Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries) Notas del Transcriptor: Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original. Los errores obvios de puntuacin y de imprenta se han corregido. Las pginas en blanco presentes en la versin original en papel se han eliminado en la versin electrnica. El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_. * * * * * TODO AL VUELO [Ilustracin] [Ilustracin] [Ilustracin] RUBN DARO TODO AL VUELO [Ilustracin] VOLUMEN XVIII DE LAS OBRAS COMPLETAS ADMINISTRACIN EDITORIAL MUNDO LATINO MADRID ES PROPIEDAD [Ilustracin] TODO AL VUELO [Ilustracin] FILMS DE PARS FILMS DE PARS [Ilustracin] Los exticos del Quartier. En la terraza del Valchette, o desde algn banco del Luxemburgo, me fijo singularmente en los exticos que desfilan. Y me llama sobre todo la atencin el negrito del panam, un negrito negro, negro, con un panam blanco, blanco. Es un negrito delgado, gil, simiesco, orgulloso, pretencioso, pintiparado, petimetre, suficiente, contento y como danzante. Pars contiene varias clases de hijos de Cham, pero este negrito a ninguna de ellas pertenece. No es, seguramente, el clebre payaso Chocolat, que ha recibido recientemente una medalla por haber ido muchos aos a divertir con saltos y muecas a los nios pobres de los hospitales y asilos; no ser, por cierto, Koulery Ounbalo, prncipe Glegl, hijo del rey Behanzin Cortacabezas, que puede verse reproducido en cera en el Museo Grevin, y del cual prncipe, que ha servido como buen soldado a Francia, no ha vuelto a acordarse el Estado que depusiera a su padre; no ser, de ninguna manera, el diputado por la Guadalupe, Legitimus, que ha pasado ya los aos de la alegre juventud; no ser, sobre todo, el estupendo Johnson, que desquijarr a Jeffries en Yanquilandia y cuyo retrato y sonrisa de oro han popularizado las gacetas. Quin ser, entonces, este negrito pintiparado que camina _en se dandinant_; y _dodelinant de la tte_? A veces va solo; a veces con otros compaeros de color, pero que no tienen sus manifestaciones de holgura ni su cndido jipijapa; a veces, en compaa de una moza pizpireta del _quartier_, una de esas trabadas calipigias que andan hoy por la moda en perpetua gymkana. Como no estamos en los Estados Unidos, la muchacha jovial que ama los oros no grada ni los relentes ni los inconvenientes de la mayor o menor cantidad de betn de su acompaante. Hay un hecho innegable por su apariencia: ese negrito es rico. Debe quiz poseer caaverales en alguna Antilla; o bien su bien provista cantina en tal ciudad del Congo; o bien sencillamente ser algn banquero, esto es, un negro tratante en blancas para Coln, para Jamaica o para Trinidad. Vaya usted a saber! Mas lo que llama la atencin es su suficiencia, su aplomo y un mirar y un sonreir donjuanescos... _Niger sum sed formosus_... Pasan los amarillos, casi siempre de dos en dos o de tres en tres, con o sin sus amiguitas respectivas. Un buen conocedor podra distinguir a los chinos de los japoneses. Parecidas son sus caras plidas, sus ojos ms o menos circunflejos, saltones o perdidos en una adiposidad o como insuflamiento de fluxin, serios o risueos, con rasgos huyentes o definidos como los de las mscaras de su tierra. Les hace falta el kimono, o la blusa extremoriental, pues los jaquetes o las americanas les quedan siempre arrugados y flojos, gritando su origen de la Belle Jardinire o de la Samaritaine. Y en el coro de las peripatticas del Barrio se ve que no echan de menos ni sus chinitas, sus congais o sus musms y geishas. Pasan los turcos, griegos, levantinos, con aspectos sudamericanos, y van a comer su pilaf, su kiebab, su baklava y su leche cuajada a los comedores de un franco veinticinco que hay en la rue des coles. Y las parisienses estudiantfilas van con todos contentas, a cambiar su fcil amoro por esos amoros de distintos colores, olores y sabores, pues el yen y la dracma se funden en el ureo luis de Francia. Pero entre todos los exticos que pasan, el negrito del panam se lleva la palma. Jean Orth. Eugenio Garzn, el platense de _Le Fgaro_, debe estar contento, pues le han vuelto a poner de actualidad a su famoso archiduque. Como se ha solicitado en la corte austriaca que se declare oficialmente el fallecimiento del misterioso y romntico desaparecido, tornan a referirse las viejas historias y leyendas. Se hundi en el mar en la Sainte Marguerite el prncipe aventurero? Vive an en alguna parte de Amrica o del Asia, como se sospecha? Es el caso que muchos no creen en su muerte, que hay quienes le han visto y hablado con l, gentes que viven en Francia, en Blgica y en el Ro de la Plata. La ltima carta que se recibiera de Jean Orth, o sea del archiduque Juan Nepomuceno Salvador, fu escrita en la Ensenada, en el estuario del ro de la Plata, y en ella manifestaba el prncipe que se diriga a Valparaso por el cabo de Hornos. No se supo de l ms. Se ha credo que una tempestad hundi en el mar el velero y sus tripulantes, y al Habsburgo soador y a su mujer la bailarina vienesa Milley Stubel. Algunas consideraciones--dice Raymond--Perraud, apoyan esta hiptesis. Parece cierto que hubo ciclones que desolaron aquellas regiones all por el fin de julio de 1890. El _Temps_ de 5 de noviembre de 1890 public un telegrama segn el cual un navo sueco que lleg a Chile haba encontrado en su derrota tres restos de barcos cuya nacionalidad no haba podido conocer. Se sabe, por otra parte, que Jean Orth haba estudiado, de 1887 a 1889, lo preciso para obtener su ttulo de capitn mercante, lo que implicara su voluntad decidida de adoptar la carrera de marino. En fin, es extrao que ningn hombre de la tripulacin, suponiendo a stos sanos y salvos, no haya dado nunca seal de vida. Sin embargo, justo es reconocer que la investigacin seguida de 1899 a 1900, en la Argentina misma, por Eugenio Garzn, ha llevado a ste a una conclusin diametralmente opuesta. Esto lo acabo de leer en el _Paris Journal_. Hay que advertir que el tono literario y la forma elegante del libro de Eugenio Garzn han hecho creer a muchos que se trataba de una exposicin novelesca y que aun la documentacin y los nombres pertenecan al imperio de la fantasa. Sin embargo, nada ms real que las averiguaciones del eminente periodista. Es una lstima que el jefe de Polica del departamento de Concordia, seor Jos Roglich, no haya sido ms explcito, o que su informacin no haya sido llevada a mayores detalles. El seor Nino de Villa Rey, por su parte, ha contribudo a que se aumente el misterio con su silencio o sus reticencias respecto al amigo a quien acompaase a la colonia Yeru. Lo ltimo que se averigu en la Argentina es que Jean Orth y su mujer se internaron en las soledades del Chaco paraguayo. Mas luego resulta que se le ha visto despus en la Argentina, en diferentes fechas posteriores, y lo que es ms interesante an, hay quienes han hablado con l en Pars nada menos que en los das del recin pasado febrero. El _Courrier Europen_ publica una carta del doctor Albert Ferenez, que asegura saber de origen muy seguro, que el archiduque vive en la Argentina, donde posee una real y hermosa fortuna, que no hace mucho estuvo en Pars y en Londres. Los detalles abundan. Jean Orth se hosped en el Grand Hotel, con el nombre de barn Otto. Vino a hacer una consulta judicial, para lo cual habl con los abogados Douhet, francs; Lapuya, espaol, y Cassoretti, italiano. Luego parti para Nueva York, en donde tuvo una entrevista con un conocido jurisconsulto y diplomtico, Mr. Everett. Entre las personas que han visto al barn Otto, y reconocido en l al archiduque Juan Nepomuceno Salvador--dice el doctor Ferenez--puedo citar al conde Marulli, antiguo chambeln y secretario del conde de Caserta, que lo vi en Londres, y al doctor Nadal, antiguo profesor en la corte de Viena, que tuvo ocasin de encontrarle en Pars. Agreg que M. de Cassoretti estuvo recientemente en Viena. Hecho significativo: ese paso por Viena del abogado particular del barn Otto ha coincidido con el despertamiento de la historia de Jean Orth, es decir, con la satisfaccin acordada por el gran mariscalato de la corte de Austria al archiduque Jos Fernando, heredero de los derechos de la corona de Toscana, quien dentro de seis meses obtendr la declaracin de la muerte legal de su to. Pero he aqu un detalle extraordinariamente interesante. Monsieur de Cassoretti no desaprueba de ninguna manera la decisin tomada por la corte de Viena, por la buena razn de que Jean Orth, hoy barn Otto, no piensa de ninguna manera en protestar contra la declaracin de su muerte. En fin, debo declarar que mis informes no se limitan all y que no se ha perdido la pista del barn Otto, desde el ltimo abril, fecha de su ltima permanencia en Nueva York, y de su entrevista con el jurisconsulto Everett. Por su parte, el redactor del _Figaro_ M. Andr Nodel, habl con el abogado francs M. Doullet, el cual ha dado a entender, si no lo ha confesado claramente por el secreto profesional, que en efecto, en febrero pasado fu consultado, en unin de sus colegas Cassoretti y Lapuya, por el barn Otto. Un redactor del _Journal_ publica las declaraciones de M. Henry Cnac, antiguo comerciante, oficial francs que habita en la Argentina desde hace veinte aos. Este seor asegura haber encontrado a Jean Orth por el ro Negro, bajo el nombre de don Ramn. El hecho fu conocido, y afirma que se ocup de l _Caras y Caretas_. Esto aconteci en 1901. Asimismo, cree haber tratado a Jean Orth, por parajes argentinos, el comandante Lecointe, que fu en la expedicin de la Blgica. Por ltimo, el cnsul argentino en Viena afirma la existencia del rico propietario barn Otto en la Argentina; pero dice que, no interesndole el asunto, nunca se preocup de averiguar si bajo ese nombre se ocultaba el novelesco archiduque. Despus de todo, no existe en Buenos Aires ningn Sherlock Holmes? La pesquisa es de trascendencia y el folletn de universal inters. El faunida. En una estacin del Metropolitano, o del metro, como aqu se rebana. Un hombre, en cuya cara se encuentran rasgos de un famoso retrato de Carrire, pero que revela una tranquilidad y pasividad esencialmente burocrticas, ve pasar gentes y gentes, oye el ruido de los subterrneos trenes, cuenta paquetes de cartones, apunta nmeros en calepines, acaricia lpices y perforadores. No le perturba ninguna inquietud. Llega a las horas fijas de su empleo y se retira cuando han cesado sus funciones. Tiene asegurados los huevos al plato y la coteleta, gracias a la administracin. Fuera de su ropa diaria, tiene la menos modesta dominical y de los das excepcionales. Es casado? Es soltero? No me ha interesado el averiguarlo. De todas maneras, debe portarse correctamente y cumplir con sus obligaciones. Creer en los beneficios de la repblica, tendr su mira puesta en un ascenso y obtendr quizs pronto las palmas acadmicas. Todos los aos, en una fecha fija, sabe que es obligacin suya reunirse en un caf de barrio, con unos cuantos hombres y mujeres que dicen discursos y versos a la memoria de su padre, y que comen por tres o cuatro francos, en fraternal gape, con la locuacidad de los hombres de letras. l llena su misin sin comprender muy bien lo que se dice. Vagamente sabe que hay algo que le debe dar cierto orgullo y algo que le debe dar cierta vergenza. Lo que es un hecho es que es un buen empleado, que merece el elogio de sus superiores y que nadie tiene que hacerle el menor reproche en su conducta. Es un hombre relativamente feliz. Ignora las angustias del ajenjo, de la lujuria y de la gloria. Es el faunida, es el hijo de Paul Verlaine. La princesa Gnika. Quin la llama la nueva Cenicienta? El que sabe que ella se ha logrado un prncipe con un sombrerito, as como la otra Cenicienta se lo gan con un zapatito. El cable os ha de haber llevado el caso, pero los detalles son muy sabrosos. Mademoiselle Liane de Pougy es una clebre peripattica, cuyas glorias medio mundanas han cantado conspicuos aedas. Entre ellos el principal fu su amigo Jean Lorrain, que en paz descanse. Famosa por sus hazaas amorosas como por sus trajes y sus joyas, hace ya tiempo que su nombre es pronunciado como se chupa un bombn en el mundo de los que se divierten. Sus amantes han sido variados y de distintos pases, como los de tal Emiliana eclipsada o los de cual Carolina en su ocaso. Todo esto quiere decir que no est ya en la primavera de la vida. Se ha dedicado en momentos de desencanto, o de ocio--_otium cum negotio_--a las bellas letras. Como en estos casos, siempre la murmuracin ha asegurado que sus cuentos, sus novelas y sus versos, no son de ella. Pero parece que, en verdad, tiene un temperamento literario, que es fina y no dice palabrotas como la Otero. Ms an, al ser suyos los versos siguientes, que se han publicado con su firma, quedaramos en que es una aventajada discpula de Maeterlink; la poesa se titula Inutilement: Et si son regard te cherchait, Et si son regard t'implorait, Saurais-tu comprendre? Non! Je dirais: Il se souvient D'une heure qui lui parut tendre! Et si son dsir te voulait Et si son dsir t'appelait Voudrais-tu permettre? Non! Doucement, je sourirais Comme au destin qui fut mon matre. Et si son coeur te regrettait, Et si son coeur te suppliait, Resterais-tu forte? Je me dirais: C'est un retour Prs de la tombe d'une morte! Et si tout son tre souffrait, Si son tre se torturait, Sans pouvante, Je me dirais: Le voil prt, Pour le bonheur de d'une autre amante! Esto, si no nos acerca un poco a Aspasia, nos da idea de las buenas relaciones intelectuales que ha podido tener la aplaudida sacerdotisa. La cual tiene un castillo esplndido, lleno de mrmoles y flores, en Saint-Germain-en-Laye, cerca del conde de Noailles, y una negrita de compaa, casi siempre vestida de verde y que se llama Jess. Avino, pues, que una tarde, pasebase no lejos de su mansin, en el lindo pueblo, la ilustre cortesana, en compaa de otra no menos ilustre y de un joven amigo, por el cual padeca el amable mal que aqu llaman _bguin_. El joven, casi un efebo, es nada menos que prncipe. Prncipe ms o menos valaco, servio o rumano, pero prncipe; con una cara como la de Kubelik, y un significativo tup. Y el otro tup! Iba, pues, Liane de Pougy en su compaa, luciendo entre otras cosas un sombrero que, por lo diminuto, pareca un sombrero de mueca. En esto, aparecen en una bocacalle dos damas burguesas con un excelente seor burgus. Una de las burguesas, verdaderamente asombrada y regocijada, al ver el sombrerito de la amorosa, se ech a reir con todas ganas, como corresponde a una burguesa. Entonces el joven prncipe, en defensa de su amiga bella, dijo a la mujer que rea: --Cuando se tiene una _gueule_ como esa, no se debe reir: --_Gueule_ ha dicho!--exclam indignada la burguesa dirigindose a su marido. Al mismo tiempo que daba a la Thais un nombre de simptico pjaro que ignoro por qu toman aqu por un insulto: Grulla. Cuando el prncipe menos lo pens, el hombre republicano le di un par de sonoras bofetadas. --Caballero!--grit. Y el otro le di entonces otro par. Luego cada cual se fu a su casa. El prncipe, naturalmente, no mand los padrinos al hombre inferior, sino que le entabl demanda. Y Liane lamentaba a su prncipe deteriorado a causa de ella. Ello no tuvo grandes consecuencias. Sino que, al poco tiempo la negra Jess prepar su ms papagayesco vestido verde, para asistir a la boda de la nueva princesa, que con su ttulo queda convertida en sobrina de la reina Natalia de Servia. Esta se ruborizar de la _mssaliance_. Si viviese el rey Milano! Y como parece que la renta que antes serva a su joven preferido la cortesana, se ha aumentado con la ceremonia nupcial, dicen, con cierto eufemismo, malignos como el poltico Graut-Richard: Si nos arrire-grands-oncles virent des rois pouser les bergres, nous voyous, nous, des princes pouser le troupeau et des sirenes sduites par de brillants mais minuscules htes de l'onde. Y otros irnicos: Es en efecto cierto que celebrando el pacto conyugal, entrando en la categora de las esposas legtimas, mademoiselle Liane de Pougy se _dclasse_ definitivamente. Se aparta de la deliciosa galera de las grandes cortesanas, la que fu en nuestros tiempos morosos el ms esplndido adorno. Aspasia y Lais, Mariu Delorme, Ninn, Mann Lescaut, Cora Pearl y Anna Deslions, tenan en Liane una continuadora tan bella como ninguna de ellas lo fu jams. Ella mantena, no diremos el pabelln, pero s la bandera de las ilustres hetairas y de las suntuosas vendedoras de olvido. Era una gran figura, la alta significacin de un ideal eterno. Pues, si son maldecidas por los burgueses y abominadas por los profesores, las grandes cortesanas tienen de su parte a los poetas, a los artistas, a los que dan la inmortalidad. Y mademoiselle Liane de Pougy renuncia a todo eso. Pone su dimisin de diosa. Se pierde entre la muchedumbre. Llega al matrimonio como un bello bajel que acaba de correr mares encantados y que, abandonando sus bellas velas, vuelve al puerto comercial, se resigna al dique polvoroso cerrado de esclusas, limitado por cadenas, rodeado de funcionarios. Qu cada! Y se insiste en el tup principesco. Qu tup. Sbese--dice otro maldiciente--que la princesa est condecorada con el guila Negra del Benin? Una condecoracin africana, como veis. Condecorla el rey negro Tofa, que fu un admirador fervoroso de sus encantos. El recuerdo de su belleza lo persegua en las regiones tropicales y le obseda a tal punto, que el buen monarca, que saba algunas palabras de francs, siempre hablaba de ella cuando charlaba con oficiales amigos. --Comment vas-tu? --Pas mal, et toi, mon vieux? --Moa, Lian' Paougi! Lian' Paougi! Y al decir esto, el buen rey de Benin sacuda su bicornio emplumado y las charreteras de cabo que adornaban sus espaldas desnudas. Maldad, se dir, murmuraciones, envidias. Pero es el caso que el prncipe servio debe de saber toda esa coleccin de ancdotas y ocurrencias que han aparecido en los peridicos con motivo de su sonado casamiento. Los parisienses, de todas maneras, se han enorgullecido de ella. --Es--dice uno--la ms clebre de nuestras _demi-mondaines_ y la ms rica. Su lujoso hotel de la rue de la Neva encierra una fortuna. Ms de cien mil francos de _bibelots_ estn amontonados en la chimenea, y una vitrina de vientre dorado contiene por un milln de joyas. La duea monta a caballo, toca guitarra, toca piano, recita y conoce la pantomima. Su gloria se realza con algunas resonantes tentativas de suicidio. Ya veis que toda su persona es lo que se llama completamente parisiense. Y que en tiempos en que se endiosan a los histriones y cortesanas, ella est _the right woman in the right place_. Cuando en la alcalda el funcionario le pregunt por su edad, ella confes, con cierta vacilacin encantadora, treinta y tanto aos. En cuanto a su nombre verdadero, le fu preciso revelar un patronmico harto vulgar. En su anterior estado de casada se llamaba madame Purgre. No dicen que se llama D'Annunzio Rapagnetta? Y Anatole France simplemente Thibaut? Pero ya oigo a Unamuno exclamar en su francofobia: Pero en eso se ocupan los franceses?--En eso, mi buen amigo, y en otras cosas ms! De la necesidad de Pars. Cuando uno ha habitado la ciudad de Pars por algn tiempo, se convence de que, desde luego, vale ms que una misa. Se padece fuera de Pars la enfermedad de Pars. No da uno un paso sin recordar a propsito de cualquier cosa el ambiente y el encanto parisienses, y la nostalgia se acenta de manera que hay que volver lo ms pronto posible. Es que hay una especie de brujera en la villa divina e infernal que posee y no suelta jams. Una misa? Todo el ritual romano lo dais por retornar al imperio de Pars y de la parisiense. El florido anciano de antao que echaba a volar sus canciones en Pars como gorriones, cantaba: Ris et chante, chante et ris; Prends tes gants et cours le monde; Mais, la bourse vide ou ronde, Reviens dans ton Paris; Ah! reviens, ah! reviens, Jean de Paris. S, Branger tena razn. Para el verdadero parisiense de Pars, la bolsa ms o menos provista es cosa secundaria. El rastacuero no comprender eso. El parisiense de Pars sabe acomodarse. Sabe que la gran ciudad, al que llega a conocerla bien y a amarla de veras, le ensear el arte de servirse, con igual relativa satisfaccin, tanto del franco como del luis. Toujours, dit la chronique ancienne, Jean sur son grand sabr a sant, Quand de leur ville avec la sienne Des sot, comparaient la beaut. Proclamant sur son me, En prose ainsi qu'en vers, Les tours de Notre-Dame Centre de l'Univers. El parisiense de Pars, como Jean de Paris, cuya crnica tradujese o modernizase Jean Moreas, que padeca gozosamente de parisitis, no admite comparacin alguna. Apenas os reconocer paridades retrocediendo en lo pasado, y si nombris a Roma o Atenas, y esto con una clara condescendencia, y porque no puede haber celos posibles al tratarse de ciudades muertas. Mas los Londres, las Vienas, los Berlines y las Romas, no son admitidos sino como lugares secundarios. El quien no ha visto a Sevilla, no ha visto maravilla y el ver Npoles y morir, no hacen sino sonreir vagamente al verdadero parisiense de Pars. S'il franchit la grande muraille, S'il cocufie un mandarin, Du peuple magot s'il se raille, A Paris s'il revient grand train, L'espoir qui le domine C'est, chez son vieux portier, De parler de la Chine Aux badauds du quartier. Anatole France en Buenos Aires, como Charcot en el polo, como Voltaire en el infierno, tened por seguro que no estn preocupados sino de su Pars. Si algo hacen es por esperar un recuerdo o una sonrisa de la diosa tutelar. La urbe coronada de torres, con su barca que flota y no se sumerge, es el ideal de sus pensamientos y de sus acciones. Volver a Pars y contar lo que se ha hecho y lo que se ha visto, ese es el objetivo del parisiense de Pars que se ausenta, personaje, por otra parte, no comn, pues el neto parisiense de Pars no sale de su ciudad sino para su _villgiature_. En tiempo del segundo imperio, se deca que no sala de los bulevares, y que nunca haba pasado a la orilla izquierda del Sena. Y la cancin os lo seguir explicando mejor: Je veux de l'or beaucoup et vite, Dit-il, au Prou dbarquant. A s'y fixer chacun l'invite: Me prend-on pour un trafiquant Loin de mes dix matresses, Fi de ce vil mtal! Je prfre aux richesses Paris et l'hpital. El parisiense no es colonizador ni emigrante. No se trasplanta, no se desarraiga. No le importa el resto del mundo. No es el francs, sino el parisiense de Pars, el famoso monsieur condecorado, que ignora la geografa. Ahora empieza a saber algo, y Buenos Aires est en su leccin, por lo cual debis regocijaros. Je prfre aux richesses Paris et l'hpital. Se dir que eso est dicho por Verlaine, si no se supiese lo que amaba _les ors_ el pobre Llian. El parisiense, no por ser tan apegado a su terruo y tan amigo de los placeres que en el _couplet_ anterior se seala con indiferencia diez queridas, deja de ser gentil, entusiasta y valiente. A la guerre gaiement il vole Pour la croix ou pour Saladin, Se bat, jure, pille et viole, Puis Paris crit soudain: Que ma gloire s'tende Du Louvre aux boulevards, Qu'un ramoneur y vende Mon buste pour six liards. En Perse, il prtend qu'une reine Lui dit un soir: Je te fais roi, --Soi! rpond-il; mais pour ma peine, Jusqu'au Pont-Neuf viens avec moi; Pendant huit jours de fte, Tout Paris me verra Montrer, couronne en tte, Mon nez a l'Opra. Jean de Paris, dans ta chronique, C'est nous qu'on peint, nous francs badauds. Quittons-nous cette ville unique, Nous voyageons Paris dos. Quel amour incroyable, Maintenant et jadis, Pour ces murs dont le diable A fait son Paradis! Ris et chante, chante et ris; Prends tes gants et cours le monde: Mais, la bourse vide ou ronde, Reviens dans ton Paris; Ah! reviens, ah! reviens Jean de Paris. Y esa cancin del buen Branger me ha venido a la memoria hoy que tengo otra vez que dejar Pars, aunque yo no me considere con ttulos suficientes para aspirar a parisiense de Pars. A la verdad, Pars se infiltra en la sangre, penetra en el espritu, se convierte en necesidad. Es su cielo, que no es puro ni cristiano, como los cielos de Italia y Espaa; son sus calles bulliciosas y vibrantes, por las cuales va una onda de fludo parisiense perturbador y acariciador. Son sus museos y sus jardines, sus teatros y sus _restaurants_, y el bullir cosmopolita y la confusin bablica de los idiomas, y los rostros satisfechos de los extranjeros de paso y de los metecos residentes; y, sobre todo, es el pjaro del dulce encanto y la flor que danza y que sonre, la figura de amor y de deseo en que habitan los siete pecados y los mil hechizos que se llama la parisiense. Se dira que uno desea ausentarse para tener despus el placer del retorno. Juan de Pars re y canta, canta y re, toma sus guantes y va por el mundo; pero, con dinero o sin dinero, vuelve a su Pars. Skating ring al aire libre. En el espacio que queda entre l'Avenue de l'Oservatoire y el jardn del Luxembourg, todos los domingos se reune una regular cantidad de gente que forma crculo alrededor de unos cuantos jvenes y nios que convierten la calle en un saln de patinar. La circulacin queda interrumpida por esa va. Los aficionados al americano patn de ruedas cosechan silenciosas aprobaciones y de cuando en cuando suele presenciarse uno que otro batacazo. Los patinadores son de diversas clases. Predominan los anglosajones del barrio, artistas, estudiantas o estudiantes, nias con el lazo de cinta en el cabello y las piernas desnudas y rosadas, _gibsongirls_ largas y libremente elegantes, mozos hechos a todos los _sports_, que las acompaan en sus evoluciones y deslizamientos, y nias parisienses y muchachos de las escuelas y tal cual intruso tipo apachado, que habla fuerte e interpela a los amigos de lejos. Van los patinadores en grupos y suena el rodar de las pequeas ruedas con singular ruido. Quienes van en parejas, como para la danza, o aislados, cual en fuga o en persecucin. El viento mueve y echa hacia atrs esa cabellera de hijo de Eduardo o esos rizos infantiles; pega las faldas a los muslos a modo de los paos de las hmedas estatuas de los talleres. Tal Atalandra rodante inclina el busto, o se ladea, dirase que empujada por una rfaga; tal mocetn se acurruca o hace que corre, o gira como en un vals, o se lanza con gallarda, o da de pronto un sonoro golpe en la tierra con todos sus huesos, entre las risas y sonrisas del corro. Lo cmico est en el hombre barbudo que se entromete haciendo gracias y casi se destruye su individuo por el porrazo; en la seorita pizpireta que llega del Boul' Miche a tomar sus primeras lecciones, y en la primera cada tiene tan mala suerte que muestra al pblico regocijado ms de lo que hubiese podido sospecharse. Entretanto, en lo grato de una tarde que parece primaveral, vense a travs de las rejas, en la avenida del jardn vecino, las nias que juegan al _tennis_, las que lanzan el dibolo, las que corren tras la rueda, las que sentadas en los bancos contemplan los juegos de las otras. El chorro de agua se alza all lejos, en la fuente central, en cuya pila echan sus barquichuelos otros nios, barquichuelos que navegan como los barcos del mar, bajo el polvo de agua que arranca el viento de la cristalina pluma erguida. Y otros juegos pueriles hay all cerca, junto a las reinas de piedra, no lejos de la fuente Mdicis, amada de los tranquilos y de los soadores. Mas los patinadores son incansables. Cuando uno ha dado la vuelta por todo el vasto jardn, y odo un poco de cosas del Guiol y aun hecho una visita al Museo, aun encuentra el ancho crculo de curiosos que marcan los giros e idas y venidas de los _sportsmen_ y _sportswomen_ amigos del patn rodante. Y ya la noche va cayendo y no hay fatiga para ellos. Se pensara en una voluptuosidad especial, pues se ve que gustan de ese ejercicio como de un pecado. Hay varios _skating rings_ en Pars, mas ste que tiene por techo el cielo y por vecinos los pjaros de los rboles, debe de serles singularmente satisfactorio a los patinadores. Sarah-Nern. El prodigioso espritu que se encarna en el no menos prodigioso cuerpo de la ms grande de las trgicas francesas, est por realizar un nuevo avatar. Los aos que avanzan y pasan han ido alejando a Theodora y a la Dama de las Camelias. La voz de oro ha adquirido timbres ms graves, y la masculinizacin se impuso gracias al flexible talento, al talento genial. Sarah se transfigur en el ambiguo Lorenzaccio de Musset; en el de negro vestido prncipe de Dinamarca; en el _Aiglon_ de Rostand. Ahora se anuncia un nuevo _travesti_, en una obra clsica. Y Sarah ser Nern en _Britannicus_; y, vencedora de la vejez, aparecer otra vez vencedora y encantadora por la virtud suprema del Arte y de la Poesa. Adis a Moreas. Adis, Jean Moreas, grande y buen poeta, amigo poeta, que fuiste tan gentil, tan lrico y tan noble. En mi juventud pasada busco para ti una corona de recuerdos. Fu en la primavera de 1893. Yo vena loco de Pars, a Pars, por la primera vez, de paso para Buenos Aires. Me hospedaba en un hotel cercano a la Bolsa y que ya no existe, el hotel de la Bourse et des Ambassadeurs. Quin me present a ti, a quien tanto deseaba conocer, lleno como estaba de mis ensueos y entusiasmos poticos? Probablemente Carrillo, que a la sazn trabajaba en casa de Garnier, colaborando en el Diccionario de Zerolo y en otras cosas. Probablemente Alejandro Sawa, que flotaba en el ambiente parisiense como en su propio elemento, con su bella figura de bohemio. El caso es que la misma noche de nuestro conocimiento mutuo, amanecimos, con otros compaeros, en el Mercado Central, comiendo almendras verdes. Yo estaba orgulloso y contento con ser amigo ntimo del _Peregrino Apasionado_. No haba visto an a Verlaine. S a Charles Morice, con quien, no s ya cmo, nos encontramos al amanecer en mi cuarto del hotel. T recitabas versos sonoramente, egregiamente, con gestos pomposos, retorcindote de cuando en cuando los bigotes de palikaro. Me encantaba que fueses de Grecia y que te llamaras Papadiamantopoulos. Tengo presente que junto a una mesa, Morice y Sawa examinaban dos libros que yo saqu de mi bal, mi _Azul_ y _Lives of Grass_, de Walt Witman. Yo sal a pedir caf y alcoholes. Cuando volv no te encontr en el cuarto. Fu en tu busca, cuando vi toda azorada como una ninfa, a la _petite bonne_ del establecimiento, que hua y a ti persiguindola, con el rostro de un fauno y los brazos extendidos, al modo de Jpiter tras Dafn, e ibas, como los _satiraux_ de tus versos, _sautant par bonds_. Despus part para Buenos Aires y publiqu all sobre ti largas pginas que t no viste nunca, por la sencilla razn de que no te las envi jams. Cuando retorn a Pars, aos despus, haba ya blancos en tu cabellera. Volvimos a estar juntos en el amado Barrio, y a pesar del tiempo transcurrido, de tu aspecto enfermizo y de tu delgadez, tu gesto era el mismo de antao, tu segura y generosa palabra brotaba siempre sonora y juvenil. A tu modesta morada del _boulevard_ Bouman te haba ido a buscar la gloria oficial, y as sangraba en tu solapa la cinta de la Legin de Honor. Tu _Ifignie_, de la cual haba yo publicado antes en _La Nacin_ una corta primicia, haba sido representada triunfalmente en _arenas_ meridionales y en teatros parisienses y europeos, en donde la voz de Silvain clamaba heroicamente tus puros alejandrinos. Habas ya, como alguien ha dicho, agregado a Sfocles, un aire de Homero y de Virgilio. Y t seguas, en el medio de los estudiantes y de las jvenes frecuentadoras de Bullier, en tu querida orilla izquierda del Sena, la misma vida de tu juventud, dando a los adolescentes envejecidos un ejemplo de constancia en la alegra y en el ensueo, con tu tabaco, tu _vermouth_, o tu cerveza, gozando con el placer de la noche, departiendo de arte y de belleza con tu compatriota Demetrius Asteriotis, o con otros viejos amigos. All, en tu Vachette preferido, nos vimos la ltima vez. Antes te haba visto frecuentar algunas tardes el Napolitain, en el grupo de Mends y su mujer. Courteline, Silvain, Carrillo y otros menos famosos. No pasabas inadvertido, pero no eras el imperante, dado que el viejo lrico que tuvo tan mala muerte, monopolizaba las atenciones. Deseaste un silln de la Academia, justo e inocente deseo. Y cuando estabas cercano a la probabilidad de lograrlo, se te abre la tumba como una trampa de la suerte. Tantt semblable l'onde et tantt monstre ou tel L'infatigable feu, ce vieux pasteur trange (Ainsi que nous l'apprend un ouvrage immortel) Se muait. Comme lui, plus qu' mon tour, je change. Ya no cambiars ms. Queda tu gloria, una gloria serena y de antologa. Tu nombre tendr que pronunciarse cuando se estudie la historia de las letras francesas a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fuiste la probidad intelectual viviente. Fuiste modelo y espejo de poetas, por tu confianza en ti mismo, por la dignidad de tu vuelo, por tu superioridad moral sobre las miserias y pequeeces del mundo. Y si yo llego a la ancianidad, me he de complacer en contar a los adolescentes de maana, privilegiados por las musas, las horas de mi amistad contigo, como un hermoso cuento. Adis, Jean Moreas, grande y buen poeta, que fuiste tan gentil, tan lrico y tan noble! Que el juego te haya sido propicio! El doctor Doyen o la justa malquerencia. El doctor Doyen es famoso. Tiene, pues, enemigos. El doctor Doyen es un cirujano prodigioso. Tiene, es claro, enemigos. Es dueo de una fbrica de champaa. Tiene muchos enemigos. Tiene unas amiguitas de belleza renombrada. Tiene muchsimos enemigos. Tiene y gana enormemente dinero. Tiene innumerables enemigos! Ninguna mal querencia ms justa. Se le acusa, pues, por su fama, por sus operaciones, por su champaa, por sus amiguitas y, sobre todo, por su dinero. A pesar de todo, l contina impertrrito, escribe en los peridicos, tiene un duelo quijotesco, y ahora da una conferencia en el Oden sobre _La malade imaginaire_, de Molire. Ha operado bien. La direccin de la pieza ha estado perfectamente hecha, y el personaje principal ha resultado a la moderna un neurastnico. Luego presenta la cuestin de si el tipo molieresco es una invencin escnica o la representacin de un personaje de carne y hueso que Molire conociera. Doyen opina esto ltimo. Pero--dice--los mdicos de Molire... debera decirse ms bien, los mdicos del tiempo de Molire, pues su ciencia dejaba mucho que desear. Desde luego, los mdicos de la poca de Molire eran ya los enemigos de toda innovacin. En el entreacto que precede a la representacin de _Le malade imaginaire_, plceme ir por el _foyer_, por los pasillos, donde se apia una excelente concurrencia, en la cual hay muchos mdicos. Y crtica por aqu, pinchazo de bistur por all, sonrisas sarcsticas acull... Envidiosos! En el Louvre. Entre las oleadas de gentes que recorren las salas del vasto Museo acabo de ver pasar a Gabriele D'Annunzio con dos amigos. Se han detenido en la escuela espaola delante del nuevo Greco. Luego noto la presencia de una figura conocida. El fieltro con el ala doblada verticalmente, la tez de buen color sonrosado, los ojos vivos, la larga pera blanca que cae sobre el pecho erguido, todo el aspecto con algo de militar, de mundano y de artista. A poco estoy hablando con el personaje. Es el general Mansilla. Y como se acercan los doctores hispanoamericanos Debayle y Amoedo, todos escuchamos al admirable conversador, que habla largamente. Dos autoridades en la materia, Maurice Barrs y Robert de Montesquiou, han alabado como se debe el don de la palabra florida, oportuno y espiritual en este argentino, que es una de las personalidades ms parisienses. Bien colocado est en el todo Pars que representaron de bulto recientemente Sem y Rouville. Todava se le siente fuerte, a pesar de los embates del tiempo. Se impone a las dolencias. Muestra su voluntad de vida. Se ve como un bello ejemplo para los jvenes. Lleno de aos, conserva su famosa elegancia masculina. No se refugia en el encierro como un Sagn. Pasea, goza del aire libre de que siempre gustaron su alma libre y su cuerpo sano. Y aun parece que en la galantera misma, listo estara el mismo Eros para decirle: Presente, mi general! Y su memoria... Me recuerda, en estos instantes de conversacin, mi llegada a Buenos Aires, la comida que me di en su casa, a la cual asistan, entre otros amigos, el doctor Celestino Pera, lo que me dijo, en dilatado y sapiente y ameno decir, una tarde, en la plaza de Mayo, sobre el espritu argentino, sobre el pasado, el presente y el porvenir argentinos. Y el prodigioso general me repite los mismos conceptos de antao, y nos asombra su buen humor, su facundia correcta, su incomparable don de gentes. Su hablar va matizado de ancdotas, adornado de citas, florido de ocurrencias. Los tres que le escuchamos estamos encantados. Los franceses que pasan lo miran con inters y curiosidad. Nos cuenta de su ltimo libro, y de sus _Memorias_, que no sern publicadas hasta despus que se vaya del mundo. Deja a su albacea encargo de que si algo encontrase que crea que no se debe publicar, lo destruya, porque demasiados malquerientes tenemos en vida para ir a aumentarlos despus de la muerte. Y nos separamos de l alabndole y deseando para nosotros una vejez, no verde, sino como esa, dorada y de color de rosa. Rmy de Gourmont y la gloria. Nosotros admiramos a Rmy de Gourmont en la Amrica latina, conocemos, quien ms quien menos, su obra. En el mundo intelectual norteamericano es igualmente conocido y admirado. Guillaume Apollinaire cuenta que en Inglaterra, donde pas algn tiempo en 1904, le preguntaban:--Conoce usted a Rmy de Gourmont? Cmo es? Qu dice?--Y l contestaba:--Rmy de Gourmont, cuando est en su casa anda vestido con un hbito color carmelita... Vive entre libros y grabados de todas las pocas... Apenas habla. Estas mujeres! Siguiendo a las alborotadoras inglesas, he aqu que tambin en esta Francia del encanto femenino las mujeres quieren votar, y quieren ir al Congreso. Tengo a la vista unas cuantas fotografas de esas polticas. Como lo podris adivinar, todas son feas; y la mayor parte ms que jamonas. El feminismo les ha encendido el entusiasmo. Hay que hacer algo ms que murmurar, pirografiar, o criar gatos y perros. La primera en presentarse candidata ha sido Mme. Marguerite Durand, seora de cierto talento y actividad, fundadora de la desaparecida _Fronde_, con sus letras, su facilidad de palabra y su frescura. Para reforzar sus argumentos en favor del voto femenino, present en una conferencia a un idiota, cosa que no todos los espectadores le agradecieron. Como en Pars hay entre la mayora de las mujeres mayor delicadeza y buen gusto que en Londres, creo que no veremos aqu los escndalos, ya groseros, ya cmicos, de las sufragistas britnicas. Pero todo puede suceder, aunque el ridculo en la vida parisiense mata toda incongruencia. Que las mujeres persisten en querer hacer muchas cosas que hacen los hombres y que hay algunas que superan la competencia masculina: perfectamente. Est mejor Mme. Paquin que M. Paquin en la fbrica de trajes. Y si Mme. Curie sabe tanto como M. Curie, segn lo demuestra, bien est, con el aplauso de todos, en su ctedra. Sarah Bernhardt merece la Legin de Honor, como artista, ms que cualquier afeitado o barbudo _m'as-tu-vu_ de la Comedie Franaise. Una que otra _virago_ se ha distinguido en exploraciones e incursiones por tierras salvajes o lugares inaccesibles. Nada hay que argir en contra. Las pintoras de la legin y las novelistas y poetisas ya no pueden contarse. Se dedican a esos _sports_ como a cualquier otro, y hay musas muy recomendables. Pero estos marivarones--suavicemos la palabra--que se hallan propias para las farsas pblicas en que los hombres se distinguen y que, como la Durand, se adelantan a tomar papel en el sainete electoral, merecen el escarmiento. Si viviese el condestable Barbey! Gracias a Shakespeare podemos aceptar las abogadas. Pero las alcaldesas, diputadas y senadoras! Ello pasa de lo aristofanesco. De un Aristfanes para apaches es la escena que ocurri das pasados. Pronunciaba la citada candidata uno de sus discursos de propaganda, cuando un hombre del pueblo gritle desde su asiento: --Quines van a remendar ahora los calcetines? A lo que respondi la aludida:--Los remendarn los que los usen. Y una de las partidarias de la Durand, dirigindose a sta: --No le haga caso. Ese que habla seguramente no usa calcetines. Y el truhn, esforzndose por quitarse sus gruesos zapatos:--Ahora van a ver si los uso o no los uso. En eso vamos a parar con el sonado feminismo? Un escritor discreto, M. Balby, acaba de decir; Hemos vivido veinte siglos con la idea, que pareca decisiva, de que nuestras mujeres, nuestras asociadas, nuestras _mnagres_, tenan por tarea principal velar por el hogar, por la casa, por el _home_; trabajar a su manera por el bien de la comunidad. Ciertamente, la ley, hecha por los hombres, era mal hecha, injusta, oprima a la mujer, no le dejaba ninguna libertad y ni aun el derecho de disponer de su salario. Y la campaa feminista, que reclama la supresin de esos abusos, tuvo el apoyo, la aprobacin de todos los hombres que no eran ni egostas ni tiranos. Pero, cuando esas damas pretenden todos los derechos y rehusan todos los deberes, cuando quieren encargarnos de remendar los calcetines, ellas que no sabran y no podran dedicarse al trabajo del hombre, a su esfuerzo fsico e intelectual, nos muestran el fondo de sus sentimientos. Qu son ellos?--Nada.--Qu quieren ser?--Todo. A los hombres toca saber si aceptarn esa resolucin. Muy discreto esto. Pero poda fijarse M. Balby en que las propagandistas son solamente unas cuantas, viejas y feas. Las pocas jvenes y algunas guapas, si lo hacen, lo hacen por divertirse. Las dems mujeres, de belleza o de gracia, seguirn ejerciendo el nico ministerio que la ley de la vida ha sealado para ellas: el amor en el hogar, o el amor en la libertad. La Prensa de Pars. Leer la Prensa de Pars es un placer... Reposa, tranquiliza el espritu, oh manes de Janin, de Scholl, de Villemesant, de Ignotus. Ved los asuntos de un nmero de diario: El crimen desbordado. El Tribunal correccional juzga cincuenta asuntos por da. Hay cerca de mil cuatrocientos procesos retardados. No se encuentran jueces de instruccin. Cada uno tiene que estudiar ciento veinte causas a la vez.--El cabo Deschamps cuenta cmo se hizo traidor, se rob una ametralladora con secreto especial y fu a venderla a los alemanes.--Llegan los ecos de los ltimos disturbios del Medioda.--Al asesino de las panaderas de Bar le Duc, se le prueba cmo tambin asesin a su abuela.--El asunto de Duez, el ladrn de millones, contina su curso.--El conde d'Aulby, que ha estafado a una sonsa yanqui, que quera a su vez estafarle comprndole cuadros de Velzquez, de Tenniers, y otras firmas as, por cuatro reales, confiesa que no es conde, ni gran Maestre de la Orden de Melusina, sino hijo de un sastre y una jardinera de Londres. Sin embargo tena castillo, y frecuentaba, como otros rastacueros, el gran mundo del _flirt_ del _bridge_ y de las bodas fciles, transatlnticas e intercontinentales.--El doctor Doyen, que iba a inaugurar un curso libre de anatoma, es gritado e insultado por una turba, y no puede dar su leccin. El mismo lo explica:--La cbala--dice--que se ha urdido contra m, para impedirme hablar, es la obra de algunos galopines, empujados por los preceptores y jefes de trabajo de la Escuela prctica. Fueron reconocidos entre los alborotadores muchos preceptores, _agrg_ y otros interesados en la cosa. Incapaces de dictar un curso, con su anfiteatro vaco, tienen por objeto en la vida molestar a los verdaderos trabajadores que quieren hacer conocer los resultados de largas y laboriosas investigaciones. Mi intencin, a pesar de todo, es continuar mi curso y mis lecciones en otro local, pues la Facultad est contra m. Los apaches de ayer no recomenzarn pues yo tendr mi polica especial. Hay que agregar que durante el tumulto de ayer, fueron robados relojes y portamonedas. Precioso cerebro del mundo! A otro caso.--Un stiro, nuevo Soleilland, estrangula y viola a una nia.--Se detallan varios asesinatos y asaltos.--Hay una larga lista de aplastados por camiones y automviles. Y dejo sin citar otras cuantas noticias encantadoras para los neurastnicos. Sin contar con _Zigomar_ y otros folletines de robos, escenas macabras y las usuales prostituciones. Felizmente que existen el _Temps_ y algn otro diario, en que se da tambin cuenta, aunque sea en cuatro lneas, de lo que hacen los hombres que conquistan el aire, de lo que hace Mme. Curie, d'Arsonval, los sabios de la orilla izquierda del Sena--mientras el _bulevar_ hierve y echa su vaho. El burro pintor. Fbula que acaba de acontecer. Exasperados unos cuantos hombres de pluma, de pincel, de buen humor y de psimas intenciones, de ver cmo todos los aos en el saln de los Indpendants, unos cuantos sofisticadores cabelludos y unos cuantos ignorantes atrevidos, entre algunos innovadores de talento que pierden, naturalmente, con la vecindad, exponen _crotes_, innominables y mamarrachos indescriptibles, ante los cuales no faltan zopencos que creen ver lo invisible y adivinar el ombligo del smbolo; aquellos hombres, digo, de pluma, de pincel, de buen humor y de psimas intenciones, fueron a un caf de Montmartre, en cuyo patio hay un burro, ataron a la cola de ste un pincel, colocaron hbilmente la tela preparada, y colazo va y colazo viene, mojado el apndice en colores vivos y distintos, result un cuadro de un ultraimpresionismo capaz de hacer aullar perros de piedra. Antes habase lanzado un manifiesto como el de los pintores amigos del poeta Marinetti. Y al asno, que se llama Lolo, se le hizo aparecer como jefe de la escuela Excesivista, con el nombre italiano de Joaqun Kafael Boronali, Boronali, Aliborn anagramado. Todo bajo el amparo de la vieja alegra gala y el patronato del cura de Meudon. El cuadro del burro se expuso en el mentado Saln de los Independientes. Ms independencia no puede seguramente haber. Charles Morice y otros varones apasionados del arte han protestado por la ocurrencia de los desenfadados. Pero las gentes han redo, y los organizadores del Saln de los Independientes han recibido una buena indicacin. Y uno de los artistas que exponen juntos con Boronali ha tenido, sin embargo, la mejor palabra risuea: --Es verdad--ha dicho--que este ao en nuestro saln hay un cuadro de un burro. Pero en los salones oficiales hay cuadros, no de uno, sino de mil burros. Y como es quien ha redo el ltimo, es quien ha redo mejor. Y un humorista ha puesto en boca del cuadrpedo reflexiones como stas:--Puedo rebuznar; ahora he conocido la gloria... He gustado de las vanidades humanas y he encontrado que tienen menos sabor que los cardos... Cuando Pars supo por las gacetas que el jefe de la escuela Excesivista paca hierba sobre la _butte_ Montmartre, las muchedumbres subieron en filas apretadas. Las gentes venan por centenares a admirarme. Los unos acariciaban mi flaco espinazo, los otros me ofrecan golosinas, muchos, en fin, discutan sobre pintura por la primera vez, no habindose ocupado nunca de pintura, almas simples, hasta que un pollino se puso a pintar con la cola. Desde luego, gracias a mi cuadro, el Saln de los Independientes, triste amontonamiento, ha conocido este ao la boga y ganado admirables entradas, que no me agradece. Lo que me ha complacido sobre todo es que se han escrito al respecto cosas muy divertidas. No hay una sola gaceta, desde _Le Figaro_ hasta _LAvenir du Sngal_ y _Le Moniteur des les Fidji_, que no hayan filosofado sobre mi caso. Todo el mundo ha redo, me dicen, menos cierto periodista de un diario, quien, no habiendo comprendido, expres palabras severas. Esto no me disgust, pues es bueno en una fiesta contar con un hombre furioso, pues su clera intempestiva aumenta la hilaridad de los otros. Cierto crtico ha querido compararse con Homero, cosa que me ha complacido. Otro crtico ha escrito que prefiere mi pintura a la de Turnes, cosa que me ha sorprendido. Ya s ahora en qu consiste la pintura para muchas gentes: consiste en colocar en un cuadro, de preferencia dorado, una tela untada de colores variados. Siempre se encuentra un pblico que admire. Los embadurnadores que llenan el Saln des Indpendants y ahogan con sus producciones, que se podran atribuir a gemetras dementes, las obras notables con que justamente se enorgullece esta exposicin, han hecho mal en enojarse. No haba entre ellos sino un asno ms. Y agrega el humorista, que habiendo empezado a andar el jumento, le pregunt: --A dnde vas, Boronali? --Voy a juntarme en la historia gloriosa de los hombres, con el caballo negro de Boulanger. Hubiera podido agregar que con la burra de Balaam, con su colega de Turmeda, con el asno de Kant, con el de Vctor Hugo. Y, para no ir tan lejos, a la Porte-Saint-Martin, a hacer figura entre los animales de _Chantecler_. A propsito de Mme. de Segur. Acompao al caballero que lleva a respirar el aire sano de mi predilecto jardn del Luxemburgo, a sus dos hijos, lindos como flores, un nio y una nia, ambos de cabellos castaos y oscuros, y ojos tan grandes, dulces y brillantes, que agregan alegra al da. Pasamos cerca del monumento hace poco inaugurado, en memoria y honor de la seora de Segur, _nacida Rostopchine_, a la que tanto debe la imaginacin y la complacencia de varias generaciones de nios. --Ya no se leen esos cuentos, casi--dijo mi amigo. Le contest que si no leen tanto como antao, la culpa es de los padres, que han sustitudo a los amables personajes de los cuentos viejos con los hroes de aventuras policiales de Conan Doyle y otros Lupines de Pars. Los nios saben ahora de cotillones, de partidas de _bridge_, de aeroplanos, y se interesan en los puetazos yanquis del negro Johnson y del blanco Jeffries. --No los mos--me contest mi amigo--. Sin que yo les deje de dar una instruccin que les mantenga al tanto de los adelantos de su tiempo, ellos conocen bien su Perrault, sus Mil y una noches, su madame Leprince de Beaumont. Y las historias tan sabrosas y honestas de esta seora, cuyo busto acabamos de ver en ese rincn apacible rodeado de verdores. Ahora que estudian ingls, quisiera yo encontrar un libro de cuentos como aqullos. --Los hay--le dije--y preciosos y sabrosos. Cmpreles usted esos admirables lbumes que ilustraron artistas ingeniosos y aun geniales, que pusieron sus almas en contacto con las almas infantiles y supieron interpretar grficamente las creaciones de los soadores. Los ingleses han ofrecido a sus nios las prosas y los versos sencillos y graciosos, con las imgenes que son el encanto de los ojos. Cmpreles usted _The Three Jovial Huntsmen_, con las figuras ligeras y humorsticas de Caldecott y ver cmo se perfeccionan en su ingls sonriendo. Cmpreles _The baby's opera_ o _The baby's own Aesop_, en los que Wlter Crane ha fabulizado con el lpiz. Vern las cosas de Esopo armoniosas y claras. As, como cuando las ranas piden rey: The frogs prayed to Jove for a king, Not a log, but a livelier thing. Jove sent them a Stork Who did royal work For he gobbled them up did their king. Y all est la cigea coronada tragando ranitas, a orillas del charco. Pero, si quieren ver a las ranitas alegres y danzantes, entonces, O! there is sweet music on yonder green hill, O! And you shall be a dancer, a dancer in yellow, All in yellow, all in yellow! Said the crow to the frog, and then, O! All in yellow, all in yellow, Said the frog to the crow again, O! Y Wlter Crane hace bailar a una ranita, y otra ranita toca la bandola y otra la pandereta. Y en otro cuaderno, el mismo artista les har ver cuando estos chanchitos van al mercado, y cuando este chanchito grita: _wee! wee!_ Y otros cuantos cuadernos ms en que hay cosas de bella caballera y cuentos de abuelas. Y si se trata de las donosuras que pintara el inolvidable Kate Greenaway, all est la Guirnalda para el jubileo de la reina Victoria, o _Mother Goose_ o _A day in a child's life_ donde hay versos de cantar con msica de Foster: March, march away! March, march away! To the play-ground lead the way!... Pues y _Sing a Song for six pence_, con los nios y pjaros dibujados por Caldecott? Y las cosas de hadas de Anuing Bell? Y luego le digo a mi amigo que busque para sus nios un librito, que escribiera en excelente ingls una pluma hispanoamericana _Tales to Sonny_, por Santiago Prez Triana. He all un joyel pueril, unas cuantas pginas que un escritor de diplomacias y asuntos de estado, que es tambin un poeta y un culto espritu, escribiera en idioma de pap, dedicadas a un su Santiaguito bautizado Sonny en el hogar, segn tengo entendido, por su madre norteamericana. Era en tiempo en que se arrancaban la vida rusos y japoneses all por la Manchuria, y en el apacible Retiro madrileo, el padre y el nio hermoso de largos cabellos, conversaban. El padre le haca cuentos tal el dios Hugo a sus nietos. Y el nio los oa en el ingls maternal, que su padre conoce y habla como su propia lengua. Esos cuentos fueron despus escritos y publicados en Londres por Anthony Treberne Co. Ltd., ilustrados con gracia por Dorothy Furniss, y con cuatro palabras de prefacio del autor. Son seis la narraciones: _The little stream of water_ habra hecho sonreir de complacencia a San Francisco de Ass, puesto que en l dialogan un nio y la hermana agua en su forma de arroyuelo. Y la palabra del arroyuelo ensea a Sonny algo de la filosofa del mundo y mucho de la grandeza de Dios sencillamente. _Minnie and Billie_ trata de dos nios-pjaros que vuelan y hablan. Billie es el pajarito y Minnie la pajarita. Hablan como saltando de rama en rama. What is your name? My name is Minnie. Oh! what a pretty name! Do you think so? Indeed I do. As hablan. Y luego, con la inocencia natural, tratan de fabricar un nido. Y el nido se hace, no en la casa de la escuela, no en la torre de la iglesia, sino en un rbol, junto a otros rboles que tienen otros pjaros. Y luego se sabe que de los huevos salen los pajaritos. As, cuando una tarde vuelve Billie a su nido, encuentra, de cuatro huevos, cuatro pajaritos _that just could call him papa_. Y tuvo mucho contento en su corazn. En _Mrs. Lyon's party_ animales diversos parlan como en las antiguas fbulas. Tal se expresan las ocurrencias de Mr. Fox, de Mr. y Mrs. Bull, de Mr. Ox, de Mr. Rhinoceros, de Mr. Tiger, del siempre ilustre Mr. Ass. Es una variante ingeniosa del famoso cuento de los Msicos de Bremen. El narrador pone tambin su leccin histrica en la amenidad del divertimiento. De este modo en _The galleon_ trata de la antigua ciudad de Cartagena de Indias, grata al poeta Heredia. Y cuenta de sus cuarenta y ocho fortalezas, llenas de caones y de su hermosa baha. Y dice de los buenos espaoles del descubrimiento y de los rapaces que les robaban a los indios sus oros y sus piedras ricas. Those Indians had a great deal of gold in different shapes, bracelets, breast-plates and queer looking little dolls. The Spaniards robbed the Indians of all their gold. The Indians also had a good deal of silver and quite a number of emeralds all of which were taken away from them by the Spaniards. Y as fueron las cosas, como lo sabe muy bien Sonny. Y se cuenta de los galeones que iban cargados con grandes riquezas que los gobernadores espaoles enviaban para los reyes de Espaa. Y de cuando en cuando aparecan en el mar unas tropas de piratas, de aquellos bravos piratas cuya historia ha contado Oexmelin en su rara historia de la piratera. Y de los combates de las gentes del rey con los piratas. Y de un gran galen de tres palos que iba a traer a los monarcas de Madrid el oro, la plata, las esmeraldas y las perlas que estaban en Cartagena de Indias. Y cmo ese barco regio deba tambin cargar muchos productos de la tierra ardiente, pltanos o bananas, cocos, ames, mandioca, pias, pjaros parlantes y otras cosas ms que eran de maravillar a los hombres europeos. Y cmo el mar se alborot y hubo naufragio. Y el mar se trag el tesoro, que han querido despus buscar los buscadores de tesoros. Y el tesoro est en el mar Caribe, entre Cartagena de Indias y la isla Trinidad. Y la otra narracin refiere _How the chimp family went to town_. Y son sucedidos muy graciosos, pues se trata de una familia de monos o nios. Y hay que ver a los monitos cmo los pinta la ilustradora Dorothy Furniss, que tiene de los intencionados animalistas ingleses y que agradara a Benjamn Rabier. Y para concluir est una historia como para escrita en versos; porque tiene tanto de poesa que hasta en el comienzo de esta narracin, que est hecha para un nio, parece dicha en un ingls de verso: This is the story of the Prince who covered his body with golden dust--in a far off land, in a far off day--whom the Spaniards called El Dorado. And this is the story of the Great Cataract that even to-day, in that distant land, rushes and thunders, in memory of what took place long, long ago. Y es la historia de El Dorado con toda su primitiva belleza. La historia del pueblo Chibcha, de ese pueblo tan fabuloso como el de los antiguos troyanos, y tan real como ellos, pues en el Museo de Madrid se pueden admirar sus mitras de oro, sus mscaras de oro, sus mil cosas de oro, pues El Dorado, que cubra su cuerpo desnudo con polvo de oro, era como el dios viviente del oro. Y parece Bochica, el gran dios de los indios chibchas, que tiene cetro jupiterino y a quien sus adoradores, si hubiesen sabido latn, hubieran aplicado el horaciano: _Cuelo tonantum credidimus jovem Regnare..._ Y es admirable la tradicin del Cacique ureo, del dios primitivo y del Lago Mstico. Sonny debi de quedar encantado. Y con l todos los nios que sepan ingls y lean el librito _Tales to Sonny_, de Santiago Prez Triana. Blanco y negro. Pars--quin lo hubiera antao credo?--ha pasado algunos das preocupado con el famoso _match_ del blanco y el negro. Por lo menos, el Pars novelero y _sportivo_. Aunque es verdad que esa pasajera ultramericanizacin no indica una transformacin del carcter nacional, es un hecho que la Prensa se ocup largamente en el asunto y los retratos y biografas de los dos fuertes animales norteamericanos se publicaron en todas las hojas. Jeffries y Johnson lograron popularidad parisiense. Aqu tiene el box sus aficionados y partidarios, entre algunos _sportsmen_ y _snobs_. Se han visto y se ven pugilatos pblicos a que ha concurrido un pblico de clases diferentes. Pero la cosa no ha pasado a ms. La repercusin que tuvo la _performance_ norteamericana ha sido seguramente causada por lo elevado de las apuestas, por los _cachets_ que han cobrado los rivales, y por ser un negro y un blanco, como en las damas, los elementos del juego. Y hubo quines apostaran al blanco y quines al negro. La victoria de ste fu alegremente comentada, y las atrocidades que en Norte Amrica siguieron a ella lo fueron tambin. --Que se venga a Pars el negro!--decan algunos. Y con razn. En Pars los negros o mulatos con dinero no tienen por qu quejarse. Hay muchos de ellos que, en los Estados Unidos o en ciertos crculos de las aristocracias hispanoamericanas seran rechazados, y que aqu viven tan lindamente, dndose gusto y hasta viendo su nombre en los peridicos. No hace mucho que se habl de un banquete a dos poetas negros, creo que haitianos. Y en honor de ellos hablaron dos poetas blancos, aunque de segundo orden. Monsieur Gregh y Dorchain... Y los negros _continan_ y hacen bien. De Val. Y el Congreso universal de la Poesa? Ya hablaremos luego. Ahora os hablar de su organizador, del que ha sido su alma y que tiene en l muchas nobles ilusiones y muchas grandes esperanzas. De Val es un hombre admirable. Admirable! El poeta Amado Nervo le dice: T, que todo lo puedes! En verdad, Mariano Miguel de Val, que tambin es poeta, y que quiere el bien de los poetas, est en todo, es mltiple, es complejo, es universal, y si no fuese que en l prevalece sobre todo algo del caballeresco ensueo tradicional hispano, merecera ser yanqui... En las proporciones de esta villa del oso y del madroo, tiene este varn, de cuerpo fino y faz de hidalgo antiguo, una variedad de actividades rooseveltianas que desconcierta en la gran urbe de la famosa Puerta del Sol. Mariano Miguel de Val es terrateniente, mundano, abogado, ex secretario del Ateneo; de la familia de Castelar, ex secretario de Moret; amigo del rey, de los infantes; redactor en varios peridicos, director de un diario de provincia, director de la respetable revista _Ateneo_, director y editor de la biblioteca Ateneo; pertenece a la Legacin de Nicaragua; fu iniciador del _Romancero de los sitios_; colabora en _Caras y Caretas_, de Buenos Aires; en _El Fgaro_, de la Habana; inicia, realiza y colabora en cien cosas ms! No tiene an automvil; va a comprar uno pronto; pero no hay que temer, este poeta no es futurista. Tiene un santo en su familia ancestral. Tiene un castillo en Zaragoza. Es lrico de paz y de hogar. Tiene una bella esposa y unos lindos nios. Su padre era republicano. En su casa se conspiraba. Llegaba all el to Emilio y haca discursos de msica. El nio Mariano oa todo eso, observaba, tras los cortinajes. El nio creci, y el hombre es hoy monrquico, catlico; y, cuando se va a veranear, para que diga la misa en la capilla de su castillo, tiene un capelln. De Val es cuerdo. Su gabinete de trabajo est adornado de libros, retratos, autgrafos, medallas. Sus ntimos son sabios catedrticos, polticos, periodistas y uno que otro autor de los llamados modernistas. No se le crea un combativo. Sin embargo, un da se hall en pleno ardor polmico. El enemigo era temible: la condesa de Pardo-Bazn. La polmica fu sobre los novelistas en el teatro, y el joven _aeda_ se bati ardorosamente con Pentesilea. Una vez vistos los argumentos de uno y otro, confieso que me coloqu al lado de doa Emilia. Muchos novelistas ha habido y hay que son excelentes autores dramticos, y una facultad no es privativa de la otra. De Val, que parece tan grave, tan serio, y que lo es, indudablemente! ha pagado el matritense tributo a la literatura jovial, y, aunque sin su nombre, ha hecho imprimir cierto pecador volumen de castizos chistes, que haban regocijado a aquellos honestos y nada complicados rimadores que se llamaban Teodoro Guerrero, Ricardo Seplveda y dems compaeros del tiempo del _Pleito del matrimonio_. Despus llev la risa a las tablas, escribi para el teatro cosas jocosas. Mas en donde quiso poner la flor armoniosa de su juventud fu en su volumen _Edad dorada_. Son cosas de galantera y elegancia, madrigales apasionados, idealismo y carne, inspiraciones momentneas y filosficas amatorias; versos del alma y versos de saln; declaraciones y baladas. Gentiles maneras y decires que complacan a las damas antes de la introduccin del _bridge_, del _pastime-puzle_ y del _popintaw_. De Val adula rtmicamente a la mujer, y seala sus varios encantos y modos de hechizar. Celebra la juventud, optimista y amigo del placer y de la gloria. Celebra la fe, el entusiasmo, el amor, la mujer siempre, y hace bien! Y dice al final de su canto: Dejad, pues, que la planta favorecida de su corto reinado goce abstrada, y aliente los afanes de su amoro y realice sus sueos en el esto, no le hablis del otoo que le intimida, no le hablis del invierno de nieve y fro, dejadla que lo olvide, si es que lo olvida, y cuando en sus entraas se sienta herida, cuando la hora le llegue de cruel hasto y la veis rendirse desfallecida, decidle, porque aplaque su desvaro, que todo invierno es vspera de nueva vida. Canta el amor, canta las flores con modos y conceptos ortodoxos: Flores, hermosas flores, que sois nido de amores y de los verdes prados alegra, desplegad vuestros mantos de colores que ya amanece luminoso el da. Dedica dos poemas a dos marquesas guapsimas. Zorrilliza en una sinfona. Y refirindose a quien sabe qu gallarda y voluptuosa seora, asonanta unas insinuaciones donjuanescas o funicas, de todos modos no por lo emprendedor menos romntico: ...Auras de rosa forma tu aliento, que toman bro sobre las ondas de tu cabello. Hacia m vienen y t sonres, cada vez que oyes los besos mos que las reciben. Redondos, frescos, tendidos, blancos, sobre las sbanas descansan, duermen, quietos, tus brazos. Por qu no se abren para hacer presa en otros brazos que ser tu crcel tambin desean? Anciano el dueo de tus caricias, gozar no puede de tu hermosura la gallarda; la gentileza de tus contornos, rica y sabrosa, miel de panales de abejas de oro. Natural es que el romntico que hay en l, admire a Byron y le salude en un sonante soneto. Y lo que lleva de su raza en la sangre lo hemos de ver en tal mpetu mstico, con su reminiscencia de Don Gaspar: ...En tanto que en la tierra se despierta el bronce herido a la oracin llamando; en tal evocacin del podero morisco para, a propsito de una atalaya, loar la espiritualidad cristiana; en ternuras familiares y religiosas; en discretas quejas melanclicas que son como ecos de amoros pretritos, en la obsesin de la cruz; en efusiones cordiales que no por ser dichas en un metro poeano que han difundido los modernos, parecen menos venir de tiradas calderonianas y de fogosas arias de los corifeos del romanticismo. En De Val est el trovador. No han llegado a l ni el uso ni el abuso, hoy tan comunes, de ciertos procedimientos de la nueva poesa castellana. Lo que ha escrito est conforme con el espritu y los preceptos del glorioso parnaso nacional. Ello es cuestin de temperamento y de maneras personales de exteriorizar sus ideas estticas. Yo ni le censuro ni le alabo. En todo caso, ms bien le alabara por haberse dado tal como es l. Lo bueno es que se conserva siempre joven y lleno de actividad y entusiasmo para toda empresa generosa y en la cual se haya de rendir homenaje a Nuestra Seora la Belleza. Ese congreso universal de la poesa, hoy postergado para que se lleve a cabo bajo mejor plan, y que se verificar en la prxima primavera, cuando est Valencia ms rica de flores y de celestes luces, ese congreso ha sido idea de l, para honrar a la Poesa, y para hacer bien a los portaliras. La suya la tiene excelentemente cuidada, y ha de dar en tal concurso apolneo nuevos y plausibles sones. Rueda a Amrica. Salvador Rueda me dice en una carta... te mando en estas palabras mi adis, que quisiera drtelo con los brazos. A Canarias, y despus a Cuba: un viaje ntimo, pacfico, delectacin espiritual pursima. Salvador Rueda, ya lo sabis, es un gran poeta. Es el ltimo poeta lrico, sacerdotal y natural que hoy existe en todo el mundo! Es decir, el que siente que l es Eso, y que eso es su sagrada misin sobre la faz de la tierra. l ha dicho muy lricamente y muy exaltadamente lo que piensa de su destino rfico, en la revista _Poesa_, que publica en Miln el fundador del Futurismo, seor Marinetti. Salvador Rueda deseaba desde hace tiempo ir a Amrica. Ir sencillamente, simplemente, como poeta lrico. Aun me invit para que hicisemos juntos ese viaje fabuloso. Yo me atrev a decirle que no fuera a Buenos Aires. Le indiqu, por su bien, que de hacer el viaje se apresurase a hacerlo a algunas de nuestras repblicas tropicales, porque, aun por all mismo Nous n'irons plus au bois, les lauriers sont coups! Ahora Salvador, homrida, pindrida, va en viaje ntimo, pacfico, de delectacin espiritual pursima, a Canarias y a Cuba. Ambas son islas de armona y recibirn como se merece al fecundo poeta espaol. Las colonias, adems son muy gentiles. Rueda realiza el milagro de querer ser y ser, en nuestro tiempo, poeta, nada ms que poeta, y cuenta para afirmar su volicin con todo lo que le di, como l dice, la Gran Madre, la Naturaleza, y con el sol de su Andaluca que lleva adentro. Ahora viaja tambin por la Amrica tropical otro poeta, tambin andaluz, el seor Cavestany. El seor Cavestany ha recitado sus poesas en Mjico y en la Habana y se le ha festejado brillantemente. Tiene sobre Rueda la ventaja de ser rico y de ser acadmico. Pero en Rueda hay mayor cantidad de poesa, y vaya lo uno por lo otro. Rueda es el consagrado de la Lira, el hombre que tiene confianza en el alma de las cosas; que es una voz, un rgano de la Naturaleza. Yo no le encuentro en la Pennsula parangn sino en Zorrilla. Vive en su nube de oro sonoro--de oro irreal. No es, pues, actual, ni adaptado. Homero y Pndaro es posible que anden hoy por el mundo. Slo que, por obra del tiempo mismo, cambian en sus manifestaciones y obran conforme con las exigencias de la poca. Sus expresiones e himnos son adecuados al instante, y se sienten infludos por el deseo o por los efluvios que brotan del alma de las muchedumbres. A veces pasan, aislados, otras se mezclan a las agitaciones urbanas. El don de armona les hace transfigurarse, y una simple frase de comn prosa les brota vestida de estrellas o de chispas sulfurosas. Homero y Pndaro tienen muchos nombres, tienen ojos negros o azules, emergen entre una tribu de judos, en la estepa o en la pampa, o andan elegantemente por los bulevares parisienses, por los clubs de Londres o en las calles de Buenos Aires o de Nueva York o por las tierras de la magnfica Italia. Pndaro y Homero, que tuvieron en lo antiguo en sus manos la trompa o la lira sagradas, guardan hoy a veces silencio. Y en los bolsillos de sus diferentes disfraces suele encontrarse, con o sin el poema, un libro de cheques--o una bomba. Es preferible, en todo caso, el libro de cheques--y tu gran corazn, querido Salvador Rueda. [Ilustracin] ALGUNOS JUICIOS ALGUNOS JUICIOS [Ilustracin] Algunas notas sobre Valle Incln. I Recuerdo la primera impresin. Este es uno de los que quieren _pater_ al burgus, me dije. Sombrern de anchas alas, barbas monjiles, gesto militar, palabras estupefacientes, maneras de aristo. El cuerpo delgado bajo un _macferland_ cuya esclavina se converta por instantes en dos alas de murcilago satnico; los ojos dulces o relampagueantes, y la sonrisa entre la cual se escapaban frases a cortos golpes paradjicos, o buenas, o espantosas. Sobre todo espantosas, _patantes_. l me pudo decir entonces: Hombre de Amrica que vienes aqu para ver Espaa: mira en m algo de lo que queda de lo ms nacional, tpico y potico. Yo soy un Conquistador, y adems, otras cosas. Mi sombrern de anchas alas te dice de mis carios y andares en las tierras de Mjico que tanto recorriera aquel mi muy admirado varn de gesta que tena por nombre Hernn Corts. Mis barbas monjiles te manifiestan la tradicional religin del monje que he sido; mi gesto militar explica que he llevado uniforme en luchas civiles, en la misma tierra en que manda el legendario y justamente alabado por Tolstoi, general don Porfirio Daz. En cuanto mis palabras que dejan a las gentes estupefactas o espantadas, son las de aquel que sabe que hay en la tierra y en el cielo cosas que no comprende nuestra filosofa... II Desde entonces Valle Incln ha crecido como un bello len. Perdi su brazo, pero parece que por all le hubiese brotado una nueva garra invisible. Cuando Octave Mirbeau descubri en el _Fgaro_ parisiense a Maeterlinck, nombr a Shakespeare. Hugo, si no me engao, en una breve frase, rememor al omnividente Will, a propsito de las extraordinarias nieras de Rimbaud. Yo no he encontrado la sensacin shakespereana ms que en algunas cosas de Lugones--en quien encuentro todo--y en los ltimos libros de Valle Incln. Poe queda aparte como Jules Laforgue. III El xito internacional--y lo digo con motivo de que en Francia han comenzado a traducir las obras de Valle Incln--no tiene nada que ver con el mrito artstico, con los valores ideales. D'Annunzio, a pesar de su _rclame_, no se puede regodear de una _Quo vadis?_, y Sienkiewicz nada vale al lado del Coloso: George Ohnet! George Meredith acaba de morir, y aqu en Espaa no he visto en ningn peridico ms artculo respecto a la desaparicin del prodigioso ingls, que el que ha enviado a un diario su corresponsal en Londres, varios das despus de los funerales. IV Los personajes que en su ya larga serie de obras ha creado este espritu de excepcin, son vivientes ms all de la real vida, ms all de la vida normal; no existen como los hroes balzacianos o zolescos, sino como Hamlet, Otelo, o el viejo Lear. Los tipos retratados o encarnados de lo cotidiano, mueren, desaparecen, como los que vemos todos los das. Poeta o escritor que quiere dar a sus seres supervivencia tiene que plasmarlos e infundirles un alma bajo un concepto de eternidad. No viven hoy diez mil tipos animados por mil autores que tuvieron en su tiempo ganga y celebridad, y que hacan la labor de fuera para dentro. Viene Celestina simblica y que parece tan real como quien hubiera merecido ser su esposo o compaero, el gordo Falstaf. Ambos tuvieron forma y alma de dentro para fuera. As el ilustre Bradomn, don Juan Manuel de Montenegro, las damas de ensueo y los bufones de misterio que, en un ambiente desconocido, aparecen en la obra profunda y encantadora de Valle Incln. V Yo he retratado antao a este admirado y querido amigo mo en el siguiente soneto: Este gran don Ramn de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, parece un viejo dios, altanero y esquivo, que se animase en la frialdad de su escultura. El cobre de sus ojos por instantes fulgura y da una llama roja tras un ramo de olivo. Tengo la sensacin de que siento y que vivo a su lado, una vida ms intensa y ms dura. Este gran don Ramn del Valle Incln me inquieta, y a travs del zodaco de mis versos actuales se me esfuma en radiosas visiones de poeta, o se me rompe en un fracaso de cristales. Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta que le lanzan los siete pecados capitales. Tales catorce versos no dicen en verdad la complicada figura de este gran don Ramn. Tan complicada, que ha llegado a ser casi burgus, casndose con un alma hermana que le comprende y le ama muy de veras. La antigua cabellera ha desaparecido; una indumentaria inglesa ha sustitudo a la de los das pasados--aunque tambin el _macferland_ era britnico--y luego, nunca, nadie podr decir que ha visto a Valle incorrecto. Siempre, aun en das duros, fu el caballero, el fidalgo. En su casita, que es un nido de arte, en la calle de Santa Engracia, una niita sonrosada es una rosa sobre su gloria, es la princesa. VI Este no es un estudio; dicho est que son notas. Largo trabajo se necesitara para exponer la obra--y la vida unida ella--de Valle Incln. Porque lo que he dicho sobre lo shakespeareano, tiene, en la introspeccin, una base de realidad. Atindase bien: Todo lo que en la poemtica labor de Valle Incln parece ms fantstico y abstruso, tiene una base de realidad. La vida est ante el poeta, y el poeta la transforma, la sutiliza, la eleva, la multiplica; en una palabra: la diviniza, con su potencia y msica interior. El que no tiene el _daimon_ no puede hacer eso, y, por tanto, he sostenido la superioridad de Unamuno sobre otros puramente formales o virtuosos en la lrica. VII _Femeninas_, _Epitalamio_, _Cenizas_, fueron la primera floracin en el jardn de este gran seor de letras. Se dir de reminiscencias extranjeras--por lo de la forma--, mas nunca del modo que se le ha sealado a D'Annunzio. Valle Incln ha sido d'annunziano en alguna de las sonatas--cuestin de orden y contrapunto verbal, y hasta dandismo, porque era el momento, y, cuando cantan los ruiseores, les llevan y les modulizan el canto los vientos que vienen de todas partes. Para esto, ver lo que ltimamente ha dicho uno de los superiores, un gran poeta y de los ms conscientes y firmes de saber, el cataln Marquina, a quien si alguna vez le ha faltado algn don--siendo con todo de los excelentes--y hablo ahora en cuanto a crtico--, es el don de la diferenciacin. VIII Las _Sonatas_, que hoy, por primera vez, van a hacerse conocer en Europa, son ejecuciones primigenias de Valle Incln. Bravas ideas y aventuras sentimentales dichas en exquisitas maneras. La demostracin, en los primeros momentos, de nuestra lucha hispanoamericana por representarnos ante el mundo como concurrentes a una idea universal--Idea, no Moda--que comenzaba a llenar de una nueva ilusin o realizacin de belleza, todo lo que entonces pensaba altamente en la tierra. En ello hay el anhelo de la novedad--y de antigedad--que caracteriz a los Nuevos. Que maana seremos Viejos. Pero l va fecundando. Y las _Sonatas_ de las cuatro estaciones tendrn una repercusin incomparable en la historia de las letras castellanas. Poniendo su escenario en tierras distintas, como los capitanes de antes su bandera y sus proezas, en que hacan tan soberbiamente drama o novela, l cierra, en un momento, ese zodiacal cielo y va a hacer otra cosa. IX Entonces vienen las Comedias Brbaras--que tienen nicamente, y todo relativo, algn parentesco con los poemas del olmpico francs y con las odas del poderoso italiano--. Brbaro, en esta extensin de la palabra, es lo que en expresin, simbolismo o manera de ser, representa una mentalidad medioeval, speramente expresiva, invasora y gtica; popular en lo del fondo del corazn del pueblo: feudal, caballeresca, burgrave, mstica, llena de conocimientos o suposiciones milenarios, y al mismo tiempo ingenua, pagana en lo mucho que de paganismo tena la Edad Media: con el sentido de la Fatalidad que haba en tiempos de pestes extraas y fulminantes que supiera comprender un Edgar Poe; y de peregrinos con sus conchas en las caperuzas; y de leprosos que para atraer o alejar al viandante, tocaban sus esquilas en los caminos, mientras todo el orbe, desde el montculo papal, temblaba por el advenimiento de lo Extraordinario. Como Galicia ha sido una de las regiones santuarios del mundo, tiene una infinidad de infinito flotante y de religiosidad imperante en que poda bien anclar este fundamental artista. Todo eso legendario de Compostela, todas las sendas de fe, que han ido abriendo generaciones de generaciones por siglos de siglos: todo el creer de la labriega que sabe los decires de las brujas, las apariciones particulares o numerosas; el hablar de las piedras para quien las entiende, como el de los rboles en la sombra para quien los oye; todo lo que la circunstante naturaleza tiene en esa regin de Espaa, est en la obra de Valle Incln. Pero, y aqu viene mi cita de Shakespeare, adquiere por la virtud genial, una expansin absoluta. Y el marqus de Bradomn se ir por todas partes, sin marca de fbrica francesa o sin estampilla escandinava, y respirando con ms placer y dignidad, antes que los perfumes forasteros, los del gran botafumeiro de su catedral. X Ahora empieza la serie de los cruzados de la causa. Novelas carlistas. No hay nada comparable sino los _chouanorias_ de Barbey. No he visto ms adorable Cervantes, sin esperar nada del palacio veneciano de Loredn y del apartamento de Pars. l cree, l ve la epopeya, que lo fu, estupenda, en aquel encuentro largo de leones, de una y otra parte. l cree, y principalmente, sabe, porque est documentado como en todo. Es esta una campaa de ideal de que no se han dado cuenta aqu. El viejo e ilustre Galds deba haber hablado ya y decir quin viene despus de l. No para dejarse devorar, como en ciertas tribus, sino para que se le respetase ms. Y conste que hoy yo amo y respeto a don Benito, casi ya lapidariamente maestro. XI Y luego, Valle Incln es un poeta tan exquisito! Su libro pequeo y lindo de versos est lleno de tan supremas cosas! A Rod, a Lugones, a Daz Rodrguez y a los otros compaeros ms sern un regalo. Pero fjense en los acompaamientos de gaita que van al fin de cada poemita. Es que el celta nos conquista; e ir de all a todas partes. Solamente que, qu citar? Citar las _Prosas de dos ermitaos_: En la austera quietud del monte y en la sombra de un peascal, nido de buitres y de cuervos que el cielo cubren al volar, razonaban dos ermitaos: San Serenn y San Gundin. --San Serenn, padre maestro, tu grande saber doctoral que aconseja a papas y a reyes, puede a mi alma aconsejar y un cirio de cndida cera encender en su oscuridad? --San Gundin, padre maestro, y definidor teologal, confesor de papas y reyes en toda la cristiandad, el cirio que enciende mi mano ninguna luz darte podr. --San Serenn, padre maestro, mis ojos quieren penetrar en el abismo de la muerte, el abismo del bien o el mal, donde vuelan nuestras nimas cuando el cuerpo al polvo se da. --San Gundin, padre maestro, quien el trigo cont al granar, y del ave que va volando, dice en donde se posar, y de la piedra de la honda o de la flecha, a dnde van? --San Serenn, padre maestro, como los ros a la mar, todas las cosas en el mundo hacen camino a su final, y el ave y la flecha y la piedra en ceniza se trocarn. --San Gundin, padre maestro, todo el saber en eso da: cuando es misterio, en el misterio ha de ser por siempre jams, hasta que el cirio de la muerte nos alumbre en la eternidad. --San Serenn, padre maestro, esa luz que no apagarn todas las borrascas del mundo, mi aliento quisiera apagar. El dolor de sentir la vida en otra vida seguir! --San Gundin, padre maestro, mientras seas cuerpo mortal y al cielo mires, en el da la luz del sol te cegar, y en la noche las negras alas del murcilago Satans. Callaron los dos ermitaos y se pusieron a rezar. San Serenn, como ms viejo tena abierto su misal, y en el misal la calavera abra su vaco mirar. En ello no hay el acompaamiento musical de la regin, como os he dicho, pero oid esto, que se llama El milagro de la maana: Taa una campana en el azul cristal de la santa maana oracin campesina, que temblaba en la azul santidad matutina. Y en el viejo camino cantaba un ruiseor, y era de luz su trino. La campana de aldea le dice con su voz al pjaro que crea. La campana aldeana en la gloria del sol era el alma cristiana. Al tocar esparca aromas de rosal de la virgen Mara. Esta santa conseja la recuerda un cantar en una fabla vieja: Campana, campania do Pico Sacro toca porque floreza a rosa do milagro. Todas las exquisitas suavidades o gestos rtmicos de Valle Incln indican en este pequeo libro la existencia de un poeta, que, si lo quisiese, podra hacer una obra lrica y mtrica, como la que va realizando de modo que no se le puede encontrar igual en Europa, Meredit, apenas, y en otro rumbo y mundo mental, sin no hacer ms que aumentar la gloria del gran ingls esta opinin. XII Ah! Si Valle Incln quisiere hacer un viaje a Buenos Aires! Posiblemente ser antes a Nueva York. Los diplomticos poetas. AMADO NERVO PRIMER SECRETARIO DE LA LEGACIN DE MJICO EN MADRID Cuando acaba de ascender en la carrera, y el gobierno de S. M. C. acaba de condecorarle, un nuevo libro de poesas viene a demostrar que el peso del uniforme no impide el vuelo. Indico a Amado Nervo. Ese hombre dulce, de cabeza cristiana, porta una espada decorativa. En nada se opone a la normalidad de las cosas que quien ha nacido para monje concluya sus pacficos das en el noble y ceremonioso cargo de introductor de embajadores, y sustituyan a los gapes conventuales los ulicos banquetes y al untoso benedictine el _toast_ bien recortado. Aunque Amado Nervo es mejicano, nada en l encontraris de azteca. Os he dicho ya que se parece a Jesucristo? Mas ahora caigo en la cuenta de que os estoy hablando del Amado Nervo que yo he conocido hace algunos aos en Pars, y cuyo busto, plasmado por el escultor Nava, su compatriota, figur en uno de los salones. S, aquel Nervo tena ciertamente una cara israelita y un aire nazareno. El de hoy, mutilado, pues estirp su bella barba caracterstica y apart su amable aire de ensueo, es el que corresponde a las atenciones del protocolo y al diario contacto con su jefe, el notario mundano y distinguido seor de Beistegui, el mismo que regal, si no me equivoco, al Museo del Louvre, de Pars, una famosa coleccin numismtica. En Pars pasamos juntos das de ilusin y de alegra, pimentados con el poco de locura y capricho que los bizarros aos y el medio nos exigan. All tuvimos ciertas relaciones extraordinarias, ciertos amigos fantsticos, entre ellos el pintor Henry de Groux, loco o genio; pero, desde luego, un tipo desconcertante; el cual nos fu presentado por otro personaje prodigioso, msico y ocultista, que tena unas hijas encantadoras y nos lea unos alucinantes comentarios del Apocalipsis... Nervo ha hablado en alguno de sus libros, aunque someramente, de esos das incomprensibles. Nuestro contagio se extendi por el Barrio latino, adonde fuimos a perturbar la calma de unos cuantos pintores y escultores, compatriotas de Nervo y pensionados por su gobierno. Oh!, en diez aos, cmo ha cambiado el escenario y la corriente de nuestras vidas! Yo he admirado en Nervo siempre su amor de belleza, su culto misterioso de idealidad. El simbolismo influy mucho en l. Despus, libre su personalidad lrica, fu por todas partes en vuelo y en armona. Tras largas complicaciones estticas, ha llegado a uno de los puntos ms difciles y ms elevados del alpinismo potico, a la planicie de la sencillez, que se encuentra entre picos muy altos y abismos muy profundos. Por todo esto, pues, sabis ya, que Amado Nervo tiene mi amistad y mi admiracin. Desde _Perlas negras_, desde _Msticas_, obras suyas primigenias, simpatic con su suave ideologa y con su culta sentimentalidad. O sus misas--misas rezadas--con fraternal devocin. Y al llegar a la Repblica Argentina tuve el placer de ser el primero en dar a conocer a mis amigos intelectuales a aquel hermano que haca cosas muy bellas en la tierra de Moctezuma. * * * * * Desde la publicacin de sus primeros libros hasta el que acaba de aparecer, _En voz baja_, la evolucin de Nervo ha sido variada, pero siguiendo siempre un solo rumbo. Ha sido un admirable sincero y por eso mismo es un admirable poeta. Luego, tiene una individualidad. Es de esos poetas privilegiados que ponen algo inconfundible en lo que producen. Para quien conozca su obra, una poesa de Nervo no necesita la firma. Adems, es un poeta aristocrtico, en el sentido original de la palabra. Su msica es _di camera_. Ha cantado casi siempre en voz baja. Condicin excepcional esta en la sonante Espaa y en nuestras Amricas espaolas, donde hay cada Stentor indgena y capa hombre-orquesta que ensordecen las goras. As, de la risa dirase que no se oye en la produccin de este lrico. A l se le ve sonreir, y, como de su tiempo, esa sonrisa es triste. Adems l nos dir en un dstico: El proverbio latino harta razn tena: Non est magnum ingenium sine melancholia. El poeta verdadero vive de su propia meditacin y la persecucin de lo absoluto es causa de inenarrables angustias. Hay que hacerse un alma de notario o de _sportsman_ para librarse de las malas consecuencias que traen las incursiones y exploraciones dentro del propio espritu. La diplomacia tambin es bastante para el caso. Nervo, entre sus primeros libros y el que est recin salido de la imprenta, ha convidado a los amadores de bellas flores artsticas, a la visin de muy bellos _Jardines_, decorados con los primores de su fantasa, y en donde cantan pjaros de encanto, exquisitas estrofas. Tambin ha dado, en prosa, narraciones enigmticas, entre ciencia y sueo: y ha demostrado un filosfico humor en pginas sencillas y excelentes. Nervo est en una edad que en Francia le colocara entre los muy jvenes academizables; pero que en Italia le condenara a ser devorado por los futuristas del poeta Marinetti. Es clibe. Hombre tranquilidad, de orden, con instintos de coleccionista y ciertos gustos de abad. Ha sido pronto y justamente ascendido en la carrera que hoy sigue, probando que, como deca alguien, los poetas, adems de los versos, hacen tan bien, o mejor que los otros hombres, lo que stos hacen. Mas bueno ser que os halaguen ya algunos sones del ideal instrumento que con tanto arte y sutil elegancia toca este msico singular. _En voz baja_ se compone de cuatro partes: la primera, que da el ttulo a la coleccin: _La sombra del ala_, _Un libro amable_ y _Del xodo y las flores del camino_. El poeta dedica el volumen a su madre: Madre: los muertos oyen mejor; sonoridad celeste hay en su caja! A ti, pues, este libro de intimidad, de amor, de angustia y de misterio murmurado _en voz baja_. A una hermana espiritual expresa su deseo de poner en su obra, el alma triste, arcana, sutil y misteriosa que tienen los paisajes. Hay prosas y versos, diramos en este caso recordando a Flaubert, que quisiramos estrechar contra nuestro corazn. Nervo no es de los incontenibles; es de los concentradores, de los de calidad. Creo que el poema de ms extensin que ha escrito es _La Hermana Agua_. El resto de su produccin se cristaliza en gemas o se diluye en reducidos elixires. Aqu ya da una delicada nota de intimidad amorosa a una cabecita rubia, nido de amor, rizado y sedeo; o de otra dir: Es su faz un trasunto de ideal tan completo! Son sus ojos azules de tan raro fulgor! Sella todos sus actos un divino secreto... No le hablis de amor! Es tan noble el prestigio de sus manos sutiles! Es tan plido el rosa de sus labios en flor! Hay en ella el misterio de los viejos marfiles... No le hablis de amor! Tiene el vago embeleso de las damas de antao, en los lienzos antiguos en que muere el color... No turbis el silencio de su espritu hurao! No le hablis de amor! Sus intimismos no tienen relacin con los de otros poetas, como Rodenbach, por ejemplo. Su _Vieja llave_, hecha de manera tan moderna--y tan antigua!--es de una gracia melanclicamente domstica y siendo tan personal, encuentra en el lector un eco de cancin conocida y de algo sentido por uno mismo. Son las reminiscencias de las casas de los primeros aos, saudades de tiempos ya lejanos que con su recuerdo traen al alma una vaga y sutil ternura. Y es algo criollo, algo americano y mansamente seorial al mismo tiempo. Esta llave cincelada que en un tiempo fu, colgada (del estrado la cancela, de la despensa al granero) del llavero de la abuela, y en continuo repicar inundaba de rumores los vetustos corredores; esta llave cincelada, si no cierra ni abre nada, para qu la he de guardar? Ya no existe el gran ropero, la gran arca se vendi; sola en un bal de cuero, desprendida del llavero esta llave se qued. Herrumbrosa, orinecida, como el metal de mi vida, como el hierro de mi fe, como mi querer de acero, esta llave sin llavero nada es ya de lo que fu! Me parece un amuleto sin virtud y sin respeto; nada abre, no resuena... Me parece un alma en pena! Pobre llave sin fortuna ... y sin dientes, como una vieja boca, si en mi hogar ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, para qu te he de guardar? Sin embargo, t sabas de las glorias de otros das: del mantn de seda fina que nos trajo de la China la gallarda, la ligera espaola nao fiera. T sabas de tibores donde pjaros y flores confundan sus colores; t de lacas, de marfiles y de perfumes sutiles de otros tiempos, tu cautela conservaba la canela, el cacao, la vainilla, la suave mantequilla, los grandes quesos frescales y la miel de los panales, tentacin del paladar; mas si hoy, abandonada, ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, para que te he de guardar? Tu torcida arquitectura es la misma del portal de mi antigua casa oscura (que en un da de premura fu preciso vender mal!) Es la misma de la ufana y luminosa ventana donde Ines mi prima y yo nos dijimos tantas cosas, en las tardes misteriosas del buen tiempo que pas. Me recuerdas mi morada, me retratas mi solar, mas si hoy, abandonada, ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, para qu te he de guardar? Esto es delicioso, sencillo y fino. No puede haber expresin ms transparente y simple. De ms decir que al autor de tales versos se le seala y clasifica entre los llamados modernistas. En _Hojeando estampas viejas_ el lrico tiene la imprecisa sensacin de una vida anterior, heroica y amorosa. En _Ruego_ pide a un _me soeur_, como dicen los franceses, piedad y suavidad: en _Til qu'en songe_ becqueriza a su modo. Expresa extraos sentires que le hacen dudar de si aun existe en este mundo. O recuerdos indefinidos: Es un vago recuerdo que me entristece y que luego en la noche desaparece; y que surge de un ignoto pasado, que viene de muy lejos y como muy cansado; que llega de las sombras de indefinido; un recuerdo de algo muy bello que se ha ido hace ya muchos siglos, hace... como mil aos! Y tantas desesperanzas! Los alegres compadres protestan y se escandalizan. Es demasiada tristeza... Qu les pasa a los poetas jvenes de hoy, a los de la pasada y de la actual generacin? No hay cosas risueas que contar? Y los inenarrables de siempre.--Cmo! Un poeta americano que sigue las huellas de tales o cuales desconsolados europeos! Y vuestros ros que parecen mares? Y vuestros bosques, y vuestros lagos, y la fecunda zona que el sol enamorado circunscribe? Y los libertadores? Y el oprobioso yugo y el len de Espaa? Y la virtud de vuestras matronas? Y la Patria, por fin? Y la Patria? Muchas ms interrogaciones hay que dejan estupefactos a los cisnes, bajo la sombra, no siquiera de Bonhomet, sino del convencido e inmortal farmacutico. No, dicen los buenos gustadores, no hagamos caso de esas preguntas. En este bello breviario, una desolada y encanecida Bella del bosque durmiente, dice lo irreparable. Hay languideza en versos fatigados. Quin dir que no es hermosamente valiente y castizo ese romance que empieza: Clav su castillo el conde en la roca ms hostil del monte...; Y que no hay remembranzas de la pasada pasin, y cosas que habran complacido a Ren y a Olimpio? Un romntico! S. Nervo es un romntico. Un romntico del siglo XX. Esto no sienta mal, porque ya sabis la opinin de Stendhal sobre el particular. l se declar romntico. Y, adems, era cnsul. Saludemos, pues, a la seorita a quien en ese libro se le expresa: Anglica y Oriana; Melisandra y Cordelia, Margarita y Ofelia te llamarn hermana. A lo cual agrega el poeta fatal hacindose el viejo:--No tanto, amigo mo, no tanto! Oh! que no pueda yo, seora ma, aguardar que el botn se vuelva rosa, embotando del tiempo que me acosa la tirana! Toda esa _nonchalance_ impera en la primera parte del volumen. Cnticos discretos, breves en su mayor parte, a la sordina, en voz baja. La sombra del ala deba estar bajo la invocacin de Montaigne. Es un conjunto de variaciones sobre el Que-sais-je? eterno. ... Pero d, qu esfuerzo cabe en un alma sin bandera, que lleva por donde quiera su torturador? quin sabe! * * * Oh padre de los vivos! a dnde van los muertos, a dnde van los muertos, Seor, a dnde van? * * * Oh, buena hada! tendr Dios piedad de nosotros? * * * Mas, ya todos sabemos que el poeta puede cambiar con el instante, siendo su sucesin de impresiones y sensaciones a veces tan variadas como la naturaleza misma. De este modo, no causa extraeza el paso de algunas horas sonrientes y de algunos momentos optimistas. Aprobad, pues, que por stas, por aquellas razones diga el cantor en veces est bien! Y pues llega pap Enero, estos versos: Pap Enero, que tienes tratos con los hielos y con las nieves (y que sin embargo remueves el celo ardiente de los gatos), Guarda en tu fro protector el cuerpo y el nima en flor de mi nia de ojos azules (en cuyas ropas y bales hay castidades de alcanfor). Mantn sus mpetus, esclavos, mantn heladas sus entraas, (como los _fjords_ escandinavos en su anfiteatro de montaas). Pon en su frente de azahares y en su mirar hondo y divino, remotos brillos estelares, quietud augusta de glaciares y claridad de lago alpino! l vive la vida europea. Mas de pronto le asaltan los recuerdos de su tierra. Madrigaliza a una nia de diecisis aos. A su amigo el ex embajador Casass, noble poeta, escrbele clsicamente: Libio, yo estoy prendado de tal modo de la naturaleza peregrina, que ansiando en mi amor loarlo todo, le grito bis! al ruiseor que trina, ol a la onda que cuaj en espuma, y hurra! al sol que calienta y que ilumina. Gracias! digo al clavel que me perfuma o al lirio que brot bajo mi planta, y bravo! a la oropndola que empluma. Y rima otras galanas palabras y casa otras lindas ideas, con una innegable maestra. El xodo y las flores del camino es la parte de verso de un libro en verso y prosa publicado con ese ttulo. Es un corto _reisebilder_. Notas de viaje, lricamente expuestas y rimadas, es su _Parcours du rve au souvenir_; pero bastante lejos de Montesquiou-Fzensac!--Irlanda, Londres, Bretaa; y Pars, y mujeres, y artistas; y otra vez Pars, y Flandes; y Lucerna, y Bohemia; e Italia y Pars; y mujeres; y arte; y Pars y Pars! * * * * * Te acuerdas, mi querido colega, de aquella joven parisiense que en una comida de amigos, en su casa, te cant unos versos hechos por ella, tan triste y tan dulcemente, versos de adis? Y que poco tiempo despus se muri?... Aquella era una de tantas ilusiones de Pars. Ahora me he acordado de ella. La literatura en Centro Amrica. EL POETA DE COSTA RICA Costa Rica tiene el espritu ms ordenado y pacfico de todas las cinco repblicas de la Amrica Central; Costa Rica tiene sangre gallega; Costa Rica tiene un notable diplomtico en Europa que se llama el conde de Peralta; Costa Rica tiene el mejor teatro de aquellas regiones; Costa Rica tiene la corte suprema de justicia centroamericana en la ciudad de Cartago, y un edificio que le regala Carnegie; Costa Rica tiene un tranquilo pueblo de agricultores, y Costa Rica tiene un poeta. Tiene, es verdad, otros poetas, pero su poeta, el poeta nacional, el poeta regional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverra. Este poeta ha sido empleado pblico, militar, diplomtico, periodista. Yo le he conocido hace ya muchos aos, cuando era ayudante del presidente Crdenas, de Nicaragua. En Wshington, donde perteneci a la Legacin de su pas, fu ntimo amigo de un distinguido argentino, el seor Attwell. Ha gustado siempre de la vida social y no ha andado muchas veces lejos de la vida del pas de Bohemia. Su indestructible pasin fueron las amables musas. Despus de errar en varias repblicas centroamericanas, retorn a su pas y se cas, y, como en los cuentos, tuvo muchos hijos. Su carcter, siempre jovial, siempre alegre, se opuso a los persistentes golpes de la mala suerte. Sus dones intelectuales se fueron aquilatando con los aos, pero el hada Carabosse que, como es costumbre haba aparecido ante su cuna en los instantes en que otras hadas buenas le dotaban con muchas cosas buenas, le hizo el poco grato obsequio de la mala salud. Y he aqu por qu, cuando escribo estas lneas, se encuentra el poeta de Costa Rica en un Sanatorio de Barcelona. Ha venido a Europa por una disposicin especial del Congreso de su pas, en la cual, como sucede siempre en esos casos, se hace saber oficialmente y sin eufemismos, que es poeta y que es pobre. Desde su lecho de enfermo, prepara en la ciudad Condal una nueva edicin de sus versos el sentimental e ingenioso autor de _Concheras_. * * * * * Qu significa la palabra conchera? El distinguido escritor costarriqueo, seor Brenes Mesn, nos lo explicar: Aunque la palabra conchera es bien inteligible para los nacionales, no estar dems indicar que en Costa Rica, de unos ocho aos para ac, se llama concho al campesino, al aldeano. Por lo tanto, una conchera es una accin, o una expresin propia de un campesino. Habla el poeta la lengua de los hombres rurales de su tierra. Una rfaga del aire que acarici las melenas de Martn Fierro o de Santos Vega ha pasado por all. El canto brota del terruo como las flores y frutos autctonos. Dems decir que Echeverra no ha tenido nada que ver con princesas propias o ajenas; no ha contribudo a hacer odioso el alejandrino, no ha tenido jams ningn rastacuerismo lrico, ni se cree un pistonudo genio. Tiene--ah, tener eso todava, Dios mo!--tiene un corazn. Un corazn armonioso, sensible y lleno de alegra y de ternura. Ha sufrido las terribleces de la escasez y est padeciendo las amarguras de la enfermedad y, sin embargo, no hay en l un solo instante de pesimismo y, como buen pjaro natural, dice su decir rtmico celebrando las cosas lindas de la vida y despertando la sonrisa en los labios de los que escuchan su msica jovial. En pocas palabras sintetiza su valor uno de sus amigos, Antonio Zambrana: No padeciendo o afectando enfermedades forasteras, no enclenque y canija, no vistiendo trapos de Pars manchados de vino, sino fresca y colorada, la musa de Aquileo naci en Cot, o en Barba; sobre eso puede haber disputa, y es muchacha alegre, honrada, si ligera de lengua, de muchas libras de peso. Aqu tienes, amigo lector, algo, no slo de la raza, sino de la tierra, algo genuino, espontneo y sin careta, hombre que a otros no les empresta la lira, contentndose a veces, para su msica, con una flauta de caa hueca, pero hecha por l del material de nuestros bosques. Imaginacin traviesa, pero que sabe ponerse seria si conviene; ingenio peregrino, verbo sonoro y abundante, hay uvas de lo mejor de Andaluca y naranjas de aqu, con semilla de Valencia, en el plato que te presento; regala tu paladar y s agradecido. S puro, espontneo; ciertamente, contntase a veces para su msica con una flauta de caa hueca hecha por l del material de nuestros bosques. Pan haca lo mismo, dir l. Su verso es bien modulado, y aunque diga cosas de la patria nativa, demuestra su descendencia clsica, la fuente original de donde ha fludo el admirable y bien sonante romancero castellano. Echeverra habla bien su lengua patritica. Para Rafael Obligado sera el numen de Aquileo simptico como su apellido. Y yo aprovecho la ocasin para declarar cunto me encantan los poetas que, como el rbol de su floresta, dan la flor propia. Mi vida errante explicara mi cosmopolitismo de antao y mi exotismo el ansia de lo deseado. Otro escritor, compatriota de Echeverra, dice: Quien conozca nuestro pueblo y su lenguaje expresivo y sencillo; quien haya vivido nuestra vida y fortalecido el cuerpo enfermo con las emanaciones suaves de esta tierra; quien haya puesto su alma en contacto con esta naturaleza soberbiamente prolfica, tranquila y bella, no dejar de leer con amor los versos de este libro, porque de todos se desprende el vaho fortificante de nuestro suelo. As ha sucedido, pues ningn otro poeta en Costa Rica tiene, como l, ni tantos lectores, ni tantos afectos conquistados. * * * * * Yo conozco la tierra de Echeverra. Los campos son fecundos y risueos. Si en las costas quema la furia solar del trpico, en el interior el clima es fresco y la vida apacible. Los campesinos tienen casi todos tipos europeos. En montes y campaas podris hallar incultas bellezas, de hermosos rostros y voluptuosos cuerpos. Si he visto en San Jos, la capital, damas incomparables y mozas de la cofrada del diablo que en Pars hubieran sido unas bellas Oteros, pude admirar en mis excursiones mujeres e hijas de agricultores y carreteros, el rosado pie descalzo y la cabellera al aire, y para galantear a las cuales habra yo solicitado de mi amigo Aquileo algunas de sus gratas concheras. Su musa lo sabe decir con tanta gracia y donaire! Su musa: hela aqu tal como l la pinta. Mi musa es joven y ardiente, morena, de erguido seno, boca sensual y ms roja que las bayas del cafeto; blanca y firme dentadura, que es albo nido de besos; ojos grandes y expresivos, dulces, brillantes, serenos. Una espalda tentadora, mrbida como su cuello, unos brazos que si abrazan es difcil salir de ellos. Corre por su cuerpo criollo la roja sangre del pueblo, fresas fingiendo en su boca, rosas en su cutis terso y en la gloria de sus ojos clido fulgor de incendio. Canta a mi patria adorada, canta a mi ubrrimo suelo, a mis floridos rosales, a mis frondosos cafetos, al mozo fuerte y honrado, alegre, bueno y sincero, a la moza de alma blanda y de dursimo seno, a nuestras altas montaas, a nuestros valles risueos, a nuestra tierra fecunda, a nuestro lmpido cielo. Que no brinda en copa de oro, sino en los clices bellos que le ofrecen los claveles, ya de nieve, ya de fuego, que embalsaman con su aroma mi apacible y caro huerto. Desde luego, no estamos an escuchando la parla de los conchos. Ese romance revela su origen castizo y suena a Espaa. Lo propio que cuando dice sentires de hogar y casa paterna, o cuando planta un tipo netamente popular costarriqueo al modo con que los maestros espaoles nos han dejado la figura de los jaques andaluces o de los chulos madrileos. Qu deciros si hasta, de pronto, aparece el recuerdo del sencillo helenismo de aquel honesto don Juan Melndez Valds? Es Clori, la esposa del Cfiro amante... Ni las anacrenticas ni los romancillos son del poeta que he querido hoy celebrar, sino las gallardas, las nativas, las sabrosas concheras, en las que se encuentran, segn las palabras del ya citado seor Brenes Mesn, aliento fresco de los montes, respiracin sana de terneras al levantarse la aurora, risas del campo cortando la tranquilidad de las horas... Los usos y las costumbres del buen pueblo de Costa Rica, sus preocupaciones y sus supersticiones, algunas heredadas de los tiempos coloniales, sus maneras de divertirse, de enamorar, de pelear, sus duelos y sus negocios, todo dicho con sus provincialismos, con sus giros antigramaticales, pero semejantes a los de algunas regiones de Espaa, todo ello se encuentra en los versos de Echeverra. El seor Brenes Mesn considera eso de importancia para los fillogos extranjeros. No se le da bien disecado en su diccionario, sino viviente, tibio, como si se tomase de los labios mismos del pueblo. La transcripcin se ajusta, tanto como es posible, para no chocar demasiado con los hbitos existentes a la verdadera pronunciacin popular. All est justamente su importancia. Las palabras que los gramticos han condenado como impropias, son, con frecuencia, arcasmos, y en todo caso se nos ofrece la oportunidad de ver que las leyes fonticas que presidieron a la formacin de la lengua castellana, siguen ejercitando su influencia a travs de la distancia y los siglos. Si desde la poca anticlsica vemos que la _r_ final de los infinitivos se asimila a la _l_ delante de los subfijos, y as lo observamos en _Concheras_, necesario ser concluir que la vida de nuestra lengua posee una pujanza extraordinaria, y que all donde se encuentra la libertad de hacerlo, se desarrolla tan fuerte como en los primeros aos de su aparicin en la Pennsula ibrica. Entre vocales, la sncopa de la _d_ fu ley constante, y as subsiste en nuestro lenguaje popular, que la suprime indefectiblemente en los participios de la primera conjugacin. La elisin de la _o_ y de la _e_ delante de palabras que principian por vocal, tambin la observaron los castellanos y es ley dominante en la lengua tica y americana en general. Ticos se llama en Centro Amrica a los habitantes de Costa Rica. Desde luego, dems est decir que para comprender algunas de las poesas de Echeverra se necesita un vocabulario especial, como sucede en casos semejantes, as sea un soneto de Pascarella, un Poema de Jehan Rictus, una pgina de Bill Nay o de Fray Mocho. Veamos algunos ejemplos. Transcribir el romance titulado _Un hermano_: Bajo un mango corpulento, y tendidos en la yerba, junto a los bueyes que echados perezosamente cenan, estn varios carreteros alrededor de una hoguera, que olla de hierro corona montada sobre unas piedras, y dentro la cual retozan en el caldo que espumea, ya las papas esponjadas, ya el dominico de seda, la blanca yuca de nieve, la carne de rojas hebras; el tiquisque delicado asoma su faz morena, o se presenta el avote en forma de barquichuela y con la cara encendida, que est muerto de vergenza por ser primo del zapallo, que es la verdura ms fea; el chavote su espinosa y verde capota ostenta, entre races y ames, camotes y berenjenas. De cuando en cuando se asoman algunas palabra feas, es decir, que varios ajos suelen sacar la cabeza, y todo ello confundido en una igualdad perfecta, en que todo sabe a todo y huele de igual manera: especie de democracia que sus doctrinas condensa dentro la olla de fierro que sobre robustas piedras al beso de alegres llamas canta, llora y burbujea, vigilada por los mozos que de bruces en la yerba aguardan pacientemente que se cocine la cena. Algunas tortillas fiambres que han adquirido dureza junto a los tres tinamastes que hacen escolta a la hoguera, son retiradas, pues Marcos dice que le olen a buenas, y quel pel est seguro que est cocida la cena. Con dos sacos de gangoche quitan la olla y se la llevan a la orilla de un arroyo que corre por all cerca. Despus arriman los yugos y muy alegres se sientan: dan dos besos cariosos a sus chulas, las botellas, que en el amplio vientre guardan el contrabando, o el ntar, con que el Supremo Gobierno explota al par que envenena. --chate un cuento, Milquiades. --O una historia verdadera. --Que les cuente Sinforoso lo que le pas en Atenas, --Que lo cuente! --S! Contalo! --Miren qu cosa tan fea. Har tres aos descasos que me hablaron en Heredia pa ver si jalaba un flete pal puerto de Puntarenas. Yo puse mis condiciones, y despus de algunas negas entre si tanto, sin cuanto, convenimos en lo quiera. Ya esos geyes eran mos, pero no tena carreta. Los Arias me consiguieron lo que fu de Chico Cerdas. Salimos como a las doce, sestiamos en Alajuela; al llegar a Los Horcones ya estaba la luna puesta, y resolvimos quedalos pa que los geyes comieran. --Muchachos--dijo Damin-- mientras se cuece la sena por qu no v'alguno atrese un trago de guaro Atenas? --Yo voy, le dije. --Est bueno. --Treme un diacuatro de breba. --A m dos riales de puros. --Pa yo una vara de mecha.-- Me puse la alforja al hombro y descolgu una linterna, y me terci a la cintura por si acaso, la cruceta. Despus de dale a los caites entr por ltimo a Atenas, merqu todos los encargos; y viniendo ya de vuelta, comenc a sentir un tufo como a la moda de mecha; un tufo que no cesaba por ms y ms que anduviera. Me entr cierto recelillo; pero volti la cabeza y nada vi, slo el humo que dejaba la linterna. De pronto se oy un chirrido, me puse a parar la oreja, y vide que en el camino sola andaba una carreta, sin ninguno que la guiara, y sin geyes ni compuertas; y en el centro, en un atul, el cuerpo de Chico Cerdas. Ech mano a la cutacha y me ampar de la cerca, ise como cuatro cruces, por supuesto con l'izquierda. --Hermano--me dijo Chico-- yo debo algunas promesas... A m se me ju el resuello, me se aflojaron las piernas, me sucedi una desgracia, me se adormeci la lengua. Me encomend a las tres Dulces y a la virgen Margalena, y le dije como pude: --Dec... lo... que... te... se... ofrezca! Se sent dentro el atul (caramba que pestilencia, iedor a recin casada, o como a letrina vieja, o como a gevos podridos, o como a nido de perra). --Le debo--dijo el difunto, despus de hacer unas muecas-- le debo a Concho Paniagua tres pesos de una rialera, a mano Froiln, seis reales; a San Roque, una novena; a Chico Antilln, dos pesos, de un muerto que alc en su mesa. Deciles a las muchachas que a vos te doy la ternera, y el armario con el bal, y mi cama y mi cruceta. Despus se despareci el fantasma y la carreta. A yo me hallaron trabao a la orilla de la cerca. Estuve dundo de viaje ms de una semana entera; iba a andar y no poda, iba a explicarme y la mesma, hasta que mano Froilano me aconsej que me juera a contale al Padre Chico ce por be la contingencia; me llevaron, le cont, y se puso hecho una fiera; slo le falt mentame la mama dentro la iglesia; me puso como un petate. Enainiticas me pega y me llam fariseo, mentiroso y poca pena; pero, hombre! al rato ya estaba sano de pieses y lengua. --Ese ju milagro grande! --Un milagro de de veras! --Y los puros? --Pero ni uno! --Y la cusasa? --Ni seas! --Se la atoyara el dijunto? --Puede ser que asina juera! --Ja! ja! ja! --De que te res?... --Estoy pensando en la mecha. La mecha s pareci?... --Sin que le faltara una hebra! --Pa qu te la dejara? --Yo me figuro que juera pa enrollsela en el gecho a la sonta de tu abuela! Decidme si en lo que comprendis de esta relacin y de esos dilogos, al lado de algn baturro, gallego o andaluz, no percibs la taimadez y la picarda gauchescas, que el argentino lvarez y otros han hecho perdurar aun despus de la casi desaparicin del gaucho? Hay otras poesas de Aquileo Echeverra en que eso se demuestra ms claramente, y ello podr comprobarlo quien lea su ameno libro. Yo debo declarar que si en sus poesas de sentimiento me conmueve tanto como el murciano Vicente Medina--a quien tan admirablemente ha seguido una poetisa, tambin de Costa Rica, cuyo nombre no recuerdo en estos momentos--en los cuentos y descripciones criollas, aun en los que casi se diran trabajos de _folk-lorista_, me perfuma y melifica el humor, me brinda el impagable regalo de la risa, de la honradez literaria, despus de soportar tanta imitacin desatentada, tanto pseudo modernismo, tanta farsa intelectual como los que han invadido la literatura espaola e hispanoamericana al amparo de la libertad del Arte y de la sinceridad y noble entusiasmo de los iniciadores. O poesa asturiana. Los poetas de Asturias, esto es, los poetas que escriben en asturiano y los que escriben o escribieron en castellano, son poetas castellanos o espaoles. Los dialectales hablan la lengua del terruo, expresan el alma popular, tienen un noble abolengo que se arraiga en un recndito pasado. Tal pensaba leyendo, en la playa cantbrica, la antologa de Caveda y Canella Secades, y en algunos peridicos locales, poesas de los poetas que cantan ahora. Es el lenguaje armonioso y sonoro como la antigua fabla, con la cual tiene ms que semejanzas. No sin razn la tena en tanto precio aquel gran asturiano que se llam don Gaspar Melchor de Jovellanos, que escribi una notable instruccin para la formacin de un _Diccionario bable_, que puede leerse en la coleccin de sus obras, publicadas e inditas, de la biblioteca de Rivadeneyra. En la antologa que he citado hay poesas de autores de pasados tiempos y cantares annimos, de esos que en todas partes brotan del corazn popular y circulan de boca en boca, sin que se sepa quin los compuso. Don Antonio Gonzlez Reguera fu un discreto y muy gracioso rimador de Asturias, que naci a principios del siglo XVII, y del cual se conservan algunas producciones. El romance que trata del pleito entre Oviedo y Mrida sobre la posesin de las cenizas de Santa Eulalia, es muy gentil y de un sabor de poca verdaderamente propio. Es la poesa ms en dialecto asturiano que se conoce: Cuando ensamen les abeyes y posen de flor en flor, si les escurren s'espanten vanse y non facen llabor, dexando el caxello vieyo pa buscar otro meyor. Sant'Olalla f l'abeya que de Mrida ensam, enfadada q'adorasen les fegures de llatn. Entoncies el rey don Gil andaba en guerra feroz con los moros que quera encabezase en Llen. Permitilo aquesta santa que les victories i di, matanza faciendo vi ellos fasta q'en Mrida entr. Lleg al pueblo d'esta ea que temblaba de pavor, y esconfiaba de so cutre solliviada de temor. Cutieron los santos gesos viendo que s'arrodiy; si estovieren ms carnudos saldrn fei acatacin. Trxoles el rey piadosu, de llacera los sac, y metilos per Uviedo con gaites e procesin. Mrida diz que i tornen esta prenda que i falt; diga ella que quier ise y aun con eso... quiera Dios. Si quieren que la llarguemos pguennos la devocin ans de los que finaron como de los q'ora son. Dguenlo al Santo Sudario ver quicis si da razn, pos non tien utro cuidado el Seor San Salvador. Quin ora i lo mandar? bien s'echa de ver que nos: si nos lleven esta santa no hay ms d'arrimar la foz. Dirn ellos:--Morri ac; diremos nos:--Non morri, q'est viva par'Asturies, si est muerta para vos. Y aunque la lleven, m'obligo que se torna per f, porque dexa conocidos y gran comunicacin. Si por amor d'esta santa Extremadura llibr el Principado heredero puede ir tomar posesin. Ella est muy bien ac, l'otro vaya per f, porque estn de nuestro llado l'obispo y gobernador. Nosotros los de Capote, cual con un ral, cual con dos seguiremos iste pleito fasta llevalo ente Dios. Es la antigua voz de este pueblo. Supongo que la habris comprendido los que podis leer a Berceo y a Segura; si no, vaya en obsequio a los asturianos del Ro de la Plata que me leen. Del mismo autor de ese romance se conservan algunas composiciones de asuntos clsicos, hechas de manera burlesca, como fu uso entre ciertos humanistas de buen humor. As _Dido y Eneas_ y _Hero y Leandro_. Solamente que algunos copiantes desfiguraron los versos originales, segn dice el cannigo Posada, ora por los que no entienden el bable, o ya por escrupulosos y timoratos, que los castraron de palabras y expresiones menos decentes y sustituyeron en su lugar otras y hasta octavas enteras. Temblemos pensando en cmo hubiera quedado la obra del Arcipreste de Hita si otros copiantes le aplican semejante castracin. No obstante, en lo que queda de Gonzlez Reguera, las sales y picantes no faltan. As en _Hero y Leandro_ hay octavas como sta: Mat ans cinco toros y acabse la fiesta sin facer sea nenguna. Bax la ea y el galn posse, y acompala por probar fortuna; yo pienso q'ella, p'hcia s folgse de bella cavo si, que no hay delguna si quier bien, q'a les dures o apretades, non i ximielguen lluigo les corades. Hay un don Francisco Bernaldo de Quirs y Benavides, de quien se tienen pocos datos biogrficos, pero del cual se sabe que perteneci a la noble Casa de Quirs despus que don Francisco Bernaldo de Quirs, dcimoquinto descendiente del fundador, cas con doa Jernima Bernaldo de Quirs y Benavides, llevando los sucesores desde entonces este ltimo apellido a continuacin del de Quirs. Del don Francisco poeta es un romance que califican los antlogos de precioso romance jocoserio, acabado modelo descriptivo, donde compiten a porfa el fcil poeta y el consumado jinete. Vale decir que nos las habremos con un antiguo _sportsman_: Seor don Pedro Sols, el que tien e'nes corades un macn de sacaberes y un camberu d'allacranes; el de Mayuelu con zunes, si non quier que i lo llame pieza de Baldeburn que sal bien, pero ye tarde; alferi mayor d'Ubiedo q'anque pese a quien pesare, puede meterse a conceyu sin quitar les sos polaines. Sepia so merc q'agora que han de fer en todes partes al mayorazu d'Asturies xuramentos prencipales, se m'ofrez el pronponei un truecu para que saque un bon rocn ne los des que arbole l'estandarte. Para comprender ciertas alusiones son precisas notas, y adems os har gracia de ms copia, puesto que no estis como yo en este buen suelo asturiano, en donde hay tan gallardas muchachas que hablan su viejo dialecto, y alegres gaitas, y mar soberbio, y sidra que hay que saber espalmar, como lo hacen los joviales visitantes que vienen a merendar al amor del azul y de la marina espuma. No os hablar, pues, sino de paso, de los viejos cantores, como cierto impagable don Antonio Baldivares y Argelles, festivo--todos festivos!--y de quien se cuenta que fu de carcter alegre, jovialsimo y propenso a bromas y ejercicios divertidos, demostrando un buen humor que no abandon hasta los ltimos momentos. O del latinista don Bruno Fernndez Cepeda, tambin regocijado, con todo y ser dmine, o por lo mismo, y que dice en uno de sus romances: Entra el potrumedicatu con sos paxes y corchetes, y, echndose sobre min com'unes utres famientes, desalforxando sos chismes entre dimes y diretes, me esfarrapen a sangres, me destocinen a friegues, me chamusquen con ventoses, con baos me despelleyen, con xiringanzos m'esfonden, con supedanios me tueyen, con ages me desbauticen, con untures me esfelpeyen, con emplastos me taracen, con gataplasmes me afrellen, con parches me destapinen, con cantrigues me esfuellen. O bien doa Josefa Jovellanos, hermana del famoso don Gaspar, y la cual, aunque grave y devota, como que se meti monja, no demuestra en sus versos sino un natural risueo y poco dado a melancolas. Y luego don Jos Caveda, varn sabio que sentimentaliz en tales o cuales versos, sin que abandone la tradicin jocosa del pas; y los annimos, en fin, como el autor del poema _La Judith_, o los de tantos cantares como stos: En Candas hay bones moces, en Avils la flor d'elles, en Luanco mielgues curades y en Xixn paraxismeres. Y los que dicen la historia de Maruxia, la historia eterna de todas partes: Ay, Maruxia, la barriga duelte; por so les faldes coxiste la muerte. Ay, Maruxia, tu fusti a los figos, fusti muy tardi y ya estaban codos. Ay, Maruxia, tu fusti a los prumos, fusti tempranu, no estaben maduros. Ay, Maruxia, del pie delicau, quin te mand reblincar en mo'prau? Y algunos de muy ingenua y prctica filosofa popular: Quixe casame contigo, y ech llea en to portal, dcame ac la mi llea, que non me quiero casar. El que sabe como files y cmo quis t coser, primero va pa'l'hespicin que te escuya por muyer. El cura del mi lugar ye prontu pa recibir y muy tardo pa dar. Actualmente hay varios tocadores de lira que lo hacen con bastante bizarra y donaire, tales Bernardo Acevedo, y un cierto Marcos del Forniello, y, sobre todo, un famoso Pepn Quevedo, orgullo de estos contornos. Todos ellos sostienen las tradicionales maneras de humorismo y de gracia, y Pepn Quevedo--apellido obliga--es el aeda representativo de tan envidiable ecuanimidad. De l hace un su colega el ms halagador retrato en unos versos que, entre otras cosas, dicen: Como amigo, y'un amigo sin trastienda ni trasiego; com'home, pa la muyer, dulce como'l carambelo; como padre, y'un padrazo que reblinca co los neos; y como poeta'n bable... Contra! Me valga San Pedro! me caso'n Xudas, recongrio! non y'un home, y'un xilguero! Y como habr que citaros algo de Pepn Quevedo que garantice la fama de su buen humor y de sus sales poticas, he aqu algunos de los que l llama _Cantares estropiaos_. Al pie de un rbol sin fruto me puse a considerar. Que le home que sal borrico non lo puede remediar. A la luna pregunt si era pura la que amaba... La lluna, naturalmente, non arrespondi palabra. Por San Juan hizo un ao que te quera... Triste cascabelera, conque ahora... infla. Los pajarillos y yo nos levantamos a un tiempo... Ellos a comeme'l trigo, yo a trabayar com'un negro. Y vayan todas estas cosas, como he dicho antes, para los asturianos del Ro de la Plata, que encontrarn en ellas el eco de su Cantbrico, la sonrisa de sus hermosas mujeres y el perfume del oro claro e hirviente de la sidra. Prlogo que es pgina de vida. I Estas lneas, que sirven de prlogo a la produccin literaria del doctor Luis H. Debayle, puede decirse que constituyen una pgina de mi vida. O ms bien dos pginas: una de primavera y otra de otoo, ambas perfumadas por nuestras esencias de Nicaragua, de flores de jardines domsticos, rosas, azucenas, mapolas u orqudeas del bosque intrincado. Pues mi conocimiento con este querido sabio armonioso viene desde la infancia, all en la centroamericana ciudad de Len. All tena yo un primo que reuna en fiestas dominicales a nios amigos, entre los cuales Debayle y yo. Oh la casa de mi ta Rita, en que la fatalidad se descarg un da!--justa o injustamente? Dios lo sabe!--, y aquellos bailes de adolescentes, al son del piano, y los cuales sola perturbar, regocijar o asustar la aparicin de dos enanos velazquinos que mi ta albergaba en su casa... Exactamente como en el Museo del Prado y como en la Historia. Alegremente seriecitos nuestros bailes--trece, catorce, quince aos el que ms de nosotros--. Mi primo tena haciendas de ganado y de caa de azcar y su padre era cnsul. Otros eran hijos de mdicos, de abogados, de gente excelente del Municipio. Luis Debayle presentaba muchas ventajas: tena un bello tipo, era francs, y su padre, cuyos ojos azules reflejaban empresas de Lally-Tollendal y la Compaa de Indias, que habran deleitado a Francis Jammes, haca cargar en los puertos que dejaron los viejos espaoles bergantines con la bandera de Francia, que traan a Europa maderas olorosas y de tinte, rojas como el Brasil y amarillas como la mora. Pero entre todos los adolescentes que danzbamos mazurcas y polcas con las nias, era yo el que haca versos. Ello me creaba la extraa, pero innegable superioridad que tienen el arzobispo, el ruiseor, el torero y el pavo real. Como me comprenden ellos bien, ni el arzobispo ni el ruiseor tomarn a mal lo promiscuo. Ya se entender que yo, que vea en Luis Debayle el hijo de un realizador de ensueos que haba sorprendido en tal cual almanaque, y l, que me confiara desde luego su amor a la msica, hicisemos en seguida una gentil unin de cario. En casa de Debayle, a poco tiempo de nuestra primera intimidad, bajo la complacencia maternal, fraternizbamos furiosamente en el acorden. Por lo que a m toca, _hoc era in votis_, y he aqu por qu aun estoy y estar siempre enredado entre los profusos y dificultosos para la marcha en el mundo de laureles apolneos. II Fu, pues, Luis Debayle uno de mis primeros compaeros de armona. As en acorden, cielo azul, u rgano en la iglesia de la Recoleccin, de los jesutas. O en San Ramn, donde tanto l como yo y tantos otros ostentamos en el pecho la cinta azul y la medalla de oro de los congregantes: Oh Mara, madre ma, dulce encanto del mortal... dirigidos y acariciados por un padre Tortolini, anciano, un padre Valenzuela, poeta de Colombia, un padre Koning, sabio astrnomo, un padre Juinguito, hoy obispo de Panam... Y lo que he perdido en el recuerdo... Hay muchas lagunas en este largo poema de tiempo en donde cantan tantas elegas... Mas es el caso que Luis Debayle y yo simpatizbamos en el amor de la lira y que ya l empez a quererme como un hermano y yo a corresponderle de igual manera. Hasta donde me era posible, helas!, pues el primero, que tena haciendas y bufones le quera tambin como un hermano, y a pesar de mi ventaja potica, la competencia no era posible. Solamente la gran Hoz pone todo en su punto de justicia. La verdad es que, poco tiempo despus, yo me eclips, o ms bien no aparec literariamente, pues las odas y las cantatas de los padres hacan otros privilegiados, entre los cuales ese buen talento tan prctico y tan literario y tan sentimental de Romn Mayorga Rivas que, comprendedor de su tiempo y de su misin, es hoy director del primer diario a la yanqui de la Repblica del Salvador. Y todava Francis Jammes! Entre estas memorias, que yo pongo aqu: (Este ramo de ciprs para Mercedes, y este otro ramo de ciprs, con una rosa blanca, para Narcisa.) III Aqu no deba faltar que yo hablase de don Juan Pallais, uno de los tos Pallais, de Luis de Bayle, hermano de su madre, afianzndose as el predominio de la sangre francesa. Y mi gratitud debe expresarse en memoria de quien fuera mi iniciador en la gua gala y la golosina, siendo como era aquel buen caballero _gourmand gourmet_. Y qu captulo por escribir el de la cocina nicaragense, que viene de seguro de aquellos platos profusos y maravillosos que se haca servir el emperador mejicano Moctezuma y de los que hablan Corts, Gomara y Bernal Daz. Mas llega el instante en que, en revistas nfimas y precarias, en un medio primitivo, los jovencitos tentados por el demonio literario que era entonces ngel jesuta, diramos al viento sendas silvas a la clsica, naturalmente dirigidas al Mar, al Sol o la Virgen Mara. Y Luis Debayle realiz entonces tales o cuales lanzamientos lricos, ms o menos divino Herrera o humano Alberto de Lista, que hoy mismo pueden sin desdoro figurar entre sus producciones rimadas. He de insistir siempre en que los padres de la Compaa de Jess fueron los principales promotores de una cultura que, no por ser, si se quiere, conservadora, deja de hacer falta en los programas de enseanza actuales. Por lo menos conocamos nuestros clsicos y cogamos al pasar una que otra espiga de latn y aun de griego. Jvenes nicaragenses de ese tiempo hay hoy, que, segn tengo entendido, son hasta obispos y profesores en lejanas regiones. El tiempo pas. Yo part, aun en la adolescencia, de mi tierra. Debayle supe entonces que haba ido a Pars a estudiar medicina. A Pars! A su dulce Francia, en que tanto l como yo sobamos despus de desleir en el fuelle armnico y viajero alegres marianinas, romanzas sentimentales o sones aprendidos de los marineros de Corinto o del estero Real. Cuando parti Debayle escribi una pgina cordial en que junta a sus dos patrias: la grande Francia y la pequea Nicaragua, en su afecto igual. Pero por ms que l diga, prevalece, a pesar del afn de la tierra, el corazn francs. Corazn francs, cerebro francs, nombre francs, eso es Luis Debayle. Solamente su gloria es centroamericana, pues el laurel no da sus ramos sino en donde se le riega. Y si, aunque nacido en Nicaragua, es ciudadano de Francia, su ciencia es en el pas tropical y maravilloso donde vierte su bien. Su ciencia. Los que vivs en ese gran Buenos Aires de milln y medio de habitantes, palenque de todos los progresos del mundo; los que luchis en esas capitales ricas y soberbias--dos o tres apenas en nuestro continente hispano-parlante--no podis saber lo que de posible y de imposible ha realizado Luis H. Debayle para el saber mdico en su pequeo pas de accin y para que su nombre sea reconocido con elogio y su persona rodeada de consideraciones en los centros cientficos europeos. Por ms que adelantamos, Europa es an el crisol del pensamiento del mundo. Y el mejicano Herrera; los brasileos, los argentinos Prez, Ramos Meja, Ingegnieros, Sixto y algunos otros, han logrado, al dejar su nombre marcado en una roca europea en la ascensin de la ciencia humana, lo que muchos no comprenden. Y as el franco-nicaragense Debayle, descendiente de Montgolfier. Saber e investigar mucho, constantemente; ensear, curar, dar la vida, contribuir en tantas partes de la tierra: Wshington, Mjico, La Habana, Budapest, Pars, a la recopilacin de ciencia y de experiencia; ser querido y alabado por los Peau, Richelot, Landouzy; ser llamado un da a presidir, en la metrpoli de la gloria, un congreso de eminencias; amar de veras y con toda el alma su don cientfico y todava saber recordar que Esculapio es hijo de Apolo. Pues he aqu que Debayle ha perseverado en el amor de la Lira, lo cual contribuir a que en su jardn interior, aun en el invierno vital, haya rosas frescas. IV Si l publica este libro, es quiz por consentimiento a indicaciones amistosas, y sin ninguna ambicin de ma-tu-lu. Y luego, casi todas son flores de un jardn familiar; flores nicaragenses: cundiamor, bellsima y azucenas de todos colores. Hay sones de las antiguas liras romnticas, de las que se pulsaban. Hay sentimientos de hogar, antiguos ecos amorosos, perfumes que aun quedan de una tradicin patriarcal. Y el mar nuestro aparece, mar de descubrimiento, de Robinson y de Antilla. Y aqu que yo recuerde al Debayle que volv a ver, despus de tantos aos, en el otoo de mi vida. Fu a mi pas tras larga ausencia. Toda aquella tierra ardiente fu para m como un incensario. Se festej nacionalmente el retorno del poeta prdigo. Cuntos amigos de menos! Cuntos que se llev la muerte, cuntos cambiados, cuntos esquivos o por indiferencia tmida o por miserias ciudadanas que hasta a las nueve musas visten con un color poltico! Qu tengo yo que desear all sino que mi pas natal adquiera fuerza, riqueza y cultura? Qu s yo de los oacinos de Len o de los gamboinos de Granada? Mas he de decir que el primer abrazo, o el ms fraterno, de la llegada, fu el de Luis H. Debayle. Grises ya ambas cabezas, florecieron en seguida nuestros recuerdos, para los cuales contribuy la literatura y este o aquel rememorar de amor igualmente perseguido antao y nuestras mutuas conquistas y su Pars y mi Argentina. Y yo despert en aquella imaginacin de buen sabio la amable locura de los versos. Y fuimos a pasar los das de fuego de aquel verano tropical, a una isla risuea, desde la cual se divisan los cocotales del puerto de Corinto. Y all hicimos rimas y ritmos. Y all supe cmo la pasin esttica coronaba bellamente una existencia de bienhechor de la Humanidad, y cmo el antiguo amigo de las odas a la hispnica haba ya escuchado las siringas y liras de los modernos pastores y corifeos de poesa. En el seguro monumento que su patria ha de ofrecer al doctor Debayle, junto a las simblicas figuras que indiquen ciencia y caridad, sera propio esbozar una musa, no por discreta menos de origen divino. Y el abuelo Montgolfier estar en su eternidad satisfecho, cuando vea cmo de cuando en cuando su ilustre descendiente se ha fugado de las prisiones prcticas de la tierra para ir por los espacios de su globo, caballero en el sublime caballo alado. Letras chilenas. FRANCISCO CONTRERAS UN LIBRO SOBRE ITALIA Hay un poeta de Chile que vive en Pars desde hace algunos aos. Es joven. Ha publicado ya varios libros y goza de renombre en el mundo intelectual hispano-parlante. Se llama Francisco Contreras. Su primera obra aparecida en Europa, _Toisn_ es una coleccin de sonetos. De l dijo el incomparable Max Nordau: Es realmente un toisn de oro suntuoso, fabuloso, digno objeto de la heroica aventura de Jason, fin ferico de la navegacin del Argos. Casi todas las piezas estn saturadas del ter potico, tienen un aspecto deliciosamente patricio, son superiormente vistas, sentidas, dichas. A pesar del daoso elogio del doctor, que ha escrito lo que ya se sabe sobre todo lo que brilla y vale en el arte contemporneo, ese primer libro de Contreras tiene poesas de mrito, sobre todo porque de los primeros ha procurado apartarse del nuevo poncif castellano que ha echado a perder, entre otras cosas, el alejandrino y el gusto por lo compuesto. Aun cuando se notan los orgenes o las supersticiones en la mayor parte de los poemitas, el autor logra que se advierta su propio espritu, sus modos individuales de pensar y de sentir. He aqu una pequea labor muy bien trabajada, aunque con el exceso de preparativos que se acostumbrara desde la introduccin del simbolismo. En desmesuradas yemas, sobre los tallos entecos, en los parterres ya secos se esponjan las crisantemas. Flores raras, son emblemas del arte de nuevos ecos, amante de orlas y flecos y de rarezas supremas. Exticas y hierticas, como princesas asiticas, pues que son raras, son bellas, Prendidas entre los rasos o abiertas sobre los vasos como monstruosas estrellas. _Toisn_ fu publicado en 1906. Esto nos hace retroceder algunos aos, al tiempo de la preocupacin por la escritura artista y por lo principalmente formal. Aun quedan algunos cultivadores de la manera, tanto en Amrica como en Espaa. El poeta chileno, por su parte, ha procurado, avanzando, renovarse. As public, despus de _Toisn_, _Romances de hoy_. Hasta puede decirse que el salto fu demasiado brusco, de la poesa trabajada, erudita, un tanto complicada, con escenarios fabulosos, con vocabulario aristocrtico, con un si es no es de dandismo, casi todo de influencia, o de reminiscencia europea, a la poesa sencilla, sin artificio, quiz a veces algo prosaica, o bastante ingenua en su sinceridad, pero que mereciera estas palabras de un juez insospechable, el gran Mistral: Siento en sus versos, deca a Contreras el padre de Mireia, la amplia y libre vida de la Amrica espaola. Cmo no iban a ser del gusto de Mistral versos como estos? Sobre el suelo, en la hora sin tules, las sombras se cortaban ntidamente azules. En torno del ramaje de higueras y cedrones, rodaba un estridente rumor de moscardones. Sobre un cerezo un mirlo gorjeaba con desgaire. A intervalos, llegaban en la quietud del aire gritos roncos, galopes raudos, ladrar de perros... Era una trilla prxima, sobre el cordn de cerros. Se vea la era, yeguas, los arriadores: _Guasos_, mozos montados, con ponchos de colores. Parse. Di unos cuantos pasos. Desperezse, enarcando los brazos con inocente goce. La cabellera suelta, oscura, perfumada, cubri entonces sus hombros en sedosa cascada. Hundi los ojos hmedos en la azul lejana. Luego, inconscientemente, despreocupada, fra, trasponiendo la reja de madera del huerto, ech a andar paso a paso hacia el gran campo abierto, por la vieja alameda que serva de entrada, sin mirar, sin pensar, sin recordar ya nada. El autor didactiza en su prlogo, y habla de un perodo narrativo. No oigamos sus explicaciones; gustemos de sus msicas gratas. Y los que no hayis vivido en el pas chileno, podis saber, por las notas del volumen, muchos detalles locales. Y hallaris, por ejemplo, esta noticia inquietante: Existe en Chile la preocupacin de atribuir a los poetas los calificativos de loco, perdido, vagabundo. De manera que, lo que en toda sociedad culta es un sealado honor, en la nuestra se trueca en motivo de escarnio o sello de ridculo. Un distinguido poeta nacional nos contaba que en cierta ocasin, habiendo sido presentado a una dama con las palabras de: el poeta seor Tal, se vi obligado a protestar asegurando que era objeto de una mala broma... Pardiez! Buenos Aires ser todo lo prosaico, lo comercial, lo financiero, lo prctico que se quiera; pero no podr olvidar que en mi ltimo viaje a la gran ciudad argentina, entre las manifestaciones de gentileza que recib de personas de diferentes clases sociales, est la de una alta dama, gala de los salones, que, sin tener yo la honra de conocerla, envi a mis rdenes su regio automvil, durante todo el tiempo de mi permanencia. Y todo a simple ttulo de poeta. Y, sin embargo, con su reserva, menos ejecutiva que la disposicin platnica, Chile demuestra cordura. Los poetas son seres que perturban el comn pensar de las gentes, los modos de hablar y hasta las costumbres. As, si Chile ha levantado un monumento a don Andrs Bello, es porque ese poeta venezolano llevaba en una mano un Cdigo y en otra una Gramtica. Verdad es, que en el cerro de Santa Luca de Santiago hay otro monumento dedicado a don Benjamn Mackenna, que aunque no escribi sino en prosa, era un varn de confianza con todas las nueve musas. Y, con todo, ah estn los versos del romntico y melodioso Eusebio Lillo, del huguizante Matta, del vario y noble de la Barra, del sonoro Prendez, del horaciano Tondreau, del humorstico Irarrazbal. Y ah est lo hecho por la nueva generacin que se enorgullece con la produccin del malogrado Gonzlez, y de lricos como Borquez Solar, Magallanes Moure, Valledor Snchez y Miguel Roucuaut. Entre ellos se destaca Contreras, sobre quien puedo ahora repetir lo que dijera hace algunos aos: Creo que en nuestra Amrica hay pocos que tengan un tan sincero y hondo fervor de arte. Luego, en medio de ese fervor, es ponderado y reflexivo. No violenta ni la idea ni el lenguaje. Mucho me complace que no se haya dejado arrastrar por las peligrosas tentaciones del versolibrismo. Hay en l duplicidad: es un intelectual-sentimental que conduce bien sus designios entre los naturales desequilibrios del talento. Cuando apareci _Toisn_, escribile el ilustre J. Enrique Rod: Muy grata ha sido para m su lectura. Son versos de juventud y sinceridad: sinceridad aun en sus artificios. Reflejan bien el voluble y gracioso vuelo de un espritu juvenil entre las cosas, o mejor, entre sus figuraciones de las cosas. Y luego: Crea usted que sigo con afectuoso inters su actividad literaria. Su sentimiento del arte, el amor que usted le profesa, son verdaderos y hondos; bien se transparenta. No son la frvola vanidad de quien penetra sin real vocacin en los dominios del arte, y no dejar, de sus pasos, ms huella que la que puede quedar, en las baldosas del templo, de los del visitante profano, que entr por un momento, movido de curiosidad y no de fervor. Usted perseverar, completar su personalidad artstica; y seguro estoy de que cuantas veces, interesado en saber nuevamente de usted, lo busque con la mirada, he de encontrarlo ms arriba de donde le haya dejado la ltima vez. Rod fu profeta. Las nuevas obras de Contreras sealan siempre mayor elevacin. Su permanencia en Pars le ha impregnado de la gracia artstica y de la cultura ambiente. Y el vivir le va enseando cosas mayores. Slo que, como todos los que no gozamos de rentas producidas por grandes capitales y tenemos que sacar del cerebro para nuestros lujos, caprichos, vicios o simples y precisos elementos de existencia, se ha dedicado al periodismo. As sus libros de prosa son sus artculos de periodista. Y si el periodismo constituye una gimnasia de estilo, y el pensador y el artista lo son siempre, no todo lo que para el diario se escribe, por razones que no necesitan demostracin, es digno de la antologa. Lo que es estrictamente de la actualidad tiene que pasar como el instante. Sin embargo, siempre pone algo de su corazn o de su mente el artista que escribe. Y ese algo suele verse a travs de las informaciones de esos libros de prosa urgida. Sin contar con que, de cuando en cuando, surgen pginas ntegramente puras. En las lneas preliminares de _Los modernos_, pongo por caso, he encontrado incrustada una de las poesas de Francisco Contreras que son ms de mi agrado. _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ Bajo el puente oscilante del raudo transatlntico, el mar alza en la sombra como un solemne cntico, la luna que se eleva tras lvido celaje. Tiende un cendal de perlas al trmulo oleaje, y la sirena alada de la brisa marina, pone en mi odo una cancin triste y divina. _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ A mi espalda el miraje de la nativa tierra. Con su frtil campia y su nevada sierra: la ciudad en un nido de bosques frescos, grandes, bajo el dosel de plata de los mgicos Andes; el hogar entre rosas de la heredad florida; y la madre dejada, y la amada perdida... _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ Ante m la amenaza del porvenir arcano: el mar que entre las sombras canta su canto arcano, el horizonte negro, mudo como una esfinge; la luna que en la niebla un llanto eterno finge. Y el soplo de la brisa golpeada de destellos, que estremece las jarcias y azota mis cabellos. _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ Ser mi afn fecundo? Realizar mi sueo? Me dar la victoria su laurel halageo? Conquistar, en mi ruta la urea forma suprema para engastar la idea que me obsede; me quema? Conseguir tras todo, aunque en porcin escasa, donar una luz nueva a mi raza? _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ O, tras esfuerzo vano, tras ensueo deshecho, slo hallar el vaco del querer satisfecho? La desilusin trgica, el dolor desmedido, del amante no amado, del apstol no odo? En fin, en una frase, de todo visionario: El desencanto eterno y el eterno Calvario? _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ Heme aqu sobre el puente del raudo transatlntico, el mar me enva el trueno de su solemne cntico, la luna que muequea en la penumbra ingrata, me envuelve en la tristeza de su llanto de plata. Y la sirena alada de la brisa marina pone en mi odo una cancin triste y divina. _Peregrino del arte, voy al soado Oriente, el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ Y en este nuevo libro sobre Italia, que se titula _Almas y panoramas_, fuera de clidas pinceladas, de manchas justas, de observaciones juiciosas, lo mejor son los sonetos que a modo de musical introduccin hace resonar a la entrada de cada captulo. De las principales ciudades de arte de la divina tierra itlica, elige un alma y una visin; y antes, el soneto sintetiza armnicamente e inicia el tema ideolgico: As habla de la ciudad de los palacios, o canta a Roma: Slo restos y rastros de la imperial prosapia: el Foro, el Coliseo y la antigua Va Apia, uno que otro sepulcro desmoronado, informe, y al caer el crepsculo, tu columna trajana parece, en el incendio de la atmsfera grana, la cruz desmesurada de un sarcfago enorme. Recomiendo a los buenos gustadores estos sonetos fervorosos de amor y de admiracin por la gloriosa pennsula. El de Npoles: Bacante poseda de embriaguez infinita, bajo el beso del sol eternamente rubio, del agua eternamente azul al suave efluvio, Npoles danza. Npoles re, Npoles grita. En vano al horizonte como un ara maldita, siniestra espiral de humo rojo lanza el Vesubio, el mar sereno y lmpido, bajo el ureo diluvio del sol, en una eterna fiesta de luz se agita. Desde los verdiclaros jardines de la playa y el pintoresco y loco viejo barrio de Chiaia con sus rejas floridas que el aire azul engre, hasta el monte en que albea su vetusto castillo y sus cincuenta iglesias llenas de falso brillo, Npoles danza, Npoles grita, Npoles re. He citado ntegros esos vvidos versos napolitanos, que tienen tanto color y tanta alegra, porque son de los mejores del volumen. El de Bolonia, ciudad sabia, de estetas y doctores: el de Venecia, Oh, ciudad de las islas y los fnebres barcos!: el de Miln, Ertico y asctico como Manzoni, o como Luini, Miln es un seor grave y de gala, la oreja siempre atenta al eco de la Scala, el ojo siempre atnito ante el mrmol del Duomo; son excelentes. Y es de sentirse que no encontremos en el libro los que corresponderan a otras urbes, como Pisa, Florencia y Turn. Quiz el poeta los realice ms tarde para una obra completamente lrica. El vaticinio de Rod se ha de seguir cumpliendo y hemos de ver el completo triunfo de quien desea que en su patria crezcan y se propaguen los laureles verdes que, tanto o ms que a los guerreros, pertenecen por derecho propio a los portadores de lira. Un poeta argentinfilo. CARRASQUILLA MALLARINO En el Bogot intelectual que os describiera en un libro memorable el bien recordado Martn Garca Mrou, se destacaba de singular manera, hace ya algunos aos, la figura de don Francisco de Paula Carrasquilla. Este era un gentilhombre de ingenio. Lleno de cultura y amargado de vida desde muy temprano, supo acorazarse de filosofa, y su espritu prefera siempre manifestarse en epigramas apotegmticos, alusivos, corrosivos o risueos, que iban de boca en boca picando como abejas. De la ms pura tradicin espaola, su castizo epigramario, en la parte que no tiene de exclusivamente, diramos as, municipal, debera figurar en las antologas. En Colombia, desde luego, viven y se prolongan en la memoria del pueblo. Como en la mayor parte de los satricos, haba en Carrasquilla un sentimental, y sus espinas mtricas estaban impregnadas de curare de ntimas amarguras. As muri con su filosofa y con su sufrimiento. Con su filosofa y con su sufrimiento dirase que renace en el espritu de su hijo Carrasquilla Mallarino, cuyo libro _Visiones del Sendero_ acabo de leer, y cuyo hallazgo me apresuro a comunicar a mis habituales lectores. S que hay quienes se extraan por lo que llaman el exceso de mis alabanzas y de mi entusiasmo para con los jvenes. Y a quin alabar y por quin entusiasmarse sino por la juventud? Cuando el talento empieza a florecer es cuando necesita riegos de aliento. Maldito sea aquel mal sacerdote que engaa o descorazona al catecmeno. Cuando han pasado los das de los mpetus primeros y se sienten venir las flechas de los primeros desengaos vitales, de qu sirve el estmulo? Los que supimos de dolorosos comienzos y no encontramos en los albores de nuestra carrera sino crticas acres o desdenes hirientes, comprendemos el valor de un empuje, de un apretn de manos, de una sonrisa aprobadora, de una rosa confraternal a tiempo. Quien no anima al joven que se inicia, anatematizado sea. Y todo debe ir basado en la comprensin, porque sin comprensin todo es comedia o engao. As pues, comprendiendo bien el alma de Carrasquilla Mallarino, alma translcida como un cristal y alma de amanecer, os hablar de ella y de sus condiciones de mentalidad y de armona. Yo conoc a este joven poeta en mi natal Nicaragua y all fu mi compaero solar junto a los mangales y cocotales y bajo los soles abrasantes de la isla de Corinto. Fume simptico por lo comunicativo y cordial de su carcter, por su rapidez de entendimiento, por saber que siendo de tan pocos aos haba corrido mares y tierras extranjeros, hablando lenguas distintas y ganndose el vivir noble y bravamente, y luego porque me encontr en l a un gran admirador y amador de la Argentina, y porque supe que era sobrino de Jorge Isaacs, el autor de _Mara_. Nuestras conversaciones eran sobre asuntos de artes y de letras. l era comedido, pulcro, observador, y jams se propas en confianza o se explay en pedantera. Peda consejos a mi experiencia y pagaba con buen cario mi inters por su intelecto. No estaban en choque en l sus dotes de hombre de negocio y comercio con sus facultades de escritor y de lrico, y jams fueron destruidos los perfumes bogotanos por relentes de Nueva York. Por pura aficin mental acompame hasta la ciudad imperial yanqui, desde la isla nicaragense cuando mi retorno del ltimo viaje que hiciera a las tierras de mi infancia. Despus nos vimos varias veces en Europa. Se me apareca de sbito, sin previa anunciacin. Vena de Rusia o vena de Italia, o vena de Holanda, pues sus afanes de _globe trotter_ no tienen punto de reposo, y he aqu que de pronto no recibo su visita personal, sino la de su libro, su libro de poeta, que he ledo en esta otra isla de poetas. Intil decir que se trata de una obra moderna. Nadie puede hoy, en cosas de pensar y de escribir, levantar la cabeza sin sentir que le rozan la frente las rfagas libres de las ideas nuevas. Y cmo ser la virtud de stas, que aun, a su influjo, se suelen ver florecer fsiles. En este _pancours du rve au souvenir_ si hay mucho de ideal hay no poco de sentimental. La primavera se impone; pero no es una primavera triste, casi otoal, como suele verse frecuentemente en el corazn de los poetas de verdad. Desde el comienzo del libro se ve que el autor venera piadosamente la memoria paternal. l estima y comprende la espiritual herencia. As dir en uno de los poemas: Hiciste de mi cuerpo una copa vibrante para exprimir las uvas de tu via sobrante; y en el pretexto lrico de mi tiorba filial ha seguido cantando lo que en ti fu inmortal. Al comienzo de la existencia ha tenido que saber de las angustias y penalidades del mundo. Hay que comprender que en los das actuales Ren y Olompio, adems de sus congojas interiores, tienen que soportar mayores speras luchas con la vida. En los intervalos de reposo este cantor ha sabido estar, como dice el verso ingls: de da con su alma y de noche con su corazn. In the day the mind, in the night the heart. Los hombres de la semiciencia hablarn de una precoz neurosis; pero esto no es culpa de quien, desde los comienzos de su aurora, se siente vibrar al soplo de rfagas combativas. Nadie sufre por gusto, y esa cosa misteriosa que se llama la fatalidad no usa de farsas. Fijmonos en que cada uno de nosotros lleva envuelta su vida en un formidable misterio. As, pues, quedamos en que en este libro no hay mucha risa ni sones de pandero, ni mucho contentamiento por estar sobre la tierra. Ntase juntamente que entre asuntos de amor y de ensueo hay tendencia al himno civil, al vigor heroico, y amor e inters por el porvenir de nuestra gran patria americana. Junto a una gema simblica, dedicada a un poeta, hay un canto a Cuba, dedicado a la memoria de Mart; hay tendencias a lo extico, al japonismo; hay obsesin sensual y carnal; hay el insaciable deseo baudeleriano de marchar siempre, de ir siempre lejos, aun fuera del mundo, _Anywhere out of the World_. Y de repente surge la serpiente bblica, la dulce y terrible vbora femenina que, escrito est, ha de morder a todo hombre, y ella ser, como es lgico e inevitable, alma divina, vaso de marfil, y toda la letana. Como el lrico yerra por tierras distintas, el encantador spid habr de renovarse, y ya acaecer esto en Pars, ya en Mjico, ya en Nicaragua, ya en Blgica, ya en Cuba. Y ello ser de tal manera, que no es de extraar que el corazn de un joven lleno de ilusiones y enfermo de poesa quede hecho una lstima. Se encuentra el consuelo de lo carnal, pero, ay!, todos sabemos que la carne es triste... Para distraerse un tanto en tales emergencias se van dejando madrigales en el camino. Se dicen decires y se cantan canciones, y luego est el gran arsenal de los recuerdos. As nos sorprende Carrasquilla Mallarino rememorando, despus de su querida parisiense, o flamenca o espaola, una sabanera de su tierra natal, y de la cual dir: Oh mi blanca sabanera de pie desnudo y pequeo, de porte franco y risueo y vigorosa cadera; oh, paloma tempranera que diviniza el ensueo... Con tu bambuco halageo despertabas la pradera. ...Amparado en tu cario burlo mi dolor de nio en el imborrable ayer. Hoy, lejos de tu alquera tengo la melancola de nunca volverte a ver. * * * Por el boscaje sombro la gloria plenilunial se filtra; murmura el ro su sonata de cristal. Desde el callado boho sube el humo en espiral. Los corderos tienen fro bajo su toisn pascual. Las neblinas fingen velos... Estn de boda los cielos y en el plateado turqu hay un lamento que vaga --una pregunta que indaga si te olvidaste de m. Variados ritmos y rimas se dedicarn a la gracia y tentacin carnales. Hay una especie de masoquismo lrico para cada una de las personas de las partes del cuerpo femenino. Son los ojos, las caderas, las cejas, la boca, las manos, el cabello y--como en D'Annunzio y en Verlaine--una y otra vez las manos. Como es de rigor, han de surgir de cuando en cuando los principales conocidos personajes de la farsa italiana. De cuando en cuando, entre mujer y mujer, se impondr un buen trozo de filosofa. En climas diferentes y bajo cielos distintos, la invasora e inexorable tristeza, y el tbano interior del forzado recuerdo. Encuentra un hermano en cada artista. As tal hombre que toca el violoncello sobre las olas: Fluye un pasaje trmulo de Bach... El violoncello es como un aparato para hablar con el cielo de las cosas del alma. El msico es todo arco; dirase que es suyo el corazn del barco... Aqu pasa una visin parisiense; all se ve una luna de Flandes; aqu se canta el gran despertar de la tierra. Y las vampiresas vuelven a imponerse de tanto en tanto, como por irremediable turno, y ante ellas se deshojar una copiosa cantidad de versos. Mas he aqu que se imponen deberes espirituales y superiores y, por ejemplo, El grito de la hora, dedicado a la memoria del gran Bartolom Mitre, nos seala otra actitud del poeta: Soy el ltimo, es cierto, ms sera el primero en derramar la sangre lrica por el fuero de la divina raza de Amrica latina, cuyo sol milagroso parece que declina... Las guilas y halcones sienten hambre. En el Norte los inviernos castigan y los fuegos de junio. Los pjaros rapaces buscan el plenilunio de los amados cielos, donde brilla la corte de estrellas que derraman la luz del porvenir. --Hermanos! Es la hora de poderos unir! l admira la luminosa figura del patricio argentino, ansa el glorioso porvenir de nuestra raza, suea con la fraternidad de nuestras naciones, y teme la conquista de los fuertes brbaros blancos del Norte. Estas ideas han de exteriorizarse ms claramente en su poema _Estelar_, especie de confesin rimada, que es de lo ms intenso e interesante del volumen. Vase este fragmento: ...No ms lenguas extraas ni extranjeras amantes, veleidosas y fras. Un hlito de Amrica anima las campanas y los densos palmares murmuran alegras. El ocano a la espalda, con hervores de estelas: la playa que el sol dora, rica y hospitalaria. ...Plegaban los marinos las fatigadas velas... cuando, desde la proa, modul mi plegaria: --Salud! Patria doliente, bella hasta en el ultraje del brbaro del Norte: Brndame tu hospedaje, dame de tus almbares y acjanme tus cielos, abrgame del fro que he sentido en los hielos; y hoy que sobre tus llanos mi blanca tolda fijo, djame que te llame con amores de hijo. --Tengo tu misma savia, hablo en vivo espaol, llevo fiebre de montes y nac bajo el sol. * * * Y oficio en los altares de mi Patria, contrito de haber manchado un da la blancura del rito. ...Mi Patria?... S! Mi patria es todo un continente sin fronteras, sin odios y sin rivalidades, sin funambuleras y sin mediocridades, sin canalla que erija palacios a Monroe, sin turbas de alma triste ni reyes paralticos, ni zafios mercaderes, ni rufianes polticos... Y sin oro de Wshington, que envilece y corroe. * * * Bien s que hemos nacido en los tiempos amargos de ojiazules mercurios y de frivolidad, de las infamias duras y de los vientos largos, con precio a la vergenza y a la debilidad. Que ya no hay Robespierres ni Dantones en Galia, que Fallires va a Britania y que el Emperador de los bigotes clsicos sonre... Y que la Italia recibe dulcemente a Roosevelt cazador. Que Espaa, bisabuela de glorias y blasones, sobre cuyos dominios brill el sol de Josu, ya no tiene castillos de ultramar ni pendones, ni Felipe II, ni corajes de fe. * * * Mas fulge en nuestra Amrica una aurora divina --Helios en campo blanco y entre franjas de azur-- gloriosamente noble: Es el sol de Argentina. Es la flor de la raza que ha nacido en el Sur. Desplegado en el cielo con que se viste el Ande --azul y blanco y fuerte el gayo pabelln-- ha de ser en la historia como ninguno grande porque inicia un abrazo de confederacin. Grande porque de Anahuac y Cuba hacia el Estrecho de Magallanes cunden los fueros del Derecho. Oigo palpitaciones como en un solo pecho ante el guila negra colocada en acecho. * * * Como se ve, se est ya muy lejos de la idolatra de _l'enfant malade_ y doce veces impura, y a pesar de las urgencias amorosas de la juventud, la voluntad del canto se remonta a conceptos universales y trascendentes. No tendr sino aplausos para tales mpetus, y el deseo de que se sostenga la perseverancia. En cuanto a la construccin y tcnica del libro, a nadie sorprender que un poeta que no ha llegado a los veinticinco aos no sea poseedor de una segura experiencia. En tales o cuales partes se podra sealar un exceso de exuberancia--defecto de la primavera y del americano bosque--un abuso del parntesis; una, en ocasiones innecesaria, complicacin de ritmos y cierta audacia de adjetivacin, tachas todas que indicarn cualquier cosa menos mediocridad. En resumen: se trata de un artista, de un poeta, posedo del ensueo, del innegable _deus_ que exalta a los verdaderos enamorados de la belleza; de un sensitivo, de un intelectual, de un cantor de cantos que vive con su mente de da y con su corazn de noche. Y, pues, ama a la Argentina, si en su carrera errante algn da llegase a pisar vuestro suelo, haced que sienta suaves y propicias las brisas del gran Ro de la Plata. VARIA VARIA [Ilustracin] En el barrio Latino. En este atrayente Pars siempre tengo de Amrica o de Espaa un amigo a quien haya que ciceronear, que pilotear, que llevar de aqu a all, segn sus deseos. El ms reciente, despus de haber recorrido los museos, los monumentos principales, los teatros, me dijo: Ahora deseo conocer un poco la bohemia, esa alegre bohemia del barrio Latino! --Seor mo--le dije--, esa no existe. --Cmo, no existe? Y Rodolfo y Mim? --Difuntos. --Pero usted ha hablado, hace algunos aos, de bohemia del barrio Latino en _La Nacin_. --S, hace doce aos! Las cosas han cambiado. De todas maneras, para que usted se convenza, iremos a verlo. Y fuimos esa misma noche. Comenzamos por visitar los clsicos cafs D'Harcourt, Vachette, Soufflet. Unos cuantos caballeros particulares, solos o en compaa de ms o menos elegantes damas o damiselas. --Y los estudiantes? --Esos son los estudiantes. --Y esa gravedad? --Los estudiantes actuales son graves, gravsimos. Han ledo todos los libros y tienen la carne triste. --Y los gorros tradicionales? --Suelen llevarlos los que no son estudiantes. Fijos. Esos jvenes bien vestidos trascienden a bulevar, y no al de Saint-Michel. Son vividores y arribistas. Juegan a las carreras y se mezclan en las pequeas polticas. El antiguo estudiante, desinteresado, jovial, buen muchacho, lrico o cancanista, ha desaparecido. Y entre las filas de los nuevos, no es raro encontrar el candidato a la correccional, el sospechoso galn que aqu tiene un nombre ictiolgico, y hasta el futuro cliente de los presidios. Mi querido seor Murger es ya tan viejo como Villon, y las Mims de hoy conocen Saint-Lazare por repetidas visitas. Fuimos a comer a la _taverne_ del Pantheon. Las mesas estaban casi todas ocupadas, bajo el _plafond_ en donde triunfa la apoteosis de Verlaine. Del pobre Verlaine! Nos sentamos y pedimos el _menu_, que, como en los grandes _restaurants_, no tiene los precios marcados. Omos que se detiene a la puerta un automvil, y un joven, con una muy bien prendida cocota, entran y van a sentarse no lejos de nosotros. Un caballero a mi lado, con la roseta de la Legin de Honor, solo, se aplica una sustanciosa perdiz trufada, regada con un burdeos venerable. Es el actor Mounet Sully. El _sommelier_ va de un punto a otro, apuntando los vinos. El joven y su compaera, que acaban de entrar, comern con _cordon rouge_? Hay un ambiente de elegancia y de alta _noce_ que choca a mi amigo en semejante lugar. Pero no es este un centro de estudiantes? --Es este un centro de estudiantes. No estamos en el caf de Pars; estamos en la _taverne_ del Pantheon. Pero el estudiante de hoy, rico o vividor, viene en automvil, tiene una querida de lujo y come con _cordon rouge_. No os parece que se pierde en las lejanas de un tiempo tan fabuloso como el de Homero, la figura de Schaunard, de Colline, de Marcel, y la influencia del azul en las artes?... S, amigo mo; todo eso es un pasado ensueo. Y al estudiante actual que le preguntseis si ha ledo la novela cara al maestro Puccini, os respondera sin vacilar: _Connais pas!_ * * * * * Rue Champollion, en el _cabaret_ llamado Les Noctambules. Es un lugar exactamente igual a sus congneres de Montmartre, Lune rousse, Quat'-z'-arts, o des Arts. Cunto tiempo hace que no asista yo a una de estas tpicas reuniones! La primera vez, all, cerca de Butte, fu un deslumbramiento y un encanto para mi juventud soadora y ansiosa de las cosas de Pars, por tanto tiempo deseadas. Los _cabarets_ me parecan templos de poesa, las queridas de esteta, diosas o princesas prerrafaelistas; y los cantores melenudos aedas maravillosos. Al entrar a Les Noctambules evoqu mis sensaciones pasadas. Era un medio igual a los antao conocidos. Una sala un tanto estrecha en donde en sendas sillas se aprieta un auditorio heterclito. En los muros, retratos de artistas y cuadritos de caricaturistas conocidos y desconocidos. Un piano cerca de la entrada y una tarima adonde suben los cancionistas a llenar su nmero. Las sillas estn todas ocupadas, y, con dificultad, en un rincn, logramos que se nos coloquen dos desde donde podemos presenciar la funcin, el desfile de personajes. Los mozos circulan, llevando a los consumidores el indispensable _bock_, o cerezas en aguardiente. Hay en la concurrencia tipos de todas clases. Unos parecen burgueses con sus esposas e hijas; otros, estudiantes y pintores, u hombres de letras y sus correspondientes alegres mujeres. Para hacerme recordar ms las antiguas noches montmartresas, he ah que se me acerca vendiendo programas el enano Auguste, el enano velazquezco del _cabaret_ de Quat'-z'-arts, el tantas veces retratado por el lpiz de Leandre. El _cabaret_ Les Noctambules fu fundado hace unos cuantos aos por Marcel Legay, a iniciativa de Martial Royer. Ya antes, sin resultado, se haba intentado hacer algo semejante en el caf Procope y en el Voltaire. Legay public un lrico manifiesto dirigido a _messieurs les tudiants_, y el _cabaret_ se fund, con buena suerte que le dura hasta hoy. Los artistas son los mismos que en Montmartre. Todas las noches tienen que pasar el ro para ir a cantar su cancin. Boyer anuncia que nuestro querido compaero Maurice Merall va a ocupar la atencin del pblico, y aparece un seor que dice ms bien que canta, acompaado por el pianista, unos cuantos _couplets_ escatolgicos sobre los malos tratamientos a los negros en las colonias de frica. Cada grosera es aplaudida por los hombres y sonreda por las mujeres. Tras el ltimo aplauso, se anuncia a M. George Gerad, llamado Bernardini, antiguo bandido corso. Este seor, de tipo en efecto corso, pero no de bandido sino de hortera, canta y canta mal: Je suis Bernardini le fameux bandit corse qui sme la terreur, l'effroi dans le canton; ma figure est farouche et mon aspect froce, le monde m'obit comme un chien le bton. Y la gente re y celebra eso. Luego llega Lemercier, a quien han retratado como una Marioneta y canta su cancin de las legumbres; una tontera. Luego llega Paul Marinier a quien se le pueden perdonar muchas cosas por haber escrito lindas canciones, como Au clair de la lune y otras. Este cancionero tiene la figura de un criollo, con su rostro un tanto moreno y sus grandes bigotes negros. Acaba su tarea, se le aplaude con un _ban_, y sube a la tarima un M. Charles Fallot, que, en verdad, merece su apellido. Nacido en Pekn, de padre ingls y madre china. Ha servido a la Francia cinco aos en la Legin extranjera. Casado en Inglaterra con una holandesa, nacida de padre espaol y madre noruega. En una palabra, un _chansonnier bien parisien_. El _chansonnier bien parisien_ canta: L'toile d'amour j'oublierai... j'ai rv de l'aimer la petite glise aimer! * * * * * Un conocido, Gabriel Montoya, poeta de verdad, de quien prximamente dar la Comedie Franaise _Le baiser de Phdre_. Me fu presentado hace aos por Carrillo. Habla bastante el espaol. Es doctor en Medicina, y ha sido mdico de uno de los vapores de la Compaa Transatlntica, por algn tiempo. Su bigrafo funambulesco dice que courut en morticole les dos hmisphres, contracta la fivre jaune Cuba, vendit du caf Hati, pera part en part dans un duel a mort un huissier ngre Port-au-Prince et regagna Paris. Montoya es personalmente muy simptico. Aparece. Tenoriza con cierta gallarda meridional, y se va. A las damas gustan sus canciones de amor, canciones llenas de sentimiento y de romanticismo. Vale ms. He aqu a Marcel Legay, con su gran cabellera. Tambin poeta, de los pocos poetas perdidos entre esas _botes_. Pobre y buen autor, de la raza solar. Ya est viejo y cansado: mas an vibra su fuerte y sonora voz: coute o mon coeur, coute la harpe du vent de chez mon pays d'Artois, c'est un trs vieux air, des bords de la Scarpe qui chante aujourd'hui tout comme autre fois. J'ai crit--dice el poema--j'ai crit cette chanson pour mon pays, en voyant passer une hirondelle. Legay canta y llena la sala con su voz. Los concurrentes sienten un grato soplo de verdadera poesa, despus de las inepcias de actualidad que han expuesto varios bufones. Y tras Legay viene el prncipe de la cancin por sufragio pblico. Xavier Privas, gran comedor y bebedor delante del Eterno... femenino. Canta su _Ronde des heures_. l mismo se acompaa, y su cabeza sobresale del piano como una cabeza de pipa. Sus ojos son vivos; su cabeza devastada, su voz expresiva. En algunas ocasiones se representan revistas en que toma parte el enano. Y ese es el _cabaret_ por excelencia, el _cabaret_ del Barrio latino, el _cabaret_ de los estudiantes. All, siguiendo el boul'Miche, all lejos, est Bullier, el baile famoso que tambin ha degenerado. All se bail en buenas pocas el cancn alegre de antao, el cancn que bailaron las grisetas y las diosas de Offenbach. El cancn pas. Luego se bail la _quadrille_, con el enceguecedor _chaut_. Luego la danza negra, el _cake-walk_, que pas tambin. Ahora se contorsiona la gente con la _matchicha_. Mi amigo est desolado. El reino de las tinieblas. LOS DRAMAS DE LA CLNICA Comienza a morir la tarde de esta jornada dominical y el retorno de los parisienses que han pasado la maana en la _banlieue_ anima y alegra las calles poco antes silenciosas del viejo Pars. El suave oro del crepsculo estival es propicio a los recuerdos de gratos das de juventud. Y paseando por lugares de antiguo conocidos nuestros, mi amigo el doctor Debayle evoca con cario sus tiempos de estudiante, los das en que, a veces, a pie o en la imperial de un mnibus, llegaba diariamente al hospital Tenon, y a una pregunta ma, me relata una reciente visita al Quinze vingts. --Au Quinze vingts!--El canal Saint-Martin, la rue Grange-aux-belles, la Avenida de la Republique... La estatua de Floquet, el clebre tribuno y estadista, pasa como una visin cinematogrfica. Y as mis recuerdos--me dice--. El duelo famoso con Boulanger, cuyo desenlace sigui Pars palpitante, y la herida en el cuello inferida por el abogado al general. Era el tiempo en que la Francia, al endiosar a ste, demostr una vez ms la necesidad que su gran pueblo senta de un caudillo que reivindicase sus glorias militares... Ms adelante es la otra ancha avenida, el monumento del sargento Bobillot, muerto en el Tonkn en defensa de su patria. Y a lo lejos la plaza histrica y la columna coronada por el genio de la Bastilla. Despus de atravesarla se gana la calle de Charenton, estrecha y populosa, para detenerse ante el ancho y gran portal del Hospicio. Salvando la verja se est en el espacioso patio, especie de parque, cubierto de musgo, arbustos verdes y rboles copudos, sembrados de cmodos bancos. Por todas partes vense numerosos enfermos, ancianos casi todos. Unos descansando la cabeza entre las manos; otros con la frente alzada como buscando algo que no encuentran y como interrogando al destino. Algunos, apoyados en sus bastones, titubeantes, explorando con ellos la senda invisible, o conducidos por lazarillos, se mueven vacilantes, la cabeza levantada, y como buscando en otro sentido la orientacin que no les pueden dar los ojos sumidos en las tinieblas. Y en aquellas fisonomas en que el tiempo ha puesto su marca indeleble y en aquellas frentes que corona la cabeza blanca o calva, vense las rbitas con los ojos muertos a la luz; alterados unos y con engaoso aspecto de pupilas claras otros, todos irremediablemente perdidos, atrofiados, lesionados, ambliopes. Y cuntos de esos desgraciados que la caridad nacional alberga han gozado como yo de los encantos de la naturaleza, de la gama admirable de los colores, de la hermosura de la luz! Y cuntos de esos, vctimas de enfermedades evitables, se han hundido en las tinieblas por incuria y por ignorancia! Segn las estadsticas, un 60 por 100 de los ciegos que llenan los hospicios son el resultado de las lesiones infecciosas exteriores o internas. Fatal destino el de aquellos que vctimas de la ignorancia o del vicio de sus progenitores vieron al nacer apagarse ante sus ojos la amada luz del sol! Y entre aquellos enfermos cuntos llevan impresa en sus rostros la resignacin a lo inevitable; y la sonrisa que ilumina sus semblantes que parece un gesto de burlesca irona a la sombra! Atravesando el primer ancho patio se llega al segundo. A la izquierda un corredor bajo en que las arcadas de piedra forman bvedas que recuerdan los antiguos conventos y los pabellones de la Allgemeines-Krankenhaus de Viena. Las mismas bvedas, las mismas piedras, las mismas baldosas que tantas veces atraves ansioso de llegar a la hora de las operaciones... Y despus de cruzar un patiecito cubierto de finos guijarros, entro por una puerta estrecha a la sala de operaciones. Blancos, color de blanca leche, los muros, blancas las sillas, blancas las mesas, blanco y limpio el techo, todo blanco, refleja la hermosa claridad que penetra por una enorme pared de vidrio. En las dos mesas de operaciones los enfermos preparados esperan ya al diestro cirujano con los ojos cubiertos por aspticos apsitos escrupulosamente colocados. Y de la pieza vecina, del gabinete particular de los mdicos, sale, alto, delgado, correcto y llevando su blusa blanca, como si entrara en un saln de sociedad vestido de riguroso frac, un hombre plido, de lneas distinguidas y de mirada reveladora de una inteligencia _d'lite_. Nieto del ms grande y clebre clnico de la escuela francesa, ha honrado en su especialidad el nombre de su ilustre progenitor, porque es indudablemente uno de los ms insignes oftalmlogos y sin disputa el ms hbil operador de su poca. Es Trousseau. Sorprendido por la inesperada visita, estrecha con efusivo cario mi mano, me ofrece el puesto de honor y procede en seguida a su tarea. Es el virtuoso del arte. Con slo un instrumento, con slo un cuchillo y nada ms, su mano hbil abre el ojo, fija los prpados, secciona la crnea, perfora la cpsula, hace la incisin y con presteza increble extrae la catarata y luego las masas, dejando incontinenti, como lo hiciera un prestidigitador, la cmara anterior renovada, la pupila amplia y negra y la vista que faltaba a aquel enfermo. Concludas las operaciones paso al saln de consulta externa. La consulta empieza. Uno de los jefes de clnica, meridional inteligente, concienzudo, ferviente en su culto, examina uno a uno toda aquella larga serie de enfermos que un empleado va conduciendo delante de nosotros. Agrpanse los pacientes divididos en categoras por una seleccin hecha de antemano. Pasan primero los que presentan alteraciones profundas de los ojos. Aparentemente sanos para un profano, muchos de aquellos grandes ojos negros o azules, con la pupila dilatada, revelan en el acto, para el experto, la gravedad de su lesin. Aquellas pupilas no reaccionan y aquellos ojos grandemente abiertos, en los rostros impasibles, no despiertan en los gestos de la cara la vida de expresin que slo puede dar la luz, la irreemplazable, la hermosa luz. He aqu--me dice--una ambliopa; he aqu un glaucoma, y all un ciego por lesin cerebral. Luego los veremos en la cmara oscura con el oftalmoscopio... Entre esos desgraciados se acerca uno, conducido por una mujer plida, triste, que lleva en sus brazos un nio de dos aos. El hombre, como de cuarenta y cinco, de aspecto enrgico, ha perdido casi la posibilidad de conducirse y se sienta con dificultad sin ver la silla que se le ofrece. Obligado a trabajar de noche con luz artificial para suplir a las necesidades de los suyos, ha perdido progresivamente la vista. Este es un caso de miopa--observa el jefe clnico--en que el trabajo excesivo ha conducido al desprendimiento de la retina.--Por qu no ha cesado usted su trabajo, como se le dijo?--Oh! no poda, seor. Mi mujer y mis hijos no tenan pan. Los casos de lesiones externas se presentan. Lesiones diferentes, ms o menos acentuadas y profundas, de aspectos diversos. Muchos son vctimas de accidentes del trabajo, que quedarn invlidos. Otros, jvenes, fuertes, revelando salud y energa, han recibido en los ojos el dao que no esperaban y a que los conduce su intemperancia y sus desrdenes. Ayer no ms, aquellos hombres tenan ojos hermosos, expresivos, de una agudeza visual admirable, y se proclamaban campeones en el tiro o seductores por sus miradas, y hoy una vasta lcera ha convertido en una placa blanquecina las crneas transparentes y las hermosas pupilas. Si se reflexionara siempre!... Si se supiera todo lo que hay de veneno en el fondo de los placeres sensuales. Y llega el turno de los nios. Oh, los nios! Qu dulces, qu bellos y qu interesantes! Y estos plidos nios son de Francia, los futuros ciudadanos de la patria de maana. Los que no han tenido la desgracia de ver su hogar vaco, los que saben del encanto de los labios infantiles y los ojos angelicales, azules o negros, esos saben la emocin intensa que despiertan en nuestros corazones las miradas y las sonrisas de los nios. Porque en todos los climas, en todos los tiempos, en todos los pases, los nios son iguales, son flores de humanidad. Cuntos pobres mal vestidos, hijos de los obreros que trabajan en el _faubourg_ y cuyo esfuerzo no basta para alimentarlos! Plidos, cubiertos de erupciones o con la degeneracin de la crnea, propia del raquitismo, u otra dolencia terrible, o debida a la deficiencia de la nutricin o a tales o cuales causas hereditarias. Unos pasan acompaados de sus madres, otros casi solos, otros ms pequeos, guiados por sus hermanitos mayores. Y da tristeza ver aquellos desgraciados atender y cuidar a sus menores por ese instinto de conservacin que la miseria ha desarrollado en ellos prematuramente... Por ltimo vienen los ms tiernos. Una joven de veintids aos, de provincia, que cay en el arroyo de Pars, trae un nio de cuatro meses. La cara de la madre, joven; su cabello abundante, su aire revelando salud, contrastan con el desgraciado envuelto en paales que presenta todo el aspecto de la atrepsia. Ella no sabe por qu su nio se ha enfermado. Sus ojos se inflamaron. Los medicamentos han sido intiles. Y el infeliz en grito desgarrador noche y da ve convertirse sus ojos, antes claros y sanos, en una masa informe. --He aqu--me dice el doctor--un caso desgraciado. Todo lo que tenemos de ms activo, no ha producido efecto. Asistido tres das despus del principio, nada se logra. La infiltracin de la conjuntiva, gana la crnea. Turbia y opalina, amenaza producir la fusin con prdida completa del ojo. Qu desgracia! Y todo proviene del estado general. Este infeliz no tiene fuerza de reaccin; pesa menos que lo normal; su piel seca y rugosa indica a las claras su estado atrpsico. Oh! este es uno de tantos casos en que se demuestra que hay que tomar en cuenta el terreno y no slo el grano, como lo quieren las modernas tendencias exclusivas del laboratorio... Mire usted, compaero--contina--aydeme usted. Vamos a procurar cauterizar con el galvano la crnea. Y as diciendo, coloca el tierno enfermo sobre la mesa. Armado de un separador, abro yo con precaucin los prpados mientras el doctor cauteriza. A cada momento su frente se nubla y un gesto de desaliento se dibuja en aquella fisonoma de hombre honrado y de verdadero mdico. Es que a pesar de tanta prctica y tanta escena anloga repetida, no puede ser indiferente ante tan terrible desgracia, que por no caer sobre un sr casi inconsciente es menos dolorosa. Aquellos ojos no vern ms. Las cauterizaciones sern intiles. La lcera ir en aumento, y la ceguera eterna, incurable, es lo que espera a aquel sr raqutico, fruto del capricho de la sensualidad. Aquellos gritos continuos de garganta dbil, lejos de causarnos la habitual molestia que ocasiona la impaciencia de los recin nacidos, nos deja mudos de pena al vernos impotentes para prevenir lo irremediable. Y la madre ignorante, desesperada por la perspicacia innata del corazn, deja triste y silenciosa correr sus lgrimas amargas. Y despus de tanto sufrimiento podr ver mi hijo, doctor? Oh! tal vez s, s. En fin, veremos--responde aquel noble mdico, embarazado entre la mentira consoladora y la verdad terrible... _Pauvre petit!_--me dijo--. El terreno, el terreno es lo principal... Cuntos otros se han curado con este procedimiento!... Y al salir de la sala, en el pasillo, pude ver an a la madre desesperada que haba espiado a las ltimas frases nuestras, llorando inconsolable. Y ese pobre sr nacido al azar, de un contacto casual o mercantil, en el vertiginoso remolino de Pars, condenado a la tiniebla eterna, cuando pudo tal vez tener ms que otros derecho a la luz! Por qu la desgracia se abate sobre l? Qu misterioso y fatal sino le condena vctima inocente e inconsciente? Misterio. Por la miseria, por la ignorancia, por la incuria o por el vicio?... * * * * * Por la miseria, por la ignorancia, por la incuria, por el vicio? S. Por todos esos caminos llegan al terrible, al espantoso reino de las tinieblas eternas, de la noche sin fin, estos lamentables seres que deben escuchar ya siempre la cancin de la vida como un eco triste de desesperanza. Sus vidas corren tristes y sombras. Pasan insensibles a los encantos de la Naturaleza, sin gozar de la gama admirable de los colores, sin recoger la hermosura de la luz... Y el gesto como de burlesca irona que contrae el rostro de los infelices privados de la vista, es la marca que sobre ellos ha puesto el Destino al sumirlos en la ceguera eterna e incurable. Y cuando se reflexiona en que el sesenta por ciento de los casos que se producen provienen de lesiones infecciosas de diversos caracteres, apena llegar al convencimiento de lo hondo del mal. Mientras la ignorancia y la incuria sean como naturales en tanto desgraciado, vctimas de s mismos, destruirn inconscientemente el don ms inapreciable que fu otorgado al hombre, esos pacientes lamentables que la ciencia, agotados todos sus recursos, tiene que abandonar, presa indisputable, a la terrible enfermedad. Mientras la miseria reine omnipotente sobre el hombre; mientras la necesidad estreche al trabajador; mientras el hambre sea la suprema razn, la ms inflexible ley social, continuarn llegando a las clnicas hombres jvenes, hombres pletricos de energa, luchadores en pleno vigor, a los que el exceso de trabajo, la tarea hecha en malas condiciones y la nutricin insuficiente privaron de la vista; y que tendrn siempre pronto el tremendo comentario: Mis hijos no tenan pan! Las grandes ciudades con sus hacinamientos absurdos y sus tugurios circundantes, verdaderos laboratorios de la miseria; los populosos centros industriales sin condiciones higinicas; la ignorancia, pesando an por todas partes, y el descuido--consecuencia suya--agravando el mal... He ah el origen de gran parte de esos atroces dramas de la clnica que desolan a una familia y hacen de un sr en plenitud de su vida, un invlido sin energas, sin vista, sin independencia y sin esperanzas... Pero cuando la ignorancia sea vencida, cuando el imperativo de la necesidad no obligue al hombre a inutilizarse, cuando la incuria no ate las inteligencias, enviar an el vicio sus vctimas a los hospitales?... Nada ms triste, ms desesperadamente triste que la existencia martirizada de esos nios sealados al nacer por el azar de la desgracia para blanco de sus rigores. El triste nio ciego! Fruto concebido, quiz, en el revuelo de una _rencontre_ de dos seres que despus continan ignorndose, queda para vivir una lamentable herencia de dolor y de desgracias... Algo terrible, algo siniestro presidi su nacimiento; un hada negra ha estado all esperando su gemir de recin nacido y al partir le deja para siempre, irremediablemente, privado de la luz, la irreemplazable, la maravillosa luz!... La herencia de don Juan. Despus de las mil y tres formas que fueron cien veces ms, despus de los vinos capitosos y de los alcoholes quemantes, despus de sus femeninos triunfos en partes diversas, don Juan no muri reumtico en Cartagena, segn lo supuso Campoamor: don Juan muri alcohlico y averiado. l se fu al cielo conforme con Zorrilla, o al infierno como era de justicia. Supo la herencia que dejaba? Se di cuenta de lo que quedaba de miseria y de dolor en el mundo por culpa suya? Su egosmo y su animalidad no le permitieron hacer ninguna reflexin al respecto. l vivi y goz. Ejerci su poder de fortaleza y de conquista. l no tena nada que ver con los sermones y tiradas de mil comendadores. De todas maneras, qued la herencia de don Juan. Cul es esta herencia? * * * * * Voy por una calle, en da domingo. Veo venir en larga fila, uniformados de azul, los nios de un hospicio. Van guiados por un inspector. Sus caritas son plidas, abotagadas o flacas. Una innata tristeza se ve en ellos. Esa infancia es poco prdiga de sonrisas. Se advierte la obra daina del raquitismo y de la escrfula. Unas faces son como apagadas, en otras los ojos indican un vago extravo. El paso demuestra debilidad. En algunos se ha detenido el espritu al borde de la imbecilidad o de la idiotez. En otros se dira que est en flor, en flor malsana y emponzoada, el delincuente de maana. Pasan. En un jardn. All, con sus _nurses_ y _gouvernantes_ estn los nios y nias de las gentes pudientes, de las gentes de hotel y automvil, de los ricos. Encontrar aqu la salud y la alegra de la edad infantil? Oh, cun poco! Encuentro el lujo, la ostentacin, y aun ya el _flirt_, en esa humanidad minscula; pero son excepcionales las faces sonrosadas y sanas, las miradas lmpidas, los aspectos de flor. La pierna emerge del calcetn o se modela bajo la media, sin robustez, como sin consistencia; abundan los huesos largos, que terminan con fealdad en la rtula saliente. Las caras tienen como prematuras arrugas y gestos dedisivos, caras de hombrecitos y de mujercitas, con muy poco de puerilidad. No se piensa sino en las tuberculosis y las anemias, las debilidades y las taras. Y entre los escasos tipos frescos y desbordantes de vitalidad, pues los hay tambin, pasan, con sus raquetas de _tennis_ o sobre sus patines rodantes, esos infantes y adolescentes raquticos o minados por un mal interno y prematuro, como una fruta por su gusano. Y eso, qu es? Eso, es la herencia de don Juan. * * * * * Los padres han comido las uvas verdes y los hijos tienen dentera, dice la Biblia. Y un pedagogo eminente: Cada uno de nosotros, largo tiempo antes de ser padre, debe a los nios que podrn nacer de l no tocar aquellos frutos peligrosos. Era ordinariamente despus de haber comido las uvas, que se pensaba en lo que dice la palabra bblica. Ella era la amenaza del castigo inevitable y ya incurrido. Nosotros comenzamos ms antes a decirla a los dems a nosotros mismos; es una advertencia, un consejo, una orden. Sin pretender que nuestros antepasados valan menos que nosotros, parece que en muchos casos en que ellos obraban mal sin vacilacin, escrpulo ni remordimiento, no tenemos ya su plena seguridad; ya no nos atrevemos a decir que nuestro derecho es abusar de los placeres y cuando nuestra cobarda se abandona a las pasiones, sabemos muy bien que no nos hacemos dao solamente a nosotros. A pesar de todo, la idea de nuestra responsabilidad turba, si no a muchos de nuestros contemporneos, al menos a un nmero no despreciable y que va aumentando. Es esto cierto? As parece, segn los datos y manifestaciones de especialistas dedicados a esas cuestiones interesantes. Pero no es muy grande el triunfo todava; M. Ferdinand Gache asegura, sin embargo: Una cantidad de jvenes pasa su juventud alegremente, pero ya no se oye tanto como antes, a padres y madres proclamar: _Il faut que jeunesse se passe_. El descuido se hace ms raro respecto a las decadencias orgnicas o las taras mentales que se pueden transmitir a los nios. Los hacedores de pena han perdido su arrogancia y no osan ms gritar: Despus de m, el diluvio! Ese grito, lo presiente, levantara censuras. Se dan cuenta de que alrededor de ellos no se ven ya con descuido la salud, el bienestar, la felicidad de las generaciones por venir. En Wshington se celebr en el 1908, en el mes de marzo, el primer Congreso internacional en favor del bienestar infantil. Se trabaja por libertar al nio de la herencia de don Juan. Y he aqu que en la ciencia aparece un descubrimiento que hace pensar en Ibsen: el signo Sisto. En el mundo mdico europeo ha llamado vivamente la atencin ese hallazgo del doctor argentino, Jenaro Sisto. El signo Sisto--as bautizado por el eminente profesor Comby--es el grito inconsciente del recin nacido que denuncia la herencia donjuanesca, la revelacin del veneno paternal. Fu en Buenos Aires en donde la observacin del mdico desde hoy ya llegado a la celebridad, encontr que ciertos gritos de los nios de pecho, repetidos sin cesar y sin razn, como dice el sabio francs, tenan por causa la enfermedad terrible que hiciera escribir un poema a Jernimo Fracastoro y una pieza dramtica a M. Brieux, de la Academia Francesa. Al sospechar el mal heredado, dice el doctor Comby en el prlogo de la obra en que el doctor Sisto trata del asunto, habindose traducido esa suposicin, como deba ser siempre en clnica infantil, por el tratamiento mercurial inmediato, nuestro colega tuvo la satisfaccin de ver cesar de gritar a sus enfermitos, al mismo tiempo que los sntomas especficos, cuando se presentaban, desaparecan ms o menos rpidamente. La demostracin estaba hecha. Es, pues, el nio, con su grito, el prematuro _revenat_ ibseniano. Desde la cuna, desde que aparece sobre la faz del mundo, libre ya de la prisin materna, clama que viene herido, que viene, por culpa ancestral, con una carga de sufrimiento. Y por la ciencia, el clnico de hoy reconoce en seguida al delator. Siempre el nio ha gritado al venir a la vida. Ya sea que demuestre con ello, como dice el mismo doctor Sisto, que vive y que tiene la fuerza suficiente para introducir el aire en sus pulmones, cuyo funcionamiento comienza precisamente con ese primer grito; ya que ste seale, al decir de Fernndez Figueira, la ruptura de las trabas de la vida intrauterina; ya, segn Longnet, que sea dictado por una ley primitiva de la naturaleza, la fuerza desconocida que domina todos los fenmenos de la vida, o, segn d'Espine y Picot--citados todos en la obra de Sisto--, sea ese primer grito debido probablemente a la impresin desagradable producida por el aire exterior sobre la superficie del cuerpo, el caso es ste: al llegar al mundo el hombre, llora, el hombre grita, como si ya sospechase a dnde llega, como si ya supiese la significacin de la litrgica frase valle de lgrimas. Las lgrimas vendrn despus, pero l ha lanzado el grito. Notad estas curiosas observaciones. Billard nota que el grito del nio se compone de dos partes: una sonora, suficientemente prolongada; es el grito propiamente dicho. Se hace oir durante la espiracin, empieza y acaba con ella, y es el resultado de la expulsin del aire que sale de los pulmones a travs de la laringe. La otra parte del grito es el resultado de la inspiracin; el aire precipitndose a travs de la glotis, para introducirse en los pulmones, se encuentra comprimido por la contraccin, en cierto modo espasmdica, de los msculos vocales, y hace oir un ruido muy corto, pero agudo, a veces menos perceptible que el grito propiamente dicho; es una especie de _reprise_, que est entre el grito que acaba y el que va a comenzar. A menudo el grito existe solo y la _reprise_ no se hace oir, o bien slo se oye la _reprise_, y el grito queda ahogado. Y Baginski hace esta observacin fnica: a veces el grito adquiere caracteres patognomnicos, y se puede decir, de una manera general, que las vocales a y e dominan en el grito provocado por la clera o el descontento, en tanto que la vocal i expresa el dolor. En el erudito libro del doctor Sisto, _Les cris chez les nourrissons_ hay otras cuantas citas de diversos autores respecto a esa manifestacin primera de dolor o de vida, o de ambas cosas. Pero la _trouvaille_ del mdico argentino no se refiere a esa clase de grito. Es otro grito que viene despus, el grito constante, persistente, en el tiempo de la primera lactancia, entre dos semanas y tres, o cuatro meses, es el grito revelador de la ponzoa hereditaria, la demostracin desde hoy, para el facultativo conocedor, del doloroso legado de don Juan. Hay que leer las observaciones y ver las fotografas de los nios en la obra de que me ocupo. En uno de los casos el aspecto de la criatura no dice nada; se creera, al contrario, que la salud florece y brilla en su aspecto; en otros, s, se notan el sufrimiento, la degeneracin, la tara. Ni es de mi competencia, ni este es el lugar para entrar en mayores detalles, siquiera fuesen reproducidos de los diferentes casos observados por distintos pediatras y clnicos. Pero he querido manifestar el placer que he sentido al ver apreciado en su justo valer por sabios de este continente la labor de un estudioso, cuyo nombre se agrega a las listas de los eminentes argentinos a quienes se refiere el doctor Comby cuando escribe: Nuestros hermanos latinos de la Repblica Argentina, antes nuestros discpulos, y hoy llegando a maestros a su vez. Roosevelt en Pars. Est ya en Pars, de vuelta de frica, el yanqui extraordinario a quien algunos quieren llamar el primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el _bluff_ de sus conciudadanos. Se le ha recibido en Europa como a un rey de raza, mejor que a un rey del petrleo, o prncipe del algodn o de los embutidos. Quin negar su energa, su fuerza, su excelente humor, su decisin y su franqueza? Es todo lo contrario de un tmido, y todo lo opuesto a un ceremonioso. l es el hombre representativo del gran pueblo adolescente que parece hubiera comido el _food of gods_ wellsiano, y cuyo gigantismo y cuyas travesuras causan la natural inquietud en el vecindario. Ya saba el parisiense de quin se trataba, y cmo el ex presidente, y con seguridad casi seguro futuro presidente de la Unin, haba sido recibido por las monarquas italiana y austro-hngara. Los peridicos, que haban dedicado largas columnas a las proezas del gran cazador delante del Eterno y de la mquina fotogrfica, estaban listos para la vuelta del vencedor de las fieras de frica y del enemigo formidable de los trusters yanquis. Maravilloso ejemplar de humanidad libre y brava! Pueden los escritores de humor y de malas intenciones presentarle como el hombre-estuche, genuina encarnacin del espritu y de las tendencias de su colosal pas, as el autor del terrible y sarcstico librito ingls _Abounding America_, en donde se analiza a un Roosevelt polifacial y multiactivo, poltico, cazador, literato, militar, universitario, ranchero, orador, diplomtico, _cowboy_, pacificador, periodista, _sportsman_, conferencista, y otras tantas cosas para las cuales sera preciso enumerar el modo del boyante cura de Meudon. Lo nico que no ha llenado por completo el gusto del buen pueblo de Pars es no haber podido gritar _Vive le roi!_ o _Vive l'empereur!_, al paso del automvil del americano, que salud en la estacin al embajador Bacon, ante la gravedad del protocolo, de esta sabrosa manera: _Hallo, Bob!_ Sin embargo, se sabe vagamente que es un rey, a su manera, que hay en l carne de emperador y que es un gran admirador del Bonaparte que duerme a la orilla del Sena. Es un personaje, sobre todo, _pas ordinaire_. Y con esto Pars est encantado. Pars, digo, el buen pueblo de Pars, no sabe gran cosa de los Estados Unidos. Pero sabe de los dlares y de las casas de cuarenta pisos; ha conocido a Bffalo Bill y a Bostck, y ha odo en plena plaza de la Opera, en ocasin memorable, tocar marchas y danzas a la banda de Sousa, Sousa's Band. Sabe que los Estados Unidos tienen mucho dinero y que cada ao viene a esta capital del placer un grupo de paseantes que deja un buen por qu de millones. Y todo eso le parece excelente. El jovial Nemrod ha tenido una buena prensa, sin faltar quienes le hayan hecho notar la inmensa distancia que hay entre el americanismo y el verdadero espritu francs. Ciertamente, dicen unos, el personaje es quiz _un peu trop pouss, trop marqu, comme on dit et l'on a pu sourire de cet amricanisme qui touche par tant de cts au bluff, mais que cependant a une parent qu'il faut retenir avec l'nergie individuelle_. Levasseur encuentra en l un hombre en toda la fuerza del trmino y un carcter supereminente. Ve al hombre de accin; pero hace la reserva de que tal vez Mr. Roosevelt--que ha predicado la accin y la elocuencia--ha comprendido menos el carcter de otra clase de hombres de accin, muy numerosos en Francia y mucho ms raros en los Estados Unidos, que obran no menos enrgicamente que aquellos cuyo prototipo es l, pero en el silencio del gabinete y en la calma de los estudios abstractos. Y el sabio francs, a propsito de las censuras de Roosevelt contra la causa de la despoblacin, observa que la gran repblica de los Estados Unidos, por lo menos los estados del Este, y en particular el de Massachusetts, no estn menos contagiados de semejante mal. De todas maneras, Roosevelt no es un moralista para esta o aquella nacin, sino para todas las naciones, y hay que agradecer a ese gran ciudadano, el haber consagrado algo de su tiempo a esa apologa de la honradez, de la energa y de la labor incansable. El presidente Fallires, por su parte, expresa que Roosevelt es a la vez un gran ciudadano, un grande amigo de Francia y un grande amigo de la paz. Esto le sentar muy bien al antiguo _roughrider_ que cobr el premio Nobel por hacerse bajo sus auspicios el arreglo ruso-japons. Y Pichon, que hoy maneja las relaciones exteriores, manifiesta que los caracteres dominantes en esa curiosa fisonoma le parecen ser la voluntad, la energa, el valor y la sinceridad. Buen bagaje, vive Dios! Roosevelt se le aparece como un hombre sin miedo que no consulta ms que a su conciencia y sacrifica voluntariamente a las inspiraciones que recibe, las consecuencias que pueden producir sus actos, sea en lo que le concierne, sea en lo que concierne a los dems. En su concepcin de una vida sana, honrada y robusta, tal como a menudo la ha definido, se ha propuesto mejorar las costumbres y elevar el sentido moral en su pas. Ha querido para los Estados Unidos una gran fuerza material, porque sabe bien que es el mejor medio de ponerse al abrigo de complicaciones y de conflictos. A l le debe su pas poseer una admirable y poderosa marina que ha llegado a ser la institucin ms popular de la repblica, siendo tan atacada y negada cuando lleg al poder. Y agrega: As es como este pacifista se dedica a servir la causa de la paz, en la cual ha dado pruebas que nosotros los franceses debemos recordar ms que nadie. Pues Mr. Roosevelt es un amigo seguro y fiel de la Francia. Nos ha probado su amistad en toda circunstancia con un perfecto desinters. Ha obrado como hombre de estado que comprende que las dos grandes repblicas se deben apoyar entre ellas, puesto que obedecen a los mismos principios, prosiguen la misma obra y tienen el mismo ideal. l ha encontrado muy natural que en caso de dificultades le tendiesen una mano amiga. Hoy es a un amigo a quien recibimos, un amigo sincero, justo y tenaz, _justum et tenacem_. Honrmosle. Amn. As se ha hecho. Y no ha dado Roosevelt un paso que no haya sido anotado por las gacetas, aun aquellas que han querido emplear, intilmente por cierto, su irona bulevardera, que no ha pasado de seguro sin ser notada por el hipopotamicida y rinoceroctono. * * * * * Sobre qu les viene a hablar el gran yanqui en la vieja Sorbona a los atenienses del siglo XX? Pericles hubiera aprobado, sobre los deberes de un ciudadano en una repblica. He aqu al hombre de la _strenuous life_ enseando en Lutecia los deberes, como l los entiende para con la Patria. Se le aplaude, se le celebra. Y si hay quien recuerde lo del _big stick_, es para explicar que, como sucede con muchas frases, se ha cambiado en el pblico el sentido, y se ha tomado una cosa por otra. Y se explica: de tanto hablar del _big stick_ se ha llegado a hacer creer a muchas gentes, y no de las de poco ms o menos, que por el ms ligero pecadillo, el primo Jonathan aplicara a las naciones una paliza. Nada ms contrario a la verdad. La frase que ha causado tanto ruido, sobre todo, _et pour cause_, entre los pases hispano-parlantes, es sta: Un viejo refrn familiar dice: habla con tono conciliador y lleva un fuerte bastn; as irs lejos. Si la nacin americana quiere hablar en un tono conciliador y al mismo tiempo quiere resolverse a construir y mantener en un alto grado de entrenamiento una marina poderosa, la doctrina de Monroe ir lejos. La frase de Roosevelt no es, pues, sino viejo decir latino arreglado a su manera: _Suavite in modo fortiter in re_. Nada ms distinto que el alma francesa del alma americana. Al hablar ante la parisiense, el norteamericano se quiso poner un diapasn lo ms cercano posible. El demcrata, perogrullando un poco, dijo muchas cosas doctrinarias y no pocas utpicas. El pacifista afirm la necesidad de la guerra en ciertos casos; Francia fu, y no poda ser de otro modo, cubierta de flores. Mster Barrett Wendell debe sentirse gozoso en su ctedra de Harvard. Solamente, que hay que tener hijos. No tener hijos, si ello es por clculo o por egosmo, constituye una falta capital. La riqueza de una nacin no puede compensar la prdida de sus virtudes fundamentales y el poder de la raza, de perpetuar en su raza, es una de las ms grandes virtudes fundamentales. El discurso fu largo, vigoroso, bien gesteado y dicho, en fin, de una manera que no se ha usado nunca en el vetusto Instituto. El ex presidente no tiene nada que ver con esa cosa tan francesa que aqu se llama buen gusto. Ni le hace falta. l es una fuerza de la Naturaleza. Y luego, aqu se conoca, al menos por algunos, la frase de John Morley: He visto en los Estados Unidos dos prodigiosas fuerzas naturales: la catarata del Nigara y el presidente Roosevelt. No s cul de los dos es ms fuerte. Como sabis, John Morley no es nativo de Andaluca. Qu le van a hacer a esa potencia elemental, a esa fuerza de la Naturaleza, a ese beluario que se las ha visto con leones, elefantes y rinocerontes en frica y con Rockefellers, Goulds y otras fieras de oro en su tierra; qu le van a hacer, digo, las finas y bonitas saetas de estos ironistas profesionales? Qu le importa a l que M. J. Ernest-Charles le comente en estilo acidulado, le parodie o le seale contradicciones en su conferencia? l sabe que aqu cuenta con admiradores de fuste, aun entre los hombres de letras, como el incontenible y ciclnico M. Paul Adam, como M. Jean Izouret, como otros cuantos americanizantes o americanizados. Alguien demuestra en un diario que en su libro sobre Cromwell, Roosevelt est contra Bossuet. Se puede apostar, asegura ese alguien, que si alguna vez recibiera monseor Merry del Val en el Vaticano a Teodoro Roosevelt, el libro de ste sobre Oliverio Cromwell no sera el tema principal y aun accesorio de la conversacin. Ya lo creo! Como tambin puede afirmarse que una tercera parte del entusiasmo oficial en Pars ha sido causada por la negativa del Vaticano a la ya famosa y frustrada visita. Los franceses han apreciado en su verdadero valor, algunos de los principios rooseveltianos, y sobre todo ste: El hombre, el ciudadano, como la Nacin, lo primero a que debe dedicarse es a hacer dinero. Una vez hecho el dinero, puede hacer lo que le venga en deseo. Y despus, la declaracin contra los pocos audaces: Nada se puede sacar de ese tipo de ciudadano, del cual lo mejor que se puede decir es que es inofensivo. No hay casi lugar en la vida activa para el buen hombre tmido. Como aqu abunda mucho el tipo, como en todos los pases llamados latinos, el arranque ha cado bien. Un periodista explicar que no se trata de una timidez puramente exterior, sino de esa falta ntima de confianza que vuelve a las gentes indecisas, dbiles y prepara todas las derrotas. Esta manera de neurastenia moral se encuentra mucho en progresin en la sociedad moderna; y sobre todo, preciso es reconocerlo, en Francia. Habrse sacado as prctico provecho de la conferencia. Banquetes y banquetes, recepciones y recepciones, hoy en el Elyse, maana en el Quai d'Orsay, pasado maana en el Palacio de Justicia y honores de soberano. Una delegacin en que hay un ex presidente del Consejo, ministros, diplomticos, estadistas, llega a propsito de la cacareada e imposible idea del desarme a pedir a Roosevelt su intervencin, de tal manera, que ese varn listo tiene que recordar a esos seores importantes que l es un simple particular y que no puede tomar en tal sentido ninguna iniciativa ante ningn Gobierno. Qu dir de todo esto Mr. Taft, cuyos comentados _twosteps_ y zapatetas no pudieron hacer el menor contrapeso a las formidables performances de Teddy? * * * * * Este superhombre que est aplastando en Pars, por ahora, a D'Annunzio y a Rostand, se conmovi ante la tumba de Napolen. Tuvo en sus manos el _petit chapeau_, la espada. Declar su admiracin fervorosa por el Hroe, con quien se le compara jovialmente en los Estados Unidos, donde se habla de la vuelta de la isla de Elba. Y apenas ha habido aqu en los peridicos espacio para hablar de otra gloria yanqui, que acaba de desaparecer: Mark Twain. El fin del mundo. I En Tolosa de Francia viva hasta hace poco tiempo, o vive an, si es cierto que tena el don de profeca, un viejo abate de familia noble y con ttulos que l mismo ostentaba con ingenua vanagloria, sobrino de un mrtir, nieto del comandante del Ejrcito real victorioso del ao VII, descendiente directo de los antiguos condes de No. Llambase, o llmase, Gabriel Mara Eugenio de la Tour de No, sacerdote de edad de ochenta y seis aos cumplidos, presbtero auxiliar de la iglesia de San Jernimo de Tolosa desde hace cuarenta y cuatro aos justos, agregaba en 1904. Amable y venerable coquetera, en quien durante todo ese transcurso acompa al cementerio a todos los muertos tolosanos en su calidad de _aumnier_. Este hombre venerable, tan frecuentador de los difuntos, tuvo desde hace ms de cuarenta aos la idea de calcular, pensando en la Profeca de los papas, de San Malaquas, la fecha ms o menos aproximada del fin del mundo. Lo hizo en un libro en que la sealaba para el ao 1953. No me negaris que el cometa de Halley y compaeros dan una resaltante actualidad a dicho libro. Quin fu este inquietante profeta San Malaquas? Estoy muy seguro de que la mayora de los lectores de _La Nacin_ no tienen ninguna noticia de l ni de sus vaticinios. Fu un irlands de Armagh, que naci en 1094, y tuvo gran fama por su intimidad con San Bernardo, su vida ejemplar y los prodigios que realiz. Clemente III le canoniz medio siglo despus de su muerte, acaecida en la abada de Clairbaux, a los cincuenta y cuatro aos, el 2 de Noviembre de 1148. Advertid lo curioso y fatal de esa fecha de difuntos. Puesto que ya sabis quin fu el profeta, bien est que conozcis la profeca. sta consta de 112 lemas latinos, que caracterizan alegricamente a los 112 papas, desde Celestino II hasta Pedro II, que ser el ltimo Pontfice de Roma. Cmo calcula el abate de No? He aqu su principal argumento. Siendo el papado inmortal, y concluyendo ste con Pedro II, es, pues, innegable que con el ltimo papa la Humanidad acabar. Establecido este punto, dice un crtico suyo: El autor, conociendo el nmero de los papas que deben reinar hasta el fin de los tiempos, busca la media de la duracin del pontificado de cada uno de los jefes de la Iglesia, y esta media, multiplicada por el nmero de todos los pontfices romanos indicados en la historia eclesistica, y la profeca malquica le da el nmero 1953, que, segn l, es la fecha aproximativa del fin del mundo. El abate examina e interpreta los lemas, y resultando que coinciden con los papas del pasado, supone, no sin razn, que las divisas de los pocos papas venideros justificarn sus cmputos, 1953 y 1910... confesemos que si el Halley nos barre, la equivocacin es nfima en un asunto que trata de la eternidad. Advirtase que el libro de que nos ocupamos no ha entrado en el Index, y no solamente esto, ha recibido la aprobacin de Len XIII, segn tengo entendido, y la del actual pontfice. Por su extrao inters voy a transcribir los lemas y extractar las explicaciones del presbtero de Tolosa. En la explicacin de las divisas dice el abate: Dos cifras preceden el nombre de cada papa: la una indica el nombre ordinal de cada pontfice y la otra el ao de su muerte. 1--1144.--Celestino II.--Ex castro Tiberis--De un castillo del Tber. Celestino II naci, en efecto, en Citt di Castello, sobre el Tber, en Toscana. Su apellido particular era Dicastell. La primera divisa se encuentra, pues, admirablemente justificada. 2--1145.--Lucio II.--Inimicus expulsus--El enemigo expulsado. Era de la familia Caccianemici, que significa lo mismo que el lema. Adems, dice por pasiva el abate: Los romanos, fanatizados por el famoso Heraldo de Brecia, le trataron como enemigo y le expulsaron de la ciudad y aun del mundo, puesto que le mataron de una pedrada. 3--1150.--Eugenio III.--Ex magnetudine Montis--De la grandeza del monte. Este papa naci en el castillo de Graumont, en italiano monte magno. 4--1154.--Anastasio IV.--Allax Suburraux--Abad de la suburra. Este papa se llamaba de apellido Subuni, y adems naci en la calle de la Suburra y fu abad de San Rufo en Avignon. 5--1159.--Adriano IV.--De cune albo--Del campo blanco, o del campo de alba. Este papa, nico papa ingls, profes en Saint-Albani, y llevaba el hbito blanco como cannigo de San Rufo. Eugenio III le cre cardenal y obispo de Albano o de Alba. 6--1164.--Vctor IV.--Antipapa.--Ex tetro carcere--De negra prisin. Elegido por dos cardenales dscolos, arroj al verdadero papa, Alejandro III, en una negra prisin. Este all volvise loco furioso, todava ms negra prisin que la otra. 7--1168.--Pascual III.--Antipapa.--Va transtiberina--Va del otro lado del Tber. Fu cardenal de San Calixto en Transvere, o sea, al otro lado del Tber. 8--1178.--Calixto III.--Antipapa.--De pannonia Tuscia--De pannonio, o sobre pannonio toscano. Henos aqu--escribe el abad--en presencia de un esplndido giro elptico. La Biblia y el Apocalipsis no tienen inspiraciones ms sublimes. He aqu el sacerdocio triunfando del imperio, la Iglesia de la tirana, el toscano Alejandro III, papa legtimo, del pagnoniano Calixto III, antipapa, sostenido por el Csar pagnoniano Barba Roja. Todo eso es divino, termina... 9--1181.--Alejandro III.--Ex ancere custode De la gansa custodio. Alusin potica y grandiosa a los gansos venerados del Capitolio Alejandro III, ancer apostlico y vigilante, salv a la Iglesia de tres antipapas imperiales. 10--1185.--Lucio III.--Lux in ostlo--La luz en la puerta. Este papa se llamaba Lucius, naci en Lucca, y fu cardenal, obispo de Ostia. 11--1187.--Urbano III.--Sus incribro--El cerdo en la criba. Se llamaba Cribelli. Cribelus es diminutivo de cribama, criba. Tena en su blasn un cerdo. 12--1187.--Gregorio VIII.--Ensis Laurientie La espada de San Lorenzo. Este papa fu cardenal de San Lorenzo in encina, y portaba en su escudo dos espadas. 13--1196.--Clemente III.--Ex schola exiet--Saldr de la escuela. En efecto, era de la familia Escholari, y naci en una casa de la plaza de las Escuelas, del Escuole. 14--1198.--Celestino III.--De rure bovensi--Del campo de los bueyes. Su nombre era Jacinto. Como el jacinto es el adorno de los campos, el buey es la riqueza de ellos. 15--1216.--Inocencio III.--Comes signatus--El conde sellado. Este papa se llamaba Conti de Segni. 16--1227.--Honorio III.--Canonicus ex latere--Cannigo del lado. De simple cannigo que era, Clemente III le llam a su lado como camarero ntimo, ad latere. Le hizo intendente de los dineros de la Iglesia. 17--1241.--Gregorio IX.--Avis ostiensis--El ave de hostia. Tena en sus armas un ave, un guila, y fu cardenal, obispo de Ostia. 18--1241.--Celestino IV.--Leo Sabinus--El len sabino. Tena un len en su escudo. Fu cardenal de la Sabina. 19--1254.--Inocencio IV.--Comes Laurentius El conde Lorenzo. Este pontfice era conde y fu cardenal de San Lorenzo inten sucina. 20--1261.--Alejandro IV.--Signus hostiense--El signo de hostia. Era de los condes de Segni y cardenal de Ostia. 21--1264.--Urbano IV.--Jerusalem campaniae Jerusaln de Champaa. Era francs, de Champagne, y patriarca de Jerusaln. 22--1268.--Clemente IV.--Dracco de presus. Tena en su escudo un guila dominando a un dragn. 23--1276.--Gregorio X.--Anguineas VIX--El hombre de la serpiente. Era de los Visconti, de Miln, que portan una serpiente en su escudo. 24--1276.--Inocencio V.--Concionator Gallur--El predicador francs. Fu fraile predicador, y aunque no nacido en Francia, arzobispo de Lyn, doctor de Pars, profesor y provincial de la provincia de Francia. 25--1276.--Adriano V.--Bonux comes--Buen conde. Se llamaba Ottrobone, y era de los condes de la banne. 26--1277.--Juan XXI.--Piscator Tuscus--El pescador toscano. Se llamaba Juan Pedro, como el pescador de Besaida, y fu enterrado en Toscana. 27--1280.--Nicols III.--Rosa composita--La Rosa compuesta. Tena una rosa en su escudo y le pusieron por apodo Compositor. 28--1285.--Martn IV.--Ex telonio liliacel Martini--De la banca de Martn de los lirios. Tena lirios en su escudo y haba sido tesorero de San Martn de Tours. 29--1287.--Honorio IV.--Ex rosa leonino--De la rosa del len. Tena en su escudo un len que llevaba una rosa. 30--1292.--Nicols IV.--Picus inter exas--El pico verde entre alimentos. Era de Ascoli en el Picenun. Ascoli en latn se dice Asisculum o Esculum. La palabra escula es diminutivo de exa. 31--1294.--Celestino V.--Ex eremo celsus--Sacado de la ermita. Se le sac, en efecto, de su ermita para elevarlo al pontificado. Adems, celsus es casi sinnimo de Facelestis. 32--1303.--Bonifacio VIII.--Ex undarum benedictione--De la bendicin de las ondas. Tenan sus armas fasces onduladas. Se llamaba Benedictus. 33--1304.--San Benito XI.--Concionator Patareus--El predicador de Ptaro.--Era fraile predicador y se llamaba Nicols como el santo obispo de Ptaro. 34--1314.--Clemente V.--De fascios Aquitanicis--De las fases de Aquitania. Era de Aquitania. Su escudo tena tres fases o bandas de gules en campo de oro. Hay respecto a este papa otras explicaciones que omito por no alargar demasiado este artculo. 35--1334.--Juan XII.--De tutore osseo--Del zapatero de Ossa. Se llamaba Deuse o Dosa, y era hijo de un zapatero. 36--1330.--Nicols V.--Antipapa.--Corous Schismatigus--El cuervo cismtico. Fu Pedro de Corberia. 37--1342.--Benito XII.--Frigidos abbas.--Fu abad de Fontfroideo. Fuente fra, en la dicesis de Narbona. 38--1352.--Clemente VI.--Ex rosa Atrebatensi--De la rosa de Arras. Tena rosas en sus armas y fu obispo de Arras. 39--1362.--Inocente VI.--De montibus Pammach--De las montaas de Palmaco. Tena montaas en su escudo y fu cardenal obispo de Ostia. 40--1370.--Urbano V.--Gallus Vicecomes--Francs Visconti. Fu francs y subi al papado, siendo nuncio cerca de los Visconti milaneces. 41--1378.--Gregorio IX.--Novus de virgene fortis--Fuerte por una nueva virgen. Fu nuevo por establecer el papado en Roma, impulsado por una virgen fuerte, Santa Catalina de Sena. 42--1394.--Clemente VII.--De cruce apostolica--De la cruz apostlica. La cruz de Saboya en sus armas y cardenal de los doce apstoles. 43--1424.--Benito XIII.--Antipapa.--Luna los medina--Laluna en cosmedium. Fu Pedro de Luna, cardenal de Santa Mara en Cosmedin. 44--1429.--Clemente VIII.--Schisma Barcinonicum--El cisma de Barcelona.--Era cannigo de Barcelona, y elegido durante el cisma de Barcelona. 45--1389.--Urbano VI.--De inserun Prignani Del infierno de Prignani. Se llamaba Prignani, naci en una aldea que se llamaba El Infierno. 46--1404.--Bonifacio IX.--Cubus de mistione--El cubo de mezcla. Tena cubos en su escudo. Luego con cubos de piedra y cemento edific el castillo de Sant-Angelo. 47--1406.--Inocencio VII.--Demeliore Sedene--De astro mejor. Tena un astro en su escudo. Se llamaba Meliorate. 48--1409.--Gregorio XII.--Nauta de Pontenigro--El Navegante de Negro Ponte. Fu obispo de Negro Ponte. 49--1410.--Alejandro V.--Flagellum solis--El azote del sol. El sol en el escudo y fu arzobispo de Miln, en donde San Ambrosio est representado con un azote en la mano. 50--1415.--Juan XXIII.--Cervus Cyrenis--El ciervo de la Sirena. Naci en Npoles, cuyas armas tienen una sirena. Cardenal de San Eustaquio, el del ciervo milagroso. 51--1431.--Martn V.--Columna veli aurei--La columna del velo de oro. Su apellido, Colonna. Columna en sus armas, cardenal de San Jorge, del velo de oro. 52--1439.--Eugenio IV.--Lupa coelestina--La loba celestina. Se llamaba Celestino y tena una loba en su escudo. 53--1452.--Flix V.--Amator cruni--Amador de la cruz. Tena la cruz de Saboya en sus armas, y se llamaba Amado. 54--1455.--Nicols V.--De modicitate lunae--De la bajeza de la luna. Era de la dicesis de Luna y de baja extraccin. 55--1458.--Calixto III.--Bos pacens--El buey que pace. Era de la familia de los Borgia, que portan un buey pastando en su escudo. 56--1464.--Po II.--De capra et alberga--De la cabra y de la posada. Fu secretario de los cardenales Caprnico y Albergati. 57--1471.--Pablo II.--De cervo et leone--Del ciervo y del len. Fu obispo de Cervo y cardenal de San Marcos. 58--1584.--Sixto IV.--Piscator minorita--El pescador cordelero. Era hijo de un pescador cordelero y nacido en Celles, ciudad poblada de pescadores. 59--1492.--Inocente VIII.--Proecusor Siciloe--El procursor de la Sicilia. Se llamaba Juan Bautista. Gozaba de la estimacin de los reyes de Sicilia, Alfonso y Fernando. 60--1503.--Alejandro VI.--Bos Albanus, in portu--El buey de Alba en la puerta. Tena un buey en sus armas. Fu sucesivamente cardenal de Alba y de Porto. 61--1513.--Po III.--De parvo homine--El hombrecito. Se llamaba Picolomini, que en italiano quiere decir el hombrecito. Y su pontificado dur solamente veintisis das. 62--1513.--Julio II.--Fructus jovis jubavit--El fruto de Jpiter ayudar. Tena en sus armas una encina, rbol consagrado a Jpiter. 63--1521.--Len X.--De craticula politiana--De la parrilla de Policiano. Era hijo de Lorenzo de Mdicis, y la parrilla, en latn craticula es el emblema de San Lorenzo. 64--1523.--Adriano VI.--Leo Florentius--El len de Florencio. Se llamaba Florencio y tena un len en su escudo. 65--1534.--Clemente VII.--Floes Piloe aut piluloe--La flor del mortero, o de la pldora. Era de la casa Mdicis, en cuyas armas hay seis roles o pldoras, de las cuales una tiene lises. 66--1546.--Pablo III.--Hyacinthus medico--El jacinto al mdico. Era de la familia Farnesio, que porta en su escudo seis jacintos. 67--1555.--Julio III.--De corona montaa--De la corona del monte. Se llamaba Del Monte y tena en su escudo dos coronas de laurel. 68--1555.--Marcelo II.--Frumentum floccidum--El trigo pasajero. Tena en su escudo dos espigas de trigo, y su Pontificado dur solamente veintin das. 69--1559.--Pablo IV.--De fide Petri--De la fe de Pedro. Se llamaba Pedro Carafe, esto es, fe cara. 70--1565.--Po IV.--Aesculapil pharmacum--El mdico de Esculapio. Llambase Medichine y estudi medicina en Bolonia. 71--1572.--San Po V.--Angelus memorosus--El ngel de los bosques. Se llamaba Miguel y naci en Boschi, que significa bosques en italiano. 72--1585.--Gregorio XIII.--Medium corpus pilarum--La mitad del cuerpo de las pldoras. Portaba en su escudo medio cuerpo de dragn. El papa Po IV, que le hizo cardenal, llevaba en el suyo seis soles. 73--1590.--Sixto V.--Axis inmedietati signi--El axa en medio del signo. Haba en su escudo un len, que es uno de los signos del zodaco, y sobre l el axa del mundo. 74--1590.--Urbano VII.--De rore coeli--Del roco del cielo. Fu arzobispo de Rossano, donde se coge el man. Tuvo trece das de pontificado. Pas, pues, como el roco del cielo. 75--1591.--Gregorio XIV.--De antiquitate urbis--De la antigedad de la ciudad. Naci en Orrieto, cuyo nombre latino es Ures vetus, ciudad antigua. 76--1591.--Inocencio IX.--Pia civilitas in bello--La ciudad piadosa en la guerra. Era de Bolonia, ciudad en cuyo escudo se lee Bononia docta carcter de sapiencia que conserv a travs de sus guerras. Sobre todo, fu horror a guerra lo que la hizo entregarse a la Santa Sede. 77--1605.--Clemente VIII.--Crux Romulea--La cruz romana. Tena en su escudo una cruz semejante a la cruz romulea o papal. 78--1606.--Len XI.--Undous vir--El hombre como las ondas. En pleno vigor, a los veintisiete das de su pontificado, un enfriamiento le caus la muerte. Su reinado pas como una onda. 79--1621.--Pablo V.--Gleus perversa--La raza perversa. Bajo el pontificado, en el Japn, instigado por los protestantes de Inglaterra y Holanda, estall la persecucin general. 80--1623.--Gregorio XV.--Intribulatione pacis--En la tribulacin de la paz. El amor de la paz caus la tribulacin de su reino. 81--1644.--Urbano VIII.--Lilium et rosa--El lirio y la rosa. Tena en sus armas abejas que libaban en esas dos flores. 82--1655.--Inocente X.--Incundito crucis--El regocijo de la cruz. Fu elegido el da de la Exaltacin de la Santa Cruz. 83--1667.--Alejandro VII.--Montium custos--El guardin de las montaas. En sus armas hay una montaa de seis lados, sobre la cual una estrella brilla y la ampara. 84--1669.--Clemente IX.--Sidus olorum--El astro de los cisnes. En el conclave, la suerte le di el cuarto de los cisnes. Adems, era poeta. 85--1676.--Clemente X.--De flumine magno--Del gran ro. Naci en momentos en que el Tber, desbordado, inund a Roma e hizo flotar su cuna, pues su casa estaba situada en las orillas del gran ro. 86--1689.--Clemente XI.--Bellum insatiabilis--La bestia insaciable. Tena en sus armas un len aleopardado y un guila. 87--1691.--Alejandro VIII.--Poenitentia gloriosa. Se llamaba Pedro, nombre de un gran arrepentido. Fu elegido el da de San Bruno, ngel de la Penitencia, al cual dedic monedas con esas palabras: Penitentia gloriosa. 88--1700.--Inocente XII.--Rastrum in porta--Rastrillo en la puerta. Perteneca a la Casa de Pignatelli, del Rastello, a las puertas de Npoles. 89--1721.--Clemente XI.--Flores circundati--Las flores circundadas o circundantes. Urbino, su patria, tena por armas una corona de flores. 90--1724.--Inocente XIII.--De bona religione--De buena religin. Perteneca a la familia de los Conti, de la cual han salido diez de los mejores papas. 91--1730.--Benito XIII.--Milex in bello--Soldado en la guerra. En su pontificado comienza la primera de las tres grandes guerras que ensangrentaron Alemania y Europa. 92--1740.--Clemente XII.--Columna excelsa--Columna elevada. La capilla que l levant en San Juan de Letrn, para ser all enterrado, contiene dos columnas de prfido, sacadas del prtico del Pantheon. 93--1758.--Benito XIV.--Animale rurale--El animal rural. La interpretacin del abad se reduce aqu a aplicar a su manera a este pontfice la clebre frase de Alberto _el Grande_ sobre Santo Toms de Aquino. 94--1769.--Clemente XIII.--Rosa umbra--La rosa de la umbra. Bajo su pontificado tuvo gran esplendor la Orden franciscana, y se sabe bien que a San Francisco se le llama la rosa de la umbra. 95--1774.--Clemente XIV.--Visus velox--La vista penetrante, o bien, ursus velox, pronto, veloz. Aqu el abad No hace una digresin, refirindose a la explicacin de los jesutas, disueltos por este papa, dan al lema de San Malaquas, prohijando el acuerdo del pontfice tomado a la ligera... 96--1799.--Po VI.--Peregrinus apostolicus--Peregrino apostlico. Hizo a Viena un viaje por ver al emperador apostlico Jos II. 97--1823.--Po VII--Aguila rapax--guila rapaz. Bien sabido es cmo el emperador Napolen, que puso el guila en sus banderas, arranc de Roma al papa para llevarle a Sabona y a Fontainebleau. 98--1829.--Len XII.--Canis et coluber--Perro y serpiente. Tena en sus armas estos animales. 99--1840.--Po VIII.--Vir religiosus--El hombre religioso. Perteneca a la Casa de Gastiglione, famosa por sus virtudes, y es, al decir del abate de No, a quien ms conviene el dictado entre los papas. 100--1840.--Gregorio XVI.--De balneis Etrurioe--De los baos de Etruria. Era etrusco o toscano y llevaba el escudo de Etrurin. Fu superior de los camandulenses, en cuya casa principal se llamaba Bolneaum, a causa de unos baos cercanos. 101--1878.--Po IX.--Crux de Cruce--La cruz de la cruz, o el crucificado de la cruz. Refirese aqu el abate a las prdidas del poder temporal, bajo Vctor Manuel, en cuyo escudo est la cruz de Saboya. 102--Len XIII.--Lumen in celo--Luz en el cielo. En las armas de este pontfice, sobre fondo azul de cielo hay un arco iris y un cometa. 103--Po X.--Ignis ardens--Fuego ardiente. El abate hace observar que en el blasn de este Papa hay una estrella de cinco puntas, de plata, y en la fecha en que escriba estos ltimos comentos le auguraba al venerable pontfice veneciano, que no mirara la cosa con mucha satisfaccin, muy corta vida. Estas son sus palabras: Ignis ardens. El fuego ardiente, despus de haber vivido poco, pero santamente, morir de la muerte de los justos, segn la profeca del santo Abad Berdn, muerto en 1279. Faltan las emblemas de los nueve papas futuros y del fin del mundo de la profeca de San Malaquas. Pero de esto me ocupar en otro artculo, pues este va ya largo, a pesar de que he nicamente extractado lo fundamental de las interpretaciones. II Para los nueve papas futuros dir que nuestro buen abate colabora con San Malaquas, puesto que al interpretar los lemas entra en el terreno de lo proftico. 1.--Religion depopulata--La religin despoblada. Juzga el abate Eugenio de la Tour de No, que bajo este pontfice la catolicidad entera, en paz y en riquezas por el comercio y la industria, se olvidar de Dios, y creer que todo es obra de ella. Basado en Santa Hildegarda y en Holzhauser, cree segura otra invasin de brbaros lejanos; de otro modo, en el peligro amarillo. Los asiticos vendrn y he aqu por qu la religin ser despoblada. 2.--Fides intrepidos--La fe intrpida. Algunos intrpretes--dice--creen que ser la persecucin a ultranza, y mucha sangre y mrtires, como en los primeros tiempos del cristianismo. Pero el prncipe del Aguiln, gran rey francs, conquistar Turqua, y ms feliz que Bonaparte, imperar en Oriente y en Occidente. Se realizara la unin de las iglesias, y muchsimos paganos se convertiran. Para todo esto se apoya en la vidente Santa Hildegarda. 3.--Pastor angelicus--El pastor anglico. He aqu el Pontfice, que ser por cierto, conforme a Cristo. Ser humilde, practicar a las gentes, andar descalzo, y a quien el ya nombrado prncipe del Aguiln secundar. 4.--Pastor et naufa--Pastor y piloto. Cuando el papa anterior muere, se ha apaciguado la tierra. Hay un cristianismo universal. A este prncipe, pastor y piloto, le toca pilotear la barca de Pedro sobre aguas absolutamente tranquilas. Ser preciso--dice el abate--que el pastor sea un famoso piloto para gobernar bien el arca Santa de la Iglesia en los das horribles del combate decisivo que el hombre de pecado se apresta a presentarle sobre este gran mar del mundo, cuyo imperio ambiciona. 5.--Flor florum--La flor de las flores. En este tiempo, la humanidad convertida volver a Dios y la virtud llenar el mundo como un aroma intenso. Jerusaln, cumpliendo la profeca de Orval, resurgir con su templo reedificado, y el pueblo de Israel se ofrecer al Seor como en un ramo oloroso de almas. 6.--De mediate lunae--De la mitad de la luna. Este lema terrible hace ya alusin al cercano final del mundo, pues en el tiempo del pontfice, a que corresponde, la luna comenzar a mostrar a la tierra la mitad de su disco, el Anticristo aparecer en el mundo. Los turcos se convertirn, y tal vez ser turco el mismo papa, segn algunos intrpretes, aunque el abate No protesta contra tal hiptesis. Cuando el Anticristo comience a triunfar, este pontfice lanzar una encclica sealando las dos sangres impuras de sus venas, que son la mahometana y la juda. De aqu lo de la media luna. 7.--De laboris solis--El trabajo del sol. Esto anuncia, segn el abad, la descomposicin planetaria, los fenmenos raros que producir el trabajo del sol, de un astro que se oscurece. 8.--Gloria olivae--La gloria de la oliva. En esto ve nuestro presbtero como la extremauncin del mundo, que est para morir. Bajo el reinado del papa, cuyo emblema es la humanidad, estar humillada despus de un gran combate entre los malos y San Miguel Arcngel. Desde hace algn tiempo, los pontfices reinan, no ya en Roma, sino en Jerusaln, y este papa fallecer orando, como Jesucristo en el jardn de los olivos. 9.--Petrus romanus--Pedro de Roma o romano. Este es el ltimo papa de la profeca de San Malaquas. Pedro Romano pastorear su rebao entre las ms terribles tribulaciones. Entre los argumentos de que se vale el abate para afirmar con San Malaquas que Pedro Romano ser el ltimo pontfice, hay uno modernsimo, y es el de que en Roma, en la iglesia de San Pablo, fuera de los muros, en donde se encuentran todos los retratos en mosaico de los papas, desde San Pedro hasta Len XIII, hay diez medallones vacos. He aqu el final de la famosa profeca: _In persecutione extrem sacrae Romanae Ecclesiae sodevit Petrus Romanus; qui pascet oves in multis tribulationibus; quibus transactis, olvitas septicolis disuctur, et judex tremendus judicabit populum._ _Postea, finis_. En la ltima persecucin de la Santa Iglesia Romana habr un Pedro Romano elevado al pontificado, que apacentar su rebao entre grandes tribulaciones; pasados esos tiempos arduos, la ciudad de las siete colinas ser destruida y el Juez tremendo juzgar al pueblo. Despus el fin. III La profeca ha tenido algunos adversarios, entre ellos el abate de Vallmonnt y el padre Mnestrier. Al primero le recusa nuestro comentarista como protegido de Voltaire, y al segundo, como plagiario. Se han hecho de la profeca de San Malaquas negaciones que el abad refuta con argumentos, cuya exposicin hara interminables estos artculos. Adems de San Malaquas, ha habido numerosos profetas que vaticinaron el fin del mundo. Por ejemplo, San Csar de Arls, obispo, muerto el ao 542, el cual anunci que de los restos de la Iglesia perseguida un papa har, con ejemplo de sus virtudes, la reconstruccin de la cristiandad, ayudado por un rey de Francia, dechado de religiosidad. Despus de l, los crmenes del hombre sern tan grandes que Dios decidir el fin del mundo. Este papa, segn el abad No, ser el cuarto de los futuros, el Pastor angelicus, y el rey piadoso, colaborador suyo, el prncipe del Aguiln, de que hablamos antes. Otro profetizador de la terminacin del mundo fu Pierre d'Aylly, nacido el ao 1350, doctor de la Sorbona, cardenal y legado del papa. Este sabio, telogo y astrlogo, dijo que las conjunciones de Saturno y Jpiter resultaran grandes perturbaciones astrales, seguidas de revoluciones polticas por el ao 1789. Despus de l, afirmaba, el Anticristo no tardara en llegar. Est la clebre profeca de Orval, atribuda a muchos, entre ellos a Philippe Dieudonn, monje. Sabido es que ella fu tambin arreglada a propsito por mademoiselle Lenormand para adular a Bonaparte. En su versculo 47 dice: _Et voila dj six fois trois lunes et quatre fois cinq lunes que tout se spare; et la sicle de fin commenc._ Haciendo el cmputo de todas las lunas, segn lo ha hecho el abate No, resulta que el siglo del fin es el nuestro, el siglo XX. Hay que advertir que las tres profecas anteriormente citadas estn de acuerdo respecto a un prximo fin del mundo, y un sabio americano, autor de _La creacin y sus misterios descubiertos_, obra publicada en Pars en 1858, M. Snider, apoya aquellas conclusiones con argumentos cientficos. Por otra parte, son muchas las tradiciones que sealan la terminacin del mundo para los seis mil aos despus de la formacin de Adn. Entre los judos exista ya la idea, y el doctor de la ley, Elas, muerto trescientos cincuenta aos antes de Jesucristo, hizo alusin a ello. Sabido es que la leyenda catlica est de acuerdo en esto con la tradicin israelita, y muchos padres de la Iglesia se han ocupado del asunto. El vidente Holzhauser seala el 1911 como la fecha fatal. Otros, en cambio, no se acercan tanto como l a nuestros das, en sus predicciones. As, fray Buceln, que llega hasta 6004. Sor de la Natividad, clarisa bretona, dice a la letra: El siglo 2000 no pasar sin que el fin no llegue. El abate D'Arzano seala el ao 2000. Por fin, nuestro autor, despus de cotejar profecas sucesivas desde Nostradamus hasta profetas yanquis, lo cual es un colmo, ratifica su opinin de que ser en 1953. Adems, el _Secreto de la Saleta_ da apoyo al abate No. Dems decir que su erudicin bblica le sirve a cada paso sobre el asunto desde Esotras hasta el Apocalipsis. Tiene en su libro un captulo en que seala el triunfo de la francmasonera como precursor inmediato de la aparicin del Anticristo. Habla en otro captulo de los signos anunciadores del fin del mundo, a que se refiere el Evangelio: hambres, pestes, terremotos y extincin de la fe. No hay duda de que tiene razn al sealar todas esas cosas como sucedidas en nuestro tiempo, sobre todo en lo que se refiere al acabamiento de la fe. En otro, relaciona con la extincin universal los asuntos de la poltica francesa. Trata luego de la significacin del Anticristo, y recuerda que San Juan asegur que habra un gran nmero de ellos, como en efecto los ha habido, en Nern, Mahoma, Juliano, Lutero y otros. El vidente Holzhauser anuncia el nacimiento del Anticristo para el ao 1855. Nicols, en 1859. Por su parte el abate No afirma rotundamente que ha nacido en Europa el ao 1863, que fu educado militarmente en una conocida escuela. Ignora su residencia, pero sabe que su opresin ser corta, aunque terrible. La madre, juda conversa y ex monja, habita Londres, o estaba por lo menos all en 1904. Ahora, los que presten fe al excelente abate, puesto que no han sucedido muchas cosas que tienen que suceder, pueden estar perfectamente tranquilos por lo del colazo del Halley. La comedia de las urnas. En el momento en que escribo estas lneas Francia se prepara a nombrar sus diputados, como sabis, por un perodo de cuatro aos. En todas las ciudades, en las ms humildes aldeas de los campos ms lejanos, los carteles electorales manchan los muros y los discursos de los candidatos desgranan sus rosarios de lugares comunes. Muy pronto el pueblo soberano designar por sus votos aquellos que debern ejercer el mandato y conducir los destinos del pas. * * * * * Podris, pues, creer que en un momento tan crtico hay en la atmsfera francesa como un olor a plvora; que al acercarse el instante de la lucha los batallones se estremecen de impaciencia: que la nacin entera est sacudida por un estremecimiento de espera y en la angustia de lo que resultar. As debera ser, pero no es as. La vida nacional, lejos de estar suspensa o turbada, sigue su curso normal. Los hombres y las cosas guardan su calma y su serenidad ordinarias. Es esto sangre fra, correccin o dignidad? He interrogado sobre este punto a algunos franceses amigos mos, cuyo buen sentido y sinceridad conozco. Les he preguntado: --Qu har usted el prximo domingo 24 de abril? --Lo que har?--me contest uno--Si el tiempo est bueno, ir a pasar el da por los alrededores de Pars: ser mi fiesta de la primavera. --El 24 de abril--me responde otro, con un aire cuidadoso y tocndose la frente con el ndice--es probable que mi mujer d a luz, a menos que se equivoque en su clculos. --El 24 de este mes--dice un tercero--alojar y pasear por la capital a toda una familia de parientes del campo que han credo darme un gran placer viniendo a visitarme. Nadie me ha respondido: --El 24 de abril prximo, como es el da de las elecciones, cumplir con mi deber de elector. Ir a depositar mi papeleta en la urna. El 24 de abril ser verdaderamente ciudadano y nada ms que ciudadano. Apostara que a los millares de electores franceses, semejantes a esos amigos mos, les importa un comino el asunto de las elecciones. Por otra parte, las estadsticas lo demuestran. Veo, por ejemplo, que en 1906 hubo en ciertas circunscripciones hasta una tercera parte de electores que no votaron, y que el promedio general de las abstenciones es de un cuarto o de un quinto del nmero de los inscritos. Esos indiferentes son ordinariamente, ntese bien, hombres de ideas sanas, igualmente alejados de todo exceso reaccionario o revolucionario, y cuyo voto, sobre todo cuando los candidatos rivales tienen probabilidades ms o menos iguales, podra modificar el resultado. Pero estiman ms la libertad de hablar o de escribir que el derecho de elegir. Estn convencidos de que un voto ms o menos en uno de los platos de la balanza no podra inclinarse a tal o cual lado. Y creen tambin que la lucha es intil y que hay que conformarse con lo inevitable, o que las cosas no irn ni mejor ni peor con el socialista Ribouldingue, que con el conservador Duriflard, tartampiones notorios. Llevando un poco ms adelante mi pequea encuesta sobre la mentalidad de los lectores, he llegado a convencerme que no son slo los abstencionistas los indiferentes. Podra afirmar que la masa de los franceses no concede mucha importancia a las elecciones. Las consideran como una simple formalidad administrativa que se efecta peridicamente, como los discursos de apertura, o los concursos en las Facultades. Votando, hacen un esfuerzo, un ademn; pero no tienen en el corazn, ni fe ni entusiasmo: no van a una batalla. En verdad, este pueblo tiene, en su complicidad, algo de desconcertante. Est posedo, como ninguno, de ansia de novedad y de progreso, y ninguno se advierte, desde ciertos puntos de vista, ms carneril. Tiene la pasin de la independencia; pero con tal que pueda burlarse de la autoridad--desde el Guignol!--y gozar de libertad de espritu, no se cura de la tirana que le rodea. Se queja sonoramente y muy a menudo, no del rgimen poltico mismo, sino de los politicastros que lo deforman, y no intenta echarlos del Palais Bourbon, en donde se han fijado cmo el Doctor de la Dulzura, una vez enojado, ech a los mercaderes del templo. Deplora la ruina de la marina y vuelve a colocar en la cmara a los mismos hombres que han deteriorado la Armada. Se lamenta de la contaminacin del Ejrcito, infectado por los sin patria, y no har nada para reducir a la impotencia a los cultivadores de esos grmenes mrbidos. Se encorva bajo el fardo cada vez ms aplastante de los impuestos, y, con todo y que puja, queda como bajo la monarqua, _taillable et corvable merci_. * * * * * Esta indiferencia de la mayora de los electores la conocen los candidatos y la aprovechan. La literatura ligera y los caricaturistas explotan el asunto. Dilogo entre un candidato y su mujer: --He encontrado mis circulares electorales de hace cuatro aos. --Pero pueden servir todava? --Ya lo creo! Como prometo siempre las mismas cosas!... No querra que se creyese por esto que todos los candidatos son farsantes. Pero juzgo que a la mayor parte les falta sinceridad. Pues yo llamo sincero a aquel que, dndose cuenta de lo que significa su mandato, no disfraza la verdad exagerando el bien, paliando y velando el mal; a aquel que no promete sino lo que puede cumplir y que no lo promete sino porque est resuelto a ponerlo en prctica en seguida; a aquel que lucha por un ideal. Llamo sincero, en fin, al candidato que habiendo buscado y encontrado en la rectitud de su conciencia la manera de hacer el bien verdadero al pas en general y no slo a su circunscripcin, pone toda su voluntad, toda su alma, todo su sr, en transformar su programa en actos, y que si no ha hecho todo lo que ha querido, ha hecho, de todas maneras, lo que ha podido. He seguido da por da, se puede decir, la vida parlamentaria francesa en el curso de los ltimos cuatro aos. Y me he preguntado ms de una vez, cmo los diputados de la mayora, despus de las numerosas y garrafales faltas que haban cometido, se presentaran y se justificaran ante sus electores al acabarse la legislatura. He ledo en estos das muchos carteles y aun he asistido a algunas reuniones electorales. Y bien. Esos seores estn completamente tranquilos. Fijos. Se han votado las leyes complementarias de la separacin de la Iglesia y del Estado. Se ha afirmado la defensa del Estado laico protegiendo la neutralidad escolar. Se ha proseguido la obra social poniendo en vigor la plausible ley de asistencia a los ancianos, protegiendo la infancia, ayudando a la asistencia privada, mejorando la higiene. Las poblaciones rurales aprovechan una gran parte en la actividad reformadora de la ltima legislatura; se ha extendido y generalizado el sistema de la mutualidad agrcola. Se ha favorecido igualmente a las poblaciones martimas, reorganizando el crdito martimo y mejorando la suerte de los inscritos. Qu decir de las leyes en favor de los obreros y empleados? Sobre todo, de la ley de 5 de abril de este ao, sobre el retiro de los obreros y labriegos, que quedar como la obra esencial y duradera de estos ltimos aos de repblica social. Qu no se ha hecho tambin por el comercio y la industria? Se han perfeccionado correos y telgrafos. Se han rebajado las tarifas postales, se ha revisado la tarifa aduanera de modo que ha hecho prosperar un gran nmero de industrias francesas; se ha rescatado, en condiciones excepcionalmente favorables, la red ferroviaria del Oeste. Se han aumentado los sueldos de los funcionarios y se han dado garantas contra el favoritismo. Se ha democratizado el Jurado y se ha dilatado la estrechez del viejo cdigo napolenico. No se ha descuidado la defensa nacional; se ha reorganizado la artillera; se han construdo barcos de guerra; se ha mejorado la condicin del soldado. La prosperidad financiera ha crecido. La poltica exterior se ha hecho el instrumento eficaz de la paz nacional. Y se ha hecho ms. Y ms. Y ms. Y dir como un candidato, recientemente, a sus electores: No concluira, mis queridos conciudadanos, si quisiera enumerar todo lo que se ha hecho de bueno, de bello y de grande, por la Francia. En fin--_tout t pour le mieux dans le meilleur des mondes_--tal podra ser cndidamente hablando la frmula sinttica y estereotpica que resume y fija lo que ha hecho la ltima legislatura. El difunto Alphonse Allais, de hilarante memoria, cuenta en una de sus cosas que durante un viaje por Egipto encontr una inscripcin grabada sobre un bloque enorme de granito, del tamao de los que sirvieron para construir las pirmides. La traduccin para l fu la cosa ms sencilla. Pero cuando lleg a la parte baja de la piedra, encontr escrito: Tenga la bondad de dar vuelta a la pgina. Los carteles electorales se parecen un poco al famoso granito de Alphonse Allais: no se les puede dar vuelta para conocer el fin de la historia. Pero estad seguros, en todo caso, de que no es toda la verdad lo que contiene la parte que podis leer. No he encontrado all la pldora de los 15.000 francos por diputado, tan difcil de hacer tragar a los electores. No he ledo que se amenacen las libertades y los derechos ms sagrados; que se aumenten cada ao, por la superchera y el derroche, los gastos, la deuda y el dficit; que por el abandono y por la incuria se desorganice la defensa nacional; que se tenga toda suerte de complacencias con los directores de huelgas y agitadores revolucionarios; que haya impotencia para reprimir en la administracin el desorden y la anarqua; que se va, por pretendidas reformas, contra todos los intereses, como si la prosperidad nacional, el comercio y la industria pudieran resistir por siempre a tan repetidos golpes. En cuanto a los candidatos nuevos, a cualquier partido a que pertenezcan, sus franquezas me son sospechosas. Los unos, en efecto, conservadores o nacionalistas, exponen programas que radicales completos no desaprobaran. Llevados por una manera de respeto humano, hacen concesiones a aqullos mismos cuyos principios rechazan, con tal de lograr los votos. Los otros, los del socialismo, prometen al pueblo, que en el fondo no pide tanto, una libertad tan completa, una justicia tan perfecta, una felicidad tan grande, que no se ve del todo, pues no saben los mismos parlanchines de esas verbales aagazas cmo van a edificar ese paraso en donde los franceses de maana van a danzar, en un placer sin lmites, un delicioso perpetuo _cake-walk_. * * * * * Esa falta de sinceridad de parte de los candidatos, no va, en ltimo anlisis, sin su falta de respeto para el elector. No os dir una novedad si os digo que el respeto no consiste en muestras exteriores de deferencia, o en la expresin de frmulas de urbanidad. Respetar a alguien, es, ante todo, suponerle un buen sentido, un juicio por lo menos cercano al nuestro. Es, en segundo lugar, tratarle como una personalidad moral a la que no se procura el engao o el dao. De modo que no decir la verdad y nada ms que la verdad, a los electores, es ya reconocer su falta de inteligencia. Pero decirles tonteras, es tomarles por incurables imbciles. Vase esta muestra, entre otras, de esas tonteras a que me refiero: 1. Supresin de todos los impuestos y voto del presupuesto facultativo. 2. Jubilacin a todo ciudadano de cincuenta aos, con 60 francos mensuales. 3. Aumento de sueldo de los empleados que no ganan 3.500 francos. 4. Respeto a la libertad de trabajo con aplicacin radical. 5. Estmulo de la repoblacin (prima de 500 francos por cada hijo que nazca). 6. Supresin de los empleos intiles. 7. Matrimonio obligatorio a los treinta aos, para ambos sexos. 8. Derecho de eleccin para las mujeres que tengan cuatro hijos. 9. Supresin de los monopolios del Estado y de los impuestos sobre el alcohol. 10. Libertad del Comercio y del ejercicio de la Medicina. Otro candidato, no menos faccioso, reclama en primer lugar la revisin del tratado de Francfort. (Por qu no la confinacin de Roosevelt en el polo Norte?) Yo no s si esas gentes se forman alguna ilusin sobre las probabilidades de triunfo de su candidatura; por mi parte, yo no tengo ninguna duda sobre su mentalidad. Es verdad que aqu se est en el pas en que se re de todo, en que la exageracin misma de los rasgos del programa nos advierte que hay que considerarlo como una _charge_, como una caricatura. La lucha electoral es nicamente una lucha de ideas. Un candidato tiene su temperamento, su carcter, su talento, su profesin. Mas el lector no puede juzgarlo, aparte la honradez, sino por sus ideas. Al comienzo, parece que es as. Sin embargo, a medida que el perodo avanza, y que el da fatdico se acerca, los candidatos llegan, o ms bien descienden a una polmica indigna de ellos, y sobre todo de sus electores. Se escarba en la vida privada del adversario. De sus debilidades, si las tiene, se hacen tachas enormes. De su evolucin poltica se hace una serie de contradicciones y de traiciones. De sus discursos se hacen extractos, que, hbilmente aislados, presentan un sentido absolutamente distinto del pensamiento integral del autor. Se lanzan mentises inicuos, y se tiene cuidado de agregar: Los electores juzgarn. Ah! si el lector juzgase convenientemente el ultraje hecho a su dignidad, enviara a ambos contendientes con cajas destempladas. Hay hombres contra los cuales nada pueden los adversarios. Su personalidad se impone tan slidamente que los contrarios se quiebran en ella pico y uas. Sin embargo, los atacan a pesar de todo. Ved este cartel: Comit de concentracin republicana Dos hombres M. Maurice Barrs, M. Paul Cloarec, Novelista Economista Agitador Hombre de orden Sin programa Programa preciso Electores, escoged! Los electores han escogido ya y pronto ver el inslito y excelente hombre de orden, M. Cloarec, cul es el elegido. Pero, qu me decs de este pistonudo paralelo? * * * * * Todo esto, en conclusin, es tan humano como francs, y no he de ir yo a revelar a mis lectores argentinos lo que son elecciones. La ambicin, como el amor, es mala consejera, aun para las mas firmes cabezas. Ser diputado es para todos una honra; para algunos una honra y un provecho; para muchos, una agradable sinecura. Cmo, habindolo probado no se va a querer repetir? Ser candidato, aun derrotado, es haber gozado en su circunscripcin, durante el perodo electoral, de una celebridad capaz de inquietar a Rostand mismo. Y hay candidatos que aun de la derrota sacan provecho. As este pico, este incomparable M. Valantin Moyse _candidat malheureux dans le neuvime arrondissement_, como dice una gaceta. Este sujeto, que es filsofo, da las gracias a los 6.852 electores que no votaron por l, de la siguiente manera: Vous m'avez clair, vous m'avez clairement fait voir que je n'avait rien faire dans la politique. Je continuerai, donc, comme pour le pass, m'occuper de la publicit des magasins de nouveauts. Ni en Nueva York! La hija de Verlaine. REALIDAD Y LEYENDA Monsieur Edmond Lepelletier fu amigo ntimo de Paul Verlaine, desde los aos del colegio. Acaba de publicar un libro sobre la vida y la obra de aquel melodioso mrtir. Para la vida es un libro de rehabilitacin, en parte, aclaracin de hechos por irrecusables documentos; para la obra una especie de proceso mental y certificacin del iniciarse o tomarse tales tendencias o deliberaciones. Lepelletier cumple con cordialidad una como disposicin testamentaria de hace largos aos. No se enfra con la nieve de la muerte y la piedra tumbal el afecto del ms viejo amigo, como se le llam en un soneto dirigido de uno de tantos hospitales, el Cochin: Mon plus vieil ami survivant d'un groupe dj de fantmes qui dansent comme des atomes dans un rais de lune devant. Nos yeux assombris et rvant sous les ramures polychromes que l'automne assouplit en dmes funbres ou gmit le vent. Bah! la vie est si courte, en somme! un sot rveil aprs un somme! qu'il ne faut plus songer aux morts que pour les plaindre et pour les oindre de regrets exempts de remords, car n'allons-nous pas les rejoindre? Y en una carta a su madre, dice Verlaine, desde la prisin de Mons... Que Lepelletier defienda mi reputacin. Podra ser que fuese, antes de poco, mi memoria. Cuento con l para hacerme conocer mejor, cuando ya no exista, all... Lepelletier, buen escritor, alejado de la literatura quiz por asco de la vida literaria, aunque no hay mucha algalia en los muladares de la poltica, su preferida, vuelve a tomar su vieja pluma, y hace un volumen sereno, justo, fraternal, sin retrica, firme, exento de sentimentalismo y claro de verdad. El Pobre Llian queda limpio, hasta lo posible, del maligno lodo legendario que l mismo recogi y aument, gamin excesivo, para su propia maculacin. No que el sin ventura resulte ahora un bienaventurado, sino una pobre vctima de la lgica de una influencia maligna como l mismo dira: teniendo no poca culpa del derrumbamiento de ese espritu superior, de ese gran poeta, la sociedad misma. Al hombre lo hace conocer el bigrafo desde la niez. En lo que se refiere a la infancia, las primeras impresiones de Verlaine, sus aspiraciones, sus lecturas, el despertamiento de su genio potico, sus comienzos literarios, he de informar al pblico que se interesa en la gnesis de un cerebro como el del autor de _Sagesse_. Compaero de juventud, confidente de sus pensamientos, de sus ensueos, de sus ensayos, desde la adolescencia hasta la plena edad madura, he asistido, por decirlo as, a la ascensin de la savia, a la floracin y al desarrollo de su intelecto. Los amigos de asuntos tortuosos se encontrarn desilusionados al ver que lo referente a la famosa cuestin Rimbaud se precisa con documentos en que toda perspicacia y malicia quedan en derrota, hallndose, en ltimo resultado, que tales o cuales afirmaciones o alusiones en prosa o verso no representan sino aspectos de simulacin, tan bien estudiados clnicamente por Ingegnieros. Los testimonios son fehacientes en una correspondencia escrita a raz de los sucesos que provocan sealadas cartas de toda intimidad y franqueza, en que se ve el alma desnuda y toda ausencia de _pose_, o de mentirosa urdimbre. Otros libros se han publicado sobre Paul Verlaine antes de este piadoso y definitivo. No hay en ellos, en suma, sino el propsito de revelaciones que interesan a un pblico de curiosos de intimidades literarias, y de aficionados a cuentos de caf y cervecera. Estn en la misma lnea que esa malhadada fotografa de la serie _nos contemporaines chez soi_, que se ha reproducido en _magazines_ e ilustraciones extranjeras, y en la cual aparece en su casa el infeliz gran poeta, ante una mesa tabernaria en que se ve el brebaje fatal a su existencia y a su reposo espiritual, por tantos aos. Tal crueldad iconogrfica hace, con justicia, estallar la clera fraternal de Lepelletier. Este de ningn modo acepta la usada comparacin entre Verlaine y Villon, como no sea en ser ambos dos portaliras en extremo amados de las musas y de los dolores, y en ser cofrades en la devocin y la plegaria, podra agregarse. Sistema opuesto, el del Plades literario, al de tantos plumferos parisienses e internacionales, cuyos recuerdos barriolatinescos y bquicos no han contribudo sino a la universal transformacin del Fauno mstico en una especie de tipo lastimoso y mendicante, saturado de todos los alcoholes y rodo por toda suerte de bajos vicios. Mucho pesar a los adoradores de la _soucoupe_ el saber que Verlaine era un hombre de ideas burguesas, que si vivi la vida de bohemia, fu forzado por las durezas de la suerte, por las caprichosas circunstancias que amontona la casualidad, esto es, de todas maneras, la ley del destino, para hacerles torcer su direccin, y cambiar la tranquilidad de una existencia que hubiese sido honestamente apacible, por las tormentas pasionales y las noches borrascosas a que conducen los desatados instintos y las ponzoas de la voluntad. Una mujer de poca comprensin y escasa paciencia y un puesto modestsimo que, en la administracin municipal de Pars no pudo volver a ocupar despus de la Comune--pequeas miserias--, decidieron el destino, tal el diablo hace esas cosas, del futuro verleniano. Para la gloria, gloria amargada, y para el arte, propicio encadenamiento de hechos; ms terremoto sentimental y mental en el mal herido de desesperanza que, antes que el paraso catlico, dignamente ganado a son de tiorba y salterio, tuvo que pasar largos aos en el, ms que purgatorio, infierno del alcohol. * * * * * Al por siempre nio no fueron sino fatalmente daosas las malas frecuentaciones; as la de ese terrible Arthur Rimbaud, que pudo librarse de su demonio intelectual poderoso y perverso, transmutando su vida en el hierro de una accin que hizo del poeta desorbitado un mercader de Oriente, explorador de lejanas fricas, un negociante entre negros, cuya labor colonial no supo a tiempo aprovechar su patria. Muerto antes que Verlaine, cuya vida acibar de locuras y mala influencia, l tiene su monumento en la villa natal, en tanto que todava no se ha podido conmemorar en bronce o mrmol al autor de _Sagesse_. Hase pretendido en lo referente a familia, que Verlaine descenda de noble origen, segn los manuscritos genealgicos de Le Fort. Vendra de los seores de Verlaine en el Luxembourg. Lepelletier no juzga exacta la ascendencia, antes bien, cree muy aceptable la eclgica parentela de que ha hablado Saint-Pol-Roux en uno de sus magnficos libros. Un mi camarada, viejo pastor que apacentaba cotidianamente su ternera y sus dos vacas delante de mi morada, me dijo, un da, llamarse Verlaine. Me estremec. Conversamos. Me cont su raza. Intrigado, intent rebuscar. Pronto pude asegurar al pastor belga que un gran poeta de Francia era su pariente, de l, tan chico; lo que le hizo relinchar de alegra. Anudando entonces sus cejas, como si hubiese cruzado los finos brazos velludos de su memoria, sond este rincn para, a la larga, extraer un encuentro, antes, en los alrededores de Paliseul, en casa del coronel Grandjean, con un colegial de diecisis aos. Y, bien! Ese Pablo olvidado, de quien me enseis la fama, es mi primo hermano segundo, declar el pastor de Arville. Resumamos sus decires: El bisabuelo de Verlaine, despus de haber seguido a los ejrcitos franceses, como jefe de convoy militar, se estableci en Arville, viniendo de Braz, aldea vecina, elegido _franc-fied_ por el abad de San Humberto. Dispensado del diezmo, su funcin consista en asistir de uniforme, y con el sable desenvainado, a las misas solemnes de la abada. De su matrimonio con una Henrion nacieron Miguel y Enrique. Enrique tuvo dos hijas y un hijo, el capitn de ingenieros, padre de Pablo... Esos rsticos entroncamientos demuestran lo justo en Verlaine de sus inquietudes slvicas de corzo, su natural arisco, su estirpe pnica. No pueden ms que interesar vivamente sus despertamientos sentimentales, ms sensuales en l que otra cosa, y los primos deseos en el alma del lrico stiro que naciera tan mal dotado de fsicos atractivos, pudiendo ser su rostro de adolescente, argumento de la teora darwiniana, antes que clasificada de mongoloide su fatigada testa socrtica, por un doctor escandaloso que tuvo, a causa de su seudo-ciencia periodstica, cierta boga hace ya algunos aos. Mas despus habr que considerar cun buena estofa de _pter familias_ haba en quien ha dejado para su hijo--educado lejos de l y a quien nunca pudo ver--en prosa y verso, los consejos ms cristiana y tradicionalmente morales, y patriticos adems, a despecho de todas las demoledoras modas. Verlaine, aparte de su genio y de sus cadas, daosas tan slo para s mismo, fu en el fondo, y quiz siempre, eso que para algunos todava es de valor: hombre honrado. Jams se ha visto furia dolorosa igual a la de ese desdichado por la prdida de su hogar, por la separacin de su mujer, quien, en verdad no le mereca tanta llama inadecuada. Con una mujer paciente, dulce, una familia constituda, y la vida asegurada en su papel de funcionario, habrase destrudo en l, sin duda, el veneno de las fatales amistades, y, excelente ciudadano, rodeado de hijos, tuviera un fin apacible en la honestidad de su retiro. Claro es que el arte humano habra perdido tanto sollozo incomparable y la catlica poesa tanto gemido mstico y tanta oracin temblorosa de viva fe, de piedad infinita. * * * * * Lo nico en que Lepelletier deja sospechar la influencia sectaria, en su manera de exponer el alma de su glorioso y desolado amigo, es en no ver en Verlaine convertido un poeta ms lleno de la gracia suprema que de propsitos ms o menos literarios; y el querer disimular la ferviente sinceridad de las Confesiones en lo relativo al holocausto de aquella pobre nima, anmula abatida, en honor de Dios y arrepentimiento de sus incontenibles yerros. Nada tienen que ver el Jesucristo y la Virgen verlainianos, que no son otros que los de los nios de primera comunin y los del creer del carbonero, con los Odin y Teutates parnasianos, y toda la vdica teogona y toda la soberbia y logoltica erudicin de la poesa de Leconte de Lisle. El catecismo, s, era su libro. Y hay en l tambin algo franciscano. Entre sus ramos de claveles, rosas, hojas de via, y tal o cual orqudea, respiris perfumes de _fioretti_. Ah, la leyenda verlainiana y la realidad de las cosas! Yo quisiera que todos aquellos cerrados criterios, que todas aquellas mal informadas personas para quienes el nombre del _pauvre Llian_ es una diccin sospechosa, leyeran, apartando por un instante las vulgares y repetidas informaciones caras a los cronistas ligeros y desvergonzados escribas, leyeran y meditaran con calma los conceptos de este volumen fidedigno. Hace no mucho tiempo se public en Francia--Francia tiene estos arranques generosos--una rehabilitacin tambin muy documentada de la vida de Poe, otro tan mordido y enlodado desde los das del odioso Grissmold. Tales obras honran a los que las emprenden y consuelan a los que no aspiran a ver en el mundo tan solamente el lado oscuro o rojo de la Perversidad. Coincide con la publicacin del libro de Lepelletier la de una obra pstuma y antigua, paralela a _Sagesse: Voyage en France par un Franais_. Se ha dicho con sobra de superficialidad que dicho _bouquin_ no agrega nada a la personalidad intelectual del autor. Quizs. Mas hay una cosa cierta, y es que, dichosamente, ella ayuda a conocer el oro cordial del hombre. Del buen hombre por siempre nio. A propsito de Chantecler LOS ANIMALES EN EL TEATRO CLSICO ESPAOL Con motivo del famoso gallo, _Le Temps_, de Pars, habl recientemente de una obra estrenada en Madrid hace algn tiempo, y en la cual los personajes son animales. Se refiere a _El caballero Lobo_, del Sr. Linares Rivas, notable ingenio de esta Corte que tom la antera a M. Rostand, aos despus, sin embargo, de anunciada la pieza francesa tan cacareada. Los trabajos teatrales en que aparecen animales en la escena, tienen antecesores en el teatro clsico castellano, si no en el francs, puesto que el curioso autor de las _36 Situations dramatiques_ puede escribir hoy: Allons, il ne me vint pas une mauvaise ide lorsqu'en 1900 j'ouvris la carrire dramatique aux personnages du vieux Roman du Renart. Depuis mille ans, mil n'y songeait. Quelle cohue aujourd'hui!... En efecto, M. George Polti hizo aparecer en el _Mercure du France_ de 15 de agosto de 1905 una obra titulada _Compre le Renard_, acompaada de una carta al director del _Mercure_ M. Vallette, en la que deca entre otras cosas: Los diarios anuncian que M. Edmond Rostand va a poner en escena Chantecler el gallo y otros animales del _Roman du Renart_. Alaban con emulacin su idea original, que ser, segn anuncian, el punto de mira de la curiosidad parisiense este invierno. Esto me decide a publicar _Compre le Renard_, escrito por m desde 1909, poca en que lo le a algunos amigos, como pueden atestiguarlo desde luego, M. Louis Wber, caballero de la Legin de Honor, redactor de la _Revue Philosophique_, de la _Revue Mtaphysique_ y del mismo _Mercure_, M. Henri Lasvingnes, el traductor de Stirner, y un hermano Julien Polti, miembro del Jurado de la Socit Nationale des Beaux Arts. Despus de la lectura de mi pieza--en la cual figuran, como pueden verse, junto a Goupil, Chantecler el gallo, el perro, Morhou, Noble el len, Insengrin el lobo, Beaucent el jabal, Bellyn el carnero, etc., he enviado copias al Oden al Gran Guignol, al Thtre Antoine, a Cluny, al Chatelet, como pueden demostrarlo, a ms de los registros de esos teatros, las cartas que me han dirigido rehusando en la forma ordinaria y despus de lectura, supongo. Monsieur Polti, quera, pues, dejar establecida su prioridad. l se haba decidido a escribir una comedia de animales, basada en el viejo _Roman du Renard_, inducido, segn cuenta en otra parte, por el teatro de Gozzi. Y va un antecesor. El autor del _Compre le Renard_, cuya erudicin en asuntos de teatro es conocidsima, pens seguramente tambin en Aristfanes, y en la comedia china _Tao-sse_, _Las transmigraciones de Yo-Thou_ adaptada del chino al francs, por M. Len Charpentier. En esta pieza figuran y hablan diablos con cabeza de buey, de mono, de ratn, de pato; un ternero y el mismo Yo-Thou en forma de burro. Y otro antecesor. Mas en el teatro espaol, que M. Polti ha demostrado conocer en ocasiones, hubiera podido recordar los ejemplos que sealar luego. * * * * * Si no en la escena hablan ya muy donosamente las bestias en el libro de _Calila e Dimna_, cuyos orgenes orientales con tanta documentacin ha explicado en un sabio estudio el famoso don Pascual de Gayangos. _Calila e Dimna_ no es otra cosa que las fbulas de Pilpay, el poeta de la India. Pilpay o Bidpay y Esopo, son los primeros que ponen talento y discurso a la humana, en los animales. Cierto es que ambas cosas posee en la narracin bblica la Serpiente del Paraso, y despus la pollina de Balaam; y que Jpiter, bajo aspectos de irracionales, hizo muchas de sus mitolgicas hazaas. En las fabulaciones y poemas orientales los animales suelen hablar como personas, como se puede ver en los mismos cuentos de las _Mil y una noches_, los cuales se asemejan a los aplogos de _Calila e Dimna_, en la manera de trabar el final de un sucedido con el comienzo de otro. Despus del libro de _Calila e Dimna_, del Arcipreste de Hita y de algunos otros pocos escritores se encuentra algo notable respecto a la inteligencia de los animales en la _Antoniana Margarita_, del filsofo Gmez Pereira, de quien se ha desmostrado tomara Descartes algunas ideas y hasta el famoso _Pienso, luego soy_. Respecto al alma de los animales, para defender a Descartes de plagio, escriba en su tiempo Bailler, su bigrafo: Muchos han credo que Descartes haba tomado del libro de Gmez Pereira la famosa opinin del alma de las bestias. Mas hay una gran razn para dudar que Descartes haya jams odo hablar de este Pereira; que su obra (hoy muy rara), haya ido a parar a manos de un hombre tan poco curioso de libros y de leer como nuestro filsofo. Esto quita toda duda en el asunto, pues Descartes no vi el libro de Pereira hasta un ao despus de la publicacin de sus _Meditaciones Metafsicas_. Sin embargo, otros autores continuaron sosteniendo ser Pereira el primero que afirmara la idea cartesiana de que las bestias no son otra cosa que mquinas vivientes. Raimundo Lulio haba dicho a su manera: _De la sensitiva_: La sensitiva es, la potencia con la cual el animal siente lo sensible; es a saber: lo sensible, oble, etc.; y tiene esencial y natural bondad, grandeza, etc.; y tiene seis sentidos particulares: la vista, odo, gusto, tacto, olfato y habla, en los cuales est diversificada. Es cierto que l abarca asimismo al hombre o como grficamente le designa, animal hombrificante. A propsito de la sensitiva, doa Olivo Sabuco de Nantes, ilustre virago, que saba mucho para su tiempo, entre las muchas cosas que dice de los animales inteligentes, manifiesta en uno de sus dilogos: ... Pues quiero contar de otros animales, para que veis cunto obran los afectos de la sensitiva para vivir o morir. Plinio dice que un pescado langosta teme tanto al pulpo, que en vindose cerca de l muere. Y si el congrio ve cerca de s la langosta, hace lo mismo. Y cuenta el mismo Plinio del delfn que es muy amigo de la conversacin del hombre, y que uno de ellos tom amistad y conversacin con un nio que viva cerca de un lugar martimo, de manera que muchas veces llegaba el nio a la ribera del mar y lo llamaba por este nombre, Simn, y luego vena, y el nio le daba pedazos de pan y otras muchas cosas; el delfn se pona de manera que el nio suba encima, y lo llevaba y paseaba por la mar, y lo volva a tierra. Continuando, pues, esta conversacin y amistad, dile una enfermedad al nio, de que muri. El delfn, viniendo un da y otro al puesto donde ejercitaba su amistad, como no acuda el nio, siempre lo vean en aquel lugar, gimiendo en semejanza de lloro, hasta tanto que all mismo lo hallaron muerto. Cuenta tambin Eliano... Y as prosigue la sabia narrando sucedidos de animales, a punto de que se advierte lo fcil de encontrar argumentos a lo _Chantecler_ sin necesidad de meditaciones en un corral de Cambo. Todo autorizado por Eliano, o por ese delicioso gran embustero de Plinio, que habra hecho el encanto del Ursus de Vctor Hugo. Hay que recordar asimismo al clebre doctor Juan Huarte de San Juan en su _Examen de ingenios_, en el captulo Donde se prueba que del alma vegetativa, sensitiva y racional son sabias, sin ser enseadas de nadie, teniendo el temperamento conveniente que piden sus obras. All, con apoyos de Hipcrates, de Platn, de Galeno, se anticipa a los Maeterlink, Heara, Gourmont y dems contemporneos que se han ocupado en bestias y bestezuelas. Mas, pasemos a lo concreto de este artculo, que son los animales en el teatro. * * * * * Cervantes, por su alto nombre, podra pedir primaca diciendo que sus perros dialogan como gentes; y que Cipin y Berganza, acortando los parlamentos, y presentados en coloquio a la manera, como se hacen las cosas en la Porte-Saint-Martin, seran tan aceptables como el can que hace Jean Coquelin, si no ms discretos e ingeniosos, y en una prosa que bien vale los alejandrinos rostanescos. Es el caso que hablan los perros. Y como dice el final: El acabar el coloquio al licenciado, y el despertar el alfrez, fu todo a un tiempo, y el licenciado dijo: Aunque este coloquio sea fingido, y nunca haya pasado, parceme que est tan bien compuesto que puede el seor alfrez pasar adelante con el segundo. Con este parecer, respondi el alfrez, me animar y dispondr a escribirle, sin ponerme ms en disputas con vuesa merced, si hablaron los perros, o no. A lo que dijo el licenciado: seor alfrez, no volvamos ms a esa disputa; yo alcanzo el artificio del coloquio y la invencin, y basta: vmonos al Espoln a recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento. Vamos en buen hora, dijo el alfrez, y con esto se fueron. Mas el gran Caldern aparece con piezas representables que con la _mise en scne_ actual seran de gran efecto. No solamente pone en las tablas monstruos mitolgicos como sirenas, stiros, etc., sino que, cual en el _Chantecler_, animales. Las memorias de las apariencias, acotaciones o indicaciones escnicas, tan profusas que ni D'Annunzio mismo las pone ahora, son verdaderamente notables. Para la loa que abre la comedia _Fieras afemna amor_, y en la que los _dramatis personae_ son el guila, el fnix, el pavn, o pavo real, los doce signos, los doce meses, y msicos, explica el autor, en una acotacin cmo se represent. Calclese lo que se hizo con los recursos escnicos de entonces y lo que se hara ahora. Fundse el prtico del teatro de orden compuesta, entre cuatro columnas de bien imitada piedra lzuli, cuyas caas estaban adornadas a trechos de resaltados bollos de oro, y en su correspondencia dorados sus capiteles y sus basas, con que siguiendo el orden, corra la cornisa enriquecida a partes de los mismos bollos, mascarones y cornucopias. En ellas descansaban unas volutas, de quien pendan varios festones, que dando vuelta a los modillones, reciban el cerramiento del frontis, de quien era clave una medalla de relieve, guarnecida de hojas de laurel, con cuatro mascarones y otros adornos que la dividan en igual compartimiento. Dentro della estaba un caballo, cuya velocidad enfrenaba galn joven, no sin algunas seas de Mercurio, dios del ingenio, as en el caduceo, como en las plumas del capacete y los talares: geroglfico del que osadamente vano intenta sofrenar al vulgo. A los lados del prtico, entre coluna y coluna, estaban en sus nichos dos estatuas, al parecer de bronce, que haciendo viso al hroe de la fbula, halagando una a un len y otra a un tigre, significaban el valor y la osada. Todo este frontispicio cerraba una cortina, en cuyo primer trmino, robustamente airoso, se vea Hrcules, la clava en la mano, la piel al hombro, y a las plantas monstruosas fieras, como despojos de sus ya vencidas luchas; pero no tan vencidas que no volase sobre l en el segundo trmino Cupido flechando el dardo, que en el asunto de la fiesta haba de ser desdoro de sus triunfos. Bien desde luego lo explicaba la inscripcin, cuando en rotulados rasgos que partan entre los dos el aire, deca a un lado el castellano mote: _Fieras afemna amor_, y al otro el latino _Omnia Vincit amor_. Lo dems del campo que restaba a la cortina ocupaban pendientes festones de trofeos de guerra, que enlazados los unos de otros orlaban todo el lienzo, sin perdonar pequeo espacio, que no llenase de hermosa variedad la arquitectura en sus diseos y la pintura en sus dibujos. En habiendo logrado la vista por breve rato ambos primores, empez a lograr los suyos el odo, primero en sonoras chirimas, y despus en templados instrumentos, a cuyo comps, desde lo ms alto del frontis, por detrs de la medalla empez a descubrirse, hecha un ascua de oro, un guila condal con imperial corona, sobre cuyas batidas alas vena una ninfa, que rompiendo la cortina, sin romperla, di principio a la loa, como en voz de _El guila_ (cantando). Ya veremos en otro artculo cmo cantan y hablan las aves y dems animales parlantes de Caldern, tres siglos antes que los de Rostand. La Francia de hoy. Juan Jacobo Rousseau ha dicho en alguna parte: Prefiero ser el hombre de las paradojas que el hombre de los prejuicios. Tiene razn. El prejuicio, en efecto, es una opinin recibida sin examen y participada por el mayor nmero. No tiene efecto sobre los espritus por su grado de verdad, sino por la satisfaccin que da a la pereza. Atrofia y paraliza la actividad de la inteligencia, hacindola incapaz de distinguir lo verdadero y lo falso. El prejuicio es as una idea muerta que es necesario arrancar. En el hermoso libro que acaba de publicar monsieur Barrett-Wendell, destruye prejuicios, pero cuida de no expresar ninguna paradoja. Se puede decir que es un libro vivido, en el cual las afirmaciones se apoyan constantemente sobre hechos observados o verificados directamente, prudentemente e inteligentemente, en el cual la preocupacin de la verdad no ahoga la simpata y la admiracin del escritor para los hombres y las cosas: en el cual, en una palabra, se reunen en grado supremo, y en la ms bella armona, los mritos de la razn que examina y juzga, y del corazn que siente y ama. l constituye uno de los ms admirables testimonios que jams haya habido en honor de Francia; y al leerlo, los franceses se emocionan orgullosamente. Conozco, por mi parte, quienes exclaman, poco ms o menos, como Scrates hablando sobre Platn, su discpulo: Cuntas cualidades este hombre nos encuentra, en las cuales nosotros no habamos pensado! Monsieur Barrett-Wendell estudia sucesivamente las universidades, la estructura de la sociedad, la familia, el carcter francs, las relaciones entre la Literatura y la vida, la cuestin religiosa, la revolucin y sus efectos, la Repblica y la Democracia. Cualquiera que sea el orden adoptado por el autor, cada captulo es un estudio muy compacto, muy interesante y que contiene para los extranjeros las enseanzas del ms alto precio. De la admirable intelectualidad de los franceses, de sus fuertes costumbres dinmicas, de espritu, M. Barrett-Wendell concluye que la ciencia extranjera sera muy vivificada si un mayor nmero de estudiantes viniesen a colocarse bajo la influencia francesa. sta combatira tilmente lo que las otras influencias tienen de excesivo; ella dara a los conocimientos ms riquezas y a las universidades una actividad de mejor ndole, una vida ms fecunda. No me place mucho la divisin que hace M. Barrett-Wendell de la sociedad francesa en tres clases: la nobleza, la burguesa y los artistas. Ella es tal vez cmoda para el estudio, pero temo mucho que no corresponda muy exactamente a la realidad. Que haya, por ejemplo, una especie de barrera entre la aristocracia y la burguesa, convengo en ello, aunque esta barrera se aminore ms cada da; pero no veo que los artistas se distingan de los otros franceses por caracteres fundamentales y permanentes bastante precisos para que constituyan una clase aparte. Y por qu no entonces la clase del clero? Por qu no, sobre todo, la clase del pueblo, que es la gran masa de los franceses? El pueblo, con su robusto buen sentido, su incansable actividad, su espritu de orden y de economa, su apego profundo por lo que es prctico, slido y durable, el verdadero pueblo en la campaa, que no hay que confundir con el obrero de la ciudad, el pueblo que precisamente desconfa de todos los prestigios, de cualquier naturaleza que sean. Pero quiz me equivoco en hacer esas reservas. Monsieur Barrett-Wendell nada, en efecto, ha olvidado; y, si l no da a cada cosa la importancia que encierra, es por un plausible escrpulo de escritor, que no quiere dar su juicio sino con perfecto conocimiento de las causas. Las malas lenguas extranjeras se complacen en esparcir la opinin de que la sociedad francesa est moralmente enferma. Mientras ms veis a los franceses _chez eux_--dice M. Barrett-Wendell--, menos se fija nuestra atencin en ese fenmeno social mrbido. Al contrario, ms y ms os admira no solamente la regularidad general de su existencia, sino aun de ese hecho sorprendente: que esta regularidad general parece tener un punto de apoyo muy slido en sus afecciones. Ha logrado excelentemente analizar en los franceses la simplicidad fcil de maneras, y la extremada franqueza de los hbitos intelectuales; la manera incomparablemente natural y deliciosamente amistosa con que acogen y reciben a sus huspedes; su locuacidad llena de franqueza, pero tambin el instintivo pudor de su espritu; su seriedad profunda, asombrosa, en la conversacin mundana; la ausencia de pedantera, su capacidad de dominarse cuando se trata del deber; su culto del honor, su pasin por la sistematizacin que les conduce a salir de su carcter de discutir asuntos abstractos; su amor por los principios, que ellos cuidan con un celo intransigente e intolerable; y, a pesar del exceso, el refinamiento, las estrecheces de sus virtudes ms poderosas, la fuerza maravillosa con que vanamente se conmueven por los sentimientos humanos, cuando son grandes y profundos. No era bueno igualmente probar y declarar a los extranjeros mal informados, o mal intencionados, que la tan grande audacia de la literatura en Francia, muy lejos de indicar que la inmoralidad sea la regla de la vida francesa, tiende ms a demostrar que no es sino la excepcin, demostrar que el ardor que los franceses ponen en sus discusiones religiosas, proviene no precisamente de su apego ntimo a tal o cual forma de la religin, sino sobre todo de su excesivo apego a las frmulas definidas; que la Francia prospera entre todos los pases, que en ninguna parte se experimenta una impresin ms evidente de bienestar slido y sustancial, que en ninguna parte se ve menos pobreza, menos miseria, que en el resto del mundo entero. No quiero dejar de transcribir integralmente las ltimas lneas del excelente y hermoso libro del escritor norteamericano: A los franceses mismos aparece la repblica menos como un rgimen nacional que como un rgimen de partido. Yo aspiro as como los mejores de entre ellos, a ese tiempo en que no siendo el gobierno de un partido, ser el gobierno nacional; y este tiempo creo que vendr. Pero aun entonces, seremos ms justos con la entera magnificencia del pasado, si saludamos a la Repblica como a la Francia, y no a la Francia como a la Repblica. No es demasiada la palabra mayor para abarcar el alma total de esta nacin. * * * * * El rgimen democrtico actual de Francia tan magistralmente analizado por M. Faguet en su ltimo libro _El culto de la incompetencia_, no es sino demasiado a propsito para hacer creer que la Repblica, la que ha hecho en todas sus partes a la Francia actual, que ha arrojado toda miseria y toda opresin. Este rgimen democrtico parece querer hacer tabla rasa de diez siglos de historia nacional, porque esos diez siglos han visto otros regmenes que el de la soberana popular. Se dira verdaderamente que la Repblica tiene miedo a los muertos. Nada ms curioso, ms sugerente, a este respecto, que las recientes querellas, que nacidas en las escuelas primarias y en los establecimientos de enseanza secundaria, han tenido su fin en la Cmara de Diputados, querellas relativas a los manuales de historia de Francia y de moral. Concludos, desde hoy en adelante para los futuros alumnos franceses, los excelentes libritos en que sus autores haban enseado que Juana de Arco es una santa herona, que Luis XIV es un gran rey, que la monarqua ha hecho bellas cosas, que la Iglesia ha hecho en la Edad Media servicios eminentes, tendrn en cambio otros manuales en los que el espritu democrtico habr reducido a su talla todo lo que fu potente y noble, y no se deber considerar a los reyes sino como dspotas corrompidos, y a los sacerdotes como siniestros sectarios. Conocis la leyenda de aquel tirano griego que extenda a los viajeros sobre un lecho, cortaba los pies a los que sobrepasaban y estiraba los de los que no llegaban a la extremidad. El espritu democrtico no estira: por poco, cortara los pies como la Revolucin cortaba las cabezas. Esta poltica de nivelacin sistemtica, ejercindose por todas partes, en el pasado lo mismo que en el presente, inspirando todo, dominndolo todo, atrofiando los hombres y las cosas, las ideas y las empresas, tal es, a mi entender, el mal verdadero de que sufre la Francia actual. Contado tengo yo tambin cmo el norteamericano francfilo firmemente confa en el porvenir de este bello pas. Primero, porque el buen sentido, que siempre ha sido tan francs, concluye tambin por triunfar, y luego, los franceses individualmente son sanos, razonables e inteligentes, y con poco ms pueden serlo colectivamente. Bostock. Ha vuelto Bostock a Pars, no ya al enorme _Hippodrome_, sino all lejos, por el Jardn de Plantas. Gran beluario, soberbio domador, de los primeros del mundo. Bostock no gusta verter la sangre de las fieras como su coterrneo Roosevelt, antes bien, las cuida, las ama y las domina sin crueldad. As logra penetrar en el alma extraa y misteriosa de esos nuestros hermanos inferiores. Este norteamericano, fuerte y sereno, est tan lejos de Nemrod como cerca de San Francisco de Ass. Tras su cara de emperador Guillermo se oculta un espritu dulce para las bestias. Como el buen hombre de las _Mil y una noches_, que apale cuerdamente a su mujer, sabe tanto del idioma de los animales como no lo sospecha M. Rostand. Bien ha dicho la neoyorquina Ellen Velvin al escribir sobre Bostock, a quien frecuentara, que no not nunca en l el menor acto de crueldad. Ni en los empleados de su circo. Todos los domadores, todos los guardianes, estaban orgullosos de sus animales y tuve mil pruebas de su bondad y de sus cuidados para con sus discpulos. Los animales enfermos eran muy bien tratados. En el caso, entre otros, en que un leoncillo se enferm de convulsiones, not que muchos guardianes tenan las lgrimas en los ojos cuando la pobre bestia se crispaba torturada por el dolor. Dudis de esto? Es que no habis visto como yo las aflicciones de mi querido Frank Brown en Buenos Aires por las palpitaciones de corazn que le daban a un perrillo al cual haba enseado el _gentleman-clown_ a voltear para atrs. Ms que los poetas que pintan a los brutos con los peores defectos de los hombres, deberan esos hombres de los circos ser nombrados socios honorarios de las Sociedades protectoras de los animales. Bostock ha contado su vida. De nio jug con leones, pues sus antecesores fueron tambin maestros de fieras. La frecuencia del animal aguz su inteligencia para comprender y hacerse comprender de esos compaeros. Aprendi, segn su decir, que la personalidad de ellos es tan netamente manifiesta como la nuestra, y que ciertos rasgos caractersticos suyos pueden ser fcilmente comparados con los de la especie humana. He conocido muchos leones y tigres tan malos y tan indignos de confianza como ciertos humanos. He encontrado mil otros que hubiesen desdeado aprovecharse de una ventaja deslealmente obtenida. He hallado que la mayor parte de ellos son honrados, amables y sinceramente afectuosos. De todos modos es muy posible que entre todos los lobos no se encuentre uno solo que sea el hombre de ellos y que haga escribir un apotegma a algn Hobbes aullante. Se precisa tener un fondo puro para, como en el caso de Bostock, llegar a ser comprendido y apreciado por las criaturas que no hablan a la humana. A menos de no ser el nio hind, de Kipling, se necesita para comunicar con ellos paciencia y constancia, y aprender a no mortificar sus espritus lentos y rebeldes. Todo esto lo ensea Bostock. A este hombre, que ama con pnica fraternidad a esos seres que tanto en ciertos puntos se nos asemejan, preocup un da la idea de ser un opresor; pens si no hara mal en mantener en jaulas a los nacidos para la libertad de la floresta, del desierto o de la espesura, si no era ese un derecho imprescindible, un derecho que la equidad no permite transgredir. Sufra con la duda. El lo dir de bella manera: Saber si yo tena o no razn de guardarlos prisioneros me atorment por largo tiempo, y estuve profundamente turbado mientras pesaba el pro y el contra de la cuestin. Vi a esos seres indomados en su soledad natal; les vi acurrucarse por la noche en sus retiros ocultos, atisbando una presa; vi las tragedias del matorral; record sus frecuentes estragos contra la vida humana, llevados ya por el hambre, ya por el simple deseo. Sobre su terreno original, remont hasta las fuentes antiguas de los largos anales de esos amigos, encontrados muertos, o moribundos de hambre, de sed, o por una bala tirada por algn cazador apasionado de _sport_ o de lucro. En medio de esas reflexiones pensaba en el elefante, en la cebra, en el caballo, todos libertados del estado salvaje para su bien y el de la Humanidad. Poco a poco llegu a resumir as mi problema: debo devolver a mis pupilos a sus florestas natales y cesar el estmulo de la captura de las fieras? Debo continuar protegindolos y mantenindolos, y de este modo preservndolos a ellos y a sus hermanos ms dbiles de las desgracias ciertas del desierto? A la ltima pregunta el domador se contest afirmativamente. l les daba una felicidad relativa. Los nutra, los cuidaba, les evitaba la probable muerte violenta. No les haca sufrir. Luego, eran tiles, prestaban un servicio a la educacin, a la historia natural, y aun, hubiera podido agregar, al arte. Y Bostock entr plenamente en su heredada carrera. Ante todo, apart de s todo procedimiento cruel. La bondad es el nico azote empleado para hacerse obedecer de las fieras. Sin ella, las fieras no entienden. La fiera ms terrible se dulcifica con la bondad. Hay que inspirar con la bondad confianza. Es probable, dice Bostock, que otras generaciones llevarn ms adelante la doma de las fieras, pero estoy contento con lo que yo he logrado. Comprender y hacerse comprender. Esa es su victoria. Tal, ms o menos, fu lo que desarrollara en las pginas del _McClure's Magazine_, hace ya diez aos, en un estudio que consagr al beluario, y que ste aprovech despus para su libro profesional, el escritor Samuel Hopkins Adams. * * * * * El libro autobiogrfico y tcnico del admirable norteamericano contiene cosas en extremo interesantes. Su padre, hombre religioso, que profesaba el anglicanismo, quiso dedicar a pastor al nio que jugaba con cachorros. Lo fu, pero su rebao ruge, huele a selva y come carne cruda. No obstante, el futuro domador cultiv su espritu. Estudi primero en los Estados Unidos y luego en el Kelvedon College, en el condado ingls de Essex. En una de las visitas que haca en vacaciones a su padre, volvi a ver los trabajos con las fieras en el circo. Y aconteci que un domador, habiendo tratado mal a un len, no pudo seguir en su ejercicio. Y el joven Bostock solicit de la benevolencia paternal ser el reemplazante. Negativa. Pero al da siguiente, mientras Mr. Bostock, padre, recorra el circo, encuentra a su hijo metido en la jaula del fiero len. Hijo mo, le dijo todo asustado; si sales vivo de all te voy a pegar la paliza mayor que puedas recibir en tu vida. Como el muchacho sali triunfante, la amenaza se volvi cario y el cario pas a consentimiento y el domador fu reemplazado por el audaz joven. Yo tena quince aos y me llamaban el nio domador. Comenz as su peligrosa carrera. El no admite nada de vulgar en sus espectculos; se da en cuerpo y alma a sus tareas, siente la fascinacin de su trabajo. Comprende lo que hay en l de fabuloso y de heroico. Sabe que hay que tener juicio fino y presencia de nimo. En Birmingham se le huy un furioso len africano que, perseguido en una alcantarilla, le hizo realizar un trabajo hercleo y habilidoso para capturarlo. Su historia est llena de cosas impresionables. Varias veces ha estado a la muerte, por la garra o por el colmillo. Lleg a maestro. Muchos discpulos suyos son hoy famosos en los modernos fastos circenses. Habla de su arte, o si gustis, de su ciencia, con pasin, pero en l impera siempre la serenidad. Conoce los animales de la historia y la historia de los animales. Proclama la modernidad de su arte, pues ninguna fiera fu industriada por los antiguos, a pesar de ancdotas de eruditos. Tiene a orgullo el descender de Georges Wombwell, que inici de los primeros el _dressage_ tal como hoy se comprende. Antes de que la _menagerie_ del abuelo Wombwell se estableciese en Inglaterra, a comienzos del siglo pasado, se haban amaestrado monos y perros, pero nunca leones y tigres. Por la dulzura de un hombre con dos leoncillos enfermos y la amistad continuada pudo ver el pblico por primera vez juntos al len y al hombre, sin hacerse dao. As se iniciaron las enseanzas de hoy. Un hombre y dos leoncillos, dice Bostock. Eso asombraba hace ms de cien aos. Hoy vemos entrar a un hombre en la arena rodeado de veintisiete leones. Y se va ms adelante: se ha ido poco a poco. Recuerda a Ellen Bright famosa, que muri por imprudente desgarrada por un tigre; a Herman Weedon, que ha realizado grandes progresos, y a otros tantos, entre los cuales el soberbio capitn Bonavita, Daniel, con ltigo y botas. Y la Morelli, circundada de panteras, jaguares y leopardos, todos menos nobles que el real len; la Aurora, de humilde aire efbico, haciendo evolucionar sus osos blancos; Miller, con sus enormes tigres bengaleses; la Pianka, Weedon y el valerossimo Richard de Kenso. Y luego los secretos para lograr el xito en la enseanza de los terribles alumnos. A ms de la paciencia y la constancia, saber penetrar en la psicologa zoolgica. Estudiar los temperamentos y las idiosincrasias y velar por el aseo, la buena nutricin y el ejercicio, pues la pereza hace tan malas a las fieras como a los hombres. Sabed que los leones son enfermizos; que cuando examinan una cosa y no la comprenden, se agitan y rugen; que son delicados como los nios; que una leona preada es tan nerviosa como una mujer en estado interesante, y que por causa de sus nervios es difcil que sea una buena madre, llegando hasta devorar sus hijos: sabed que hay a veces entre las fieras traiciones y perversos sentimientos. Luchan entre ellos, se muerden, se dan zarpazos. Cunta atencin, pues, habilidad y firmeza para adiestrarlos, para relacionarse con ellos! Los que creen en que se les da opio, bromuro u otras pcimas no saben que eso no puede ser. Pues afirma Bostock, dar drogas a las fieras podra ocasionar prdidas serias, sin contar con que el efecto final de las drogas disminuira sensiblemente el valor comercial de los animales. Igualmente, el buen domador no usa jams de crueldad. No se deteriora una bestia que vale tanto, primeramente. Y luego, el mal trato hace mala a la fiera. Hay que escoger los alimentos. El nico medio de mantener las fieras en buen estado y sin mal olor, es darle carne fresca y de buena calidad. El carnero o el buey recin estazado y a veces una cabeza de cordero, que les gusta mucho, es el alimento que conviene ms a los leones y a los tigres. Y hay otros cuantos detalles sobre la comida de esos bien nutridos y considerados prisioneros, como el darles un hueso con cada trozo de carne y el hacerles ayunar un da a la semana. Si hay desgano, pues un aperitivo. Mas no creis que se les emponzoa con bters, gencianas, ajenjos o vermutes, sino que se les da un pedazo de hgado; o bien un conejo, un pollo o un pichn. Al oso, poca carne cruda; se le da cocida, y pescado y pan con leche. Y si el oso es polar, sabed que ese _gourmet_ se chupa labios y patas si le brindis un buen plato de aceite de pescado. Esto es algo que vale la pena de ser visto, afirma el buen Bostock. Las grandes serpientes son difciles de alimentar y hay que emplear con ellas a veces la fuerza. Cuando un elefante est resfriado, hay que regalarle con whisky y cebollas calientes, pues parece no solamente aceptarlas, sino querer ms. Pero esa pagoda viviente es por lo general muy sana, como no se cuele una pneumona. Duermen sobre el lado izquierdo, replegada la trompa hacen a intervalos regulares un ruido singular, semejante al de una caldera que deja escapar vapor. No tienen el sueo profundo. No prestan mucha atencin a su guardin que les hace ronda toda la noche; pero si algo de inslito se produce, el silbido de su respiracin se para: dos lucecitas rojas aparecen en la cabeza de cada elefante; y todos se despiertan y se ponen en guardia. A la primera seal de peligro trompetean sonoramente y lanzan la alarma cuando ningn otro sr vivo, salvo ellos, sospecha nada de anormal. Aqu s que el viga est en la torre. * * * * * Bostock ensea las caractersticas de cada animal. Los leones no tienen afecto; se acostumbran a su domador y lo toleran; pero su obediencia y su docilidad son debidas en parte, sino enteramente, a su ignorancia y a su terror por todo lo que no comprenden. Es lo que a los humanos aconteci con los elementos y con las potencias desconocidas que causaron la idea de los dioses. Mas en el animal hay tambin misterio, y hay que recordar la opinin de los que juzgan que la inteligencia de ellos no difiere de la de los hombres sino por la calidad. Buffon nos ha enseado su abecedario; Welss nos ha iniciado en su teologa... Bostock nos dice: No es el ojo--aunque en l se contengan resolucin, prudencia y paciencia--, es el espritu el que domina a un tiempo mismo una veintena y aun mayor nmero de animales. Y es que en este norteamericano que contiene a Sansn y a Androcles, se encierra un buen lastre de la mejor filosofa. Pars y Eduardo VII. Pars lamenta la desaparicin de su rey Eduardo, de su antiguo prncipe de Gales. La Prensa, que siempre tiene sus desentonos, ha estado ahora unnime al hacer el elogio del difunto monarca de Inglaterra. No pas as con Leopoldo de Blgica, que tambin crea haber ganado su ciudadana parisiense. Es verdad que haba su diferencia entre el rey gentlemen y el rey bolsista y negociante. Hasta en la misma vida galante hay una y otra _manire_. Adems, el britano procur siempre hacerse simptico a Lutecia. Y una de sus frases ntimas, es la que dijo el alcalde de Biarritz: Dicen que todo hombre tiene dos patrias: la suya y la Francia. Es posible. Lo que s es seguro es que todo hombre tiene dos placeres: primero vivir en su patria y luego vivir en Francia. As, Pars ha sentido tanto como Londres la muerte del soberano; el prncipe no podra nunca olvidar y dejar de ver con cario al pas que le fuera tan grato: a la ciudad de sus expansiones juveniles y en donde su elegancia y su gentileza tuvieron ms influjo que Su Majestad. As, de Pars, l gustaba sobre todo, y como hombre de fino gusto, de los parisienses. El normando, como deca Paul Adam, se complaca con la vivacidad y la alegra de las lutecianas. Como despus, y ya un poco tarde, su sobrino de Alemania; apreciaba la gracia singular de una Jeanne Gravier, y el sutil talento de una Rjane. Cmicas y cmicos de renombre conservaron regalos suyos. El broche de Rjane y el bastn de M. Fbre son famosos entre bastidores. Su persona era familiar a los habitantes de Pars. Ahora mismo, dice un parisiense, nos parece a todos que sobre el andn de una de nuestras estaciones, o sobre la acera de una de nuestras avenidas, vamos a ver aparecer esa curiosa fisonoma, la ms curiosa tal vez que hayan producido las lneas soberanas: ese paso que era sonoro, pero que no hizo nunca temblar el suelo; esa oreja que era pequea, pero anchamente abierta a los mil ruidos de los cuatro puntos del globo; ese ojo azul, muy dulce y sonriente, que bajo la pestaa perspicaz pareca detenerse siempre sobre los objetos ms inmediatamente cercanos, pero que en el fondo buscaba, sobre todo, mirar lejos, ms all del horizonte visible; ese cuerpo que pareca tener la robustez de un gigante y que no haba dejado la gracilidad de un nio; esa mano que pareca tener la fuerza de deshacerlo todo y que se contentaba con tener la fuerza de estrechar; esa sonrisa, muy bondadosa y muy indulgente, que los labios dejaban pasar, plegndose con un poco de amargura... El retrato es justo, bien hecho y demuestra el cario. El pesar parisiense no es ficticio. En los balcones de algunas calles se ven banderas de duelo, como en Londres. Y la rue de la Paix tiene crespones y cintas negras por el rey de las elegancias masculinas y el estimulador de las elegancias femeninas. Es para l, dice alguien, que nosotros hubiramos querido inventar la tradicional expresin: Su graciosa majestad. Se habla de su afabilidad, que no menoscab nunca su real distincin. El prncipe anecdtico interesa ms a Pars que el rey poltico. rbitro de la _tnue_, se enumeran sus prendas indumentarias, sus sastres, sus proveedores. Se le celebra como _gourmet_, como _sportsman_, como _gentleman_ generoso. Un escritor que recordara sus antiguas horas alegres, no deja de apoyar que a los que le han conocido cuando era prncipe de Gales haca pensar en el nombre de otro prncipe de su pas, el famoso Enrique IV de Shakespeare, compaero de Falstaff, y que la juventud de Eduardo, como la de Enrique, estaba tan consagrada a los placeres, que, as como con Enrique, se dudaba mucho que llegase a revestir la majestad real, pero que tanto para uno como para otro los temores fueron injustificados, y ambos, una vez soberanos, se pusieron a reinar como si no hubiesen hecho otra cosa durante toda su vida. Los que recuerden las escenas finales de la pieza shakespeareana tendrn presente cmo a Falstaff le da una enrgica leccin Enrique IV. Y se cuenta que, con gentileza de forma y gentileza de potentado, di otra leccin Eduardo VII a una actriz francesa que, estando en Londres, no supo comprender en cierta ocasin que el prncipe de Gales haba desaparecido ante el rey de la Gran Bretaa, y emperador de la India. * * * * * En una casa parisiense admiro la iconografa casi completa del lamentado soberano. Dibujo que representa al nio recin nacido, cuya masculinidad alegr al viejo Wellington. --Un barn!--exclam ste,--Un prncipe!--respondi escamada la nodriza mster Broug. El pequeo duque de Cornouailles, con su cofia fina, beb, _beb jumeau_, en compaa de la princesita Victoria. El nio, ms crecido, trajeado de claro, con sus anchos pantalones y su blusita ceida con cordn a borlas; de la mano de su madre, que tiene tan lindos brazos y tan lindo escote, a ambos lados del rostro blanco y bello, los cabellos lisos y oscuros que caen hasta los hombros. La litografa en que est con las princesas nias Alicia y Victoria--y una mueca--; y otra en que se ejercita en el _rowing_ en el lago del castillo de Windsor, ante el prncipe Alberto, de su madre y hermanitos. Un marinerito de _keepsake_, cabellera rizada, bello como un amor; luego, jugando con otros nios, en el parque del castillo, mientras sus padres estn en una ventana. Luego otro retrato infantil en un paisaje de Escocia y otro con toda la familia real, en un saln palaciego. Ha crecido algo ms, y hele aqu en unin del duque de Coburgo. Tiene ya ocho aos; viste el traje escocs que le deja las rodillas desnudas. Despus, del brazo con su hermana Victoria, como jugando a marido y mujer, l con el casaqun desabotonado de cintura abajo, la gorra de visera acharolada, ella con la falda acampanada y a vuelos, y el sombrero de alas anchas algo echado atrs. Ya veremos cuando le apunta el bozo al prncipe de levita, capa y la especial gorra universitaria, no sin antes admirarle adolescente en un dibujo de Richmond. As cuando la boda de la princesa real, en el 58, entre los generales y los lores, los prncipes y las princesas. Un retrato le representa con el uniforme de los guardias. Y luego, ya la barba aparecida, est inclinado, de rodillas, bajo la capa de la ceremonia de caballero de San Patricio. Y la duea de casa me le hace ver en otros cuadros, planchas y grabados ms, que sirviera para documentar grficamente un libro sobre el monarca ntimo. Ya est en la India, cuando su clebre viaje, en la caza del tigre, sobre el lomo de un elefante, en una escena de _tour de monde_, ya acogiendo afectuoso a los tributarios maradjahs; y prosiguiendo su jira de _conmisvoyageur_ de lealismo, martillando el ltimo remache en el puente Victoria sobre el San Lorenzo canadiense. Un grupo del ao 62. Las damas visten unos trajes que hoy parecen imposibles. La crinolina forma su embudo; los tocados son sencillos; la moda poco exigente. Del lado de los hombres el futuro rbitro de las elegancias no se distingue mayormente; en cambio, en la cabeza del duque de Edimburgo est pintado un sombrero de copa claro que ha de renovarse de manera triunfante, ms tarde, en la cabeza del prncipe de Gales. De ese mismo ao hay un retrato del prncipe imberbe, sentado cerca de un jarrn, con un junco en la mano. Ya se nota la preocupacin del vestir bien; son los comienzos del _arbiter_. Un ao despus se inician unas vagas patillas; as est, con su uniforme de brandeburgos y su gorra de pelo con plumero blanco. Es el tiempo del enamoramiento y del matrimonio. La bella princesa de Dinamarca en la corte viste a la sazn como una dama de Winterhalter. Hay un grabado del da mismo del matrimonio, en que la reina Victoria y los recin casados parecen, junto a un busto del prncipe Alberto, unos buenos burgueses de Francia. En un retrato de 1873, en compaa de su hermana Alicia, el prncipe est ya barbado. Viste de americana, no por cierto famosa, y tiene en la diestra el cigarrillo, que ha de ser sustitudo despus por los clebres habanos a diez francos cada uno. Por el mismo tiempo est retratado en Balmoral con la real familia; y no tiene, a la verdad, del ingls convencional ms que el traje a grandes cuadros y la gorrita escocesa. En esa poca le pint Angeli, de uniforme y con aire marcial. Hay una figura del 76; est hermoso y grave. Y la serie iconogrfica contina: con su bulldog favorito; llevando de las riendas a _Pergiminon_ el da de la victoria en el gran Derby de Epsom, entre las explosiones de entusiasmo de miles de _sportsmen_; en un concurso de _tennis_ en Homberg; de chaquet, en Marborough-House; con gabn, saliendo de la capilla; de zapatos ferrados y polainas en sus caceras de ciervos de Balmoral; de gran uniforme, junto con su hermano el duque de Connaught, entre la muchedumbre, en el _pesage_; de hongo, en un box, en una venta de caballos; con collar y mandil, como gran dignatario masn, y con el traje de gran maestre de San Juan de Jerusaln. Aqu lleva de la mano a la reina en la ceremonia de la apertura del Parlamento, pendiente de sus hombros el gran manto real, cuya cola sostienen pajes arcaicos. O est sentado en el trono, rodeado de tnicas, espadas, varas y pelucas; o en el instante de firmar el juramento que afirma la seguridad de la iglesia escocesa; o presidiendo, entre muchas calvas y pocos toisones, un consejo de gabinete; o junto a su mesa de labor, con el habano encendido; en carruaje de gala, en automvil, a pie, prncipe, monarca, turista, bulevardero, en apoteosis y en caricatura, as conoce Pars, tanto como Londres, la figura indiscutiblemente simptica de quien fu llamado el rey de los _gentlemen_ y el _gentlemen_ de los reyes. * * * * * Aun no se han verificado los funerales y ya la municipalidad parisiense resolvi dar su nombre a una calle, y como la calle elegida no correspondiese a la magnitud de la intencin, los vecinos de la calle Royal han pedido que sea esa la favorecida con el nombre de Eduardo VII. Ello estar bien, por ser _royale_ y por ser de elegancias y lujos. Los risueos agregan que en ella est el establecimiento de Maxim's. Un parisiense de distincin, que fu amigo ntimo del rey Eduardo, contaba das pasados que muchas de las leyendas que circulan no estn completamente conformes con la verdad. Y hace un buen croquis del egregio difunto. No era ni familiar ni estirado. Tena para todos una palabra precisa, una frase que no se poda olvidar; y, dgase lo que se diga, del rey de Inglaterra qued siempre la verdadera; era el prncipe de Gales: un gran seor sin finchamientos, sin fanfarronera, pero tambin sin ninguna condescendencia con los importunos y con los aduladores. Permita gustoso que, a pesar del protocolo, se le dirigiese la palabra sin ser interrogado su interlocutor; pero si se trataba de una adulacin, de una _flagornerie_, cortaba la conversacin con una impertinencia altiva. Y estas palabras significativas: Tena igual medida en sus afectos deportivos que en sus afectos artsticos, que en su gusto por los placeres, que tanto le fu reprochado; y que no eran en l ms que la expansin generosa, ardiente, comprimida por la flema britnica y la nocin exacta de su grandeza. As habla alguien, que como he dicho, fu su amigo ntimo y su antiguo compaero de vida parisiense. As habra hablado Gallifet, si hubiera vivido hasta ahora. Sayn su mulo y otros que ya no existen. Le lloran otros amigos, entre ellos el pintor Detaille, que deja a medio concluir su ltimo retrato. Y las ancdotas abundan, todas, s algunas picantes, cariosas. Ninguna ms grfica, aunque seguramente falsa, a pesar de ser _ben trovata_, que sta de que he hablado en otra ocasin. En la funcin de gala que se di en la Comedie Franaise en honor del nuevo Rey de Inglaterra, se encontraban en el palco presidencial el rey Eduardo y M. Loubet. La bella Otero, que haba logrado un asiento de platea, gracias a un amigo senador, pues la fiesta era de invitacin, fu con buenas maneras instada por la polica para dejar su _fauteuil_. Como se oyese un vago rumor--qu pasa?--dijo el presidente.--Y al explicrsele lo acontecido, al mismo tiempo que el honesto Loubet preguntaba:--_Qui est cette demoiselle?_ el antiguo prncipe de Gales exclamaba por lo bajo:--_Pauvre Caroline!_ Estas son las sonrisas de Pars. Un libro sobre Chile. _Chile en 1908_, por Eduardo Poirier, es un libro recin aparecido, lleno de datos y de juicios, que llamar la atencin sobre ese pas importante. El efecto ser naturalmente mayor si a la edicin castellana se uniesen otras inglesa y francesa que, segn tengo entendido, se preparan. En Europa, escribe J. H. Webster, citado por Poirier, en su obra _The American Republics_, los numerosos libros que circulan sobre las fantsticas maravillas de las naciones latinas de Amrica, son libros que desprecia todo el mundo, comenzando por los que escriben y los reparten. Mster Webster exagera. En Europa nadie puede despreciar esos libros, porque nadie los lee y nadie los reparte. Hay, en efecto, una verdadera bibliografa a nuestro respecto en la seccin de viajes de estas libreras. Generalmente se encuentran esos volmenes entre los libros de _trennes_, muy bonitos, con muchos grabados, que se regalan a los muchachos. Son libros caros. Sus autores son por lo comn exploradores y gegrafos, colaboradores de _Le tour du monde_, o turistas ocasionales, hombres o mujeres, que han llevado su cuaderno de apuntes y que no han podido despus resistir a la tentacin de la publicidad. Hay tambin los enviados de los peridicos, entre los cuales enviados se encuentran de la clase de los terribles. Ejemplo, Th. Childe, Barzini. Todos esos libros tienen un pblico limitado. As, los conocimientos del gran pblico respecto a esos pases tienen por base, cuando ms, lo que el buen Julio Verne describi o dijo de ellos en sealadas novelas de su coleccin. Ningn nombre glorioso, o siquier famoso, ha escrito jams un volumen sobre la Amrica latina, fuera de las pginas cientficas a ella consagradas por un Darwin, o un Humboldt. Loti, que ha recorrido casi todo el mundo, no ha puesto nunca entre nosotros sus escenarios. Y vale ms. Lo nico de valor que un europeo de nombre universal haya alguna vez publicado sobre una nacin hispanoamericana, es la conferencia de Anatole France sobre la Repblica Argentina. Si Ferrero escribe el libro que se ha anunciado, ser cosa excelente, aunque insista en su romanismo comparado. Y si el seor Blasco Ibez se dedica a la obra argentina de que se ha hablado, ser tambin plausible, porque su nombre es muy conocido y representa hoy a Espaa en la librera mundial. Sobre Chile se hallan en Europa algunas monografas, de publicacin oficial, llenas de datos interesantes y obras como la _Histoire d'un grand peuple_, del venezolano seor Arestigueta Montero, que es vendida en Pars por su mismo autor. Libro corriente, libro que circule, libro autorizado, no conozco ninguno. Por eso la propagacin del seor Poirier, en buenas condiciones no podr sino ser utilsima para su patria. Ese nutrido trabajo es en menores proporciones, semejante al del seor Lix Klet sobre la Repblica Argentina. Dems afirmar que hay en la tarea realizada la manifestacin de un patriotismo ardiente. No es esto sino plausible, pues si una labor como esa no se lleva a trmino con amor, no valdra la pena de emprenderla. Tengo el gusto de conocer al seor Poirier. S de su talento claro y ponderado, de su laboriosidad infatigable y de su extensa cultura. Ha viajado y ha podido hacer, como l dice en su proemio, el consiguiente estudio comparativo y analtico de otros pueblos, razas y civilizaciones. Como lo exige la ndole de su obra, hase ayudado con una documentacin oficial, verdica y exacta. Adems, al final del grueso volumen ha agregado varias monografas escritas por autoridades del pas, y que ponen de manifiesto el adelanto actual de la cultura chilena. Son esas autoridades los seores Poenisch, para las matemticas; Santa Mara, para la ingeniera; Ducci, para las ciencias fsicas; Daz Ossa, para la qumica; Phlippi, para la Zoologa; Reiche, para la botnica; Sundt, para la geologa y mineraloga; Porter, para las ciencias antropolgicas; Marn Vicua, para los ferrocarriles; Amuntegui Solar, para la medicina y farmacia; Dvila Boza, para la higiene pblica; Guerrero Bascun, para la beneficencia pblica; Amuntegui Reyes, para el cdigo civil; Ballesteros, para el derecho procesal; Galdmez, para la biblioteca nacional, y Ramrez, para la instruccin primaria. El seor Poirier trata en su libro, primero de la parte geogrfica, luego de la histrica, gobierno, intelectualidad y comercio. Es una exposicin maciza de la vida y movimiento del organismo de la nacin chilena. Las ilustraciones, mapas y planos son dignos de toda recomendacin. La parte grfica es un utilsimo complemento del trabajo. He aqu la via Subercaseaux que produce los excelentes y famosos vinos, que pueden competir con buenos _crus_ europeos. He aqu el monumento a Juan Godoy, descubridor del mineral de Chaarcillo. La esculpida figura de ese hombre del pueblo nos recuerda que Chile es un pas minero y que muchas de sus fortunas han salido de las entraas de la tierra. Aqu vemos a un hacendado y sus hijos. Estos _gentlemen farmers_ llevan el traje usual de los estancieros chilenos, el sombrero de anchas alas, la bota y el poncho, que tan bien han sentado a huspedes como el difunto don Carlos de Borbn. He aqu los baos de Canquenes en el valle pintoresco; y el ro Copiap, crecido, y el Valdivia y la laguna negra, que se dira de un paisaje suizo. Se ven los puertos pintorescos; y Via del Mar, la ciudad de lujo y de alegra cercana a Valparaso. Y las ciudades que estn cercanas a la cordillera, y las lejanas y los pueblos lindos. Vese un grupo de araucanas con aspectos asiticos; y una preciosa adolescente, hija de cacique, que si no tuviese los pies desnudos e intactos, creerase hija de un mandarn o prncipe de China. Santiago y sus monumentos, su cerro de Santa Luca, orgullo de los habitantes de la capital, y Valparaso, la britanizada, y Concepcin y Talca y tantas otras poblaciones de trabajo y de belleza, como ese encanto de Lota, feudo econmico de los opulentos Cousios. Y una profusin de grabados ms que explica objetivamente el texto. Los monumentos hablan de la historia gloriosa de la Nacin. Tal cual pintura de artista nacional expone escenas de la vida popular, como la Cueca. Y la fotografa hace admirar la tradicional hermosura de la mujer de Chile, perpetuada en la inmortalidad del arte por el clebre busto de Rodin que es joya del Luxembourg y cuyo modelo Arsene Alexandre asegura ser una dama peruana, habindolo sido, segn entiendo, la esposa del ministro chileno en Francia, seor Moria Vicua. Al leer ese tomo no se puede menos que reconocer el entusiasmo y el afecto que por su patria tiene el autor, entusiasmo y afecto muy naturales y justos. Queda afirmado que Chile es un pas serio, laborioso, bien constitudo y lleno de cualidades blicas y que comprenden bien el lema de su escudo por la razn o la fuerza. Durante mucho tiempo ha sido el modelo gubernamental para las repblicas hispanoamericanas y su buen sentido ha sido sealado como un ejemplo y una norma. Ha tenido siempre envidiable renombre en sus asuntos econmicos, y en la formacin del tipo propio no en balde ha querido imitar a los hijos de la Gran Bretaa. Adems, el chileno ama la expansin de la vida y el gozo de vivir, aunque parezca en veces seco o brusco. As, bien puede decir con razn un observador como W. H. Koebel: The chilean of the educated classes bears a marked resemblance to the Englishman both in outward appearance and habits. A young naval cadet at Valparaiso might have stepped straight from out of the doors at Osborne. A similar Anglicised appearance prevails throughout in the world of commerce, officialdom, and sport. Amongst others, hospitality and a marked joie de vivre are their attributes. Durante tres aos que pas en las ciudades de Valparaso y Santiago, hace ya ms de veinte, pude comprobar tales aserciones. Los datos sobre el movimiento intelectual dan idea de una copiosa produccin. Se encuentra larga lista de escritores y poetas, hechos a la manera de aquel incansable obrero de la publicidad chilena, tan lleno de buenas intenciones, que fu el finado don Pedro Pablo Figueroa. Quiz hubiera sido de desear un estudio sobre las tendencias del pensamiento nacional y un cuadro expositivo de la evolucin literaria en ese centro de pensadores estrictos, de hbiles constitucionalistas, de eminentes jurisconsultos y fillogos. Y mostrar cmo all en donde el ilustre venezolano don Andrs Bello dej como herencia imperecedera el Cdigo y la Gramtica, hay tambin una juventud que ama la Belleza y siente el Arte y que saluda con respeto la figura de mrmol de aquel antecesor, aun siguiendo los rumbos que el espritu de su poca le ha sealado. Mucho ms hay que alabar en la obra del seor Poirier. Su prosa es clara, amena, distinguida. Se ha librado de los excesos lricos que en trabajos semejantes se encuentran en otros pases hispanoamericanos. De este modo l ha llenado su objeto de escribir para hombres de estudio y de ciencia, para quienes ninguna utilidad ni prestigio revestira una de esas adocenadas y calidoscpicas exhibiciones de maravillas en que se pinta a estos pases nuevos de la Amrica, no como ellos son, sino como los quisiera el optimismo interesado, cuando no la quimera patritica de sus autores. Libro til, lectura provechosa para su tierra, labor de propaganda merecedora de estmulo, eso es lo que ha realizado el seor Poirier. Ya haba l, de otras maneras, hecho lo mismo en Chile para bien de otros estados hispanoamericanos. Dcenme que un miembro del cuerpo diplomtico fu separado de su puesto en Pars por el Gobierno chileno por publicar un libro que l crea excelente y que no haca sino poner a su pas en ridculo. En este caso el Gobierno deba hacer todo lo contrario. Las memorias de la seora Daudet. Hay un escritor a quien injustamente los excesivos del intelectualismo han querido poner _ cot_, en estos ltimos aos; quiero hablar de Alfonso Daudet. Este era un artista cordial, un sensitivo, con el don del humor y de la claridad. Mucho de su obra, hoy poco atendida, revivir ms tarde. Ahora viene a mi mente lo que de l leyera antao, al acabar de acompaar a Mme. Daudet en sus _Recuerdos_, recientemente publicados. Ellos forman un volumen que generalmente interesa y en muchas de sus partes conmueve. Vemos desfilar unas cuantas figuras de las letras francesas, cuyos nombres son famosos y cuya obra no es conocida. Y ellas pertenecen no solamente al grupo literario que frecuenta el divn de los Goncourt y visitara la casa de Daudet, sino a una generacin anterior, pues la autora se complace en rememorar a tales o cuales personajes de letras que conociera desde sus primeros aos, cuando sintiera su inicial impulso hacia la literatura, teniendo, como tena, padre y madre poetas. Conoci a Mme. Desbordes-Valmore, al grupo provenzal de los felibres, amigos de su marido Mistral, Aubanel, Roumanille, Anselme Mathieu, Flix Gras, Paul Arne. Recin casada en su morada del hotel Lamoignon, en el Marais, vi desfilar a Sarcey, Ranc, Mittchel, Dusolier--nombres que fuera del to, no dicen nada en la actualidad. Y llegaba all tambin Barbey, el condestable de las letras, como Edmond de Goncourt fu ms tarde el mariscal. De Barbey traza en estas pginas un pintoresco retrato, y publica una carta suya indita. Habla con simpata de Cladel, _presque gnial celui-l_, de Paul Feval, de Flaubert. De algunos de ellos reproduce cartas interesantes, sobre todo de Mme. Desbordes-Valmore. Luego, los recuerdos se van anotando en forma de diario. No en vano su intimidad fu tan grande con los hermanos Goncourt. Pero antes, pinta grficamente figuras como la de Catulle Mendes, y dedica al dios Hugo, entre admiracin y admiracin, algunas acres observaciones. Ya sabemos que esos son asuntos de familia. Con Zola no hay mucho afecto. En cambio, ste es vivo y agradecido con M. y Mme. Georges Charpentier. En todo el libro, naturalmente, por afecto casi familiar y por razones intelectuales el nombre que se dira siempre adornado por un _bouquet_ de rosas, es el de los Goncourt. No deja de hacer advertir, como su marido al final de sus _Trente ans de Paris_, la literaria ingratitud de Tourgueneff, a quien Flaubert llamara el _bon moskove_. Y he aqu a Huysmans, Card, Edouard Drumont, Anatole France, Bourget en sus primeras obras. En el fondo de su Nohant la vieja George Sand escribe una carta de felicitacin a Daudet por su _Jack_. Hay una descripcin del saln de la princesa Matilde, con sus diplomticos y literatos, y de las reuniones en casa de Mme. Adam, tan llenas de hombres polticos y de hombres de letras. El verdadero diario empieza, por fin, con la fecha 21 de mayo de 1880. Y la pgina escrita ese da relata una visita a la casa de Auteuil en que moraba Edmond de Goncourt, el nico hombre de letras que yo conozca en un hogar digno de l, dice la autora. El hotel es elegante. Un lujo refinado y extico armoniza las preferencias del espritu de un sedentario, con las raras filigranas del arte japons. En la biblioteca los libros tapizan los muros, y en una parte de ella se encuentran las obras de los dos hermanos en especiales encuadernaciones. _La Manette Salomon_ en un esmalte de Popeln; yo no s cul otra de sus novelas con un dibujo de Gavarni que ser despus su ex libris: _les deux doigts de la main_. Madame Daudet pide ver la habitacin descrita en _La maison d'un artiste au dix-huitime sicle_. Y al acompaar a la visitante, Goncourt hace observar: --Faltan an diez mil francos de cortinajes en el lecho y en los balcones para que esto est completo. La autora llega, en fin, al gabinete japons en que, guardadas en vitrinas, estn las exticas maravillas que forman la coleccin de Edmond de Goncourt. Este las hace examinar a Mme. Daudet y ella nos refiere que si una mano de mujer se tiende hacia el delicado objeto para apreciar mejor su rareza, su ligereza, es preciso ver el aire inquieto del gran escritor, atenuado por su extrema cortesa, y el leve estremecimiento con que vuelve a su sitio el bello plato transparente y frgil o el estuche de ncar historiado como un encaje. Sigo con complacencia el relato de la visita a Edmon de Goncourt. Flotan sobre el decir de la mujer artista y curiosa todo el afecto y la cariosa admiracin que la viuda de Alfonso Daudet profes a los hermanos Goncourt. Desde el da en que lo conoc--esto data de 1874--mi admiracin ha crecido, se ha afirmado; y con los hombres clebres la inversa se produce casi siempre. A lo largo se suceden recuerdos de reuniones, fiestas, banquetes a que, acompaando a su esposo, asisti la autora de este libro cordial y evocador. Casi en el mismo mes anota el diario que recorro, _soires_ en el taller del primer Nittis; en el palacio de la princesa Matilde, la alteza an imponente y bella; en casa de la interesante Mme. Juliette Adam. Esta ltima, una escena de artistas. Se sientan a la mesa el gran duque Constantino de Rusia, el conde de Beust, despus Carolus Durn, Dumas hijo, Droulde, Tourgueneff, Munkcaczy y Alfonso Daudet. Y solas dos mujeres: Mme. Daudet y la duea de la casa. Despus de un claro de fiestas bastante grande, en abril de 1882, encuntrase una bella descripcin de la reunin que se congreg con objeto de escuchar la lectura del arreglo para el teatro de _Los reyes en el destierro_. Eran los autores P. Delair y C. Coquelin. Y el arepago lo formaban Gambetta, Henry Card, el doctor Charcot; Banville, Burti, Goncourt, Edouard Drumont y los esposos Charpentier. La autora expresa, al pasar, su opinin sobre la conveniencia de la lectura de las obras en preparacin a un pequeo crculo de hombres de letras. As conoci ella la pieza de teatro sacada de _Rene Mauperin_, por Henry Card, y puesta en escena en el Oden de Pars, por el director Porel, artista al propio tiempo. Y la escritora evoca en su recuerdo la lectura de la _Fille Elisa_ a que ella asisti. Tienen sus palabras el grato perfume desvanecido de las horas dichosas que pasaron. Nos vemos en la casa de Auteuil una tarde de junio, en el gabinete de trabajo bien cerrado y discreto, la pieza de al lado abierta sobre los rododendros en flor, a M. de Goncourt leyendo con su voz corta, emocionada, cayendo al final de las frases que en sus ms bellas pginas guardan, para m, en la relectura, la entonacin primitiva. La lectura terminada, descendamos al jardn, volvamos a ver el pequeo surtidor, coronado por un delfn de Saxe en piedras, avanzando su garganta abierta por encima de las idas y venidas de los peces rojos vigilados por la gata familiar; encontrbamos de nuevo esta plaquita en tierra cocida, con efigies infantiles, entre los rboles verdes, y la cigea de la entrada, de largo cuello enhiesto, con el plumaje tan ligeramente grabado en el bronce. Por testamento y delicado recuerdo del amigo desaparecido, estos dos ltimos objetos se encuentran ahora en mi poder, adornando, _in memoriam_, mi jardn y mis paseos. Y estas manifestaciones de arte, muy distintas entre el csped y las flores, engrandeciendo el reducido espacio, hacan aspirar all ese gusto de rareza, de vestigios exticos o antiguos, cuya elocuencia saboreaba tambin Edmond de Goncourt. Deliciosa jornada, que siempre ha corregido para m el _navrementt_ del libro! Dos meses despus de esta agradable reunin, que con deleite anotaba la autora, el 11 de junio, consagra las pginas de su diario a recordar la muerte de uno de los dos hermanos bien queridos por Daudet. Julio, herido en la razn antes, sucumbe al fin despus de un lamentable ao cuyas amarguras se adivinan a travs de la cariosa y doliente discrecin del buen Edmundo de Goncourt. Y en este punto estn reproducidas en el diario de recuerdos dos cartas interesantsimas de Edmundo a Flaubert y al marido de la escritora. La primera es de das despus de agravarse la enfermedad de Julio. En ellas hace el hermano enfermero a Flaubert confidencias de su desesperacin ante la desgracia del compaero, del amigo perdido para la vida intelectual al entrar en la madurez del talento. La segunda es para encargar a Alfonso Daudet que reserve sin dar a conocer la anterior hasta la muerte suya. Ambas muestran el entraable compaerismo de los hermanos Goncourt y Mme. Daudet; al reproducirlas, consagra un pequeo y tierno homenaje a esta colaboracin fraternal nica en las letras. * * * * * De las ms interesantes anotaciones que contiene el libro son los juicios que a la autora merecen los grandes polticos que encontr en los salones polticos-literarios del tiempo. Pasan rpidamente por los rincones de esta agenda de una dama artista los clebres oradores del imperio, los famosos jefes de partido. En la mezclada sociedad de artistas y polticos, madame Daudet encuentra a Gambetta en un saln, rodeado, acorralado por los hombres que, olvidando a las damas presentes, escuchan, literalmente de rodillas ante su silln, al gran tribuno. Plcido, rosado, de cabellos grises pegados en las sienes, tendiendo a la obesidad plida de un Napolen I y de su misma nacionalidad, pero de ambicin menos amplia, parece a punto para la derrota. En las reuniones de la princesa Matilde no faltan ocasiones de codear a todo el mundo poltico, que all, a su vez, codea al mundo literario en un terreno neutral. Y no faltan a la escritora comentarios, cuando no acres, teidos de un vago y tenue desdn para los estadistas ms o menos en auge a la sazn. El batallador Georges Clemenceau, que lleva ahora los ardores de su verbo de viejo luchador por la capital argentina, no le presenta ms rasgo tpico que la brutalidad: brutalidad en el acento, brutalidad en el rostro. Nada ms que brutal--dice--, y del hombre poltico y del hombre privado, este rasgo decisivo da la medida, sin razonamientos ni pruebas complementarias. Ms benvola con el veterano Rochefort--que entonces no lo era tanto, naturalmente--dice de l, al encontrarlo a fines de 1895 de regreso de Londres: No ha envejecido ni cambiado, si no es por su raro mechn de _clown_, ms blanco, ms prominente y ms frondoso que nunca. Y expresa toda la admiracin que siente por el encanto de la conversacin bulevardera de este gran parlante que con el inapreciable Aurlien Scholl, tiene el don de hacer _esprit_ de todas las pequeas ocurrencias de Pars y reunir a la ms bella irona una _bonhomie_ sonriente, camaradera difcil. Y tambin hay en las hojas del diario recuerdos de artistas, pintores afamados, literatos extranjeros, msicos de reputacin universal pasan, dejando en nuestro nimo la visin rpida de una cinta cinematogrfica que revolviera el tiempo en que Mme. Daudet escribi sus recuerdos. A ms del ruso Turgueneff, a quien no perdona la autora su pstuma crtica de las reuniones de su marido, a las que asistiera aqul como amigo de la casa, desfilan ante el lector las mil y mil figuras de relieve en aquella poca. Zola, hosco, replegado en s mismo, con su cohorte de discpulos mediocres y exclusivos. El gran pintor Munkaczy, de figura caracterstica, salvaje y buena, cuya esposa hace los honores realmente vestida como para un cuadro del maestro. Pasa Lizst, que viene a Pars a escuchar de nuevo los aplausos parisinos, que dice Mme. Daudet, no deben ya parecerle los mismos que antao cuando su seduccin proverbial hizo tantas vctimas. Y pasan an Leconte de Lisle y Flaubert. Hay tanta grandeza en uno como en otro. Y Heredia el gran conquistador de la poesa francesa; y Maurice Barrs; y Prvost, que lleg no ha mucho a sentarse en la Academia, y el intenso Huysmans, y Mirbeau y Toudoure y cien ms. Cuanto brillaba entonces en el mundo poltico, cuanto la intelectualidad contaba en los aos que han corrido sobre el diario evocador, el sutil espritu de la esposa del excelente Alfonso Daudet lo reflej con la frase precisa en este libro amable que distrae e interesa con sus llamamientos al pasado. Y de entre sus recuerdos de amigos extranjeros, hay aqu citas de algunos nombres que no nos son ajenos. A continuacin de los ingleses Child y Georges Moore, viene el italiano Vittorio Pica. Algunas excepciones femeninas: Mme. Pardo-Bazn, inteligente y exuberante entre ellas... Y as corren los aos. Comienza el diario el 21 de mayo de 1880 y termina en 1898. El libro de recuerdos que comienza evocando uno tierno y triste, termina con la lamentacin de un alma herida. Madame Daudet no tiene ya a su lado al compaero de su existencia. Sus das de felicidad no pasan ya. Alfonso Daudet ha muerto. Los recuerdos de la vida del artista, que era la vida de su esposa, no van ya a dejar en las pginas de un libro la huella de las impresiones que en el nimo de su autora produjeron. Y la viuda, veneradora de la memoria del marido, del asociado, escribe estas palabras que quiz ms que el deseo y la expresin de la devocin de un alma amante, son una profeca sobre el revivir de la obra del artista cordial, estos ltimos aos olvidado: Todo lo que el hombre produce, libro, cuadro, una obra cualquiera material o genial, vive ms que l: efmero, crea lo duradero. Lo trgico del progreso. LA CATSTROFE DEL PLUVISE A cada paso se dice: El hombre va conquistando la Naturaleza, dominando las cosas y los elementos. El hombre realiza el milagro. El hombre es como los semidioses de los fabulosos tiempos paganos. Pero a cada paso las fuerzas ocultas se vengan, o el demonio llamado casualidad hace su obra. Al hombre que trabaja en el centro de la tierra, los malos gnomos del gris le fulminan, u otros le aplastan cuando menos lo piensa. A Newton el enemigo le quema los papeles. A cien aeronautas les echa abajo la rfaga. A cien penetradores del infinito les lanza a la locura. A Curie le aplasta un camin. Y a quien ha logrado navegar debajo de las olas tiene en su contra las sorpresas del abismo, como el que navega sobre ellas tiene las sorpresas de la tempestad. Cuando se construy el primer submarino, despus de la novelesca invencin de Verne, todo el mundo crey conquistado el seno hondo del ocano, como cuando ha volado el primer aviador todo el mundo ha credo conquistado el imperio del viento. En efecto, han sido conquistas, pero conquistas llenas de traiciones. A cada paso surge la catstrofe, a cada instante se impone la fatalidad. El hombre es el dominador del elemento, pero no es un rey absoluto. Vuela, pero no es ave; se hunde y va entre las aguas, pero no es pez. Sus grandes pjaros mecnicos se vienen a tierra y le dan la muerte; se repite constantemente el mito de Icaro. Sus enormes peces de metal nadan como ciegos, y de pronto cualquier obstculo o cualquier deficiencia les deja en lo hondo del mar, de donde son sacados cuando hay buena suerte, como enormes atades llenos de podredumbre. Tal ha sido el caso del _Pluvise_, que, como otros submarinos anteriores, se ha sumergido con todos los marinos que llevaba en su seno, los cuales han tenido la ms horrible de las muertes. Imprudencia primero de quien ordenara ejercicios de submersin en una rada como la de Calais, de continuo surcada por tantos barcos, entre los cuales, y principalmente, el correo de Inglaterra; desventura despus, que no viese el comandante del barco causante del desastre, sino muy tarde, emerger ante su vista el asta sealadora del submarino, por lo cual, aun cuando diera la orden de mquina atrs, ya no fu posible evitar el choque. Insuficiencia, por otra parte, de medios visuales o preventivos en el peligroso cachalote metlico. No existe, pues, todava, tal como Julio Verne lo concibiera, el maravilloso _Nautilus_. La desgracia acaecida a Francia la ha sufrido ya Inglaterra y recientemente el Japn. Por cierto que en esta ltima circunstancia se vi el sin igual herosmo de uno de los oficiales que perecieron, quien sintiendo poco a poco llegar la muerte, escribi excusas, recomendaciones e impresiones a sus jefes, hasta que la pluma se le cay de la mano a causa de la asfixia. Y en Francia no es la primera vez que horroriza un caso semejante, pues antes del _Pluvise_, el _Lutin_ se convirti tambin en un gran fretro de acero. Y lo ms desconsolador es que poseyendo barcos semejantes, no haya aparatos que con prontitud y seguridad puedan ponerlos a flote en caso de una paralizacin o de un irremediable hundimiento. No han inventado an algo como una gran mano o pinza de acero que coja la concha hundida, como se coge un crustceo, y la ponga en condiciones de salvamento. Ni siquiera medios para, en medio de la angustia, poder salir de su prisin de acero los tripulantes, y as llegar a la superficie y librarse de morir sin siquiera en la agona de su encierro tener una sola esperanza de liberacin. Grandsimos trabajos ha costado el poder sacar del fondo, mal encadenado, al _Pluvise_, despus de ms de quince das de permanecer en el fondo del mar a una profundidad de ms de veinte metros. Han laborado buzos marineros con verdadera heroicidad y toda Francia ha estado fija en ellos. Almirantes y altos dignatarios del ministerio de Marina han estado incansables presenciando la dolorosa y dificultosa tarea. Varias veces las cadenas se rompieron; pero venci por fin la constancia. Y pudo verse fuera del agua el desventurado submarino. Calais de duelo es en estos momentos una ciudad trgica. Se ha logrado abrir la caparazn del submarino y se ha comenzado a extraer los cuerpos ya inconocibles y putrefactos de las vctimas. Y lo doloroso es lo que cuentan los periodistas de los coros enlutados de las familias sollozantes, que van al depsito de cadveres y no pueden sino con gran dificultad reconocer a sus deudos en esos macabros despojos que realizan visiones de pesadilla en un relente de _morgue_. Cada vez que aparece un cuerpo extrado del casco, todos los hombres--dice un testigo--se descubren y una cortina de marineros alineados disimula, a los privilegiados que tienen acceso al muelle, el horror del espectculo. En seguida se deposita el cadver en la barca sanitaria que est al lado del submarino, se le cubre con una espesa tela y se le lleva al depsito mortuorio. Durante los dos o tres minutos que eso ha durado, el trabajo se ha detenido. Todos, marineros, contramaestres, oficiales, estn inmviles gorra o birrete en la mano. Monsieur Chern, el subsecretario de Marina, presente sobre el submarino, contempla, descubierto, el fnebre desfile. Los cinco o seis marineros de guardia sobre el _Ventse_, ese hermano gemelo del _Pluvise_, que est all y que ha erigido en su popa, en signo de duelo fraternal, una simple cruz de madera, se han alineado como en la parada, y, sobre el muelle, los oficiales saludan, los gendarmes rinden los honores, los concurrentes se quitan el sombrero. Todos esos gestos son imprevistos y espontneos. Es conmovedor y grande, porque es sencillo. Ninguna pompa oficial, ninguna msica, ninguna actitud intercepta la emocin. No hay sino hombres que, saludando a la muerte, afirman oscuramente su solidaridad. Pero las madres, las esposas, las hijas, los hijos! Los velos negros por los oficiales, y las cofias enlutadas por los marineros! Porque el dolor se agranda y se multiplica en tantas pobres gentes al considerar los crueles instantes de desesperacin y de agona que han precedido al acabamiento, al soplo final, por ms que los mdicos aseguren que no han sufrido mucho tiempo los que perecieron en el vientre de su barco herido. Y todos han pensado lo que han debido padecer los infelices tripulantes, desde que se tuvo noticia del suceso, explicado, mejor que en los largos artculos de la Prensa, en la lacnica declaracin profesional del capitn Salomn, comandante del _Pas de Calais_, barco causante del desastre. Leed: El jueves 26 de mayo, partida de Calais, a la una y treinta y seis, con 289 pasajeros, mala, 269 sacos postales, equipajes, mensajeras, viento del NE., 5, mar agitada. A la una y cuarenta y ocho veo, al mismo tiempo que uno de mis hombres de la serviola, Imbert Simn, a 20 metros ms o menos de la entrada, un asta vertical que se alzaba, aproximadamente, un metro el agua. Imbert me seala: Un palo de boya de red, recto adelante!, mientras que habiendo yo reconocido el perscopo de un submarino, doy completamente a derecha y completamente atrs, ms o menos tres segundos antes de que se produzca un choque. Esta colisin se produjo despus de que habamos recorrido, en la direccin Norte, 67,0, verdadera, del extremo de los diques de Calais, una distancia de dos millas, deducido del nmero de vueltas de mquina. Suben a la superficie pedazos de madera y me hacen desde luego suponer que he abordado una _pave_. Habiendo parado, hice examinar por el segundo mi timn delantero, averiado, y las ruedas; cuando cuatro o cinco minutos despus del choque, emerge, a 500 metros ms o menos, detrs de nosotros, la delantera de un sumergible. Hago atrs, y me acerco lo ms ligero que me permite mi timn averiado; echo un bote en el momento propicio y maniobro para quedar a proximidad, con la esperanza de fijar un cable. Hago izar una seal de llamada a los remolcadores. Entretanto nuestro buque se acerca al sumergible; no tiene tiempo de amarrar su cable; el sumergible se hunde sbitamente. Apenas nuestro maestro de equipaje pudo dar algunos golpes que no tuvieron respuesta. La delantera del navo nufrago haba estado fuera del agua de ocho a diez minutos. Hago en seguida tomar medidas que sealen lo mejor posible la posicin de la _pave_. Los remolcadores llamados por seales llegan con el bote de salvamento. Siendo ya intil mi presencia, vuelvo a Calais y me acerco al puesto nmero 3 a las dos y treinta y uno. Trasbord malas y pasajeros al segundo servicio. Entr en cala seca en la misma tarde y asequ la maana siguiente, 27 de mayo, a las ocho. Comprobamos de una manera sumaria entonces las averas siguientes: timn delantero, roto; mecha del timn delantero, torcida; rueda, rota; palastro de bordeada a babor, torcido. El submarino ha sido encontrado bien averiado. Se ha comprobado que los desventurados hicieron todos los esfuerzos posibles para ascender, para ponerse a flote. Algunos estaban en sus puestos, con las manos crispadas en volantes y aparatos. Y hiela el alma y el cuerpo el imaginarse la sensacin de horror que han de haber experimentado al convencerse de la imposibilidad del logro de sus esfuerzos y la conviccin de que iban a perecer irremediablemente. Por salvarse abrieron una compuerta y el agua penetr entonces, abrevindoles, sin embargo, su spera agona. Y Francia maldita la guerra! tiene ms de cincuenta submarinos semejantes al _Lutin_ y al _Pluvise_, cuyos tripulantes posiblemente deben ser todos neurastnicos. FIN NDICE FILMS DE PARS _Pginas._ Los exticos del _Quartier_ 1 Jean Orth 3 El faunida 7 La princesa Gnika 9 De la necesidad de Pars 14 _Skating ring_ al aire libre 19 Sarah-Nern 21 Adis a Moreas 22 El doctor Doyen o la justa malquerencia 25 En el Louvre 26 Rmy de Gourmont y la gloria 28 Estas mujeres! 29 La Prensa de Pars 32 El burro pintor 34 A propsito de Mme. de Segur 37 Blanco y negro 43 De Val 44 Rueda a Amrica 50 ALGUNOS JUICIOS Algunas notas sobre Valle Incln 55 Los diplomticos poetas.--Amado Nervo 66 La literatura en Centro Amrica.--El poeta de Costa Rica 78 O poesa asturiana 91 Prlogo que es pgina de vida 100 Letras chilenas.--Francisco Contreras 107 Un poeta argentinfilo.--Carrasquilla Mallarino 116 VARIA En el barrio Latino 129 El reino de las tinieblas.--Los dramas de la clnica. 136 La herencia de don Juan 146 Roosevelt en Pars 153 El fin del mundo 161 La comedia de las urnas 185 La hija de Verlaine.--Realidad y leyenda 196 A propsito de _Chantecler_.--Los animales 204 La Francia de hoy 212 Bostock 219 Pars y Eduardo VII 227 Un libro sobre Chile 236 Las memorias de la seora Daudet 242 Lo trgico del progreso.--La catstrofe del _Pluvise_ 252 End of the Project Gutenberg EBook of Todo al Vuelo, by Rubn Daro License: Share Alike