Produced by Carlos Colon and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was created from images of public domain material made available by the University of Toronto Libraries (http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) Nota del Transcriptor: Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Pginas en blanco han sido eliminadas. Letras itlicas son denotadas con _lneas_. Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. OBRAS DE CONCHA ESPINA LA NIA DE LUZMELA (novela). Segunda edicin. DESPERTAR PARA MORIR (novela). Segunda edicin. AGUA DE NIEVE (novela). Segunda edicin. LA ESFINGE MARAGATA (novela). Segunda edicin. Obra premiada por la Real Academia Espaola. LA ROSA DE LOS VIENTOS (novela). Segunda edicin. AL AMOR DE LAS ESTRELLAS (mujeres del _Quijote_). RUECAS DE MARFIL (novela). Segunda edicin. EL JAYN (drama en tres actos). EL JAYN EL JAYN DRAMA EN TRES ACTOS ORIGINAL DE CONCHA ESPINA ESTRENADO EN EL TEATRO DE ESLAVA, DE MADRID, EL DA 9 DE DICIEMBRE DE 1918. MADRID EDITORIAL PUEYO Calle del Arenal, 6. 1919 Esta obra es propiedad de su autora, y nadie podr, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en Espaa ni en los pases con los cuales se hayan celebrado o se celebren tratados internacionales de propiedad literaria. La autora se reserva el derecho de traduccin. Los comisionados y representantes de la Sociedad de Autores Espaoles son los encargados exclusivamente de conceder o negar el permiso de representacin y del cobro de los derechos de propiedad. Queda hecho el depsito que marca la ley. IMPRENTA HELNICA, PASAJE DE LA ALHAMBRA, 3, MADRID AL INSIGNE DRAMATURGO DR. MAX NORDAU _Amigo y maestro: Usted que ha tenido para esta obra, cuando apareci en novela, singulares alabanzas; que la supo alentar hacia el teatro con generosas profecas, y en pblico la quiso aplaudir con inolvidable favor, me permite, ahora, encender en la portada de este libro, como una lmpara gloriosa, un nombre universal: el claro nombre de usted._ _Al prender su lumbre refulgente sobre el obscuro don que aqu le ofrezco, siento la mano un poco temblorosa, empaados los ojos con el vaho del alma, torpe la pluma al peso del corazn._ _A usted, que tanto sabe de las humanas dolencias, de los ideales sublimes, del arte y de la vida, estas pginas, nias an, le llevan, a falta de otros encantos, los matices de una existencia ya saturada por los vientos del mundo. Ellas nacieron en las cumbres, en la augusta paz de los montes; bajaron a la calle en manos humildes, a merced de una revista popular; subieron a la escena, empujadas por mviles distintos, en una noche buena para m, y hoy vienen a doblarse plcidamente, bajo el nombre luminoso de usted, esperando nuevas andanzas._ _Conocen, pues, deleites de la robusta soledad; hervores de la multitud; fiebres de la exaltacin; contactos de las cosas turbias y malignas que nos hacen huir. Y sobre todas las emociones, el alto gozo de este homenaje lleno de admiracin para el gran artista y de gratitud para el noble amigo..._ _Que en la ausencia le sirvan a usted de afectuoso recuerdo espaol, si no como rosas de cultivado jardn, como flores agrestes de mi huerto montaraz..._ CONCHA ESPINA. Madrid, 1. de Enero de 1919. AUTOCRTICA Publicada en La Tribuna. _El Jayn_ es un drama rstico, amargo, lo mismo que la vida, fatal como un _karma_ que se cumple. Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus voces y su poder misterioso, como un personaje ms. No est hecho a la medida de ningn actor; as los de Eslava, que lo desempean con patente gallarda, pregonan la condicin de su talento, dcil y flexible. No es _El Jayn_ una obra regional, o por lo menos, es muy secundario su regionalismo; la accin puede suceder en todos los rincones del mundo donde el Amor y el Dolor vayan de la mano, como suelen ir; si yo la sito en mi tierra de Cantabria, es porque de ella conozco, con ms entraado sentimiento que de ninguna otra, el paisaje y las costumbres, el lenguaje culto y seoril, modelo popular de buen castellano, con todos sus ritmos y matices. En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema alguno, ni mucho menos de resolverle. Aspiro slo a llevar a la escena un pedazo palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado por mi corazn. Para darle forma no me preocuparon ardides tcnicos y me dej conducir por la emocin y la realidad, creyendo que este camino, si no fcil y corto, es el nico que logra llegar a un alto fin. Cuanto a la incertidumbre que pueda causarme esta primera obra teatral, confesar que, teniendo yo del pblico un elevadsimo concepto y dndole siempre lo mejor de mi alma en mi arte, espero su fallo con la serenidad de quien, al ofrecer con pura intencin su ddiva ms noble, merece, siquiera, un poco de gratitud... Madrid, 8 de Diciembre de 1918. REPARTO PERSONAJES ACTORES _Marcela_ (21 aos) JOSEFINA MORER. _Irene_ (22 ) HERMINIA PEARANDA. _Luisa_ (28 ) ANA SIRIA. _Remedios_ (50 ) ANA MARA QUIJADA. _Carmen_ (20 ) JOAQUINA ALMARCHE. _Flora_ (16 ) ISABEL GARCS. _Andrs_ (29 ) FRANCISCO HERNNDEZ. _Antonio_ (38 ) RICARDO DE LA VEGA. _Elas_ (30 ) PABLO HIDALGO. _Manuel_ (31 ) ANDRS TOBAS. _Cndido_ (19 ) JUAN BERINGOLA. _Serafn_ y _Jess_. (Nios de la misma edad que en el primer acto aparecen en las cunas). La escena en una aldea montaraz de Santander. poca actual. Los trajes como los usa en el Norte la gente del pueblo, sin marcado color regional que ya no existe. En el acto segundo, casi todos los personajes llevan abarcas de madera a estilo del pas. Los hombres usan boina. Se habla el castellano correctamente, con escasas alteraciones, segn el texto y la realidad. ACTO PRIMERO Un portal rstico, sostenido por vigas, abierto al campo en casa de ANDRS, sobre un paisaje agreste que descubre la alta sierra y el hondo ro. El techado ocupa la escena por el lado derecho, de travs. Al fondo corre la empalizada de un huerto con portilla, y a la izquierda, en terreno que lo mismo puede ser campo que corralada y que linda con el camino vecinal, hay un pozo con brocal alto, torno y cadena. A un extremo del portal dos escanillas--las cunas pobres de la Montaa--donde duermen los nios. Un banco, algunas sillas de madera, una cesta de costura y los tiles de un pequeo taller de abarcas, dan la impresin de que all se vive al aire libre la mayor parte del tiempo. Varias puertas comunican con el interior del hogar. Es verano. La tarde empieza a caer. ESCENA PRIMERA MARCELA Y ANDRS Al levantarse el teln aparecen MARCELA cosiendo cerca de las cunas y ANDRS labrando unas abarcas en medio del portal. MARCELA (_Suspirando_.) No acabas de estar alegre, no... Ni sabes disimular que tienes siempre una pena. Dime al menos cul es! ANDRS Aprensiones tuyas. Te he repetido muchas veces que soy feliz, que no hay hombre en el pueblo con ms suerte que yo: tengo lucios ganados, buenas cosechas, una mujer como t... MARCELA (_Interrumpindole_.) Y un hijo que merece su nombre. ANDRS Tambin... MARCELA Serafn est cada da ms hermoso. ANDRS Se asemeja a ti. MARCELA (_Con prontitud_.) No; a m no. ANDRS (_Sonriendo_.) Pues entonces a quin? MARCELA (_Algo brusca_.) A ti, ser... ANDRS (_Reflexivo_.) Es robusto como nosotros dos, y junto a ese pobre Jess, parece talmente un serafn. MARCELA (_Quejosa_.) Te pesa? ANDRS Mujer, qu cosas se te ocurren! MARCELA Es que lo dices con una lstima!... T quieres ms al jayn. ANDRS Marcela! MARCELA (_Ansiosa y dolida_.) No me lo niegues, Andrs... Si ya todo el pueblo sabe de quin es el nio; si est corrupto por los alrededores... ANDRS (_Impaciente_.) Habamos quedado en no hablar ms de eso. MARCELA (_Decidida, con voz sorda_.) Es tuyo y de Irene! ANDRS (_Se levanta bruscamente y ruedan algunos instrumentos del taller_.) Te prohibo que vuelvas a nombrar a esa infeliz! MARCELA (_Sollozando_.) Ay, Andrs!... La quieres, la quieres!... Ahora lo comprendo mejor que nunca... El hijo es vuestro... La quieres! Todo lo que se deca era verdad. ANDRS (DESARMADO Y PESAROSO.) Qu se dijo? Vamos a ver. MARCELA Lo que yo misma vi. ANDRS Pero qu viste? MARCELA A ella la tuvo su madre escondida algn tiempo; cont que la muchacha estaba en la ciudad, pero se murmuraron otras cosas... Y cuando nuestro nene cumpla un mes... te acuerdas? ANDRS S; una noche te despert para decirte:--Escucha; parece que a la puerta balita un cordern... Contestaste:--Es un nio que llora; abre: es un jayn... Habas acertado! Te le llev a la cama y le diste cobijo... MARCELA No le haba de dejar morir de fro y de hambre, como una hereje; pero al ser de da quise llevarle a la inclusa y te opusiste. ANDRS (_Confuso_.) Despus de haberle recogido... MARCELA La caridad de una hora no nos obligaba para toda la vida. Como no atendas mis razones, empec a sospechar. ANDRS Y los chismes de los vecinos!... MARCELA No, Andrs, no; que sin ver a nadie aquella maana, porque llam bribona a la madre del nio abandonado, te pusiste furioso... (_Indignada y celosa_.) Saliste a defenderla! ANDRS Y ahora tambin. Aunque una moza tenga un desliz y pretenda ocultarle, no me parece justo insultarla. MARCELA La verdad no es un insulto. La madre que abandona su criatura es... ANDRS (_Interrumpindola exaltado_.) No lo digas! MARCELA Ay, Andrs!... ANDRS (_Conmovido_.) Si le pone a la puerta de una mujer tan buena como t, no es ms que una desgraciada. MARCELA La sigues defendiendo! ANDRS A una sola como t dices, no. A todas las que sufran el mismo penar. MARCELA Dios mo!... Cmo te descubres! Ya quedo bien segura de que aquella noche estabas despierto aguardando al jayn. ANDRS (_Volviendo a impacientarse_.) Otra vez!... MARCELA Queras recogerle antes de que el fro le daara... Te dola su llanto como si te clavasen un pual... S, s; es carne tuya y de esa... ANDRS (_Violento_.) No la nombres! MARCELA (_Entre lgrimas_.) Qu desdichada soy! ANDRS (_Compadecido y acercndose a ella_.) Porque te empeas t. Te dejas llevar por cuentos de comadres como si no valieras ms que todas ellas juntas... (_Acaricindole el pelo y separndole las manos con que se cubre la cara_.) Vamos, no llores!... Qu motivos tienes para sospechar de m?... Di la verdad. MARCELA (_Con deseos de que la consuelen_.) S que los tengo. Fuiste novio suyo; os ibais a casar cuando fuiste a mi pueblo y me conociste a m... ella dicen que... te quiere todava... ANDRS (_Incrdulo_.) Dicen... dicen... MARCELA No se le ha conocido otro rondador... ANDRS Y eso, qu? MARCELA (_Vacilando_.) El nio se parece a ti. ANDRS (_Irnico_.) En lo derecho? MARCELA (_Con amargura_.) No te burles! ANDRS Pero si una pizca de cro a los ocho meses no se parece a nadie! MARCELA (_Con cierto despecho_.) No decas antes que Serafn?... ANDRS Le comparo contigo porque es fuerte y galn, mientras que el otro pobre, contrahecho y enfermizo... MARCELA (_En desconsolada actitud_.) S; es una compasin!... ANDRS (_La mira en silencio. Coloca junto a ella el taburete donde antes trabajaba y se sienta muy pensativo. Sale al cabo de su meditacin_.) Qu buena eres!... Cuando cavilo que te hago llorar, alguna vez, como ahora, por ser yo torpe y brusco! MARCELA (_Conmovida_.) Calla, calla... ANDRS (_Buscndole las manos y los ojos_.) Perdname, Marcela!... No hay en el mundo otra criatura tan santa y generosa como t... Creste que ese nio era mo; desconfiaste de m... y le diste la sangre y el calor; le aselaste en tu pecho como a un pajaruco sin nidal... MARCELA (_Muy turbada_.) Calla, por Dios, Andrs! ANDRS (_Vehemente_.) Por lo que haces, a la vera de lo que dudas, bendita seas! MARCELA (_Bajo inexplicable confusin_.) No me hables as! ANDRS Ms mereces t, y yo soy hombre de poca labia... Hoy tengo que decirte para toda la vida: es cierto que quise a esa mujer... pero te quise a ti ms y la dej por ti. Nada tengo que ver con ella. Si la encuentro me voy por otro camino. No la hablo nunca; no la miro jams... Qu otra cosa me pides? MARCELA (_Siempre atribulada_.) Ay, ni yo misma lo s! ANDRS Y en lo tocante al nene, no me puedes decir que te obligo a guardarle, porque le tienes tanta ley como yo... Le ests criando como a tu propio hijo; pusiste juntas las escanillas en tu alcoba; los confundes a los dos en un mismo desvelo y tanta lstima sientes por Jess... MARCELA (_Ansiosa_.) Qu? ANDRS Como si le hubieras echado al mundo. MARCELA (_Bajando los ojos muy confusa_.) Pobre chiquitn! ANDRS Si te afligen sus cuitas, por qu te pasma que le compadezca yo? MARCELA Me haces unas preguntas!... ANDRS (_Triunfante_.) Quieres que le llevemos al hospicio? MARCELA (_Con pnico_.) Qu atrocidad! ANDRS (_Muy carioso_.) Qu puedo hacer para verte contenta? MARCELA Estarlo t. ANDRS Si lo estoy! MARCELA No; eso no, Andrs... Llevas siempre una arruga aqu (_Tocndole en la frente_.), un tajo que se te hunde hasta el mismo corazn... ANDRS (_Bromista_.) Pues no has dicho t poco! MARCELA Digo la verdad... Y en la mirada una pesadumbre que no la sabes esconder. ANDRS Tienes, tienes explique... (_Se levanta y va recogiendo las herramientas cadas_.) MARCELA No he ido a la escuela tanto como t, no entiendo de finuras ni de sabiduras; pero en las cosas del sentir... ANDRS Para eso no hace falta aprender... (_Quedan un momento silenciosos_.) MARCELA (_Mirando hacia el camino_.) Ah vienen Carmen y Flora. ANDRS Y Cndido detrs. (_Acab de ordenar el taller y se dirige al pozo para llenar una regadera grande que habr junto al brocal_.) ESCENA II Dichos, CARMEN, FLORA y CNDIDO CARMEN y FLORA llevan, debajo del brazo y en la mano, botijos de barro al uso del pas. CNDIDO, en mangas de camisa, con el dalle al hombro y la colodra en la cintura, llega detrs de las mozas. CARMEN Y FLORA Buenas tardes. (_Posan los botijos en la piedra que con ese objeto hay cerca del pozo_.) MARCELA Muy buenas. ANDRS Hola, muchachas. CNDIDO (_Sin acercarse del todo_.) A la paz de Dios. ANDRS (_Alusivo_.) Hombre, qu milagro t por aqu! CARMEN (_Con malicia_.) Un milagro patente... Como que l y Flora no se encuentran nunca! FLORA No mucho. MARCELA (_A_ CNDIDO.) Llgate, Cndido. (_Est recogiendo la costura y las muchachas se le acercan_.) CARMEN (_Adelantndose hacia las cunas_.) Yo voy a ver los crios. (_Observando a uno y a otro_.) Si estn despiertos! (_Las tres mujeres se renen junto a los nios hablando en voz baja_.) ANDRS (_A_ CNDIDO.) Vamos, no te quedes ah como un hito. (_Con la regadera llena hace ademn de dirigirse al huerto_.) CNDIDO (_Aproximndose_.) Pues, yo vena al tanto de la siega: que si voy para ti maana al prao de la Coteruca. ANDRS S, hombre, cuento contigo. CNDIDO Se estima. FLORA (_Que atiende a lo que hablan los dos hombres se acerca a ellos_.) Y nosotras, Andrs, iremos por la tarde a eslombillar? (_Se pone a sacar agua_.) ANDRS Si tiran el prao por la maana podis ir. CNDIDO Escajudo es; pero... madrugando bien d'ello!... ANDRS A todos los segadores de la cuadrilla os cunde la labor... y si con el alba sals... CNDIDO (_Dndose importancia_.) Se saldr. (_Andrs entra en el huerto_.) CNDIDO (_A_ FLORA _indeciso_.) Conque, os aguardo ah alante? FLORA Bueno... CNDIDO (_A las otras mujeres_.) Vaya, condis. MARCELA y CARMEN Adis. (FLORA _sigue sacando agua y llenando los botijos_.) MARCELA (_A_ CARMEN. _Hablando de los nios_.) Tienen buena pasta, que si no me daran mucha guerra... El uno porque est sano y rollizo llora poco... el otro apenas tiene resuello para llorar. CARMEN En santas manos cay el inocente... Mira que ser un infeliz jayn y salir jiboso adems! MARCELA (_Suspirante_.) Pobre criatura! CARMEN No tan pobre que di contigo! FLORA (_Termina su labor y se acerca a las otras mujeres secndose las manos con el delantal_.) S, Marcela, no es por alabarte, pero lo que ests haciendo con ese chiquillo es como para ponerlo en los libros de misa. MARCELA (_Azorada_.) Por Dios! CARMEN (_Ponderativa_.) Ah es nada...! Recoger al hijo de otra mujer que le abandona a la santimperie, y criarle como si fuera de las propias entraas, y quererle ms, segn se le ve endeble y cativo, hecho un pingajo... ah es nada! FLORA (_Con calor a_ MARCELA.) Eso no lo hace nadie ms que t!... MARCELA Si lo contis as!... No hay que aumentar... Le hemos tomado ley y en vez de un hijo tenemos dos... CARMEN (_Intencionada_.) Ya, ya... dos hijos!... razn llevas. FLORA (_En el mismo tono_.) Para disimular y sufrir eres la nica. MARCELA (_Pesarosa_.) Ay, no me hablis de ello! (ANDRS _vuelve con la regadera vaca a buscar ms agua_.) FLORA Vamos, Carmen? CARMEN S, vamos. (_Se dirigen a coger los botijos_.) ANDRS (_A_ FLORA.) Ah te esperan, muchacha. FLORA Deja que esperen. CARMEN Hay algunos que no tienen otro oficio. FLORA (_Sentida_.) Vaya, mujer! FLORA Y CARMEN (_Despidindose_.) Hasta luego. MARCELA Y ANDRS Adis. ESCENA III MARCELA y ANDRS MARCELA (_Sale del portal hacia su marido que se dirige al pozo_.) Oye, Andrs, no ests disgustado conmigo? ANDRS (_Complaciente y triste_.) No, Marcela, no. MARCELA (_Afanosa_.) Me quieres mucho? ANDRS Haga Dios que algn da te lo pueda probar! (_Vacila un momento, luego habla como si tomase una determinacin_.) Y, dime, si se puede saber: por qu hoy, as tan de spito, saliste con esa cuestin que al cabo de los meses no habamos mentado... ni falta que le haca? MARCELA Porque ahora ella... (_Con timidez_.) bien sabes quin te digo, desde que volvi al pueblo al fallecer su madre, se acerca mucho por aqu. No se conforma con mirarnos desde su ventana, la que da al camino por el lado de all (_Sealando detrs de la casa_.) enfrente de la ma, sino que ronda estos braales... y me hacen temblar sus ojos que relucen como dos lucirnagas, tan hondos, tan tristes... ANDRS (_Inquieto_.) Y qu ms? MARCELA Pasa por ah (_Indicando los alrededores_.) como una sombra, casi siempre al oscurecer, sin decir ni buenas tardes. ANDRS Si no sois amigas! MARCELA Algo lo fuimos. Cuando me trajiste a la aldea, de recin casada, me amigu con todas las mozas, pero ella siempre huda, como una res que la persiguen, no se dej tratar. Al cabo del tiempo desaparecise y... no la he vuelto a ver hasta el otro da... ANDRS (_Tratando de parecer indiferente_.) Qu pas? MARCELA Dej a los nenes solos un instante para coger un poco de hierbabuena, y al volver del huerto la encontr aqu, entre las dos cunas, muy descolorida, muy asombrada. Di un grito, creyendo que era una aparicin. Ella di otro, como si la despertasen de un sueo... Quedse muy cobarde y dijo:--Pasaba por aqu... y entr a mirar los nios. (ANDRS _oye el relato muy absorto, con la cabeza baja_.) Conque, yo, fu y le dije: Mira lo que quieras. Y me met adentro; pero volv en seguida, temerosa no s de qu. ANDRS (_Con voz sorda_.) Y ella? MARCELA Se haba marchado lo mismo que un fantasma... Desde entonces me cela como si quisiera hablarme. Y yo tengo mucho miedo a sus ojos verdes igual que el ro del ansar; a su cara sin colores; a su voz llena de agruras... ANDRS Slo por eso te acuerdas hoy de tus sospechas, y sufres, y me haces sufrir? (_Hace un movimiento para volver a su tarea_.) MARCELA (_Siguindole_.) Es que te encuentro ms preocupado que nunca, ms pesaroso... Segn ella quiere acercarse a m, parece que te me alejas t... y pierdo la razn. ANDRS Pues no receles nada que te nuble; no llames a las penas ni hagas caso de sombras y fantasmas. MARCELA (_Con deseos de retenerle_.) Adnde vas? ANDRS A seguir regando el planto que hice ayer. MARCELA (_Insinuante_.) Y voy a verte un poco ms gozoso? ANDRS (_Condescendiente_.) Pero, hija ma! MARCELA Casi nunca te res ni te alegras! ANDRS Se me habr pegado a la cara la neblina del monte, la tristeza del pas... Yo no lo puedo remediar! MARCELA No siempre est nublado... mira, mira qu sol! ANDRS (_Melanclico_.) S; ya traspone! MARCELA (_Apoyada en el hombro de su marido, contemplando con l el horizonte crepuscular_.) Mira cmo se hunde en la mies. ANDRS Parece un ascua. MARCELA Parece, talmente, la hostia cuando relumbra en el viril... ESCENA IV Dichos y REMEDIOS, luego LUISA. ANDRS vuelve a llenar su regadera. REMEDIOS (_Viene por el camino, llamando_.) Flora... Flora! MARCELA (_Volvindose al portal_.) Fuse con Carmen, ta Remedios. REMEDIOS Si en juntndose las dos es el acabse!... Pues a casa no ha llegado. ANDRS (_A_ REMEDIOS.) Djela que se esparza, mujer. REMEDIOS No; que las mozas estn muy bien arrecogidas. (ANDRS _vuelve a entrar en el huerto_.) Ay Marcela, con el aquel de que tu agua es la mejor no te dejamos vivir! MARCELA Al contrario, me gusta ver aqu a la mocedad. REMEDIOS (_Acercndose misteriosa_.) S, hijuca, s; ms te valen esas visitas que no otras. MARCELA (_Con inquietud_.) Cules dice usted? REMEDIOS (_Mirando hacia el camino y en voz baja_.) Por estos andurriales pena Irene igual que un nima. MARCELA (_Disimulando su zozobra_.) Como vive ah detrs! REMEDIOS Pero ronda por aqu delante. MARCELA Ahora mismo? REMEDIOS Vename a la zaga y se me oscureci no s por dnde... Paz que pisa en el aire: no le suenan los pasos ni siquiera el respiro: Jess qu mujer! (_Curiosa y confidencial_.) Sabas que estuvo para casarse con el tu marido? MARCELA (_Algo brusca_.) S, seora: y a pesar de saberlo... quise a Andrs... REMEDIOS Por ti la dej. MARCELA Y por su gusto. REMEDIOS (_Cada vez ms insinuante_.) Ay, los primeros amores, dicen que suelen retoar! MARCELA (_Dolida y orgullosa_.) Qu le vamos a hacer! LUISA (_Desde el camino, llamando_.) Marcela! MARCELA (_Asomndose fuera del portal_.) Pasa, Luisa. LUISA (_Entrando_.) Buenas tardes, ta Remedios. REMEDIOS Buenas te las d Dios y quedaros con l, que yo me marcho; no vena ms que a buscar a la muchacha. LUISA (_A_ REMEDIOS.) Ah la encontr con el serrojn mucho platican!... REMEDIOS Bah, cosas del mocero!... Quin hace caso d'ello? MARCELA (_Que aparece muy preocupada_.) Es verdad. REMEDIOS Conque adis. (_Sale despacio_.) LUISA Adis. MARCELA Que le vaya bien. LUISA Quera que me prestases el mandil de color de rosa para hacer uno igual. MARCELA S, mujer. LUISA (_Reparando en la preocupacin de_ MARCELA _que se ha sentado en una silla de travs y apoya los brazos en el respaldo_.) Pero, oye, qu te pasa? MARCELA (_Suspirante_.) Lo de siempre. LUISA Est peor Jesusn? MARCELA Lo mismo sigue. LUISA Tan ruinuco verdad?... Para el primer ahijado que tuve me luc. MARCELA Lleva nombre de mrtir. LUISA Vaya, y de rey! MARCELA Si su mal tuviera remedio! LUISA Claro que no le tiene: nunca habrs visto un jiboso... que se le quite la jiba... MARCELA Ya lo s: no me lo asegures. LUISA (_Algo extraada_.) Cuidado Marcela que te duele el jayn! MARCELA (_Se levanta suspirando_.) Hay que tener caridad. LUISA Harto hiciste por l: bien puedes decir que te debe la vida. MARCELA Una vida que vale tan poco! LUISA Y qu culpa tienes t? MARCELA Que va a ser un tormento! LUISA Dale! Si lo tomas as! Mira que tienes una cara de angustia! MARCELA (_Queriendo justificarse_.) No es por eso, mujer. LUISA Pues qu, sigue el tu hombre con la melancola? MARCELA Y otra cosa adems. LUISA Chismes y cuentos, de seguro. Desde que Irene volvi al pueblo te estn mortificando entre unos y otros. MARCELA Si es ella misma que... LUISA Ella? MARCELA S; me ronda la casa, me persigue... LUISA (_Incrdula_.) T ves visiones. MARCELA No; que la ta Remedios la sorprendi ahora poco, ah cerca... LUISA Pero el camino es de todo el mundo. Irene es vecina tuya. MARCELA Ya te dije que la encontr la otra tarde entre las escanillas. LUISA No importa... Sentira un poco de curiosidad... Debes ponerte en su caso... MARCELA (_Muy alterada_.) Le tengo miedo. LUISA Miedo? MARCELA S. LUISA Piensas que va robarte el hijo? MARCELA Qu s yo! LUISA Vamos, no ests en tus cabales!... Ya ves t, a m esa moza me da mucha lstima: tiene cara de hambre; est muy pobre, sola en el mundo, sin un consuelo, sin un arrimo... y tan cerca de la dicha tuya!... Su madre dicen que se muri de pena al ver a la hija deshonrada! MARCELA (_Muy conmovida_.) No me lo mientes, no! LUISA A ti ya, qu dao te puede hacer? MARCELA Bastante me hizo!... Estoy segura de que Andrs no la olvida, de que la quiere ms que a m; de que est prendado de ella como nunca; para siempre!: los primeros amores suelen retoar! LUISA (_Maliciosa_.) Jurara que eso te lo acaban de decir! MARCELA Puede ser!... Pero el amor que a m me tuvo fu un capricho y ya se le pas. LUISA Y en qu lo conoces? MARCELA (_Obstinada_.) En todo: debiendo ser feliz, est siempre sombro, amargurado; si la nombran se altera, si la ve se aturde... Esas son malas seales! LUISA No seas aprensiva! Si es verdad que Andrs volvi a buscarla fu slo por compasin, sin dejar de quererte... As acab de perderla! MARCELA Por eso la compadece ms! LUISA Ahora, considerando lo que ests haciendo por esa criatura (_Indicando al nio_.) te venera lo mismo que a una imagen. MARCELA (_Muy huraa_.) No basta que me venere... si se acuerda de la otra... Adems... yo no merezco esa veneracin. LUISA (_Con asombro_.) Qu dices? MARCELA (_Evadindose_.) Nada, nada... Te estoy entreteniendo... Ir a buscarte el delantal. (_Entra en la casa_.) LUISA (_Suspirante_.) Pues, seor, esta moza se consume: tan guapa, tan buena!... Y la otra lo mismo... Todo por un hombre; no tenemos remedio las mujeres!... Voy a ver a este cro infeliz. (_Se acerca a la cuna de Jess_.) Ay, qu ojos luce ms implorantes! MARCELA (_Saliendo con el delantal en la mano_.) Estar despierto verdad? Se pasa horas enteras con los ojos abiertos, sin moverse, sin quejarse: parece que escucha, que discurre y cavila... (_Entrega la prenda a_ LUISA.) Toma. LUISA T s que cavilas, mujer. MARCELA (_Bajo su preocupacin_.) El otro se despierta y se vuelve a dormir... LUISA Me voy. Ya es tarde y Antonio me estar esperando para cenar. (_Va anocheciendo_.) MARCELA Yo voy a recoger las cunas y a cerrar las puertas: hace fro. LUISA (_Asombrada_.) Fro? MARCELA (_Estremecida_.) S; en cuanto se va el sol, siento un aire helado que no s si baja del monte o sube del valle... LUISA Nada, hija, que ests perdiendo la salud. MARCELA (_Sombra_.) Puede ser! LUISA Vaya, que no te mortifiques; que mires algo por ti, y hasta maana. (_Sale_ LUISA.) MARCELA Vete con Dios... ESCENA V Se acenta en el campo la sombra del crepsculo. MARCELA; luego IRENE y ANDRS. MARCELA (_En actitud de profunda desolacin_.) S; tengo fro, tengo miedo; tengo una pesadumbre y unas ansias!... IRENE (_Llega despacio, con mucha timidez, vestida pobremente de negro y habla con la voz contenida y cobarde_.) Marcela! MARCELA (_Con un grito de espanto_.) Ah!... Qu? IRENE Te causo miedo? MARCELA Venas tan callando!... (_Dominndose entre brusca y medrosa_.) Qu quieres? IRENE No tengo trabajo ni qu comer... S que maana segis el alto de la Coteruca, y vena a pedirte un jornal. MARCELA (_Sin mirarla_.) Se lo dir... a mi marido, y ya te avisar... IRENE (_Que no ha entrado en el portal_.) Dios te lo pague... con razn dicen que eres tan generosa... (_Vacilando_.) Me dejas... dar un beso a los nios? MARCELA (_Se yergue muy altiva, con un mpetu brbaro de crueldad, y apunta hacia la cuna de Jess, quedndose de pie junto a la de Serafn, con orgulloso gesto_.) S; entra, entra; mira; acrcate ms: ese desgraciado que no duerme ni llora... ese es el jayn!... (IRENE _se acerca a la cuna sealada, y arrodillndose reverente, se inclina con suprema ternura a besar al nio. En la puerta del huerto aparece_ ANDRS _que observa a las dos madres_.) TELN. ACTO SEGUNDO La misma decoracin. Han pasado nueve aos, nieva y es media tarde en el mes de febrero. ESCENA PRIMERA MARCELA, despus LUISA MARCELA (_Con un chal obscuro atado a la cintura, se asoma al borde del portal en atisbo impaciente de la borrasca, muy afligida_.) Virgen Santa!... Arrecia el temporal y Andrs no vuelve con los nios... Buena locura haberlos dejado ir!... Qu ser de ellos, Seor? LUISA (_Envuelta en un mantn, con abarcas, llega muy arrebujada, llamando desde el camino_.) Marcela!... Dnde ests? MARCELA Aqu, dnde quieres que est? Clavada en esta linde, esperando que pase la cellisca, pidindole a Dios que aquellos vuelvan sin mal ninguno. LUISA (_Desembarazndose un poco del chal_.) Ya saba yo que estaras as, con el alma en un hilo, hecha una calamidad... Por eso vine. MARCELA (_Agradecida_.) Hiciste bien. LUISA (_Mirndola con aire de reproche_.) No; si t no vas a llegar a vieja: lo digo yo! MARCELA (_Pesimista_.) Poco me falta! LUISA (_Con indignacin_.) Pues, hija, te luciste! Vieja t, a los treinta aos, con una salud como un roble; con esa cara; con ese pelo... qu diremos, entonces, las dems? MARCELA Ay Luisa, he sufrido tanto!... LUISA (_Animosa_.) Para todo da el tiempo. MARCELA Y lo que me espera! LUISA Mira, si te pones de psame me vuelvo a mi casa. MARCELA (_Sentndose y ponindole otra silla_.) Si supieras lo que estoy padeciendo! LUISA (_Sentndose_.) Pero criatura, atindete a razones: Andrs sali con los muchachos ayer a media tarde. MARCELA S; estaba el da nublado y sereno. LUISA Ya lo s!... Pensaban dar la vuelta hoy, tal como a estas horas. MARCELA Eso mismo. LUISA Y como nieva, y como en el invernal estn asubio, con torta caliente y leche abundante... pues no vuelven hasta que mejore el tiempo! MARCELA (_Sin persuadirse_.) Es que Jess est cada da peor... Yo creo que tiene calentura: no come, no duerme... y tiemblo por l. LUISA No decs que el monte le prueba, y que el mdico le manda subir? MARCELA Por eso subi; porque arriba duerme y come algo ms, y Andrs le lleva a menudo. LUISA (_Convencida_.) Pues habr dormido y habr cenado anoche. MARCELA Pero el fro le hace mucho dao! LUISA Tendrn buena lumbre. Adems ha calentado un poco la tarde. Mira: ya me sobra el mantn. (_Echndole para atrs sobre la silla_.) Todo eso que ves (_Sealando hacia fuera)_ no va a durar ni veinticuatro horas. Va a saltar el brego y a barrer la nevada en un periquete. MARCELA (_Que permanece ensimismada_.) Ay, t me animas! LUISA A eso he venido. MARCELA Pero no sabes... LUISA Qu es ello, di?: vamos a ver. MARCELA (_Con voz sorda_.) No... no. LUISA Bueno: pues no lo dices y en paz. MARCELA (_Pasndose las manos por la frente_.) Dios mo! (_Para esconder su pensamiento se levanta y vuelve a escrudiar los horizontes_.) Cunde la nieve; se rasan las veredas... todas las lejuras parecen una sola mortaja... (LUISA _se asoma tambin a mirar_.) Oye, oye los frmitos del aire, los clamores del agua en el fondo de la hoz... LUISA (_Le interrumpe_.) S, Marcela, s; ya veo, ya oigo... Cuando hay un temporal aqu, en el mes de febrero, suele suceder que cae la nieve; que la tierra parece mismamente una difunta; que el viento muge igual que un toro; que el ro se pone ronco de dar voces... MARCELA T lo dices as porque no tienes un hijo en medio de la borrasca. LUISA Mujer, ni t tampoco! El tu muchacho, valiente y robusto, que salta y brinca lo mismo que un rebeco, est con su padre en la cabaa; no en medio de la sierra... MARCELA (_Confusa_.) Pero Andrs se ver muy mal con el otro, enfermo... LUISA El otro... el otro... ESCENA II Dichas y REMEDIOS REMEDIOS aparece en el camino con la falda por la cabeza, descubriendo un refajo rojo. Lleva abarcas y una toquilla cruzada a la cintura. REMEDIOS Eh, Marcela, aqu estoy yo! MARCELA (_Asomndose a encontrarla_.) Pase, pase, ta Remedios. LUISA Venga con Dios. REMEDIOS (_Dejando caer el vestido_.) Ah, tienes buena compaa! Pues, hijuca, llegume ac pensando que estaras sola. MARCELA Se lo agradezco. (_Acerca otra silla para_ REMEDIOS _y las tres se sientan_.) REMEDIOS Y a saber si haban venido los del invernal. (_Saca de una gran faltriquera una media empezada y unos espejuelos que se pone y comienza a tejer_.) MARCELA No fuera malo! LUISA Ya le digo yo, que vendrn as que escampe. REMEDIOS Eso es!... Y en el nterin, no te apures, que buena cabaa tienen. MARCELA (_Sin tranquilizarse_.) Y si les ha cogido fuera la nevisca, ya en el retorno, es un suponer? LUISA (_Impaciente_.) Y si llega el da del juicio final? MARCELA Ay, Dios mo! REMEDIOS (_Sacando de la faltriquera un mazo de algodn_.) Miray, y si no hacis nada, devanarme esta madeja. LUISA (_Cogiendo el mazo y desdoblndole_.) Venga; no nos ha de sobrar mucha luz, por eso no traje labor. MARCELA Yo no puedo hacer nada: me sera imposible. LUISA (_Alargndole la madeja para que le ayude_.) Ni tener aqu? MARCELA Ni eso! LUISA Vlgame el Seor! (_Se levanta, cuelga la madeja en el respaldo de la silla y se pone a devanar_.) REMEDIOS (_A_ LUISA.) Bien considero lo que padece esta infeliz, que el que tiene un hijo solo, est siempre si le ve o no le ve. LUISA Yo, como no tengo ninguno! REMEDIOS Y no estars conforme! LUISA Qu remedio me queda! MARCELA Dichosa de ti! REMEDIOS (_Suspirando_.) Ay, una sola he criado yo, de seis que tuve, y quisiera meterla en un fanal! LUISA T, Marcela, no has pensado siempre como ahora. MARCELA Tienes razn. LUISA Esperaste a Serafn como si fuera el premio gordo. MARCELA Mucho ms: hubiese dado media vida por l. LUISA Como tardaba en venir, toda te volvas ofertas y peregrinaciones... REMEDIOS No sabe una lo que pide! MARCELA (_Evocadora_.) S; me puse muchas veces en cruz a los pies de la Virgen de la Esperanza, y fu sola, cuando llen la luna, a beber agua en la fuente del argomal... REMEDIOS Dicen que tiene mucha virtud. LUISA (_Incrdula_.) Puede ser. REMEDIOS (_A_ LUISA.) T no has hecho la prueba? LUISA No, seora; yo no. MARCELA (_Embargada en sus recuerdos_.) Una noche, la ltima que fu, campaba la luna, para mi cuenta, ms grande y ms luciente... Era por el mes de mayo; estaban las rgomas en flor, ola todo el valle a madurez y un malvs cantaba como un loco en el ansar... (_Ni_ LUISA _devana ni_ REMEDIOS _teje_.) Llegu a la fuente, me hinqu a beber en la misma boca del mananto, y al levantarme vi una mujer a mi lado. REMEDIOS Te quedaras como lela! LUISA No sera tu sombra? MARCELA Una sombra muerta me pareci... pero estaba viva... Tena los ojos del color del bosque; los pasos, chitos; el habla, muda... REMEDIOS No digas ms: ya sabemos quin era. LUISA Y qu hiciste? MARCELA Ech a correr sin buscar el sendero. El vestido se me enganchaba en las pas de la ramazn, y pensaba yo que la otra corra detrs de m; que me quera detener, que me iba a matar... rod por la tierra, volv a levantarme... REMEDIOS Slo de oirlo se me acorta el resuello, muchachas. LUISA Y se pone un udo en el corazn. MARCELA Pasaron nueve aos, y tengo patente en el alma, como si fuera hoy, aquella noche blanca de luna y de miedo, llena de flores amarillas, que me tiraban de la ropa... (_Va anocheciendo. Se oyen pasos en el corral._ LUISA, _que sigue de pie, se asoma a ver quin llega, sin soltar el ovillo que devana_.) LUISA Aqu viene Antonio. REMEDIOS (_A_ MARCELA, _volviendo a su labor_.) No s cmo lograste el hijo, con el susto y la cada! MARCELA (_Aparte_.) Lograrse! Ms se logr el de ella! ESCENA III Dichas y ANTONIO ANTONIO con abarcas y tapabocas y un paraguas grande, de color, abierto. LUISA (_Esperando a su marido al borde del portal_.) Venas a buscarme? ANTONIO No; vengo a preguntar por Andrs. LUISA No ha llegado. MARCELA (_Levantndose muy impaciente. Va al encuentro de_ ANTONIO.) Sabes t algo de ellos? ANTONIO Ni una palabra. Pero o decir que bajaban ahora dos pastores con el serrojn, y acerqume por si haban trado algn mandado. LUISA No hemos visto a nadie. (_Vuelve a devanar_.) MARCELA Qu pastores dices? ANTONIO Manuel y Elas, de la cabaa de Cos. LUISA Y el serrojn ser Cndido, eh? ANTONIO El mismo. REMEDIOS (_Sin dejar su calceta_.) Diez aos hace que espera subir hasta pastor! MARCELA (_Siempre muy preocupada_.) Y a qu vienen? ANTONIO A buscar harina para la borona por si se cierra el tiempo a nevar. MARCELA (_A_ LUISA.) Lo ves? LUISA (_A su marido_.) Est empeada en que va a durar la tormenta hasta el verano. ANTONIO Pues yo barrunto que ser cuestin de pocas horas; ah ves t. LUISA (_A_ MARCELA.) Claro, mujer! MARCELA Entonces, por qu bajan con una tarde as? ANTONIO Porque se equivocaron, si a mano viene... En el monte se hacen las horas siglos y parecen los temporales el cuento de nunca acabar. MARCELA Habrn pasado por Bustarredondo? ANTONIO Camino derecho no lo es... MARCELA (_Con recelo_.) No dijiste que podran traerme alguna razn? ANTONIO Como poder...! LUISA (_A_ ANTONIO.) No la metas en confusiones! ANTONIO Es que podan. En la sierra todo est cercano, al respetive... Si se enciende una fogata en el tu invernal (_A_ MARCELA_)_ los otros invernales se dan por entendidos y los pastores se ponen al habla; se ayudan, si lo han menester... MARCELA (_Que escucha recelosa_.) Yo voy a hablar con esos hombres. REMEDIOS Ay, qu spita eres! LUISA Pero, qu te van a decir? ANTONIO Si es por eso, ir yo. MARCELA (_Resuelta_.) No; yo misma. Voy de un pronto y vuelvo a escape. ANTONIO Y, adnde? LUISA Eso digo! MARCELA Adonde estn. REMEDIOS Vas a buscarlos por todo el lugar? ANTONIO Habrn ido cada uno a su casa o, juntos, a la taberna. LUISA (_A_ REMEDIOS.) Cndido puede ser que est con Flora, ta Remedios, que, por lo visto, la corteja de viuda tambin. REMEDIOS Dile por ah...! MARCELA (_Coge el mantn de_ LUISA.) Me voy; llevo tu chal. LUISA (_A su marido_.) Anda, hombre; vete t. ANTONIO (_Deteniendo a_ MARCELA.) Voy ahora mismo. MARCELA Es que me quedo ms conforme si los hablo yo. ANTONIO Te los traigo aqu. LUISA Muy bien. REMEDIOS As se hace! MARCELA (_Cediendo_.) Y no tardars? ANTONIO De la que los tope doy la vuelta. MARCELA Bueno, pues anda, s... (ANTONIO _recoge el paraguas y sale_.) ESCENA IV Dichas menos ANTONIO REMEDIOS (_Acomodando sus gafas y su labor en la faltriquera_.) Y yo, muchachas, voy a dejaros; porque cavilo que ese mozn igual se me cuela donde la hija, y se qued sola. MARCELA Adems se est haciendo tarde para usted. LUISA (_Devanando las ltimas vueltas de la madeja_.) S; que van los caminos muy malos. Ya est el ovillo hecho. REMEDIOS (_Coge la mano que le ofrece_ MARCELA _para levantarse_.) Apa!... Ay, hija, estoy muy torpe! (_Se cubre otra vez la cabeza con la falda, ayudada por_ MARCELA.) LUISA Conque el bueno de Cndido sigue pretendiendo a Flora? REMEDIOS No s qu te diga, mujer. Es como si hubiera nacido de suyo con esa condicin; serrojn y cortejo de la mi muchacha: de ah no sale... Pasaron los aos, ella se cans de esperar y casse con otro. Ahora enviuda, con dos rapaces, y ya le tienes ah. MARCELA Se conoce que la quiere. REMEDIOS Sabrlo l...? LUISA (_A_ REMEDIOS, _dndole el ovillo_.) Tenga. REMEDIOS Dios te lo pague. (_Le mete en la faltriquera_.) Y t, hijuca (_A_ MARCELA_)_, no te apures; que ni al hombre ni al hijo tuyo les puede suceder ningn percance. Son fuertes y sanotes; conque, si alguno lo pasa mal, ser el jayn... MARCELA (_Sin poderse contener_.) No le llame usted as! REMEDIOS Al fin y al cabo nada te toca, y un ser tan ruino poco vale... MARCELA (_Aparte_.) Dios de mi alma! REMEDIOS T bastante sufriste por causa de otros... que tienen muchas culpas que pagar. MARCELA (_Abstrada, desesperada_.) Culpas...! culpas...! REMEDIOS Vaya, adis. LUISA Adis, y tenga cuidado dnde pisa. (_Va con ella hasta el corral._ MARCELA _se deja caer en una silla y se cubre la cara con las manos_.) REMEDIOS (_Alejndose despacio_.) S; que la nieve resbala mucho. LUISA Ahinque bien las abarcas...! ESCENA V LUISA y MARCELA LUISA (_Vuelve al portal y queda muy sorprendida ante la actitud de_ MARCELA.) Pero, vas a llorar ahora? MARCELA (_Con desolacin_.) T sabes lo que me ha dicho esa mujer? LUISA Nada nuevo. MARCELA (_Exaltada_.) Nada nuevo, verdad? LUISA Claro que no! MARCELA (_Con impulso irrefrenable_.) Aquel hijo que aguard tres aos, de rodillas a la vera del altar y de la fuente, aquel hijo que haba de servir de orgullo a Andrs y me iba a vengar para siempre de la otra... es Jess, sabes?... Es Jess, el nio maltrecho y ruin, ese que vale poco, ese a quien llamis con desdeo el jayn... LUISA (_Con asombro inmenso_.) Pero... qu dices? MARCELA (_Delirante lanzada a la confidencia como en un vrtigo_.) Que los cambi en la cuna, que sent el bochorno de confesar por mo al jorobado, al que mira todo el mundo con burlas o con lstima, y ment... los troqu... Soy una criminal! LUISA Te has vuelto loca? MARCELA No, Luisa; estoy en mi sana razn. LUISA (_Sentndose al lado de_ MARCELA.) Pero... cmo pudiste?... MARCELA Yo sola conoc la desgracia de mi criatura. Tenan los nios tres meses cada uno; eran como dos mellizos de semejantes y nicamente yo los diferenciaba, cuando un da palp en el pecho de Serafn las costillas viciosas, los huesos retorcidos... Nubl de espanto. LUISA Y, entonces? MARCELA Llam al mdico. Le examin con seales de compadecerse mucho, y sin decir el mal que tena, va y me pregunta:--Este nio, cul es? Yo conoc que le iba a sentenciar para siempre, y como la comedianta que representa una mentira, salt y repuse:--Este es el jayn. LUISA Te crey a pies juntos! MARCELA Igual que al Evangelio. Aun quiso echarme flores tratndome de generosa y buena porque criaba yo misma al infeliz... Y le sentenci a padecer doblado y enfermo, toda la vida... LUISA Vaya un trance! MARCELA (_Con desesperada tristeza_.) Desde aquella hora, Serafn, el pobre hijo de mi alma, se llam Jess, y ya solo fu mo en las entraas obscuras de mi corazn... LUISA Te cremos todos! MARCELA Y el primero Andrs... As empez mi castigo... Tuve que cuidar al nio ajeno como si fuera el mo, y esconder para el otro el amor y la misericordia... LUISA No lo escondiste mucho... MARCELA Por eso me creisteis llena de virtudes y me ensalzasteis ms! LUISA Dabas un ejemplo tan noble! MARCELA S; mintiendo...! Andrs me mira como a las efigies de los santos... (_Con infinita amargura_.) sin conseguir olvidarla... Por bien agradecido huye de Irene y quisiera tratar al hijo sano con todas las finuras, creyendo que me premia... A veces le registra los ojos con afn... (_Clavando mucho la mirada_.) as... as... como un loco... Es que los tiene lo mismo que su madre, verdes, tristes, pungidos de penas y de brasas... te has fijado? LUISA En que son muy hermosos; pero en la semejanza no... Cmo se me iba a ocurrir...! MARCELA Pues el padre los teme y los busca sin saber por qu... Debe pensar que engendr en m un hijo lleno de la pasin de la otra, dueo de aquellos ojos y de aquella mirada... En tanto se me oculta para consolar al enfermo imaginando que es el de ella y que me duele ese cario. LUISA Por desgraciado le prefiere. MARCELA Y tambin porque en l la sigue queriendo todava!... LUISA T discurres demasiado. Al cabo del tiempo, Andrs no se acuerda de Irene, que est, la pobre, acabada, consumida... MARCELA (_Con sombra expresin_.) No; que le quedan los ojos! LUISA Queras que estuviese ciega? MARCELA (_Misteriosa_.) Pero los tiene llenos de lumbre, llenos de esperanza... le viven, all en la hondura, unos secretos que Andrs no puede olvidar. LUISA (_Fascinada_.) Y t los descubriste? MARCELA No, no... parecen cosa de brujera... LUISA (_Con la misma inquietud_.) Cosa de sortilegio! MARCELA Es como si otras almas que sufrieron de amores y de olvidos se asomaran al semblante de esa mujer, para rogar clemencia. LUISA (_Levantndose y sacudiendo la obsesin_.) La mitad de lo que hablas es porque la compadeces y porque... MARCELA (_Interrumpiendo_.) S, dilo, dilo: porque tengo remordimientos... LUISA Mujer! MARCELA (_Atendiendo a rumores del camino_.) Se oyen pasos: viene gente. LUISA (_Asomndose al corral_.) Si ya es de noche! MARCELA (_Observando tambin_.) Y ha dejado de nevar. LUISA Sin duda Antonio vuelve con los pastores. MARCELA (_Estrechando las manos de su amiga_.) Gurdame el secreto, por Dios! LUISA Descuida, mujer. MARCELA Nadie en el mundo lo sabe ms que t! (_Llega_ ANTONIO _con los pastores_.) ESCENA VI Dichas, ANTONIO, ELAS y MANUEL. Los dos ltimos llevan zajones a estilo del pas, cayados y abarcas. ANTONIO (_A_ MARCELA.) Aqu tienes a stos. ELAS Buenas noches. MANUEL Dios os guarde. MARCELA Ya disimularis el incomodo... ELAS Bah! Siendo cosa tuya y de Andrs! MANUEL Lstima fuera! MARCELA Y el serrojn? ANTONIO Est en casa de Flora y dijo, dice: Dile que no puedo ir. LUISA Qu zoquete!... Pero no os quedis al raso. (_Vindoles a la orilla del portal_.) Adelante. Voy a encender luz. MANUEL (_A_ LUISA.) Djalo: se ve bastante as. MARCELA No, no; os vais a sentar. Ahora sacar un farol. (_Entran bajo el techado y se sientan todos menos las mujeres_.) LUISA Yo entro por l. (_A su marido_.) Almbrame t. ANTONIO Voy. (_Sin levantarse enciende la mecha con mucha calma._ LUISA _aguarda de pie_.) MARCELA (_A los pastores_.) Conque no pasasteis por Bustarredondo verdad? (_Sentndose_.) ELAS No. MANUEL No es camino ni menos pensarlo. MARCELA Tengo una inquietud!... Quera saber si es muy recio all arriba el temporal. MANUEL Pues... no s qu decirte. (ANTONIO _alumbra a su mujer y entran en la casa_.) MARCELA Ay, Dios mo; ser tremendo! ELAS De todas suertes ya pas lo peor. MARCELA (_Ansiosa_.) Si? MANUEL Toma! Como que salt el brego no le oyes bufar? (_Se oye un trueno sordo_.) MARCELA (_Escuchando_.) Me parece que lo que oigo es un trueno. ELAS Eso mismo es. MARCELA Entonces vuelve la tormenta. MANUEL Al contrario, se va hacia la costa. ELAS El viento la sorbe. (_Luce un relmpago_.) MARCELA (_Se santigua_.) Virgen santa! MANUEL Todo ese aparato es msica celestial. MARCELA Y en el monte cay mucha nieve? ELAS Bastante! MARCELA Como cuanta? MANUEL Era nevasca, sabes? de esa que cae en torbellinos y le ciega a uno. MARCELA Eso tema yo! ELAS Fu esta maana; de repente: mostrse el cielo gacho y turbio y empez una cellisca que tena que ver. MARCELA Ay, Seor! (_Se levanta y se acerca a la puerta por donde entraron_ LUISA _y_ ANTONIO.) Luisa! LUISA (_Desde dentro_.) All vamos. MARCELA Trae un jarro de vino; haz el favor: ya sabes dnde est. (_Volviendo a sentarse_.) Yo no vivo de incertidumbre! MANUEL Pero si ya est desnevando! ELAS Y que va por la posta! MARCELA (_Bajo su preocupacin_.) De modo que esta maana hubo remolinos y ventisca? MANUEL Con fuerza! MARCELA A qu hora empez? ELAS Sobre eso de las diez. MARCELA Y dur mucho? ELAS Hasta media tarde. As que me amain bajamos nosotros para ac. Ya rodaba la nube contra la llanura y en los pliegues del monte remaneca el brego. MARCELA En el valle escamp bien anochecido; ahora poco. (_Salen_ ANTONIO _y_ LUISA_. l lleva en la mano, encendido, un farol pequeo, de cuatro vidrios, uno de los cuales gira para servir de puerta._ LUISA _lleva una jarra de loza con ramos de colores y un solo vaso_.) LUISA Aqu tenis. MARCELA Sentaros. (_A_ LUISA.) Anda, sirve t, quieres? (_Se sienta_ ANTONIO.) LUISA Ahora mismo. (_Escancia y ofrece vino blanco a los pastores y luego a su marido. Beben mientras sigue la conversacin; lan cigarrillos en hojas de maz y los encienden en la mecha del farol, descolgndole del clavo donde_ ANTONIO _le habr puesto en una viga prxima. Durante la escena, hasta el final del acto, se siguen sucediendo algunos truenos y relmpagos de la tormenta ya lejana_.) MARCELA Estarn cubiertos los caminos all arriba, eh? MANUEL Hazte cargo! MARCELA Y ser fcil perderse? MANUEL A todo nevar, s. ANTONIO Porque le envuelven a uno el viento y los copos, y se nubla el sentido. ELAS Hasta puede uno ahogarse, si se tercia. LUISA (_Con censura_.) Tan grave lo ponis! MARCELA (_A_ LUISA.) Ves cmo yo tengo razn en afligirme? ANTONIO Dicen estos que no. MANUEL Qui! ELAS Andrs no sale con los muchachos de la cabaa hoy. MARCELA Pero, si sali antes que empezara a nevar? ELAS (_Muy complaciente_.) Todo pudiera suceder! MARCELA (_Alarmadsima_.) Cmo dices? LUISA Hombre, qu ocurrencia! ANTONIO Qu haba de salir! MANUEL En lo tocante a eso... MARCELA Qu? MANUEL (_Con mucha parsimonia_.) Sbelo Dios! ANTONIO Vaya una salida! MARCELA S; Dios lo sabe! (_A los pastores_.) Y no supisteis nada del nuestro invernal? MANUEL Nada, hija... Considera que el vuestro cae ponentino y el de nosotros cara al sur. ELAS Si hubiramos barruntado que andaba por all Andrs! MARCELA Pero la bajada al pueblo es la misma. ANTONIO Desde medio camino s... MARCELA (_A los pastores_.) Y no hallasteis huella ninguna? LUISA Marcela, no te mortifiques ms! MARCELA No puedo remediarlo! ELAS Ni vimos alma viviente: estaba el monte fro y solo como un muerto! MANUEL Y nos sucedi un caso. ELAS Es verdad. MARCELA Qu fu? ANTONIO No me lo habais dicho. ELAS Vale poco la pena. LUISA A ver qu es ello. MARCELA S! MANUEL Pues, venamos por el soto de la Cruz, cuando, en esto, va el serrojn y echa un relincho que retumb en la nieve por todas las camberas abajo. Y quien os dice que a tal tiempo, omos unas voces como si fueran cosa del otro mundo. MARCELA Virgen de la Esperanza! LUISA Y qu hicisteis? MANUEL Pararnos a escuchar. MARCELA Entonces? MANUEL Todo estaba mudo, igual que antes! MARCELA Pero, aquel clamor?... ANTONIO La quejumbre del brego... ELAS O el eco del ijuj... LUISA Claro est! MARCELA No sera la voz de Andrs? ELAS Por aquellos rodales? MARCELA O el llanto de un nio? LUISA (_A_ MARCELA.) Lo que t amontonas, criatura! MANUEL Cosa muy amarga pareca! MARCELA (_Desolada_.) Me consume el miedo! ELAS Para mi cuenta fueron los crujidos del invernal ruinoso. ANTONIO Justo: que se hunda al peso de la nieve. MARCELA Y no fuisteis all? ELAS A qu habamos de ir? MARCELA (_Dominada por su inquietud_.) Por si algn caminante se hubiera guarecido y demandara socorro. ANTONIO No, mujer; por el monte no transita ningn forastero. ELAS Y los del pas no asubiamos en el soto de la Cruz. MARCELA (_A_ MANUEL_, que parece reservado_.) T qu piensas, Manuel? LUISA (_A_ MANUEL _aparte_.) No la atemorices! MANUEL (_Despus de pensarlo_.) Pues... en finiquito: yo pienso... que todos tenis razn. ELAS (_Riendo_.) Est bien. ANTONIO (A MARCELA.) Mira: el invernal ese que cruje y se est hundiendo, no es camino de Bustarredondo, ni semejante cosa. MARCELA (_Con recelo, a los pastores_.) No? ELAS No; queda muy a trasmano. MANUEL Mucho! LUISA (_A_ MARCELA.) Bien lo sabes t! MARCELA (_Con desaliento_.) No s nada! ELAS (_Haciendo ademn de levantarse_.) Conque, Marcela, si no mandas ms... MANUEL S; nos iremos. ANTONIO (_A su mujer_.) Y tambin nosotros. LUISA S. (_Todos se levantan_.) MARCELA (_Dominndose_.) No queris otro vaso de vino? ELAS Ya basta. MANUEL Se agradece. ANTONIO (_A_ MARCELA.) A la maanuca temprano yo vendr por aqu a ver lo que se te ocurre. LUISA Y yo lo mismo. (_Vacilando_.) Tendrs miedo esta noche? MARCELA Para la soledad no soy medrosa. ANTONIO (_A su mujer_.) Puedes quedarte con ella. LUISA Eso estaba cavilando. MARCELA No. (_Ante el ademn insistente de_ LUISA.) No he de ceder. Que maana madrugues, eso s. (_Los pastores han recogido sus cayados y aguardan en el corral.) (_LUISA _se pone el mantn_.) MANUEL (_Desde fuera_.) Si hacia el medioda no ha bajado Andrs, iremos a buscarle. ELAS (_A_ MARCELA.) T dispones. MARCELA Gracias por todo... Ah! llevaros el farol. (_Le descuelga y se le ofrece a la orilla del portal_.) LUISA Te bamos a dejar a oscuras? MARCELA Encender el candil. ELAS No es menester luz, no. ANTONIO La nieve nos alumbra. ELAS y MANUEL Buenas noches. MARCELA Que descanseis. LUISA (_Volviendo unos pasos atrs._) A ver si te acuestas y duermes. MARCELA (_A media voz_.) Ay, pdele a Dios por m! LUISA (_En el mismo tono_.) Sosigate, mujer, ten confianza... ANTONIO (_Ya en el camino esperando a_ LUISA.) Vamos? LUISA (_A su marido_.) All voy. (_A_ MARCELA _abrazndola_.) Adis... MARCELA Adis... (_Desaparecen en el campo_.) ESCENA VII MARCELA, luego IRENE MARCELA permanece al borde del portal con el farol en la mano, inmvil, aterrados los ojos. No se sabe si escucha o aguarda. La noche se aclara con la nieve; brillan algunos relmpagos; suena el toque de las oraciones. MARCELA (_Sale de su quietud con un largo suspiro y se santigua_.) Las oraciones! Si yo pudiera rezar!... Y un poco he desahogado el corazn que se me quera partir! (_Apaga el farol y le deja en el suelo_.) No me hace falta luz: para qu? He de estarme en esta orilla de cara al cielo y a la nieve, esperando, esperando... Qu espero?... Aqu se me figura que sufro, ms cerca del inocente que sufre... ms lejos del castigo... Aquellas voces del soto de la Cruz! (_Levanta la cabeza, mira al campo y se estremece. Una sombra enlutada va acercndose con sigilo._ MARCELA _se recoge al fondo del portal_.) Ah...! Una sombra, Dios mo!... La sombra de una mujer... No es un fantasma, no: bien cierta la descubro... Es ella... siempre ella... Padece por la misma criatura que yo; la empuja hacia m esta misma inquietud que me consume... Nos come un solo penar! (_Con vehemente impulso de compasin, llamando, ensordecida la voz_.) Irene... Irene! IRENE (_Estremecida, adelantndose_.) Marcela! Eres t? MARCELA Ven. IRENE (_Acercndose dudosa_.) Es verdad que me llamas?... Ests ah? MARCELA Te llamo: aqu estoy. IRENE No te veo! MARCELA Porque llegas de la claridad... En cambio a mi se me hace que vienes toda llena de luz. (_Sale a recibirla_.) IRENE (_Pasndose las manos por los ojos_.) Me ciega la blancura de la nieve... Ests sola? MARCELA S. IRENE (_Trmula, con la voz tapada_.) Han vuelto? MARCELA (_Con tono igual_.) No! IRENE Y qu hacas? MARCELA Esperar... y t? IRENE Yo tambin. MARCELA Esperaremos juntas. IRENE Si me dejas! MARCELA Ven. (_Al salir a buscarla atisba otra vez el celaje_.) Has trado la bonanza. Ya se afinan las nubes... Repara cmo se hiende el cielo y las estrellas se asoman a ese retal azul... IRENE (_Fijndose donde_ MARCELA _dice_.) Parece que se miran y que tiemblan... MARCELA (_Muy conmovida_.) Lo mismo que nosotras! (_Luce un relmpago; a su resplandor las dos mujeres se miran temblorosas con suprema ansiedad_.) IRENE Marcela! MARCELA (_Tendindole la mano_.) Ven! TELN ACTO TERCERO Una cocina montaesa con el llar en el suelo, gran campana, espetera brillante, de cobre, colmada botijera y bancos rsticos de nogal. Hay varios taburetes de la misma madera, una puerta lateral que comunica con el interior, y otra grande, abierta sobre el portal con una ventana pequea en la misma direccin. Ha pasado la noche y ha salido el sol encima de la nieve: su luz debe asomarse a la escena. ESCENA PRIMERA LUISA y ANTONIO LUISA (_Trajinando_.) Qu cosas se ven en este mundo!... Mira que llegar yo aqu al amanecer y encontrarme a Irene y a Marcela juntas en un mismo banco! ANTONIO (_Con alguna suficiencia, mientras pasea y fuma_.) Las mujeres sois as: tan repentinas para aborrecer como para perdonar. LUISA Ellas no se aborrecen... ANTONIO Pues esa es la cuestin; que en los quebraderos de esta casa todo el personal es de vala... Marcela una venturada que no hay ms que pedirle; ya lo estamos viendo; mejor criatura no cabe. Andrs, bueno a carta cabal, amigo de los pobres y pronto a sacarnos de un apuro al que ms y al que menos... Da en cara verle padecer el humor de la melancola! LUISA (_Cavilosa_.) S; llevas razn! ANTONIO Y si vamos a Irene, otra infeliz. Desde el percance aquel no ha vuelto a dar qu hablar ni ese es el camino... Ella trabaja, sola y enferma, dale que dale, y puja con la vida siempre clavando los ojos en este llar, donde le recogieron al hijo. LUISA Por ah duele! (_Acab de ordenar la cocina y atiende con mucho inters a la conversacin: hablan en voz discreta_.) ANTONIO Y van a estar los tres como en el Purgatorio, talmente, hasta el sin fin de los aos? LUISA (_Desanimada_.) Qu s yo! ANTONIO Es el sino de las personas, no digas!... Nacen con la negrura de un desvelo, como quien saca una pinta en la piel, y arrastran aquella nube hasta que vuelven a la tierra. LUISA Ser... ser! (_Pausa_.) ESCENA II Dichos y MARCELA MARCELA (_Saliendo del interior, siempre con aire inquieto_.) Qu largas se me van a hacer las horas de aqu al medioda! ANTONIO Parceme que antes no pueden venir. Porque Andrs aguardar a que el sol caliente para traer a los muchachos poco a poco. LUISA Y si no llegan a eso de las doce, suben a buscarlos. ANTONIO (_A_ MARCELA.) No s si habrn subido ya; porque todo el pueblo est pendiente de tus cavilaciones. MARCELA Nos queris bien. ANTONIO Merecido estar. LUISA (_A_ MARCELA.) Por qu no te acuestas un rato y yo me quedo aqu a la mira? MARCELA No estoy cansada... Despus de calentarme a la lumbre mat el fro y el sueo y no me importara quedarme en vela otra noche. LUISA Gastas recia salud! MARCELA Si la pudiera repartir!... ANTONIO (_A_ MARCELA.) Ya que no mandas ninguna cosa voy a soltar el ganado y volver ms tarde. LUISA Es lo mejor. MARCELA S; comeris con nosotros. ANTONIO Hasta luego. (_Sale despacio_.) LUISA (_A_ ANTONIO.) Sabes qu hora es? ANTONIO (_Detenindose en la puerta a mirar hacia delante quitndose el sol con la mano_.) Las ocho dadas, que ya cay la sombra en la cerca del maestro. ESCENA III MARCELA y LUISA MARCELA Entonces, si te puedes quedar aqu voy un rato a la iglesia. Se me har el tiempo ms corto y aprovechar la blandura que siento en el corazn. LUISA Yo te aguardo lo que necesites, y contenta, porque te veo ms animosa. MARCELA Qu buena eres conmigo! LUISA Si te sirvo de algo no har ms que corresponderte. MARCELA Me sirves de mucho. Desde ayer puedo rezar y no se me endurecen los pensamientos, cerrados en la esclavitud... Es como si te diese un poco de este peso que me agobia. LUISA Me lo diste y se me aposent aqu. (_Sealndose el pecho_.) MARCELA Pues con llevarlo t me alivias. Me consuela saber que tengo a quin decirle hasta dnde se me hunde la compasin y la ternura por Jess; como le quiero de un modo diferente a las otras madres que en el hijo disfrutan bienandanzas y goces... En m todo el amor es una cuita que me consume... un dolor que me parte las entraas... LUISA As ser para Irene! MARCELA Te acordaste de ella!, verdad? Qu har yo, Luisa? LUISA Bien lo considero!... MARCELA Muchas veces en tantos aos de padecer, tuve tentaciones de confesar a gritos mi culpa, que a todos nos aflige. LUISA Es un caso muy fuerte! MARCELA (_Con pasin_.) Y est Andrs por el medio! LUISA Pero l es tu marido. MARCELA (_Sordamente_.) Por gratitud! LUISA No, mujer! MARCELA Por Serafn! LUISA No dices que quiere ms al otro? MARCELA En el hijo daado le tira la pasin; en el saludable el orgullo... LUISA Andrs es bueno... MARCELA S, pero no la olvida; no la puede olvidar, y si supiera!... LUISA Y cmo anoche la diste arrimo? MARCELA No te lo s decir... Toda la lstima y el sentimiento subironse a mi boca de un pronto. Estaba ah esperando como yo: la llam y vino. Juntas lloramos y yo sent consuelo al cobijarla. Pero si nos hallaste juntas... nos apartaban muchas cosas!... LUISA Se te hara la noche un siglo! MARCELA Al revs... se me pas como un vuelo. Las penas se me pasmaron aturdidas y ya no supe si yo era yo. LUISA Estaras trasoada. MARCELA Estuve con los ojos abiertos como ahora. LUISA (_Con mucho inters_.) Y ella? MARCELA Ella, igual. LUISA Hablasteis? MARCELA (_Con voz sorda_.) No: lloramos. LUISA Y no te di recelo su mirada como otras veces? MARCELA Ninguno: con el llanto se le apag la lumbre de los ojos... LUISA Parece mentira... Ah en la soledad oscura, yo lo que t me traspaso de miedo. MARCELA Haba mucha luz. Como est creciendo la luna, quebr las nubes y se puso cada vez ms blanca la noche... Segn el brego iba deshaciendo la nieve, llense el valle con el vocero de la riada... LUISA (_Interrumpindola_.) Ya lo creo! Estaban rotos los azutes del ansar y los saetines del molino. MARCELA Y bajaban despeados los chortales del monte. Los oste? LUISA Qu haba de hacer! MARCELA (_Con honda evocacin_.) Pues yo no saba si aquel llorar tan grande era de Irene o mo, o de todas las tristezas de la vida juntas. LUISA Es que soabas sin dormir. MARCELA Con todo y eso, no se me despertaron las agonas tan duras como ayer y ahora parece que se me derrite un poco la pesadumbre con el sol. LUISA (_Alentndola_.) S, Marcela, a ver si te recobras: Dios te ayudar. MARCELA (_Con alguna esperanza_.) Ay!, mucho se lo tengo que pedir... Voy a buscar la mantilla. (_Entra en la casa_.) LUISA (_Sola_.) Y yo a sacar unos cntaros de agua y a gobernar all dentro. (_Hay un silencio, mientras el cual_ LUISA _dispone los cntaros_.) MARCELA (_Sale con la mantilla en la mano y se la va poniendo_.) Si algo ocurre te acercas a llamarme, eh? LUISA Vete sin cuidado. (_Se va_ MARCELA.) Pobre criatura! Lo que ella pena y se martiriza por el amor del su hombre!... Y l, tan amargo y sobrecogido como si la ventura le supiera a hieles. Qu vida, Seor! ESCENA IV CARMEN y LUISA CARMEN (_Llega con un cntaro y un botijo a sacar agua tambin. Habla con tono de misterio y emocin_.) Una que va por ah delante, es Marcela? LUISA Lo ser, porque acaba de salir. CARMEN Vla al doblar la cerca del maestro y no pude fijarme bien. Iba a la parroquia? LUISA Eso mismo. CARMEN Entonces, no sabis lo que pasa? LUISA (_Con inquietud_.) No..., qu? CARMEN Pues dicen que baj Andrs con un muchacho slo entre los brazos y que al otro le dej muerto encima de la nieve. LUISA (_Muy apurada_.) Cundo? Quin lo dice? CARMEN El serrojn lo habl en la mi cambera. LUISA Pero, dnde estn? CARMEN Vena Cndido de casa de Flora y deca que estaban all; que llegaban aterecidos y los queran fortalecer un poco, antes que los viese Marcela. LUISA Ser verdad?... Era lo que faltaba!... Y cul nio dicen que pereci? CARMEN Eso no lo s. LUISA Ay, no quisiera encontrarme aqu! CARMEN Yo me vine a buscar agua para enterarme de si era cierto. LUISA (_Perpleja_.) Y qu hago yo ahora?... No; a Marcela no la llamo hasta saber... CARMEN (_Mirando hacia el camino_.) Ah vienen! LUISA (_En la misma actitud_.) Andrs!... Si parece ms viejo!... Qu habr sucedido? ESCENA V Dichas, ANDRS, MANUEL, ELAS; despus ANTONIO. ANDRS (_Con la cabeza descubierta. En zapatos; traje de pana con remonta. Aspecto de fatiga y desesperacin. A_ LUISA.) Marcela? LUISA (_Temblando_.) No est. ANDRS Cmo?... LUISA Fu a la iglesia y vendr en seguida... Pero, qu te pasa? ANDRS (_Se deja caer en una silla, con la frente entre las manos. Todos le rodean en actitud solcita y penosa_.) El jayn!... (_Con amargusimos acentos_.) No era ms que eso..., un pobre jayn!... LUISA (_A los pastores_.) Qu dice? CARMEN (_Comprendindolo_.) Es Jess el que ha perecido! ELAS S. LUISA Virgen de los Dolores! MANUEL Y del mal, el menos! ANDRS (_Levantando la cabeza; saturada la voz de amargura_.) Eso es!... Un nio sin padres, raqutico, intil, para nada sirve en el mundo. MANUEL Hombre, eso no... (_Alusivo_.) Bien consideramos la pena tuya. ELAS (_En el mismo tono_.) Y conocemos que l y t... Claro est! CARMEN (_Corroborando_.) Las cosas de la vida!... LUISA (_Aparte_.) El hijo de las dos madres!... ANTONIO (_Llega buscando a_ ANDRS _y le abraza contristado_.) Andrs: supe ahora mismo la desgracia... ANDRS (_Con honda intencin_.) Una desgracia, s... aunque no lo parezca. ANTONIO Quin lo haba de pensar? Ibamos a subir a buscarte slo por tu mujer. (_Mirando alrededor_.) Dnde est ella? CARMEN Yo ir a llamarla. LUISA (_Detenindola con viva ansiedad_.) No vayas, no... Ahora viene... ANDRS A tiempo llegar! ANTONIO (_A los pastores_.) Dnde le encontrasteis vosotros? ELAS Vmosle bajar por la calzada y fuimos a ayudarle. MANUEL Vena con cara de difunto, cargado con el hijo. ANTONIO Y Serafn? ELAS La ta Remedios le est aliando para trarsele a su madre. LUISA (_Aparte_.) Pobre Marcela! ANTONIO (_A_ ANDRS, _que permanece absorto en un dolor sombro_.) Pero cmo fu eso? ANDRS Por mi culpa! ANTONIO A ver: dilo. MANUEL S, hombre, cuenta. (_Todos se preparan a escuchar con mucho inters_.) ANDRS Qu voy a deciros? No vale para contado. (_Pausa_.) Cuando ayer barrunt la nieve en los cielos y en el aire, quise venir antes que reventara la nube, creyendo que haba lugar... ELAS Y salisteis? ANDRS Esa fu mi torpeza. Jess no haba querido almorzar. Arda y temblaba, y me entr la prisa de traerle. Como a la hora de camino, en la mitad del monte, nos alcanz la lluvia de travs, un cierzo helado que se volva nevasca, todo envuelto en huracanes. Entonces quise volverme al invernal... Pero ya estaban rasas las veredas: nos cegaba la nieve; perd el tino y err el sendero. MANUEL No hay mucho que asombrarse! ELAS El temporal aturde al ms valiente! ANTONIO El monte es cosa muy seria! ANDRS (_Con la voz traspasada por el desaliento_.) Para qu voy a contaros ms! ANTONIO S: acaba. CARMEN Cmo fu lo del nio? LUISA Dilo pronto, Andrs! ANDRS Que le roan la tristeza y la enfermedad y no pudo resistir como el otro!... Fu tirando por ellos monte arriba igual que un orate, pensando acertar con la cabaa. Puse en los hombros a Jess y llev de la mano a Serafn no s qu tiempo... Era todo el aire una pura cellisca y la tormenta rodaba con tronidos y relmpagos. MANUEL Pues no bregaste t poco! ELAS S; que empez a tronar a media tarde. ANDRS Y a escampar tambin! ELAS Eso. ANDRS Pero sabis dnde estbamos a aquella hora? MANUEL Dnde? ANDRS En el soto de la Cruz. MANUEL (_Alteradsimo_.) En el invernal? ANDRS S. ELAS Y diste unas voces? ANTONIO Marcela acert! LUISA Fu una corazonada! ANDRS (_A los pastores, muy asombrado_.) De qu sabis?... MANUEL Oste el ijuj? ANDRS (_Levantndose, con tremenda ansiedad_.) Me lo pareci: erais vosotros? ELAS (_Desolado_.) S; cmo bamos a pensar que eras t? ANDRS Pero escuchasteis mi grito? MANUEL El tuyo fu; no le tuvimos por cosa humana! ELAS Contamos que al hundirse gema el invernal... MANUEL Que aullaba el viento!... ANDRS (_Entre dolido y desesperado_.) No me disteis socorro! MANUEL Y ELAS (_Muy afligidos, abrazndole_.) Andrs! ANTONIO (_Con cierta pavura_.) El monte es as, como una madriguera... MANUEL (_En el mismo tono_.) Igual que una sima!... ELAS (_A_ ANDRS.) Repara que tampoco t fiaste en nuestra voz. ANDRS (_Muy abatido_.) Tampoco; asubi en la cabaa porque ya no poda Serafn andar ni yo mismo debatirme contra la fatiga y la inquietud. Esperaba all una ayuda de Dios: lleg el milagro y no tuve fe!... Respond con un grito a otro apagado entre la nieve y el vendaval; pero respond sin confianza, como quien suea o tiene calentura, y no hall amparo... ANTONIO (_Proftico_.) Es el destino de cada cual! LUISA (_Llorosa_.) Qu lstima! CARMEN (_Lo mismo_.) Da mucha compasin. ANDRS (_Vuelve a sentarse, cado en su quebranto_.) S; la suerte suya!... Tena que morirse a las inclemencias del cielo, segn haba nacido! LUISA Fu all en el invernal? ANDRS Ni eso siquiera. Toda la noche padeci sin lamentarse, con los ojos ms despiertos que nunca, mientras Serafn, deshambrido y cansado, acab por dormirse. Bajo las hendeduras abiertas a los temporales no les hall apenas el abrigo de un rincn y ni un puado de rozo o de escamonda para mullirles una cama. Quise darles calor con mi cuerpo y no logr que Jess dejara de temblar... MANUEL A lo menos tuviste luna. ANDRS S; muy grande y muy amarilla; ms triste que las mismas tinieblas!... LUISA Y despus? ANDRS De amanecida empez a crujir la techumbre con seales de hundirse. Saqu a los nios fuera, de un brazado, y se vino abajo lo que quedaba del invernal. ANTONIO Miray que es mala suerte! MANUEL Apaado estuvo! LUISA (_A_ ANDRS, _apremiante_.) Y qu? ANDRS Era en el valle de noche, pero haca bonanza y ya en las cumbres quera salir el sol. Cobr nimo, tom rumbo de cara a la llanura y volv a cargar con Jess; ya no le ardan ms que los ojos y parecame que estaba mejor. Pero Serafn, al despertar, sinti hambre y empez a dolerse, muy cansado y lloroso. Y va y me dice:--Me quieres menos que a Jess; por eso le llevas siempre a l... (_Con la voz muy ensordecida_.) Tena razn!... Yo entonces preguntle al daado. Puedes andar? Y fu y contest:--S. Le pos y cargu al otro... Al poco tiempo rodaba en la nieve Jess detrs de m. Cont que se haba resbalado y quise levantarle, pero no se mova; estaba yerto. Me hinqu al lado suyo; le llam:--Jess... Jesusn!... y comenz a reirse... ja ja ja!... (_Re de un modo siniestro_.) LUISA (_Con asombro mientras todos se alarman_.) A reirse? ANDRS (_Posedo por la profunda emocin de su relato, se obsesiona con el recuerdo de la risa fatal, y la repite aunque con la mano sobre la boca la quiere contener_.) Ja ja ja!... As ren los que se hielan. (_Sigue riendo_.) CARMEN Se trascorda! ANTONIO (_Asustado_.) Pero, hombre; ests en ti? ANDRS (_Se domina, se levanta y contina con la ms elevada pesadumbre_.) Lo estoy!... base la risa del nio por el monte abajo sin dejar de oirse... todava se oye!... y los ojos le relucan como un cristal, llenos de lgrimas, abiertos contra las nubes, mirando al sol... Dentro de ellos el alma fuese apagando como un cirio cuando se consume; hasta que se le nublaron los ltimos ardores con una sombra muy fra, y toda la carne de la criatura se cuaj en cera mortal... (_Las mujeres sollozan; los hombres se muestran muy enternecidos_.) Ech a correr con el hijo que me quedaba y dej all solo al inocente... No le sirvieron estos brazos mos para nacer ni para morir... Una noche, hace ya nueve aos, temiendo que pereciese de fro y de hambre, le abr esa puerta y le calent en ese llar... Bendita sea la mujer que le remedi!... Pero Jess traa consigo la condena, arrastraba una culpa, y luego de padecer toda su vida, tena que morir de hambre y de fro, sin un regazo, sin un consuelo... delante de m!... ESCENA VI Dichos, IRENE, despus MARCELA IRENE (_Llega en silencio cuando_ ANDRS _pronuncia las ltimas palabras. Demuestra una ansiedad desgarradora_.) Andrs... Andrs!... Qu es lo que dices? ANDRS (_Con un grito inexplicable_.) Irene!... T?... IRENE (_Mirndole con suprema angustia_.) Es verdad que dejaste a Jess muerto en el monte, solo, encima de la nieve? ANDRS (_Bajando la cabeza al peso de toda su amargura_.) Es verdad! IRENE (_Trastornada por la pena_.) Ah! Qu has hecho de l?... Qu has hecho, di? ANDRS Lo quiso Dios! IRENE (_Desesperada_.) Mi hijo... mi hijo! (ANDRS _hace un generoso movimiento para recibirla en sus brazos pero se detiene con un sollozo y_ LUISA _y_ CARMEN _la reciben en los suyos piadosamente_.) LUISA (_A_ IRENE _y_ ANDRS.) Se os escapa a gritos el secreto! MARCELA (_Sin aparecer, llamando con ansia_.) Luisa!... Luisa!... ANTONIO Ah viene Marcela! ANDRS (_Dominndose_.) Mucho la debo, pero algo se lo voy a pagar. IRENE (_En medio de su llanto_.) S; con mi carne!... ANDRS (_Mordiendo la frase con pasin_.) Y con la ma! LUISA (_Ha salido a recibir a_ MARCELA _que llega desolada, con la mantilla cada en los hombros_.) Detente... aguarda! MARCELA (_Desasindose_.) No... no!... Dnde est Andrs? ANDRS (_Acogindola en un abrazo_.) Aqu! MARCELA (_Mirando en torno suyo como una loca_.) Pero qu sucede? Dnde estn los nios, dnde? ANDRS (_Solemnemente_.) Salv al hijo tuyo, mujer! MARCELA (_Convulsa_.) Al mo?... al mo?... A cul? ANDRS Al tuyo: a Serafn! MARCELA (_Con un grito indecible_.) Hijo de mi alma! (_Oculta la cara entre las manos con infinita desolacin... Despus de una pausa habla exaltadamente_.) No, ese no es el mo, no; el mo es el otro, el otro! IRENE (_Absorta_.) Qu dices? ANDRS (_Asombradsimo_.) Cmo? TODOS (_Con vivsima ansiedad_.) Qu? MARCELA (_A_ ANDRS.) Dime t qu fu del infeliz. Dnde est?... No alienta?... No le ver ya nunca, nunca? ANDRS (_Angustiado_.) Vivo, nunca! MARCELA (_Abrumadsima_.) Ah! ANDRS (_Siempre con voz opaca_.) Le alcanzaron la nieve y el mal... y le dobl la muerte all arriba. MARCELA (_Delirante_.) El castigo, el castigo! ESCENA VII Dichos, REMEDIOS y SERAFN REMEDIOS (_Llevando de la mano al nio, que viste blusa y pantaln largo y representa nueve aos muy gentiles_.) Aqu tenis al muchacho tan campante. MARCELA (_Mira al nio con extravo y le empuja al medio de la escena_.) Pues ste, ste es Jess, el jayn... Te le devuelvo, Irene, toma: no llores ms por l! IRENE Que este es Jess?... Mi hijo!... No me engaas? ANDRS (_A Marcela, con ansiosa inquietud_.) Pero es verdad? LUISA (_Suplicante_.) Marcela, por Dios! MARCELA (_A su marido_.) Es verdad! (_A_ IRENE.) No te engao! (_Sealando al nio_.) Quise valerme de l contra ti, y no quiso el que todo lo puede!... Este nio es _el vuestro_, el saludable y dulce, el de los ojos verdes que embrujan como los tuyos. (_Habla con pasin y violencia, arrepentida y desesperada a un tiempo, mientras_ IRENE _se sacia mirando al hijo y le tiende los brazos_.) Fjate! Cuando Andrs le mira, es igual que si te mirase a ti. IRENE (_Mirando y abrazando al nio, que se resiste asustado_.) Yo no pienso en Andrs! MARCELA (_Con lgica brutal_.) La que se lleva al hijo se lleva al hombre! IRENE No; al hijo nada ms; al hijo, s; ven! (_Muy codiciosa_.) JESS (_Lloroso, muy aturdido, queriendo irse con_ MARCELA.) Madre! ANDRS (_Aparte_.) No acabo de creerlo! MARCELA (_Echando al nio con brusquedad en brazos de_ IRENE.) Esa es tu madre! (_A ella_.) Tmale!... Te le doy y me quedo sola en el mundo, como estabas t... ANDRS Calla, calla, te confiesas a voces! MARCELA (_Con infinita amargura_.) Como los sentenciados a muerte! (_Haciendo un ademn de huda_.) Ahora... adis! ANDRS (_Adelantndose a detenerla_.) Que te vas? adnde? MARCELA (_Pugnando por soltar la mano con que la sujeta su marido_.) Por la nieve adelante, por los caminos altos donde las criaturas perecen de fro y pesadumbre... IRENE (_Aparte_.) Como el hijo suyo! ANDRS (_Compasivo_.) No, eso no! MARCELA (_Con obscura intencin_.) Si cada alma vuelve a su estrella, yo quiero acercarme a la ma sola y en paz. ANDRS Y yo no puedo abandonarte. MARCELA (_Imperiosa, magnfica en su terrible desesperacin_.) Djame, Andrs! Ya oste mi culpa: no te acuerdes ms de m! ANDRS (_Muy sombro_.) No s lo que oigo! MARCELA S; lo que no sabes lo adivinas!... Nada me preguntes ni me prometas: me duele tu caridad... Qudate con ellos! ANDRS (_Vacilante_.) Pero, aguarda! MARCELA No! Quiero acabar de arrancarme el corazn! (_Volvindose a la gente que escucha con murmullos de inquietud y compasin_.) Que nadie me siga: Que nadie me busque! ANDRS (_Porfiando dbilmente_.) Marcela! MARCELA (_Empujndole hacia_ IRENE _y_ JESS _con un sollozo que ms parece un rugido_.) Qudate ah! (_Huye desatinadamente, mientras_ IRENE _y_ ANDRS _se miran con infinita ansiedad_.) IRENE (_Dando un paso hacia el hombre como para retenerle, con descubierta pasin_.) Andrs!... TELN. LA PRENSA Y EL ESTRENO DE EL JAYN De "El Debate": La Sra. Concha Espina figura en primera lnea entre los novelistas espaoles contemporneos. En las columnas de _El Debate_ hemos rendido pleitesa a la alcurnia literaria de la egregia escritora al estudiar dos libros suyos: _Agua de nieve_ y _La Esfinge Maragata_. Hoy tenemos la satisfaccin de volver a aplaudirla con motivo del estreno de su primera obra teatral, _El Jayn_. La rutina suele clasificar a los publicistas inapelablemente. Al que lo encasilla entre los poetas no le reconoce aptitudes para la novela; al que lo diputa novelista, no lo aguanta dramaturgo. Dirase que la rutina es envidiosa y la ofenden la ductilidad y el protesmo del talento ajeno. Por esta vez, la rutina habr de resignarse con que una novelista ilustre haya triunfado en la escena de Eslava, desde la que hubo de saludar, al fin de los tres actos, a los espectadores que la aclamaban. * * * * * La Sra. Espina ha acertado a poner en su obra una intensidad emotiva extraordinaria; y como el arte esencialmente es emocin, se deduce que _El Jayn_ merece los aplausos con que fu acogido por el pblico. Adase que los caracteres de Marcela, Irene, Andrs y Luisa estn trazados con habilidad; que el dilogo es sobrio y el estilo primoroso, y se comprender que la crtica debe asociarse al fallo de la opinin. * * * * * En la autocrtica publicada en _La Tribuna_, afirma la autora: En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema alguno, ni mucho menos de resolverle. Aspiro slo a llevar a la escena un pedazo palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado por mi corazn. Para darle forma no me preocuparon ardides tcnicos, y me dej conducir por la emocin y la realidad, creyendo que este camino, si no fcil y corto, es el nico que logra llegar a un alto fin. Completamente de acuerdo con la teora que este prrafo expone. La Sra. Espina ha conseguido realizar sus propsitos, y stos son noblemente artsticos. En la interpretacin, la Srta. Morer, admirable de vis trgica, puso a contribucin su gesto natural, fuerte, elegante y su voz privilegiada, cuyas vibraciones emocionan por s mismas, aun descartado el contenido de lo que exprese. El Sr. Hernndez, adusto, seco, pensativo o fogosamente dramtico, segn las exigencias de las situaciones. Muy bien las Sras. Pearanda y Siria y la Srta. Almarche. Mignoni ha pintado para _El Jayn_ dos bellas decoraciones. RAFAEL ROTLLAN. De "A B C": La primera manifestacin teatral del temperamento literario de Concha Espina ha respondido al prestigio de que goza desde hace mucho tiempo como novelista la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_. _El Jayn_, drama en tres actos, estrenado anoche en el teatro de Eslava, obtuvo un xito franco, unnime, cordial y justsimo. No poda esperarse otra cosa de quien tan ponderadamente ha sabido interpretar momentos y sensaciones de un realismo doloroso y vivo, descubriendo la llaga de lo trgico, no con la grosera tenacidad de los gusanos, sino con la solcita atencin de un psiclogo. _El Jayn_ es un afortunado ensayo dramtico. Concha Espina ha tenido el acierto, adems, de mostrarse como dramaturgo femenino de sutiles y vibrantes percepciones estticas y humanas. Su primera obra escnica es, como la obra de una madre, la exaltacin del ms puro sentimiento de la maternidad, y esta postura sentimental tan simptica y tan excepcional en este ciclo literario en que la mujer propende a sentir como el hombre, fu acogida con visible complacencia por el pblico, sugestionado al mismo tiempo por la plasticidad del cuadro, del ambiente, de la luz local; la riqueza de la expresin en su potica rusticidad, y, finalmente, la tembladura de bondad, de sencillez, de almas buenas, que circula, como la sangre caliente y generosa por las venas, por todos los instantes del drama. Es el jayn un nio prohijado, una criatura con paternidad adoptiva, segn la lexicografa vulgar montaesa. En la obra de la exquisita y gentil escritora, el jayn es un nio tullido, una lacra fisiolgica, un rollito santo donde la Fatalidad se ha complacido en grabar una arruga deforme. Y este nio, hijo aparente del infortunio, cuando es el infortunio mismo, viene a ser el eje de la delicada trama, es como la lnea de primer trmino de la linda, de la sugestiva acuarela dramtica que ha compuesto Concha Espina. De su triunfo absoluto y clamoroso le hablaran anoche con clara elocuencia las ovaciones cerradas que le prodig el entusiasmo de la concurrencia. La Srta. Morer tuvo ocasin de contrastar sus admirables aptitudes, dando la mxima sensacin de la ternura, de la abnegacin, del sacrificio y, finalmente, del desgarrante dolor maternal, interpretando la figura dulce y bondadosa de Marcela, la madre del jayn, la madre secreta para todo el mundo, menos para sus entraas laceradas por la suprema adversidad. La Sra. Pearanda y el Sr. Hernndez se hicieron una vez ms acreedores a la legtima complacencia con que el pblico de Eslava sabe justipreciar sus mritos artsticos indiscutibles. Para los tres, como para sus estudiosos auxiliares, hubo muchos y merecidos aplausos. Concha Espina fu llamada al palco escnico multitud de veces. El decorado, de Mignoni, de justo verismo. J. SAN GERMN OCAA. De "El Sol": Nosotros tenemos que recibir complacidos siempre cualquier ensayo escnico de los novelistas, seguros de que han de llevar a la dramtica, con la sinceridad de sus anlisis, graves preocupaciones de lenguaje y de estilo. En este ltimo aspecto, principalmente, tiene un innegable valor la aparicin ante la batera de una obra de Concha Espina, la interesante autora montaesa. * * * * * La sugestin innegable de esa fbula tiene an menor importancia que la pintura del ambiente. La Sra. Espina ha llevado al teatro todo el color y todo el encanto descriptivo de la novela. Y, atenta al paso que daba, cuid de conceder a los episodios una sobriedad plausible, que los haca resaltar vivamente. El dilogo sostena, en tanto, sus prestancias, y los actos se deslizaban bajo un innegable encanto literario. * * * * * El pblico aplaudi los tres actos del drama, reclamando en todos la presencia de la autora. Josefina Morer exterioriz una vez ms su alto temperamento dramtico en la interpretacin de Marcela. Y fu secundada con acierto por la Sra. Siria, y por los Sres. Hernndez y Vega, especialmente. De "La Vanguardia", de Barcelona: Otra produccin no slo interesante por s misma, sino reveladora de aptitudes dramticas ciertas ha sido _El Jayn_, primer trabajo escnico de la insigne novelista Concha Espina. Se trata de una bella narracin publicada ya y adaptada perspicazmente al teatro por su autora. El pblico perciba con claridad los dos elementos indispensables: el ambiente montas que envuelve el episodio, y la curiosa experimentacin del amor maternal que se intenta realizar. As la potencialidad de la fbula destacaba sus vigores y la emocin surga eficazmente. El dolor de aquella madre que en lejano da sealara al hijo legtimo como espurio, como hallado, como el _jayn_, avergonzado del raquitismo y de la fealdad del nio, adquiere una alta significacin en el momento de perecer el muchacho vctima de un accidente fortuito. El verdadero _jayn_, el muchacho sano y hermoso se salva. Quien perece es el muchacho aquel que todos crean no era el de la triste. Ved por lo apuntado cmo en el drama de la Sra. Espina asoma mejor que una Fatalidad ciega o una Fatalidad hecha de determinismos, una decisiva accin providencial, pronta a ejercer sus justicias inexorables. La sencillez de los personajes que conocemos, el tono misterioso, recogido y apacible de la obra y la necesidad que tienen aquellos campesinos humildes del amparo constante de lo alto, concluyen de establecer las condiciones especiales de _El Jayn_. Y todo esto forma un conjunto organizado cuyas finalidades idealistas arriban sin mengua de la realidad viva y palpitante. Prueba, adems, que la insigne autora de _La Esfinge Maragata_ y de _La Rosa de los Vientos_ puede caminar por la escena. Y a la par afirmaba, con el ejemplo ante nosotros, que no son tan insondables como se cree los abismos separadores de la novela y de la dramtica. JOS ALSINA. De "El Liberal": El Jayn, por Concha Espina. La excelente novelista y escritora ha demostrado con ese su primer ensayo teatral que tiene todas las condiciones de un buen dramaturgo. _El Jayn_ es una obra dramtica, trgica ms bien, llena de emocin y de fuerza, cuyo fondo es hondamente pattico. Y que por la forma y el ambiente--escenas de la montaa santanderina--est llena de verdadera poesa real. Fu muy aplaudida. MANUEL MACHADO. De "La Accin": Concha Espina es una escritora que goza de grandes simpatas entre las damas. El arte de sus novelas y la ejemplaridad que resplandece en la vida de esta mujer iluminan su personalidad con los prestigios ms ingentes. Concha Espina ha sabido ser una gran escritora y una dama amante de su hogar, trminos no antitticos, pero, en realidad, no muy avenidos en la vida corriente y moliente. Por eso sus lectores muestran hacia su autora predilecta, tanta simpata como admiracin. _El Jayn_ es el primer intento teatral de la Sra. Espina. Nadie lo dira al ver el dominio tcnico de que da gallardas muestras esta escritora en el drama estrenado anoche en Eslava. En _El Jayn_, a travs de una trama simplicsima y de gran fuerza pattica, Concha Espina exalta con toda la vehemencia de su corazn femenino, dotado de una gran sensibilidad, el sentimiento de la maternidad, que es eje y esencia del drama. No queremos hurtar a nuestros lectores el inters que en ellos ha de despertar el argumento del drama. Por eso, contrariando nuestros deseos, nos abstenemos de relatar las incidencias del asunto. Hay en esta primera obra de Concha Espina verdaderos alardes de sagacidad psicolgica, que delatan un gran temperamento dramtico en la ilustre escritora. La accin de la obra se desarrolla en la montaa santanderina, y los personajes, a pesar de su rusticidad, se expresan con la sobria elegancia de lenguaje que es caracterstica en aquella comarca castellana. Sorprenden en _El Jayn_, la fluidez y naturalidad del dilogo y la elevacin literaria de los giros, por cuyo extremoso celo merece sinceros plcemes esta ilustre autora. El inters del drama no desmaya un solo instante. La obsesin amarga de que estn embargados los personajes de la obra se transmite al pblico, poniendo en tensin sus nervios en espera del desenlace. Y ste sobreviene, sencillo, noble y pattico, coronando con los rigores de la adversidad definitiva la gama de torturas en que han venido consumindose las almas. El pblico rindi prdigos homenajes a Concha Espina, la cual hubo de salir a escena al final de cada jornada, requerida por los insistentes aplausos. Josefina Morer, en la protagonista de la obra, puso de relieve sus grandes aptitudes para los papeles dramticos. La bella y gentil actriz, que es todava una nia, si, como es de esperar, persevera en el estudio, ser muy pronto una de las figuras culminantes de nuestra escena. Asimismo merecen un sincero aplauso el Sr. Hernndez, que cada da aade mayores perfecciones a su arte, y la Sra. Siria, siempre ajustada y excelente actriz. ALBERTO MARN ALCALDE. De "El Universo": Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros lectores. Esta escritora, quizs la ms espiritual de las de su sexo, ha triunfado en el cuento, en la novela y en el comentario sentimental, con estilo propio, y con triunfos tan rotundos como generales. Sus artculos, gustados por el pblico y consagrados, como sus novelas, por la crtica, la han granjeado una reputacin literaria de las ms slidas. Pero si como creadora de las ms bellas farsas poticas es estimada por los lectores, quizs las exquisiteces de su estilo, por lo raras y escogidas, por lo depuradas literariamente, la han conquistado, en el mundo de los artistas una personalidad sobre todas original. Concha Espina, aplaudida y mimada del pblico por toda su labor anterior, va ahora al teatro con una obra dramtica de ambiente rstico. En declaracin autocrtica nos dice la ilustre autora que en su nuevo drama no pretende ni ensear ni demostrar nada, y que el pblico est libre de todo intrincado problema moral de complicada solucin. El ensayo dramtico de la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_ pertenece a lo que pudiramos llamar teatro potico. _El Jayn_ es la potica exaltacin de la maternidad y el canto a las sublimes y misteriosas profundidades y siniestros de las montaas. All arriba, en las cimas donde las ventiscas y las tempestades se forjan, la nieve entierra, quitando antes el ltimo suspiro, al jayn. * * * * * El dilogo, que es el oro puro de esta narracin novelesca, tiene primores poticos y de estilo verdaderamente esplndidos. El lenguaje florido de aquellas montaesas toma color con la accin, y nos sabe ms a mieles que en las lecturas. La Srta. Moner, en primer lugar, y Hernndez, prestan el calor de su arte sincero y conmovedor a aquellas ternsimas escenas sentimentales. La Sra. Siria y Ricardo de la Vega, en papeles episdicos, admirables de carcter. Hidalgo y los dems intrpretes, muy bien. Concha Espina sali a escena al final de todos los actos a recibir los aplausos numerosos y entusiastas. FEDERICO LEAL. De "El Fgaro": Los intrpretes del drama. El drama estrenado anoche por la compaa que acaudilla D. Gregorio Martnez Sierra no va a los artistas del teatro Eslava. Sinceramente estimamos que merece otra interpretacin ms de emocin, de ms nervio, que la que le dieron, con la mejor intencin, la Srta. Morer, la Sra. Pearanda y Paco Hernndez, principales intrpretes de _El Jayn_. Y es que, acostumbrados al gnero diametralmente opuesto que cultiva el director artstico del teatro, no sienten, no viven, no cultivan el drama intenso que con tan buena fe les ha entregado la Sra. Espina, de quien tenamos un alto concepto literario por sus novelas y cuentos, y a la que debemos desde ahora una mayor consideracin escnica. Esta misma opinin nuestra sustentaba el pblico que acudi al estreno del drama, otorgando con afecto prolongados aplausos a la autora y reclamando su presencia en escena al finalizar cada uno de los tres actos en que la obra est desarrollada. El Jayn. _El Jayn_, el nio hallado sin padres, recogido por caridad, es al contrario de lo que estamos acostumbrados a ver en teatros, el motivo del drama ntimo que ahoga la felicidad del matrimonio montas, eje de la obra. Este hijo del amor adltero, hijo del marido y de una moza del valle, es encontrado una noche de nieve y de fro junto a la puerta de la casa del padre. La esposa, que sospecha la tragedia de aquel hombre, acoge con amor a la criatura y procura hermanarla con su hijo, el legtimo, recin nacido tambin. Pero un da descubre que ste es defectuoso, enfermizo, contrahecho, y en un arranque de orgullo, sintindose humillada, vencida, viendo al _jayn_ fuerte y sano, cambia a los nios de cuna para no avergonzarse ante la gente del fracaso de su amor. Y como un castigo ultrahumano, fingiendo siempre, eternamente dolorida, ve sucumbir, poco a poco, a su hijo verdadero, hasta que una noche trgica, tambin de fros y nieves, perdidos en la montaa, el padre de los dos nios abandona, muerto, helado, al enfermo, para salvar al otro sano... Este es el drama fatal, sombro, en el que interviene, como una sombra acusadora, la madre del _jayn_, errante y triste, para recobrarlo al final, en una escena de extremada intensidad, de un agobio profundo, dislacerante, amargo. El drama. Se desarrolla fcilmente, sin complicaciones, muy ponderado y muy interesante. Un momento, cuando acaba la obra, pesa algo, por la extensin del momento que, una vez expuesto, no debiera prolongarse con la desesperacin y el dolor de la madre. Literariamente merece algo ms que el ligero comentario que podramos hacerle. A nuestro juicio, modestsimo, hace tiempo que no se representaba una comedia tan fcilmente dialogada ni tan elegante de expresin. Sin perder un momento el ambiente rstico, sin un alarde, se escucha con verdadera complacencia por el buen gusto de la escritora, que, a no ser mujer, seguramente hubiese alcanzado los honores de la Academia hace tiempo. Presentacin. As como los efectos escnicos del acto primero nos causaron una impresin de espanto, de desesperacin, por los tonos chillones del decorado, por la falsedad absoluta del paisaje, por la colocacin, en general, en cambio tenemos que confesar el acierto del escengrafo Mignoni al presentar la misma, exacta decoracin de paisaje en el segundo, con un efecto de nieve verdaderamente originalsimo. El decorado del tercer acto es de escasa, nula originalidad. Su indumentaria, aceptable nada ms. JOS MAIRAL. De "La Correspondencia de Espaa": _El Jayn_, nos dice su autora, es un drama rstico, amargo, lo mismo que la vida, fatal como un _karma_ que se cumple. Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus voces y su poder misterioso, como un personaje ms. No est hecho a la medida de ningn actor, etc. Esto nos dice la Sra. Espina, y aun algo ms, y en verdad no nos defrauda. Es _El Jayn_ uno de esos dramas humanos que, por lo mismo, por lo humanos, pueden pasar en cualquier parte, en cualquier poca, all donde latan dos humanos corazones... Qu decimos dos? No; aqu son necesarios ms; cinco por lo menos: tres _activos_, digmoslo as (los de dos mujeres madres y un hombre padre), y dos _pasivos_ (los de los hijos): el _jayn_ y el legtimo. En la vida se han dado sin duda muchos casos como el que presenciamos ayer en la escena. La novedad en estos asuntos nada importa; su verdadera novedad no est en el motivo, sino en el modo de desarrollarlo, y la distinguida y laureada autora de _La Esfinge Maragata_ ha demostrado un tacto escnico admirable. Sobriamente y con creciente inters en cada escena, va desenvolvindose el drama, que tiene instantes felicsimos de emocin y poesa. Es verdad que ninguno de los papeles est hecho _a la medida de ningn actor_; pero es cierto tambin que todos estos papeles de la vida real, con sus palabras y sus sentimiento comunes, _caen_ siempre como hechos a la medida para nuestros cmicos, que son insuperables en cuanto se les hace caminar por la superficie terrena y no se les obliga a explorar en psicologas subterrneas o areas. Anoche, todos los actores de Eslava que tomaron parte en la obra lo hicieron a maravilla. Hasta los ms secundarios; por ejemplo, aquellos dos pastores, llegados al llano de las alturas nevadas, parecan tipos arrancados de la propia sierra. Todos dignos de plcemes, y sobre todos hemos de mencionar especialmente y en justicia a la Sra. Pearanda, que di la nota dramtica ms emocionante, sin gritos desentonados, gestos extemporneos, sin aspavientos, sino con una sobriedad en la actitud y en la palabra, palabra clida, humana, de dolor profundo y contenido, mil veces ms emocionante y trgica que un coro de voces plaideras. La Sra. Espina sali al final de todos los actos, reclamada por los aplausos unnimes del pblico. Reciba tambin el nuestro fervoroso. GOY DE SILVA. De "El Imparcial": Con motivo del estreno de El Jayn. _Hablando con Concha Espina._ Dulzura; todo en ella es dulzura: los ojos puros que miran siempre _ms all_, el pliegue de la boca cansada, los gestos pausados, la voz igual... Entra en el saloncillo del teatro, donde la espero; el ancho sombrero de terciopelo negro proyecta una sombra suave sobre su rostro, cubriendo los cabellos negros; los largos pendientes de coral rojo no son en ella una extravagancia, ni siquiera una fantasa: son un adorno encantador e inmvil, porque su cabeza apenas se mueve. --Vengo a molestarla--la digo--con motivo del estreno de esta noche; la actualidad manda, y usted es hoy una figura de actualidad de primer orden... --Oh, no!--protesta casi intimidada--: de primer orden, no. --Un estreno teatral femenino--prosigo--es aqu un acontecimiento, y tratndose de una firma, como la de usted... Pero esto es un pretexto; hace mucho que yo deseaba hablar con usted para poder luego hablar de usted a mis lectoras. Y antes de tratar de su nueva personalidad literaria, yo quisiera que me hablase usted de su vida. Y me habl de su vida muy sencillamente, con su voz dulce e igual, parndose a menudo, como si cada palabra evocase algo ante sus ojos, que miran siempre _ms all_... * * * * * --Y ahora hablemos un poco de su ltima encarnacin literaria. Cmo se le ocurri escribir para el teatro? --Paso de la novela al teatro con la misma naturalidad y lgica que pas del periodismo a la novela, o de los versos a la prosa. Hace algn tiempo escrib _El Jayn_ en novela para _La Novela Corta_. Mis pocos amigos intelectuales me aseguraron que los tres captulos de _El Jayn_ eran ms bien tres actos de un drama. Y un buen da me decid a seguir su consejo y, en efecto, a medida que escriba me pareca que mi novela iba adquiriendo su verdadera forma, realizando su verdadera misin. --Volviendo al motivo _de actualidad_ de mi visita, cules son sus impresiones de autora dramtica en da de primer estreno? --Estos das confieso que en los ensayos sufr un poco; es doloroso el oir las frases que nos dict la emocin, cien veces remachadas, indiferentemente, desapasionadamente. Yo comprendo que esto es una sensacin algo pueril, de autora novicia. --No s si es pueril, pero me parece que debe ser muy justa. Y hoy? --Hoy estoy muy tranquila; soy muy optimista. Y sus ojos, y su actitud toda, confirman tan sinceramente sus palabras que la miro algo desconcertada, y no temiendo ya turbar tan robusta serenidad, insisto: --Sin embargo, descontado el valor seguro de una obra de usted, hay obras muy hermosas y hasta de gran xito ms tarde, que fueron, el da de su estreno... --... Un fracaso?--concluye tranquilamente--. Pues bien, yo me pongo perfectamente en el caso; de todas maneras no ser culpa ma. Yo he escrito un drama que yo misma he presenciado y hondamente sentido, entregndome en mi obra con toda pasin, con toda fe. Yo no poda hacer ms; luego, sean las cosas como sean, mi trabajo es el mismo; yo tambin... Admirable Concha Espina, inmortal autora de _La Esfinge Maragata_; el xito de su primer drama ha debido llenarla de una alegra digna, sin nervosidad, como sin nervosidad tambin fu la espera! Porque usted en la gloria como en el arte, como en la vida misma, permanece siempre fuerte con dulzura, optimista sin vanidad, y sin pasividad, serena. Porque usted, como sus ojos claros, est siempre _ms all_... MAGDA DONATO. De "La Unin", de Sevilla: Anoche, en el escenario de Eslava, se represent una obra teatral debida al ingenio de Concha Espina, la de la prosa correcta y clara como agua de manantial serrano, la novelista que sabe tejer realidades de nuestra propia vida con finos hilos de ensueo, dando a la labor un tono suave, de verdad y de ilusin, tan perfectamente armonizado, que logra poner un suspiro en nuestros labios, al mismo tiempo que, embebecidos, pensando en unas dulces quimeras, miramos a las lejanas ms azules. Y la representacin de _El Jayn_--que as se denomina la nueva comedia dramtica--nos proporcion aquella hora grata que el espritu nos demandaba, cansado de tanta aridez y de tanto mezquino prosasmo como estamos viviendo estos das en este nuestro buen pueblo espaol. Concha Espina, dotada de un exquisito temperamento artstico, escribiendo para el teatro como escribe sus novelas, tuvo el singularsimo acierto de subyugar a los espectadores, brindndoles generosamente aquellas exquisiteces de que estamos tan ayunos y que, en verdad, hemos echado de menos en tantas temporadas teatrales perdidas para la cultura, para el buen gusto y para el arte, nuestro supremo soberano. _El Jayn_, que tiene por fondo un brioso panorama de vidas rurales, que exalta hasta un sacrificio eterno--el de dejar el amor al hombre nico--, el santo cario maternal, est enmarcado en una pureza de lenguaje y en una simplicidad de tecnicismo que constituyen la triunfal ejecutoria de la pluma que anoche fu aclamada, no ya por el aplauso de los selectos, sino por el pblico de la galera, que, abierta el alma a la llegada de la emocin, supo gustar sta y apropirsela, agradecindola como una sealada merced. Los peridicos madrileos relatarn, de seguro, el argumento de la obra que de modo tan definitivo triunf anoche en Eslava, y por ello, para no hacer demasiado extenso este apunte, no he de meterme en tal detalle; pero, por si no te lo dijesen los crticos de teatros al hacer el comentario del estreno, yo he de manifestarte, amigo lector, que _El Jayn_ tiene una escena tan intensa y tan sublime, tan generosa y tan llena de dulzores de alma de mujer, tan ungida por la gracia de las que fueron madres, que la diputo como uno de los mayores aciertos de nuestro teatro. * * * * * Cuando _El Jayn_ siga su camino por todos los teatros de Espaa, que la ruta es amplia y reclaman las gentes de todos los lugares beber en el mismo fresco y grato manantial, Concha Espina recoger el fruto de la gratitud, pues ha puesto en el duro surco de nuestra vida semilla de arte noble y grande. Y bien haya quien as atiende la sed de nuestro espritu, que ya empezaba a mostrar grietas producidas por la hosca resequedad que hubieron de proporcionarnos los que se propusieron extraviarnos en nuestro camino hacia lugares de cordialidad, de ternuras, de realidades suavizadas por el dulzor del ensueo. LEOCADIO MARTN RUIZ. End of the Project Gutenberg EBook of El Jayn, by Concha Espina License: Share Alike