos, una diversin del espritu; avanzar un poco para retroceder al mismo punto. Hay otra parte ms alta y ms noble que aspira desprendernos de todo esto que sujeta y detiene, de esto que llamamos la vida y con decir la vida es as lo disculpa todo. Pero esta parte, nica evolutiva, creadora, nica que puede libertarnos al fin de la vida y de nosotros mismos, es la que hemos de cultivar con dolor y con aburrimiento hasta vencerlos, hasta sobreponerse ellos. Decir Qu lata! Es decir pereza mental, indigencia de nuestro entendimiento, sequedad de nuestro corazn. Decimos Qu lata! Y cerramos el libro y apartamos al amigo y por no aburrirnos un da nos quedamos en soledad para muchos das, para toda la vida. Y esa soledad, que es desolacin porque nada queda donde nada hubo y por habernos divertido unas horas nos aburrimos para siempre. He dicho, y como pocas veces he dicho lo que senta, porque deja uno tantas veces de decir lo que siente por temor parecer latero...! XLIII[7] [7] Ledo en la sesin en honor de Rubn Daro. Seoras y seores: Por esta vez Loado sea Dios! la Seccin de Literatura no celebra funerales literarios. Hoy podemos regocijarnos sin asomos de tristeza, ms menos espontnea. En otras ocasiones, al honrar la memoria de algn difunto, venamos ser como la viuda rica, segn dice el refrn: La viuda rica con un ojo llora y con el otro repica. Hoy por fortuna podemos repicar y tocar gloria de todo corazn. Vivo y entre nosotros est el poeta festejado, vivo y en plenitud de su nmen potico; as es que tampoco tiene esta fiesta ese dejo amargo de las despedidas, como otras semejantes en que parece decirse al festejado, al declinar de su vida y de su entendimiento: Con esto cumplimos; ahora casita y no se moleste usted ms por nosotros. Estos homenajes lo Carlos V vienen ser algo as como el tercer aviso como la salida de tono de aquel ingenioso cuanto iracundo escritor, al increpar un portero agonizante: Usted morirse pronto, que es su obligacin. La Seccin de Literatura bien quisiera no ser siempre una especie de funeraria. Y si no prodiga con los vivos estos homenajes es... porque entre los vivos los hay tan vivos que se organizaran ellos mismos el obsequio y habra que declararse en sesin permanente. Los muertos no suelen valerse de recomendacin ni son tan intrigantes. Aun as, yo no s, ahora que hemos dado en practicar el espiritismo, si no acudir alguno del otro mundo solicitar su homenaje. Pero, en verdad, estos honores, slo son en verdad honores cuando ms honra quien los ofrece que quien los acepta. Y nadie dudar que hoy es el caso para esta Seccin de Literatura. Fuera tambin de toda utilidad y de toda consideracin extraa al Arte, ni siquiera pensamos al realizar este acto en estrechar los consabidos lazos hispano-americanos... esos lazos tan trados y llevados en congresiles discursos y brindis de banquetes. Qu discurso valdr lo que un solo verso de Rubn Daro escrito en noble lengua castellana? Qu brindis, como la inspirada elevacin de su poesa al alzar el poeta, como el sacerdote en el ms sublime misterio de nuestra religin, en cliz de oro la propia sangre que no es otro el misterio de la poesa? No hay poeta cuyo corazn no sangre siempre. La sangre del poeta es chorro de luz, pero esa luz que es resplandor para todos, es en el corazn del poeta herida dolorosa. Cuando cantis nuestra gloria cantis vuestro dolor. No es cierto, poeta? Que vuestras rosas suavicen por un instante las espinas de vuestra corona. Las mejores que os ofrecemos son de vuestros floridos rosales. Nos las ofrecsteis para gloria de todos. Su aroma fu una msica espiritual de oraciones que satur nuestras almas de poesa. Al prenderlas sobre nuestro corazn aprendern la ms dulce palabra de gloria. Amor! Amor al poeta! canta hoy en nuestros corazones esa cancin que es armona de risa y llanto y pone en las palabras ms vulgares acentos de una verdad resplandeciente, y es como temblar de aguas vivas, y es la caricia de lo sublime, y es el pasar de Dios por nuestras almas. He dicho. XLIV JUAN DE LEPES Naci este santo poeta en Ontiveros, provincia de Salamanca; el menor de tres hijos que tuvieran de su matrimonio Gonzalo de Lepes, tejedor de oficio, y Catalina Alvarez. Naci en el ao de 1542. Viuda muy poco su madre, y en extrema pobreza, pas con sus hijos la villa de Arvalo y despus Medina del Campo. All hall Juan un noble protector en don Alonso Alvarez de Toledo, administrador de un Hospital de la villa. En este Hospital cuidaba Juan de los enfermos y era en edad de doce aos grave y pensativo. A los veintiuno entr como novicio en el Monasterio de Santa Ana, de los PP. Carmelitas, en Medina, y en este mismo Monasterio profes su tiempo, con el nombre de Fray Juan de Santa Mara. Environle sus superiores estudiar teologa en Salamanca, y aconsejado por Santa Teresa, ingres en la Orden expresada de Carmelitas descalzos. Discordias entre los calzados y los descalzos, fueron causa de persecuciones para Fray Juan de la Cruz, que as se llam al cambiar de Orden. Fu trasladado Toledo y all encerrado en el convento de observantes sujeto duras penitencias. Por inspiracin divina, nunca nos falta en semejante caso, recibi la orden de fugarse y as lo ejecut, descolgndose por una ventana. Refugise en un convento de monjas y huy despus Almodvar. De all pas Granada y fu nombrado, primero, definidor de la Orden, y despus, vicario de la casa de Segovia. Mal hallado su natural humilde en estos cargos, se retir al desierto de la Penila, en Sierra Morena, y all, caballero andante lo divino, como Don Quijote, hizo penitencia, aunque por ms alta Dulcinea. Quebrantada su salud, hubo de recogerse en el convento de Ubeda, y all muri 14 de Diciembre de 1591. Fu canonizado en 1674. Su cuerpo est en Segovia en el convento de la Orden. * * * * * Fu San Juan de la Cruz el mstico por excelencia. La vulgar acepcin considera msticos muchos escritores, que en rigor slo pueden ser llamados devotos y cuando ms, ascticos. De los espaoles, slo Santa Teresa, en Las moradas, el beato Juan de Avila, algunas veces, pueden ser considerados como msticos en el verdadero sentido del misticismo. El misticismo, ha dicho Matter, se eleva sobre la ciencia positiva y la especulacin racional y aspira al elevarse, la intuicin en lo metafsico, en lo moral la perfeccin. El misticismo llega al conocimiento por el amor como la filosofa y la teologa pretenden llegar por el entendimiento. El misticismo no es luz que alumbra la razn, es llamarada que abrasa sentidos y potencias y sublima el espritu hasta confundirse con el objeto de su amor. Amada en el amado confundido. Y para l la verdad slo tiene un nombre. Amor. Amor! Unica verdad que no admite contradiccin ni razonamiento. Cuando se dice: Creo, tal vez se dice: Dudo. La duda condescendiente siempre se expresa as: Yo creo que... Cuando se dice: Amo, se dice: Creo, creo con toda el alma. De todos nuestros msticos ninguno tan desunido del mundo exterior, de su propio mundo interior como San Juan de la Cruz. Su espritu no era siquiera mariposa que se abrasa la llama del amor divino, era la propia llama ardiente como el Espritu divino en los zarzales de Moiss, en el tabor de Cristo. Voy leeros la cancin entre el alma y el Esposo, parfrasis del Cantar de los Cantares. San Juan de la Cruz escribi sobre estas canciones: El Cntico Espiritual, glosa y declaracin de cada una de sus estrofas. Y segn palabras del Santo. Por cuanto estas canciones parecen ser escritas con algn fervor por el amor de Dios, no quiero yo decir toda la anchura y copia que el espritu fecundo del amor en ellos lleva. Porque--aade despus:--Quin podr escribir lo que las almas amorosas donde l mora, hace entender? Esta es la causa porque con figuras, comparaciones y semejanzas antes rebosan algo de lo que sienten. Las cuales semejanzas no ledas con la sencillez del espritu de amor inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos puestos en razn. Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mstica, no se podr declarar al justo, ni mi intento es tal, sino dar alguna luz en general, y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos su anchura. Sabia advertencia para los que pretenden razonar de lo que est sobre toda razn. Dejemos el amor su anchura y ensanche el amor nuestras almas. XLV El proyecto de erigir una estatua _Lagartijo_ ha escandalizado muchos. No hay razn para ello. Nunca tan bien empleado el arte de la escultura como al reproducir en bronce mrmol la humana belleza en su ms apreciable manifestacin: la belleza del cuerpo. Sabido es que, hasta la representacin simblica de abstracciones por medio de la escultura, no tiene otra forma de expresin que la ms bella forma del cuerpo humano. Es preciso buscar antecedentes, razn suprema de muchas sinrazones nacionales? En Grecia tuvieron ms estatuas los atletas y corredores de sus juegos olmpicos, que los hombres de Estado, los filsofos y los poetas. No se diga en Roma y en Bizancio. Un sabio, un escritor, cualquier intelectual, en suma, va mejor servido con la reproduccin y estudio de sus obras, y si de perpetuar su memoria en efigie se trata, con un busto es suficiente. A qu afligirnos con la contemplacin antiesttica de su abdomen, doblemente si se nos presenta enfundado en una levita? Por mucho arte y mucha habilidad del escultor, no podr evitarse que la estatua de un caballero moderno ms nos recuerde las figuras de cera del Museo Grevin que las esculturas del Museo del Vaticano. La prueba es, que los escultores modernos procuran desquitarse en grupos figuras alegricas, del inconveniente buen seor, que viene, de este modo, ser accesorio del monumento elevado su gloria. Lo que s puede discutirse es si la figura del torero en general, y la de _Lagartijo_, en particular, se prestan la representacin escultrica. El toreo es una habilidad. Sus apasionados y sus cultivadores aseguran que es un arte. Vaya por el arte. De toda suerte--y aqu bien puede decirse y _en todas las suertes_, es un arte cuya gracia est en el movimiento.--Fijad cualquiera actitud de un lidiador, como cualquiera actitud de una bailarina y habr perdido toda su gracia en la inmovilidad. No hay ms que ver las fotografas instantneas obtenidas durante la ejecucin de las ms graciosas suertes del toreo. Sin el ritmo y el garbo en la sucesin de movimientos, ni el lidiador ni la bailarina tienen valor artstico alguno. Es difcil, casi imposible, plantar en una sola actitud la gracia, resultado de varias armnicas actitudes. _The moments monuments._ La eternidad de un instante, que segn Rossetti es el soneto, no puede serlo el arte de torear. Particularmente en _Lagartijo_, el ritmo era su mayor encanto. Aquella dejadez seorial de sus pasos y de sus actitudes. Este arte, de gracia dinmica, digmoslo as, tiene su mejor expresin en la msica. Por eso vemos que el toreo, con ser cosa tan espaola, no ha inspirado grandes obras los pintores los escultores espaoles. En cambio, es mucha y excelente la msica torera de nuestros ms famosos compositores. Y ntese, cmo un pasodoble brillante es ms evocador de majezas taurinas, que puede serlo una pgina literaria, un cuadro una escultura. Con ser figuras tan famosas y caractersticas, la pintura espaola no ha legado la posteridad un buen retrato de _Lagartijo_, ni de _Frascuelo_, ni de _Guerrita_, ni del _Espartero_, ni de _Reverte_. Los mejores cuadros inspirados por nuestra fiesta nacional, son los de Zuloaga. Y no son por cierto un himno sus gallardas y sus proezas. Hay en ellos una sonrisa de amargura, ms patritica que las fanfarrias coloristas de los aduladores de multitudes incultas. Hay ms luz interior en los cuadros de Zuloaga que en todos los cuadros de esos pintores de la luz tan celebrados. Hay luz que debiera iluminar la conciencia espaola. Por eso ofende, irrita muchos. --Es una Espaa de fantasa!--dicen.--No; la de fantasa es la otra. Por eso me parece muy bien el proyecto de erigir una estatua _Lagartijo_, y celebrara con toda el alma que se llegara su realizacin. Esa estatua pudiera, al levantarse, ser una forma visible del remordimiento, _como la sombra de Banguo en el festn de Macbeth_. Hay conciencias tan dormidas que no necesitan menos para despertarse. Ante la estatua de _Lagartijo_ se caera en la cuenta: de las muchas que faltan, de que sobran todas. 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