Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries) Notas del Transcriptor: Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original. Los errores obvios de puntuacin y de imprenta han sido corregidos. Las pginas en blanco han sido eliminadas. El texto en cursiva se indica con _guin bajo_. El texto en letra versalita (versalilla) ha sido sustituido por maysculas. Los superndices se indican con el smbolo ^circunflejo. Las ilustraciones y sus textos introductorios que aparecen en el original dentro de los captulos se han trasladado entre stos. * * * * * EL VIAJE A NICARAGUA [Ilustracin] [Ilustracin: ...EN CIUDADES DONDE SONREN MUJERES DE AMOR Y GRACIA...] [Ilustracin: RUBN DARO EL VIAJE A NICARAGUA HISTORIA DE MIS LIBROS VOLUMEN XVII DE LAS OBRAS COMPLETAS ADMINISTRACIN EDITORIAL MUNDO LATINO MADRID ILUSTRACIONES DE E. OCHOA] [Ilustracin] ES PROPIEDAD EL VIAJE A NICARAGUA [Ilustracin] [Ilustracin] _A la Sra. D.^a Blanca de Belaya_ _respetuoso homenaje._ I Tras quince aos de ausencia, deseaba yo volver a ver mi tierra natal. Haba en m algo como una nostalgia del Trpico. Del paisaje, de las gentes, de las cosas conocidas en los aos de la infancia y de la primera juventud. La catedral, la casa vieja de tejas arbigas en donde despert mi razn y aprend a leer; la ta abuela casi centenaria que aun vive; los amigos de la niez que ha respetado la muerte, y tal cual linda y delicada novia, hoy frondosa y prolfica mam por la obra fecundante del tiempo. Quince aos de ausencia... Buenos Aires, Madrid, Pars, y tantas idas y venidas continentales. Pens un buen da: ir a Nicaragua. Sent en la memoria el sol trrido y vi los altos volcanes, los lagos de agua azul en los antiguos crteres, as vastas tazas demetricas como llenas de cielo lquido. Y sal de Pars hacia el pas centroamericano, ardiente y pintoresco, habitado por gente brava y cordial, entre bosques lujuriantes y tupidos, en ciudades donde sonren mujeres de amor y gracia, y donde la bandera del pas es azul y blanca, como la de la Repblica Argentina. Me embarqu en un vapor francs, _La Provence_, en el puerto de Cherbourg, y llegu a Nueva York sin ms incidente en la ruta que una enorme ola de que habl mucho la prensa. Segn Luis Bonafoux, la caricia del mar iba para m... Muchas gracias. Pas por la metrpoli yanqui cuando estaba en pleno hervor una crisis financiera. Sent el huracn de la Bolsa. Vi la omnipotencia del multimillonario y admir la locura mammnica de la vasta capital del cheque. Siempre que he pasado por esa tierra he tenido la misma impresin. La precipitacin de la vida altera los nervios. Las construcciones comerciales producen el mismo efecto psquico que las arquitecturas abrumadoras percibidas por Quincey en sus estados tebaicos. El ambiente delirio de las grandezas hace dao a la ponderacin del espritu. Sintese algo all de primitivo y de supertrreo, de cainitas o de marcianos. Los ascensores _express_ no son para mi temperamento, ni las vastas oleadas de muchedumbres electorales tocando pitos, ni el manethecelphrico rengln que al despertarme en la sombra de la noche sola aparecer bajo el telfono en mi cuarto del Astor: _You have mail in the office_. Psima navegacin se hace de Nueva York a Coln. Los vapores son pequeos y mal acondicionados. La comida, desolante: desde la sopas dudosas hasta las suelas de engrudo envueltas en miel de ciertos _cakes_ de la culinaria anglosajona. Ya es el Trpico. Ya la casas de Coln se destacan entre las palmeras. Ya se desembarca del muelle colons, entre jamaicanos, yanquis y panameos medio yanquis. Y sents que estis en una prolongacin de los Estados Unidos. Desde vuestro banco del saln de espera podis leer en ingls sobre dos puertas de cierto lugar indispensable: _Para seoras blancas_ y _Para seoras negras_. Detalle de higiene fsica y moral que desde luego hay que aplaudir. Se toma el tren para Panam, y en el trayecto puede observarse la rica vegetacin del suelo trrido. Advirtense a un lado y otro las casas en que habitan los trabajadores del Canal. Pas por aqu hace ya largo tiempo, cuando el desastre de Lesseps, y dije en _La Nacin_, de Buenos Aires, la desbandada de la _dbcle_. Aun recuerdo los grupos de salvajes africanos, aullantes y casi desnudos, acharolados bajo el sol furioso. Hoy se han reedificado antiguas viviendas; y si aun se mira una que otra ruina de draga antigua, las yanquis funcionan con mayor vitalidad desde que fueron contempladas por los ojos de Roosevelt en memorable visita. Panam ha progresado con el empuje norteamericano; Panam tiene hoy higiene, polica, ms comercio, y, sobre todo, dinero. Yo hice el viaje de Nueva York a Coln en el mismo vapor en que iba uno de los candidatos a la presidencia de la Repblica, el ministro en Washington Sr. J. Agustn Arango, persona de experiencia, de juicio, de influencia y de respetabilidad en el Istmo. El Sr. Arango, que tom parte muy activa y decisiva en el movimiento que tuvo por resultado la proclamacin de la nueva Repblica, se manifest en nuestras conversaciones muy partidario de la candidatura del seor Obalda, caballero tambin de prestigio y habilidad. Pensaba el Sr. Arango poner para el triunfo de su amigo todo el peso de su partido y de sus influencias. Conozco al seor Obalda, a quien tuve oportunidad de tratar en Ro Janeiro. Era delegado por su pas al Congreso panamericano. El Sr. Obalda es un panameo de buena cepa, conocedor de su tierra, amigo del progreso y muy americano. La Hacienda, ese ramo toral del Estado, se puso en Panam bajo excelente direccin. La del Sr. Isidoro Hazera, persona eminente que residi por largos aos en Nicaragua, adonde fu a buscarle la acertada solicitud del Gobierno para ofrecerle la cartera que desempe con aplauso de todos. En Panam, centro de negocios, de trfico comercial, encontr un buen ncleo de espritus jvenes y apasionados de arte y de letras. No podr olvidar entre ellos a Andreve, a Ricardo Mir, que sostienen all con entusiasmo y con decisin la buena campaa. No es en Panam donde naci la delicada alma de poeta que tiene por nombre Daro Herrera? Embarqume de nuevo con direccin a Corinto, puerto nicaragense, en uno de los barcos ciertamente abominables de la Pacific Mail, compaa descuidada, incmoda y voluntariosa, por la ineludible razn de la falta de competencia. En un feliz amanecer divis las costas nicaragenses, la cordillera volcnica, el Cosigina, famoso en la historia de las erupciones; el volcn del Viejo, el ms alto de todos, y ms all el enorme Momotombo, que fu cantado en _La leyenda de los siglos_, de Vctor Hugo. Por fin entr el vapor en la baha, entre el ramillete de rocas que forman la isla del Cardn y el _bouquet_ de cocoteros que decora la isla de Corinto. Y aqu otra pluma comenzara a resear la serie de fiestas incomparables de cordialidad, verdaderamente nacionales, que celebraron la llegada del hijo por tantos aos ausente. En verdad, se mat el mejor cordero en el retorno del poeta prdigo. Salud a Chinandega, famosa por sus naranjas, por su fecundidad agrcola; salud a Len, la ciudad episcopal y escolar donde transcurrieron mis primeros aos. Salud a Managua, asiento del Gobierno; a Masaya, florida y artstica. Viajes de palmas y flores! En mi recuerdo estarn siempre llenos de sol y de alegra. En esas horas de oro y fuego nunca pens, como el terrible amigo pesimista, que no lejos de los domingos de ramos estn los viernes santos. Cuando llegaron las horas de las expansiones oratorias dije a mis compatriotas mis largas saudades y mis sinceras intenciones. Repetir aqu algunas de mis palabras, pues deseo sea sabido que en aquellos instantes fu grato al pas argentino y a mis amigos de Buenos Aires. Djeles que un espaol eminente, el rector de la Universidad de Salamanca, D. Miguel de Unamuno, escribirame con motivo del retorno a mi patria original, palabras hermosas que hablaban del griego Ulises y de la maravillosa Odisea. Nada ms propio--expres--de esta vuelta a mis lares, que la generosidad de mis compatriotas, la elevacin del nivel intelectual y una simpata palpitante y orgullosa han convertido en una apoteosis, si apenas merecida por los sufrimientos de la ausencia y por ese perfume del corazn de la tierra nuestra, que no han podido hacer desaparecer ni la distancia ni el tiempo. Podra decir con satisfaccin justa que, como Ulises, he visto saltar el perro en el dintel de mi casa, y que mi Penlope es esta Patria que, si teje y desteje la tela de su porvenir, es solamente en espera del instante en que pueda bordar en ella una palabra de engrandecimiento, un ensalmo que ser pronunciado para que las puertas de un futuro glorioso den paso al triunfo nacional y definitivo. Tiene la ciudad de Bremen como divisa, un decir latino que el prestigioso D'Annunzio ha repetido en uno de sus poemas armoniosos y csmicos: _Navigare necesse est, vivere non est necesse_. Yo he navegado y he vivido; ha sido Talasa amable conmigo tanto como Demter, y si la cosecha de angustias ha sido copiosa, no puedo negar que me ha sido dado contribuir al progreso de nuestra raza y a la elevacin del culto del Arte en una generacin dos veces continental. Benditas sean las tribulaciones antiguas, si ellas han ayudado a ese resultado, y bendito sea el convencimiento que siempre me anim de que necesario es navegar y, aumentando el decir latino, necesario es vivir. Volvi Ulises cargado de experiencia; y la que traigo viene acompaada de un caudal de esperanza. Yo quiero decir ante todo a mis compatriotas que despus de permanecer por largo tiempo en naciones extranjeras, y estudiar sus costumbres, y medir sus vidas, y pesar sus progresos, y apreciar sus civilizaciones, tengo la conviccin segura de que no estaremos entre los ltimos en el coro de naciones que mantendr el alma latina, con sus prestigios y su alto valor, en prximas y decisivas agitaciones mundiales. Viv en Chile, combatiente y prctico, que ha sabido tambin afianzarse en obras de paz; viv en la Repblica Argentina cuyos progresos asombran al mundo, tierra que fu para m maternal y que renovaba, por su bandera blanca y azul, una nostlgica ilusin patritica; viv en Espaa, la Patria madre; viv en Francia, la Patria universal; y nada era para m ni ms orgulloso ni ms grato que el nombre de un compatriota repetido por la fama cientfica, por la autorizacin histrica o por el renombre literario; y cuando alguna vez, desgraciadamente, saba el mundo de lamentables disensiones, yo no poda evitar las palpitaciones de mi corazn ante las victorias nuestras que comentaba Europa. Aun siente Espaa la desaparicin de un grande hombre suyo que se llam ngel Ganivet, ese andaluz eminente que de boreales regiones envi tanta luz a la tierra maternal. Y cuenta ese granadino, hoy glorificado, la historia de un hombre de Matagalpa que, despus de recorrer trridas fricas y Asias lejanas, fu a morir en un hospital belga, y le llam para confiarle los ltimos pensamientos de su vida. No s cmo se llamaba aquel hombre de Matagalpa; pero s que ese ignorado compatriota, en su modestia representativa, haba visto como yo quizs, en las constelaciones que contemplaran sus ojos de viajero, las clsicas palabras: _Navigare necesse est, vivere non est necesse_. Si acaso el pas ha quedado retardado en este vasto concierto del progreso hispanoamericano, por razones tnicas y geogrficas que sern allanadas, por motivos que son explicados por nuestras condiciones especiales, nuestros antecedentes histricos, y por la falta de esa transfusin inmigratoria que en otras naciones ha realizado prodigios, tenemos prctica y vitalmente demostrado que un impulso a tiempo y una aplicacin de generosa y altas energas, mantenidas segn las exigencias del organismo nacional, pueden, ante la revisin de valores universales, demostrar que, aparte de poblacin o de influjo comercial, se es alguien en el mundo. En seguida celebr a hombres ilustres de la Repblica, en los cuales me ocupar luego, y agregu: Brillante es la impresin que tengo yo, que cortej durante largo tiempo a la musa cosmopolita, al ver en mi tierra fuertes talentos, fuertes caracteres y encantadoras facultades artsticas. Quiero juntar dos impresiones que parecen completamente distintas, y que han hecho en mi espritu dos huellas de reales proras: es la primera el haber desembarcado en Corinto, dulce puerto por siempre, de una manera europea, por su muelle y comodidades, y es la segunda mi visita a los elementos de guerra, que el jefe del Estado tuvo a bien mostrarme en una de las tarde ms felices de mi vida. Vi primeramente que en las artes de la paz y en las ventajas de la civilizacin no quedamos atrasados entre los pueblos nuestros, y vi que en las industrias y ciencias de la guerra, ni se nos tomara por sorpresa, ni se nos ganara por previsin. Quiz se esperara de m un discurso florido de retrica y encantado de poesa. Yo s lo que debo a la tierra de mi infancia y a la ciudad de mi primera juventud; no creis que en mis agitaciones de Pars, que en mis noches de Madrid, que en mis tardes de Roma, que en mis crepsculos de Palma de Mallorca, no he tenido pensares como estos: un sonar de viejas campanas de nuestra catedral; por la iniciacin de flores extraas, un renacer de aquellos das pursimos en que se formaba alfombras de ptalos y de perfumes en la espera de un seor del triunfo, que siempre vena, como en la Biblia, en su borrica amable y precedido de verdes palmas. Como alejado y como extrao a vuestras disensiones polticas, no me creo ni siquiera con el derecho de nombrarlas. Yo he luchado y he vivido, no por los Gobiernos, sino por la Patria; y si algn ejemplo quiero dar a la juventud de esta tierra ardiente y fecunda, es el del hombre que desinteresadamente se consagr a ideas de arte, lo menos posiblemente positivo, y despus de ser aclamado en pases prcticos, volvi a su hogar entre aires triunfales; y yo, que dije una vez que no podra cantar a un presidente de Repblica en el idioma en que cantara a Halagaabal, me complazco en proclamar ahora la virtualidad de la obra del hombre que ha transformado la antigua Nicaragua, dndonos el orgullo de nuestra inmediata suficiencia y casi la seguridad de nuestro fuerte porvenir. Len, con sus torres, con sus campanas, con sus tradiciones; Len, ciudad noble y universitaria, ha estado siempre en mi memoria, fija y eficaz: desde el olor de las hierbas chafadas en mis paseos de muchacho; desde la visin del papayo que empolla al aire libre sus huevos de mbar y de oro; desde los pompones del aromo que una vez en Palma de Mallorca me trajeron reminiscencias infantiles; desde los ecos de las olas que en el maravilloso Mediterrneo repetan voces del _Playn_ o rumores de _Poneloya_, siempre tuve, en tierra o en mar, la idea de la Patria; y ya fuese en la spera frica, o en la divina Npoles, o en Pars ilustre, se levant siempre de m un pensamiento o un suspiro hacia la vieja catedral, hacia la vieja ciudad, hacia mis viejos amigos; y es un hecho que casi fisiolgicamente se explicara de cmo en el fondo de mi cerebro resonaba el son de las viejas torres y se escuchaba el acento de las antiguas palabras. ... Deseo, al partir, decir a mis amigos de antes, a mis compaeros de ahora y de maana, a los que me honran llamndose discpulos, y en quienes veo la facultad vital patritica, lo siguiente: Bien va aquel que sigue una ilusin, cualquiera que sea esa ilusin; bien va el prctico que en su ilusin bancaria cree ser maana feliz; bien va aquel a quien su ilusin poltica coloca en plausibles ambiciones y ensueos de puestos honrosos, y aquel que tiene, por fatal peregrinacin, que buscar entre las estrellas su provecho de nefelibata; bien va, si lleva de la mano a su conciencia, y su corazn est con l. ... En Oviedo, en Gmara, en los historiadores de Indias, supe de nuestra tierra antigua y de sus encantos originales. Yo deseo que la juventud de mi pas se compenetre de la idea fundamental de que, por pequeo que sea el pedazo de tierra en que a uno le toca nacer, l puede dar un Homero, si es en Grecia; un Tell, si es en Suiza; y que, as como las individualidades, tienen las naciones su representacin y personalidad que da transcendencia a las leyes de su destino y al punto en que, por decisin de Dios, estn colocadas en el plano casi inimaginable del progreso universal. Profunda complacencia tengo cuando veo a la actual generacin, que representa el espritu de nuestra tierra, brillar, tanto por cantidad como por intensidad, en el ejrcito intelectual del Continente. Materia prima tenemos muchsima, y por algo Vctor Hugo escogi al Momotombo, entre todos los volcanes de Amrica, para hacerle decir los maravillosos alejandrinos de su _Leyenda de los siglos_. ... Yo he sido acogido en diferentes naciones como si fuese hijo propio de ellas. Yo guardo en mi gratitud los nombres de Chile, de Costa Rica, del Salvador, de Guatemala y de Colombia; sobre todo de esa generosa, grande y aun actualmente eficaz Repblica Argentina, que ha sido para m adoptiva y singular patria. Y dejadme que en estos momentos pronuncie el nombre de los Mitre, cuya gloria vasta conocis, pero de quienes seguramente no sabis el estmulo vital que desde hace veinte aos me ha sido benfico en Amrica y Europa. Al nombre de Mitre habr que agregar en vuestra memoria y en vuestra gratitud, como ya est agregado en las mas, el nombre ilustre del general Zelaya. ... Recientemente los Estados Unidos han enviado a la Repblica Argentina a hombres como el profesor Rowe, de la Universidad de Pensilvania, a observar las maneras de pensar y de obrar que en ese eminente foco latino animan las ms fecundas y poderosas energas hispanoamericanas. Y los yanquis visitantes han ido a decir, asombrados, cul es la casi mgica labor que ha hecho del Ro de la Plata el hogar del mundo y un refugio de libertad y de trabajo. Tal habl a los que me haban mostrado sus almas fraternales en discursos lujosos y ardorosos, en versos de noble pensar y generoso sentir. Una vez en la capital, que encontr renovada y hermoseada en los aos de mis peregrinaciones, me part a una hacienda de caf situada en las cercanas sierras. Y all goc de espectculos tan solamente encontrables en esas tierras lujuriantes y solares, en donde, bajo la sonora libertad del viento, en las apoteosis de los amaneceres y de los ponientes, o en las noches entoldadas de diamantes, florecen el asombro y la maravilla. La flora tropical es de una belleza que causa como una sensacin de laxitud. (_Captulo II_). [Ilustracin] Haba rosas de olor y jazmines orientales que constelaban las verdes y espesas enredaderas que crecen. (_Captulo II_) [Ilustracin] Desde la cumbre de la sierra divsase el lago de Managua. (_Captulo II_) [Ilustracin] II La flora tropical es de una belleza que causa como una sensacin de laxitud. El paisaje dirase que penetra en nosotros por todos los sentidos, y hay una furia de vida que con su proximidad enerva. Se creera que bajo la vasta techumbre azul de un firmamento que se rayara con una estrella, flota un efluvio estimulante para el espritu y para la sangre; pero cuyo estmulo se convierte en languidez, en desmayo voluptuoso: un _far tutto_ que se desle en el _far niente_... No acaba de saberse esta declaracin reciente de cierto doctor: que no es dudoso que un estmulo solar demasiado intenso y demasiado prolongado conduce a la depresin, y que es a esa causa a la que ciertamente hay que atribuir la _nonchalance_ de los habitantes de los pases clidos? ... Solo, en el jardn de una casa amiga, he visto una tarde, en tibio crepsculo, algo semejante a una estagnacin de las horas. Haba calor hmedo y voluptuoso, y el cielo, en que brillaban tan solamente, diamantinos, dos o tres luceros, se me representaba como inmenso invernculo. No se senta ni un soplo de aire; la vegetacin hubirase dicho cristalizada en la absoluta inmovilidad de las hojas. Haba all azucenas blancas de anunciacin y otras semejantes a estilizados lirios herldicos; haba rosas de olor y jazmines orientales que constelan las verdes y espesas enredaderas en que crecen; haba una flor que se llama cundiamor, y otra que estalla para regar su simiente, y la que se nombra bellsima, que evocaba para m, rosada y alegre, altares domsticos como los que se adornan en Diciembre para celebrar la Concepcin de Mara. Toda la circunstante naturaleza me pareca contenida en un concentrado bloque de tiempo, atmsfera de bella-durmiente-del-bosque, o del legendario monje extasiado que escucha al pjaro paradisaco. El lujo del campo lo volv a admirar en plenas sierras. Se va a stas a caballo; a las ms cercanas pueden llegar carruajes. Desde que se sale de la capital y se comienza a subir, una temperatura dulce y fresca sucede a los ardores de la ciudad. Se empieza a ver a un lado y otro del camino rsticas fincas. Yo me deleitaba con las fragantes vegetaciones, con los cafetales, que evocan poesa criolla y antillana, sabrosos sentimentalismos lricos a lo mulato Plcido. Y hay en las viviendas, cubiertas de tejas arbigas o de paja, tales ejemplares de la mujer natural, mozas morenas, altas por lo general, de cuerpos flexibles, muchachas bronce o cacao, o plidas mestizas, que sugieren fatigantes y agotadores carios solares. Pongo por caso que tenis sed y os detenis en una de esas posesiones en las que, desde vuestra caballera, podis ver el fogn de llamas de oro ante el cual se preparan los yantares. Una campesina de esas os trae un agua fina, fra y doblemente grata por ser servida en un guacal, esto es, en una taza hecha de la corteza del fruto del jcaro, las cuales tazas refrigeradoras suelen ser labradas e historiadas de escudos, aves, panculos, grecas y letras. A la oferta del agua se agrega la visin de unos lindos brazos, de unos lindos hombros y una rosada sonrisa. Y todo esto bien os puede hacer pensar en algo de Biblia o en algo de Conquista, en Rebeca o en doa Marina. ... Me engrea ver a un lado y otro del camino los arbustos cargados de su fruto rojo y algunos an como un manojo de tirsos llenos de su blanca floracin. Y calculaba al ver la feracidad de aquel terreno, en que se suceden alturas y hondonadas, tupido de arbustos de riqueza, cmo es de fecundo y prvido aquel suelo y cunto hay que aguardar de las horas futuras, cuando una apropiada y propicia corriente inmigratoria contribuya a hacer la produccin ms abundante y ms proficua. La labor agrcola es all la verdadera fuente de vida, y el cultivo del caf es el preferido; el grano de Oriente de que hablara por primera vez en Europa el veneciano Prspero Alpino, y que de Turqua fu con Jean Thevenot a Francia. A principios del siglo XVIII el caf se llevaba de Arabia y costaba muy caro en los mercados europeos; y el rbol era un objeto de curiosidad del que apenas se haban encontrado cuatro o cinco ejemplares. El burgomaestre de Amsterdam, segn unos, o el Statuder de las Provincias Unidas, segn otros, regal al rey Luis XIV un arbusto de caf que el monarca francs se dign aceptar y confiar a los profesores de su jardn botnico. Los naturalistas del jardn recibieron con jbilo la planta obsequiada por los holandeses, le prodigaron los cuidados ms asiduos e hicieron cuanto les fu posible por que se reprodujese en los invernaderos. Obtuvieron algunos retoos; pero daba lstima cultivar el caf en estufas donde las plantas se ahogaban por falta de aire, de cuyo suelo artificial no sacaban sino un alimento insuficiente y poco salubre, y donde les faltaba espacio para desarrollar sus ramas. El encargado del jardn, que era el notable naturalista Antonio de Jussieu, pens que sera ms cuerdo enviar aquella planta a un pas donde encontrase el calor vivificante del sol de los trpicos, la hmeda frescura de sus noches y el riego abundante y tibio de sus lluvias peridicas. En su concepto, la Martinica reuna las condiciones ms favorables para hacer la prueba. Un joven alfrez de navo, sumamente celoso por el progreso de las ciencias y amigo de Antonio de Jussieu, el caballero Dclieux, parta para aquella colonia con el nombramiento de teniente-rey. El botnico le entreg el mejor y ms vigoroso de los retoos, recomendndole que no omitiese nada para llevarlo sano y salvo hasta su destino. Dclieux prometi mostrarse digno de la misin que se le confiaba y velar por el dbil arbusto como por un nio enfermo. La travesa fu larga y penosa: escase el agua, y tripulantes y pasajeros fueron puestos a racin; pero como el arbusto no estaba comprendido en el reparto, habra perecido, si Dclieux, fiel a su promesa y pareciendo presentir el gran elemento de riqueza que traa consigo, no le sacrificara una parte de su escasa racin de agua. Aquel arbusto de la Martinica fu el padre comn de los millones de arbustos que desde entonces han poblado las grandes plantaciones de Amrica. De la Martinica pas a las Antillas, y un siglo despus a Costa Rica, de donde lleg a nosotros. Tales son las palabras que sobre el caf escribe en su _Historia de Nicaragua_ D. Jos Dolores Gmez, cuyo padre, que tena su mismo nombre, fu quien durante la administracin Sandoval, por los aos de 1845 a 46, cultiv la primera plantacin en las sierras de Managua. Hoy es el caf de Nicaragua de los ms preciados en el mundo. No en vano el de Jinotega obtuvo en una de las grandes recientes exposiciones el mejor premio por su aroma y calidad. ... Es de un pintoresco que deleitara a Francis Jammes el espectculo de las labores en las sierras, en el tiempo del corte. Hacen este trabajo por lo general mujeres, y en los pequeos campamentos que se forman bajo los rboles protectores del caf, no es raro ver la parvada de hijos que afirma la fecundidad de la raza. Hay hamacas tendidas bajo los frutos rojos, y los cantos del pueblo suelen acompaar el trabajo. Y qu gloria de vegetacin, qu triunfo de vida en todo lo que la mirada abarca despus de ascender a la regin en donde el clima cambia y el aire es fresco, y los valles se extienden como en visiones de edn, y hay toda la gama del verde, y un vasto rumor se esparce de los sonoros bananeros o platanares, de los rboles enormes y caprichosos sobre los que saltan las ardillas grises y vuelan las palomas arrulladoras, y los carpinteros y los pitorreales, y toda la fauna alada que hara las delicias de Ovidio! ... Desde la cumbre de las sierras pobladas de fincas divsanse el lago de Managua, al fondo, y ms cerca la laguna de Nejapa. Los colosales volcanes semejan, en la diafanidad de los crepsculos, calcados en los cielos puros, extraordinarios fujiyamas, y la luz da la ilusin, siendo de una transparencia de acuarela. Excursiones a caballo, paseos a pie, salidas cinegticas, distraen y alegran las horas. Suele haber reuniones e improvisados bailes entre los vecinos de las propiedades; y esas voluptuosas y como lnguidas damas que van a pasar das de campo a las haciendas, dirase que son las hadas de los parajes, las divinidades vivas y carnales. ... Ms de una vez pens en que la felicidad bien pudiera habitar en uno de esos deliciosos parasos, y que bien hubiera podido tal cual inquieto peregrino apasionado refugiarse en aquellos pequeos reinos incgnitos, en vez de recorrer la vasta tierra en busca del ideal inencontrable y de la paz que no existe. Pocas horas de mi existencia habr pasado tan gratas y vividas como aquellas en que, al estallar las maanas en una cristalera de pjaros locos de vivir, sala yo con mi escopeta, en compaa de un joven amigo, a recorrer los caminos, a bajar por los barrancos, a buscar entre los ramajes la deseada caza. Y al retorno, ningn plato de Champeaux o de la Tour d'Argent fuera comparable con los que, perfumados de las hierbas y especias de la tierra, regocijaban nuestro paladar y nos ponan, con el gusto de los condimentos y la satisfaccin de la gula, un humor semejante al de ese modesto, pero excelente y bienhechor poeta que se llam Baltasar de Alczar. Entre todas las plantas que atraen las miradas, llvanse la victoria palmeras y cocoteros, que en el europeo despiertan ideas coloniales, los viajes de los antiguos bergantines y las inocencias de Pablo y Virginia, de cuyo casto absurdo convencen los relentes de las selvas y las continuas insinuaciones de la tierra. El Trpico transpira savias amorosas; y all Cloe dara a Dafnis las dulces lecciones de manera que dejara suspensa por el asombro encantado la pastoril flauta de Longo. El bananero erige su ramillete de estandartes, de tafetanes verdes, sobre los cuales, cuando llueve, vibra el agua redobles sonoros; y las palmeras varias despliegan, unas, bajas, como pavos reales, anchos esmeraldinos abanicos, otras, ms altas, airosos flabeles; las otras son como altsimos plumeros, orgullosas bajo el penacho, ya entreabierta la colosal y oleosa y dorada flor del coroso, ya colgante la copiosa carga de cocos, cuya agua fresca y sabrosa es la delicia de las canculas. ... En anchos y lisos secaderos pnese el caf al sol, una vez cortado y recogido. Luego pasar a las mquinas descascaradoras, que lo dejarn limpio y listo para ser puesto en los sacos de bramante que han de ir a los mercados yanquis, a los puertos del Havre o de Hamburgo. No es la cosecha nicaragense tan crecida como la de otros pases vecinos; pero en Nicaragua se produce ese grano fino que supera al mismo moka por su sabor y perfume, y que se conoce con el nombre de caracolillo. Una buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta. III Cuntase que el Mikado, al ver en un lbum, regalo del presidente Porfirio Daz, fotografas de soldados del Ejrcito mejicano, hizo notar al ministro de Mjico el parecido de ellos con sus soldados nipones. Tal recuerdo me vino al ver evolucionar a los soldados nicaragenses, que, por otra parte, han demostrado poseer, a ms del fsico, otras cualidades japonesas. El tipo indgena puro o el mestizo tiene mucho de azteca. Los primeros habitantes (nicaragenses)--dice Gmez--, de origen monglico, como los dems del continente americano, hicieron en sus primitivos tiempos la vida nmada de los pueblos salvajes; pero parece ser muy cierto que inmigrantes de Mjico y de las naciones vecinas, que llegaban organizados en tribus, fueron sucesivamente ocupando el territorio y formando de una manera paulatina la sociedad aborigen de estos pueblos. Entre los nacionales se encuentra una interesante variedad etnogrfica. Existen los tipos completamente europeos, descendientes directos de espaoles o de inmigrantes europeos, sin mezcla alguna; los que tienen algo de mezcla india, o ladinos; los que tienen algo de sangre negra, los que tienen de indio y de negro, los indios puros y los negros. De stos hay muy pocos[1]. En el carcter han dejado su influjo los hbitos coloniales y la agilidad mental primitiva. Y nunca indio, a lo que alcanzo, habl como l a nuestros espaoles. Tal dice Francisco Lpez de Gmara, refirindose al cacique Nicaragua o Nicarao, que di nombre a aquellas tierras americanas. El conquistador Gil Gonzlez de vila, despus que hubo tomado posesin de aquellas regiones y hubo bautizado la baha de Fonseca, en recuerdo del obispo de Burgos, y gratificado a una isla con el nombre de su sobrina Petronila, se haba encontrado con el cacique Nicoin, al cual y a toda su gente logr convertir. Informse--dice Gmara--de la tierra y de un gran rey llamado Nicaragua, que a cincuenta leguas estaba, y camin all. Envile una embajada, que sumariamente contena fuese su amigo, pues no iba por le hacer mal; servidor del emperador que monarca del mundo era, y cristiano, que mucho le cumpla, e si no que le hara guerra. [1] Segn los clculos de Paul Levy, en su obra sobre Nicaragua, las proporciones son: indio, 550 por 1.000; mestizo, 400 por 1.000; blanco y criollo, 45 por 1.000; negro, 5 por 1.000 Nicaragua, entendiendo la manera de aquellos nuevos hombres, su resoluta demanda, la fuerza de las espadas y braveza de los caballos, respondi por cuatro caballeros de su corte que aceptaba la amistad por el bien de la paz, y aceptara la fe si tan buena le pareca como se la loaban. Los espaoles fueron bien recibidos por el jefe indio y se trocaron ddivas. Un fraile iba all, mercedario, que predic el cristianismo y anatematiz las antiguas costumbre. Nicaragua y sus gentes aceptaron pasablemente todo, menos dos cosas: que se les prohibiese la guerra y la alegra, ca mucho sentan dejar las armas y el placer. Dijeron que no perjudicaban a nadie en bailar y tomar placer, y que no queran poner al rincn sus banderas, sus arcos, sus cascos y penachos, ni dejar tratar la guerra y armas a sus mujeres, para hilar ellos, tejer y cavar como mujeres y esclavos. Como el peruano Atabaliba con el P. Valverde, Nicaragua arguy varios puntos de religin, que agudo era, y sabio en sus ritos y antigedades. Pregunt si tenan noticia los cristianos del gran diluvio que aneg la tierra, hombres y animales, e si haba de haber otro; si la tierra se haba de trastornar o caer el cielo; cundo y cmo perdera su claridad y curso el sol, la luna y las estrellas, que tan grandes eran; quin las mova y tena. Pregunt la causa de la oscuridad de las noches y del fro, tachando la natura, que no haca siempre claro y calor, pues era mejor; qu honra y gracias se deban al Dios trino de cristianos, que hizo los cielos y sol, a quien adoraban por Dios en aquellas tierras; la mar, la tierra, el hombre que seorea, las aves que volan y peces que nadan, y todo lo del mundo. Dnde tenan de estar las almas, y qu haban de hacer salidas del cuerpo, pues vivan tan poco siendo inmortales. Pregunt asimesmo si mora el santo padre de Roma, vicario de Cristo, Dios de cristianos; y cmo Jess, siendo Dios, es hombre, y su madre, virgen pariendo; y si el emperador y rey de Castilla, de quien tantas proezas, virtudes y podero contaban, era mortal; y para qu tan pocos hombres queran tanto oro como buscaban. Gil Gonzlez y todos los suyos estuvieron atentos y maravillados oyendo tales preguntas y palabras a un hombre medio desnudo, brbaro y sin letras, y ciertamente fu un admirable razonamiento el de Nicaragua, y nunca indio, a lo que alcanz, habl tan bien a nuestros espaoles. El nicaragense se distingue en toda la Amrica Central por condiciones de talento y de valor. A la levadura primitiva se agregaron elementos coloniales. Si, una vez proclamada la independencia, hubo descuido en la general cultura, fu a causa de las inquietudes incesantes que mantuvieron a todos los cinco Estados centroamericanos en continuas agitaciones y guerras. El historiador de Indias ya citado hace notar el estado de relativo adelanto que encontraron en algunas tribus de Nicaragua los conquistadores. Sea como fuere, que cierto es que tienen estos que hablan mejicano por letras las figuras de los de Cula, y libros de papel y pergamino, un palmo de anchos y doce largos, y doblados con fuelles, donde sealan por ambas partes de azul, prpura y otros colores, las cosas memorables que acontecen; e all estn pintadas sus leyes y ritos, que semejan mucho a los mejicanos, como lo puede ver quien cotejare lo de aqu con lo de Mjico. Y en otro lugar: Los palacios y templos tienen grandes plazas, y las plazas estn cerradas de las casas de nobles y tienen en medio de ellas una casa para los plateros, que a maravilla labran y vacan el oro. Esta condicin aun hoy puede admirarse en los trabajos de orfebrera nicaragense. Tales labores he mostrado yo a mis amigos europeos, que las han comparado con manufacturas de Tifany o Froment-Meurice. Escultores y pintores hay asimismo que, sin haber frecuentado nunca talleres ni museos, pues no han salido del pas, producen obras que me han causado sorpresa y admiracin. As los que actualmente decoran la catedral de Len, bajo el cuidado del obispo Pereira. Ciertos indios fabrican utensilios de barro que no son inferiores a los que produce la alfarera peninsular en Andjar; las tinajitas de all alegran la vista y refrescan el agua en los estos, como las espaolas alcarrazas. La habilidad original y criolla se manifiesta en esteras o petates, en hamacas tejidas de la fibra de la cabuya o de la pita, teidas con los colores que extraen del mismo modo que los abuelos, colores que hacen rememorar cmo ante no s cul tapiz oriental evocara un expresivo pintor francs la comparacin de un perroquet. Se hacen en los telares rebozos de hilo y de seda, semejantes a chales indios; se labran en el duro hueso de un fruto de palmera, el coyol, sortijas y pendientes que se dijeran de azabache. Y se descubre en las mentes una natural claridad de entendimiento y una facultad de asimilacin que hacen que se aprendan con facilidad y acierto importadas industrias extranjeras. Los zapatos son famosos, y podran pasar los de algunos fabricantes por los que en las zapateras sevillanas han llenado el gusto del coronado que tiene por nombre Eduardo VII. Aprovechando la riqueza de los bosques, que es extraordinaria, combinan los carpinteros y ebanistas piezas de exposicin que son maravillosos mosaicos. Sorprenden las vivaces disposiciones mecnicas. El primer automvil que haya llegado a la Repblica fu el del presidente Zelaya. Con l fu un _chauffeur_ francs. Al poco tiempo los buenos conductores no escaseaban. Y hasta algo como un Charles Cros nicaragense ha habido que haya experimentado all un sistema de telfono sin hilos mucho antes de las hoy triunfantes tentativas de electricistas europeos. Me refiero al doctor Rosendo Rub, que obtuvo en Washington una patente el ao de 1900. Si el clima predispone para la fatiga y hay en l el tropical incentivo de la pereza, adelanta, sin embargo, la actividad artesana. Managua, Len, Masaya, Granada, Rivas, Matagalpa, son centros principales de trabajo. Aunque las condiciones de vida del pas son tan diversas de las que hacen levantar tantas protestas al obrero en naciones europeas y americanas, no ha dejado de sentirse por all uno que otro vago soplo de espritu socialista; mas no ha encontrado ambiente propicio en donde nadie puede morirse de hambre ni hay vida de dominadores placeres. El nicaragense es emprendedor, y no falta en l el deseo de los viajes y cierto anhelo de aventura y de voluntario esfuerzo fuera de los lmites de la patria. En toda la Amrica Central existen ciudadanos de la tierra de los lagos que se distinguen en industrias y profesiones, algunos que han logrado realizar fortunas y no pocos que dan honra al terruo original. No es el nico el caso del navegante matagalpense de que hablara ngel Ganivet; y en Alemania, en Francia, en Rumania, en Inglaterra, en los Estados Unidos, s de nicaragenses trasplantados que ocupan buenos puestos y ganan honrosa y provechosamente su vida. Recuerdo que, siendo yo cnsul de Nicaragua en Pars, recib un da la visita de un hombre en quien reconoc por el tipo al nicaragense del pueblo. Me salud jovial, con estas palabras, ms o menos: No le vengo a molestar, ni a pedirle un solo centavo. Vengo a saludarle, porque es el cnsul de mi tierra. Acabo de llegar a Francia en un barco que viene de la China, y en el cual soy marinero. Es probable que pronto me vaya a la India. Se despidi contento como entrara y se fu a gastar sus francos en la alegra de Pars, para luego seguir su destino errante por los mares. MIS LIBROS LA CARAVANA PASA [Ilustracin] IV Cuando llegaron los espaoles a Nicaragua exista ya en los naturales cierta cultura intelectual, sin duda alguna reflejada de Mjico. Cierto que en Guatemala, entre los quichs, haba una civilizacin superior; mas los nicaragenses no eran en verdad brbaros, cuando Gmara seala en ellos ciertos adelantos. Todo esto no obsta para la crueldad de los ritos, que, como los mejicanos, tenan su parte de antropofagia. De todas maneras, haba libros y archivos, que, segn dice el historiador Gmez, fueron tomados por los espaoles y quemados solemnemente en la plaza de Managua, por el reverendo padre Bobadilla, en el ao 1524. Bobadilla no hizo sino lo mismo que el obispo Zumrraga hiciera con los tesoros escritos de la capital de Moctezuma. No iban a Amrica los conquistadores a civilizar, sino a ganar tierras y oro; y a la Amrica central le toc la peor parte, entre aventureros de espada y frailes terribles. Los que atravesaron los mares--expresa el historiador citado--en frgiles naves para correr aventuras en tierras lejanas y desconocidas, tuvieron que ser, fueron por lo regular, la escoria de la sociedad espaola, sobre la que, como es consiguiente, sobresali alguna que otra mediana social, a quien las malas circunstancias arrojaron a nuestras playas. Lo ms escogido fu a los virreinatos peruano y mejicano. Se cuenta tradicionalmente en Nicaragua que all estuvo un hermano de Santa Teresa de Jess, y que l fu quien llev la imagen que aun hoy se venera en el santuario de Nuestra Seora de la Concepcin de El Viejo. Pudiera suceder, y quiz de l desciendan algunos de los Cepedas del pas. Lleg tambin un Loyola, que no juzgo haya sido de sangre de San Ignacio. Mas quien en realidad estuvo all, e hizo perdurable obra de bien, pues si no era un santo era un hroe, fu aquel fraile que en el Capitolio de Washington tiene estatua, y cuyo nombre brilla con singular luz entre los de los bienhechores de la Humanidad: Fray Bartolom de las Casas. La importada clereca no fu, por cierto, modelo de virtudes evanglicas. Como todos los que llegaban, aquellos tonsurados tenan el oro por mira. As, fu un sacerdote de Cristo el que tuvo la peregrina idea de descender por el crter del volcn de Masaya, creyendo que la lava fundida era el metal codiciado. Los religiosos no se preocupaban gran cosa ni de ensear lo fundamental que se encuentra en el catecismo. Gobernadores, encomenderos, capitanes, no tenan ms objeto que su deseo de riqueza, y entre ellos se aprisionaban y se mataban. Guatemala, reino o capitana general, era el centro de la escasa cultura del tiempo de la colonia. Mas por todas partes est el dominio de las armas y la cogulla. El fanatismo imperaba. En Guatemala se practicaban la magia y la hechicera. Es muy curioso lo que a este respeto cuenta en su obra, que hizo traducir Colbert al francs, el fraile ingls Toms Gage, quien logr, a pesar de ser extranjero, ir hasta la capital guatemalteca, donde ense teologa por espacio de doce aos. El perodo colonial es sombro para la vida intelectual. As hasta la Revolucin francesa, que tuvo en tonas partes repercusin. La prohibicin de que llegasen libros extranjeros concluy con las ordenanzas de Carlos III. La Enciclopedia en aquellos pases, como en el resto de Amrica, ayud a preparar la independencia. Un fraile eminente, el P. Goicochea, di nueva luz a los estudios filosficos, antes envueltos en mucha teologa y mucho peripato. Hay que advertir que fueron tambin clrigos los que, como antao la sombra, hacan ahora la Luz. En los primeros aos--expresa Gmez--que siguieron al descubrimiento de Nicaragua, la poblacin se hallaba, en cuanto a letras, en completas tinieblas. Los aventureros espaoles que llegaban a nuestras colonias tenan ms aficin a la espada que a la pluma, y era raro el que siquiera saba escribir su firma. Los escritos de aquel tiempo, confiados a las personas ms inteligentes e instrudas, ponen de manifiesto la ignorancia de sus autores. El clero fu entre nosotros, como en otras muchas colonias, el que descorri el velo a la enseanza, comenzando a propagarla. Pero la instruccin se limitaba a las castas privilegiadas y se reduca a las primeras letras y a la doctrina cristiana. Ms tarde se estableci en Len un colegio seminario para fabricar los sabios de la colonia. Se estudiaba all latinidad, cierto embrollo metafsico-religioso que apellidaban filosofa, y teologa moral y dogmtica. La sabidura y la ciencia no pasaban nunca ms all de los dinteles de la sacrista. Se cre despus una Universidad en Guatemala; pero tanto en sta como en el seminario de Len, no se poda avanzar ms que lo que conviniera a la poltica de Espaa en las colonias. En 1794 haba en la capital del reino diez y seis conventos, muchas iglesias y una sola escuela de primeras letras. No obstante, en Guatemala hubo antes cierto florecimiento mental, pues no debe de haber sido caso aislado el de aquel poeta contemporneo de Cervantes, a quien ste alaba en su _Viaje al Parnaso_ en estos trminos, despus de celebrar a Gaspar de vila: Lleg Juan de Mestanza, cifra y suma de tanta erudicin, donaire y gala, que no hay muerte ni edad que lo consuma. Apolo le arranc de Guatimala y le trujo en su ayuda para ofensa de la canalla en todo extremo mala. A fines del siglo XVIII di un gran paso la enseanza en Guatemala. Hubo un Flores que se adelantaba a Galvani y Balli en experimentos fsicos sobre la electricidad, y a Fontana en las estatuas de cera para el estudio de la anatoma. En el pas nicaragense llegbamos a la vspera de nuestra emancipacin hablando malamente el idioma castellano, llena la cabeza de cuestiones teolgicas y metafsicas; pero en lo dems, tan pobres y atrasados como cuando Nicaragua fu a recibir a Gil Gonzlez[2]. Las ideas revolucionarias francesas, la doctrina de los enciclopedistas, fueron conocidas por la introduccin de algunas obras, y produjeron su efecto a pesar de lo arraigado que estaba en los burgueses el espritu colonial. En 1812 las Cortes de Cdiz elevaron a la categora de Universidad el antiguo seminario conciliar de Len. Del foco guatemalteco llegan despus las ideas puestas en circulacin por pensadores como Valle, Molina, Barrundia. Ya en los albores de la independencia se destaca en Nicaragua una figura prestigiosa: la de Larreinaga. Desde entonces, a las luchas de la colonia suceden las luchas que preceden a la formacin de los Estados, a la repblica federal. Y en el ao 1824 el bello pas de Nicaragua, el paraso de Mahoma, como le llam Gage, se convirti en un teatro de guerras civiles. Todo, claro est, en merma del adelanto y de la instruccin del pueblo. Y guerras, y ms guerras. En largos perodos, la nica literatura que aparece es la violenta y declamatoria de los peridicos de combate. La libertad del pensamiento no exista. En 1825 el jefe del Estado, Cerda, ordena, entre otras cosas, retrocediendo a la poca de la conquista, que no se escribiera por la prensa concepto alguno que no estuviera conforme con los preceptos catlicos, y que se quemaran todos los libros prohibidos por la Iglesia. Ms tarde, durante la administracin Herrera, pudo bien verse en Nicaragua una vislumbre de progreso y de cultura, dado el retrato moral que de aquel gobernante se lee en un antiguo peridico citado por Gmez: Desde muy joven lea los filsofos ms profundos, los genios de la Francia, la historia antigua. Su corazn noble se haba incendiado en las nociones de gloria y libertad. Su cabeza activa y fecunda combinaba los grandes problemas de la legislacin y la poltica. Su estudio privado, su trato ntimo con los dos grandes literatos honor de su pas, haban desarrollado en l un carcter de empresa, un talento de gobierno, un tacto y conocimiento de los hombres y de los negocios. [2] Gmez: _Historia de Nicaragua_. No s a punto fijo en qu poca fu introducida la imprenta en Nicaragua; mas el libro ha sido escaso, y de aquellos tiempos no conozco ninguno. El primer peridico oficial apareci en 1835, bajo la administracin Zepeda, con el ttulo de _Telgrafo Nicaragense_; luego figuraron varones de estudio al par que hombres de poltica: Buitrago, Hermenegildo Zepeda. Y se admirar a una personalidad interesante y valiosa: D. Francisco Castelln, varn de viva inteligencia y de instruccin notable. En 1844 fu enviado como ministro a Europa, a fin de ver si era posible evitar las rudezas e imposiciones de Inglaterra en Nicaragua. En Londres no quisieron ni oirle. Luego fu a Francia. Gmez narra un curioso episodio de ese viaje, que merece copiarse ntegro: Castelln, que era un hbil diplomtico, concret entonces sus esfuerzos a la Corte de Francia, para que siquiera interpusiese su mediacin y nos librara de ser tratados como pueblos brbaros puestos bajo la frula de cnsules descorteses y arbitrarios. Despert con tal objeto el inters del pblico francs por el canal interocenico de Nicaragua, por medio de la prensa y de conversaciones con los hombres ms notables de aquel tiempo. El prncipe Luis Napolen, despus Napolen III, estaba preso en el castillo de Ham, y la Corte de Luis Felipe lo haca aparecer como demente. Castelln quiso tambin sacar partido del bonapartismo y solicit permiso de visitar al reo de Estado. Luis Napolen agradeci la visita del diplomtico nicaragense, qued prendado de su agradable presencia y finos modales, y se sinti vivamente reconocido cuando Castelln, burlando la vigilancia del carcelero, le desliz disimuladamente dos cartuchos de oro, que el prncipe rehus. Desde ese da el futuro emperador fu un partidario decidido del canal por Nicaragua, y todos los bonapartistas franceses se convirtieron en sus propagandistas ms entusiastas. Estaba logrado el objeto. (La gratitud de Napolen fu imperecedera. Apenas ocup el trono imperial, mand a Nicaragua a buscar a Castelln, cuya muerte ignoraba. Pas una pensin a su familia, y ms tarde, en 1867, tuvo en Pars educando a Jorge, hijo menor de D. Francisco.) Castelln se dirigi entonces a la Cancillera francesa, y en una conferencia con el ministro Guizot ofreci a Francia toda clase de privilegios sobre el canal y tambin cederle en propiedad una isla en el Atlntico para hacer all un fuerte que sirviera de llave al mismo canal, a condicin de que interpusiera su mediacin con Inglaterra, Vana demanda! La Corte de Luis Felipe manifest francamente al representante de Nicaragua que los procedimientos de Inglaterra eran correctos, porque--aadi--las naciones de Europa no pueden, sin rebajarse, entenderse con esos gobiernitos mosquitos. El Gobierno de Nicaragua, al dar cuenta ms tarde, en el peridico oficial, del fracaso de su Legacin, exclamaba con tristeza: Nuestro Gobierno, cuando se trata de condenarlo a pagar sin ser odo, est constitudo; pero no lo est cuando quiere manifestar sus agravios y defenderse. Y el espritu de Drago flotaba an sobre la superficie de las aguas... Don Patricio Rivas y D. Cleto Mayorga, ambos polticos, fueron aficionados a las musas y produjeron cosas ingeniosas que no se conservan en ninguna antologa. En medio de las agitaciones y guerras que se sucedan, solan aparecer canciones populares de rimadores annimos. Mximo Jerez, caudillo, infatigable apstol de la Unin Centroamericana, fu persona de cultura literaria. Daz Zapata es nombre grato al arte. El hombre de Estado Zeledn era un universitario. El filibustero yanqui Walker, que cultiv su espritu en una Universidad alemana, no llev a Nicaragua sino la barbarie de ojos azules, la crueldad y el rifle. Otro anglosajn que lleg de paz fu Squire, quien escribi un libro notable sobre aquellas tierras. Leyendo este libro tuvo Vctor Hugo la idea que le hizo producir _Les raisons du Momotombo_. Buenaventura Selva fu estadista, abogado de gran mrito y tambin hombre de letras. Gregorio Jurez, sujeto estudioso, lleno de nociones, sabio para su tiempo y que tuvo que ver tambin con los asuntos pblicos, di a la prensa muchas ingenuas y modestas poesas. El Dr. De la Rocha cultiv la elocuencia y dej pginas histricas y literarias. En 1660 se introdujo la imprenta en Guatemala, y tres aos despus se hizo el primer trabajo tipogrfico. Respecto a Nicaragua no tengo ningn dato seguro. En Len creo que fueron de los primeros impresores Po Orue y Justo Hernndez. Mas el libro, como he dicho, era escaso en esos tiempos, y aun contina sindolo ahora. Conozco muy mal impresas y mendosas las obras de un historiador de buenas intenciones, aunque harto apasionado: Jernimo Prez. Cerrada la Universidad leonesa, los estudios se hacan en contados Institutos y Liceos. La Filosofa se enseaba por Balmes; la Fsica, por Ganot. La fundacin de los Institutos de Oriente y de Occidente en Granada y en Len fu un gran paso en el adelanto intelectual de la Repblica. Llegaron para ensear en ellos espaoles eminentes. Al de Len debi ir como director Augusto Gonzlez de Linares, gloria de la ciencia moderna de Espaa. No pudo realizar el viaje, y fu en su lugar Jos Leonard, un polaco admirable, que haba sido ayudante del general Kruck en la ltima insurreccin, y que en Espaa lleg a dominar el castellano con toda perfeccin--era un polglota consumado--y a ocupar el puesto de redactor de la _Gaceta de Madrid_. Con l fu el doctor Salvador Caldern, sabio naturalista, hoy profesor de la Universidad matritense. A Granada fueron el padre Sanz Llara y otros notables peninsulares. MIS LIBROS CANTO A LA ARGENTINA [Ilustracin] V Poco se ha escrito sobre la literatura en Centroamrica, y especialmente en Nicaragua. Menndez Pelayo le dedica algunas palabras en el prlogo de su _Antologa_. No tengo recuerdo de que en la _Lira americana_ que public Ricardo Palma en Pars est representada Nicaragua, ni en la obra de Lagomagiore. El poeta Flix Medina comenz la publicacin de una _Lira Nicaragense_ hace ya muchos aos. La obra qued a medio hacer. En pocas pasadas los rimadores no han sido raros, dado que excelentes sacerdotes, doctores, hombres pblicos, licenciados, han, como deca el inocente nfasis de antes, pulsado la lira. Tengo memoria de haber odo en mi infancia muchos cantos nacionales, patriticos, guerreros y amorosos. Del corazn del pueblo han brotado, como en todos los pases, cantares sentidos y sencillos como ste: Maanitas, maanitas, como que quiere llover... As estaban las maanas cuando te empec a querer. Era costumbre que en los entierros se distribuyesen a los concurrentes, junto con las velas de cera, prosas y poesas impresas en papel de luto. En esa literatura fnebre se solan encontrar producciones de cierto mrito, firmadas con nombres conocidos o con seudnimos. La novela no ha tenido cultivadores. Apenas un caballero de la ciudad de Granada, el Sr. Gustavo Guzmn, ha dado hace tiempo a la publicidad algunas tentativas sin pretensiones. El historiador Gmez public tambin en 1878 un ensayo de novela: _Amor y constancia_. Los estudios histricos s estn representados por libros plausibles y meritorios. Fuera de Jernimo Prez, ya citado, y de Hernndez Somosa, cuyos trabajos se han circunscrito a pocas determinadas, el pas se enorgullece con la labor de Toms Ayn y de Jos Dolores Gmez. Ayn fu un jurisconsulto eminente, que en los ltimos aos de su vida se dedic a escribir la historia de Nicaragua sin ms elementos que los historiadores de Indias, los historiadores guatemaltecos y lo poco de aquellos pobres archivos. Public su trabajo por la imprenta Nacional. Como fu un escritor para quien los clsicos eran familiares, su produccin se recomienda por discrecin y elegancia de estilo, aunque se le hayan hecho algunos reparos como analista. Dej ese varn ilustre un hijo que hered sus dotes estticas, y que hoy es uno de los primeros cultores del arte de escribir en aquella Repblica: Alfonso Ayn. Gmez, cuya actuacin poltica ha sido mucha y muy agitada, es uno de los ms firmes sostenedores de las ideas liberales en Centroamrica. Su radicalismo es fundamental, y su intransigencia reconocida. As en su obra no busca disimular las tendencias preferidas de su espritu. Yo--dice en la introduccin de su _Historia de Nicaragua_--, debo declararlo con franqueza, no puedo ni podra nunca ocultar mis simpatas por el sistema republicano, por las luchas en favor de la independencia y libertad de los pueblos, por los progresos modernos y por las avanzadas ideas del liberalismo en todas sus manifestaciones, etc. De esta manera, en su produccin hay siempre un vago relampagueo de jacobinismo que se hace advertir entre la facilidad y la claridad de su discurso. Despus de la publicacin de su _Historia_, el autor anunci la de otras obras, como _Archivo histrico de Nicaragua_, voluminosa recopilacin cronolgica de documentos histricos desde 1821 hasta nuestros das; un _Diccionario biogrfico y geogrfico de la Repblica de Nicaragua_; sus _Memorias del destierro_ y _Los grandes nacionalistas_, estudios de la vida y hechos de los grandes caudillos que en Centroamrica se han esforzado por reconstruir la Patria de 1834. Estos libros han quedado hasta ahora inditos. Gmez ha tenido que dejar muchas veces de escribir historia por hacer historia. Nadie ha podido por all dedicarse a las puras letras. Pero acaso no hay la misma queja en toda la Amrica latina? Y en Espaa misma? Hay en aquellos pases, y en Nicaragua muy particularmente, una abundancia de materia prima, o, mejor dicho, de espritu primo, que es de admirar. Mas el ambiente es hostil, las condiciones de existencia no son propicias, y la mejor planta mental que comienza en un triunfo de brotes se seca al poco tiempo. La impresin de libros, como lo he dicho ya, casi es nula. La produccin de literatos y de poetas ha tenido que desaparecer entre las colecciones de diarios y de una que otra revista de precaria vida[3]. Hubo un poeta de gran cultura, a quien yo conoc anciano, y que muri siendo director de la Biblioteca Nacional de Managua: Antonino Aragn. Haba sido amigo de un famoso romntico espaol que recorri casi toda la Amrica: el montas Fernando Velarde, autor de los _Cantos del Nuevo Mundo_. Aragn, lrico y sentimental, escribi buen nmero de poesas, y no queda de l ni un solo volumen. Carmen Daz, que posey lo que antes se llamaba inspiracin, no dej tampoco ni un libro. Lo propio Cesreo Salinas, que rim asuntos galantes y graciosos, y a quien, como a tantos otros, fu fatalmente destructor el medio en que su talento se desenvolviera. Nada queda de los pasados cultores de las letras... Nada de Jurez, de Rocha, de Daz, de Buitrago; nada quedar de Aguilar, cerebro privilegiado; nada de un delicado poeta: Manuel Cano; nada del fuerte talento de un Anselmo H. Rivas. Dos extranjeros de grata recordacin contribuyeron a la cultura del pas, impulsando y dando nueva vida al periodismo naciente: un alemn, H. Gottel, y un italiano, Fabio Carnevalini. Este ltimo dej un solo volumen: la traduccin de la obra del filibustero William Walker sobre su invasin a Nicaragua. Los padres jesuitas, durante su permanencia en la Repblica, contribuyeron mucho a la difusin del amor a las Humanidades en la juventud que atraan. En tiempo de ellos comenzaron a brillar inteligencias que ms tarde seran glorias de la Patria. Luis H. Debayle, una de las ms finas, nobles y puras almas que me haya sido dado conocer en mi vida; Jos Madriz, talento tan vigoroso como sagaz; y Romn Mayorga Rivas, gallardo y elegante poeta, comenzaron su educacin de ciencia y belleza cuando estaban en el pas aquellos religiosos. Debayle es un mdico y cirujano ilustre, digno de figuracin y loa en cualquier parte del mundo, y que con el argentino Wilde fu de las primeras personalidades en el Congreso Mdico Panamericano de la Habana. Luego ha figurado brillantemente en el Internacional de Budapest. Joven an, goza en toda la Amrica Central de una autoridad indiscutible. Su carrera la hizo en Pars, en donde conquist por concurso el ttulo de interno de los hospitales--nico en Centroamrica--, y en donde Charcot, Richelot, Pean y Guyot le estimularon, le demostraron su afecto, predijeron su porvenir de xitos y de gloria. Discpulo ferviente de Pasteur, llev a su Patria las nuevas ideas, siendo considerado como el innovador de la Medicina y de la Ciruga en Nicaragua. En medio de sus triunfos cientficos, no ha podido echar en olvido a las Gracias divinas. Y ha escrito y escribe de cuando en cuando artculos, estudios y delicados poemas, unos impregnados de aroma romntico, otros muy modernos y de tcnica hbil, todos bellos de humanidad y de sinceridad. Madriz ocupa hoy uno de los primeros puestos en la poltica centroamericana; abogado de gran mrito, es en todo un combativo. Mas no ha sido tampoco infiel a las letras, y tiene por publicar importantes estudios de historia patria, que han de ser dignos de su slido y ureo talento. Mayorga Rivas estaba llamado a ser el fundador del periodismo a la moderna en Centroamrica, y, en efecto, dirige en San Salvador el primer diario de aquellas cinco Repblicas. No obstante, su antigua musa le acompaa siempre, y suele, al amor de ella, formar en su jardn de lirismo muy lindos ramos de rosas de poesa. Hay que tener en cuenta que todos los escritores tienen necesariamente que ir a parar al terreno de las discusiones polticas. Los mejores cerebros se han gastado as Qu obras perdurables no habran podido dejar un Carlos Selva, un Tiburcio G. Bonilla, o un Rigoberto Cabezas en lo pasado, y no podra hacer un Salvador Mendieta en lo presente? Cabezas fu a la accin, y en ella dej un nombre luminoso. Otros han arrojado su tinta al viento y al olvido. Modesto Barrios, un verdadero literato y maestro de la palabra, se fatig en vanas oposiciones y se refugi en la jurisprudencia y en el profesorado. Otro muy culto espritu, Manuel Coronel Matus, ha ocupado altos puestos pblicos, y hoy dirige un diario y un Instituto. [3] Hay ahora dos revistas importantes en Nicaragua: _La Patria_, que dirige el notable escritor Flix Quiones, y _La Torre de Marfil_, fundada y sostenida por Santiago Argello. Singular figura entre las gentes que escriben ha sido la de D. Enrique de Guzmn, miembro correspondiente de la Real Academia Espaola, el nico miembro correspondiente de la Real Academia Espaola que haya existido en Nicaragua... El Sr. Guzmn se dedic a la poltica y a la gramtica. En lo segundo ha tenido por all, en aos ya lejanos, bastante xito. Es un hombre de cierta lectura, con dotes socarronamente satricas, y cuya manera ha consistido en mezclar al chiste castellano y a la cita clsica algo de la pimienta un poco fuerte y del chile usual en su parroquia. De este modo, el Sr. Guzmn es menos gustado en el resto de Centroamrica que en Nicaragua; y en Nicaragua, para saborearlo por completo, se necesita ser de su ciudad de Granada, y, posiblemente, de su barrio. Es algo, por otra parte, semejante al espaol Valbuena, con ms cultura, y que mezcla taimadamente a falsas inocencias de cura oblicuo desplantes y pesadeces de dmine criollo. Excelente Sr. Guzmn, el mismo, invariable, incambiable desde hace treinta, cuarenta, cincuenta aos; qu s yo! _Nilne puset capiti non posse pericula cano Pellere, quin tepidum hoc optes audire: decenter?_ El gramaticismo y el filologismo llegaron por influjo colombiano. En un tiempo, cuando a Bogot se la llamaba Atenas de Amrica, fueron aquellos pases como dependencias acadmicas de Colombia y de Venezuela. De ah que todava se encuentre quienes juzguen que el hombre ha sido creado por Dios para aprenderse el Diccionario de galicismos de Baralt y las apuntaciones sobre el lenguaje bogotano de D. J. Rufino Cuervo. Dos caballeros discuten sobre poltica, o sobre no importa qu, por la prensa. Desventurado de aquel que, aunque lleno de buena doctrina, escribe: es por esto que o avalancha. Una de las razones que hicieron popular y famoso a un escritor ecuatoriano, genial, por otra parte, D. Juan Montalvo, fu su manera de escribir arcaica, su culto por Cervantes y por el Diccionario. Y hay quienes en Nicaragua se han dedicado a la tarea de estudiar el idioma, y que merecen el ttulo de miembros correspondientes de la Real Academia Espaola tanto como el Sr. Guzmn. Me refiero al Sr. Fletes Bolaos; a un poeta honesto y sensitivo: mi antiguo maestro Felipe Ibarra y a un concienzudo e infatigable minero de las minas clsicas: Mariano Barreto. Todo esto me era conocido. A mi llegada pude darme cuenta de lo que vale y representa la nueva generacin. All, como en toda Amrica, ha habido un florecimiento, una renovacin de brillo y valores. Encontr un tesoro de entusiasmo, una corriente que tan slo necesita ser bien encauzada, una fuerza que, con un poco de apoyo y de estmulo, con paz en la Repblica y con voluntad en los espritus dirigentes, puede convertirse en el impulso dinmico que transforme el alma del pas. Juventud y porvenir significan en el fondo una misma cosa. MIS LIBROS PARISIANA [Ilustracin] VI Entre los poetas actuales es el primero Santiago Argello. Ha producido ya una obra considerable. Se le reconoce como a un maestro. Ha sido vario en sus efusiones lricas; se le ha aplaudido, ha triunfado. Es fecundo, es sonoro, es tropical, es un trabajador y un virtuoso del verso. Ha publicado no solamente poesa, sino libros de crtica y, por motivos docentes, un texto de literatura. Ha ensayado el drama con ruidoso xito. En Argello hay una mezcla de cerebral y de sensitivo. Su imaginacin es rica y derrochadora. Su talento ha revelado su fortaleza cuando, a pesar del medio en que ha vivido, ha podido crear lo que ha creado. A pura intuicin y a puro libro ha realizado sus primeros sueos de arte. Con motivo del estreno de su drama _Ocaso_ escribale Max Nordau: No le felicito slo por el xito, sino tambin por la obra misma, fuerte y bella, y, sobre todo, por la idea que usted ha tenido de escribir una pieza vivida, autntica, arraigada en su suelo, poblada de un mundo suyo, cargada de ideas propias y sentimientos reales: una pieza que traduce la vida en el espacio y en el tiempo. Necesitaba usted valor para emanciparse de la influencia extranjera, para apartarse de ese mundo ficticio, casi siempre parisiense, en que se mueve el teatro sudamericano, y colocar sobre la escena los seres y las cosas que le son familiares. Ha hecho usted un bellsimo _dbut_. Ojal sea el creador del teatro nacional hispanoamericano! El famoso israelita se refiere a la valiente tesis social del drama, que en Madrid habra causado el ruido de una _Electra_ galdosiana. No hay duda de que en Centroamrica, Argello, con el gran salvadoreo Gavidia, en asuntos de teatro va a la cabeza. Su poesa es, como l la llama en uno de sus libros, de tierra clida; sin embargo, su alma ha ido a todas partes, ha viajado en peregrinacin y adoracin de bellezas por pocas y pases diversos. Qu poeta verdadero no lo ha hecho, sobre todo en nuestras Amricas, de irreductibles ensoadores? Ha habido quienes critiquen la preferencia en nuestras zonas por princesas ideales o legendarias, por cosas de prestigio oriental, medioeval, Luis XIV, o griego, o chino... Homero, seores mos, tena sus lotfagos; Shakespeare, su Italia, o su Dinamarca, o su Roma, y, sobre todo, sus islas divinas... Para ser completo y puramente limitado a lo que nos rodea se necesita el honrado, el santo localismo de un Vicente Medina el murciano, o de un Aquileo Echeverra el costarricense... Y ya Medina est en Buenos Aires... Argello siente la Naturaleza y se comprende unido a ella. Su llama interior brota en la profusin de sus ritmos y rimas. Sus formas tienen de lo clsico y de lo moderno. Gusta, ms que del smbolo, de la alegora. Su vocabulario es muy rico, quizs excesivo, pues ocurre que al leer algunas de sus pginas tiene uno que recurrir al Diccionario. Labra y engarza sus palabras con minucias de orfebrera. As como a Robert de Montesquiou en Francia, a l sera al nico quiz que se le podra llamar entre nosotros poeta decadente. Tiene, sin embargo, otras maneras, pues ya he dicho que es un notable virtuoso. Ved cunta diferencia hay entre unas y otras de sus poesas. Citar sta, del libro _De tierra clida_, titulada _Germinal_: El horno de abril. En la hoguera se abrasan los llanos. Extiende sus velas el pjaro y hiende los aires. Resopla la fiera. El horno de abril reverbera, y se oye zumbar: es el duende que fuegos erticos prende. Despus, la gentil Primavera su espeso cabello prendido con regias coronas. El nido renueva las notas del coro. Rosal lujurioso se cubre de rosas. Da leche la ubre; la espiga, mazorcas de oro. Y este fragmento de un poema, _Habla Safo de sus tres amores_: Oh, vrgenes de Lesbos...! Adoradas y encantadoras vrgenes! Vosotras prendis en el fanal de mi pupila esa vvida lumbre de las diosas! Qu fulgentes los ortos de mi dicha cuando os veo venir; cuando radiosas, el perfume esparcs de las praderas; cuando, a su paso, vuestros pies enfloran; cuando bajan en densas espirales, del cabello, las vboras, que enroscan sus anillos de seda en vuestro cuello: esas vidas vboras que flotan como obscuros afluentes del Cocito o cual rayos de una alba esplendorosa, buscando sobre el seno palpitante la miel de Hymeto en la colmena roja! Athis divina! Que se encienda mi alma en la risa de luz que hay en tu boca, y que es rayo auroral que va jugando en los ptalos frescos de una rosa! Que me envuelva tu pelo rubio, como un ureo manto real! Y que a la sombra de tu pestaa crespa, Amor encienda en tus clicos ojos tus auroras, en tus ojos azules como el Actium, y como el Etna ardientes... T, Anactoria, que enloqueces mi mente! T, el ensueo del alma ambicionado...! De tu boca riega sobre la ma la cascada de tus gnicos besos! Venid todas, bellas hijas de Pira...! Ven, Cyrina, la del mohn lascivo...! Ven, Andrmeda! Timas, Nas... volad! Volad! Que escancie la madre del Amor en nuestras copas sus embriagantes vinos...! Que se tian los aurferos bordes, y las rosas de vuestros grasos labios encendidos ensangrienten la tez de sus corolas! Matadme, delirantes...! Ven, Corina; hazme que pruebe de tu piel sabrosa! Ponme borracho de deleite...! Djame con mis sedientos labios en la copa! Y t, mi Cydno, mi adorada Cydno! Blanca como el plumn de la garzota, como la espuma que envolvi a Citeres en paales de tul...! Ya la zozobra de nuestras gratas expansiones ntimas me agita el corazn, e hirviendo, azota mi sangre las arterias. Haz que sea, por el amor, mi sangre abrasadora, mar de oleaje bravo, mar de lava que se estrella en sus crceles de roca, y levanta vorgines, y escupe a los cielos la espuma de su clera! Llegad presto, queridas! El deseo con sus puntas elctricas me toca. Me parece que os tengo entre mis brazos, que vuestras carnes con mis carnes rozan, que un aliento caldeado me enloquece, en un pujante resollar de forja, y que son vuestros senos pebeteros do erticos perfumes se evaporan! Volad, hijas de Zeus...! Que ya siento calcinarse las frases en mi boca; mi lengua se entumece, y es mi labio un pramo. La angustia, sudorosa, me aprieta el corazn, tiembla en mis carnes, me estruja la garganta y me sofoca...! Venid a refrescar este desierto de mis ridos labios con las pomas humedosas de miel de vuestros pechos! Que vuestras carnes, en sus tibias combas, cual los poros sutiles de los ptalos dan al insecto su embriaguez de aromas, me den a m su seductor perfume... Toda la esencia de sus flores todas! Todo el dulce roco de sus clices! Todo el grato licor de sus corolas! Y dormirme, ebrio ya...! Siempre soando con otro goce ms...! Que me aprisionan otros brazos mejores, y otros ojos ms flgidos me queman... Y en las ondas del pilago supremo, en los arrullos del abrasante amor, sentir ansiosa la divina epilepsia del deleite, con avidez frentica de loca...! Venid! Que ya mi ceidor desciende! Mi tnica est suelta; ya pregona la pasin delirante...! Me parece el mareo sentir de vuestras rondas, oh, lbricas hetairas...! Vuestro pelo, en viperina contorsin, retoza en los rpidos giros de la danza..., y las sedeas vestes en la alfombra..., y la gloriosa seduccin sin velos que vuestros regios cuerpos aureola..., y los senos recnditos, que emanan arbigas esencias voluptuosas..., y los besos que sangran..., y las sangres, embriagantes, dulcsimas y rojas..., y la estrechez gratsima..., y el lnguido desmayo de la dicha enervadora..., y el hondo frenes que al reino vuela donde tiene el Delirio su corona...! En el _Poema de la locura_, hecho con bizarras musicales y caprichos mtricos, muy romntico si se quiere, demuestra mayormente su dominio tcnico y su ensoadora fantasa. En _Ojo y alma_, su ltimo libro, contina su adoracin ideal, y la msica, en el amplio sentido griego de la palabra, impera siempre. Junto con Argello sostienen en aquella tierra el culto artstico escritores como Ayn, de quien ya he hablado; como Flix Quiones, a cuyo ferviente humanismo debe tanto la cultura intelectual nicaragense; Manuel Maldonado, que es un poeta sentimental y elegante, duplicado de un orador admirable, de un crisstomo fogueado por aquellos soles, Francisco Huezo, inteligencia largamente abarcadora y verbo ardiente y cordial; los hermanos Paniagua Prado: Francisco, sutil, sensitivo y a veces complicado, cuya prosa elegante y moderna es reveladora del espritu progresista y asimilador de Nicaragua; Jos Mara, lricamente airoso y amador de quimeras. Los nuevos en la vida de la mente, los de ahora, tienen su esperanza en flor y su corazn lleno de futuro. El P. Casco es sapiente y armonioso[4]; meditabundo, sereno e impregnado de universal amor escribe sus ritmos Manuel Tejerino; con mpetu y con fragancias slvicas exterioriza sus energas Antonio Medrano; Juan R. Avils decora bizarramente sus prosas poemticas; el poeta Vanegas, quizs el ms firme y slido, expresa su generoso sentido de la vida en hermosas estrofas; Jos Olivares sinfoniza suaves melancolas y eterizadas divagaciones; Lino Argello, de finos caprichos y prematuras languideces, combina plausibles versos, y Garca Robleto y Narciso Callejas, que heredara superioridades maternas, y Juan Guerra y Rivas Ortiz, y otros ms, hacen la noble, y all por desgracia estril, buena campaa del arte. En Managua est la Biblioteca Nacional. Los libros extranjeros llegan raramente. Hay dos cronistas meritorios que se dedican a comentos y exposiciones de los anales patriticos: Jenaro Lugo y Sotomayor. [4] En prensa ya este libro, me llega la noticia de la muerte del P. Casco. Expreso mi duelo por la desaparicin de ese generoso talento, que tanto hubiera hecho por la cultura de Nicaragua. MIS LIBROS POEMA DEL OTOO [Ilustracin] VII La mujer nicaragense no tiene un tipo marcadamente definido entre las del resto de Centroamrica; pero hay en ella algo especial que la distingue. Es, y ya lo he hecho observar en otra parte, una especie de languidez arbiga, de _nonchalance_ criolla, unida a una natural elegancia y soltura en el movimiento y en el andar. Como en las Antillas, como en casi todas las Repblicas sudamericanas, abunda el color moreno, el cabello negro; pero no son escasas las rubias. Solamente que el clima no deja durar mucho los oros de los primeros aos. As, el rubio claro o ureo se torna en castao; las cabelleras se obscurecen, prevaleciendo tan slo el encanto de la mirada azul. Los cascos de bano o azabache son de copiosa riqueza. La herencia espaola delata su procedencia extremea, castellana o andaluza. Sorprende gratamente el gran nmero de cuerpos altos y esbeltos que caminan con singular gallarda. En cierta manera--dice Havelock Ellis--, puede atribuirse especialmente a sus peculiaridades anatmicas el andar de la espaola. Su paso--que se distingue tambin en todo lugar en que las mujeres acostumbran llevar carga a la cabeza, como en las romanas de las colinas albanas y en algunas partes de Irlanda--es el porte erguido y digno, acompaado de sobrios movimientos, como sacerdotisa que llevara los sagrados vasos. A la vez, el andar de la espaola, no exenta de altiva dignidad humana, tiene en s algo de la graciosa condicin de un animal felino, cuyo cuerpo todo es vivo y sus movimientos mesurados, sin exceso ni superfluidad alguna. Todo esto es aplicable a la mujer nicaragense, sobre todo a la mujer popular, pues en las familias acomodadas no es rara la seorita educada en ciudades europeas que ha adquirido maneras y aires extranjeros; cuando menos, las que han estado en colegios religiosos, la parsimonia un poco _sacr coeur_; o la seorita educada en los Estados Unidos, ademanes norteamericanizados y modos demasiado amaznicos para una raza de gracia. De m dir que despus de tantos aos de ausencia y de haber recorrido tantos pases, encontr en mis compatriotas un encanto que por un lado me pareca lleno de atractivo extico, y por otro reavivaba en mi memoria impresiones ya casi perdidas en la lejana de mis primeros aos. Habituado al bullicio de las grandes ciudades, a las comunes y sabidas elegancias femeninas de las populosas metrpolis, me senta dulcemente subyugado por las figuras como de misterio que en aquel ambiente voluptuoso sola percibir en los salones, visibles desde la calle, salones en donde, por la noche, se mecen perezosa y tropicalmente en las sillas de junco; o en los tibios crepsculos, a las puertas de las casas, como es usual, donde se admira la gentileza de tanta plida beldad de grandes ojeras, no lejos de los jardines que esparcen por oleadas embriagadores perfumes de flores que causan casi como una grata angustia. El desarrollo de la planta humana es all prodigioso. Hay nias esplndidas, semejantes a rosas o a frutas. En el pueblo de Len, en el mercado, por ejemplo, he visto jovencitas de doce, de trece, de catorce aos, ya listas para la maternidad en la ms precoz de las adolescencias. Y recordaba la graciosa _boutade_ de Maurice Donnay: ... et tu n'ignores pas que dans les pays chauds, on est plus vite arriv l'ge de pubert que sous nos froids climats d'Europe, les rpubliques sudamricaines ayant pour devise: Pubert, galit, Fraternit! En verdad, all pueden encontrarse esos tipos de adolescentes a la oriental que de tan caprichoso modo se describen en _Las mil noches y una noche_, que tradujo el doctor Mardrus. No es en los bailes o en las recepciones, que son ms o menos iguales en todo pas civilizado, en donde ms demuestran su especial donosura las damas de aquella tierra, sino en ciertos paseos campestres, y, sobre todo, en las fiestas a la orilla de los lagos o en las riberas del mar. All cantan y danzan gallardamente aires y sones del pas, o alegres fandangos y msicas de Espaa que quedaron desde la poca de la colonia. Todo ello es muy patriarcal, muy primitivo, si gustis; pero para m de un deleite irreemplazable. Por una temporada en Poneloya, cuando se admiran esas noches que bien pudieran ser das donde no hay noches como ellas, segn la estrofa del poeta colombiano, dara yo cien veces los halagos europeos de la cosmopolita costa de Azur, o cualquiera de los lugares famosos por sus casinos, _kursales_ y dems edenes de artificio. Al hogar no ha llegado el modernismo, y, generalmente, se procura contentar los deseos del buen Fr. Luis de Len. Las familias numerosas abundan, pues la fecundidad es extraordinaria y no se sospecha ni se desea sospechar a Malthus. A pesar de la victoria de los principios radicales en la poltica, la mujer, como en casi todos los pases, conserva la religiosidad y mantiene las prcticas de devocin. La ortodoxia se muestra, sobre todo, en las gentes distinguidas y ricas. Las aristocracias en todas partes son las mantenedoras de la tradicin y las sostenedoras del culto. All, los donativos para ello no escasean entre las pudientes. Por ejemplo: la iglesia de San Juan de Dios, de Len, debe mucho a la munificencia de la esposa de uno de los ms meritorios hombres pblicos: me refiero a doa Soledad de Snchez; y en la catedral, en altares y cuadros, queda el nombre de una mi seora ta, ya difunta: doa Rita Daro de Alvarado. El demasiado fervor ha hecho _dupes_ algunas veces a los creyentes. Recuerdo que all, en los aos de mi infancia, los jesuitas ponan un buzn mstico en la iglesia de la Recoleccin, buzn que recoga las cartas que se escriban no s ya ms si a San Ignacio, a San Luis Gonzaga o a la Virgen Mara, los cuales contestaban por medio de sus reverencias los padres confesores. Otra vez es un sacerdote trashumante llamado el padre de la campanilla, pues milagrosamente se oan en su cuerpo los sonidos de un timbre... El tunante era poseedor, a lo que entiendo, del primer reloj con timbre que haya llegado al pas... Y quien daba la hora era l... Otra, y reciente, es un falso cura mejicano que estuvo diciendo misa y predicando; se gan la buena voluntad de todos, y cierto da result ser un bribn que desapareci con un buen montn de dinero de sus feligreses... Mas en Pars hemos visto famosos ejemplares de esa especie, y las devotas del _Faubourg_ han sido ms de una vez tan esquilmadas como las devotas nicaragenses. El valor, la voluntad de sacrificio, la abnegacin, son cualidades que all se admiran en la mujer, y de ello se han visto pruebas repetidas en las muchas guerras que han conmovido el pas, desde la independencia hasta nuestros das, y en tiempo de la dominacin espaola se admiraron ejemplos de bravura y de decisin femenina, Entre las mujeres espaolas--dice Ellis--en pocas pasadas, a pesar de las costumbres moriscas de encerramiento, eran comunes el valor y las cualidades blicas; y H. C. Lea, en su _History of the Inquisition in Spain_, dice que combatan y defendan su partido en las intrigas facciosas con ms ferocidad que los hombres. Cuando Nicaragua fu tan atacada por los piratas, sobre lo cual narra Ooexmelin tan curiosas cosas en su rara _Historia de la piratera_, hubo un caso de valor mujeril que Gmez refiere de la manera siguiente: ... Pero al mismo tiempo que los piratas amenazaban por el Realejo, cuatrocientos filibusteros ingleses y franceses desembarcaron en Escalante, puerto del mar del Sur, a veinte leguas de Granada, sobre la cual se dirigieron inmediatamente. Los granadinos, noticiosos de la prxima llegada del enemigo, se fortificaron precipitadamente con catorce piezas grandes de artillera y seis pedreros. A las dos de la tarde del 7 de Abril de 1865 se present el enemigo, y despus de un corto fuego se posesion de la ciudad. Al da siguiente pidieron el rescate de la poblacin, y como no se les llev pronto, incendiaron el convento de San Francisco y diez y ocho casas principales, saquearon la poblacin y se retiraron con la prdida de trece hombres, pasando por Masaya y otros pueblos, hasta salir por Masachapa. Viva todava la impresin de tan alarmante suceso, el 21 de Agosto de 1865, los filibusteros, al mando del pirata Dampier, desembarcaron en un estero inmediato al Realejo, y encaminndose por un ro que entra en el playn de Jaguei, se internaron en Len con objeto de dar una sorpresa; mas no pudieron evitar que el vecindario y las autoridades se apresuraran a la defensa, aunque con atropellamiento y sin orden. Al presentarse el enemigo, la suegra del gobernador, doa Paula del Real, toc la caja, y por esta razn se di su nombre al estero por donde penetraron los ingleses. Si doa Paula del Real toca la caja, la seorita Rafaela Herrera dispara el can, no contra cierto joven marino ingls llamado Nelson, que ms tarde se encontrara en Trafalgar, segn afirma el arzobispo Pelez en sus _Memorias para la historia de Guatemala_, y luego el historiador nicaragense Toms Ayn, pues Nelson estuvo en Nicaragua en otra ocasin, sino contra otros enemigos, aunque siempre ingleses. En 1762--escribe Gmez--se presentaron los invasores amenazando el castillo de la Concepcin (hoy castillo Viejo) en momentos en que el castellano de la fortaleza, Sr. D. Pedro Herrera, se encontraba enfermo de tanta gravedad, que muri algunas horas antes que los ingleses afrontaran las bateras. Este suceso, que coincida con las miras del enemigo, dej acfalo aquel punto militar, pues un sargento fu cuanto qued por jefe de la guarnicin. El comandante de la flota, informado de todo por algunos prisioneros que servan de atalayas en puntos avanzados, mand pedir al sargento las llaves del castillo, y ste, olvidndose de su deber militar, se manifestaba dispuesto a entregarlas, cuando la hija del castellano, que apenas contaba diez y nueve aos de edad, estimando como un legado el honor y la dignidad de su difunto padre, cuyo cadver tena delante, se neg a sufrir tamaa vejacin, y, constituyndose en jefe del castillo, hizo regresar al heraldo con su contestacin negativa. Los ingleses entonces rompieron un fuego de escaramuza, creyendo que esto bastara para lograr la rendicin; pero la seorita Herrera, educada en ejercicios varoniles y conocedora del manejo de las armas, tom ella misma el botafuego y dispar los primeros caonazos, con tal feliz acierto que del tercero logr matar al comandante ingls y echar a pique una balandrita, de tres que venan en la flota. Con este arrojo contuvo el mpetu de los invasores y mantuvo la accin en equilibrio por cinco das que dur el fuego. Una circunstancia bien sencilla caus no poco temor a los ingleses. Viendo la seorita Rafaela Herrera que la obscuridad de la noche impeda distinguir las posiciones del enemigo, hizo empapar unas sbanas en alcohol, y despus de colocarlas sobre unas ramas secas, di orden de inflamarlas y echarlas al ro. A su vista, los ingleses se creyeron que se trataba del tradicional fuego griego, no pudindose explicar cmo podan sobrenadar sin apagarse aquellas masas de fuego; y como la corriente las arrastraba hacia ellos, se llenaron de pnico y huyeron, suspendiendo el ataque durante aquella noche. Cuando fu de da los ingleses continuaron el interrumpido ataque; pero sin xito. Por la tarde suspendieron de nuevo sus fuegos, y a la maana siguiente se retiraron, dejando muchos muertos, varias embarcaciones perdidas, algunos tiles, y, sobre todo, el triunfo de la mujer. El acontecimiento caus gran regocijo en Granada y en todo el reino de Guatemala, en donde se celebr con entusiasmo, y la joven herona fu colmada de alabanzas y bendiciones. Diez y nueve aos despus el Gobierno espaol expidi una Real cdula otorgando a la seora doa Rafaela Herrera una pensin vitalicia en premio de la heroica defensa que hizo del castillo de la Concepcin en 1762. De tal guisa las nicaragenses de ahora, las del pueblo, van a las campaas, vivanderas, cantineras o compaeras del soldado; y a ms de una se la ha visto en funciones de guerra, virilmente pelear con su fusil, como el ms valiente. Y esa misma mujer es en su casa buena, hacendosa y excelente para el amor. Lo que se llama las mengalas, o sea las obreras, las que no usan el sombrero europeo de las clases acomodadas, portan con garbo el antiguo chal, que, como los de la India, las decora hermosamente, colgado de los hombros, hombros que van desnudos como los de una dama en traje de etiqueta. Hay entre esas mengalas ejemplares deliciosos que se diran floracin de una Andaluca complicada del ancestral ensueo y voluptuosidades indgenas. ... Y tres nias del mercado leons, trucheras, o vendedoras de telas, quedarn en mi memoria cual si las hubiese visto en un zoco arbigo miliunanochesco, libres de todo velo facial, en los tiempos del gran califa Harum-Al-Raschid. VIII Y la poltica? Yo no me ocupo ahora en la poltica... Mas s os dir que hay su buena dosis de falta de justicia cuando en el Ro de la Plata, pongo por caso, se llama a aquellos pases las republiquetas, con el mismo tono con que los ingleses llaman a todo el continente hispanoparlante _South America_... Ante todo, esas cinco patrias pequeas que tienen por nombre Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Honduras han sido y tienen necesariamente que volver a ser una sola patria grande. Monsieur Levasseur, administrador del Colegio de Francia, presentaba hace pocos meses al pblico una obra interesante sobre las riquezas de la Amrica Central. El autor de ese libro es M. Dsir Pector, consejero del Comercio Exterior, antiguo cnsul general de Nicaragua y Honduras en Pars. Monsieur Pector es bien conocido entre los americanistas; ha asistido a casi todos los Congresos especiales y publicado opsculos y libros merecedores de todo aplauso. En _La Nacin_, de Buenos Aires, hace ya tiempo apareci un artculo suyo sobre uno de los trabajos lingsticos del general Mitre. En esta ltima obra sobre la Amrica Central el autor pone a la vista los elementos de vida y de prosperidad de las cinco Repblicas. Monsieur Levasseur dice: De cualquier modo que sea, Centroamrica ha tomado participacin en el desenvolvimiento demogrfico y econmico que caracteriza el perodo contemporneo en los pases civilizados. Algunas cifras bastan para probarlo. En 1674 se calculaba la poblacin de las cinco Repblicas en 2.580.000 almas; en 1907 ella es, poco ms o menos, de almas 4.295.000. (M. Levasseur se queda corto. Hoy pasa la poblacin centroamericana de cinco millones de habitantes). El comercio exterior se calculaba en 32 millones de francos (16 millones de importacin y 16 de exportacin) en aquella primera fecha, y en la segunda, en 215 millones (importacin, 98.435.000 francos, y 116.600.000 de exportacin). La importancia minera de Nicaragua sola acaba de ser demostrada en un extenso y prctico estudio publicado en los Estados Unidos. El pas adelanta. El progreso se hace notar. Pero la mala fama de las republiquetas, diris, est en sus continuas revoluciones. Ellas han sido precisas muchas veces. Y en qu pueblo en formacin no las ha habido? Diranse las fiebres del desarrollo. Mas la administracin Zelaya en la tierra nicaragense logr imponer el orden despus de varias tentativas de perturbacin de la paz, y el orden ha producido en poco tiempo una transformacin. Al da siguiente de mi llegada a Managua, me dijeron: Maana espera a usted el Presidente. Yo no haba tratado nunca al general Zelaya. Le conoca por la prensa, por los elogios de sus partidarios de Nicaragua y por los denuestos de sus enemigos emigrados. Los primeros entonaban el natural himno. Los segundos le hacan aparecer como el perturbador de la paz en Centroamrica, como un strapa cruel y terrible, como uno ms en la lista de los famosos sultanes hispanoamericanos que han obscurecido y enrojecido la historia de nuestras nacionalidades. Un espadn, un machete. Nada ms. Me encontr con un caballero culto, de noble presencia, correcto, serio, afable. Estaba en compaa de su esposa, una dama de gran belleza, que junta a la mayor distincin una sencillez encantadora. Es de origen belga, y su apellido es Cousin. El Presidente fu educado en Francia, en Versalles. Su padre fu ntimo amigo y compaero del clebre luchador de la Unin Centroamericana Mximo Jerez. De l hered el general Zelaya el culto por ese ideal patritico y por los principios liberales. Por ellos ha luchado soldado valeroso desde los tiempos en que el Presidente Barrios, de Guatemala, quiso realizar por la fuerza la unidad de las cinco Repblicas. En Nicaragua le alaban los liberales por haber quitado el Poder al partido conservador, que dominaba desde haca treinta aos. Uno de sus bigrafos resume de esta manera la historia de sus esfuerzos y de sus victorias: Era en la poca de la administracin Sacasa. Los conservadores se pronunciaron en Granada en 28 de Mayo de 1893, y Zelaya y sus partidarios, a fin de destronar el establecido Gobierno de Len, se unieron a ellos, para separarse despus de conseguida la victoria. Zelaya venci en el sitio de la Barranca, y despleg tanto ingenio tctico y perspicacia estratgica, que gan la entusiasta estimacin de los conservadores. El Convenio de Sbana Grande di trmino a la campaa, abatiendo a Sacasa y dejando en lucha a los partidos histricos[5]. La paz dur pocos das. El 11 de Julio de 1895 se pronunci el cuartel de Len por Zelaya, proclamndole Presidente de la Repblica, cuyo hecho estuvo a punto de ser su ruina. Los conservadores le guardaron en Managua como rehn, y los liberales perdieron con su ausencia a su jefe. No vacil Zelaya en esta emergencia, y, acompaado de algunos valientes, rompi por entre las filas enemigas, consiguiendo reunirse a los revolucionarios en Nagarote. Organizada la revolucin, psose en marcha hacia Len, en donde, con rapidez y acierto, form la junta del Gobierno de que l fu escogido Presidente; asumi el mando de las fuerzas, marchando sobre Managua, en donde penetr vencedor, despus de una lucha sangrienta, el da 25 de Julio. Los conservadores imploraron la paz, que les fu concedida. En Centroamrica se form en seguida un gran partido radical, armado y decidido, que domin a los conservadores. Zelaya ejerci el gobierno provisional, dando pruebas de rara justicia y habilidad, mientras se reuna la Convencin que le eligi Presidente por cuatro aos. La carta que se di en Nicaragua fu una remembranza fiel de la Constitucin de Ro Negro, resumen del derecho individual victorioso sobre la tradicin autoritaria y heraldo de las conquistas democrticas de la Repblica. As, despus de tantos aos de guerras, de revoluciones y de luchas intestinas, la floreciente Repblica de Nicaragua pudo al fin descansar bajo un Gobierno liberal y honrado, por lo cual los efectos de una buena administracin dieron los frutos deseados por todo el pas. Naturalmente, los miembros del partido derrotado han lanzado sus protestas, y han procurado hacer ver en el exterior bajo una luz poco propicia la obra del general Zelaya. Han tergiversado hechos, han atacado de diversas maneras la actual administracin, han desempeado el papel de todas las oposiciones. Un caso, por ejemplo. Se me haba dicho que all imperaba un rgimen de terror, que el cadalso poltico se haba levantado muchas veces y que no exista la menor manifestacin de libertad. Pues bien; he llegado y he podido cerciorarme de que jams se ha sacrificado a nadie por motivos polticos; que los nicos fusilamientos que se recuerden son los de los militares complicados en el atroz crimen de la voladura de un cuartel, donde hubo tantas pobres vctimas. A los conspiradores se les ha, cuando ms, alejado del pas. He podido ver all mismo transparentarse ambiciones que en pases vecinos hubieran sido vistas como sospechosas; he odo en varias partes palabras de descontentos, y he podido ver tal publicacin llena de ataques al Gobierno, que en otras repblicas habra sido harto peligrosa para sus autores. Mas de arriba se ha logrado imponer una voluntad de paz y de trabajo; y como se dice, el movimiento se ha demostrado andando. Lo realizado en bien de la Repblica y de su adelanto, es la mejor prueba de tales asertos. Se ha establecido la libertad religiosa; el laicismo en la educacin; la amplia libertad de testar; el mantenimiento del _habeas corpus_; el voto activo, irrenunciable y obligatorio; la justa representacin de las minoras; el establecimiento de una sola Cmara; la incompatibilidad entre el ejercicio de la representacin popular y puestos de Gobierno; el _self government_; la nueva ley Electoral; la secularizacin de cementerios; el divorcio tal como se ha adoptado en Francia, y mucho antes que en Francia[6], aumento progresivo de las rentas pblicas; desarrollo de la instruccin; aumento de escuelas; cumplimiento exacto en el arreglo de la Deuda, cuyos cupones nunca han dejado de pagarse, a veces con anticipacin; creacin de nuevas lneas frreas; ley de trabajo en proteccin de los trabajadores; mejoramiento de puentes y caminos; aumento de la pequea Marina del pas; apoyo a Empresas agrcolas y forestales que, como las de la costa atlntica, son para la Repblica un venero de riqueza; el muelle del puerto al Pacfico de Corinto. Por otra parte--dice el mismo Presidente--, no se ha circunscrito la presente administracin a mantener lo que encontr; antes bien, lo ha modificado, lo ha ampliado, lo ha puesto, en fin, a la altura de las necesidades que ha de llenar. La industria minera ha adquirido un crecido desenvolvimiento. Se ha establecido en la capital un Museo; en las ciudades el antiguo aspecto colonial ha cambiado, vindose ahora un aire urbano, elegante y moderno, por parques, calles y edificios nuevos. [5] El Presidente Sacasa, varn de prudencia, inspirado en sentimientos patriticos, quiso, ante todo, poner fin a la guerra civil. [6] Ultimamente la ley Selva--llamada as por el nombre del distinguido diputado que la propuso--ha ampliado el divorcio de una manera progresista y eficaz. Zelaya ha sido admirado como un hroe de la guerra, pero no ha faltado quien haga ver sus mritos y preeminencias como hroe de la paz. Fijaos bien los que sabis por experiencia lo que son los prestigios de los caudillos, la dificultad que hay en las inorgnicas democracias para transformar la obra activa de la guerra en la obra progresiva de la paz. El general Zelaya es un ejemplo admirable. Un escritor de los ms discretos y de los de mayor carcter de su pas resume en estas sanas palabras esa pgina de poltica centroamericana. Habla de Zelaya, y dice: La trayectoria de su marcha poltica ha recorrido varias fases, todas ellas bien marcadas y hondamente definidas. Tenido primero como propagandista de su causa por su entereza de carcter y vinculaciones populares; odiado luego por sus triunfos de revolucionario, destruyendo abusos y rompiendo abiertamente con la tradicin secular de inicuo absolutismo; respetado despus por haberse impuesto airosa y noblemente a cuantos elementos y asechanzas se opusieron a su paso; querido ms tarde por el buen xito de sus triunfos y por el notorio mejoramiento de sus brillantes actos administrativos, es admirado, en definitiva, por su tenaz brega y su resolucin inquebrantable para adquirir la paz, que a todos aprovecha y todos aplauden, asegurndola para comn y positivo inters de legtima victoria nacional. He ah al perturbador de la paz en Centroamrica como el verdadero implantador de la paz. Nadie como l ha prestado su voluntad y su influencia para lo que se puede llamar definitivo paso en favor de la paz centroamericana: la Conferencia de Washington, y el establecimiento de la Corte de Centroamrica en la ciudad costarricense de Cartago. Es all donde el creso Carnegie regal medio milln de francos para un edificio conmemorativo. Diris que las Repblicas pequeas, como las nias pobres, pero honradas, no deben aceptar esos regalos. Mas sabed que el To Samuel demuestra que va con buen fin... De todos modos, Zelaya ha sido quien nos ha dado muestras de deseo de paz y voluntad de unin. Eso se lo han reconocido en los Estados Unidos y en Mjico. Y para concluir este captulo, os dir que su elogio ha sido hecho justamente por alguien cuyo nombre ha sido admirado y reconocido en el mundo conforme con sus merecimientos y su autoridad universal. Quiero nombrar a Teodoro Roosevelt. As pensaba yo escribir al salir en Managua del Campo de Marte, morada presidencial, en una noche tibia y coronada de estrellas, al amor del trpico natal. MIS LIBROS AUTOBIOGRAFA [Ilustracin] IX Nombran a Masaya la ciudad de las flores. Es, por cierto, bella en su suelo florido. All pens una vez ms en la gentil Primavera de Botticelli. Flores en los jardines, flores en las mujeres, flores en todas partes. Cuando el seor alcalde me dirigi su discurso, la calle estaba cubierta de flores. Masaya me evocaba a Hafiz, a Sadi; verjeles de Sarn, de Bagdad, de la olorosa Persia. Los alrededores de la ciudad son tambin lugares excelentes, en donde la riqueza floral se desarrolla y multiplica al cario del magnificente sol. Hace ya tiempo viaj por esos lugares en compaa de un cubano eminente que ha hecho admirar en nuestras Repblicas su firme amor patrio, su lengua de Crisstomo y su corazn de poeta. Ese cubano fu de los luchadores de la primera revolucin, la de Cspedes, y uno de los que redactaron la antigua Constitucin. Me refiero al Dr. Antonio Zambrana, que hoy vive rodeado de la consideracin general en San Jos de Costa Rica. l dej en una pgina delicada el recuerdo de nuestra visita a la aldea masayesa. He aqu sus impresiones, en las cuales se revela el cario que desde mis primeros aos me demostrara el grande hombre: Nindiri. l me haba hablado del pueblecito, y con l tuve el gusto de verlo por vez primera en viaje que hicimos juntos, en un cmodo y ligero carruaje, de Managua a Granada. A Rubn Daro, el poeta, me refiero. A eso de las tres de la tarde divisamos las primeras chozas. El cielo estaba azul; alguna que otra nube, transparente como velo de gasa, volaba por l, y de lo alto caa y por todas partes se derramaba la luz color de oro quemado de un sol brillante, pero ya muy soportable. Me pareci que estaba en Grecia: as debi de ser la Jonia antigua, o, por lo menos, esa segunda Grecia, la Provenza de los tiempos medios. En calle sin polvo, recta y ancha, se alineaban las casas, hechas de corteza de palma y de bejucos, cada una de arquitectura diferente, a cual ms graciosa y originalmente ideada, de formas caprichosas, como sueos de hombre que no ha visto civilizacin, pero que, sin conocer la de los otros, ha inventado l mismo su poesa y se la saca del alma para ponerla en todo lo que le rodea. Alrededor de las casas haba siempre flores, y por la espalda de ellas asomaba algn rbol, indicio de huerto, que, con sus ramas de esmeralda obscura y sus frutos de colores vivos, daba nuevas notas a la pintura ideal que formaba el paisaje. A la puerta, o en pequeos corredores delante de ella, vi algunas mujeres de la raza india de Nicaragua, que es la ms bella que conozco; todas lucan, muy morenas, por estar vestidas de un blanco inmaculado, y los cabellos muy negros y los ojos como llamas, tomaban con eso un relieve encantador. Admirome su limpieza singular y el aire de fiesta que eso daba a la aldea, porque se trataba de un da de trabajo de la semana. Qu hacen estas gentes?--pregunt con curiosidad a Rubn--. Se dira que esperan alguna visita. Venden flores y frutas--me contest el poeta--. Las llevan en cestos muy bizarros a todos los alrededores: sta es su vida cotidiana. Pasaron, en efecto, a poco, por junto a nosotros, dos mujeres y un jovencito con cestos tan extraos como las casas, llenos de colores y de aromas, conduciendo su mercanca; nunca hubiera calculado antes que el comercio pudiera tomar a mis ojos forma de poesa. No era hora de oir pjaros; lo que se escuchaba era una cigarra; pero la influencia del medio ambiente, sin duda, me hizo encontrar bello su toque de clarn delgado y persistente: pens en la cigarra de oro, smbolo del Arte en el medioda de Francia, y el canto sin ritmo, lejos de perturbarla, complet mi ilusin. Soaba yo entonces, por otra parte, que llevaba a mi lado la cigarra de nuestros bosques y de nuestra poesa americana, pues Rubn era ya un poeta, aunque todava no era un hombre, y su inspiracin no haba aun torcido su cauce, sino que era genuina y espontnea. Ms tarde se dej influir por ideales exticos, y, persiguindolos, ha llegado a la cumbre de la gloria; pero yo prefiero la cigarra desconocida, y ahora, que temblamos a la idea de recibir una mala noticia, ha venido a mi mente con sincera ternura el recuerdo del pueblecito original de las flores vivas, de las casas lindas y de las indias limpias que venden colores y perfumes de los que brotan, sin amao, del seno fecundo de la Naturaleza. Zambrana dice la verdad de su entusiasmo en su lenguaje hermoso. Yo record las palabras del maestro en mi reciente visita a aquellas deliciosas regiones. As como admir en la ciudad gentiles y gallardas damas llenas de cultura y de distincin, vi de nuevo en la alegra aldeana las figuras de bronce viviente de las indias graciosas y hacendosas. Ellas tejen telas al modo primitivo, trabajan curiosas obras de cermica, y venden, como antao y como siempre, sus rosas, sus lirios, sus mangos, sus maraones y sus jocotes. Desnudas de hombros, brazos, pies y piernas, llevan con garbo sus cestas a los mercados o tiangues, y tornan a su vivir rstico, ednico o arcdico. Mas, como en los ms hermosos parasos meridionales de Italia, los volcanes estn all sintiendo pasar los siglos y dando de cuando en cuando seal de que en sus hornos arden las misteriosas potencias de la tierra. El volcn de Santiago atemoriza. El Masaya se cree hoy extinguido. El cronista Lpez de Gmara, en su tiempo, escriba de l: Tres leguas de Granada y diez de Len est un serrejn raso y redondo que llaman Masaya, que echa fuego, y es muy de notar, si hay en el mundo. Tiene la boca media legua en redondo, por la cual bajan doscientas y cincuenta brazas, y ni dentro ni fuera hay rboles ni hierba. Cran, empero, all pjaros y otras aves, sin estorbo del fuego, que no es poco. Hay otro boquern como brocal de pozo, ancho cuanto un tiro de arco, del cual hasta el fuego y brasa suele haber ciento y cincuenta estados ms o menos, segn hierve. Muchas veces se levanta aquella masa de fuego, y lanza fuera tanto resplandor, que se divisa veinte leguas y aun treinta. Anda de una parte a otra, y da tan grandes bramidos de cuando en cuando, que pone miedo; mas nunca rebosa ascuas ni ceniza, si no es algn humo y llamas, que causa la claridad susodicha, cosa que no hacen otros volcanes; por lo cual, y porque jams falta el licor ni cesa de bullir, piensan muchos ser oro derretido. Y as, entraron dentro el primer hueco Fr. Blas de Iesta, dominico, y otros dos espaoles, guindados en sendos cestos. Metieron un servidor de tiro con una larga cadena de hierro para coger de aquella brasa y saber qu metal fuese. Corri la soga y cadena ciento y cuarenta brazas, y como lleg al fuego, se derriti el caldero con algunos eslabones de la cadena en tan breve tiempo, que se maravillaron; y as, no supieron lo que era. Durmieron aquella noche all sin necesidad de lumbre ni candela. Salieron en sus cestos con harto temor y trabajo, espantados de tal hondura y extraeza de volcn. Ao de 1551 se di licencia al licenciado y den Juan Alvarez para abrir este volcn de Masaya y sacar el metal. Oviedo, desde luego ms documentado que Gmara, no habla de Fray Blas de Iesta, sino de Fr. Blas del Castillo. Este tuvo noticia del famoso Infierno de Masaya; pero como iba directamente al virreinato del Per, dej para el regreso la satisfaccin de su curiosidad. Esto fu en el ao 1534. Dos aos despus, estando en Mjico, fu expresamente a Nicaragua a conocer el volcn. Psose de acuerdo con otro religioso francs, el P. Juan Gandabe, y en compaa de varios espaoles emprendi la ascensin. Asomado al crter vi la lava hirviente, y juzg fuese oro derretido. En Granada encontr varios socios para realizar su idea de extraer aquella riqueza inagotable. Varias tentativas se hicieron para sacar el que crean metal incandescente. Una expedicin definitiva se hizo. Dice Gmez, extractando a Oviedo: Entre los objetos destinados para la expedicin figuraba una gran esfera de hierro, con sus barras, que poda abrirse y cerrarse, para meter en ella cangilones de barro que, introducidos de cierta manera en el pozo, pudieran sacar del lquido rojo. Esta esfera estaba sujeta por una cadena de hierro, pendiente de una gruesa cadena quitada a una antigua lombarda. Y luego: El crter del volcn tiene la forma de una campana boca arriba, que va angostndose al fondo; pero arriba, en la parte superior, no es pareja la circunferencia, estando como desportillada por el lado del Oriente. En todas las paredes del crter se vean bandadas de loros de todos tamaos, que anidaban en los huecos y concavidades de las peas. La circunferencia exterior del crter puede tener una legua, y su dimetro, como un tiro de halconete. El fondo tendr de ancho como un tiro de escopeta, y las paredes del can o crter, desnudas de toda vegetacin, ostentan vetas de varios colores, de una tierra dura, calcinada y muy pesada. En el plan se vea un fondo rojo y obscuro, como de lava a medio enfriar, con rajaduras a travs de las cuales poda mirarse hervir y correr un lquido de fuego que saltaba en algunos puntos como el agua de una fuente, esparciendo gran luz, que, llevada por el cao, se reflejaba en la atmsfera y daba una claridad visible a mucha distancia. Con muchas dificultades, Fr. Blas el codicioso prepar su mquina extractora. Dijo una misa. Confes a sus compaeros. Luego el intrpido fraile se puso la estola, ci sta y los hbitos con una cinta bendita, en la que coloc del lado derecho un pequeo martillo para derribar las piedras movedizas, y del izquierdo una calabaza con vino y agua; cubri su cabeza con un casco de hierro, y encima un sombrero bien atado; despus se coloc en el bolso y se at muy bien, y tomando una cruz de madera en la mano, se lanz al vaco y empez a descender. El pobre Fr. Blas pas las de Can en su descenso. Lleg por fin a una especie de plazoleta. Con la oracin en la boca, no dejaba de maniobrar con su martillo entre los sahumerios de las solfataras. Dems decir que no encontr oro en las grietas, sino la roca quemada. Cuando le subieron no quiso darse por vencido. Cont prodigios, tal Don Quijote al salir de su sima, y asegur que la lava hirviente era oro puro en fusin. Otros tantos bajaron despus con aparatos para recoger el tentador lquido rojo y ardiente; pero se encontr que todo era escorias y calcinada piedra. Todava se hicieron otros intentos y se renovaron los desengaos. Tan luego fueron vistas las muestras por el gobernador y curiosos que se hallaban fuera, hubo gran descontento y muchas risas, y cada cual se regres comentando el chasco a su manera. El gobernador pidi todava algunas muestras ms, y orden en seguida a Fr. Blas y a sus compaeros que saliesen. stos, antes de verificarlo, tomaron posesin cada uno de lo que crey una veta mineral, y el fraile, de la caldera hirviente del fondo. Ensayadas en Len las tierras y escorias del volcn de Masaya, fueron declaradas sin ningn valor. Sin embargo, Fr. Blas y sus compaeros, insistiendo en que aquello era rica mina, suplicaron que se les permitiera volver a entrar; pero el gobernador lo prohibi en absoluto, tanto porque crey intil y temeraria aquella empresa, como porque las mquinas, jarcias y aparejos eran subidos a hombros de indios, que se maltrataban lastimosamente en las breas y sierras, sin que Fr. Blas tuviera piedad de ellos. Medida, de orden del gobernador, la profundidad del pozo, result que de la entrada a la plazoleta haba ciento treinta brazas, y de la plazoleta al fondo, tambin ciento treinta. Masaya, como casi todas las ciudades nicaragenses, est vigilada por los volcanes. Aun se ven en largos llanos las endurecidas corrientes de lava de erupciones inmemoriales. De cuando en cuando, si no el infierno de Masaya, que hoy se considera apagado, dan seales de actividad otros focos plutnicos. Ese pueblo apacible y privilegiado de Flora y de las Gracias, se ha sentido ms de una vez amenazado por las convulsiones de la tierra. Y all crecen las rosas y las azucenas y mil variedades de flores, y en los espritus es innata la voluntad de armona, y los talentos lricos se llaman legin, mayormente que en ninguna otra parte de la Repblica. Puede decirse que el deleitoso arte de la msica es el que est mejor cultivado en el pas, y, sobre todo, en la encantadora y para m inolvidable Masaya. Ha producido asimismo este departamento ciudadanos eminentes en otras disciplinas; y uno de los historiadores que all tienen ms renombre, aunque por causa del medio, del tiempo y de las circunstancias en que escribiera, no pueda colocarse en primera lnea, fu masays. Hablo de Jernimo Prez. En mi memoria queda Masaya como una tierra melodiosa y hechicera. Siempre recordar con vagas saudades sus alrededores pintorescos, sus lagunas cercanas, sus alturas llenas de vegetacin, sus paisajes dorados con oro del cielo, la gracia y la sonrisa de sus mujeres, el entusiasmo sincero de sus gentiles habitantes y el clamor lrico de sus violines en la noche; sus admirables violines, que hablan en lengua de amor, en idioma de pasin y de ensueo. MIS LIBROS LOS RAROS [Ilustracin] X La antigua ciudad de Len haba sido fundada en las cercanas del lago de Managua, no lejos del imponente y viejo Momotombo. En 1550, Hernando y Pedro, hijos de Rodrigo de Contreras, en venganza de haber perdido ste sus ventajas podero de encomendero, y en unin de Juan Bermejo, guapo espaol, segoviano, que llegara a Nicaragua con una partida de soldados que haba estado en el Per con Gonzalo Pizarro, proyectaron y decidieron dar muerte al obispo Valdivieso. El hecho se llev a cabo, siendo Hernando el asesino. En 1610 la ciudad teatro del crimen fu casi destruda por una erupcin del volcn. La clera celeste se manifestaba as, aunque un poco tarde, segn las prdicas del nuevo mitrado Villarreal. Su seora ilustrsima consigui con sus palabras que los leoneses se pusiesen temerosos y todas las gentes abandonaran el lugar, dirigidas por el alfrez mayor, que portaba el real estandarte, dice Gmez. Al oeste del punto abandonado, a nueve leguas de distancia, en extensa y hermosa planicie, fueron ordenadas las nuevas construcciones. As naci la actual Len. Es ella la ciudad de mis das juveniles, y por un fenmeno natural y muy explicable, es ella el escenario de muchos de mis sueos gratos, o pesadillas, despus de tantos aos de ausencia en ciudades de pases tan diversos. Esta vez no he estado cerca del Momotombo; mas es para m imborrable el aspecto del soberbio cono que se eleva a las orillas del lago; a su lado, el Momotombito, formando isla y cubierto de vegetacin. Todo ello era objeto de mis contemplaciones en antiguas travesas en los vaporcitos que iban del puerto de Momotombo a Managua, la capital de la Repblica. En un libro del norteamericano Squier--del cual acaba de hacer una traduccin castellana un escritor de Honduras--ley Vctor Hugo estas palabras: El bautismo de los volcanes es un antiguo uso que se remonta a los primeros tiempos de la conquista. Todos los crteres de Nicaragua fueron entonces sacramentados, con excepcin del Momotombo, de donde no se vi nunca volver a los religiosos que se haban encargado de ir a plantar la cruz. De all un tema para el gran lrico. Encontrando demasiado frecuentes los temblores de la tierra, los Reyes de Espaa han hecho bautizar los volcanes del reino que tienen debajo de la esfera; los volcanes no han dicho nada y se han dejado hacer, y slo el Momotombo no ha querido. Ms de un sacerdote en sobrepelliz, elegido por el Santo Padre, llevando el Sacramento que la Iglesia administra, la vista en el cielo, ha subido la montaa siniestra. Muchos han ido; ninguno ha vuelto.--Oh, viejo Momotombo, coloso calvo y desnudo, que sueas cerca de los mares y haces de tu crter una tiara de sombra y de llama a la tierra! por qu, cuando tocamos a tu umbral terrible, no quieres el Dios que se te trae? Responde.--La montaa interrumpe su escupir de lava, y el Momotombo responde con una voz grave:--Yo no amaba mucho al dios que se ha arrojado. Ese avaro ocultaba oro en un foso; coma carne humana; sus mandbulas estaban negras de podredumbre y de sangre; su antro era una entrada de salvaje pavimento, templo sepulcro ornado de un pontfice verdugo; esqueletos rean bajo sus pies; las escudillas en que ese sr beba el asesinato eran crueles; sordo, disforme, tena serpientes al puo; siempre entre sus dientes un cadver sangraba; ese espectro ennegreca el firmamento sublime. Yo grua algunas veces en el fondo de mi abismo. As, cuando vinieron orgullosos sobre las olas temblantes, y del lado de donde viene el da, hombres blancos, los he recibido bien, encontrando que eso era cuerdo. El alma tiene, ciertamente, el color del rostro--deca yo--; el hombre blanco es como el cielo azul; y el dios de stos debe ser un muy buen dios. No se le ver hartarse de carniceras. Yo estaba contento; tena horror del antiguo sacerdote. Pero cuando he visto cmo trabaja el nuevo; cuando he visto llamear justo cielo! a mi nivel esa antorcha lgubre, spera, nunca extinguida, sombra, que llamis la Inquisicin santa; cuando he podido ver cmo Torquemada la usa para disipar la noche del salvaje ignorante, cmo civiliza y de qu manera el Santo Oficio ensea y hace la luz; cuando he visto en Lima horribles gigantes de mimbre llenos de nios estallar sobre un ancho brasero, y el fuego devorar la vida y los humos retorcerse sobre los senos de las mujeres encendidas; cuando me he sentido en veces casi asfixiado por el acre olor que sale de vuestro auto de fe, yo, que no quemaba sino la sombra en mi hornalla, he pensado que no tena razn para estar satisfecho; he mirado de cerca al dios extranjero, y he dicho: No vale la pena de cambiar. As Las razones del Momotombo, en el ciclo de poemas de la _Leyenda de los Siglos_, representa la Inquisicin. Cuntas veces recitara yo esos versos sobre las olas del lago, frente al coloso de piedra, en verdad desnudo y calvo, y apenas coronado de cuando en cuando con el flotante penacho de su humareda! A lo lejos pasaban bellos vuelos de garzas; garzas blancas y garzas morenas. Yo tena el halago de mis aos floridos y ensoadores. Se divisaban las riberas llenas de vegetacin profusa como costas de islas de delicia. Hacan casi siempre el viaje algunas hermosas mujeres. Se tomaban en el comedorcito de a bordo _cocktails_ y _cognacs_. Y en el muelle de Managua esperaban las manos y las sonrisas amigas. Gratos, para m, gratos recuerdos de un pasado que me parece de sueo. Len tiene el aspecto de una ciudad de provincia espaola. Las casas antiguas estn construdas con adobes--la palabra y la cosa se usan an en Castilla la Vieja--. Pesadas tejas arbigas cubren los techos. Las casas de dos o tres pisos son pocas. Hay muchas iglesias y una famosa catedral, comenzada en el siglo XVIII y concluda a comienzos del XIX. All he reconocido muchas cosas que viera siendo nio. Los retablos, las pinturas, los altares, el plpito, los restos de dos mrtires llegados antao de Roma: San Inocencio y Santa Liberata. Y he recorrido, evocando memorias, la vasta fbrica, acompaado por el culto obispo Pereira. Y vi de nuevo en el baptisterio la pila en que recib nombre y en que me tuvo mi seor padrino, D. Jos Jerez, en representacin de su padre, el ilustre general. Luego, en la sala capitular, encuentro los retratos de todos los obispos de Nicaragua desde la ereccin de la dicesis leonesa, el ao de 1527. Me llam la atencin no hallar la efigie de un mitrado que fu muerto por un gato... El animal apareca en el cuadro, y en m despertaba aquello no s qu legendarias y diablicas imaginaciones. No recuerdo cul fu la explicacin que me hizo el obispo Pereira de la desaparicin del retrato de su lejano antecesor--Huertas, o Garca?--. Despus, en un patio, he all el pozo en donde pas algo de milagro--o de brujera, diran algunos--. Yo alcanc a conocer al viejo sacristn. No s en qu andanzas de gato andara; el caso es que cay desde lo alto de la catedral, y cay en el pozo... No sufri dao alguno. Se llamaba To Pozo. Predestinacin... Bajo las arcadas de la iglesia mayor oyeron mis orejas infantiles las primeras plegarias, los primeros sones del rgano, la salmodia de los cannigos en el Oficio, los ecos del canto llano. De all salan muchas de las procesiones de la Semana Santa, clebre por aquellas Repblicas, segn el decir: Semana Santa en Len, y Corpus en Guatemala. Recuerdo, como si hubiesen pasado ayer, las alegres y suntuosas fiestas y los litrgicos ceremoniales. La procesin del Domingo de Ramos, sonora de campanas y de palmas; la procesin del Santo Entierro, al son seco de las matracas; una procesin fnebre y sagrada el Viernes Santo, da en que toda la gente vesta de luto, luto por Jesucristo. El sacro difunto iba en una caja de cristal; tras l las vrgenes de bulto, como las que conducen en idnticos casos las cofradas sevillanas. Y la procesin del Silencio, a la media noche, en la cual se oan temerosos sones de trompa, que se repetan de tanto en tanto en las bocacalles de la ciudad silenciosa. Y una procesin haba que sala de la iglesia de San Francisco: la procesin de San Benito. Alrededor del negro dolo recuerdo haber visto penitentes que se flagelaban las espaldas, y entre los acompaantes, muchos hombres vestidos con blancas enaguas, a los cuales llamaban luces. Sera por los cirios de cera negra que todos llevaban en las manos...? Haba, sin duda alguna, en aquellas fiestas religioso fervor; mas tambin mucho de ambiente pagano. Las reuniones en templos y calles eran propicias a los amoros; las vigilias hacan que en las casas se preparasen platos especiales de la cocina criolla, en los que entraban como base sabrosos mariscos y otra suerte de ricas cosas culinarias. Y en el antiguo convento de San Francisco, en nombre del santo negro Benito, se regalaban tinajas y ms tinajas de chcha de pia y de maz. Las procesiones de Len! Las calles se adornaban con arcos decorados de banderolas y cestillos de papel de China, animales bien imitados, pjaros de hermosos plumajes y frutas de cartn coloreado y dorado, entre las cuales unas hermosas granadas que se abran al pasar las imgenes veneradas, y dejaban caer una lluvia de versos impresos en trozos de papel, que parecan mariposas llevadas por el viento. Se escuchaban las msicas y los cantos en veces. Las ventanas y puertas de las casas se adornaban con telas y cortinajes vistosos, y all aparecan, para ver el desfile, grupos, ramilletes de mozas bellas y frescas, a las cuales arrojaban los jvenes amigos de galanteras puados de granos oleosos y perfumados, que se desgranan de la flor de cierta palmera llamada coyol, en latn botnico _acromia pirifera_. Las calles se llenaban de animacin y alegra, y la muchedumbre era copiosa, pues iba a la celebracin religiosa mucha gente forastera. Hoy ya todo eso ha pasado; el vivir moderno ha ido, aunque poco a poco, invadiendo las costumbres antao patriarcales; las ideas liberales triunfantes llevaron la libertad absoluta de cultos, y en stos la supresin de manifestaciones rituales y ceremoniales fuera de los templos. Segn tengo entendido, Nicaragua y Mjico son los nicos pases del mundo en donde les est prohibido a los sacerdotes el uso de sus trajes distintos en las calles. No obstante, he all que se le permite en Len, como al jefe de la Iglesia, portar sus hbitos talares a un anciano a quien vi recorrer la poblacin en un coche tirado por bueyes. Monseor Villam, que as se llama dicho dignatario, visita as a sus amigos e hijos de confesin, y la impresin es de algo primitivo y de algo nuevo, capricho de maharadja indostnico, o necesidad de misionero en Asia. Todo se explica por la prudencia de monseor, a quien dieron un susto, segn se me cont, un par de caballos briosos y de buena estampa que antes tiraban de su carruaje. Monseor es un cuerdo. Y morir feliz y en paz antes de haber sabido lo que es un 40 HP. Len tiene para m otras curiosas e inolvidables memorias. Si yo fuese Benvenuto Cellini contara, con su parlar claro y convencido, cmo, teniendo yo catorce aos, frente a la catedral, vi una larva, un elemental, como dira un tesofo. Tal visin fu real y verdadera, y no insisto en ello por temor a que mi sabio amigo Ingegnieros tome el dato y lo trate como tratan esas cosas los que manejan cosas cientficas y son incrdulos. Fu tambin en Len donde escrib mis primeros versos y so y sufr mis primeros amores. La vida social ha aumentado desde los tiempos en que, como en Andaluca, las novias conversaban con sus novios por las rejas de las ventanas. El comercio est representado por establecimientos cosmopolitas. Los inmigrantes son pocos; pero el tal rico importador es ingls, tal otro espaol, tal otro alemn, tal otro rabe, tal otro chino. Hay un club en donde los caballeros de la ciudad se distraen. En la juventud predomina la aficin a las letras, a la poesa. Yo dije a los jvenes en un discurso que eso era plausible; pero que junto a un grupo de lricos era til para la Repblica que hubiese un ejrcito de laboriosos hombres prcticos, industriales, traficantes y agricultores. La civilizacin moderna, fuera de sus luchas terribles, ha comprendido a su manera el mito antiguo: los argonautas eran poetas; pero iban en busca del Vellocino de Oro. Hoy, como siempre el dinero hace poesa, embellece la existencia, trae cultura y progreso, hermosea las poblaciones, lleva la felicidad relativa a los trabajadores. El dinero bien empleado realiza poemas, hace palpables imaginaciones, hace danzar las estrellas y puede traer toda suerte de bienes, de modo que los hombres bendigan las horas que pasan y se sientan satisfechos. As, en la ciudad en que ensay mis primeras estrofas y tuve mis primeras ambiciones, salud con entusiasmo a dos grandes poetas amables: Santiago Argello, el que tiene los laureles, y Fernando Snchez, el que tiene los millones... XI En momentos de corregir las pruebas de este libro me llegaron las noticias de los ltimos acontecimientos que han perturbado la paz en aquella Repblica y producido la cada del presidente Zelaya. Lo lgico, lo usual y hasta lo humano sera que, una vez que aquel gobernante ha cado, yo suprimiese los elogios y los sustituyese con las ms acerbas censuras. Me permitir la satisfaccin de dejar intacto mi juicio. En EL VIAJE A NICARAGUA pueden leerse estas palabras de uno de mis discursos pronunciados durante la gira por mi tierra natal: Como alejado y como extrao a vuestras disensiones polticas, no me creo ni siquiera con el derecho de nombrarlas. Yo he luchado y he vivido, no por los Gobiernos, sino por la Patria; y si algn ejemplo quiero dar a la juventud de esta tierra ardiente y fecunda, es el del hombre que desinteresadamente se consagr a ideas de arte, lo menos posiblemente positivo, y despus de ser aclamado en pases prcticos, volvi a visitar su hogar entre aires triunfales; y yo, que dije una vez que no podra cantar a un presidente de Repblica en el idioma en que cantara a Halagaabal, me complazco en proclamar ahora la virtualidad de la obra del hombre que ha transformado la antigua Nicaragua, dndonos el orgullo de nuestra inmediata suficiencia y casi la seguridad de nuestro fuerte porvenir. Nada tengo que rectificar. Mi impresin, al llegar despus de quince aos de ausencia, fu la de un pas con mayores adelantos que el que dejara. Si a las administraciones anteriores se debe la implantacin del telgrafo, el ferrocarril, las negociaciones para la apertura del canal, que no pudo llevarse a cabo, no puede negarse que el Gobierno de Zelaya realiz muchas obras en bien de la Repblica. Ellas estn enumeradas en un captulo anterior. Ahora, el rumor sordo anunciador de lo que ha pasado pude muy bien notarlo durante mi corta permanencia, aun en medio de la multiplicidad de las fiestas con que me obsequiaron mis compatriotas y amigos y el mismo Gobierno. Esos rumores que anunciaban la tempestad que despus se desatara, y que aparentaban tener por causa la situacin econmica, puede asegurarse que no eran sino instigaciones de los Estados Unidos y de Estrada Cabrera, su instrumento para el desarrollo de sus planes. Propalaban que era el odio a unos cuantos que se han enriquecido lo que motivara la revolucin contra el gobierno de Zelaya. Y, en efecto, aquello que confidencialmente me decan algunos amigos, de diferentes partes de la Repblica, sobre el estado general de pobreza, lo caro de la vida, la progresiva depreciacin del papel moneda, y el engrosamiento de ciertas particulares fortunas, es justamente lo mismo que he visto despus expuesto en las publicaciones revolucionarias aderezadas en Bleufields. Al recibir las primeras noticias me tem que de nuevo se hubiese encendido el antiguo antagonismo entre conservadores y liberales, o, peor an, los odios entre la parte oriental y occidental del pas, entre Granada y Len. Esta lamentable desunin viene desde tiempos de la colonia, y ha costado a Nicaragua mucha sangre y muchos perdidos intereses. Ha sido desde luego un bien para el pas que Zelaya patriticamente haya depositado el mando en el Dr. Madriz. Conozco a Madriz desde los aos en que ramos compaeros de colegio. Es un carcter y es un talento. Su actuacin poltica ha sido transcendental en Centroamrica. Fu de los que acompaaron a Zelaya en la revolucin que derroc al partido conservador en 1893. Fu el primer ministro de Relaciones de Zelaya, y, siendo ministro, fu de los que dirigieron la revolucin contra l. Tras el fracaso de sta, se traslad a San Salvador. Un rasgo que le honra es que cuando Nicaragua estuvo en guerra con Honduras, a pesar de las inquinas polticas, volvi a Nicaragua y ofreci sus servicios al Gobierno. El fu enviado a la Conferencia de Washington y nombrado magistrado de la Corte Suprema de Justicia Centroamericana, que fu creada en dicha Conferencia, que tiene su sede en la Ciudad de Cartago, de Costa Rica, y para cuyo edificio regal medio milln de francos el plutcrata yanqui Andrew Carnegie. Estoy seguro de que no se le ocultaba al presidente Zelaya que el Dr. Madriz contaba con muchos partidarios que le eligiesen para la Presidencia. Sin menoscabarle mritos, como l deca cuando se lograba que los ingleses desocupasen el reino mosquito: Antes de despedirme de vosotros, quiero hacer especial recomendacin del valiente ministro Dr. D. Jos Madriz, que os acompaa en esta expedicin. Va en nombre del Gobierno a imponer nuestras leyes a los rebeldes. Lleva confianza en el xito de su misin, porque cuenta con soldados como vosotros, que sabrn en el momento dado apoyar sus disposiciones. Hasta el momento de escribir estas lneas, no se sabe si vencer Madriz o Estrada. Si Madriz ocupase la Presidencia, ser desde luego un gobierno civil. En cuanto a Estrada, es un militar joven, y que se ha distinguido muchsimo en las filas del general Zelaya. Quin me dira que cuando iba yo en la comitiva del Presidente, para la entrevista que tuvo en las fronteras costarricenses con el Presidente de Costa Rica, Sr. Gonzlez Viquez, estaban ya en el cerebro de aquel compaero de excursin las ideas que le han llevado a la sublevacin y a la batalla! No me atrevo a profetizar a estas horas. Si la parte occidental se pone al lado de Madriz, triunfar Madriz. Pero es que acaso Estrada, que es de Managua, capital de la Repblica, no querr evitar un choque entre las dos de antiguo antagonistas partes de su Patria? Demasiadas son las rencillas, demasiados son los odios que han dividido el pas desde hace tanto tiempo. Ya que no se ha podido hacer la unin de las cinco Repblicas centroamericanas, no ser posible realizar la concordia en un solo pas? En cuanto a D.^a Blanca de Zelaya, que ha causado siempre la ms grata impresin, dir que es belga de origen, que es muy bella, y que ha hecho mucha caridad en Nicaragua. Ella me condecor, en un acto pblico, con una medalla de oro. Yo le he escrito unos versos y le he regalado un brazalete de que han hablado los diarios. Los versos pueden leerse en el _Intermezzo tropical_, entre los que escribiera durante mi viaje. Y el brazalete acrstico se compona de piedras que correspondan a las letras del nombre del esposo presidencial: La _J_ es el jacinto. La _S_ es la _sardoine_. La _A_ es la amatista. La _N_ es la _nefrita_. La _T_ es el topacio. La _O_ es el palo. La _S_ es la _sardonix_. La _Z_ es el zafiro. La _E_ es la esmeralda. La _L_ es el lapislzuli. La _A_ es la aguamarina. La _Y_ es el imn. La _A_ es la amatista. Dios quiera llevar la paz a mi pas. Se dice que los Estados Unidos han intervenido en todo esto. Si ello fuese cierto, como parece, es lamentable que nacin alguna intervenga en los asuntos ntimos de Nicaragua, ni aun para hacer el canal... Ya se sabe que el mismo Lesseps inform en un tiempo que el nico canal posible era el de Nicaragua. Despus los Estados Unidos quisieron realizar la obra. No se sabe qu negociaciones la dificultaron; pero es un hecho que desde que los espaoles pensaron en abrir el istmo, es por la tierra que ms fcilmente se puede llevar a cabo. Despus de todo, sin la hostilidad de la Casa Blanca, Zelaya estara an en el Poder. Oh, pobre Nicaragua, que has tenido en tu suelo a Cristbal Coln y a Fr. Bartolom de las Casas, y por poeta ocasional a Vctor Hugo: sigue tu rumbo de nacin tropical; cultiva tu caf y tu cacao y tus bananos; no olvides las palabras de Jerez: Para realizar la unin centroamericana, vigorzate, alintate con el trabajo, y lucha por unirte a tus cinco hermanas! HISTORIA DE MIS LIBROS [Ilustracin] AZUL... [Ilustracin] AZUL... Esta maana de Primavera me he puesto a hojear mi amado viejo libro, un libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que haba de tener despus tantas triunfantes consecuencias; y lo hojeo como quien relee antiguas cartas de amor, con un cario melanclico, con una saudade conmovida en el recuerdo de mi lejana juventud. Era en Santiago de Chile, adonde yo haba llegado, desde la remota Nicaragua, en busca de un ambiente propicio a los estudios y disciplinas intelectuales. A pesar de no haber producido hasta entonces Chile principalmente sino hombres de Estado y de jurisprudencia, gramticos, historiadores, periodistas y, cuando ms, rimadores, tradicionales y acadmicos de directa descendencia peninsular, yo encontr nuevo aire para mis ansiosos vuelos y una juventud llena de deseos de belleza y de nobles entusiasmos. Cuando publiqu los primeros cuentos y poesas que salan de los cnones usuales, si obtuve el asombro y la censura de los profesores, logr en cambio el cordial aplauso de mis compaeros. Cul fu el origen de la novedad? El origen de la novedad fu mi reciente conocimiento de autores franceses del Parnaso, pues a la sazn la lucha simbolista apenas comenzaba en Francia y no era conocida en el Extranjero, y menos en nuestra Amrica. Fu Catulle Mends mi verdadero iniciador, un Mends traducido, pues mi francs todava era precario. Algunos de sus cuentos lrico-erticos, una que otra poesa, de las comprendidas en el _Parnasse contemporaine_, fueron para m una revelacin. Luego vendran otros anteriores y mayores: Gautier, el Flaubert de _La tentation de St. Antoine_, Paul de Saint Victor, que me aportaran una indita y deslumbrante concepcin del estilo. Acostumbrado al eterno clis espaol del siglo de oro, y a su indecisa poesa moderna, encontr en los franceses que he citado una mina literaria por explotar: la aplicacin de su manera de adjetivar, de ciertos modos sintxicos, de su aristocracia verbal, al castellano. Lo dems lo dara el carcter de nuestro idioma y la capacidad individual. Y yo, que me saba de memoria el _Diccionario de galicismos_ de Baralt, comprend que no slo el galicismo oportuno, sino ciertas particularidades de otros idiomas son utilsimas y de una incomparable eficacia en un apropiado trasplante. As mis conocimientos de ingls, de italiano, de latn, deban servir ms tarde al desenvolvimiento de mis propsitos literarios. Mas mi penetracin en el mundo del arte verbal francs no haba comenzado en tierra chilena. Aos atrs, en Centro Amrica, en la ciudad de San Salvador y en compaa del buen poeta Francisco Gavidia, mi espritu adolescente haba explorado la inmensa selva de Vctor Hugo y haba contemplado su ocano divino, en donde todo se contiene. Por qu ese ttulo _Azul_? No conoca an la frase huguesca _l'Art c'est l'azur_, aunque s la estrofa musical de _Les chtiments_: Adieu, patrie, L'onde est en furie! Adieu, patrie, Azur! Mas el azul era para m el color del ensueo, el color del arte, un color helnico y homrico, color ocenico y firmamental, el coeruieum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro. Y Ovidio haba cantado: Respice vindicibus pacatum viribus orbem que latam Nereus coerulus ambit humum. Concentr en ese color clico la floracin espiritual de mi primavera artstica. Ese primer libro--pues apenas puede contar el volumen incompleto de versos que apareci en Managua con el ttulo de _Primeras notas_--se compona de un puado de cuentos y poesas, que podran calificarse de parnasianas. _Azul_... se imprimi en 1888 en Valparaso, bajo los auspicios del poeta de la Barra y de Eduardo Poirier, pues el mecenas a quien fuera dedicado por insinuaciones del primero de estos amigos ni siquiera me acus recibo del primer ejemplar que le remitiera. El libro no tuvo mucho xito en Chile. Apenas se fijaron en l cuando D. Juan Valera se ocupara de su contenido en una de sus famosas _Cartas Americanas_ de _Los lunes del Imparcial_. Valera vi mucho, expres su sorpresa y su entusiasmo sonriente--por qu hay muchos que quieren ver siempre alfileres en aquellas manos ducales?--; pero no se di cuenta de la trascendencia de mi tentativa. Porque si el librito tena algn personal mrito relativo, de all deba derivar toda nuestra futura revolucin intelectual. A los que asustaba lo original de la reciente manera les fu extrao que un impecable como D. Juan Valera hiciese notar que la obra estaba escrita en muy buen castellano. Otros elogios hiciera el tesoro de la lengua, como le llama el conde de las Navas, y el libro fu desde entonces buscado y conocido tanto en Espaa como en Amrica. Valera observa, sobre todo, el completo espritu francs del volumen. Ninguno de los hombres de letras de la Pennsula que he conocido yo con ms espritu cosmopolita, y que ms largo tiempo han residido en Francia, y que han hablado mejor el francs y otras lenguas extranjeras, me ha parecido nunca tan compenetrado del espritu de Francia como usted me parece: ni Galiano, ni D. Eugenio de Ochoa, ni Miguel de los Santos Alvarez. Y agregaba ms adelante: Resulta de aqu un autor nicaragense que jams sali de Nicaragua sino para ir a Chile, y que es autor tan a la moda de Pars y con tanto chic y distincin, que se adelanta a la moda y pudiera modificarla e imponerla. Cierto; un soplo de Pars animaba mi esfuerzo de entonces; mas haba tambin, como el mismo Valera lo afirmara, un gran amor por las literaturas clsicas y conocimiento de todo lo moderno europeo. No era, pues, un plan limitado y exclusivo. Hay, sobre todo, juventud, un ansia de vida, un estremecimiento sensual, un relente pagano, a pesar de mi educacin religiosa y profesar desde mi infancia la doctrina catlica, apostlica, romana. Ciertas notas heterodoxas las explican ciertas lecturas. En cuanto al estilo, era la poca en que predominaba la aficin por la escritura artstica y el diletantismo elegante. En el cuento _El rey burgus_, creo reconocer la influencia de Daudet. El smbolo es claro, y ello se resume en la eterna protesta del artista contra el hombre prctico y seco, del soador contra la tirana de la riqueza ignara. En _El stiro gordo_, el procedimiento es ms o menos mendesiano, pero se impone el recuerdo de Hugo y de Flaubert. En _La ninfa_, los modelos son los cuentos parisienses de Mends, de Armand Silvestre, de Mezeroi, con el aditamento de que el medio, el argumento, los detalles, el tono, son de la vida de Pars, de la literatura de Pars. Dems advertir que yo no haba salido de mi pequeo pas natal, como lo escribe Valera, sino para ir a Chile, y que mi asunto y mi composicin eran de base libresca. En _El fardo_ triunfa la entonces en auge escuela naturalista. Acababa de conocer algunas obras de Zola, y el reflejo fu inmediato; mas no correspondiendo tal modo a mi temperamento ni a mi fantasa, no volv a incurrir en tales desvos. En _El velo de la reina Mab_, s, mi imaginacin encontr asunto apropiado. El deslumbramiento shakespeareano me posey y realic por primera vez el poema en prosa. Ms que en ninguna de mis tentativas, en sta persegu el ritmo y la sonoridad verbales, la transposicin musical, hasta entonces--es un hecho reconocido--desconocida en la prosa castellana, pues las cadencias de algunos clsicos son, en sus desenvueltos perodos, otra cosa. _La cancin del oro_ es tambin poema en prosa, pero de otro gnero. Valera la califica de letana. Y aqu una ancdota. Yo envi a Pars, a varios hombres de letras, ejemplares de mi libro, a raz de su aparicin. Tiempos despus, en _La Panthe_, de Peladn, apareca un _Cantique de l'or_, ms que semejante al mo. Coincidencia posiblemente. No quise tocar el asunto, porque entre el gran esteta y yo no haba esclarecimiento posible, y a la postre habra resultado, a pesar de la cronologa, el autor de _La cancin del oro_ plagiario de Peladn. _El rub_ es otro cuento a la manera parisiense. Un _mito_, dice Valera. Una fantasa primaveral, ms bien; lo propio que _El palacio del sol_, donde llamara la atencin el empleo del _leit-motiv_. Y otra narracin de Pars, ms ligera, a pesar de su significacin vital, _El pjaro azul_. En _Palomas blancas y garzas morenas_ el tema es autobiogrfico y el escenario la tierra centroamericana en que me toc nacer. Todo en l es verdadero, aunque dorado de ilusin juvenil. Es un eco fiel de mi adolescencia amorosa, del despertar de mis sentidos y de mi espritu ante el enigma de la universal palpitacin. La parte titulada _En Chile_, que contiene _En busca de cuadros_, _Acuarela_, _Paisaje_, _Agua fuerte_, _La Virgen de la Paloma_, _La cabeza_, otra _Acuarela_, _Un retrato de Watteau_, _Naturaleza muerta_, _Al carbn_, _Paisaje_, y _El ideal_, constituyen ensayos de color y de dibujo que no tenan antecedentes en nuestra prosa. Tales trasposiciones pictricas deban ser seguidas por el grande y admirable colombiano J. Asuncin Silva--y esto, cronolgicamente, resuelve la duda expresada por algunos de haber sido la produccin del autor del Nocturno anterior a nuestra Reforma. _La muerte de la emperatriz de la China_--publicado recientemente en francs en la coleccin _Les mille nouvelles nouvelles_--, es un cuento ingenuo, de escasa intriga, con algn eco a lo Daudet. _A una estrella_, canto pasional, romanza, poema en prosa, en que la idea se une a la musicalidad de la palabra. Luego viene la parte de verso del pequeo volumen. En los versos segua el mismo mtodo que en la prosa: la aplicacin de ciertas ventajas verbales de otras lenguas, en este caso principalmente del francs, al castellano. Abandono de las ordenaciones usuales, de los cliss consuetudinarios; atencin a la meloda interior, que contribuye al xito de la expresin rtmica; novedad en los adjetivos; estudio y fijeza del significado etimolgico de cada vocablo; aplicacin de la erudicin oportuna, aristocracia lxica. En _Primaveral_--de _El ao lrico_--, creo haber dado una nueva nota en la orquestacin del romance, con todo y contar con antecesores tan ilustres al respecto como Gngora y el cubano Zenea. En _Estival_ quise realizar un trozo de fuerza. Algn escaso lector de tierras calientes ha querido dar a entender que--tratndose de tigres!--mi trabajo poda ser, si no hurto, traduccin de Leconte de Lisle. Cualquiera puede desechar la inepta insinuacin con recorrer toda la obra del poeta de _Pomes barbares_. Ello me hizo sonreir, como el venerable _Atheneum_, de Londres, que porque hablo de toros salvajes en unos de mis versos, me compara con Mistral. En _Autumnal_ vuelve el influjo de la msica, una msica ntima, di camera, y que contiene las gratas aspiraciones amorosas de los mejores aos, la nostalgia de lo aun no encontrado--y que, casi siempre, no se encuentra nunca tal como se suea. Hay en seguida, aconsonantando con lo anterior, la versin de un _Pensamiento de otoo_, de Armand Silvestre. Bien sabido es que, a pesar de sus particularidades harto rabelesianas y de su excesiva galoiserie, Silvestre era un poeta en ocasiones delicado, fino y sentimental. _Anank_ es una poesa aislada y que no se compadece con mi fondo cristiano. Valera la censura con razn, y ella no tuvo posiblemente ms razn de ser que un momento de desengao, y el acbar de lecturas poco propias para levantar el espritu a la luz de las supremas razones. El ms intenso telogo puede deshacer en un instante la reflexin del poeta en ese instante pesimista, y demostrar que tanto el gaviln como la paloma forman parte integrante y justa de la concorde unidad del universo; y que, para la mente infinita, no existen, como para la limitada mente humana, ni Arimanes, ni Ormutz. Concluye el librito con una serie de sonetos: _Caupolicn_, que inici la entrada del soneto alejandrino a la francesa en nuestra lengua--al menos segn mi conocimiento. Aplicacin a igual poema de forma fija, de versos de quince slabas, se advierte en _Venus_. Otro soneto a la francesa y de asunto parisiense: _De invierno_. Luego retratos lricos, medallones de poetas que eran algunas de mis admiraciones de entonces: Leconte de Lisle, Catulle Mends, el yanqui Walt Whitman, el cubano J. J. Palma, el mejicano Daz Mirn, a quien imitara en ciertos versos agregados en ediciones posteriores de _Azul_..., y que empiezan: Nada ms triste que un titn que llora, hombre montaa encadenado a un lirio, que gime, fuerte, que, pujante, implora, vctima propia en su fatal martirio. Tal fu mi primer libro, origen de las bregas posteriores, y que, en una maana de Primavera, me ha venido a despertar los ms gratos y perfumados recuerdos de mi vida pasada, all en el bello pas de Chile. Si mi _Azul_... es una produccin de arte puro, sin que tenga nada de docente ni de propsito moralizador, no es tampoco lucubrado de manera que cause la menor delectacin morbosa. Con todos sus defectos, es de mis preferidas. Es una obra, repito, que contiene la flor de mi juventud, que exterioriza la ntima poesa de las primeras ilusiones y que est impregnada de amor al arte y de amor al amor. PROSAS PROFANAS [Ilustracin] PROSAS PROFANAS Sera intil tarea intentar un anlisis exegtico de mi libro _Prosas profanas_, despus del estudio tan completo del gran Jos Enrique Rod en su magistral y clebre opsculo, reproducido a manera de prlogo en la edicin parisiense de la Viuda de C. Bouret, y en la cual no apareci la firma del ilustre uruguayo por un descuido de los editores. Mas s podr expresar mi sentimiento personal, tratar de mis procedimientos y de la gnesis de los poemas en esta obra contenidos. Ellos corresponden al perodo de ardua lucha intelectual que hube de sostener, en unin de mis compaeros y seguidores, en Buenos Aires, en defensa de las ideas nuevas, de la libertad del arte, de la acracia, o, si se piensa bien, de la aristocracia literaria. En unas palabras de introduccin concentraba yo el alcance de mis propsitos. Ya haba aparecido _Azul_... en Chile; ya haban aparecido _Los Raros_ en la capital argentina. Estaba de moda entonces la publicacin de manifiestos, en la brega simbolista de Francia, y muchos jvenes amigos me pedan hiciese en Buenos Aires lo que, en Pars, Moreas y tantos otros. Opin que no estbamos en idntico medio, y que tal manifiesto no sera ni fructuoso ni oportuno. La atmsfera y la cultura de la secular Lutecia no era la misma de nuestro Estado continental. Si en Francia abundaba el tipo de Remy de Gourmont, Celui-qui-ne-comprend-pas cmo no sera entre nosotros? l pululaba en nuestra clase dirigente, en nuestra general burguesa, en las letras, en la vida social. No contaba, pues, sino con una lite, y sobre todo con el entusiasmo de la juventud, deseosa de una reforma, de un cambio de su manera de concebir y de cultivar la belleza. Aun entre algunos que se haban apartado de las antiguas maneras, no se comprenda el valor del estudio y de la aplicacin constante, y se crea que con el solo esfuerzo del talento podra llevarse a cabo la labor emprendida. Se proclamaba una esttica individual, la expresin del concepto; mas tambin era preciso la base del conocimiento del arte a que uno se consagraba, una indispensable erudicin y el necesario don del buen gusto. Me adelant a prevenir el prejuicio de toda imitacin, y, apartando sobre todo a los jvenes catecmenos de seguir mis huellas, record un sabio consejo de Wagner a una ferviente discpula suya, que fu al mismo tiempo una de las amadas de Catulle Mends. Asqueado y espantado de la vida social y poltica en que mantuviera a mi pas original un lamentable estado de civilizacin embrionaria, no mejor en tierras vecinas, fu para m un magnfico refugio la Repblica Argentina, en cuya capital, aunque llena de trfagos comerciales, haba una tradicin intelectual y un medio ms favorable al desenvolvimiento de mis facultades estticas. Y si la carencia de una fortuna bsica me obligaba a trabajar periodsticamente, poda dedicar mis vagares al ejercicio del puro arte y de la creacin mental. Mas abominando la democracia, funesta a los poetas, as sean sus adoradores como Walt Whitman, tend hacia el pasado, a las antiguas mitologas y a las esplndidas historias, incurriendo en la censura de los miopes. Pues no se tena en toda la Amrica espaola como fin y objeto poticos ms que la celebracin de las glorias criollas, los hechos de la independencia y la naturaleza americana: un eterno canto a Junn, una inacabable oda a la Agricultura de la zona trrida, y dcimas patriticas. No negaba yo que hubiese un gran tesoro de poesa en nuestra poca prehistrica, en la conquista y aun en la colonia; mas con nuestro estado social y poltico posterior lleg la chatura intelectual y perodos histricos ms a propsito para el folletn sangriento que para el noble canto. Y agregaba, sin embargo: Buenos Aires: cosmpolis. Y maana! La comprobacin de este augurio qued afirmada con mi reciente _Canto a la Argentina_. En cuanto a la cuestin ideolgica y verbal, proclam ante glorias espaolas ms sonoras, la del gran D. Francisco de Quevedo, de Santa Teresa, de Gracin, opinin que ms tarde aprobaran y sostendran en la Pennsula egregios ingenios. Una frase hay que exigira comento: Abuelo, preciso es decroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida es de Pars. En el fondo de mi espritu, a pesar de mis vistas cosmopolitas, existe el inarrancable filn de la raza; mi pensar y mi sentir continan un proceso histrico y tradicional; mas de la capital del arte y de la gracia, de la elegancia, de la claridad y del buen gusto, habra de tomar lo que atribuyese a embellecer y decorar mis eclosiones autctonas. Tal d a entender. Con el agregado de que no slo de las rosas de Pars extraera esencias, sino de todos los jardines del mundo. Luego expuse el principio de la msica interior: Como cada palabra tiene un alma, hay, en cada verso, adems de la armona verbal, una meloda ideal. La msica es slo de la idea, muchas veces. Luego profes el desdn de la crtica de gallina ciega, de la gritera de los ocas, y atic el fuego de estmulo para el trabajo, para la creacin. Bufe el eunuco: cuando una musa te d un hijo, queden las otras ocho en cinta. Frase que he ledo citada en una produccin reciente de un joven espaol, como de Thophile Gautier...! En _Era un aire suave_..., que es un aire suave, sigo el precepto del Arte Potica de Verlaine: De la musique avant toute chose. El paisaje, los personajes, el tono; se presentan en ambiente siglo dieciochesco. Escrib como escuchando los violines del rey. Poseyeron mi sensibilidad Rameau y Lulli. Pero el abate joven de los madrigales y el vizconde rubio de los desafos, ante Eulalia que re, mantienen la secular felinidad femenina contra el viril rendido; Eva, Judith u Ofelia, peores que todas las sufragettes. En _Divagacin_ dirase un curso de geografa ertica; la invitacin al amor bajo todos los soles, la pasin de todos los colores y de todos los tiempos. All flexibilic hasta donde pude el endecaslabo. La _Sonatina_ es la ms rtmica y musical de todas estas composiciones, y la que ms boga ha logrado en Espaa y Amrica. Es que contiene el sueo cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso. Es el deseo ntimo, la melancola ansiosa, y es, por fin, la esperanza. En _Blasn_ celebro el cisne, pues esos versos fueron escritos en el lbum de una marquesa de Francia propicia a los poetas. En _Del Campo_ me amparaba la sombra de Banville, en un tema y en una atmsfera criollos. En la alabanza _A los ojos negros de Julia_ madrigalic caprichosamente. La _Cancin de Carnaval_ es tambin a lo Banville, una oda funambulesca, de sabor argentino, bonaerense. Dos galanteras siguen para una dama cubana. Fueron escritas en presencia de mi malogrado amigo Julin del Casal, en la Habana, hace ms de veinte aos, e inspiradas por una bella dama, Mara Cay, hoy viuda del general Lachambre. _Bouquet_ es otro madrigal de capricho. _El faisn_, en tercetos monorrimos, es un producto parisiense, ideado en Pars, escrito en Pars, trascendente de parisina. _Garonnire_ dice horas artsticas y fraternas de Buenos Aires. _El pas del sol_, formulado a la manera de los lieds de France, de Catulle Mends, y como un eco de Gaspard de la Nuit, concreta la nostalgia de una nia de las islas del trpico, animada de arte, en el medio frgido y duro de Manhatan, en la imperial Nueva York. _Margarita_--que ha tenido la explicable suerte de estar en tantas memorias--es un melanclico recuerdo pasional, vivido, aunque en la verdadera historia, la amada sensual no fu alejada por la muerte, sino por la separacin. _Ma_, y _Dice ma_, son juegos para msica, propios para el canto, lieds que necesitan modulacin. En _Heraldos_ demuestro la teora de la meloda interior. Puede decirse que en este poemita el verso no existe, bien que se imponga la notacin ideal. El juego de las slabas, el sonido y color de las vocales, el nombre clamado, herldicamente, evocan la figura, oriental, bblica, legendaria, y el tributo y la correspondencia. El _Coloquio de los centauros_ es otro mito, que exalta las fuerzas naturales, el misterio de la vida universal, la ascensin perpetua de Psique, y luego plantea el arcano fatal y pavoroso de nuestra ineludible finalidad. Mas renovando un concepto pagano, Thanatos no se presenta como en la visin catlica, armado de su guadaa, larva o esqueleto, de la medioeval reina de la peste y emperatriz de la guerra; antes bien surge bella, casi atrayente, sin rostro angustioso, sonriente, pura, casta, y con el amor dormido a sus pies. Y, bajo un principio pnico, exalto la unidad del universo, en la ilusoria Isla de Oro, ante la vasta mar. Pues como dice el divino visionario Juan: Hay tres cosas que dan testimonio en la tierra: el espritu, el agua y la sangre; y estos tres no son ms que uno. (Ep. B. Joannis. Apost. V, 8.; Et tres sunt, qui testimonium dan in terra: spiritus, et agua, et sanguis: et hic tres unum sunt). En _El poeta pregunta por Stella_, el poeta rememora a un anglico sr desaparecido, a una hermana de las liliales mujeres de Poe, que ha ascendido al cielo cristiano. Luego leeris un prlogo lrico, que se me antoj llamar prtico, escrito hace largos aos en alabanza del muy buen poeta, del vibrante, sonoro y copioso Salvador Rueda, gloria y decoro de las Andalucas. Y como en ese tiempo visitase yo la que es llamada harto popularmente tierra de Mara Santsima, no dej de pagar tributo, contagiado de la alegra de las castauelas, panderos y guitarras, a aquella encantada regin solar. Y escrib, entre otras cosas, el _Elogio de la seguidilla_. En Buenos Aires, e iniciado en los secretos wagnerianos por un msico y escritor belga, M. Charles del Gouffre, rim el soneto de _El Cisne_--ave eternal!--que concluye: Oh, Cisne! Oh, sacro pjaro! Si antes la blanca Helena del huevo azul de Leda brot de gracia llena, siendo de la hermosura la princesa inmortal, bajo tus blancas alas la nueva Poesa, concibe en una gloria de luz y de armona la Helena eterna y pura que encarna el ideal. _La pgina blanca_ es como un sueo cuyas visiones simbolizaran las bregas, las angustias, las penalidades del existir, la fatalidad genial, las esperanzas y los desengaos, y el irremisible eplogo de la sombra eterna, del desconocido ms all. Ay, nada ha amargado ms las horas de meditacin de mi vida que la certeza tenebrosa del fin; y cuntas veces me he refugiado en algn paraso artificial, posedo del horror fatdico de la muerte! _Ao nuevo_ es una decoracin sideral, animada, se dira, de un teolgico aliento. La _Sinfona en gris mayor_ trae necesariamente el recuerdo del mgico Tho, del exquisito Gautier y su _Symphonie en blanc majeur_. La ma es anotada d'aprs nature, bajo el sol de mi patria tropical. Yo he visto esas aguas en estagnacin, las costas como candentes, los viejos lobos de mar que iban a cargar en goletas y bergantines maderas de tinte, y que partan a velas desplegadas, con rumbo a Europa. Bebedores taciturnos, o risueos cantaban en los crepsculos, a la popa de sus barcos, acompandose con sus acordeones cantos de Normanda o de Bretaa, mientras exhalaban los bosques y los esteros cercanos rodeados de manglares, bocanadas clidas y relentes paldicos. En _Epitalamio brbaro_ se testifica en la lira el triunfo amoroso de un grande apolonida. El _Responso_ a Verlaine prueba mi admiracin y fervor cordial por el Pauvre Lelian, a quien conoc en Pars en das de su triste y entristecedora bohemia; y hago ver las dos faces de su alma pnica, la que da a la carne y la que da al espritu; la que da a las leyes de la humana naturaleza y la que da a Dios y a los misterios catlicos, paralelamente. En el _Canto de la sangre_ hay una sucesin de correspondencias y equivalencias simblicas, bajo el enigma del licor sagrado que mantiene la vitalidad en nuestro cuerpo moral. La siguiente parte del volumen, _Recreaciones arqueolgicas_ indica por su ttulo el contenido. Son ecos y maneras de pocas pasadas, y una demostracin, para los desconcertados y engaados contrarios, de que, para realizar la obra de reforma y de modernidad que emprendiera, he necesitado anteriores estudios de clsicos y primitivos. As en _Friso_ recurro al elegante verso libre, cuya ltima realizacin plausible en Espaa es la clebre _Epstola a Horacio_, de D. Marcelino Menndez y Pelayo. Hay ms arquitectura y escultura que msica; ms cincel que cuerda o flauta. Lo propio en _Palimsesto_, en donde el ritmo se acerca a la repercusin de los nmeros latinos. En _El reino interior_ se siente la influencia de la poesa inglesa, de Dante Gabriel Rosetti, y de algunos de los corifeos del simbolismo francs, (Por Dios! Si he querido en un verso hasta aludir al _Glosario_ de Powell...) _Cosas del Cid_ encierra una leyenda que narra en prosa Barbey d'Aurevilly y que, en verso, he continuado. _Decires, leyes y canciones_ renuevan antiguas formas pomicas y estrficas; y as expreso amores nuevos con versos compuestos y arreglados a la manera de Johan de Duenyas, de Johan de Torres, de Valtierra, de Santa Fe, con inusitados y sugerentes escogimientos verbales y rtmicas combinaciones que dan un gracioso y eufnico resultado, y con el aditamento de finidas y tornadas. Y, para concluir, en la serie de sonetos que tiene por ttulo _Las nforas de Epicuro_--con una _Marina_ intercalada--hay una como exposicin de ideas filosficas; en _La espiga_, la concentracin de un ideal religioso a travs de la naturaleza; en _La fuente_, el autoconocimiento y la exaltacin de la personalidad; en _Palabras de la Satiresa_, la conjuncin de las exaltaciones pnica y apolnea--que ya Moras, segn lo hace saber un censor ms que listo, haba preconizado, y tanto mejor!--; en _La anciana_, una alegrica afirmacin de supervivencia; en _Ama tu ritmo_..., otra vez la exposicin de la potencia ntima individual; en _A los poetas risueos_, un gozo amable, un mpetu que lleva a la claridad alegre y reconfortante, con el exultorio de los cantores de la dicha; en _La hoja de oro_, el arcano de tristezas autumnales; en _Marina_, una amarga y verdadera pgina de mi vivir; en _Syrinx_ (pues el soneto que aparece en otras ediciones con el ttulo _Dafne_, por equivocacin, debe llevar el de _Syrinx_) paganizo al cantar la concrecin espiritual de la metamorfosis; _La gitanilla_ es una rimada ancdota. Loo despus a un antiguo y sabroso citareda de Espaa; lanzo una voz de aliento y de nimo; indico mis sueos. Y tal es ese libro, que amo intensamente y con delicadeza, no tanto como obra propia, sino porque a su aparicin se anim en nuestro Continente toda una cordillera de poesa poblada de magnficos y jvenes espritus. Y nuestra alba se reflej en el viejo solar. CANTOS DE VIDA :: Y ESPERANZA :: [Ilustracin] CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA Si _Azul_... simboliza el comienzo de mi primavera, y _Prosas profanas_ mi primavera plena, _Cantos de Vida y Esperanza_ encierra las esencias y savias de mi otoo. He ledo, no recuerdo ya de quin, el elogio del otoo; mas, quin mejor que Hugo lo ha hecho con el encanto profundo de su selva lrica? La autumnal es la estacin reflexiva. La naturaleza comunica su filosofa sin palabras, con sus hojas plidas, sus cielos taciturnos, sus opacidades melanclicas. El ensueo se impregna de reflexin. El recuerdo ilumina con su interior luz apacible los ms amables secretos de nuestra memoria. Respiramos, como a travs de un aire mgico, el perfume de las antiguas rosas. La ilusin existe, mas su sonrisa es discreta. Adquiere el amor mismo cierta dulce gravedad. Esto no lo comprendieron muchos, que al aparecer _Cantos_ _de Vida y Esperanza_ echaron de menos el tono matinal de _Azul_... y la princesa que estaba triste en _Prosas profanas_, y los caprichos siglo XVIII, mis queridas y gentiles versalleras, los madrigales galantes y preciosos y todo lo que, en su tiempo, sirvi para renovar el gusto y la forma y el vocabulario, en nuestra poesa encajonada en lo pedaggico-clsico, anquisolada de siglo-de-oro, o apegada, cuando ms, a las frmulas prosaico-filosficas o baritonantes y campanudas de maestros, aunque ilustres, limitados. Apenas Bcquer haba trado su meloda a la germnica, aunque el gran Zorrilla imperase, Cid del Parnaso castellano, con su virtuosidad genial y castiza. Al escribir _Cantos de Vida y Esperanza_ yo haba explorado no solamente el campo de poticas extranjeras, sino tambin los cancioneros antiguos, la obra ya completa, ya fragmentaria de los primitivos de la poesa espaola, en los cuales encontr riqueza de expresin y de gracia que en vano se buscarn en harto celebrados autores de siglas ms cercanos. A todo esto agregad un espritu de modernidad con el cual me compenetraba en mis incursiones poliglticas y cosmopolitas. En unas palabras liminares y en la introduccin en endecaslabos se explica la ndole del nuevo libro. La historia de una juventud llena de tristezas y de desilusin, a pesar de las primaverales sonrisas; la lucha por la existencia, desde el comienzo, sin apoyo familiar, ni ayuda de mano amiga; la sagrada y terrible fiebre de la lira; el culto del entusiasmo y de la sinceridad, contra las aagazas y traiciones del mundo, del demonio y de la carne; el poder dominante e invencible de los sentidos, en una idiosincrasia calentada a sol de trpico en sangre mezclada de espaol y chorotega o nagrandano; la simiente del catolicismo contrapuesta a un tempestuoso instinto pagano; complicado con la necesidad psicofisiolgica de estimulantes modificadores del pensamiento, peligrosos combustibles, suprimidores de perspectivas afligentes, pero que ponen en riesgo la mquina cerebral y la vibrante tnica de los nervios. Mi optimismo se sobrepuso. Espaol de Amrica y americano de Espaa, cant, eligiendo como instrumento al hexmetro griego y latino, mi confianza y mi fe en el renacimiento de la vieja Hispania, en el propio solar y del otro lado del Ocano, en el coro de naciones que hacen contrapeso en la balanza sentimental a la fuerte y osada raza del norte. Eleg el hexmetro por ser de tradicin greco-latina y porque yo creo, despus de haber estudiado el asunto, que en nuestro idioma, malgr la opinin de tantos catedrticos, hay slabas largas y breves, y que lo que ha faltado es un anlisis ms hondo y musical de nuestra prosodia. Un buen lector hace advertir en seguida los correspondientes valores; y lo que han hecho Voss y otros en alemn, Longfellow y tantos en ingls, Carducci, D'Annunzio y otros en Italia, Villegas, el P. Martn y Eusebio Caro el colombiano, y todos los que cita Eugenio Mele en su trabajo sobre la _Poesa brbara en Espaa_, bien podamos continuarlo otros, aristocratizando as nuevos pensares. Y bella y prcticamente lo ha demostrado despus un poeta del valer de Marquina. Flexibilizado nuestro alejandrino, con la aplicacin de los aportes que al francs trajeran Hugo, Banville y luego Verlaine y los simbolistas, su cultivo se propag--quiz en demasa--en Espaa y Amrica. Hay que advertir que los portugueses tenan ya tales reformas. Hay, como he dicho, mucho hispanismo en este libro mo; ya haga su salutacin el optimista, ya me dirija al rey Oscar de Suecia, o celebre la aparicin de Cyrano en Espaa, o me dirija al presidente Roosevelt, o celebre al Cisne, o evoque annimas figuras de pasadas centurias, o haga hablar a D. Diego de Silva Velzquez y a D. Luis de Argote y Gngora, o loe a Cervantes, o a Goya, o escriba la Letana de Nuestro Seor Don Quijote. Hispania por siempre! Yo haba vivido ya algn tiempo y haban revivido en m alientos ancestrales. El ttulo--_Cantos de Vida y Esperanza_--, si corresponde en gran parte a lo contenido en el volumen, no se compadece con algunas notas de desaliento, de duda, o de temor a lo desconocido, al ms all. En _Los tres reyes magos_ se afianza mi desmo absoluto. En la _Salutacin a Leonardo_--escrita en versos libres franceses y publicada haca tiempo en el _Almanaque de Peuser_ de Buenos Aires--hay juegos y enigmas de arte, que exigen para su comprensin, naturalmente, ciertas iniciaciones. En _Pegaso_ se proclama el valor de la energa espiritual, de la voluntad de creacin. En _A Roosevelt_ se preconizaba la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas imperialistas de los hombres del Norte; en la poesa siguiente se considera la poesa como un especial don divino y se seala el faro de la esperanza ante las amenazas de la baja democracia y de la aterrizadora igualdad; en _Canto de Esperanza_ vuelvo mis ojos al inmenso resplandor de la figura de Cristo, y grito por su retorno, como salvacin ante los desastres de la tierra envenenada por las pasiones de los hombres; y, ms adelante, de nuevo hago vislumbrar a los meditabundos pensadores, a los poetas que sufren la transfiguracin y la final victoria. _Helios_ proclama el idealismo y siempre la omnipotencia infinita; _Spes_ asciende a Jess, a quien se pide contra el saudo infierno una gracia lustral de iras y lujurias; la _Marcha triunfal_ es un triunfo de decoracin y de msica. Hay una parte titulada _Los cisnes_. El amor a esta bella ave simblica desde antiguo: _ignem perosus, Qu colat, elegit contraria flumina flammis..._ ha hecho que tanto a m como al espaol Marquina nos haya censurado un crtico hispanoamericano, anteponiendo al ave blanca de Leda el ave sombra, aunque minervina: el buho. De cierto, juzgo en su metamorfosis ms satisfecho al hijo de Sthenelea que a Asclafo. Y con todo, en varias partes afirmo la sabidura del buho. Por el smbolo csnico torno a ver lucir la esperanza para la raza solar nuestra; elogio al pensador augurando el triunfo de la Cruz; me estremezco ante el eterno amor. En _Retrato_, presento en lienzos evocatorios pasadas figuras de la grandeza y del carcter hispnicos: cuatro caballeros y una abadesa. Luego ritmo al influjo primaveral, en un romance cuyo comps corto de pronto. En _La dulzura del Angelus_ hay como un mstico ensueo, y presento como verdadero refugio la creencia en la Divinidad y la purificacin del alma y hasta de la naturaleza por la ntima gracia de la plegaria. _Tarde del trpico_ fu escrita hace mucho tiempo, cuando por la primera vez sent bajo mis pies las vastas aguas ocenicas, en mi viaje a Chile. Era para m entonces todo en la poesa el semidis Hugo. Los _Nocturnos_, en cambio, dicen una cultura posterior; ya han ungido mi espritu los grandes humanos, y as exteriorizo en versos transparentes, sencillos y musicales, de msica interior, los secretos de mi combatida existencia, los golpes de la fatalidad, las inevitables disposiciones del destino. Quiz hay demasiada desesperanza en algunas partes; no debe culparse sino a los marcados instantes en que una mano de tiniebla hace vibrar mayormente el cordaje martirizador de nuestros nervios. Y las verdades de mi vida: un vasto dolor y cuidados pequeos; el viaje a un vago Oriente por entrevistos barcos; el grano de oraciones que floreci en blasfemia; los azoramientos del cisne entre los charcos; el falso azul nocturno de inquerida bohemia... S, ms de una vez pens en que pude ser feliz, si no se hubiera opuesto el rudo destino. La oracin me ha salvado siempre, la fe; pero hame atacado tambin la fuerza maligna poniendo en mi entendimiento horas de duda y de ira. Mas, no han padecido mayores agresiones los ms grandes santos? He cruzado por lodazales. Puedo decir, como el vigoroso mejicano: Hay plumajes que cruzan el pantano, y no se manchan: mi plumaje es de esos. En cuanto a la bohemia inquerida, habra yo gastado tantas horas de mi vida en agitadas noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los alcoholes, en el desgaste de una juventud demasiado robusta, si la fortuna me hubiera sonredo y si el capricho y el triste error ajenos no me hubiesen impedido, despus de una crueldad de la muerte, la formacin de un hogar...? Esperanza olorosa a yerbas frescas, trino del ruiseor primaveral y matinal, azucena tronchada por un fatal destino, rebusca de la dicha, persecucin del mal... Y gracias sean dadas a la suprema Razn, si puedo clamar con el verso de la obertura de este libro: Si no ca fu porque Dios es bueno! En la _Cancin de Otoo en Primavera_ digo adis a los aos floridos, en una melanclica sonata, que, si se insiste en parangonar, tendra su meloda algo como un sentimental eco mussetiano. Es de todas mis poesas la que ms suaves y fraternos corazones ha conquistado. En _Trbol_ hay homenaje a glorias espaolas; en _Charitas_ una aspiracin teologal incensa la ms sublime de las virtudes. En los siguientes versos: Oh, terremoto mental! pasa la amenaza de las potencias malficas; y ms adelante se seala el peligro de la eterna enemiga, de la hermosa Varona que nos ofrece siempre la manzana... En _Filosofa_ se comprende la justeza de la obra natural y de la divina razn, contra las feas y dainas apariencias; en _Leda_ se vuelve a cantar la gloria del Cisne en _Divina Psiquis_... se tiende, en el torbellino lrico, al ltimo consuelo, al consuelo cristiano. _El soneto de trece versos_; cuyo sentido incomprendido ha hecho balbucir juicios distantes a ms de un crtico de poca malicia, es un juego a lo Mallarm, de sugestin y fantasa. Los versos que van a continuacin elevan a la idealidad y alivian del peso a las miserias morales. Despus vendr un paternal recuerdo, un himno al encanto misterioso femenino, una loor al Gran Manco, un madrigal ocasional, un canto a la siempre para m atrayente Thalassa, una meditacin filosfica, seguida de otras; una silueta bblica; alegoras y smbolos. Un soneto hay que tiene una dolorosa historia: _Melancola_. Est dedicado a un pobre pintor venezolano que tena el apellido del Libertador. Era un hombre doloroso, posedo de su arte, pero mayormente de su desesperanza. Le conoc en Pars; fuimos ntimos, me mostr las heridas de su alma. Yo procur alentarle. Pasado un corto tiempo parti para los Estados Unidos. Y no tard en saber que en Nueva York, en el lmite de sus amarguras, se haba suicidado. _Aleluya_ exalta el don de la alegra en el universo y en el amor humano. _De Otoo_ explica la diferencia entre los mayos y diciembres espirituales; en el poema _A Goya_ me inclino ante el poder de aquel genial prncipe de luces y tinieblas; en _Caracol_ junto al misterio natural mi incgnito misterio; en _Amo, amas_, pongo el secreto del vivir en el sacro incendio universal amoroso; en el _Soneto autumnal al marqus de Bradomn_, al celebrar a un gran ingenio de las Espaas, exalto la aristocracia del pensamiento; en otro _Nocturno_ digo los sufrimientos de los invencibles insomnios cuando el nima tiembla y escucha; en _Urna votiva_ cumplo con la amistad; en _Programa matinal_ se expone un epicureismo todo potico; en _Ibis_ sealo el peligro de las ponzoosas relaciones; en _Thanatos_ me estremezco ante lo inevitable; _Ofrenda_ es una ligera y rtmica galantera banvillesca; en _Propsito primaveral_ de nuevo se presenta una copa llena de vino de las nforas de Epicuro. La _Letana de Nuestro Seor Don Quijote_ afirma otra vez mi arraigado idealismo, mi pasin por lo elevado y heroico. La figura del caballero simblico est coronada de luz y de tristeza. En el poema se intenta la sonrisa del humour--como un recuerdo de la portentosa creacin cervantina--, mas tras el sonreir est el rostro de la humana tortura ante las realidades que no tocan la complexin y el pellejo de Sancho. En _All lejos_ hay un rememorar de paisajes tropicales, un recuerdo de la ardiente tierra natal, y en _Lo fatal_, contra mi arraigada religiosidad y a pesar mo, se levanta como una sombra temerosa un fantasma de desolacin y de duda. Ciertamente, en m existe, desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupacin del fin de la existencia, el terror a lo ignorado, el pavor de la tumba, o, ms bien, del instante en que cesa el corazn su ininterrumpida tarea y la vida desaparece de nuestro cuerpo. En mi desolacin me he lanzado a Dios como a un refugio, me he asido de la plegaria como de un paracadas. Me he llenado de congoja cuando he examinado el fondo de mis creencias, y no he encontrado suficientemente maciza y fundamentada mi fe, cuando el conflicto de las ideas me ha hecho vacilar y me he sentido sin un constante y seguro apoyo. Todas las filosofas me han parecido impotentes, y algunas abominables y obra de locos y malhechores. En cambio, desde Marco Aurelio hasta Bergson, he saludado con gratitud a los que dan alas, tranquilidad, vuelos apacibles y ensean a comprender de la mejor manera posible el enigma de nuestra estancia sobre la tierra. Y el mrito principal de mi obra, si alguno tiene, es el de una gran sinceridad, el de haber puesto mi corazn al desnudo, el de haber abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior, para ensear a mis hermanos el habitculo de mis ms ntimas ideas y de mis ms caros ensueos. He sabido lo que son las crueldades y locuras de los hombres. He sido traicionado, pagado con ingratitudes, calumniado, desconocido en mis mejores intenciones por prjimos mal inspirados, atacado, vilipendiado. Y he sonredo con tristeza. Despus de todo, todo es nada, la gloria comprendida. Si es cierto que el busto sobrevive a la ciudad, no es menos cierto que lo infinito del tiempo y del espacio, el busto, como la ciudad, y, ay!, el planeta mismo, habrn de desaparecer ante la mirada de la nica Eternidad! [Ilustracin: ACABSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN MADRID, EN LA TIPOGRAFA YAGES EL DA XXIV DE ENERO DEL AO MCMXIX] End of the Project Gutenberg EBook of El Viaje a Nicaragua Historia de mis libros, by Rubn Daro License: Share Alike