Produced by Adrian Mastronardi, Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by the Bibliothque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr) [Nota del transcriptor: la ortografa del original fue conservada; no ha sido corregida ni actualizada.] LA ARGENTINA, O LA CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA, POEMA HISTRICO POR EL ARCEDIANO D. MARTIN DEL BARCO CENTENERA. BUENOS-AIRES. IMPRENTA DEL ESTADO. 1836. * * * * * DISCURSO PRELIMINAR AL MARQUES DE CASTEL RODRIGO LA ARGENTINA. * CANTO PRIMERO. * CANTO SEGUNDO. * CANTO TERCERO. * CANTO CUARTO. * CANTO QUINTO. * CANTO SEXTO. * CANTO SEPTIMO. * CANTO OCTAVO. * CANTO NONO. * CANTO DECIMO. * CANTO UNDECIMO. * CANTO DUODECIMO. * CANTO DECIMO-TERCIO. * CANTO DECIMO-CUARTO. * CANTO DECIMO-QUINTO. * CANTO DECIMO-SEXTO. * CANTO DECIMO-SEPTIMO. * CANTO DECIMO-OCTAVO. * CANTO DECIMO-NONO. * CANTO VIGESIMO. * CANTO VIGESIMO-PRIMERO. * CANTO VIGESIMO-SEGUNDO. * CANTO VIGESIMO-TERCIO. * CANTO VIGESIMO-CUARTO. * CANTO VIGESIMO-QUINTO. * CANTO VIGESIMO-SEXTO. * CANTO VIGESIMO-SEPTIMO. * CANTO VIGESIMO-OCTAVO. TABLA NOTAS * * * * * DISCURSO PRELIMINAR A LA ARGENTINA DE BARCO CENTENERA. Cuando sali luz este poema sobre la conquista del Rio de la Plata, las musas castellanas habian desplegado, en las obras de Garcilaso, Herrera y Luis de Leon, un estilo culto y elegante. Ni la lucha intestina de Fernando el Catlico contra los Moros, ni las guerras exteriores de su sucesor Carlos V, fueron bastantes detener los progresos de las letras, que sin proteccion y estmulo florecieron en el reinado sombro inquisitorial de Felipe II. El gusto de la literatura italiana, que mediados del siglo XVI. se habia generalizado en Espaa, y el verso endecasilabo, introducido por Boscan, pusieron en voga los grandes modelos que se ilustraron en la epopeya, y Ariosto, Camoens, y Taso, tuvieron sus mulos imitadores. Mientras que Zapata, Urrea y Samper celebraban porfia las glorias de Carlos V, Pinciano escribia el _Pelayo_; Cueva, la _Conquista de la Btica_; Hojeda, la _Cristiada_; Mosquera y Zamora, la _Numantina_ y la _Saguntina_; y el frtil inagotable Lope de Vega, la _Dragontea_, el _Isidro_ y la _Jerusalen_. Entre tantos ensayos desgraciados, ocupaba un lugar eminente el poema de D. Alonso de Ercilla, que al relatar los sucesos de Arauco, podia decir como Enea _quorum pars magna fui_. El mismo objeto se propuso D. Martin del Barco Centenera en su _Argentina_, en que describi los acontecimientos que presenciaba, sino con toda la escrupulosidad de un historiador, almenos con un fondo de candor que le grangea crdito y confianza. Naci en Logrosan, en el partido de Trujillo en Extremadura, cerca del ao de 1535, cuando se fund por primera vez Buenos Aires, de la que estaba destinado cantar la reedificacion. Abraz el estado eclesistico, y en clase de capellan acompa la expedicion que, en 1572, sali del puerto de San Lucar, bajo los auspicios del Adelantado Juan Ortiz de Zrate. La descripcion de este viage, una de las partes mas interesantes del poema, los amagos de una tempestad, y los estragos del hambre que estall en Santa Catalina, son pinturas animadas de los incidentes de una larga navegacion. En los veinticuatro aos que pas en Amrica, el deseo de observar tantos objetos nuevos y curiosos, le hizo tomar parte en varias empresas, en las que arrostr grandes peligros, siendo testigo de infinitas desgracias: y al cuidado que tuvo de relatarlas debemos las nicas memorias que nos quedan de un perodo importante en la conquista de estas regiones. Acompa Melgarejo y Garay en casi todas sus expediciones, y, segun parece indicarlo, fu uno de los que concurrieron la fundacion de Buenos Aires en 1580.[1] De todas las privaciones que sufri, la que mas le molest fu el hambre. Sus efectos fueron sobre todo terribles en Santa Catalina, donde los horrores de una escasez absoluta se agregaron los de una crueldad refinada en los gefes, que enviaban al cdalso los que luchaban con la muerte por falta de alimentos. El autor deplora estos rigores culpables; porque La cosa tal extremo habia llegado Que carne humana v que se comia.[2] El mismo tuvo que echar mano de lagartijas, que no le parecieron tan sabrosas como ciertos gusanos que comi despues en las mrgenes del rio Huybay. Los habia de dos especies, y se criaban en caas mas corpulentas que los _robles_: En muy poco difieren sus sabores: Estando el uno y otro derretido, Manteca fresca mi me parecia; Mas sabe Dios el hambre que tenia![3] En uno de estos apuros tuvo que usar de su influjo para tranquilizar la conciencia de una muger, que habia hurtado un perro sin atreverse echar mano de l. Este episodio puede servir dar una idea del gnio festivo del poeta. Viniendo de la iglesia una maana Que habia sacrificio celebrado, Una comadre mia, Mariana, De su pequea choza me llamaba En una isla, d antes la tirana Le habia su marido sepultado: Y oid lo que me dice muy gozosa, Aunque del hecho suyo recelosa. Un solo perro habia en el armada, De gran precio y valor para su dueo: Llamado, entr ese dia en su posada, Mas nunca mas sali de aquel empeo; Porque ella le mat de una porrada, Al tiempo del entrar, con un gran leo. Mostrndolo, me dice: _Qu haremos_? Yo dije:--_Asad, Seora, y comeremos_. Estos lances de la vida estn descritos en un estilo fcil y natural, que es el tono ordinario del poeta; sin que le falte vigor para elevarse, cuando su alma se halla profundamente conmovida. Si no fuera por no multiplicar citas, reproduciriamos varios trozos que nos parecen dignos de competir con los modelos mas acabados de la poesia castellana. Sirva de egemplo la octava, en que describe el hambre que asalt los compaeros de D. Pedro de Mendoza en Buenos Aires: Comienzan morir todos rabiando, Los rostros y los ojos consumidos. A los nios que mueren sollozando Las madres les responden con gemidos: El pueblo sin ventura lamentando A Dios envia suspiros dolorosos: Gritan viejos y mozos, damas bellas Perturban con clamores las estrellas.[4] Estos versos son tiernos, pero mas llenos de sensibilidad son los que le inspira la muerte de su compatriota Ana de Valverde. Llore mi musa y verso con ternura La muerte de esta dama generosa; Y llrela mi tierra, Extremadura, Y Castilla la Vieja perdidosa: Y llore Logrosn la hermosura De aquesta dama bella, tan hermosa, Cual entre espinas, rosa y azucena, De honra y de virtudes tan bien llena. Las Argentinas Ninfas, conociendo De aquesta Ana Valverde la belleza, Sus dorados cabellos descojendo, Envueltas en dolor y gran tristeza, Estan la fortuna maldiciendo, Las flechas y los dardos, la crueza Del indio Mau, que as ha robado Al mundo de virtudes un dechado.[5] No es nuestro propsito exagerar el mrito potico de la _Argentina;_ y mas bien quisiramos que quedase reducido lo que es puramente indispensable para no fastidiar al lector que la consulta como monumento histrico de la poca que pertenece. Cuando se considera que los acontecimientos de un perodo, que comprende toda la administracion de Garay y la de su sucesor Mendieta, no tienen mas historiador que un poeta, se siente la necesidad de acreditar, que .........aunque su musa en verso canta, Escribe la verdad de lo que ha oido Y visto por sus ojos y servido.[6] Este empeo en que se constituy voluntariamente el autor, justifica su principal defecto, que es cierto aire prosaico, que es natural que prevalesca en una obra, despojada del brillante cortejo de las ficciones. Qutese todo lo que hay de fantstico en los grandes poemas picos, antiguos y modernos:--brrense de la Eneida, de la Jerusalen y de la Lusiada, las pinturas de los Campos Eliseos, de los palacios y de las islas encantadas que tanto nos arrebatan, y no quedar mas que una fria narracion del viage de Eneas, de las guerras de Palestina y de la navegacion de Vasco de Gama. Esta especie de _crnicas rimadas_ tienen todos los vicios de los gneros bastardos, cuyo carcter ambiguo es el mayor obstculo su perfeccion. Moratin en una de sus mejores stiras se declara contra esta clase de escritores, los que dirige irnicamente los siguientes consejos. Sigue la historia religiosamente, Y conociendo la verdad por guia, Cosa no has de decir que ella no cuente. No fingas, no; _que es grande picardia_: Refiere sin doblez lo que ha pasado, Con nimiedad escrupulosa y pia; Y en todo cuanto escribas ten cuidado De no olvidar las fechas y las datas, _Que as lo debe hacer un hombre honrado_.[7] Pero Moratin habla como poeta, y no piensa que pueda haber una sociedad que busque, en las pocas memorias coevas, tradiciones ciertas de su infancia: porque en este caso los defectos que ridiculiza le hubieran parecido otras tantas recomendaciones. Si algo falta al autor de la Argentina es la _nimiedad escrupulosa_, que tanto desagrada al Terencio espaol. Aun as, la autoridad de Centenera ha sido de tanto peso para sus sucesores, que hasta han adoptado sus fbulas; y si por mucho tiempo se ha creido en las _Sirenas_, en los _Carbunclos_ y en otras patraas del mismo quilate, es porque l asegur que los habia visto con sus propios ojos. Los servicios que prest en la conquista de estas provincias, mas reales que estos juegos de una imaginacion acalorada, le merecieron el titulo de arcediano de la Asumpcion, en cuyo carcter acompa Fray Alonso Guerra (recien promovido la silla episcopal del Paraguay), al concilio convocado en Lima en 1582, por el Arzobispo Melgarejo, mas conocido en los fastos de la iglesia bajo el nombre de _Santo Toribio_ con que fu canonizado. Para introducir alguna variedad en la relacion de estas tareas, pinta la hermosura y el lujo de las damas limeas, de las que hace un retrato seductor. Por las calles y plaza y las ventanas Se ponen, que es contento de mirarlas, Con ricos aderezos muy galanas, Y pueden los que quieren bien hablarlas. No se muestran esquivas ni tiranas, Que escuchan quien quiere requebrarlas: Y dicen s el rebozo chistecillos, Con que engaan veces los bobillos.[8] En estos episdios, y en los que le ministran los acometimientos de Drake y Candish, acaba su poema, imitando en esto Ercilla, que tambien se distrae en describir las batallas de San Quintin y Lepanto. Centenera, que no ponia mucha importancia en conservar la unidad del poema, estuvo tentado de tratar de las guerras de Chile; y si no lo hizo, no fu por respeto los preceptos de Aristteles, sino por el que le inspiraba el mrito de la Araucana. El elgio que hace de Ercilla es honroso para entrambos. Y pues que Chile cupo tal belleza De pluma, de valor, de cortesia, No es justo que se atreva mi rudeza Decir de Chile cosa: que seria Muy loca presumpcion y gran simpleza Meter hoz en la mies no siendo mia.[9] Su morada en Lima, y la obligacion de sostener con decoro su rango, agotaron su peculio y lo dejaron sumido en la indigencia. Acostumbrado vivir en la mediocridad, hubiera sobrellevado con resignacion esta desgracia, si hubiese podido renunciar igualmente al deseo de volver su patria. Esta idea, que se habia apoderado de su espritu, lo dispuso la tristeza; y se hallaba en el mayor abatimiento, cuando La Inquisicion le hizo comisario, Y el Obispo de Charcas su vicario.[10] En estas nuevas funciones pas los ltimos aos de su residencia en Amrica, hasta que en 1596 se resolvi regresar Europa. Al deseo de reunirse su familia debi agregarse el de dar publicidad su poema, siendo imposible que lo verificase en Amrica, donde aun no habia penetrado el arte tipogrfico. Desembarc en Lisboa, en donde di luz la _Argentina_, en 1602, bajo los auspicios del Marques de Castel Rodrigo, que gobernaba entonces el Portugal, nombre de Felipe III: otra edicion public Barcia en el tercer tomo de sus _Historiadores primitivos de las Indias occidentales_; y ambas tan llenas de errores, que bastaria esta circunstancia justificar su reimpresion. Los ejemplares de que nos hemos valido, nos han sido franqueados, con su acostumbrada liberalidad, por el Sr. Cannigo Dr. D. Saturnino Segurola; y no creemos que se halle en Buenos Aires otra copia de la edicion de Lisboa. La que cita Pinelo[11], del ao de 1631, si existe, debe ser mucho mas rara que la primera; puesto que ha quedado ignorada los demas bibligrafos. El juicio de Azara, sobre el autor de la _Argentina_, no solo es severo, sino injusto: porque de todos los cargos que se le pueden hacer, el que nos parece mas infundado es, _no haber puesto el menor cuidado en averiguar la verdad de los hechos_.[12] Ciertamente, no son exactos todos los que alega; pero este defecto parcial, y excusable, por ser comun todos los escritores de aquel siglo, no le quitan el mrito de habernos transmitido con fidelidad muchas noticias que ignorariamos sin l; en lo que no puede menos de convenir el mismo Azara.[13] Tambien se equivoca cuando dice que la _Argentina_ comprende los acontecimientos de la conquista de estas provincias, hasta el ao de 1581: porque en el canto XXIV se describen minuciosamente las circunstancias de la muerte de Garay, que acaeci en 1584; y en el ltimo se habla de la victoria de los portugueses sobre Candish, que corresponde al ao de 1592. Una segunda parte, de la que se ocupaba el autor cuando public su poema[14], qued interrumpida por su muerte, que lo acometi poco despues, en una edad avanzada, y fuera de su patria, adonde habia deseado tanto volver. _Buenos Aires, Junio de 1836._ =PEDRO DE ANGELIS.= AL MARQUES DE CASTEL RODRIGO, _Virey, Gobernador y Capitan General de Portugal, por el Rey D. Felipe III, Nuestro Seor._ D. MARTIN DEL BARCO CENTENERA, ARCEDIANO DEL RIO DE LA PLATA. Habiendo considerado y revuelto muchas veces en mi memoria el gran gusto que recibe el humano entendimiento con la lectura de los varios y diversos acaecimientos de cosas, que aun por su variedad es la naturaleza bella; y que aquellas amplsimas provincias del Rio de la Plata estaban casi puestas en olvido, y su memoria sin razon obscurecida, procur poner en escrito algo de lo que supe, entend y v en ellas, en veinticuatro aos que en aquel nuevo orbe peregrin:--lo primero, por no parecer al malo inutil siervo que abscondi el talento recibido de su seor:--lo segundo, porque el mundo tenga entera noticia y verdadera relacion del Rio de la Plata, cuyas provincias son tan grandes, con gentes tan belicosas, animales y fieras tan bravas, aves tan diferentes, vboras y serpientes que han tenido con hombres conflicto y pelea, peces de humana forma, y cosas tan exquisitas, que dejan en xtasis los nimos de los que con alguna atencion las consideran. He escrito, pues, aunque en estilo poco pulido y menos limado, este libro, quien intitulo y nombro _Argentina_, tomando el nombre del subjecto principal que es el Rio de la Plata; para que V. E., si acaso pudiera tener algun rato como que hurtado los necesarsimos y graves negocios de tan grande gobierno como sus hombros tienen, pueda con facilidad leerle, sin que le d el disgusto y fastidio que de las largas y prolijas histrias se suele recibir; y hme dispuesto presentarla y ofrecerla V. E., como propia suya; pues, segun derecho, los bienes del siervo son vistos ser del seor. Y as confio que, puesto en la posesion del amparo de V. E., cobrar nuevo ser y perpetuo renombre mi trabajo; y pido Dios te siga solo haber acertado dar V. E. algun pequeo contento con este mi pauprrimo servicio: lo que ser para mi muy aventajado prmio, y crecern en m las alas de mi flaco y dbil entendimiento para volar, aspirando siempre cosas mas altas y mayores: enderezadas todas su fin debido, que es el servicio de Dios, de S. M. y de V. E., quien Dios nos guarde por largos y felicsimos tiempos, para el buen gobierno y amparo de este reino, y como yo siervo y perpetuo capellan de V. E. deseo. De LISBOA, 10 de Mayo de 1601. LA ARGENTINA. CANTO PRIMERO. _En que se trata del rigen de los Chiriguanas Guarans, gente que come carne humana, y del descubrimiento del Rio de la Plata._ Del indio Chiriguana encarnizado En carne humana, orgen canto solo. Por descubrir el ser tan olvidado Del Argentino reino, gran Apolo! Envame del monte consagrado Ayuda con que pueda aqu, sin dolo, Al mundo publicar, en nueva historia, De cosas admirables la memoria. Mas qu digo de Apolo, Dios eterno! A vos solo favor pido y demando. Qu mal lo puede dar en el infierno El que en continuo fuego est penando. Har con vuestra ayuda este cuaderno, Del Argentino reino recontando Diversas aventuras y estraezas, Prodigios, hambres, guerras y proezas. Tratar quiero tambien de sucedidos Y estraos casos que iba yo notando. De vista muchos son, otros oidos, Que vine descubrir yo preguntando. De personas me fueron referidos Con quien comunicaba, conversando De cosas admirables codicioso, Saber por escribirlas deseoso. Per de fama eterna y estendida Por sus ricos metales por el mundo; La Potos imperial ennoblecida, Por tener aquel cerro tan rotundo;[15] La tucumana tierra bastecida[16] De cosas de comer, con el jocundo Estado del Brasil, darn subjecto A mi pluma que escriba yo prometo. Que aunque en esta obra el fundamento Primero y principal, Rio de la Plata, Y as es primero su descubrimiento; Con todo no ser mi pluma ingrata: Que aqu pintar al vivo lo que siento Del nuevo orbe al Marques Mora:[17] y si trata Contrario la verdad, yo sea borrado De su libro, y olvido condenado. Tambien dir de aquel duro flagelo, Que Dios al mundo di por su pecado, El Drake que cubri con crudo duelo[18] Al un polo y al otro en sumo grado. Tratar de castigos, que del Cielo Parece nuestro Dios nos ha enviado: Temblores, terremotos y seales Que bien pueden juzgarse por finales. En todo hallar bien, si lo quisiere, A su gusto el lector, gusto sabroso. Y guste lo que mas gusto tuviere, Y deje lo sin gusto y disgustoso. Har al fin lo que mas gusto le diere: Qu esto de escribir es azaroso. En nombre de Jesus comienzo agora, Y de la Vrgen para Emperadora. Despues del gran castigo y gran justicia, Que hizo nuestro Dios Omnipotente, Por ver como crecia la malicia Del hombre que compuso sabiamente, Habiendo recibido la propicia Seal del amistad, No prudente, De Japhet, hijo suyo, as llamado, Tubal naci valiente y esforzado.[19] Aqueste fu el primero que en Espaa Pobl: pero despues viniendo gentes Con la de aqueste Tubal y otra estraa Mas, del mismo No remanecientes, Espaa se pobl, y tanta saa Creci entre unos hombres muy valientes Tups, que por costumbre muy tirana Tomaron comer de carne humana. Creciendo en multitud por esta tierra Estremadura bella, aquesta gente De tan bestial designio y suerte perra, Por atajar tal mal de incontinente Hicieron los Ricinos grande guerra[20] Contra aquestos caribes fuertemente; En tiempo que no estaba edificada La torre de Mambrs tan afamada.[21] Ni menos el alcazar trujillano, En que vive la gente trujillana: Ni la puente hermosa, que el Romano En Merida nos puso Guadiana. Ni habia comenzado el Lusitano,[22] Que habita en la provincia comarcana. Empero habia Ricinos en la tierra, Muy fuertes y valientes para guerra. Aquestos son nombrados Trujillanos; Cual pueblo _Castrum Julii_ fu llamado:[23] Qu cuando le poblaron los Romanos El nombre de su Csar le fu dado. Fronteros de estas tierras los profanos De aquel designio prfido, malvado, Caribes inhumanos habitaban, Y toda la comarca maltrataban. Corriendo las riberas del gran Tajo, Y veces por las sierras de Altamira,[24] Ponian en angustia y en trabajo La gente con su rabia cruda y dira. No dejan cosa viva: que de quajo, Cuanto puede el Caribe, roba y tira; A cual quitan el hijo y los haberes, Y otros con sus vidas las mugeres. Vistos por los Ricinos trujillanos, Con nimo invencible belicoso, Contra aquellos caribes inhumanos Formaron campo grande y poderoso. Venido este negocio ya las manos, De entre ambas partes fu muy sanguinoso: Mas siendo los caribes de vencida, Las reliquias se ponen en huida. Espulsos de la tierra, fabricaron Las barcas y bateles que pudieron, Y priesa muchos de estos se embarcaron Y sin aguja al viento velas dieron. A las furiosas aguas se entregaron, Y as de Estremadura se salieron; Y las islas, que dicen Fortunadas, Aportan con sus barcas destrozadas. Platon escribe y dice, que solia El mar del norte, Atlntico llamado, Ser islas lo mas de l, y se extendia La tierra desde Espaa en sumo grado. Y que en tiempos pasados se venia Por tierra mucha gente; y se han llamado Las islas Fortunadas que quedaron, Cuando otras del mar Norte se anegaron.[25] Y as muchos pilotos yo he oido, Que navegando han visto las seales Y muestras de edificios que han habido,[26] (Cosas son todas estas naturales, Que bien pueden haber acontecido) Por donde los Tupis descomunales, Irian facilmente aquellas partes, Buscando para ello maa y artes.[27] Llegando, pues, all ya reformadas Sus barcas y bateles, con gran pio, Tornronse entregar las hinchadas Ondas del bravo mar su albedro. Las barcas iban rotas, destrozadas, Cuando tomaron tierra en Cabo Frio, Que es tierra del Brasil, yendo derecho Al Rio de la Plata y al Estrecho. Comienzan poblar toda la tierra, Entre ellos dos hermanos han venido. Mas presto se comienzan dar guerra, Que sobre un papagayo ha sucedido. Dejando el uno al otro, se destierra Del Brasil, y los llanos se ha salido. Aquel que queda ya Tup se llama, Estotro Guaran de grande fama.[28] Tup era el mayor y mas valiente, Y al Guaran menor dice que vaya Con todos sus soldados y su gente, Y que l se quedar all en la playa. Con la gente que tiene incontinente El Guaran se parte y no desmaya: Que habiendo con su gente ya partido, La tierra adentro y sierras ha subido. Pues estos dos hermanos divididos, La lengua guaran han conservado: Y muchos que con ellos son venidos, En partes diferentes se han poblado, Y han sido en los lenguages discernidos, Que por distancia nadie ha olvidado. Tambien con estos otros, aportaron, Que por otro viage all pasaron. Mahomas, Epuaes y Calchines, Timbues, Cherandies y Beguaes, Agaces, y Nogos, y Sanafines, Maures, Tecos, Sansones, Mogoznaes. El Paran abajo, y los fines Habitan los malditos Charruaes, Naues y Mepenes, Chiloazas: A pesca todos dados y las cazas. Los nuestros Guarans, como seores, Toda la tierra cuasi dominando, Por todo el Paran, y alrededores Andaban crudamente conquistando. Los brutos, animales, moradores Del Paraguay, sugetan su mando. Poblaron mucha parte de esta tierra, Con fin de dar al mundo cruda guerra. Poblando y conquistando han alcanzado Del Per las nevadas cordilleras; A cuyo pi ya tienen subyugado El rio Pilcomayo y sus riberas.[29] Muy cerca de la sierra han sugetado, A gente muy valientes y guerreras En el rio Condorillo y Yesu, Y en el grande y famoso Guapa. Una canina rabia les forzaba A no cesar jamas de su contienda. Qu el Guaran en la guerra se hartaba, (Y as lo haria hoy, sin la rienda, Que le tenemos puesta), y conquistaba, Sin pretender mas oro, ni hacienda, Que hacerse como vivas sepulturas De smiles y humanas criaturas. Que si mirar aquesto bien queremos, Caribe dice, y suena sepultura De carne: que en latin _caro_ sabemos Que carne significa en la lectura. Y en lengua guaran decir podemos _Ib_, que significa compostura De tierra, d se encierra carne humana: Caribe es esta gente tan tirana. Teniendo, pues, la gente conquistada, En mil parages se poblaron de hecho. El Guaran con ansia acelerada A los Charcas camina muy derecho. La cordillera y sierra es endiablada: Parece le ser de gran provecho Parar aqu, y hacer asiento y alto, Con fin de all al Per hacer asalto. Muy largos tiempos y aos se gastaron, Y muchos descendientes sucedieron, Desde que los hermanos se apartaron. De Tup en el Brasil permanecieron Tupes, y destotros que pasaron Guaranes se nombran, y as fueron Guerreros siempres aquestos en la tierra, Que el nombre suena tanto como guerra.[30] Aquestos Guaranes se han mestizado Y envuelto con mil gentes diferentes, Y el nombre Guaran han renunciado, Tomando otro por casos y accidentes. All en las cordilleras, mal pecado, Chiriguanaes se dicen estas gentes, Que por la poca ropa que tenian, De frio muchos de ellos perecian. La costa del Brasil es muy caliente, Y el Paraguay y toda aquella tierra. Camina aquesta gente del oriente, Y para en las montaas y la sierra, Caminando derechos al poniente, Hacindoles el frio cruda guerra. Que mal puede el desnudo en desafio Entrar y combatirse con el frio. Llegaron, pues, al fin aquel parage D el frio les hizo guerra encarnizada, Y frio _chiri_ suena en el lenguage Del Inga, que es la lengua mas usada; _Guana_ es escarmiento de tal trage. Aquesta gente iba mal parada, Y el frio que tomaron, escarmiento Fu para el Chiriguana y cognomento.[31] En este tiempo ya habian venido Por otra parte y via al Per gentes: Por ser tan exquisitos, no he querido Sus nombres referir tan diferentes. En una lengua muchos se han unido, Que es _quichua_, y los hidalgos y valientes, De aqueste nombre Inca se han jactado, Y todos los demas han sugetado. Estando de esta suerte apoderados Los Incas, los Pizarros allegaron, Y siendo del Per bien enterados, La tierra en breve tiempo conquistaron. Los Guarans sus dientes acerados Alegres con tal nueva aparejaron, Pensando que hartarian sus vientres fieros, De la sangre de aquellos caballeros. El corazon pedia la venganza De sus pasados padres, que habian sido De la tierra Estremea espada y lanza Expulsos, como arriba habeis oido. Mas viendo de Pizarro la pujanza,[32] Temieron de pasar; y as han tenido Por seguros los montes despoblados, Sin ser gente humana sugetados. De all hacen hazaas espantosas, Asaltos, hurtos, robos y rapias, Contra generaciones belicosas, Que estan al rededor circunvecinas. En sus casas estan muy temerosas, Como unas humillisimas gallinas, Con sobrado temor noche y maana, Temiendo de que venga el Chiriguana. Usan embustes, fraudes y maraas,[33] Tambien tienen esfuerzo y osada, Y as suelen hacer grandes hazaas, Que arguyen gran valor y valenta. A aquestos v hacer cosas estraas En tiempo que yo entre ellos resida: Y el que no me quisiere mi escuchallo, Al de Toledo vaya preguntallo. Dejemos esto agora:--navegando Magallanes tambien vino derecho, La costa del Brasil atras dejando En busca fu y demanda del Estrecho. Sali del mar del sur atravesando, Y hllase contento y satisfecho, Y al mundo d una vuelta con Victoria, Ganando en este caso fama y gloria. Despues los quinientos y trece aos, Contados sobre mil del nacimiento De aquel que padeci por nuestros daos, Di Juan Diaz de Sols la vela al viento, Al Paran aport, d los engaos, Del Timb le causaron finamiento, En un pequeo rio de grande fama, Que causa suya de _Traicion_ se llama. Por piloto mayor de Magallanes Al Estrecho venido aqueste habia; No harto de pasar penas y afanes, La conquista D. Carlos le pedia. Entr el rio arriba con desmanes, Hasta que ya el postrero le venia, En que su alma del cuerpo se desata, Poniendo al Paran nombre de Plata.[34] No fu sin causa, creo, de secreto, Y seal de misterio y buen agero.[35] Aunque es as que todo est sugeto Al divino juicio verdadero, Y aunque us este nombre por respeto, Que vido cierta plata all primero, Yo entiendo que ha de haber grande tesoro Algun tiempo de plata all y de oro. La muerte pues de aqueste ya sabida, El gran Carlos envia al buen Gaboto,[36] Con una flota al gusto proveida. Como hombre que lo entiende y que es piloto. Entr en el Paran, y ya sabida La mas fuerza del rio le ha sido roto Del Guaran, dejando fabricada La torre de Gaboto bien nombrada. Algunos de los suyos se escaparon De aquel ro Timbus d fu la guerra, Al rio San Salvador despues bajaron, Donde la demas gente estaba en tierra. A nuestra dulce Espaa se tornaron, Huyendo de esta gente infiel y perra. Mas no pone temor esta destroza A D. Pedro Guadix y de Mendoza. D. Pedro de Guadix, como diremos, Despues de haber de Roma malvenido, Cuando hubo disencion en los supremos, El gobierno Argentino hubo pedido. Empero algun tanto ahora descansemos, Que no le dejaremos por olvido, Pues su hambre rabiosa y grande ruina Ayuda lamentar la Argentina. De nuestro rio Argentino y su grandeza Tratar quiero en el canto venidero, De sus islas, y bosques y belleza, Epilogo har muy verdadero. Ninguno en lo ler tenga pereza, Que espero dar en l placer entero, De cosas apacibles y graciosas, Y dignas de tenerse por curiosas. CANTO SEGUNDO. _En este canto se trata de la grandeza del Rio de la Plata, del Paraguay, y de las islas, peces, aves que hay en ellos._ La obra excelentsima y grandiosa Arguye grande artifice y maestro: Que no puede hacer obra preciosa El hombre que en el arte no est diestro. Como la creacion maravillosa Ensea, Seor mio, el poder vuestro, En su tanto tambien aqueste rio Muestra grande saber y podero. Inmensas gracias, Dios Seor, os damos, Pues todo nuestra causa lo criastes; Y nosotros que mal os lo pagamos, Para vuestro servicio nos formastes. Cuanto sois, mi Seor, si bien miramos Las cosas que en el mundo vos plantastes, Nos da bien entender, y la grandeza De vuestro gran saber y la riqueza. El rio que llamamos Argentino,[37] Del indio _Paran_ mar llamado, De norte sur corriendo su camino En nuestro mar del norte entra hinchado. Parece en su corriente un torbellino, O tiro de arcabus apresurado. Ms con el viento sur placidamente Se vence navegando su corriente. De mas de treinta leguas es su boca, Y dos cabos y puntas hace llanas. Al tiempo que en la mar brava se emboca, Al un cabo dos islas, como hermanas, Estan, que cada cual parece roca. Los Castillos se dicen, muy cercanas Al cabo que nombr Santa Maria, Que poco de estas islas se desva. Al otro cabo, Blanco le llamamos, El cual en la mar entra mas derecho Y mas bajo, y por esto navegamos, Por mas seguro este otro, un poco trecho. Despues al otro cabo nos tornamos, El cual est la banda del Estrecho: Entrambas costas son muy peligrosas, Y de futuros casos portentosas. Pasadas estas islas de Castillos, Adelante estan dos algo mayores: De los Lobos se dicen, que lobillos Como becerros hay, poco menores. Un poco mas arriba dos islillos Estan, nombrados islas de las Flores, Y habiendo treinta leguas caminado, Al puerto San Gabriel hemos llegado. Siete islas hay en l, altas, graciosas,[38] Un poco de la tierra desviadas, De palmas y laureles muy copiosas, Estan aquestas islas bien pobladas. Aqu llegan las naves poderosas, Como salen de Espaa despachadas. Frontero es Buenos Aires ya poblado, Y del sur importuno resguardado. De ancho nueve leguas mas tiene El rio por aqu, y muy hondable. La nave hasta aqu segura viene: Que como el ancho mar es navegable, Pasado este parage le conviene Al piloto mirar el gobernable, En la mano llevando siempre sonda, O seguir la canal que va bien honda. Doce leguas de aqu Martin Garcia,[39] Una isla de este nombre est llamada: Una legua de tierra se desva, Y mas de legua y media es prolongada. A partes por el bosque est sombria, Y partes tierra alta y asombrada, Don Pedro, y Juan Ortiz all poblaron, Y de hambre mucha gente sepultaron. Aqu lleg Eduardo de Fontano, El ao sobre mil y los quinientos De ochenta con mas dos, con viento sano, Mas no supo de pueblos ni de asientos: Que si acaso supiera el luterano Que all habia poblados y cimientos, Sin duda en pesadumbre nos pusiera, Que habia el aparejo en gran manera. Cuatro leguas de aqu ya navegadas Las islas de San Lzaro estan juntas, De tierra media legua desviadas A d enderezan ambas sendas puntas. Estan aquestas islas separadas, Aunque al parecer no estan disjuntas, Y habiendo media legua navegado, Est el Uruguay, rio afamado. Es rio de caudal y poderoso, Su boca legua y media casi tiene. Entra en este parage muy furioso, Que de peas y riscos altos viene. En l entra otro rio con reposo, Que al parecer entrando se detiene; Al cual San Salvador llam Gaboto, Antes que de los indios fuese roto. A dos leguas entra otro, que es nombrado El Rio Negro, que _Hum_ tenia por nombre. Aqu en nuestros tiempos se han hallado Pescados semejantes mucho al hombre.[40] Aquesto de pasada lo he tocado, Ninguno de lerlo aqu se asombre, Que, siendo Dios servido, en otro canto Dir cosas de vista y mas espanto. Dejemos este rio, que corriendo De all hcia el Brasil viene derecho; Y en l se vienen otros mil metiendo, Que le tienen famoso y grande hecho. Al nuestro de la Plata revolviendo, Desde aqu l comienza ser deshecho, Y en once brazas grandes se reparte, Tirando cada cual su larga parte. Del rio Nilo refieren escritores Lo mismo: pero es tanta la grandeza De aqueste y de sus brazos, que mayores Los juzgo, que no estiman la braveza Del Nilo en tanto grado los autores. Y si del Nilo fuera la estraeza Tan grande como este, y se escrbiera, Al mundo admiracion mayor pusiera. En el nuestro se forman muy hermosas Islas, de doce leguas y mayores: En sus tiempos muy frescas y frondosas, Pobladas de mil rosas y de flores: De caza y bastimentos abundosas; En ellas Guarans son pobladores, Sin que alguna nacion otra se atreva En l poblar, en ella hacer prueba. Pasadas estas islas, torna el rio A su primera madre acostumbrada. De una y otra parte gran gento La tierra firme tiene bien poblada. El Guaran les manda con gran brio, Que tiene la mas tierra sujetada: Entre ellos Yamaud, gran hablador, Que se titula y nombra Emperador. Este malvado y perro como artero, A todos los mas indios comarcanos Los trae su opinion al retortero: Y como son los indios tan livianos, Y el pica su poquillo en hechicero, Donde el pone los pies ponen las manos: De suerte que si quiere hacer la guerra, Al punto le vereis juntar la tierra. Y no piense el que lea aquesta histria Que al falso Yamand perecedero Le falta quien levante su memoria, Que en mi tiempo muri: mas su heredero Levantar procur su fama y gloria: Y lo hizo en mas grado que el primero. As que Yamand, es el dictado, Y nombre que se pone el que ha heredado. De aquelle trataremos adelante, De sus embustes, falsos y maraas. De cuerpo y parecer era gigante, Y as lo demostraban sus hazaas. Un poco tiempo fu su doctrinante, Teniendole en prision, d sus saas Procur doctrinar: trabaj en vano, Porque era muy malvado este pagano. De aqu el rio arriba, navegadas Ciento y veinte leguas ya del rio, Otras islas estan tan bien pobladas De gentiles naciones y gento. Timbues las mas de ellas son llamadas, Que muy poco temor tienen al frio. La torre de Gaboto est cercana Y la gente llamada Cherandiana. De all veinte leguas, otro asiento, Que Santa F se dice, est poblado: Garay le di principio y fundamento, Cuando Martin Suarez ha mandado. Tratarse ha en otra parte aqueste cuento: Volvamos al negocio comenzado. El rio hace aqu muchos islones, Poblados de onsas, tigres y leones. Al pi de ochenta leguas adelante El grande Paraguay entra famoso, Con mas quietud se muestra, y mas semblante A este rio corriendo con reposo. El Paran se aparta all levante, De d corre con fuerza muy furioso; Del norte corre el otro, consumiendo Las aguas que el Per viene virtiendo. Entrando el Paran est Santa Ana, De Guarans provincia bien poblada. Es tierra aquesta firme buena y llana, Que mucha de la dicha es anegada. Empero esta enjuta es muy galana, De nuestros espaoles conquistada; Y as tienen aqu repartimiento Los que en el Paraguay tienen asiento. La pea pobre est mas adelante: Es alta como roca muy crecida. Aqu han visto muchos un gigante De gran disposicion y muy crecida. No est, segun yo supe, el aqu estante: Que all la tierra adentro es su guarida; Mas viene aqu pescar muy menudo, De sus redes cargado, mas desnudo. Arriba de aqu estn los remolinos, Que es cosa de admirar y gran espanto. En el medio del agua hay torbellinos, Como suele ac en tierra: y esto tanto, Que navegando algunos, los vecinos Celebran sus exquias con gran planto, Diciendo que Caribdis est punto, Para lo que viniere tragar junto. Aqu muchas canoas se han perdido, Y muchos en mi tiempo se anegaron. Muy mal al de la Puente ha sucedido, Y aquellos que con l aqu bajaron. Que habindoles Caribdis sumergido, Las vidas y haciendas trabucaron, Y aquellos, que mejor les fu en la fria, Aun lloran todavia su miseria. El Salto ya me est gran priesa dando, Diciendo este lugar ser propio suyo: Y yo, solo en lo estar imaginando, De miedo, y de pensarlo de m huyo. Decir aqueste cuento procurando La mano est temblando, y lo rehuyo; Por ser la cosa horrible y espantosa, Y en todo el Paran maravillosa. Por aqu el Paran dos leguas tiene, Y peascos y sierras hasta el cielo: Y al pi de una gran legua de aqu viene Con impetu furioso y crudo vuelo. Cualquiera que navega le conviene Con tiempo tomar tierra, que en el suelo De mil picas en alto dar cierto: Por tanto muy de atras se toma puerto. De legua mas atras encanalado El Paran desciende poderoso: Un peasco terrible est tajado De d se arroja y cae muy furioso. El estruendo que hace es muy sobrado, Y el humo al aire tiene tenebroso, Una noche dorm en una sbna, Dos leguas de l, mas fu la Toledana. Yo proprio lo he oido naturales, Tratando de este salto y su grandeza, Que estaban con temores desiguales, A oir aquel sonido y su braveza. Las aves huyen de l; los animales, Oyendo su estruendo, sin pereza Caminan, no parando apresuradas, Y con temor las colas enroscadas. Despues est Guaira, ciudad enferma, Y que por Malgarejo fu poblada. Mas l, podr decir cierto Belerma, De mi para mi mal fu engendrada. Es causa que Rui Diaz nunca duerma, La gente Chiriguana levantada, Por donde el pobre viejo anda la guerra Con tino, por tener en paz la tierra. Poblada est tambien otra ciudad, Cuarenta leguas mas arriba de esta. En ella hay de metales cantidad, Empero, aunque los haya de que presta?-- Hablando como es justo la verdad, Que el hombre es lo que solo all les resta, Pues vemos plomo saca Melgarejo, Y hierro, con tener poco aparejo. Al Paran es ya tiempo que dejemos, Y al Paraguay ameno revolvamos; En el cual la clara bien veremos, Que est cifrado el bien que deseamos. El bien, digo, que en tierra pretendemos, Que agora del divino no hablamos; Que aquese solo y sumo bien superno, Est solo en gozar de Dios eterno. Entrando al Paraguay izquierda mano, El Ipit se v, que es rio famoso: Muy plcido desciende por un llano De palmas y laureles muy copioso. El Paran-miri est cercano, Que al Paran traviesa caudaloso, Haciendo triangular una isla llana, De doce leguas casi de sabna. Si en este riachuelo el otro fuera, Que dicen buscar su muger iba, El rio arriba espanto no pusiera; Pues vemos que este corre hcia arriba Algunas veces, y es de esta manera, Que es justo la razon aqu se escriba: Est cuando uno crece el otro bajo, Y el chico corre arriba y corre abajo. No corre el Paraguay tanto furioso, Y es un rio mayor que l de Sevilla, De vista y parecer es muy gracioso, Con ribera vistosa y linda orilla. De frescas arboledas muy copioso, Y en partes prado verde maravilla. Tambien tiene en los valles mas cercanos Lagunas, negadizos y pantanos. Una laguna tiene de gran fama Llegada al Ipit que dicho habemos. De los Mahomas es, y as se llama, Que aquesta gente habita sus extremos. En el rio Bermejo se derrama, Y que esta tenga perlas lo sabemos, El Mahoma, Seor de esta laguna, Estando en la Asumpcion me di mas de una. En gran precio las perlas estos tienen; Empero ellos no saben horadarlas. Si en su asiento espaoles se detienen, De los hostiones procuran de sacarlas, Y al espaol con ellas luego vienen. El rden pues que tienen en pescarlas Es facil; que en pequeos redejones, A veces sacan veinte y mas hostiones. Antes de la Asumpcion hay angostura Del rio, y as corre all furioso. Alegre es por all y de frescura, De muchas arboledas muy umbroso: Con islas que hay en l de hermosura Estraa, y parecer muy deleitoso. Entra aqu Pilcomayo que, vertiendo Sus aguas, del Per viene corriendo. Cuatro leguas arriba est situada La gran ciudad, antigua y populosa, Que es dicha la Asumpcion, que fu poblada, Por Salazar en era muy famosa. Es aquesta ciudad tan regalada, Que mi pluma escribirlo aqu no osa: Algunos, por baldon con mal aviso, La llaman de Mahoma paraiso. Poblse de muy buena y noble gente, En tiempo de D. Pedro de Mendoza, Aunque hay, como sabemos, al presente En abundancia ya de toda broza. La causa de este mal inconveniente Pareceme ser la gente moza, Que, aunque salen valientes y esforzados, Al mal y no al bien son muy inclinados. Gran copia de mestizos hay en ella, Pero mas abundancia de mugeres: Porque la guerra hace en ellos mella, La cual sin interes y sin haberes, Con solo el fin la siguen de tenella. Y as, lector curioso, si quisieres El nmero saber de las doncellas De cuatro mil ya pasan como estrellas. De frutos de la tierra y de Castilla, De pan, y vino, y carnes y pescado Hay copia; pero oid la maravilla, Que s que aconteci un dia pasado. Un peje palometa, que freilla Pensaba una muger enharinado, De la sartn salt muy derrepente, Y el dedo le cort redondamente. Un palmo y mas tendr la palometa, Y mayor en el ancho que una mano. A donde hace presa fuerte aprieta, Como suele hacer el crudo alano. Es cosa de notar ver que acometa Este pequeo pez todo humano. Del rio v salir un dia un soldado Gritando, y en el muslo un gran bocado. Jugse all al presente que faltaba De carne media libra al desdichado, Y el peje palometa lo llevaba En la boca redondo aquel bocado. Mas de otro o decir que lamentaba Su suerte desastrosa y triste hado, Que en la boca de un pez perdido habia, Lo que el pez le cort con gran porfia. Dorados hay enormes y crecidos, Mands, rayas, pacues amarillos: Muchos pescados hay desconocidos, Por tanto determino no escribillos. Los indios naturales mantenidos Los mas son de pescado y venadillos, Los Guarans son solo labradores, Los mas dados caza y pescadores. Aves la tierra cria diferentes, Que habitan por las islas de este rio, Pavas y avestruces muy valientes, Neblies y falcones de gran brio. Culebras hay y vvoras, serpientes, Que han tenido con hombres desafio: En otro canto aquesto contaremos, Y cosas admirables trataremos. Que aquesto ahora tocamos de pasada; Y cierto que en pensar yo la estraeza De las cosas que he visto, embelezada Me queda la memoria, y mi rudeza En estasis se pone enagenada, De toda la humana naturaleza: Y habiendo de escribirlo todo en suma La mano est temblando con la pluma. Dejemos, pues, ya el rio, que corriendo Por l quinientas leguas sin contento, Del enemigo veces yo huyendo, Jamas pude hallarle nacimiento. De otros con porfia les siguiendo, He hallado el principio y fundamento; Y quiero darle ya al canto tercero, Que cosas espantosas cantar quiero. CANTO TERCERO. _En que se trata de la calidad de la tierra, animales reptiles, y espantossimas vboras y serpientes; de la sirena, del carbunclo, de unas mariposas, que se tornan en gusanos, y despues en ratones, y otras maravillas._ Demas de que en nosotros sealada La lumbre est de Dios como creemos, Y el alma por l mismo fu criada A su bendita imagen, lo leemos. Para que de esta suerte doctrinada En bien fuese as mismo; si queremos Mirar las corporales criaturas, Veremos que son vivas escripturas. La flor de la granada granadilla De Indias, y misterios encerrados, A quien no causar gran maravilla? Figranse los doce consagrados, De una color verde y amarilla: La corona y los clavos tresmorados Tan natural estan, y casi al vivo, Que yo me admiro agora que lo escribo. Un rbol hay pequeo de la tierra Que tiene rama y hoja menudita: En tocando la hoja ella se cierra, Y en el punto se pone muy marchita. Yo he visto yendo veces la guerra Por los campos aquesta yerbecita, _Caycob_ se llama, y es tenida Por yerba viva, y nmbranla _de vida_.[41] Quin no se admirar luego en oyendo Que hay un papagallo muy hermoso, La hembra cuando huevos va poniendo, Tres pone, que es el nmero gracioso. Al punto que los pollos van saliendo Conoce el papagallo el que es vicioso Y sobra; y as le mata en aquel dia, Dejando macho y hembra para cria. Al _Micuren_ di Dios una bolsilla[42] Por medio de los pechos, en que encierra Siete ocho hijuelos: si seguilla Procura otro animal, le hace guerra A quien le sigue; y guarda su cuadrilla Como suele hacer la brava perra: Y en viendose de mal libre y de duelos, Abre la bolsa y salen los hijuelos. El _Yumir_, que es oso hormiguero, A quien no espantar su compostura? Por boca tiene un muy chico agujero, Como un novillo grande, y de hechura Del oso ac comun: no es carnicero, Y prvale de serlo el angostura De la boca: mas vence al tigre fuerte, Causndole por hambre cruda muerte.[43] El instinto de un vil animalejo, _Eyra_ ha por nombre, me ha admirado; De suerte es y de forma de un conejo, Mas mata, como vemos, un venado. Salta y aferra firme en el pellejo, Y en el seseso d fiero bocado, Haciendo con las uas tal camino, Que saca al animal el intestino. Lo mismo hace al hombre y otra cosa Una horrenda culebra, que es nombrada _Curiy_; muy grande y espantosa,[44] De largo, y de grosor descompasada. Lo que ha comido y traga no lo bosa, Ni echa por abajo: mas posada En tierra la barriga, se abre y echa Aquello que de nada le aprovecha. Las vboras que son mas ponzoosas, Cascabel en la cola tienen puesto, De diversas colores son vistosas, Saltando de la tierra, y de su puesto, Arremeten al hombre muy furiosas. Hasta morder con rabia el rostro y gesto. A d las hay cri Dios una yerba, Que es dicha por su nombre contrayerba. El hombre animal quien le hiere Algunas de estas vboras malvadas, En un da natural, sin falta, muere, Y en l son medicinas escusadas. Empero si la yerba el tal bebiere, Antes que doce horas sean pasadas, Escapa. Aquesta yerba Dios le ha dado, El mismo cascabel muy apropiado. A quien no admirarn las cosas tales! Pues mas he de decir en este canto: Que contar en l cosas desiguales, Muy raras, peregrinas y de espanto. Agora de la tierra y naturales De la Asumpcion digamos tanto cuanto; Y luego escribiremos mil cosillas, Que bien podr llamarlas maravillas. El temple la Asumpcion tiene gracioso, Apacible, sereno y claro cielo; Invierno frio; estio caloroso, Algunas veces nieve, tambien yelo. De invierno y de verano est hermoso El campo todo el ao, verde el suelo, Porque de cuando en cuando bien se moja, Y casi siempre est de verde hoja. La gente natural y comarcana, Es de muchas naciones diferentes. Empero la mas es la Chiriguana, Que estn los cristianos obedientes. Ya no comen aquestos carne humana, Si no es por exquisitos accidentes En guerras y conquistas con paganos, Empero no de carne de cristianos. Una pestilencia grande hubo venido, De que muchos Guarans se murieron, Que carne de cristianos han comido, La peste les sucede atribuyeron. Tambien por desabrida aborrecido La tienen, segun muchos me dijeron: Que mas les sabe carne de un pagano, Que no la de espaol castellano. Los Guaycurs habitan la otra banda: Es gente muy valiente y belicosa. Cuando nuestro espaol en guerras anda, Alquila Guaycurs por donde osa Al Guaran seguir, que le dn tanda Aquestos de tal suerte, que medrosa La gente Guaran queda y deshecha, Que el Guaycur jamas teme su flecha. Los Agaces estaban bien poblados En tiempo de D. Pedro de Mendoza, Y aun eran muy valientes y esforzados. Los cristianos hicieron tal destroza En ellos, que los indios y soldados Mataban sin piedad toda broza: Y as vino la cosa tal estado Que no hay hoy del Agaz pueblo poblado. Tambien habia muchos Guatataes, Que es gente muy amiga de cristianos, Y otros que se llaman Mogolaes, Que viven en esteras por los llanos; Aquestos, y tambien Coamequaes, Estn de la ciudad algo cercanos: Acuden servir con gran contento, Aunque de ellos no hay repartimiento. Los Guaranes solos repartidos Estn, que las demas generaciones, Aunque lo estn, y han sido sometidos Al espaol, mas son por ocasiones, Que tienen los que mandan eximidos Del servicio, y acuden con mil dones; De suerte que hablando mas de vero, Es de estos el que manda encomendero. Junto la Asumpcion est una sierra, Nombrada Lambar, sierra afamada; En gran parte de toda aquesta tierra, Ninguna tan alta hay, tan encumbrada. All di Salazar muy cruda guerra A Lambar, y su gente rebelada. Y muy cerca de all, bajando al rio, Oid una batalla y desafio. Habiendo Salazar aqu vencido El bravo Lambar y toda su gente; A los pies de alta sierra le ha salido Una terribilsima serpiente. Con nimo gallardo y muy crecido Embraza la rodela diligente, Y comenzando darla con la espada, En tierra echa una mano destroncada. La sierpe con la cola revolviendo, Al buen Capitan diera muy airada Un golpe tan terrible, que cayendo Venia el Capitan, y con la espada, En el suelo se tuvo, y acudiendo Con una venturosa cuchillada, Tal golpe de reves d con destreza, Que ah la sierpe queda sin cabeza. La del tigre no fu tan grande hazaa, Aunque era muy terrible y espantoso: Matlo antes que fuese nuestra Espaa Aqueste Capitn tan valeroso. Y habiendo ido, volvi, cosa estraa, Que siendo tan valiente y poderoso, Muri pobre, dejando muchos hijos, Con pleitos y demandas y litijos. Por armas le di el Rey el tigre fiero Con Lambar, la sierra que he contado, Y un hbito y seal de caballero, Con que las Indias vuelve muy honrado. Mas como nunca di en tener dinero, Muri sin dejar solo ni un cornado: Que aquesto de tener la plata sobra, Yo tengo firmemente que Dios obra. De que me sirve mi querer riqueza, Y andar aperreado por habella, Si Dios por me azotar me d pobreza. A quien presentar yo mi querella, Si la Suprema Causa y Suma Alteza Dispone que no haya de tenella? De arriba, de lo alto todo viene: Dejadlo al que poder en todo tiene. Volviendo nuestra histria; rio arriba Una laguna est muy afamada: Itapu se llama una pea viva, Est en medio de aquella levantada. Compleme el temor que no lo escriba, Mas no lo dejar: es prolongada De cien codos la piedra, y muy derecha, Y arriba en lo supremo una vesecha. Es como el ave Fenix muy graciosa, Que pintan los autores y su nido, Compuesto es de especiosa y olorosa Madera, que en mis manos la he tenido; La Sirena tambien bella, y hermosa Como una bella dama, ha parecido En medio esta laguna, y aun gemiendo, Y sus doradas crines esparciendo. Otra laguna grande mas crecida, De mas admiracion que aquesta vemos, Que est la tierra adentro algo metida; Los indios del Acay en sus extremos[45] Habitan, y ellos dicen que fundida Antiguamente fu gente, y creemos, Nos dicen, est el diablo atormentando Aquellos que pecaron en nefando. Gran grita y alarido y gran estruendo All dentro parece que resuena; Cuando se allega junto, estremeciendo El cuerpo queda todo con gran pena. Algunos de temor vuelven huyendo; Pajas, se les antoja, y el arena Que son diablos que vienen en pos de ellos, Y vuelven erizados los cabellos. Y no lejos de aqu, por propios ojos, El Carbunclo animal veces he visto:[46] Ninguno me lo juzgue por antojos, Que por cazar alguno anduve listo. Mil penas padec, y mil enojos En seguimiento de l; Mas cuan bien quisto, Y rico y venturoso se hallra Aquel que Anagpitan vivo cazra! Un animalejo es, algo pequeo, Con espejo en la frente reluciente, Como la brasa ignita en recio leo. Corre y salta veloz y diligente: As como le hirieren echa el ceo, Y entrbiase el espejo de repente: Pues para que el Carbunclo de algo preste En vida el espejuelo sacan de este. Cuan triste se hall, y cuan penoso Rui Diaz Melgarejo! que hallado Habia, mi me dijo, de uno hermoso; Perdilo por habrsele volcado Una cana en que iba muy gozoso. Yo le v lamentar su suerte y hado, Diciendo--"si el carbunclo no perdiera, Con l al Gran Philipo yo sirviera." Andando por la guerra, y escuadrones, De m fueron mil cosas conocidas. Tratar de una forma de ratones, Y de vista hablar y no de oidas. Unas caas he visto, y cautones Tran gruesos como piernas muy crecidas; Catorce y quince tiene pocos menos Cada caa, y de agua todos llenos. El agua es muy sabrosa, clara y fria, Mas yendo ya la caa madurando, Un gusano se engendra adentro y cria, Y al cauto el gusano horadando Afuera mariposa parecia. Con las alas comienza de ir volando, Y por tiempo las pierde, y queda hecho De forma de raton hecho y derecho. Al tiempo que en la caa estan metidos, A gente natural son nutrimento. Frutos sabrosos son: mas ya salidos A luz, causan dolor, pena y tormento, Porque tornados ya y convertidos En ratones, consumen el sustento; Y privan muchas veces de la vida Al natural, quitando su comida. De veinte mil pasaron, naturales, Que murieron causa del estrago Que hicieron aquestos animales: Que en todo el Ubay dejaron pago De planta, ni maiz, ni sementales, Sin pasar por aquel tan crudo trago. Dejando desta vez tan asolada La tierra, que tard de ser poblada. No hay bruco, ni langosta perniciosa, Ni erugo, ni otra plaga que yo entienda, Que iguale esta maldita mariposa, Terrible, si comienza su contienda. As est desta plaga tan medrosa La gente del Ubay, que viendo senda Por do huir su tierra y nacimiento, La dejan por tener algun contento. Tambien hay otras caas muy mayores, (Del grueso son de un roble bien crecido) En que se crian gusanos, y mejores. De los unos y de otros he comido: En muy poco defieren sus sabores. Estando el uno y otro derretido, Manteca fresca mi me parecia, Mas sabe Dios el hambre que tenia! En los mojos de aquestas caas vimos, Con agua bien sabrosa, mas gusanos, Ni dentro ni de fuera los sentimos En toda la montaa ni en los llanos. Las caas por cumbreras las pusimos, Con tener otros palos muy cercanos, Mas no habia que temer, que la corteza Tenian de terrible fortaleza. Es tanta la espesura de las caas, A d las hay, que es cosa de gran grima: Y aunque dentro se crian alimaas, Estan tan encerradas como encima. Quien cortar va caas, por mil maas Que tenga, las veces se lastima, Con puas, con espinas, con abrojos, Y el mal sale mil veces los ojos. Mas ya estoy enfadado en este canto, Cuanto mas lo estar quien le leyere! Degemos de contar cosas de espanto, Volver quiero D. Pedro. Quien quisiere Las mudanzas saber y crudo llanto De fortuna, y de aquel que las siguiere, Con mucha atencion lea diligente El canto lastimoso aqu presente. CANTO CUARTO. _En que se trata de la mas cruda hambre que se ha visto entre los cristianos, la cual padecieron los de D. Pedro de Mendoza en Buenos Aires, y como se pobl el Argentino._ Lo que ha sido muy justo y bien ganado Muchas veces se pierde, como vemos: Pues de lo que con mal se ha grangeado, Que se pierda y el dueo esperaremos. Don Pedro de Mendoza fu soldado Cuando hubo disencion entre Supremos, Y al tiempo de pillar hinch la mano; Mas todo su trabajo sali en vano. Borbon perdi la vida; Juan de Urbina Entr en Roma cantando la victoria: De aqueste asalto y saco, y grande ruina D. Pedro enriquecido, en vana gloria, A D. Carlos pedia la Argentina Provincia, pretendiendo su memoria Levantar en conquista de paganos, Con dinero robado entre romanos. Como fuese de suyo gran guerrero, Vindose de riquezas abastado, Ofrecise gastar mucho dinero, Y el Rio de la Plata ha demandado. Don Carlos, en valor claro lucero, El ttulo le da de Adelantado; Y as hizo una gruesa y rica armada, De gente muy lucida y extremada. Dos mil soldados salen de Castilla, Sin gente de la mar y marineros. Juntronse en alarde all en Sevilla, Y viendo tan lucidos caballeros, Salian los ver maravilla Tan apuestos punto de guerreros: Mas dicen: "pues se van estos soldados, Recemos los oficios de finados." Al fin sali de Espaa aquesta armada Muy rica, muy hermosa y muy lucida; De todos adherentes abastada, Aunque hubo despues hambre muy crecida. La gente que embarc era extremada, De gran valor, y suerte muy subida, Mayorazgos hijos de Seores, De Santiago y San Juan comendadores. Es Maestre de Campo un caballero Juan Osorio, que es hombre muy valiente, Tambien va Juan de Oyolas el guerrero, Medrano, Salazar, Lujan prudente. Otros muchos que van decir no quiero, Que cada cual bien puede ser regente: Mas Osorio entre todos se seala, Y en todo lleva todos palma y gala. A Neptuno y sus ondas carniceras, Se entregan invocando Santiago. Las naves van corriendo muy lijeras, Rompiendo con gran furia el ancho lago. O lastima, y angustias lastimeras, Horrendo, y gran temor, crudo trago! Que tan brava tormenta se levanta, Que el mas fuerte y bizarro mas se espanta. D. Pedro con buen celo y pecho pio, En Dios pongamos, dice, la esperanza, Y pues es para mas su podero, El nos dar muy breve mar bonanza, Los pilotos con grande desvaro, Dicen que la tormenta va en pujanza: El trste marinero con gran pena, No acierta al aparejo ni la antena. Iza el trinquete, amaina la mesana, Aferra ese timon que imos perdidos; A la bomba, la bomba muy de gana, Que seremos de presto sumergidos, Cual llama San Lorenzo, cual Santa Ana, San Telmo dicen otros afligidos, Otros San Nicolas, que puso quilla Y costado, de nos tenga mancilla. El sexo feminil y lacrimoso Levanta hcia el cielo vocera. Con la furia del viento tan furioso La una nave de otra se desva; Mas volviendo la mar en su reposo Conviertese el dolor en alegra, Y llegan Canria muy ufanos, D toman tierra, y salen muy galanos. Despues de haberse aqu ya refrescado, A proseguir tornaron su viage. Habiendo ya diez dias navegado, Hallronse muy cerca del parage De las islas, y Cabo que es llamado _Verde_; enfermo asiento y estalage; Cansados del saoso y largo lago, Tomaron la que dicen de Santiago. No estaba en este tiempo tan poblada, Como al presente est de Lusitanos: No est mucho la costa desvada, Poblada de valientes Africanos: De color negra y son muy tisnada, Los que mas Cabo Verde son cercanos, Y tienen en comun carniceria, De los negros haciendo anotoma. Tomse de estas islas bastimento, Tambien se refrescaron los soldados, Y dise con presteza vela al viento, Los nimos de todos bien osados. Mas Ay dolor! cuan presto mas de ciento De poco prestar ser esforzados, Que la hambre pasando de la zona A roso ni velloso no perdona. Con prspero nordeste favorable Camina alegremente nuestra armada, Y el mar mas sosegado navegable, La lnea en breve tiempo fu pasada Con viento en popa prspero y amigable, De Cabo Frio la punta ya doblada, En costa del Brasil tierra tomaron, Y aun isla Santa Brbara nombraron. Del gran Carlos las armas le pusieron Y posesion por l all tomando, Y luego su viage prosiguieron, Y en el puerto de Vera le encerrando, Bien comiendo alegres estuvieron. Continu por la playa mariscando, Que hay en aquel puerto grande suma De hermosos pescados como espuma. Estando pues aqu, ha comenzado El demonio sus cosas tan usadas; Salazar que con otros se ha juntado A Juan de Osorio dan de pualadas. Envidia y cobardia lo han causado,[47] Por ser las obras dl tan sealadas: A don Pedro hicieron que creyese Que le iba en esta muerte el interese. Al principio el error, aunque pequeo, Grandsimo se hace al fin y cabo. Era este caballero halageo Con todos; y en aquesto mas le alabo, Que en verle sacudido y zahareo Con nobles, de lo cual le desalabo: Que al mas pobre soldado en mas tenia, Que diez de presumpcion de hidalguia. Fu causa, segun dicen, esta muerte Tan fuera de razon, contra justicia, Del funesto suceso, horrible, y fuerte Del infeliz D. Pedro y su milicia. Que echada esta envidiosa y cruda suerte Con tanta cobarda y gran malicia, Comenz castigar Dios el armada, Con un grave flagelo y cruda espada. Desde que empieza el mundo est sabido El castigo que hace Dios eterno; Por vista de los ojos conocido, Est cuando la estima el Sempiterno: La muerte del que es justo y bien creido, Tenemos la castiga con infierno: Que la sangre de Abel el inocente Clamando est ante Dios omnipotente. Al fin de aquesta isla se ha pasado, Con algunos descuentos que no digo, Y el Rio de la Plata se ha tomado, Y el puerto San Gabriel de desabrigo. De all luego passe al otro lado, A Buenos Aires, que es de mas abrigo, A d fu el lastimoso acabamiento, De tanta bizarria, cual yo cuento. De ver era salir en aquel llano Al soldado valiente y caballero, De sedas y brocado muy galano, A guisa y parecer de perulero. Sala con contento muy ufano, Y hasta el pobrecito marinero Aquella bella tierra contemplaba, Y Espaa no volver jamas juraba. A Juan de Oyolas hubo despachado Don Pedro el rio arriba, porque asombre Al indio. Va con l un buen soldado, Llamado Salazar, valiente y hombre. Don Pedro en este tiempo hubo enfermado Del morbo, que de Galia tiene nombre: Con miedo de morirse en aquel rio, A Castilla se vuelve en un navo. Volvia, pues, D. Pedro en su viage A Espaa sin haber puerto tomado: Empero vueltas ya de aquel parage, Que llaman las Terceras, ha acabado. As no goz bien ni su linage, El tesoro que en Roma habia pillado. Dichoso el que atesora all en el cielo, Que es burla atesorar ac en el suelo. Qued por Capitan y por Teniente, Y en muerte sucesor de aquella tierra, Oyolas, que fu arriba con la gente: Ac Francisco Ruiz hace la guerra En Buenos Aires, y anda diligente, Mas poco le aprovecha, que la perra Pestfera cruel hambre canina, A todos abandona y los arruina. La gente ya comienza enflaquecerse, Las raciones se acortan cada dia, No puede el padre al hijo socorrerse, Que cada cual su muerte mas temia; Y aunque es muy natural el condolerse, Y cada cual del otro se dolia, Empero mas su vida procuraba, Y caridad de s la comenzaba. Un hecho horrendo, digo lastimoso, Aqu sucede: estaban dos hermanos; De hambre el uno muere, y el rabioso Que vivo est, le saca los livianos Y bofes y asadura, y muy gozoso Los cuece en una olla por sus manos, Y cmelos; y cuerpo se comiera, Si la muerte del muerto se encubriera. Comienzan morir todos rabiando, Los rostros y los ojos consumidos: A los nios que mueren sollozando Las madres les responden con gemidos. El pueblo sin ventura lamentando, A Dios envia suspiros doloridos: Gritan viejos y mozos, damas bellas, Perturban con clamores las estrellas. Es hambre enfermedad la mas rabiosa Que puede imaginar ningn cristiano: La mano est temblando temerosa, No quisiera de tal ser escribano. Mi Dios, por vuestra sangre tan preciosa, Libradme de este azote, que el tirano Que llegaba tentaros, bien sabia Que es grave mal la hambre en demasia. Fu cierto celebrada all su saa, De aquesta matadora sin medida, Con tanta crueldad y tan estraa, Que no podr de alguno ser creida, No hizo ella jams tal otra hazaa En Roma, ni en Judea referida, Como esta: de dos mil que se contaron, Con la vida doscientos no escaparon. No quiero referir estraas cosas Causadas de esta perra y vil tirana, Que bien pudiera yo muy dolorosas. Una muger habia, llamada Ana, Entre otras damas bellas y hermosas; Tom paga del cuerpo una maana, Forzada de la hambre, y hecha iguala, Al pretensor envia en hora mala. Era el galan pretenso un marinero, El precio una cabeza de pescado; Acude la posada muy ligero, Y viendo que la Dama le ha burlado, Al capitan Ruiz, buen justiciero, De la dama se habia querellado; El cual juzga que cumpla el prometido, O vuelva lo que tiene recibido. Maldito seas, juez, si no quisieras Mirar nuestro Dios omnipotente, Y de esto buen juzgar te conmovieras, Y quitar el pecado subsecuente Por evitar la muerte, lo hicieras. Que claro est que el casto y continente Mejor pasa la hambre que el vicioso, Y dado al vicio y acto lujurioso. Sabemos, semejante esta bajeza, Que causa otras dos mil esta traidora, Que aunque dice el refran, que no es vileza, Y ser con nuestro Dios merecedora Creemos la virtud de la pobreza:[48] Sin su favor la perra es causadora, De hambre, que es un mal tan sin medida, Que dar el padre al hijo por la vida. Mas volvamos Oyolas y su gente, Que sube el rio arriba muy gozoso. El puerto Paraguay, que es al presente, Hallaron del caribe belicoso. Poblado estaba aqu el fuerte y valiente, Yanduazub, en la tierra poderoso Capitan, y cabeza que rega, Y toda la comarca le temia. Aqueste fu en favor de los cristianos, Y hizo Salazar que all poblase. Oyolas pas el rio y los pantanos, Diciendo Salazar que le aguardase. Lleg donde hinch muy bien las manos, Mas Dios no fu servido que tornase; Que Salazar no cumple el prometido, Por d el pobre de Oyolas se ha perdido. El Paraguay arriba poco trecho Habia Juan de Oyolas navegado; Salt en tierra, y camina bien derecho La vuelta del Per, y bien cargado De plata, y su gusto satisfecho, Volvi d Salazar habia dejado Con barcos y navios esperando, En tanto que la tierra iba talando. Salazar como viese que tardaba, Bajse al Paraguay d ya dijimos, El gran Yanduazubi-Rubicha estaba[49] Con el gran Lambar; y entrambos primos Le dicen, de lo cual mucho gustaba, "En tanto que nosotros dos vivimos, Ayuda te daremos como hermano, A t y todo nombre de cristiano." En esto vuelve Oyolas diligente Con plata, mas no halla los navios. El hecho viendo el indio derrepente, La carga de la plata deja y lios, Y acude contra Oyolas y su gente: No puede escabullirse, que los ros Estan delante de l, y as murieron El pobre, y los demas que con l fueron. Los indios, que esta gente aqu mataron, Payaguaes se dicen, belicosos: A muchos en mi tiempo cautivaron, Y yo tambien lo fu de estos furiosos. Salazar, y los otros que bajaron Poblaron en el puerto muy gozosos. Las familias aumentan con sus hijos, Y se entregan dulces regocijos. El guaran se huelga en gran manera De verse emparentar con los cristianos: A cada cual le dan su compaera Los padres, y parentes mas cercanos. O lstima de ver muy lastimera, Que de aquestas mancebas los hermanos, A todos los que estan amancebados, Les llaman hoy en dia sus cuados. A tal trmino llega aquesta cosa, Que cada cual vivia su albedrio; Aquel que india tenia mas hermosa, Se juzga por mejor, y de mas brio. Y en siendole la india enfadosa Libello de repudio con desvio Concede, y toma otra _mazacra_, Que manceba la llama la clara. Mazacra es un pece muy sabroso, Y tanto que los indios cosa rica Le dicen, por ser pece tan gustoso; Y el nombre de este pece el indio aplica Al amiga que tiene, deseoso De siempre la gozar, que significa Mazacra la cosa que es amada, Que no enfada por ser muy estimada. No habia en este caso alguna enmienda, Por ser en general costumbre mala, Que aquel que convenia poner la rienda, Sin guarda de excepcion todo lo tala; Aprenden de la escuela y de la tienda En esto los demas todos de Irala; Que aunque era en muchas cosas concertado, En esto de la carne desfrenado. Y el mal era mayor y mas crecido: Que los gobernadores se han jactado De tener mazacras; y ha venido A terminos la cosa, que tratado Con ellas han, hijos han tenido En pblico, y por suyos los han criado. Ved los pequeos tal que documento Habian de tomar de tal descuento! Cuanto convenga en tierra, cuando es nueva, Sembrar buena semilla, labradores, Era en los principios dar prueba De virtud y bondad, predicadores. El dicho del poeta lo comprueba; Que el vaso en que una vez echan licores Guarda ben el sabor siendo reciente: As ni mas ni menos es la gente. Estando pues el pueblo muy ufano Al gusto, y paladar de su medida, Juzgaron por consejo bueno y sano A Irala obedecer toda su vida. Sobre esto muchos dicen ser tirano: Ser bien esta cosa conocida. De todo aquel curioso que leyere, El canto que tras este se siguiere. Que yo no he de juzgar aqu sus hechos, Decir lo bueno y malo me conviene. Confieso que hizo Irala mil provechos,[50] Por d en aquella tierra fama tiene. Algunos perseguidos y deshechos Por l fueron, y quiera Dios no pene En pago de sus culpas, y los males Que hizo Diego de Abreu y leales. Mandando, pues, la tierra como digo Irala, y Buenos Aires despoblado,[51] Cesado habia la hambre, y mucho trigo Tenian, y otras cosas que han sembrado. A la Asumpcion se suben al abrigo, Los unos y los otros se han juntado: Que la virtud estando bien unida Mas fuerte vemos que es que desparcida. Estando as, cualquiera procuraba Hacer casas, estancias y hacienda: Y aunque la dulce Espaa deseaba, Y mas el que tenia alguna prenda, El imposible visto, trabajaba Cualquiera, por no haber plaza ni tienda: Por donde todos eran labradores, Monteros, hortelanos, pescadores. D. Carlos V. en esto ha proveido Por su Gobernador y Adelantado, A Cabeza de Vaca, que ha salido De all de la Florida, donde ha estado Cautivo de los indios, y metido La tierra adentro fuerza de su grado. Diremos de l despues, en entretanto Cesemos hasta ver el quinto canto. CANTO QUINTO. _En este canto se dice como vino Alvar Nuez Cabeza de Vaca al Rio de la Plata, y de su prision y trabajos que de ella sucedieron, y del gran Moxo, Seor del Paytit._ Segura vida llaman la pobreza,[52] Y de santos, de santas es amada; Tambien la Magestad y sacra Alteza Amndola, le di suerte estimada. Aquel que en poco tiene la riqueza Por cierto vive vida sosegada; Y el que con su pobreza se contenta Mas rico es que el que tiene mucha renta. Las guerras y las grandes disenciones El interes las causa, como vemos. Motines y revueltas, rebeliones, Qu de mal por la plata padecemos! Autores de las santas religiones, Que amastes la pobreza por extremos, Decid, no es mas segura la pobreza, Pues por ella gozais de la riqueza? Cualquiera en la Asumpcion est gozoso, Con solo su comer vive contento: No andaba por la plata codicioso: Metido en su morada y aposento Labrado, muy pulido, muy costoso, Sin curar de tapiz paramento. Y al fin por interes la furia ingrata, Discordia, su contento desbarata. Qu fuera si tuvieran plata y oro! Que aquesto mas conmueve en esta vida. Que al fin aquel que tiene gran tesoro Procura su contento sin medida, Aqueste fin le fuerza el triste lloro, Y llanto al navegante en su corrida, Y aquesta veces causa en este mundo A muchos que desciendan al profundo. Mas oro, y plata es lo que lo vale:[53] Y bien es honra, mando, podero, Cualquiera de estas cosas equivale, Y trae al retortero, al albedrio. Que aunque no sea forzada, empero sale La voluntad de madre como rio, Y lleva la razon tras s rendida, Y su diccion y gusto sometida. Al fin, pues, interes les fuerza tanto En la Asumpcion sin plata ni dinero, Que su placer se vuelve en triste llanto, Los cuellos entregando al carnicero. Pensaron de salir de un gran quebranto, Y dieron en un hondo sumidero: Como ver cualquiera que est atento, A la historia presente que yo cuento. Habiendo aquel que al mundo di de mano En trueco del eterno y gran reposo, Dejndole primero todo llano Y en paz, al heredero muy dichoso,[54] Juzgado por consejo bueno y sano, De dar hombre valiente y belicoso, Al Argentino envia Adelantado, Que Cabeza de Vaca fu nombrado. Del cual su armada prisa abastecida De todo el necesario, y sus pertrechos, De la ciudad de Cdiz fu partida, Y las Canarias llegan bien derechos. Los mas de todos es gente lucida, Algunos con insignias en los pechos, De nobles y lutrosas encomiendas, Y muchos de valor y grandes prendas. Pasada la famosa y gran Canara, En Cabo Verde, que es de Lusitanos, Entraron; y aunque era tan contrara Entonces su nacion Castellanos, No le fu la nuestra all adversaria, Que todos los reciben como hermanos: Que al fin la diferencia es de tal guisa, Que para las mas veces todo en risa. Despues de haberse aqu ya refrescado, La gente del armada muy gozosa, Con algun bastimento que ha tomado Se embarca, por le ser muy deseosa La fin de su viage comenzado, Juzgndole por cosa provechosa: Que vemos que cualquier descubrimiento Es al tono de boda casamiento.[55] La Torrida, que alguno inhabitable Escribe, traspasaron derrepente. No ser en todo tiempo navegable Sabemos, que el sol hiere crudamente. Un viento hace veces amigable, Navgase con l al occidente: Despues de aquesta trrida doblada, Est casi ya hecha la jornada.[56] La costa del Brasil reconocida, Y un isla, Santa Brbara, tomada. Por la insignia imperial que de corrida All fu por D. Pedro bien fijada, Conocen que su armada fu surgida En ella, mas tocando de pasada, El rumbo enderezaron muy ana Al isla dicha Santa Catalina. De aqu el Gobernador ha despachado Con gente que descubran el camino, A Dorantes de Bejar, buen soldado; El cual fu, y con presteza mucha vino. Noticia del camino cierta ha dado; Por donde caminando con buen tino, La tierra adentro entraron muy gozosos, Mas de los naturales recelosos. No quiero referir la gran miseria, Trabajos, infortunios que sufrieron En aqueste camino, y su lazeria, Y hambre y sed que todos padecieron. Pues vemos no muri en aquella feria Alguno de trecientos que all fueron. Que aquesto de las hambres y su queja, Solo Mendoza y Zrate se deja. En tanto que Alvar Nuez caminaba Al Paraguay con guias muy derecho, Su gente con salud toda llevaba A manos el camino de indios hecho. Sabido por Irala que llegaba, Con maa, que la usaba en su provecho, Envia cierta gente de corrida, Que el parabien le dn de su venida. Sobre cuarenta el quinto ao corria, Cuando el buen Alvar Nuez ha llegado, Y no el cuarenta y siete se cumplia, Cuando se v de grillos rodeado. La causa de este mal y tirania, Y de caer el pobre de su estado, Envidia fu, que suele, d se ofrece,[57] Aquello combatir que mas florece. Llegado al Paraguay se determina De ir el rio arriba descubriendo, Y sin hallar noticia de oro mina, Con barcos y navos fu subiendo. Trecientas y mas leguas pues camina, Hasta saber de plata: pero viendo Que la rabiosa muerte andaba suelta, Por no perder su gente di la vuelta. San Fernando se dice este parage, D se tuvo notcia de riqueza: Mas era tan enfermo el estalage, Que cobran los soldados gran tibieza. Dejaron esta causa su viage, Que promete sacarlos de pobreza: Que la piel por la piel el mentiroso, Nos dijo, que d el hombre y el reposo. Si la muerte no teme aquesta gente, El Argentino fuera mas somoso El dia de hoy, que nueva ciertamente, Se tuvo aqu de un indio belicoso. La plata y oro bello reluciente Se ha visto, no es negocio fabuloso, Que cntaros de oro maravilla Tenia aqueste indio y gran vajilla. En una gran laguna este habitaba, Entorno de la cual estn poblados Los indios, que su mano l sugetaba En pueblos por gran rden bien formados. En medio la laguna se formaba Un isla, de edificios fabricados, Con tal belleza y tanta hermosura, Que exceden la humana compostura. Una casa el Seor tenia labrada[58] De piedra blanca toda hasta el techo, Con dos torres muy altas la entrada, Habia del una al otra poco trecho. Y estaba en medio de ellas una grada Y un poste en la mitad della derecho, Y dos vivos leones sus lados, Con sus cadenas de oro aherrojados. Encima de este poste y gran coluna, Que de alto veinte y cinco pies tenia, De plata estaba puesta una gran luna, Que en toda la laguna reluca. La sombra, que hacia en la laguna, Muy clara desde aparte pareca. Quien hay que no tomra una tajada De la luna, aunque fuera de menguada? Pasadas estas torres, se formaba Una pequea plaza bien cuadrada; En el mayor esto fresca estaba, Que de rboles est toda poblada, Los cuales una fuente los regaba, Que en medio de la plaza est sitiada, Con cuatro caos de oro gruesos, bellos, Que yo s quien holgra de tenellos. La pila de la fuente mas tenia De tres pasos en cuadra su hechura: De mas que de hombre mortal pareca En talle, perfeccion y compostura. En estremo la plata reluca Mostrando su fineza y hermosura. El agua diferencia no mostraba De la fuente y pilar d se arrojaba. La puerta del palacio era pequea, De cobre, pero fuerte y muy fornida: El quicio puesto, y firme en dura pea, Con fuertes edificios guarnecida. Seguro que del pelo y de la grea, Del viejo del portero, que es crecida, Pudieramos hacer un gran cabestro: Oid pues del viejazo el mal siniestro. Aquellos que por dicha ya han pasado Por medio de las torres y coluna, Habiendo las rodillas ya postrado, Levantando los ojos la luna, Aqueste viejo as les ha hablado, Con una muy feroz voz importuna, Y dice: "A este adorad, que es solo uno El Sol, y fuera dl otro ninguno." En alto est un altar de fina plata, Con cuatro lamparillas los lados Encendidas, y alguna no se mata, Que estan cuatro ministros diputados. Un sol bermejo mas que una escarlata, All est con sus rayos sealados: Es de oro fino el sol all adorado, Mas hay de quien l sea deshechado? Aqueste gran Seor de esta riqueza El gran Mojo se dice, y es sabido Muy cierto su valor y su nobleza: Su ser, y seoro enriquecido De sus vasallos, fuerzas, y destreza, Por nuestro mal habemos conocido: Que pocos tiempos ha que en cortas trechas, Probamos la fiereza de sus flechas. A que no fuerzas, hambre detestada Del oro, que los nimos perdidos Tras t llevas con nsia tan nefanda, Que ciega las potencias y sentidos! Con todo dsque ven que la muerte anda De priesa, con temor los doloridos, Que habian emprendido este viaje, Se vuelven para atras de este parage. Volviendo pues la gente de su entrada, Sucede en la Asumpcion una tormenta: Dos hombres la levantan, que escusada La tal motin es, si no lo inventa El pecado, que cosa es muy usada. Lebron el uno es, el otro Armenta: Desde que el Gobernador preso tenia, Muy bueno ha andado Armenta, les decia. Sucede prima noche el desbarate: El pobre caballero est durmiendo. Entrgales la puerta Juan Oate, Y as de golpe entraron con estruendo. A voces dicen todos ser dislate Que con la vida quede, que viviendo, Habr de causar mal, pues est cierto El hombre no hablar despues de muerto. Rasquin con un arpon enarbolado Le apunta amenazando que se diese. De la cama se ha el pobre levantado, Sin saber de este caso como fuese. La espada con gran nimo ha empuado; Mas quien era posible resistiese A tantos, pues que Hrcules el griego No pudo contra dos entrar en juego? Irala astuto, sabio, cauteloso, Del enfermo se hizo en este punto, Y por quedar l libre y ganancioso, Segun pude saber, y lo barrunto A Cceres agudo y bullicioso, Le dice, con Venegas vaya junto, Y Cabrera, del Rey tres oficiales, Principio y causadores de estos males. El pueblo conmovieron ignorante, Y en odio le encendieron como brasa. Acude la prision, y en un instante Le sacan muy asido de su casa. Irala se ha hallado muy triunfante, Que cierne, hie, y masa aquesta masa, Y siendo el preso puesto en tal aprieto, Por caudillo de todos es electo. Comienza gobernando pues Irala Su negocio entablar, y aficionaba A todos, y en mil cosas se seala, Y al pobre con mas veras ayudaba. Empero corta, abrasa, hiende, tala Al que el contrario bando acompaaba: De suerte, que el leal era tenido Por hombre vil, infame y abatido. A muchos ahorc de los leales, Diciendo que la tierra perturbaban. A tal punto se vino, que los tales En los montes y bosques habitaban. Los que eran causadores de estos males, Lo bueno de la tierra se gozaban; Los otros hambreaban suspirando, Y Dios justa venganza suspirando. Entre otros que prendi fuera Vergara, Hermano de Ruy Diaz Melgarejo: Y aqueste sino huye le ahorcra, Que voluntad no falta y aparejo. Al otro con su hija le casra; Ruy Diaz nunca fu de tal consejo, Y as con los leales se ha huido, Andando por los bosqus escondido. Haba Diego de Abreu tomado La mano en sealarse con cuadrilla, Contradiciendo Irala por alzado. Son Abrego y Ruy Diaz de Sevilla: Consigo mucha gente han congregado; Irala ha procurado de seguilla, Y algunos los conmueve por regalo, Y muchos cuelga y pnelos de un palo. Irala sale en esto con armada, Y el rio arriba yendo bien se aleja; Y porque la ciudad sea gobernada, A D. Francisco de Mendoza deja. Lazcano muy malvado de celada, Con nimo endiablado se le queja, Diciendo no conviene que tuviese Por un tirano el mando, y desistiese. Y que l con los leales tratara, Que en nombre del Gran Carlos se eligiese, Y aquesto facilmente lo hara, Sin que persona alguna lo impidiese. Tratlo de tal suerte, que hacia Que el triste D. Francisco le creyese: Con este engao y falso compellido, Mendoza de su mando ha desistido. Al punto que desiste luego viene La gente de leales de los sotos, Y el Abrego leal no se detiene, Que espera de tener aqu mas votos: El Lazcano malvado pues no tiene Los filos del intento, malos votos, Que con presteza muchos sobornando, Al Abrego procura dn el mando. Malvado llamo Lazcano yo en mi verso Por ser causa primera de un gran dao, Que nunca se perdiera el universo, Por Mendoza mandar siquiera un ao: Que si buen celo tuvo al fin fu adverso A Mendoza causando un mal tamao, Y al Abrego de muerte, y gran fatiga A todos cuantos eran de la liga. El Abrego por votos fu elegido, Que cdula real dispone de esto: Y siendo ya del pueblo recibido, Comienza de envidar todo su resto. El Mendoza se v tan afligido, Y acaso le fu Abrego muy molesto, Que no pudo sufrir verse burlado; Y oid en lo que para este nublado. Con sus pocos amigos, dicen, quizo Tratar de recobrar con nueva traza El mando. Mas este otro tiene aviso Del caso, y con presteza dle caza: Y prndele al punto de improviso, Y la cabeza cortnle en la plaza.[59] Al tiempo que cortar se la querian, A sus hijos habl que all venian. A D. Diego el mayor habl primero, Diciendo en alta voz: "Mira que seas Vasallo de tu Rey, muy verdadero, Porque en aqueste trance no te veas: Y pues, hijo, t ves como yo muero, As la gloria eterna tu poseas, Que cures de vivir siempre de suerte, Que no mueras tambien de aquesta muerte." El presagio del padre, que moria, Dejado por postrero testamento, Al D. Diego de poco le servia, Pues tuvo en Santa Cruz atrevimiento, Y pag en Potos su tirana. Dir en otro lugar este alzamiento: Al Abrego volvamos, que sabiendo Que Irala vuelve, al monte v huyendo. Irala habiendo tiempo navegado El Paraguay arriba con su gente, Y al buen Nuo de Chaves despachado A que salga al Per muy diligente, Se vuelve la Asumpcion, que el que ha pecado No puede asegurar jams la mente: Que no puede hallarse mejor ciencia, Ni prueba, que le iguale la conciencia. Llegando la ciudad al fin Irala, Con grande regocijo es recibido; De Mendoza la muerte le desala El corazon, y entraas le ha rompido. Tras Abrego con priesa el monte tala, Y Escaso aquesta causa ha cometido: Mas no le fu en el tiro de su mano, Que un tiro que tir no sale vano. Al Abrego prender Irala envia, Porque l con los leales retirado Andaba por los bosques porfia, Del remedio de Espaa confiado. El Escaso, que supo d dormia, Una noche le halla descuidado, Y al blanco pecho apunta, y fu tan cierto, Que el corazon le parte, y deja muerto. Muchos de los leales desmayaron, Por verse sin cabeza y perseguidos, Y algunos al Irala se pasaron, Y fueron con amor dl recibidos. Los otros, que mas tiempo porfiaron, Vinieron con dolor muy afligidos: Que el nombre de leal era nefando, Y en trisca le nombraban, y burlando. A tal punto lleg el atrevimiento, Del bando del Irala, que casando Su hija con Vergara, por contento Y placer, un soldado suspirando En una farsa sale descontento, Y roto y pobre, y otro preguntando, Y l responde, dicindole quien era? De los leales soy, que no debiera. Qu, de leales sois, le dice luego: Mirad pues bien el pago que sacado Habeis de esa contienda y triste juego, Que tan contra razon habeis jugado? Hermano, por ventura estais tan ciego, Que no veis que es andar de pi quebrado: El triste del leal dice temblando, Hermano, lo que s que estoy penando. El valeroso Chaves caminaba La vuelta del Per donde ha salido, Con trabajo sobrado que pasaba, De gente que el camino le ha impedido. A muchos fuertemente conquistaba, Y su diccion y mando ha sometido, Rompiendo fuertes y altas palizadas, Con obras muy heroicas y afamadas. Conquist los Chiquitos, que es frontera Del gran Mojo, Seor de la Laguna: Y entiendo que si mas adentro fuera, A cuestas nos sacra la coluna; Y Hrcules segundo Chaves fuera, Y por mas le imitar, el sol y luna A cuestas sustentra, como al cielo El otro, por le dar Atlas consuelo. Al fin sali al Per, donde ha hallado Al licenciado Gasca el venturoso. Despues de su negocio relatado, Procura de volverse muy gozoso. Un pueblo en el camino hubo poblado, Por extender su fama deseoso, Santa Cruz de la Sierra le nombraba, Que el sitio al de su tierra semejaba. A Cabeza de Vaca ya volviendo, Llevronle Castilla aherrojado. Agora que lo estoy aqu escribiendo Me admiro, como nunca castigado Aqueste caso fu, atroz y horrendo, Y el gran levantamiento confirmado. En mi tiempo yo v se recelaba El pueblo del castigo que esperaba. Venegas y Cabrera, pues, al preso Llevaron Castilla, y lo entregaron Al Consejo Real con gran proceso, Y causas, que su gusto fulminaron. De aquestos dos el uno pierde el seso, Al otro en breve tiempo lo enterraron, El preso por sentencia fu privado Del ttulo y blason de Adelantado. En su lugar habiendo proveido A Sanabria el gobierno, va Sevilla,[60] Casse, y el casamiento le ha impedido Que no pueda salir ya de Castilla: Que en breve se muri; y ha partido Con el resto de gente y la cuadrilla Que en armada Sanabria puesto habia, Entregada la mar, Doa Menca. Tomaron de la costa San Vicente Despus San Francisco, d estuvieron Algun tiempo viviendo alegremente. Por tierra al Paraguay despues vinieron. La mas de toda aquesta poca gente, Que nombre del Socorro les pusieron, De Estremadura son, d influye Marte De sus sacros tesoros tan gran parte. Sanabria en Medellin nacido habia, Con hijos y muger all ha vivido, Viudo ya una vez, Doa Menca En Sevilla por suerte le ha cabido. Movida de su vana fantasa, Con sus hijas de Espaa se ha partido, Con fin de las casar; y as sucede, Que en la muger la honra vale y puede. Tambien Diego Sanabria, el heredero, Despues sali con gente en mala extrena; Que erraron dos pilotos su rotero, Y dieron en el puerto Cartagena. En Potos le v hecho minero, Mas nunca tuvo el pobre mina buena: Busquemos una agora en otro canto, Que ya cansa decir en este tanto. CANTO SEXTO. _Viene Obispo al Paraguay. Muere Domingo de Irala. Eligen por Gobernador Francisco Ortiz de Vergara, y sale con el Obispo al Per._ Los hijos de este siglo, la Sapiencia Nos ensea, que son muy mas prudentes, Que no los muy dotados de inocencia, Para el vivir y trato de las gentes. Aquellos que no tienen tal prudencia Perecen con dos mil inconvenientes, Llevndoles ventaja los osados, Astutos y sagaces y treznados. Tan sbio era, y astuto y cauteloso En su trato y vivienda nuestro Irala, Que no tiene algun hombre dl quejoso, Que todos en amor parece iguala. Con esto y con su pecho valeroso, Contrasta cualquier mal, y suerte mala, Y su diccion y mando muy rendidos, A sus contraros tiene y sometidos. En paz tiene la tierra, gobernando Con gran sagacidad y seoro, La gente rebelada castigando Con fuerza, maa, y arte y podero. Los leales su causa ya juzgando Por vana presumpcion y desvaro, Por no tener de Espaa nueva cierta, Se le entran cada dia por la puerta. Filipo el Sbio, rey muy poderoso, Que en suerte el Nuevo Mundo le ha cabido, Del aumento cristiano codicioso, Al Paraguay obispo ha proveido, Del rden Franciscano religioso, D. Pedro de la Torre es su apellido: Urue por General v de la armada, Que fu para este efecto congregada. Aprstase el armada muy hermosa, Y sale de San Lucar, y se entrega A las ondas del mar brava y saosa; Y con un viento prspero navega. Ha sido en su viage tan dichosa, Que al Rio de la Plata presto llega, Sin refriega de mar y sin tormnta, Que al bueno Dios le ayuda y le sustenta. Desde Castilla al Rio de la Plata, Cuarenta dias solos se gastaban, Y no echaba el piloto en ello cata, Y el rio los navios embocaban. El General, llegando, desbarata De dos navios las obras que sobraban, Hermosos bergantines quedan hechos, Y en breve la Asumpcion fueron derechos. No quiero aqu tratar el gran contento Que toda la ciudad ha recibido, Ni menos la tristeza y el lamento Del malo, que se v ya sometido. Y aunque esto de pasada yo lo cuento, Muy bien fu en el suceso conocido, Pues cualquiera rehusa ser mandado; Que el buey suelto se lame por el prado. Irala como v que est con miedo El triste del Obispo, y que la fria Por l corre, contento, alegre y ledo, Mudando muy en breve la materia, Le dice, mi Seor, en cuanto puedo Trabajo, que salgamos de lacria, Buscando si hay riquezas en la tierra, Mas tengo gran trabajo con la guerra. El santo del Obispo sonriendo, Con un blando semblante respondia A lo que Irala iba repartiendo, Que ya su condicion bien conocia: Bien la propia suya resistiendo, Porque de Irala mucho se temia, Procura de sufrir, pues se v solo, Y todos contra l con fraude y dolo. En esto de Castilla, Dios eterno, Cuan grande es, y cuan alta tu sapiencia! Al Irala le envian el gobierno; Mas sobreviene luego una dolencia, Y no pudo durar solo un invierno: Que el que con fraude obtuvo la potencia Los veinticuatro aos con tal dao, No dura con derecho solo un ao. Despues de Irala muerto, se juntaron En una iglesia todos, y eligieron, De doce caballeros que nombraron, Los cuatro, cuyos nombres escriberon: Por opuestos aquestos sealaron, Los vecinos sus votos aqu dieron. Sali Francisco Ortiz, el de Vergara, Que con hija de Irala se casra. Su hermano, que es Rui Diaz, habitaba En Guayra en este tiempo, retirado De Irala, que con l mal se llevaba: All poblando se ha fortificado, Y de all con su gente conquistaba Los indios, y en la tierra apoderado Procura atravesar San Vicente, Con nimo crecido y poca gente. La costa del Brasil est temblando, Sabiendo de Rui Diaz la venida, Que piensan que se viene apoderando De todo lo que halla de corrida: Pues saben como ha andado conquistando, Y que tiene la tierra as rendida; Y no sabe que quiere Melgarejo: Mas ved en que ha parado su consejo. Allega San Vicente, d Cupido Desembraza cruel su flecha dira, Y hcele quedar preso y rendido Al rostro angelical de Doa Elvira. Quien indios y espaoles ha vencido, Vencido y muerto queda, porque mira. Y piensas t, Cupido, no lo fueras, Mirando Doa Elvira de Contreras! De Medellin sali la dama bella, De conocida, casta y gente clara: Y aunque fu en hermosura linda estrella, Fortuna se mostr con ella avara. Procura el capitan luego con ella Casarse, mas la muerte la llevra Entonces, y no diera mala cuenta, Causndose si misma tanta afrenta. Casse en mal punto, y en hora mala, Dios sabe lo que siento en escribillo. Amor, que con lo bajo lo alto iguala, La hace aficionarse Juan Carrillo. Cojlos Melgarejo en una sala, Y como no es el caso de sufrillo, Aunque la dama es tal, y el galan viejo, A entrambos los ha muerto Melgarejo. Entrando el capitan en su aposento, Al adultero mat de una estocada: La dama viene al grito con lamento, La gente viene al grito alborotada: Ayudanla matar, crudo cuento, Qu no hay quien te defienda, desdichada! Fenece la extremada hermosura En el colmo de extrema desventura. Vergara y el Obispo se han movido, En esto de salir, que no debieran, Al Per: pero habiendo ya venido A Santa Cruz, d nunca ellos vinieran; All les fu por Chaves impedido El camino: yo creo que si pudieran Pasar, ellos pasran; mas yo hallo Que en propio muladar bien canta el gallo. El Chaves los Charcas va y camina, Dejndose los pobres muy llorosos. Tras l salen despues, y de una mina Llevaron grandes muestras muy gozosos. Ensayase el metal, y plata fina Se saca, que movi los codiciosos; Y entre ellos Juan Ortiz Pica, pensando Ganar honra y dinero gobernando. El licenciado Castro gobernaba; Y vista la intencion del perulero, Y que en aqueste caso el importaba Por tener abundancia de dinero. El gobierno argentino le encargaba Quitndosele al pobre caballero: El cual como se vido descompuesto A Castilla se vino muy dispuesto.[61] Matienzo el Presidente no repugna En esto; que formando una quimera, En el cuerno le pone de la luna Al Argentino reino y su ribera: Y dice, que no puede haber alguna Provincia de riqueza en tal manera, Cual esta; aunque rodeen todo el mundo Entre el polo primero y el segundo. Y aun dice un dicho necio, y he de decillo, Pues v con juramento yo afirmarlo, Y promet yo muchos de escribillo, Ni quiere mi Argentina aqu callarlo. "Si fuera yo Filipo, ese Turquillo[62] Habia con Espaa de dejallo, Decia, por gozar de tanta tierra, Tan bella y apacible, y tan sin guerra." Con estos desatinos que decia, Que muy grande aficion al Argentino Mostraba el Presidente que tenia, Procuran de volverse en su camino El Obispo, y teniente que ponia En su lugar Ortiz el zaratino; Que es Cceres, un hombre bullicioso, Amigo de mandar y sedicioso. El Juan Ortiz se parte para Lima, Con ttulo y blason de Adelantado: De barras lleva hecha grande rima, Que sabe Dios cual l las ha juntado. Aquesto le causaba gran estima, Y ser de todo l mundo respetado: Que tanto de valor cualquiera abarca, Cuanto tiene dineros en el arca. De Lima se parti muy placentero Por ver que le es fortuna favorable; A Panam camina muy ligero, Con viento en popa suave y amigable Allega Panam con su dinero, Y en breve lo vereis muy miserable: Que f ninguna tengo, ni confianza En fortuna, que es cierta su mudanza. En nombre de Dios parte Cartagena, Y entrega su fortuna una fragata. El Francs esto tiene dicha buena, Que le ha sido la presa muy barata. Encuntrale, "y amaina vela, antena, Le dice, y deja, amigo, aqu la plata, Sino quieres dejar tambien la vida, A vueltas de la plata aqu perdida." Amainan pesar vela y trinquete, Rendidos del Francs y su pujanza, Ni queda marinero ni grumete, Que no pierda del todo la esperanza. La vida Juan Ortiz all promete, Mas pierde de la plata la confianza. La vela d el Francs, desque le quita La plata, y con placer picando grita. Quien vido Juan Ortiz lo que hacia, Pudiera no moverse crudo duelo. Los suspiros que daba los ponia Con gran sentimiento all en el suelo: Sus carnes tan heladas las tenia Como la pura nieve y duro yelo, Y dice: "Cuan en breve aqu he perdido, Lo que en tan largos aos he adquirido!" De mas de ochenta mil pesos pasaron Los que el Francs sac de aquesta feria. En Cartagena amigos ayudaron A Zarate salir de su laceria: Qu muchos de su mal se constritaron, Por verle haber venido tal miseria: Que para asar, cocer, freir, decia, Que en mucha cantidad barras tenia. Con este desastrado desbarate, Y desdichado fin y mal suceso, A Castilla se viene el de Zarate, Sin sacar de su plata un solo peso. No teme que el Francs le desbarate: Qu el pobre del ladron jamas es leso; Mas antes caminando su albedrio, Delante del ladron canta vacio. Llegado Espaa, el Rey le ha confirmado Lo que Castro le di, y por mas pago A Zarate vereis ya sealado En los pechos con cruz de Santiago. Habiendo mucha gente congregado, Se entregan al feroz y hondo lago. Dirse en su lugar de aquesta armada, Volvamos la histria comenzada. Al Cceres y Obispo revolviendo, Llegan Santa Cruz, que de la Sierra Se llama; d discordia, descogendo Sus velas, ha causado tanta guerra Entre los dos, que el odio ya creciendo, Los huesos uno al otro desentierra, Y mas que unas berceras en cantillo Se tratan, que es vergenza de escribillo. De Santa Cruz salieron, procurando Llegar al Paraguay con gran presteza; Y aunque las dos cabezas caminando Van juntos por la tierra de aspereza, No van cosa ninguna conversando, Que en mala voluntad tienen firmeza. Llegando la Asumpcion muy brevemente Lo que pas dir el canto siguiente. CANTO SEPTIMO. _Llegan la Asumpcion el Obispo y General. Prende el General al Obispo, y despues el Obispo al General, y llevndole Castilla, muere el Obispo._ Sentencia es celebrada, llana y clara, Que todo hombre que anda en malos pasos Al fin de la jornada siempre pra En mal con desastrado fin y casos.[63] Con el mando, poder, y con la vara, El Cceres echaba contrapaso, Al santo del Obispo: mas tenia Un provisor que mal los recibia. Aunque el Obispo era mal sufrido, No era codicioso de venganza. Segovia, el provisor, no ha consentido A Cceres crecer en su pujanza; Mas antes con un odio encrudecido Le mete, como dicen, bien la lanza, Tomando informaciones y testigos: A Cceres lo dicen sus amigos. Un hombre, que Daroca se llamaba, Que del Per sac en su compaa El Obispo, en el pueblo publicaba Contra el Obispo mal en demasa: Mil cosas en escrito denunciaba Al Cceres, que bien las reciba: Con que publican todos por estenso, Que el bueno del Obispo est suspenso. Al provisor meti en un aposento El General, con grillos remachados, El comer al Obispo y el sustento Le quita; que no son hombres osados A darle un jarro de agua, que al momento El servicio y los indios son quitados: Y por mayor baldon y mas afrenta, Al Obispo le priva de su renta. A Pedro de Esquivel, un caballero De bella compostura y bella traza, Amigo del Obispo y compaero, (Por sola su pasion) le prende y caza. Con el Obispo ser particionero En su prisin afirma, y en la plaza Le corta la cabeza, y en picota La fija, y de traidor le reta y nota. La traicion de Esquivel est fundada En una informacion que ha fulminado, En que el Obispo y l, de mano armada Conciertan de prenderle: ha concertado Que el triste del Obispo en su posada Est sobre fianzas encerrado. En la iglesia el Obispo est rezando, Y oid lo que est el malo publicando. En pregon dice: "Pena de la vida, A la Iglesia mayor nadie se atreva Por hoy ir, porque es cosa conocida, Que el Obispo intencion muy mala lleva. Y pues que la tenemos ya sabida, No habernos menester, dice, mas prueba." Ayala su alguacil v prestamente Al templo para echar fuera la gente. O Marqus! destos casos escribano, En d toda maldad pura se encierra, Secriase primero aquesta mano, Que escribiera escriptura mala y perra. Mas ay! como el juicio soberano Para castigo tuyo envia Guerra Obispo, que ponindote en cadena[64] A t, y tu hacienda lleva pena. Al fin, pues, ya del templo consagrado, Diciendo mil oprobios y baldones, Y falsos testimonios del Prelado, Por solos sus rencores y pasiones, Expelen al cristiano arrodillado, Hacindole que salga rempujones. Forzndola salir la puerta afuera, Una dama habl de esta manera. Pues no son poderosos los maridos! Pidamosles las armas, y volvamos Por la honra de Dios. Y con gemidos Deca:--no conviene consintamos Aquestos maleficios conocidos; Y todas al prelado defendamos.[65] Que mas vale morir honrosa muerte, Que un mal disimular de aquesta suerte. Poblado est de mrtires el cielo Que por honra de Dios han padecido; De su sangre est lleno todo el suelo, Que infieles y tiranos han vertido: Tomemos pues con esto gran consuelo, Que Dios d gloria aquel que ha merecido. Y pues sabemos que este es un tirano, Volvamos por el nombre de cristiano. Con sobrado valor y pecho osado, Otra dma habl de esta manera:-- De aqueste lugar santo consagrado, Nadie me har salir de aqu afuera; Ni consentir yo tengo que al Prelado Agravien, sin que yo primero muera: Que m, que soy su oveja, su fatiga, A condolerme de ella bien me obliga. A mis padres, hablando de Castilla Y de santas histrias, tengo oido De la sbia Judith, si s decilla, Que bien veis que en la tierra soy nacida; Aquella grande hazaa y maravilla Que hizo, por d nombre ha merecido Tan alto, que la Iglesia la pregona Por dechado de fuertes y corona. Holofernes soberbio, crudo, altivo, Tenia la ciudad desta cercada; Al nombre hebraico era muy nocivo Con su fuerza, poder y cruda espada: Estaba al punto ya de ser cautivo El pueblo, y la ciudad desconsolada; Judith de remediarla deseosa Sali por el ejrcito animosa. La gente de Holofernes que la vido, Al punto se la hubo presentado, Diciendo, buena parte hemos venido, Quien hay que no pelee muy de grado? Al Holofernes bien le ha parecido, Y cenando y bebiendo, se ha embriagado: La noche sobreviene, y se dormia Con el vino abundante que bebia. Judith, que esta ocasion consideraba, La cabeza le corta, y con secreto Sali con la criada que llevaba: Librando de esta suerte del aprieto A su pueblo, en que vi ella que estaba. El prmio ha recibido, mas perfecto; Y pues vemos que el prmio ya nos llama, Dejemos de nosotras grande fama. El triste doloroso del Prelado A su casa se vuelve, no cesando De gemir y llorar muy congojado, Por ver su oveja irse condenando. All le hace estar emparedado; Con barro las ventanas le tapando: Fianzas d el Obispo que estaria En su casa, y que de ella no saldria. Mas teniendo noticia que querian Echarle de la tierra, se ha salido Huyendo media noche, y acudian Algunos en su busca, d escondido Estaba, y los mosquitos le comian, Que en toda aquella noche no ha dormido. A su casa le vuelven, d se queda, En tanto que fortuna vuelve y rueda. El Cceres estaba tan furioso, Tan altivo, soberbio y endiablado, Que no tiene en s mismo algun reposo, Ni puede estar momento reposado. Del Provisor estando receloso, Por ver que era sagaz y redoblado, Acuerda de embarcarle en un navo, Y l bajase as mismo por el rio. Baj con intencion de despacharle Al Per, por sacarle de la tierra; Mas no halla manera de enviarle: Por d su voluntad en esto cierra, Que dos tres procuren de fiarle: Con esta condicion no lo destierra, Mas suelto el Provisor del crudo lazo, Sacude, como dicen, zapatazo. Teniendo, pues, la causa fulminada, Juntaron de mancebos gran canalla, Que es gente para todo aparejada, De espaoles tambien parte se halla, A quien noticia fu del caso dada: No hace Fray Francisco Ocampo falla, Que aunque al principio fu de la otra parte, Aqu lleva el guion y el estandarte. En casa de Segovia se juntaron De noche, con secreto sin ruido; Entre todos all se concertaron, Y el caso fu de breve concluido. Que Cceres se prenda concertaron, Y esperan que sea amanecido. Una vision al punto que amanece Encima de la iglesia se aparece. A mirar la vision los que salieron A un patio d el Segovia reparaba, Un Angel relumbrando todos vieron, Que parece una espada desnudaba. Muchos aquesto mismo me dijeron; Y el Angel parecia que amagaba Con la espada desnuda que tenia, Y golpes hcia abajo sacudia. El Cceres venido pues misa, Entr la turba multa muy derecha, Ech Cceres mano muy prisa, Y algunos de los suyos no aprovecha; Que el negocio segua ya de guisa, Que cada cual puja mano le echa; Y al fin preso le llevan muy de vuelo, Sin dejarle llegar los pies al suelo. Con voz del Santo Oficio y apellido Le prenden, y eso suena su proceso: En un punto se v el pobre afligido, Con miserable fin del mal exceso. Quien duda que estaba arrepentido, En contemplar el triste aquel suceso! Que el solo conocer su grave culpa, Es lo que al pecador mas le disculpa. Su pompa, presuncion, y bizarria, Fenece con muy vl abatimiento: Que cosa cierta es que no podia Para siempre durar su ensalzamiento. Un negro que este Cceres tenia Habiendo visto aqueste acaecimiento, Tened dijo, Seor, la barba queda, Que el mundo de esta suerte corre y rueda. Tenindole pues preso y arecado, Nombrado otro teniente entra en consejo, Y tratan quien lo lleve aprisionado A Espaa con presteza y aparejo; Que vaya luego fu determinado El capitan Rui Diaz Melgarejo, Que no se huelga poco de este hecho, Y piensa sacar de ello algun provecho. El Obispo tambien se determina Con nimo de ver nuestra Espaa: Y aunque dicen algunos desatina, Y que su ida la tierra mucho daa, Empero dicen otros que lo atina, Porque l preso no use alguna maa, Con que se suelte y libre de cadena, Y cause al santo Obispo cruda pena. El teniente que nombran se decia Martin Suarez, noble caballero: Al Cceres muy mucho aborrecia, A as en le desechar es el primero. De presto un navichuelo componia, Y puesto brevemente en astillero Despacha al preso en este, procurando Quedarse por seor, y gobernando. Tambien en compaia fu ordenado Que saliese Garay que lo desea: Aqu tuvo principio, y ha probado En la guerra muy bien y en la pelea; Mas nunca supo ser considerado. Su tiempo le vendr, cuando se lea El fin en que par su desventura, Por quererse seguir por su locura. Sali de la Asumpcion la caravela Con otro bergantin acompaada, Izan antenas, dan al viento vela, La nave por el sur es gobernada. Con el viento y corriente tanto vuela Que en breve S. Gabriel fuera llegada, A d se declar para Castilla, Con Cceres, Obispo y su cuadrilla. Garay el rio arriba se ha tornado, Y puebla Santa F ciudad famosa:[66] La gente que est en torno ha conquistado, Que es de nimo costante y belicosa. Los Argentinos mozos han probado All su fuerza brava y rigurosa, Poblando con soberbia y fuerte mano La propia tierra y sitio del pagano. Estando Santa F ya bien poblada, Garay baj Gaboto por el rio, Geronimo y su gente en la llanada[67] Estaban, que venian con gran pio De hacer en el rio su morada. Garay no osa salir de su navio, Aunque es de los de Crdoba rogado: Del agua y de la tierra se han hablado. Del una parte y de otra ha habido dones, Los nimos mostrando halagueos, Empero por quitarse de pasiones, No salen del batel los paragueos. Partieron sin mostrar los escuadrones, A nuestro parecer, torcidos ceos: Mas dejan los de Crdoba fijada, Por seal una cruz de su llegada. A Crdoba llegando el de Cabrera, La nueva le ha llegado que ha venido Abrego gobernar, que no debiera, Pues tan mal los dos ha sucedido. El Abreu como llega le prendiera, Y preso su negocio ha fenecido; De suerte, que quitandole la vida Le deja su memoria obscurecida. Garay quit la cruz de aquel asiento, D qued por Cabrera levantada, Que sabe que es su intento y fundamento Dejar la posesion all tomada. Con esto, l y su gente con contento Se vuelven su asiento, y su morada, Que es dicho Santa F, tierra muy llana, Y Tucuman y Crdoba cercana. El Obispo al Brasil en breve llega Con su preso, y la gente, aunque temieron En golfo y alta mar la gran refriega, En San Vicente alegres pues surgieron, A d al preso el Obispo da y entrega A gentes, que encerrado le tuvieron: El cual de la prision se ha escabullido, Y anduvo algunos dias escondido. De poco, precediendo excomuniones, El Cceres ha sido descubierto, Y puesto en un navio con prisiones, Para Castilla sale de aquel puerto. De enfermedad, congojas y pasiones, Fray Pedro de la Torre ha sido muerto, Dejando grande fama en San Vicente, De grande religioso y continente. Muy pblico en la costa se decia, Que al tiempo que muri aqueste prelado La pieza y aposento mucho olia,[68] Y el sepulcro d fuera sepultado. Aquel que en la mortaja le envolvia, Conjuramento lo ha testificado, Y as lo dicen hoy los lusitanos, Que muerto, bien le olian pies y manos. Ya Juan Ortiz de Zrate est dando Gran priesa, y que me acuerde que ha partido, Me dice, y que ya viene navegando; Que cumpla lo que tengo prometido. De solo me acordar ya est temblando La mano; que en pensar que he padecido Calamidad tan grande y tal miseria, Temor tengo de verme en otra feria. Y as por no acordarme de tal llanto, De tan crudo dolor y triste suerte, Quisiera fenecer con este canto, Que dudo que mi pluma bota acierte. Que puesta la memoria en el quebranto, Cuando me v tan cerca de la muerte, Temo se ofuscar; pero digamos Las tristes desventuras que pasamos. CANTO OCTAVO. _Sale Juan Ortiz de Castilla, llega Canaria, y de ah Cabo Verde, de adonde viene en demanda de la isla de Santa Catalina._ Al tiempo que alas cobra la hormiga Le viene su remate y perdimiento.[69] Fortuna Juan Ortiz ha sido amiga Desde el orgen suyo y nacimiento; Mas ya le comenz ser enemiga, Al punto de su vano pensamiento: Que las altivas alas que tenia, Ya vimos que el francs las abata. Fortuna ac y all yendo y viniendo, En la corte le pone en tal estado, Que aunque la sazon est rigendo, Le tiene al parecer desbaratado. Con todo, de sus maas se valiendo, Con ttulo y blason de Adelantado Del puerto de San Lucar se salia, Y el ao de setenta y dos corria. Con el ban solteros y casados, Casadas y doncellas de viage, En tres navios mal aderezados, Con una zabra mala y de mal trage. Al parecer muerte condenados, Con otros quince veinte en un patage. Mas estos mejor dicha al fin tuvieron, Que en tierra del Brasil libres surgieron. Camina pues la armada algunas leguas, Entregada las ondas de Neptuno, Y engolfada en el golfo de las Yeguas, Sucede un vendaval tan importuno, Que si Dios no pusiera presto treguas, De todos no escapra ni solo uno: Y viendo andar el mar por las estrellas, De temor lloran hombres y doncellas. La noche muy obscura, la mar brava, El viento vendaval muy presuroso Soplaba y de temor cualquiera traba Del otro por valerse deseoso: Y mientras esta furia reposaba, Los pilotos amainan sin reposo. Las naves van volando ya sin guia, Mientras que cesa el viento su porfia. Y despues que ces la furia y viento, (Habiendo ya su trmino corrido) La gente alborotada, del tormento Temor y desconsuelo padecido, Decia con un ronco y flaco aliento, "Si habemos del peligro ya salido." All muchas promesas publicaron, Que en el temor pasado Dios votaron. Despues, dando lugar el gran Neptuno A que fuesen sus ondas navegadas, Con muy prspero viento y oportuno, A cabo de cien leguas caminadas, Descubrimos del brbaro importuno La costa, con sus tierras malhadadas. Era una tierra larga, baja y llana, Que tiene por renombre Tafetana. Dejando aquesta costa izquierda mano, Despues de veinte y cinco dias pasados De nuestro navegar por el Oceano, De vanas esperanzas confiados, A la Gomera un dia muy temprano Llegamos, los peligros olvidados: Que pasado el peligro, olvida luego El marchante el voto, prece y ruego. Aqu estuvo el armada reposando Tres dias no cabales, que corria Buen viento, que nos iba convidando A tener regocijo y alegra. Del puerto, pues, prisa se levando, Navega Cabo Verde recta via: Mas el viento y pilotos yerran tanto, Que el gozo se volvi muy presto en llanto. Andaban los navos sin concierto, Arando el importuno y largo lago; Ya caminan derecho, ya muy tuerto, Al fin toman la isla de Santiago. Es isla muy alegre con buen puerto; Mas yo mi obligacion no satisfago, Si no fuerzo escribir yo aqu mi pluma, Su temple y compostura en breve suma. El sitio es apacible y deleitoso, La gente muy lucida y muy galana, Por el ingles cosario y belicoso, En ronda suele andar cada maana. Enfermo es el asiento y peligroso, Por el calor la gente no est sana, Mas viven placer los lusitanos, Contentos, muy alegres, muy ufanos. A mi posada vino un caballero De buena compostura y bien tratado, Alegre, conversable y placentero, Y con una encomienda sealado. Tiene una negra all mucho dinero, Con ella se cas el desventurado. Mirad pues el dinero cuanto obliga! Que sufre este en sus ojos una viga. Partise de este puerto Santiago En breve con un prspero y buen viento: Mas entrando la mar y grande lago, Calm, y todos perdieron el contento. Algunos lo tuvieran por buen pago A Espaa se tornar, porque el aliento Faltaba, desque entienden alargarse El tiempo, y la jornada no acabarse. A la lnea en aquesto se acercaron, A d (con aguaceros que tuvieron) Al pi de quince dias mal pasaron, Y algunos en la lnea se murieron. Despues de aqueste tiempo la doblaron, Y en demanda al Brasil las velas dieron. Mas no vieron la costa de sus ojos, Huyendo de no dar en los Abrojos.[70] Los diez eran de Marzo ya pasados, Cuando toman los campos nuevo trage, Y vuelve por sus pasos compasados El gran Apolo Espaa su viage. En este tiempo fueron desviados Los unos de los otros, y el patage Con viento y aguaceros se apartaba, Y en costa del Brasil puerto tomaba. En San Vicente salta, d han hallado La gente del Obispo y Melgarejo, Del armada de Zrate han contado, De sus armas, pertrechos y aparejo: Rui Diaz les ha todos convidado, Que se vuelvan con l: este consejo Algunos del patage lo tomaron, Mas otros en el puerto se quedaron. Pudieran bien decir los doloridos, Estando en San Vicente reposados, Si nosotros no fueramos perdidos, Por ser de nuestra flota ya apartados, O fueramos de hambre consumidos, O muertos de los indios y acabados; Y cierto para haber de guarecernos El medio mas seguro fu perdernos. El armada con pena navegando, A veinte y uno de Marzo una maana, Antes de aquella Pascua, en que llorando Buscaba al buen Jesus de Marta hermana, La tierra se descubre, y vela dando, En breve se lleg, que est cercana: Mas no se toma puerto, que buscaban A donde le tomar, y no le hallaban. Andando los pilotos vacilando En luengo de la costa, cada dia Sus cartas y roteros remirando, Por ver donde el armada surgiria: Sus grados y sus puntos cotejando, Anclaron en Abril tercero dia En una playa y puerto sin abrigo, Que es dicho por renombre D. Rodrigo. Su cara mostr Febo muy cubierta Aqu, cuando se entraba en occidente: La noche obscurecida como puerta De muy profunda cueva d no hay gente. Neptuno muy saoso se despierta, Y las aguas comienza bravamente A mandar, que se muevan alteradas Del sur, y en altos montes levantadas. Ni el Puerto Pico, Sierra Mariana, Ni Teide, Potos, ni el Atumare, Ni el volcan de Arequipa, ni Lupana, Ni el alto monte sierra de Lambare, Ni Villuerca, ni Sierra Verzocana, Se puede ya hallar que se compare A los montes y sierras que formaba En alta mar el viento que bramaba. Estaba el Almirante del armada Con solo un cable y ancla: el porfiado E importuno sur desamarrada La lleva, habiendo el cable reventado. La nave por la mar andaba errada, El piloto no acierta de turbado A decir ni mandar lo que conviene, Que en el alma metido el miedo tiene. Con este temporal tan peligroso La nave sobre tierra va volviendo: El viento con su impetu furioso, Las velas en un punto descojendo, Hace volver la popa sin reposo A tierra, y el mar adentro v corriendo. La gente alborotada sin consuelo, Levantan alaridos hasta el cielo. Quedan la capitana y vizcaina En gran peligro surtas junto tierra: Mas luego en un momento muy ana La vizcaina el ancla desafierra: Agarrando dos leguas ya camina En luengo de una costa y de una sierra; Mas no se osa meter en la mar brava Con el temor de la agua que faltaba. El Almirante sale al mar saoso, Del importuno viento sacudido: La gente clama al Alto Poderoso Con voces, gritos, llantos y alarido. El sexo femenil mas doloroso, Causaba fuese el caso dolorido, Que tantos alaridos levantaban, Que la tormenta mas acrecentaban. En demanda del Rio de la Plata Se leva de este puerto que he contado La flota; mas el sur ya se desata Con un furor terrible acelerado: Y viendo que este viento desbarata, Y hace desandar lo que est andado, Procura de tomar puerto la flota, Con fin de desistir de su derrota. Y tanto el bravo viento los aqueja, Que se siguen tras l desconfiados De su recto viage, que se deja, Por ser del vendabal tan contrastados. La capitana un poco mas se aleja, Y surge con sus naves los lados, Si no es el almiranta, que apartada Surgi en una baha no abrigada. Del almiranta tierra sale luego Alguna gente, y halla las pisadas Del indio, por d siguen, aunque ciego El camino, y las yerbas mal holladas, A la seal, y humo de un gran fuego Descubren unas gentes congregadas De nacin Guaran, que recibieron A los nuestros muy bien, y les sirvieron. Las cosas, que tenian ofrecidas A los nuestros, con ellos se metieron En la barca con flechas muy crecidas, Y en trueco de rescates las vendieron. Sus carnes, de aire y sol ennegrecidas, Algunos espaoles las cubrieron; Que estima esta nacion mucho cubrirse, Y nuestro modo y forma de vestirse. De aquestos se tom lengua y aviso, Mayormente de un indio ya muy viejo; A Santa Catalina de improviso, Que vayan les ha dado por consejo, Y l propio ir mostrar el puerto quiso: Y viendo tal recado y aparejo, Las naves en un punto se levaron, Y en luengo de la costa navegaron. Surgieron en el puerto que es llamado Ayumir, que es boca angosta chica, Del isla hacia el este; al otro lado Est la tierra firme en forma oblica. La flota procurando lo abrigado, Dejando el primer puesto all se aplica, Adonde hace el mar una ensenada En forma de la luna de menguada. Aqu puerto y lugar aparejado Para surgir mil naves est bueno: Entre la isla y la tierra va ensenado, Un golfo de pescados todo lleno; De una parte y otra reguardado De vientos, todo alegre y muy ameno. Empero del armada Zaratina Aqu fu la caida y grande ruina. Aqu reposaremos sin reposo. Que mal pueden tenerlo los hambrientos. Trataremos del trance doloroso De la infeliz armada, y sus descuentos: Hambre, muerte, tristeza, lacrimoso Planto, suspiros, gritos y lamentos, Darn subiecto cierto al nono canto, O por mejor decir al nono planto. CANTO NONO. _En este canto se cuenta la grande hambre de la isla de Santa Catalina, con las desventuras lastimosas que en ella se padecieron._ Od, las damas bellas, este canto, A quien ha repartido la natura De su grande valor, y bienes tanto, Que se huelga de ver ya su hechura; Causaros ha vosotras mas espanto, Por ser de delicada compostura, Y llorareis con migo un mal tamao, De desastrado fin y crudo dao. El canto vuestro es, pues que contiene De damas y galanes la caida: Por tanto el ofrecerosle conviene, Porque de vuestro ser el tome vida. Haced con vuestra fuerza que no pene Aquel que le leyere, pues rendida De este siglo teneis la mayor parte, Con vuestra gran belleza, industria y arte. En el pasado canto recontamos Del puerto que tom el Zaratino: Escuchad pues agora que contamos El fin tan desastrado que le vino. En esta tierra, y puerto que tratamos, El triste Adelantado fu mohido, Que bien cierto est, el pobre procuraba El bien, mas la codicia le cegaba. Sali tierra del isla, deseoso De dar remate y fin su fatiga: Su hado le es contrario y envidioso, Y fortuna le fu muy enemiga. Por el tiempo contrario le es forzoso Tomar aquesta tierra, y aun se obliga A echar toda la gente un dia en tierra Al pi de una montuna y alta sierra. Celebraba la iglesia aqueste dia Del Corpus, fiesta santa sealada: Celebrse con gozo y alegria La fiesta del Seor tan celebrada. Por esta causa al puerto se ponia Por nombre _Corpus Christi_, y es nombrada. Santa Catalina: es isla sin ventura De tantos espaoles sepultura. De poco se parti el Adelantado Con mas de ochenta hombres escogidos, Al puerto de Ibiac que est poblado, Dejando los demas muy desabridos. Consejo fu cierto este mal guiado; Y as los que quedaron son perdidos, Que ni armas, ni comida les quedaba, Y la fuerza ya todos les faltaba. Quedaron en la isla buena cuenta Docientos y cincuenta, mas soldados, Casadas y doncellas hay cincuenta, Sujetas miseria y tristes hados. En ver que Juan Ortiz de alli se ausenta, Algunos de temor estan turbados, Y su temor se dicen y publican, Que cruda muerte y hambre pronostican. Qued por capitan aqu nombrado Un Pablo Santiago; pues camina Al puerto de Ibiac el Adelantado, Que es tierra muy cercana y bien vecina: Y as el propio dia hubo llegado, Sin suceder desastre ni mohina. Los indios salen presto recibillos, Y danles de comer dos carrillos. En el isla no comen tan prisa, Que la racion se d por grande tasa: Seis onzas de harina solas guisa El pobre del soldado y las amasa. A nuestro Adelantado se le avisa Que la racion es corta y muy escasa: Mas el que est seguro en talanquera, Muy poco se le d que el otro muera. En este tiempo cinco se han huido. Gallegos de nacion, y un castellano De su negocio parte hubo sabido, Segun jur y depuso ante escribano. Aqueste, en esta culpa convencido, Alega su inocencia, mas en vano, Que en una horca luego le pusieron, Y los cinco isla adentro se metieron. Un portugues mulato marinero, Con otros tres grumetes y un soldado, Huyeron por la isla; mas empero El piloto mayor cuatro ha hallado: Entre ellos el mulato es el primero, Que alega ser de grados ordenado. A muerte les condenan, mas la muerte Previnele primero por su suerte. El soldado lleg casi ya muerto, Y as no se le hizo de esto cargo, Que el dia que lleg en aqueste puerto El ltimo remate de descargo Le vino de su bueno mal concierto. El uno de los tres se hizo largo; De suerte que jamas hueso ni pelo, Se supo dl por mar ni por el suelo. Los otros dos grumetes que quedaron, Por ser con el mulato en la huida, Y haber ya confesado la intentaron, Estando ya su causa fenecida, A muerte les condenan; y apelaron, Llamndose menores: concedida Les fu la apellacion, y que viviesen, Para que mas trabajos padeciesen. De los que una canoa habian tomado, La cual en tierra firme fu hallada, El uno aqueste puerto se ha tornado, El otro va siguiendo su jornada. Habianse dos meses sustentado Entreambos con palmitos; la tornada Del triste, que lleg muy flaco y malo, Se celebra, colgndole de un palo. Ay, inhumano juez, justicia dira, Que tal justicia quieres sin justicia Egecutar agora en quien suspira Por solo pan sin otra mas codicia! Si aquesto no te mueve, solo mira Que no ha pecado aqueste de malicia; Que solo por la isla ha caminado En busca de comida, y se ha tornado. Mas ay! que Juan Ortiz dej un flagelo Cortado muy al gusto y su medida, Que cierto no hallar en todo el suelo Alguna bestia tan descomedida Cual esta. O crudo mal, triste duelo, Tristeza, mil tristezas sometida, Pues vemos que de hambre estan muriendo Aquellos que en la horca estan poniendo! De los cinco soldados que huyeron, Por cuya causa uno fu ahorcado, A quien de su negocio parte dieron, Al cabo ya de dias se han hallado Los dos, y los demas dicen murieron, Y el uno de estos dos poco ha durado, Que luego se muri; mas tal venia Que solo figuraba anatomia. Pues los que estn ac, en crudo llanto Estn, y tan mudados y trocados, Que solo con mirarlos dan espanto, Y estn de verse tales admirados. A muchos el pellejo como manto Les cubre aquellos huesos descarnados, En otros agua, humor, corrupto viento, Entre pellejo y huesos han asiento. Hoy mueren diez, maana mueren veinte: No basta gentileza y bizarra, A contrastar el hado, ni el sapiente Al rustico ventaja le hacia. La gala y hermosura prestamente Fenece, y el aviso y cortesa, Que la tirana, cruel, rabiosa perra A barrisco lo lleva todo tierra. As se van ya todos acabando, Que es lastima de ver ruina tamaa; Los galanes y damas suspirando, En ver la muerte andar con su guadaa, Los nios descaecidos sollozando, Tragedia representan muy estraa; Y las madres maldicen su ventura, Por verles padecer tal desventura. No fuera muy mejor, dicen, hijitos Que no os hubiera yo triste parido, O ya que yo os par, que de chiquitos El alto cielo os hubiera recibido: O dejaros all dando mil gritos, Que yo vine pagar mi merecido: Y vosotros, mi bien, es cosa cierta, Que no os faltra pan de puerta en puerta. Maldito seas honor, y honra mundana, Pues bastaste sacarme de mi asiento. No me fuera mejor pasada llana, Que no buscar mejora con descuento! Vinierame la muerte muy temprana, Y nunca yo me viera en tal tormento: Mas quiso mi desdicha conservarme, Para con crudo golpe lastimarme. El triste lamentar y las endechas Que cada cual cantaba de su modo, A la falta del pan iban derechas, Que en tratar de comer estaba todo. Las carnes consumidas y deshechas, Los rostros de color de puro lodo, Perdi el amor su fuerza aqu de hecho, Que cada cual miraba su provecho. De dos quiero decir un caso extrao, (Que solo el referirlo me d pena) A quien el amor hizo tanto dao, Cuanto suele quien prende en su cadena. En fama de casados habia un ao Que estaban, y, se dice, boca llena El galan su muger deja hijuelos, La dama su marido en hornachuelos. Aquestos palmitos han salido, Como otros lo hacian cada dia, Y la montaa adentro se han metido, A d la oscura noche les cogia: En esto nuestro amante dolorido Una espantosa fiebre suceda, La dama le consuela, aunque afligida, Por verse en la montaa tan metida. No quiero referir lo que trataron Los tristes dos amantes, y su llanto, Las voces y suspiros que formaron, Porque era necesario entero canto. Al fin su triste noche la pasaron, Envueltos en dolor y crudo planto, Quien duda que la dama no dira, En mal punto top tal compaia! Habiendo pues ya Febo caminado Su curso en redondez, de la cerea, Mostraba el rostro rojo y colorado, Cubriendo la montaa de librea. El sin ventura amante fatigado, El camino buscaba, mas pelea En vano; que no acierta con camino, Que el miedo y el temor le quita el tino. Salieron los dos juntos la playa, Pensando que salieran al poblado: La dama sin ventura se desmaya, En ver como se habian alejado; Al galan le amonesta ella que vaya En busca de camino, y que hallado Se vuelva aquel lugar: l ha partido, Mas presto el sin ventura anda perdido. Qued por esta causa all la dama De dolor, y congoja y pena llena, D la siguiente noche tuvo cama, Triste, sola, llorosa en el arena. El pobre por el bosque grita y clama, Al aire publicando su gran pena; Que por buscar camino, senda y via Sin su dama se v, y sin alegria. A s propio se odia y aborrece, Que en verse sin su luz y clara estrella, A la muerte de veras l se ofrece, Que mas quiere morir que estar sin ella. La noche no durmi y no amanece, En su busca camina por aquella, La dama un poco duerme, porque suele En ellas aflojar cuando mas duele. Un pece de espantable compostura Del mar sali reptando por el suelo, Subise ella huyendo en una altura Con gritos que ponia all en el cielo: El pece la sigui, la sin ventura Temblando est de miedo con gran duelo; El pece con sus ojos la miraba, Y al parecer gemidos arrojaba. Sali en esto el galan de la montaa, Y el pece se meti en la mar huyendo; Sus ojos el galan arrasa y baa, Con lgrimas, y ella se viniendo Le dice: si la vista no me engaa, Camino tengo ya, venid corriendo. La dama le responde: prisa vamos Al pueblo, porque mas no nos perdamos. Allegan al lugar muy destrozados, Hambrientos, amarillos, sin sentido: Mas uno de otro fueron apartados, Que su vivir y trato fu sabido. Entrambos de m fueron castigados, Que por suerte el oficio me ha cabido, Mas que castigo haber all podia, Igual aquel que ya se padecia. En este tiempo andaba con presteza Juntando Juan Ortiz mucha comida: El Sargento mayor v sin pereza De los indios buscando la manida; Y tanto calor pone, y tal destreza, Que la miseria en breve fenecida, Que el indio tiene, deja y los buhos Barridos de alto bajo, y muy vacios. A cual indio le toma la hamaca, A cual el pellejuelo que tenia, A cual, si le replica, all le saca La manta con que el triste se cubria. Al fin, en la pared no deja estaca, Que todo cuanto halla, destruia, Y no contento de esta tal destroza, Enojo d al que tiene muger moza. El Juan Ortiz aqu se regalaba, Y no tengais temor, pues que le duela Saber como su gente lo pasaba. Y aunque l de solo el indio se recela, Alguna de su gente se alteraba; El ardidoso Rocha, el bravo Vela, Con otros quince mozos concertaron Su remedio buscar, mas no acertaron. De d estaba el real ir pretendieron Por tierra al Paraguay: determinado El caso, con secreto, pues, salieron Siguiendo su camino despoblado. Al pi de treinta dias anduvieron, Al cabo del cual tiempo han acordado Volverse d primero ya salido Habian, por pagar su merecido. Los ncios, pues, traian confianza, De conseguir perdon de su delito: En vano les saliera su esperanza, Qu voz horrenda suena y crudo grito. De Juan Ortiz la gente con pujanza Les prende, y el negocio por escrito Se pone, y los tres luego cortaron Las cabezas, y en alto las fijaron. Tambien all en la isla pretendieron Llevar de la Almiranta unos soldados La barca, con la cual ir se quisieron Al puerto San Vicente encaminados. En este caso, pues, entrevieron Mugeres por huir los tristes hados; Mas no pudo quajarse este concierto, Que fu por las mugeres descubierto. Huirse todos, se, lo deseaban, Que el temor de morir les incitaba, Y algunos v que all lo procuraban, Aunque el posible todos les faltaba: Sobre esto muchas juntas se efectuaban, Y algunos el juntar vida costaba. Era dolor, tristezas y tormentos, El ver poblar las horcas de hambrientos. Aquellos que el huirse no han certado, Juzgaban por no ver camino cierto; Y al perro que hallaban desmandado Mataban: y aun penas era muerto, Cuando estando cocido mal asado, En el hambriento vientre era encubierto, Temiendo que si el dueo lo supiera, La presa de las manos les cogiera. Culebras quien hallaba era dichoso, Y de padres y hermanos envidiado, Lagartijas pequeas yo bien oso Decir, que las com mal de mi grado: Y s que me hallaba deseoso De tener abundancia, que probado Su sabor ricamente me sabia, Y mas que de cabritos parecia. Algunos en cazar de los ratones Tan diestros y tan hbiles estaban, Que en trueco de una, dos, mas raciones, Un nmero tasado concertaban: Tambien habia una especie de lirones, Que al modo de conejos se guisaban, Y aunque faltaba aceite y vino aejo, La gran hambre prestaba salmorejo. Los sapos ponzoosos hinchados, Con escuerzos nocivos, por muy sanas Comidas se juzgaban; que forzados Los hombres de su rabia y fuertes ganas, Estando los escuerzos desollados, Juzgaban ser en todo puras ranas: Y aun el sabor decian que excedia A las ranas en grande demasa. La cosa tal extremo hubo llegado, Que carne humana v que se comia: Hambre canina fuerza all un soldado, Pensando que su hecho nadie via. Las tripas le sacra un ahorcado, Y al medio del cocer se las comia: Los huesos se roian de finados, Quien no llora estos casos desastrados? Un mozo, que atambor fu de la armada, En esta cruda, horrenda y grande ruina, Sabiendo se guardaba en la posada De Florentina y Doa Catalina, El resto de raciones, ya pasada La media noche, priesa va y camina; Y entrando en la chozuela le sentian Las damas, y al encuentro le salian. La una dama y otra le cogieron, Sin que pudiese el pobre escabullirse: A piedad ninguna se movieron, Que de ellas con verdad no ha de escribirse. La oreja de su rostro desprendieron, Y al pobre sin curarle dejan irse, Y por mas presumir de su mal hecho, La oreja abscisa clavan en su techo. La prenda de este triste ya perdida, Y abscisa de su rostro ha recobrado, Y en prenda muchas veces de comida, A gentes en la isla la ha empeado; Y apartase del pleito que pedida Tenia su justicia el desdichado, En trueco de que el reo all le diese Algun maiz raices que comiese. Las damas que hicieron este aleve, Haciendose justicia sin justicia, Eran de bajo ser; que bien se debe Aquesto presumir de su malicia. Ninguna de valor tal se atreve, Aunque es de las mugeres sin justicia, Ingratitud, maldad, lgrimas, lloro, Mentiras, y venganzas su tesoro. Pregunten Aristoteles qu sentia De la muger? Pues dice en su escritura, A lgrimas, y llanto en demasa, Inclinada bien es de su natura, Envidia y querimonia la seguia, Flojedad, y pereza y detractura: Mas dice de ella un bien; que se contenta Con muy poco manjar y se sustenta. Al fin, aquestas damas el teniente Las prende, y les tom sus confesiones: Despues todo se hizo buenamente, Aunque hubo de este caso informaciones: Al triste sin oreja mal paciente Le dieron por concierto diez raciones.[71] Decia un mentecato, que mugeres Podian mucho mas que los haberes. Es tanto su poder y maa fuerte, Que todo el mundo tienen ya rendido, Procuran de tomar primera suerte A su gusto del bien mas conocido: Hambre, ni desventura, ni la muerte Contrastar su poder nunca han podido. Mirad lo que en la isla padecieron, Y al fin todas con vida escabulleron. Es cierto de notar su gran ventura Con ser un dbil ser tan imperfecto: Cuanto hoy tiene criado la natura, Las mugeres lo tienen muy sujeto. Decid, no es de llorar tal desventura, Que rindan las mugeres al perfecto, Al sbio, al necio, al pobre y al que es rico, Al Rey, y caballero y pastorcico. Dejemoslas, pues ya que es escusado Querer con flacas fuerzas conquistarlas, La fuerza el homenage ya han tomado, Ser al mundo imposible debelarlas. Y pues en su servicio hemos cantado Aqueste canto, yo quiero rogarlas Para el siguiente dn favor y ayuda A nuestra lengua tosca, torpe y muda. CANTO DECIMO. _En este canto se cuenta como vuelto el Adelantado de Ibiaza, fu al Rio de la Plata, y de la venida del capitan Rui Diaz en su demanda._ O msero contento de esta vida, Aguado con sobrados descontentos! Tras el deleite siempre viene asida La pena, los disgustos y tormentos: Que no hace en un ser jams manida Fortuna, sin tener mil mudamientos. Mas qu digo fortuna, la miseria Del hombre est sugeta tal laceria. En tanto que uno es hombre, est obligado A dos mil infortunios y flaquezas, Qu del primero padre se ha heredado Dolor, pena, congojas y tristezas; Que todas son reliquias del pecado, Con otros mil defectos y vilezas, Que juntos en Adam los recibimos, Cuando por el pecado en l morimos. En el Ibiaza, pues, se ha recogido, Como digimos, maiz y frijoles, Y habiendo los huidos convencido, Apresta Juan Ortiz sus espaoles Para salir de all; y no ha partido, Cuando un gran temporal vereis, y diles En medio una laguna que pasaban, A donde seis soldados se ahogaban. Embrcanse en canoas los soldados, Y al tiempo del pasar andaba brava La mar, que all desagua d los hados, Y el crudo vendabal que resoplaba, Se juntan, y al pasar son anegados Delante Juan Ortiz, que los miraba, Seis hombres; y mas que estos, se ahogran, Si los indios socorro no prestran. Pasada la laguna, se metieron Los soldados, y gente que venia, Por la montaa adentro, y padecieron Trabajo caminando en demasia. Al fin al puerto, pues, todos vinieron, Pasado en caminar el cuarto dia: Juan Ortiz por la mar viene, y navega Dos dias, y tambien al puerto allega. Llegado, con placer es recibido, Y luego determina de partirse; Y aquellos que digimos, pretendido Habian en la barca escabullirse, En mas grave prision los ha metido: Porque jamas intenten de huirse. Con un Sotomayor fenece presto, Dejndole en un palo y horca puesto. Al tiempo que el verdugo ya queria Quitarle la escalera, as hablaba: "Oid un poco ahora: yo solia Una oracion rezar, y acostumbraba Aquesto mucho tiempo cada dia, Y hoy, por mi desdicha, la olvidaba: Dejdmela decir:"--mas no ha acabado, Cuando el sayon la escala le ha quitado. El armada sali de aqueste puerto, En demanda del Rio de la Plata: Ningun piloto lleva que est cierto A donde seguir; mas ya desata A los vientos Eolo, y bien abierto Habiendo sus cavernas, disparata Con ellos por el aire de tal modo, Que parece acabarlo quiere todo. La mar sube por cima las estrellas; Los cielos hcia abajo se bajaban; Las olas parecia que centellas Por cima de las aguas arrojaban. Lloraban las mugeres y doncellas; Los hombres grande grita levantaban; De sola contricion ya se procura, Que al mar tienen por cierta sepultura. Anduvo algunos das el Armada Fortuna ac y all yendo y viniendo; Despues, la mar estando sosegada, Navega, en breve tiempo descubriendo La tierra tan de todos deseada. Y sin saber d estn, yendo diciendo, Qu tierra puede ser la que se via? Par el Armada all, que anocheca. Al tiempo, pues, que Febo matizando Venia de colores la maana, Entraron por el rio, costeando La banda del Brasil que es mas cercana. La via San Gabriel enderezando, Llevando de llegar crecida gana, A cabo de tres dias, medio tiento, Tom puerto el Armada con contento. Surgiendo en San Gabriel, que as se llama El puerto donde surge aquesta Armada, Los indios acudieron la fama. Mas Ay dolor! la noche ya cerrada, El viento sur sacude, y hiere y brama, Y tanto se embravece, que en nonada La Capitana corta rbol y antena, Y el Almiranta asienta en el arena. Al dia de contento y alegria El triste corresponde y es vecino; La gente sin ventura, pues tenia Contento, mas tristeza sobrevino. Dolor, angustia, aprieto y agonia, Aguas y huracn, mar, torbellino, Las naves traen en torno condenadas, Al fondo y en la costa desrumbadas. Pilotos y maestres, marineros, Grumetes, pages, frailes y soldados, Mugeres y muchachos, pasageros, Andaban dando voces muy turbados. Los gritos y alaridos mensageros All son de una nave otra enviados, Y cada cual socorro demandaba, Que igual era el dolor que se pasaba. Librnos nuestro Dios de aquel tormento, De aquel trance y dolor tan doloroso, Desistiendo el feroz y crudo viento, Y viniendo bonanza con reposo. Mas Ay! que en acordarme del tal cuento, Temblando estoy, confuso y temeroso: Que tales cosas v, que parecia Que el juicio final llegado habia. Quien duda que el demonio no procure Impedir cuanto puede los cristianos A que la F no cresca, porque dure El reino que l obtiene en los paganos? Pues no est claro ya, sin que se jure, Cuan estendida est entre los indianos, Y con cuanto fervor se han bautizado, Y sus malditos ritos renunciado? Pues esta causa tengo yo por clara, Por donde Satans tanto procura, Con su mala intencion inicua avara, Que nuestra Armada nunca est segura. Que en su tanto le quita el cetro y vara, Y viendo su reinado poco dura, Movido de rencor y crudo duelo, Con las ondas del mar enturbia el cielo. Gran Dios, Seor inmenso y soberano, Que permits azote, como vemos, Aqueste Satans con cruda mano! El secreto tan alto no entendemos; Sabemos pero bien, que nos es sano El mal que muchas veces padecemos, Que son por los pecados cometidos, Los males muchas veces infligidos. El freno, que le pone Dios eterno, Le hace estar raya; que si fuera En manos del demonio, en el infierno Al humano linaje ya tuviera. Es tan malo de aqueste su gobierno, Que en sus penas todos ver quisiera, Con saber que de aquesto la ganancia Que le viese, es tormento en abundancia. Y as dice San Pedro, que rodea, Buscando quien tragar muy presuroso, El adversario diablo, y que pelea Contra el linage humano riguroso: Incita, mueve al hombre y le grangea Con sus maas y artes, (que es maoso) Y cuando mas no puede con sus tretas, Contntase en hacerle mil burletas. Qu diremos de aquel gran marinero Carreo, que en tres dias vino Espaa De las Indias, trayendo mal tempero, Huracanes, tormenta muy estraa? Ni gente de la mar, ni pasagero En pi estaba, y andaba gran compaa De diablos, que las velas marinaban Y la nave con fuerza se llevaban. _Larga escota_, el piloto les decia, Y cavan el trinquete y la mesana; Y si les dice, _aiza_, con porfia Amainan los traidores con gran gana. Y viendo que al contrario se hacia, Al contrario mand: y as fu sana Su nave por los diablos marinada; Y quien duda que fu de Dios guardada! Mil cuentos semejantes yo pudiera Decir aqu, mas solo por aviso A todos doy por cosa verdadera, Que si quieren gozar del Paraiso, No traten con Satn. Uno dijera, _Desclzame aqu, diablo_: de improviso Un diablo de la bota le tiraba, Y la pierna las vueltas le arrancaba. Al Armada volviendo:--habia quedado La Capitana en seco, y sin antena, Sin rbol, que ya dije fu cortado Un dia de bonanza con mar llena: Por el consejo, y rden y mandado De Juan Ortiz, zaborda en el arena; Y as, quedando hecha fortaleza, La gente sale tierra sin pereza. El Almiranta en floto estuvo dias, Mas torna dar en seco, y desrumbada Ha sido, entrndole agua por mil vias: Procrase que luego sea varada, Sus fuerzas conociendo ya ser frias, La gente fuera apenas de ella echada, Cuando yendo la mar y agua menguando, La nave cae, el un lado recostando. Estando Capitana y Almiranta Entrambas al traves, sale la gente A tierra, d se aloja alegre y planta Haciendo sus chozuelas prestamente. El Zapicano ejrcito se espanta, De ver tantos cristianos de presente, Y acuden con gran copia de venados, Avestruces y sbalos, dorados. La gente que aqu habita en esta parte Charruahas se dicen, de gran brio, A quien ha repartido el fiero Marte Su fuerza, su valor y poderio. Lleva entre esta gente el estandarte, Delante del Cacique, que es su tio, Abayub, mancebo muy lozano, Y el Cacique se nombra Zapicano. Es gente muy crecida y animosa, Empero sin labranza y sementera: En guerras y batallas, belicosa, Osada y atrevida en gran manera. En sindoles la parte ya enfadosa D viven, la desechan, que de estera La casa solamente es fabricada, Y as presto d quieren es mudada. Tan sueltos y ligeros son, que alcanzan Corriendo por los campos los venados; Tras fuertes avestruces se abalanzan, Hasta dellos se ver apoderados; Con unas bolas que usan, los alcanzan, Si vn que estn lejos apartados; Y tienen en la mano tal destreza, Que aciertan con la bola en la cabeza. A cien pasos (que es cosa monstruosa) Apunta el Charruaha donde quiere, Y no yerra ni un punto aquella cosa Que tira; que d apunta all la hiere. Entre ellos aquel es de fama honrosa, A cuyas manos gente mucha muere, Y tantas, cuantos mata, cuchilladas En su cuerpo se deja sealadas. Mas no por eso deja de quitarle Al cuerpo del que mata algun despojo: No solo se contenta con llevarle Las armas vestidos que echa el ojo, Que el pellejo acostumbra desollarle Del rostro: Qu maldito y crudo antojo! Que en muestra de que sale con victoria La piel lleva, y la guarda por memoria. Otra costumbre tienen aun mas mala Aquestos Charruahaes, que en muriendo Algun pariente, hacen luego cala En s propios, su carne dividiendo; Que de manos y pies se corta y tala El nmero de dedos, que perdiendo De propincuos parientes v en su vida, El Charruaha por rden y medida. Parceme que ya me he detenido Con esta gente tanto, que olvidado Dirn que tengo al campo, que tendido Pint en el arenal desabrigado. Con su memoria estoy tan afligido, Que temo de me ver en tal estado: Esprenme otro canto de amargura, Y ayuden llorar tal desventura. Agora Melgarejo con su gente Volvamos: como supo que pasado Habia Juan Ortiz, muy prestamente La vuelta el Argentino se ha tornado: El caso se le cuenta en San Vicente Por los que del patax han arribado, Con l vienen algunos de su hecho, Pretendiendo sacar algun provecho. Saliendo, pues, en nuestro seguimiento, La isla d estuvimos han tomado, En los sepulcros vieron el descuento, De la terrible ruina y triste hado: La horca di tambien su documento, Y muestra de temor y mal sobrado: Con todo al Ibiaza pasan derechos, A donde son de todo satisfechos. Mas quiero yo contar aqu primero De monos una cosa muy galana, Que cierto me cont este caballero, Diciendo: que l lo vido una maana, Estando en esta isla muy entero Su juicio, y razon muy libre y sana: De monos vi juntarse gran canalla, Y l psose escondidas miralla. Un mono grande, viejo como alano, Estaba la cuadrilla predicando: Heria y apuntaba con la mano, Mudando el tono veces, y gritando: El auditorio estaba por el llano, Atento maravilla y escuchando, Y l subido en un alto y seco tronco, De dar gritos y voces est ronco. A su lado en el tronco dos estaban, A la banda siniestra y la derecha: Aquestos la saliva le quitaban, Que gritando el monazo vierte y echa. Concluso su sermon, todos gritaban, Y la cuadrilla y junta ya deshecha, Aprieta cada cual dando mil gritos, Y despacio v el mono y pagecitos. Rui Diaz muy confuso contemplaba El bruto razonar de aquel monazo, Y como el arcabuz presto llevaba, Tirando le mat de un pelotazo. Los dos monillos pages que llevaba, Oyendo aquel terrible arcabuzazo, Aprietan por el monte, dando gritos, Mas en breve acudieron infinitos. Fu tanta multitud la que venia De monos la muerte de aquel viejo, Que la tierra d estaba se cubria, Y huye de temor el Melgarejo. Un Indio del Brasil que all venia, Con sobrado dolor y sobrecejo, Le dice, y embebido en cruda saa: "Porqu has muerto al Seor de la montaa?" Entre los indios era conocido Aquel monazo viejo, y respetado, Y por seor y rey era tenido De aquel spero monte, y despoblado. Rui Diaz de esta isla fu partido, El rumbo al Argentino enderezado, La costa y tierra firme van bojando, Y con los Guaranies rescatando. En tanto que camina lo que queda Al rio de la Plata, quiero agora Volver mi real. Quiera Dios pueda Segun el corazon lo siente y llora! Quien quisiere saber cual di la rueda Su vuelta la fortuna burladora, Comienze con _requiescant_ en la gloria El infelice canto de esta histria. CANTO UNDECIMO. _Estando en tierra firme poblada la gente, son muertos y cautivos de indios cien hombres. Retrense los que quedan la isla de San Gabriel, donde mueren muchos de hambre_. Al enhornar, decimos, que se entuertan Los panes; y as vemos que parece, Que cuando en el principio no conciertan Las cosas con prudencia, que acontece, Que al fin de todo punto desconciertan; Y el caso mal guiado en mal fenece: Lo cual se muestra claro en este canto, Que bien podria mejor llamarle llanto. Estaba, como dije, rancheada La gente sin ventura en aquel llano, De paja cada cual hecha morada. La inexorable Parca, con tirano, Desapiadado curso desfrenada, Con las tijeras crudas en su mano, Comienza de cortar las tristes vidas, Que estaban la vista mas floridas. Dijimos, que el Cacique de esta gente, Llamada Charruaha, es Zapicano, Y que tiene un sobrino muy valiente, Abayub, mancebo may galano, De gran disposicion y diligente, Discreto al parecer y muy lozano; Valor en su persona bien mostraba, Por donde Zapican mucho le amaba. Al real en mal punto fue traido Por ciertos capitanes, y llegado El Juan Ortiz le prende, que ha sabido Que entre los indios era respetado. En su busca veinte indios han venido; Un Guaran, que entre ellos se ha criado, Y de lengua servia, ha sido preso, Y oid de estas prisiones el suceso. El un preso del otro no sabia, Que as se diera la rden y la traza: Mas presto Zapican triste venia, Que miedo, ni temor no le embaraza. El preso Juan Ortiz pide y envia A su gente que traiga mucha caza, Y l queda con el preso; y mas valiera, Que vivo del real jamas saliera. Consulta Juan Ortiz como le pide El Cacique al sobrino: aconsejaba Vergara no se d, y aun que lo impide Por causas muy urgentes que mostraba. Por sola voluntad suya se mide El Juan Ortiz, que pocos escuchaba; Una canoa pide Zapicano Le traiga por rescate y un cristiano. Habia un marinero maltratado, Por donde entre los indios se ha huido: Aquel y la canoa presto ha dado En trueco de Abayuba su querido: La caza que los indios han sacado, Por precios y rescates la han vendido; El tio y el sobrino van ufanos, Jurando de vengarse por sus manos. Los nuestros, por la falta de comida, A yerbas como suelen vn un dia: Los indios al encuentro de corrida Les salen, y mataron porfia Cuarenta, y el que escapa con la vida, Es porque al enemigo se rendia. A pura pata dos se escabulleron, Y el caso de esta forma refirieron. As como llegaron, los paganos En dos alas en torno se pusieron, Desmayaron de miedo los cristianos, Cuando en medio los indios los cogieron. Con los indios vinieron las manos, Que de los arcabuces no pudieron Aprovecharse, cosa que la mecha Y plvora que llevan, no aprovecha. La plvora mojada, los caones Tenia Juan Ortiz enmohecidos: Vencido de sus vanas pretensiones, No tiene los soldados guarnecidos; Las armas les quit, y en ocasiones Las vuelve, que no son favorecidos Con ellas, que no son ya de provecho. Que el moho y el orin las ha deshecho. La mas gente que yerbas ha salido, Sin armas, y sin fuerzas y sin brio, Con solos los costales han partido, Los mas casi desnudos y con frio. Pues llega el Abayuba encrudecido, A su lado con l viene su tio, Y entrambos tal estrago van haciendo, Que las yerbas del campo van tiendo. La grita y alarido levantaban, Diciendo el capitan echa prisiones: Los nuestros defenderse procuraban, Los indios vuelan mas que unos halcones; Y cuantos con las bolas alcanzaban, No basta defenderles morriones. Al fin muertos y presos todos fueron, Sino fueron los dos que se huyeron. Venidos al real estos huidos, Despacha Juan Ortiz priesa gentes: Con Pablo Santiago son partidos Diez doce soldados diligentes. Aquestos en un cerro estan subidos A vista del real, d valientes Y astutos en la guerra, y muy cursados, Estan con el temor acobardados. El Sargento Mayor Martin Pinedo, Con cincuenta soldados ha partido, El Pablo Santiago estaba quedo Con sus doce, y los mas que han acudido. El Sargento Mayor no tiene miedo, Segun dice, Roldan que haya venido. Con su gente camina; y llegado D estaba Santiago, as le ha hablado. "Conviene que marchemos todos luego, Ninguno de seguirme tenga escusa." El Pablo Santiago como fuego Camina, mas de poco lo rehusa, Diciendo: "alto hagamos aqu ruego." Pinedo de cobarde all le acusa: Con estos pareceres discordados, Bast para que fuesen desolados. El Sargento Mayor dice "marchemos:" El otro del peligro se temiendo, "Hagamos alto, dice, pues que vemos Que indios se vienen descubriendo." El sargento replica "caminemos, Que el indio viene priesa acometiendo:" "Volvamos las espaldas:" "Santiago, No es tiempo ya: haced como yo hago." Embraza su rodela, y con la espada Resiste los cristianos que querian Volver atras: mas viendo que de nada Les sirve, y que los indios le herian, Con solos cinco seis de camarada Espera; que los otros, que huyan Tras el sargento, iban tan lijeros, Cual suelen ir tras uno mil carneros. El zapicano ejrcito venia Con trompas y bocinas resonando; Al sol la polvareda obscurecia, La tierra del tropel est temblando: De sangre el suelo todo se cubria, Y el zapicano ejrcito gritando, Cantaba la victoria lastimosa Contra la gente triste y dolorosa. Los enemigos, viendo el campo roto, Siguieron la victoria tan gozosos, Cual suele el cazador ir por el coto, Matando los conejos temerosos. Cual indio espada, alfange lleva boto De herir y matar, cual los mohosos Caones de arcabuz lleva baados De sangre con los sesos misturados. Cual toma el alabarda muy lucida, Y comienza jugar con ambas manos, Quitando al que la tiene all la vida, Despues los demas pobres cristianos. El Sargento Mayor v de corrida, Echando la rodela por los llanos, Caytua le sigui, indio de brio, Y alcnzale matar dentro del rio. El viejo Zapican con grande maa El escuadron y gente bien regia, Abayuba el sobrino con gran saa En seguimiento va del que huya. Su grande lijereza es tan estraa, Que nadie por los pies le escabulla, Cheliplo y Melibon, que son hermanos, Pretenden hoy dar fin de los cristianos. A Taboba le cabe aquella parte, A d est con los cinco Santiago: Aqueste es en la guerra un fiero Marte, Y as hizo este dia crudo estrago. A Canillo por medio el cuerpo parte, Un brazo derroc Pedro Gago: Buenrostro el Cordoves, y un Arellano, Fenecen los pies de este pagano. El Capitan y el otro compaero Habian grande rato peleado, Y el Taboba, muy crudo carnicero, Estaba muy sangriento y muy llagado. Y as vino su lado muy ligero, Y en esto ha disparado un mal soldado, Y al Capitan la espada atravesaba. Aunque su muerte presto l esperaba. El Capitan cay muerto en la tierra, Benito, segun dicen, lo matra: Movile lo matar la pasion perra Que con el capitan este tomara. Jurado lo tenia, que en la guerra Se habia de vengar, que le injuriara: Y as le di el castigo de este hecho, Metindole una flecha por el pecho. Aqu Domingo Larez, valeroso En sangre, y en valor y valenta, Anduvo con esfuerzo y animoso, Reprimiendo del indio la osada: Y viendole ya andar tan orgulloso, Los indios acudieron porfia, Y puja, cual mas puede, le hirieron, Y quebrndole un brazo, le prendieron. Cansados los contrarios de la guerra, O por mejor decir, de la matanza, Y viendo que la noche ya se cierra, No curan de llegar nuestra estanza. Del fuerte se les tira, mas di en tierra Un tiro culebrina, que no alcanza. Por eso, y por la noche los cristianos Dejaron de seguir los Zapicanos. El despojo que llevan son espadas, Alfanges, alabardas, morriones, Rodelas, salmatinas muy doradas, Sombreros, capas, sayos y jubones. Las cajas de arcabuces, ya quebradas, Llevaban solamente los caones: Con que, dando la vuelta, vn matando Aquellos que hallaban boqueando. Y al que hallan en pi ya levantado Del sueo de la muerte que ha dormido, Del peligro librarse confiado, Por ver como ya ha vuelto en su sentido, En un punto le tienen amarrado, Quitandole primero su vestido. Con armas y cautivos vn triunfando, Y la gente en el fuerte lamentando. Cual dice: O desventura, caso estrao, O msero suceso de esta armada! Cual dice: "no viniera tanto dao, Si fuera aquesta cosa bien pensada:" Cual dice, que la causa de este engao Procede de la hambre acobardada: Cual dice, que la suerte de esta vida Est aquestas caidas sometida. Pues, quien perdi el amigo y el hermano Levanta hasta el cielo los gemidos, Y dice con dolor!: "Pueblo cristiano En manos de los lobos desambridos! Volved con piedad, Seor, la mano, Dolos de los tristes afligidos, Dolos de los nios inocentes Que gritan, con sus ojos hechos fuentes. Dolos de las tristes afligidas Que quedan sin abrigo y compaa; Tambien de las doncellas doloridas Que pierden sus padres y alegra: De las madres, Seor, enternecidas, Que pierden quien sombra les hacia, De todos os doled, Dios poderoso Y socorred al pueblo doloroso. Mas quiero las dejar, que bien les queda Para poder llorar el tiempo largo, Mas no al que salir del fuerte veda, Que aquesto tom entonces su cargo. Y quiera Dios consuelo tomar pueda, (Que tiene el corazon triste y amargo) El buen Capitan Pueyo, que al hermano Tendido vido muerto en aquel llano. Aqueste Capitan, aunque miraba De lejos al hermano que v muerto, Al fuerte grande priesa procuraba Que todos se recojan, que es lo cierto. El Juan Ortiz priesa caminaba A donde estn los indios sin concierto, Y si el desventurado all llegra, El resto del Armada se acabra. Pues ido el enemigo ya, y venida La triste de la noche temerosa, La miserable hacienda ya metida En el fuerte con priesa presurosa; Nuestra gente sin fuerzas y rendida A la tirana muerte dolorosa, Por la frigida arena est tendida, Y de puro desmayo, amortecida. El Juan Ortiz su ropa con presteza Embarca aquella noche; que temia No diese Zapicn con ligereza Sobre el fuerte y real antes del dia: Y no tard que vino sin pereza Al punto que el aurora descubria; Y piedras menudo al fuerte tira, Mas en tocando al arma se retira. Pues viendo como al fuerte hubo venido El enemigo ver lo que pasaba, En la Capitana todos se han metido, Que cerca de la tierra en seco estaba. All con gran dolor se ha recogido El resto sin ventura que quedaba. La noche tristemente se ha pasado, Y el ltimo remate se ha esperado. Cuando el Sol aun apenas descubria, Un indio por la playa caminando Bajaba, y el semblante que traia Parece de espaol: de cuando en cuando Paraba; con la priesa que traia A d estamos se viene ya acercando: De su trage y manera bien parece Que alguna cosa nueva nos ofrece. Llegando donde estaba el despoblado, Sin tener las chozas advertencia, Contra el navio el paso enderezado, Desde la playa hizo reverencia: Con un sombrero seas ha formado, Con gran placer y grande continencia. Saliendo pues por l, viene contento, Y dice de su caso el fundamento. Yamand, dice el perro que se llama, Que arriba ya tratamos su manera, Y que Juan de Garay le quiere y ama, Por donde le encarg aquesta ligera. Que de nuestra venida tiene fama, Y que con la respuesta all le espera, Para venir con balsas y comida, Sabiendo que el armada ya es venida. Por seal el vestido representa Un sayo de algodon con un sombrero, Y muchos Espaoles nombra y menta, Por d su embuste pinta verdadero. Aquel que se v puesto en una afrenta, Bien vemos que se cre muy de ligero: Con la primera nueva que ha venido El nimo dudoso es compelido. Con este Yamand se escribe luego, Y Garay Juan Ortiz d cuenta larga De la prdida grande, y sin sosiego En que la gente queda, y cuan amarga: Y que venga volando como fuego Le manda, y de comida traiga carga. Mas Yamand malvado no saliera Cuando Zapican viene la ribera. Sus indios piedras tiran, aun allegan Con ellas la nave, d temblando La gente est. En la plvora no pegan Las mechas, aunque estan mas refregando. Los indios por las yerbas se refriegan, Motin, perneta hacen muy gritando; Al fin dejan el campo ya venida La noche horrible, triste, obscurecida. Apenas amanece, cuando viene Un indio de endiablada catadura, Y muy poco en la playa se detiene, Hasta que el agua llega su cintura De all dice, que gana grande tiene De probar en el campo su ventura, Que salga aquel cristiano del navio, Que quisiere aceptar el desafio. "De parte de la Luna quien adoro, Est diciendo el indio, yo prometo Guardar la f que diere; que el tesoro Que estimare mayor de aqueste rieto, Ser que en estas tierras donde moro De Zapican un indio su subiecto, Sin otra ayuda alguna en este llano, Se atreva combatir con un cristiano." Estando aqueste indio razonando Con superbas palabras y blasones, En breve de mi lado retumbando, Un tiro le ha acortado sus razones: De entre las yerbas salen bojeando Del indio Zapican dos escuadrones, Que estaban la mira en emboscada. Por dar fin y remate del Armada. Comienzan hacer gran alboroto, En luengo de la playa ya corriendo, Ya al fuerte, que tenia todo roto, Las paredes y chozas abatiendo: Y viendo los cristianos como en coto Estan, aunque gran pena padeciendo, Y no pueden hacerles mal alguno, Comienzan acogerse de consuno. Con todo aquesto viene cada dia A vista el enemigo Zapicano, Por ver en el estado que estaria El encogido ejrcito cristiano. En tanto Juan Ortiz tierra enva, Por una media barca que en el llano Estaba, con la cual presto es mudada Al isla San Gabriel la triste Armada. Despues que aquesta isla se tomaba, Un dia noticia cierta se ha tenido, Que Zapican su ejrcito mudaba Al Uruguay, que es rio muy crecido. Al tiempo que el cristiano reposaba Con su gente y canoas ha subido; De aquesto dan noticia los cristianos, Que se escapan huyendo de sus manos. Vinieron seis soldados fugitivos, Y no pudieron mas, porque los atan De noche, y dicen quedan treinta vivos, Que despues que una vez prenden, no matan. Con ellos no se muestran muy esquivos, Y si les sirven bien, no los maltratan; Pero si sirven mal, rempujones Les fuerzan que salgan de harones. Aunque esto se le puso por delante A Alonso Ontiveros, no aprovecha A que deje de obrar cosa que espante, Pues no puede tenerse por bien hecha. Aqueste en el hablar era elegante, Mas no lo fu en hacer esta deshecha, Pues bien claro descubre en el remate El ser cualquiera cosa y su quilate. Estaba en un navio aprisionado, Que en parte del delito se hallra Por d Sotomayor fuera ahorcado, Cuando huirse con l se concertra. Habinle los grillos ya quitado, Y creese tambien que se librra: Mas l al enemigo va huyendo Por mas seguro medio le escojendo. Del Zapicano fu bien recibido, Y luego se mud el nombre cristiano; De las costumbres de indio se ha vestido, Usando de los ritos de pagano. En confusion aqueste me ha metido, Que por amigo tvole y hermano; Huyndo de la muerte ha apostado, Despues se arepinti de su pecado. No quiero mas decir que estoy cansado, Y temo de cansar quien me oyere, Mayormente que el canto desastrado Ha sido, y de llorar: mas quien quisiere Saber de Juan Ortiz Adelantado Su suerte; si leerla le plugiere, Espreme otro canto, que ya siento, Que da Rodrigo Diaz vela al viento. CANTO DUODECIMO. _Viene Rui Diaz Melgarejo; mdase el Armada la isla de Martin Garcia; baja Garay con socorro; sucede la muerte de los dos firmes amantes Yanduballo y Liropeya._ Fortuna, por hablar de esta manera, O hado, bien tomndolo sin dolo, Favorece Rodrigo, porque espera La sin ventura gente en ese solo. Ayudale con prspera carrera, Y con tus largos vientos, gran Eolo, Que el zaratino ejrcito penando Est, y Dios suspiros enviando. Y t sosiega al mar, viejo Neptuno, Y haz que su carrera llana sea, Que toda aquesta Armada de consuno A brazos con la muerte ya pelea: Y dudo ya que escape ni solo uno, De hambre no se halla ya quien vea. Remdielo, pues, Dios, que l solo puede, Y aquel quien l solo lo concede. El capitan Rui Diaz aprestado, Sali de San Vicente y tom puerto En Yumir, que habemos ya tratado, D vido del Armada el desconcierto. Al Rio de la Plata enderezado, El rumbo lleva prisa, que est cierto, Que Juan Ortiz padece; con su gente Allega, pues, un dia prestamente. El triste lamentar que all hicieron, Ds que en tanta miseria nos hallaron, Aquel dolor y pena que sintieron, Las lgrimas que todos derramaron, No quiero referir: mas que vinieron A tiempo que llorar nos ayudaron; Tambien con sus regalos ayudaban A muchos, que la vida ya dejaban. Con su venida todos resucitan, Que viendo la miseria tan crecida, A dar de lo que tienen bien se incitan, Por volver de la muerte alguno vida: Con esto ya las fuerzas se habiltan De aquellos que la muerte de vencida Llevaba, y si Rodrigo no viniera, Sin duda todo el resto pereciera. Del isla San Gabriel sale el Armada, Con nuestro buen Rodrigo en la demanda, De la Martin Garca, as nombrada, Que est por cima de esta y su banda. En breve y poco espacio fu tomada, A d el Adelantado luego manda Salir tierra todos, porque quiere Poblar en esta isla si pudiere. El capitan Rui Diaz Melgarejo, Porque de la rabiosa se recela, A nuestro Adelantado por consejo Que le despache d en la caravela. Con ella, y con un mal bergantinejo, Se hace el buen Rui Diaz la vela, Al preso Abaror lleva consigo, Que promete guiarle como amigo. A mi me cupo en suerte esta jornada, Que de saber y ver muy deseoso, Jamas dej de entrar cualquiera entrada, Aunque fuese el peligro temeroso. En una isla muy frtil y poblada Abaror nos mete muy gozoso: Entramos por un brazo, no calando Los remos, que las yerbas van tocando. Salieron nosotros embijados Catorce quince indios diligentes, Con arcos y con flechas denodados, Mostrndose gallardos y valientes. Por tierra entre las yerbas emboscados, Pintados de colores diferentes. Andaban levantado voceria, Cubiertos de muy rica plumeria. Por este brazo estrecho, y chico rio Llegamos con favor de la marea A la primera casa, y al buhio, Que es dicho Tabob, de paja y nea. Los indios luego salen con gran brio, Con arcos y con flechas de pelea, Y viendo los rescates acudieron, Y mucho bastimento nos vendieron. De poco dicen, vamos adelante, Que todo lo de aqu ya est gastado. Diciendo aquesto muestran tal semblante, Que encubren lo que tienen ordenado. Estaba el enemigo tan pujante, Que dudo del cristiano acobardado, Por su fuerza tener tan consumida, Que pueda escabullir libre con vida. En esto de la casa hubo salido Desnudo macilento por el llano, Un mozo del Armada conocido, Que Vargas se llamaba, trugillano. Sali la baraunda y al rudo; Trajeronle al navo por la mano, A d le confes, y en aquel dia Entr al universal camino y via. Cristoval, indio amigo, que viniera De all del Yumir en nuestra Armada, Cautivo estaba aqu, y cuenta diera De la traicion que entre estos est armada. De seis cautivos que hay, este dijera: Y siendoles la paga ya entregada, Trajeronlos, y fueles prometido Que el precio mas traer ser subido. Entre ellos fu este dia rescatado El buen Domingo Larez, muy prudente, Hombre de gran juicio y recatado, De Huete natural, de noble gente. Dinos aviso l, que est ordenado De hacernos la guerra el dia siguiente: Nosotros estuvimos contratando Con los indios, y en vela siempre estando. Salmonos de aqu, que se temia Que el indio se pusiese en emboscada, Diciendo que las bocas estara. Y cierto fu la cosa bien pensada: Que no salir muy mal sucedera, Pues siendo la maana ya llegada, Los indios d estabamos vinieron, Y Mora y Loria nos trajeron. En el barco pequeo se ha metido El maiz, y captivos referidos; En breve nuestra Armada se ha venido, A d de hambre estan desflaquecidos: Y haberse esta comida detenido, De hambre fueran todos perecidos. Mas Dios remedia el tiempo peligroso, Con mano de Seor tan poderoso. Pues llega la comida y los cautivos, Y salen al encuentro luego todos: Estaban ya diez menos de los vivos, Y aquestos de dos mil suertes y modos. Los padres con los hijos son esquivos, Los unos y los otros como lodos Los rostros; manos, pies, todos temblando, Los ojos hcia el cielo levantando. Algun vigor cobraron dsque vieron El socorro que viene de comida; Con lgrimas los presos recibieron, Que su vida juzgaban por perdida. En el pequeo barco se volvieron, Y dice Juan Ortiz, que por la vida Conviene aventurar vida de suerte, Que no ponga temor la misma muerte. Mas visto no conviene se acometa Aquello que hacerse es imposible, Y que el lugar y tiempo nos aprieta A tomar el consejo convenible: El buen Rodrigo todos se sujeta, Y dice: "Juan Ortiz cosa terrible Nos manda, mas yo cierto aqu prometo De estar vuestro gusto muy sujeto." Unnime y conforme es la sentencia De todos, que no se entre al Riachuelo: Que bien se tiene cierta y firme ciencia, Que todo ha de acabar con crudo duelo. Esto nos ense ya la experiencia, Pos d se determina, que de vuelo A los Timbs se vaya: con contento, De aqu tendimos vela presto al viento. Trabajo no pequeo se pasaba, Que la gente sin fuerzas no poda Tomar remo, que el viento nos faltaba, Y veces por la proa sacudia. El temor de la hambre apresuraba, Esfurzase quien fuerzas no tenia: Navegando una noche la maana Llegamos una gente Cherandiana. Salieron nosotros prestamente, Que en esto del rescate estan cursados. Delante de nosotros diligente, Pescaba cada cual muchos pescados: Ninguno en los vender era inocente, Que son en el vender muy porfiados. Despues mucho maiz en abundancia Trajeron por gozar de la ganancia. Beguas de la otra banda conocieron La cosa del rescate que pasaba, A gran priesa nosotros acudieron, Temiendo que el rescate se acababa. Rescatan todo aquello que trajeron, Y mas, dicen, en casa les quedaba: A Gaboto de aqu presto se llega, Por d el Carcara se estiende y riega. Pasando de Gaboto, poco trecho El rio Juan de Oyolas se ha tomado: Por l se entr, que es rio muy estrecho, De vientos y tormentas resguardado. Atraviesa este rio bien derecho Al Paran; y las islas que ha formado Habitan los Timbs, gente amorosa, Sagaz, astuta, fuerte y bellicosa. Al Paran saliendo caudaloso, Tres leguas se camina bien cabales: El Paran venia muy furioso, Los tristes navegantes muy mortales. Del soldado pequeo y del grandioso Las fuerzas eran todas casi iguales, Y aun cierto que la clara bien se va, Que el pequeo mas nimo tenia. Del capitan Garay certificaron Los indios, que aqu vino con su gente, Las huellas de caballos nos mostraron, Por d dimos la vuelta prestamente; Y en tierra los soldados que saltaron, Cojeron la comida que al presente Hallaron, que aun no estaba sazonada, Y apenas con la espiga bien formada. Volver quiero tratar un poco agora Del falso Yamand, nuestro cartero. Sali de San Gabriel con la traidora Y mala condicion de carnicero: Adonde el Zapicano est de mora Se v, por ser con l particionero; Aunque no se hall en la triste guerra, Que al venir se ha tardado de su tierra. Este indio, ya hemos dicho, que es sabido, Astuto, muy sagaz y hechicero; En todas las naciones es tenido Por lumbre, por espejo y por lucero. A mis prpios oidos yo le he oido Decir este lenguaz y gran parlero: "El sol alumbra oriente y occidente, As yo Yamand, toda la gente." Pues siendo con las cartas despachado, Trat con Zapican, que las tenia Guardadas, hasta ver en que ha parado Un negocio que arriba pretendia: El cual era, que tiene concertado Con un indio Ter, el cual vendria A dar en Santa-F con otras manos, Queriendose vengar de los cristianos. E hzolo el Ter, que con su gente Haciendo para aquesto llamamiento, Se fu Santa-F: mas de repente Volvi huyendo en busca de su asiento. Los mancebos pelean fuertemente, Los indios llevan de ello el escarmiento, Y viendo Yamand que nada ha hecho, Con las cartas se va Garay derecho. Del capitan Garay fu recibido Mejor el mensagero, que lo fuera, Si hubiera sin las cartas parecido, Aunque l por no culpado se fingiera: Mas viendo el Capitan como ha venido, Y que puede volver d saliera, Tratle bien hzole gran fiesta, Y trnale enviar con la respuesta. Ya vuelve Yamand con mas cuidado, Que tuvo con las cartas, pues pensaba Guardarlas para s: mas ha acordado Urdir otra, pues esta no cuajaba. En tanto que la urde este malvado, Tratemos de Garay, que procuraba Bajar con muchas balsas y comida, Dejando Santa-F bien guarnecida. Parti con treinta mozos valerosos, Y veinte y un caballos, y servicio En balsas: y los mozos deseosos De guerra, que la tienen por oficio, Procuran, que en los indios enojosos, Se ofresca al crudo Marte sacrificio, De aquel Ter vengando la osadia, Con triste y carnicera anatomia. Son islas, por aqu en este parage, De grandes bastimentos abastadas, De muy hermosas tierras y boscage, Y de indios Guaranies bien pobladas El falso Yamand de mal corage: Aqu tienen sus gentes rancheadas, Ter, Aanguazu, Maracop, Y en otras mas abajo, Tabob. Entraron por las islas: entendiendo Poder hacer la guerra, los caballos Metieron: mas los indios van huyendo, Que no pueden los mozos alcanzallos. Entre los verdes bosques se ascondiendo Se meten, que imposible es el hallallos, Sino es al sin ventura, que guardada La suerte le est ahora desdichada. Con gran solicitud en su caballo Entre aquestos mancebos se seala En andar por las islas Caravallo, Y as por las espesura hiende y tala En medio de una selva, y Yanduballo Hall con Liropeya, su zagala: La bella Liropeya reposaba Y el bravo Yanduballo la guardaba. El mozo, que no vi la doncella, En el indio enristr su fuerte lanza, El cual se levant como centella, Un salto d y el golpe no le alcanza. Afierra con el mozo, y aun perdella La lanza pienza el mozo, que abalanza El indio sobre l, por d al ruido La moza despert, y pone partido. Al punto que la lanza mano echaba El indio, Liropeya ha recordado; Mirando Yanduballo, as hablaba: "Deja, por Dios amigo, ese soldado, Un solo vencimiento te quedaba, Mas ha de ser de un indio sealado, Que muy diferente es aquesa empresa, Para cumplir con migo la promesa." Diciendo Liropeya estas razones, El bravo Yanduballo muy modesto Solt la lanza, y hace las acciones, Y Caraballo ruega baje presto. El mozo conoci las ocasiones, Y muvele tambien el bello gesto De Liropeya, y baja del caballo, Y sintase la par de Yanduballo. El indio le cont que un ao habia Que andaba Liropeya tan rendido, Que libertad ni seso no tenia, Y que le ha la doncella prometido, Que si cinco caciques le vencia, Que al punto ser luego su marido. El tener de espaol una centella No quiere, por quedar con la doncella. Mas viendo el firme amor de estos amantes, Licencia les pidi para irse luego, Dejndoles muy firmes y costantes En las brasas de amor, y vivo fuego. Dos tiros de herron no fu distantes, Con furia revolvi, de amores ciego; Pensando de llevar por dama esclava, Al indio con la lanza cruda clava. Yanduballo cayra en tierra frio, La triste Liropeya desmayada; El mozo con crecido desvario A la moza habl, que est turbada: "Volved en vos, le dice, ya amor mio, Que esta ventura estaba mi guardada, Que ser tan lindo, bello y soberano, No habia de gozarlo aquel pagano." La moza, con ardid y fingimiento, Al cristiano rog no se apartase De all, si la queria dar contento, Sin que primero al muerto sepultase; Y que concluso ya el enterramiento Con l en el caballo la llevase. Procurando el mancebo placer darle, Al muerto determina de enterrarle. El hoyo no tenia medio hecho, Cuando la Liropeya con la espada Del mozo se ha herido por el pecho; De suerte que la media atravesada, Qued diciendo: "haz tambien el lecho En que est juntamente sepultada Con Yanduballo aquesta sin ventura, En una misma huesa y sepultura." Lo que el triste mancebo sentiria Contemple cada cual de amor herido. Estaba muy suspenso qu haria, Y cien veces matarse all ha querido. En esto oy sonar gran gritera: Dejando al uno y otro all tendido, A la grita acudi con grande priesa, Y sale de la selva verde espesa. Aquesta Liropeya en hermosura En toda aquesta tierra era estremada: Al vivo retratada su figura De pluma vide yo muy apropiada: Y vide lamentar su desventura, Conclusa Caravallo su jornada Diciendo, que aunque muerta estaba bella, Y tal, como un lucero y clara estrella. Mil veces se maldijo el desdichado, Por ver que fu la causa de la muerte De Liropeya, andando tan penado, Que mal siempre decia de su suerte. "Ay triste! por saber que fu culpado De un caso tan extrao, triste y fuerte, Tendr, hasta morir, pavor y espanto, Y siempre vivir en amargo llanto." Sali pues de la selva Caravallo A la grita y estruendo que sonaba, Y vido que la gente de caballo A gran priesa en las balsas se embarcaba. No curan ya mas tiempo de esperallo, Que de su vida ya no se esperaba, Teniendo por muy cierto que habia sido Cautivo de los indios, y comido. Mas viendole venir, alegremente El capitan y gente le esperaron: Allega, y embarcse con la gente, Y priesa de aquel sitio se levaron. Entrse por un rio que de frente Est, y tierra firme atravesaron, A d est de Gaboto la gran torre, Por d el Carcara se estiende y corre. En tanto que Garay aqu esperaba, Y en tierra sus caballos saca, y gente, El capitan Rui Diaz se levaba De donde le dejamos prestamente. Volviendo hcia abajo, atravesaba Acaso Yamand que est de frente: All nos dieron nueva muy entera, Que en el Carcara Garay espera. Con esta nueva cierta, grande priesa Bajamos hcia el rio Juan de Ayolas: No se tiene temor de la traviesa Del gran rio Paran, ni de sus olas: Que el bien, que en la tornada se interesa, Lo facilita todo: mas no solas Nos vemos, cuando viene anocheciendo, Que los Timbues vienen muy corriendo. Despues cuando ya Febo caminando Volvia con sus carros presuroso, Los campos con sus rayos matizando De rojo, verde, y blanco luminoso, Llegaron los Timbues pregonando, "Comprad de mi, que vendo mas gracioso." Y tanto regatean, que en Sevilla Podrian imprimir nueva cartilla. En tanto que la cosa as pasaba, Desde el Carcara nos ha enviado Una carta Garay, en que avisaba Que estaba en _Sancti Spiritus_ parado. Al viento vela en popa se entregaba, Y no se ha _Sancti Spiritus_ llegado, Cuando Garay por tierra y caballo Asoma, y aqu un poco he de dejallo. CANTO DECIMO-TERCIO. _Entra Rui Diaz en el Carcara, baja Martin Garcia, pretende Yamand dar en la isla, padece Garay naufragio en el Uruguay._ Jamas fortuna di contentamiento Que no fuese mezclado con dolores; De donde el disfavor es fundamento De todo buen suceso de favores. Tambien el favorido pensamiento, Por fin muy cierto tiene disfavores, Por lo cual Salomon, sigue, decia, El dia de tristeza al de alegra. Cuanto dolor, tristeza y amargura, Y cuanto sobresalto ha pasado La gente zaratina sin ventura! Pues quien con atencion bien lo ha notado Ver, que al mayor mal en coyuntura Un buen suceso gusto ha acompaado: Que no haber de esta suerte sucedido, Hubiera el resto Zrate perdido. Qu pena, qu dolor no mitigra El ver al buen Garay por aquel llano! La barbara nacion que se juntaba, No pudiera escaparse de su mano. Si el bravo y crudo Marte se hallra Con tal gente de guerra, tan ufano Y altivo se sintiera, que en la tierra A todos los mortales diera guerra. La trompa y atambor les ayudaba, Los caballos calor iban tomando: Contento grande, cierto, que causaba Aquesta gente all escaramuzando. Rui Diaz con los suyos lo miraba, Viniendo su viage navegando; Y llegando d aquesto se hacia Mand soltar la flaca artillera. Al fin tomaron puerto, y recontada La cosa de una parte otra pedida, La carga de las balsas descargada, Caray parte en demanda de comida. El Melgarejo sale desplegada Con gran placer su vela y descogida. En tanto que uno baja y otro queda Me fuerza Yamand vuelva la rueda. Llegado este tacao con las cartas Al isla, con placer fu recibido; El Juan Ortiz le di cuchillos, sartas, Y de pao de grana un buen vestido. De ddivas y dones fueron hartas Sus manos, por pensar lo ha merecido, Y l pretende entregarse suelta rienda En vida del cristiano y de hacienda. Pues tiene la traicion as ordenada, Que dadas estas cartas, vuelva luego Al rio Igapop, que es la morada De un indio, que se dice _Grande Fuego_, Y de otros que all viven de coplada, Con Aguaz, que es guia de este juego. All tiene la cosa de ordenarse Por d el cartero d priesa tornarse. Y dice: "volver yo con comida, Que as con mis amigos lo he ordenado, Aquesta cosa quiero sea sabida, Porque en vernos ninguno sea alterado: Que aquesta tierra toda est rendida A mi diccion, yo la he sujetado." Con esto Yamand se suelta en breve, Y con mas brevedad volver se atreve. Con diez once canoas esquifadas La vuelta d el malvado, procurando Que no esten las personas recatadas, Mas antes las ocupa rescatando. No quiero referir, pues, cuan turbadas Lo estaban, segun supe, y cuan temblando: Mas con todo se dieron tanta maa, Que no quaj el cartero su maraa. En un fuerte la gente recogida, Porque de esta traicion tienen aviso, De todo lo posible guarnecida, Sali el indio que estaba ya arrepiso. De humos gran seal ha parecido El rio arriba, y luego de improviso Los indios que en la gente dar pensaban, Con gran priesa su isla se tornaban. Quedaron los cristianos, como cuando Levanta un huracan muy espantoso Las olas en la mar, y v bufando El viento con un impetu furioso: El piloto sagaz est temblando, Vencido del trabajo y temeroso: Mas viendo que el peligro est pasado, Verisle presumir del esforzado. O como aquel mancebo que ha cogido El toro furibundo entre sus manos, Que siendo de la muerte escabullido, Huyendo pura pata por los llanos, Blasona de la maa que ha tenido, Y hace en talanquera fieros vanos. No menos nuestras gentes aqu estaban, Y al moro muerto gran lanzada daban. Rui Diaz, como dije, navegando Sali de _Sancti Spiritus_, y viene En breve d le estaban esperando. A mi me ha parecido me conviene Quedarme con Garay que v triunfando, Y Zrate que hambre siempre tiene. Rui Diaz Melgarejo, pues, allega Al isla, y la comida les entrega. Garay de d digimos sale priesa Con su gente, y las balsas que llevaba, Lo que en esta salida le interesa Es el buscar comida que faltaba. Tambien se procuraba hacer presa En el falso Ter que all moraba: Y oid lo que sucede un dia de Ramos, Que de vista es el cuento que contamos. Por un pequeo rio de boscage Las balsas y la barca caminaban, Cuando vimos venir un gran salvage. La canoa en que viene gobernaban, Al parecer, dos ninfas de buen trage; En vindonos priesa se tornaba: Y dsque al Paran grande llegaron, En medio de un remanso se pararon. All nos esperaron grande pieza; Y as como la barca hubo llegado, El salvage se estira y endereza, Y un escudo grandsimo ha embrazado: Por yelmo un cuero de anta en la cabeza, El escudo era concha de pescado, Y el baston que este brbaro tenia, Servir de antena en nave bien podia. Hablando con soberbia encrudecida, Pregunta por aquel que tiene cargo Del Armada, que dice que la vida Le tiene de quitar con fin amargo: Y dice: "no penseis que fu huida La mia, por salir aqu lo largo, Que quise aqu sacaros al anchura, Por dar todos ancha sepultura." Queria arremeter el can rabioso, Y en esto dos pelotas le tiraron; La popa nos volvieron sin reposo Las faunas, y espantados nos dejaron, Que con un dulce canto armonioso A priesa de nosotros se apartaron, Y muchos el sentido enternecieron, Y en un punto de vista se perdieron. En esto un bergantin vimos venia, El cual Santa F ha descendido, Y viendo que Garay bajado habia, En seguimiento suyo habia venido. Con socorro el Teniente se le envia De la Asumpcion, que aquesto hubo subido: Juntse con nosotros el navio, Y dimos en un hondo y chico rio. El navo la boca se ha quedado Con toda la mas gente del Armada: El Capitan con veinte dentro ha entrado En la barca de todo pertrechada: Por tierra los caballos hubo echado, Del gran Ter se busca la morada: Hallse, mas sus indios, al estruendo, Con mugeres hijos van huyendo. Las balsas aqu cargan de comida; La gente de caballo v por tierra Siguiendo la victoria conocida, Con nimo y codicia de la guerra. Abscndese la gente dolorida, Que el temor del caballo la destierra: Saquea el Espaol all las casas, Y en un punto verislas hechas brasas. El Capitan de aqu presto saliendo Penoso, por no haberle indio parado, Sus balsas y su gente recogiendo, A Aanguaz acomete, indio afamado. Los indios son valientes, y al estruendo Salieron con esfuerzo denodado, Y siendo preguntados porque huyen:? Con la razon del uno as concluyen. "Dejadnos ya, que estamos temerosos, Y contra vuestras fuerzas no podemos: Y vosotros, sobrinos animosos, A los mancebos dicen, qu os hacemos? Mirad que nuestros hijos amorosos Criar, ni sustentar ya no podemos, Pues carga de mugeres tan penosa No espera vuestra diestra poderosa." Diciendo aquesto, estaban muy metidos En un atolladar y gran pantano: Garay no permiti fuesen heridos, Que mas de uno probar quiso la mano. Causaban gran dolor los doloridos, Que mugeres hijos por el llano Sin rden, gran priesa, iban huyendo, So tierra lo que tienen abscondiendo. De aqu el rio abajo navegando, El Armada se sale remo y vela: Un temporal se viene levantando, Que las yerbas del campo arranca y vuela. Del isla grande priesa me estan dando, Que parece la gente se recela. Pues vamos all agora, que esta Armada Aqu queda segura rancheada. El isla parecia que se hundia, Y el cielo que venia de caida. El sud-oeste, viento que corria Con una fuerza grande desmedida, Los rboles y piedras conmovia Por d la gente andaba dolorida: Porque tanto ruido levantaba El viento, que al infierno figuraba. De dos naves que habia del Armada, No quiere perdonar esta tormenta A alguna; que la zabra que cargada Est de la comida, la revienta, Y la abre por cien partes: mas varada Aquesta fu en el isla; la otra avienta A tierra firme, y tan metida queda, Que dudo en algun tiempo salir pueda. Pues dime, Juan Ortiz: no te conmueve El ver aquestos trances peligrosos! O duro corazon! quien no mueve El temor de los fines sospechosos. No vemos ser prudente el que se atreve A perder lo ganado en los dudosos Y peligrosos casos: lo mas cierto Es ir siempre buscar seguro puerto. A nuestra Armada vuelvo, que metida Quedaba en un juncal y una ensenada, La cual hall segura su guarida: Y el bergantin, tomando una enconada, Del otra banda est, que de caida, All, por se abrigar, hizo parada, A d con Cherandies ha tratado, Y el tiempo que all estuvo, rescatado. Garay con los Beaguas de otra banda Muy gran trato y rescates ha tenido: A Caytu, cacique, dice y manda, (Pues, para aqueste fin ha descendido) Que diga los Beguaes, como l anda En busca de cristianos, que ha sabido Que tienen muchos ellos en su tierra, Habidos de rescate, y no de guerra. Aqueste Caytu es comarcano Al pueblo Santa F, y muy vecino: Garay le trata bien como su hermano, Y as con gran contento con l vino. El cacique no anduvo paso en vano, Que yendo los Beguaes de camino, Cuatro cristianos trajo rescatados Por anzuelos y espejos muy quebrados. De aqu sali Garay: con el navio, Que est de la otra banda, se ha juntado. Despchale la isla por el rio, Que dicen de las Palmas, afamado. No v de bastimentos tan vacio, Que al fin le han de decir: "bien seais venido:" Que estn como los pollos ya piando, Y solo por comida suspirando. El Armada se v por un estero Que llaman de Beguaes, que no lleva La fuerza y la corriente del primero, A quien l v buscar que le beba: Y tanto v sin l cual postrero, Que en mas de veinte leguas no le prueba; Al cabo, porque en breve yo me sume, Aqueste el Paran se le consume. Yendo por este estero navegando Diez dias, que los tiempos no ayudaban, Por tierra los soldados van cazando, Que muy poco las balsas caminaban. De noche estan con lias esperando, Pescando de los peces que picaban: Aqu pica el Pat, all el Armado, Aqu tambien el Blanco y el Dorado. En una bella noche muy serena, Habiendo el sueo dado ya sus puertas A los que nuestra cama era el arena, Estando centinelas muy alertas, Con grande dulcedumbre una Sirena Comenz de cantar; y cierto, ciertas Y humanas parecian sus canciones, Bastantes mover mil corazones. Es tan ameno y bello este parage, Que las hijas de Pierio bien podrian Dejar de Tracia el monte y su boscage, Que aqu mas soledad cierto tendrian. Y aquellos que siguiesen su lenguage En breve de sus ciencias mas sabrian, Y en metro y dulce verso el casto coro Al mundo descubriera su tesoro. Aqu la gran maldad la Filomena Lamenta de Teseo, su cuado, Con su lengua arpada bien resuena, Y con canto suave y agraciado Publica todo el mundo su gran pena, Y dice: "pues la lengua me has cortado, Aquesta gran maldad, cruda tirana, Labrando contar toda mi hermana." Aqu la sacra fuente cabalina Sus cristalinas aguas vierte y riega: Aqu la gran Minerva la contina Sus tesoros reparte y los entrega A todos con largueza muy benina; Y aqu muy de ordinario en esta vega La bella y casta Diosa se pasea, Y con sus compaeras se recrea. Mas al isla conviene dar la vuelta, Dejando aquesta Armada en este punto. Pasada la tormenta y revuelta, Segun digimos ya en breve trasunto, El bergantin que fuera vela suelta, Llegando toma puerto luego junto, Y dando de nosotros nueva cierta, La cosa de esta suerte se concierta. En busca de Garay luego volvieron Aqueste bergantin y Melgarejo, Y aquellos que al presente adolecieron Llevaron, y mugeres, y es consejo, Que all en el Uruguay (adonde fueron) Se pueble, donde hubiere el aparejo; Que para los navios est cierto, Que muy cerca hallar seguro puerto. Llegados la punta de este rio, Quedse el bergantin grande esperando; El otro atraves, que v vacio, Garay en esto viene navegando. En breve se encontr con el navio, Que estaba en una vuelta ya esperando: La noche se apresura, el viejo Apolo Nos huye, y viene airado el grande Eolo. En un punto vereis que se levanta Un sur tan riguroso, que atormenta Con su grave furor cualquiera planta, Y fuera del lugar propio la abrenta. El Armada se afierra bien y planta, El bergantin del lado no se absenta, Con cabos, guindaletas amarrados, Estan todos del viento contrastados. El otro que esperando habia quedado, Cargado de mugeres, como vido, El cielo todo andar alborotado, Camina el rio arriba, y ha tenido Ventura en se mudar; que haber tardado, La carga hubiera toda sumergido: Mas no pudiera ser, que en el Armada Jamas vide muger ser mal parada. En tanto que venia el sur bravoso, Huyendo con presteza su fiereza, El capitan Rui Diaz valeroso Caminaba el rio arriba sin pereza. Lloraran las mugeres sin reposo, Pensando ya fenece su belleza, Y que ha de ser peces entregada, Y en vida s las aguas sepultada. Garay en una isla empantanada, Que dicen por renombre _de la Espera_, Tenia ya su gente rancheada; Del bergantin no sale gente fuera. La enojosa tormenta, pues, pasada, Al punto que la noche se viniera, Las balsas desamparan este puesto, Y oid lo que sucede, pues, de aquesto. Desta isla d digo que salieron Las balsas, se atraviesa la corriente Del rio, que Uruguay, indios pusieron Por nombre: tierra firme est de frente; Las balsas all van, mas no pudieron Las olas contrastar, que no consiente La fuerza del canal remo ni pala, Que todo lo abandona y lo desvala. El sur se ha levantado en este punto, Y hace que el canal ande alterado, El corriente con fuerza viene junto, Y el sur, lo que corre encontra, ha hinchado, Ay Dios! que en este punto yo barrunto, Que el dia de mi fin es ya llegado. La barca se nos iba trastornando, Las balsas todas siete trabucando. Al dia del postrer juicio figuraba Aquel naufragio nuestro doloroso. Cual indio de la balsa se arrojaba Por ir nadando tierra codicioso; Cual vuelve d la balsa se anegaba En busca del Seor que est lloroso. Las indias dicen todas que llamemos A nuestro Dios, pues todos perecemos. Los caballos ya sueltos van nadando. Y no tienen peligro, sino afierra El cabo en parte alguna, que colgando Le llevan por el agua hasta tierra. La barca sale en salvo, y descargando La ropa y aderentes de la guerra, En busca de las balsas torna prisa, A donde todos andan sin camisa. El que es buen nadador, aunque con miedo, Al agua desnudandose se arroja: Quien no sabe nadar estse quedo, Y en la balsa metido bien se moja. Mas ya yo de nadar hablar no puedo: La gente sale tierra d se aloja, Tendida por la fria y dura arena: Dejemoslos, que entiendan en su cena. CANTO DECIMO-CUARTO. _En este canto se cuenta la batalla que hubo entre los de Garay y los Charruas, y como fu herido Garay en los pechos, y su caballo muerto, y muchos indios muertos y heridos._ A quien he de llamar que me d aliento? O quien podr acertar, que estoy enseado A tratar de tristezas y lamento, Y poco de placeres he gustado? Pues esto de la guerra hago tiento, Que menos de las armas he probado: A vos, Seor, favor pido y demando, Que vuestra ayuda sola voy buscando. Dej, si os acordais, en la marina, Pasado ya el naufragio, nuestra gente; El Aurora nos viene ya vecina, Apolo muestra ya su roja frente; El bergantin navega la bolina, Subiendo el rio arriba diligente; El Zapican ejrcito, marchando En siete escuadras, viene ya gritando. El bergantin le vido, mas primero Le habian descubierto tres soldados, Aquestos dieron arma muy ligero, Los arcabuces fueron bien cargados. No vide que queria ser postrero Alguno, porque todos aprestados En un punto salieron muy gozosos, Por dar fin al Charrua codiciosos. Doce caballos solos se ensillaron, El Capitan con once compaeros, (Que muchas de las sillas se mojaron) Salieron veintidos arcabuceros. Los brbaros vista se llegaron Con rden y aparato de guerreros, Con trompas, y bocinas y atambores, Hundiendo todo el campo y rededores. El Capitan mand que se emboscasen Los once de caballo, hasta tanto Que los alegres brbaros llegasen A tiro de arcabuz, porque de espanto De ver los caballos, no tornasen: Y el Capitan se puso al otro canto Con sus arcabuceros, atendiendo Se fuese el enemigo introduciendo. Llegado poco trecho, hacen alto, El Capitan procura de cebarles, Un poco retirndose en un alto, Por mas su placer escopetarles. El brbaro de seso no est falto, Que entiende ser aquesto asegurarles, Por d hace parar sus escuadrones, Y dice con gran grita estas razones. "Estamos de esperaros ya cansados, Que h dias que tenemos entendido Que sois hombres valientes y esforzados, Agora ser el caso conocido. Salid los mas valientes y alentados, Riendo uno con otro este partido, Salid, que tardar tanto es cobardia; Veremos vuestro esfuerzo y valentia. Con solo matar veinte de vosotros, Pues sois de tanta fama y nombradia, La vida por bien dada de nosotros Tenemos todos juntos este dia: Podeis ser mas valientes que los otros, Cuyo valor poco h que feneca? Salid los vengar, acobardados, Cornudos, mugeriles y apocados." Mas cosas les o por mis oidos, Que un poco de su lengua ya entendia, Gritaban, daban voces, alaridos, Con su grita la tierra estremecia. Cual indio la perneta, cual fingidos Motines y ademanes, cual hacia Que cae en tierra triste y desmayado, Y en un punto verisle levantado. Llamaban con las mantas que traian Ceidas los cuerpos, no cesando De dar voces, diciendo, que queran Ponerse nuevos nombres peleando. Mas viendo que los nuestros ya salan, Al alto se volvian retirando, Juzgando por mejor un alto cerro, Y el sueo, como dicen, fu del perro. Saliendo al alto, y siendo traspasado Un poco de pantano que all estaba, El Capitan priesa ha caminado; Los once de caballo que llevaba Siguieron con esfuerzo denodado: La trompa con presteza resonaba En ellos, _Santiago_, _Santiago_, Y oid un bello lance y gran estrago. Seguanle los once de tal suerte, Que juntos se metieron, y mezclaron En medio el enemigo, dando muerte A todos cuantos indios encontraron. Rompieron una esquadra grande y fuerte, En que de setecientos se pasaron; Salieron de otra banda cien flecheros Con nimo gallardo muy lejeros. Sobre estos nuestra gente revolviendo Pelea, y ellos rostro y cara hacen: Los otros al socorro muy corriendo Acuden, mas los nuestros los deshacen. Volvieron romperlos, y rompiendo Los mozos sus deseos satisfacen, Que tantos por el suelo van rodando, Cuantos caballo y lanza van tocando. Aqu vereis el indio atravesado Por medio la garganta, y all junto El otro todo el casco barrenado, Salindole los sesos luego al punto. Por medio de los pechos traspasado Estaba Tabob, y casi difunto, Y tanto de la lanza se aferraba, Que ya perderla Leiva imaginaba. Allega Menialvo con su espada, Y dle un golpe tal que desafierra La lanza el enemigo, y aun pegada La lanza con la mano deja en tierra. El indio v su mano destroncada, Y quiere escabullirse de la guerra, Mas no le dn lugar, que tras su mano Tendido le dej Leiva en el llano. Y como recobr Leiva su lanza, Habiendo Tabob muerto, con priesa Revuelve Abayub sobre l, y lanza El mozo un bote tal que le atraviesa El ombligo, y el indio se abalanza Por la lanza adelante, y hace presa Con el diente en la rienda, de tal suerte, Que la corta, y fenece con la muerte. El viejo Zapican, que v tendido A su sobrino en tierra, bien quisiera En Leiva se vengar, mas ha acudido El bravo Menialvo, que le diera Un golpe tan terrible, que partido Por medio, por encima la cadera, En dos partes qued: fu cuchillada De brazo poderoso, y fuerte espada. Aagualpo, que estaba muy pujante, En suerte le ha cabido Vizcaino: El bravo indio se puso de delante Con pica que parece un grande pino. El mozo le encontr luego al instante Con su lanza, y aun hizo tal camino Por medio de los pechos de aquel perro, Que la espalda pas su fino hierro. Su lanza sac tal y tan bermeja, Que el hierro pura sangre parecia: Dos pasos de este puesto no se aleja, Cuando un indio de fama le seguia: A esperarle el mancebo se apareja, Que es indio muy gallardo y de vala, Al mozo ha acometido Yandinoca, Y l mtele su lanza por la boca. Arevalo gallardo v hiriendo La gente que jamas fue conquistada; El hierro de su lanza va tiendo En sangre con los sesos mixturada. Con fuerza v Aguilera descubriendo Aqu, y ac y all de una lanzada: Al indio deja tal, que parecia Que el indio s la tierra se hundia. El buen Mateo Gil, soldado viejo, Con esfuerzo y valor de Trugillano; Nacido en el lugar de Xarahicejo, Andaba por el campo muy lozano. Parcele que mata algun conejo, Matando algun soldado Zapicano, Y as tan gran estrago va haciendo, Que las yerbas del campo va tiendo. Hernan Ruiz pelea sin pereza, De Crdova heredando la osadia: Ac y all acude con destreza, Con nimo y esfuerzo y valentia. Un indio le encontr con gran fiereza, Y quitarle la lanza pretendia: Camelo le ayud, perdi la vida El indio, con la mano bien asida. Con gran fuerza por medio Magaluna De cinco seis soldados se metia: Al encuentro le sale Juan de Osuna Con su espada, que lanza no traia. Al mozo favorece la fortuna, Que el indio con su pica tal venia, Que si el caballo un brinco no pegra, Por medio de los pechos le pasra. La pica suelta el indio muy corrido, Y al pecho del caballo se ase y garra: El mozo, que lo vido tan asido, La daga de la cinta desamarra: Con ella fuertemente le ha herido, Y tanto las entraas le desgarra, Que Magaluna altivo, bravo y fuerte Cay en tierra herido de la muerte.[72] Tiene el campo Juan Sanchez ya poblado De zapicanos muertos con su espada; Un indio le acomete sealado, Con una espada inserta y enhastada. Un bote le tir por un costado, Y el mozo le responde de estocada, Y acirtale por medio de la frente, Y da con l en tierra derrepente. Rasquin piensa ya hoy hacer remate Del ejrcito todo zapicano: Mas veis otro que viene en el combate, Que quiere en general probar la mano, De encuentro, de reves, d jaque y mate Al indio sin dejarle un hueso sano, Con la fuerza que pone en su caballo, El fuerte y animoso Caraballo. Fortuna, si quisieres estar queda, Cuan presto el Charruaha se acabaria: Si el capitan Garay viera tu rueda, Bien con su lanza audaz la clavaria. En un cerro una esquadra estaba queda De indios, la mira que haria, El Capitan por ellos va rompiendo, Y en l todos puja rebatiendo. Rompolos, y al romperlos fu herido: Mirronle los indios si caa, Y viendo como en tierra no ha caido, Sin rden cada cual all hua. El Capitan tras ellos ha corrido; En esto su caballo se tenda, Y muerto fenecise la pelea, De que el indio no poco se recrea. Acuden los soldados, como vieron Caer su Capitan con el caballo; De presto en otro al punto le pusieron; Procuran al real luego llevallo. Los brbaros al punto se huyeron; La trompa recoger toca: dejallo Conviene al enemigo. En estos cuentos Murieron, segun v, mas de doscientos. Recgese la gente muy gozosa De ver quedar el campo muy poblado De la soberbia sangre belicosa Del indio, en estas partes sealado. Era cierto esta gente muy famosa, Su fuerza y su valor tan estimado, Que toda la provincia la temia, Y muy grande respeto le tenia. El Capitan, que todos gobernaba, Fortsimo y valiente era en la guerra: Por aquesta razon le respetaba, Sin su gente, gran parte de la tierra: Y aunque l en estos llanos habitaba, Tenia alguna gente all en la sierra, Los cuales su tiempo le servian, Y su mano y diccion siempre acudian. Con esto estaba el perro tan pujante, Que todo el mundo junto no temia, Juzgndose asi solo por bastante Contra la tierra toda y monarqua. El nombre de cristiano, y lo restante Pensaba de acabar solo en un dia, Y no le falta ayuda de paganos, Que vienen de los pueblos mas cercanos. En tanto que nosotros celebramos El triunfo de victoria muy gozosos, Y aquel siguiente dia reposamos, Los indios despoblando temerosos La tierra adentro huyen: despues vamos En busca de Rui Diaz muy gozosos, Que huyendo del tiempo adverso y duro, Tom en San Salvador puerto seguro. Adonde en su ribera deleitosa, De todos los desastres olvidados, Nos tuvimos por gente muy dichosa, En vernos ya de asiento all poblados; Con gozo celebrando la famosa Victoria de mancebos esforzados Contra el soberbio indio belicoso, Y en todo el Argentino mas famoso. A priesa cada cual hace morada, Que de maderos hay gran aparejo, Y teniendo su carga descargada, Por Juan Ortiz se parte Melgarejo. No siento le da pena la tornada, Que aunque es el Capitan ya cano y viejo, A trabajos est tan avezado, Que no se halla bien si est parado. Aqu, pues, los dejemos, descansando Los unos y los otros muy gozosos, El tiempo en regocijos empleando Por los campos y prados deleitosos: A Juan Ortiz volvamos, que penando Est con sus soldados lastimosos: Al que quisiere ser bien informado, Serle en otro canto relatado. CANTO DECIMO-QUINTO. _En este canto se trata de las crueles y terribles muertes que los indios daban los cristianos cautivos._ De aquello que una vez se hubo estrenado El vaso nuevo guarda, como vemos, El gusto y el olor: lo que es usado Por largo tiempo en hbito tenemos, Y tanto en natural se ha transformado, Que siempre con lo tal bien nos habemos: Y as dejar costumbre muy usada Es cosa muy dificil y acabada. O, cierto, una cosa muy galana De un hombre cuartanario, que decia, Teniendo ya salud entera y sana, Que sin gusto y contento ya vivia: Estaba ya tan hecho su cuartana, Que por falta su absencia la tenia. Mirad qu es la costumbre, y de qu suerte, Que dicen, que mudarla es par de muerte. Estoy ya tan cursado en esta historia En males infortunios y descuentos, Que aquello que tuviera otro por gloria, Tratar del enemigo y sus lamentos, No daba tanto gusto mi memoria; Y as me pareca los acentos Faltaban por tratar yo de alegra, Por d vuelvo cantar como sola. La gente desdichada zaratina, De la esperanza estaba muy colgada: El que esperando est siempre imagina La cosa que le est mas apropiada; Y cuando v mudanza repentina, Tras ella su memoria v guiada: Que el nimo dudoso tiene aquesto, Que ac y all se muda muy de presto. Estaban congojosos, esperando Que vuelvan los navios al concierto: Ya viene Melgarejo navegando, Dejando la mas gente all en el puerto. El buen Capitan entra pregonando, Que el perro zapican quedaba muerto, Y que iba ya huyendo de corrida, Su ejrcito y su gente de vencida. Con placer le reciben de alegria, Y todos con la nueva se alegraron, El roto campo y gente, artillera, En la zabra y bajeles embarcaron. La zabra el Uruguay entrado habia, El canal los pilotos no acertaron: Ni basta izar trinquete, ni el antena, Que fuertemente encalla en el arena. Los bergantines suben prestamente A descargar el hato que llevaban, El Guaran acudiera diligente A ver que los cristianos esperaban. Recibidos de paz, y prestamente Los indios su casa se tornaban; Y en breve dos cristianos han traido, Y que otros dos traern han prometido. Venidos los bajeles, y buen viento, La zabra desencalla del bajio, Sin recibir de aquesto algun tormento, Que piedras por aqu no tiene el rio. Al puerto se lleg con gran contento, A donde el Guaran volvi con pio De haber de los rescates castellanos, Y trajo por rescate dos cristianos. El capitan Garay hecha tenia A Juan Ortiz la casa en que viviese, Y cada cual la suya se hacia, Por tener un rincon d se metiese. El Juan Ortiz en este proveia, Que de hoy en adelante se dijese Y nombrase _Vizcaya_ el Argentino; Mirad el ambicion del Vizcayno! Despues al Paraguay determinaba Que vayan traer mucha comida: Al capitan Garay acompaaba Rui Diaz, que procuran la manida De Cay, que en las islas habitaba. All los dos caminan de corrida, Primero con Chanaes encontraron, Y de ellos, dos tres aprisionaron. De aqu los dos pasaron adelante En busca de comida, y en el rio, Que dije Igeipop; d est triunfante El indio Guaran, que es un gento, Como hemos dicho ya, en maa pujante. Sin otra presumpcion ni desafio, En los indios asalto dan bravoso, Cuando el sol asomaba luminoso. Habian estos indios abscondido Sus hijos y mugeres, y pensaban, En viendo algo seguro su partido, En nuestra gente dar, y as hablaban, Diciendo, pocos son: mas fu sabido El falso que en secreto concertaban; Y as salen huyendo por las vegas, Dejando de maiz muchas hanegas. Tres casas y buhios se dejaron, Con docientas hanegas bien colmadas De maiz, y otras cosas que se hallaron, Y estaban s la tierra sepultadas. Los soldados las casas les quemaron, Y fueran con los nuestros ya quemadas, De un indio que lo andaba maquinando, Si no estuviera Arevalo velando. El capitan Garay con sus soldados Camina la Asumpcion con mucha priesa; El capitan Rui Diaz, (bien cargados Los suyos de comida y de la presa, Que fueron cuatro indios sealados, Y entre ellos de Cay un hijo), atraviesa A donde est el real, y en breve allega, Y la comida y presa toda entrega. La nave vizcayna se me aqueja, Que de ella no me acuerdo: est plantada All en un arenal, d la deja Juan Ortiz, de gente mal poblada. Parceme que queda como oveja A lobos desambridos entregada: De cuando en cuando van visitarla, Mas la gente se teme de guardarla. Y no quiero culparles, pues que tiene Cualquiera, ac d estamos, sobresalto, Pensando cada cual que le conviene Rogar nuestro Dios, que de lo alto Envie su socorro: que si viene A dar el enemigo algun asalto, Sin duda perecemos, porque vana La guarda es sin la guarda soberana. Un caso contar, que manifiesta En su tanto y manera esta sentencia, De como humana guarda poco presta, Si est encontra divina Providencia. Sucede media noche una molesta Y triste desventura, diligencia No basta le impedir, porque la casa De Juan Ortiz se torna hecha brasa. Al punto que la gente reposaba, Un fuego se emprendi, el Adelantado, Segun pareci ser, despierto estaba, A priesa sin parar se ha levantado: El viento al fuego fuerza acrecentaba, La casa y cuanto tiene se ha abrasado, Que mientras mas va, el fuego mas se atiza, Y vuelve todo en polvo y en ceniza. Eterno Dios!, que azotas y castigas Los hombres por razones esquisitas, Que de tormentas, hambre, sed, fatigas, Trabajos, guerras, cosas infinitas He visto? Y s Seor, que mas obligas Aquel quien castigas, y le incitas A que ande entero siempre en tu servicio: Mas no conoce el malo el beneficio. Metise Juan Ortiz en su navio, Adonde su hacienda est guardada; No cura de hacer ya mas buhio, Que la zabra la tiene por morada. La guarda se le hace junto al rio, La gente por el campo est poblada En sus chozas de paja, sin abrigo, Con no poco temor del enemigo. Al arma un dia se toca: alborotados A todos los vereis, porque asomaban El piloto mayor y los soldados, Que la nave sin guarda la dejaban. A todos los vereis amedrentados, Las damas y doncellas lamentaban, Los hombres desmayados, suspirando Andaban por la plaza divagando. Lleg, pues, esta gente que guardaba La nave vizcaina, y en llegando Al piloto unos grillos luego echaba El Juan Ortiz la cosa exagerando. El preso su venida disculpaba, El miedo por escusa presentando, Diciendo: "que en la nave la ventura Estaba, y beneficio de natura." Aquel Cay, que dije, que huyendo Sali con los demas, y que dejra Captivo el hijo, vuelve ya corriendo, El rio Uruguay atravesra. Algunos de los suyos le siguiendo A Juan Ortiz pescados presentra, Con lgrimas y ruego significa Lo que con alma y vida le suplica. Que en rescate del hijo una graciosa Mozuela tome, pide; as pensando Cumplir su voluntad tan deseosa, Su rostro y hermosura exagerando: Y dcele: la tome por esposa, Y mientras, l est aquesto tratando, El Juan Ortiz la moza recibia, Y al indio sin su hijo en paz envia. En este tiempo O cosa lastimera! Flecharon al dichoso Chavarria: Aqueste los Chanaes les cupiera, Al tiempo que la presa se partia: Ordenado de grados supe que era, Versado en natural filosofia, Discreto, sbio y muy caritativo, De mucha habilidad y seso vivo. Es justo deste quede gran memoria, Que su fin lo merece lastimoso, Y pues llev la palma de victoria, Gozoso le nombremos y dichoso. Yo espero nuestro Dios le di la gloria, Que yo le conoc por virtuoso, Y oidme aquesta grande maravilla, Que mas me mueve envidia que mancilla. Sacronle los indios del poblado En un pantano grande anegadizo, Y en un palo le ponen amarrado, Y flechas dn en l como granizo. Qued en breve tiempo tan cuajado, Cual vemos el pellejo del herizo De sus agudas puas, tal estaba, Y con esfuerzo grande as hablaba. "Eterno Dios, el alma te encomiendo, Que el cuerpo miserable que padece, (Aunque est este tormento padeciendo) Mayor por mis pecados l merece." Estando estas palabras l diciendo, El brbaro cruel mas se embravece, Y Chavarria en Cristo contemplando, El _Miserere mei_ est cantando. Cual suelen cazadores por el Soto Con perros y sbuesos voceria Alzar, as hiriendo este devoto, El crudo barbarismo lo hacia. Estaba ya su cuerpo todo roto, La sangre hilo hilo dl corria, Mas l no deja el canto de consuelo, Que espera de tener paga en el cielo. Y oid, mi buen Seor, aqu otra cosa, Que tiene en confusion estos paganos, Por ser vista de ojos espantosa, Segun lo refirieron tres cristianos. Captiva uno esta gente perniciosa, Y scanle los ojos, pies y manos Le cortan con malvada y gran fiereza Y dicen que est vivo. Qu grandeza! Juan Gago este cautivo se decia: De Guadalupe mozo virtuoso, En Logrosan, mi patria, me servia Al tiempo que dejra yo el reposo. A la Virgen pursima Maria De Guadalupe, dice este dichoso: "En este punto sed vos mi abogada," Y acude su costumbre tan usada. Dios sabe cuanto yo lo he procurado Sacar de cautiverio por mil vias, Y el trabajo y las hambres que he pasado, Andando tras los indios muchos dias. En muy grandes trabajos me he arrojado Por mi propia persona, y con espias, Y nunca he sido en ello de provecho: Acaso Dios har con l su hecho. Juan Barros de los indios fu cautivo, En tiempo de D. Pedro, en los Beguaes: Mataron otros, mas aqueste vivo Criaron, que era nio, y Chanaes Le venden (aqueste hombre de que escribo Algun tiempo trat): Chiriguanaes Le cautivan, y tiempo mucho estuvo Entre ellos, y muger hijos tuvo.[73] Aqueste Juan de Barros cierto vide Que hizo gran provecho los cristianos: Que Dios todas sus cosas siempre mide Con divinos secretos soberanos. No sabe el triste hombre lo que pide, Lo mas cierto es dejrselo en sus manos: Esta consideracion en verdad hago, En el negocio siempre de Juan Gago. Estaban, sin los dichos, mas cautivos, Que asimismo mataron estos perros, Empalando y flechndolos aun vivos, Y tambien desgarrndolos con hierros; Y por mostrarse crudos y nocivos, En vida muchos meten en entierros, A d mueren de hambre, cruda, perra, Y vivos sepultados s la tierra. Aqu quiero no quede por olvido Un caso que me viene la memoria. Del grande Patriarca enriquecido De bienes duraderos en la gloria, Serfico Francisco ha merecido Un hijo suyo palma de victoria, En tiempo de D. Pedro le mataron, Y el caso de esta suerte me contaron. Estando este bendito religioso Hincado de rodillas en el suelo Con grande devocion, el envidioso Agaz, tirano indio, sin recelo Le flecha: mas al punto un luminoso Nublado descender se v del cielo, Y en el subir todos parecia Una doncella, bella en demasia.[74] Los indios con aquesto se espantaron De suerte, que l con otros compaeros Que habian muerto, todos enterraron, Llorando porque fueron carniceros De aquel bendito fraile que mataron. Y estn en su temor hoy tan enteros Los descendientes de ellos, que recelo Tienen que les venga fuego del Cielo. A nuestra historia, pues, dando la vuelta, Cay de su hijuelo deseoso, Tras el Garay se fu, que vela suelta El rio arriba iba sin reposo: Y cuenta como al hijo no le suelta El Juan Ortiz, y pdele lloroso Que le escriba una carta, en que le ruegue Que su querido hijo se le entregue. Es Yamand en aquesto el trujamante, Que es primo del Cay; muy confiado Est, porque ponindose delante De nuestro Juan Ortiz, Adelantado, Har con su saber y buen semblante, Que quede Juan Ortiz bien engaado: Mas uno piensa el bayo (all en Castilla Se dice) y otro es l que le ensilla. Con priesa Cay vuelve en compaia Del falso Yamand, que confiaba Que muy presto al sobrino llevaria, Que Garay en sus cartas lo rogaba. Con nimo gallardo y alegria, Al Capitan el preso demandaba; La gente dice toda, pues tenemos El pajaro en la mano, qu hacemos? No quiero referir las opiniones, Juicios y pareceres diferentes, Que habia en el real, y locuciones, Coloquios y corrillos entre gentes, Todos daban sus causas y razones, Al parecer de muchos suficientes: De Yamand se trata, si conviene Se prenda, que se vuelva como viene. El Yamand, como hombre cauteloso, Procurando librar su sobrino, Mostrse muy alegre y muy gozoso, Y dice Cay vuelva su camino, Porque l est ya h dias deseoso, De estar entre cristianos, y as vino Con fin de bautizarse y ser cristiano; Y desta suerte habla al primo-hermano. "Cay, bien vs cual quedo entre cristianos, Y tu hijo tambien: tn buena cuenta, Que guardes de malicia bien tus manos, Y cosa contra aquesto no se sienta: Que tratas con los indios Zapicanos, Ni Guaran por pienso en tal consienta, Que al punto que haya tal, entrambas vidas, De tu hijo y de m, sern cumplidas." "Yo quedo con contento y alegria, Asi se lo decid mis parientes: Mirad que mucho h que yo os decia, Que habian de venir de lejos gentes. Dejados de esa vana fantasia, Mirad que no podeis ser tan valientes Que deis cabo de tantos: sed ya buenos, Poned vuestras almas duros frenos." Con esto y otras cosas que hablaba, El falso Yamand disimulando Su pretension fingida procuraba, Diciendo desear ser bautizado: Y tanto esta ficcion suya duraba, Cuanto de la Asumpcion se hubo llegado, Como dir despues, que agora siento En Santa Cruz un mal levantamiento. Tratemos dl agora, que sucede En tanto que lo pasa el zaratino Muy mal, y yo aseguro que bien puede Ponerse l de Toledo ya en camino, Sino quiere ser causa de que ruede Don Diego con su gente al Argentino, Y con su rueda d tal estampida, Que el Per venga todo de caida. CANTO DECIMO-SEXTO. _Levntase D. Diego de Mendoza en Santa Cruz de la Sierra; sale el Virey D. Francisco de Toledo del Per, con gran ejrcito en su demanda._ Con su saber astuto y cauteloso, Sintiendo la pujanza que Adam lleva, Y vindose no ser tan poderoso, Que pueda entrar con l en lucha y prueba, En el jardin de vida deleitoso, Satan tom por medio nuestra Eva, Que vencerle, sabia, no pudiera Si solo la batalla acometiera. Contra el hombre qued Satan tan diestro Que si vencerle quiere con pujanza, Como viejo, sagaz y gran maestro, En una muger pone confianza; Y el caso que no puede muy siniestro, Por medio de muger puede y alcanza: De modo que de diez partes de males, Los nueve con muger causa cabales. Cuan claro aquesto vemos en el cuento Del pobre de D. Diego y de Zurita, Pues solo por poner muger asiento En el iglesia, y que otro se lo quita, Se comenz tan gran levantamiento, Que al reyno del Per plata infinita Le cuesta, y aun buen triunfo le costra Se l de Toledo no lo remedira. Las mugeres de aquestos dos trabadas, Comienzan de sembrar tan gran zizaa, Que yendo ya las cosas mal guiadas, Se fragua en poco tiempo gran maraa. El Zurita tenia desganadas Las gentes, y D. Diego el diablo engaa: Al Zurita que manda all, prendia, Y al Audiencia Real preso le envia. Un Diego Gomez, hombre marinero, Con su pretension mala le traa Al pobre de D. Diego al retortero; El Cabildo en aquesto le elegia, En el lugar que estaba de primero, Zurita, que los Charcas habia ido: Pues veis Gobernador D. Diego alzado, Y el propio del gobierno despojado. Don Diego los alcaldes prende luego, Con otros que condenar su designo, Y viendo alborotado andar el juego, Los Salazares salen de camino. La nueva al Per vuela como fuego, Y el D. Diego con grande desatino Mat los Salazares, procurando Quedarse para siempre gobernando. Don Francisco, virey de tanta fama, Y en servicio del Rey muy estimado, Sabido este negocio, echa de rama, Y en breve grande ejrcito ha juntado. A gente de valor y suerte llama, Y el hecho con presteza concertado: La cordillera se entra muy pujante, Echando un caballero de delante. Aqueste es D. Gabriel, que de su tierra Y sangre hereda esfuerzo Placentino:[75] A Santa Cruz le envia de la Sierra Con gente de la suerte que convino, A que rompa por paces por guerra Del triste de D. Diego su destino, Despues, dando la vuelta, que pretenda En Ibitupu ganar hacienda. Don Francisco se v por otra parte, Por Presidente queda el de Quiones: Aqueste caballero con gran arte El Audiencia regia y escuadrones, Temiendo de su industria el fiero Marte, De su sagacidad y discreciones: Que tanto era el ardid que all mostraba, Que en la guerra las letras encumbraba. A Don Diego la nueva llega en esto, Que de parte del Rey se hace gente, De Santa Cruz se sale muy de presto A las horcas de Chaves diligente: En llegando despacha muy de presto En casa Ibitupu, indio valiente, Dicindoles, se junten mano armada, Y no dn al Virey paso ni entrada. Que si el Virey se le entra por la tierra, Que vivir en eterna servidumbre; Que habr de conquistar toda la Sierra, Sin dejar lo mas alto de la cumbre: Que ahora podr bien darle la guerra, Para librarse de esta pesadumbre; Que perfecta prudencia es y cordura, Gozar en la ocasion la coyuntura: El indio le responde, que guardase Su tierra, y que jamas no pretendiese, Que en cosa con los suyos le ayudase, Que all D. Diego solo se lo hubiese. Que no tiene temor que nadie entrase En su tierra, por fuerza que trajese, Que de nimos constantes tiene un muro, Y fuerza, con que vive muy seguro. Ibitupu, _viento levantado_, Aqueste indio se llama, es de gran brio, Magnnimo, valiente y esforzado, De muy grande valor y seorio: En grande rectitud tiene su estado Sujeto por su esfuerzo y poderio: En toda la comarca es muy temido, Y muchos favorecen su partido. Entre los suyos hizo llamamiento, Y dsque todos juntos los tenia, Les hizo un concertado parlamento, Dicindoles el fin que pretendia. "Aquesta tierra, dice, es nuestro asiento, A nadie de derecho otro venia; Por tanto el nuestro propio defendamos, Y la vida por l todos pongamos." "Yo he puesto diligencia en mis agueros Y hallo buen presagio en cuanto veo, Y espero que saldrn bien verdaderos, Cortados medida del deseo: Y veros tan valientes y guerreros, Cual s lo sois, y siempre yo lo veo, Me pone nuevas fuerzas y me anima A conquistar los Charcas, Cuzco y Lima." "Noticia tengo ya de como viene El soberbio cristiano, mano armada: En las horcas de Chaves se detiene Don Diego con su gente levantada, De todos el resguardo nos conviene, Y guardar nuestra tierra libertada; Que si cualquiera de ellos nos venciere, De nosotros har lo que quisiere." Bebiendo de la chicha y del brevage, Que habia para ello el aparejo, Celebrado con grita y con corage De todos fu el acuerdo y el consejo. En medio de la junta, de buen trage Un indio se levanta, cano, viejo, Con manta que parece fina grana, Y en el brazo de plata una chipana. Aqueste con muy grande reverencia Al gran Cacique dijo, convenia Despachase con mucha diligencia A Condurillo.--Izoca: "mas valdria, Responde muy soberbio, sin paciencia, Matar toda la sangre vieja y fria, Pues quita los osados corazones La causa de venganza y ocasiones." El viejo Tabob con pecho fiero, A Izoca respondi: "mal has hablado, Contino la tuviste ser parlero, Sin seso, sin verguenza, deslenguado: A ti junto con otro compaero Har entender quien soy en estacado." Izoca acude al arco que traa, De presto Ibitupu los despartia. Las tazas andan tales y los mates, Que el acuerdo se vuelve en voceria; All se disputaban mil debates, Y cada cual su caso difera. Con borradas razones y dislates, El uno al otro dice vencera, Aunque traiga consigo por ayuda La isla Jamaca y la Bermuda. Una India que las tazas ministraba, Muy vieja lagaosa y colmilluda, A todos los mancebos animaba Con su lengua mordaz y tartamuda: Entre otras muchas cosas que hablaba, Aquesta razon dice la barbuda: "En medio el Paraguay y Per estamos Aquestos y los otros resistamos." Gran grita y alarido levantaron Los indios en le oir estas razones: El dicho con aplauso celebraron, Cesaron diferentes opiniones. El consejo con gozo consumaron Conformes en el alma y corazones, Sujetndose al dicho de la vieja Y as cada cual dellos se apareja. El nuestro Paniagua placentino, Con gente muy lustrosa y muy lucida, Con nimo de fuerte paladino Comenz, como dije, su partida. Y tan pujante fu, que de camino La tierra su diccion qued rendida. Don Diego de esperarle ya cansado, A Santa Cruz, enfermo, se ha tornado. De manos y de pies Dios le ha tullido; Que es lstima de ver al caballero, Que aun obras naturales no ha podido Sin ayuda hacer de otro tercero. A Santa Cruz de vuelta ya venido, De D. Gabriel le viene un mensagero Con cartas del Virrey, y prometidas Del propio, y Gomez y Avila las vidas. Llegando D. Gabriel aqueste puesto, Que las horcas de Chaves es llamado, Hall como D. Diego con el resto De su gente ya habia caminado. Las cartas despachando muy de presto, Con los suyos se queda all alojado, Que adelante pasar no se podia, Que la tierra de aguas se cubria. A Santa Cruz las cartas llegan breve; El Avila ha ayudado en esta parte, Causando que se haga lo que debe Hacerse, aunque siguiera el estandarte Contrario: mas agora no se atreve, Por ver del de Toledo la grande arte, Y que el D. Diego est sin pies y manos, Y aquellos que le siguen son tiranos. El rden que se di, que desistiese Del mando y del gobierno que tenia, Y al Cabildo y Consejo se le diese, Que aquestos dicen todos convenia. El Gomez, que fu causa que hiciese Don Diego la contada demasia, Y fuera al parecer su grande amigo, En vindole sin mando, fu enemigo. Desiste, pues, D. Diego de su mando, Y deja que el Cabildo gobernase, Por aquesta manera procurando Que el Virrey su delito perdonase. Algunos de su parte y de su bando Le dicen al Virrey se presentase: Que en ver su poca culpa y su inocencia, Sin duda que usaria de clemencia. El Cabildo enviar procura luego A D. Gabriel la nueva de este hecho: Salgado sale ya sin grande ruego, Mas no sin gran doblez de inicuo pecho. De Santa Cruz, saliendo como fuego, A las horcas de Chaves v derecho; Veinte mancebos lleva arcabuceros, Y mas cincuenta infantes muy guerreros. Don Diego del negocio ya arrepiso, Pensando de volver el juego en maa, A Salgado le ha dado por aviso, Que mate D. Gabriel con su compaa. El indio Chiriguana nunca quiso Venir en el concierto y la maraa; Que si el indio en el concierto consintiera, Don Gabriel con su gente pereciera. El hecho de esta suerte se guiaba, Que llegado Salgado con su gente A donde D. Gabriel y el campo estaba, Seria recibido alegremente, Por el socorro y nuevas que llevaba: Y que despues, un dia de repente Marchando con los suyos el Salgado Revuelta sobre el campo descuidado. Con sus arcabuceros de delante Habia de ir Salgado y sus flecheros: Paniagua tras l con el restante En dos tercios, y que l con los primeros Revolviese traicion, con tal semblante Que pensasen ser indios los postreros: Hicieran desta suerte todos alto, Y as Salgado diera un crudo asalto. Llegado, pues, Salgado donde estaban Paniagua y los suyos alojados, De todos con la nueva se holgaban, Por ver ir los negocios bien guiados: Y con esto de presto se aprestaban Para dar en los indios no domados: De Ibitupu, digo, el valeroso, Valiente, astuto, sbio y belicoso. Salgado se ofreci que con su gente Ir en la delantera de contino, Recbese su oferta alegremente, Que D. Gabriel no sabe su destino. Mas el malvado piensa prestamente En efecto poner su desatino; Y as para efectuar el crudo hecho Descubre con los suyos su mal pecho. Al tiempo, pues, que ya lo concertaba De dar en D. Gabriel que v marchando, El indio guaran lo revelaba, Que con Salgado iba caminando. Y aunque el Salgado bien se lo rogaba, No quiere el guaran seguir su bando, Que dice, que de andar est cansado Tras D. Diego, que siempre le ha burlado. A D. Gabriel el caso refiriendo El guaran con pecho y osadia, Y toda la maraa descubriendo, Que trabada Salgado ya tenia, Al tiempo que la iba mal tejiendo, El hilo conocido descubria El triste de Salgado, de tal suerte, Que vino fenecerse con la muerte. Colgle D. Gabriel y prestamente, Despacha Santa Cruz de aquel paraje Los indios Guaranies, y la gente Que dije que vinieron, y un mensage A D. Diego le envia diligente, La palabra le dando y homenaje, Que venga, que al Virey har servicio, Y que l le ser en todo muy propicio. Don Diego en esto, y Avila pensando, Que en su negocio hacen mucho hecho, A los Charcas caminan, procurando Llevar siempre camino muy derecho. A D. Diego el temor le v acusando, Aunque Avila le pone alegre pecho; Las aguas con gran fuerza le apuntaban, Y volverse por esto procuraban. Sabiendo en Santa Cruz como querian Volverse, porque el Gomez lo ha tratado, Diciendo que las aguas ya venian, Y no estaba el camino aparejado: A Diego Gomez presto le prendian Y al Audiencia le envian recado. Don Diego no desiste del camino, Que tullido y enfermo Mizque vino. Ibitupu, que estaba muy pujante, Espera Don Gabriel con pecho fiero: No viene el Placentino muy triunfante Que le quita la fuerza el mal tempero: Las aguas tambien mira de delante, Y el importuno tiempo venidero, Y viendo como todo le adversaba, Batalla solamente presentaba. Y aunque nunca romper ha procurado, Con todo, el enemigo se mostrando Tan fuerte, que los nuestros ha apretado, Y del todo romper les obligando Algunos rompimientos ha formado, En que lo mas seguro se llevando El Espaol, el brbaro moria Cantando la victoria que perdia. Al fin, porque convino as hacerlo, Retranse los nuestros, que imposible Al brbaro ser en breve vencerlo, Que habita en una tierra muy terrible: Lo que es mas principal para cogerlo, Y es cosa hacedera y muy posible, Prenderles las mugeres, que prendidas Darn en trueco dellas dos mil vidas. Es cosa de notar de aquesta gente En como su muger ama el marido, Que ni hijos, ni padres, ni pariente En tanto tiene: y s que ha sucedido Venir tras su muger muy diligente, Y dar en trueco un hijo muy querido El indio con tristeza lastimera, Por verse sin su dulce compaera. Zeloso suele ser y recatado El indio con la india que es su amada, Y d quiera que va la lleva al lado En tanto que no ve que est preada: Despues suele decir; ya est ocupado El vientre, y ocupada la posada, Si mi muger no hubiere de guardarse Mi obra ya no puede despintarse. Sali pues D. Gabriel de entre esta gente Sin hacer el efecto pretendido, Que el invierno le estaba ya presente, Por d dejar la guerra ha convenido. De Chuquisaca en esto el Presidente Quiones con socorro se ha partido, En busca del Virrey va caminando, Que Condurillo viene atravesando. Al tiempo que el Virrey entr en la Sierra Con cuatrocientos hombres bien armados, Con otra mucha gente de la tierra De todos aderentes pertrechados, Con fin de reducir por paz, guerra Al indio guaran con sus estados, La tierra considera, y la demarca Desde un pueblo que llaman Chalamarca. De aqu por su mandado priesa fueron Tres hombres con despachos y recados A Tucuman, d en breve se pusieron, Que en el camino estaban bien cursados. Con esto en Tucuman presto tuvieron Noticia de Don Diego y de sus hados. Al Paraguay tambien la nueva viene Al tiempo que velarse le conviene. En tal trmino y punto est la cosa, Que si Don Diego caso all bajra, Hallra nuestra gente deseosa De cualquiera revuelta y se holgra. Mas quiso con su mano poderosa El Alto remediar; que si la alzra, El Argentino todo se perdiera Y en aprieto al Per todo pusiera. Alguna vez o mis odos, Que Don Diego venia levantado, Y v que se holgaban los nacidos En la tierra del caso relatado. Los pechos de estos fueron conocidos Cuando despues se hubieron rebelado En Santa-F, en aquel levantamiento, De que yo en su lugar la verdad cuento. De all de Chalamarca pues envia Despachos el Virrey, como contamos, Al Rio de la Plata, que tema El mal que en esta historia ya apuntamos. A Zrate despacha recta va, En busca de unos indios Comogamos; En Condurillo habita aquesta gente, Y as es dicho el cacique, muy valiente. Tambien sali el Virrey la otra mano, Por sierras cordilleras de boscage: En partes pocas hay camino llano, Que todo es cordillera este parage. El asiento de Manso est cercano: Seguro estoy si fuera all el bagage Y pueblo, el buen Virrey all poblra, Que mucho su pretenso le importra. Con gran pujanza v el Virrey siguiendo Su derrota y camino comenzado: El indio guaran se est riendo, Por ver que el aparato es escusado; Y en viendo al Espaol, tira huyendo De lejos, el motin haciendo usado: Don Francisco y su campo van marchando La vuelta del Per ya deseando. Aqu quedan cansados los carneros, All desmaya ya y muere el caballo, Desean muchos hombres verse en cueros El hato dejan ya por no llevallo. A los Charcas salieron mensageros, Quiones se d priesa, que encontrallo Al Virrey con socorro determina En el asiento y pueblo de Tomina. Marucare en aquesto muy furioso, Huyendo de su asiento y de su casa, Porque en quemarla nadie est gozoso, El propio la ha dejado hecha una brasa. Con Taboba el valiente y ardidoso, Sus mugeres y chusma presto pasa De all, y tan adentro se ha metido, Que no podr jamas ser ofendido. El buen capitan Zrate bajando En busca del asiento Condurillo, Con tan grande trabajo atravesando La tierra, qu temor me d escribillo, Los dias y las noches caminando, Al fin el indio hubo de sentillo; Y aunque de sobresalto los cogieron, La mugeres hijos escondieron. Tres casas y buhios muy crecidos Aqu Zrate halla, d su gente Aloja: que los indios escondidos Vacios los dejaron prestamente. De poco con cautela son venidos, Con cruces en las manos de repente, Diciendo, que huyeron temerosos, Y de la cruda muerte recelosos. Al Capitan decan y culpaban, Porque nunca avis de su venida, Que dias h que todos deseaban A los cristianos ver, que conocida Su bondad y valor, determinaban La tierra est al cristiano sometida; Y porque ellos esto conocian, Las cruces en seal de ello traian. Al Capitan con esto procuraban Entretener los indios, pretendiendo Hacer as mejor lo que ordenaban, Y andaban con gran priesa y maa urdiendo. En tanto que la junta concertaban, El Capitan su farsa conociendo, Un fuerte ha fabricado muy aina De brava palizada, y de fagina. Apenas est el fuerte fabricado, Y las paredes del no medio hechas Estaban, cuando el campo se ha quajado De los indios, que vienen por sus trechas, Gran grita y alarido han levantado, El aire y tierra cubren con las flechas. La guerra fu sangrienta y bien reida, Mas huye, al fin, el indio de vencida. Los muertos y heridos muchos fueron De parte de los indios, porque habia Ochenta arcabuceros que hicieron Como gente espaola de vala. De tres cuatro vivos que cogieron, Traidos ac al fuerte, se saba Que los indios llevaban en los brazos A sus casas los hechos ya pedazos. De los nuestros quedaron mal heridos Algunos, pero pocos de esta guerra: Los indios gran priesa son metidos Por la espesura grande de la sierra. De pocos dias fueron descendidos, Bajando el capitan ver la tierra; Y quince que en el fuerte se quedaron, Las cabras, como dice, acorralaron. La tierra toda junta se ha juntado Haciendo para el caso llamamiento, A los quince del fuerte han apretado Y puesto en confusion y gran tormento: Muy grandes baterias les han dado, La cosa andaba en mucho rompimiento, Cuando dando la vuelta los cristianos Del fuerte se retiran los Paganos. El Capitan estuvo all tres dias Rehaciendo su gente; y como viese Que el estar mas all, por todas vias, Daoso era, ordense que se fuese En busca del Virrey y compaas, Que no se sabe de l d estuviese. Mas l, tan gran camino v haciendo, Que sin poder errar le van siguiendo. De presto todos juntos se juntaron, Y dando ya la vuelta presurosos Con el buen Presidente se encontraron, De que todos se hallan muy gozosos. A sus casas alegres se tornaron, Aunque todos venian perdidosos: D. Diego de Mendoza tambien viene, Y oid en otro canto el fin que tiene. CANTO DECIMO-SEPTIMO. _En este canto se trata de la muerte y justicia que hizo el Virrey D. Francisco de Toledo, de D. Diego de Mendoza en Potos, y del gran Seor Topamaro en el Cuzco._ Aquel es de valor y grande estima Que sabe con prudencia gobernarse: Diremos con razon tener la prima Aquel que vemos sabe resguardarse Con gran maa en el arte de la esgrima, Y su tiempo procura sealarse: Aqu apuntando el golpe por lindo arte, Y al fin haciendo el lance en otra parte. Aunque el Virrey la causa publicaba De su salida ser el Chiriguana, Y al principio de aquesto se trataba, En Don Diego de dar tiene mas gana. Y as al punto luego se tornaba, Sabiendo Santa Cruz estaba llana; Que no estando la causa sosegada All fuera el Virrey de mano armada. Bien claro se mostr, pues prevenia Al Per, y las demas gobernaciones, Que priesa todas partes escribia De Don Diego las vanas pretensiones. La nueva Tucuman presto venia, Que mas vuelan los tres que unos halcones: Tambien allega al Rio de la Plata D Juan Ortiz echaba la bravata. Responde con soberbia al mensagero, Mostrandole desnudo el viejo pecho, Que diga Don Francisco, que harnero Lo tiene por servir al Rey, bien hecho: Y que tiene de ser siempre el primero D fuere menester ser de provecho: Que estan muy enseadas ya sus manos A derramar la sangre de tiranos. Mas no fueran bastantes, si bajra Don Diego, sus bravatas y sus fieros, Que mucha gente moza le ayudra, Que al fin eran antiguos compaeros: Y as la cosa acaso le obligra A buscar su remedio, y agujeros A donde se meter priesa listo, Que no estaba en la tierra muy bien quisto. Mas no tuvo Don Diego tal designo, Que puso en el Virrey toda esperanza, Que habr de perdonar su desatino, Y as sale con esta confianza: Y no ha bien concluido su camino, Y Diego Gomez vido que le alcanza; Que preso le traan, y recado, De que Don Diego mucho le ha pesado. D. Francisco saliendo de la guerra, A Potos se fu, que deseaba Juntar los naturales de la tierra, Porque esto al Gran Filipo le importaba: De los valles los trajo, y de la sierra, Y en breve mucho nmero ha juntado, Y pneles la tasa en los jornales Del trabajo y labor de los metales. Los indios son en grande muchedumbre, Que nunca acabaremos describillos: Difieren en los trajes y costumbre, Y as se diferencian sus aillos; Subidos en los altos de la cumbre Del cerro, ac parecen pajarillos: Sacando all el metal de sus mineros, Ac al pueblo lo bajan en carneros. Los ingnios los muelen muy aina, Por muy graciosa traza y artificio; Y hecho ya el metal cual pura harina, Se hace con azogue el beneficio. En breve sale pia y plata fina, Y muchas veces hace bien su oficio El azogue, quedando tan entero Segun y como estaba de primero. El grande laberinto, que de Creta Es dicho, con razon puede llamarse El cerro Potos, d una veta A muchos enriquece; y engaarse A otro fuerza tanto, que te meta En ella hasta vivo sepultarse; Quedando s la tierra sepultado A vueltas de la plata que ha buscado. Estando aqu el Virrey, D. Diego viene Al asiento llamado de Tomina, A d un Corregidor, que el pueblo tiene, Al punto que lo v con l camina, Prendiendole, que quiere que se suene Que l mismo le prender se determina: A Potos lo lleva diligente, Y el pobre de D. Diego v doliente. A las casas reales fu llevado, A d est la Real Hacienda, y plata; All lo tienen preso, y recado, En tanto que su causa se v y trata. No estuvo muchos dias, que acabado En breve su negocio, no dilata D. Francisco el castigo que queria Hacer, segun entiende convenia. La villa Potos alborotada Vereis andar la gente dolorosa; Sabido la sentencia estaba dada, Y que la ejecucion era forzosa, Decian "Ha de ser ejecutada La sentencia de muerte rigurosa!" Algunos se metieron de por medio, Mas nunca pudo darse algun remedio. Al fin, pues, en la plaza fabricaron Un famoso cadalso muy de presto, Y al pobre de D. Diego le sacaron Subido en una mula muy de presto. Al tablado llegando, celebraron Su muerte, con dolor y luto puesto; Sintiendo pena de ello y gran mancilla Los galanes y damas de la Villa. Tambien Diego Gomez, el que habia Al triste caballero aconsejado, Colgaron; y lo mismo aqueste dia Al Avila hicieran, que sacado Con estos tambien fu, y ya queria El verdugo colgarle: encaramado Estuvo en los postreros escalones, Y grande priesa viene el de Quiones. A no llegar con priesa y diligencia Perdiera sin falta Avila la vida; Que el verdugo ejecuta la sentencia Si no viene Quiones de corrida. Por seal el bordon de Su Excelencia Traia, que es seal muy conocida; Perdonan al que est medio difunto, Y parece nacer en aquel punto. En su tnica y soga muy revuelto, Pensando ser vision y que soaba, A la crcel ha sido luego vuelto En tanto que su causa se trataba: Al fin sali de poco libre y suelto, Y de gozo y placer no se hallaba; Que es burla muy pesada y que espanta Verse un hombre la soga la garganta. Si solo imaginar un sentenciado Que habia de morir al otro dia, Le hizo que el cabello sea tornado De negro, blanco, luego encaneca:[76] Quien se vido en la escala levantado, Y al verdugo que echarle ya queria, Diremos que ha probado el trago fuerte De la descomunal y cruda muerte. O muerte, cuan amarga es tu memoria! Al hombre que en sus varios bienes fia, De Reyes, y no Reyes has victoria. De noche nos combates y de dia, En esta vida triste transitoria, Que al tiempo mas florido se desvia. Habiamos de tenerte por espejo, Por regla, por medida, y por consejo. Aquel santo consejo celebrado, Que dice, del morir nos acordemos En todas nuestras obras bien notado, Seguro que _in ternum_ no pequemos, En nuestro cristianismo consagrado, Creido, y aun sabido bien tenemos, Que ataja la memoria del tormento Y muerte, y gloria al malo pensamiento. No finjo santidad ni hipocresa, Que s soy pecador desconocido: Mas digo que en el tiempo que tena La muerte al ojo, siendo muy sabido, Que de hambre morian cada dia, En la parte que arriba he referido, Tenia la conciencia tan medida, Cual nunca jamas tuve yo en mi vida. La muerte de si tiene dar tristeza, Por no saber el hombre el paradero: Que si deste se tiene la certeza Alegre es aquel trance y placentero: Dejar un mundo tal, y tal vileza Habia de dar gozo muy entero, Y en lugar de tristeza gran consuelo, Pues vemos que salimos de este suelo. Una generacion muestra contento Al tiempo de la muerte, y hace fiesta, En lugar del funesto sentimiento, Que hace la espaola gente mesta. Si se tuviese el buen conocimiento De aquesta triste vida tan funesta, Con la muerte contento se tenia Tomndola por gozo y alegria. Julio Solino cuenta una costumbre De aquellos hiperbreos tan nombrados; Empero estos carecen de la lumbre De F: aquestos, dice, que cansados De vivir, y teniendo pesadumbre De ver tardar la muerte, muy untados Con cierta uncion, habiendo bien comido, Pecando as, se dan fin dolorido. En Tomahavi vide una estraeza, Que es digna de contarse de camino: En un pantano grande de llaneza De tierra, est temblando de contino, A d llegando perros, sin pereza Bailando como recio torbellino, Se arrojan en la fuente d se cuecen, Y vivos con su baile alli perecen. Parece que el morir les d contento, Y as muestran querer aquella muerte, Y vemos frecuentarse aquel asiento De perros, y morir de aquella suerte. Yo vide aquesto propio que aqu cuento, Que por juzgar el caso yo por fuerte, A verlo fu, y los perros que all fueron Bailando v, en la fuente perecieron. El cisne, blanco, bello, dicen; suele Cantar cuando la muerte le es vecina, Que dejar esta vida no le duele, Tenindola por triste y por maligna. Razon es, pues, mas justa se consuele El hombre racional, que Dios se inclina, A quien, si vive bien, tiene guardada All en el cielo Dios mejor posada.[77] Pues vemos que no es cierta y duradera La ciudad que habitamos sin firmeza, Busquemos la que es firme y verdadera, Que dure para siempre en gran alteza. La muerte viene priesa muy ligera, No es justo espante al bueno su fiereza. Temerla es natural, mas sea de suerte La vida, que no pese de la muerte. Saba bien la vida que habia hecho El vaso de eleccion, y deseoso De ver Jesu-Cristo satisfecho, Que muriendo tenia gran reposo: Pedia con instancia ser desecho, Y disuelto del cuerpo trabajoso, Creyendo gozaria en guadio eterno A Cristo, sumo bien, con fin superno. Pero, aquel que no sabe ni est cierto, Mas antes con razon muy temeroso Lo que ha de ser de si despues de muerto, Con la vida se halla muy gozoso. As lo experimenta quien concierto No tiene en su vivienda: el virtuoso No huye de la muerte, cuando entiende Que en ella hallar lo que pretende. Pregunten los Mrtires gloriosos De los falsos tiranos afligidos, Si iban la muerte muy gozosos En verse por Jesus ser perseguidos. No estaban de su prmio recelosos, Mas con firme esperanza guarnecidos, Creian les estaba aparejada La corona de gloria consumada. Esta hizo al pastor, aunque primero Por divino secreto fu librado De la crcel, que est como cordero Humilde aquel nernico mandado: La misma su querido compaero Le convida que sea degollado; Y como ac en su vida ellos se amaron En la muerte tampoco se apartaron. Esta Bartolom hizo que diese Por su Seor la vida y el pellejo: Esta al buen Andres hizo muriese En una cruz, con ser ya cano y viejo: Esta hizo Santiago que volviese Otra vez Judea, donde aparejo Hall de conseguir la merecida Corona que tenia prometida. Aquesta los Apstoles gloriosos Les hizo que sufriesen con contento La muerte, y los monges religiosos Haca se privasen del sustento. Qu de santos estn ahora gozosos Que por esta sufrieron gran tormento! Que d muy gran esfuerzo la buena alma Tener all en la gloria prmio y palma. El indio Topamaro no sabia Despues de muerto el fin de su jornada, Y tanto de la muerte se temia, Que diera al de Toledo sugetada La vida servidumbre, aunque tenia En otro tiempo fuerza sealada. Mas el proverbio, y vulgo dice y grita, Que viva la gallina con pepita. Aqueste en Vilcabamba residia Con Incas, y valientes compaeros; Y como por Seor l se tenia, Formaba all sus leyes y sus fueros. A cristianos jamas l ofendia, Ni supe que hiciese desafueros: En sus tierras se estaba retirado, Y de los suyos era respetado. Algunos de los cuales acudian Al reino del Per y sus poblados: Con ellos muchos indios se metian En Vilcabamba, siendo maltratados De aquellos espaoles que servian: Que muchos suelen ser desatinados De tal suerte en mandarles lo que quieren, Que hacen que los indios desesperen. D. Francisco, que siempre procuraba En el real servicio sealarse: Como supo que este indio se jactaba De ser Seor, acuerda de tornarse De Potos, y al Cuzco se bajaba; Y sabiendo podia confiarse De Loyola, esta empresa le ha nombrado, Y en breve mucha gente le ha entregado. Martin Garca Loyola, caballero Era del hbito de Calatraba, Discreto, afable, sbio, compaero: En cosas de justicia se mostraba Con grande rectitud muy justiciero; De remiso ninguno le notaba, Porque, de mas de ser sabio y prudente, Es vivo como azogue y diligente. Saliendo la conquista ha padecido Grandsimos trabajos y fatigas: En gran tiempo no hubieron parecido Los indios, aunque son mas que hormigas. Loyola, porque v el campo afligido,[78] Siguiendo aquestas gentes enemigas, Con solos dos soldados parte un dia, Con un esfuerzo grande y osadia. En luengo un grande rio caudaloso Con sus dos compaeros fu bajando Tres dias, y en un prado verde umbroso Que el rio con sosiego va baando, Metido en una choza al valeroso Topamaro le ha hallado reposando, Sin gente, que no saben la venida Del Capitan Loyola su guarida. Una cadena le echa la garganta De fino oro, muy rica y bien labrada: El Inca luego al punto se levanta, Sintiendo de esto pena muy sobrada. Loyola con sus dos victoria canta, Juzgando por dichosa tal entrada: Rio arriba se vuelve placentero, Triunfando del cautivo y prisionero. Sali de Vilcabamba victorioso, Y en la ciudad del Cuzco entra triunfando Del triste Topamaro doloroso, Que su miseria viene lamentando. Hallse l de Toledo tan gozoso, Y el caso de tal suerte exagerando, Que al licenciado Polo, su teniente, Le dice le deguelle prestamente. El licenciado Polo le responde, Que no quiere l hacer esa torpeza: Que no halla derecho, ni por donde A aquel Inca cortarle la cabeza; Y que si causa l tiene, y no la absconde, Se la muestre, y harlo sin pereza: Mas sin otro recado, que no quiere Ponerse al riesgo y mal que le viniere. El Virrey replic, que lo hiciese Como justicia suya, y su teniente: El Polo se resume en que escribiese De su mano el mandato, y que se asiente; Que no quiere algun tiempo le pidiese Del Inca aquella muerte algun pariente. El Virrey orden luego un escrito Del Inca publicando su delito. Al punto que se supo de su muerte, Que ejecutarse manda, se juntaron En breve tanta gente de su suerte, Que toda la ciudad alborotaron. Y aunque fu rogado, estuvo fuerte El Virrey, que con l no aprovecharon Los frailes, y un Obispo que decia, Que Espaa Topamaro llevaria. Al fin en una mula le sacaron, Con un pregon su culpa publicando, Que los indios por l se levantaron, Aquesto iba el verdugo pregonando. Tantos indios en esto se juntaron, El Cuzco de tal suerte alborotando, Que necesario fu que le rogasen Al Inca que mandase que callasen. All en el cadalso pues subido, El Inca en alto levant la mano, Al punto el alboroto y el ruido Ces: porque veais si aquel pagano De sus indios sera bien temido. En esto determina ser cristiano: Bautzale un Obispo que est al lado, Y al punto la cabeza le han cortado. Fu tanto el alarido y vocera Que los indios entonces levantaban, Que el mundo pareca se hunda Y las cosas ya todas se acababan. En tanto este negocio suceda. Los tristes zaratinos lo pasaban All en nuestro Argentino de tal suerte, Que el mal all menor era la muerte. De su hambre y desastres trataremos, Siquiera porque alguno haga memoria De piedad, y Dios le rogaremos, Que tenga los finados en su gloria; Y en esto de esta hambre hablaremos, Como quien cupo parte de la historia; Que tal me vide veces, que rabiaba Por comer, mas comida no hallaba. Y as prob manjares, y guisados Jamas de hombres humanos conocidos. All fueron los monos celebrados Por cabritos, y mas enternecidos, Tigres, osos, leones, desusados Manjares, de la hambre convencidos. Comiamos: empero tal me via, Que con la hambre pura no dorma. Viniendo de la iglesia una maana, Que habia sacrificio celebrado, Una comadre mia, Mariana, De su pequea choza me ha llamado, En una isla d antes la tirana Le habia su marido sepultado, Y oid lo que me dice muy gozosa, Aunque del hecho suyo recelosa. Un solo perro habia en el Armada De gran precio y valor para su dueo, Llamado entr ese dia en su posada, Mas nunca mas sali de aquel empeo; Porque ella le mat de una porrada, Al tiempo del entrar, con un gran leo: Mostrndolo me dice: "qu haremos?" Yo dije: "asad, Seora, y comeremos." Commonos el perro con secreto, Aunque ella su negocio exageraba Por malo: mas yo dije, que el precepto De no hurtar, jamas se quebrantaba En casos semejantes; que el concepto Muy bien en la escritura se esplicaba; Que entre los sabios es muy ordinario Carecer de la ley lo necesario. CANTO DECIMO-OCTAVO. _En este canto se trata cuan mal lo pasaba la gente de Juan Ortiz en San Salvador, y como, ido al Paraguay, muri, dejando por Gobernador su sobrino Diego de Mendieta._ Pobreza, dice el vulgo, no es vileza, Ni menos hambre de otros bienes falta Mas hace venga el hombre en tal bajeza, Y mas cuando la gracia de Dios falta, Que no basta el valor y la nobleza, Que sobre el bajo cobre mal se esmalta: El pobre jamas halla en cosa abrigo, Y as, dice el refran, no tiene amigo. Quien vido bizarria y gentileza, Crianza, polica y buen donaire De galanes, y damas tal belleza, Postrada por el suelo con desaire? Al fin todo este mundo, y su braveza, Su vana presumpcion, es humo y aire, Y todo es burlera prestamente, Sino servir Dios Omnipotente. La gente sin ventura zaratina, Que digimos estaba rancheada, La muerte cada paso por vecina Tenia con la vida muy tasada. Seis onzas dan escasas de harina Hedionda, sin virtud, y mal pesada: As se v la gente consumiendo, Hoy diez, maana veinte, se muriendo. Sin esto Juan Ortiz daba baldones A todos, con denuestos en la cara, Al tiempo del partir de las raciones, Por d era la racion doblada cara. "Malditos, endiablados comilones, Tragones, apocados, gente avara, Que os trage yo de Espaa sustentaros, Qu os debo? estoy punto por dejaros." Oh! cuantas veces, dijo un tesorero, (Hernando de Montalvo se decia) Si Dios llevase aqueste vocinglero, El miserable pueblo quedaria Alegre, muy contento y placentero, Y luego nuestro mal se acabaria: Mas suelen durar mucho aquestos tales, Para enmienda y castigo de mortales. Con esta falta estando de comida, Lleg del Paraguay socorro y gente, Que habiendo all llegado de corrida. Garay, la despach muy prestamente. Celebrse con gozo tal venida, Porque era necesaria de presente, Que tal punto lleg nuestra miseria, Que vide un religioso en tal laceria. Al bosque yendo un dia desganado, Muy falto de consuelo y de alegria, Encontr con un fraile muy honrado, Fray Alonso La-Torre se decia. De letras y virtud era dotado, A su Padre Serfico servia: Preguntndole yo Qu estais haciendo? Al punto este me dice respondiendo. "Entiendo que en muy breve he de acabarme Y he salido cortar, y no aprovecho, Madera: si os plugiese de ayudarme Har para morir un candelecho, Que no espero jamas de levantarme, Segun estoy sin fuerzas y deshecho. Aquesto me diciendo, hcia el cielo Los ojos levantando, di en el suelo. Yo viendo su fatiga, muy lloroso Y triste, que le amaba en sumo grado, De presto de aquel prado, verde, umbroso, Cort para su lecho buen recado. Del suelo se levanta algo gozoso Por verme m, de varas bien cargado; Llevselas cuestas que el tal iba, Que ya no figuraba cosa viva. Algunos otros vide en este estado, Soldados, sacerdotes, religiosos: Que no tiene respeto al esforzado La vil hambre, ni teme poderosos; Ni mira al que es filsofo letrado, Ni menos los nobles generosos; Que al Papa, Rey, y bajo zapatero, A todos los iguala por rasero. El socorro que digo, pues, venido Alegra nuestro ejrcito hambriento, Y en gozo y en placer es convertido, El pasado dolor y gran lamento: Mas nuestro Yamand ya arrepentido, De estarse con nosotros tan de asiento, En una tenebrosa noche y prieta, Sin nadie lo sentir, huyendo aprieta. No se tiene esperanza que parezca, Ni que vuelva nosotros de su grado, Sino es para causar alguna gresca Conforme las demas que l ha forjado. Roguemos, pues, Dios que no se ofresca En que el haga su oficio tan usado, Porque l en hacer mal est tan diestro, Que puede en el infierno ser maestro. Gran priesa Juan Ortiz para partirse En este tiempo tiene, el rio arriba; Mas no podr aqu Trejo escabullirse, Pues materia nos d que de l se escriba. Por cierto que l que no sabe medirse En su lengua, no siente en que se estriba: Hablar, muy muchas veces ha pesado A muchos; mas callar nunca ha daado. En el Per sabemos que acontece Perder por el hablar muchos la vida, Y l que hablar se atreve, mal padece; Y escapa quien obr, y merecida La muerte bien tenia, que se ofrece A veces tropezon en la corrida. Gran cosa es el secreto y de gran precio, Pues vemos no le tiene el hombre necio. A Trejo, Juan Ortiz bien respetaba, Y por vicario puesto le tenia, En tanto que de arriba se enviaba El recado que en esto convenia: Es cierto (que yo lo vi) le regalaba, Con ser la falta grande en demasia, Al Trejo no falt jamas comida, Mas l suelta su lengua desmedida. En pblico est un dia entre soldados Hablando de las cosas que hacia El Juan Ortiz: trat descompasados Negocios este Trejo en demasia; De suerte que ya tuvo amotinados A muchas con las cosas que decia: Entre ellas, dice, aqueste es mal cristiano, Conviene muy en breve echarle mano. Hacer informacion que roba todos, Que nunca hace cosa en buenos puntos, Habindonos robado por mil modos A cada uno por si, y todos juntos: Que trata todos mal, y por los lados A todos echa; y de esto los trasuntos A nuestro Rey enven en proceso, Y vueltas en cadenas, l, y preso. El Juan Ortiz, que supo esta maraa, Comienza de hacer informaciones; Convirtese el amor en pura saa, Y dice del vicario mil baldones: Al fin se d en la cosa tanta maa, Que sube Trejo arriba con prisiones, Dejando en este puerto mal parada La gente que ha quedado de la Armada. Partido Juan Ortiz, y comenzando A caminar por brazos, por esteros Que el rio por all lleva, formando Mil islas de onsas, tigres, osos fieros Pobladas: mas no salen rescatando Los indios, como suelen, con sus cueros Ni carnes, ni pescado; que es indicio, Que quieren intentar otro ejercicio. Sospchase de cierto, pues no vienen Los indios al rescate acostumbrado, Que guerra concertada alguna tienen, Y el falso Yamand la habr forjado: Pues ya seguro estoy, por cierto, suenen Muy pocos arcabuces, que el soldado Desnudo, desarmado y desembrido, Cansado de remar, est dormido. Al fin Santa-F, tiempo gastando, Se llega, d poco antes los vecinos Salieron nosotros navegando En balsas, y canoas los Calchinos, Mepenes, Chiloazas voceando; Tambien salen por tierra los caminos, Celebrando con gozo la venida A quien quitar quisieran alma y vida. Estaba esta ciudad edificada Encima la barranca, sobre el rio, De tapias, no muy altas, rodeada, Segura de la fuerza del gento. De mancebos est fortificada: Procura el indio de ellos el desvo, Que son diestros y bravos en la guerra Los mancebos nacidos en la tierra. Subiendo, pues, el Rio de la Plata, Al Paraguay se llegua muy ameno, El cual con menos furia se desata, Y en su corriente viene mas sereno. Por sus riberas caza bien se mata. Que el campo de venados est lleno, Y en l muchos dorados y pates, Corvinas, palometas, y mandes. Con esto la Asumpcion llega la gente Con gran placer, contento y alegra, Y con mucho socorro, que el teniente Al camino enviado nos habia. La gente paraguense alegremente A nuestro Adelantado reciba, El cual de poco tiempo que ha llegado Abajo bastimentos ha enviado. Holg la gente, en ver que el bastimento Llegase tan buen tiempo, que tenan Gran falta de comida y de sustento, Y mucha hambre todos padecian. Dejmoslos ahora en su contento Pues ha tan poco tiempo que plaian Que no durar mas el alegria, Que suele, al que es tahur, en su porfia. La nao vizcayna, que plantada Dejamos en la tierra su aventura, Habiendo sido de indios visitada, Con fuego la consumen su hechura. Mirad si fu la cosa bien pensada, En no dejar en ella criatura, Que alli fuera del fuego consumida, Sin poder escapar libre la vida. El Juan Ortiz arriba con presteza Su oficio de justicia gobernaba, Con gran solicitud, y sin pereza, Quimeras nunca oidas inventaba. Aquel haberse visto en gran riqueza, Y verse de ella ageno, le cegaba Su razon de manera, que tropieza Por esto, hiere siempre de cabeza. No quiere sujetarse otro consejo; El suyo, dice, que es el mas seguro. Un dia le hall con sobrecejo, Pregntole, qu hace? Dice, juro Por Dios, que si me viese en aparejo, Y punto de perderme, y un maduro Me diese algun consejo, mas querria Perderme, que hacer lo que l decia. Los reyes, yo le dige, que tomaban Consejo y parecer de sus letrados, Las ciudades tambien se gobernaban, Por hombres en las cosas mas versados: Y que solos aquellos acertaban, Que de consejo bueno son guiados. Antes, dice, querr se pierda todo, Que no tomar consejo de un beodo. Vivi en el Paraguay algunos meses, Poniendo muchos malos duro freno: Mas tuvo mil dislates y reveses, Que fu de caridad quito y ageno. De ver por cierto es, tucumaneses Nunca gobernador hallaron bueno; Los nuestros Paraguenses cosa mala Jams confesarn que hizo Irala. Y no lo tengo cierto maravilla, Que aquesto del gobierno est en ventura, Y mas cuando no acierta la cuadrilla A ser de buena masa y compostura; Que no basta razon para regilla, Pues que carece della y de cordura: Bien claro est que mal ser regida La cosa que no tiene en s medida. Los soberbios y vanos, los altivos, Muy mal vemos que dejan gobernarse; Los hombres zahareos, los esquivos, Que no quieren yugo sugetarse; Aquestos son muy malos y nocivos, Y no puede con ellos bien tratarse. Pues qu har quien manda con tal gente Que de toda razon es careciente? Habr de armarse el tal con un escudo De gran paciencia y grande sufrimiento; Pedir Dios favor muy menudo; Mostrar con un sagaz contentamiento Amor cada cual, por torpe y rudo Que sea, procurando que su intento Con el divino sea regulado, Con que en el gobernar ser acertado. En la Escritura vemos claramente Constar esta verdad muy la larga, Cuando para regir Moiss su gente Ayuda pide Dios, y le descarga De la carga pesada; en consiguiente A aquellos buenos viejos se la encarga: De Moyss y su espirtu quitando Aquello que los viejos Dios fu dando. Aunque el Adelantado procuraba Guardar cuanto podia la justicia, Y al malo con presteza castigaba, Se veia que pecaba de malicia: Con todo en gran manera le cegaba Al tiempo el menester, mas su codicia; Por donde vimos todos claramente, Que estaba muy malquisto entre la gente. El vulgo, en general, mal le quera, Y su vivir les daba grande pena; Y viendo que en la cama adoleca, Lo tuvieron los mas dicha buena. El Santo Sacramento reciba En un dia, y estando casi agena El alma de su cuerpo, por gran ruego Test, y apenas firma, y muere luego. Muri con mucho nimo y con brio, Diciendo, si podremos con la muerte! Yo mismo se lo o, y desafio Haceis, entonces dige, con el fuerte? Mas ella di con l al traves frio, Tomando contrayerba de esta suerte En el caldo deshecha, por huylla, Y hllala mas presto en la escudilla. Habia Pedernera, un hombre viejo Rogdole la tome, que seria Remedio saludable y aparejo Para sanar del mal que padecia. Pues quiere aprovecharse del consejo Al punto que su vida fenecia, Quien de consejo en vida no curaba, Segun l poco antes blasonaba. Dej en su testamento declarado, Que sea su legtimo heredero La hija que en los Charcas ha dejado, Y aquel que fuere esposo y compaero Suceda en el gobierno y el estado, Segun como lo tuvo l de primero: Y mande y rija, en tanto que ella viene, Su sobrino Mendieta que all tiene. El cabildo y ciudad le han recibido, Comienzan llamarle _Seoria_; Es mozo que veinte aos no ha cumplido Y en seso mayor falta padecia. Dsque se v en su trono ya subido A todos hace agravio y demasia: Al tio yo le o pronosticarlo, Y harto duro estuvo de nombrarlo. Nombrle coadjutor que le ayudase, Que fu Martin Dur: mas el Mendieta Dice Martin Dur no le pasase Por pensamiento tal, ni se intrometa En cosa que hiciese l mandase; Que en el punto que tal cota acometa, Sin duda le har tan crudo juego, Que tenga menester ageno ruego. Quedando con poder solo absoluto, Comienza de enfrascarse en desatinos, En obras y palabras disoluto, Haciendo mucho agravio los vecinos. Por verle en sus costumbres tan corrupto Buscaban todos ya nuevos caminos, Y yo quiero buscarle en canto nuevo, Que ya en este decir mas no me atrevo. CANTO DECIMO-NONO. _Trtase del mal gobierno de Diego de Mendieta, y de como fu preso en Santa F, y de como sali Garay al Per, y volvi huyendo, y en su seguimiento el capitan Valero._ Refran es muy antiguo y muy usado, Que el malo que tras otro sucediere Har bueno al que fuere ya pasado. Al que el presente canto bien leyere Serle aquesto bien manifestado: Que si notarlo un poco bien quisiere, Ver que Juan Ortiz era un bendito, Mendieta, su sobrino, muy maldito. Al tiempo que la muerte le apretaba A Juan Ortiz, le o que conocia Que el pueblo su salud no deseaba: "Yo soy malo, mas cierto que algun dia Me haga alguno bueno." Si rogaba La vieja por aquel que mal rega En Roma, si Mendieta conociera, Mentarlo un solo punto no quisiera.[79] Subido ya en la cumbre de su gloria, De toda cosa buena descuidado, Juicio, voluntad, y la memoria, En solas sus pasiones ha fundado. Y aunque esto demandaba nueva historia, Ir tan solamente aqu cifrado, Que no quiero contar por las parejas Sus cosas, que ofendiera las orejas. Comienza, pues, Mendieta de cegarse, Vencido de zelillos y locura, De malos procurando acompaarse, Hallando en ellos corte su hechura. No osaba de los buenos confiarse, Por ser de diferente compostura: A cuatro caballeros aprisiona, Y con mil vituperios los baldona. En grillos y colleras los pona, Y as los desterr por malhechores: Y el pobre no conoce que se va Que todo lo causaban sus amores. A cumplir su destierro los enva, Mas oye Jesu-Cristo sus clamores: Volvieron del camino, y as presos Estan en tanto que hay nuevos sucesos. Vicencio esta sazon, dicen, dijera: "Mal hace de prender Mendieta gentes Sin culpa, y sin razon." Mas quien lo oyera Denuncia con palabras diferentes. Al fin vino la cosa en tal manera Que encarta los que estaban inocentes. Vencido del tormento, y engaado, Por d fu luego muerte condenado. Al tiempo que en la horca esta subido, De su conciencia y alma temeroso, Pblica como en todo habia mentido Por medio del tormento riguroso, A voces testimonio fu pedido De aquello que all dice, y el furioso Verdugo le colg, que est compuesto Que hiciese el oficio muy de presto. Garay, que en Santa-F est teniente, Con la muerte de nuestro Adelantado Al Per se sali con Pedro Puente, Aunque Abrego impedirlo ha procurado. A los Charcas llegando incontinente, Habiendo su negocio relatado, Procuran Doa Juana se casase Con persona que bien les gobernase.[80] Por suerte Doa Juana le caba El Licenciado Vera por marido: Por Oidor en los Charcas resida; La misma plaza en Chile hubo tenido; Y en su tiempo el Arauco le tema, Que vueltas de las letras ha servido A nuestro gran Filipo con la espada, Andando tras la gente rebelada. D. Francisco el Virrey, dicen, quisiera Casar Doa Juana de su mano: A Garay le escribi que Lima fuera. Las cartas del Virrey fueron en vano, Que el Licenciado Torres y de Vera Habia madrugado mas temprano; A Juan Garay hace su teniente, Y vulvele enviar muy brevemente. Matienzo en este tiempo presida, Y tiene del Virrey ya mandamiento Contra Garay, que priesa resida, Temiendose de algun impedimento. Tras l el Presidente al punto enva A Valero, que sale como un viento, Y con las provisiones le requiere, Mas l, obedecerlas nunca quiere. El buen Torres de Vera como entiende Aquesto, determina de partirse Al Rio de la Plata, que pretende Del Virrey y su ira escabullirse. Tras l saliendo Cspedes, le prende, Que no le aprovech con priesa el irse. Triunf Loyola de l con mucha estima, Y luego le despacha para Lima. D. Francisco le tuvo aprisionado, En l ejecutando puras saas; A cabo ya de dias se ha librado, Que el tiempo vemos cura mil maraas. A su plaza despues que se ha tornado, A cabo ya de dias tuvo maas; Como se vuelve estar, aunque le quita D. Diego cuando vuelve la visita.[81] Mendieta pensar ya que le olvido, Por ver que en el Per ando olvidado; Habindole yo mismo prometido Decir aqu cuan mal se ha gobernado. Andaba el sin ventura tan metido, Y en fuego del amor tan abrasado, Que las brasas de amor, y vivo fuego Le tienen convertido en nio ciego. Antiguos, que Cupido celebrastes Por Dios de amor, con arco y con saeta, Y nio rapacejo le pintastes, Con venda que la vista bien le aprieta; No dudo sino que nos acordastes Que habia de nacer este Mendieta: Que si es ciego el amor y sin sentido, No teneis que buscar otro Cupido. Aunque muchas mugeres requestaba, Y su gusto y mandado las tenia, A una mas que todas l amaba, Que en hermosura todas excedia. Por esta de muy muchos se celaba, Por esta todo el mundo aborrecia, Por esta tuvo orgen su locura, Por esta feneci su desventura. Por esta muchas fiestas se hicieron, Por esta se jug sortija y caas, Por esta toros bravos se corrieron, Por esta se hicieron mil hazaas: Por esta algunos justos padecieron, Por esta vide yo muchas maraas, Por esta andaba el pueblo alborotado, Por esta se han los cuatro desterrado. Por esta, una muger que fu nacida En el Brasil, muy vieja, con gran saa Me dijo "Ay, mi seor, como perdida En otro tiempo, dice, que fu Espaa Por la Cava, esta tierra dolorida Por est lo ser; y pues que daa La tierra tanto esta, procuremos Que salga presto della y sus extremos." Y aunque al Mendieta veces sucedian Disgustos, pesadumbres manojos, Y l por esta causa aborrecian Algunos, y le daban mil enojos, Muy poco aquestas cosas le empecian, Que mas amaba aquesta que sus ojos. Y as buen rostro todos males hace, Y en su gusto su gusto satisface. En una noche un page hubo hallado Un papel bien cerrado, en que decia, Que mal todas gentes ha tratado, Y agravia con molestia en demasia; Y que no siendo en esto moderado, El pago le dar Dios algun dia: El pobre con enojo loco y ciego Publica lo que dice el papel luego. Comienza de hacer informaciones, Y prende los que estaban inocentes, Y con algunas falsas relaciones, Con prision atormenta muchas gentes. No sale con sus vanas pretensiones, Aunque pone calor y grandes dientes; Y as confuso deja la pesquisa Del libello, diciendo que era risa. Tambien prendi una dama, porque habia De la crcel sacado su marido, Con crudo corazon y tirania, En muy brava prision la hubo metido. La triste con dolor as decia, Su rostro de llorar muy consumido: "Adonde ests, Filipo Ay desdichada! Doliraste de verme maltratada." "Sabrslo, pues, Rey mio, si plugiere Al alto Rey de reyes, y sabido El castigo hars que mereciere, Quien con tanta crudeza me ha oprimido."-- "En tanto yo har lo que quisiere, Mendieta la responde embravecido, Y vos prestad los pies aquestos grillos, Que habeis, por mas que os pese, de sufrillos." Su marido de aquesta preso estaba, Con dos pares de grillos y cadena, Y aunque el Mendieta culpas publicaba, La mayor no pesaba como avena: Y como la muger se recelaba, El alma de temor y miedo llena, Al marido sus cuestas ha sacado, Y en la iglesia y sagrado lo ha encerrado. A personas muy muchas oprimia, A viejos Espaoles muy honrados, Que los mozos traviesos consentia En sus vicios andar muy desmandados. Con esto y otras cosas que hacia, Estaban los juicios ofuscados De todos, el remedio no esperando, Si no morir con pena suspirando. Andaba la Asumpcion tan temerosa, Que padres los hijos no hablaban, La muger del marido recelosa, Las madres de las hijas se guardaban. Justicia del Seor muy rigurosa, Las cosas de Mendieta figuraban Castigo en recompensa de pecados, De los presentes vivos y pasados. Los Espaoles viejos muy ancianos, Con su cabello blanco y barbas canas, A la importuna muerte ya cercanos, Cansados de sufrir cosas tiranas, Echaban monton juicios vanos, Y fingiendo esperanzas muy cercanas, Formaban el remedio deseado, Y as crecia la pena y el cuidado. Los clrigos y frailes muy prisa Avisos para Espaa despachaban. Mendieta en esto pone gran pesquisa, Las cartas en zapatos despachaban: El falso mensagero se lo avisa, Y como en los zapatos se hallaban, En callar se resumen suspirando, Que el hablar se juzgaba por nefando. En esto Santa F quiso bajarse Con vana presumpcion y bizarria, Que es vspera cercana de acabarse Sus quimras y loca fantasa. De mucha gente hizo acompaarse, Que fuerza de su grado le seguia, Apenas, como dicen, ha llegado, Y vse de prisiones rodeado. La causa no pensada cierto ha sido, Que no pudo hallarse fundamento, Sino solo sentir como ha venido De arriba del supremo firmamento. Con Francisco de Sierra hubo tenido Palabras, atencion pido mi cuento, Que no fu aquesta cosa fabulosa, Antes la juzgo yo por milagrosa. Aqueste Sierra era muy honrado, Y de los naturales muy querido, Hombre de presumpcion y muy soldado, Por donde era de todos muy temido. Despues que las palabras han pasado, Mendieta le llam, mas no ha querido A su mando ir, que se recela, Que Mendieta le llama con cautela. A la iglesia se v huyendo luego, Que al fin bien vale mas salto de mata, Que no de los amigos buenos ruego, Segun el comun dicho dice y trata. Mendieta sale al punto como fuego, Y cuando nuestro Sierra no se cata, De la iglesia le sacan sin recelo, Sin dejarle llegar los pies al suelo. Como sacan del templo consagrado A Sierra con aquella pesadumbre, El pueblo todo junto alborotado Acude, y de mancebos muchedumbre. Sali gritando voces un soldado Sin saber lo que es; que de costumbre Tenia de gritar; sueltan Sierra, Y Mendieta la gente toda afierra. El pobre desque vi como aferraba La chusma de l, procura escabullirse Con una poca gente que llevaba, Que con l determina de huirse. Como Sierra sinti que le dejaba, Apenas acab de desasirse, Cuando con furia ech mano la espada, La chusma le acudi de mano armada. Juntse el pueblo todo con l luego, Y viendo que Mendieta fu huyendo, Cercronle la casa, y pegar fuego Querian; mas sintiendo el gran estruendo Mendieta, con temor pide gran ruego Le dejen: la canalla le est oyendo, Que dice, "por amor de Jesu-Cristo Cesad, que de mandar yo me desisto." El pueblo soseg de aquel bullicio, Y piden que d f un escribano Como Mendieta cede de su oficio Que aquesto dicen ser todo sano. Nuestro Rey lo tendr por gran servicio; El pueblo dice que este es un tirano; Hgase aqu de todo buen proceso, Y vaya este traidor Espaa preso. Con l se habian, huyendo, retraido Galiano de Meira, el bullicioso, Y Ochoa vizcaino, su querido; No s cual de ellos era mas vicioso. El pueblo con instancia le ha pedido Que si quiere tener algun reposo Aquestos eche fuera de la casa, Sino que le harn en breve brasa. Su perdicion el pobre conocida, Hablndoles est de esta manera: "Muy bien sabeis, amigos, por la vida Se ha de aventurar cosa cualquiera: Salid, porque pasada esta corrida, Y vuelto yo me ver en talanquera, Yo os juro que de aquestas opresiones Muy largo vengareis los corazones. Salieron, que el salir era forzado: Los alcaldes los prenden. A Mendieta Dejronle salir acompaado De guardas, porque temen no acometa Hacer apellidando mal recado, Que alguna gente viene, aunque secreta, Que le puede ayudar; mas el famoso De Tebas, contra dos no es provechoso. Con las guardas sala pasearse Al campo, por tomar algun consuelo: No deja con lamentos de quejarse De su triste ventura, y crudo duelo. "Habr algun tiempo, dice, de acabarse Mi pena, mi dolor y desconsuelo! Tendrn cabo mis males algun dia, Pues lo tuvo mi gozo, y mi alegra!" A que duro diamante no ablandra! A que leon cruel no conmoviera! A que hircana tigre no amansra! A que pecho mortal no enterneciera, Si el principio y el fin considerra De aqueste sin ventura, su quimera! Aquel verle en su trono colocado, Y ahora por el suelo derrocado. Maldita seas, Fortuna, loca, insana, Ingrata, desleal y fementida, Cruel, injusta, prfida, profana, Invida, desleal, desconocida, Traidora, sin verdad, perra, tirana; Mudable, sin compas, descomedida; Seguid de la Seora sus preceptos Que mas tiene de aquestos epitetos. Anduvo, pues, el triste y afligido Mendieta, algunos dias de esta suerte, Confuso, sin favor, aborrecido, Y aun temeroso mucho de la muerte. En esto su proceso concluido, Echronle en prision segura y fuerte, Con fin de despacharle preso Espaa: Y oid de aqueste hecho una maraa. Despchanle con gente y marineros En una muy hermosa caravela: El alcalde Espinosa con mil fieros, Con su gente le hace centinela: Sin pasar veinte dias bien enteros A San Gabriel llegaron, porque vuela La nave, como un vivo pajarito, Tambien con Espinosa su barquito. Espinosa se vuelve dsque habia Llegado con Mendieta aquel parage; Su gente le ha rogado convenia, Que un poco retorciese su viage, Y que San Salvador lleve la via: Hicironlo: Mendieta con corage Bajaba por el rio suspirando, Y Dios venganza de esto demandando. Garay, que del Per viene huyendo, Habindole Valero con presteza Seguido, y estorbarle pretendiendo La entrada, al Argentino sin pereza Camina: mas Valero le siguiendo, Sentido ha sido dl. Cuanta tristeza El pobre de Valero ha recibido, Por ver que de Garay fuera sentido! Valero una jornada atras camina, Garay envia por l con tres soldados. Preso, delante dl se determina De un rbol le colgar; apiadados Los que con l estn, de aquella ruina, Y de aquellos negocios mal guiados, Rogaron Garay le perdonase, Y vivo por entonces le dejase. La vida le concede muy rogado, Aunque muerte civil all le diera, Habindole de boca deshonrado Que mucho mas, decia, lo sintiera Que haberle dado muerte y ahorcado. Aquesto m Valero me digera, Tambien Garay del hecho se jactaba, Y en la Asumpcion m me lo contaba. Dejle all llorando su ventura, Y para que no pueda ir adelante La cosa asegurar as procura. Arrebata un agudo pujavante, Y jurando cumpli luego la jura. Desplmale la mula en un instante; La mula con dolor est gimiendo, Y Garay con los suyos v riendo. Allega Tucuman de mano armada: El Abrego que estaba gobernando, Nunca supo de aquesta melonada, Passe en breve priesa caminando: Que si la cosa fuera revelada, El Abrego papeles ordenando, Al Per Garay preso envira, De que el Virrey muy mucho se holgra. Aunque es verdad Garay se defendiera Y as con sus soldados lo ha tratado; Con todo, yo bien creo no pudiera, Que habia de quedar muerto ligado. A cencerros tapados sale fuera, Y con razon se juzga bien librado: A Santa-F endereza su camino; Valero Tucuman en esto vino. De lo pasado dando larga cuenta Al Abrego, que estaba arrepentido, Con ansias y dolor casi revienta, Perdiendo la memoria y el sentido. Por escrito muy largo, bien lo asienta, Y los Charcas el caso ha referido, A d Matienzo en breve ha despachado Y al Virrey el negocio ha recontado. En gran manera siente la huida De Garay el Virrey; y se sonaba Que corriera peligro de la vida Si el Virrey le cogiera, y procuraba Vengar la desverguenza cometida, Que por tal, se decia, la juzgaba: Que quieren los seores, segun veo, Los sirvan medida del deseo. Garay Santa-F lleg contento, Y en breve la Asumpcion ha procurado Subir remo y vela con el viento; Sali de mucha gente acompaado: Que esto de estar un hombre en grande asiento, Y prspera fortuna colocado, Aumenta los amigos, y los criados; Los pobres luego son desamparados. Camina el rio arriba diligente, Que fu muy ayudado de les vientos, Y as bien se venca la corriente, Por d se satisfacen sus intentos. La ciudad le recibe incontinente, Y algun tiempo estuvieron muy contentos: Mas presto de otra suerte suceda, Que no puede durar el alegria. Mendieta, que bajaba navegando, Antes de salir al mar ha procurado Tomar tierra, en la gente confiando Que tiene el postrer pueblo all poblado. Por bajo Santa F v atravesando, Por medio de la tierra ya llegado; Quirs, que all mandaba, le recibe, Mas luego al Espinosa se lo exhibe. Espinosa le vuelve con presteza A embarcar desde all en la caravela; El triste de Mendieta con tristeza, En demanda de Espaa d la vela: El Piloto, que fia en su destreza, Con muy grande esperanza le consuela Diciendo, que darn en San Vicente, De d podr volver con fuerza y gente. Con temporal deshecho, de su grado La costa del Brasil luego tomaron, Y habiendo todos ya desembarcado En el Rio Janeiro d aportaron, Mendieta su negocio recontado, Los Lusitanos todos le ayudaron: Determina volver, y fu de suerte, Que de ello no sac menos que muerte. Rehechos, pues, de pocos adherentes, Salieron del Brasil en su navo, Al Ibiaza llegaron diligentes, Con vana presumpcion y desvario. Juicios, parecres diferentes, Dividen todo el reino y seorio; Pues esto fu la causa feneciese Mendieta, y su soberbia pereciese. As como tomaron puerto ana, Mendieta en tierra salta, procurando A todos maltratar con su maligna Y brava condicion tiranizando. La gente comarcana all, y vecina, De ver su crueldad est temblando, Y los que con l vienen lo aborrecen, Que sus cosas y hechos lo merecen. Habase con l desembarcado Alguna de la gente que venia En el navo vueltas: un soldado, Por no s que temor, de l se huia: Por engao y palabras ya tornado, En dos partes por medio le partia, Y cuelga la mitad con la cabeza En un palo, y en otro la otra pieza. El piloto mayor, y marineros Al viento dan las velas, temerosos De ver aquestos locos desafueros, Y al Paran se vienen recelosos. Dejronle con siete compaeros, Entre indios bautizados y amorosos. En el navo dando vela al viento, A Santa-F llegaron contento. Garay, que en la Asumpcion estaba, arruina A todos por el suelo, sin derecho Guardar, si no lo que l solo imagina Que puede convenir su provecho: Y con una soberbia cruel, maligna Encumbra su negocio hasta el techo, Y pobre del que l hiere con su mano, Que no hay pollo quien hiera as el milano. En esto se acord hacer conquista Al Nuara, que es indio muy mentado; Hizo de los soldados una lista, Y al pi de ciento treinta se han juntado. Garay con mucha priesa pues se alista, Que piensa en la conquista ser medrado; Y el fin que se publica es, hacer guerra Al indio levantado por la tierra. Los indios Guaranes rebelados No acuden servir como solian, Y siendo, como son, ya bautizados En ritos y abluciones se metian. Sern aquestos cuentos relatados En su lugar, y cosas que hacian: Con este calor salen, pues, ligeros Garay, y ciento treinta arcabuceros: El rio arriba yendo navegando Al Jeju, muy hondo, rio pasaron; Despues la tierra adentro van cortando, Y al Ipaneme grande atravesaron. En luengo dl arriba caminando, A la Fuente de Lirios allegaron, D nace el Ipan tan afamado, A quien el indio llama _Desdichado_. El piloto mayor con el navo, Llegando Santa F, sali gozoso: Alaban los de all su desvario, Dicindole que ha sido venturoso. Mendieta qued all sin el navo; D presto feneci, triste y lloroso: Estotros placenteros con contento De Santa F salieron con buen viento. A la Asumpcion llegaron victoriosos, Pensando que hicieron grande hazaa, A donde los recibe muy gozosos, Como si vueltos fueran ya de Espaa. En referir su cuento estan dudosos, Que no saben cual cosa es buena daa; Mas poco les cost, que es cosa usada En las Indias costar lo malo nada. El bueno all padece cruda pena, Y siempre le vereis andar corrido, Y tinelo ventura, y dicha buena Estarse en su rincon solo metido. Al malo, mal suceso no le pena, Que si hoy dos mil desastres le han venido, Maana le vereis con triunfo y gloria, Perdida de sus males la memoria. La causa de este mal es el anchura, Y libertad tan grande permitida, Que vemos una grande desventura, Que la muy baja gente es tan tenida, Como la que es mas noble de natura. Es esta cosa all tan conocida, Que el zapatero vil y el calcetero Se iguala con el noble caballero. Pregunt un caballero Trugillano, Llamado Luis de Chaves, ceceoso, A Hernando Pizarro, cuyo hermano Vencido fu de Gasca, el gran maoso: Que si all en el Per, al que es villano Y al que es hidalgo y hombre generoso, Les daban sus medidas bien cabales; Pizarro respondi, que eran iguales. Buen siglo, dijo el Chaves: all tenga En el Cielo mi padre, que ha dejado Hacienda en esta tierra; all se avenga Aquel que por la plata all ha pasado; Que en mas estimo yo se desavenga Conmigo aquel que en sangre no ha igualado; Que la plata con esas confesiones No es para quien tiene presumpciones. Dejemos esto ahora, y revolvamos A Garay, que se siente con pujanza: Y porque por extenso lo digamos, Hagamos aqu fin de aquesta estanza. Y mas que en la siguiente recontamos Del furioso arcabuz y de la lanza, Conviene cosas nuevas y de espanto Comenzar contar en nuevo canto. CANTO VIGESIMO. _Cuntase en este canto como un indio llamado Obera se intitulaba hijo de Dios, y un hijo suyo, Papa, y otro Emperador; y como Garay entr en los Nuaras, y de vuelta rompi la palizada de Yaguatat._ El abeja convierte, como vemos, Las flores en la miel dulce y sabrosa, Del araa y la vbora leemos, Que en ponzoa las vuelve ponzoosa. En nuestra santa f bien conocemos Que pasa desta suerte aquesta cosa; Pues el hereje y malo, de las flores Del Escritura torna en sus errores. Cuanto deba tratarse con llaneza A los indios la F, vemos muy claro, Que no se le ha de dar pan con corteza, Al nio, dice Pablo muy preclaro. Y pues que se conoce la rudeza Del indio, y su juicio tan avaro, Conviene como nios darles leche, Porque en ellos la f santa aproveche. Martin Gonzalez, clrigo idiota, Que _musa_ solamente no sabia, Al indio predicaba que fu rota La torre de Babel, y que vencia David al gran Goliath con su cota, Con sola una hondilla que traa. Sin esto otros misterios, altos, bellos, Que al indio no se sufre tratar dellos. Un Obera qued tan doctrinado De los sermones deste, que fu parte Por donde el Paraguay arrinconado Estuvo mucho tiempo, y de mal arte. Despues que aqueste indio levantado En sus tierras ha sido, luego parte Con mucha gente indios que traa A sembrar los errores que tenia. Con este la nacion ruda, indiscreta Del Guaran andaba perturbada, Que introducir pensaba nueva seta Este indio que la tiene levantada. La espantosa seal y gran cometa Que se vido al ocaso levantada, Les dice, cuando fu desparecida, Que la tiene en un cntaro escondida. Y que su tiempo habia de sacarla, Con fin de destruir los cristianos; Que aquesta causa l quiso fabricarla, Teniendo compasion de sus hermanos. Tenia aqueste perro grande garla, Y como son los indios tan livianos, Y amigos de seguir nuevos caminos, Forzles creer sus desatinos. Obera, como digo, se llamaba, Que suena _resplandor_ en castellano: En el Paran Grande este habitaba, El bautismo tenia de cristiano: Mas la F prometida no guardaba, Que con bestial designo Dios, tirano, Su hijo dice ser, y concebido De Virgen, y que Virgen lo ha parido. La mano est temblando de escribillo, Mas cuento con verdad lo que decia Con loca presumpcion aquel diablillo, Que mas que diablo en todo parecia. Los indios comenzaron de seguillo Por todas las comarcas d venia, Atrajo mucha gente as de guerra, Con que daos hacia por la tierra. Dejando, pues, su tierra y propio asiento, La tierra adentro vino predicando: No queda de indio algun repartimiento, Que no siga su voz y crudo mando. Con este impio pregon y mal descuento La tierra se v toda levantando, No acude ya al servicio que solia, Que libertad todos prometia. Mandles que cantasen y bailasen, De suerte que otra cosa no hacian, Y como los pobretes ya dejasen De sembrar y cojer como solian, Y solo en los cantres se ocupasen, En los bailes de hambre se morian, Cantndoles loores y alabanzas Del Obera maldito y sus pujanzas.[82] Un hijo que este tiene, se llamaba Por nombre Guirar, que es _palo amargo_. Del nombre Papa aqueste se jactaba. Con este el padre, dice, "yo descargo La grande obligacion que m tocaba, Con darle de pontfice el encargo." Aqueste es el que viene bautizando, Y los nombres todos trasmutando. No quiero mas decir de sus errores De que andaba la tierra alborotada En todo el Paran, y sus rededores; Y as se fu tras l de mano armada. Mas como este tenia corredores, Y gente puesta siempre en gran celada, En viendo la pujanza conocida Del enemigo, pnese en huida. Aqueste fu la causa que estuviese La tierra levantada, como estaba, Y que servir al pueblo no viniese. Tambien Garay, digimos, publicaba La guerra contra este, aunque tuviese Otro designio, al fin, pues, caminaba, Cuando Fuente los Lirios ha tomado, D nace el Ipaneme desdichado. Tomando los soldados esta fuente, Sus tiendas y sus toldos asentaron; Entorno de la cual, alegremente Del prolijo camino descansaron. De un bosque muy cercano de repente Dos indios salen fuertes, y llegaron D estaba nuestra gente reposando, Y de los dos, el uno est hablando. "A tan altivo, dice, atrevimiento No habia de ofrecerse desafio, Mas castigo hacer para escarmiento De vuestra presuncion y desvaro. Porqu os osais meter en este asiento, Con tan flaca pujanza, y podero? Salid, con lanza, espada, y con escudo, Que me basta esta pica, aunque desnudo. "Pudiramos traer arcos y flechas, Mas quiere el gran Cacique sean probados De vosotros ahora estas derechas, Que tienen mil cervices quebrantadas. Por tanto apagareis tambien las mechas, Que son armas al fin aventajadas, Y con lanza y espada, los brazos Hagamonos de presto aqu pedazos. "Dos somos, salgan dos, tres, cuatro, luego De aquellos que presumen ser valientes, Que por temor miedo, ni por ruego No habernos de afrentar los parientes." Al punto que esto oyeron, como un fuego Saltaron dos mancebos diligentes, Inciso y Espeluca, sus espadas En las bravosas manos empuadas. Pitum y Corac, como los vieron Salir con tal esfuerzo y gallarda, Con rabia y con furor arremetieron, Y las picas calaron porfia. Los gallardos mancebos acudieron Con tal ardid y maa y osada, Que traban en un punto tal batalla Que Marte no cansra de miralla. Al Inciso Pitum le cupo en suerte, Que en el aire parece salta y vuela, Con su pica tostada, grande y fuerte, Por cien partes le rompe la rodela: Y aunque parece darle ya la muerte, De tal suerte el cristiano se desvela, Que pierde Pitum toda su esperanza, Que el cristiano le corta media lanza. El bravo Corac al Espeluca, Con nimo bestial encrudecido, Le tiene mal traer, y la boruca, El suelo su tropel ha ennegrecido. Con fuerza con la pica le trabuca, El cristiano con maa, guarecido Se tuvo, porque estando de rodillas A Corac ha herido en las megillas. Inciso, como v que le faltaba La media de la pica su enemigo, Con nimo mayor mas se arrojaba, Y un golpe le tir junto al ombligo. Pitum, del corazon fuerzas sacaba, Que no las tiene todas ya consigo, Y vindose sin fuerzas y acosado, A los brazos venia denodado. El cristiano, que siente lo que quiere, Por ver como se estira y endereza, Con fuerza de alto abajo bien le hiere; Y aunque el golpe arrojaba la cabeza, La mano le cort. Si no huyere Pitum ha de morir en breve pieza; Mas l est tan ciego en no huirse Que mas quiere morir que escabullirse. Al fin, como se v sin una mano, Y el dolor que padece le atormenta, Volviendo las espaldas al cristiano, El resto de la pica al suelo abienta. Huyendo v gran priesa por el llano, Que ya no se le acuerda del afrenta; El otro, que se vi sin Pitum, solo, Aprieta con mas fuerza que el Eolo. Inciso y Espeluca, mal heridos Quedaron, y confusos de este trance, Por ver los enemigos ya huidos, Sin que ellos puedan irles en alcance; Que el Capitan prohibe sean seguidos, Diciendo que bastaba el bello lance, Y que del hecho suyo, fama y gloria Merecen, pues quedaron con victoria. Pitum y Corac van sin pereza Huyendo, como suelen, de los lazos Las zorras escaparse, con destreza, Haciendo los cordeles cien pedazos. A no tener tal maa y ligereza, Quedran hechos piezas, pies y brazos: Mas juzgan por mas sana la huida, A trueco de escapar libre la vida. Llegados su estancia relataron La batalla, y rencuentro que tuvieron; A su cacique bien representaron El peligro notable en que se vieron. Los golpes y heridas demostraron, La mucha roja sangre que vertieron, Pitum, perd mi mano la derecha, Dice, y estotra nada me aprovecha. El Corac, con ansia dolorosa, Echad, dice, Seores, en remojo Las barbas, pues que veis cual v la cosa, Que me cuesta el rencuentro el diestro ojo: No he visto gente yo tan bellicosa, Les dice: no penseis que esto es antojo, Que son hijos del Sol estos varones, Y mas bravos que tigres y leones. El gran Tapuy Guazu con pecho fiero Soltando la voz triste y lastimera, Mi fin, dice, se llega ya postrero, La hora se me acerca postrimera: Mas conviene la vuestra aqu primero Se cumpla, y encendida una hoguera A Corac y Pitum, porque tornaron Con tal nueva, all vivos los quemaron. Y junta luego al punto all su gente Y desta forma todos ha hablado: "Amigos, cosa es muy conveniente Que aqueste caso sea bien mirado; Que las cosas tratadas de repente No suelen suceder en buen estado: Por tanto el parecer de cada uno Es justo que se escuche de consuno." Primero Urambia dijo que hablase, Y aunque l con discrecion lo rehusaba, Porque Tapuy Guazu no se enojase, Al fin con ronca voz as hablaba: "Antes que nuestras tierras ocupase El espaol soberbio, se sonaba Que habia de perderse nuestro estado, Y ser de nuevas gentes conquistado." "Yo puse en este caso diligencia Mirando las estrellas y planetas; Tambien tuve gran cuenta y advertencia En ver andar errando los cometas, Y enseame tambien ya la experiencia, Por ver otras naciones ya sujetas, Que no han de bastar fuerzas ya de manos Contra el poder soberbio de cristianos." "As que, me parece, que conviene Con gozo recibir al enemigo, Y pues que con poder y fuerza viene Tommosle por fiel y buen amigo. Y es justo que en la tierra no se suene Que al espaol no damos buen abrigo, Que al punto le darn contrarias gentes, De d resultarn inconvenientes." Muy duro les parece este consejo A todos los que estaban congregados; Mas tienen reverencia al cano viejo Y sus hechos hericos y afamados. Curemo, con muy grande sobrecejo, Se sale con sus hijos los lados Oyendo esto, y no dice cosa alguna, Y con su gente entr en una laguna. Tapuy Guaz mand, pena de muerte, Que de la junta nadie se saliese, Y que todos hablasen por su suerte, Y el caso con amor se decidiese. Ber, de gran valor, indio muy fuerte, Al cacique le dijo le plugiese A Curemo llamar, pues conocia Su suerte, su valor y valentia. Dos indios llamarlo se partieron Per rden del cacique y mandamiento: Por la laguna adentro se metieron, A d el padre los hijos juramento Les toma (de cumplirlo prometieron) Que mueren en defensa de su asiento, Les dice, pues mejor es buena muerte, Que vil, y desastrada y triste suerte. Los mensageros dieron su recado, Curemo respondi modestamente, Que estaba en la laguna ya alojado, Y que quiere meter all su gente, Por no dar ocasion que el soldado Le haga mal: que luego incontinente Ir al consejo y junta con presteza; Y su gente recoje sin pereza. Sus mugeres hijos ha metido En la laguna adentro, y gran pantano, Y como los demas lo han entendido Juzgaron su consejo por muy sano. Y en tanto todos ya se han resumido, Que de paz recibiesen al cristiano; Mas que mugeres, hijos se metiesen A donde los cristianos no los viesen. Curemo all sali disimulando El juramento hecho que tenia: Garay se llega priesa, caminando Con gran estruendo, grita y vocera. Los indios que le estaban esperando, Vencidos de temor y cobarda, Tras la chusma se fueron, mas Curemo Mostrado ha su valor por gran estremo. Al espaol espera, y con gran brio Le dice, que no pare en este asiento; Que veinte leguas mas, hay gran gento D satisfacer puede bien su intento. Pasado el Yaguar, famoso rio, Los soldados irn con gran contento, Y veinte leguas, poco mas menos, Los campos hallarn de gente llenos. Curemo, que esto dice, les ofrece La guia, que les guie bien derecho; Su concejo tomar bien les parece, Sintiendo que vendr de ello provecho. El indio se retira, que anochece, Y vuelve la maana con despecho, Porque al alma le llega este pagano De ver nuestro real en aquel llano. Gran priesa d Garay para que salga, Diciendo, que la priesa le conviene, Que della cuanto pueda bien se valga, Que corre gran peligro si detiene La partida; y en viendo que cabalga Garay, nuestro Curemo placer tiene, Y dice voces altas, la victoria Espero que ha de ser con grande gloria. Los cristianos saliendo caminaron Llevando guias, dadas por Curemo: El rio Yaguar atravesaron, Que entre otros rios vemos ser supremo. A los Tapu Miries allegaron De que placer reciben por extremo; Asalto dan al tiempo que amanece, Por d la triste gente mal padece. Estaban estas gentes con contento: De cristianos no piensan la venida; El subito temor y sentimiento Les hace huyan todos de corrida. Oblgales muchos el lamento De hijos y muger perder vida; Acude cada cual al arco y flecha, Con ver venir la muerte muy derecha. Al fin, en cuatro pueblos que se ha dado, Algunos que defensa procuraban, La vida entre las lanzas han dejado. Aquellos que prisiones se entregaban, Por ver ya su negocio mal parado, Con vida por cautivos se quedaban. Quinientas y mas piezas fu la presa, Que vino desta vez cautiva y presa. La vuelta d Garay, con gran recelo Que venga el enemigo con pujanza: Lamentan los cautivos aquel duelo, Y suerte miserable y mala andanza, Al gran Tapui Guaz llega de un vuelo A d sale de viejas una danza, La victoria con cantos celebrando, Y la gente vencida lamentando. Alegre y apacible y muy graciosa La tierra por aqu vimos, poblada De frescas arboledas, y abundosa De caza, y nunca ha sido conquistada. La gente es labradora, y codiciosa De guerra, y es en ella muy versada; Mas tmalos Garay muy descuidados, Y as pudieron ser desbaratados. Tapui Guaz holg de la venganza, Que vido en su enemigo aherrojado: Mas pone con los suyos vigilanza, Que no les haga mal algun soldado. Al fin de paz qued con la esperanza Que di, con prometer que de su grado Queria al Espaol ser repartido, Por no ser de otros indios ofendido. Uramba y Curemo se han asido En esto, y mal revuelto que decia; Uramba la causa solo ha sido, Que sin hacerles mal Garay salia. Curemo le ha sobre esto desmentido, Remtese este caso, y la porfia A la prueba mas cierta en estacado: El campo les fu entrambos sealado. Uramba las armas sealaba, Que son pica, macana y palometa,[83] A cada cual padrino acompaaba: Con Uramba sale Urambieta, Xiantombia Curemo se llevaba, Y al son de una ronquisima corneta, Metidos en su fuerte palizada. La batalla feroz fu comenzada. No creo ao se llevan los guerreros, Que entrambos son muy viejos y muy canos Los golpes que se dan terribles, fieros, No dejan, donde aciertan, huesos sanos: Andan sanguinolentos carniceros, Como de Irlanda suelen los alanos, Y mas que hircanos tigres espantosos, Y en ver su propia sangre muy gozosos. De ver era los dos con el concierto Y nimo feroz que combatian; Sin falta, cada cual dellos por muerto Los que mirando estaban, le tenian. Estaba cada cual dellos tan cierto En el herir, que entrambos parecian Ser uno: mas Curemo hubo perdido La pica, que en dos piezas se ha partido. La macana con furia fuerte afierra, Y espera con esfuerzo al enemigo: Uramba la pica cala y cierra, Y dirale por medio del ombligo; Mas Curemo di un salto de la tierra, Y con tan grande maa di consigo A un lado, que pas la pica en vano, Y as qued Curemo desta sano. Con la pica le lleva gran ventaja Uramba; mas es tan animoso, Que los golpes y botes le baraja, Con un ardid y esfuerzo valeroso. De sangre el verde prado ya se cuaja, El Sol encubre el rostro luminoso, Viniendo ya la noche obscurecida, Y no vemos victoria conocida. Los Jueces los ven la maana, Y por igual los hallan mal heridos: De combatir entrambos tienen gana, Y defender con fuerza sus partidos. Juzgse por mejor cosa y mas sana, Que fuesen por sentencia convencidos, Que cierta es los dos ambos la muerte, Volviendo la batalla cruda y fuerte. Contra alguno juzgar nadie se atreve; Y sindoles juez ya sealado, A entrambos, dice, honra igual se debe, Y que es cualquiera dellos buen soldado. Ninguno hay que el decreto desapruebe, Y asi dice el Juez muy denodado, "Lo que he dicho, pronuncio y lo sentencio, Y pongo al caso fin aqu y silencio." En tanto que esto pasa, presuroso, Juntando en Ipaneme mucha gente, Andaba Guayrac muy valeroso, Astuto, sbio, artero y muy valiente. En un espeso bosque, deseoso De librar del cristiano bien su gente, Compuso una terrible palizada, De aguas y comidas abastada. El fuerte fu con maa fabricado; A los lados con muchos torreones Estaba todas partes resguardado Con sus trincheas, fosas y bastiones. Sin duda Satans ha revelado A Guayrac el modelo invenciones, Que nunca estuvo en Africa ni Italia, Ni menos en Castilla ni Vandalia. Junt para este fin toda la tierra, E hizo grande junta y llamamiento, Publica fuego y sangre cruda guerra, Celebra del cristiano el finamiento, Ofrece en sacrificio una becerra, Y las cenizas della por el viento Desparce, por seal y por memoria, Que contra el Espaol habr victoria. Yaguatat de presto se le ofrece Con mas de dos mil indios de su mano: Por alferez, le nombra, y lo merece. Con mil indios acude Tanimbano, El gran Cayapey no desfallece; Ibiriy, tambien mozo galano, Acude aquel con mil menos ochenta, Estotro con doscientos y cincuenta. Yacar y Tapucagn no se quedaron, Que cada uno trescientos y cincuenta Traia: de esta suerte se juntaron Al pi de cinco mil buena cuenta. En la estacada y fuerte se encerraron, Sin que salir alguno se consienta: Y si salen algunos, muy ana Acuden la trompa y la bocina. As con gran contento deseaban Que venga el espaol para probarse; El tiempo, noche y dia lo gastaban En su estacada, y fuerza y repararse. La flecha, pica y dardo ejercitaban, A sus solas procuran ensayarse. El marac, bocina, y atambores Resuenan por el bosque y rededores.[84] Garay que caminaba, desque llega D se siente esta grita y alboroto, Atraviesa por medio de una vega, Hasta dar en un verde y grande soto. La gente guayracana estaba ciega, En un momento el campo les fu roto, Mas viendo las mugeres les llevaban, Con fuerzas defenderlas procuraban. De temor de la trompa que sonaba, Y el tropel y ruido del caballo, La chusma el fuerte ya desamparaba, Que al espaol no quieren esperallo. El Guayraca los indios animaba, El espaol comienza escopetallo; Mas tiene tal destreza el perro viejo, Que su defensa hall buen aparejo. Desde un tronco muy grande desembraza El Guayraca una flecha, y la ha fijado En un rbol, pensando que hizo caza En Garay: una voz ha levantado, Diciendo, Capitan, desembaraza El campo, pues ya ves que te he clavado; Mas Inciso di al perro por la frente, Y cae Guayraca luego de repente. Yaguatat en un punto embravecido Como toro muy bravo de Xarama, Entre los espaoles se ha metido, Y slele al encuentro Valderrama, Y Osuna, de los cuales mal herido Los dientes rechinando, bufa y brama, Y dice: por matarme satisfechos No vais; y mete el dardo por su pecho. Luis Martin, con nimo lozano Encuentra Mayray, y de estocada Por los pechos le hiere, y d en el llano El indio, y al caer quebr la espada; Que no pudo sacarla el trugillano, Segun estaba fija y enclavada; La macana del indio toma presto, Con que piensa vencer todo el resto. Castillo, con su espada, y la rodela, A diestro y siniestro v hiriendo; Cuyapei en herirle se desvela, Y viendo que le acierta, v huyendo. As como lo vido Valenzuela, Tras el indio con furia fu corriendo: El trueco le di luego del flechazo, Y en tierra le tendi de un pelotazo. Bauelos de esta hecha, y Espinosa, El infierno poblaron de paganos, Y viendo que la gente temerosa Discurre sin consuelo por los llanos, Viniendo ya la noche tenebrosa, Volvieron al real libres y sanos; Empero de la sangre que han vertido Teido el rostro, manos y vestido. Este dia vi un indio que llegaba A mi: con una cruz viene en su mano; Con muy grandes sollozos me hablaba. "Por Dios que muri en esta Soberano, Me dice, ya me val, pues te obligaba El ser tu mi Seor Arcediano." Diciendo estas razones se me llega, Y al caballo y estribo se me pega. Aqueste en la Asumpcion habia servido A Bartolom Barco de Amarilla; Despues con otros indios se ha huido Al Obera siguiendo y su cuadrilla; Y viendose en peligro, ya vencido, A mi lado se pega y la silla. Valile el escogerme por padrino, Que el tiempo le ense lo que convino. El Obera, maldito, dado habia La cruz aqueste indio y deputado: Por sacerdote, y santo le tenia; Despues de aqueste fui bien informado De aquellas ceremonias que hacia Aquel maldito indio y endiablado; Y como Papa un hijo intitulaba, Y al otro Emperador y Rey nombraba. El uno bautizaba, trastrocando Los nombres que los indios ya tenian: El otro los delitos castigando Andaba, que los indios cometian: El Obera, su padre, predicando, Yo v que unos mestizos le seguian, Y puse gran calor yo por haberlos, Y al fin hube con maa de cojerlos. Con un muchacho mio, conocido, Ladino en gran manera y ardidoso, Enviando decir como habia ido De remediarlos estando deseoso: De Logroo un mestizo fu creido, Y mi toldo se vino muy gozoso; Trat de perdonarle si traa Los otros dos, y al punto lo hacia. Otro mestizo andaba levantado, De nacion portugues, y publicaba Contra el Misterio Santo consagrado Formadas heregias, que hablaba. Oyndole, le dijo otro soldado Que mirase muy bien lo que trataba, El cual me di noticia de este caso, Y yo sal de casa muy de paso. De blanco me vest, y con sombrero De paja, en mi caballo la gineta, Llevando solamente un compaero, Y cada cual punto una escopeta: Espias y le puse, tan lijero. Que venida la noche muy secreta, En un bosque le prendo, y amarrado A la ciudad le traigo buen recado. El que finga ser Papa, y compaeros, Jamas nos esperaron en la guerra; Que aunque suele traer muchos flecheros Y sale muchas veces de su tierra, Por saber ya que son arcabuceros, En los bosques, y montes bien se encierra. El Guayraca, que hizo palizada, Qued muerto, y su tierra desolada. Doscientas, mas piezas se sacaron De aqueste asalto, y guerra Guayracana; Algun tanto con esto reposaron Los indios de la tierra comarcana: Los nuestros con contento celebraron El triunfo de victoria tan galana, Y la Asumpcion volvieron victoriosos, Alegres, placenteros y gozosos. Mas no puede durar el alegria, Que nunca puede haber gozo cumplido: Pues vemos que al placer dolor seguia, Y al dolor el placer se le ha seguido. Decir quiero un motin que suceda, De mestizos malvados mal urdido. Descanse pues un poco aqu mi pluma, Y luego lo pondr en muy breve suma. CANTO VIGESIMO-PRIMERO. _Puebla Garay Buenos Aires: levantase en Santa-F los Mestizos y eligen por su General Cristoval de Arevalo; el cual alumbrado de Dios, cort las cabezas los principales del motin, y restituy al Rey su tierra._ Mi ronca voz desmaya, desque siento El bravo laberinto en que me meto, Habiendo de escribir el alzamiento De la gente soberbia; que prometo, Que si durra aquel levantamiento Un mes, todo el Per fuera sujeto A la diccion y mando de tiranos, Con solo la ocasion de estos livianos. Habiendo de la guerra descendido, Poblar Buenos Aires fu acordado: De la Asumpcion Garay hubo salido, De todos adherentes aprestado; Con l muchos soldados han venido, Y habiendo en Santa-F desembarcado, All estuvieron dias esperando, Los caballos, que vienen caminando. Rehecha en Santa-F aquesta armada, Camina Buenos Aires por el rio, Tambien por tierra va gran cabalgada De gente, que no teme sol ni frio: Y siendo ya la cosa bien guiada, A pesar de la tierra y su gento, Los unos y los otros allegaron Al puerto Buenos Aires, y poblaron. El guaran penoso est mirando La cosa como pasa, y determina En l, pasado tiempo, imaginando El pueblo deshacer con cruda ruina, La guerra por la tierra pregonando, La gente se junt circunvecina, Y dieron los nuestros grande guerra, Los unos por la mar, otros por tierra. En el puerto el navio surto estaba, Con balsas y canoas los lados; La parte por aqu bien se guardaba, Que todos bien estaban aprestados. La gente que por tierra caminaba, A media noche llega: los soldados, Que estaban sobre aviso en centinela, Salieron, y escuchad la escarapela. Al punto que los indios grita dieron, Soltaron mucha fuerza de flechazos Con fuego, y las flechas encendieron Las tiendas de algodon y caamazo. Con presteza los mozos acudieron, Tirando tan terribles caonazos, Que cierto figuraba por el llano Andar furioso y listo el dios Vulcano. Tabob, el valiente y animoso, Por General venia de esta gente; Andaba por el campo muy furioso. A caballo sali muy de repente Inciso, que en amores venturoso Ha sido, y en la guerra muy valiente: A su suegro imitando, en breve pieza A Tabob ha cortado la cabeza. Los indios, como vieron que faltaba El Capitan que fuerzas les ponia, Y que el cristiano mucho mas ganaba, Y su partido de ellos falleca, Al son de una bocina que sonaba, En rden cada cual se retraia: Mas viendo que los nuestros les seguian Sin rden, y con priesa, ya huian. Habindose los indios, pues, huido, Los nuestros han quedado sosegados; Las tierras entre s han repartido, Contentos de se ver que estn poblados. A Castilla el navio se ha partido, Llevando de estas cosas los recados; De muchos sus maldades y sus tratos All fueron metidos en zapatos. La nave se parti muy presurosa, De cueros y de azucar bien cargada; La gente que v en ella, va gozosa Con fin de dar la vuelta apresurada. No v de ingles corsario temerosa, Que en el aire parece que es llevada: Con viento sur en popa navegando, Por cima de las aguas va volando. La gente, con su pueblo, que ha poblado, Est contenta, alegre y placentera; El fuerte tienen hecho torreado, Muy cerca de la playa y la ribera. Alegre est este sitio, acomodado, De vista y parecer en gran manera: Las cosas se dan todas de Castilla, Que el temple se semeja al de Sevilla. Estando la ciudad as poblada, La Trinidad por nombre le pusieron, Y la gente en cabildo congregada, Alcaldes ordinarios eligieron. En esto en Santa F gran melonada Se junta de mestizos, y escribieron A Tucuman, al Abrego, diciendo Lo que entre ellos andaban mal urdiendo. Noticia los mancebos han tenido De aquellas provisiones con que vino Valero Cotagayta, cuando ha sido Despalmada su mula en el camino. Pues esto, y otras cosas que han sabido, Les mueven emprender un desatino, Tan fuera de razon y tan tirano, Urdido de un juicio muy liviano. Venialvo, Gallego, Ruiz Romero, Y el gallardo de Leiva, muy valiente, Villalta con Mosquera, compaero, A su opinion trageron mucha gente; El camino, decian, carretero Es atajar el mal inconveniente, Que estamos de Garay muy oprimidos, Conviene abrir los ojos y sentidos. Servicio al gran Virrey, dicen, haremos En prender Garay malo y travieso, Y libres deste caso quedaremos, Si al Virrey le enviamos presto preso. Del caso Tucuman avisaremos, Que no puede venirnos mal suceso: A Villalta y Ruiz por mensageros Al Abrego despachan muy ligeros. Por dos veces tres se han carteado, Y en breve se ha forjado la maraa: Lo que Abrego con ellos ha tratado No s decir, que us siempre de maa. Una noche con cartas han llegado, Y al punto con tirana y cruda saa Prendieron al teniente, y Olivera Alcalde, y un sobrino del buen Vera. En casa de Venialvo se juntaron Con cotas, arcabuces, morriones: A la gente plebeya convocaron, Con sus fingidas causas y razones. Su maldito designo confirmaron, Vencidos de livianas pretensiones, Su muger al de Leiva le decia, Que su pescuezo esparto ya le olia. El dice: "como Reyna, espera bella, Muy rica, muy contenta, y gran seora." "Al menos no ser, dice la bella, Contra nuestro Filipo yo traidora, Muger de traidor, s: maldita estrella La vuestra, y desdichada y triste hora, En que fuistes conmigo desposado, Pues contra nuestro Rey sois levantados." Estando de esta suerte rebelados, Eligen capitan que gobernase, Y mandan que saliesen desterrados Los espaoles luego, sin que osase Quedar alguno, trminos pasados: Y el que tiene muger se la llevase, Que solos poseer quieren la tierra, Pues solos la ganaron en la guerra. Arevalo por todos fu elegido Por General, caudillo desta hecha; Y aunque lo recusaba, no ha podido Dejar de lo aceptar. Si fu desecha, No s: mas v que, el cargo recibido, Un bando general y pregon echa, En que manda que todos se juntasen, Y municion con armas registrasen. Acude Venialvo, que lo oyera, Y con soberbia grande y arrogancia Al General hablando, as dijera: "En eso pongo yo gran vigilancia, Por ser cosa que mi perteneciera, Pues soy Maese de Campo, y la ganancia O prdida del campo se me fia, Como quien, bien sabeis, pertenecia." El General responde: "aquel que tiene Tal cargo, hacer todo lo posible, En su tanto y manera le conviene." "Harse lo que fuere convenible, Le dice Venialvo, y no le pene; Y pues que es cortesano y apacible El vulgo popular, en paz me tenga, Que contra el Taborlan bast que venga." En su falso contento mal habido Estaban estos tristes, procurando Sustentar el tirnico partido Contra quien lo impidiese, batallando. El inmenso Seor ha socorrido Con su favor, en muchos inspirando A conocer el yerro y el engao De su gran perdicion y triste dao. El General con otros, de secreto Conciertan, y cualquiera bien le ayuda, Que el remedio se busque mas perfeto, Con que al real servicio bien se acuda: Santa Cruz, un hombre muy discreto, Ramirez, Aguilera, gran ayuda, Con Juan Martin, y otros compaeros, En este caso fueron muy lijeros. De dos en dos, un punto, concertaron, Que acudan herir cada uno De aquellos mas valientes que forjaron Aqueste rebelion tan importuno: Y todos juramento se tomaron Sobre un libro misal, muy de consuno, De morir, matar con propias manos Al bravo Venialbo, y los tiranos. Allega el General la posada De Venialbo, que estaba descuidado, Y sale sonriendo la parada: Acude Santa Cruz muy denodado, Y en el cuello le d una pualada: Palabra Venialbo no ha hablado, Que volviendo los ojos hcia el cielo, Al punto se tendi muerto en el suelo. La voz del Rey son muy prestamente: Gallego con temor dice Aguilera, "Ayudame, compadre, diligente." Responde, ayudar de esta manera: La cabeza le hiende por la frente; Los sesos salen fuera la mollera; Y dice: "no no hay compadre en tirana, Que el Rey es mi compadre en demasa." Ramirez acudi y la parentela Al bravo Leiva: el jven que dormia En camisa sali, que estar en vela Mostrra su valor y valentia. El hilo le cortaron de la tela Que el triste sin ventura mal tegia. Su esposa con dolor est llorando, Y sus rubios cabellos arrancando. Diego Ruiz, que estaba descuidado, Oyendo la gran grita y el mormollo, A la plaza sali, y despedazado El un punto le ponen en el rollo. Era, cierto, valiente y esforzado, Y bello sin ventara este criollo: Dale al fin la mala compaa, Que natural muy bueno le tenia. A Romero en aquesto mal herido, Al pi del rollo estaban confesando, Y en breve fu del rollo suspendido, Y priesa todos juntos cuarteando. Por el campo y caminos repartido Los cuartos sean, la causa publicando Las letras que en los palos se ponian, Que bien los que pasaban las lean. El General solt luego los presos, Y al teniente le entrega la bandera, Y hcele, que forme los procesos, De como sucedi de esta manera. Mosquera, como vi tales sucesos, A Crdoba camina la lijera. Rubira la sazon all mandaba Y prndele, y muy presto le soltaba. Villalta vide yo que se ha escapado, El que hizo oficio de cartero; Acjese los pies, y en emboscado Dej pasar el tiempo carnicero: Despues en San Francisco se ha encerrado Tomando al Guardian por su tercero; Su causa entre compadres fenecida, Escapa por entonces con la vida. Algunos mas mancebos presos fueron Que en aqueste motin fueron culpados; Procesos contra todos se hicieron, Mas fueron sobre peine fulminados. Mosquera, y el Villalta, que huyeron A Santiago, en mal punto ya llegados, De su triste desastre dieron nueva, Y Lerma de su intento dieron prueba. El Licenciado Lerma en este punto Entraba gobernar en Santiago. Su venida no saben, y est junto Con su gente haciendo grande estrago. De amigos, y favor est disjunto El Abrego en aqueste fuerte trago, Y el Lerma pretenda as cojerle Porque intencion traa de prenderle. En el Per la fama habia volado, Con falsa presumpcion, verdadera, Que aqueste Abrego estaba medio alzado; Por tanto viene Lerma la ligera. Tomle de improviso y descuidado, Que no s de otra suerte lo que fuera; Envia seis soldados con su hermano Antonio Mirabal, el sevillano. De parte de su hermano le deca, Que viene le servir ya proveido Por mandado del Rey, que ac le enva Por su Gobernador. Mal lo ha sentido El Abrego, que Lerma conoca: En clera los dos se han encendido, Y mientras algun tiempo se gastaba, El Lerma con su gente ya llegaba. Sinti, como lleg, que andaba estruendo, Sonido de arcabuces y gran grita, Al Abrego prenderle pretendiendo, El Mirabal, vereis tanto se incita: El Abrego la fuerza resistiendo, Que se mete ya en colera infinita; Estaba el sin ventura ya tan ciego, Que poco aprovechaba con el ruego. El Lerma le prendi, y puso prisiones, Y aquellos que al presente le ayudaron; Que poco aprovecharon las razones, Que en su defensa al Lerma presentaron. De aqueste trance, bregas, y pasiones, Algunas pesadumbres se inventaron: Hernn Msia y Sotelo aprisionados Aqu fueron, que dicen ser culpados. A tal punto, sazon, y coyuntura, (Que cierto es de notar) llegando nueva Del motin paragueo y su locura, Tom Lerma el principio de su prueba. Moviles venir su desventura A Villalta y Mosquera. Cuanto deba Huir de la ocasin quien ha pecado, A todos la experiencia ya ha mostrado. Para huir la pena del delito Que d Dios al que peca en la otra vida, Conviene al pecador est contrito, Se culpa en confesion sacra plaida. Mas suele otro castigo: ser inflto Por temporal justicia la huida, Y salto de la mata es el remedio Mejor, que no meter buenos en medio. Mosquera se escap bien de la ira Y furioso tropel de sus parientes; Y el triste de Villalta de la dira Y brava confusion inconvenientes Mas ninguno de aquestos ambos mira, Que huye el peregil, y que en las frentes De entrambos nacer con tal cogollo, Y presto se ver puesto en el rollo. De Lerma no huyeron la presencia, Pensando recibir merced cumplida; El pone en los guardar gran diligencia, Y su causa y su culpa conocida, Contra los dos pronuncia tal sentencia: Que luego les privasen de la vida, En el rollo fijando sus cabezas, Y los cuerpos en palos hechos piezas. Por indicios y causas que no cuento, Que de estos los procesos estan llenos, Al Abrego d Lerma gran tormento Con otros que no estaban muy agenos De saber sus secretos: mas no siento Los secretos si malos son buenos, De Santa-F el motin bien impidiera, El Abrego, se dice, si quisiera. Muri cabo de dias, y no habia El Lerma su negocio fenecido; Despues que muerto fu, se feneca, Y el negocio los Charcas h salido, El Audiencia lo hecho rescinda. Hernan Mesa y Rubira han recibido Contento con Sotelo, y se holgaban, Por ver como por libres ya les daban. Yo, cierto, que entend de esta reyerta De Santa-F algun tanto, y de aquel hecho Por cosa averiguada tengo y cierta, Que hizo Lerma en ir grande provecho: Que en ver all que estaba all la puerta, Quien guardar procuraba el fil derecho; La canalla Argentina reposaba, Y el nombre de Flipo celebraba. Verdad es, que hay tambien otros quejosos, Que dicen, por se ver muy afligidos, Negocios de este Lerma escandalosos; Mas eran enemigos conocidos, Y veces suele haber casos forzosos, Que obligan los hombres entendidos A dar en Scyla de ojos, procurando A Caribdis huir, que est esperando.[85] Victoria en esto viene, por prelado Enva su Dean que administrase, (En tanto que el entraba) el obispado, Y Lerma le encarg le regalase. El hcelo. Cuan poco que ha durado! Que no quiso el Dean mucho durase; Que cierto el Lerma bien le regalaba En su casa, y con honra le trataba. En breve comenzaron de trabarse Con chismes, y otras muchas nierias; El Dean deseaba sealarse Con grande presumpcion y boberias; Mas no le deja Lerma aventajarse: "No es justo que suframos demasias, Le dice: Padre, tenga sufrimiento, No haga salga el hombre de su tiento." Y luego, dice: "muestre los recados, Que tiene por d firma Licenciado, Y de Dean tambien, pues prebendados Nombrar solo s el Rey se lo ha dejado." Estando sobre aquestos muy trabados, La cosa tal estremo hubo llegado, Que por fuerza el Dean se determina Partir para el Per, y ya camina. A Esteco se parti con gran enojo, Que su partir la fuerza le obligaba; El Bachiller Garca diera un ojo En trueco, por no ver lo que pasaba. La barba, como dicen, en remojo Ech, por ver la de otro se quemaba; Con el Dean se v, porque tema Que lo propio ser de l otro dia. Dejemoslos hacer, que yo bien fio, Que presto pagarn cierto el escote, Que es gente aparejada desvario, Y andan, como vemos, muy de trote: Y tratemos ahora del gran brio Del capitan Francisco, crudo azote, Que viniendo siguiendo su camino, Del estrecho ha tomado el Argentino. Y pues se han de contar maravillosas Hazaas del cosario mas grandioso Que escriben las historias mas famosas, Y mas determinado y venturoso, Conviene que pongamos tales cosas En un canto por si maravilloso, Pues puso en maravilla nuestra Espaa El capitan Francisco y su hazaa. CANTO VIGESIMO-SEGUNDO. _Viene y atraviesa el Estrecho el capitan Francisco Drake. Prende Lerma al Dean y religiosos en Tucuman. Tiembla, y hndese Arequipa. Sucede la dolorossima muerte de Gil Gonzalez en Mizque._ No es justo al enemigo que tenemos Celarle sus hazaas y sus hechos, Ni dejar de decir lo que sabemos, Que envidia es quitarle sus derechos: Y mas que en esta historia pretendemos A la verdad mirar, no los provechos, Ni vanas pretensiones; pues la nuestra Es daros, mi Seor, de verdad muestra. Y as justo ser que por olvido No deje yo Francisco y su gran hecho, Pues que en aquestos tiempos ha venido Al Per de su tierra muy derecho, Y como el Argentino conocido, La vuelta v siguiendo del Estrecho; Contando en breve suma esta hazaa, Que es digna de contarse por estraa. Aqueste ingls y noble caballero Al arte de la mar era inclinado, Mas era que piloto y marinero, Porque era caballero y buen soldado. Astuto era, sagaz y muy artero, Discreto, cortesano y bien criado, Magnnimo, valiente y animoso, Afable, y amigable y generoso. Mas, como lo mejor y necesario Le falta, que es amor de Jesu-Cristo, Emprende de hacerse gran cosario, Y felo tal cual nunca se hubo visto. De su tierra sali este adversario Con armada muy fuerte, y vino listo Por nuestra mar del norte navegando, El Magallano estrecho demandando. El Argentino toma, pretendiendo En l hacer aguage de camino: Del Estrecho la vuelta va siguiendo; Un temporal deshecho sobrevino, Con fuerza sus navos sacudiendo: El huracan, tormenta, torbellino, A la costa una nave sin antena Entregan desrumbada en el arena. Tomando, pues, su gente el Luterano En una sola nave, con osado Y valeroso pecho, y viento sano Al puerto de Leones ha llegado. Sintiendo en su favor su suerte y hado, El Estrecho emboc con buena mano, Y en breve al mar del sur sale triunfando, La tierra firme en Chile costeando. La costa y tierra toda estremeca, Las nuevas por los aires retumbaban, La gente de los indios se tema, Que muy mal se sonaba que hablaban. Francisco con gran gozo y alegra Navega, que los vientos le ayudaban: A dos navios pequeos ha encontrado, Y aquello les quit que le ha agradado. En Arica llegando placentero A Roca le tom su navichuelo; Al triste que perdiera su dinero Yo le v lamentar con grande duelo. El navo del Rey sali primero Con la plata, Arequipa va de vuelo, Pues Valencia, Arica cupo en parte; Y oid del Trugillano su buen arte. En Arica regia este la costa, D viendo que el Ingles viene con brio, A Arequipa despacha por la posta, A que saquen las barras del navo. Si no hacen aquesto entrar en costa, Que Francisco lleg con grande po, Y entrando en el navo no ha hallado Las barras, que en el agua se han echado. El navo de Arica habia partido Con las barras del Rey: con el aviso, De Valencia en el agua se ha metido, De que el Ingles se halla all repiso: Y como en el secreto no ha caido, De Arequipa se parte de improviso, Al viento dando velas, porque estima En gran precio tomar puerto de Lima. A Lima se despacha mensagero Por tierra Arequipa: mas allega El Ingles al Callao de primero, Sin combate de mar y sin refriega: El puerto reconoce placentero, Y las naves y barcos bien se pega, A vista se nos pone y hace fieros, Y en tierra algunos buscan agujeros. En breve se conoce ser cosario. Don Francisco Manrique caso estaba Aqu con su muger; el adversario A media noche en punto se llegaba Al puerto, donde fu muy necesario Un caso, que dir que all pasaba, Que mechas de sus tocas v hicieron Las damas, y en lo alto las pusieron. Doa Mara Cepeda con Mencia, Su bella hermana, dicen Manrique, Que mechas encendidas convenia Se muestren, y campana se repique. El buen factor lo hace, y luego envia Persona que al Virrey lo signifique, Que tienen enemigos en el puerto, Sin saber quienes son cosa de cierto. El de Toledo priesa hace gente, Tocbanse las cajas y campanas, Y con temor y miedo al mas valiente Vereis cargar de hierro y partesanas. El subito temor tan de repente, Causaba andar las gentes como insanas: Y como de este caso en duda estaban, Con pequeo momento vacilaban. La turbacion y priesa yo decilla, Aunque quiera hacer un largo canto, No podr: cabalgaba uno sin silla, El otro aunque con silla con espanto, El otro iba sin freno en su baquilla, El pecador tema, y el mas santo: Al fin todos estaban temerosos, Y de futuros males recelosos. Los negros la ocasion consideraron, Y acuerdan entre s un ardid famoso: Los frenos sus amos les hurtaron, Ardid sutil de guerra y peligroso. Entre ellos el concierto fabricaron, Con animo maldito y alevoso, Pensando que Francisca all viniera, Y en libertad todos les pusiera. Sus amos los caballos ensillaban A gran priesa, de miedo todos llenos, Y las espuelas calzan, y tomaban Las lanzas en las manos: mas los frenos No hallan, aunque mas los procuraban; Que fu concierto hecho de morenos, Que al blanco tienen tantos desamores, Cuanto son diferentes las colores. San Juan de Outon, navio muy nombrado, Con la plata del Rey habia salido; En breve el Luterano le ha alcanzado, Y como de improviso le ha cogido, Y el viento en aquel punto le ha faltado, De su fuerza escaparse no ha podido: A su diccion y mando le sujeta, Y tomando la plata luego aprieta. Aquesta fu la presa mas famosa, Y robo que jamas hizo cosario: Su hambre, tan canina y tan rabiosa, De plata bien hart aqueste adversario. Que es cosa de decir muy mostruosa, El nmero de plata, y temerario Negocio nunca visto ni leido, Que cosario jams ha sucedido. Sin aquestos navios que he contado De Chile, y en Arica al de la Roca, Otros tom tambien, que hubo encontrado En los puertos sin gente y fuerza poca. Despues los Malucos engolfado, A Tidore y Ternate presto toca, Y junto Gilo Gilo toma puerto, Que llena su navo todo abierto. En una isla pequea despoblada Saltando, un fuerte hace de repente: La gente Lusitana congregada Le enva ofrecer alegremente, Que de ellos ha de ser muy regalada, Que lleve donde estan toda su gente. No quiere sus regalos, les responde, Y la plata s tierra bien la esconde. El Rey de Gilo Gilo, el de Ternate, Y Tidore con otros comarcanos, Tuvieron con Francisco gran rescate; De Seta aquestos son Mahometanos, Tenian por entonces gran combate Y guerra contra nuestros Lusitanos: Ayuda les ofrece el Luterano, De all de la Inglaterra por su mano. Con esto en breve pone en astillero, En esta isla que he dicho, un buen navo. Sali recio, veloz y muy velero, En todo le ayudando aquel gento. De como all lleg, al mes tercero Di velas su nave con gran brio; La costa de la India va bojando, Y al mar del norte el rumbo enderezando. En l entrando rico y poderoso, En s mismo pensando su ventura, Con nimo gallardo y valeroso, Que cierto le tenia de natura, Navega muy alegre y muy gozoso, Sin miedo que le venga desventura, Que va de su ventura confiado, Y el navo de barras bien lastrado. Sarmiento en este tiempo se ha ofrecido A embocar el Estrecho hcia Espaa, De Don Francisco fu favorecido, Que se juzga esta cosa por estraa. En su lugar y tiempo referido Ser aqueste negocio, y la maraa, Que sin concierto y rden mal urdia, Por donde mucha gente se perda. Volver Lerma quiero. Tiene aviso Que en Esteco el teniente mal se habia Con el Dean; por tanto de improviso A Mirabal su hermano luego enva. El Mirabal aquesto solo quiso Por achaque tomar, que aborreca Al pobre del Dean, de quien es fama, Que toda la revuelta forja y trama. En la Merced estaba recogido El Dean D. Francisco de Salcedo, De d con dos tres hubo salido En busca del teniente. No est quedo El bachiller Garca, que ha venido Con grita, barahunda, y mal denuedo; Mas no hallando en casa al Benavente, A la Merced se vuelve aquesta gente. De los de la revuelta un conocido, Que por nombre Felipe se decia, A quien la justicia hubo querido A Castilla enviar, pues convenia; La culpa principal aqu ha tenido, Que por costumbre vieja lo tenia; Y de su mal vivir quiera dolerse Nuestro gran Redentor, y l condolerse. Al de Toledo aqueste, falseado La firma, dicen, hubo con gran maa; Y siendo su negocio comprobado, Embarcarle quisieron para Espaa. A galeras estaba condenado, Que fu su culpa en forma muy estraa: Mas tuvo tal industria este mestizo, Que el juego, como dicen, maa hizo. Al Audiencia de Charcas despachados, Por Lerma fueron presto ya los presos, Con papeles y causas y recados, Formados la larga los procesos. Tambien salieron otros condenados A galeras, por ser hombres traviesos: Hernan Mesia, Sotelo con Rubira; Su causa en el Audiencia bien se mira. De ver era en la Plata las dicciones Que habia de este caso, y pareceres: Aqu vereis juntar conversaciones De toda suerte de hombres y mugeres, Soldados y vecinos en cantones, Ni se trata de plata ni de haberes, De solo Lerma v tantas sentencias, Cuanto eran de cabezas diferencias. Tardme yo en venir algunos dias, Y estaba ya el negocio reposado, Con todo algunos tienen sus porfias, Que no les era el caso bien contado. Que aunque hubo en el negocio demasias, En parte fu muy bueno y acertado, Que obligan los delitos muchas veces A salir de medida los jueces. En Arequipa en esto ha sucedido Una cosa muy triste y repentina, Y tanto, que yo vide conmovido Al Per con dolor de tan gran ruina. Y pues de lamentar tanto ha sabido Desde su fundacion nuestra Argentina, Lamente aqueste caso lastimero, Que por famoso aqu contar le quiero. Habia un gran presagio sucedido, Que oyeron por los aires tintinando De cajas y atambores gran ruido, Que en concertado son iban sonando. Cometas por el cielo han parecido, Que ac y all contino andan errando: El aire obscurecido y tenebroso, Promete fin horrible y espantoso. Estando el pueblo alegre y descuidado, En sus casas comiendo cada uno, Con un furor horrible desfrenado, Se forma un tal temblor tan importuno, Que sale cada cual desatinado, El remedio buscaban oportuno: Y huyen, no esperando el hijo al padre, Ni al hijo su querida y dulce madre. Amigos otros fueron muy propicios En este aprieto, dandoles ayuda: Caanse los fuertes edificios, Que muy poco el cimiento les ayuda. Con la puerta, que queda sobre quicios, Aquel que mas no puede bien se escuda, En tanto que el umbral no se hunda, Y viene todo all de Romana. El triste, que procura de la tienda Librar lo que ha ganado con trabajo, Perece con su msera hacienda, Quedando por sacarla de debajo. Muy larga se le hace aqu la senda Al que es gordo y pesado, y tiene bajo; Que el mas suelto y ligero mas corria, Y de su ligereza se vala. Trecientas y mas casas se cayeron, Y templos muy lucidos y labrados, Y mas de treinta hombres perecieron, Sin indios s la tierra sepultados. De espanto y miedo algunos se murieron, Cayendo de su estado desmayados; Que viendo se hundia tierra y suelo Pensaban se venia abajo el cielo. A mediodia sucede; que si fuera De noche aquesta ruina dolorida, Sin duda mucha gente pereciera Sin poder escaparse con la vida. De su casa salir nadie pudiera, Que le fuera imposible la salida: Pues era tan dificil con luz clara, Qu fuera, si de noche les tomra? Una boca terrible y espantosa Est junto Arequipa, Dios Eterno! Que vos hicisteis cosa tan mostruosa, Que bien se dice boca del infierno. Aquesta dicen fu causa forzosa De aqueste terremoto, y que el caverno Con furia levant la gran tormenta; Aquel volcan azufre y fuego avienta. Pues no bast el temblor tan espantoso Para que una mestiza se enmendase, Que fraguado tenia un mal famoso, Que quiso de su mal fama durase. La triste, no pudiendo ver su esposo, El Diablo la aconseja le matase, Pensando desposar ella consigo A un mozo que tenia por amigo. Al cual de su propsito maligno La moza le d parte placentera: El mozo en el concierto luego vino, Que amaba la mestiza en gran manera. En una huerta est junto un camino, En medio de un vallado, una higuera: Aqu, despues de muerto, le han colgado, Fingiendo que muri desesperado. La moza le ahog, cuando dormia, Con un lazo y cordel muy corredizo: Con ella est presente, que lo via, El nuevo sucesor, y mal mestizo, El cual al muerto luego suspenda. El ruido que forman es hechizo, Celando, y encubriendo su contento Con un fingido y falso sentimiento. Al tono de este caso doloroso, Diremos otro aqu mas lamentable. En Mizque, valle fertil, provechoso, D Baco tiene asiento favorable, Estaba Gil Gonzalez, hombre honroso, A su esposa y muger muy amigable: Al parecer tambien ella le amaba, Y como su marido regalaba. Catalina, verdugo sin consejo, Ingrata tanto bien como tenia, Habiendo muerto el padre, como viejo, Con el marido veces mal se habia. Matarle determina: el aparejo En un mozuelo halla, quien quera En un supremo grado; de tal suerte, Que todos tres caus su querer, muerte. En casa le tenian hospedado, Nacido era en la villa de Oropesa; Del pobre Gil Gonzalez regalado, Comiendo de ordinario en propia mesa; Empero de sus padres mal criado, Y as de condicion mala y aviesa, Por sus grandes delitos y malicia Desterrado le habia la justicia. Conciertan, pues, los dos quitar la vida Al pobre, que vivia sin recelo: El Juan Rodriguez dile una herida, De que cay el Gonzalez en el suelo. La maldita verdugo, luego asida Del triste que la pide ella consuelo: "No es tiempo ya, le dice, perro perro." Y el mozo por la llaga mete hierro. Espira el sin ventura sollozando, Diciendo: "muger mia, qu os he hecho?" La verdugo cruel le est araando El rostro y el pescuezo con el pecho. Fingiendo que se duele, esta gritando, Y su marido, dice, que del lecho Cay, con un dolor crudo muy fuerte, Con ansias revolcando de la muerte. Los lutos se sacaron con contento, Las lgrimas son risas de heredero Y muy de presto ordenan casamiento, Por mas presto venir pagadero. A penas se acab el enterramiento Desposanse los dos: el paradero Fu muerte acabadora de contentos, De bienes y de males, y tormentos. O cruda ingratitud, tan celebrada De hembras por el mundo, como vemos: Es posible, que siendo tan usada, Jamas de su rigor huir podernos! La culpa nuestra bien est probada, Pues de muger sabido ya tenemos, Que no puede regirse por consejo, Pues tiene de razon poco aparejo. Vereis que al parecer muy tiernamente Os aman por extremo sin medida, Y al contrario vereis muy de repente, Que sois la cosa mas aborrecida Que se puede hallar entre la gente. Aquesta usanza bien es conocida. Por d decir podremos, de la hembra Mudanza cojer quien amor siembra. Fiad de la muger, por vida mia, Vereis cuan mal acude la fianza. Si acaso es principal y de valia, Contino est pensando en su mudanza: Siendo de baja suerte, noche y dia. Pues quien tenda en muger ya confianza, Sabiendo que en su pecho est estampada Y al vivo la mudanza retratada? Y si alguna excepcion hallar queremos, No es justo la busquemos en la tierra, Que no se hallar, aunque trabajemos, Que firmeza interes presto destierra. En el Per aquesto bien podemos, Probar, que rbol alguno no sotierra Sus raices, aunque sea de grandeza; Pues, como la muger tendr firmeza? Catolica y beata gran corona De exemplo y de virtud, Reina Isabela, De quien su eterna fama bien pregona, Que sobre el candelero fu candela: Dijistes, gran Seora, una persona (Quien hay que de tal cosa no se duela) De firmeza no habr solos matices, A d el rbol no cubre sus raices.[86] No es justo ya tratar mas de firmeza, Mayormente de damas, pues por gala Ya tienen la mudansa, y por bajeza Entre ellas ya se juzga, y cosa mala Guardar la f al galan, que es gran proeza, Echarle al mejor tiempo en hora mala: Que en remedio de amores han leido, Que al amor, nuevo amor ha socorrido. Y porque disgustudas mas no sean Las damas de este canto y de mi rima, El siguiente les pido yo que lean, Que en l he de tratar cosas de Lima. A vueltas del Concilio quiero vean, Que hay en el Per damas de estima; Que no es en esta historia mi designo Quitar de su valor al rub fino. CANTO VIGESIMO-TERCIO. _Trtase del Concilio que se congreg en Lima, y de las galas de aquella ciudad, y de dos temblores gravsimos que en ella sucedieron._ Quisiera que el estilo de mi rima Subiera de repente de su punto, Al Cielo levantando bien la prima En solo este brevsimo trasunto. Por poder escribir lo que v en Lima, Al tiempo que el concilio estaba junto, De siete Obispos graves de consejo, Y el Arzobispo Alfonso Mogrovejo. Como por nuestro Rey se desease El bien de la Repblica Cristiana, Por que el negocio bien se reformase En este nuevo orbe, y tierra indiana, Orden que concilio se juntase, Premisa autoridad, santa, romana, De tierras muy longincuas los prelados En breve tiempo fueron congregados. El muy docto Lartaun ha venido Del Cuzco, y de Quito el sbio Pea; De Santiago de Chile, uno nacido En Medellin, lugar, tierra estremea. El grave San Miguel, muy entendido, De la rica imperial ciudad Chilena; De Tucuman, Victoria lusitano, A quien fortuna di en breve su mano. D. Alonso Granero, muy prudente, Que de antiguos Toledos descenda, Tambien se halla en Lima, aunque doliente, Que listado de gota, se sentia. Del Paraguay electo de presente Obispo est, que Guerra se deca: En este consistorio congregado Preside el Arzobispo ya nombrado. Edictos se publican, que viniesen A pedir su justicia todas gentes, Y que en Concilio luego pareciesen Cualesquiera que fuesen delincuentes, De estado eclesistico, si fuesen, Y tuviesen tambien inconvenientes, De religion dejada, dimisoria, A todos se despacha compulsoria. Parecen en Concilio, demandando Del Cuzco, con algunas ocasiones, Contra el Obispo algunos, informando De su justicia, causas y razones. Ibase este negocio encadenando Por muchos que los guian sus pasiones: De aqu nace discordia entre prelados, Y falsas opiniones de letrados. Un Lucio, en los derechos graduado, Amigo mas del tuerto que el derecho, Al Arzobispo trajo alborotado, Con su mala intencion y duro pecho. Del Cabildo del Cuzco es abogado, Y piensa mejor hacer as su hecho: El Concilio rescinda, le decia Al Arzobispo, que as le convenia. Con este parecer muy conmovido, Procura el Arzobispo que cesase El Concilio, diciendo que ha perdido Al Virrey, que esperaba le ayudase. Don Martin en aquesto fenecido Habia, que Dios quiso que llegase Su fin, digno de lgrimas y lloro, Porque perdi el Per grande tesoro. Tenia en el Virrey gran confianza La gente, que al del Cuzco perseguia; Temiendo del de Cuzco la pujanza, Al Arzobispo el Lucio le traia Muy ciego, por tener de l confianza; Y as cuanto le dice lo creia. Por su mal parecer y mal consejo, Al Concilio no viene Mogrovejo. Los Obispos aqu le requirieron, Que al Concilio presida, como suele, A la iglesia los cuatro se vinieron: Al Lucio le conviene ahora que vele; Entre l y el Arzobispo respondieron. El alma y corazon todos duele, Por ver tal disencion as trabada Entre Obispos, por Lucio encadenada. En contra San Miguel bien se mostraba Del parecer de todos los prelados: Al Arzobispo l solo se juntaba; Mas aquellos que fueron congregados, El Arzobispo presto excomulgaba, Y en tablillas los pone declarados. En aquesto el de Quito muerto habia, Y Granero de gota padecia. Quien vido la ciudad alborotada, Metida en pareceres diferentes, Al Audiencia la causa fu llevada, Para cortar el hilo inconvenientes. El Audiencia Real, bien informada, Y letrados famosos y sapientes, Rescindieron los autos actuados, Y as presto ya han sido congregados. Tornronse juntar como solian, Hacindose Concilio cada dia: En tanto que negocios fenecian, La ciudad del comer se encarecia, Porque de todas partes acudian, Segun cada cual le convenia: Los unos, sin llamarles, son venidos, Los otros mal grado son traidos. Las damas v que estaban muy quejosas, Diciendo, que con ellas se ha mostrado El Concilio con leyes rigurosas, Que el uso de rebozos ha quitado. En Lima vereis damas muy costosas De sedas, tramasirgos y brocados En las fiestas, y juegos arreadas, Mas los rostros y caras muy tapadas. Por las calles y plaza las ventanas Se ponen, que es contento de mirarlas: Con ricos aderezos, muy galanas, Y pueden los que quieren bien hablarlas, No se muestran esquivas, ni tiranas, Que escuchan quien quiere requebrarlas, Y dicen s el rebozo chistecillos, Con que engaan veces bobillos. De aquesta libertad y gran soltura El Limense Concilio fu informado: Queriendo reformar esta locura, Y abuso tan pestifero y malvado, Publica con rigor una censura S pena de la cual les fu mandado, A las damas sus rostros descubriesen, A al menos las fiestas no saliesen. No fu poca la pena que sintieron Las damas, de se ver as privadas Del rebozo, por donde se estuvieron En sus casas algunas encerradas. Al fin de aquesta suerte obedecieron Las unas, mas las otras destapadas Salieron las fiestas muy costosas, Pulidas, y galanas y hermosas. Tan bien aderezadas y vestidas, Y con tanto primor y bizarria En Lima andan las damas, y pulidas, Que en corte de Castilla se tenia En estima, basquias guarnecidas De mucho oro, y de fina pedreria. Doa Bernarda Nio una bordada Sac, que en tres mil pesos fu apreciada. Aquesta sobre todas se seala En costoso aderezo de vestido, De Aliaga, Beatriz, lleva la gala En discrecion, aviso y buen sentido: Tambien la que no tiene cosa mala, Ni menos bueno que ella, su marido, D lustre, con su lustre en toda Lima, Doa Maria Cepeda, de alta estima. Estaba con la lrica Diana, Doa Mariana bella, muy gozosa La corte de los Reyes, y aun ufana; Mas la muerte con ella fu envidiosa. Dejnos otra ninfa, tan galana, Discreta, buena, rica, y tan hermosa, Que puede all en el cielo ser lucero, Doa Juliana es Puerto Carrero. Doa Beatriz la Coya en esto ha ido A Lima, d se halla gran Seora, Por haber el bautismo recibido: Bien muestra ser del Inca sucesora. Al muy sbio Loyola por marido Le cupo, de quien es merecedora. Doa Luisa estaba cerca de ella, De Ulloa compaera, clara estrella. Dejemos de contarlas una una, Porque era menester un largo canto, Y mas que en todas ellas no hay alguna, Que no tenga mil gracias; y esto tanto, Que pra media noche all la luna, Y el sol medio dia, tanto cuanto Por cobrar nueva luz y resplandores De las damas de Lima y sus primores. Pues oigan los galanes amorosos, Y templen su contento. En Chuquiago Sucedi en estos tiempos tan gozosos, Un estrao prodigio y gran estrago. Por cima de unos cerros barrancosos, Arrancando del todo un grande lago, Un terremoto sbito lo avienta, Y en otro lugar nuevo lo aposenta. La tierra, por tres partes diferentes, Se abri con espantable fortaleza, Y por las aberturas y vertientes Sala con furor gran espeseza De polvo, y de pedrisco, que las gentes Mataba sin piedad esta maleza: Un indio se salv de este pedrisco, Quedando sin lesion encima un risco. Por una parte y otra el terremoto Con gran furia pas, quedando aislado El indio de rodillas, muy devoto, Sin ser del terremoto maculado. Cual suele temeroso por el soto La huida buscar ciervo venado Cuando oye el arcabuz, as buscaba El indio por donde ir, mas no lo hallaba. Librle al fin el risco y el barranco, O por mejor hablar, el Poderoso; De la muerte la vida di un gran tranco, Contndose despues por muy dichoso. Mas un pueblo que llaman Anco Anco, Aqu hizo su fin muy lastimoso, Que un cerro encima dl vino cayendo, Y debajo la gente de l cogiendo. Murieron cuatrocientos naturales En solo aqueste pueblo, en despoblado Murieron otros muchos, y animales Silvestres, y domstico ganado. Con estos terremotos y seales, Al pueblo y Per v desconsolado, Y muchos dicen, ya quiere acabarse El mundo, y el juicio apresurarse. Y no se qued Lima sin su suerte De pena en este tiempo semejante, Que un terremoto grande, crudo y fuerte Sucede una maana en un instante: No hay hombre que salir de casa acierte, Y aquel que corre mas sale delante; No espera la muger su marido, La madre deja al hijo muy querido. De casa habia salido muy temprano, Porque en diciendo misa me ocupaba En concilio, por ser Arcediano. Mi mula de repente apresuraba, Corriendo, y en pararla me era en vano, Que el miedo del temblor la desquitaba: Corri con las orejas aguzadas, Y ainas me quebrra las quijadas. Un ruido el temblor caus tamao, Que los cabellos todos erizaban: Negocio de contarse por estrao, Que las paredes v se meneaban; Y sin que recibiesen algun dao, Temblando de tal suerte, al fin quedaban En su ser, aunque algunas se cayeron, Y sus dueos debajo los cogeron. Un caso contar yo verdadero, Que casi me re, que aqueste dia Corriendo por la calle vi un barbero, Que al punto del temblor sangrado habia A un hombre, que tras l sali ligero, Aunque la sangre roja le salia: El barbero perdi aqu su lanceta, Y al enfermo el temblor la vena aprieta. De ver era mirar como salian, Con mil disfraces hombres y las damas, Que aquel punto los indios se vestian, Los otros aun se estaban en sus camas. Algunas sus afeites se ponian, Sirviendo estaban mozas sus amas, Y dejarlas huyendose la calle A d salen tras ellas de mal talle. Las unas en camisa, desgreadas, Las otras dando gritos, mal cubiertas; Las otras medias caras afeitadas, Caidas, desmayadas las puertas: Las otras con sus hijos abrazadas, Vencidas del temor, y medio muertas. Al fin pas el temblor, aunque turbada Qued la gente toda y espantada. En este tiempo, dia sealado De la Asumpcion sagrada de Mara, El Snodo Limense, que ha durado Un ao, que se cumple en este dia, Con gran solemnidad ha publicado Una sesion, que en suma contena, Que el Snodo pasado se tuviese Por rato, y como tal se obedeciese. Y que los indios todos, doctrinados Con gran solicitud y diligencia, De aqu adelante fuesen, y enseados Aquello que conviene su conciencia. Los sacramentos sean ministrados Segun capacidad inteligencia; Al indio procurando dar comida, Que pueda conformar con su medida. Tambien otra sesion fu publicada En el mes de Setiembre, octavo dia, En que fu la desorden reformada De tratos y contratos que ante habia. Aquesta sesion toda fu apelada, Que aquesto, y otras cosas contena, Que no daban buen gusto los granjeros Que escuecen los negocios verdaderos. A veinte dos del mismo publicaron Otra sesion de cosas provechosas, Tambien de todas ellas apelaron, Diciendo ser sus penas rigurosas. Mil dares y tomares se pasaron En este tiempo, y cosas trabajosas, Que el pueblo deseaba se acabase El Concilio, y mas tiempo no durase. En el siguiente mes fu rescindido El Concilio, que gran tiempo ha durado. Apelado por todos luego ha sido, Que contra s lo juzgan agravado; Y pues que nuestra Espaa fu venido, No quiero mas decir que estoy enfadado, Dejando sus sesiones y conceptos Al juicio de buenos intelectos. Gran consuelo recibe Lima toda En ver que ya el Concilio se acabase, Que d quiera la gente se acomoda Mejor, si menos es, y que faltase Temian cada rato, como en boda D mucha gente hay, y se gastase El pan, y vino y carne, que mil gentes Acuden al Concilio diferentes. Y no holgu yo menos de esta feria Salir, que me cabia mucha parte, Y as en el Concilio mi miseria Gast con mi pequea industria y arte: Por d me v en pobreza, y gran laceria, Mas nunca jamas pude yo olvidarte Espaa, dulce amiga, cuyo hipo, Me trajo sin sosiego, y el Filipo. Y viendo mi pretenso se alejaba, Por no tener con que volver verte, De mi poca ventura me quejaba, Y veces deseaba ver la muerte. Cuando mas descuidado y triste estaba De ver algun remedio de mi suerte La Inquisicion me hizo comisario, Y el Obispo de Charcas su Vicario. Con esto subo arriba, d veremos, Lo que en el Argentino ha sucedido, Y nuestra musa ruda lo diremos No diga le entregamos ya al olvido. Del buen Sotomayor recontaremos, Como con Don Diego Flores ha venido, Del sin ventura pobre de Sarmiento, Y de su vano y loco pensamiento. CANTO VIGESIMO-CUARTO. _En este canto se cuenta de la ida de Sarmiento Castilla por el Estrecho de Magallanes, y de la venida de Diego Flores al Brasil, y D. Alonso de Sotomayor Chile por el Argentino; y de la muerte del capitan Garay, y del Gobernador Mendieta._ De escarmentados, dicen, los arteros Se hacen: nuestra madre la experiencia Nos presenta los casos verdaderos, Que muchos no alcanzaron por su ciencia. Pilotos, y muy buenos marineros Tenian entre s gran diferencia; Del Magallan Estrecho el Per estaba Seguro de pensar se navegaba. Francisco, como dije, la atraviesa, Y en Lima di rebate al de Toledo: El descuido no di lugar priesa; Caus tambien su parte el grave miedo De aquella gran desdicha tan aviesa: Si lo que se sonaba decir puedo, Francisco all la vida bien dejra, Si de otra suerte el caso se guira. Pues ido de las manos el conejo, Tomando de Francisco el escarmiento, Juzgse por maduro y buen consejo Del Estrecho hacer descubrimiento: Ofrcese, que dndole aparejo, A Castilla pos l ir derecho: Despchale el Virrey, que no debiera, Movido de Sarmiento y su quimera. Al fin Sarmiento sale pertrechado De Lima, de lo que era necesario, De su saber y estrellas confiado, Sin temor recelo de corsario. El Magallan Estrecho ya embocado, Con un nimo cierto, temerario, Al mar del norte sale temeroso, Teniendose en aquesto por dichoso. Trat con los gigantes de Pancaldo, Que estn por cima el Puerto de Leones. Acurdome yo ahora que Gibaldo, Soldado genovs, entre razones Que conmigo trataba, y con Grimaldo De su nacion, discretos dos varones, Me dijo muchas veces que los viera Desde el navo llegar la ribera. Pancaldo fu el primero que los vido, Un genovs, astuto marinero: Uno de ellos, decia, que metido Habia por de dentro del garguero Una muy larga flecha, y no rompido, Segun que la sacaba: hechicero El Pancaldo le juzga, y Pier Antonio Decia ser por arte del demonio. A este Pier Antonio, que de Aquino Se llamaba, le o aquestas cosas; De buen entendimiento, buen latino Era, y me contaba milagrosas E increbles cosas del camino Que Pancaldo llev, cuando preciosas Y ricas joyas di mal despecho, Pensando de pasar aquel Estrecho. Mas venturoso fu nuestro Sarmiento Con llevar una pobre navecilla; En atravesar, digo, que lamento Tendr despues al fin con su cuadrilla. Lleg Sarmiento en paz, rico y contento, Del orbe nuevo al viejo de Castilla, Y di cuenta de s, y de su camino, Y la causa motriz de su designo. Holgronse en Espaa con la nueva De ver que ya el Estrecho navegaban, Y que hay sin Magallanes quien se atreva. Con esto la tornada procuraban; Y queriendo hacerse de esto prueba, Las cosas de esta suerte se trazaban, Que salga Diego Flores con Armada, Que vaya nuestro Estrecho enderezada. Muchas armas se juntan y pertrechos, Proveyndose todo el necesario, Que estaban los autores satisfechos De dar en la cabeza al adversario. Mas vemos que los fines y los hechos Suceden las mas veces al contrario: Al fin Diego de Flores ha partido, Y Sarmiento consigo se ha traido. Tambien Sotomayor Chile viene, Con rden de pasar Magallanes: Y tanto aquesta armada se detiene, Pasando mil fortunas y desmanes, Que la costa braslica conviene Venir el general, y capitanes. Al rio de Jeniero han aportado; Y oid aquesta Armada en qu ha parado. Salen de aqu contentos los que cuento, Diego Flores, Valds y el Trugillano, El buen Sotomayor, por cognomento Chaves, y de la madre voz, Mediano. Con ellos, como digo, v Sarmiento, Cuya quimera vana sali en vano; Al Yumiri llegaron, boca angosta,[87] Y del reino argentino tierra y costa. Tomaron la una boca de la banda Del norte, que la otra se endereza Al sur, como se diera suda y tanda All; y aun le quebrran la cabeza Al Ingles, que en la boca del sur anda, Y estuvo all surgido grande pieza. Sucesos son de mar, y aun de la tierra, Que vemos que suceden en la guerra. Al fin sali el Ingles de all primero, Sin que de nuestra Armada fu sentido. Un navio, en aquesto del Jenro Al Rio de la Plata hubo partido. Encuntrale el Ingles, por prisionero Un piloto llev muy conocido, Robando lo que halla en coyuntura, Dej el navio y gente su aventura.[88] Del Yumir saliendo nuestra Armada, Con los del navio encuentra, que dijeron Lo que el Ingles les hizo: la tornada Procura Diego Flores, d salieron A dar carena, dice, maltratada Que v la Armada, presto se volvieron; Que seguir el Ingles yo cierto creo, Que en l satisfacieran su deseo. El Ingles su derrota y su camino Sigui, sin que persona le impidiera: Despues Diego de Flores tras l vino, Y viendo ser ya tarde se volviera; Tom Sotomayor el Argentino. Sarmiento camin, que no debiera: Al Estrecho lleg, d pretendia, Mas poco le ha durado su alegria. Tomando el Argentino el Trugillano, La mas gente que trae es estremea, Salieron con gran gozo en aquel llano: La gente les recibe paraguea Con placer y contento soberano, Que es gente muy afable y halagea: De all atraviesa Chile alegremente, Aunque se le ha quedado alguna gente. Alegre est Garay con la venida De aquesta armada al puerto paragueo, Y puede por aqu ser socorrida La gente y el gobierno del Chileo. De ser esta carrera mas seguida La gloria se le debe al Estremeo, Que aunque en lengua de muchos esto estaba, El fu quien la obra mano echaba. Garay de Buenos Aires ha salido El ro arriba, dicen, con mal pecho: Que desque uno se ve en glora subido, A tuerto ha de subir su casa al techo. Y como en todo bien le ha sucedido, De su ventura estaba satisfecho; De guarda centinela no se cura, Que fu causa de triste desventura. As estando una noche descansando En tierra el capitan con mucha gente, Algunos de temor se recelando, Temian el suceso subsecuente: Y el nimo presago adivinando, En lo futuro mal inconveniente, El Capitan el sueo prometia, Como en Madrid, seguro en demasa. Mas al revs sucede de su voto, Que el Mau, sin nombre ni valia, Sali con poca fuerza de un gran soto, Al tiempo que el aurora descubria. Vereis en breve espacio el campo roto, Y Garay, que el seguro prometia, Envuelto le dejaron en olvido Del sueo que el habia prometido. Garay fu de prudencia siempre falto, Y as por no tenerla, feneciendo En esta desventura y triste asalto, Fu causa de este caso tan horrendo. Los Mauaes descienden por un alto Con gran solicitud y sin estruendo, Al capitan mataron el primero, Que nadie ha de fiar de buen tempero. Comienzan de hacer cruda matanza, En los que en sueo estaban sumergidos. Maldita sea la loca confianza! Quien soldados en guerra vi dormidos? Desque el indio sinti su gran pujanza, Levanta grandes voces y alaridos, Y diestro y siniestro va hiriendo A cristiano que al rio v huyendo. Con bolas, flechas, dardos y macanas, La guerra aqu se hizo lacrimosa: El Cristiano que v sus fuerzas vanas, Y ser la resistencia peligrosa. Dejando su miseria en las sabanas, Los pies pone el que puede en polvorosa, Y al bergantin se acoge de corrida, Por escapar si puede con la vida. Murieron con Garay justo cuarenta De la gente escogida paraguea; Los indios eran solos ciento y treinta: Iba con el Garay gente estremea, Y entre ella algunos iban de gran cuenta. Aqu muri Valverde, bella duea, Que en quitarla la muerte, al mundo quita Tesoro, y el contento Piedra Hita. Llore mi musa y verso con ternura La muerte de esta dama generosa, Y llrela mi tierra Extremadura, Y Castilla la Vieja perdidosa: Y llore Logrosan la hermosura, De aquesta dama bella, tan hermosa Cual entre espinas, rosa y azucena, De honra y de virtudes tambien llena. Las Argentinas ninfas, conociendo De aquesta Ana Valverde la belleza, Sus dorados cabellos descojendo, Envueltas en dolor y gran tristeza, Estan la fortuna maldiciendo, Las flechas, y los dardos, la crueza Del indio Mau, que as ha robado Al mundo de virtudes un dechado. Aqu Miguel Simon, el Logrosano, Mostrado ha su valor y grande brio, Librando de la muerte por su mano A su muger, que en brazos al navio La trajo. Mas herido del pagano, Est para ahogarse ya en el rio, Vereis Cuevas triste y doloroso, Por salvar su muger muy congojoso. En el agua cay, cuando subia El bergantin arriba la cuitada, Y viendo que ya casi se hundia, Su marida la juzga ya ahogada. "O Virgen," ella dice, "en este dia, Valedme, mi Seora y abogada De Guadalupe, en este gran aprieto, Que servir esta obra yo prometo." La turbacion que habia, no refiero, Las lgrimas, los gritos, el lamento: El enemigo andaba carnicero, Por la cristiana sangre muy sediento. Al bergantin afierra crudo, fiero: El cristiano que vido tal descuento, Sacando vivas fuerzas de flaqueza, Resiste al enemigo su fiereza. Pero Alonso de Cuevas ha ayudado Muy bien al bergantin en el combate, Como valiente, fuerte y esforzado, Temiendo su muger el indio mate. Al fin nuestro Seor los ha librado, Huyendo el bergantin: de este dislate Naci en la tierra un bravo atrevimiento, Y oid con atencion el alzamiento. El Mau, quedando victorioso, Aunque era indio sin cuenta y no valiente, Mas de ganar gran nombre codicioso, Levanta al Guaran muy de repente, Y al Querand, que es indio belicoso. Acude cada cual muy diligente, Juntndose gran parte de la tierra, Alegres en oir cosa de guerra. El Yamand, que arriba su memoria Tenemos muchas veces celebrada, Es el que lleva aqu la palma y gloria; Por l va aquesta cosa gobernada: Su voz despacha guerra citatoria, En toda la comarca publicada, En breve muchos indios se han juntado, Y en su junta la guerra concertado. Dejamos de contar cosas graciosas Que en este ayuntamiento han sucedido, Que muchos les sern dificultosas: Mas no puedo callar de que han reido Dos indias de unas fuerzas espantosas, Que espanto en este tiempo han conmovido; Que en ser de dos mugeres la pelea, Placer dar al discreto que la lea. Tupaayqu, la primera se decia, De gran valor y esfuerzo y animosa; La segunda se llama Tabolia, Astuta, muy gallarda y belicosa. Entre estas dos se traba una porfia En la junta, por cierto muy graciosa: Tupaayqu su marido mas bebiera A Tabolia que el suyo, le dijera. Sobre esto entre las dos se han desmentido, Y los arcos las manos luego echaron: Mas entremedias muchos se han metido, Y el caso de esta suerte concertaron; Que en un palenque fuerte, muy fornido, Con dos padrinos, que ambas sealaron, De buena buena rian la pendencia, Con que cese el rencor y diferencia. De ver era las dos fuertes, membrudas, De solas sus macanas arreadas, Que no tienen mas armas, que desnudas, Al fin en el palenque ya encerradas, Comienzan de herir sus carnes crudas, Y dndose muy bravas cuchilladas, En sangre convertian tierra y suelo, Y sus golpes sonaban hasta el cielo. Los dos maridos, vista la hazaa, Y el peligro presente de sus vidas, Metidos en furor y cruda saa, Con voces y palabras doloridas. Que cese, piden ambos, la maraa: Por los padrinos fueron despartidas, Y dndoles del vino y del brevage, Ces la diferencia y el corage. En la junta concluyen, que conviene Que guerra Buenos Aires hagan luego, Que si un punto la guerra se detiene, Sugetos quedarn pecho y ruego. El Yamand les dice, porque suene En Espaa la fama, sangre y fuego, "Perezca la memoria del Cristiano, Sin que dejemos dl un hueso sano." De aqueste parecer es Querandelo, Con el valiente viejo Tanimbalo, Ayuda les ofrece Tabolelo, Yaguatat, Ter con Manoncalo. La grita y alarido hasta el cielo Levantan, y nombrando Guazuialo Por general, del campo se han partido, Y en breve Buenos Aires descendido. La gente que aqu baja es en gran suma; Chiloazas, Beguaes, Querandies Vienen creciendo siempre como espuma: La flor de todos son los Guaranies; Mil galas y lindezas de bel pluma Encima traen de s: mas no confies En gala, gentileza y hermosura, Que la verdura fresca poco dura. Al puerto y fuerte llegan voceando, Con trompas, y bocinas y atambores; Las centinelas andan rodeando El fuerte, y el poblado y rededores. Tocan arma; en un punto peleando Con esfuerzo vereis los pobladores: Rodrigo Ortiz de Zrate es teniente, Hombre de presumpcion y muy valiente. No quieren que se suelte artilleria, Que el una escuadra y otra anda mezclada; Parece resonar caldereria, O la fragua vulcana tan nombrada. El tiempo la victoria entretenia; La gente desflaquece de cansada: A priesa viene ya aquella doncella, Que Titon di su queja siendo bella. El enemigo viendo que amanece, Temiendo la pujanza del Cristiano, Y que su gente toda desfallece, Procura retirarse por el llano. El General Guazuialo perece Con parte del ejrcito pagano; Nuestra gente se queda victoriosa, Y la contraria huye muy medrosa. Ac los de Garay, vindole muerto, Sigueron su viage comenzado: Llegando Sante F, seguro puerto, El caso con dolor es celebrado. La causa dste mal y desconcierto, Los mas dicen Garay haber causado: Perdnele quien puede, que provecho Sabemos que en la tierra mucho ha hecho. Al Paraguay camina aquesta gente En tres barcas, dejando all el navo. Una barca, vencida del corriente, Que lleva muy veloz el ancho rio, Perdido el gobernalle, de repente Se vuelca, no bastando podero Humano remediarla. Perecieron Cuarenta, y solos cuatro escabulleron. De aquestos cuatro, dos, el uno Luna, El otro Cosme, juntos han salido A tierra, y travesando una laguna, Al fin la Asumpcion Luna ha venido De rabiosa cruel hambre importuna, El Cosme sin ventura ha perecido: Al Luna, que escap de aquesta suerte, Un caballo le di despues la muerte. Mendieta, que dijimos, fu dejado Del piloto mayor y marineros, Como era mozo mal considerado, Caus la muerte s, y sus compaeros. Un mestizo, que estaba amancebado Con una india, por celos mensageros Del falso Dios de amor, que mal aprieta, A siete di la muerte con Mendieta. Del cacique Martin, un indio tuerto, Era hija la india, y muy hermosa: Por muger se la di, que andaba muerto Por ella: A quien no mata aquella Diosa? El mozo, como siente el grave tuerto De Mendieta, que es burla muy penosa El cuerno al ojo, hizo los paganos Matasen Mendieta, y sus cristianos. De Sarmiento tratar no quiero agora, Que, como refer, pobl el Estrecho. Poblando, la fortuna burladora, No fu muy favorable de su hecho; Que habiendo de crecer siempre en mejora, Mengu muy de repente su despecho: Comienza perseguirle de tal suerte, Que nunca le dej hasta la muerte. Mas parceme que es historia agena: No quiero mas decir, ni del famoso, Y buen Sotomayor, que enhorabuena Le cupo por marido y por esposo, Aquella que, de todos bienes llena, Procede de un linage generoso. No conviene yo trate, pues Arcila En Chile con primor se despabila. Y pues que Chile cupo tal belleza De pluma, de valor, de cortesia, No es justo, que se atreva mi rudeza Decir de Chile cosa, que seria Muy loca presumpcion y gran simpleza Meter hoz en la mies, no sendo mia. Volver quiero el estilo al Chiriguana, Y su costumbre perra y muy tirana. CANTO VIGESIMO-QUINTO. _En que se trata de la junta que hizo Ibitupu, y asaltos que los suyos dieron en tierra del Per: del acuerdo del Audiencia de los Charcas, y de un temblor terrible en Lima._ No vemos ser seguro lo presente Curar de proveer sin advertencia A lo futuro y tiempo subsecuente; Mayormente que vemos en presencia Pronosticarse el caso que est ausente: Y as mirarlo todo es providencia A nuestro Dios Eterno atribuida, Que de un fin toca al otro sin medida. El de Toledo, dije, como habia Por coger D. Diego hecho guerra Al indio guaran, que residia Metido en la aspereza de la Sierra. Saliendo con su intento se volvia, Sin dejar sosegada aquella tierra, Mas antes con razon mas levantada, Por ver aquesta parte acobardada. Ibitupu, el astuto y cauteloso, Con nimo feroz junta, pregona, Y manda, como hombre poderoso, Que venga en general toda persona. El ser tenido ya por dadivoso, Y que trabajo alguno no perdona, Le hace al guaran venga contento A la presente junta y llamamiento. Con gente acompaado, y pecho fiero A la junta ha venido Condurillo, El viejo Tabob, gran carnicero, Tambien alegre viene con su aillo: Marucar, su antiguo compaero, Procura con sus fuerzas de seguillo Con toda la demas canalla fiera, Que vive por la Sierra, y Cordillera. En un prado apacible y muy ameno, Ibitupue tenia aparejado, De flores olorosas todo lleno, Y de muy frescas aguas rodeado. Tendidos por la yerba, y por el heno, Se comenz el convite, y ha durado Desde el hora de prima, hasta nona; Mas ninguno escap sin maza y mona. Habia mucha caza regalada, Perdices, pavas, aves muy sabrosas, Venados, avestruces, que salada Su carne es buena y sana, muy gustosa; Y dulces frutas, que hay una apropiada A guinda, yaracaes olorosas, Guembes, ivaviraes en gran suma, A rodo los pescados, como espuma. El vino de maiz y de algarroba, De molles, y de murta bien obrado, Seguro que bebian casi arroba, Que media cada cual le estaba dado. Uno habla en latin, el otro troba, Otro habla espaol y vascongado; Mas todos para un fin se concertaban, Y aunque borrachos, todos atinaban. Ibitupue habl de esta manera, Aunque hecho botija y grande cuero: "Metidos en la fuerte Cordillera, Ni Rey, ni Roque hay, por muy guerrero Que sea, que nos pueda echar afuera: Yo solo, con un solo compaero, Me atrevo defender siempre la entrada, Aunque venga el Per de mano armada." "Lo que conviene agora que se haga, Pues que el Virrey se puso darnos pena, Que cada cual por s se satisfaga, Segun su coyuntura fuere buena. Quien muerte dar pudiere no d llaga, Y salga cada cual con buena estrena Al camino, vengarse por sus manos, Matando estos soberbios castellanos." "Yo tengo nueva cierta como viene Doa Maria de Angulo, y Da. Elvira: La muerte merecida bien la tiene." El arco demand, una flecha tira, Diciendo: "Justo es mi fama suene." A d cae la flecha el indio mira: Agero es: que si cae bien derecha, Su cosa tiene el indio ya por hecha. Al punto que tir, viendo en el suelo La flecha estar en alto levantada, Los indios levantaron hasta el cielo La voz, que es su costumbre muy usada: Ibitupue, ya libre de recelo, Con muy soberbia voz apresurada, "Perezca, dice, luego la memoria Del cristiano, y conzcase mi gloria." Aun no acababa bien estas razones, Y un indio cano viejo se levanta, Que aunque en la junta estaba, y escuadrones, Su vida es diferente y aun espanta. El caso que dir yo sin ficciones Ser, que aunque mi musa en verso canta, Escribo la verdad de lo que he oido, Y visto por mis ojos y servido. El viejo con modestia as decia, Pidiendo que atencion le sea prestada. "Sabed, hermanos mios, que venia Una hija que tengo, muy amada, De guardar mi ganado el otro dia, Con una cruz muy bella agraciada; Y yo le pregunt qu cruz es esta? Y oid de la doncella la respuesta." "Estando recogendo yo el ganado, Ya que la obscura noche se acercaba, Mi corazon en alto levantado, En el criador de todo contemplaba, Y habindole en mi pecho gracias dado, Por ver como doncella me guardaba; Un hombre se me puso por delante, De bella compostura y bel semblante." "El hombre me habl dsta manera:" "Doncella, pues que Dios con pecho llano Adras, determina estar entera En tu virginidad, que el Soberano De ti se acordar en la hora postrera." "Diciendo esto tendi su diestra mano, Y dime aquesto cruz, de quien yo creo, Que es don de mi descanso y mi deseo."[89] "Esta mi hija, dice por momentos, Que Dios se ha de enojar, si los Cristianos Hacemos mal, y damos descontentos, Y que antes los queramos como hermanos, Recibiendo sus Santos Sacramentos." Apenas ha hablado, y los insanos Vencidos de sus malas pretensiones, Al viejo dieron muchos bofetones. El gran cacique, dice en su tiana Que al viejo dejen y, porque delira, Y su hija es doncella muy liviana, Y que invenciones toles siempre aspira. Cesle de herir el Chiriguana, Que estaba ya encendido en pura ira, Que no dudo yo cierto, sino fuera Por el cacique, en breve all muriera. Al fin, por loco viejo le dejaron, Y su junta con fiesta celebrada, A sus tierras y casas se tornaron, Con la cosa en la junto concertada. Y luego en los caminos asecharon La gente que pasaba desmandada, Y crudo sacrificio cada dia De la gente espaola se hacia. A frailes y soldados, que salian De Santa Cruz, mataron crudamente, A chcaras y valles se venian, Adonde cautivaban mucha gente: De suerte que el estrago que hacian Causaba gran temor al mas valiente. Hernando Salazar entrar procura, Y oid una desdicha y desventura. Despues de aquel dislate y alzamiento, Que en la Asumpcion, digimos, fu imputado A Mendoza, se hizo un casamiento, En que con Doa Elvira (degollado Su padre) un caballero de talento Cas, Nuflo de Chaves fu llamado: Hombre feroz, valiente y animoso, Y nada de peligros temeroso. Aqueste Santa Cruz pobl primero, Y los Charcas sali, d la obediencia De lo poblado di este caballero, Al Presidente, Oidores de la Audiencia. Entre los indios era carnicero, Por donde le pagaron su impaciencia En Boitim, que el pueblo as se llama, Al pi de un alto cerro de gran fama. Aapureyta el cerro tiene nombre,[90] _A donde el Diablo canta_, decir quiere. No osa en l subir cualquiera hombre, Que que el sube, de espanto, dicen, muere. Y porque, si mas digo, no se asombre Quien cosas de admirar aqu leyere, No quiero mas decir de aqueste perro, Y creo que en callarlo poco yerro. Viuda Doa Elvira, pues, y sido De Don Diego el dislate ya contado, Con su madre al Per hubo salido, Que as por el Virrey les fu mandado. A Espaa el de Toledo siendo ido, A Santa Cruz volver han procurado: Hernando Salazar lleva la guia De los treinta que van en compaia. En un paso se ponen peligroso Los indios Chiriguanos en celada: El espaol del dao receloso No fu, que si supieran la emboscada, No fuera el mal suceso tan daoso. Mas no siendo la cosa bien pensada, Sucede contra el voto, y lo pensado, Y luego se atribuye al triste hado. El buen hado es Divina Providencia, Servir el hombre Dios con mucho tino, Poner en todas cosas diligencia, Y no faltar en medio del camino. Si Salazar tuviera la advertencia Que aqu digo, bien cierto yo imagino Que no murieran nueve, que pensando No haber peligro, iban caminando. La gente va marchando, pero viendo Que los tristes, que fueron delanteros, Murieron, del negocio se temiendo, Quisieran hallar todos agujeros. Salazar desmay que va rigiendo; Desmayan los soldados compaeros, Que tantas flechas ven venir lloviendo, Que la tierra con ellas van cubriendo. Fenece aqu la triste su triste hora, Cubierta de mil flechas y arpones: Doa Maria de Angulo, causadora De motines, revueltas y pasiones, Amiga de mandar, y tan Seora, Que con todos tramaba disenciones: Su nieta Doa Elvira, mal herida, Quedaba entre las yerbas escondida. Doa Elvira su madre con recelo Procura por su hija; pero viendo Que no parece, grita hcia el cielo, Sus dorados cabellos descogiendo. Sotelo revolvi con grande duelo, Y entre los Chiriguanas se metiendo, Sacaba la doncella, aunque llovian Las flechas ya sobre l que le cubrian. Tras ellos la victoria van gozosos Los brbaros, siguiendo grande trecho: Como corderos mansos temerosos, Los nuestros el huir por gran provecho Juzgaban: mas los indios codiciosos Del interes, curaron muy de hecho A partido venir con los cristianos, Y as se les hinchieron bien las manos. Doa Elvira en aquesto el todo ha sido, Que con dulces palabras les hablaba, Y como en la Asumpcion hubo nacido, La lengua Guaran bien pronunciaba. Al fin con interes se han convencido, Y el rescate con sobra se les daba, De suerte que cesaron de la guerra, Y ayudan pasar el agra Sierra. Sabido ac en los Charcas, fu acordado Hacer guerra cruel al Chiriguana: El caso de esta suerte se ha ordenado, Que el Presidente tiene buena gana; Y as con grande ardid al que es soldado La voluntad en esto bien le gana, Y hcele merced en cuanto quiera, Porque entre en la jornada y cordillera. Don Lorenzo Suarez Figueroa Sali de Santa Cruz, que es de la Sierra: Hombre de grandes prendas, y de loa, Y que merece mas que aquella tierra. Con gran solicitud pone la proa, Queriendo al Chiriguana hacer guerra. Es General de toda la campaa De Crdoba la Llana en nuestra Espaa. El Conde del Villar en esto viene Por Virrey, y pensaron que hiciera La guerra; empero, dicen, le conviene Dejarse de esta guerra y cordillera, Que nuevas de Francisco Drake tiene, Que viene muy pujante en gran manera. Dirse en su lugar, porque es flagelo, Que por castigo envia Dios del Cielo. Con esto estaba el Conde tan medroso, Que solo de escribirlo tengo miedo: Parece aqueste caso milagroso, Que estaba el Per todo, decir puedo, Sin contento, sosiego, ni reposo, Y estbase el ingles all muy ledo. Juicios son de Dios muy encumbrados, Y no de todos hombres alcanzados. El Virrey al Callao va, y se aplica A hacer gran priesa un grande fuerte: Con muchos el negocio comunica, Mas no responden todos de una suerte; Por esta causa el Conde no fabrica, Que tiene gran deseo que se acierte; Y toma en la consulta all la mano, Y habla de esta suerte un Trugillano. Don Luis Sotomayor "de que aprovecha El fuerte, dice, en tierra, donde puede Tomar el enemigo cualquier trecha, Sin que en manera alguna se le vede Del fuerte? Lo mejor es, que bien hecha Le sea, con la gente que aqu quede, La guerra al enemigo, si viniere, Con fuerza lo mejor que ser pudiere." Estando desta suerte recelosos De Francisco, sucede O cosa extraa! Un caso entre los casos temerosos, De Dios castigo, y muestra de la saa Que tiene con los hombres flagiciosos. La mar sali de curso, y as baa El puerto del Callao, y la marina, Y gran parte del pueblo cae con ruina. Bramaba con bramidos la mar brava, La obscura y triste noche entristecia, Las crines y cabellos erizaba, El alma y corazon amortecia; El sexo femenil que lamentaba, En aprieto y angustia mas ponia, Lgrimas, y sollozos, y gemidos, Suspiros, gritos, llantos, alaridos. En poco estuvo el Conde de perderse, Y al fin sali, huyendo el aposento, A Santo Domingo v refugiarse, D llevan de la iglesia el Sacramento; Despues por mas seguro guarecerse, En el campo la noche hizo asiento: Y oid lo que pasaba en esto en Lima Que solo referirlo causa grima. Es Lima una ciudad, bella, galana, De edificios hermosos y graciosos, Apenas vereis casa sin ventana, Los altos por de fuera no vistosos, Que cubiertos estn estera vana; De dentro empero son maravillosos, Que como nunca llueve por semejas, No curan de poner sobre ellos tejas. Con quietud se vive, y en consuelo, Sin pena, sin dolor y sin tristeza, Que no dura jamas el triste duelo, Que es Lima del Per flor y belleza. Sereno est, apacible y claro el cielo, En un ser uniforme y gran firmeza, Y aunque ha habido temblores muchas veces, Mas ha sido el ruido que las nueces. Empero en este trance tan terrible Exceden ya las nueces al ruido: Negocio al parecer muy increible, Que hace salga el hombre de sentido. A muchos pareci ser imposible Haber por natural acontecido, Sin que causa secreta interviniese, Y con rigor la mano intrometiese. A prima de la noche muy obscura, La ruina sucedi con temblor crudo; No est ni puede estar casa segura, Ni el hombre defenderse con escudo, Si Dios, que es propia guarda, no procura Guardarnos; pues aquesto solo pudo Dejar de aquesta suerte castigada A Lima con su gente amedrentada. Cayronse las casas mas lustrosas, Los templos, y las mas ricas capillas, Que all muestra las manos poderosas, Y hace muy mayores maravillas. El alto donde hay fuerzas belicosas, En freno quebrantando las mejillas De aquellos que procuran alejarse De su divino bien, y no acercarse. A Lucifer soberbio, jactancioso, Que la maana fresca reluca, Al infierno en tinieblas temeroso, Condenado en perpetuo Dios le enva. Aquel rico avariento codicioso, All desea gustar del agua fria: El poderoso Rey fu convertido En bestia, y heno y yerbas ha pacido. A la bendita Virgen soberana, Espejo de humildad y de pureza La vemos por la f como maana, Y aurora, coronada de belleza. A Lzaro se di de buena gana El prmio de su pobre y vil pobreza, Al manso Rey David di Dios el cielo, Que manso fu, aunque Rey, en este suelo. Al fin pues el temblor que voy contando Las casas desbarata mas fornidas. Echando por el suelo, y derrocando Las torres muy hermosas y lucidas; A las calles se salen suspirando Las damas, de temor amortecidas Quedaban, que era lstima mirarlas, Y mas que no hay quien pueda consolarlas. Qued de este temblor tan arruinada, Y tan perdida Lima, que ponia Espanto nuevo en verla mal parada. Que piedra sobre piedra no tenia. Hallbase en la calle sin posada Quien bella casa antes posea, Y todos, como dicen, la luna Quedaron en la prueba de fortuna. Cual hizo habitacion con una estera, El otro con un toldo pone tienda, Y con una tristeza lastimera, Recoge lo que puede de su hacienda; A todos pareca la hora postrera. Madeja muy revuelta era sin cuenda, Y el cabo no se halla, aunque se busca, Que todos andan hechos _chacorrusca_. El Visorrey se v con los Oidores A San Francisco, y hacen el Audiencia En toldos, que aposentos los mejores Tuvieron muy menor la resistencia. Dejemoslos aqu, frailes menores, Metidos en clausura y obediencia, Que Candish andaba agora muy envuelto En el Estrecho y sur, y el diablo suelto. CANTO VIGESIMO-SEXTO. _Como el Capitan Tomas Candish, seor de Mitiley, sali de Inglaterra, y atraves el Estrecho de Magallanes, y tom tierra en la Puna y Paita en el Per, y de vuelta tom un navio que venia de la China._ La prfida de s misma olvidada, De la insigne y famosa Inglaterra, Isabela, la Reina depravada En la F (que con Cristo nos encierra En el aprisco y choza consagrada) Procura en tanto grado hacer guerra A nuestro gran Filipo, que cuajado El mar trae de corsarios su mandado. A un Tomas Candish, muy orgulloso, Con armada despacha, pretendiendo Que fuese como Drake venturoso: A tiempo fu, que vide estremeciendo De temor al Per, y receloso. De Chile v la nueva discurriendo; Pensabamos ser Drake el que venia, Y tal era la fama que corria. Entre soldados, gente desalmada, Por trisca se decia, que sabido De Drake, sea la nueva bien llegada: Quiz que mudaremos el vestido, Que nuestra profesion no est estimada, No andando el enemigo embravecido; Viniendo, pues, aqueste Luterano, Podrnos suceder dichosa mano. Yo vide en Chuquisaca alborotada La cosa, y el Audiencia despachando A Lima vn correos; resguardada La costa, presto fu gente juntando, El Conde del Villar, de mano armada, Con muchas prevenciones, procurando Guardar al gran Seor su tierra sana, Aunque venga la Reina Luterana.[91] Aqu dejar agora yo no puedo De decir, y tocar muy brevemente Una maldad diablica, y enredo Que el demonio frag entre aquella gente Indiana; que en pensarlo solo quedo Confuso, y agenado de mi mente: Que una carta los ingleses escribieron, Y en ella estas razones le dijeron. "Ilustres mis Seores Luteranos, Venid, porque os estamos esperando, Que queremos serviros como hermanos, Vuestras cosas contino sustentando." Estas cartas vinieron las manos De la justicia, el caso procurando; Los indios que hallaron ser culpados, Publicamente fueron castigados. Tomas Candish pas bien el Estrecho Mas no tom jams en Chile puerto, Que piensa de hacer mejor su hecho Hallando algun navio sin concierto. Guiado de interes en su provecho, De la costa el camino lleva cierto Al puerto Arica, mal fortalecido; Y oid como la cosa ha sucedido. En este tiempo estaba gran riqueza De barras en la playa, y por el llano La gente acude luego con presteza, Y viendo que surgia el Luterano, Sacaron fuerzas, todos, de flaqueza, Pensando de probar all la mano: Los hombres con las armas acudieron, Las mugeres tambien all salieron. De sus paos y tocas las banderas[92] Al aire desplegaban menudo: Las mismas que salian las primeras Tornaban salir, y nunca pudo El Ingles entender estas quimeras; Que guarda Dios, si quiere, sin escudo, Y donde l no enva sus favores, Enbalde son humanos guardadores. A no caer el Ingles en el engao, Que causan con banderas y alboroto, Hiciera en aquel puerto mucho dao, Y fuera el miserable puerto roto. Milagro fu, sin duda, y caso estrao Estarse el enemigo algo remoto De tierra por tres dias, contemplando Lo que est nuestra gente maquinando. Al cabo de tres dias, receloso De que la gente est fortalecida, Lev ferro con furia deseoso De hallar d pillar en su corrida. Por el parage pasa, presuroso, De Lima, d la cosa conocida, El Conde del Villar Pedro Arana Trs l envia con gente muy lozana. El enemigo yendo navegando, Y tomando un navio en el camino, Aquello que le agrada mas robando, Al piloto llevarle le convino. A la Pun su rumbo enderezando, Que all lleva su proa, y su designo, Lleg estando todos descuidados, Por donde fueron presto saqueados. En Guayaquil en arma se pusieron, Sabiendo que el Ingles all ha llegado; A la Pun en breve descendieron: Tambien en Quito el caso relatado, Capitan y soldados proveyeron; Y habiendo la Pun todos llegado, Las dos cabezas mal se concertaban, Por donde mas erraban que acertaban. De Guayaquil Reinoso habia salido, El cual por el Virrey all mandaba; De Quito el que sali ha pretendido Mandar aqu, diciendo, que llevaba Del Audiencia poder, d fu elegido: As la cosa tuerto se guiaba. Tengamos, dice, el uno aqu sosiego: El otro, dice, marchen todos luego. Con toda su tardanza al fin llegaron A la Pun, d estando descuidada La gente inglesa, ellos comenzaron A darles una grande rociada; Mataron veinte, dos les cautivaron. La gente inglesa as desbaratada, Recogese huyendo una montaa, Los nuestros se estan quedos en campaa. De los navios jugando artilleria, El enemigo los nuestros dao hace, Con su grave, importuna bateria, En breve nuestro campo se deshace. A lo alto de un cerro se subia, De lo cual al Ingles mucho le place, Que viendo los cristianos retirarse, En su lancha procuran embarcarse. Quem aqu un navio el Luterano De los tres que traia, y gran priesa Se leva la maana muy temprano, Y Paita sin parar presto atraviesa. Al Piloto echa en tierra de su mano, A los de Paita enviando su promesa De seguro, mas ellos no quisieron Concierto, sino al monte se huyeron. Salt el Ingles en tierra, y al poblado lleg con furia cruel y repentina; Y como le ha hallado despoblado, Con su rbia diabolica y maligna A una Santa Cruz ha escopetado, Robando lo que halla all, camina. El piloto qued all abscondido, Que al alto con los nuestros se ha subido. Arana, que venia muy pujante Con dos fuertes y bellos galeones, Con una veloz lancha de delante, Allega Manta. Salen escuadrones: (Pensando ser ingles) en un instante Cien soldados estaban chapetones, Cincuenta vaqueanos, que Alvarado Al punto los ofrece de buen grado. Arana le responde, que su mano Y diestra sola basta con su gente Contra el poder y fuerza del tirano, Que no quiere socorro de presente. La costa corre toda el Luterano, Arana se volvi muy diligente, Aunque de nueva Espaa se le envia Aviso de que est en una bahia. Candish, muy su gusto dar carena Se mete en la bahia, que le place, Sin temer de que cosa le d pena, Refresco toma, y agua y lea hace. Su gente de dolor quita y agena, Con la ocasion presente se rehace, Y en la primera al viento vela dando, La costa de la China va bojando. De vuelta de la China, muy cargada Encuentran una nave de tesoro: A su diccion y mando fu entregada Con suspiros, y lgrimas y lloro. En breve ha sido toda despojada De sedas, brocateles y fino oro. Un clrigo all viene enriquecido, Que en verse as robado, est afligido. De su plata y tesoro codicioso, Con nimo tambien de hacer hecho De memorable fama y honroso, Al peligro constante puso el pecho: A sus amigos dice: "poderoso Con vosotros me siento y satisfecho, Si quereis ayudarme, mis hermanos, Contra aquestos soberbios luteranos." "Probemos, si os parece bien la mano, Y en tiempo que del sueo esten vencidos, Acuda cada cual su tirano, De suerte que la muerte adormecidos Los coja, con favor del Soberano: Pues son sus enemigos conocidos, Favor nos dar Dios, pues que bien puede, Para que con la vida nadie quede." No pudo ser secreto este concierto, Alguno al capitan lo ha revelado, Y como fu en fuerte hora descubierto, Al clrigo de un mastil ha colgado. Volvise sin tomar Candish mas puerto, Habiendo todo el Orbe rodeado, Y entr en Inglaterra poderoso, Muy rico, muy contento y muy gozoso. La Reina luterana, como vido El valor de Candish y su ventura, Y el Diablo que tambien su tela ha urdido, Despachan Candish, el cual procura De la ocasion ya ser favorecido: Parcele gozar la coyuntura. Sali de Inglaterra con pujanza; Dir lo que sucede en otra estanza. CANTO VIGESIMO-SEPTIMO. _En este canto te trata de la toma y robo del puerto de Santos y San Vicente y de los insultos y maldades que all hizo el Capitan Tomas Candish, Seor de Mitiley, y Capitan General de la Reina de Inglaterra._ Si solo viene el mal, decir se suele Bien vengas mal; mas siendo acompaado, Mas grave es el segundo, y aun mas duele El golpe, cuando viene redoblado. La carne mas machuca, y mas la muele, Por hallar el lugar ya maculado; Y al fin duran las penas y cuidados, Cuando los males ton mas frecuentados. La presa de Candish ya recontada, Que hizo en el navio de la China, Tuviramos por bien, si de llegada En su tierra parra; mas camina De vuelta, con muy gruesa y bella Armada; La lnea atravesando, determina Tomar tierra brsilica, y llegando La costa toda iba demarcando. Tom algunos navios en la costa, Y entre ellos un Marquina, que ha venido De Potos con plata, por la posta, Por gozar de la nata, que ha tenido Aquel trato, aunque l le entrra en costa, Que mucha mercancia le ha cogido Candish: con solos negros le dejaba, Con que viviendo, rico se juzgaba. Aqu tom un piloto, que le guia: Jorge Luis le llama. Como vido El Ingls, que piloto ya tenia A su gusto, y la tierra ha conocido, Y que tomarla bien le convenia, A su almirante Gallo ha cometido Con el piloto el caso; los dos fueron A Santos, y en el puerto se metieron. Paz, paz, entran diciendo con voz alta, El nombre Don Antonio, y apellido Invocan, que no hizo alguna falta A su negocio: luego el afligido Y triste pueblo, viendo como falta La fuerza, su diccion qued rendido. Un mancebo muri, que resistia: Machado lo caus, bien se decia. Era juez entonces un Machado, Y dicen, que bien pudo, si quisiera, Que del Ingles no fuese saqueado El pueblo, y el mancebo que saliera Con arco y flechas de otros ayudado Bien fuera, si Machado no impidiera, Y en breve mucha gente se juntra, Con que el Ingles victoria no cantra. Mas viendose el Ingles favorecido Con palabras de amor y fingimiento, Despues de haber el mozo mal herido, Caido muerto, dice muy contento. "Ninguno quiero sea aqu ofendido, Ni tal me pasra por pensamiento, Que solo proveernos de comida Pretendemos pasando de corrida. Con esto aquella gente miserable En la iglesia se estaba; el adversario La cerca, ya es el caso irreparable: Entrando, matar quiere all al vicario, Y un fraile, caso horrendo y detestable, Que el templo profanando el temerario, Imgenes, reliquias de consuelo, Con irrision echaba por el suelo. Prendi los principales, demudando A todos cuantos pudo aquella hita, Las casas por el suelo derribando, Las tablas, y madera y palos quita: Y luego por la tierra caminando, En San Vicente se entra, dando grita; Asulalo tambin en un momento, En esto entra Candish con gran contento. Estando en esta isla apoderado, Procura embarcacin muy conveniente Hacer, porque tenia buen recado, Y aparejo hallaba entre la gente. No habia el mes tercero bien pasado, Y acaba su bajel cumplidamente, Veinte remos por banda le ha metido, Con que Candish se halla enriquecido. Aquesta embarcacion deja entenderse El fin con que Candinh la fabricaba, Para poder con ella bien meterse En puerto: que tomar imaginaba Alguna tierra, d pueda valerse, Y aquesto su designo le guiaba; La fama por la costa se estendia, Que para el Argentino la hacia. Del rio de Genero ha despachado A priesa Salvador de S Correa, Diciendo, como Santos ha tomado, El Ingles: que la cosa se provea All en el Argentino con cuidado, Que v nuestro enemigo de pelea: Allega un navichuelo y d el aviso, Y vulvese Genero de improviso. Vereis en Buenos Aires discernirse El caso con diversos pareceres, Procura cada cual escabullirse, Llevndose consigo sus haberes. Al fin han procurado convenirse En que salgan los viejos y mugeres, Y frailes y muchachos del poblado, Y que la mira quede all el soldado. La msera hacienda recogida A prieta, de tropel y sin concierto. En carros y carretas fu metida, Que huir, todos dicen, es lo cierto. La tierra adentro salen de corrida, Dejando los soldados en el puerto, En centinela estan de noche y dia, Y cada cual igual temor tenia. Llegu yo esta sazon en mi navio De all de la Asumpcion con poca gente; El pueblo se holg y tom brio, Y sus casas volvieron de repente. Candish con su pujanza y podero De Santos sale un dia alegremente, Y ac en el Argentino hacen vela, Que mucho su venida se recela. Mas l parte de Santos recta via, El Magallan Estrecho demandando, Y tanto el Sur le sigue y combata, Que vuelve popa via ya arribando. El Almirante el rbol d y renda En frente el Argentino, procurando Las fuerzas contrastar del fuerte viento, Mas l no le ha dejado con su intento. A mi los naturales, preguntados Sobre esto, muchas veces me dijeron, Que vieron dos navios anegados, Y en un punto de vista los perdieron, Con lenguas fueron bien examinados, Los indios que esto mi me refirieron, Y dicen, que escap solo una nave, Que vuela por los aires como un ave. Esta fu de Davis, muy entendido, Que vuelta del Estrecho se ha quedado Con tres naves, las dos se han sumergido Que cosa alguna dellas no ha escapado: De su saber Davis bien se ha valido, Y del temor las fuerzas ha sacado, Escapa con la maa mas que pudo De aquel contrario tiempo, fuerte y crudo. Aquel barco que dije, de Genro Aviso habia traido al Argentino, Tornar ha procurado de ligero, Queriendo aprovecharse en el camino: Que es grande la codicia del dinero, Y al hombre fuerza haga desatino: Sali del rio Genro, mas la hada A priesa corta el hilo su husada. En l iban algunos pasageros, Que llevaban su pobre mercancia: Don Pedro y don Francisco, caballero De Estepa, que es lugar de Andaluca. Piloto, con maestre y marineros, Mas no como en tal caso convenia, En tomar se engaaron el altura, Principio cierto de su desventura. Comienzan virar, pues, engaados, Pensando que embocaban por el rio, Mas iban muchas leguas apartados Vencidos de su loco desvaro. En costa y tierra dieron desrumbados, A la fuerza entregados del gento: Una ola D. Pedro le ha volado, Y el mar profundo y bravo le ha tragado. Los demas pasageros han salido A tierra, su miseria lamentando. La gente indiana, luego como vido Que se iba este negocio aderezando En su pr, al encuentro han acudido, Y en breve los Cristianos se acercando, Comienzan prenderlos, y mataban A los que defenderse procuraban. Charruas es la gente que aqu habita, Que ha hecho grande estrago en los cristianos: Es gente muy cruel y muy maldita, Tambien ha hecho presa en luteranos. Est de estos Charruas otra mita De indios de este nombre, mas cercanos; En Buenos Aires tratan y contratan, Y all nos llevan cosas que rescatan. Aquestos nos digeron que tenian Los otros tres cristianos por cautivos, Y que ellos del rescate tratarian De aquellos que hallasen estar vivos, Y que luego nosotros los traerian. Nosotros en aquesto compasivos, De cosas les henchimos bien las manos, Deseando librar nuestros hermanos. El cobertor quit yo de mi cama, Porque un cacique bien se ha aficionado; Echamos por el pueblo una derrama, Y en breve gran rescate se ha juntado. Entre los indios corre bien la fama, Que el rescate es muy rico y muy preciado, Los cautivos trageron gran priesa, Por gozar del rescate y la promesa. A quien no ha de causar esto mancilla, Si tiene de cristiano sentimiento, Que no qued de toda la cuadrilla Alguno, mas que tres; pues el tormento Que pasan, y la pena, quien decilla Podr? que mi en pensarla ya el aliento Me falta, y la pluma desflaquece, Y mi lengua turbada, se entorpece. Tragronnos los tres en carnes puras, El uno sacerdote, y dos soldados;[93] A todos se les dieron vestiduras, Y fueron lo posible reparados. Contronnos sus tristes desventuras, Juzgndose por hombres bien librados, En haber escapado con la vida, Habindola tenido por perdida. En que trabajos mete la codicia, Y el procurar ganar la plata y oro, Y mas cuando fortuna le es propicia: Aquel que v juntando gran tesoro No siente el sin ventura la malicia, Los males, sobresaltos, pena y lloro, Que le es fcil lo que es dificultoso, Con fin de conseguir su fin gustoso. Est el Seor de Mitiley en esto Tan triste, que mil vidas cierto diera, Por no ver el suceso tan funesto Del Armada lucida que l tragera: Pues vuelve de arribada muy de presto Adonde estuvo ya la vez primera, Pensando rehacerse y no ha podido, Segun en lo siguiente es referido. CANTO VIGESIMO-OCTAVO. _En este canto se cuenta la gran victoria que tuvieron los portugueses contra el Sr. de Mitiley, y de la prdida y desbarate de su Armada._ Tener bravos encuentros de fortuna, Contrastes, baterias y debates, Estar con esperanza el alma alguna De conseguir victoria en sus combates, Efectos son que causa la importuna Con sus revoluciones y dislates, Que no puede fortuna estar estable, Que consiste su ser en ser mudable. Quien libre podr ser de esta seora, Sin que obligado sea de ordinario Como cautivo, Reina Emperadora, A serle de contino tributario? Ya dndole las gracias de hora en hora, Por el bien recibido, ya al contrario Juzgndola por loca y por insana, Ingrata, fementida, cruel, tirana. Tomas Candish, que estaba tan pujante, A la rueda pensaba que tenia De aquesta gran tirana, mas constante Que su poca fijeza convenia: Mas ella se le vuelve en un instante Tan contraria su vana fantasa, Que causa que su vano pensamiento A las vueltas se vaya con el viento. Viniendo, como dige, de arribada, Pensando entrar en Santos, toma tierra Tres leguas mas atras: siendo avisada La gente sale priesa de la sierra: En la falda formaron emboscada, Ardides necesarios en la guerra. El Luterano viene descuidado, Pensando que ser bien hospedado. Salieron veinte y cinco en una lancha, Con fin de que podrian refrescarse En tierra, por la playa grande y ancha, Para de su fatiga repararse: Empero nuestra gente los desmancha, Y al tiempo que volvian embarcarse, Cominzanles dar gran bateria Con fuerte y muy espesa flecheria. Un mancebo la lancha acude luego, Y por la mar adentro la metia, Nadando por el agua, y pega fuego, Que en breve por la lancha se encendia. El Luterano est de miedo ciego, El Cristiano con fuerza acometia; Rodaban los ingleses por el suelo, Que ayuda los cristianos Dios del Cielo. Cebronse los indios de tal suerte, Que no se contentaban dar flechazos, Y as dan al Ingles muy cruda muerte, Matndole con crudos macanazos. Aquel que se mostraba ser mas fuerte, En un punto le hacen mil pedazos, De veinte y cinco, dos solos vivieron, Que vindose perdidos se rindieron. El uno de ellos era cirujano, Grandsimo filosofo y latino, Mostraba ser en obras muy cristiano, Que yo trat con l muy de contino. El otro era mancebo cortesano, En mi nave de Santos este vino; Entrambos se quedaron en la costa, Que les hace en comer el Rey la costa. Los indios los muertos les cortaron Las cabezas, y virades la grita Con que la fiesta alegres celebraron De su victoria santa y muy bendita. A Santos con su triunfo se tornaron, Un dedo lleva un indio, que le quita A un ingles, que anillo en el tenia De fino oro, con piedra de vala. Vispera de San Pedro ha sucedido El suceso jocundo y placentero. Candish, que est del hecho entristecido, Presume de vengar el desafuero: Escribe en una carta, que el partido Que quiere, es que le den un caballero, Si es vivo, de valor y noble sangre, Sino que tomar al pueblo por hambre. Entre los veinte y tres ha sido muerto De un conde el hijo amado que tenia: Aquesto all se supo en aquel puerto, Y que Candish volver no convenia Sin l, porque el morir le estaba cierto, Segun el padre, conde, le queria. Por esta causa all cartas escribe, Y fuego y sangre todos apercibe. Mas viendo que sus retos son en vano La vela d Candish desconfiado. San Sebastian, que es isla all cercano, Tomar por rehacerse ha procurado: No est lejos de all un Lusitano, Salvador de Correa, muy honrado, En nombre de Filipo en el Genro: Y oidme lo que hizo el caballero. Al punto que se supo que surgido Habia en esta isla el enemigo, Con un pecho y valor ennoblecido, (Que de servir al Rey es muy amigo, Segun yo siempre en l he conocido Y soy en muchas cosas buen testigo) A su hijo despacha por la posta Con gente, por la mar y por la costa. Tan bien lo hizo el hijo, que llegando D estaba el enemigo descuidado, En un punto le cerca, escopetando De suerte, que gran priesa se ha embarcado. La vuelta de la mar iba tomando, Y treinta y cinco muertos le han quedado, Con que queda Correa, el mozo, ufano, Y mas con ver que huye el Luterano. Sali Candish de aqu con crudo duelo, Cubierto de dolor y grande llanto. Con priesa procuraba de ir de vuelo: Al Almiranta llega con quebranto, Que viene desmanchada y sin consuelo: Al puerto van, llamado Spiritu Santo; Con lanchas y bateles echa gente, Y l qudase en la mar ac de frente. Al tiempo del entrar, gran batera De los fuertes les dieron y flechazos: La gente indiana armaba gritera, Los nuestros, sin parar, arcabuzazos. Vencidos de la espesa flechera, Y de los fuertes tiros y balazos, Huyen los ingleses que quedaron, Que ciento y diez los nuestros les mataron. Del un fuerte los nuestros han salido, Metindose en un grande y alto mato: Los ingleses al fuerte han acudido, Del otro fuerte vienen al rebato, Del mato vuelven ya con alarido; Dur la cruda guerra grande rato, Cayendo los ingleses luteranos Sin muerte, ni herida de cristianos. De aquellos que se huyen en llegando, El General Candish cuatro ha ahorcado, Otros cuatro se vienen, que velando Estuviesen las boyas ha mandado. Huyronse nosotros, procurando Escapar con la vida; que enojado Est Candish, por ver el desbarate Que hicieron, por dar aquel combate. No les mand Candish que acometiesen Los fuertes; que sondasen solamente Les dijo, y que luego se volviesen, Porque l despues entrra con su gente; Y como lo contrario ellos hiciesen, Y de ello sucediese el mal presente, Estaba en pura clera metido, Y ageno de juicio y de sentido. No hay quien le consuele; porque estaba Cualquiera de ellos tal, que no sabia Si aquello era verdad lo soaba, Si fuese vana loca fantasa: As que cada cual por s lloraba Y solas cada cual por s plaa. Candish, que mas lo siente, sus pasiones Pregona, publicando estas razones. "Maldito sea aquel da en que nacido Yo triste fu, que nunca yo naciera, O y, que y nac, que perecido Al punto que nac luego yo fuera: O ya que no lo fu, el encrudecido Y hondo mar en s me recogiera, Y no viera yo aquesta desventura, Teniendo tan dichosa sepultura." "Qu tengo de hacer, triste, mezquino, Como podr soldar yo quiebra tanta? Si all Inglaterra yo camino, Habrlo de pagar esta garganta: Pues d puedo tomar otro camino? Que tierra, mar y cielo ya me espanta: Porque no vienes muerte cruda ingrata, Si darme quieres vida, aqu me mata." Alzando priesa el ancla mar afuera, De un bordo y otro anda entristecido: La noche sobreviene muy ligera; El almirante, viendose perdido, No curando de seguir mas su bandera, Dispara como ha sido anochecido, Y viendose Candish desamparado, Las velas popa via ha velejado. Davis, dije, volvia de arribada En su nave; las dos fueron abriendo, Y pique fu la gente supultada, En el fondo al infierno descendiendo. Al Isla Grande viene, as llamada, Davis, que cruda sed ya padeciendo Venia con su gente: aqu ha surgido; Y od lo que en la isla ha sucedido. Aqu saltaron quince refrescarse, Con fin de meter agua en el navo, La gente que all est, cura emboscarse, Con ayuda tambien de algun gento. En ellos dan, al tiempo que embarcarse No pueden, ni huir del podero De los nuestros; de suerte que murieron Los trece, y los dos vivos cogieron. Davis se retir y va huyendo, Sin saber de Candish ni la Almiranta. As se fu esta Armada deshaciendo: La costa la victoria bella canta, Las gracias siempre Dios de ella haciendo; Que tal victoria admira, y aun espanta; Que bien parece ser de Dios venida, Por el Glorioso Pedro merecida. Quien duda que San Pedro, como vido Su templo de los malos profanado, Pues fu de su Seor el elegido Por, cabeza y pastor de su ganado, Que no dijo:--"Seor, porque has querido A tu pastor dejar desamparado? Mira que est en oprobio tu rebao, Remedia, buen Jesus, tan crudo dao." De aquellas once mil, una cabeza Los ingleses tambien en aquel dia A mal echaron! Santa y rica pieza! Quien duda Dios la Virgen le dira, "La injuria vos, Seor, bien se endereza, Y contra vos el mal se cometa, Pues sois para vengarla poderoso, Destruya vuestra diestra al flagicioso." La figura de Dios crucificado, Que en la iglesia y altar devota estaba, A quien el enemigo ha desgarrado, Y de ella con oprobio se burlaba, Pues representa Dios Verbo Encarnado, Quien duda al Padre Eterno se quejaba, Y dice: "aunque Cordero muy benigno, Perezca ya este espritu maligno?" Tambien los viejos claman, suspirando, Los mozos all miran hcia el cielo, Las damas y doncellas lamentando, Cubrian con sus lgrimas el suelo: Los tiernos machachuelos sollozando, Publican su dolor y desconsuelo, Por esto fu Candish desbaratado: Que el justo nunca fu desamparado. Al corazon humilde y doloroso, Envuelto en contricion, nunca aborrece El Alto; y al que v menesteroso De su socorro, bien le favorece: Pues quien no habia de estar all lloroso En Santos, d la causa tanto crece Con robos, destruccion y cautiverio, Flagicios, tiranias, improperio? Por mis ojos yo v, de pocos dias, A Santos, con su isla, que robada Por este Candish fu, y las vacias Y pobres casas, gente lastimada, Me daban entender por muchas vias Aquella tirana celebrada All, contra dos pueblos lusitanos, Cuando de ellos triunfaron luteranos. All vide las fuerzas derribadas, Las torres y los altos edificios; All vide las casas derrocadas, Y sacadas las puertas de los quicios: Por madera en el fuego son quemadas, Y tuvieron por grandes beneficios Los que enhiestas en pi hallan sus casas, Porque las mas estaban hechas brasas. No me hizo admirar aquesta ruina, Que el cazador que entra por un coto, La caza mata, toda cuanta atina; Y el soldado que v al campo roto, Del alto abajo todo desollina: Mas pena me di el ver que aquel piloto Que tengo referido, lusitano, En el puerto Candish meti de mano. Aqueste merecia ser quemado, Y el Capitan, que preso le tenia En Santos, donde estuvo tal recado, Que huyendo se fu donde ha querido: Mirad lo que har aqueste pecado, Pues le tiene el Demonio pervertido, Y no querr, mi Dios, que tal delito Lo ponga yo en memoria por escrito! Aqu quiero dejarlo, prometiendo En otra parte cosas muy gustosas, Que estoy en mi vejez yo componiendo Del argentino reino. Hazaosas Batallas, que el Dios Marte v tegendo, Conquistas y noticias espantosas. Lo que he dicho y dijere en mi escritura, Sumito al Santo Oficio y su censura. TABLA DE LAS COSAS MAS NOTABLES, QUE SE CONTIENEN EN LA ARGENTINA, CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA. =A= Abarori, indio. V con Melgarejo, ofreciendo guiarle, y le mete en una isla frtil--122. Abayuba, indio. Sobrino de Zapicano--104, y muy amado de l por sus buenas calidades--109. V al campo de Juan Ruiz, y es preso. Libre, vuelve con indios de guerra, y mata muchos espaoles desparcidos--110. Vuelve, y sigue muy ligero dos que huyen--113. Furioso, es muerto por Leiva--148. Abejas--215. Abrego. _V. Diego._ Abrojos. Bajios en la costa del Brasil--82. Acais, significa Vlgame Dios--30. Agaces. Indios--6. No tienen pueblos, y donde vivian?--28. Matan un fraile francisco y otros espaoles, y cuidado que tuvieron de un resplandor del Cielo, y una doncella--118. Agua en caas, de buen sabor--32. Aguaceros en la linea--82. Aguazo, cacique, dispone con _Yamend_ y otros traicion contra Juan Ortiz--134. Aguero bueno para romper guerra entre los indios, caer derecha la flecha que disparan--281. Aguilera, valiente en la batalla de los Charcas--149. Acude sosegar el motin de Santa-F--238. D muerte Gallego, cuando le pidi ayuda, y lo que le dijo--_ibid._ Ayala, alguacil, echa la gente de la iglesia, en la Asumpcion, y saca de ella al Obispo empujones--70. Atumir Puerto, se describe, y ruina que padeci en l la armada de Juan Ortiz--123. Alegrias que hace una nacion en las muertes--181. Algarrobas, hacen vino de ellas los indios--280. Alma, para qu fu criada imgen de Dios?--25. Alonso de Cuevas, quiere librar su muger de los indios, y por meterla en el navo se le cae al mar, y defiende el navo--273. Sale un desafio con un indio. Es derribado por Coraci, y de rodillas le hiere, y huye el indio--219. Alonso Granero, Obispo. No asisti al Concilio de Lima por la gota, aunque estuvo en la ciudad--257. Alonso de Ontiveros. Hyese de la prision los indios--119. Y muda nombre y religion--_ibid._ Vuelve los Espaoles arrepentido de su apostasa--_ibid._ Alonso de la Torre. Cese de hambre hablando con el autor--190. Arrimado vuelve al pueblo con l moribundo--_ibid._ Altamira, sierras. Cuales son?--4. Alvar Nuez Cabeza de Vaca. Sali de la Florida, es nombrado Adelantado del Rio de la Plata--45. Sale de Cadiz con su Armada, y le reciben bien los portugueses de Cabo Verde--49. Llega la Costa del Brasil, reconoce la isla de Santa Brbara y Santa atalina--_ibid._ Envia reconocer la tierra, y entra hcia el Paraguay con grande hambre y mortandad--50. Sube 300 leguas por el Paraguay, y no hallando plata se vuelve, y lo que erdi--_ibid._ Llega la Asumpcion, y se levantan contra l: entra Armenta prenderle la cama, y quieren matarle--53. A los dos aos de su gobierno--50. Intenta defenderse. Scanle de su casa preso los oficiales reales--54. Trenle aherrojado Espaa--58. Privado del ttulo de Adelantado--59. Admrase el autor, de que no se castigase la maldad de los rebeldes--_ibid._ Alvarado, ofrece gente Martin de Arana, contra Candish, y no la admite--295. Amante de Hernachuelos--91. Pirdense, y quedando la Dama sola, sale del mar requebrarla un pez--93. Como los castig el autor?--_ibid._ Ana, y caso infame que la ocasion un mal juez.--41. Ana de Valverde, muerta por los Maus, y sus calidades--272. A significa Diablo--283. Aagualpo, cacique, muerto por Vizcano--148. Aanguaz, cacique, en la isla del Rio de la Plata--127. V Garay contra l, y sus indios le dejan--137. Aapitan. Animalejo con un espejo en la frente, carbunclo--31. Aapuleit, significa cerro donde el diablo canta; que est cercano Beitem, donde muere de espanto el que sube--283. Ancoanco, pueblo. Ce sobre l un cerro, y mata 400 indios--262. S. Andres apstol--183. Angel. Se aparece en cima de la iglesia de la Asumpcion la noche que se juntaron los clrigos y otros, para prender Cceres--74. Animo dudoso, todas partes mira--153. Antas. De sus cueros hacen yelmos los indios--136. Antonio de Mrabal. Se adelanta, de rden de su hermano el Licenciado Lerma, decir iba gobernar, y se traba de palabras con el Vicario--240. V Estero, y si tuvo la culpa de las desazones con el Dean?--250. Antonio Torres. Su hija intenta defender que saquen los rebeldes al Obispo de la iglesia, y lo que dijo--71. Araas, y su veneno--213. Araguay, el rio Pilcomayo, y cuando toma este nombre?--7. Arauco. Temia al Licenciado Torres en la guerra--201. Arcilla, Ercilla, su poema de Arauco--277. Arellao, muerto por los indios--113. Arequipa. Llega Drake ella, y echan los vecinos al mar la plata del Rey--246. Despacha aviso Lima, y llega tarde--247. Padece un gran temblor, cense algunas casas, y mueren muchos--251. Su volcan--253. Arevalo. Hiere muchos indios en la batalla contra los Charras--149. Impide quemar la casa en que estaban los espaoles--155. Arica, puerto. Llega Drake l, y lo que hizo--246. Armas de los indios Maas--272. Armenta. Se levanta contra Cabeza de Vaca, le prende, y quiere matarle--53. Astrologo, indio--221. Asumpcion. Ciudad en el Paraguay, poblada de gente noble por Salazar--22. Su temple y frescura--27. Abundante de frutos de la tierra, y Espaa--22. Y de mugeres y mestizos mal inclinados--_ibid._ Indios que viven y sirven en ella, y de qu pueblos--14. Es bien recibido Ure en ella--62. Muerto Irala se juntan en la iglesia elegir sucesor--63. Reciben bien Juan Ortiz--193. Atambores, y cajas en el aire, antes del terremoto de Arequipa--251. Atlntico, mar: el del norte, y si antes era tierra poblada? Y se la trag con una inundacion--5. Audiencia de los Charcas. Resuelve la guerra contra los Chiriguanos--285. Aves. Muchas en las islas y tierra del Rio de la Plata--23. Avestruces en el Rio de la Plata. Traen los indios Juan Diaz, en San Gabriel, y como los cazan con bolas?--105. Su carne salada es sana y sabrosa--280. Avila. Entra en el levantamiento de Santa Cruz de la Sierra, y ofrece el Virey perdonarle--167. Lo que hizo--168. V con D. Diego de Mendoza los Charcas, y lenima--170. Estando en la horca llega el perdon, le vuelven la crcel, y es libre--180. Autor. Natural de Logrosan--159. Objeto de su historia, y verdad de ella--245. Ofrece segunda parte--312. Invoca Dios, y propone la obra--_ibid._ Resumen de lo que ha de contar--_ibid._ Vi y oy fidedignos--23. Admirase de las estraezas que ha visto.--. Traa la conciencia limpia, sintindose morir de hambre--181. Prende un portugues herege, y le lleva la Asumpcion--230. Procura reducir Yamand la F, sin fruto--18. No le dej dormir el salto del Rio Paran dos leguas de distancia--20. Quiso cazar un carbunclo, y no pudo--31. Fu cautivo de los Payaguaes--43. V con Melgarejo una entrada, y todas las peligrosas. Djale, y se une Garay--122. Teme ahogarse en el Uruguay, y sale con los demas tierra--135. Trob los cantares hechos Obera--217. Llgase un indio de Obera l en la batalla de Guaitoca, con una cruz y le ampara; y lo que supo de l--229. Prende con maa tres mestizos discpulos de Obera--_ibid._ Y quien se los trajo--230. Espntase su mula en el terremoto de Lima, y lo que vi--262. Qued pobre con lo que gast en el concilio, y queriendo volver Espaa le nombran por Vicario de los Charcas, y Comisario del Santo Oficio--265. Llega Buenos Aires desierta, y que se vuelve poblar--39. Junta rescate para tres espaoles cautivos en los Charras--302. Azogue, con que se beneficia la plata en Potos--178. =B= Bajios del Rio de la Plata, peligrosos--20. Bauelos, mata muchos indios en la batalla de Guayraca--229. Barcas, y bajeles de los Tups sin velas--5. Barros. Presidente de Charcas, privado de oficio por el Visitador--202. Bartolom Barco Amarilla, vecino de la Asumpcion--229. Batalla de los Charras y los espaoles--146. Beatriz de Aliaga, su rico trage--260. Beatriz Coya, se casa con Loyola--185. Vivia en Lima--261. Becerra, sacrificado por Guayraca, y sus cenizas esparcidas al aire--200. Beguaes. Indios del Rio de la Plata--6. Rescatan con Juan Ortiz--125. Se rebelan, y sitian con los Guarans y otros indios, Buenos Aires--275. Benavente, teniente de Lerma en Esteco--250. Benito. D muerte Pablo de Santiago, estando peleando con los indios, y otro le mata l--114. Bermejo, rio--21. Bernarda Nio, hace una basquia de 3,000 pesos de costo--260. Ber, indio. Pide Tapuy que llame Curemo--222. Blanco, cabo. Su costa arriesgada, y su situacion--14. Biotimi, pueblo. Sus indios dan muerte Nuflo de Chaves--283. Bolas, con que matan cogen los indios los avestruces: empleadas con buen suceso contra los espaoles--111. Borbon, muere en el saco de Roma--35. Borracheras de los indios en sus fiestas--167. Brasil--2. Su costa caliente--8. Pueblale Tup estremeo, y echa de l Guaran, su hermano--6. Toma Mendoza tierra en la costa--38. Llega su costa Candish, y destruye Santos y San Vicente--297, 298. Broquel de concha de pescado--136. Buen Rostro, muerto por los indios--113. Buenos, padecen mucho en Indias--213. Buenos Aires. Su sitio--13. V poblarle Garay--22. Eligi oficiales de ayuntamiento--235. Le ponen por nombre Trinidad--_ibid._ Y sugetos los indios, se reparten en los vecinos--234. Su temple parecido al de Sevilla, y su fuerte--235. Sitiada por los indios, se defiende--275. Despoblado por sus vecinos, se van la Asumpcion--45. Con la noticia de Candish echan la gente fuera, y se quedan solos los soldados--299. =C= Cabeza, de una de las once mil Virgenes, ultrajada por los Ingleses--310. Cabo Frio. Toman en l tierra los Tups estremeos--5. Dblale Mendoza--38. Cabo Verde. Sus islas quedaron cuando la tierra contigua se sumergi--5. Cabrera. Caus el alboroto contra Cabeza de Vaca--54. Y le trajo preso Espaa con procesos de su gusto; y su desgracia--59. Caza y pesca mantienen los indios--16. Cceres. Oficial real, bullicioso--54. V de rden de Irala sosegar el alboroto sobre la prision de Cabeza de Vaca, que habia causado--_ibid._ Teniente de Gobernador, se v con el Obispo de la Asumpcion al Per--66. Rie con l en Santa Cruz de la Sierra, y se vuelven los dos sin hablar--67. Procura deslucir al Obispo--69. Sabe que hace informaciones contra l, y le publica suspenso, y prende sus amigos--70. Y hace degollar Esquivel por un falso testimonio, y d la casa por crcel al Obispo--_ibid._ Andaba como endiablado, y quiere echar al Provisor al Per, y le envia confianza--73. Prndele el Provisor en la iglesia en nombre de la Inquisicion--74. Emviado Espaa con el Obispo por el nuevo Teniente; y su afliccion--75. Escpase en S. Vicente, y descubierto escomuniones por el Obispo, le envia Espaa--77. Caitu, indio. D muerte Pinedo, huyendo--113. Amigo de Garay, le rescata cuatro espaoles--139. Calchines, indios. Salen recibir Juan Ortiz, en balsas--193. Callao. Puerto de Lima, trata de fortificarle el Conde del Villar, y le inunda el mar, destruyendo muchas casas--287. Guarnecido contra Candish y sus ingleses--292. Camelo, ayuda Juan Ruiz en la batalla de loz Charruas--149. Canarias, islas. Quedaron de la inundacion que sorbi la tierra, de que eran continentes--5. Caas, como piernas, llenas de agua, y como se engendran en ellas gusanos--32. Espesura de ellas, y dificultad de cortarlas--33. Otras como robles, y en los Mojos otras sin gusanos--_ibid._ Canoas. Se hunden muchas en los remolinos del Rio de la Plata--19. Capac, Inca. Solo Seor, llam Chiriguanos los Guarans--8. Caravallo pelea con Yanduballo, y Liripe los separa--128. Enamrose de ella, mata descuidado al indio, y como le enga la india para matarse--129. Maldcese por haber causado esta desgracia, y oyendo grita, llega la nave cuando le tenian por muerto--130. Su valor en la batalla contra los Charruas--150. Carbunco. Animal con un espejo en la frente, y como se lo sacan--31. V. _Agnapitan_. Carcara. Rio cerca de la torre de Gaboto 125, 130. Caras. Desuellan los vencidos los Charruas para trofeo--105. Caribdis en el Rio de la Plata--19. Caribes, de que se compone el nombre?--19. son los Guarans, y fieros. V. _Guaranies_. Carlos V deja el reino su heredero, y se retira S. Justo--48. Carne humana, la comian los Tups en Estremadura--3. Los espaoles en Santa Catalina--88. Carniceria de negros en Cabo Verde--37. Carreo llega Espaa en tres dias desde las Indias, siendo marineros los diablos--103. Carrillo, partido por medio por Taboba--113. Cartagena, puerto. Llega l Diego de Sanabria por haber errado el viage al Rio de la Plata--60. Y Juan Ortiz, robado por un francs, y le socorren sus amigos--67. Casas de estera, tenian los Charruas--104. Del Gran Moxo de piedra, su fortaleza, y adorno--51. Su puerta chica, fuerte, y de cobre--52. Cascavel, que tiene la contrayerba contra las vboras--27. Castro, Licenciado. Gobernador del Per, d el gobierno del Rio de la Plata Juan Ortiz de Zrate, quitndole Vergara--65. Dasele Juan Ortiz--66. Y lo confirma el Rey--67. Castrum Julii, es Trugillo, y quien la fund--4. Catalina Verdugo, ayuda matar su marido, y se casa con el galan--253. Cava, caus la ruina de Espaa, y cual temian causaria la del Paraguay--203. Cautivos, trtanlos bien unos Charruas--119. Y otros mal--302. Caycob, significa, yerba que vive, se encoge en tocndola, y se marchita--25. Cay, cacique. Van en su busca Garay y Melgarejo, y prende un hijo suyo, y le llevan Juan Ortiz--155. Sguele con una india, y mucho pescado, no logra su libertad--157. V tras Garay, y le pide carta para conseguirla--161. Y vuelve con ella y Yamand Juan Ortiz--_ibid._ Chalamarca, pueblo. Demarca en l la tierra de los Chiriguanos el Virey--173. Chanaes, indios. Prende Garay tres--155. Flechan Chavarria cautivo--158. Y crueldades que hacian con otros cautivos espaoles--_ibid._ Compran los Chiriguanos Juan de Barros--159. Charras y Charraes, indios crueles--301. Respetados de los demas--151. Valientes, altos, ligeros, y sus casas--104. Se tiene por mas valiente el que mata mas enemigos, y como sealan los muertos--105. En la muerte de sus deudos se van cortando los dedos--_ibid._ Van al campo de Juan Ortiz buscar Abayuba--110. Cogen entre medio los espaoles que iban buscar yerba, matan 40 y prenden otros--_ibid._ Vuelven con ejrcito, y matan otros que huyeron con armas--112. La noche los hace retirar, y despojos que llevaron--114. Sale uno en la playa desafiar los espaoles, y es muerto de un balazo--118. Hyenseles algunos prisioneros, aunque los trataban bien--119. Batalla que dieron Garay hirindole--150. Y mueren mas de 200 y huyen--_ibid._ Matan la gente de un barco--306. Han hecho grandes daos los espaoles, y otros--301. Algunos comercian en Buenos Aires--_ibid._ Charrues. Indios malvados--6. Chavarria. Flechado por los Charras, y sus crueldades y muerte--158. Cheliplo y su hermano, persiguen la gente de Juan Ortiz que hua--113. Cherandis, indios--6. Donde estn poblados?--18. Son porfiados en los ajustes, rescatando con Juan Ortiz--125. Con la gente de Garay--137. Reblanse, y por qu?--275. Van contra Buenos Aires, y cercan el fuerte--_ibid._ Chile. Tierra de muchos rboles y oro--2. Chiloasas, indios--6. Salen con otros, su pesar, recibir Juan Ortiz--193. Chiquitos, indios. Conquistados por Nuflo de Chaves--58. Chiri, significa frio--8. Chiriguanes. Son Guarans, y andan desnudos--8. Algunos mueren de frio--_ibid._ Y por qu?--_ibid._ Por qu se llamaron as?--_ibid._ Muchos habitan en la Asumpcion--28. No quieren consentir la rebelion de D. Pedro de Mendoza, ni ayudarle--170. Descubren la traicion--_ibid._ Huyen del Virey, burlndose de l. Intentan hacer guerra los espaoles, y por qu los dejaron?--173. Sus atrocidades, y miedo que les tienen sus vecinos--9. Conmovidos por Ibitupu, tienen junta de guerra contra los espaoles--279. Su grita, viendo buen agero en la flecha disparada: maltratan un viejo que se opuso--281. Daos que hacen en los caminos, desde las sierras de Chuquisaca--7. Levantados, dan qu hacer al Gobernador de Guayra--20. Matan muchos espaoles por los caminos, cautivan otros, y causan gran terror--283. Envisten con la comitiva de Doa Maria de Angulo, y la matan, y nueve espaoles, y despues se ajustan con los que quedaron, y se resuelve en los Charcas hacerles guerra--285. Sali escarmentado de ellos D. Francisco de Toledo--9. Aunque gast mucho en conquistarlos--_ibid._ Ya no comen sino presos en guerra, excepto espaoles--28. Christoval, indio. Refiere Melgarejo la traicion de los de Taboba--123. Christoval de Arvalo. Elegido por general contra su gusto por los conjurados de Santa F--237. Reprndele Venialbo por un bando de armas que ech, y trata de extinguir el motin, y castiga los amotinados, y como?--238. Excepto alguno, y por qu?--239. Ayudle mucho haber ido Lerma Tucuman--242. Cisne. Muere cantando--182. Codicia, pone en grandes peligros--301. Cometas, que se vieron antes del terremoto de Arequipa--251. Comodo, Emperador. Por qu rogaba por su vida una vieja?--199. Coamecuaes, indios. Sin ser repartidos acuden servir la Asumpcion--28. Concilio. Se junta en Lima, y de que se componia--257. Despchanse edictos, y acuden muchos quejarse, y nace discordia entre los Obispos--258. Publcase al ao la sesion, confirmando la antecendente, y otras que se apel, y se envia Espaa--264. Conde del Viliar. Virey del Per, deja la guerra de los Chiriguanos y v al Callao, donde manda hacer un fuerte contra Drake--286. En l se guareci de la inundacin del mar, hasta que sali al campo--287. Se retira San Francisco, con los Oidores, en el temblor de tierra de Lima--289. Da providencia para defender el puerto contra Candish--292. Condurillo, rio. Sugetan sus indios los Guarans--6. Condurillo. Cacique muy valiente--172. Quiere Taboba le avise sus intentos, Ibitupua--66. Llega Quiones cerca de su tierra--172. Huyen sus indios de Zrate, y escondidas sus mugeres, vuelven l con cruces, diciendo querian ser cristianos, y es descubierta su malicia--174. Vncelos Zrate, y se llevan los muertos--_ibid._ Envisten quince espaoles que quedaron en el fuerte y con la venida de los demas huyen--175. V con sus parientes la junta de Ibitupu--279. Consejo de monos--106. En que predicaba el mayor, acabada la pltica se deshace--100. Consejo. Su importancia en todo--194. Contrayerba, que tomada, sana las doce horas la mordedura de la serpiente de cascabel--27. Crucifijo. Lo destrozan los ingleses y se burlan de l--310. Contratos, que prohibi el Concilio de Lima.--264. Contreras (Licenciado). Fiscal de los Charcas, privado de oticio por el Visitador--202. Conversion de los indios. Como se ha de hacer--215. Coraci. Sale con otro indio desafiar la gente de Garay, y es vencido de Espeluca--218. Huye, y refiere su cacique el valor de los espaoles, y es quemado vivo--220. Cordobs, (El). Muerto por los indios--113. Cordillera del Per, aspersima. Llegan ella los Guaranies, conquistando y sugetan muchos indios--6. Corpus Christi, puerto--269. En la isla de Santa Catalina, y por qu se llam as--88. Cosme. Se libra de un naufragio, y muere de hambre--276. Costumbre vieja, difcil de perder y dejarla, es casi muerte--153. Cruz. Ponen una para tirar al blanco los ingleses en Paita--295. Culebra en el Rio de la Plata--23. Comen los de Juan Ortiz como regalo--95. Culpa. Su conocimiento la disculpa--74. Curemo. Oyendo Urambia persuadir paz con los espaoles, se sale de la junta de los indios con su familia, se entrega una laguna, y toma sus hijos juramento de morir defendindose, y vuelve al cacique--222. Huyen los suyos de Garay, y ofrece guiarle--223. Enfdase con Urambia, y lo desafia, y rie con padrinos--224. Dse sentencia, dejndoles iguales--226. Curiy. Culebra que traga lo que coge chupando, y como se rompe la barriga para arrojar lo que no digiere--27. Cuyapeig, indio. Acude con indios Guairaca--227. Muerto en la batalla por Valenzuela--228. =D= Daroca. Encendia Cceres con sus cuentos contra el Obispo de la Asumpcion--69. Davis. A vista del Estrecho prende dos navos; y se libra en uno--300. Con lo cual, y grande sed, llega la Isla Grande--309. Echa quince ingleses en tierra, por agua, y los matan los espaoles indios, y se retiran--310. Dedos de manos y pies. Se van cortando los indios Charras, segun los duelos que tienen por sus parientes--105. Deleites, seguidos de las penas--99. Desafio de dos indias, sobre cual de sus maridos era mas borracho--274. Diablo. Por qu tent Cristo, Seor Nuestro, en la hambre?--41. Procura que los cristianos no vayan tierra de paganos predicar--102. Uno descalza, quien llam para ello, y le arranca una pierna--103. Cuando no puede, se vale de las mugeres--163. Enseaba cantares los indios en un cerro--283. Diablo. Animal, el carbunclo--31. Diego de Abrego perseguido de Irala--44. Junta gente contra l--55. Y muere mucha--_ibid._ Vuelve la Asumpcion, le nombra Lazcano y los leales por gobernador, y hace degollar D. Francisco de Mendoza--56. Huye al monte, sabiendo que Irala volvia, y muerto por Escaso, sigue al otro partido su gente--57. Diego Flores de Valds. V al estrecho de Magallanes--269. Llega al Rio Jenro y Yumir, y halla un navo robado del ingls, quien sigue sin fruto--_ibid._ Diego Gomez, marinero. Incita D. Diego de Mendoza que se haga gobernador de Santa Cruz--164. Ofrcele la vida el Virey--167. Hcese enemigo de D. Diego--168. Enviado preso la Audiencia--170. Alcanza D. Diego--175. Ahorcado por el Virey en Potos--179. Diego de Mendoza. Lo que le dijo su padre D. Francisco, al tiempo de su muerte--56. Sirvi poco el aviso--_ibid._ Envia preso al gobernador de Santa Cruz de la Sierra, la Audiencia, por haber reido sus mugeres en la iglesia, y le elige el Cabildo--162. Prende los alcaldes que le contradecian, y mata los Salazares--164. V las horcas de Chaves, sabiendo la venida del Virey, y previene contra l Ibitupu--165. Escsase el cacique, y vuelve Santa Cruz tullido, y le ofrece la vida el Virey--167. Deja el gobierno persuadido, y le aconsejan se presente al Virey, y traicion que procur contra Paniagua--168. Descubierto, se v los Charcas con Avila--170. Y llega Mizque--_ibid._ Llevaba su confianza en el Virey, y siente que fuese all Diego Gomez--178. Preso por el corregidor de Tomina, le lleva al Virey, y sentenciado muerte es degollado--179. Imputndole alzamiento--283. Pag su atrevimiento en Potos--56. Si vuelve al Paraguay, revuelve la tierra--172. Diego de Portugal, clrigo. Rescatado de los Charras en Buenos Aires--302. Diego Ruiz. Entra en el motin de Santa Fe con Garay--236. V de mensagero con Villalva Tucuman--_ibid._ Justiciado--238. Diego de Sanabria. V con gente al Rio de la Plata, y d en Cartagena, y despues fu minero en Potos, y pobre--59. Diego Mendieta, sobrino de Juan Ortiz. Nombrado sucesor en el gobierno por su tio--196. Mozo, y loco, toma posesion, y desvanecido con la seoria, desecha al coadjutor que le dej el tio--197. Sus desatinos y agravios hacen maquinar contra l los vecinos--_ibid._ Acompase con mala gente, prende cuatro caballeros por una muger, los maltrata--200. Desterrados, y vueltos la ciudad, los prende y ahorca Vicencio--_ibid._ Enamorado de una muger tiene fiestas pblicas, y hace otros desaciertos--202. Pesquiza sobre un papel sin firma, prende una muger con grillos, y maltrata la gente--203. Asombrados todos de sus locuras, y lo que decian--204. V Santa F, y se desazona con Sierra--205. Hcele sacar de la iglesia, se conmueve el pueblo, y huye su casa, donde cercado desiste del mando, porque no le querian, y echa de s sus amigos--206. Sus quejas de verse medio libre, y acabada su causa, le prenden, y embarcan San Gabriel con Espinosa--208. Toma tierra en el ltimo pueblo del rio, y Quirs le vuelve entregar Espinosa, que le envia Espaa--210. Llega con tormenta al Rio Jenro, y se rehace con ayuda de los portugueses, y vuelve Ibiaca, y le aborrecen los suyos--211. Parte por medio un soldado que queria huir, ponindole en dos palos, y los marineros huyen Santa F, donde aplauden su accion, dejndole en tierra con siete hombres--_ibid._ Su ruina celebran en la Asumpcion--213. Tratan los mestizos de Santa F de enviar preso Garay--236. Muri presto manos de los indios, con sus compaeros, instancias de un mestizo--212. Diego de Ziga. Visitador de la Audiencia de los Charcas, priva de oficio los Oidores--202. Dios; servirle, solo es bien--189. Como premia los humildes y castiga los malvados?--310. Domingo de Irala. Se embarca con Mendoza de soldado--45. Era maoso--50. Valiente--61. Y lascivo--44. Elgenle por gobernador los rebeldes Cabeza de Vaca--54. Habindose hecho malo cuando le prendieron, como l habia dispuesto--_ibid._ Persigue Diego de Abrego y los leales--44. Y los hace huir los montes--54. Escpasele Melgarejo, y casa Vergara con su hija--57. Comedia que permiti en la boda, haciendo mofa de los leales--_ibid._ Deja por su teniente en la Asumpcion D. Francisco de Mendoza, y sube por el rio con la armada--55. Despacha al Per Nuflo de Chaves, y vuelve la Asumpcion, y sigue Abrego--57. Psansele los leales--61. Su prudencia en tenerlos todos contentos y sujetos--_ibid._ Conoce miedo en el Obispo, y lo que le decia--62. Dle el Rey el Gobierno que tuvo veinte y cuatro aos sin ttulo, y muere al ao. Hizo muchas cosas que le dieron fama--44. Nadie dir mal de l en aquella tierra--195. Domingo Larez, de Huete. Pelea con los indios, le quiebran un brazo, y le prenden--114. Resctale Rui Diaz con otros cuatro--123. Y le d noticia de estar los indios de guerra--122. Dorados, peces en el Rio de la Plata--23. En Paraguay--193. Los llevan los indios Juan Ortiz--104. Dorantes de Bejar. V reconocer las tierras del Paraguay, y vuelve Cabeza de Vaca--50. Dos. Su navio se perdi en la isla Maldonado--14. =E= Edificios que han visto en el fondo del mar, navegando--5. Eduardo de Fontano, herege. Llega la isla de Martin Garcia, y no hallando poblacion se vuelve--15. Dos aos antes de poblarse Buenos Aires--_ibid._ Elvira de Contreras, natural de Medellin. Se casa con Melgarejo, y por qu la mat?--64. Elvira de Mendoza. Csase con Nuflo de Chaves, enviuda, y v al Per con su madre--283. Envestida por los Chiriguanos, y muerta su madre, se libra de ellos, hablndoles su lengua--285. Elvira, su hija. Mal herida de flechazos de los Chiriguanos, la libra Sotelo la vida--_ibid._ Envidia de cobarde. La mas daosa--38. Epuaes. Indios del Rio de la Plata--6. Error, al principio pequeo, se hace grande al fin--38. Escaso, sigue Abrego, y descuidado, le prende--57. Espaa. Poblada por Tubal y otros--3. Espaoles. Su carne no comen los Guarans, y porqu?--28. Algunos hacian desatinar los indios--184. Llvanles perlas los Mahomas para que las horaden--21. Presos por los indios, muertos con varios tormentos--159. Los mestizos los echan de Santa F con sus mugeres--235. Uno se mete en la lancha de Candish, y se la quita--306. Desean los de la Asumpcion venirse Espaa, y no pudiendo se meten labradores--45. Oprimidos y maltratados por Mendieta--200. Y sus juicios y esperanzas--204. Espera, isla. Llega ella Garay--142. Espinosa mata muchos indios en la batalla de Guayraca--229. Espinosa, alcalde de Santa F. Lleva Mendieta San Gabriel, y se vuelve--208. Embrcale otra vez, habindosele entregado Quirs--210. Estero de los Beguaes, apacible. Entra en el Rio de la Plata--139. Estimacion de los hombres, conforme su dinero--65. Estrecho de Magallanes. Quien le pobl--6. Le emboca el Drake, y sale al mar del sur--246. Trata de reconocerse, y envia Sarmiento--268. Estremadura. Habitada de los Tupis, y por ser caribes son echados de ella--3. Estremeos. Valientes: fueron con Sanabria al Rio de la Plata--59. Estruendo del Salto del Rio de la Plata: espanta los vivientes--20. Eyra. Animal como conejo, que mata los venados--26. =F= Felipe II. Desea la propagacion de la F en Indias--61. Fenix, y su nido--30. Fernando Pizarro, responde Luis de Chaves que en Indias todos eran iguales--213. Filomena. Como cont muda su hermana la traicion de Tereo--140. Firmeza. No hay en la gente, donde tienen los rboles someras las raices--255. Flores: islas pequeas--14. Florentina y Catalina. Quitan una oreja un tambor, que iba hurtar las raciones, y se les hace causa--96. Florida. Lo que anduvo por ella Cabeza de Vaca--45. Fortuna. Su mudanza cierta--99. Sus epitetos--_ibid._ Fortunadas, islas. Llegan ellas huyendo los Tupis, desterrados de Estremadura--5. Por qu se llamaron Canarias--_ibid._ Fraile Francisco. Martirizado por los indios, y milagro que los espant--160. Franceses, corsarios. Roban Juan Ortiz mas de ochenta mil pesos, y le dejan--67. Francisco, y D. Pedro, naturales de Estepa, presos por los indios--301. Fray Francisco de la Campa. Se conjura con el Provisor y otros para prender Cceres en misa, y lo consigue--74. Francisco Drake. Azote de Dios en el Occidente--2. El mayor corsario, y mas afortunado al principio--248. Sale de su tierra al Per con fuerte armada en demanda del Estrecho--246. Echale una tormenta un navio en tierra, recoge en otro la gente, y pasa al Estrecho--_ibid._ Costea Chile y roba dos navos, y en Arica el de Roca--_ibid._ Y otros en los puertos de la costa--249. Escpasele el de la plata del Rey en Arequipa, y navega Lima--247. Llega al Callao, y susto que caus--_ibid._ Toma un navo con plata del Rey--248. Si Flores le encuentra, le derrota--270. Llega Ternte, y Gilogito, y un fuerte, y no recibe el convite de los Paraguaes, y contra ellos se ofrece los indios--249. Navega al mar del norte, contento, y rico--_ibid._ Del Estrecho llega al Rio de la Plata--243. Roba un navo en el Rio de la Plata, y lleva al piloto--270. Cuando lleg Candish creyeron ser los del Per, y su miedo, y alegria de los soldados--291. Daos que hizo debajo de ambos polos--2. Francisco Manrique, factor, avisa al Virey la entrada de Drake en Callao, y lo que hizo por consejo de las mugeres--247. Francisco de Mendoza, teniente de Irala. Deja el gobierno, engaado de Lezcano, y le hace degollar Abrego, y lo que dijo sus hijos al ejecutarlo--56. Sentimiento que caus Irala--57. Francisco Ruiz, hace guerra en Buenos Aires los indios, y su hambre--39. Malvada sentencia que di contra una muger--41. Francisco Ruiz de Vergara, contradice la soltura de Abayuba de la prision--110. Francisco de Salcedo, Dean de Tucuman. V gobernar el Obispado, y sus boberias precisan al Licenciado Lerma pedirle los ttulos, y se vuelve enojado al Per--242. Qudase en Esteco, y se lleva mal con el teniente de Lerma, y lo que sucedi yendo verle--250. Francisco de Sierra, rie de palabra con Mendieta, y llamado despues, se refugia sagrado--205. Sacale de l, y se libra, y cerca la casa de Mendieta, y le hace dejar el gobierno--_ibid._ Francisco de Toledo, Virey del Per. V Potos, y hace tasa de jornales los indios--178. Junta ejrcito contra D. Diego de Mendoza, con voz de ser contra los Chiriguanos--177. Y v castigarle--163. Entra en la Sierra, y demarcacion que hizo de la tierra--172. Llega al asiento de Manso, y lo que import haberle poblado--173. Huyen los Chiriguanos, y su gente desea volver al Per--174. Y perdiendo mucho se vuelve, y avisa estar sosegada la rebelion de Santa Cruz de la Sierra--177. Sabiendo en el Cuzco que se juraba el Inca de Seor del Per, envia Loyola que le traiga--184. Y ejecutado, le manda degollar, y resiste el Licenciado Polo, hasta que di rden por escrito--185. Aunque le rogaban por su vida, y obispo ofrecia traerle Espaa cristianado, le hace degollar, y escndalo del pueblo--186. Intenta casar Juan Ortiz, y escribe Garay vaya Lima--201. Mndale prender, y siente se escapase--208. Hace gente contra Drake, y alboroto en Lima--247. Favorece Sarmiento en su viage al Estrecho--250. Gast 800,000 ducados en la jornada de los Chiriguanos, y volvi perdido--9. Y dej mas alborotada la tierra--279. Francisco Ortiz de Vergara, preso por Irala, le casa con su hija--57. Elegido gobernador por su muerte--63. V al Per, y le impide Chaves el viage, y proveido su gobierno se viene Espaa--66. Frio, mata muchos Chiriguanos--8. Frijoles. Recoge Juan Ortiz--99. Fuente de plata, en la casa del gran Moxo, con caos de oro--51. Fuente de Lirios, donde nace--212. =G= Gaboto. V. Torre de Gaboto, y Sebastian. Gabriel Paniagua, de Placencia, v de rden del Virey contra D. Diego de Mendoza, Santa Cruz de la Sierra--164. Sugeta algunos indios, y ofrece D. Diego la vida--167. Llega las Horcas de Chaves, y despacha carta del Virey con perdon Diego, y el agua le estorba el viage--168. Estando para entrar en los Ibitupues, descubre la traicion de Salgado, y le ahorca, y llama D. Diego--169. Pelea con los indios, y las aguas le hacen retirar, y por el invierno deja la guerra--172. Despacha al Paraguay y Tucuman la noticia del castigo de D. Diego--_ibid._ Galiano de Meyra, amigo de Mendieta, pide al pueblo le deje, y es preso--206. Gallego, conjurado contra Garay en Santa F--235. Pide ayuda Aguilera, y es muerto--238. Gallegos, huyen hambrientos tierra adentro del campo de Juan Ortiz--86. Mueren tres de hambre--90. Garca, (bachiller). Se v con el Dean al Per desde Tucuman, y por qu?--243. Grita que caus en las casas del Teniente de Esteco--250. Gerion, rey, muerto por Osiris--5. Gernimo Luis de Cabrera, Gobernador de Tucuman. V al Rio de la Plata, y procura que Garay salga tierra, y no pudiendo, deja una cruz--76. Degollado por Gonzalo de Abreu, su sucesor--_ibid._ Gbaldo, contaba haber visto los gigantes del Estrecho--268. Gigantes, que vi Pancaldo, y otros en el estrecho de Magallanes---_ibid._ Uno que iba pescar la Pea Pobre, y moraba en la tierra adentro--17. Gil Gonzalez, muerto cruelmente en Mizque por su muger y el galan,--254. Gilolo. Su rey mahometano rescata con Drake, y le ofrece ayuda contra los portugueses--249. Gobernar bien, quiere fortuna--193. Gonzalo de Abreu, hace degollar su sucesor D. Gernimo Luis de Cabrera---76. Gonzalo Garca, marinero, rescatado de los Charruas, en Buenos Aires--302. Grados de diez y siete leguas y media--13. Granadilla. Flor en que estn los instrumentos de la Pasion--25. Grande Fuego, indio, en el rio de Igapop--134. Grimaldo, vi los gigantes en el Estrecho--268. Guadalupe, Nuestra Seora. Libra la muger de Alonso de las Cuevas de ahogarse--273. Guazuyalo, nombrado Capitan General por los indios, contra Buenos Aires, es muerto con muchos por los espaoles--276. Guana, significa escarmiento--8. Guaran, significa guerra, y por que dieron este nombre la Mosca?--_ibid._ Guaran, hermano menor de Tup, se sale con su gente del Brasil, y se v al Rio de la Plata--6. Conquista sus tierras, las del Paraguay y otras, y llega hasta el Per, por comer los que mataba--7. Intenta ir los Charcas, y se detiene, y por qu--_ibid._ Guaranes, indios, son caribes, y sus conquistas--_ibid._ Crueles, vengativos y valientes--9. Guerreros--7. Aunque labradores--23. Mezclanse con otras naciones, y muchos pierden el nombre--8. Se conservan en las islas del Rio de la Plata, y no consienten las pueblen otros--17. Vencen y matan Gaboto los del rio Timbues--11. Mueren muchos de peste, y lo atribuyen haber comido espaoles--28. Son amigos de andar vestidos--85. Tienen poblada la provincia de Santa Ana, repartida los espaoles--18. Y las islas del Rio de la Plata--127. Temian los Guaycurues--28. Sin tener encomenderos asistian la Asumpcion--29. Holgbanse mucho de emparentar con los de Salazar--43. Reciben bien la gente de la Almiranta de Juan Ortiz--84. Y uno le aconseja que vaya la isla de Santa Catalina, y ofrece guiarle--15. Rescatan con Melgarejo--107. Recbenle de paz, y le traen cuatro cristianos cautivos--154. Alzanse, y no asisten la Asumpcion--212. Dan guerra Garay cuando iba poblar Buenos Aires--233. Echan flechas encendidas, y queman las tiendas, y son desbaratados por los espaoles--234. Huyen, muerto su capitan--_ibid._ Con la victoria de los Manuas se levantan--278. Juntos, hacen guerra Buenos Aires, le cercan, y son vencidos--275. Guatataca, indios, amigos de los espaoles--28. Guaipay, rio; su curso, y lo que significa su nombre--7. Guaycurues, indios valientes, que llevaban contra los Guarans los espaoles--28. Guayra. Ciudad enferma, la orilla del Rio de la Plata--20. Guayraca, indio valiente, hace un fuerte notable, y bien bastecido contra los espaoles--226. Junta los indios de la comarca para acabar con ellos, y los que acudieron--_ibid._ Entrase en su fuerte, anima su gente, pelea, y es muerto por Inciso--28. Su tierra asolada--230. Guembes, fruta--280. Guerras y motines, las mueve el interes--47. Guerra, Obispo, prende Marquez, y le multa--70. Electo obispo del Paraguay, asiste al concilio de Lima--257. Guinda, fruta semejante ella, muy sabrosa--280. Guirar, significa palo amargo. Hijo de Obera, era el que bautizaba los indios, y hacia oficio de Papa por su padre--217. Guitian, se pierde con mas de ochenta mil pesos en la isla de Juan Ortiz--14. Gusanos de las caas, vueltos mariposas, y ratones despues, acaban los sembrados--32. =H= Hablar, atrae muchos daos--191. Hado bueno, cual es--284. Halcones en el Rio de la Plata--23. Hambre, nadie tiene respeto, y todos iguala--191. De la gente de Mendoza en Buenos Aires, y muertes y trabajos de ella--40. La que pas la gente de Juan Ortiz, y crueldades de su teniente--50. Sabandijas que comian--95. Y su miseria--90. Otra en la Isla de San Gabriel--118. Cesa con las cosechas--45. Causa muchas bajezas--41. Hrcules, no puede contra dos--54. Hereges, sacan veneno de las flores de la Sagrada Escritura--215. Heresiarca primero en la Indias Occidentales--215. Hermano, cmese uno la ma[?]dura de otro muerto--40. Hermosura, parece se alegra con ella la naturaleza--87. Hernando de Montalvo, lo que decia contra Juan Ortiz--190. Hernan Mesa, preso por Lerma--240. Dado por libre en la Audiencia de los Charcas--242. Hernan Ruiz, pelea valerosamente en la batalla de los Charruas, y mata un indio que quiso quitarle la lanza--149. Hernando de Salazar. V con Doa Elvira de Mendoza Santa Cruz de la Sierra, y celada que le armaron los Chiriguanos--284. Huye su gente, y como se ajustaron despues--_ibid._ Hierro, hall Melgarejo en Guayra--20. Hijos, d un indio por su muger--171. Hiperboreos, enfadados de vivir, se matan--181. Holofernes borracho, muerto por Judith--72. Hombres, est en ellos sealada la lumbre de Dios--25. Por qu estan sugetos trabajos y miserias?--99. Malvados, por qu duran?--190. Y por qu campan en Indias los ruines?--203. Son malos de gobernar, y como se debia hacer--195. Hum, negro. Rio que viene del Brasil, y entra con otros en el de la Plata--16. Manso, sondable y de mucha pesca--_ibid._ Por qu trae el agua negra?--_ibid._ =I= Ibi, significa compostura--7. Ibiaca, puerto. Pasa l Juan Ortiz con ochenta hombres, y le reciben bien sus indios--88. Aydanle en la tormenta de la laguna--99. Ibitupu, significa viento levantado. Indio poderoso--165. Valiente y sbio, no hace caso de la rden de D. Diego de Mendoza, para que no dejase pasar al Virey, y se previene contra ambos--_ibid._ Divide Taboba Izoca, desafiados--166. Y se determinan todos con el voto de una vieja--167. Espera Paniagua, y pierde muchos indios en algunos reencuentros--171. Ibitupues, indios. Su tierra spera: sus mugeres siempre andan con dos maridos, sino estan preadas, y las quieren mas que sus hijos--_ibid._ Imgenes y reliquias santas. Profanadas por los ingleses en los Santos--298. Inciso, sale un desao de indio--218. Hecha pedazos su rodela por Pitum, le corta la lanza y una mano, y queda mal herido--219. D muerte Guairaca--228. Y Taboba--234. Indias, desao terrible de dos--274. Aparcese una un hombre hermoso, y la d una cruz, y lo que le encarg--281. Indios, son livianos--17. Borrachos atinan--280. Como ha de hacerse su conversion--215. Maltratados de los espaoles del Per, se huyen Vilcobamba y Tupac-Amaro--185. Callan todos una seal que hizo en el cadalso, y sus alaridos cuando fu degollado en el Cuzco--186. De qu se mantienen los Guaranes, y otros del Rio de la Plata--7. Uno armado sale en una canoa al encuentro Garay, y es muerto--149. De Taboba pintados de varios colores, rescatan con Melgarejo, y tratan de matarle--123. Deja la gente de Juan Ortiz la nao vizcaina, y la queman--194. Siguen muchos la gente de Obera, y su secta de holgazanes--216. Uno se salva sobre un risco, en el terremoto de Chuquiabo--261. Refiere un viejo en la junta de los Chiriguanos una aparicion, para que no hagan guerra los espaoles y maltratado, le dejan por loco--282. Escriben Candish, diciendo le esperaban, y son castigados los autores--292. Y lo que decia la carta--_ibid._ Entran triunfando en los Santos con las cabezas de los ingleses, y uno con un dedo--306. Pelean en Sancti-Espritu con los ingleses, y los desbaratan--308. Ingas. Se apoderan del Per--8. Ingleses rondan las islas de barlovento--84. Han perdido muchos navios en la costa de San Gabriel--13. Inocentes, caen en muchos daos--67. Interes, causa y fomenta las discordias--47. Iris, seal de paz entre Dios y el hombre--3. Isabel, reina catlica, loada--255. Isabel, reina herege de Inglaterra, hace guerra Felipe II, y despacha Candish contra las Indias--291. Vuelve enviarle, habiendo traido gran tesoro--296. Islas del Ocano, hacian fcil el paso Canarias, y cuando se poblaron--5. Islas de Castillos la boca del Paran--14. Las que estn en l hermosas y pobladas--_ibid._ Se han perdido en ellas muchos navios--_ibid._ Las de enfrente de Buenos Aires, donde llegan los de los espaoles--15. Su situacion y nombre--16. Isla Grande. Intent Dvis tomar agua en ella, y le matan catorce ingleses, prendiendo uno los espaoles, indios--309. =J= Jaci, indio, ayuda Taboba contra Pablo de Santiago, y d muerte Benito--113. Jafet, hijo de No y padre de Tubal--3. Jejui, rio muy hondo, psale Garay--212. Jorge Luis, piloto, preso por Candish, le ensea la costa del Brasil--298. Entra en los Santos con su Almirante, y se entrega el pueblo--_ibid._ Prndenle los portugueses en Santos, y se escapa--312. Jos de Anchieta, lo que decia del Obispo Fr. Pedro de la Torre, y su muerte, que se hall--77. Juan de Oyolas, se embarca con Mendoza--36. Sube por el Rio de la Plata con Salazar, y amedrenta los indios--39. Deja Salazar en el Paraguay para que le espere, y se entra la tierra adentro, y vuelve cargado de plata: no le halla--_-ibid._ Dn sobre l los indios, y acaban con l y sus compaeros, y le roban--_ibid._ Juan de Barros Machado, cautivo nio de los Chiriguanos, vendido los Chanes, y casado, se viene bautizar con su muger hijos--159. Juan Carrillo, muerto por Melgarejo, y por qu?--64. Juan Diaz de Solis, v por piloto de Magallanes, y pide la conquista del rio Paran--10. Llega y le pone nombre de Rio de la Plata, y es muerto por los indios--_ibid._ Juan Gago de Guadalupe, criado del autor, cautivado por los indios--159. Juan de Garay, teniente de Juan Ortiz, imprudente--271. Inconsiderado--75. Su gente valiente--133. Saca de la Asumpcion al Obispo y Cceres, y los despacha Espaa--_ibid._ Vulvese el rio arriba, y puebla Santa F, y conquista la tierra--_ibid._ Llega Sancti Espritu, viendo en tierra D. Gernimo Luis y su gente--76. Queda enojado con l, aunque se regalaron--_ibid._ Quito la cruz que puso D. Gernimo en tierra, y se vuelve Santa F--_ibid._ V los Timbus--125. Recibe bien Yamand con las cartas de Juan Ortiz, y le despacha con la respuesta, y como ideaba el socorro--126. V con treinta soldados las islas, y huyen los indios los bosques--127. Vulvese, y pasa la torre de Gaboto, y saca tierra gente y caballos--100. Escribe Juan Ortiz se venga con l--134. V buscar bastimento--135. Y castigar Ter--_ibid._ Saquale huido con sus indios, y perdona Aanguaz, y le entra tempestad--137. De que se asegura y rescata con los indios, y busca espaoles cautivos, y con cuatro vuelve Juan Ortiz--139. Prosigue el viage y v cazando y pescando por el estero de los Beguaes--_ibid._ Padece tormenta la balsa--142. Y se libra la gente--143. Pone emboscada contra Zapicano--146. Desbarata un escuadron de 700 indios, y rompe 100 flecheros--147. Deshace otro escuadron de indios--150. Y es herido, y caballo muerto, y le asegura su gente--_ibid._ V buscar Melgarejo, y celebra su victoria--151. Hace casa para Juan Ortiz--154. Vuelve buscar comida Yia-Cay con Melgarejo, y prenden seis Chanaes--155. Huyen de l los indios del Igeipop, quema sus casas, y toma mucho maiz, y parte la Asumpcion--_ibid._ Envia socorro Juan Ortiz en la mayor miseria--190. Se v los Charcas, muerto Juan Ortiz, y casa su hija, y vuelve confirmado teniente al Rio de la Plata--200. Llamado Lima por el Virey, no obedece ni la Audiencia--201. Siente que Valero le sigue, y le prende--208. Quiere ahorcarle, y le perdona por ruegos, dicindole injurias--209. V Santa F, y la Asumpcion, y es bien recibido--210. Ensoberbcese, y trata mal todos--212. Publica la conquista de los Nuaras, con voz de castigar la rebelion de los indios, y llega la Fuente de Lirios con 130 arcabuceros--_ibid._ Desafian su gente los indios--218. Y vencidos no les deja seguir--220. Entra por la tierra, y le espera Curemo, y huyen sus indios--221. Con guia d de repente en los Tups Maries, prende mas de 500, y le recibe de paz Tupui-guaz--224. Rompe Guairaca, y se libra de un flechazo--228. Muertos muchos indios, vuelve su real con su gente sana--229. Y 200 cautivos--230. Y v la Asumpcion donde le reciben con alegria--_ibid._ Sale poblar Buenos Aires, y espera en Santa F los caballos--233. Llega por agua y tierra con su gente, y le hacen guerra los Guarans--234. Reparte la tierra y despacha navos Espaa, y con qu carga--235. Levntanse contra l en Santa F los mestizos, para prenderle y enviarle al Virey--_ibid._ Celebra la venida de la armada de Flores, v Buenos Aires, y descuidado, desbarata su gente, y le matan los indios Mauas--271. Huyen sus soldados al rio--272. Y en tres barcas van Santa F, perdiendo una--276. Fu de mucho provecho la tierra, y se sinti su muerte--_ibid._ Juan Martin y otros, ayudan castigar el motin de Santa F--238. Juan Ortiz de Zrate, consigue el gobierno del Rio de la Plata, y v Lima cargado de barras--66. Pasa Panam, y yendo Cartagena le quita un corsario francs 80,000 pesos, y sus lstimas--67. Y viene Espaa, le confirma el Rey el gobierno, y vuelve con armada--_ibid._ Mal dispuesta, y de qu gente?--79. Tormenta que padeci en el golfo de las Yeguas--_ibid._ Ces, y despues de varios votos llega la Gomera--80. Entra en Santiago con mal tiempo--81. Calma que le entr y como lleg al Brasil, con mucha gente muerta debajo de la lnea---82. Llega San Vicente y algunos de los suyos se vuelven con Melgarejo--_ibid._ Vuelve al mar, v tierra, y no hallan puerto los pilotos, y se entra en D. Rodrigo--83. De donde saca al mar la Almiranta, y desaferra la capitana, y vizcaina, y donde surgi--84. Echa la gente en tierra, y celebra la fiesta del Corpus Christi--88. V Ibiaca con 80 espaoles, dejando 250 sin armas, ni comida, y es bien recibido y admitido de los indios--_ibid._ No remedia la necesidad de su gente, avisado--_ibid._ Crueldades de su teniente con los que huyen de hambre--89. Y sus lamentos--90. Su codicia, y escndalo entre los indios--94. Intentan algunos llevar la barca de la capitana, y son descubiertos--_ibid._ Tormenta que padeci en la laguna al volver, y como fu socorrido, y lleg su campo?--100. Castiga algunos, y sin piloto se embarca en el Rio de la Plata, y padece tormenta--_ibid._ Surge en San Gabriel, y otra tempestad le desbarata los navos, y atemoriza su gente--101. Trenle comida los indios--104. Ranchanse en chozas, y mueren muchos--109. Mala disposicion de la plvora y armas--111. Prende Abayuba, y un guaran lengua--109. Resctale contra el parecer de muchos--110. Dan los indios sobre su gente, que iba buscar yerbas, y la mata, excepto dos, y envia contra ellos--111. Huyen de los indios dos partidas, y los que no, son muertos--113. Desordenado, sale contra los indios, y le impide llegar la noche--116. Lstima de su gente--115. Embarca su ropa temiendo Zapicano, y se retira la capitana--116. Como le enga un indio--117. Hace matar otro que pedia campo, y mofan de l los demas--118. Se v la isla de San Gabriel, con temor de Zapicano, y algunos espaoles cautivos vuelven l, y son bien recibidos--_ibid._ Siente gran hambre, y socrrela Melgarejo--121. Que si no llega tan presto se le muere la gente, y v la isla de Martin Garca, y envia por bastimento Melgarejo--122. Puebla en ella, y mueren muchos--15. Quiere ir contra Taboba, y se v los Timbues, y rescata con los Querandis--125. Regala Yamand, que le trajo una carta de Garay, y como evit la traicion, que intentaba--134. Tormenta que abri la caravela, y ech una nao en tierra, y clamor de su gente, de que no se dolia--138. Llega el bergantin con socorro, y envia las mugeres con Melgarejo, y enfermos--141. Con fin de poblar--_ibid._ Congojada su gente, espera el suceso de la poblacion--154. Vuelve Melgarejo, y se embarca todo--_ibid._ Llega San Salvador, y quiere llamar Vizcaya al territorio, envia por comida, y no cuida de una nao--_ibid._ Y prende al piloto, porque la dej de miedo--157. Qumase su casa, y l solo escapa por estar despierto, y se v otra nao, donde estaba su hacienda--156. Toma el rescate de Cay, y no le entrega su hijo--157. Duda si prender Yamand, que vino con Cay al rescate de su hijo--161. Incomodidades de su gente, y recelo de los indios--157. Responde al Virey, que le avis el sosiego de Tucuman--177. A su gente destrozada por la hambre, y con poca racion, le decia muchos baldones--178. Desebale la muerte su tesorero--190. Su gente se anima con el socorro de Garay, y l quiere subir por el rio--191. Prende Trejo, su favorecido, y conoce estar los indios de guerra, y es bien recibido en Santa F--193. Y en la Asumpcion, envia comida su gente, y empieza, gobernar sin consejo de nadie--194. Y cuando le quiso, no le tuvo--_ibid._ Falta de caridad, y desazones que hacia, malquistndole su codicia--196. Conoce le querian mal todos, y lo que dijo nombrando Mendieta por gobernador--_ibid._ Aunque de mala gana--197. Muere con buen nimo--196. Y deja su hija por heredera--_ibid._ Juan Osorio, Maestre de Campo de Mendoza, se embarca--36. Muerto pualadas en el puerto de Vera, y por qu?--38. Juan de Rivadeneira, lleva frailes Agustinos al Rio de la Plata--270. Juan Rodriguez, d muerte Gil Gonzalez, que le hospedaba, por casarse con su muger--254. Juan de Saldivar, lo que dijo su muger, viendo sacar por fuerza al Obispo de la iglesia--71. Juan Sanchez, mata muchos indios en la batalla de los Charras--150. Juan de Torres de Vera y Aragon, Oidor de Chile, y Capitan General, hace guerra felizmente los Araucanos, y siendo Oidor de los Charcas, se casa con Doa Juana Ortiz--201. Resuelve ir al Rio de la Plata, y es preso, y levado Lima--_ibid._ Suelto despues de algunos aos vuelve su plaza, de que le priv el vistado--202. Juan de Urbina, entra con Borbon en Roma al saco--35. Juana, hija de Juan Ortiz de Zrate, y heredera del adelantamiento del Rio de la Plata--196. Se casa con el Licendiado Torres de Vera disgusto del Virey--201. Judith, di meurte Holofernes, y con su criada se volvi los suyos--72. Juju, rio. Sus indios conquistados por los Guarans--7. Juliana Portocarrero, hermosa y rica--261. Justos, desean la muerte--182. =L= Laberinto parece el cerro de Potos--179. Labradores son los Gurans--23. Ladrones, no teme el pobre--67. Lagartijas, comia el autor, y sabian cabrito--95. Laguna de los Mahomas, poblada, y si hay perlas en ella?--21. Otra con una roca empinada entro dos, y otra de notables ruidos--30. La del Moxo, y en medio una isla con un palacio--51. Un terremoto pasa una de un lugar otro--261. Lambar, sierra cerca de la Asumpcion, la mas alta--29. Lambar, ofrece Salazar allanar los espaoles--42. Es vencido por Salasar--29. Lartaun, Obispo del Cuzco, v al concilio de Lima--257. Y se queja algunos de l--258. Laurelca, en las riberas de Ipat--20. En las islas del Rio de la Plata--14. Lazcano, persuade D. Francisco de Mendoza dejo el gobierno, y hace nombrar Abrego--55. Leales, perseguidos, y muertos por Irala--57. Burla de ellos, y de su nombre, que hacian los rebeldes, y comedias en que los sacaron--_ibid._ Lebron, se alza con otros contra Cabeza de Vaca, y le prende--53. Leiva, valiente--235. Atraviesa Taboba con la lanza, y se la agarra un indio, y cortndole otra la mano le mata--148. Conjurado contra Garay en Santa F, y lo que si muger le decia--236. Y leal coloquio que tuvieron--237. Muerto por Ramirez y justiciado, y extremos de su muger--238. Lenguas, como se dividieron y formaron; en el Brasil y Rio de la Plata distintas, procediendo de una--6. Leones, en las islas del Rio de la Plata--18. Con cadenas de oro en la casa del gran Moxo--51. Comian los de Juan Ortiz--187. Leones, puerto, trata Sarmiento contra gigantes--268. Llega l Drake--246 Lerma, v Santiago gobernar Tueuman, y prende Abrego, y le d tormento--239. Villalta y Mosquera, y los manda degollar--241. Aloja, y regala en su casa al Dean, y su altivez le precisa reir con l, y pedirle el ttulo--242. Despacha su hermano Esteco sosegar las disensiones del Dean, y su teniente--250. Decian muchos males de l sus enemgios--251. Y todo era hablar de l, sin cuidar de s--_ibid._ Levantamiento de los mestizos de Santa F. V. Santa F de Santa Cruz de la Sierra, por haber reido do mugeres sobre el asiento de la iglesia--235. Lima alborotada, y cara con las disensones del concilio--259. Desea que se acabe--264. Y se alegran de ello--_ibid._ Sus damas bizarras--260. Y de muchas gracias--261. Temblorqu padeci, y lo que vi el autor--263. Destruida por l--289. Y los vecinos se salen al campo--_ibid._ Lirones, modo de conejos, comian los de Juan Ortiz--95. Liropeya, india hermosa, cuya pintura de pluma vi el autor--128. Sosiega Yanduballo, y Caravallo--_ibid._ Lluvia, no hay en Lima--287. Lobos, como becerros, en las islas de su nombre--14. Lobos, islas, su sitio--_ibid._ Lorenzo Suarez de Figueroa, sale de Santa Cruz de la Sierra contra los Chiriguanos--286. Loria, rescatado de los indios por Melgarejo--124. Lucio, abogado del Cuzco, persuade Santo Toribio rescinda el concilio, y enreda los obispos en l--258. Luis de Chaves, por qu no queria ir Indias--213. Luis de San Martin, d muerte Mayrar, de una estocada, y no pudiendo sacar la espada le quita la macana, y prosigue peleando contra los indios--228. Luis de Sotomayor, advierte al Conde del Villar ser intil el fuerte del Callao--286. Luis de Ulloa--261. Lujan, se embarca con Mendoza en Sevilla--36. Luna, se libra de un naufragio, llega la Asumpcion, y le d muerte un caballo--276. Luna grande, de plata, en el palacio del gran Moxo--51. Reverencibanla los que entraban en l--52. Adorbanla los Charras--118. =M= Macana, arma de los indios, como es?--225. Machado, juez de la ciudad de los Santos, no quiere defenderse de Candish--298. Magallanes, descubre el Estrecho--10. Pnele su nombre--_ibid._ Sale al mar del sur--_ibid._ Magaluna, indio, yerra el golpe en Juan de Osuna, le agarra del caballo, y es muerto, quedando con la rienda en la boca--149. Mahoma, Seor de la Laguna, en el Paraguay--21. Mahomas, indios--6. Habitan cerca de la laguna de su nombre, en el Paraguay--21. Estiman las perlas, no saben horadarlas, y como las pescan--_ibid._ Mairara, indio, muerto por Luis Martin--228. Maiz, hacen vino de l los indios--280. Maldonado, isla--14. Mandis, peces, en el Paraguay--23. Mandies, pescado, en el Paraguay--193. Manteca fresca, parece cuando se comen los gusanos de las caas--33. Mauas, indios viles--273. Dan ciento y treinta sobre Garay, y su gente dormida--271. Y lo matan con cuarenta espaoles, y envisten al bergantin donde estaban los demas, y son resistidos--272. La victoria conmueve los indios, y se alza la tierra--273. Mar, inunda al Callao y la tierra contigua, y derriba muchos edificios--287. Maraca, calabaza con chinas dentro, como sonajas--227. Maracopa, cacique, en las islas del Rio de la Plata--127. Maria de Angulo, saben los Chiriguanos su vuelta del Per--281. Y le dan muerte--285. Maria de Cepeda, perfecta ilustre--260. Hace encender muchas mechas en la venida de Drake al Callao, las mugeres, en que gastaron sus tocas--247. Mariana, dama de Lima--261. Mariana, mata un perro--187. Y consulta con el autor el escrpulo del hurto--_ibid._ Y se le comen ambos--_ibid._ Marinero, huye los indios, y le vuelve Abayuba con una canoa--110. Mariposas, que se forman de los gusanos de las caas de agua, y se vuelven ratones--32. Marquez, escribano malvado, deprecacion contra l, y su castigo--70. Marquina, su navo robado por Candish, excepto los negros--297. Martin, cacique, casa su hija con un mestizo--277. Hace dar muerte Mendieta y sus compaeros, por qu?--_ibid._ Martin Dure, compaero en el gobierno de Mendieta, y este le aparta de si--197. Martin Enriquez, Virey del Per, muere--258. Mrtir Garca, isla, se describe--15. Poblacion y desgracias--_ibid._ Martin Garca de Loyola, sus calidades--184. Nombrado por el Virey--_ibid._ Para la conquista del Inca, le prende con dos soldados, y le lleva al Cuzco--185. Csale el Virey con Doa Beatriz la Coya--_ibid._ Envia preso Lima al Licenciado Torres de Vera--202. Martin de Pineda, v contra los Charras, y discordia con Pablo de Santiago sobre el mando, huye con su gente de los indios--112. Martin Gonzalez, clrigo, predicaba mal los indios, y dao de sus sermones--215. Mtale Caytua en el rio--113. Martin Suarez, Gobernador del Rio de la Plata--75. D rden Garay que pueble Santa F--_ibid._ Dispone enviar Espaa al Obispo y Cceres--_ibid._ Mrtires, su constancia en qu consistia--183. Marucare, quema su casa, y se entra la tierra adentro con Taboba y sus mugeres, huyendo del Virey--173. Llamado de Ibitupu va la Junta--280. Marcos Gil de Xaraicejo, d muerte muchos indios en la batalla de los Charras--149. Matienzo, Presidente de los Charcas, alaba Juan Ortiz el Rio de la Plata, y lo que decia--65. Hace seguir Garay intilmente--201. Envia relacion de su fuga al Virey--209. Maures, indios del Rio de la Plata--6. Mazacara, pez sabroso, con cuyo nombre llaman los indios las mancebas--43. Y las que tenian pblicamente los gobernadores, los espaoles--_ibid._ Medrano, se embarca con Mendoza--36. Melibon, indio, procura matar los espaoles que huian--113. Mencia, muger de Sanabria, se embarca con sus hijas al Paraguay, y la gente que llamaron del socorro--55. Mencia de Cepeda, ilustre, en Lima--247. Menialbo, corta la mano Taboba, y deja libre la lanza Leiva, y parte por medio Zapicano--148. Mepenes; indios--6. Merida, la Roma de Espaa, y su puente--3. Mestizos, se alzan contra Garay en Santa F, y para qu?--235. Hace uno matar Mendieta por ellos--277. Una ahoga su marido de concierto con su galan, y le cuelga de una higuera--253. Metales, la ribera del Rio de la Plata--20. Micuren, animal que en una bolsa mete los hijos, y como los lleva--26. Miguel Simon, lleva su muger en barcos al navo, huyendo de los indios, y le hieren--273. Miserias que ocasiona la mudanza de fortuna--99. Mizque, villa frtil de vino--253. Mogolaes, indios de la Asumpcion, viven en los Esteros--28. Mogoznaes, indios--6. Moises, pide Dios viejos para gobernar--195. Mojos, indios valientes y flecheros--53. Palacio de su Seor--51. Idolos y poblaciones que tenia--52. Caa, durisimas en su tierra--83. Poder y riqueza de su Cacique el gran Moxo--51. Llegan hasta l los de Cabeza de Vaca y se vuelven--50. Molles, de que hacen vino los indios--280. Monos, se juntan oir predicar otro grande, y acabada la platica escapan todos priesa, y el grande, despacio, con dos pajes: le mata Melgarejo--106. Teninle los indios por rey de la montaa--107. Comian los de Juan Ortiz--187. Montes, altisimos--83. Mora, rescatado de los indios por Melgarejo--124. Mosquera, conjurado contra Garay en Santa F--235. Huye Crdoba, viendo justificados sus compaeros--239. V Santiago--_ibid._ Guiado de su desventura, y es degollado por el Virey--240. Motin en la Asumpcion--53. Contra Cabeza de Vaca--_ibid._ Muerte, siempre ha de tenerse presente, y si debe causar tristeza?--181. Quien ha de temerla?--183. Mugeres, sus lamentos en el hambre de la gente de Juan Ortiz--91. Pero no muri ninguna--102. Ni la vi el autor mal parada--141. Embusteras, ingratas, mudables, y sin consejo--255. Hacen gala de burlarse de los que quieren, al mejor tiempo--256. Sus inclinaciones, y su poder--97. A todos tienen sugetos--_ibid._ No es fcil quitarles su dominio--98. Causan los males--163. Una, presa por Mendieta, porque libr su marido de la crcel, le echa grillos, y sus quejas--203. Las de Lima sienten andar destapadas--259. Y como salian de sus casas en el temblor de tierra--263. Una pide armas para defender al Obispo contra Cceres--71. Desea morir antes que se ejecute la violencia, y lo que dijo--72. Las de Arica hacen banderas de sus tocas, y salen la playa y engaan Candish--293. Murta, los indios hacen vino de ella--280. =N= Nave de la China, ricamente cargada, robada por Candish--296. Naues, indios--6. Navegacion, como se hace entre Cabo Blanco y el de Santa Maria--14. Neblinas, en el Rio de la Plata--28. Necios, no tienen secreto--191. Negros, en Cabo Verde, y sus islas--37. Lo que dijo uno su amo Cabeza de Vaca, vindole preso--74. Esconden los frenos de los caballos sus amos en la llegada del Drake al Callao, por si lograban libertad--248. Nile, rio, se divide en brazos--16. No--3. Se salva del diluvio, con sus hijos, y seal de paz que puso Dios--_ibid._ Nogoes, indios--6. Nuflo de Chaves, despachado por Irala al Per--57. Si entra mas adentro d con el gran Moxo--58. Batalla que tuvo con los indios, y fortaleza que deshizo--_ibid._ Llega y habla Gasca, funda Santa Cruz de la Sierra--_ibid._ Sugeta la Asumpcion de los Charcas--283. Conquist los Chiquitos--58. Impide al Obispo y Gobernador del Rio de la Plata pasar al Per--64. V los Charcas, y le siguen--65. Se casa con Doa Elvita de Mendoza--283. Mtanle los indios de Boitim--_ibid._ =O= Obera, significa resplandor. Indio cristiano, se hace herege, mintiendo ser hijo de Dios, y una vrgen--216. Levanta la tierra--_ibid._ Decia los indios tenia guardado un cometa--_ibid._ Los indios le siguen, dejando el servicio de los espaoles--_ibid._ Mandbales cantasen sus alabanzas, y que bailasen--217. Hace Papa un hijo suyo, que bautizaba y mudaba los nombres--_ibid._ Tenia espas para huir, si contra l venia mayor poder--_ibid._ Hace Emperador otro hijo, que era juez de los indios--229. Sguenle algunos mestizos, y procura el autor reducirlos--_ibid._ Uno que habia hecho santo y sacerdote se refugi al autor, y le cuenta muchos de sus embustes--_ibid._ Obras, arguyen los artfices--13. Ochoa, vizcaino, chale de s Mendieta, instado del pueblo, y los alcaldes de Santa F--206. Olivera, preso en Santa F por los conjurados--236. Olor, de lo primero que se echa en el vaso, le conserva mucho tiempo--44. Onsas, en las tierras del Rio de la Plata--192. Oro, en Chile--2. En las tierras del Rio de la Plata mucho, y por qu n se beneficia?--11. Osiris, fu el famoso Hercules, que mat Gerion--5. Osos, en las islas del Rio de la Plata--192. Comian los de Juan Ortiz--187. Osuna, d muerto Yagualy, en la batalla de Guayraca--228. =P= Pablo de Santiago, queda en Ayumir por teniente de Juan Ortiz, y ahorca uno porque no avis de cinco gallegos huidos--88. Sus crueldades con los que huian por la hambre, y volvian--89. V contra los Charuas con doce soldados, y puerto en un cerro le acuden otros y llegando Pinedo le trata de cobarde--112. Procura impedirle que huya y se queda con cinco hombres resistir los indios, y es muerto por uno de sus soldados--113. Paces, peces--23. Amarillos en el Rio de la plata--_ibid._ Paita, puerto. Envia Candish de paz un piloto l, y no le admiten--295. Saquale, y los vecinos huyen al monte--_ibid._ Palmas, en las islas del Rio de la Plata--14. En el rio Ipit--20. Palmitos, sustentaban dos meses los indios--89. Comian los de Juan Ortiz--_ibid._ Palometa, pez--193. Se describe--22. Saca los hombres in el rio bocados redondos, de media libre de carne--23. Uno enharinado salta la muger que le frea, y le corta un dedo--22. Palometa, arma--225. Pancaldo, genovs, v al Estrecho, y v gigantes--268. Que se metian una flecha por la garganta, y se la sacaban sin romperla--_ibid._ Papagayo, rien sobre uno Tup y Guaran, y se separan--5. Una especie que saca tres pollos, y mata uno dejndolos apareados, y por qu?--26. Paraguay, tierra caliente--8. Sus indios bestiales, conquistados y sujetos por Guaran--7. Paraguay, rio mayor que el de Sevilla, y su hermosura y rboles--21. Entra en l el de la Plata, y corre al norte--18. En 500 leguas no le hall orgen el autor--23. Su angostura de antes de la Asumpcion--21. Paraso de Mahoma. Llaman algunos la ciudad de la Asumpcion--22. Paran, significa mar--13. Rio: pnele Sols por nombre Rio de la Plata--10. Paran-mir, rio. Forma en el de la Plata una isla triangular--21. Corre hcia arriba impelido de las aguas--_ibid._ Pates en el Paraguay--193. Pavas, en las islas del Rio de la Plata--23. Y en ls Chiriguanos--280. Payaguaes, indios belicosos, matan Oyola y su gente, y s llevan la plata--43. Payees, heciceros. Indios que tienen pacto con el demonio--283. Payzum, Santo Tom, anduvo entre los indios Guarans--282 Pecado, causa de los males--102. Que padacen los hombres--99. Peces con figura de hombre--16. En cierta manera--_ibid._ Muchos no concidos en el Rio de la Plata--23. Uno viendo una muger, sale del mar, y puesta en salvo, gime, mirndola--93. Pedernera, intenta dar la contrayerba Juan Ortiz, y no puede tomarla--196. Pedro Antonio de Aqunio, v con Pancaldo--268. Al Estrech--_ibid._ Pedro Arana. Elegido por el Virey contra Candish--293. Le busca con dos galeones y no le halla--295. Pedro Caballero, de Estepa. Arrncale una ola del barco, y se ahoga--301. Pedro de Esquivel. Preso, y degollado por Cceres--70. Pedro de la Gasca, (licenciado). Maoso, vence Pizarro--213. Oye Nuflo de Chaves, y le despacha--58. Pedro de Guadix y Mendoza--11. Rico en el saco de Roma--39. Pide al Rey el gobierno del Rio de la Plata, y le concede el Adelantamiento, y con 2,000 hombres y buena armadase embarca en Sevilla--35. Su gente muy lucida y noble, turbada con una tormenta, procura animarla--36. Aprtanse las nvaes, y leega Canarias y de all Santiago de Cabo-Verde--37. Hambre que padeci, y su llegada Cabo Frio y al Brasil--38. Toma posesion de la ierra en la isla de Stana Brbara--_ibid._ Se entra en el puerto de Vera--_ibid._ Persudenle los que mataron Osorio, le convenia as--_ibid._ Siendo la muerte causa de su perdicion--_ibid._ Toma el Rio de la Plata, llega San Gabriel y pasa Buenos Aires, y desembarca--39. Agrad mucho la tierra su gente--_ibid._ Puebla en la isla de Martin Garca, y pierde mucha gente--15. Envia Oyolas amedrentar los indios, y enfermo de babas se vuelve Espaa--39. Se muere en el camino, cerca de las Terceras--_ibid._ de toda su gente no quedaron 200 espaoles--41. Pedro de la Puente. Se v al Per con Garay--200. Pedro de la Torre, (Fr.). Primer Obsipo del Paraguay, v con Ure--62. Llega la Asumpcion, contempla Irala, y por qu?--_ibid._ V al Per con el gobernador y no los deja pasar Chaves, y se vuelve con el teniente--64. Rien los dos en Santa Cruz, y caminaba juntos sin hablar, la Asumpcion--67. Era impaciente y no vengativo--68. Publica Cceres que estaba suspenso y son presos sus amigos, y l privado de indios, comida, y renta--70. Vse la iglesia porque no le prendan, y chanle fuera, y lo que dijo una muger--71. Vuelve su casa, d fianzas, y le tapan las ventanas--72. Huye la media noche, y se vuelve su casa--_ibid._ Trae Castilla Cceres--74. Escpaselo en San Vicente, y publca censuras, y prese la envia Espaa--77. Muere con buena fama y olor de santidad, segun los portugueses--_ibid._ Pea, en media de una laguna, muy derecha y alta--30. Pea, Obispo de Quito, V al concilio de Lima--257. Pea Pobre. Roca altsima en el Rio de la Plata--18. Peralta, (Doctor). Queda solo en la Audiencia de los Charcas--202. Perdices, en los Chiriguanos--280. Perlas. Las estiman mucho los Mahomas, y su cacique d algunas al autor. V. _Mahomas_. Perros. Comen los de Juan Ortiz, mal cocidos, porque no lo supiesen los dueos de ellos--95. Bailando, como violentos, se echan en una fuente hirviendo--182. Per, tierra rica--2. Por qu no entr en ella Guaran?--7. Sugtanla los Pizarros--9. Sus vertientes van al Paraguay--18. Pescado. Abundante en Ayumir--85. Picas. Usaban los Chiriguanos--225. Pizarros. Conquistan el Per--9. Pies de los indios, negros y castellanos, y como se dierencian--282. Piedra, con heulla de pies europeos, que vi el autor--_ibid._ Pilcomayo, rio. Por donde corre?--7. Viene del Per, y entra en el Paraguay--_ibid._ Sus riberas conquistadas por los Guarans--_ibid._ Piloto, muestra gran valor despues de la tormenta--135. Pitun, indio. Sale con Coraci desafiar los de Garay, y lo que dijeron--218. Pelea, y pierde la mano derecha--219. Y huye, y le manda matar Tapu-Guaz--220. Placer, seguido de la tristeza--281. Placencia--3. Plata, rio. El Paran, y por qu se llam as--10. Su curso veloz, y su boca de treinta leguas, y riesgo de la costa, donde entra al mar--14. Sus islas, y rios que toma--_ibid._ Hasta dividirse en once brazos--16. Vulvese juntar, y gentes que habitan sus riberas y las islas--17. Retrase del Paraguay cuando entra en l, y corre al oriente--18. Sus remolinos, y salto espantable--19. Navegable por lo ancho nueve leguas, y despues por la canal--15. Poblado por los Guarans, y naciones que llegaron despues--5. Tmale D. Pedro de Mendoza, y llega Buenos Aires--39. Sus gobernadores, por qu no cuidan de las minas de oro y plata?--11. Desde Castilla se tarda cuarenta dias en llegar l--62. Plomo. Halla en Guayra Melgarejo--20. Pobreza. Amada de los Santos--47. Es causa de muchos desrdenes y trabajos--189. Portero del palacio del Gran Moxo. Lo que decia los que entraban en l--52. Portugueses, tenian poco poblado. V. Santiago de Cabo Verde--37. Reciben bien Cabeza de Vaca--49. Un caballero casa con una negra rica en Santiago de Cabo Verde--81. Ayudan Mendieta en el rio Jenro, para que vuelva la Asumpcion--211. Ofrecen Drake alojamiento y regalos, y no los admite--249. Potos, cerro famoso--2. Su figura--_ibid._ Variedad de indios que concurren l, y como se labra el metal--178. Principio malo sigue mal fin--109. Pronstico que habia entre los indios del Rio de la Plata, de que habian de sugetarlos nuevas gentes--221. Puente. Muere en los remolinos del Rio de la Plata--19. Pueyo. Muerto su hermano por los indios, procura se recoja su gente al fuerte--115. Puna, isla. Saqueada por Candish--294. Pureyt, significa, donde el Diablo canta--283. =Q= Querandelo, indio. Conviene en hacer guerra Buenos Aires--275. Quiones, Presidente de la Audiencia de los Charcas. Sus letras y valor--164. V en socorro del Virey Chuquisaca, y Condurillo--172. Se apresura por encontrarle en Tomina--173. Celebra hallar Zrate, aunque ambos iban perdidos--174. Quirs. Recibe Mendieta en su pueblo, y se le entrega Espinosa--210. =R= Raices. Tienen pocas los rboles en el Per--255. Ramirez. Ayuda castigar el motin de Santa F--237. Mata Leiva en la cama--238. Rasquin. Apunta Cabeza de Vaca con una flecha para que no resista su prision--53. Hace gran destrozo en los indios de Zapicano--150. Ratones de mariposas, antes gusanos. Asolan los sembrados, y hacen desamparar las tierras los indios--32. Comian los de Juan Ortiz, y los trocaban por raciones--95. Rayas, peces en el Rio de la Plata--23. Rebozos, prohibe el concilio de Lima las mugeres, y lo que decian--259. Refran. Lo mal ganado, etc.--35. Probreza no es vileza--41. Oro es lo que oro vale--48. El muerto no habla--53. El buey suelto bien se lame--62. Cada gallo canta, etc.--64. Caminante pobre, ante el ladron canta--67. Quien en malos pasos anda, etc.--69. Al enhornar se hacen los panes tuertos--109. A moro muerto gran lanzada--135. Uno piensa el bayo, etc.--161. Viva la gallina, etc.--184. El pobre no tiene amigos--189. El que vendr, bueno me har--199. Mas vale salto de mata, etc.--205. Hu del peregil, nacime en la frente--241. Lgrima de herederos, risas son--254. De escarmentados se hacen los arteros--267. Mas es el ruido que las nueces--287. Bien vengas mal--297. Cuando la barba de tu vecino vieres pelar, etc.--243. Reinoso. V en socorro de Puna contra Candish: disputa el mando al cabo del Cuzco, y lo que hicieron--294. Remolinos en el Rio de la Plata, y estragos que causan--19. Ricinos, Trugillanos. Vivian en tiendas en Trugillo--3. Hacen guerra los Tups, porque se los comian, y los echan de la tierra--4. Rico. Quien Dios quiere--30. Y el que se contenta con lo que tiene--47. Rio de Juan de Oyolas. Estrecho y seguro, que entra en el de la Plata y sus islas--125. Rio Grande. Llaman al Guapai, en el Per--7. Rio de las Palmas--139. Rio de la Plata. V. _Paran_, _Plata_. Riqueza, y sus daos--47. Roca. Se lament de que el Drake lo quitase su navo en Arica--246. Rocha y Vela, con otros quince. Se apartan de Juan Ortiz, para ir al Paraguay, y los treinta dias se vuelven, y son degollados--94. Rodrigo, (Don). Puerto mal seguro: entra la armada de Juan Ortiz en l--83. Rodrigo Ortiz de Zrate. Resiste los indios, y los vence--275. Romero. Conjurado contra Garay, en Santa F--235. Confesado al pi del rollo, le cuelgan y hacen cuartos--238. Rosas. En las islas del Rio de la Plata--17. Rubicha, significa capitan, cabeza--42. Rubira. Prende Mosquera y le suelta--239. Procesado por el motin de Santa F, la d por libre la Audiencia de los Charcas--242. Rui Diaz Melgarejo. Se queja de haber perdido un carbunelo, volcndose una canoa--34. Funda Guayra en el Rio de la Plata--20. Desvalido en ella por defenderse de los Chiriguanos--_ibid._ Huye de Irala temiendo le maten por leal--54. Y se fortifica en Guayra contra l--63. Conquista los indios--_ibid._ Hall minas de hierro y plomo, y los sac--20. Atraviesa San Vicente, y se enamora de Doa Elena de Contreras--64. Nombrado para traer Espaa Cceres y al Obispo, parte con l San Gabriel--75. Llega San Vicente, y se vuelve en un patache de Juan Ortiz--82. Djale Oyolas poblado en Paraguay, con rden de que le espere, y por qu no obedecia?--42. Puebla en otra parte, y vive libremente con sus soldados--43. Determina obedecer Irala--44. Sabiendo la ida de Juan Ortiz, se vuelve al Rio de la Plata--106. Llega Ibiaza, y ve los estragos que habia padecido--_ibid._ Mata al rey de los monos, y acuden muchos l--107. Huye de ellos, y un indio le reprende la accion--_ibid._ Llega San Gabriel--118. Rescatando con los Guarans desde Santa Catalina--107. Consuela la armada de Juan Ortiz--121. V con l la isla de Martin Garca, y le enva buscar comida--122. Rescata bastimento en el pueblo de Taboba--123. Recoge algunos espaoles cautivos, y vuelve San Gabriel--124. Acompaa Juan Ortiz los Timbes--125. Busca Garay--131. Rescata con los Timbes, escribe Garay se vaya con l--_ibid._ Hace salir su gente--134. Y vuelve cargado de bastimentos--135. Lleva socorro Juan Ortiz con el bergantin, y vuelve Garay con las mugeres y enfermos; y tormenta que tuvo en el Uruguay--141. Y se entra en San Salvador--151. Puebla, y vuelve por Juan Ortiz--152. Publicando su victoria de Zapicano, es recibido con grandes alegrias--154. Embrcalo todo, y encalla subiendo el rio, y llega con buen tiempo San Salvador--_ibid._ V con Garay, y dan en los indios de Igapop, y lleva Juan Ortiz bastimento, y cuatro indios principales presos--155. Rullo de Mendoza. Rescatado de los indios en Buenos Aires--302. =S= Sabalos. Traen los indios de Juan Ortiz--104. Salazar. Valiente--39. Capitan--_ibid._ Se embarca con Mendoza, en Sevilla--36. Cuando pobl la Asumpcion--22. Vence Lambar, y sus indios--29. Pelea con una serpiente, y derribado de un colazo, la deguella--_ibid._ Mata un espantoso tigre--_ibid._ Y pualadas, de envidia, Juan Osorio--38. V con Oyolas--39. Dle el Rey por armas la sierra de Lambars, el tigre, y merced de hbito; y muere dejando pobres y con pleitos sus hijos--30. Salgado. V las horcas de Chaves, como en socorro de Paniagua, para matarle--169. Descubierta su maldad, es ahorcado--170. Salta. Villa poblada por el licenciado Lerma--242. Salto del Rio de la Plata, espantable, y su ruido--20. San Salvador. Rio, que di Gaboto este nombre, entra en el de la Plata--16. Hyense l algunos de los soldados de Gaboto, y se vuelven Espaa--11. Salvador de Saa Correa, avisa al Brasil la llegada de Candish--299. Envia su hijo contra l la isla de San Sebastian, y cogindole descuidado, le mata--35. ingleses--307. Sanabria, natural de Medellin--59. Nombrado Gobernador del Rio de la Plata, se casa, y muere, y su muger v al Paraguay--_ibid._ Sanafines. Indios del Rio de la Plata--6. Sancti-Espritus, poblacion. V. _Torre de Gaboto_. Sancti Espritus, pueblo. Envia Candish reconocerle, y saltan los ingleses en tierra, y son muertos la mayor parte por los espaoles indios--308. San Salvador. Puerto en que se recogi Melgarejo, por una tormenta--151. Publale--_ibid._ Llega l Juan Ortiz con todo--157. San Sebastian, isla. V Candish rehacerse ella, y Correa le mata treinta y cinco ingleses, y le hace embarcar--307. Sansones, indios--6. Santa Cruz. Acude desbaratar el motin de Santa F--238. Y mata Venialbo de una pualada--_ibid._ Santa Cruz de la Sierra. Ciudad fundada por Nuflo de Chaves, y porqu se llam as?--58. Santa F. V. _F_. Santiago. Isla de Cabo Verde, se describe--81. Toma en ella bastimento Mendoza--37. Santiago de Chile, de gran recreacion--2. Santiago el Mayor. Martirizado--183. Santos. Ciudad saqueada por Candish--298. Su ruina grande--311. Sapos desollados. Comian los de Juan Ortiz--96. Sarmiento. Propone sin rden ni concierto embarcarse al Estrecho, y pierde mucha gente--250. Sale confiado en su ciencia, y le pesa--268. Trata con los gigantes que vi Pancaldo, y viene Espaa, de donde vuelve con Diego Flores y su armada--269. Llega al rio Jenro y al Yumir, y v al Estrecho--_ibid._ Puebla en l, y es perseguido de mala fortuna--277. Sebastian Gaboto. V al Rio de la Plata con buena armada, y es vencido--11. Y muerto por los Guarans--_ibid._ Seca de Espaa, mil aos antes de Cristo S. N.--5. Segovia, Provisor de Paraguay. Hace sumaria contra Cceres--69. Es preso, y con grillos--_ibid._ Llevado para echarle al Per, se libra, y como prendi Cceres--73. Segura, no se ha de arriesgar por lo incierto--138. Serpientes. En el Rio de la Plata, que han lidiado con hombres--23. Derriba una Salazar, peleando, y es muerta--29. Setubal. Si la pobl Tubal con nombre latino--3. Sierras de Magacela. Si son las de Altamira, las de Santa Cruz--4. De la laguna Itapu--30. Sirenas. Hay en la laguna Itapu--30. En el estero de los Beguas--140. Socabones del cerro de Potos, meten grima--2. Sodomitas. Donde decian los indios que los atormentaban los diablos--31. Sol de oro. En el palacio del gran Moxo, con luces y una sierpe--53. Soldados que gozan sueldo en el Per--292. Soledad apacible. En las riberas del estero de los Beguaes--140. Sotelo. Preso por Lerma--240. Y libre por la Audiencia--242. Saca Doa Elvira de Chaves herida de entre los Chiriguanos--285. Sotomayor. Ahorcado por Juan Ortiz--119. Por haber querido huir--_ibid._ Sotomayor de Chaves y Mediano--269. V Chile con rden de pasar el Estrecho, y llega al Rio de la Plata, y atraviesa Chile, dejando mucha gente en tierra--270. Su muger alabada--277. Sueo. De que puso las puertas su estancia la antiguedad fabulosa--140. =T= Taboba, indio fuerte--113. Cacique de las islas del Rio de la Plata--127. Hace gran estrago en los espaoles de Pablo de Santiago--113. Atravesado por una lanza, la coge, y cortada la mano, muere--148. Taboba, el viejo. V con su gente la Junta de Ibitupu--279. Hblale en ella, y contradicho de Izoca se desafian, y los sosiega Ibitupu--166. Huye con Marucare--173. Muerto en Buenos Aires por Inciso--234. Tabolebo. Declara la guerra con otros Buenos Aires--275. Tabolia, india, y su desafio con otra--274. Tafetana. Costa de brbaros--80. Tanimbano. Acude Guairaca con sus indios--227. Conviene en hacer guerra Buenos Aires--275. Tapucagn. Acude Guayraca con sus indios, y se entra en el fuerte--227. Tapu Guaz. Conoce su ruina en el aviso de Pitum y Coraci, y los manda quemar vivos, y propone la guerra--220. Manda que nadie salga de la junta; envia por Curemo, y resuelve recibir de paz Garay--222. Algrase del destrozo de los Tupuimiries, y ofrece Garay vasallage y servicio--224. Tasa de jornales los indios, pone el Virey en Potos--178. Tecos, indios--6. Tempestad grande. En las islas de San Gabriel, echa tierra las naos de Juan Ortiz--138. Teniente de Garay en Santa F. Preso por los mestizos--236. Es suelto, y restituido por Arvalo--239. Terremoto que arruin Lima--288. De Arequipa, ruinas y muertes que caus---251. Sucediendo al mediodia--252. En Chuquiago mud una laguna, y se abri la tierra en tres bocas--261. Teru, cacique de las islas del Rio de la Plata--126. D de concierto con Yumand sobre Santa F, y vuelve huyendo--_ibid._ Determinado vengarse de los espaoles--_ibid._ Huye de Garay, sus casas son quemadas, y saqueadas--137. Es de parecer que se haga guerra Buenos Aires--275. Tesoro. El verdadero ha de hacerse en el Cielo--39. Tidore, isla. Su rey rescata con Drake, estando en guerra con los portugueses--249. Tigres. En los islones del Rio de la Plata--18. Como los mata el Yumir--26. Comian los Juan Ortiz--187. Timbs. Sus calidades--125. Dan muerte Sols con engao--10. Islas que tienen pobladas en el Rio de la Plata--18. Rescatan con Melgarejo, y recatean mucho--131. Tomahavi. Lago y fuente notable, que atrae los perros bailando, y los cuece--182. Tomas Candish, corsario. Pasa el Estrecho, y no se detiene en Chile--292. Dirige su armada al Per, y los vecinos se asustan, y se alegran los soldados--291. En Arica le engaan los vecinos--298. Y pasa Puna, tomando en el viage un navo, y la saquea--294. Dan sobre l los del Cuzco y Guayaquil, y se recoge una montaa con prdida de veintidos hombres, y como tom la lancha, y quem un navo suyo--295. No le reciben en Paita, y despoblada la saquea, y escopetea una cruz--_ibid._ Corre la costa del Per, y se v Nueva Espaa, y carenando su nave, navega la Gran China, y toma la nao del tesoro--296. Un clrigo y otros intenta matarle, y le ahorca, y llega su tierra poderoso--_ibid._ Vuelve al mar, llega la costa del Brasil, y la demarca, y toma el navo de Marquina y otros--297. Saquea los Santos contra su palabra, injuria las reliquias imgenes santas de la iglesia--298. Desnuda los vecinos, y derriba las casas, y v San Vicente, donde entra con gran contento--299. Hace una nave para entrar en el Rio de la Plata--_ibid._ Entrale tormenta navegando--300. Trucasele la fortuna--305. Vuelve de arribada los Santos, y toma tierra tres leguas mas adelante, y descuidado, le hacen los vecinos una emboscada--_ibid._ Echa 25 hombres en tierra, al embarcarse dn muerte 23 los espaoles--306. Y ahorca los que volvieron, y por qu?--308. Pide un hijo de un Conde la villa, y se v rehacer la isla de San Sebastian, donde pierde 35 ingleses, y v Sancti Espritu, donde le matan otros--307. Y su clera y execraciones, saliendo al mar--309. Sus maldades y sacrilegios causaron la prdida de su armada--310. Cuatro de sus ingleses se pasan los espaoles--308. Tomina, pueblo--173. Topamaro, Inca. No hacia mal los espaoles--184. Procura Loyola prenderle, y huye con sus indios, y descuidado es preso, y llevado al Cuzco--185. Condenado degollar, pide el bautismo, y es muerto con escndalo de todos--186. Tormenta que padeci la armada de Mendoza--36. Y lo que decia la gente--37. Otra en el golfo de las Yeguas, en la armada de Juan Ortiz--80. Otra en el puerto de Don Rodrigo, saca de l la capitana al mar--83. Torre de Gaboto. En el Rio de la Plata--11. Donde?--18. Llega ella Juan Ortiz--125. Torre de Mambrea, Placencia--3. Torres. En el palacio del gran Moxo--51. Torrida Zona. Creyronla inabitable, y cuando se navega--49. Traicion, rio--10. Trejo. Muy estimado, y regalado de Juan Ortiz--192. Quiere mover los soldados contra l--_ibid._ Trinidad, se llama la ciudad de Buenos Aires--285. Tristeza, sigue la alegria--133. Trugillanos. Eran los Ricinos--4. Tubal. Hijo de Japhet: poblador de Espaa--3. Tucuman. Provincia abundante--2. Nunca tuvo buen gobernador--195. Tupaayqu. Rie con Tabola, y se hieren fuertemente, sobre cual de sus maridos habia bebido mas--274. Tup. Huye de Estremadura, vencido, las Indias, rie con su hermano Guaran, en el Brasil, y se v con los suyos al Rio de la Plata--6. Tupes. Indios del Brasil--7. Tups, espaoles. Antiguos caribes--3. Vencidos por los Ricinos, se embarcan, y llegan Canarias--4. Y Cabo Frio, y por qu se quedaron solos en el Brasil--5. Son los Tupes--7. =U= Ubay. Sus indios comen los gusanos de las caas de agua, y los que dejan como los echan de su tierra, vueltos ratones--32. Urambia, indio famoso--221. Advierte su cacique la profecia de la venida de nuevas gentes, y que no se podr resistir los espaoles--_ibid._ Vota que se les reciba de paz--_ibid._ Sintenlo los indios, rie con Curemo, y le hace perder la lanza--225. Heridos, se d sentencia de ser igual su competidor--226. Urambieta, padrino de Curemo en el desafio con Urambia--225. Evtase el desafio--226. Ure, general de la armada. Llega al Rio de la Plata--62. Deshace las obras de dos navos, y hechos bergantines, los envia la Asumpcion con el Obispo--_ibid._ Uruguay, rio grande--16. Entre furioso en el Rio de la Plata, con legua y media de boca--_ibid._ No sufre balsas--142. Intenta poblarle Juan Ortiz--141. =V= Valderrama. D muerte Yaguatas con Osuna--228. Valencia, Gobernador de Arica. Despacha Arequipa que libren la plata del rey, de los ingleses--247. Valenzuela. Mata Cuyupe--228. Valero. V de rden del Virey prender Garay, y l no obedece--201. Sguele, y es sentido--208. Le prende Garay en Cotagaita--235. Quiere ahorcarle, y le perdona, y despalma la mula, y le deja--_ibid._ V Tucuman--236. Vargas de Trugillo. Se v Melgarejo huido, y muere el mismo dia, confesado por el autor--123. Vela. Degollado por Juan Ortiz--94. Venados. Muchos en las islas, en el Paraguay--193. Mantienen muchos indios del Rio de la Plata--23. Como los mata la Eira--26. Sus cabezas se han hallado en el vientre de las culebras--_ibid._ Venegas, oficial real. Caus con los demas el alboroto contra Cabeza de Vaca, le prenden, y conmueve el pueblo--54. Trale preso Espaa con procesos su gusto--59. Su desgracia--_ibid._ Venialvo, principal amotinador de Santa F--235. Qujase al gobernador de que hubiese echado bando sobre armas, siendo el Maese de Campo de los rebeldes--237. Dle muerte Santa Cruz, y es hecho cuartos--238. Vera, puerto--269. D mucho pescado, y marisco: entra en l Mendoza--38. Vera. Preso en Santa F por los conjurados--236. Vicencio. Ahorcado por Mendieta--200. Vicente, (puerto de San). Entra en l Doa Mencia, con la gente del socorro--59. Asola Candish su poblacion--299. Victoria, nao. Di vuelta al mundo--10. Victoria, Obispo de Tucuman. Envia al Dean gobernar--242. V al concilio de Lima--257. Vieja. Anima los Ibitupues que hagan guerra los espaoles, y la siguen todos--167. Hacen una danza, cantando la victoria de Garay contra los Tapuimiries--223. Villalta, conjurado contra Garay. V con Ruiz por mensagero de los mestizos Tucuman--235. Refugiase San Francisco, y se compone su causa, y huye Santiago--239. Adonde sigue su desventura--_ibid._ Degollado, y su cabeza puesta en el rollo--241. Vino. De qu le hacen los indios?--280. Virtud unida, mas fuerte--45. Vvoras, en el Rio de la Plata--27. De cascavel, acometen la casa, y huyendo dan muerte la 24 horas _ibid._ Convierten en veneno las flores que comen--215. Vizcaya. Queria llamar Juan Ortiz la tierra de San Salvador--154. Viscaino. Mata Aagualpo, y Yandimoca--148. Volcan de Arequipa, espantoso--253. Voluntad de poderoso, arrastra la razon--46. =X= Xiantombia. Sale por padrino de Curemo al desafio con Urambia--225. Como evit que prosiguiese el duelo?--226. =Y= Yacar, cacique. Acude con sus indios Guayraca--227. Yaguatat. Lleva 2,000 indios Guayraca--227. Es muerto por los de Garay, peleando furiosamente--228. Yaguar, rio. Atravisale Garay--223. Yamand, gigante, hechicero--17. Predijo que habian de venir su tierra gentes lejanas--117. Su dominio en las islas, y Rio de la Plata--127. Se llamaba emperador, y poder que tenia con los indios--17. Respetbanle mucho, y se alababa mas l--126. Sale de San Gabriel--_ibid._ V la nave de Juan Ortiz, fingindose mensagero de Garay, y lo que dijo--127. Y le entretiene hasta que llegue Zapicano--117. A quien lleva las cartas que le dieron, y las guarda, y perdida la ocasion, se las entrega Garay--127. Toma respuesta, y lo que pensaba--_ibid._ D Juan Ortiz las cartas, y es regalado, y le engaa--134. Creyendo volverle engaar, media en la libertad del hijo de Cay--161. No tiene efecto, y finge quedarse ser cristiano con Juan Ortiz--_ibid._ Preso, procura el autor convertirle en vano--18. Escpase una noche obscura--191. Mueve los indios guerra--193. Muerto Garay por los Mauas, junta los indios, y ordena guerra--272. Contra Buenos Aires, y es vencido--275. Su heredero toma su nombre--17. Yandinoca, indio. Muerto por Vizcaino--148. Yandnazubi, capitan de los indios. Ayuda los espaoles poblar el Paraguay--42. Ofrece ampararle, y Salazar--_idid._ Ybiriy. Acude Guayraca con indios--227. Ybitupu. Convoca junta los Chiriguanos sabiendo que el virey se habia vuelto, y hace prevenciones de brevages, frutas y caza--280. Razonamiento que hizo los que concurieron, borracho--_ibid._ Resuelven hacer mal los espaoles por cuantos medios puedan, y dispara una flecha en seal de guerra--281. Impide hagan mal un viejo que la contradecia--282. Ygapop, Igeipot, rio--184. Sus indios esconden sus hijos y mugeres, con nimo de dar en los espaoles de San Salvador; y envestidos de Garay y Melgarejo, huyen--155. Ypanem, significa desdichado, rio. Psale Garay--217. Ypit, rio. Entra en el Paraguay--21. Ytapu, laguna, con una pea en el medio--30. Yvaviraes, fruta--280. Yumir, oso hormiguero, y como mata los tigres?--26. Yurumir, significa boca chica, puerto, y estrecho, y su forma--269. Y situacion--_ibid._ Llega el Drake l, y le deja antes de llegar Diego de Flores con su armada--270. Yzoca. Reprendo Taboba que dilate la guerra contra los espaoles--166. =Z= Zapicano. Cacique viejo de los Charras--104. Fortsimo, muy respetado de sus vasallos, y de gran presumpcion--151. V por Abayub, que estaba preso, al campo de Juan Ortiz con mucha caza, y se queda con l--110. Rescatando: sueltos, juran vengarse--_ibid._ Coge los espaoles descuidados en medio, y d muerte cuarenta--_ibid._ Vuelve con ejrcito--112. Regido bien--113. V contra el fuerte de Juan Ortiz el dia siguiente, y se retira--118. Vuelve, y tira muchas piedras contra la nave, y se burla de los espaoles--117. Repite su venida todos los dias, procurando sacar los espaoles--118. Recibe bien Ontiveros, y le adorna como indio--119. V contra Garay con siete escuadrones--145. Ve retirar los arcabuceros, y se detiene--146. Habla los espaoles, y mfanlos los indios--_ibid._ Quiere matar Leiva, y Menialvo le parte por medio de una cuchillada--148. Huyen sus indios mas adentro, despoblada la tierra--151. FE DE ERRATA DE LA ARGENTINA [ya corregidos (N. del T.)] ERRORES. CORRECCIONES. PAG. 1. _...origen canto solo._ ...orgen canto, solo _Por descubrir, ect._ Por descubrir, etc. 5. (nota) _Cosa comun es, cuanto acopi_ Cosa comun es, cuando rompi el mar, etc. _el mar, etc._ 11. _Al alto divino juicio verdadero_ Al divino juicio verdadero 16. _Desde aqu se comienza ser desecho_ Desde aqu l comienza ser desecho. 19. _La mano est temblando, y lo rebujo._ La mano est temblando, y lo rehuyo _ibid._--(nota) _El tigre es canino movido:_ El tigre es canino: _pues el Yumir, etc._ movido pues el Yumir, etc. 26. (nota 4) _abre por el seseso._ abre por el seceso 31. (nota) _Onange-pita_ Aang-pit 95. _Huirse todos bien se lo deseaban._ Huirse todos, s, lo deseaban 123. _...entre estos est Armada._ ...entre estos est armada 125. _Habitan los Timbs, gente amorosa_ Habitan los Timbs, etc. 126. _As yo Yamand toda la gente._ Asi yo Yamand, toda la gente 130. _Conclusa Caraballo, su jornada._ Conclusa Caravallo su jornada. 133. _Mando soltar la flaca artilleria._ Mand soltar, etc. 164. _Sabido este negocio, echa derrama_ Sabido este negocio, echa de rama 182. _Creyendo gozaria en gua dio eterno_ Creyendo gozaria en gaudio eterno 197. _Que ya en este decir mas no meatrero_ Que ya en este decir mas no me atrevo 207. _Que alguna gente viene, aunque secreta._Que alguna gente viene, aunque secreta, _Que le puede ayudar_ Que le puede ayudar 251. _A galeras, por ser hombre traviesos_ A galeras, por ser hombres traviesos 285. _Soleto revolvi_ Sotelo revolvi. * * * * * NOTAS: [1] _Vase la nota 3 de la pg. 15._ [2] _Pag._ 96. [3] _Pag._ 33. [4] _Pag._ 40. [5] _Pag._ 272. [6] _Pag._ 281. [7] _Stira contra los vicios de la poesia castellana._ [8] _Pag._ 269. [9] _Pag._ 277. [10] _Pag._ 265. [11] _Biblioteca occidental._ Tom. II, pag. 653. [12] _On y remarque aisment que l'auteur ne s'occupait geres de la recherche de la verit et des faits._ Viages la Amrica meridional. Tom. I, pag. 21. [13] _Ibid._ [14] _Pag._ 312. [15] _Cosa muy sabida es de todos la riqueza del Per, y del famoso cerro de Potos, que es la manera de un monton de trigo mirdole de lejos: y es grima mirar los socavones que se han hecho para desentraarle y sacarle la riqueza de metales que tiene dentro de s._ [16] _Tucuman es una provincia abundante de comida. Chile es la mas parte floresta y jardin, tiene oro, y en particular Santiago de Chile. Es tierra de mucho recreo._ [17] _D. Cristoval de Mora, Marquez de Castel Rodrigo, Virey, Gobernador y Capitan General de Portugal, por el Rey Felipe III. Fu la persona quien el autor dedic su poema._--EL EDITOR. [18] _El capitn Francisco Drake, que fu azote de Dios en el mar del norte y la del sur, pues saliendo de Inglaterra que est hcia el polo rtico, y pasando el Estrecho, hizo tanto dao debajo del polo antrtico._ [19] _Notoria cosa es, los que tienen lumbre de f, el diluvio, y como No hizo el arca, en que se salv con los suyos; y como habiendo cesado el diluvio, le dijo Dios_ signum ponam inter me et te, _que fu el Arco Iris_, signum foederis: _y como Tubal, hijo de Japhet, y nieto de No, pobl primero la Espaa, de donde los Portugueses derivan Setubal, casi_ Sedes Tubal. [20] _Ricinos, en la comarca de Trujillo: vivian en tiendas._ [21] _La torre de Mambrs, es Placencia._ [22] _La gente de Portugal, esto es_, Portus Gallicus. [23] Castrum Julii, _de Julio Cesar, fu dicho Trujillo, y segun otros, de Juliano Merida, que en otro tiempo fu la Roma de las Espaas._ [24] _Estas sierras de Altamira, segun algunos, son las sierras de Magacella, y segun otros, la de Santa Cruz, tres leguas de Trujillo._ [25] _Cosa comun es cuanto rompi el mar Atlantico: quedaron las islas de Canaria y Cabo Verde libres, y as son hoy en dia llamadas Fortunadas, esto es, casi felices y dichosas. En tiempo del rey Gerion, quien venci y mat Osiris, que fu el famoso Hrcules, antes de la famosa seca de Espaa, que fu mil aos antes de nacer Cristo, se poblaron estas islas._ [26] _Navegando por la mar del norte, se han visto por debajo de agua vestigios de edificios antiguos._ [27] Pedro de Medina _en el libro de "Grandezas y cosas memorables de Espaa, cap. 34."_ [28] _Los dos cabezas que salieron de Espaa eran hermanos, Tup y Guaran, eran casados, la muger del uno pidi la del otro un papagayo, y no dndoselo, hubo pendencia entre los dos hermanos._ [29] _Este rio Pilcomayo corre de la provincia de los Charcas, y entra cuatro leguas de la Asumpcion, en el Paraguay, y toma nombre de_ Araquai. _El rio Guapay pasa doce leguas de Chuquisaca, quiere decir_ bebo todas las aguas, _y es el mismo que llmase en Chuquisaca el Rio Grande_. [30] Guaran _significa una mosca muy importuna, que hay en aquella tierra, la manera del tbano, que chupa la sangre, y por serles tan importuna la guerra los indios, la llaman del nombre de esta mosca._ [31] _El_ Gaan-zapainga, _que significa_ solo seor, _les puso este nombre los Guaranies, diciendo, que gente que venia desnuda, de donde nace el sol, que es tierra caliente, hcia aquellas partes y cordilleras, que es tierra fria, el frio, que es _chiri_, les escarmentara, que es _guana_: de donde vino Chiriguana: como que diciendo: dejadlos, que el frio les escarmentar._ [32] _Muy trillada cosa es el descubrimiento del Per, y lo que los Pizarros hicieron. Dice, pues, que el corazon pedia la venganza_, idest, _que los Chiriguanas movidos de resentimiento, en pensando que los Pizarros eran procreados en aquella tierra Estremadura, de donde sus antepasados habian sido echados, se alegraban para hacer el trueco que entre ellos dicen, matando quien mat cosa mia. Pero fu tanta la fama de los Pizarros entre los indios, que aun los Chiriguanas, sin experimentar su valor, los temieron, y as cesaron por aquel tiempo de sus conquistas, y pararon en las cordilleras de Chuquisaca, de donde hoy primero de Octubre de 1592, aun hacen dao, y matan los que van Santa Cruz de la Sierra._ [33] _Usan los Chiriguanas muchos embustes en la guerra; son grandsimos traidores en la paz, son de suyo animosos, crueles y vengativos. Dice que les vi hacer cosas estraas as en la guerra como tratando entre ellos; y que, quien no le quisiese escuchar vaya preguntarlo al Toledo, al Virey D. Francisco de Toledo, hermano del Conde de Oropesa, que gast en los ir conquistar, 800,000 ducados de la caja, sin mucho otro dinero de particulares, y sali de la cordillera derrotado._ [34] _Magallanes, por quien tom nombre el Estrecho, que lo eternizar hasta el fin, descubri aquel pasage. Llevaba en su compaia un D. Juan Diaz de Solis, el cual de vuelta pidi al Emperador D. Carlos, Seor nuestro, la conquista del Rio de la Plata; y dndosela, fu con armada al Rio de la Plata, llamado_ Paran. _Entr, y subiendo y atravesando un riachuelo, le mataron los indios traicion en aquel rio, que se llama el_ Rio de la Traicion. _Este puso por nombre al Paran, Rio de la Plata, porque al tiempo que lo descubri, hall indios con planchas y corona de plata._ [35] _Dice, que no fu sin causa de buen agero, porque se hallan grandes muestras el dia de hoy de oro y plata, y el autor las ha visto, y trajo estos reynos de Castilla, y la causa de no haberse beneficiado los metales, han sido los Gobernadores, porque desean perpetuarse en sus gobiernos en vida, y saben que habiendo plata han de ser visitados por la Audiencia, y acabar su seoro, que es mayor de lo que se puede decir, como en tierras apartadas del Rey y Seor propio, donde primero que llegan las quejas, son acabados los agraviados, y se quedan sin castigo las agraviantes._ [36] _Sebastian de Gaboto era tambien piloto: pidi la conquista, disela el Emperador nuestro Seor, fu al Rio de la Plata, subi 80 leguas por arriba Buenos Aires, y edific una fortaleza, cuyas tapias estan hoy en pi._ [37] _El rio Argentino, Rio de la Plata es llamado por los indios_ Paran, _que quiere decir "mar" por su grandeza. Corre del norte al sur, aunque hace muchas vueltas: cuando entra en la mar, entra al este, por manera que el viento sur es sobre la tierra de Buenos Aires y el norte sobre la banda del Brasil, aunque despues d vuelta la corriente al norte. Tiene velocsimas corrientes, pero reina all el sur bravamente, y donde es su vuelta corre el navio, como dice la octava_, placidamente. _Tiene este rio mas de 30 leguas de boca, porque la punta de Santa Maria, que es la de la banda del Brasil, est en 34 grados y medio, y la de Buenos Aires est en 34; y aunque los grados de norte sur son de 17 leguas y media, y se vendria sumar por esta razon mas cantidad de agua, no se le echa la boca del rio mas de 35, porque las dos puntas salen muy la mar. Son estas dos costas peligrosas, por ser la una muy baja, y la otra muy combatida del viento sur, y ambas sugetas los enemigos indios belicosos, y por esto habla de_ futuros casos portentosos. _Por la mayor parte los navios que se han perdido, han sido de la banda del Brasil, que es donde llamamos San Gabriel, as de cristianos como de ingleses, y todos han sido acabados por los indios._ [38] _Hay en este parage, que dista 80 leguas de la mar, aunque menos del agua salada, 7 islas despobladas, pero muy hermosas de palmas y laureles: tienen pesquera y puertos fondables. Hasta estas islas hay mucho fondo, aunque hay dos tres bajios, como es un arecife arriba de la isla de Maldonado, donde se perdi el navo de Dos, y otro frontero la isla de Juan de Ortiz, donde se perdi Guitian con mas de 40,000 pesos de plata. Pero desde estas islas adelante el rio est lleno de bajios. Por aqu tiene 9 leguas de ancho, y estas islas de San Gabriel estan apartadas de tierra, de la banda del Brasil, legua y media: casi todas estan 8 leguas de Buenos Aires. Suelen verse de Buenos Aires en las tardes, cuando hace el dia sereno._ [39] _La isla de Martin Garcia tiene de longitud legua y media, y de latitud media legua. Es muy poblada de arboleda, y tiene en l mucha tierra buena para sembrar. Aqu estuvo la gente de D. Pedro poblada, y despues la de D. Juan Ortiz de Zarate. Aqu lleg Eduardo Fontanes, ingles, ao 1582, estando yo en Lima en concilio, y habia dos aos que habiamos poblado Buenos Aires, donde s llegra hubiera hecho mucho dao._ [40] _El rio_ Hum, _que quiere decir ro Negro, porque su agua es negra, por atravesar lagunas y pantanos de tierra negra. Corre muy manso, y es muy fondable: tiene gran nmero de peces, los mas de ellos gambaros. En este ro es cosa muy cierta que hay peces que tienen figura humana en alguna manera, porque si fuese en todo serian hombres y no peces, y por eso dice la octava pescados semejantes._ [41] _La yerba viva llamada_ caycob, _ca significa yerba, ycob, que vive._ [42] _Es la bolsa la manera de unos sacos con puerta, que usaban antiguamente los labradores._ [43] _El tigre es canino: movido pues el Yumir, por instinto natural, en viendo venir al tigre, abrzase con l, y djase caer en tierra; y teniendole apretado por mucho tiempo, desmaya el tigre de hambre y muere._ [44] _La culebra llamada_ Curiy _es de doce varas de largo, y del grosor de un buey. Tiene en la cola una navaja de hueso, que abre por el seceso los animales que coge, por fuertes que sean, y se los traga, chupndolos enteros: hnse hallado en su vientre artes enteras venados grandes cargados de huesos. Por instinto natural v lugares hmedos, y chase de barriga, y pudriendose su cuero, salen los huesos que ha tragado, y as descargada, v entre unas yerbas, donde refregndose sana, y se cierra la abertura._ [45] _Acai en lengua Guaran suena tanto como en lengua castellana:_ Valgame Dios y que maravilla es esta; _y as llaman como con espanto la laguna, por oir aquel estruendo y alarido_ Acai: _de donde dijo un poeta, hablando del misterio de la Encarnacion,_ "Acai, _que me espanta tan grande secreto._" [46] _El carbunco es un animal, llmase este animal en lengua guaran_ Aang-pit: _ diablo, porque reluce como fuego._ [47] _Envidia combate lo mas alto, y as el envidioso es cobarde._ [48] _Pobreza no es vileza, empero sin Dios causa vileza, y entre los hijos del siglo es gran bajeza, y cosa odiosa y aborrecible._ [49] Rubicha _en la lengua Caria, guaran, quiere decir "principal capitan y cabeza."_ [50] _Irala fu en el armada de D. Pedro de Mendoza como soldado, y con su ardid y maa vino mandar la tierra mucho tiempo. Levantronle los que prendieron Alvar Nuez Cabeza de Vaca. Persigui Diego de Abreu, caballero de Sevilla; el cual sustentaba la opinion de los leales, como llamaba los que no consintieron en la prision de Alvar Nuez Cabeza de Vaca._ [51] _Despublase Buenos Aires, y sus habitantes jntanse con los de la Asumpcion._ [52] O vida segura la mansa pobreza! _Juan de Mena en sus trecientos._ [53] _Oro es, lo que oro vale, dice el proverbio castellano._ [54] _Cosa muy sabida es como el Emperador Carlos V, nuestro Seor, padre del invictsimo Felipe II, se desposey hizo dejacion de todos sus reinos, y se retrajo Juste, monasterio de frailes Hieronimos, que fu el mas singular y mayor triunfo que l obtuvo entre los grandsimos y dignos de eterna memoria, que l alcanz en este mundo._ [55] Ni boda pobre, ni mortorio rico, _as en los descubrimientos de las Indias. El _comentador griego_ sobre las trecientas de 10 de Mena; y otros muchos antes de l, como fu_ Ptolomeo, &c., _lo contrario de lo cual vemos y sabemos._ [56] _Doblada la lnea est casi hecha la jornada, porque si no se acierta doblar, no se puede tomar la costa del Brasil, antes habrn de ir la de Cartagena, dar en Santo Domingo._ [57] _Envidia combate lo mas alto._ [58] _La casa del gran Moxo en una laguna._ [59] _Cortan la cabeza D. Francisco de Mendoza, en la Asumpcion, por mandado de Diego de Abreu._ [60] _Hizo asiento con el Rey Juan de Sanabria, ao de 1547, como dice Gmara_ Histria de Indias, cap. 89, y Herr. dec 8, lib. 4. [61] _Hzose el asiento con Zrate por Julio de 1569._ [62] _Buen dicho para letrado y Presidente de una Audiencia real. Bien parece habia gustado poco de los flechazos de los indios Guarans, segun la razon que daba._ [63] _Quien en mal anda en mal pra._ [64] _Dr. Fray Alonso Guerra, Obispo del Paraguay._ [65] _Esta era una muger casada con Juan de Saldiva, vizcaino, hija de Antonio Tomas, portugues._ [66] _De arenal._ [67] _D. Gernimo Luis Cabrera, Gobernador del Tucuman, quien cort la cabeza Gonzalo de Abreu._ [68] _A mi me lo dijo en Santos el padre Jos Anchieta, teatino de la compaia de Jesus, hombre de gran fama y crdito, que se habia hallado en su muerte. Que olia con gran fragancia su cuerpo, pies y manos, y la sepultura; y es entre los portugueses del Brasil muy valido que este Obispo muri santo._ [69] _Cuando la hormiga se ha de perder, alas le han de nacer._ [70] _Los Abrojos son un peligro en la costa del Brasil, manera de arrecifes y bajos que hace all la mar._ [71] _Era una racion seis onzas de harina de trigo._ [72] _Por mis ojos v aqueste dia este indio que abrazndose con el caballo, cort con los dientes la una rienda del caballo, y as muri con la rienda en la boca, pualadas que le di Juan de Osuna._ [73] _Juan de Barros fu cautivo de nio; crise entre los indios; casronle y tuvo hijos: cuando fuimos se vino nosotros, trayendo su muger hijos: yo se los bautic, y l le cas con su muger._ [74] _Muerte maravillosa de un religioso de San Francisco._ [75] _D. Gabriel de Pamagua, natural de Placencia._ [76] _En Valladolid aconteci esto un caballero, por lo que fu perdonado de los Reyes Catlicos._ [77] _Como cuando el Cisne siente llamarle su fin, que muera; dijo Dido Eneas._ [78] _A este caballero cas el Virrey D. Francisco de Toledo con Da. Beatriz Lacoya, hija del Inca, y prima hermana de este Topamaro que l prendi._ [79] _Comun es aquello cuando la vieja en Roma rogaba por la vida de Commodo, que preguntada por la razon de ello, respondi: que porque habia conocido sus antecesores, y que iba la cosa de mal en peor, y que as entendia, que si moria Commodo que vendria otro peor._ [80] _El Licenciado Torres de Vera y Aragon, siendo Oidor en Chile, fu Capitan General en la guerra._ [81] _Visitando D. Diego de Zuniga la Audiencia de los Charcas, prendi Juan Torres de Vera, Oidor, y al Doctor Barros, Presidente, y al Licenciado Contreras, Fiscal: qued solo en la Audiencia el Doctor Peralta._ [82] _Entre otros cantares que les hacia cantar, el mas celebrado y ordinario, segun alcanc saber, era ste:_ Obera, obera, obera, paytupa, yandebe, hiye, hiye, hiye, _que quiere decir: "Resplandor, resplandor del padre, tambien Dios nosotros, holgumonos, holgumonos, holgumonos:" y yo les hice entrometiesen entre aquellas dos palabras _paytupa_ y la otra _yandebe_, que quiere decir "tambien el dulce nombre de Jesus:" por manera que de all adelante cantaban, as:_ Obera, obera, paytupa Jesus, yandebe, hiye, hiye, hiye. [83] _Macana es una arma que usan los Chiriguanos de vara en largo, de un palo rcio, y manera de espada, y en lugar de punta, tiene al cabo pala._ [84] _Maraca es un calabazo lleno de chinas, muy compuesto con plumeria, con el cual taen compas, formando su manera de son para cantar._ [85] _Lerma, Gobernador y Capitan General en Tucuman, y que pobl Salta, y tuvo gran triunfo y poder: vino despues morir en crcel de corte en Madrid, tan pobre que entre indianos le enterraron por Dios._ [86] _Esto dijo la Reina Isabel Juan Fernandez de Inciso. En su Crnica general del mismo se refiere._ [87] Yumir, _un estrecho que hace la mar entre la tierra firme y la isla de Santa Catalina, como tiro de canto. Es all la corriente velocsima al henchir y vaciar de la marea. A la banda del norte est una ensenada grande, que llaman el puerto de Vera, y la del sur, el puerto de_ Corpus Christi. _En el primero estuvo D. Pedro de Mendoza, en el segundo, Juan Ortiz. Llmase_ Yumir, _esto es "Boca Chica."_ [88] _El Padre Fray Juan de Ribadeneira habia venido del Per por el Argentino, adonde volvi por rden de S. M. con doce frailes._ [89] _Cosa muy comun es entre lot Guaranies, que antiguamente anduvo entre ellos predicando un santo hombre, quien ellos llaman hoy en dia _Payzum_, Santo Tom. Yo he visto por propios ojos una piedra, cosa de nueve pies de longitud, y cuatro de latitud, en que estn formadas seales y vestigio de pisadas de pi humano: y no son de indios porque ton conocidas las seales de sus pies, por ser tan diferenciadas, como son, de las seales de los pies del cristiano, aunque el pi del uno y del otro est descalzo: porque los indios tienen los dedos desparramados, y el cristiano juntos, y lo mismo se v en el negro de Etiopia._ [90] Aapureit, _quiere decir cerro donde el diablo canta: Yo he oido decir indios, que all se les aparece el diablo y les canta, y ensea cantares, que ellos rezan cantan manera de alabanzas: y esta causa llaman aquel cerro_ Aapurey , _casi como decir donde el diablo canta, porque_ a _significa diablo, y_ pureyt _es cantar, y todos los que suben aquel cerro mueren de espanto, excepto los _payees_ hechiceros, porque tienen concierto y pacto con el diablo y son sus conocidos._ [91] _En este tiempo gobernaba el Conde del Villar, y despach muchos capitanes al puerto de Arica, y por toda la costa de la mar del Sur, guarneci al Callao, hizo saber los vecinos de la tierra, que acudiesen con sus armas y caballos, las lanzas y con sus arcabuces, los que tienen este cargo: porque tiene Su Magestad dos gneros de soldados asalariados, unos que llaman lanzas, y otros que llaman arcabuces; gana una lanza ochocientos pesos ensayados, y un arcabuz seiscientos, y esto aunque no haya guerras, porque estas situaciones estan apuntadas en la Caja Real, para lo que puede suceder, y as comen estos honradamente, y asisten en la Ciudad de los Reyes._ [92] _Gran valor y ardil de las damas de Arica, que de sus tocas hicieron banderas y gallardetes, y de las caas y bordones, lanzas; con que fingiendo grande aparato, y fuerza de gente, bastaron lanzar el enemigo del puerto, engaado de la fingida resea y muestra que ellas hicieron._ [93] _Son rescatados de poder de indios D. Diego de Portugal, clrigo, y D. Rullo de Mendoza, y Gonzalo Garca, quien yo trage en mi navo por marinero._ End of the Project Gutenberg EBook of La Argentina, by Arcidiano D. Martin del Barco Centenera License: Share Alike