Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries) Nota del Transcriptor: Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original. Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Pginas en blanco han sido eliminadas. Letras itlicas son denotadas con _lneas_. Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas) han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal. PROSAS PROFANAS Y OTROS POEMAS [Ilustracin] PROSAS PROFANAS POR RUBN DARIO ILUSTRACIONES DE ENRIQUE OCHOA Volumen II de las obras completas. Administracin: Editorial MUNDO LATINO MADRID. [Ilustracin] ES PROPIEDAD PALABRAS LIMINARES [Ilustracin] PALABRAS LIMINARES _DESPUS de_ Azul.. _despus de_ Los Raros, _voces insinuantes, buena y mala intencin, entusiasmo sonoro y envidia subterrnea--todo bella cosecha--, solicitaron lo que, en conciencia, no he credo fructuoso ni oportuno: un manifiesto_. _Ni fructuoso ni oportuno:_ a) _Por la absoluta falta de elevacin mental de la mayora pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui-ne-comprend-pas. Celui-qui-ne-comprend pas es, entre nosotros, profesor, acadmico correspondiente de la Real Academia Espaola, periodista, abogado, poeta, rastaquouer,_ b) _Porque la obra colectiva de los nuevos de Amrica es an vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo Arte a que se consagran._ c) _Porque proclamando, como proclamo, una esttica acrtica, la imposicin de un modelo o de un cdigo implicara una contradiccin._ _Yo no tengo literatura "ma"--como lo ha manifestado una magistral autoridad--, para marcar el rumbo de los dems: mi literatura es ma en m--; quien siga servilmente mis huellas perder su tesoro personal y, paje o esclavo, no podr ocultar sello o librea. Wagner a Augusta Holms, su discpula, dijo un da: "lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a m". Gran decir._ [Ilustracin] _Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antfonas, mis secuencias, mis profanas prosas--. Tiempo y menos fatigas de alma y corazn me han hecho falta, para, como un buen monje artfice, hacer mis maysculas dignas de cada pgina del breviario. (A travs de los fuegos divinos de las vidrieras historiadas, me ro del viento que sopla afuera, del mal que pasa.) Tocad, campanas de oro, campanas de plata, tocad todos los das llamndome a la fiesta en que brillan los ojos de fuego, y las rosas de las bocas sangran delicias nicas. Mi rgano es un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla._ _Hombre soy._ [Ilustracin] _Hay en mi sangre alguna gota de sangre de frica, o de indio chorotega o nagrandano? Pudiera ser, a despecho de mis manos de marqus; mas he aqu que veris en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de pases lejanos o imposibles; qu queris! yo detesto la vida y el tiempo en que me toc nacer; y a un presidente de Repblica no podr saludarle en el idioma en que te cantara a ti, oh, Halagabal! de cuya corte--oro, seda, mrmol--me acuerdo en sueos..._ (_Si hay poesa en nuestra Amrica, ella est en las cosas viejas: en Palenke y Utatln, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo dems es tuyo, demcrata Walt Whitman._) _Buenos Aires; Cosmpolis._ _Y maana!_ [Ilustracin] _El abuelo espaol de barba blanca me seala una serie de retratos ilustres: "Este, me dice, es el gran don Miguel de Cervantes Saavedra, genio y manco; ste es Lope de Vega, ste Garcilaso, ste Quintana." Yo le pregunto por el noble Gracin, por Teresa la Santa, por el bravo Gngora y el ms fuerte de todos, don Francisco de Quevedo y Villegas. Despus exclamo: Shakespeare! Dante! Hugo...! (Y en mi interior: Verlaine...!)_ _Luego al despedirme--: "Abuelo, preciso es decroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida, de Pars."_ [Ilustracin] _Y la cuestin mtrica? Y el ritmo?_ _Como cada palabra tiene una alma, hay en cada verso, adems de la armona verbal, una meloda ideal. La msica es slo de la idea, muchas veces._ [Ilustracin] _La gritera de trescientas ocas no te impedir, silvano, tocar tu encantadora flauta, con tal de que tu amigo el ruiseor est contento de tu meloda. Cuando l no est para escucharte, cierra los ojos y toca para los habitantes de tu reino interior. Oh, pueblo de desnudas ninfas, de rosadas reinas, de amorosas diosas!_ _Cae a tus pies una rosa, otra rosa, otra rosa. Y besos!_ [Ilustracin] _Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te d un hijo, queden las otras ocho en cinta._ R. D. [Ilustracin] [Ilustracin] PROSAS PROFANAS [Ilustracin] ERA UN AIRE SUAVE... ERA un aire suave, de pausados giros; El hada Harmona ritmaba sus vuelos; E iban frases vagas y tenues suspiros Entre los sollozos de los violoncelos. Sobre la terraza, junto a los ramajes, Dirase un trmolo de liras eolias Cuando acariciaban los sedosos trajes, Sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias. La marquesa Eulalia risas y desvos Daba a un tiempo mismo para dos rivales: El vizconde rubio de los desafos Y el abate joven de los madrigales. Cerca, coronado con hojas de via, Rea en su mscara Trmino barbudo, Y, como un efebo que fuese una nia, Mostraba una Diana su mrmol desnudo. Y bajo un boscaje del amor palestra, Sobre rico zcalo al modo de Jonia, Con un candelabro prendido en la diestra Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia. La orquesta perlaba sus mgicas notas; Un coro de sones alados se oa; Galantes pavanas fugaces gavotas, Cantaban los dulces violines de Hungra. Al oir las quejas de sus caballeros Re, re, re, la divina Eulalia, Pues son su tesoro las flechas de Eros, El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia. Ay de quien sus mieles y frases recoja! Ay de quien del canto de su amor se fe! Con sus ojos lindos y su boca roja, La divina Eulalia, re, re, re. Tiene azules ojos, es maligna y bella; Cuando mira vierte viva luz extraa; Se asoma a sus hmedas pupilas de estrella El alma del rubio cristal de Champaa. Es noche de fiesta, y el baile de trajes Ostenta su gloria de triunfos mundanos. La divina Eulalia, vestida de encajes, Una flor destroza con sus tersas manos. El teclado armnico de su risa fina A la alegre msica de un pjaro iguala. Con los staccati de una bailarina Y las locas fugas de una colegiala. Amoroso pjaro que trinos exhala Bajo el ala a veces ocultando el pico; Que desdenes rudos lanza bajo el ala, Bajo el ala aleve del leve abanico! Cuando a media noche sus notas arranque Y en arpegios ureos gima Filomela, Y el ebrneo cisne, sobre el quieto estanque, Como blanca gndola imprima su estela, La marquesa alegre llegar al boscaje, Boscaje que cubre la amable glorieta Donde han de estrecharla los brazos de un paje, que siendo su paje ser su poeta. Al comps de un canto de artista de Italia Que en la brisa errante la orquesta desle, Junto a los rivales, la divina Eulalia, La divina Eulalia, re, re, re. Fu acaso en el tiempo del rey Luis de Francia, Sol con corte de astros, en campos de azur, Cuando los alczares llen de fragancia La regia y pomposa rosa Pompadour? Fu cuando la bella su falda coga Con dedos de ninfa, bailando el minu, Y de los compases el ritmo segua Sobre el tacn rojo, lindo y leve el pie? O cuando pastoras de floridos valles Ornaban con cintas sus albos corderos, Y oan, divinas Tirsis de Versalles, Las declaraciones de sus caballeros? Fu en ese buen tiempo de duques pastores, De amantes princesas y tiernos galanes, Cuando entre sonrisas y perlas y flores Iban las casacas de los chambelanes? Fu acaso en el Norte o en el Medioda? Yo el tiempo y el da y el pas ignoro; Pero s que Eulalia re todava, Y es cruel y eterna su risa de oro! 1893. [Ilustracin] [Ilustracin] DIVAGACIN VIENES? me llega aqu, pues que suspiras, Un soplo de las mgicas fragancias Que hicieran los delirios de las liras En las Grecias, las Romas y las Francias. Suspira as! Revuelen las abejas Al olor de la olmpica ambrosa, En los perfumes que en el aire dejas; Y el dios de piedra se despierte y ra. Y el dios de piedra se despierte y cante La gloria de los tirsos florecientes En el gesto ritual de la bacante De rojos labios y nevados dientes; En el gesto ritual que en las hermosas Ninfalias gua a la divina hoguera, Hoguera que hace llamear las rosas En las manchadas pieles de pantera. Y pues amas reir, re, y la brisa Lleve el son de los lricos cristales De tu reir, y haga temblar la risa La barba de los Trminos joviales. Mira hacia el lado del boscaje, mira Blanquear el muslo de marfil de Diana, Y despus de la Virgen, la Hetaira Diosa, su blanca, rosa y rubia hermana. Pasa en busca de Adonis; sus aromas Deleitan a las rosas y los nardos; Sguela una pareja de palomas Y hay tras ella una fuga de leopardos. [Ilustracin] Te gusta amar en griego? Yo las fiestas Galantes busco, en donde se recuerde, Al suave sn de rtmicas orquestas, La tierra de la luz y el mirlo verde. (Los abates refieren aventuras A las rubias marquesas. Soolientos Filsofos defienden las ternuras Del amor, con sutiles argumentos, Mientras que surge de la verde grama, En la mano el acanto de Corinto, Una ninfa a quien puso un epigrama Beaumarchais, sobre el mrmol de su plinto. Amo ms que la Grecia de los griegos La Grecia de la Francia, porque en Francia, Al eco de las Risas y los Juegos, Su ms dulce licor Venus escancia. Demuestran ms encantos y perfidias Coronadas de flores y desnudas, Las diosas de Clodin que las de Fidias; Unas cantan francs, otras son mudas. Verlaine es ms que Scrates; y Arsenio Houssaye supera al viejo Anacreonte. En Pars reinan el Amor y el Genio. Ha perdido su imperio el dios bifronte. Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada. Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes, Donde el amor de mi madrina, un hada, Tus frescos labios a los mos juntes.) Sones de bandoln. El rojo vino Conduce un paje rojo. Amas los sones Del bandoln, y un amor florentino? Sers la reina en los decamerones. (Un coro de poetas y pintores Cuenta historias picantes. Con maligna Sonrisa alegre aprueban los seores. Clelia enrojece, una duea se signa.) O un amor alemn?--que no han sentido Jams los alemanes--: la celeste Gretchen; claro de luna; el aria; el nido Del ruiseor; y en una roca agreste, La luz de nieve que del cielo llega Y baa a una hermosura que suspira La queja vaga que a la noche entrega Loreley en la lengua de la lira. Y sobre el agua azul el caballero Lohengrn; y su cisne, cual si fuese Un cincelado tmpano viajero, Con su cuello enarcado en forma de S. Y del divino Enrique Heine un canto, A la orilla del Rhin; y del divino Wolfgang la larga cabellera, el manto; Y de la uva teutona el blanco vino. O amor lleno de sol, amor de Espaa, Amor lleno de prpuras y oros; Amor que da el clavel, la flor extraa Regada con la sangre de los toros; Flor de gitanas, flor que amor recela Amor de sangre y luz, pasiones locas; Flor que trasciende a clavo y a canela, Roja cual las heridas y las bocas. [Ilustracin] Los amores exticos acaso...? Como rosa de Oriente me fascinas: Me deleitan la seda, el oro, el raso. Gautier adoraba a las princesas chinas. Oh, bello amor de mil genuflexiones; Torres de kaoln, pies imposibles, Tazas de t, tortugas y dragones, Y verdes arrozales apacibles! mame en chino, en el sonoro chino De Li-Tai-Pe. Yo igualar a los sabios Poetas que interpretan el destino; Madrigalizar junto a tus labios. Dir que eres ms bella que la luna; Que el tesoro del cielo es menos rico Que el tesoro que vela la importuna Caricia de Marfil de tu abanico. [Ilustracin] mame, japonesa, japonesa Antigua, que no sepa de naciones Occidentales; tal una princesa Con las pupilas llenas de visiones, Que an ignorase en la sagrada Kioto, En su labrado camarn de plata, Ornado al par de crisantemo y loto, La civilizacin de Yamagata. O con amor hind que alza sus llamas En la visin suprema de los mitos, Y hace temblar en misteriosas bramas La iniciacin de los sagrados ritos, En tanto mueven tigres y panteras Sus hierros, y en los fuertes elefantes Suean con ideales bayaderas Los rajahs, constelados de brillantes. O negra, negra como la que canta En su Jerusalem el rey hermoso, Negra que haga brotar bajo su planta La rosa y la cicuta del reposo... Amor, en fin, que todo diga y cante, Amor que encante y deje sorprendida A la serpiente de ojos de diamante Que est enroscada al rbol de la vida. Amame as, fatal cosmopolita, Universal, inmensa, nica, sola y todas; misteriosa y erudita: Amame mar y nube, espuma y ola. S mi reina de Saba, mi tesoro; Descansa en mis palacios solitarios. Duerme. Yo encender los incensarios. Y junto a mi unicornio cuerno de oro, Tendrn rosas y miel tus dromedarios. Tigre Hotel, Diciembre 1894. [Ilustracin] [Ilustracin] SONATINA LA princesa est triste... qu tendr la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa est plida en su silla de oro, Est mudo el teclado de su clave sonoro; Y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardn puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la duea dice cosas banales, Y vestido de rojo piruetea el bufn. La princesa no re, la princesa no siente; La princesa persigue por el cielo de Oriente La liblula vaga de una vaga ilusin. Piensa acaso en el prncipe de Golconda o de China, O en el que ha detenido su carroza argentina Para ver de sus ojos la dulzura de luz, O en el rey de las Islas de las rosas fragantes, O en el que es soberano de los claros diamantes, O en el dueo orgulloso de las perlas de Ormuz? Ay! la pobre princesa de la boca de rosa, Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa. Tener alas ligeras, bajo el cielo volar, Ir al sol por la escala luminosa de un rayo, Saludar a los lirios con los versos de Mayo, O perderse en el viento sobre el trueno del mar. Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, Ni el halcn encantado, ni el bufn escarlata, Ni los cisnes unnimes en el lago de azur. Y estn tristes las flores por la flor de la corte; Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, De Occidente las dalias y las rosas del Sur. Pobrecita princesa de los ojos azules! Est presa en sus oros, est presa en sus tules, En la jaula de mrmol del palacio real; El palacio soberbio que vigilan los guardas, Que custodian cien negros con sus cien alabardas, Un lebrel que no duerme y un dragn colosal. Oh, quin fuera hipsipila que dej la crislida! (La princesa est triste. La princesa est plida) Oh, visin adorada de oro, rosa y marfil! Quien volara a la tierra donde un prncipe existe (La princesa est plida. La princesa est triste) Ms brillante que el alba, ms hermoso que Abril! Calla, calla, princesa,--dice el hada madrina-- En caballo con alas, hacia ac se encamina, En el cinto la espada y en la mano el azor, El feliz caballero que te adora sin verte, Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, A encenderte los labios con su beso de amor! [Ilustracin] [Ilustracin] BLASN [Ilustracin] BLASN _Para la condesa de Peralta._ EL olmpico cisne de nieve Con el gata rosa del pico Lustra el ala eucarstica y breve que abre al sol como un casto abanico. En la forma de un brazo de lira Y del asa de un nfora griega Es su cndido cuello, que inspira Como prora ideal que navega. Es el cisne, de estirpe sagrada, Cuyo beso, por campos de seda, Ascendi hasta la cima rosada De las dulces colinas de Leda. Blanco rey de la fuente Castalia Su victoria ilumina el Danubio; Vinci fu su barn en Italia; Lohengrn es su prncipe rubio. Su blancura es hermana del lino, Del botn de los blancos rosales Y del albo toisn diamantino De los tiernos corderos pascuales. Rimador de ideal florilegio Es de armio su lrico manto, Y es el mgico pjaro regio Que al morir rima el alma en un canto. El alado aristcrata muestra Lises albos en campo de azur, Y ha sentido en sus plumas la diestra De la amable y gentil Pompadour. Boga y boga en el lago sonoro Donde el sueo a los tristes espera, Donde aguarda una gndola de oro A la novia de Luis de Baviera. Dad, Condesa, a los cisnes cario, Dioses son de un pas halageo, Y hechos son de perfume, de armio, De luz alba, de seda y de sueo. [Ilustracin] [Ilustracin] DEL CAMPO Pradera, feliz da! Del regio Buenos Aires Quedaron all lejos el fuego y el hervor; Hoy en tu verde triunfo tendrn mis sueos vida, Respirar tu aliento, me baar en tu sol. Muy buenos das, huerto. Saludo la frescura Que brota de las ramas de tu durazno en flor; Formada de rosales tu calle de Florida Mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport. Un pjaro poeta, rumia en su buche versos; Chismoso y petulante, charlando va un gorrin; Las plantas trepadoras conversan de poltica; Las rosas y los lirios, del arte y del amor. Rigiendo su cuadriga de mgicas liblulas, De sueos millonarios, pasa el travieso Puck; Y, esplndida sportwoman, en su celeste carro, La emperatriz Titania seguida de Obern. De noche, cuando muestra su medio anillo de oro, Bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot, Es una fiesta plida la que en el huerto reina, Toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol. Curiosas las violetas a su balcn se asoman. Y una suspira: lstima que falte el ruiseor! Los silfos acompasan la danza de las brisas En un walpurgis vago de aroma y de visin. De pronto se oye el eco del grito de la pampa; Brilla como una puesta del argentino sol; Y un espectral jinete, como una sombra cruza, Sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor. --Quin eres, solitario viajero de la noche? --Yo soy la Poesa que un tiempo aqu rein: Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre, De nuestra vieja patria llevando el corazn! [Ilustracin] [Ilustracin] ALABA LOS OJOS NEGROS DE JULIA EVA era rubia? No. Con negros ojos Vi la manzana del jardn: con labios Rojos prob su miel; con labios rojos Que saben hoy ms ciencia que los sabios. Venus tuvo el azur en sus pupilas Pero su hijo no. Negros y fieros Encienden a las trtolas tranquilas Los dos ojos de Eros. Los ojos de las reinas fabulosas, De las reinas magnficas y fuertes, Tenan las pupilas tenebrosas Que daban los amores y las muertes. Pentensilea, reina de amazonas, Judith, espada y fuerza de Betulia, Cleopatra, encantadora de coronas, La luz tuvieron de tus ojos, Julia. La negra, que es ms luz que la luz blanca Del sol, y las azules de los cielos. Luz que el ms rojo resplandor arranca Al diamante terrible de los celos. Luz negra, luz divina, luz que alegra La luz meridional, luz de las nias, De las grandes ojeras, oh, luz negra Que hace cantar a Pan bajo las vias! [Ilustracin] [Ilustracin] CANCIN DE CARNAVAL _Le carnaval s'amuse! Viens le chanter, ma Muse..._ BANVILLE. MUSA, la mscara apresta, Ensaya un aire jovial Y goza y re en la fiesta Del carnaval. Re en la danza que gira, Muestra la pierna rosada, Y suene, como una lira, Tu carcajada. Para volar ms ligera Ponte dos hojas de rosa, Como hace tu compaera La mariposa. Y que en tu boca risuea, Que se une al alegre coro, Deje la abeja postea Su miel de oro. Unete a la mascarada, Y mientras muequea un clown Con la faz pintarrajeada Como Frank Brown; Mientras Arlequn revela Que al prisma sus tintes roba Y aparece Pulchinela Con su joroba, Di a Colombina la bella Lo que de ella pienso yo, Y descorcha una botella Para Pierrot. Que l te cuente cmo rima Sus amores con la luna Y te haga un poema en una Pantomima. Da al aire la serenata, Toca el uro bandoln, Lleva un ltigo de plata Para el _spleen_. S lrica y s bizarra; Con la ctara s griega; O gaucha, con la guitarra De santos Vega. Mueve tu esplndido torso Por las calles pintorescas Y juega y adorna el corso, Con rosas frescas. De perlas riega un tesoro De Andrade en el regio nido, Y en la hopalanda de Guido, Polvo de oro. Penas y duelos olvida, Canta deleites y amores; Busca la flor de las flores Por Florida. Con la armona le encantas De las rimas de cristal, Y deshojas a sus plantas, Un madrigal. Piruetea, baila, inspira Versos locos y joviales, Celebre la alegre lira Los carnavales. Sus gritos y sus canciones. Sus comparsas y sus trajes Sus perlas, tintes y encajes y pompones. Y lleve la rauda brisa, Sonora, argentina, fresca, La victoria de tu risa Funambulesca! [Ilustracin] PARA UNA CUBANA POESA dulce y mstica, Busca a la blanca cubana Que se asom a la ventana Como una visin artstica. Misteriosa y cabalstica, Puede dar celos a Diana, Con su faz de porcelana De una blancura eucarstica. Llena de un prestigio asitico, Roja, en el rostro enigmtico, Su boca prpura finge Y al sonreirse vi en ella El resplandor de una estrella Que fuese alma de una esfinge. [Ilustracin] PARA LA MISMA MIR al sentarme a la mesa, Baado en la luz del da, El retrato de Mara, La cubana-japonesa. El aire acaricia y besa, Como un amante lo hara, La orgullosa bizarra, De la cabellera espesa. Diera un tesoro el Mikado Por sentirse acariciado Por princesa tan gentil, Digna de que un gran pintor La pinte junto a una flor En un vaso de marfil. [Ilustracin] [Ilustracin] BOUQUET [Ilustracin] BOUQUET Un poeta egregio del pas de Francia, Que con versos ureos alab el amor, Form un ramo armnico, lleno de elegancia, En su _Sinfona en Blanco Mayor_. Yo por ti formara, Blanca deliciosa, El regalo lrico de un blanco _bouquet_, Con la blanca estrella, con la blanca rosa Que en los bellos parques del azul se ve. Hoy que t celebras tus bodas de nieve, (Tus bodas de virgen con el sueo son) Todas sus blancuras, Primavera, llueve Sobre la blancura de tu corazn. Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios. Cuellos de los cisnes, margarita en flor, Galas de la espuma, ceras de los cirios Y estrellas celestes tienen tu color. Yo al enviarte versos de mi vida arranco La flor que te ofrezco, blanco serafn: Mira cmo mancha tu corpio blanco La ms roja rosa que hay en mi jardn! [Ilustracin] [Ilustracin] EL FAISN DIJO sus secretos el faisn de oro:-- En el gabinete mi blanco tesoro, De sus claras risas el divino coro Las bellas figuras de los gobelinos, Los cristales llenos de aromados vinos, Las rosas francesas en los vasos chinos. (Las rosas francesas, porque fu all en Francia Donde en el retiro de la dulce estancia Esas frescas rosas dieron su fragancia.) La cena esperaba. Quitadas las vendas, Iban mil amores de flechas tremendas En aquella noche de Carnestolendas. La careta negra se quit la nia, y tras el preludio de una alegre ria Apur mi boca vino de su via Vino de la via de la boca loca, Que hace arder el beso, que el mordisco invoca. Oh los blancos dientes de la loca boca! En su boca ardiente yo beb los vinos, y pinzas rosadas, sus dedos divinos, Me dieron las fresas y los langostinos. Yo la vestimenta de Pierrot tena, Y aunque me alegraba y aunque me rea, Moraba en mi alma la melancola. La carnavalesca noche luminosa Di a mi triste espritu la mujer hermosa, Sus ojos de fuego, sus labios de rosa. Y en el gabinete del caf galante Ella se encontraba con su nuevo amante, Peregrino plido de un pas distante. Llegaban los ecos de vagos cantares; Y se despedan de sus azahares Miles de purezas en los bulevares. Y cuando el champaa me cant su canto, Por una ventana vi que un negro manto De nube, de Febo cubra el encanto. Y dije a la amada de un da:--No viste De pronto ponerse la noche tan triste? Acaso la Reina de luz ya no existe? Ella me miraba. Y el faisn cubierto de plumas de oro: --Pierrot! ten por cierto Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto! [Ilustracin] [Ilustracin] GARONNIERE _A. G. Grippa._ COMO era el instante, dgalo la musa Que las dichas trae, que las penas lleva: La tristeza pasa, velada y confusa; La alegra, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, De risas y versos, de placer sonoro; Era un inspirado cada caballero, De sueos azules y vino de oro. Un rubio deca frases sentenciosas: Negando y amando las musas eternas Un bruno deca versos como rosas, Dos sonantes rimas y palabras tiernas. Los tapices rojos, de doradas listas, Cubran panoplias de pinturas y armas, Que hablaban de bellas pasadas conquistas, Amantes coloquios y dulces alarmas. El verso de fuego de D'Anunzio era Como un son divino que en las saturnales Guiara las manchadas pieles de pantera. A fiestas soberbias y amores triunfales. E iban con manchadas pieles de pantera, Con tirsos de flores y copas paganas Las almas de aquellos jvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. Venus, la celeste reina que adivina En las almas vivas alegras francas Y que les confa, por gracia divina, Sus abejos de oro, sus palomas blancas. Y aquellos amantes de la eterna Dea, A la dulce msica de la regia rima, Oyen el mensaje de la vasta Idea Por el compaero que recita y mima. Y sobre sus frentes que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, Y llevan gozosos, stiro y centauro. La alegra noble del vino de oro. [Ilustracin] EL PAIS DEL SOL _Para una artista cubana._ JUNTO al negro palacio del rey de la isla de Hierro--(oh, cruel, horrible destierro!)--cmo es que t, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseores, tu formidable caja musical? No te entristece recordar la primavera en que oiste a un pjaro divino y tornasol en el pas del sol? En el jardn del rey de la isla de Oro--(oh, mi ensueo que adoro!)--fuera mejor que t, harmoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; t que naciste donde ms lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol, en el pas del sol! O en el alczar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la _Serenata_...) pudieras tambin, hermana harmoniosa, hacer que las msticas aves de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vrgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqus. La mejor plata se funde en un ardiente crisol, en el pas del sol! Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela--(resuena, lira, Cfiro, vuela)--y parte, harmoniosa hermana, a donde un prncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol, en el pas del sol. New-Yoy, 1893. [Ilustracin] [Ilustracin] MARGARITA _In memoriam..._ RECUERDAS que queras ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extrao rostro est, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volver. Tus labios escarlatas de prpura maldita Sorban el champaa del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita S... no... s... no... y sabas que te adoraba ya! Despus, oh flor de Histeria! llorabas y reas; Tus besos y tus lgrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mas. Y en una tarde triste de los ms dulces das, La Muerte, la celosa, por ver si me queras, Como a una margarita de amor, te deshoj! [Ilustracin] [Ilustracin] MA MA: as te llamas. Qu ms harmona? Ma: luz del da, Ma: rosas, llamas. Qu aroma derramas En el alma ma Si s que me amas, Oh Ma! oh Ma! Tu sexo fundiste Con mi sexo fuerte, Fundiendo dos bronces. Yo triste, tu triste... No has de ser entonces Ma hasta la muerte? [Ilustracin] DICE MIA MI pobre alma plida Era un crislida. Luego mariposa De color de rosa. Un cfiro inquieto Dijo mi secreto... --Has sabido tu secreto un da? Oh Ma! Tu secreto es una Meloda en un rayo de luna... --Una meloda? [Ilustracin] [Ilustracin] HERALDOS HELENA! La anuncia el blancor de un cisne. Makheda! La anuncia un pavo real. Ifigenia, Electra, Catalina! Anncialas un caballero con un hacha. Ruth, La, Enone! Anncialas un paje con un lirio. Yolanda! Annciala una paloma. Clorinda, Carolina! Anncialas un paje con un ramo de via. Sylvia! Annciala una corza blanca. Aurora, Isabel! Anncialas de pronto Un resplandor que ciega mis ojos. _Ella?_ (No la anuncian. No llega an.) [Ilustracin] ITE, MISSA EST _A. Reynaldo de Rafael._ YO adoro a una sonmbula con alma de Eloisa Virgen como la nieve y honda como la mar; Su espritu es la hostia de mi amorosa misa Y alzo al sn de una dulce lira crepuscular. Ojos de evocadora, gesto de profetisa, En ella hay la sagrada frecuencia del altar; Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa. Sus labios son los nicos labios para besar. Y he de besarla un da con rojo beso ardiente; Apoyada en mi brazo como convaleciente Me mirar asombrada con ntimo pavor; La enamorada esfinge quedar estupefacta, Apagar la llama de la vestal intacta Y la faunesa antigua me rugir de amor! [Ilustracin] COLOQUIO DE LOS CENTAUROS _A Paul Groussac._ [Ilustracin] COLOQUIO DE LOS CENTAUROS EN la isla en que detiene su esquife el argonauta Del inmortal Ensueo, donde la eterna pauta De las eternas liras se escucha--: Isla de oro En que el tritn elige su caracol sonoro Y la sirena blanca va a ver el sol--un da Se oye un tropel vibrante de fuerza y de armona. Son los Centauros. Cubren la llanura. Les siente La montaa. De lejos, forman sn de torrente Que cae; su galope al aire que reposa Despierta, y estremece la hoja del laurel-rosa. Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros Alegres y saltantes como jvenes potros; Unos con largas barbas como los padres-ros, Otros imberbes, giles y de piafantes bros, y de robustos msculos, brazos y lomos aptos Para portar las ninfas rosadas en los raptos. Van en galope rtmico. Junto a un fresco boscaje, Frente al gran Ocano, se paran. El paisaje Recibe de la urnal matinal luz sagrada Que el vasto azul suaviza con lmpida mirada. Y oyen seres terrestres y habitantes marinos La voz de los criados cuadrpedos divinos. QUIRN Calladas las bocinas a los tritones gratas, Calladas las sirenas de labios escarlatas. Los carrillos de Eolo desinflados, digamos Junto al laurel ilustre de florecidos ramos La gloria inmarcesible de las Musas hermosas Y el triunfo del terrible misterio de las cosas. He aqu que renacen los lauros milenarios; Vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios; Y anmase en mi cuerpo de Centauro inmortal La sangre del celeste caballo paternal. RETO Arquero luminoso, desde el zodiaco llegas; Aun presas en las crines tiene avejas griegas; Aun del dardo herakleo muestras la roja herida Por do salir no pudo la esencia de tu vida. Padre y Maestro excelso! Eres la fuente sana De la verdad que busca la triste raza humana: Aun Esculapio sigue la vena de tu ciencia; Siempre el veloz Aquiles sustenta su existencia Con el manjar salvaje que le ofreciste un da, y Herakles, descuidando su masa, en la harmona De los astros, se eleva bajo el cielo nocturno... QUIRN La ciencia es flor del tiempo: mi padre fu Saturno. ABANTES Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre De la tierra y al germen que entre en las rocas y entre Las carnes de los rboles, y dentro humana forma Es un mismo secreto y es una misma norma, Potente y sutilsimo, universal resumen De la suprema fuerza, de la virtud del Numen. QUIRN Himnos! Las cosas tienen un sr vital: las cosas Tienen raros aspectos, miradas misteriosas; Toda forma es un gesto, una cifra, un enigma; En cada tomo existe un incgnito estigma; Cada hoja de cada rbol canta un propio cantar Y hay un alma en cada una de las gotas del mar; El vate, el sacerdote, suele oir el acento Desconocido; a veces enuncia el vago viento Un misterio; y revela una inicial la espuma O la flor; y se escuchan palabras de la bruma. Y el hombre favorito del numen, en la linfa O la rfaga encuentra mentor--; demonio o ninfa. FOLO El biforme ixionida comprende de la altura, Por la materna gracia, la lumbre que fulgura, La nube que se anima de luz y que decora El pavimento en donde rige su carro Aurora, Y la banda de Iris que tiene siete rayos Cual la lira en sus brazos siete cuerdas; los mayos En la fragante tierra llenos de ramos bellos, Y el Polo coronado de cndidos cabellos. El ixionida pasa veloz por la montaa Rompiendo con el pecho de la maleza huraa Los erizados brazos, las crceles hostiles; Escuchan sus orejas los ecos ms sutiles: Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas Mientras sus manos toman para sus bocas rojas Las frescas bayas altas que el stiro codicia; Junto a la oculta fuente su mirada acaricia Las curvas de las ninfas del squito de Diana; Pues en su cuerpo corre tambin la esencia humana Unida a la corriente de la savia divina Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina. Tal el hijo robusto de Ixin y de la Nube. QUIRN Sus cuatro patas, bajan; su testa erguida, sube. ORNEO Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos Sres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos De bien y mal, de odio o de amor, o de pena O gozo: el cuervo es malo y la torcaz es buena. QUIRN Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo: Son formas del Enigma la paloma y el cuervo. ASTILO El Enigma es el soplo que hace cantar la lira. NESO El Enigma es el rostro fatal de Deyanira! Mi espalda aun guarda el dulce perfume de la bella; Aun mis pupilas llama su claridad de estrella. Oh, aroma de su sexo! oh, rosas y alabastros! Oh, envidia de las flores y celos de los astros! QUIRN Cuando del sacro abuelo la sangre luminosa Con la marina espuma formara nieve y rosa, Hecha de rosa y nieve naci la Anadiomena. Al cielo alz los brazos la lrica sirena, Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas Levaron los hocicos; y caderas redondas, Tritnicas melenas y dorsos de delfines Junto a la Reina nueva se vieron. Los confines Del mar llen el grandioso clamor; el universo Sinti que un hombre harmnico sonoro como un verso Llenaba el hondo hueco de la altura; ese hombre Hizo gemir la tierra de amor: fu para el hombre Ms alto que el de Jove: y los nmenes mismos Lo oyeron asombrados; los lbregos abismos Tuvieron una gracia de luz VENUS impera! Ella es entre las reinas celestes la primera, Pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura. Vaso de miel y mirra brot de la amargura! Ella es la ms gallarda de las emperatrices; Princesa de los grmenes, reina de las matrices, Seora de las savias y de las atracciones, Seora de los besos y de los corazones. EUIRITO No olvidar los ojos radiantes de Hipodamia! HIPEA Yo s de la hembra humana la original infamia. Venus anima artera sus mquinas fatales, Tras los radiantes ojos ren traidores males, De su floral perfume se exhala sutil dao; Su crneo obscuro alberga bestialidad y engao. Tiene las formas puras del nfora, y la risa Del agua que la brisa riza y el sol irisa; Mas la ponzoa ingnita su mscara pregona: Mejores son el guila, la yegua y la leona. De su hmeda impureza brota el calor que enerva Los mismos sacros dones de la imperial Minerva; Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte, Hay un olor que llena la barca de Caronte. ODITES Como una miel celeste hay en su lengua fina; Su piel de flor aun hmeda est de agua marina. Yo he visto de Hipodamia la faz encantadora, La cabellera espesa, la pierna vencedora. Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto; Ante su rostro olmpico no habra rostro adusto; Las Gracias junto a ella quedaran confusas, Y las ligeras Horas y las sublimes Musas Por ella detuvieron sus giros y su canto. HIPEA Ella la causa fuera de inenarrable espanto: Por ella el ixionida dobl su cuello fuerte. La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte. QUIRN Por suma ley un da llegar el himeneo Que el soador aguarda: Cinis ser Ceneo; Claro ser el origen del femenino arcano: La Esfinge tal secreto dir a su soberano. CLITO Naturaleza tiende sus brazos y sus pechos A los humanos seres; la clave de los hechos Concela el vidente; Homero con su bculo, En su gruta Deifobe, la lengua del Orculo. CAUMANTES El monstruo expresa un ansia del corazn del Orbe, En el Centauro el bruto la vida humana absorbe, El stiro es la selva sagrada y la lujuria, Une sexuales mpetus a la harmoniosa furia. Pan junta la soberbia de la montaa agreste Al ritmo de la inmensa mecnica celeste; La boca melodiosa que atrae en Sirenusa Es de la fiera alada y es de la suave musa; Con la bicorne bestia Pasifae se ayunta, Naturaleza sabia formas diversas junta, Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza, El monstruo, siendo el smbolo, se viste de belleza. GRINEO Yo amo lo inanimado que am el divino Hesiodo. QUIRN Grineo, sobre el mundo tiene un nima todo. GRINEO He visto, entonces, raros ojos fijos en m: Los vivos ojos rojos del alma del rub; Los ojos luminosos del alma del topacio Y los de la esmeralda que del azul espacio La maravilla imitan; los ojos de las gemas De brillos peregrinos y mgicos emblemas. Amo el granito duro que el arquitecto labra Y el mrmol en que duermen la lnea y la palabra... QUIRN A Deucalin y a Pirra, varones y mujeres Las piedras aun intactas dijeron: Qu nos quieres? LICIDAS Yo he visto los lemures flotar, en los nocturnos Instantes, cuando escuchan los bosques taciturnos El loco grito de Atis que su dolor revela O la maravillosa cancin de Filomela. El galope apresuro, si en el boscaje miro Manes que pasan, y oigo su fnebre suspiro. Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio, Guarda el pavor sagrado de su fatal misterio. ARNEO La Muerte es de la Vida la inseparable hermana. QUIRN La Muerte es la victoria de la progenie humana. MEDN La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia Ni ase corva guadaa, ni tiene faz de angustia. Es semejante a Diana, casta y virgen como ella; En su rostro hay la gracia de la nbil doncella Y lleva una guirnalda de rosas siderales. En su siniestra tiene verdes palmas triunfales, y en su diestra una copa con agua del olvido. A sus pies, como un perro, yace un amor dormido. AMICO Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte. QUIRN La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte. EURETO Si el hombre--Prometeo--pudo robar la vida, La clave de la muerte serle concedida. QUIRN La virgen de las vrgenes es inviolable y pura. Nadie su casto cuerpo tendr en la alcoba obscura, Ni beber en sus labios el grito de victoria, Ni arrancar a su frente las rosas de su gloria. * * * * * Mas he aqu que Apolo se acerca al meridiano. Sus truenos prolongados repite el Oceano. Bajo el dorado carro del reluciente Apolo Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo. A lo lejos, un templo de mrmol se divisa Entre laureles-rosa que hace cantar la brisa. Con sus vibrantes notas de Cfiro desgarra La veste transparente la helnica cigarra, Y por el llano extenso van en tropel sonoro Los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro. [Ilustracin] [Ilustracin] VARIA _A Luis Berisso_. [Ilustracin] EL POETA PREGUNTA POR STELLA LIRIO divino, lirio de las Anunciaciones; Lirio, florido prncipe, Hermano perfumado de las estrellas castas, Joya de los abriles. A ti las blancas dianas de los parques ducales; Los cuellos de los cisnes, Las msticas estrofas de cnticos celestes Y en el sagrado empreo la mano de las vrgenes. Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios La primavera imprime, En tus venas no corre, la sangre de las rosas pecadoras. Sino el cor excelso de las flores insignes. Lirio real y lrico Que naces con la albura de las hostias sublimes De las cndidas perlas Y del lino sin mcula de las sobrepellices, Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella, La hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste? [Ilustracin] [Ilustracin] PRTICO[1] [1] Para el libro _En tropel_, del poeta espaol Salvador Rueda, 1892. LIBRE la frente que el casco rehusa, Casi desnuda en la gloria del da, Alza su tirso de rosas la musa Bajo el gran sol de la eterna Harmona. Es Floreal, eres t, Primavera, Quien la sandalia calz a su pie breve; Ella, de tristes nostalgias muriera En el pas de los cisnes de nieve. Griega es su sangre, su abuelo era ciego; Sobre la cumbre del Pindo sonoro El sagitario del carro de fuego Puso en su lira las cuerdas de oro. Y bajo el prtico blanco de Paros, Y en los boscajes de frescos laureles, Pndaro dile sus ritmos preclaros, Dile Anacreonte sus vinos y mieles. Toda desnuda, en los claros diamantes Que en la Castalia recaman las linfas, Vironla tropas de faunos saltantes, Cual la ms fresca y gentil de las ninfas. Y en la fragante, harmoniosa floresta, Puesto a los ecos su odo de musa, Pan sorprendila escuchando la orquesta Que l daba al viento con su cornamusa. Ella resurge despus en el Lacio, Siendo del tedio su lengua exterminio; Lleva a sus labios la copa de Horacio, Bebe falerno en su ebrneo triclinio. Pjaro errante, ideal golondrina, Vuela de Arabia a un confn solitario, Y ve pasar en su torre argentina A un rey de Oriente sobre un dromedario; Rey misterioso, magnfico y mago. Dueo opulento de cien Estambules, Y a quien un genio brindara en un lago Gndolas de oro en las aguas azules. Ese es el rey ms hermoso que el da, Que abre a la musa las puertas de Oriente; Ese es el rey del pas Fantasa, Que lleva un claro lucero en la frente. Es en Oriente donde ella se inspira En las moriscas exticas zambras; Donde primero contempla y admira Las cinceladas divinas alhambras; Las muelles danzas en las alcatifas Donde la mora sus velos desata, Los pensativos y viejos kalifas De ojos obscuros y barbas de plata. Es una bella y alegre maana Cuando su vuelo la musa confa A una errabunda y fugaz caravana Que hace del viento su brjula y gua. Era la errante familia bohemia, Sabia en extraos conjuros y estigmas, Que une en su boca plegaria y blasfemia, Nombres sonoros y raros enigmas; Que ama los largos y negros cabellos, Danzas lascivas y finos puales, Ojos llameantes de vivos destellos, Flores sangrientas de labios carnales. Y con la gente morena y huraa Que a los caprichos del aire se entrega, Hace su entrada triunfal en Espaa Fresca y riente la rtmica griega. Mira las cumbres de Sierra Nevada, Las bocas rojas de Mlaga, lindas, Y en un pandero su mano rosada Fresas recoge, claveles y guindas. Canta y resuena su verso de oro, Ve de Sevilla las hembras de llama, Suea y habita en la Alhambra del moro; Y en sus cabellos perfumes derrama. Busca del pueblo las penas, la flores, Mantos bordados de alhajas de seda, Y la guitarra que sabe de amores, Clida y triste querida de Rueda; (Urna amorosa de voz femenina, Caja de msica de duelo y placer: Tiene el acento de un alma divina, Talle y caderas como una mujer.) Va del tablado flamenco a la orilla Y ase en sus palmas los crtalos negros, Mientras derrocha la audaz seguidilla Bruscos acordes y raudos alegros. Ritma los pasos, modula los sones, Ebria risuea de un vino de luz, Hace que brillen los ojos gachones, Negros diamantes del patio andaluz. Campo y pleno aire refrescan sus alas; Ama los nidos, las cumbres, las cimas; Vuelve del campo vestida de galas, Cuelga a su cuello collares de rimas. En su tesoro de reina de Saba, Guarda en secreto celestes emblemas; Flechas de fuego en su mgica aljaba, Perlas, rubes, zafiros y gemas. Tiene una corte pomposa de majas. Suya es la chula de rostro risueo, Suyas las juergas, las curvas navajas Ebrias de sangre y licor malagueo. Tiene por templo un alczar marmreo, Gurdalo esfinge de rostro egipciaco, Y cual labrada en un bloque hiperbreo, Venus enfrente de un triunfo de Baco. Dentro presenta sus formas de nieve, Brinda su amable sonrisa de piedra, Mientras se enlaza en un bajo-relieve A una driada ceida de hiedra. Un joven fauno robusto y violento, Dulce terror de las ninfas incautas, Al son triunfante que lanzan al viento Tmpanos, liras y sistros y flautas. Ornan los muros mosaicos y frescos, ureos pedazos de un sol fragmentario, Iris trenzados en mil arabescos, Joyas de un hbil cincel lapidario. Y de la eterna Belleza en el ara, Ante su sacra y grandiosa escultura, Hay una lmpara en albo carrara. De una eucarstica y casta blancura. Fuera, el frondoso jardn del poeta Re en su fresca y gentil hermosura; gata, perla, amatista, violeta, Verdor eclgico y tibia espesura. Una andaluza despliega su manto Para el poeta de msica eximia; Rsticos Ttiros cantan su canto; Bulle el hervor de la alegre vendimia. Ya es un tropel de bacantes modernas El que despierta las locas lujurias; Ya hmeda y triste de lgrimas tiernas, Da su gemido la gaita de Asturias. Francas fanfarrias de cobres sonoros, Labios quemantes de humanas sirenas, Ocres y rojos de plazas de toros, Fuegos y chispas de locas verbenas. * * * * * Joven homrida, un da su tierra Vile que alzaba soberbio estandarte, Buen capitn de la lrica guerra, Regio cruzado del reino del arte. Vile con yelmo de acero brillante, Rica armadura sonora a su paso, Firme tizona, broncneo olifante, Listo y piafante su excelso pegaso. Y de la brega tornar vile un da De su victoria en los bravos tropeles, Bajo el gran sol de la eterna Harmona, Dueo de verdes y nobles laureles. Fu aborrecido de Zoilo, el verdugo. Fu por la gloria su estrella encendida. Y esto pas en el reinado de Hugo, Emperador de la barba florida. [Ilustracin] [Ilustracin] ELOGIO DE LA SEGUIDILLA METRO mgico y rico que al alma expresas Llameantes alegras, penas arcanas, Desde en los suaves labios de las princesas Hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas harmoniosas buscan tu encanto, Sonora rosa mtrica que ardes y brillas, Y Espaa ve en tu ritmo, siente en tu canto Sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, El msico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta Con la audaz policromia de su paleta. En ti el hbil orfebre cincela el marco En que la idea-perla su oriente acusa, O en tu cordaje harmnico formas el arco Con que lanza sus flechas la airada musa. A l tu voz en baile crujen las faldas, Los piececitos hacen brotar las rosas E hilan hebras de amores las Esmeraldas En ruecas invisibles y misteriosas. La anudaluza hechicera, paloma arisca, Por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, Con el lnguido gesto de la odalisca O las fascinaciones de la culebra. Pequea nfora lrica de vino llena Compuesto por la dulce musa Alegra Con uvas andaluzas, sal macarena, Flor y canela frescas de Andaluca. Subes, creces y vistes de pompas fieras; Retumbas en el ruido de las metrallas, Ondulas con el ala de las banderas, Suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos Que acompasan las danzas y las canciones; Tus rganos, tus prosas, tus cantos llanos Y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, Javalina de Diana la Cazadora, Ritmo que tiene el filo de cien puales, Que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti estn llenas Y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; As riegas tus chispas las nochebuenas Como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla Que esta azulada concha del cielo baa, Poltona y triunfante, la seguidilla Es la flor del sonoro Pindo de Espaa. Madrid, 1892. [Ilustracin] [Ilustracin] EL CISNE _A Ch. Del Gouffre._ FU en una hora divina para el gnero humano. El Cisne antes cantaba slo para morir. Cuando se oy el acento del Cisne wagneriano Fu en medio de una aurora, fu para revivir. Sobre las tempestades del humano oceano Se oye el canto del Cisne; no se cesa de oir, Dominando el martillo del viejo Thor germano O las trompas que cantan la espada de Argantir. Oh Cisne! Oh sacro pjaro! Si antes la blanca Helena Del huevo azul de Leda brot de gracia llena, Siendo de la Hermosura la princesa inmortal, Bajo tus blancas alas la nueva Poesa, Concibe en una gloria de luz y de harmona La Helena eterna y pura que encarna el ideal. [Ilustracin] [Ilustracin] LA PGINA BLANCA _A. A. Lamberti._ Mis ojos miraban en hora de ensueos la pgina blanca. Y vino el desfile de ensueos y sombras. Y fueron mujeres de rostros de estatua, Mujeres de rostros de estatuas de mrmol, Tan tristes, tan dulces, tan suaves, tan plidas! Y fueron visiones de extraos poemas, De extraos poemas de besos y lgrimas, De historias que dejan en crueles instantes Las testas viriles cubiertas de canas! Qu cascos de nieve que pone la suerte! Qu arrugas precoces cincela en la cara! Y cmo se quiere que vayan ligeros Los tardos camellos de la caravana! Los tardos camellos--, Como las figuras en un panorama--, Cual si fuese un desierto de hielo, Atraviesan la pgina blanca. Este lleva una carga De dolores y angustias antiguas, Angustias de pueblos, dolores de razas; Dolores y angustias que sufren los Cristos Que vienen al mundo de vctimas trgicas! Otro lleva en la espalda El cofre de ensueos, de perlas y oro, Que conduce la Reina de Saba. Otro lleva una caja En que va, dolorosa difunta, Como un muerto lirio la pobre Esperanza. Y camina sobre un dromedario la Plida, La vestida de ropas obscuras, La Reina invencible, la bella inviolada: La Muerte. Y el hombre, A quien duras visiones asaltan, El que encuentra en los astros del cielo Prodigios que abruman y signos que espantan, Mira al dromedario de la caravana Como al mensajero que la luz conduce, En el vago desierto que forma la pgina blanca! [Ilustracin] [Ilustracin] AO NUEVO _A J. Piquet._ A las doce de la noche por las puertas de la gloria Y el fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, Sale en hombros de cuatro ngeles, y en su silla gestatoria, San Silvestre. Ms hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, De que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orin; Y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para Salomn. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, Y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; Y colgada sobre el pecho resplandece la divina Cruz del Sur. Va el pontfice hacia Oriente va encontrar el ureo barco, Donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fu toda por el arco Del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno El inmenso Sagitario no se cansa de flechar; Le sustenta el fro Polo, lo corona el blanco Invierno, Y le cubre los riones el velln azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; Doce aljabas, cada ao, para l trae el rey Enero; En la sombra se destaca la figura vencedora Del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo Misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bveda del cielo Con sus alas membranosas el murcilago Satn. San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes, Del celeste Vaticano se detiene en los umbrales Mientras himnos y motetes canta un coro de laudes Inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco Donde en triunfo llega Enero, Ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco y el Arquero. [Ilustracin] [Ilustracin] SINFONA EN GRIS MAYOR EL mar como un vasto cristal azogado Refleja la lmina de un cielo de zinc; Lejanas bandadas de pjaros marchan El fondo bruido de plido gris. El sol como un vidrio redondo y opaco Con paso de enfermo camina al cenit; El viento marino descansa en la sombra Teniendo de almohada su negro clarn. Las ondas que mueven su vientre de plomo Debajo del muelle parecen gemir. Sentado en un cable, fumando su pipa, Est un marinero pensando en las playas De un vago, lejano, brumoso pas. Es viejo ese lobo. Tostaron su cara Los rayos de fuego del sol del Brasil; Los recios tifones del mar de la China Le han visto bebiendo su frasco de gin. La espuma impregnada de yodo y salitre Ha tiempo conoce su roja nariz, Sus crespos cabellos, sus biceps de atleta, Su gorra de lona, su blusa de dril. En medio del humo que forma el tabaco Ve el viejo el lejano, brumoso pas, A donde una tarde caliente y dorada Tendidas las velas parti el bergantn... La siesta del trpico. El lobo se adureme. Ya todo lo envuelve la gama del gris. Parece que un suave y enorme esfumino Del curvo horizonte borrara el confn. La siesta del trpico. La vieja cigarra Ensaya su ronca guitarra senil, Y el grillo preludia un solo montono En la nica cuerda que est en su violn. [Ilustracin] [Ilustracin] LA DEA _A Alberto Ghiraldo._ ALBERTO, en el propleo del tiempo soberano Donde Renan rezaba, Verlaine cantado hubiera. Primavera una rosa de amor tiene en la mano Y cerca de la joven y dulce Primavera Trmino su sonrisa de piedra brinda en vano A la desnuda nyade y a la ninfa hechicera Que viene a la soberbia fiesta de la pradera y del boscaje, en busca del lrico Sylvano. Sobre su altar de oro se levanta la Dea,-- Tal en su aspecto icnico la virgen bizantina-- Toda belleza humana ante su luz es fea; Toda visin humana, a su luz es divina: Y esa es la virtud sacra de la divina Idea Cuya alma es una sombra que todo lo ilumina. [Ilustracin] [Ilustracin] EPITALAMIO BRBARO _A Lugones._ EL alba aun no aparece en su gloria de oro. Canta el mar con la msica de sus ninfas en coro y el aliento del campo se va cuajando en bruma. Teje la nyade el encaje de su espuma Y el bosque inicia el himno de sus flautas de pluma. Es el momento en que el salvaje caballero Se ve pasar. La tribu aulla y el ligero Caballo es un relmpago, veloz como una idea. A su paso, asustada, se para la marea; La nyade interrumpe la labor que ejecuta Y el director del bosque detiene la batuta. --Qu pasa? desde el lecho pregunta Venus bella, Y Apolo: --Es Sagitario que ha robado una estrella. [Ilustracin] [Ilustracin] VERLAINE _A Angel Estrada, poeta._ [Ilustracin] RESPONSO PADRE y maestro mgico, lirforo celeste Que al instrumento olmpico y a la siringa agreste Diste tu acento encantador; Panida! Pan t mismo, que coros condujiste Hacia el propleo sacro que amaba tu alma triste, Al sn del sistro y del tambor! Que tu sepulcro cubra de flores Primavera, Que se humedezca el spero hocico de la fiera, De amor si pasa por all; Que el fnebre recinto visite Pan bicorne; Que de sangrientas rosas el fresco Abril te adorne Y de claveles de rub. Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo, Ahuyenten la negrura del pjaro protervo, El dulce canto de cristal Que Filomena vierta sobre tus tristes huesos, O la harmona dulce de risas y de besos, De culto oculto y florestal. Que pberes canforas te ofrenden el acanto, Que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto, Sino roco, vino, miel: Que el pmpano all brote, las flores de Citeres, Y que se escuchen vagos suspiros de mujeres Bajo un simblico laurel! Que si un pastor su pfano bajo el frescor del haya, En amorosos das, como en Virgilio, ensaya, Tu nombre ponga en la cancin; Y que la virgen nyade, cuando ese nombre escuche, Con ansias y temores entre las linfas luche, Llena de miedo y de pasin. De noche, en la montaa, en la negra montaa De las Visiones, pase gigante sombra extraa, Sombra de un Stiro espectral; Que ella al centauro adusto con su grandeza asuste; De una extra-humana flauta la meloda ajuste A la harmona sideral. Y huya el tropel equino por la montaa vasta; Tu rostro de ultratumba bae la luna casta De compasiva y blanca luz; Y el Stiro contemple sobre un lejano monte Una cruz que se eleve cubriendo el horizonte Y un resplandor sobre la cruz! [Ilustracin] [Ilustracin] CANTO DE LA SANGRE _A Miguel Estrada._ SANGRE de Abel. Clarn de las batallas. Luchas fraternales; estruendos, horrores; Flotan las banderas, hieren las metrallas, Y visten la prpura los emperadores. Sangre del Cristo. El rgano sonoro. La via celeste da el celeste vino; Y en el labio sacro del cliz de oro Las almas se abrevan del vino divino. Sangre de los martirios. El salterio. Hogueras; leones, palmas vencedoras; Los heraldos rojos con que del misterio Vienen precedidas las grandes auroras. Sangre que vierte el cazador. El cuerno. Furias escarlatas y rojos destinos Forjan en las fraguas del obscuro Infierno Las fatales armas de los asesinos. Oh sangre de las vrgenes! La lira. Encanto de abejas y de mariposas. La estrella de Venus desde el cielo mira El purpreo triunfo de las reinas rosas. Sangre que la Ley vierte. Tambor a la sordina. Brotan las adelfas que riega la Muerte y el rojo cometa que anuncia la ruina. Sangre de los suicidas. Organillo. Fanfarrias macabras, responsos corales, Con que de Saturno celbrase el brillo En los manicomios y en los hospitales. [Ilustracin] RECREACIONES ARQUEOLGICAS _A Julio L. Jaimes._ [Ilustracin] I.--FRISO CABE una fresca via de corinto Que verde techo presta al simulacro Del Dios viril, que artfice de Atenas En intacto pentlico labrara, Un da alegre, al deslumbrar el mundo La harmona del carro de la Aurora, Y en tanto que arrullaban sus ternezas Dos nevadas palomas venusinas Sobre rosal purpreo y pintoresco, Como Olmpica flor de gracia llena, Vi el bello rostro de la rubia Eunice. No ms gallarda se encamina al templo Canfora gentil, ni ms riente Llega la musa a quien favor prodiga El divino Sminteo, que mi amada Al tender hacia m sus tersos brazos. * * * * * Era la hora del supremo triunfo Concedido a mis lgrimas y ofrendas Por el poder de la celeste Cipris, Y era el ritmo potente de mi sangre Verso de fuego que al propicio numen Cantaba ardiente de la vida el himno. Cuando mi boca en los bermejos labios De mi princesa de cabellos de oro Licor beba que afrentara al nctar, Por el sendero de fragantes mirtos Que gua al blanco prtico del templo, Sbitas voces nuestras ansias turban. * * * * * Lrica procesin al viento esparce Los cnticos rituales de Dionisio, El evoh de las triunfales fiestas, La algazara que enciende con su risa La impber tropa de saltantes nios, Y el vivo son de msicas sonoras Que anima el coro de bacantes ebrias. En el concurso bquico el primero, Regando rosas y tejiendo danzas. Garrido infante, de Eros por hermoso Emulo y par, risueo apareca. Y de l en pos de las mnades ardientes, Al aire el busto en que su pompa erigen Pomas ebrneas; en la mano el sistro, Y las curvas caderas mal veladas Por las flotantes, desceidas ropas, Alzaban sus cabezas que en consorcio Circundaban la flor de Citerea Y el pmpano fragante de las vias. Aun me parece que mis ojos tornan Al cuadro lleno de color y fuerza: Dos robustos mancebos que los cabos De cadenas metlicas empuan, Y cuyo porte y msculos de Ares Divinos dones son, pintada fiera Que felino pezn nutri en Hircania, Con gesto heroico entre la turba rigen; Y otros dos un leopaldo cuyo cuello Gracias de Flora cien y perfuman Y cuyos ojos en las anchas cuencas De furia henchidos sanguinosos giran. Ptalos y uvas el sendero alfombran, Y desde el campo azul do el Sagitario De coruscantes flechas resplandece, Las urnas de la luz la tierra baan. * * * * * Pas el tropel. En la cercana selva Lgubre resonaba el grito de Atis, Triste pavor de la inviolada ninfa. Deslizaba su paso misterioso El apacible coro de las Horas. Eco volva la acordada queja De la flauta de Pan. Joven gallardo, Ms hermoso que Adonis y Narciso, Con el aire gentil de los efebos Y la lira en las manos, al boscaje Como lleno de luz se diriga. Amor pas con su dorada antorcha. Y no lejos del nido en que las aves, Las dos aves de Cipris, sus arrullos Cual tiernas rimas a los aires dieran, Fu ms feliz que el luminoso cisne Que vi de Lada la inmortal blancura, Y Eunice pudo al templo de la diosa Purprea ofrenda y trtolas amables Llevar el da en que mi regio triunfo Vi el Dios viril en mrmol cincelado Cabe la fresca via de Corinto. [Ilustracin] [Ilustracin] II.--PALIMPSESTO _ESCRITA en viejo dialecto eolio Hall esta pgina dentro un infolio Y entre los libros de un monasterio Del venerable San Agustn, Un fraile acaso puso el escolio Que all se encuentra; dmine serio De flacas manos y buen latn. Hay sus lagunas._ ...Cuando los toros De las campaas, bajo los oros Que vierte el hijo de Hiperin, Pasan mugiendo, y en las eternas Rocas salvajes de las cavernas Esperezndose ruge el len; Cuando en las vrgenes y verdes parras Sus secas notas dan las cigarras, Y en los panales de Himeto deja Su rubia carga la leve abeja Que en bocas rojas chupa la miel, Junto a los mirtos, bajo los lauros, En grupo lrico van los centauros Con la harmona de su tropel. Uno las patas rtmicas mueve, Otro alza el cuello con gallarda Como en hermoso bajo-relieve Que a golpes mgicos Scopas hara; Otro alza al aire las manos blancas Mientras le dora las fincas ancas Con bao clido la luz del sol; Y otro saltando piedras y troncos Va dando alegres sus gritos roncos Como el ruido de un caracol. Silencio. Seas hace ligero El que en la tropa va delantero; Porque a un recodo de la campaa Llegan en donde Diana se baa. Se oye el ruido de claras linfas Y a la algazara que hacen las ninfas. Risa de plata que el aire riega Hasta sus vidos odos llega; Golpes en la onda, palabras locas, Gritos joviales de frescas bocas, Y los ladridos de la tralla Que diana tiene junto a la orilla Del fresco ro, donde est ella Blanca y desnuda como una estrella. Tanta blancura que al cisne injuria Abre los ojos de la lujuria: Sobre las mrgenes y rocas ridas Vuela el enjambre de las cantridas Con su bruido verde metlico, Siempre propicias al culto flico. Amplias caderas, pie fino y breve; Las dos colinas de rosa y nieve... Cuadro soberbio de tentacin! Ay del cuitado que a ver se atreve Lo que fu espanto para Acten! Cabellos rubios, mejillas tiernas, Marmreos cuellos, rosadas piernas, Gracias ocultas del lindo coro, En el herido cristal sonoro; Seno en que hicirase sagrada copa; Tal ve en silencio la ardiente tropa. Quin adelanta su firme busto? Qirn experto? Folo robusto? Es el ms joven y es el ms bello; Su piel es blanca, crespo el cabello, Los cascos finos, y en la mirada Brilla del stiro la llamarada. En un instante, veloz y listo, A una tan bella como Kalisto, Ninfa que a la alta diosa acompaa, Saca de la onda donde se baa: La grupa vuelve, raudo galopa; Tal iba el toro raptor de Europa Con el orgullo de su conquista. A d va Diana? Viva la vista La planta alada, la cabellera Mojada y suelta; terrible, fiera, Corre del monte por la extensin; Ladran sus perros enfurecidos; Entre sus dedos humedecidos Lleva una flecha para el ladrn. Ya a los centauros a ver alcanza La cazadora; ya el dardo lanza, Y un grito se oye de hondo dolor: La casta divina de la venganza Mat al raptor... La tropa rpida se esparce huyendo, Forman los cascos sonoro estruendo. Llegan las ninfas. Lloran. Qu ven? En la carrera la cazadora Con su saeta castigadora A la robada mat Tambin. [Ilustracin] [Ilustracin] EL REINO INTERIOR _A Eugenio de Castro_ _...with Psychis, my soul! Poe._ UNA selva suntuosa En el azul celeste su rudo perfil calca. Un camino. La tierra es de color de rosa, Cual la que pinta fra Domnico Cavalca En sus Vidas de santos. Se ven extraas flores De la flora gloriosa de los cuentos azules, Y entre las ramas encantadas, papemores Cuyo canto extasiara de amor a los bulbules. (_Papemor_: ave rara, _Bulbules_: ruiseores.) * * * * * Mi alma frgil se asoma a la ventana obscura De la torre terrible en que ha treinta aos suea. La gentil Primavera primavera le augura. La vida le sonre rosada y halagea. Y ella exclama: Oh fragante da! Oh sublime da! Se dira que el mundo est en flor; se dira Que el corazn sagrado de la tierra se mueve Con un ritmo de dicha; luz brota, gracia llueve. Yo soy la prisionera que sonre y que canta! Y las manos liliales agita, como infanta Real en los balcones del palacio paterno. * * * * * Qu sn se escucha, sn lejano, vago y tierno? Por el lado derecho del camino, adelanta El paso leve una adorable teora Virginal. Siete blancas doncellas, semejantes A siete blancas rosas de gracia y de harmona Que el alba constelara de perlas y diamantes. Alabastros celestes habitados por astros: Dios se refleja en esos dulces alabastros! Sus vestes son tejidas del lino de la luna. Van descalzas. Se mira que posan el pie breve Sobre el rosado suelo como una flor de nieve. Y los cuellos se inclinan, imperiales, en una Manera que lo excelso pregona de su origen. Como al comps de un verso su suave paso rigen. Tal el divino Sandro dejara en sus figuras, Esos graciosos gestos en esas lneas puras. Como a un velado sn de liras y laudes, Divinamente blancas y castas pasan esas Siete bellas princesas. Y esas bellas princesas Son las siete Virtudes. * * * * * Al lado izquierdo del camino y paralela- Mente, siete mancebos--oro, seda, escarlata, Armas ricas de Oriente--hermosos, parecidos A los satanes verlenianos de Ecbatana, Vienen tambin. Sus labios sensuales y encendidos, De efebos criminales, son cual rosas sangrientas; Sus puales de piedras preciosas revestidos --Ojos de vboras de luces fascinantes-- Al cinto penden; arden las prpuras violentas En los jubones; cien las cabezas triunfantes Oro y rosas; sus ojos, ya lnguidos, ya ardientes, Son dos carbunclos mgicos de fulgor sibilino, Y en sus manos de ambiguos prncipes decadentes, Relucen como gemas las uas de oro fino. Bellamente infernales, Llenan el aire de hechiceros beneficios Esos siete mancebos. Y son los siete Vicios, Los siete poderosos pecados capitales. * * * * * Y los siete mancebos a las siete doncellas Lanzan vivas miradas de amor. Las Tentaciones. De sus liras melifluas arrancan vagos sones. Las princesas prosiguen, adorables visiones En su blancura de palomas y de estrellas. * * * * * Unos y otras se pierden por la va de rosa, Y el alma ma queda pensativa a su paso. --Oh! qu hay en ti, alma ma? Oh! qu hay en ti, mi pobre infanta misteriosa? Acaso piensas en la blanca teora? Acaso Los brillantes mancebos te atraen, mariposa? * * * * * Ella no me responde. Pensativa se aleja de la obscura ventana, --Pensativa y risuea, De la Bella-durmiente-del-Bosque tierna hemana-- Y se adormece en donde Hace treinta aos suea. * * * * * Y en sueo dice: Oh dulces delicias de los cielos! Oh tierra sonrosada que acarici mis ojos! --Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos! --Prncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos! [Ilustracin] [Ilustracin] COSAS DEL CID _A Francisco A. de Icaza._ CUENTA Barbey, en versos que valen bien su prosa Una hazaa del Cid, fresca como una rosa, Pura como una perla. No se oyen en la hazaa Resonar en el viento las trompetas de Espaa, Ni el azorado moro las tiendas abandona Al ver al sol el alma de acero de Tizona. _Babieca_ descansando del huracn guerrero, Tranquilo pace, mientras el bravo caballero Sale a gozar del aire de la estacin florida. Re la primavera, y el vuelo de vida Abre lirios y sueos en el jardn del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo. Por una senda en donde, bajo el sol glorioso, Tendindole la mano, le detiene un leproso. Frente a frente, el soberbio prncipe del estrago Y la victoria, joven, bello como Santiago, Y el horror animado, la viviente carroa Que infecta los suburbios de hedor y de ponzoa. Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, Y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. --Oh, Cid, una limosna!--dice el precito. --Hermano Te ofrezco la desnuda limosna de mi mano!-- Dice el Cid; y, quitando su frreo guante, extiende La diestra al miserable, que llora y que comprende. * * * * * Tal es el sucedido que el Condestable escancia Como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregar este sorbo de licor castellano: * * * * * Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano El Cid, sigui su rumbo por la primaveral Senda. Un pjaro daba su nota de cristal En un rbol. El cielo profundo deslea Un perfume de gracia en la gloria del da. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro Su melodiosa lluvia de trtolas de oro; El alma de las flores iba por los caminos A unirse a la piadosa voz de los peregrinos, Y el gran Rodrigo Daz de Vivar, satisfecho, Iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campia, aromada de esencia Sutil, sali una nia vestida de inocencia, Una nia que fuera una mujer, de franca Y anglica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una nia que fuera un hada o que surgiera Encarnacin de la divina primavera. Y fu al Cid y le dijo: Alma de amor y fuego, Por Jimena y por Dios un regalo te entrego, Esta rosa naciente y este fresco laurel. Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente En su guante de hierro hay una flor naciente, Y en lo ntimo del alma como un dulzor de miel. [Ilustracin] [Ilustracin] DEZIRES, LAYES Y CANCIONES [Ilustracin] DECIRES, LAYES Y CANCIONES _Dezir._ (A la manera de Johan de Duenyas.) REINA Venus, soberana capitana de deseos y pasiones, en la tempestad humana por ti mama sangre de los corazones. Una copa me di el sino y en ella beb tu vino y me embriagu de dolor, pues me hizo experimentar que en el vino del amor hay la amargura del mar. Di al olvido turbulento sentimiento, y hall un stiro ladino que di a mi labio sediento nuevo aliento, nueva copa y nuevo vino. Y al llegar la primavera, en mi roja sangre fiera triple llama fu encendida: yo al flamante amor entrego la vendimia de mi vida bajo pmpanos de fuego. En la fruta misteriosa, mbar, rosa, su deseo sacia el labio, y en viva rosa se posa, mariposa, beso ardiente o beso sabio. Bien haya el stiro griego que me ense el dulce juego! En el reino de mi aurora no hay ayer, hoy ni maana; danzo las danzas de ahora con la msica pagana. FFINIDA Bella a quien la suerte avara ordenara martirizarme a ternuras, di una negra perla rara Luzbel para tu diadema de locuras. _Otro Dezir._ Ponte el traje azul que ms conviene a tu rubio encanto. Luego, Ma, te pondrs otro, color de amaranto, y el que rima con tus ojos y aquel de reflejos rojos que a tu blancor sienta tanto. En el obscuro cabello pon las perlas que conquistas; en el columbino cuello pon el collar de amatistas, y ajorcas en los tobillos de topacios amarillos y esmeraldas nunca vistas. Un camarn te decoro donde sabrs la leccin que di a Anglica Medoro y a Belkiss di Salomn; arder mi sangre loca, y en el vaso de tu boca te sorber el corazn. Luz de sueo, flor de mito, tu admirable cuerpo canta la gracia de Hermafrodito con lo areo de Atalanta; y de tu beldad ambigua la evocada musa antigua su himno de carne levanta. Del nfora en que est el viejo vino anacrentico bebe; Febo arruga el entrecejo y Juno arrugarlo debe, mas la joven Venus re y Eros su filtro desle en los clices de Hebe. _Lay._ (A la manera de Johan de Torres.) Qu pude yo hacer para merecer la ofrenda de ardor de aquella mujer a quien, como a Ester, macer el Amor? Intenso licor, perfume y color me hiciera sentir su boca de flor; dle el alma por tan dulce elixir. _Cancin._ (A la manera de Valtierra.) Amor tu ventana enflora y tu amante esta maana preludia por ti una diana en la lira de la Aurora. Desnuda sale la bella, y del cabello el tesoro pone una nube de oro en la desnudez de estrella: y en la matutina hora de la clara fuente mana la salutacin pagana de las nyades a Flora. En el bao al beso incita sobre el cristal de la onda la sonrisa de Gioconda en el rostro de Afrodita; y el cuerpo que la luz dora, adolescente, se hermana con las formas de Diana la celeste cazadora. Y mientras la hermosa juega con el sonoro diamante, ms encendido que amante el fogoso amante llega a su divina seora. FFIN Pan, de su flauta desgrana un canto que, en la maana, perla a perla, re y llora. _Que el amor no admite cuerdas reflexiones._ (A la manera de Santa Ffe.) Seora, amor es violento, y cuando nos transfigura nos enciende el pensamiento la locura. No pidas paz a mis brazos que a los tuyos tienen presos: son de guerra mis abrazos y son de incendio mis besos; y sera vano intento el tornar mi mente obscura si me enciende el pensamiento la locura. Clara est la mente ma de llamas de amor, seora, como la tienda del da o el palacio de la aurora. Y al perfume de tu ungento te persigue mi ventura, y me enciende el pensamiento la locura. Mi gozo tu paladar rico panal concepta, como en el santo Cantar: _Mel et lac sub lingua tua._ La delicia de tu aliento en tan fino vaso apura, y me enciende el pensamiento la locura. _Loor._ (A la manera del mismo.) A qu comparar la pura arquitectura de tu cuerpo? A una sutil torre de oro y marfil? O de Abril a la loggia florecida? Luz y vida iluminan lo inferior, y el amor tiene su antorcha encendida. Quiera darme el garzn de Ida la henchida copa, y Juno la oriental pompa del pavn real, su cristal Castalia, y yo, apolonida, la dormida cuerda har cantar por la luz que est dentro de tu cuerpo prendida. La blanca pareja anida adormecida: aves que bajo el corpio ha colocado el dios nio, rosa, armio, mi mano sabia os convida a la vida. Por los boscosos senderos viene Eros a causar la dulce herida. FFIN Seora, suelta la brida y tendida la crin, mi corcel de fuego va; en l llego a tu campaa florida. _Copla Espara._ (A la manera del mismo.) La gata blanca! En el lecho maya se encorva, se extiende. Un rojo rub se enciende sobre los globos del pecho. Los desatados cabellos la divina espalda aroman. Bajo la camisa asoman dos cisnes de negros cuellos TORNADA LIBRE Princesa de mis locuras, que tus cabellos desatas, di, por qu las blancas gatas gustan de sedas obscuras? [Ilustracin] [Ilustracin] LAS ANFORAS DE EPICURO _La espiga._ MIRA el signo sutil que los dedos del viento Hacen al agitar el tallo que se inclina Y se alza en una rtmica virtud de movimiento. Con el ureo pincel de la flor de la harina Trazan sobre la tela azul del firmamento El misterio inmortal de la tierra divina Y el alma de las cosas que da su sacramento En una interminable frescura matutina. Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma. De las floridas urnas mstico incienso aroma El vastor altar en donde triunfa la azul sonrisa; An verde est y cubierto de flores el madero, Bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero Y en la espiga de oro y luz duerme la misa. _La fuente._ Joven, te ofrezco el don de esta copa de plata Para que un da puedas calmar la sed ardiente, La sed que con fuego ms que la muerte mata. Mas debes abrevarte tan slo en una fuente, Otro agua que la suya tendr que serte ingrata, Busca su oculto origen en la gruta viviente Donde la interna msica de su cristal desata, Junto al rbol que llora y la roca que siente. Guete el misterioso eco de su murmullo, Asciende por los riscos speros del orgullo, Baja por la constancia y desciende al abismo Cuya entrada sombra guardan siete panteras: Son los Siete Pecados las siete bestias fieras. Llena la copa y bebe: la fuente est en ti mismo. _Palabras de la Satiresa._ Un da o una risa bajo la fronda espesa, Vi brotar de lo verde dos manzanas lozanas; Erectos senos eran las lozanas manzanas Del busto que brua de sol la Satiresa: Era una Satiresa de mis fiestas paganas, Que hace brotar clavel o rosa cuando besa; Y furiosa y riente y que abrasa y que mesa, Con los labios manchados por las moras tempranas. T que fuiste, me dijo, un antiguo argonauta, Alma que el sol sonrosa y que la mar zafira, Sabe que est el secreto de todo ritmo y pauta En unir carne y alma a la esfera que gira, Y amando a Pan y Apolo en la lira y la flauta, Ser en la flauta Pan, como Apolo en la lira. _La anciana._ Pues la anciana me dijo: mira esta rosa seca Que encant el aparato de su estacin un da: El tiempo que los muros altsimos derrueca No privar este libro de su sabidura. En esos secos ptalos hay ms filosofa Que la que darte pueda tu sabia biblioteca; Ella en mis labios pone la mgica armona Con que en mi torno encarno los sueos de mi rueca. Sois un hada, le dije: Soy un hada, me dijo: Y de la primavera celebro el regocijo Dndoles vida y vuelo a estas hojas de rosa. Y transformse en una princesa perfumada, Y en el aire sutil, de los dedos del hada Vlo la rosa seca como una mariposa. _Ama tu ritmo..._ Ama tu ritmo y ritma tus acciones Bajo su ley, as como tus versos; Eres un universo de universos Y tu alma una fuente de canciones. La celeste unidad que presupones Har brotar en ti mundos diversos, Y al resonar tus nmeros dispersos Pitagoriza en tus constelaciones. Escucha la retrica divina Del pjaro del aire y la nocturna Irradiacin geomtrica adivina; Mata la indificencia taciturna Y engarza perla y perla cristalina En donde la verdad vuelca su urna. _A los poetas risueos._ Anacreonte, padre de la sana alegra; Ovidio, sacerdote de la ciencia amorosa; Quevedo, en cuyo cliz licor jovial rebosa; Banville, insigne orfeo de la sacra Harmona, Y con vosotros toda la grey hija del da, A quien habla el amante corazn de la rosa, Abejas que fabrican sobre la humana prosa En sus Himetos mgicos mieles de poesa: Prefiero vuestra risa sonora, vuestra musa Risuea, vuestros versos perfumados de vino, A los versos de sombra y a la cancin confusa Que opone el numen brbaro al resplandor latino; Y ante la fiera mscara de la fatal Medusa, Medrosa huye mi alondra de canto cristalino. _La hoja de oro._ En el verde laurel que decora la frente Que besaron los sueos y pulieron las horas, Una hoja suscita como la luz naciente En que entreabren sus ojos de fuego las auroras; O las solares pompas, o los fastos de Oriente, Preseas bizantinas diademas de Theodoras, O la lejana Clquida que el soador presiente Y adonde los Jasones dirigirn las proras. Hoja de oro rojo, mayor es tu vala, Pues para tus colores imperiales evocas Con el triunfo de otoo y la sangre del da, El marfil de las frentes, la brasa de las bocas, y la autumnal tristeza de las vrgenes locas Por la Lujuria, madre de la Melancola. _Marina._ Como al fletar mi barca con destino a Citeres Saludara a las olas, contestaron las olas Con un saludo alegre de voces de mujeres. Y los faros celestes prendan sus farolas, Mientras temblaba el suave crepsculo violeta. Adis--dije--pases que me fuisteis esquivos; Adis peascos enemigos del poeta; Adis costas en donde se secaron las vias, Y cayeron los trminos en los vosques de olivos. Parto para una tierra de rosas y de nias, Para una isla melodiosa Donde ms de una musa me ofrecer una rosa. Mi barca era la misma que condujo a Gautier Y que Verlaine un da para Chipre flet, Y provena de El divino astillero del divino Watteau. Y era un celeste mar de ensueo, Y la luna empezaba en su rueca de oro A hilar los mil hilos de su manto sedeo. Saludaba mi paso de las brisas el coro Y a dos carrillos daba redondez a las velas. En mi alma cantaban celestes filomelas Cuando o que en la playa sonaba como un grito. Volv la vista y vi que era una ilusin Que dejara olvidada mi antiguo corazn. Entonces, fijo del azur en lo infinito, Para olvidar del todo las amarguras viejas, Como Aquiles un da, me tap las orejas. Y les dije a las brisas: Soplad, soplad ms fuerte; Soplad hacia las costas de la isla de la Vida. Y en la playa quedaba desolada y perdida Una ilusin que aullaba como un perro a la Muerte. _Dafne._ Dafne, divina Dafne! Buscar quiero la leve Caa que corresponda a tus labios esquivos; Har de ella mi flauta e inventar motivos Que extasiarn de amor a los cisnes de nieve. Al canto mo el tiempo parecer ms breve; Como Pan en el campo har danzar los chivos; Como Orfeo tendr los leones cautivos, Y mover el imperio de Amor que todo mueve. Y todo ser, Dafne, por la virtud secreta Que en la fibra sutil de la caa coloca Con la pasin del dios el sueo del poeta; Porque si de la flauta la boca ma toca El sonoro carrizo, su misterio interpreta Y la armona nace del beso de tu boca. _La gitanilla._ A Carolus Durn. Maravillosamente danzaba. Los diamantes Negros de sus pupilas vertan su destello; Era bello su rostro, era un rostro tan bello Como el de las gitanas de don Miguel Cervantes. Ornbase con rojos claveles detonantes La redondez obscura del casco del cabello, Y la cabeza firme sobre el bronce del cuello Tena la patina de las horas errantes. Las guitarras decan en sus cuerdas sonoras Las vagas aventuras y las errantes horas, Volaban los fandangos, daba el clavel fragancia; La gitana, embriagada de lujuria y cario, Sinti cmo cada dentro de su corpio El bello luis de oro del artista de Francia. _A maestre Gonzalo de Berceo._ Amo tu delicioso alejandrino Como el de Hugo, espritu de Espaa; Este vale una copa de champaa Como aqul vale un vaso do bon vino. Mas a uno y otro pjaro divino La primitiva crcel es extraa; El barrote maltrata, el grillo daa, Que vuelo y libertad son su destino, As procuro que en la luz resalte Tu antiguo verso, cuyas alas doro Y hago brillar con mi moderno esmalte; Tiene la libertad con el decoro Y vuelve, como al puo el gerifalte, Trayendo del azul rimas de oro. _Alma ma._ Alma ma, perdura en tu idea divina; Todo est bajo el signo de un destino supremo; Sigue en tu rumbo, sigue hasta el ocaso extremo Por el camino que hacia la Esfinge te encamina. Corta la flor al paso, deja la dura espina; En el ro de oro lleva a comps el remo; Saluda el rudo arado del rudo Triptolemo, Y sigue como un dios que sus sueos destina... Y sigue como un dios que la dicha estimula, Y mientras la retrica del pjaro te adula Y los astros del cielo te acompaan, y los Ramos de la Esperanza surgen primaverales, Atraviesa impertrrita por el bosque de males Sin temer las serpientes; y sigue, como un dios... _Yo persigo una forma..._ Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, Botn de pensamiento que busca ser la rosa; Se anuncia con un beso que en mis labios se posa Al abrazo imposible de la Venus de Milo. Adornan verdes palmas el blanco peristilo; Los astros me han predicho la visin de la Diosa; Y en mi alma reposa la luz como reposa El ave de la luna sobre un lago tranquilo. Y no hallo sino la palabra que huye, La iniciacin meldica que de la flauta fluye Y la barca del sueo que en el espacio boga; Y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente, El sollozo continuo del chorro de la fuente Y el cuello del gran cisne blanco que me interroga. [Ilustracin] [Ilustracin] NDICE Pgs. PALABRAS LIMINARES 7 PROSAS PROFANAS Era un aire suave 15 Divagacin 23 Sonatina 33 Blasn 39 Del campo 43 Alaba los ojos negros de Julia 47 Cancin de Carnaval 51 Para una cubana 57 Para la misma 59 Bouquet 63 El Faisan 65 Garonnire 69 El pas del sol 73 Margarita 77 Ma 79 Dice Ma 81 Heraldos 83 Ite, missa est 85 COLOQUIO DE LOS CENTAUROS 89 VARIA El poeta pregunta por Stella 107 Prtico 109 Elogio de la seguidilla 119 El cisne 123 La pgina blanca 125 Ao nuevo 129 Sinfona en gris mayor 133 La Dea 137 Epitalamio brbaro 139 VERLAINE Responso 143 Canto de la sangre 147 RECREACIONES ARQUEOLGICAS I. Friso 153 II. Palimpsesto 159 EL REINO INTERIOR 165 Cosas del Cid 171 Dezires, layes y canciones 177 Las Anforas de Epicuro 189 [Ilustracin] ACABSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN MADRID, EN EL ESTABLECIMIENTO TIPOGRFICO DE JOS YAGES SANZ, EL DA XXXI DE JULIO DEL AO MCMXVII PRIMERA Y UNICA EDICION DE LAS OBRAS COMPLETAS DEL GLORIOSO POETA HISPANO-AMERICANO RUBN DARIO cuidadosamente seleccionadas, corregidas e impresas en tomos de 300 a 400 pginas, con magnficas decoraciones del insigne artista ENRIQUE OCHOA Se publica un volumen mensual. Para la adquisicin de estas colecciones se admiten suscripciones a los precios siguientes: _Suscripcin anual, o sea de doce volmenes_: _En Espaa._ _En el Extranjero._ En rstica 40 ptas. 45 pesetas. En tela con planchas doradas 52 55 En pasta espaola 58 62 _Volumen suelto_: En rstica 3,50 ptas. En tela con planchas doradas 4,50 En pasta espaola 5,00 Las suscripciones, tanto a Espaa como al Extranjero, se servirn =FRANCO DE PORTE= y se cobrarn por SEMESTRES ADELANTADOS EDICION ESPECIAL para BIBLIFILOS Adems se har una tirada extraordinaria de cien colecciones numeradas, impresas en papel fabricado especialmente y encuadernadas en pergamino, que se servirn nicamente por suscripcin en las mismas condiciones que las anteriores, al precio de DIEZ PESETAS CADA TOMO En cada tomo se harn constar los nombres de los suscriptores a todas las colecciones, tanto de la edicin corriente como de sta, especialmente dedicada a biblifilos, la cual llevar adems, si as lo desea el interesado, su nombre o iniciales en la tapa de encuadernacin, sin ningn otro adorno; pero si el suscriptor desea que la tapa vaya decorada a mano por el Sr. Ochoa, habr de aumentar otras 10 ptas. por este trabajo. Cada tomo llevar distinta decoracin. Para suscripciones y pedidos de ejemplares, dirigirse a la casa administradora de esta edicin, EDITORIAL MUNDO LATINO Barbieri, 1 duplicado.--Apartado 502 MADRID Las libreras de Espaa y Amrica debern dirigir sus pedidos a la SOCIEDAD GENERAL ESPAOLA DE LIBRERA, DIARIOS, REVISTAS Y PUBLICACIONES (S. A.) Ferraz, 21. Madrid. End of the Project Gutenberg EBook of Prosas Profanas, by Rubn Daro License: Share Alike