Produced by La Biblioteca Digital Argentina, formatted by Mariano Cecowski Palacio. El Gaucho Martn Fierro de Jos Hernndez Buenos Aires, Imprenta de La Pampa, Victoria 79. 1872. Carta del Autor a don Jos Zoilo Miguens Querido amigo: Al fin me he decidido a que mi pobre "MARTN FIERRO", que me ha ayudado algunos momentos a alejar al fastidio de la vida del hotel, salga a conocer el mundo, y all va acogido al amparo de su nombre. No le niegue su proteccin, Ud. que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es vctima esa clase desheredada de nuestro pas. Es un pobre gaucho, con todas las imperfecciones de forma que el arte tiene todava entre ellos, y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe siempre una sucesin lgica, descubrindose frecuentemente entre ellas apenas una relacin oculta y remota. Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara el carcter de nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, de pensar y de expresarse, que les es peculiar, dotndolo con todos los juegos de su imaginacin llena de imgenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educacin no ha pulido y suavizado. Cuantos conozcan con propiedad el original podrn juzgar si hay o no semejanza en la copia. Quiz la empresa habra sido para m ms fcil, y de mejor xito, si slo me hubiera propuesto hacer rer a costa de su ignorancia, como se halla autorizado por el uso en este gnero de composiciones; pero mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sus hbitos de vida, su ndole, sus vicios y sus virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisonoma moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes. Y he deseado todo esto, empendome en imitar ese estilo abundante en metforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante de comparaciones tan extraas como frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue y el tinte sombro de que jams carecen, revelndose en ellas esa especie de filosofa propia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza, en respetar la supersticin y sus preocupaciones, nacidas y fomentadas por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que l encubre y disimula estudiosamente, sus desencantos, producidos por su misma condicin social, y esa indolencia que le es habitual, hasta llegar a constituir una de las condiciones de su espritu; en retratar, en fin, lo ms fielmente que me fuera posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo original de nuestras pampas, tan poco conocido por lo mismo que es difcil estudiarlo, tan errneamente juzgado muchas veces, y que, al paso que avanzan las conquistas de la civilizacin, va perdindose casi por completo. Sin duda que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas pginas, pero no se me puede hacer un cargo por el deseo sino por no haberlo conseguido. Una palabra ms, destinada a disculpar sus defectos. Pselos Ud. por alto, porque quiz no lo sean todos los que, a primera vista, puedan parecerlo, pues no pocos se encuentran all como copia o imitacin de los que lo son realmente. Por lo dems, espero, mi amigo, que Ud. lo juzgar con benignidad, siquiera sea porque MARTN FIERRO no va de la ciudad a referir a sus compaeros lo que ha visto y admirado en un 25 de Mayo u otra funcin semejante, referencias algunas de las cuales, como en Fausto y varias otras, son de mucho mrito ciertamente, sino que cuenta sus trabajos, sus desgracias, los azares de su vida de gaucho, y Ud. no desconoce que el asunto es ms difcil de lo que muchos se lo imaginarn. Y con lo dicho basta para prembulo, pues ni MARTN FIERRO exige ms, ni Ud. gusta mucho de ellos, ni son de la predileccin del pblico, ni se avienen con el carcter de Su verdadero amigo JOS HERNNDEZ Buenos Aires, diciembre de 1872. El Gaucho Martn Fierro I - Cantor y Gaucho. 1 Aqu me pongo a cantar Al comps de la vigela, Que el hombre que lo desvela Una pena estraordinaria Como la ave solitaria Con el cantar se consuela. 2 Pido a los Santos del Cielo Que ayuden mi pensamiento; Les pido en este momento Que voy a cantar mi historia Me refresquen la memoria Y aclaren mi entendimiento. 3 Vengan Santos milagrosos, Vengan todos en mi ayuda, Que la lengua se me auda Y se me turba la vista; Pido a Dios que me asista En una ocasin tan ruda. 4 Yo he visto muchos cantores, Con famas bien obtenidas, Y que despus de adquiridas No las quieren sustentar Parece que sin largar se cansaron en partidas 5 Mas ande otro criollo pasa Martn Fierro ha de pasar; nada lo hace recular ni los fantasmas lo espantan, y dende que todos cantan yo tambin quiero cantar. 6 Cantando me he de morir Cantando me han de enterrar, Y cantando he de llegar Al pie del eterno padre: Dende el vientre de mi madre Vine a este mundo a cantar. 7 Que no se trabe mi lengua Ni me falte la palabra: El cantar mi gloria labra Y ponindome a cantar, Cantando me han de encontrar Aunque la tierra se abra. 8 Me siento en el plan de un bajo A cantar un argumento: Como si soplara el viento Hago tiritar los pastos; Con oros, copas y bastos Juega all mi pensamiento. 9 Yo no soy cantor letrao, Mas si me pongo a cantar No tengo cundo acabar Y me envejezco cantando: Las coplas me van brotando Como agua de manantial. 10 Con la guitarra en la mano Ni las moscas se me arriman, Naides me pone el pie encima, Y cuando el pecho se entona, Hago gemir a la prima Y llorar a la bordona. 11 Yo soy toro en mi rodeo Y torazo en rodeo ajeno; Siempre me tuve por geno Y si me quieren probar, Salgan otros a cantar Y veremos quin es menos. 12 No me hago al lao de la geya Aunque vengan degollando, Con los blandos yo soy blando Y soy duro con los duros, Y ninguno en un apuro Me ha visto andar tutubiando. 13 En el peligro, qu Cristos! El corazn se me enancha, Pues toda la tierra es cancha, Y de eso naides se asombre: El que se tiene por hombre Ande quiere hace pata ancha. 14 Soy gaucho, y entiendal Como mi lengua lo esplica: Para m la tierra es chica Y pudiera ser mayor; Ni la vbora me pica Ni quema mi frente el sol 15 Nac como nace el peje En el fondo de la mar; Naides me puede quitar Aquello que Dios me dio Lo que al mundo truje yo Del mundo lo he de llevar. 16 Mi gloria es vivir tan libre Como el pjaro del cielo: No hago nido en este suelo Ande hay tanto que sufrir, Y naides me ha de seguir Cuando yo remuento el vuelo. 17 Yo no tengo en el amor Quien me venga con querellas; Como esas aves tan bellas Que saltan de rama en rama, Yo hago en el trbol mi cama, Y me cubren las estrellas. 18 Y sepan cuantos escuchan De mis penas el relato, Que nunca peleo ni mato Sino por necesid, Y que a tanta alversid Slo me arroj el mal trato 19 Y atiendan la relacin que hace un gaucho perseguido, que padre y marido ha sido empeoso y diligente, y sin embargo la gente lo tiene por un bandido II - Ayer y hoy. 20 Ninguno me hable de penas, porque yo penado vivo, y naides se muestre altivo aunque en el estribo est: que suele quedarse a pie el gaucho mas alvertido. 21 Junta esperencia en la vida hasta pa dar y prestar quien la tiene que pasar entre sufrimiento y llanto, porque nada ensea tanto como el sufrir y el llorar. 22 Viene el hombre ciego al mundo, cuartindolo la esperanza, y a poco andar ya lo alcanzan las desgracias a empujones, la pucha, que trae liciones el tiempo con sus mudanzas! 23 Yo he conocido esta tierra en que el paisano viva y su ranchito tena y sus hijos y mujer... era una delicia el ver como pasaba sus das. 24 Entonces... cuando el lucero brillaba en el cielo santo, y los gallos con su canto nos decan que el da llegaba, a la cocina rumbiaba el gaucho... que un encanto. 25 Y sentao junto al jogn a esperar que venga el da, al cimarrn le prenda hasta ponerse rechoncho, mientras su china dorma tapadita con su poncho. 26 Y apenas la madrugada empezaba coloriar, los pjaros a cantar, y las gallinas a apiarse, era cosa de largarse cada cual a trabajar. 27 Este se ata las espuelas, se sale el otro cantando, uno busca un pelln blando, este un lazo, otro un rebenque, y los pingos relinchando los llaman dende el palenque. 28 El que era pion domador enderezaba al corral, ande estaba el animal bufidos que se las pela... y ms malo que su agela, se hacia astillas el bagual. 29 Y all el gaucho inteligente, en cuanto el potro enriend, los cueros le acomod y se le sent en seguida, que el hombre muestra en la vida la astucia que Dios le dio. 30 Y en las playas corcoviando pedazos se haca el sotreta mientras l por las paletas le jugaba las lloronas, y al ruido de las caronas sala haciendo gambetas. 31 Ah, tiempos!... Si era un orgullo ver jinetear un paisano! Cuando era gaucho baquiano, aunque el potro se boliase, no haba uno que no parese con el cabresto en la mano. 32 Y mientras domaban unos, otros al campo salan y la hacienda recogan, las manadas repuntaban, y ans sin sentir pasaban entretenidos el da. 33 Y verlos al cair la tarde en la cocina riunidos, con el juego bien prendido y mil cosas que contar, platicar muy divertidos hasta despus de cenar. 34 Y con el buche bien lleno era cosa superior irse en brazos del amor a dormir como la gente, pa empezar el da siguiente las fainas del da anterior. 35 Ricuerdo qu maravilla! Cmo andaba la gauchada siempre alegre y bien montada y dispuesta pa el trabajo... pero hoy en da... barajo! No se la ve de aporriada. 36 El gaucho ms infeliz tena tropilla de un pelo, no le faltaba un consuelo y andaba la gente lista... teniendo al campo la vista, slo va hacienda y cielo. 37 Cuando llegaban las yerras, cosa que daba calor! Tanto gaucho pialador y tironiador sin yel. Ah, tiempos... pero si en l se ha visto tanto primor! 38 Aquello no era trabajo, mas bien era una juncin, y despus de un gen tirn en que uno se daba mana, pa darle un trago de cana sola llamarlo el patrn. 39 Pues viva la mamajuana siempre bajo la carreta, y aquel que no era chancleta, en cuanto el goyete va, sin miedo se le prenda como grfano a la teta. 40 Y qu jugadas se armaban cuando estbamos riunidos! Siempre bamos prevenidos, pues en tales ocasiones a ayudarle a los piones caiban muchos comedidos. 41 Eran los das del apuro y alboroto pa el hembraje, pa preparar los potajes y osequiar bien a la gente, y as, pues, muy grandemente, pasaba siempre el gauchaje. 42 Ven, a la carne con cuero, la sabrosa carbonada, mazamorra pien pisada, los pasteles y el gen vino... pero ha querido el destino que todo aquello acabara. 43 Estaba el gaucho en su pago con toda sigurid, pero aura... barbarid!, La cosa anda tan fruncida, que gasta el pobre la vida en juir de la autorid. 44 Pues si ust pisa en su rancho y si el alcalde lo sabe, lo caza lo mesmo que ave aunque su mujer aborte... no hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte!. 45 Y al punto dese por muerto si el alcalde lo bolea, pues ah noms se le apea con una felpa de palos; Y despus dicen que es malo el gaucho si los pelea. 46 Y el lomo le hinchan a golpes, y le rompen la cabeza, y luego con ligereza, ans lastimao y todo, lo amarran codo a codo y pa el cepo lo enderiezan. 47 hi comienzan sus desgracias, hi principia el pericn, porque ya no hay salvacin, y que ust quiera o no quiera, lo mandan a la frontera o lo echan a un batalln. 48 Ans empezaron mis males lo mesmo que los de tantos; si gustan... en otros cantos les dir lo que he sufrido, despus que uno est... perdido no lo salvan ni los santos. III - Sirviendo en la frontera. 49 tuve en mi pago en un tiempo hijos, hacienda y mujer, pero empec a padecer, me echaron a la frontera, y qu iba a hallar al volver! Tan slo hall la tapera. 50 Sosegao viva en mi rancho como el pjaro en su nido, all mis hijos queridos iban creciendo a mi lao... slo queda al desgraciao lamentar el bien perdido. 51 Mi gala en las pulperas era, en habiendo ms gente, ponerme medio caliente, pues cuando puntiao me encuentro me salen coplas de adentro como agua de la virtiente. 52 Cantando estaba una vez en una gran diversin, y aprovecho la ocasin como quiso el juez de paz... se present, y ahi noms hizo arriada en montn. 53 Juyeron los ms matreros y lograron escapar: yo no quise disparar, soy manso y no haba porqu, muy tranquilo me qued y ans me dej agarrar 54 all un gringo con un rgano y una mona que bailaba, hacindonos rair estaba, cuanto le toc el arreo, tan grande el gringo y tan feo, lo viera cmo lloraba!. 55 Hasta un ingls zanjiador que deca en la ltima guerra que l era de incalaperra y que no quera servir, tambin tuvo que juir a guarecerse en la sierra. 56 Ni los mirones salvaron de esa arriada de mi flor, fue acoyarao el cantor con el gringo de la mona, a uno solo, por favor, logr salvar la patrona. 57 Formaron un contingente con los que del baile arriaron, con otros nos mesturaron, que haban agarrao tambin, las cosas que aqu se ven ni los diablos las pensaron. 58 A m el juez me tom entre ojos en la ultima votacin: me le haba hecho el remoln y no me arrim ese da, y l dijo que yo serva a los de la esposicin. 59 Y ans sufr ese castigo tal vez por culpas ajenas, que sean malas o sean genas las listas, siempre me escondo: yo soy un gaucho redondo y esas cosas no me enllenan. 60 Al mandarnos nos hicieron ms promesas que a un altar, el juez nos jue a proclamar y nos dijo muchas veces: muchachos, a los seis meses los van a ir a relevar. 61 Yo llev un moro de nmero sobresaliente el matucho! Con l gan en ayacucho ms plata que agua bendita: siempre el gaucho necesita un pingo pa fiarle un pucho. 62 Y cargu sin dar mas geltas con las prendas que tena: jergas, ponchos, todo cuanto haba en casa, tuito lo alc: a mi china la dej medio desnuda ese da. 63 No me falta una guasca, esa ocasin ech el resto, bozal, maniador, cabresto, lazo, bolas y manea... el que hoy tan pobre me vea tal vez no creer todo esto!. 64 Ans en mi moro, escarciando, enderec a la frontera. Aparcero si ust viera lo que se llama cantn!... Ni envidia tengo al ratn en aquella ratonera. 65 De los pobres que all haba a ninguno lo largaron, los ms viejos rezongaron, pero a uno que se quej en seguida lo estaquiaron, y la cosa se acab. 66 En la lista de la tarde el jefe nos cant el punto diciendo: quinientos juntos llevar el que se resierte; lo haremos pitar del juerte, mas bien dese por dijunto. 67 A naides le dieron armas, pues toditas las que haba el coronel las tena, sign dijo esa ocasin, pa repartirlas el da en que hubiera una invasin. 68 Al principio nos dejaron de haraganes criando sebo, pero despus... no me atrevo a decir lo que pasaba... barajo!... Si nos trataban como se trata a malevos. 69 Porque todo era jugarle por los lomos con la espada, y aunque ust no hiciera nada, lo mesmito que en palermo, le daban cada cepiada que lo dejaban enfermo. 70 Y qu indios, ni qu servicio; si all no haba ni cuartel! Nos mandaba el coronel a trabajar en sus chacras, y dejbamos las vacas que las llevara el infiel. 71 Yo primero sembr trigo y despus hice un corral, cort adobe pa un tapial, hice un quincho, cort paja... la pucha que se trabaja sin que le larguen un rial!. 72 Y es lo pior de aquel enriedo que si uno anda hinchando el lomo se le apean como un plomo... quin aguanta aquel infierno! si eso es servir al gobierno, a m no me gusta el cmo. 73 Ms de un ao nos tuvieron en esos trabajos duros; y los indios, le asiguro dentraban cuando queran: como no los perseguan, siempre andaban sin apuro. 74 A veces deca al volver del campo la descubierta que estuviramos alerta, que andaba adentro la indiada, porque haba una rastrillada o estaba una yegua muerta. 75 Recin entonces sala la orden de hacer la riunin, y cabamos al cantn en pelos y hasta enancaos, sin armas, cuatro pelaos que bamos a hacer jabn. 76 Ahi empezaba el afn -se entiende, de puro vicio- de ensearle el ejercicio a tanto gaucho recluta, con un estrutor... qu... Bruta! que nunca saba su oficio. 77 Daban entonces las armas pa defender los cantones, que eran lanzas y latones con ataduras de tiento... las de juego no las cuento porque no haba municiones. 78 Y un sargento chamuscao me cont que las tenan pero que ellos la vendan para cazar avestruces; y as andaban noche y da dele bala a los anduces. 79 Y cuando se iban los indios con lo que haban manotiao, salamos muy apuraos a perseguirlos de atrs; si no se llevaban ms es porque no haban hallao. 80 All s, se ven desgracias y lgrimas y afliciones; naides le pida perdones al indio: pues donde dentra, roba y mata cuanto encuentra y quema las poblaciones. 81 No salvan de su juror ni los pobres angelitos; viejos, mozos y chiquitos los mata del mesmo modo: que el indio lo arregla todo con la lanza y con gritos. 82 Tiemblan las carnes al verlo volando al viento la cerda, la rienda en la mano izquierda y la lanza en la derecha; ande enderieza abre brecha pues no hay lanzazo que pierda. 83 Hace trotiadas tremendas desde el fondo del desierto; ans llega medio muerto de hambre, de s y de fatiga; pero el indio es una hormiga que da y noche est despierto. 84 Sabe manejar las bolas como naides las maneja; cuanto el contrario se aleja, manda una bola perdida, y si lo alcanza, sin vida es siguro que lo deja. 85 Y el indio es como tortuga de duro para espichar; si lo llega a destripar ni siquiera se le encoge; luego sus tripas recoge, y se agacha a disparar. 86 Hacan el robo a su gusto y despus se iban de arriba; se llevaban las cautivas, y nos contaban que a veces les descarnaban los pieses, a las pobrecitas, vivas. 87 Ah! si parta el corazn ver tantos males, canejo! los perseguamos de lejos sin poder ni galopiar; y qu habamos de alcanzar en unos vichocos viejos! 88 Nos volvamos al cantn a las dos o tres jornadas, sembrando las caballadas; y pa que alguno la venda, rejuntbamos la hacienda que haban dejao rezagada. 89 Una vez entre otras muchas, tanto salir al botn, nos pegaron un maln los indios y una lanciada, que la gente acobardada qued dende esa ocasin. 90 Haban estao escondidos aguaitando atrs de un cerro... lo viera a su amigo Fierro aflojar como un blandito! salieron como maz frito en cuanto son un cencerro. 91 Al punto nos dispusimos aunque ellos eran bastantes; la formamos al instante nuestra gente, que era poca, y golpindose en la boca hicieron fila adelante. 92 Se vinieron en tropel haciendo temblar la tierra. no soy manco pa la guerra pero tuve mi jabn, pues iba en un redomn que haba boleao en la sierra. 93 Qu vocero! qu barullo! qu apurar esa carrera! la indiada todita entera dando alaridos carg, jue pucha!... Y ya nos sac como yeguada matrera. 94 Qu fletes traiban los brbaros! como una luz de ligeros! hicieron el entrevero y en aquella mezcolanza, este quiero, ste no quiero, nos escogan con la lanza. 95 Al que le daban un chuzazo, dificultoso es que sane. en fin, para no echar panes, salimos por esas lomas, lo mesmo que las palomas al juir de los gavilanes. 96 Es de almirar la destreza con que la lanza manejan! de perseguir nunca dejan, y nos traiban apretaos. si queramos, de apuraos, salirnos por las orejas! 97 Y pa mejor de la fiesta en esa aflicin tan suma, vino un indio echando espuma, y con la lanza en la mano, gritando: acabu cristiano, metau el lanza hasta el pluma. 98 Tendido en el costillar, cimbrando por sobre el brazo una lanza como un lazo, me atropell dando gritos: si me descuido... El maldito me levanta de un lanzazo. 99 Si me atribulo o me encojo, siguro que no me escapo: siempre he sido medio guapo, pero en aquella ocasin me haca buya el corazn como la garganta al sapo. 100 Dios le perdone al salvaje las ganas que me tena... desat las tres maras y lo engatus a cabriolas... pucha...! Si no traigo bolas me achura el indio ese da. 101 Era el hijo de un cacique, sign yo lo averig; la verd del caso jue que me tuvo apuradazo, hasta que por fin de un bolazo del caballo lo baj. 102 Ahi no ms me tir al suelo y lo pis en las paletas; empez a hacer morisquetas y a mezquinar la garganta... pero yo hice la obra santa de hacerlo estirar la jeta. 103 All qued de mojn y en su caballo salt; de la indiada dispar, pues si me alcanza me mata, y al fin me les escap, con el hilo de una pata. IV - El pulpero. A buena cuenta. 104 seguir esta relacin, aunque pa chorizo es largo: el que pueda hgase cargo cmo andara de matrero, despus de salvar el cuero de aquel trance tan amargo. 105 Del sueldo nada les cuento, porque andaba disparando; nosotros de cuando en cuando solamos ladrar de pobres: nunca llegaban los cobres que se estaban aguardando. 106 Y andbamos de mugrientos que el mirarnos daba horror; les juro que era un dolor ver esos hombres, por cristo! En mi perra vida he visto una miseria mayor. 107 Yo no tena ni camisa ni cosa que se parezca; mis trapos slo pa yesca me podan servir al fin... no hay plaga como un fortn para que el hombre padezca. 108 Poncho, jergas, el apero, las prenditas, los botones, todo, amigo, en los cantones jue quedando poco a poco; ya me tenan medio loco la pobreza y los ratones. 109 Slo una manta peluda era cuanto me quedaba la haba agenciao a la tabla y ella me tapaba el bulto; yaguan que all ganaba no sala- ni con indulto. 110 Y pa mejor hasta el moro se me jue de entre las manos; no soy lerdo pero, hermano, vino el comendante un da diciendo que lo quera pa ensearle a comer grano. 111 Afigrese cualquiera la suerte de este su amigo, a pie y mostrando el umbligo, estropiao, pobre y desnudo; ni por castigo se pudo hacerse ms mal conmigo. 112 Ans pasaron los meses, y vino el ao siguiente, y las cosas igualmente siguieron del mesmo modo: adrede parece todo pa atormentar a la gente. 113 No tenamos ms permiso, ni otro alivio la gauchada, que salir de madrugada, cuando no haba indio ninguno, campo ajuera a hacer boliadas desocando los reyunos. 114 Y cibamos al cantn con los fletes aplastaos, pero a veces medio aviaos con plumas y algunos cueros, que pronto con el pulpero los tenamos negociaos. 115 Era un amigo del jefe que con un boliche estaba; yerba y tabaco nos daba por la pluma de avestruz, y hasta le haca ver la luz al que un cuero le llevaba. 116 Slo tena cuatro frascos y unas barricas vacas, y a la gente le venda todo cuanto precisaba... algunos creiban que estaba all la provedura. 117 Ah, pulpero habilidoso! Nada le sola faltar. Ahijuna!, Para tragar tena un buche de and; la gente le dio en llamar el boliche de virt. 118 Aunque es justo que quien vende algn poquito muerda, tiraba tanto la cuerda que, con sus cuatro limetas l cargaba las carretas de plumas, cueros y cerda. 119 Nos tena apuntaos a todos con ms cuentas que un rosario, cuando se anunci un salario que iban a dar, o un socorro; pero sabe Dios qu zorro se lo comi al comisario; 120 pues nunca lo vi llegar, y al cabo de muchos das en la mesma pulpera dieron una gena cuenta, que la gente muy contenta de tan pobre reciba. 121 Sacaron unos sus prendas, que las tenan empeadas; por sus deudas atrasadas dieron otros el dinero; al fin de fiesta el pulpero se qued con la mascada. 122 Yo me arrescost a un horcn dando tiempo a que pagaran, y poniendo gena cara estuve hacindome el poyo, a esperar que me llamaran para recibir mi boyo. 123 Pero ahi me puede quedar pegao pa siempre al horcn, ya era casi la oracin y ninguno me llamaba; la cosa se me ublaba y me dentr comezn. 124 Pa sacarme el entripao vi al mayor, y lo fi a hablar; yo me lo empec a atracar, y como con poca gana le dije: tal vez maana acabarn de pagar. 125 Que maana ni otro da!, Al punto me contest: la paga ya se acab; siempre has de ser animal! Me ra y le dije: yo... no he recebido ni un rial. 126 Se le pusieron los ojos que se le queran salir, y ahi no ms volvi a decir comindome con la vista: y qu quers recibir si no has dentrao en la lista? 127 Esto s que es amolar, dije yo pa mis adentros; van dos aos que me encuentro y hasta aura he visto ni un grullo; dentro en todos los barullos pero en las listas no dentro. 128 Vide el pleito mal parao y no quise aguardar ms... es geno vivir en paz con quien nos ha de mandar; y reculando pa atrs me le empec a retirar. 129 Supo todo el comendante y me llam al otro da, dicindome que quera aviriguar bien las cosas... que no era el tiempo de rosas, que aura a naides se deba. 130 Llam al cabo y al sargento y empez la indagacin: si haba venido al cantn en tal tiempo o en tal otro... y si haba venido en potro, en reyuno o redomn. 131 Y todo era alborotar al udo, y hacer papel; conoc que era pastel pa engordar con mi guayaca; mas si voy al coronel me hacen bramar en la estaca. 132 Ah, hijos de una...! La codicia ojal les ruempa el saco! Ni un pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgao, ms ligero que un guanaco. 133 Pero qu iba a hacerles yo, charabn en el desierto; ms bien me daba por muerto pa no verme ms fundido: y me les haca el dormido aunque soy medio despierto. V - Gringos en la frontera. La estaquiada. 134 Yo andaba desesperao, aguardando una ocasin que los indios un maln nos dieran, y entre el estrago hacrmeles cimarrn y volverme pa mi pago. 135 Aquello no era servicio ni defender la frontera; aquello era ratonera en que slo gana el juerte: era jugar a la suerte con una taba culera. 136 All tuito va al revs; los milicos son los piones, y andan en las poblaciones emprestaos pa trabajar; los rejuntan pa peliar cuando entran indios ladrones. 137 Yo he visto en esa milonga muchos jefes con estancia, y piones en abundancia, y majadas y rodeos; he visto negocios feos a pesar de mi inorancia. 138 Y colijo que no quieren la barunda componer; para eso no ha de tener, el jefe que est de estable, ms que su poncho y su sable, su caballo y su deber. 139 Ansina, pues, conociendo que aquel mal no tiene cura, que tal vez mi sepoltura si me quedo iba a encontrar, pens mandarme mudar como cosa ms sigura. 140 Y pa mejor, una noche qu estaquiada me pegaron! Casi me descoyuntaron por motivo de una gresca: ahijuna, si me estiraron lo mesmo que guasca fresca! 141 Jams me puedo olvidar lo que esa vez me pas; dentrando una noche yo al fortn, un enganchao, que estaba medio mamao, all me desconoci. 142 Era un gringo tan bozal, que nada se le entenda, quin sabe de ande sera! Tal vez no juera cristiano, pues lo nico que deca es que era papolitano. 143 Estaba de centinela y por causa del peludo verme ms claro no pudo, y esa jue la culpa toda: el bruto se asust al udo y fi el pavo de la boda. 144 Cuando me vido acercar: quin vivore-? Pregunt; qu vboras?, Dije yo. Ha garto!, Me peg el grito, y yo dije despacito: ms lagarto sers vos! 145 Ahi no ms, cristo me valga!, Rastrillar el jusil siento: me agach, y en el momento el bruto me larg un chumbo; mamao, me tir sin rumbo, que si no, no cuento el cuento. 146 Por de contao, con el tiro se alborot el avispero; los oficiales salieron y se empez la juncin; qued en su puesto el nacin, y yo fi al estaquiadero. 147 Entre cuatro bayonetas me tendieron en el suelo; vino el mayor medio en pedo y all se puso a gritar: pcaro, te he de ensear andar reclamando sueldos! 148 De las manos y las patas me ataron cuatro cinchones; les aguant los tirones sin que ni un ay! Se me oyera, y al gringo la noche entera lo hart con mis maldiciones. 149 Yo no s porqu el gobierno nos manda aqu a la frontera gringada que ni siquiera se sabe atracar a un pingo. Si creer al mandar un gringo que nos manda alguna fiera! 150 No hacen ms que dar trabajo, pues no saben ni ensillar; no sirven ni pa carniar: y yo he visto muchas veces que ni voltiadas las reses se les queran arrimar. 151 Y lo pasan sus mercedes lengetiando pico a pico hasta que viene un milico a servirles al asao- y eso s, en lo delicaos, parecen hijos de rico. 152 Si hay calor, ya no son gente; si yela, todos tiritan; si ust no les da, no pitan por no gastar en tabaco, y cuando pescan un naco uno al otro se lo quitan. 153 Cuando llueve se acoquinan como perro que oye truenos. Que diablos!, Slo son genos pa vivir entre maricas, y nunca se andan con chicas para alzar ponchos ajenos. 154 Pa vichar son como ciegos; no hay ejemplo de que entiendan, ni hay uno solo que aprienda, al ver un bulto que cruza, a saber si es avestruza, o si es jinete, o hacienda. 155 Si salen a perseguir despus de mucho aparato, tuitos se pelan al rato y va quedando el tendal: esto es como en un nidal echarle gevos a un gato. VI - Desertor. Las ruinas del rancho. 156 vamos dentrando recin a la parte mas sentida, aunque es todita mi vida de males una cadena: a cada alma dolorida le gusta cantar sus penas. 157 Se empez en aquel entonces a rejuntar caballada, y riunir la milicada tenindola en el cantn, para una despedicin a sorprender a la indiada. 158 Nos anunciaban que iramos sin carretas ni bagajes a golpiar a los salvajes en sus mesmas tolderas; que a la gelta pagaran licencindolo al gauchaje; 159 que en esta despedicin tuviramos la esperanza; que iba a venir sin tardanza, segn el jefe cont, un menistro o qu s yo- que le llamaban don ganza; 160 que iba a riunir el ejrcito y tuitos los batallones, y que traiba unos caones con ms rayas que un cotn; pucha!- Las conversaciones por all no tenan fin. 161 Pero esas trampas no enriedan a los zorros de mi laya; que esa ganza venga o vaya, poco le importa a un matrero. Yo tambin dej las rayas- en los libros del pulpero. 162 Nunca ju gaucho dormido; siempre pronto, siempre listo, yo soy un hombre, qu cristo!, Que nada me ha acobardao, y siempre sal parao en los trances que me he visto. 163 Dende chiquito gan la vida con mi trabajo, y aunque siempre estuve abajo y no s lo que es subir tambin el mucho sufrir suele cansarnos, barajo! 164 En medio de mi inorancia conozco que nada valgo: soy la liebre o soy el galgo asign los tiempos andan; pero tambin los que mandan debieran cuidarnos algo. 165 Una noche que riunidos estaban en la carpeta empinando una limeta el jefe y el juez de paz, yo no quise aguardar ms, y me hice humo en un sotreta. 166 Me parece el campo organo dende que libre me veo; donde me lleva el deseo all mis pasos dirijo, y hasta en las sombras de fijo que donde quiera rumbeo. 167 Entro y salgo del peligro sin que me espante el estrago, no aflojo al primer amago ni jams fi gaucho lerdo: soy pa rumbiar como el cerdo, y pronto ca a mi pago. 168 Volva al cabo de tres aos de tanto sufrir al udo resertor, pobre y desnudo, a procurar suerte nueva; y lo mesmo que el peludo enderec pa mi cueva. 169 No hall ni rastro del rancho: slo estaba la tapera! Por cristo si aquello era pa enlutar el corazn! Yo jur en esa ocasin ser mas malo que una fiera! 170 Quin no sentir lo mesmo cuando ans padece tanto! Puedo asigurar que el llanto como una mujer largu: ay, mi Dios: si me qued ms triste que jueves santo! 171 Slo se oban los aullidos de un gato que se salv; el pobre se guareci cerca, en una vizcachera: vena como si supiera que estaba de gelta yo. 172 Al dirme dej la hacienda que era todito mi haber; pronto debamos volver, sign el juez prometa, y hasta entonces cuidara de los bienes, la mujer. 173 Despus me cont un vecino que el campo se lo pidieron; la hacienda se la vendieron pa pagar arrendamientos, y qu s yo cuantos cuentos; pero todo lo fundieron, 174 los pobrecitos muchachos, entre tantas afliciones, se conchabaron de piones; mas qu iban a trabajar, si eran como los pichones sin acabar de emplumar! 175 Por ahi andarn sufriendo de nuestra suerte el rigor: me han contao que el mayor nunca dejaba a su hermano; puede ser que algn cristiano los recoja por favor. 176 Y la pobre mi mujer, Dios sabe cunto sufri! Me dicen que se vol con no s qu gaviln: sin duda a buscar el pan que no poda darle yo. 177 No es raro que a uno le falte lo que a algn otro le sobre si no le qued ni un cobre sino de hijos un enjambre. Que ms iba a hacer la pobre para no morirse de hambre? 178 Tal vez no te vuelva a ver, prienda de mi corazn! Dios te d su protecin ya que no me la dio a m, y a mis hijos dende aqu les echo mi bendicin. 179 Como hijitos de la cuna andarn por ahi sin madre; ya se quedaron sin padre, y ans la suerte los deja sin naides que los proteja y sin perro que les ladre. 180 Los pobrecitos tal vez no tengan ande abrigarse, ni ramada ande ganarse, ni rincn ande meterse, ni camisa que ponerse, ni poncho con que taparse. 181 Tal vez los vern sufrir sin tenerles compasin; puede que alguna ocasin, aunque los vean tiritando, los echen de algn jogn pa que no estn estorbando. 182 Y al verse ansina espantaos como se espanta a los perros, irn los hijos de Fierro, con la cola entre las piernas, a buscar almas ms tiernas o esconderse en algn cerro. 183 Mas tambin en este juego voy a pedir mi bolada; a naides le debo nada, ni pido cuartel ni doy: y ninguno dende hoy ha de llevarme en la armada. 184 Yo he sido manso primero, y ser gaucho matrero; en mi triste circunstancia, aunque es mi mal tan projundo, nac y me he criado en estancia. Pero ya conozco el mundo. 185 Ya les conozco sus maas, le conozco sus cucaas; s como hacen la partida, la enriedan y la manejan; deshacer la madeja aunque me cueste la vida. 186 Y aguante el que no se anime a meterse en tanto engorro o si no aprtese el gorro y para otra tierra emigre; pero yo ando como el tigre que le roban los cachorros. 187 Aunque muchos creen que el gaucho tiene alma de reyuno, no se encontrar a ninguno que no le dueblen las penas; mas no debe aflojar uno mientras hay sangre en las venas VII - Pelea con el moreno. 188 De carta de ms me va sin saber a donde dirme; mas dijeron que era vago y entraron a perseguirme. 189 Nunca se achican los males, van poco a poco creciendo, y ansina me vide pronto obligado a andar juyendo. 190 No tena mujer ni rancho y a ms, era resertor; no tena una prenda gena ni un peso en el tirador 191 a mis hijos infelices pens volverlos a hallar, y andaba de un lao al otro sin tener ni qu pitar. 192 Supe una vez por desgracia que haba un baile por all, y medio desesperao a ver la milonga fui. 193 Riunidos al pericn tantos amigos hall, que alegre de verme entre ellos esa noche me aped. 194 Como nunca, en la ocasin por peliar me dio la tranca. Y la emprend con un negro que trujo una negra en ancas. 195 Al ver llegar la morena, que no haca caso de naides, le dije con la mama: va-ca-yendo gente al baile. 196 La negra entendi la cosa y no tard en contestarme, mirndome como a un perro: ms vaca ser su madre. 197 Y dentr al baile muy tiesa con ms cola que una zorra, haciendo blanquiar los dientes lo mesmo que mazamorra. 198 !Negra linda!- Dije yo. Me gusta- pa la carona; y me puse a champurriar esta coplita fregona: 199 a los blancos hizo Dios, a los mulatos san pedro, a los negros hizo el diablo para tizn del infierno. 200 Haba estao juntando rabia el moreno dende ajuera; en lo escuro le brillaban los ojos como linterna. 201 Lo conoc retobao, me acerqu y le dije presto: po-r-rudo que un hombre sea nunca se enoja por esto. 202 Corcovi el de los tamangos y creyndose muy fijo: ms porrudo sers vos, gaucho rotoso!, Me dijo. 203 Y ya se me vino al humo como a buscarme la hebra, y un golpe le acomod con el porrn de ginebra. 204 Ahi noms peg el de holln mas gruidos que un chanchito, y pelando el envenao me atropell dando gritos. 205 Pegu un brinco y abr cancha dicindoles: caballeros, dejen venir ese toro. Solo nac- solo muero. 206 El negro, despus del golpe, se haba el poncho refalao y dijo: vas a saber si es solo o acompaado. 207 Y mientras se arremang, yo me saqu las espuelas, pues malici que aquel to no era de arriar con las riendas. 208 No hay cosa como el peligro pa refrescar un mamao; hasta la vista se aclara por mucho que haiga chupao. 209 El negro me atropell como a quererme comer; me hizo dos tiros seguidos y los dos le abaraj. 210 Yo tena un facn con s, que era de lima de acero; le hice un tiro, lo quit y vino ciego el moreno; 211 y en el medio de las aspas un planazo le asent, que lo largu culebriando lo mesmo que buscapi. 212 Le coloriaron las motas con la sangre de la herida, y volvi a venir jurioso como una tigra parida. 213 Y ya me hizo relumbrar por los ojos el cuchillo, alcanzando con la punta a cortarme en un carrillo. 214 Me hirvi la sangre en las venas y me le afirm al moreno, dndole de punta y hacha pa dejar un diablo menos. 215 Por fin en una topada en el cuchillo lo alc, y como un saco de gesos contra un cerco lo largu. 216 Tir unas cuantas patadas y ya cant pal carnero: nunca me puedo olvidar de la agona de aquel negro. 217 En esto la negra vino con los ojos como aj y empez la pobre all a bramar como una loba. Yo quise darle una soba a ver si la haca callar, mas pude reflesionar que era malo en aquel punto, y por respeto al dijunto no la quise castigar. 218 Limpi el facn en los pastos, desat mi redomn, mont despacio y sal al tranco pa el caadn. 219 Despus supe que al finao ni siquiera lo velaron, y retobao en un cuero, sin rezarle lo enterraron. 220 Y dicen que dende entonces, cuando es la noche serena suele verse una luz mala como de alma que anda en pena. 221 Yo tengo intencin a veces, para que no pene tanto, de sacar de all los gesos y echarlos al camposanto. VIII - El ser gaucho es un delito. 222 otra vez en un boliche estaba haciendo la tarde; cay un gaucho que hacia alarde de guapo y peliador; a la llegada meti el pingo hasta la ramada, y yo sin decirle nada me qued en el mostrador. 223 Era un terne de aquel pago que naides lo reprenda, que sus enriedos tena con el seor comendante; y como era protegido, andaba muy entonao, y a cualquier desgraciao lo llevaba por delante. 224 Ah pobre! Si l mismo creiba que la vida le sobraba; ninguno dira que andaba aguaitndolo la muerte. Pero ans pasa en el mundo, es ans la triste vida: pa todos est escondida la gena o la mala suerte. 225 Se tir al suelo; al dentrar le dio un empelln a un vasco, y me alarg un medio frasco diciendo: beba cuao. Por su hermana, contest. Que por la ma no hay cuidao. 226 Ah, gaucho!, Me respondi; de que pago ser crioyo? Lo andar buscando el hoyo? Deber tener gen cuero; pero ande bala este toro no bala ningn ternero. 227 Y ya salimos trenzaos porque el hombre no era lerdo, mas como el tino no pierdo, y soy medio ligern, le dej mostrando el sebo de un revs con el facn. 228 Y como con la justicia no andaba bien por all, cuanto pataliar lo vi, y el pulpero peg el grito, ya pa el palenque sal como hacindome chiquito. 229 Mont y me encomend a Dios, rumbiando para otro pago, que el gaucho que llaman vago no puede tener querencia, y ans de estrago en estrago vive llorando la ausencia. 230 L andaba siempre juyendo, siempre pobre y perseguido, no tiene cueva ni nido como si juera maldito; porque el ser gaucho- barajo!, El ser gaucho es un delito. 231 Es como el patrio de posta; lo larga ste, aqul lo toma, nunca se acaba la broma; dende chico se parece al arbolito que crece desamparao en la loma. 232 Le echan la agua del bautismo aqul que naci en la selva; busca madre que te envuelva, le dice el fraire y lo larga. Y dentra a cruzar el mundo como burro con la carga. 233 Y se cra viviendo al viento como oveja sin trasquila; mientras su padre en las filas anda sirviendo al gobierno, aunque tirite en invierno, naides lo ampara ni asila. 234 Le llaman gaucho mamao si lo pillan divertido, y que es mal entretenido si en un baile lo sorprienden; hace mal si se defiende y si no, se ve- fundido. 235 No tiene hijos ni mujer, ni amigos ni protetores, pues todos son sus seores sin que ninguno lo ampare: tiene la suerte del gey, y donde ir el gey que no are? 236 Su casa es el pajonal, su guarida es el desierto; y si de hambre medio muerto le echa el lazo a algn mamn, lo persiguen como a plaito, porque es un gaucho ladrn. 237 Y si de un golpe por ahi lo dan gelta panza arriba, no hay un alma compasiva que le rece una oracin; tal vez como cimarrn en una cueva lo tiran. 238 l nada gana en la paz y es el primero en la guerra; no le perdonan si yerra, que no saben perdonar, porque el gaucho en esta tierra slo sirve pa votar. 239 Para el son los calabozos, para el las duras prisiones, en su boca no hay razones aunque la razn le sobre; que son campanas de palo las razones de los pobres. 240 Si uno aguanta, es gaucho bruto; si no aguanta es gaucho malo. Dele azote, dele palo, porque es lo que l necesita! De todo el que naci gaucho sta es la suerte maldita. 241 Vamos suerte, vamos juntos dende que juntos nacimos; y ya que juntos vivimos sin podernos dividir- yo abrir con mi cuchillo el camino pa seguir IX - Matreriando. La lucha con la partida. 242 matreriando lo pasaba ya a las casas no vena; sola arrimarme de da, mas, lo mesmos que el carancho, siempre estaba sobre el rancho espiando a la poleca. 243 Viva el gaucho que ande mal, como zorro perseguido, hasta que al menor descuido se lo atarasquen los perros, pues nunca le falta un yerro al hombre ms alvertido. 244 Y en esa hora de la tarde en que tuito se adormece, que el mundo dentrar parece a vivir en pura calma, con las tristezas del alma al pajonal enderiece. 245 Bala el tierno corderito al lao de la blanca oveja, y a la vaca que se aleja llama el ternero amarrao; pero el gaucho desgraciao no tiene a quien dar su oveja. 246 Ans es que al venir la noche iba a buscar mi guarida, pues ande el tigre se anida tambin el hombre lo pasa, y no quera que en las casas me rodiara la partida. 247 Pues aun cuando vengan ellos cumpliendo con su deberes, yo tengo otros pareceres, y en esa conduta vivo: que no debe un gaucho altivo peliar entre las mujeres. 248 Y al campo me iba solito, ms matrero que el venao, como perro abandonao a buscar una tapera, o en alguna vizcachera pasar la noche tirao. 249 Sin punto ni rumbo fijo en aquella inmensid, entre tanta escurid anda el gaucho como duende; all jams lo sorpriende dormido, la autorid. 250 Su esperanza es el coraje, su guardia es la precaucin, su pingo es la salvacin, y pasa uno en su desvelo, sin ms amparo que el cielo ni otro amigo que el facn. 251 Ans me hallaba una noche contemplando las estrellas, que le parecen ms bellas cuanto uno es ms desgraciao, y que Dios las haiga criao para consolarse en ellas. 252 Les tiene el hombre cario y siempre con alegra ve salir las tres maras; que si llueve, cuanto escampa, las estrellas son la gua que el gaucho tiene en la pampa. 253 Aqu no valen dotores, slo vale la esperiencia; aqu veran su inocencia sos que todo lo saben, porque esto tiene otra llave y el gaucho tiene su cencia. 254 Es triste en medio del campo pasarse noches enteras contemplando en sus carreras las estrellas que Dios cra, sin tener ms compaa que su delito y las fieras. 255 Me encontraba como digo, en aquella soled, entre tanta escurid, echando al viento mis quejas, cuando el grito del chaj me hizo parar las orejas. 256 Como lumbriz me pegu al suelo para escuchar; pronto sent retumbar las pisadas de los fletes, y que eran muchos jinetes conoc sin vacilar. 257 Cuando el hombre est en peligro no debe tener confianza; ans tendido de panza puse toda mi atencin y ya escuch sin tardanza como el ruido de un latn. 258 Se venan tan calladitos que yo me puse en cuidao; tal vez me hubieran bombiao y ya me venan a buscar; mas no quise disparar, que eso es de gaucho morao. 259 Al punto me santig y ech de giebra un taco; lo mesmito que el mataco me arroy con el porrn; si han de darme pa tabaco, dije, sta es gena ocasin. 260 Me refal las espuelas, para no peliar con grillos; me arremangu el calzoncillo, y me ajust bien la faja, y en una mata de paja prob el filo del cuchillo. 261 Para tenerlo a la mano el flete en el pasto at, la cincha le acomod, y, en un trance como aqul, haciendo espaldas en l quietito los aguard. 262 Cuando cerca los sent, y que ahi no ms se pararon, los pelos se me erizaron y, aunque nada van mis ojos, no se han de morir de antojo, les dije, cuando llegaron. 263 Yo quise hacerles saber que all se hallaba un varn; les conoc la intencin y solamente por eso es que les gan el tirn, sin aguardar voz de preso. 264 Vos sos un gaucho matrero, dijo uno, hacindose el geno. Vos mataste un moreno y otro en una pulpera, y aqu est la poleca que viene a ajustar tus cuentas; te va alzar por las cuarenta si te resists hoy da. 265 No me vengan, contest, con relacin de dijuntos; sos son otros asuntos; vean si me pueden llevar, que yo no me he de entregar, aunque vengan todos juntos. 266 Pero no aguardaron ms y se apiaron en montn; como a perro cimarrn me rodiaron entre tantos; ya me encomend a los santos, y ech mano a mi facn. 267 Y ya vide el fogonazo de un tiro de garabina, mas quiso la suerte indina de aquel maula, que me errase, y ahi no ms lo levantase lo mesmo que una sardina. 268 A otro que estaba apurao acomodando una bola, le hice una dentrada sola y le hice sentir el Fierro, y ya sali como el perro cuando le pisan la cola. 269 Era tanta la aflicin y la angurria que venan, que tuitos se me venan, donde yo los esperaba; uno al otro se estorbaba y con las ganas no van. 270 Dos de ellos que traiban sables ms garifos y resueltos, en las hilachas envueltos enfrente se me pararon, y a un tiempo me atropellaron lo mesmo que perros sueltos. 271 Me fui reculando en falso y el poncho adelante ech, y en cuanto le puso el pie uno medio chapetn, de pronto le di un tirn y de espaldas lo largu 272 al verse sin compaero el otro se sofren; entonces le dentr yo, sin dejarlo resollar, pero ya empez a aflojar y a la pu-n-ta dispar. 273 Uno que en una tacuara haba atao una tijera, se vino como si juera palenque de atar terneros, pero en dos tiros certeros sali aullando campo ajuera. 274 Por suerte en aquel momento vena coloriando el alba y yo dije: si me salva la virgen en este apuro, en adelante le juro ser ms geno que una malva. 275 Pegu un brinco y entre todos sin miedo me entrever; hecho ovillo me qued y ya me carg una yunta, y por el suelo la punta de mi facn les jugu. 276 El ms engolosinao se me api con un hachazo; se lo quit con el brazo; de no, me mata los piojos; y antes de que diera un paso le ech tierra en los dos ojos. 277 Y mientras se sacuda refregndose la vista, yo me le fui como lista y ahi no ms me le afirm, dicindole: Dios te asista, y de un revs lo volti. 278 Pero en ese punto mesmo sent que por las costillas un sable me haca cosquillas y la sangre me hel; dende ese momento yo me sal de mis casillas. 279 Di para atrs unos pasos hasta que pude hacer pie; por delante me lo ech de punta y tajos a un criollo; meti la pata en un hoyo, y yo al hoyo lo mand. 280 Tal vez en el corazn le toc un santo bendito a un gaucho, que peg el grito y dijo: Cruz no consiente que se cometa el delito de matar a un valiente! 281 Y ahi no ms se me apari, dentrndole a la partida; yo les hice otra embestida pues entre dos era robo; y el Cruz era como lobo que defiende su guarida. 282 Uno despach al infierno de dos que lo atropellaron; los dems remoliniaron, pues bamos a la fija, y a poco andar dispararon lo mesmo que sabandija. 283 Ah quedaron largo a largo los que estiaron la jeta; otro iba como maleta, y Cruz de atrs les deca: que venga otra poleca a llevarlos en carreta. 284 Yo junt las osamentas, me hinqu y les rec un bendito, hice una cruz de un palito y ped a mi Dios clemente me perdonara el delito de haber muerto tanta gente. 285 Dejamos amotonaos a los pobres que murieron; no s si los recogieron, porque nos fuimos a un rancho, o si tal vez los caranchos ahi no ms se los comieron. 286 Lo agarramos mano a mano entre los dos al porrn: en semejante ocasin un trago a cualquiera encanta; y Cruz no era remoln ni pijotiaba garganta. 287 Calentamos los gargueros y nos largamos muy tiesos, siguiendo siempre los besos al pichel, y por mas seas, bamos como cigeas estirando los pescuezos. 288 Yo me voy, le dije, amigo, donde la suerte me lleve, y si es que alguno se atreve, a ponerse en mi camino, yo seguir mi destino, que el hombre hace lo que debe. 289 Soy un gaucho desgraciao, no tengo donde ampararme, ni un palo donde rascarme, ni un rbol que me cubije: pero ni aun esto me aflige porque yo s manejarme. 290 Antes de cair al servicio, tenia familia y hacienda; cuando volv, ni la prenda me la haban dejao ya. Dios sabe en lo que vendr a parar esta contienda. X - Por culpa de una mujer. 291 amigazo, pa sufrir han nacido los varones; estas son las ocasiones de mostrarse un hombre juerte, hasta que venga la muerte y lo agarre a coscorrones. 292 El andar tan despilchao ningn mrito me quita; sin ser un alma bendita me duelo del mal ajeno: soy un pastel con relleno que parece torta frita. 293 Tampoco me faltan males y desgracias, le prevengo; tambin mis desdichas tengo, aunque esto poco me aflige: yo s hacerme el chango rengo cuando la cosa lo esige. 294 Y con algunos ardiles voy viviendo, aunque rotoso; a veces me hago el sarnoso y no tengo ni un granito, pero al chifle voy ganoso como panzn al maz frito. 295 A m no me matan penas mientras tenga el cuero sano; venga el sol en el verano y la escarcha en el invierno por qu afligirse el cristiano? 296 Hagmosle cara fiera a los males, compaero, porque el zorro ms matrero suele cair como un chorlito; viene por un corderito y en la estaca deja el cuero. 297 Hoy tenemos que sufrir males que no tienen nombre, pero esto a nadies lo asombre porque ansina es el pastel, y tiene que dar el hombre mas geltas que un carretel. 298 Yo nunca me he de entregar a los brazos de la muerte; arrastro mi triste suerte paso a paso y como pueda, que donde el dbil se queda se suele escapar el juerte. 299 Y ricuerde cada cual lo que cada cual sufri, que lo que es, amigo, yo, hago ans la cuenta ma: ya lo pasado pas; maana ser otro da. 300 Yo tambin tuve una pilcha que me enllen el corazn, y si en aquella ocasin alguien me hubiera buscao, siguro que me haba hallao ms prendido que un botn. 301 En la geya del querer no hay animal que se pierda- las mujeres no son lerdas, y todo gaucho es dotor si pa cantarle al amor tiene que templar las cuerdas. 302 Quin es de una alma tan dura que no quiera una mujer! Lo alivia en su padecer: si no sale calavera es la mejor compaera que el hombre puede tener. 303 Si es gena, no lo abandona cuando lo ve desgraciao, lo asiste con su cuidao, y con afn carioso, y ust tal vez ni un rebozo ni una pollera le ha dao. 304 Grandemente lo pasaba con aquella prenda ma, viviendo con alegra como la mosca en la miel! Amigo, qu tiempo aquel! La pucha, que la quera! 305 Era la guila que a un rbol dende las nubes baj; era ms linda que el alba cuando va rayando el sol; era la flor deliciosa que entre el trebolar creci. 306 Pero, amigo, el comendante que mandaba la milicia, como que no desperdicia se fue refalando a casa; yo le conoc en la traza que el hombre traiba malicia. 307 l me daba voz de amigo, pero no le tena fe; era el jefe, y ya se ve, no poda competir yo; en mi rancho se peg lo mesmo que un saguaip. 308 A poco andar, conoc que ya me haba desbancao, y l siempre muy entonao, aunque sin darme ni un cobre, me tena de lao a lao como encomienda de pobre. 309 A cada rato, de chasque me haca dir a gran distancia; ya me mandaba a una estancia, ya al pueblo, ya a la frontera; pero l en la comendancia no pona los pies siquiera. 310 Es triste a no poder ms el hombre en su padecer, si no tiene una mujer que lo ampare y lo consuele: mas pa que otro se la pele lo mejor es no tener. 311 No me gusta que otro gallo le cacaree a mi gallina; yo andaba ya con la espina, hasta que en una ocasin lo pille junto al jogn abrazndome a la china. 312 Tena el viejito una cara de ternero mal lamido, y al verle tan atrevido le dije: que le aproveche!- Que haba sido pa el amor como gaucho pa la leche. 313 Pel la espalda y se vino como a quererme ensartar, pero yo sin tutubiar le volv al punto a decir: cuidado!, No te vas a per-tigo; pon cuarta pa salir. 314 Un puntazo me larg, pero el cuerpo le saqu, y en cuanto se lo quit, para no matar un viejo, con cuidado, medio de lejos un palazo le asent. 315 Y como nunca al que manda le falta algn aduln, uno que en esa ocasin se encontraba all presente, vino apretando los dientes como perrito mamn. 316 Me hizo un tiro de revulver que el hombre crey siguro; era confiado y le juro que cerquita se arrimaba, pero, siempre en un apuro se desentumen mis tabas. 317 l me sigui menudiando mas sin poderme acertar, y yo, dele culebriar, hasta que al fin le dentr y ahi no ms lo despach sin dejarlo resollar. 318 Dentr a campiar en seguida al viejito enamorao- el pobre se haba ganao en un noque de leja. Quin sabe cmo estara del susto que haba llevao! 319 Es zonzo el cristiano macho cuando el amor lo domina! l la miraba a la indina, y una cosa tan jedionda sent yo, que ni en la fonda he visto tal jedentina 320 Y le dije: pa su agela han de ser esas perdices. Yo me tap las narices, y me sal esternudando, y el viejo qued olfatiando como chico con lumbrices. 321 Cuando la mula recula, seal que quiere cociar, ans se suele portar aunque ella lo disimula; recula como la mula la mujer, para olvidar. 322 Alc mis ponchos y mis prendas y me largu a padecer por culpa de una mujer que quiso engaar a dos; al rancho le dije adis, para nunca ms volver. 323 Las mujeres, dende entonces, conoc a todas en una; ya no he de probar fortuna con carta tan conocida: mujer y perra parida, no se me acerca ninguna!. XI - A bailar un pericn. 324 a otros les brotan las coplas como agua de manantial; pues a m me pasa igual; aunque las mas nada valen, de la boca se me salen como ovejas de corral. 325 Que en puertiando la primera, ya la siguen los dems, y en montones las de atrs contra los palos se estrellan, y saltan y se atropellan sin que se corten jams. 326 Y aunque yo por mi inorancia con gran trabajo me esplico, cuando llego a abrir el pico, tengal por cosa cierta, sale un verso y en la puerta ya asoma el otro el hocico. 327 Y emprsteme su atencin; me oir relatar las penas de que traigo la alma llena; porque en toda circustancia, paga el gaucho su inorancia con la sangre de sus venas. 328 Despus de aquella desgracia me refugi en los pajales; anduve entre los cardales como bicho sin guarida; pero, amigo, es esa vida como vida de animales. 329 Y son tantas las miserias en que me he salido ver, que con tanto padecer y sufrir tanta aflicin, malicio que he de tener un callo en el corazn. 330 Ans andaba como guacho cuando pasa el temporal; supe una vez por mi mal de una milonga que haba, y ya pa la pulpera enderec mi bagual. 331 Era la casa del baile un rancho de mala muerte, y se enllen de tal suerte que andbamos a empujones: nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte. 332 Yo tena unas medias botas con tamaos verdugones; me pusieron los talones con crestas como gallos: si viera mis afliciones pensando yo que eran callos! 333 Con gato y con fandanguillo haba empezado el changango, y para ver el fandango me col haciendom bola, mas meti el diablo la cola, y todo se volvi pango. 334 Haba sido el guitarrero un gaucho duro de boca: yo tengo paciencia poca pa aguantar cuando no debo; a ninguno me le atrevo, pero me halla el que me toca. 335 A bailar un pericn con una moza sal, y cuanto me vido all sin duda me conoci; y estas coplitas cant como por rarse de m: 336 las mujeres son todas como las mulas; yo no digo que todas, pero hay algunas que a las aves que vuelan les sacan plumas. 337 Hay gauchos que presumen de tener damas; no digo que presumen, pero se alaban, y a lo mejor los dejan tocando tablas. 338 Se secretiaron las hembras, y yo ya me encocor; voli la anca y le grit: dej de cantar- chicharra! Y de un tajo a la guitarra tuitas las cuerdas cort. 339 Al punto sali de adentro un gringo con un jusil; pero nunca he sido vil, poco el peligro me espanta; yo me refal la manta y la ech sobre el candil. 340 Gan en seguida la puerta gritando: nadies me ataje! Y alborotado el hembraje, lo que todo quedo escuro, empez a verse en apuro mesturao con el gauchaje. 341 El primero que sali fue el cantor, y se me vino; pero yo no pierdo el tino aunque haiga tomao un trago, y hay algunos por mi pago que me tienen por ladino. 342 No ha de haber achocao otro: le sali cara la broma; a su amigo cuando toma se le despeja el sentido, y el pobrecito haba sido como carne de paloma. 343 Para prestar un socorro las mujeres no son lerdas: antes que la sangre pierda lo arrimaron a unas pipas; ahi lo dej con las tripas como pa que hiciera cuerdas. 344 Mont y me largu a los campos ms libre que el pensamiento, como las nubes al viento a vivir sin paradero, que no tiene el que es matrero nido, ni rancho, ni asiento. 345 No hay juerza contra el destino que le ha sealao el cielo, y aunque no tenga consuelo, aguante el que est en trabajo! Nadies se rasca pa abajo, ni se lonjea contra el pelo! 346 Con el gaucho desgraciao no hay uno que no se entone la menor falta lo espone a andar con los avestruces faltan otros con ms luces y siempre hay quien los perdone. XII - Ans estuve en la partida. 347 Yo no s qu tantos meses esta vida me dur; a veces nos oblig la miseria a comer potro: me haba acompaao con otros tan desgraciaos como yo 348 Mas para qu platicar sobre esos males, canejos? Nace el gaucho y se hace viejo, sin que mejore su suerte, hasta que por ahi la muerte sale a cobrarle el pellejo. 349 Pero como no hay desgracia que no acabe alguna vez, me aconteci que despus de sufrir tanto rigor, un amigo, por favor, me compuso con el juez. 350 Le alvertir que en mi pago ya no va quedando un criollo: se los ha tragao el hoyo, o juido o muerto en la guerra; porque, amigo, en esta tierra nunca se acaba el embrollo. 351 Colijo que ju por eso que me llam el juez un da, y me dijo que quera hacerme a su lao venir, y que dentrase a servir de soldao de poleca. 352 Y me larg una proclama tratndome de valiente; que yo era un hombre decente, y que dende aquel momento me nombraba de sargento pa que mandara la gente. 353 Ans estuve en la partida, pero qu haba de mandar? Anoche al irlo a tomar vide gena coyontura, y a m no me gusta andar con la lata a la cintura. 354 Ya conoce, pues, quin soy; tenga confianza conmigo: Cruz le dio mano de amigo, y no lo ha de abandonar; juntos podemos buscar pa los dos un mesmo abrigo. 355 Andaremos de matreros si es preciso pa salvar; nunca nos ha de faltar ni un gen pingo pa juir, ni un pajal ande dormir, ni un matambre que ensartar. 356 Y cuando sin trapo alguno nos haiga el tiempo dejao, yo le pedir emprestao el cuero a cualquiera lobo, y hago un poncho, si lo sobo, mejor que poncho engomao. 357 Para m la cola es pecho y el espinazo es cadera hago mi nido ande quiera y de lo que encuentro como; me echo tierra sobre el lomo y me apeo en cualquier tranquera. 358 Y dejo rodar la bola, que algn da se ha de parar- tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo, o hasta que venga algn criollo en esta tierra a mandar. 362 Todos se gelven proyetos de colonias y carriles, y tirar la plata a miles en los gringos enganchaos, mientras al pobre soldao le pelan la cucha- ah, viles! 363 Pero si siguen las cosas como van hasta el presente, puede ser que redepente veamos el campo disierto, y blanquiando solamente los gesos de los que han muerto. 359 Lo miran al pobre gaucho como carne de cogote: lo tratan al estricote y si ans las cosas andan, porque quieren los que mandan, aguantemos los azotes. 360 Pucha! Si ust los oyera, como yo en una ocasin tuita la conversacin que con otro tuvo el juez; le asiguro que esa vez se me achic el corazn. 361 Hablaban de hacerse ricos con campos en la fronteras, de sacarla ms ajuera, donde haba campos baldidos y llevar de los partidos gente que la defendiera. 364 Hace mucho que sufrimos la suerte reculativa trabaja el gaucho y no arriba porque a lo mejor del caso, lo levantan de un sogazo sin dejarle ni saliva. 365 De los males que sufrimos hablan mucho los puebleros, pero hacen como los teros para esconder sus niditos: en un lao pegan los gritos y en otro tienen los gevos. 366 Y se hacen los que no aciertan a dar con la coyontura: mientras al gaucho lo apura con rigor la autorid, ellos a la enfermed le estn errando la cura. XIII. A los indios me refalo 367 ya veo que somos los dos astillas del mesmo palo: yo paso por gaucho malo y ust anda del mesmo modo; y yo, pa acabarlo todo, a los indios me refalo. 368 Pido perdn a mi Dios que tantos bienes me hizo, pero dende que es preciso que viva entre los infeles, yo ser cruel con los crueles: ans mi suerte lo quiso. 369 Dios form lindas las flores, delicadas como son; le dio toda perfecin y cuanto l era capaz, pero al hombre le dio ms cuando le dio el corazn. 370 Le dio clarid a la luz, juerza en su carrera al viento, le dio vida y movimiento dende la guila al gusano; pero ms le dio al cristiano al darle el entendimiento. 371 Y aunque a las aves les dio, con otras cosas que inoro, esos piquitos como oro y un plumaje como tabla le dio al hombre ms tesoro al darle una lengua que habla. 372 Y dende que dio a las fieras esa juria tan inmensa, que no hay poder que las venza ni nada que las asombre, qu menos le dara al hombre que el valor pa su defensa? 373 Pero tantos bienes juntos al darle, malicio yo que en sus adentros pens que el hombre los precisaba que los bienes igualaba con las penas que le dio. 374 Y yo empujao por las mas quiero salir de este infierno: ya no soy pichn muy tierno y s manejar la lanza, y hasta los indios no alcanza la facult de gobierno 375 yo s que all los caciques amparan a los cristianos, y que los tratan de cuando se van por su gusto. A qu andar pasando sustos-! Alcemos el poncho y vamos. 376 En la cruzada hay peligros, pero ni aun esto me aterra: yo ruedo sobre la tierra arrastrao por mi destino; y si erramos el camino- no es el primero que lo erra. 377 Si hemos de salvar o no, de esto naides nos responde; derecho ande el sol se esconde tierra adentro hay que tirar; algn da hemos de llegar- despus sabremos a dnde. 378 No hemos de perder el rumbo: los dos somos gena yunta. El que es gaucho ve ande apunta aunque inora ande se encuentra; pa el lao en que el sol se dentra dueblan los pastos la punta. 379 De hambre no pereceremos, pues, sign otros me han dicho, en los campos se hallan bichos de los que uno necesita- gamas, matacos, mulitas avestruces y quirquinchos. 380 Cuando se anda en el desierto se come uno hasta las colas; lo han cruzao mujeres solas llegando al fin con sal, y ha de ser gaucho el and que se escape de mis bolas. 381 Tampoco a la s le temo; yo la aguanto muy contento; busco agua olfatiando el viento y, dende que no soy manco, ande hay duraznillo blanco cavo, y la saco al momento. 382 All habr sigurid ya que aqu no la tenemos; menos males pasaremos y ha de haber grande alegra el da que nos descolguemos en alguna toldera. 383 Fabricaremos un toldo, como lo hacen tantos otros, con unos cueros de potro, que sea sala y sea cocina. Tal vez no falte una china que se apiade de nosotros! 384 All no hay que trabajar, vive uno como un seor; de cuando en cuando un maln, y si de l sale con vida, lo pasa echao panza arriba mirando dar gelta el sol 385 Y ya que a juerza de golpes la suerte nos dej afls puede que all veamos luz y se acaben nuestras penas: todas las tierras son genas; vamons, amigo Cruz. 386 El que maneja las bolas, el que sabe echar un pial y sentrsele a un bagual sin miedo de que lo baje, entre los mesmos salvajes no puede pasarlo mal. 387 El amor como la guerra lo hace el criollo con canciones; a ms de eso en los malones podemos aviarnos de algo; en fin amigo, yo salgo de estas pelegrinaciones. 388 En este punto el cantor busc un porrn pa consuelo, ech un trago como un cielo, dando fin a su argumento; y de un golpe el instrumento lo hizo astillas contra el suelo. 389 Ruempo, dijo, la guitarra, pa no volverme a tentar; ninguno la ha de tocar, por siguro tengal; pues naides ha de cantar cuando este gaucho cant. 390 Y dar fin a mis coplas con aire de relacin; nunca falta un preguntn ms curioso que mujer, y tal vez quiera saber como ju la conclusin. 391 Cruz y Fierro de una estancia una tropilla se arriaron; por delante se la echaron como criollos entendidos, y pronto sin ser sentidos por la frontera cruzaron. 392 Y cuando la haban pasao, una madrugada clara le dijo Cruz que mirara las ltimas poblaciones, y a Fierro dos lagrimones le rodaron por la cara. 393 Y siguiendo el fiel del rumbo se entraron en el desierto, no s si los habrn muerto en alguna correra, pero espero que algn da sabr de ellos algo cierto. 394 Y ya con estas noticias mi relacin acab; por ser ciertas las cont, todas la desgracias dichas: es un telar de desdichas cada gaucho que ust ve. 395 Pero ponga su esperanza en el Dios que lo form; y aqu me despido yo que he relatao a mi modo MALES QUE CONOCEN TODOS, PERO QUE NAIDES CONT. End of Project Gutenberg's El Gaucho Martn Fierro, by Jos Hernndez License: Share Alike