Produced by Andrs V. Galia and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive) Hacia una moral sin dogmas JOS INGENIEROS Hacia una moral sin dogmas Lecciones sobre Emerson y el eticismo [Ilustracin] BUENOS AIRES Talleres Grficos de L. J. Rosso y Ca.--Belgrano 475 1917 NDICE Pgina =Advertencia.= 7 =Emerson y Sarmiento.=--1. Un moralista.--2. El ambiente puritano.--3. Channing y Emerson.--4. Decepcin de la moda filosfica.--5. El trascendentalismo.--6. Geografa moral de los Estados Unidos.--7. Sarmiento y Horacio Mann.--8. La vida en Concord.--9. Emerson y Sarmiento 9 =Orientaciones morales.=--1. Una tica sin metafsica.--2. La crtica de las costumbres.--3. Necesidad de caracteres firmes.--4. Disconformidad con todo tradicionalismo.--5. Pantesmo.--6. tica naturalista.--7. El optimismo y la perfectibilidad.--8. La confianza en s mismo.--9. La bella necesidad.--10. Funcin social del no-conformismo 61 =La tica social.=--1. Integracin del pensamiento emersoniano.--2. La autonoma de la experiencia moral.--3. Idealismo y perfectibilidad.--4. El dogmatismo teolgico excluye la perfectibilidad.--5. Valor social de la hereja.--6. Las morales independientes.--7. Insuficiencia de los dogmas racionales.--8. La tica social en las iglesias norteamericanas.--9. Su influencia sobre las iglesias inmigradas.--10. Ciencias morales sin dogmatismos.--11. El solidarismo 113 =Hacia una moral sin dogmas.=--1. Independencia de la moralidad.--2. Una asociacin religiosa libre.--3. Sociedades de cultura moral en Estados Unidos.--4. Algunos antecedentes del eticismo ingls.--5. Las iglesias ticas.--6. El culto religioso de la moralidad.--7. Espontaneidad y evolucin de la moralidad.--8. Sntesis del pensamiento eticista.--9. El porvenir del eticismo 165 =ADVERTENCIA= Estas lecciones sobre _Emerson y el eticismo_ fueron pronunciadas en junio de 1917 en la ctedra de tica, del profesor Rodolfo Rivarola. El "Centro de Estudiantes de Filosofa y Letras", ha tenido la gentileza de presentarme una versin taquigrfica, exponindome el deseo de editarlas; tan feliz circunstancia me permite salvar esta partcula de ese trabajo invisible en que todos los profesores consumimos nuestra actividad. Para corresponder mejor al buen deseo, que tambin lo es mo, pues nunca he hablado a mis alumnos sobre asuntos que no me interesan, he revisado el texto, reescribindolo en parte, _festinantis calami_, e intercalando en l ciertos fragmentos a que slo pude aludir por la medida del tiempo. Algn lector advertir frecuentes parntesis sobre temas incidentales; todos los que hablamos sin poseer esa feliz memoria que constituye el secreto de los buenos improvisadores, estamos condenados a esos imprevistos esparcimientos. Y al ver escrito lo que hablamos, nos sorprende nuestra incapacidad de hablar como escribimos. Si el lector es amigo, su simpata dispensar esos tropiezos durante la lectura y pasar por alto alguna imperfeccin del estilo, que solamente es claro. Buenos Aires, julio de 1917. =EMERSON Y SARMIENTO= 1. Un moralista.--2. El ambiente puritano.--3. Channing y Emerson.--4. Decepcin de la moda filosfica.--5. El trascendentalismo.--6. Geografa moral de los Estados Unidos.--7. Sarmiento y Horacio Mann.--8. La vida en Concord.--9. Emerson y Sarmiento. 1.--UN MORALISTA Pueden los hombres vivir _en tensin_ hacia una moralidad cada vez menos imperfecta sin ms brjula que los ideales naturalmente derivados de la experiencia social? La humanidad podr renovar indefinidamente sus aspiraciones ticas con independencia de todo imperativo dogmtico? La extincin progresiva del temor a las sanciones sobrenaturales eximir a los hombres del cumplimiento severo de sus deberes sociales? Someto estas preguntas a la consideracin de todos los jvenes que me escuchan. En los ms, no lo ignoro, crece de da en da la desconfianza frente a los dogmatismos tradicionales que el mundo feudal leg a las sociedades modernas; y quiero, por eso mismo, dilucidar esas preguntas con detenimiento, a fin de justificar esta sentencia de Emerson que considero independiente de toda teora o sistema filosfico: _la soberana de la moralidad_ es un axioma de la vida social. Sois antidogmticos y os apruebo; he compartido siempre, como todo hombre que estudia incesantemente, vuestra actitud antidogmtica. Todo lo que sabemos, todo lo que anhelamos, puede ser superado por hombres que estudien ms y que sientan mejor. Adherir a un dogma, como acostumbran los ignorantes y los holgazanes, implica negar la posibilidad de perfeccionamientos infinitos. La vida, las doctrinas y la accin social de Emerson, nos permitirn comprender que la moralidad humana puede vivir sin la tutela de dogma alguno; ms, an, la subordinacin de la moralidad a los dogmas que suelen complicarla es un obstculo constante al libre desenvolvimiento de nuestra experiencia moral. El camino del error no es el que mejor conduce a la virtud. Con las palabras finales de su expresivo ensayo sobre _La soberana de la moralidad_--palabras vagas, es cierto, como suyas--Ralph Waldo Emerson sugiere, en pocas lneas, el mltiple sentido mstico y optimista, social y humano, natural y pantesta, que en sus rebeldas de estudioso, en su accin de reformador y en sus lirismos de poeta, nos permite reconocer uno de los moralistas ms intensos del siglo XIX. Escuchadlas: "El hombre que se ha acostumbrado a mirar la extrema variabilidad de su condicin, a manejar con las propias manos sus bienes, sus relaciones y sus opiniones, a remontarse hasta el principio de todas las cosas en busca de la Ley Moral, ese hombre ha eludido las asechanzas del escepticismo; cuanto hay de ms conmovedor y sublime en nuestras relaciones, en nuestra felicidad y en nuestras desdichas, tiende realmente a elevamos hasta esa vida excelsa, y, si es posible llamarla as, sobrehumana". Moralista intenso, dijimos, aunque no creador: Emerson pertenece a la familia de los hombres representativos, en el sentido ms riguroso del concepto; no es posible estimarlo sin conocer el medio sociolgico y moral en que se desenvolvi. La simpata que inspira no es provocada solamente por sus escritos, sino por la accin de su vida entera, actuante como una levadura de renovacin moral en el ambiente anglo-americano, a punto de persistir hasta hoy en la orientacin tica de su raza, perfeccionndose insesantemente, algunas direcciones bsicas por l impresas o representadas. Emerson, ms apstol que doctrinario, no ha escrito pgina alguna que por su rigor razonante nos evoque las luminosidades, a veces fras, de un Spinoza o de un Kant; pero tal como fu, imaginativo y nebuloso, supo condensar en sus palabras ese calor de metal candente que, en todo tiempo, ha polarizado el misticismo de la especie humana, concretando en innumerables afirmaciones positivas la secular experiencia religiosa de la humanidad. Fu moralista porque intent salvar la moral del naufragio de los dogmas que la complicaban; fu moralista porque infundi a toda una poca la idea-fuerza del deber humano, cuando vi apagarse la creencia supersticiosa del deber sobrenatural; fu moralista--sobre todo--porque vivi en armona con los principios que tuvo por mejores. Sabis que es la mayor de las inmoralidades predicar a otros las virtudes que no se practican, segn el risueo consejo de los telogos: "haz lo que digo, no lo que hago". Por eso no est en la historia de las religiones el puesto de Emerson, sino en la historia de la tica. Porque la caracterstica fundamental de su pensamiento, no obstante expresarlo en forma de calurosos sermones, fu, precisamente, independizar la conciencia moral de la humanidad de todo dogmatismo teolgico, demostrando que la moralidad, como fenmeno autnomo, es un resultado espontneo de la naturaleza y de la vida en sociedad. Sometida, como toda otra experiencia, a un proceso de evolucin incesante, la moral no puede fijarse en las frmulas muertas de ningn catecismo dogmtico, ni en los esquemas secos de ningn sistema apriorstico; se va haciendo, deviene en la naturaleza misma, inevitablemente, y es el estudio de la experiencia moral pasada lo que nos permite comprender la presente, como en sta podemos entrever la del porvenir. Esa doble condicin de espontaneidad y de perfectibilidad, ajena a toda fuerza extrnseca o sobrenatural, ilimitable por ningn precepto, pone la moralidad en la cumbre de lo humano, la identifica con la divinidad misma y permite mirar todo perfeccionamiento tico del hombre como un paso hacia lo Divino, cuyas fuentes y suya esencia ve Emerson en el universo infinito: la Naturaleza. Por estas palabras, en que he procurado dar una primera y aproximativa impresin del pensamiento emersoniano,--que luego analizaremos y miraremos fructificar,--fcil es advertir que su anhelo de emancipar la tica del dogma le condujo a concebir una verdadera religin natural de la moralidad, acentuadamente mstica, profundamente pantesta, fervorosa por acrecentar la bondad y la dicha en el individuo y en la sociedad: concebidos, el uno y la otra, como instrumentos y fines, a la vez, de toda vida intensa y ascendente. 2.--EL AMBIENTE PURITANO El emersonismo, sin conocer el ambiente moral en que floreci, es difcil de comprender; no nos proponemos, en efecto, llegar a un juicio literario sobre los escritos de un poeta, a un juicio lgico sobre las doctrinas de un teorizador, ni siquiera a un juicio filosfico sobre la magnitud de un esquema metafsico. Esos aspectos varios de la crtica, unas veces ms literarios y otras ms eruditos, no bastan, en mi sentir, para comprender el significado de una nueva orientacin de sentimientos sociales, que, en el caso particular, me parece lo ms fundamental del emersonismo. Hay que buscar lejos, en la genealoga de su raza, los grmenes que determinan su aparicin. Un nuevo sentido fu impreso a los ideales de la sociedad humana por los puritanos que buscaron su primer refugio en Holanda, antes de emigrar a la Amrica del Norte; cuando los disidentes de la iglesia anglicana, inspirados por John Robinson, fundaron en Leyden su iglesia propia (1608), estaba ya fijado el espritu que los peregrinos de la _Mayflower_ transportaran allende los mares, para fundar su iglesia en Plymouth (1620). El primer destierro en Holanda engendr condiciones de vida incompatibles con la intolerancia y el egosmo; las ltimas palabras con que Robinson despidi a los que emigraban fueron recomendaciones de austera rigidez en la conducta y de bondadosa flexibilidad en la doctrina: ninguna revelacin divina poda tenerse por completa y definitiva; ni Cristo impeda escuchar a Lutero, ni ste a Calvino, ni ste a otras que trajeran un buen mensaje a los hombres... Y as como los puritanos crean ser los elegidos de la cristiandad, los emigrantes a Nueva Inglaterra se creyeron, a su vez, los elegidos del puritanismo. Sus colonias fueron una comunidad, en el doble sentido religioso y social. La lucha contra la naturaleza fu, en los primeras aos, ruda. El cristianismo, ms que un culto de lo sobrenatural, fu para esos hombres un vnculo espiritual de solidaridad; y, poco a poco, los hombres se acostumbraron a dar un sentido esencialmente cvico a los deberes evanglicos. La comunidad fu el objeto esencial de la devocin; todas las virtudes fueron pblicas. Nadie se preocup de los problemas dogmticos que en Europa agitaban el mundo religioso; ellos no habran tenido ninguna aplicacin al mejoramiento de la vida humana en las colonias. "La inquisicin catlica est siempre inquieta de lo que se piensa; la inquisicin puritana, de lo que se hace". Las diferencias de moralidad residen en las costumbres; no dependen de los preceptos verbales, ni siquiera de las intenciones. La exaltacin mstica tena un profundo sentido poltico e implicaba un ardiente afn de justicia. La sociedad, reconociendo como nico derecho el que emanaba de la ley divina, exclua, por eso mismo, todo privilegio y todo abuso humano; el gobernante y el pastor no eran intermediarios entre los hombres y la divinidad, sino funcionarios doblemente responsables ante los unos y la otra. Y, sobre todo, como lo recordara dos siglos despus el propio Emerson, la intensidad del esfuerzo para construir de raz una sociedad nueva en una naturaleza casi virgen, fu creando resortes morales vigorosos, que el tiempo no lograra enmohecer. Todo el que hizo bien y fu virtuoso, cumpli, slo con eso, su deber moral con sus semejantes y con la comunidad. Mezcla de estoicismo ingenuo y de trgico sentimiento del deber fu, en su primera poca, la moral de los puritanos. Fuera del trabajo tenaz, la austeridad fu su norte; y desde el primer da surgieron en todas partes colegios y escuelas para que se transmitiera a los descendientes una rgida educacin moral, junto con los conocimientos indispensables para multiplicar el valor social del hombre. Era la tica de una raza futura, de la raza europea modificada al adaptarse a una naturaleza extraa, creando una variedad tnica y una sociedad distintas. Y la experiencia moral, fundada en postulados esencialmente religiosos en el pas de origen, fu adaptndose a condiciones humanas independientes de lo sobrenatural, persiguiendo siempre ms la virtud y preocupndose escasamente del dogma, pensando tanto menos en las sanciones del cielo cuando ms grande era el mrito reconocido a las virtudes desarrolladas en la tierra. Haba cierta candorosa simpleza en esos msticos de la Nueva Inglaterra que ignoraban el fasto de las cortes, el refinamiento de las maneras y la agudeza de los pcaros; pero haba, por eso mismo, otra moral, sin intrigas, sin hipocresas, sin picarismo. A medida que creci la colonia, hasta formarse los estados que al fin se apartaron dignamente de su metrpoli, la severidad primitiva sufri algunos quebrantos; nuevos inmigrados llegaron con otros sentimientos; fu filtrndose la iglesia anglicana con sus intolerancias; atenuaron su tensin inicial las fuerzas morales del puritanismo primitivo; y hubo momento, a fines del siglo XVII, en que pareca apagarse aquel fuego de hogar que haban encendido, con uniforme temperatura moral, las comunidades de Plymouth y de Boston. La independencia nacional, el enciclopedismo, la revolucin francesa, la crisis poltica y social europea, el liberalismo, todo se sumaba para comprometer la estabilidad de las tradiciones religiosas; el desarrollo del anglicanismo, que pretenda tener autoridad metropolitana, creaba en el siglo XVIII conflictos dogmticos antes desconocidos, que encubran, simplemente, la ambicin temporal de la iglesia anglicana, deseosa de conseguir en su esfera la misma influencia poltica y social que la romana mantena secularmente en las naciones catlicas. Fu el resultado de ello una crisis de disputas e intolerancias, hasta entonces poco frecuentes; pues las que antes hubo, advirtase bien, desde el cismatismo de Rogelio Williams hasta las persecuciones a los cuqueros y los presbiterianos, tenan, en el fondo un significado poltico y social concreto, en que la hereja era concebida, esencialmente, como un peligro prctico contra la cohesin y la estabilidad social. Desvanecido el peligro, terminaba la lucha; la experiencia, y no la teologa, era el juez ltimo en aquella sociedad cuyo organismo religioso era un simple instrumento de la organizacin civil. A fines del siglo XVIII el problema cambi. Las iglesias americanas acentuaron su carcter nacional y antidogmtico, dando mayor importancia a la conducta moral que a los principios teolgicos. Pronto, en las mismas colonias del centro, el metodismo lleg a pesar sobre la iglesia presbiteriana, imponiendo el rigorismo moral sobre el rigorismo teolgico, las orientaciones americanas sobre las supersticiones europeas. En 1783 el Snodo presbiteriano se vi en el caso de declarar "solemne y pblicamente, que siempre ha aborrecido y aborrece todava los principios de intolerancia". Los metodistas, no teniendo dogmas propios y persiguiendo una intensificacin moral de todos los cristianos, sin iglesia propiamente dicha, prosperaron rpidamente en las colonias del centro, sin romper con la iglesia anglicana. En las del norte, el congregacionalismo puritano, entendido siempre como una religin cvica, segua tolerante en materias dogmticas; los feligreses juzgaban a los ministros por su conducta y no por su teologa; su vida diaria daba la medida de su capacidad para el ministerio, siendo frecuente que los pastores de una iglesia fuesen invitados a predicar ante los feligreses de otra, acostumbrndose todos a estimar las virtudes de los hombres, independientemente de sus discrepancias tericas sobre el fundamento de sus credos. Debemos ver el antecedente natural del emersonismo en la evolucin, esencialmente prctica, del puritanismo en Nueva Inglaterra; la exaltacin del celo religioso tuvo siempre un sentido cvico y conduca al cumplimiento del deber social, ya que la sociedad misma era concebida como una manifestacin de la voluntad divina, actuante de una manera fatal e ineludible. Las mismas crisis de fanatismo religioso, tenan ese sentido prctico; Edwards, en 1734, haba estremecido a los puritanos con sus sermones, determinando una vuelta al rigor moral; simultneamente, en 1740, la renovacin metodista se acompaaba de una crisis anloga en las colonias del Sud. Era una mayor obsecuencia a los dogmas lo que se persegua? De ninguna manera. El objetivo de la exaltacin fantica eran las costumbres, la conducta, la accin; Edwards, como sus predecesores los congregacionalistas Hoocker y Schepard, daba a la doctrina un sentido de exaltacin de la energa personal para vivir una vida conforme a la moralidad estricta; as la expuso en su obra _Libertad de la Voluntad_, cuyo carcter ms singular es el desdn por el libre albedro metafsico y la concepcin de la libertad como el poder para obrar de acuerdo con nuestras principios de accin. Esa determinacin de la conducta humana constitua en su sentir la necesidad suprema, y fuera de ella no haba virtud ni vicio, sino conducta absurda; la libertad por contingencia parecale enemiga de toda energa actuante, en cuanto libraba al azar y al accidente la firme continuidad de la conducta. Sealemos, desde ya, que ese punto de vista es el mismo que reaparecer en Henry James, en Emerson y ms tarde en el pragmatismo: "Para todo el que tiene un fin, una misin o una fe, la libertad consiste en la posibilidad de consagrarse ntegramente al servicio de ese fin; la libertad es el poder, que tiene el mvil principal, de desprenderse de los otros mviles secundarios o subordinrseles; libertar la personalidad significa emancipar los deseos que le son intrnsecos de los deseos que contraran su desenvolvimiento". Y eso mismo, en el fondo, expresara ms tarde Emerson en una proposicin concisa: "La vida es libertad en razn directa de su intensidad". Estas orientaciones prcticas permiten comprender que el presidente del colegio de Harvard llegara a declarar, en 1772, que "no deba imponerse ningn credo o profesin de fe, bajo pena de castigo eterno". Algn pastor se neg a predicar sobre la Trinidad; otros definan el cristianismo como "el arte de vivir virtuosa y piadosamente". Y mientras los anglicanos se indignaban por ese desprecio del dogma, poco a poco, a la sordina, sin que nadie advirtiera en su origen el movimiento, muchas iglesias fueron declarndose _unitarias_. Cuando se produjo, en 1815, la controversia sobre la Trinidad, result que los ms de los pastores no crean en la divinidad de Cristo y hacan profesin de liberalismo, sin que hubiera decado por ello su celo en la edificacin moral. La hereja dominaba y se haba desenvuelto sin rudo, durante cuarenta aos, al amparo del sensato espritu puritano que haba hecho de la religin una moral antes que una teologa. Dentro del unitarismo aparece en escena Emerson. Querer comprender los escritos de ste sin conocer el espritu de aqul, es como estudiar una planta por sus hojas disecadas en un herbario, sin verla en la naturaleza, bajo la luz del sol, entre la humedad de su atmsfera. Y esto que decimos de un moralista, podemos repetirlo de todos los pensadores y filsofos; la historia de la filosofa, en muchos de los tratados circulantes, es una abstraccin falsa e ininteligible, por cuanto estudia las doctrinas de ciertos hombres olvidando que stos vivieron en un ambiente social, poltico y religioso determinado. La historia de la filosofa es absolutamente incomprensible sin la historia poltica y religiosa; para comprender a un filsofo hay que saber cundo, dnde y para quin escriba, cul era su posicin en la poltica de las ideas. Parece olvidarlo la especie hbrida de los eruditos sin inteligencia, que barajan nombres de doctrinas sin sospechar que ellos carecen de sentido, o lo tienen contradictorio,--palabras, palabras, palabras--si no se los estima en funcin del medio y como expresiones de una actitud personal, no terica ni abstracta, sino militante y social. Y es el caso ms tpico de ello todo lo que la crtica europea escribi sobre el pragmatismo, cuando lo formul Pierce y lo difundi James; a pocos se les ocurri que sa era la expresin doctrinaria de una tica sin dogmas constituda como resultado natural de la experiencia social. 3.--CHANNING Y EMERSON De padres en hijos, durante muchas generaciones, los Emerson haban sido pastores de las iglesias puritanas. William, padre del moralista, figur entre los hombres ms liberales de su tiempo y fu pastor de la Primera Iglesia Unitaria de Boston; en esta ciudad, el 25 de mayo de 1803, naci Ralph Waldo, cuya infancia transcurri en un ambiente domstico de exquisita cultura y severa moralidad. Hurfano a la edad de ocho aos, dos mujeres, su madre y su ta, dirigieron su educacin y plasmaron su carcter, imprimindole un sello de estoico optimismo. Se cuenta que a los diez aos compona poemas y que a los once escriba en griego y tradujo en verso una buclica de Virgilio; es seguro que a los diez y nueve se gradu en el Colegio de Harvard, lo que le entreabri el doble camino de la escuela y de la iglesia. La iglesia? Evidentemente, la iglesia, como todos sus abuelos; y la iglesia unitaria, como su padre. Pasaba ella por una crisis. Las reservas antidogmticas de los pastores unitarios estaban a la orden del da; los de otras iglesias acusbanlos abiertamente de irreligiosidad, a veces de atesmo. No se apartaban del cristianismo porque deseaban la unidad de las iglesias cristianas, su armona independiente de todo dogma; para ello se resignaban a continuar en sus ministerios, sin provocar polmicas ni cismas, callando sus disidencias ms radicales en homenaje a la paz religiosa. Aquello, en efecto, no era otra cosa que el liberalismo inspirado en los enciclopedistas; por ms que siguieran llamndose iglesias unitarias, eran sociedades de libres pensadores cristianos. Los ortodoxos hablaron de la "hipocresa unitaria", escandalizndose de su "religin sin doctrinas". Era tarde. Cuando Emerson estuvo en condiciones de ser pastor, el unitarismo haba triunfado; en 1823, dice Becker, "todos los hombres de letras de Massachussets eran unitarios; todos los administradores y profesores del Colegio de Harvard eran unitarios; todo lo que se distingua por el rango, la fortuna y la elegancia, se apiaba en las iglesias unitarias; los jueces del tribunal eran unitarios y producan sentencias que perturbaban la organizacin eclesistica tan cuidadosamente establecida por los Padres Peregrinos". En ese momento vise Emerson en el trance difcil de tener que decidir acerca de su propia vocacin. El personaje central del unitarismo era, entonces, William Ellery Channing, nacido en Newport, en 1780. Desde 1803 haba ocupado un ministerio en la Federal Street Church, de Boston, llamando la atencin por la elocuencia y profundidad de sus sermones; aunque en 1812 se produjo la separacin entre las dos ramas de la iglesia congregacional, slo en 1819, en un sermn pronunciado en Baltimore, expres su disconformidad con los tradicionalistas y se pleg definitivamente al unitarismo, de que fu luego el ms eminente propagandista y escritor. En la fecha de graduarse Emerson (1822), Channing visitaba el viejo mundo; al regresar, en sus _Remarks on a National Literature_ (1823), proclamaba ya la necesidad de que Amrica se emancipara intelectualmente de Europa. Channing es el representante de un misticismo pragmatista, en que la accin constituye el centro mismo de la moralidad y en que las virtudes se miden por sus resultados sociales. Su credo religioso contiene elementos de un neto pantesmo, y Dios aparece como un supremo Bien, en que estn refundidas las cualidades que en los hombres llamamos virtudes; la divinidad es para l una abstraccin tica de la humanidad y con razn se ha interpretado su pensamiento como un verdadero "antropomorfismo moral". La conciliacin del sentido prctico y del misticismo idealista es una de sus preocupaciones; entendiendo que la independencia moral es ms fcil y completa cuando se tiene la independencia econmica, estimula todo esfuerzo individual y social para adquirirla. Boston se liberaliz al enriquecerse; la comunidad de intereses educ a los hombres a soportar las divergencias de opiniones. La actividad intensa fu la mejor escuela de tolerancia. Hasta 1830 era Channing el eje de esa gran evolucin tica; Emerson y los trascendentalistas son, si no sus discpulos, sus continuadores. Channing convirti en doctrina lo que se vena desenvolviendo como una tendencia instintiva: hacer de la religin una moral social. Su escenario fu el Unitarismo, cuyo nico dogma fu no tener ninguno. Cuando fund, en 1813, el _Discpulo Cristiano_, comenz declarando que los fundadores no estaban de acuerdo sobre la divinidad de Jess, pero que lo estaban sobre la necesidad de asociar los esfuerzos de todos los cristianos movidos por una idntica piedad natural. Su religin era lo contrario de una secta; no teniendo dogmas, poco le interesaba el proselitismo. Las ciencias morales y religiosas entraban en el campo de las ciencias sociales; el unitarismo no quera atraer a nadie mediante doctrinas metafsicas, sino ensanchando para todos el campo de la accin enrgica y fecunda. La iglesia unitaria, tal como Channing la conceba, era una mutualidad para el perfeccionamiento moral de los individuos, una comunidad solidarista para la accin social. Su espritu liberal y tolerante, encaminado a reducir el cristianismo a una moral evanglica, reapareci en Emerson y en los trascendentalistas; nuevos elementos se le agregaron, sin embargo: fuertes influjos sansimonianos y fourieristas, con una vehemente inquietud de reformas sociales. Bajo estas ideas, dominantes en su medio, Emerson haba estudiado en la _Divinity School_, ordenndose como colega de Henry Ware en la Segunda Iglesia Unitaria de Boston (1829). Aunque predicador elocuente, Emerson no fu seducido por la tentacin del xito; no tena verdadera vocacin para la ctedra sagrada, a la que haba llegado profesionalmente o por necesidad. Las rutinas del culto le parecan incompatibles con el espritu liberal del unitarismo; no lleg a decir abiertamente que era una "hipocresa" conservar frmulas y preceptos a las que ya no se atribua ningn valor ideolgico, pero su conciencia moral le mostr como un delito, como el ms grave de los delitos contra la propia dignidad, seguir fomentando en los dems las supersticiones y errores en que uno mismo ha dejado de creer. Emerson tuvo la mayor de las virtudes intelectuales: la lealtad para consigo mismo; pens, sin duda, como todos los hombres verdaderamente dignos, que es una vileza disfrazar su pensamiento para acomodarlo a las dos formas sociales del error que conspiran contra la verdad: el tradicionalismo, que es el sistema ideolgico de las clases privilegiadas, y la moda, que es el sistema de los que carecen de ideas propias. Emerson no era animal domstico, ni servidor de los poderosos, ni arrullador de las rutinas ajenas, ni rutinario l mismo; no tena la docilidad necesaria para acatar dogmas y repetir prcticas tradicionales, que el estudio le demostraba falaces o absurdas. El credo que sus antepasados recibieran de Calvino le pareci insostenible frente al espritu cientfico que haba animado al enciclopedismo y a la ideologa, y tambin frente al idealismo romntico que comenzaba a agitarse contra la restauracin catlica promovida por la Santa Alianza. En esa hora di el primer paso hacia su emancipacin intelectual. La herencia le daba un temperamento mstico, pero su educacin le condujo a contemplar la religiosidad como un sentimiento interior y subjetivo; al mismo tiempo el cristianismo fu parecindole, cada da ms, un sistema de educacin moral que era necesario desligar de todas las superfetaciones con que las Iglesias lo haban apartado de su primitiva y sencilla significacin. Pastor de una Iglesia que ya no aceptaba el dogma de la divinidad de Cristo, Emerson crey que su conciencia le impeda mantener la ceremonia de la comunin, cuya absurdidad parecale evidente dentro del unitarismo; y como pens, as obr. En 1832 devolvi a sus feligreses el ministerio que le haban confiado, serenamente, con espritu bondadoso y fraterno, conservando con las iglesias unitarias una slida amistad y actuando con ellas en todas sus iniciativas de educacin social. Educados en una tradicin religiosa distinta, os parecer singular sin duda, que puedan llamarse iglesias _cristianas_ las que niegan la divinidad de Cristo; nada ms natural, sin embargo. Sabis muy bien, por vuestros estudios de filosofa e historia de las religiones, que los dogmas son el resultado de una lenta elaboracin en el seno de las iglesias. Las revelaciones o inspiraciones primitivas son transmitidas oralmente, hasta que alguien las escribe a su manera; convertidas en libros, circulan y se modifican arbitrariamente; al fin las iglesias, comprometidas por sus contradicciones, eligen como verdaderas las ms adaptadas a las creencias e intereses del momento. Este proceso, bien demostrado ya en la formacin de los dogmas judos, cristianos, rabes, etc., se repiti con el Dogma de la Trinidad, que los unitarios no aceptan. La primitiva tradicin apostlica, la de los Doce, no contiene suposicin alguna acerca de la divinidad de Jess; los que haban escuchado a Pedro, a Juan y a los otros humildes galileos elegidos para anunciar la inminente venida del mesas esperado por el pueblo de Israel, debieron sorprenderse cuando un griego fariseo, Pablo, comenz a traducir de muy personal manera las nociones sencillas que aprendiera en Damasco. De Pablo pas a la tradicin la costumbre de decir indistintamente Padre, Hijo o Espritu, al referirse a Dios; el redactor del cuarto evangelio coadyuv involuntariamente a la obra, formndose poco a poco el dogma de la trinidad, que fu definitivamente impuesto, siglos despus, por Agustn. Bajo la fe del "Smbolo de Atanasio", cuya redaccin es evidentemente apcrifa, se introdujo entre los artculos de fe de la iglesia romana, sin ser aceptado por los griegos ortodoxos, que tampoco aceptan el "Smbolo de los Apstoles", igualmente apcrifo, limitndose a confesar el "Smbolo de Nicea", que no es del concilio de Nicea sino del concilio de Constantinopla. La singular interpretacin de tres personas distintas constituyendo un slo Dios verdadero, en que nunca pens Jess ni los primeros cristianos, fu repetidas veces negada en la Edad Media, por telogos y obispos, recrudeciendo esa hereja en la poca de la Reforma; ella cost la vida a Miguel Servet, que escapando de la persecucin catlica fu a morir en los quemaderos calvinistas. El antitrinitarismo prosper en Inglaterra y tuvo adeptos en todos los pases, entre las clases ilustradas, aunque lleg a ser crimen de hereja y castigado con la pena de muerte. El progreso general de la cultura en el siglo del enciclopedismo trajo mayor tolerancia; en 1778, un pastor anglicano, se atrevi a inaugurar una capilla _unitaria_, desenvolvindose el vasto movimiento cristiano antitrinitario en que aparecen actuando Channing y Emerson. Como veis, no carecan de razones histricas para creer que su doctrina era la ms _cristiana_, la ms conforme con la predicacin de Cristo. 4.--DECEPCIN DE LA MODA FILOSFICA Doblemente romntico, por su temperamento y por su edad, Emerson senta "el mal del siglo" que, en 1830, era la moda entre la juventud literaria de Europa. La poltica y la religin determinaron por ese tiempo la actitud filosfica de los jvenes intelectuales que, por falta de estudios ponderados, carecan de ideas propias sobre las cuestiones que los filsofos estudian. La Revolucin Francesa, cuyo espritu representaran sucesivamente los fisicratas, los enciclopedistas y los idelogos, haba cerrado su primer ciclo con la cada de Napolen; la Santa Alianza acometa ya la restauracin del antiguo rgimen, volviendo por los privilegios de la reyeca y de la Iglesia, al mismo tiempo que desterraba el espritu liberal revolucionario, persiguindolo severamente. Contra la restauracin difundise el movimiento romntico, cuyas races han remontado algunos hasta aquella poca del idealismo alemn conocida por _Sturm und Drang_, palabras plidamente traducibles por "Tempestad y Osada"; los escritores de ese perodo tenan una ilimitada confianza en s mismos y una visible exaltacin de su personalidad, que los llevaba a considerarse como renovadores absolutos y a llamarse la generacin de los "genios originales". Rousseau y Goethe dieron alas a esta doble corriente sentimental y naturista, creadora durante medio siglo de algunas obras maestras imperecederas, pero sin verdadero contenido ideolgico; sus caractersticas esenciales fueron la falta de claridad, de medida y de armona; su nico mtodo, el espontneo esparcimiento de las tendencias sentimentales. Conocis la historia del romanticismo. Conocis tambin la del eclecticismo, traduccin muy rebajada del idealismo filosfico alemn; fu un compromiso cmodo para desenvolver en Francia una poltica universitaria liberal, evitando las imputaciones de materialismo que la restauracin clerical haba difundido contra la enciclopedia y la ideologa. Ese espiritualismo eclctico, como todas las modas similares que de tiempo en tiempo se repiten, era una simple componenda de profesores--no de filsofos--que hacan carrera en el mundo renunciando a toda verdad peligrosa en homenaje a las opiniones medias difundidas en la sociedad semiculta, representada por la clase gobernante. Podis leer sobre este episodio culminante de la retrica pseudofilosfica el agudsimo libro de Taine, y sobre su cabecilla Vctor Cousin el magnfico ensayo biogrfico de Jules Simon. Sabido es que si el romanticismo engendr obras maestras literarias, el espiritualismo de los eclcticos no produjo ninguna filosfica; oradores interesantes, arrullaban o entusiasmaban a los auditorios con hermosos discursos e imperscrutables metforas, bastndoles para ello no plantear ningn problema claro y concreto, ni chocar en lo restante con esa vanidad humana que cree en la posibilidad de saber sin estudiar, adivinando. Y quin renuncia a creerse capaz de adivinar lo que no tiene el coraje de estudiar? Cuntos prefieren la fatiga de meditar muchos aos un problema filosfico, o todos si su vida es larga, a la dulce ilusin de que su "espritu" o su "intuicin" es bastante aguda para resolverlos "por plpito" personal, ya que nadie se atreve en nuestros das a contar que ha recibido "revelaciones" de la divinidad? De esa manera, los eclcticos "hicieron literatura" sobre cuestiones filosficas inaccesibles a la imaginacin no ilustrada y a la cultura superficial. La literatura y la erudicin son admirables cuando producen los gneros literarios o histricos, en manos de un Musset o de un France, de un Taine o de un Renan; pero son fuentes de ilusin y de error cuando se emplean como nico mtodo para adivinar verdades, o cuando inducen a creer que todas las verdades pudieron ser definitivamente conocidas por grandes adivinos que no saban estudiarlas. La verdad--como expresin abstracta de todas las verdades parciales--est en formacin continua. Aunque los resultados de quienes la investigan sean relativos y perfectibles, es seguro que cada siglo, cada lustro, contribuye a su formacin, depurndola de algn error: slo asentndose sobre la base de una experiencia que crece incesantemente, podr la metafsica del porvenir aumentar la legitimidad de las hiptesis con que el hombre se atreve a descifrar lo mucho desconocido que an queda en la naturaleza. Convena detenernos un momento sobre el sentido poltico y la vaciedad filosfica del espiritualismo francs, para comprender el desencanto de Emerson, hombre leal y estudioso, ante la moda retrica reinante en la filosofa europea. Sus bigrafos concuerdan en decir que su viaje a Europa (1832), lleno para l de atractivos literarios--la Italia de los romnticos y la amistad de Coleridge, de Quincey, Wordsworth, Carlyle y otros--le produjo una honda decepcin filosfica. Espritu prctico y americano, comprendi probablemente que las disputas doctrinarias eran simples disfraces polticos: el decado escolasticismo francs era el clericalismo de la restauracin, el eclecticismo floreciente era el liberalismo burgus, el sansimonismo que asomaba era el renacimiento del espritu revolucionario. De regreso a su patria, Emerson volvi a la tribuna, como conferencista laico, ms decidido que nunca a predicar la necesidad de una educacin moral independiente de todo dogma religioso y de todo sistema metafsico. Para preparar sus discursos se apart del tumulto urbano de Boston y busc un tranquilo refugio en Concord, donde transcurri casi todo el resto de su existencia. La vida simple y las costumbres modestas, la contemplacin incesante de la naturaleza, la visin del cielo y la auscultacin del bosque, el trato exclusivo de personas agradables, infundironle ese doble sentimiento de anarquismo optimista y de pantesmo mstico que fu dominante en sus primeros ensayos. La personalidad de Emerson, casi completa ya, no tard en encontrar la nota social, con que se integr definitivamente. 5.--EL TRASCENDENTALISMO Mientras los eclcticos franceses mantuvieron su bandera espiritualista como ensea de lucha contra la restauracin borbnica, las simpatas del pueblo y de los literatos romnticos estuvieron de su parte. La revolucin de 1830, con el triunfo de los Orlans y el advenimiento de Luis Felipe, seal su entrada al "oficialismo" y el comienzo de su impopularidad. Viniendo a cuentas, el liberalismo revolucionario advirti que la nueva dinasta, aunque menos reaccionaria que la cada, estaba lejos de ser la continuadora de los principios del 89; y poco a poco, frente al eclecticismo oficializado que decaa, los portavoces de los partidos radicales fueron plegndose al sansimonismo, renovado en consonancia con el espritu de Condorcet, es decir, del Ideologismo en su aspecto integral y social. La palabra de orden fu _filosofa social_, sistema de ideas til para la justicia y la solidaridad humanas, con un programa esencialmente optimista y lrico, nacionalista a pesar de su humanitarismo, puramente poltico no obstante sus divagaciones filosficas. En 1835 era Pierre Leroux su propagandista ms influyente. Esta nueva corriente ideolgica lleg casi simultneamente a las dos Amricas, engendrando en Boston un movimiento social famoso, cuyo centro fu el _Club de los Trascendentales_, y en Buenos Aires un germen similar que ahog la restauracin clerical de Rosas, la _Asociacin de Mayo_; sabido es que en otros pases del continente, poco despus, nacieron sociedades de anloga inspiracin. Emerson y Echeverra fueron el alma de esas agrupaciones, constitudas respectivamente en 1836 y 1837, ignorndose la una a la otra, pero alentadas por idnticos principios. Las dos imitaban el tipo de las sociedades cerradas, cuyo modelo era la "Joven Italia"; las dos se proponan reformar la sociedad en que actuaban; las dos dedicaban preferente atencin al estudio de los problemas econmicos; las dos afirmaban la necesidad de marchar hacia la democracia y acabar con los privilegios tradicionales; las dos declaraban ser cristianas y ponan la moralidad como condicin intrnseca del progreso social. Es innecesario insistir en que cristianismo significaba en Boston lo contrario de dogmatismo protestante y en Buenos Aires lo contrario de dogmatismo catlico; era, en ambas partes, un liberalismo adverso a la religin imperante: como el cristianismo de Saint Simon y de Leroux. El movimiento norteamericano y el argentino tuvieron un claro sentido nacionalista, insistiendo ambos en la necesidad de adaptar su accin al medio social, prescindiendo de frmulas elaboradas en Europa y sugeridas por la observacin de ambientes muy distintos de los americanos. En esto, por falta de ilustracin histrica o por ingenuo patriotismo, desearan ver muchos crticos una expresin de americanismo y un deseo de originalidad; esa ilusin se disipa cuando se estudia la filosofa poltica del radicalismo europeo, precedente a la revolucin de 1848. Desde los clebres "Discursos a la nacin alemana" de Fichte, pronunciados en 1808, plantebase en todos los pueblos europeas el problema de regenerar las nacionalidades y educar a la juventud en principios sociales ms firmes que los anteriores, pues el fracaso de la revolucin del 89 se atribua a que las naciones no estaban capacitadas para adoptar el nuevo rgimen. Por eso cada extrema izquierda nacional, sin olvidar su poco de retrica acerca del humanitarismo y la fraternidad universal, se preocupaba intensamente del bienestar interno de su pas e inscriba en su programa reformas ticas y econmicas esencialmente nacionales. Por ignorar ese influjo sansimoniano--o por no confesarlo--los comentaristas del movimiento de los _Trascendentales_ lo presentan como una exaltacin reformista puramente autctona, que minaba todas las tradiciones: el gobierno, la familia, la iglesia, la escuela; todo lo que en Francia preludiaba a la revolucin del 48; todo lo que en forma prudente est repetido en el _Dogma Socialista_ de nuestra Asociacin de Mayo. Advirtase bien la uniforme significacin histrica y poltica de esas expresiones americanas del "romanticismo social": el sansimonismo termina en Europa con la revolucin del 48, el Club de los Trascendentales deja de reunirse en 1850 y los afiliados de la Asociacin de Mayo, dispersados por la Restauracin de Rosas, terminan su ciclo de propaganda liberal con el levantamiento de 1851 y la cada de la dictadura. En torno del Trascendentalismo se mueve la generacin liberal norteamericana, teniendo por cabezas a Channing y Emerson, rodeados por David Thoreau, el poeta naturalista, por Ripley, Margarita Fuller, Parker, Bancroft, Hedge, Bartol, Brownson, Peabody, Cranch, Follen y los Channing juniors. El hombre de accin, el motor del _Club_, era Ams Bronson Alcott, el espritu ms equilibrado y menos literario del grupo, exactamente como fu Juan B. Alberdi el verdadero empresario de nuestra _Asociacin de Mayo_. Emerson, sensible en esa poca a la exaltacin militante, se pleg a los Trascendentales, les prest su nombre, les di sus consejos y dirigi su famosa revista _The Dial_. Es indudable que sus amigos eran un tanto comprometedores; Emerson mismo coment ms tarde sus fantsticos excesos, en pginas llenas de risuea bonhoma. Del sansimonismo cayeron muchos en el fourierismo, fundando comunidades falansterianas que subsistieron poco tiempo: la _Brook-Farm_ fu famosa. "Es algo nico en la historia del mundo", dice un narrador de ese ensayo comunista en que aparecen exaltados, al mismo tiempo, el cristianismo social y el individualismo anarquista. Los hombres y las mujeres ms ilustradas del pas entregronse a roturar la chacra y a menesteres domsticos, al mismo tiempo que enriquecan la cultura nacional con producciones de calidad superior; segn Emerson, "todo lo investigaron: lo necesario, lo simple, lo verdadero, lo humano, trepndose a la cima que domina la historia del pasado y del presente". El respeto escrupuloso de la libertad individual se armonizaba all con el inters colectivo de la comunidad, sin que se advirtiese la necesidad de coaccin alguna para que todos cumplieran su deber, y muchos bastante ms que el deber mismo, el sacrificio. Qu los impulsaba? Un ideal: la concepcin de que era posible organizar la sociedad humana en tal forma que fuesen proscritos el privilegio y la holgazanera, la poltica y la mentira, los dogmas y las supersticiones, el convencionalismo y la injusticia. Ideal nobilsimo, si los hay; ideal cien veces renovado en la historia del ltimo siglo; ideal lejano, si queris; impracticable en su totalidad, probablemente; pero ideal cuya legitimidad nadie podra negar sin sonrojarse, como nadie podra negar que gracias a l los pueblos ms civilizados han dado algunos pasos seguros hacia la democracia social del porvenir. El ensayo prctico, en verdad, slo fu posible por la calidad selectsima de los falansterianos de _Brook-Farm_; de su ferviente celo futurista podris tener una impresin exacta leyendo cualquier historia de la literatura norteamericana. "Cuntos proyectos para salvar a la humanidad!", exclamara Emerson ms tarde: ste quera volver a la vida campestre, el otro suprimir la moneda y prohibir el comercio, aqul era vegetariano, algunos combatan el matrimonio indisoluble, muchos deseaban la extincin de toda autoridad poltica, un grupo ensayaba la educacin integral, otro quera transformar las iglesias en escuelas de ciencias y de fraternidad. Pretendan otra cosa los sansimonianos y los fourieristas, antes de la revolucin del 48? La respuesta, harto sencilla, sugiere curiosas inducciones sobre la evolucin de nuestra _Asociacin de Mayo_ si hubiera logrado prosperar en Buenos Aires en una poca de tolerancia liberal, la de Rivadavia, pongamos por caso. Fcil es comprender que el Trascendentalismo levant resistencias y provoc reacciones, mirado por los polticos conservadores como un peligro y por las iglesias tradicionalistas como un semillero de hereja. Para contrarrestar su influjo se acentu en todos los Estados la predicacin religiosa, intensa, exaltada a la vez por el celo propio y por la competencia ajena, pues eran varias las comunidades que se disputaban la clientela de los creyentes. _The Dial_ suspendi sus publicaciones en 1844; los Trascendentales siguieron algn tiempo ms, soando con la armona social de sus comunidades falansterianas. Emerson, en 1847, emprendi un viaje a Inglaterra, dejando en pleno hervor el movimiento liberal. Adems de las iglesias unitarias y de los trascendentalistas de Boston, convergan a l los poetas de Cambridge: Longfellow, Holmes, Russell Lowell, Parsons y Story; el novelista Hawthorne; los historiadores Prescott, Bancroft, Motley, Parkman; los agitadores de la campaa antiesclavista: Garrison, Phillips, Sumner, Enriqueta Beecher Stowe, Whittier; toda, en fin, una legin de poetas, pensadores y apstoles que representa para los Estados Unidos lo que--guardando las distancias--significa para la Argentina la generacin de los emigrados: Echeverra, los Varela, Alberdi, Lpez, Mitre, Sarmiento, Gutirrez, Can, Mrmol, etc. Y sin pretender convertir en paralelismos estas sencillas y evidentes analogas, sealemos que la campaa liberal contra el antiguo rgimen termina all con el triunfo de la guerra contra los esclavistas y aqu con el xito del ejrcito grande contra Rosas. 6.--GEOGRAFA MORAL DE LOS ESTADOS UNIDOS En 1847, mientras Emerson pronunciaba algunas conferencias en Inglaterra, lleg a Estados Unidos nuestro Sarmiento. Autor ya de _Facundo_ y ejercitado en las tareas educacionales, Sarmiento acababa de recorrer la Europa en busca de inspiracin y de ejemplos que pudieran servir al progreso de nuestra Amrica. Haba visto mucho y aprovechado poco en Europa, donde todo era inquietud, preludiando la gran tempestad que estallara un ao despus. En Estados Unidos llam singularmente su atencin la intensa agitacin religiosa, pues los unitarios y los trascendentales haban provocado, como dijimos, una formidable reaccin de las iglesias dogmticas. Cada una pona un fervor inusitado en la propaganda, siendo curioso que todas se disputaran las simpatas de la opinin, Biblia en mano y en nombre del cristianismo. En una carta a don Valentn Alsina, includa en su libro "Viajes por Europa y por Amrica" (Vol. V de sus _Obras Completas_), examina Sarmiento la _geografa moral_ de los Estados Unidos. Para describir la rigidez de los puritanos ortodoxos trae un cuento al caso. "Sbese que en la Nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moiss: tal era, y es an, la idea de la perfeccin inmaculada de cada frase y de cada versculo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las maravillas del cloroformo. Un mdico aseguraba que poda aplicarse a los alumbramientos, sin peligro.--Y Vd. lo aplicara a su mujer? preguntaba un puritano presente.--Por qu no!--Pues yo no lo hara, replic seriamente el interlocutor.--Eso depende del grado de confianza de cada uno en su eficacia.--No, seor; el Gnesis dice: alumbrar la mujer con dolores, y Vd. contrara la voluntad de Dios.--Como se ve, la cuestin del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y medida su bondad en el cartabn de la Biblia". Sarmiento lleg cuando ms arda la hoguera mstica. "Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las campaas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda su vida en misin; hombres rudos y enrgicos, que llevan a todas partes la agitacin, despiertan los nimos, excitndolos a la contemplacin de las verdades eternas. Son stos verdaderos ejercicios espirituales, como los de los catlicos; ms espirituales an, pues sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor, o los pastores, reunidos en _meeting_ religioso, al aire libre o en algn galpn (improvisado), sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos, les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles; y cuando el estimulante ha producido su efecto, envan a las mujeres al bosque de un lado, y a los hombres de otro, para que mediten a solas, se encuentren en presencia de s mismos viendo su nada, su desamparo y sus defectos morales". Para Sarmiento no tenan inters las doctrinas difundidas, sino el hecho mismo de la agitacin espiritual mantenida por los predicadores, que as efectuaban una obra educativa y moral. "Pero lo que de todo esto importa para mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias teolgicas y los pastores ambulantes, aquella gran marea humana vive todava en fermentacin, y la inteligencia de los habitantes ms apartados de las centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, se mantiene ajustada y apta para servir, no importa la calidad del lquido que encierre; mientras que si la dejan vaca, las duelas se tuercen, los arcos se aflojan y queda, con la accin del tiempo y las fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre". En el fondo, con palabras distintas, repite Sarmiento el concepto fundamental de Emerson: lo que importa es la accin moral, independientemente de cualquier contenido dogmtico o doctrinario. Esto no significa que Sarmiento no hiciera diferencias entre las sectas ortodoxas y las liberales. "Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias, estn a su vez sufriendo una elaboracin lenta, es verdad, pero segura, ascendente". Y no se equivoca en sus preferencias: "La filosofa religiosa de los descendientes de los peregrinos viene descendiendo de lo alto hasta las profundidades de la sociedad, acercando las distancias que separan las disidencias, echando entre ellas blandas ligaduras que acaban por estrecharlas, y que terminarn al fin en absorberlas en el _unitarismo_, secta nueva, pantesta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos los bautismos por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia; y elevndose a regiones ms encumbradas, desprendindose de toda interpretacin religiosa, concluye por reunir en un solo abrazo a judos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgnica que Dios ha dado al espritu humano y clasificndolas en el nmero de las figuras de retrica. La moral del cristianismo, como expresin y regla de la vida humana, como punto de reunin asequible y aceptable por todas las naciones: he ah el nico dogma que admiten, as como la virtud y la humanidad forman el nico culto y la nica prctica que prescriben a los creyentes". Los comentarios que todo ello le sugiere son interesantes y exactos; espiguemos algunos. "El espritu puritano ha estado en actividad durante dos siglos, y marcha a darse conclusiones pacficas, conciliadoras, obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos existentes, trabajndolos sin destruirlos violentamente como lo emprendi la filosofa nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que tan poco camino ha hecho". "Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que har pararse los pelos de horror a los buenos yankees, y es que marchan derecho a la unidad de creencias, y que un da no muy remoto la Unin presentar al mundo el espectculo de un pueblo devoto, sin forma religiosa aparente, filsofo sin abjurar al cristianismo, exactamente como los chinos han concludo por tener una religin sin culto, cuyo gran apstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razn di con el axioma: "no hagas lo que no quieres que te hagan a t mismo", aadindole este sublime corolario: "y sacrifcate por la masa". Si tal sucediera, y debe suceder, cun grande y fecundo habr de ser para la humanidad el experimento hecho en aquella porcin, que dar por resultado la dignificacin del hombre por la igualdad de derechos, la elevacin moral por la desaparicin de las sectas que hoy lo subdividen a aquel pueblo, enrgico por las facultades fsicas y eminentemente civilizado por la apropiacin a su existencia y bienestar de todos los progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de la tolerancia religiosa; est inscripto en todas sus constituciones y ha pasado a axioma vulgar; en Norte Amrica fu por vez primera pronunciada esta palabra que deba restaar la sangre que la humanidad ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los primeros tiempos del mundo". Las diversas religiones cristianas que emigraron de Europa, tenan dogmas e intolerancias, hbitos de persecucin y de venganza; "unos ms pronto, otros ms de mala gana y refunfuando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de esa bufonada de mal gnero que consiste en quemar hombres para mayor gloria y honra de Dios. No tengo cundo acabar cuando entro en el campo de la teologa; me vuelvo yankee, como Vd. ve, y hasta gangoso me pongo al leer estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo an que apuntar una de las fuerzas de regeneracin, propaganda y auxilio al moroso que tiene en movimiento la inteligencia en Norte Amrica y fuerza a marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa, si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales. Hablo del espritu de asociacin religiosa y filantrpica, que pone en actividad millares de voluntades para la consecucin de un fin laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecucin de su obra. En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta provisin de necesidades del nimo, aquel tiempo, trabajo y dinero empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupacin, muestra cun activa es la vida moral de aquel pueblo". Y termina con estas palabras: "En todo este enorme y complicado trabajo nacional, ver Vd. predominar una gran idea, la igualdad; un sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio, la asociacin, que es el alma y la base de toda la existencia nacional e individual de aquel pueblo." Conocis la simpata de Sarmiento por todo lo que representaba liberalismo, progreso, porvenir. Era en l obsesiva la idea de regenerar a nuestra Amrica latina emancipndola de su pasado colonial, en que slo vea pereza y supersticin; los conquistadores haban enseado a mirar el trabajo como una vergonzosa humillacin, filtrando en las venas de sus descendientes el parasitismo; los telogos haban enseado a rezar mucho y a leer poco, limitndose a fundar las escuelas necesarias para ir formando un clero autctono. Con esas ideas, que haba expresado ya en _Facundo_ y de que no se apartara hasta la hora de escribir _Conflicto y armonas de las razas en Amrica_, profunda impresin deba producirle aquella otra Amrica "en que todos saben leer y trabajar". Se explica as el constante entusiasmo por el modelo poltico y social norteamericano; y se explica tambin su preferencia por aquellas religiones protestantes, creyendo que en ellas la fe primaba sobre la supersticin, el celo evanglico no exclua la tolerancia recproca y el misticismo personal poda escoger una atmsfera propicia para remontar su vuelo sin que el Estado le impusiera una determinada direccin dogmtica. Sabis que Alberdi, con quien ri tanto y tantas veces,--sin duda porque perseguan un mismo ideal a travs de sus opuestos temperamentos,--expres anlogas simpatas por las religiones disidentes. 7.--SARMIENTO Y HORACIO MANN Llevaba Sarmiento una preocupacin cardinal, la instruccin pblica; con ella se propona redimir a estas antiguas colonias que haban heredado un analfabetismo casi universal. Estuvo en Boston, "la Menfis de la civilizacin yankee", llevado por su preocupacin pedaggica. "El principal objeto de mi viaje era ver a Horacio Mann, el secretario del Board de Educacin, el gran reformador de la educacin primaria, viajero como yo en busca de mtodos y sistemas por Europa, y hombre que a su fondo inagotable de bondad y de filantropa, reuna en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber. Viva fuera de Boston y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme a Newton-East, pequea aldea de su residencia. Pasamos largas horas de conferencia, en dos das consecutivos. Contme sus tribulaciones y las dificultades con que su grande obra haba tenido que luchar por las preocupaciones populares sobre educacin, y los celos locales y de secta, y la mezquindad del partido democrtico que desluca las mejores instituciones. La legislatura misma del Estado habra estado a punto de destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisin de educacin, cediendo a los mviles ms indignos: la intriga y la rutina. Su trabajo era inmenso y la retribucin escasa, enterndola l en su nimo con los frutos ya cosechados y el porvenir que abra a su pas". Y despus de pasar en resea los adelantos de la educacin pblica, refiere lo que fu, diremos as, la escuela de su futuro apostolado en la enseanza argentina: "Usted ve, querido amigo, que estos yankees tienen el derecho de ser impertinentes. Cien habitantes por milla, cuatrocientos pesos de capital por persona, una escuela o colegio para cada doscientos habitantes, cinco pesos de renta anual para cada nio y adems los colegios: esto para preparar el espritu. Para la materia o la produccin tiene Boston una red de caminos de hierro, otra de canales, otra de ros y una lnea de costas; para el pensamiento tiene la ctedra del Evangelio y cuarenta y cinco diarios, peridicos y revistas; y para el buen orden de todo, la educacin de todos sus funcionarios, los _meetings_ frecuentes por objeto de utilidad y conveniencia pblica, y las sociedades religiosas y filantrpicas que dan direccin e impulso a todo. Puede concebirse cosa ms bella que la obligacin, en que est Mr. Mann, de viajar una parte del ao, convocar a un _meeting_ educacional a la poblacin de cada aldea y ciudad a donde llega; subir a la tribuna y predicar un sermn sobre educacin primaria, demostrar las ventajas prcticas que de su difusin resultan, estimular a los padres, vencer el egosmo, allanar las dificultades, aconsejar a los maestros y hacerles indicaciones, proponer en las escuelas las mejoras que su ciencia, su bondad y su experiencia le sugieren?" Recordemos, al pasar, que Horacio Mann, verdadero trasuntador del eticismo emersoniano en la pedagoga, fu, para Sarmiento, el gran amigo y el gran modelo, cuyas doctrinas crey poder sintetizar en pocas sentencias: --El hombre que no ha desenvuelto su razn con el auxilio de los conocimientos que habilitan su recto ejercicio, no es hombre, en la plenitud y dignidad de la acepcin. --La ignorancia es casi un delito, pues que presupone la infraccin de leyes morales y sociales. --La asociacin de los hombres tiene por objeto la elevacin moral de todos y el auxilio mutuo para asegurarse su quietud y su felicidad. --La propiedad particular debe proveer a la educacin de todos los habitantes del pas, como garanta de su conservacin, como elemento de su desarrollo, y como restitucin y cambio de los dones de la naturaleza que son la base de la propiedad. --La libertad supone la razn colectiva del pueblo. --La produccin es obra de la inteligencia. Y deberamos los argentinos releer, de tiempo en tiempo, las pginas de fondo substancioso, aunque desaliadas en la forma, en que Sarmiento condens la _Vida de Horacio Mann_ (Obras, XLIII), bastando, a veces, dos prrafos, para explicar la personalidad del gran educador y el sentido emersoniano de su moral independiente: "Las pronunciadas y naturales propensiones del hombre aparecen a menudo durante su juventud, y antes que la experiencia haya venido a ensearnos a proceder con cautela. Los que conocieron a Mr. Mann en el colegio y lo han conocido despus, encontrarn muy aplicable a l esta reflexin. Se distingua entre sus camaradas y ser notable y recordado siempre, por aquellos rasgos peculiares que son constantes en su personalidad, es decir: primeramente, como un pensador original y atrevido, que lo haca investigar por s mismo todas las materias, sin miramiento a nadie, atendiendo slo a la verdad y al derecho que asiste en ello; y segundo, el horror que le inspiraba toda impostura e hipocresa, aborreciendo por esto la impostura y la stira, por atribuirlos a motivos egostas. La osada y la fuerza con que manifest estos dos caracteres distintivos, han velado a los ojos del vulgo una tercera cualidad que le era tambin muy peculiar, a saber, el ardor y actividad del sentimiento religioso. De aqu viene que muchos no lo tomaran por un hombre religioso, en el sentido tcnico de la palabra, aunque lo era verdadera y eminentemente en su significacin ms elevada. Investigando siempre las leyes del universo moral y fsico y atribuyndolas a Dios solo, cuando las ha encontrado, rinde a ellas y a su Autor el justo homenaje de la obediencia y de la veneracin; y esto lo haca en todas las ocasiones y hasta en los ms mnimos asuntos. No slo acata los diez mandamientos, sino diez mil ms. ste es el origen de aquel delicado sentimiento moral, de su firme y rgida fineza, de la guerra sin tregua que siempre hizo a toda clase de impiedad, de quien quiera que procediese" (pg. 331 y sig.). Toda la hereja emersoniana y todo su pantesmo moral parecen resumidos en esa frase con que Sarmiento hace el mayor elogio de Horacio Mann: "no slo acata los diez mandamientos, sino diez mil ms". sa es su interpretacin expresiva de la moral sin dogmas y de la religin sin doctrinas. Al catecismo de una religin dogmtica que impone obedecer diez mandamientos, y slo esos diez, el hombre virtuoso puede violarlo si obedece los infinitos deberes que le dicta su conciencia moral, incesantemente sugeridos por la mltiple accin que puede cada uno desenvolver en beneficio de la sociedad a que pertenece. 8.--LA VIDA EN CONCORD Habra que estar ciego para no comprender que en Boston, en aquella atmsfera llena de Channing y de Emerson, de unitarismo y de liberalismo, verdadero almcigo de moralistas sin dogmas, recibi Sarmiento las inspiraciones educacionales que luego, durante casi medio siglo, fueron la ensea de su apostolado en nuestra patria. En ese primer viaje no conoci personalmente a Emerson, aunque lo percibi en todas las personas e instituciones que significaban liberacin del tradicionalismo y germen de progreso. Emerson comenzaba a lograr la mayor de las sanciones a que puede aspirar un gran hombre: que todos, amigos y enemigos, le hicieran fuente de sus consejos o blanco de sus ataques, los iguales venerando sus altas virtudes, los inferiores explotando sus legtimos prestigios para ponerse en evidencia, sin advertir estos ltimos que los ataques de los envidiosos constituyen el mejor abono para la gloria de los hombres excelentes. A su regreso de Inglaterra, Emerson tena cuarenta y cinco aos. Al calor romntico y combativo de la juventud comenzaba a suceder la serenidad estoica y optimista que es el dulce privilegio de los caracteres virtuosos. Su apostolado, desde 1850, fu cada vez ms afirmativo; antes que corregir la mentira y la perversidad de hombres adultos, cuyas rutinas y vicios estuviesen ya consolidados por la edad, le interes difundir la verdad y el bien, tal como los comprenda, entre jvenes que an estuvieran en edad de rectificar sus ideas y su conducta: enderezad, si podis, el arbusto; no perdis vuestro tiempo en destorcer el tronco aoso! Su afn de crear le indujo a mirar la polmica y la discusin como una prdida de tiempo y una malversacin de energas; parecale de ms provecho cooperar al advenimiento de la verdad y del bien, que reir con los incapaces de estudiar para saber y de simpatizar para amar. Ese concepto afirmativo, dominante en su conducta personal, fu la condicin bsica de su optimismo. Todas las sectas y partidos conservadores, disfrazndose de vagos espiritualismos, le acusaban hoy de incredulidad, maana de atesmo, y al fin le consideraban peligroso para la tranquilidad general, como llamaban a la propia. Emerson, por ser el ms conspcuo de los hombres vinculados al Trascendentalismo, segua atrayendo el rencor implacable de todos los que haban mirado con terror esa efervescencia del romanticismo social contra el tartufismo tradicionalista; y cuando ms arreci la reaccin, en vsperas de la campaa antiesclavista, Emerson, desafiando las pasiones de los extraviados, tom la responsabilidad de defender a Alcott--como, entre nosotros, Echeverra defendi a Alberdi, cuando sus primeros enemigos lo difamaban,--adhirindose al fin y de lleno a la campaa contra la esclavitud, que ser siempre el mayor timbre de gloria de aquella memorable generacin norteamericana. Solitario en Concord, vivi una existencia socrtica, que, en pginas edificantes, podis leer en algunos de sus bigrafos--_Emerson in Concord_, por su hijo Eduardo W. Emerson, _Emerson at Home and Abroad_, por Conway, _Concord Days_, por Alcott, etc. No todas las naciones, ni todos los siglos, han presenciado una vida como la suya. Toda mente superior leer siempre con placer sus pginas consagradas a elogiar su _Soledad_. Reconoce que el hombre debe vivir en sociedad, rodeado de artes, de instituciones, de amigos que tengan su propia estatura moral, buscando en la simpata estmulos para su accin y su constancia; pero... "de tiempo en tiempo el hombre excelente puede vivir solo; debe hacerlo... La gente de mundo debe tomarse en pequeas dosis. Si la soledad es orgullosa, la sociedad es vulgar. En el mundo, las capacidades superiores del hombre suelen considerarse como cosas que lo descalifican. La simpata nos rebaja con la misma facilidad con que nos eleva... La soledad es impracticable y la sociedad es fatal: debemos mantener nuestra cabeza en la primera y confiar nuestras manos a la segunda. Slo podemos conseguirlo si conservando nuestra independencia no perdemos nuestra simpata". No es bueno que el hombre est solo, pero es indispensable que no est mal acompaado. La conducta del hombre perfecto, deca Spencer, slo aparecera perfecta cuando el ambiente lo fuera; en ningn ambiente inferior sera adaptable, porque la idealidad de la conducta es absolutamente un problema de adaptacin. Eso nos permite comprender la antipata que tienen los grandes caracteres morales a la vida bulliciosa de las ciudades, donde las circunstancias obligan a un contacto excesivo con personas indiferentes o desagradables. Felices los que pueden, como Emerson, buscar un retiro tranquilo, propicio a la meditacin y al estudio, transcurriendo una vida simple entre las gracias siempre renovadas de la Naturaleza; felices los que pueden refugiarse en una apacible soledad y como desde una cumbre abarcar a toda la humanidad en una sola mirada de simpata, no turbada por la visin de pequeeces y disonancias. Es all donde el ingenio se revela en toda su pureza, all donde la santidad se encumbra; y desde all el hombre ubrrimo puede ofrecer a la humanidad los ms sabrosos frutos de su experiencia: sus ideales. Las obras de educacin, de justicia, de solidaridad, recibieron de Emerson una palabra de aliento o una cooperacin efectiva. Cada ao que pasaba sobre l, cada nueva cana sobreviviente, aumentaba la grandeza moral del hombre que segua dando a la nacin nuevas expresiones de su mensaje tico. Su primitiva predicacin, esencialmente individualista, fu acentuando da a da aquel sentido social y humanitario que apareciera ya en las columnas de _The Dial_, cuando la visin de una humanidad mejor y perfectible le hizo comprender que la moralidad del individuo debe tener por atmsfera la moralidad de todo el agregado social. Pasados los aos, creciendo l siempre y ajamelgndose siempre sus enemigos, la envidia y la pasin se entibiaron en torno suyo, y poco a poco, por ese proceso natural que anticipa en vida las sanciones pstumas de la gloria, Emerson _el hereje_ fu convirtindose, para todos, en Emerson _el santo_. Porque la santidad, hay que afirmarlo, es de este mundo; o no es de ninguno. Y slo entran a ella los hombres que por la inflexibilidad de sus virtudes, por la derechez de su carcter, por su leal obsecuencia a la verdad, merecen ser indicados a sus contemporneos y a la posteridad como ejemplares arquetpicos de una humanidad ms perfecta, que la imaginacin concibe como un ideal para el porvenir. Los nios--si me est permitido complicar la verdad con una imagen superflua--los nios fueron los pjaros predilectos en su jardn otoal; adoraba en ellos la ingenuidad, no envenenada todava por el aprendizaje del mal. La educacin le pareca la tarea ms "divina" que un hombre puede desempear sobre la tierra, ya que slo educando pueden fomentarse los elementos de moralidad y de optimismo que constituyen la partcula del gran todo divino que reside en cada uno de los seres que integran la Naturaleza, que es la divinidad misma... Es preciso detenernos, dejando para la prxima leccin el examen de las doctrinas ticas de Emerson y la determinacin de su actitud ante los problemas propiamente metafsicos. Por hoy nos concretaremos a sealar algunos influjos de Emerson sobre Sarmiento, infirindolos de las repetidas menciones que este ltimo hizo de aqul en sus escritos. 9.--EMERSON Y SARMIENTO En sus cartas de Boston, de 1865 (Vol. XXIX, de sus _Obras_: "Ambas Amricas"), Sarmiento refiere con admiracin casi mstica las impresiones de su permanencia en Concord, entre los amigos de Emerson. "Necesitara muchas pginas--le escribe a Aurelia Vlez--para narrar todo lo que ha pasado de bello, de grande, de til, en estos ocho das, por mis sentidos, por mi corazn, por mi espritu. Son cuadros vistos con vidrios de aumento en que parece asistimos a un mundo de gigantes, que est delante, sin ser el nuestro. Fu a Concord, verdadera aldea, sin alumbrado y sin embargo bellsima, en medio de la naturaleza de otoo, que me habr odo es aqu de una belleza sobrenatural, por los colores vivsimos que reviste la vegetacin al aproximarse el invierno; y usted sabe que gozo con estos espectculos. En esta simple aldea viven algunas reputaciones literarias. La seorita Peabody, escritora de libros de educacin. Waldo Emerson, poeta y filsofo. La seora Mann me ha recibido como a uno de la familia, con la simplicidad de la Nueva Inglaterra, donde todos son hermanos, con el cario y la solicitud de una antigua amiga... Fuimos al da siguiente a Lexington a ver el establecimiento de educacin del doctor Lewis para mujeres. Vuelve este pas a los tiempos de la Grecia, dando a los juegos gimnsticos una grande atencin. Los que v ejecutar a las nias aseguran la mayor perfeccin de la raza, por la fuerza, la belleza y la gracia. Al da siguiente com con Waldo Emerson, a quien haba mandado el _Facundo_. Este libro me sirve de introduccin. Si ser Ministro no vale para todos, ser educacionista es ya un gran ttulo a la benevolencia de este pueblo de profesores y de maestros... De casa de la seora Mann me llevaron a Cambridge, la clebre Universidad, donde he pasado dos das de banquete continuo, para ser presentado a todos los eminentes sabios que estn all reunidos: Longfellow, el gran poeta, que habla perfectamente el espaol; Gould, el astrnomo, amigo de Humboldt; Agassiz, hijo, a quien pronostican mayor celebridad que al padre; Hill, el viejo presidente de la Universidad. Cmo se gozara su padre en este seminario de ciencias y de estudios clsicos, con una biblioteca por templo y una villa entera de escuelas para todos los ramos del saber humano!", (pg. 65 y sig.). Estas impresiones se repiten, ya que no pueden aumentarse, en otras cartas, especialmente en la publicada con el ttulo: "Una aldea norteamericana.--Las mujeres.--Emerson.--Longfellow.--La nieve" (pg. 80 y sig.). De sus conversaciones con el gran eticista, merece transcribirse este interesante prrafo: "Entre los hombres notables de la educacin pblica, aqu est el viejo Emerson, que fu uno de los cinco que emprendieron hace treinta aos mejorar las escuelas, y elevarlas al rango a que han llegado hoy. Es ahora un monumento pblico, este hombre, a quien rodea como una aureola la veneracin pblica. En largusimas conferencias que hemos tenido sobre materia que tanto nos interesa a ambos, me ha hecho una observacin que quiero trasmitir aqu, para que la tengan presente. En cuarenta aos de trabajos en la difusin de la enseanza, me dijo, un hecho se me ha presentado constante en todas partes; y es que es intil rentar las escuelas, organizarlas, inspeccionarlas, si en cada villa, poblacin o ciudad, no hay un vecino que las cuide o visite por puro amor a la enseanza. Donde quiera que las escuelas van bien estamos seguros que hay un buen filntropo que no las pierde de vista; donde van mal, es porque falta; y como absorbidos por la conversacin, hubirase casi apagado la chimenea, al atizar el casi extinguido fuego, me dijo, sealndolo: as son las escuelas, si no se atienden se apagan." (Obras, XXIX, 84). No cabe duda que este pensamiento de Emerson, sobre la cooperacin vecinal para el xito de las escuelas del estado, preocup a Sarmiento; muchos aos ms tarde, con motivo de inaugurarse una biblioteca popular en San Fernando, repite, en 1878, las opiniones del "anciano Emerson, de Concord, clebre filsofo que, con Horacio Mann, haba encabezado la agitacin de educacin popular que acab por generalizarse a todos los Estados Unidos." (Obras, XLVII, 67). Desde que lo conoci, tuvo Sarmiento una gran admiracin por el moralista sin dogmas, aunque eran tan distintos sus temperamentos, pragmtico el de aqul y mstico el de ste. Es creble que Sarmiento oyera en Boston los ltimos ecos de la maledicencia sectaria; no pudiendo decir ya que Emerson era un pensador peligroso para la sociedad, los conservadores haban resuelto desteir su admiracin forzosa, declarndolo... demasiado metafsico. En otras memorias de viaje, relativas a las escuelas, Sarmiento recoge el eco: "poeta y autor de varias obras filosficas que lo revelan pensador profundo, y los que lo acusan de metafsico le reconocen, sin embargo, genio" (Obras, XXX, 89). Influa, sin duda, en estos sentimientos la noticia de que Emerson y Channing haban sido los mejores puntales de su amigo Horacio Mann, durante su campaa educacional; y del segundo, en sus notas sobre la vida de Mann, transcribe la carta de adhesin que le escribiera en los momentos ms difciles (Obras, XLIII, 346). De all tambin su persistente simpata por el _unitarismo_, que veinte aos atrs le pareca encarnar el porvenir tico de los Estados Unidos y a cuyas ceremonias religiosas volvi a asistir en su segundo viaje: "Estoy invitado a la comisin de los _Unitarios_, cuyo rgano es el "Liberal Christian". Su objeto es reunir todas las disidencias en una, que las contiene a todas: la caridad cristiana. Yo le haba pronosticado hace veinte aos a esta secta el porvenir; y lo saben ellos". Frecuent tambin a los _unitarios radicales_; es interesante ver cmo los juzga: "Al da siguiente, uno de los editores de _El Radical_ va a mi hotel, para hacerme tomar parte en los ejercicios del ala izquierda de los liberales. stos van mucho ms all de cuanto haba esperado. Seis predicadores se suceden ante una numerosa audiencia, la mayor parte de seoras. Nosotros somos cristianos, dice devotamente uno de ellos. Somos slo hombres, en comunicacin con Dios, nuestro padre comn, sin intermediarios. Jess llen su grande misin, en proporcin de su poca y al desarrollo de la humana inteligencia. La doctrina no est hoy en armona con los datos de la ciencia y su obra no ha podido en diez y ocho siglos afectar ni modificar sino a una pequea parte de la humanidad. Somos ms felices que nuestros hermanos de otras sectas. No aborrecemos a nadie por causa de Jess... Seis sermones a la tarde y otros seis a la noche, completaron los ejercicios. Yo asist a todos, admirando este profundo sentimiento religioso que mantiene en actividad la mente y el corazn de este pueblo. Nosotros, ni cristianos somos. Convenido como est que hemos nacido catlicos, y que fuera del girn de la Iglesia no hay salvacin, descansamos en la dulce y consoladora esperanza de que todos los dems se condenarn. Ay! son mil millones de seres humanos los que no entran en la geografa catlica: cuestin de geografa, la salvacin" (_Obras_, XLIX, 291). Fuerza es abreviar los recuerdos y las citas. En su momento de ms terrible lucha pedaggica, Sarmiento, viejo ya de aos, estaba ms joven que nunca por sus ideales, por su valor bravo; 1882, la hora de agitarse la conciencia nacional para afirmar definitivamente el espritu laico de la enseanza impartida por el Estado. Era la poca en que el cannigo Piero, para asociarse a la campaa de la iglesia romana contra la escuela argentina, quemaba en Santiago la biblioteca del Colegio Nacional, cometiendo "el ltimo auto de fe ocurrido entre los catlicos, en toda la redondez de la tierra, a fines de este siglo, y debe ser conocido el hecho, proclamado y anunciado al mundo y a su Santidad, para la canonizacin de este hroe de la necedad humana!". Sarmiento record, con ese motivo, que en Norte Amrica, habiendo reclamado los catlicos contra la lectura de los Evangelios en las escuelas del Estado, sin los comentarios catlicos, se reuni un Consejo de personajes de otras religiones para decidir el punto; y los ms, Emerson entre ellos, declararon que deba suprimirse la lectura de textos religiosos que no concordaren con la doctrina de los catlicas, ya que stos, como toda otra minora, religiosa o no, tenan el derecho de que el Estado respetara sus creencias al dar educacin a sus hijos (_La Escuela Ultrapampeana_, XLVIII, 158). En los mismos das de evocar su ejemplo en favor de la enseanza sin dogmas, se apagaba en Concord, el 27 de abril de 1882, la existencia del eticista. Sarmiento, en un breve artculo expresivo, escribi un carioso adis al que volva al seno de su Naturaleza adorada, donde ya le haban precedido casi todos sus compaeros de ideales y de accin. El 26 de junio apareci en "_El Nacional_" de Buenos Aires aquella pgina conmovida: _Emerson. Los dioses se van!_... "Decase de Emerson que era una cabeza griega sobre cuadradas espaldas yankees. La opinin general es, ahora, que durante cuarenta aos, despus de veinte opuestos a sus doctrinas, l ha tenido la direccin de los espritus en Norte Amrica y ha visto formarse una escuela de ideas emersionianas. Vivi siempre en Concord, pretendiendo que, como poeta, deba vivir bajo las influencias directas de la Naturaleza... Vivimos en tiempos felices, en que el talento del escritor, y las ideas que difundi en torno suyo, no quedan por largo tiempo estancadas si fueran auspiciadas por la pasin y el inters de la humanidad y del progreso. Hase dicho que no hay genio sino en los trabajos que afectan a la especie humana para su mejora... Una palabra desde el Ro de la Plata, que va con conciencia y amor a reunirse a los amigos de los Estados Unidos, no ha de ser desatendida por los que sobreviven en Concord" (_Obras_, XLV, 374). As el formidable luchador del Sur saludaba al mstico pantesta del Norte, sabiendo que, de ser oda, ninguna palabra de este hemisferio hubirale sido ms grata que la suya. Y hablaba, acaso involuntariamente, como un discpulo, al titular _Los dioses se van_ su artculo de adis a un hombre conspcuo en la evolucin de la tica moderna; eso haba enseado Emerson, en su concepcin natural de la divinidad, poniendo una partcula divina en cada ser humano, enseando a creerla perfectible, ascendente en virtudes, en santidad, hasta confundirse el hombre en esa ideal harmona de la Naturaleza que su mente conceba como la esencia y el espritu de Dios. =ORIENTACIONES MORALES= 1. Una tica sin metafsica.--2. La crtica de las costumbres.--3. Necesidad de caracteres firmes.--4. Disconformidad con todo tradicionalismo.--5. Pantesmo.--6. tica naturalista.--7. El optimismo y la perfectibilidad.--8. La confianza en s mismo.--9. La bella necesidad.--10. Funcin social del no-conformismo. 1.--UNA TICA SIN METAFSICA En la leccin anterior, sin copiar a sus numerosos bigrafos, ni pretender substituirlos, bosquejamos la personalidad de Emerson; para dar un inters argentino al examen de su accin y de su pensamiento, aproximamos el esfuerzo renovador de los _Trascendentales_ norteamericanos con el ensayo fugaz de Echeverra, al fundar la _Asociacin de Mayo_, sealando sus semejanzas de inspiraciones y de finalidades. Y recordando la relacin de esa corriente renovadora con la pedagoga social de Horacio Mann, evocamos las vinculaciones personales e ideolgicas de Sarmiento con el moralista de Concord. Entremos, hoy, a examinar el contenido intrnseco del emersonismo, procurando quintaesenciar en algunos principios concretos el pensamiento vago y difuso de Emerson, que por la misma nebulosidad de sus contornos suele ser objeto de interpretaciones heterogneas. Aunque fu eminente moralista, Emerson no puede ser llamado filsofo, si es que este nombre debe tener un sentido ms claro del que le atribuyen los que no han estudiado ningn problema filosfico. Emerson era orador y era poeta; mejor orador que poeta. Orador, tena el temperamento de los sofistas clsicos; era como stos un periodista hablado, un agitador de la opinin pblica, un propagandista. Poeta, lo era por temperamento, por su inclinacin a las razones sentimentales e imaginativas, con un temperamento muy superior a las poesas que escribi, inferiores, sin duda, y sin admitir comparacin, a las de Longfellow o de Walt Whitman. Impregnado de la herencia religiosa comn a todos los pobladores de la Nueva Inglaterra, acentubala en l la circunstancia de pertenecer a una familia de pastores disidentes, en que el ministerio evanglico se transmiti de padres a hijos durante muchas generaciones. Emerson era un mstico; el misticismo corra en sus arterias y daba colorido a toda su personalidad moral. La tica de Emerson, por su falta de armona arquitectnica, es la anttesis de la tica de Spinoza; carece de estructura y de sistema. No hay claridad en sus preceptos ni exactitud en su mtodo. Emerson pertenece al tipo de los grandes predicadores, tiene ms de inspirado que de lgico, ms de profeta que de sabio. Habla al sentimiento siempre, rara vez a la inteligencia; trata problemas que interesan al gran pblico, despreocupndose de los que entretienen a los metafsicos; predica para la humanidad entera, vindola a travs de su pueblo; para ello, se pone a su nivel. Quiere encender en todos sus oyentes el culto de la moral, con abstraccin de cualquier dogma o doctrina religiosa; pasa as de una razn a la contraria, emplea imgenes, muestra ejemplos, aprovecha los sentimientos religiosos de la mayora para orientarlos en el cauce de la tica pura, sin preocuparse nunca de ser coherente y ordenado, sin tomar ninguna posicin fija ante los problemas insolubles, contradicindose en todo lo que no le interesa, si ello converge a su objetivo nico: llevar a todos un mensaje bsico: _la soberana de la moral_. Basta leer su ensayo as titulado para corroborar lo que decimos; en vano se buscara en l, cediendo a la sugestin del ttulo, una concrecin clara de lo que es, sin embargo, la nota fundamental en el conjunto de sus escritos. Emerson no era, pues, un filsofo; ni malo ni bueno, no lo era. Los que estudiamos filosofa tenemos el derecho de reservar este nombre a la investigacin de los problemas generales ms distantes de la experiencia actual o posible, que escapan a los mtodos de las ciencias y exceden sus lmites: lo que en todo tiempo y lugar ha constitudo el dominio de la metafsica. Y aunque concebimos que su horizonte, y las premisas para estudiar sus problemas, varan incesantemente en la justa medida en que se enriquece la experiencia, que le sirve de fundamento y punto de partida, no podemos llamar filsofos a los retricos que agitan los sentimientos sociales, ni a los simples eruditos que viven rumiando la historia de las doctrinas filosficas pasadas. Cousin, propagandista, y Zeller, historiador, no tienen rango alguno como filsofos, aunque sean de alabar la retrica del uno y la erudicin del otro. A quin se le ocurrira llamar poeta a un profesor de declamacin o de literatura? Filsofo es el que da nuevas soluciones a los problemas filosficos, o los plantea diversamente, o renueva con originalidad las soluciones ya previstas. Si no lo entendiramos as acabaramos por creer, como las mundanas y los periodistas, que hay filosofa del buen gusto, de la esperanza, de la sensibilidad, del coraje, de la felicidad o de la adivinacin, problemas, todos, que por su misma vaguedad deleitan y entretienen a los que nunca podran entender una pgina de Platn, de Toms, de Spinoza o de Hegel. Emerson tuvo el buen sentido de no confundir su tica con una filosofa. Movase en el dominio de las creencias y no en el de las doctrinas; procuraba dar nueva direccin al ancestral misticismo humano, sin abordar problema alguno gnoseolgico o metafsico. Por eso, ponindose a cubierto de toda crtica, dijo simplemente: "_en el orden moral las verdades no se demuestran_". Habra sido menos inexacto diciendo: la eficacia de las creencias, para la accin, no depende de su veracidad. Pero Emerson no habl nunca un lenguaje exacto, ni siquiera tuvo, como Spinoza, el deseo de hacerlo. Renunciando a inventarle a Emerson un sistema filosfico, podemos examinar su posicin dentro de la tica, sealando los _leit-motif_ que reaparecen con insistencia en la serie de sus escritos; y aunque no podemos hablar de sus doctrinas, sealaremos su actitud personal frente al mayor de los problemas filosficos, ya que de ella parten sus ms interesantes deducciones ticas. En otra leccin examinaremos las resonancias sociales del emersonismo sobre la evolucin de la experiencia moral. 2.--LA CRTICA DE LAS COSTUMBRES Uno de sus primeros discursos--que, en cierto modo, resulta una auto-presentacin--se titula _El Hombre Reformador_; en l dominan el inters por los problemas sociales y la simpata por los hombres que trabajan. Parcenos este ensayo el de mayor contenido sansimoniano, el que preludia ms claramente a la agitacin Trascendentalista. "Debemos revisar,--dice,--toda nuestra estructura social, el Estado, la escuela, la religin, el matrimonio, el comercio, la ciencia, y examinar sus fundamentos en nuestra propia naturaleza; nosotros no debemos limitarnos a constatar que el mundo ha sido adaptado a los primeros hombres, sino preocuparnos de que se adapte a nosotros, desprendindonos de toda prctica que no tenga sus razones en nuestro propio espritu. Para qu ha nacido el hombre si no es para ser un Reformador, un Rehacedor de lo que antes hizo el hombre, para renunciar a la mentira, para restaurar la verdad y el bien, imitando la gran Naturaleza que a todas nos abraza sin descansar un instante sobre el pasado envejecido, rehacindose a toda hora, dndonos cada maana una nueva jornada y una pulsacin de vida nueva? Renuncie a todo lo que ya no tiene por verdadero, remonte sus actos a su idea primera, nada haga donde no comprenda que el Universo mismo le da razn". No puede ser ms firme y radical su pensamiento de poner bases nuevas a todo el orden social, negando su adhesin a las rutinas tradicionales. La conferencia _Sobre el tiempo presente_ es una de sus primeras palabras decisivas. "Los dos partidos omnipotentes de la historia--dice--el partido del Pasado y el partido del Porvenir, dividen hoy la humanidad, como antes. He aqu la innumerable multitud de los que aceptan el Gobierno y la Iglesia de sus predecesores sin apoyarse en otro argumento que el de la posesin... Esa clase, por numerosa que sea, reposando sobre el instinto y no sobre la inteligencia, esa clase se confunde con las fuerzas brutas de la naturaleza; y aunque es respetable bajo ese aspecto, sus miembros carecen de inters para nosotros. El que despierta nuestro inters es el disidente, el teorizador, el hombre de aspiraciones, el que deja esa antigua regin para embarcarse sobre un mar de aventuras". Y Emerson se embarca, sin vacilaciones, como vamos a verlo. Sus bigrafos--admiradores literarios o compatriotas prudentes--parecen haberse convenido para ocultar este aspecto, para m simptico, de su personalidad viril. El Emerson anciano y venerable, el que conoci Sarmiento, me parece digno del mayor respeto, pero lo encuentro convencional, aburrido; el buen Emerson, de treinta, de cuarenta aos, el autor de _Nature_, el director de _The Dial_, el animador de los Trascendentales, es el nico Emerson legtimo. Comprendo que para convertirle en genio nacional, grato a todos los partidos, era menester despojarle de todo lo que podra desagradar a los que siempre le miraron como un enemigo; pero as ya no es Emerson, no es el Emerson apstol y creador, sino un Emerson de escaparate patritico o de museo histrico, con todas las canas y los afeites con que la humanidad rutinaria acostumbra engalanar a sus dolos. Lase el ensayo "_El Conservador_" que, adems de su honda psicologa, contiene algunas pginas literarias excelentes. Es decisivo desde la primera lnea: "Los dos partidos que dividen el Estado, el partido conservador y el partido innovador, son muy antiguos y se han disputado la posesin del mundo desde que ste existe. La querella es el tema de la historia de los pueblos. El partido conservador ha institudo las venerables jerarquas y monarquas del viejo mundo. La lucha de los patricios y de los plebeyos, de las metrpolis y de las colonias, de las antiguas costumbres y de las concesiones a los hechos nuevos, de los ricos y de los pobres, reaparece en todos los pases y en todos los tiempos. La guerra no hace estragos solamente en los campos de batalla, en las asambleas polticas y en los snodos eclesisticos; ella arde a toda hora y divide el corazn de cada hombre, solicitndolo en opuestas direcciones. Sin embargo, el viejo mundo sigue girando, se alternan los vencedores y el combate contina renovndose como la vez primera, bajo nombres distintos y con apasionados conductores. Un antagonismo igualmente irreductible debe, naturalmente, estar arraigado en la constitucin humana con una profundidad correspondiente a su fuerza. Es la oposicin del Pasado y del Porvenir, del Recuerdo y de la Esperanza, del Asentimiento y de la Razn. Es el antagonismo original, la manifestacin de dos polos en todos los detalles de la naturaleza". Planteado as el problema, lo analiza magistralmente; me parece, entre los ensayos emersonianos, uno de los ms claros por su concepto y de los ms atrayentes por su estilo. No sigamos leyndolo, pues no sabramos dejarlo hasta el final. Las premisas que engendran la necesidad de _intensificar la educacin moral_ son, para Emerson, puramente prcticas y experimentales. La observacin del medio en que vive le lleva a comprobar una visible disparidad entre el progreso material y el progreso moral, inducindole a analizar sus causas antes de aconsejar los remedios. Ante el espectculo de la civilizacin moderna que pone al servicio de una parte creciente de la humanidad una serie de admirables inventos y descubrimientos, afirma su fe en el progreso y saluda con palabras jubilosas la disminucin progresiva del sufrimiento material en el mundo. Pero esa comprobacin, lejos de satisfacerle plenamente, le induce a preguntarse si el progreso moral de la humanidad ha corrido parejo con sus adelantos tcnicos, si el hombre civilizado contemporneo es ms bueno que el de hace dos o cincuenta siglos, si el coeficiente medio de moralidad social se ha elevado sobre el de nuestros antepasados. Su respuesta es negativa. Veinte siglos de cristianismo no han aumentado la bondad individual de los hombres ni han aproximado las sociedades al ideal de fraternidad predicado por Cristo. Las iglesias cristianas, la anglicana lo mismo que la catlica, la calvinista lo mismo que las metodistas, le parecen ya insuficientes para el progreso de la moralidad; en ellas el culto impera, mas la fe en la virtud ha disminudo; la supersticin ciega resiste a las creencias iluminadas por la razn y los dogmas siguen domesticando voluntades que los obedecen pero no los aman. El fervor en las formas, en el ceremonial, en la liturgia, ha reemplazado a la sencilla piedad primitiva, convirtindose cada iglesia en un partido poltico que aspira a dominar la sociedad temporal, dividiendo a la humanidad en fracciones que se odian en vez de reunirla en una sola y misma comunin universal, toda de amor y de solidaridad. Las costumbres sociales tienden a complicar intilmente la vida, apartando al hombre de la Naturaleza, que es la fuente nica de su felicidad. Lo superfluo y lo frvolo, disfrazados a menudo con el nombre de refinamientos, aumentan de hora en hora la cantidad de sacrificios estriles, tan indispensables para parecer como intiles para intensificar el ser. El hombre, acicatado por pasiones ambiciosas y egostas, da menos de s a la comunidad y no encuentra en ella la cooperacin moral que le estimulara a emprender grandes cosas, bellas y desinteresadas. El mundo particular de los polticos profesionales le inspira terror. Cmo es posible que el inters de camarillas, exentas de moral y de ideales progresivos, pueda ser sobrepuesto al inters de toda la nacin, de toda la sociedad? Y es admisible que ciertos hombres, no siendo los ms ilustrados ni los ms morales, tengan el derecho de administrar los frutos de la inteligencia y del trabajo de todos, como si la sociedad tuviera que seguir pagando un impuesto feudal a esas gavillas de bandoleros que han abandonado los caminos y las montaas para refugiarse en las ciudades? Y no prueba una incapacidad moral del mayor nmero, esa misma posibilidad de que unos pocos pcaros puedan sobreponer su actividad malfica a la necesidad social de encaminarnos hacia la solidaridad, por el estudio y por el trabajo? En el ensayo _La Poltica_ (includo en la Segunda Serie), aun reconociendo que la democracia es preferible para las naciones nuevas, se pronuncia contra todos los regmenes polticos, en masa. "Aunque nuestras instituciones corresponden al espritu de la poca, no estn exentas de los defectos que han desacreditado a otras formas de gobierno. Todo Estado est corrompido. Los justos no deben obedecer muy estrictamente a la ley. Qu stira contra los gobiernos puede igualar la severidad de la censura implicada en la palabra _poltica_, que desde hace siglos significa _engao_, dando a entender que el Estado es una engaadura?". Este pasaje, y muchos otros similares, nos permite comprender la tierna acogida que siempre tuvieron los ensayos de Emerson entre los anarquistas, lo que no se explicara si atendiramos el tono mstico de sus palabras, sin penetrar su pensamiento, que es, con frecuencia, profundamente hertico y revolucionario. Su "idealismo trascendental" es una rebelin romntica antes que una actitud filosfica, con ms de esttica que de metafsica. La divinidad se esfuma en un ideal abstracto, sin personalidad sobrehumana; es, apenas, una condicin inmanente de la naturaleza, una arquitectura moral del universo, que induce a descubrir en las imperfecciones reales la posibilidad misma de futuras perfecciones. Y, en otro sentido, propiamente tico, quiere ser lo contrario del "utilitarismo", en la acepcin vulgar del trmino, que da idea de algo bajo y pequeo: de oportunismo acomodaticio, sucia hipocresa, cien formas larvadas de la domesticidad y de la avaricia. No nos engaen, empero, las palabras. Esa nocin denigrante del utilitarismo no tiene relacin alguna con las escuelas morales llamadas utilitarias, interpretaciones tericas que tienden a poner en la utilidad personal o social los motores ntimos de la experiencia moral. En este buen sentido, Emerson era utilitario y despreciaba toda conducta que no fuese til al mejoramiento del hombre y de la sociedad. Iba ms lejos. Crea que la primera preocupacin del hombre deba ser redimirse de la miseria, que slo ensea a mentir y a adular; libertarse econmicamente por el trabajo, bastndose a s mismo, sin esperar favores ni beneficios del Estado, parecale la base misma de la moralidad individual; y en la _incapacidad de bastarse con su propio trabajo_ vea la causa de la degeneracin moral, como esos animales que por vivir parasitariamente de un husped acaban por perder los rganos ms nobles de su autonoma personal. La independencia econmica sera intil, sin embargo, para seres que no tuviesen capacidad para pensar y actuar con independencia moral. Por eso, la cultura debera primar sobre la riqueza, que slo puede ser su instrumento y nunca un fin en s misma; pintorescamente afirma que "el valor de un dlar aumenta con la ilustracin y la virtud del que lo usa: un dlar, en la universidad, vale ms que un dlar en la prisin". Y le fastidia que la prosperidad creciente de los valores materiales no se acompae todava de un crecimiento de los valores morales. Las consecuencias de esa falta de progreso tico en la sociedad, son visibles todava en los diversos rdenes de la actividad social. Los hombres perdida su fe en las fuerzas morales que se arraigaban en supersticiones absurdas, han entibiado su confianza en el valor del mrito propio y de la dignidad personal, tornndose escpticos y pesimistas. El abajamiento moral del conjunto trae como consecuencia la contaminacin de los individuos; la sancin social trnase tolerante; todos se acostumbran a consentir la inmoralidad de cada uno; la austeridad llega a mirarse como una simpleza o una tontera. Infiere de ello, Emerson, que el signo ms tpico del descenso moral de un pueblo es la ausencia de grandes caracteres, de personalidades vigorosas, de hombres que irradian un pensamiento iluminador o sustentan con herosmo cvico grandes ideales de enaltecimiento humano. En esa tranquilidad de estanque, las fuerzas de progreso social se entorpecen o paralizan; ningn estmulo reciben de la sociedad los que piensan, los que renuevan, los que crean, los que empujan el conjunto hacia un porvenir mejor. En sus premisas crticas, la actitud y el lenguaje de Emerson coinciden con los de todos los moralistas. Bastara recordar que el nico escritor argentino a quien podemos clasificar con ese nombre, Agustn lvarez, ha partido del examen de una situacin anloga, aunque contemplada en los pases hispano-americanos, en sus libros _South Amrica_, _Manual de Patologa Poltica_ y _Adnde vamos?_, antes de sealar los remedios y formular su credo, en _Educacin Moral_ y _La Creacin del Mundo Moral_. Ya que mencionamos a Agustn lvarez, creemos oportuno decir que casi todos sus crticos y apologistas han coincidido en sealar cierta concordancia entre sus ideas y las de Emerson; muchos le consideran como un verdadero y puro emersoniano. 3.--NECESIDAD DE CARACTERES FIRMES En presencia de la crisis moral de su tiempo, Emerson busca su causa y cree poder sealarla en la _decadencia progresiva de las fuerzas ticas tradicionales_. Y al revs de los que buscan el remedio en la posible restauracin de esas fuerzas, afirma la _necesidad de engendrar fuerzas morales nuevas_, primero en los individuos mismos y luego en la sociedad entera. Ve en el tradicionalismo la parlisis, la muerte. Si los hombres han dejado de acatar ciertos dogmas del pasado, ello se debe a que tales dogmas tenan fundamentos falsos; y "nadie, dice Emerson, puede sentirse obligado a ser virtuoso por obsecuencia a la mentira". Lo que es falso, muerto est; hay que darle sepultura. Saber que es falso y predicar la vuelta a l, sera una desvergenza si no fuese un crimen; perdida la creencia en el carcter sobrenatural de la obligacin moral, el nico remedio est en buscar sus fuentes naturales; de otro modo caeramos de nuevo en el absurdo de perseguir un ideal moral ponindonos en el camino de la inmoralidad suprema, que es la mentira. Una moral sin dogmas, en formacin continua, cada vez mejor adaptada a la naturaleza, persiguiendo una mayor armona entre el hombre y todo lo que le rodea, incesantemente perfectible en cuanto la perfectibilidad es una mejor adaptacin de la humanidad al medio en que vive: tal es, desde la publicacin de _Natura_ (1836), la orientacin general de la tica emersoniana. En vano haba buscado Emerson en las morales europeas de su tiempo un modelo que le pareciera trasplantable a su pas; el viejo mundo, minado por iglesias poderosas que haban sobrepuesto sus intereses polticos a la primitiva moral predicada por Cristo, no poda servir de ejemplo a los pueblos nuevos. Amrica deba buscar en las entraas de su propia sociabilidad las fuerzas morales ms convenientes a su progreso colectivo y a la dignificacin de la vida humana. Su famoso discurso a los estudiosos e intelectuales, el _Scholar_ (1837), es un llamado elocuente al estudio y a la reflexin, al embellecimiento de la vida por la cultura del espritu, al desdn de todos los beneficios con que la poltica y los negocios tientan a los intelectuales. Como el msico que ejecuta para gozar l mismo, tanto como para deleitar a otros, Emerson habla "para inspirar a los dems el coraje y el amor, fortificando su fe en el amor y la sabidura que estn en el fondo de las cosas; para afirmar sentimientos nobles; para escucharlos en otros, dondequiera aparezcan; y no para turbar a nadie, sino para atraer a todos los hombres a la verdad, tornndolos cultos y bondadosos". Muestra la esterilidad del talento extraviado por la frivolidad o por la moda, mirando como la mayor insensatez la de opinar sobre lo que no se ha estudiado. Si el talento se desarrolla a expensas del carcter, mayores son sus peligros y sus extravos cuanto ms crece; "por eso hoy todo es falso, se confunde el talento con el genio, se confunde los dogmas y los sistemas con la verdad, la ambicin con la grandeza, la frivolidad con la poesa, la sensualidad con el arte; y los jvenes, llegando con esperanzas inocentes y mirando en torno suyo la educacin, las profesiones, los empleos, los maestros, la enseanza literaria y religiosa, encuentran que nada satisface sus nobles aspiraciones espirituales y se aturden, vulvense escpticos, estn perdidos. Y la juventud quedara desesperanzada si, por gracia divina, no tuviese bastante energa para decir: todo esto es falso y de invencin humana, la verdad existe, nueva, hermosa, eternamente bienhechora". El orden es la primera ley del progreso espiritual; las mejores aptitudes se pierden si libramos nuestra cultura a la improvisacin y divagamos sobre lo que no entendemos. "Para qu sirven la fuerza, la habilidad, la belleza, una voz grata, la educacin o el dinero a un loco furioso?". Todo el que es incapaz de continuidad y de sacrificio en el estudio, pretendiendo adivinar mal en un minuto lo que podra estudiar bien en muchos aos, es tan iluso y tan intil como ese loco furioso. "Leyendo los diarios, viendo la audacia con que la fuerza y el dinero trabajan para sus fines, pisando la honradez y la voluntad de los buenos, parece que el patriotismo y la religin gritan como fantasmas vanos. No hablamos para ellos, porque el hacerlo parece cosa intil; habitualmente preferimos mantener nuestra opinin y morir en silencio. Pero un espritu elocuente nos har sentir que los estados y las reyecas, los senadores, los leguleyos y los ricos, no son sino montones de gusanos cuando se los mira a la luz de esta Verdad, dbil y despreciada. Entonces sentimos cun cobardes hemos sido, venerndolos, porque slo la Verdad es grande". Como fruto de esa actitud independiente espera que vendr un Renacimiento nuevo y que todos los hombres podrn sentirse capacitados para hacer su propio examen: "Qu eres? Qu has hecho? Puedes obtener lo que deseas? Hay un mtodo en tu conciencia? Hay una direccin en tu propia vida? Puedes ayudar a otro?". Para ello la humanidad desea y necesita de hombres intensos, creedores, afirmativos. "El genio no se divierte en rayar la arena, ni se ocupa de frivolidades; se entrega a cosas esenciales; es una fuerza que se defiende de s misma, que existe originariamente, que resiste a todos los obstculos. Posee la verdad y se aferra a ella; nunca habla ni acta en esas callejuelas de travs donde se entra por curiosidad, sino en las rutas maestras de la naturaleza, preexistentes a la Va Appia, donde todos los espritus estn forzados a transitar. El genio slo gusta de las afirmaciones verdaderas que atacan y hieren a todo el que se les opone; afirmaciones que son como personas vivientes que diariamente declaran guerra a toda falsedad y a toda rutina; afirmaciones de que la sociedad no puede librarse y no puede olvidar, pues persisten, no se someten a ninguna autoridad, se levantan severas y formidables porque quieren y deben ser fielmente ejecutadas y realizadas". En ese tono de apstol se desarrollan todos los primeros discursos de Emerson; y no es extrao que a pesar de su vaguedad, o por ella misma, lograran entusiasmar a todos los temperamentos romnticos, prometindoles que seran una generacin de genios, como los jvenes alemanes del _Sturm und Drang_. 4.--NO CONFORMISMO Y OBEDIENCIA Desconociendo el valor de los preceptos y dogmas tradicionales, como fundamento de la tica, Emerson da una amplitud antes desconocida al _No-Conformismo_, afirmado por las iglesias disidentes de la Anglicana. Conocis, sin duda, ese episodio de la historia religiosa. As como el Cristianismo fu una hereja dentro del Judasmo, y el Protestantismo dentro del Catolicismo, numerosas sectas protestantes han nacido como herejas dentro de la iglesia Anglicana. Bajo el reinado de Elisabeth, en 1563, el parlamento ingls vot una _Acta de Uniformidad_, fijando las doctrinas y el rito del culto anglicano, que fu luego renovada, en 1662, bajo Carlos II. Desde entonces llamronse _conformistas_ los que acataron esa Acta, y _no-conformistas_ todos los que le negaron su adhesin, generalizndose despus el trmino a todos los cristianos disidentes que no aceptaban la autoridad dogmtica de la iglesia Anglicana. Dentro de esa actitud comn, el _no-conformismo_, nacido como simple episodio de poltica religiosa, ha evolucionado muy diversamente en las distintas iglesias disidentes. Partiendo del derecho del libre examen, afirmado por la Reforma, algunas se han limitado a simples apartamientos del dogma y del rito, mientras otras han extendido progresivamente su libertad de crtica a todos los problemas teolgicos, ticos y sociales; conservndose cristianas, han abierto ampliamente sus puertas a todas las doctrinas modernas, encauzndose sin reticencia, desde principios del siglo XIX, en las corrientes de liberalismo nacidas al calor de la renovacin enciclopedista. Tal era la posicin de la _iglesia Unitaria_ en que Emerson fu educado; en ella, el _no-conformismo_ desbordaba ya de la disidencia inicial y contena los grmenes que se manifestaron ampliamente en el Trascendentalismo. "Lutero, escribe Emerson, se habra cortado la mano derecha antes de clavar sus tesis en la puerta de Witenburgo, si hubiese podido suponer que ellas conduciran a las escuetas negaciones del Unitarismo de Boston". Y el mismo Emerson, cuando habla de No-Conformismo, se refiere a un desacato sistemtico de todas las ideas y cosas tradicionales; conformarse a la tradicin es renunciar a la vida misma, cuya continuidad se desenvuelve en un incesante porvenir. El conformismo importa cerrar nuestra inteligencia a toda verdad nueva, apartar de nuestra felicidad todo elemento no previsto en el pasado, negar la posibilidad misma del progreso y de la perfeccin. Acatar los intereses creados en el orden moral, lo mismo que en el material, significa negar el advenimiento de una humanidad moralmente mejor. Porqu, se pregunta Emerson, seguiremos bebiendo aguas estancadas en pantanos seculares, mientras la Naturaleza sigue ofrecindonos en la veta de sus rocas el chorro de fuentes cristalinas, que pueden apagar nuestra sed infinita de saber y de amor? Para l las aguas estancadas son los dogmas consagrados por la tradicin y las fuentes de roca son las fuerzas morales que siguen manando de nuestra naturaleza humana, incesantes, eternas. Esas fuerzas morales, que llama "divinas", no han dejado de brotar nunca, jams se han cegado sus fuentes; viven, crean todava, cada vez mejores; renunciar a ellas, como quiere el tradicionalismo, es decir alto! a la divinidad misma, es decir no! a todos los ideales ticos de la humanidad presente. El No-Conformismo, en esta significacin amplia, se nos presenta como la anttesis del dogma de obediencia; leed algunas pginas que dedica a este asunto William James y reconoceris, como l, que "es imposible comprender, y hasta imaginar, que hombres dotados de una vida interior suya y propia, hayan podido llegar a considerar recomendable la sujecin de su voluntad a la de otros seres finitos como ellos". Le parece inverosmil ese renunciamiento de la personalidad, exigido por algunas rdenes religiosas como un voto necesario para la profesin. La obediencia no es a Dios, sino a otro hombre, al superior; y es curiosa la explicacin poco mstica y muy utilitaria que da de ella el ilustre jesuta Alonso Rodrguez: "Uno de los mayores descansos y consuelos que tenemos los que estamos en Religin, es ste: que estamos seguros de que, haciendo la obediencia, vamos acertados. El superior podr errar en mandar esto o aquello; mas vos cierto estis de que en hacer eso que os mandan no erris, porque a vos solamente os pedir Dios cuenta si hicisteis lo que os mandaron, y con eso daris vuestro descargo muy suficientemente delante de Dios. No tenis que dar cuenta, si fu bien aquello, o si fuera mejor otra cosa; porque eso no pertenece a vos, ni se pondr a vuestra cuenta sino a la cuenta del superior. En haciendo la cosa por obediencia, quita Dios eso de vuestro libro y lo pone en el libro del superior." As entendido, el dogma de obediencia lleva implcito un renunciamiento a la responsabilidad moral: el hombre se convierte en una cosa, en un instrumento irresponsable al servicio de quien lo manda. Y para que todo no sea solemne, James transcribe de Sainte-Beuve (_Hist. de Port Royal_, I, 346), una ancdota que muestra la extravagante interpretacin que pueden dar al dogma de obediencia los temperamentos sugestionables: "Sor Mara Clara, estaba muy penetrada de la santidad y excelencia de M. de Langres. Este prelado, luego de llegar a Port-Royal, le dijo un da, vindola tiernamente unida a la Madre Anglica, que sera mejor que no volviera a hablar con ella. Mara Clara, sedienta de obediencia, tom como un orculo divino aquellas palabras dichas inadvertidamente, y desde aquel da estuvo muchos aos sin dirigir la palabra a su hermana en religin". Mostrado el conformismo bajo esta fase rigurosa en que lo traduce el sentimiento de obediencia, podis comprender mejor, por contraste, cul es el horizonte mximo en que Emerson pudo dilatar su no-conformismo. El derecho de crtica y de libre examen se prolonga hasta las fuentes de la moralidad humana; es el derecho de buscarlas, de afirmarlas, de aprovecharlas para el porvenir, impregnando de ellas la educacin, ajustando progresivamente a ellas la conducta de los hombres. La sabidura antigua, hoy condensada en dogmas, slo puede ser respetable como punto de partida. As mirada conviene respetarla, y aprovechar de ella todo lo que no sea incompatible con las verdades nuevas que incesantemente se van haciendo; pero acatarla como una inflexible norma de la vida social venidera, confundindola con un trmino de llegada que nuestra experiencia est condenada a no sobrepasar, es una actitud absurda frente a la evolucin incesante de toda la Naturaleza accesible a nuestro conocimiento. As planteado, el no-conformismo de Emerson, aunque siempre enmaraado por su lenguaje literario y mstico, se nos presenta como una concepcin moral antidogmtica y esencialmente evolucionista, como la anttesis de un sistema terico cerrado, como afirmacin de un pragmatismo tico abierto a toda eventualidad de perfeccionamiento moral, ilimitado. No necesito explicar a los que conocen la doctrina de la perfectibilidad, comn en esa poca a todos los sansimonianos, que la posicin de Emerson concuerda con ella plenamente, no obstante el lenguaje religioso a que la tradujo: porque Emerson, en todo y siempre, conserv la "manera" religiosa aprendida en su juventud e impuesta por su ambiente, aun cuando sus ideas tomaban una direccin contraria. 5.--PANTESMO Divinidad, Naturaleza, Moralidad, son tres trminos que tienden a significar lo mismo en los escritos de Emerson. Todo lo natural es divino, todo lo divino es moral, todo lo natural es moral. Para elevar nuestra Moralidad debemos volver a las fuentes de la Naturaleza y a medida que lo conseguimos nos compenetramos con la Divinidad. Hemos dicho, con esto, que Emerson es pantesta. No sabramos explicar, pues no lo comprendemos, en qu medida su tesmo absoluto se distingue de un absoluto atesmo; lo mismo nos ocurre, por otra parte, con la casi totalidad de los pantestas. Advirtase, en efecto, que el pantesmo oscila entre dos posiciones metafsicas extremas que parecen confundirse; habris odo decir que se tocan todos los extremos. Una verdadera substanciacin de lo infinito en lo finito, de Dios en la Naturaleza, como lo sugieren todos los pantesmos de tipo emanatista, implica una explicacin verbal de la divinidad como causa de la naturaleza misma, sin que nada distinga o separe a la una de la otra; equivale, a lo sumo, a decir que la Naturaleza es todo lo que conocemos de Dios. No nos es posible, por otra parte, examinar de buena fe ningn sistema idealista absoluto sin tener la impresin de que su autor es ateo: Hegel lo es tanto como Spinoza; sus concepciones, en este punto, se distinguen por palabras: Hegel llama devenir eterno de la "idea" a lo que Spinoza concibe como transfiguracin eterna de la "sustancia". No perdamos de vista que el idealismo y el materialismo absolutos, como doctrinas metafsicas monistas, slo se diferencian por su vocabulario, aunque, claro est, es ms cmodo adoptar el primer nombre y aborrecer el segundo, por el equvoco moral difcilmente evitable al pronunciar esas palabras. Hay en todo esto bastante chicana verbalista y resulta evidente que muchos filsofos--ateos respecto de la religin efectiva en su medio--han procurado disfrazar su pensamiento. Concebir el universo material como la emanacin del "Espritu"--en vez de "Dios"--no equivale a la posicin del monismo energtico? Sustituyendo las palabras espritu y energa se modifica en lo esencial esta hiptesis metafsica? Cambia, es cierto, con el nombre, la asociacin a la hiptesis metafsica central de otras nociones secundarias, histricamente implicadas en las diversas denominaciones de un mismo sistema cuyos elementos evolucionan. El panpsiquismo es lo que ms se parece en metafsica al materialismo; el pantesmo es lo que hay de ms semejante al atesmo. Infundir el espritu en toda la materia es lo mismo que negarlo aparte de ella, aunque permita divagar ilimitadamente pretendiendo lo contrario; poner en toda la Naturaleza a Dios, equivale a negar que haya dioses fuera de ella. Todos estos modos de hablar en difcil, podis reducirlos, sin temor de equivocaros, a un tipo nico de doctrinas monistas, o sea concepciones metafsicas del universo convergentes a la unidad. El problema, hablando en fcil, es otro: monismo o dualismo; hay tambin quien habla de pluralismo, ya sea como variante del primero, ya como complicacin del segundo. se es el problema efectivo: Dios y Naturaleza, Espritu y Realidad, Noumeno y Fenmeno, Alma y Cuerpo, Energa y Materia. Todo eso es dualismo, y en todas sus expresiones equivale siempre a esto: causas imponderables e inaccesibles a la experiencia movindose en un plano distinto del que podemos conocer, slo accesibles a la hiptesis pura, no como abstraccin de experiencia sino como invencin absoluta, asuntos de fe para muchos, demostrables por la razn segn pocos. Emerson, para entendernos, es monista y no dualista, aunque su lenguaje poco exacto sugiera a veces lo contrario; francamente, creo que sola equivocarse a propsito, para no contrariar a una sociedad religiosa sobre un asunto metafsico al que l mismo no atribua la menor importancia prctica. Agregar, en su disculpa, que en la mayor parte de los pantestas suelo descubrir la misma actitud deferente hacia las creencias sociales ms difundidas. Es una explicable galantera, ya que la humanidad tiene horror al atesmo. Emerson llama Dios a la naturaleza y Espritu al pensamiento humano, dejando que cada cual lo entienda de acuerdo con sus opiniones. A buen entendedor... Y le entendieron, sin duda, los testas y animistas legtimos que durante su poca de predicacin militante le acusaron mil veces de atesmo, sin mezquinarle el cargo de "hipocresa", de aquella "hipocresa unitaria" enrostrada ya a Channing y los suyos. Emerson da quinientas explicaciones distintas de la Divinidad: "fuerza imponderable", "ley invisible", "inteligencia misteriosa", "motor supremo", "realidad del todo", "esencia de la naturaleza", "perfectibilidad infinita", etc.; pero siempre, invariablemente, afirma que la Divinidad es inherente a toda la naturaleza y est difundida en todas las partes que constituyen su unidad. Basta entregarse, sin intermediarios a la Suprema Sabidura, que est en todo lo que existe, para identifificarse con la Divinidad, reconocerse parte de ella, ser ella misma. As, insensiblemente, a travs de la ambigedad verbal, Emerson sugiere que _la Divinidad es la perfeccin moral que pone al hombre en harmona con la naturaleza_. 6.--TICA NATURALISTA El concepto pantesta de la divinidad, que convierte a Dios en una abstraccin pura, en una frmula, contrasta evidentemente con otros sentimientos ancestrales de la humanidad, que llevan a concebir uno o ms Dioses con realidad propia, ajenos a la Naturaleza, Dioses vivos y actuantes, con aptitudes o funciones distintas de las humanas, capaces de justicia y de perfeccin absolutas. Las religiones de cepa juda postulan en esa forma extranatural la hiptesis de un Dios creador y rbitro del universo, con o sin una corte de pseudodioses menores, imaginados, aqul y stos, a semejanza del hombre; toda otra interpretacin equivale, para ellas, a negar la divinidad misma. En esa distincin entre lo sobrenatural y lo natural se fundan las relaciones entre lo humano y lo divino, fuente de toda tica religiosa. La lgica pura se satisface con el pantesmo; la moral prctica, no. Este escollo le es comn con los otros sistemas monistas; para salvarlo, el propio Kant, tuvo que evitar el monismo a que la conduca su _Crtica de la Razn Pura_--que es una "Lgica"--postulando el dualismo que fluye de su _Crtica de la Razn Prctica_--que es una "tica". Emerson presenta la clsica antinomia del "mundo fsico" y del "mundo moral" como un simple documento de la experiencia, sin preocuparse de plantearla como un problema metafsico. Se limita a afirmar la correlacin o paralelismo entre todo lo fsico y todo lo moral; anloga actitud, cmoda aunque extrafilosfica, ha adoptado el moderno paralelismo psicofsico, que as evita plantearse el problema del alma, eliminndolo de la psicologa y relegndolo a la metafsica. Ciertas contradicciones en que Emerson incurre, disculpables en un moralista y corrientes en la literatura de imaginacin, seran inconcebibles en un filsofo digno de este nombre. Escuchad: "toda la naturaleza es la imagen del espritu humano", dice, y agrega: "las leyes del espritu dependen de la harmona de la naturaleza". Os parece lo mismo?; reflexionad un minuto y comprenderis que es exactamente lo contrario; lo primero implica idealismo a lo Hegel, lo segundo sensacionismo a lo Codillac. "Dios est vibrante en todo y lo vemos en todas las cosas de la naturaleza" y "la Naturaleza, y slo ella, es toda la divinidad", son proposiciones que implican concepciones opuestas de la divinidad, aunque parecen decir lo mismo; la primera proposicin es conciliable, por ejemplo, con la filosofa Vedanta, con Parmnides, con los alejandrinos; la segunda con la filosofa Sankhya, con Herclito, con los estoicos. Pantestas todas, ciertamente, pero las unas precursoras del espiritualismo trascendental y las otras del naturalismo trascendental; msticas aqullas y realistas stas; emanando las unas lo finito de lo infinito, concretando las otras lo infinito en lo finito. Emerson no trata esas cuestiones. Para l, moralista y no metafsico, despus de establecida la correlacin entre el mundo moral y el mundo fsico, todo el problema de la tica se resuelve en seguir la Naturaleza, que marca el sendero de la perfeccin. El hombre puede equivocarse y decaer; la naturaleza no se equivoca ni decae. Es, pues, la maestra del hombre, la que le vuelve al buen camino. Es el reflejo o la objetivacin del espritu divino: "un paisaje--dice--es una cara de Dios". No pudiendo comprender a Dios en s, aconseja estudiarle en la Naturaleza, cuyas leyes son morales y deben ser escuchadas como la mismsima palabra divina. En su famoso discurso de 1838 expres esa idea de un culto puro de leyes morales abstractas, independientemente de cualquier dogma religioso. "Estas leyes se ejecutan por s mismas. Estn fuera del tiempo, fuera del espacio y no sujetas a las circunstancias. As, en el alma del hombre existe una justicia cuyas atribuciones son inmediatas y completas. Aqul que cumple una buena obra, queda al instante ennoblecido. El que ejecuta un acto bajo y vil, es por el hecho mismo rebajado. Aqul que rechaza la impunidad, se viste por esta sola razn de pureza. Si un hombre es justo de verdadero corazn, es Dios en cuanto es justo; la certeza, la inmortalidad y la majestad de Dios entran, con la justicia, en aquel hombre. Si un hombre cambia, traiciona y engaa, por esto mismo se engaa a s mismo, y sale de su propia conciencia moral; el carcter llega siempre a ser conocido. El hurto no enriquece; la limosna jams empobrece a nadie; del asesino hablan hasta las paredes. La ms ligera sombra de fraude, destruye espontneamente todo buen efecto. En cambio, decid siempre la verdad, y todas las cosas hablarn en favor vuestro; hasta las races de las hierbas parecern moverse bajo la tierra, para exaltaros. Porque todas las cosas proceden del mismo espritu, llamado con nombres distintos: amor, justicia, templanza, segn sus diversas aplicaciones, como el ocano, que recibe nombres diversos, segn las playas que baa. Cuanto ms se separa un hombre de estos confines, tanto ms se priva de poder y ayuda. Su ser se contrae..., trnase cada vez ms pequeo y mezquino, un grano de polvo, un punto, hasta que llega a la maldad absoluta, que es la muerte absoluta tambin. La percepcin de esta ley despierta en nuestra mente un sentimiento que llamamos sentimiento religioso y que constituye nuestra ms elevada felicidad. Es maravilloso el poder que tiene de encantarnos y de imponrsenos como el aire que se respira en las montaas. Es lo que da perfume a todo el mundo, sublimidad al cielo y a los montes; es el canto silencioso de las estrellas en la noche, la beatitud del hombre, que le hace partcipe del infinito... Todas las expresiones de este sentimiento son sagradas y permanentes en proporcin a su pureza. Nos conmueven ms profundamente que todas las dems. Los hechos pasados que destilan esa piedad, estn an frescos y fragantes. La impresin nica e incomparable producida por Jess sobre la humanidad, por lo cual su nombre no est escrito, sino grabado en la historia humana, es una prueba de la sutil virtud de esta penetracin". Romntico sin dejar de ser puritano, Emerson sigui siendo un mstico cuando se puso en la corriente de adoracin a la Naturaleza en que ya navegaban todos los continuadores de Rousseau y de Goethe. Aunque volvi mil veces sobre el tema, parceme que es en las primeras pginas de _Natura_ donde traduce mejor su misticismo pantesta, muy complicado de literatura. 7.--EL OPTIMISMO Y LA PERFECTIBILIDAD La inexactitud del lenguaje corriente, que hemos sealado ya tantas veces, nos obligar a detenemos sobre el sentido _optimista_ atribudo generalmente a la tica emersoniana. Desde el punto de vista filosfico debieran considerarse optimistas aquellas doctrinas que contemplan el universo como una obra perfecta y deducen de ello que la vida del hombre en nuestro planeta se desenvuelve en la mejor de las formas posibles: "todo sucede inmejorablemente en el ms inmejorable de los mundos". As se pensaba, ms o menos, en la Academia y en el Prtico, en la escuela de Alejandra, as lo creyeron Anselmo y Toms, y as tambin se inclinaron a mirar las cosas Descartes y Leibnitz. Si hubieran dicho que nada puede ser distinto de como es, omitiendo todo juicio calificativo, su opinin equivaldra a reconocer la determinacin natural de lo existente y que el deseo humano no influye para nada sobre la constitucin del universo. El mismo concepto de la harmona universal quedara reducido a la comprobacin de que todo lo existente est ordenado conforme a reglas generales que concuerdan con ciertos resultados de la lgica matemtica considerados como formas de razonamiento perfecto. Las aplicaciones ticas de este optimismo conformista, que en Plotino llega hasta pretender que son grandes bienes para el hombre la crcel, las guerras, las epidemias y la misma muerte, han sido, en todo tiempo, objeto de crticas risueas; Voltaire, en su _Cndido_ famoso, dijo la ltima palabra, que nadie ha podido contradecir eficazmente. Filosficamente, la doctrina contraria--ntese bien, contraria--al optimismo, sera la doctrina del progreso o de la perfectibilidad, que fu, como sabemos, uno de los temas habituales del sansimonismo; es un presupuesto necesario, en definitiva, en la conducta de todos los reformadores militantes. Como tal domina en Emerson y en Echeverra, inspirados en las mismas fuentes del romanticismo social francs. El uso, rbitro del lenguaje, ha dado al trmino _optimismo_ una significacin contraria a la filosfica; cuando se dice que alguien es optimista se quiere significar su fe en el advenimiento futuro de un bien mayor, implicando la posibilidad de una perfeccin. Es el valor tico lo que caracteriza el vocablo, y no su sentido filosfico; y, en verdad, los mismos filsofos no han desdeado conciliar verbalmente una cosa con su contraria, pues Leibnitz, en su _Teodicea_, procura ensear que el concepto de la perfeccin universal debe entenderse como una perfectibilidad infinita de todo lo creado. Emerson, como reformador, cree que lo existente no es perfecto en s, pero afirma que marcha hacia un perfeccionamiento inevitable, que para el hombre, en particular, se traduce en una dignificacin de su vida. Todo lo que existe est sujeto a una ley de mejoramiento progresivo, de donde se infiere el advenimiento inevitable de un bien cada vez mayor, mensurable por ese conjunto de satisfacciones naturales en que el hombre hace consistir su felicidad. Afirmar la soberana de la moral significa, precisamente, poner como base de la conducta humana la adaptacin a ese mayor bien posible, que aumenta la felicidad de todos; y la inmoralidad, el vicio, el crimen, slo se conciben como actitudes contrarias a esa adaptacin. "Cada lnea de la historia--dice--inspira la conviccin de que nosotros no podemos avanzar mucho tiempo en el error o en el mal, pues las cosas tienden a enderezarse por s mismas. La moral que surge de cuanto aprendemos es que todo justifica la Esperanza, madre fecunda de las reformas. Nuestro rol, evidentemente, es el de no sentarnos hasta vernos convertidos en piedras, sino de acechar las auroras de todos los amaneceres sucesivos, colaborando a las nuevas obras de los das nuevos". Se trata, explcitamente, de no contemplar la vida humana como la mejor de las cosas en el mejor de los mundos--que sera el optimismo filosfico--sino de afirmar su perfectibilidad incesante en el porvenir: lo que actualmente suele llamarse "optimismo social". Hay una posicin secundaria, muy interesante, en la tica emersoniana: la negacin del mal, de la culpa y del pecado. Para Emerson el mal no existe en el mundo como entidad positiva, sino como ausencia de bien. Lo que suele llamarse mal sera un simple no bien o menos bien; la maldad humana sera una incapacidad para la virtud, una ausencia de fe en el bien o de "gracia" natural, concebida como aquella fe que Juan Agrcola opona a Lutero, contra la ley, en la disputa de los "antinomianos"; o como aquella otra gracia divina de Malebranche, que fu mstica manzana de discordia entre Bossuet y Feneln. Con dos diferencias fundamentales, empero. Emerson concibe la aptitud meliorativa como una cualidad de la misma Naturaleza humana; y afirma que esa verdadera gracia natural puede adquirirse y desarrollarse porque el hombre, siendo l mismo una parte de la divinidad, lleva en s la capacidad para el bien, una partcula de gracia capaz de florecer... Me detengo, en este punto, temeroso de que en mi deseo de explicaros lo que el mismo Emerson no entiende con exactitud, acabis por perder la visin clara del conjunto, nica que nos interesa. Bstenos saber que l niega la existencia de un mal en lucha eterna con el bien, del clsico Arimn contra Ormuz, del Diablo contra Dios, del Infierno contra el Cielo, y que se inclina a pensar que en los buenos y en los malos slo deben verse grados distintos de divinidad en accin, de acercamiento a la naturaleza, de fusin en la _Over-Soul_, o Alma Suprema, cuyo carcter podris deducir del siguiente prrafo: "La Crtica suprema de los errores del pasado y del presente, y el nico profeta de lo que ser, es esa gran Naturaleza en la cual reposamos como la tierra reposa dulcemente en los brazos de la atmsfera; esa Unidad, esa Alma Suprema, en la cual cada sr est contenido y unificado, une a los dems; ese corazn comn, del que toda conversacin sincera es el culto y al que es un sometimiento toda buena accin; esa omnipotente realidad que confunde nuestras habilidades y nuestro ingenio, obligndonos a ser lo que realmente somos, a revelarnos por nuestro carcter y no por nuestras palabras, y que tiende de ms en ms a transfundirse en nuestros pensamientos y en nuestras acciones, para convertirse en sabidura, virtud, poder y belleza. Nuestra vida se compone de sucesiones, de divisiones de partes y de partculas. Sin embargo, el hombre es el alma de todo; y ese poder profundo en el cual existimos y cuya beatitud nos es totalmente accesible, no slo es completo por s mismo (_self sufficing_) y perfecto en cada momento, mas es simultneamente el acto de ver y la cosa vista, el espectador y el espectculo, el sujeto y el objeto. Vemos el mundo pieza a pieza: el sol, la luna, el animal, el rbol; pero el todo, de que esos cosas son las partes salientes y radiantes, el todo es el Alma. Slo por la visin de esa sabidura podemos leer en el horscopo de las edades; y solamente volvindonos hacia nuestros mejores pensamientos, cediendo al espritu proftico innato en cada hombre, podemos comprender las advertencias de esa sabidura" (_El Alma Suprema_). Esta cita debemos traducirla: "el Alma de la Naturaleza, de que el hombre mismo es parte, marca el camino hacia la perfeccin". Es ms sencillo, sin duda; pero, como sabis, una de las cosas hasta ahora ms admiradas por la humanidad ha sido el arte de nublar con retricas obscuras las cosas ms claras, sin darse cuenta de que slo llegan a hablar claramente los que piensan con claridad. Procediendo como un juez, que entre cien testimonios divergentes o contradictorios consigue al fin restaurar una verdad aproximada, nosotros podemos encontrar una posicin de equilibrio a travs de las numerosas oscilaciones que sufre el pensamiento de un filsofo o de un moralista. Para ello debemos distinguir los conceptos definidos y las divagaciones puramente verbales, tan frecuentes en Emerson como en todos los retricos. En uno de sus ensayos (_Leyes del Espritu_) define bien su concepto de la _naturalidad del instinto moral_, que es dominante en toda su tica. "La vida intelectual puede conservarse sana y clara, si el hombre vive la vida de la naturaleza y si no introduce en su espritu dificultades que para nada le sirven. Nadie debe atormentarse con inexplicables especulaciones. Que el hombre haga y diga lo que emana estrictamente de l mismo y por ignorante que sea no ser su naturaleza la que le traiga dudas y obstculos. Nuestros jvenes sufren a causa de los problemas teolgicos del pecado original, el origen del mal, la predestinacin y otros anlogos. Esas cosas no han obscurecido nunca la ruta de los que no han salido de su camino natural para ir a buscarlas. Esas cosas son la coqueluche, el sarampin del espritu, y los que no las han padecido no pueden describirlas ni sealarles remedios. Un espritu sencillo y natural no conoce esos enemigos. Distinta cosa es poder explicar nuestra fe y la teora de nuestra libertad, de nuestra unidad, de nuestra "unin con nosotros mismos". Esto exige dones no comunes. Sin embargo, aun en ese conocimiento de s, puede haber una fuerza virgen y una integridad natural que empuje nuestras creencias: nos bastan algunos instintos poderosos y algunas reglas simples". La personalidad intelectual y moral se forma espontneamente, burlndose de nuestra voluntad de nutrirla con artificios: "Los estudios metdicos, los aos de educacin profesional y acadmica, no han proporcionado a mi experiencia mejores datos de los que he aprendido en algn libro tonto, ledo a hurtadillas bajo los bancos de la clase de latn. Lo que no llamamos educacin suele ser ms precioso que lo as denominado. Cuando nos llega una impresin o un dato nuevo no podemos sospechar la importancia que l tendr para nosotros". _Ergo_: hay que dejar obrar espontneamente la naturaleza, confiando en ella, no contrarindola. "Igualmente--contina--nuestra naturaleza moral est viciada por la intervencin artificiosa de nuestra voluntad. Hay personas que se representan la virtud como una lucha, y que se dan aires de hroes para calificar sus mritos penosos; y cada vez que aparece una noble personalidad, se devanan los sesos para discutir si no tiene ms mrito el malo que vive luchando contra la tentacin. No se trata de apreciar el mrito. O Dios est all, o no est. Amamos a los caracteres en proporcin de su espontaneidad, de su fuerza de impulsin. Cuanto menos conoce un hombre sus virtudes, cuanto menos piensa en ellas, tanto ms lo amamos. Las victorias de Timolen son las mejores: ellas fluan como los versos de Homero, al decir de Plutarco. Cuando vemos un espritu cuyos actos son todos grandes, graciosos, tan agradables de ver como si fueran rosas, agradezcamos a Dios que cosas as puedan existir y existan, no le pongamos mala cara, no le digamos: tal desgraciado, con sus resistencias gruonas y todos sus diablos ntimos, vale ms que t". De esas reflexiones, y de otras semejantes, deduce Emerson su optimismo moral, como posibilidad del perfeccionamiento humano acercndose a las leyes de la naturaleza: "esas observaciones nos demuestran forzosamente que nuestra vida podra ser ms simple y ms dulce de lo que la hacemos; que el mundo podra ser ms feliz de lo que es; que no hay necesidad de complicar la existencia con luchas, convulsiones, desesperanzas, llantos y sufrimientos; que somos los inventores de nuestros propios males. Nosotros nos ocupamos en romper el optimismo de la naturaleza; cada vez que trepamos a una cumbre para mirar el pasado, o que un espritu de nuestro siglo, el ms sabio entre nosotros, nos eleva hasta su misma altura, nos damos cuenta de esta verdad fundamental: estamos rodeados de leyes que se cumplen por s mismas". Creo necesario expresaros una impresin personal sobre el optimismo de Emerson. Cuando por vez primera visit la Universidad de Harvard, en compaa del naturalista argentino Cristbal Hicken, accedi ste gentilmente a mi deseo de comenzar por el Departamento de Filosofa, cuyo nombre, _Emerson Hall_, duplicaba mi inters. Dos metros de nieve haban cado aquella maana de Enero y continuaba la nevisca encapotando el cielo; en la penumbra del amplio vestbulo divisamos la estatua del eticista y fuimos instintivamente hacia ella. Hubo un minuto de contemplacin muda.--Era un roble! exclam el botnico;--Por eso fu optimista, coment con mi experiencia de psiclogo. En mi libreta de viaje consign la ancdota; es una explicacin psicolgica del optimismo, tal vez la ms importante. Los hombres sanos de cuerpo y de mente son, generalmente, optimistas y afirmativos; los enfermos y los desequilibrados suelen ser pesimistas y escpticos. La salud es bondad, tolerancia, firmeza, simpata, solidaridad, admiracin; los temperamentos equilibrados ignoran la maldad, la persecucin, la inconstancia, el odio, el egosmo, la envidia. Emerson tuvo la moral que corresponda a su salud y a su equilibrio: sus ideales fueron la resonancia harmnica de una hermosa Naturaleza en un Organismo ejemplar. 8.--LA CONFIANZA EN S MISMO Muy caracterstico entre los ensayos de Emerson es, sin duda, el titulado _Confianza en s mismo_. Su tono individualista llega, por momentos, a parecer antisocial; es el ms citado por los msticos anarquistas y recuerdo que en mi adolescencia fu el primero que le, inducido a ello por un condiscpulo crata. El ensayo es, rigurosamente, un sermn por su estilo declamatorio, obsecrativo en ciertos pasajes; su verdadero tema es _la expansin de la personalidad humana_. Habitualmente slo la mostramos a medias, condescendiendo a la hipocresa social: "se dira que tenemos vergenza de ese pensamiento divino que cada uno de nosotros representa. Es necesario, sin embargo, confiar en ella con seguridad, considerndola proporcionada a nuestras fuerzas y segura de no fracasar, con tal que la interpretemos fielmente. Dios no quiere que su obra sea realizada por cobardes. Un hombre se siente aliviado y contento cuando ha puesto todo su corazn en su obra, cuando ha hecho lo mejor que poda. Lo que ha dicho y hecho de otro modo, no lo satisface". Es el grito del romanticismo individualista, la palabra de rebelin que reivindica los derechos de la personalidad contra toda coaccin social: "_Cree en t mismo_: vibre todo corazn a este llamado inflexible. Acepta el sitio que el destino te ha dado, la sociedad de tus contemporneos, el encadenamiento de los sucesos. Los grandes hombres lo han hecho siempre, confindose como nios al genio de su poca, reflejndolo en sus obras; esa confianza absoluta penetraba en sus corazones y la misin de trabajar por sus manos dominaba todo su ser. Nosotros tambin somos hombres y debemos aceptar, en su sentido ms elevado, ese mismo destino sublime; no somos menores ni invlidos refugiados en un rincn de asilo, ni cobardes fugitivos ante una revolucin, sino guas, salvadores, benefactores, obedeciendo a un esfuerzo omnipotente y avanzando sobre el caos de las tinieblas". El egotismo no fu mayor en Stendhal o en Vigny; es digno, por su tono, de compararse con el de Stirner o Nietzsche. Su paralelo entre la libertad del nio y la esclavitud del hombre es interesante. El nio hace lo que quiere con espontaneidad y dice naturalmente lo que piensa. "Un nio en un saln es como un banquero en una casa de juego: independiente, irresponsable, mira desde su rincn a las gentes que pasan, juzgndolas, pronunciando su sentencia segn sus mritos, y calificndolas con la sumaria viveza de los nios, en buenos, malos, interesantes, tontos, aburridos. No estorbndole su inters ni las consecuencias de sus palabras, da su veredicto independiente y sincero. Hacedle la corte, si queris; l no os la har nunca. El hombre, en cambio, est, por decir as, aprisionado por su experiencia. En cuanto habla o hace cosas significativas, est perdido; queda vigilado por el odio o la simpata de muchos centenares de hombres, cuyos juicios y sentimientos gravitan sobre l para siempre". Si continuara observando y juzgando, desde lo alto de su inocencia natural, ese hombre podra ser una personalidad formidable y su palabra llegara al odo de todos como un dardo; pero la sociedad conspira, en todas partes, contra la virilidad de cada uno de sus miembros. La sociedad es como una compaa de accionistas que se entienden para el progreso del conjunto, sacrificando la libertad y la expansin de cada uno: "la virtud ms deseada es la _conformidad_ con los dems; se llega a odiar a los que confan en s mismos. No son las cualidades reales y los espritus creadores, los que all se ama, sino las reputaciones y los intereses creados. El que quiere ser un hombre debe ser un _no-conformista_. El que quiera adquirir palmas de inmortalidad no debe dejarse detener por lo que se llama convencionalmente el bien; debe averiguar por s mismo si lo es realmente. Nada es sagrado fuera de la integridad de vuestra propia conciencia moral. Si os podis absolver vos mismo, tendris el sufragio del mundo". Meditad las tres ltimas frases: son la sinopsis de su moral sin dogmas. La obligacin y la sancin no emanan ya de lo sobrenatural, sino del hombre. La clsica _confianza en Dios_ de las morales teolgicas se ha convertido en la _confianza en s mismo_; y es el hombre ahora la nica divinidad que dirige la experiencia moral. Observa que, en la apreciacin popular, las virtudes son ms bien la excepcin que la regla: existe el hombre y existen las virtudes, por separado. Los hombres hacen lo que llaman buenas acciones, como si pagaran un impuesto para ser bien juzgados. "Sus virtudes son penitencias. Yo no quiero expiar, sino vivir. Mi vida existe por s misma y no para darla en espectculo. Prefiero dejarle un curso modesto pero igual y natural, a hacerla brillante y contradictoria. La quiero sana y dulce, y no irregular, precisada de dietas y sangras". El juez de la propia virtud debe ser uno mismo, sin esperar el juicio de los dems sobre las propias acciones. "No consiento en pagar como un privilegio, lo que considero mi derecho intrnseco". "Lo que debo hacer es cosa que concierne a mi personalidad y no lo que las gentes creen que debo hacer". "En la sociedad es fcil vivir ajustndose a la opinin de los dems; vivir de acuerdo con la nuestra, slo es posible en la soledad. El gran hombre es aqul que conserva en el mundo, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad". Renunciemos a seguir leyendo; sobre este ltimo tpico hay una pgina casi perfecta (en _La tica Literaria_), la que empieza aconsejando al hombre de estudio que abrace la soledad como una esposa. En el ensayo sobre la confianza en s mismo, Emerson se nos presenta en la fase juvenil y negativa comn a todos los romnticos; su afirmacin de la personalidad es francamente hostil a toda solidaridad social. Es un anarquista en el sentido ms riguroso de la palabra, un stirneriano antes de Stirner, un nietzchesta antes de Nietzche. Pero en Emerson, como en los ms de los romnticos, y especialmente en los sansimonianos y los fourieristas, la rebelin contra el dogmatismo social transformse muy pronto en un verdadero y propio _mesianismo_, en un anhelo de reforma social, de reconstruccin conforme a planos ideales que siempre se pretenden fundamentados en la observacin de la realidad social. Si no queremos estudiar esa evolucin en Leroux o Fourier, en quienes aparece evidente, bstenos comparar el Echeverra quejumbroso y descorazonado, el poeta romntico del ao treinta, con el Echeverra proftico y optimista de la "Asociacin de Mayo". En todo el mundo la segunda generacin romntica engendr una corriente poltica y de accin, el romanticismo social, que en Emerson fu predominante en la poca del "Club de los Trascendentales". Fu entonces cuando vi que la renovacin moral del hombre, su perfeccionamiento, slo era posible por la renovacin global de la sociedad; desde esa poca, como complemento de la educacin individual por la confianza en s mismo, seala la educacin social para la solidaridad y la justicia. Y as como antes viera el ms alto fin de la tica en la reintegracin del hombre a la armona de la naturaleza, comprendi que la sociedad humana poda volver tambin a esas fuentes, ponindose el individuo y la sociedad juntos en un mismo camino de perfeccin, adaptndose a la verdad, tal como la naturaleza la presenta a nuestra experiencia. Afirmando la intensa profundidad de toda vida humana, Emerson ha enseado a amar la vida, mostrando que la personalidad ms humilde es susceptible de embellecerse y dignificarse, si sabe buscar en s misma las fuerzas morales de su propio encumbramiento. No es el rango, no es la fortuna, no es el poder, lo que hace la grandeza de un hombre, sino su capacidad de ser intensamente tal como es por su naturaleza, expandindose espontneamente, por la fuerza de su savia interior, sin torcerse bajo el peso de las coacciones sociales que espolonean la mentira y fomentan la vanidad. En esta orientacin sus palabras alcanzan un tono mstico, mezcla de poesa ntima y de exaltacin egotista, que, sin embargo, no le impide reiterar su obsecuencia a la verdad y predicar todas las virtudes tiles a la vida social, al trabajo, a la fraternidad, a la paz, a todo lo que se estima provechoso para mejorar la existencia de la humanidad. Fuerza es reconocer que, juzgado en conjunto, difcilmente podra nombrarse un mstico ms realista, ni un individualista ms social. Su temperamento fu sin cesar integrado por su experiencia. 9.--LA BELLA NECESIDAD Si hubiramos de analizar, uno por uno, todos los ensayos de Emerson, prolongarase nuestra tarea sin mayor provecho. Casi todos los problemas sociales, de actualidad en su medio y en su poca, merecieron un comentario suyo, siempre perspicaz. Su imaginacin vag en torno de la naturaleza, de lo divino y de lo moral, con la singularidad de oponerse tenazmente a toda nocin de lo sobrenatural y de confiar en los buenos mtodos de investigacin; slo vemos fe en esta confianza, desde que nunca los haba aprendido ni practicado. Su misticismo tradjose por una rebelda a preceptos, cnones, dogmas, a todo lo que representa un intermediario entre el espritu humano y la divinidad misma, incesantemente confundidos en sus escritos. Cuando execra la decadencia moral de su tiempo y augura "la vuelta a lo divino", su estilo se eleva por momentos hasta el de Ruysbroek o Teresa de vila, pero su pensamiento sigue estando cerca de Marco Aurelio o de Spinoza. Y del estoicismo, y del pantesmo, parecera haber heredado Emerson el sentimiento poderoso de la fatalidad, ms prximo del determinismo moderno que del fatalismo alejandrino, musulmn o quietista, a pesar de su lenguaje. En el ensayo titulado _Fatalidad_ dice que ella se encuentra en la materia, en el espritu, en la moral, en las razas y en los acontecimientos, lo mismo que en el pensamiento y en el carcter. Pero, a su vez, arguye: "la fatalidad tiene un amo, el lmite est limitado, aunque la fatalidad es inmensa, la potencia o voluntad de querer, ese otro hecho de un mundo de dos caras, tambin es inmenso. Si la fatalidad sigue y limita a la potencia, la potencia acompaa y combate a la fatalidad... El espritu no puede negar su libre voluntad; atrevindonos a afirmar esa contradiccin, diremos que "la libertad es una cosa necesaria en s". Si queris tomar partido por la fatalidad y decir que la fatalidad es todo, entonces diremos que "la libertad del hombre es una parte de la fatalidad". La facultad de elegir y de obrar brota eternamente del espritu. La inteligencia anula la fatalidad. En cuanto un hombre piensa, es libre". Este prrafo, con ms triquiuelas verbales que razones, pertenece al nmero de los que suelen emplearse para no molestar las preocupaciones ancestrales del pblico inculto: se es el insensato palabrismo razonante que las ignorantes confunden con la filosofa y con la metafsica, ponindola en ridculo ante las personas capacitadas para descubrir la absoluta vaciedad de las palabras y el carcter delirante de tales razonamientos faltos de sentido. Creo por eso, como Emerson lo reconoce al elogiar la soledad, que el filsofo debe ser la anttesis del retrico, para no convertirse en involuntario eco de las supersticiones de la multitud que le aplaude. El arquetipo del filsofo es Spinoza; Cousin es el arquetipo del exitista. Toda vez que un pensador desciende a seducir el pblico, disfrazando de equvocas palabras su pensamiento, corre, como Emerson, el peligro de caer en disquisiciones intrnsecamente "conformistas" aunque ellas sean juegos malabares para hacer menos violenta la exposicin de ideas "no-conformistas". Emerson no encuentra en el terreno de la tica prctica ciertos principios que la lgica pura demuestra absurdos, como hace Kant. No es eso; Emerson, por el contrario, despus de hacer sonar su hojalatera sobre la libertad espiritual, termina su ensayo con cuatro invocaciones poticas a la fatalidad, tan propias de su pantesmo como incompatibles con su librearbitrismo. Antes de leerlos recordemos que entre los puritanos tuvo siempre poco arraigo la creencia en la libertad moral; su dogma bsico, de la gracia o de la predestinacin, conduca lgicamente al sentimiento de la fatalidad. Emerson no hizo sino transferir a las leyes de la Naturaleza la confianza que ellos tenan puesta en el Destino. Contra lo que a primera vista parecera, esa idea de la fatalidad es un verdadero instrumento de accin para los que se han trazado un camino en la vida: vivir es ser fiel a su propio itinerario, recorrerlo sin descanso, como quien cumple realmente un destino irrevocable, sin tropezar en esas deliberaciones sucesivas que exponen a vivir fragmentariamente. Recuerdo esta observacin psicolgica y moral, de que sin duda se reiran los viejos metafsicos que slo vean en la libertad un tema para ejercitar su razn razonante: "los ms grandes profesores de energa tienen poco inters por el libre albedro". Os sorprende? Escuchad a Emerson, al maestro de la confianza en s mismo. "Elevamos altares a esa bella unidad que mantiene a la naturaleza y a las almas en una perfecta continuidad, y que obliga a cada tomo a servir a un fin universal. No es la extensin de nieve, el capullo, el paisaje estival, el esplendor de las estrellas, lo que me maravilla, sino la belleza necesaria, o, si queris, la necesidad de belleza que gravita sobre el universo; que todo deba ser pintoresco y lo sea; que el arco iris, la curva del horizonte y la comba del cielo deban ser resultados del mecanismo del ojo. No necesito que ningn aficionado tonto venga a guiarme para admirar jardines, una nube dorada o una cascada, desde que no puedo abrir los ojos sin ver algo impregnado de esplendor y de gracia. Cun vana es esa eleccin de tal o cual chispa dispersa al azar, cuando la necesidad inherente a las cosas enciende la llama de la belleza en la frente del caos y denuncia que la intencin central de la naturaleza es ser armona y dicha. "Elevemos altares a la bella necesidad. Haber credo libres a los hombres, en el sentido de que una voluntad antojadiza puede dominar la ley de las cosas, es como pretender que un dedo de nio puede hacer caer el sol. Si en la menor de las cosas el hombre pudiera alterar el orden de la naturaleza, quien querra aceptar el don de la vida? "Elevemos altares a esa bella necesidad que nos prueba y nos asegura que todo est hecho de una pieza, que el acusador y el acusado, el amigo y el enemigo, el animal y el planeta, el alimento y quien lo consume, son de la misma y nica especie. El espacio astronmico es inmenso, pero ningn sistema le es extrao. Los tiempos geolgicos son inconmensurables, pero han regido en ellos leyes semejantes a las actuales. Porqu nos espantara la naturaleza, en que estn objetivadas la filosofa y la teologa? Porqu temeramos ser aplastados por los elementos de la naturaleza, si estamos hechos de esos mismos elementos? "Elevemos altares a esa bella necesidad que torna valiente al hombre, ensendole que l no puede evitar un peligro seguro, ni exponerse a otro ficticio; a esa necesidad que nos conduce, ruda o dulcemente, a la nocin de que no hay azar ni acontecimientos fortuitos; que la ley regula toda existencia,--una ley que no es inteligente, pero que es la inteligencia,--que no es personal ni impersonal; que desdea las palabras y sobrepasa al entendimiento; que disuelve las personalidades, que vivifica la naturaleza y que sin embargo invita al corazn puro a apoyarse sobre toda su omnipotencia". Hermosa pgina literaria, sin duda; basta meditar sobre ella un minuto para comprender que para Emerson necesidad es fatalidad; lo de suponer que la ley de necesidad "es la inteligencia, sin ser inteligente", es una tmida portezuela de palabras que Emerson deja entreabierta para los hombres "inteligentes y libres" que podran sentirse humillados ante los altares elevados a la bella necesidad. Para qu detenernos? Emerson confiesa en ese mismo ensayo que est fuera de la lgica, tal como lo estuvo Kant a pesar de sus refinadas argucias dialcticas: "a pesar de todo, es _sano_ para el hombre no considerar las cosas desde el punto de vista de la fatalidad, sino desde el de la libertad: es la manera prctica de encarar la cuestin". Podramos, una vez ms, traducirlo en lenguaje claro, diciendo que la ilusin de la libertad es til y sirve al hombre como si realmente existiera. Pero, ya lo hemos dicho, ciertas ideas, expresadas con exactitud, no tienen gracia; el encanto trascendental desaparecera sin la vaga atmsfera de inexactitud que lo hace parecer ms hondo y misterioso... 10.--FUNCIN SOCIAL DEL NO-CONFORMISMO A pesar de estas condescendencias verbales a las preocupaciones dominantes en su medio, Emerson, fu temido en su edad viril como hereje peligroso, aunque en su larga ancianidad fu venerado hasta por sus antiguos contendores. Reconozcamos que la sociedad es enemiga de toda verdad que perturbe sus creencias ms ancestrales. Frente a los hombres que le traen un nuevo mensaje su primera actitud es siempre hostil; vive de esas "mentiras vitales" cuyo smbolo expresivo nos di Ibsen en _El Pato Salvaje_. Qu sera de ella sin esos grandes caracteres que de tiempo en tiempo desafan su encono predicando alguna partcula de "verdad vital"!... Todos los que reforman y crean, mientras lo hacen, son _no-conformistas_ y herejes: contra las rutinas sociales, contra las leyes polticas, contra los dogmas religiosos. Sin ellos sera inconcebible la evolucin de las ideas y de las costumbres colectivas, no existira posibilidad de progreso social. Emerson, tantas veces acusado de hereja, pudo, ciertamente, consolarse pensando que tambin Cristo haba sido hereje contra la rutina, contra la ley y contra el dogma de su pueblo, como lo fuera antes Scrates, como despus lo fu Bruno. Y acaso pensara tambin en el comn destino de todas las vctimas del conformismo: la humanidad venera por siglos sus nombres, ignorando el de sus perseguidores. Porque existe,--podemos creerlo,--una conciencia moral de la humanidad que da su sancin. Tarda a veces, cuando la disputan los contemporneos; pero llega siempre, y acrecentada por la perspectiva del tiempo, cuando la discierne la posteridad. =LA TICA SOCIAL= 1. Integracin del pensamiento emersoniano.--2. La autonoma de la experiencia moral.--3. Idealismo y perfectibilidad.--4. El dogmatismo teolgico excluye la perfectibilidad.--5. Valor social de la hereja.--6. Las morales independientes.--7. Insuficiencia de los dogmas racionales.--8. La tica social en las iglesias norteamericanas.--9. Su influencia sobre las iglesias inmigradas.--10. Ciencias morales sin dogmatismos.--11. El solidarismo. 1.--INTEGRACIN DEL PENSAMIENTO EMERSONIANO Renovarse o morir, dijeron los renacentistas en el siglo XVI; renovarse o morir, ha repetido el siglo XIX. No dudis que en el siglo nuestro y en los venideros ser sa, y ninguna otra, la frmula, de los hombres y de las naciones que aspiran a tener un porvenir mejor que su pasado. La juventud es, por definicin, capacidad renovadora; la virilidad misma slo se mide por la aptitud de renovarse parcialmente dentro de las orientaciones ya adquiridas. Cuando ella se apaga, cuando se miran con temor las ideas y los mtodos que son piedras miliares en el sendero del porvenir, podemos asegurar que un hombre o una nacin comienzan a envejecer; y si el temor se convierte en odio sordo, en suspicacia hostil, es un signo inequvoco de irreparable decrepitud. Sabemos muy bien, pues lo ensea la experiencia de siglos, que los grandes renovadores nunca han visto realizarse ntegramente sus ensueos; es destino comn de todos los futuristas ver que la realidad reduce a trminos exiguos sus ideales, como si la sociedad slo pudiera beber muy aguada la pura esencia con que ellos embriagan su imaginacin. Pero no es menos cierto que en las reclamaciones exageradas de los ilusos y utopistas estn contenidas las pequeas variaciones ticas y sociales que, en su conjunto, constituyen el progreso efectivo. Alabados sean todos los hombres que equivocndose como ciento auguran a sus semejantes un beneficio igual a uno! Alabados sean todos los que arrojan semillas a puados, generosamente, sin preguntarse cuntas de ellas se perdern y slo pensando en que la ms exigua puede ser fecunda! Para el perfeccionamiento moral de la humanidad son intiles los que se ajustan escrupulosamente a los resultados de la experiencia pasada, sin arriesgarse a tentar nuevas experiencias; son los innovadores los nicos que sirven, descubriendo un astro o encendiendo una chispa. Y si bien es personalmente ms cmodo no equivocarse nunca a errar muchas veces, para la humanidad son ms provechosos los hombres que, en su afn de renovarse, para acertar una vez, aceptan los inconvenientes de equivocarse muchas. Es ms cmodo, pensaris, dejar a otros la funcin peligrosa de innovar, reservndoos el tranquilo aprovechamiento de los resultados. Cuestin es sta que los epicreos de todos los tiempos han resuelto segn su temperamento; pero es indiscutible que los renovadores de las ciencias, de las artes, de la filosofa, de la poltica, de las costumbres, son los arquetipos selectos, las afortunadas variaciones de la especie humana, de que la naturaleza se ha valido para revelar a los dems hombres alguna de las formas innumerables en que deviene incesantemente el porvenir. Emerson fu de estos elegidos, en su tiempo y para su medio. Emerson fu joven y fu viril, al revs de esos jvenes de aos que nacen viejos de inteligencia y de corazn, esclavos de los errores tradicionales e impermeables a las verdades nuevas. Emerson supo ver y supo anunciar, antes que otros, un aspecto del mundo moral que estaba ya maduro para renovaciones provechosas. Y no call lo que entrevea y deseaba: renunci a la tranquilidad epicrea de gozar en silencio, se expuso a las heridas de los rutinarios y de los pasadistas. Por eso su nombre es amado por toda una raza joven, que ha visto ya realizarse una parte de sus ilusiones y ha dado algunos pasos hacia la religin sin doctrinas y hacia la moral sin dogmas. Siempre observando, siempre estudiando, siempre reflexionando, con esa inquietud sin sosiego que mantiene despierta nuestra curiosidad sobre la infinita Naturaleza que nos rodea, Emerson conserv hasta la edad viril la plasticidad mental de la juventud. Y supo renovarse, cuando fu menester; no volviendo atrs, sino mirando ms lejos. Cuando su doctrina o su actitud juvenil le pareci insegura o incompleta, en vez de cerrar los ojos para volver a los errores tradicionales, busc nuevas frmulas que superasen el presente y se adaptasen al porvenir que devena. Para decirlo con exactitud: cuando le pareci imperfecta su moral independiente e individualista, en vez de retrogradar a la moral sobrehumana y dogmtica, fij su pensamiento en la tica social. En eso se distingue el hombre mentalmente superior del inferior: el primero, cuando duda, rectifica su marcha y sigue adelante; el segundo, incapaz de sobreponerse a la dificultad, desiste y vuelve atrs. Esto, lo mismo que en la tica, ocurre en todos los dominios de la filosofa. La vida de Emerson presenta dos etapas distintas, habitualmente refundidas por sus bigrafos, slo preocupados de elaborar un arquetipo abstracto ms conforme con el deseo simplista de la mentalidad social. Nosotros podemos distinguir dos Emerson, que se suceden por una transicin progresiva: el individualista rebelde y el reconstructor social. Ministro de una iglesia unitaria, como recordaris, descenda, por varias generaciones, de pastores Congregacionistas. Cuando le llega la hora de ejercitar su ministerio, Emerson interroga su conciencia moral: no cree ya en los dogmas y prcticas rituales de su Iglesia. Duda, medita y se decide con dignidad: renuncia a predicar dogmas que no satisfacen su razn. En sus escritos de esa poca vaga un intenso personalismo tico, una crtica sagaz del dogmatismo, un constante afn por afirmar la autonoma y la soberana de la moralidad, poniendo la obligacin y la sancin en los dominios individuales de la conciencia. A los ensayos de esa poca se debe la simpata con que Emerson es ledo, hasta hoy, por los anarquistas individualistas. Al mismo tiempo que exalta la personalidad humana, postulando una moral independiente, Emerson conserva el tono mstico: su pantesmo, mezcla de religin natural a lo Goethe y de amor a la naturaleza a lo Rousseau, fu el cauce en que tuvieron libre desahogo su herencia pastoral y su educacin teolgica. Es difcil concebir una combinacin ms ntima de profundo misticismo y de absoluto antidogmatismo; cuando exalta la energa individual, hace derivar la confianza propia del carcter divino que tiene la personalidad humana; cuando afirma la soberana de la moralidad, pone la fuente espontnea de toda vida moral en la naturaleza. Y todo es uno para l: naturaleza, moralidad, divinidad. El inters social despertado en su tiempo por las conferencias de Emerson es fcil de comprender. Ellas satisfacan dos condiciones, rara vez coincidentes: su forma mstica respetaba el viejo fondo religioso de sus oyentes y sus ideas individualistas satisfacan la inquietud renovadora, propia de la generacin romntica. Esto podra hacernos pensar que los apstoles ms eficaces son los que dicen cosas nuevas en el tono que nos es familiar; si se cantaran estrofas anarquistas con msica de viejos himnos religiosos, seran ms fcilmente aprendidas por los que ya tuviesen el hbito de cantar los himnos. As podemos explicarnos que Emerson fuese requerido para sermonear en las iglesias unitarias: hablaba de la misma manera, aunque deca otra cosa. Por otra parte, en los pases protestantes existe--en pocas normales--una tolerancia religiosa que difcilmente comprendemos los que recibimos una educacin catlica. Decir que un sacerdote, despus de colgar los hbitos, puede ser invitado a predicar en su parroquia, es para nosotros inconcebible; y no lo es menos ver a un sacerdote catlico o a un rab judo ocupar una tribuna protestante, o viceversa, o bien hallar reunidos en un congreso de religiones a los telogos ms eminentes de todas ellas... En su actitud individualista e independiente se mantiene Emerson hasta la fundacin del Club de los Trascendentales y la aparicin de _The Dial_. Conocemos ya la genealoga sansimoniana de ese movimiento. Con la revolucin del ao 30, los eclcticos haban pasado a actuar en el mundo oficioso y las simpatas de los romnticos se pronunciaron por la filosofa social, hasta la revolucin de 1848. El reflejo de esa evolucin es fundamental en Emerson; desde entonces hasta su muerte, sin atenuar su culto por la intensificacin de la personalidad individual, va acentuando progresivamente el sentido social de sus ideas ticas. Poco a poco ve en la sociedad la fuente de la obligacin y el instrumento de la sancin moral; el deber no es mandamiento divino, sino producto de la convivencia, que impone la justicia como condicin del libre desenvolvimiento personal; la sancin no est librada a la razn del individuo aislado, sino a la conciencia social en que se armoniza la razn de todos. Y el concepto de la perfectibilidad humana se consolida al poner como base de la escuela la educacin moral, creando hbitos de veracidad, de justicia, de cooperacin, de solidaridad. No decimos que Emerson lleg a definir la tica social tal como en la actualidad la vemos formulada. Reconocemos, simplemente, que esa tendencia lleg a prevalecer en l, en una poca en que prefera hacer a conferenciar. Hacer? Hacer. Sonaba para su patria la hora de consolidar la nacionalidad y de prepararse a la asimilacin de otros millones de europeos que vendran a enriquecerla con el trabajo de sus brazos y con la sangre de sus hijos. Fu entonces que naci espontneamente una nueva tica social, en funcin del medio, cuya expresin doctrinaria hemos conocido cincuenta aos despus: el pragmatismo. 2.--LA AUTONOMA DE LA EXPERIENCIA MORAL La evolucin mental de un pensador--muy distinta de su variacin ajustada a la moda, que slo demuestra ausencia de ideas propias,--sigue siempre un curso lgico, es una integracin permanente, enriquecida sin cesar por una experiencia que crece y por un sentido crtico que se perfecciona. Cambiar de ideas en esa forma es un proceso normal y una prueba de juventud; revela posibilidad de educarse ms y ms, de crecer mentalmente, de expandir la personalidad propia. Y es, precisamente, la incapacidad de perfeccionar las propias ideas, lo que permite diagnosticar el envejecimiento de un pensador: la declinacin de esas aptitudes asimiladoras e imaginativas que enriquecen la cultura personal o ensanchan el horizonte de las sntesis, elevando los puntos de vista. El examen de las ideas dominantes en la obra de Emerson nos ha permitido establecer que si ellas carecen de contenido metafsico y, por ende, propiamente filosfico, tienen, en cambio, un alto valor tico; su obra es un continuo esfuerzo por acrecentar la intensidad intrnseca de los valores morales, separando la experiencia moral de la experiencia religiosa y tendiendo a constituir una moral sin dogmas. Este aspecto del problema, hoy definitivamente resuelto para todos los filsofos, sin distincin de escuelas o de creencias, no lo estaba hace un siglo. Las instituciones bsicas del mundo feudal, la Reyeca y la Iglesia, no haban desaparecido por la crisis revolucionaria de fines del siglo XVIII; la soberana popular, afirmada como fundamento de la vida civil democrtica, no lograba an sobreponerse a los regmenes de privilegio asentados en el derecho divino. Ms todava: las naciones reaccionarias en poltica y en religin--Rusia, Austria y Prusia,--en complicidad con la iglesia Romana, habanse coaligado en la famosa Santa Alianza para restaurar el antiguo rgimen y borrar las constituciones que preludiaban el advenimiento de una etapa nueva en la historia de la civilizacin; la iglesia Anglicana desempeaba en los ambientes anglo-americanos una equivalente funcin conservadora o reaccionaria. La lucha por el progreso de las ciencias morales plantebase entre los sistemas fundados en el dogmatismo, en que se inspiraban las morales afirmativas de los telogos escolsticos, y las morales crticas de los filsofos independientes. Conviene tener presente que, en todo tiempo, los filsofos independientes--llamando as a los que no tenan por objeto de sus especulaciones consolidar las bases de las religiones oficiales en sus medios respectivos--han sido, ms o menos desembozadamente, enemigos de la teologa y contradictores de la apologtica. Ellos han determinado los progresos de la metafsica y de la tica contra el espritu tradicionalista de las cartas sacerdotales, muchas veces pagando con sus vidas ese noble privilegio de pensar libremente contra la religin y contra el estado: as murieron Scrates, y Jess, y Bruno, y Servet, vctimas de las religiones de su tiempo, intolerantes todas cuando fueron oficiales, llamranse paganismo, judasmo, catolicismo, calvinismo. En nuestro siglo XX esa lucha entre los telogos dogmticos y los filsofos independientes parece terminada. La constitucin civil de las nacionalidades modernas ha quitado a las iglesias su antigua preeminencia dentro de los estados; la autoridad las protege con benevolencia, pero est muy lejos de considerarse como simple brazo secular de los representantes de la divinidad. Este parntesis me ha parecido necesario para comprender la posicin de Emerson en la evolucin de la moral. Juzgada con nuestro criterio de hoy, nos parecera atrasada e inexplicable; lo que en su tiempo era un ideal, hoy tiende a ser una realidad en las naciones civilizadas; otros ideales nuevos han venido a polarizar la actividad apasionada de los temperamentos idealistas. 3.--IDEALISMO Y PERFECTIBILIDAD He pronunciado las palabras "ideales" e "idealistas"; temera enmaraar vuestras ideas si las dejara sin explicacin. Idealismo, en moral, significa perfectibilidad, y expresa cierto anhelo de remontarse hacia ideales que son concebidos como perfecciones posibles de la realidad. Todo dogmatismo, todo conformismo, todo tradicionalismo, implica inmovilizacin en frmulas ya establecidas, que se acatan como invariables; y lo invariable es, por definicin, imperfectible, como lo es todo lo que significa adhesin inamovible a las doctrinas, costumbres y rutinas del pasado. Es frecuente, sin embargo, que los dogmatistas de todo gnero, los conformistas en filosofa, en ciencia, en poltica, en moral, se llamen a s mismos "idealistas", y mucha parte de la humanidad cree serlo sinceramente, confundiendo su adhesin al tradicionalismo con un "ideal". Prescindiendo de cierta fcil charlatanera que suele haber en ello, confieso que no concibo el idealismo moral separado del concepto de perfeccin incesante y del esfuerzo activo hacia la perfeccin; creo que slo merecen el nombre de idealistas los que trabajan por aumentar la verdad y disminuir el error, los que fomentan la virtud contra la hipocresa, la dignidad contra el servilismo, el estudio contra la ignorancia, todo lo que es mejor y futuro contra todo lo que es actual e imperfecto. Slo por eso doy a Emerson el calificativo de idealista, y pocos hombres lo han merecido mejor que l; slo por eso un hombre estudioso puede enorgullecerse de usar tal nombre, que los ignorantes suelen prodigar a manos llenas a los que abusan de su inocencia para incitarlos a permanecer en el error y la domesticidad. Si las palabras que usamos no fueran precisas, nunca sera claro nuestro pensamiento; y nos temblara el labio al hablar de idealismo, si con ello contribuyramos a confundir los innovadores con los rutinarios, los estudiosos con los holgazanes, los pensadores con los palabristas y los virtuosos con los sinvergenza. Es un ideal obstruir el crecimiento progresivo de las verdades que permiten al hombre conocer la naturaleza y adaptarse a ella? Es un ideal aconsejar la aquiescencia a las mentiras consuetudinarias y a los intereses creados, perpetuando entre los hombres los privilegios y las injusticias sustentadas en la tradicin? Es un ideal impedir que los hombres se instruyan y se eduquen en la medida mxima compatible con sus aptitudes individuales, convirtindose en unidades ms intensas del guarismo social? Es un ideal predicar acatamiento servil al despotismo de los autcratas, a los dogmas de los telogos, a las mentiras de los polticos, a los intereses de los enriquecidos, a las argucias de los sofistas? Avergenza el pensar que esas cosas puedan disfrazarse con el nombre de idealismo; y ms avergenza, todava, que ciertas literaturas espiritualistas contribuyan a sugerir que las doctrinas o las realidades del pasado pueden ser preferibles a las que sin cesar van perfeccionndose hacia el porvenir, como si idealismo pudiera significar Regresin y no Perfeccionamiento. Es necesario no equivocarse en tan delicado problema, incesantemente embrollado por los que halagan el misticismo ancestral de los hombres y su incapacidad de prolongar su entendimiento ms all del galimatas de las palabras. El idealismo--fuera de su sentido metafsico, que significa idesmo por oposicin a realismo--no puede concebirse sino como doctrina de la perfectibilidad moral indefinida; y es, esencialmente, la anttesis de cualquier dogmatismo moral. Los ideales ticos son hiptesis acerca de posibles perfecciones morales futuras; se forman como todas las hiptesis y como ellas sirven a los hombres que creen en su posible advenimiento. Hemos definido ya la evolucin humana como un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a su vez, necesitando para ello conocer la realidad ambiente y prever el sentido de sus propias adaptaciones: los caminos de su perfeccin. Sus etapas, entrevistas por la imaginacin humana, constituyen los ideales. Un hombre, un grupo o una raza, son idealistas porque circunstancias propicias determinan su imaginacin a concebir perfeccionamientos posibles. Los ideales--si puedo repetir mi propia opinin--son formaciones naturales; aparecen cuando la funcin de pensar alcanza tal desarrollo que la imaginacin puede anticiparse a la experiencia. No son entidades misteriosamente infundadas en los hombres, ni nacen del azar; se forman como todos los fenmenos accesibles a nuestra observacin, son efectos de causas, accidentes en el devenir universal metdicamente investigado por las ciencias e hipotticamente sintetizado por la filosofa. Los ideales no son apriorsticos, sino inducidos de una vasta experiencia; sobre sta se empina la imaginacin para prever el sentido en que variar la Humanidad, y por ello todo ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el porvenir. Partiendo de ese concepto he procurado distinguir siempre el idealismo moral, que considero admirable en todas sus formas, desde el estoicismo de Epicteto y el cristianismo de Jess, hasta el pantesmo de Spinoza y el anarquismo de Tolstoy, del idealismo metafsico que--bien analizado--est ms prximo del pantesmo que de cualquiera teologa religiosa. Se engaan o mienten--la eterna hipocresa!--todos los que procuran reducir el idealismo moral a cualquier forma de dogmatismo, teolgico o racionalista; ideal moral significa perfectibilidad, y ninguna perfectibilidad es compatible con el concepto mismo del dogma. Por eso he dicho tantas veces que subordinar el idealismo moral a una frmula de escuela metafsica, equivale a castrarlo; por eso he insistido en que llamar idealismo a las fantasas y supersticiones de mentes enfermizas o ignorantes, es una de tantas ligerezas fomentadas por el palabrismo discursivo. El idealismo moral no es patrimonio exclusivo de ningn credo. Hay tantos idealismos como ideales, y tantos ideales como idealistas, y tantos idealistas como hombres aptos para concebir perfecciones y capaces de vivir hacia ellas; por eso rehusamos el monopolio de llamarse idealistas a cuantos lo reclaman en nombre de escuelas filosficas, sistemas de moral, credos de religin, fanatismos de secta o dogmas de esttica. Conocis, probablemente, una pgina ma cuya lectura me permitiris, pues la creo oportuna. "El idealismo moral no es privilegio de las doctrinas espiritualistas que desearan oponerlo al "materialismo", llamando as, despectivamente, a todas las dems; ese equvoco, tan explotado por los enemigos de las Ciencias--temidas justamente como hontanares de Verdad y de Libertad--se duplica al sugerir que la materia es la anttesis de la idea, despus de confundir al ideal con la idea y a sta con el espritu, como entidad trascendente y ajena al mundo real. Se trata, visiblemente, de un juego de palabras, secularmente repetido por sus beneficiarios, que transportan a las doctrinas filosficas el sentido que tienen los vocablos idealismo y materialismo en el orden moral. El anhelo de perfeccin en el conocimiento de la Verdad puede animar con igual mpetu al filsofo monista y al dualista, al telogo y al ateo, al estoico y al pragmatista. El particular ideal de cada uno concurre al ritmo total de la perfeccin posible, antes que obstar al esfuerzo similar de los dems. "Y es ms estrecha, an, la tendencia a confundir el idealismo, que se refiere a los ideales, con las tendencias metafsicas que as se denominan porque consideran a las "ideas" ms reales que la realidad misma, o presuponen que ellas son la realidad nica, forjada por nuestra mente, como en el sistema hegeliano. "Idelogos" no puede ser sinnimo de "idealistas", aunque el mal uso induzca a creerlo. "Ni podramos restringirlo al pretendido idealismo de ciertas escuelas estticas, porque todas las maneras del naturalismo y del realismo pueden constituir un ideal de arte, cuando sus sacerdotes son Miguel Angel, Ticiano, Flaubert o Wagner; el esfuerzo imaginativo de los que persiguen una ideal armona de ritmos, de colores, de lneas o de sonidos, se equivale, siempre que su obra trasparente un modo de belleza o una original personalidad. "No le confundiremos, en fin, con cierto idealismo tico que tiende a monopolizar el culto de la perfeccin en favor de alguno de los fanatismos religiosos predominantes en cada poca, pues sobre no existir un nico e invariable Bien ideal, difcilmente cabra en los catecismos para mentes obtusas. El esfuerzo individual hacia la virtud puede ser tan magnficamente concebido y realizado por el peripattico como por el cirenaico, por el cristiano como por el anarquista, por el filntropo como por el epicreo, pues todas las teoras filosficas son igualmente compatibles con la aspiracin individual hacia el perfeccionamiento humano. Todos ellos pueden ser idealistas, si saben iluminarse en su doctrina; y en todas las doctrinas pueden cobijarse dignos y buscavidas, virtuosos y sin vergenza. El anhelo y la posibilidad de la perfeccin no es patrimonio de ningn credo: recuerda el agua de aquella fuente citada por Platn, que no poda contenerse en ningn vaso. "La experiencia, slo ella, decide sobre la legitimidad de los ideales, en cada tiempo y lugar. En el curso de la vida social se seleccionan naturalmente; sobreviven los ms adaptados, los que mejor prevn el sentido de la evolucin; es decir, los coincidentes con el perfeccionamiento efectivo. Mientras la experiencia no da su fallo, todo ideal es respetable, aunque parezca absurdo. Y es til, por su fuerza de contraste; si es falso muere solo, no daa. Todo ideal, por ser una creencia, puede contener una parte de error, o serlo totalmente: es una visin remota y por lo tanto expuesta a ser inexacta. Lo nico malo es carecer de ideales y esclavizarse a las contingencias de la vida prctica inmediata, renunciando a la posibilidad de la perfeccin moral." Me detengo en la lectura. Cuando hablamos de idealismo moral, sea en un individuo o en una sociedad, qu es, exactamente, lo que expresamos? Que ese individuo o esa sociedad poseen ideales de perfeccionamiento y actan en consonancia con su realizacin posible. En ese inequvoco sentido, nadie mejor que Emerson merece llamarse idealista; cuando llam al conjunto de sus orientaciones _idealismo trascendental_ no quiso adherir estrictamente a la doctrina platnica de las ideas ni a la concepcin metafsica hegeliana, sino expresar ese pantesmo naturalista que le induca a contemplar la divinidad abstracta de las cosas y mostrar como digna de veneracin la arquitectura moral del universo. Podramos, tambin, acercar ciertas ideas de Emerson con otros modos de ver convergentes a postular la eficacia de las ideas abstractas, de las ideas-fuerzas y de las creencias sobre la conducta, en una heterclita familia de pensadores que englobaran desde Kant hasta Fouillc y hasta William James, que se han referido a un mismo asunto hablando idiomas heterogneos. Os pido, aqu, una atencin ms firme para comprender con exactitud lo que va a seguir; no son ideas de Emerson, pero nos permitirn comprender mejor la posicin del moralista de Concord en la evolucin tica del siglo XIX. 4.--EL DOGMATISMO TEOLGICO EXCLUYE LA PERFECTIBILIDAD Tratar de ser claro y preciso; todo lo confuso o vago, aunque sea grato al odo, es sospechable de involuntario error o de obsecuencia deliberada a los errores de los dems. La historia de la tica, desde sus primeras concreciones hasta nuestros das, es una lucha constante entre dos gneros de sistemas morales: los unos--religiosos y dogmticos--incompatibles con cualquier ideal de perfeccionamiento, y los otros--filosficos e independientes--ms o menos compatibles con la posibilidad de ideales. Presiento vuestra objecin: Cmo podra negarse que los creadores y apstoles de religiones se han propuesto el perfeccionamiento moral de la humanidad? No se puede negar; y sera insensato negarlo. Pero la objecin--aunque parezca--no se refiere a lo que antes dije. Si habis ledo, como es seguro, el libro de William James sobre la experiencia religiosa, recordaris este prrafo: "al juzgar de un modo crtico el valor de los fenmenos religiosos, es importantsimo insistir en la distincin entre la religiosidad como funcin individual personal y las religiones organizadas como iglesias colectivas. Ya recordaris que hice indicaciones respecto a dicha distincin. La palabra "religin", tal como se usa ordinariamente, es equvoca. La historia nos demuestra que, por lo general, los genios religiosos atraen discpulos a su alrededor y producen grupos que simpatizan con ellos. Cuando estos grupos son suficientemente fuertes para "organizarse", se convierten en instituciones eclesisticas con ambiciones corporativas particulares. El espritu de la poltica y el gusto por las reglas dogmticas pueden entonces invadir y contaminar las cosas ms inocentes en su origen; de modo que cuando actualmente omos la palabra "religin", pensamos por necesidad en alguna "iglesia" u organizacin semejante. En algunas personas la palabra "iglesia" sugiere de tal manera la idea de hipocresa, tirana, bajeza y aferramiento a toda supersticin, de un modo general e indeterminado, que se envanecen diciendo "que son absolutamente contrarias a toda religin"; y hasta los que pertenecen a una Iglesia determinada, no libran de una condena general a los que pertenecen a otras". Si entendis bien, eso quiere expresar que la religiosidad (como sentimiento personal) nada tiene que ver con los dogmas (como teologa eclesistica); la religiosidad es comn a todos los creyentes, los dogmas son particulares de cada iglesia. De all que la perfectibilidad sea un anhelo frecuente en los individuos de intensa religiosidad, al mismo tiempo que est cohibida por los sistemas morales establecidos en las teologas. La nocin de dogma en la historia de las religiones es inequvoca; podis leer su examen metdico en el excelente libro _La evolucin de los dogmas_, de Guignebert, profesor de historia del cristianismo en la Sorbona. Un dogma--dice--es, a la vez, una verdad infalible y un precepto inviolable, revelado directamente por la divinidad o por sus elegidos, o indirectamente inspirada a hombres que tenan calidad particular para recibirla. El dogma debe ser acatado tal como lo ha definido y formulado de conformidad con la inspiracin divina, una autoridad cuya competencia es indiscutida; la palabra de la autoridad, el dogma, expresa la verdad absoluta y debe ser objeto de fe inmutable, puesto que la divinidad no se engaa nunca ni puede engaar. "Tal es por lo menos la teora. Revelacin, autoridad, inmutabilidad, son sus tres cualidades principales. La razn, fundamento necesario de los dogmas filosficos entre los griegos, no tiene aqu otro rol que el de aceptar las proposiciones dogmticas y justificarlas si puede". Sabido es que no tienen otra funcin las Teologas y las Apologticas, destinadas a sistematizar y defender los dogmas de las diversas religiones. Esa teora, implcita en todos los sistemas teolgicos, ha sido generalmente combatida por los filsofos independientes y auspiciada por los gobiernos feudales que cimentaban su autoridad en el derecho divino. Teora absurda, de completa absurdidad segn la historia de las religiones, cuyos estudios concuerdan unnimemente en aplicar a los dogmas el principio universal de evolucin: "un dogma, histricamente considerado, no se presenta como un hecho revelado por la divinidad a la ignorancia del hombre, sino como una combinacin laboriosa y sin cesar variable de una colectividad humana; es ante todo un fenmeno social y acumula durante su existencia el trabajo de la fe, a veces muy activo, de muchas generaciones" (pg. 339); "un dogma es un organismo viviente, que nace, se desarrolla, se transforma, envejece y muere; la vida lo arrastra, sin que pueda nunca detenerse: y cuando llega su hora, la vida se aparta de l, sin que l pueda retenerla". Eso os ensearn, uniformemente, Guignebert en la obra citada y Harnack en su libro sobre la historia de los dogmas, para citar solamente los textos menos viejos y ms accesibles. Toda tica fundada en una teologa es, por definicin, dogmtica. Quien dice dogma, pretende invariabilidad, imperfectibilidad, imposibilidad de crtica y de reflexin personal. Quien acepte que la moral est formulada en una revelacin, en la de su iglesia, y no en la de las otras, reconoce que sus preceptos son mandamientos sobrenaturales o divinos, ajenos a la posibilidad de alterarlos o perfeccionarlos, desde que son acatados como la perfeccin misma. El dogma no deja al creyente la menor libertad, ninguna iniciativa; un verdadero creyente reconoce, por el simple hecho de serlo, la imposibilidad de cualquier esfuerzo eficaz para el perfeccionamiento moral del individuo o de la sociedad, fuera de los preceptos dogmticos. Esta breve y explcita consideracin nos permite comprender la actitud hertica de Emerson, al afirmar que _los dogmas sobrenaturales son incompatibles con el perfeccionamiento moral_. Su disconformismo es una rebelda contra los dogmas propios de la secta protestante en que fu educado. Poniendo fuera de la Naturaleza el origen de los mandamientos que rigen la conducta moral del hombre, las morales teolgicas excluyen de la vida humana actual, que segura y evidentemente vivimos, toda posibilidad de perfeccin; si alguna queda, es para despus de la muerte, en otro mundo cuya existencia es creda por simple acto de fe, ya que las mayores iglesias cristianas se resisten violentamente a aceptar las pruebas que de ella ha intentado dar la moderna religin espiritista. Los mandamientos divinos imponen la obediencia a los dogmas morales de las iglesias, cuyas normas del deber no nacen de la reflexin personal, ni pueden ser modificadas por la razn. El hombre no interviene en la fijacin de sus propios deberes; los acata como decretos sobrenaturales. Por eso la obligacin y la sancin tienen un valor completamente distintos que en las morales filosficas independientes. La obligacin consiste en ajustarse al mandato imperativo de la divinidad, que ha fijado el deber sin intervencin del que lo cumple; la nica sancin reservada al cumplimiento de ese deber, es el premio o el castigo despus de la muerte, o sea lo que en lenguaje sencillo, y por cierto ms pintoresco, podramos llamar la sancin trascendental del cielo y del infierno. Sabis muy bien, los que habis ledo a Homero y a Virgilio, que el mundo pagano haba inventado ya estos lugares de sancin eterna, heredados por el cristianismo, y tan magnficamente desenvueltos por la imaginacin de Dante, cuya _Comedia_ bien merecera calificarse de divina si este adjetivo significara superlativa excelsitud. 5.--VALOR SOCIAL DE LA HEREJA Todas las religiones, en cierto momento de su evolucin, el ms culminante, procuran fijar sus dogmas en una teologa que interpreta inapelablemente los textos en que est enunciada la revelacin primitiva; las teologas han pretendido ser, en su tiempo y en su medio, cdigos de moral destinados a regir dogmticamente la conducta humana. De all que el disconformismo de Emerson, mucho ms amplio que la primitiva disidencia en el seno de la iglesia Anglicana, se nos presente como un episodio en la eterna lucha de la razn humana contra los dogmas, como una renovacin del derecho de libre examen. Eso es lo que, en todo tiempo, ha constitudo la hereja. Hereje es todo el que discute y niega los dogmas, todo el que somete a su propia razn las conclusiones de una teologa. La intensa religiosidad individual, propia de los temperamentos msticos, es la causa ms frecuente de herejas; por lo mismo que ella permite concebir perfeccionamientos nuevos, aparta a los individuos de los dogmas teolgicos que los obstaculizan. "Un experimento religioso genuino y de primera mano--dice James--debe parecer una heterodoxia a los que lo contemplan, y tal profeta debe producir el efecto de un loco solitario. Si su doctrina se muestra bastante contagiosa para difundirse a otros, entonces se convierte en hereja definida y catalogada. Pero si resulta tan contagiosa que llega a triunfar de las persecuciones, entonces se convierte a su vez en ortodoxa, y cuando una religin llega a este punto, es que ha terminado el tiempo en que se mantena interior: el manantial se ha secado; los fieles viven slo de una fe exclusivamente de segunda mano, y entonces, a su vez, lapidan a los nuevos profetas. No obstante la bondad humana que la nueva Iglesia est pronta a favorecer, se puede contar siempre con ella, como fiel aliado, cada vez que se trate de sofocar el espritu religioso espontneo y de reducir al silencio todo ulterior murmullo del manantial, de donde ella misma sacaba en das ms puros su propia inspiracin, a menos que adopte los nuevos movimientos y los aproveche para sus propios intereses corporativos egostas. Nos ofrecen ejemplos muy instructivos de una accin poltica de este gnero, pronto o tardamente asumida, los procedimientos de la Iglesia catlica respecto a muchos santos y profetas individuales". Mientras no se produce esta asimilacin prctica, todo proyecto de innovacin es una hereja y la conducta del reformador es considerada inmoral; el hbito de ver la moralidad conformada al dogmatismo induce a juzgar inmorales a todos los que sienten esa honda "emocin csmica" que sugiere la naturaleza y hace amar con optimismo una vida intensa y sin restricciones artificiales. "Los herticos anteriores a la Reforma veanse casi siempre acusados por la Iglesia de ejercer prcticas inmorales, del mismo modo que a los primeros cristianos acusbanles los romanos de entregarse a la orga. Probablemente no ha existido perodo alguno en la vida de la humanidad, en que un nmero crecido de individuos no haya idealizado su resistencia a pensar mal de la vida, formando sectas libres o secretas, proclamando que todas las cosas naturales son permitidas. La mxima de San Agustn: _Dilige et quod vis fac_--si amas (a Dios) haz lo que te plazca--es moralmente una observacin muy profunda; pero las personas de que hablbamos, la toman en el sentido de que es lcito salirse de los confines de la moral dogmtica convencional. Segn sus caracteres, podrn ser espritus refinados o groseros, pero en todo tiempo sus creencias fueron lo suficientemente sistemticas para constituir una actitud religiosa determinada. Para ellos, Dios es un dispensador de libertades; de este modo vencen el remordimiento del mal. San Francisco y sus discpulos pertenecan a esta categora de almas, de la cual existen infinitas variedades. Rousseau, durante los primeros aos de su vida literaria, Diderot, B. de Saint-Pierre y muchos otros, entre las mentes directoras del movimiento anticristiano del siglo XVIII, pertenecan a ese tipo de optimismo. Pensaban que la Naturaleza, siempre que sepamos entenderla, es absolutamente buena". No sorprende, pues, que los grandes msticos hayan sido melioristas lo mismo que los filsofos independientes; por eso han merecido, unos y otros, las persecuciones de la autoridad dogmtica: telogos, jueces, polticos, confundidos en un mismo inters comn de preservar a la sociedad de toda hereja. Y cmo se equivocan! Hereje es Scrates cuando ensea a dudar de "la religin de sus padres", y le dan la cicuta. Hereje es Cristo para los judos, y le dan la cruz, Hereje es Lutero para la iglesia romana, y le cubren de anatemas. Hereje es Spinoza, y le expulsan de la sinagoga. Hereje es Teresa de vila, y la persigue la inquisicin. Hereje es Emerson, y le acusan de atesmo. Hereje es Mterlinck, cuyas obras estn inscriptas en el Index, como las de Anatole France y las de Enrique Bergson, de igual manera que en nuestro pas est prohibida la lectura de Ameghino y de Agustn lvarez..... y aun la de Almafuerte y de Lugones. Quiero, con sto, sugeriros que al hablar de dogmas y de herejas no se trata de cosas trascendentes y remotas, sino de fenmenos sencillos y actuales, que durarn tantos siglos cuantos persista en los hombres la tendencia a organizar su misticismo individual en iglesias colectivas. Los miles de religiones que han existido, todas verdaderas segn sus adeptos, sern seguidas por otras en el porvenir, igualmente verdaderas para quienes las profesarn. Para que aparezcan--como producto natural de la experiencia religiosa, sin cesar renovada por los hombres--sern indispensables nuevas e incesantes herejas, es decir, _variaciones_ personales para mejorar la _herencia_ social, inventores o renovadores de dogmas, inventores o renovadores de moral. Sabis muy bien que, en los ltimos cincuenta aos, por disgregacin de las iglesias cristianas han aparecido numerosas religiones nuevas. Se cuentan por docenas y algunas elevan a millones el nmero de sus creyentes. No se equivoca James al decir que a travs de los siglos se han transformado sin cesar los sentimientos y necesidades msticas de los hombres, infiriendo que sera absurdo suponer que la edad presente est destinada a no sufrir correcciones por parte de las edades venideras. Habr, pues, nuevas e incesantes herejas, y gracias a ellas evolucionar la experiencia religiosa y moral de la humanidad: "Los dioses que defendemos son los dioses que necesitamos y de los cuales podemos servirnos, los dioses cuyas preguntas respecto a nosotros son elementos para fundamentar las preguntas que nosotros mismos nos hacemos, unos a otros. En una palabra, lo que yo me propongo hacer es estudiar la santidad a la luz del sentido comn, empleando criterios humanos para resolver la cuestin de si la vida religiosa se recomienda como forma ideal de actividad humana. Si es as, cualquier creencia teolgica que pueda inspirarla es fundamentada, por lo menos en tal aspecto. En el caso contrario, aquellas creencias perdern todo crdito, sin ms que referirlas a principios humanos activos. Slo se trata de la eliminacin de los humanamente ineptos y de la supervivencia de los ms aptos, aplicada a las creencias religiosas; y si examinamos la historia, ingenuamente y sin prejuicios, debemos admitir que jams ninguna religin ha podido establecerse o confirmarse a s misma de un modo diverso. Las religiones se han _aprobado_ a s mismas, han subvenido a las necesidades vitales que reinaban a su aparicin; y han sido sustitudas por otras cuando violaron en exceso ciertas necesidades o al presentarse otras creencias que las provean mejor". Volvamos atrs, el tiempo de Emerson. En la Nueva Inglaterra, y con relacin a la iglesia protestante, ocurra un movimiento anlogo al que en las naciones catlicas se llam catolicismo liberal, hace setenta aos; la iglesia unitaria, en que Emerson se educara, representaba lo que hoy el modernismo dentro de la iglesia romana, acaso con un espritu ms acentuadamente liberal. Los telogos protestantes, aunque sus escuelas e investigadores son, desde la Reforma, mucho ms notables que los catlicos, gracias al libre examen y a la alta crtica, no pudieron mirar con indiferencia las negaciones dogmticas a que se entregaron los unitarios radicales y los trascendentalistas; Emerson, y podramos decir que el mismo Channing, fueron sindicados como herejes, temindose que su liberalismo fuera el primer paso hacia la irreligiosidad. Quienes tenan razn? Desde su punto de vista, digmoslo sin vacilar: los telogos dogmticos. No existe, para una iglesia, la posibilidad de la fe a medias. Se cree o no se cree en sus dogmas; pretender que cada hombre se considere parte de la divinidad, es conceder a cada uno la posibilidad de revelarse a s mismo la verdad en que debe creer y la moral a que debe conformarse. Desde ese punto de vista la lgica estara en favor de los dogmticos y contra todos los liberalismos; una iglesia que consiente algo, acaba por ceder todo. Proclamar que el cristianismo es un asunto de moral antes que de dogmas, es rebelarse, abiertamente, a las iglesias cristianas tradicionales; y sa era, como lo dijimos, la posicin religiosa de Emerson y de los trascendentales, lo mismo que la de Echeverra y la Asociacin de Mayo entre nosotros: hereja frente a sus iglesias respectivas. 6.--LAS MORALES INDEPENDIENTES Implicada la moral en los dogmas teolgicos, toda disconformidad religiosa es una disconformidad con el dogmatismo moral. Recordemos, como la mejor prueba de ello, que durante diez siglos, desde el edicto imperial que proscribi de Roma a los filsofos hasta el grito cismtico proferido por Lutero, una sola teologa y una sola moral floreci en la cristiandad. La patrologa y la escolstica se mueven dentro de un dogmatismo nico; bastara comparar a Clemente y Orgenes con Tertuliano y Lactancio, a Agustn con Toms, cuyos discpulos disputan hasta nuestros das, para comprender que si bien los dogmas evolucionaban, todos pretendan explcitamente ser fieles a ellos, sin lo cual hubirase roto la unidad poltica de la iglesia romana. He dicho _unidad poltica_ y debo explicarme; la fuerza de esa iglesia, desde que reyes y emperadores, por razones polticas y no teolgicas, resolvieron declararla oficial en sus estados, no residi en sus doctrinas, sino en el poder poltico adquirido por ella en el mundo feudal europeo. No podramos detenernos ahora a examinar en qu medida la difusin del protestantismo fu, a su vez, un movimiento poltico, nacionalista en cada pas, contra el poder internacional del estado pontificio; ello se percibira tambin analizando en los estados catlicos la lucha por constituir iglesias nacionales, emancipadas de Roma, de que di memorable ejemplo el nunca apagado movimiento galicano. Y veramos, tambin, que en nuestros das la fuerza de esa iglesia no est en sus doctrinas sino en la admirable organizacin como partido internacional, actuante en la poltica de cada pas con unidad de miras temporales y con sorprendente disciplina para la accin prctica. Nunca, en la historia de la humanidad, ha existido un partido internacional que pueda comparrsele en organizacin y eficacia. Cortemos la digresin. Durante la edad media no hay en la cristiandad un nombre de moralista independiente que merezca citarse, con la excepcin, acaso nica, de Eckhart, que a principios del siglo XIV puso en circulacin un misticismo pantesta, declarado hertico por la iglesia romana. Llega el Renacimiento y se rompen los moldes de la teologa escolstica; los filsofos contemplan la naturaleza o el espritu, independientemente de los dogmas religiosos. Averroes insina la doctrina de la religin natural y de la moral natural, que ms tarde reaparece en Spinoza. El neoaristotelismo encuentra su hombre representativo en Bacon y se contina en toda la escuela de los moralistas ingleses, que culmina en Hobbes, Locke, Shaftesbury, y en los escoceses, Hutcheson, Hume, Smith; la corriente neoplatnica se transmuta en el racionalismo, con Descartes y Malebranche en Francia, al mismo tiempo que aparecen con caracteres propios Leibnitz y Wolff, en Alemania. Y as, luchando los filsofos independiente contra la teologa dogmtica, el siglo XVIII ve surgir el racionalismo ingls, el enciclopedismo francs y la filosofa de las luces en Alemania. Cauteloso el primero, revolucionario el segundo, abstracta la tercera, predomina en todos el afn inquieto de poner en la razn los fundamentos de la moral, que hasta entonces residieran en el dogma. Sabis que Kant elabor, en su _Crtica de la Razn Prctica_, el monumento ms grandioso concebido por hombre alguno hasta su tiempo; estoy muy lejos de significar, con sto, que en nuestros das puedan considerarse aceptables los fundamentos racionales y apriorsticos de su sistema. Si Kant quiso decir que la moralidad es una exigencia de la razn para el bien de la sociedad, y no que la existencia social exige la formulacin racional de una tica,--pareceres encontrados sobre los que no han logrado entenderse los que se creen sus continuadores--es seguro que el siglo XIX se pronunci por la segunda interpretacin, que es la menos kantiana de las dos. Creemos ms bien que el patriotismo filosfico alemn, empeado en poner a Kant en el centro de la historia filosfica universal, ha estado y seguir dispuesto a ver en Kant todos los grmenes de las ms contradictorias filosofas del porvenir; sabis que el culto de Kant tiene vestales en irreconciliables escuelas filosficas de su patria. As como Toms puede representar el momento culminante de la teologa escolstica, Kant simboliza el ms alto esfuerzo de la filosofa racionalista. La moral, antes dictada a los hombres por la misma divinidad, aparece ahora impuesta al hombre por su propia razn. Llamadle Hume, llamadle Helvecio o llamadle Kant, subrayad todas sus inconciliables divergencias, y os quedar siempre en sus concepciones de la moral un denominador comn: su emancipacin de la teologa. Cualquiera de ellos constituye un tipo de moralista independiente; la moral de los tres es, ante todo, individual y pretende ser demostrable por la razn. La crtica y el libre examen las engendran, en oposicin al dogmatismo religioso; para el mismo Kant, la religin es una necesidad racional y no un antecedente de la moralidad. En casi todos los moralistas independientes, cuyos ejemplares mximos acabamos de citar, aparece postulada la perfectibilidad humana y aumentado el valor del hombre mismo; aunque unos partan de la razn y otros de la naturaleza, convergen a reemplazar los mandamientos divinos por mandamientos humanos, y a sustituir sus fuentes sobrenaturales por fuentes naturales. A la afirmacin intensiva de la personalidad, recogida por todas las literaturas romnticas, se uni el concepto nuevo del deber; ya no se vi en l un simple acatamiento a una voluntad extraa, sino la obediencia del hombre a s mismo. Y este tipo de tica individualista fu consonante con la ms alta profesada por escuela alguna,--la de los estoicos,--poniendo el culto de la dignidad personal como norma directriz de la conducta. As como es personal la obligacin, es personal la sancin; no queda ya relegada a lo sobrenatural, no se traduce necesariamente en penas y castigos despus de la muerte, sino que hace del hombre el juez de s mismo, juzgado constantemente por su propia conciencia moral. En estas morales emancipadas de las teologas, la razn del hombre ha suplantado al mandamiento de la divinidad. 7.--INSUFICIENCIA DE LOS DOGMAS RACIONALES Los sistemas ticos racionales que se han apartado del dogmatismo religioso, afirmando la posibilidad de una moral independiente, no han conseguido la menor difusin social, reclutndose sus partidarios entre una minora ilustrada, restringida muchas veces al crculo exiguo de los aficionados a las lecturas filosficas. Esas deserciones esencialmente cualitativas, carecen de medida cuantitativa en la sociedad. Por qu? En mi entender, por su carcter negativo; son fuerzas disolventes del pasado teolgico, pero nada han construido para el porvenir; cual ms, cual menos, son esencialmente individuales, cuando no individualistas. Las morales religiosas tenan en sus dogmas afirmativos una fuerza de cohesin social; y aunque nunca pusieron sus fundamentos en la sociedad, sino en lo sobrenatural, desempeaban una funcin socializadora de la obligacin, imponiendo normas de conducta apropiadas para facilitar la convivencia humana dentro de un rgimen social dado. Las morales individuales, poniendo en la conciencia moral del hombre la medida de la obligacin y de la sancin, carecen de valor social. Se concibe, y es la evidencia misma, que determinados individuos puedan vivir virtuosamente, santamente, sin necesidad de los dogmas morales que ofrecen las religiones; pero cuesta concebir que todos los hombres sean capaces de dirigir su conducta hacia el bien sin recibir impulso alguno superior a su propia razn personal. Bastara recordar el dao que han causado tres moralistas individualistas del siglo XIX entre sus contados adeptos. Stendhal, con su diletantismo moral, Schopenhauer con su escepticismo pesimista, y Nietzsche, con su individualismo superhombrista, han hecho estragos morales entre jvenes literatos que se tenan por genios y se crean autorizados a prescindir de toda obligacin moral, ya porque fuera elegante hacerlo as, ya porque era absurdo respetar como valores reales a valores ilusorios, ya porque slo los esclavos deban sujetarse al dogmatismo social. Tenemos que reconocerlo, todos los esfuerzos de los filsofos para construir una moral terica racional han carecido de funcin eficaz, han sido actitudes individuales, prcticamente negativas; y en la sociedad no se pueden destruir creencias fundadas en seculares sentimientos y en intereses reales, sin sustituir lo destruido con otras creencias que puedan satisfacer los sentimientos e intereses que aqullas sustentaban. Una moral de gabinete no puede reemplazar a una creencia social; podemos admirar la _tica_ de Spinoza o la _Crtica de la Razn Prctica_ de Kant como prodigiosos poemas de lgica racional, sin creerlos susceptibles de dar nueva orientacin a la moralidad de los hombres, ni de satisfacer su sentimiento mstico. Los filsofos han elaborado hiptesis ticas para filsofos; slo la humanidad--por su incesante experiencia social--puede elaborar ticas efectivas para la humanidad. Para entendernos: toda tica efectiva es un resultado natural de la experiencia. En la poca inicial de Emerson--ya que estas digresiones deben servirnos para comprenderlo--el conflicto se planteaba todava entre las dos concepciones clsicas de la moral: la religiosa, nsita en las teologas dogmticas, y la individualista, elaborada por filsofos independientes. 8.--LA TICA SOCIAL DE LAS IGLESIAS NORTEAMERICANAS En la primera leccin hemos recordado el sentido cvico y social, antes que dogmtico, del puritanismo norteamericano; y vimos que en el unitario Channing, poco antes que en Emerson, se defini claramente la tendencia a convertir la religin en una pura moral social. Cerrado el ciclo del movimiento trascendentalista, que fu una exaltacin del unitarismo radical, Emerson, como todos, qued includo en un gran movimiento de renovacin nacional, al que ninguna iglesia permaneci totalmente ajena. Fuerzas poderosas se necesitaban para consolidar la nacionalidad. Las primitivas colonias del nordeste se vean incesantemente agrandadas por la anexin de vastos territorios, ocupados por una poblacin tnica y moralmente inferior. Las colonizaciones espaola y francesa haban engendrado ncleos sociales muy distintos del que en la Nueva Inglaterra mantena puro de toda mezcla indgena el tesoro biolgico de la raza blanca; para mayor desgracia la miserable avidez humana haba introducido turbas de negros esclavos, en cuyas mujeres los viejos amos latinos no haban desdeado engendrar toda la gama del mulataje tnico y religioso, ya que en la mente de la obscura progenie se mezclaban pintorescamente las supersticiones africanas con los dogmas catlicos, que en singular maridaje perduran hasta nuestros das en muchas que fueron colonias espaolas. No hablemos de la espantosa guerra entre el Norte y el Sur, motivada por la abolicin de la esclavitud; no hablemos del pavoroso problema de la raza negra, que an preocupa a la nacin que recibi esa triste herencia de las colonizaciones latinas; no hablemos, por fin, de la imposibilidad de segregar ese tumor del moderno organismo norteamericano y de la sensata resistencia a asimilarlo por la mestizacin. Slo el tiempo dar una respuesta a ese interrogante, que los conquistadores ibero-americanos suprimieron en forma poco feliz desde la poca colonial, mestizndose. Prescindiendo de ese ncleo inasimilable, la mayor preocupacin nacional fu irradiar desde la Nueva Inglaterra el tipo de educacin moral que la experiencia haba demostrado ms benfico para la nueva raza; para ello era indispensable infundir cierta unidad de fines prcticos a las diversas comuniones religiosas, entendindose acerca de lo que no fuese dogmtico: la accin tica y social. Es en esa obra de harmonizacin y tolerancia donde fu ms eficaz la obra de las iglesias unitarias y de sus aliados histricos. La corriente de ideas en cuyo centro actuaron Channing, Emerson y Henry James, influy de inmediato sobre todas las iglesias protestantes, y ms tarde sobre dos grandes ncleos inmigrados, los catlicos y los judos. Por el ejemplo--nunca por imposicin, desde que el Estado no tena iglesia oficial,--los hombres y las iglesias de las otras comuniones fueron adaptndose al criterio que miraba las religiones como vehculos de moral sin dogmas o como instrumentos de accin cvica. El proceso no fu sencillo. Convergieron a l los esfuerzos de los independientes, con Emerson en la cumbre; de las iglesias unitarias, con Channing; de las presbiterianas, con Henry James. Conocemos ya a los dos primeros; el ltimo, educado en el seminario ms ortodoxo de su comunidad, en sus andanzas por Europa fu contagiado por la secta de Sandeman y por la teologa de Swedemborg, que atenuaron grandemente su eficacia para actuar en Norte Amrica. Por sus ideas tuvo, sin embargo, muchos puntos de contacto con Emerson, poniendo, como ste, la accin como fin supremo de la moralidad, hacindola derivar de la naturaleza y servir a la sociedad. En los dogmas religiosos vea el inconveniente de obstaculizar la espontaneidad natural, poniendo en lo sobrenatural y no en la sociedad los mviles y la sancin de la conducta humana. Su mejor obra, "La Sociedad redentora del hombre", tiende a reemplazar la conciencia de la raza a la conciencia del individuo, sosteniendo que el resultado natural de la evolucin histrica es el crecimiento de la solidaridad humana. Su sistema "se cierra como un crculo, que abre la idea de la naturaleza y que cierra la idea de la sociedad. La una es el smbolo y la revelacin de la otra. La naturaleza y la sociedad rodean al hombre, la una sirvindole de asiento, cubrindolo la otra; en aqulla est su principio y en sta su fin. Ambas le son necesarias y suficientes". De all que James, conservndose cristiano, haga en realidad del cristianismo una moral naturalista y humanitaria, ajena a todo dogmatismo teolgico. Toda su exaltacin mstica sobre la sublimidad de Cristo como revelador, resulta una simple condescendencia con la sociedad cristiana en que vivi: su hijo, el psiclogo William James, pudo escribir sin temor de equivocarse: "Me es forzoso creer que si mi padre hubiese nacido fuera del mundo cristiano habra podido construir todo su sistema, tal cual es, casi sin mentar a Cristo". Es, en efecto, una verdadera religin de la humanidad, en que la sociedad aparece como el objetivo natural del perfeccionamiento infinito. Acercad estas ideas a las dominantes en Channing y en el Emerson de la segunda poca, y tendris una nocin acabada de la _tica social_ en las iglesias liberales norteamericanas. La obligacin es social, lo mismo que la sancin; toda la modalidad es concebida como un producto natural y espontneo del hombre, por el hecho mismo de vivir en sociedad. Y el propio Channing, menos audaz que Emerson como pensador, lleg a decir--ms o menos,--que si no concibiramos a Dios como provisto en grado perfecto de las cualidades humanas que llamamos virtudes, los hombres no podramos concebirlo ni tendramos necesidad de pensar en l. Pantesmo moral, diris; antropomorfismo tico, tal vez. No es, en efecto, otra cosa; y de otro modo, agregan sus creadores, _no servira a la humanidad_, representada concretamente por las diversas sociedades que la constituyen. No es todava una tica _fuera_ de la religin; pero es ya una tica como fundamento de la religin misma, invirtiendo su rango clsico. Todo el que ha conversado con pastores norteamericanos sobre este punto ha odo repetir un estribillo expresivo: preferimos festejar a la patrona (la tica social) y no a las sirvientas (las teologas dogmticas). Gracias a ello, sobreponindose a la pluralidad de los dogmas, ha sido posible entrever--no digo realizar, entindase bien,--la futura unidad moral de los hombres, independientemente de sus creencias. Y ya que todas las religiones expresan el propsito de contribuir al enaltecimiento moral de la sociedad no es legtimo entenderse sobre esa comn finalidad, antes que seguir riendo por dogmas envejecidos? Este pensamiento central del unitarismo ha influenciado a todas las comunidades, aun a las que fueron sus ms apasionadas enemigas: si no se ha llegado a una religin sin doctrinas, se est ya en camino de una moral sin dogmas, cuya nica fuente sea la experiencia social. 9.--SU INFLUENCIA SOBRE LAS IGLESIAS INMIGRADAS Adaptndose a esas direcciones tico-sociales se ha desenvuelto el catolicismo norteamericano. En sus comienzos fu una religin extranjera; su vida fu raqutica, aunque respetada, tal como el protestantismo entre nosotros en la poca de Rivadavia. Adquiri caracteres propios, esencialmente nacionales, cuando se le incorporaron elementos nativos, que lo impregnaron del espritu unitario y trascendentalista; desde entonces dej de circular un risueo libro catlico de oraciones, titulado: "Leche espiritual para los nios americanos extrada de los pechos de los dos Testamentos", que menciona William James. Con esas metforas de culinaria infantil no se poda ir muy lejos en un pas de cuqueros y puritanos. Brownson y Hecker, cristianos liberales, amigos de Channing y lectores de Emerson, afectos al sansimonismo y al fourierismo, a punto de vivir en el falansterio de Brook Farm, acabaron por entrar a la iglesia catlica. Atrados por sus dogmas? En manera alguna. Pequeos desencantos de la poltica indujeron a Brownson a apartarse del radicalismo, inclinando sus simpatas hacia la poltica conservadora. Estaba a un paso y lo di: "del conservatismo en poltica--dice--pas muy pronto al conservatismo en religin". Opt por la ms autoritaria y dogmtica, viendo en el catolicismo el mejor camino para sobreponer una tica social a los desvaros individuales, as como un escenario favorable para sus precedentes anhelos filantrpicos y humanitaristas. Brownson arrastr a Hecker, que haba sido su discpulo; ambos entraron a su nueva iglesia poco antes de que Sarmiento escribiera sus interesantes impresiones sobre la geografa moral de los Estados Unidos (1847). Sealemos un hecho. En todos los pases el liberalismo mira con simpata a las iglesias contrarias de la oficial, tradicional o imperante; y el liberalismo, en los hombres de temperamento mstico, suele resolverse en una adhesin a las primeras. En los pases catlicos el liberalismo puede conducir a las iglesias disidentes; en los protestantes, al catolicismo. En uno y otro caso la actitud es idntica, ya que los dogmas nuevos slo son aceptados como una disconformidad militante contra los tradicionales. Esto nos ayudar a comprender el siguiente prrafo de Bargy, en su libro sobre la evolucin religiosa de los Estados Unidos: "No podr insistirse bastante sobre este hecho, que fu el espritu de Channing y de los Unitarios, de Emerson y los Trascendentalistas, el que condujo a Brownson y Hecker hasta las puertas de la Iglesia romana. En esa poca, los protestantes ms liberales se haban plegado al unitarismo; al mismo tiempo, las iglesias de que aqullos desertaban, tendan por desconfianza a una reaccin de intolerancia. El unitarismo, al constituirse, haba monopolizado transitoriamente ese gusto por la tolerancia conciliadora que en el siglo anterior haba favorecido su nacimiento; de manera que para las iglesias establecidas bajo otra inspiracin fu un perodo de retroceso. Por eso Hecker las consider como un elemento de discordia y el disgusto de la ortodoxia protestante le habra arrojado lejos del cristianismo, sin la acogida amplia y tranquila que encontr entre los discpulos de Channing y de Emerson". Brownson que declaraba "no creer sino en la humanidad" y entenda poderse comparar a Cristo en cuanto "reformador social", fu en busca de Hecker que estaba consagrado al "apostolado social" en el falansterio trascendentalista; de all saltaron a la Iglesia catlica, por un curioso proceso ms prctico que espiritual, descrito en el libro mencionado. Hombres de accin, nacionalizaron el romanismo, siguiendo la poltica del primer obispo de Boston, Chvrus, un desterrado por la revolucin francesa que comenz por ciudadanizarse en su nueva sede y prestar servicios pblicos de inmediata utilidad. se era el salvoconducto nico para establecerse en un pueblo que juzgaba a los hombres por su conducta social, sin preocuparse de sus dogmas teolgicos. A medida que fu creciendo, la Iglesia catlica comprendi que en ese medio los hombres no se asociaban para rezar, sino para hacer. E hizo. La prosperidad de los Estados Unidos comenzaba a atraer grandes masas de poblaciones catlicas europeas: italianos, franceses, irlandeses, alemanes. La iglesia catlica tuvo una funcin que cumplir: asimilarlas a la nacionalidad, infundirles su espritu. "Su rol--dice Bargy--fu formar como una vanguardia para recibir el primer choque de la inmigracin, acoger los millones de desterrados que venan de los pases catlicos, orientar desde el desembarque sus masas flotantes e ignorantes, gobernarlas por la fe hasta que aprendan a gobernarse por la ley; ser, en una palabra, en torno de los puertos de inmigracin, como un tentculo avanzado y como un gran rgano digestivo capaz de asimilar los elementos extranjeros antes de volcarlos en la nacin. Es por su rol de civilizadora provisoria que la Iglesia catlica se ha impuesto al respeto del gran pblico". Este aspecto prctico, lo ms social y lo menos dogmtico posible, presenta una acentuada concordancia con la evolucin tica de las iglesias norteamericanas. Americanizando la inmigracin catlica, esa Iglesia cumpli una funcin social; y en ello hubo su parte de sacrificio, pues los mejor americanizados se apartaron del catolicismo, cuyos dogmas y escenografas resultaban poco severos en parangn con los de las iglesias disidentes. Creo oportuno sealar el error en que incurri recientemente un orador argentino al celebrar los grandes progresos de la iglesia romana en los Estados Unidos, error que es ya un lugar comn en la oratoria de los pases catlicos. Carecera de inters entrar a un anlisis estadstico; me limitar a citaros un prrafo del mismo Bargy, de cuya exactitud global estoy seguro: "El patriotismo de la Iglesia americana ha sido puesto a prueba. Americanizando a sus fieles, ha perdido ms de la mitad; familiarizndolos con el idioma, las leyes y las costumbres de su nueva patria ella ha apresurado su desercin hacia el protestantismo o el libre pensamiento. Segn la estadstica de inmigracin, los catlicos en los Estados Unidos deberan ser ms de 25 millones: slo son 10 millones. La prdida ha causado alarma y se ha buscado el remedio en la formacin de Iglesias de lenguas diversas, que fortificando en los Alemanes, los Irlandeses, los Italianos, los Franceses, el recuerdo de su pas natal, los retuvieran as ms fuertemente en su religin originaria. En 1890 comenz, por la divisin de la iglesia catlica norteamericana en Iglesias llamadas nacionales, un gran movimiento... Pero monseor Ireland y todo el alto clero afirmaron resueltamente la unidad: donde slo debe haber una nacin, slo puede existir una Iglesia nacional.... De cada catlico deba hacerse un Americano, aun a riesgo de preparar en l un protestante. La lealtad hacia el pas fu antepuesta a la obsecuencia a la fe". Esta actitud antidogmtica y social, es simplemente inconcebible en las naciones donde la iglesia catlica es tradicionalmente amparada por el Estado. Y no vacilo en deciros, por haberlas visto, que las iglesias catlicas de los Estados Unidos, desde los edificios hasta los sermones, se parecen mucho ms a las iglesias protestantes de all mismo, que a las catlicas de los pases latinos. El catolicismo se descatoliza, adaptndose al medio; descuida los dogmas y se eleva hacia la accin moral. No podemos detenernos a analizar el proceso que ha determinado una evolucin semejante en la religin juda, iniciada,--la fecha es esencial,--antes de 1850. Las primeras sinagogas reformadas funcionaron segn el tipo autnomo del Congregacionalismo puritano; su precursor, Isaac Wise, "el papa judo de Amrica", haba extremado en 1846 su liberalismo, a punto de ser expulsado de la sinagoga de Albany, en Nueva York. Su propaganda eficacsima fu coronada por la declaracin de los rabes reformados (Pittsburgh, 1885), cuyo liberalismo y nacionalismo norteamericano, produce escalofros a los nuevos inmigrantes que llegan saturados de ortodoxia y de sionismo. En una o dos generaciones--lo mismo que los catlicos--curan de sus dogmas y acaban por converger hacia los ideales de esa "religin sin dogmas" difundida por el unitarismo. La asimilacin moral de los judos por el ambiente norteamericano sugiere optimistas reflexiones respecto de la adaptabilidad de su raza en las naciones nuevas. Su fe en la redencin por el trabajo y por la ilustracin es, simplemente, admirable; acaban por descollar en todas las formas de la actividad social y por distinguirse en las ms nobles emulaciones intelectuales. El esfuerzo prodigioso de esta raza, fortalecida en las persecuciones, se nota en ciertas Universidades, y de las mejores, como la _Columbia University_, de Nueva York; en la ctedra y en el aula se siente ya el hervor de estos nuevos americanos, que han encontrado en la patria de Lincoln su Tierra Prometida. 10.--CIENCIAS MORALES SIN DOGMATISMO El antiguo conflicto entre las morales teolgicas sobrenaturales y las morales individualistas racionales, perturba poco a los contemporneos; es una cuestin histrica. El tema actual es otro: en qu forma la experiencia moral coordina los derechos individuales y los deberes sociales. Es el problema de las relaciones entre el individuo y la sociedad. Consrvense o no los dogmas religiosos, interprtense de tal o cual manera los fundamentos racionales de la moral, prefirase cualquiera de los mtodos indicados para estudiar sus problemas, los moralistas contemporneos convergen a afirmar el carcter _social_ de la tica. Es un hecho que escapa a toda discusin; basta leer cualquier manual de tica escrito en los ltimos veinte aos para advertir que la obligacin social y la sancin social ocupan un rango preeminente. Eso ha pasado ya al dominio de las nociones no controvertidas. En cuanto al mtodo para estudiar la experiencia moral, si exceptuamos a los escritores religiosos, los dems parecen contestes en que ella, siendo una ciencia social, es accesible a la investigacin histrica y a los mtodos cientficos. Cada sociedad, y en cada momento de su evolucin, ha tenido valores morales diversos, que han variado conjuntamente con la experiencia social; partiendo de ello se trata de plantear el estudio de la experiencia moral como una pura y simple historia de las costumbres. De esa experiencia, sin cesar renovada e infinitamente perfectible, han surgido, y seguirn surgiendo, los juicios de valor con que se ha calificado la conducta; y por un proceso espontneo, ms acentuado en el ltimo siglo, la experiencia moral se ha desprendido de la experiencia religiosa, adquiriendo autonoma propia fuera de los dominios de lo sobrenatural. Independientemente del juicio que ello pueda merecernos, existen ya, fuera de toda metafsica teolgica o racional, una ciencia de las costumbres y una ciencia de las religiones, con dominios bien deslindados. Personas inocentes--e inocencia en este caso resulta sinnimo de ignorancia--suponen que esas ciencias se proponen establecer dogmticamente los principios definidos, _ne varietur_, de la moral que debemos practicar o de la religin que debemos creer. Los que desean o temen ese "dogmatismo cientfico" son personas incultas, que no habiendo estudiado jams ciencia alguna creen que la Ciencia--con mayscula y en abstracto--es una entidad metafsica susceptible de fijar dogmas nuevos que sustituyan a los dogmas viejos. Los que hemos estudiado algunas ciencias pensamos exactamente lo contrario; sabemos que ellas se proponen una integracin progresiva e incesante de la experiencia en cada dominio de la realidad, valindose para ello de mtodos cada vez menos inexactos; esos mtodos, cuya aplicacin distingue al mtodo cientfico del mtodo palabrista, permiten disminuir la cantidad de error contenido en las hiptesis con que la inteligencia humana se aventura a explicar los diversos problemas que escapan a la experiencia. Esto equivale a afirmar la relatividad de los conocimientos cientficos, la perfectibilidad de los mtodos y de los resultados, la absurdidad de toda creencia dogmtica: absoluta, indiscutible e irrevocable. Sabis muy bien que este modo de ver no difiere en lo ms mnimo del adoptado por todos los hombres de ciencia dignos de ese nombre; leed "La Ciencia y la Realidad" de Pierre Delbet, uno de los libros filosficos ms claros y profundos publicados en los ltimos aos; escuchad, por el momento, las palabras con que William James responda a los que le acusaban de contemporizar con el escepticismo, en su obra ya mencionada: "Quien reconoce la imperfeccin del propio instrumento de investigacin y la tiene en cuenta al discutir sus propias observaciones, est en posicin mucho mejor para llegar a la conquista de la verdad, que el que proclama la infalibilidad de su propio mtodo. Es acaso menos dudosa de hecho la teologa dogmtica y escolstica porque se proclama infalible? Y, por lo contrario, qu dominio sobre la verdad perdera realmente dicha teologa si en vez de la certeza absoluta proclamase, en favor de sus conclusiones, una razonable probabilidad? Proclamarla equivale a afirmar que los hombres que aman la verdad pueden, siempre y en cualquier momento determinado, esperar alcanzarla, e indudablemente estaremos ms prontos a ser dueos de ella los que nos damos cuenta de que estamos sujetos al error. "Sin embargo, el dogmatismo seguir condenndonos por una confesin semejante. La pura forma exterior de la certeza inalterable es tan apreciada para algunas mentes, que no pueden renunciar explcitamente a ella. Dichas mentes la reclamaran hasta cuando los hechos pronunciasen de un modo patente su locura. Pero el camino ms seguro es el de admitir que todos los modos de ver de efmeras criaturas, como los hombres, deben ser por necesidad provisionales. El ms sabio de los crticos es un ser siempre variable, expuesto continuamente a ver mejor el maana, y consciente de estar solo en la verdad cuando se trata de una verdad provisional, relativamente al momento o a la poca, y aproximada. Cuando frente a nosotros se abren horizontes de verdad, es ciertamente mejor para nosotros que estemos en condiciones de contemplarlos sin que nos cieguen nuestras convicciones anteriores". Como veis, no puede concebirse un antidogmatismo ms radical; afirmando que no es posible alcanzar jams ninguna verdad "inmodificable", sobre todo en lo que respecta a cuestiones ticas y religiosas, los mtodos cientficos han eludido el peligro--histricamente comprobado--de perder un poco de verdad posible, por la pretensin de poseerla ya completa. La verdad se va haciendo, incesante e ilimitadamente, en todos los dominios de nuestra experiencia. Los que suponen que existe alguna ciencia terminada, revelan ignorarla; es tan candorosa la tontera de los que creen que las ciencias han resuelto todos los enigmas de la naturaleza, como la de los que esperan adivinar alguno sin estudiar previamente los resultados de las ciencias que con l se relacionan. Los buenos mtodos, que permiten evitar algunos de los errores en que incurrieron nuestros predecesores, son un camino y no un fin. Por ese camino, y por ningn otro, podr llegar la humanidad a la desaparicin del dogmatismo. Dijimos que el dogma es una verdad infalible y un precepto fijo, sustentado en el principio de autoridad, y tenido por inmutable; las ciencias morales del porvenir no formularn verdades ni preceptos que tengan esos caracteres. El hombre que pretendiera poner sus opiniones fuera del contralor de la experiencia futura, revelara carecer de las nociones ms elementales del mtodo cientfico. Desde hace muchos aos, insisto sobre la incompatibilidad del dogmatismo con la filosofa cientfica del porvenir. "Las ciencias--he dicho--son impersonales. El principio de autoridad no puede ya imponer errores; la aplicacin de los mtodos cientficos impedir que el pensamiento futuro incurra en nuevos dogmatismos, que obstruyan el aumento de nuestra experiencia y la formacin natural de nuestros ideales". Por eso no definimos las filosofas cientficas como sistemas de verdades demostradas, sino como "_sistemas de hiptesis_ para explicar los problemas que exceden a la experiencia actual y posible, fundados en las leyes demostradas por las ciencias particulares". Cualquier dogmatismo es enemigo de la verdad; concebir una filosofa cientfica definitiva, sera absurdo, ya que la experiencia y las hiptesis se integran y se rectifican incesantemente: "_es un sistema en formacin continua. Tiene mtodos_, pero _no tiene dogmas_: _Se corrige incesantemente_, conforme vara el ritmo de la experiencia". Por todo eso he credo legtimo interpretarla como "una metafsica de la experiencia". Y acaso pueda establecer su programa y su mtodo dentro de algunos aos, si vivo; sus resultados definitivos nunca, pues los concibo indefinidamente perfectibles. Aplicad estas ideas a la _experiencia moral_ y comprenderis exactamente lo que significar la _moral sin dogmas_ del porvenir: no solamente sin dogmas religiosos, sino tambin sin dogmas racionales. Suponed que esa experiencia es distinta en cada sociedad humana y en cada momento de su evolucin, y comprenderis la inevitable _variacin de los ideales de perfeccin moral_ que los hombres construirn hipotticamente sobre su experiencia incesantemente renovada. 11.--EL SOLIDARISMO Volvamos a Emerson y a la tica social, para terminar. En las sociedades contemporneas que suelen considerarse ms civilizadas, los ideales ticos predominantes son esencialmente sociales. El individualismo radical--estilo Stirner--y el humanitarismo absoluto--estilo Tolstoy--se consideran ya como posiciones reidas con la experiencia moral. No se conocen individuos que no vivan en sociedad, ni sociedades que no estn constitudas por individuos; concebir los derechos individuales como anttesis de los deberes sociales, implica ignorar que la condicin bsica de aquellos derechos es la existencia de estos deberes. El derecho de cada uno representa el deber de los dems; y el deber de cada uno constituye el derecho de los otros. El ideal de Justicia, en una sociedad dada, consiste en determinar la frmula de equilibrio entre el individuo que dice: "ningn deber sin derechos", y la sociedad que replica: "ningn derecho sin deberes". A ello tiende el _solidarismo_. Partiendo de principios heterogneos muchos moralistas han llegado a esta misma conclusin: la perfeccin moral del individuo y el progreso moral de la sociedad son solidarios. El valor de la parte aumenta el valor del conjunto y el mayor valor de ste refluye sobre aqulla; como si dijramos que un buen profesor aumenta la importancia de la Universidad a que pertenece, y que el formar parte de una buena Universidad aumenta la importancia de un profesor. =HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS= 1. Independencia de la moralidad.--2. Una asociacin religiosa libre.--3. Sociedades de cultura moral en Estados Unidos.--4. Algunos antecedentes del eticismo ingls.--5. Las iglesias ticas.--6. El culto religioso de la moralidad.--7. Espontaneidad y evolucin de la moralidad.--8. Sntesis del pensamiento eticista.--9. El porvenir del eticismo. 1.--INDEPENDENCIA DE LA MORALIDAD Los principios ticos fundamentales en el pensamiento de Emerson, adems de influir poderosamente sobre las iglesias norteamericanas, determinando su atenuacin dogmtica e intensificando su tica social, reaparecen ms puros en el movimiento de que vamos a ocuparnos: las _sociedades de cultura moral_, independientes de las iglesias tradicionales. "America shall introduce a pure religion", haba pronosticado Emerson. En su sentir, pura, significaba depurada de todo contenido sobrenatural, ajena a todo preceptismo teolgico, adaptable a toda verdad conquistada por la ciencia, encaminada a exaltar en el hombre la autoeducacin, la confianza en el propio esfuerzo, el culto del deber social. En la evolucin de las iglesias no-conformistas estas ideas fermentaban desde principios del siglo XIX, sin atreverse a romper decididamente sus ataduras tradicionales. Channing haba proclamado ya, sin ambajes, que el ideal de los unitarios era anteponer la comunidad de los sentimientos ticos a la identidad de las creencias individuales, al mismo tiempo que reiteraba la absoluta supremaca de la razn como autoridad cardinal en materia religiosa. Humanizando el concepto del amor a Dios, sostena que era exactamente equiparable con el amor a la virtud y a la justicia; de ello deduca, legtimamente, que el cristianismo deba consistir en la prctica de la virtud y en el anhelo de la justicia, antes que en la adhesin escueta a un credo cuyos principios pudiera fijar la teologa dogmtica. Con Emerson y los trascendentalistas esas tendencias se acentuaron a punto de que su actitud pareci de franca hostilidad a todas las iglesias cristianas; y aunque no negaban que dentro del cristianismo, y slo dentro de l, deban operarse las evoluciones que reputaban necesarias, Alcott se vi tratado como un reformador peligroso, Teodoro Parker fu sindicado como ateo, y el mismo Emerson despert desconfianzas entre los que adheran al tradicionalismo. Su propaganda, empero, hallaba eco en todos los hombres emancipados. Al fin los "unitarios radicales" declararon (1866) que la completa libertad de pensar era el derecho y el deber de cada hombre, dando un sentido ms amplio y liberal a las afirmaciones de Channing sobre la innecesaria conformidad de creencias, siempre que se conservara la unidad de aspiraciones morales. Y de esta extrema izquierda, cada da ms encarrilada en la heterodoxia, naci, en 1867, la primera _asociacin de cultura moral_ que se propuso realizar sus fines fuera de toda comunidad cristiana. A un mismo tiempo dos importantes ncleos de cuqueros y de judos, acentuaron sus respectivas disidencias en direccin anloga. Los "amigos progresistas" identificaron su religin con el bienestar fsico, moral y espiritual de la humanidad, pidiendo el concurso de todos los que anhelaran mejorar y embellecer la vida del hombre, sin diferencias de dogma; los "judos liberales", cada vez ms adaptados al ambiente americano, siguieron las mismas huellas que los unitarios radicales. Digamos, desde ya, que el valor prctico de estas asociaciones ticas ha dependido de las oportunidades que ellas han ofrecido a los hombres de temperamento mstico que ya no crean en los dogmas de las iglesias establecidas. William James, en sus excelentes conferencias de Edimburgo sobre la experiencia religiosa, insisti constantemente sobre la distincin necesaria entre la religiosidad personal y las religiones organizadas en iglesias; e hizo notar, con su habitual sagacidad de psiclogo, que la religiosidad es primaria e independiente del contenido secundario y dogmtico de las teologas. Por eso debemos ver las sociedades ticas como un sustitutivo de las iglesias, y el culto de la moralidad como un equivalente del culto de otras divinidades; conocer la inexactitud de las tradiciones dogmticas no implica para los temperamentos msticos librarse de su instintiva religiosidad, que es el producto de una acumulada herencia secular. Muchos hombres, an variando sus ideas sobre la divinidad, no consiguen prescindir de esa contextura sentimental que los induce a buscar la emocin de lo divino. Ya que tales temperamentos existen no es posible encauzar su misticismo hacia una accin moral intensa, benfica para la sociedad? Pueden los ideales morales sustituir a los dogmas religiosos? La evolucin de la sociedad hacia esos ideales podr efectuarse dentro de las iglesias contemporneas? Son un exponente de esa evolucin las sociedades de cultura moral? Su instrumento ms eficaz ser la educacin moral impartida en la escuela pblica? Sin ofreceros una respuesta a esas interesantes preguntas, pues no soy profeta, os dir lo que he visto o ledo, muy satisfecho si en alguno de entre vosotros despertara una curiosidad simptica por estos hechos. 2.--UNA ASOCIACIN RELIGIOSA LIBRE Las precedentes iniciativas encaminadas a la separacin de la moral y el dogma, tuvieron expresin concreta en la constitucin de una sociedad religiosa libre, la "_Free Religious Association_" que, en 1867, se declar independiente de todas las sectas cristianas. Propsose, en consonancia con los preceptos de Emerson, "favorecer los intereses prcticos de la religin pura", dejando a sus miembros la responsabilidad individual de sus creencias religiosas, sin exigirles ms que su conformidad con el mejoramiento humano obtenido por la prctica de la virtud, la investigacin de la verdad, el desarrollo de la solidaridad y la aspiracin a la justicia social. Esta sociedad religiosa libre equivala estrictamente a las sociedades que en los pases latinos se denominan de libres pensadores o de creyentes libres. La diferencia de actitud entre aqulla y stas, fu lgica dentro de la mentalidad dominante en unos y otros pases. Los anglo-americanos, respetuosos de la costumbre, prefieren afirmar su liberalismo como una reforma de las costumbres religiosas existentes, ms bien como un esfuerzo por mejorarlas que como un propsito de destruirlas; los latinos, sin duda por ser mayor la estabilidad e intolerancia de su religin, no pueden ser liberales sino contra ella misma, para combatirla antes que para transformarla. Por qu? Es sencillo. El cristianismo catlico, llevado hasta la proclamacin dogmtica de la infalibilidad papal, excluye todas las transformaciones legtimas exigidas por el aumento progresivo de la cultura social; el cristianismo disidente, en cambio, las consiente, por la afirmacin del principio del libre examen. Lo que puede criticarse y mejorarse merece respeto; lo que se reputa infalible e intangible, slo deja la posibilidad de su abandono y sustitucin. Por este motivo es fcil comprender que la evolucin liberal del mundo cristiano se presente en los pases educados en el libre examen con los caracteres de un movimiento de progreso religioso, y en los pases educados en la intolerancia como una lucha abierta contra las religiones que excluyen la posibilidad de su propio progreso. En la _Free Religious Association_ persisti cierto espritu irreligioso que no era nuevo entre los unitarios ms radicales; de all cierta falta de cohesin que acab por producir la decadencia de la sociedad, confirmando un precepto emersoniano: las personas no pueden juntarse sino para la accin, para hacer en comn, y nunca para dejar de hacer lo que ya no les interesa. Cuando falta comunidad de sentimientos, no existe religin. Es el misticismo de los individuos lo que establece entre ellos la unidad de accin. La asociacin religiosa libre era una sociedad de incrdulos que no queran parecerlo, olvidando que tras su irreligiosidad haba una cuestin de temperamento. Observa Augusto Sabatier, en su _Esbozo de una filosofa de la religin_, que las llamadas "religiones naturales" no son tales religiones, sino artefactos intelectuales de personas que carecen de sentimientos msticos y no saben comunicarse con su divinidad racional por medio de la oracin. Por eso mantienen una distancia entre el hombre y la divinidad, sin ningn comercio intenso, sin buscar una accin de ella sobre el hombre, fuera de la que naturalmente fluye de las leyes naturales. En el fondo, estas pretendidas religiones le parecen simples filosofas; nacidas en una poca de racionalismo y de historiografa crtica, nunca han sido otra cosa que abstracciones nominales, sin contenido alguno mstico. Por eso veremos que, poco a poco, en las sociedades ticas fu penetrando un misticismo que en sus comienzos quisieron evitar; su funcin de aunar voluntades para la accin moral sin dogmas, habra sido ineficaz mientras la masa de sus miembros no fuese animada por la levadura de una fe nueva. Slo as se satisfacen los temperamentos religiosos; nunca por simples doctrinas de arquitectura racional. 3.--SOCIEDADES DE CULTURA MORAL EN ESTADOS UNIDOS Uno de los presidentes de la sociedad libre, profesor de lenguas orientales en la Universidad de Cornell, acometi la obra con fines ms concretos. Hijo de un rab, y destinado a serlo l mismo, Flix Adler, despus de estudiar algunos aos en las universidades alemanas, crey que su vocacin era otra; el estudio de la crtica bblica, la influencia de la tica kantiana y el auge de la filosofa naturalista, le hicieron perder toda confianza en la autoridad de las teologas. Esto no modific su temperamento mstico ni amengu mnimamente su fe en la necesidad de la educacin moral; la dignidad, el culto de la virtud, el valor de la vida humana, el esfuerzo hacia la perfeccin, la santidad, perderan su profundo sentido porque el hombre se apartase de las religiones dogmticas? Crey como Emerson que la vida privada y pblica, en la sociedad contempornea, tenda efectivamente a un descenso de su nivel moral, viendo en eso un resultado indirecto del viejo tradicionalismo que identificaba la moralidad con la religin; perdida la fe en los dogmas de sta, se resenta aqulla. Cul era el remedio? Volver a los dogmas cuya falsedad pareca evidente? Eso, adems de inmoral, le pareci innecesario. Lo nico lgico y moral era salvar la tica, en ese naufragio lento de los dogmas religiosos. Cmo? Independizndola. Si pudiramos detenernos a comparar la biografa de Emerson con la de Adler--su medio social, su ambiente de familia, su temperamento, su educacin personal, su evolucin religiosa--descubriramos un paralelismo constante, en el conjunto y en los detalles, entre el fracasado pastor unitario y el abortado rab judo. Todo lo que aqul supo predicar con elocuencia suma y escribir en clido estilo, reaparece como punto de partida en el hombre que, el 15 de mayo de 1876, fund en Nueva York la primera _Society of Ethical Culture_. Proclamar ante todo la "autonoma de la moralidad" y proponerse la "educacin moral" de sus miembros, fueron los acpites de su programa: organizar la vida moral de los individuos y de la sociedad sin preocuparse de creencias teolgicas y metafsicas; es decir, asentar racionalmente la formacin del carcter y las reglas de la conducta, inspirar el deseo y la fuerza de obrar moralmente, poner como faro de la vida humana _el ideal del perfeccionamiento tico_. Sobre la base nica de la experiencia moral, este ltimo debe derivarse de las nuevas condiciones de vida implcitas en el progreso incesante del mundo moderno. Pronto la sociedad formul principios, dignos de ser mencionados para comprender mejor su espritu. "La ley moral--dicen--es independiente de toda teologa; nos es impuesta por nuestra misma naturaleza humana, y su autoridad es absoluta. Las aspiraciones democrticas y cientficas de nuestra poca, as como el desenvolvimiento de sus actividades industriales, han engendrado deberes nuevos que es necesario reconocer y formular. Tenemos el deber de emprender grandes obras de solidaridad social, sacudiendo la indiferencia general; pero nuestro primer deber es la "self-reform", nuestra propia reforma individual. La organizacin interna de la Sociedad tica debe ser republicana, correspondiendo el trabajo y la responsabilidad a todos los miembros, tanto como al pastor. Es de la mayor importancia la educacin moral de los nios, para cultivar en ellos el sentimiento del valor y de la dignidad humana". El espritu de tolerancia y la indiferencia por los dogmas, fueron, si cabe, expresados con mayor firmeza que hasta entonces: "Durante ms de tres mil aos los hombres han reido sobre las frmulas de su fe y la diversidad de creencias ha ido acentundose. Nosotros respetaremos toda conviccin sincera. Unmonos en lo que nada puede dividirnos: en la religin prctica de la accin, all donde el fiel y el infiel pueden encontrarse hermanados". Los profetas y los filsofos estn de acuerdo sobre la primaca de la moralidad en la vida social, aunque difieran en la apreciacin de su origen; lo importante es que, a fuerza de discutir sobre sus orgenes, no se acabe por desamparar la cultura de la moral en los hombres. A primera vista, sin conocer el proceso de su desenvolvimiento, podra suponerse que el eticismo presenta analogas con la religin de la humanidad de Augusto Comte, y an se sospechara que sta pudo tener algn influjo sobre aqul. Nada menos cierto, sin embargo. Los verdaderos inspiradores del eticismo fueron Kant y Emerson; Kant, por su tica y sin su metafsica, Emerson por su optimismo naturalista y sin su misticismo trascendental. De Emerson acogen con simpata el concepto pantesta--mejor diramos humanista--de la Divinidad, confundida con la moralidad misma y distribuida en todos los hombres en la medida en que ellos son virtuosos: "Un hombre es Dios en tanto que es justo; con la justicia entran en su corazn la confianza, la inmortalidad y la majestad de Dios... La ley moral es la ley natural de nuestro ser. Un hombre tiene tanta ms vida cuanta mayor es su benevolencia; todo mal es un tanto de inexistencia y de muerte. El hombre que persigue fines buenos lleva en s toda la fuerza de la naturaleza; la maldad absoluta sera la muerte absoluta. La comprensin del sentimiento moral es una videncia de la perfeccin de nuestro espritu. Ese sentimiento es divino y nos hace dioses". Advirtase, ya, el buen sentido de los eticistas al no proscribir el sentimiento religioso y el hbito ancestral de la adoracin por lo divino; ni siquiera se preocupan de afirmar la falsedad de los dogmas o de combatir el mito de lo sobrenatural; dejan a este respecto una ventana abierta sobre el horizonte del tesmo tradicional, confiando en que ante el error posible los hombres podran repetir la frase clsica de San Agustn: "Dios mo, si estamos engaados lo hemos sido por t!" Se limitan a prescindir de los dogmas y de los mitos como creencias, tratando de aprovechar los sentimientos que la humanidad acostumbra asociar a ellos. Los hombres necesitan una religin? Le ofrecen la del ideal moral. El sentimiento de lo divino no puede desarraigarse porque es secular? Demuestran que la divinidad consiste en la perfeccin del hombre hacia un supremo ideal de virtud. Puede acusrseles de ser irreligiosos y difundir el atesmo? Toda su accin tica es el ejercicio de lo mejor a que aspira el sentimiento religioso y en el fuero de su conciencia moral puede cada eticista adorar a Dios en la forma que su propia razn se lo haga concebir. Las primeras preocupaciones de las sociedades eticistas fueron, en suma, encaminadas a tres objetivos principales. Procuraron contribuir a establecer una paz religiosa mediante la unificacin moral, poniendo fin a las intiles querellas dogmticas de los telogos; se propusieron aunar voluntades para reaccionar contra la relajacin de la moralidad privada y pblica, as como contra el desaliento de los escpticos y la ineficacia social de los individualistas; y, por fin, buscando curar el mal en la semilla, trataron de asegurar a los nios una educacin moral intensa, para que ellos fuesen maana hombres capaces de confiar en s mismos y de alentar firmes ideales. Con relacin a Emerson, las sociedades de cultura moral representan un ensayo prctico para hacer efectivas las doctrinas dominantes en el segundo perodo de su vida, es decir, las propiamente sociales; en ellas siguen inspirndose, no obstante cierta liberal amplitud de criterio que nunca las obliga a seguir estrictamente su palabra, ni a creer que ella fu definitiva. La moralidad se va haciendo, lo mismo que la verdad; sera renegar de ella, aceptar como sentencias inmutables las opiniones de cualquier pensador, ya que ste, en el mejor de los casos, slo representa una cumbre de la cordillera que se eslabona indefinidamente hacia el porvenir. No es nuestro objeto examinar en detalle la expansin de las sociedades ticas americanas; basta decir que son numerosas y que su accin social se desenvuelve con sensible eficacia en algunos estados. Cada una de ellas aspira a ser un hogar moral para todos sus componentes; stos emprenden fundaciones de utilidad prctica, escuelas, casas para obreros, obras de solidaridad social, sin olvidar por ello el estudio de todos los problemas sociales y polticos que afectan la vida nacional. Su actitud para las religiones que realizan obras anlogas es de tolerancia y de simpata, siendo frecuente su cooperacin para secundar iniciativas ajenas. 4.--ALGUNOS ANTECEDENTES DEL ETICISMO INGLS Lo mismo que en Estados Unidos, numerosas heterodoxias religiosas precedieron en Inglaterra a la fundacin de las sociedades de cultura moral. Un pastor anglicano, Voysey, haba atacado durante cuarenta aos al cristianismo en nombre de una religin universal, proclamando en su "Iglesia Testa" la supremaca de la moral sobre el dogma; los "Secularistas", que menciona Guyau en _La irreligin del porvenir_, no eran otra cosa que una religin atea, aunque esta calificacin parezca absurda; un grupo de positivistas haba fundado a mediados del siglo una "Iglesia de la Humanidad". Ms importante fu la "Sociedad Religiosa Libre", de South Place; di nacimiento, en 1825, a una "Asociacin Unitaria Inglesa", vinculando a Carlyle, a John Stuart Mill, a la Martineau, a Holyoake, a Roberto Browning, escuchando en su plpito a William Fox, defendiendo a Th. Paine en sus horas de persecucin, invitando a hablar en su seno a Max Muller, a Tyndall, a Huxley, a Darwin, dedicndose "al deber de la libre investigacin y al derecho de la libertad religiosa", sin otro vnculo entre sus miembros que la "comunidad de la virtud". No es necesario insistir sobre el parentesco intelectual de este grupo ingls con el emersonismo; y todo induce a suponer que en su primera poca tuvo sobre l algn influjo. La Sociedad Religiosa Libre, a poco de fundarse en Londres las primeras sociedades de cultura moral, se convirti en la _Sociedad tica de South Place_. Es interesante sealar dos fenmenos curiosos de adaptacin al medio, bien manifiestos en el movimiento eticista ingls; por ser en l ms acentuados preferimos su examen al del eticismo norteamericano. En Amrica los nicos rastros filosficos perceptibles fueron las de Emerson y Kant, aparte del liberalismo prctico de todas las religiones, y especialmente de la unitaria. En Inglaterra, por el ao 1885, las doctrinas filosficas ms difundidas eran el agnosticismo, el neo-hegelianismo y el evolucionismo; ya se pronunciaba la actual reaccin espiritualista y religiosa, favorecida por todas los partidos conservadores, que con el equvoco disfraz del idealismo concentraba a todos los privilegiados y beneficiarios del rgimen feudal contra la evolucin democrtica iniciada por la Revolucin Francesa. Estamos en plena historia contempornea. Contra todos los que se interesaban cada vez menos por el pasado y cada da ms por el porvenir, contra los que combatan el Dogmatismo y el Privilegio en nombre del Libre Examen y de la Solidaridad Social, se difundi la denominacin de "materialistas" y "positivistas", sabiendo que estas palabras tienen para las personas sencillas un significado de baja moralidad y de ausencia de ideales; eso permiti explotarlos indirectamente en favor de una regresin religiosa, igualmente fomentada por la iglesia catlica y por la anglicana, ambas al servicio de las clases feudales de la sociedad. Frente al incesante progreso del espritu moderno, y para reconquistar las posiciones perdidas, se atrajeron a las mujeres, las congregaron en corporaciones monopolizadoras del rango social, captaron la educacin de sus hijas, y a stas, a las madres de la generacin siguiente, les impusieron--_sine qua non_--que entregasen sus hijos a educadores religiosos, para adiestrarlos a aborrecer los ideales de sus padres. Esta habilsima poltica, comentada desde sus comienzos por Michelet, en sus memorables conferencias sobre los jesutas, tuvo en medio siglo el xito que conocis: est de moda, es prudente, es cmodo, es de buen tono, profesar alguno de esos nuevos espiritualismos palabristas que permiten filosofar contemporizando con el misticismo de las clases dirigentes. Sabis que en toda poca los que se han preocupado de _hacer carrera_ en la poltica, en la enseanza, en la burocracia, en los salones, han necesitado adherir a las "ideas" corrientes en el medio social. O lo han fingido. El _no-conformismo_ ha sido el hermoso privilegio de pocos renovadores extraordinarios. Cerremos este parntesis de historia de la filosofa contempornea, cuya importancia apreciarn mejor los que la estudien dentro de un siglo. Por el momento hay un hecho que es, para todos, la evidencia misma: las clases conservadoras han fortalecido a las iglesias dogmticas, confiando a los telogos la lucha contra las clases progresistas que surgan de las universidades. Imputando a stas el materialismo de marras y sugiriendo que no hay moral posible fuera de la religin, se intent rehabilitar el dogmatismo en nombre de la moral. Conocis la doctrina difundida por los telogos contemporneos: "es indispensable renunciar a las verdades adquiridas por las ciencias si ellas comprometen el espiritualismo tradicional en que se funda nuestra moral religiosa". Son palabras del ilustre cardenal Newmann. Conocis tambin el _Syllabus_, monumento nico en la historia del dogmatismo. La fundacin de las sociedades ticas en Inglaterra seala una interesante actitud de doble protesta: contra el pretendido "materialismo" y contra este nuevo "espiritualismo" que en nombre del pasado pretende interceptar la libre investigacin de la verdad. Los eticistas ingleses, como los americanos, afirmaron que el libre examen y el sentimiento natural son los nicos rbitros en materia religiosa; insistieron en que la moralidad no es dogmtica, sino el producto espontneo y perfectible de la experiencia moral; proclamaron, en fin, que ninguna verdad adquirida por los hombres podra amenguar sus ideales morales. Y en vez de renegar de las verdades nuevas que no se ajustaban a los catecismos viejos, trataron de poner la experiencia moral en consonancia con la verdad, "a fin de que ningn hombre se viera obligado a cometer la suprema indignidad de tener que creer en el absurdo para salvar su moralidad". As se explica que aparezcan ciertas influencias filosficas, no extraas al eticismo norteamericano, pero ms acentuadas en el ingls. "Las doctrinas que han tenido una influencia ms evidente sobre l--dice Juan Wagner, un discpulo de Coit,--y sin las cuales habra revestido una forma diferente, son las teoras evolucionistas de Darwin y de Spencer, y los ensayos de moral darwinista y cientfica, particularmente la tica de Leslie Stephen, que fu durante mucho tiempo presidente de una Sociedad de Cultura Moral. Es el mtodo evolucionista que se quiere aplicar al estudio de los hechos religiosos y morales; no se conocen ya ideas absolutas e inmutables; la moralidad, particularmente, evoluciona sin cesar. Por otra parte, bajo la influencia de Stephen y de Spencer, los eticistas no conciben ya la tica como un conjunto de reglas abstractas para la conducta del individuo; insisten sobre la influencia de la sociedad, los orgenes sociales de la moralidad, el carcter social de la naturaleza humana; el altruismo nos es tan innato y es tan natural como el egosmo; todas las relaciones de la vida en sociedad deben estar sometidas al imperio de la moralidad. Se separan, pues, de la tica teolgica y dogmtica que slo ve en la humanidad una asociacin accidental y no se ocupa sino de la salvacin individual, aunque, para colmo, la relega a un mundo hipottico y extrahumano. Como la mayor parte de los moralistas posteriores a Darwin, los ticos consideran la moral como una ciencia positiva y no mezclan en ella las tradicionales preocupaciones teolgicas". Aunque las ideas de los eticistas sobre una religin humana y natural, y sobre la divinidad del hombre, recuerdan a veces las de Comte y de Feuerbach, no es posible encontrar rastros de una influencia segura. Fcil es, en cambio, hallarlos de los poetas y escritores ingleses del siglo, que siempre mantuvieron encendido el sentimiento del deber y el culto de la justicia: Shelley, Wordsworth, Browning, Tennyson, Matthew Arnold, Coleridge, Swimburne, George Elliot; digno es de notarse que por la misma poca del movimiento eticista floreci la _Sociedad Fabiana_, de acentuado carcter social, cuando el pueblo ingls escuchaba como nuevos apstoles a los Watts, los Ruskin y los Morris. Esos y otros esfuerzos convergan a capacitar al hombre para vivir en un plano superior de moralidad, harmonizable con el conocimiento de todas las verdades, propicio a la comprensin de todas las bellezas. Porqu una nueva moral no sera compatible con Darwin y Ruskin, con Spencer y Morris? Porqu el hombre renunciara en este mundo a la verdad y a la belleza, persiguiendo el cielo en otro mundo? Cmo sera posible que la divinidad todopoderosa y clemente, pusiera la mentira y la fealdad como precio de su recompensa futura? En 1886 un grupo de intelectuales, profesores universitarios y hombres afectos a estudiar los problemas sociales, fundaron la _London Ethical Society_, proponindose "cooperar al estudio y exposicin de los verdaderos principios de la moralidad social". No tena carcter alguno religioso y afirmaba ms bien su propsito de despertar en la juventud el sentimiento de las responsabilidades cvicas y sociales. Con espritu anlogo se fundaron sociedades semejantes en Cambridge, Oxford, Edimburgo, etc. 5.--LAS IGLESIAS TICAS Flix Adler tuvo entre sus amigos y discpulos a un emersoniano ingls, doctor en filosofa, Stanton Coit, que le indujo a fundar en Londres una rama de la sociedad tica americana; ella fu el punto de partida de las cincuenta que existan en 1914, en vsperas de iniciarse la guerra actual. Coit, en 1888, siendo conferencista en la "Sociedad Religiosa Libre" de South Place, hizo venir a Londres al profesor Adler, que en Amrica le haba asociado al movimiento eticista. La actividad de Coit, como organizador y propagandista, fu grandsima, tanto para hacer como para hablar y escribir. Con el objeto de disminuir las resistencias que el ambiente tradicionalista haba opuesto hasta entonces a las sociedades de libres creyentes, imprimi a las nuevas un carcter marcadamente religioso, no vacilando al fin en llamarlas "_Ethical Church_". En 1896 se inici la formacin de una Unin de las Sociedades de Cultura Moral, cuyos principios, renovados y perfeccionados sin cesar, abarcan: la independencia de la moralidad, su supremaca, los mviles de la conducta moral, la confianza en s mismo y la cooperacin social, la evolucin de las morales, el mtodo cientfico aplicado al estudio de la experiencia moral, la necesidad de las reformas econmicas y sociales, de la autoridad en moral, de la libertad en la Unin eticista y del poder de la comunidad moral. Esos _principios_ merecen leerse: a).--En todas las relaciones de la vida, personales, sociales, polticas, el factor moral debera ser el objeto de nuestra preocupacin suprema. b).--El amor del bien y el amor de nuestros semejantes son los mviles primarios de la conducta moral; las verdaderas fuentes de ayuda son la confianza en s mismo y la cooperacin. c).--El conocimiento del bien ha evolucionado a lo largo de las experiencias hechas por la humanidad, y nosotros, que abogamos por un ideal progresivo de justicia personal y social, debemos tomar como punto de partida las obligaciones morales generalmente aceptadas por las comunidades civilizadas. d).--La autoridad suprema, en cuanto a la moralidad de una opinin o de una accin, es para cada individuo su propio juicio, concienzudo y razonado, despus que l habr tomado en consideracin las convicciones de los dems. e).--En vista del bienestar de la sociedad, es necesario establecer las condiciones, econmicas y de toda ndole, que favorecern mejor el desarrollo integral de cada individuo. f).--Conviene aplicar el mtodo de las ciencias positivas al estudio de la experiencia moral. g).--La vida moral no implica la adopcin o el rechazo de la creencia en ninguna divinidad personal o impersonal, ni en una vida despus de la muerte. h).--No debe hacerse depender el ingreso a una sociedad eticista de la adopcin de tal o cual criterio ltimo del bien. i).--Las sociedades de cultura moral son el ms poderoso medio de alentar el conocimiento y el amor de los principios que rigen la conducta moral, y de crear en sus miembros la fuerza de carcter necesaria para convertirlos en accin. Consecuente con el principio que pone en la sociedad humana las fuentes de la moralidad, dedica preferente atencin a las cuestiones sociales, no descuidando fenmeno alguno que pueda constituir un tema de estudio o que pueda servir para el desenvolvimiento de una actividad moralizadora. En 1910 la Unin public una interesante _Declaracin sobre las cuestiones sociales_, cuyas bases pueden sintetizarse como sigue. El progreso moral de la raza--dice--est estrechamente vinculado a su bienestar material; necesitamos, pues, una legislacin eficiente para asegurar a todos un trabajo dignamente remunerado, asegurando el bienestar de los que se encuentren invalidados para el mismo, dando a todos un hogar confortable, proporcionando descanso y recreo a cuantos los necesiten. Se reputa indispensable la reforma completa del rgimen escolar ingls, hacindolo laico y gratuito, educando ante todo el carcter, organizando sistemticamente una instruccin cvica y moral. Auspiciar la igualdad civil y poltica de los dos sexos, una moral sexual equivalente para el hombre y la mujer, medidas legislativas para impedir los matrimonios eugnicamente peligrosos; lucha contra el alcoholismo y el juego; saneamiento de la prensa y de los partidos polticos; esfuerzos para ajustar las relaciones internacionales a una ms alta moralidad que hasta el presente. Casi no hay movimiento internacional de progreso y de libertad al que esta Unin no se haya asociado, con una amplitud de miras realmente loable; un da promueve meetings feministas, otro protesta contra la ejecucin de Ferrer, lucha hoy contra la trata de blancas, maana celebra funerales a Tolstoy, hasta organizar dos _Congresos Internacionales de Educacin Moral_ (Londres y La Haya), el primer _Congreso Universal de las razas_ (Londres, 1911) y la _Liga Inglesa para la Enseanza de la Moral_, que ya tiene entre sus adherentes a muchos miembros del parlamento ingls. En la bibliografa, ya vasta, llama la atencin un carcter general: la falta de esos adornos literarios que suelen suplir al pensamiento claro o que se emplean para encubrirlo. Paul Desjardins ha dicho que algunos discursos de los eticistas evocan por su elevacin y su eficacia a los estoicos antiguos, y ha credo poder compararlos a las pginas del _Manual_ de Epicteto. Cada sociedad o iglesia es libre de formular sus principios como lo estime conveniente, dentro de las lneas generales sealadas. Como tipo de una de ellas, leamos los "principios" y "fines" enunciados en la Constitucin de la _Ethical Church_, en que se ha transformado la _West London Ethical Society_. a).--_principios._ 1.--La vida moral tiene sobre nosotros derechos supremos, que no reposan sobre una autoridad exterior, ni sobre un sistema de recompensas y castigos sobrenaturales, pero que se originan en la naturaleza del hombre, en cuanto es un ser inteligente y social. 2.--En la prctica, la vida moral debe ser realizada por el cumplimiento de los deberes generalmente reconocidos como moralmente aceptables y, adems, por el cumplimiento de obligaciones que todava no han penetrado en la conciencia social. 3.--Considerando la supremaca para el hombre de esos derechos de la vida moral, el ideal tico debe ser considerado como el objeto de nuestra devocin religiosa, consistiendo la religin en la obediencia y la lealtad a cualquier objeto que se considera digno de la suprema devocin. b).--_fines._ 1.--Concurrir a desarrollar la ciencia de la tica. 2.--An dejando a los miembros absolutamente libres de creer o no creer en la existencia de una vida ulterior y en una realidad que excede de nuestra experiencia, ensearles a independizar de ellas sus ideas y sus prcticas morales. 3.--Insistir sobre la importancia del factor moral en todas las relaciones de la vida, personales, sociales, polticas, nacionales e internacionales. 4.--Ayudar a los hombres a conocer, amar y practicar el bien, por medios puramente humanos y naturales. 5.--Infundir a los miembros la fuerza y la inspiracin que emanan de la actividad en comn y de la confraternidad moral. En sntesis, la Sociedad se propone intensificar la moralidad sobre una base no dogmtica y naturalista. Justo es sealar, ya, la segunda forma de adaptacin al medio, sufrida en Inglaterra por las sociedades de cultura moral. Las reuniones van tomando el aspecto de ceremonias _religiosas_; aunque no hay liturgia fija, el procedimiento se acerca mucho al de las actuales iglesias unitarias de Estados Unidos. Para comprender mejor el espritu de las reuniones creo til traducir la descripcin de la Iglesia, hecha por un miembro de la misma. "La antigua capilla metodista que es ahora la _Ethical Church_, se compone de una sala en hemiciclo, rodeada por dos galeras sobrepuestas. As todo converge hacia la ctedra, o mejor dicho, a la tribuna, adosada a la pared del fondo: un fresco de vivos colores la adorna, representando hombres que se pasan antorchas de mano en mano. En lo alto, sobre el fresco, un busto de Pallas Athenea preside a todos los oficios del culto. Dos bajorrelieves de Della Robbia, con nios msicos y cantores, estn encastrados en la pared, a uno y otro lado de la tribuna. Delante de sta, sobre dos columnitas, estatuas de Jess y de Buda, y en toda la sala bustos de Marco Aurelio, Lincoln, Scrates, Josefina Butler, etc." Estos detalles decorativos dicen ms que un programa. No hay _servicio religioso_ sin conferencia o sermn. Es curioso leer algunos ttulos de la serie correspondiente a un trimestre de 1912: "El Dios de Bernard Shaw", "Dios: el Bien actuando en el mundo", "Cmo Dios necesita de nosotros", "La irreligin del Porvenir ", "La idea que la civilizacin es una enfermedad", "Los castillos de naipes de los utopistas", "La Gran Ilusin de Norman Angell", "La alquimia del pensamiento", "Donatello, Miguel Angel, los Della Robbia, Rodin y Meunier", "La religin de Riquet en la biblioteca de su maestro Bergeret", "La seora Sidney Webb y las otras mujeres", "Debemos cumplir nuestras promesas", "La poltica por sobre los partidos", "El poder que salva a los hombres", "Pericles y el Partenn", "La construccin de San Pedro en Roma", "La historia del Divorcio", "El temor de la responsabilidad", "Los siete sacramentos de la Iglesia romana", "La moralidad del Rito", "En qu Jesucristo sobrepasa a los dems hombres", "Doce conferencias sobre los Salmos", etc. Puede inferirse de esos temas que la Iglesia pretende ser, al mismo tiempo, una verdadera Universidad popular, con sus correspondientes proyecciones luminosas y cintas cinematogrficas. En la imposibilidad de hacer una resea analtica de las ideas contenidas en la vasta bibliografa, digamos solamente que la Iglesia encarg, en 1913, a Stanton Coit, la redaccin de un _Social Worship_, o Manual del Culto Societario, cuyos dos volmenes acentan todava ms el carcter _religioso_ de las sociedades ticas inglesas. Y para que esa evolucin de la forma no induzca a creer que las ideas han cambiado, mencionaremos este pasaje de un sermn sobre la lealtad intelectual: "Si un hombre posee una creencia, pero ahoga las dudas que surgen en su espritu respecto de ella, y evita los hombres y las lecturas que de ella tratan y podran ilustrarlo, y tiene adems por impos los pensamientos que podran perturbarla,--la vida de ese hombre no es ms que un largo pecado hacia la humanidad". 6.--EL CULTO RELIGIOSO DE LA MORALIDAD Acostumbrados a concebir la independencia moral como un apartamiento de la religiosidad, y no dentro de ella,--como efecto de la religin dogmtica en que hemos sido educados--nos causa cierta impresin de extraeza la conservacin de la exterioridad ceremonial, y aun del nombre de iglesias, en sociedades cuya concepcin naturalista de la divinidad no conseguimos distinguir del atesmo. Acaso una comparacin con algo que conocemos definidamente, nos permita entender mejor el sentido global del eticismo ingls. Poniendo en el hombre la divinidad, y mirando su perfeccionamiento moral como el advenimiento de la divinidad misma en cada hombre, el eticismo se presentara como una doctrina del superhombre moral, predestinado a surgir del hombre religioso contemporneo, y satisfaciendo las tendencias msticas del temperamento individual. Recordad que William James, despus de estudiar las _Fases del sentimiento religioso_, llega a la conclusin de que en la hiptesis de la divinidad los hombres han sintetizado su sentimiento de admiracin por lo que creen primordial, unnime y verdadero en s mismo. La religiosidad slo puede definirla como "la reaccin total frente a la vida"; de all su pregunta: por qu, entonces, no decir que cualquier reaccin total frente a la vida es una religin? Dejo a vosotros la respuesta, muy cmoda para los ateos que no quieren pasar por tales; yo os confieso que la pregunta de James me parece muy hbil, pero sospecho que es peligroso seguir embrollando a la humanidad con sabias hipocresas. Si la religiosidad es un sentimiento individual, las religiones slo comienzan a existir cuando los individuos se organizan para cultivar o difundir creencias comunes, uniformando su conducta para ciertas prcticas. Al decir, pues, que el eticismo puede asumir un aspecto religioso, nos referimos, sin ambigedad, a la organizacin en verdaderas comunidades regidas por prcticas rituales, y no a las simples reacciones de los individuos frente a la vida. En algunas de las Iglesias ticas se ha producido, con el tiempo, un fervor mstico que parece contrastar con el espritu antidogmtico y de libre crtica que figura en sus programas. Ahondando el examen, sin embargo, se percibe que la aparente contradiccin slo es un resultado de nuestros hbitos mentales, que nos impiden separar dos cosas que acostumbramos ver unidas; el sentimiento mstico y las creencias dogmticas. Los eticistas no slo respetan el primero al repudiar las segundas, sino que tratan de utilizar en beneficio de la moralidad el misticismo que actualmente est desviado por dogmas contrarios a su espontnea expansin: ofrece un campo de experiencia ms vasto a una inclinacin natural de la personalidad humana. Por otra parte, atendiendo solamente a su eficacia sobre cada uno de sus creyentes, es indudable que las iglesias de todos los tiempos, adems de satisfacer los sentimientos msticos, han satisfecho muchos sentimientos estticos. Que el objeto del culto sea un Dios sobrenatural o la Moralidad humana, debe reconocerse que el ceremonial de una iglesia es un elemento efectivo de exaltacin del culto mismo. Los jesutas, profundos psiclogos, han comprendido siempre que la riqueza ornamental de sus iglesias es el mejor imn para atraer a las masas msticas; el nmero de creyentes que puede mirar esa _mise en scne_ como una falta de respeto a la Divinidad, es muy pequeo. Por esa misma razn comprendemos que, en cierta medida, los eticistas hnse visto en la necesidad de no extremar su primitivo deseo de formas sencillas y severas; actualmente dan la impresin de iglesias cristianas, donde se ha convertido a Dios en la Moral y se ha reemplazado el paraso por la naturaleza, sin que todo esto disminuya la exterioridad del culto. "_Nosotros tenemos un Dios; nosotros tenemos altares._ Nuestro Dios: el _Ideal Moral_, la potencia del bien en la humanidad, o, mejor, todas las fuerzas del bien actuantes en el mundo. Nuestro Dios est diseminado en toda la humanidad. "En todas partes, donde un ser trata de hacer el bien y se esfuerza por perfeccionarse moralmente, all est Dios, all Dios deviene. El no vive sino en nosotros y por nosotros, y todos nosotros somos divinos en alguna medida. "Nuestro Dios _no es todopoderoso_, no es sobrenatural, no es _exterior a la humanidad_. "No es la fuerza de un Dios lo que lo hace divino a nuestros ojos; un Dios todopoderoso nos horroriza. Nunca adoraremos la fuerza; slo adoraremos y slo queremos servir la justicia y la bondad, aunque ellas fueran tan dbiles como un nio en su cuna. Pero nuestra religin no excluye la contemplacin conmovida de las fuerzas del universo, la admiracin de la regularidad de las leyes naturales. Por otra parte, nuestra moralidad no es una mezquina preocupacin personal. Aspiramos a poner cada vez ms, la fuerza al servicio del derecho. Nuestra misin es traer el triunfo de la inteligencia sobre el instinto, de la moralidad responsable sobre la fuerza irresponsable. As la moralidad deja de ser un asunto privado y deviene csmica. Ella podr ser, acaso, algn da, el instrumento mediante el cual nuestro amor desinteresado guiar al universo". Convengamos, francamente, en que no se puede pedir un lenguaje ms impregnado de misticismo, de religiosidad. El sentimiento de lo divino, la emocin de lo trascendental emana de pginas escritas para sugerir que la perfeccin moral no requiere la cooperacin de entidades sobrenaturales ni de principios anteriores a la experiencia humana. Para los que no tenemos un temperamento mstico, siempre resultar un poco desconcertante este misticismo naturalista. "Se cree muy frecuentemente que los dioses son, necesariamente y por definicin, espritus sobrenaturales. Las ms fuertes razones morales y de sentido comn nos impiden creer en un Dios sobrenatural; tal clase de divinidad nos repugnara. Si, a pesar de eso, somos felices de tener en nuestra comunidad a cristianos siempre que nos ayuden y nos amen, es porque entendemos que ellos no hacen sino interpretar mal una realidad que nosotros adoramos como ellos. Rechazando, no la existencia--pues esa cuestin no nos concierne,--sino la pretendida potencia redentora de seres sobrenaturales, renunciamos a la posibilidad de ser asistidos por ninguna divinidad sobrenatural, o por ningn ser humano despus de su muerte, y particularmente por Jess de Nazareth, reconociendo sin embargo la asistencia que ha podido prestarnos antes de su muerte y el valor imperecedero de sus consejos y de su conducta, que siguen asistiendo a la humanidad con el valor del ejemplo. Para un eticista que comienza por afirmar la autonoma de la moralidad y pone en segundo trmino todo lo dems, todo lo que disminuye la responsabilidad humana es condenable. Desde el momento en que imploris el auxilio de un Creador personal, os sustrais a vuestra responsabilidad propia y renegis la fuente inmanente de redencin. Aun si existe un Creador, no debemos humillar nuestra humanidad ni vivir postrados ante l. La moralidad que no es puramente humana, deja de ser moralidad". Todos los escritos de los eticistas ingleses convergen a afirmar lo que era un axioma para Emerson: la nocin de realidades sobrenaturales (salvo que se llame "sobrenatural" a la perfeccin moral suprema) no es necesaria, para el desenvolvimiento de las fuerzas morales, y debe rechazarse la opinin de los que, sabiendo que aqullas son ilusorias, persisten en creerlas de utilidad prctica. El motivo supremo de la conducta debe ser el respeto del ideal moral; cuando se lo medita con respetuosa simpata, se convierte en fuente de inspiraciones tan fecundas como las que hasta ahora han emanado de entidades sobrehumanas. Los ideales no se proyectan sobre la pantalla del cielo, no flotan vagamente en el universo: viven en los hombres y entre los hombres, reconociendo a stos el valor de su personalidad y comprendiendo que debe manifestarse en la familia, en la ciudad, en la nacin, en el mundo. Un nuevo concepto del respeto propio nace en los eticistas al afirmar que todo ser se diviniza cuando en l despierta la conciencia de la ley moral; blasfemar del hombre, como hacen los pesimistas y los escpticos, es blasfemar de Dios, que slo se manifiesta en el hombre. Sea cual fuere la interpretacin que el hombre se forma de la divinidad, sea cual fuere su teologa o su filosofa, es la experiencia moral lo nico que lo torna divino; de all que en el culto del ideal moral pueda asentarse la nica religin incompatible con dogmas ni sectas, de all que sus miembros no crean que ser sa "la religin de los incrdulos", sino la forma de creencia ms pura a que pueden llegar los verdaderos creyentes. En uno de los himnos que suelen cantar los eticistas leemos estas palabras de Swinburne: "Los dioses rechazan, trampean, negocian, venden, calculan, economizan...", y Stanton Coit completa el pensamiento: "el hombre no rechazar a nadie, no perder uno solo de todos los hombres para dignificarlo; a todos los enaltecer con sus cuidados y con su amor". Insisto en mencionar algunos pasajes y frmulas que parecen inconciliables; mi objeto no es apologtico, sino puramente informativo. Es til ver cmo toda nueva corriente de ideas, todo nuevo ensayo de prcticas, aparece imperfecto y poblado de disonancias. Contra el deseo de emanciparse del pasado, sigue el pasado ejercitando alguna influencia; en toda renovacin, de costumbres o de ideas, la experiencia secular de nuestros abuelos reaparece, reclama su sitio, no se resigna a ceder ni a morir, presentndonos el cuadro inquieto del hbito luchando contra la experiencia nueva, de la herencia resistiendo a la variacin. Concebido el movimiento eticista como una emancipacin moral de toda tutela dogmtica, vemos que el hbito de seculares prcticas religiosas se infiltra en l y tiende a convertirlo en una religin, sin contenido sobrenatural, ciertamente, pero religin al fin, si la consideramos como conjunto de prcticas y como actitud sentimental hacia algo que se considera Divino. Sin embargo, en mayor o menor proporcin, lo nuevo altera siempre lo viejo, la variacin modifica siempre la herencia: y en ello est la evolucin que engendra perfeccionamientos. Las sociedades ticas se hacen ms religiosas cada vez, pero su religiosidad es muy distinta que en las precedentes religiones; no representa una verdadera regresin al tipo de que se apartaron al comenzar. Para aumentar su eficacia los eticistas han adoptado, por temperamento o deliberadamente, las costumbres exteriores que el sentimiento mstico reclama como necesarias, sin renunciar por ello a la heterodoxia intrnseca de su doctrina. "La religin--dice Stanton Coit--convertida a un espritu social y democrtico, ensear el respeto de s mismo como la primera virtud religiosa, fundar su plan de redencin sobre ese respeto. Desde el punto de vista de un idealismo humanista, la religin sobrenatural ha cometido hacia el altsimo un sacrilegio casi inexplicable: todo lo que pareca emanar del hombre, y era bello y adorable, puro y santo, lo ha atribudo a una fuente sobrehumana y sobrenatural, mientras atribua a la naturaleza humana todo lo que era bajo y srdido. Para glorificar una divinidad trascendente, los sacerdotes y los telogos arrancaban del corazn de los hombres hasta el ltimo rastro del respeto de s mismos. No solamente las acciones exteriores, sino la misma devocin interior era mirada como lodo. Empujando los hombres al desprecio de s mismos, forzndolos a envilecerse hasta la agona, se les induca a prosternarse conscientes de su extrema bajeza, a los pies de un Ser que no era ni hombre ni naturaleza, pero que tena sujeto al hombre, en cuerpo y espritu, entre sus tentculos infatigables... Esta doctrina es catlica, anglicana, presbiteriana, bautista, wesleyana... Todos, todos traicionaban a la naturaleza superior del hombre, mentan a la creencia misma de su personalidad, al testimonio de su inteligencia y de su conciencia moral. Es necesario sorprenderse de que, as, el pueblo cayera bajo la dominacin de los sacerdotes y de los prncipes, aliados?... Hasta hoy se ha credo que un hombre que se respeta y obra por respeto propio, carece de religin y de piedad; hasta hoy, apenas un hombre sobre cien mil se atreve a identificar ese respeto con el de Dios, osa erguir dignamente la cabeza con la conciencia de su valor humano, osa atribuir el mal que lleva en s al error y a la ignorancia, y no a una siniestra predestinacin sobrenatural... Hoy, por fin, y slo hoy, se predice la doctrina de la inmanencia del hombre y se comprende que ella significa la identidad de la suprema fuerza redentora del universo con la enaltecida personalidad de todo hombre o mujer." 7.--ESPONTANEIDAD Y EVOLUCIN DE LA MORALIDAD Esta exaltacin mstica del respeto a la personalidad humana acompaa al concepto, fundamental para Emerson, de que _la bondad es normal y natural_, debiendo mirarse el mal como una simple traba o incapacidad para vivir normalmente, integralmente. La maldad pertenece a la teratologa o a la patologa moral: es una monstruosidad o una enfermedad. Son monstruosos todos los que obran contra s mismos o contra los dems, todos los que viven de la hipocresa o esparcen la calumnia, todos los que fingen o mienten, todos los que ocultan una partcula de la verdad que saben para obtener una prebenda o un beneficio, todos los que se avergenzan de la indignidad propia o alientan la indignidad ajena, todos los cmplices interesados del error o de la supersticin, de la injusticia o del privilegio. El hombre no se diviniza sino cuando se aproxima a su moralidad natural, que es la bondad, librndose del mal que conspira contra su propia divinizacin y contra la de los dems. Porque los resultados de la moralidad nunca son individuales, recaen sobre todos. Lo que ms dificulta la perfeccin del hombre es su adaptacin a un ambiente de moralidad inferior. Todos somos solidarios. Lo que rebaja moralmente a nuestros semejantes, nos rebaja a nosotros mismos; por eso la religin eticista conduce a una fe solidarista inquebrantable e impele a auspiciar todas las reformas que tienden a fundar una democracia social, aboliendo los obstculos materiales que alejan al hombre de su perfeccionamiento moral. Creen los eticistas que el esfuerzo humano basta para transformar los individuos y las sociedades, creando esa verdadera democracia poltica y moral que ninguna nacin puede jactarse de haber realizado todava. Si la bondad es normal, prevalecer naturalmente. En ninguna parte la vemos perfecta y omnipotente; pero su posibilidad puede presentirse en el deseo esforzado de los hombres. Si la experiencia permitiera descubrir los medios naturales que intensificaran la dignidad en el hombre y la justicia en la sociedad, lgico sera presumir que la aplicacin de esos medios conducira a un aumento progresivo de la moralidad individual y social. Los eticistas ingleses afirman su fe con una certeza y una esperanza impresionantes. Entienden que aun renunciando a lo sobrehumano y lo sobrenatural, siguen disponiendo de todos los medios que han usado las antiguas iglesias para mejorar a la humanidad; se consideran herederos suyos, de su larga experiencia, de su disciplina espiritual, de su conocimiento del corazn humano, es decir, de todos los instrumentos psicolgicos de proselitismo, sin necesidad de conservar ninguno de sus dogmas ni transigir con ninguno de sus errores. La Unin de las sociedades ticas inglesas proclama el deseo firme de alentar y preparar el estudio cientfico de los hechos que constituyen la _experiencia moral_ de la humanidad. Reconoce que slo especialistas en tales estudios pueden fundar esas "ciencias morales positivas"; pero, ocupndose terica y prcticamente de las cuestiones morales y sociales, entienden proporcionar a los sabios observaciones y experimentos tiles, a la vez que preparar un pblico capaz de comprender sus resultados. "No tenemos, ni tendremos nunca, miedo de la ciencia; al contrario, su insuficiencia o su arresto nos perturbara. Cuanto mejor conozcamos la naturaleza humana, tanto ms seguros marcharemos hacia el advenimiento de la moral y de la justicia. Siempre nos adaptaremos a los resultados que se obtengan en el estudio de la experiencia moral mediante los mtodos cientficos". "Solamente los prejuicios que nacen del orgullo, de la avidez, del afn de dominar, de los intereses de clase, del envanecimiento, del desprecio de los pobres y de las mujeres, pueden cegar al hombre hasta impedirle ver los recursos infinitos de que dispondran las iglesias de Cristo el da que aceptaran los descubrimientos y las invenciones de la ciencia, las usaran y pusieran en ellas su confianza, en vez de esperar una salvacin milagrosa suplicando a espritus invisibles y pretendiendo ser guiadas por agentes sobrenaturales." Justo es reconocer que los eticistas ingleses se adaptan con rigor lgico a esa confianza en la ciencia y a ese respeto por sus posibles resultados: desde el punto de vista pedaggico su actitud es verdaderamente crtica. No pretenden que su religin, sus iglesias, sus juicios morales, sean definitivos, ni que pueda erigirse en dogma inmutable ninguna de sus opiniones o creencias. No solamente creen que sus ideales son reformables y perfectibles, mas afirman que la historia del desenvolvimiento tico y religioso demuestra que los valores morales y las religiones estn en constante evolucin. "Ha habido en el pasado bastante charlatanismo en materias religiosas y morales; queremos tener el coraje de nuestra inevitable ignorancia y no presentarnos como sabiendo ms de lo que podemos saber en el estado presente de las ciencias morales. Por eso no proclamamos nada que tengamos por absoluto, ninguna doctrina que reputemos definitiva e imperfectible. Tomamos como punto de partida de nuestra enseanza los juicios morales generalmente aceptados en el mundo civilizado por los individuos que parecen normales y procuramos intensificarlos o expandirlos, contribuyendo as a su evolucin, que consiste en depurar la moral corriente de todo lo que es solamente tradicional o convencional, complementndola, perfeccionndola, acostumbrando a los hombres a no concebir ya ningn ideal que no sea progresivo. La voz del deber manda augusta y absoluta; pero nuestro conocimiento del deber, y la nocin que de l nos formamos, varan incesantemente. Las ciencias morales podran darnos nuevas interpretaciones de nuestros ideales ticos, sin por eso destruir el fondo humano y social de la moralidad misma; y si demostraran que algunas de nuestras interpretaciones son errneas, que algunos de nuestros ideales presentes son contradichos por la experiencia moral, encontrndolos nocivos para la dignificacin de la vida individual y social, nosotros nos someteramos a sus demostraciones o corregiramos nuestros errores... Por eso, y mientras se constituya una ciencia positiva de la moralidad, no tenemos la pretensin de anticipar a los hombres la verdad absoluta." De all que no se consideren obligados a adoptar un criterio particular y absoluto del bien, ni prefieran ensear tal o cual sistema de moral; eso obstaculizara su progreso, excluyendo experiencias determinadas que otros pudieran aportar. Entre los eticistas hay trinitarios, unitarios, ateos, mahometanos, hedonistas, utilitarios, kantianos; separados antes por sus dogmas o doctrinas, estn unidos ahora por necesidades morales comunes, que engendran una fe anloga en el progreso moral de la humanidad. Los nicos excluidos son los incapaces de hacer esfuerzo alguno para mejorar su conducta y de sumar su voluntad con todas las otras que persiguen la solidaridad en el bien. Esta comunidad de ideales y de accin moral es lo que constituye la creencia de una Iglesia; todas las que conoce la historia, en cuanto han sido tiles a la humanidad, fueron verdaderas sociedades ticas. Si han difundido en el mundo concepciones falsas, y en ciertos casos depresivas, ha sido apartndose de su primitiva finalidad natural y humana. Por eso los eticistas no se declaran enemigos de las Iglesias cristianas; no quieren destruirlas ni suplantar su influencia en el mundo, sino reformarlas y perfeccionarlas, infundindoles una mayor preocupacin por el progreso moral y purgndolas de todo su dogmatismo teolgico. Ese sera el camino hacia la unidad de creencias de toda la humanidad; esa sera la nica actitud religiosa que todos los hombres podran subscribir sin reservas, sin temor a las ciencias que construyen la verdad, con la que nunca podr estar en disidencia la moral. Ambas emanan de la Naturaleza misma, convergen hacia comunes ideales de dignificacin humana. 8.--SNTESIS DEL PENSAMIENTO ETICISTA Lo caracterstico del eticismo, en suma, no es la simple afirmacin de "la soberana de la moral", para repetir el ttulo del ensayo de Emerson, sino su conviccin de que _la moralidad es natural y humana, independiente de todo dogma religioso y de toda especulacin metafsica_. La moralidad puede nacer, desarrollarse, prosperar, alcanzar su mxima plenitud e intensidad, sin tener por fundamento la nocin de realidades sobrenaturales, la idea de una divinidad trascendente o de una vida despus de la muerte. Esas hiptesis, sobre parecer intiles, pueden ser nocivas al desarrollo de la moralidad, en cuanto ponen fuera de la conducta humana los estmulos y las sanciones que favorecen nuestra perfectibilidad. Triste, miserable virtud, la de aquellos hombres que no podran tenerla sino como resultado de una imposicin dogmtica o como simple negocio usurario para despus de la muerte! Desgraciados esclavos, no hombres, los que en su propia conciencia moral no podran encontrar las normas para vivir con dignidad, respetndose a s mismos, y con justicia, respetando a sus semejantes! Fuerza es reconocer que no carecen de lgica los eticistas cuando afirman que lo sobrenatural es un peligro para lo natural, y lo teolgico para lo tico, y el dogmatismo para la perfectibilidad, y la supersticin para la virtud. Quieren ellos constituir una religin exclusivamente humana. En todos sus escritos se advierte la tendencia firme a propiciar el advenimiento de un rgimen social en que tengan una parte creciente la solidaridad y la justicia; y muestran, tambin, una confianza optimista que concilia su misticismo con los mtodos de las ciencias contemporneas, creyendo en la bienhechora fecundidad de sus aplicaciones prcticas a la felicidad humana. No temen que la Verdad pueda, en momento alguno, disminuir el coeficiente medio de Virtud difundido en el mundo. Emancipando la moralidad de todo dogmatismo, afirman que la Verdad slo puede ser temida por los que ven en la ignorancia, en la mentira y en la supersticin, los medios de perpetuar la maldad representada por la injusticia y el dolor cimentado en el privilegio. Y creen, con bella firmeza, que si los hombres logran poner algn da toda su fe, la ms ardiente, la ms incontrastable, la ms devota, en ideales nacidos de la Experiencia Moral, habr desaparecido el conflicto eterno entre la inteligencia racional y el sentimiento mstico, entre la Ciencia y la Fe,--slo incompatibles cuando un trmino busca la Verdad y el otro se asienta en el Error,--hermanadas para siempre cuando la religin del Ideal Moral limpie de sus malezas tradicionales el sendero que lleva al individuo hacia la dignidad, que lleva a la sociedad hacia la justicia. 9.--EL PORVENIR DEL ETICISMO Se organizar definitivamente como una iglesia sin doctrinas para cultivar una moral sin dogmas? Confieso que el eticismo me inspira mucha simpata y que no considero perdidos los momentos que he consagrado a visitar sus sociedades y leer sus escritos; a pesar de ello no podra predecir si, en su forma actual o transformndose, est llamado a alcanzar una gran difusin. En todos los pases de la Europa civilizada existen asociaciones animadas de ese mismo espritu, con nombres anlogos o diferentes; pero en todos, fuerza es reconocerlo, su esfera de accin es ms bien cualitativa que cuantitativa: hombres de moralidad superior cuyo temperamento mstico coincide con una disconformidad religiosa. Acaso lleguen a constituir una iglesia para las minoras selectas que necesiten un ambiente organizado para desenvolver su misticismo; eso mismo excluir de ellas al exiguo nmero de hombres que no tenemos un temperamento mstico. La masa de los creyentes, si se apartara de las iglesias actuales, preferira vincularse a las nuevas religiones cristianas cuyo sentido prctico y social las hace ms humanas que las antiguas. Los incapaces de creer en religin alguna, si tienen temperamento mstico, sern atrados siempre por esas grandes corrientes de renovacin poltica y social, que equivalen prcticamente a verdaderas religiones de la humanidad. Evolucionarn las dems iglesias actuales hacia una moral sin dogmas? Sin dogmas, no; con menos dogmas, s. Basta recordar la influencia del unitarismo y del trascendentalismo sobre todas las iglesias norteamericanas; ese es el sentido general de la evolucin religiosa contempornea, en el mundo civilizado: cada iglesia tiene en su seno un "modernismo" que depura incesantemente sus dogmas. Es indudable que los telogos del siglo XX han aprendido cosas que no sospechaban los del XV; en ninguna Facultad o Seminario de Teologa podra estudiarse un tratado de hace cincuenta aos, fuera de su inters histrico o literario; las iglesias, para defender sus dogmas, han tenido que adaptarlos a los resultados menos inseguros de las ciencias contemporneas. Revisando los libros de texto usados en la Universidad Catlica de Louvain, y en la Divinity School de Harvard, he pensado con escalofros en la hoguera que habra carbonizado a sus autores si los hubiesen escrito hace tres siglos. Con esto os quiero expresar que las mayores iglesias euroamericanas han experimentado grandes progresos, precursores de otros que atenuarn gradualmente su dogmatismo. Como cada una de ellas slo polariza una parte limitada de las creencias sociales, es natural que llegue hasta los concilios de los telogos el eco de lo que pasa fuera de cada iglesia; hemos visto que la tica social ha corregido ya en algunos pases la tica de los telogos y podemos presumir que toda nueva efervescencia moral tendr repercusiones semejantes. Desde este punto de vista considero legtimo suponer que el eticismo puro puede tener una influencia indirecta, desdogmatizando poco a poco las morales teolgicas ms difundidas. Ciertos modos de pensar y de sentir, aunque adoptados por pocos, constituyen un obligado trmino de comparacin para los que piensan y sienten de otra manera; poco importa que no tengan un xito de proselitismo, su eficacia consiste en que no pueden prescindir de ellos los mismos que se proponen combatirlos. Es una accin indirecta, diris; pero existe y es benfica. No es la nica, sin embargo. En horizontes ms reducidos, para la minora ilustrada a que poco antes nos referamos, las asociaciones ticas son de utilidad directa. Baste pensar que ellas ofrecen un ambiente de educacin moral intensiva a muchos hombres que no creen en dogma alguno religioso y que aislados estn expuestos a caer en el dilettantismo, en el escepticismo o en el pesimismo moral; por el funesto hbito de asociar su moralidad a su religin abandonada, estn expuestos a aflojar los resortes de su conducta privada y cvica, confundiendo la buena tolerancia doctrinal de todas las ideas con la detestable tolerancia prctica de todos los vicios. Reconozcamos que ese peligro existe; nadie podra negar su gravedad desde una ctedra sin eludir la responsabilidad social que acepta al ocuparla. Y el remedio contra ese peligro--despus del ejemplo personal, que es siempre la leccin ms fecunda--est en fomentar toda nueva forma de experiencia moral que pueda suplir las ya impracticables. El hombre que abandona sus dogmas religiosos est obligado a intensificar su moral prctica, a ser mejor hijo y mejor padre, mejor amigo y mejor esposo, mejor obrero y mejor ciudadano. La _obligacin social_ no es menor que la teolgica o la metafsica; la _sancin social_ es tan severa como la divina o la racional... Y bien; si entre los hombres que no creen ya en las religiones dogmticas, muchos carecen de energas morales suficientes, no es deseable que las sociedades ticas les proporcionen un ambiente propicio para que su moralidad sea sostenida y se perfeccione? Basta reconocer que existe un peligro, para que no sea desdeable ningn medio que contribuya a evitarlo. Sabis--da vergenza decirlo--que algunos sealan como nico remedio la vuelta a los dogmatismos tradicionales repudiando de plano todas las verdades que desde hace un siglo los contradicen o los comprometen. No vacilemos en declarar, en voz alta y en nombre de nuestros hijos, que perseguir la moralidad a precio del error deliberado--que es la mentira--nos parece la ms irreparable de las inmoralidades. Los eticistas, sin distincin de matices, quieren que la verdad, profunda voz con que habla a los hombres la Naturaleza, sea respetada. Nunca proponen ahogarla; prefieren depurar los viejos ideales ticos de todos sus elementos dogmticos, perfeccionndolos, elaborando ideales nuevos. Existe, no lo descuidemos, otro aspecto de la cuestin, ms importante para el porvenir. Las sociedades ticas no lo descuidan: es el problema de la educacin moral en la enseanza; es el nico prctico para el porvenir. As lo comprendieron, en nuestra patria, muchos grandes espritus: Echeverra, Alberdi, Sarmiento, Estrada, Peyret, en bellas pginas que merecen releerse; Agustn lvarez le consagr un volumen especial; desde esta misma ctedra os la ha predicado el dignsimo decano de esta Facultad, Rodolfo Rivarola. Las naciones civilizadas han expresado ya su voluntad de que la escuela pblica se abstenga de preferir ninguno de los dogmas religiosos profesados por sus ciudadanos. Afirmemos tambin la necesidad de intensificar en ella la educacin moral, preparando las generaciones futuras para esa tolerancia recproca de las creencias que es la base misma de la solidaridad social. Slo por obra de la escuela marchar la humanidad hacia una moral sin dogmas; slo por ella podrn los argentinos de maana repetir el lema de las sociedades ticas: _Los dogmas dividen a los hombres; el ideal moral los une_. DEL AUTOR, REEDICIONES EN EL MISMO FORMATO: Principios de Psicologa (5.^a edicin, corregida), 1 vol. de 500 pginas. 2 $ m|n. Criminologa (6.^a edicin, corregida), 1 vol. de 400 pginas. 2 " " El Hombre Mediocre (3.^a edicin, corregida), 1 vol. de 256 pginas. (agotada) Hacia una moral sin dogmas, 1 volumen de 212 pginas. 1 $ m|n. ------- El Hombre Mediocre (4.^a edicin, formato menor). 1 $ m|n. EN PRENSA: La simulacin en la lucha por la vida (11.^a edicin, corregida), 1 vol. de 256 pginas. 1 $ m|n. ------- PEDIDOS A LA CASA VACCARO Avenida de Mayo 646--Buenos Aires * * * * * NOTAS DEL TRANSCRIPTOR Las palabras en itlicas estn indicadas con _sub-ndices_ las palabras en negritas con el =signo igual= y ^a representa la "a" volada. Ciertas reglas de acentuacin ortogrfica del castellano cuando esta obra fue publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se realiz la transcripcin. El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripcin ha sido el de respetar la ortografa original. Sin embargo, en algunos casos la ortografa en la impresin original no es consistente. Tal es el caso del vocablo "da". En algunas ocasiones el vocablo aparece con acento, da, y en muchos ms est escrito sin acento. El criterio utilizado para resolver esas inconsistencias fue privilegiar la forma que aparece ms frecuentemente. Errores evidentes de impresin y de puntuacin han sido corregidos. End of Project Gutenberg's Hacia una Moral sin Dogmas, by Jos Ingenieros License: Share Alike