Produced by Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was produced from scanned images of public domain material from the Google Print project.) RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAA. CRDOBA. _Es propiedad de F. J. Parcerisa._ MADRID.--IMPRENTA DE REPULLS.--1855. RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAA BAJO LA REAL PROTECCION DE S.S.M.M. LA REINA Y EL REY. _obra destinada a dar a conocer sus monumentos y antiguedades, en laminas dibujadas del natural_ POR F.J. Parcerisa _escrita y documentada por_ P. de MADRAZO. CORDOBA. RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAA. SEVILLA, CRDOBA, CDIZ. INTRODUCCION. Doraban los primeros rayos del sol las cumbres de Sierra Nevada cuando, prximos empezar escribir este viaje, quisimos gozar por ltima vez de la frescura que respiran las alamedas del Generalife y de la Alhambra. Apoderse de nosotros una dulce melancola, y no tardamos en dejar por veredas ocultas y solitarias los caminos deliciosos en que se confunden con el murmullo de las aguas los suspiros del viento entre los rboles. Llegamos involuntariamente al pi de la torre del Agua: nos detuvimos, contemplamos de nuevo aquel sombro paisage donde no se destacan sobre el azul del cielo mas que torres silenciosas coronadas de almenas, y sentimos por instantes latir precipitadamente el corazon y concentrarse el alma en la tristeza. Un viajero no menos entusiasta, quien servimos de guia en todas nuestras escursiones, estaba sentado poca distancia de nosotros entre las ruinas de la torre: levant la cabeza, pronunci algunas palabras que solo vimos errar entre sus labios, y volvi caer en una meditacion profunda. Nos acercamos l, y entonces dijo: Os conmueve mi dolor? Ah! veo que brotan tambien lgrimas de vuestros ojos: teneis corazon y me comprendereis. He recorrido muchos paises, y no he visto una ciudad como Granada. Los rios que se enlazan sus puertas corriendo entre orillas cubiertas de lamos y flores, la Vega que se estiende sus pis como una alfombra de verdura, la pintoresca sierra sobre cuyas blancas vertientes se destacan sus arboledas y sus muros, los cerros en cuyas cumbres estan sentados su Albaicin y su Alhambra ceidos de torreones, sus angosturas del Darro donde canta el agua en el fondo del follage, su cielo oriental en que he llegado descubrir con los ojos de la imaginacion el fantstico paraiso del Profeta, el gorgear de las aves en el seno de sus deliciosas enramadas, la dulce armona de sus brisas perfumadas por el aliento que despiden sus crmenes floridos, los caprichosos reflejos del sol en las verdes faldas de sus colinas, la melanclica luz de la luna que cruza su horizonte entre coros de estrellas como una reina de hadas entre las vaporosas ninfas de sus lagunas y corrientes, hasta esas mismas noches tenebrosas en que apenas cabe distinguir la silhueta de sus viejos monumentos, han escitado en m sensaciones que nunca habia tenido, sentimientos que no habian hecho palpitar nunca mi corazon gastado, ideas que no me hubiera atrevido concebir ni aun al desbordarse torrentes mi loca fantasa. A todas horas, en todas ocasiones he contemplado con indefinible placer esa ciudad que brota de las orillas de dos rios como una hija del agua del fondo de su lago, esa cadena de montes que la vaga luz del crepsculo parecen colosos sentados en el espacio para guardar la Vega, ese cielo difano y trasparente prendido en las cumbres de esos cerros como una estrellada colgadura de seda en las cspides de las palmeras que constituyen la tienda de un califa. Ora ligeramente recostado en uno de esos rboles sobre cuyos ramages han sacudido su manto de nieblas mas de cuatro siglos, ora entre los escombros de ese viejo alczar que va desmoronando el tiempo, he recordado con la cabeza sobre el pecho la historia y las tradiciones de Granada; y al levantar la frente he mirado aun con mayor interes esa naturaleza que desplegaba mi alrededor tanta riqueza y hermosura. En esa sierra coronada de nieves eternas no he visto mas que el sepulcro de un rey moro; en ese valle cubierto de flores, olas de garzotas y penachos flotando sobre relucientes armaduras; en esos rios que se deslizan mansamente bajo la sombra de los lamos, aguas destinadas baar las adelfas y cipreses que embellecen la tumba de los hroes muertos en ese vasto campo de batalla; en esos montes apartados, circuidos de precipicios, tiendas de reyes que vinieron estender sus pendones de guerra sobre los muros de esta fortaleza; en esa ciudad que est aqui, la estremidad del valle, reclinada sobre colinas pintorescas, una reina de torneo dispuesta ceir las sienes del vencedor con la corona de sus palacios y baluartes. He vuelto inclinar la cabeza meditar: ay! y he sentido una amargura inmensa al observar que no eran los sentidos sino la imaginacion lo que habia puesto entre mi cuerpo y la naturaleza ese velo de la historia y la poesa. He recogido mi alma y escuchado en silencio. No he oido mas que el rumor del insecto sobre la yerba, el del tiempo entre las grietas de los torreones medio caidos, el de la brisa entre los escombros, el del agua sobre las guijas que cubren el fondo de su cauce. Deseaba oir acentos de vida, y no he oido sino voces salidas del seno de las ruinas, no he oido sino la voz de la muerte. Granada me ha parecido entonces un panteon, y he derramado sobre ella lgrimas que han abrasado mis megillas. Qu has hecho de tu gloria, le he dicho lleno de dolor? de qu muro cuelgan las espadas de tus hroes? dnde estan el trono de tus reyes y la silla de tus cades? ninguno de tus libros pudo salvarse de la hoguera? Ay! cada siglo va arrancando una hoja de la corona de tu gloria; y permaneces muda impasible como un cadver. Hndense las ltimas casas de tus moriscos; desaparecen bajo la mano del embadurnador los bien labrados estucos de tus monumentos rabes; las columnas de marmol de tus alczares rechazan ya los arcos festonados de tus misteriosas galeras; cmo no corres detener con tu mano la artesonada techumbre de tus antiguos salones, las fuentes que decoraban tus jardines, las murallas que sirvieron de escudo tus guerreros, los voluptuosos patios en que soaron tus sultanas, los encantados miradores en que distrajeron su melancola las cautivas de tus reyes? Esa ciudad que miro cercada de viejos muros y torreones ser tal vez solo el sepulcro en que dormir Granada? ser quizs solo una sombra de la esplndida corte de los rabes? He creido oir entonces la ciudad diciendo: S, soy solo una sombra de lo que fu algun dia: los que me levantaron estan para siempre proscritos, las joyas con que me engalanaron han sido entregadas al hierro y al fuego de mis enemigos, los vestidos que me dieron han sido desgarrados por el acero de los que ofend con mis miradas. Me han dejado pobre y desnuda al margen de dos rios, han arrebatado de mis sienes la diadema que podia recordar los dias de mi grandeza, y han dicho al mundo: hla aqui la orgullosa reina musulmana: hla aqui reducida contemplar en sus aguas cristalinas su marchita hermosura. Manaba en oro y hoy est condenada recoger el que contienen las arenas de sus rios; armbanse su voz millares de soldados, y hoy se pierden en la cavidad de su boca sus palabras; mirbanla los reyes con envidia desde lo alto de sus cerros, y hoy pasa junto ella el viajero preguntando con indiferencia por la mendiga que reflejan el Genil y el Darro. S, soy ya una sombra; pero, yo sombra, me rio aun de los que para afrentarme pusieron sobre mi cabeza la ceniza de mis monumentos y la de los hijos que perd en la hoguera. Quin podr quitarme ese horizonte azul, mi cielo de oro? quin mis colinas cubiertas de naranjos, mis paseos ocultos bajo las copas de los lamos? Esta esclava es aun reina pesar de sus contrarios. Tiene aun lechos de flores en que descansar de sus fatigas, rios de aguas puras y trasparentes en que templar sus fuerzas, montes poblados de arboledas en que divertir sus ojos, crmenes que embalsamen el aire que respira, laureles que coronen su frente y le recuerden sus dias de ventura, estrellas que la rodeen de una esplendente aureola, auras apacibles que agiten su flotante cabellera. Levantaos sobre la mas alta de vuestras torres, ciudades espaolas: miradme por encima de las cumbres que de m os separan, miradme y ved si no trocariais la mejor de vuestras joyas por mis cerros de nacar y mis pintados valles, por la margen de mis arroyos y las orillas de mis rios, por el sol que tie de fuego mi horizonte y la luna que cubre mis bosques de misterio. Soy ya una sombra; pero el genio de la belleza y la armona velan aun mi sueo como en los dias de mis reyes. La naturaleza no me ha sido nunca infiel: ci de flores mi cuna y est ciendo de flores mi sepulcro; cada paso que doy hcia la tumba hace brotar bajo mis pies una vegetacion mas caprichosa. No hay en m desnudez que ella no compense con sus brillantes galas, no derramo una lgrima que ella no recoja con amor para fecundar mi vega, no exhalo un acento de dolor que ella no conteste con la dulce voz de las brisas, el murmullo de las aguas y los melodiosos trinos del ave que canta en la enramada. Gracias mil te sean dadas, naturaleza bienhechora! t, t eres mi reina y mi consuelo. Mis palabras mueren ya en mis labios; pero t oyes la voz de mi corazon y sabes cuanto te amo: hasta el pie de mi ataud entonar por t cnticos de gloria y de alabanza. La hermosura y riqueza que nos dan los hombres perece bajo la espada de los hombres: solo tus inagotables tesoros sobreviven al furor de las armas, al tremendo empuje de los siglos, la devastadora fuerza de las revoluciones que pasan como el huracan sobre la frente de los pueblos. Me siento morir, pero no temo: las ramas de mis rboles se mecern aun sobre la losa de mi tumba, y t dirs al viajero con la voz del aura que suspira entre sus hojas: dobla la rodilla sobre estas tristes ruinas, viajero; son las ruinas de Granada. Adoraba la naturaleza y gozaba en medio de los escombros; pero nunca como despues de haber creido oir en boca de esa ciudad estas palabras. La naturaleza es ahora mi nico espectculo, mi templo. Las mas sublimes armonas inspiradas por el arte me parecen frias ante el susurro del viento entre las hojas, el canto del arroyo entre las peas, el eco del torrente en el fondo de los bosques, el rugido del viento sobre las cumbres de los cerros y el estallido del rayo entre las nubes. Las sombras iglesias bizantinas, las misteriosas catedrales gticas, los risueos templos de la Grecia, las aterradoras profundidades de la India me parecen mezquinas ante ese inmenso santuario que lleva sobre haces de montes la estrellada bveda del cielo. El sol es su lmpara de oro; los demas astros, sus lmparas de plata; prados cubiertos de flores, su pavimento; selvas frondosas, sus ricas colgaduras; colinas tapizadas de musgo, sus altares; todos los seres que existen son sus dioses. No, no hay otro templo como ese globo que rueda eternamente en el espacio envuelto en el torbellino de los mundos: la vida se transforma sin cesar, y hallan cada dia en l los sentidos un nuevo espectculo, la razon nuevas alas para remontarse al origen de los seres, la reflexion nuevos motivos para las meditaciones mas severas. No solo siento amor por la naturaleza; siento entusiasmo y hasta delirio. Cmo he de separarme sin dolor de estos lugares en que estan encerradas tantas y tan grandes bellezas? Dnde he de volver encontrar el horizonte de Granada? dnde esas torres doradas que surgen del seno de las alamedas, esos cerros de nieve en que el sol refleja sus colores, esos arroyos que bullen entre el musgo de las ruinas? Amo tambien los monumentos en que est condensada la historia de los siglos: dnde encontrar este alczar cuya riqueza deslumbra aun al travs del polvo que la cubre? esas misteriosas galeras en que la luz de la tarde se cree ver diseadas las sombras de gallardas moras? esos salones pintados de oro en que la imaginacion evoca la brillante corte de los antiguos reyes y los sangrientos espectros de los abencerrages muertos traicion por la mano del verdugo? esos patios encantados cuyos arrayanes plantados las orillas de sus estanques salpica el agua de una que otra fuente? Os he seguido paso paso en todos vuestros viajes; mas no me siento ya con fuerzas para seguiros en el de Crdoba y Sevilla. He dado con mi bello ideal: cmo quereis que descienda de ese cielo donde los sentidos, el corazon, la fantasa se espacian sin encontrar lmite alguno? Idos en paz y dejadme respirar aun el aire de Granada. Este suelo es ya el suelo de mi patria: dejadme contemplar en l desde los escombros de lo pasado el espectculo de esa naturaleza siempre bella que rejuvenecen incesantemente el soplo de la eternidad y la mano de los hombres. Deseo vivir y espirar en medio de este vasto panorama: ay! ojal que al cerrar mis prpados el dedo de la muerte haya quien me sepulte al margen de esos rios bajo la copa de esos lamos frondosos! Estuvimos por unos instantes en silencio. El entusiasmo con que este viajero habia hablado de la naturaleza acababa de herir una de las mas delicadas fibras de nuestra alma; y buscbamos en vano palabras con que pudisemos dominar su exaltada fantasa. No las encontramos hasta que algo recobrados de la primera impresion, amais le dijimos, la naturaleza y os encerrais en uno de sus cuadros? Qu es todo este vasto espectculo de Granada para el de ese inmenso Ocano cuyas olas azotan sin cesar las murallas de Cdiz como legiones de combatientes que han jurado su ruina? qu son estos rios de Genil y Darro para ese imponente Guadalquivir que despues de haber cubierto de flores las fecundas praderas de Crdoba y Sevilla baja precipitadamente sepultarse en el fondo de los mares? qu las alamedas de la Alhambra para los encantados jardines del Alczar de Sevilla y los bosques de naranjos que circundan el palacio de S. Telmo? Es acaso comparable esta vega con las dilatadas llanuras que dan sombra los mas decantados olivos de la Andaluca? con los pintorescos valles de Carmona, cuyos oteros y altozanos vestidos de mil colores sorprenden aun al que los contempla desde las desmoronadas torres de su antigua fortaleza? con los feraces campos de Sevilla, donde se oculta el hombre entre las mieses? La naturaleza es aqui mas bella que grandiosa. Ni el bramido del mar, ni el eco del torrente llegan hasta la cumbre de estas alturas solitarias. Crecen en esas faldas el laurel y el lamo; pero no el castao, el haya, el pino abeto, entre cuyas ramas ahulla el viento de una manera salvage y misteriosa. El agua no salta aqui en cascadas lo profundo de los abismos. El fuego de la tempestad alumbra raras veces esos montes; la tierra no se estremece sino instantneamente al impulso de horribles terremotos. No, no es Granada donde cabe admirar mas el poder de Dios y la grandeza del mundo. Hemos visto en Cdiz al sol sumergindose en las aguas del Ocano con una aureola de tinieblas; hemos visto ese mismo Ocano invadiendo silenciosamente la playa y retirando despues con una calma aterradora sus hinchadas olas; hemos visto esas olas, altas como montes, arrojndose heridas por la luz del rayo sobre los muros de la ciudad sumida en duelo: alli es donde la naturaleza se ostenta con toda la sublimidad de que pudo revestirla su autor al hacerla brotar llena de vida de entre la confusion y el caos, alli es donde se ensancha el corazon, alli es donde la imaginacion cruza el espacio y rasga el velo que oculta nuestros ojos lo infinito. Bella, bellsima es Granada; mas faltan acaso pueblos que rivalicen con ella en hermosura? Refljase en las aguas del Guadalquivir una ciudad aun rabe que fue en otro tiempo corte de los califas. No es ya la rival de Bagdad ni el segundo santuario del Profeta; no cuenta ya en su recinto los palacios llenos de grandeza y de poesa que dejaron atrs la magnificencia del Oriente; no tiene ya los encantados vergeles ni los bosques de palmeras que perfumaron sus brisas y la defendieron de los ardores del verano; pero os cautivar aun, cuando la veais medio dormida al pie del rio, sobre una de las mas pintorescas faldas de Sierra Morena, la sombra de frondosas arboledas cuyos ramages mece el viento sobre sus viejos muros. Circndanla aun huertas deleitosas salpicadas de flores; banla arroyos cristalinos cuya sonora corriente se desliza entre campos de verdura; crcanla distancia montes escarpados en cuyas cimas se destacan sobre el azul del cielo ruinas imponentes de antiguas fortalezas. Vastos olivares cuyas ramas sucumben al peso de los frutos cubren el suelo de su feraz campia; lamos, naranjos, una que otra palmera solitaria verdean entre sus monumentos abrasados por los siglos. Tiene junto al rio un edificio grande, inmenso, coronado de almenas, circuido de ricas ventanas de herradura, adornado de hermosas celosas, dominado por una torre que arroja hoy lo lejos la voz de sus campanas, edificio medio musulman, medio cristiano que ni bien presenta el aspecto de un templo, ni bien el de un castillo, construccion rara, heterognea, hbrida, donde cada pueblo ha puesto su piedra y cada estilo ha pretendido imprimir su forma y su carcter: no cabe ya mas en arquitectura para subyugar la fantasa y turbar nuestros sentidos. Penetramos en l y nos creemos de repente trasportados la region de los sueos. Centenares de columnas de marmol sostienen los arcos de sus bvedas. Aquellas son todas de diferente color, estos de distinta curva. Vse al travs del ultra-semicircular el de herradura, sobre el de herradura el de segmento, entre unos y otros la cimbra romana, la ojiva, el arco rebajado. Enlzanse entre s los de segmento cruzndose, sobreponindose, formando varios y vistosos juegos; presentan en todas partes rasgos de originalidad y de hermosura. Capiteles que apenas parece haber tocado el cincel rabe, puertas de mosico donde aparecen pintados de colores y oro los mas caprichosos adornos bizantinos, cpulas levantadas sobre ligeras columnas, bvedas de alabastro, ajimeces de elegante calado donde la naturaleza hace oir aun voces misteriosas, muros cubiertos de relieves de estuco, preciosos alicatados en que de las mismas leyes geomtricas se ve brotar raudales la armona, objetos cual mas bellos detienen por momentos los pasos del viajero, que apenas acierta contemplarlos sin que en medio de la soledad y el silencio que le rodea crea percibir aun el dulce aliento de los genios que crearon tan vasto monumento. Est encerrada en medio de la mezquita rabe una catedral cristiana; y se pierde de vista entre aquellos inmensos grupos de columnas como una cabaa entre las hayas del bosque una pequea nave entre las embravecidas olas del Ocano. [Illustration: CURVAS EMPLEADAS EN DIVERSOS ESTILOS ARQUITECTNICOS. _Ojival lancetal._ _Angrelado de ondas._ _Trebolado apuntado._ _Ojival lmido._ _Conopial._ _Apuntado ojival equiltero._ _Apainelado de vuelta de cordel carpanel._ _Ultrasemicircular de herradura._ _De medio punto plena cimbra._ _Florenzado._ _Apainelado apuntado._ _Trebolado de herradura._ _De segmento rebajado escarzano._ _Quinquefoliado._ _Remontado peraltado._] Lo que habeis visto en este alczar rabe es bello, voluptuoso, rico; refleja perfectamente el sensualismo oriental, la suntuosidad de los reyes nazaritas, la imaginacion potica del musulman que siente latir su corazon por el amor por la gloria; mas no es siquiera comparable con lo de aquel templo, donde todo es magestuoso, donde todo respira ascetismo, donde en medio de la variedad se ve campear esa misma unidad que estableci el Profeta por base de su sistema religioso. La Alhambra fue empezada construir en el siglo XIII, cuando acababan de humillar la frente bajo los estandartes cristianos las ciudades de Crdoba y Sevilla, cuando no ser por la audacia y el talento de un jven guerrero, descendiente de una de las antiguas dinastas[1], hubieran pasado los ejrcitos de S. Fernando sobre el reino de Granada como las aguas del Mar Rojo sobre las tropas de Egipto; fue construida en una mala poca, en una poca en que todo estaba ya dividido, relajado, oscurecido por las tinieblas de la filosofa, medio destruido por el orgullo de las sectas y los hbitos de desorden que engendra la guerra civil y hasta las mismas luchas nacionales. El arte, que sigue la misma marcha que los pueblos, habia ido degradndose en medio de tan graves trastornos, y al encargarse de edificar este palacio, no supo hacer mas que cubrirse de brillantes velos para ocultar su decadencia. Las curvas de la Alhambra son ya vagas, exageradas, sin carcter: pasan del semicrculo y no son ultrasemicirculares; presentan mayor profundidad en los arranques, y no son, sin embargo, de herradura; han perdido la sencillez que debia constituir principalmente su hermosura, y han pasado de complicacion en complicacion hasta el arco festonado, el arco de onda, el arco estalacttico[A]. Enjutas irregulares y sin objeto han venido sentarse sobre los arcos, y no constan aquellas sino de tablas de yeso labrado separadas y sostenidas por una armazon de madera que el tiempo va descubriendo los ojos del artista. Las lineas geomtricas van dominando, las tradicionales perdindose en un confuso mar de adornos, faltos absolutamente de sentido. Multiplcanse unos sobre otros los relieves, distribyense caprichosamente ac y acull las leyendas religiosas, reptese mil veces en las paredes de los salones y los patios un mismo verso del Coran, un mismo mote. Reina en muchas partes un gusto frvolo: hay en todo belleza, pero belleza de ejecucion, no esa belleza que el sentimiento inspira. La Alhambra es hija de la fantasa, es si se quiere un palacio encantado concebido en una noche de insomnio; mas est lejos de ser una de esas obras en que est retratada la vida interior no ya de una poca, sino de todo un pueblo. La mezquita de Crdoba fue empezada por Abd-el-rhaman, por aquel ilustre vstago de la familia de los Ommyadas quien pareci haber salvado la Providencia del furor de los Abassydas para que viniera cortar las discordias que ensangrentaban el suelo de la patria. El fanatismo religioso estaba la sazon en todo su vigor entre los rabes: acababan de arrastrar consigo al grito de _no hay mas Dios que Dios_ las naciones de Asia y Africa, y se sentian con entusiasmo para ir clavar el estandarte del Profeta en los mas apartados lmites de Europa. Eran antes que todo creyentes: invadian los imperios con el objeto de hacer preponderar su ley, y aun despues de mil derrotas persistian con tenacidad en sus empresas, seguros de que habian de encontrar en el campo de batalla el camino del Paraiso. Emancipados ya de la silla de Oriente los que aqui vivian, sentian mas que nunca la necesidad de recordar los templos y lugares en que estaban vinculados los recuerdos de Mahoma; suspiraban por no poder visitar Zahara, Meca, Medina, todos esos pueblos en que empez constituirse su nacionalidad y su independencia; no deseaban mas que ver reproducida de algun modo en Occidente la memoria de los hechos consignados alli en el pavimento de sus mezquitas, en las piedras de sus muros y en las praderas de sus fecundos valles. Abd-el-rhaman se propuso satisfacer esta necesidad; no levant ya un templo para su corte, levant un segundo santuario para el islamismo, levant una mezquita que rivalizara con la de la Meca y fuese otro lugar de peregrinacion para todo el que creyese en el nuevo enviado de Al sobre la tierra. Nada perdon para que saliese su obra llena de magestad y de grandeza: derram sobre ella raudales mrmoles, alabastro, cristal, oro; recogi con avidez de entre las ruinas del antiguo imperio las columnas que adornaron algun dia los templos de los dolos; aprovech todos los elementos que le ofrecia lo pasado; convoc los artistas rabes, los europeos, los bizantinos; y logr que contribuyeran la construccion de tan gran monumento las religiones vencidas, las que sostenian aun la lucha con la del Profeta, los imponentes restos de la antigedad, la ciencia de su poca. No pudo hacer prevalecer en ella la igualdad de ornamentacion ni la de formas; no pudo imprimir en todos sus detalles el sello de la originalidad; no pudo arrojarla los ojos del mundo como una construccion puramente rabe; mas quin duda que present en ella el mas fantstico y el mas acabado conjunto que cabia esperar de un siglo en que dominaba sobre vencedores y vencidos la barbarie? Es preciso conocer fondo la arquitectura rabe. La arquitectura rabe no es primitiva, es derivada; pero no es tampoco posible convenir en que sea una simple restauracion del arte antiguo. Desarroll sobre las lneas romanas formas caprichosas, y logr hacer desaparecer sus plagios bajo la oriental armona del conjunto. Adopt, ademas de las lneas romanas, el capitel bizantino, el abaco de los egipcios, la ojiva de los cruzados, el ornato de los arquitectos del bajo imperio; mas combin con tanto acierto y novedad estos confusos elementos, que identificada con ellos se present original como la mejor de las arquitecturas que di origen la edad media. La arquitectura rabe es indudablemente una paradoja: est compuesta de miembros heterogneos y forma sin embargo un cuerpo del todo compacto y homogneo; apenas tiene un detalle suyo, y es sin embargo suyo el conjunto. Es generalmente sensualista y caprichosa: se apodera hoy de un arco, de un adorno, de una forma cualquiera, y maana hace ya con ella mil combinaciones; busca para mejor deslumbrar los mrmoles mas preciados, dora los capiteles, pinta el fondo de los relieves, engasta palos y cornalinas en las celosas, forma con menuda piedra los mosicos, distribuye con profusion y de la manera mas vistosa todos los elementos de que dispone, columnas, arcos, cpulas y cupulinos, almocrabes, cintas, hojas, entrelazos, flores; procura que cada monumento tenga su perspectiva, estudia con detencion cmo ha de sorprender los sentidos, y apela para alcanzarlo no solo al arte, sino la vegetacion, la naturaleza. Llev en su ltimo perodo al estremo este sensualismo; mas no en el primero, en que procur conservar siempre un carcter esencialmente religioso. Las columnas de sus mezquitas aparecen casi entre tinieblas; los ajimeces no derraman sobre ella mas que una luz dudosa. Sus techos de cedro son bajos y de sencillos artesones; sus ricas capillas de mosico y oro estan cubiertas de misterio. Sus ostentosos mihrabs respiran la mayor magnificencia y hermosura; pero yacen tambien en la oscuridad y no es posible distinguir sus detalles sino la luz de la lmpara que baja del centro de la bveda. La mayor parte de los capiteles no estan mas que bosquejados; la ornamentacion es severa; las inscripciones escritas en las portadas encierran casi siempre un sentido muy profundo. Las paredes son muros almenados, ceidos de torreones; los patios, vastos cuadros en que crece cuando mas el arrayan las orillas de un estanque. Llevan las fachadas bellsimos relieves; pero est muy lejos de respirar la suntuosidad del interior, donde el arte desarrolla el inagotable tesoro de sus variadas y caprichosas formas. El primer perodo de esta arquitectura corresponde la poca religiosa de la historia de los rabes: cmo podia el artista, que vive de la vida de su siglo, dejar de inspirarse en los libros sagrados, ni dejar de obedecer la irresistible fuerza de las creencias nacionales? Toda religion es en sus principios misteriosa y sombra: seala con la mano el cielo y hace olvidar la tierra; preocupa con la idea de una vida futura el entendimiento y arroja al hombre en el mas asctico estoicismo. Personifica en Dios mas el poder que el amor, mas la justicia que la misericordia; le presenta colrico y dispuesto precipitar al fondo de los abismos cuantos no hayan concentrado en l su corazon y su inteligencia; impone los nimos por medio del terror, y convierte los pueblos mas bien que en creyentes, en esclavos de la creencia. El mahometismo procedi del mismo modo; y el arte, aun disponiendo de elementos llenos de gracia y de belleza, no pudo menos de comunicar severidad la mayor parte de sus obras. Relajse algo despues el esclusivismo; mas la arquitectura lejos de sentir esta relajacion, fue aun mejorando y armonizando mas y mas sus formas, fue dulcificando su carcter, fue embellecindose y procurando con mayor ahinco cautivar los ojos y la fantasa. No decay sino mucho mas tarde, cuando ya quebrantada la unidad poltica qued minado por su base el sistema del Profeta, cuando no era ya la religion mas que un vano simulacro, cuando cada val aspiraba la corona y cada rabe se crea con derecho para levantar un rey sobre su escudo. Sigui aun entonces atavindose; pero con adornos frvolos, con esos adornos de la Alhambra, bellos y brillantes, s, pero falsos, poco artsticos, destituidos los mas, si no de gusto, de sentido. No es solamente en la Alhambra donde debe ser estudiado el estilo de los rabes; merece ser estudiado en Sevilla, y, mas aun que en Sevilla, en Crdoba, en esa Crdoba medio musulmana aun despues de haber pasado sobre ella la tea de las discordias civiles, la espada de los reyes cristianos, el hacha de las revoluciones y el pico de la ignorancia y la barbarie. El Alczar de Sevilla es casi una reproduccion del de Granada; mas la mezquita de Crdoba, ademas de ser un monumento del todo original en su gnero, es el lbum en que est consignada toda la historia del arte rabe, es la obra en que cabe seguir paso por paso la infancia, la virilidad, hasta la decadencia de ese estilo oriental que tanto os habr hecho gozar y soar en medio de estos encantados salones que perfuma aun el aliento de las flores, anima el murmullo de las fuentes, poetiza el recuerdo de los hechos en ellos ocurrdos y cubre de interes la tradicion y la leyenda. Ameis la naturaleza ameis el arte, conviene que dejeis ya estos lugares donde tanto habeis sentido el placer y la melancola. En Granada apenas habeis admirado mas que el genio de los rabes: no habeis penetrado en el seno de ninguna de esas catedrales gticas en cuyas altas y oscuras bvedas se pierden las miradas del hombre, ni atravesado el umbral de ninguna de esas capillas bizantinas creadas por la sombra imaginacion del sacerdote; no habeis recorrido en silencio ruinas de pueblos sepultados bajo sus escombros, no habeis encontrado monumentos donde os fuese licito evocar el espectro de esos temidos hroes del Imperio, cuyas figuras se destacan brillantemente sobre las nieblas de tan remotos siglos. Sevilla os mostrar una catedral gtica y templos bizantinos; Itlica ruinas de que estan brotando aun torrentes de poesa, ruinas medio cubiertas de musgo en que la fantasa cree distinguir aun la sombra de los emperadores cuyas _cunas de marfil y oro rodaron_ dentro los muros de aquella ciudad famosa. Jerez os manifestar al travs de una puerta del renacimiento sus ricas naves en ojiva, cuajadas de molduras desde el pavimento hasta la bveda; Sanlucar, su castillo y los restos de un palacio donde murieron los ltimos rayos del sol de la edad media. Marchena y Utrera no os hablarn ya de esas pocas lejanas sino en sus muros y en una que otra iglesia; pero os asombrarn con sus gigantescas fachadas del siglo XVI, pginas en que se presenta unido el misticismo del arte cristiano con la magestad y la grandeza del que floreci en tiempo de los Csares. Castillos, alcazabas, torres llenas de recuerdos se os ofrecern cada paso: cada paso podreis volver los ojos ese pasado por que sents tanto entusiasmo. Veredas abiertas bajo las copas de rboles frondosos, dilatadas llanuras en que vereis ondear las mieses al soplo de las brisas, yermos en que podreis contemplar el mar por entre bosques de sombros pinos, rios en cuyas orillas pacen innumerables rebaos y estan sentados pueblos risueos y pintorescos la sombra de los naranjos, mares cuyas playas estan ocupadas por puertos y arsenales de antigua nombrada os conducirn estas ciudades notables por sus monumentos; y admirareis alternativamente aqui la mano del hombre amontonando piedra sobre piedra, cortndola, cincelndola, dndole significacion, pensamiento, vida; alli la mano de Dios dirigiendo el curso de los rios y deteniendo las olas del Ocano, cubriendo de vegetacion campos y colinas, haciendo brotar bosques hasta en el fondo de los arenales, prestando al viajero rboles que le defienden contra los ardores del verano y al marino puertos que le salven del furor de las borrascas. La industria est casi muerta en Granada: los rabes que la cultivaban estan para siempre proscritos y han llegado perder hasta el recuerdo de ella en medio de su postracion y su miseria; en Cdiz, en Sevilla, en la Carraca la vereis como en Catalua armada de sus cien brazos, aqui arrojando al mar buques que mas tarde han de imponerle silencio con la boca de sus caones, alli fundiendo el hierro y hacindolo bajar como una corriente de fuego desde lo alto de la fragua, acull sujetando cien telares la accion del vapor, agente universal de nuestro siglo. La industria es una lucha eterna entre el hombre y la naturaleza, es la aplicacion y la multiplicacion de las fuerzas ocultas en el seno del mundo, es la continuacion del mundo mismo, el complemento de la obra de Dios: si os sents inspirado la vista de un templo de un palacio, cmo no ha de enardecerse vuestra fantasa y latir vuestro corazon al presenciar esos espectculos sublimes en que la inteligencia humana subyuga y hace servir en su provecho todos los elementos que le rodean? Dejad estos silenciosos lugares en que el hombre yace en un triste abatimiento; seguid como habeis seguido hasta ahora nuestras huellas. El hombre, la naturaleza, Dios son el triple objeto de vuestra alma: romped el encanto que os detiene en esta bellsima comarca: quedan aun ciudades, paisages, talleres, monumentos donde podais ver la divinidad creando, la naturaleza obedeciendo leyes inviolables, la humanidad arrancando el secreto de estas mismas leyes y utilizndolas hoy para surcar los mares, maana para cruzar el espacio en alas de los vientos, al otro dia para disipar con una sola luz las sombras de la noche. Oynos al principio nuestro viajero como absorvido en una meditacion profunda; mas fue animndose poco poco al eco de nuestras ltimas palabras. Ya que hubimos concluido guard aun algunos momentos de silencio: parecia que mil ideas contrapuestas luchaban en su frente y que no sabia por dnde empezar desarrollarlas. He visto tambien, dijo al fin, bajar el metal fundido en torrentes de viva lumbre; he visto inmensas mquinas de hierro movindose la accion del vapor como impulsos de una voluntad secreta y misteriosa; he contemplado de noche esas fantsticas locomotoras que atraviesan el espacio con la rapidez del rayo; he visto con asombro la electricidad disipando las tinieblas y trasmitiendo largas distancias nuestros pensamientos; he visto la naturaleza reproducindose s misma en el oscuro fondo de una _cmara_; he seguido con los ojos al audaz viajero que se atreve rasgar en un fragil globo el seno de las nubes; he sido espectador de todas las maravillas del siglo. He sentido en aquellos instantes entusiasmo, he concebido ideas de orgullo, he elevado el hombre la altura de ese ser infinito que gobierna el mundo; mas no bien he vuelto fijar las miradas en la creacion, cuando he conocido mi error y he adorado de nuevo la armona de esos astros que ruedan eternamente dentro de sus rbitas, la de esta tierra que rueda, gira y oscila sordamente bajo mis plantas, la de ese mar prendido en ella como un manto, la de ese sol al rededor del cual siguen centenares de mundos su veloz carrera. Las obras del hombre me conmueven; las de Dios me imponen, me turban, me confunden. He subido con vosotros los montes que levantan sus cspides mas all de las nubes; no he podido menos de doblar la rodilla sobre aquellas altas cumbres. El silencio que ha reinado en torno mio, los pueblos que he visto en la llanura parecidos pequeos rebaos que estan paciendo entre la yerba de los prados, las lejanas nieblas, las sierras coronadas de nieve que han terminado mi horizonte, el mar, el cielo, todo ha anonadado mi espritu y me ha hecho reconocer el dedo de un Ser superior ante el cual debia prosternarme y sentir la frivolidad de mi existencia. Me visteis ya al borde de los precipicios, junto las cascadas, al pie de los torrentes: he pasado horas enteras sobre el musgo de una roca oyendo el murmullo de las aguas y contemplando el tenebroso fondo del abismo. Me he detenido involuntariamente al cruzar un bosque de abetos; me he estremecido sin querer al pasar por un bosque de pinos. El silbido del viento entre las ramas de esos rboles salvages ha tenido siempre para mi algo de siniestro y de profundamente religioso, que ha arrojado mi ser en la inquietud y la zozobra. He tenido ocasion de ver las copas de las hayas flotando sobre un mar de nieblas, he visitado las solitarias orillas de los sumideros, he recorrido cuevas donde jamas entr la luz del dia, he contemplado desde lo alto de los cerros las aguas silenciosas de las lagunas; y he creido distinguir aun en todos estos lugares los seres fantsticos de que los cubri la potica imaginacion de la edad media. La tempestad me ha hecho reconocer Dios cabalgando en la nube que lanza el rayo, en la ola que se encrespa y sube al cielo, en el huracan que troncha los rboles del bosque, en el tmpano que rueda hcia el abismo arrastrando consigo cuanto encuentra al paso. Hasta la soledad, el pramo, el desierto me impresionan vivamente: la naturaleza es alli menos bella pero mas sublime. He cruzado en una de las mas claras noches de verano una llanura yerma y erizada de peascos: he creido encontrarme en el imperio de la muerte. Cada peasco me ha parecido una fantasma, y me he estremecido hasta al ver mi sombra apareciendo y desapareciendo sobre cada una de las rocas. No hay espectculos como los de la naturaleza para que el hombre sienta: al revolver de cada encrucijada, al trasponer de cada monte esperimentan una revolucion el alma y los sentidos. En las verdes y risueas colinas cuyo pie baan las aguas de un arroyo, en esos dulces y apacibles valles que dan sombra esbeltos lamos y ligeros chopos, al pie de esas fuentes que murmuran bajo los caidos ramajes de los sauces, en medio de la pradera y la enramada late el corazon de amor, el pensamiento vuela hcia los seres mas queridos, suspiramos por tenerlos nuestro lado y gozar con ellos de aquellos paisages deliciosos. Vemos largas y dilatadas llanuras; y recordamos al punto hechos de guerra, batallas sangrientas, ejrcitos que se estrellan contra otros ejrcitos como las olas del mar contra la playa. Trepamos la cumbre de los cerros, ensanchamos ilimitadamente el horizonte, dominamos aldeas, pueblos, ciudades; y si la idea de la grandeza de Dios no nos abruma, sentimos crecer por instantes la ambicion, lamentndonos quizs de no poder subyugar tan vasto espacio. Todo habla al hombre en la naturaleza: todo dispierta en l ideas que no se borrarn jamas de su memoria. Los monumentos hablan tambien y reflejan en sus piedras lo pasado; mas las obras de cada estilo tienen un mismo lenguaje y he oido ya la voz de todos los estilos. Dejar esta encantada comarca de Granada; mas no ya para recorrer alczares y templos, sino para ver ese Guadalquivir que fecunda los campos de Crdoba y Sevilla, ese Ocano sin fondo que azota las murallas de la ciudad de Cdiz, ese sol que baja alli al fondo del mar ceido de una corona de tinieblas. Qu puedo ver ya en los monumentos de aquellas tres ciudades? He visitado en Ripoll el monasterio de los monasterios bizantinos, en Toledo la catedral de las catedrales gticas, en Granada el alczar de los alczares construidos por el moro: qu significacion pueden tener al lado de esos colosos la catedral y el alczar de Sevilla? Habeis hablado de castillos, de muros y torreones llenos de recuerdos: dnde he de encontrar ya ni la sombra de los de Almera? Ve uno condensados alli los siglos sobre cada torre, escrita la historia de toda la edad media sobre cada almena. Hablsteis tambien de ruinas: mas qu ruinas podrn compararse con las de Iliturgis, grandioso sepulcro de todo un pueblo de hroes, con las de Tarragona, en cuyos restos imponentes se descubre aun la que fue corte de la mitad de Espaa? Cada monumento, le contestamos, tiene su vida propia; cada ciudad, su historia. Las obras de cada estilo tienen un mismo lenguaje; mas no hay una obra que en ese lenguaje no anuncie distintas ideas, no hay en ella elementos en que no esten consignados nuevos hechos. El arte est en un perpetuo movimiento: hoy no es lo que ayer, por mas que ayer y hoy obedezca las mismas causas y no pueda apelar otros recursos. No hay dos monumentos iguales sobre la faz de la tierra: aun los que ha concebido una misma imaginacion y producido un mismo sentimiento, tienen en s algo que los caracteriza y los distingue. El alczar de Sevilla es hijo de la misma poca que la Alhambra, es una imitacion, es hasta cierto punto una reproduccion de la Alhambra misma; mas tiene un carcter peculiar, distinto, muy distinto del de su modelo. Hay algo en l de misterioso y sombro que nos hace olvidar pronto el alegre y voluptuoso palacio de Granada, que nos preocupa, que se apodera de nuestra alma, que fija y absorve nuestra atencion en una historia lgubre y sangrienta escrita por las tradiciones de cuatro siglos en las galeras, en los salones, en los patios, hasta en los jardines. El espectro de un rey que en medio de la exageracion de sus sentimientos lleg confundir la crueldad con la justicia, las sombras de vctimas sacrificadas de una manera aterradora flotan aun nuestros ojos en lo alto de las bvedas; y no parece sino que lo vemos todo al travs de un velo fnebre. Hay en l mas variedad de arcos, mas perspectiva, mas efectos de luz, mas contrastes de claro-oscuro: hechos todos que contribuyen aumentar la ilusion que al principio se concibe, escitar mas y mas la fantasa, dar un aire mas vago y misterioso aquel palacio. Brillan entre los adornos rabes algunas lneas del arte cristiano: vse aqui un capitel medio corintio, alli una ojiva, mas ac una serie de retratos de reyes que corre como una orla al rededor de una techumbre ricamente artesonada, mas all una figura de relieve que levanta sus miradas hcia un crneo, simbolo al parecer de un suceso que ocult la historia; y hasta esa mezcla de estilos sirve para darle mas originalidad y comunicarle un interes que buscariamos intilmente en los mas tristes y mas apartados salones de la Alhambra. Al travs de sus ajimeces se descubren por un lado jardines solitarios, por otro las caladas agujas y la torre de una catedral sombra: nada, absolutamente nada hay en l que pueda distraer la imaginacion del fantasma que ya al entrar se ha concebido. La catedral no tendr quizs el vistoso conjunto de otras catedrales; mas apenas la distingue desde las aguas del Guadalquivir el artista que va de Cdiz Sevilla, cuando la contempla ya como una obra original en su estilo, y suspira por abarcar de cerca su misterioso y ttrico conjunto. Est adosada una de las mas imponentes torres rabes, erizada de pirmides y agujas, perforada, calada, ataraceada, cubierta de fachadas y coronada de grgolas, embellecida por un patio de naranjos que refleja aun el islamismo. Es en su interior grande y sencilla, sobria de adornos, mas llena de magestad que de delicadeza, homognea, compacta, bella. No abunda en detalles; pero reune en sus capillas las mejores obras de pintura, en su presbiterio las mejores obras de escultura. Es toda ella un poema, un libro de piedra en que estan escritas con los mas brillantes caractres la ley de Moiss y la de Cristo, las escenas de la vida de los patriarcas, los profetas, los apstoles, la Vrgen, el Redentor del mundo. Los ltimos rayos del sol mueren en otoo al pie del Crucifijo que corona su inmenso tabernculo: no hay conjunto como el que entonces se ofrece al que est situado en una estremidad de su crucero. Los cristales de las ventanas son todos de colores; la luz que pasa por ellos ilumina de la manera mas fantstica aquel lgubre madero. Uno que otro reflejo hiere desigualmente las bvedas, los haces de columnas, el pavimento, el coro; aparece el tabernculo en la oscuridad, lo demas del templo envuelto en vagas y confusas sombras. No es ya posible detener la imaginacion: vuela al Calvario y ve en todo su horror el final de aquel sangriento drama en que un hijo de Dios muere por la humanidad como un esclavo. En la parte posterior del presbiterio, all en lo alto hay una doble lnea de esttuas ennegrecidas por los siglos: se conmueve, se estremece el cristiano al verlas la luz del crepsculo suspendidas en el muro. Vuelve los ojos, y bajo una bveda, cuajada tambien de figuras, ve un sepulcro, un cetro y una corona sobre la losa, una que otra bandera; comprende que est alli enterrado un hroe y dobla involuntariamente la rodilla. Yace dentro de aquel sepulcro S. Fernando. No, no se ha cerrado aun para nosotros la historia del arte: no estan agotadas aun las impresiones que podemos recibir en el seno de los monumentos. Sentireis en la mezquita de Crdoba como no habeis sentido nunca. Andareis errante y lleno de entusiasmo por aquel bosque de columnas, os turbareis ante la esplndida magnificencia del santuario, dejareis el mihrab como un creyente del Profeta; y vos, sectario de la doctrina de Jesucristo, llegareis maldecir al que se atrevi derribar sus techos y interrumpir la armona de sus naves para levantar en ellas altares vuestro Dios, altares los que por l arrostraron el martirio. El puente que tiene la misma ciudad sobre el Guadalquivir, el castillo gtico que lo defiende, el humilde molino rabe sentado en la orilla del rio cautivaran vuestro corazon hasta el estremo de haceros pasar horas enteras al pie de aquellas aguas cristalinas. Las iglesias de Utrera os sorprendern con sus portadas, altas, gigantescas, asombrosas para el que no haya visitado los monumentos que dej en Italia el genio colosal de Miguel Angel. No constan estas fachadas mas que de un solo cuerpo cuya continuacion es la torre de las campanas, y se presentan los ojos del que las observa alguna distancia como pirmides inmensas. Una de ellas es gtica, otra greco-romana; mas producen ambas la misma impresion, admiran todas por la magestad de sus lneas y la grandiosidad de sus formas. Los reinos de Crdoba y Sevilla no son tan fecundos en obras monumentales como otras provincias; mas hasta en pueblos de segundo orden ofrecen pginas notables. Los castillos de Carmona y Moron son ruinas que seguireis con placer y terminarn por sumergiros dulcemente en la melancola; la fachada de las antiguas casas consistoriales de Jerez es una de las flores mas delicadas del Renacimiento; la iglesia de S. Miguel en la misma ciudad, uno de los mas ingeniosos rasgos del goticismo en los primeros tiempos de su decadencia. Deber hablaros ahora de Cdiz? Ah! la primera ciudad de Espaa mentada por la historia apenas tiene una piedra que recuerde su pasado. De sus murallas fenicias, de su templo de Hrcules, de los monumentos que le dejaron las repblicas de Cartago y Roma quedan solo una tradicion vaga y oscura y uno que otro fragmento. Hubo un siglo en que fue la reina de los mares, hubo un tiempo en que manaba en oro, en que miraba cubierta su baha de buques de cien naciones que codiciaban su riqueza: engalanse entonces, levant en sus plazas templos y palacios; y, sin embargo, nada, casi nada le queda ya tampoco de aquellos dias felices, de aquella poca brillante. Su pasada grandeza solo est ya reflejada en una que otra iglesia y en el infinito nmero de mrmoles que adornan hasta los umbrales de sus mas humildes edificios. Cosa singular! tiene un solo templo verdaderamente notable; y este rico y suntuoso templo ha sido levantado hoy, en este mismo siglo, cuando han pasado ya sus dias de esplendor y gloria, cuando la ciencia ha empezado estender las sombras de la duda sobre las creencias religiosas. Es greco-romano y est aun incompleto; mas gozareis en l cuando veais el tabernculo solo y aislado en medio de tres anchas naves cuyo pavimento, cuyas columnas, cuyas capillas ostentan los mas ricos y bruidos mrmoles. Construido segun el orden corintio, presenta unidas la mayor opulencia y la hermosura. No, no parece de nuestra poca aquella catedral soberbia; es en nuestra poca un fenmeno, un verdadero anacronismo. Se presenta fria, tiene defectos ademas de los que son propios de su estilo; mas hasta en ella sentireis... s, quin no siente ni se inspira ante el monumento que ha ido creciendo piedra sobre piedra mientras no lejos de l iba desmoronando el huracan las casas levantadas al Seor por hombres de otros siglos, ya medio derribadas por la revolucion que llevan inoculada en s las generaciones que viven hoy sobre el ensangrentado suelo de todas las naciones? No hay un solo monumento que no encierre interes para el que desee leer en la piedra los secretos de la historia y sepa enlazar con ellos la vida de los pueblos. Sois hombre de corazon, de sentimiento: nos lo revela vuestro mismo estado, vuestras mismas palabras, hijas del mas puro entusiasmo por todo lo que es grande y bello: habeis empezado con nosotros vuestros viajes, y estamos seguros de que con nosotros los concluireis: qu arredraros ni desmayar cuando solo estamos la mitad de la jornada? Flaqueza de nimo habr parecido en m, repuso entonces el viajero, la irresolucion que he manifestado para seguir como hasta ahora vuestras huellas; mas les debo tanto estos lugares solitarios... dej un dia el arte por la ciencia y ay! no encontr mas que veneno en el fondo de esta engaosa copa. Desfallecieron mis creencias, entronizse en mi espritu la duda, y vag por mis labios la blasfemia. Cuanto mas pretend sondar el origen de las cosas, tanto mas se entenebreci mi alma, tanto mas fui impo. Cobr tedio la sociedad, cobr tedio al mundo; me encerr en un egoismo fatal de que hoy mas que nunca me avergenzo. Parecime todo un juego de azar, y mir con indiferencia mi propio destino y el destino de los pueblos. En un estado tal, quise arrojarme desenfrenadamente los placeres, quise ahogar el grito de mi dolor en el estrpito de la bacanal y de la orga; mas en vano: mi corazon era ya la hoja que se desprende del rbol al soplo de las auras del otoo, mi actividad estaba muerta, muerta como mi alma. Supe que bais salir para el reino de Granada, y resolv seguiros. Quin sabe, dije, si la vista de nuevos paises me restituir la calma, si los grandes espectculos de la naturaleza volvern alumbrar mi f estinguida, si las ruinas de los monumentos que nos legaron otros siglos encendern de nuevo la llama de mi amor al arte? Atravse Sierra Morena, y al ver sus bosques, sus coronas de peascos, sus abismos, sent ya dentro de m otro ser, otra personalidad, otro sentimiento. La idea de Dios hiri otra vez mi espritu, levant al cielo los ojos, y reconoc en la naturaleza el orden, en el orden Dios. Cay de repente el velo que habia entre m y el mundo; mas solo por un breve plazo, solo por momentos. La sombra de la duda se alz en m como un espectro; y cre oirla echndome en cara la facilidad con que sucumbia al recuerdo de mis antiguas creencias. Continu el viaje siendo presa de la misma inquietud, sumergido por completo en la melancola. Llegu Iliturgis; y no me refersteis en aquellas tristes ruinas sino hechos sangrientos que hicieron estremecer aun mi corazon gastado: baj Arjonilla, Arjona, Martos; y solo o de vuestra boca en aquellas pequeas y silenciosas villas infidelidades de prncipes y de caballeros, raptos, asesinatos, injusticias de reyes: recorr Jaen, Baeza, beda; y vi en todas partes junto al suntuoso palacio la msera cabaa, el brillo de los pasados encubriendo los vicios de los presentes, el sepulcro de los que ya murieron sirviendo de escudo los que de ellos descienden para defender contra los demas hombres el fruto de su crmen. Vi en Guadix el tercio de la poblacion condenado vivir y morir en el fondo de una cueva; cruc leguas de campos incultos y desiertos poco de haber dejado pueblos sumidos en el abatimiento y la miseria; llegu en una de las horas de mas animacion la ciudad de Almera, y entr en ella en medio del silencio mas profundo. Visit Motril, Velecillos, la Alpujarra; hall donde quiera la quietud del sepulcro, la calma de la muerte. En vano me hicsteis observar perspectivas tan grandiosas como pintorescas: en vano llamsteis mi atencion sobre los templos que erigi la f de otras generaciones: preocupado por los grandes problemas de la ciencia, no atendia mas que al estudio de los hombres con el objeto de reconocer por ellos la existencia y la naturaleza de esa causa de las causas, de esa incgnita que ser tal vez un misterio eterno para la inteligencia humana. No encontr vestigios de bienestar sino en la ciudad de Mlaga, que hoy animan la vez la industria y el comercio; y aun alli qu de funestas rivalidades! qu de almas que lloran en secreto las calamidades que las afligen! qu de crmenes cometidos la sombra de la noche! Vine Granada, al fin, desesperando de los hombres, desesperando de Dios. Ah! decia yo para m, quin curar mi alma lastimada? quin podr levantar ya mi espritu caido? quin devolverme la paz de que goc en mejores dias? Granada fue la que oper en m esta revolucion benfica. Su bella situacion, la grandiosidad de sus paisages, los recuerdos de su historia empezaron por subyugar mi razon y encender mi fantasa: revivi en m el amor al arte: pens, so de nuevo, y logr por de pronto olvidar, si no curar, mis males. La vista de esos valles y esos montes seren mi espritu; el espectculo sublime que ofrecen aqui el cielo y la tierra me reconcili con la idea de una divinidad coexistente con el mundo; el orden que observ en todos los fenmenos me hizo reconocer la Providencia; y al volver la vista mis semejantes, me vi obligado sospechar que aun en medio del desorden que reina en las sociedades obedecemos sin sentirlo una ley por la que tarde temprano se ha de cumplir nuestro destino. Volvieron aparecer entonces en m la creencia y la esperanza; y me sumerg todos los dias mas y mas en esa naturaleza seductora y evidentemente potica, nico medio por el cual puedo llegar unirme con lo eterno y lo infinito. Cmo quereis que no deje con sentimiento esta comarca? Mas os ofreceis dirigirme por los reinos de Crdoba y Sevilla, decs que vais ponerme frente frente con una naturaleza, si no mas bella, mas rica aun y mas grandiosa, con mezquitas rabes que respiran mas el arte, con monumentos que tienen un carcter mas severo y sombro, con templos cuya grandeza ha de imponerme: mis ojos estan sedientos de nuevas impresiones, de nuevas sensaciones mi alma: partamos, suspiro ya por hallarme en la corriente del Guadalquivir, en las olas del Ocano. La plateada serpentina de los rios caudalosos, la inmensidad de los mares han cautivado siempre mi imaginacion y mis sentidos: partamos: quiero baarme en las aguas de ese rio en que cay roto y ensangrentado el manto de los califas, quiero surcar ese Ocano sin fondo, bajo cuyas olas supusieron los poetas de la antigedad el lbrego reino de Pluton, las vastas profundidades del infierno. Crdoba, Sevilla, Cdiz! qu de recuerdos han agrupado alli los siglos! partamos: llevadme estas ciudades llenas, como decs, de arte, de historia, de poesa. Llevadme donde quiera que pueda ver, donde quiera que pueda sentir, donde quiera que pueda soar con lo pasado: necesito aun estar brio de arte para olvidar el dolor de mis heridas. Hablad, pero olvidando siempre las miserias de lo presente y la incertidumbre de lo futuro: ocupad por completo mi imaginacion con la memoria de lo que fue, exaltad mi corazon en amor todo lo bello: la realidad, el porvenir estan ya por desgracia ante mis ojos. No dirigimos ni una palabra mas nuestro viajero: reconocimos en l la mayor parte de nuestros lectores; y no pudimos menos de convencernos de cun necesarias son en nuestra sociedad las obras destinadas ocupar principalmente el corazon y la fantasa de los que no pueden menos de vivir atormentados por las calamidades presentes y el deseo de preparar un porvenir mas halageo. [Illustration] RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAA. SEVILLA, CRDOBA, CDIZ. Capitulo primero. _Primeras impresiones recibidas en Crdoba.--Ojeada general sobre su historia._ [Illustration: M] Mediaba[B] ya la noche, cuando entramos por primera vez en esa ciudad de Crdoba, que han comunicado tanto interes la historia y la poesa. Yaca la ciudad sepultada en silencio: apenas se percibia mas que el dulce susurro del viento entre sus frescas arboledas. La luna resplandecia en lo alto del horizonte; pero no alumbraba sino los techos de sus viejos monumentos: sus estrechas y tortuosas calles estaban casi todas cercadas de tinieblas. Sentiamos una viva inquietud. ramos aun nios cuando la leyenda nos habia hecho ver ya con los ojos de la fantasa esa segunda Damasco, sentada bajo la sombra de sus palmeras orillas de un caudaloso rio. Agolpbanse la sazon en nuestra frente las ilusiones de la infancia; y temiamos verlas deshojadas por el soplo de la realidad, soplo helado y funesto que pasa sobre nuestra imaginacion como el del cierzo sobre el caliz de las flores. No distinguimos por de pronto nada que revelase la mano de los rabes; pero debimos reconocer poco la antigua ciudad musulmana en lo desigual de sus calles y sus casas, en lo mezquino de sus portales, en la sencillez de sus fachadas. Vimos trechos asomar por encima de estos, rboles frondosos que subian al parecer desde el fondo de los patios: recordamos que los orientales guardan para el interior la belleza que otros pueblos se complacen en desarrollar en el esterior de sus edificios; y no pudimos menos de concebir la esperanza de descubrir todava, aunque desfigurada y rota, una ciudad morisca. Esperbamos con impaciencia que rayase el alba: no veamos llegada la hora de penetrar en esos templos donde tantos emires y califas adoraron al Profeta, en esos ricos alczares donde fueron recibidas tan brillantes embajadas y perpetrados los mas negros crmenes, en esos ensangrentados muros de que colgaron los reyes moros las cabezas de sus enemigos, en esos encantados jardines donde languidecieron de amor tantas sultanas, en esos profundos acueductos, abiertos en las peas, donde gimi sin ser oida tanta muchedumbre de cautivos. Contemplamos en tanto gran parte de la ciudad desde un ajimez de la casa en que viviamos. El espectculo que nuestros ojos se presentaba no podia ser mas bello. Alzbanse ac y acull de entre techos desiguales torres mas menos imponentes cuya negra silhueta se destacaba sobre los montes inmediatos sobre el azul del cielo. Brillaban un lado las aguas del Guadalquivir; estendanse al otro las faldas de Sierra Morena, sobre cuyas cumbres centelleaba una que otra estrella, como el ojo de un cclope que est para conciliar el sueo. Ligeras nubes, blancas cual la nieve, recorrian el espacio en alas de suaves brisas embalsamadas por las flores: sutiles, transparentes, dejaban ver al travs de s la bveda del firmamento, y no parecian sino areas gasas destinadas realzar la hermosura de ese estrellado manto de los cielos. Murmullaba debajo de nosotros el follage de los naranjos y los lamos; all lo lejos, en el fondo, se distinguia una palmera; mas all aun, ya fuera de las murallas, masas oscuras que parecian otras tantas arboledas. Ostentaba alli sus ricos dones la naturaleza; aqui sus ricas galas, el arte; y brotaba de todas partes una armona indefinible que hablaba al corazon, dejaba cautiva el alma y suspensos los sentidos. Apoderse en breve de nosotros una dulce melancola. Arroj la historia sobre la ciudad un velo fnebre; asaltaron nuestra imaginacion tristes recuerdos. Esta ciudad, ahora dormida, nos dijimos, qu de veces no ha dispertado llena de sobresalto al grito de la rebelion y al rumor de los combates! Estall un dia una guerra encarnizada entre Csar y Pompeyo. Vino Csar sobre Crdoba y la gan: aqui fue donde recibi el homenage de casi todos los pueblos de la Btica, aqui donde vi rendido sus plantas su enemigo Varron, aqui donde termin en medio de los aplausos de todo un reino la primera y la mas gloriosa de todas sus campaas. Retoaron algun tiempo despues las discordias civiles. Ocup Sexto Pompeyo la ciudad y Csar se vi obligado cercarla. Era de un carcter benigno y generoso este soldado; mas, creyendo ver en este hecho una defeccion, ceg de clera. Levant el sitio apenas supo que Pompeyo habia salido de la ciudad, le derrot en Munda, baj de nuevo Crdoba, y pas cuantos le opusieron la menor resistencia por el filo de la espada. Qu dias aquellos tan aciagos! Estaban divididos los cordobeses en cesarianos y pompeyanos: los pompeyanos querian morir bajo las ruinas de la ciudad antes que entregarse Csar; los cesarianos conspiraban sin tregua contra los pompeyanos; rompieron en un momento dado los dos bandos; y perecieron no solo los principales cesarianos, sino hasta sus hogares y sus hijos. Subian aun al cielo los vapores de la sangre y las llamaradas del incendio, cuando entr Csar para consumar la obra. La ley del talion fue aplicada en todo su rigor; el espritu de venganza qued completamente satisfecho. Murieron bajo el hierro del vencedor mas de veinte mil partidarios de Pompeyo; fueron echados los demas de sus albergues; condenados muchos andar errantes por la tierra llevando en su frente el sello del proscrito. Csar! Csar! no era esta la mision que te habia confiado tu destino. Cmo pudiste en un instante de ira venir cubrir de luto una ciudad que antes y despues consagraste tus recuerdos? cmo no supiste acallar aqui tus pasiones, t que acostumbrabas levantar entre tus brazos al vencido, t que no tuviste corazon para ver la cabeza de Pompeyo y dejar de verter sobre ella una lgrima de compasion y de ternura? Csar! Csar! hemos creido ver aun tu sombra airada pasando sobre esta ciudad de Crdoba: perdnanos si llevados por la fuerza del sentimiento hemos recordado con placer que fuiste espirar bajo el pual de Bruto. Ah! fuiste indudablemente bien desgraciada, Crdoba. No habia caido aun la repblica en manos de los emperadores, cuando eras ya colonia y viste cubierto de monumentos tu recinto; de quintas, tu campia. Viriato pas junto tus muros y no tuviste que sentir el peso de sus armas. Metelo di en tu seno sus esplndidos banquetes: Csar, el mismo Csar, te coron de gloria. Mas cun pasagera fue tu dicha para el dolor y la amargura que hubiste de devorar en medio de las tinieblas y el silencio! Casto Longino, gobernador en nombre de Csar, te arranc tu libertad y tus tesoros: sufriste, lloraste; y cuando no pudiste ya con tus pesares, no encontraste otro medio para salvarte de su codicia que lanzarte al campo de batalla. Vino poco el mismo Csar herirte de muerte; cuatro siglos despues, los vndalos, ese terrible azote enviado por la mano de Dios para regenerar la embrutecida Europa. Te mostraste poderosa contra Agila, cuyo hijo anegaste en la sangre de sus tropas: fiera, romana siempre, llegaste entonces reconquistar tus leyes municipales, hacerte libre, emanciparte, sola y sin mas que tus propias fuerzas, del imperio godo. Mas cun en breve tuviste tambien pendiente sobre t el cetro asolador de Leovigildo! Destruyeron el hierro y el fuego tus soberbios monumentos: fueron tus mejores hijos sepultados en el fondo de tus ruinas. Cay sobre t la mas horrible tirana; y ni libertad tuviste para quejarte de tus infortunios. Fuiste el sepulcro de tu pueblo, el monte en que sentaron sus trofeos tus implacables enemigos. Cay Crdoba en poder de los rabes poco despues de la batalla del Guadalete. Anocheci libre y amaneci cautiva. Fue asaltada de noche por las tropas de Mugueith; y cuando al dispertar se vi por todas partes cercada de invasores, no pudo hacer mas que doblar humildemente la cabeza y sufrir la ley de los vencidos. Corte poco de los emires que gobernaban la Espaa en nombre de los califas de Damasco, no tard en recibir animacion y vida de las gloriosas espediciones militares dirigidas contra las fronteras de las Galias; mas no tard tampoco en estar amenazada por esas funestas guerras de tribu tribu que socavaron desde un principio los cimientos de este nuevo imperio sujeto las banderas del Profeta. Vivi pronto no ya en medio de la animacion, sino en una agitacion febril alimentada sin cesar por odios y ambiciones personales: hoy vi entronizar un emir, maana le vi deponer por una muchedumbre insensata por una soldadesca bria; precipitse todos los dias mas la anarqua y estuvo prxima una completa ruina. Recobr aliento al entrar por sus puertas el jven Abd-el-rhaman, ltimo resto de la familia ommyada; mas hasta bajo esos mismos ommyadas tuvo dias de luto y de amargura. Encendise sobre el sepulcro de Abd-el-rhaman una guerra fratricida que reto por mucho tiempo al fin de cada reinado y engendr los mas horrendos crmenes; subi pocos aos despues al trono el vengativo el Hakem que tom el terror por sistema de gobierno, y sumergi de nuevo esta ciudad en la sangre de sus hijos. El Hakem, sobre todo, fue para ella fatal: cre con objeto de oprimir sus sbditos una milicia permanente, recarg de una manera escesiva los tributos, y sublev contra s los nimos del pueblo. Irritado este, se arroj la calle y desahog su ira contra los recaudadores. Spolo el Hakem, rugi de clera, y mand empalar pblicamente en una de las orillas del rio diez de los rebeldes. Exaltado el pueblo la vista de tan brbaro espectculo, no pudo ya contener sus mpetus: lanzse como un tigre sobre los soldados de la nueva guardia, descuartiz cuantos pretendieron oponerle resistencia, se dirigi al alczar, prorumpi en alaridos y amenazas, protest enrgica y fieramente contra la tirana de sus reyes. El hijo del emir, los altos funcionarios de palacio, cuantos rodeaban el Hakem le suplicaban con instancia que les permitiese salir para aplacar el tumulto con palabras de paz y de concordia; pero el Hakem, sediento ya de sangre, no quiso escuchar mas que la voz de sus pasiones. Acometi de improviso la desarmada muchedumbre, alance, mat, desgarr las mal heridas victimas bajo los pies de sus caballos, mand clavar vivos en las orillas del rio trescientos prisioneros. No estuvo contento aun: los fugitivos se habian retirado al arrabal: entreg por tres dias el arrabal merced de sus soldados. No haya perdn, dijo, ni aun para las casas que han servido de asilo al delincuente; casas, hombres, mugeres, ancianos, nios, todo pereci por el fuego por la espada. Cansado ya de destruir, pregon al cuarto dia un indulto: oh! la sangre hierve en las venas al considerar tan grande ultraje. Un indulto despues de cuatro dias de saqueo y de esterminio! y qu indulto! Desterrse en l para siempre centenares de familias, condense mas de quince mil hombres andar errantes y desnudos por las costas de Africa. Pobres proscritos! Los hubo que tuvieron que ir buscar un albergue en el Egipto, conquistando fuerza de armas la ciudad de Alejandra. Cuntos entre estos no perecieron en el camino de hambre y de fatiga! Las tribus que se internaron por Espaa no hallaron descanso ni tregua sus dolores hasta que, compadecida Toledo de tan amargas desventuras, les abri sus puertas y les di un lugar en su recinto. Pobres proscritos! La muerte de sus hijos, la usurpacion de cuanto habian poseido, el incendio de las casas en que habian abierto por primera vez sus ojos la luz del mundo, no eran aun bastantes para acibarar su vida: faltaba la emigracion, el desconsuelo de deber abandonar para siempre el suelo de su patria. Faltaba aun mas: faltaba que anduviesen de pueblo en pueblo mendigando un asilo y no encontrasen por mucho tiempo un corazon sensible; faltaba que debiesen los mas regar con nueva sangre el pais en que pretendian fijar su residencia; faltaba que echados de este por un gobernador de Egipto, tuviesen que armarse en corso y piratear por los mares de la Grecia hasta haber dado con una isla poco menos que desierta, donde pudiesen levantar sin necesidad de lucha sus mseras tiendas de campaa; faltaba que perseguidos hasta en aquella isla por la mano del destino, se viesen obligados rechazar por dos veces las fuerzas del imperio griego y sucumbir por fin una dura servidumbre. Terrible, terrible fue su suerte: ay! y no hubo quien la vengara! T, Crdoba, te anonadaste y no hiciste mas que verter un llanto intil. Cmo no te alzaste y heriste la frente del malvado? cmo no hallaste en medio de tu furor armas con que reducir polvo los impos que abrieron con mano airada tu palpitante seno? Esperaste en Dios y venciste: confiaste tu venganza en la Providencia y la Providencia te la di cumplida. Veo aun el Hakem cruzando pasos descompuestos los salones de su alczar, lleno el corazon de pesares y de remordimientos. Las sombras de sus vctimas le siguen sin cesar y le precipitan los mas violentos arrebatos de demencia. Sangre! sangre! grita cada momento: sacadme de ese mar de sangre, esclama. Toda mi generacion est manchada con la que yo he vertido. Huid, huid de m; dejadme solo con mis espectros y mi sangre hasta que esta sangre me ahogue. Desesperado, abatido, cae despues en una profunda melancola: no puede ya con sus recuerdos, no puede ya con su dolor: vedle exhalando su ltimo suspiro. Ha muerto, y no suena en todo el palacio ni un gemido; no hay quien derrame una lgrima siquiera. Todo es silencio en torno del cadver: apenas hay quien se atreva mirarle, y hasta sus mismos hijos se cubren el rostro por no verle. Solo el pueblo llora; pero llora de gozo, de gratitud al cielo por verse libre ya del monstruo que acuchill sus hijos. Regocijaos, vosotros tambien, pobres proscritos! Dias de tanto horror no se borrarn jamas de la memoria de los hombres. Buscamos en vano el lugar en que estuvo situado el arrabal; no quedan ya ni escombros. Brota aun sangre de tu profunda herida, desventurada Crdoba: cmo en siglos mas felices no encontraste quien la cicatrizase? Recuerdo tiempos para t dichosos, dias llenos para t de magestad y gloria. Cien aos despues no tuviste aun en el trono de los califas ese magnnimo Abd-el-rhaman III, que despues de haber llevado sus armas vencedoras al interior de Castilla, al Africa, al Egipto, construy junto tus muros los palacios de Medina Azarah y te arrull al melodioso son de los sublimes cantos que inspir tus poetas? No viste poco brillar de nuevo la estrella de Augusto en la frente del generoso el Hakem, de ese el Hakem II de quien dijeron los rabes que habia logrado convertir en rejas de arar tus armas, en pacficos labradores tus guerreros? No viste entonces cubrirse de flores tu campia; de numerosos rebaos, las cumbres de tus cerros; de una rica vegetacion, las faldas de tus colinas pintorescas; de sabios, tus alczares dorados; de peregrinos, tu mezquita djehma; de oro, tus robustas arcas? Sucedi Hakem el dbil Hescham II; mas no fue bajo el reinado de este que sali de entre la muchedumbre de tus soldados ese intrpido Almanzor, terror de los ejrcitos cristianos, hroe que hizo morder el polvo de la tierra cuantos se atrevieron medir con l su lanza, varon tan celoso de su dignidad, que al sentirse herido en Calataazor y al creer segura su derrota, rasg los vendajes que detenian su sangre para morir sobre el campo de batalla? Cundo arroj mas vivos resplandores el astro de tu fortuna y de tu gloria? Las ciudades del norte y del oriente de Espaa te enviaron sus mas hermosas cautivas y esplndidos tesoros; Santiago de Compostela te mand enormes campanas que sirvieron de lmparas para tus mezquitas; el Africa coron tus sienes con las mejores palmas del Desierto. Fuiste la reina de las naciones, fuiste la luz del mundo. La ciencia tuvo en t su templo; el arte, su logia; la industria, su taller; la poesa, su palenque. No solo los pueblos que adoraban al Profeta, la Italia, hasta la Grecia te cedieron en tributo sus mas grandes sabios. Los mas bellos monumentos de Europa estaban dentro de tu recinto; las mejores calzadas conducian tus soberbios muros; los mas vistosos campos se estendian tus pies como una alfombra. Huertas deleitosas, jardines encantadores matizaban la sierra donde ests sentada; bullian donde quiera entre los pomposos ramajes de tus rboles aguas cristalinas bajadas de lo alto de los cerros, estraidas de las mas hondas concavidades de la tierra. El Guadalquivir te traa aun en alas de sus ligeros buques los frutos de la feraz Sevilla; las opulentas regiones del Tarteso te regalaban aun el oro de sus fecundas minas. Una nacion entera estaba humillada tus plantas y obedecia al menor de tus caprichos. Oa tu grito de guerra, y se lanzaba como un leon la pelea; ordenabas la paz, y volvia al cinto su formidable espada. Ese mismo Almanzor, cuya imaginacion embargaban sin cesar sus espediciones militares, apenas sabia guardar para otra que para t los laureles que recogia entre la polvareda del combate: te acariciaba al volver de sus audaces correras como un cazador su perro de caza, como un soldado su corcel de guerra. Crdoba, Crdoba, cmo no se cerraron entonces tus heridas? Ah! con razon, con sobrada razon guardas silencio, desdichada Crdoba. No ignoramos quin era ese Almanzor. Sabemos bien que si te elev la cumbre de tu grandeza, fue tambien el primero en motivar tu caida. Almanzor no era tu califa; no era mas que un hadjib, un valido de tu soberano. Qu hacia Hescham en tanto que l tenia aterrada la Pennsula con el ronco fragor de sus batallas? Tu infortunado rey vivia en una eterna infancia ageno de los negocios del gobierno: no ejercia su imperio sino sobre las flores de su jardin, sobre el corazon de sus esclavas. Muerto Almanzor, tuvo que entregarse en brazos de otro hadjib; muri este segundo hadjib, y tuvo que entregarse en brazos de un tercero. Pertenecieron los tres una familia; pero no todos le fueron igualmente fieles. Almanzor, celoso de la autoridad omnmoda que ejercia sobre la Espaa Arabe, le distrajo de los negocios del gobierno, aunque no intent nunca usurparle el trono que hubiera podido subir llevado sobre el escudo de los ejrcitos que habia conducido la victoria; Abd-el-melek, hijo primognito de Almanzor, sigui guardndole la lealtad jurada; Abd-el-rhaman Anasir, hermano de Abd-el-melek, le movi impulso de su propia ambicion que le declarara sucesor al trono. Declaracion fatal, terriblemente fatal para t, ciudad desventurada, sobre cuya cabeza fue desde entonces amontonando el Seor todo gnero de males: la guerra, el crmen, el hambre, la anarqua! Duerme, duerme, ciudad: duerme tranquila tu tranquilo sueo. No quieras oir otra vez tus espantosos infortunios: no quieras recordar de nuevo tan sangrienta historia. Se estremecen de horror hasta los que la leen en el silencio de sus corazones: qu no sufriras t que tienes aun impresa en tu cuerpo la roja huella de los que la sazon le precipitaron al fondo de un abismo? La declaracion de Hescham arm Mohammad su primo; y Mohammad y Abd-el-rhaman se batieron bajo tus murallas. Vencedor Mohammad, hizo morir en una cruz su enemigo, encerr secretamente Hescham, le di por muerto los ojos de tus hijos, y empu al fin teidas en sangre sus manos el cetro de tus califas. Quiso desarmar los berberiscos; y estall una rebelion en que tu pueblo tuvo ya que tomar parte contra tan odiosos africanos. Salieron estos vencidos, abandonaron tus hogares; mas para volver pronto desgarrar tu seno con sus armas y las armas de Castilla. Te ocuparon por segunda vez despues de haber derrotado Mohammad en la batalla de Jabalquinto; y no te dejaron ya sin haber antes devastado y saqueado tus palacios de Medina Azarah. Mohammad, acompaado de un ejrcito cristiano que le enviaron los condes de Barcelona, invadi de nuevo el trono de tus antiguos reyes; mas para corto, para muy corto tiempo. Vencido poco en un combate que tuvo con los berberiscos, falto del apoyo de sus aliados, enemistado con tus hijos, te puso al borde de un precipicio, del que solo pudo arrancarte la mano de su hadjib sacando del ignorado encierro Hescham, tu legtimo califa. Mohammad vi alzarse ante s su primo Hescham como una sombra: quiso conjurar su enojo con humildes splicas, pero intilmente. Fue decapitado, entregado su cuerpo la muchedumbre, llevada su cabeza sobre la punta de una lanza al audaz Soleyman, quien Hescham trat de dar con esto ejemplo. Tuviste entonces restablecida la legitimidad sobre tu trono; mas qu podias esperar de ese cobarde Hescham, que nunca aspir mas aliento que el de sus jardines, ni conoci mas placeres que los de su serrallo? Ests condenada languidecer y morir; de tu suelo no brotan ya sino la ambicion y el odio para prolongar el horrible dolor de tu agona. Duerme, duerme, ciudad: duerme tranquila tu tranquilo sueo. Hescham no supo hacer mas que acelerar tu ruina. Tena en todo el reino un solo hombre capaz de sostener su vacilante trono; y le entreg por meras sospechas de traicion al hacha del verdugo. Cercado por todas partes de berberiscos que devastaban sin cesar la Andaluca, se anonad, y no pudo dar nunca un paso mas all de tus murallas. Te vi con dolor abatida, devorada por el hambre, consumida por la peste; pero no fue capaz ni aun de procurarte pan teido con la sangre de tus hijos. No se sinti con fuerzas ni aun para salvarte del poder de Soleyman, que cay al fin sobre t y veng en t las afrentas recibidas por sus feroces africanos. Afeminado, dbil, dej que su enemigo te tomara por asalto; desapareci la hora del peligro tras los soldados que habian de velar por tu defensa; y te abandon medio moribunda al furor de los que venian dispuestos acabar contigo. No pereciste aun; mas quin podia creer que no hubiese llegado ya tu ltima hora? Dueo de t Soleyman, robad, saquead, dijo sus tropas: ahogad la voz en la garganta de los que os ultrajaron. Por tres dias tuviste hundida en tu seno la lanza de los bereberes; por tres dias te viste condenada asordar el aire con intiles gemidos. Desencadenado contra t el odio profundo de una raza que fue en todos tiempos el azote de tu pueblo, sola, aislada, no encontraste por eco de tus lamentos sino un contnuo grito de venganza, y llegaste hasta perder la voz para quejarte de tus acerbos males. Soleyman no se content ya con ser el general de tus ejercitos: levant de las oscuras gradas del trono la espada de tus reyes. Orgulloso, intolerante, destituy de sus destinos los rabes y te sujet por completo al dominio de sus soldados. Ejerci sobre t una tirana insoportable: te injuri, te oprimi, arroj con desden sobre tu frente los restos de tu antiguo imperio. No contaba con simpatas, no contaba con mas apoyo que el de sus propias armas; mas estas armas eran fuertes en la pelea, l bravo y fiero como uno de esos leones del Desierto. Se hacia dificil quebrantar su poder, romper su lanza. En otro tiempo t misma hubieras bastado quebrantarlo; mas cmo podias entonces tener fuerzas ni aun para levantar al cielo tus suplicantes brazos? Hayran, hadjib que fue de Hescham, fue entonces el nico que concibi la esperanza de salvarte. Habia sido herido en el asalto del Alczar y recogido por un desgraciado que se compadeci de l y le ocult en su casa. Cicatrizado apenas su cuerpo, no pudo mirar con indiferencia la suerte de su patria: sali de Espaa, pas al Africa, conjur al val de Ceuta Aly ben Hamud que viniera con su ejrcito rasgar las ataduras que te unian ya al sepulcro. El interes que tenia por tu pueblo le inspir elocuencia para traer consigo al esforzado Aly. Entr; dirigise al punto contra Soleyman que, temiendo esperar al enemigo en tu recinto, abandon tus muros; le hall, luch con l, y no par hasta presentarle herido y maniatado al val, que no pudo verle sin afearle sus hechos y cortarle la cabeza con su cimitarra. No pudo ser mas rpido ni mas eficaz el ausilio del hadjib; mas qu podia sobrevenir que no fuese para t un nuevo motivo de dolor y de amargura? Saludaste gozosa Hayran y ben Hamud, los aclamaste como tus libertadores: ay! y no pasaron tres aos sin que debieses ver Hayran muerto por la mano de Aly, Aly ahogado en un bao por los servidores del ltimo califa. Pobre Hayran! habia sido l quien habia entronizado principalmente al val, l quien mas habia procurado arrancarte del borde de la tumba; y obtuvo en premio la muerte. Temeroso ben Hamud de su influencia, le alej de s apenas hubo tomado posesion del trono, le incit la rebelion, sali contra l, y no sinti temblar su espada al ir sumergirla en el pecho de su antiguo aliado. Hayran, al sublevarse contra Aly, habia hecho proclamar califa en la ciudad de Jaen al ommyada Abd-el-rhaman IV, biznieto del magnnimo Abd-el-rhaman III. Muerto Aly, vi ya el nuevo prncipe franqueado el paso para subir al trono; mas no tard en deber luchar con otros dos rivales poderosos que hubiera quizs vencido no haberse conjurado contra l su desdichada suerte y el rigor de tu destino. El-Khassem, hermano de Aly, vino apoderarse de tu alczar, al parecer solo para dictar decretos de proscripcion y de muerte contra tus mejores hijos; Yahhyay, primognito del mismo Aly, reuni al momento cuantas fuerzas pudo para reclamarte como una herencia, como el patrimonio de su padre. Tres reyes se disputaron la sazon en el campo de batalla los girones de tu solio. Volvi recorrer la muerte tus ciudades y tus campos: volvi estender de nuevo su fnebre crespon sobre tu reino. Trmulo el-Khassem ante Yahhyay, se ofreci compartir con l su imperio y entregarle por de pronto el gobierno de tu pueblo. Yahhyay acept y prometi guardar el pacto, mas brio poco con tus homenages y sinceros aplausos, no pas ni dias sin aspirar al dominio absoluto y violar la f jurada. Irritse el-Khassem, ya algo repuesto de su primer cuidado; regres, cay sobre t con la celeridad del rayo, y le oblig la fuga. Te alzaste entonces y le venciste: no mas tiranos, dijiste, no mas abatimiento; pero fue intil tu clera; vano, enteramente vano, tu generoso ardor contra tus rudos opresores. No pudiste ni aun muerto el-Khassem gozar de la vista de ese Yahhyay quien amabas. Precipitronse los sucesos de una manera espantosa, y en menos de dos aos tuviste que obedecer la voz de cuatro reyes. El que no muri bajo el pual de los conjurados ni bajo la espada de sus enemigos, muri infamemente atosigado; y t, hurfana de contnuo, de contnuo colocada entre el despotismo y la anarqua, rodaste con mas y mas velocidad lo profundo del abismo sin encontrar otro apoyo en tu fatal caida que dbiles arbustos, rocas apenas sumergidas en la tierra que se quedaban en tus manos se desplomaban al peso de tu cuerpo para apresurar tu ruina. Habia sido ya destronado el-Khassem, cuando su ejrcito, que habia salido poco antes contra Abd-el-rhaman, entraba en batalla con el de este ommyada, en quien cifraban tantos la esperanza de su patria. Venci Abd-el-rhaman; pero muri de un flechazo al acabarse ya el combate. Arroj este hecho en la consternacion todos los nimos. Desesperaron los mas de la salud del reino, y t fuiste la primera: dicen que lloraste al saberlo lgrimas de sangre. Hiciste, sin embargo, un esfuerzo que no era ya de esperar de un ente moribundo: soy yo quien me he de dar mis reyes, esclamaste; y levantaste sobre tu escudo otro ommyada, otro Abd-el-rhaman, hermano de aquel Mohammad que Hescham hizo decapitar al ascender por la segunda vez al trono. Era tu nuevo Abd-el-rhaman jven de grandes dotes, de un porvenir brillante; mas qu habia de poder ya ni aun el hombre de mayor genio con las bastardas pasiones que se agitaban en tu seno? Quiso enfrenar la licencia de tus soldados, arrebatar la dictadura los guardias de tu alczar, proteger tus ciudadanos contra los escesos de la fuerza armada, reprimir el desorden... ah! el desorden pudo mas que l y le denunci como su vctima. Morian un dia los ltimos rayos del sol en tus montes de Occidente cuando tu palacio estaba cernido en todas partes por una horda de asesinos. Dse el grito de alarma, invaden tumultuosamente los salones del alczar. Los esclavos del califa son los primeros en caer bajo la punta de los puales. Se adelantan luego los agresores hasta el mismo Abd-el-rhaman; pelean con l unos instantes, le derriban al pavimento, le cosen estocadas hasta oirle exhalar su ltimo suspiro. Veo aun la luz del crepsculo iluminando fantsticamente el ensangrentado cadver: el silencio que reina en torno suyo me turba y me confunde. Bandidos miserables! raza inicua de hombres corrompidos quienes no espanta verter la sangre humana para satisfacer vuestros deseos! cmo no temblais ante vuestra propia obra? Mohammad, primo del califa, habia sido el gefe de estos conjurados: muerto Abd-el-rhaman, fue proclamado rey. Encumbrado tan alta dignidad solo por el favor de esos criminales llamados guardias del alczar, ya tan codiciosos y perjuros como los que se atrevieron poner un dia en almoneda la corona del Antiguo Imperio, no pens ni pudo pensar durante su reinado sino en ir asegurando con inmensas ddivas la alianza que habia sido establecida entre l y ellos por tan infame alevosa. Consumi el tesoro del divan, disip el tesoro pblico, agot hasta las ltimas rentas del Estado; mas nunca, en ningun tiempo pudo satisfacer la sed de oro que les devoraba. Vise al fin privado de todo gnero de recursos. Empez temblar, pero no retroceder, porque conoci que era imposible. Los puales que hirieron Abd-el-rhaman, dijo, estan asestados contra m: las manos que los empuan no los sueltan ya sino para recoger los escudos que les arroje desde lo alto de mi trono. Entregse la mas desenfrenada arbitrariedad, cre nuevos tributos, vej todos los dias mas y mas los hijos de tu pueblo. Intiles esfuerzos! las exigencias de esa turba de sicarios crecieron proporcion de la generosidad que con ellos ejercia: no pudo ni aun con ese sistema de opresion encontrar medios para cumplirlas. Sintise aislado, perdido; y no vi otro camino para escapar de la muerte que le amenazaba que el de abandonar secretamente los palacios de Medina Azarah en medio de las tinieblas de la noche. Alcanz asi prolongar algunos dias mas su vida; mas ay! en tanto, qu fue de t, desgraciada Crdoba, en poder de esas insolentes guardias pretorianas? Robronte, saqueronte, complacironse en ir agravando mas y mas tu brbara agona. Oyeron tus gemidos y los apagaron con el hierro de su lanza: sufre y obedece, dijeron, los que son hoy tus reyes. No eres acaso t la que contemplaste impasible la muerte de trescientos de tus hijos y la proscripcion de una gran parte de tu pueblo? La primera vez que salimos armados del alczar de tus califas salimos ya para abrir y desgarrar tu seno: callaste entonces, y te atreves quejarte ahora de que ejerzamos en t nuestros instintos? Sufre y muere no ya bajo el hierro, sino bajo el cuento de nuestras alabardas. Pobre ciudad! no bastaba que hubiese sufrido los horrores del hambre y la anarqua: faltaba aun que la insultasen sus verdugos. Quin vendr ya salvarla? quin podr ya venir siquiera dulcificar sus postreros instantes de amargura? Yahhyay reina aun en Ceuta y en Algeciras: cmo no ha tomado las armas para reconquistar su codiciado imperio? tan pronto se ha estinguido en l la llama de esa noble ambicion que le indujo en otro tiempo venir arrancar esta ciudad de la orilla misma del sepulcro? tan pronto han dejado de resonar en sus oidos los vtores con que le acogi la muchedumbre, las afectuosas palabras con que le rindieron homenage los vales? No le mueve ya Yahhyay el deseo de alcanzar un reino; pero le mueve en cambio el amor su Dios y su patria. Crdoba, Crdoba, abre tus puertas tu libertador: no hay ya en todo tu reino otro hombre capaz de contener las lgrimas que brotan torrentes de tus ojos. Su prudencia y su desinteres corren al par con su bravura: su sola mirada basta para imponer tus viles opresores. Aclmale por tu rey, aclmale por tu califa, aclmale por tu Dios sobre la tierra: nadie como l puede vengar ahora tus ultrajes; nadie sino l levantarse como la sombra de los Abd-el-rhamanes la vista de tus enemigos. Entr Yahhyay en esta ciudad sin la menor resistencia y entre los mismos aplausos que la vez primera. Su principal cuidado fue restablecer el orden. Tan cuerdo como severo, logr restaurarlo en breves dias. Sus palabras, dulces para unos, para otros amargas, producian todas el mismo efecto: no parecian sino hlitos de esas templadas brisas que vienen serenar el cielo despues de las tempestades de verano. Asegurada ya la tranquilidad, trat de reconstituir la unidad de la monarqua, rota pedazos por esa larga serie de revoluciones que habian removido este agitado suelo. Llam los vales de las provincias para que fueran jurarle obediencia segn las prcticas del reino: escribi todos sus funcionarios para que no retardasen un solo instante el cumplimiento de sus leyes. Lleno de f en sus propias fuerzas, y sobre todo convencido de la necesidad de llevar cabo su proyecto, se mostr no solo dispuesto realizarlo echando mano de los medios que su autoridad le sugera, sino tambien decidido ir sujetar por s mismo los rebeldes. Esto fue lo que le perdi. Habia entonces en Sevilla un val orgulloso y fiero que no reconocia otra autoridad que la de Dios y su Profeta, que no se arredraba ante ninguno de sus enemigos, que como los reyes escandinavos gustaba de beber en el crneo de los que habia vencido en el campo de batalla. Yahhyay le escribi como los demas vales; pero no tuvo de l mas que un silencio, equivalente en un hombre de su carcter al desprecio. Cmo poda dejar de irritarse Yahhyay? Tom de improviso las armas y sali para Sevilla deseoso de castigar tamao ultraje: di en el camino con el val, le acometi, luch como una fiera con l, le puso en retirada, le oblig al parecer llevar consigo la ignominia y el pesar de una derrota. Arrebatado por su brio, no se content con haber condenado su contrario volverle las espaldas; se precipit tras l seguido de su escasa comitiva, corri, vol, cay en una celada, donde murieron bajo el hierro de los soldados del val l y sus valientes caballeros. Llora, Crdoba, llora si es que lgrimas pueden brotar aun de estos tus ojos: ya no existe el que ha sido tu ltima esperanza; ya no podr volver desnudar por t la espada. Llora, desdichada ciudad, llora porque no es ya solo el califa quien ha muerto, ha muerto tambien el califato. Acabas de perder tu corona de reina en esa fatal jornada: levanta como en otro tiempo la voz... nadie te escucha. Sabida la desgracia de Yahhyay, reunise el divan y eligi por sucesor un ommyada llamado Hescham, que desde la decapitacion de su padre Mohammad vivia casi del todo ignorado en una fortaleza de Castilla. Libre de ambicion, y sobre todo severamente aleccionado por el trgico fin de su hermano y de su padre, rehus por mucho tiempo la peligrosa dignidad que le ofrecian, sin llegar ceder nunca sino ante la consideracion de que asi lo exigia la causa de su patria. Al fin acept y tom la direccion de los negocios del gobierno. Propsose en un principio conciliar todos los nimos por medio de la persuasion y la dulzura: manifest los vales la necesidad de restablecer la unidad del Imperio para detener la marcha de los ejrcitos cristianos internados ya hasta el corazon de la Pennsula; les puso por delante los intereses del Islam, el bienestar de los pueblos fatigados de tan largas y sangrientas guerras; apel los generosos sentimientos que debia abrigar todo buen muzlim, al recuerdo de las antiguas glorias, lo que exigia por fin el cumplimiento de las leyes del Profeta. Todo en vano. Quiso despues recurrir las armas: organiz ejrcitos, nombr generales, les di rdenes terminantes para que no perdonaran medio alguno fin de reducir su obediencia los rebeldes... Todo en vano tambien. Confuso y desconfiado ya, apenas sabia adonde volverse: insisti en su antiguo sistema de moderacion, no porque lo creyese mas eficaz, sino porque le repugnaba derramar en luchas estriles mas sangre. Sufria en tanto el pueblo ignoraba la causa de su sufrimiento. Cansado de padecer, la atribuy como de ordinario su califa y le depuso. Le depuso sin ira, y Hescham baj del trono sin disgusto: todo estaba ya muerto en esta ciudad, todo era ya para ella un hecho indiferente. Baj por fin del trono de tus reyes el ltimo de los Ommyadas, ciudad infortunada: qu te qued luego de tu grandeza de otro tiempo? Agesilao suponia las fronteras de su patria alli donde alcanzaba la punta de sus lanzas: adnde alcanzan ya las tuyas, desdichada corte de los califas? Levntate y vuelve los ojos tu alrededor: Sevilla obedece Mohammad Abu-el-Khassem, el que perdi Yahhyay en una prfida emboscada; Carmona y cija, uno de tus mas intrpidos vales; Mlaga y Algeciras, Edrys; Granada, al berberisco Hhabus; Almera, Murcia, las Baleares, al guerrero Zohayr, val de Denia. Reina en Valencia A'mery; en Zaragoza, Almondhar; en Toledo, Ismail; Abdallah-Ben Moslemah en las dos Estremaduras y el Algarbe. Catalua, Aragon, Navarra, los reinos de Castilla y de Leon estan contemplando tu ruina desde los montes en que tienen establecidas sus tiendas de campaa. Cada uno de tus antiguos vales es un emir, un emir que dispone de ejrcitos, acua moneda, exige tributos, impone leyes todo un pueblo con el hierro de su espada: cada uno de esos emires es uno de tus implacables enemigos. Hblales, y acogern tus palabras con desprecio; recurdales que eres su reina, y despues de llenarte de oprobio se dispondrn la venganza. Eres aun reina; pero tus dominios no se estienden ya fuera de tus murallas; vendr dia, y no est lejos, en que pierdas hasta esa independencia y llegues ser la cautiva de otro pueblo. Depuesto Hescham, fue elegido califa su wazir Gehwar-ben-Mohammad, hombre de talento, de severas costumbres, de tanta resolucion como prudencia, de mucho menos celo por su gloria que por la causa de su patria. Gehwar-ben-Mohammad conocia perfectamente la situacion de Crdoba: sabia que su papel de reina habia concluido, y que podia aspirar cuando mas salvarse del furor de la anarqua. Procur antes que todo asegurar su paz interior, tranquilizarla. Llam al divan los principales ciudadanos, abjur en favor de este senado el poder absoluto de que gozaba como gefe supremo del Imperio, redjose de califa que era ser el presidente de una aristocracia. Proscribi de s el lujo, disminuy el ejrcito, rebaj cuanto pudo los enormes gastos del Tesoro. Declar gratuita la administracion de justicia, puso puertas las calles para impedir los robos y asesinatos que se cometian con frecuencia la sombra de la noche, distribuy armas entre los vecinos para que pudiesen por s mismos velar por la seguridad y mantener el orden. Facilit la entrada de vveres y provey abundantemente los graneros pblicos. Coloc inspectores en todos los mercados para evitar la mala f en los contratos; no consinti por mas tiempo la tirana que ejercian sobre los contribuyentes los recaudadores. Se oblig presentar todos los aos al divan una cuenta detallada de sus ingresos y sus gastos. Deseaba inspirar confianza y la inspir; deseaba robustecer el poder y lo robusteci; deseaba cerrar el paso todo gnero de turbulencias y lo cerr; pero no pudo hacer mas que mejorar el gobierno de la ciudad, como ciudad, no como corte del antiguo Califato. Se acord una que otra vez Ben-Mohammad de cun necesaria era la sumision de los vales que se habian proclamado independientes; mas ni siquiera para intentarla se sinti con fuerzas. Trat de conciliarlos, y encendi sin querer el fuego de la guerra. Quiso sujetar fuerza de armas los que coartaban mas de cerca la accion de los poderes pblicos; y escit contra s Ismail, el mas audaz de los rebeldes. Perdi en la lucha su reputacion, su ejrcito, su vida. Muri Gehwar y volviste caer en un abismo. Su hijo Mohammad, temeroso de Ismail, solicit la alianza de los emires de Badajoz y de Sevilla. La obtuvo, y escit con esto la clera de tus enemigos. Vi en breve contra t las tropas de Al-Mamun, mas belicoso que el mismo Ismail su padre; quiso hacerle frente, y sali vencido en la primer jornada. Lleno de sobresalto, implor entonces por medio de su hijo Abd-el-Melyk el favor de Aben-Abed. Logr salvarte del furor de Al-Mamun; mas acabando para siempre con tu independencia. Aben-Abed, emir de Sevilla, era la sazon uno de los reyes mas temidos de la Andaluca. Llevado de una ambicion sin lmites, no perdonaba medio para ir dilatando sus vastas posesiones: donde crea infructuoso el valor, empleaba la astucia y la perfidia. Entretuvo al jven Abd-el-Melyk divirtindole con fiestas que afectaba darle como un homenage debido al heredero de un califa; dej que se adelantara sobre t Al-Mamun y esper verte cercada. Ya que consider inminente el peligro en que te hallabas, sali de Sevilla como un leon; mas no con el deseo de libertarte, sino con el de hacerte esclava. Favorecido por una salida que hicieron tus tropas se arroj con mpetu sobre Al-Mamun y le derrot al primer encuentro. Logr escitar con su brillante victoria tu entusiasmo. Entr en t primero que Abd-el-Melyk, cerr de improviso tus puertas, ocup tus muros, se apoder de tu alczar, donde estaba medio moribundo tu califa, te impuso su voluntad desde el mismo solio de tus antiguos reyes. Encontr alguna resistencia en Abd-el-Melyk, que las pocas horas vino del campamento enemigo cargado de despojos y trofeos; mas la venci sin dificultad dejando al desgraciado prncipe muerto estocadas en la misma puerta por donde procuraba abrirse paso. Te habl luego de tu porvenir y tu pasado; dispert en t ilusiones y esperanzas; te embriag con fiestas y espectculos que recordaban tu grandeza de otros dias; y alcanz que, degenerada por tus infortunios, t misma llegases aplaudir su infame alevosa. La sangre de Abd-el-Melyk estaba aun caliente, cuando, henchida de gozo, levantabas Aben-Abed sobre tu escudo: qu se habian hecho ya tus sentimientos? ni una lgrima tenias siquiera para el nieto de Gehwar, de ese califa que habia sabido inmolar en tus aras todas sus pasiones? qu creas poder aguardar de esos emires de Sevilla? no hicieron mas que cubrirte de vergenza y de ignominia: no respetaron ni tu trono. El ttulo de califa de Crdoba habia sido hasta entonces el sueo de oro de cuantos sentian en su pecho sed de gloria: Aben-Abed lo despreci, tal vez para hacer mas evidente tu miseria y acabar de sepultarte en el olvido. Hasta el nombre de reina has ya perdido: no es ya Sevilla tu rival, es tu seora. Conservaste tu orgullo, te acordaste alguna vez de que habias sido la capital de una vasta monarqua; pero en vano: tus enemigos pasaron sobre t, como pasa el hombre sobre todo miserable reptil que se atraviesa en su camino. Al-Mamun te sujet sin perder un soldado de su ejrcito: Aben-Abed te recobr sin desnudar la espada. Vinieron los almoravides y te vencieron: te rebelaste contra ellos y no pudiste escitar ni su venganza. Aly, su gefe, se content con que restituyeras lo que en los dias de tu rebelion hubieses usurpado. Secundado tu movimiento por otras cien ciudades, intentaste por segunda vez sacudir el yugo de esos feroces africanos: lo sacudiste y volviste caer en l apenas se presentaron frente tus muros las tropas aliadas de Ben-Ganya y el emperador Alfonso. Saliste del poder de los almoravides para entrar en el de los almohades: desplomse el imperio de los almohades, y tampoco supiste reconquistar tu independencia. Formronse en Espaa varios reinos como la caida de tus Ommyadas: ni voz tuviste para recordar tus derechos. T, cuyas rdenes habian sido obedecidas desde las orillas del Rdano al Desierto, te humillaste recibir las de una ciudad hasta entonces desconocida, las de la ciudad de Baeza. Decapitaste poco Mohammad, tu nuevo rey; pero cuando habia entregado ya Fernando III de Castilla la vecina Andjar y esa misma Baeza de que se habia hecho soberano, Ay! que se va acercando la hora de tu completa ruina! Ciudad de las ciudades musulmanas, Damasco del Occidente, segundo templo del Islam, vas morir: el espritu del Profeta va abandonar para siempre tus mezquitas. Alza tu frente y observa: legiones de nazarenos estan ordenndose en batalla la sombra de sus grandiosos estandartes, de esos estandartes con que vencieron en las Navas de Tolosa. El que las acaudilla es un rey que goza del favor del cielo: ngeles enviados por Cristo sostienen su bandera; palabras de bendicion estan escritas por la misma mano de Dios sobre la hoja de su espada. Hlas ya alli sobre la cumbre de tus montes: ay del dia en que cierres al sueo tus cansados ojos! Oyes? tus templos se estremecen; en tus alczares no resuenan mas que hondos gemidos. Voces misteriosas conmueven de noche el aire que respiras; gritos de desolacion turban de contnuo la paz de tus hogares. Qu remedio has de hallar para conjurar la tempestad que te amenaza? Tus armas estan melladas; tus reyes, dispersos y ocupados en luchas intestinas; tus intrpidos guerreros de otro tiempo, en el sepulcro. Crdoba! Crdoba! vas luchar intilmente contra ese ejrcito de infieles: sucumbirs, y no al hierro, sino al hambre y al desorden. Acababa de salir S. Fernando de la villa de Andjar, cuando un hombre oscuro quien habia conferido el gobierno de la plaza, sabiendo por algunos prisioneros que Crdoba dormia confiada en la inaccion de los cristianos, concibi el atrevido proyecto de ir tomarla por sorpresa. Solia haber por aquellos tiempos en las fronteras de las dos Espaas turbas de hombres medio salvages cuyo nico placer era la guerra, cuyos nicos medios de subsistencia eran las sangrientas algaradas que hacian cada paso en pueblos enemigos. Este hombre oscuro los llam y les comunic su intento. No tuvo que hablar mucho para decidirlos: los exalt, organiz en secreto la espedicion, y vino la primera oportunidad sobre estos muros. Era de noche: el cielo estaba cerrado; la lluvia azotaba los techos de la ciudad dormida. Lleno de f en su empresa, se adelanta el audaz cristiano hcia el barrio de Oriente, escala en silencio los adarves, degella las guardias, se estiende por las calles, se atrinchera, se prepara para resistir los ataques que le darn probablemente al asomar el alba. Seguro ya de su conquista, enva en tanto mensageros Alvaro Perez, al rey, cuantos podian hacer que no quedase ineficaz su temerario empeo. Rayaba apenas el dia, cuando, sorprendidos los habitantes de la ciudad, tomaron las armas y acometieron los invasores. Larga y reiterada fue la lucha, pero intil. Las fuerzas cristianas lejos de menguar crecieron: crecieron por de pronto con el socorro de Alvar Perez, poco despues con el del rey, que, no bien tuvo noticia del suceso, di la vuelta para esta ciudad sin aguardar que se reuniese su ejrcito bajo sus banderas. Cmo no habia de empezar desfallecer una ciudad estenuada por tantos sacrificios? Disputbanse la sazon el imperio de la Espaa Arabe Abu Zeyan, Aben-Hud, Mohammad Al-hamar el fundador del reino de Granada: reconocindose dbil para luchar sola contra sus enemigos, dirigi los ojos Aben-Hud, le escribi, le suplic que no la dejase abandonada en medio de tan gran peligro. Aben-Hud, aunque ambicioso, era de noble corazon: no se hizo ni pudo hacerse sordo al llamamiento de una de las primeras ciudades de su patria. Pospuesto todo interes personal, se dej caer sobre la ciudad con el grueso de su ejrcito. La encontr medio cercada; mas no por esto cej; antes se mostr dispuesto combatir hasta que S. Fernando levantase el sitio. Iba trabar el primer asalto contra los reales enemigos, cuando le ocurri, sin embargo, un pensamiento que detuvo sus mpetus guerreros. Ciudades como Crdoba, dijo, no se sitian con escasas tropas ni sin esperanzas de buen xito: de qu servir empear una lucha en que he de salir vencido? La ruina de la ciudad producir la mia; Murcia caer; el poder del Islam llegar al borde del abismo. Millares de creyentes confian en mi espada: me espondr perderla en defensa de una ciudad que salvar hoy y morir maana? en defensa de una ciudad sobre la cual pesa hace siglos la mano de un fatal destino? Quiso cerciorarse de las fuerzas de que disponia S. Fernando, y aumentaron sus temores. Un caballero cristiano que militaba en sus filas y quien confi esta mision, deseoso de reconciliarse con su rey, exager el nmero de los enemigos, y pint no solo peligroso, sino hasta quimrico el proyecto de atacarlos. Vais morir, le dijo Aben-Hud: vais sacrificaros en vano por una ciudad que est condenada desde mucho tiempo los horrores de la servidumbre. Murcia os proclama emir; Valencia os ofrece una corona; si venceis Al-hamar, es vuestro todo el pais de Andaluca: qu puede importaros, atendido vuestro brillante porvenir, una ciudad que ya no es mas que un nombre? Id y recoged los restos del imperio de los Abd-el-rhamanes; restableced la unidad, agrupad en torno vuestro cuantos se sienten aun decididos sostener la causa del Profeta: no tardareis en derribar de un soplo la obra de Fernando ni en enarbolar vuestros estandartes vencedores hasta en el mismo alczar de Toledo. Aben-Hud, aunque con gran pesadumbre suya, cedi las falsas palabras del cristiano. Cun triste es tu suerte! esclam: no te queda mas recurso que sucumbir, desdichada ciudad! pero confio en que han de brillar para ti mejores dias. No querr Dios que yazga por mucho tiempo esclava la que ha sido el segundo templo del Profeta. S. Fernando, apenas se vi libre de Aben-Hud, no dud un instante mas de la victoria. Multiplicadas de dia en dia sus fuerzas con las huestes que afluan su campamento, comprendi cun facil era triunfar de la ciudad sin verter sangre: estrech el sitio, imposibilit toda salida, y esper con calma que los mismos cercados fuesen sus pies deponer las armas. Desmay el pueblo cordobs; mas no perdi aun del todo la esperanza. Record sus antiguas glorias, su poder, el respeto que su nombre infundia todas las naciones, y se resistia creer que no hubiese siquiera quien por el interes general de los rabes pasase socorrerle. Olvidaba el infeliz que ya no habia en toda la Espaa musulmana ni un solo estado que pudiese aventurarse luchar con las tropas de Castilla, ni un solo cad que supiese acallar su ambicion en beneficio de su patria. Confi, pero sin fruto: vi que todos los dias se aumentaban sus enemigos, nunca sus soldados. Falto de vveres y sobre todo de un gefe, fue pasando de la abundancia la escasez, de la escasez al hambre, del hambre la anarqua. No pudo, al fin, sufrir mas: tuvo que apelar la piedad del vencedor, y hasta en ese momento fue el mas desdichado de los pueblos. No obtuvo de l sino la vida, no obtuvo siquiera el derecho de permanecer en sus hogares, de conservar su hacienda. No qued ni un solo musulman en Crdoba despues que hubo entrado en ella S. Fernando: todos, absolutamente todos fueron condenados la proscripcion y la miseria. El rey llev el rigor hasta el estremo de no consentir que saliesen sino con lo que pudiese cada cual llevar consigo. Qu hubiera hecho mas si hubiese debido conquistar la ciudad fuerza de armas? Estoy oyendo tus gemidos, Crdoba; estoy viendo las lgrimas que brotan de tus ojos, Qu dia de desolacion para t aquel terrible dia! Mientras tus rabes te dejaban en silencio, tus enemigos te ocupaban entonando cnticos de triunfo. Tus alczares fueron saqueados; tus templos profanados; violados los hogares de tus hijos. Tu mezquita fue consagrada otro Dios, invadida por soldados y sacerdotes de Cristo. La voz del muezin dej de animar tus minaretes; la del rudo africano, tus torreones. Hablaste y no te comprendieron; te hablaron y no comprendiste. Tus escuelas quedaron para siempre cerradas; tus baos, secos; tus palacios, desiertos. Estabas aun radiante de hermosura; mas tu hermosura no bast para conmover tus vencedores. Qu se hicieron tus encantados palacios de Medina Azarah qu tus embalsamados jardines de la Rusafa, donde plant su palma Abd-el-rhaman I[2]? qu tu biblioteca de Merwan, tesoro de la ciencia y la poesa de tus ilustres hijos? Nada respetaron en t los invasores: no satisfechos con haber despoblado y talado tu campia[3], con haber desterrado todos tus creyentes, con haber llevado la espada hasta el interior de tus santuarios, destruyeron uno uno tus monumentos complacindose en hacer saltar hachazos tus ricas techumbres de cedro y tus paredes de oro. Salvaste de la destruccion comun tus viejos muros[4]; mas para tu castigo: quin entre los rabes se ha de atrever ya venir sobre ellos para restituirte al seno del Profeta? Descie tu bello turbante, sultana del Guadalquivir: ni derecho tienes ya para llamarte mora. Te han hecho cristiana; y cristiana sers mientras dure en la tierra el poder de la cruz. Es intil que alientes en tu pecho la esperanza: intil que en el silencio de la noche cuentes tus pesares las aguas del rio para que las refieran tus hijos: intil que pretendas leer en tu pasado un porvenir menos sombro infeliz que tu presente: vers construir en tu seno sinagogas para judos, baslicas para cristianos, jamas una mezquita. No encontrars eco ni en la ola que pasa ni en el corazon de tus proscritos: sufrirs hoy mas que ayer; sufrirs mas que hoy maana. Has sido vctima de cuantos pueblos cayeron sobre t: lo sers en adelante, de las sangrientas parcialidades que nacern entre cristianos. No est cerrada aun la pgina de tus infortunios, desdichada Crdoba. Apoderado S. Fernando de esta ciudad, no fij ni pudo fijar su pensamiento sino en buscar medios para repoblarla. Redact una carta de fuero mas mplia que las que se habian hasta entonces concedido[5], la comunic todas las ciudades de Castilla, prometi y otorg singulares mercedes cuantos se resolvieron pasar vivir en Crdoba con su esposa y con sus hijos. Distribuy tierras entre los principales caballeros que le habian acompaado en la conquista, di al concejo los pueblos, aldeas y castillos que fueron sucumbiendo en la comarca[6]. Para mas animarla y asegurarla, convirti la ciudad en centro de operaciones militares; restaur la silla de Osio, de aquel famoso prelado quien cupo la gloria de haber presidido el primer concilio de Nicea. Comprendia S. Fernando la gran dificultad que habia en conservar una ciudad rodeada de enemigos; y estaba dispuesto no perdonar sacrificio alguno para traer ella cristianos que tuviesen un interes personal en defenderla. Logr irla poblando; pero lentamente, tan lentamente que tres siglos despues habian los reyes de conceder privilegios los que prometiesen habitar en ella por espacio de veinte aos[7]. Dcese que en tiempo de Abd-el-rhaman III contenia esta ciudad doscientos mil vecinos[8]: ni siquiera una dcima parte ha llegado contener despues pesar de los esfuerzos hechos por los monarcas de Castilla. La favorecieron muy poco los sucesos para que pudiese volver al estado en que la dejaron los Abd-el-rhamanes. D. Alfonso el Sabio vino con el rey de Marruecos cercarla contra el infante D. Sancho, que haba entrado pocos dias antes en ella con su esposa D. Mara de Molina: tuvo al fin que levantar el sitio, pero despues de haber talado sus alrededores[9]. Tallos aos despues el rey D. Pedro, al ver que ni con el ausilio de Mohammad de Granada habia podido arrancarla D. Enrique[10]. La peste diezm horrorosamente sus hijos al empezar el siglo XV: acab con mas de veinte mil en el espacio de tres meses. Sobrevinieron graves disturbios en los reinados de Enrique III y Juan II; y fue sacrificada ya por el uno ya por el otro bando[11]. Siguieron tras aquellos tristes acontecimientos las escandalosas guerras civiles entre Enrique IV y sus hermanos; y se vi destruida y ensangrentada por los mismos habitantes. Los Reyes Catlicos le arrebataron sus mejores soldados para la conquista de Granada; el tribunal del Santo Oficio consumi parte de la poblacion en los tormentos y la hoguera[12]. Los judos, que ya en el siglo XIV habian sido inhumanamente acuchillados por el pueblo, la abandonaron poco en virtud de una orden que solo pueden cohonestar las circunstancias especiales en que se encontraba la sazon una nacionalidad, apenas constituida por otro principio que por el de la unidad de sentimientos religiosos. No sufri poco bajo los reinados de Carlos y Felipe: el peso de los tributos lleg hacerse insoportable; y hubo familias enteras que atravesaron para no volverlo pisar el umbral de sus hogares. La emigracion voluntaria fue tan grande, que los reyes se creyeron obligados otorgar nuevas mercedes los que viniesen poblarla. No podemos menos de recordar con dolor la terrible caresta que la afligi mediados del siglo XVII: como si tantas calamidades polticas no bastasen aun para abatirla, castigla Dios con este nuevo azote. El hambre lleg tal estremo, que armados los ciudadanos en nmero de diez mil, se arrojaron la calle y forzaron los graneros de los particulares. Cuentan que se encontraron casas donde habia hasta cuatro mil arrobas de harina corrompida: con qu razon se hubiera podido castigar un pueblo hambriento que la vista de tan lamentable espectculo hubiese desplegado todo el furor de su venganza? Desangrla en el siglo XVIII la guerra de sucesion: en el XIX, la guerra con la Francia. En la ltima sobre todo padeci mucho esta ciudad de Crdoba. Supo apenas los sucesos del 2 de mayo en Madrid, cuando pretendi ya sublevarse. El 10 secund abiertamente la insurreccion de Sevilla; el 11 estaba armndose; el 7 de junio batindose en el puente de Alcolea. Desdichada como siempre, tuvo que volver la espalda al enemigo. Cerr apresuradamente sus puertas; mas para capitular, no para defenderse. No bien vi Dupont frente sus muros, le envi uno de sus principales hijos para negociar su entrega. Temia ver pasar sobre s la espada de un vencedor que debia sentir naturalmente el deseo de imponer con los horrores de un asalto una nacion rebelde; y estaba en transigir bajo cualesquiera condiciones antes que esponerse ser entregada al saqueo y la matanza. Fue tal su desventura, que ni aun asi pudo evitar lo que temia. Habia empezado entrar en plticas con los franceses, cuando, bajo pretesto de algunos tiros disparados desde la muralla, apuntaron aquellos sus caones contra la Puerta Nueva, y entraron de repente en la ciudad hiriendo y matando sin compasion hasta los indefensos que acertaban cruzar las calles. Un cordobs, que no pudo mirar con sangre fria la entrada de los enemigos, hiri Dupont desde uno de los balcones de su casa; encendironse mas y mas en ira los franceses; y saquearon templos, palacios, edificios privados, oficinas pblicas, cuanto podia satisfacer su sed de oro y de pillage. Ha sufrido Crdoba en todos tiempos; pero raras, rarsimas veces como en esos tres dias de horror en que estuvo merced de una soldadesca cuyo corazon estaba endurecido por las sangrientas escenas de cien campos de batalla. Pobre ciudad! cundo ser que concluyan para ella tan amargas desventuras? Idlatra, cristiana, mora, siempre habr de gemir abrumada por los infortunios? Los dioses del Olimpo no pudieron salvarla del furor de Csar: el Profeta la ha visto morir sin tenderle una mano desde su sepulcro: Cristo la ha entregado al hambre y la peste cuando no la ha envuelto en los horrores de la guerra. Su destino ha sido el mismo bajo todas las religiones; y ella sin embargo ha sido bajo todas creyente. No acabaron aun aqui sus tristes vicisitudes: las guerras civiles que han desgarrado posteriormente el seno de nuestra patria han sacudido sobre ella sus funestas alas; y la han cubierto tambien de luto, de dolor, de ruinas. Quisiramos recordarlas; mas brota aun sangre de tus heridas, desventurada Crdoba, y tememos acibarar con negros recuerdos tus inmensos males. Paz, Crdoba, paz! perdona si hemos venido quizs interrumpir tu sueo con tan lgubre historia. Tenia ya tanto interes para nosotros lo pasado de esta ciudad de Crdoba, que sentamos ir apurando los grandiosos hechos que lo constituan. Asomaba la aurora, y tenamos aun embargada la imaginacion por los recuerdos. Nuestra curiosidad artstica habia llegado desvanecerse: no buscbamos ya con los ojos esos monumentos en que ha de estar encerrado el genio de otros siglos; buscbamos los objetos en que podia estar vinculada una serie de acontecimientos; buscbamos la biblioteca de Merwan, la palma del primer ommyada, el pltano de Csar. La biblioteca, la palma, el pltano no existen: cmo al convencernos de que habian desaparecido podiamos dejar de caer en el abatimiento y en la melancola? Tantas calamidades, nos dijimos, habrn minado esta ciudad hasta por sus cimientos: ay! quin sabe si habr siquiera vestigios de los pueblos que han venido chocar y destruirse en ella? Empezamos distinguir las formas de las torres: en ninguna vimos ni el magestuoso sillar de los romanos, ni el ajimez esbelto de los rabes, ni la entallada cimbra bizantina, ni la aguja gtica. Tenamos la espalda la mezquita de los Abd-el-rhamanes, y no nos era dado descubrirla: perdimos la esperanza. Entre los techos de la ciudad apenas aparecia mas que el estremo de algun roseton, uno que otro muro ennegrecido por los siglos y los rboles que dan frescura y sombra algunos patios: ah! repetimos con dolor: nada de lo pasado guardar al fin esa Crdoba tan decantada por la historia y la poesa? La inquietud se apoder nuevamente de nuestra alma; y recorrimos con afan la ciudad. Nos hallamos por mucho tiempo en un laberinto de calles cual mas estrechas y tortuosas que van, vienen y se cruzan en todas direcciones. La desigualdad del piso, el humilde aspecto de las casas, la escasa animacion que reinaba en todas partes llamaron por de pronto nuestra atencion: nos parecia que estbamos en una de esas villas puramente agrcolas en que los habitantes dejan la poblacion por la campia al primer crepsculo del alba. Levantbamos cada paso nuestras miradas esperando siempre que en alguna de aquellas modestas fachadas habiamos de dar con lneas propias de otra civilizacion, hijas de otro pueblo; mas intilmente, ni el color siquiera permitia apreciar en muchas la huella de los siglos. Hay en Crdoba, como en casi toda la Andaluca, la costumbre de blanquearlas: costumbre detestable para el que pretende leer en las piedras la historia del arte y el carcter general de las naciones. Existen en apartadas y silenciosas calles palacios en cuyas paredes estan escritos grandes recuerdos y sangrientas tradiciones; mas estan lejos de respirar la severa grandeza de los que vimos en algunas ciudades del reino de Granada. Son casi todos frios, montonos, sin colorido local, sin arte, sin poesa. Abandonados desde hace muchos aos por las familias que los fundaron, unos estan ya medio caidos, otros amenazando ruina, los mas invadidos por la tristeza y el silencio. Del que suponen haber pertenecido al Gran Capitan no queda ya mas que una portada; de otros no menos notables han desaparecido hasta los restos. Los hay entre los que permanecen en pie que presentan aun brillantes lneas del Renacimiento; mas ni uno siquiera que refleje la mano de los siglos medios. Hemos buscado en vano los que fueron elegidos por los caballeros de la corte de S. Fernando: no hemos encontrado ni los sepulcros de tan ilustres hroes. Hablan poco los ojos y menos aun la imaginacion estos palacios: no llevan escritos en el esterior de sus paredes ni los hechos de su poca. Una leyenda antigua nos hizo preguntar con interes por el de los condes de Cabra: esperbamos hallar en l algo de sombro, de misterioso, de siniestro; mas nada, absolutamente nada vimos que pudiera traer la memoria el horror de aquella noche en que ciego de clera uno de los condes por la infidelidad de su esposa, pas de una sola estocada los adlteros, mat criados, pages, escuderos, doncellas, amas, y al fin hasta el negro que le acompaaba[13]. No solo no es ya posible distinguir en l la plida y desencajada sombra del marido; no solo no es ya posible percibir el lastimoso eco de las vctimas; su fachada, sus patios, sus salones parecen estar encargados de desmentir los que le han hecho teatro de tan espantosa escena. Es grande su soledad y aislamiento; pero difiere acaso en esto de los demas palacios? Hay pocas ciudades cuyo conjunto revele menos su pasada gloria que el de la ciudad de Crdoba. En otros pueblos, ya que no se conserven los palacios de los conquistadores, descubre cada paso el viajero aun en las casas mas humildes, ac una hermosa ventana gtica por cuya entallada ojiva trepan las hojas de la enredadera y de la yedra, all un lindo ajimez rabe tras cuya transparente celosa se cree distinguir aun el animado rostro de una gallarda mora, acull un sillar romano donde estan entalladas en caractres ya medio borrados las hazaas de los que mas engrandecieron el antiguo Imperio; en Crdoba se observa cuando mas lo largo de sus calles una que otra galera construida en nuestros tiempos, uno que otro ventanage historiado, bello solo por su aspecto pintoresco. La arquitectura ojival no desarrolla algunos de sus encantos sino en las fachadas y rosetones de templos medio bizantinos edificados al parecer sobre un mismo prototipo; la arquitectura oriental no ostenta la belleza de sus formas sino en la mezquita, en parte de los muros, en el interior de un escaso nmero de edificios, en el fondo de costosos acueductos abiertos en la pea por manos de cautivos; la arquitectura romana no guarda sino algunas de sus piedras en los cimientos de la fortificacion y en el interior de algunos monumentos. Asoman en el esterior de una que otra torre algunas lneas rabes; pero no son mas que una imitacion no son mas que reminiscencias de otras pocas. El viajero que recorra por primera vez la ciudad de Crdoba y desee apreciarla en conjunto apenas puede hacer mas que ir siguiendo sus murallas, cercadas aun de gigantescos torreones almenados entre los cuales se ocultan estrechas puertas defendidas por recias barbacanas. lzase junto ellas, en el interior, la vasta mezquita de Abd-el-rhaman, cuya espalda abre un S. Rafael sus alas de oro sobre un monumento de bruidos y esquisitos jaspes: corren, en el esterior, las aguas del Guadalquivir bajo el famoso puente reedificado por Hescham, que sirven de apoyo el castillo de la Calahorra y la puerta de Sevilla; descuellan no lejos de aqui sobre el mismo adarve las macizas torres del alczar de Alonso XI, edificado en 1328 al pie de las ruinas de otro palacio de que no existen sino tristes restos y fnebres memorias[14]. Las frondosas y estensas alamedas del campo de la Victoria estienden algo mas all las sombras de sus ramajes sobre gran parte de sus negros y elevados cubos; la torre de la Malmuerta[15], construida fines del siglo XV, cubre otras mas all con el misterioso velo de la tradicion y la poesa. [Illustration: PUERTA DE SEVILLA. (_Crdoba._)] Crecen espaldas de esta torre vastas y deleitosas huertas cuyos cuadros matizados de flores verdean agradablemente bajo la sombra de rboles frutales; estindese tras estas huertas la Arrizafa, el ameno vergel en que suponen llor Abd-el-rhaman I recordando la vista de una palma el suelo de su patria. Conserva ya este lugar escasos vestigios de lo que ha sido un dia; mas no deja de tener aun interes, ora se atienda su pintoresca posicion en una de las vertientes de la Sierra, ora al realce que le dan las frondosas arboledas de los cerros de cuyo fondo se destaca, ora al espectculo que desde alli presenta la ciudad cuando el sol no ha logrado disipar aun la neblina en que est ligeramente envuelta, ora las ideas que inspira la memoria de haber sido enterramiento[16], ora por fin que corren debajo de ella entre paredes de estalctitas aguas puras y cristalinas que brotan gota gota del seno de las peas[17]. Detras de la Arrizafa corren lo largo las faldas de la Sierra, coronada de pinos: all en las faldas mismas blanquea entre los bosques una que otra ermita: ah! el corazon se ensancha al ver tanta belleza, al contemplar tan deliciosa soledad, tan dulce calma. El arroyo de las piedras que corre por un spero cauce entre orillas cubiertas de lozanos y fecundsimos olivos, la tranquila Fuen-Santa, pequea capilla que alza sus modestos muros en medio del mas seductor paisage, la vista del imponente Guadalquivir que se desliza magestuosamente al pie de la ciudad besando sus murallas, una que otra escena campestre acaban de embellecer sus alrededores, donde pueden cada paso espaciarse los sentidos descubriendo entre lejanos montes pueblos y castillos en cuyas coronas de almenas estan incrustados los recuerdos de diez siglos. Desde cada altillo puede uno considerar en conjunto la ciudad, puede verla levantando al cielo las torres de sus baluartes y sus templos, los lamos de sus paseos y sus patios, los desiguales techos de sus casas, sobre los cuales cree uno aun distinguir en pie las sombras de sus antiguos hroes. Descbrese principalmente la ciudad desde algo mas all del castillo de la Calahorra[18], la otra parte del Guadalquivir, corta distancia de su rida ribera. Qu bello conjunto el que desde alli se ofrece! Figura en primer trmino la parte posterior del castillo: mas all el puente[19]: al fin del puente la severa puerta de Sevilla, atribuida Juan de Herrera[20]: la derecha de la puerta el bside de la gran mezquita, la izquierda el palacio episcopal y el triunfo[21], en el fondo la Sierra, nuestros pies el rio rugiendo entre las ruedas de un molino rabe: no puede darse ya en Crdoba un grupo que mas imponga, ni una vista que mas cautive. [Illustration: CRDOBA DESDE EL CASTILLO DE LA CARRAHOLA] Mas basta ya de generalidades: empecemos describir los monumentos. Captulo segundo. _Catedral de Crdoba._ Es ya sabido que Abd-el-rhaman, ltimo resto de la familia de los Ommyadas, fu quien declar la Espaa independiente de los califas de Damasco. Deseoso de robustecer su nuevo imperio, no solo trat de romper las relaciones civiles y polticas que habian enlazado hasta entonces el oriente con el occidente, sino que hasta se propuso cortar las que los preceptos del Coran hacian hasta cierto punto indispensables. La peregrinacion al templo de la Meca, dijo, es fcil que recordando constantemente mis rabes su orgen, les haga suspirar un dia por volver vivir bajo la sombra de los que se llaman descendientes del Profeta: urge que detenga esta peligrosa emigracion, concentrando sobre otra mezquita el ardor de mis creyentes. Los ya despedazados monumentos de Mrida acaban de llenarme de asombro: levantar una djama con las ruinas de los antiguos templos, y dejar atrs en grandeza y en magnificencia la de Jerusalen, la de Bagdad, la de la misma capital de los califas. Convertir mi mezquita en una segunda Meca, y har que el rabe devoto venga desde las mas apartadas regiones del Asia adorar el libro santo que encerrar bajo la rica techumbre del santuario. Mi djama reclamar pronto un califa; tomarn mis hijos este ttulo; y la cuestion entre oriente y occidente quedar para siempre terminada. Nuestra constitucion est basada toda sobre el principio religioso: mis pueblos se acostumbrarn no ver mas all de mis hijos sino el ojo de Al y la espada del Profeta. Cuentan que Abd-el-rhaman concibi y estendi por s mismo el plan de esta mezquita; que despues de haber mandado derribar un templo godo construido sobre las ruinas de otro gentlico consagrado Jano, puso l mismo la primera piedra de la nueva fbrica y dedic una hora diaria levantarla con sus propias manos; que derram el oro manos llenas; que no perdon sacrificio para que se la edificara con rapidez, con suntuosidad, con toda la riqueza con que se la habian hecho trazar su fervor religioso y su potica y brillante fantasa: todo revela la importancia que tenia sus ojos una construccion que, no ser creada como instrumento poltico, hubiera debido revelar las circunstancias de una poca en que la nueva monarqua estaba aun vacilante, el poder de los emires era dbil, la poblacion de Crdoba, recien convertida en capital, escasa incoherente. Empezse la obra en 786. En 787, ao del fallecimiento de su fundador, estaba ya muy adelantada. Hescham, hijo y sucesor de Abd-el-rhaman, la continu: comprendi al parecer el pensamiento de su padre, y no alz la mano hasta que la dej concluida. Lo estaba ya en 796, diez aos despues de haber echado sus cimientos. Ignrase cules fueron punto fijo las cantidades invertidas; mas se sabe que Abd-el-rhaman llevaba ya gastadas su muerte cien mil doblas de oro, que Hescham destin solo el embellecimiento del templo cuarenta y cinco mil que le tocaron del botin de una batalla, que la ciudad de Crdoba mantuvo sus espensas los obreros, que otras ciudades contribuyeron con subsidios: no es difcil calcular qu enorme total ascenderia la suma de sus gastos. Puede ser considerada con razon como la obra de todo un pueblo esta mezquita: es la primera que los rabes conciben y crean en Espaa, es la en que por primera vez revelan su poder, su saber, sus sentimientos. Constaba entonces el templo de solas once naves, diez menores y una mayor terminada al norte por una capilla llamada Mihrab donde entraba el creyente la escasa luz de las lmparas para adorar el libro santo de Otman y dar siete vueltas al rededor, hincado de rodillas. No tenia aun ni bellos minaretes ni soberbios patios; no ostentaba aun en su interior esa magnfica capilla de Villaviciosa donde es fama que se reunian los imanes para interpretar las leyes del Profeta[22]; no deslumbraba ni imponia aun al fervoroso musulman con los mrmoles, los mosicos, los colores, la rica y caprichosa pedrera del santuario. Grave, severo como todo lo que lleva sobre s el sello teocrtico, no presentaba aun mas que calles de columnas con capiteles medio bosquejados, sobre cuyos arcos de herradura descansaban techumbres de madera. Ofrecia ya en el esterior el aspecto de una fortaleza: estaba circuido de muros y torreones almenados, tenia entre cubo y cubo puertas que abrian paso hcia otras tantas naves; mas no habia ocultado aun el adusto semblante de sus paredes bajo esa caprichosa decoracion que corre hoy en torno de sus ajimeces, y se estiende como una red sobre el area de sus arcos ultrasemicirculares, sobre los dinteles de sus puertas, sobre los suntuosos recuadros en que se desarrollan todas sus hermosas y elegantes curvas. Abd-el-rhaman III fue el que levant su mas gallardo minarete y embelleci su patio[23]: El-Hakem II, el que revisti el Mihrab de esos innumerables y riqusimos detalles que le constituyen hoy uno de los mas acabados y seductores conjuntos que puede presentar la arquitectura del oriente. Cuando el reinado de El-Hakem, habia ya tenido lugar en Crdoba la recepcion de aquellas brillantes embajadas enviadas por los emperadores de Bizancio: las huestes rabe-espaolas habian hecho estremecer el Africa al sangriento choque de sus armas vencedoras; la Europa entera fijaba aqui los ojos conociendo que habia de partir de aqui la civilizacion de pueblos sumidos aun en la ignorancia y la barbarie. Las relaciones con todos los estados y sobre todo con el imperio de Constantinopla, el cambio recproco de conocimientos que habian dado orgen estas mismas relaciones, el lujo creado y fomentado por las incesantes victorias alcanzadas en dos vastos continentes, la inteligencia y el delicado gusto del monarca cuya mano estaba siempre abierta para coronar de favores todos los que se acercaban los umbrales de su palacio con los inmarcesibles laureles del arte de la ciencia, todo contribuy entonces que se fuese cubriendo de oro, de magnificencia, de hermosura, un monumento que por su naturaleza y por la del pueblo que lo habia construido estaba destinado ser la espresion mas fiel y mas legtima de todos los adelantos de los rabes. Decorse entonces no solo su Mihrab, sino sus puertas principales: el arte bizantino se apoder de l como de un campo conquistado; y esplay asi sobre el interior como sobre el esterior sus kaleidoscpicas y complicadas formas. Era ya esta mezquita en el reinado de El-Hakem bella, arrogante, grandiosa como ningun otro monumento; mas no tard, pesar del vasto espacio que ocupaba, en ser incapaz de satisfacer las necesidades religiosas de aquel pueblo. Vol su fama por las naciones sujetas al poder del islamismo; y se llen de peregrinos que vinieron visitarla desde los mas apartados lmites del mundo. Crdoba creci todos los dias mas y mas ya con la afluencia de rabes asiticos, enemigos de los Abassydas, que deseaban acogerse bajo la sombra de sus antiguos reyes, ya con la de rabes espaoles rechazados por la temible espada de los prncipes cristianos, ya con la de africanos enemigos de la paz que traspasaban el Estrecho aterrados por las luchas que ensangrentaban sin tregua el suelo de su patria, ya con la de hombres quienes el amor al arte y las letras traa respirar el aire de esta universidad y este palacio, impregnado todo de ciencia y de poesa: no bast la mezquita para tanta poblacion, y se hizo una necesidad absoluta el ensancharla. Almanzor, hadjib de Hescham II, se propuso llenar este vaco. Mand que se construyeran otras ocho naves: dispuso que junto la mayor, corta distancia del Mihrab se levantase una capilla en que pudiesen reunirse los imanes.--Es ya sabido quin era este Almanzor: casi todas las ciudades del norte y oriente de Espaa conservan aun tristes recuerdos de su lanza irresistible: casi todos los campos de Castilla fueron removidos con furor por sus batallas. Llevaba encadenada sus banderas la victoria: no regresaba la corte sino cargado de botin, lleno de despojos, de tesoros.--Aumentaba asi en Crdoba la riqueza al mismo paso que el vecindario; y se hacia fcil la construccion de toda obra pblica, por mas que exigiese grandes sacrificios. Aconsejaba la euritmia del conjunto que se repartiesen por igual las ocho naves al uno y otro lado de las que ya existian; mas no lo permiti desgraciadamente la proximidad del alczar de los califas, cuya inmensa mole se estendia tambien al pie del Guadalquivir, al occidente de esta gran mezquita. Tuvo que hacerse el ensanche solo por la parte de oriente; y esta circunstancia es fcil comprender cunto no habia de quebrantar la unidad y la armona. El Mihrab dej de estar en el centro; la puerta principal dej de ser el estremo del eje mayor del edificio; las ocho naves, por necesarias que entonces fuesen, no pudieron menos de parecer una aadidura, y, mas que aadidura, una superfluidad, una escrescencia. No gan la mezquita en el ensanche: perdi: perdi en hermosura, en gracia, en buen efecto. Perdi aun mucho mas en la construccion de lo que es hoy capilla de Villaviciosa. La falta de simetra, la interrupcion de la agradable perspectiva que presentarian desde cualquier punto de vista las columnas, la prdida de la grave y religiosa sencillez que constitua antes el encanto de tan vasta fbrica, estan apenas compensados por las gallardas curvas y las acertadas combinaciones de lneas de la nueva obra. Templos tan inmensos y de tanta significacion para la historia de las artes desea el espectador abarcarlos en conjunto, verlos en toda su estension, admirar de una ojeada toda su grandeza. Cuanto perjudica la impresion total es una verdadera fatalidad para estos monumentos, lo es aunque reuna en s las mas brillantes cualidades. Dudan algunos de que esta capilla pueda ser atribuida ni aun al siglo de Almanzor, por quien la suponemos fundada; mas estamos ntimamente convencidos de que no cabe siquiera lugar tales dudas. Jzgase generalmente de su poca por las molduras interiores; y esto es nuestro modo de ver una falta censurable. Las molduras interiores, del mismo modo que los alicatados, pertenecen cuando mas la poca en que fu edificado el alczar de Granada[24]: las paredes, los grandes arcos de segmento abiertos en ellas, los ajimeces inferiores pertenecen evidentemente la primera poca de esta arquitectura. Un simple cotejo entre estas lneas y las del Mihrab bastarn mas tarde para demostrar hasta la evidencia esta idea, que es para nosotros una verdad incontestable. Empezaron ya los mismos rabes falsear el aspecto artstico de esta gran mezquita; mas qu fueron estas ligeras innovaciones para las que hicieron algunos siglos despues, si no los conquistadores de Crdoba, sus infaustos sucesores?--S. Fernando se content con purificarla y levantar un altar provisional donde pudiese celebrar el triunfo de sus armas; el obispo Mesa con apoyar respetuosamente en las columnas de las naves occidentales una capilla cuyos restos han desaparecido sin dejar huella ni haber lastimado en nada el monumento. Dicen si el mimbar capilla de Villaviciosa sirvi en los primeros tiempos de sala de consejos y despues de sacrista; pero nada tuvo que sufrir tampoco ni de la mano de los concejales ni de los del cabildo. Tard siglos en sufrir mutilaciones este singularsimo edificio; mas ay! fueron bien crueles los que ya por primera vez hizo en l la escuadra y el comps de los cristianos! Corria el ao 1521 cuando el obispo D. Alonso Manrique, llevado esclusivamente de su celo religioso, concibi el fatal proyecto de levantar en medio de la mezquita una capilla que pudiese rivalizar con las mejores de aquel siglo. Comuniclo al cabildo, hall desgraciadamente en l no solo proteccion, sino entusiasmo, y puso dos aos despues, en 7 de setiembre, la primera piedra de la nueva obra. Quiso oponerse la ciudad; pero intilmente. El emperador, que no habia visto nunca la mezquita, tuvo que fallar la contienda; y fall... en favor de D. Alonso. Tres aos despues que pas el emperador Andaluca, cuentan que al ver lo que se habia destruido dobl tristemente la cabeza y manifest un profundo sentimiento por haber otorgado su permiso; mas de qu podian servir entonces sus estriles infundadas quejas? era ya tarde![25] Merece sin disputa alguna ser considerada esta capilla como una de las mas acabadas creaciones del estilo plateresco: es bella, suntuosa, abundante en riqusimos detalles, magestuosa, grande, obra llena de verdad y de poesa; mas cmo han de bastar todas sus dotes para atenuar el dolor que producen en el nimo del artista los recuerdos de lo ya destruido? Llega uno perderla de vista en el seno de aquel estenso bosque de columnas: recorre el monumento, da con ella y siente palpitar de ira el corazon al ver tal sacrilegio. Qu? no habia otro local en Crdoba donde levantar esta capilla? Cmo no fueron sentarla sobre las ya dispersas ruinas de otros monumentos? no advirti Alonso Manrique que iba profanar una mezquita respetada por las armas del mismo S. Fernando? una mezquita, nica en su gnero, sin igual no solo en Espaa, sino en las opulentsimas ciudades del oriente? una mezquita que encierra en s sola toda la historia del arte rabe, una mezquita que es el mas bello lbum que nos leg un gran pueblo? Ah! diria l: es preciso que la cruz brille radiante de magestad y gloria en el ltimo templo del Profeta! es preciso que desaparezca el carcter marcadamente sensual del monumento! es preciso que el viajero respire en l solo el aire de la religion cristiana! No fu todo esto mas que una ilusion; pero una ilusion funesta. No era posible, no lo es, no lo ser nunca cambiar el aspecto eminentemente oriental de esta mezquita. La cruz del Redentor brillar siempre alli medio amortiguada por los vivos reflejos del mahometismo; el viajero oir con asombro bajo aquellas bvedas los cantos de la Iglesia. Acompaad ese templo al mas fervoroso creyente en Jesucristo sin decirle que aquella es la catedral cristiana: entrar con la cabeza erguida y cubierta, levantar la voz, no doblar nunca la rodilla. Admirar la obra del arte; y embebido en la contemplacion de tantas maravillas, lo olvidar todo para pensar tan solo en el Profeta. Estraar ver apoyados en aquellas columnas altares levantados la memoria de los mrtires: oir con sorpresa los sonidos del rgano, si por acaso hieren sus oidos antes que haya llegado descubrir la capilla de Manrique. Llegar la capilla y maldecir instintivamente la mano del que se atrevi destrozar asi la unidad del templo. Cmo podr dejar de ver en ella un espantoso anacronismo, una planta extica, un delirio artstico? Que los que hayan tenido la suerte de visitar esta mezquita recuerden la primera impresion que recibieron! Quin despues de haber visto las naves rabes, el mimbar, el santuario del Coran, ha podido fijar jams los ojos en las innumerables bellezas que cuenta la capilla? Cuando ha querido hacerse cargo de ellas y estudiar uno uno los detalles, no ha debido acaso hacer abstraccion de la mezquita, y concentrar toda su fuerza de atencion en la obra de D. Alonso? La mezquita de los Abd-el-rhamanes no era susceptible de modificacion: debia ser destruida conservada por el sacerdote cristiano en toda su pureza. Comenz, empero, inutilizarla un prelado tan lleno de celo religioso como de ignorancia artstica; y desde entonces qu de profanaciones! qu de absurdos! Ay! quin sabe si la exagerada f de otro prelado llegar un dia querer destruir las paredes del santuario musulman para erigir un altar bajo su concha de alabastro? Quin sabe si para acabar de hacer triunfar el cristianismo sobre el islamismo har saltar los ricos mosicos que cubren los brillantes muros del vestbulo! Mezquita para siempre clebre! mezquita levantada y frecuentada por emires y califas! mezquita por cuya prdida lloran aun bajo su cielo oriental los que creen en Al y en su Profeta! mezquita que han venido inspirarse ya tantos poetas y estudiar tantos artistas! Salud! Un viajero desconocido va atravesar con respeto tus umbrales y revelar tus encantos las generaciones presentes y futuras. Eleva su lenguaje al par de tu belleza, evoca ante l todas tus glorias y recuerdos, enardece hasta donde puedas su corazon, exalta hasta donde quepa su humilde fantasa. La pluma se estremece en su mano al contemplarte en toda tu grandeza, y necesita de todo tu favor para no sucumbir en tan rdua y aventurada empresa. Que el genio de creacion y de armona que te construy dirija mis acentos! que sea yo quien escriba! que seas t quien dictes![C] Huyen mi extasiada vista de repente todas las importunas construcciones, reformas y mutilaciones consumadas por el fervoroso celo de los cristianos triunfadores para convertir en templo del Crucificado la suntuosa aljama; renueva mi enardecida mente las deslumbradoras escenas de la dominacion del Islam en la mas florida region de Espaa, y llegan mi embelesado oido los mgicos acentos que Azazil[26] dirigi sin duda al hijo de los califas[27] Abde-r-rahman ben Moavia, cuando los treinta y un aos de haber derrotado al rebelde Jusuf el Jehri en la famosa batalla de Musara, robustecido ya su poder con otras insignes victorias, hechos tributarios los cristianos de Castilla[28], desarmados los sediciosos wals de las provincias, y dilatada la fama de su fortaleza, de su clemencia y de su justicia desde la aterrada Cairvan[29] hasta la amedrentada corte de Carlomagno[30], resolvi poner un esplndido sello las obras aceptas al Todopoderoso, que hasta entonces habia llevado cabo, erigiendo en su deliciosa Crdoba una casa de oracion que le asegurase un puesto en el Paraiso. Recorro aquel encantado bosque de columnas, silencioso y sombro como las poticas florestas del Eufrates; respiro la fragancia del mbar y del aloe quemado bajo sus incorruptibles techumbres de alerce, suave al embriagado olfato como el aroma que exhala de sus verjeles la gran ciudad edificada sobre las ruinas de Seleucia y Ctesifon reunidas; bome todo en la templada luz que por las naves difunden multitud de lmparas reflejando en el terso pavimento, en los bruidos jaspes de las columnas y en las portentosas labores del santuario; no diviso ya ni aquella catedral, obra de nazarenos, que un momento h se alzaba en medio de la gran mezquita, interceptando mi vista ansiosa de abarcar su primitivo conjunto; ni aquella multitud de capillas y altares, obra indiscreta y confusa de todas las pocas y gustos reunidos, capillas y altares odiosos al fiel muslim que ve erigidos en ellos otros tantos dolos; ni los infinitos sepulcros que profanaban la santa casa donde no os mandarse enterrar ningun Califa: veo la gran rival de las mezquitas de Damasco, Bagdad y Jerusalen, restituida por ensalmo su primitivo destino, y dando al olvido mi orgen, mi siglo y mi f, me encuentro trocado en fervoroso y entusiasta islamita. Por una rpida sucesion de recuerdos y sensaciones vive mi mente en pocos instantes un perodo de dos siglos, y desde el reinado del ilustre Omeya proscripto hasta el gobierno del altivo Al-Mansr, todos los timbres de gloria y grandeza de los hijos de Moavia que tienen relacion con la clebre aljama pasan por ante mis ojos como fantsticos cuadros de un largo delirio de sensualismo que quiz no volver reproducirse en el mundo. Oye, pues, amado lector, la historia probable de la gran mezquita, y acoge con tu benevolencia acostumbrada la restauracion descriptiva que te ofrezco de tan inestimable monumento, segun las tradiciones de los que lo conocieron, intacto, menos desfigurado que est hoy. Hallbase Abde-r-rahman en su predilecto palacio de Ruzafa. Aunque vea por fin cumplidos los deseos de paz que siempre habia abrigado su magnnimo corazon, la tristeza hacia inclinar su gloriosa frente, porque en medio de uno de sus jardines se alzaba esbelta y gallarda una solitaria palma que, como nacida en el Occidente, lejos de la region de las palmeras, le traa la memoria su propio destino. Recordaba que l tambien vivia en un suelo estrao separado de sus mas queridos Coraixis, desterrado del dulce clima de la Siria donde tan alegremente habia trascurrido su primera juventud; deploraba el hado fatal que le hacia enemigos los parientes y deudos quienes habia sacado de la proscripcion colmndolos en su reino de beneficios, hado sangriento que le habia obligado quitar la vida dos de sus sobrinos y desterrar Africa su propio hermano Al-wald, con cuyo auxilio, si no hubieran sido ingratos y rebeldes, habria podido tal vez invadir la Siria y lavar con la sangre de los aborrecidos Abbassides el polvo de la proscripcion que afrentaba los hijos de Moavia; pensaba en suma que con la defeccion de los caudillos y tribus rabes no podria arribar en la colosal empresa de fundar en Andaluca un Califato para los Omeyas, pesar de la lealtad y pujanza de sus asalariados Berberiscos, y aquel mismo Azazil, que fingiendo la voz del ngel Gabriel habia dictado el Koran Mahoma, tomando ahora el acostumbrado disfraz, murmur suavemente al oido de Abde-r-rahman El-Dakhel estas palabras: --Es posible, descendiente de Merwan, que tan facilmente hayas perdido de vista el objeto con que el omnipotente Allah te salv por mi mano del sangriento banquete en que fueron traidoramente inmolados tus parientes[31]? Ya has olvidado sin duda aquel beneficio: yo te le recordar. Cuando despues de la usurpacion de As-Seffh acudas diligente al llamamiento del prfido Addullah Ibn Al, gobernador de Palestina, fiado en la falsa promesa de paz y de perdon con que fueron engaados tantos Omeyas, un ngel, revistiendo la forma de un amigo tuyo, te sali al camino y te dijo:--Obedceme hoy, y en el dia del juicio hazme el cargo que quieras. Huye, huye de aqu: marcha al Occidente, donde te espera un reino: el convite de As-Seffh es una traicion para aniquilar de un solo golpe toda tu familia. Ese ngel era yo. Qu ser de m siguiendo tu consejo? me dijiste.--Entonces te hice descubrir la espalda buscando en ella la seal que para reconocerte me habia dado tu tio Moslemah, el sabio versado en el _libro de los sucesos futuros_; mal podia yo engaarme, vi en efecto el gran lunar negro que matiza tu cuerpo, y te repet: huye, huye! vete al Occidente, donde te aguarda el reino de Andaluca: yo te acompaar parte del camino: veinte mil dineros traigo para t de orden de Moslemah: tmalos, y sgueme pronto. La profeca del _Kitbu-l-hodthn_ se ha cumplido; pero no te condujo Allah al Occidente para darte de por vida estriles conquistas. Qu has hecho para asegurar tu posteridad este nuevo imperio? Qu podrn prometerse tus sucesores si decae la f de los muslimes? Te imaginas por ventura cumplido tu destino dejndote morir sepultado en el harm de tu Ruzafa sin haber dado los andaluces una aljama digna en la corte de tu reino? No en vano, hijo de Moavia, mecan las feris tu cuna en los verjeles del Forat aquel ao en que otro caudillo islamita de tu mismo nombre era derrotado en tierra de Afranc[32] por un rey de nazarenos. Medio siglo no ha transcurrido desde aquel ultraje, y has visto al nieto de ese mismo rey, al emperador mas grande de las glidas regiones de algufia[33], amedrentarse al rumor de tus victorias, perder la color al asomar allende el Ebro tus campeadores, y solicitar tu amistad ofrecindose emparentar contigo. Pero entre el Islam y la Cruz la alianza es imposible, porque es preciso que el Occidente se prosterne bajo la ley del Profeta. Mira como por todas partes erigen templos sus dolos los sectarios de Jesus: sus reyes desafian tu poder fundando en sus estados baslicas y monasterios. Con ellos dan pbulo su falsa religion y aumentan el nmero de los ilusos cenobitas que huyen los placeres y se imaginan hallar la felicidad en el propio sacrificio. No les bastan ya los infieles los templos de ricos mrmoles y vistosas pinturas de los vencidos godos, cuya mentida santidad ha seducido los incultos brbaros: las fundaciones de Sisebuto, Chindasvinto, Wamba, y de los activos pastores del descarriado rebao de Cristo, agregan hoy nuevas fundaciones los tenaces hijos de Pelayo[34]: el mismo impulso da la Iglesia en Afranc, en Italia, en Alemania, los sucesores de Carlos Martel, y el infatigable Carlomagno, que ya se presume emperador de Occidente con afrenta tuya y de tu raza predestinada, presume levantar en la sombra Aquisgram un gigantesco domo revestido de pinturas y mosicos[35] que rivalice con el que erigi Justiniano sobre el azulado espejo del Bsforo. Los infieles, que trabajan afanosos por cubrir la tierra de cruces, van estendiendo la colmena de la Iglesia, y como las abejas la floresta acuden en tropel Bizancio en busca de nuevas artes y fascinadoras invenciones. Antes que los domos de mosico y las refulgentes manzanas de oro que intentan erigir los del Rhin cautiven el corazon de los pobladores de Espaa, apresrate desplegar ante sus ojos el lujo seductor del Oriente; erige un santuario en que reunas la disposicion perfecta que prescribe la Sunnah toda la belleza que la exaltada imaginacion de tus rabes sea capaz de concebir, auxiliada de las mas esquisitas formas del arte asitico, y una riqueza tal que cause maravilla los infieles espaoles, no familiarizados aun con las galas del imperio griego[36]. Carlomagno echar mano para su construccion de las columnas y esculturas de los edificios de Roma y de Ravena[37]: t tienes para la tuya los suntuosos monumentos antiguos de Mrida, Itlica, Tarragona, Narbona y otras ciudades grandes. Dedica al santo libro de Othman una maravilla que haga acudir los cristianos convertidos su recinto como las bandadas de palomas los alminares, y que desde sus mimbares se reparta esos incultos sectarios del Evangelio, obstinados en la mortificacion de los sentidos, el grano fecundo de la _Sunnah_[38], abriendo sus almas de hierro las inefables delicias que promete los fieles la nica religion verdadera. Este obsequio debes la mision civilizadora que te trajo Andaluca, porque no fu tu destino el de conquistador solamente, sino tambien el de propagador del Islamismo: la Meka gime cautiva bajo el yugo de hierro de los usurpadores, y el alhige[39] la Caaba es peligroso para tu autoridad: Allah consiente en favor tuyo la relajacion de aquel precepto, y el Profeta ver gozoso desde su etreo trono que para preservar tus sbditos del contagio de los prfidos _Schiitas_ sustituyes la trabajosa peregrinacion impuesta los de Oriente la visita un nuevo santuario, la casa cuadrada de Abraham una suntuosa aljama, y la piedra negra de Gabriel[40] una copia del libro santo que le fu enviado del cielo en la mstica noche del Al-Kadar[41]. Animo, pues, hijo de Moavia! Acompae al descanso de las espadas la obra de la predicacion; suceda al trfago de la guerra y al clamor de los combates la agitacion pacfica de los ingenios; enmudezcan en buen hora los atabales, pero igase por do quiera el rumor de la gente consagrada al trabajo de la palanca, de la fragua, del cincel y del martillo: para el grandioso objeto que eres llamado Allah te permite tambien esplorar y remover las secretas entraas de los montes: haz abrir las canteras de la vecina sierra, haz amasar la tierra regada con la sangre de los infieles y rebeldes, haz cortar los rboles de los bosques en que fueron clavados los caudillos traidores; yo te inspirar la forma que has de ordenar para la Caaba del Occidente, y cuando ya la tengas erigida, la poderosa voz de los lectores y alkhatibes[42] arrullar el sueo de los leones africanos, y el armonioso concierto de los almuedanes[43] lanzado los cuatro vientos desde el enhiesto alminar, har enmudecer cinco veces cada dia el importuno clamor de las campanas de Cristo[44]. Dios es grande. No hay mas Dios que Dios. Mahoma es su Profeta. Venid orar; venid adorarle. Dios es grande, Dios es nico! entonarn con acordadas voces, y yo encomendar las auras la propagacion del sagrado llamamiento. T quizs no llegars ver la santa obra terminada, pero la ver tu amado Hixem, en quien sobrevivirn tu esfuerzo y tus virtudes; y cuando Allah fuere servido llamarte juicio, pondr yo en la balanza de tus buenas obras tu piadosa fundacion, por sus mritos pasars el Sirath como relmpago apenas visto[45], y llegars feliz y triunfante al jardin de los eternos placeres, donde te saldrn recibir los setenta almalekes encargados por Allah de darte la posesion de sus ansiadas promesas[46]. Estas palabras de Azazil avivan en el pecho del Coreix la amortiguada llama del entusiasmo: hierve de nuevo en sus turgentes venas la sangre del impetuoso Merwan, y al pensar en las delicias del _Genna_[47], en la deleitosa sombra del granado inmortal plantado cabe el trono invisible del Eterno, en los cuatro msticos rios que brotan de su pi, y en las hurs etreas nacidas de sus incomparables frutos[48]; al recordar que su muerte est tal vez prxima y que solo le falta emprender aquella grande obra para asegurarse la posesion del Paraiso y el don de la perpetua juventud en brazos de aquellas encantadoras vrgenes, sacude el letargo y la tristeza, y resuelve inmediatamente seguir la inspiracion del ngel que ha hablado su oido. Era la hora de _adohar_[49], y Abde-r-rahman, que pesar de su edad avanzada solia dejar el blando lecho al alba para recrearse con sus favoritos en la caza de aves, no habia aun salido de su apartamiento. Cinco horas hacia que sus halconeros le esperaban con los caballos y los perros en el lmite de la Ruzafa, cuando les despach por uno de sus esclavos la orden de retirarse. Mand su eunuco Mansur, hagib la sazon por muerte de Abde-r-rahman Ibn Mugheyth, que convocase los jeques de su consejo[50] y los secretarios de su mayor confianza, y despues de referirles la sugestion que aquella maana le habia ocupado, les habl as en tono inspirado y solemne: Dos gigantes aspiran dominar el mundo; el tercero que rivalizaba con ellos no lleva en sus entraas corazon ni culto[51]. El dragon imperial que habia trabado alianza con la Cruz[52] est herido de muerte. Quin dudar de la victoria del leon del desierto? El cristiano idlatra dice: Europa es la reina, Asia su sirviente. El fiel musulman esclama: del Oriente sale la luz, Algufia duerme en las tinieblas. La Iglesia y el Islam se miran frente frente como el leon y el tigre despues de la primera embestida: dos barreras que antes los separaban ceden ya al poder de Allah clemente y misericordioso: en las montaas de Afranc deja el tigre cauteloso la presa por la vuelta[53]: en la ciudad de Constantino devoran las hogueras los monasterios, los monges y los dolos, y los golpes del martillo Isurico se va desmoronando Santa Sofa[54]. Los brbaros de las regiones del hielo se estremecen de placer en sus pellizas esperando que un pontfice romano ponga en la diestra de Kroloh[55] el globo de Constantino; pero las hermosas hijas del Yemen celebran con las zambras y cantares de sus almas las victorias de los hijos de Ismael, que por la virtud del Koran se abren las puertas del Oriente y del Occidente. La perla de la Propntide no pasar ornar la sien del Franco, aunque la amedrentada Irene le brinde con su mano y su diadema[56]. Bizancio aborrece los dolos y se entregar en brazos de los Emires. Los hijos de Odino se han cubierto de ignominia doblando las cervices bajo la maza Carlovingia: Witikindo se ha sostenido solo contra el brbaro de Austrasia, los demas caudillos germanos han palidecido como mugeres y revestido en Paderborn las blancas tnicas de los Catecmenos incircuncisos[57]. Pero los hijos del Yemen han sombreado con el velo del Islam la parte mejor de la tierra, desde el Thibet hasta el Pirineo, y impulso de la cimitarra de los fieles espiran el dragon imperial en los pramos de Sem[58], la escuela de Cristo en los verjeles de Japhet. Los Salvages, cubiertos de pieles, aullaron como lobos hambrientos con la esperanza del botin durante las disensiones de los hijos de Ismal: vieron que sobre las orillas del Eufrates se cernia el fatdico cuervo, y que la blanca paloma habia desamparado su antiguo nido, y se imaginaron cebarse en las riquezas y placeres; mas estaba escrito que no sera para ellos la hermosa tierra del azahar y de la oliva, y el pastor del rebao del Profeta los hizo rodar perniquebrados por las vertientes de sus speras montaas[59]. Entonces cantaron las vrgenes y los ancianos del Hedjaz: no hay mas Dios que Dios, Mahoma es su Profeta! Poderosa es la raza Coreix: Dios clemente ha vinculado en ella el precioso collar de Cosros y las veinte y cinco coronas de los reyes de Iberia[60]. Se imagina el gigante idlatra ser el sucesor de Csar: no advierte que sobre el pltano se ha levantado la palma en el Andals[61], y que su gallardo columpio acuden hoy de Africa y Asia las aves vocingleras. Nuestro es en verdad lo mas aventajado de la tierra: en nuestro dominio se crian las aves de mas vistoso plumage, las piedras preciosas de mas valor, y las plantas de mas fragancia. Es el predilecto del sol que le da fuego fecundo, del mar que siempre le arrulla enriquecindole con el coral y la perla. El idlatra de algufia no ha abierto aun los ojos: la Iglesia le educa y ya le ensea deletrear con su dedo[62]; pero el sucesor del Profeta ha gozado las delicias del saber y mojado el labio en las lmpidas aguas de la elocuencia y de la poesa. No tiene, pues, que temer que el brbaro rey de Afranc rivalice con l en virtud, magnificencia y cultura. No entregar Dios el mundo los que se embriagan predicando penitencia, y se enriquecen ensalzando la pobreza, y se dan al libertinage recomendando la castidad[63]; mas nosotros, que buscamos la dicha en la tierra y la felicidad en el cielo, bendeciremos Allah porque nos ha dado la miel dulce, la rosa balsmica, el rub encarnado, la seda joyante y la muger hermosa. Para ellos los monasterios pobres y sombros; para nosotros los verjeles, el harem, los baos y las aljamas: aljamas revestidas en lo interior de bruidos jaspes y esplendorosos estucos, que con su luz y su fragancia transportan al fiel muslim la casa celeste de la Adoracion[64] construida de jacintos rojos y cercada de lmparas inextinguibles. Para ellos claustros lbregos y silenciosos, para nosotros las cristalinas fuentes y verdes arrayanes de los jardines; para ellos la vida triste y recelosa del castillo, llena de privaciones; para nosotros la existencia risuea y tranquila de la academia; para ellos la intolerante y suspicaz tirana; para nosotros la monarqua clemente y paternal; para ellos la ignorancia popular; para nosotros la instruccion, pblica y gratuita; para ellos los yermos, el celibato, el sacrificio, el martirio voluntario; para nosotros los campos frtiles, el amor, la fraternidad, la bienandanza, las comodidades y deleites; para ellos los penosos preceptos de la Iglesia, las enconadas disputas de los concilios; para nosotros los fciles mandatos de la Sunnah y los entretenidos certmenes de los sabios y poetas. Gran contienda se inaugura entre la barbarie y la cultura, entre las sombras y la luz, entre Cristianos y Muslimes! Preparado est el mundo y dispuesto para grandes cosas, como el hierro que sale de la fragua enrojecido y solo espera la nueva forma que van darle sobre el yunque. El Franco y el Arabe son la tenaza que le tiene asido, y cada cual levanta sobre l su martillo. Pero el Franco habr de volver la maza menudo contra otros brbaros procedentes de los vastos pramos de hielo[65], y al Arabe le bastar sacudir con el ruido de sus corceles el indolente sueo del Ganges y del Indo que se mueren sobre las flores. No resta mas que vigorizar el brazo del forjador donde mas tenaz es la resistencia: un esfuerzo mas, y la vida del Oriente trasmigra al magestuoso Guadalquivir; un acto ms de f, y la magestad de Bagdad se humilla ante la reina del Andals, y el Godo casto y salvage que hoy proclama rey la enriscada Asturias[66], hunde entre sus pobres templos de cal y piedra tosca[67] la frrea corona de puntas heredada de Pelayo. Alcemos, pues, Allah que ha protegido nuestras armas; alcmosle sobre el gran rio del Andals una aljama que supere en magnificencia las de Bagdad y Damasco, solo comparable la santa Alaksa de Jerusalem; y los legtimos sucesores en la herencia de Othman impamente sacrificados, exultarn aunque insepultos. Levantemos la Caaba del Occidente[68] en el solar mismo de un templo cristiano que tengamos que derruir, para que caiga la Cruz entre escombros y sobre su polvo descuelle el Islam radiante. Ostentar la gran mezquita todas las galas del mediodia y del Oriente: su arquitectura ser un esplndido compuesto de todos los estilos, para que en ella puedan leer los venideros todas nuestras conquistas. Sea su planta parecida la de las baslicas del Crucificado, para que la casa de Dios oprima la casa de los dolos: atrio, prtico, naves y santuario; todo en un recinto de cuatro ngulos y cuatro lados, como la santa casa de la Meka[69]. Sea el atrio vasto, espacioso, desahogado: con abundantes y puras aguas para tas abluciones: tal que despues de edificado no haya lengua que ensalce el atrio de Santa Sofa. Descanse todo l sobre una anchurosa cisterna de bveda subterrnea, de modo que el peregrino de tierras de Asur, al refrescarse la sombra de sus naranjos se crea transportado los pensiles de Babilonia. brase paso el gento de los creyentes al cuerpo de la mezquita por once puertas circulares que correspondan otras tantas naves, tendidas del algufia la quibla[70], y la nave central sea mas espaciosa que las laterales, descubriendo en su fondo los extasiados ojos de los muslimes la maravilla nunca vista. El cuerpo de la aljama aventajar por lo sorprendente de su perspectiva la famosa mezquita de Amr y la santa casa de Jerusalem[71], porque sus once naves estarn cruzadas en ngulo recto por treinta y tres mas angostas: todas sostenidas en ricas columnas de mrmoles variados, que al que las mire le representarn la imgen de una lucida hueste en simtrica formacion y belicosa apostura. Verdaderamente se asemejarn esas mil columnas al bosque de lanzas que presentaban en el inolvidable dia de las Vctimas mis leales Zenetes[72], fundamento de mi podero. Sobre esas columnas voltearemos arcos que imiten sutiles banderas henchidas por el viento de la fortuna, y sobre el conjunto descansar una rica techumbre de alerce incorruptible, as como en mis soldados descansa en Espaa la incontaminada Sunnah, que todos nos ampara. Qu espectculo ser semejante al de esos mil arcos ligeros descritos en el espacio, apenas sostenidos en sus arranques y dejando pasar la luz, como un bosque ornado de guirnaldas que sacude y levanta la brisa? No sabrn las gentes qu compararlo, porque no habr monumento antiguo ni moderno que ofrezca tan original combinacion. No profanarn nuestro templo simulacros groseros, no tendrn en l cabida los dolos de los adoradores de los astros y del fuego, ni los emblemas impuros de la India y del Egipto, ni los perecederos dioses de Grecia y Roma. Ormuz y Siva, Venus y Rea, Jesus y Mara, no recibirn de los Muslimes idoltrico culto; el nico smbolo que en nuestra aljama pondremos ser esa gallarda curva sostenida en el aire, que recordar los verdaderos creyentes la afortunada huida del Profeta Medina. Esa es la mstica forma que en aquella memorable noche dibujaron en el cielo la luna nueva que le ilumin el camino, y en la tierra el poderoso casco de su caballo[73]. Como en la marea creciente dibuja la ola en la arena de la playa su crculo, pasando sobre la huella de la oleada anterior, as el dichoso flujo de nuestras conquistas fu pasando triunfante sobre los pueblos sojuzgados. Quiero, pues, que nuestro rpido crecimiento marque sus grados en esas suntuosas columnatas, y que los arcos que lleven la incorruptible techumbre se levanten sobre otros arcos inferiores. Espanto y lgrimas producir en los Cristianos la amenaza de esa creciente marejada; pero los que se conviertan vern en esos arcos el iris de la paz y de la bonanza. Coronarn los pulidos fustes de mrmol y jaspe elegantes capiteles en que alternen el gracioso canastillo corintio y el magnfico compuesto romano; los arcos de la nave central aparecern ricamente ataviados, y en el vestbulo del mihrab prodigar la exuberante imaginacion del Arabe las encantadoras y lujosas combinaciones de la ornamentacion asiria y griega. En l se elevar la magestuosa cpula bizantina, que proteger la tranquilidad del hijo de los Califas durante sus oraciones[74]. Cerrarn esta incomparable aljama cuatro altos y gruesos muros fortalecidos con torreones, cuya solidez desafiar la de las insignes obras romanas de Africa y Espaa, y cuyas endentadas almenas traern la memoria nuestras lejanas conquistas[75]. Despues de terminada nuestra obra, vengan en buen hora disputarnos los adoradores del hijo de Mara el predominio sobre el Occidente. El libro santo que tengo reservado[76] para el inimitable mihrab que ha de ser la maravilla del Andals, conservar la unidad de nuestra f: inalterable inflexible nuestra creencia, crecer el islamismo pujante en Europa arrollando esa multitud de leyes, sectas instituciones que traen divididos los incultos Godos y Germanos, y la Ley del Profeta, que es hoy el vnculo ureo de su pueblo predestinado, ser con el tiempo la frrea argolla que fuerce los rebeldes imperios idlatras prosternarse ante la _Quiblah_ de la grande aljama. As habla Abde-r-rahman, y los jeques de su consejo, que con respetuoso silencio le han escuchado, aplauden su piadoso propsito, aadiendo que verdaderamente ha espuesto con elocuencia la situacion actual del mundo y predicho con tono de adivinacion el futuro engrandecimiento del nuevo Califato. Alguno de ellos, contagiado tal vez de las doctrinas que pblicamente se ensean en las iglesias y monasterios cristianos de Crdoba, baja la vista al suelo y guarda silencio, dudando del triunfo que el hijo de Moavia cuenta por seguro, y juzgando que este no ha comprendido la moral de los que siguen al Crucificado. Umeya Ibn Yezid, secretario favorito de Abde-r-rahman, y que por su oficio de Katib era el encargado de estender las rdenes del soberano[77], y de la proteccion y seguridad de los Cristianos y Judos de Crdoba, fu inmediatamente comisionado para tratar con el Obispo y con el Conde[78] de los Cristianos la compra formal del templo sobre cuyo solar habia de erigirse la nueva mezquita. Mandle que llamase sus arquitectos para comunicarles su plan y darles sus instrucciones, y aadiendo algunas rdenes para su tesorero y para el colector de los impuestos relativamente las sumas que se proponia destinar dicho objeto, despach sus consejeros. La hacienda de Abde-r-rahman se hallaba en estado floreciente pesar de los cuantiosos gastos que habia tenido que hacer para dar esplendor al naciente Califato: sus prodigalidades con los hombres dedicados la ciencia y la literatura, el numeroso ejrcito que habia constantemente mantenido en pi para sofocar en todas partes los grmenes de la rebelion, las costosas obras que habia emprendido para que rivalizase Crdoba en lujo, magnificencia, palacios, jardines, alamedas, casas de recreo y de placer, con las ciudades de Bagdad y Damasco, habian agotado veces sus arcas; pero estas se habian vuelto colmar cuantas veces habia sido menester merced la habilidad con que el descendiente de Merwan sabia hacer fecunda la estril roca de la _Sunnah_. El impuesto legal prescrito por esta, denominado de _la limosna_ (_sadakah_)[79], el que satisfacian los Judos, el tributo del _azaque_, y el que pagaban los Cristianos por razon de sus personas, iglesias, monasterios y catedrales, no habian podido cubrir tan exorbitantes gastos; y habia sido necesario que el Sultan gravase sus sbditos con contribuciones no autorizadas por su cdigo religioso. Habanse establecido nuevos impuestos despreciando las reverentes reclamaciones de algunos meticulosos Cads contra la manifiesta violacion del texto de la ley, y habia recursos mas que suficientes para atender la obra proyectada por dispendiosa que fuera. La sola compra del solar habia de costarle una gran suma. Pero las primeras negociaciones encomendadas al katib Umeya fueron infructuosas. Los Cristianos, firmes en los artculos de la capitulacion que se les habia otorgado por los Sarracenos conquistadores de Crdoba, no querian vender Abde-r-rahman el templo en que este habia fijado sus miras, y que era una espaciosa baslica cuya posesion compartian con los sectarios del Profeta[80]: pues los Musulmanes, en efecto, fieles la prctica entre ellos establecida por consejo del Califa Omar, de dividir con los Cristianos las iglesias de las ciudades conquistadas, al tomar Crdoba habian partido en dos la principal de sus baslicas, dejando una mitad los naturales y apropindose la otra, que habian al punto convertido en mezquita. Los Cristianos satisfacian religiosamente el tributo que se les habia impuesto para poder permanecer con sus iglesias, obispos y sacerdotes[81]: y si bien habian sufrido despojos y exacciones injustas de parte de los gobernadores nombrados por los Califas de Oriente en los aos pasados, la justificacion y buen nombre del hijo de Moavia estaban interesados en que la deseada cesion venta se hiciese sin asomo de violencia. Conocia Abde-r-rahman con su natural talento, que el celo de los naturales estaba notablemente entibiado, que el fervor religioso era mayor en los conquistadores que en los conquistados; crea que el cautiverio y la afliccion habian domado la pasada entereza de los Cordobeses; que la Crdoba de su tiempo no era ya aquella herica colonia patricia convertida, tan dispuesta al martirio y prdiga de su propia sangre, cuando guiaba el rebao de Cristo el grande Osio bajo la persecucion de Diocleciano y Maximiano, ni la Crdoba ortodoxa que habia padecido guerras, hambres y peste, por no contaminarse con el arrianismo; sabia, por ltimo, que pesar de la enseanza catlica dada la juventud cristiana en las escuelas y colegios de los monasterios, donde tanto se distinguian ya algunos abades y jvenes seglares, formidables quiz los Mahometanos para lo venidero[82], la iglesia de Crdoba ahora padecia dolorosas excisiones por las nuevas doctrinas de Migencio y de Elipando[83], y se imaginaba que sus pastores no seguian ya las huellas de aquellos primeros obispos tan ominosos los Donatistas, los Luciferianos, los Gnsticos y los Priscilianistas, y cuya vida habia sido una lucha continuada contra los enemigos de la Iglesia[84]. Sorprendile, pues, sobremanera la repulsa de los Cristianos, pero la idea entre verdadera y falsa que se habia formado del pueblo sojuzgado y de los encargados de su gobierno, le hacia esperar que venceria su resistencia con solo insistir y encomendar al tiempo el resultado de las proposiciones entabladas en su nombre. As realmente sucedi, pero quizs no por la causa en que l confiaba. Cmo fu el conseguir Abde-r-rahman tan grande sacrificio de los Cristianos? Cmo el resolverse estos abandonar su baslica principal los Mahometanos? No habian sido aquellos santos muros testigos de sus promesas y juramentos en las pocas solemnes de la vida? No habian ellos escuchado sus votos, los votos de sus hijos y los de sus esposas al recibir los divinos Sacramentos? Por ventura les era ya indiferente ver profanada aquella tierra que santificaban las preciosas reliquias de sus mrtires; removida la pila bautismal que les habia abierto la entrada al gremio de los fieles; derribado el santo tabernculo que constante y amoroso habia habitado el mismo Jesucristo trasustanciado en pan de vida eterna; despojada, desnuda y despedazada, por fin, el ara santa donde diariamente desde pequeuelos, ellos, sus padres y sus abuelos, habian presenciado el Santo Sacrificio de la Ley? Era posible que no tuviesen apego y cario al baptisterio donde al nacer habian recibido la blanca vestidura de la inocencia y las armas de soldados de Cristo, al altar ante el cual se habian desposado, todo aquel recinto, en fin, centro de su vida moral, donde habian aprendido orar y merecer, donde habian temido y esperado, entonado himnos y vertido lgrimas de amor y de penitencia? Solo Dios omnipotente lo sabe, diremos nosotros segun la costumbre de los historiadores rabes cuando no aciertan darse razon cabal de alguna cosa. Es cierto que bajo Abde-r-rahman I los Cristianos de Crdoba no fueron jams molestados por causa de su religion: pagaban, s, como pueblo conquistado crecidos tributos, pero eran respetados en sus creencias, tenian sus iglesias y monasterios, donde celebraban pblicamente su culto, y no se cuenta que sus ministros, simples sacerdotes prelados, sufriesen vejaciones de parte del primer rey Umeya del Occidente. Al contrario, si comparaban su estado presente con el pasado, podian considerarse ahora como muy dichosos, porque la tirana que sus padres habia afligido desde el cruel Alahor hasta el codicioso Toaba, no la habian conocido ellos[85]. Cierto que se alzaba en Crdoba, ominoso la ley de Cristo, un nuevo imperio cuyo formidable crecimiento se palpaba, cuya dominacion se temia: no empezaba amenazando, por lo mismo era mas imponente; no revelaba todos sus instintos, pero estos se presentian. Los mas doctos y perspicaces vean aunque lejana cernerse ya sobre la iglesia de la Btica la hosca nube de una persecucion sangrienta; mas la generalidad gozaba de la presente tolerancia; no era pues el miedo por entonces motivo para ceder al capricho del intruso soberano, el cual, si bien significaria su deseo con el tono propio del dominador cuando se dirige al dominado, habia resuelto por lo visto no hacer uso de la fuerza en esta ocasion. Y sin embargo el templo fu vendido![86] A pesar de las sensibles reticencias de la historia respecto de este suceso, cuyos pormenores no pueden determinarse mas que los vagos contornos de una escena que se suea, discurramos, lector amado, segun las probabilidades, y hagmoslo de manera que no resulte injurioso el relato de la venta de la baslica cristiana, ni calumniosa la semblanza del prelado que la consinti, si algun dia llegan descubrirse documentos que aclaren el hecho. No imitemos la peligrosa prctica de muchos modernos novelistas y dramaturgos, que apoderndose de los personages histricos para entretener con sus hechos los ocios de los aficionados aventuras prodigiosas, y fundando en la mera posibilidad sus invenciones, suplen el silencio de las crnicas acumulando sobre ellos placer _interesantes monstruosidades_, esponindose al riesgo de que un ignorado y empolvado documento producido nueva luz los deje como infamadores convictos. Sea diversa nuestra regla: creamos que donde hubo maestros para hombres tan insignes en letras y en virtudes como S. Eulogio y Paulo Alvaro, no pudieron faltar virtudes para proceder con conciencia pura, ni letras para obrar con pleno conocimiento de lo que permitia y vedaba la disciplina de la iglesia goda; tengamos por seguro que el clero de Crdoba fu siempre digno de la alta reputacion que supo granjearse en todas las pocas conocidas de nuestra historia sagrada, pues no haremos escesiva gracia al que en todos sus actos notorios procedi como santo, si en alguno de sus hechos ignorados le suponemos consecuente. Y si con este espritu de justicia procedes, facilmente comprenders si pudieron mediar causas que hiciesen la enagenacion de la baslica catedral de Crdoba no solo legtima y vlida segun el derecho cannico de aquellos tiempos[87], sino tambien oportuna y beneficiosa. Ocurrira quizs lo siguiente: recibido que fuese por el obispo de Crdoba el mensage del rey rabe, el prelado reuniria su cabildo, y al esponerle la voluntad y proposicion del mahometano, al punto, como en toda reunion numerosa acontece, se pronunciarian divididos los pareceres: no porque la oferta de Abde-r-rahman tentase la codicia de los que desde luego se hubiesen declarado por la cesion de la baslica, sino porque su propio celo les hiciese mirar como ventajosa su traslacion otro punto. Acaso el mismo obispo sustentaria esta opinion y la esforzaria ante el cnclave cabildo canonical con las slidas razones que hoy mismo podemos colegir de aquellas circunstancias; y aquellos piadosos presbteros se convencerian de la necesidad de admitir el ofrecimiento del monarca infiel. Tal vez los mismos que al principio lo repugnaban, acabarian por reconocer que lo que ahora se les pedia en tono amistoso, maana otro se lo podia exigir en son de amenaza, y que lo que ahora rehusaban entregar con ventaja, tal vez se lo quitarian maana violentamente con gran profanacion y dao. Qu podian prometerse de la resistencia? Que ese pagano poderoso que los toleraba, se convirtiese en tirano que los acosase y destruyese. Quin les aseguraba que la muerte de ese rey, ya anciano, habian de disfrutar la paz y libertad que ahora se les concedia? Los sucesores serian quiz de condicion menos apacible, y entonces caerian en poder suyo todos los edificios sagrados sin resistencia. Considerarian por otra parte la mancilla que llevaban desde que la secta de Mahoma habia ido albergarse bajo la santa techumbre de su propia baslica; los males que de esta nefanda promiscuidad se seguian su grey, en desdoro del pastor que toleraba permaneciese el rebao de Cristo en el redil de que se habian apoderado los lobos; los grandes inconvenientes que esta odiosa cohabitacion llevaba consigo; la imposibilidad de celebrar dignamente sus santos ritos y adorables misterios en el angosto recinto que se vean reducidos; lo mucho que retraa al pueblo de la asistencia los divinos oficios de la catedral el temor del contacto con los impuros proslitos del falso Profeta; finalmente, las ventajas que podian prometerse de trasladar lugar mas decoroso las santas reliquias all depositadas, erigiendo al propio tiempo los tres gloriosos mrtires Fausto, Januario y Marcial, cuyo templo vean lastimosamente derruido[88], una nueva iglesia que fuese su principal baslica; y tributando acciones de gracias y loores al Omnipotente que as mitigaba las tribulaciones de su Iglesia permitindoles edificarle nuevos templos durante su mismo cautiverio, abrazarian con resolucion el partido que su Divina Magestad les sugera tomando al rey infiel por instrumento de sus altos designios. Solo, en efecto, el Dios todopoderoso infinito sabia entonces si algun dia habian de exultar las venideras generaciones libertadas de la triste servidumbre en que vivian, plantando de nuevo la gloriosa ensea de la redencion sobre la soberbia mezquita que ahora consenta se erigiese en castigo de sus pecados! Ya una vez habia descollado la cruz triunfadora sobre el magnfico cornisamento del templo de Jano cuadrifronte; ahora parecia eclipsarse el resplandor del santo Lbaro, derribado de la famosa basa antigua; y era que efectivamente le tenia reservado el Eterno como pedestal el monumento incomparable producido por el ltimo esfuerzo de todos los genios del Oriente conjurados contra el cristianismo. Resuelve el cabildo entregar el templo con la condicion de que se le permita reedificar la baslica de los tres mrtires en los pasados aos destruida, y admitido por el Sultan el pacto, autoriza el obispo la enagenacion. El rabe jactancioso manda al punto que se d los Cristianos el precio convenido, que reciben en dinares de oro, y les insta para que desocupen prontamente el local, porque Abde-r-rahman es ya de edad avanzada, y urge que los suntuosos despojos de Itlica, Mrida y otras ciudades monumentales de los orgullosos Romanos, reciban su providencial colocacion en el soberbio edificio que levanta Mahoma junto al gran rio de la Btica la raza predestinada que avasall los antiguos dominadores del orbe en cuantas provincias reconocian la autoridad de Herclio. Llenas todas las formalidades consiguientes al convenio celebrado, verifcase la traslacion de las reliquias, vasos sagrados, imgenes y demas objetos religiosos al lugar provisional en que debia celebrarse el culto mientras se hacia la nueva iglesia: los Cristianos mas fervorosos acuden presenciar la remocion de aquellos amados objetos, regar con lgrimas aquella tierra santificada con despojos de mrtires, dirigir una mirada de tierna despedida aquel magnfico templo, bajo cuyos dorados artesones habia un tiempo circulado, como trueno de nube fecunda, la voz del santo confesor Osio repitiendo los artculos del Smbolo que su inspirado labio habia dictado en presencia de Constantino en la asombrada Nicea[89]. Despojado por fin el templo, desocupados los claustros de los eclesisticos y de los nios ofrecidos al servicio del culto[90], hecha tambien la traslacion de la escuela y biblioteca[91], renense hora desusada de la noche bajo las silenciosas y desnudas columnatas romanas, sentenciadas inmediata demolicion, el prelado, los presbteros con su arcipreste, los diconos con su arcediano, los subdiconos y todos los clrigos menores con su primicerio, el instructor de los clrigos, el presidente de la sacrista, el archiscrinario, por ltimo el seminario de los oblatos con el docto y piadoso anciano que los educa y rige, los ostiarios, y todos los seglares consagrados al servicio subalterno de la baslica, con no pocos feligreses devotos; y en solemne y lgubre cortejo, despues de dichas las preces oportunas, entonando media voz con sigiloso modo el breve y elocuente salmo _Usque quo, Domine, oblivisceris me in finem_, tan adecuado los sentimientos del alma atribulada que recurre Dios con firme esperanza, en el cual sobresalen las argentinas voces de los descuidados inocentes nios y algunos mal reprimidos sollozos de los apesarados feligreses, salen del profanado templo por su orden, sin iluminacion ni aparato, y van desfilando magestuosamente favor de las nocturnas tinieblas hcia una de las parroquias de la Ajarqua, en cuyas angostas y tortuosas calles se pierde en breve la piadosa comitiva. Con cunta ansia aguardaba el hijo de Moavia este momento! No bien llega su noticia la entrega de la baslica, manda cerrar la mezquita provisional ella contigua, deja su quinta de la Ruzafa, trasldase al alczar de la ciudad para dirigir mas de cerca la obra que proyecta, traza por su propia mano diversos planos segun las grandiosas ideas que habia comunicado sus hijos y consejeros, y dispone que empiece al punto el derribo del antiguo edificio. Con prodigiosa actividad llvanse efecto sus rdenes. Las adiciones que habian tenido que hacer los Sarracenos en su primitiva mezquita mayor habian sido tantas hasta entonces, y tantos los techados que sucesivamente habian tenido que ir aadiendo con la necesaria degradacion para facilitar los desages, que apenas podia ya el pueblo musulman estar en pi bajo las ltimas cubiertas del edificio, cuya capacidad obstrua por otra parte el gran nmero de pilares de madera en que aquellas se habian ido sosteniendo. En esta incmoda mezquita, como en terreno prestado, se habia celebrado el culto pblico de Mahoma en los aos mas gloriosos, si no los mas felices, del reinado de Abde-r-rahman I; pero ahora en su venerada vejez anhelaba dilatar sus arrogantes miradas en nueva, espaciosa y magnfica aljama, haciendo una sola casa de adoracion de la mezquita y la baslica reunidas, sustituyendo al tabernculo el libro del Profeta, al ara sagrada el lujoso mimbar, al ambon el plpito de los khatibes, y las nubes de incienso los fragantes pebeteros de aloe y ambar-gris. Ansioso de ver la obra terminada, constityese en ella diariamente el infatigable anciano, mira con placer rodar sobre el marmreo pavimento romano los fustes y capiteles que habian sustentado la ensea de Cristo confundidos con los pilares en que se habia sostenido la glorificacion del sensualismo; pntase en su atezado y enjuto rostro la alegra cuando ve enteras las magnficas columnas corintias tendidas sus pis; confundido con la turba de los obreros, entre cuyos variados trages, indicio inequvoco de diversidad de naciones, se divisa con frecuencia la blancura de su mplia vestidura habitual y de su turbante de finsimo lino, dispone solcito la conservacion de aquellos preciosos fragmentos, los hace clasificar cuidadosamente, manda que se unan los que sus wales le van enviando de Itlica y Mrida, y al mismo tiempo que avanza la obra de demolicion, promuvense sin levantar mano los trabajos para la construccion nueva. Qu actividad, qu movimiento en toda la ciudad y sus cercanas! Dirase que la ereccion de la aljama principal es el nico negocio que ocupa la corte del naciente Califato. No hay en el alczar dependencia que no intervenga en la gran novedad que se inaugura, ni en la poblacion industria que no reciba impulso. Mientras en las fbricas y talleres, en los bosques y canteras de la sierra, en los caminos de la montaa la ciudad, en las caleras y hornos de ladrillo, todos se agitan afanosos; mientras el arquitecto sirio medita sobre sus planos y los que ha trazado la mano misma del rey, y el Katib escribe pidiendo artistas tiles al Africa y al Asia, y los mauls y poetas protegidos por Abde-r-rahman se esfuerzan en merecer los agasajos del monarca colmndole de elogios por su grandioso pensamiento, el pueblo desocupado y curioso hormiguea todas horas en torno de los espaciosos fundamentos, y todo presenta una animacion y un inters difcil de describir. Presiente Abde-r-rahman que no ver concluida la grandiosa aljama, y anhela que con toda presteza queden cubiertas al menos las peregrinas arqueras que forman sus naves, para tener antes de morir el consuelo de inaugurar en la Caaba de Occidente el culto del Islam con una de aquellas sentidas y elocuentes arengas que tenia por costumbre dirigir su pueblo en la mezquita antigua los dias de juma[92]. La rapidez con que avanza la obra solo es comparable la que se observa en la ejecucion de todas las empresas que acomete el soberano, el cual, si bien procede con pausa y reflexion en sus determinaciones, cuando resuelve llevarlas cabo no consiente demora. Alzanse como por encanto los gruesos muros, las torres que les sirven de estribos, los espaciosos machones de la gran cisterna: tindese sobre estos la espaciosa bveda subterrnea destinada sostener el ameno pensil de las abluciones: elvase ya sobre cimientos de asombrosas dimensiones el cuerpo primero del alminar, de donde ha de partir cinco veces cada dia el sonoro clamoreo del aliden[93]: no parece, en fin, sino que los genios gigantes de las montaas de Kaf[94] hacen rodar hcia el Guadalquivir desde las canteras de la selvosa sierra de Crdoba los poderosos sillares cortados, y que las encantadas pris del Eufrates, jugueteando en las tmidas ondas del gran rio y sus caaverales, dirigen en las nocturnas horas al son de las inefables armonas asirias la obra de los _jines_ propicios que Azazil enva como invisibles auxiliares al creyente fundador. Quin, en efecto, sino ellas puede inspirar los ingeniosos artfices levantinos empleados en la decoracion de ese monumento, los inimitables y bellsimos adornos que traza su mano sin fatiga, y como trasladando los planos de estuco y de mosico los contornos de las flores y vstagos del jardin del Paraiso? Apenas han transcurrido dos aos desde que se empezaron echar sus cimientos, y ya se levanta la cuadriforme ciudadela del Islam por encima de las alamedas del rio, emparejando en altura con el severo alczar de Rodrigo[95], y descollando entre las construcciones de la antigua ciudad romano-visigoda, recientemente decorada con sutiles alminares en que tremola la bandera blanca de los Umeyas, la manera que descuella el casco de un magestuoso navo aun no aparejado entre las empavesadas gndolas de un puerto de mar. Pocas lunas mas, y los muros interiores, las soberbias columnatas de gallarda inusitada forma[96], las elegantes hileras de dobles arcos sostenidos en corintios capiteles, los anchurosos prticos, la hermosa fachada de once atrevidas puertas, las riqusimas portadas laterales flanqueadas de recamados ajimeces, la incomparable techumbre, en fin, de madera incorruptible labrada y pintada, quedarn terminados; pocas lunas mas, y la hotba[97] por la salud de Abde-r-rahman leida al pueblo desde el mas lujoso mimbar[98] del Occidente, se repetir por mas de doce mil creyentes una voz, ahogando con las vibrantes oleadas de la inmensa y atronadora deprecacion los vergonzantes himnos de los vencidos Nazarenos. Pasan en efecto esas pocas lunas, y no solo aparece la mezquita en disposicion de poderse habilitar para que se celebren en ella las pblicas ceremonias el primer dia de juma, sino que hasta se descubre ya en la estremidad de su nave principal dirigida al austro el umbral del santuario, revestido de rica y deslumbradora ornamentacion bizantina: el venerado trasunto de la santa casa de la Meca, centro y norte de la adoracion de todo fiel muslim, cuyo acceso solo es permitido la augusta persona del Amir. La grande aljama no est concluida, pero supliendo con ricos tapices de Siria y de Persia la decoracion de las paredes y la labor de las columnas, apenas comenzada, los obsequiosos arquitectos del Sultan han hallado medio de satisfacer la impaciencia de su seor. Prodganse en las naves principales los esbeltos capiteles corintios, los gallardos fustes marmreos de los monumentos romanos, destrozados por los wales de las provincias para agasajar con sus despojos al monarca; colcanse en las naves secundarias los capiteles aun no cincelados y las columnas mas comunes: cbrese el pavimento de flores y yerbas aromticas; inndase el sagrado recinto de luz y de aromas, aquella difundida por centenares de candelabros provisionales, estos exhalndose de cien pebeteros improvisados... Podr ya al menos el dichoso Umeya dirigir en la aljama de sus ensueos una vez antes de morir, como Imam[99] de la Ley, los ritos de un culto cuya propagacion ha consagrado tantos sacrificios, tantos afanes, tantas esperanzas?... No podr, no, que el almaleke encargado de cumplir el decreto de Dios le ataja el paso en medio de su rpida carrera. Ayer el glorioso invasor[100], recorriendo tal vez segun su costumbre las obras, rodeado de sus consejeros y favoritos, se entregaba la vanagloria de un xito venturoso; y hoy cunde por toda la ciudad la siniestra noticia de que el hijo de los Califas tiene sentado su cabecera al ngel de la muerte! A las dulces armonas de bien acordados instrumentos que resonaban dentro del harem y en los apartamientos de las esposas, han sucedido desgarradores ayes y lamentos; los eunucos y los esclavos mesan sus cabellos las puertas de la augusta morada; los mdicos hebreos mas afamados han agotado los recursos de la ciencia esterilmente, y entregan cabizbajos el ilustre moribundo los ltimos y piadosos obsequios de la sultana favorita, la hermosa Holal, madre de Hixem, _la de los ojos negros_. Ella es la que recibe su postrer suspiro, ella la que con solcita ternura baa y lava su cuerpo, ella la que le amortaja en siete blancos y finsimos lienzos, ungindole con preciosos aromas la frente, las manos, los pis y las rodillas, ella, en fin, la que, asistida de sus esclavas, le deposita en su lecho mortuorio[101]. All yace, en una de las estancias de su alczar, cubierto con las mismas blancas vestiduras que son el distintivo de su preclaro linage, el sabio, el virtuoso, el victorioso, el afamado Abde-r-rahman, llorado por sus mugeres, sus hijos, sus consejeros, sus oficiales, sus protegidos, sus soldados, sus servidores y esclavos, por todos los que ayer le cercaban respetuosos mostrndole en sus labios la sonrisa del afecto de la lisonja. El juez superior de la aljama de Crdoba, Ab-du-r-rahman Ibn Tarif, anuncia al pueblo el doloroso acaecimiento desde el mismo mimbar que estaba dispuesto para el glorioso prncipe, y salen las turbas de la mezquita esclamando: Duerme el Amir en la sombra de la paz! Allah le sonreir en la hora de las cuentas porque guerre en su camino. Ha muerto Abde-r-rahman, hijo de Moavia, hijo de Hixem Ibn Abd-el-Malek. El halcon Coreix[102] que vino de Damasco ahuyentado por la negra bandera de los Beni Abbas, pleg sus alas en la perfumada orilla del Guadalquivir; descansa de su largo y rpido vuelo en la bendecida tierra del Andals, donde es el mejor rebato, y donde hay promesas del Annab de que un dia de pelea en ella es mas ensalzado y meritorio que dos aos en cualquier otra frontera[103]. bransele de par en par las puertas del Eden, pues verdaderamente edific en la Genna al fundar esta gran mezquita en el pais donde contarn de l y de su posteridad los convertidos rumes: mandseles que nos combatiesen hasta que dijramos no hay mas Dios que Allah, y cuando esto dijimos ganamos por su medio esperanza y hacienda. Estas y otras semejantes esclamaciones hacen, acordes en su sentimiento por tan dolorosa prdida, todos los que acuden visitar al Sultan difunto, y entre ellos se sealan por sus estremadas demostraciones los jeques de las tribus Modharitas[104], los caudillos de los Eslavos, los adalides Bereberes y Zenetes, todos los wales, capitanes, alcaides, cades y alfaqus de las circunvecinas provincias, que sin distincion de partidos, y depuesta toda rivalidad de razas, acudieron la Sede del naciente Califato atraidos por la fama de la nueva fundacion. Todos, despues de hecha en sus personas la purificacion que prescriben la Ley y la Sunnah, se acercan en respetuoso silencio la regia cmara, y entre el numeroso tropel que rodea el lecho mortuorio distinguimos primeramente un hombre de rostro lampio y macilento, abultado de cuerpo y lujosamente ataviado: es el eunuco Mansur, primero entre los de su especie que alcanz en la Espaa rabe el honor de ser encumbrado al cargo de hagib, y en quien el mrito personal justifica lo que los ojos de los varoniles Yemenitas solo la tradicion asitica puede hacer tolerable. Ceden este el puesto de preferencia otros siete personages, jeques del consejo privado del Sultan difunto, que son los siguientes: Ab Othman, el impetuoso caudillo rabe que habia sido el primero en levantar el estandarte de Abde-r-rahman en Andaluca; Abdullah Ibn Khaled, yerno del rey; Ab Abdah, gobernador de Sevilla; Shoheyd, hijo de Isa, hijo de Shoheyd, descendiente de un bereber, segun algunos de un griego, que habiendo caido prisionero en las primeras guerras del Islam, fu esclavo de Moavia hijo de Merwan; Abdu-s-sellm Ibn Basil, griego tambien, y liberto de Abdullah Ibn Moavia; Thlebab Ibn Obeyd Ibn Annadhdhm Al-jodham, gobernador de Zaragoza; y por ltimo, A'ssen Ibn Moslem Ath-Thakef, que era uno de los mas celosos partidarios de Abde-r-rahman, y el que en la famosa batalla de Msarah di sus tropas el ejemplo de cruzar nado el rio. Vemos luego presentarse en la fnebre estancia, con rozagantes aunque enlutadas vestiduras, y hacindole cortejo una lucida guardia de honor, al prncipe Abdullah, grave y taciturno, que viene sustituir su hermano Hixem, sucesor en el trono, y ausente en Mrida, en el oficio de Imam, y quien el Cad de los Cades deja respetuosamente el puesto junto al fretro. Despus de algunos momentos de absoluto silencio, y pasada la hora de la primera azala, procdese la conduccion del augusto cadver al cementerio del alczar: concdese entrada franca al pueblo que recibi de su rey en vida tantas pruebas de amor y de justicia, y entre los que corren presurosos presenciar el solemne entierro formando apiadas turbas, se mezclan y confunden el Egipcio de piel tostada, procedente de Beja de Lisboa, el Emeseno que olvida la tierra del Lbano por la de Sevilla Niebla, el Palestino, descendiente de Filisteos, que habita en Medina Sidonia en Algeciras, el Persa de voluminoso turbante arraigado en la antigua _Julia_[105], el Asirio morador de la montuosa Elvira, el Kinserita que disfruta las minas y los pastos de Jaen, y el Damasceno que goza las preeminencias de Cortesano; sobresalen por sus ricos trages y por el privilegio de llevar el cabello largo recogido un lado, los Cades de la capital y sus aledaos, distnguense los turbantes amarillos de muchos Judos, y llaman la atencion por los lineamientos de sus bermejos semblantes no pocos Espaoles de orgen godo, que habiendo nacido en la grey de Cristo, renegaron oh mengua! de su religion, y seducidos por el inters sirven como _mulados_ en el ejrcito musulman. Todas las clases de la poblacion hallan cabida en los espaciosos patios del alczar, donde junto al capuchon del jeque, se despliega el taylasan de la gente comun, luce la vistosa sobrevesta la limpia cota del soldado, y hace pardusco fondo el raido darwazah del mendigo. Abre calle el gento la prolongada hilera del acompaamiento fnebre, y llegado el cadver al lugar de su sepultura, comienza Abdullah con lentitud y magestad la oracion ritual que repiten media voz los asistentes: "_Allah ua aqbar_, loores Allah que mata y resucita: suyas son las gracias y las grandezas y los imperios, l es sobre toda cosa poderoso! Seor, haz gracia y merced Mohammad y los de Mohammad, apidate de Mohammad y de los de Mohammad! Seor, este es tu siervo Adde-r-rahman, hijo de tu siervo Moavia: t lo criaste y mantuviste y lo revivificars; t sabes lo que hay en l secreto y paladino; venmoste rogar por l. Seor, t nos acercamos, que t eres cumplido de homenage. Seor, defindele de la tentacion de la huesa y de las penas de la Jehenna. Seor, perdnale y hnrale su morada, y ensnchale su huesa, y lmpiale de sus yerros y pecados, y dale compaa mejor que la que tiene. Seor, si es bueno, crcele en descanso, y si es que falt en tu servicio, psale sus pecados, que t eres sobre toda cosa poderoso. Seor, afrmale la lengua al tiempo de la pregunta de la huesa, y no lo repruebes, ni le escandalices con que no tiene poder para defenderse de ello. _Allah ua aqbar, Allah ua aqbar, Allah ua aqbar._ Y despues de breve pausa aade en tono de oracion, sin que repita sus palabras la comitiva: Seor Allah! perdona nuestros vivos y nuestros muertos, los presentes y los ausentes, los grandes y los pequeos, hombres y mugeres, que t sabes nuestros fines: y pues tenemos esperanza en tu piedad, perdona nuestros yerros y pecados. Seor, defindele del escndalo de la huesa y de las penas de la Jehenna, y danos buen fin en nuestros dias: amen." Abdullah da salam[106] la concurrencia, en seguida es entregado el cadver los sepultureros, y al hundirle en la huesa, donde es cuidadosamente depositado de cara la quibla, dice por ltima vez el prncipe: Seor Allah! nuestro hermano dej el mundo y va hcia t. Seor, afrmale la lengua en la demanda de la huesa, que t eres sobre toda cosa poderoso! Para quin reserva Dios la tremenda gloria de acabar la gran mezquita? Para Hixem, hijo predilecto de Abde-r-rahman, jurado ya por todos los wales como sucesor en el imperio, quien aclama hoy solemnemente la ciudad de Mrida, cuyas calles recorre con gran pompa y numeroso squito de caballera. Por l se hace ya la hotba y se pregona desde todos los alminares de las principales mezquitas de Espaa, y en todas partes repite el pueblo: Dios ensalce y guarde nuestro rey Hixem, hijo de Abde-r-rahman!--Sabeis por qu la mezquita mayor de Crdoba fu tambien objeto de particular solicitud del nuevo monarca? Os lo voy referir. Residia en Algeciras un astrlogo afamado, cuyo nombre era Adh-dhob. No bien subi Hixem al trono, le mand llamar para que le predijese su destino, lo que el astrlogo rehus hacer al pronto temiendo desagradar al nuevo rey. Cediendo por fin sus insistencias, le dijo Adh-dhob: Tu reinado, oh amir, ser glorioso y feliz, y sealado con grandes victorias; pero, si mis clculos no salen fallidos, su duracion ser de unos ocho aos solamente. Hixem permaneci largo rato silencioso y meditabundo, mas luego alz sereno la frente y esclam: Oh Adh-dhob, tu prediccion no me amedrenta, aun cuando sea sugerida tu boca por el mismo Omnipotente, porque si el tiempo de vida que me concede logro pasarlo en su adoracion, cuando llegue mi hora dir resignado: hgase su voluntad! Despidi el rey al astrlogo despues de remunerarle fastuosamente, y cuenta la tradicion que desde aquel dia se abstuvo de los placeres mundanales, siendo la piedad, la justicia y la benevolencia la nica guia de sus acciones. Con esta elevada mira fu su breve reinado fecundo en grandes empresas, reprimi la rebelion de sus dos hermanos Suleyman y Abdullah, llev la guerra santa hasta la Cerdaa, entr y saque Narbona, imponiendo los infelices cristianos la dura obligacion de llevar en sus hombros hasta Crdoba la tierra de sus demolidas murallas, para hacer en sus alczares una mezquita[107], hzose ominoso la Espaa y los Francos, y por ltimo contribuy poderosamente cimentar el imperio del Islam en Andaluca engrandeciendo su capital, reparando su magnfico puente, creando institutos de pblica utilidad, y terminando la grande aljama fundada por su padre, donde estableci y dot escuelas y madrisas: todo con los recursos del azaque y de su legtima parte en las conquistas, sin exigir de sus muslimes tributo alguno estraordinario. Tanto fructific en el corazon de este grande y temido rey el germen de seria meditacion que en l deposit el agorero. La grande aljama qued concluida el ao 177 de la Egira (ao 793 de J. C.), contribuyendo sus obras, lo mismo que bajo el reinado de Abde-r-rahman, el Amir con su asdua proteccion y personal asistencia, los wales de las provincias con ricos despojos de antiguos monumentos, los artfices con su ingenio, las victorias con su pinge botin, la ciudad con ceder los operarios, las sierras de Crdoba y Cabra con suministrar los tesoros de sus canteras, Africa con prestar sus incorruptibles troncos de pino-alerce, Asia con inocular en el naciente arte rabe-hispano el genio de la ornamentacion, sus inspiraciones, su poesa, y Dios en fin con permitir, en castigo de las culpas de nuestros padres, que la moral bastarda de los hijos del Yemen impregnada de letal materialismo se entronizase en la Btica como regla suprema de una sociedad rebelde al luminoso y casto yugo del Evangelio. [Illustration: CATEDRAL DE CRDOBA. _Puerta de las Palmas desde el patio._] S, la grande aljama est concluida: tambien Hixem cree haber asegurado su puesto en el jardin eterno de las delicias! Ved esa nueva casa de adoracion magestuosamente asentada al confin meridional de la gran ciudad, junto la verde orilla del mas ancho rio del Andals, ocupando una estensa area regular de 460 pis del septentrion al mediodia, y de 280 de oriente occidente, cercada de altos y gruesos muros almenados y bien guarnecidos, flanqueada en su recinto por robustos estribos de torres albarranas y un enhiesto alminar, abierta los muslimes por nueve espaciosas y riqusimas puertas esteriores y once interiores, cuatro cada lado de oriente y occidente, una principal al norte, y las once en la fachada interior, dentro del pensil de las abluciones, comunicando otras tantas naves del templo. Contemplad la hermosa disposicion interna de ese insigne monumento, el gran patio que le sirve de atrio, con anchos prticos en las tres bandas de norte, oriente y poniente, fuentes para el alguado[108] y las purificaciones, y frescas alamedas de naranjos y palmeras enlazados al pi por bien dispuestas plantaciones de flores; luego el magestuoso buque de la inmensa casa de oracion, sencillamente compartido en once largas naves, que dirigindose de norte sur, se cruzan en ngulo recto con veinte y una naves menores que van de oriente occidente; luego la elegante ideal combinacion de esas arqueras en que las pilastras se sobreponen las columnas, y unos arcos otros arcos, dejando paso la luz entre la columnata superior y la inferior, como remedando la arquitectura los atrevidos juegos gimnsticos de las giles caravanas del desierto; luego la sabia y ligera forma de esas once riqusimas techumbres de alerce, labradas, pintadas y doradas, que recuerdan al que las mira las sutiles armaduras de las voladoras naves sirias con que conquist otro Moavia las Ccladas, Rodas y Sicilia; luego, finalmente, el misterioso y recndito santuario donde se guarda el Koran, en cuyo recinto ha agotado el arte oriental toda la riqueza de sus recursos fascinadores. Figuraos ahora realzada la imponente magestad de esa gran mezquita con las galas de que pueden revestirla el mas esquisito gusto y la riqueza, de consuno con las exigencias de una religion inventada para cautivar los sentidos, y se deslumbrarn vuestros ojos con la masa de luz de los candelabros, se embriagar vuestro olfato con las preciosas esencias quemadas bajo aquellos taraceados artesones, halagarn todo vuestro cuerpo las tibias auras primaverales impregnadas de azahar, que se deslizarn por vuestra sien trayndoos deshechos en rfagas los trinos de los ruiseores con los brillantes globulillos del agua que se estrella en el duro mrmol de las fuentes. Las once grandes puertas que conducen del patio la mezquita estan abiertas: son once soberbios arcos ultra-semicirculares y dobles, todos en fila, sostenidos en esbeltas columnas de mrmol que de cuatro en cuatro rodean los recios machos de piedra en que se afirman, como lindas esclavas gemelas que dando la espalda al magestuoso diseo, se enlazan entre s volteando dobles guirnaldas[109]. Estas once puertas muestran los que cruzan el atrio el interior del templo como en combustion, y los que ocupan el templo les descubren los jardines del suspirado Eden, donde bullen las aguas y los rayos del sol por entre las verdes ramas cuajadas de pomas de oro. H aqu la santa casa de adoracion que sobrepuja en suntuosidad, belleza y gallarda las mas afamadas mezquitas de Arabia, Siria y Africa: oid lo que de ella canta el poeta Mohammed Ibn Mohammed Al-balun[110]: Ha gastado Abde-r-rahman por amor su Dios y en honor de su religion ochenta mil dinares de plata y oro. Los ha invertido en construir un templo para uso de su piadosa nacion, y para la mejor observancia de la religion del profeta Mohammed. En l vereis relucir el oro prodigado en sus artesones con la misma brillantez que el relmpago que atraviesa las nubes. No exageraba el poeta, porque realmente la luz de las lmparas y candelabros, velada por la neblina de los aromas, debia parecer aquella rica techumbre lo que en enrgico lenguaje vulgar llamamos una _ascua de oro_. Pues qu impresion no causaria el esplndido interior que contemplamos al ver algunos aos despues el oro prodigado en los mismos capiteles de las columnas y en las pilastras de las arqueras? A medida que se va cimentando el Califato, va este soberbio templo creciendo en riqueza. As como el famoso milmetro de Rhaudh marca en Egipto las crecientes del desbordado rio que le hace fecundo, as la gran mezquita de Crdoba seala en Andaluca los progresos del arte arbigo invasor. Bien necesitan en verdad los descendientes de Moavia dar la corte de su imperio esplendor y lustre; forzosamente han de ser grandes y magnficas las huellas de su dominacion, norma y estmulo para sus sucesores; porque sus mulos los Abassides estan resucitando en las bblicas llanuras fertilizadas por el Eufrates y el Tigris las fantsticas creaciones de Belo y de Semramis, reproduciendo las pasadas glorias de los Ninivitas y Babilonios, sobrepujando en fastosidad los Persas, oscureciendo la cultura de los Griegos Selucidas, y afrentando la artstica voluptuosidad de los Sassanidas. El ao mismo en que el ilustre vstago proscrito de los Umeyas abri los fundamentos de la aljama de Crdoba, subia al trono del imperio musulman de Oriente el famoso Harun-al-Raschid, el Pericles de los Arabes, dirigido por su sabio wazir Yahia, de la preclara familia de los Barmcidas, quien debe su reinado sus principales ttulos de gloria. Cuenta que este gran Califa, al fijar la planta en el trono de los Abassides, ostenta ya ceida la sien con el lauro de la victoria; que las huestes de la emperatriz Irene han huido ante l despavoridas en los campos del Asia menor; que la Providencia le tiene reservado para hacer inmensas conquistas en el Asia y escarmentar el orgullo de Nicforo; que no en vano parece haberle dotado la naturaleza de un corazon de hierro y de la mas esquisita sensualidad, puesto que para levantar la tirana del Islamismo la altura de sistema poltico capaz de contrabalancear la vigorosa accion del Occidente, es preciso que Harun pueda ver sereno espirar en horribles suplicios muchos individuos de su propia sangre desde el asilo y templo de los placeres![111] El hijo de Harun se jacta de que sabr mover el Oriente y el Occidente con la misma facilidad que si fueran piezas de ajedrez: bravata verdaderamente asitica, pero que compromete los emancipados sultanes de Andaluca sobrepujar, siquiera sea por arte satnica, en fasto, en gloria, en prestigio y podero, los que as presumen ser rbitros del mundo. Grande y hermosa es Crdoba, pero bella y grande es tambien la nueva _ciudad de la paz_, la rica y voluptuosa Bagdad, que Abu-Giaffar Al-mansur confi las zalamas del Tigris en el asiento mismo de una potica quinta regalada por Cosroes Anuschirevan su querida. Grande y prspero ha sido el reinado de Abde-r-rahman I: su hijo Hixem, continuador de su sabia poltica, ha logrado ruidosos triunfos que contribuyen consolidar la mas preciosa conquista sarracena: Al-hakem asciende ahora la suprema dignidad en Crdoba, y se anuncia como prncipe de incomparables cualidades para la obra que est llamado secundar, porque ama el blico trfago y le devora el deseo de la ciencia y de los deleites; pero tal vez mas prspero y grande, mas victorioso, mas sabio, mas ilustrado y mas fecundo en goces de toda especie, va ser el reinado de Harun, de ese genio singular en quien brillan reunidas las dotes de todos los sultanes de Espaa juntos. Qu terrible competencia, qu triste rivalidad la de los dos imperios musulmanes, la de las dos providenciales familias de los Beni Abbas y de los Beni Umeyas, para las infelices provincias ya medio amortajadas en los girones de prpura y oro de los Isaurios, aun medio envueltas en los cendales de la barbarie godo-germnica! Como esos briosos caballos que en el circo de Bizancio se disputan el premio de la carrera, nico espectculo que hace latir el mezquino corazon de los degenerados Imperiales, as se lanzan la conquista de la grande unidad islamita en el estadio del antiguo mundo romano esos dos gigantes enemigos de la civilizacion del Cristianismo, que para mejor cautivar los amantes del progreso de la humana inteligencia, hacen resonar con acentos de armoniosa poesa las florestas de los dos rios histricos, Tigris y Betis, honran con magnficas fundaciones el tranquilo culto grato Academo, ponen sobre su cabeza los libros de Aristteles y Platon, y levantando en alto el gracioso canastillo corintio, tributan al arte de la Grecia el homenage de su admiracion y respeto. Pero dirigiendo alternativamente nuestras miradas del Guadalquivir al Tigris, de la magestuosa Crdoba la risuea Bagdad, advertimos en los dos colosos genio idntico y temperamentos diversos. El de Oriente, vido de lujo y de sensaciones, prodiga sus riquezas con frentica magnificencia: Al-Mamn el dia de su boda siembra mil gruesas perlas en el sedoso cabello de su amada, y pide setecientos porteros para su palacio, y rboles de oro y plata para sus jardines[112]. El de Occidente, igualmente prdigo de sus tesoros, asombra con sus rasgos de generosidad los avaros hijos del Norte: Abde-r-rahman II para aplacar el justo enojo de su querida Tarb hace tabicar la puerta de su aposento con sacos llenos de dinares, fin de que al hacer la hermosa concubina las paces con su seor, sea una lluvia de oro la recompensa de su perdon[113]. Codicia el de Oriente la posesion de la ciencia y se esfuerza por alcanzarla, porque Mahoma habia dicho en su Koran: Un entendimiento sin erudicion es como un cuerpo sin alma. Harun llama su corte los mdicos, los filsofos, los literatos, los artistas, sin distincion de patria y de religion[114], los colma de agasajos y de honores, forma con su auxilio el vnculo moral nico capaz de contener la disolucion de su imperio, y su benfico influjo las nociones antiguas, momentneamente proscritas por la inexorable cimitarra de los Arabes conquistadores, renacen y reaparecen del mismo modo que vuelven levantar sus vvidas corolas los rayos del sol las tiernas flores envilecidas en el lodo durante la tormenta. Imposible es abarcar de una sola ojeada todos los timbres de gloria de los Califas Abassides: animados de la mas generosa tolerancia, encomiendan los Cristianos de Bagdad la version de las obras de los filsofos griegos, fomentan entre los Sarracenos el estudio de la _ciencia de la razon_, protegen las escuelas judicas fundadas en Sora y Pundebita para la propagacion de la filosofa alejandrina, no contentos con favorecer la investigacion de todos los manuscritos que se habian salvado de los desastres de la invasion, piden los emperadores de Bizancio que les envien sus libros y sus sabios[115], enriquecen sus bibliotecas con los tesoros de la literatura persa, nombran comisiones que traduzcan las obras preciosas de la antigedad, Homero, Tolomeo, Aristteles, crean academias institutos cientficos en Bagdad, en Ispahan, en Firuzabad, en Samarkanda, en Damasco, en Kuffah y Bassorah, con escuelas gratuitas y pblicas, en una de las cuales[116] llegan juntar hasta seis mil alumnos, y consiguen que sean la lengua rabe el idioma de la ciencia, y el Islamismo la religion general del Asia entera, que adopta gustosa la lengua de su Profeta. Y esa lengua que en sonoros versos de cantos antiguos habia cautivado los apasionados Arabes cuando hijos del desierto, de qu bellezas no ser susceptible ahora que el crculo de las impresiones se ha dilatado tanto para los que viven entre las riquezas de la naturaleza domada por el arte, y la benfica sombra de un soberano que retribuye con cincuenta mil doblas un sencillo poema[117], y que premia al bardo vencedor en los certmenes de Ocadh con cien dinares de oro, un caftan bordado, un arrogante caballo, una linda esclava, y el ttulo de prncipe durante un ao? Figrasenos estar viendo los caminos de la Meka Bagdad, a Balk, a Samarkanda y Nisapur, frecuentados todas horas del dia y de la noche por tranquilas caravanas: son por ventura los esclavos africanos, las sederas de la India, los perfumes del Cabl el nico comercio que alimentan esos ambulantes bazares conducidos en interminables y pulverulentas filas de camellos? No: sobre aquellas gibosas y pacientes acmilas se transporta tambien la riqueza intelectual, la ciencia, el arte, la poesa: ved esas blancas construcciones que de trecho en trecho asoman sus dilatadas terrazas por entre los grupos de palmeras tan gratos la sedienta caravana; esas son las hospederas de los poetas y de los sabios, los depsitos de las letras, los paradores de la inteligencia, espresamente erigidos en obsequio de los sabios peregrinantes por los magnates que como Safed'dullah se disputan el honor de albergarlos y de recoger sus historias, sus dogmas, sus improvisaciones. Por qu los Califas de Occidente no marchan con la misma rapidez que los afortunados Abassides hcia el fin glorioso que estos ya tocan con sus manos, de construir el mundo islamita sobre la poderosa base de la unidad de lenguaje y de creencias, convertido el Koran pesar de sus errores en piedra angular del edificio social, intelectual y poltico? Ah! porque los hijos de Beni Abbas gobiernan pueblos sosegados que pasaron ya del perodo de las conquistas, pueblos ademas criados en las tradiciones asiticas, en quienes es ndole peculiar el amor la vida regalada, ociosa y contemplativa; y los Umeyas por el contrario rigen un pueblo conmovido y agitado aun por la fiebre de las invasiones, que aunque ansioso tambien de ciencias y de placeres, se ve contrastado por las rebeldes razas del Norte, tenaces en sus ideas de independencia y aleccionadas en una religion que hace de las fatigas y privaciones el ejercicio normal de la vida. Lo que en el Oriente es ingnito y espontneo, es en el Occidente artificial ingerto. Lo que all es una improvisacion, tiene que ser aqu una formacion trabajosa, lenta y paulatina. Dia vendr en que el Califato andaluz oscurezca con su brillantez las glorias de los Califas negros[118], y en que asombrados y llenos de maravilla los altivos reyes godos y francos, y hasta los mismos pontfices del Cristianismo[119], claven fascinados sus miradas en la sabia y magnfica Crdoba. Como guilas que beben la luz del sol, mirarn inciertos ya los horizontes de la feliz Mesopotamia, ya las cumbres de la rica Andaluca, sin saber cul sea el verdadero astro del Oriente. Pero esto no ser hasta que la perseverante lima de la cultura atene las punzantes antipatas de las razas, y la seductora vida asitica contamine y enerve los corazones de los discpulos de Cristo. Por ahora la misma capital del Califato es tierra de rebato: los Umeyas no viven seguros ni en su propia corte. Cmo ha de pensar Al-hakem en las glorias de las artes cuando la consolidacion de su Estado es una obra comenzada apenas? Harta ocupacion le darn los Francos que avanzan hasta Tarazona, los rebeldes de Toledo y Calatrava, los Cristianos de Galicia, y hasta los sediciosos de su misma sangre, que introduciendo la division en los sbditos musulmanes, abren las puertas los enemigos esteriores. Energa en la guerra, economa en la administracion, imparcialidad en la justicia, sagacidad y cautela en el modo de vivir, son las dotes que distinguen este Sultan. Verisle aumentar su hueste de renegados hasta reunir mil mamelucos de infantera y cinco mil de caballo, y la guarda de su persona hasta dos mil eunucos; oir y juzgar por s mismo las causas de los pobres, perseguir severamente los malhechores, ser liberal con los necesitados, estrenuo y sabio en sus determinaciones. Tendr constantemente las puertas de su alczar un numeroso cuerpo de caballera, y en ambas orillas del rio, junto al alczar mismo, una guardia permanente de mil renegados. No invertir sumas de consideracion en la mezquita mayor, pero construir para sus tropas cmodos cuarteles y espaciosos establos. Mantendr numerosos espas que le enteren del estado de la opinion pblica: estallar maana una insurreccion en el suburbio occidental, y al dia siguiente al rayar el alba aparecern colgados en las alamedas del Guadalquivir trescientos cadveres desfigurados!...[120] Al-haken enriquece la aljama de Crdoba con una joya de mucho mayor prez que el oro y el mosico: confiere el cargo de su Justicia mayor Cad de los Cades al sabio y virtuoso Mohammad Ibn Bashr, y con este solo acto ha hecho lo suficiente para que su nombre resuene siempre venerado en las aulas del templo. Ibn Bashr, telogo profundo, despreciador filsofo de las mundanas pompas, justo y recto juzgador de las humanas intenciones, cunto vale el prestigio de tu ciencia y de tus virtudes para la tranquilidad de ese mismo pueblo orgulloso que te moteja escandalizado porque el primer Viernes despues de tu nombramiento entras en la aljama con el cabello suelto y tendido, un amarillento rid[121] sobre tus hombros, y abarcas en los pis! Un dia, despues de orar y predicar al pueblo, sintase Ibn Bashr en el tribunal anejo al templo, y llgase l un forastero, que al verle tan singularmente vestido, despeinado y con la cara mal enjugada[122]: ensame, le dice, dnde est el Cad. Hle aqu, le responde sealando Bashr uno de los que se hallan all presentes.--No te diviertas conmigo, replica el forastero; te pregunto por el Cad, y me diriges un soplaflautas.--Convencido sin embargo de que no le han engaado, encamnase al Cad, rugale le disimule su desatencion, espnele luego el caso que le trae al tribunal, y obtiene el consejo mas justo imparcial que podia jams haberse prometido. Creereis tal vez que ese filsofo original es como muchos cortesanos, en la apariencia desinteresados independientes, y en realidad tan flexibles al poder como solcitos en su propio negocio: todo al contrario, arrostrar por la verdad y la justicia la clera de su rey. Cuando uno de sus leales amigos, receloso de los peligros que le espone su escesiva rectitud, le escriba: Si sigues como hasta aqu, mucho me temo que te cueste tu destino, le contestar impvido: Dios haga que cuanto antes me vea con mi mulita Ashshakr en el camino de Beja! y si ocurre alguna vez que un ciudadano cualquiera tenga que sostener un pleito contra el Amir, como le sucedi un oscuro molinero, quien quisieron arrebatar su propiedad para incorporarla al palacio los oficiosos cortesanos, ciertamente no se retirar del tribunal del Cad desconsolado si la razon est de su parte. Por ventura no se lisonjeaba ayer uno de los hijos de Adde-r-rahman I de que ganaria cierto ruidoso pleito por tener en favor de su accion el testimonio de su sobrino Al-hakem cuando prncipe heredero, y el ntegro Bashr sentencia contra l por no haber comparecido en su tribunal el Amir en persona ratificarse en el testimonio dado antes de subir al trono? Pues notad otro insigne ejemplo de la justificacion de este notable funcionario, y meditad si avanzar camino en cualquiera pais del mundo una monarqua que se ostenta sostenida en principios tan seguros como la igualdad ante la ley y el amor la justicia. Un oficial palatino de Al-hakem, gefe de sus caballerizas, llamado Musa Ibn Semh, acude en una ocasion al Sultan en queja del Cad, esponiendo que este se ha escedido de su autoridad y sentenciado contra l injustamente.--Pronto ver yo, dcele Al-hakem, si lo que me refieres es cierto. V inmediatamente al Cad, y di que quieres hablarle: si te lo concede, te creer, y l ser castigado y destituido de su cargo; pero si te lo niega pesar de tus instancias, mi estimacion hcia l ser mayor, porque tengo por seguro que no es un tirano, sino un hombre probo y amante de la verdad.--Va Musa segun se le ordena casa de Ibn Bashr, y manda al propio tiempo Al-hakem uno de los eslavos de su guardia que sin ser visto espe Musa, y le d cuenta de lo que ocurra entre su caballerizo y el Cad. De all poco vuelve el eslavo y refiere al Amir, cmo al llegar Musa la habitacion del Cad le habia recibido un portero, el cual, despues de avisar su amo, sali con este recado: me manda el Cad que te diga, que si algun asunto legal se te ocurre, mejor hars en dirigirte al tribunal en las horas en que administra justicia. Al oir esto Al-hakem, se sonre y esclama: bien sabia yo que Ibn Bashr era un juez recto sin parcialidad para ninguno. Un rey que tiene magistrados como Ibn Bashr no importa que no tenga en el Guadalquivir, como el hijo de Harun en el Tigris, cinco naves cubiertas de plata y oro, una en forma de dragon, otra en forma de caballo, otra en forma de leon, otra en forma de guila y otra en forma de elefante. Puede decirse que si Abde-r-rahman II logra el descanso y gusto suficientes para consagrarse al mayor engrandecimiento de la mezquita y cubrir de oro sus labradas pilastras y capiteles, lo debe esclusivamente la prudencia y sabidura de su padre Al-hakem. Imitando sus cualidades blicas, hace temido su nombre entre los enemigos del Islam, y siguiendo su acertada administracion prepara para los postreros aos de su vida un reinado de paz y de esplendor. De paz y de esplendor, s, porque los ayes de agona de los humildes mrtires cristianos no turbarn su sosiego, ni su inocente sangre copiosamente derramada mancillar los ojos de la divertida corte mahometana los timbres y blasones del monarca. No le proporciona este paz y riquezas para disfrutar las comodidades y placeres de la vida? Para Abde-r-rahman II tenia reservada el cielo la triste gloria de inaugurar en la Espaa rabe la tirana en nombre de la f religiosa, y de establecer por medio de la fuerza la unidad islamita en sus dominios, lanzando en un dia de enojo los cuatro ngulos de la escarnecida Iberia, en plena paz, aquella terrible intimacion que los sanguinarios Abu-Obei-dah y Khaled habian dirigido los malhadados habitantes de Bosra: Haceos Musulmanes, tended la cerviz bajo la cimitarra! Es muy de notar, en efecto, que empiecen la persecucion de la intolerancia bajo el imperio de la justicia, los escesos de la inhumanidad con la afinacion de las costumbres, y que vayan desarrollndose paralelamente la prosperidad del Estado y el envilecimiento del individuo. Ah! por qu la crueldad y la sensualidad han de reemplazar tan facilmente con hipcrita disfraz los dos ngeles tutelares de los tronos, la Justicia y el Amor! por qu esos dos malficos instintos han de ser los compaeros inseparables de la mundana felicidad y como las caritides del lecho en que duerme la civilizacion prevaricadora y descuidada! Qu ley fatal determina esa chocante contradiccion que hace al hombre rstico incivil capaz de altos y nobles afectos, y al hombre culto insensible y desnaturalizado? La cultura que halaga y afemina es la misma que endurece el corazon, del propio modo que el martillo que bate y limpia de escorias el hierro es el que lo convierte en duro y liso acero. Todos los grandes tiranos han tenido sus panegiristas, unos por el temor que inspiran, otros por la seduccion que ejercen. Abde-r-rahman II es un tirano fastuoso, galante, lleno de dotes y de ingenio para rendir voluntades. Cmo no perdonarle las crueldades que contra los infieles cristianos comete, si posee el arte de representarlas como actos de estricta justicia? Ademas, un rey valiente y enamorado, que en el campo de batalla triunfa como un hroe y en las florestas suspira como un afeminado doncel; un rey que lisonjea el gusto de un pueblo amante del lujo, de la ostentacion y de la cultura, dndole escuelas y madrisas que le instruyan, jardines y casas de placer que le recreen, embajadores como Al-ghazal que le acrediten de grande y culto los ojos de la corte de Constantinopla[123], maestros de msica y de modas que le entretengan como Zaryb[124], capitanes que le defiendan como Obeydallah[125], aliados como el emperador griego y el rey franco[126], y una consideracion superior la que logran los Beni Abbs; un rey, por ltimo, que emplea un reinado de treinta aos en labrar la prosperidad de sus vasallos hacindolos cultos, vencedores, ricos, y su manera felices, no es mucho que estos le celebren y le ensalcen aunque los mseros cautivos giman y lloren. Comprndese que su pueblo, fautor de sus placeres, le perdone, y no solo le perdone, sino que aplauda su severidad con los Cristianos, quienes esa misma prosperidad agovia y aniquila. Lo que no se concibe si no se tiene muy en cuenta la natural perfidia del hombre, es que el Califa encontrase en vida panegiristas, aun entre los mismos alumnos de Cristo, y los mrtires hallasen verdugos entre los que con ellos debian compartir las cadenas y el oprobio[127]. Almas afectuosas que amais la memoria de esas otras almas sublimes, y fuertes la par que delicadas, que en vida fueron valerosos soldados de la f, y alcanzaron muriendo la opinion de mrtires santos entre la grey que con su fecunda sangre ilustraron[128], no os imagineis al repasar las pginas en que la piedad y la devocion consignaron sus gloriosos triunfos, que todos los perseguidores del nombre de Cristo son como furiosos y brbaros asesinos sedientos de sangre y de tormentos. Leeis que en el ao 824, cuando puede decirse que Abde-r-rahman II acababa de subir al trono, y en lo mas florido de su juventud puesto que solo tenia 34 aos de edad, dos interesantes mancebos cristianos, llamados Adulfo y Juan, fueron martirizados solo por no querer abrazar la secta mahometana; y creeis quiz que el que esto autoriz tenia un corazon de tigre, inaccesible todo humano afecto; os le figurais tal vez como un brbaro fantico esclusivamente preocupado de la propagacion del Islamismo, encarnizado en el placer de los tormentos, y ciego de furor al solo anuncio de cualquier enemigo de su sanguinario error. Cmo os engaais! Acercaos ver esa supuesta fiera en su caverna: no solo no hallareis en el semblante de Abde-r-rahman el ceo torvo y la pupila sangrienta, sino que su persona, su gesto, sus ademanes, sus palabras, su vivir y todo lo suyo, os cautivarn el corazon. Vereis un ser nacido para cosas grandes y privado de alcanzar la verdadera grandeza, un corazon capaz de un amor casto y puro, esclavizado un amor indigno, un entendimiento susceptible del mas alto vuelo sojuzgado por el error y la impostura; y seguramente al dar el tributo de vuestras generosas lgrimas los egregios mrtires que bajo su imperio fueron inmolados, no negareis un suspiro de compasion ese prncipe que por los inescrutables designios de Dios alcanz dotes de ngel y al desplegar sus alas las hall sujetas con una cadena. Vedle, en efecto, ese hombre inhumano, ese implacable perseguidor que en los ltimos aos de su vida presumi anegar en sangre ortodoxa la valiente hueste evanglica; oidle mas bien, describiendo por su propio labio su existencia de guerrero enamorado y las penas de la ausencia[129]: Tus brazos dej, alma mia, y al campo acud veloz como flecha despedida por el arco zumbador. Los horizontes que miro desnudos pramos son; venzo un obstculo, y hallo otro obstculo mayor. El veneno de la ausencia me devora el corazon; las mismas piedras al verme se apiadan de mi dolor. Del Islamismo el triunfo por mi brazo quiere Dios: cubre valles y montaas mi ejrcito vencedor. As escribe desde el campo de batalla su amada Tarb, y en estos sentidos, concisos y brillantes pensamientos, muestra bien claro el privilegiado temple de su alma. Como poeta y como enamorado, es ya conocido[130]; como poltico y como guerrero, harto le dan conocer sus conquistas y las paces ajustadas con Tefilo y Crlos el Calvo; como administrador, basta decir que utiliz sus victorias en proporcionar su pueblo paz, ilustracion, riquezas y goces[131]. Dice Ibnu Said que antes de su reinado el producto de los impuestos no habia jams escedido de seiscientos mil dinares, y durante l lleg producir mas de un millon. Gast sumas inmensas en construir palacios y quintas de recreacion, puentes y mezquitas en las principales poblaciones, y en ennoblecer su capital de nuevas maneras, empedrando sus calles y plazas con losas, y llevando ella desde la vecina sierra abundantes y cristalinas aguas por medio de un largo y fuertsimo acueducto que como gigantesca serpiente ondulaba por aquellas hermosas llanuras atravesando repetidas veces las mismas entraas de los montes[132]. A tal opulencia y gloria lleg la capital de Andaluca bajo este rey, que escribi de l S. Eulogio: Crdoba, llamada antes la patricia, y hoy la ciudad real por tener en ella su asiento, le debe el hallarse en la cumbre de la grandeza, de los honores y de la gloria, colmada de riquezas, y convertida en emporio de las delicias del mundo entero hasta un punto inesplicable increible. Creereis ahora que el sultan Abde-r-rahman II es una intratable y sanguinaria fiera? El que tanto ama el lujo, la magnificencia, las artes, los placeres, bien podeis asegurarlo, no tiene corazon de bronce. Pobre sultan, mas desgraciado en medio de su aparente felicidad que esos inocentes mrtires cristianos entre el horror de sus aparentes tormentos! La conciencia de su deber le arranca de los brazos de su amada Tarb para volar al campo de batalla; esa misma conciencia le sugiri como actos agradables al Omnipotente dos leyes que fueron orgen de su suplicio y de nuestra gloria, con las cuales no se imagin seguramente que dirigia el pi al ensangrentado camino donde en sus postreros aos se encenag. Pertenecen estas dos leyes al rden poltico, aunque el carcter de la una mas parece primera vista religioso, y el de la otra de mera polica y buen gobierno; y cumple recordarlas aqu porque, aunque ominosas nuestra f cristiana, ellas contribuyeron poderosamente cimentar el poder islamita en Espaa, fomentar el espritu de proselitismo sin el cual la nacionalidad mahometana no puede existir, hacer la monarqua musulmana una y compacta, y prepararon finalmente las vias al tremendo aluvion de conquistas con que cubri despues los aniquilados restos de la Espaa cristiana el impetuoso Almanzor. Todo hijo de padre madre mahometano, ser mahometano tambien, so pena de muerte, decia la una[133]; la otra venia ser una mera confirmacion de un artculo del fuero otorgado por Alboacem: El que dijere mal de Mahoma de su Ley, sea muerto[134]. Con esta draconiana sencillez consignaba Abde-r-rahman el victorioso[135] su celo por el completo triunfo del Islamismo y su obsequio la alta _razon de Estado_. Con este tristsimo preludio, sin mas de lo que estrictamente exigian de consuno la conservacion del rden social y las necesidades de la poltica musulmana, sin lujo alguno de tormentos accesorios[136], y como una cosa muy natural dentro del crculo del derecho penal mas escrupuloso, comenz la sangrienta persecucion sarracnica como una verdadera lucha instestina entre el Estado que pugna por consolidarse y la conciencia que forcejea por la conservacion de su libertad, y en la cual, si bien los instrumentos del poder se encruelecieron al comps de la exaltacion en la santa protesta, el principio que gui al Estado al castigar inflexible el delito de subversion no dej de ser por eso legtimo en la esfera de las ideas islamitas. Acab para siempre la antigua tolerancia: si cristianos y muslimes procedieron en alguna poca de concierto, cuando todava no se hallaban bien penetrados del antagonismo de sus orgenes[137], ahora ya ambas religiones han avanzado mucho camino y se han separado para no volverse mas encontrar. Ni el mahometismo de Bagdad y de Crdoba es el mahometismo del Yemen, ni el cristianismo de los Paulos, Eulogios y Perfectos, es aquel cristianismo desfigurado de los Nestorianos de Oriente[138]. Dos principios que aun no han producido resultados pueden parecer idnticos, as como en su orgen nadie diferenciar el manantial destinado ser magestuoso rio del manantial que corre perderse en inmundos lodazales; pero cuando esos dos principios han arrojado ya de s todas sus consecuencias, cuando cada uno de ellos ha apurado por decirlo as el sueo de la crislida para estender libremente sus alas la luz, no es posible que se amalgamen y confundan. El mahometismo desarrollado ha ofrecido al mundo como legtimo producto la mas refinada voluptuosidad; el cristianismo, vuelto sus genuinas aspiraciones despues de la breve escursion que sus malos intrpretes han hecho por el dominio gentlico, proclama por la voz de los penitentes y contritos que la perfeccion de la vida solo se encuentra en la ley del sacrificio, de la caridad y de la propia abnegacion. Guerra implacable, pues, los que condenan la cmoda religion del Profeta! Qu mayor honor, qu mayor obsequio puede tributarse la Ley escrita en las portadas y columnatas de la gran mezquita, que inmolar su ciego acatamiento todo el que la desobedezca, ridiculice contradiga? Compareced nuestra vista, sombras augustas y queridas de tantos mrtires incontaminados: desfilad, santos y puros sacerdotes, nobles mancebos, vrgenes bellas y pudorosas que componeis la sagrada hueste de vctimas quienes hoy la Iglesia de Espaa tributa agradecido culto; deslizaos como leve legion de espritus por entre esas crepusculares naves que fueron un tiempo teatro de vuestra generosa y herica confesion, y podamos al menos con el dolor y la compasion de ver correr vuestra inmaculada sangre bajo el hierro de los verdugos, fortalecernos contra la seduccion que hizo sucumbir los que fueron indignos hermanos vuestros en la fastuosa corte de ese sultan! Ah! mientras vosotros recibs en el tribunal del Cad la terrible sentencia; mientras entregais los sayones ya vuestros pis y manos para que os sean cortados, ya vuestras cervices para morir de un solo golpe, ya vuestras espaldas para que con crueles azotes os las destrocen; mientras gems en tenebrosas crceles y derramais lgrimas ms sobre la apostasa de vuestros hermanos que sobre vuestros propios hierros, la gran corte de los Umeyas se entrega placentera al flujo de las mundanas prosperidades, y viento en popa navega la nave del Estado cordobs hcia el ansiado puerto de la paz, de la bienandanza y de los placeres. Vosotros sucumbs como flores modestas ignoradas que caen bajo la hoz del segador; pero el prspero sultan que causa vuestro martirio no percibe siquiera el eco de vuestras desinteresadas esclamaciones. All en la orilla del rio, al pi de su mismo altivo alczar, y junto sus deleitosos baos, donde tan sabrosas trascurren para l las soolientas horas del esto, es donde se ejecutan como comunes y saludables escarmientos de una recta justicia esos sangrientos castigos; vuestros opresores en tanto se solazan en las frescas alamedas, en las huertas y jardines que abre su querido pueblo la magnificencia del Amir, costa tal vez del despojo y de la desesperacion de vuestras familias[139], agoviadas por los tributos; alguno de vosotros alcanzar quizs el triste privilegio de verse inmolar sirviendo de espectculo las despiadadas turbas[140], mas no lograreis todos que vuestra constancia y resignacion sirva de fecunda enseanza los poderosos estraviados. Por ventura no tiene mas en que pensar el prepotente sultan que en recibir caritativas amonestaciones de las pobres vctimas que mueren perdonando? Sabed que sus ojos no sois sino despreciables reos de sedicion, y que no hay en vuestro martirio lances estraordinarios que merezcan interrumpir las ocupaciones ni los ocios favoritos de los magnates. Es acaso mas interesante vuestro suplicio que una batida en la sierra, una partida de ajedrez en palacio, que la recepcion de una embajada importante y lujosa como la de los legados de Tefilo, que la discusion de un caso de conciencia[141] en plena reunion palatina, que la consulta sobre una innovacion en la etiqueta real[142], que el grato entretenimiento de escuchar los cantos, las historias, los versos y lisonjas de un Zaryab? Hartas calamidades han llovido sobre la trabajada Andaluca para que vengais ahora vosotros con vuestras siniestras predicciones conturbar el reposo que empieza apenas disfrutar la Espaa islamita. Pocos aos h vsteis repentinamente invadidas las hermosas orillas del Guadalquivir por las formidables hordas de los Normandos, que sedientos de sangre y de botin, de incendio y destruccion, asestaron contra la opulenta Sevilla las proas de sus terribles _dragones_[143], asolaron la tierra de Sidonia y maltrataron la costa de Niebla. Aquella s que fu tribulacion grande! Los brbaros se burlaban de los elementos: lo mismo se deslizaban en sus voladoras naves por los mas caudalosos rios, corriente arriba, que se burlaban de la furia de las tempestades en el Ocano, donde con razon eran denominados _los reyes del mar_; dejbanse caer como nube de langostas sobre las ciudades y los campos, su contacto ardian de sbito las mieses, las casas quedaban reducidas humeantes escombros, los moradores dura servidumbre, y los ganados y riquezas pasaban sus naves! Grande turbacion padecia la cristiandad durante aquella invasion sangrienta, pagana, encarnizada! Sin embargo vosotros, cristianos de Crdoba y Sevilla, no debsteis entonces este mismo rey Abde-r-rahman la seguridad y defensa de vuestras haciendas, de vuestras hijas y esposas, de vuestros hogares y de vuestra f? Poco h tambien que afligida esta tierra, que os obstinais en fecundar con vuestra sangre, por la gran sequa con que Dios plugo castigarla, perecian vuestros ganados de sed, se abrasaban vuestros rboles y vias, y se frustraban vuestras cosechas sin que quedase en vuestras heredades planta verde; en lo cual no se manifestaba el Omnipotente mas misericordioso con vosotros que con los muslimes; y merced la liberalidad y la generosa proteccion de este mismo rey que os di abrevaderos, y aguas cristalinas, y otros bienes de los cuales disfrutais lo mismo que los mahometanos, no sigui la mortandad en vuestros ganados, ni la esterilidad en vuestros campos. A Abde-r-rahman se lo debeis todo. No ofendais pues sus ocios con vuestra desobediencia, ni sus oidos con las injurias que contra el profeta sumo profers: tributadle el honor y alabanza debidos, y reverenciad en l uno de los reyes mas justos y grandes de la tierra. Qu exige de vosotros? Os pide por ventura que abjureis vuestras creencias y que le ofrezcais el sacrificio de vuestras ntimas convicciones? No en verdad. Solo quiere que pblicamente vivais como vasallos obedientes y sumisos, que no hableis mal de Mahoma y de su Ley, y que no hostigueis con vuestras temerarias confesiones los jueces para que os entreguen los verdugos. Seguid el ejemplo de vuestro metropolitano Recafredo, el cual condena ya ese falso celo que os lleva desalados al suplicio, y obedeced tambien los decretos que este justo prelado acaba de dictar para desengaaros de vuestras falsas doctrinas[144]. No busqueis la muerte, no corrais con ciego afan al suicidio, pues no sereis mrtires, sino malhechores y temerarios, si en ello os obstinais: sabed que presentndoos los jueces sin ser violentados, estais excomulgados, y que como infames sereis quemados despues de muertos, dejando vuestros hermanos y descendientes el baldon del castigo, y no la aureola de la glorificacion. Oh mezquinas consideraciones humanas! Vosotras, empero, almas sublimes que formais esa gloriosa legion de mrtires, rechazais con santa indignacion los cobardes pensamientos que sugieren los corazones tibios el egoismo la seduccion, firmes en vuestro propsito evanglico os lanzais predicar pblicamente la verdad, y devoradas por la santa sed de la salvacion de las pobres almas ignorantes y obcecadas, llevais vuestro amor hasta el inconcebible estremo de sellar con la propia sangre, para que se convenzan y conviertan, el testimonio que ya les habais dado con vuestra irreprensible vida y luminosa predicacion. Y cmo paga el divertido monarca los esfuerzos de vuestra herica caridad? Ah! Mejor que nosotros lo dir la piadosa leyenda. yese rumor de turbas hcia la plaza del alczar, y va creciendo por grados en direccion la gran mezquita. Los artesanos dejan sus obradores, salen los vecinos las puertas de las casas, los devotos que estaban en el nuevo templo haciendo sus annefilas[145] acuden las puertas esteriores del atrio: asoma por la parte de occidente una apiada muchedumbre, y distnguese intrvalos una voz aguda la que sigue una algazara estraa de aplausos, silba y descompasados ahullidos. Aproxmase el gento, y percbese con claridad un pregon que va diciendo: As ser castigado quien se burlare de nuestro profeta y de su religion. El objeto del triste anuncio es un hombre quien conducen en medio de aquella frentica multitud, desnudo, montado en un asno con el rostro vuelto la cola del animal, cargado de cadenas, y tan estropeado fuerza de azotes, que mas parece muerto que vivo. Llvanle por las calles principales hcia el barrio de los cristianos, en cuyas iglesias le presentarn para escarmiento la conturbada y casi dispersa grey de Jesus, despues de lo cual ser encarcelado hasta que le llegue la hora de volver la plaza del alczar recibir la muerte. Mientras el confesor Juan, que tal es el nombre del azotado, sufre este incuo trato por amor de Cristo, y mientras este santo mrtir siguen otros quince, entre los cuales descubren nuestros ojos horrorizados y atnitos la mas varonil fortaleza en las mas delicadas criaturas, en el lindo page[146] y la tierna doncella[147]; el rey Cordobs vive entregado los placeres de la poesa, de la msica y del amor, y no consiente siquiera que los Cades molesten sus consejeros sometiendo su conocimiento las causas de los infelices cristianos. Quiero, oh t que revuelves conmigo los anales de estos lejanos tiempos, que conozcas al hombre privilegiado que embellece los dias pacficos del reinado de Abde-r-rahman II, al genio incomparable que preside todas las grandes innovaciones de la corte de Crdoba, todas sus nuevas instituciones y su progreso, para que juzgues si en un corazon entregado semejante valido y al vrtigo que l produce, pueden hallar acogida las doctrinas de abnegacion y sacrificio que los valerosos mrtires cristianos estan llamados mantener y propagar. La Espaa rabe se iba, como decimos hoy[148], _civilizando_: es decir, iba progresando en la via del desarrollo material; base puliendo, aumentando su riqueza, sus goces, su esplendor, y perdiendo su primitiva rusticidad, su sobriedad y sencillez de costumbres. Ali Ibn Naf, por otro nombre Zaryab, era en este tiempo el mas celoso promovedor de la cultura de los rabes andaluces. Versado en la astronoma y en la geografa, saba la _division de la tierra en siete climas_, las varias producciones peculiares de cada uno de ellos, su temperatura, sus mares, y el rden y poblacion de cada pais; posea ademas todos los ramos del arte que tienen relacion con la msica, y era tan prodigiosa su memoria, que podia ejecutar mil canciones distintas con sus correspondientes palabras y tonadas, y repetir otras tantas historias de reyes y califas amenizadas con sentencias de los sabios de todo el Oriente. A este candoroso retrato, aaden los historiadores rabes que era Zaryab como un manantial inagotable de tradiciones, leyendas y aventuras, y que su elegante, entretenida y sabrosa verbosidad solo podia compararse un golfo sin fondo. Sobresalia principalmente en la msica y el canto, y desde su llegada Crdoba en el ao primero del reinado de Abde-r-rahman, pues l era natural de la Iraca, habia fundado una escuela de msica vocal con la que estaba haciendo una total revolucion en este arte. Si como artista y hombre cientfico le habia cobrado afecto el Sultan, que se pasaba las horas muertas oyndole referir ancdotas historias, no era menos agasajado y querido entre los nobles y potentados de la corte por la elegancia de sus costumbres y la amena novedad de sus traeres. El Amir le honr con su intimidad; los grandes adoptaron sus usos y estilos; su privanza lleg hasta el estremo de vivir y comer con el rey, y disfrutar una crecida pension l y sus hijos, y ser el confidente de todos los secretos del monarca, y tener en el aposento de este una puerta secreta para entrar verle siempre que se le antojra; su popularidad subi hasta el punto de imponer toda la corte sus modas y caprichos, en tales trminos, que no era posible en ella ser hombre de gusto delicado no imitando en todo las invenciones de Zaryab. Era este en suma el Antinoo de Abde-r-rahman, y este sultan era el Adriano de Zaryab. Conocido el personage con sus dotes intelectuales, vas verle con sus atavos esteriores y en el pleno ejercicio de sus hbitos y costumbres. Si te conduce la piedad en ps de alguno de esos olvidados y pobres mrtires, al abrigo de las nocturnas sombras, la temerosa orilla donde los sayones de los Cades acaban de suspender como brbaro trofeo los cadveres de sus vctimas, tal vez herirn tus oidos los melodiosos acentos de mgicos laudes, que de uno de los macizos muros del alczar se elevan deshora como tnue vapor mezclndose al murmullo del agua en las azudas. No pasarn muchos aos sin que los mismos coros celestiales desciendan con sus inefables armonas sobre el mutilado cadver de un gran santo, que hallar en las melanclicas ondas del profanado Btis la piedad que no alcanz de los hombres; mas por ahora son esos acentos puramente humanos, y los produce el clebre cantor de Iraca que ahuyenta la melancola de la noche con sus dos esclavas favoritas Gazzaln Hindah, quienes concede el privilegio de alternar con l en el ejercicio de su instrumento predilecto por la gracia y destreza con que sus lindos dedos recorren las cinco sonoras cuerdas combinando sus diversos tonos[149]. Dcese que los _jines_[150] le ensean en las horas del misterio y del silencio ese arte encantador con que tiene embelesada la corte, y que suele pasar la noche entera con esas dos hermosas esclavas ejecutando las inspiraciones que de ellos recibe, refiriendo cuentos y escribiendo versos hasta dibujarse en el oriente la primera hebra de plata y rosa de la aurora. Entonces las dos esclavas vuelven sus aposentos si l se recoge en su harem, permanecen con l si se lo manda, y Zaryab se entrega la deliciosa vision de las fantsticas imgenes que la poesa, la msica, el amor y las libaciones de vino de palma y aromtico Sahb[151] van produciendo en su exaltado cerebro hasta hundirse completamente en la nada del sueo. A la hora en que el respetado seor reposa en su blando lecho de bien preparado cuero, del cual est proscrita la manta de algodon de la antigua usanza, los eunucos y esclavos se emplean en su servicio. Su vestir, su mesa, su mtodo de vida son enteramente escepcionales: todo en su morada respira comodidad, voluptuosidad y molicie; todo es all peregrino inusitado. Zaryab muda de vestidos en las cuatro estaciones del ao, cosa antes nunca vista, porque los andaluces, hasta que se introdujo esta novedad, llevaban ropa de invierno de color hasta el dia 24 de junio (dia de _mahrajn_), en que empezaban usar el trage blanco de verano, y con este continuaban hasta el dia primero del mes solar de octubre, en que volvian vestirse de invierno. En la estacion media entre el aterido invierno y el abrasado esto, lleva aljuba de joyante seda de vistoso _mulham_, y jubon ceido, de estofa ligera sin forro; en la otra estacion intermedia en que cede el calor y encalvecen las florestas, usa el _mihshah_ persa[152], trage de un solo color, y otras prendas de varias formas y tintas, acolchadas para preservarse del viento frio de la maana. En invierno abandona el trage de otoo, y se reviste de ropas de abrigo de varios colores, forradas de pieles si el tiempo lo requiere. Sus trages blancos de lino no se lavan segun la antigua costumbre con agua de rosas y otras flores que las manchan con sus jugos: lvanse en agua de rosas con sal, que pone el lino como el ampo de la nieve. La vagilla en que come no es de plata ni de oro, es de trasparente, fino y brillante cristal, materia que no se afea ni se desforma, y que imita los objetos etreos en que los almalekes sirven los banquetes del Paraiso. Su comida no se sirve en mesas de madera, sino en elegantes bandejas de terso cuero; en su cocina, finalmente, nunca se aprestan manjares comunes, sino platos esquisitos, el _at-tafay_[153], la _takalliyah_, y otros que escitan el apetito con su sabor peregrino halagando el olfato con las especias de la India y el aromtico cilantro. Este profundo maestro de la vida muelle y regalona ejerce en la corte y palacio una seduccion irresistible: desde que l, sus hijos y mugeres se presentaron peinados como los eunucos y concubinas, ya todos han proscrito la pristina usanza del cabello crecido sobre la frente; prtenlo ahora por el medio, sin cubrirla, y recgenlo detrs de las orejas con afeminacion y estudio[154]. El Sultan que se deleita en tenerle de contnuo su lado, va insensiblemente contagindose de su refinado sensualismo, y por lisonjear los gustos del Sultan se contagia toda su corte. Las bellas artes, las nobles hijas de la inspiracion, ceden el puesto las artes del deleite: la gran mezquita no nos descubre mejora alguna de importancia debida este reinado; lo nico que le debe son dos prticos[155] y el oro con que se cubren unos cuantos capiteles. Casi diramos que al influjo de la refinacion de las costumbres se va amortiguando la llama del genio... As es en efecto. Los pueblos son como los nios: la aspereza y la contradiccion los aviva y estimula, y acaricindolos se los duerme. Las artes del pensamiento, noble ejercicio del humano anhelar combatido entre las esperanzas y dolores de la vida, desarrollan y enaltecen los sentimientos morales; las artes de los sentidos, ministros solcitos de la voluptuosidad, los enervan y degradan. Parece primera vista que hay contradiccion entre la decadencia del espritu religioso[156] y el encono en la persecucion del cristianismo; no la hay sin embargo, porque el mvil de esta persecucion no es la f, sino la razon de Estado. Con ser el celo religioso de Abde-r-rahman II menor que el de sus progenitores, es mayor su intolerancia, porque es el Estado mas exigente, y mas despiadado el corazon del que le rige. Un gemido de dolor, una lgrima sola, traspasan una coraza de hierro cuando el corazon que late debajo de ella es varonil y generoso; pero no hay coraza mas impenetrable las saetas de la caridad que un pecho embriagado de perfumes, avezado femeniles afeites y cubierto de lustrosa seda. El pecho del hombre estragado en los deleites es la losa de un sepulcro vaco. Cuando en el campo de la moral luchan la verdad y el error, si el Estado destruye la posibilidad del equilibrio prestando al error su apoyo, el antagonismo necesariamente ha de formularse en _persecucion_; y cuando la verdad perseguida renuncia al derecho natural de la resistencia, el vencimiento se ha de formular necesariamente en _martirio_. Ahora bien, podia el Estado no prestar su brazo al mahometismo, siendo este el que le habia formado? Y podia por otra parte el cristianismo no protestar de contnuo contra la ley funesta del Koran, sancionando con su aquiescencia el retroceso del estado normal al estado de imperfeccion? Habia de contemplar la Espaa cristiana con rostro sereno y ojo enjuto la ruina de todas las grandes conquistas del evangelio; destruida la familia con la vergonzosa concesion de la poligamia y del divorcio; desmentida la divina regeneracion del hombre por la asquerosa lepra de la servidumbre, que el Redentor habia lavado con su propia sangre; desfigurada la santa nocion de la justicia por transigir con la venganza, y restablecida la monstruosa pena del talion por deferencia al espritu material y grosero del pueblo sarraceno? Efectivamente, la poligamia con todos sus tristes adherentes, la deslealtad, la seduccion, el concubinato, el adulterio; la esclavitud con sus legtimas consecuencias, el envilecimiento del ser racional y las sediciones; el justiprecio de la sangre derramada por el homicida; y el talion por ltimo con su horrible desigualdad retributiva, son las facciones caractersticas de ese Estado musulman que con un barnizado antifaz de prosperidades y placeres materiales se anuncia al mundo como mulo de la civilizacion de la cristiandad y su superior en el cultivo de la humana inteligencia. No al acaso he tocado el delicado punto de la poligamia, cncer destructor de la familia musulmana, porque siendo la familia la norma del Estado, pueda comprenderse por aqu hasta qu punto es ruinosa la basa en que estriba esa vanagloriosa sociedad. Acompaadme en una breve escursion por fuera de la gran mezquita. Grato es de vez en cuando esplayar el pensamiento, como es grato al ave nacida bajo la magnfica cornisa de piedra de su espacioso atrio, pasar volando sobre las casas circunvecinas para volver posar despues entre las grandiosas mnsulas donde fabric su nido. Abarcaremos con una rpida mirada toda la vida domstica del pueblo mahometano, y luego regresaremos al interior de su templo, donde fortalecidos con el convencimiento de que el progreso y esplendor de las artes es por desgracia compatible con el deshonor de las leyes y de las costumbres, no nos dejaremos alucinar como muchos fanticos partidarios de la cultura arbiga por las deslumbradoras maravillas que su arquitectura tiene que realizar todava en un monumento que es el prototipo mas acabado de su genio. No me acuseis de parcialidad: voy desapasionadamente poneros ante los ojos la vida domstica segun el Koran. Apartaremos la vista de los escesos y desrdenes que la ley condena y castiga. Sabemos que todos los pueblos los cometen, y que hay una edad en la vida de las naciones en que las costumbres presentan la corteza de la barbarie. Pero vamos observar cmo vive la familia mahometana dentro de la permision de la Ley, para deducir cmo vivir con la trasgresion, inevitable en toda humana sociedad. Recorramos el interior del hogar domstico en cualesquiera gerarquas, desde el tugurio hasta el palacio. Estudiemos la condicion verdadera de la muger, ya bajo el dorado arteson, donde para endulzar su cautiverio se la embriaga de placeres, hacindola pasar del tocador al divan, del divan la danza, de la danza la msica y los cuentos, de la msica al perfumado bao, del bao la mesa, de la mesa al palanquin y del palanquin al lecho; ya bajo las tejas del pobre zaquizam, donde la dura servidumbre de su sexo se reune la brutal inconsideracion de su marido. Veamos, interroguemos, y recojamos con atencion las respuestas.--Dime, hermosa africana, por qu ests triste? por qu palidece el bano en tus lnguidas megillas y se estingue el fuego en tu mirada? No se deslizaban felices tus dias en este encantado y magnfico recinto, descuidados como esas cuentas de coral que por el roto hilo de tu gargantilla caen ese tapiz de flores? El sol abrasador de Tunez marchitaba tu juventud en los aduares: caiste en poder de los enemigos de tu tribu, fuiste vendida como esclava, y ahora disfrutas las delicias del harem y el cario de tu dueo.--Ay mi sol de Africa! Ay mi libertad! Te imaginas por ventura que una esclava no es una muger? Fu vendida, es cierto; pero am con toda mi alma al dueo que me compr, y el ingrato ahora me abandona por una muger de linage, porque el profeta le autoriza tener un tiempo mugeres y esclavas[157]; y no contento con arrancarme un corazon que la ley natural habia ya hecho todo mio, me vende un hombre que aborrezco pudindome tener consigo[158]! Vulvome otro lado, y pregunto:--Linda damascena, t pareces completamente feliz: hurfana en Siria, hallaste en Andaluca un jven esposo que te sirve de padre, cuya opulencia te proporciona cuantos goces puedes apetecer. La ventajosa posicion de tu marido debe llenarte de orgullo, y cuando la edad te permita aparecer en pblico con el rostro descubierto, brillar en tus ojos la satisfaccion de ver honrados y aventajados tus hijos.--Cunto te engaas! Ahora que soy jven nada me halaga, porque la riqueza de mi esposo solo sirve para dorar las prisiones en que vivo. Su desconfianza me humilla, y la vida de esposa me es mucho mas insoportable que la horfandad. No gozo un solo instante de libertad: mis siervas espan mis mas inocentes acciones; los eunucos que de noche velan mi sueo, las almeas que t crees destinadas tan solo divertirme con sus bailes, las _tellaks_[159] que te imaginas consagradas esclusivamente mi servicio en el bao, son, sin sospecharlo tal vez, los ciegos instrumentos de la tirana marital. Oyes susurrar el aura entre las flores, no sabes si gime si rie; as son mis suspiros. Oyes cantar al pjaro entre sus dorados alambres, no sabes si est alegre si llora; as es mi canto.--Tu esposo es fiel sin embargo al mandamiento del profeta, y no te niega su carioso homenage, para qu quieres la libertad?--Di mas bien para qu quiero ese homenage forzado si hay otras esposas que lo obtienen igualmente, y no soy yo la que impera en su corazon. Ese obsequio legal me repugna: el profeta le consiente darme hasta tres rivales, de modo que su obligacion se limita envilecerme una vez cada cuatro dias[160] renovando en mi corazon la herida de los celos. Mira lo que dice nuestro libro sagrado al hombre: No contraigas matrimonio sino con dos, tres, cuatro mugeres. Elige las que mas te agraden. Si no puedes mantenerlas, csate con una sola contntate con tus esclavas[161]. Tambien te engaas si te figuras que el renombre y la gloria del marido pueden ennoblecer la esposa sepultada en vida, y que el velo que ahora cubre mi semblante[162] caer con los aos para otra cosa que para hacer manifiesto el rubor de mis megillas cuando mis hijos sean postergados los de una advenediza preferida. Cmo suceden tan repentinamente en esa otra vivienda al son de los laudes, inhumanos latigazos, y agudos lamentos las dulces modulaciones de los cantares? Ah! Una jven yemenita acaba de ser azotada por su marido de resultas de una infame delacion.--Pobre muger: es posible que el hombre que parte contigo el pan y el lecho te trate tan brbaramente? Qu ley puede autorizarle ser juez de su propio agravio si eres culpada, y ser el ejecutor de tu castigo?--Ay de m! el profeta se lo concede. He sido acusada de desobediencia: mi culpa era bien leve por cierto; pero no hay quien me defienda contra el brazo de mi irritado esposo, porque la ley declara que los maridos agraviados por la desobediencia de sus esposas pueden castigarlas, dejarlas solas en el lecho, y _aun golpearlas_[163]. Veo la puerta de la vivienda de un jeque poderoso un crecido acompaamiento de caballos y camellos. Pas la hora de alatema[164], y entran y salen los esclavos con gran recato y silencio sacando de aquella casa fardos y lios que colocan sobre las acmilas. Parece de pronto que se dispone algun largo viaje. A poco sale al zaguan, apoyada en dos mugeres, con la frente inclinada al suelo y sollozando amargamente, precedida de dos jvenes de semblante ceudo, hermanos suyos, una esbelta Kinserita, toda velada de la cabeza al pi: al colocarla en un camello vuelve los ojos llenos de lgrimas los arrayanes y cipreses que se descubren por entre los arcos del patio que acaba de atravesar, y esclama:--Adios para siempre, objetos queridos que me acompasteis en un breve sueo de felicidad ya disipado!--Adnde vas, jven hermosa, ayer tan feliz y hoy tan afligida?--Me han repudiado!--Te han repudiado, y no hace un ao se cubria de rosas y de mirto el suelo de esa morada para recibirte, y resonaban los adufes alzando las mugeres tu nombre en gritos de alegra[165] hasta las nubes!--Ah! bien lo recuerdo: encendidas mas que aquellas rosas estaban mis megillas cuando al pedirme para ese gallardo jeque, quien yo secretamente amaba, me dijeron mis testigos: el noble wal de Jaen te ha pedido para esposa y te d de acidaque[166] presente una gran riqueza. Si ests contenta, calla y no respondas, y tu callar es seal cierta que consientes. Mi padre acababa de morir en guerra de frontera, y mis dos hermanos se holgaban de mi buena estrella... Todo acab para m! El cielo no ha querido dar hijos mi esposo en su Kinserita antes tan querida, y me repudia por estril. El profeta permite romper por esterilidad un vnculo que la naturaleza hace indisoluble! Esperad tres meses antes de repudiar las mugeres que han perdido las esperanzas de concebir[167]. --T al menos, digo otra bella mora quien veo salir de su elegante retiro llevando de la mano dos nias, no sers repudiada por estril; y sin embargo tus ojos hinchados, el velo que tambien te cubre, el atavo de tus hijas, indican que te dispones dejar la casa conyugal.--No soy estril, no, pero tambien me veo repudiada. La causa apenas yo misma la s: s tan solo que perd el corazon de mi marido, y que el ingrato jur que me repudiaba. Cuatro meses hace que pronunciando l su juramento, me cubr con este velo y me retir ese aposento. Sostvome la esperanza de la reconciliacion, mas esper en vano; nuestro vnculo est disuelto, y yo recobro mi libertad[168]. Qu digo mi libertad? La muger lo deja todo donde tuvo el primer tlamo, y solo el hombre recobra despues del divorcio su primer estado! Llvome mis hijas, nico bien del alma de que no se me despoja; mis hijos quedan aqu, y es fuerza separar los hermanos unos de otros como se separan las ramas que crecieron entretegidas, cuando el hacha despiadada hiende muerte el tronco. Pasarn los aos, y si llegan encontrarse se desconocern, lo mismo que se desconocen la viga de una dorada techumbre y su hermana la viga que se pisa enterrada en un pavimento. Sorprendo en otra casa una muger meditando con el Koran en la mano el modo de cometer un delito para obtener la _atalca_[169] de su marido.--Qu ests pensando en este recndito y solitario parge, atrevida cordobesa? El libro del profeta est abierto en tus manos, y la espresion de tu semblante denota sin embargo que tu espritu vaga incierto sobre el _araf_[170] entre el cielo y el infierno.--El crmen que medito me brinda con la suprema felicidad en la tierra. Estoy estudiando si puedo volver los brazos de un marido que me amaba y quien yo entregu toda mi alma.--Pues y el marido que hoy tienes?--No le amo: prendado de mi hermosura me pidi en casamiento, y yo solo consent con la esperanza de ser repudiada.--No comprendo qu fin te has envilecido pasando por el tlamo de un hombre quien no dabas tu f.--Toma este libro, y le: El que repudie tres veces una muger, no podr volverla hacer suya sino despues de pasar por los brazos de otro hombre que tambien la haya repudiado[171].--Y prefieres al marido que tienes ahora el que por tres veces te repudi?--Le prefiero sin duda puesto que solo l amo; l tambien me prefiere sus demas esposas, y la tristeza le devora desde que me perdi. Ambos somos infelices por esa ley que hace la tercera _atalca_ irredimible con la reconciliacion; pero afortunadamente ella misma nos ofrece el remedio en un cuarto repudio, costa de un sacrificio que consentido por el primer esposo pierde su vileza. Mi actual marido es de genio apacible, y sin embargo le detesto; mi primer marido era irascible y arrebatado, y sin embargo le adoro: misterios del corazon que no ha comprendido el que al tercer repudio verbal hace la separacion forzosa. La triste condicion de la muger mahometana me conduce examinar la condicion de los hijos y de los siervos. Veo declarado impune al padre que prostituye la sierva de su hijo[172]; impune tambien al que prostituye la muger de su siervo[173]; veo que el amo casa sus esclavos sin consultar su voluntad[174] como se unen los animales para que encasten; veo que la condicion de mercanca, sujeta las alternativas de la estimacion y del desprez, empieza para la muger en la misma infancia, porque el padre casa la hija desde nia sin contar con su parecer[175], y el tutor casa su pupila si entiende que as le conviene, prescindiendo de que ella entienda lo contrario[176]. Tal es la constitucion de la familia bajo esa secta dominadora. La poligamia, destructora de todo rden domstico y pblico, que produce la opresion de un sexo y la mutilacion del otro[177], que hace que el matrimonio no sea un vnculo, ni la familia una sociedad, introduce costumbres totalmente contrarias la naturaleza del hombre social; estas su vez originan hbitos opuestos la naturaleza del hombre fsico; y de este modo se verifica que una religion que prohija como inocentes las inclinaciones naturales corrompidas, condena perpetua barbarie al pueblo que la observa. No hay progreso donde no se seala las humanas acciones un tipo ideal y sublime que aspirar, donde el hombre llega sin esfuerzo, sin lucha, sin sacrificios, al que se supone estado normal de la ley religiosa y civil. Cun de otro modo comprende la humana perfeccion la religion del pueblo dominado! Cun diversa es bajo sus santas leyes la familia! Nuestro matrimonio, pudieran haber esclamado los perseguidos cristianos, no es la promiscuidad de los irracionales, sino un consorcio indisoluble elevado por Jesucristo al carcter augusto de Sacramento. No juzgueis nuestra ley por nuestras acciones: sabemos que somos dbiles y prevaricadores, pero se nos manda que seamos perfectos. Dios que conoce al hombre y sus inclinaciones, porque conoce su obra y la obra del hombre, no nos di leyes dbiles, cmplices de nuestras pasiones como las vuestras y testigos impotentes de nuestros desrdenes, sino que nos puso un freno, y este freno escluye de nuestra familia la poligamia y el divorcio, restableciendo entre nosotros el matrimonio ednico, de dos espritus en una sola carne, inviolable en su pacto, legtimo en su fin, vivificador por su pudicicia. Nuestro matrimonio no reconoce por fin legtimo el placer: su objeto es la formacion de una sociedad eventual, blanco de las bendiciones de la religion como Sacramento. Lejos estamos de la perfeccion que como un deber se nos inculca, porque la perfeccion se halla en el complemento natural de las cosas, y nosotros empezamos vivir. La perfeccion de la simiente es la planta, la perfeccion del feto es el hombre, la perfeccion del pueblo brbaro es el pueblo civilizado; pero cmo habeis de civilizaros vosotros mas de lo que exige vuestra ley? Tolerad, pues, que os enseemos lo que no sabeis, y si no lo tolerais matadnos en buen hora; pero nosotros no podemos en conciencia menos de advertiros que vais descarriados, porque es tambien deber nuestro indeclinable amaros como nosotros mismos aunque nos aborrezcais. Podia el imperfecto paganismo, vanaglorioso con la virtud privada de Arstides y Caton, satisfacerse con que estos se abstuvieran de los infames juegos de Olimpia y de la diosa Flora; pero el cristianismo no se contenta con la tolerancia del pagano, ni con el olvido del levita, sino que exige la caridad solcita del samaritano[178]. No era otro en verdad el mvil que impulsaba los mrtires espaoles, porque cuanto mas se acercaba el estado musulman su pleno desenvolvimiento, mayor tenia que resultar el contraste entre las dos religiones tan opuestas en sus principios. De este contraste resultaba el escndalo, del escndalo el celo, del celo la pugna, de la pugna la persecucion y la muerte. Como serenas estrellas que en una noche de bulliciosa y esplndida orga mandan la tierra su vvido resplandor por entre las negras nubes de un cielo de tormenta, as vosotros, mrtires pursimos, brillais con hermosa claridad en los sangrientos anales de la perseguida Iglesia de Espaa, contrastando la divinidad de vuestra doctrina y testimonio con la falsa brillantez de esa corte corrompida que tan costa vuestra estais evangelizando. Oh valor incomparable! Saben esos humildes y generosos confesores que la persecucion arrecia, que el desacato de la profesion de f es ya mirado como asunto digno de ocupar al consejo del rey[179], que la estirpacion completa de la religion cristiana va ser en breve el negocio capital de la gobernacion interior del Estado; ven aumentarse el nmero de los apstatas, entibiarse el celo de sus afligidos hermanos, dilacerarse con nuevas heregas el seno de la Iglesia perseguida, ceder los dbiles la opresion y al oprobio, los tmidos las amenazas, los codiciosos la agravacion de los tributos, los ambiciosos las liberalidades y promesas; dcenles que sus prelados mismos los obligan jurar que no comparecern ante los jueces hacer pblica confesion de su f, que en el consejo del Amir se ha acordado conceder todo musulman permiso para quitar la vida cualquier cristiano que hable en desdoro de su profeta y secta; y sin embargo nada les arredra. All va la gloriosa falange! En ella la dama de esclarecido linage que hasta ahora habia vivido ocultando su verdadera f, y que, depuesto ya todo humano respeto, ha consumado el sacrificio para una madre mas costoso, cual es el abandono de sus cariosos hijos[180]; en ella el rico hacendado, hijo de mahometanos, que tomando de su herica esposa ejemplo de abnegacion y fortaleza, y aleccionado en la provechosa escuela de los justos perseguidos y encarcelados, reparte su riqueza entre los pobres y las iglesias, y confia su prole ya en breve hurfana! al tranquilo amparo de un humilde claustro de religiosas[181]; en ella el mendicante peregrino de lejanas tierras enseoreadas por los infieles, que nacido en la gloriosa Belen y profeso en el clebre monasterio de S. Sabas, termina su trabajosa cuestacion por Africa y Espaa, pidiendo en Crdoba al consejo de Abde-r-rahman el eterno descanso la sombra de la palma de los mrtires[182]; en ella numerosos monges, unos nacidos de noble linage, otros nobles por sus hechos y virtudes; en ella finalmente ricos y pobres, sabios ignorantes en las humanas letras; versados en los estudios y trato de los rabes, y extraos de todo punto su lengua y comercio; aventajados en la corte, y oscuros mozrabes de la Ajerqua; casados, clibes, eunucos; los unos criados entre parientes mahometanos, y sin embargo cristianos desde la infancia; los otros hijos de cristianos, pero tenidos por musulmanes hasta el momento de recibir de Dios el don de caridad y fortaleza, que los convierte de repente de tibios y meticulosos en paladines declarados de la f, sedientos de la salvacion de las almas y de las salutferas aguas de la tribulacion. La edificacion de sus hermanos, la conversion de sus obcecados dominadores, la espiacion de la pasada prevaricacion de Espaa[183], reclaman ese sacrificio. All van, pues, gozosos y tranquilos: los mancebos renunciando sus doradas esperanzas, su brillante porvenir, la ciencia, los honores, la gloria, al amor, todo lo mundano; las madres despidindose para siempre de sus inocentes hijuelos, en quienes se compendian para ellas todos los placeres de la tierra, y estampando en sus rosadas megillas el ltimo beso, que reciben dormidos, ignorantes de su prxima horfandad. All van, animosos y decididos, dar su sangre por su f, por el cristianismo, por la verdadera civilizacion del mundo, por la gloria del Criador, y dejarse sepultar cadveres desangrados en ese hondo rio, momentneamente agitado y luego otra vez magestuoso y sereno. No podrn decir sus enemigos que los impulsa la vanagloria, porque saben que sus nombres sern execrados prevaleciendo los apstatas partidarios de Recafredo, y que el culto de los mrtires es severamente castigado por los musulmanes y por los obispos prevaricadores[184]. Ese es el premio que esperan de los hombres, esa la recompensa que les tiene reservada el mundo, que los moteja de fanticos y alucinados, en pago de lo que ellos se afanan y sufren por su emancipacion y progreso. Vivirn al menos sus nombres en la memoria de la Espaa restaurada? Vivirn, s, en los corazones de la gentecilla humilde y oscura, que es la que ama las tradiciones piadosas y los recuerdos de sus santos; perpetuarnse en las leyendas, en los martirologios y santorales, que, fuera de las iglesias y monasterios, solo manejarn el devoto madrugador que vive ignorado del mundo, y el solitario campesino que solo ve de la gran ciudad las azuladas torres; pero los poderosos, los cortesanos, el Estado, nada creern deberles ni se cuidarn de ellos, porque la memoria, peso abrumador para la vida de los grandes, es como un mar de plomo en que se hunden todas las antiguas glorias y escarmientos. El calor de las nuevas impresiones le hace hervir un instante, y luego gradualmente recobra la inmobilidad de la masa inerte. En l las cosas de quilate se sepultan, y solo sobrenadan caas huecas y espumajos. Pero si los hombres son ingratos con los mrtires, el Omnipotente al menos se les declara propicio, y armado con todos sus horrores y prodigios, atestigua por ellos, conturbando los jactanciosos dominadores. Corria el mes de setiembre, delicioso en la tierra de Crdoba, y en uno de sus mas claros y serenos dias, los consternados cristianos vean clavar en la ribera del Guadalquivir los cuerpos de dos mancebos, nobles por su sangre y afamados por su ciencia, que acababan de ser degollados, durando aun la ceniza de la hoguera encendida para quemar los cadveres de otros dos mrtires. Oscurecise de repente el cielo; cubrise de negras nubes sin que precediese anuncio de tempestad, rompi esta con grandes truenos y relmpagos y granizo, y mientras los hombres ofendian la naturaleza con la muerte de aquellos dos justos, con tanta crueldad sacrificados, esta demostr hacer por ellos sentimiento enlutndose en medio de su mas esplendorosa gala[185]. Insensible el orgulloso Amir tan evidente testimonio, jura lleno de furor que raer de sus vastos dominios la cizaa de la f cristiana. Ya el valor de los mrtires le conturba y le quita el sosiego, ya la poblacion mozrabe le ocupa y le causa insomnios; la poesa, la msica, las artes, los cuentos y relaciones de Zaryab y de sus favoritos no le desenojan; conoce el valor de los buenos cristianos, el prestigio que entre ellos alcanzan los prelados como Saulo, los doctores como Eulogio, pero fia demasiado en la intimidacion que ejercen los malos obispos con sus decretos y l con sus edictos, y desconoce la fecundidad de la sangre derramada. El ao 852 se halla en su tercio final: veintiocho cristianos han muerto manos de los verdugos del Amir; su obispo y su mas caro maestro conocen ya el rigor de las prisiones. Ay de los que se atrevan en lo sucesivo desafiar su saa! Dos eunucos cristianos, sin embargo, uno natural de Granada y otro venido del Oriente, llamados el primero Rogelio y el segundo Serviodeo, aquel monge y anciano, este mozo y de estado nosotros desconocido, penetran denodadamente en la mezquita mayor un viernes, en ocasion de hallarse el templo todo lleno de gente all congregada para hacer su azala. Sabida es la escrupulosa y nmia atencion con que observan los musulmanes viviendo entre cristianos hasta las mas pequeas prescripciones de su ritual, porque los sectarios de Mahoma son esclavos de su religion como de su gobierno: no hay creyente que antes de entrar en la mezquita orar, ya sea en dia juma, ya en otro dia cualquiera, no haga en las fuentes del atrio sus purificaciones abluciones, con todos los requisitos prevenidos por la Ley y la Sunnah; ni hay quien se atreva penetrar en el recinto sagrado sin dejar en el prtico el calzado con que anduvo por las calles y plazas; ni quien una vez dentro de la casa de adoracion, no ocupe el parage asignado su edad y sexo, no haga mirando la kiblah las incurvaciones y postraciones que estan obligados los fieles, y no siga en todas las oraciones y actos de su ceremonial al Imam con aquel rden, regularidad mmica y afectada compostura, propios de una religion de meras formas. Rogelio y Serviodeo, desprecindolo todo, se entraron en el templo con mpetu extrao, sin ablucion, sin despojarse del calzado inmundo, sin hacer acto alguno de los que el culto musulman impone. Debieron los servidores de la mezquita mirarlos al pronto como dementes; al verlos atravesar con infraccion de todas las reglas establecidas, paso precipitado, por las hileras y departamentos de hombres, nios, hermafroditas[186] y mugeres, fijarian en ellos los muslimes sus ojos atnitos sin esplicarse la causa de tan punible desacato. Pero antes de presenciar el gran delito que se prepara, cmplenos observar, aunque sea de ligero, esas singulares ceremonias de que hemos hecho mrito, para comprender mejor el sangriento escndalo, la alarma y el enojo, que los dos osados cristianos debieron producir en los musulmanes cordobeses y su gobierno. Un poco de paciencia, buen lector: luego terminaremos el cuadro de los furores de los Amires, y de las justas venganzas del cielo. Los musulmanes dan una importancia suprema todos los actos exteriores, porque las grandes promesas de Mahoma se libran en ellos. Al que se lava el cuerpo segun manda la _Sunnah_, y va temprano al templo, y se pone cerca del Imam para oirle con atencion sin hablar palabra, le escribe Dios nuestro seor, dicen los doctores del Koran, por cada paso que d, el premio correspondiente un ao de adoracion, y un ayuno de todos los dias. El dia del juicio, aaden, se le aparece la Aljama en forma de hermosa figura ataviada con vistosos arreos: l pregunta: quin eres? y ella le responde: soy la Aljama, que vengo atestiguar delante de Dios cmo acudiste al cumplimiento[187]. Ceremonias exteriores tan poderosas, que sirven de espiacion y justificacion, y que equivalen en mrito la mas rigorosa penitencia, escusado es decir si se observarn escrupulosamente. Verdad es que estas frmulas se consideran nulas sin la recta intencion, as que la azala, dicen los telogos rabes, es una esttua que figur Dios lo mismo que figur los animales, ponindole por alma la intencion[188]. Pero como la mera intencion es fcil de formar, no por eso la religion mahometana resulta menos cmoda. La pureza del corazon se recomienda, pero no se d medicina para lograrla: no importa: todo va bien mientras el cuerpo aparezca puro de inmundicia exterior, y mientras las azalas obligatorias se hagan en los tiempos y con las posturas, lecciones y jaculatorias requeridas, siguiendo al Imam con precision automtica, y como si dijramos golpe y medida de resorte: exactamente de la misma manera que hacen la carga once voces los hroes de oficio que entretienen las naciones para un caso de guerra, y sus habilidades los perros sabios que en teatrillos ambulantes los imitan en casos de paz. H aqu pues cmo se santifica el pueblo que rige el poderoso Abde-r-rahman II. Estamos en plena festividad, dia de viernes, dia juma: dia por cierto en que sufri un solemne desaire el gran profeta Mahoma mientras estaba predicando en la mezquita de Medina. Hallbase en lo mas crtico de su peroracion, cuando sonaron de repente los tambores que anunciaban la entrada de la caravana de mercaderes en la ciudad; y todos entonces, escepto doce fieles de f tenaz y aguerrida, abandonaron el templo dejando al predicador con la palabra en la boca. Esta falta de respeto le sugiri la feliz idea de hacer bajar del cielo la Sura captulo LXII de su Koran, titulada _el viernes_, y cuya aleya undcima dice as: Cuando el inters los estimula, corren los hombres al punto adonde su voz suena, y abandonan al ministro del Seor. Diles pues: los tesoros con que Dios os brinda son mas preciosos que todo bien perecedero. Dios es el mas generoso de los bienhechores[189]. Este pesado chasco no quita que sea el viernes el mas dichoso dia que alumbra el sol, y que en l (los muslimes al menos as lo suponen) criase Dios nuestro padre Adan; que en l lo pusiese en la gloria, y luego lo bajase la tierra, y que en l muriese; que en l deba ser el juicio, y que no haya en l animal que no est en confusion desde que amanece hasta ponerse el sol esperando la hora de la comparecencia, esceptuadas las gentes y espritus[190]. En este dia al que hace la azala le son perdonados todos los pecados que tenga sobre su alma. Siendo por consiguiente la azala del viernes tan eficaz, es claro que no se descuida el hacer con toda minuciosidad la purificacion que ella precede, y que es como la raiz y fundamento de la Ley musulmana; porque est escrito que _no recibir Dios la oracion sin la purificacion_[191], y Mahoma ha pronunciado que _la religion est cimentada sobre la limpieza_[192]. _Oh vosotros los que creeis, antes de comenzar vuestra oracion lavaos el rostro, y las manos hasta los codos, y restregaos la cabeza, y los pis hasta los talones, y purificaos si hubiseis tenido polucion. Si estuviseis enfermos, hubiseis tenido coito, tomad falta de agua polvo limpio, y frotaos con l la cara y las manos. No quiere Dios angustiaros, sino haceros puros y derramar sobre vosotros sus gracias para que seais agradecidos._ As se espresa el Profeta en la Sura quinta de su Koran, y sobre estas palabras arman los musulmanes toda la artificiosa y ridcula mquina de su purificacion y abluciones. Amanece, pues, el gran dia, y empieza en las casas de los fieles muslimes la faena de los lavatorios, que no concluye sino en el atrio de la mezquita; porque los viernes es obligatoria la asistencia la azala del templo, y obligatoria tambien una ablucion general de todo el cuerpo, la cual no puede hacerse cmoda y decentemente sino en el propio hogar. Esta ablucion general, llamada _tahor_, _tahara_, es tambien de precepto en las dos principales festividades de pascua de Ramadan y pascua de Carneros, en la peregrinacion la casa santa de la Meca, y en ciertos casos de natural impureza[193]. El que hace _tahara_ no solo tiene que lavar todo su cuerpo, enjuagarse, limpiarse la dentadura, espeler las mucosidades, y raerse el bello, sino que est obligado observar el rden y la forma establecidos para estas diversas operaciones; de tal manera, que no le sirve la ablucion, si en vez de concluir lavndose los pis, segun est prescrito, acaba lavndose las manos la cabeza, y si en lugar de mojarse el cuerpo tres veces, como es tambien precepto tradicional, se lo moja dos cuatro. Los requisitos de la _tahara_ son varios: se empieza lavndose las manos, siguen los demas miembros por su rden, y se concluye por los pis. Ademas debe hacerse en lugar limpio, y empezarse el lavatorio del cuerpo desde la cintura abajo, invocando al Criador, echndose luego el agua por la cabeza, restregndose el casco con los dedos, sin necesidad de que deshagan sus trenzas las mugeres, y finalmente, mojndose primero el hombro derecho y despues el izquierdo; todo esto con agua limpia de rio de mar, de pozo fuente, llovediza, con tal que no haya caido en ella cosa muerta por pequea que sea. Como sin embargo de la ablucion general se requiere para antes de orar la purificacion ceremonial sagrada, llamada _alguado_, que consiste solamente en lavar la cara, las manos hasta los codos, la cabeza, y los pis hasta los tobillos, con el aditamento de enjuagarse la boca, sonarse sorbiendo el agua y frotarse los oidos, que ha establecido la _Sunnah_, es claro que el que se propone cumplir religiosamente estas ceremonias tiene bastante en que entretenerse antes de principiar la oracion pblica. Esta segunda ablucion, purificacion sagrada, cuya virtud se pierde segun los expositores de la ley y tradicion por veinte causas (que omitimos especificar por poco decentes)[194], y que por lo tanto es forzoso repetir con mucha frecuencia, tiene sus requisitos y prcticas que la hacen bastante curiosa los ojos de los profanos. Llega el muslim al atrio de las abluciones, y antes de visitar la casa donde se custodia y venera su Koran, hace una visita oficial la letrina: lava luego sus manos, vulvese de cara la quibla, se sienta, enjuaga su boca, descarga sus narices, y entre tanto pronuncia la frmula: En nombre de Dios. Mientras se hace esta ablucion se suspende todo coloquio: cada cual va por su rden cumpliendo con las ceremonias establecidas sin curarse de lo que hacen los demas. A la locion de la cara, con la cual pide el creyente Dios que la emblanquezca el dia del juicio, sigue la del brazo derecho, por la que pide que le d su carta aquel dia en su diestra; luego la del brazo izquierdo, con lo que intenta significar que no se la d en la siniestra; luego sigue la frotacion de la cabeza, para que Allah le cubra con su piedad y le conserve sus cinco sentidos; luego la de los oidos para que le haga oir Allah su divina palabra y el pregon de Bilel[195] en el Paraiso; luego la locion del pi derecho para que se le afirme en el puente del _Sirath_, y la del izquierdo finalmente para que no le sirva de embarazo al atravesarlo. Si reparas bien en los actos de los que van acudiendo al hermoso patio de los naranjos, llamados por el aliden[196] la azala de adohar, observars que los ritos para hombres y mugeres son los mismos, que unos y otros comienzan la ablucion con la mano derecha, que jams ayudan con la izquierda la absorcion del agua por la boca y narices, que la mano izquierda se destina otros usos menos nobles, que todos repiten las abluciones hasta tres veces, ni mas, ni menos, que todos se abstienen de consumir en esta operacion demasiada agua, de frotarse los pis desnudos, de echarse el agua en la cara de golpe, y de ensuciarla con salivas y otras inmundicias. Habrs advertido tambien que medida que van entrando en el patio los muslimes van dejando bajo los prticos el calzado con que andan por la calle, y que para penetrar en la mezquita usan otro calzado limpio, sobre el cual hacen la locion de los pis. Vers los hombres descubrirse la cabeza para la frotacion que impone la Ley, y las mugeres no, porque la tradicion les consiente que cumplan esta ceremonia por debajo del velo manto que las cubre todas, con tal que puedan llevar las manos al colodrillo sin deshacer la mata de sus cabellos. Ultimamente, no vers hombres y mugeres juntos ni en el atrio ni dentro del templo: cada sexo tiene asignadas sus puertas para entrar en uno y otro, y sus departamentos secciones en el interior de la mezquita: la muger recoge el manto sobre su rostro dejando solo destapado un ojo[197], y hace sus abluciones separada de los hombres, porque en ella todo es pudendo, hasta los brazos y el cuello: todo, escepcion de las manos, los pis y la cara. Entindase esto de la muger libre, porque en la esclava no se consideran pudendas mas partes que las que el hombre mismo est obligado ocultar, saber, desde la region umbilical hasta las rodillas. En cuanto la costumbre de taparse la cara con el velo manto, propiamente llamado _almalafa_[198], ya dejamos apuntada la disposicion legal en que se funda esta que de pronto parece seal de esquisita pudicicia[199], y que en realidad es solo cebo artificioso y pretesto hipcrita del lenocinio, segun muy autorizados votos[200]. Mahoma la recomienda sin duda porque la hall establecida en el Oriente, donde era el manto considerado como ornamento para las casadas, y como adorno y velo para las doncellas. Las almalafas eran de lino por el estilo de las que se tejian en Galilea, de seda como las usaban las Fenicias, unas blancas, otras de diversos colores: muchas veces finsimas, sutiles y trasparentes como el _theristro_ griego, cuyo nombre, as como el de _palio_ y _caliptra_, le dan algunos historiadores del Bajo-Imperio y otros escritores de la Iglesia; y en esta forma la usaban las meretrices en el mundo antiguo, las cuales se envolvian en un theristro difano como el ambiente para poder presentarse en pblico desnudas[201]. En el atrio de la mezquita, donde hay aguas abundantes, no puedes gozar el espectculo de los que con mucha f y entusiasmo se restregan los miembros con polvo, tierra, y aun barro, imaginndose quedar muy curiosos y aseados. La ley musulmana exige que la hora de la azala se haga siempre la purificacion ceremonial, y que donde falte el agua, como puede muchas veces acontecerle al caminante, al encarcelado, al que est escondido huyendo de fieras de enemigos, se eche mano de la tierra, de la arena, de la yerba, de las piedras, del csped, del barro, de todo lo que la naturaleza haya criado sin intervencion humana[202]. Esta singular purificacion se llama el _tayamun_; ya puedes figurarte si ser edificante y hermosa la figura de un devoto muslim apeado de su caballo en medio del campo, haciendo sus incurvaciones con la cara tiznada de lodo, vuelto hcia la Meca[203]. No deliraron tanto jams las naciones paganas que mas materializaron la razon de las purificaciones; no digamos los Romanos, que hacian sus decorosas y solemnes lustraciones, en manera alguna ridculas, antes bien interesantsimas por el sacrificio de las vctimas; pero ni los Baneanos del Mogol[204], ni los Bracmanes, de quienes se cuenta que todos los dias antes de salir el sol van al rio y en l se meten, unos hasta el pecho, otros hasta la garganta, creyendo quedar all limpios de sus pecados; ni la gente india vulgar, que, persuadida de que las aguas limpian el alma, corre desalada los grandes estanques de las Pagodas, y los dos sagrados rios Ganges y Cason, en cuyas ondas purificadoras aman muchos dejar la vida[205]. De estos al menos no se refiere que se hayan entretenido se entretengan en hacer objeto de ceremonias la inmundicia natural, cotidiana, y aun necesaria, del organismo animal, ni que sean tan materiales y nmios que se crean obligados repetir la ablucion si omitieron en ella alguna pequeez, si al lavarse los brazos empezaron v. g. por los codos, en vez de empezar por las puntas de los dedos[206]. Cesaron las abluciones de los creyentes, yese dentro de la mezquita la _alicama_ convocacion que los llama orar. Ya est levantada la azala, ya comienza la oracion[207]; es la hora de _adohar_, el sol est en la mitad exacta de su carrera, el Imam ocupa el mimbar, entra el pueblo con paso grave y mesurado por las espaciosas y elegantes puertas que conducen las once naves mayores. Los hombres entran por unas puertas, las mugeres por otras, fin de que cada sexo ocupe su respectivo compartimiento[208]. Todos al pisar el umbral sagrado levantan en seal de admiracion las manos, esclamando en voz baja: Dios es el mas grande! Este primer acto no creas que es espontneo; es de ritual. El que entre orar magnifique Dios, y levante sus manos de modo que sus pulgares se hallen la lnea de sus oidos: aplique luego la mano derecha sobre la izquierda, y ambas debajo del ombligo, y diga alabando Dios: bendito sea, oh Dios, tu nombre, exaltada tu dignidad, glorificada tu alabanza; no hay mas Dios que t[209]. As lo verifican todos: la _magnificacion_ sigue la _estacion_; durante la estacion, en la cual no le es permitido al muslim separar las manos de la postura referida, ni doblar las rodillas, ni cargar el peso del cuerpo sobre una pierna mas que sobre otra, se implora el auxilio del Altsimo contra Satans apedreado, y luego se pronuncia la clebre invocacion _Besm ellah elrohman el rahim_ (en nombre de Dios clemente y misericordioso), que para los mahometanos es como para nosotros los cristianos la seal de la cruz, y con la cual principian todos los actos importantes de la vida. Las dos ltimas palabras se dicen secretamente. Refiere uno de los mas famosos comentadores del Koran, que cuando esta invocacion baj del cielo, las nubes huyeron al oriente, los vientos se calmaron, la mar se conmovi, los animales empinaron las orejas para oir, y los demonios cayeron precipitados de las esferas celestes[210]. Empieza el Imam en seguida, la cabeza de todos los creyentes formados en hileras, la lectura del proemio Sura primera del Koran, y ellos en secreto le van siguiendo. Magnfica en verdad es esta primera oracion, despues de la cual puede decirse que en la azala no hay otra. Dice as: Gloria Dios, Seor de los mundos! La misericordia es su atributo: l es el rey del dia del juicio. Adormoste, Seor, imploramos tu auxilio. Dirgenos por los caminos de aquellos quienes has colmado de beneficios, De aquellos que no provocaron tu clera y se preservaron del error. Al proferir el Imam estas ltimas palabras, los asistentes dicen: _Amen_. Sigue inmediatamente otra magnificacion con la frmula conocida Dios es el mas grande (_Allah ua aqbar_), y despues tienen lugar las incurvaciones y postraciones y asentaduras, interpoladas con jaculatorias, y dispuestas por la tradicion y los telogos musulmanes con tantos requisitos, tanto subir y bajar, tanto encorvar la espalda y enderezarla, tanto sacar y remeter el vientre, tanto jugar de piernas y de cuello, y tanto agitar de pis encogiendo uno y estirando otro, y volviendo los dedos la quiblah, que ni tengo yo paciencia para rtelo desmenuzando, ni t la tendrias para seguir atendindome[211]. Observemos, si te place, que desde el comienzo de la azala hasta el fin van siguiendo los asistentes toda la mmica del Imam que la rige, exactamente lo mismo que siguen en sus movimientos los reclutas al cabo instructor, como en ciertos juegos de los nios (oh recuerdo agridulce!) sigue todo el corro al que dirige la farsa repitiendo sus palabras imitando sus gesticulaciones[212]. Mejor que pudiera yo hacerlo, te esplicar el dibujo que aqu te pongo lo que es _incurvacion_ y _postracion_[213]. Mira en l reproducidas estas dos posturas capitales: el que hace la incurvacion (_rucz_) pone las manos sobre las rodillas, y las espaldas al nivel de la cabeza; en esta posicion pronuncia las esclamaciones de ritual, y bien vuelve enderezarse, bien se postra en tierra, segun el estado y perodo de la oracion. Al postrarse para hacer su _adoracion_ (_uchud_), procura con todo esmero que toquen en la tierra la frente, la nariz, los codos, las manos abiertas, las rodillas y los dedos de los pis. Al sentarse procura tambien no hacerlo sobre ninguno de los dos pis, sacndolos por el lado derecho, o juntando con el muslo derecho la planta del pi izquierdo. [Illustration: INTERIOR DE LA MEZQUITA DE CORDOBA.] Ocupados en este ejercicio mas propio de jimios que de seres racionales estaban los muslimes cordobeses, y la soberbia mezquita de bote en bote, cuando penetraron resueltamente en ella los dos cristianos Rogelio y Serviodeo. El pueblo suspende sus ritos, lzase un imponente murmullo, seal segura de un grave escndalo; el Imam enmudece asombrado; al murmullo sucede una amenazadora gritera, como siguen en la mar los bramidos de las olas la susurrante brisa que anuncia las tempestades. Qu intentan esos dos hombres temerarios que abrindose paso por las apiadas hileras se adelantan forcejeando hasta cerca del Santuario? Qu palabras son las que vienen proferir en este venerando recinto, interrumpiendo solemnes ceremonias, infringiendo leyes y tradiciones, desafiando las mas terribles prohibiciones[214] y esponiendo la vida al justo furor de la escandalizada muchedumbre? Oh abominacion! oh delito monstruoso y nefando! El magestuoso y sonoro idioma del Hedjaz consagrado por el profeta de Dios la promulgacion del Koran, es prostituido y vilipendiado por sus atrevidas lenguas en obsequio del profeta nazareno[215]: nada menos intentan esos criminales alucinados que convertir con una insensata predicacion los corazones de tantos miles de creyentes, fieles y fervorosos, al culto del Hijo de Mara, escarneciendo la doctrina y nombre de Mahoma. Pobres insensatos! Como si no supiramos distinguir el bien del mal, vienen ellos predicarnos que son males los bienes de la tierra, que miente y nos engaa el que nos prometi el placer en este mundo y la felicidad en el otro[216]. Perezcan esos dementes, acabemos con todos ellos, estngase en el Andals la abominable peste de la Palestina! As claman los mas celosos, y arremolinndose en torno de los dos indefensos cristianos, emprenden con ellos golpes, los derriban bofetadas y empellones, y de buena gana los habrian muerto dentro del mismo templo como en desagravio de su[217] profanacion; mas acudiendo el Cad de la Aljama, se los entregan para que les aplique la pena de muerte y mutilacion de manos y pis, que se hicieron acreedores por su delito, y excitan sus regidores concluir de una vez con el nombre de cristianos por medio de una persecucion sangrienta y sin tregua. El fuego de la ira popular prende en el corazon del sultan, y el monarca que en su juventud blasonaba de justo abandonando los jueces las causas de los cristianos sediciosos, se jacta en la vejez de cruel, consagrndose personalmente discurrir penas atroces y medios escepcionales de intimidacion. Pero conociendo que la crueldad le ahuyenta los vasallos, y que la misma razon de Estado que manda castigar la rebelda le aconseja no trasformar en hroes los rebeldes, imagina que es preferible poner los confesores la mordaza de la obediencia, robusteciendo el decreto del desautorizado Recafredo con un solemne canon conciliar, al cual no puedan oponer los cristianos objecion alguna. Cosa fu pensada y hecha la reunion de metropolitanos y obispos llamados secundar tan satnica invencion. Celebrse el concilio convocado por el tirano islamita[218]: el miedo y el rigor luch en los pechos de los prelados con el amor la justicia: querian no faltar esta, ni exasperar mas al rey. Ofreciseles conciliar lo uno con lo otro disponiendo el decreto artificiosamente, de suerte _que la corteza de la letra, que habian de mirar los infieles, sonase prohibicion de presentarse al martirio, pero que bien mirado el sentido, cual podian conocerle los prudentes cristianos, no incluyese ofensa de los mrtires_[219]. Pero esta resolucion caus escndalo entre los cristianos ignorantes, desagrad los mas ilustrados, y fu objeto de severas impugnaciones; causa tambien de reprobaciones y persecuciones nuevas. Saulo y Alvaro la censuraron: crese que S. Eulogio hizo lo mismo[220]. El obispo fu segunda vez encarcelado: el sabio doctor tuvo que ocultarse: los seglares nobles y conocidos temian por instantes la misma pena: todos andaban acobardados, atribulados, huidos. Abde-r-rahman al ver frustradas sus esperanzas se entrega de nuevo su delirante saa. Una infernal complacencia le conduce una alta galera de su alczar, desde donde espera cebar la ansiosa mirada en un espectculo horrible, pero adecuado su sed de venganza. Ah, que el infeliz no cuenta con que en favor de los desvalidos mrtires est ya armado el cielo!... Penden de sendos rboles all abajo, reflejndose siniestramente en las claras aguas del _gran rio_[221], dos objetos denegridos que se destacan sobre el verde pardusco de las alamedas: la brisa que mueve las hojas mueve tambien en ellos una especie de copo de leve crespon que veces se desvanece como una bocanada de negro humo. Fija bien en ella tu vista, cruel anciano. Qu descubres entre las copas de la arboleda? Oh intenso y brbaro placer! Son los cadveres de Emila y Jeremas, tostados y desecados por el sol de otoo, con sus cortadas cabezas clavadas en los troncos hincadas en las puntas de las ramas. All cerca se mueve alguna gente: yense, soplando el viento de mediodia, algunos martillazos que dobla el eco de los vecinos collados, y poco aparecen clavados tambien otros dos cuerpos horriblemente mutilados. Sin manos, sin pis, sin cabeza, baados en su propia sangre, aun fresca, que brilla cuajada gran distancia, presentan un cuadro espantoso que hiela el corazon y hace cerrar los ojos los que por all transitan descuidados. Solo Abde-r-rahman puede contemplarlo sin horror, y no solamente sin horror, sino con esa terrible sonrisa propia de los placeres que asesinan. Ha reconocido los cadveres de los dos ltimos mrtires, y esclama como fuera de s: Aqu mis hijos, aqu mis consejeros y mis maulis! Aqu todos los mios! Vedlos dnde asoman aquellos dos temerarios que profanaron nuestra Aljama con sus cuerpos impuros: pareciles buena la suerte de los otros dos insensatos cuyos despojos denegridos son hoy pasto de los cuervos, sin duda porque vieron que despues de degollados les hacian duelo las nubes y los vientos: id, y mandad en mi nombre que los cuatro les pongan fuego, para que sus inmundos cadveres no causen mas espanto mis muslimes; y ahora vern los obstinados secuaces del Hijo de Mara, que as como su Dios no envi esos un ngel que los librase de la cuchilla del verdugo, tampoco les enva ahora lluvias para apagar la hoguera que ha de reducirlos ceniza. Comuncase velozmente el mandato; pero qu acontecimiento inesperado ha turbado de sbito al glorioso Amir? Inclina mstio la frente sobre el pecho, y su semblante se cubre de una palidez mortal: su pi vacila, acuden los suyos sostenerle, todos le preguntan, y nadie responde. Ah! el Dios de quien acaba de blasfemar ha anudado su lengua, y el ngel esterminador ha estendido sobre l sus alas invisibles[222]. El rey altivo que habia subido los altos miradores gozarse en la ejecucion de su brbaro decreto desafiando la clera del cielo, baja su lecho de muerte convertido en insensible tronco en brazos de sus esclavos. Acudan presto los mdicos y los astrlogos; lloren las hijas, mesen sus cabellos Tarb y Kalam[223], Ashif y las concubinas[224], las esclavas y los eunucos; enmudezcan Algazzal y Ben Xamr[225] y todos los cortesanos y maulis lisonjeros; abandone Zaryab su laud enriquecido, y olvide por ahora sus entretenidas aventuras... Paso al cadver del Amir, conducido al sepulcro mientras consumen las hogueras los restos de sus cuatro ltimos mrtires[226]! Su hijo Mohammed ocupa el trono: para l y para todos sus consejeros son tambien meras coincidencias casuales las seales tremendas con que el Omnipotente ha hablado los opresores. El sistema de Abde-r-rahman II contina en pi, pero sus resultados van siendo cada vez de mas bulto: mas culto la razon de Estado, alma de la poltica pagana, y mas vctimas en el hogar domstico; mas bondad y complacencia con los sumisos, y mas tirana con los que disienten; mas cobarda y envilecimiento en los malos cristianos, y mas entereza y heroismo en los confesores (si es posible que fuera de los lmites de lo ordinario haya grados en lo maravilloso) Recafredo, Bodo, Samuel, Esteban Flaco, Hostigesio, Servando[227]: prelados sacrlegos, cristianos apstatas, cunto llanto costais vosotros la dilacerada Iglesia de Espaa! Vosotros, unidos los perseguidores, atizais la hoguera en que se purifica la f; mas ay, que entre tanto fomentais la ruina y la despoblacion, contribus ahuyentar los buenos, introducs el cisma entre los perseguidos, corrompeis los sencillos, avergonzais los doctos, escandalizais la cristiandad! Vosotros sois los nicos autores de muchas abominaciones que la posteridad no podr ver escritas sin rubor y confusion. No los satisface ver los pobres cristianos echados de palacio[228], privados de estipendio los que militan, y todos en general agoviados con los tributos; ni ver derribados por tierra los templos y monasterios[229] donde quizs vosotros mismos celebrsteis el sacrosanto sacrificio. Sacrlegos, blasfemos, apstatas, hereges, rprobos ante Dios y ante los hombres, maldecs de vuestros propios hermanos, confesores y mrtires, infamais y calumniais sus mas dignos prelados, inventais satnicos ardides para esquilmar y desustanciar los atribulados mozrabes, haciendo tributarias las iglesias y altares para enriquecer el erario del tirano con las sagradas oblaciones del templo, y consumais con inicua farsa la deposicion de los buenos obispos. Oh qu tiempos! qu angustia y turbacion! Las crceles estn llenas de clrigos; las iglesias privadas del oficio de sus prelados y sacerdotes; los tabernculos divinos en horrenda soledad; las araas estienden sus telas por el templo; el aire calma en un total silencio; no se entonan ya en pblico los cnticos divinos; no resuena en el coro la voz del Salmista, ni en el plpito la del Lector; el Levita no evangeliza en el pueblo; el sacerdote no quema incienso en los altares, porque herido el pastor, se desparram el rebao: esparcidas las piedras del santuario, falt la armona en sus ministros, en los ministerios, en el santo lugar. Y en tanta confusion solo resuenan los Salmos en lo profundo de los calabozos[230]! Y sin embargo, qu preciosa no ser la f cuando se mantiene toda costa? Qu viva cuando no se apaga en tal tormenta? Es que la f se asemeja mas al ascua que la llama, y mas arde mientras mas la combaten los vientos de la tribulacion. Dios por otra parte sigue alentando sus fieles y correspondindoles amoroso con recprocos testimonios. Pero cun tremendo para sus enemigos es el modo de atestiguar del Seor de los mundos! El monarca que al estampar la huella en el solio causa una especie de frenes de jbilo en su corte; que al ao siguiente de su entrada en Crdoba en medio de entusiastas aclamaciones pudo decir con orgullo sus enemigos la gracia del sultan hace llover beneficios sobre las casas de los buenos vasallos, pero su clera es capaz de coronar ochocientas almenas de sus murallas con ochocientas cabezas de rebeldes[231]; finalmente, ese rey tan halagado de la suerte en las batallas, que difundiendo el terror del nombre agareno por los estados de D. Ordoo lleva sus armas victoriosas hasta las orillas del Garona[232], no es mucho que embriagado por el incienso de las lisonjas, sea ciego como su padre los patentes avisos del cielo. Un dia del ao 871 estaba el Amir en su cmara entretenido con un esclavillo muy lindo y gracioso que tenia sobre sus rodillas. Era un dia cubierto de pardas nubes, con gran tempestad de truenos y relmpagos. El katib Abdallah ben Aasim entr para despachar, y el rey le pregunta: qu vienes en semejante dia? qu podemos hacer hoy?--Seor, responde Abdallah, dicen las gentes que es bueno estar con nios cuando truena, y yo digo lo mismo: Bueno es estar con nios--cuando retumba el trueno, de copas y convite --el estrpito oyendo: que gira la redonda --el escanciano bello mientras nubes coronan --los rboles del huerto. Ves las ramas engadas --del dulce y grato peso, que el viento las menea,--que brillan en el suelo? Tanto agrad al rey esta improvisacion, destello genuino del materialismo horaciano, que mand traer dulces y colacion, copas y licor Sahb, y que viniesen los msicos y cantores. Durante el convite hacia el rey que el esclavillo provocase la verbosidad de su katib: djole al oido que le tirase una copa la cabeza, y el nio lo ejecut al punto: felizmente Abdallah acert evitar el golpe, y esclam: Oh linda cara, no seas cruel, que no est bien la crueldad con la hermosura: el cielo hermoso cuando sereno es muy apacible, y ahora su saa nos horroriza y espanta[233]. Sus palabras parecian un agero. Aquel mismo dia fu Mohammed la mezquita la hora de la azala, y hallndose en ella arreci la tormenta: ya el trueno y el relmpago se percibian juntos, y poco con horrsono estruendo cay un rayo en el soberbio edificio de Abde-r-rahman I, sobre la alfombra misma en que oraba el sultan, dejando instantneamente sin vida dos personas de su comitiva[234].--Justo castigo del cielo! pensarian espantados algunos de los cristianos ocultos, que por temor de la persecucion fingian seguir de grado la vida y costumbres de sus opresores[235].--Allah est por el sultan! prorumpirian los muslimes mas fervorosos al ver que el rayo habia dejado ileso Mohammed matando su mismo lado dos hombres. Dirn estos lo mismo cuando lleguen la envanecida corte las tristes nuevas de calamidades mayores? El ao 873 toca su trmino: en Crdoba no se reciben mas que noticias de infortunios y desastres. Ha sido tan grande la sequa en todas las tierras dominadas por los islamitas, en Arabia, Siria, Egipto, frica y Espaa, que han fallado los manantiales y las fuentes, los campos no han producido frutos, y la esterilidad y caresta han sido como fabulosas. Ha muerto de hambre la gente pobre, el hambre y las aglomeraciones de cadveres han producido una horrible pestilencia, causa su vez de una gran despoblacion. En Arabia va quedando la madre de las ciudades desierta de sus vecinos; apenas se ve en ella mas que gente pasagera, y la Caaba est cerrada naturales y peregrinos[236]. Viene el ao 874, y con l nuevos escarmientos. El dia veintidos de la luna de Xawal, habiendo amanecido el sol claro como de costumbre, empieza hcia la hora de _almagrb_ moverse la tierra, con espantoso ruido y estremecimiento. Acompaan al terremoto rfagas violentas que desploman muchos edificios, torres y alminares; envuelven la ciudad rpidas y densas nubes oscurecindola de repente; los estampidos del trueno suenan tan terrficos y repetidos, que el pueblo congregado en la mezquita mayor se siente sobrecogido de invencible espanto. Seis musulmanes caen en pocos instantes muertos; los demas, cediendo al terror, huyen en encontradas direcciones dejando la azala interrumpida. Solo el Imam y unos pocos devotos permanecen en sus puestos. Entre tanto el huracan arranca de cuajo las arboledas seculares, la tierra se abre, desmornanse los peascos, muchas fortalezas y palacios quedan nivelados con el polvo: las aves abandonan sus nidos, las fieras salen de sus madrigueras, y los habitantes, temiendo ser sepultados vivos entre sus desquiciados muros, buscan en el campo abierto un refugio donde implorar la clemencia del Eterno[237]. Nunca los hombres han visto ni oido cosa semejante. Para colmo de infortunio, este mismo ao sufre Mohammed una gran derrota en sus huestes toledanas y cordobesas que le obliga solicitar la paz del rey leons. Las armas cristianas empiezan adquirir nuevo brillo: Alfonso III fortifica Zamora y Toro, funda Porto y restaura Chaves y Viseo; y Mohammad muere disertando como filsofo[238], mientras sus vasallos rebeldes desafian su poder como guerrero. A no ser por las enojosas disensiones ocurridas entre los cristianos, quizs el imperio islamita occidental se hubiera disuelto bajo los dos inmediatos sucesores de este Sultan. Es muy de observar cmo se refleja en la famosa mezquita cordobesa la suerte de cada reinado. Abde-r-rahman II y Mohammad, menos afortunados con los cristianos y con los muslimes sediciosos que sus antecesores, solo dejan en ella un leve recuerdo de su pasagera grandeza. No son monarcas que conquistan y fundan: esta gloria solo pertenece Abde-r-rahman I Hixem; pero son monarcas conservadores, obsequiosos con la razon de estado, celosos de su autoridad, amantes del fausto y de la magnificencia; y es sabido que los reyes llamados conservar son mas esplndidos que creadores, mas propensos al lujo y los placeres que los goces de las grandes innovaciones. Todo el tributo que un personage rico de medios y sin mision innovadora puede ofrecer al genio de su siglo, se reduce derramar sus tesoros sobre las obras de los artistas. As literalmente lo ejecutan Abde-r-rahman II y Mohammad, cuya oriental prodigalidad debe la gran mezquita el oro que aun hoy ostenta en muchos de sus capiteles. Sus sucesores Al-Mundhir y Abdullah alcanzan el mismo destino: enrgicos y resueltos cuando se trata de hacer la guerra y de administrar justicia, nada hacen por el progreso del arte. Ni cmo es posible que consagren al mundo de la belleza sus meditaciones un prncipe como Al-Mundhir, que apenas brilla cual fugaz metoro pasando en dos aos escasos de su proclamacion en Crdoba su muerte en el campo de batalla, y un prncipe como Abdullah, su hermano, que aunque llamado encanecer bajo el solio, vive siempre envuelto en una atmsfera de sangre y de esterminio? Ambos fueron justos, ambos valientes y generosos, piadosos y clementes, en ambos lucieron las dotes que distinguen los grandes reyes, y sin embargo ni el uno ni el otro lograron hacer poca en los anales de la civilizacion rabe-hispana. Tal vez por lo mismo que fueron mas humanos con los vencidos, mas tolerantes con los infelices cristianos mozrabes que sus jactanciosos predecesores; por lo mismo que mantuvieron con religiosidad las paces que con los reyes de Asturias y Leon ajustaron, y porque fu menos visible bajo su imperio el antagonismo de las dos civilizaciones; por eso mismo quiz palidece en cierto modo la arbiga cultura su sombra, y pesar del incremento que durante su administracion alcanza la riqueza pblica, ningun monumento grande marca la huella de las bellas artes en sus dominios. Porque no es precisamente el oro el fomento de la noble arquitectura; no son las pocas de mayor riqueza ni los estados mas prsperos los que escogen las varoniles doncellas hijas predilectas del genio para hacer sus apariciones en la tierra: muchas veces por el contrario se complacen en visitar las generaciones mas trabajadas por las pblicas calamidades, mas menesterosas y mas faltas de sosiego, como para hacer ver los mortales que los goces de la inteligencia no se compran, sino que solo se obtienen cuando Dios place dispensarlos. No busquemos, pues, en la suntuosa Aljama recuerdos de la grandeza de los sultanes despues de los tiempos de persecucion y de escndalo, de lucha y de encono, que personifican Abde-r-rahman y Mohammad, hasta que llegue el dia en que el primer Califa cordobs ponga el complemento al proyecto gigantesco del primer Amir. Dirase que al desaparecer de la escena de horrores y protestas las colosales figuras de S. Eulogio, Alvaro, Saulo, Samson y Valencio, gloriosos maestros de mrtires, desaparecen con ellos los esfuerzos del islamismo fascinador. Cristianos y muslimes parecen olvidados de sus respectivos destinos: malgastan aquellos en sus discordias intestinas el fecundo calor que solo debian emplear en la santa empresa de la reconquista, y embotan en luchas fratricidas el noble sentimiento de religion y patriotismo que inspir sus mayores la generosa protesta de Covadonga; los mahometanos por su parte desperdician tambien en interminables guerras de partidos la energa que comunicaba antes sus corazones el precepto de la guerra santa, y ocupados en sofocar sediciones, celebran paces cuando sus reyes conviene con los enemigos del Islam. Cristianos y musulmanes viven por espacio de medio siglo como vecinos tranquilos, con mas paz aun de la que entre s se conceden los hijos de una misma religion y de una misma sangre. Pero el hombre no es dueo de alterar los decretos de la Providencia, y muslimes y cristianos tienen que terminar forzosamente la obra para que fueron conducidos acampar frente frente en las frtiles llanuras de Espaa. Llegar la poca en que recobrando los dos antagonistas sus instintos primitivos, y ambos interiormente impelidos ventilar la secular contienda iniciada en el Oriente, se determinen declararse implacable guerra, aspirando cada cual quedar dueo esclusivo del campo; y entonces volvern nuevamente pronunciarse las facciones genuinas de los dos opuestos principios. Y entonces tomarn de cada parte el templo y el palacio, en que se reflejan la vida civil y religiosa del magnate y del pueblo, su fisonoma especial y privativa, para no volverse confundir[239] hasta que en uno otro campo la soberbia mole de la civilizacion se desplome y quede reducida escombros. El arte musulman ha iniciado su carrera admirablemente al abrigo de las asiduas meditaciones de los dos primeros amires. Cmo no habia de salir una cosa grande de un nido calentado por guilas caudales? Pero h aqu reproducida la fbula de Leda[240], porque tambien el arte cristiano comienza desplegar vistosas alas, cobijado por los Alfonsos y Ordoos, no menos respetables que los Abde-r-rahmanes y los Hixemes, y este, lo mismo que su mulo, aspira la inmortalidad. Los dos fueron engendrados en la hermosa reina griega, porque en realidad es la misma musa que inspir los arquitectos de Pericles y de Alejandro la que revela ahora sus graciosos y nobles contornos bajo el tosco paludamento visigodo y bajo la abigarrada vestidura siria; los dos se jactan de haber sido producidos por un aliento divino, los dos se llaman hijos de Jpiter, y efectivamente tan egregias dotes ostentan porfia cada cual por su lado, que muchos dudan cul sea la verdadera obra inspirada por la Divinidad. Pero cuenta que el uno es Cstor, y el otro Plux, es decir, que el uno es mortal y el otro no. El arte arbigo, formado por el consorcio de la belleza griega con la fantasa oriental, como Cstor engendrado en la union de Leda con Tndaro, perecer lo mismo que pereci el hroe griego, al paso que el arte cristiano, producto de la belleza antigua desarrollada en Atica y Corinto y del espritu fecundo que la gracia de Dios comunic la humana mente por mediacion del Verbo, durar cuanto dure el mundo, as como es inmortal tambien el hermoso Plux, hijo de Jpiter y Leda. Los dos artes gemelos, pues, son aventajados en belleza: los dos crecen y se desenvuelven paralelamente ricos de medios y de seduccion; y ha de llegar el dia en que fuerza de trato y de comunicacion, se identifiquen tanto en sus gustos, que llore el uno con inestinguible llanto la prematura muerte del otro, as como Plux llor la muerte de su hermano y le am hasta el estremo de cederle la mitad de su inmortalidad para que los dioses le restituyesen por intervalos la vida. Es muy curioso ver cmo se dispone el Cstor musulman disputar la palma de la inmortalidad, mientras el Plux cristiano crece bajo su sombra. A quin mejor que los tres califas cuyas imgenes van ahora deslizarse por ante nuestros ojos, pudiera estar encomendado el desarrollo de ese poderoso vstago oriental? Ved Abde-r-rahman el Grande, ese esclarecido prncipe que encadena con una mano el Africa Espaa y con la otra sofoca las aejas rebeliones, dando al cabo de dos siglos unidad independencia al imperio mahometano de Occidente. Es el primer Califa andaluz, el primero que toma el nombre de Miramamolin (_Amiru-l-mumenin_) gefe de los cristianos, y de defensor de la religion (_An-nasir lidin-illah_), y que consigue dar su corte una magnificencia y un esplendor que igualan, si no esceden, la pompa y gala desplegadas por los soberanos de la estirpe de Abbs. Nada falt su educacion para hacer de l un prncipe modelo segun las ideas de su secta. A la edad de ocho aos ya sabia las mximas del Koran y las tradiciones de la _Sunnah_, la gramtica, la potica, los proverbios rabes, las biografas de los prncipes, la poltica y el arte de regir los imperios. Monta caballo con gallarda, maneja con destreza el arco y el dardo, sabe hacer uso de toda clase de armas. La fama de su grandeza se dilata por el mundo, y solicitan su amistad los soberanos de Constantinopla, de Alemania, Francia, Esclavonia, Italia, Navarra y Barcelona; los embajadores estrangeros regresan sus crtes admirados de la cortesa y suntuosidad con que fueron recibidos: un rey cristiano destronado[241] refiere como obtuvo de l agasajadora hospitalidad, y confiesa que por su mediacion recobr la perdida salud y el trono. Con razon esclama un inspirado poeta al contemplar su grandeza: _Empieza una nueva luna; oh t que por la gracia de Dios imperas, dime quin es capaz de sobrepujar tu gloria[242]!_ Verdaderamente se inaugura tambien para el arte una nueva era de progreso y esplendor bajo la proteccion de este Augusto de los califas: la arquitectura arbigo-bizantina llega por su impulso al cenit en su atrevida carrera: la elegante y rica ornamentacion neo-griega acaba de cubrir los garbosos lineamientos latino-prsicos, la razonada distribucion del ornato se agrega la magnificencia y gala de los colores y esmaltes, de los estucos y mosicos, de los nuevos procedimientos introducidos en Crdoba por los artistas de Constantinopla, que con habilidad mgica convierten la dura pasta del vidrio y de los metales en deslumbrador brocado de oro y terciopelo[243]. Lleg ya la poca de cultura y grandeza que habian soado Abde-r-rahman II y Al-hakem I, y que ellos pesar de su ardiente anhelo no habian podido disfrutar por no consentrselo las indmitas razas cristianas. Acab la superioridad de Bagdad: la corte de Abde-r-rahman III brilla como brill la corte de Al-Raschid, y la misma capital del imperio griego ha de envidiar Crdoba sus maravillas despues de haberla ayudado crearlas. Oh siglo afortunado para los hijos del Islam! En ps de la colosal figura del Augusto cordobs vienen igualmente benficos para su pueblo y formidables los cristianos otros dos gigantes: Al-hakem III y Almanzor. Despues de ellos, rpida ser la decadencia del Califato, porque ningun Estado pagano le fu dado jams clavar la estrella de su fortuna en el punto culminante de su rbita; pero en tanto que trascurren para los muslimes las bonancibles lunas de estos tres reinados, y para la Espaa cristiana los dias de llanto y luto que la condenan enconosas rivalidades y sangrientas escisiones; en tanto que el dcimo siglo consuma su temida evolucion entre ruinas y siniestros presagios en que la cristiandad acobardada le la sentencia de muerte de la humanidad y del mundo[244], qu de prodigios, qu de fantsticas escenas va realizar el arte sarraceno! Como un misterioso nigromante que por arte satnica evoca de la region de las sombras, contrastando con el general espanto, deliciosos cuadros que mienten los placeres del Paraiso, as la arquitectura sarracena, ese Cstor valiente impostor de la Espaa rabe, hace surgir antes de entonar el Califato su himno de muerte, creaciones incomparables, tales que despues de volverse hundir en la sima de la nada, las han de tener por fabulosas las generaciones venideras. Al pi de la quebrada sierra, al abrigo de los helados vientos del norte, y sobre una alfombra de esmeralda, lecho regalado para una sultana viciosa y mimada, nace consagrada al amor y los placeres del mas ostentoso Califa, la peregrina Medina Azzahra: poblacion mgica en que el caprichoso arte oriental parece agotar sus tesoros, como para demostrar que la arquitectura puede con sus fbricas igualar las mas fantsticas descripciones de la poesa. A su lado, y formando con ella como un broche de dos perlas gemelas con que adorna su cinto de torres la reina de Andaluca, descuella la encantada Medina Azzahrah, magestuosamente asentada en la ribera del Guadalquivir, rodeada de deleitosas quintas y vergeles, que gozan los wazires, katibes, generales y favoritos de Almanzor, como prenda y testimonio de su liberalidad. Azzahra y Azzahrah ocupan con la galana y soberbia Crdoba, cpula del Islam, tienda de sus guerreros, trono de los sultanes, una extension de diez millas de tierra florida, en que brotan sin cultivo el azahar y la rosa, y esas diez millas de paraiso terrenal estan de noche iluminadas por una sola hilera de fanales, tan unidos entre s, que forman una zona de deslumbradora luz. En estas dos poblaciones y en todos los veintiun suburbios de la gran ciudad, ergense como por encanto mezquitas, mercados, baos y bazares, en que acumula el arte sus bellezas. Prodganse sus primores, y mquinas ingeniosas de juegos hidrulicos y otros entretenimientos, en las casas de campo propias del Sultan y de los ciudadanos poderosos, notables todas por la magnificencia de su estructura por su deliciosa situacion[245]. Para aumentar sus seducciones el arte islamita, prohija con infraccion de la ley religiosa los recursos de la escultura como medio de reproduccion de la naturaleza animada, y aunque este poderoso auxiliar no entra declaradamente con todas sus facultades sino como un mero accesorio de la ornamentacion monumental, sin embargo los muslimes timoratos ven con escndalo campear sobre la fachada del palacio de Azzahra una esttua de muger, figuras de animales en las fuentes de sus jardines[246], en la puerta principal del palacio de Crdoba una figura de hombre, y finalmente, en el acueducto que une la sierra con la parte occidental de la ciudad, un leon colosal revestido de lminas de oro puro con dos piedras de inestimable valor en los ojos, el cual vierte por la boca las aguas traidas de la montaa en el gran depsito de la poblacion. Observemos la accion del arte en la Aljama bajo los tres Califas, y veamos si se justifica el entusiasmo del que escribi esta jactanciosa sentencia: Crdoba sobrepuja todas las ciudades de la tierra por cuatro cosas: por el puente que tiene sobre el Guadalquivir; por su gran mezquita; por su Azzahra, y por las ciencias que en ella se cultivan[247]. Vemos primeramente un sabio intrpido arquitecto del califa An-nasr[248] demoler el antiguo alminar, y levantar en su lugar otro cuya mole de considerable altura no tiene igual en el mundo por su distribucion y proporciones. Emplanse en echar sus cimientos cuarenta y tres dias, profundizndolos hasta encontrar agua. Trece meses dura la construccion de la soberbia torre, toda de piedra franca y mortero, y de tan singular artificio por dentro, que conteniendo dos ramales de escaleras en una sola caja, pueden las gentes subir por uno y otro sin verse hasta llegar arriba. Ciento siete peldaos tiene cada ramal. Esta elegante almenara que el pueblo cordobs contempla absorto, mide cincuenta y cuatro codos desde su arranque hasta la parte superior del domo abierto, al cual vuelven la espalda los almuedanes que convocan la oracion girando por el balcon saliente, cuya graciosa balaustrada cie en derredor los cuatro muros como un ligero anillo; y desde este balcon corrido hasta el remate, levanta otros diez y ocho codos[249], coronndose con tres hermosas manzanas, dos de oro y una de plata, de tres palmos y medio de dimetro cada una, de las cuales parten dos gallardos lirios de seis ptalos que sostienen una granada de pursimo oro. Presenta en sus cuatro frentes catorce ventanas, la mitad con dos claros y la otra mitad con tres, formados con columnas de jaspe blanco y encarnado, y sobre las ventanas un coronamiento de arquitos macizos sustentados en columnillas del mismo jaspe. Estas ventanas comparten admirablemente el macizo de los muros, todo cubierto interior y esteriormente de preciosa tracera relevada, cuyos lindos dibujos es imposible describir. Al recibir la noticia de que est terminada la obra, acude An-nasr presuroso desde su predilecta mansion de Medina Azzahra, sube lo alto de la torre por una escalera bajando por la otra, y despues de examinar cuidadosamente el edificio, pasa al Maksurh de la mezquita, hace dos arracas, y se retira complacido. Con razon puede estarlo, porque la mezquita Aljama de su Crdoba es ya un verdadero tesoro del arte arbigo-bizantino. El emperador Constantino porfirognito, cuya corte dirige la marcha del arte en Oriente y Occidente, se esmera en proporcionar la capital del Califato nuevas seducciones, sin creer desdorada su dignidad por convertirse en joyero de la Sultana del Btis[250]. Todos los demas emperadores y reyes que directa indirectamente reciben de Constantinopla ideas de buen gusto y magnificencia, trasmiten tambien la poderosa corte de Andaluca los frutos hermosos de aquellos trasplantados grmenes[251]. Hoy es una de las primeras dignidades de la Iglesia Btica el encargado de trasladar desde el asiento de la reina del Bsforo al encantado palacio de Azzahra, las primorosas esculturas que admiran con mezcla de placer y de escndalo los rgidos observadores del Koran[252]; maana es nada menos que un santo, procedente de uno de los mas austeros cenobios de Alemania, el comisionado para llevar al temido Califa los esquisitos productos del arte germnico[253]; un obispo Eliberitano, mandado consagrar por el mismo Abde-r-rahman, es luego el elegido para promover y fomentar ese comercio y correspondencia mtua de las dos civilizaciones cristiana islamita[254]; finalmente, la Crdoba de An-nasr es el emporio de las artes, los ingenios de los paises mas adelantados acuden ella poniendo competencia sus creaciones, y todo lo grande, todo lo bello, todo lo primoroso del arte monumental en Asia, en Africa y en Europa, deja su sello, su ofrenda y su tributo en la soberbia Caaba de los Umeyas. [Illustration: PUERTA DE LAS PALMAS. _Catedral de Crdoba._] Y sin embargo el fervoroso entusiasmo de Al-hakem encuentra todava nuevos medios de embellecimiento: resuelve prolongar las once naves ciento cincuenta pis ms hcia el mediodia, construyendo un santuario que no tenga igual en el orbe. Dejemos un historiador rabe[255], cuya autorizada voz suena hoy por primera vez en nuestro idioma vulgar, referir la meritoria reforma de este Sultan. Lo primero que hizo Al-hakem, luego que sucedi en el Califato, fu ocuparse en aumentar y hermosear la mezquita Aljama de Crdoba. Fu este el primer acto de su gobierno, encargando la inspeccion de las obras su hagib y espada de su estado Chafar ben Abde-r-rahman, el Eslavo, por decreto espedido cuatro dias por andar de la luna de Ramadhan del ao 350 (961 de J. C.) al dia siguiente de haber sido jurado Califa. En el decreto se prevenia al mencionado Chafar que comenzase por hacer los acopios de piedra necesarios para los cimientos; y as fu que el acarreo comenz en la misma luna de Ramadhan. Habase el alczar de Crdoba llenado de gente[256], de manera que las horas de la azala la mezquita no podia contenerla, y los asistentes se apretaban y atropellaban por falta de espacio. Al-mustanser[257], pues, se di prisa la construccion del nuevo edificio que se habia de aadir, y sali en persona de su alczar para hacer las mediciones y trazar la construccion, llamando para que le asistiesen en dicha operacion los maestros y gemetras, los cuales trazaron el nuevo edificio desde la quibla de la mezquita hasta lo ltimo del atrio, cogiendo esta aadidura en su longitud las once naves. Tenia de largo lo aadido noventa y cinco codos de norte mediodia, y de ancho de oriente occidente otro tanto, como el ancho de toda la mezquita. De esto cort el pasadizo del alczar, destinado para la salida del Califa la azala, al costado del mimbar, dentro de la Maksurh, con lo cual el nuevo edificio lleg ser la mas hermosa aadidura jams hecha mezquita alguna. En el ao 354 se termin la obra de la _cubba_[258] que coronaba el mihrab en la parte de la mezquita que aadi Al-hakem. Fu esto en la luna de chumada postrera. En el mismo ao se comenz colocar el _sofeysaf_[259] en la mezquita Aljama de Crdoba. Habia el emperador de los griegos regalado Al-hakem una porcion de aquella manufactura, y este le habia escrito rogndole le enviase tambien operarios, tomando ejemplo de lo hecho en una ocasion semejante por Al-walid ben Abde-l-malek, cuando estaba construyendo la mezquita de Damasco. Volvieron, pues, los embajadores que Al-hakem envi al emperador griego, trayendo consigo un artfice y ademas trescientos veinticinco quintales de _sofeysaf_ que aquel prncipe le mandaba de regalo. Al-hakem mand luego hospedar convenientemente al artfice griego, y proveerle de todo lo necesario con la mayor abundancia; lo cual hecho, dispuso que varios de sus esclavos trabajasen con l fin de instruirse en su arte. Hicironlo as, ayudndole en la colocacion del _sofeysaf_ traido del Oriente, y aprendiendo con aquel maestro hasta lograr perfeccionarse en dicha industria y trabajar por s solos, como lo verificaron luego que el maestro se volvi su tierra, pues Al-hakem le despidi por no necesitar mas de l, con muchos regalos de vestidos y otros objetos. Por lo demas, en la aadidura de Al-hakem compitieron y rivalizaron los maestros mas afamados de toda la tierra. Del 10 al 20 de Xagel del citado ao cabalg Al-hakem de Azzahra la mezquita de Crdoba, y entr en ella, y examin detenidamente las obras, y lo que ya estaba concluido. Luego mand recoger las cuatro columnas que estaban antes sirviendo de jambas la puerta del antiguo _mihrab_, y que se custodiasen en lugar seguro para colocarlas en el nuevo, que por su mandato se construa la sazon con la mayor perfeccion y solidez. Eran las cuatro columnas de incomparable hermosura en su gnero. La historia de lo construido por rden de Al-hakem es en todo notable. Mientras se estaba haciendo la obra, se suscit una acalorada disputa entre los arquitectos respecto del punto hcia el cual debia mirar la quibla, con objeto de colocar el nuevo mihrab santuario donde debiese estar realmente. Unos pretendian que debia estar al sur como habia estado siempre, y como la habia situado An-nasr en su mezquita de Azzahra; al paso que los mas entendidos en matemticas y astronoma sustentaban que debia fijarse un tanto inclinada hcia el oriente[260]. Divididos as los pareceres, el faquh Ab Ibrahim se present Al-hakem, y le dijo: Oh prncipe de los creyentes! Todas las gentes de esta nacion han vuelto constantemente sus rostros al sur al hacer sus oraciones: los Imames que te precedieron, los doctores, los cades y todos los muslimes en general, dirigieron siempre sus miradas al sur desde los tiempos de la conquista hasta hoy: al sur inclinaron siempre todos los _tabes_ como Musa Ibn Nosseyr y Haush As-san'an (Dios los perdone!) las quiblas de cuantas mezquitas erigieron en esta region. Recuerda, oh prncipe, aquel proverbio que dice: mejor es seguir el ejemplo de los otros y salvarse, que perderse por no seguir la senda trillada. Oido lo cual, esclam el Califa: Por Allah, dices bien! Seguir el ejemplo de los _tabes_, cuya opinion en esta materia es de gran peso. Y mand que la quibla se pusiese donde el faquh proponia. Erigise entonces el santuario al estremo de la prolongacion de las naves, en la central como habia estado siempre, mirando exactamente mediodia. Entre el muro interior del sur y el muro esterior reforzado con torreones, se dej un espacio de unos quince pis, que se dividi en once compartimientos correspondientes las once naves de la mezquita; el del centro se destin al santuario, y los de los lados se reservaron para habitaciones de los ministros del culto y otros usos. Quedaba de este modo el Mihrab en la mitad justa del lado del sur, con dos alas iguales una cada lado. En el ala de occidente habia un pasadizo secreto, que conducia desde la mezquita al alczar por medio de un arco que unia ambos edificios, pues el palacio que habitaban en Crdoba los califas se dilataba hasta muy cerca del templo por el lado de poniente. Este pasadizo, cuyas puertas estaban artificiosamente dispuestas[261], sin duda para la mas completa seguridad del alczar y de la mezquita, abria paso lo interior de la Maksurah, recinto suntuoso y reservado, que por los tres lados de oriente, norte y poniente, comunicaba con las naves cortando tres de estas en su longitud, y por el mediodia formaba cuerpo con el muro interior de la mezquita. Era la Maksurah un lugar privilegiado, cerrado en contorno por una especie de cerca verja de madera, primorosamente labrada por ambas haces interior y esterior[262]: estaba coronada esta preciosa cerradura de almenas, para que por su destino de cortar toda comunicacion entre el Califa y el pueblo imitase mas propiamente la forma de una muralla. Esta magnfica armazon, de veinte y dos codos de altura hasta su remate, daba su nombre la parte de fbrica que ocupaba, mas magnfica aun que su contenido y que el nuevo trozo de la nave central que iba desde la antigua hasta la moderna quibla, que era rico en sumo grado por las labores y dorados de sus capiteles y pilastras[263]. La fbrica en que se armaba la Maksurah propiamente dicha formaba en su planta un gran rectngulo partido en tres, casi cuadrados, sobre los cuales se levantaban tres domos bizantinos de peregrina esbeltez. El domo de enmedio servia como de vestbulo al santuario, y era de los tres el mas sorprendente por sus proporciones, perfiles y decoracion. A qu deciros lo que era? Esta parte de la mezquita se conserva en lo principal; mejor pues os referir lo que todava es para asombro y mengua del arte moderno. Figuraos un recinto donde la solidez de la construccion, las dificultades mas grandes del arte y los clculos de la ciencia, se hallan tan admirablemente disfrazados, que el conjunto que se ofrece la vista aparece como una concepcion fantstica que no puede subsistir. Nueve siglos de existencia tiene ya, sin embargo, esta especie de creacion potica, que mas que una construccion de piedras, mrmoles y mosicos, columnas, arcos, impostas, zcalo y cpula, se creeria una morada encantada, area impalpable, labrada por las fadas del Oriente; y no hay el menor indicio de que tan maravillosa fbrica no pueda durar aun otros nueve siglos en igual estado. Estriba toda la mole en una especie de cmara claustreada con una tan sutil arquera, que las columnas parecen las varas del pabellon de una princesa trtara, y los arcos inferiores que de unas otras voltean, festones de recamadas cintas, primero apretadamente arrolladas, y dispuestas luego en forma de aspa, entregadas sus naturales ondulaciones, solo prendidas por las estremidades. Digna hubiera sido esta peregrina decoracion del vestbulo del palacio de Malek Johanna en Susa aun para el dia de boda de una de sus hijas[264]. Sobre los arcos de festones, propiamente hablando _angrelados_, que se cortan como queda dicho formando un aspa dentro de cada intercolumnio, se elevan siete graciosos y leves arcos de herradura, que muriendo en el muro de mediodia, cierran el cuadro y terminan el cuerpo bajo del suntuoso vestbulo que describo. Encima de esta doble arquera, en que las esbeltas columnillas superiores se representan como lindos y giles mancebos circasianos encaramados en hombros de esclavos indios con las ballestas levantadas, corre una imposta, labrada y ligera, que abraza y corona los cuatro frentes y divide la fbrica del domo en dos zonas, alta y baja, esta cuadrangular, aquella de distinta forma, segun vas ver. Sobre esta imposta que acabo de mostrarte descansan grciles columnillas emparejadas, volteando grandes y atrevidos arcos semicirculares, con tal arte dispuestos, que parecen imitar sus curvas guirnaldas entrelazadas de un corro de hermosas odaliscas, porque los arcos voltean, no desde cada columna la correspondiente de la pareja inmediata, sino dejando la pareja inmediata en claro: de este modo, siendo dos las parejas de columnillas que estriban en la imposta en cada frente, se forman en el espacio ocho arcos torales, en dos grandes cuadrilteros contrapuestos, sus arranques se cruzan formando ocho puntas de estrellas (prosicamente diriamos _pechinas_), y en el centro resulta un anillo octgono con ocho graciosas caidas como prendidas los capiteles de las ocho parejas de columnas. Entre punta y punta, un elegante arco ultra-semicircular, al cual se adapta una tabla de alabastro calada, deja la vista paso dudoso al azul del cielo; con esto, ostentando la cpula que sobre el octgono y sus pechinas se levanta un verdadero prodigio del arte mosica por los dibujos y vivos esmaltes con que en ella se fingen las mas preciadas estofas del Asia, el domo bizantino reproduce la imaginacion del que absorto lo mira una ligera tienda de campaa de sedas, lino y oro, fija en tierra con ocho varas dobles colocadas en crculo, henchida por un recio viento, y como tirando para desprenderse y alzarse rpida la region de las nubes. Parecida esta concibe la mente enardecida con las maravillosas descripciones de las leyendas orientales, las tiendas de Baharam Gur y de los ostentosos reyes del Catay. [Illustration: CAPILLA DEL MIHRAB, desde un angulo (Catedral de Cordoba)] [Illustration: CAPILLA DEL MIHRAB. (Catedral de Cordoba.)] Por entre la elegante arquera que mas que sostener el domo parece pender de l, como penden de un chal de Persia sus entretejidos caireles, y que los ojos esperimentados de un famoso viajero del siglo XII era superior por la delicadeza de su ornato las mas esquisitas producciones del arte griego y musulman[265], aparece al fondo la sorprendente fachada del _Mihrab_[266], que cuando recibe los reflejos del sol poniente brilla como un pao de brocado cuajado de pedrera, y que debia deslumbrar como la vision de un palacio encantado de lapislzuli, oro, carbunclos, rubes y diamantes, cuando en el mes de Ramadhan ardian bajo aquella esmaltada cpula las mil cuatrocientas cincuenta y cuatro luces de la lmpara mayor y el gran cirio de sesenta libras que luca al lado del Imm[267]. Esta fachada, pesar de su imponderable riqueza, no presenta la menor confusion: todas sus lneas estan trazadas para servir de ornato y realce al arco que d entrada al santuario, pues no tiene mas partes que estas: el arco con su espaciosa archivolta, sus jambas lisas con columnillas entregadas en su grueso, su arrab[268] contornado de grecas, y una ligera arquera sin vanos en la parte superior, sobre cuyo macizo descansa la imposta que divide los dos cuerpos alto y bajo del domo[269]. Pero es tal la profusion y galanura del ornato de cada una de estas partes, que es preciso renunciar pintarla con la pluma. Qu dovelas, qu archivolta, qu enjutas, qu tableros, qu recuadros, qu arquera trebolada, qu tmpanos, qu entrepaos! Y despues, qu deliciosa combinacion de las grecas con los follages persas y bizantinos, y con las figuras geomtricas! No son estas ltimas, sin embargo, las que mas campean, como sucede luego en la degenerada ornamentacion propiamente musulmana; lo principal ahora son las grecas, mas menos sencillas, unas de garbosos vstagos con sus hojas formando postas, otras de caprichosas ajaracas en que los troncos y las folias, la palmeta griega y el loto asirio, el lirio y el tulipan, las pias, las flores de ojos y los contarios, se combinan de mil diversos modos, trazando siempre los tallos y las hojas las mas graciosas curvas, y el todo reunido las mas elegantes cenefas, la mas caprichosa tracera. Adase que esta ornamentacion est toda ejecutada sobre mrmol delicadamente esculpido, ya desnudo y blanco, ya revestido de menudsimo mosico de diversos colores cuajado con vidrio y oro; que las inscripciones cficas que se leen en ella alternando con el luciente _sofeysaf_ son tambien de oro sobre fondo encarnado azul ultramarino; finalmente, que las columnillas de los dos cuerpos alto y bajo son de mrmol con los capiteles dorados; y si ademas teneis la vista el dibujo de este bellsimo vestbulo, os podreis formar una leve idea de la creacion mas maravillosa que existe del arte rabe-bizantino, y del arrobo que produce en el alma del que en su original la contempla. En el grueso de cada jamba del arco de entrada al santuario hay dos columnillas, una de mrmol negro y otra de jaspe, con capiteles de mrmol blanco prolijamente esculpidos. Si no le enga Al-Makkar su ciego entusiasmo, estas cuatro columnillas fueron antiguamente dos de jaspe verde y dos de lapislzuli. Sobre ellas asienta modo de cimacio una imposta de donde arranca el arco, y en ella se le en caractres cficos de oro sobre fondo encarnado una inscripcion partida en tres cenefas listones. Unidos ambos lados, dice as: En el nombre de Dios clemente y misericordioso: dse alabanza Dios que nos dirigi esto, que no podramos por nosotros ser dirigidos si no nos hubiera dirigido Dios, cuyo fin vinieron nosotros los legados de nuestro Seor con la verdad. Mand el pontfice Al-mostanser Billah Abdallah Al-hakem, prncipe de los creyentes (favorzcale Dios), su presidente y prefecto de su cmara Giafar ben Abde-r-rahman (complzcase Dios en l) aadir estas dos columnas, despues que lo fundament en el santo temor de Dios y su beneplcito. Concluyse esta obra en el mes de Dhilhagia, ao 354 (965 de J. C.). Esta inscripcion parece dar entender que de las cuatro columnillas que hoy se ven entregadas en el grueso de las jambas que sostienen el arco de _sofeysaf_, dos fueron mandadas poner por Al-hakem, y las otras dos pertenecian al antiguo Mihrab que se habia demolido para prolongar la mezquita; pero quin es capaz de decir hoy si fueron las de mrmol negro las de jaspe las que se aadieron por rden de tan magnfico Califa, si realmente podrian ser de lapislzuli, juzgndose este inestimable congiario digno de perpetuarse en caractres de oro? Solo Dios lo sabe. [Illustration: (_Crdoba._) NGULO DE UNO DE LOS TABLEROS DEL ZCALO DEL MIRHAB. _Piezas de marmol de siete pies._] El santuario es un pequeo recinto heptgono con pavimento de mrmol blanco, zcalo formado por siete grandes tableros de lo mismo, arquera ornamental, y bveda tambien de mrmol, labrada de una sola pieza en figura de concha, orillada de una elegante moldura. Los seis lados de fbrica del heptgono, pues el stimo lo ocupa el vaco que sirve de ingreso, estan decorados con preciosos arcos trebolados sostenidos en columnillas de mrmol con capiteles dorados de esquisito trabajo; y estas columnillas descansan en una cornisa bajo cuyos mdulos corre una faja de caractres dorados esculpidos en el mismo mrmol de las tablas que componen el zcalo subasamento. Dentro de este santuario se custodiaba el famoso mimbar de Al-hakem II, que era una especie de plpito reclinatorio, al cual aseguran los historiadores rabes que no habia otro en el mundo que se igualase, por la materia de que estaba construido y por su trabajo. Era de marfil y de las maderas mas preciosas, como bano, zndalo rojo y amarillo, bakam, aloe de la India, limonero y otras; cost 35,705 dineros y 3 adirhames[270]. Tenia nueve escalones gradas. Asegrase tambien que estaba compuesto de treinta y seis mil piececitas de madera, unidas entre s y realzadas con clavos de plata y oro, y con incrustaciones de piedras preciosas. Su construccion dur siete aos, emplendose en l diariamente ocho artfices. Este plpito, que por lo visto era de mosico de madera, pedrera y metales, de gran prez, estaba reservado al Califa, y en l se depositaba tambien el objeto principal de la veneracion de todos los muslimes de Andaluca y Almagreb[271], que era una copia del Koran que se suponia escrita por Othman, y aun manchada con su preciosa sangre. Guardbase este ejemplar en una caja de tis de oro sembrada de perlas y rubes, cubierta con una funda de riqusima seda encarnada, y se ponia en un atril facistol de aloe con clavos de oro. Su peso era estraordinario, tanto que apenas podian entre dos hombres sostenerlo; colocbase en el mencionado plpito para que el Imm leyese en l el Koran la hora de la azala, y concluida la ceremonia se sacaba de all y se llevaba otro parage, donde permanecia cuidadosamente guardado con los vasos de oro y plata destinados la iluminacion del mes de Ramadhan[272]. El parage que segun las ligeras indicaciones de Edris servia de tesoro era una especie de capilla que hoy se levanta en sitio inmediato al antiguo Mihrab al norte de la actual Maksurah, parte de otro espacioso y magnfico recinto que interceptaba la nave central y las dos laterales adyacentes, y donde se arm sin duda la Maksurah antigua por disposicion de Al-hakem. De este modo puede suponerse que quedando el cuarto mas noble de la mezquita completamente cerrado al pueblo por ambos lados de norte y sur con las dos Maksuras, y ocupada esta seccion por los principales personages de la corte y oficiales palatinos, no sera fcil que se cometiese ninguna irreverencia en la persona del Imm ni en el venerado Mushaf[273] cuando este era sacado restituido al tesoro por dos ministros y un tercero delante llevando un cirio encendido[274]. Quedaban las dos Maksuras una enfrente de otra, y ambas dos comprendian el mismo espacio, al menos en su longitud de oriente poniente, puesto que interceptaban las tres naves del medio de las once que la mezquita tenia. Ambas Maksuras canceles se han perdido: hoy ni siquiera podemos formarnos una idea cabal de su dibujo; lo que se conserva casi intacto de aquel tiempo es ese suntuoso recinto de tres capillas que ocupaba la Maksurah de Al-hakem; y del recinto que ocupaba la Maksurah antigua, que el propio Califa mand armar, solo existen dos capillas desfiguradas, la de la nave mayor y la de la contigua oriente[275]. Esta ltima se hallaba dividida en dos partes, alta y baja, por un piso de unos cuantos pis de elevacion sobre el suelo de la mezquita: en lo alto se hacia la alicama pregon interior para la oracion, y en la parte baja, que hoy aun se conserva en forma de covacha capilla subterrnea, estaba el tesoro. En la capilla del centro, hoy capilla de Villaviciosa, tenia su sitio reservado el Califa cuando no hacia de Imm, y en la de Occidente, que ya no existe[276], se vea el puesto del Cad de la Aljama. De la decoracion interior de estas tres capillas cerradas por la antigua Maksurah, nada puedo, benigno lector, referirte, porque ni la soberbia sacrista de Villaviciosa, ni mucho menos la capilla de nuestra Seora de este nombre, eran en tiempo de Al-hakem lo que son ahora: por la decoracion del Mihrab que ligeramente te he bosquejado, podrs forjarte tu gusto dejar en tinieblas las bellezas que yo suprimo. De la decoracion esterior tan solo se conserva de aquella poca la arquera que hace frente al Mihrab, semejante en un todo la de la fachada de su vestbulo, donde si te place volvers representarte una atrevida suerte gimnstica de esclavos indios y saeteros circasianos, lo que mas te cuadre segun los recuerdos que se despierten en tu mente. Obras de este gnero en ninguna parte se construan mas que en Crdoba: nunca, cristianos ni muslimes, habian visto creaciones artsticas semejantes; as que, unos y otros contemplaban absortos el Mihrab y sus mosicos cuajados de cinabrio, lapislzuli y oro, el vestbulo y sus tres elegantes cpulas lanzadas gallardamente al espacio, el domo principal reverberante y deslumbrador suspendido en el aire sobre un sutil anillo de puntas, la nueva Maksurah y su soberbia talla, las encintadas arqueras de los dos recintos coronados de cimborios, las puertas de oro, el pavimento de plata[277], la nave de tracera dorada, el mimbar de maderas aromticas. Todos confesaban que ni en Constantinopla, ni en Damasco, ni en Aquisgran habia maravillas semejantes... Y sin embargo el poderoso Titan mahometano no se d por satisfecho. Parcele Al-hakem que las fuentes del patio de las abluciones no corresponden la grandiosidad de la mezquita, y manda colocar en l cuatro magnficas pilas de una sola pieza, dos para las mugeres la parte de oriente, y dos mayores para los hombres occidente; pero quiere que estas pilas mayores asombren por su tamao y vengan labradas de la misma cantera de la sierra. Empleronse en esta obra digna de romanos mucho tiempo, mucha gente, muchsimo dinero; mas se ejecut con felicidad, y la muchedumbre atnita vi llegar lentamente por un plano inclinado, espresamente construido, hasta el lugar destinado en el atrio de la mezquita, las dos enormes pilas, una tras otra, en fuertes carras de roble hechas al intento, y tiradas cada una por setenta robustos bueyes. Tomse para los cuatro pilones el agua del acueducto erigido por Abde-r-rahman II, depositndola en un gran recipiente revestido de mrmol: corria dia y noche, y lo que sobraba, despues de empleada en los menesteres de la mezquita, se distribua por tres caeras que iban surtir otras tantas fuentes pblicas en los tres muros de norte, oriente y poniente del edificio. Con estas grandiosas empresas se entretenia el arte musulman en Espaa cuando espiraba el dcimo siglo para la cristiandad y con l el entusiasmo artstico en los reyes y pueblos del Occidente. Y qu mucho? La Europa cristiana se hallaba ceida como por un anillo de hierro y fuego: por el norte los normandos, por mediodia y oriente los mahometanos, la estrechaban con nueva furia. Los monasterios se trocaban en fortalezas, y al divisar de lejos en el horizonte la polvareda de los escuadrones los dragones de los brbaros, los pobladores se guarecian entre sus muros; cerrbanse las puertas, acudase las armas, y todos se aprestaban la defensa las salidas. Para elegir un abad se echaba mano del personage mas temido de la comarca; por otra parte los magnates ambicionaban los bienes de la iglesia, la mitra y el bculo, y los conseguian en cambio de su protectorado. De aqu desrdenes irremediables, violacion de reglas, desprecio de los cnones, olvido de los estudios, depravacion del clero, ignorancia universal. Abandono de las ciencias, de las letras, de las artes, de la oracion y del recogimiento, que son sus fuentes fecundas, todo se esplica perfectamente en el dcimo siglo, y bien se comprende que en vista de la desorganizacion presente concibiese la humanidad temores de ruina general y muerte. Lo nico que humanamente no se esplica es que el espritu cristiano, el espritu de regeneracion y vida, resistiese tantos embates, y que en el momento de hacer lugar aquel caos al primer crepsculo de luz, aun hubiese santos en la tierra. Va pues cerrarse el primer milenario del cristianismo. La cristiandad, semejante Israel al pi del Horeb y del Sina, espera la voz de Dios prosternndose con vagos terrores y estremecimientos. El mahometismo grrulo y triunfante se arma de nuevo contra la cruz: al sabio y pacfico y sensual Al-hakem sucede el intrpido, osado y duro Almanzor; y con l nuevas desolaciones para los cristianos de Espaa, nuevas derrotas, nuevas cadenas; y nuevas conquistas, nuevos trofeos para los sectarios del Islam. La monarqua asturiana y leonesa, tan llena de gloria antes, cubierta de oprobio ahora por el forzado reconocimiento de Castilla como condado independiente, y por haber trabado alianza con los infieles para domar sus vasallos sediciosos, cree llegada su hora postrera: el victorioso Almanzor pasea por ella sus banderas triunfadoras y nunca humilladas, invade las marcas espaolas, apodrase de Barcelona, conquista Leon forzando sus montaas y obligando al enfermizo Bermudo refugiarse en Oviedo con sus tesoros y reliquias, entra en Galicia asistido de caudillos cristianos traidores que reciben del prdigo hagib pinges remuneraciones[278], alarga la pujante mano Santiago de Compostela, la famosa Caaba de los bautizados de Occidente, y vulvese Crdoba ocupar con magestad el usurpado trono, haciendo que los mseros vencidos acompaen sus veloces ejrcitos llevando en hombros las campanas bendecidas del gran templo profanado. Catalua, Leon y Galicia, sufren alternativamente el tremendo azote: no hay ao en que el Atila del dcimo siglo no alcance contra los reyes de la trabajada Espaa una ruidosa victoria. Todos los aos al abrirse en los campos los rojos botones de las primaverales amapolas, tiene tambien que abrirse impulso de las lanzas y saetas bereberes la ancha vena de la fecunda sangre cristiana; y hay aos en que sobre la misma nieve dura el rojo matiz en el campo desde una otra primavera, si por acaso al recogerse sus huestes cuarteles de invierno, se encuentran con bandas enemigas asaz temerarias para cerrarles el paso de los montes[279]. Quin creer, sin embargo, que no es la monarqua cristiana la que sucumbe, sino el Califato cordobs? Quin podr imaginarse que no va ser el Catolicismo sino el Islam el que salga herido de muerte en los campos de Calataazor? Este resultado, no obstante, podia preverse: la molicie de la vida oriental iba enervando insensiblemente los rabes andaluces. No es ese terrible Almanzor, no, la verdadera personificacion del Estado cordobs: advertid que no es l el Califa, sino un mero hagib; el Califa es el afeminado impotente Hixem II. Vedle ah, y no confundais al uno con el otro, que son hombres de temple muy diverso. Ese que por nica vez en muchos aos quiz se presenta hoy vuestros ojos saliendo de Crdoba una hora inslita, cabalgando en compaa de algunas mugeres, entre una numerosa escolta de guardianes mas que guardias de honor, que so pretesto de dejarle espedito el camino ahuyentan todos los viandantes y gente curiosa para que no se acerquen su persona, ese es el Califa reinante, ltimo vstago de los degenerados Umeyas. Observad como l y sus mugeres van para no ser conocidos encubiertos con mplios albornoces, con los capuchones calados sobre los ojos. La escolta entre la cual va como preso, aunque satisfecho el menguado, no obedece mas voluntad que la del dspota Almanzor, y cuando le haya dejado solazarse unas cuantas horas entre los arrayanes y cipreses de la quinta regia, adonde ahora le conduce, volver depositarlo en su alczar, como se deposita en su joyero una rica insignia de que se ha hecho el uso oportuno en una pblica ceremonia. De todos los atributos de la soberana no conserva ya ese desdichado mas que el de estampar su nombre en la moneda y en la franja de su vestidura. Desentendindose del belicoso trfago que repugna sus instintos, y desconociendo la ndole de la agitacion que causan en su Estado los numerosos ejrcitos de berberiscos, egipcios, mamelucos, esclavos y renegados, que dirige el usurpador de su autoridad, pasa la indolente intil vida en los brazos de sus sultanas y concubinas, encerrado en sus palacios y jardines. Cun diverso su omnipotente ministro! Ceido siempre el arns de batalla, no d punto de reposo los enemigos del Islam, y mientras el Califa se hunde con la gloria de los Umeyas en su lecho de flores, hace l que sus soldados recojan cuidadosamente despues de cada refriega el polvo de sus arreos militares para que su muerte no le sepulten en otra tierra que la recogida en sus innumerables victorias. Mas, ay, que la sangre africana, aunque enciende la pupila y ennegrece las manos[280], es impotente para regenerar lo que los vicios asiticos han corrompido. Las victorias de Almanzor solo significan que el poder pertenece momentneamente las razas bereberes, pero que el astro del Islam, antes deslumbrador, se aproxima un ocaso preado de tempestades. Sus terribles invasiones y conquistas son los sacudimientos convulsivos de un moribundo que se cree lleno de juventud y vida porque rompi unas miserables ligaduras. Sujtenle como es debido, unan sus esfuerzos renunciando mezquinos odios esos prncipes cristianos que separados son nada, y cuyos brazos juntos pueden encadenar ese rabioso gigante, y se ver repetida en la ltima batalla que este les presente la lucha de Hrcules con Anteo. Tambien el arte musulman tiene que espirar sofocado por el arte cristiano, como muere, cuando el grano de mostaza se convierte en rbol robusto, la dbil planta que al brotar le daba sombra. Pero antes de que esto se verifique har nuevos esfuerzos para asegurarse la vida: se trasformar, intentar seducir como fantstica decoracion, y para perpetuarse al amparo del engao, fingir que renuncia la condicion de _monumental_ y que solo aspira, fiel compaero de los refugiados en Granada, permanecer con ellos sirvindoles de leve y lujosa tienda real el tiempo que tarden en verse repelidos allende el estrecho. Esfuerzos de un arte que declina, sacudimientos de un Estado moribundo, todo lo personifica Ben Abi Aamir Almanzor, cuyo anhelo es sellar una gloriosa protesta contra la inevitable decadencia del Califato, entre los cristianos con sus triunfos, entre los muslimes con sus grandes construcciones. Sus magnficos palacios y dorados pabellones igualan, si no sobrepujan en riqueza, los construidos por los sultanes Umeyas. Azzahira se levanta en pocos aos en la frondosa ribera del Guadalquivir emulando las portentosas construcciones de Azzahra; agrpansele en torno las deliciosas quintas de los wazires, katibes, generales y cortesanos; publanse de torres, granjas y jardines, todos los terrenos hasta ahora no cultivados de la sierra y de la campia, y la Aljama de la capital, notablemente engrandecida, va ostentar como trofeos del mahometismo triunfante los despojos de la mas rica catedral cristiana clavados en su techumbre. En efecto, las campanas de la arruinada baslica de Santiago penden ya de sus poderosos trabes, mutiladas y mudas, sirviendo de lmparas al culto del Koran despues de haber proclamado con sus clamorosas lenguas el culto del santo apstol: las chapadas puertas del mismo profanado templo yacen tendidas sobre las pintadas vigas de alerce[281]; la gran catedral de Compostela, abierta, saqueada, llena de escombros, solo habla de ruina y desolacion los devotos peregrinos de lejanas tierras; y la mezquita de la orgullosa corte musulmana se ostenta ensanchada, enriquecida, pintada, embellecida con mrmoles y mosicos, y esmaltes, y doradas cpulas, y maksuras, y alfombras y un cuento de luces, y embalsamada con el azahar, el ambar-gris y el aloe, y ceida con su cinto de torres, y festonada con sus dentadas almenas, y guardada con sus ricas puertas de piedra, estucos, mosicos y bronces, y finalmente, hecha oasis, no de un desierto, sino de un paraiso, con las murmuradoras fuentes y los olorosos naranjos y las esbeltas palmeras de su atrio pensil. Quin no habia de temer, si no el fin del mundo, por lo menos el fin del cristianismo? Mientras el rey Bermudo, resuelto no ver repetida en mengua propia la prdida que afrenta la memoria de Rodrigo, vence el desaliento, olvida sus achaques, triunfa de vanos terrores, hace el noble sacrificio de sus enojos y resentimientos, y procura reducir los inquietos nimos del castellano y del navarro una poderosa liga contra el formidable enemigo de la cristiandad, Almanzor pone en Crdoba el complemento su gloria terminando las obras de la mezquita. Hacia ya algunos aos que la Aljama habia recibido el ensanche con que hoy se conserva, y por ser esta la ltima modificacion hecha por los califas en el gran templo sarraceno, referiremos su causa y modo segun de los historiadores rabes se colige. Habindose aumentado el vecindario de Crdoba con las cabilas enteras que ella acudian de la costa de Berbera y otros puntos de Africa, y creciendo cada vez ms en importancia y esplendor la corte de los califas, no bastaban ya los arrabales y las afueras de la capital para contener esta superabundancia de poblacion, ni tampoco la mezquita Aljama era suficientemente espaciosa para que cupiesen en ella los fieles que se agolpaban la oracion los dias de juma. Ide pues Almanzor ensancharla por la parte de oriente, no pudiendo verificarlo por la de poniente por la demasiada proximidad del alczar, que convenia conservar separado de la mezquita, y lo primero que hizo fu ganarse las voluntades de los dueos de las casas y almacenes que habia que derribar por aquel lado, ofreciendo indemnizarles con toda liberalidad. Todos accedian, y todos eran mplia y generosamente indemnizados, pues ademas de pagrseles sus casas en dinero contante, se les construan nuevas viviendas en otros puntos de la capital. Pero entre las personas expropiadas debia entrar tambien una anciana, que siendo duea de una casita en que habia una hermosa palmera, se negaba rotundamente cederla por ninguna suma mientras no se le diese otra casa que tuviera asmismo su palma. Mand Almanzor que se buscase toda costa, aunque hubiese que pagarla un millon de dinares; as se hizo, psose la exigente vieja en posesion de su nueva casa y de su nueva palmera, y vencidas todas las dificultades, empezaron los arquitectos del califa Hixem la obra. Los exigentes suelen ser afortunados: todos los edificios del terreno incorporado la mezquita vinieron al suelo, y es probable que solo se conservase en pi la palma de la vieja, porque dice Al-Makkar que este rbol venia caer en el proyecto dentro del ensanche del patio, donde el afortunado vegetal tenia ya otros compaeros[282]. En la nueva edificacion trabajaban arrastrando cadenas los infelices cristianos que Almanzor habia llevado Crdoba cautivos, de vuelta de sus peridicas espediciones! [Illustration: PLANTA DE LA MEZQUITA DE CORDOBA SEGUN ESTABA EN TIEMPO DE LOS ARABES. 1 _Vestbulo del Mihrab._ 2 _Mihrab santuario._ 3 _Maksurah, recinto privilegiado y cercado, solo accesible al Ymm y los ulemas, alkhatibes, almocries y demas ministros del templo._ 4 _Habitaciones de los ministros del culto y sirvientes de la Mezquita; sobre las de la derecha estaba el pasadizo que por medio de un puente comunicaba con el Alcazar._ 5 _Recinto donde se armopor orden de Al-hakem la Maksurah antigua._ 6 _Tribuna desde donde se hacia la alicama pregon interior convocando la azala. Debajo de ella estaba el tesoro joyero._ 7 _Puesto del Califa._ 8 _Puesto del cadi de la Aljama._ 9 _Dar-as-sadaca cmara de la limosna._ a _Atrio patio-jardin de la Mezquita._ b _Prticos._ c _Entrada principal y Alminar._ A _Mezquita primitiva de Abde-r-rahman Hixem._ B _Parte aadida por Al-hakem, luego cuarto noble; reservado la nobleza y personajes de la corte._ C _Ensanche dado por Almanzor._ ] Derribse el muro de oriente[283], y se abrieron los cimientos para el nuevo muro distancia de ciento ochenta pis del antiguo en toda la lnea de norte mediodia. Aadironse la mezquita propiamente dicha, esto es, al cuerpo cubierto del edificio, ocho naves grandes, todas iguales y del mismo nmero de arcos que las ya existentes, prolongndose de resultas ciento ochenta pis las treinta y tres naves menores que se cruzan en ngulo recto con las principales corriendo de oriente ocaso. Formbanse sin embargo en el nuevo departamento treinta y cinco naves trasversales en vez de las treinta y tres del antiguo, porque no se prolong el ala de habitaciones que caa oriente del Mihrab y que ocupaba el espacio de dos naves. La prolongacion de las naves menores no se hizo con la servil y montona uniformidad que solemos esclavizarnos los modernos: los arquitectos rabes no entendian las reglas de la simetra como se profesan hoy, huan de lo que llamamos _euritmia_ y se satisfacian produciendo la unidad por medio de la variedad sin buscar correspondencia forzosa de partes semejantes[284]. En la parte aadida por Almanzor se crey intil dar los machones de carga del muro del norte las mismas dimensiones, un tanto exageradas, que tenian los del muro primitivo reforzado por An-nasr[285], y se ganaba por consiguiente un espacio de seis pis en la longitud de las naves mayores por el lado del norte. Mas no pudiendo dar la primera de las menores seis pis ms de anchura de la que tenian, por no consentirlo la altura de las columnas, imaginaron sin duda los arquitectos, que en vez de repartir ese pequeo esceso por igual entre los treinta y tres arcos de la tirantez de norte sur, era preferible para el buen efecto conservar en lnea y perfecta correspondencia las tres cuatro primeras naves, aadiendo una nave ms en el espacio ganado por la dimininucion del grueso de los machones, y ensanchando las naves sucesivas donde pareciese mas conveniente. De resultas de esto, la nave primera trasversal de la parte prolongada no pudo por la estrechez suma de sus intercolumnios conservar la plena cimbra de sus arcos; fu preciso aproximar los arranques de estos, y romper su elegante curva para que no bajase de la altura apetecida, y entonces por la primera vez quiz se vi en los edificios de la Espaa rabe el arco apuntado, arco _ojivo_, llamado despues cambiar totalmente la fisonoma del arte monumental en la edad media[286]. El arco de este modo roto en el punto culminante de su curva, adopt desde luego en aquella pequea nave todas las decoraciones de que es susceptible: adapt su intrados los lbulos, prodigados como ligeros festones en las arqueras del _Mihrab_, lo adorn graciosamente con el sencillo trbol, y prolong por la parte inferior sus dos arranques formando la ojiva tmida, tan repetida despues durante el segundo perodo del arte hispano-musulman. All en efecto, en aquel breve espacio de siete pis escasos de anchura y ciento ochenta y cinco de longitud, apur la arquitectura de una sola vez, y al primer ensayo, aun no terminado el crtico y terrible milenario primero, todas las formas de arco que habian de emplearse en los cuatro siglos consecutivos: circunstancia puramente casual, y de la cual sin embargo no dejarn de sacar partido para sostener la primaca de Espaa en el sistema ojival los que equivocadamente miran estos meros accidentes como generadores de las grandes innovaciones arquitectnicas, y no como su resultado. No se intent disimular el ensanche de que vamos hablando; al contrario, parece que se trat deliberadamente de sealarlo de una manera inequvoca, para lo cual, donde estaba el antiguo muro de oriente, ahora lnea divisoria entre la undcima y duodcima de las naves mayores, se levant una fila de robustos machones, convenientemente espaciados, y entre s unidos por grandes arcos angrelados, arrancando de esbeltas columnas pareadas, unidas al grueso de los referidos machos. Nunca el arte clsico antiguo hubiera fiado tan espaciosos vanos tan sutiles apoyos, como son esas columnas que de dos en dos envan las parejas opuestas los gallardos arcos festonados que sirven como de embocadura al edificio de Almanzor. Pero los arquitectos de Abde-r-rahman I y de Al-hakem II habian hecho ya con felicidad igual alarde en la grande arquera de la fachada interior que mira al patio, y en la de refuerzo que divide la mezquita primitiva de su prolongacion hcia el mediodia, y no habia por qu temer ahora su repeticion. Pasa hoy uno con cierto sobrecogimiento por debajo de esos atrevidos arcos de ocho metros de elevacion, y seis, siete, y aun ocho de vuelo, al considerar que descansan en columnas de unos tres metros de altura incluso su capitel, y solo la robustez de los machos los cuales se arriman las grciles parejas, puede inspirarle la confianza de que no vendrn al suelo cansadas de tan sobrenatural esfuerzo. Para mayor solidez del largo edificio agregado por Almanzor, se prolong hasta su muro oriental, cruzando en ngulo recto con la mencionada arquera de refuerzo tendida de norte sur, la lnea de pilares y grandes arcos que sealaba el lmite meridional de la mezquita primitiva: con lo cual qued la actual Aljama dividida en cuatro partes desiguales, que se di el destino que diremos, completando tal vez la separacion entre una y otra, aunque esto no consta de una manera positiva, por medio de canceles tabiques de madera. La parte aadida por Al-hakem, en cuyas estremidades se alzaban las dos maksuras nueva y antigua, se denomin _cuarto noble_: estaba reservada, como queda dicho, la nobleza y personages de la corte, ocupando los ulemas, alkhatibes, almocries y demas ministros del templo, con el Imam, el recinto inmediato al Mihrab. Los tres cuartos restantes eran para el pueblo, y probablemente estaban en ellos divididos los sexos, si es cierto, como asegura un historiador citado por Al-Makkar, que dentro de las naves habia dos puertas que conducian al recinto de las mugeres. Con la parte aadida por Almanzor formaba la mezquita Aljama un gran cuadriltero rectngulo de seiscientos cuarenta y dos pis de longitud de norte sur, y cuatrocientos setenta y dos de anchura de oriente poniente[287], encerrado en cuatro gruesos muros almenados, fortalecidos con torres albarranas cuadrangulares, en considerable nmero, y de distintos cuerpos, disminuyendo segun su elevacion. El muro del sur, que por el declive del terreno alcanzaba una altura formidable y prodigiosa, internndose sus cimientos hasta una profundidad descomedida, estaba guarnecido con diez y nueve torres, contando las que le flanqueaban en ambos esquinazos, que eran mas voluminosas, y comunes los dos muros de oriente y occidente. El muro de occidente tenia catorce; el del norte tenia cinco, ademas del magestuoso alminar erigido sobre la puerta principal; por ltimo, el de oriente estaba robustecido con diez torres, todas correspondientes la parte que sufria el empuje de las naves, pues en el muro del patio no habia por aquel lado ninguna. La mayor parte de estas torres se conservan: subsisten tambien aquellos venerables y anchos muros: y si la casualidad, el deseo, te llevan, oh paciente lector, esa antigua ciudad que fu un tiempo el emporio de la civilizacion musulmana de occidente, no dejes de subir lo alto de la gran mezquita: cuando te halles entre aquellas denegridas y fuertes almenas, que forman un dilatado feston de puntas, mas bien dientes de sierra, hollando con tus pis aquellas altivas torres, te imaginars hallarte recorriendo las terrazas solitarias de los magnficos palacios de los Persas Sassanidas; creers oir los gritos de guerra del ejrcito de Khaled y el zumbido de sus voladoras flechas, y ver la fugitiva dinasta de Cosroes abandonndote el silencioso recinto de sus endentadas construcciones. Entonces comprenders la primera impresion, de quines aprendieron los rabes vencedores erigir sus monumentos. Vers tambien magestuosamente tendidas ocupando el inmenso cuadriltero que bordan las sagradas almenas, y en perfecto paralelismo, las diez y nueve quillas de las naves con que parecia cubierto el gran templo antes de abrumarle con sus actuales bvedas, y te figurars que al despedirse los rabes de su amada Crdoba cuando surcaban su rio veloces carabelas, dejaron en carena esas diez y nueve naves para volver algun dia por ellas. Las puertas esteriores de la mezquita eran diez y seis: seis al patio atrio de las abluciones, dos oriente, dos poniente, dos al septentrion; diez al edificio cubierto, de esta manera, tres por occidente al cuarto noble, con otra puerta que daba ingreso las dependencias de la mezquita, dos, tambien por occidente, y cuatro por oriente, al gran buque destinado al pueblo. Las puertas interiores eran veintiuna, sin contar las de las dependencias del templo y la del pasadizo secreto del Califa: diez y nueve en la estensa y magestuosa fachada del patio, y las dos arriba mencionadas que dentro del buque de la mezquita conducian al recinto departamento reservado las mugeres. Todas las puertas esteriores eran por lo general rectangulares, formadas por arcos-dinteles inscritos en otros arcos ornamentales de herradura: sus dovelas blancas y de color alternadas: las blancas ricamente exornadas de follages relevados, de estuco; las de color de precioso mosico de ladrillo rojo y amarillento cortado en menudas piececitas rectilneas. Cea al arco de herradura un ancho y precioso arrab de cenefas cuajadas de labores, y ostentaban igual riqueza de ornato los tmpanos entre el arco y el dintel, las enjutas, las fajas, y las ventanillas de tablas de alabastro perforado que, ya encerradas en arquitos sobre marmreas columnillas, ya partidas en graciosos agimeces, flanqueaban en uno en dos rdenes las referidas puertas[288]. En algunas de estas veanse cornisas voladizas sostenidas en mnsulas formando antepecho con sus almenillas dentadas y sus matacanes, dando al sagrado edificio aspecto de fortaleza y recordando los belicosos orgenes de la propaganda islamita. [Illustration: ORNAMENTACION DE UNA DE LAS PUERTAS DE LA CATEDRAL (_Crdoba._)] [Illustration: CAPILLA DE VILLAVICIOSA. (_Catedral de Crdoba._)] [Illustration: ESTERIOR DE LA MEZQUITA DE CRDOBA.] Supnese que no contento el altivo hagib de Hixem II, mas bien su tirano, con haber hecho lo que dejamos referido, fu l tambien el que reform la capilla de la tribuna desde donde se pregonaba la alicama, bajo la cual estaba el tesoro[289]. Quiso sin duda rivalizar en magnificencia con Al-hakem y dejar al amparo del edificio religioso algun recuerdo duradero de la galana imaginacion de sus _amines_[290], presintiendo quiz la triste suerte que amagaba su predilecta fundacion de Azzahira, muestra suntuosa de la cultura de su tiempo ilustrada con lgrimas de sus ojos[291]. Tal vez existian ya manera de ventanas en los dos costados de norte y mediodia de la referida tribuna, los dos atrevidos arcos dobles de diez y siete pis de vano que hoy tiene, iguales en sus columnas y en su medida los de la gran lnea de pilares de Al-hakem que corre de oriente ocaso; pero si realmente estaban ya construidos, si no era la decoracion esterior de esta capilla anloga la de la central frontera al Mihrab, indudablemente su intrados era liso y los adornos de su archivolta, si los tenia, eran de un gusto que pasaba ya por anticuado. El plano de este recinto era un rectngulo de lados desiguales. Hizo el que dirigi la obra por Almanzor que en los costados de oriente y occidente, que eran los de mayor longitud, se abriesen otras ventanas menores, de distinta forma de las que habia, de arcos exornados tambien segun el nuevo estilo, y que en los paramentos de los cuatro muros y en la cpula que los corona, estampase el arte sarraceno emancipado de la tradicion bizantina el sello indeleble de sus aspiraciones, ya mas voluptuosas si bien menos monumentales. Fueron sin duda africanos los _amines_ de Almanzor. Dieron estos arcos, y los de la pieza baja tesoro, los festones de lbulos que tan gallarda y viciosamente disfrazan el verdadero objeto de estas curvas, convirtindolos en orlas de cintas y nexos de encaje, y solo respetaron las antiguas columnas y sus capiteles romnicos. Adornaron las archivoltas con menudos pometados, inscribieron los arcos en vistosos y mplios recuadros formados de muchas cenefas primorosamente labradas cincel y punzon: pusieron en las enjutas grandes florones de nueva forma, en que campean y se enroscan sutiles vstagos prendidos sus bayas, formando postas y ondulosas lazadas sobre fondo de espeso ataurique picado, modo de culebras que se desnudan de sus escurridizas y pintadas pieles revolvindose en un tapiz de flores. Coronaron los arrabs con lindas cornisillas de arquitos entrelazados y calados, y sobre ellos hicieron correr por todos los cuatro frentes una ancha faja de bovedillas apiadas que fingiesen estalactitas de oro cristalizado, en la naturaleza imposibles, pero tambien de efecto sorprendente y hasta entonces desconocido. En las paredes de oriente y ocaso, que eran los lados mayores del rectngulo, figuraron de relieve los arcos de lbulos que no podian estar abiertos, y descansando en la ligera cornisa de su arrab, esculpieron, plomo sobre las enjutas del grande arco figurado, dos ricas mnsulas con leones asomando por ellas la cabeza y el pecho. Eran cuatro los leones, dos en cada una de las fajas de levante y poniente, todos equidistantes, y desde cada leon al que tenia enfrente volteaba un grande arco, cuyo paramento avanzaba algunos pis sobre la zona inferior, y desde cada leon al que tenia su lado volteaba otro grande arco figurado y que no avanzaba sobre el paramento del muro inferior. Estos cuatro grandes arcos superiores, cada uno de ellos de veintiun lbulos de crestera trebolada y primorosamente adornados en las enjutas y en el fondo como los de la zona inferior, formaban un cuadrado perfecto por haber quedado igual distancia sus cuatro apoyos, merced al ingenioso modo de acortar los lados mayores poniendo los leones plomo sobre las enjutas de los grandes arcos de abajo. Vencida esta dificultad, y regularizado el espacio superior encerrado en cuatro arcos torales, era ya muy sencillo levantar sobre ellos la cpula que habia de coronarlo. Sobre los arcos se tendi una cornisa general, y en esta se apoyaron, cruzndose en el espacio y deslumbrando con sus colores y dorados, como fuegos de artificio cuyas curvas se cruzan en el domo sombro del estrellado firmamento, los arcos de segmentos que forman la elegante y estraa cpula morisca. El primoroso alizar de alicatado que cubria el zcalo de este mgico aposento, su piso de ladrillo barnizado la manera persiana, sus paredes cuajadas de estucos pintados de verde y rojo opaco, y trechos dorados, haciendo un fondo de espeso y menudo ataurique cubierto con un enrejado de flores, sus arcos de lbulos detenidamente calados y contornados con otros adornos, dan esta capilla, perdida en el bosque de columnas de la inmensa mezquita, el aspecto de un cenador de apretado lpulo y graciosas enredaderas, recortado por la mano de las pris en medio de una selva encantada[292]. No terminaremos la restauracion ideal de la gran mezquita de Crdoba sin hacer mrito de otra obra preciosa, en la cual hoy nadie repara, que nuestro entender se ejecut tambien en tiempo de Almanzor. Hablamos de la decoracion de la _Cmara de la limosna_, toda de estuco, con arcos ornamentales afiligranados, por el estilo de la capilla tribuna que acabamos de describir. Habia hecho construir Al-hakem II la parte occidental del templo un departamento para la distribucion de las limosnas, en el cual cualquier pobre viandante estraviado, que se encontrase en la ciudad sin amparo y sin medios de subsistir en ella, hallaba caritativa hospitalidad y recibia cuanto podia necesitar para continuar su viaje. Para este objeto habia el Califa dotado el establecimiento de una manera esplndida. El departamento que ahora nos ocupa no era propiamente hablando una hospedera, y aun nos inclinamos creer que ni una noche siquiera podia pasar en l el caminante perdido; primero, porque su limitado recinto, de una sola cmara, igual en proporciones la tribuna restaurada por Almanzor, no lo permitia; y ademas, porque para hospederas, donde pudiesen los pobres permanecer, tenia el mismo Al-hakem dispuestos otros edificios fuera de la mezquita, y tambien la parte occidental, frente por frente la cmara de la limosna (_Dar-as-sadaca_)[293]. Y no se crea que en estas hospederas se albergaba solo la gentecilla menuda y de poco valer: Ibnu Bashkuwal nos cuenta que el clebre poeta Ahmed Ibn Khaled estuvo largo tiempo alli mantenido, y segun l acudian este establecimiento los telogos pobres y los estudiantes necesitados que iban Crdoba cursar leyes, los cuales, mientras buscaban, fingian buscar, en la capital alojamiento acomodado sus escasos recursos, vivian en el ameno trato de muchos hombres graves, literatos, historiadores, oradores y poetas, que eran en l agasajados. Los estudiantes, de mejor condicion que los modernos _sopistas_, recibian comida diaria, provisiones de todo gnero, y ademas una pequea cantidad en metlico; los sabios formados tenian asignadas pensiones anuales sobre el tesoro, cada cual segun su mrito y circunstancias personales. La cmara _Dar-as-sadaca_ no estaba en rigor destinada mas que repartir la limosna entre los pobres. Su riqusima puerta, hoy tapiada, se dibuja todava en ambos lados interior y esterior del muro de la mezquita, y segun Al-Makkar era la principal del costado de Occidente. Ya no es posible formarse una idea exacta del aspecto que presentaria esta cmara cuando acab de decorarla al estilo africano el hagib Almanzor: una espesa capa de cal cubre y desfigura las labores de estuco pintado y dorado que convertian sus paredes en primorosa filigrana; su belleza, mejor apreciada en la edad de hierro de la reconquista, se oculta hoy olvidada y oscurecida despues de haber servido con brillantez la primera catedral cristiana de Crdoba, que hizo de dicha cmara su rico vestbulo; y la hermosa convertida, que hall gracia los ojos del austero S. Fernando, no ha alcanzado piedad en nuestros dias de tolerancia y de indiferentismo, y ah permanece arrinconada, vergonzante, cubierta de polvo, esperando el dia de su rehabilitacion, y dando gracias sin embargo su nuevo dueo porque, aunque la tiene envuelta en una fria mortaja de yeso y cal, al menos no la ha mutilado y reducido polvo para poner en su lugar una capilla churrigueresca greco-romana[294]. As se conserva la interesante estancia que en la mezquita rabe servia para repartir la limosna, y nadie se imagina que esa pieza desnuda y pobre, que pasado el postigo de S. Miguel se ve hoy separada del cuerpo del templo por un miserable tabique y una puerta de pino, y donde tiene el cabildo el archivo de la estinguida capilla de msica y sus libros de coro, sea aquella suntuosa _Dar-as-sadaca_ donde la religion musulmana se mostr menos opuesta la religion evanglica de caridad y amor, donde mas honrada fu la humanidad por el paganismo sarraceno, donde menos agravio recibi la divinidad de los profanadores de la antigua baslica cristiana, y por ltimo, donde mas interesantes y patticas escenas presenci quizs la corte de las califas. La tribuna de la _alicama_ y la _cmara de la limosna_ debieran ser fecundas en recuerdos; pero no nos los han trasmitido los historiadores rabes, tan minuciosos en otras cosas; y los nicos hechos gloriosos que estas construcciones podemos hoy referir, estan tan identificados con la triste poca del decaimiento del podero rabe en Espaa, como la misma mudanza de estilo que en ellas se advierte comparndolas con las obras arbigo-bizantinas de la poca anterior. A la verdad el estilo de su ornamentacion se diferencia notablemente del empleado en el Mihrab y en todo el resto de la mezquita: pero quin es capaz de calcular el tiempo que necesita el arte para variar de fisonoma, cuando concurren en una nacion trastornos tan radicales como los que acaecieron en el Estado cordobs bajo la administracion de Almanzor? Ya lo hemos indicado: el solo predominio de las razas africanas pudo bastar para trocar completamente las tendencias del arte musulman. Y es muy de advertir que el arte, menos significativo en sus formas para los mismos que lo practican, que para nosotros que de lejos estudiamos sus sucesivas trasformaciones, como el que desde una eminencia observa perfectamente las varias revueltas de un magestuoso rio, ha eludido siempre las prohibiciones que tienden separar incomunicar las ideas; por lo cual, del mismo modo que las prcticas de la arquitectura arbiga habian logrado carta de naturaleza en los pueblos cristianos de Espaa, as las prcticas de los africanos habrian hallado acceso entre los arquitectos del Califato despecho de la guerra sangrienta que se hicieron Almagreb y Andaluca, si ya antes la amistad y fusion de estos dos Estados no les hubiesen dado fcil y halagea acogida. Con solo saber que al espirar el dcimo siglo andaban andaluces y africanos en comunicaciones tan frecuentes y amistosas como las que bajo los Abde-r-rahmanes habian tenido andaluces y bizantinos; con solo observar que el famoso caudillo de los Zenetes Zeyr Ibn Atiyah enva Almanzor embajadas y ricos presentes en que lucen la par las grandes pretensiones del donador, las de la naturaleza y las del arte, y luego le visita personalmente en Crdoba admirndole con sus nuevos presentes y su brillante comitiva, podiamos desde luego haber adivinado una trasformacion esencial en la fisonoma del arte andaluz. Lo que era antes Bizancio para la sede de los califas, es ahora el Africa occidental: es posible que el grmen africano ingerto en el robusto vstago hispano-oriental haya producido un arte mas bello que el africano-berberisco, acre por su naturaleza como la ndole de las tribus auxiliares de Almanzor; pero de todos modos es africano el genio que preside la trasmutacion del arte cordobs y su emancipacion de la tutela bizantina; y es indudable que con solo atender las fechas, y con saber que la intimidad entre Almanzor y Zeyr fu anterior su enemistad sangrienta, podiamos ya sospechar qu escena tendrian dispuesta los arquitectos del poderoso hagib para los dos actos capitales en que por ltima vez figura la gran mezquita, de anunciar los creyentes congregados la conquista del Africa occidental, y de distribuir entre los pobres inmensas sumas en celebridad de la ruidosa victoria. Podia el Andals celebrar con locas demostraciones de jbilo su triunfo; pero el Africa estaba ya vengada, porque todo era en Crdoba africano: el hagib, el ejrcito, las autoridades, la vida pblica y privada, la arquitectura que es su frmula material, todo en suma. La misma tribuna en que se ley al pueblo de Crdoba la carta del hijo de Almanzor refiriendo la gran batalla y victoria de Wadamena, estaba decorada al estilo berberisco; la misma cmara estancia en que se dieron aquellas cuantiosas limosnas en accion de gracias al Todopoderoso que se habia dignado humillar y confundir al Africa rebelde, parecia en su ornato un lujoso aposento del harem de un Edrisita. Dejemos ya al gran monumento de la civilizacion arbigo-hispana, tal como acabamos de describirlo, dormir un sueo secular, mientras ruedan por encima de su espaciosa techumbre las tormentosas nubes de las revoluciones, que, preadas de calamidades, descargan sobre la hermosa y desventurada reina del Guadalquivir. Las razas que alternativamente se apoderan del trono cordobs, no dejan en la mezquita la menor huella: pasan todas por delante de la gran fbrica silenciosa, como las espumantes olas de un rio desbordado que con imponente murmullo se empujan sin batir la dura pea de la orilla; y el incomparable edificio de los Abde-r-rahmanes y Al-hakemes se mantiene intacto, sin que al parecer introduzcan modificacion alguna en l los almoravides ni los almohades, esperando el trmino del castigo que sufre la grey de Cristo y el momento de volverse enarbolar la triunfante ensea de la redencion sobre las columnas que habian sustentado el templo de Jano[295]. Acab el renacimiento griego[296] de mas de dos siglos fomentado por los Umeyas; desfalleci el genio rabe del Asia, y el astro de la cultura cordobesa lleg su ocaso. Cun cierto era que el altivo Cstor musulman no estaba dotado del aliento divino que ahora mas que nunca empezaba revelar el Plux cristiano! En vano pugnaron las huestes del hagib por la integridad del Califato en los campos de Calataazor; el Estado y el arte siempre mueren juntos. El Estado cordobs muere con Almanzor, y despues de la consternacion que con tan siniestra noticia se apodera de sus soldados, despues del llanto que todos derraman por el ilustre general que siempre los habia conducido la victoria, y quien miraban como su padre y defensor, no es ya posible que el genio del Oriente vuelva sonreir en mucho tiempo sobre la tierra del Guadalquivir. Hemos recorrido, lector amigo, un perodo de doscientos diez y seis aos desde el dia en que vimos al ilustre Umeya proscrito comenzar en Crdoba la edificacion de la mezquita Aljama, hasta la hora, para el Califato aciaga, en que cesan con la muerte de Almanzor los embellecimientos de este suntuoso templo, Caaba del Occidente. Durante este perodo hemos presenciado grandes cosas estudiando el soberbio monumento reflejado en el espejo mgico de la historia. Vimos primero los esfuerzos de un hombre lleno de genio, que, entronizndose en Crdoba con su gloriosa dinasta, y con una cultura llena de seducciones, sucesivamente rival y amigo de Carlomagno, disputa al gran organizador de la cristiandad el lauro de civilizador, saca de la rica mina de Bizancio los materiales para su grande obra, y enva la luz sobrante del faro que levant sobre el Guadalquivir iluminar la corte del nuevo Csar. Despues hemos visto al hijo de Abde-r-rahman I secundar admirablemente la obra de fascinacion comenzada por el famoso _intruso_; despues, dividirse su tarea sus descendientes, encargndose unos de todo lo relativo la poltica y la guerra, fin de proporcionar los otros el sosiego y los medios necesarios para hacer florecer las artes de la paz. Paralelamente la cultura hispano-musulmana, se ha ido desarrollando la civilizacion hispano-cristiana, y despues que ambas han adquirido todo su natural crecimiento, ha sido preciso que la una fuese gradualmente cediendo el campo la otra, como sucede con dos rboles corpulentos que no caben en el mismo terreno. Primero el genio del Occidente estuvo como adormecido desde que se eclips la estrella de Carlomagno: la Europa se crey condenada perptua barbarie, pesar de las escitativas promesas de la Iglesia; los encargados del regimiento de las naciones catlicas perdieron de vista su divino norte, y en momentnea y triste oscuridad unos contra otros blandieron truculentos las fratricidas lanzas: perodo funesto de desrden y confusion que estimul los brios y alent las esperanzas de los sectarios del falso profeta. Pero la reconciliacion de los hijos de la Iglesia trajo al cabo el iris de paz la cristiandad sobre un mar de sangre musulmana en Calataazor; y mientras la _pea de las guilas_[297] estaba baada de roja espuma, el sol del Califato doraba apenas las torres de la mezquita con sus crepusculares fulgores. Grande fu para la verdadera civilizacion del Occidente el triunfo de aquella jornada! El orgulloso tronco de los Umeyas fu tronchado por el rayo; el rbol cristiano, ya lozano y pujante, puede ahora dilatar libremente sus ramas hasta sombrear la misma tierra de donde procede su grmen; y el arte occidental, en un principio menesteroso y mendicante cuando el Epulon musulman derramaba manos llenas sobre la reina del Btis las galas de Bizancio, se est disponiendo para ir llamar con arrogancia las puertas de Crdoba musulmana con la civilizacion de la cruz exaltada por los ejrcitos del hijo de Berenguela. Descanse pues el gran templo por tantos califas reformado y engrandecido, y mantngase como mudo testigo de las rpidas invasiones, insurrecciones sangrientas, guerras civiles y traiciones que hormiguean y zumban su pi[298], hasta que le llegue el dia de mostrarse como una aparicion fantstica los ojos atnitos de los guerreros de S. Fernando. No se crea sin embargo que todo este tiempo han de contemplar pasivos los reyes de Castilla la integridad del smbolo islamita. Tres veces se pusieron sobre Crdoba las huestes cristianas. Dos veces penetraron en ella conducidos por el valiente emperador D. Alfonso VIII, y otras dos fu la mezquita ocupada, purificada luego y consagrada al verdadero culto. Estos hechos de armas merecen referirse. Vivian los mozrabes de Crdoba bajo los almoravides pacfica y cmodamente, aunque cautivos. Adormecidos bajo el suave yugo de sus dominadores, iban ya casi olvidando su religion y su lengua materna[299]: Al, hijo de Juceph, que era un mismo tiempo monarca en Africa y en Andaluca, los colm de distinciones: les concedi armas, y les di por capitan otro cautivo, caballero catalan, que le habia fielmente servido en Africa ganndole muchas victorias contra los almohades. Pero esta paz era funesta los desdichados mozrabes, y la Providencia habia decretado volverlos purificar en el fuego de las tribulaciones. Entra el famoso D. Alfonso _el Batallador_ con grande ejrcito en Andaluca, pnese vista de Crdoba, causando tanto terror en los mahometanos, que abandonan sus haciendas y se encierran en sus fortalezas; y entonces los cristianos cautivos, como sbitamente libertados de un lnguido y peligroso desmayo, armados de sobrenatural energa, corren en tropel en busca del rey D. Alfonso, y con splicas y lgrimas le piden se les lleve su reino, pues mas quieren perder sus casas y bienes que la religion de sus mayores. Condesciende el rey su peticion, y al levantar el campo, aljanse con l de Crdoba diez mil familias mozrabes, las cuales di luego _el Batallador_ en sus dominios tierras y privilegios[300]. Fu tal la exasperacion de los mahometanos de Crdoba por esta fuga de los cristianos, que de comun consejo determinaron estinguirlos. Ay de los infelices que quedaban dentro de la ciudad! A muchos quitaron cruelmente la vida, otros castigaron atrozmente ponindolos en estrechas prisiones. A todos despojaron de sus bienes, y los que quedaron con vida, despues de muchas injurias, los deportaron al Africa. Algunos tal vez podrian librarse huyendo al reino de Toledo, y estos dejarian despues las noticias de los parages donde habian quedado ocultas las reliquias y santas imgenes que veneraban. Tambien entonces destruirian los mahometanos muchas baslicas y profanarian otras convirtindolas en mezquitas[301]. No tard mucho el rey de Castilla y emperador D. Alfonso VIII en lavar esta afrenta. Las guerras contnuas entre los almoravides y los almohades en Africa ponian frecuentemente los muslimes de Andaluca merced de los cristianos. Al habia muerto desastradamente: era rey de Africa y Andaluca su hijo Taxfin, el cual, no pudiendo guarnecer con tropas africanas sus dominios de Espaa, los tenia entregados la buena f y lealtad de su virey y gobernador Ben Ganiyah. Pero este, que vivia mas como soberano que como gobernador, habia hecho numerosos descontentos. Al mismo tiempo un ambicioso vecino de Crdoba, muy rico y poderoso, llamado Ben Hand, que gozaba entre los mahometanos la opinion de santo, habia ido poco poco insurreccionando la plebe, hasta ser por ella aclamado rey. Noticioso Ben Ganiyah del levantamiento, se present las puertas de la ciudad con escogidas tropas y fu admitido sin resistencia, teniendo el usurpador que desampararla para salvar la vida. De Crdoba pas Ben Ganiyah sitiar Andjar, persiguiendo Ben Hand que se habia refugiado en ella con sus parciales; y estos para conjurar la venganza del ofendido virey y distraer su atencion, llamaron en su auxilio al emperador D. Alonso, que con gran celeridad asent sus reales sobre la capital. Abandon Ben Ganiyah la venganza y acudi al peligro; pero reconociendo la superioridad del castellano, le entreg la ciudad el dia 18 de mayo de 1146. Dia de grande abominacion fu este para los sectarios del Islam: los historiadores rabes lo recuerdan con dolorosa execracion, y refieren con escndalo que los cristianos penetraron en la mezquita Aljama, ataron sus corceles las columnas del _Maksurah_ y profanaron con sus manos impas el sagrado Koran que se custodiaba en su _Mihrab_[302]. Purific este suntuoso templo el arzobispo de Toledo D. Raimundo, y dedicndolo Dios, celebr en l de pontifical. Desgraciadamente no podia el emperador conservar Crdoba ni dejar gente para guarnecerla, y as habindole Ben Ganiyah prestado juramento sobre el Koran de ser su fiel vasallo, y de mantener la ciudad en su nombre, se la dej confiada. No bien se alejaron de sus muros las huestes cristianas, quebrant su juramento el infiel musulman, y no se content con esto, sino que ademas atrayendo Andaluca con falaces promesas varios caballeros castellanos que mand el emperador posesionarse de Jaen, los aprision luego que entraron en la ciudad[303]. Irritado Alfonso con tan infame traicion, dispuso ir sobre Crdoba con ejrcito muy poderoso. Cabalmente acababa de apoderarse de Almera, habiendo reunido para esta empresa tan numerosas huestes, suyas y de otros prncipes aliados, que la muchedumbre de los ginetes y peones cubria las montaas y la campia, el agua de los rios y fuentes no era bastante apagar la sed de todos sus caballos, ni las yerbas de aquella comarca suficientes para darles pasto[304]. El rey Rogerio de Sicilia, que era uno de los aliados, se habia en verdad despedido de l, despues de espugnada Almera, para ir campear por su propia cuenta en Africa; tambien el conde de Barcelona y el duque de Montpellier, y los genoveses y pisanos, que le habian auxiliado por mar con sus numerosas y bien armadas naves, se habian ya dispersado. Nada por otra parte habrian podido favorecerle ahora estas fuerzas de mar por el Guadalquivir, siendo ya Sevilla conquista de los almohades. Pero sin contar los ejrcitos del rey D. Garca de Navarra y del conde de Urgl, podia disponer D. Alfonso de las mesnadas de sus condes y ricos-hombres: all tenia D. Fernando Joanes con las tropas de Galicia, D. Ramiro Florez Frolaz con las de Leon, D. Pedro Alfonsez con las de Asturias, al conde Ponce y D. Fernando Ibaez con las de Estremadura alta y baja, D. Martin Fernandez con las de Ita y Guadalajara, D. Gutier Fernandez de Castro y D. Manrique de Lara con las de Castilla la Vieja, y D. Alvar Rodriguez con las de la Nueva y Toledo. No se descuid Ben Ganyah en prevenirse: reconociendo que le faltaban fuerzas para contrarestar la acometida de Alfonso, trat solo de aumentarlas, imitando el ejemplo del rey Al-Mu'tamed, que por esquivar el yugo de D. Alfonso el Conquistador de Toledo se habia entregado al de los almoravides, prefiriendo _apacentar camellos en el Desierto guardar puercos en Castilla_[305], para librarse de las manos del emperador llam en su socorro los almohades. Atento solo la necesidad de rechazar los altivos cristianos que se disponian sitiarle, envi un mensage Berraz Ibn Mohammed, general de Abde-l-mumen, emperador de los almohades, que el ao anterior habia vencido Taxfin y estinguido el poder de los almoravides en Africa; y en este mensage solicit de l una entrevista. Abocronse los dos generales en cija, y all estipularon que Berraz asistiria a Ben Ganyah con tropas, con la condicion de que el almoravide le pondria en posesion de Crdoba y Carmona, reservndose el dominio de Jaen. Sin esperar que este tratado fuese ratificado en Africa por Abde-l-mumen, tom Berraz posesion de Crdoba y de Carmona, y Ben Ganyah se retir Jaen. Arrepentido sin duda de haberse entregado los enemigos de su raza sin haber probado fortuna contra los enemigos de su f, rompi pronto Ben Ganyah su alianza con los almohades: resuelto contrastar en lo posible sus rpidos triunfos, quiso arriesgar contra ellos una batalla campal en la vega de Granada, que ya recorrian impetuosos llevndolo todo sangre y fuego, y en el calor de la refriega, herido de muchas lanzadas, de que no bast defenderle su armadura, muri el da 21 de la luna de Xaban del ao 543 (A. D. 1149). Los almohades se apoderaron de Jaen. Aprovechando esta oportunidad el emperador Alfonso, march con su ejrcito sobre Crdoba y la siti. As que esto se supo en Sevilla, trataron los almohades de enviar los sitiados poderosos refuerzos. Dispusieron saliese de Sevilla con tropas escogidas Abu-l-ghamr Ibn Gharun, y que el gobernador de Niebla Yusuf Al-betruh saliese con las suyas: incorporronse estos dos ejrcitos, y marchas forzadas avanzaron Crdoba. Envi ademas Abde-l-mumen un tercer ejrcito bajo el mando de Yahya Ibn Yaghmur; pero antes de que este llegase, ya habia el rey cristiano tomado parte de la ciudad haciendo una sangrienta incursion en ella, profanando de nuevo la mezquita mayor y llevndose un rico botin[306]. Al llegar Crdoba el refuerzo de Ibn Yaghmur, el prudente emperador levant el campo: arrollronse las tiendas, emprendise la retirada, y no entr el ejrcito auxiliar en la capital de Andaluca sino para ver desde sus almenas relumbrar lo lejos en la sierra las lanzas y escudos de las mesnadas cristianas. En esta segunda entrada de las tropas de Alfonso en la mezquita Aljama no hubo al menos desacato contra el sagrado _Mushaf_: Berraz Ibn Mohammad se lo habia ya enviado Africa su rey Abde-l-mumen con otras preciosidades recogidas en la ciudad cuando la ocup de resultas de su convenio con Ben Ganyah, y el Amir de los muslimes lo tenia cuidadosamente guardado en su tesoro. Cuntase que este Mushaf acompa luego Abde-l-mumen en todas sus espediciones militares, llevado delante de l dentro de su preciosa caja sobre un camello, bajo un dosel, entre cuatro banderas, en las cuales se lean en caractres de oro versculos adecuados del Koran[307]. Grande era ya en esta poca el poder de Castilla, creciendo considerablemente al par el de los demas reinos de la Espaa cristiana. Grande tambien habia sido desde principios del undcimo siglo el desarrollo del arte occidental. Pero se hallar este ya por ventura en estado de sustituir dignamente su mulo el arte del Oriente? La tentativa del emperador Alfonso ha sido prematura: esplyese y domine en buen hora la forma romnica en todas las grandes ciudades arrebatadas los califas allende los montes, en Toledo conquistada por D. Alonso el VI, en Zaragoza y Tarragona rescatadas por D. Alfonso el Batallador. El imperio musulman que parecia exnime despues de la muerte de Almanzor ha recobrado nueva vida: una raza nueva le ha inoculado su sangre activa y poderosa, los almohades aspiran regenerarlo en Andaluca, y todava es la corte de los Abde-r-rahmanes reconocida por capital y centro del mahometismo en Espaa. No ha llegado pues la poca del vencimiento definitivo para Crdoba y su arte. Dejad que esa nueva sangre anime nuevas formas; dejad que los almohades terminen en Sevilla el gigantesco ensayo del arte que se proponen sustituir al arte de los Umeyas[308]; dejad que entre tanto las dos grandes monarquas enemigas que ya no caben juntas en Espaa desahoguen su pltora en las sangrientas batallas de Alarcos y Muradal; y entonces ser tiempo de decidir cul de estas dos nacionalidades tan llenas de vida, tan prdigas de su sabia, tan picas en sus hechos, ha de quedar duea esclusiva de las hermosas ciudades del Guadalquivir, con sus usos, sus artes, su lengua y su f. Pronto llegar el dia de la decision. Ved cun rpidamente se pulveriza el coloso hecho pedazos en los hondos valles de las Navas de Tolosa[309]. La anarqua ha vuelto apoderarse de la Espaa musulmana despues de la gran derrota, y los cristianos van cada dia ensanchando sus fronteras. El arte de Occidente avanza con ellos, y tanto sube de punto su jactancia, que ya en el primer tercio del siglo XIII (A. D. 1229) presume implantarse en Africa la sombra de un tratado de alianza, levantando en medio de la fastosa corte de los almohades una iglesia cristiana. Deseoso el amir El Mamun de escarmentar los rebeldes almohades, solicit del rey de Castilla tropas que pasasen con l Mauritania, y el rey cristiano le respondi: No te dar ejrcito si t no me das diez plazas fronterizas que yo seale, y si Dios te concede entrar en Marruecos, habrs de construir para los cristianos que te acompaen una iglesia en el centro de la ciudad, en que puedan ellos celebrar pblicamente su culto tocando las campanas todo el tiempo que duren las ceremonias. Si algun cristiano quisiese hacerse mahometano, no se lo consentirs, sino que le entregars los de su ley para que sea juzgado, y por el contrario, si algun musulman quisiese hacerse cristiano, no permitirs que nadie se lo estorbe[310]. Cuando la nacionalidad y la f espaola podian imponer semejantes condiciones, y cuando la nacionalidad y la f islamita las admitian, era prueba de que se estaba ya robusteciendo el brazo del predestinado que habia de desquiciar las puertas de bronce de la Caaba del Occidente. Muy urgente era por cierto la victoria, porque los terribles almohades, en su fervoroso celo por el triunfo del Islam, nada menos habian aspirado que la completa estincion de la f de Cristo en Andaluca, y as en Crdoba, Sevilla, Jaen y Murcia, no habia ya cristianos mas que entre los cautivos[311]. Pero qu jubiloso clamor es ese que sale de las mazmorras donde h poco solo resonaban dolorosos alaridos y prolongados ayes de agona? Por qu sacuden sus vibradoras lenguas con tanto bro las antes sujetas y mudas campanas de las baslicas, ayer desiertas, abandonadas y amenazando ruina? Qu significa ese imponente rumor con que despierta sobresaltada la poblacion entera? Ah! Es que ha amanecido el dia del gran desastre para el Islam! Nadie se lo esperaba: hace unas cuantas horas solamente, los cordobeses descansaban descuidados. Velaban solo los corazones rencorosos atormentados por la ambicion, enconados en las rivalidades de partidos; pero nadie pensaba que todo reino dividido tiene muy prxima su ruina. Caa la lluvia torrentes, la ciudad parecia suficientemente defendida contra cualquiera tentativa: no habia sobre Crdoba ejrcito enemigo: decase solo que los puertos de los Montes Marianos estaban ocupados por un puado de almogvares[312]... Cmo pues ha podido fraguarse tan grande calamidad en tan cortos instantes en el silencio de la noche? Los cristianos, favorecidos por los cordobeses descontentos, se han apoderado de la Aljarqua[313] escalando la muralla y matando las centinelas dormidas. La puerta de Martos est abierta los terribles almogvares y la caballera de Tafor; Colodro[314] y Baos con sus compaeros dominan las torres de aquella parte; los cautivos levantan hcia ellos los brazos aun agoviados por las esposas; los moros muestran en sus semblantes el pavor que hiela sus corazones, refgianse tumultuando en la Almedina, y obligando tomar las armas todos, ancianos, mozos y nios, se aprestan la defensa. Los valerosos cristianos se fortalecen en el barrio de oriente mientras D. Ordoo Alvarez y D. Alvar Perez de Castro envan corredores Fernando con la noticia de tan inopinado suceso, y pidiendo refuerzos. Los moros por su parte, trocado el primer espanto en rabioso corage, piden tambien auxilio su Amir ausente para esterminar los invasores. Qu hace Aben Hud al recibir la triste nueva? Emprende su marcha para libertar Crdoba; pero en el camino vacila, duda, reune sus alcaides, oye su consejo, y abandonando sus propios vasallos, se dirige socorrer los agenos[315]. Qu hace Fernando? Monta al punto caballo[316], acompaado solo de unos cien caballeros, despachando rdenes las ciudades, villas y concejos, para que le sigan los ricos-hombres hijosdalgo con sus milicias, y recomendando los maestres de las rdenes militares que le enven la flor de su caballera. As, mientras los musulmanes se defienden desesperadamente en la ciudad alta molestando los cristianos con hondas, flechas, dardos y catapultas, mientras la corte de los califas lanza su postrer grito de agona entre el clamoroso estruendo de los lelils, tambores, bocinas y clarines, el amir Aben Hud, ltimo vstago de una gloriosa dinasta[317], va encontrar la muerte en manos de un correligionario traidor, y el hijo santo de Berenguela va sentar sus reales en el campo de Alcolea como guila que se cierne sobre la presa. Jntansele aqu los obispos, los ricos-hombres, los caballeros, y las mesnadas de los concejos con los carros de guerra, las municiones y las interminables filas de reses que van acudiendo destinadas la vitualla. Estrchase el asedio, y los sitiados exnimes, hambrientos, desesperanzados de todo socorro, agoviados por el calor y la fatiga, capitulan para salvar tan solo la vida; y el dia de los gloriosos apstoles S. Pedro y S. Pablo (A. D. 1236) entregan la ciudad. Entra en Crdoba triunfante S. Fernando, no coronado de laurel ni en carro tirado de tigres, leones y panteras, como acostumbraban los orgullosos emperadores romanos, sino en humilde y devota procesion, acompaado de los obispos D. Juan, de Osma; D. Gonzalo, de Cuenca; D. Fr. Domingo, de Baeza; D. Adan, de Plasencia; D. Sancho, de Coria; de los eclesisticos y religiosos que han concurrido la espugnacion, y de los principales de su ejrcito. De este modo llegan la mezquita mayor, y al mismo tiempo que los tristes musulmanes abandonan sus hogares para refugiarse en otras ciudades de Andaluca, los cristianos enarbolan la ensea vivificadora de la redencion juntamente con el estandarte real sobre el enhiesto alminar de Abde-r-rahman An-nasr, donde se invocaba y encomendaba los cuatro vientos el nombre del falso profeta; y el ejrcito vencedor entona espontneamente en su fervoroso entusiasmo el solemne _Deus adjuva_ que acompaan electrizados, con lgrimas de jbilo en las megillas, los cautivos mozrabes redimidos. La grande Aljama de Abde-r-rahman el _Proscrito_; la Aljama suntuosa y deslumbradora de Al-hakem el _Sabio_ y de Almanzor el _Victorioso_; la Caaba del Occidente, dej ya para siempre de ser templo del Islam! El obispo de Osma, D. Juan, que representa al arzobispo D. Rodrigo, primado de Toledo, ausente por hallarse cerca de la Santa Sede en tan fausto dia, la bendice con las ceremonias y preces acostumbradas, la purifica con agua y sal, cantando los asistentes el _Te Deum laudamus_, la dedica la inmaculada Madre del Verbo en su glorioso misterio de la Asuncion, hace provisionalmente erigir un altar en honor de la excelsa Seora, celebra en l de pontifical, y dirige por ltimo una breve y sentida pltica los circunstantes exhortndolos tributar gracias sin fin al Dios de los ejrcitos. * * * * * Es ya tiempo, benigno lector, de que vayamos reponiendo por su rden histrico, los objetos heterogneos que por arte de abstraccion eliminamos de golpe en un principio, para hacerte ver con toda claridad en la catedral cristiana de Crdoba la mas grande y bella mezquita musulmana. Has contemplado en su estado primitivo y en su genuina destinacion el mas precioso monumento que refleja en su largo curso el tranquilo y magestuoso Guadalquivir; vas verlo ahora en las transformaciones que sucesivamente ha ido sufriendo desde la reconquista hasta venir al estado en que hoy se encuentra. No se dice con fijeza en qu dia empez la mezquita purificada tener destino de catedral. Sbese solamente que la Sede episcopal y cabildo de cannigos, que durante la ocupacion de la ciudad por los rabes habia estado en la baslica de los tres mrtires[318], no se restituy ella sino cuando volvi de Roma el arzobispo D. Rodrigo, primado de Espaa, que era quien por decreto del pontfice Inocencio III tenia desde el 4 de marzo de 1210 el encargo de restituir las iglesias catedrales en todas las ciudades que se reconquistasen, y por otro de S. S. Gregorio IX de 26 de junio de 1234 estaba autorizado para poner y consagrar obispos en las ciudades que antes los habian tenido. Pero consta que en el ao 1238 estaba ya electo obispo de Crdoba D. Lope de Fitero, consejero del rey, y constituido el cabildo de cannigos de la iglesia catedral de Sta. Mara[319]. La baslica de los tres mrtires Fausto, Januario y Marcial, que habia servido de catedral los mozrabes, recibi el ttulo y advocacion de S. Pedro, en conmemoracion del dia en que habia sido recuperada la ciudad. Desde esta poca cuntos dias de jbilo para la nueva poblacion cristiana, sealados en su grandiosa catedral en pginas indelebles y sucesivas del arte nacional! No se crea que el arte cristiano prevalido del triunfo invadi la mezquita haciendo gala de un celo intolerante y mutilando sin necesidad el grandioso edificio. Al contrario, tributando una sincera admiracion la belleza que en ella descubria, se propuso conservar cuanto fuese compatible con las necesidades mas absolutas del templo en que habia de darse culto Dios crucificado. Era indispensable desde luego establecer una capilla mayor, orientndola como era costumbre desde los primeros siglos de la iglesia. No se conserva memoria del sitio en que fu colocada, pero lo cierto es que por no derribar nada de la fbrica arbiga subsisti la capilla mayor provisional por espacio de veintidos aos, y que no se celebrarian en ella muy cmodamente los divinos oficios no teniendo presbiterio, ni sacrista, ni Sagrario adecuado. Si fu dispuesta en lugar exento y principal, en el centro de la mezquita, hoy al menos no se descubre rastro de ella; es posible que con la obra de la catedral hecha en tiempo de Crlos V haya desaparecido; pero lo mas probable es que se arrimase al muro de oriente, bien que se situase en la cmara rabe, donde pocos aos despues, como veremos, se erigi la cabecera de la primitiva catedral. Lo que s se sabe es dnde estuvieron la pila bautismal y el Sagrario: aquella se situ arrimada al muro de poniente ocupando las dos naves trasversales undcima y duodcima[320]; el Sagrario se coloc en la rica cmara de la izquierda de las tres que forman el vestbulo del Mihrab[321]. Decimos que subsisti la capilla mayor provisional veintidos aos, suponiendo que permaneciese all donde se habia colocado el altar en honor de la Asuncion de nuestra Seora el dia solemne de la purificacion del templo; pero en rigor no consta haya habido formal ereccion de catedral hasta fines del ao 1238. En noviembre de este ao concedi S. Fernando la iglesia catedral de Sta. Mara de Crdoba y su obispo electo D. Lope, para s y sus sucesores, con todas las frmulas y solemnidades de cancillera, las dcimas de los almojarifazgos, salinas y rentas, que tenia en Crdoba, con quinientas aranzadas de via, y la tercera parte de sus olivares, y cien aranzadas de huertas[322]. Ya D. Lope, antes de ser electo obispo, habia recibido pruebas de la munificencia y predileccion de su soberano[323]. En el ao 1240 y siguientes hizo el santo rey nuevas donaciones al obispo y cabildo, y 15 de febrero de 1245 le hizo la ltima. A 13 de agosto de 1246, muerto ya el obispo D. Lope de Fitero, y habindole sucedido D. Gutierre Ruiz de Olea, hicieron el obispo y el cabildo un Estatuto, en que se estableci que todos los bienes muebles inmuebles, rentas, villas fortalezas adquiridas, que se adquiriesen por uno otro, _intutu_ de ambos, se dividiesen en dos partes iguales, la una para el obispo y la otra para el cabildo. La ciudad de Crdoba finalmente di este mismo obispo D. Gutierre por juro de heredad, en 8 de setiembre de 1246, quince yugadas de tierra por ao y vez en el trmino de Carchena. Las prebendas la sazon eran: decanato, arcedianato de la villa, maestrescola, chantra, arcedianato de Castro, arcedianato de Belmez Pedroche, tesorera y priorato, canonicatos y raciones. Represent el cabildo S. S. Inocencio IV que no eran bastantes las rentas para mantener el nmero de dignidades y cannigos que habia, pidindole los redujese al que resultase correspondiente sus facultades, y habiendo el pontfice dado comision para que con asenso del cabildo determinase dicho nmero, se resolvi que el de dignidades quedase como estaba, que los canonicatos se redujesen veinte, y veinte tambien las raciones; lo que confirm S. S. por rescripto de 26 de junio de 1247. Ocurri la conquista de Sevilla, y el santo rey en reconocimiento al mismo obispo D. Gutierre, que le ayud mucho con su cabildo para llevar cabo aquella memorable empresa, les di el castillo y villa de Bella con todos los trminos que tenian bajo la dominacion sarracena. Al volver de la toma de Sevilla hizo D. Gutierre con su cabildo un nuevo Estatuto, 1. de abril de 1249, dividiendo en dos partes iguales todos los derechos, tierras, castillos y heredamientos de dentro y fuera de Crdoba y su obispado. Al obispo tocaron Lucena y Bella con otras posesiones, y al cabildo otras con el castillo de Tiosa, que volvi despues la corona. Este instrumento es curioso, porque nos d noticia cabal de las diversas rentas y bienes que la sazon posean el obispo y cabildo de Crdoba, entre las cuales vemos ya establecidos el tributo de treinta dineros que habian de pagar los judos, el arrendamiento de las tiendas hechas y por hacer, el diezmo de la tienda de los alcaldes y el de la alhndiga[324]. Determinronse tambien en su virtud los prstamos beneficios que habian de gozar el decanato en S. Salvador, en S. Miguel la maestrescola, en S. Andrs la chantra, y en Santiago la tesorera; que los arcedianatos tuviesen el _rediezmo totius pontificalis_ en sus territorios; en cuanto los cannigos, que cada uno tuviese cincuenta maraveds, y veinticinco el racionero en las parroquias del obispado que el obispo sealase, y que el derecho del cabildo en las demas parroquias de la ciudad con las de Montoro, Castro, Ovejo y Belmez, quedase en la mesa comun para las distribuciones cotidianas. Ultimamente, existiendo desde el ao 1246 alguna discordia entre el obispo y cabildo de una parte, y la ciudad con el clero de las parroquias de otra, sobre algunos artculos de concurrencias, diezmos y modo de dividirlos, inmunidad eclesistica y otros puntos, el Papa Inocencio IV comision para ajustarlos al cardenal D. Egidio de Torres, y este por medio de un subdelegado consigui la concordia, que aprob S. S. 11 de junio de 1250. Este documento precioso nos instruye de quines fueron las personas, rdenes y casas pias heredadas en Crdoba por el repartimiento del santo rey, y de muchas de las posesiones que les fueron dadas, todas las cuales debian contribuir con el diezmo de sus productos la iglesia[325]. Con estas donaciones empezaban ya ser pinges las prebendas al morir el rey D. Fernando y sucederle su hijo D. Alfonso X. El nuevo rey, animado del mismo espritu religioso que su padre, dispens mercedes al obispo y cabildo de Crdoba desde los primeros aos de su advenimiento al trono, y no contento con haberles concedido en el ao 1258 una renta anual de mil maravideses chicos en el almojarifazgo de cija, en recompensa del agravio que la iglesia de Crdoba dijo habrsele inferido en el arreglo de trminos entre su obispado y el arzobispado de Sevilla, les auxili aquel mismo ao en la ereccion de la capilla mayor de la catedral, concediendo muchos privilegios la obra y fbrica. Ya por este tiempo se habia introducido entre los piadosos ganadores de Crdoba la prctica de fundar capillas junto los desnudos muros de la gran mezquita. Desde el ao siguiente al de la espugnacion de la ciudad habia dado el ejemplo el santo rey labrando para s una, dedicada S. Clemente[326], contra el muro de mediodia, en un espacio que abrazaba de oriente poniente tres naves principales y de norte sur cuatro trasversales. Habase cerrado este mbito con paredes, dejando dentro intactas dos arcadas rabes y arrimando la pared de oriente el altar del Santo quien estaba consagrada la capilla[327]. En la dcima nave mayor contando desde el muro de poniente, pegada tambien al muro interior de mediodia, y ocupando solo dos naves trasversales, habia labrado Pedro Diaz de Haro en 1250 otra capilla Sta. Ins[328]. Muy modestas eran en verdad estas construcciones, y vergonzoso en cierto modo para los nuevos pobladores, que los judos que habian quedado en la ciudad, no contentos con tener una sinagoga, estuviesen fabricando por este mismo tiempo otra muy soberbia y elevada[329] con grande escndalo para la cristiandad. No sabemos hasta qu punto pudo esto contribuir que se avivase el celo de los caballeros cristianos y del clero; pero lo cierto es que en el ao 1258 se estaban simultneamente construyendo la capilla de S. Bartolom, por un famoso adalid llamado Domingo Muoz, y por el cabildo y el monarca juntos una catedral cristiana, en que la gallarda arquitectura occidental, rompiendo el artesonado sarraceno para desarrollar su elegante bveda ojival, mostraba ya por defuera en su gigantesca grupa[330] la emancipacion de un arte victorioso, al cual estaba reservado trocar la faz monumental de Europa. El adalid hacia su capilla en el ngulo que formaba con el muro interior de mediodia el costado occidental del vestbulo maksurah de Al-hakem II, tomando de area dos naves principales y otras dos trasversales. No pudiendo esta capilla recibir luz directa del esterior por tener detrs el ala occidental del Mihrab, que ocupaban las habitaciones de los Ulemas y otros ministros del culto islamita, y el pasadizo secreto del Califa, se le di por la pared del norte luz del templo, abriendo en ella, ademas de su puerta ojival, dos lindos ajimeces y dos pequeas claraboyas. El cabildo labraba su catedral con mayor esplendidez. Eligi este fin las tres primeras naves trasversales del cuarto noble, empezando desde el muro de refuerzo que marca la prolongacion de Al-hakem, y dando al buque de la nave nica que abri, cortadas las armaduras de cuatro naves mayores de la mezquita, una longitud de cien pis desde la puerta interior de la cmara de la limosna hasta la cmara del centro de las tres que cerraba la antigua maksurah. Hizo de la cmara de la limosna, respetando su rica ornamentacion berberisca, el vestbulo narthex para entrar en la catedral: dej el muro de refuerzo de Al-hakem tal como estaba, sin tocar sus atrevidos arcos ultra-semicirculares de columnas emparejadas; pero derrib la cmara del Cad de la Aljama[331] para dejar espedito el crucero, y ademas las arcadas de las tres naves trasversales que habia ocupado; derrib asmismo tres columnas fronteras los tres robustos machones rabes que quedaban exentos en la longitud del buque de oriente poniente; construy en su lugar tres machos mas esbeltos fortalecidos en ngulo recto con muros modo de estribos, que interceptaban en toda su anchura una nave trasversal; de macho macho volte grandes arcos ojivales, correspondientes los tres de herradura de enfrente; tendi de un lado otro una ligera y sencilla bveda sin nervios enlazados, dividida en cuatro compartimentos por tres grandes arcos de baquetones, de los cuales el mas inmediato al presbiterio descansaba en delgadas y altas columnillas, y los otros dos en bien esculpidas repisas de cenefas caladas suspendidas regular altura en los entrepaos; y finalmente, tomando de costado la cmara central de la antigua maksurah, donde presumimos tenia su asiento el Califa[332], coloc en ella la Capilla mayor. Coste esta capilla el rey _sabio_, y aun contribuy como hemos dicho los gastos de la obra del templo, por la cual agradecido el cabildo resolvi celebrarle un aniversario que hasta hoy se ha venido religiosamente cumpliendo. La disposicion de esta cmara se acomodaba perfectamente al destino de capilla mayor, convirtiendo en sacrista la otra cmara que tenia contigua oriente, y que hemos minuciosamente descrito como tribuna de la _alicama_. Existia sin duda tal como la habian dejado los amires de Al-hakem. En el lado del norte tenia un grande arco de herradura, correspondiente al muro de refuerzo de la prolongacion debida aquel Califa; en el lado de oriente tenia una gran ventana de arco angrelado, y dos puertas pequeas los lados, que comunicaban la tribuna embellecida por Almanzor; en el lado de mediodia ostentaba, haciendo gala del estilo bizantino del tiempo de Al-hakem, una combinacion de arcos de segmentos que se cruzaban en el espacio y formaban aspas de undosas cintas en los intercolumnios, en todo semejante la decoracion que desplegaba enfrente el vestbulo del Mihrab. En el lado de poniente, por donde esta cmara se unia con la del Cad de la Aljama, que acababa de derribarse, no sabemos qu decoracion tenia. Para convertirla en capilla mayor no habia necesidad de desfigurarla completamente: bastaba cegar el grande arco del norte, en tiempo de los califas cerrado por la maksurah primitiva, cegar asmismo la gran ventana que comunicaba por levante con la tribuna de la _alicama_, poniendo en su lugar el altar mayor; dejar las dos puertecillas laterales abiertas para la comunicacion del presbiterio con la sacrista; dar al presbiterio el ensanche necesario y su correspondiente gradera; cerrar el lado de mediodia con vidrios, y ltimamente hacer su portada embocadura con el cancel de costumbre. As tal vez se haria; pero quin es hoy capaz de adivinar el grado de respeto de los arquitectos del rey D. Alfonso hcia la obra arbigo-bizantina? Puede ser que la conservasen, como sin duda alguna conservaron la tribuna de Almanzor convertida en sacrista; mas habiendo sido despues dos veces reedificada, una bajo el imperio del gusto tudesco[333] y otra bajo el funesto influjo del estilo de Churriguera, no permite hoy este doble disfraz apreciar ninguno de los lineamientos de la obra del rey sabio. Al mismo tiempo que se terminaba la obra de la catedral (ao de 1260), fundaba D. Gonzalo Yaez, primer seor de Aguilar, arrimada al muro de oriente, una capilla consagrada S. Juan Bautista, donde dos aos despues di sepultura al cadver de su esposa D. Juana. Cinco aos despues fund el obispo D. Fernando de Mesa en el ngulo S-E. de la mezquita, y contigua por el oriente con la capilla de S. Clemente que habia labrado el santo rey, la capilla de Santiago[334], cmoda y espaciosa como la adyacente, en la cual tambien dej subsistir las arcadas rabes comprendidas en su area. De igual data es un rescripto pontifical memorable por el rpido incremento que revela en las rentas de la iglesia de Crdoba, mas prspera naturalmente medida que iba perdiendo mas tierra en la provincia la morisma. Concedia por este rescripto el pontfice, peticion del obispo y cabildo, que de las veinte raciones que habia, cada una de las cuales se juzgaba ya ser cngrua competente para dos personas, se dividiesen diez en veinte medias: de modo que ya los prebendados empezaban vivir en la abundancia, cuando solo veintiocho aos antes (en 1237 27 de setiembre) habia tenido Gregorio IX que escitar con indulgencias el celo de los buenos cristianos en favor de la iglesia de Crdoba, que padecia gran penuria por tenerla en cierto modo los islamitas sitiada por hambre, reducidas sus rentas al casco de la ciudad[335]. No debia espirar el siglo XIII sin que la restaurada catedral se engrandeciese con nuevos privilegios y fundaciones. El mismo D. Alfonso X, que habia labrado su capilla mayor y ayudado costear el resto de la fbrica, habia concedido al cabildo el dominio directo de todas las tiendas que tenia la corona en el corral de la alhndiga y en la alcaicera mercado de la seda, que eran treinta y tres, sin otra condicion que la de celebrar cada ao dos aniversarios, uno por el alma de su padre el rey D. Fernando, y otro por la de su madre la reina D. Beatriz, y hacer ademas todos los aos la fiesta de S. Clemente _muy honradamente_ y con gran solemnidad[336]. Esta importante donacion tuvo efecto el ao 1261; los dos aos (1263) ocpase solcito el rey sabio en asegurar la iglesia el disfrute del agua que en soberbios acueductos vimos traer Crdoba los califas, estableciendo una contribucion para reparar los antiguos caos[337]; doce aos despues (1275) el infante D. Fernando, que gobierna el reino por su padre, la sazon ausente en persecucion del sueo dorado de su vida[338], d carta al cabildo en Peafiel 7 de abril, autorizndole tener en la obra y fbrica de la iglesia cuatro moros para que trabajen en ella, los cuales esten libres de pechos, segun lo habia ya concedido el rey D. Alfonso[339]; vuelve este tomar las riendas del Estado (en 1280), y habiendo perdido el cabildo la carta de gracia en que por la primera vez se le concedia la de poder emplear en las obras de la iglesia cuatro moros exentos de todo tributo, le confirma este privilegio. Esta nueva carta nos esplica en qu clase de obras se empleaban los cuatro moros, pues dos de ellos eran carpinteros y los otros dos albailes[340]: privilegio curioso en que descubrimos, n la falta de artfices inteligentes entre los cristianos, sino un ilustrado celo por la conservacion del monumento rabe, y que nos sirve de clave para descifrar un misterio artstico hasta ahora inesplicado, saber, cmo se ha perpetuado tan ntegro hasta la poca de la nueva catedral ese monumento de los siglos octavo y noveno, y quines fueron los que trabajaron en las admirables restauraciones moriscas que mas adelante tendremos que notar en la Capilla Real sacrista de la antigua Capilla mayor. Bien se comprende por otra parte esa ilustrada tolerancia artstica, tan impropia de un siglo inflexible en toda Europa con respecto las formas de su f, en el inmortal autor de las Partidas, cuya prematura tolerancia literaria fu escndalo de los mismos genios del gran siglo XV. Este privilegio recibi en los aos siguientes varias confirmaciones, y habiendo usurpado en vida de su padre el gobierno del reino el impaciente y bravo D. Sancho, hallamos una carta firmada en Crdoba 25 de octubre de la era 1320 (ao 1282), por la cual vemos habia adquirido mayor estension, puesto que en ella se confirma que todos los moros que viven en la ciudad, sean n maestros en los oficios de albailera y carpintera, tengan obligacion de trabajar dos dias en el ao en la obra de la iglesia. Este singular documento dice as: El cavildo de la Eglesia de Sancta Mara me mostraron una carta del rey en que mandava que todos los moros forros et annaiares (_carpinteros_) et alvanns (_albailes_) et serradores et todos los otros que labrassen en la labor de la Eglesia sobredicha dos dias en el anno. Et agora el cavildo de la Eglesia de Sancta Mara querellseme que los moros que non son maestros que non quieren y labrar, porque dizen que lo non dizia en la otra carta que les el rey di primeramient, et despues que ge lo mostraron et que les mando dar su carta con su sello colgado, et mando que tambien los moros maestros como todos los otros de la villa fuessen labrar dos dias en el anno en la lavor de la Eglesia, et que me pidiese merced que mandasse y lo que toviesse por bien. Onde vos mando vista esta mi carta que veades la carta que el cavildo tiene del rey con su sello colgado en esta razon, et conpldgela en todo segund que en ella dize, etc. Dada en Crdova XXV de octubre, era de mill et CCC et veinte annos. Yo Roi Diaz la fiz escrevir por mandado del Infante, etc. (A. D. 1282)[341] Esta medida no parece ya dictada esclusivamente por un respeto ilustrado al monumento sarraceno, sino mas bien como contribucion de sangre en desagravio de las pasadas injurias hechas por los mahometanos los cristianos en la misma mezquita. No eran en efecto todos los muzlimes que habian quedado en la villa tiles como artfices, cual podian serlo los albailes, carpinteros y aserradores; pero, cmo no disculpar en cierto modo pasiones por otra parte fecundas en gloriosas hazaas, en una poca en que el celo religioso era tan activo, y en que aun vivia el recuerdo de los dias de llanto y luto, durante los cuales el mas altivo burlador de la humanidad y del cristianismo habia dado por cimiento al ensanche de la Aljama argamasa remojada con lgrimas, sudor y sangre, de cautivos gallegos y leoneses[342]? Cuntase que el mismo S. Fernando, recien purificada la mezquita, hizo restituir la catedral de Santiago, en hombros de infieles, las campanas que Almanzor habia hecho llevar Crdoba en hombros de cristianos. Estas represalias eran entonces admitidas como justas, y no se consideraba en ellas mas que el desagravio de la religion ofendida. Pero conviene no olvidar que los enemigos del nombre de Cristo, as moros como judos, daban con su conducta en Crdoba harto motivo para ser tratados con dureza. Con los judos habia menos rigor, y sin embargo, qu desmanes no cometian unos y otros? Favorecidos por la semejanza del trage, pues debe suponerse que todos, cristianos, muzlimes y judos, vestan casi lo mismo, robaban los hijos los cristianos que se ausentaban de sus casas para proseguir la guerra contra los infieles; los muzlimes para s para mandarlos sus correligionarios de la frontera, y los judos para vendrselos los muzlimes. Este nefando trfico no era nuevo entre los prfidos judos; en el primer tercio del siglo IX los israelitas de Francia, codiciosos como todos los de su raza, alentados por los escesivos privilegios de que gozaban, lo habian introducido en Espaa vendiendo en la corte de Al-hakem I muchos prvulos robados allende el Pirineo, despues de ejecutar en ellos todo gnero de maldades y torpezas[343]. Habiendo estos crmenes retoado despues de la conquista, con ocasion de vivir juntas dentro de Crdoba gentes de tan opuestas religiones, tuvo que mandar severamente el pontfice Gregorio IX al obispo en el ao 1239, que obligase los judos traer siempre una seal pblica para que en el trage se distinguiesen y fuesen conocidos de los cristianos, segun lo habia dispuesto el Concilio Lateranense. El Cdigo de las Partidas, fiel espejo de las costumbres y de las ideas de aquella poca, y mas til para ser consultado bajo este concepto que como norma de la vida pblica y privada de los hombres del dcimotercio siglo, cuya aquiescencia no obtuvo, nos esplica por qu era tolerada la maligna gente judica pesar de estos atentados. La razon porque la Eglesia, et los emperadores, et los reyes et los otros prncipes sufrieron los judos vivir entre los cristianos es esta: porque ellos viviesen como en cautiverio para siempre, et fuese remembranza los homes que ellos vienen del linage de aquellos que crucificaron nuestro Seor Jesucristo. Solo para que se cumpliese la divina promesa de su dispersion y cautiverio se les consentia morar entre cristianos; pero para que de su trato y comunicacion no se originasen males semejantes los que ahora se padecian, tenian asignado para sus viviendas un barrio separado, con el nombre de _judera_, y se les obligaba llevar un distintivo especial. Eludian no obstante el precepto, y fu preciso que renovra el mismo mandato Inocencio IV, en 1250, de resultas sin duda de nuevas quejas de los cristianos[344]; y debieron los muzlimes ser acusados de iguales delitos, puesto que se hizo estensiva ellos la obligacion de llevar en el vestido una seal para ser reconocidos y diferenciados de los cristianos y de los israelitas[345]. Ademas de estos robos y torpezas cometian otras infracciones, pues se negaban cumplir los privilegios otorgados la iglesia catedral de Crdoba por D. Fernando III y su hijo D. Alfonso, en los cuales se mandaba que los judos y moros que comprasen heredades de cristianos en todo el obispado, pagasen cumplidamente el diezmo como si los cristianos las poseyeran, y lo mismo de las heredades que arrendasen[346]. Resistieron muzlimes y judos esta prestacion forzosa; querian los vencidos ser de mejor condicion que los vencedores; y eran contnuas las quejas del obispo y del cabildo por la obstinacion de ambas sectas. No era solo el diezmo lo que repugnaban: negbanse tambien pagar todos los demas tributos que satisfacian los cristianos. Consta de un privilegio que estos contribuan la Iglesia con cierto derecho por razon de las fincas urbanas en que habitaban; y el mismo instrumento nos informa de que los judios y moros no querian pagarlo[347]. Puesto que hemos hecho mencion de las cartas y privilegios relativos los tributos y prestaciones especiales impuestos los muzlimes que permanecian en Crdoba con los cristianos despues de la reconquista, no sera ahora fuera de propsito echar una rpida ojeada sobre el estado y condicion de las personas de la secta vencida, si tuviramos los datos suficientes para hacerlo. Pero son tan escasos en esta materia las crnicas y los antiguos documentos legislativos por lo que respecta Crdoba, que casi nos atrevemos asegurar no hay para semejante tarea mas nociones que las que de s arrojan los pocos instrumentos que hemos citado. Hallbanse los mahometanos de las provincias reconquistadas en situacion anloga la en que habian vivido los cristianos que por no poder desamparar sus casas quedaron cuando la invasion agarena sujetos los muzlimes? En unas ciudades s, en otras n. Vasallos y tributarios de sus dominadores por regla general, habian los mozrabes disfrutado de cierta libertad profesando pblicamente su religion, y gobernndose en todo lo relativo al rgimen civil segun las estipulaciones concertadas al admitir el yugo sarraceno. Nunca habian quedado enteramente merced de los invasores, ni aun en aquellas pocas poblaciones que habian hecho tenaz resistencia y que habian sido tomadas viva fuerza, porque no eran asaz numerosas las huestes agarenas para poblar y conquistar un tiempo, y no les convenia ahuyentar los naturales con la servidumbre. Eran, s, en las mismas ciudades ganadas por capitulacion frecuentes las persecuciones contra los mozrabes cuando la tirana la razon de Estado arrollaban la barrera de los convenios, y entonces la suerte de los vencidos seguia todas las alternativas del capricho del temor, y los infelices sojuzgados no tenian mas arbitrios que la fuga, el martirio, la rebelion, la abjuracion de su f. Pero estas eran pocas escepcionales, y ya hemos visto trascurrir largos reinados sin que los mozrabes se lamentasen de la tirana de los califas, mostrndose por el contrario demasiado avenidos y contentos tal vez con el yugo de oro de los muzlimes. En muy semejante estado quedarian probablemente los mahometanos bajo el dominio de Leon y Castilla. En las ciudades como Toledo[348], Valencia[349], Sevilla[350] y otras, tomadas por capitulacion, se observarian con los muzlimes los tratos y convenios celebrados; cuando la poblacion habia sido entrada viva fuerza, sin mas concesion, como en Crdoba, que la vida y la libertad de espatriarse[351], es evidente que los que no pudieron usar de este beneficio y permanecieron en sus casas, quedaron entregados merced de los conquistadores. En ambos casos se hacian tributarios de los cristianos; pero con esta notable diferencia, que los entregados por capitulacion conservaban derechos de que no podian ser legalmente despojados, y los rendidos la fuerza, no pudiendo alegar ningun pacto escrito, solo por humanidad y equidad no eran tratados como cautivos y no se vean reducidos ese tristsimo estado que el sabio rey D. Alfonso reconocia como _la mayor malandancia que los homes pueden haber en este mundo_[352]. Unos y otros sin embargo llevaban indistintamente el nombre de _mudjares_[353], porque nunca los piadosos reyes cristianos permitieron que los muzlimes que se habian entregado la clemencia fuesen tratados como siervos, y en rigor estos no eran cautivos. No habian sido hechos prisioneros con las armas en la mano y en la guerra misma, sino que se habian rendido y entregado merced del vencedor en medio de su triunfo, y como acogindose los sagrados derechos de la naturaleza. Pero podremos afirmar que los mudjares de Crdoba gozasen en la ciudad reconquistada del libre uso de su culto pblico, como los judos que tenian su sinagoga? No porque esta tolerancia estuviese en contradiccion manifiesta con el motivo religioso que declaraba santa la guerra contra los infieles, y hacia aplicables ella las gracias espirituales concedidas por la Iglesia las cruzadas en Oriente, hemos de concluir que no la disfrutaron los mudjares cordobeses, pues los de Toledo, Valencia y otras ciudades, la disfrutaron. Si as lo creemos, es solo por no haber mediado estipulacion espresa acerca de la conservacion del culto islamita en Crdoba, y porque no hallamos un solo documento que nos autorice creer que los muzlimes que permanecieron en esta ciudad y tierras circunvecinas con los cristianos conquistadores, se les hubiese reservado una sola mezquita en que congregarse para hacer sus azalas. As pues, si estos mudjares no vivian en la tristsima y dura condicion de los siervos, tampoco disfrutaban la libertad religiosa y demas derechos que en aquella misma poca aseguraban el fuero de Valencia los muzlimes vasallos de D. Jaime el Conquistador, y otros vasallos mas felices de Fernando, Alfonso y Sancho, las capitulaciones de Toledo y Sevilla. Tal vez se observarian con ellos aquellos mismos principios de equidad natural ya consignados en el sabio Cdigo de las _Partidas_, y la sazon aun no observados como legislacion general del reino.[354] No podria obligrseles que abrazran el cristianismo, pero seran entre ellos frecuentes las conversiones, porque abjurando la f de sus mayores, se habilitaban para gozar de todos los privilegios concedidos los cristianos de sangre pura. Tendrian sus tribunales particulares donde todas sus contiendas se decidirian por el Koran y la Sunnah; pero en los litigios con los cristianos estarian sujetos los tribunales ordinarios. Podrian santificar privadamente el dia _juma_ (viernes) como santificaban los judos el sbado; pero no podrian trabajar en pblico los domingos y demas festividades de la iglesia cristiana. En cuanto tributos, vemos que los que se les imponian eran realmente arbitrarios. Ademas del diezmo que pagaban como los cristianos, contribuan la iglesia catedral con su trabajo corporal en determinados dias, y en esto verdaderamente mas bien eran siervos que hombres de condicion libre. No sabemos punto fijo cundo caduc el privilegio de obligar todos los mudjares sin distincion trabajar en las obras de la catedral; pero nos inclinamos creer que duraria cuanto dur en Crdoba aquella clase de gente, es decir, hasta el tiempo de los reyes catlicos D. Fernando y D. Isabel. Si el islamismo, como nacionalidad y Estado, quedaba al espirar el siglo XIII arrinconado en Granada como en su ltimo refugio, acosado por las victorias de las tres grandes monarquas castellana, aragonesa y portuguesa; como reliquia y fermento duraba en todas las poblaciones reconquistadas. An habian de dar las funestas discordias de los prncipes cristianos de la Pennsula dos siglos de aliento y de esperanzas la morisma, antes que despuntasen para Granada auroras de fuego y sangre de la parte de Castilla y Aragon unidos. En tan largo perodo, los mudjares cordobeses, privados de culto pblico, sin mezquitas, sin escuelas, sin academias, irian gradualmente olvidando la ley y la tradicion, se entibiaria su celo, muchos cederian las amonestaciones y la intimidacion y se harian cristianos, otros se convertirian al judaismo; otros finalmente acabarian por vivir sin religion alguna. La arquitectura, sin empleo, decaeria entre estos degenerados muzlimes como todos los otros ramos del saber. No hallamos en la mezquita rastro alguno del arte musulman en todo el tiempo trascurrido desde D. Sancho hasta Enrique II. Los artfices de la secta vencida se emplean solo en trabajos de mera conservacion, y si toman alguna parte en la construccion de las capillas que van paulatinamente cubriendo por el interior los cuatro muros de esta famosa ciudadela del Islam, debe creerse que lo hacen mas como obreros subordinados los arquitectos cristianos, que como artistas dueos de su pensamiento. Convertida Crdoba por otra parte en plaza de armas permanente contra los infieles y trabajada ademas por las guerras de partidos, mal podia sobresalir en obras artsticas. Los ricos hombres y caballeros ocupados en funestas parcialidades en correras por las fronteras de los enemigos de la f, gastaban sus rentas en las cabalgadas, y solo cuando era preciso dar honrosa sepultura los amados restos del padre, del hijo de la esposa, y asegurar sus almas los sufragios de la iglesia y de los fieles, se acordaban de construir capillas y de fundar en ellas capellanas; lo que se verificaba casi siempre con la economa que reclamaba su capital ocupacion, la guerra. No merecen mencionarse por su arquitectura las obras de esta especie; solo los grandes recuerdos que despiertan en la mente por los hroes que en ellas estan estuvieron enterrados, hacen preciosa su antigedad, y deplorables las trasformaciones que la mayor parte han sufrido. Si de ellas hacemos mrito es nicamente por esta circunstancia, y para que el lector, al desfilar por ante sus ojos las sombras de los ilustres varones cordobeses que mas adelante vamos evocar, sepa en qu capillas oraron prosternados, y en cules se hicieron enterrar humildes tantos y tantos vstagos de los mas gloriosos linages de la Btica. Despues de la capilla que fund al apstol Santiago el obispo D. Fernando de Mesa, no hallamos en el perodo de quince aos ninguna otra capilla anterior la _segunda de S. Bartolom_, costeada en 1280 por Martin Muoz, sobrino del famoso adalid Domingo Muoz, y contigua la de su tio por la parte de poniente. No es esto decir que no se hiciese antes en la catedral cosa alguna notable. Sobre el enhiesto alminar del califa An-nasr[355] se coloc por los aos de 1278 la primera imgen del Arcngel S. Rafael que la gigantesca torre de la catedral levanta hoy la region de las nubes, y que el devoto pueblo cordobs empez desde entonces venerar en cien monumentos como su Paladion tutelar contra las pblicas calamidades. La causa segun la piadosa tradicion fu esta. Padecia Crdoba una gran peste, de la cual moria innumerable gente: el obispo D. Pascual, fiel su ministerio de pastor, previniendo con su vigilancia y celo todos los remedios corporales y espirituales para librar su grey del tremendo contagio, habia mandado que se implorase la clemencia divina con contnuas rogativas, y no cesaba de clamar Mara Santsima para que su pueblo esperimentase el saludable efecto de su maternal intercesion. Hallbase en esta ocasion de comendador del convento de nuestra Seora de la Merced Fr. Simon de Sousa, varon de singular virtud; y pidiendo Dios el mismo remedio, se le apareci el Arcngel S. Rafael, y le habl as: Dirs al obispo D. Pascual que est Dios muy satisfecho de su vigilancia y cuidado, y que por sus oraciones y las de otros fieles, y por la intercesion de su santa Madre, se ha compadecido de este pueblo. Que ponga mi imgen en lo alto de la torre de la iglesia catedral, y exhorte todos sus feligreses que me sean devotos y celebren mi fiesta todos los aos: que si as se hace, este contagio cesar de todo punto. Ejecutlo el venerable obispo, ces la plaga, y de entonces mira la poblacion de Crdoba campear triunfante en lo mas alto de su catedral, modo de gloriosa ensea, de eficaz para-rayo para los dias crticos en que fulmina sus formidables castigos el Eterno, la imgen de su santo patrono y abogado. La contempl primero sobre el elegante alminar rabe donde tremol el pendon real de S. Fernando, y luego en la torre reedificada, desde fines del siglo XVI. Seguiria la nueva capilla de S. Bartolom la clebre de S. Pablo, propia de la familia de los Godois, si fuese cierta la aseveracion de un cronista que entre los caballeros y ricos-hombres que salieron de Crdoba con el infante D. Juan recibir D. Sancho en 1284 reconocindole por su rey y seor, muerto D. Alfonso el sabio, nombra al maestre de Santiago D. Pedro Muiz de Godoy, aadiendo que _poco despues muri y fu sepultado en su capilla del apstol S. Pablo en la santa iglesia catedral_[356]. Con las capillas de S. Nicols[357], de S. Benito[358], de S. Vicente[359], de nuestra Seora de las Nieves[360] y de S. Gil[361], fundacion la primera de un devoto arcediano de Crdoba que la situ levante, en el dcimoquinto tramo de la ltima nave principal, y erigida la de nuestra Seora de las Nieves por un chantre y dos particulares de quienes no hallamos mencion particular, los cuales eligieron el octavo tramo de la primera nave principal al poniente, termina el siglo XIII su casi insignificante tarea en la mezquita de Crdoba, donde por no innovar demasiado, por no considerarse seguro el arte occidental en una ciudad espuesta todava volver caer bajo el yugo de los infieles, no realiza la arquitectura ojival ninguna de aquellas portentosas creaciones que lega en Francia S. Luis la admiracion de las edades futuras, y que el mismo S. Fernando emprende en Burgos y Toledo. No se muestra realmente en la catedral de Crdoba con su verdadero carcter la arquitectura de ese gran siglo que de su sola f sac tantos tesoros de gracia, de sublimidad y de fuerza. Pero si su arte no dej en ella una fiel estampa, dura al menos en sus tradiciones el sello de aquel espritu ardiente y celoso en las cosas divinas, que tan noblemente supo triunfar de las costumbres ideas semi-brbaras y semi-gentlicas de la edad media. Y es por cierto admirable cmo la Providencia favorecia las piadosas estratagemas de los hombres de buena intencion y viva f. Porque no siempre ocurria implorar proteccion de la autoridad y de la fuerza contra los escesos y desmanes: esto era veces lo mas sencillo: padecian, por ejemplo, la Iglesia y el estado eclesistico vejaciones y gravmenes de los ministros reales y hombres poderosos, porque tomaban violentamente las rentas de los obispados vacantes y quitaban los cabildos la libertad en las elecciones de obispos y beneficiados, imponian tal vez pechos y nuevas cargas los prelados, cabildos, abades y clero, contra la inmunidad que debian gozar por reales privilegios: y todo se remediaba quejndose al rey y pidindole la correccion de los escesos cometidos[362]. Pero cmo corregir la aspereza de las costumbres? cmo refrenar los fogosos arranques del puntilloso honor ofendido, en los mismos individuos del estado eclesistico, que, avezados esgrimir el acero en el campo de batalla, hacian como el Cid _campaa la Iglesia_ al mas ligero viso de desprecio de insulto? Un celoso obispo sin embargo[363] hall un medio ingenioso para corregir el desacato de las ofensas personales entre eclesisticos. Conociendo la ineficacia de las penas puramente cannicas, imagin celebrar con el cabildo un Estatuto en virtud del cual, todo individuo del clero catedral, fuese dignidad, cannigo, racionero medio-racionero, que injuriase otro en la iglesia, ciudad obispado, tenia que pagar al obispo y al cabildo _un buen y cumplido yantar_. Este Estatuto, acordado en 5 de marzo de 1298, persever hasta el ao de 1366, y aunque nada nos dicen los cronistas cordobeses de los efectos que produjo, debemos sospechar que no sera ineficaz considerada la cuanta de la pena pecuniaria que se echaba encima el que se deslizaba en la via de las ofensas personales, pues ademas de ser en todos tiempos el bolsillo el mejor fiador de la probidad legal de los hombres vulgares, era tal el lujo introducido en las mesas en aquella poca, que para que un _yantar_ se reputase _bueno_ y _cumplido_, habia de costarle al prebendado incurso en semejante pena por lo menos la renta de medio ao. Cuntase un hecho que pinta muy bien la maravillosa asistencia que prestaba la divinidad al poder eclesistico en aquella poca en que la autoridad espiritual era la primera necesidad de las sociedades: y no queremos pasarlo en silencio. Corria el ao 1286, y era obispo en Crdoba el mismo D. Pascual antes nombrado. En este tiempo, refiere un timorato cronista, sucedi en la iglesia catedral el prodigio siguiente: Acudian muchedumbre de golondrinas hacer sus nidos en la santa iglesia, y con sus molestos cantos perturbaban los ministros de Jesucristo, al tiempo que se celebraban los oficios divinos. Con sus escrementos y cosas que traian para fabricar sus nidos, ensuciaban la iglesia y los altares. Ponian cuidado en quitrselos y derribrselos, y nada bastaba, porque como la iglesia es tan grande, cuantos remedios se hacian nada importaban. Para quitar este grande estorbo, no hallaron otro mas conveniente remedio que acudir las armas espirituales. Hzose cabeza de proceso contra ellas, formse pleito en forma, nombrando parte para que las defendiese; lleg el tiempo de sentenciarse, y la sentencia fu: que con censuras fuesen echadas de la iglesia. Cosa rara! Desde el punto que se les ley la sentencia, jams han sido vistas en esta santa iglesia, siendo sus techos tan propsito para sus nidos. Oh dichosos tiempos en que se celaba el ruido que se hacia, porque no perturbase los ministros de Dios en los divinos oficios[364]! Este hecho en s parecer ridculo los que solo miran la superficie de las cosas: emplear las armas espirituales contra las golondrinas! qu disparate! Nosotros avanzaremos mas: negaremos el hecho. Pero, aun suponiendo que esta ancdota sea invencion de algun apasionado de esas inocentes avecillas, que el vulgo cristiano mira y casi reverencia como piadosos auxiliares de la compasion del hombre hcia su Redentor clavado en la cruz y coronado de espinas, de todos modos podr entenderse como frmula de una gran verdad, saber, que nunca las armas espirituales fueron desairadas por Dios en la creyente edad media cuando se emplearon en su honra y acatamiento, y que l mismo inspir sus vicegerentes en la tierra una confianza ciega en la asistencia divina para llevar cabo obras que parecian humanamente imposibles, dndoles imperio no ya sobre los seres racionales, sino tambien sobre los irracionales y sobre la misma naturaleza inerte. Las colosales obras que llev cabo el dcimotercio siglo sin mas elementos que la f y el amor, su portentosa cruzada contra los albigenses, su cruzada pica en la Tierra Santa, las universidades que fund, los institutos religiosos que vi florecer, las gigantescas catedrales que vi erigir, los hombres eminentes que vi descollar, testigos son de esta verdad insigne: el amor divino hace fecunda la edad media, y un acto de f de la humanidad concorde basta para que salga de ella completamente armada la nueva Minerva, asistida de genios adecuados para todas las artes y ciencias. Son _santos_ todos estos genios, y no hay mas que decir, porque cada uno de ellos es un prodigio de abnegacion, de pureza y de amor. Este sentimiento enrgico es el que los hace grandes; cosa admirable! El siglo en que viven es un siglo de guerras y de sangre, de licencia y desenfreno, y el culto puro y delicado de la casta Madre del Verbo se propaga con la doctrina y el ejemplo del tierno y afectuoso Sto. Domingo, del sublime Sto. Toms, del profundo S. Alberto, del serfico S. Buenaventura, y en ps de ellos los pueblos, los reyes, los magnates y los siervos caen prosternados tendiendo los brazos hcia la hermosa Reina del cielo, clara y pura estrella de la maana, consuelo de los afligidos! El siglo en que viven es pobre ignorante en las cosas materiales, sin recuerdo de las reglas y teoras de la antigedad, y el mismo esfuerzo que hace por emanciparse completamente de la tradicion pagana le conduce un arte nuevo, imponente y gigantesco, en que bajo la direccion de genios tan privilegiados como humildes, tan amantes de la gloria del catolicismo como de su propia oscuridad, la escultura se convierte toda en espritu, sentimiento, espresion, plegaria y dolor, y la arquitectura se eleva como un himno incesante, como una oracion perpetua, desapareciendo la piedra bajo la idea, la forma bajo el concepto, la materia ante el espritu! Acercbase la mitad de su curso el turbulento siglo dcimocuarto, y casi nada se habia labrado de nuevo en la catedral[365]. Las disensiones civiles ocasionadas por las competencias sobre el gobierno del reino durante la menor edad de D. Alonso XI, las correras de Ozmin por el reino de Crdoba, las talas hechas en el mismo por el rey de Granada, las prdidas de varios pueblos y castillos, los crueles escarmientos ejecutados por el monarca adolescente en los parciales de D. Juan Manuel, eran causas harto poderosas para que muriesen de inanicion las artes en la antigua corte de los califas. La inmensa catedral recibia de vez en cuando en sus escasas capillas los inanimados despojos de los mas nobles y valerosos caballeros, muertos en deplorables lides intestinas en gloriosas algaradas y defensas contra la morisma; pero no interrumpian su solemne silencio las tareas de los bulliciosos y alegres artesanos. Ni resonaban bajo sus espaciosos artesonados los golpes del cantero, ni se oa ruido alguno de albailes y carpinteros, escepcion de la franca algaraba de los mudjares rara vez ocupados en los reparos de la gran fbrica. Desde el ao de la terrible muerte del rey emplazado (1312), seis capellanes venian cada noche decir su vigilia la capilla mayor cabe la regia huesa: como espritus del otro mundo all misteriosamente congregados, deslizbanse silenciosos por las largas y tenebrosas columnatas, murmuraban su rezo, y volvian dispersarse. Todos los aos cumplia el cabildo por el mes de setiembre el aniversario fundado por la aterrada D. Constanza; y por espacio de trescientos sesenta y cinco dias con sus noches, hasta cumplirse el ao de la muerte de D. Fernando, habian constantemente ardido cuatro cirios sobre la misma sepultura, yendo diariamente el obispo y el cabildo decir su responso por el alma del malhadado rey. Memorias fnebres, ceremonias lgubres, ocasiones repetidas de lgrimas y lamentos para los amigos y deudos, de exaltacion y mayor encono para los enemigos, son casi las nicas dedicaciones que ocurren en la iglesia mayor hasta el reinado de D. Enrique el Bastardo. Solo cuatro capillas se edifican en este desgraciado perodo, la de _S. Ildefonso_, al poniente, en 1347; la de _nuestra Seora de la Encarnacion_, al sur, en 1365; la de _S. Pedro_, tambien al sur, en 1368; y la de _Sancti Spiritus_, al poniente, en 1369. Fund la de S. Ildefonso el obispo D. Fernando Nuez de Cabrera, que tres aos despues falleci y fu enterrado en ella, cubriendo su humilde sepultura una pequea lpida de mrmol blanco que dice as: _Aqu yace el muy reverendo Sr. D. Fernando de Cabrera, obispo de Crdoba, que Dios haya_. D. Martin de Argote su sobrino, tambien obispo de Crdoba, fu enterrado en la misma capilla por los aos de 1362, y yacen sus despojos bajo otra lpida no menos humilde, con inscripcion igualmente sencilla. Ultimamente, yace asmismo en ella el infeliz Pedro de Cabrera, quien mand degollar el rey D. Pedro el Cruel juntamente con D. Fernando Alonso Gahete, por haberse pronunciado partidario de la desgraciada reina D. Blanca[366]. La de nuestra Seora de la Encarnacion fu cedida por el cabildo Vasco Alfonso de Sousa[367], caballero portugus de gran cuenta, segun se colige de la curiosa inscripcion que se conserva en dos arcos al lado de su altar, y que dice as: _Esta capilla dot el muy honrado caballero Vasco Alfonso, el cual vino de Portugal mozo e trjolo D. Juan Alfonso, seor de Alburquerque, que era su tio, el cual trujo los reyes, e fu alcalde mayor de Crdoba, e cas con D. Mara, fija de Gomez Fernandez, seor de Santofimia: e este Vasco Alfonso fu padre de D. Juana, madre del duque D. Enrique, fijo del rey D. Enrique el primero_ (entindase D. Enrique II el Bastardo), _y este duque est sepultado en una tumba dorada debajo del arco dorado que est en la capilla del altar mayor, e padre de Diego Alonso de Sosa, que est sepultado en esta capilla con sus padres, padre de Juan de Sosa, veinticuatro de Crdoba, el cual es patron y administrador desta capilla para l e para los que dl descendiesen, el cual mand facer esta bveda de enterramiento, el cual mand escrebir aqu esta memoria ao del Seor de mil e quatrocientos y ochenta y dos aos, jueves 3 de enero_. La capilla de S. Pedro fu fundada por el valeroso caballero D. Alonso Fernandez de Montemayor, adelantado mayor de la frontera, en el magnfico vestbulo del mihrab que le di al efecto el cabildo en reconocimiento de la herica defensa que hizo de Crdoba contra los ejrcitos combinados de los reyes D. Pedro el Cruel y Mohamad de Granada. Felizmente al erigir esta capilla para nada se toc su decoracion peregrina: lo nico que se hizo fu arrimar el altar la fachada del mihrab santuario, y destinar sin duda este sacrista, adornando los entrepaos de sus paredes con imgenes pintadas, que en cierto modo es doloroso no se conserven hoy siendo tan escasas en Espaa las reliquias de la antigua pintura mural cristiana. El magnnimo fundador yace enterrado en medio de esta capilla, en una sencilla urna de mrmol, en cuyo tablero superior se ve solamente la banda de Castilla atravesada, entre dos dragantes: armas que tom su padre D. Martin Alonso de Crdoba venciendo al rey de Granada en el memorable sitio de Castro el Rio, en 1333. Cerca de su tumba en una pequea lpida se le un epitfio que dice: _Aqu yace la noble seora D. Leonor Bocanegra, nieta del adelantado D. Alonso Fernandez, seor de la casa de Montemayor_.[368] Habia en esta capilla fundadas doce capellanas, y era su patrono el conde de Alcaudete, de cuyo estado fu tambien fundador el famoso adelantado. El cabildo concedi las casas de los seores de Alcaudete, de Aguilar, de Lucena y de Guadalczar, del apellido de Crdoba, y los descendientes de este glorioso tronco, la honrosa distincion del _doble de la cepa_,[369] que consiste en hacer por ellos el doble toque de campanas con la principal de la torre, la cual acompaan otras tres. Fules este privilegio concedido en conmemoracion de la famosa defensa de Crdoba: cmpleseles religiosamente hoy dia; y el viajero advertido que recorre nuestras antiguas ciudades en busca de recuerdos consoladores, que la moderna civilizacion no le ofrece en las bulliciosas crtes, al oir el melanclico y grave taido que por la desierta ciudad se difunde como voz que se dirige las actuales generaciones desde la augusta mansion del eterno reposo, cree escuchar sentidos y varoniles acentos de reconvencion de los antiguos hroes de la monarqua castellana, y bendice la piadosa constancia que nos los conserva y perpeta, en medio de un siglo incrdulo y disipado, solo atento los goces materiales, y consagrado pulverizar y entregar al olvido sus venerandos despojos, sus preciosas memorias, y los saludables documentos de su honor y de su f. La capilla de Sancti Spiritus se fund contigua al vestbulo de la antigua catedral por el mediodia, por Diego Fernandez de Crdoba, quien cedi ese sitio el cabildo. Luego el primer marqus de Comares, tercer nieto del Diego Fernandez, la di Luis de Angulo, su tio, veinticuatro de la ciudad, de quien la hubieron los marqueses de Guadalczar, sus descendientes. A esta capilla de Sancti Spiritus se traslad por los aos de 1523 la que con el ttulo de S. Lorenzo habia fundado en 1298 el arcediano de Castro D. Sebastian Ruiz para su entierro y el de los seores deanes, y entonces perdi su ttulo primitivo por el de S. Lorenzo[370]. El ao mismo que se fund esta capilla subi al trono de Castilla el fratricida D. Enrique, con cuyo advenimiento sosegados los partidos, recobraron algun aliento las artes. Deseoso este rey de cumplir la ltima voluntad de su padre el vencedor de Benamarin, que yacia depositado en la capilla real de Sevilla, y de darle un enterramiento digno de su esclarecido renombre, mand fabricar espalda de la capilla mayor, en la misma tribuna rabe que le servia de sacrista, una capilla real, y resolvi colocar en ella no solamente el cuerpo de su padre D. Alonso XI, sino tambien el de su abuelo D. Fernando el Emplazado, que yaca en la capilla mayor, donde lo habia hecho enterrar la reina D. Constanza. No debi ser de larga duracion esta obra, porque lo nico que se hizo fu reformar el cuerpo inferior de la referida cmara, demoliendo su antigua decoracion de estuco y poniendo en su lugar la que ahora se observa, que, pesar del cuidado con que se llev cabo esta restauracion siguiendo el estilo sarraceno, se distingue perfectamente de la obra morisca por las armas de Castilla y Leon esculpidas entre los florones de su tracera, y por la misma ejecucion de la labor, menos concluida y menos brillante que la de los artfices de Almanzor. Seran probablemente moros mudjares los que la hicieron, y acaso de los mismos que tenia la catedral su disposicion por el privilegio atrs mencionado. Obra de mero ornato, no tiene importancia sino para el estudio del gusto de la poca, en que, como luego veremos, reinan dos estilos enteramente opuestos, el del sarraceno conquistado y el del cristiano conquistador, pero adoptado aquel con preferencia por los que rigen y gobiernan la escandalizada gente castellana. Su distribucion es la siguiente. Hay hcia el medio del lado de levante un arco formado de bovedillas estalacticias, ligeramente apuntado, de bastante profundidad, encerrado en una especie de arrab de estuco dorado formando ramos bellamente entretejidos. Termina el arrab recuadro por la parte inferior en una ancha faja, que corre ambos lados sobre un alto zcalo de menudo y vistoso alicatado, y entre sus complicados adornos de relieve se forman crculos que ocupan las armas de Castilla y Leon. Al lado derecho campea sobre esta misma faja un arco ornamental de once lbulos, encerrado en otro arrab cuajado todo de tracera relevada, sostenido por dos muy ligeras columnillas entregadas en el muro. Junto este hay otro arquito, mucho mas bajo, de siete lbulos, tambien ornamental, y sostenido en columnillas del mismo estilo que las anteriores, llevando encima un escudo con las armas referidas. El lado izquierdo ofrece igual decoracion, con la sola diferencia de ser dos los arquitos de siete lbulos, por tener el lienzo de pared mayor estension este lado, y de llevar el mas inmediato al ngulo N-O en vez de escudo un adorno de menudsimo calado. En la pared de enfrente hay una distribucion anloga, con un arco central profundo y arquitos figurados y angrelados los lados, con columnillas la manera gtica, en las cuales se deja ver desde luego que esta decoracion no es de estilo morisco franco y decidido, sino de un gusto bastardo en que se asocian elementos heterogneos, propios de los dos artes oriental y occidental. En esto quizs, mas bien que la falta de pureza en el arte que tradicionalmente practicaban los artfices mudjares, debemos considerar una concesion hecha por el estilo favorito de la corte al celo sacerdotal, resentido tal vez, y con razon sobrada, de que se erigiese una Capilla Real sin contar para nada con el magestuoso estilo del occidente. Ejecutada la obra que ligeramente hemos descrito, mand D. Enrique el Bastardo trasladar esta capilla con regia y solemne pompa los cuerpos de su padre D. Alfonso XI y de su abuelo D. Fernando el Emplazado, que descansaban, el primero en la capilla real de Sevilla, y el segundo en la capilla mayor de la misma catedral de Crdoba, donde lo habia hecho enterrar, segun queda dicho, la reina D. Constanza. No sabemos qu lugar ocuparon los dos regios cadveres; posible parece que se destinran cobijarlos los dos arcos rehundidos que vienen ocupar el centro de los dos lienzos de oriente y poniente, donde vemos hoy dos altares. Ni hemos podido rastrear tampoco qu paradero tuvieron las arcas de madera en que yacan, y que algun autor supone de talla preciosa atendido el estado de la escultura en la poca en que se labraron. Las que hoy se conservan dentro de los sepulcros de jaspe que pocos aos h se les dieron en la Colegiata de S. Hiplito, no pueden ser las primitivas, porque son enteramente lisas y no corresponden ni aquellos ilustres personages ni la costumbre de aquellos tiempos. Volvamos al carcter de la obra de D. Enrique. Sorprende en verdad que teniendo Espaa en el siglo XIV una arquitectura tan bella, tan gallarda, tan cristiana en su fisonoma como la gtica del segundo perodo, fuese ese rey servirse de la sarracena para labrar la capilla real de Crdoba; pero si bien lo consideramos, este hecho nada tiene de estrao. La aficion las ideas y costumbres islamitas no es como vulgarmente se cree carcter distintivo y peculiar de aquel otro rey tirano quien motej de renegado su pueblo porque le vi dado la poligamia, inclinado sangrientas venganzas, acompaado siempre de una escolta de moros granadinos, y viviendo en un alczar de voluptuosa y oriental decoracion como la Alhambra. No es solo D. Pedro el que prefiere la cultura morisca la cristiana. En la fisonoma particular del siglo XIV es una faccion muy principal la divergencia entre las ideas nacionales populares las ideas de la corte, y este antagonismo se observa mas marcado en Espaa que en ningun otro pais. En el siglo que inaugura la era moderna es biforme entre nosotros la espresion de todas las grandes ideas sociales: la religion, la poltica, la literatura, el arte, se formulan de dos maneras enteramente opuestas en la corte y entre el pueblo: frmula nacional y popular, catlica, esclusista y celosa por un lado; frmula de corte y gabinete, filosfica, reformista, incrdula, tolerante y sin celo, por el otro. La corte y el pueblo piensa en todo de distinto modo: la corte es escptica y el pueblo es creyente; la corte transige con los dos implacables y constantes enemigos del cristianismo, los pueblos mahometano y judico, y la nacion anhela su completo esterminio; la poltica de la corte ajusta paces con el rey de Granada para mover guerra al de Aragon, y la poltica nacional abandona al renegado su descabellado empeo protestando de todas las maneras posibles contra la violencia que padece; la corte ama una literatura impregnada de sensualismo y un arte seductor y pagano, y la nacion prefiere la nervuda y varonil literatura de sus romances y el arte austero, mstico y sombro, florecido la sombra de los claustros. Tampoco debemos sorprendernos de hallar en muchas construcciones de los siglos XIV y XV la amalgama de los dos artes gtico y sarraceno. Las artes, por lo que tienen de prctico y consuetudinario, se prestan la fusion de los mas opuestos caractres; no son como las teoras abstractas, entre las cuales puede haber antagonismo perptuo sin tentativas de aproximacion y concordia; y dos estilos arquitectnicos, en su razon filosfica contrarios, apenas pueden coexistir sin una recproca inoculacion de formas. As como el famoso alcaide de Antequera[371] no dejaba de ser el terror de los agarenos por presentarse en las lides _tocado la morisca_, del mismo modo podia ser cristiana la idea que motivaba la construccion de que vamos tratando, pesar de ser pagano el estilo en que se realizaba. La clase sacerdotal sin embargo, mas unida en sus tendencias con la masa nacional que con la corte, repugnaba estos recuerdos de cultura profana. Era el monarca el que costeaba la obra y habia que aceptarla tal como se le daba; pero siempre que el clero podia obrar con independencia, imponia como cnon para las construcciones sagradas la severa y magestuosa forma ojival, verdadero emblema de sus pasados triunfos. La arquitectura oriental en la Espaa reconquistada aparece pues dominadora y esclusiva en las principales construcciones palatinas; en las religiosas, menos exigente, tiende combinarse con el estilo occidental, produciendo un estilo hbrida; solo las fbricas propiamente monsticas la escluyen completamente. Pero el estilo popular y el de la corte luchan en el terreno del arte como en el de la poltica, en el de la religion y en el de la literatura, hasta que en la gran contienda queda por fin el principio espiritualista vencido en el siglo del _renacimiento_. Esto hace que en las antiguas ciudades de Andaluca, donde la larga prctica del pais favorece la conservacion del estilo oriental, y donde por consiguiente es mas interesante y empeada la lucha, sea mas dificil que en el resto de la monarqua distinguir y caracterizar las diversas pocas del arte monumental. Solo en los tiempos de f incontaminada y pura toma el arte aquel carcter decidido y significativo que revela claramente primera vista la idea que le ha dado el ser. Pero cmo prometerse semejante carcter de pureza del arte de unos tiempos como aquellos en que manchaban el solio de S. Fernando el concubinato, la tirana, el fratricidio, la disipacion, la impotencia, y desdoraban los timbres de los mas ilustres linages la venalidad, la adulacion, la traicion, el lenocinio? El siglo en que comienza para Europa la era de la division y del individualismo, en que al grandioso pensamiento que llev S. Luis morir en las playas africanas, en defensa comun de la cristiandad, se sustituye la mezquina poltica de rivalidades que termina en el sistema moderno del equilibrio europeo; el siglo en que la humanidad, poseida de un vrtigo de independencia, rompe el ureo lazo de la fraternidad y unidad catlica y se entrega al inmoderado ejercicio de sus facultades aisladas, no es siglo en que puede aspirar grandes creaciones un arte como la arquitectura, que h menester mas que otro alguno de esfuerzos colectivos y de unidad de pensamiento. En Espaa, ya lo hemos dicho, la nacion y el gobierno siguen sistemas opuestos en poltica, en literatura, en artes: D. Juan I, D. Enrique III, D. Juan II, D. Enrique IV, que suceden los dos hermanos enemigos D. Pedro y D. Enrique el Bastardo, en cuyos reinados se marca mas particularmente el apego de la corte las costumbres y artes islamitas, erigen es cierto monumentos religiosos muy notables en que brilla el sistema occidental denominado _gtico_; pero para sus alczares y construcciones palacianas prefieren la arquitectura oriental. El mismo estilo gtico de estos tiempos se muestra en visible decadencia, comparado con el sistema imponente, augusto, sacerdotal y solemne de la poca de S. Luis y S. Fernando, y hasta la gala y riqueza de que aparece sobrecargado es seguro indicio de que el antes sencillo y grave hijo del claustro se ha vuelto jactancioso y presumido en el roce de la corte. El mundo europeo, insensible las cuestiones de causa comun, mal puede interesarse en el progreso de un arte que naci y creci comun. La grande poca de la arquitectura occidental es el siglo XIII: los dos siglos que le siguen se consumen en esfuerzos estriles, en agitaciones infecundas, en tentativas ilusorias, contradictorias entre s, sin carcter, sin plan, sin forma, en que todo es indeciso imprevisto. La poca que media desde la ltima cruzada hasta el descubrimiento del nuevo mundo es poca de confusion y caos, en cuyo fondo sin embargo duerme el sueo de la gestacion el mundo moderno. Es por consiguiente de transicion el perodo que el arte va recorriendo en todas las naciones europeas desde los tiempos del rey santo, y del mismo modo que en el orbe poltico se van lentamente formando las diversas nacionalidades, en el orbe artstico van pronuncindose gradualmente las diversas fisonomas monumentales de las crtes centros de gobierno, que slidamente se constituyen y engrandecen costa del sistema general, catlico y popular. En una cosa convienen sin embargo todos los nuevos sistemas nacionales, y es en la ausencia del carcter religioso. El inters religioso es en este perodo de transicion el mas postergado por las naciones cristianas, y la catlica Espaa, si no pierde de vista completamente los deberes que su f le impone, parece al menos no curarse de ellos sino de tarde en tarde, cuando puede utilizarlos como derechos en pr de su ambicion particular. Este perodo interesante y trabajoso de la formacion de las nacionalidades y su emancipacion del centro religioso, que abraza los dos siglos XIV y XV, merecia un estudio especial que no presta campo la historia del monumento que estamos describiendo. Pero conviene no perder de vista el espritu de esta poca singular, tan dramtica en sus diversas escenas, tan fatal por la uniformidad con que se cumplen los designios de la Providencia en todas las naciones europeas un mismo tiempo, para saber apreciar los esfuerzos aislados de un arte que, estrao ya al poderoso resorte de la civilizacion religiosa, tiende formularse de una manera local como los idiomas, como las costumbres, como las legislaciones, medida que el sentimiento nacional se exalta y el individualismo poltico triunfa costa de mil sangrientas batallas. A la unidad ha sucedido la diversidad en la Europa toda: al sentimiento religioso el sentimiento patritico: decaen las enseanzas de la escuela catlica, y empieza surgir el racionalismo en los nebulosos cerebros de Juan de Paris y Guillermo de Occam; ocupan los reformadores la brecha abierta por los racionalistas, y los atrevidos vuelos de la teologa se sustituyen las maravillas de la fsica, alternando con los delirios de la alquimia y de la astrologa. Arnaldo de Villanueva, Raimundo Lulio, Rogerio Bacon, Pedro de Ailly, degradan su elevada inteligencia por penetrar los misterios de las ciencias ocultas; las universidades, obsequiosas con la ambicion de los prncipes, empiezan combatir con los recuerdos de Roma antigua la supremaca de la Santa Sede, tomando parte en la deposicion de los pontfices, exagerando las regalas, dejando perder la escolstica y abandonando el cetro de la ciencia, que hasta entonces con tanta dignidad habian llevado, por mezclarse en las contiendas de los reyes con la Iglesia. Frmanse las literaturas nacionales: la clsica pagana, infecta de libertinage y seductora por su belleza, se va restaurando medida que el comercio del Bsforo reune sus dispersos fragmentos y que las galeras bizantinas depositan en Italia los intrpretes prfugos de la antigua cultura. Las deleitosas formas de la poesa gentlica van cautivando los corazones, y todos en las crtes de los prncipes pugnan por desterrar el rstico y severo atavo de la inesperta musa cristiana. Mientras Juan de Mena, Juan de la Encina y Guevara continan en Espaa el impulso pedantesco y mitolgico de D. Enrique de Villena y su discpulo el marqus de Santillana, la poesa cristiana y pura se refugia en las obras religiosas de Fernan Perez de Guzman. As las literaturas nacionales, desfloradas en su cuna por innumerables legiones de poetas materialistas que invaden las regiones del mediodia de Europa, la Italia, la Provenza, el Condado de Barcelona, Aragon y Castilla, arrastrando como bagage la artificiosa insipiencia y los afectados suspiros del coro de Helicona, fomentan la general corrupcion de las costumbres. A este renacimiento de las ideas, de la enseanza y de la literatura paganas, se agregan las heregas y el cisma para acabar con la supremaca espiritual de la Iglesia. El cisma, inaugurado por la ambicion de los prncipes y por la arrogancia de los pueblos, se perpeta por la malhadada intervencion de las iglesias nacionales. La herega, armada impetuosa al abrigo de los magnates codiciosos, truena por boca de Wiklef, de Juan de Huss y de Gernimo de Praga, y conquista cmplices en todos los Estados. Fuerza es confesarlo, aunque con dolor profundo: todo contribua al progreso de las ideas reformadoras. La disciplina eclesistica estaba relajada; los altos dignatarios daban muy funesto ejemplo; las cosas santas no eran ya respetadas; en las relaciones internacionales habia sucedido la sinceridad y franqueza la diplomacia; desaparecian lentamente las gerarquas sociales; violbase la f del juramento, grande y solemne garanta de la edad media; el inters personal, el egoismo, eran la norma de los pueblos y de los reyes; todos estos elementos de disolucion reunidos minaban el rden social, y anunciaban grandes catstrofes. Dios de vez en cuando amonestaba la Europa prevaricadora con tremendos castigos. Solo en la segunda mitad del siglo XIV visit cuatro veces la esculida y mortfera peste la floreciente region de Andaluca: la primera vez hizo presa real matando sobre Gibraltar al orgulloso vencedor de Benamarin; las otras tres produjo tan grande mortandad, que para repoblar el reino yermo de gente, fu preciso revocar en el ao 1400 la ley antigua que prohibia las mujeres contraer nuevas nupcias antes de cumplir el ao de viudez. No creca menos amenazante como castigo de la Europa pervertida la barbarie otomana. El imperio Trtaro-Mongol, perseguidor del islamismo, que por mano del formidable Genghiz-Khan habia desgarrado las pginas del libro de Mahoma, y que habia coadyuvado la grande obra de los cruzados de Occidente, abandonaba los destinos del mundo oriental. En vano el horrible Tamorlan, semejante un lgubre metoro, azotando al orbe incrdulo diestro y siniestro, desde Samarcanda hasta Delhy, y desde Moscovia hasta la China, cubre los pramos del Asia de ruinas y de sangre; los batallones turcos bajan de la region de los _Lobos_ como los aludes que se desprenden de las montaas de nieve, y sojuzgan brevemente la Persia, el Asia menor, el Asia central. La raza invencible de los hijos de Othman se precipita sobre Constantinopla, y dispersa por toda la cristiandad sus ricos despojos. Los pueblos hericos de la Hungra y de la Albania, aunque nuevos en el gremio del cristianismo, se aprestan repeler las impetuosas hordas turcas; y entre tanto oh vergenza! una de las naciones primognitas de la Iglesia, muellemente adormecida al son de las zambras moriscas, no se cuida de cerrarles la via al corazon de Europa por el califato granadino! Qu hubiera sido de la monarqua espaola, qu del catolicismo entero, si los sucesores de D. Pedro, de los Juanes y de los Enriques, hubiesen seguido la funesta poltica de aquellos, y no hubieran producido Castilla y Aragon primero, luego Espaa y Alemania de consuno, reyes que hiciesen frente las pujantes embestidas del otomano, triunfante en Belgrado y en Rodas, jactancioso en Viena, tremebundo en Lepanto? Hemos procurado abarcar con una rpida ojeada la vida pblica de las sociedades europeas en un espacio de dos siglos. Bastan estos ligeros trazos para delinear el triste fondo sobre que figuran las obras artsticas del perodo indicado. Con este tracto del siglo XIV al primer tercio del XVI coincide prximamente la historia de la catedral de Crdoba desde la obra de la Capilla Real hasta la ereccion del nuevo y grandioso crucero. Conocida la poca en general, la correspondencia entre las ideas y los hechos tiene que resultar forzosamente. Estos hechos, pblicos y privados, constituyen la historia civil y religiosa, poltica, militar, legislativa, administrativa: historia de las creencias, de la ciencia, del arte, de la literatura, de todo lo que tiene vida y accion en el cuerpo social, su inteligencia y sus pasiones. Los hechos del arte son los que narramos, y solo para darles vida, color y voz, los colocamos sobre el campo de las ideas y costumbres. ltimamente, nuestra tarea ahora se circunscribe al arte en un monumento determinado, y por la misma razon le conviene al lector, si es posible, evocar todos los recuerdos notables de la historia de este monumento[372]: Podemos ya limitarnos una rpida resea cronolgica de las obras ejecutadas en la catedral durante el perodo referido. En el ao 1377 fu restaurada la puerta principal del recinto esterior de la mezquita, llamada _del Perdon_. De esta obra, hecha segun el estilo rabe-africano, tan grato la corte en tiempo de los Enriques, hablaremos detenidamente al tratar de la decoracion mixta de otras puertas. Capilla de _S. Agustin_. La fundaron Ruy Gonzalez Mesia, comendador de Segura en la rden de Santiago, y su mujer D. Leonor Carrillo por los aos de 1384, arrimada al muro de poniente, ocupando los dos tramos cuarto y quinto de la primera nave principal. En la pared que cierra esta capilla por el lado de mediodia se ve al esterior un arco rabe con inscripcion al rededor y muy delicadas labores, ya casi borradas con las repetidas enjalbegaduras que son por desgracia tan aficionados los andaluces de nuestros tiempos. Creemos este arco resto de la primitiva fbrica de la capilla. Capilla de _S. Antonio Abad_. Fu fundada en 1385 por Ruy Fernandez de Crdoba, hermano de D. Gonzalo, primer seor de Aguilar, en la misma nave principal que la anterior y contra el mismo muro, ocupando los tramos catorce y quince. Yacen en ella el clebre veinticuatro Fernando Alonso de Crdoba, primer seor de Belmonte, y su segunda mujer D. Constanza de Baeza y Haro. Capilla de _la Cena_. Es la primera levante de las tres cmaras que constituan en tiempo de los rabes el vestbulo del _Mihrab_, y fu Sagrario desde la reconquista hasta el ao de 1583 en que se acab el que hay hoy. En 1393 7 de febrero di el cabildo la propiedad de esta capilla D. Diego Gutierrez de los Rios, seor de Fernan Nuez. Capilla de _Sta. rsula_ de las _Once mil Vrgenes_. La fund en 1398 el Dr. D. Miguel Bermudez, racionero de la santa iglesia, por donacion del cabildo, arrimada al muro del norte, en el tramo primero de la dcimosexta nave principal, pagando la fiesta las Once mil Vrgenes el obispo Gonzalez Deza. [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa Lit. de J. Donon, Madrid._ PUERTA DEL PERDON. (_Catedral de Crdova._)] Capilla de _S. Acacio_. Fu fundada por el obispo D. Fernando Gonzalez Deza en el ao 1400, junto al muro de poniente, mas abajo de la de S. Antonio Abad, ocupando otros dos tramos de la misma nave principal, y dejando entre ambas un espacio igual. El fundador fu enterrado en ella. Su sobrino el piadoso chantre D. Fernando Ruiz de Aguayo la mejor, y traslad ella los cuerpos de su madre y hermanas que yacian en la capilla de las _Once mil Vrgenes_, dotando en febrero de 1460 doce memorias por las nimas de su tio, de sus padres y hermanos, que se habian de cumplir sobre la sepultura de dicho seor obispo. En esta capilla se venera una devota imgen de _Ecce Homo_ que el fundador trajo de Roma. De aqu, segun algunos, el llamarse comunmente esta capilla _de la Sangre_; pero hay quien escribe que es debida esta advocacion un triste caso de tremenda profanacion ocurrido por los aos de 1482 con el tesorero de la catedral D. Pedro Fernandez de Alcaudete, que habiendo escondido en el Sacrificio la Hostia Sacramentada en un zapato, fu sorprendido en este abominable delito por el rastro de sangre que dej su pi en dicha capilla. Capilla de _S. Antonio de Pdua_. Es fundacion de Alonso Fernandez de Crdoba, quien la labr en el ao 1400, contra el muro de levante, en el cuarto tramo de la ltima nave principal, ocupando parte de los dos tramos adyacentes. En 1532 la dot D. Beatriz de Sotomayor, su patrona. Terminan con esta capilla las obras ejecutadas durante el siglo XIV dentro del templo. Tambien al esterior dej su huella el arte morisco bastardo, tan grato los Enriques, con la reforma que el segundo de este nombre mand ejecutar en la puerta llamada _del Perdon_, que es la entrada principal al _patio de los Naranjos_. Debi entonces variarse mucho de como habia estado desde el tiempo de los rabes. Dejando su forma al arco primitivo de herradura, se le adorn de menudas y delicadas labores de estuco, esculpiendo en los lados los escudos de Castilla y Leon; y sobre el grande arco labraron otros cinco pequeos, ornamentales y trebolados, sostenidos por seis columnas de seis pis de altura, formando cinco nichos en que se pintaron al fresco otras tantas imgenes. Esta galana y sencilla decoracion superior vari mucho en los tiempos posteriores. Eran las seis columnas referidas de finsima turquesa, segun testimonio del concienzudo Ambrosio de Morales; singularidad que merece notarse por la dificultad de hallar piezas de turquesa de tan grandes dimensiones, lo cual haria creer que estas columnas se trajeron de muy lejos, de Grecia tal vez, del Oriente, donde han solido hallarse masas voluminosas de dicha sustancia. Al rededor del arco principal se len estas dos inscripciones en hermoso carcter gtico: _Dias dos del mes de marzo de la era del Csar de mil et quatrocientos et quince aos, reinante el muy alto et poderoso D. Enrique, rey de Castilla._ _Visita qusumus Domine habitationem istam et omnes insidias enemici ab ea longe repelle, et angeli tui habitantes in ea nos in pace custodiant et benedictio tua._ Las hojas de esta puerta, obra de la misma poca, aunque posteriormente restauradas, estan chapadas de lminas de bronce primorosamente trabajado, formando artesoncillos relevados de figura exgona irregular que componen una ingeniosa labor. Sus aldabones figuran una cinta enlazada con florones enmedio, y en ella esta letra: _Benedictus Dominus Deus Israel_. Esta puerta, llamada _del Perdon_ por las indulgencias que en ella se ganaban, conduce un vestbulo magestuoso de bveda esfrica sostenida en arcos, y de este vestbulo se baja al patio de los Naranjos por nueve espaciosas gradas de jaspe azul, modernamente labradas. Continuemos la resea de las obras interiores en el siglo XV. Capilla de la _Santsima Trinidad_. Se form entre las dos capillas de S. Antonio Abad y de S. Acacio, costendola en 1401 Fernan Ruiz de Aguayo y Mara Garca, su mujer, seores de los Galapagares. En ella est enterrado un caballero de la familia de Aguayo y Manrique, que siendo marqus de Santaella y seor de Villaverde y los Galapagares, despreciando las vanidades y honores mundanos, se retir al desierto y ermitas de la Sierra de Crdoba, donde vivi santamente con el nombre de Juan de Dios de S. Antonino, y muri en olor de santidad siendo all hermano mayor, en febrero de 1788. Hubo en esta capilla un monumento curioso de la dominacion sarracena. Eran dos piedras que cubrian una sepultura, las cuales por la cara interior tenian grabada una larga inscripcion cfica, denotando haber servido de losas en un sepulcro donde se habian mandado enterrar juntos dos jvenes guerreros, que habian sucumbido peleando contra los cristianos en el ao 345 de la Egira, bajo el califato de Abde-r-rahman An-nasr. El orientalista D. Miguel Casiri tradujo y anot esta inscripcion, dando algunas noticias interesantes sobre la lengua africana mixta de rabe en que est concebida. Capilla de _S. Simon y S. Judas_. Fu labrada espensas de Ruy Mendez de Sotomayor y su mujer D. Leonor Sanchez de Crdenas, en el sitio que les di al efecto el cabildo en 9 de diciembre de 1401, contiguo al primitivo bautisterio por el lado del norte, contra el muro de poniente de la iglesia, ocupando los dos tramos noveno y dcimo de la primera nave principal. Capilla de _S. Matas_. Hoy bautisterio. La erigi en 19 de marzo de 1411, contra el muro de levante y en los tramos doce y trece de la ltima nave principal, acupando parte de las adyacentes, el cannigo y arcediano D. Gonzalo Venegas. Dcese que esta capilla qued desierta por _cierto acontecimiento que ocurri en ella_, si bien no nos refiere qu acontecimiento fu el autor de quien tomamos esta noticia; y en 1679 la pidi al cabildo para trasladar ella la pila bautismal, D. Fr. Alonso de Salizanes. Entonces las memorias de la capilla de S. Matas fueron trasladadas por el cabildo la _del Punto_. Capilla de _Sta. Ana_. Se labr junto la anterior por el lado del norte: fu su fundador y la dot el racionero Gaspar de Ganza en 1470. Tiene dos lpidas de jaspe azul colocadas en 1. de agosto de 1622 y dedicadas por el Dr. Cristbal de Mesa Corts, cannigo inquisidor de Crdoba y el racionero Andrs de Mesa, su hermano, la memoria del caballero D. Andrs de Mesa, del hbito de Santiago y gobernador de Puerto Hrcules en Toscana, su tio, sepultado en esta capilla, y la del pontfice Gregorio XIII, protector de los mismos. Capilla de _S. Antonino_. La reedific el cannigo Diego Sanchez de Castro en el ao 1497, y no se sabe quin la fund. Su situacion es contigua la de Sta. Ins, contra el muro de mediodia, en los dos tramos ltimos de la undcima nave principal. Capilla de los _Stos. Acisclo y Victoria_. No se sabe con seguridad la poca en que se fund; pero debi ser ciertamente antes de espirar el dcimoquinto siglo, porque en los primeros aos del XVI estaba ya ruinosa. Se labr en los tramos treinta y treinta y uno de la ltima nave principal, arrimada al muro de oriente, entre el postigo del Sagrario y la puerta de Jerusalen hoy tapiada. Vemos que la brillante centuria que hizo florecer en todas las ciudades de Espaa la ltima trasmutacion del estilo llamado gtico, nada notable dej dentro de la catedral de Crdoba. Los estilos en las artes tienen como las plantas sus estaciones, sus pocas de crecimiento y florescencia; pero ninguno se puede con mas propiedad aplicar esta similitud con las vicisitudes del desarrollo vegetal, que al estilo gtico arquitectnico, pues de tal manera se advierte la riqueza de hojas y flores de su forma terciaria apuntar en la ornamentacion de la forma secundaria, y esta insinuarse en la primaria, que no parece la decoracion gtica sino un compuesto de tallos, que durante la primera poca contornan sencillamente la estructura ojival, durante la segunda se llenan de brotones y capullos, y en la tercera se cuajan de hojas y flores, torciendo con su peso la direccion de los vstagos, y hasta albergando en ellos caprichosos seres animados. Pues este rico y exuberante estilo, que cubri de frondas de piedra los botareles y pinculos de nuestras antiguas ciudades, hizo que, trasformadas las puertas y ventanas y cornisas y postes de los edificios en glorietas de florecidas enramadas, acudieran alojarse en ellas ngeles y pjaros, y jimios, y animalillos de fantsticas formas; este estilo, repetimos, no visit con su magnfica si bien decadente pompa el interior del gran templo cordobs; solo en su trio dej una ligera huella. En el siglo XV, en efecto, debieron construirse los machones que sirven de refuerzo en los dos prticos de oriente y occidente, y que cortan ambas arqueras rabes en tres crujas de tres arcos cada una; la mayor parte de la cornisa que sostiene el alero, en que solo se conservan trechos algunos canes modillones de la fbrica primitiva, alternando con las molduras del estilo ojival; y por ltimo las repisas del mismo estilo que sostienen las canales de desage de los estribos, entre las cuales se distinguen tres preciosas grgolas de ingeniosa forma, y sobre todo, un ngel que sirve de mnsula, con las rodillas dobladas y las manos juntas, tan bello por su espresion y por el estilo de su ropage, que no estar en aquel silencioso y mstico paraiso del _patio de los Naranjos_, donde parece imposible se hagan sentir jams las inclemencias del invierno, causaria lstima verlo espuesto la accion destructora de las brumas y las nieves. Linda creacion de un genio ignorado, quizs de un mero artfice rutinero, cunta animacion ds t ese humilde rincon en que nadie repara, y cunto hablas al alma del viajero creyente, que as como suele encontrar los destellos de la virtud en los mas pobres hogares, halla veces las perlas del arte en los olvidados escondrijos, donde solo las acompaan las sencillas aves y los aromas de las silvestres flores! [Illustration: Dibdo del nat.al y lit.do por F X Parcerisa Lit de J J Martinez Madrid PATIO DE LA CATEDRAL. (Cordoba.)] Capilla de _S. Ambrosio_. Fu fundada y dotada por D. Juan Ruiz de Crdoba, maestrescuela de la catedral, el ao 1501, contigua la de S. Agustin en los tramos segundo y tercero de la primera nave principal. A esta capilla sigue en antigedad la de Sta. Cruz de Jerusalen; pero antes debemos hacer mencion de otras obras ejecutadas por estos aos. En 1507 se abrieron en la catedral dos puertas nuevas, una en el muro de poniente para que el obispo pudiese mas cmodamente ir y volver su palacio, y otra junto la fuente que llaman del _Cao gordo_ en el muro septentrional del patio de los Naranjos. En 1510 el dean D. Fernando del Pozo pidi al cabildo la capilla de los Stos. patronos de Crdoba Acisclo y Victoria, que estaba arruinada, para reedificarla: el cabildo se la concedi, y despues de reparada fund el espresado dean en ella dos capellanas y una sacrista, dejando al cabildo el patronato de ellas por testamento que otorg el ao 1517.--En 1512 reedificaron los descendientes de D. Pedro Muiz de Godoy por intimacion del cabildo la capilla de S. Pablo, que tambien amenazaba ruina. Pero de estas obras es sin duda la mas notable la de las puertas. Ofrece en su ornamentacion la del muro de poniente, frontera al palacio obispal y ltima en el referido muro bajando de norte mediodia, una preciosa combinacion de los dos estilos morisco y gtico florido. La archivolta del arco de herradura est adornada de arquitos de tracera trebolada que forman en la caidas graciosas flores de lis. El dintel es rabe, de dovelas rojas y blancas: las rojas de mosico de ladrillo manera de alicatado; las blancas con labores de estuco realzadas formando flores bizantinas. No es esta la nica puerta que merece citarse por la galanura del estilo mixto gtico-sarraceno; otra hay en el mismo muro de poniente en que el arrab, convertido en ligero recuadro de caas, se entrelaza con las molduras que perfilan las archivolta ultra-semicircular produciendo bellsimo efecto. De esta manera, el ancho recuadro de orgen oriental en que est inscrito el arco, pierde la pesadez que ofrece faltando el afiligranado de su fondo, y esplica perfectamente la procedencia del elegante lambel que suele encerrar el arco del dcimoquinto siglo, y que es uno de los mas caractersticos y graciosos ornamentos del gtico florido. Capilla de _Sta. Cruz de Jerusalen_. Se labr segun unos el ao 1517 en el sitio de la antigua puerta de Jerusalen, que cerr el cabildo dicho ao cuando hizo la estantera para colocar la numerosa librera que le habia legado el obispo D. Martin Fernandez de Angulo. Segun otros no se fund hasta el ao de 1578, en que se mud la librera al lugar que hoy ocupa en los cuartos altos. De todas maneras la puerta de Jerusalen, que es la primera del muro de levante, subiendo de mediodia norte, se tapi en el siglo XVI, bien para hacer esta capilla, bien para colocar la referida estantera, segun parece colegirse del acuerdo del cabildo de 7 de enero de 1517 en que se mand: que _la librera que agora se hace en la capilla de Santiago, vaya continuando... hasta dar en el adarve de la iglesia, que es enmedio de la puerta que dicen de Hierusalem_. Capilla _antigua de la Concepcion_. Se hizo en 1521, siendo su fundador el cannigo Cristbal de Mesa, en el tramo veintidos de la ltima nave principal. As veinte y ocho capillas de fbrica modesta, en que alternaban los estilos gtico y sarraceno marcando las vicisitudes del arte desde el tiempo de S. Fernando hasta el de Crlos I; todas ellas arrimadas los muros maestros de la gran mezquita, una sola al norte, nueve al mediodia, nueve levante, y nueve poniente; unos cuantos altares en los postes; una humilde iglesia de arquitectura ojival primaria, de una sola nave, aunque elevada y gallarda, enclavada hcia una de las estremidades del inmenso bosque de columnas del templo islamita, cuya capilla mayor tenia la espalda una Capilla Real de peregrina decoracion africana, seguida de otra capilla de pertenencia particular; una gran puerta de forma oriental; otras menores de estilo gtico-sarraceno, y finalmente un trio con prticos rabes ataviados en parte con la decoracion del sistema ojival terciario, completaban por los aos de 1522 el conjunto del insigne y heterogneo monumento cordobs, en el cual el arte occidental, tan magestuoso y soberbio en otras ciudades, figuraba aun como un husped tmido y encogido de su mulo y predecesor, ya de toda Europa desterrado. Por qu no habia de ocupar el templo cristiano su lugar correspondiente implantndose triunfante en el centro mismo de aquella gran selva silenciosa y muda y despoblada de altares? Por qu no habia de descollar por encima de su estensa y rasa techumbre la emblemtica mole de cuatro brazos, empinando hasta las nubes su cimborio la gloriosa ensea de la redencion del mundo? Este fu sin duda el pensamiento que anim al digno obispo D. Alonso Manrique al proponer al cabildo la construccion de un nuevo coro con su capilla mayor y crucero en el centro mismo de la mezquita. La idea fu buena, por mas que en nuestros dias sea moda censurarla afectando tal vez mas amor al arte del que se tiene: porque ni un obispo le es permitido postergar el inters religioso al inters arqueolgico, ni es probable que la suntuosa Aljama de los Umeyas hubiese subsistido contra los embates del tiempo, del fanatismo, y del esclusivismo artstico de algunas pocas pasadas, no hallarse bajo la egida del culto catlico, que, aun en los dias de mayor intolerancia y barbarie, solo ha consentido se alterase una parte mnima de sus bellezas. Lo que mas debemos deplorar fuer de amantes de las artes, no es que la nueva catedral haya venido interrumpir en el centro de la mezquita la montona repeticion de sus interminables arqueras, sino que la idea de erigir el gran monumento cristiano no hubiese ocurrido un siglo siglo y medio antes que el arte ojival llegase su decrepitud. No pareci bien nuestro prelado D. Alonso, dice un acreditado historiador cordobs, que estuviese el coro un lado de la iglesia; y as propuso en cabildo el chantre y provisor D. Pedro Ponce 22 de julio de 1521, que la voluntad del seor obispo era que el coro de esta iglesia se hiciese en el altar de Sta. Catalina, porque venia en comps en medio de la iglesia, y que estaria mejor que no donde agora estaba por ser al rincon de la iglesia, y que queria inviar por maestros de cantera, para lo facer con su consejo, y que el cabildo viese y diputase personas para que entendiesen en ello. Este gran intento se pens y consider muy despacio, y ltimamente se resolvi emprender obra tan suntuosa y costosa como se ve; y as en setiembre del ao de 23 tuvo principio el crucero, que en cien aos no se pudo acabar. Viendo la ciudad la obra empezada, hizo un requerimiento al cabildo, sbado 2 de mayo, ante Antonio de Toro, escribano pblico, _sobre el edificio nuevo que en esta iglesia se face del altar mayor, y coro, y entre coro; con que se pretendi estorbar_. Siempre las obras grandes padecen varios y opuestos dictmenes para emprenderse. La ciudad pretendia conservar la antigedad y fbrica particular que no habia en otra parte. El obispo y cabildo solicitaban hacer un crucero magestuoso aunque pereciese parte de lo antiguo. Subi esta contienda al emperador, y decidi que se hiciese la obra; pero habiendo venido Crdoba, y visto la iglesia ao de 1526, dijo: _Yo no sabia que era esto; pues no hubiera permitido que se llegase lo antiguo; porque haceis lo que puede haber en otras partes, y habeis deshecho lo que era singular en el mundo._ Si el Csar hubiese podido prever la infeliz suerte que los siglos posteriores tenian reservada tantos preciosos monumentos de la Espaa musulmana y cristiana, hoy reducidos polvo por no haberlos protegido una idea poderosa, cualquiera que fuese, de seguro no habria desconocido la conveniencia de la obra que estaba llevando cabo el cabildo de Crdoba, conservador inadvertido involuntario del arbigo edificio, puesto que el sacrificio de una pequea parte iba asegurar la duracion del todo. En 7 de setiembre de 1523 se comenz pues la nueva fbrica, dirigida por Hernan Ruiz, maestro de arquitectura el mas afamado que habia por aquel tiempo en Andaluca. El obispo D. Alonso Manrique, promotor de la obra, habia sido ya presentado por el emperador para el arzobispado de Sevilla: tambien habia sido presentado para sucederle en el obispado de Crdoba D. Fr. Juan Alvarez de Toledo, hijo de los duques de Alba D. Fadrique Alvarez de Toledo y D. Isabel de Ziga. El nuevo obispo fu confirmado en Roma 8 de setiembre, y 26 de noviembre del mismo ao 1523 di el cabildo la posesion del obispado sus procuradores el cannigo D. Juan de Crdoba y el reverendo P. Fr. Gregorio, prior del convento de S. Pablo. Entr D. Fr. Juan de Toledo en su obispado en febrero de 1525: ya el ao anterior, estando ausente, habia dado impulso la obra comenzada, momentneamente paralizada con la promocion de D. Alonso Manrique; prosiguieron los cimientos aquella primavera, y luego, habindose dedicado con empeo el obispo y cabildo buscar caudales, con gran fervor continu la obra sin interrupciones por espacio de trece aos. Contribuyeron con sus rentas la Fbrica y el cabildo, y con pinges donativos la ciudad, el duque de Cardona y otros varios personages; el duque de Sesa, que se hallaba en Roma, pidi y obtuvo que aplicase el Papa por veinte aos las vacantes de todos los beneficios de la ciudad y obispado, y que para el dia 8 de setiembre se publicase en la catedral un jubileo, fin de que la limosna y producto de todo sirviese para continuar la nueva fbrica. Tambien se dispuso que se beneficiasen favor de la obra todos los Misales y Breviarios con los demas libros sagrados que se habian impreso en Sevilla el ao 1524, y que los vasos de plata que no eran necesarios en la iglesia se vendiesen para el mismo fin. Con este poderoso fomento avanz rpidamente la obra hasta llegar las cornisas que estan encima de los arcos de las naves, y mas todava hubiera adelantado si hubiese confirmado S. S. un Estatuto que hicieron el obispo y cabildo en enero de 1529 aplicando la Fbrica de la iglesia para siempre los frutos de seis meses de todos los beneficios y prestameras de la ciudad y obispado vacantes por muerte de los poseedores. [Illustration: PLANTA DE LA CATEDRAL DE CRDOBA. a _Oficinas del Cabildo._ b _Puerta del perdon._ c _Puerta de la grada redonda._ d _Puerta del cao gordo._ e _Postigo de la leche._ f _Puerta de los deanes._ g _Puerta de S.ta Catalina._ h _Postigo de los juanes._ i _Postigo._ j _Postigo sin uso._ k _Postigo del Sagrario._ l _Postigo de S.n Esteban._ m _Postigo de S.n Miguel._ n _Postigo de palacio._ o _Puerta de las bendiciones de las palmas._ p _Puerta principal del sagrario._ _CAPILLAS._ 1 _Altar mayor de la Catedral._ 2 _San Eulojio._ 3 _San Esteban._ 4 _La Magdalena._ 5 _N. S. de la Antigua._ 6 _San Miguel._ 7 _La Epifania._ 8 _Del Rosario._ 9 _De las animas._ 10 _Santa Ursula._ 11 _Descendimiento._ 12 _San Antonio de Padua._ 13 _Santa Ana._ 14 _La Concepcion._ 15 _S.n Juan Bautista._ 16 _Paptisterio._ 17 _S.n Nicols obispo._ 18 _La Anunciacion._ 19 _De los obispos._ 20 _La Concepcion._ 21 _San Jos._ 22 _La Natividad._ 23 _La Asuncion._ 24 _La Resureccion._ 25 _San Acisclo y Victor._ 26 _S.ta Elena._ 27 _Del Sagrario._ 28 _S.n Clemente._ 29 _La Encarnacion._ 30 _San Antonio._ 31 _Santa Ynes._ 32 _Del cardenal salazr hoy sacrista mayor._ 33 _La Cena._ 34 _S.n Pedro vulgo el Zancarron._ 35 _S.n Felipe y Santiago._ 36 _S.n Bartolom._ 37 _S.n Ildefonso._ 38 _S.n Lorenzo._ 39 _S.n Acacio._ 40 _La Trinidad._ 41 _S.n Antonio abad._ 42 _N. S. de la Concepcion._ 43 _S.n Simon y Judas._ 44 _N. S. de las Nieves._ 45 _S.n Agustin._ 46 _S.n Ambrosio._ 47 _El Cristo de las penas._ 48 _S.n Andres._ 49 _La Concepcion._ 50 _Capilla de villaviciosa._ 51 _S.n Pablo._ 52 _S.n Cristobal._ 53 _Sin uso._ 54 _Del Angel de la Guarda._ 55 _S.ta Barbara._ 56 _S.ta Cruz._ 57 _S.ta Maria._ 58 _S.n Felipe y Santiago._ 59 _S.ta Lucia._ 60 _S.to Cristo del punto._ _Puntos de donde se han sacado las lminas que acompaan este tomo._] La obra que se hacia formaba en su planta una gran cruz latina por la interseccion de dos naves, tendida la mayor de oriente poniente cortando perpendicularmente las nueve naves del centro de las diez y nueve principales de la mezquita, y tendido el crucero de norte sur, en el ngulo mismo que forma el muro de refuerzo de Al-hakem con el muro de refuerzo de Almanzor. Enclavada la nueva catedral dentro de la mezquita, y en exacta correspondencia sus pilares con las arqueras existentes, no debia ser muy dificultoso desenlazar las naves antiguas para unirlas con los mencionados pilares, ni muy espuesto el levantar las bvedas bajas, puesto que se podian dirigir todos los empujes en el mismo sentido longitudinal hacindolos recaer en pilares que enfilasen con las largas arqueras rabes. Para mayor solidez existia ya la parte del mediodia la fila de machones que marcaban una de las ampliaciones verificadas en la mezquita, los cuales podian servir de contraresto la bveda del trascero y trasaltar por este lado: construyendo la parte del norte otra fila de pilares correspondiente, conformados modo de estribos, se apeaban las bvedas de aquel otro lado. La dificultad debia aparecer mas adelante, cuando se tratase de levantar las bvedas de la capilla mayor, crucero y coro, la altura proyectada. El obispo D. Leopoldo de Austria, hijo del emperador Maximiliano I, y tio por consiguiente de Crlos I, prelado de grandes nimos y no menos grande celo asociados con gustos y flaquezas de prncipe, as que tom posesion de su obispado se propuso adelantar todo lo posible la obra comenzada; llev cabo las bvedas de las naves inferiores que rodean la gran fbrica y aseguran su solidez, y para que sirviesen de contraresto por el poniente al empuje de la bveda del coro, levant dos gruesos pilares, de quince pis en cuadro en su planta, unidos por medio de sendos arcos con los dos recios machones angulares de la fachada del trascoro. Aunque este obispo tenia la puerta de su palacio una numerosa guardia de soldados con alabardas y armas de fuego imitacion de lo que en su poca solo estilaban los reyes, no le bast el augusto aliento para dar cima la gran catedral comenzada. No hizo poco sin embargo, pues ademas de lo indicado, para que no se gravase la Fbrica y continuase la obra, ofreci dar cada ao seis mil maraveds para los cantores que hasta entonces se habian pagado de los fondos de aquella; adelant ademas la construccion del muro del coro, demoliendo la capilla del obispo D. Fernando de Mesa que la impedia, y fabric en el mismo muro por la parte de afuera un gran mausoleo de alabastro con cinco nichos para los cuerpos de los cinco obispos enterrados en dicha capilla. Sucedile el obispo D. Diego de Alava y Esquivel, bajo cuyo episcopado se acab en 1562 la bveda del crucero del lado del Evangelio. D. Cristbal de Rojas y Sandoval atendi tambien muy particularmente la continuacion de la obra; la catedral en su tiempo goz para la Fbrica de cierto aumento en las rentas de pan y maraveds, llamadas _escusados_, que pagaban las parroquias desde el ao 1487 proporcion de los diezmos de cada una. La fbrica de la capilla mayor y crucero marchaba no obstante con gran lentitud por falta de caudales. El coro estaba descubierto hacia algunos aos, y padecia gran dao con los temporales. En semejante situacion, represent el cabildo al rey para que permitiese volver publicar el Jubileo antiguo, que estaba suspenso, para continuar la obra con las limosnas de los fieles; y acudi tambien al Pontfice para que concediese al obispo la facultad de absolver los casos reservados los que contribuyesen con alguna limosna para la obra de la iglesia. Ambas gracias se obtuvieron, pero por breve tiempo; mas se recogi con ellas un buen socorro para adelantar la construccion, porque estaba suspensa la cruzada. Tambien solicitaron el obispo y cabildo que concediese el Papa las annatas de los beneficios la Fbrica de la iglesia, en atencion la cortedad de rentas y muchos gastos que tenia; pero no se consigui que esta gracia fuese perptua como se deseaba. El rey D. Felipe II present D. Cristbal de Rojas para el arzobispado de Sevilla, y habiendo sido confirmado declar el cabildo la Sede vacante el 26 de junio de 1571. Antes de retirarse de Crdoba dej techada la capilla mayor de la nueva catedral, y cerrados los grandes arcos que sirven de entivo y fuerza para el crucero, como hoy aparece por sus armas labradas en la clave del arco inmediato al altar de Sta. Luca. Liquidada ademas la cuenta de las limosnas recogidas en virtud de la Bula de la absolucion de casos reservados, dej al cabildo una libranza de un millon ciento veintisiete mil y ochenta y ocho maraveds en que resultaba alcanzado, para que los cobrase de sus rentas la Fbrica de la catedral. Aunque la capilla mayor se habia techado, no estaba concluida. Esta obra y la del crucero continuaban lentamente por falta de medios, y deseando el obispo D. Antonio de Pazos y Figueroa que se terminase, el dia 9 de enero de 1584 se present en el cabildo tratar este asunto. Para ello se congregaron en la sala capitular el clero catedral y los enviados de la ciudad, que tambien deseaba ver finalizada la grande obra. Propusironse varios medios por ambos cabildos, y todo bien discutido, pareci lo mas prudente recurrir al rey; y 27 de febrero nombraron el obispo y cabildo al Dr. Diego Muoz, cannigo magistral, para que juntamente con los diputados que tenia la ciudad en la corte se hiciesen presentes S. M. y sus ministros los arbitrios que podrian tomarse para llevar cabo la empresa. Se trat de mudar los cuerpos reales de D. Fernando IV y D. Alfonso XI la capilla mayor nueva, y de otras providencias tiles; pero nada tuvo el efecto que se deseaba, y fu muy corto el socorro que se logr para la obra. Poco adelantaria esta cuando nueve aos despues (en 1593) estaba aun lejos de terminarse el crucero. El coro nuevo se hallaba tambien muy atrasado; sin embargo leemos que en este ao fu preciso abandonar el coro viejo, y que el clero empezase residir provisionalmente en las naves del altar de S. Sebastian, y no sospechamos la causa. La obra mas notable de este tiempo fu la de la torre. Ya dijimos atrs que esta fbrica era una elegante zoma alminar de setenta y dos codos de altura, obra del tiempo de Abde-r-rahman An-nasr, y que el siglo XVI la habia notablemente quebrantado por poner en ella su mano profana. Una gran tempestad acababa de completar en 1589 el acto del vandalismo artstico, que no merece otro nombre pesar de llamarse su autor Hernan Ruiz; y el peregrino edificio ya disfrazado, mutilado, desfigurado y feamente cubierto con un chapitel ochavado de madera y hoja de lata, guisa de caperuza, y despues descaperuzado por el referido temporal, estaba amenazando ruina. Reunido el cabildo en Sede vacante por muerte de su obispo D. Gernimo Manrique y Aguayo, determin en 4 de mayo de 93 que se restaurase la torre conforme al modelo y traza que el maestro mayor de las obras, Hernan Ruiz, nieto del otro del mismo nombre, le habia presentado; para lo cual se libraron de pronto mil y quinientos ducados del caudal de las Fbricas de las iglesias. Figuraba la traza ciento veinte pis de altura sobre los ciento cinco que tenia la torre, aumentando el grueso de los muros desde los cimientos por la parte esterior hasta los sesenta pis, y cerrando como caja lo antiguo del alminar que podia conservarse. De este modo se empez la obra, y para mayor seguridad fueron llamados Asensio de Maeda, maestro mayor de la iglesia de Sevilla, y otros oficiales con Juan de Ochoa y Juan Coronado, vecinos de Crdoba, quienes reconocida la construccion la aprobaron y dieron por firme y slida, segun resulta del acuerdo capitular de 24 de julio del mismo ao. No se acab de una, sino que tambien esta fbrica sufri interrupciones, y solo lleg su trmino en 1664 bajo la direccion de Juan Francisco Hidalgo. No te describo, amigo lector, su pesadsima arquitectura: en la lmina que representa la _puerta de las Palmas_ puedes tu sabor contemplarla, bien seguro de que yo no te envidio este deleite. Promovido al obispado de Crdoba D. Francisco Reinoso, en cuanto dijo la primera misa en su iglesia y recibi la visita del cabildo, pas ver la obra nueva del crucero y la fbrica toda, y admirado de la bella arquitectura del templo, se condoli de ver parada y espuesta sensibles deterioros la nueva construccion. Aunque la capilla mayor, como queda dicho, estaba ya cubierta, el crucero y el coro iban sumamente atrasados, pues por falta de caudales y por diversas dificultades propuestas sobre la firmeza del edificio, no tenia cerrado de bveda mas que el brazo del Evangelio, y lo dems no pasaba de las cornisas. Pero ni las dificultades ni la falta de medios pecuniarios arredraron este animoso prelado, y as manifest desde luego al cabildo su deseo de acabar la obra. Pidi que nombrase diputados para conferenciar con ellos, lo que ejecut el cabildo en 23 de diciembre (del ao 1597), y de la conferencia result que se celebrase una junta de los maestros mas afamados del arte para que reconociesen lo construido y trazasen el proyecto para la continuacion. En cuanto medios, ofreci el obispo dos mil ducados en el acto, y otros dos mil cada ao, con otros arbitrios que procuraria aplicar de otras fbricas. Tambien cedi tres mil ducados que debia dar su antecesor para las obras del palacio y posesiones propias de la dignidad. El cabildo en vista del fervor del prelado, y tocado de generosa emulacion, determin en 12 de enero del siguiente ao (1598) que por tres aos se diese una prebenda entera para la obra, pesar de que los aos habian sido muy faltos y los prebendados se hallaban, dice Bravo, _muy gastados_. Lo peor era que todos tenian por defectuosa la obra, y que si esta general opinion se confirmaba, de nada iban servir tan generosos sacrificios. Florecia la sazon en Valladolid un maestro de obras de gran fama, llamado Diego de Praves: era reputado por el mejor arquitecto de su tierra. Mandle llamar el obispo secretamente: acudi, diligente, y habiendo considerado despacio la obra en presencia del venerable prelado, presentse en la junta de alarifes y maestros del arte, ya congregados, y les di entender cmo se podia proseguir y llevar trmino el grande edificio. No nos dicen en verdad los analistas cordobeses en qu se fundaba la vulgar opinion de no poderse continuar la fbrica tantos aos atrs comenzada: veamos si el edificio mismo nos lo revela. La gran dificultad del arte moderno en las construcciones religiosas, admirablemente resuelta por la arquitectura ojival, vulgarmente llamada _gtica_, fu cubrir de bveda de piedra las naves mayores de los templos, dando estas luces altas y directas, y sostenindolas, no en gruesos pilares que ocupasen una grande area como en las construcciones romanas, sino en delgados y esbeltos apoyos, que obstruyesen lo menos posible el espacio destinado los fieles. Espacio grande y desembarazado, luz abundante en todas partes, techado slido y de buen aspecto, esto es, de dificil destruccion por el agua por el fuego, y de esa forma augusta tan magestuosamente adaptada por el antiguo pueblo-rey al cerramiento de los vanos en sus termas, en sus cloacas, en sus arcos de triunfo, en sus anfiteatros, en sus templos, en todos sus edificios pblicos al parecer imperecederos; por ltimo, puntos de apoyo de poco dimetro y grande altura: h aqu los datos al primer aspecto contradictorios inconciliables que tenia que reunir la arquitectura religiosa para satisfacer las necesidades del culto cristiano. Fueron menester nada menos que dos siglos de tentativas y de ensayos, con frecuencia infructuosos, para que el arte moderno llegara resolver satisfactoriamente este problema. Era preciso que no fuese ya el macizo y voluminoso pilar romano el que contrarestase el empuje de la bveda, sino que el contraresto viniese de otro empuje diametralmente opuesto y esterior, para que el pilar sobre que arrancaba el arco toral quedase simplemente reducido al oficio de apoyo y sosten de un peso obrando verticalmente. Las bvedas hacen su empuje en sentido oblicuo, y se sostienen oponiendo resistencias oblicuas: este fu el luminoso principio en que fund el arte ojival todo su sistema de equilibrio. Reconocise al propio tiempo que el arco romano de medio punto hacia un empuje demasiado considerable para poderlo levantar grande altura sobre muros delgados pilares aislados, especialmente en naves muy espaciosas, y se sustituy al arco de plena cimbra el arco ojival apuntado: renuncise por completo la bveda cilndrica, cuyo empuje contnuo exigia un contraresto tambien contnuo, y colocando en los pilares todos los puntos de resistencia, se procur que recayesen en ellos todo el peso y todo el empuje de las bvedas: el peso en los pilares interiores, y los empujes al esterior del edificio en otros pilares mas slidos, ligados con los puntos de arranque de la bveda por medio de arbotantes. Para dar mas asiento y aplomo estos pilares esteriores, propiamente hablando _botareles_, se les agreg un suplemento de peso que se convirti en breve en motivo de elegante y rica decoracion. Descubierta la nueva ley de los empujes y resistencias oblicuos, y ensayado con facilidad el medio de llevar al esterior del edificio los empujes de las bvedas y sus contrarestos, y de reducirlos puntos determinados, estaba hecho todo: entre los puntos de arranque de cada bveda podian abrirse grandes ventanas, las bvedas ojivales podian elevarse considerable altura, los pilares maestros del interior del templo podian adelgazarse cuanto se quisiera, no habia en rigor necesidad de muros, toda la construccion se reducia una especie de armazon elstica sostenida por la ley del equilibrio, y los arquitectos de la edad media, en suma, habian descubierto el modo de trasformar los templos en bosques de piedra y sus pilares en rboles; pues no de otra manera que las poderosas ramas que sostienen una leve cortina, se juntan y entretejen los robustos nervios que sostienen los ligeros cascos de bveda, ni parecen otra cosa las pintadas vidrieras que ocupan casi todo el vano entre pilar y pilar, que recamados y vistosos tapices colgados de rboles para una fiesta. Nada hay falso sin embargo en semejante sistema de construccion, porque el edificio manifiesta desde luego en su aspecto esterior toda su osificacion interna: el templo gtico es la baslica latina engrandecida, embovedada, y fortalecida con botareles y arbotantes. Pero sin arbotantes, la bveda gtica espaciosa no es posible, porque los pilares sobre que arranca no tienen fortaleza bastante para contrarestar los empujes oblicuos; y sin embargo, el arquitecto que habia trazado la obra de la catedral nueva de Crdoba se habia propuesto en un temerario alarde de su ciencia, levantar sin arbotantes mas de ochenta y ocho pis de altura bvedas por arista de cincuenta pis de vuelo. La gran mole levantada sobre la techumbre de la mezquita con su inmensa cpula en la interseccion de la nave mayor con el crucero, debia estribar toda en los diez y ocho pilares que dibujan la cruz latina de su planta: no habia medio de dirigir los empujes de las bvedas sobre otros pilares esteriores mas slidos que sirviesen de contrafuertes, porque en el sistema gtico la mayor fortaleza est en los cuerpos de fbrica de donde arrancan los arbotantes, como otros tantos brazos de piedra que sostienen la balumba de la bveda que tiende descuajar y separar los pilares en que apoya; y en el templo de Crdoba por el contrario, los postes de donde podian arrancar los arbotantes eran de menos volmen y resistencia que los pilares de apoyo de las bvedas. Aumentaba la dificultad la circunstancia de ser notablemente rebajados los cuatro arcos torales sobre que habia de erigirse el cimborio, porque estos arcos marcaban muy baja la clave de las bvedas del crucero y de la capilla mayor, y es sabido que cuanto mas rebajadas son las bvedas mayor es su empuje. Esta es sin duda la dificultad artstica con que se habia tropezado al querer terminar el edificio en otras pocas anteriores, porque leemos que la construccion no habia pasado de las cornisas desde el tiempo del obispo D. Juan de Toledo, y esto nos induce creer que el peligro de continuarla se vea nica y esclusivamente en el embovedado. Triunf de todos los obstculos el genio del maestro llamado por el obispo Reinoso, el cual di la traza para la terminacion de la obra: enfervorizse el animoso prelado, y el cabildo obsequioso con su deseo tom la determinacion que dejamos referida. Con esto volvieron activarse los trabajos. Por fin, el sbado 29 de abril del ao 1600 se acab de cerrar el crucero que tanto deseaban todos ver finalizado. Fu el obispo la iglesia, dice Bravo, y con el fervor que tenia no pudo contenerse, hasta subir ver sentar la ltima piedra y registrar toda la obra. Acto de entusiasmo que nos trae la memoria aquel otro de que habia sido objeto la Aljama mahometana seis siglos y medio antes, cuando el califa An-nasr, sabedor de la terminacion de la soberbia zoma que habia mandado construir, acudi presuroso en alas de su deseo, y no contento con admirar la arquitectura del gallardo edificio, lo registr todo subiendo y bajando por dentro de l como para gozar mas palpablemente de su obra. Repicaron las campanas y sonaron los instrumentos msicos en demostracion del general regocijo, y se tributaron Dios las debidas gracias. Muri el celoso obispo con el consuelo de ver asegurada la conclusion de la grande obra, si bien no alcanz verla decorada y en disposicion de poderse celebrar en ella el culto. Di su alma al Criador el 12 de agosto de 1601 dejando por heredera la Fbrica de la catedral en la parte que quedase despues de pagadas las deudas: el cabildo dispuso darle sepultura en el nuevo crucero junto al obispo D. Leopoldo de Austria, al lado del Evangelio, pero estando este sitio ocupado con los materiales de la obra, se deposit su cuerpo en el hueco bveda que ahora es capilla debajo del altar mayor. Fu trasladado al sepulcro que se le tenia destinado en julio del ao 1607, y aunque debajo de las vestiduras se le habia puesto cal para que se resolviese pronto, por si le habia tocado algo del terrible contagio que habia padecido la ciudad en los dias de su enfermedad, se hall incorrupto sin habrsele consumido mas que la punta de la nariz, tratable, hermoso y fresco como estaba cuando fu enterrado. Dur pues hasta el ao 1607 la obra de decoracion del crucero y coro: el obispo D. Pablo Laguna habia legado la Fbrica hacia poco tiempo cinco mil ducados; antes habia remitido otros tres mil el venerable arzobispo de Santiago D. Juan de San Clemente Torquemada con destino espreso la obra de la iglesia, por lo cual acord el cabildo cumplirle perpetuamente un aniversario y poner sus armas en el arco del trascoro. A 27 de setiembre del ao 1606 estaban tan adelantados los trabajos, que determin el cabildo se mudasen las sillas y rganos al coro nuevo, y se hiciese el altar mayor. Mientras se verificaba dicha mudanza continu el coro en el sitio correspondiente al altar de S. Sebastian en verano, y en invierno en la capilla del Sagrario; y 9 de setiembre de 1607 con la mayor solemnidad se llev el Santsimo al altar nuevo, y se celebraron en l la Misa y Divinos Oficios. Quedaba vacante y sin uso la capilla mayor antigua, y pareciendo que convenia conservarla, se determin 27 de noviembre que en dicha capilla se pusiesen otros dos altares para que en ellos dijesen Misa los prebendados, dando la Fbrica los ornamentos necesarios. Verificse esto siendo obispo de Crdoba D. Fr. Diego Mardones, anciano piadoso, caritativo y austero, infatigable en el trabajo pesar de sus muchos aos, y cuya avanzada edad signific el rey D. Felipe III en la carta que escribi al cabildo dicindole: _ah os envo los huesos del obispo Mardones_, muy ageno de pensar que aquel costal de huesos habia de sobrevivirle mas de tres aos l jven y robusto. La memoria de este venerable y religiossimo obispo, cuyo gobierno dur diez y siete aos, permanecer siempre en la iglesia de Crdoba llena de bendiciones, no solo por las donaciones y dotaciones grandes que hizo, sino tambien por sus incomparables virtudes. Vivi noventa y seis aos, los ochenta y ocho con gran vigor para cumplir admirablemente los rduos deberes de su ministerio; despues fu todo trabajos y dolores, pues padeci mucho y estuvo baldado de pis y manos, y as le llama el autor del _Catlogo de los obispos cordubenses_ varon de dolores, aadiendo con justicia que deberian agregarse al epitfio de su sepulcro aquellas palabras del paciente Job: _Expecto donec veniat immutatio mea: vocabis me, et ego respondebo tibi: operi manum tuarum porriges dexteram._ Siendo de ochenta y tres aos, y pesar de haber quedado tan dbil con una enfermedad que padeci, que por rden de los mdicos se alimentaba al pecho de dos amas y dormian con l dos nios robustos para calentarle, vivi lo suficiente para hacer su nombre digno de eterna memoria: bajo su episcopado se verific la famosa expulsion de los moriscos, y su ilustrada tolerancia debi el no ser echado de Crdoba un morisco insigne por su sabidura en las ciencias fsicas, llamado Felipe de Mendoza, hombre til la repblica. Empez la obra del nuevo palacio episcopal, y gast en ella mas de sesenta mil ducados: en cuya ocasion se demoli el pasadizo que habian fabricado los califas para ir desde su alczar la mezquita, y que dejamos descrito en su lugar correspondiente[373]. En su tiempo promovi el cabildo singularmente el culto de la Pursima Concepcion, dando su piadoso celo ocasion que la iglesia de Crdoba fuese la primera en celebrar este misterio, aun no declarado de f, como una de las mayores festividades del ao, imitando su ejemplo las demas iglesias, ciudades y universidades de Espaa[374]. El obispo Mardones fu quien coste la obra del retablo y ornato que faltaba la capilla mayor, ofreciendo al cabildo para este objeto _una gruesa cantidad de dineros cada ao_ al tiempo de enviarle las buenas Pascuas. Los felicitados nombraron cuatro diputados que le diesen las gracias y tratasen con su ilustrsima todo lo conducente poner en ejecucion obra tan plausible. Hicironse diversos diseos por artfices afamados: el Hermano Alonso Matas, reputado insigne arquitecto, se hallaba en Crdoba en su colegio de la Compaa de Jesus, hizo uno, que pareciendo bien todos se escogi por universal aplauso; y para que su idea se ejecutase perfectamente, le nombr el cabildo 16 de febrero de 1618 superintendente de la obra con facultad plena de escoger los jaspes y materiales necesarios y de traer maestros y operarios de su satisfaccion[375]. La Fbrica de la catedral recibi repetidas muestras de la gran liberalidad de este prelado. En 1616 le hizo una donacion pura de veinte mil ducados en que estaba gravada, para que redimiese sus censos. Por el mismo tiempo dot la octava del Santsimo Sacramento con diez mil ducados. Asisti la fiesta de Santiago, y en lugar del doblon que se daba de ofrenda, di una cruz y dos candeleros de plata dorados con valos de oro y esmalte rojo: tres urnas y aguamaniles de plata dorados, y una casulla de raso bordada, _todo muy precioso y de mucho valor_, dice Bravo, mas tolerante que nosotros con el gusto artstico de aquel tiempo. Al ao siguiente (1617) ofreci en la misma fiesta una fuente de plata dorada, estimada en mas de doscientos ducados. En 29 de mayo de 1620 don al cabildo una cruz grande de plata sobredorada con muchos engastes de oro y piedras preciosas, de ciento nueve marcos de peso. En el mismo ao, habindose acabado el nicho del lado del Evangelio en la capilla mayor, coloc en l una imgen del apstol Santiago caballo, y en una lpida de jaspe negro puso la siguiente inscripcion: _B. Jacobo Hispaniarum Dei dono singulari, unico certiss. antiquiss. que Patrono, triumph. hostium invictiss. D. Fr. Dieg. Mardones. Epis. Cord. D. D. anno MDCXX._ En 1623 24 de julio, en agradecimiento al cabildo por las rogativas y fiesta de accion de gracias que habia celebrado durante su enfermedad y en su convalecencia, le envi por medio de su provisor una lmpara de plata para la capilla mayor, y un terno de raso blanco bordado. Finalmente, antes de morir di muchas limosnas y dotes pobres y hurfanas, y fund una obra pia de sesenta mil ducados de principal y treinta mil de renta para casar doncellas pobres y socorrer necesidades en la ciudad y lugares del obispado. Noventa y tres aos de edad contaba este virtuossimo y respetabilsimo patriarca cuando muri el rey D. Felipe III, y aun parecia que el cielo le queria conservar muchos ms al amor y agradecimiento de su clero y pueblo, que como verdadero padre dirigia y santificaba. El bendijo el pendon real en la capilla mayor cuando con las ceremonias y solemnidades acostumbradas fu aclamado en Crdoba el rey D. Felipe IV. El di la bendicion solemne la ciudad, y despues llev su palacio todo el cabildo para que viese la aclamacion hecha en la Torre del Homenage y Campo Santo desde un tablado que para este fin tenia prevenido, contemplando toda la ceremonia sin fatiga hasta el acto de enarbolar el pendon real por el nuevo rey. Con cunta solicitud y cario correspondia el cabildo sus contnuas mercedes, fomentndose en la por tantos ttulos ejemplar iglesia de Crdoba esa envidiable armona entre los prebendados y el prelado, que tan noblemente la distingue, y en que la reverencia, el obsequio y el amor que se tributan por un lado, son correspondidos con igual estimacion y fineza por el otro! No de otra manera que un padre octogenario entre sus hijos, todos atentos prolongar y dulcificar con esquisitos cuidados sus ltimos dias, se nos representa en la imaginacion el digno anciano que rega la iglesia de Crdoba por los aos de 1621, cuando para no privarle de asistir las grandes solemnidades de la catedral, y no privarse ellos de su amada presencia, modificaban los prebendados en su obsequio las inflexibles prescripciones de ritual y de costumbre, y para que pudiese oir con mas facilidad la palabra divina le aderezaban en desusado lugar, en medio de las barandillas, un cmodo asiento junto al altar mayor provisional, y all le asistian los dos presidentes del cabildo esmerndose en hacer fciles y agradables los postreros actos pastorales de aquella vida prxima estinguirse. Con cunto anhelo esperaba la terminacion de aquel suntuoso retablo junto al cual habia de ser sepultado! Parecia que se resistia morir mientras no pudiera elegir por s mismo el parage donde habia de descansar su cuerpo; y sin embargo, el nicho de jaspe reservado para su sepulcro y para su esttua estaba ya bruido. Muri cuatro aos antes de que se acabase la obra del retablo (en 1624), y en el referido nicho, al lado de la Epstola, se le hoy este epitfio: DOM. FR. DIDACUS MARDONES, EPISCOP. CORD. OB. L. AUREORUM. M. IN AR MAXIM CULTUM DONATA SENATUS ECCLES. CORDUB. SEPULT. HIC ET STATUAM CUM BASI GRATI ANIMI ERGO B. M. P. ANNO MDCXXIIII VIXIT ANNOS XCVI. Y en el crucero, en uno de los arcos de medio punto del mismo lado de la Epstola, se grab esta inscripcion: _Acabse esta capilla mayor con su crucero en 7 de setiembre de 1607 aos, siendo obispo de Crdoba y confesor del rey nuestro seor Felipe III el Illmo. Sr. D. Fr. Diego de Mardones, quien los seores dean y cabildo se la dieron para su entierro por haber dejado el suntuoso que en su vida tenia en S. Pablo de Burgos, cuyo convento, siendo prior dl, lo dispuso y dot en mas de setenta mil ducados, y en agradecimiento de haberle dado la capilla mayor di esta santa iglesia cincuenta mil ducados para hacer retablo._ Ochenta y cuatro aos dur por consiguiente la obra de la catedral nueva, puesto que se habia dado principio ella en 1523 siendo obispo de Crdoba D. Alonso Manrique. Comenz cuando la arquitectura gtica era todava considerada como caracterstica de los edificios religiosos, y para las demas construcciones estaba ya admitido en toda la Europa culta el nuevo estilo italiano conocido con el nombre de _Renacimiento_. Introducido este estilo en Espaa con motivo de las guerras que la dinasta austriaca sostuvo en Italia y en Francia, contagiado el gusto de todos los personages de cuenta de los dos estados militar y eclesistico con el ejemplo de la admiracion que en las citadas naciones alcanzaban las obras de Leonardo de Vinci, del Primaticio, de Benvenuto Cellini, de Serlio, y las de sus discpulos los franceses Jean Bullant, Philibert Delorme y Pierre Lescot, facilmente se esplica que la catedral nueva de Crdoba, trazada y costeada por hombres formados en la moda italiana y francesa, aparezca como una creacion bastarda del gusto ultramontano en transaccion con el antiguo estilo practicado por todo el Occidente. Indicaremos ligeramente las causas de donde procedi este nuevo estilo _renacido_, para bosquejar en seguida los caractres principales que le determinan. La arquitectura ojival, que era fines del siglo XII y principios del XIII la espresion mas acabada del nuevo estado social en el momento de emanciparse el estado llano en las naciones que antiguamente habia agrupado el brazo de hierro de Carlomagno, habia quedado exhausta. Prohijada por el feudalismo, aceptada por la Iglesia, admitida por la potestad real cuando acababa apenas de salir de los modestos focos de la plebe emancipada, sirvi admirablemente los intereses y designios de cada una de estas clases en su desarrollo sucesivo: di los altivos seores feudales y los reyes castillos y palacios, espaciosos por dentro para contener un numeroso squito, sombros y de dificil acceso por de fuera para imponer respeto y resistir los asedios; di las nacientes corporaciones municipales y la clase popular, casi toda la sazon de traficantes y mercaderes, casas de ayuntamiento, mercados, lonjas, bolsas, tribunales, y fuertes murallas para defender sus conquistados derechos; di la Iglesia un brillante simbolismo, templos desahogados y capaces, mas acomodados al grande incremento de las poblaciones que las pequeas y sombras iglesias erigidas en los siglos XI y XII segun las inflexibles reglas del arte monstico. Pero cuando lleg inaugurarse en el siglo XV la poca de la fusion y centralizacion de los poderes, de la supremaca real, y de la desaparicion del feudalismo, y cuando las antiguas libertades locales de los pueblos dejaron de ser una necesidad, entonces tambien fu insensiblemente decayendo el arte que habia sido la mas genuina espresion de sus nobles y osados pensamientos. Acabaron las libertades feudales y comunales como incompatibles con la nueva organizacion de la sociedad; tambien debia lgicamente acabar un sistema de arquitectura inadecuado ya para la vida pblica y privada atendida la nueva direccion que habia tomado el entendimiento humano en todas las cosas. Y habia acabado en efecto por la impotencia de producir formas nuevas. No era ya posible dar un paso ms en la arquitectura de la edad media: la materia, domada y sometida durante un penoso trabajo de tres siglos, nada inspiraba ya; la estraordinaria habilidad de los artfices habia llegado su trmino racional; el ingenio y la razon, el arte y la ciencia de consuno, habian hecho de la piedra, de la madera, del hierro, del plomo, cuanto era dable hacer, traspasando no pocas veces los lmites del buen gusto. Si se hubiera continuado apurando la docilidad de la naturaleza fsica en el mismo sentido, esta al fin se habria declarado rebelde, y las concepciones artsticas no habrian podido salir del cerebro de los planos de sus autores. Nuevas ideas, nuevos instintos, nuevos deseos atormentaban la Europa moderna. La razon humana devorada por su sed de ciencia, llena de actividad y ansiosa de libertad, habia roto el vnculo de la autoridad religiosa, nica que por entonces le era molesta. Reformar la Iglesia, reformar la religion y lanzarse en ps de un progreso indefinido y quimrico, repudiando como insuficiente la enseanza catlica y buscando nuevas vias de desahogo la fermentacion del espritu de innovacion, eran las aspiraciones de los hombres grandes de la poca. Intenta la reforma eclesistica el concilio de Constanza; aborta esta reforma en Basilea, y Crlos VII de Francia se atreve ponerla en planta por medio de una pragmtica sancion; pero de nuevo la deja frustrada el concordato de Francisco I con Leon X. Intenta la reforma religiosa Juan de Hus en Bohemia, y en la misma ciudad de Constanza es quemado como herege. En ambas tentativas sali la autoridad triunfante; pero la del Papa no pudo impedir que las nuevas doctrinas del concilio de Basilea y de los prncipes acerca del gobierno de la Iglesia y de las reformas que en ella habian de hacerse, echran hondas raices en Francia, se perpeturan, pasran los parlamentos y se convirtieran en opinion poderosa; ni pudo estorbar el imperio que la reforma religiosa popular, sofocada con fuego en la hoguera de Juan de Hus y Gernimo de Praga, y luego con sangre en los campos de Boehmischbrod, volviese levantar la cabeza con mayor pujanza en Wittemberg. Finalmente, en medio de este movimiento religioso empieza en Europa una escuela poltica, filosfica y literaria, cuya influencia, no combatida por el poder espiritual ni por el temporal, antes al contrario favorecida por ambos, fu el orgen principal de la gran revolucion que en instituciones, opiniones, filosofa, literatura y artes esperiment el mundo moderno. Lo que Crlos VII y los Husitas no habian logrado, aquel con su pragmtica y estos con sus largas y terribles campaas, se hubiera de seguro conseguido en el siglo XVI aun sin el auxilio de otros prncipes y de otros reformadores, solo por efecto del movimiento intelectual que con su idolatra hcia la clsica antigedad habian inaugurado el Dante, Petrarca y Bocaccio. Qu mayor golpe podia sufrir el antiguo y venerando edificio de la severa civilizacion cristiana en todas sus faces, que la admiracion tributada por los genios mas eminentes todas las creaciones de la antigedad pagana? Y sabian por ventura qu brecha abrian en la fortaleza de la autoridad espiritual desechando las costumbres groseras, las ideas humildes, las formas semi-brbaras de su tiempo, aquellos libres pensadores del siglo de Leon X, eclesisticos, prelados, jurisconsultos y literatos, que como el licencioso Berni, el sibarita Bembo, el escptico Sadoleto, y tantos otros, se entregaban con orgullo los placeres de una vida materialista, elegante y licenciosa? Cuando Lorenzo de Mdicis _el Magnfico_ se afanaba tanto por resucitar en la bella Italia la cultura y costumbres del siglo de Augusto con las artes del tiempo de Pericles y el _neoplatonicismo_ del Bajo Imperio, educando su prole en el desprecio de todo lo que no era antigedades griegas y romanas, y en la amistad ntima de un Marsilio Ficino y de un Pico de la Mirndola, estaba por cierto muy lejos de imaginarse que la autoridad pontifical de su hijo Juan habia de sufrir mayor descalabro por el influjo destructor de aquel renacimiento pagano que por los envenenados tiros del mismo Lutero. Tampoco se imaginaba Francisco I al anular la pragmtica reformista de Crlos VII, que l iba ser el principal continuador de la obra intentada por el padre y por el hijo de Luis Onceno. Crlos VII en efecto habia sido innovador secundando las ideas proclamadas por un concilio; Crlos VIII lo habia sido tambien introduciendo en Francia el arte renacido de la Italia; pero ninguno mas apasionado por las nuevas ideas italianas que el galante y caballeresco mulo de Crlos V, por cuya mediacion se consumaron en la monarqua de S. Luis el ostracismo definitivo de la civilizacion _gtica_ espiritualista, y la exaltacion perptua del principio materialista en todas sus formas. Los enemigos mas formidables del principio catlico y de cuanto l habia creado no eran, no, Lutero y Calvino; estaban en el corazon de la misma Iglesia romana, eran los cardenales eruditos y sensuales, los filsofos epicreos platnicos, los jurisconsultos regalistas, los poetas licenciosos que su sombra florecian. Si el acalorado monge de Eisleben pretendia reducir el cristianismo su primitiva pureza, los sabios, literatos y artistas que florecian en torno de los Mdicis, conspiraban, sin propsito deliberado tal vez, nada menos que anular el cristianismo y sus consecuencias. Eran pues sin pensarlo los genios de la Italia en el dcimosexto siglo los mas poderosos auxiliares de la funesta emancipacion religiosa. Atraa la corte pontificia las miradas de la Europa entera por la esplndida aureola con que habian rodeado el solio de Leon X los poetas y los artistas; al propio tiempo la _reforma_ se habia granjeado poderosos valedores entre la nobleza catlica, seducida con la esperanza de sustraerse la preponderancia intelectual del clero, y de apoderarse de los bienes temporales del feudalismo monstico. Margarita de Navarra ofrecia un asilo Calvino en su pequea corte de Nrac, la duquesa de Etampes se declaraba mediadora entre el rey Francisco y los reformistas, las damas principales de la corte ridiculizaban la misa catlica y se rebelaban contra el _incmodo_ sacramento de la penitencia; los antiguos estudios teolgicos, las srias y profundas meditaciones de los doctores de los siglos XII y XIII se miraban como rancias sutilezas del escolasticismo. Todo est ligado en el rden intelectual, y el arte es un ejercicio del pensamiento demasiado noble para que no participe de todas sus vicisitudes. Condenadas al descrdito y al olvido las ciencias, la filosofa y las letras de la edad media, es claro que el arte de los siglos XII y XIII tampoco podia sobrevivir la condena general implcita en el grito de triunfo de _reforma_ y de _renacimiento_. Sigui en Francia la aristocracia el impulso dado por su rey, desplegando un lujo hasta entonces desconocido en la construccion de sus palacios y casas de placer. Daba la corona el ejemplo demoliendo el antiguo Louvre de Felipe Augusto y Crlos V, cuya imponente torre feudal fu desde luego arrasada para dar lugar las elegantes y risueas construcciones de Pierre Lescot. La nobleza desmantel sus antiguos torreones para erigir en su lugar viviendas accesibles, placenteras, decoradas con prticos y columnatas, fuentes y esttuas de mrmol. Cayeron las murallas almenadas, las torres de homenage y vela, los parapetos y matacanes, los puentes levadizos y toda clase de defensas: cegronse los fosos, abrironse las puertas, rasgronse y ensanchronse las angostas lumbreras. El feudalismo derribaba sus fortalezas por sus propias manos prodigando sus tesoros los artistas para que se las trasformasen en risueos y elegantes palacios. As fu abandonado el antiguo estilo francs llamado _gtico_, que tan gloriosos monumentos habia producido en toda la Europa occidental. Los maestros del nuevo modo de construir no podian ser mas que los italianos, porque para los arquitectos formados en el antiguo sistema, la arquitectura del renacimiento era un lenguaje del cual ni siquiera el abecedario comprendian. Apegados al vetusto arte ojival, ya convertido en rutina, acostumbrados renunciar toda direccion ante la petulante prctica de las corporaciones de oficios, cada una de las cuales se apropiaba el derecho de decidir por s del carcter importancia de su obra particular sin consideracion al conjunto; despojados en cierto modo de la responsabilidad de sus trazas por la costumbre ya generalmente establecida por los prelados, cabildos y seores, de entenderse por separado con los gremios de oficios y ajustar con ellos la obra que apetecian; ni sentan los arquitectos la dignidad de su profesion, ni eran ya propiamente hablando tales arquitectos. Habia s grandes escuelas gremios de francos-mazoneros, que conservando todos los secretos y tradiciones del arte gtico, erigian con admirable presteza, solidez y elegancia de proporciones, aquellos arcos ojivos y aquellas elevadas bvedas de piedras ligersimas y sabiamente cortadas, que tendian sobre los robustos nervios de las aristas como una lona sobre una armadura de hierro; habia canteros y carpinteros familiarizados con todas las dificultades del trazado geomtrico, perfectamente entendidos en las mas complicadas secciones de planos; escultores que con gran primor recortaban la piedra y cubrian de hojas, enramadas, pjaros y figuras caprichosas las cenefas, las franjas, los doseletes y marquesinas, las repisas, los capiteles, las grgolas; imagineros que esculpian bellamente figuras de santos para las andanas de las portadas, los frontoncillos y las hornacinas; plomeros y pizarreros expertos en el modo de cubrir las armaduras; pintores en vidrio que habian mejorado este precioso procedimiento; pero cada oficio obraba segun sus aspiraciones y su amor propio, y faltaba en las construcciones el agente principal de la idea artstica en globo, el que habia de dar unidad y armona al pensamiento arquitectnico. Sucedia en los ltimos tiempos del arte ojival en las provincias mismas donde se habia formado, lo que no sucedi jams en su buena poca: los francos-constructores hacian v. gr. el buque de la iglesia, sus naves, sus pilares, sus bvedas, segun un modelo y traza ya conocidos y uniformemente repetidos: luego venian todos los artfices encargados de los demas objetos accesorios y de decoracion. El que habia pintado las vidrieras no se curaba de lo que habia trabajado el escultor, ni este de lo que labraba el imaginero; ni el plomero se cuidaba de si el desage segun su proyecto corresponderia no con las vertientes que el carpintero habia dado la armadura del comblo. Los monstruosos resultados de esta falta de conjunto y de armona, mejor dicho aun de esta falta de subordinacion la suprema idea del arquitecto, se advierten en las reedificaciones de las mas clebres catedrales de la cristiandad[376]. El feudalismo espiraba, el protestantismo dejaba ociosos muchos constructores y les hacia ir insensiblemente olvidando las prcticas tradicionales de su profesion; por otra parte el celo religioso ferviente y espansivo de los siglos XIII y XIV habia poblado la tierra de suntuosos y muy duraderos templos, y habian de transcurrir muchas generaciones antes de que fuese necesario construir ms. Con tales condiciones, forzosamente tenia que decaer el arte ojival en el siglo XV; y si esta decadencia se agregaba en el siglo XVI el abandono que de l hacian los pontfices y el fomento que daban al nuevo sistema arquitectnico los prncipes y magnates, y la misma Iglesia un tanto secularizada, claro es que del antiguo modo de edificar no podian quedar en breve mas que los mudos ejemplos en los monumentos y el indiferente recuerdo en los hombres. De consiguiente, si los mismos edificios de carcter gtico se hacian en Francia al finalizar el siglo XV casi sin intervencion de los arquitectos, cmo era posible que hubiese all artistas aptos para llevar cabo sin tomar lecciones de los italianos la regeneracion de la arquitectura clsica antigua? Es evidente que ni siquiera estaban su alcance sus reglas mas elementales. La revolucion verificada en las ideas y en las costumbres era demasiado exigente: querian palacios abiertos con elegantes y ligeras columnatas jnicas, con espaciosas escalinatas y anchos prticos los que habian hasta entonces vivido en alczares, castillos y calahorras, cercados de fosos y fuertes muros, entre macizas paredes con angostsimas lumbreras; apetecian elevadas cornisas y bruidos subasamentos, y cimbras romanas en los vanos, y pilastras estriadas en los muros, y frisos ornados de bajo-relieves mitolgicos, y galeras con esttuas, y _logias_ pintadas al fresco, y terrazas con balaustradas, y zcalos con grecas y molduras, y toda la riqueza en suma de los cinco rdenes del antiguo, los que en las torres y borges de sus mayores solo habian paseado parapetos y adarves, y asomado la vista por merlones, troneras y matacanes, y entretenido la curiosidad en las largas horas del ocio feudal con las alfardas y almizates de los artesonados de madera, con los alizares de las paredes. As pues, la Francia que en tiempo de Crlos VIII habia rechazado los arquitectos ultramontanos que en su comitiva llevaba aquel rey de vuelta de sus descabelladas empresas blicas, sin tomar de ellos mas que tal cual mascaron tal cual capitel antiguo, recibi con los brazos abiertos los artistas que le dieron Luis XII y Francisco I, y bajo los reinados de los ltimos Valois y de los primeros prncipes de la lnea Robertina hasta Luis XIV, en que se inaugur una nueva era para la arquitectura francesa, no ces de enviar Italia sus mas privilegiados genios para que se educasen en los principios que con tanto xito habian establecido en Npoles, Florencia y Roma, los Masuccios, los Brunelleschis y los Bramantes. As se verific la revolucion arquitectnica en Francia. En Espaa puede decirse que la hizo por s sola la moda con su incontrastable poder. Porque el genio cristiano no habia entre nosotros abandonado de tal manera el campo al genio pagano del renacimiento, que se pudiese decir estinguida su influencia. El arte gtico, tal vez por haber comenzado en nuestro suelo mas tarde, no habia degenerado aun como en Francia, no se hallaba reducido la rutina de los oficios, ni le faltaban profesores que le ejerciesen con dignidad independencia. Cabalmente estaba en su mayor auge en los fines del siglo dcimoquinto y principios del dcimosexto en toda la Pennsula, principalmente en Castilla, la clebre escuela de los Colonias, rama de fecunda svia desgajada del poderoso tronco del norte por el ilustre prelado D. Alonso de Cartagena, y convertida en rbol lozano y pomposo cuando en las guerras por la posesion de Italia, por el dominio del Imperio de Alemania y por la preponderancia en Europa, se contagiaba del nuevo gusto estrangero el catlico Crlos V. No tenamos el luteranismo que dejaba desiertos en Francia los templos catlicos y los talleres de los artfices criados su sombra; tampoco abundancia escesiva de catedrales y otros edificios religiosos; al contrario, los cabildos, los prelados, los prncipes, rivalizaban en la ereccion de templos suntuosos. Del siglo XV y principios del XVI son las catedrales de Astorga, de Calahorra, de Coria, de Gerona, de Huesca, de Plasencia, de Sevilla, lo mejor y principal de las de Burgos, Toledo, Valencia y Salamanca, muchos notabilsimos conventos, iglesias, colegiatas, colegios y seminarios, y tambien gran nmero de lonjas, casas de diputacion y de ayuntamiento, audiencias y otros edificios de arquitectura civil. Los cabildos catedrales se disputaban la posesion de los Egas, de los Hontaones, de los Badajoz, de los Alavas, de los Comptes: cuando no podian lograr los servicios esclusivos de estos hombres privilegiados, se contentaban con que revisasen y reconociesen sus fbricas, diesen trazas para mejorarlas, y dejasen en ellas cul una torre, cul un retablo, cul una portada. Y sin embargo fu preciso ceder al nuevo torrente y adoptar la arquitectura extica. Verificse esta trasmutacion casi sin intervencion de artistas estrangeros, modificando gradualmente los naturales primero la parte decorativa, luego la reparticion de sus construcciones; y esta circunstancia, sea dicho de paso, debemos atribuir tal vez la fusion que en nuestros edificios civiles de la primera mitad del siglo XVI se advierte de los dos estilos italiano y gtico, diferencia de lo que se observa en el renacimiento francs, obra esclusiva de italianos de franceses educados con ellos. Enrique Egas, el hijo del famoso Anequin Egas, maestro flamenco de la catedral de Toledo, y Pedro de Ibarra, arquitecto de un obispo de Salamanca, daban muestras evidentes de conocer la arquitectura greco-romana en insignes obras anteriores la primer construccion francesa del nuevo estilo[377], en las cuales se advertia ya el principio de la escuela que estaban llamados desarrollar con tanta gloria Pedro de Machuca, Alonso de Covarrubias, Diego Siloe y otros igualmente espaoles: un no s qu, dice oportunamente Llaguno, parecido las pequeas nubes que en dia claro suelen anunciar la mutacion del tiempo. Eran los principales caractres de este nuevo estilo el arco de medio punto de plena cimbra, que acababa de reconquistar su absoluta preeminencia; los cinco rdenes antiguos, mas menos modificados en algunas molduras y en sus proporciones; los follages, los vstagos espirales, los grotescos con animales reales fantsticos, dispuestos la manera de los arabescos antiguos, y aplicados los entablamentos, las pilastras, los frisos, los tableros; la mezcla de rdenes, sobrepuestos unos otros, los revestidos de mrmoles, los medallones, las columnas balaustradas, etc.[378] Y para que fuese mas evidente que el antiguo estilo gtico no habia sido completamente derrotado, sino que habia de grado cedido el campo al italiano, los arquitectos espaoles del siglo XVI conservaron muchas veces en las portadas formadas con los rdenes antiguos las andanas de estatuitas con sus afiligranadas repisas y marquesinas, y en los macizos y entrepaos aquellos filetes perpendiculares y enlazados con circulitos trebolados y losanges, que cubrian en la decadencia del arte ojival los miembros de mayor resistencia imitando ajimeces ornamentales y caprichosos enrejados. Volviendo ahora nuestra catedral de Crdoba, que vimos salir de cimientos en el ao 1523, es decir, cuando ya Enrique Egas, Pedro de Ibarra y otros maestros habian iniciado en las construcciones civiles la manera ultramontana, y proseguir lenta y trabajosamente hasta los primeros aos del siglo XVII, esto es, hasta la poca de la decadencia de nuestra arquitectura, ya facilmente sospechar el lector que vamos encontrar dentro de ella todos los caractres buenos y malos, todas las huellas de las diferentes trasformaciones de nuestro gusto artstico, desde las elegantes proporciones dadas al estilo plateresco por Cristbal de Andino, Juan de Badajoz, Machuca, Covarrubias, Siloe y Borgoa, hasta las frias, secas y pesadas invenciones de los imitadores de Juan de Toledo, Herrera, Vega, Becerra, Bustamante y Villalpando. Porque son dos los estilos que se dividen el siglo XVI en Espaa: el primero es el _plateresco_, formado y cultivado casi esclusivamente por artistas espaoles bajo el reinado de Crlos V, el cual se perpeta hasta dentro del reinado de Felipe II, y al que se deben, entre muchos edificios justamente clebres, el bellsimo claustro del monasterio de Sta. Engracia de Zaragoza, trazado por Tudelilla; el monasterio y templo de S. Miguel de los Reyes de Valencia, obra de Covarrubias y Vidaa; la preciosa fachada principal del alczar de Toledo, del mismo Covarrubias y de Enrique Egas; la capilla del Salvador de beda, y el palacio del comendador mayor Cobes, secretario de Crlos V, obra de los Valdeviras de Sevilla; la casa de ayuntamiento de esta ciudad, de autor desconocido; el famoso claustro de S. Zoil de Carrion y la fachada del convento real de S. Marcos de Leon de la rden de Santiago, ideados por Juan de Badajoz, etc. Muchos de estos edificios compiten por la gracia, la originalidad y el esquisito gusto y conclusion de sus decoraciones, con los mas afamados que en sus respectivas naciones construyeron Serlio, Alberti, Bramante, el Rosso, el Primaticio, Filiberto Delorme, Pedro Lescot y Juan Bullant. El segundo estilo, de tal manera identificado con el espritu de gravedad y de misticismo austero que caracteriza la poltica y gobierno de Felipe II, que no parece sino que el arte quiso simbolizarlo, es el llamado _greco-romano_, debido la revolucion que acababa de hacer en la arquitectura el genio altivo, osado y un tanto sombro de Miguel Angel, sustituyendo los rdenes acumulados y sobrepuestos del estilo del renacimiento un rden nico y colosal en cada edificio, y proscribiendo como futilidades pueriles los follages, grotescos, estpites, candelabros y demas adornos prodigados por los adeptos de aquel. Comienza este severo y desnudo estilo dar indicios de su existencia en Espaa con las construcciones de Gaspar de Vega en Ucls y en Madrid, y las del P. Bustamante en Toledo, notables por su gran sencillez y pureza de lneas, mas no se desarrolla plenamente hasta la poca en que para la construccion del Escorial, cuna y escuela futura de esclarecidos artistas, trae Felipe II de Italia Juan de Toledo y suscita al renombrado Juan de Herrera, elevndole en su munfica proteccion tanta altura, que se le mir como el grande astro del arte destinado iluminar todos los ngulos de la Pennsula, creyndose de buena f que antes de recibir su claridad habia dormido Espaa en las tinieblas de la ignorancia. La ocasion que tuvieron nuestros vireyes y gobernadores en Npoles y Milan de conocer arquitectos italianos de mrito, contribuy tambien poderosamente que algunos de estos, como Benvenuto, Juan Bautista Castello, Francisco Sissoni, Felipe Trezzo y los Antonellis, viniesen nuestras ciudades reforzar, digmoslo as, la invasion de las ideas de Vignola y Miguel Angel. De ambos estilos, plateresco y greco-romano, participa pues en su construccion y decoracion la catedral que vamos describiendo, si bien su primer arquitecto, Hernan Ruiz el Viejo, ide sin duda alguna erigirla con arreglo al sistema gtico, que en su tiempo se consideraba todava como el mas adecuado para los templos del cristianismo. Reconcese desde luego esta intencion en la forma ojival de sus arcos torales, y si no presentan este mismo carcter su presbiterio, su cpula elptica y su coro, es porque, como dejamos indicado, estas partes y su ornamentacion no se obraron hasta mucho despues de haber muerto aquel eminente artista. La decoracion de la catedral en rigor pertenece casi esclusivamente los tiempos del rey D. Felipe III, que, como nadie ignora, fueron de visible decadencia en todo respecto de los tiempos anteriores. El presbiterio est formado por cuatro grandes arcos de medio punto, dos cada lado, decorados con follagera de estuco y otros adornos con filetes dorados, entre los cuales se ven dos grandes escudos de Espaa con las insignias y timbres imperiales. Sobre estos arcos corre una pequea columnata con su arquitrabe y con arquitos ornamentales en los intercolumnios formando una hilera de hornacinas, y luego un entablamento de gran trabajo, en cuya faja inferior hay una inscripcion que dice el tiempo en que se acab la obra de la capilla mayor. A cierta distancia de la cornisa se levanta cada lado un cuerpo compuesto de tres arcos, el del medio remontado, que sirve de ventana, y los otros dos adintelados, en los cuales se ven cuadros que al parecer representan hechos de la vida de S. Fernando. Todos tienen su correspondiente cornisamento sostenido de columnas jnicas estriadas, con los pedestales al aire cargando en sendas repisas. Encima de cada arco hay una lumbrera, con que se llena el lienzo del testero, y cada lado un nicho. Esta misma decoracion ocupa la parte que media desde el cornisamento hasta la bveda de los frentes de la nave del crucero. La bveda de la capilla es cuadrangular rebajada. De sus cuatro ngulos parten manojos de baquetones interrumpidos trechos por crculos medallones con bustos de varios santos: mezcla de estilos que produce una decoracion pesada y de mal efecto. Las bvedas de la nave del crucero son semejantes esta, y estan igualmente decoradas con baquetones gticos. Los dos testeros del crucero que cortan las naves principales de la mezquita ofrecen una ornamentacion mixta de plateresco y sarraceno: redcese dos robustos arcos cubiertos de follagera en las molduras de sus archivoltas, descansando en cornisas sostenidas por columnas, con otros dos encima ornamentales, sobre los cuales corre una ancha faja de arquitos entrelazados. Del medio de esta faja baja otra perpendicularmente hasta el suelo, dejando un arco cada lado con su arco ciego encima, y encerrndolos manera de arrab. En la faja perpendicular se ve una imgen sostenida en una peana cuya base es una columna de jaspe, y debajo de una marquesina gtica muy labrada que descansa en dos columnitas espirales. Sobre la marquesina hay un recuadro con un escudo, y en los tmpanos de los arcos ciegos que hemos mencionado, adornos de arquitos angrelados entrelazados al gusto sarraceno. Los lados que abren paso las naves trasversales de la mezquita presentan una combinacion muy feliz y graciosa de los estilos rabe y plateresco, pues subsisten en ellos tres antiguos arcos de herradura con sus arcos remontados encima, arrancando de las lindas pilastras que entre uno y otro estan como suspendidas en el aire; y sobre los tres arcos abiertos voltea un grande arco ornamental de medio punto, cuyo tmpano llena una greca de filetes perpendiculares con lacera angrelada en el centro[379]. [Illustration: _Dib del natl y lit por F. J. Parcerisa._ _Lit de J Donon._ INTERIOR DE LA CATEDRAL DE CRDOBA.] Dijimos que los arcos torales estaban labrados la manera gtica; pero aun en su misma ornamentacion se advierte la mano bastarda del arte moderno, porque si bien sus baquetones lisos y de aristas, sus funculos y sus relevadas cenefas de hojas y animales, forman como un haz vistoso de caas, cuerdas, y tallos cuajados de flores, las claves de los del presbiterio y coro estan enmascaradas con feas cartelas de forma elptica recargadas de adornos de mal gusto. Sostienen estos arcos torales una cpula oval con su cornisa de mtulos y friso adornado de festones pendientes. Tanto la cpula como las pechinas estan cuajadas de recuadros, medallones, festones, cartelas, y hasta esttuas de todo bulto. Dan luz aquella ocho espaciosas lumbreras. El coro est decorado en su parte superior de una manera muy poco adecuada para un templo. Su bveda es de caon, atravesada por cuatro grandes lunetos, entre los que se ven caritides pareadas que la sostienen. Adornan su parte central en toda su longitud esttuas de santos colocadas en recuadros de estuco, con florones y otros adornos en los intermedios. Entre los ngulos que forman los lunetos hay esttuas, colocadas tambien en recuadros sostenidos de nios genios, de msculos hercleos y carnes superabundantemente nutridas, con escudos del obispo Reinoso. Bajo cada luneto hay una gran ventana con jambaje y dintel correspondiente lo demas de la fbrica, y sobre los dinteles campean escudos del prelado D. Leopoldo de Austria, tio del emperador. Por la parte inferior de las ventanas corre alguna distancia un cornisamento cuyo friso est adornado de follagera con medallones de muy alto relieve trechos; debajo hay en cada lado tres arcos ojivales figurados, y en su vano estan abiertos otros algo menores de medio punto, que dan salida las tribunas. El tmpano entre ambos arcos est lleno de adornos formando cenefa. Entre los arcos hay en cada machon dos esttuas, una sobre otra al modo gtico, la superior bajo su afiligranada marquesina y descansando en su peana, que sirve la inferior de doselete. La luz escesiva de aquellas anchas ventanas, la abundancia de los estucos y dorados, la presencia inoportuna de aquellas caritides y genios, dan esta parte del templo un aspecto profano, mas propio de una galera aula rgia que de un coro de cannigos. Y aun prescindiendo de su destinacion, como obra artstica es nuestros ojos lo menos feliz de la gran catedral cordubense. [Illustration: INTERIOR DE LA CATEDRAL DE CRDOBA.] Pero donde resulta todava mas disonante la reunion de estilos de diversas pocas y de opuestos sistemas, es fuera del buque de la nueva catedral, en la sexta nave principal de la antigua mezquita, cortada en una estension de trece naves trasversales para formar el trascoro. Abre paso este un grande arco de herradura, primorosamente cuajado de labor gtica relevada, en su archivolta y en su intrados, y despues de atravesarle se halla uno debajo de una bien perfilada bveda ojival del siglo XVI. Otro grande arco gtico, levemente apuntado, adornado de molduras, cenefas y funculos, sobre pilares ornados de treboles, cenefas y columnillas platerescas de estras espirales en la parte baja de su fuste, conduce la fachada posterior del coro. Esta fachada ya no es ni rabe, ni gtica, ni plateresca; como de la poca en que se terminaba la gran fbrica del _Escorial_, es puramente de aquel estilo greco-romano desnudo y severo que estaba all en boga, practicado por Francisco de Mora, el discpulo predilecto de Herrera, y que era tambien muy del gusto de Diego de Praves, quien pudiera quiz ser su autor[380]. La obra es toda de piedra franca: compnese de dos cuerpos, el inferior de ocho columnas dricas estriadas y pareadas. Las del centro, entre las cuales se ven algunos recuadros resaltados, sostienen el segundo cuerpo, formado por dos columnas jnicas, tambien estriadas, con su correspondiente cornisamento y fronton triangular, sirviendo de templete una esttua del tamao natural de S. Pedro sentado en actitud de bendecir. Entre las columnas del centro y laterales del cuerpo inferior estan los postigos del coro, de arco adintelado, con cornisa drica arquitrabada, sobre la cual carga un valo de jaspe azul sostenido por genios, y un fronton triangular afianzado con mtulos. Del mismo estilo que esta fachada es la entrada principal al trascoro, que est enfrente, con un grande arco central de diez y seis pis de luz flanqueado de hermosas pilastras dricas, las cuales sostienen un cornisamento del mismo rden, con un tico que sirve de base un segundo cuerpo de arcos adintelados y columnas jnicas estriadas, rematando el conjunto en un tercer cuerpo de arcos y pilastras pareadas. No deja de producir efecto en el nimo esta composicion en cierto modo grandiosa, sea que realmente exista en esta arquitectura el mrito que sus apasionados le atribuyen, sea que en sus no interrumpidas y desnudas lneas descanse con placer la vista despues de fatigada con la recargada decoracion de los estilos gtico-florido y plateresco. Continuando nuestro paseo por el trascoro, atravesaremos ahora por debajo de otro grande arco ojival, compaero al que nos sirvi de ingreso al tramo de las dos portadas greco-romanas, cubierto por la alta bveda plateresca del coro, y volveremos entrar en la nave baja que circuye el gran buque de aquel, cubierta como dejamos dicho de bveda ojival del siglo XVI[381]. Nos hallamos en el ngulo S-O. de la catedral nueva, y tenemos enfrente la fachadita esterior del norte de la capilla de Villaviciosa, toda encerrada en un arco de herradura, en cuya archivolta labr el genio paciente y minucioso del renacimiento espaol veintidos compartimentos cuajados de lindas figuritas en sus correspondientes nichos. Los galanos arreos del renacimiento, empleados con sobriedad, hacen muy buena mezcla con las lneas de la primera arquitectura rabe: as tambien los tres arcos de herradura que presentan en ambos lados los brazos del crucero, llevan con bellsimo efecto en sus archivoltas una cenefita de hojas gtica, que no parece sino la marca de bautismo puesta al arte musulman por el arte cristiano al prohijar una de sus mas graciosas invenciones. La fresca y sencilla corona de azahar que cie la frente de la jven desposada, no tiene mas encanto y mas poesa que esa angosta cenefa en aquellos garbosos arcos, limpios y desnudos de todo ornato, restos de un monumento que puede considerarse como la creacion mas gallarda y robusta del genio islamita en Espaa. Las arqueras de la antigua Aljama que no alcanzaron el privilegio de entrar en el recinto de la gran cruz que forma la planta de la catedral, no por esto dejan de contribuir una bellsima perspectiva desde el interior; el dicho vulgar de que la mezquita de Crdoba parece un bosque de piedra nunca es mas exacto que cuando registra la vista las largas calles en que estan dispuestas sus numerosas columnatas, mirando por los gigantescos arcos del presbiterio y del crucero[382]. Esta perspectiva sera infinitamente mas vistosa si se conservasen los preciosos alfarges rabes que cubrieron las naves hasta los primeros aos del siglo pasado, en que por no hacer el debido aprecio del artesonado antiguo, se sustituy el embovedado de mal gusto que hoy tienen[383]. Pasamos por alto la descripcion de muchas cosas que como obras del arte no podemos elogiar, ni aisladamente, ni en su relacion con el edificio: tales son, el retablo de la capilla mayor, en que solo nos es dado encarecer el escelente trabajo manual de los jaspes en sus lechos y juntas, superficies planas y molduras; el tabernculo, en que solo admiramos el perfecto ajuste y bruido de los mrmoles; los plpitos de Verdiguier, _borrominescos_, y no obstante grandiosos; ltimamente la sillera del coro, obra del escultor D. Pedro Duque Cornejo, recargada de adornos, estatuitas y medallones del estilo amanerado que privaba en la segunda mitad del siglo XVIII, con su elevada silla episcopal llena de figuras de gran tamao, composicion en alto grado churrigueresca. Y sin embargo de merecer poco encomio como objetos artsticos, no puede negarse que la sillera del coro con su profusa talla, los plpitos de caoba con sus grupos de pulido mrmol al pi, el tabernculo con sus dos cuerpos y cpula de variados jaspes, y el retablo con su sria riqueza, forman un conjunto magestuoso, augusto, lleno de pompa, realzados con el oro prodigado en toda la arquitectura del templo, con la espaciosa escalinata del presbiterio, con las losas de Gnova del pavimento, con las verjas, postigos y balaustradas de bronce, con la gran lmpara de plata que pende en la capilla mayor, y el altar calado de bronce y plata, cuando antes de analizar una por una las partes de la moderna catedral, se percibe de golpe la primera impresion producida, no por las formas, sino por la nobleza de la materia. Hemos querido presentar en un cuadro general la marcha del arte en todo el siglo XVI para que resultase mas fcil la clasificacion filosfica de los diferentes estilos que en la obra de la nueva catedral se advierten. Ahora, continuando la interrumpida historia cronolgica de las capillas y demas obras, cada cual podr formarse idea de su carcter arquitectnico con solo tener presente la poca de su edificacion. El obispo D. Fr. Juan de Toledo, quien hemos visto promover con ardor la obra del nuevo crucero desde el segundo ao de su inauguracion, ya que no podia dejar un recuerdo de lo que alcanzaba la composicion arquitectnica de su poca dentro del templo, por hallarse este apenas comenzado, quiso dejarlo en su portada principal mirando al trio, y quizs con este intento mand construir el cuerpo de piedra que hoy existe sobre el arco llamado _de las bendiciones en la Puerta de las Palmas_, que d ingreso la nave central y mayor de la mezquita primitiva[384]. Reconcese en esta obra la primera ojeada la arquitectura del tiempo de Crlos V, aun sin necesidad de leer la inscripcion dedicatoria del referido prelado la salutacion anglica de nuestra Seora, que ocupa en ella un lugar muy preferente. Sobre el grande arco de herradura de la puerta rabe se labr modo de tejaroz una cornisa saliente sostenida en modillones e molduras horizontales, muy juntos y con un escudito en su frente, y sobre esta cornisa se levant guisa de espadaa un paralelgramo rectngulo con dos pilastrones antas los lados, decoradas en su grueso de floroncillos de relieve. En la parte alta de este cuerpo rectangular hay dos nichos, entre columnas balaustradas, sobre grandes repisas de follagera con ancho tablero, unidas entre s por una imposta. Descansa sobre las columnas un arquitrabe con su cornisa, que sobresale de la cornisa general; ocupan los nichos las imgenes de nuestra Seora en el misterio de la Anunciacion, y el ngel Gabriel, y sobre el centro de la imposta que une las dos repisas descansa un jarron de azucenas. En la parte baja se ve un escudo con las armas del prelado, y los lados dos cartelas de elegante forma con la inscripcion siguiente: _Hoc Sacrum opus angelic salutationis div Mari Virgini dicatum, Frater Joannes Toleto sculpendum curavit, episcopatus sui anno decimo, nativitatis vero domini nostri MDXXXIII._ Sirve de remate este cuerpo una hilera de escudos y balaustres modo de jarrones. Capilla de _S. Jos_ y _Sta. rsula_. La erigi levante el cannigo D. Alonso Sanchez Dvila entre la antigua de nuestra Seora de la Concepcion y una puerta, en el ao 1550, tomando el tramo veintitres de la ltima nave principal. Capilla de la _Resurreccion_. Fu fundada, no se sabe precisamente en qu ao, por el prior y familiar del obispo D. Leopoldo de Austria, el aleman D. Matas Muitenhoamer, que muri en 1569 y yace enterrado en ella. Ocupa un pequeo espacio al levante entre el postigo del _Sagrario_ y la capilla de los _Stos. Acisclo_ y _Victoria_. Capilla de la _Asuncion de nuestra Seora_. Es fundacion del maestrescuela D. Pedro Fernandez de Valenzuela, quien la labr en 1554 al otro lado del postigo del _Sagrario_. Capilla del _Espritu Santo_, de los _Obispos_. El arcediano de Crdoba D. Francisco de Simancas, en nombre de su hermano D. Diego Simancas, obispo de Ciudad-Rodrigo y electo de Badajoz, acudi al cabildo representando que deseaba fundar y dotar una capilla para su entierro y el de sus padres, cuyos cuerpos habian estado depositados en otra debajo de la de los Reyes. Pedia al efecto que se le sealase sitio para labrarla, y el cabildo en 4 de setiembre de 1568 concedi la capilla y seal para ella el espacio de una puerta del muro de levante que quedaba entre la _antigua de la Concepcion_ y otra titulada de la _Expectacion_, fundada mediados del siglo XIII por el chantre D. Pedro Hoces. Hzosele esta concesion _con tanto_ (dice el acta capitular) _que se cierre la puerta en manera, que por fuera de la dicha iglesia se quede muy formada y sealada_. As se cumpli; hoy sin embargo, por de fuera, no se ven de la puerta rabe que entonces se tapi mas que las jambas: el gallardo arco de herradura est sin duda sepultado, con los ajimeces que tendria probablemente cada lado en la parte superior, bajo las gruesas capas de cal y ocre con que el moderno vandalismo ha presumido hermosear todos los antiguos monumentos de Espaa. La capilla de que hablamos se llama tambien de los _Obispos_ por estar sepultados en ella el mencionado D. Diego Simancas, y su hermano D. Juan, obispo de Cartagena en Indias[385]. Quizs no estaba acabada esta capilla cuando fines de diciembre del ao 1569 se aderezaba con toda premura para que sirviese de salon de crtes la Sala Capitular, que, como queda dicho en su lugar correspondiente, se hallaba establecida en la capilla de S. Clemente, fundada por el rey S. Fernando[386]. Diremos sumariamente por qu iban reunirse aqu las crtes del reino. La parte meridional de la herencia de Crlos V atravesaba uno de sus mas dificultosos perodos. Balancebase magestuosa en un mar lleno de escollos la nave del Estado regida por la inflexible mano de Felipe II, cuya severidad escesiva embravecia los nimos de los hereges flamencos y traa alterados y en declarada rebelion los moriscos granadinos. Personificacion terrible de la autoridad y de la razon de estado, reunia este monarca, como condiciones para reconstituir con la fuerza la disuelta union de la cristiandad, al celo religioso el arte de sacrificar la poltica todo humano instinto. Del pantano de sangre en que habia convertido los Paises-Bajos, revolvia ahora amenazante hcia la parte donde retoaba bajo la influencia otomana el peligroso proselitismo islamita. Crdoba y Sevilla le preparaban arcos triunfales y emblemticas adulaciones aunque le sospechaban parricida: temianle las mismas ciudades ortodoxas que defendia, y es de creer que al recibirle en su Puerta Real la reina del Guadalquivir, de mejor gana que el Parnaso y el coro de Helicona[387], le hubiera presentado alguna otra alegora mas acomodada sus empresas; por ejemplo, el carro triunfal de la Espaa catlica conducido hcia la gran fantasma de la monarqua universal, llevando por guiones la _Inquisicion_ y el _Consejo de justicia_[388], por un campo lleno de hogueras, destrozos, poblaciones asoladas, familias diezmadas y despavoridas; sobre el carro la F catlica desfigurada y abatida, condenada por el rey un triunfo forzado, y en torno por el aire, en vez de divinidades protectoras y genios, de una parte el espantable espectro del prncipe D. Crlos, de otra los de los malhadados condes de Egmont y de Horn acaudillando una interminable legion de indignadas sombras. Como quiera que fuese, las dos principales ciudades de Andaluca rivalizaban en la manera de obsequiarle y de granjearse su sonrisa, porque aunque los hereges vencidos le llamasen el _demonio del mediodia_, el poderoso clero de Espaa le llamaba el _piadoso_ y el _prudente_, y aunque la nacion se empobrecia, y se dejaba arrebatar los ltimos restos de sus antiguos fueros y libertades, la aparente riqueza de las Amricas la alucinaba, y las gloriosas hazaas de D. Juan de Austria, del duque de Alba, del de Parma y del de Saboya, entretenian su imaginacion aventurera. Que entre los moriscos de la Alpujarra y del Albaicin y el Imperio turco habian mediado tratos, era cosa indudable. Pudo Selim II dejar los de Granada comprometidos, sin mas apoyo que el que les mand el rey de Argel; pero de todos modos el rey catlico obr con cordura y como agente providencial al dar una importancia mxima aquella insurreccion, puesto que era un anuncio de la grande amenaza que al ao siguiente le iba arrastrar un combate glorioso contra el turco, y porque contra ella iba ensayar su militar pericia el glorioso jven destinado hundir la arrogancia de la media luna en las aguas de Lepanto. Adems, entre las fuerzas del rebelde Aben Humeya habia considerable nmero de otomanos y socorros cuantiosos de Berbera, capitanes prcticos en su manera particular de hacer la guerra, armas y vituallas en abundancia. Vea por otra parte el rey que la reunion de gente y de provisiones se hacia muy despacio, y parecindole que con acercarse l mas al reino de Granada daria mas eficaz impulso las ciudades y seores, y que con la fama y autoridad de su venida andarian mas retenidos los prncipes de Berbera en dar auxilios, resolvi pasar Andaluca y llamar crtes en Crdoba para dia sealado, convocando los procuradores de las ciudades y mandando disponer aposentos. Sabido es lo que eran las crtes en Espaa bajo la casa de Austria. La guerra de los _comuneros_ habia sido la ltima llamarada deslumbradora de la antigua representacion nacional: despues de ella nada qued del principio democrtico, nada de la independencia nobiliaria, nada del predominio del alto clero. Lo que ahora se llamaba crtes era la reunion de diez y ocho veinte diputados para aprobar cuanto mandaba el rey. No debe por lo tanto estraarse que una sala capitular de sesenta pis de longitud se considerase parage muy adecuado para celebrar sus crtes el reino con toda comodidad y decoro. Preparse para aposento del rey el palacio del obispo, pasando este su habitacion al hospital de S. Sebastian, que pidi al cabildo, trasladando los enfermos al de Anton Cabrera; y para que S. M. pudiera ir desde el templo su palacio sin que le importunase el gento, se engalan como era regular el pasadizo por donde los reyes rabes se trasladaban de uno otro edificio. En la puerta del Perdon aderez el cabildo un altar con una imgen de nuestra Seora y una reliquia. Tambien la ciudad se esmer en disponer un recibimiento digno del augusto husped y de su corte. Hizo blanquear la torre de la Puerta Nueva, por donde debia entrar el rey, y lo mismo todas las otras torres vecinas y parte de muralla que desde all se descubren. Ensanch considerablemente la puerta, renov la imgen grande de nuestra Seora que estaba encima, y puso en lo alto de la torre un escudo con las armas reales y dos con las de la ciudad los lados. En la _Corredera_, que es la plaza principal, por donde habia de pasar igualmente la regia comitiva, acababa de hacer construir el corregidor D. Francisco Zapata de Cisneros, conde de Barajas, una hermosa fuente de jaspes encarnados y negros, de tres cuerpos con pilon ochavado y dos tazones de elegante forma, que llam despues la atencion del rey. Lleg el dia sealado para la entrada, lunes 20 de febrero: ya el viernes antes habia hecho la suya el cardenal Espinosa con muy solemne recibimiento. Ahora la Puerta Nueva estaba lujosamente revestida con los paos del cabildo concejil, de terciopelo carmes y amarillo, bordadas en medio las armas de la ciudad; al lado derecho habia un dosel de brocado, muy espacioso para que debajo de l pudiera situarse el rey caballo prestar su juramento de guardar la ciudad sus preeminencias y libertades; habia tambien muchos tablados, ricamente guarnecidos, para las damas ansiosas de presenciar tan solemne acto; todas las calles de la carrera estaban colgadas vistosamente, y por ltimo tenia preparados la ciudad seis castillos con grandes luminarias para despues de anochecer, mas de las caprichosas iluminaciones de las casas particulares, muchas de las cuales debieron malograrse con el aguacero que descarg aquella noche misma desde las nueve en adelante[389]. Sali la ciudad recibir Felipe II, vestidos los jurados de amarillo con ropones de terciopelo verde y vueltas de raso amarillo, los veinticuatros de blanco con ropas de terciopelo carmes y vueltas como el vestido, sus maceros delante con ropas de damasco carmes: todos cabalgando. Aperonse en el campo del Marrubial, y cuando lleg el rey, uno uno le fueron besando la mano. Lo mismo hicieron el obispo y el cabildo eclesistico, con el entretenimiento consiguiente la gran muchedumbre de gente de pi y caballo que all habia acudido. Prosiguiendo luego el rey su entrada, al llegar la puerta de la ciudad se situ bajo el dosel que le estaba preparado, prest su juramento, entr despues bajo el palio de brocado que tenian enfrente el corregidor y otros veinticuatros, y tomando con su numeroso y lucido cortejo la calle derecha, lleg S. Pedro, se enderez la Corredera, subi los Marmolejos arriba, baj por la calle de la Feria, y sali por la platera al ngulo S-E. de la iglesia mayor[390]. Recorriendo toda su fachada oriental, se ape en la puerta del Perdon, donde le esperaban ya pi el obispo con asistentes y diconos, la procesion de todo el clero y cruces de las parroquias, y los prebendados con sobrepellices y capas de brocado. Arrodillse ante el altar que all se habia colocado, el cardenal le di el agua bendita, el obispo le di besar la reliquia, y entonando la msica el responsorio _elegit Deus_, camin la procesion al altar mayor antiguo, donde dijo el obispo las oraciones que previene el Pontifical y di la bendicion solemne al rey, la ciudad y la corte. Era este obispo D. Cristbal de Rojas y Sandoval, que estaba en esta misma poca grandemente consagrado dar impulso la obra del nuevo crucero, como dijimos en su lugar oportuno.[391] Acudieron Crdoba adems de los procuradores de las ciudades, muchos seores y caballeros de toda Andaluca, con no pocos personages notables de la corte. El rey se detuvo dos meses tomando con sus crtes las providencias convenientes para la reduccion de los moriscos, y antes de pasar Sevilla recibi un fastuoso homenage del duque de Medinasidonia, quien desde sus estados fu Crdoba besarle la mano, con tan lucido acompaamiento que ocup las lenguas de la fama por mucho tiempo[392]. Capilla de _Nuestra Seora de la Concepcion_. Fu esta capilla fundada por un racionero hcia el ao de 1571, contra el muro de levante, entre la capilla de Sta. Ana y el postigo llamado _de los Juanes_, que es el mas prximo al patio de los Naranjos por aquel lado. Hemos hecho mrito de un acuerdo del cabildo, de enero de 1517[393], del que se colige que en este ao se destinaba la librera el local de la antigua y espaciosa capilla de Santiago. Posteriormente, en la sede vacante del obispo D. Fr. Bernardo de Fresneda (ao de 1577), determin el cabildo hacer de la librera un nuevo Sagrario, por ser pequeo el antiguo que estaba en la capilla de la _Cena_. Esta obra se continu con ardor por el obispo D. Fr. Martin de Crdoba; mas con su muerte, acaecida en junio de 1581, qued suspendida, hasta que en agosto de 1583 la continu y acab el obispo Pazos y Figueroa. Hzose el _Sagrario_ propiamente dicho al fondo de la nave central de las tres que contenia la mencionada capilla de Santiago, rozando el muro en todo su espesor para abrir en l una especie de camarin entre las dos torres rabes que sirven de contraresto las dos arqueras tendidas de norte sur. Estas dos torres quedaron por su haz esterior unidas con un fuerte muro, segun aparece hoy. Cirrase este camarin con una puerta de talla dorada; sus lados hay dos altares, en que se ven pinturas al fresco representando dos profetas; en las naves laterales hay tambien altares; las paredes estan todas cubiertas de pinturas al fresco de los mrtires de Crdoba, costeadas por el obispo Pazos y ejecutadas por el italiano Csar Arbasi, pintor de la escuela de Leonardo de Vinci[394]. La puerta principal de esta capilla es una verja de hierro muy bien trabajada por Fernando de Valencia: en su parte superior campean las armas del obispo D. Fr. Martin de Crdoba. Sobre las puertas laterales por la parte interior se len los siguientes versos: _Consecrata solo coelo exaltata triunphat Corduba tot tantis inclyta martyribus._ _Concives Sancti vos Corduba vestra precatur Sit vestro semper salva patrocinio._ Yacen en ella sepultados varios obispos, pero solo D. Antonio de Pazos tiene delante del comulgatorio una lpida de jaspe rojo con inscripcion que l mismo dict en vida. Capilla de _Nuestra Seora la Antigua_. En 1597 la labr el jurado Alonso Cazalla en el ngulo N-E. de la mezquita primitiva anterior al ensanche dado por Almanzor. Puso en ella una imgen de Nuestra Seora, pintada al parecer sobre fondo dorado y menudamente labrado que le d ciertos visos de verdadera antigualla. Apenas hay ciudad importante donde no se venere alguna de estas imgenes, que la tradicion supone reliquias de la Espaa visigoda, milagrosamente salvadas durante la dominacion sarracena y restituidas con la reconquista la pblica devocion. Ofrecen por lo general un carcter evidentemente bizantino; pero esto no obsta para que la piadosa tradicion prevalezca si se considera que los griegos de Constantinopla eran los nicos pintores en los primeros siglos de la Iglesia. Esta capilla es la postrera huella artstica del siglo XVI en la catedral de Crdoba. Habiendo de mencionar ahora las obras ejecutadas en el siglo XVII y primera mitad del XVIII en que terminan las fundaciones hechas en nuestra catedral, diremos antes en pocas palabras el carcter de la arquitectura en este perodo. Aquella severa grandiosidad, aquel purismo clsico que distinguia las construcciones de los restauradores de la arquitectura greco-romana, y que tanto agradaron durante el reinado de Felipe II y la mayor parte del de Felipe III, empezaron abandonarse desde los primeros aos del siglo XVII. Comenzaba desgraciadamente para Espaa la poca de su gran decadencia en poltica, en armas, en letras: cmo no habia de languidecer un arte como la arquitectura que necesita mas que otro alguno para desarrollarse, la juventud, la energa y la vida de la inteligencia? Cuando declinan las ideas decaen necesariamente las formas: as el que quiera estudiar _ priori_ las vicisitudes del arte bajo los ltimos monarcas de la casa de Austria, no tiene mas que hojear los libros de los prosadores y poetas contemporneos. Los italianos, reidos ya con la austera grandiosidad de Palladio, comenzaban disgustarse de la desnudez de los miembros arquitectnicos: revestan de follages, festones, lazos y entallos los frisos y entrepaos, los frontones, los dados, si bien conservaban puras las lneas y los perfiles. Las relaciones de nuestra Pennsula con Roma eran demasiado estrechas para que no se nos hiciese familiar el estravo que all padecia el buen gusto; adems, el estilo introducido por la escuela de Herrera habia en cierto modo agotado sus recursos, y se deseaba la novedad. Poco poco aquella especie de mana de ornamentacion, que al principio respet los distintivos caractersticos de cada rden arquitectnico, se fu comunicando la esencia misma de los cuerpos, la estructura y combinacion del conjunto. Hacer desaparecer los perfiles de un monumento bajo la balumba de los follages, como lo ejecut en el Panteon del Escorial el italiano D. Juan Bautista Crescencio, era una verdadera profanacion segun las reglas de los Vignolas, Albertis y Sagredos; pero hasta los de juicio mas severo se fueron paulatinamente acostumbrando la nueva manera, y ya en 1626 no tuvo escrpulo el hermano Francisco Bautista en adornar con hojas de acanto los capiteles dricos de la fachada de S. Isidro el Real de Madrid. Autorizada la peligrosa innovacion con tan insigne ejemplo, pronto se rompi el dique del respeto la antigedad, y Donoso, Barnuevo, Churriguera, Thom, Ribera y sus proslitos, inundaron en pocos aos el pais con sus licenciosas y amaneradas invenciones. Era esta la poca en que los ingenios espaoles contagiados del culteranismo literario y artstico, construan gongorismos lo mismo con piedras y estuco que con palabras. Es tal la paridad entre los arquitectos y los poetas de aquel tiempo, que al leer uno la crtica que hacia el Milizia de Borromino, podria creer que estaba aquel severo escritor juzgando nuestro clebre Luis de Gngora: fu, dice, uno de los primeros hombres de su siglo por la elevacion de su ingenio, y uno de los ltimos por el uso ridculo que de l hizo. Juan Martinez, Crescencio, y el hermano Francisco Bautista, eran ya puristas comparados con estos ltimos, cuya incontinencia de estilo rayaba en enagenacion mental y delirio. Conviene marcar las pocas. El estilo severo de los Herreras y de los Moras persevera sin contagio hasta la segunda dcada del siglo XVII, en que el Bernino y el Maderno hallan imitadores entre los espaoles, estimulados quiz de la proteccion concedida Crescencio por el poderoso duque de Olivares. Empieza pues insinuarse el amaneramiento desde antes de florecer como arquitecto de S. Pedro de Roma el Borromino. Declrase ms el divorcio con el clasicismo pasado cuando el Borromino logra secuaces entre nosotros, cuando Alonso Cano traza en 1649 su arco para la entrada de la reina D. Mara Ana de Austria en Madrid, es decir en la segunda mitad del reinado de Felipe IV. Entonces el Rizi contribua quiz mas que otro alguno precipitar esta revolucion artstica, con las decoraciones que como perspectivo ejecutaba para el teatro del Buen Retiro, y que la corte entusiasmada aplaudia. Secundbale Herrera Barnuevo con la pesadsima decoracion de la capilla de S. Isidro de Madrid. Todava sin embargo se conservaban enteras las cornisas y se miraban con cierto respeto las lneas rectas; pero vino Donoso en el reinado infeliz de Crlos II, con su claustro de Sto. Toms, con su iglesia de la Victoria, con sus fachadas de la Panadera y de la iglesia de Sta. Cruz, con su portada iglesia de S. Luis, obras todas ejecutadas en la corte; siguironle en Madrid, y aun extremaron su detestable escuela, D. Jos Churriguera con el tmulo que levant para las exequias de la reina D. Mara Luisa de Orleans, D. Pedro Ribera con sus portadas del Hospicio y del Cuartel de Guardias de Corps; y en las provincias Herrera el mozo, autor del templo del Pilar de Zaragoza; Thom, que traz el intrincado y clebre Trasparente de la catedral de Toledo; Arroyo, que hizo la casa de moneda de Cuenca; Rodriguez, que ide la portada del colegio de Santelmo de Sevilla; Moncalan y Portelo, que dirigieron la fbrica del hospital de S. Agustin de Osma; y rivalizando estos entre s en el deseo de producir cosas nunca vistas y de separarse en todo de las reglas de la antigedad, rompieron las lneas, hicieron cortes y resaltos revesados, retorcieron los entablamentos y los interrumpieron, alteraron todos los miembros arquitectnicos, y abandonndose al frenes de su imaginacion desarreglada, llegaron una completa dislocacion de las formas y de los miembros. El carcter de esta deplorable arquitectura consiste esencialmente en habrselo quitado todos los rdenes antiguos. Un entendido y juicioso escritor de bellas artes hace la siguiente felicsima enumeracion de partes del monstruoso estilo arquitectnico practicado en tiempo de Crlos II[395]. Las columnas, ora espirales y cubiertas de emparrados, ora surcadas de singulares estras y agallones, ora panzudas y rechonchas, larguiruchas y chupadas, alternaban con estpites y caritides, balaustres y pilastras, aqu y all esparcidas y estraamente apolazadas con recortes, escocias, gargantillas, y hasta nuevos capiteles, encaramados unos sobre otros. Ni cupo mejor suerte las cornisas. Cortadas y retorcidas de mil maneras, habrian parecido harto desabridas y montonas los innovadores si se hubiesen conservado en ellas la direccion recta y una sola moldura por picar. Dironles tormento, hicieron de sus diversas partes ondulaciones y resaltos: menudos frontones, arquillos, retozos y almenados, y hasta una especie de capacetes para cubrir las cornisas de las columnas, como si fuesen los remates truncados de un frontispicio, y sin otro objeto que servir de cabalgadura un angelote rollizo, de arranque un enlace fantstico de garambainas y chucheras. Convirtieron adems en repisas enormes mascarones los pedestales, para sostener encima una fbrica pesada informe; y cuando bien les pareci, no dudaron en colocar dos mas, unos sobre otros, hacer nichos de sus dados, y hacinar as los miembros arquitectnicos, sembrando el todo de hornacinas caprichosas, de figuras grandes y pequeas, como si jugaran al escondite entre las columnas; mientras que la mquina entera aparecia cubierta de tarjetones, pellejos, lazos, manojos de flores, conchas, querubines, sartas de corales, y otros diges y baratijas revesadamente combinados[396]. Este psimo estilo, tan arraigado en Espaa mientras la Francia, por el benfico influjo de Luis XIV, vea erigir en su suelo monumentos de carcter tan varonil, grandioso y severo como la columnata del Louvre, el palacio de Versalles, el Observatorio y el Hospital de Invlidos de Pars, se conserv hasta muy entrado el reinado de Felipe V; y solo en la tercera dcada del siglo dcimoctavo consigui el ilustrado vstago de la casa de Borbon empezar introducir un nuevo rden de ideas en el arte, reduciendo su cauce natural el desbordado y desperdiciado genio de los arquitectos espaoles. Trjonos este prncipe distinguidos profesores formados en las grandiosas mximas de Perrault y de Fontana: Juvara, Sachetti, Raveglio, Bonava, trasportndolas de las orillas del Tiber las del Manzanares, desterrando de todo punto las licenciosas prcticas churriguerescas, inauguraron la segunda restauracion. No faltaron arquitectos espaoles que rivalizasen con ellos; pero cuando empezaron florecer nuestros Ascondos ya el siglo XVIII tocaba la mitad de su carrera. Cuatro son pues los estilos que caracterizan la arquitectura del siglo XVII y primera mitad del XVIII: primero, el _greco-romano_ de Herrera y Mora, mas menos puro hasta la poca de Crescencio; segundo, el greco-romano desfigurado con follages, que podriamos denominar _crescentino_, y que dura hasta la mitad del reinado de Felipe IV, en que empiezan los ejemplos de la innovacion borrominesca; tercero, el _borrominesco_ propiamente dicho, que se desarrolla por obra de Cano, Rizi y otros, en la segunda mitad de aquel mismo reinado; cuarto y ltimo, el _churrigueresco_ puro de la infelicsima poca de Crlos II, parto de los delirantes cerebros de Donoso, Ribera, Churriguerra, Thom, etc., que se perpeta hasta espirar el perodo que hemos abarcado, despues del cual comienza la restauracion promovida por Felipe V. Esta clasificacion no debe sin embargo entenderse de una manera emprica: sabido es que en todos tiempos hay hombres apegados las ideas antiguas y en quienes no ejerce influjo la moda. As no debemos estraar, que del mismo modo que se decoraba la manera plateresca el coro de la catedral de Crdoba cuando mas acreditados estaban los discpulos de Juan de Herrera, se decorase tambien con forzada sencillez escurialense el retablo de su capilla mayor cuando ya el famoso marqus de la Torre cautivaba el pervertido gusto del pblico con sus pesados follages. Las protestas contra la moda reinante son muy frecuentes, si bien siempre mancas y defectuosas por lo que tienen de violento[397]. Con escasas escepciones por lo tanto, resultar la indicada clasificacion en exacta correspondencia con los aos en que respectivamente han sido ejecutadas las obras cuya enumeracion vamos continuar[398]. Capilla de _S. Pablo apstol_. Segun queda dicho atrs, D. Gonzalo Yaez de Godoy, caballero de Santiago y comendador de Beas, fund en el siglo XIV esta capilla espaldas de la Capilla Real (hoy sacrista de Villaviciosa) para enterrar en ella su padre el maestre D. Pedro Godoy. Por el abandono en que habia estado se hallaba ya sumamente deteriorada por los aos de 1512: en esta poca oblig el cabildo la familia de Godoy reedificarla; pero es probable que los cien aos escasos estuviese segunda vez arruinada, cuando un descendiente del maestre llamado D. Fernando Carrillo, presidente del Consejo de Hacienda, y despues de Indias, tuvo la idea de restaurarla. Comenzse esta obra el ao 1610, siguiendo en todo el gusto clsico de la escuela de Herrera, y se acab en 1614. Adornan esta reedificacion varias esculturas de tamao considerable y de mrito escaso, y grandes escudos de la familia de Godoy. Capilla de _S. Eulogio_. Es la sexta la derecha en la banda del norte entrando por la puerta del Sagrario. La fundaron Gabriel y Francisco Chirino de Morales en 1612. Se la nombra vulgarmente de S. Miguel por tener en su retablo un cuadro que representa al santo arcngel. Capilla de los _Stos. Varones_. Es la segunda la derecha entrando por la misma puerta del Sagrario, en la misma banda del norte. Fu fundada por el jurado Gonzalo Muoz de Velasco en 1614. Capilla de las _Animas_. Se halla contigua la anterior por el poniente: la fund antes del ao 1616 el Inca Garcilaso de la Vega, natural del Cuzco, hijo de D. Pedro Suarez de Figueroa, y se halla sepultado en ella: los lados de su altar, en dos lpidas de jaspe negro, tiene la siguiente inscripcion con letras doradas: _El Inca Garcilaso de la Vega, varon insigne digno de perptua memoria, ilustre en sangre, perito en letras, valiente en armas, hijo de Garcilaso de la Vega, de las casas de los duques de Feria Infantado y de Elisabet Pella, hermano de Huayna Capac, ltimo emperador de las Indias, coment la Florida, tradujo Leon Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivi en Crdoba con mucha religion. Muri ejemplar. Dot esta capilla: enterrse en ella. Vincul sus bienes al sufragio de las Animas del Purgatorio. Son patronos perptuos los seores dean y cabildo de esta santa iglesia. Falleci 22 de abril de 1616. Rueguen Dios por su nima._ Capilla de la _Epifana_. La erigi por los aos de 1622, al levante de la de S. Eulogio, el licenciado Baltasar Njera de la Rosa, racionero entero de la santa iglesia. Es su patrono el cabildo, y como tal cumple la memoria que instituy el fundador de una misa rezada todas las veces que ajustician algun reo de la ciudad de Crdoba, sea hombre mujer, en sufragio de su alma. Cumplia tambien la de dotar con cincuenta ducados las mujeres de mal vivir que quisiesen tomar estado, y la de socorrer con cierta porcion nua todo el que, siendo pariente del fundador dentro del cuarto grado, viniese pobreza, hacindolo presente. Capilla de _S. Andrs_. Es la primera la izquierda entrando por el arco de las Bendiciones, y fundacion del Dr. D. Andrs de Rueda Rico, provisor que fu de Crdoba y cannigo doctoral de su santa iglesia, del Consejo de la Inquisicion, quien la labr en el ao 1628. La llaman comunmente de S. Eulogio por un buen cuadro de este santo que se ve en su altar, pintado por Vicente Carducho. Capilla de _S. Esteban_. Cae al levante de la de S. Andrs. La fund en 1648 un D. Fernando de Soto, de quien no queda mas memoria. El cuadro de su altar representa el martirio del Santo titular; es obra de Juan Luis Zambrano, y no carece de mrito. Capilla de _Nuestra Seora del Rosario_. Est situada entre la de la _Epifana_ y la de las _nimas_; segun unos fu fundada por D. Juan Jimenez de Bonilla, familiar del Santo Oficio, en 1614; segun otros, y esto parece lo mas probable atendido el mal gusto arquitectnico de su retablo, la hizo labrar en 1669 D. Pedro Bojeda y Bonilla dejando por patronos los racioneros y medio racioneros. Es lo cierto que estos pertenece hoy en propiedad, y que en ella tienen su entierro. Entre esta capilla y la de la Epifana hay una columna, de las de la antigua mezquita, en cuyo fuste est groseramente grabada una imgen de Jesus crucificado. En el muro donde est recibida esta columna, pusieron en el siglo XVII dentro de un recuadro, un bajo-relieve pintado que representa un cautivo de rodillas. Cuenta la piadosa tradicion que fu un cautivo cristiano el que traz en la columna aquella santa imgen, cuando la catedral era mezquita de los sarracenos, y que lo hizo solo con la ua, cediendo milagrosamente la dureza del mrmol al poder de su f. A este prodigio aluden los siguientes versos latinos esculpidos sobre el mencionado bajo-relieve: Hoc sua dum celebrat mahometicus orgia templo Captivus Christianus numina vera vocat. Et quem corde tenet rigido saxo ungue figurat Aureolam pro quo fune peremptus habet. cuya traduccion, mas que libre, puesta al lado, dice as: El cautivo con gran f en aqueste duro mrmol, con la ua seal Cristo crucificado, siendo esta iglesia mezquita donde lo martirizaron. Hay quien ve en esta tradicion un recuerdo desfigurado de la historia de los santos mrtires Rogelio y Serviodeo, que atrs dejamos referida, y no se nos alcanza en verdad por qu no ha de ser la memoria fiel de algun hecho autntico no registrado por la historia; porque mas dificultad hay en acomodar la tradicion el suceso de aquellos mrtires, que ni estuvieron como cautivos dentro de la mezquita, ni en ella fueron martirizados, como no podia nadie serlo sin una violenta infraccion de las leyes alcornicas, que en suponer desde luego que aquella columna hubiese pertenecido otro lugar, que el cautivo hubiese sido atado junto ella en alguna crcel mazmorra, y que al tiempo de la reconquista, despues de purificada la mezquita y convertida en templo cristiano, hubiese sido trasportada al puesto que hoy tiene para dar culto la imgen milagrosamente esculpida en su fuste. Capilla de la _Natividad de Nuestra Seora_. Se halla situada en la banda de levante, al norte de la de la Asuncion: fu fundada en 1675 por el arcediano de Pedroche D. Andrs Perez de Bonrostro. Capilla de _Nuestra Seora de la Concepcion_. Ocupa el sitio donde se coloc la primitiva pila bautismal recien purificada la mezquita, y donde permaneci hasta que fu trasladada la desierta capilla de S. Matas. El piadoso obispo D. Fr. Alonso de Salizanes, movido de la gran devocion que tenia al misterio de la Pursima Concepcion de Mara, deseaba ardientemente que en su tiempo se celebrasen en la catedral el dia y octava de este sagrado misterio, con el mismo aparato y grandeza con que se celebraban el dia y octava del Corpus. La abundancia con que favoreci Dios Crdoba el ao 1679 le determin escribir al cabildo manifestndole su nimo resuelto de dotar la referida octava y de hacer nueva capilla la Concepcion de Nuestra Seora. Habia ya con este mismo ttulo otras dos capillas fundadas en el dcimosexto siglo; pero sin duda no llenaban por su estructura el objeto del buen prelado, quien debi creer de buena f que para glorificar Nuestra Seora y darle pomposo culto, era arquitectura mas acomodada el pomposo y exuberante _churriguerismo_. En la nave del Sagrario estaba desierta de muchos aos atrs y casi arruinada la capilla de S. Matas, llamada del Sol, y se habia adjudicado la Fbrica con el intento de mudar ella la pila bautismal por estar en sitio mas proporcionado para que los curas administrasen el Sacramento del bautismo; y valindose de este intento el obispo Salizanes mud la pila, y empez desde luego labrar la nueva capilla de la Concepcion. Emple en ella mucho jaspe rojo, mucha pintura al fresco, mucho bronce, mucho embutido de mrmol blanco, muchos relicarios de plata y oro de entortijadas formas, lmparas, vasos, y otras alhajas del mismo estilo, y algunas esttuas en actitudes sumamente movidas; y logr un conjunto tan poco feliz, tan inarmnico y desarreglado, que no hay ojos familiarizados con las buenas obras del arte que lo puedan resistir. Capilla de _Sta. Teresa_ del _cardenal Salazar_: _sacrista mayor_. La sacrista de la catedral era muy estrecha para la cmoda custodia de los ornamentos y vasos sagrados, y as no correspondia la grandeza y necesidad que tenia la Fbrica. El cardenal Salazar, sucesor de D. Fr. Alonso de Salizanes en el obispado de Crdoba, deseaba darle sacrista capaz; pero no hallaba sitio propsito para hacerla. Habia una capilla de S. Martin, que estaba casi desierta, cuyo patronato pertenecia por el apellido de Cabrera al mayorazgo de las Escalonas. Esta capilla, y otras dos ella contiguas dedicadas S. Andrs y Sta. Brbara, que habian servido de sacrista y antesacrista de la catedral antigua, ocupaban un espacio bastante considerable: llenaban entre las tres los ltimos tramos de las dos naves principales octava y novena, con todo el fondo de la construccion rabe que servia de ala derecha al mihrab. La fundacion de S. Martin se traslad al Sagrario; la de S. Andrs fu parar uno de los pilares de la iglesia; la de Sta. Brbara se mud otro pilar. Admiraba por este tiempo con sus resaltos, retrucanos y enorme hojarasca, un arquitecto, maestro mayor de Madrid, llamado D. Francisco Hurtado Izquierdo, que habia construido la capilla del Sagrario de la Cartuja del Paular: profesor contemporneo del famoso Churriguera, con quien rivalizaba en el desarreglo de la fantasa. De este, quien el juicioso Llaguno cuenta entre el nmero de los principales _gerigoncistas_, se vali el escelente cardenal, poco versado por lo visto en las reglas del buen gusto, para que dirigiese la obra. Debi hacerlo muy su satisfaccion, porque bajo el influjo de la prostitucion artstica la ornamentacion mas licenciosa es la que mas agrada. El prdigo D. Francisco Hurtado llen de bollos de estuco y escayola todo el cornisamento y toda la cpula de la cmara principal, que es de planta ochavada, as como los arcos de cada uno de sus siete frentes, los medallones de los altares, las repisas de los entrepaos, todo en suma cuanto perfil su lpiz en el papel al hacer la reparticion de miembros de su proyecto. Al lado derecho hay una puerta, que para el arte mas valiera estuviese tapiada, la cual conduce otra capilla baja por una costossima escalera de treinta y una gradas de jaspe rojo. Esta cmara tiene la misma forma ochavada que la superior, y es de piedra caliza dura, y su pavimento de losas blancas y azules. Al lado izquierdo hay otra puerta por donde se entra la pieza en que se custodian las alhajas de la iglesia, las reliquias y otras preciosidades. Lo mejor de este tesoro para los que aman el arte de los buenos tiempos, es la custodia de Enrique de Arfe, que dejamos descrita mencionando las cosas notables del siglo XVI. Del mismo gusto, y tal vez de las mismas primorosas manos, es una cruz que llaman la _cruz antigua_, y que en las grandes festividades suele quedar encerrada y oscurecida, postergada otra de insignificante estilo que regal el ao 1620 el obispo Mardones. Podramos decir de aquella que est toda cuajada de primorosa crestera del gtico-florido, con preciosos arquitos conopiales de gran pureza y garbo (hoy por desgracia imperfectamente restaurados); pero de la nueva qu diremos? Lo que dicen los _cicerones_ los ingleses que visitan estas alhajas, y que por lo general es todo cuanto necesitan saber: que es toda de plata sobredorada con esmaltes, engastes de oro y pedrera, que pesa ciento nueve marcos, y que es _obra de esquisito trabajo_. La capilla del cardenal Salazar, llamada tambien de Sta. Teresa por el altar dedicado en ella esta santa famosa, fu acabada de construir el ao 1705. Al ao siguiente muri el prelado, y sus albaceas le erigieron en su capilla un gran mausoleo, suntuoso la manera que esto se hacia en aquella poca, es decir, con urna de forma estraordinaria sostenida de leones de raza imposible, con profusion de molduras y embutidos, y su esttua barroca encima cobijada por un abultado pabellon de jaspe. En la urna grabaron este epitfio, en que oportunamente se recuerda uno de sus mas gloriosos hechos de caridad, el hospital general que fund: H. S. E. _Emmus. D. D. frater Petrus de Salazar, Ordinis Beat Mari de Mercede Generalis, Episcopus Salmantinus, et Cordubensis; ab Innoc. XI Caroli II Hispaniar. regis nominatione tituli Sanct Crucis in Hierusalem, Presbyter S. R. E. Cardinalis creatus. Omnibus virtutum et litterarum ornamentis clarissimus, ecclesiastic disciplin vindex, pauperum parcus, quos, ut etiam mortuus sublevaret, insigne xenodochium erexit et dotavit. Obiit 14 augusti 1706. Vixit annos 76, menses 4, dies 3. Communi Parenti bene precare._ Capilla de _Sta. Mara Magdalena_. Est situada contra el muro del norte, y es la tercera la izquierda entrando por la _puerta de las Palmas_. Se ignora en qu poca fu fundada[399]. A esta humilde capilla se refugiaron en 1842, mediante la buena obra de un prebendado piadoso, las devotas imgenes que habian estado en las calles siglos enteros atestiguando como pblica profesion de f el antiguo catolicismo de Crdoba. Entonces fueron proscritos esos venerandos objetos, que otras naciones, verdaderamente tolerantes y liberales, creen muy compatibles con lo que se llama regeneracion social en nuestro siglo de gongorismos polticos. Capilla de _Nuestra Seora de Villaviciosa_. Era la capilla mayor de la catedral antigua, labrada como en su lugar oportuno se dijo espensas del rey D. Alonso el Sabio[400]. Restaurada segun algunos creen por el obispo D. igo Manrique en 1489[401], y renovada por tercera vez en 1710 con arreglo al antiptico gusto dominante en los primeros aos del reinado de Felipe V, ni rastro queda en ella de la arquitectura del siglo XIII. Todo es hoy all churrigueresco escepcion del elegante arco rabe angrelado que tiene al lado derecho mirando al Santuario de la antigua mezquita, el cual subsiste, no sabemos por qu milagro, como nufrago libertado de una furiosa tempestad. No hay en la decoracion de esta capilla una lnea recta en que pueda reposar la vista: todas aparecen ondulosas, disfrazadas, interrumpidas, como si las mirase uno por un vidrio lleno de visos. Su bveda, sus paredes, su gran retablo, sus altares de Sto. Toms y de S. Fernando, cuajados de cogollos y follages dorados, podrian en pequea escala pasar por verdaderos primores si fueran obra de monjas. Guarda celosa Crdoba en esta capilla una santa imgen que es su nmen tutelar, como lo era para la antigua Troya la famosa esttua de Palas. Es una imgen de Nuestra Seora, que tom el nombre de una villa del reino de Portugal, de donde se supone que la trajo la Sierra principios del dcimosexto siglo un pastor de vacas llamado Hernando. Manifiestas desde luego en su humilde ermita de la montaa las grandes maravillas obradas por su intercesion, cundi rpidamente su fama por toda la provincia: el obispo D. Fr. Juan de Toledo, que acababa de confirmar las constituciones de su cofrada, fu en 1529 el primero que dispuso se acudiese la sagrada imgen para implorar la clemencia divina en las pblicas calamidades, y desde entonces comparte la Vrgen de Villaviciosa la proteccion y defensa de Crdoba con el arcngel S. Rafael, con los santos patronos Acisclo y Victoria, y con los demas clebres mrtires del arzobispado. A su benfico influjo, ya se agolpan las nubes sobre los estensos campos descendiendo de su seno en copiosa lluvia la fecundidad los sedientos surcos, ya huyen como derrotados escuadrones recogiendo las rotas cataratas del cielo cuando la tierra saturada parece anegarse. Por su influjo las olas devastadoras de los rios desbordados vuelven mansamente su cuce, como dispersas reses al rebao, y cesan las inundaciones; por su influjo las legiones invisibles de ngeles esterminadores que ejecutan las iras divinas llevando los pueblos las pestes, se replegan respetuosas sin descargar la tremenda plaga. En las sequas, en las anegaciones inundaciones, en los contagios, en todas las grandes calamidades, recurre Crdoba su milagrosa abogada con fiestas, novenarios, rogativas y procesiones. Pero es en las sequas principalmente, tan frecuentes en toda la Andaluca, cuando se implora su maravilloso poder. Antes del referido ao 1529 se hacian en casos semejantes procesiones los santuarios de la Fuen-Santa y de Nuestra Seora de las Huertas; desde entonces se introdujo la costumbre de traer la imgen de Villaviciosa la iglesia de S. Salvador de Crdoba, y de aqu la catedral, en cuya capilla mayor antigua permanecia depositada el tiempo que duraban las solemnes deprecaciones. Sin embargo desde un principio manifest el cabildo su deseo de no desprenderse de ella: las limosnas que producia la Fbrica fueron primero escelente pretesto para retenerla desde la primavera del ao 1529 hasta fines del ao 31; la mala vigilancia que con ella se habia tenido en su santuario, dando lugar que un rstico de Antequera, nuevo Diomedes, osase robar el paladion de la moderna Crdoba, fu despues motivo suficiente para que en 1536 se declarasen el cabildo y la ciudad con derecho de patronazgo su custodia en su santa casa; en el ao 1576 el obispo D. Bernardo de Fresneda, con la gran devocion que cobr esta santa imgen, la detuvo en Crdoba casi tres aos, en cuyo tiempo mand hacerle un vestido de plata y un precioso trono con peana de lo mismo, con la esttua de S. Bernardo y la suya de rodillas, y en los cuatro lados del trono grabada en grandes lminas, tambien de plata, la historia del pastor que trajo la milagrosa imgen de Portugal; el obispo Pazos intent formalmente en 1586 que no volviera salir de la catedral, donde quiso erigirle nueva capilla; el cabildo en 1596 prob con hechos que fuer de patrono podia en caso necesario llevrsela adonde mejor le pareciese, porque ofendido de la ilegal donacion que el obispo Portocarrero habia hecho de su santuario, la tuvo depositada en la capilla de S. Pedro hasta que aquel prelado fu trasladado Cuenca; y finalmente la sequa del ao 1699 fu la que di ocasion fijar definitivamente la permanencia perptua de la milagrosa imgen en la catedral, para consuelo del pueblo cordobs y remedio en sus aflicciones y necesidades[402]. Protectora de esperanzas casi nunca frustradas, objeto de splicas fervorosas de los corazones atribulados, causa de inefables inocentes alegras, permanece desde entonces la santa Vrgen de Villaviciosa en la capilla que lleva su nombre, sin habrsela bajado de su altar mas que para las procesiones que en torno de la catedral se celebran cuando se implora su poderosa mediacion, y en el ao 1710 para la costosa y poco acertada obra de renovacion que hizo el medio racionero D. Antonio Monge Maldonado. Describa otra pluma, esclusivamente consagrada la nunca escesiva alabanza de esta santa patrona, las escenas patticas y afectuosas de que ha sido constantemente teatro su capilla, particularmente aquella del ao de hambre de 1750, en que mil prvulos de ambos sexos, abandonados por sus infelices padres la pblica caridad, vestidos y alimentados por los piadosos capitulares, acudieron ponerse bajo el patrocinio de Nuestra Seora cantando sus letanas. Es hoy su sacrista la que para capilla real habia destinado D. Enrique II. Habindose unido esta en virtud de bula del papa Benedicto XIII la real iglesia colegial de S. Hiplito, fundada por el rey D. Alonso XI y restaurada en 1727, los reales cadveres que estaban en ella depositados fueron trasladados su nuevo panteon el dia 8 de agosto de 1736, entre dos y tres de la madrugada, pobremente, sin luces ni acompaamiento. Llevronse en las mismas arcas antiguas de madera en que estaban en la catedral, y en ellas se conservaron bajo sendos arcos los lados del coro de la nueva colegiata hasta el ao de 1846, en que se les hicieron sepulcros de jaspe rojo, de forma nada bella. Hemos estudiado juntos, lector pacientsimo, la interesante historia de mil aos del monumento mas grande y memorable que descuella en el suelo andaluz. Faro glorioso del arte bizantino desde su ereccion hasta el siglo de Almanzor, difundi su luz hasta las glidas mrgenes del Rhin ayudando alumbrar con ella el dilatado imperio de Carlomagno y de sus sucesores. Modelo despues del arte africano en la peregrina decoracion de algunas de sus cmaras[403], fu la escuela matriz donde aprendieron aquella elegante y voluptuosa ornamentacion morisca que finge arcos de cintas rizadas, paredes de encajes y flores, frisos de estalactitas y armaduras de caprichosos lazos, los discpulos de los mudjares cordobeses, que mas tarde construyeron sobre columnas sutiles como el pensamiento alczares para los reyes moros de Sevilla y Granada y para los reyes y magnates semi-renegados de Castilla. Convertido de mezquita en catedral, nada bast despojarle de su primitivo carcter, y cuantos elementos arquitectnicos le prest el arte occidental cristiano en los tres siglos de su gran desarrollo, XIII, XIV y XV, todos se los subordin, emplendolos en obras secundarias para que campease siempre como principal la hermosa creacion de los Umeyas. El siglo del _renacimiento_ no hizo mas que descuajar dentro de su gran bosque de columnas el espacio en que habia de implantarse una catedral nueva. Sufri la arrogante sultana del Btis que se derribase en torno del espacioso rectngulo su rico artesonado de alerce para poner en su lugar bveda gtica; pero favorecida en cambio por multitud de circunstancias contrarias la nueva edificacion, vi pasar los sistemas artsticos que representaban algo de bello de grande, el plateresco de Crlos V y el greco-romano de Felipe II, sin que dejasen en su recinto concepciones que pudieran amenguar su prestigio. Cuando la nueva favorita que la obligaron abrazar, y aun sostener con sus columnatas, lleg punto de exornarse, la vi impasible recurrir un sistema mixto de todos los estilos anteriores, formndose una ostentosa vestidura llena de gala y riqueza, pero desprovista de verdadera belleza artstica. Por ltimo al comenzar la dcimoctava centuria, todos los estilos buenos y malos, los buenos en obras de poca importancia, los malos en construcciones muy capitales y de gran coste, habian dejado en l su huella, ya en las cuatro bandas de capillas que ceian por dentro su permetro, ya en las edificaciones que interceptaban sus largas naves, ya en el misrrimo embovedado de estas, ya en su atrio y prticos adyacentes, ya finalmente en sus fachadas esteriores, torre, puertas y postigos; y pesar de tantas y tan radicales mutilaciones y transformaciones, todava conservaba indeleble la gran fbrica sarracena el sello del arte religioso islamita. Y hoy mismo, para nosotros, viajeros del siglo XIX, todava le conserva pesar de las plagas que le han caido encima, pesar de las innumerables manos de cal y ocre que le han envuelto por defuera, y de los cuajarones churriguerescos que le han brotado por dentro. Hoy, s, mal que le pese nuestra fervorosa f, la catedral de Crdoba es todava la mas elocuente defensa del genio que avasall la Espaa visigoda; y como el poderoso arte cristiano del siglo XIII que tenia ttulos respetables para haber trocado toda su fisonoma, quiso hacer alarde de tolerancia, y el ridculo arte _gerigoncista_ se limit satisfecho provocar competencia, poniendo dos muestras de su habilidad una en jaspes y escayola, otra en dorada talla, cerca de aquella preciossima perla del arte arbigo-bizantino (el _Mihrab_) que formaron de consuno para maravilla del Occidente los genios del Bsforo y del Guadalquivir reunidos: de aqu resulta, que, una vez visitado este singular monumento, en cuanto descubrimos al fin de una tortuosa calleja de las que l guian las almenas dentadas de sus muros y torres, aun sin entrar en su embalsamado _patio de los Naranjos_, aun sin asomar la vista aquellas rectas y soberbias alamedas de columnas en cuyo fondo resplandece como un brocado de oro la fachada del _Mihrab_, al punto creemos oir el clamoroso pregon de los almuedanes que nos grita: Venid orar, venid adorarle: Dios es grande, Dios es nico! olvidndonos completamente de que el esbelto alminar de donde partia los cuatro vientos el aliden es hoy una pesada torre del siglo XVII. Al estudiar la historia de este monumento has visto desarrollarse la historia del arte en los siglos medios y en la edad moderna: te has hecho cargo de sus vicisitudes y transformaciones, de las causas que las han producido, de los agentes que las han consumado. Larga ha sido nuestra primera jornada, porque no era posible en ella hacer alto: ahora discurriremos placer por un campo mas variado y ameno. Captulo tercero. _Crdoba mozrabe._ Producto singular de dos opuestas civilizaciones, donde si bien la una prepondera, la otra no se extingue, ostntase la antigua _Colonia patricia_ en la poca mas floreciente que alcanz la dinasta de Merwn, exaltada de consuno por el genio del placer y por la religion del sufrimiento. Engrandcenla, por una parte, la paz esterior que corona las bien aseguradas conquistas, la prosperidad de la industria y del comercio, las riquezas que ella afluyen, las ciencias y letras que en ella se cultivan, las maravillas con que la engalana el arte arquitectnico, sus palacios, sus mezquitas, sus baos, sus mercados, sus jardines y casas de recreacion; por otra parte la engrandecen la vida ejemplar y evanglica de casi todos los desgraciados cristianos que viven en ella por el pacto de la conquista, las iglesias y monasterios en que se congregan para cultivar la ciencia divina, ejercitarse en la prctica de las virtudes y estimularse al adelantamiento en el camino de la perfeccion, las persecuciones sufridas, las celestes maravillas en su favor obradas, la sangre de los mrtires fecunda en santos. Entre la muchedumbre de gentes que la pueblan, sobresalen dos aventajadas razas: la una procedente de las nobles tribus de Ma'd y del Yemen, mixta de sangre siria y rabe, brava, grrula, valiente, conquistadora, sensual, fantica, cruel con los fuertes, generosa con los rendidos; la otra hispano-goda, de nimo noble, pero abatida ahora, acobardada por causa de sus prolongados infortunios, dispuesta sin embargo imitar el ejemplo de los que sacuden decorosamente el yugo de la tirana. Encierra la magestuosa reina del Guadalquivir dos poblaciones en una: Crdoba musulmana, y Crdoba cristiana; aquella hace alarde de la deslumbradora cultura que alcanza manteniendo su f en el Islam; esta solo anhela la exaltacion de la f en Jesucristo, y resignada con la pobreza de sus baslicas y monasterios, acostumbrada ya que los violentos dominadores no la permitan siquiera levantar en lo alto de sus torres una humilde cruz, tan solo aspira que la sagrada seal de la redencion se perpete hondamente grabada en los corazones y en el entendimiento de la raza vencida hasta que llegue el dia de su vindicacion gloriosa. Diez millas de longitud mide la populosa ciudad unida con las dos mgicas poblaciones de Az-zahra y Az-zahirah, estension inaudita de la mas variada y deliciosa perspectiva, tan risuea de dia como animada de noche, durante la cual puede recorrerse toda entera la claridad de miles de linternas; y dentro del vasto recinto solo ocupan los fieles mozrabes la porcion menos estimada, reducidos al barrio de la Ajarqua parte baja de la antigua ciudad, separados de la parte principal (_Al-Medina_) por una muralla, cuyo lmite no traspasan sin esponerse graves insultos y atropellos. El que solo consulte los historiadores rabes, se imaginar que los cristianos que vivian en Crdoba bajo la dominacion sarracena, podian disfrutar de toda tranquilidad mientras cumpliesen religiosamente la obligacion de pagar su respectiva capitacion (_jiz'yah_) y la contribucion territorial (_kharaj_), que satisfacian todos, as cristianos como muslimes; pero podr convencerse de que solo gozaba una proteccion de mero nombre ese pobre _pueblo patrocinado_[404], con solo echar una ojeada sobre las pginas veridicas de S. Eulogio, de Alvaro Cordobs y del abad Sanson, que con tanta elocuencia y energa retratan los desafueros y desmanes de que era vctima la poblacion cristiana. Es preciso tener presente que en los tiempos de persecucion no regian las leyes ordinarias, y los ministros de los califas rompian caprichosamente la valla de las estipulaciones. Los tributos eran entonces arbitrarios, la jurisdiccion del _Kitbatu-dh-dhimm_ magistrado instituido para decidir los negocios contenciosos de los cristianos y judos, quedaba en suspenso; y aun hubo ocasiones en que los mozrabes no pudieron presentarse en pblico sin riesgo de ser asesinados, puesto que todos los musulmanes fueron autorizados para proceder con mano violenta contra cualquier cristiano por el mero hecho de serlo. A la persecucion que estos sufrian bajo los mas ilustres y poderosos califas, agregbanse para aumento de sus tribulaciones las escisiones funestas que cada paso se declaraban dentro de su Iglesia y Estado, donde algunos personages ambiciosos y ciertos prelados sin f, lobos en su propio rebao, por granjearse el favor y las mercedes del rey y de la corte, promovian la celebracion de concilibulos, mas bien que concilios, contra los mrtires, la deposicion de los buenos obispos, la imposicion de gabelas y tributos estraordinarios que empobrecian las iglesias y las haciendas de los particulares mas acomodados, la destitucion de los mozrabes que el califa tenia su servicio, la afliccion en suma, la miseria y la ruina, la diseminacion y destruccion de esa pobre grey que estaban llamados regir y defender. Entre estos sobresalia Recafredo, metropolitano de la Btica, de triste celebridad por la violencia con que impugn la santa causa de los martirios voluntarios, suscitando uno de los mas deplorables cismas que afligieron jams la iglesia de Crdoba; y por haber oprimido y encarcelado al venerable obispo Saulo y al santo y sabio maestro de mrtires Eulogio. Tenia por auxiliar Recafredo un publicano esceptor de tributos, cuyo nombre no se ha conservado. Era el nico cristiano que habia consentido el rey Mohammed en este cargo, por la oficiosa diligencia con que habia cooperado la publicacion de un clebre decreto del impo metropolitano anatematizando el martirio voluntario, y obligando jurar todos los mozrabes que no se presentarian declarar su f. Este esceptor fu sin embargo destituido los pocos meses de haber prestado aquel servicio, y por recobrar su posicion, apostat de la religion de sus padres, primero en secreto, luego paladinamente, consolndole del desprecio y vilipendio con que se vea espulsado del gremio mozrabe y de las iglesias todas, que profanaba sacrlego, la privanza que hall en el indigno prelado y en el palacio. Adems de este fautor, tenia otros muchos del estado secular la satnica empresa del falso metropolitano. Ni faltaba por desgracia quien hubiese allanado el camino para la maligna obra, acostumbrando los califas menospreciar los fueros de la gente dominada; porque un jven francs renegado, dicono que habia sido del palacio de Ludovico Pio, y que usurpando el nombre de _Elezaro_ profesaba ahora la religion judica, casado con una hebrea, habia venido Crdoba pocos aos antes, tomando con astucia el cngulo militar para introducirse mejor en la corte de los sarracenos, y habia logrado concitar de tal manera contra los cristianos el nimo del califa y de sus wazires ministros, que no acudir pronto al remedio los afligidos mozrabes, suplicando con lgrimas al rey Crlos de Francia que reclamase la persona del apstata[405], todos hubieran sido compelidos hacerse judos mahometanos bajo pena de la vida. Otro obispo, por nombre Samuel, depuesto por justas causas de la silla Eliberitana, se vino igualmente Crdoba, y reneg, unindose los muzlemitas. Autorizado con el poder que el favor de la corte daba al malvado gobernador de los cristianos Servando, su pariente, fu uno de los que mas atribularon los fieles. Usurp el obispado de Crdoba prevalido sin duda de la timidez y ausencia del legtimo prelado, que era Saulo, el cual por temor de la persecucion, aun no favorecido entonces por el cielo con la imperturbable fortaleza de nimo que luego mostr, andaba escondido y separado del cuerpo del rebao. Servando por su parte, no obstante la bajeza de su orgen, pues descendia de esclavos de la iglesia de Crdoba, habia escalado con sus maldades la dignidad de _conde de los cristianos_; honra que solo correspondia los de linage ilustre; y baste saber que era avariento, soberbio, cruel, malvado finalmente en todo, para imaginarse hasta dnde llegaria lo opresivo de su conducta. Pero todava, como si no bastasen estos dos para afligir las iglesias de la Espaa sojuzgada, permiti el Seor que se agravase la lamentable condicion de los mozrabes por el concurso y obra de otros prelados que favorecieron los errores ya introducidos en el dogma, y de otros auxiliares de las mas repugnantes heregas. El conde Servando habia emparentado con un obispo perjuro y de psima condicion, cuyo nombre de Hostigesio _Hostigesis_ se divisa como un negro borron en la historia de la Iglesia mozrabe; y este era el mas ardiente promovedor de aquellas divisiones y cismas. El conde imponia tirnicamente los cristianos que estaban debajo de su patrocinio las mas exorbitantes contribuciones, venda los sacerdocios, causando con esto el escndalo de que el seglar metiese la hoz en lo sagrado, y de que la Iglesia recibiese ministros poco dignos. Hostigesio exigia con rigor las _tercias_ eclesisticas, y las invertia, no en restaurar los templos, ni en socorrer los pobres, segun estaba prescrito por los cnones conciliares, sino en regalarse y hacer agasajos los ministros del palacio; reprendia severamente los que predicaban la verdad contra los errores de ciertos hereges quienes protegia; hacia que el rey moro convocase concilibulos, en que los obispos, compelidos del terror, anatematizasen los que se proponia perder. Otros dos hombres perversos, Romano y Sebastian, padre hijo, cada uno de ellos peor que el otro, se declararon hereges _antropomorphitas_, de los que daban Dios cuerpo negando la universalidad de su presencia; sali la defensa de la verdad el intrpido y santo abad Sanson, y fu por Hostegesio perseguido. El legtimo obispo de Crdoba, Valencio, y el asidonense, Miro, pronunciaron en nombre de todos los prelados fieles la inocencia del abad: Servando y Hostegesio resentidos, maquinaron la deposicion de Valencio; sugirieron al rey que no podia haber paz mientras aquel no fuese depuesto, protestando que era la causa de todas las inquietudes y trastornos; decretse lo que pedian, que era la celebracion de uno de aquellos concilibulos[406] no raros en tan infelices tiempos, y juntando precipitadamente unos cuantos obispos y clrigos de la faccion de la corte, lograron que pronunciasen sentencia de deposicion contra Valencio, poniendo en su lugar, con infraccion de todos los requisitos cannicos, Esteban Flacco, persona de su confianza, cuya residencia establecieron en la iglesia de S. Acisclo por no atreverse consumar su obra echando Valencio de la catedral. Iban los cristianos cordobeses que permanecian fieles su f corriendo el deshecho temporal de estas persecuciones, cuyos horrorosos truenos los hacian estrecharse mas y mas y tributarse mtuos consejos y consuelos: bogaban por aquel revuelto pilago como bajeles que el comun peligro agrupa y que el furioso vendabal dispersa. Mientras unos se aprestaban valerosos en las casas, en los monasterios, en las crceles, dar la vida por su creencia, otros huan del estado cordobs, y entre ellos retirronse muchos monges y eclesisticos varias ciudades del norte de Espaa, donde se vivia con menor peligro, se refugiaron en los nacientes dominios de los reyes cristianos. Pas Barcelona el presbtero Tyrso, que alcanz gran favor entre el pueblo predicando y administrando los Sacramentos, aunque como intruso, en una iglesia de la ciudad. El rey Crlos de Francia, cuyo vasallo era ahora, por queja del obispo Frodoino de que el Tyrso se llevaba las dos partes de los diezmos de la ciudad, y por otros escesos de indisciplina, tuvo que mandar al conde de la Marca que le refrenase hiciese que en la percepcion de los diezmos se observaran estrictamente los Capitulares. A los dominios de D. Alfonso III, el Magno, acudieron un abad y varios monges, y diles el rey una iglesia de S. Miguel, donde fundaron el monasterio de S. Miguel de Escalada, despues tan famoso. Tambien se fu all el abad Alonso con sus monges, y el mismo rey les don el monasterio de Sahagun con sus antiguas posesiones para que le reedificasen y viviesen en l, como lo hicieron hasta el horrible dia en que fueron martirizados aquellos infelices monges, y destruido el monasterio[407]. Mas adelante, bajo la persecucion suscitada por Abde-r-rahman III, el mas grande de los califas, se pasaron tambien al reino de Leon el abad Juan y sus monges, donde hallaron una ermita dedicada S. Martin junto Sanabria, y edificaron en ella un monasterio que tom el ttulo de S. Martin de Castaeda. De este modo se iban lentamente consumando la dispersion de los cristianos de Crdoba, y la despoblacion y ruina de muchos insignes cenobios que florecian con gran opinion en tiempo de S. Eulogio. Es evidente que en tiempos tan poco afortunados, no podian emplear los mozrabes cordobeses mucha magnificencia en la construccion y reparaciones de sus parroquias y monasterios. Habia baslicas de remota antigedad, cuyos deterioros se reparaban con las tercias y las oblaciones de los fieles en los tiempos normales y tranquilos; pero algunas de las cuales habian de arruinarse forzosamente cuando aquellos recursos se distraan de su legtimo objeto y los cristianos acaudalados venian empobrecerse. Sin embargo era tal la piedad de estos, que no tan solo se atendia en muchas las restauraciones necesarias, como atestigua S. Eulogio, si bien aadiendo que esto se hacia econmicamente y con cierta rudeza, sino que tambien se erigian de nueva planta baslicas en la ciudad y monasterios para ambos sexos fuera de ella. Objeto de alta curiosidad artstica y arqueolgica sera investigar qu lugares ocuparon dentro de la ciudad, y en aquella pintoresca sierra de Crdoba, de donde bajaron un tiempo la orgullosa corte de los amires huestes enteras de mrtires y confesores, todas las baslicas y monasterios de que vamos hablando; qu se conserva hoy de las primeras en las parroquias que la tradicion supone renovadas despues de la reconquista sobre los primitivos muros, construidas de nueva planta en los mismos solares de aquellas. Pero este estudio es hoy imposible: dia llegar, al menos lo esperamos, en que cundiendo el amor las investigaciones relativas la historia del arte nacional, la discreta y prudente mano del arquelogo pueda hacerse cargo de las mutilaciones y renovaciones, sondear las gruesas capas de cal que ahora revisten por dentro y fuera esos antiguos templos, y descubrir la verdadera forma de los miembros arquitectnicos hoy dislocados, enmascarados con obras que no ofrecen carcter alguno apreciable. Debemos en la actualidad contentarnos con lo que buenamente puede deducirse de los escritos de los coetneos: de ellos se deduce la casi seguridad de que algunas de las parroquias hoy existentes conservan los muros, la disposicion interior y tal vez las mismas columnatas de las baslicas erigidas durante la irrupcion sarracena. Con esta luz, y con la que nos suministra la historia del arte monumental respecto de las formas generales de la arquitectura religiosa y monstica del Occidente en los siglos que nos referimos, podremos presentar un cuadro aproximado del aspecto interior y esterior de los templos y monasterios de los mozrabes de Crdoba. Y con este motivo pasemos de la historia al arte: de la razon filosfica la forma. Habia en la ciudad antes de la conquista gran nmero de baslicas: despues de apoderados de ella los sarracenos, y reducidos los indgenas su barrio separado, muchas de ellas quedarian como la antigua catedral convertidas en mezquitas[408]; las que subsistieron consagradas al culto cristiano eran sin embargo no pocas, puesto que solo en las obras de S. Eulogio y del abad Sanson se mencionan seis iglesias mozrabes; de otra, que era la de _Sta. Mara_, dan noticias conformes historiadores que probablemente no se han consultado, ni quizs oido nombrar[409]; y por ltimo puede sostenerse con muy slidos argumentos que lo eran asmismo, aunque quizs con otras advocaciones, las que hoy se denominan de _S. Andrs_, de _la Magdalena_, de _S. Lorenzo_ y de _Sta. Marina_, todas situadas en la Ajarqua parte baja de la ciudad[410], que era la que habitaban los mozrabes, segun queda referido. [Illustration: Dib del natl y lit por F J Parcerisa _Lit de J Donon Madrid_ PARROQUIA DE SANTA MARINA, _PUERTA LATERAL_. (Crdoba.)] Las iglesias de que nos dejaron memoria los antiguos y santos escritores nombrados, son: la de _los tres Stos. Mrtires_ Fausto, Januario y Marcial, hoy S. Pedro, que como queda referido sirvi de baslica catedral desde que los cristianos, vendiendo los muzlemitas la parte que de la catedral primitiva retenian segun las estipulaciones de la conquista, reedificaron con autorizacion del amir Abde-r-rahman I aquel templo para erigirlo en catedral. La de _S. Zoilo_, que algunos creen sea la de S. Miguel de ahora, aunque no nos parece probable por la razon de hallarse esta parroquia en la Almedina parte alta de la ciudad, y no en la Ajarqua. La de _S. Acisclo_, que ha debido en muchas pocas sufrir grandes modificaciones hasta llegar ser un grande y magnfico monasterio: lo que hoy por desgracia escasamente se presume, atendido el brbaro deterioro que en l se ha causado incluyndolo en los inventarios de la desamortizacin. La de _S. Cipriano_, que no se sabe qu lugar ocup; clebre por haberse educado en ella los mrtires Emila y Jeremas; por haber tenido de presbtero al ilustre Leovigildo, escritor del tratado _de habitu clericorum_, compuesto por escitacion de sus compaeros los otros clrigos de la misma iglesia; clebre tambien por haber sido hospedage de los monges Usuardo y Odilardo del monasterio de S. German de Paris, cuando vinieron Crdoba en demanda de las santas reliquias de los mrtires Jorge y Aurelio enterradas en el monasterio de Peamelaria. La de _S. Gins mrtir_, que supone el P. Roa se hallaba situada donde est ahora el hospital llamado _de la lmpara_, y que S. Eulogio pone en el arrabal de _Tercios_, del cual hoy nadie d razon. En esta iglesia estuvo sepultada la clebre Sta. Leocricia, discpula de S. Eulogio y su compaera en el martirio, hasta que sus reliquias fueron llevadas con las de su insigne maestro la Cmara Santa de Oviedo por el presbtero Dulcidio, enviado espresamente por el rey D. Alonso al califa Mohammed para este objeto. Ultimamente la de _Sta. Olalla_, _Eulalia_, que refiere S. Eulogio estaba situada en el arrabal _Fragelas_, estramuros de la ciudad, del cual hoy nadie conserva memoria. Dcese sin embargo[411] que el antiguo templo y monasterio de Sta. Olalla fu dado S. Pedro Nolasco en 1252 por S. Fernando para que fundase en l el convento de padres mercenarios, los cuales fueron vulgarmente llamados por mucho tiempo _los frailes de Sta. Olalla_. Segun esto, ya es fcil sealar hcia qu parte caa el arrabal _Fragelas_. Otras iglesias habia en Crdoba durante la ocupacion sarracnica, pero por lo visto no merecieron la celebridad que estas, ni se conserv la memoria de sus respectivas dedicaciones. Cuando S. Fernando conquist la ciudad, puede decirse que la poblacion cristiana habia ya faltado de all por ciento y doce aos, y as por sola la tradicion tomada de los cautivos, por conjeturas razonables, podian deducirse algunas advocaciones. Sabranse las de muy pocos templos; las de la mayor parte no; _S. Acisclo_, los _tres Stos. Mrtires_, y _Sta. Olalla_, conservaron sus antiguas denominaciones; los demas recibieron dedicaciones nuevas. Esto debi suceder con mucha mas razon en las iglesias de la Almedina parte alta de la ciudad que habian conservado los sarracenos convirtindolas en mezquitas[412]. No se crea que los templos de los visigodos anteriores la invasion islamita eran pobres y de tosca arquitectura. En toda la cristiandad se habian erigido iglesias cristianas antes del siglo de Constantino[413]; de consiguiente el arte religioso podia hallarse en un alto grado de esplendor en la Europa meridional, que era sin disputa la mas culta, cuando todava el arte musulman no habia sacudido el envoltorio de la barbarie. Ahora bien, cul era la forma de las baslicas de Crdoba antes de la ocupacion sarracena? Probablemente la misma que la de todas las iglesias del Occidente. Los primeros fieles se congregaban, segun se nos refiere en los _Hechos de los apstoles_, en las casas de los ltimos convertidos. Un acreditado historiador de la Iglesia nos dice que los lugares donde se reunian los primeros cristianos parecian mas escuelas pblicas que templos. Adriano, tolerante con la ley de Cristo desde que ley la apologa de S. Cuadrato, permiti sus adeptos la construccion de ciertos templos, que llevaban el nombre de _Adrianos_, y cuya forma era prximamente la de las baslicas paganas. Pero hasta la poca feliz en que, proclamado el cristianismo religion del Estado por Constantino, pudo el culto de la ley de gracia y de amor desplegarse libremente saliendo de sus lbregas criptas y catacumbas, no hubo en realidad plan fijo y uniformidad en la construccion de los edificios religiosos. Al glorioso vencedor de Magencio, alistado bisoo de Jesucristo, fu quien principalmente se debi que los templos del Crucificado adquiriesen en lo sucesivo la planta sencilla y simblica que se ha venido despues perpetuando hasta nuestros dias. As es en efecto: autorizados por l los obispos de Roma elegir entre los edificios pblicos los mas adecuados al ejercicio del nuevo culto; las baslicas claras y espaciosas, destinadas hasta entonces las transacciones comerciales y la decision de las contiendas jurdicas, fueron instantneamente convertidas en iglesias. All mejor que en los lujosos templos del paganismo, manchados con los mas vergonzosos impuros misterios, hallaba cmoda acogida la muchedumbre cristiana; no en los lbregos aunque magnficos receptculos de los antiguos dioses, donde, segun la feliz espresion de un escritor moderno, podia desaparecer el dolo con el humo de un solo grano de incienso.[414] Eran las baslicas por lo comun de planta cuadrangular y oblonga, terminada en un hemiciclo, con dos hileras de columnas que dividian longitudinalmente su espacio en tres secciones naves, la central mas elevada que las laterales. Estas construcciones, severas y sencillas al esterior, interiormente decoradas con magestuoso y no profuso ornato, eran muy aplicables al nuevo culto: en el centro del hemiciclo, donde estaba antes el tribunal, se colocaba el ara consagrada, en la que celebraba el obispo, ocupando los lados la clereca; las tres naves del edificio se destinaban al pueblo, el cual, como es sabido, nunca habia penetrado en los templos del paganismo; y ocupaban, los hombres la nave de la derecha, las mujeres la de la izquierda, y los catecmenos que aun no tomaban parte en la celebracion de los divinos misterios, la seccion inferior de la nave central en las horas dedicadas su instruccion. Esta nave, dividida por lo comun en su altura en dos cuerpos, formaba una especie de galera alta tribuna, que se reservaba para las viudas y las vrgenes particularmente consagradas la oracion. Entre el bside donde residia el tribunal, y las naves, ocupadas por el pueblo que acudia sus diferentes negocios, habia en las baslicas romanas un espacio privilegiado, separado del cuerpo de las naves por una balaustrada cancel, y reservado los abogados y gente de la curia: este espacio, al convertirse la baslica en iglesia, se destin los cantores, y tom el nombre de _coro_. A su entrada se colocaron como dos pulpitillos modo de ctedras, con gradera para subir ellos leer al pueblo reunido la Epstola y el Evangelio; y estos plpitos se llamaron _ambones_. Adaptbase pues la baslica antigua las principales necesidades del culto cristiano; pero es claro que cuando la iglesia se alzaba de nueva fbrica, al reproducir en su planta general la forma de aquellos edificios tan cmodos y apropiados, habia de procurar el arte satisfacer adems otras exigencias. Entonces la baslica (que este nombre pagano, equivalente _morada_ _casa real_, adopt el templo cristiano como agradecido la acogida que en ella habia encontrado al salir de los subterrneos de Roma) se erigia con el bside al oriente, y marcando bien en su planta la forma simblica de la cruz del Redentor. Las arqueras que la dividian en tres naves nunca invadian el espacio destinado al coro, sino que la central y el presbiterio formaban con este una verdadera cruz latina. Cubrase el edificio con techumbre de madera y tejas planas, adaptando interiormente los pares un entablado pintado, dejando descubierta la armadura. El coro, que se llam despues _crucero_ en su interseccion con la nave central, solia revestirse de mrmoles: separbale del presbiterio un segundo cancel, cuyas puertas custodiaban los aclitos. Una escalinata conducia al santuario presbiterio. Alzbase en este el altar, con su tabernculo encima (_ciborium_), y debajo de l abrase una especie de cripta (_confessio_) donde se custodiaban las reliquias amadas de los mrtires. Detrs del altar, modo de corona, se sentaban en coro los presbteros, con los obispos la derecha, y la silla pontifical en el lugar preeminente. Esta silla era por lo comun de preciosos mrmoles, tenia sus cojines, y estaba mas alta que las otras sillas del coro de sacerdotes, y cubierta con su correspondiente pao (_thronum... linteo ornatum_). Al pi del cancel del presbiterio tenian puesto separado un lado los prncipes y magnates (se llamaba _senatorium_), y las matronas al lado opuesto. Exornbase el bside con profusion de mrmoles, estucos y mosicos, y de su semi-bveda cascaron pendian para mayor adorno lmparas circulares, vasos (_coron et calices pendentiles_) y otros objetos preciosos. El tabernculo que se alzaba sobre el altar estaba sostenido por cuatro columnas (_umbraculum_, _propiciatorium_), y sus lados cubiertos con cuatro cortinas (_tetravela cuadruplicia_). Tambien tenian grandes cortinas las puertas de la baslica. La sacrista (_secretarium_) tenia su lugar en la parte inferior de la nave del mediodia, y en ella en el presbiterio solian celebrarse los concilios. Aunque las paredes de las naves solian estar desnudas de todo ornato artstico, sin embargo no es probable que esta desnudez fuese regla invariable en todas las iglesias de la Espaa goda, erigidas por un pueblo tan sensible al halago de lo bello. La monarqua de Rodrigo era al comenzar el VIII siglo una de las mas cultas y florecientes del orbe: quien lo dude no tiene mas que recordar el testimonio de los mas respetables historiadores coetneos. _Obras maravillosas y elegantes_ llama S. Isidoro las construcciones de Wamba en Toledo. Iguales encomios hace S. Eulogio de la baslica de Sta. Leocadia de la misma ciudad, y de la de S. Flix de Crdoba, renovada y embellecida por el obispo Agapio II antes del ao 618 para que sirviese de sepultura al cuerpo del mrtir S. Zoil. Por S. Gregorio Turonense sabemos que la iglesia erigida por Carrarico S. Martin en la ciudad de Orense era una construccion _admirable_ (_miro opere expedita etc._). Paulo Dicono nos habla de un baptisterio en la iglesia de S. Juan de Mrida, todo cubierto de pinturas... A qu amontonar citas? Todos los que han escrito de nuestras antiguas cosas sagradas se han deshecho en alabanzas de la hermosura y riqueza, de la magnificencia y fasto de muchos templos erigidos durante los siglos VII y VIII por nuestros reyes, prelados y magnates. Ellos nos pintan la imaginacion espaciosos atrios sostenidos de columnas, encumbradas torres, muros cubiertos de bruidos mrmoles; qu mucho, pues, que se decorasen alguna vez con frescos mosicos simblicos las naves de aquellas baslicas espaolas compaeras de las que S. Eulogio le merecieron tantos encomios?[415] La regla general, no obstante, era que solo se adornasen con obras artsticas la semi-cpula del bside, el presbiterio con los objetos que inclua, como el altar y el tabernculo, y el coro escuela de los cantores. Tambien la pila bautismal solia decorarse con bajo-relieves y pinturas. Pero en la desemejanza de las iglesias cristianas con las baslicas antiguas, el fenmeno artstico de mas inters y trascendencia es la sustitucion del arco descansando sobre los capiteles, al arquitrave horizontal, para las columnatas que dividen lo largo el edificio: innovacion que puede atribuirse, ya la falta de materiales para hacer una construccion romana regular, ya la prisa con que la sazon se edificaba, que no permitia reunir muchas columnas de proporciones iguales, ya por fin la necesidad misma de variar y presentar cosas nuevas, que tan natural es en el hombre en las pocas de grandes revoluciones sociales. Todas las nuevas baslicas en efecto aparecieron con sus ligeras arqueras volteando de capitel en capitel, sin arquitrave que les sirviese de nivel comun, y este sistema inventado por los cristianos, sea no preferible al de la antigua arquitectura clsica, es el que desde entonces ha prevalecido en las edades media y moderna: en la arquitectura bizantina; en la musulmana que la reconoce por madre, cuando menos por nodriza; en la romnica del Occidente; en la ojival llamada gtica, y por ltimo en la del renacimiento, con la cual parecen agotarse todas las combinaciones de las formas monumentales. Es de suponer, pues, que siendo en aquellos siglos homognea la arquitectura cristiana en el Occidente, las baslicas de Crdoba anteriores la irrupcion sarracena y las erigidas luego por los mozrabes, presentasen todas con cortsimas diferencias la disposicion interior que acabamos de describir. Su conjunto esterior tenia tambien que ser prximamente el mismo en todas partes: en el imafronte fachada, remate angular, marcando la declinacion de los pares de la armadura techumbre de la nave principal; luego las verticales de los muros de esta en su parte superior, por donde recibe las luces; luego las otras dos vertientes de la armadura de las naves colaterales, descansando sobre los muros de estas; ltimamente, portada mas menos rica de ornamentacion, compuesta de un arco de plena cimbra, bajo un tejaroz sostenido en mtulos de formas caprichosas, y en lo alto un _oculus_ claraboya, de sencilla forma, destinado a dar mayor luz al cuerpo de la iglesia. En los costados, muros lisos, sin estribo ni refuerzo alguno, por considerarse suficientes contrarestar el leve empuje de aquellas pequeas armaduras; descollando sobre el tejado de cada nave colateral el cuerpo de luces de la nave del centro; y las ventanas, todas de medio punto, con mas menos ornato en las archivoltas. En la parte posterior, que mira oriente, una especie de media torre de planta semicircular poligonal, con ventanas de la forma misma que en los costados, revelando la presencia del bside presbiterio. Al edificio de la baslica propiamente dicha, se agregaban otras construcciones indispensables. La forma de estas no sabemos que estuviese sujeta plan determinado; segun el nmero de personas que hubiesen de vivir en ellas, y segun la mayor menor liberalidad con que se hubiese la iglesia fundado[416], serian mas menos cmodas y espaciosas, mas menos suntuosas, y si se quiere mas menos humildes, las dependencias de cada parroquia mozrabe. Considerbanse estas como esencialmente sujetas la catedral, y reconocase la Iglesia Mayor como madre aun de aquellas mismas que gozaban de alguna independencia por derechos privilegios de patronato[417]. As el clero parroquial hacia una vida anloga la del cabildo de cannigos; esto es, los beneficiados y clrigos que le componian, vivian como regulares bajo la autoridad del rector abad de la parroquia[418], el cual, con la parte que le tocaba de las rentas de la misma, tenia que vestirlos y mantenerlos con la debida decencia, estando al propio tiempo autorizado para castigarlos si no cumplian con su obligacion en el servicio del coro y de la iglesia. Adems del edificio que para este objeto se necesitaba, con sus aposentos separados, su refectorio comun, sus aulas para la enseanza, y lugar propsito para la pequea biblioteca[419] que en aquellos tiempos y aquellas ciudades era dado reunir, debia tener la iglesia mozrabe alojamiento aparte para los nios _oblatos_[420], para los esclavos que constituan parte de su riqueza, para los pobres y peregrinos quienes debia dar hospedage. Estas construcciones adicionales, por grande que fuese la munificencia de los fundadores, se hacian todas con la mayor sencillez: paredes lisas, con lucientes alizares lo sumo, despues que el gusto oriental se fu infiltrando en el arte cristiano; pavimentos de piedra comun, techos de madera, descubriendo la armadura del comblo, de bveda latina; ventanas poco rasgadas con arco de medio punto; puertas cuadradas de plena cimbra, con escassimo ornato, reducido por lo comun un simple cordon de piedra de ladrillo marcando la curva de la archivolta. Esta era la forma general de las baslicas latinas, godas y mozrabes: esta la que prximamente debian presentar aquellas antiguas iglesias de S. Acisclo, de S. Zoil, de S. Ciprian, etc., que tanto ilustraron con su virtud y su ciencia, ya mrtires hoy gloriosos, como el presbtero S. Perfecto, el levita S. Sisenando, el dicono S. Pablo, los Stos. Emila y Jeremas y otros; ya doctores insignes en todas las disciplinas eclesisticas, y hasta en las artes liberales. Entre estos ltimos quin no recuerda al famoso abad _Esperaindeo, doctor ilustrsimo, de feliz recordacion, luz brillante de la iglesia_ en aquellos tiempos borrascosos, varon elocuente, maestro de los mas grandes genios que florecieron en la Espaa mozrabe, y de quien se escribi que entre las amarguras que por entonces inundaban toda la Btica, prevalecian los raudales de su prudencia con los cuales endulzaba lo mas salobre? Quin no descubre al punto Eulogio, cuya figura colosal nos sale siempre al paso en nuestras indagaciones sobre aquellos oscuros tiempos, como nos atrae la mirada un hermoso planeta cuando nuestra vista se sumerge en los insondables pilagos del firmamento: luminar de la iglesia espaola durante su persecucion, restaurador de las ciencias eclesisticas y de las humanidades, maestro de mrtires y mrtir gloriossimo? Quin finalmente se olvidar del caballero cordobs Alvaro Paulo, tambien discpulo sobresaliente de Esperaindeo; del doctor Vicente, quien este mismo caballero nombra, y en cuyo elogio basta decir que el ttulo de _doctor_ era la sazon de mucha dignidad en la Iglesia, y que por lo mismo se daba muy raras veces; de aquel eximio abad Sanson, rector de la iglesia de S. Zoil, de quien poco h hemos hablado; del sabio Leovigildo, presbtero de la iglesia de S. Ciprian, que tan elocuentes pginas escribi sobre la observancia del trage clerical? Ved, lectores, cualquiera de esos santos sacerdotes qu bien le cuadra la descripcion que del buen eclesistico hacia S. Isidoro! Vive enagenado del mundo y de sus placeres; abomina de espectculos, banquetes y diversiones; no comercia, ni trata negocios seculares; habla con moderacion, camina con sosiego, mira con modestia, no frecuenta casas de mujeres, ocpase en la leccion y en los divinos oficios, cultiva su espritu en el estudio, instruye al pueblo en la doctrina, y le d ejemplo con las buenas obras[421]. Quereis asomar ahora rpidamente la vista dentro de la baslica informaros de sus ocupaciones relativamente al culto? Pues desde el amanecer estad alertos. Apenas quiebra sus rayos el sol en las alabastrinas ventanas del bside, ya estan ocupando el coro en torno del altar los presbteros en una hilera, y los diconos detrs en otra. Los cantores y demas clrigos ocupan su lugar, y comienzan el grave canto de los maitines. Siguen las misas y las horas cannicas: eran estas _tercia, sexta y nona_, y se decian tambien en coro media maana, medio dia, y media tarde, cantando siempre al fin de los salmos y responsorios el _Gloria et honor_ que era costumbre de la Iglesia espaola. La misa se dividia en dos partes, la _de los catecmenos_ y la _del Sacrificio_: lease primero una profeca del Antiguo Testamento, una Epstola de S. Pablo y una parte de los Evangelios; aadanse algunos responsorios y unos versculos con _Alleluya_, que era lo que entonces llamaban _Laudes_; seguia el _Ofertorio_, y luego un dicono en voz alta mandaba los catecmenos retirarse. Queda desembarazado el tramo inferior de la nave central: la segunda parte va empezar. El celebrante, vuelto al occidente, dirige una amonestacion al pueblo para que se recoja y disponga orar: cada cual ocupa el sitio que le corresponde, los nobles y patronos el _senatorium_, sus mujeres y las otras damas de gerarqua et _matroneum_, la gente comun se divide por sexos en las dos naves colaterales de derecha izquierda: las vrgenes, veladas la usanza oriental, con las viudas en su tribuna galera alta; los hombres y mujeres casados con sus trages de diferentes colores y estofas, en que se advierte una fcil promiscuidad con las modas sarracenas, y el temor de algunas matronas poco fuertes, que por no parecer en pblico cristianas cubren su rostro con el velo de las mahometanas[422]. En el pintoresco y variado conjunto contrastan las galas de los magnates con el humilde estambre de los religiosos;[423] la cabeza del intonso y barbudo seglar, con la del clrigo que ostenta su corona en forma de cerquillo y su barba raida[424], (y con la del infeliz _decalvado_, que por sus pasadas culpas mereci una corona de ignominia hecha repelones). Pide Dios el celebrante que oiga las oraciones de los fieles: hace la conmemoracion de los muertos, nombrando particularmente los fundadores y bienhechores de la iglesia; siguen los abrazos de paz en seal de union y caridad; luego la _Ilacion_, que ahora llamamos el _Prefacio_; luego la _Consagracion_; rzase despues el _Padre nuestro_, distribyese la comunion, y ltimamente se d la bendicion al pueblo, como se acostumbra al fin de los maitines y vsperas. Sbese que tanto las catedrales como las parroquias en la misa mayor debian rogar cada dia por la salud del rey, segun el consejo de S. Pablo, y mientras hubiese guerra, ofrecer Dios el Sacrificio por la prosperidad de las armas cristianas. Concebimos que este ltimo precepto se cumpliese; pero no nos ser lcito dudar que rogasen las iglesias de la afligida Crdoba mozrabe por la salud de los califas? La consagracion se hacia en pan entero (azimo) blanco y pequeo, hecho de propsito para el Sacrificio, y sobre corporales de lino, diferencia de la Iglesia griega que consagraba en pan fermentado sobre corporales de seda. En los dias de Domingo no doblaba el pueblo las rodillas para orar: se oraba asmismo en pi todos los cincuenta dias pascuales, desde Resurreccion hasta Pentecosts, en cuyo tiempo tampoco habia ayunos pblicos de precepto. Despues de la caida del sol volvia reunirse en coro el clero parroquial para cantar vsperas; y durante la noche se decian los _nocturnos_, en tres tiempos, lo mismo que las _horas_. Cada dia el rector con su clero celebraba en la parroquia los divinos oficios con esta distribucion de horas y nocturnos, y con diferencia de himnos y oraciones segun se rezaba de santo mrtir, confesor, vrgen. A este asduo culto, lo mismo que al Santo Sacrificio, era convocado el pueblo cristiano con toque de campanas; cuyo dbil taido, que por cierto no sera muy atronador atendidas las dimensiones y forma del instrumento[425] en aquellos tiempos, se nos refiere escitaba de tal modo el enojo de los mahometanos en los dias de intolerancia y persecucion, que por no oirlo se tapaban los oidos prorumpiendo en maldiciones[426]. Con tanto rigor observaban los sacerdotes mozrabes en general su liturgia, que en las referidas pocas de persecucion, sin aparato alguno celebraban cada dia su misa, y cantaban los salmos dentro de las mismas crceles en que estaban presos[427]. En los tiempos normales siempre era grande el aseo en el servicio de las baslicas. Sus aras, pues solia en cada una haber varios altares desde que se introdujo la costumbre de abrir nuevos bsides en el muro de levante del crucero, eran de piedra, y estaban cubiertas con telas blancas de lienzo, y por delante con frontales de variedad de colores y tejidos. Arda en ellas la cera no solo durante los divinos oficios, sino tambien de noche y puertas cerradas. El sacerdote para el Sacrificio vesta amito, alba, cngulo, manpulo, estola y casulla, y el dicono en lugar de esta se cubra con dalmtica. Las casullas, capas, frontales y otras ropas semejantes eran de lana seda, y muchas veces con guarniciones de plata y oro. Es dificil formarse idea de la bella forma de aquellas vestiduras sacerdotales, tan mplias y magestuosas, no habindolas visto reproducidas segun los antiguos monumentos del arte. No menos que estas iglesias florecian por entonces los monasterios de toda la provincia, en especial los de la Sierra de Crdoba, que as como rinde en tributo la campia las aguas de sus veneros y los aromas de sus plantas, le tributaba la sazon con estos y aquellas sangre copiosa y fecunda de mrtires, y pursima fragancia de virtudes evanglicas. Cerca de la ciudad, y su vista por la parte del mediodia, reflejaba sus muros en la corriente del Btis la iglesia y monasterio de _S. Cristbal_, donde se educ S. Habencio, y donde fueron sepultados varios otros mrtires. En Froniano, lugar de la montaa por la parte de occidente, tres leguas doce millas de la ciudad, tenia iglesia y monasterio _S. Flix_ mrtir. Presidia este monasterio un piadoso sacerdote llamado Salvador, y debia ser de los dplices mixtos, tan comunes entonces, por cuanto leemos en S. Eulogio que se fu vivir l con su mujer y sus hijos el padre del santo mrtir Walabonso. En el lugar llamado _Rojana_, tambien de la montaa, sin que nos sea dado sealar hcia qu parte de ella, habia otro monasterio dedicado _S. Martin_. Distaba unas dos millas de la ciudad, segun se colige de la vida de S. Juan Gorziense[428], y su iglesia acudia el santo mientras permaneci con el carcter de legado del rey Oton, en los domingos y grandes festividades, nicos dias que le permitia el gobierno de Abde-r-rahman III salir del palacio donde le retenia mas como preso que como husped. En este santuario floreci el mrtir S. Cristbal, discpulo del grande Eulogio. En lo interior de la Sierra, en un sitio llamado Fraga, entre agrios montes y enmaraadas selvas, junto al lugarcillo _Leiulense_, distante de Crdoba poco mas de seis leguas, habia un monasterio consagrado los mrtires _S. Justo y Pastor_, del cual baj el jven Leovigildo, natural de Granada, padecer martirio. El famoso monasterio dplice de la _Peamelaria_, titulado de _S. Salvador_[429], fundado por los padres de Sta. Pomposa, y memorable por haber vivido en l esta santa mrtir y el monge S. Fandila, estaba edificado en la sierra que sirve de anfiteatro la campia al norte de Crdoba, unas cuatro millas largas de la ciudad, la falda de una pea donde desde los tiempos mas antiguos formaban las abejas sus panales: circunstancia que debieron su nombre vulgar la pea y el monasterio. Aun se ven de l escasos vestigios en alguno de los claros de la selvosa y sombra montaa que se levanta al norte del castillo de la Albayda. Los cuerpos de los mrtires S. Jorge y S. Aurelio fueron sepultados en este santuario. Mas internado en la Sierra, pero en la misma direccion norte de la ciudad, y dos leguas escasas de esta, alzbase antes de la cruel persecucion de Mohammed, entre quebrados montes y bosques seculares, otro monasterio, tambien _mixto_, celebrrimo en toda la cristiandad como glorioso gimnasio de mrtires, del cual se escribe que era tal su fama, que de fuera de Espaa acudian gentes visitarlo. Era este el monasterio _Tabanense_, fundado con toda magnificencia en tiempo de S. Eulogio por los piadosos cnyuges seglares Jeremas Isabel, personages de gran cuenta y de bienes de fortuna considerables, los cuales emplearon en l todo su ingente patrimonio y se retiraron con su familia vivir en aquella aspereza huyendo el contagio de la fascinadora cultura musulmana. All florecieron, y de aquellas paredes salieron para recibir el martirio, los dos citados esposos; el venerable abad Martin, hermano de Isabel, abadesa del monasterio de mujeres; la vrgen Columba, hermana de ambos, que con su dote habia contribuido la fbrica del convento, y que luego recibi tambien la corona del martirio; all fu monge el mrtir Isaac, sobrino del fundador Jeremas; all vivi Fandila bajo la disciplina del abad mencionado; all vivi retirada y alentndose para el martirio la matrona Sabigoto, que hizo por Jesucristo dos sacrificios hericos: separarse de dos hijas, entregndolas al cuidado de Isabel y demas santas religiosas, y volar despues al martirio[430]; de all finalmente sali confesar su f en Cristo la fervorosa Digna, discpula de Isabel, y all Aurelio, el esposo de la varonil Sabigoto, fu estampar el beso de despedida en las puras y sonrosadas megillas de sus inocentes hijas antes de entregar su cuello los verdugos del _Mexuar_[431]. Corta fu la duracion de este monasterio tan fecundo en prodigios de virtud, puesto que la misma Columba que habia contribuido su edificacion, lo vi destruido, con otras iglesias y lugares sagrados en que se ceb la furia de los sarracenos durante la persecucion decretada por el califa Mohammed, de que hemos hecho mencion en otras ocasiones. Sin duda por ser tan famoso se encarnizaron mas contra l los enemigos de la f cristiana, los cuales completamente lo arrasaron. Las religiosas que en l moraban huyeron la ciudad, y all se recogieron en una casa que tenian, pared por medio con la iglesia de S. Cipriano. Otro clebre monasterio de aquellos tiempos, y del cual aun existen algunos vestigios, era el _Armilatense_, intitulado de S. Zoil, que tenia su situacion unas siete leguas mas al norte de Crdoba, en una espantable soledad y aspereza de montes[432], sin mas comodidad temporal que la del rio Armilata (hoy _Guadamellato_), del que tomaba el nombre. Iba la corriente por la mrgen de la montaa en cuya falda se habia fundado el monasterio, y siendo muy abundante en pesca, contribua los monges con su producto. En esta clausura se educ el mrtir Wistremundo. Cerca de Crdoba por la parte occidental habia un lugarcillo denominado Cuteclara, donde desde tiempos muy remotos existia un monasterio de monjas con advocacion de la Santsima Vrgen Mara. Hzose este monasterio cuteclarense muy famoso por la santa matrona Artemia, madre de los mrtires Adulfo, Juan y Aurea, y maestra de la mrtir Mara. En l florecieron Pedro Astigitano y Walabonso Eleplense, el primero en grado de presbtero, y como dicono el segundo, dando ambos dos su sangre por Jesucristo[433]. Estos son los monasterios de que se conservan mas circunstanciadas noticias. De algunos otros que se supone existian tambien en la Sierra y en la parte occidental de la campia, no hay para qu hacer mencion espresa, puesto que ni sus nombres son claramente conocidos. Todos estaban sujetos la regla de S. Benito, introducida en Espaa desde el sexto sptimo siglo de la Iglesia (que de cierto no se sabe), y advertase en ellos, comparados entre s, la variedad de construcciones en la uniformidad del vivir, que era resultado natural de la mayor menor holgura con que habian sido erigidos; sin que esto se opusieran las constituciones del santo fundador de la rden, el cual permitia una racional libertad para acomodarse en todo lo esterno las condiciones de los diversos paises en que se establecia su piadosa hueste. Los mas afamados eran _dplices_ _mixtos_; cada uno de ellos formaba como dos monasterios contiguos, uno de hombres, otro de mujeres, sin mas dependencia entre s que la que los antiguos cnones habian establecido mandando que todo monasterio de religiosas estuviese sujeto en lo econmico y administrativo un abad nombrado por el obispo, fin de que las monjas y su abadesa pudiesen libremente consagrarse la vida asctica lejos de toda relacion y trato con la gente mundana. Monges y monjas vivian en sus respectivos edificios en celdas separadas: entre el monasterio de los hombres y el de las mujeres habia altas y fuertes paredes que los mantenian en completa incomunicacion, de manera que no podian verse unos otros. Solo cuando la concurrencia de hermanos huspedes les obligaba prestarse mtuo auxilio, era lcito entablar correspondencia entre la clausura de religiosas y el edificio de los monges; pero aun entonces se limitaba la pltica lo puramente preciso, saliendo la abadesa la ventana. El Concilio Hispalense II en su cnon onceno habia mandado que en toda la Btica los monasterios de monjas fuesen gobernados por monges; pero cercenando de tal manera las plticas de los religiosos de ambos sexos entre s, que solo los abades y vicarios permitia hablar con las abadesas, y esto estando presentes otras dos tres monjas y versando la conversacion sobre cosas espirituales y doctrina. Los demas monges, ni siquiera al vestbulo del monasterio de mujeres podian acercarse. Para cuidar de la administracion incremento de las fincas rsticas y urbanas del convento de religiosas, atender la conservacion y reparacion de sus edificios, y ocurrir todas las demas cosas precisas, nombraba el abad un monge de capacidad y virtud esperimentada, y este nombramiento habia de ser confirmado por el obispo. En Espaa, lo mismo que en Francia y en Inglaterra[434], siempre que se fundaba una clausura de religiosas, se construa con arreglo las necesidades de un monasterio mixto, por la indicada condicion de que habian de ser precisamente monges los que la gobernasen. No es esto decir que fuesen dplices todos los monasterios de la provincia de Crdoba que dejamos mencionados; ranlo los mas principales, pero podia haber, y habia en efecto, otros que eran solo de hombres. El aspecto general de unos y otros debia ser prximamente el de los demas monasterios benedictinos de la cristiandad, sobre todo despues de la famosa congregacion de Aquisgran, celebrada el ao 817 por disposicion de Ludovico Pio, cuyos captulos cnones se hicieron obligatorios cuantos vivian bajo aquella regla en el Occidente. La lucha contnua que los mozrabes consagrados la vida religiosa tenian que sostener contra los infieles y los hereges, el peligro que sin cesar les amagaba de ser perseguidos y martirizados, hacia que no perdiesen nunca de vista los santos y eternos objetos de su mision y vocacion, y las duras pruebas que diariamente se les sometia los afirmaban en la fiel observancia de la doctrina y profesion que habian abrazado. Por esto la vida monstica en general, y en particular la regla de S. Benito, produjeron en Andaluca, y en toda Espaa, tantos y tan insignes santos; por esto se conserv entre los mozrabes intacto el oficio divino de la primitiva Iglesia goda, que era el mismo que habian introducido en Espaa los siete Apostlicos[435]; y por esto finalmente la disciplina monstica espaola brillaba con incontaminada gloria, mantenida en toda su pureza por los concilios nacionales y los grandes genios, como S. Leandro, S. Isidoro, y otros muchos que llenaron con sus obras las bibliotecas y con sus imgenes los altares en todos los siglos hasta el undcimo, antes que el prurito de imitar los franceses, hecho moda en la corte de D. Alfonso VI, viniese reformar lo que no necesitaba ser reformado, dndole la disciplina cluniacense por modelo. Por esta misma escrupulosa observancia de las constituciones escritas, observamos que la referida congregacion de Aquisgran inculca en muchos de sus cnones captulos preceptos que desde los tiempos mas remotos vienen puestos en prctica en los monasterios espaoles[436], y que los monges de otros paises de todo punto abandonaron. As pues, no te parecer temeridad, mi buen lector, el suponer que los monasterios de que vamos tratando, los principales al menos, como el Tabanense, tan encomiado por la esplendidez con que habia sido fundado, fuesen en su fisonoma arquitectnica general semejantes los que fuera de Espaa alcanzaban por aquellos tiempos mas fama de observantes, edificados tambien en la aspereza de las montaas. Puede decirse de los monasterios benedictinos de Europa en los siglos medios lo que de sus monges: todos eran iguales, sin mas diferencias que las dimanadas de los respectivos usos y necesidades de los paises en que se establecian. Lo mismo que podia variar en cada nacion el color del hbito, porque S. Benito no habia determinado color ninguno, podia tambien y debia forzosamente variar la arquitectura de los edificios, ya por su mayor menor nmero de oficinas, ya por los materiales con que fueran construidos, ya finalmente por el estilo artstico peculiar de cada pais. Pero en lo sustancial habia completa uniformidad: todos los monges benedictinos llevaban escapulario y cogulla: que en esto consiste lo esencial del hbito; del mismo modo todos los monasterios, fuesen grandes pequeos, tenian su distribucion interior, sus oficinas y departamentos, adecuados las prescripciones inviolables de la regla[437]. A falta de intrpretes de esta regla que nos hayan legado un recuerdo grfico de los monasterios de la Btica en el noveno siglo, citaremos las palabras con que el captulo general del Cister, que redact la constitucion definitiva de la rden en 1119, formul lo relativo la disposicion material de los monasterios restituidos la fiel observancia de la regla primitiva. El monasterio se construir (dice esta obra maestra de organizacion monstica) de modo que reuna si es posible en su recinto todas las cosas necesarias: agua, molino, huerta, talleres para los diferentes oficios, fin de que los profesos no tengan que salir fuera... Habr alqueras y cortijos en las tierras de la abada, y el cultivo de estas estar cargo de los hermanos _conversos_ ( novicios)... Esta constitucion se observa escrupulosamente cumplida en la edificacion del convento de Claraval, cuyo entendido arquitecto supo reunir, una comunicacion fcil con el esterior del monasterio, para el buen servicio de sus oficinas, una clausura completa para los religiosos profesos. Al mismo tiempo destin un lugar muy principal al pasto espiritual y literario de la comunidad, rodeando uno de sus claustros con la biblioteca, las celdas de los copistas, el salon donde se discutian las tsis teolgicas, etc.; y para recordar los monges que no debian vanagloriarse por tener dotes y talentos que les hicieran sobresalir entre sus hermanos, situ la enfermera y el departamento de los ancianos, en quienes la edad y los trabajos enervan todas las facultades del alma y del cuerpo, inmediatos al centro intelectual de la comunidad. Las necesidades materiales de la vida estaban representadas en los graneros, cillereza, molinos, cocinas, etc.; estas oficinas se hallaban prximas al claustro, pero fuera de clausura. Junto la iglesia estaba el claustro, con todas las dependencias necesarias para los profesos. Las mquinas, hornos, alqueras, establos, talleres para los artesanos, y demas objetos de la industria y de la agricultura, ocupaban un primer recinto fuera de la clausura monacal, sin simetra, y segun la disposicion particular de la localidad. Este vendria ser sin duda alguna el repartimiento interior de los monasterios de religiosos en la tierra de Crdoba, sin mas diferencia en los dplices, de ambos sexos, que la que se colige de la necesidad de mantener las religiosas en una incomunicacion completa respecto de los monges, sin estorbar sin embargo el acceso del templo estas, y el del monasterio de mujeres los que estaban autorizados para acercarse ellas. Y que era as en efecto lo persuade la perfecta similitud que se advierte entre los monasterios de todos tiempos mas afamados por la escrupulosa observancia de la regla del santo fundador. Tmese el plano de cualquier abada reformada, cluniacense cisterciense, trcense en su iglesia dos coros, uno un lado y otro otro, y en comunicacion con los mismos dos claustros, uno para hombres y otro para mujeres, con sus correspondientes dormitorios, refectorios, captulos, enfermeras, hospederas, cocinas y lo demas necesario para el servicio corporal y espiritual de cada clausura; establzcase una division de altas y gruesas paredes entre ambas casas, poniendo los puntos de comunicacion entre una y otra bajo la vigilancia y custodia del abad y de sus delegados; agrguense al recinto general aquellas oficinas en que se emplean monges solos, sin acceso para las religiosas, que son todas las que requiere la administracion y gobierno econmico de ambas comunidades, los graneros, los depsitos de las prestaciones decimales, las huertas, molinos, establos, habitaciones de criados, etc.; y se tendr aproximadamente la planta de uno de los principales monasterios de Crdoba del tiempo de S. Eulogio, como el Tabanense el de Peamelaria. Diferirn uno de otro en la arquitectura de su alzado, en su aspecto esterior y parte decorativa: y esta diferencia depender del estilo dominante en cada region, en cada siglo. El monasterio cluniacense ostentar la riqueza del gusto occidental generalmente denominado _bizantino_; el cisterciense ofrecer una gran sobriedad de ornato, _una iglesia sumamente sencilla, con esclusion de todo gnero de pintura escultura, sin vidrieras de color, sin cruces ni adornos en ellas, sin torres de grande elevacion ni cosa alguna que forme contraste con la simplicidad y humildad de la regla_;[438] el monasterio cordubense, como fundado por descendientes de visigodos apegados las prcticas y tradiciones de la arquitectura latina que usaron sus mayores, y dciles sin embargo al contagio del modo neo-griego y arbigo-bizantino, y poblado por monges cuya fidelidad la santa regla primitiva se citaba como modelo y provechoso ejemplo en los dominios de los reyes cristianos, presentar ese mismo estilo mixto cuyos caractres generales hemos sealado tratando de las baslicas mozrabes de la ciudad. Vernse en l arcadas sin arquitrabes, puertas cuadrangulares y ventanas de plena cimbra, portaditas sencillas y galanas con su dintel recto, su arco de medio punto encima y su tmpano ligeramente decorado; alguna que otra imitacion del arte oriental; como el arco de herradura, la pequea cpula sobre pechinas, los ajimeces, los ladrillos barnizados, las molduras y cenefitas de pometados, puntas de diamantes y flores de loto, los capiteles de forma cbica, etc. Aquella puerta que nos dice S. Eulogio se dej abierta por descuido despues de los maitines el monge que cuidaba de la clausura de las religiosas en el monasterio de Peamelaria, y por la cual se evadi Sta. Pomposa para volar al martirio, sera sencillamente una puerta con arco de ladrillo, y si era, como parece regular, la que conducia del convento de mujeres al coro de la iglesia, tendria lo sumo algun adorno sencillo esculpido en su dintel, realzado tal vez con vivos colores. Aquella ventana donde se asomaba segun nos refiere el mismo santo la venerable abadesa Isabel en el monasterio Tabanense para avisar la llegada de nuevos huspedes peregrinos, podria ser quizs un ajimez con su esbelta columnilla de jaspe y sus dos arcos la manera sarracena, puesto que consta por las muchas reminiscencias arbigas con que los religiosos prfugos de Crdoba matizaron y embellecieron la severa arquitectura de Asturias y Leon, que no repugnaban los ejemplares monges mozrabes, racionales en todo, las novedades que con ventaja para el arte y sin significacion alguna moral habian introducido sus dominadores. Para completar este bosquejo ser bien dar una ligera idea de la devota gente que poblaba estas santas casas, de su modo de vivir, de sus usos y sus trages, cindonos, como la ndole de nuestro trabajo lo requiere, la parte grfica y pintoresca de la veneranda regla, y dejando srias investigaciones sobre la disciplina religiosa para los escritores de historia eclesistica: que por cierto, y sea dicho de paso, tienen mas mplios y abundantes fundamentos que nosotros los amantes de las antigedades artsticas, para desenvolver sus elucubraciones. No vamos por lo tanto sacar luz una nueva edicion de la regla de S. Benito y de los captulos del concilio de Aquisgran; vamos solamente trazar con rasgos caracteriscos una breve filiacion de los valientes soldados de la hueste benedictina, y solo por lo que interesa el saber qu especie de vida interior hacian bajo su santa bandera, aquella animosa monja que burlando la vigilancia del convento fu por entre las nocturnas tinieblas atravesando montaas, bosques, peligrosos barrancos, hasta llegar con el alba la corte sarracena; aquella otra venerable abadesa, que salia la ventana del muro divisorio entre las dos clausuras del monasterio Tabanense, para ver de agasajar Jesucristo en la persona de sus pobres despues de haber gastado su gran patrimonio en fundar aquella casa; toda aquella legion de mrtires en suma, arriba mencionada, que en los perodos de persecucion, y como por secciones, iba bajando de la Sierra la orgullosa corte de los Amires fortificar con su sangre los retoos de la cruz que presumian estirpar los infieles. Aquellos santos varones, pues, aquellas respetables matronas, devotas vrgenes y nios ofrecidos, descendientes la mayor parte de nobles familias godas, como de sus meros nombres se colige, vivian todos, sin distincion de sexos ni de cuna, entregados la oracion y meditacion, las obras de caridad, al cultivo de la inteligencia, los trabajos manuales que la regla prescribe, en los cuales no habia para los profesos de mas ciencia, virtud y nobleza, exencion de trabajos serviles[439] dentro de la clausura. Habitaban en celdas desnudas de todo aparato, vestian los monges de negro[440], con tnica, escapulario y cogulla[441], las monjas con tnica tambien negra, y velo del mismo color, encarnado, simbolizando, bien la tristeza del destierro en que el alma consagrada Dios vive en este mundo, bien su continua disposicion dar la sangre por Jesucristo. Los monges profesos llevaban coronas de cerquillo lo mismo que los presbteros, y la barba crecida como los demas cenobitas y ermitaos; pero los novicios confesos no llevaban corona hasta que pasaban profesos[442], ni tampoco capilla; as como no usaban velo las vrgenes hasta que en alguno de los dias solemnes marcados al efecto se lo daba el obispo pronunciando ellas sus votos. Levantbanse las dos de la noche rezar maitines y laudes, y despues no se volvian acostar, sino que se empleaban en la oracion, la meditacion y el estudio; dormian vestidos, y solo se les permitia al acostarse mudar de calzado: en el refectorio se les servian nicamente dos viandas, que eran frutas verduras, y pescado, para que el que no pudiese comer de la una comiese de la otra; prohibaseles absolutamente el uso de las carnes[443], y en cuanto la bebida, que era el agua pura, regia una costumbre muy digna de ser observada: solo cuando habia obras ayunos estraordinarios, se les consenta beber entre comidas, y entonces, reunida toda la comunidad antes de entrar al rezo de las _completas_, daba el abad su bendicion, y el que tenia sed, bebia. Ayunaban todos los mircoles y viernes del ao, adems de hacerlo en las pocas sealadas por la Iglesia todos los fieles, y el ayuno no les eximia del trabajo corporal y obras de manos, ni de la lectura acostumbrada. No era el abad preferido ninguno de sus sbditos ni en la comida, ni en la bebida, ni en la cama, ni en el vestido. Solo cuando sobrevenian huspedes de mucho respeto y calidad, le era permitido comer con ellos fuera del refectorio; pero las pequeas distinciones de esta especie estaban mas que compensadas en beneficio de la humildad cristiana, porque ese mismo abad que gobernaba la comunidad y podia castigar los monges rebeldes viciosos, y ante el cual se prosternaba el castigado hasta tocar con su frente el suelo, cubrindose con la cogulla en seal de confusion, ese superior respetado y temido lavaba y besaba imitando Jesucristo los pis sus subordinados en el dia solemne que consagra la Iglesia esta conmemoracion conmovedora. Tampoco para envanecerlos y exaltarlos, sino para que se les denotase amor y reverencia, queria S. Benito que los monges al llamarse unos otros hiciesen preceder sus nombres de apelativos afectuosos y respetuosos: los mayores debian llamar los menores _hermanos_ (_fratres_), los menores los mayores _padres_ (_nonnos_); todos ellos al abad _seor y maestro_ (_dominus et magister_). Los pobres tenian como declarado en la regla de S. Benito un derecho que por su singularidad merece mencionarse: para que no les faltase alimento, estaba terminantemente prohibido que ningun monge cediese otro parte de su comida cena; de esta suerte, las sobras que dejaban los desganados de estmago pequeo llegaban intactas los mendigos que socorria el monasterio. La regla del silencio se observaba con toda escrupulosidad: cada religioso se ocupaba en su celda en la oracion y meditacion, en el estudio; los no profesos se dedicaban las faenas de la labranza y del cultivo; la comunidad solo se reunia en el coro, en el refectorio, en el captulo y en las aulas. Durante las refacciones de comida y cena se lea; en ninguna parte del monasterio y ninguna hora habia bullicio, y para desterrarlo completamente, las escuelas en que enseaban los monges doctos estaban fuera de los edificios claustrales, y las aulas que habia dentro de ellos eran solo para los educandos del convento. Exaltada nuestra imaginacion con estos recuerdos, cuando recorriamos aquella fragosa y pintoresca Sierra de Crdoba, que hoy siguen santificando con su vida ejemplar los humildes _hijos del Yermo_; al sealarnos con el dedo nuestro complaciente guia alguno de los lugares matizados de ruinas donde la piadosa tradicion ve los devastados solares de los antiguos monasterios benedictinos, creimos muchas veces percibir el tnue taido de una modesta campanita entre el blando susurro de las auras y de los arroyuelos, con que lloran hoy su soledad aquellas montaas que casi nos atreveramos llamar _sagradas_. Figurbasenos que aun hallaramos en pi alguna de aquellas santas casas: que en ella bamos sorprender, usando del derecho de hospitalidad, fuer de fatigados peregrinos, la pequea comunidad rezando sus horas; ser agasajados como lo habian sido all muchos en otros tiempos, vinindonos la memoria de contnuo aquella preciosa pintura que hace S. Eulogio de la vida de los monges de S. Zacaras de Navarra[445]: _resplandecen como estrellas del cielo con mritos de diferentes virtudes, unos de una manera, otros de otra. Florece en unos la caridad perfecta que desecha todo temor; otros engrandece la humildad; otros con cuidado se ejercitan en recibir los peregrinos y huspedes, y condescienden con la voluntad de los que llegan de nuevo, como si Cristo se inclinra ser recibido en su hospedera._ Oh vida dulce y tranquila! esclambamos: oh deliciosa soledad silvestre, morada nica en que descansa con placer el ocupado pensamiento del viajero de lejanas tierras, mientras encomienda tus vagarosas auras, embalsamadas al contacto del azahar y de la madreselva, los suspiros que le arranca su amada familia ausente! Y ahora que restituidos al hogar domstico escribimos aquellas impresiones, trayendo la memoria aquellas punzadas de melancola por la ausencia de la esposa y de los hijos, que tenemos ya nuestro lado, volvemos esperimentar una suave tristeza de no ver ms lo que entonces vimos. Oh mezquina condicion de la humana criatura, nunca del todo satisfecha! Como si aquellos monasterios durasen todava; como si pudiramos aun ver por all la figura de aquel santo sacerdote que los visitaba y edificaba todos; espiarla trepando hcia ellos por las mismas trochas y senderos que nosotros recorrimos, y perderse como una mota negra[446] entre aquellos carrascales y encinares, ensendonos el camino todas las santas casas de la Sierra; dulenos no haber fijado nuestro albergue entre aquellas montaas de tan magnficos horizontes; internndonos con la mente hasta la horrible soledad y montuosa aspereza donde estuvo edificado el famoso monasterio Armilatense, cuyas ruinas retrata todava en su impetuoso nacimiento el Guadamellato, dirigimos los gloriosos santos formados en sus claustros aquella misma salutacion afectuosa de Carlomagno Paulo Dicono, monge de Monte Casino. Hic celer egrediens, facili mea charta volatu, Per sylvas, colles, valles quoque proepete cursu: Alma Deo cari Benedicti tecta require. Est nam certa quies fessis venientibus illuc. Hic solus hospitibus, piscis, hic panis abundat. Ltus amor, et cultus Christi, simul omnibus horis. Pax pia, mens humilis, pulchra, et concordia fratrum. Dic patri el sociis cunctis, salvete: valete: etc.[447] Mas, ay! que esta grata vision retrospectiva va concluir con un espectculo terrible y sangriento; porque la vida del monge del siglo IX no era, como vulgarmente nos figuramos, una srie bonancible de gozos espirituales y prosperidades terrenas. Muy halageo es sin duda, despues de domado el mpetu de las pasiones, vivir lejos del bullicio de la capital, conversar con Dios en medio de esa agreste soledad, solazarse inocentemente la orilla de ese rio, sorprendiendo entre las espumosas ondas que se quiebran en los peascales los incautos pececillos... Pero y si llega un dia en que un rey poderoso decrete la persecucion y el esterminio de todos los cenobitas?... Pues ese temido instante llega en efecto. Porque la cristiandad est en dias de prueba, y como frrea tenaza la estrechan por el norte y mediodia los brbaros normandos y los sarracenos. La Europa entera est humeando con monasterios incendiados y sangre de mrtires: Gante, Amiens, Arras, Corveya, Cambray, Tarvana, y cuanta tierra riega el Escalda, forman ya una inmensa hoguera! Los mismos estragos manchan con sangre y calcinados escombros la corriente del Rhin: los soberbios claustros erigidos por el emperador Lotario quedan en el espacio de tres dias convertidos en intiles ruinas. La Francia ve aterrada cundir la devastacion por toda la Neustria: Suesion, Noviomago, Lauduno, Reims, son envueltas en la sentencia de esterminio que provocan los templos y monasterios. Caen desplomados los fuertes muros de S. Salvador de Prumia, de S. Martin de Turs, de las mas insignes abadas francesas... Si esto hacen los brbaros inciviles del norte, cmo esperar mas clemencia de los brbaros cultos de oriente y mediodia, que asuelan ya el reino de Npoles y Sicilia, que incendian Monte Casino, S. Plcido de Mesina, S. Vicente de Vulturno, pasando cuchillo sus indefensos moradores? Ah! Tambien en la trabajada Espaa suena de un confn otro la tremenda voz esterminadora: las tropas del altivo Muhammed entran con espada en mano en el suntuoso monasterio de Cardea, y al salir de l dejan en sus pavimentos doscientos cadveres de mrtires!... Qu repentino rumor sube la montaa desde la llanura, turbando la paz de los santos claustros confusos gritos de destruccion y muerte? Son tambien soldados y verdugos de Mohammed los que trepan hcia ellos armados de fuego y hierro. La Sierra de Crdoba, un momento h silencioso teatro de santos y ordenados ejercicios, se estremece toda con los clamores de los monges que huyen despavoridos, de las vrgenes y matronas que se apian desaladas en los coros, de las turbas de mozrabes que, precediendo los implacables muzlimes, buscan asilo en lo enmaraado de los bosques y en las cavernosas breas. Vuelvo la vista la ciudad, magestuosamente asentada en medio de la campia, y cuyos edificios claramente distingo; y no veo ya descollar en ella las modestas torres de las parroquias nuevamente erigidas. Veo por el contrario alzarse nubes de denso polvo en algunos parages de la Ajarqua. La satnica obra de destruccion ha comenzado; publcase ya en la montaa con furibundas amenazas el feroz decreto llevado cabo en las parroquias; y dentro de pocos dias los mas afamados cenobios, el Armilatense, el Tabanense y otros, no ofrecern nuestra vista mas que humeantes ruinas, y sangrientos despojos de mrtires inmolados en ellos! Segun el edicto del tirano debieron derribarse todas las iglesias edificadas en tiempo de los rabes, y en las baslicas de la ciudad erigidas mas de trescientos aos atrs, demolerse todas las adiciones modernas[448]; pero Dios no consinti que esto se cumpliese la letra. El monasterio de la Peamelaria subsisti pesar de la furiosa destruccion de que fu teatro la Sierra[449], y con l permanecerian tambien en pi otros de menos importancia. Sin embargo, la grande afliccion y tubracion de los mozrabes empezaba realmente por este tiempo. Porque la ruina de los templos y monasterios acompaaron ahora aquellas enconadas persecuciones de los mismos cristianos apstatas de que dejamos hecho mrito; aquellos concilibulos prohibiendo declarar la f; los padecimientos de Sanson y de Eulogio, de todos los mrtires mencionados por ellos en estos aos, y de otros infinitos de quienes no hicieron memoria: puesto que el mismo santo doctor dice que eran tantos los que se ofrecian al martirio, que los infieles pedian los cristianos los contuviesen, y que era tan universal el fervor de padecer por Cristo, que hasta los prvulos se ofrecian al cuchillo de los verdugos. Muchos que escaparon de Crdoba con vida fueron darla por Jesucristo algunos aos despues en los dominios de los reyes cristianos, manos de los mismos muzlimes cordobeses. Este fin alcanzaron en 883 en el monasterio de Sahagun todos los religiosos prfugos que all vivian refugiados bajo el abad Walabonso, de resultas de una entrada sangre y fuego que hizo Almundhyr en los dominios cristianos[450]. Hasta diez aos despues[451], en que padece martirio Sta. Eugenia[452], no volvemos ver sangre de mozrabes derramada en Crdoba. De all poco (en 925) muri por no mancillar la flor de su pureza el santo nio Pelayo, que el obispo Hermoigio, con mas amor de s mismo que buen consejo, habia dejado Abde-r-rahman III en rehenes para rescatarse del cautiverio despues de la rota de la Junquera. Por las actas referentes este inocente mrtir sabemos que las baslicas de S. Gins y S. Cipriano subsistian en su tiempo, puesto que en el cementerio de la una fu sepultado su cuerpo, y en el de la otra su cabeza. Como por un vergel encantado que se representa en sueos, donde se hunde el pi de trecho en trecho, as discurre la imaginacion por la maravillosa y singular historia de estos tiempos. An-nasir, Al-hakem, Almanzor, poseen para los mseros mozrabes la magia de Circe: alucnanlos con el esplendor de su cultura, y cuando mas desprevenidos estan los aterran con sentencias de muerte. Bajo sus reinados acontecen la solemne embajada del Gorziense, aquellas legacas y comisiones de prelados, como las de los obispos Ermenhardo, Juan, Recemundo, Dudo, etc., entre los califas y los emperadores de Alemania y Constantinopla, en que el arte y sus bellezas figuran tanto; aquellos agasajos contnuos entre infieles y cristianos, en que se comercia por una parte con las santas reliquias de los mrtires, haciendo alarde de civilidad y tolerancia; aquel incesante acudir de los cristianos la corte de los califas, la nueva Atenas, buscando la salud[453], buscando alianzas y proteccion[454], buscando la luz de las ciencias y de las artes[455]; aquel interminable despuntar de genios en todos los ramos del humano saber, quienes aun hoy el mundo venera: hechos todos de que hemos dado ligera noticia al lector en el discurso del captulo precedente. Pero vueltas de tan sorprendentes espectculos, los dejan helados de espanto hacindoles ver que el odio al nombre de Cristo es en ellos inextinguible. A los seis aos de la decolacion del nio Pelayo, padecen martirio Vulfura y Argentea[456]; luego Almanzor, que como violento torbellino penetra cincuenta y dos veces por los dominios de la Espaa catlica, llena las mazmorras de cautivos cargndolos de pesadas cadenas[457]; por ltimo, impulso de su desprecio altanero y cruel perecen en tenebrosas crceles el ejemplar Domingo Sarracino y sus compaeros. A la historia de Crdoba mozrabe pertenece aquella famosa prision de D. Gonzalo Gustios, padre de los malhadados Infantes de Lara, que, aunque omitida por los principales historiadores, se confirma por la Crnica General, los romances populares y la tradicion. En uno de los mas suntuosos edificios de la Almedina, no lejos de los reales alczares, gime encarcelado el buen seor de Salas, vctima de una infame traicion urdida por su cuado Rodrigo Ruy Velazquez, el cual con una falsa carta de albricias le mand la corte de Hixem para que fuese degollado, mientras sus siete hijos perecian en la celada que tambien les tenia dispuesta. Los Infantes de Lara, generosos y confiados como su padre, se dejan conducir la frontera enemiga por el traidor que los entrega, y all abandonados por l un numeroso ejrcito de infieles, pelean varonilmente en el campo de Albacar[458], vendiendo caras sus vidas. El desdichado D. Gonzalo Gustios recibe en tanto lisonjeros agasajos de Almanzor y de sus allegados: la hermana del prepotente hagib, vencida de sus atractivos, le visita en su prision con frecuencia hacindose recatadamente acompaar de sus esclavas; y de este amoroso comercio, cuyas dulzuras ilcitas va castigar inexorable el cielo, nacer un famoso bastardo[459], cuya historia no entra en nuestro cuadro. Est el ilustre prisionero sentado un banquete que le convida el magnate sarraceno... Dgalo mejor el romance. Y despues de haber servido mil manjares su usanza, dice el rey:[460]--Gonzalo amigo, un costoso plato falta. * * * * * En esto vino una fuente que cubria una toalla, y en ella siete cabezas, de aquel tronco muertas ramas. Mira la fuente Gonzalo, y dice:--Ay, fruta temprana! * * * * * Mas, ay mis hijos, que son mis preguntas escusadas, que con sangre viene escrito que es Rodrigo y Doa Lambra. Aun existen en Crdoba la calle y casa donde pas este tremendo drama; llmanlas _de las Cabezas_, y dicen tomaron este nombre por dos arquillos que all se ven todava, en los cuales pusieron las cabezas de los desgraciados Infantes, _mal trofeo de tan infame victoria_[461]. Muerto Almanzor palidece para los muzlimes el astro de la fortuna, y la suerte de los mozrabes pasa alternativamente de la cumbre de la esperanza al abismo del desconsuelo. El conde de Castilla D. Sancho, D. Ramon, conde de Barcelona, el rey cristiano que conquist Toledo, plantan sucesivamente sus reales sobre Crdoba: lo mismo hacen los rgulos sarracenos rebeldes al legtimo califa; con lo cual los estenuados cristianos cobran aliento. Ya el conde D. Fernando Gomez saca de la ciudad, que todo el orbe catlico mira como el mas glorioso panteon de mrtires despues de Roma, las preciadas reliquias de dos insignes santos[462], sin que osen estorbarlo los islamitas; ya D. Alfonso VI en 1108, por vengar la muerte de su hijo D. Sancho en Ucls, hace quemar las puertas mismas de la orgullosa corte su gobernador Abdalla con otros veintidos capitanes, quienes logra envolver en una batalla, y obliga los pobladores que le entreguen mil y setecientos cautivos cristianos, con todo lo que pertenecia los almoravides sus auxiliares. Ya entra D. Alonso de Aragon en Andaluca (ao 1125), con tan poderoso ejrcito, que la mayor parte de las familias mozrabes de Crdoba se pasan su campo juzgndose en l seguras. Ahora s que es lamentable la condicion de los cristianos que no abandonan sus hogares! Despojados de sus bienes, perseguidos, azotados, encarcelados, martirizados de mil modos, desterrados al Africa, ven consumarse la dolorosa estincion de la ley evanglica en Andaluca si el soplo vivificador de Dios no la reanima. Ocultan presurosos sus sagradas reliquias, las santas imgenes que veneran[463]. Cuntos en esta sangrienta tragedia alcanzaron la palma del martirio! Sus saudos enemigos empiezan destruirles los templos que las anteriores persecuciones habian respetado: algunos convierten en mezquitas en sinagogas. Un mahometano poderoso y sus parciales llaman D. Alfonso el emperador contra Ben-Ganyah, ofrecindole vasallaje; as queda en suspenso (ao 1146) la ruina de la iglesia mozrabe cordobesa. Ben-Ganyah es vencido: el emperador castellano entra triunfante en la ciudad de tantos amires: d un gobernador alcalde los cristianos para que sean regidos con justicia segun sus propias leyes[464]. Mas ay, que los jactanciosos nazarenos han violado el gran templo del Islam atando sus columnas sus fatigados caballos y poniendo sus atrevidas manos en el sagrado _Mushaf_! As que el castellano vuelva la espalda pagarn aquella insolente profanacion los cristianos cautivos[465]; y los caballeros de ese altivo emperador que puedan ser atraidos bajo un falso seguro, sern cargados de cadenas! Pero el castellano irritado se apresta brioso castigar el infame perjurio de Ben-Ganyah; muchos prncipes de la cristiandad, muchos condes y seores se le agrupan en torno: sus huestes cubren la campia; el fragor de sus armas atruena la vecina sierra. El musulman por su parte llama en su auxilio los fanticos y furibundos Almohades. Antes que los formidables ejrcitos de africanos se lancen al Estrecho, habr el perjuro reconocido segunda vez por su rey y seor al de Castilla (ao 1150); mas al retirarse este nuevamente cargado de botin ante la siniestra nube que cierra por el mediodia, los infelices cristianos de Crdoba, abandonados la barbarie de sus ltimos opresores, se irn paulatinamente dispersando como leves yerbecillas que marchita y arrebata la asoladora tempestad. [Illustration] Captulo cuarto. _Panorama de Crdoba en su estado actual._ Voy ahora, lector amigo, desarrollar tu vista los varios cuadros del panorama que hoy la ilustre Crdoba presenta. La antigua reina del Guadalquivir, que ya solo cobra de este gran rio el tributo de sus aguas sin cansarle con sus bajeles, se ofrecer tus ojos como un mayorazgo arruinado que pasa la vida en magestuosa holganza instalado en su espaciosa casa solariega, de cuyas paredes penden empolvadas, desgarradas y descoloridas tapiceras, en otro tiempo magnficas, y entretenido con los ahumados retratos de sus abuelos mientras las goteras acaban de arruinar sus artesones, y en tanto que sus tierras yacen abandonadas la cizaa, la oruga y la langosta. Sube conmigo esa enhiesta torre[466] y mira tu alrededor: tus pis un gigantesco templo; tu frente un caudaloso rio, ya despojado de las frondosas alamedas de sus orillas; tu derecha tristes reliquias de suntuosos alczares derruidos; tu izquierda una dilatada y heterognea aglomeracion de edificios de todas las pocas, partidos en dos grandes secciones por una larga y anchurosa via que marca las sinuosidades de una antigua muralla divisoria, en la que descuellan trechos algunos torreones mutilados, ltimos centinelas heridos de una hueste esterminada. Esa espaciosa via es la calle de la Feria, arteria principal de la industria y comercio de la antigua Crdoba, hoy sin sangre apenas. Entre ese singular compuesto de todas las edades, divisars en miserables callejas y en plazoletas de forma irregular, casas no pocas que por sus soberbias fachadas merecian, no estar hoy la mayor parte desiertas, el envidiado nombre de _palacios_; portadas elegantes del estilo del _Renacimiento_ con esbeltas columnas estriadas y medallones de gran relieve; graciosos ajimeces en paredones carcomidos; altas galeras de areas arcadas moriscas sobre edificios restaurados con brbara simplicidad, sin una imposta, sin una faja, sin una moldura, con agujeros cuadrangulares por ventanas, y de arriba abajo enjalbegados; casuchas miserables con magnficos fragmentos de jaspe y mrmol embutidos en sus sarrosos tapiales:--all un soberbio capitel corintio sirviendo de piedra angular,--all un hermoso fuste de granito haciendo de escalon en un umbral,--acull una basa de esttua romana puesta como sillar pesar de la borrosa inscripcion denunciadora de su antiguo y noble empleo:--y esto cada paso, en cada esquina, en cada calle. Vers tambien como en posicion alegrica dos grandes edificios, S. Francisco y S. Pablo, situados en lnea en frente de la Ajarqua, guisa de paladines del cristianismo en avanzada contra los errores que simboliza la Almedina. Eran conventos poderosos: hoy se alberga en el uno como vergonzante la suprema autoridad poltica y gubernativa de la provincia; el otro, medio arruinado, no tiene mas morador que un pobre sillero, al cual le viene tan grande la regia clausura, que como corrido de su pequeez dentro de ella, se ha bajado un rincon de su inmenso patio teir sus palos y tejer sus eneas. Si paras la atencion en las humildes fbricas que de trecho en trecho despuntan, unas con torres, otras sin ellas, asomando sobre las techumbres circunvecinas sus denegridas fachaditas angulares, cul con un santo en su vrtice, cul con una simple cornisilla de canes, cul entre dos robustos estribos, pero todas con su gran claraboya como el ojo nico de los cclopes, facilmente reconocers, aunque algo disfrazadas, algunas de las baslicas mozrabes de que te he hablado en el anterior captulo. El clero parroquial ha carecido de medios para enmascararlas con fachadas greco-romanas churriguerescas. Feliz pobreza, que nos las ha conservado libres de columnas panzudas y guirnaldas de piedra! A tu espalda se dilata formando cien tortuosas calles y otros tantos callejones la parte mas alta de la ciudad: en ella habia repartido la arbiga dominacion setecientas mezquitas con sus alminares, novecientas casas de baos, muchsimos mercados, bazares, zocos, talleres, fbricas, posadas; pero de tan portentosa grandeza no existe hoy ni la huella. Do quiera que vuelvas los ojos hallars en suma fachadas sin viviendas, entre cuyos sillares brotan el musgo y la malva, por cuyas ventanas pasan revolando los pjaros amantes de las grandes ruinas; monasterios inhabitados, templos desiertos, plazas donde crece la grama, calles todas horas silenciosas, mercados donde no se trafica, talleres donde no se trabaja, tiendas donde no se vende; una poblacion en fin inactiva, dormida, mermada, pobre, privada de las delicias de la cultura islamita, divorciada con las dulzuras de la progresiva civilizacion cristiana, y marcada con el estigma de una dolorosa decadencia material y moral[467]. Tiene un no s qu la holgazanera que primera vista se confunde con la dignidad; pero, sea no holgazana, es indudable que la moderna Crdoba arrastra con decoro los girones de la toga pretexta romana, del tirz musulman, y de la cota espaola. Contenta con los timbres heredados, los deja subsistir hasta que se le caen pedazos: no aspira presuntuosa sustituir al arte monumental de los tiempos que fueron otro arte nuevo; y sin embargo no vive sin arte como otros pueblos. Conserva hoy cuidadosa sus lpidas latinas, sus reliquias arbigas, sus edificios ojivales: bien quisiera ella tener medios para realizar empresas mayores; pero como caballero pobre se pasa con digna resignacion sus hambres sin pedir nadie prestado. Cuando necesita un edificio lo labra la antigua usanza, haciendo en sus patios graciosas y esbeltas arcadas sobre bien torneadas columnillas decoradas con capiteles moriscos; y no incurre en plgios inspidos y de mal gusto, ni comete el crmen de copiar la irracional arquitectura de la coronada villa de Madrid[468]. Salve, pues, noble y magestuosa cuna de Lucano, de los Snecas, de Osio, de Averroes, de S. Eulogio, de Juan de Mena, del Gran Capitan, de Morales, de Gngora, de Cspedes, de tantos insignes varones! Insprame con las memorias de tu pasada grandeza para descubrir mis lectores en cuadros verdicos, aunque fugaces, el sumo inters histrico que en s llevan algunas de las reliquias que cubren tu suelo. _La muralla y sus puertas._ Esos muros que cercan la ciudad, fortalecidos trechos con gallardas torres, cilndricas unas, cuadradas otras, y algunas ochavadas, fueron obra de muchos siglos, pero toda de sarracenos y cristianos; de los romanos quedarn quiz cimientos. Lo mas notable en ellos son las puertas, y algunas torres desviadas de la cerca, y unidas ella con pasadizos, que los rabes solian construir en vez de baluartes para seorear mejor la muralla, y que luego construyeron tambien los cristianos[469]. Son principalmente dignas de observarse, la puerta _de Sevilla_ por la elegancia de su labor almohadillada; la _de Almodovar_ por lo bien que se marca en ella la diferencia entre la obra morisca y la renovacion hecha despues en la parte alta del muro; la puerta _del Osario_, obra de la reconquista, edificada segun la manera comun de la edad media con dos robustas torres que la flanquean; la puerta _de Colodro_, clebre no como obra del arte, sino por haberle dado su nombre el valiente almogavar que con Benito Baos escal el muro de la Ajarqua dando ocasion que ganaran esta parte de la ciudad las huestes de S. Fernando; la _de la Misericordia_, llamada antes _puerta Escusada_ por cierto dicho oportuno del rey moro que perdi Crdoba, conservado por la tradicion[470]; la _del Sol_, antes _puerta de Martos_, y en tiempo de romanos puerta _Piscatoria_, famosa por haber sido la primera que se abri al adalid Domingo Muoz y los capitanes Argote y Tafur, en aquella noche oscura y lluviosa en que los dos terribles almogavares nombrados, y otros bravos, precedidos de sus guias, iban recorriendo en silencio como indignadas sombras toda la muralla oriental, sus torres y puertas, degollando los centinelas y guardias muzlemitas[471]. Finalmente la puerta _del Puente_, que se cree diseada por el clebre Juan de Herrera, y que indudablemente lleva el sello de su escuela[472] en la severidad y buenas proporciones de sus cuatro columnas dricas y de su cornisamento. Dos bajo-relieves de mrito sobresaliente, atribuidos al Torrigiano, ocupan la parte superior de sus intercolumnios. Donde se halla esta puerta habia en tiempo de los rabes otra, llamada del mismo modo (_babu-l-kantarah_): la de Sevilla se denominaba vulgarmente _puerta de los Drogueros_ (_babu-l'-attarin_): la del Sol llevaba el nombre de _puerta de Algeciras_ (_babu-l-jezirati-l-khadr_). Habia adems otras puertas: la _de los Judos_ (_babu-l-yahud_); la _de Talavera_ (llamada asmismo _de Leon_); la _del amir Koreix_; y la _de los Nogales_ (por otro nombre _puerta de Badajoz_). Qu puertas eran estas? No es fcil ya averiguarlo. La de Almodovar quizs podr haberse llamado puerta de los Judos, por caer hcia aquella estremidad el barrio de estos, como lo indica la calle que aun conserva su nombre. All continuaron morando despues de la reconquista, y all erigieron recien ganada la ciudad la suntuosa sinagoga[473] que mand demoler el papa Inocencio IV[474]. All tambien sufririan la gran matanza del ao 1392. Al estremo septentrional de la Ajarqua, entre las puertas del Rincon y de Colodro, se eleva una gran torre de planta octgona, unida la muralla por un arco de medio punto, bajo el cual se ve una lpida borrosa, en que se dice habia una inscripcion por donde constaba haberse hecho la obra desde el ao 1406 al 1408, de rden del rey D. Enrique III. Acerca de esta torre circulan diversas tradiciones; pero la mas vlida cuenta que se labr costa de un caballero, que, habiendo asesinado su esposa, obtuvo del monarca, necesitado la sazon de hombres y dinero, la gracia de poder rescatar con ella la pena de muerte merecida por su crmen. _El alczar._ El antiguo alczar de Crdoba debia ser un edificio inmenso, mas bien un conjunto de varios y magnficos edificios, porque en su irregular recinto se comprendia todo lo que es hoy palacio episcopal, alczar viejo y nuevo, caballerizas, y huertas del alczar. Cae la parte occidental de la ciudad, teniendo por lmites levante la catedral, al mediodia el rio y su ribera, occidente y norte el _arroyo del Moro_; y en este sitio estuvo erigida desde la dominacion romana la principal fortaleza de la ciudad, permaneciendo en los tiempos sucesivos como baluarte y defensa de la poblacion. Los godos tuvieron all el palacio de Teodofredo, padre del rey D. Rodrigo; los rabes se encontraron el palacio construido, y los califas de la casa de Merwan se instalaron en l. Propensos poetizarlo todo con misteriosos orgenes, sus escritores en la edad media le supusieron obra de los mas remotos tiempos, descubierta casualmente por un antiguo rey, de esos que como los de los cuentos de las nodrizas no tienen nombre ni poca en la historia[475]. Pero el diligente y verdico Ibnu Bashkuwal, que le vi en la poca mas brillante del califado, nos d entender que se juntaban en l reliquias arquitectnicas de cuantas gentes habian dominado la Andaluca desde los persas y griegos. Este historiador, sin describirlo minuciosamente, habla en general de muchas bellezas atesoradas en sus salones y jardines por los amires de la dinasta de los Umeyas, y dando luego razon de sus magnficas entradas, dice as: Entre las puertas de este palacio, que Dios omnipotente abri para reparacion de las injurias, auxilio de los oprimidos y declaracion de justas sentencias, es la principal una sobre la cual campea un terrado saliente sin igual en el mundo. Esta puerta abre paso al alczar, y tiene sus hojas revestidas de hierro, con un anillo de bronce de labor esquisita, en figura de hombre con la boca abierta: obra de mrito estraordinario que trajo de una de las puertas de Narbona un califa. En la misma lnea de esta hay otra puerta, llamada _de los Jardines_ (_babu-l-jennan_), y al lado opuesto, en un terrado que domina al Guadalquivir, dos mezquitas, famosas por los muchos milagros obrados en ellas, y en las cuales el sultan Mohammed, hijo de Abde-r-rahman II, se sentaba administrar justicia sus sbditos. Las puertas tercera y cuarta, llamadas _del Rio_ (_babu-l-wadi_) y _de Coria_ (_babu-l-koriah_), daban salida al norte. La quinta y ltima, denominada _de la Mezquita mayor_ (_babu-l-jam_), era la que se abria los califas cuando iban los viernes la azala de la Aljama; cuyo trnsito se cubria todo de alhombras[476]. Nada mas sabemos del soberbio alczar rabe. Qu queda hoy de l? Poco mas que una especie de fortaleza cuadrada que el rey D. Alfonso XI reform su manera (denominada hoy _el alczar nuevo_), y algunos torreones desmochados y ruinosos que se divisan como perdidos en la grande area desierta que se estiende detrs, donde ya no es posible conjeturar lo que all existi. Crese que el palacio episcopal conserva algunos muros de aquel gran palacio: debe serlo forzosamente el que mira levante y sirve de fachada, pues hasta el siglo XVI estuvo unido la mezquita por medio del pasadizo trnsito mencionado[477]. Tenian los alczares unos deliciosos baos, que se surtan del agua del Guadalquivir por medio de una grande azuda. Esta mquina, sostenida en un elegante edificio de ladrillo, cuyos restos aun subsisten con el nombre de Albolafia, en la orilla del rio al pi del muro que limita por el sur la Huerta del alczar, subia el agua un recipiente depsito, del cual pasaba sobre un arco al cauce abierto en dicho muro, y por encima de este corra hasta verter en el bao, del cual tambien se ven las ruinas all cerca. En el bao habia una torre, memorable por haberse parado en ella despues que la ahuyentaron, segun cuenta la piadosa leyenda, la paloma blanca que se dej ver sobre el cadver del mrtir S. Eulogio arrojado al rio. En el ngulo S-E. del alczar haba otra torre, llamada _de la Vela_, tambien clebre por la misma leyenda[478]. Ambas sin embargo han sido demolidas sin escrpulo despues que la reina D. Isabel la Catlica, estando en Crdoba ocupada en proveer lo necesario para la guerra de Granada, di el mal ejemplo de hacer desbaratar el galano artificio de la Albolafia porque su ruido le quitaba el sueo. Pero cmo es que ni el _alczar nuevo_, hoy crcel, que sirvi de residencia al terrible Tribunal del Santo Oficio, ni el _campillo del rey_ saturado de sangre de mrtires mozrabes, han hallado los ojos de los cordobeses gracia suficiente para eximirse de la dura ley del abandono? Siquiera por el singular contraste que en aquel parage ofrecian la ominosa fortaleza, donde el falso celo religioso habia perpetrado por obra del malvado Luzero tantos crmenes horrendos[479], y aquella sagrada palestra, donde el verdadero amor de Jesucristo habia recogido tantas celestiales palmas; por esto solo parece que debieran los hijos de Crdoba haber mantenido con esmero aquel edificio libre de la devoradora carcoma de las crceles, conservando en l hasta los muebles del tiempo del prfido inquisidor: intacto el sencillo monumento que la piedad discreta, generosa y tierna de Ambrosio de Morales, consagr la legion de mrtires que desde aquella esplanada se habia elevado triunfante al Empreo[480]. [Illustration: ALAMEDAS DEL GUADALQUIVIR. (_Crdoba._)] _El puente y la Calahorra._ Algunos historiadores rabes atribuyen Octaviano Augusto la construccion del antiguo puente de piedra. Destruida la obra romana, los sarracenos la reedificaron sobre sus mismos cimientos[481], y todos los califas de la dinasta de Merwan se esmeraron en su conservacion. Consta de diez y seis arcos, volteados sobre pilares que fortalecen robustos estribos cilndricos coronados de chapiteles semicnicos. A modo de cabeza de puente se eleva en su estremo opuesto la ciudad una fortaleza con su barbacana, una verdadera Calahorra, que el vulgo, aficionado estropearlo todo, llama la _Carraola_. Forma la planta de este castillo una especie de cruz, cuyos brazos y cabeza son en el alzado tres severos torreones cuadrangulares almenados, que llevan en su interseccion otros dos cuerpos cilndricos de igual altura[482]. La barbacana es poligonal, con estribos cilndricos, en dos ngulos. En la defensa de la ciudad contra el rey D. Pedro de Castilla, el puente y su Calahorra fueron teatro de hericas lides. Habia brindado aquel malvado rey con el saco de Crdoba al rey moro de Granada si le ayudaba conquistarla. Accediendo Mohammed, juntronse los ejrcitos de ambos, y el castellano puso cerco la ciudad con ochenta mil moros de pi y siete mil de caballo, y unos siete mil cristianos. Combatironla los moros con corage, y al primer asalto entraron por fuerza el castillo de la Calahorra. Pasaron el puente, abrieron seis portillos en la muralla del alczar viejo, y por ellos penetraron en la ciudad una porcion de compaas ganando rpidamente las calles con banderas desplegadas y estruendo de leliles. El Adelantado D. Alonso Fernandez de Crdoba, los maestres de Santiago y Calatrava D. Gonzalo Mesa y D. Pedro Muiz de Godoy, y otros caballeros, Crdobas y Guzmanes, estaban dentro indignados de ver que los soldados cristianos se dejaban arrollar por la morisma; y mientras se esforzaban intilmente en contenerlos, las matronas y doncellas mas principales salieron sin tocas por las calles, dando animosos y dolientes gemidos, escitando con varonil ademan sus hijos y esposos la pelea. Produjo esto tanto entusiasmo, que los soldados cristianos, convertidos repentinamente en leones, cerraron con tanto bro con aquel enjambre de moros que los tenia acosados, que los obligaron huir, arrojndose muchos por la muralla al rio para salvar la vida, y abandonando el ejrcito sitiador el puente y su fortaleza. Los dos coligados repitieron la embestida por separado al siguiente dia, pero en vano; y al cabo volvieron unidos sobre la ciudad, que asediaron con nuevo ardimiento. Los sitiados resolvieron salir darles batalla, y eligieron por su general al Adelantado, quien de derecho tocaba serlo. Juntse un lucido escuadron de caballeros y gente ciudadana, decididos todos morir vencer; pero divulgse entre el pueblo crdulo la calumnia de que el Adelantado tramaba la entrega de la ciudad al rey de Castilla, y al salir la hueste cordobesa al puente se present al caudillo su madre D. Aldonza de Haro, y le dijo: _mirad, hijo, que me dicen sals entregar la ciudad nuestros enemigos; recordad que en vuestro linage no ha habido traidores: no hagais menos que vuestros pasados_. Y D. Alonso respondi: SEORA, EN EL CAMPO SE VER LA VERDAD[483]. Pas el escuadron el puente, hizo el Adelantado cortar dos de sus arcos, y dijo los suyos: _pensad que salimos vencer morir!_ Trabse la batalla, y puso Dios tal bro en los corazones cordobeses, que sin reparar en la muchedumbre de los contrarios los embistieron de tropel, con tanto denuedo, tanta furia y vocera, tan recio herir y golpear, que al punto se cubri la llanura de cadveres de infieles y castellanos mezclados; visto lo cual, las haces enemigas aterradas volvieron las espaldas, y mas correr se encaminaron Castro el Rio, dejando ricos de despojos los cordobeses. Estos regresaron la ciudad por el vado que hoy llaman _del Adelantado_. [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa._ _Lit. de J. Donen, Madrid._ IGLESIA DE S.ta MARINA. (_Crdoba._)] _Iglesias, conventos y capillas._ Cuando S. Fernando conquist Crdoba, los cristianos habian ya casi perdido la memoria de las advocaciones de sus baslicas; algunas sin embargo subsistian aunque deterioradas por el largo abandono, y solo de dos tres de estas se sabian por tradicion las primitivas dedicaciones[484]. A las otras que hallaron en pi aplicaron advocaciones nuevas[485]. Reparronse las que amenazaban ruina, las ya asoladas se volvieron levantar; las torres que los sarracenos habian desmochado quedaron truncadas como glorioso testimonio de las persecuciones sufridas. Catorce parroquias resultaron de esta obra de restauracion tan meritoria: siete en la Ajarqua, siete en la Almedina, uniformes en las lneas generales de sus sencillas y humildes fachaditas, en un todo acomodadas la forma comun de las primitivas baslicas cristianas del Occidente, en que se dibujan las tres naves, central y laterales, y sus vertientes. En la parte decorativa conservaron las parroquias de la Almedina algunos rasgos muy marcados de su profana destinacion mientras sirvieron de mezquitas; en algunas de la Ajarqua qued tambin sellada con reminiscencias del estilo rabe la larga dominacion padecida. Ved esa adusta mole que se levanta en la plazoleta del conde de Priego, de fachada desnuda de ornato y sombra, pero bien razonada y de carcter profundamente cristiano: esa es Sta. Marina, tipo de los primitivos templos ojivales de nuestra nacion. Alienta en ella cierto espritu de magestad, de fortaleza, de santa sobriedad cristiana que cautiva[486]. Falta en las zonas que dividen sus estribos la simetra, de la cual somos hoy esclavos; pero, qu importa? Este defecto, dado que lo sea, no se advierte siquiera; y en cambio su deliciosa portada de molduras lisas, su claraboya de anillos concntricos, su puerta del norte con las dos severas agujas que la flanquean, los chapiteles piramidales de su imafronte, constituyen un precioso modelo de arquitectura religiosa, econmica en su coste, y popular como adaptable toda clase de poblaciones desde la poderosa ciudad hasta la humilde aldea. Una fisonoma menos adusta presentaria la fachada de S. Lorenzo antes que levantase en 1555 su rector y obrero Alonso Ruiz la torre que tanto desdice del carcter primitivo de esta baslica[487]. Tenia entonces un gracioso prtico cuyas arcadas se ven cegadas hoy: era la pared de su imafronte enteramente lisa, y en ella un grande roseton calado, al cual no hay otro comparable en Crdoba, inundaba de luz la nave central. Aumentaban su claridad las ventanas de los muros laterales de la misma nave, de forma estraa y caprichosa, manera de ajimeces sin parteluz, en que el rosetoncillo del vrtice est como sujeto por un cordon ondulante. Casi todas las parroquias de Crdoba presentan en sus portadas antiguas gran semejanza: unas sin embargo son mozrabes, otras son obra posterior la reconquista. Esto consiste sin duda en que el arte mozrabe que desaparece, coincide con el arte cristiano del norte que viene ocupar su puesto, en muchos elementos que uno y otro conservan del bizantino; pero por regla general creemos poder establecer, que cuando las archivoltas de muchas molduras toros van exornadas de puntas de diamante, de zigzags y dientes de sierra, de pometados y otros objetos de procedencia oriental, descansando adems en columnillas de capiteles cbicos y orlados de funculos, debe sospecharse sea esta decoracion anterior la poca de S. Fernando[488]. Lo que indudablemente pertenece su tiempo es el embovedado ojival de todas ellas. Pero la deplorable comezon de greco-romanizarlo todo que empez en el siglo XVII, tiene estas interesantsimas parroquias completamente estropeadas por dentro. En la mayor parte han desaparecido los nervios de las bvedas, los capiteles y repisas de donde partian, los nudos y florones en que remataban; las arcadas de las naves llevan encima ridculos cornisamentos, los esbeltos pilares de piedra estan sepultados en la pesada masa de cal y canto que sostiene los modernos arcos de medio punto, y estos arcos suelen estar flanqueados de pilastras romanas de risibles proporciones. Las hermosas claraboyas del siglo XIII, tan primorosamente trabajadas y tanta costa, se han reputado intiles, y estan la mayor parte tapiadas por el interior[489]. El siglo XV, aunque menos tolerante de lo que se cree, demostraba mas genio en sus restauraciones. Dgalo la graciosa torre de _S. Nicols de la villa_[490], que pareceria un elegante alminar rabe no haberle aadido el rstico campanario que la afea. [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa_ _Lit. Donen, Madrid._ TORRE DE S.n NICOLAS. (_Crdoba._)] [Illustration: _P. P. del._ ROSETON DE LA IGLESIA DE S.n MIGUEL.] [Illustration: _J. S. del._ Lab. de G.D.Marimes, Madrid CAPITEL RABE BIZANTINO.] [Illustration: _G. D. P. del._ ID. AFRICANO.] [Illustration: _Dib. del nat.l y por F. J. Parcerisa. Lit. de J. Donen._ IGLESIA DE S.^N LORENZO. (_Crdoba._)] La misma dolorosa observacion puede hacerse respecto de la arquitectura de los conventos y capillas. Aquellos soberbios edificios de S. Pablo y S. Francisco, Stos. Acisclo y Victoria, Trinitarios Calzados, S. Agustin, etc.[491], nada apenas conservan ya de su original belleza: la cual se deduce de algunas escasas reliquias que ni el tiempo ni la ignorancia con su accion corrosiva han logrado destruir. Con algun trabajo sin embargo puede el pensamiento entresacar y reunir muy preciosos fragmentos del interesante perodo del siglo XIII al XVI, y formar con ellos un pequeo museo fantstico de la arquitectura religiosa y monstica en Crdoba. Veamos, lector amigo, de agruparlos brevemente haciendo abstraccion de las edificaciones insignificantes en que estan perdidos. Mira desde la plaza de S. Salvador aquella fachada angular que sobre los modernos tapiales de S. Pablo descuella: las atrevidas restauraciones que desfiguraron el templo por dentro, han respetado ese sencillo paredon del siglo XIII; en su vrtice hallars metida an en su nicho una linda estatuita de Sto. Domingo, que sin duda por estar muy alta se ha librado de la injuriosa brocha de los embadurnadores. Igual suerte ha tenido la portada del norte de este mismo templo, y lo debe quizs estar oscurecida en un patinillo del convento. Desde este se registra cmodamente la obra antigua con su alero de canes carcomidos, y el bside octgono que forma la capilla de Nuestra Seora del Rosario, del siglo XV. Nada mas gracioso que la combinacion de nervios de la bveda de esta capilla, cuya forma de estrella cuadra tan perfectamente una de las advocaciones mas ideales que d Nuestra Seora su santa letana. Los padres de Sto. Domingo han sido los principales propagadores de una devocion muy acepta la Madre virginal de Jesucristo; y la huerta de su casa en Crdoba es todava clebre por la planta que all sembraban, de la cual recogian la frutilla redonda llamada _lgrimas de Moiss_, escelente para cuentas de rosario: hacanlos en tan gran cantidad, que cargando con ellos un jumentillo, los iban repartiendo por los pueblos. En esta capilla de Nuestra Seora del Rosario est sepultado el maestre de Calatrava y Alcntara D. Martin Lopez de Crdova, criado del rey D. Pedro, que habindose hecho fuerte en Carmona contra los parciales de D. Enrique, fu por este mandado decapitar en Sevilla (A-D. 1370). Observando cuidadosamente esta iglesia de S. Pablo, es fcil reconocer que sus tres naves primitivas arrancaban desde el mismo muro del imafronte y formaban cinco grandes arcos ojivos cada lado. Al fin de la nave de la Epstola hay una puerta con espaciosa escalinata, por donde se baja la sala de captulos: contiguo esta un recinto, que cubre un domo rabe octgono decorado con ocho fajas, paralelas de dos en dos enlazndose bellamente, y al cual se llega por debajo de dos arcos robustos y severos, apuntado el uno, de herradura el otro. Es este edificio anterior la fundacin del convento? Parcelo en efecto; pero cmo comprobarlo no conservndose ninguno de los papeles antiguos de la rden anteriores la espulsion de los claustrales en el siglo XVI? Sbese por tradicion inmemorial que en este sitio hubo crcel romana, donde imperando Diocleciano estuvieron encerrados los santos patronos de Crdoba Acisclo y Victoria, primeros mrtires de esta ciudad; y en el lugar mismo donde se cree gemian aherrojados, hay en la actualidad una pequea capilla que mantenian los condes de Oropesa, alguno de los cuales dijo: _la estimo mas que todos mis estados juntos_. No pudo la crcel romana ser despues baslica, y esta con la irrupcion sarracena reedificarse para mezquita siglos antes de recuperar la ciudad el santo rey? Acompame ahora, la calle abajo, al destrozado convento de S. Francisco, digno rival un tiempo del de S. Pablo, y como l poderoso antemural del catolicismo por la religiosa rden fecunda en santos que all se albergaba. Hay en un ngulo de su espacioso claustro bajo, una fuente, cubierta con pequea cpula pintada por dentro, que denota grande antigedad. Los robustos arcos que la sostienen descansan en columnas de fustes y capiteles desiguales, romanos unos, rabes otros. La pintura de la bveda, casi del todo destruida, representaba la bajada del Espritu Santo en lenguas de fuego. La pila ochavada de la fuente, y su tazon de forma tosca, sostenido en cuatro fustes cilndricos sin ninguna moldura, que son evidentemente trozos de columnas antiguas, parecen reliquias de un bautisterio mozrabe. Pues vamos ahora contemplar el arte cristiano del siglo XV con toda la gala de sus cenefas caladas, conopios, agujas y frondarios. Al norte de un patio silencioso y tranquilo que por un gracioso vestbulo de estilo latino abre paso un claustro de religiosas, hay una pequea joya de ese tiempo, que es una portada de iglesia, adornada con todos los caprichos que distinguen la decoracion gtica del estilo terciario, y flanqueada de dos elegantes estribos que rematan en agujas prismticas y pinculos. Lleva sobre el dintel de su puerta un arco apuntado de varias molduras con una ancha y hermosa cenefa de hojas y animales. Sobre el arco apuntado un conopio, y bajo el tope de este encaramados dos gimios, como en actitud de ir saltar sobre el que los mira. Es la iglesia del convento de Sta. Marta. Junto al palacio episcopal, frente una de las puertas de la catedral, hay otra perla de este mismo gnero arquitectnico. Es la fachada del Hospital de Nios Espsitos. No te la describo porque te la doy dibujada[492], y sales ganancioso. Observa las esttuas que coronan su dintel, su noble actitud, el grandioso estilo de sus ropages; las repisas en que estriban, las caladas umbelas que las cobijan; las cenefas de hojas y animales que contornan sus arcos, que tapizan las agujas de sus estribos. [Illustration: _Dib.. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa Lit. de. J. Donen, Madrid._ CLAUSTRO DEL CONVENTO DE FRANCISCANOS. (_Crdoba._)] [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa Lit. de Donen, Madrid._ HOSPITAL DE ESPSITOS. (_Crdoba._)] [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa._ _Lit. de J. Donen, Madrid_ DETALLES DE LA FACHADA DEL HOSPITAL DE ESPSITOS. (_Crdoba._)] [Illustration: Sacado del natural y lit. por F. J. Parcerisa. Lit. de J. J. Martinez. Madrid. DETALLES DEL HOSPITAL DE ESPOSITOS N 2. (Crdoba.)] Mira una feliz combinacion de este estilo con el rabe en la casa llamada de D. Juan Conde, que perteneci la Hermandad del Sagrario; en cuyo frente vers tres lindos balcones, el del centro en forma de ajimez con garbosos calados de crestera y lambel que le contorna. Y por ltimo observa otra combinacion no menos pintoresca de estos dos estilos con el greco-romano en los patios interiores del convento de los santos mrtires Acisclo y Victoria, reedificado en tiempo de Felipe II. El patio principal que hoy subsiste, aunque ya muy arruinado, se presenta rodeado de ligera arquera latina de dos cuerpos: el inferior con capiteles dricos, el superior con capiteles rabes y un antepecho corrido y perforado que conserva restos de azulejos de relieve. A la parte del rio hay un pequeo recinto con la bveda desplomada y el pavimento cubierto de espesa yerba; y en l una preciosa portadita de ladrillo agramilado, obra de albailera limpia y hermosa en que se ven mezclados con gracia los tres estilos: es un arco de angrelado menudo, corre sobre l una cornisa romana, y est flanqueado de dos delgadas columnillas gticas. Bien conocemos la falsedad de este estilo mixto y los inconvenientes del sistema de decoracion por hiladas horizontales cuando se usa en grande escala en los templos ojivales; pero tiene un no s qu indefinible que seduce aquella especie de juguete arquitectnico, en aquel solitario recinto arruinado, donde el solemne murmullo del rio quebrado en la presa de Marts parece arrullar el eterno y feliz sueo de los dos hermanos mrtires. Ser quiz porque el santo espritu de paz y concordia del cristianismo se halla como simbolizado en la union de todos los estilos pasados? La iglesia de este monasterio debi ser notable por mas de un concepto; hoy solo para angustiar el corazon del que la visita conserva los soberbios escudos de armas de sus patronos en el muro de su presbiterio, y una riqusima techumbre de madera pintada y dorada, de peregrina labor morisca, que tal vez al trazar yo estas lneas ser en vano objeto de tu curiosidad ansiosa. Hoy cerrado al culto, profanado, despojado, convertido en almacen de maderas, ofrece dificil paso la clebre capilla de los mrtires patronos de Crdoba este templo, cuyo pavimento cruzaba de rodillas desde la entrada un monarca tan prepotente como Felipe II cuando iba venerar las santas reliquias de aquellos. _Edificios rabes y moriscos._ Cuando el hagib Almanzor usurpando al menguado Hixem II su autoridad gobernaba la monarqua cordobesa, tenia su palacio al norte del alczar real, y sus jardines se estendian todo lo que es hoy _huerta del rey_, entre el _arroyo del moro_ y las _heras de la salud_. Ese palacio tenia su correspondiente mezquita, y esta mezquita subsiste hoy casi intacta por dentro, aunque convertida en capilla cristiana por el santo rey con la advocacion de S. Bartolom. Su fachada indica claramente el cambio de destino que en ella se verific entonces[493]. El interior es una _cella_ cmara con bveda ojival de nervios que arrancan de sendas repisas bizantinas. Su decoracion forma dos zonas: la primera de alicatado dibujando entrelazados florones; la segunda de delicada labor morisca en la disposicion siguiente. Primero tres fajas de inscripciones de caractres africanos sobre fondo de ataurique; luego otra de recuadros con escudos de armas, sin mas blason que la banda diagonal usada por algunos reyes islamitas; despues un entrepao menudamente trabajado de laceria formando estrellas y rosetones, en que alternan escudos y estrellas en escaques; encima una hermosa faja de lazo-laberinto, y por remate almenitas dentadas ornamentales. Es capilla de hospital desde que fund el que lleva su nombre el cardenal D. Fr. Pedro de Salazar, obispo de Crdoba. [Illustration: VISTA DE CORDOBA. (desde _los Mrtires_.)] [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa. Lit. de J. Donen, Madrid._ CAPILLA DEL HOSPITAL DEL CARDENAL. (_Crdoba._)] Del estilo musulman africano existen, adems de esta mezquita, otros restos de bellsimo carcter. Frente la parroquia de Santiago hay una casa de humilde apariencia: por encima de sus paredes asoma una gallarda palma; dentro resuenan veinte treinta voces argentinas que con unsono tonillo recitan oraciones. En todas partes tiene Crdoba reservadas para el amante del arte gratas sensaciones: ahora las encontramos en una escuela de nias. Abre ese portal y entra: te hallars desde luego en un espacioso zaguan morisco, al pi de una galana arquera cuyos tres vanos hace alegre fondo un fresco jardinillo. El arco del centro es de medio punto: su intrados forma un calado primoroso sobre ataurique picado; los laterales son ojivales angrelados, de finsimo ladrillo: todos estan encerrados en recuadros, cuyas fajas perpendiculares descansan en lindas repisas de cuatro caas horizontales; y sus enjutas descubren, pesar de las repetidas manos de cal con que han procurado obstruir sus labores, la mas delicada filigrana de vstagos y postas. En el piso superior se conservan otros arcos mas pequeos y una puertecilla de dintel trebolado en muro macizo y denegrido. Lleva este edificio el nombre de _casa de las Campanas_. Las nias que all aprenden la costura y la doctrina cristiana, familiarizadas con la belleza de aquellos arcos y columnas, no comprendern tu ansiosa curiosidad, y clavarn en t como admiradas sus negros ojos. No las compadezcas: la rosa silvestre que nace orilla de un fragante naranjal no sabe tampoco por qu agrada su sencillez y por qu aquellos rboles son tan hermosos; pero esto no impide que ella sea flor, y que otro terreno menos privilegiado solo produzca espinos. Semejante la arquera que dejamos descrita es otra que se ve dentro de la casa del _conde del Aguila_ (_plaza de Anton Cabrera_), con la diferencia de ser cuatro los arcos que la componen, y todos ultra-semicirculares. Descansan en columnas de mrmol con capiteles moriscos de selectas formas, todos entre s diversos. La entrada este resto de patio islamita es un magnfico arco con un arrab de florones de tracera rectilnea de estilo africano. De los novecientos baos pblicos que es fama habia en Crdoba en los tiempos de su mayor esplendor, solo dos han quedado, y estos soterrados bajo otros edificios modernos[494]. No creais que vais poder templar en ellos el ardor que comunica vuestra sangre el sol de Andaluca. Los baos rabes de Crdoba no tienen pilas, ni albercas, ni agua: figuros un stano de bveda sumamente baja, sostenida en macizas arcadas de herradura, lisas, sin adorno alguno en su paramento, y sobre robustas columnas de jaspe, que contornan un espacio rectangular, cuyo centro ocupaba en otro tiempo un estanque. Lo nico que revela su antiguo destino son las lumbreras respiraderos que de trecho en trecho atraviesan la bveda de piedra. Por all se exhalaban los vapores y los perfumes. _Edificios del Renacimiento._ Eran muchos los que dejaron en Crdoba aquellos ilustres caballeros en ella nacidos que militaron bajo los dos primeros monarcas de la casa de Austria en Alemania, en Flandes y en Italia: de quienes se propag el gusto italiano otros hombres poderosos. Hoy la mayor parte de estos edificios estan reducidos sus simples fachadas: el empeo de sus dueos de residir en la corte los ha tenido abandonados, y por otra parte la mala calidad de la piedra franca empleada en su construccion ha contribuido mucho su pronta ruina. Pero las reliquias de las casas de renacimiento italiano talo-hispano[495] son en Crdoba tan frecuentes como los fragmentos arbigos y moriscos, como los capiteles, fustes y lpidas romanos. En la plazuela llamada de _D. Gernimo Paez_ est la mas notable de estas grandes casas[496]. Esta tambien la de _Villaseca_ en la calle de _Sta. Clara_, en cuya portada, de piedra arenisca deleznable, parece ya irnico el sentido del lema _non nobis sed saltem posteris_ que lleva al frente. En su patio hay otra fachada de gusto italiano muy selecto, y en ella una galera en cuya base se le esta otra sentencia que el tiempo ha hecho igualmente inadecuada en su segunda parte: _vivimus sicut altera die morituri, dificamus quasi semper in hoc sculo visuri_. En la calle _del Sol_, entre la parroquia de Santiago y la romntica puerta de Baeza, se conserva el segundo cuerpo de otra bella portada de escuela bramantesca. Es de graciosas proporciones, tiene columnillas estriadas de rden compuesto sobre pedestales adornados con bustos de gran relieve de buena escultura, y lleva en su cornisamento la fecha del 1520, que es la mejor poca del arte plateresco. En la cuesta del Bailo hay una buena muestra de aquella feliz combinacion de estilos gtico italiano que usaron algunos arquitectos espaoles del siglo XVI.--Dos columnas de estrias espirales flanquean una puerta cuadrangular. De sus capiteles arrancan un arco conopial con frondario y tope, y el lambel que le cobija: entre el dintel y el conopio resulta un tmpano adornado de grutescos realzados, y entre el conopio y el lambel resultan como dos enjutas que llevan crculos tambien reelevados, destinados al parecer trabajos de escultura, como bustos escudos. De este gracioso estilo del renacimiento hay otros muchos ejemplares en ajimeces esquinados, en galeras, ventanas, aldabones y otros resduos de construcciones palacianas[497], que vi erigir Crdoba en aquellos dias, para ella mas afortunados, en que los nobles de su tierra no se desdeaban de habitar una ciudad de provincia despues de haber adquirido fama, riquezas y nuevos blasones en sangrientas campaas de mar y tierra lejos de su patria. [Illustration: _Dib. del nat.l y lit. por F. J. Parcerisa._ _Lit. de J. Donen, Madrid._ CASA DE GERNIMO PAEZ. (Crdoba.)] Captulo quinto. _Medina-Azzahra._ El grande y generoso Abde-r-rahman An-nasr tenia una concubina que dej al morir una ingente riqueza, y el califa dispuso que se emplease toda en redimir muzlimes cautivos. Cuentan los escritores rabes que en cumplimiento de este mandato se enviaron pesquisidores los dominios cristianos, y regresaron Crdoba sin haber encontrado en las crceles de _Afranc_[498] un solo islamita. Despues de haber dado gracias An-nasr al Todopoderoso por la sealada merced que esta grata noticia le habia revelado, estaba un dia pensando qu uso haria de aquel tesoro, cuando se le present la hermosa Azzahra, quien amaba con pasion, y le dijo: Por qu no edificas con ese dinero una ciudad para m, y que lleve mi nombre? Y An-nasr, que aventajaba sus ilustres predecesores en magnanimidad y gusto artstico, empez edificar desde luego la falda del _Monte de la novia_ (_giebal-al-ars_), unas tres millas de distancia al N-O. de Crdoba, el soberbio palacio que, unido luego la ciudad paulatinamente formada su alrededor, tom el nombre de la esclava predilecta y se llam _Medina-Azzahra_. Redujronse al principio las obras una elegante casa de recreo para la amada del califa, pero este se prend tanto del nuevo edificio y su deliciosa situacion, que pronto se convirti en vasto alczar, donde empez residir con su familia y mujeres, colocando en desahogadas dependencias toda su servidumbre y guardia. Era este alczar de piedra, mrmoles y jaspes, de hermosa traza, y por dentro esplndidamente decorado: y la imgen de la esclava lucia esculpida de relieve sobre su puerta principal[499]. Cuentan tambien las historias arbigas que cuando Azzahra se vi por primera vez sentada junto su glorioso dueo en uno de los salones de aquella especie de palacio encantado, estuvo largo tiempo recostada en un ajimez contemplando embebecida la bella perspectiva que desde all se ofrecia su vista; hiriendo de repente su imaginacion el contraste que presentaba la blancura y alegra de las nuevas construcciones con el sombro cerro que les servia de fondo, esclam: Mira, y cun linda parece esta doncella en brazos de ese etope! Oido lo cual, mand al instante An-nasr que se allanase aquella montaa; si bien, convencido luego de que esta empresa era superior todo humano poder, revoc sus rdenes y dispuso que se talasen sus pinares y encinas y se plantasen en su lugar almendros, higueras y otros rboles de mas grata sombra y mas risueo aspecto. Encomend An-nasr los planos del palacio de Azzahra al arquitecto mas afamado que habia la sazon en Constantinopla, emporio de las artes en aquel tiempo. Distribuyse la obra en tres partes secciones. La que apoyaba en la misma montaa para los alczares del califa: en los cuales se alojaban adems del dueo 6300 mujeres entre concubinas de mayor menor categora, criadas y sirvientes; y donde habia para ellas 300 baos. La inmediata al mediodia para las viviendas de su servidumbre, eunucos y guardias: comprendia 400 casas: los pages y eslavos que mantenia el sultan en ellas eran 3750, los eunucos y guardias 12000, magnficamente vestidos, con espadas y cinturones dorados; los pages se pasaban diariamente 13000 libras de carne, sin contar las gallinas, perdices y otra volatera, adems de muchas especies de pescados. La tercera y mas desviada de la montaa para jardines y huertas que dominaban los alczares. Ocupronse en estas grandes obras desde el ao 325 de la Egira (A-D. 936-7), por espacio de muchos aos, el mismo Abde-r-rahman en persona, su hijo Al-hakem, varios arquitectos, y doce artfices cristianos de grande habilidad; y habia adems tres hombres entendidos comisionados para traer mrmoles de Africa, que eran Abdullah, el inspector principal de las obras, Hasan Ibn Mohammad, y Al ben Ja'far, quienes pagaba An-nasr 10 dinares de oro por cada trozo fuste de mrmol, grande pequeo, puesto en Crdoba. Era tan grande el placer que el califa esperimentaba en dirigir por s mismo las construcciones, que entregado su pasion de lleno, lleg en una ocasion faltar tres viernes consecutivos la azala de la Aljama, y al presentarse el cuarto viernes, el austero telogo Mundhir ben Sa'id que predicaba aquel dia, aludi l en su pltica, y delante de todo el gento le amenaz con el fuego del infierno. Gastbanse en la edificacion diariamente 6000 sillares de todos tamaos y formas, labrados y sin labrar, sin contar el ladrillo y la piedra tosca empleados en los cimientos: conducian los materiales 1400 acmilas, y 400 camellos del sultan, y 1000 mulas de alquiler. Cada tres dias se consumian 10,000 cargas de cal y yeso. Columnas, grandes y pequeas, de sosten y de peso, entraron mas de 4300, traidas algunas de Roma, 19 de tierra de cristianos, probablemente de Narbona, 140 regaladas por el emperador griego, 1013 de mrmol verde y rosa de Cartagena de Africa, Tunez y otras plazas de allende el Estrecho; las demas sacadas de las canteras del Andals, como las de mrmol negro y blanco de Tarragona y Almera, y las de _mrmol de aguas_ de Raya. Los operarios y eslavos empleados diariamente eran 10,000; tenian de jornal, unos un adiram y medio, otros dos adirames y un tercio. El gasto hecho en las obras de Azzahra ascendi anualmente 300,000 dinares durante el reinado de An-nasr, y habindose formado el cmputo de su costo total en los veinticinco aos trascurridos desde el 325 al 350 en que muri el califa, result haber gastado en aquellos palacios siete millones y medio de dinares pesantes de oro. Asegrase que las hojas de sus puertas, de todas dimensiones, eran 15,000, revestidas de hierro bruido cobre dorado y plateado. Sufragse este inmenso gasto con el tercio de las rentas del imperio destinado las construcciones y obras pblicas[500]. Sera cosa interminable el referir una por una todas las bellezas que el arte y la naturaleza de consuno habian aglomerado en el delicioso recinto de Azzahra: bellezas realzadas con el esplendor de la corte, la muchedumbre de soldados, pages, eunucos y eslavos, de todos paises y religiones, costosamente vestidos de seda y brocado, que circulaban por sus anchas calles, y los grupos de jueces, katibes, telogos y poetas que gravemente paseaban aquellos suntuosos salones, aquellos espaciosos vestbulos y antecmaras. Habia all, adems del rgio alczar, viviendas magnficas para hospedar los altos funcionarios del Estado; all acueductos que mantenian con el agua de la sierra en perptuo verdor las huertas y vergeles; all jardines con toda clase de flores y boscages de azahar, de mirto y de laurel; all sorprendentes juegos de aguas, y fuentes, estanques y lagunas de todas formas; all cenadores y deliciosas umbras en que guarecerse de los ardores del esto. Los historiadores de aquel tiempo, los oradores y poetas, agotaron los raudales de su elocuencia describiendo aquellas maravillas. Cuantos forasteros las visitaban en los dias de Al-hakem, cuando ya la nueva ciudad habia llegado su apogeo, confesaban no haber otras semejantes en los vastos dominios del Islam. Los viajeros de lejanas tierras, los prncipes, los embajadores, los traficantes, peregrinos, telogos y poetas mas familiarizados con las construcciones de aquella especie, todos reconocian no haber visto nada comparable en el mundo. Y en verdad que solo el terrado de mrmol pulido que se elevaba en su alczar al mediodia dominando sus jardines, los pabellones de oriente y occidente que sobre l descollaban, el salon dorado del pabellon circular que ocupaba el centro; solo las incomparables labores de su arquitectura, la belleza de sus lneas y proporciones, la riqueza de su ornamentacion interior, ya de mrmol luciente, ya de oro deslumbrador con columnas de caprichosos jaspes, con pinturas mulas de los mas floridos vergeles; solo su lago de lquida plata, sus cisternas perptuamente llenas de pursimas aguas, sus preciosas fuentes ornadas de bajo-relieves; cada uno de estos objetos de por s hubiera sido suficiente para hacer los palacios de Azzahra superiores los de Bagdad, Damasco y Constantinopla. Entre sus maravillas se distinguian el pabellon central, las fuentes y la mezquita. Estaba el mencionado pabellon sostenido en columnas de mrmol _de aguas_, taraceadas de rubes y perlas, con capiteles de oro: llevaba el nombre de Salon de los Califas (_Kasru-l-kholaf_), porque en el advenimiento de estos al trono debia hacerse all su jura y proclamacion. Sus paredes estaban cubiertas de oro y mrmoles trasparentes de diversos colores: su techo de lo mismo, y pendia de su centro una perla de incomparable tamao y valor que entre otros preciosos dones habia regalado An-nasr el emperador Constantino Porfirognito. Las tejas de este pabellon eran de plata y oro alternadas. Ocupaba el centro del mgico recinto un estanque de prfido, lleno de pursimo azogue, que limitaba una arquera poligonal de ocho arcos de herradura de bano y marfil, incrustados de oro y piedras preciosas, sobre columnas de mrmol pulido y cristal. Cuando penetraba el sol por ellos, solo el reflejo que producian sus rayos en el techo y las paredes bastaba para cegar cualquiera; as, cuando An-nasr queria intimidar algun personage de cuya lealtad no estaba seguro, con una sea que hiciese uno de sus eslavos, al punto la masa de azogue empezaba moverse, y sus vvidos reflejos producian en todo el salon unas luces como relmpagos deslumbradores. Nada mas imponente y magestuoso que la jura de un califa la recepcion de un personage estrangero en el palacio de Azzahra. En ambos actos se retrata fielmente la tradicion oriental derivada desde los prepotentes reyes asirios y babilonios, y considerada por todas las gentes que sucesivamente dominaron en el Asia menor como el tipo y la norma de la humana grandeza. En ambas ceremonias el objeto principal es imponer, ofuscar, amedrentar con el espectculo de un poder formidable y de una riqueza superior toda fantasa. Por eso estas solemnidades no se celebraban nunca de improviso. Llgale un califa la noticia de que un emperador griego, por ejemplo, le manda una embajada[501], y ya empieza disponer su recibimiento. Al tomar tierra el legado en los dominios de Andaluca, ya los comisionados del califa se apoderan de su persona s pretesto de cuidarle para que nada le falte en su viaje; y le conducen, con poderosa escolta de ginetes armados, un palacio designado de antemano en las cercanas de la capital, donde dos eunucos cubicularios del rey (funcionarios de elevada categora en Crdoba lo mismo que en la antigua corte de Assur) encargados del servicio inmediato del sultan y de su harem, se emplean en agasajar al enviado y su comitiva, vigilando al propio tiempo que nadie, sea noble plebeyo, tenga con ellos roce alguno. Para este fin se agregan los eunucos otros oficiales palatinos y _mauls_ del califa, que con mucha habilidad hacen despejar el campo los intrusos. Entre tanto el califa se ocupa en el ceremonial de la recepcion, va y viene del palacio antiguo al palacio nuevo, dicta rdenes, y seala por ltimo el dia de la admision del estrangero su presencia. Ya es el pabellon central[502], ya el pabellon de oriente el de occidente, el destinado la augusta ceremonia. Aparece el salon nueva y lujosamente decorado, y en l un trono, joya resplandeciente de oro y pedrera, que ocupa el sultan. A su derecha izquierda sus hijos: luego los wazires; luego los gentiles-hombres, los hijos de los wazires, los libertos del califa, y los wakiles oficiales de su servidumbre. El patio del alczar est cubierto de ricas alfombras y vistosos guadameces; velas, doseles y cortinages de lustrosa seda sombrean las puertas y arcadas reflejando en ellas los vivos colores de sus pjaros y ramajes. Figuros la recepcion del enviado de Constantino al califa An-nasr. Al verse introducido el griego en el magnfico salon, no acierta disimular su asombro: los de su comitiva le siguen deslumbrados y confusos al acercarse al poderoso sultan que llena con su noble magestad el trono. Pone en manos de este el enviado sus credenciales[503], y en seguida el faquh Mohammed ben Abdi-l-barr, elegido por Al-hakem al efecto como orador eminente por su ingenio y elocuencia, empieza una pomposa arenga que tiene preparada sobre el podero y esplendor del imperio de An-nasr y la consolidacion del califado cordobs bajo su reinado. Pero la imponente ceremonia, el silencio de la ilustre asamblea, la deslumbradora luz que rodea al sultan, le turban en medio de su discurso; desfallece su voz, andase su lengua, y cae en tierra sin sentido. Un forastero consumado en la retrica y reputado en Iraca como prncipe de la oratoria, Ab Al Alkal, husped la sazon del califa, se encarga de sustituir Mohammed: dirige los circustantes varias frases elocuentes; pero faltndole luego las palabras, enmudece, y se retira. Mundhir Ibn Sad que advierte la inoportuna y brusca conclusion, toma el discurso donde lo ha dejado Ab Al, improvisa una peroracion brillante en prosa y verso con que deja todos atnitos y complacidos, y el califa con agradable gesto le demuestra su satisfaccion, reservndose premiarle despues... Esta ceremonia, cuyo final dejan indeterminado los escritores rabes, quedar tambien para nosotros entre nubes; y ahora haremos presenciar al lector en este mismo pabellon, trasformado para la ceremonia de la jura de Al-hakem, otra escena que podria figurar dignamente entre los mgicos cuadros de las _mil y una noches_. Los ocho hermanos del nuevo califa, conducidos Azzahra entre destacamentos de tropa armada, medio de grado y medio por fuerza, ocupan los dos pabellones de oriente y occidente; otros salones del palacio estan llenos de nobles, empleados, y cortesanos que esperan con impaciencia el momento de dar el parabien al digno soberano. Al-hakem est sentado en el trono del pabellon dorado: empieza la ceremonia, y entran los primeros sus hermanos, los cuales se acercan l, leen la frmula de la inauguracion, y prestan el juramento de costumbre con todas sus sanciones y restricciones. Siguen por su turno los wazires, sus hijos y hermanos, los guardias del rey y la servidumbre de palacio. Hecho esto, los hermanos del califa, los wazires y los nobles, toman asiento ambos lados del trono, escepto Isa ben Foteys que queda en pi un lado para juramentar todos los que van entrando. En el saln dorado estan adems los eunucos del sultan en filas derecha izquierda de su seor, todos vestidos de tnicas blancas y armados con espadas; inmediatos ellos, y formando dos filas sobre el terrado, los eunucos sirvientes, cubiertos de malla y empuando lucientes espadas. Los eunucos de guardia, con espadas tambin, y los eunucos esclavones, vestidos de blanco igualmente armados, se estienden lo largo del parapeto. A estos siguen otros esclavones de inferior categora, y vienen luego los arqueros de la guardia con sus arcos y aljabas. Prximos los eunucos esclavones estan los esclavos negros, lujosamente uniformados y cubiertos de armas resplandecientes: llevan tnicas blancas, yelmos sicilianos, y al brazo escudos de varios colores, y armas cuajadas de oro. En la puerta de _As-suddah_ estan los alcaides del alczar, y junto ella la guardia de caballo de eslavos negros, que se estiende hasta la puerta _de las cpulas_ (_babu-l-akab_). Contina la formacion la guardia de _mauls_ libertos del califa, tambien de caballera, y el resto del ejrcito y de los eslavos y arqueros la prolongan sin interrupcion hasta la puerta de la ciudad que sale al campo. Terminada la ceremonia, el pueblo se retira, y los hermanos del califa, los wazires y los otros dignatarios permanecen en el palacio, para conducir Crdoba el cadver de An-nasr y darle sepultura en el cementerio de los califas[504]. Pues ya que insensiblemente nos hemos convertido en narradores de las ostentosas ceremonias de la corte de los Umeyas en Azzahra, justo ser antes de pasar describir las demas bellezas artsticas de este palacio, evocar aquella magestuosa escena de la recepcion del rey D. Ordoo IV de Galicia, cuando fu solicitar del mismo califa Al-hakem auxilio y proteccion para recuperar el trono de que le habia despojado su primo D. Sancho con la poderosa intervencion de Abde-r-rahman An-nasr. Despues de alojado esplndidamente el augusto husped en el palacio llamado _de la Noria_ (_An-n'urah_) en Crdoba, y fijado el dia del recibimiento, previas las rdenes competentes para que todas las tropas estuviesen armadas, la guardia real de esclavones lujosamente uniformada, y los Ulemas, telogos, katibes y poetas, invitados para asistir la regia audiencia y amenizar la solemnidad con sus arengas improvisaciones, apareci Al-hakem sentado en su trono en el pabellon oriental del terrado, con sus hermanos y parientes uno y otro lado, y con los wazires, cades, magistrados, telogos y principales funcionarios, todos sentados por su rden segun su respectiva gerarqua. Ordoo, quien acompaaban los principales personages cristianos de Crdoba, entre ellos el juez de los mozrabes Walid Ben Khayrun y Obeydullah, hijo de Kasm _Al-matrn_ (obispo) de Toledo[505], iba vestido con tnica de brocado blanco y albornoz de la misma estofa, y cubria su cabeza un birrete la usanza cristiana ornado de costosos joyeles. Lleg caballo con su comitiva hasta la puerta esterior del palacio de Azzahra, llamada _de las cpulas_, donde se apearon los que habian salido recibirle; luego en otra puerta interior (_babu-s-suddah_) y su introductor Ibn Talmis recibieron rden de echar pi tierra. Desmont la puerta del pabellon meridional en el edificio llamado _daru-l-jandal_, sobre una plataforma, donde tom asiento con su squito esperando se le mandase entrar. Sali un palaciego con el deseado aviso, y Ordoo subi al terrado de los pabellones, y al llegar al de oriente donde el califa le aguardaba, dej su albornoz, se descubri la cabeza, y en actitud de admiracion y respeto permaneci un rato como absorto contemplando la magestad y grandeza que tenia delante. Acercse la entrada con paso mesurado por entre las hileras de soldados formados en el terrado, y al cruzar el umbral se postr en el pavimento con humildad profunda; luego di algunos pasos ms, volvi postrarse, y llegando por ltimo al trono alarg su mano con timidez, y Al-hakem le di la suya. Retrocediendo despues sin volver al califa la espalda, ocup un asiento cubierto con pao de oro que le estaba preparado, y en seguida fueron admitidos besar la mano al soberano islamita los condes y demas caballeros de su cortejo, los cuales se acercaron al trono repitiendo sus mismas postraciones, y luego se sentaron en fila dejando en el centro su rey. El juez de los mozrabes que servia de intrprete Ordoo, cuando Al-hakem rompi el silencio dando al destronado la bien venida, espuso en trminos comedidos y con reiteradas protestas de sumision y obediencia, el objeto de la venida del prncipe cristiano: solicit para l y su pueblo la poderosa proteccion del califa, obligndose reconocerle siempre como su seor feudal si le ayudaba recuperar el trono, y finalmente para encarecer lo mucho que confiaba en su poder y justicia, rogle que constituido en rbitro de las diferencias de entrambos primos, decidiese cul de los dos correspondia en buena ley la corona. Oy el califa la peticion con agrado, ya porque conviniese su poltica favorecer Ordoo, ya porque hubiese este acertado defender su causa con habilidad, y accedi ella esponiendo como mxima incontrovertible de derecho internacional, que el haber sido bien recibido D. Sancho por su padre An-nasr no era una razon para que l desairase D. Ordoo. El desposeido prncipe reiter lleno de agradecimiento sus humildes postraciones, ensalzando con esclamaciones de entusiasmo la generosidad y gloria de su protector. Retirse en seguida, y los eunucos le condujeron al pabellon occidental, ante cuyo trono desierto volvi prosternarse con gran respeto, no acertando espresar su lengua el deleite que en su semblante atnito se pintaba cada vez que fijaba los ojos en aquella riqueza sin igual, en aquellas incomparables obras del arte y de la naturaleza. Del pabellon occidental le llevaron otra pieza que caa al norte del mismo, donde le hicieron sentar en un almohadon de brocado de oro. Presentsele all el hagib[506] _Ja'far Al-mus'-haf_, y despues de conversar con l algunos instantes confirmndole en la gracia y buena amistad de su seor, hizo le trajesen una vestidura de honor que el califa le regalaba. Consistia en una tnica de tis de oro y un albornoz de lo mismo, con un cinturon de oro pursimo sembrado de perlas y rubes, tan gruesos y bellos que no sabia el rstico cristiano quitar de l los ojos mientras el oficioso hagib le endosaba la rica vestidura. Los condes y caballeros de su comitiva recibieron tambien trages proporcionados su calidad, y todos juntos salieron despues del alczar con grande humildad y reconocimiento. Al pi del pabellon central donde se habia apeado le esperaba una nueva sorpresa: habia mandado el sultan que le dispusieran un caballo de regalo lujosamente enjaezado con silla y brida cuajadas de oro bruido. Mont en l bendiciendo su buena estrella, y se alej con los suyos del encantado recinto de Azzahra para ir descansar de aquellas fuertes emociones en el palacio donde estaba hospedado. Hemos dicho que las fuentes eran uno de los principales ornatos de aquellos alczares. Ben Hayyn asegura que nada habia comparable las dos que trajo de Asia para An-nasr Ahmed el griego, tanto por su esquisito trabajo como por el valor intrnseco de su materia. Eran desiguales en forma y tamao: la mayor, de bronce dorado, con bajo-relieves de figuras humanas bellamente esculpidas, y la condujeron desde Constantinopla Crdoba el referido Ahmed y el obispo Rab. La menor era de mrmol verde, y fu adquirida en Siria, y se consider por todos los inteligentes como un verdadero prodigio del arte. En cuanto lleg poder del califa, dispuso ste que fuese colocada en la alcoba dormitorio del pabellon oriental, conocido por _el salon de la familiaridad y del solaz_, y mand agregar su ornato doce figuras de oro bermejo incrustadas de perlas y esquisita pedrera, labradas en los talleres reales de Crdoba, representando diversos animales. Pusieron en ella un leon entre un antlope y un cocodrilo; al lado opuesto un guila y un dragon, y entre ambos grupos una paloma, un halcon, un pavo real, una gallina, un gallo, un milano y un buitre. Todos estos animales eran huecos y vertian en el tazon de la fuente chorros de agua cristalina. La mezquita de Azzahra, templo de estupenda estructura, preciosamente labrado en todas sus partes, de noventa y siete codos de largo de la _algufia_ la _quiblah_ sin contar el Mihrab, y de sesenta y uno de ancho, fu obra de cuarenta y ocho dias, habiendo An-nasr empleado en ella diariamente mil obreros entendidos, de los cuales trescientos eran albailes, doscientos carpinteros, y los demas canteros, escultores, doradores, esmaltadores, mosaicistas, pintores, estucadores, tallistas, herreros, broncistas, etc. Contenia cinco naves, la central de trece codos de anchura, las demas de doce, y un patio de cuarenta y tres codos de la algufia la quiblah, enlosado de mrmol rojo, en cuyo centro habia una fuente que vertia sin cesar un agua pursima. Tenia esta mezquita una zoma alminar cuadrado de cincuenta codos de altura. En la Maksurah, de construccion y ornamentacion maravillosas, habia un plpito mimbar de sorprendente riqueza. Poco duraron los palacios de Azzahra. Desde el ao 961 de J. C., en que muri su glorioso fundador dejndolos terminados[507], hasta la triste poca en que comenz con la estincion de los Amiritas la guerra civil en el Califado cordobs entre los bereberes y andaluces, entre Suleyman y Almuhdi, no trascurri medio siglo. Los dos rivales, alternativamente favorecidos por el conde de Castilla Sancho Garcs, talaron uno tras otro el campo y la sierra cuando se vieron vencidos y precisados dejar la ciudad; pero los bereberes de Suleyman fueron mas feroces que sus contrarios, redujeron cenizas la mgica poblacion de Azzahira, pocos aos antes delicia del hagib Almanzor, y entrando en Azzahra (ao 1010) la saquearon despues de haber pasado cuchillo sus moradores. Permanecieron en ella algunos meses, y luego la evacuaron para estender sus terribles correras por toda la tierra circunvecina, donde talaron las mieses, incendiaron las granjas, y no qued un solo casero en que no estampasen su destructora huella. En aquella gran devastacion los habitantes de la campia se refugiaron en Crdoba con lo que pudieron salvar de sus haciendas, huyendo la furia de aquel animado torbellino, y hubo de resultas hambre en la ciudad. Y cuentan las historias rabes que habiendo cundido la asoladora plaga por todo el norte del Andals, solo Toledo y Medinaceli se libraron de la ruina, quedando tan despoblada la provincia, que podia un viajero andar por ella caballo dos meses seguidos sin encontrar alma viviente. Aunque maltratada por tan deshecha tormenta, debi quedar en pi al abrigo de la Sierra la preciosa flor[508] plantada por An-nasr para otra flor la mas querida de su harem. Un rey cristiano[509] prendado de ella, confiado en el prestigio de sus victorias y en el abatimiento del Islam, la pidi para su esposa su nuevo dueo el rgulo de Sevilla. Dos cosas demand el conquistador castellano Almu'tamed: que le diese Medina-Azzahra para residencia de D. Constanza que iba en su compaa, y que le dejase libre una parte de la mezquita mayor para trasladarse ella la reina diariamente y dar all luz el fruto que llevaba en sus entraas[510]. Indignado el sarraceno di la muerte por su propia mano al judo portador de tan insolente mensaje, y no contribuy poco este atentado que D. Alfonso, ardiendo en sed de venganza, estrechase Almu'tamed con tan poderosos medios, que le hiciese preferir el entregarse con el ruinoso Estado andaluz en brazos de los almoravides. Quin cuidaba entre tanto de aquella perla del arte arbigo? Probablemente estarian desiertos y abandonados aquellos hermosos palacios, y sus antes deliciosos jardines yermos y convertidos en madriguera de alimaas. Los bereberes habrian despojado sus lujosos pabellones, robado todas sus riquezas, destrozado aquel artificioso estanque de lquido mineral, aquellos tronos de oro y pedrera, aquellas fuentes de bronces y mrmoles, aquellos baos voluptuosos, aquellos artesonados de oro, mrmoles trasparentes y maderas incorruptibles, aquellas arcadas de bano y marfil, aquellas costosas alfombras, aquellos doseles de brocado!... Muchos cercos sufri la antigua sede del Califado andaluz desde D. Alfonso VI hasta S. Fernando en poco mas de cien aos, y en este tiempo no hallamos que hicieran aprecio alguno de la desolada y desierta Medina-Azzahra ni los almoravides, ni los almohades sus impetuosos sucesores. Cuando el santo rey tom Crdoba no quedaban ya en pi mas que los muros de un alczar que tantos tesoros habia contenido, teatro de los mas gloriosos acontecimientos del Califado de Occidente y testigo de una prosperidad que habia de parecer fabulosa narrada por la historia. El tiempo habia hecho su oficio: todas las construcciones poco slidas se habian reducido polvo: la tierra, tan afanosa por tragar los monumentos de los hombres que le arrancan los tesoros de sus entraas, habia recobrado lo suyo, y con su incesante imperceptible crecimiento cubierto ya las marmreas escalinatas rotas, los pavimentos de piedra desnivelados, los acueductos, algibes, estanques, fuentes, baos: todo lo somero y profundo, sobre lo cual tendi largos aos su capa de nieves y barrizales el aterido invierno, su verde manto de grama la alegre primavera, sus tejidos de cardos, espinos y punzante maleza el abrasado verano, y el otoo su seca y amarilla vestidura de despojos. Lo alto y fuerte perdi paulatinamente su delicado y deleznable revestido de estucos pintados y dorados, sus armaduras de alerce: y qued desnudo. Los reyes moros de Sevilla se llevarian la nueva corte algunas hermosas columnas y otros objetos tiles para sus construcciones; pero muchos materiales preciosos quedaban todava en aquello que solo parecia un castillo arruinado en los dias de la reconquista. Ya en este tiempo habia perdido el vulgo la memoria del orgen de Azzahra, y sus diseminados vestigios habian hecho nacer entre los cristianos vencedores una falsa tradicion respecto del antiguo asiento de Crdoba, de que luego participaron los historiadores de mejor criterio. Y al hacer el santo rey el repartimiento de Crdoba y su tierra entre los ricos-hombres, caballeros y rdenes religiosas que habian asistido la conquista, ya la ciudad de la esclava querida de An-nasr habia perdido su nombre por el impropio de _Crdoba la vieja_[511]. Con este persever desde entonces, y el nuevo nombre contribuy que se desvaneciese del todo en los siglos sucesivos el recuerdo de una poblacion tan novelesca por su orgen, tan interesante por las escenas en ella ocurridas, tan maravillosa en todo: que habia rivalizado con las mas famosas ciudades orientales y sostenido dignamente el paralelo con los soberbios palacios de los reyes Ninivitas, Achemenios, Sassanidas y Abassidas. De _Crdoba la vieja_ se hace mencion en algunos documentos de la edad media: de Medina-Azzahra nunca! Aquel asolado campo con su ruinoso castillo pasa, no sabemos cundo, del patrimonio real al patrimonio municipal: llega el ao 1405, viene Crdoba un venerable religioso gernimo[512] solicitar la fundacion de un convento de ermitaos en la sierra, y la noble viuda de D. Diego Fernandez de Crdoba, alcaide de los donceles, le cede para este piadoso objeto una huerta que posea contigua _Crdoba la vieja_: la ciudad le d para el mismo fin en 1408 las _ruinas del castillo de Crdoba la vieja_, ya propiedad suya. El arruinado castillo viene entonces al suelo: los sillares de sus muros son acarreados al cerro inmediato donde los padres gernimos edifican su convento; los tableros esculpidos de barro y piedra que los revestan caen despezados entre la yerba, donde permanecern acompaando al sueo secular de las otras ruinas anteriores ya sepultadas en aquel _campo de soledad_, hasta que un anticuario los remueva y los desdee desconociendo su procedencia[513], y venga luego otro[514] y los admire como lo que realmente son, aunque sin saber tampoco el nombre que llevaron. De los despojos aparentes apenas queda alguno til que los buenos frailes no se lleven su monasterio: cargan con cuantos capiteles y fustes de mrmol yacen sobre aquella vasta sepultura de grandezas; llvanse cuanta piedra les parece acomodada la construccion de su templo, de su claustro, de su captulo, trazados segun el florido sistema ojival terciario; llvanse por fin hasta un cervatillo y una cierva de bronce[515] hueco hallados entre los escombros, que quizs en otro tiempo habian deleitado en alguna fuente del palacio de Azzahra los ojos de su mimosa duea, y acomodan uno de ellos un pilon del claustro del santo cenobio. A todo esto, nadie sabia ya que hubiese existido Medina-Azzahra. Las ruinas de _Crdoba la vieja_ pasaban por reliquias anteriores la dominacion agarena, y deshecho el castillo, no qued al parecer piedra sobre piedra en aquella vasta, ondulosa y verde planicie, ya convertida en dehesa. El erudito cronista de Felipe II que vivi algunos aos en el monasterio de S. Gernimo de la Sierra, obcecado con el error vulgar no vi lo que saltaba la vista, esto es, que los fragmentos de arquitectura decorativa de mrmol, piedra y barro, que se hallaban diseminados por la dehesa de _Crdoba la vieja_, eran de la misma casta que la ornamentacion del Mihrab de la mezquita mayor[516]. Otro anticuario mas perspicaz en estas materias trat de corregir la falsa opinion, y este convenci otros de que aquellos despojos pertenecian alguna suntuosa fbrica de sarracenos[517]. Nada se adelant sin embargo; las antigedades rabes tenian poco que esperar de la tendencia que tomaban la sazon los estudios arqueolgicos. Fu preciso que pasaran otros dos siglos y que un orientalista dotado de ingenio y gracia para cautivar contando las cosas de la Espaa rabe[518] en una poca en que la ilustracion se ceia casi esclusivamente lo latino y griego, volviese pronunciar el nombre de _Medina-Azzahra_ para que se despertase entre los literatos y anticuarios, con la aficion perdida las historias de nuestros antiguos dominadores, el deseo vehemente de investigar el asiento de aquella clebre poblacion. Pero como aquel mismo arabista daba acerca de su situacion noticias equivocadas[519], se busc en vano por muchos aos lo que tanto se deseaba hallar. Quin habia de imaginarse que las reliquias de los palacios mas sorprendentes que vi la Espaa musulmana estaban sepultadas en una dehesa de un mayorazgo[520], de la cual ya nadie se acordaba ni aun para esclarecer la duda que habian dejado en pi los anticuarios de los siglos XVI y XVII? Y sin embargo, la compilacion de historias de la Espaa rabe hecha por Ahmed Al-Makkar, vulgarizada en Europa desde el ao 1840 por la laboriosidad de otro arabista distinguido[521], nos estaba revelando lo que en aquel abandonado campo debiamos prometernos. [Illustration: Dib. del nat.l y lit. por F. Parcerisa Lit. de J.J. Martinez, Madrid. FRAGMENTOS DE LOS PALACIOS DE MEDINA-AZZAHRA.] No est, no, la triste y dolorosa ruina de la mas bella creacion monumental arbigo-bizantina donde la buscan todava muchos apasionados de aquel arte. No busqueis el grandioso rastro de Azzahra ni en las orillas del Guadalquivir, ni en lo recndito de la Sierra. Hlo ah, tres millas de Crdoba entre norte y poniente, donde todos los escritores rabes de mas autoridad situaron siempre la hermosa joya. Su dicho concorde es mi testimonio, y en prueba de que el arte lo confirma, ah teneis esos fragmentos por mi propia mano recogidos entre la maleza y cardizales que cubren la llamada _suerte de S. Gernimo_ en la dehesa de _Crdoba la vieja_. Contempladlos, y os convencereis de que los edificios de que formaron parte solo han podido pertenecer la poca mas floreciente y la poblacion mas famosa del Califado andaluz. Ah teneis todos los elementos de la ornamentacion mas bella y graciosa que cre el Oriente y regulariz el genio esttico de los pobladores del Archipilago: las _postas_ que figuran las olas de la mar; los _meandros_ _grecas_ de listones que se interrumpen y cortan en ngulos rectos; los _enlaces_ _entrelazos_, combinacion preciosa de lneas rectas y curvas que imita las trenzas del cabello; las _palmetas_, en que con la mayor donosura alternan hojas agudas y hojas obtusas, unas replegadas hcia dentro, otras hcia fuera, imitacion feliz del _loto_ asirio y de las palmas fenicia y tebana; el _acanto silvestre_ tan parecido la hoja del punzante cardo; el _tulipan_ y la _flor de loto_, graciosa importacion del arte de Perspolis, al cual fu comunicada por la arquitectura de Nnive y Babilonia, etc.[522]. Y advertid que adems de estos pedazos de piedra y barro tan lindamente trabajados, quedan en _Crdoba la vieja_ otros de mrmol labrados con el mismo esquisito gusto, algunos de fondo de color, sobre el cual destacan esos tan relevados y bien recortados adornos; y en la huerta de S. Gernimo no pocos capiteles que de all se sacaron, los cuales podrian sostener la competencia con los capiteles corintios del famoso monumento de Liscrates de Atenas[523]. La dehesa de _Crdoba la vieja_, que los ojos del vulgo no es mas que un llano descampado con leves sinuosidades hcia la parte de la Sierra en cuya falda apoya, y donde sobre la viciosa vegetacion espontnea propia de aquel delicioso clima descuellan de trecho en trecho algunas encinas higueras silvestres, se descubre inmediatamente los ojos del observador atento como vasta ruina de alguna construccion importante, y los del arquelogo como precioso depsito de una de las pginas mas interesantes del libro monumental: pgina lastimosamente despedazada, mas no del todo perdida. Merced nuestra natural incuria, por regla general deplorable, ahora por escepcion benfica, consrvanse hoy estas ruinas prximamente en el estado mismo en que se hallaban fines del siglo XVI y principios del XVII, cuando nos las describian Ambrosio de Morales y el licenciado Diaz de Rivas sin saber de cun noble cadver hacian la filiacion[524]. Algunos preciosos vestigios que ellos vieron han desaparecido: quizs han sido cubiertos por la lenta crecida del terreno. Lo que hoy all principalmente se advierte es una elevacion de forma cuadrangular y superficie llana de unos ciento setenta pasos de longitud, con declives por los tres lados de oriente, poniente y mediodia, y por el norte unida la Sierra con varios montculos de figura irregular, no de formacion natural, sino de escombros en que facilmente se hallan trozos de piedras bellamente labradas, lastras de mrmol rotas y otros objetos, con solo remover la masa pulverulenta que cubre la yerba. En el centro mismo del lmite meridional de la alta planicie que domina la llanura, hay un hueco cubierto de espesa maleza, como indicio de haber existido all alguna puerta, y desde este punto de la esplanada parte recta al mediodia por lo bajo de la campia una especie de calzada que finaliza en un objeto informe de fbrica de argamasa y mampostera, pi tal vez de algun robusto torreon de entrada. Sera este por ventura vestigio de aquella segunda puerta de entrada al alczar rabe, por donde pasaron caballo D. Ordoo y su introductor Ibn Talms? Sera aquella otra brecha que hemos visto en el declive meridional de la plaza rectangular la subida la plataforma donde se ape el rey destronado? sera mas bien esta misma plaza aquel famoso terrado de los tres pabellones donde tantas cosas memorables acaecieron?... Ultimamente, aquella singular planicie, obra evidente de los hombres y no de la naturaleza, es un mero terraplen, es el resultado de un hundimiento que conserve quiz intacta la planta baja de alguna construccion palaciana? Quin podr hoy saberlo? No faltan all en verdad reliquias de grandes construcciones, y cuando otra cosa no hubiera, bastaria un soberbio ramal de acueducto que sale del costado de oriente de la indicada plaza en direccion S-E., todo revestido interiormente de dursima costra de betun liso y bruido como escayola, para persuadirse de la gran probabilidad de poder exhumar en este parage muchos tesoros del arte. Con mala estrella por cierto hemos comenzado nosotros esta obra[525]. Esperemos sin embargo proseguirla con mejor fortuna; y entonces, si la elegante y erudita pluma que hasta ahora con plausible modestia no hizo mas que ensayarse en el bosquejo de la historia de la arquitectura en Espaa, emprende la rdua tarea que al parecer le est reservada de analizar detenidamente todos sus perodos y desentraar sus singularsimos interesantes sincronismos, quizs donde hoy deja lastimada un deplorable vaco[526], tendr ocasion de trazar con su acostumbrada animacion y elocuencia la descripcion fiel de muchas bellezas artsticas que crea perdidas. Captulo sesto y ltimo. _La Sierra y la Campia._ Si hubiramos de detenernos en describir todo lo bueno que la provincia de Crdoba debe la naturaleza, sera interminable nuestra tarea, pues siendo la Andaluca el vergel de Espaa, Crdoba es, debiera ser al menos, el vergel de Andaluca. Quede reservado los naturalistas el encarecer la fertilidad de su suelo[527], la abundancia de sus minerales, la hermosura de sus ganados, rivalizando en encomios con Plinio y Estrabon acerca de la escelencia de sus frutos; y salven ellos como puedan el compromiso de dejar airoso al poeta Estacio[528] que tanto elogia la bondad de sus aceites. Nosotros somos los panegiristas del arte en primer lugar, y secundariamente de la naturaleza en sus bellas manifestaciones. Los campos de Crdoba y su tierra estan repartidos en _Sierra_ y _Campia_, teniendo por trmino divisorio entre unos y otros el rio Guadalquivir, que atraviesa diagonalmente la provincia de N-E. S-O., bajando por cerca de Aldea del Rio hcia Palma, donde se le incorpora el Genil. La Sierra y sus poblaciones quedan la derecha de su corriente, la izquierda los pueblos de la Campia. Parte esta por mitad el rio Guadajoz, llamado de los antiguos rio Salado (_flumen salsum_), que atravesando en su nacimiento por la antigua encomienda del castillo de _Vboras_ de la rden de Calatrava, sale lo llano poco mas adelante, recibe otras aguas al pi del castillo de Locubin, baa en su curso Castro el Rio fertilizando su deliciosa ribera de huertas por medio de azudas que mueve su misma corriente, acrcase las villas de Espejo y Santa Cruz, y sigue por Torres-Cabrera su direccion al Guadalquivir, con el cual junta murmullos una legua mas abajo de Crdoba. Fertilizaba antiguamente este rio cerca de Castro los trminos de _Ategua_, pueblo famoso por el largo cerco que sostuvo en la guerra de Csar con los hijos de Pompeyo. El Guadajoz es muy celebrado en aquellas guerras civiles por los autores que de ellas escribieron. La parte de la Sierra est naturalmente contornada con una doble lnea de aguas corrientes y cordilleras, que forman una especie de pentgono sobre la mrgen derecha del Guadalquivir. Un largo estribo de Sierra-Morena que de los confines de la provincia de Ciudad Real baja hasta este rio, llevando como tributo al mismo por un lado las aguas del arroyo de las Yeguas, por otro las del revuelto y precipitado Jndula, es su lmite oriental. Forma el septentrional el Guadalmez, que baja desde los cerros de Fuencaliente hasta entrar en el rio Zuja faldeando uno de los principales ramales de la gran cordillera; y el occidental el mismo Zuja y el Rembezar, que naciendo en las dos vertientes opuestas de una montaa, corren el uno al norte y el otro al mediodia, aquel al Guadiana, este al Guadalquivir. Dentro de este vasto territorio, todo ceido de altas cumbres sin mas salida que la llanura por donde el Guadalmez y el Zuja pasan juntos regar campos de Estremadura, se dibujan otras largas cadenas de montaas: una de las cuales lo atraviesa todo de levante poniente, de Fuencaliente Fuenteovejuna, y es la cordillera principal de los _Montes Marianos_, que va vertiendo uno y otro lado las aguas de sus veneros, unas al Guadalquivir, otras al Guadalmez y al Zuja, contornando elevadas barreras. De aquellos montes se originan el Guadamellato al pi del alto cerro de Nuestra Seora de Luna, el Guadalbarbo que recibe las que nacen debajo del castillo de Cuzna, el Guadiato que vuelca lmpidas ondas de varios arroyuelos del trmino de Belmez; de estas barreras secundarias resultan otros riachuelos de menos caudal. Por ltimo, de la gran cadena con que Sierra-Morena divide por medio el pentgono de la parte montuosa de Crdoba, se desprenden y caen al mediodia como hileras de gigantes curiosos de mirarse en la corriente del sacro Btis, tres principales ramales; dos de ellos mueren en la ribera, y el tercero en las altas llanuras donde descuellan las ruinas del castillo de Albacar. Cuntos recuerdos encierran estas speras cordilleras! Una de ellas, la mas oriental, lleva en su mas avanzado estribo el famoso convento de _S. Francisco del Monte_, que el caballero cordobs D. Martin Fernandez de Andjar fund peticion de D. Enrique III y de la reina D. Catalina cabe las ruinas del antiguo cenobio Armilatense. En l se veneraba la piadosa imgen de Nuestra Seora de la Esperanza, hallada segun tradicion entre aquellos vestigios; y en sus claustros vivi retirado el rey D. Felipe IV durante las carnestolendas del ao 1624. Otra, que es la mas prxima Crdoba, ostenta en sus alcores el grandioso y severo monasterio de _S. Gernimo_, construido con los despojos de la preciosa Medina-Azzahra; en su cerro de _Nuestra Seora de Belen_ una congregacion de rgidos anacoretas, cuyas humildes ermitas son para Andaluca lo que Monserrat para Catalua, lo que la Tebaida para el Egipto, lo que el monte Athos para la Rumelia; y al pi de ese cerro la famosa _Ruzafa_, que despues de haber sido una de las mas deleitosas quintas de los amires, fu patrimonio de la clebre D. Leonor de Guzman, y despues convento de padres Franciscanos; y hoy... hoy desierta y miserable fonda! Otra, que espira dentro de una hoz formada en el llano de Hernan-Paez donde traza el Guadiato su ltima revuelta antes de salir brioso la Campia, se ilustra con el clebre santuario de _Nuestra Seora de Villaviciosa_ y con el valle donde fueron brbaramente inmolados los siete infantes de Lara. Todas estas cadenas de montaas y las corrientes que las van acompaando en sus diversas ondulaciones, llevan en sus faldas y en sus orillas reliquias de poblaciones antiguas, de arruinados monasterios, de castillos derruidos. Fuenteovejuna, Azuaga, Belmez, Espiel, Cuzna, Trassierra, son todos lugares interesantsimos para la historia de la edad media cordobesa, situados la parte meridional de Sierra-Morena. Lo mismo puede decirse de los que ocupan la otra parte los estribos de la gigantesca cordillera y las mrgenes del Guadamora, del Guadarramilla, del Guadamatilla y del Zuja, como Belalczar, Santofimia, Hinojosa, Torremilano, Villapedroche, Pozoblanco, etc. Muchos de estos lugares eran de poblacion considerable siendo Espaa provincia romana; de otros que entonces habia en esta parte de la Beturia de los Trdulos apenas queda memoria. Bajo la dominacion de los godos y sarracenos unos conservaron su importancia, otros la aumentaron, otros se formaron que antes no existian: muy pocos de los antiguos decayeron, porque la prosperidad del pais iba siempre en aumento. En los siglos anteriores la reconquista no ofrecia de seguro la Sierra el espectculo de desolacion y pobreza que hoy presenta. Orlaban las faldas de sus montaas blancos caseros; en sus espaciosos valles asentaban risueas poblaciones que se mantenian de la industria, del cultivo y del pastoreo; en sus pinges dehesas y caadas se apacentaban ganados de toda especie; tendanse por sus anchas lomas los viedos con sus lagares, los olivares con sus vigas: por sus frescas vegas los edificios conventuales rodeados de granjas y cortijos; y coronaban sus empinados cerros fuertes castillos y atalayas, centro aquellos del podero feudal, centinelas avanzadas estas de un Estado robusto y floreciente enclavado en tierra enemiga, nico medio entonces conocido de comunicar con rapidez los sucesos prsperos adversos de la guerra. Los arroyos y rios que vierte por uno y otro lado la Sierra no llegaban como ahora sin merma la llanura: recogase su precioso caudal en acequias para regar las huertas y vergeles, en presas para mover molinos y batanes, en balsas para otras industrias. Con el producto de estas y del fcil cultivo de tan agradecida tierra, sostenanse muy granadas las rentas de las villas, de los seores y de las iglesias. Pero aquella prosperidad acab, y hubo muchas causas para que as sucediese: primero la devastadora furia con que pusieron fin al Califado cordobs las guerras intestinas de las razas musulmanas agolpadas en Andaluca; luego el crecimiento del poder castellano, que despues de la conquista de Toledo hizo de la tierra septentrional de Crdoba pais de frontera, y por consiguiente de molesto y peligroso vivir; luego causas generales que paulatinamente fueron predisponiendo la opinion nacional contra las poblaciones de origen islamita; por ltimo la psima administracion de la casa de Austria, que esquilmando los pueblos para sostener descabelladas empresas militares y cegndoles al propio tiempo todas las fuentes de la pblica riqueza, que era lo mismo que ordear la vaca sin darle pasto, abrum los montaeses de Crdoba con alcabalas y tributos que no bastaban satisfacer sus ya escasos provechos. Todava aquella privilegiada tierra est brindando sus naturales con su fertilidad prodigiosa: fuera de los olivares, naranjales, higuerales, granados, cidras damasquinas y moreras de que se cubren sus laderas aun negligentemente labradas, produce la montaa sin que intervenga la mano del hombre, arrayanes, lentiscos, algarrobos, almezos de dulcsimo fruto, pinos, avellanos, castaos y acebuches. Frmanse naturalmente muchos colmenares en las concavidades de sus peas; el spero jabal, el tmido gamo, el ciervo corredor, el conejo cauteloso, la pintada perdiz, el zorzal viajero, el tordo y el estornino amigos de los caaverales, estimulan al cazador sus gratas fatigas; y los criaderos de plata, oro, cobre, azogue y carbon de piedra que recelan las entraas de sus montes, sirven de incentivo la actividad del minero codicioso. Y qu alicientes no ofrece ella al amante de la bella naturaleza? El valle donde est situado el insigne monasterio de S. Gernimo, con harta justicia lleva el nombre de _Valparaiso_, pues nada menos que un Eden representa los ojos su frescura; cerca de este hay otro llamado _Vallehermoso_, y tiene tan merecido su nombre, que quien penetra en l sin saberlo se lo d de nuevo. Subiendo por l algun trecho se aparece como jardin de amor en un campo de esmeralda _la senda del rosal_, llamada as por la estraordinaria abundancia de rosas con que all plugo la madre naturaleza engalanarse el seno y embalsamarse el aliento: delicioso lecho de flores para la enamorada Diana, que solo los vergeles de la Ruzafa impregnados de azahar hubieran podido con igual derecho disputar al Monte Latmos. Pues qu diremos del _pago de Miraflores_, y qu de otros muchos cuyos nombres no conforman menos con sus lindezas? En esta amensima Sierra vamos comenzar, lector amigo, un viaje areo por toda la provincia de Crdoba, con que pondremos fin nuestra tarea. Y en esta jornada postrera t y yo, como dos nigromantes de esos que el vulgo llama _brujos_, vamos dar tres grandes vuelos: el primero modo de guilas cernindonos sobre las cumbres de las montaas; el segundo como nades por las orillas del Guadalquivir abajo; el tercero como alondras que con inciertos giros revolotean en la campia de aqu para all, atraidas por los destellos de los objetos lucientes, y se remontan gorjeando cuando no hallan atractivo en el suelo. VUELO POR LAS MONTAAS. Mira al occidente, cerca del nudo que forman Sierra-Morena y la Sierra de los Santos, sobre una colina que domina una estensa y pintoresca llanura, entre cerros coronados de torres y atalayas arruinadas, la villa de _Fuenteovejuna_, que debe un acto de sangrienta y herica venganza la inmortalidad que en vano hubiera aspirado como municipio romano[529], como poblacion sarracena guarnecida con un cinto de muros y un fuerte castillo, y como recompensa digna de los servicios de un gran maestre de Calatrava. Aplica el oido, que su nombre suena muy alto y llena toda la comarca, porque es un mismo tiempo grito de gloria y melanclico gemido varonil. Preprate recordando la poca en que la sombra de la autoridad real fuertemente constituida, cuajaba en el rbol de la sociedad espaola la preciosa yema del derecho comun, despecho de las injurias de los ricos-hombres que como saudos vendabales la combatian. Corre el ao 1476: un orgulloso comendador de Calatrava encastillado en esa villa, sujeta la jurisdiccion de la rden por permuta hecha con el gran maestre D. Pedro Tellez Giron, comete contra sus moradores toda suerte de desmanes y atropellos: tolera que sus soldados les devoren las haciendas y deshonren sus casas; l mismo con violencia les quita sus hijas y mujeres. El pueblo cansado de sufrir se conjura contra el insolente tirano; ruge el motin sus puertas apellidando _Fuenteovejuna, vivan los reyes D. Fernando y D. Isabel y mueran los traidores_. Preciptase dentro la turba enfurecida, hombres, mujeres, nios, armados todos de espadas, picas, palos y piedras. Trbase en la mas fuerte pieza del castillo una encarnizada refriega: catorce criados del comendador mueren sus pis por defenderle: muere luego el magnate, y su cadver, arrojado por una de las ventanas la calle, es recogido en puntas de lanzas y espadas. Acuden las mujeres con adufes y sonajas celebrar la libertad de la villa, y despues los vecinos ancianos quitan las varas y cargos de justicia los que estaban puestos por la rden, y acuden Crdoba sujetndose su jurisdiccion y pidiendo amparo. Qujanse del agravio los caballeros de Calatrava al rey y al pontfice: ya los reyes mandan la villa jueces pesquisidores. Hlos cabalgando en mulas regalonas por la mrgen del Guadiato arriba; h ah rondando el temido tribunal algunos brbaros sayones dispuestos manejar contra el aterrado vecindario mquinas horribles de tormento de que nunca se hizo merecedor. Entran en la tremenda prueba hombres, mujeres, nios, y todos la sufren con herica constancia: medio lugar padece tormento sin declarar quines dieron la muerte al comendador: _Fuenteovejuna le mat_, esclaman todos concordes, significando haber armado Dios contra l el brazo del pueblo entero.--Quin mat al comendador? vuelve preguntar el obcecado ministro que no comprende tan sublime respuesta.--Fuenteovejuna, contestan todos.--Quin es Fuenteovejuna? pregunta de nuevo aquel.--Todos los vecinos de la villa.--Quines son los vecinos de la villa?--Y vuelve resonar entre dolorosos gemidos de muerte la misma herica respuesta: _Fuenteovejuna_. Sabedora Crdoba del caso, representa inmediatamente los reyes: los pesquisidores suspenden los tormentos: la ciudad prueba los desafueros y tiranas del comendador asesinado, y los reyes, convencidos de que su muerte fu castigo del cielo, mandan sobreseer en la causa formada al lugar. Atravesamos ahora la gran cordillera y nos suspendemos, no lejos de la confluencia del Guadamatilla con el Zuja, sobre un llano donde descuella una poblacion que tiene al norte un cerro ceido por un arroyo, y en l los restos de uno de los mas soberbios alczares de la Espaa del siglo XV. Es _Belalczar_, nombre dado por el fundador de aquella insigne fortaleza D. Gutierre de Sotomayor, maestre de la rden de Alcntara, quien hizo merced de la poblacion el rey D. Juan II. No habia en toda la tierra aledaa alczar de mas estupenda estructura: mil varas de estension ocupa todava su muro de cantera, el cual formaba un gran cuadriltero fortalecido con veinticuatro cubos y defendida por un castillo con ocho torres y un foso de treinta pis de anchura. Erigida la villa en condado, el nieto del maestre lo gozaba esplndidamente establecido en su magnfico alczar. Su madre D. Elvira de Ziga, temerosa de los estragos que suele causar en los jvenes de alma mas generosa la vida de soldado, le retenia con frecuencia en Belalczar, aunque servia los Reyes Catlicos en su corte y en las guerras contra los moros, y el valeroso caballero se daba la montera, ejercicio muy propio de la gente moza y noble en aquellos tiempos. Volviendo un dia de una de sus caceras, y habindose separado gran trecho de l sus criados persiguiendo una res herida, advirti que le seguia muy de cerca un hombre alto y amulatado.--Pasad adelante, quedaos atrs, djole el conde, vindole ya muy junto su caballo.--Deseo tratar en secreto con su seora, respondi el desconocido, cierto negocio de grande importancia.--Quedaos atrs, replic el conde, y en llegando al castillo os oir despacio. Pic al caballo, entr en su alczar, y de all poco lleg al puente levadizo el hombre alto y moreno, quien se permiti la entrada por haberlo ya prevenido el dueo. Pidi este el misterioso aparecido hablarle sin testigos: el jven caballero despidi sus criados presentes, y quedaron los dos solos. Habia sobre una mesa dos velas encendidas, porque ya iba cerrando la noche: tendi el brazo el husped y las apag, y bastaron su rostro de ascua y sus ojos de azuladas llamas para dar luz al aposento. Lo que entre los dos pas all no se sabe: el efecto s, y fu que el conde de Belalczar D. Juan de Sotomayor, siendo mozo soltero y de aventajadas prendas, renunci su estado en su hermano D. Gutierre, y dejando el mundo se hizo religioso. Fu muy estremado en todas las virtudes, sealadamente en la humildad, pues la misma tierra que habia sido teatro de su alegre mocedad, le vi, siendo Fr. Juan de la Puebla, con el hbito de S. Francisco ejercitarse en los oficios mas bajos y penosos en servicio de los pobres y de los religiosos descalzos que estableci en la comarca. Fu el fundador de una provincia de las mas insignes de la rden, la cual teniendo por ncleo la ermita de Nuestra Seora de los Angeles, creci antes de la muerte del conde santo tan rpidamente, que la Sierra por aquella parte se trasform en un nuevo Carmelo[530]. El condado de Belalczar con sus lugares, el marquesado de _Santofimia_ ( Sta. Eufemia) y las villas de _Hinojosa_ y _Torremilano_, componen lo que en la Espaa romana denominaban los escritores latinos regiones de los _ossintigisis_. Rasis llama esta parte de la Sierra _el llano de las bellotas_, por estar muy poblada de encinares. No lo est menos esa otra gran llanura elevada que se estiende oriente entre el tronco principal de la Sierra y el ramal que limita por el norte la provincia. Ese dilatado valle formado por las montaas una elevacion de mas de mil quinientos pis sobre el nivel del mar, es el de _los Pedroches_, que comprende siete villas habitadas por pastores. Vers toda esa tierra, cuya riqueza mineral se esconde en muy profundos criaderos de diferentes metales y carbon de piedra, cubierta de dehesas, de encinares, chaparros, charnecas, brezos y mata prieta, poblada de rebaos y piaras, sin mas industria que el tejido de bayetas y la alfarera. Vista la atrevida torre de la iglesia parroquial de _Pedroche_, que forma un gracioso obelisco de doscientos pis de altura con su segundo cuerpo circular, invencion caprichosa del clebre Hernan Ruiz el viejo, autor del insigne crucero de la catedral de Crdoba, pasemos adelante: y cruzando el puerto Calatraveo vamos por Espiel y Belmez al castillo de Cuzna describiendo una espiral en nuestro vuelo. Es rara la poblacion de la Sierra que no tiene su castillo: el de _Espiel_, en lo alto del cerro cuya falda est la villa del mismo nombre, se muestra ya tan arruinado que no se reconoce lo que fu: solo se divisa su pi la boca de una gran cisterna; el de _Belmez_ era muy principal, est situado en la cumbre de otro cerro: su posicion es tan ventajosa, y tan escarpada por todas partes la pea que le sirve de base, que parece como que brindaba construir en ella una fortaleza. Es una torre cuadrada con habitaciones de bveda, de fbrica sarracena, tiene un muro guarnecido de cubos cilndricos y otras obras ya muy deterioradas. Fu adjudicado en el siglo XV al gran maestre de Calatrava D. Pedro Tellez Giron, el cual lo cedi con Fuenteovejuna su rden en el cambio que hizo por Cazalla y Osuna. Desde su torre se divisaba el castillo de Fuenteovejuna por una parte, por otra el de Nvalo en trmino de Villaviciosa, el cual le ponia en comunicacion con el de Almodovar del Rio: por otra finalmente el castillo de Espiel, desde el cual se verian tambien torres de otra lnea. El castillo de _Cuzna_ levantado en lo mas spero de la Sierra comunicaria al propio tiempo con las alturas de Hinojosa, los Pedroches, Santofimia y la Alcudia; as toda Andaluca estaba ramificada bajo la dominacion islamita, y aun muchos siglos despues, por lneas de atalayas que formaban el imperfecto sistema telegrfico de aquellos tiempos. Vamos ahora por entre los dos rios Guadiato y Guadalbarbo bajando al Guadalquivir, y al pasar por encima de _Trassierra_ consagremos una mirada de inters las misteriosas ruinas que al pi de sus escabrosas laderas nos hablan de una antigua poblacion cuyo nombre se sepult ya en el mar de hielo del olvido. VUELO POR LA RIBERA. Lo empezaremos en _Aldea del Rio_, que solo nombramos por respeto la autoridad de Plinio, que con el nombre de _Sicia_ la menciona entre los lugares de la jurisdiccion de Crdoba, orillas del Btis. Este en efecto la fecunda por el poniente. Una legua mas abajo tenemos un gran pueblo, repblica _Eporense_ para los romanos, para nosotros _Montoro_; villa cercada por el Guadalquivir, fundada sobre tres cerros de pea viva y otros tantos valles, toda de casas de piedra, con un puente soberbio costeado por sus vecinos antes del ao 1500, para cuya obra, cuentan ellos con entusiasmo, se desprendieron las seoras de sus alhajas de oro, plata y piedras preciosas. No acertar decir si debe su nombre sus famosos olivares, que hacen de ella un verdadero _monte de oro_, al toro que sobre un monte campea en sus armas simbolizando sin duda la fortaleza de su sitio. Los musulmanes la convirtieron en castillo ciendo sus riberas con altos muros y torreones, y cerrando su nica salida la campia con el fuerte de la _Cava_, llamado despues de _Julia_, del que es reliquia ese grueso baluarte que ah ves. Antes que la ganase S. Fernando por las pujantes embestidas del capitan D. Domingo de Lara, de quien conserva aun el nombre un barrio de la villa, habian otros dos reyes de Castilla, Alfonsos ambos, arrojado de ella los agarenos en 1155 y 1190, poniendo el ltimo de ellos por alcaide y adelantado de su frontera D. Nuo de Lara[531]. Vamos al _Carpio_ (antiguo _Martialum_), villa que como un ginete siempre dispuesto romper lanzas cabalga sobre un cerro, en cuya cspide bizarrea como enhiesto airon un fuerte y hermoso castillo. Construyle para los clebres varones Sotomayores, seores de esta villa y de Jodar, gloriosos en Gibraltar y Algeciras, en Antequera y en Huscar, un maestro moro llamado Mohammad por los aos de 1325[532]. Su forma revela desde luego ser obra sarracena. No olvidar este castillo los alegres dias que estuvo hospedado en l el rey D. Felipe IV (en febrero del ao 1624), durante los cuales su dueo el marqus del Carpio agasaj y festej al monarca con una gran cacera en los montes de su estado. Yendo del Carpio Almodvar del Rio dejamos la derecha del Guadalquivir la antigua _Onova_, hoy _Villafranca_; luego, una y otra mrgen, _Casablanca_ y _Alcolea_; mira en las _Ventas_, donde pastan las clebres yeguadas de _la Regalada_, el suntuoso y moderno puente de mrmol negrizco que escitaba la admiracion del viajero Ponz, y del cual dicen los andaluces para ponderar su lindeza, que cuando los soldados de Napoleon lo vieron preguntaron _si estaba hecho en Francia_. Queda despues sobre la mrgen derecha la ciudad de CRDOBA. No nos detengamos ya en ella; pasemos adelante dejando un suspiro de dolor en las solitarias y empobrecidas alamedas del gran rio histrico que la baa. Dejamos atrs tambien la confluencia de este con el Guadajoz, y despues de algunas revueltas llegamos la villa de _Almodvar_, en cuyo formidable castillo sufrieron rigores de injusta saa D. Juana de Lara y Haro, seora de Vizcaya, por rden de su cuado el rey D. Pedro el Cruel, y el esforzado seor de Luque D. Egas Venegas, con sus hijos y un hermano, por disposicion del prepotente D. Alvaro de Luna, como pago de sus hericas correras en tierras de moros. Atravesando el rio tenemos ahora en frente _Guadalczar_, antigua _Carbulo_, donde hoy no advertimos mas objeto digno de atencion que un palacio medio arruinado. Sus seores los marqueses de Guadalczar perpetan en Crdoba la descendencia de aquel famoso condestable de Castilla Ruy Lopez Dvalos, cuya estrepitosa caida impulsos de la ambicion de D. Alvaro de Luna cuenta la crnica de D. Juan II. Por redundar en gloria de otro esclarecido linage de Crdoba, ser bien recordemos que quien hizo restituir al desgraciado condestable la honra y la hacienda perdidas, fu su criado Alvar Nuez de Herrera, dechado de lealtad y fidelidad acrisoladas, el cual se di tan escelente traza en la buena obra que se propuso desde que el condestable se refugi en Aragon, que descubri y prob haber sido falsificados por el secretario del de Luna todos los documentos en cuya virtud habia sido condenado su seor como traidor la corona. Otras dos veces vamos cruzar el Guadalquivir para hacernos cargo de _Peaflor_ y de _Palma del Rio_. Es la antigua _Ilipa_ (hoy Peaflor) mas nombrada y famosa entre los antiguos que todos los otros pueblos de la Campia. All se vean en tiempo de Ambrosio de Morales las ruinas de la antigua ciudad y su famoso puerto. Hasta l, dice Estrabon, llegaban las naves cargadas de mercaderas. Desde Obulco (hoy _Porcuna_) hasta Cdiz, por Crdoba, Peaflor y Sevilla, se hacia en la Btica un activo comercio, porque acudian de naciones estrangeras contratar Cdiz, subian hasta Crdoba navegando[533], y se llevaban la plata y demas metales preciosos de la Sierra dejando en cambio sus manufacturas. Desde all, aade el gegrafo griego, comienzan levantarse los Montes Marianos cargados de plata, y mano izquierda se tiende la Campia. A poca distancia de Peaflor, en la mrgen opuesta, se descubre la villa de _Palma del Rio_, que hicieron famosa en la edad media los grandes hechos de armas de sus seores los Bocanegras y los Portocarreros. Fu, si bien lo recuerdo, rico-hombre y seor de Palma el famoso almirante D. Gil Bocanegra, hermano del duque de Gnova, que sirvi D. Alonso XI en Gibraltar y Algeciras sosteniendo con muy pocos bajeles contra un emjambre de galeras moriscas uno de los combates navales mas tremendos que ensangrentaron las ondas del Mediterrneo. Fulo tambien el alcaide de Alhama Luis Fernandez Portocarrero, que muri en Npoles, adonde le enviaba el Rey Catlico compartir con el Gran Capitan el cargo de general en gefe. VUELO POR LA CAMPIA. Dividida esta en dos por la corriente del Guadajoz, caen la derecha _Castro el Rio_, _Bujanlance_, _Caete_, y otras poblaciones de escasa importancia histrica. En el ao 1333 el rey moro de Granada, aprovechando la coyuntura de hallarse D. Alfonso XI con los pendones y caballeros de casi toda Andaluca entretenido en Gibraltar contra los ejrcitos invasores de Marruecos, puso cerco Castro el Ro con muy poderosa hueste. Receloso Payo Arias de Castro que estaba en Crdoba, de que le quitase de rechazo su villa de Espejo, all cercana, parti con Martin Alonso de Montemayor y otros caballeros socorrer los sitiados, los cuales, perdida la villa y dejando el vestbulo de su iglesia cubierto de cadveres, se habian refugiado en el castillo tapiando la puerta piedra y lodo. Payo Arias y otros, quienes pareci temeridad querer en tal estado recobrar el lugar, se quedaron en Espejo; el seor de Montemayor sigui adelante solo con treinta caballeros: lleg Castro con gran secreto, hall los moros descansando con los portillos abiertos, y pidiendo favor Dios y su Santa Madre, se arroj como un leon sobre ellos y penetr en la poblacion. No habia dentro mas que sesenta soldados tiles, los demas habian muerto estaban mal heridos; juntos con los de Crdoba repartironse todos con buen rden en los puestos mas peligrosos y reparronlos con maderaje lo mejor que pudieron. Pero cmo defender un lugar tan mal guarnecido contra un ejrcito tan formidable como el del rey de Granada, que le combatia con mas de cien mil lanceros, ballesteros y honderos, multitud de picos y azadones y toda clase de mquinas de guerra? El ingenio y el valor unidos triunfaron de todo: mal disfrazado propsito y con poca cautela, despach Martin Alonso Crdoba un hombre avisando que viniesen sobre los moros la noche siguiente, y brindando sus caballeros con una grande y fcil carnicera: sali bien la traza, porque el correo fu hecho prisionero, y temiendo por su declaracion el rey de Granada verse envuelto al otro dia por un ejrcito auxiliar, que en realidad no existia, resolvi apresuradamente aprovechar el tiempo que le quedaba para dar al lugar una embestida decisiva. Otro aviso bien dirigido llegaba entre tanto los de Espejo. Pujante fu la acometida: valerosa, herica la resistencia. La presencia del seor de Montemayor engrandecia los corazones y comunicaba los sitiados sobrenatural aliento. No ganaron los infieles un palmo de terreno: acabbase el dia y los ltimos rayos del sol poniente arrancaban rojizos destellos los yelmos de una pequea hueste procedente de Espejo, que iluminada de espaldas aparecia en el horizonte como un enlutado escuadron de gigantes. Por seguro tenia el granadino que se hubiese alzado contra l toda la tierra: abandon el cerco, levant el campo dejando en l muchos muertos, y marchas forzadas se volvi su tierra. Agradeci el rey D. Alonso el gran servicio que le habia prestado el seor de Montemayor, y le autoriz para que aadiese sus armas la divisa de la banda entre bocas de dragantes, que es la misma que has visto esculpida en el sepulcro de su hijo el seor de Alcaudete en la famosa capilla antigua de S. Pedro de la catedral. _Castro el Rio_, _Castra Postumia_ en los escritos de Hircio y en los comentarios de Julio Csar, solo conserva de sus reliquias romanas una lpida de jaspe encarnado que se cree pertenecia un templo consagrado Augusto[534]; hoy su aspecto es en todo sarraceno. Su parte antigua, cercada de murallas ya medio arruinadas, con una sola puerta, ocupa un pequeo cerro. Defendia aquella nica entrada el castillo de que hemos hecho mencion, unido entonces la muralla por medio de un arco que ya no existe. Durante las turbulencias del reinado de Enrique IV por los aos de 1466 lo repar el conde de Castro. En _Bujalance_, que no es en nuestra humilde opinion la _Betis_ de Estrabon, ni la ciudad de los _Bursavolenses_ de Hircio, ni la _Vogia_ de Ptolomeo, sino la _Sacili_ del itinerario de Antonino, solo es bella y artstica para nosotros la gran fortaleza rabe que la domina, edificada por mandado de Abde-r-rahman An-nasr. Forma una plaza de armas cercada con un muro fortalecido trechos con siete torres, en que se advierten lastimosas ruinas, y reparaciones del tiempo de la reina D. Juana. En _Caete de las Torres_, seoro de los duques de Medinaceli, hallamos descollando en medio de la plaza de la villa otro soberbio castillo con sus torres derruidas, en que se marcan todos los modos de construccion, el romano, el godo, el sarraceno, el cristiano de la edad media. Tres veces la ocuparon los muzlimes: primero en la invasion general que arranc de sus cimientos el trono de Rodrigo, luego en el siglo XIV, ltimamente fines del siglo XV cuando los moros llevaron Granada todo su vecindario en cautiverio. Otras tres veces la recobraron y repoblaron los cristianos: en 1330 bajo D. Alonso XI, en 1407 durante la menor edad de D. Juan II, y en tiempo de los Reyes Catlicos D. Fernando y D. Isabel. A la izquierda del Guadajoz, entre este rio y el Genil, tenemos el gran teatro de muchas proezas consumadas en la secular contienda de Espaa contra el islamismo y en sus deplorables guerras civiles, y los seoros de los mas ilustres guerreros cordobeses. _Luque_, rodeada de cerros entre el Marbella y el Salado, con su castillo rabe de dos torreones y el antiguo palacio de sus seores, nos habla todava de los Venegas y Mendozas, ilustres en Antequera, en Huescar, en las mrgenes del Darro y del Gareilano. _Zuheros_ y _Doa Menca_, esta con su castillo, aquella al pi de una elevada cordillera de rocas y montaas, conservan celosas la memoria de un alcaide, Diego de Cabrera, y de un seor, Alonso de Crdoba, que se coronaron de gloria en la prision del rey chico de Granada. La villa antigua de _Baena_, en un cerro que lame tmido el Marbella, sobre el cual parece haberse empinado para seorear gran parte de la campia hasta divisar las crestas de Sierra-Morena, lleva escritas en sus edificios, ya magnficas, ya sangrientas pginas histricas. All la _Baniana_ romana descubre la veneranda toga de sus ediles y duunviros en un panteon subterrneo donde se hallaron en nuestros dias urnas cinerarias pertenecientes la familia Pompeya. All ostenta la arquitectura cristiana de los siglos medios sus esbeltas curvas ojivales en las iglesias de Sta. Mara y S. Bartolom; all el castillo y palacio de los condes de Altamira nos trae la memoria la magnnima defensa que contra la acometida del rey moro Mohammad hicieron los caballeros Alonso Perez de Saavedra su alcaide, el seor de Caete Fernando Alonso de Crdoba, Payo Arias de Castro, seor de Espejo, y Juan Martinez de Argote, seor de Lucena. Hblanos este castillo, mas bien alczar, de la traicion horrenda cometida por D. Pedro el Cruel con el rey Bermejo de Granada y los caballeros moros de su squito, todos los cuales hizo matar en un festin nocturno; hblanos de la prision que entre sus muros padeci en 1483 otro rey de Granada, Muley-Baha-dal; hblanos por fin del famoso mariscal de Castilla Diego Fernandez de Crdoba, que con sus valerosos hechos di principio la ilustre casa de los condes de Cabra y duques de Baena. La villa por su parte nos recuerda adems de sus gloriosas defensas y arrancadas contra los moros granadinos, uno de los accidentes mas dramticos de la menor edad del rey D. Alonso XI (ao 1319). Los infantes D. Pedro y D. Juan gobiernan juntos el reino: el infante D. Juan, envidioso de los lauros que cie D. Pedro, le propone hagan juntos una algarada por tierra de moros para que la gloria de ambos sea igual. Admite D. Pedro, pero lo que los hombres disponen suele desbaratarlo el cielo. Sale D. Juan de Baena con muy lucida hueste formando la vanguardia; D. Pedro sale de Crdoba cubriendo la retaguardia con sus caballeros y pendones. Afortunados en sus correras y talas, recogen gran botin, y al cabo de tres dias resuelven regresar su tierra, D. Juan de retaguardia, y delante con los suyos D. Pedro. Lo que D. Juan se propone con esta inversion del rden de marcha, Dios lo sabe. Noticiosos los granadinos de que la sed acosa la hueste cristiana, salen picarles la retirada, y sin propsito deliberado de trabar batalla la comienzan, con tan buena suerte, que el infante D. Juan se ve en el mayor aprieto. Acude socorrerle el leal D. Pedro: con la espada desnuda procura detener su gente que se desbanda y huye, y no pudiendo conseguirlo, tal pasion de nimo le sobrecoge que se le tulle el cuerpo, pierde el habla, y cae muerto del caballo. Avisado D. Juan de tan repentina desgracia, desvancese con el sobresalto, y cae tambien muerto en tierra. Cubre la noche el campo, cesa el combate: el cadver de D. Pedro, colocado en una mula enlutada, pasa por Baena con direccion Crdoba en medio de su escuadron que le tributa lgrimas y lamentos. El cadver de D. Juan qued en poder de los infieles; pero el rey de Granada lo envi su hijo con acompaamiento de luces y lutos, y fu llevado enterrar Burgos. _Espejo_, _Fernan-Nuez_ y _Montemayor_ eran como tres guerrilleros avanzados puestos en emboscada por Crdoba detrs de una sierra que les servia de barrera contra las acometidas del granadino; as como tenia destacadas delante de esa misma sierra, con el Genil por foso, otras muchas villas. _Espejo_ debe a su seor Payo Arias un castillo adornado de vistosos torreones, hoy propiedad de los duques de Medinaceli; _Fernan-Nuez_ ostenta dos grandes timbres: haber prestado asilo en su antiguo castillo los mozrabes fugitivos en los dias de persecucion y martirio, y ser el primitivo solar de la gran casa de CRDOBA por la donacion que hizo el santo rey su primer seor Fernan-Nuez de Temez. Un vasto palacio, adornado de pinturas y esculturas, que en el siglo pasado edific el conde D. Crlos Jos Gutierrez de los Rios siendo embajador de Espaa en Lisboa, sirve como de engaste al nico torreon que queda de aquella preciosa antigualla. _Montemayor_ desde la cima de un cerro rido, donde tiene otro castillo con tres preciosas torres gticas, est clamando las presentes generaciones contra el olvido que la injuria. A la orilla del arroyo Carchena que le baa el pi por levante, yacen las ruinas del castillo antiguo de _Dos Hermanas_, que di el rey al famoso D. Martin Alonso de Crdoba, fundador del estado de Montemayor[535]. El renombre de sus esforzados condes[536] vuela desde esas poticas llanuras hasta las enriscadas cumbres de Alcaudete y de Antequera, ilustradas con la generosa sangre de sus guerreros. Siguen al sur de la mencionada sierra _Montilla_, _Aguilar_, _Cabra_ y _Lucena_, que con la Rambla, Montalvan, Santaella, Monturque, Puente Don Gonzalo, Castillo-anzur, Benamej, Priego y Carcabuey, completan el cuadro de los grandes recuerdos histricos de la provincia. Si _Montilla_ es la antigua _Ulia_, bien el _Monte de Ulia_ (_Mons Uli_), como otros pretenden aquella _Munda_ (_Munda illa_) tan famosa por haber ganado en su campo Julio Csar contra los hijos de Pompeyo el imperio del mundo, es cuestion que dejaremos ventilar los mas peritos en corografa romana. De todas maneras la orla de la toga pretexta le asoma por debajo de su paludamento cristiano en los notables vestigios de baos romanos que ofrecen al arquelogo las fuentes del _lamo_ y de la _Higuera de Belen_, y la llamada _Canteruela de Sta. Mara_. Tindese esta ciudad como perezosa bajo la influencia del sol de Andaluca, sobre dos elevadas colinas, desde donde registra un vistossimo horizonte todo ceido de sierras, pues del norte al sur por la parte de levante la contemplan Sierra-Morena, las sierras de Jaen, de Martos, de Alcaudete, de Doa Menca, de Priego, de Rute, de Loja, de Lucena, de Cabra y de Archidona; y del sur al norte por el lado de poniente la recrean con sus azulados festones la pea _de los enamorados_, las alturas de Colmenar, de Antequera, Teba, Estepa, Osuna, Medina-sidonia, cija, Carmona, Constantina y Cazalla. Tuvo en su parte mas alta un hermoso castillo, edificado por D. Pedro Fernandez de Crdoba, padre del Gran Capitan, y en el cual naci este invicto hroe; pero el rey D. Fernando el Catlico lo mand demoler para castigar al marqus de Priego por haber tenido preso en l Fernan Gomez de Herrera. Dcese que tenia treinta torres y que era una de las fortalezas mas insignes de Andaluca. Fu Montilla seoro de los marqueses de Priego, de la casa de Aguilar, que produjo varones tan distinguidos en las campaas contra los moros de Antequera y de Granada. Baja ahora recto al sur, y en cuanto cruces el rio Cabra vers alzarse tu frente, formidable todava aunque desmantelado, el castillo rabe de _Aguilar_ sobre el cimiento de la antigua fortaleza romana de _Ipagro_, y en la cumbre de una de las cuatro colinas por las cuales se dilataba la villa sarracena de _Poley_. Cuando los Aguilares[537], los Coroneles[538] y los Fernandez de Crdoba[539] habitaban este castillo, resonaban en su torre de homenage cuntos juramentos de fidelidad noblemente cumplidos; en sus altos salones cuntos clamores de jbilo los dias de cacera, de fiestas, de bodas; cuntas bendiciones en su soportal embovedado, adonde acudian los pobres de la comarca; cuntos gritos de victoria y sinceros parabienes por todo su mbito, desde los baluartes esteriores hasta los elevados chapiteles de las torres, cuando sus dueos volvian triunfantes de las sangrientas lides con los infieles! y cuntos ayes lastimeros no se habrn exhalado de sus fuertes muros cuando murieron uno tras otro en Algeciras aquellos dos hermanos, los ricos-hombres D. Gonzalo y D. Fernando Ibaez de Aguilar, sus bizarros seores! No hacia menos interesante este castillo la malhadada suerte de su dueo D. Alonso Fernandez Coronel, sitiado en l por el rey D. Pedro en persona y por el maestre de Alcntara D. Juan Nuez de Prado, vencido tras una obstinada defensa y en sus propios estados degollado. Pero los vandlicos agentes del positivismo moderno, para quienes estos monumentos de nuestra antigua historia feudal solo son tolerables en las novelas, han desbaratado por muchas partes esta insigne fortaleza teatro de sucesos tan importantes, cuna de tantos esclarecidos varones. Sus sillares profanacion inaudita! han venido tierra derrumbados para mejorar el piso de las aceras de la poblacion!... Qu juzgarian de las autoridades _ilustradas_ que tales cosas mandan los hombres de aquellos siglos que llamamos de ignorancia y oscurantismo, si pudieran en sus empolvados sepulcros interrumpir su sueo de muerte? Pero las autoridades _ilustradas_ se rien de los difuntos. Bajando de Aguilar hcia el Genil se encuentra cosa de una legua el maravilloso _Lago de Zoar_ en un valle abierto que forman unos cerros de poca altura, ocupando de septentrion mediodia mas de un cuarto de legua. Su agua es salobre y su hondura muy grande, sin que se comprenda de dnde le viene aquel caudal. Dcese que un ao de copiosas lluvias creci mucho y aneg las tierras circunvecinas, y los labradores, temiendo otro dao semejante, lo sangraron hacindole canal hasta el rio de Aguilar que pasa harto mas bajo. Por ese canal empezaron subir peces, y holgndose en aquella anchura, hicieron en breve considerable cria, que foment luego el marqus de Priego D. Alonso de Aguilar, seor del estado. Edific este tambien una linda casa sobre el lago, adornndola con jardin, huerta y bosque, y otros deliciosos atractivos. Dirijamos el vuelo derecho levante hcia el nacimiento del Monturque. Llegamos _Cabra_, tan famosa por su sierra[540], por su nava[541], por su sima[542], por su origen griego[543], por su antigedad romana, por sus obispos, por sus condes, por las sangrientas contiendas de su detentador D. Juan Ponce de Cabrera con la rden de Calatrava, por la dura esclavitud que un rey de Granada impuso todos sus moradores, por la reconquista y cesion D. Leonor de Guzman que de ella hizo el rey D. Alonso XI; y me preguntas asombrado dnde est su poderoso castillo. Disfrazado de palacio, en una de las montaas que circundan el frtil y pintoresco valle en que se estiende la moderna villa, muestra de su antigua estructura una sola torre y varios torreones desmochados pertenecientes su circunvalacion esterior; pero si registras diligente sus ruinas, hallars su primitivo y vasto recinto en lo que se llama hoy _Plaza de armas_, donde los siglos han ido acumulando edificios. Esa torre que ves no perteneci al primer castillo de Cabra, que el rey de Granada lo devast completamente en 1333 cuando la manera de los reyes de Oriente se llev toda su poblacion cautiva: es obra de los repobladores cristianos del dcimocuarto siglo. El mariscal de Castilla D. Diego Fernandez de Crdoba, seor de Baena, lo obtuvo, con la villa erigida en condado, del rey D. Enrique IV, y de su casa pas la de Sesa, y despues la de Altamira, cuyo primognito lleva el ttulo de conde de Cabra. Hemos dicho que fu esta villa cedida la clebre favorita de D. Alonso XI: tambien lo fu la entonces villa de _Lucena_, con su castillo, no muy distante de Cabra al mediodia, por permuta hecha con el obispado de Crdoba al cual se habia adjudicado en el repartimiento del ao 1249. Sus alcaides y seores los Argotes aumentan con su merecido renombre el lustre que le dan las bellezas del arte y de la naturaleza, su iglesia ojival de S. Mateo, el palacio de los duques de Medinaceli, sus hermosos paseos sombreados y embalsamados con naranjos y cinamomos, su deliciosa campia resguardada de los ateridos vientos del norte por la magnfica sierra de Araceli. _Priego_, que reconoce por seores los de Aguilar y Montilla; _Benamej_, ganada los moros por el vencedor de Benamarin y embellecida con un soberbio puente por su seor el mariscal Diego de Bernu Orense[544]; _Rute_, arrebatada al rey moro de Mlaga por aquel desgraciado infante D. Pedro quien vimos poco h salir triunfante contra los granadinos y regresar Crdoba cadver sobre una enlutada mula; _Santaella_, cuya antigua fortaleza est pregonando hazaas de su alcaide Luis de Godoy: son lugares en que la historia de la arquitectura militar tiene datos abundantes que recoger y consignar antes que se reduzcan polvo sus ya destrozados castillos. Todos los que en la provincia fueron magnfica muestra de su antiguo podero van siguiendo paulatinamente la suerte de sus seores. Aquellos esclarecidos linages que dieron Espaa vireyes, embajadores, adelantados, ricos-hombres, duques, condes, marqueses, seores de vasallos, prelados, pages y damas de reyes, maestres, comendadores y caballeros de rdenes militares, de la Banda y del Toison, de S. Juan y de S. Jorge; aquellas ilustres y grandes casas que ganaron estados y blasones en las guerras de Andaluca, de Castilla, de Aragon, de Portugal, de Oran y Mazalquivir, de Italia, de Flandes, de las Indias Occidentales, perdieron su influencia en el Estado, dejaron de ser los pilotos de la gran nave de la monarqua espaola. Qu mucho que los asientos de su antiguo podero se vayan desmoronando abandonados, si ya los grandes no son los fuertes; si constituida la sociedad sobre la base de que toda ley y toda justicia emanan del trono y de la representacion nacional, queda abolido el ministerio pblico de la aristocracia; si en aquellos baluartes, en aquellos salones, en aquellas torres de homenage no hay ya asaltos que rechazar, agravios que reparar, cuestiones que decidir, juramentos que prestar? Cada poca tiene sus necesidades. Es llegado el momento de abandonar la hermosa provincia en que hemos tenido tantas cosas que admirar en la naturaleza, en el arte, en las acciones de los hombres. Descansemos de nuestras correras y vuelos, y preparmonos cruzar el Genil para emprender por la bendecida tierra de Sevilla nuevas y no menos interesantes peregrinaciones[545]. FIN. Indice de las materias contenidas en este tomo. PGINAS. INTRODUCCION.--Despedida de Granada: paralelo entre la Alhambra y la Mezquita de Crdoba: pg. 7.--Escitacion al viaje por la tierra de Sevilla y Cdiz: 13. CAPTULO I. _Primeras impresiones recibidas en Crdoba. Ojeada general sobre su historia._ 25 CAPTULO II. _Catedral de Crdoba._ PARTE PRIMERA: _la Mezquita_. 57 Preparacion general al estudio de la Mezquita y de la Catedral: pg. 58.--Restauracion ideal de la Mezquita Aljama: conjetura fantstica con datos histricos acerca de su fundacion: 65.--Idea de Abde-r-rahman I al erigirla: estado del mundo en su tiempo: 74.--Compra de la antigua baslica catedral de los cristianos y noticia general de la condicion de estos bajo los sarracenos: 84.--Demolicion de la baslica y ereccion de la Aljama de Abde-r-rahman I: 96.--Muerte de este amir: ceremonias fnebres y entierro que se le hace: 100.--Contina Hixem I la obra y la termina: descripcion de la Aljama primitiva: 105.--Rivalizan los Umeyas de Crdoba con los Abassidas: obras suyas en la Mezquita: 109.--Seduccion que la cultura mahometana ejerce en la grey cristiana sometida, y fortaleza de los que perseveran en la f de Cristo: 117.--Sensualismo asitico: _razon de Estado_ falta de celo religioso: persecucion y martirios: 132.--Vicios en la constitucion de la familia musulmana: condicion de la mujer: la poligamia, el divorcio, etc.--Lucha de la verdad con el error: 134.--Abnegacion y caridad de los mrtires: 142.--Crtica de los ritos y ceremonias muzlemitas: 146.--Apostasas entre los mozrabes: 160.--Por qu los cuatro sultanes que suceden Hixem I no dejan en la mezquita obras grandes: 164.--Paralelo entre el arte musulman y el arte cristiano: aplicacion de la fbula de Cstor y Plux: 167.--Obras de Abde-r-rahman An-nasr: carcter bizantino de la arquitectura bajo su reinado: 172.--Obras de Al-hakem II: prolongacion de la mezquita y artistas de Constantinopla que trabajan en ella: las dos maksurahs: el Mihrab y su vestbulo: 174.--Estado de la Europa Cristiana y su arte al terminar el siglo X: 186.--Decadencia del arte arbigo en tiempo de Almanzor: ensanche dado por ste la Mezquita: la tribuna de la Alicama: la cmara de la limosna: 190.--Crecimiento progresivo del Estado y del arte en la Espaa cristiana: hechos que preludian la caida del Califado cordobs: 207.--Conquista de Crdoba por S. Fernando: 214. PARTE SEGUNDA. _Ereccion de la Mezquita en Catedral._ 218 Empiezan en ella fundarse capillas: carcter general de estas construcciones: 222.--Fundacion de la primera Catedral cristiana: implantacion del arte ojival de Occidente en la Mezquita rabe: 224.--Tolerancia artstica: perpetuacion del estilo musulman: restauraciones moriscas: de quines fueron obra: 228.--Estado y condicion de las personas de la secta vencida: moros _mudjares_: 232.--Continan las fundaciones de capillas: principio del culto al arcngel S. Rafael declarado patrono de Crdoba: 237.--Poder de la f en el dcimotercio siglo: hechos y reflexiones: 239.--Perodo de turbulencias, desfavorable al arte: transaccion con la cultura islamita: asociacion de elementos opuestos: sincronismo en el arte, en la literatura, en las costumbres, en la poltica: fundacion de la capilla real por D. Enrique II: 242.--Amalgama de los estilos gtico y sarraceno: su razon histrica y filosfica: 248.--Tracto del siglo XIV al primer tercio del XVI: fundaciones de este perodo y memorias referentes la historia de la Catedral hasta la ereccion del nuevo crucero: 255.--Historia de la edificacion de la Catedral nueva: 276.--Marcha del arte durante su construccion: el _renacimiento_ y sus causas: razon de las diferencias entre el renacimiento italiano y el _plateresco_ espaol: 291.--Descripcion de la Catedral: hllanse en ella obras de todos los estilos desde el plateresco hasta el _churrigueresco_: 301.--Siguen las fundaciones de capillas: viaje de Felipe II Crdoba: 309.--Fisonoma de la arquitectura en el siglo XVII y primera mitad del XVIII: memorias de la Catedral en este perodo: 317.--Resmen del estudio hecho en este templo: 339. CAPTULO III. _Crdoba mozrabe._ 341 Triste condicion de los mozrabes cordobeses: cisma introducido entre ellos: retrato ligero de algunos apstatas: 342.--Iglesias y monasterios de los mozrabes: forma general de las baslicas: 347.--Santos y doctores insignes que florecieron en ellas: 357.--Culto y ritual mozrabe: 359.--Los monasterios de la ciudad y de la sierra, y mrtires que produjeron: 361.--Aspecto general de estas construcciones, y de la vida monstica en los siglos IX y X: 367.--Cuadro de la gran persecucion que sufren las iglesias y monasterios en Europa de parte de los brbaros del norte y de los sarracenos: destruccion de los templos y monasterios de Crdoba: 379.--Renuvanse las persecuciones al acercarse la hora postrera del Califado: dispersion y cautiverio: 384. CAPTULO IV. _Panorama de Crdoba en su estado actual._ 387 La muralla y sus puertas: 389.--El alczar: 391.--El puente y la Calahorra: 395.--Iglesias, conventos y capillas: 397.--Edificios rabes y moriscos: 404.--Edificios del renacimiento: 405. CAPTULO V. _Medina-Azzahra._ 407 Construccion de sus alczares: 408.--Descripcion de sus bellezas, y escenas memorables en ellos ocurridas: 410.--Su Mezquita: 417.--Abandono y ruina lenta de estos palacios: 418.--Cmo se fu paulatinamente olvidando la memoria de esta maravillosa poblacion: 419.--Sus ruinas existen en la dehesa de _Crdoba la vieja_: carcter de los fragmentos que hemos recogido en ellas: 422. CAPTULO VI Y LTIMO. _La Sierra y la Campia._ 426 Vuelo por las montaas: Fuenteovejuna, Belalczar, Pedroche, Espiel, Belmez, Cuzna, Trasierra: 431.--Vuelo por la ribera: Aldea del Rio, Montoro, el Carpio, Villafranca, Alcolea, Almodvar, Guadalczar, Peaflor, Palma del Rio: 435.--Vuelo por la campia: Castro el Rio, Bujalance, Caete, Luque, Zuheros Doa Menca, Baena, Espejo, Fernan-Nuez, Montemayor, Montilla, Aguilar y el Lago de Zoar, Cabra y su Sima, Lucena, Priego, Benamej, Rute, Santaella: conclusion: 438. Guia para la colocacion de las lminas. PGINAS. Portada. Curvas de los arcos empleados en los diversos estilos arquitectnicos. 9 Crdoba desde el castillo de la Calahorra. 57 Puerta del Puente, llamada por equivocacion _puerta de Sevilla_. id. Puerta de las Palmas, desde el patio. 107 Interior de la Mezquita. 156 Puerta de las Palmas. 172 Capilla del Mihrab. 180 Idem por ngulo interior de la capilla del Mihrab. 181 ngulo de un tablero del Mihrab. 182 Plano de la Mezquita. 192 Esterior de la Mezquita. 198 Ornamentacion de una de sus puertas. id. Capilla de Villaviciosa. id. Puerta del Perdon. 271 Patio de la Catedral. 274 Plano de la Catedral. 279 Interior de la Catedral. 304 Puerta lateral de Sta. Marina. 349 Alamedas del Guadalquivir, con el puente y la Calahorra. 395 Iglesia de Sta. Marina. 397 Iglesia de S. Lorenzo. 398 Detalles: roseton de S. Miguel. 399 Torre de S. Nicols de la villa. id. Claustro del convento de franciscanos. 402 Hospital de Espsitos. id. Detalles de la fachada del mismo. id. Vista de Crdoba desde los Mrtires. 404 Capilla del hospital del Cardenal. id. Casa de Gernimo Paez. 406 Fragmentos de los palacios de Medina-Azzahra. 423 * * * * * NOTAS: [1] Vase la pgina 220 del tomo de Granada. [A] Vase la lmina de detalles que acompaamos con el objeto de dar conocer las clases de curvas citadas en esta y en otras pginas de este tomo. [B] Esta M y la D que antecede son copia de un libro manuscrito de la Biblioteca Colombiana de Sevilla. [2] Esta palmera era entonces la nica que habia en Espaa. A ella dedic el mismo Abd-el-rhaman los tan famosos versos: T tambien, insigne palma,-- eres aqui forastera; De Algarbe las dulces auras-- tu pompa halagan y besan: En fecundo suelo arraigas-- y al cielo tu cima elevas: Tristes lgrimas llorras,-- si cual yo sentir pudieras: T no sientes contratiempos,-- como yo de suerte aviesa; A m de pena y dolor-- contnuas lluvias me anegan; Con mis lgrimas regu-- las palmas que el Forat riega; Pero las palmas y el rio-- se olvidaron de mis penas. Cuando mis infaustos hados-- y de Alabs la fiereza Me forzaron dejar-- del alma las dulces prendas: A t de mi patria amada-- ningun recuerdo te queda; Pero yo triste no puedo-- dejar de llorar por ella. [3] Es preciso, dice Viardot, que los estragos cometidos por los vencedores en los hermosos campos inmediatos al Guadalquivir fuesen de todo punto escesivos y que su poblacion hubiese sido desterrada como la de la ciudad; porque cuando Fernando despues de su partida dej algunas tropas para guardar la frontera y proteger los nuevos habitantes, quienes habia llamado de todos los puntos de la Espaa cristiana, fue forzoso durante muchos aos enviar de Castilla Crdoba vveres de toda especie para disminuir la horrible escasez que en ella se sufria. (Hist. de los rabes y los moros de Espaa.) [4] Sobre la conservacion y reparacion de estos muros hemos encontrado las disposiciones siguientes: Item, mando y concedo que la fbrica del muro conste siempre de los frutos y provechos y rentas reales. (Fuero de Crdoba.)--Conocida cosa sea todos los omes que esta carta vieren cuerno yo D. Alfonso por la gracia de Dios, rey de Castiella, etc., do otorgo al Conceio de Crdova los que agora son sern daqui adelante para siempre jamas quinientos maravedises cadao para labrar los muros de la villa de Crdova et pngolos que los ayan cadao en el mio pecho que me an adar los moros del Alhama de Crdova. Et mando los moros de la sobredicha Alhama que gelos den cadao por la Sant Miguel assi como los davan mi... (Carta dada en Toledo 18 de mayo, era de 1292. Archivo municipal de Crdoba, legajo A. nmero 25.)--Dmosles otorgmosles para siempre jamas el montadgo de Crdova et de so trmino para la lavor de los muros de la villa de los castiellos que en so trmino son... (Carta del rey D. Sancho dada en Burgos el sbado 20 de noviembre, era de 1326. Arch. mun. de Crdoba. Cajn A. nm. 79.) [5] Las disposiciones mas mplias de este fuero son las siguientes: Y mando, que no sean prendados asi los caballeros como los ciudadanos de Crdova en todo mi reyno.--Item, ellos y sus hijos y sus herederos tengan todas sus heredades firmes y estables perpetuamente, y vendan y compren unos de otros hasta lo que ellos quisieren, y qualquier de ellos haga de su heredad segun su voluntad: y si yo quitare alguno de ellos heredad alguna por ira por injusticia sin culpa manifiesta, que en virtud de este privilegio le sea vuelta.--Item, mando que en las heredades que tuvieren en qualquier tierra de mis reynos y de mi seoro no entren Sayones en ellas ni Mayorinos, pero sean catadas y exentas. Esto hago por amor del pueblo de la ciudad de Crdova.--De aqui adelante si algun hombre cayere en homicidio en algun livor sin su voluntad, y se provare por testigos verdaderos, si diere fiador, no sea metido en la crcel, y si no tuviere fiador, no sea llevado ninguna parte fuera de Crdova; pero solamente sea preso en la crcel de Crdova, y no pague sino la quinta parte de la calumnia.--Item, quiero y mando estatuyendo, que la ciudad de Crdova nunca sea prestimonio de alguno, ni haya en ella otro seoreador sino yo y mis succesores, ni hombre ni muger.--Item, concedo y estatuyo, que todo hombre que fuere justiciado, sus herederos hayan sus bienes, si no fuere por haber muerto algun hombre sobresalvo, muerto algun hombre en tiempo de tregua si no fuere justiciado por moneda falsa, por haver muerto algun hombre estando seguro, si no fuere falsario, herege; y de qualquiera que fuere justiciado por estas causas sobredichas, el rey haya sus bienes, etc., etc. (Fuero de la ciudad de Crdoba concedido por el Santo rey Fernando III. En el Arch. mun. de la misma ciudad existe una carta, en latin fecha en Toledo 18 de abril, era de 1279, y otra en castellano fecha en Crdoba 3 de marzo del mismo ao.) [6]...dono itaque vobis et concedo castellum de Almodovar el castellum de Durio, et castellum de Chilon el castellum de Sancta Eufemia et castellum el villam de Gahet et villam que vocatur Petroche et castellum de Mochuelos. (Privilegio del rey D. Fernando el Santo dado en Toledo 24 de julio, era de 1281. Arch. mun. de Crdoba, legajo V, nm. 34.)--Fueron concedidas posteriormente Crdoba algunas otras villas, entre ellas las de Cabra y Santaella por D. Alfonso, la de Constantina con todas sus pertenencias por D. Sancho. (Arch. mun.) [7] Hemos encontrado en el Archivo municipal de Crdoba dos cartas de D. Carlos y la reina D. Juana declarando francos de todo tributo por espacio de diez aos los que pasasen morar en Crdoba con promesa de residir en ella cuando menos veinte. (Estas dos cartas no estn numeradas.) [8] Crdoba sola contenia, segun los gegrafos rabes, doscientas mil casas, seiscientas mezquitas, cincuenta hospitales, ochocientas escuelas pblicas y novecientos baos. Este detalle parece primera vista increible y fabuloso; mas yo ni aun lo supongo exagerado. Si se da el nombre de casa, no a los edificios de nuestras ciudades modernas, sino la habitacion de cada familia; el de mezquita cada lugar consagrado, cada pequea capilla; si se recuerda que una mezquita no podia existir sin escuela, y que las abluciones eran indispensables como el rezo, se reconocer que la ciudad y los arrabales de la capital del Imperio podian muy bien contener ese prodigioso nmero de edificios diversos. (Viardot, hist. de los rabes y los moros.) [9] En premio de estos servicios el infante D. Sancho, ya rey, don al concejo de Crdoba las villas de Baena, Luque y Zuheros. Consta de la siguiente carta: Sepan cuantos esta carta vieren: Como nos D. Sancho por la gracia de Dios rey de Castiella, de Toledo, de Len, de Galicia, de Sevilla, de Crdoba, de Murcia, de Jahen, del Algarbe, por muchos servicios que vos el Conceio de la noble cibdad de Crdoba fiziestes al rey D. Fernando nuestro abuelo al rey D. Alfonso nuestro padre nos antes que regnssemos despues que regnamos: et porque el infant D. Johan nuestro hermano se levant contra nos et nuestro seorio muy falsamente et como non devie por deseredar nos et la reina nuestra mugier et nuestros fijos: non conosciendo muchas mercedes que nos le fiziemos et sealadamiente quel sacramos de la prision onde non deviera salir por los sus merecimientos desconocindose contra nos: damos vos et otorgamos vos las villas de Baena, et de Luque, et de Zuheros con sus castiellos et con todos sus trminos et con montes con fuentes, con rios, con exidos, con entradas et con salidas et con todas sus pertenencias cuantas an et deueh aver, que las ayades que sean vuestro trmino para siempre jamas. Salvo ende que los alcaides que estos castiellos touieren que sean nuestros vasallos, et vuestros vecinos que los tengan por nos et vos que les paguedes las tenencias segunt que lo nos ordenaremos et que pongades vos y alcaldes alguaciles por nos et por vos asi como en los otros logares de vuestro trmino, et que se judgue por aquel mismo fuero que vos auedes. Et pugnat en las cobrar et en las aver, et nos otorgamos vos de vos las nunca toller et de non las dar al infant D. Johan nin otro ninguno. Et desto vos mandamos dar esta nuestra carta seellada con nuestro seello de cera colgado en que escriviemos nuestro nombre con nuestra mano. Dada en Palencia ocho dias de marzo, era de mill trezientos treinta un ao.--Nos el rey D. Sancho. [10] En este sitio de Crdoba por Mohammad y el rey D. Pedro fue aportillado el muro por varias partes y tomado el Alczar. Cuentan que en tan grave apuro salieron las mugeres la calle logrando infundir tal valor en el nimo de los sitiados, que arrojndose estos de improviso sobre el enemigo, le rechazaron con muerte de muchos y le obligaron levantar el campo. (Crnica del rey D. Pedro.) [11] En estas guerras declarse por el rey el conde de Cabra D. Pedro Fernandez de Crdoba, por los enemigos del rey D. Alonso de Aguilar, uno de los personages mas influyentes en toda la Provincia. Este hecho produjo en Crdoba dos bandos que la tuvieron en continua alarma con sus sangrientas escisiones. Sabedor de ellas Enrique IV, se traslad la ciudad para tranquilizarla; pero no logr sino enconar mas y mas los nimos por haber tratado con igual dureza los que hicieron armas contra l y los que le fueron leales. El desacierto de Enrique IV era igual en todo. [12] Llambase el inquisidor Diego Rodriguez Lucero: era tal el rigor con que trataba los reos, que el pueblo se amotin al fin contra l, y le oblig escaparse en una mula. El cardenal Jimenez no pudo menos de mandarle prender y castigarle para dar la institucion algun viso de legalidad y de justicia. [13] Supone la tradicion que el conde estaba en Madrid cuando recibi la noticia de su deshonra. Parti inmediatamente para Crdoba, dicen los que refieren el hecho, y aguard que anocheciera para entrar en su casa por las tapias de una huerta. Colocse secretamente en parte desde donde pudiera acechar los supuestos cmplices, los vi en el acto de cometer el adulterio, y tir al punto de la espada. No di un solo grito, no profiri siquiera una palabra: recorri el palacio y mat no solo los adlteros, sino toda su numerosa servidumbre. Sentse al fin y pregunt un negro que le acompaaba: qu le parece mi venganza? No bien hubo oido de l _bien lo hemos hecho, seor_, le pas de una estocada. No pudo resistir la idea de que sobreviviese su cmplice tan brbara matanza. [14] Este palacio, llamado Alczar Viejo, habia ya dejado de existir fines del siglo XIV. Leemos en una carta dada por D. Enrique 12 de marzo de 1399: vi vuestras peticiones selladas de vuestro sello que me enbiastes con Ruy Mendez de Soto Mayor, mi vasallo, veinte y quatro desta cibdad, entre las quales decides quel mi alczar viejo que es de tras del alczar nuevo de esa dicha cibdad que es _un corral despoblado_, etc. En virtud de estas peticiones lo cede el rey sus vasallos de Valesta para que lo pueblen y labren en l sus casas. (Arch. mun. de Crdoba, leg. G, nm. 10.) [15] En esta torre se lee: En nombre de Dios. Porque los buenos fechos de los reyes no se olviden, esta torre mand facer el muy poderoso rey D. Enrique, comenz el cimiento el doctor Pedro Sanchez, corregidor de esta ciudad, comenzse sentar en el ao de nuestro Seor Jesucristo de 1406 aos, seyendo obispo D. Fernando Deza, oficiales por el rey Diego Fernandez Mariscal, alguacil mayor, el doctor Luis Sanchez, corregidor regidores Fernando Diaz de Cabrera Rui Gutierrez... Rui Fernandez de Castillejo Alfonso... de Albolafla Fernan Gomez, acabse en el ao 1408 aos. Crese que el rey la hizo costa de un caballero que habia asesinado su muger. [16] Descubrironse cerca de este sitio varias lpidas con turbantes, que son las que han dado lugar creer que fue panteon rabe. Consrvase aun un subterrneo lleno de humo, que ha tomado nombre del convento prximo y es llamado _las Catacumbas de S. Diego_. [17] Hablaremos mas adelante de esta mina de filtracion, hecha por cautivos cristianos en los mejores tiempos del imperio rabe. [18] Ignoramos la poca en que fu fundado este castillo: solo sabemos que pas el camino por medio de l hasta que Enrique II lo mand reparar y ampliar en el ao 1369. [19] Este magnfico puente, construido por los romanos y reedificado por Hescham I, consta de diez y seis arcos: tiene de largo ochocientos ochenta y ocho pies, veinte y tres de ancho. [20] Esta puerta, que pertenece al orden drico, lleva en el centro del friso un tarjeton en que se lee: _Reinando la sacra catlica y real magestad del rey D. Felipe nuestro seor, segundo de este nombre, ao 1571_. [21] El triunfo es un monumento erigido en honor de S. Rafael por el obispo D. Baltasar de Yusta y Navarro. [22] Hay en favor de esta opinion, en esta misma pieza, una inscripcion rabe que tradujo el embajador de Marruecos cidi Hamet Elgacel cuando pas el ao 1766 por Crdoba. No nos decidimos pesar de este dato seguirla resueltamente, por asegurar Kassiri que ese cidi Hamet tenia muy escasos conocimientos para traducir esta clase de leyendas. [23] Para construir este minarete derrib un antiguo alminar que tenia 240 pies de altura. Entre los embellecimientos del patio debe contarse la construccion de las fuentes. La memoria de estas nuevas obras se ha conservado en una inscripcion rabe que se halla un lado del Arco de las Bendiciones, en su parte superior, inscripcion que, segun la version hecha por el orientalista D. Jos Antonio Conde, dice asi: En el nombre de Dios clemente y misericordioso mand Abdal Abderramen, prncipe de los fieles, amparador de la ley de Dios (prolongue Dios su permanencia), edificar este atrio proveyendo su conservacion y engrandeciendo el lugar consagrado la divinidad, esmerndose en el decoro, y reverenciando su casa conforme la voluntad de Dios, pues en ella se alcanza y celebra su nombre, confiando recibir por esto grandes premios indulgencia con perenne acrecentamiento de prosperidad y buena fama. Acabse esto con la ayuda de Dios en la luna dylhagia (j), ao 346, por mano de su siervo Wazir y Hagib (k) de su palacio Abdala-Ben Batu y del arquitecto Said-ben-Ayud (l). [24] Estas molduras interiores no significan para nosotros mas que el respeto guardado este monumento rabe por los conquistadores cristianos. Es, si no cierto, muy probable que estos fueron quienes restauraron la capilla: nos da lugar creerlo: 1. la identidad de lneas que se observa entre el interior de esta pieza y los interiores mas modernos de la Alhambra: 2. la consideracion de que estos adornos, haber sido obra de los mismos rabes, debiramos suponerlos del mismo siglo de la conquista, siglo en que, como hemos visto, Crdoba gimi sin cesar bajo el yugo de la guerra civil y la anarqua. [25] _Si yo tuviera noticia de lo que hacades no lo hiciredes_, dijo el emperador; _porque lo que quereis labrar hallarase en muchas partes; pero lo que aqui tenades no lo hay en el mundo_. [C] Comienza desde aqui su tarea D. Pedro de Madrazo, encargado de sustituir al Sr. Pi y Margall en la narracion histrica y descriptiva correspondiente este tomo. [26] _Azazil_, segun la f musulmana, es un ngel que no habiendo querido tributar homenage Adam, primero de los Profetas, fu precipitado del cielo al infierno, donde con el nombre de _Eblis_ es el gefe de los demonios. Suponemos, pues, que el ngel del orgullo, el Luzbel de los mahometanos, es quien sugiere Abde-r-rahman el pensamiento de erigir la gran mezquita. [27] Sabido es que los primeros sultanes soberanos de la dinastia de los Omeyas se contentaron al principio con el modesto ttulo de _Emires, hijos de los Califas_ (Omar-bn-l-kolaf).--Despues que afirmaron su poder con las conquistas de Africa, ya se denominaron _Califas, prncipes de los creyentes_ (Omar-l-mumenin). [28] En el ao 759, dice Conde (tomo 1, cap. XI de su Hist.), el dia 3 de la luna Safar, di Abde-r-rahman los cristianos de Castilla la carta de proteccion y seguridad en virtud del tributo que debian pagarle, y que consistia en lo siguiente: 10 mil onzas de oro, 10 mil libras de plata, 10 mil cabezas de buenos caballos y otros tantos mulos, mil lorigas y mil espadas, y otras tantas lanzas cada ao por espacio de cinco aos. Escribise este pacto en Crdoba. [29] El wal de Cairvan Al ben Mogueith invadi con numerosa hueste las costas de Espaa para restablecer en ella la autoridad del Califa de Oriente. Fu batido el ao 763 con sus siete mil africanos en los campos de Algarbe, por los cordobeses, sevillanos y jerezanos reunidos, y su cabeza, desmeollada y canforada, fu enviada Cairvan, y puesta de noche por orden de Abde-r-rahman en el rollo columna de la plaza de aquella ciudad con un letrero que decia: _As castiga Abde-r-rahman ben Moavia ben Omeya los temerarios como Al ben Mogueith wal de Cairvan_ (Conde, hist. cit., cap. XV.--Petit Baroncourt, Histoire resume du moyen-ge, t. 1.). [30] Los historiadores rabes suponen que la rota sufrida por Carlomagno en Roncesvalles fu obra de los wales de Zaragoza, Huesca, Lrida y otras fronteras. Nuestros historiadores y romanceros hacen vencedores los vascones. Lo cierto es que habiendo entrado en Espaa Carlomagno, llamado por los cristianos, tuvo que retroceder ante la resistencia de Zaragoza y desistir de su empresa. Suponen tambien los franceses que las paces ajustadas entre Abde-r-rahman y Carlomagno fueron buscadas y promovidas por el rabe; Al-Makkari, al contrario, asegura que Karoloh (asi llama al gran rey franco) solicit al Emir brindndole con un enlace de familia, que este no admiti por causa de una enfermedad que padecia. (Vase _Ahmed Ibn Mohammed Al-Makkar_, historia de las dinastias mahometanas en Espaa, traducida al ingls y diligentemente anotada por el Sr. D. Pascual de Gayangos, Londres, 1843.) [31] Conocido es de todos el trgico fin de los Omeyas en Oriente: los vengativos Abassides con un falso seguro reunieron en un banquete noventa de aquellos, los mandaron azotar hasta que cayeron desfallecidos en el suelo, hicieron estender los estrados sobre ellos, y comieron sobre aquellas alfombras oyendo los gemidos de sus vctimas hasta que espiraron. El citado Al-Makkar, copiando otros historiadores rabes, hace un curiossimo relato del modo maravilloso como esquiv la muerte el fundador del Califato de Occidente, burlando las pesquisas de los emisarios de As-Seffh, atravesando nado el Eufrates con su hijo, y llegando la costa de Africa, donde la profeca de un astrlogo judo, que determin su nombre y sus seas personales, fu causa un mismo tiempo de que el gobernador Ibn Habib intentare matarle, y de que el descendiente de Merwan se salvase. El Sr. Gayangos en sus apndices al tomo 2. extracta de otra obra histrica una tradicion novelesca y entretenida sobre el motivo que movi Abde-r-rahman desconfiar de las falsas promesas de paz de los de la bandera negra, y de esta hemos tomado pi para escribir lo que sigue, si bien suponiendo que el amigo que le sale al camino al futuro rey de Andaluca es el mismo ngel Azazil. [32] Tierra de Afranc, Francia. Es el nombre que se le da en la historia de Conde. [33] Algufia, la parte del norte. Idem. [34] Las fundaciones de templos y monasterios cuya memoria nos han legado tantos respetables y diligentsimos escritores de nuestras antigedades y de las cosas de la Iglesia desde los primeros historiadores de la monarqua restaurada como el monge de Albelda y el obispo D. Sebastian, justifican sobradamente nuestra suposicion. El erudito D. Jos Caveda enumera en su _Ensayo histrico sobre los diversos gneros de arquitectura empleados en Espaa_ una multitud de piadosas fundaciones de estos tiempos, algunas de las cuales ostentaban muy ricos mrmoles y jaspes de diversos colores. como los godos usaban. [35] Vase en Batissier _Histoire de l'art monumental_ la descripcion de la suntuosa baslica de Aquisgram erigida en el siglo VIII por Carlomagno. [36] Aunque los imperiales habian dominado bajo Justiniano en las costas meridionales de Espaa, cedidas por Atanagildo en recompensa de los auxilios recibidos de Constantinopla durante su contienda con Agila, la influencia de sus prcticas en la arquitectura visigoda debi ser muy escasa, porque ademas de que sus establecimientos fueron principalmente martimos, y se estendieron solo desde Alicante Gibraltar, no duraron mas que 63 aos, desde el 552 en que tuvo que hacer la entrega Atanagildo, hasta el 615 en que recobr la tierra Sisebuto, segun se colige de S. Isidoro, _Hist. Gothorum_. No existen los comprobantes de la introduccion del gusto bizantino en la monarqua de Asturias y Leon antes de la poca en que se fund el Califato de Crdoba; es sin embargo posible que el trato y comunicacion de nuestros monarcas con los franceses de las dos dinastas Merovingia y Carlovingia favoreciese algun tanto la inoculacion de ciertos rasgos de la ornamentacion neogriega en la severa arquitectura asturiana. Pero las descripciones de nuestros antiguos historiadores confirman la opinion de que la disposicion de las fbricas y sus lineamientos dominantes eran puramente latinos, y asi hay fundamento bastante para creer que el reflejo oriental que tomaron nuestras construcciones desde el siglo IX (y no antes) vino Espaa por el mediodia con los ostentosos Califas de Occidente. La restauracion de Carlomagno no habia tenido aun lugar en el siglo VIII, que es el siglo de Abde-r-rahman, puesto que para fabricar su baslica de Aquisgram tuvo que valerse de arquitectos y artfices de Bizancio. Vase Meibomius, Script. Rer. Germ., t. 1, pg. 257. [37] _Ad cujus sculpturam, quum columnas et marmora aliunde habere non posset, e Roma et Ravenna descendere curavit._ (Script. Rer. Franc., t. 5.) [38] _Sunnah_ equivale tradicion. Habia entre los musulmanes dos famosas sectas, los _Sunnitas_ y los _Schiitas_. Los primeros reconocian como sucesores legtimos de Mahoma los tres Califas Abu-Beckr, Omar y Othman, al paso que los segundos sostenian que habian sido usurpadores de una soberana que solo pertenecia de derecho Ali, primo del Profeta, y quien este llamaba su hermano. Los Schiitas, pues, son los sectarios de Ali, y ambas sectas se trataban con inaudito encono, los de Ali fulminando imprecaciones contra los usurpadores de la sagrada herencia, y los Sunnitas escribiendo en el libro de la tradicion: es mas grata Dios la muerte de un Schiita que la de 36 Cristianos. [39] Asi llaman los rabes la peregrinacion santa, viaje forzoso la Caaba de la Meka, que es uno de los cuatro preceptos impuestos por el _dim_, prctica de la ley del Koran, y que todo muslin tiene que cumplir una vez al menos en su vida. Esta peregrinacion, dice Mahoma, y el sacrificio de las vctimas, son un testimonio de sumision la voluntad de Dios que los ha prescrito y de fidelidad al Profeta que los ha consumado para ejemplo de todos, ademas una expiacion de los pecados y el camino para conseguir el cielo. [40] Refiere la tradicion que cuando reconciliados Abraham y su hijo Ismael construan la Caaba de la Meka, faltndoles los andamios para levantar las paredes, el ngel Gabriel les trajo una larga piedra que se sostenia en el aire sin apoyo alguno, subiendo bajando voluntad de los arquitectos. Esta piedra era un jacinto blanco, mas habindola tocado despues una muger en estado impuro, se volvi negra. Siendo Mahoma mancebo, el prestigio de su santidad hizo que los Coreixies reservasen para l el honor de colocar esta famosa piedra negra cuando quisieron construir de nuevo la Caaba casa de Dios con mayor magnificencia. A la piedra negra de la Caaba se refieren desde los postreros das de la vida del Profeta una porcion de ritos y ceremonias que pueden verse prolijamente detalladas en las eruditas notas de Gagnier, edicion de Abulfed, pg. 130, copiando la interesante relacion de Gjaher, hijo de Abdallah, testigo presencial de la ltima visita de Mahoma la _casa de Dios_. [41] La noche de _Al-Kadar_, noche del _Decreto de Dios_, es aquella en que Mahoma supuso haber recibido el Koran. Tomando consigo unos cuantos de sus fieles adeptos, se retir una noche el Profeta al monte Hera: no bien lleg al medio de la montaa, aparecisele Gabriel. Tenia en la mano el Koran, libro guardado en el stimo cielo en la mesa del Altsimo, y que al descender la tierra habia sido recogido por el arcngel. Le aqui, dijo Gabriel Mahoma.--No s leer, respondi el Coreixi. Entonces el ngel le asi del cabello y le derrib tres veces de cara contra el suelo: la tercera ya Mahoma sabia leer, y oy una voz celestial que repitia: Mahoma, t eres el apstol de Dios, y yo soy Gabriel! Qued el Profeta abismado en su contemplacion y desapareci el ngel. (Vase Abulfed, edicion de Gagnier.) [42] _Alkhatib_ equivale predicador. [43] Sabido es que las mezquitas no tienen campanas: los _Almuedanes_ llaman la oracion los fieles desde los terrados galeras de los alminares, y esto se repite cinco veces cada dia. Las oraciones azalas son: _Azohb_, la del alba; _Adohar_, la del mediodia; _Alasar_, la de la larde; _Almagrib_, la del sol poniente; y _Alatema_, la del anochecer. [44] Las campananas empezaron usarse en las baslicas cristianas desde el siglo V, aunque los primeros campanarios aislados no datan sino desde el siglo VIII IX. Vase Peyr, _Manuel d'architecture religieuse au moyen-ge_. Paris, 1848. [45] Pasarn las almas, dice el Koran, por un puente llamado el _Sirath_, mas sutil que un cabello, mas cortante que el filo de una espada: los justos lo atravesarn con la rapidez del relmpago; los malos titubearn y caern en el infierno abierto bajo sus pis. [46] Este nombre de _almalekes_ se conserva en los escritos de mstica rabe-hispanos _aljamiados_ para designar los ngeles encargados por Dios de recibir su entrada en el cielo las almas de los justos. Segun las promesas del falso Profeta el Paraiso es el jardin de los placeres (_gennat al nam_), y en l concede sus elegidos cuantos deleites materiales y carnales puede concebir la voluptuosa imaginacion del pobre Beduino del desierto, exaltada por las privaciones de su vida nmade. En el Paraiso corren rios de leche, de miel, y de un vino que se puede beber sin embriagarse; en l crecen rboles cuyos ramages brindan placer con dtiles, uvas y granadas de sabor esquisito. En aquella encantada morada el suelo es de azafran, el empedrado de perlas y jacintos. Al presentarse en ella el fiel creyente, ofrcense su servicio diligentes mancebos de sorprendente hermosura, y uno de ellos le conduce las _hijas del Paraiso_, criaturas etreas cuyo solo nombre se extasia el frvido muslim. Estas vrgenes incomparables no fueron formadas de barro como las criaturas mortales, sino del mas puro almizcle, y estan exentas de todas las imperfecciones propias de su sexo: su modestia es sin igual, y en palanquines de una sola perla se recatan de las miradas profanas. Cada elegido tendr 72 de estas divinas criaturas, las cuales se disputarn sus caricias y le darn largos dias de amorosa embriaguez al son de los acordes del ngel Israfil y de las campanas del Paraiso. Alli hay placeres para todos los sentidos: trescientos platos diversos para cada comida, con trescientas especies distintas de licores en trescientas copas de oro y pedrera; rozagantes vestiduras de seda y de brocado, perfumes de suavidad desconocida en la tierra, y por ltimo una perpetua juventud. Hemos tenido ocasion de copiar en la Biblioteca real de Paris un curioso M. S. aljamiado sealado con el nm. 290, que prescribe cierta oracion de mucha virtud contra el demonio en la hora de la muerte, la manera de leerla y la colocacion que ha de drsele cuando uno muere. Este documento, en que se retratan las supersticiosas prcticas de una religion gastada y sin vida, cual era la de los Mahometanos andaluces en el siglo XVI, hace mencion de los Almalekes ngeles mancebos que reciben en el Genna las almas de los justos. Quien leyr esta carta, dice, arredrarlo h Allah del fuego, e cuando entrar en la fuesa apercurarle h Allah setenta Almalekes que le escusarn su razon: e non ser guerreado de Munkar Uanakir en la fuesa, nin ser avergonzado cuando le demandarn cuenta. Sea escripta esta rogaria en papel pergamino limpio, e sale puesta debajo de su cabeza en su fuesa, e ser dicho: duerme como duerme el novio cuando se casa, que no hay sobre t miedo ni tristeza: e no salir su _arrh_ (su alma) de su cuerpo fasta que vea su lugar en la _Genna_. E vestirlo han setenta Almalekes apercuradores con l, y vernan con atabales de la _Genna_ y presentes, y albriciarlo han. E cuando salir el dia del juicio, salir con su carta su man derecha, y su cara como luna de catorce noches, y su claridad andar entre sus manos, etc. [47] _Genna_, Paraiso. Vase la nota precedente. [48] La descripcion mstica de los siete cielos, cuyas maravillas fueron reveladas al Profeta en su viaje nocturno sobre el Borak, puede leerse en la _Exposicion de la f musulmana_ de Mohammed Ben Pir Al, traducida ltimamente al francs por M. Garcin de Tassy. [49] Vase la nota 2. de la pgina 72. [50] Abde-r-rahman I no tenia propiamente hablando wizires que administrasen el Estado en su nombre: solo tenia cierto nmero de jeques que tomaban asiento en su consejo y le auxiliaban con su esperiencia y sabidura. Tambien concedi asiento en el consejo algunos de sus secretarios _Catibes_, como sucedi con Umeyyah Ibn Yazd, _mauli_ favorito de Moavia Ibn Merwan, su prximo pariente. Vase Al-Makkar, libro VI, cap. II, traduccion inglesa de Gayanges arriba citada. [51] Este gigante sin corazon ni culto es la China: sabido es que en ella no ha prevalecido jams de una manera constante religion alguna. La dinasta de los _Thang_ que habia puesto la China la cabeza del Asia degenerada, tocaba en la poca de que vamos hablando al trmino de su podero. La escesiva tolerancia, por mejor decir, la esclusion de toda religion dominante en el Estado, producia su fruto, y el Asia central volvia al indiferentismo filosfico que desde Confucio la venia incapacitando para todo progreso moral y poltico. [52] Aldese a la famosa reforma de Tai-Tsoung, emperador chino, que hizo los mayores esfuerzos por desterrar de su nacion la filosofa atea, que se mostraba tan apegada, y vivificarla con la doctrina evanglica. La famosa inscripcion de _Sin-guan-fou_ descubierta en 1625 en unas escavaciones por los misioneros jesutas, prueba de una manera irrecusable la introduccion del cristianismo en China el ao 635 y su duracion hasta el 781. Vase el P. Kircher, _China ilustrada_; el P. Visdelou, _Suplem. la bibliot. orient. de d'Herbelet_; Abel de Remusat, _Miscelnea asitica: Anales de filosofa cristiana_, t. IV y XII. [53] Proverbio rabe que alude la rota de Roncesvalles. Vase Conde, t. 1, p. 201. [54] Alude la secta de los Iconoclastas _destructores de imgenes_, principalmente poderosa en el octavo siglo bajo Leon el Isurico, emperador de Constantinopla, y que subsistia en la poca en que se supone habla Abde-r-rahman, puesto que solo fu condenada desde un concilio celebrado en 787. [55] As escriben los rabes el nombre de Carlomagno. [56] Irene, emperatriz de Constantinopla, clebre por su belleza y por sus nobles esfuerzos en favor de la Iglesia maltratada por los iconoclastas, _destructores de imgenes_, era viuda de Constantino Copronimo desde el ao 780, y decase que habia brindado con su mano Carlomagno con el objeto de unir los dos imperios de Oriente y Occidente, y salvar de este modo la cristiandad, amenazada por el creciente podero de los Mahometanos. En el ao en que habla Abde-r-rahman (786) aun no se habia reunido en Nicea por excitacion de esta emperatriz el concilio que restableci el culto de las imgenes; de modo que los iconoclastas seguian aun desahogando en los templos del imperio griego su asoladora mana, aunque no ya con la delirante furia que habian desplegado bajo su protector Leon el Isuro. [57] Pocos ignorarn sin duda las grandes victorias de Carlomagno contra los pueblos indmitos de la Germania. Antes de dirigir el clebre rey franco sus fuerzas hcia Espaa, habia alcanzado en Paderborn un ruidoso triunfo, que mencionamos aqui por lo mucho que redund en gloria y propagacion del cristianismo. Distinguase entre los pueblos germanos por su valor y ferocidad la belicosa tribu de los Sajones. Estos eran idlatras, habian martirizado al pi de la esttua de su divinidad Hirmensul los misioneros que les habia enviado Pipino, entregado las llamas la iglesia de Deventer, y lanzado su salvage grito de guerra desde el advenimiento de Carlomagno al trono. Pero los Francos juraron esterminarlos si no abandonaban sus dolos, y cumplieron su juramento. No referiremos las sangrientas batallas y costosas conquistas con que los Francos desempearon aquel memorable compromiso: diremos tan solo que lo llevaron cabo, y que en el ao 777, reuniendo Carlomagno una asamblea de Sajones sojuzgados en medio de una espaciosa llanura regada por cristalinos manantiales, dentro de la propia tierra de los vencidos, los caudillos Germanos recibieron el bautismo para revestir la blanca tnica de los Catecmenos. Casi todos juraron fidelidad: solo se declar independiente el intrpido y desleal Witikindo. Vase _Eginhart, Annal. Carol. mag. vit_. [58] Temeroso el emperador de la China Te-Tsoung del rpido crecimiento de las hordas del Thibet, que ya una vez le habian salteado y saqueado su capital, pidi auxilio contra ellas los Califas de Oriente, y Aroun al Raschid mand sus diputados la corte del celeste imperio. Las tribus del Thibet fueron batidas por los ejrcitos del Califa, de los Trtaros y de los Chinos reunidos, y despues los Mahometanos aspiraron la conquista del Asia Central. Vase _el P. Gaubil. Histoire de la grande dynastie Thang_. [59] Alude la derrota de Roncesvalles, cuya gloria se atribuyen los Arabes. [60] Los Arabes mahometanos desde sus primeras conquistas sojuzgaron la Sria, el Egipto y la Persia. El antiguo imperio de Ciro, regido la sazon por la degenerada dinasta de los Sassanidas, de cuya raza habia nacido mas de medio siglo antes el gran Cosros, cay bajo la cimitarra de Khaled, quien denominaban: Espada de las espadas de Dios. Mahoma habia dicho uno de sus compaeros: Tu altivez y gloria sern completas cuando ostente tu cuello el collar de Cosros, y esta promesa habia estimulado de tal manera los brios de aquel terrible caudillo del ejrcito de Omar, que oblig sus Arabes fiar la victoria una sola funcion contra todas las fuerzas de la monarqua persa reunidas. Decidise la gran contienda en la sangrienta batalla de Cadesiah, que dur dos dias y una noche, y durante la cual los Arabes _rugieron como el leon del desierto_. Fueron derrotados los Asirios, y en testimonio de su triunfo levantaron los Musulmanes junto las ciudades de Madain y Clesifon saqueadas las dos poblaciones clebres de _Bassorah_ y _Kuffah_. Las 25 coronas de los reyes de Iberia son las que dicen los historiadores rabes que encontr Tarik en el alczar de Rodrigo, guarnecidas de jacintos y otras piedras preciosas, y pertenecientes los 25 reyes godos que habia tenido Espaa hasta el tiempo de la conquista. [61] Crese que en el solar que ocupaba el alczar viejo, y que es hoy Campo-Santo en Crdoba, estuvo el pltano que plant Julio Csar despues de la batalla de Munda, y al cual hizo Marcial su elegante epigrama (62--lib. IX), que principia: In Tartessiacis domus est notissima terris, Qua dives placidum Corduba Baetin amat; Vellera nativo pallent ubi flava metallo. Et tinit Hesperium bractea viva pecus; dibus in mediis totas amplexa Penates Stat platanus densis Csariana comis; Hospitis invicti posuit quam dextera felix, Coepit et ex illa crescere virga manu. En vez del pltano de Csar ostentaba ahora Crdoba la palma de Abde-r-rahman, objeto de los sentidos versos reproducidos en una de las notas anteriores. Por la palabra _Andals_ se significa entre los Arabes toda la Espaa Sarracena. [62] Carlomagno, genio organizador que tanto civiliz los Francos, que sojuzgando los Aquitanos, los Germanos y los Longobardos sac del caos de la barbarie la gigantesca unidad del Imperio de Occidente, no sabia ni aun leer cuando consum sus mas ruidosas conquistas. Quizs estaba aprendiendo deletrear bajo la direccion del dicono Alcuino cuando ideaba la restauracion de las artes y de las ciencias en Europa, y fundaba por inspiracion de aquel sabio eclesistico, denominado en su siglo el _Santuario de todas las artes liberales_, las primeras academias y escuelas que conoci la Francia de la edad media. [63] En la Iglesia gtica hubo desgraciadamente sacerdotes indignos, contra cuyos escesos clamaron siempre los santos padres, dignos prelados y sabios cenobitas, lumbreras de la afligida grey de Jesucristo en la tormentosa noche de las guerras invasiones de aquellos siglos. La lucha contnua, inteligente, trabajosa y perseverante, contra las costumbres depravadas y la barbarie de todos los estados y condiciones, es cabalmente el timbre mas glorioso de la Iglesia en Espaa, y el testimonio mas inerrable de su divina institucion. Pero los Sarracenos, obcecados como los Judos, palpaban la miseria de los malos Cristianos y no veian las resplandecientes virtudes de los buenos. [64] Mahoma en su vision beatfica, viaje los siete cielos, describe la _casa de la Adoracion_ como construida de jacintos rojos y cercada de lmparas que alumbran eternamente. Ocupa esta casa un parage alto y determinado en el stimo cielo: alli se reunen cada dia en peregrinacion setenta mil ngeles de la mas alta gerarqua, y cada dia diferentes: en su forma se parece exactamente al templo Caaba de la Meka, y si desde el lugar donde se halla cayera perpendicularmente sobre la tierra, lo que puede muy bien acontecer algun dia, caeria necesariamente sobre dicho templo. [65] La lucha de Carlomagno con las tribus brbaras del norte se prolong efectivamente hasta despues de entrado el siglo IX, estando ya empeada, como hemos dicho en la nota 1 de la pgina 75, en la poca en que habla Abde-r-rahman (ao 786). [66] En este mismo ao de 786 recuper el trono de Asturias D. Alonso el Casto. [67] Aunque la arquitectura goda no pereci en Espaa con la irrupcion sarracena, sin embargo, las construcciones de los primeros reyes de Asturias y Leon no podian menos de ser pobres y menesterosas, como lo era la misma monarqua; as que en los historiadores de aquellos tiempos, que nos han dejado noticia de nuestros templos y monasterios del siglo VIII, nada es mas comun que estas modestas descripciones: _de luto et latere_ _de petra et luto opere parvo_, y otras semejantes. La baslica de S. Salvador de Oviedo, restaurada por D. Alonso el Casto, y construida de piedra y cal, excita sin embargo la admiracion del monge de Albelda y del obispo D. Sebastian, y Ambrosio de Morales nos asegura que aun duraban en su tiempo _algunos pequeos trechos del suelo, que eran labrados de un mosico de piedras diversas encajadas en la argamasa, y algo basto, mas muy firme y vistoso_. Pero los historiadores rabes, muy ignorantes por lo comun de nuestros usos y artes, aunque tan en contacto con la civilizacion romano-gtica que hacia de la Espaa la nacion mas adelantada del Occidente, por no haber encontrado entre nosotros las muelles y corruptoras costumbres del Asia, nos suelen pintar como salvages cubiertos de pieles, y nuestros edificios como verdaderos antros de fieras. Los de los primeros tiempos de la invasion, no obstante, reconocian la cultura de los Godos, como quiz tendremos ocasion de hacerlo notar en lo sucesivo hablando del antiguo alczar de Crdoba, que Ibnu Bashkuwal dice llamaban de antiguo _Palacio de Rodrigo_ (_Baltt Iludherik_). [68] Se asegura que la gran mezquita de Crdoba era objeto entre los Arabes de Occidente y de la costa de Africa de una veneracion igual la que profesaban los Orientales su Meka, y los historiadores afirman que aun despues de haber cado en manos de los Castellanos y de quedar convertida en templo catlico, siguieron aquellos dirigiendo ella sus peregrinaciones. [69] La Caaba ( casa cuadrada) de la Meka, construida segun unos primero por Adan, luego por Abraham Ismal, y por ltimo reedificada con mas ostentacion por los rabes Coreixis antes de la predicacion de Mahoma, y fabricada segun otros por los ngeles, fu encerrada en la clebre mezquita de El-Haram, no se sabe en qu poca. Edrisi, gegrafo rabe del XII siglo, la describe como ocupando el centro de una especie de recinto circular cielo abierto, y revestida en la parte esterior de magnficos tapices de seda de Irac que la ocultan la vista. Pero desde el siglo XII ac, la Caaba ha debido sufrir grandes alteraciones, porque leemos en la obra de Batissier, ya anteriormente citada, que su actual figura es la de un cubo trapezoide; que la cubre un velo negro sujeto con anillos de bronce fijos en el subasamento; que su techumbre est interiormente sostenida en dos columnas y oculta con un velo de seda color de rosa; que la alumbran infinitas lmparas de oro, y que cubre su puerta una cortina bordada de oro y plata. La Caaba se halla hoy encerrada en un espacioso patio de tres prticos: tiene ademas el edificio que le sirve de recinto otros dos patios menores con arqueras, siete alminares, y varias dependencias. En el M. S. aljamiado, nm. 290 de la Biblioteca nacional de Pars, ya en otra ocasion citado, hay una especie de ancdota en que se refiere, que habiendo una _compaa_ de Judios preguntado al Profeta, entre otras varias cosas, por qu habia hecho Dios la casa de la Meka cuadrada, Mahoma les respondi: Cuando Allah mand Ibrehim Halaib Issalm que fraguase la casa de Meka, y con l su fijo Asmehl ayudndole faser la dicha casa, empez faser la cuadra primera con estas palabras, tanto cuanto dur la primera cuadra: Subhana Allah, Subhana Allah (Alabado sea Dios, alabado sea Dios): y cuando empezaron faser la otra cuadra, decian siempre: Lalillah Illa Allah, Lalillah Illa Allah (No hay mas Dios que Allah, no hay mas Dios que Allah): y cuando empezaron faser la otra cuadra, decian: Allahu Akbar, Allahu Akbar (Dios es grande, Dios es grande): y cuando empezaron la otra cuadra, fisironla diciendo: Alhamd lillahi, Alhamd lillahi (Demos loores Dios, demos loores Dios). Y por esto fu cuadrada; que si otra hubiera en las escribturas que Allah envi que fuera tal como estas, tambien Allah mi seor habria mandado poner otra cuadra mas; por cuanto no hay ni hubo en las aleyes (versculos) que Allah envi ninguna que igualare con estas, fu causa que qued cuadrada. Se ve, pues, que el cuadrado es la forma cannica y tradicional de las mezquitas, aun cuando nada haya prescrito Mahoma acerca de esto. [70] _Quibla_, que los rabes escriben _Kiblah_, es el punto que mira la Meka: en las mezquitas de Siria y Palestina miraba la Quibla al mediodia prximamente, mas en las de Occidente debia mirar hacia el sudeste. Los Arabes andaluces, sin embargo, siguiendo de rutina la prctica establecida en Damasco y Bagdad, edificaron sus mezquitas con la Quibla lado del santuario vuelto al mediodia, de modo que en rigor su santuario no miraba la Meka, aunque asi lo suponian. Mahoma en el Koran llama la Meka _Quibla del mundo_. [71] Amr, caudillo famoso del ejrcito de Omar, que llev cabo con asombrosa rapidez la conquista del Egipto, edific la gran mezquita del Cairo, que aun lleva su nombre. Esta mezquita, erigida en los primeros aos de la Egira, es una de las mas antiguas y notables que se conocen: su disposicion y planta sera parecida la de la mezquita de Crdoba si no tuviese en medio del cuerpo principal un segundo patio espacioso que interrumpe la serie de las 23 naves que de norte sur y de oriente poniente se cruzan en ngulo recto. En la mezquita de Amr hay tres _mihrab_ santuarios en vez de uno. La santa casa Alaksa de Jerusalem fu obra del Califa Omar, levantada sobre el mismo solar del templo de Salomon. Es regular que estos grandes edificios y otros igualmente clebres de aquellos tiempos, como las mezquitas de Medina y de Damasco, fuesen obra de artistas bizantinos, puesto que refiere Ebn-Khaldoun que el Califa Walid, hijo de Abd el Malek, tuvo que pedir arquitectos al emperador griego Justiniano II para poder erigir sus hoy famosas aljamas. (Vase _Rev. gn. de l'Arch._, 1840, p. 68, nota 1.) [72] Dia memorable para Abde-r-rahman, porque fu el de la famosa batalla de Musara, en que derrot Jusuf el Fehr, y que consider como un feliz agero de sus triunfos ulteriores. Debi aquella sealada victoria sus caballeros Zenetes, base y ncleo de su poderoso ejrcito en Espaa. [73] El origen del arco llamado de _herradura_ que usaron con predileccion los Arabes en Espaa durante el Califato de Crdoba, ha sido objeto de muchas investigaciones arqueolgicas. Batissier hace mrito en una de sus notas de la opinion de algunos que consideran este arco como una especie de smbolo de la huida del falso Profeta Medina, que ocurri en un novilunio. Aade, sin embargo, que los Persas y los Bizantinos lo usaban ya desde antes de la Egira, y cita Texier, que en su _Descripcion de la_ _Armenia_ lo manifiesta perfectamente dibujado en la catedral de Dighour, anterior la conquista arbiga. A mayor abundamiento, atribuyen tambien la introduccion del arco de herradura los Bizantinos los anticuarios Hope, Alb. Lenoir y Girault de Prangey; y M. Couchard la refiere los arquitectos persas llamados Constantinopla por los emperadores griegos. Pero lo cierto es que ni de la iglesia de Seleucia en Persia, ni de la de los Incorporales de Atenas, monumentos bizantinos en que se descubre dicho arco, se sabe positivamente qu poca pertenecen. Vase _Gailhabaud: monumentos antiguos y modernos; mezquita de Crdoba: texto_. [74] La cpula adaptada un plano circular por el estilo de la _rotonda_, forma favorita para los mausoleos de los personages ilustres, es construccion romana antigua, si bien pueden citarse varios ejemplos de haberla usado los pueblos de Asia y Grecia en los tiempos mas remotos (vase la obra de _Layard_ sobre los descubrimientos hechos en la antigua _Nnive_: vase tambien Batissier: Grecia: _Tesoro de Atreo_); no as la cpula bizantina, que descansa sobre un plano cuadrangular y que fu introducida por los arquitectos del Bajo Imperio para diferenciar sin duda de las construcciones circulares paganas, las construcciones religiosas propias del cristianismo, que se seguian coronando con las techumbres hemisfricas, tan magestuosas y simblicas. En efecto, la disposicion neo-griega era la nica posible para adaptar la interseccion de los dos rectngulos que forman los brazos y el rbol de la cruz, la cpula que representa la bveda del firmamento en que descansa el trono de Dios. Esta fu la cpula con que coron Justiniano su famosa baslica de Santa Sofa de Constantinopla, y de aqui es probable que se difundiese las naciones que se hallaban mas en contacto con Bizancio, una de las cuales era la Persia. La cpula neo-griega, bizantina, se us sin embargo antes de Justiniano, aunque no en tan grande escala como en Santa Sofa, que fu la que, por decirlo as, canoniz esta prctica del arte de construir: de manera que los Persas, poco inventivos de suyo en todos tiempos, pudieron desde dos siglos antes de la conquista arbiga haberse educado en los usos y prcticas de los arquitectos bizantinos. Los estudios arqueolgicos confirman plenamente esta induccion histrica: la dinasta de los Sasanidas, que comienza con Artajerjes en el ao 226 antes de Cristo y se perpeta hasta los primeros aos de la Egira de Mahoma, hace alarde de la doble inoculacion romana que el arte persa esperimenta, bajo Sapor por sus guerras con Valeriano, y bajo Cosros por sus relaciones con Justiniano, erigiendo en la llanura de Nakschi-Rustan y en la ribera del Eufrates (palacio de Tak Kesra) los monumentos que hoy nos la revelan. Los Arabes al conquistar la Persia salian en cierto modo de la vida nmade del pastoreo, no tenian por consiguiente artistas esperimentados, y al hacerse dueos de la suntuosa corte de Ctesifon, al apoderarse de los magnficos palacios de Sarbistan y Firouzabad, aprendieron sin duda como por encanto el arte soberbio de levantar sin largo y trabajoso aprendizage las elegantes construcciones de Kuffah y Bassorah. Lo que en estas dos ciudades improvisadas del Tigris y del Eufrates hicieron, basta para indicarnos lo que podian hacer en los demas paises. De todas maneras, es indudable que por lo que en Persia vieron y practicaron, por lo que aprendieron tambien con la conquista de la Siria y del Egipto, su arquitectura no podia menos de ser en sus principios generadores _bizantina_. Pero de esto hablaremos mas adelante con la necesaria estension. [75] En efecto, las almenas endentadas de los muros que forman el recinto esterior de la mezquita de Crdoba, parecen un recuerdo de las que se ven en un monumento persa del siglo VI, atribuido Sapor, y llamado el _Taki Bostan_, en una montaa del Bagistan. Esta clase de almenas, comunes en muchos edificios rabes, no tienen modelo conocido en ninguna de las antiguas construcciones de Italia y de Grecia. Vase Batissier, p. 406. [76] La copia del Koran, dice Al-Makkari, que se supone escrita por el Califa Othman y que se conservaba depositada en el mimbar plpito de la gran mezquita de Crdoba, estaba cuidadosamente guardada en una caja de oro guarnecida de perlas y rubies, forrada de rica seda, y encerrada en una pequea arca de madera de aloe con clavos de oro. Citando al historiador Ibn Marzk, predicador de gran fama, aade que la copia del Koran llamada Othman en Africa y Andaluca, es una de las cuatro copias que el Califa Othman envi la Meka, Bassorah, Kuffah y Damasco, y que se conserv en la referida mezquita cordobesa hasta un sbado 11 del mes de Xawal del ao 556 de la Egira, en que fu robada segun era fama por orden de Abdulmumen Ibn Al, que se la llev Africa, acompandole en todas sus espediciones militares. Niega Ibn Marzk que esta copia estuviese manchada con la sangre de Othman, segun era voz popular en Andaluca; pero el Sr. Gayangos observa en una de sus eruditas notas que tanto Ibnu-l-abbar como el gegrafo Ibn Iys, que afirman hallarse en su tiempo este Koran en Crdoba, declaran positivamente que se vean en l de una manera inequvoca seales de la preciosa sangre del Califa. El mismo Sr. Gayangos esplica en la propia nota, alegando la autoridad de Idrisi, que la copia de Crdoba se denominaba Othman, no porque Othman la hubiese escrito, sino porque en ella se contenian cuatro hojas del Koran con que el Califa habia intentado escudar su pecho contra el pual de sus asesinos. [77] El oficio de Katib secretario era de dos especies: su cargo mas importante era el de la correspondencia del Sultan con sus aliados enemigos, y la redaccion de las rdenes del soberano. El segundo cargo era de proteccion y seguridad de los Cristianos y Judos. Vase Al-Makkar, lib. I, cap. 8. [78] Para el gobierno civil de los Cristianos habia destinados ministros, cuyo principal empleo era el de _Conde_, que equivalia intendente gobernador. Era esta dignidad una reliquia, digmoslo as, de la pasada administracion goda, bajo la cual el ttulo de _Conde_, ademas de cargo palatino, que suponia en el que lo llevaba tener debajo de s en el palacio del rey alguna clase dependencia, significaba mando superior en alguna ciudad provincia. En la monarqua asturiana, el Conde en la capital de su gobierno seoro tenia corte como los reyes, ponia jueces y magistrados en las ciudades y villas subalternas, y en tiempo de guerra iba al frente de su ejrcito como general. Mas el cargo de Conde de los Cristianos en las ciudades sujetas los Sarracenos era un vano simulacro de la antigua dignidad. Tengan los Cristianos, decia el privilegio de Coimbra otorgado en 734 por el moro Alboacen, un Conde de su propia gente, que los mantenga en buena ley, conforme la costumbre de los Cristianos: y este compondr las discordias que se movieren entre ellos, y no matar hombre alguno sin orden del Cad (alcalde) Wazir (alguacil) moro; mas traerlo han delante del Cad y mostrarn sus leyes, y l dir, bien est, y darle han por decir bien est cien pesos de plata, y matarn al culpado. De donde se infiere que el Conde que daba los Cristianos de Coimbra Alboacen era en cuanto al imperio un mero delegado del justicia mahometano, que por s propio no tenia potestad ejecutiva en los negocios criminales. Agrguese esto, que aunque por la oscuridad y escasez de las antigedades no consta positivamente quin nombraba al Conde, lo probable es que fuese hechura del rey mahometano. Que el Conde de los Cristianos bajo el Califato era en todo dependiente de la voluntad del Sultan, se deduce claramente de lo que ocurri en tiempo de S. Eulogio con el Conde Servando, famoso por su perfidia, el cual, segun afirman Alvaro Cordobs y el abad Sanson, lleg aquella dignidad _ fuerza de obsequios y regalos que hizo los Palatinos_, y logr _orden del rey para exigir nuevos y exorbitantes tributos_ de los Cristianos, quienes deba amparar. No consta en verdad que el Conde cristiano en tiempo de Abde-r-rahman I fuese ningun malvado; es de suponer por el contrario, atendida la paz de que entonces disfrutaba aquella Iglesia, que fuese un verdadero protector de sus connaturales en los asuntos cuyo conocimiento le estaba cometido. Por lo demas, no habiendo llegado nosotros memoria alguna del prelado que la sazon regia aquella cautiva grey, habremos de estraar que no se diga quin fuese en aquellos aos el Conde? Sin embargo, persuadidos de que esta autoridad subsisti siempre, y de que su intervencion en la venta de la baslica debi ser necesaria por el protectorado que suponia, hemos hecho mencion de ella. Al Conde ademas correspondia comunicar las rdenes consiguientes al censor y al esceptor (_alcalde, y tesorero de los caudales_; vase Florez, trat. 33, cap. 7: gobierno civil de los Cristianos), pues aunque tambien estos eran nombrados por el rey muslim, estaban bajo la dependencia del Conde. [79] La riqueza del Estado cordobs procedia principalmente del producto de los impuestos, de los despojos de los vencidos, y de las limosnas que los Muslimes imponia la _Sunnah_. Los impuestos eran de tres especies: el _azaque_, que se pagaba en frutos, y que era un diezmo recaudado sobre todas las producciones de la agricultura y de la industria, y sobre los productos de los ganados; el _charage_ (_xarach_), que era pecuniario, y se pagaba por la importacion y esportacion de las mercaderas, y del que estaban exentos los objetos de plata, oro y piedras preciosas, si se destinaban armas, arneses, libros, joyeles para las mugeres; finalmente, el _taadil_ capitacion sobre Cristianos y Judos. Del botn de guerra se separaba un quinto, que se llamaba _la parte del Califa_: lo demas se repartia entre los gefes y soldados. El tesoro privado del Califa se aumentaba ademas con frecuentes donativos que le hacian propios y estraos, como se ver en lo sucesivo. La _limosna_ (_sadakah_) era el nico impuesto legal que estaba sujeto todo Musulman por la _Sunnah_. [80] Sobre esta singular costumbre de dividir los Musulmanes con los Cristianos las baslicas de las ciudades conquistadas, y de que no se encuentra memoria en nuestros antiguos cronistas, pueden verse las autoridades citadas en la nota 1. del Sr. Gayangos al cap. II, lib. III de Makkar. [81] Abdalla, hermano de Walid, que construy la grande aljama de Damasco, fu el primero que impuso tributos los monges cristianos. Hallndose de gobernador en Egipto mand que todos los que hacian vida monacal pagasen un dinar al ao. Los Cristianos de Crdoba pagaban, segun refiere Bravo (Obispos de Crdoba, t. I), medida del capricho de los gobernadores sarracenos. La moneda de los Musulmanes en tiempo de Mahoma y sus primeros sucesores fu la griega persiana. Despues los Califas de Oriente acuaron moneda con caractres cficos en Kuffah y Bassorah, y con esta moneda asitica entraron los Arabes en Espada, y con ella se mantuvieron hasta que Abde-r-rahman I estableci casa de moneda en Crdoba, conservando al parecer los mismos valores usados hasta entonces. Habia, pues, entre los Arabes: el dinar, que era de oro, el _adirham_, que era de plata, y el _mitcal_, que era de plata de oro. Valia el _dinar_ 20 _adirhames_ dragmas, y el _adirham_ valia 14 _karats_: el _mitcal de plata_, dice Cantos Benitez, equivalia 5 reales de vellon actuales, y el _mitcal de oro_ diez veces mas, 50 reales de vellon. El Califa Omar mand que el _mitcal de oro_ valiese 20 karats, y el _adirham_ 14 karats. Segun esto, si el _mitcal de oro_ valia 50 reales vellon, el _adirham_ valia 35, y el _dinar_, que contenia 20 adirhames, valdia 700 reales. [82] Segun ha evidenciado Masdeu en su Historia crtica. t. 13, lib. II, nuestra Pennsula no solo era la nacion mas culta de toda Europa, sino la nica provincia que conservaba todavia la cultura romana; la nica que sabia las tres lenguas doctas, hebrea, griega y latina; la nica que podia gloriarse de hombres verdaderamente sabios; la nica que tenia seminarios, academias y bibliotecas... Aun con las brbaras y sangrientas irrupciones de los Mahometanos, no se cerraron del todo nuestras escuelas y colegios, no se desampararon los estudios, no se abandon el cuidado de recoger libros y formar bibliotecas, no se di lugar la supersticion y barbarie de los demas europeos... No sabian los Italianos medir un verso ni hablar bien en la lengua de sus padres, cuando resonaban las prosas y las poesas de nuestros Eulogios y Alvaros... Nuestras catedrales y monasterios renovaban los archivos y libreras quemados por los moros; nuestros obispos y abades mantenian seminarios de instruccion para clrigos y nios; nuestros eclesisticos y doctores ejercitaban la pluma en tratados cientficos y eruditos. Cabalmente son Cordobeses los dos sabios Alvaro y Eulogio citados por el crtico Masdeu, y ambos se formaron en la escuela de un ilustre abad, llamado Esperaindeo, que probablemente cursaba siendo adolescente las aulas de la iglesia cordobesa en los aos ltimos del reinado de Abde-r-rahman I. Decimos que probablemente estudiaria Esperaindeo en Crdoba, porqu de seguro no se sabe, si bien tampoco se contradice. Que en la poca de que tratamos podia ya haber dado en flores alguna promesa de los hermosos frutos que luego produjo, no hay la menor duda, puesto que consta por su discpulo S. Eulogio que antes del ao 856 muri _muy anciano_. El abad Esperaindeo escribi contra las supersticiones de Mahoma una obra hoy lastimosamente perdida, pero que, juzgar por el nico captulo que de ella nos conserva S. Eulogio, debia ser digna de la fama que en aquellos tiempos logr su autor. Las escuelas de Crdoba fueron en los siglos VIII y IX verdaderos planteles de acrrimos y doctos enemigos del islamismo. En vida de Esperaindeo escribi el ilustre y noble Paulo Alvaro su _Indculo luminoso_, y otros piadosos y eruditos varones se ejercitaron en el gnero epistolar, combatiendo tambien la doctrina del Koran; que tal era entonces la necesidad mas imperiosa y aflictiva que aquejaba al Occidente comprometiendo su futura civilizacion. Reinando en Crdoba Abde-r-rahman brillaban en otras iglesias doctores muy insignes, como Eterio en Osma, Beato en Libana, Flix en Urgl, Elipando en Toledo, etc., etc.; y en el oscuro horizonte de la afligida iglesia de Sevilla empezaba amanecer la estrella de Juan Hispalense. [83] Entre los Cristianos de Andaluca se habian fomentado algunos errores: Migencio habia querido introducir novedades en la celebracion de la Pascua; Elipando enseaba que J. C. en cuanto Dios era hijo natural y propio del Padre Eterno, pero adoptivo en cuanto Hombre. segun la humanidad, que decia adoptada por la union al Divino Verbo, segunda Persona de la Santsima Trinidad. Esta herega cundi mucho en la Btica, y aunque su autor reconoci despues el error y se retract pblicamente, los Cristianos de Crdoba padecieron mucho por su causa, pues como asegura Gomez Bravo (obra cit.), sus fautores, valindose del brazo brbaro de los Sarracenos, persiguieron cruelmente los que defendian la verdadera doctrina de la Iglesia catlica. [84] La historia de los trabajos evanglicos de los obispos de Crdoba bajo las dominaciones romana y goda se halla minuciosamente relatada en los primeros captulos de la interesante obra de Gomez Bravo: _Catlogo de los obispos de Crdoba, etc._ El incansable celo, las peregrinaciones, los escritos, las discusiones sostenidas por estos en los concilios desde los tiempos del grande Osio, son las pruebas mas concluyentes y luminosas del espritu eminentemente civilizador de la Iglesia de Jesucristo. [85] El primero que oprimi los Cristianos de Crdoba con exacciones fu _Alahor_, tercero que gobern Espaa en nombre del Califa de Oriente desde 715 hasta 719. De este afirma el arzobispo D. Rodrigo en su _Historia de los Arabes_, _que los desustanci_. El Pacense d entender que los Moros habian quitado algunos bienes los Cristianos en tiempo de paz, y que Alahor se los volvi para sacar de ellos tributos. A los mismos Sarracenos que habian entrado en Espaa con la primera conquista los encarcelaba y atormentaba para que declarasen los tesoros que habian escondido. Su sucesor _Zama_ form padron de todo lo que se debia tributar, haciendo partes de los bienes que posean los Moros sin division ni sealamiento: en cuya conformidad distribuy por suerte las posesiones, aplicando unas los soldados y otras al fisco. A los Cristianos de las ciudades conquistadas por fuerza los grav en la quinta parte, y los que no opusieron resistencia les seal la dcima, segun refiere D. Rodrigo. _Ambisa_ duplic los tributos de los Cristianos, aumentando tambien el fisco con los bienes de los Judos, como espresa el Pacense en el nmero 53 de la edicion del P. Florez. _Yahia_ sigui los pasos de _Alahor_, pues segun el mismo autor (nm. 54), precis los Moros que restituyesen los Cristianos muchos bienes que les habian quitado en tiempo de paz. Los sucesores vivieron en casi continua guerra hasta que eligieron Jusuf, el cual mand hacer nuevo padron, borrando de la lista de los tributos los Cristianos ya difuntos, pues en el tributo personal que bajo su antecesor Toaba satisfacian estaban tan oprimidos, que, como de Diocleciano y Maximiano escribe Lactancio, obligaban los vivos que le pagasen por los muertos. Por estas noticias, que sumariamente estractamos de los historiadores Florez y Bravo, podr formarse el lector una ligera idea de la esclavitud en que vivian antes de Abde-r-rahman I los miserables Cristianos de Crdoba bajo el solo concepto de las capitaciones y tributos. Pero nos resta aadir algo acerca del medio practicado para la cobranza de los tributos ordinarios bajo los Califas, que era probablemente el que se seguia en la poca que se refiere nuestra narracion. El modo de las contribuciones, dice el citado Florez (Esp. Sagr., trat. 33, cap. 7), no era repartiendo el tributo por familias, sino exigindole las mismas personas cuando los ministros las encontraban en pblico: de suerte que uno no pagaba por otro, sino cada uno por s, y esto en caso de manifestarse, pues mientras se mantuviese recogido en casa, no le hacian estorsion, segun prueba el libro _de Habitu Clericorum_, escrito por el presbtero Leovigildo, para instruir los clrigos que no salian al pblico por enfermedad, por el tributo que en cada mes pagaban los Cristianos: _Ut qui ex nobis ad remanentes Doctores imbecillitate corporis prpediente dirigere gressus nequiverit, aut quem inquisitio vel census, vel vectigalis, quod omni lunari mense pro Christi nomine solvere cogimur, retinuerit; saltim nocturno tempore qui necessarium duxerit legat, etc._ Esta reclusion por librarse de los tributos prueba que solo los pagaban cuando salian al pblico libres de toda estorsion si la enfermedad la pobreza los obligaba mantenerse ocultos. De los tributos estraordinarios impuestos los infelices Cristianos en tiempo de la persecucion sarracena se hablar mas adelante. [86] Es muy de notar que ninguno de los historiados cristianos, entre los cuales descuellan Ambrosio de Morales, el P. Roa, Diaz de Ribas, Florez, Masdeu, y otros no menos diligentes en la investigacion de las memorias y documentos de Espaa bajo el dominio de los rabes, haga mencion, ni leve alusion siquiera, este hecho de la venta de la baslica cristiana los Mahometanos que refiere Ar-razi. Los historiadores rabes, sin embargo, pueden ayudarnos en muchas cosas suplir el silencio de los nuestros: silencio que nada tiene de particular atendida la natural turbacion y desconcierto de aquellos primeros tiempos de la Espaa muzrabe, durante los cuales, la misma tolerancia de los dominadores pudo en cierto modo contribuir que no surgiesen al pronto del seno de la Iglesia espaola de la Btica esos hombres notables, dechados de ciencia y santidad, que luego la ilustraron en las pocas de persecucion. As como estos pueden servir de guias al historiador desde la mitad del noveno siglo; para el conocimiento de la edad anterior, que comprende desde la conquista de los Sarracenos hasta S. Eulogio, no hay mas luz que la que dan el Pacense, el moro Rasis y el arzobispo D. Rodrigo: el Pacense, porque acab de escribir su crnica en el ao 754 de Cristo, es decir, poco antes de apoderarse del trono de Crdoba Abde-r-rahman I; el moro Rasis, porque aunque contemporneo de S. Eulogio, tom lo anterior su tiempo de tres autores que escribieron lo que vean, y principalmente del _Al-Bucar_, escritor que Morales califica como _de mucha estima y autoridad entre los Moros_; el arzobispo D. Rodrigo, finalmente, porque segun espresa el mismo Morales, de su gravedad se puede tener por cierto que us buena diligencia en lo que escribia. Ninguno de estos tres historiadores nos dice cul fuese la baslica catedral de los Cristianos de Crdoba cuando la ciudad fu ganada por los rabes; y sin embargo, por una serie de inducciones que en los angostos limites de esta nota no cabe apuntar, muchos autorizados anticuarios convienen en que la principal iglesia cristiana ocupaba el mismo sitio que hoy ocupa la famosa mezquita, y que dicha iglesia fu construida por los godos sobre las ruinas de un suntuoso templo romano, consagrado Jano. Varios de nuestros mas graves historiadores por otra parte, convienen con Ambrosio de Morales en que la baslica de los tres mrtires Fausto, Januario y Marcial, hoy iglesia de S. Pedro, fu la catedral donde residi el obispo bajo los Califas; y sin embargo, no hay oposicion entre ambas conjeturas, porque pudo muy bien haber sido catedral la baslica de los tres mrtires desde los aos de Abde-r-rahman I, y catedral de los Cristianos godos cuando la conquista arbiga la otra iglesia, de advocacion desconocida, edificada en el solar del antiguo templo pagano, puesto que los historiadores mencionados no dicen desde qu ao fu catedral la baslica citada. Es claro que para fijar este dato eran menester otros mucho mas principales, y que ignorndose hasta el nmero y nombres de los prelados que gobernaron la iglesia de Crdoba desde el ao de la prdida de Espaa hasta el de 850 en que comienza la persecucion sarracnica, no debe estraarse que se ignoren otras particularidades de menos monta; pero veces sucede colmarse impensadamente un gran vacio con un simple dato de poca importancia al parecer, como se ilumina un espacioso ignorado antro con el resplandor de una pequea llamita. Leemos, pues, en la obra tantas veces citada de Al-Makkari, copiando al historiador Ar-razi, que los conquistadores de Andaluca imitaron la conducta de los generales musulmanes que habian tomado Damasco, y que lo mismo que estos habian dividido con los Cristianos de Siria el templo principal de dicha ciudad, dividieron ellos con los Cordobeses el _templo principal de Crdoba_, sobre el cual andando el tiempo construy Abde-r-rahman la gran mezquita. (Vase la pg. 86 de este tomo.) Otro escritor rabe (que cita el erudito Sr. Gayangos en la nota 2, cap. II, lib. III de la citada obra), llamado Ibu Habib, dice que la principal iglesia cristiana de Crdoba, en la poca de su espugnacion por los Sarracenos, estaba situada en el barrio denominado _Kudyat Abi'abdah_: ahora bien, este barrio es el parage mismo que designa Al-Makkari como asiento del antiguo _Palacio de Rodrigo_, y siendo este palacio de Rodrigo el mismo alczar que los godos y rabes habitaron en Crdoba, y que hoy designados con el nombre de Alczar viejo, cerca de la mezquita, parece que debe quedar muy poca duda acerca de la conformidad absoluta entre los dos historiadores Ar-razi Ibn Habib. El testimonio de estos se conforma tambin con las observaciones de los anticuarios, que por la grande abundancia de fragmentos romanos que en la Aljama arbiga se advierte, asignan estos un origen pagano y suntuoso, solo propio de un gran templo, de muchos monumentos antiguos la vez; y al propio tiempo no se opone las deducciones de nuestros respetables historiadores. Asi, pues, admitiendo la veracidad de los historiadores rabes citados, y por consiguiente la probabilidad de que los Sarracenos conquistadores de Crdoba siguiesen el precepto recomendado por el clebre conquistador de la Siria Omar el Farruck y dividiesen con los Cristianos el principal de sus templos, sin contradecir en lo mnimo el relato mas fidedigno de nuestros escritores, antes bien completndolo en la parte que ellos dejan intacta por falta de documentos, podemos establecer: que la baslica catedral de Crdoba, fundada por los Godos sobre la planta de un templo pagano, sirvi, dividida en dos mitades, por espacio de unos setenta aos los dos cultos cristiano y mahometano; que Abde-r-rahman I compr los Cristianos su parte, como afirma Ar-razi; y que la nueva iglesia que ellos entonces obtuvieron permiso de erigir para el culto cristiano esclusivamente, segun el mismo historiador rabe refiere, no fu otra que esa misma baslica de los tres mrtires Fausto, Januario y Marcial, de fundacion hasta ahora nunca determinada, y que sirvi de catedral los Cristianos Cordobeses todo el tiempo que dur el Califato y aun despues hasta el dia de la reconquista. Acerca de la advocacion de la primitiva baslica catedral no resulta cosa cierta: algunos creen (y lo rebate el licenciado D. Pedro Diaz de Rivas en sus antigedades de Crdoba, _Discurso IV, templo de Jano Augusto_) que la iglesia mayor se denominase de S. Jorge. Toman su fundamento en la narracion del moro Rasis, que dice: que el rey godo nombrado por los Cordobeses despues de muerto Rodrigo, sabedor de que la ciudad habia sido entrada por sorpresa por la hueste de Mugeith que andaba ya quebrantando las puertas, se acogi un templo fuerte dedicado S. Jorge, en el cual se defendi con los suyos por espacio de tres meses. Suponiendo que solo la iglesia principal poda calificarse de _fuerte presidio_, discurrieron estos que la defensa debia haberse hecho en el edificio de la catedral. Ambrosio de Morales queria que el templo de S. Jorge fuese la actual iglesia de S. Salvador. Pero el citado Diaz de Rivas con muy slidos argumentos induce creer que la resistencia del caudillo godo con su gente tuviese lugar en la iglesia del convento de Sta. Clara, que en tiempos antiguos llev sucesivamente los nombres de S. Jorge y Sta. Catalina. Ar-razi asienta que la iglesia principal de los Cristianos de Crdoba estaba dedicada S. Vicente, y verdaderamente no hallamos dificultad para que asi fuese, menos que se quisiera suponer que la primitiva catedral estuviese bajo la advocacion de los tres mrtires. Pero en este caso, qu nombre habia llevado hasta el ao 786 la baslica derruida que los Cristianos restauraron para catedral despues de vender la antigua al rey rabe? [87] Segun los cnones de los concilios y decretos de los Santos Padres no podian venderse las cosas sagradas mas que en ciertos y determinados casos, y esta es la doctrina usual y corriente de la Iglesia. El obispo era el principal administrador de todas las rentas eclesisticas, no podia enagenar los bienes, ni venderlos sin aprobacion de todo el clero, ni disponer de ellos en ninguna manera. Si algun obispo algun clrigo vendiere diere sin conseio de los otros clrigos alguna cosa de la eglesia (decia la ley visigoda (III, tt. I, lib. V)), mandamos que non vala, si non fuere fecho cuemo mandan los decretos de los Santos Padres. Los casos en que es permitido al obispo enagenar las cosas sagradas con consentimiento de su clero pueden verse latamente en los autores de derecho cannico, principalmente en Devoti, Berardi, Ferraris, etc. En la enagenacion de la baslica de Crdoba concurrian varias de estas causas, pues no solamente se trataba de evitar los males de la promiscuidad de dos cultos tan opuestos como el cristiano y el mahometano, sino que ademas era de necesidad casi absoluta el constituir la catedral cristiana cmoda, decorosa y separadamente. [88] Refiriendo Ahmed Al-Makkar los tratos que entre los Cristianos y el rey rabe mediaron para la cesion de la antigua baslica, dice que despues de nuevas insistencias cedieron los Cristianos, con la condicion de que se les habia de permitir reedificar otra iglesia que habia sido destruida, cerca de los muros, y para el culto de su Dios solamente. No declara en verdad con palabras terminantes el historiador citado que esta iglesia derruida fuese la de los tres mrtires Fausto, Januario y Marcial; pero probando abundantemente Ambrosio de Morales y los demas escritores cordobeses, Rea Rivas y Gomez Bravo, que la baslica de los tres mrtires fu la antigua catedral donde residi el obispo todo el tiempo de la dominacion sarracnica, resulta evidenciado del cotejo de nuestros historiadores con el mencionado Al-Makkar, que la iglesia que los Cristianos levantaron en sustitucion de su antigua baslica catedral, vendida los Musulmanes, fu esa misma de los tres mrtires, situada en efecto cerca de los muros de la ciudad la parte del mediodia, y en la _Axarqua_ _parte baja_ que ocupaban los Cristianos. [89] El Smbolo frmula de f que aprob el Concilio de Nicea fu la que concibi Osio, como dice S. Atanasio, que se hall presente; y la hizo saber public en el mismo Concilio Hermgenes, segun refiere S. Basilio, para que oida y considerada la aprobasen y confirmasen los Padres. [90] En las catedrales de la Espaa mozrabe, lo mismo que en las de la Espada goda, habia dos casas de comunidad, la una de eclesisticos segun costumbre antigua, y la otra de nios educandos como se estila aun en los seminarios. El seminario _cnclave de nios_ era para los hijos y descendientes de los libertos de la catedral, y para todos los demas nios _oblatos_ ofrecidos por sus padres al servicio de la iglesia. Alli los criaba un anciano docto y piadoso, dndoles la instruccion necesaria en lo espiritual y literario, y cumplidos los 18 aos se les preguntaba delante de todo el clero si querian casarse vivir solteros; y de alli otros dos aos, segun la respuesta que habian dado, los promovian al subdiaconado, les permitian el matrimonio dejndoles ir sus casas. [91] Habia escuelas en las baslicas y monasterios, y tambien bibliotecas, aunque estas no eran siempre lo que hoy entendemos bajo ese nombre. Muchas veces en los documentos de la Espaa rabe se hace mencion de _bibliotecas_, que no eran sino una coleccion completa de los libros sagrados del viejo y nuevo Testamento, propiamente hablando _biblias_: y de esta especie eran la _biblioteca_ que el conde Adulfo coste para la iglesia de S. Acisclo, segun se colige del epigrama primero de Cipriano, arcipreste de Crdoba, y la famosa del presbtero Leovigildo que celebr en una larga ingeniosa composicion potica Alvaro Cordobs. [92] _Juma_, _aljuma_ _alchuma_ es el dia festivo, viernes, de descanso y reunion para los Mahometanos, asi como entre nosotros lo es el domingo. [93] _Aliden_ y _Alidzn_: pregon, convocatoria que se hace en la parte esterior de las mezquitas para que el pueblo acuda la azala oracion. [94] El Koran ensea los Mahometanos que ademas de los ngeles y de los demonios hay otros seres de especie intermedia, llamados _jines_ _chines_ (genios), formados del fuego, y capaces de salvacion condenacion eterna como las criaturas mortales. Los Orientales creen que estos genios, entre los cuales los hay buenos y malos, propicios y malficos, habitaron la tierra muchos siglos antes de la creacion de Adan, y que los que sobrevivieron la destruccion con que fueron castigados por sus maldades, combatidos por un antiguo rey persa llamado Tahmurath, tuvieron que retraerse las famosas montaas de Kaf. Entre estos _jines_, unos son _Pris_ _Fadas_, otros _Dives_ _gigantes_, otros por ltimo _Tacoines_ _destinos_. [95] Los historiadores rabes designan con el nombre de Palacio de Rodrigo (_Baltt Rudherik_) al que hoy designamos con el nombre de Alczar, al Occidente de la mezquita, orilla del rio; no, como dice Al-Makkar, porque se creyese que lo habia fundado el rey Rodrigo, sino porque este monarca lo habitaba siempre que iba Crdoba. Nuestros historiadores suponen que este palacio fu construido por Teodofredo, padre de D. Rodrigo, cuando le desterr dicha ciudad Egica, y en verdad que no alcanzamos por qu se separa Ambrosio de Morales del comun sentir, estableciendo que Teodofredo pudo haber fundado su palacio en la Albayda Casa blanca, media legua al norte de Crdoba. Menos todava se esplica esta conjetura del sabio cronista si el paso en que la establece (lib. 12, cap. 63) se coteja con otro mas adelante (lib. cit., cap. 67), en que dice hablando del rey Rodrigo: fortific mucho los palacios de su padre en Crdoba, as que les qued despues su nombre, y los Moros los llaman _Palacios del rey Rodrigo_. [96] La mezquita de Crdoba es acaso el primer monumento en que se emple el arco ultra-semicircular de herradura en Espaa, y el nico que presenta esa estraa, ligera y elegantsima combinacion de arcos sobrepuestos, que har de l uno de los ejemplares mas preciosos inestimables del arte monumental mientras se d culto al genio y la poesa en el mundo. [97] _Hotba_ _Kotba_ equivale sermon, pltica, arenga. En ella se contiene una especie de rogativa por la salud del soberano reinante, que concluye en estos trminos: Oh mi Dios, s misericordioso con los Califas ortodoxos, distinguidos por la doctrina, la virtud y los celestiales dones de que los has colmado, que han juzgado y obrado segun la verdad y la justicia. Oh mi Dios! Sosten, asiste y defiende tu servidor el Califa ( el Sultan) N..., perpeta su imperio y su poder. Aboli Abde-r-rahman la supremaca espiritual de los Beni Abbas Abassides en Espaa, prohibiendo que se mentase el nombre del Califa en los plpitos mimbares de las mezquitas, y aunque l no se atrevi tomar declaradamente el ttulo de Califa de Occidente, como empez sin embargo usar el de _Amiru-l-moslemin_ (Amir cabeza de los muslimes andaluces), y el de _Omar-bnu-l-kholaf_ (Amir, hijo de los Califas), es indudable que fu considerado como soberano reinante, y que desde este momento en la rogativa de la _hotba_ se hacia espresion de su nombre. En las aljamas mezquitas principales debia haber sermon y lecturas piadosas todos los viernes jumas, y todo fiel musulman debia oirlas pudiendo salir de su casa al nacer el sol para volver la puesta. Por eso la Ley y Sunnah les recomendaba que viviesen lo mas cerca posible de las aljamas. [98] _Mimbar_ quiere decir lo mismo que plpito, en el cual se colocaba para ser bien visto y oido de todos el Imam el Alfaqu que dirigia las oraciones, y el Khatib que hacia el sermon. [99] Aunque propiamente hablando solo era Imam el Califa, por ser el nico verdadero gefe y cabeza en lo civil y religioso, no obstante por similitud se daba el mismo nombre al Alfaqu que dirigia presidia en la mezquita los ritos y ceremonias. El Alfaqu, pues, era Imam cabeza dentro del templo para lo relativo al culto. Abde-r-rahman no obstante, como acostumbraba hacer oficios sacerdotales muchos viernes predicando al pueblo desde el mimbar, presidiendo los entierros y recitando las oraciones de ritual sobre los difuntos, merece bajo ambos conceptos el ttulo de Imam que le d uno de los historiadores citados por Al-Makkar. [100] Llamaban Abde-r-rahman el _invasor_, el _conquistador_, por antonomasia (_Addkhel_ en arbigo); no el _intruso_ como traduce Conde, quien corrige oportunamente el Sr. Gayangos en la nota 36, pg. II, lib. VI de la citada Historia de las dinastas mahometanas. [101] El erudito y laborioso orientalista arriba citado acaba de ordenar imprimir, para ayudar la inteligencia de la Coleccion de fueros y cartas pueblas que prepara la Real Academia de la Historia, dos interesantsimos _tratados de legislacion musulmana_, civil y religiosa; de la segunda parte de este curioso libro, en que se contiene la Suma de los principales mandamientos y prohibiciones de la Ley y de la Sunnah, sacamos el siguiente extracto, que quizs no desagrar al lector por la minuciosidad con que en l se d cuenta de las ceremonias usadas entre los Mahometanos con los muertos. Sea acordado al que est la muerte el nombramiento de Allah, y no se le debe acercar ninguna persona que no tenga _takor_ (que no se haya purificado) despues que sea fallecido: y dise por los sabios licencia para que se lea su cabecera, y no fu amado por Melique ( por Malik ben Ans, fundador de la famosa doctrina teolgica que sustituy en Andaluca la antigua del Auzei) que den boces ni gritos, sino que lloren pacientemente quanto mas puedan. El baar al muerto no ay tasa cierta en ello, mas belo quien mejor supiere, de manera que quede limpio... Bien passa que bae el marido la muger, y la muger al marido, y la muger al muchacho, quando es de poca edad. No le quiten al muerto cabellos, ni uas, ni lo _hatenen_ ( circunciden), ni le quiten cosa de su cuerpo, sino almpienlo quanto puedan. No baen al que muere en _fi abil_ y _llahi_ (por la causa de Dios en la guerra santa) en la gueste batalla, ni le amortajen ni hagan _aala_ sobre l, y entirrenle en su fuessa con sus mesmos bestidos como estubiere. Sea amortajado el difunto en tres lienzos, cinco, siete, blancos, hechos tiras, camisas una sobre otra de grado en grado... pnganle olores buenos en los lugares del _uchud_ (por los cuales entendemos las partes del cuerpo con que se hace la postracion acto de humillacion en tierra, que es una de las posturas de la _azala_), y llbenle enterrar quando aya pasado la ora del _aala_ sobre l, etc. El autor de esta Suma es D. Ie de Gebir, Alfaqu mayor y Muft de la Aljama de Segovia en el siglo XV, y la escribi en lenguaje aljamiado para el uso de los que habian ya perdido el conocimiento de la lengua rabe, declarando ser su intencion sacar la mas pura doctrina de los antiguos _maestros de la Santa Ley y Aunna_. [102] Llamaban tambien Abde-r-rahman _el halcon Coreix_ (_Sakr Koraysh_) aludiendo la velocidad de sus conquistas. [103] Tradiciones recogidas por Hozail sobre los merecimientos de la guerra santa en el Andals. Dijo Aixa, la muger del Profeta: llegar tiempo en que se pondr fin la guerra santa, si no es en cierta pennsula que tiene por nombre Andals en Maghreb l'Aks, y el morabito, hombre de frontera en ella, ganar mas mritos que el mrtir cuando viene baado en su propia sangre. Tambien decia: el mejor rebato sobre la haz de la tierra es el del Andals: su oriente es enemigo, su ocaso es enemigo, su septentrion enemigo, y su mediodia enemigo tambien. Otra tradicion decia: Alzse el Profeta de Dios en la mezquita cierto dia y estendi su mano hcia occidente como bendiciendo: dijronle: quin bendices, oh Profeta de Allah?--A cierta porcion de mi pueblo, dijo, que mora mas all de Maghreb l'Aks, region que tiene por nombre Andals... Los vivos son alli morabitos, y los muertos mrtires, quienes recogern las nubes allende el mar infiel para llevarlos el dia del juicio al sitio de la resurreccion cual gotas de agua. (_De la milicia de los Arabes en Espaa._==Opsculo por D. Serafin Estevanez Calderon.) [104] Las tribus rabes, que dejando las tiendas de sus mayores se establecieron en Andaluca, mantuvieron hasta la caida del Califato de Crdoba constantemente viva la animosidad que desde un principio separ los descendientes de los dos principales troncos ADNN y KHATTN. Entre las varias tribus de la estirpe de Adnn era la de los Beni Modhar la predominante por su nmero en Andaluca, y con el apoyo que le prestaron los Beni Umeyas, procedentes del mismo tronco, los descendientes de Khattn, llamados _Arabes del Yemen_ _Yemenitas_, no pudieron hasta el reinado del usurpador Al-Mansr equilibrar su poder con el de sus irreconciliables enemigos. [105] Huete. [106] Todas las oraciones y ceremonias de los Mahometanos acaban con el _Salam_ Salutacion; la cual se hace tambien los seres invisibles, como por ejemplo, los dos ngeles que segun el Koran estan derecha izquierda de todo el que ora hace su azala. [107] Hzola, segun refiere Al-Makkar, al lado opuesto de la _Puerta de los jardines_ del palacio de Crdoba. [108] _Alguado_: lavatorio, ablucion. [109] Vase la lmina que representa la _Puerta de las Palmas desde el patio_. [110] _The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, etc._ Tomo I, pg. 219. [111] Bagdad. [112] No hay en esto la menor exageracion de nuestra parte. El que quiera formarse una idea aproximada del desenfrenado lujo introducido en el imperio rabe de Oriente por los Califas Abassides, rivales en esplendor y magnificencia de los antiguos Asirios y Persas y de sus contemporneos los emperadores griegos, puede consultar las obras de Hammer, _Hist. de l'Empire Ottoman_; Malcolm, _Hist. de Perse_; Gaillardin, _Hist. du moyen ge_; OElsner, _Des effets de la religion de Mohammed_; Mills, _Hist. du Mahomtisme_; etc., etc. [113] Al-Makkar: Hist. de las dinastas mahometanas, tomo 2, pg. 126. [114] Los Cristianos y Judos fueron colmados de agasajos y de honores en la corte de Harun al Raschid, los primeros por sus conocimientos en la filosofa y en la medicina, y los segundos por la sutileza ingenio con que manejaban las msticas teoras de la escuela alejandrina y de la antigua filosofa hermtica, tan conformes la imaginacion exaltada de los Arabes. Los Cristianos lograron ser poderosos influyentes, y los Judos obtuvieron que fuesen protegidas sus escuelas fundadas en Sora y Pundebita. [115] El ciego entusiasmo del Califa Al-Mamn por las ciencias le llev hasta el ridculo estremo de declarar la guerra al emperador de Constantinopla solo por haberse opuesto que Leon, arzobispo de Tesalnica, se trasladase Bagdad. [116] El colegio de Bagdad. [117] _Abu-Thaman_ es el nombre del afortunado poeta que lo compuso. [118] Los Abassides adoptaron el negro como su color privativo para el trage de guerra y de corte, y aun para sus pendones y banderas, y de aqu viene el distinguirlos con el apelativo de _Califas negros_. Sus rivales los Umeyas, por el contrario, usaban como color de ceremonia el blanco. [119] Es sabido que el papa Silvestre II antes de entrar en la regla de S. Benito perfeccion sus estudios en las escuelas de la Espaa rabe. [120] Y habiendo ejecutado lo mismo (esto es, habindose rebelado) el suburbio ciudad baja de Crdoba, entr por la puerta nueva Abdelcarin, su general, y prendi mas de trescientos Arabes amotinados, que luego mand colgar la orilla del rio junto la puerta del Puente. As Bravo, _Obisp. de Crd._ Al-Makkar (cap. III, lib. VI), bajo el epgrafe _Sedicion en Crdoba_, dice que el arrabal suburbio amotinado fu el de Poniente; y el Sr. Gayangos en una de las notas que ilustran este pasage dice que segun otros autores ocurri el levantamiento en el suburbio de Sbakandah Secunda, que caa al Sur de la capital. [121] El _rid_ era una especie de manto capa que llevaban los dervses y faquires, fanticos mendicantes que andando el tiempo abundaron mucho en todos los paises musulmanes. [122] Con la cara tiznada de _kohol_ y _siwak_, dice Al-Makkar, palabras que el traductor y comentador interpreta _polvos dentrficos_, aadiendo en una nota que el _siwak_ puede significar as un especfico cualquiera para limpiar la dentadura, como el palo que usaban los Arabes al efecto en vez de cepillo. Damos razon de estos y otros pormenores porque son rasgos grficos que hacen mas interesante la historia antigua del pueblo musulman, cuyas costumbres y usos domsticos son poco conocidos. [123] Habiendo el emperador griego Tefilo solicitado alianza de Abde-r-rahman II y envidole ricos presentes para grangersela, con objeto de reunirse ambos contra los ejrcitos amenazantes de los Abassides, el sultan andaluz concibi cierto deseo de reconquistar en el Oriente el imperio de los proscritos Umeyas, sus antecesores, y entablronse desde luego relaciones de amistad entre los dos soberanos. Abde-r-rahman correspondi los presentes del griego con un magnfico regalo, encomendado uno de los caballeros mas cumplidos de su corte para que se le entregase en persona. Fu el elegido para este encargo un tal Yahia Al-ghazal, muy celebrado por su sabidura y talento potico, con quien gustaba despues el rey, dice Conde, conversar informndose de las costumbres de los reyes infieles, y de los pueblos y ciudades que habia visto, pues tambien habia viajado por tierra de Afranc. Al-ghazal fu muy afortunado en su legacion de Constantinopla, porque no solo concluy la alianza requerida, sino que consigui ademas (refiere Al-Makkar) que el nombre de Abde-r-rahman fuese all mas respetado que el del Califa Abassida. Este ltimo historiador cuenta varias ancdotas curiosas de la galanteria de Al-ghazal en las cortes que recorri. Llambanle _la gacela_ (_Al-ghazal_) por su hermosura, pertenecia la tribu de Bekr Ibn Wyil, era natural de Jaen, sobresala en las ciencias naturales y en la poesa, y el escritor Ibnu Hayyn le llamaba el _sabio_ (_A'lim_) de Andaluca. [124] Mas adelante se hablar de este singular personage, insigne msico de la Iraca, quien tuvo el rey hospedado en su propio alczar, colmndole de agasajos y liberalidades. [125] Obeydullah Ibnu-l-balens (es decir, Obeydullah, _hijo del valenciano_), nieto de Abde-r-rahman I, se distingui principalmente contra los Cristianos de Alava y las Castillas. En el ao 224 (A. D. 838), dice An-nuwayr, Abde-r-rahman envi un ejrcito contra el enemigo bajo el mando de Obeydullah, hijo de Abdullah el valenciano; lleg este ejrcito Alava y la tierra de los castillos, y tuvo con los infieles un encuentro en que, despues de un rudo pelear y de una gran matanza, fueron derrotados los Cristianos. Fueron tantos sus muertos, que cuando estaban ya apiladas sus cabezas en el campo de batalla, no podia un ginete ver su compaero. Nuestros historiadores no hacen mencion de esta derrota; al contrario, pintan bajo el reinado de D. Alfonso el Casto muy crudamente escarmentados los capitanes de Abde-r-rahman II en los acontecimientos de Galicia. Solo Dios sabe la verdad, repetiremos usanza de los Arabes. [126] Las paces ajustadas entre Abde-r-rahman II y Crlos el Calvo constan por los Anales Berlinianos, donde, bajo el ao 847, se refiere con este motivo la peticion que los afligidos cristianos de Espaa dirigieron al rey franco fin de que reclamara de Abde-r-rahman que le entregase cierto dicono aleman, apstata, que andaba concitando en Crdoba contra ellos los nimos del rey y de los principales sarracenos. _Legati Abdirhaman Regis Sarracenorum Corduba Hispani ad Carolum pacis petend fderisque firmandi gratia veniunt... Bodo, qui ante annos aliquat Christiana veritate derelicta ad Judorum perfidiam concesserat, in tantum mali profecit, ut in omnes Christianos Hispani degentes, tam Regis quam gentis Sarracenorum animos concitare statuerit... Super quo omnium illius Regni Christianorum petitio ad Carolum Regem... missa est, ut memoratus Apostata reposceretur, ne diutius, etc._ [127] El metropolitano de Sevilla, Recafredo, cediendo las intimaciones de Abde-r-rahman, prohibi los cristianos presentarse voluntariamente ante los Cades para confesar Cristo, y persuadido de un esceptor de tributos que despues apostat de la religion cristiana, mand que no se tuviesen por mrtires, sino por malhechores temerarios, los que espontneamente se ofreciesen los referidos jueces. Tambien decret que se tuviesen por escomulgados los que sin ser violentados comparecer fuesen condenados muerte, y como tales se quemaron los cuerpos de algunos que permanecian todava pendientes en el lugar del suplicio. Este decreto suscit de parte del obispo Saulo, S. Eulogio y otros muchos sacerdotes, enrgicas impugnaciones que avivaron la f de los cristianos. Menudearon desde entonces las confesiones, y arreci la clera de los perseguidores. Determin el rey rabe, oido su consejo, que tuviese cualquiera musulman facultad para quitar la vida al que hablase mal de su profeta y secta. Con esta resolucion los buenos y celosos huyeron y se ocultaron, dice Gomez Bravo; los malos apostataron de la religion cristiana; otros publicaban que los mrtires habian sido indiscretos y temerarios, aunque antes los habian venerado por felicsimos; otros, que desde el principio los habian anatematizado, los maldecian y llenaban de oprobios. Oigamos mas bien las sentidas quejas de Alvaro en su Indculo luminoso: _Nonne ipsi, qui videbantur column, qui putabantur Ecclesi Petr, qui credebantur electi, nullo cogente, nemine provocante, judicem adierunt, et in prsentia cinicorum, imo Epicurorum Dei Martyres infamarunt? Nonne Pastores Christi, Doctores Ecclesi, Episcopi, Abbates, Presbyteri, Proceres et Magnati hreticos eos esse publice clamarunt? Et quos in Catholica fide natos, et matris Ecclesi uberibus nutritos noverunt, meretricio concubitu, et adulterorum cibo pastos esse firmarunt? Et est ne aliquis de flagello qui adhuc conquirat digne, cum causam ipsius videt flagelli?_ [128] Es de advertir que en la primitiva iglesia no se tenian en pblico por santos ni se hacia fiesta como tales sino solos los mrtires, y que en la iglesia mozrabe de Crdoba perseveraba esta costumbre. En padeciendo un mrtir, dice Ambrosio de Morales, luego le celebraban la fiesta en todos los aos, le decian sus horas y le daban su leyenda. Proclambanse, pues, los santos en la Espaa rabe por voz pblica en cuanto morian, sin esperar canonizacion de Roma. La canonizacion, por lo menos su principio, parece sin embargo de origen mas antiguo, puesto que segun los martirologios, el Papa Leon III mand tener por santos y rezar de ellos algunos que all se nombran, y este Papa ascendi al pontificado el ao de J. C. 796. [129] Siguiendo el ejemplo de Conde traducimos en romance octoslabo los versos de Abde-r-rahman, cuyo original puede verse en la nota 32 del Sr. Gayangos al cap. IV, lib. VI de Al-Makkar. [130] Copiando al historiador Ibrabim el Katib refiere Conde, que un dia regal el sultan una esclava suya, muy linda y preciosa, un collar gargantilla de oro, perlas y pedrera, de valor de 10,000 dinares doblas de oro, y que contando despues el rey su poeta Abdala ben Xamri que sus wazires, presentes la ddiva, les habia parecido escesiva, el poeta por adular el gusto de su seor habia improvisado un concepto en verso encareciendo las gracias de la esclava querida, al cual contest el rey con esta otra improvisacion: Es don tuyo Aben Xamri --la elegante poesa, los oscuros pensamientos --tu claridad ilumina cual las sombras de la noche--la luz del alba disipa: su encanto por el oido --en el corazon destila, como la gracia y beldad --de una criatura linda nuestros ojos arrebata --nuestro corazon hechiza, mas que la rosa y jazmin --mas que las eras floridas. Mi corazon y mis ojos -- ser mios todava, rendido los ensartara --en la hermosa gargantilla. [131] Mand Abde-r-rahman construir hermosas mezquitas en Crdoba, y en ellas puso fuentes de mrmol y jaspes varios, y trajo la ciudad las aguas dulces desde los montes con encaados de plomo, y la llen de fuentes y edific baos pblicos de mucha comodidad, y abrevaderos y grandes pilas para las caballeras. Enlos las calles de su corte, edific alczares en las ciudades principales de Espaa, repar los caminos y construy las rusafas jardines orillas del Guadalquivir, dot las madrisas escuelas de muchas poblaciones, y mantenia en la madrisa de la aljama de Crdoba trescientos nios hurfanos. (Conde, tomo I, cap. 40.) A pesar de esto, no es creible que fuese este sultan el que llevra la mezquita mayor las aguas de la sierra para el atrio de las abluciones, porque al hablar Al-Makkar de las mejoras hechas en el gran edificio por Al-hakem II muchos aos despues, d entender su traductor que hasta el tiempo en que este Califa construy los cuatro nuevos pilares para el alguado y las purificaciones surtindolos con agua de la sierra, no habia habido para estos usos mas fuente en el patio mencionado que la de un gran depsito que se llenaba con agua de una noria vecina, probablemente movida por un camello. [132] Este soberbio acueducto, que todava subsiste (aunque inutilizado en algunos de sus ramales, pues tenia varios), y en cuya descripcion tan prolijamente se ejercit la escudriadora pluma de Ambrosio de Morales, teniendo presentes las memorias del arzobispo D. Rodrigo, y aadiendo de su propio caudal muy curiosas noticias, tenia su principio dos leguas y media de la ciudad, arrancaba en la misma sierra iba recogiendo otros golpes de agua en el camino. Venia esta encauzada en conductos de fortsima argamasa, embovedados, de tres pis de anchura, y revestidos por dentro de un betun fino y duro como escayola dado de bermellon. Morales que lo reconoci dice que esta costra de betun conservaba el color del bermellon tan vivo como el dia que all se puso. Atravesaba el referido conducto grandes montaas, trabajosamente horadadas; y para que el enorme peso de estas no hundiese la obra, levantaron por todo aquel espacio muchas lumbreras manera de torres muy juntas, que suben hasta lo alto y sustentan la montaa aliviando el peso con repartirlo en aquellos pequeos trechos. Atravesaba tambien el conducto los valles, los arroyos y los barrancos, sobre slidos y hermosos puentes, que el mismo cronista vi antes de que se deshiciesen para los edificios del monasterio de S. Gernimo de la Sierra. Ultimamente al llegar la ciudad, en vez de ir el acueducto derecho al alczar y la mezquita, daba un gran rodeo para entrar por lo mas alto de la poblacion fin de que el agua se distribuyera facilmente por todos sus barrios, es decir, que cruzaba por la dehesa de Cantarranas (al norte de la actual plaza de toros), y tocaba en la puerta del Osario, desde donde iba el agua todas partes por gruesos atanores caos de plomo. A la mezquita, sin embargo, no lleg probablemente el agua hasta el reinado de Al-hakem II. [133] Vase Ambrosio de Morales, lib. XIII, cap. XLIV, refiriendo la ocasion del martirio de las dos santas vrgenes Nunilo y Alodia, y al P. Roa en su _Flos Sanctorum_ de Crdoba, copiando de S. Eulogio la breve memoria de los protomrtires Adulfo y Juan. [134] Si algun cristiano entrare en la mezquita, dijere mal de Dios de Mahoma, trnese moro, sea muerto, decia el fuero de Coimbra. Una nueva ley de Abde-r-rahman II prescribia que al cristiano que entrase en una mezquita se le cortasen los pis y las manos, y por otra se mandaba que el que injuriase algun mahometano fuese azotado, y el que le hiriese fuese muerto. _Ecce enim lex publica pendet, et legalis jussa per omne regnum eorum discurrit, ut qui blasphemaverit flagelletur, et qui percuserit occidatur._ (Alvaro. Indculo luminoso, nm. 6, pg. 228 de la edicion de Florez.) [135] Llambanle en efecto sus sbditos _el victorioso_ (_Ab-l-motref_) y tambien _padre de los vencedores_ (_Ab-l-modhaffer_). [136] Los rabes en efecto no daban tormento corporal los cristianos infractores de las citadas leyes: cuando cualquier cristiano, movido de su celo y fervorosa f, hablaba en pblico contra Mahoma su secta, era acusado y preso, y si perseveraba en su propsito lo degollaban, sin azotarle ni darle otra pena, porque la legislacion musulmana prohibia que al que habia de sufrir pena de muerte se le diese ningun otro castigo. Nadie obligaba, pues, los cristianos apostatar: podian permanecer en su religion sin ser molestados siempre que ellos no se propasasen desobedecer las citadas leyes penales, y es claro que la generalidad de los mozrabes, que no se sentian animados de un estraordinario valor, cumplian con sus deberes religiosos y se justificaban los ojos de Dios obedeciendo sumisos aquellas prohibiciones. Mas habrse de deducir por esto que no era loable y muy de envidiar el santo celo de los mrtires, que burlndose de las humanas leyes y de sus opresores se presentaban espontneamente declarar su f y vituperar los errores del mahometismo? De ninguna manera: quin podr disputarle Dios, que inflamaba sus corazones y movia sus lenguas, el derecho de suscitar esos testigos hericos de la verdad en los tiempos lastimosos en que reina y prevalece el error? Tngase por seguro que cuando la causa es de justicia y en favor de la verdad, la obra es de Dios, parezca lo que quiera. De buena gana entraramos en algunas esplanaciones sobre este punto, porque son muchos los que todava consideran los gloriosos mrtires de la persecucion sarracnica como vctimas mas de su deplorable fanatismo que de la saa de los musulmanes; pero habiendo sido este error victoriosamente confutado por el P. Florez (trat. 33, cap. 10, . II de la _Espaa Sagrada_), el cual discute ampliamente todos los argumentos alegados contra los referidos mrtires desde su mismo tiempo por los mahometanos y por los cristianos tibios apstatas, parece intil y hasta presuntuoso acometer con poca erudicion sagrada una cuestion de tamaa importancia en una simple nota, escena indigna de personages tales como S. Cipriano y S. Isidoro que en ella figuran. [137] Hija de un cristianismo adulterado, la iglesia nestoriana de Oriente, arraigada desde el VI siglo en las mas florecientes regiones del Asia, en la India, en la Arabia feliz, en Socotra y en la Bactriana, entre los Hunos, los Persarmenios, los Medos y los Elamitas, con sus obispos, sus pseudo-mrtires y sus sacerdotes, ejerci una accion tan poderosa en las tendencias del mahometismo naciente por medio de sus misioneros, que se asegura que Mahoma debi al trato y escuela del monge nestoriano Sergio casi toda la instruccion bblica de que se auxili para tejer las rapsodias de su Koran. As los cristianos caldeos y los sarracenos procedieron desde los aos primeros de la Egira como aliados y amigos. El falso profeta celebr con aquella secta un famoso tratado, que bajo el ttulo de _Testamentum Mahometi_ di luz en rabe y latin en Pars Gabriel Sionita el ao de 1630, y cuya sustancia se contiene tambien en tres escritores sirios, Bar Hebrus, Maris y Amrus, que incluye Assemani en el tomo IV, pg. 59 de su _Biblioteca oriental_. Por este tratado de paz concedia Mahoma la comunidad nestoriana muy importantes exenciones y privilegios. Ultimamente, comprubase la gran tolerancia de los Arabes para con los cristianos de la Iglesia Caldea por la carta del patriarca Jesujabus Simon, metropolitano de una ciudad persa, que contiene esta notable manifestacion: Hasta los Arabes, quienes el Omnipotente ha concedido en estos dias la dominacion de la tierra, son de los nuestros, como no ignoras. No son perseguidores de la religion de Cristo; por el contrario, recomiendan nuestra f, y honran los santos y ministros del Seor haciendo beneficios sus iglesias y monasterios. (Vase Assemani, obr. cit., t. 3, pg. 131.) [138] La iglesia caldea nestoriana profesa dogmas que tienen muchos puntos de contacto con los de la iglesia protestante. Como ella despoja la Santsima Madre de Dios de sus mas gloriosos ttulos y atributos; como ella niega la doctrina del Purgatorio y rechaza el culto de las imgenes; como ella contradice la doctrina de la Transubstanciacion y de la presencia actual de Jesucristo en el Sacramento; como ella hace compatible el matrimonio con los grados mayores y menores de la gerarqua eclesistica. El fundamento de la doctrina nestoriana es en suma el mismo que el de la iglesia reformada: la divisibilidad y separacion de dos personas y dos naturalezas en Cristo, lo que es lo mismo, la distincion de dos personas en Cristo, el Verbo de Dios y el hombre Jesus; distincion que los catlicos reconocemos como errnea por la union del Verbo con la naturaleza humana, que los telogos llaman _hiposttica_. (Vase Assemani, t. IV.) [139] Sbese por S. Eulogio y Alvaro Cordobs que en los tiempos de persecucion se aadian los tributos ordinarios que pagaban los cristianos otros estraordinarios, sin duda como castigo y medio de intimidacion. Tenemos un ejemplo de la apurada situacion que muchos se veian reducidos en estas estraordinarias circunstancias, en el viaje que los hermanos de S. Eulogio, Isidoro y Alvaro, tuvieron que emprender Alemania con mercaderas de Crdoba, en busca de recursos con que vivir y satisfacer aquellos desmedidos impuestos. [140] Vase la vida de S. Perfecto, presbtero. Los mrtires cristianos eran inmolados en la esplanada que caia al pi del alczar y sobre el rio, en el parage que hoy llamamos el Campillo: situacion que determina perfectamente Ambrosio de Morales. A la orilla opuesta del Guadalquivir se estiende frontero la ciudad por el mediodia el Campo de la Verdad, lugar muy concurrido la sazon, no sabemos por qu motivo, aunque el mismo Morales, traduciendo S. Eulogio, supone que los mahometanos le tenian destinado _ sus malvadas oraciones_. Diciendo el mismo santo que el martirio de S. Perfecto tuvo lugar el dia primero de la Pascua de los mahometanos despues de su ayuno, es posible que aquel dia se hubiese reunido en el Campo de la Verdad mucha gente distraerse y espaciarse, y que, como las cinco azalas obligatorias para todo muslim podian cumplirse en el campo y al raso lo mismo que en la mezquita, fuese el mencionado parage preferido por los Cordobeses los otros paseos y ejidos de la ciudad por la circunstancia de tener al lado el rio en donde hacer sus abluciones y purificaciones. Como quiera que esto deba entenderse, ocurri, pues, hallarse el Campo de la Verdad lleno de turbas cuando fu conducido al suplicio S. Perfecto, y que, oyendo decir como el santo mrtir acababa de ser degollado, volvieron tumultuosamente la ciudad para verlo, _y muy contentas y alegres por haberle visto empapado en su sangre, como se habia revolcado en ella con el mpetu de la muerte, se tornaron al campo para hacer su azala_. [141] Tambien los musulmanes eran muy delicados en ciertas cosas de conciencia, y muy sutiles los casuistas que los resolvian. El que desee formarse idea del _candoroso cinismo_ de uno de los Amires mas cultos ilustrados, lea en Al-Makkar el estrao caso que propuso Abde-r-rahman en plena asamblea de los principales telogos de su corte relativamente al precepto del ayuno de Ramadhn. [142] Por ejemplo la que Abde-r-rahman II introdujo de presentarse en pblico siempre velado; la de usar en las vestiduras reales su propio nombre bordado en la orla; la de hacer grabar en su sello esta piadosa leyenda: El siervo del misericordioso descansa contento en los decretos de Dios. [143] Este nombre (_dracknar_) daban los Normandos sus naves. Vase Michelet, _Historia de Francia_. Conde y Al-Makkar refieren concordes la invasion de los Normandos el ao 844. [144] Vase la nota 2, pg. 118. [145] Las _annefilas_ eran las oraciones voluntarias que hacian los muslimes devotos, fuera de las cinco azalas oraciones obligatorias. [146] El mancebo Sancho, martirizado en junio del ao 851, habia sido page en el palacio de Abde-r-rahman. [147] Vase el martirio de la virgen Flora, acaecido en noviembre del mismo ao. [148] Aunque muy mal dicho. Esta proposicion no se demuestra facilmente en una sencilla nota. Quien dude de ella lea los escritos de M. de Bonald, y especialmente el del 28 de octubre de 1810 (_Mlanges littraires_, etc., tomo 2, pg. 497), donde ver la gran diferencia que hay entre _cultura_ y _civilizacion_. [149] Zaryab mejor el antiguo laud aumentndole una cuerda. Los rabes, aficionados simbolizarlo todo, decian que las cuerdas del laud representaban, la primera, que era _amarilla_, la bilis; la segunda, que era _encarnada_, la sangre; la tercera, _blanca_, la linfa; la cuarta, _negra_, los malos humores. Zaryab aadi una quinta cuerda entre la segunda y la tercera, que correspondia al alma. Vase Al-Makkar, cap. IV, lib. VI. [150] Vase la nota 2, pg. 98. [151] El Sahb era un licor, especie de vino claro, que habian inventado los mahometanos para eludir la espresa prohibicion alcornica del _ghamar_ vino rojo. Vase Conde, t. 1, pg. 307. [152] El _mihshah_ era una especie de capa, por el estilo de la que llevaba la gente comun. No nos esplica el traductor de Al-Makkar qu clase de estofas eran las llamadas _mulham_ y _muharr_. [153] El plato llamado _at-tafay_, que por lo visto era un bocado esquisito para los rabes-andaluces, no parece segun la descripcion del historiador quien seguimos muy digno de figurar hoy en el catlogo del _Cordon-bleu_. Reducase un mixto de albndigas y pasta frito en aceite de semilla de cilantro. Cuando esto se cita como una memorable innovacion, qu tal sera la cocina de los sultanes! [154] Vase Al-Makkar, loc. cit. [155] Por falta de noticias histricas no podemos hoy determinar si estos dos prticos, de que habla solo Al-Makkar, eran enteramente nuevos, meras modificaciones de la obra de Hixem que dejamos descrita: pg. 107. [156] Entindase bien que esta decadencia solo puede llamarse tal comparada con el fervoroso celo de los sultanes predecesores. Abde-r-rahman II erigi mezquitas en las principales ciudades de Andaluca; pero ninguna de ellas con el sello de grandeza y esplendidez que imprimieron los primeros sultanes en la Aljama fundada por Abde-r-rahman I. [157] Leyes morales religiosas y civiles de Mahoma, tomo 2, parte 3. Del matrimonio, artculo I. Esta interesante obra pertenece la _Collection des Moralistes anciens_ de M. Lefvre. [158] El que compraba una sierva tenia sobre su cuerpo derechos ilimitados. Vase el tt. XVII, _Leyes de moros_, publicadas por la real academia de la Historia. [159] Todava llevan este nombre en Turqua las baadoras de la Sultana. [160] _Leyes de moros_, tt. LXII. [161] Vase el art. I del captulo _Del matrimonio_ citado en la nota 1. [162] Oh profeta! Manda las esposas, las hijas y las mugeres de los creyentes, que cubran con un velo su semblante. Ser demostracion de su virtud y preservativo contra los rumores del pblico. Dios es indulgente y misericordioso. Vuestras esposas pueden andar descubiertas en presencia de sus padres, de sus hijos, sobrinos, mugeres y esclavos. Temed al Seor, que es testigo de todas vuestras acciones. Las mugeres de edad avanzada pueden quitarse su velo, con tal que no pongan estudio en hacerse ver. (Art. 17 y 18, cap. _Del matrimonio_.--_Leyes morales etc. de Mahoma_, Coleccion cit. de Lefvre.) [163] Vase art. 11, cap. cit., obra cit. de Lefvre. [164] Vase nota 2, pg. 72. [165] Cumplen en los casamientos alegra et _alhuelulas_ (gritos de alegra de dolor que acostumbran dar las moras), et panderos, et testimonios. Ttulo VIII. _Leyes de moros._ Y permtese en las bodas el adufe, y este es de dos maneras: el uno un arco redondo y por la una parte pergamino que est sin cuerdas... Y el otro es de la misma suerte, sino que est por las dos partes con pergamino... y si tiene cuerdas, son sonajas gayta no se permite, y los demas instrumentos, como laud, rabel y semejantes, como mas fuera, es _haram_ (prohibicion) usarlos en las bodas. Anon. Valenc. cit. por el Sr. Gayangos en su nota 3 al tt. VIII arriba mencionado. Aunque estas leyes fueron recopiladas en poca muy posterior los Califas, merecen considerarse como primitivas, puesto que el ilustrado orientalista que las ha anotado advierte en el prlogo que las precede no haber nada en ellas _que no est enteramente conforme con los principios consignados en el Coran, con la tradicion y la_ Zunna, _con las doctrinas del rito Malequ que se sigui en Africa y en Espaa, y con la letra de otras compilaciones legales del mismo gnero_. [166] El _acidaque_ es la dote la carta dotal. Entre los musulmanes el marido es el que dota la muger. El _guaquil_ (procurador casamentero, tutor curador) dar la novia con palabras conocidas, como decir: _ya fulano, yo te caso con fulana_; y el novio dir: _yo estoy contento la recibo por esposa_, y deste dar y recibir, y cantidad del _itaq_ (_acidaque_ dote) presente y dilatado, es la que an de testiguar los testigos, de suerte que estos an de hablar con ella antes. Si es doncella y no tiene padre, llamarla y que responda al llamado, y le dirn: fulano te a pedido para su esposa y te a nombrado de _itaq_ presente tanto, y de _muajar_ (lo que se da despues) tanto. Si ests contenta, calla y no respondas, y tu callar es seal cierta que concedes y ests contenta; y si no lo ests, habla y di lo que te parece y est bien. Si todo esto calla, su callar es otorgar, y si despues de tiempo habla y dice que no sabia que el callar era otorgar, no le es de provecho, ni ser creida. Y si al tiempo de llamarla se rie llora, se casar, y no importa, porque el reirse puede ser de contento, y el llorar por faltalle en aquella ocasion su padre, con que le escusaba ella de hablar; pero si no quiere hablar se levanta de su lugar, y se va y se echa de ver en su cara que aborrece el casarse no querer al novio, se dejar por casar. Anon. Valenc. citado en la nota 1 al tt. X, _Leyes de moros_. [167] Art. 3, cap. _Del repudio_, _Leyes morales etc. de Mahoma_, Colec. cit. de Lefvre. [168] Cuando un mahometano jura repudiar su esposa, rompe todo comercio con ella. La esposa, as que llega su noticia el juramento, se cubre con un velo y se retira su aposento sin volver presentarse su marido. Para la reconciliacion hay un trmino improrogable de cuatro meses, llamado la _alheda_, pasado el cual todo vnculo queda disuelto y la muger recobra su libertad. Al salir de la casa marital recibe su _acidaque_ y se lleva consigo sus hijas, dejando los hijos varones en poder del padre. Vase el cap. cit. _Del repudio_. [169] La _atalca_ es el acto de repudio divorcio. [170] Gran muro divisorio que segun el Koran separa el paraiso del infierno. [171] Prrafo 3., art. 5, cap. _Del repudio_, _Leyes morales etc._ El que repudiaba su muger y se arrepentia de haberla repudiado, en los cuatro meses de _alheda_ plazo para la reconciliacion no podia tener comercio con ella si antes no daba libertad un cautivo. Si no encontraba cautivo ninguno que redimir, debia ayunar por espacio de dos meses; pero esta penitencia podia conmutarse con alimentar 60 pobres. (Art. 13, cap. _Del matrimonio_.) [172] El que feziere forniio con syerva de su fijo, non aya _alhudud_... Et el que feziere forniio con muger de su syervo, non le den _alhudud_... El _alhudud_ era pena de 80 azotes que segun la ley castigaba el pecado carnal en ciertos y determinados casos. Vanse los ttulos CLXX y CLXXI, _Leyes de moros_. [173] Vase la nota antecedente. [174] Vase la nota 1 al tt. II, _Leyes de moros_. [175] Vase el tt. I de la misma obra. [176] Sy la hurfana toviere _alhac_ tutor, et la casare... Sy ella lo oviere menester, et fuere su pro, el casamiento sea firme, et non la metan en consejo despues que fuere de edat. Ibd. [177] Los _eunucos_ antiguamente eran los camareros que servian en lo interior de los palacios. Aumentada despues la corrupcion, los celos de los prncipes introdujeron la brbara costumbre de que fuesen hombres _mutilados_ los que guardasen el aposento de sus esposas, pues de este modo, alejados de toda idea de seduccion, se crea que servian con mas amor y fidelidad su dueo. [178] Jesucristo nos presenta la distincion entre las obras _imperfectas_ de la ley y las obras _perfectas_ de la caridad en aquella parbola sublime en que vemos un hombre maltratado por los ladrones, _olvidado_ por el levita y _socorrido_ por el samaritano. El levita representa la probidad legal humana, que abstenindose de hacer el mal, omite hacer el bien. [179] Los primeros mrtires que aparecen sentenciados muerte por el consejo mexuar del rey sarraceno son Jorge, Felix, Liliosa, Aurelio y Sabigoto, los cuales fueron decapitados en el mes de julio del ao 852. Hasta entonces las causas de los cristianos que se ofrecian al martirio no habian salido de la jurisdiccion de los Cades. [180] Vase la vida y martirio de Sta. Sabigoto. [181] Vase la noticia sobre S. Aurelio. [182] Vase el martirio de S. Jorge, Georgio. [183] En la ocupacion de la Btica por los vndalos vea el piadoso Salviano (libro 7, _De Gubernatione Dei_) el castigo del cielo por la corrupcion de sus costumbres. La misma observacion, y las mismas palabras con que la espresa, pueden aplicarse la calamidad, aun mayor, del yugo sarraceno: _In illa Hispanorum captivitate ostendere Deus voluit, quantum, et odisset caruis libidinem, et diligeret castitatem, etc._; pues en castigo de su impenitencia despues de aquel primer escarmiento, se vi entregada la barbarie y escesos del mismo vicio que tanto amaba. [184] _Corpora martyrum_, escribia Alvaro, _ gentilibus arsa oculis nostris conspeximus. Et quod abundantiori est fletu plorandum, plerosque Patres Anathematizantes talia patientes miravimus._ [185] Vase lo que refiere S. Eulogio, testigo presencial, del martirio y declavacion de los Santos Emila y Jeremas. [186] _Per ordinem disponantur viri: deinde pueri: deinde hermaphroditi: deinde mulieres._ (Probabile est apud Mahumetanos esse multos hermaphroditos, ob assiduum usum veneris prposter.) etc. _Marrac.=Prodrom. ad refut. Alcor. part. IV, cap. V._ [187] Extractos de un curioso M. S. propio del Sr. D. Pascual Gayangos. [188] M. S. citado en la nota antecedente. [189] Refiere esta ancdota Gelaleddin, citado por Savary en la nota 2 al cap. LXII del Koran. [190] M. S. citado del Sr. Gayangos. [191] Ebnol-Athir, citado por Marrac. Refut. al Kor. Prodrom. part. IV, cap. IV. [192] Algazel, cit. por el mismo, _ibd._ [193] La ablucion general (tahara) se requiere cuando ocurre alguna de estas cosas: _emissio spermatis per modum effusionis; carnalis cupido viri et femin, et occursus duorum sponsorum sine emissione seminis; et menstruum; et puerperium. Et sancivit Legatus Dei ablutionem pro die Veneris, et duabus Festivitatibus; et pro prparatione ad sacram peregrinationem_. Vase Marrac. op. cit., loc. cit. Tambien pueden verse los casos en que se pierde y debe renovarse el _tahor_ ( tahara) en el cap. IV de la obra _Suma de los principales mandamientos y devedamientos de la Ley y unna_ publicada por la Real Academia de la Historia. [194] Los muy curiosos pueden verlas en las dos obras citadas en la nota antecedente, as como tambien la comprobacion de todas las demas ceremonias que vamos detallando, por ridiculas que parezcan. Aqu diremos solo que la ablucion menor, purificacion sagrada, requisito indispensable antes de toda oracion, se pierde por cualquiera especie de secrecion, por el vmito, por el sueo, por la risa desmedida, por el deliquio, etc.: de modo que un muslim escrupuloso debe estar casi todo el dia remojndose y maniobrando con aquello que hasta los mismos hebreos, pueblo reconocido como carnal, prohibian mirar como si ofendiese y manchase la vista. [195] Bilel era un criado de Mahoma. Cuando muri su amo, di muestras de gran sentimiento, se retir los montes, y comenz dar grandes gritos: tenia una voz muy sonora, y segun el dicho de su amo, estaba destinado ser almuedan del Paraiso. Nota 2 del Sr. Gayangos la pg. 264 de la cit. obra _Suma de los principales mandamientos, etc._ [196] El _aliden_ es la llamada la oracion desde la torre alminar de la mezquita, segun se dijo en la pg. 98, nota 1. [197] Esta antigua costumbre de las mugeres rabes se observ ya por Tertuliano (_lib. de Velandis virginibus, cap. 17_): _judicabunt vos Arabi femin Ethnic, qu non caput tantm, sed faciem totam tegunt, ut, uno oculo librato, content sunt dimidi frui luce, quam totam faciem prostituere_. [198] El erudito comentador de Luitprando D. Lorenzo Ramirez de Prado, alegando la autoridad de nuestro cronista Juliano, supone que el manto almalafa de las hembras rabes de Espaa era comun hombres y mugeres. D la razon en el prrafo siguiente copiado de aquel cronista (nm. 620): _Eisdem vestibus utuntur nunc Saraceni, quas ex Afric secum deduxerunt qu mentitis vestibus venerant huc cum viris. Nam Miramolinus feminas vetuerat, ne transirent ad Hispanias. Et amatores Saraceni adduxerunt nonnullas virgines in habitu virili, quali nunc utuntur femin Btic, et olim utebantur etiam Christian degentes inter Mauros; vocant_ MANTOS ET ALMALAFAS. Si los hombres con sus mantos cubrian la cabeza, como usan hoy los rabes y africanos, facilmente se comprende que una muger envuelta en su almalafa pudiese confundirse con un varon mancebo, sobre todo si era la almalafa un manto tupido y fuerte, y no un velo fino y trasparente como el _theristro_, que usaban las mugeres en los paises clidos de Oriente segun el testimonio de varios SS. PP. comentando los pasages del Gnesis en que se hace mencion del velo de Thamar y de Rebeca. Entre los griegos del Bajo-Imperio hasta los mismos hombres afeminados lo usaron, puesto que se refiere que habiendo enviado el rey Hugo Romano II, entre varios presentes, dos hermosos perros del norte, al ver los animales al emperador griego cubierto con su _theristro_ la usanza de su pais, le creyeron un monstruo en vez de un hombre, y se lanzaron sobre l furiosos. En la forma general, muy poco debia diferenciarse el trage de los dos sexos: camisa, tnica, faja y manto, eran comunes hombres y mugeres. Hasta el tocado era parecido, porque si ellos llevaban turbantes, mas menos voluminosos segun los paises de donde procedian, ellas usaban las llamadas por los cronistas latinos _mitriolas_, que no eran otra cosa que una pequea faja rodeada la cabeza, llevada en todos tiempos por los lidios, frigios, sirios, rabes, persas y egipcios, y entre los romanos como adorno de las mugeres estrangeras, de las rameras, y de los hombres afeminados que afectaban un trage extico. Una cosa que no llevaban los hombres en la Espaa-rabe era el _thorax sericus_ pao de seda que cubria el pecho, que nuestras mozrabes cristianas tomaron de las mugeres rabes, y de que no se olvida el minucioso expositor Aly ben Mohammed, quien sigue Marracio, al enumerar las prendas con que se debe revestir los difuntos, hombres y mugeres. (_Caput de oratione in exequiis mortuorum_, obra cit.) [199] Vase nota 3, pg. 136. [200] Vase la eruditsima nota de D. Lorenzo Ramirez de Prado al nm. 352 del _Cronicon_ de Luitprando, llena de curiosas investigaciones sobre el uso de los palios, mantos y velos de los orientales. [201] Femineum lucet sic per bombycina corpus. Marcial, lib. 8, epg. 68. [202] _Suma de los principales mandamientos_, etc. Cap. VII, Del atayamun y sus defectos. [203] Las cinco azalas del dia son de obligacion inescusable, pero como queda indicado no es obligatorio hacerlas todas en pblico. En pblico, esto es, en la mezquita, solo es de riguroso precepto la del viernes dia festivo, la hora de _adohar_; las demas se pueden hacer privadamente, y cada cual de hecho las hace en el lugar sitio en que le coge la hora de cumplir este deber. Es claro que cuando se hace la azala en medio de un campo, viajando, no hay Imam que la dirija, ni hay lectura del Koran, ni sermon, ni Kotba (vase la nota 2, pg. 99); y muchas veces ni siquiera puede precederle la ablucion general (_tahara_) y la purificacion ceremonial (_alguado_) por no haber agua corriente mano. En este caso hace el muslim el _tayamun_ con polvo, tierra, yerba, csped, nieve, barro, etc. Ahora bien, el _tayamun_ es solo un medio supletorio, y no dispensa de hacer tahara si se ha perdido, y _alguado_ cuando en el trmino de una hora sea posible hallar agua clara y sitio propsito para ello. El modo de hacer _tayamun_ consta en el cap. VII de la obra _Suma de los principales mandamientos_, etc., ya citada. La manera como se ha de hacer es, que ponga las manos sobre la tierra, llanas, en la cosa con que quiera hacer _tayamun_, y lebntelas sumariamente y mahar (restregar) su cara una bez, nonbrando ad Allah el alto, y bulbalas poner sobre la tal cosa que el tomare y hagan al brao derecho principiando de la punta de los dedos de la mano hasta encima del codo, y bulbalas poner las manos sobre la tal cosa, y har de aquella mesma manera al brao yzquierdo, sin lebantar la mano hasta que buelba salir por los mesmos dedos por donde principia: de manera que de subida y baxada comprenda bien todo el brao. [204] Vase Clemente Tosius, abad de la Congregacion Sylvestrina, en su obra _India oriental_, tomo I. [205] Vase Marraccio, obra cit., y la interesante obra titulada _Viaggio all'Indie Orientali_, etc., del P. Vicente Mara de Sta. Catalina de Sena, carmelita descalzo. [206] Los sectarios de Al pretenden que las abluciones deben empezarse por el codo, y los de Omar sostienen que por las puntas de los dedos. _Les Mahomtans disputent entre eux des pratiques_ (dice Mr. de Bonald), _les chrtiens du dogme_. Lgislation primitive, tomo 3, pg. 345, nota. [207] _Alicama._ Convocacion interior que se hace en las mezquitas con el fin de llamar los fieles la oracion. Difernciase de la otra convocacion llamada _aliden_, en que esta se hace la parte esterior, desde los alminares torres, en las que se construyen unas terrazas balcones que las cien en contorno, para que los almuedanes puedan dar el pregon los cuatro vientos, girando hcia la derecha. [208] _Si steterit mulier ad latus viri, ita ut ambo conjungantur in oratione, vitiabitur oratio viri. Non decet mulieres interesse coelui (virorum)._ Marrac. op. cit., cap. V _De eo quod convenit orationi._ Y no solo han de estar separados los sexos, sino que entre los de un sexo mismo hay preferencias reconocidas: as v. g. _Qui mundus est non orabit post eum qui patitur frecuentem fluxum urin: neque, qu munda est, post eam cui menstruorum reliqui perseverent_, etc. A tal punto se lleva la distincion de gerarquas, que se manda que en el templo el que sabe leer no est detrs del ignorante, ni el vestido detrs del desnudo. _Ibid._ [209] Marrac. _Ibid._ [210] Giaab, citado por Savary en su traduccion del Koran. Cap. I. Introduccion. [211] Suprimimos estas minucias y vaciedades por demasiado prolijas y fastidiosas; quien quiera enterarse de todas ellas las hallar detalladas con la suficiente claridad en la citada obra de Marrac. _Refutacion del Koran_, y en el cap. XI de la _Suma de los principales mandamientos y devedamientos_, tambien citada. En este captulo hallar el siguiente curioso trozo: Asintese en tierra las pulpas de los pulgares de los pis, y diga tres beces _ubhana rabbi leal_ como se dice, y asintese sobre la pierna izquierda, de manera que no se asiente sobre ninguno de sus pis, sacndolos al lado drecho y el bientre del pulgar del pied drecho, y se asiente en la tierra; si quiere ponga la planta del pied izquierdo con el muslo del drecho, y ponga las manos sobre las rodillas y bulbase _aaxdar_ (postrar en tierra) como de primero con _Allah ua aqbar_, y dispues lebntese con _Allah ua aqbar_, y har otra _arraca_ (incurvacion) con aquella, y asintese y diga: etc. Que as se haga consistir en la mmica el mrito de las preces del Altsimo! [212] El curioso M. S. del Sr. Gayangos citado en otra nota contiene el siguiente prrafo sobre la necesidad de seguir escrupulosamente al Imam en la azala pblica, que corrobora la exactitud de la comparacion que acabamos de hacer. Y se advierta que la intencion de seguir al Imam es _fard_ (precepto forzoso) sobre el que le sigue, y que el seguirle ha de ser que despues que el Imam vaya los actos della de bajar subir, vaya en su seguimiento, porque de hacellos igual con l es _macuh_ (acto laudable no obligatorio), y si antes que l es _muharam_ (cosa prohibida). Y si es en _taqbirat alyhram_ y el _alam_ (salutacion que se hace al fin de la oracion) decirlo junto con l antes que l, es perdida su ala; y esto se advierte porque muchos no salen della sino con un _haram_ (condena) acuestas, demas que hay opinion de que es perdida si lo hace adred el anticiparse en los actos. Y todo esto por la poca consideracion que se tiene de no hacer la obra como se debe porque piensan que han de acabar primero que el Imam y estan engaados, por cuanto no pueden salir de la ala hasta que el Imam abra la puerta con dar el _alam_. Y se echa de ver en actos tales la poca debocion que tienen en esta escelente obra, pues no ben la ora de salir della, etc. Redcense realmente las oraciones de los mahometanos verdaderas gesticulaciones con el cuerpo, las manos y los pis: incurvaciones de la cabeza y de la espalda, postraciones humillaciones de toda la persona en tierra, y otros actos propios de histriones. Su oracion apenas puede llamarse tal: el mismo favor que se les dispensa diciendo que tienen una religion (puesto que no hay rigorosamente hablando _religion_ donde no hay ademas del templo una ara y un sacrificio, y ellos no tienen sacrificio ni ara), se les concede suponiendo que en sus azalas hacen _oracion_, dado que la oracion supone deprecaciones y plegarias. Solo de vez en cuando entre la multitud de sus gestos corporales van mezcladas las esclamaciones: _Solo Dios es grande! A Dios las alabanzas! No hay mas Dios que Dios!_ y otras por este estilo, con algunos versculos del Koran, especialmente los siete de la primera Sura, que es mas bien un himno que una deprecacion, la manera de muchos Salmos de David. La devocion y atencion suma que los mahometanos afectan en sus azalas nace, observa Marraccio, en parte de la mera costumbre, en parte tambien de verdadera hipocresa. En suma, estos actos puramente exteriores nada de por s influyen en la santificacion del hombre, y nada significan no animndolos las virtudes interiores, la caridad, la f, la piedad, y otras que solo el cristianismo inculca y hace de rigoroso precepto. Los desmedidos elogios que hoy es moda prodigar todo lo de los rabes, nos obliga entrar en esta clase de consideraciones. [213] Vase la lmina _Vista interior de la mezquita_. [214] Vase la nota 2, pg. 122. [215] Debi ser en idioma arbigo esta predicacion de los dos cristianos dentro de la mezquita mayor, porque de lo contrario no hubieran sido comprendidos. Por lo tocante Serviodeo, como natural de Siria, no hay la menor duda; y en cuanto Rogelio es de creer que hablase aquella lengua, como casi todos los mozrabes espaoles, cuando se arroj evangelizar los mahometanos. Consta que era cosa comun entre los naturales hablar y hasta manejar con elegancia la lengua de los dominadores, por lo cual algunos de ellos, aunque cristianos, obtenian cargos y empleos en la corte de los Umeyas, escribanas y otros oficios del gobierno. Sbese por S. Eulogio (_Memorial de los Santos_) que los dos jvenes Emila y Jeremas, que hemos nombrado poco h, eran doctsimos en la lengua rabe. Del abad Sanson, que en el tiempo que nos referimos tenia 42 aos, consta, que se valian de l los reyes de Crdoba para traducir del arbigo al latin las cartas que dirigian al rey de Francia. (S. Eulogio, _Memoriale Sanctorum_, lib. 2, c. 2:--Florez, _Vida del abad Sanson_, t. 11, Espaa Sagrada:--Masdeu, Hist. crit., t. XIII, Espaa Arabe, p. 176: etc.) [216] Concluida la oracion, id libremente. Proporcionaos los bienes que el cielo ha dispensado los humanos. Sura LXII. _El viernes_, vers. 10. [217] Los moros (dice Ambrosio de Morales copiando S. Eulogio) cargaron con tanto mpetu sobre los dos cristianos, derribndolos en el suelo y hirindolos, que los uvieran all muerto, si no acudiera el juez, para librarlos de aquella furia, mandndolos llevar la crcel. [218] A este fin hizo (el rey moro) venir la corte los metropolitanos de diversas provincias, para que juntos los obispos decretasen lo que deseaba. Florez, trat. 33, cap. 10, . III. _Del Concilio tenido en Crdoba acerca de los que se presentaban al martirio._ [219] Florez, loc. cit. [220] Esta simulacion, dice Gomez Bravo, t. 1, p. 132, desagrad S. Eulogio por el escndalo y error que causaba en los ignorantes, que no penetraban lo alegrico del conciliar decreto, y creerian prohibido el martirio. El P. Florez es de contrario sentir, y de aquellas palabras _eademque schda minim decedentium agonem impugnans, quod futuros laudabiliter extolleret milites, percipitur_, deduce que el santo declar ser buenos y favorables los mrtires, no solo la intencion, sino tambien el sentido formal de la sentencia. Lo cierto sin embargo es que S. Eulogio fu perseguido y se vi en la precision de ocultarse. [221] Guadalquivir (_wada-l-kebir_) significa en rabe _el rio grande_. [222] Los historiadores rabes refieren la muerte de Abde-r-rahman II como natural y tranquila. Nosotros hemos preferido sin embargo la relacion de S. Eulogio, porque ademas de ser contemporneo, podia estar muy enterado de la verdad de los hechos por tener un hermano empleado en el palacio del sultan. Nuestros mas juiciosos historiadores, Morales, Roa, Gomez Bravo, Florez, etc., han seguido esta version. [223] Kalam era muy querida de Abde-r-rahman por lo bien que escribia, recitaba versos, referia cosas histricas, y sabia tocar y cantar. Vase Al-Makkar, l. VI, c. IV. [224] Amaba tambien tiernamente sus concubinas Mudathirah y Ashif, que de esclavas habia convertido en esposas. _Ibid._ [225] Distinguia al clebre poeta Abdallah ben Xamri, y Yahye ben Hakem. Vase Conde, t. 1., cap. XL. [226] Bajndole su lecho, muri aquella misma noche, antes que acabase de consumir el fuego los cuerpos de los sagrados mrtires. Bravo, t. 1, p. 133. [227] De estos pseudo-cristianos, cooperadores de la tirana sarracnica, haremos mencion especial mas adelante, en el capitulo _Crdoba mozrabe_. [228] El mismo dia que le proclamaron rey ech del palacio y casa real todos los cristianos que en ella servian, quitndoles las raciones y sueldo que tenian; y entre ellos fu tambien echado Joseph, hermano de S. Eulogio, como el santo refiere. [229] De esta destruccion de los templos de los cristianos en tiempo de Mohammed nos ocuparemos tambien en el captulo _Crdoba mozrabe_. [230] S. Eulogio: _Docum. Mart._, cap. 7, nm. 6. [231] Vase Conde, Cap. XLVIII. t. 1. Victoria del principe Almondhir contra los rebeldes de Toledo. El principe... envi 700 800 cabezas de rebeldes Crdoba... y el rey las mand poner en las almenas, etc. [232] Vase Ambrosio de Morales, con la autoridad de Luis de Mrmol. Crn. gen., lib. XIV, cap. 32. [233] Refiere esta ancdota Conde, t. 1., cap. LIV. [234] Vase arzob. D. Rodrigo, Hist. de los rabes. [235] De los cristianos vergonzantes confundidos con los rabes por la lengua, por el trage y por el modo de vivir, se hace mencion frecuente en la Esp. Sagr. del P. Florez, trat. 33. [236] Vase Conde, t. 1, cap. LV. [237] Conde, _ibid._, y Al-Makkar convienen en este suceso. Vase la obra del ltimo, lib. VI, cap. IV. [238] Asi fu que el rey Mohammad estando sin dolencia alguna, y recrendose en los huertos de su alczar con sus wazires y familiares, le dijo Haxem ben Abdelasis ben Chalid, Wal de Jaen, cun feliz condicion la de los reyes! para ellos solos es deliciosa la vida, para los demas hombres no tiene el mundo tantos atractivos: qu jardines tan amenos, qu magnficos alczares, y en ellos cuntas delicias y recreaciones! Pero la muerte tira la cuerda limitada por la mano del hado, y todo lo turba, y acaba el poderoso prncipe como el rstico labriego. Mohammad le respondi: en apariencia la senda de la vida de los reyes parece llena de flores aromticas; pero en verdad son rosas con agudas espinas: la muerte de las criaturas es obra de Dios, y principio de bienes inefables para los buenos; y sin ella yo no seria ahora rey de Espaa. Retirse el rey su estancia, y se reclin descansar, y le salte el eterno sueo de la muerte, que roba las delicias del mundo, y ataja y corta los cuidados y vanas esperanzas humanas. Conde. Hist. cit., tomo I, cap. LVII. [239] La comprobacion de esta verdad se halla en la historia de nuestro arte nacional. Asimiladas en cierta manera las dos arquitecturas rabe y goda en el siglo de Carlomagno por la visible inoculacion del gusto bizantino en ambas, empiezan seguir una marcha divergente desde que acaba en Europa el influjo de la restauracion Carlovingia. Entregado entonces el genio occidental sus propias fuerzas, el gusto bizantino neo-griego solo entra en sus concepciones como auxiliar para la ornamentacion, al paso que el genio arbigo le adopta como fundamento. Esta diferencia se manifiesta ya muy marcada en el dcimo siglo, y desde el undcimo en adelante se seala aun mas, para formar luego dos sistemas enteramente opuestos en el siglo XIII y siguientes. Los caractres mas aparentes de estos dos sistemas occidental y oriental son la tendencia del primero la vertical, y la propension al desarrollo horizontal en el segundo. Aquel aspira la elevacion, estrecha los vanos, aguza las armaduras, acaba por romper el arco para reunir sus apoyos sin disminuir su altura; el oriental por el contrario se dilata placer sobre la tierra, aplana sus techumbres convirtindolas en terrazas, ensancha sus vanos, se corona de cpulas. En Espaa sin embargo la escuela neo-griega ejerce su influjo desde mas temprano y de una manera mas marcada que en el resto del Occidente, lo cual se debe quizs al dominio que sobre nuestras costas meridionales mantuvo el imperio griego en el sexto siglo, y al trato y comercio en que desde el siglo VIII vivi el pueblo conquistado con el sarraceno conquistador, que propiamente hablando fu para nosotros el vehiculo de las prcticas y tradiciones orientales. Para citar un ejemplo de esta singularidad que nuestra arquitectura nacional ofrece, entre muchos que pudiramos citar y que suprimimos por no estraviarnos demasiado de nuestro propsito, mencionaremos la iglesia de S. Miguel de Lino, en Asturias, que siendo construccion del noveno siglo, ofrecia, segun de su actual estado pudo colegir Ambrosio de Morales, la singularidad de ostentar un cimborio bizantino en su crucero. Este precioso ejemplo de nuestra temprana aficion al gusto oriental, merece tenerse muy en cuenta hoy que parece probado de una manera inconcusa que los templos mas antiguos de Francia coronados de cpulas bizantinas son en un siglo posteriores nuestro modesto templo asturiano. (Vase la reciente obra de M. Felix Verneilh _L'architecture Byzantine en France_.) El punto que en esta nota hemos tocado merece estudiarse detenidamente: el _Ensayo histrico sobre la arquitectura espaola_ del Sr. D. Jos Caveda puede facilitar mucho el estudio analtico que conviene hacer antes de deducir conclusiones demasiado generales. [240] Quin ignora el orgen de la fbula de Leda? Era tal la belleza de los dos jvenes Cstor y Plux, y de su hermana Helena, la del cuello de cisne, segun la pintan los poetas, que los griegos, propensos materializarlo todo con su risuea mitologa, los supusieron hijos del mismo Jpiter. Cstor sin embargo no era inmortal, porque en realidad el huevo de donde sali juntamente con Clitemnestra, habia sido fecundado por Tindaro y no por Jpiter. Plux y Helena lo eran: ambos habian salido del huevo fecundado por el padre de los dioses. Cstor y Plux eran reputados como inmortales, pero ces el error cuando muri el primero. Permitaseme simbolizar con esta fbula la historia de los dos artes musulman y cristiano: los dos derivan en su orgen del arte clsico griego; pero el uno manifiesta en su desarrollo, degeneracion y muerte, el grmen puramente materialista, mientras el otro revela en su crecimiento, siempre progresivo, que lleva por decirlo asi el aliento de la Divinidad. El arte cristiano es en efecto producto espontneo del consorcio de la belleza antigua con el espiritu fecundo de la nueva ley moral con que Dios dirige la humanidad. Tambien simboliza el llanto de Plux por la muerte de su hermano la degeneracion del arte cristiano en ciertas pocas, el cual por ceder una ciega y fantica admiracion hcia las creaciones del arte materialista, abjura de su inmortalidad, es decir, de sus altas y genuinas aspiraciones, y consiente que usurpe su puesto un arte alucinador impotente, cuyos medios no corresponden al objeto final del arte en la sociedad cristiana. [241] Fu este el rey D. Sancho I, hijo de D. Ordoo III. [242] Ibn' Abdi-r-rabbihi, cit. por Al-Makkar en el cap. V, lib. VI de su Hist. [243] Mas adelante hablaremos de este procedimiento llamado por los rabes el _Sofeysaf_, empleado con profusion y admirable efecto en el mihrab de la mezquita que vamos describiendo. [244] La cristiandad vea con espanto acercarse el ao mil: una especie de terror vago que se cernia como una negra nube sobre todas las naciones de Europa, hacia presentir al Occidente una gran mudanza en el rden de cosas general, que era nada menos que la disolucion del mundo de Carlomagno en el caos para engendrar el feudalismo. Presentian las naciones la gran trasformacion, y formulaban sus terrores prediciendo la venida del Ante-Cristo y el fin del mundo. [245] Las casas de recreacion que por los alrededores de Crdoba y su frtil campia tenian diseminadas los califas y magnates eran muchas, y se designaban todas con poticas denominaciones anlogas sus peculiares distintivos, los fines que estaban consagradas, al objeto ideal que habian querido realizar sus dueos. Era la mas notable la Ruzafa, de que hemos hablado en el curso de esta descripcion, fundada por Abde-r-rahman I como recuerdo de la deliciosa casa de campo que su abuelo Hixem habia construido en Damasco. Propios de los califas eran tambien, y dispuestos la manera de las deliciosas _villas_ de Italia, el _palacio hajir_, el _palacio del jardin_, el _palacio de las flores_, el _palacio de los amantes_, el _palacio del afortunado_, el _palacio de Rustak_, el _palacio del contento_, el _palacio de la diadema_ y el _palacio de las novedades_. Mas clebre que todos estos era el palacio llamado de Dimashk, cuya techumbre sustentaban hermosas columnas de mrmol, siendo su pavimento de mosico de vvidos matices; y mas todava el _Al-mushafiyyah_, propiedad del Wazir de Hixem II Jafar Al-mushaf, que describe Ibnu-l-Abbar como una de las mas encantadoras moradas de aquellos tiempos y de aquella tierra. Habia ademas muchos jardines (_Munyat_) deliciosos por sus baos, grutas, alamedas y puntos de vista; y entre varias granjas se distinguian la _pradera de oro_, el _prado del agua murmuradora_, el _campo de los hurtos_, el _campo de la presa_, el _campo de los molinos_, etc. [246] Haremos su tiempo la descripcion del famoso y potico palacio de Medina Azzahra, cuyas maravillas se tienen por fabulosas. [247] Pone Al-Makkar este dicho en boca de un doctor andaluz annimo. [248] As es denominado generalmente Abde-r-rahman III para diferenciarle de los otros reyes de su mismo nombre. [249] Para las torres que se construan en el dcimo siglo en la Europa cristiana, no dejaba de ser estraordinaria la altura de 72 codos dada al alminar zoma de Crdoba. Esta torre existia aun en tiempo de Ambrosio de Morales, que ligeramente la describe. Quebrantada, primero por la osada de un arquitecto del siglo XVI, quien se consinti reformarla su manera, y despues por el terrible huracan y terremoto del ao 1589, acord el cabildo de Crdoba repararla con arreglo nueva traza, y se empez demoler el dia de S. Andrs del ao 1593. Acabse de construir segun hoy se ve ya muy entrado el siglo XVII, y hoy se la designa con el nombre de Torre de las Campanas. Su actual estructura es la que aparece en la lmina _Puerta de las Palmas_. [250] Aunque sabamos ya por el gegrafo Edrisi (nueva traduccion de M. Jaubert) que el mosico esmaltado _sofeysaf_ que cubre las paredes del _mihrab_ de Crdoba habia sido en la mayor parte traido de Constantinopla, y pesar de que tenamos ya noticia de los varios y preciosos objetos artsticos regalados por el emperador Leon, padre de Constantino porfirognito, Abde-r-rahman An-nasr para su palacio de Medina Azzahra; sin embargo desebamos ver corroborada con documentos mas detallados la filiacion bizantina del arte bajo los grandes califas del dcimo siglo. Afortunadamente el erudito orientalista D. Pascual de Gayangos, cuya traduccion inglesa de Al-Makkar nos ha sido hasta ahora tan til para nuestra tarea, acaba de proporcionarnos lo que tanto desebamos, tomndose con la bondad que en l encuentran todos los que le consultan, el trabajo de traducir para nuestra obra muchos pasages de una historia rabe, ahora por primera vez dada luz en Leyden en su idioma original por el Dr. Dozy, en la cual se refieren minuciosidades interesantsimas sobre las construcciones de la grande Aljama de Crdoba y de Medina Azzahra. Titlase el libro publicado por Dozy _Historia de Almagreb, de Ebn Adzar el de Marruecos_, y en su pgina 253 se cuenta como vino el mosico esmaltado _sofeysaf_ de Constantinopla Crdoba, y de qu escuela fueron los artfices que lo fijaron en el mihrab de la mezquita: pasage curioso que ver el lector reproducido continuacion. [251] Por regla general no habia en aquellos tiempos embajada de soberano soberano sin costosos y esquisitos presentes, y estos solian principalmente consistir en manufacturas preciosas, por medio de las cuales adquirian las naciones el conocimiento mtuo del estado de sus artes. No sabemos de una manera autntica que fuesen de procedencia bizantina en su forma artstica los objetos enviados An-nasr por el emperador Oton y demas reyes del norte que con el Califa tuvieron comunicaciones amistosas; pero siendo sin disputa bizantino el estilo ornamental de todas las construcciones que hoy subsisten en Alemania, Francia y Espaa, del tiempo de los Enriques, Conrados y demas monarcas de la casa de Sajonia, parece justo deducir que fuesen tambien neo-griegas las ideas en todos los ramos industriales de ostentacion y lujo. El gusto bizantino reinaba ya fines del siglo X en casi todo el Occidente; por lo tocante Francia y los paises que componian el dilatado imperio germnico, puede el que guste cerciorarse de esta verdad con solo hojear rpidamente las obras que acerca de la historia del arte se han publicado en estos aos ltimos, y principalmente _Le moyen ge, etc._, de M. Ferdinand Ser, y la concienzuda serie titulada _Die Ornamentik des Mittelalters_ del arquitecto Heideloff. Por lo que hace Espaa, si no fueran prueba concluyente de nuestro aserto las construcciones que en los reinos de Asturias, Leon y Navarra, y en los condados de Castilla y Barcelona erigieron nuestros piadosos y magnficos Alfonsos, Ordoos, Ramiros y Wilfridos, todava podramos citar numerosos documentos de la poca que nos referimos que ponen en evidencia la casta bizantina de la ornamentacion nacional; pero este nos alejaria demasiado de nuestro objeto presente. [252] Es muy de notar este hecho. Los historiadores rabes designan con el nombre de Rab un obispo de quien se vali en diferentes ocasiones Abde-r-rahman el Grande para sus tratos con las crtes estrangeras. Rab fu el que trajo de Constantinopla Crdoba las hermosas fuentes adornadas de bajo-relieves que puso An-nasr en Azzahra: Rab fu el enviado la corte del emperador Oton con grandes regalos para este monarca. El autor de las actas de S. Juan de Gorzia nos pinta los prelados de Andaluca enteramente sumisos la voluntad del Califa; un obispo, quien no nombra, y que podria ser tal vez ese obispo Rab de las historias rabes, es el comisionado para ir felicitar Oton por su victoria sobre los hngaros; otro obispo, llamado Juan, sirve An-nasr de instrumento para tratar de vencer el teson del Gorziano que causa enojos al sarraceno; otro finalmente, llamado Recemundo, y mandado consagrar por An-nasr obispo de Granada, va de legado de este al emperador de Alemania para obtener diplomticamente que retire una carta escrita en desdoro del falso profeta. Todo en suma manifiesta la preponderancia de la corte de los califas en el dcimo siglo. [253] Este santo fu Juan de Gorzia, cuya legaca, documento precioso para la historia diplomtica de la edad media, refiere Mabillon (_Acta Sanctorum ordinis Sancti Benedicti_, tomo V). [254] Fu este Recemundo, de quien hemos hablado en la nota 3, pg. 173, y cuya consagracion es otro hecho singular y precioso para la historia de la iglesia mozrabe. [255] Ebn Adzar el de Marruecos, _Historia de Almagreb_, pg. 249 y 253, cuya traduccion, nunca hasta hoy publicada, debemos, como queda arriba dicho, la bondadosa amistad del Sr. Gayangos. [256] Ha de entenderse de la servidumbre de palacio, que tenia obligacion de asistir la azala de mediodia en la Aljama por ser el templo mas prximo. Y no debe estraar que solo la gente del alczar ocupase una gran parte de la mezquita, si se considera que las concubinas, esclavos de ambos sexos, pages y eunucos de Abde-r-rahman el Grande se contaban por millares. [257] _Al-mustanser billah_, nombre dado Al-hakem II, que quiere decir _el que implora el auxilio de Dios_. [258] Cubierta cpula. [259] Mosico esmaltado. Vase la nota 1, pg. 173. [260] Vase la nota 1, pg. 80. [261] A la derecha del _Mihrab_, dice Edris, hay una puerta que sirve de comunicacion entre la mezquita y el alczar, la cual d un corredor practicado entre dos muros, con ocho puertas, que cierran cuatro hcia el palacio, y cuatro hcia la mezquita. Sin duda por equivocacion ha escrito el traductor francs _un corridor pratiqu entre deux murailles perces de huit portes_, pues de los dos muros del corredor pasadizo, solo uno, que es el esterior del mediodia de la mezquita, y que mira al rio, tiene vanos, no de puertas, lo cual era imposible, sino de ventanas. Las ocho puertas estaban en los otros muros que cortaban en ocho piezas la longitud del pasadizo: Ambrosio de Morales, que lo reconoci y describi detenidamente, dice hablando de la estraa combinacion de estas puertas: las cuatro primeras de hcia el alczar se cierran hcia l, y el portero, lo que parece, venia delante de todo el acompaamiento del rey, abrindolas y echndolas hcia el oriente. Las otras cuatro se cierran diversamente, dos hcia oriente, y otras dos hcia poniente. Y as era menester estuvieran dos otros porteros all encerrados para abrir. Y no se puede imaginar para qu fuese tanta fortaleza y encerramiento.--Esta estraa combinacion tenia sin duda por objeto el imposibilitar toda comunicacion entre el alczar y la mezquita, aun en el momento de atravesar el corredor el Califa para trasladarse al templo; pues al abrirse las puertas que se mandaban en un sentido, se cerraban las que se mandaban en sentido opuesto. Se dificultaba tambien de este modo cualquier traicion de los porteros, pues siendo varios, y estando entre s incomunicados, con uno solo que fuese fiel se defendia el trnsito de uno otro edificio. Es raro que el juicioso Morales no haya aqu descubierto la razon de lo mismo que describe. [262] Ebn Adzar, obra citada: traduccion indita del Sr. Gayangos. En la pg. 253 dice as: En el ao 155, en la luna de Moharram, mand Al-hakem colocar el antiguo mimbar un costado del Mihrab; asimismo mand armar la antigua Maksurah y dispuso que en la quibla del nuevo edificio aadido por l se pusiese otra Maksurah de madera, labrada por dentro y por fuera, y coronada de almenas, la cual tenia setenta y cinco codos de largo y veintidos de ancho, y su altura hasta las almenas remate era de veintidos codos. Concluyse la obra toda y la colocacion de la Maksurah en la luna de Recheb de este ao. [263] Los pilares que cargan plomo sobre las columnas de la mezquita son por lo general sencillos y lisos en su paramento; pero los de la nave central son verdaderamente preciosos: tienen medias pilastras octogonales con capiteles de rden compuesto, de volutas prolijamente afiligranadas. Sus fustes estan cubiertos en las tres faces que presentan de tracera rectilnea muy relevada, y sus basas descansan sobre mnsulas de medias caas horizontales con una graciosa folia en el centro. [264] Malek Johanna llamaban los rabes al famoso preste Juan de las Indias, rey mongol nestoriano, llamado por los de su nacion Ung khan Avenk khan, cuya carta, verdadera apcrifa, al emperador griego Alejo Comneno, patentiza por lo menos la creencia de los orientales en el poder y supremaca de la raza trtara. Esta clebre carta concluye con una sucinta descripcion de su palacio de Susa en estos trminos: Nuestro palacio es de bano y madera incombustible. Hay en su techumbre cada estremidad dos manzanas de oro, y en cada manzana dos carbunclos, para que el oro brille de dia y los carbunclos luzcan de noche. Las puertas principales son de sardnica y asta mezclados para que nadie pueda introducir por ellas veneno, y las menores son de bano. Las ventanas son de cristal, las mesas de oro y amatista, y las columnas que las sostienen de mrfil. El apartamiento en que dormimos es una obra maravillosa de plata y oro y piedras preciosas de todas especies. En su interior est humeando siempre el incienso. Nuestro lecho es de zfiro. Tenemos las mas hermosas mugeres (_porque aunque preste, podia como nestoriano ser casado, y aun polgamo_). Sustentamos diariamente treinta mil personas, ademas de muchos huspedes forasteros, y todos reciben cotidianamente pensiones de nuestra cmara para mantener sus caballos y para otros menesteres. Nos sirven durante cada mes siete reyes (cada cual por su turno), sesenta y cinco duques y trescientos sesenta y cinco condes. Comen diariamente nuestra mano derecha doce arzobispos, nuestra izquierda veinte obispos, ademas del patriarca de Sto. Toms, del protopapa de Salmas y del archiprotopapa de Susa, en cuya ciudad reside el trono de nuestra gloria y nuestro palacio imperial. Tenemos abades tantos como dias hay en el ao para el servicio de nuestra capilla. Nuestro despensero es un primado y rey; nuestro mayordomo es un arzobispo y rey; nuestro gentil-hombre es un obispo y rey; y nuestro cocinero mayor es un rey abad; pero Nos adoptamos una gerarqua inferior y un nombre mas modesto para probar nuestra grande humildad. A tanta gala y magnificencia quedan oscurecidas las estupendas maravillas que nos refieren D. Juan de Persia, el veneciano Marco Polo, Sir John Mendeville y otros viajeros; pero en los lmites de lo real y verdadero, cuntos edificios podrn citarse que sostengan el parangon con el magnfico Mihrab de Crdoba? Vase la lmina _Vista de la capilla del Mihrab tomada por ngulo_. [265] Edris, traduc. cit. de Jaubert, pg. 60. [266] _Mihrab_ y _Santuario_ es todo uno: es el lugar preferente en la mezquita, que se coloca siempre en la _quibla_ punto que se supone sealar la direccion en que se halla la Meca. Vase la lmina _Fachada de la capilla del Mihrab_. [267] Habia cuatro lmparas mayores que las demas suspendidas en la nave central: una pendia del domo en la parte de la mezquita donde se ponia el Koran, y era de mil cuatrocientas cincuenta y cuatro tazas mecheros. Al lado del Imm ardia un cirio que pesaba de cincuenta sesenta libras: luca noche y dia en el mes de Ramadhan, y estaban en l tan perfectamente combinadas las cantidades de cera y pbilo, que se consumia por completo en la ltima noche del citado mes. Lleg haber en la mezquita en tiempo de Almanzor doscientos ochenta candelabros de bronce, sin contar los que pendian en las puertas, ascendiendo segun unos siete mil cuatrocientos veinticinco, y segun otros diez mil ochocientos cinco el nmero total de mecheros que ardian en el templo. Todos los candelabros eran de bronce, de distintas hechuras, escepcion de tres que eran de plata. Las cuatro lmparas mayores, cada una de las cuales consumia todas las noches siete arrobas de aceite, solo se encendian en los ltimos diez dias del mes de Ramadhan. Calculbase que solamente en este mes se consumian en la mezquita setecientas cincuenta arrobas de aceite. (Vase Al-Makkar, t. 1, lib. III, cap. 2.) [268] Para el significado de esta y otras voces propias de la ornamentacion arquitectnica, que seria muy prolijo definir, pueden consultar los lectores el curioso glosario que ha publicado al fin de su _Album artstico de Toledo_ el laborioso anticuario D. Manuel de Assas. [269] Vase la lmina _Interior de la Capilla del Mihrab_. [270] Vase el valor de estas monedas en la pg. 86, nota 2. [271] El _mimbar_, que Ambrosio de Morales llama _Silla del rey Almanzor_, se conserv en la catedral de Crdoba despues de la reconquista muchos siglos; cuando aquel cronista escribia sus _Antigedades_, hacia pocos aos que habia sido destruido sin saberse por qu. As han ido pereciendo una a una nuestras mas preciosas antiguallas; mas qu mucho que en nuestro siglo eminentemente prosico se hayan igualmente deshecho muchos inestimables objetos del arte de la edad media, si el siglo del _renacimiento_ le di el ejemplo! Segun el citado cronista era el mimbar una especie de carro con cuatro ruedas, y solo tenia siete gradas. [272] Al-Makkar, loc. cit.--Edris, traduc. cit., pg. 61. [273] El libro del Koran copiado por Othman, de que acaba de hablarse. [274] Edris, loc. cit. [275] Fundamentos que tenemos para creer que estuviese en la actual capilla de Villaviciosa y sus adyacentes la antigua Maksurah que mand armar Al-hakem. 1. Que Edris dice espresamente que al norte del _Mihrab_ estaba el tesoro, y este no podia estar mas que en lo que es hoy sacrista de la capilla de Villaviciosa, en la cual realmente se advierte una especie de aposento subterrneo, cuyo destino no se esplica de otra manera. 2. Que Ebn Adzar dice que Al-hakem mand armar la antigua Maksurah, y poner otra nueva en la quibla del nuevo edificio. No dice que se quitase la antigua al poner la nueva, antes bien parece dar entender que las dos se colocaron en un mismo ao y subsistieron simultneamente. Por lo mismo que espresa que la nueva se arm en la quibla del edificio aadido, induce creer que la antigua Maksurah coexista con ella, porque de lo contrario no necesitaba haber dicho donde la mand poner, siendo sabido que la Maksurah es para cercar y aislar el recinto del Mihrab. 3. Que el autor del _mojmu'-l-muftarik_, copiado por Al-Makkar, incurre en el error de suponer que el que mand construir la Maksurah (esto es, la de Al-hakem) fu Almanzor, y la causa de este error se esplica satisfactoriamente con el dato que nos suministra Ebn Adzar de haber hecho Al-hakem reponer en su sitio la antigua Maksurah. En efecto, habiendo una Maksurah cercado en las capillas que caan al norte del Mihrab, donde hemos dicho que estaba el tesoro, y habindose bajo la gobernacion de Almanzor restaurado y exornado tan notablemente dichas capillas, como aun hoy aparece por la que sirve de sacrista de Villaviciosa, nada tiene de particular que quedase memoria muy especial de esta Maksurah de Almanzor, confundindola mediante el transcurso de los aos con la Maksurah principal, fbrica de Al-hakem. Agrgase estas razones la circunstancia notabilsima de distinguirse dos pocas distintas en la fbrica de la capilla de Villaviciosa y su sacrista, pues siendo la rica ornamentacion de esta ltima pieza propia del estilo rabe de transicion practicado desde principios del siglo XI, la fachada esterior de la que es hoy capilla presenta la misma arquera, el mismo gusto, los mismos ornatos que la fachada del vestbulo del Mihrab, que se hizo en tiempo de Al-hakem: indicio poderoso de que antes de Almanzor existia ese otro recinto coronado de cpulas frontero las tres capillas del Mihrab. [276] Esta tercera capilla, frontera la de occidente del vestbulo del Mihrab, pudo ser demolida despues de la reconquista para la obra de la catedral que se hizo provisionalmente poniendo el altar mayor en la capilla que es ahora de Villaviciosa. Que ella existia es indudable: el ingls Swinburne, cuyo viaje por Espaa es digno de recomendacion, coloca en ella el puesto del Cad. [277] Que se suponia haber sido de plata el pavimento de la Maksurah, lo dice Al-Makkar, loc. cit. [278] Dice Al-Makkar (t. 2, lib. VI, cap. VII) que se le presentaron Almanzor al invadir el reino de Galicia muchos condes cristianos armados y equipados para hacer la guerra bajo sus rdenes; y aade que despues de la toma de Santiago acompaaron al ejrcito moro hasta sus tierras, y all se despidieron del vencedor, recibiendo de l como pago de sus servicios los objetos siguientes: 2285 piezas de tela de seda _tiraz_, de varios colores y tejidos; 21 vestidos de lana marina; 2 trages de ambar; 11 de pao escarlata; 15 _magishat_ (voz cuyo significado se ignora); 7 caparazones de brocado para sus caballos; 2 vestiduras de lo mismo trabajadas en Grecia; y finalmente, otras 2 forradas de piel de comadreja: hecho sumamente curioso que hemos creido no deber omitir. [279] Las incursiones de Almanzor en las tierras de los cristianos se repetian todas las primaveras, regresando Crdoba para el invierno. Acompabale estas peridicas espediciones un numeroso cortejo de poetas y escritores, encargados de inmortalizar sus hazaas. Es posible que estos apologistas pagados hayan exagerado mucho sus hechos de armas, y es posible tambien que se haya perpetuado por la pluma de alguno de los cuarenta parsitos que le siguieron la guerra de Catalua, y cuyos nombres nos conserva Al-Makkar, la accion siguiente, que tiene en verdad demasiado de pica, y que no recordamos haber leido en ninguno de nuestros historiadores. Al retirarse de una de sus campaas, en que habia cogido un inmenso botin, tenia que pasar Almanzor con su ejrcito por un angosto desfiladero, entre dos montaas que encontr defendidas por numerosas bandas cristianas. Viendo el africano que no era posible forzar el paso de aquella garganta, volvi con su hueste la poblacion mas inmediata, y despues de elegir un buen campamento, mand sus gentes construir habitaciones y cuarteles y juntar vitualla para pasar all el invierno. Hecho esto, dispuso que se proveyesen de arados y otros instrumentos agrcolas para cultivar los campos, haciendo al propio tiempo algaras y correras por los pueblos aledaos, saqueando, devastando, y llevando prisioneros al campamento cuantos cristianos cayesen en sus manos. Los que sufrian esta suerte eran inmediatamente decapitados, y sus cadveres arrojados la entrada del desfiladero. Tan grande fu el nmero de cristianos muertos, que los pocos meses qued colmada de cadveres la angostura, siendo tal el horror y la pestilencia que difundian los esqueletos y sangrientos despojos amontonados, que se convirti aquella tierra en un espantoso desierto de muchas millas la redonda. Consternados los cristianos, ofrecieron Almanzor que le dejarian el paso franco si se avenia abandonarles sus tesoros y sus cautivos; proposicion que el africano rechaz indignado. Los cristianos entonces le enviaron segundo mensage, dicindole que le dejarian pasar con su botin y sus prisioneros; pero Almanzor les contest: Mi ejrcito no tiene ya gana de pasar esas montaas y est contento aqu. Si ahora regresase Crdoba, pronto tendria que volverlas pasar para la campaa de la prxima primavera; por lo tanto aqu nos quedamos hasta el ao venidero, y cuando acabemos la campaa entrante nos retiraremos. Llenos de admiracion y de terror los cristianos, volvieron pedirle paz con nuevas instancias, y hasta le propusieron condiciones humillantes para que la admitiera: fueron estas, que ellos mismos habian de facilitarle acmilas para conducir su botin, y provisiones para los dias de marcha hasta llegar su frontera, y que por sus propias manos separarian los cadveres de sus compaeros que obstruan el paso entre las dos montaas. As religiosamente lo cumplieron, y Almanzor triunfante se volvi con su ejrcito Crdoba (Al-Makkar, loc. cit.). [280] Almanzor era de raza africana, nacido en Toresh, cerca de Algeciras. Dcese que Al-hakem, que era aficionado la astrologa y la adivinacion, reconoci en Almanzor su sucesor en el poder por el color moreno de sus manos; con lo cual el inventor de esta ancdota quiso sin duda dar entender que el ltimo Umeya de talento habia presentido con solo ver Almanzor la estincion de la dinasta asitica y el futuro predominio de las razas africanas en Andaluca. [281] Las puertas de la catedral de Santiago se vean todava clavadas en las vigas de la mezquita en tiempo de Ambrosio de Morales. Vase su _Crnica general_, lib. XVII, cap. 23. [282] Ebn Adzar, traduccion del Sr. Gayangos; Al-Makkar, t. 1, lib. III, cap. 2. [283] Tngase presente para esta esplicacion la lmina que representa el _Plano de la mezquita_. [284] La simetra, que en nuestra humilde opinion debe cifrarse ms que en la uniforme repeticion de las partes, en la buena proporcion de unas con otras y de ellas con el todo, nunca se entendi por los arquitectos de la edad media, orientales y occidentales, del modo servil que lo hicieron los de la clsica antigedad. La montona regularidad de los edificios, sus lneas y su ornato, destruye muchas veces el efecto; al paso que cierta irregularidad y amena variedad en las partes les d mayor inters y atractivo. Entre los rabes jams se sacrificaba la cmoda reparticion de un edificio la simetra de su decoracion, y no importaba que esta resultase irregular con tal de que la fbrica llenase plenamente su objeto. Acostumbrados no echar de menos la uniformidad clsica, introdujeron la misma libertad en el ornato, as que, rara vez se encuentran en una arquera rabe dos capiteles iguales, ni dos arcos del mismo vuelo, ni dos archivoltas exornadas con las mismas ajaracas. La regularidad servil por otra parte tampoco fu precepto indeclinable en los buenos tiempos antiguos; la han exagerado los adocenados artistas modernos para suplir la falta de genio inventivo y salir del paso con cmodas imitaciones regla y comps. El inters y el efecto ganan mucho con cierta juiciosa irregularidad, y merced ella los grandes monumentos rabes y gticos ofrecen cada vez que se los contempla nuevas bellezas. [285] Aunque de esta obra de refuerzo ejecutada en tiempo de Abde-r-rahman An-nasr no hicimos mrito al hablar de este Califa y sus construcciones, no ser inoportuno espresar aqu que posteriormente hemos tenido noticia de ella por otro fragmento traducido de la historia de Ebn Adzar que debemos a la amistad del Sr. Gayangos. El testimonio de Ebn Adzar resulta plenamente comprobado por la inscripcion de una lpida de mrmol negro que hoy se ve al costado derecho de la Puerta de las Palmas en el patio, y cuya traduccion, hecha tambien por el Sr. Gayangos, dice as: En el nombre de Dios piadoso, de piedad: mand el siervo de Al, Abde-r-rahman Amir-al-momenin _An-nasr lidini-llah_, alargue Dios su permanencia (en la tierra), edificar esta pared esterior, y afirmar sus cimientos; (y esto lo hizo) en honra de Allah y de su santa religion para conservacion de las seales de su profeca, la cual permiti fuese ensalzada y mencionada juntamente con su nombre; esperando que (la obra) sea aceptable ( Dios) y alcanzar por ella las grandes mercedes y cuantiosos tesoros (de su munificencia) juntamente con gloria permanente y alto renombre. Y se acab (la obra) con ayuda de Allah en la luna de Dzi-l-lacha del ao 346 (enero febrero de 958), por mano de su liberto y guacir... Abdallah ben Batu. Lo hizo Said ben Ayyub. [286] As un mero capricho suele ser orgen de las mas trascendentales innovaciones, podramos aadir aqu en tono doctoral. Buena ocasion era esta en efecto para lanzar al estudio de las discusiones arqueolgicas una especie nueva sobre el orgen de la _ojiva_ en el occidente, si quisiramos seguir el errneo sistema de los que creen que toda forma arquitectnica ha de tener una procedencia nica, como la especie humana la cual damos los ortodoxos una sola cuna. Ctesenos, diramos en son de triunfo, una arquera ojival en cualquier otro monumento anterior la parte aadida por Almanzor en la mezquita de Crdoba, es decir, anterior al undcimo siglo: y si no se nos presenta ninguna, fuerza ser reconocer en el espresado monumento el modelo prototipo mas probable de la arquitectura ojival espaola. Por fortuna no razonamos as: creemos, s, que podr ser quiz la arquera citada el primer edificio de arcos ojivos hecho en Espaa; ms aun, nos figuramos que no se hallarn facilmente en la arquitectura occidental de la edad media ejemplos anteriores de este gnero de construccion (escluyendo el palacio de Ziza cerca de Palermo, que es anterior al noveno siglo); pero sabemos que un accidente aislado como un arco no constituye sistema, y que el arco ojivo mas bien que generador del estilo de arquitectura llamado _gtico_, es meramente uno de sus resultados. Decimos esto porque ha sido este arco objeto de reidas contiendas entre muchos anticuarios, que dndole la importancia que por s solo no tiene, han gastado tiempo y tesoros de erudicion queriendo buscar el primer arco apuntado hecho en el mundo, y mostrando el precioso hallazgo, quin en oriente, quin en occidente, este en Egipto, aquel en Grecia, unos en las orillas del Soma y del Rhin, otros en las del Guadalquivir, otros finalmente en Inglaterra, en Normanda, etc., segun su particular simpata por esta aquella tierra. Sealar un arco ojivo como orgen de la arquitectura de los siglos medios, prescindiendo de su estructura, del corte de sus dovelas, de su modo de ejercer la presion, de las bvedas por arista en que realmente se engendra, de los nervios y demas caractres esenciales del arte ojival, es como desenterrar al pi del monte OEta una flecha y pretender que sea reliquia de la famosa batalla de las Termpilas. El que se deja alucinar por el hallazgo de algunas formas aisladas, vendr parar la absurda consecuencia de que no hay sistema arquitectnico que no se haya practicado en la antigedad. Porque en efecto, as como los egipcios y los griegos conocieron el arco apuntado, los ninivitas labraron puertas de medio punto, bvedas de caon y ojivales, capiteles de volutas, grecas, alizares, almenas endentadas; y los persas sassanidas usaron las bvedas peraltadas, las cpulas bizantinas, los arquitos ornamentales largos y angostos, unidos dentro de un recuadro en forma de agimez, que constituyen uno de los mas graciosos caractres de la decoracion bizantina y sarracnica, y hasta el mismo dintel conopial de lneas mixtas, de que tan frecuente empleo hicieron los arquitectos un tanto amanerados de los siglos XV y XVI. Al estender esta nota hemos tenido la vista las obras siguientes, que puede consultar el que guste comprobar los hechos que apuntamos: Hope, _Historia de la arquitectura_; Batissier, _Historia del arte monumental_; Caveda, _Ensayo histrico, etc._; Flandin, Coste, etc., _Viaje de Persia_, Botta, _Monumentos de Khorsabad_; Layard, _Monumentos de la antigua Nnive_. [287] Las dimensiones de la mezquita de Crdoba son diversas en cuantos escritores han hablado de este edificio. Segun Morales y otros tiene 620 pis de largo y 440 de ancho. Mr. Gailhabaud y otros autores que le han copiado le dan 162 metros de longitud (581 pis, 4 pulgadas) y 123 de anchura (441 pis, 5 pulgadas). D. Ramirez de las Casas Deza en su _Indicador cordobs_, dice haber obtenido en su medicion 647-1/2 pis de largo y 480-1/2 de ancho. Al-Makkar trae, citando otros historiadores rabes, diversas medidas; pero reconoce que hay entre ellos disparidades por no ser fija la dimension del codo adoptado por los mismos como unidad. Por ltimo, creemos la menos sujeta error, y adoptamos por consiguiente, la medicion practicada en 1811 por el ingeniero de minas baron de Karwinski y el de puentes y calzadas D. Joaquin Rillo, segun la cual tiene la mezquita 642 pis de longitud y 462 de anchura. [288] Vase la lmina _Esterior de la mezquita de Crdoba_. [289] Vase la lmina _Capilla de Villaviciosa_. [290] Lo mismo que _arquitectos_. [291] Al-khaulan, citado por Al-Makkar (lib. III, cap. IV), refiere que hallndose un dia Almanzor embebecido en la contemplacion de las bellezas de su palacio de Azzahira, se le angusti de repente el corazon presintiendo la prxima ruina del Califato, y llorando amargamente esclam: Pronto el fuego de las civiles discordias prender en los muros de este palacio, y las bellezas de Azzahira desaparecern con ellos de la faz de la tierra. Esta mansion esplndida ser asolada y convertida en escombros; sus jardines se trasformarn en mstio pramo, mis tesoros rodarn entre el polvo, y lo que es hoy teatro de placer y de alegra se trocar en escena de desolacion y ruina! [292] El estilo de esta capilla indica perfectamente la transicion del bizantino al africano. Su situacion corresponde al de las tribunas que se hallan en las antiguas mezquitas de Amr, de Tulm, de El-azhar, etc.; pero la gran riqueza de su ornamentacion hace presumir que no estuviese esclusivamente destinada al pregon interior alicama que hacian los almuedanes anunciando la oracion. Los turcos en sus mezquitas tienen aposentos separados, semejantes este, para las esplicaciones del Koran: as se verifica en Santa Sofa de Constantinopla. En la Alaksa de Jerusalem existe igualmente una tribuna en situacion anloga la de esta pieza; pero la ocupan ordinariamente los cantores, y no sabemos por los historiadores rabes que en las mezquitas de la Espaa rabe se hiciese uso de la msica. El embajador de Marruecos Sid Hamet Elgazel, que estuvo en Crdoba por los aos de 1766, tradujo una inscripcion de esta capilla, cuyo texto d entender que servia para que los doctores de la ley alcornica celebrasen sus discusiones. Esta capilla cae segun dejamos dicho oriente de la nave central del Mihrab. A occidente habia otra, sobre cuyo destino hemos conjeturado, con el ingls Swimburne, que podia tener en ella su puesto el Cad superior Cad de la Aljama. De que realmente haya existido no hay la menor duda, puesto que en el informe sobre construccion de una nueva capilla real escrito en 1644 para ser presentado al rey D. Felipe III, se dice hablando de este sitio: _No se pretende mudar de lo que labraron los rabes, pues ya se hizo la mudanza en tiempo de D. Iigo Manrique, demoliendo una de las tres capillas que tenian en este sitio los rabes._ Los rabes pues tenian tres capillas, interceptando la del medio la nave central: hoy en las mezquitas de Africa y Asia solo se ve una, un lado de esta misma nave, y en la posicion que ocupa la que acabamos de describir tan prolijamente. Dsele ahora el nombre de _mastach_, sirve solo para la _alicama_; y por el plano de la mezquita de Amr que publica Batissier en su _Historia del arte monumental_, pueden ver los que tengan esta obra su colocacion anloga la de la tribuna de Almanzor. [293] Edific Al-hakem (dice el citado Ebn Adzar de Marruecos, pg. 256 de la edicion de Dozy) al occidente de la mezquita la cmara llamada _Dar-as-sadaca_ casa de la limosna, porque su destino era para socorrer con dinero los pobres. Dios excelso le haya perdonado! Erigi tambien Al-hakem, dice Al-Makkar (lib. III, cap. 2), varios edificios para hospedar los pobres enfrente de la puerta principal de la mezquita del lado de occidente. Cul era esta puerta principal? Las puertas rabes de la mezquita son todas iguales en sus dimensiones por la parte esterior, esceptuada la puerta grande que estaba debajo de la torre almenara. Pero hay efectivamente en el muro occidental una puerta hoy tapiada, al lado del postigo de S. Miguel, que corresponde una cmara estancia rabe, cuajada de primorosa tracera, aunque lastimosamente toda encalada, donde se custodian el archivo de la estinguida capilla de msica y los libros de canto para el coro. Esta estancia debi ser forzosamente la cmara de la limosna, y la puerta que ella conducia seria en realidad la principal entre las de aquel costado por servir de ingreso tan preeminente departamento. Frente esta puerta cegada, en el lado opuesto de la calle, donde estaban las hospederas para los pobres, est hoy el hospital de nios espsitos. Feliz terreno, consagrado siempre las buenas obras! [294] La cmara de la limosna, hoy archivo de msica, ocupa en su longitud las tres primeras naves trasversales de la parte aadida por Al-hakem, y tiene frente por frente la capilla de Villaviciosa. Median entre ambas cuatro naves mayores, y este fu luego el buque de la primera catedral cristiana de Crdoba despues de la reconquista, como mas adelante se dir. As, pues, la pieza de la limosna vino ser como el vestbulo narthex de la catedral, el recinto hoy capilla de Villaviciosa su presbiterio, y la tribuna de la _Alicama_ su sacrista mayor. [295] Recuerda sin duda el lector que la mezquita antes de ser baslica cristiana habia sido templo romano en honor de Jano Bifronte, y que Abde-r-rahman I habia hecho cuidadosamente conservar para su grande Aljama todas las columnas de la construccion primitiva. [296] Nos atrevemos calificar con este nombre el arte rabe del primer perodo porque su ornamentacion nos parece de casta todava mas pura que la vulgarmente llamada _bizantina_. Hay en Crdoba capiteles del tiempo de Abde-r-rahman III y de Al-hakem II, en que se ve mas que el mero reflejo la verdadera resurreccion del gusto helnico. Pero trataremos mas adelante esta cuestion reproduciendo algunos fragmentos de Medina Azzahra. [297] Esto significa en rabe _Kalat-an-nosor_, de donde hemos formado _Calataazor_. [298] La dinasta de los Umeyas di al trono de Crdoba diez y seis prncipes: hemos hecho mencion de los diez primeros, nicos con quienes tiene relacion la historia de la fundacion y engrandecimiento de la mezquita Aljama. Los siguientes, que pertenecen la poca de las guerras civiles del Califato, y reyes solo en el nombre, nada al parecer hicieron en este templo. Puede sin embargo interesar al lector su sucesion. Despues de Hixem II, destronado en marzo de 1009, subi al trono Mohammed II, que rein hasta noviembre del mismo ao. Era este nieto de un hermano de Al-hakem II. A Mohammed II sucedi Suleyman, to de Hixem II, y rein hasta mayo junio de 1010. Subi despues por segunda vez al trono Mohammed II, y en agosto del mismo ao 1010 le sucedi el destronado Hixem II, tambien por segunda vez promovido al Califato. A Hixem II sucedi Suleyman, por segunda vez; rein desde el mes de abril de 1013 hasta el mes de julio de 1016. En este se interrumpi la dinasta de los Beni-Umeyas. Ingirise en la sucesion Al, hijo de Hamud, de diversa estirpe, y rein hasta marzo abril de 1018. Despues de este sigue otro Umeya, denominado Abde-r-rahman IV, nieto de otro hermano de Al-hakem II, aunque nunca lleg enseorearse de la capital. Siguen Abde-r-rahman IV, que deja de reinar en enero de 1019, otros dos de la dinasta de Hamud, Al-Kasim, hermano de Al, y Yahya, hijo de Al, los cuales ocupan alternando el trono hasta noviembre del ao 1023. Viene luego Abde-r-rahman V, de los Umeyas, hermano de Mohammed II, hasta mayo del ao 1024; luego Mohammed III, nieto de otro hermano de Al-hakem II, hasta el mes de mayo de 1025; despues otra vez Yahya, hijo de Al ben Hamud, hasta febrero de 1027; y ltimamente Hixem III, hijo de Abde-r-rahman IV, desde mayo de 1027 hasta el ao 1031. El reino de Crdoba dependi luego de los amires de Sevilla, y fines del siglo XI pas bajo el imperio de los amires de Africa, almoravides y almohades. Poseianle estos ltimos cuando en el primer tercio del siglo XIII se rindi las armas de D. Fernando el Santo. [299] Por este tiempo fu cuando Juan, arzobispo de Sevilla, tuvo que traducir la Biblia del latin al arbigo para que pudiesen entenderla los cristianos de Andaluca, as lo refieren el P. Florez, Bravo, Masdeu y otros. [300] _Tunc Museranij_, dice Orderico Vital, _fere decem milia congregati sunt, ac Regem Ildephonsum humiliter adierunt. Nos inquiunt et Patres nostri hactenus inter Gentiles educati sumus, et baptisati Christianam legem libenter tenemus: sed perfectum div religionis dogma nunquam ediscere potuimus: nunc neque nos pro subjectione infidelium, quibus jam diu oppressi sumus, Romanos, seu Gallus expetere doctores ausi fuimus, neque ipsi ad nos venerunt propter barbariem paganorum, quibus olim paruimus. Nunc autem adventu vestro admodum gaudemus, et natali solo relicto vobiscum migrare cum uxoribus, et rebus nostris optamus. Mucerianis itaque rex, quod petebent, annuit, etc._ De las concesiones de tierras y privilegios que el rey les hizo habla Garibay (lib. 23, cap. 8). [301] Bajo esta persecucion, no menos encarnizada que la de Mohamad, de que hicimos mencion en su lugar correspondiente, debieron quedar destrudas la mayor parte de las baslicas cristianas de Crdoba, pues solamente hay noticia de haberse conservado una por los cautivos cristianos, que fu la de Sta. Maria, de que habla Salviato (copiado por Bolando y Tamayo) en la vida de S. Martin de Soure. Vase el cap. _Crdoba mozrabe_. [302] As lo refieren Ibn Sahibi-a-salten su _Historia de los almohades_, Ibnu-l-khattib, y Conde. [303] El emperador, dice Gomez Bravo (t. 1., pg. 240), como nimiamente crdulo... imbi al conde D. Manrique de Lara con otros caballeros, y fueron todos arrestados por rden de Abengamia luego que entraron en la ciudad. El diligente historiador rabe Ibn Khaldun, de quien copia un largo fragmento el Sr. Gayangos en su apndice D al tomo II de Al-Makkar, refiere que estando Ben Ganyah en Jaen sitiado por el rey cristiano, aprision traidoramente uno de sus condes encerrndolo en el castillo de Alcal de Ben Zaid. [304] Hiprbole usada con frecuencia por los historiadores rabes para pintar la muchedumbre de un ejrcito. [305] Esta espresion, de que se vali Al-Mu'tamed para significar que mas queria ser prisionero de Yusuf Ibn Taxfin el almoravide, que cautivo de Alfonso, se hizo luego proverbial en Andaluca. [306] Esta segunda entrada de las tropas del emperador D. Alfonso en Crdoba consta de dos privilegios que menciona Gomez Bravo, dado el uno Pelayo, cautivo, 23 de junio, era de 1188, y el otro Martin Diaz, 19 de agosto de la misma era. Hcese en el primero mencion del cerco de Crdoba con estas palabras: _Quando Imperator tenebat Cordubam circundatam, et pugnavit super eam cum triginta milia Muzmidis, et cum alijs Indalucijs, et devicit eos._ Y dcese en el segundo: _Post reditum fossati, quo prnominatus Imperator Principem Maurorum... sibi vassallum fecit; et quandam partem Cordub deprdavit cum mesquita majori._ Concuerda con esto lo que refiere en su _Historia de Espaa_ Mr. Romey (t. 6., pgina 90) del discurso que dirigi Abde-l-mumen en Sal el Cad de la Aljama de Crdoba Abu-l-Kasem ben El Had, con motivo del solemne recibimiento hecho por el Amir almohade los diputados de las ciudades de Andaluca sometidas la nueva dinasta. La capital de Espaa, dijo Abu-l-Kasem, centro de los musulmanes, sufre los asedios y asaltos del tirano Aladfuns (Dios le confunda!); sus campos estan talados y yermos, sus caseros destruidos incendiados, etc... Los musulmanes que la defienden esperan que acudas su defensa y ahuyentes los enemigos del Islam. Todos ponen los ojos en t como en una alta montaa esperando auxilio seguro, etc. [307] Vase Homey, _Hist. cit._, t. 6., cap. II, y Al-Makkar en su descripcion de la mezquita, epgrafe _Copia del Koran, etc._ [308] La mezquita Aljama de Sevilla, de que hoy solo se conserva el altsimo alminar, llamado _la Giralda_, fu construida por los almohades. [309] Nadie ignora que la derrota que sufrieron los almohades en la sangrienta batalla de las Navas de Tolosa Muradal, y con la cual lav D. Alfonso IX la afrenta recibida en Alarcos, fu la que di el golpe de muerte al imperio agareno en Espaa. Espanta el pensar cul habria sido la suerte de la cristiandad si la tremenda oleada venida del Africa no se hubiese estrellado contra las hericas huestes de Castilla, Aragon y Navarra. Nunca se habia visto un ejrcito tan numeroso como el que junt El Nassr allegando para la guerra santa toda la gente disponible de aquende y allende el Estrecho. Los historiadores rabes afirman que entre escuadrones y batallones, entre ginetes y peones, contaba el Amir mas de 400,000 hombres, repartidos del modo siguiente: 60,000 voluntarios, 300,000 reclutas, 30,000 negros con alabardas para la mas inmediata defensa de su persona, 10,000 ballesteros renegados, y ltimamente muchos flecheros de las tribus zenetes, rabes y arbigo-berberiscas de Almagreb. [310] Este pacto se cumpli, pero el templo cristiano erigido en medio de la capital del imperio agareno de Africa dur poco, porque el usurpador Yahya, aprovechando una diversion de El Mamun, cay con sus partidarios sobre la ciudad y lo destruy. Vase Romey, _Historia de Espaa_, citando al historiador rabe Ebn Abd el Halim, t. VI, cap. 6. [311] Refiere Gomez Bravo haber visto en el claustro de la parroquia mozrabe de S. Sebastian de Toledo un epitfio de un cristiano de Crdoba que huy dicha ciudad por estos tiempos, concebido de la manera siguiente: _In nomine Domini Jesu-Christi Vir bonus, et gratus, Vicinus, merigeratus Dominicus Joannes Corduba ad astra Beatus._ Obijt 25 Julij, era 1219. [312] Estos hombres que llevan el nombre de almugvares (_almogavars_), dice Bernardo Desclot, son gentes que no viven sino de hechos de armas, ni habitan en villas ciudades, sino en bosques y montaas; y estan en guerra diaria con los sarracenos. Entran en sus tierras una dos jornadas, prenden los sarracenos, llvanse sus bienes, y as viven. Sufren malandanzas que otros hombres no podrian sufrir, pues si es menester pasan dos dias enteros sin probar bocado, mantenindose de la yerba del campo. Los adalides que los guian saben todos los caminos de las tierras que recorren; no llevan mas que una camisa muy corta, sea verano invierno, en las piernas unas calzas de cuero, abarcas en los pis, en la cintura una correa con un buen cuchillo, casco en la cabeza, lanza y dardo en mano, y una bolsa de piel la espalda con pan para dos tres dias... Son todos catalanes y aragoneses. Vase la nota 162 la Crnica de Fr. Pedro Marsilio, traducida por D. Jos Maria Cuadrado. Mr. Romey en su Historia completa del modo siguiente esta pintura de aquella clebre milicia catalana y aragonesa. Hay tambien otros llamados Golfines, que en su modo de vivir se diferencian poco de los almugvares, y son castellanos y salagones, gentes de lo profundo de Espaa... Los cuales, por no tener hacienda y haberlo gastado jugado todo, bien por delitos que cometieron, huyen de su tierra con sus armas, y como hombres que no saben hacer cosa de provecho, se establecen en la frontera de los puertos de Muradal, que son unas grandes montaas llenas de bosques y peas inaccesibles que confinan con tierras de sarracenos y cristianos, y por donde pasa el camino que va de Castilla Crdoba y Sevilla, y all roban las gentes de toda ley. _Almogavar_ se deriva del verbo rabe _ghar_ _ghara_, que significa guerrear, acometer, etc.; de donde procede tambien el sustantivo _algara_ _algarada_ (_alghawra_ en rabe), equivalente incursion, acometida sbita, correra por el pais enemigo. [313] Barrio al oriente, en la parte baja de la ciudad, en que vivian los mozrabes, separado de la Almedina parte alta, llamada tambien la _villa_ despues de la reconquista, por una fuerte muralla, que, corriendo de N-E. S-O., dividia Crdoba en dos porciones desiguales. Crese que habia ademas en la Almedina otros muros interiores que la dividian en cuatro cinco barrios diversos. Sbese de cierto que habia en la ciudad puertas interiores, con sus guardas serenos (_Ad-darabn_) encargados de cerrarlas todas las tardes despues del _alatemah_ oracion del anochecer, de modo que los barrios no comunicasen unos con otros. Estos guardas andaban bien armados, llevaban una linterna sorda, y un perro para que les avisase de cualquier ruido. De las puertas interiores existen todava algunas en la ciudad con el nombre de _portillos_. [314] Alvaro Colodro y Benito de Baos fueron los primeros soldados cristianos que escalaron la muralla por el punto mismo que hoy ocupa la _Puerta de Colodro_. [315] Llegle en el camino la noticia del aprieto en que tenia puestos los valencianos D. Jaime de Aragon, y olvidndose de sus cordobeses, se dirigi auxiliar al rey Aben Zeyan. Con este objeto lleg Almera, donde pensaba embarcarse para Valencia; el cad alcaide Abde-r-rahman le di alojamiento en la Alcazaba festejndole con un esplndido banquete, y aquella misma noche (15 de enero de 1238) le ahog prfidamente en su propio lecho. Romey, _Hist. cit._: t. VI, cap. 6. [316] Estando en Benavente sentado para comer, le lleg el correo con la noticia de la sorpresa de Crdoba por unos cuantos soldados, y el rey, sin darse tiempo de tomar un bocado, mont caballo, dejando rdenes los lugares de Leon y Castilla para que le siguiese la gente de armas que la diligencia de los cabos y corregidores pudiese juntar. Vase la Crnica general de Espaa del rey D. Alfonso, parte 4., fol. 409: Crnica del santo rey, cap. 21: el arzobispo D. Rodrigo, lib. 9, cap. 16. [317] De los _Beni Hud_ de Zaragoza. [318] Vase la nota de la pg. 93. [319] En el archivo de la iglesia catedral existe la prueba de esto en un privilegio del rey S. Fernando fechado en Valladolid 12 de noviembre de la era 1276 (A. D. 1238), en el cual se leen las siguientes frases: _Notorio e manifiesto sea... que yo Ferrando por la gracia de Dios rey de Castiella, de Toledo, etc., por consentimiento e beneplcito de la reina D. Berenguela, mi madre, juntamente con mi mujer la reina D. Juana e con mis hijos Alfonso, Frederico e Ferrando, fago carta de donacion, concesion, confirmacion e firmeza a Dios e a la eglesia catedral de Sta. Mara de Crdoba e a vos el maestro Lope, mi amado electo obispo de la misma, desde agora e a vuestros sucesores, e a todo el cavildo de cannigos, etc._ [320] Donde est hoy la capilla _de la Concepcion_. [321] En la que es hoy capilla _de la Cena_. [322] ... _Vos doy e conedo los diezmos de mi almoxarefadgo, alguacilado de las quintas salinas e mi tienda, e de todos los rditos que tengo en Crdoba, a vos fago donacion de dos fornos e aquellas dos aceas que fueron de Ordoo Alvaro, e vos doy quinientas aranzadas de via e cien aranzadas de huerto e la tercera parte de todo mi olivar_, etc. Privilegio citado. Por el memorial de un pleito sobre el terreno de la _alcaicera_ entre el cabildo y el duque de Medinaceli, fallado por la Real Chancillera de Granada, nos consta que al diezmo del almojarifazgo concedido la catedral, y confirmado por varios reyes en lo sucesivo, estaban anejas y juntas estas otras rentas: el pontazgo, los tres pesos, la renta de las libras de la carne, la media fanega de la alhndiga, y la antigua alcabala de las bestias. Percibi el cabildo estas rentas hasta el ao 1411, recibiendo el importe del diezmo del almojarifazgo en el arca de la aduana de la ciudad. Cuando algun ao no habia arrendadores del almojarifazgo, no daban fianzas bastantes, no pagaban el diezmo como debian al cabildo, ponian sus fieles as la renta como cada una de las rentas anejas. Arch. de la catedral, caj. Z, leg. 2, nm. 38. [323] Fu D. Lope muy amado del rey S. Fernando, y le habia ya dado este casas, un horno, una rueda de acea, quince aranzadas de via y tres de huerta cuando entr en Crdoba. Vase Gomez Bravo. [324] Es tambien interesante este instrumento, porque no existiendo el repartimiento de Crdoba, por l se tiene noticia de muchas posesiones y derechos, cuyo conocimiento es til para el estudio de la corografa y de nuestro antiguo sistema tributario. Copiamos de l lo siguiente: Luzena y Bella con todos sus trminos, al seor obispo, como las di el rey la Eglesia. Cay en parte al cabildo Tiosa con todos sus trminos e todo el almoxarefadgo de Crdoba e todas las tiendas fechas e por faer assi como el rey lo di a la Eglesia. De las vias e huertas cay la mitad al obispo e la otra al cabildo. Sacada la huerta de las veinte e dos aranzadas que dicen Aliatar que recebi el obispo en cambio e entrega por la ofrenda e por el mortuorio que habia el obispo en la capilla, e finc en el cabildo la dicha ofrenda. Cay al cabildo por entrega de las huertas el horno de S. Laurencio e al obispo la heredat de Carchena, al cabildo el cortijo de Diezmariza e el cortijo de Miguel Zorita, los que fueron de Alfon Tellez. Del heredamiento de Jaen, del del Tejedor, del heredamiento de Palma e del heredamiento de la Torre de Avenhance (que es cerca la Torre Albaen) toc la mitad al obispo e la otra mitad al cabildo. Toc al obispo la mitad de todas las aceas que h la Eglesia en esta cibdat e la otra mitad al cabildo e dicho seor obispo D. Gutier asign al comunal de las raciones en la parada que cay al cabildo todos los heredamientos e que los haya en esta forma. En Tiosa con todos sus trminos as como la di el rey la Eglesia, los cortijos sobredichos e todo lo que h el cabildo en Crdoba, vias e heredades, huertas, aceas, hornos, el almoxarefadgo, todas las tiendas fechas e por faer, el diezmo todo de la tienda de los alcalles, e la alfndiga que es cerca de Sancta Mara, e cerca de los baos, e la parte que h el cabildo de las caloas de los alcalles, e la parte del diezmo de los ganados que vienen a estremo, e del montadgo e de los treinta dineros de los judos, e toda la parte que cayere al cabildo en los almoxarefadgos de todas las villas que tenian los moros en este obispado cuando los oviese la Eglesia, e toda la partida del cabildo de las Eglesias que son en esta cibdat sern, etc. Arch. Caj. V, nm. 98. [325] Son varios los autores impresos y manuscritos que lo traen. Hllase en la Historia del linage y _Casa de Crdoba_, del abad de Rute, m. s. de la Real Academia de la Historia; en otro curioso m. s. de la misma Academia titulado _Antigedad y grandezas del suntuossimo y mximo templo de la sancta catedral iglesia antiguamente metropolitana de Crdoba, etc., compuesto para despues reducirlo mejor forma por Joseph Antonio Moreno, Martin, Velazquez de los Reyes, capellan de la veintena, etc., ao 1686_; y hllase asmismo en cuanto lo sustancial en Gomez Bravo, _Obispos de Crdoba_, lib. III, cap. 4., pg. 264. [326] Esta capilla es hoy sala capitular, aunque abandonada. El laborioso anticuario D. Luis Ramirez y de las Casas-Deza en su _Indicador cordobs_ asegura que fu la primera que se labr en la iglesia restaurada escogindola para s el santo rey, y aade que en ella se conservaron por mucho tiempo escudos y banderas de los que se llevaron en la toma de la ciudad por S. Fernando. La misma antigedad le d el presbtero D. Francisco Sanchez de Feria, hijo del conocido autor de la _Palestra Sagrada_, en su _Descripcion moderna y antigua de la ciudad de Crdoba_ que posee m. s. indita nuestro erudito y bondadoso amigo el Sr. D. Valentin Carderera. Sin embargo el autor del m. s. citado _Antigedad y grandezas etc._, propio de la Real Academia de la Historia, afirma que la primera capilla que se fund fu la de S. Lorenzo, por el arcediano de Crdoba D. Sebastian en tiempo del rey S. Fernando, siendo sus capellanas las mas antiguas de aquella santa iglesia despues de las de la veintena. Cul era esta capilla de S. Lorenzo? D. Francisco Sanchez de Feria (m. s. cit.) dice que con este ttulo fund el arcediano de Castro D. Sebastian Ruiz, en 1298, una capilla que en el siglo XVI hubo que demoler para la fbrica de la capilla mayor, crucero y coro, y que en esta poca fu trasladada la de _Sancti Spiritus_, cuya advocacion ces desde entonces. El Sr. Casas-Deza, sin tomar en cuenta la existencia de la capilla _Sancti Spiritus_, supone la advocacion de S. Lorenzo establecida en 1288 por el arcediano de Crdoba D. Sebastian. Como se ve, no hay contradiccion entre estos dos ltimos escritores: lo nico que hay es llamar el Sr. Casas-Deza equivocadamente fundacion lo que fu mera traslacion; pero ambos convienen en asignar la capilla de S. Lorenzo, hoy unida la de S. Pedro por obra del dean D. Pedro de Salazar en el pasado siglo, un origen posterior no solamente la fecha que le atribuye el autor del m. s. _Antigedad y grandezas etc._, sino al reinado mismo del hijo de S. Fernando. [327] Fu destinada para sala capitular en 1347, y por los aos de 1805 se principi la obra que determin hacer el cabildo para darle otra forma, destruyendo arcos y quitando columnas iguales lo demas de la mezquita; pero se suspendi por desaprobacion de la Real Academia de S. Fernando. _Indicador cordobs_, p. 261. [328] D. Francisco Sanchez de Feria, m. s. citado. [329] Acerca de la suntuosa sinagoga que los judos comenzaron construir en Crdoba en tiempo del papa Inocencio IV, existe una bula espedida en Leon de Francia, ao stimo de su pontificado, en el famoso _Libro de las tablas_ del Archivo de la catedral, del cual nos ha permitido el ilustrado cabildo sacar algunas copias y extractos, auxilindonos con extremada bondad en nuestra tarea su archivero el Sr. Trevilla. Este documento no existe ya original, pero su copia, al folio 1. vuelto de dicho _Libro_, con sus abreviaturas originales, dice as: Innocentius {=eps} Serv. Serv. Dei. Venerabili fratri {=epo} Cordube{=n} salutem et a{=pli}cam be{=n}. C{=otr}a inhibicion{=e} dilect{=or}. fili{=or}. Archidiaconi et c{=apl}i Cordube{=n} si{=c} accepi{=m}. judei Cordube{=n}. civitatis qu{=ad}am sinagog{=a} s{up=}flue altitudinis te{=me} ibi{=de} c{=os}truere de novo p{=su}munt et grave X{=p}i fidelium scandalum et Cordube{=n}. eccl{=ie} detrimentum. Quare humili{=t}. petebatur a nobis ut {pv=}ide su{p=} hoc misericorditer curare{m=}. Quo cura fraternitate tue {p=} ap{=lic}a scriptura manda{=m}. q{=tin}. c{=on}t. judeos eosdem s{up=} hoc officij tui debitum cessante appellacionis obstaculo exequaris. Dat. lugd{=un}. Idus aprilis pontifi{cat=}. n{=ri}. anno septimo. Esta sinagoga, sin embargo de lo mandado por S. S., no fu derribada, porque dice D. Francisco Sanchez de Feria (m. s. cit., fol. 107 vuelto) que qued desierta por marzo de 1492, cuando los reyes catlicos D. Fernando y D. Isabel expulsaron de Espaa los judos; en cuya poca se fund en ella el Hospital de Sta. Quiteria para curacion del mal de rabia. La causa de no haber tenido cumplimiento la bula de S. S. pudo ser quizs el haberse recibido en Crdoba cuando ya el obispo D. Gutierre habia fallecido, y antes del nombramiento de su sucesor. [330] En la lmina que representa la vista de Crdoba y su catedral desde el castillo llamado de la _Carrahola_, se muestra perfectamente dibujada, aunque en pequeo, la elevacion de la catedral antigua, que asoma su armadura por encima de las terrazas de la mezquita, formando una ala tendida de oriente poniente partiendo de la nave del _Mihrab_. [331] Vase la pg. 185 y su nota 1. [332] Ibid. [333] El Sr. Casas-Deza en su _Indicador cordobs_ atribuye al obispo D. igo Manrique en 1489 una reedificacion de esta capilla segun el gusto tudesco. Si esta en efecto tuvo lugar, luego indudablemente se verific otra en poca muy posterior, porque su bveda actual est pregonando el mas lastimoso churriguerismo. [334] Parece ser que esta capilla, hoy Sagrario desde el ao 1577, fu fundada por el obispo de Crdoba D. Fernando de Mesa en 1265, y n por D. Juan Ponce de Cabrera en 1390, como dice el Sr. Casas-Deza. A Ponce de Cabrera se la di el cabildo en 1320, y su mujer D. Ins Henriquez la tenia ya dotada antes de finalizar el ao 1350. As lo refiere Feria, m. s. citado. [335] ... _tenuis et exilis tanquam nihil obtinens extra muros; immo inter ipsos Sarracenos undique constituta_, decia la bula de Gregorio IX. [336] Este privilegio se copia en el Memorial del pleito citado entre el duque de Medinaceli y el cabildo de la iglesia catedral sobre el terreno de la alcaicera. Dice as: Sepan cuantos esta carta vieren... etc. como Nos D. Alfonso por la gracia de Dios... etc. Por grant sabor que habemos de facer bien e merced al obispo D. Ferrando e al cabildo de la Eglesia catedral de la N. C. de Crdoba la que gan el muy noble rey D. Ferrando nuestro padre de moros e la pobl de cristianos servicio de Dios e de Sancta Mara, e por las almas del muy noble rey D. Ferrando nuestro padre et de la muy noble reina D. Beatriz nuestra madre, e por remision de nuestros pecados, dmosles e otorgmosles carta, bien los que agora y son como los que sern de aqu adelante, para siempre jams, las nuestras treinta y tres tiendas que son cerca de la misma Eglesia. Entra en esta donacion una tienda que y ha, en que venden el pescado, e esto les damos porque fagan cada anno dos aniversarios etc. De estas tiendas dadas al cabildo, unas estaban en la alhndiga, otras en la alcaicera. As consta de un albal del rey D. Enrique III, por el cual, en perjuicio del cabildo, cuyo derecho era tan antiguo, se daban las mismas tiendas dos caballeros llamados Ruy Mendez y Alfon Mendez de Sotomayor. [337] Libro de las tablas, caj. N, nm. 271, fol. 17. [338] El imperio de Alemania. [339] Esta carta es curiosa y merece citarse: Sepades, dice los alcaldes y alguacil de Crdoba, que el cavildo de la Eglesia de Sancta Mara de Crdoba me embiaron decir que tienen carta del rey mio padre abierta en como quita de todo pecho a quatro moros que labren en su Eglesia, e porque dien quel uno destos moros es muerto et el otro ciego en guisa que non puede labrar pidironle merced que pusiessen otros dos moros en logar destos et que fuessen quitos de todo pecho assi como lo eran los otros, et l tvolo por bien. Et dien que son estos los dos moros que ellos y quieren poner, Famet et Zahec. Et pidironme merced que me ploguiesse, et yo tngolo por bien. Onde mando et defiendo que estos quatro moros que el cavildo tomare para su Eglesia que non pechen et que los muden cada que quisieren, et tomen quales quisieren. Et nenguno non sea osado de les demandar pecho nenguno. Et non fagades ende al. Dada en Peafiel. VII dias de abril, era de mill et CCC et treze annos. Yo Johan Ma{=th} bien Math., maestrescuela de Crdoba la fiz escrevir por mandado del infante. _Libro de las tablas_, fol. 17. [340] Dice as: Et yo tengo por bien que quatro moros, dos _albas_ et dos _aaiares_ que les ellos tomaren para obra desta Eglesia sobredicha que sean quitos de todo pecho. Ibid. [341] Libro de las tablas, fol. 18. [342] Vase la pg. 192. [343] El arzobispo de Leon Agobargo se habia visto precisado representar contra ellos al emperador Ludovico Pio, pidiendo les cercenase los privilegios de que gozaban, y el monarca procur poner remedio sus escesos. [344] En el _Archivo_ de la catedral, caj. N, nm. 271, al fol. 3, existe copia antigua de este documento, que empieza as: Innocentius {=eps} Serv. Ser{=v}. Dei. Venerabili fratri episcopo Cordobe{=ns} salutem et apostolicam benediction. Licet in Sacro generali Concilio... fuerit deliberatione statutum ut judei a christianis habitu distingantur ne illorum isti ut ist illi mulieribas po{=ssi}t d{=ap}nabil{=it} co{=m}isceri. judei ta{=m} {=i} Cordube{=n} civitate et dio{=c} co{=m}orantes statutum hujusmodi si{=c} accepimos n{=o} obsv{=an}t, quapropter etc. Est fechado en Leon de Francia, idus de abril, ao 7. de su pontificado, que corresponde al ao 1250. [345] Existe el documento en el mismo Archivo, caj. P. [346] Acerca del diezmo de las posesiones que los judos y sarracenos compraban y labraban, hay en el mismo caj. P (nm. 75, 76 y siguientes) muchos instrumentos y privilegios rodados, reales provisiones, cartas y bulas. Bajo el nm. 79 hay una carta de D. Alonso X, con seal de haber tenido sello pediente, espedida en Crdoba 3 de junio de 1260, de la que se deduce que era general en todas las tierras de la provincia habitadas por moros la resistencia al pago del diezmo, puesto que se hace espresion de la queja del obispo y cabildo contra los moros que labran las heredades de los cristianos en _Palma, Castro, Almodovar et otros logares_. [347] Ibid., nm. 79 (instrumento reproducido en el Libro de las tablas. fol. 18):... Otros se querellaron que habia judos e moros que albergan casas de los xp{=n}os et moran en ellas et non dan el derecho que daban los xp{=n}os si viviessen en ellas, por ende el rey mand que los judos e moros que moraran en las casas de los xp{=n}os alogradas que paguen sus derechos como lo fazien los dichos xp{=n}os... etc. [348] Otorg el vencedor que aseguraba las vidas y haciendas los moradores en pacfica y quieta posesion, que no arruinaria las mezquitas, ni estorbaria el uso y ejercicio pblico de la religion, que tendrian sus cades que juzgasen sus pleitos y causas, etc. Conde, ao 1085. [349] Y concertaron con el rey Gacum (Jaime) que la ciudad le seria entregada ofreciendo seguridad todos sus moradores, y libertad para irse otra parte donde quisiesen con todos sus haberes, y que los que quisiesen permanecer en ella fuesen tributarios como los otros vasallos del rey Gacum, permitindoles el libre uso de su religion, leyes y costumbres. Conde, ao 1238. [350] Las condiciones de la entrega fueron: que los muzlimes pudieran quedar en la ciudad y vivir en ella con toda libertad, gozando de sus casas y posesiones seguramente, sujetos solo al moderado tributo que solian pagar sus reyes por Sunna y Xara. Conde, ao 1248. Al estipular que podrian vivir _con toda libertad_, es claro que no se esclua la libertad de conciencia y el culto pblico. [351] Cun diferente la capitulacion de Crdoba, si es que tal nombre merece! Perdida la esperanza que los animaba, dice Conde (ao 1236), acordaron de rendirse con buenas condiciones; pero los cristianos, que estaban seguros de su triunfo, solo concedieron los moradores _la vida y libertad de ir adonde bien les pareciese_. [352] Partida 2., tit. XXIX. I. 1. [353] Los setarios secuaces de Mahoma, dice Marmol Carvajal, propiamente deben ser llamados con dos solos nombres _alrabes_ _agemes_: los alrabes son los originarios, y los agemes los advenedizos que de otras naciones y provincias abrazaron su opinion...Los mauros, fenicios cartagineses, como los quisiremos llamar, que escaparon de la ira de los romanos, derramndose por Africa entre los penos, constituyeron seoro en algunas partes, especialmente en las Mauritanias, y dellos vienen los que agora llaman azuagos; y porque as estos como los otros mauros de Fenicia abrazaron la seta de Mahoma en el nmero de los agemes, el vulgo cristiano los llama comunmente todos moros; y as los que lo son se honran mucho de aquel nombre, entendiendo por mucelemines, que es el nombre que ellos tienen por epteto de santimonia, interpretado hijos de salvacion. Los _mudjares_ vienen de los alrabes y de los agemes africanos y de otras naciones, y son los que se quedaron en Espaa en los lugares rendidos por vasallos de los reyes cristianos, los cuales, porque servian y hacian guerra contra los otros moros, los llamaron por oprobio _mudegelim_... _Rebelion y castigo de los moriscos_, lib. II, cap. I. Rstanos solo aadir, para mayor claridad, que en nuestros antiguos documentos legislativos se sigue el uso vulgar de llamar _moros_ indistintamente todos los muzlimes sujetos la dominacion cristiana, sean rabes berberiscos. Estos moros estaban divididos en cuatro clases: los _conversos_, los _siervos_, los _libertos_ y los _mudjares_. Los conversos llevaban tambien el nombre de _moriscos_. Eran siervos los que nacian tales, eran vendidos para serlo por persona capaz, los infieles cautivos en la guerra. Eran libertos los que en virtud de la emancipacion por beneficio de la ley pasaban del estado de servidumbre al de libertad; sin embargo, as los esclavos como los libertos formaban parte de la propiedad mueble, la mas estimada en Espaa, donde siempre fu descuidada la agricultura. Los _mudjares_ eran los nicos muzlimes libres que vivian con su religion y sus propiedades bajo el vasallage de los conquistadores cristianos, segun los pactos especiales concertados al entregarse ellos. As pues, rigurosamente hablando, los mudjares cordobeses que no gozaban mas que de una libertad medias por no habrseles otorgado derecho alguno para permanecer en la cuidad, se hallaban en una situacion extralegal y anmala. [354] Mr. Circourt en su _Historia de los moros mudjares y moriscos_ elude completamente la cuestion relativa al estado y condicion de los muzlimes entregados discrecion del vencedor en las ciudades tomadas sin capitulacion, como Crdoba. Entiende (t. 1, cap. XV) que las nicas fuentes para venir en conocimiento de la legislacion propia de los mudjares, sin la distincion que nosotros acabamos de establecer, son las Siete Partidas y el Fuero de Valencia. No ignora el historiador francs que hasta que el Ordenamiento de Alcal le di fuerza legal en 1348, no se observ como ley general del reino el Cdigo del rey sabio; pero cree (y en esto no va descaminado si se refiere la curia de la corte) que las leyes de Partida se estudiaron y tuvieron secuaces desde que fueron ultimadas en 1258. Nosotros creemos, por lo que hace los moros mudjares, que puesto que no habia estipulacion escrita que debiese regir como ley para el rgimen y gobierno de los de Crdoba, lo regular y lgico es que los reyes D. Fernando y D. Alfonso los sujetasen prximamente la misma condicion que en su Cdigo (puesto que su pensamiento pertenece ambos) habian imaginado y dispuesto como normal para las gentes de su clase. Por consiguiente venimos parar una conclusion semejante la de Mr. Circourt, aunque por una razon diferente, pues l cree que los mudjares de Castilla y Andaluca tuvieron por cuerpo de leyes el Cdigo de las Partidas por estar ya este en observancia, oficiosa aunque no oficial, y nosotros suponemos, tan solo por una razon de consecuencia en las ideas de gobierno de dichos reyes, que viviran sometidos los mismos principios de equidad que los monarcas mencionados fijaban en su cuerpo de legislacion general. [355] Vase la pg. 172. [356] D. Jos Antonio Moreno, capellan de la veintena, en su citada obra m. s. _Antigedad y grandezas de la catedral de Crdoba_, al ao 1284, en nota marginal. Para que la mencionada capilla de S. Pablo existiese cuando muri el maestre de Santiago D. Pedro Muiz de Godoy, forzoso era que hubiese sido labrada antes del ao 1285. D. Francisco Sanchez de Feria en su _Decripcion_ indita de la ciudad de Crdoba, dice que la capilla de S. Pablo se labr en 1365 por el comendador D. Pedro Muiz de Godoy. De estas dos noticias ninguna es cierta, si bien es disculpable la equivocacion en que sus autores han incurrido por la identidad de los nombres. El primer maestre de Santiago que llev el nombre de D. Pedro Muiz de Godoy, electo en 1280, no consta hubiese fundado capilla alguna. Sbese, s, que antes de ser elegido maestre fu comendador mayor de Castilla, y esta circunstancia ha podido tal vez inducir en error Sanchez Feria al llamar _comendador_ otro D. Pedro Muiz de Godoy, que en efecto vivia en el ao de 1365. Este segundo maestre D. Pedro del ilustre linage de Godoy (que lo fu tambien de Calatrava, como asegura Rades Andrade), privado del rey D. Enrique II, cas dos veces: fu su segunda mujer D. Elfa de Latorre, seora principal, y tuvo en ella cuatro hijos, al primero de los cuales, D. Gonzalo Yaez de Godoy, caballero de Santiago y comendador de Beas, cedi el cabildo de la iglesia mayor de Crdoba el ao 1387 sitio para fundar la espresada capilla, segun consta del instrumento de donacion que cita el Dr. D. Andrs Morales en el cap. 272, part. 1. de su _Hist._ m. s. indita _de Crdoba_. Esta gracia y merced hacemos, dice el instrumento citado, por muchos y muy sealados servicios que el maestre vuestro padre hizo nuestro seor el rey. etc. Y en efecto, el maestre D. Pedro muri en batalla al servicio del rey D. Juan el I hallndose en Badajoz con el conde de Niebla contra el Portugal. No pudiendo ponerse en duda la autenticidad de este instrumento, es preciso creer que la inscripcion que hoy se le en la capilla de S. Pablo en dos lpidas modernas de jaspe azul los lados del altar, y en que se dice que el maestre D. Pedro la edific, est equivocada. Reedificada esta capilla en el siglo XVII por un descendiente del maestre, llamado D. Fernando Carrillo (de cuyos empleos y ttulos nos informa una de las dos lpidas citadas), no seria estrao que la inscripcion se hubiese grabado consultando solamente la tradicion, que denominaba la capilla de S. Pablo _Capilla del maestre D. Pedro Godoy_ por haberla labrado para l su hijo D. Gonzalo. [357] Del ao 1290. [358] Fundada por D. Perez de Retes en el mismo ao 1290. Sanchez Feria, m. s. citado. Hoy no existe. [359] Fundada, segun el mismo autor y segun Gomez Bravo, por el dean D. Pedro de Ayllon, en 1294. Tampoco existe ya. [360] Del ltimo tercio del siglo XIII, pero de ao incierto. [361] De esta capilla de S. Gil, que tampoco existe hoy, tenemos noticia por el citado m. s. de Sanchez Feria. Parece ser que la fund en 1300 el arcediano de Castro D. Gonzalo Perez, quien la renunci en el cabildo por los aos de 1376. [362] Esta queja en efecto elevaron al rey D. Fernando IV en las crtes de Valladolid la mayor parte de los obispos y cabildos de todos los reinos, y en vista de tan justa y debida representacion, mand el rey librarles la carta que trae Gomez Bravo en su _Catlogo de los obispos de Crdoba_, cap. VI, lib. 3. [363] El obispo D. Gil. [364] Moreno, _Antigedad y grandezas etc._, m. s. cit. de la Real Academia de la Hist. [365] Solo en el ao 1320 habia fundado una capilla S. Pedro Mrtir el alcaide de los Donceles Martin Fernandez de Crdoba. Esta capilla no se conserva, ni sabemos dnde fu labrada; pero la menciona Sanchez Feria en su citada _Descripcion_ indita. [366] Esta capilla fu en un principio llamada de los obispos, pero mas se la conoce hoy como del dean D. Lope, por estar enterrado en ella el dean D. Lope de Sandoval, que fu el que le hizo la reja que tiene en los primeros aos del siglo XVI. Est hoy sin culto, y es la ltima del lado de poniente. [367] Consta esta cesion, mas bien permuta, verificada 13 de octubre, era 1403 (A. D. 1365). Vase Gomez Bravo, cap. X, lib. 3. La capilla de nuestra Seora de la Encarnacion lleva hoy el nombre de _Capilla de los Sousas_, y est abandonada. Es contigua la de S. Clemente por el lado de levante. [368] El mismo D. Martin Alonso de Crdoba fu el primero que tom el apellido _Montemayor_, de resultas de haber demolido el castillo de _dos Hermanas_ y edificado en su lugar otro en un monte mas alto y mas propsito para la defensa, dando nombre la villa que all se form. [369] Desgnase entre los genealogistas cordobeses con el nombre de la _cepa_, que significa lo mismo que tronco origen, al noble linage de los Fernandez de Crdoba, que procediendo del entronque de las dos familias de Muoz (el adalid) y Fernan Nuez de Temez, es el principio de las distinguidas casas de Alcaudete y Montemayor, Aguilar, Lucena y Chillon, Guadalczar y otros. [370] As lo refiere D. Francisco Sanchez Feria en su citada _Descripcion_ m. s. [371] Ruy Diaz de Rojas, personage del tiempo de Enrique III, de quien cant una gran proeza aquel conocido romance: _Vente m, el perro moro,_ _Que no los nios muchachos._ Este es un ejemplo entre mil que pudieran citarse. Los caballeros del tiempo de D. Juan II tenian los mismos usos; y mas marcados an los del reinado de D. Enrique IV, quien, segun se refiere en la curiosa relacion del viaje Espaa del conde bohemo Leon de Rosmital, que acaba de dar luz la Sociedad literaria de Stuttgart (_Des bohmischen Herrn Leo's von Rosmital Ritter-Hof-Und Pilger-Reise_), recibia los enviados de los demas reyes sentado sobre una alfombra la usanza oriental, entre los principales seores del reino, que vestian la morisca, montaban la gineta, y afectaban seguir en todo los usos y costumbres de los moros. El historiador y poltico Felipe de Commines, que vino Castilla con embajada de Luis XI al mismo D. Enrique, cuenta en sus _Memorias_ que este tenia una guardia compuesta de 300 ginetes africanos. [372] Memorias referentes la historia de la catedral desde el reinado de D. Enrique II hasta el de Crlos I: desde la construccion de la Capilla Real hasta la ereccion del crucero nuevo. * * * * * _Ao_ 1371. Construccion de la Capilla Real (hoy sacrista de la capilla de nuestra Seora de Villaviciosa). 1373. El obispo D. Alonso de Vargas 7 de octubre hace aplicacion de los Trezuelos de las iglesias despobladas, que se distribuian antes en obras pias, para distribuciones cotidianas de las horas cannicas; y aplica asimismo para estas distribuciones las prestameras de la ciudad. Para que las prestameras quedasen siempre anejas la mesa capitular, solicit el cabildo que confirmase el pontfice Clemente VII este Estatuto del obispo D. Alonso, como lo hizo S. S. por su legado el cardenal D. Pedro de Luna, despues Benedicto XIII. En cuanto los Trezuelos hubo variacion en los tiempos posteriores, pues algunos obispos repugnaron la aplicacion hecha. 1374. El arcediano de Crdoba D. Alfon fu muerto violentamente, y el dean D. Anton Martin public que esta muerte se habia hecho por rden del rey. Sinti mucho D. Enrique que se le designase como autor de este atentado, y en venganza mand quitar la vida al dean. Quejronse al papa Gregorio XI el obispo y cabildo, y aunque el rey procur disculparse, mand el Pontfice que fundase en la catedral una capellana para que todos los dias se dijese una misa de requien por las almas de aquellas vctimas. Erigise y situse la capellana en el altar del Pilar el dia 23 de setiembre de 1375. Ocupa este altar uno de los postes del templo. De 1378 1381. Todo este tiempo estuvo sin obispo la iglesia de Crdoba de resultas del _gran cisma de Occidente_. El arzobispo de Bari, Bartolom de Prignano, elegido irregular y violentamente para suceder en la silla pontifical Gregorio XI, con el nombre de Urbano VI, 9 de abril de 1378, sabiendo que la iglesia cordubense se hallaba vacante, se reserv la eleccion de prelado, prohibiendo que el cabildo lo eligiese. Otro tanto hizo el legtimo papa Clemente VII. Urbano eligi por obispo Menendo de Cordula, y le envi por legado suyo al rey D. Enrique para que este le reconociese por legtimo Pontfice, autorizndole para ofrecer en su nombre al monarca de Castilla, fin de granjearse su voluntad, tres piezas de escarlata para que se vistiera con la reina y sus hijos del mismo color que se vesta el Papa. D. Enrique sin embargo suspendi dar la obediencia, y la corte de Castilla se mantuvo neutral en el cisma hasta que, reinando ya D. Juan I, se determin en Salamanca reconocer por Papa Clemente VII. en 19 de mayo de 1381. Clemente VII no habia elegido obispo para Crdoba; entre tanto lo habia hecho el cabildo, y aunque esta eleccion fu declarada nula por el legado D. Pedro de Luna, sin embargo, atendiendo los grandes mritos del sugeto elegido por el cabildo, que era el cannigo y maestrescuela D. Juan Fernandez Pantoja, dicho cardenal legado le eligi de nuevo y le confirm en uso de las facultades que tenia. 1379. En el _Archivo_ (Caj. U, nm. 73) hay un Instrumento en pergamino por el que consta que en 15 de octubre de este ao, ante ciertos escribanos del nmero de Crdoba y dos alcaldes, comparecieron en una de las cmaras de la santa iglesia de una parte el cabildo, y de otra unos judios en representacion de la Aljama de ellos, y el cabildo manifest los referidos alcaldes como ya les constaba la carta que habia envado el rey en que se mandaba que en las villas y lugares donde no se pagaban por dichos judios los 30 dineros, que no se pagasen, pero en las que se habian satisfecho en tiempo de los seores reyes, los pagasen los judios que tuviesen 19 aos cumplidos y desde esta edad arriba; y en los lugares donde se habia pagado en tiempo pasado por los 30 dineros 1 maraved, se pagase solo el maravedi. Y porque por dicha carta se mandaba dichos alcaldes que defendiesen los judios de Crdoba y de todo su obispado en dicha merced, el cabildo espresaba que en obedecimiento de dicha carta habia mandado cesar en el cobro de los referidos 30 dineros hasta suplicar S. M. sobre algunas condiciones contenidas en ella, que no habia lugar en este obispado. Y que por cuanto antecedentemente por los judios se habia declarado que en esta ciudad y obispado se habia cobrado por los 30 dineros 3 maravedis y 4 dineros por el alval, lo que nuevamente negaban dichos judios, pidi el cabildo que interin acudia al rey se le dejase cobrar razon de dichos 3 maravedis; en cuya consecuencia se consinti por los alcaldes se cobrasen, y prometieron no se molestaria las personas que los recojan: lo cual est firmado por Pedro Gonzalez y Alfon Martinez, escribanos pblicos. 1387. El da 14 de agosto de 1385 ganaron los portugueses la clebre batalla de Aljubarrota, tan funesta para Castilla, cuyo rey D. Juan I salv la vida en la gran derrota por la proeza del seor de Hita que canta aquel conocido romance: _Si el caballo vos han muerto, Subid, rey, en mi caballo._ Aprovechando los portugueses la victoria entraron talando y saqueando el pais por la frontera de Badajoz, que defendia como adelantado el maestre D. Pedro Muiz de Godoy. Opsose este al enemigo, y habiendo perdido el caballo, cay en tierra y fu muerto. Fu su cadver conducido Crdoba, y su hijo D. Gonzalo Yaez de Godoy obtuvo del cabildo de la iglesia mayor sitio para enterrarle en ella, fundando la capilla de que se hizo mencion en la nota de la pg. 238. 1391. El mencionado obispo D. Juan Fernandez Pantoja hizo su iglesia catedral una donacion de ornamentos bordados y vasos de oro y plata para el divino Sacrificio. 1393. El mismo prelado confirm con el cabildo en junio de este ao un Estatuto de su antecesor sobre los maravedises que el obispo y beneficiados debian pagar para las capas de seda. En l se determina que se paguen 1000 mrs. por el obispo; 600 por las dignidades y cannigos; 200 por los racioneros; 100 por las medias raciones; y que esto se satisfaga por el obispo en su primer ao y por los beneficiados en los dos aos primeros, cada ao la mitad. 1397. El mismo obispo hizo donacion al cabildo de diferentes posesiones que habia comprado, y agradecido ste, le ofreci cumplir las fiestas de Sta. Ana y de las Nieves con la misma solemnidad que hasta entonces se habian celebrado, y un aniversario por su alma, que se cumple en abril. En este mes muri, y fu enterrado en el sepulcro de los cinco obispos, en tercer lugar. 1398. En noviembre de este ao el obispo D. Fernando Gonzalez Deza se oblig dar 100 mrs. de moneda vieja cada ao _porque faga el cabillo la fiesta de las once mil Vrgenes de todas capas, y rganos, hasta hallar posesiones para dotarla_. 1404. Muri el duque de Medinasidonia D. Enrique de Castilla, hijo natural de D. Enrique II y de D. Juana de Sousa, y el rey D. Enrique III escribi al cabildo que le diese sepultura en la capilla mayor al lado del Evangelio. En este sitio estuvo, en un sepulcro de madera primorosamente esculpido, hasta mediados del siglo XVI, en que fu el arca sacada de all. Su madre D. Juana de Sousa fund doce aniversarios por su alma, y llevada del grande amor que le tenia, se retir del mundo vivir dentro de la misma iglesia, pidiendo para esto al cabildo los cuartos que llaman de _cabeza de rentas_, donde dispuso su habitacion para el resto de sus dias. Este singular retraimiento de la noble dama, tom sin duda en boca del pueblo andando el tiempo color de mas novelesca aventura. Supsose que el personage enterrado en la antigua capilla mayor era aquel infeliz duque de Arjona D. Fadrique de Castro, esforzado caballero y protector de trovadores, nieto del maestre D. Fadrique hermano del rey D. Pedro, y cuya desgracia se refiere en aquel romance antiguo que empieza: De vos el duque de Arjona Grandes querellas me dan. Acreditse en Crdoba la especie de que su madre se habia refugiado en la catedral huyendo del encono del rey que habia hecho morir al duque. Ambrosio de Morales, concorde con Argote de Molina, pretendi ser errada esta opinion y haber confundido el vulgo en uno solo dos duques de Arjona, uno nieto del maestre D. Fadrique, como queda dicho, y otro hijo natural del rey D. Martin de Sicilia y de una doncella de noble linage. Ambos llevaron el mismo nombre y ttulo, pero el primero fu D. Fadrique de Castro, duque de Arjona, y est enterrado en el monasterio de Benevivere, y el segundo fu D. Fadrique de Luna, duque de Arjona, y segun Morales est enterrado en Crdoba. El primero muri en el castillo de Peafiel; el segundo falleci en la fortaleza de Brazuelos. Hay como se ve causa sobrada para la confusion de los dos duques de Arjona en uno solo; y la hay tambien para que los mismos historiadores graves y crticos como Morales y Argote, no ya el vulgo, hayan tomado la misteriosa dama encerrada en la catedral de Crdoba por D. Tarsia, la amiga del rey D. Martin de Sicilia: Mejor informados en este punto el autor indito del m. s. _Antigedad y grandezas etc. de la santa catedral iglesia_, ya otras veces citado, y el Dr. Gomez Bravo, lo esclarecieron manifestando el error en que los mencionados historiadores y el vulgo habian incurrido, y haciendo ver que el personage sepultado en la antigua capilla mayor no era otro que el duque de Medinasidonia D. Enrique de Castilla, hijo natural del rey D. Enrique II, y cuya madre, por el grande amor que le tenia, no quiso apartarse de su cuerpo aun despues de muerto. El duque de Arjona que supone Morales enterrado en Crdoba no muri hasta el ao 1438, y el duque de Medinasidonia, de quien aqui se trata, fu mandado enterrar en la capilla mayor antigua en 1404. Falta solo saber qu se hizo del arca caja de madera en que yacia sepultado. En tiempo del citado Ambrosio de Morales se conservaba todavia, pues dice: en el cabildo de la iglesia est agora el cuerpo del duque de Arjona dentro de una riqusima tumba de madera, muy grande, y toda labrada de talla y muy dorada. Solia estar esta tumba con el cuerpo dentro de la capilla mayor, al lado del Evangelio, y passronle de alli no ha muchos aos porque parecia tener tanto mas honrado enterramiento que los reyes: estando su capilla dellos espaldas del altar mayor, y este enterramiento muy junto l. Aade el citado cronista que no debia este cuerpo estar muy bien guardado, porque se contaba que habian hurtado algunas sortijas que tenia en los dedos. Siendo esto asi, no debe estraarse que el arca haya sido objeto de mayores profanaciones, y que este precioso objeto de escultura, tan interesante para la historia del arte nacional, haya completamente desaparecido. Del sepulcro del duque de Medinasidonia solo existe hoy la memoria en una lpida que hay en la pared al lado del Evangelio, con un epitafio que dice: _Aqui yace D. Enrique de Castilla, duque de Medinasidonia, conde de Cabra, seor de Alcal y de Mora, hijo del muy alto rey D. Enrique II el Magnfico_; y en la inscripcion de la capilla de la Encarnacion, de los Sousas, que dejamos ya reproducida. 1412. El diezmo del almojarifazgo concedido la catedral habia sido confirmado por varios reyes, y este diezmo estaban anejas y juntas las rentas del pontazgo, de los tres pesos, de las libras de la carne, de la media fanega de la alhndiga, y de la alcabala antigua de las bestias. Hasta el ao 1411 habia cobrado el cabildo el diezmo de estas rentas percibiendo su importe en el arca de la Aduana de la ciudad. Teniasele tambien por seor de la renta de la almotaglasia y de las alcaiceras y tiendas del corral de la alhndiga, por considerarse todas anejas al almojarifazgo. Pero el rey D. Enrique III sin curarse de ello, queriendo hacer merced Ruy Mendez y Alfon Mendez de Sotomayor, sus vasallos, les habia dado las tiendas que tenia la corona en Crdoba, algunas de las cuales, decia la donacion, _son en la alcaicera de la dicha cibdat e otras son en el corral de la alfondiga_. Entonces el cabildo present su querella contra los referidos vasallos del rey fin de que fuesen respetados sus antiguos privilegios, y sustanciado el pleito por todos sus trmites, se di sentencia declarando haber probado el cabildo su intencion y pertenecerle por virtud del dicho su privilegio y escrituras que habia presentado, los diezmos del almojarifazgo, de la almotaglasia de dicha ciudad, de las tiendas de las alcaiceras y del corral de la alhndiga, y de las dos tiendas que los Mendez habian sacado de la alcaicera. (Memorial del pleito del terreno solar de la alcaicera de Crdoba entre el Excmo. Sr. duque de Medinaceli y el venerable dean y cabildo de ella en el Juicio de propiedad intentado por su excelencia por caso de corte en la Real Chancillera de Granada.--_Archivo_, Caj. Z, leg. 2, nm. 38.) 1424. Muri el obispo D. Fernando Gonzalez Deza y fu enterrado con sus padres en la capilla que habia erigido S. Acacio. Su sobrino D. Fernando Ruiz de Aguayo dot en ella dos sacristas y seis capellanas muy cuantiosas, y tambien fu sepultado all. 1427. Habia por este tiempo gran facilidad de impetrar en la corte romana los beneficios y prebendas, por lo cual se suscitaban frecuentes litigios y se vean precisados muchos componerse con los impetrantes por cierta cantidad de dinero que les daban, recibian dejndoles los beneficios. Para evitar estos daos y molestias, el dean D. Fernando y el cabildo hicieron un Estatuto, determinando que el beneficiado que hubiese gozado pacficamente su prebenda por un ao, pudiese ir Roma cualquiera otra parte seguir su derecho, tenindole por presente mientras durase el litigio; pero que si constase que alguno habia cooperado maliciosamente en la impetra por gozar de este indulto, le perdiese con el duplo de lo que habia de percibir, y fuese multado juicio del cabildo. 1431. Se instituy en la catedral una fiesta muy solemne en accion de gracias por la gran victoria de la _Higueruela_, en cuya jornada derrot el rey D. Juan los moros granadinos matndoles treinta mil hombres. 1432. Habiendo el obispo D. Fernando Gonzalez Deza dejado en testamento su librera al cabildo, su sucesor D. Gonzalo y el cabildo mandaron que todos los aos se hiciesen por su alma doce memorias y un aniversario. Segun el _Indicador cordobs_ (pgina 240 y siguientes) la biblioteca del cabildo empez formarse con los libros que en el ao 1274 le don el obispo D. Fernando de Mesa, cuyo ejemplo imitaron despues el dean y cannigo D. Pedro Ayllon en 1303; el citado obispo Gonzalez Deza en 1424; el obispo D. Martin Fernandez de Angulo en 1516; el chantre Anton Ruiz de Morales, y el clebre Juan Gins de Seplveda en 1564. La biblioteca estuvo en un principio situada en la capilla de Santiago. En 1480 se decret su traslacion otro lugar. En 1578, siendo obispo D. fray Martin de Crdoba y Mendoza, se mud las piezas que hoy ocupa, comunicando con la iglesia por una puerta que hay entre las dos capillas _antigua y nueva, primera y segunda de S. Bartolom_. 1442. Hizo el cabildo diferentes rogativas y procesiones las ermitas de Sta. Mara de las Huertas, Sta. Ana y S. Benito, y dentro de la iglesia, para aplacar la clera divina manifiesta en la terrible peste que padecia la ciudad. 1443 y siguientes. El infante D. Enrique de Aragon, que era uno de los que acaudillaban al partido opuesto al condestable D. Alvaro de Luna, pretendia conciliarse la benevolencia del pueblo cordobs asistiendo con mucha frecuencia en la catedral los divinos oficios y ofreciendo preciosos dones en misas nuevas y otras fiestas principales. Muchos prebendados y caballeros sin embargo, conociendo que el infante atendia mas sus intereses que al bien del reino, y que solo habia separado los que ejercian oficios municipales para poner en su lugar otros que le eran devotos, no queriendo ceder su tirana, ni pudiendo contrastarla, se salieron de la ciudad, y el cabildo determin que los tales prebendados se tuviesen por presentes. El obispo D. Sancho de Rojas, que era de la parcialidad del infante, vino enojado al cabildo y contradijo esta determinacion, y la declar por nula prohibiendo practicarla so pena de excomunion mayor. Obedeci el cabildo y la mand borrar del libro de las constituciones. Despues, cuando triunf el partido del condestable alejndose de Andaluca el infante, el obispo quiso poner entredicho en la ciudad y su obispado; mas apel el cabildo al arzobispo de Toledo, y como este era hermano de D. Alvaro de Luna, tuvo que suspender el obispo su determinacion. Retirse entonces el prelado Baena, y all celebr rdenes generales. Para ordenar al dean D. Juan de Contreras fu menester que el cabildo le mandase entregar _el bculo de plata dorado, e la mitra mayor, con lo que necesario es del Pontifical mayor, para levar nuestro Sr. el obispo D. Sancho de Roxas Baena_. El rey, irritado contra el obispo D. Sancho, hizo secuestrar por el cabildo todas las rentas: hzose as 5 de febrero de 1445, dndose su administracion al arcediano de Castro D. Pedro de Crdoba y Solier. Este secuestro dur bastante tiempo, y algunas veces se vi precisado el obispo pedir al cabildo le socorriese con dinero para atender sus necesidades mas urgentes. 1455. El rey D. Enrique IV fu Crdoba, adonde lleg 20 de mayo la reina D. Juana, y all ratificaron el matrimonio que habian contraido por poderes. Recibieron las bendiciones en la catedral el dia 25, Pascua del Espritu Santo, y por no estar consagrado el obispo D. Gonzalo de Illescas, hizo el oficio el arzobispo de Tours, embajador del rey de Francia. 1456. El obispo D. fray Gonzalo de Illescas, dice Bravo, di en el ao de cincuenta y seis una singular muestra de su nimo verdaderamente religioso y pacfico; pues teniendo algunas diferencias con el cabildo sobre el derecho de elegir pertiguero, y sobre algunos bienes de D. Sancho de Rojas, y reparo del palacio episcopal, que se habia quemado, vino cabildo viernes 23 de julio, y dijo: que para evitar los pleitos, debates contiendas, nombraba su compromisario al arcediano de Castro y al Dr. fray Alonso Alvarez, prior de S. Gernimo. El cabildo admiti gustoso el compromiso, y para el caso de discordia nombr otros tres individuos; con lo que todo se fu componiendo amigablemente. 1458. El papa Calixto III habia pedido al estado eclesistico de Castilla y Leon un caritativo subsidio para la guerra contra el turco. Congregronse las iglesias en Medina del Campo y se obligaron contribuir con 35000 florines. Pero como en este mismo ao habia padecido Crdoba esterilidad y peste, y el cabildo y el obispo habian tenido que hacer cuantiosas limosnas, la iglesia de Crdoba resisti la referida contribucion. Obligse sin embargo contribuir con algo, mas en el ao de 1474 todava no habia acabado de satisfacer su contingente. 1465 y siguientes. Las memorias de estos aos son del mayor inters, no solo por lo tocante la iglesia de Crdoba, su clero y obispo, sino tambien por la viva pintura que con ellas se hace del infeliz estado de Castilla en tiempo de D. Enrique el Impotente, bajo cuyo infausto reinado, y mediante el escandaloso suceso de Avila, se encendi tanto fuego en la monarqua, que no hubo ciudad que no ardiese en guerras civiles, muertes, robos y sacrilegios. Procuraremos delinear lo mas brevemente posible el cuadro general de estos sucesos, intercalando en la compendiada narracion de los historiadores de mas crdito, las noticias no publicadas que hemos podido proporcionarnos merced la obsequiosa venia obtenida del ilustrado cabildo de Crdoba. Depuesto en Avila el rey D. Enrique IV y elevado al trono en su lugar su hermano el infante D. Alonso, declarronse en Crdoba por el intruso el inquieto D. Alonso de Aguilar y otros grandes caballeros con D. Martin Fernandez, alcaide de los Donceles; y por el rey legtimo el obispo, el conde de Cabra y otros caballeros principales: con lo que qued la ciudad dividida en dos poderosos bandos que se hicieron sangrienta guerra. D. Alonso de Aguilar se habia hecho tan dueo de Crdoba, que ech fuera al corregidor y ministros del rey, y usurpando la jurisdiccion antigua de alcalde mayor, prendia y desterraba, cargaba pechos eclesisticos y seculares, y no habia quien pudiese contenerle. El obispo D. Pedro de Crdoba y Solier, hasta entonces amigo suyo, habia procurado en vano refrenar sus arrebatados mpetus hasta que viendo que nada obtenia, y no teniendo fuerzas para contrastarle, se sali de la ciudad y se refugi en su castillo de Toledillo, donde public entredicho y anatema contra D. Alonso de Aguilar por haberle quemado y saqueado su palacio episcopal, cometiendo otras injurias y violencias contra sus familiares. Muri en 1468 el infante D. Alonso, causa principal de la division del reino; sus partidarios se acobardaron, y los fieles al rey se llenaron de jbilo. La repulsa de la prudente D. Isabel (despues reina catlica), quien quisieron los primeros declarar por reina, acab de desarmarlos, y as todos por necesidad volvieron la obediencia del rey jurando la infanta por sucesora en el reino. Entregado ciegamente D. Enrique al marqus de Villena, que solo atendia al logro de sus intereses con la discordia de los demas, al pasar Crdoba con objeto de acabar la pacificacion de los nimos, solo consigui enconarlos de nuevo, porque con las providencias que dict aconsejndole su valido, dej todos descontentos. D. Alonso de Aguilar, resentido de que le hubiesen hecho entregar su enemigo el conde de Cabra los alczares y fortalezas de la ciudad, y al conde de Alcaudete la Carrahola, sin cuyas defensas era poco seguro su predominio en Crdoba, ide el modo de recuperarlas, y le sali bien, porque habindose apoderado traidoramente de la persona del mariscal D. Diego Fernandez de Crdoba, el conde de Cabra y sus parciales, amigos de este, se vieron precisados abandonrselas como precio de su rescate. La preponderancia de Aguilar en la ciudad alejaba de ella al obispo; sin embargo contribua cuando era necesario con su presencia remediar los males de su Iglesia, porque la general turbacion introducida por los desmanes de los grandes, se agregaba una gran relajacion en la disciplina eclesistica, y hubo casos en que, arrostrando la tirania ejercida por el de Aguilar, tuvo el prelado que acudir como buen pastor, ya reprimir la insolencia de algunos malos cannigos quienes aquel favorecia, ya contener al prepotente magnate en sus injustos procedimientos con otros prebendados. En una ocasion el chantre D. Lope de Sandoval, que por lo visto era mejor para campeador bandolero que para sacerdote, se atrevi tomar posesion de una canonga contra la voluntad del obispo y cabildo de cannigos, quienes tocaba darla, asaltando la iglesia con gente armada reunida por su propia autoridad. Otro dia, por haber defendido con calor en el cabildo varios prebendados atropellados y desterrados por D. Alonso, y contribuido que se tomase un acuerdo en cuya virtud debian los desterrados tenerse por presentes todo el tiempo que durase su ausencia, el poderoso rbitro de Crdoba fragu su ruina: tan buena traza se di, que logr del mismo rey enviase carta firmada al obispo rogndole saliese de la ciudad y se retirase un lugar del obispado; no quiso obedecer D. Pedro Solier, y D. Alonso sorprendindole con gente armada se apoder de l, le mont en una mula, y tomando las riendas, le sac violentamente de la ciudad, mandando se le cerrasen las puertas. D. Pedro se fu al convento de S. Gernimo, y de all Montemayor, donde a 1. de julio de 1472 mand publicar por excomulgado D. Alonso y poner entredicho en la ciudad. Las causas espresadas en la carta de anatema fueron once, y merecen publicarse literalmente (Gomez Bravo solo lo hace en estracto muy diminuto) por la luz que derraman sobre esta poca de turbulencias tan digna de estudio. Hace saber el obispo en su carta-excomunion, los Sres. dean y cabildo, capellanes mayores de la capilla de S. Pedro, y los demas rectores y clrigos de todas las iglesias de la ciudad de Crdoba y su obispado, que habia seguido algunos procesos contra D. Alfon, seor de la casa de Aguilar, as de oficio como peticion fiscal y del cabildo, sobre la quema de las casas obispales y fraccion de la santa iglesia, como tambien por haberse apoderado de las rentas de los diezmos de Caete por su propia autoridad muchos aos, por lo cual habia incurrido en excomunion mayor; y debindose guardar entredicho, lo declaraba y mandaba se tuviese por tal por las causas siguientes:==1. Porque habia D. Alfon dado muchas armas y caballos los moros; 2. porque prendi seis cannigos de esta santa iglesia porque obedecieron los mandamientos apostlicos, y los tuvo presos mas de seis meses siendo presbteros, diconos y subdiconos; 3. por haber tenido como tenia la torre de la iglesia y obra de ella encastillada; 4. por el quebrantamiento de las casas obispales y quema de ellas, y por la fraccion de la iglesia; 5. porque habia muchos aos que tenian impuesta imposicion en esta ciudad llevando de dicho Sr. y de su clereca y religiosos y conventos de ella la dicha imposicion, debiendo ser por lo mismo excomulgados con el referido D. Alfon los siguientes: Garca Mendez de Sotomayor, comendador de la rden de Santiago, Alfon del Castillo, Ferran Cabrera, Pedro Mendez el mozo, Alfon Mendez, Pedro de Crdenas, Gonzalo de Mesa, Alfon de Angulo, Juan de Angulo, Juan de Sosa, Ferrando de las Infantas, Ferrando de Luna, Juan de Crdenas, Pedro Gonzalez de Mesa, Pedro de Hoces, Pedro Cabrera, Pedro de Aguayo, Anton Cabrera, Pedro de Crdoba, Gonzalo de Crdenas, el bachiller Gonzalo de Zea, Martin de la Cuerda, Pedro de Torreblanca, Diego de Ferrera, Sancho de Crdoba, Diego de Crdoba, su hijo, Juan de Valenzuela, el bachiller Alfon Rodriguez, Juan de Baeza y Ferrando de Baeza, veinticuatros de Crdoba, los cuales habian concurrido con D. Alfon, seor de Aguilar, en la referida imposicion. Gonzalo y Alfon de Baeza, escribanos; y se debia guardar entredicho hasta tanto que restituyesen todo lo quitado al obispo y su clereca, y levantasen la referida imposicion; 6. (que comprendia juntamente con D. Alfon Gonzalo de Godoy) porque cuando fueron declarados por pblicos excomulgados el dicho D. Alfon y los que le ayudaron quemar y robar las casas de su ilustrsima, y quebrantar las puertas de la iglesia, el referido D. Alfon mand Gonzalo de Godoy, alguacil que entonces era, que prendiese, como prendi, muchos escuderos del Sr. obispo, y les quit mucho de lo que tenian y los puso en mazmorras as en Caete como en Montilla y Bujalance; 7. porque estando su ilustrsima en S. Gernimo, dicho D. Alfon y la ciudad de Crdoba enviaron Juan de Angulo y Pedro de Crdenas para desterrar su ilustrsima, lo que en efecto hicieron y pas en 2 de mayo del ao 69. Despues 24 de marzo del presente ao, el dicho D. Alfon desterr su ilustrsima echndolo por fuerza de la ciudad, sacndolo por las riendas de su mula; 8. por haber sacado por fuerza muchos de los retraidos en la iglesia; 9. porque viviendo Alfon de Jaen y Diego Rodriguez, racioneros de esta iglesia, cerca de Castro, los mand prender, quitndoles dos acmilas de su ilustrsima con muchas cosas que llevaban, lo que no habia pagado todavia, teniendo presos dichos racioneros; 10. porque siendo electo su ilustrsima de esta iglesia, D. Alfon y los suyos entraron de noche en las casas obispales y robaron mucho dinero en especie, en vino, pan, trigo, cebada y preseas de casa, y despues, siendo su ilustrsima ya obispo, excomulg los robadores y muy poco restituyeron; 11. por tener, como tiene, por fuerza tomadas las casas obispales y embargado cuanto en ellas habia. Publicada esta carta, acudi D. Alonso de Aguilar, legalmente representado por el bachiller Diego Rodriguez de Jaen, apoderado tambien y procurador de los consortes en la causa de Aguilar, y apel ante su ilustrsima pidiendo se declarase lo hecho nulo y de ningun valor y efecto por varias razones que aleg, entre las cuales figuran como principales: Que el D. Alonso no se habia apoderado de los diezmos como se suponia; que el obispo no podia ser juez de la causa por ser notoriamente sospechoso y capital enemigo del Sr. de Aguilar y de algunos de los otros excomulgados, y confederado, aliado y amigo del conde de Cabra y sus hijos, y de su vala y opinion, por lo que, como su contrario y enemigo declarado, habia sido echado de la ciudad por rden del rey; que mediante la referida sospecha no podia tener jurisdiccion, ni podia haber citado D. Alfon y consortes que compareciesen ante su ilustrsima en la villa de Montemayor, por cuanto esta era del Sr. Martin Alfon que estaba en la misma parcialidad, confederacion y adversidad que su ilustrsima contra el citado Aguilar y consortes; y aunque decia que habia seguido los dichos procesos peticion del cabildo, no era as, ni pas tal cosa. Que aunque la carta decia que D. Alfon estaba excomulgado por haber dado armas, caballos y otras cosas los moros, la causa no era verdadera, y caso de haberlo hecho sera con justa razon para defensa y conservacion del reino de Castilla, en especial de Andaluca, por mandado y con poder del rey, en lo cual Dios no habia sido ofendido; que D. Alfon no prendi los cannigos, porque cuando esto ocurri no se hallaba en Crdoba. Que tampoco habia incurrido en excomunion por lo que su ilustrisma llamaba quebrantamiento y quema de las casas obispales y fraccion de la iglesia, porque esta no la habia habido ni se podia probar, y si en el palacio hubo alguna quema sera por culpa del seor obispo y de sus familiares, pues era notorio en la ciudad y sus comarcas que todo habia sucedido por autoridad de derecho y por justas y legtimas causas en defensa y amparo de la repblica. Que estando en Crdoba el dicho D. Alfon con la gobernacion de ella, como al presente la tenia, en paz y sosiego, ciertos caballeros y escuderos, todos familiares, criados y paniaguados del seor obispo, y por su mandado, entraron, se apoderaron y encastillaron en las casas obispales y torres de la ciudad juntas ellas, y se fortalecieron dentro, haciendo muchos edificios de tapias y canteras (lo que hoy llamamos _barricadas_) con empalizadas, y fortalecieron las dichas torres por dentro y fuera con muchos almadraques, colchones, tapiales, puertas, mucha ropa y maderas, abastecindose asmismo de muchas viandas, pan, vino y pescado, de los propios bienes del seor obispo. Y asmismo se guarnecieron y abastecieron de muchas armas, lombardas, truenos, espingardas, culebrinas, serpentines y ballestas fuertes y comunes, as de palo como de acero, y otros muchos tiros de plvora, con nimo malvolo intencion depravada, para desde all tirar y ofender con sugestion diablica los alczares del rey por tomarlos y ocuparlos, y por tirar contra los vecinos y moradores de Crdoba, turbndolos y damnificndolos y el pacfico sosiego en que estaban, levantndolos contra el D. Alfonso, para entregar la ciudad sus adversarios. Que el plan de los parciales del obispo era traerle la ciudad, entregrsela, prender D. Alfon y matarle, robando luego y destruyendo la poblacion en dao de la repblica. Que era notorio que su ilustrsima llevaba gente de armas de caballo y de pi apercibindose para llevar cabo su propsito contra el juramento apostlico, homenage y fidelidad que habia prestado. Que el consejo de la ciudad, viendo los escandalosos movimientos, y no queriendo usar de rigor, llana y pacficamente habia hecho requerir los familiares y gente del obispo, intimndoles se desarmasen y desencastillasen, dejando libres las torres y castillos; lo que no quisieron ellos condescender, antes por el contrario, obedeciendo las sugestiones del obispo, siguieron hacindose fuertes, esperando su socorro, invocando en las torres su ilustrsima y la demas gente que en su ayuda venia, cuyas seales dicho seor y los de su concierto respondieron, con lo cual, creciendo el endurecimiento y obstinacion de sus familiares, empezaron tirar contra la ciudad y contra los que estaban ocupando la fbrica y obra de la iglesia, donde mataron hirieron muchos hombres. Que continuando en ello y viendo la ciudad el peligro y dao, por mandamiento de ciertos jueces hizo prender dichos familiares, y si en tal acto hubo algun dao toma de bienes, seria culpa de dicho seor, fuera de que ya la ciudad le habia satisfecho y su ilustrsima se habia dado por contento. Que no era cierto se hubiesen impuesto contribuciones tributos dicho seor obispo, clrigos y religiosos de Crdoba y su tierra, y si algunas se habian decretado, no habia sido sealadamente contra dichos clrigos y religiosos, ni esto se habia hecho sin mandado del rey, ni para objeto ageno al bien comun, redundando por consiguiente en beneficio del mismo estado eclesistico. Que dichas imposiciones habian tenido por objeto la defensa contra los moros, que otras veces habian hecho entradas con ayuda de los parciales del obispo. Que tampoco eran reos de excomunion por haber prendido los familiares de su ilustrsima, puesto que eran personas legas. Que cuando Pedro de Crdenas y Juan de Angulo habian hecho salir al seor obispo de la ciudad y de S. Gernimo, habian procedido por mandado del rey, por ser su ilustrsima escandaloso y parcial con el conde de Cabra y sus hijos, y porque procuraba con algunos grandes del reino adversarios del rey, entrar en Crdoba por fuerza y con escndalo en deservicio de S. M. para alzarse con la ciudad y su tierra. El escrito de apelacion que esto contenia fu presentado por el bachiller Diego Rodriguez de Jaen con su carta de poder en 8 de julio de 1472, en la villa de Montemayor, por ante Juan Gonzalez y otros escribanos y notarios pblicos, en las casas mismas donde tenia su habitacion el obispo D. Pedro, y hallndose presente su ilustrsima. Y en 1. de agosto del propio ao, compareci en Crdoba en presencia de otros escribanos el bachiller Ferran Romero, vicario del seor obispo, con una carta mensagera dirigida al bachiller Juan Vicario, y con ella respuesta de lo arriba espresado para que se la diera los escribanos que habian hecho el requirimiento. Respondia y decia el obispo: Que por lo tocante la incompetencia para conocer en la causa del Sr. de Aguilar, fundada en la parcialidad de su ilustrsima por el conde de Cabra y sus hijos, lo nico cierto era, que entrando en Crdoba el rey D. Enrique, D. Alfon de Velasco y D. Juan de Guzman, Luis de Paniagua y otros muchos caballeros, el dicho D. Alfon di la f su ilustrsima y su ilustrsima al D. Alfon, que querian ser neutrales no favoreciendo ninguna de las partes, y que uno otro se guardarian la honra, y que despues de un ao en presencia de Diego Gimenez de Gngora Prior y de Pedro de Foces, cannigos de esta santa iglesia, por parte del seor obispo, el dean de ella y otros por la parte del citado D. Alonso, y dentro de las casas de este se confirmaron las paces que tenian tratadas y en caso necesario las aprobaron con ciertas formalidades. Y el dia 4 de marzo de dicho ao, viniendo dicho seor obispo de confesarse del convento de S. Pablo, el dicho D. Alfonso junt mucha gente armada, y antes que entrra dicho seor obispo en sus casas, le ech fuera de la ciudad y todos los de su familia, de lo que resultaba la enemiga que tenia dicho D. Alfon, dando favor muchos que vivian malamente contra Dios y su Iglesia, sabiendo bien el referido que la intencion de su ilustrsima seria querer enmendarlo. Que en cuanto la incompetencia por falta de jurisdiccion, el lugar donde estaba dicho seor obispo era donde habian de comparecer las personas del dicho regimiento por s por su procurador, mayormente sabiendo el dicho D. Alfon que entre el Sr. Martin Alfon y los vecinos de Crdoba y su tierra y las villas de dicho D. Alfon, cada y cuando les parece todos cualesquiera de ellos entran seguros en la dicha villa de Montemayor y pasan seguros por ella, como sucedi el dia 25 de julio del presente ao de 72 cuando el jurado Ahumada, vecino de Crdoba, entr en la referida villa de parte de dicha ciudad requerir al alcaide que le entregase ciertos presos, pues que entre ellos habia paz, quien habia respondido que no los tenia ni sabia de ellos, y si los tuviera se los entregra: de lo que resultaba ser frvola la apelacion. Y siendo como era notorio que en el lugar de Caete el dicho D. Alfon arrend los almojarifes y vecinos de Crdoba todas sus rentas de dicho lugar, incluyendo en ellas las rentas de los _diezmos de menudo, vino y aceite_, de lo que resultaba estar excomulgado el dicho D. Alfon por la Bula Paulina y Estatuto del antecesor de dicho seor obispo, que lo fu el Illmo. Sr. D. Fernando: y siendo cierto que el dicho D. Alfon habia dado armas los moros; y en cuanto la prision de los cannigos que hizo el referido, era notorio, y que los tuvo presos en su villa de Caete mas de medio ao, y siendo tambien cierto que se habia apoderado de la torre de la santa iglesia tomndole al rey lo que tenia en ella, y usurpando las rentas reales que S. M. tenia en la ciudad, y echndole varias imposiciones en ella y su tierra; y siendo tambien cierto y notorio que habia quemado las casas de dicho seor obispo, y que combati y tom por fuerza los alczares reales; y careciendo de toda verdad lo alegado para justificar las imposiciones echadas sobre el estado eclesistico, como tambien el que sobre este punto se habian comprometido con la ciudad, y que las imposiciones eran contra los moros, pues antes eran en favor de ellos; y siendo cierto que el dicho D. Alfon habia sacado violentamente mucha gente de la iglesia, como que prendi dos clrigos beneficiados de ella porque llevaban las acmilas del obispo, las que le quitaron; y siendo cierto que en el mismo dia que fu electo dicho seor obispo lo robaron y asaltaron los alczares, como tambien que dicho D. Alfon y Pedro de Aguayo lo echaron de la ciudad; denegaba su ilustrsima la apelacion interpuesta. Esta ruidosa causa dur muchos aos: algunas personas principales y de autoridad procuraron interponerse entre el obispo, D. Alonso y la ciudad, para conciliar las diferencias que habia, y lograr se levantase el entredicho. Consiguieron esto ltimo algunas veces, pero era tan dscola la condicion de los contendientes, que de todo sacaban pretesto para volver la discordia. El seor de Sta. Eufemia habia logrado apoderarse de Pedroche, villa de la ciudad, y aunque se le requiri que la dejase, no quiso ejecutarlo. La ciudad sali con su pendon, y restaur Pedroche: di noticia al cabildo para que hiciera alguna demostracion, y 14 de febrero de 72 se decret que todos los prebendados salieran caballo recibir el pendon triunfante. Levantse el entredicho despues del 15 de febrero de 73, y parecia reinar la concordia, pero dur poco tiempo, porque el conde de Cabra, que se acababa de apoderar de Almodovar, cometia en la ciudad y campia grandes vejaciones: el de Aguilar exasperado volvi sus pasados rigores, y el obispo volvi poner entredicho 19 de octubre. Empez entonces la discordia entre el cabildo y el prelado: el cabildo apel Toledo; durante la apelacion interpuesta no se observaba el entredicho, y esto hizo temer algunos prebendados que impetrndoles en Roma las prebendas, se movieran muchos y costosos pleitos, y as determinaron que si alguno fuese molestado por esta razon, todos le amparasen y defendiesen en los tribunales contribuyendo las costas que se causran. Declarada la division entre el prelado y el cabildo, sigui la discordia acerca de otros puntos, y con especialidad en el modo que se habia introducido en el arrendamiento y administracion de las rentas decimales, en que el obispo hacia remisiones y otras gracias sin la intervencion del cabildo sus diputados. Fu el resultado un Estatuto para que no se pudiesen en lo sucesivo arrendar las referidas rentas prebendados, caballeros ni personas semejantes, y establecerse el tribunal llamado de _Cabeza de rentas_. Ocurri en 1474 la muerte de D. Enrique IV, y de aqu nuevos motivos de contrariedad y encono entre D. Alonso de Aguilar y el obispo D. Pedro. La mayor parte de las ciudades y seores de vasallos se declararon por D. Fernando y D. Isabel, y con ellos el prelado de Crdoba y el conde de Cabra; y D. Alonso, siguiendo al marqus de Villena, abraz la parcialidad de D. Juana, quien valido de su preponderancia en Crdoba hizo aclamar por reina. A este acto de violencia pudo agregarse otro para hacerle impopular. Un ao antes un herrero, fantico como toda la demas gente de baja condicion, habia movido un gran motin contra los conversos _cristianos nuevos_, cometiendo grandes robos, incendios y atropellos en las viviendas de aquellos presuntos apstatas, y matando muchos. D. Alonso de Aguilar di muerte por su mano al herrero y tuvo que refugiarse con muchos conversos en el alczar viejo, guarecindose all contra el furor de la plebe. No sabemos positivamente que el cabildo aprobase aquel brbaro desahogo popular, que sin duda alguna tenia el carcter de tal, puesto que siguieron el ejemplo de Crdoba Montoro, Adamuz, Bujalance, Rambla, Santaella y otros lugares del obispado, dando fuertes indicios de querer hacer otro tanto Palma y Baena; pero s creemos que la impoltica contemplacion de los magnates con los conversos de mala f, que pululaban por desgracia, tenia justamente exasperado al pueblo, y que en un siglo en que las creencias religiosas del estado llano eran tan poco ilustradas, estas repugnantes matanzas eran el resultado lgico de la pugna entre las ideas nacionales y las de la corte. Ahora bien, podia no ser siempre mengua participar de las ideas instintos nacionales contra el desgraciado sistema que seguia la corte de Enrique IV, y solo bajo este concepto aventuraremos la especie de que el cabildo de Crdoba no repugnaria quizs aquel popular escarmiento. Lo cierto es que por aquel tiempo se compuso decididamente con su obispo, y le sigui dcil y resuelto cuando este se declar por D. Fernando y D. Isabel; en prueba de lo cual mand dar mil maraveds de albricias al criado del rey que le trajo la nueva de su victoria contra el rey de Portugal. Del ruidoso pleito entre D. Pedro Solier y D. Alonso de Aguilar no hallamos rastro despues del ao 75, en el cual consta que tuvo que intervenir el fiscal de la curia romana por S. S., habindose dado poder varios procuradores para que compareciesen ante el Illmo. Sr. D. Rodrigo, obispo de Albano, cardenal y vice-cancelario, juez especialmente nombrado por el Papa en dicho pleito. Ignoramos si lleg darse sentencia, si qued paralizado por muerte del obispo D. Pedro, ocurrida en 1476. (En el Archivo de la Sta. iglesia, caj. P, desde el nm. 258 en adelante, existen todas las piezas pertenecientes esta famosa causa.) El silencio de los cronistas del reinado de Enrique IV acerca de unos hechos de tanto bulto, no se estraar si se atiende que tampoco hacen mencion de otras violencias muy semejantes que por los mismos aos exactamente padecia de parte de otro magnate otro prelado mas calificado todava. El arzobispo de Santiago D. Alonso de Fonseca se hallaba en 1466, con los cannigos y clrigos que le eran fieles, sitiado en su misma catedral por gente armada las rdenes de un magnate, que se cree fuese el conde de Trastamara D. Per Alvarez Osorio, quien ya en otra ocasion habia hecho lo mismo con el arzobispo D. Rodrigo de Luna. (Vase el estracto del viaje del conde bohemo Leon de Rosmital publicado por D. Pascual de Gayangos en el tomo I de la _Revista espaola de ambos mundos_, pg. 739 y siguientes.) 1467. Muri por estos aos D. Fernando Ruiz de Aguayo, cuya memoria es muy venerada por su gran piedad y por las fundaciones magnficas que hizo. Dot en la capilla de S. Acacio, fundacion de su tio el obispo D. Fernando Deza, seis capellanas, de mas de 600 ducados de renta cada una, y dos sacristas, cada una de mas de 100 ducados. En la capilla de S. Pedro dot doce memorias por D. Leonor de Bocanegra, su prima, y tambien dej dotacion para que en el Sagrario ardiese un cirio continuamente; y fin de que en la procesion de las vsperas y fiesta de las Once mil Vrgenes se llevase la cabeza de Sta. Ursula, dej para distribucion 50 maraveds de moneda blanca. Eran por este tiempo muy usadas las resignas y permutas aun en beneficios desiguales: as este prebendado fu primero cannigo, luego racionero, y por ltimo beneficiado de Hornachuelos, conservando la chantra. 1471. En agosto de este ao se acab el altar que hizo S. Leandro y S. Isidoro el racionero Juan Garcia de Henares. 1475. A 7 de agosto se di posesion de la dignidad de maestrescuela al cardenal de Sto. Angelo, que ya era cannigo, y en 20 de setiembre tom posesion de un canonicato, en nombre y como procurador de Pedro Martinez de Osma, maestro en artes y sagrada teologa, el dean D. Lope de Sandoval. No hacia ocho aos que D. Lope de Sandoval, siendo chantre, habia tomado posesion de su canonicato mano armada, y ahora era ya dean. Se tratar quizs de dos prebendados del mismo nombre? Pedro Martinez de Osma era catedrtico muy afamado de la universidad de Salamanca, y el papa Sixto IV, movido de su gran sabidura y virtud, le habia dado aquel canonicato. Tuvo insignes discpulos, pero ense algunos errores en el tratado de Penitencia. Por comision de S. S. el arzobispo de Toledo D. Alonso Carrillo junt en Alcal de Henares cincuenta y dos doctores para examinar las proposiciones que se le censuraban, y habindose condenado nueve por herticas, el doctor Osma se retract de ellas dcilmente, celebrando todos su humilde y modesto rendimiento, que le hizo mas glorioso que habia sido antes por su sabidura. 1477. Los Reyes Catlicos habian dado comision al conde de Cabra para que ajustase treguas con el rey de Granada, nombrndole al mismo tiempo capitan general del reino de Crdoba. Fu esto muy sensible D. Alonso de Aguilar, y estimulado de la emulacion, del enojo que al granadino tenia desde que en 1470 habia concedido al mariscal el seguro de Granada para el desafo pendiente entre ambos, le salte el reino talndole los campos y hacindole cuanto dao pudo. Volviendo de su incursion contra los moros, pas por el estado del conde, y le hizo tambien gravsimos daos, con que enconadas mas las antiguas enemistades, se convirti la tierra en teatro de robos y homicidios. Al saber estos daos y alborotos, mand la reina Crdoba por corregidor Diego de Merlo para que apaciguase aquellos seores y solicitase de D. Alonso la satisfaccion de sus agravios. Consigui con su buen carcter y mejor maa que este le entregase Montarque por prenda, hasta satisfacer al conde de Cabra, y luego empez castigar los delincuentes. Llevaba un dia el alcalde mayor dos homicidas presos, y de acuerdo de D. Alonso y algunos caballeros salieron otros quitrselos. El alcalde se defendi, y fu herido. Noticioso Merlo de lo que sucedia su alcalde, clamando favor al rey y la justicia, se meti con algunos ministros en el tumulto; pero concurri tanta gente en defensa de los reos, que para salvar la vida tuvo que refugiarse en S. Lorenzo cerrando las puertas. Vino D. Alonso los ecos del tumulto, y viendo que los refugiados no querian abrir las puertas de la iglesia, solicit que la turba popular las quebrantase. Rehusaron los tumultuados cometer semejante sacrilegio, pero D. Alonso mand llamar setenta de sus esclavos que las hicieron pedazos, sacando Merlo, quien envi el magnate su castillo de Aguilar. La reina noticiosa del caso, disimul prudente, y se content con hacer que D. Alonso pusiese Merlo en libertad; pero ya el altivo seor no volvi predominar en Crdoba. Estos hechos, aunque estraos la historia de la catedral, son interesantes como complemento de las memorias de los aos 1465 y siguientes. 1478. Tom posesion del obispado D. fray Alonso de Burgos, confesor de la reina catlica D. Isabel, electo 12 de noviembre de 76. Pas todo el ao 77 acompaando la reina en Estremadura para reducir su servicio las ciudades y villas declaradas favor de D. Juana. A fines de octubre de 1478 entraron en Crdoba los reyes D. Fernando y D. Isabel, con singular gozo y festivas aclamaciones de los ciudadanos. Con su venida ces la tirania de D. Alonso de Aguilar, quien mandaron entregase los alczares, la Carrahola y demas fortalezas, y todos los propios que tenia usurpados. Hicironse pesquisas de malhechores y homicidas, hubo castigos merecidos, y se puso en quietud y seguridad la provincia. A D. Alonso se le mand salir de la ciudad. 1482. Habindose recibido en el ao anterior la Bula del papa Sixto IV para establecer en Espaa el Tribunal de la Inquisicion, el obispo D. fray Alonso que deseaba ardientemente verlo instituido en Crdoba, por el sumo cuidado en que le tenian los conversos, que ttulo de cristianos gozaban de dignidades, beneficios y empleos con el poder consiguiente estas categorias, de importancia en aquellos tiempos, inst mucho los reyes para conseguirlo, y en 1482 ya estaba establecido y formado. Fueron los primeros prebendados inquisidores el Dr. Pedro Martin del Barrio, cannigo y vicario del obispo, el bachiller Alvar Gonzalez de Capillas, cannigo, y el bachiller Anton Ruiz de Morales, cannigo y despues chantre; agregndose estos el P. Fr. Martin Caro, guardian del convento de S. Francisco. En este mismo ao, usando por la primera vez los reyes de Espaa del derecho de nombrar obispos y presentarlos al Papa para su confirmacion, segun acababa de ajustarse con Roma con motivo de la repulsa que sufri de parte del rey catlico el cardenal Riario, sobrino del papa Sixto, nombrado por S. S. obispo de Cuenca (pues hasta entonces habian tenido y practicado las iglesias de Espaa el derecho de elegir sus prelados), nombraron los reyes catlicos D. Fr. Alonso de Burgos para el obispado vacante de Cuenca, y para el obispado de Crdoba D. Tello de Buendia, varon insigne en virtud y letras, que prest grandes servicios la Iglesia y al Estado, y reconcili con los reyes al indmito arzobispo de Toledo D. Alonso Carrillo. Esta nominacion de los reyes se hacia por peticion splica, hasta que Adriano VI concedi al emperador Carlos V la facultad de nombrar los obispos. _Ad regias preces dabat Papa Episcopos._ 1485. Al ao de tomar posesion del obispado D. Tello de Buendia, falleci, y fu sepultado en el quinto nicho del sepulcro de los cinco obispos que fabric D. Leopoldo de Austria. 1486. En este ao tom posesion del obispado de Crdoba D. Iigo Manrique, confirmado por Inocencio VIII despues de ciertas tentativas que hizo para recuperar la facultad de nombrar de que su antecesor habia hecho renuncia. 1488. A 15 de julio entraron en Crdoba los reyes de vuelta de la campaa contra los moros, y D. Iigo recibi al rey con su cabildo en la catedral, donde fu dar gracias al Todopoderoso por la conquista de Loja, Illora, Moclin y otros lugares. As que la reina, que se hallaba en Crdoba, recibi la noticia de la toma de Loja, fu al templo con el mismo piadoso objeto, y all se form una solemne procesion la iglesia de Santiago, patron de Espaa, asistiendo la reina con la infanta D. Isabel hasta volver la catedral y finalizar la funcion. Este obispo D. Iigo hizo imprimir en Venecia el ao 89 el Breviario y Misal de la iglesia de Crdoba. 1494. Se celebr concordia entre el cabildo y D. Alonso de Aguilar sobre las diferencias habidas por causa de los diezmos de Aguilar y Montilla con sus aldeas y trminos. En este mismo ao nombraron los reyes al obispo Manrique presidente de la chancillera establecida en Ciudad Real. Hallndose en Madrid, llamado para este fin, mand publicar en su obispado una Constitucion sobre el hbito y tonsura de los ordenados de corona para gozar del privilegio clerical conforme la Bula de Alejandro VI. Hizo igualmente recoger en un volmen las Constituciones y Ordenanzas de sus antecesores. Tambien en este ao concedi S. S. peticion de los reyes catlicos las facultades propias del inquisidor general varios obispos, y entre ellos al de Crdoba, por estimar conveniente dar Torquemada coadjutores. 1496. Muri el obispo D. Iigo Manrique 1. de marzo en Ciudad Real. Su cuerpo fu traido Crdoba y sepultado en el coro viejo, donde tiene este epitafio: _Illmus. ac reverendissimus D. D. Enecus Manrique alm hujus Ecclesi Cordubensis Pontifex hic jacet: hujus memoria in benedictione est. Obijt anno su statis XLII in civitate regia primus presidens Kal. Martij anno Domini CCCC nonagessimo VI supra mille... Lector dic ave._ En 29 de diciembre tom posesion del obispado su sucesor D. Francisco Sanchez de la Fuente, hombre docto y virtuoso, y hbil diplomtico, quien se debi la restitucion del Rosellon la corona de Espaa. Poco goz la iglesia de Crdoba de este gran prelado, pues muri dos aos despues; y se refiere que al recibir la reina catlica la noticia de su muerte no pudo contener las lgrimas. 1497. A 12 de octubre tom posesion el nuevo obispo D. Juan Rodriguez Fonseca, muy empleado por los reyes catlicos en servicio del Estado, y quien el Dr. D. Fr. Antonio de Guevara escribia (carta 39): _dicen de vos, que sois muy macizo cristiano y muy desabrido obispo_. De sus empleos y embajadas hacen mencion todos los historiadores de este tiempo. 1501. Muri desastradamente, aunque como hroe, en Sierra Bermeja, el animoso inquieto D. Alonso de Aguilar el da mismo (18 de marzo) en que su hermano el gran capitan D. Gonzalo Fernandez de Crdoba triunfaba en Npoles. Habindose rebelado los moros de Granada, y queriendo socorrer unos cristianos, se meti en unas angosturas de aquella Sierra, donde le cogi la noche con muy escasa gente. Acometironle los enemigos por todas partes, y por no volver la espalda con desdoro de su gloria militar, muri batallando, recibiendo tantas heridas que qued su cuerpo todo desfigurado. Asi pereci cual otro Judas Macabeo este antiguo mulo de ambos poderes eclesistico y real, espiando noblemente en la guerra contra los infieles los pasados estravios de su ambicion. 1504. En 20 de diciembre recibi el cabildo una carta firmada por los magnficos Sres. D. Pedro de Crdoba, marqus de Priego, D. Diego Fernandez de Crdoba, conde de Cabra, D. Diego Fernandez de Crdoba, alcaide de los Donceles, y D. Alonso Fernandez, seor de la casa de Alcaudete, pidiendo gozar de las prerogativas que gozaban todos los descendientes de la _Cepa de Crdoba_, asi en el taer de las campanas como en lo demas. El cabildo determin hacer la gracia, y que se diese f y testimonio de esto los referidos caballeros; y asi desde entonces empezaron gozar las mismas prerogativas los que eran de la Cepa aunque no fuesen Crdobas por varona. 1505. A 27 de enero tom posesion del obispado por medio de procurador D. Juan Daza. En la iglesia hacia tiempo se trataba de crear un arcedianato de Palma, y Julio II habia concedido Bula para establecerle; pero nombr S. S. por arcediano un hijo del consejero Zapata, y el cabildo no quiso dar cumplimiento las Bulas que present. El arcedianato no lleg erigirse. El arcediano de Castro se hallaba en la Inquisicion como convicto del crimen de herega. Esta infeccion, dice Gomez Bravo, se halla estendida las iglesias mas ilustres de Espaa, y as la padeci tambien la de Crdoba; pero en cambio tenia en su seno hombres sobresalientes que le daban superior lustre y honra. Tales eran el cardenal de S. Clemente, el cardenal de Sta. Sabina, y el de Sta. Cruz, D. Pedro Ponce de Leon, el arcediano de Pedroche, D. Francisco de Mendoza, obispo de Oviedo, y otros. Hacia cinco aos que era inquisidor en Crdoba el licenciado Diego Rodriguez Lucero, maestrescuela de Almeria, el cual para acreditarse de celoso ministro de la f, y mas principalmente aun para saciar su monstruosa sed de sangre y su desapoderada ambicion, de tal manera afligi con sus calumniosas imputaciones y tirnicas sentencias la gente principal de la ciudad, sin distincion de clases, edades ni sexos, y sin respeto dignidades eclesisticas y seculares, que fu menester que el cabildo y la ciudad unidos clamasen contra sus brbaros atropellos pidiendo justicia S. S. y proteccion los reyes, prncipes, grandes, iglesias y prelados. A su tiempo publicaremos el estracto de las curiosas piezas relativas los atentados y ruidoso proceso de Lucero, felizmente terminado con la prision de este malvado y con la declaracion de la catlica y general Congregacion que se junt en Burgos para este objeto, formulada 9 de julio de 1508. 1507. El monasterio de los Mrtires debia pagar al cabildo 200 mrs. por una casa de que se habia incorporado, y otros 200 por la procesion del dia 17 de noviembre. Ya venia de antiguo la costumbre de dar en prenda un cliz casulla, y en este ao 13 de noviembre _el reverendo obispo abad de los Santos Mrtires present el vestimento para la limosna de los 400 mrs. de la ida de la procesion_. Pero el cabildo perdon los mrs. y mand volver la prenda, como acostumbraba, por la pobreza del monasterio. 1510. Muri 21 de mayo el obispo D. Juan Daza, y fu enterrado en el coro viejo al lado de D. Iigo Manrique. Sucedi D. Juan Daza D. Martin Fernandez de Angulo, cuyos procuradores di posesion del obispado el cabildo con presencia de las Bulas en 4 de diciembre con la solemnidad acostumbrada. Era docto, virtuoso y laboriossimo, y dice Cristbal de Santisteban en el libro _Mar de historias_ que le dedic, que los dias del obispo parecian mas largos que las noches de Noruega, segun las cosas que hacia y despachaba. En su tiempo se empez la magnfica _Custodia vieja_ de la catedral, obra del ingenioso platero Enrique de Arfe, que merece describirse detalladamente por no constarnos se haya descrito jams. Su planta es un duodecgono regular, de un pi cada lado, sostenido en ruedecillas interiores. Sobre el platillo de doce lados de la planta, en cuyas esquinas hay lindas cabecitas de serafines, se levanta un cuerpo de tres zonas: la primera, de ngulos entrantes y salientes, deja francos seis de los lados del duodecgono para la colocacion de las asas agarraderos por donde se sostiene la custodia. Esta primera zona viene formar un zcalo de seis estribos, en cuyas caras estan representadas escenas alegricas, alternando en andanas de graciosos relieves danzas grotescas y pastoriles con pasos de la Biblia relativos la conduccion del tabernculo. Remata esta zona con una preciosa crestera dorada. En los bajo-relieves mencionados alternan la plata y el oro. Segunda zona: frmanla un zocalito pequeo, luego una cenefa de hojas y figuritas, luego una crestera dorada, despues otra cenefa mas ancha de hojas sutiles, de plata mate con figuras doradas. Esta segunda zona va en disminucion, y sostiene la tercera, que se compone de los cuerpos siguientes. Tercera zona: basa saliente, que sirve de cornisa la cenefa de la zona inferior. Esta basa est adornada de crestera dorada. Sobre ella sube un cuerpo de doce lados, siguiendo la misma disposicion de ngulos entrantes y salientes de las zonas inferiores. Este cuerpo presenta en cada espacio entrante tres compartimentos, y en cada cara saliente tiene frontera una torrecilla estribo, que arranca de la base de esta tercera zona sobre una linda repisa de cenefa dorada. Ofrece pues el cuerpo que vamos describiendo seis caras salientes detrs de las seis torres estribos, y seis espacios de tres compartimentos francos la vista. En estos compartimentos, divididos uno de otro por pequeos estribos con sus delicadas agujitas, hay otros tantos espacios rehundidos, de una pulgada de profundidad, en que se representan de alto relieve escenas de la vida y pasion de N. S. Jesucristo, en figuras de dos pulgadas, primorosamente trabajadas. Son estas escenas diez y ocho. Sobre este cuerpo hay una cornisa saliente, adornada por la parte inferior con una cenefa de plata mate. Es de notar, que medida que el todo va disminuyendo desde la primera zona de la custodia, los espacios entrantes van proporcionalmente ensanchando: manera artificiosa de conseguir que campee el cuerpo interior y principal sobre que se levanta el viril. Forma este cuerpo principal un machon cilndrico de cristal (en que se contiene el SSmo.) que descansa en una basa tambien cilndrica, cuya parte inferior reviste una ancha cenefa exagonal, en disminucion, formada de sutiles hojas y figuras por el estilo de las cenefas inferiores. Del machon trasparente en que se encierra el viril sale en forma de rotonda, y como derramndose modo de penacho circular, la bveda gtica, que recae en las torrecillas que ocupan los espacios salientes de la planta de este cuerpo principal. Estas torrecillas estan en la misma disposicion y lados que las otras que vimos arrancar de la base de la zona tercera del primer cuerpo, y se hallan entre s unidas con sutiles arbotantes que rematan en figurillas. La bveda circular que asegura el cuerpo cilndrico del viril, y que recuerda desde luego la de la rotonda que dedic Constantino como capilla fnebre su hija Sta. Constanza, sostiene otras torrecillas mas delgadas, que alternan con las inferiores, y en vez de levantarse en los lados salientes se elevan en los entrantes y sostienen otra bveda, plana y calada, bajo la cual se cobija una graciosa estatuita de N. S. en su Asuncion. Sobre esta bveda se levanta una especie de domo calado, formado por un vistoso conjunto de agujas y arbotantes de segmentos de crculo que entre s las unen por la parte superior, y sobre el domo descuella una corona terminada en una estatuita del Salvador triunfante con la cruz. Las dos bvedas baldaquinos, la que gira en torno del machon del viril, y la otra superior que cobija la imgen de N. S., estan en la parte esterior disfrazadas con elegantes arcos conopiales, con sus grumos y preciosa crestera. Y las torrecillas que suben de los cuerpos bajo y principal estan cuajadas de estatuitas sobre sus lindas repisas y bajo caladas marquesinas. Alternan en esta bellsima pieza el oro, la plata bruida y la plata mate, y parece al sol una maravillosa cristalizacion de sal gema, brillantes y oro. Pesa 532 marcos de plata, y para ella contribuy con 100 marcos el arcediano de Crdoba D. Francisco de Simancas. Desgraciadamente no se mantiene hoy en su primitiva pureza de estilo esta joya artstica, porque se renov siendo gobernador del obispado D. Pedro de Salazar y Gngora en el ao 1735, y entonces sin duda alguna se le aadieron algunas piezas de mal gusto que es lstima la desfiguren. No se termin esta obra en vida de D. Martin Fernandez de Angulo, pero dej este piadoso prelado en su testamento, otorgado 20 de junio de 1516 (que existe en el Archivo, caj. I, nm. 133, legajo 5), 500 ducados para que se acabase. En el Archivo (Caj. M, leg. 9, nm. 230) se contiene un instrumento curioso sobre cierto lance ocurrido entre el cabildo y los religiosos del convento de S. Pablo del rden de Sto. Domingo. En 31 de octubre de 1510 el cabildo de esta santa iglesia celebr captulo espresando que despues de muchas honras, as espirituales como temporales que habia hecho los priores y religiosos del convento de S. Pablo, ingratos y desconocidos dichos beneficios, habian tenido atrevimiento de procurar con todas sus fuerzas en los tiempos pasados y presentes algunas ofensas en menosprecio de dicho cabildo y su prelado sin tener para ello razon ni justicia; y especialmente contra el Illmo. Sr. D. Juan Daza, obispo de esta santa iglesia, ejerciendo su oficio pastoral en la villa de D. Mencia de esta dicesis, donde la iglesia parroquial est inclusa en un monasterio de la rden. Queriendo visitar el Sagrario y las otras cosas conforme un proceso y sentencia determinada por el Sr. D. Iigo Manrique, obispo que asmismo fu desta ciudad, en menosprecio de su dignidad procedieron por censuras, hasta querer poner entredicho no solo en las iglesias, sino tambien por las plazas, y despues porque el procurador del cabildo pidi los diezmos Maria y Catalina Ortiz, beatas, que se decian de la dicha rden ser terceras, el prior y los religiosos de ella las defendian por usurpar los diezmos. Siguieron las referidas censuras con invocacion del brazo seglar contra el cabildo, y viendo no poderlo conseguir se quejaron de l ante S. M., quien declar por nulas dichas sentencias. Y lo peor era que los citados religiosos decian no eran obligados guardar los entredichos que esta iglesia matriz conserva y guarda, en cuyo menosprecio admitian los descomulgados que ella repelia, la suya y los divinos oficios, por lo que, y para que no fuese adelante su osada, deliber el cabildo que sus capitulares se apartasen de la conversacion y trato con dichos religiosos, y que la procesion general que el cabildo hacia el dia 1. de las letanas en S. Pablo, se hiciese de all adelante en la iglesia de S. Pedro; ni menos vaya el cabildo en procesion dicho convento ni sus religiosos se les encomiende sermon alguno as de tabla como de otros. Lo que se guardase en todo tiempo. 1512. Habiendo ofrecido el chantre D. Pedro Ponce de Leon 10000 ladrillos y 600 cahices de cal para la fbrica del nuevo hospital de S. Sebastian, con otras rentas vitalicias que gozaba, resolvi el cabildo 13 de febrero que se hiciese dicha fbrica nueva, y nombr al referido chantre para cuidar de ella: lo que se hizo con gran magnificencia. 1513. En ocasion de hallarse predicando de ceniza Fr. Luis Collado, guardian de S. Francisco, y celebrando la Misa el arcediano de Pedroche, invadi el pueblo la catedral clamando que se iban de la ciudad los frailes predicadores del convento de S. Pablo. Suspendi el orador su sermon para pedir al cabildo, al provisor del obispo y todos los presentes, que saliesen remediar aquel escndalo, y muchos prebendados fueron con el provisor contener los religiosos. Ibanse estos en efecto con sus talegas y bculos, precedidos de un religioso con la cruz cubierta de negro, cantando el salmo _In exitu Israel_; y era el motivo que el corregidor Hernan Duque de Estrada, llevado de la ojeriza y mala voluntad que les tenia, por haber castigado con demasiado rigor un sobrino suyo fraile de la misma rden, habia mandado no se les vendiesen los comestibles necesarios: de manera que sitiados por hambre los buenos frailes no tenian mas arbitrio que abandonar la ciudad. Consiguieron detenerlos en el campo de la Verdad, y luego por mediacion de personas piadosas y prudentes se logr que volviesen Crdoba y que el corregidor cesase en su tema. 1515. Habiendo querido visitar el obispo el hospital de S. Sebastian y el santuario de la Fuensanta, se opuso el cabildo como patrono y fundador. Insisti el obispo y llevo cabo su propsito, y en seal de haberlos visitado se llev un cliz de S. Sebastian y una lmpara del santuario. El cabildo apel y se quej al Papa, y en agosto de 1519 obtuvo sentencia favorable. En 19 de marzo se present en cabildo la Bula de Leon X concediendo al rey D. Fernando la gracia de la Cruzada para que mantuviese las plazas tomadas en Africa hiciese al turco la guerra que intentaba. El cabildo la celebr mucho y mand que el dia 21, fiesta de S. Benito, se trajese en procesion la Bula desde el Salvador por los beneficiados y religiosos de S. Pablo, S. Francisco, Trinidad, S. Agustin, Merced, y S. Acisclo y Victoria; y que el cabildo saliese la puerta del Perdon recibirla; pero que si no venian las seis religiones en la procesion, solo saliese hasta el arco que d al patio de los Naranjos. 1516. Muri 23 de enero el rey D. Fernando el Catlico en Madrigalejo, y dej mandado se le sepultase en Granada. Al pasar su cadver por Crdoba, salieron a recibirle el obispo, el cabildo, las religiones, la ciudad y los caballeros con todo el pueblo, y el marqus de Priego, conde de Cabra, y otros grandes seores, le condujeron en hombros hasta la catedral, donde se celebraron suntuosas exequias. En este mismo ao muri el obispo, volviendo de acompaar el cadver del rey Granada. Se le sepult al lado izquierdo del sepulcro de D. Iigo Manrique en el coro viejo. Dej la iglesia su pontifical y su librera, que era muy numerosa y selecta, especialmente en manuscritos. Tambien dej algunos legados para la obra de la iglesia, y as se ven en algunas partes del templo las armas de este prelado. Nombrado y consagrado sucesor en el obispado D. Alonso Manrique, tom en su-nombre posesion el licenciado Pedro de Buezo en 9 de diciembre. Hallbase D. Alonso en Flandes acompaando al prncipe D. Crlos con grande estimacion, y en su corte se mantuvo hasta la muerte del rey D. Fernando, siendo l quien dijo la Misa en Bruselas en las exequias que se le hicieron, y quien bendijo el estoque real cuando D. Crlos fu aclamado por rey con su madre D. Juana en la misma ciudad. 1517. Lleg el obispo D. Alonso Espaa, y el rey le mand llevar Portugal su hermana la infanta D. Leonor, que cas con el rey D. Manuel, en cuya corte permaneci el prelado como embajador hasta fin de 1518. 1518. El dia del Corpus de este ao sali por primera vez en la procesion la custodia que hemos descrito arriba. Por este tiempo se habia introducido un nuevo gnero de resigna de las prebendas y beneficios, con reserva de todos los frutos, asiento, voz y nombre _ad vitam resignantis_: y as solamente gozaba el resignatario del derecho de suceder. Pero en este ao, 7 de setiembre, Francisco de Simancas, de edad de 8 aos, present en cabildo unas Bulas en que mandaba el Papa darle la posesion del arcedianato de Crdoba y de una racion que habia resignado en l su tio D. Francisco de Simancas con las mismas reservas; pero que, consintiendo su tio, pudiese asistir al coro y cabildo y llamarse arcediano: en lo que luego al punto consinti el arcediano viejo. As en realidad vino ser este nio el primer coadjutor que hubo en la iglesia, y de 8 aos tuvo voto en cabildo con las demas preeminencias y honores. Tanta era la facilidad de conceder Bulas y despachos en la curia romana, que era raro el prebendado que no padecia molestias sobre su prebenda. 1519. El 22 de enero por la tarde entr en Crdoba el obispo D. Alonso y se dirigi en derechura la iglesia, donde fu recibido con todas las cruces la puerta del Perdon, y despues de haber jurado guardar los Estatutos y costumbres de la misma, fu conducido cantando el _Te-Deum_ la capilla mayor, donde or y di a todos la bendicion. Se retir su palacio ya de noche, y el cabildo le hizo un gran regalo de aves, jamones y cabritos, al estilo de aquel tiempo. A 27 del mismo mes volvi al cabildo dar las gracias y razon de su venida, y habl _muy copioso, y bien dicho, con mucho halago_. En este ao puso dos veces S. S. entredicho y cesacion _ divinis_ en Crdoba y otras ciudades, primero por haber rehusado dar posesion Gonzalo de Carvajal de la Encomienda de Frejenal de la rden de S. Juan, y despues por resistir el pago de una dcima del estado eclesistico favor del rey D. Crlos: entredicho que se llev cabo con grande escndalo de todo el reino, pues en el tiempo que dur no se celebraron los oficios divinos aunque ocurrieron las festividades de Espritu Santo y Corpus. El obispo sin embargo determin con el cabildo que se predicase en las iglesias en este tiempo para que no careciesen los fieles de todo pasto espiritual, ya que faltaban los oficios divinos, el Sacrificio y los Sacramentos. 1521. En atencion la grande esterilidad que se padeci este ao, el cabildo y la ciudad idearon muchas providencias para mantener los pobres y ayudar los labradores. Habindose hallado tres nios muertos de frio en la Corredera, determin el cabildo que se juntasen un beneficiado y el rector de cada collacion y visitasen con el jurado de la misma todos los hospitales, haciendo que en cada uno se recibiesen todos los necesitados que se pudieran. La obra pia del chantre Aguayo daba cada dia los pobres dos fanegas de pan. Habiendo vacado la dignidad de inquisidor general por ascenso del cardenal de Tortosa la silla de S. Pedro, nombr el emperador para ella al obispo D. Alonso. En este mismo ao se celebr por varias ciudades y villas de Andaluca la santa y real confederacion de la paz contra los comuneros en obediencia del emperador. Los captulos que en ella se estipularon y juraron se hicieron saber la ciudad de Crdoba 1. de febrero, y existen en el _Archivo_, caj. I, leg. 10, nm 391. [373] Vase la pg. 177. [374] La imprudencia de un predicador de gran fama, cual era el P. Presentado Fr. Cristbal de Torres, habia dado ocasion en el ao de 1614 grandes ruidos y escndalos que despues trascendieron por todo el reino. El dia de la Concepcion de nuestra Seora predic en la catedral contra la inmunidad de la culpa original, tan desembozadamente, que el cabildo y auditorio quedaron escandalizados de su atrevimiento. Alborotse el concurso, di cuenta el cabildo su prelado, y el obispo reprendi pblicamente con aspereza al predicador prometiendo que no volveria oirse su voz en la iglesia. El padre, irritado, atrajo y encendi otros, de forma que no se oian en la ciudad mas que porfiadas disputas y temosos altercados sobre la pureza original de nuestra Seora, con general escndalo que en breve cundi por toda Espaa. El obispo Mardones mand publicar un edicto prohibiendo que se celebrasen juntas para tratar y discutir esta materia; pero no agrad al cabildo el silencio de la opinion pia, y as apel del mandamiento del obispo para ante S. S. y su Santa Sede. En la espectativa de la declaracion de S. S. acord y vot una solemnsima fiesta la Concepcion de nuestra Seora, que convoc la ciudad y pueblo para demostrar su ardiente devocion misterio tan pio: con cuya ocasion se seal mucho el Dr. D. Alvaro Pizao de Palacios, cannigo lectoral, porque imprimi en Sevilla (ao de 1615) dos discursos en defensa del sagrado misterio. Ya la Inmaculada Concepcion tenia fiesta dotada en la catedral desde el ao 1350 por obra del obispo D. Fernando de Cabrera. El Pontfice mand 3 de agosto de 1617 que en actos pblicos ninguno pudiese decir _que la Santsima Virgen habia sido concebida con mancha de pecado original_, con lo cual cesaron en parte las disputas y escndalos. Despues publicaron sus decretos favorables Gregorio XV 24 de mayo de 1622, Alejandro VII 8 de diciembre de 1661, y otros pontfices hasta Benedicto XIII. No consta en qu ao antes del 1350 se empez celebrar en la iglesia de Crdoba la fiesta de la Concepcion; por el Breviario antiguo de la misma se sabe que tenia octava, procesion y seis capas; pero desde el ao 1615 se empez celebrar con repiques desde primeras vsperas, luminarias en la torre, asistencia de la ciudad, y procesion general por el patio de los Naranjos, que es la mayor solemnidad que se acostumbra en las grandes festividades. La capilla mayor antigua se habia destinado la imgen maravillosa de Villaviciosa, y en ausencia de esta se colocaba all otra de nuestra Seora. Ahora se aplic una imgen de la Concepcion Inmaculada, y se determin que todos los sbados despues de completas fuese el coro cantarle una antfona y oracion. Con tanto fervor tom el cabildo de Crdoba la veneracion y culto de este sagrado misterio. [375] De las interesantes notas con que ilustr Cean Bermudez los apuntes de Llaguno sobre los _arquitectos y arquitectura de Espaa_, sacamos la siguiente noticia: Cuando el obispo Mardones intent hacer el retablo de la catedral nueva de Crdoba, le inclinaron que fuese de madera y dorado, como son casi todos los de las demas catedrales de Espaa, dicindole que seria menos costoso y se ejecutaria mas presto. El Hermano Matas, para persuadirle que le hiciese de jaspes y bronces, escribi dos largos papeles, probando todo lo contrario. Ellos convencieron de tal modo al obispo y al cabildo, que acordaron se construyese el retablo como proponia el Hermano Alonso, y prefiriendo la traza que habia hecho otras que tambien se habian presentado, le nombraron superintendente de la obra con 1500 reales al ao y 500 para vestuario, pagndole adems los gastos de los viajes las canteras y de disponer la conduccion de las piedras. Aunque se empez tratar de hacer el retablo en 1614, no se comenz trabajar en l hasta el ao 1618; y poco tiempo de estar principiado, escribi el Hermano Matas otro papel sobre el modo de ejecutarle. Cansado el cabildo con las repetidas y largas ausencias del superintendente causa de las contnuas obras de su Instituto, en que le ocupaba la obediencia de sus superiores, y despues de haberle reclamado en balde con repetidas cartas, se vi en la necesidad de nombrar en 19 de marzo de 1626 Juan de Aranda Salazar para que dirigiese la obra; y desde entonces ces el Hermano Alonso de asistir del todo ella. Se concluy el retablo el dia 27 de abril de 1628, y los diputados del cabildo mandaron gratificar Aranda con 150 ducados por lo bien que lo habia hecho, por la priesa que se habia dado, y por la satisfaccion que el cabildo tenia en verle concluido. Entre los documentos pertenecientes al Hermano Matas public el mismo anotador de Llaguno los papeles de que se ha hecho mrito; son dos representaciones dirigidas al obispo para persuadirle que mandase labrar el retablo de jaspes y bronces, y demostrarle que podria hacerse mas presto y mas barato que de madera, y una esposicion sobre el modo y economa con que se debia trabajar dicha obra: documentos del mayor inters por las noticias que contienen sobre los inconvenientes que se ofrecen en los retablos dorados, sobre el modo de dividir y ajustar la obra manual en aquel tiempo, sobre los precios corrientes de las labores en talla de madera y en mrmol, y sobre otros muchos objetos propios del arte, con prevenciones utilsimas acerca del modo de contratar la obra, de lo que se ha de dar los artfices, y de las obligaciones de estos. [376] Vase en comprobacion la sabia y juiciosa crtica que hace Mr. Viollet-le-Duc de la restauracion de la catedral de Reims verificada en tiempo de Luis XI. _Dictionnaire raisonn de l'architecture_ etc. Art. _Architecte_. [377] Enrique Egas es el autor del colegio mayor de Sta. Cruz de Valladolid y del hospital de nios espsitos de Toledo, ambas fundaciones del cardenal de Espaa D. Pedro Gonzalez de Mendoza, terminadas la primera en 1492 y la segunda en 1514. Pedro de Ibarra construy en 1521 para el obispo D. Alonso de Fonseca el colegio mayor de Santiago el Zevedeo de Salamanca. Estas obras, de estilo del Renacimiento espaol, que Ponz llama _plateresco_, son anteriores al clebre palacio de Ecouen, que construy para el condestable de Montmorency el arquitecto francs Juan Bullant, primero que en su pais practic para la arquitectura civil el estilo italiano por los aos de 1540. El colegio de Cuenca, la casa de las Salinas, la puerta de Zamora y otros edificios construidos en Salamanca por este tiempo, son tambien semi-gticos platerescos. Finalmente, son asmismo anteriores la citada obra de Bullant, y de carcter greco-romano ya mas decidido, el palacio de Crlos V en la Alhambra, edificado por Pedro de Machuca en 1527, la catedral de Granada comenzada por Diego de Siloe en 1529, la capilla de los Reyes nuevos de Toledo trazada por Alonso de Covarrubias, y otros edificios que podriamos aadir estos. [378] No atrevindose despojar repentinamente sus fbricas de aquella infinidad y prolijidad de adornos (dice en uno de sus artculos del _Artista_ el Sr. Carderera resumiendo perfectamente los caractres de este nuevo estilo), y pareciendo por una costumbre de tantos aos pobre y austera la arquitectura greco-romana causa de su noble sencillez, adoptaron el medio trmino de reducir las dimensiones de esta; aumentaban los cuerpos de arquitectura, multiplicaban las columnitas, balaustradas, recargando los frisos y pedestales de labores y demas adornos caprichosos de que tanto abundaba la decoracion gtica. A esta clase de arquitectura mixta, que estuvo muy en boga en Espaa por todo el reinado de Crlos V, se ha dado en Italia y en Francia el nombre conveniente de arquitectura del _renacimiento_. Entre nosotros se ha llamado arquitectura _plateresca_, quiz por el gran nmero de obras en este gnero que en aquella edad de opulencia emprendieron nuestros plateros, tanto de objetos para el culto, como de vasos, jarrones y otras alhajas para prncipes y particulares ricos que se cincelaban con suma inteligencia y pericia. [379] Vase la lmina que representa el _Interior de la catedral_. [380] Recordar el lector que Diego de Praves fu llamado Crdoba por el obispo Reinoso en 1597 para que diese su opinion sobre el modo de concluir la fbrica. Este arquitecto fu el encargado de las obras del palacio y de la catedral de Valladolid, trazadas por Francisco de Mora y por Juan de Herrera, cuando se traslad la corte de aquella ciudad Madrid. Llaguno le iguala en mrito, y lo mismo su hijo Francisco, con el citado Mora, y segun esto parece muy probable que sea de traza suya la fachada de que hacemos mencion, que en su gnero es indudablemente de lo mas correcto que puede verse. [381] Debe tenerse presente que aunque la decoracion de la catedral en su presbiterio, crucero y coro, sea del siglo XVII, hay fuera de estas partes otras que se exornaron con mucha anterioridad. Ya queda dicho, pg. 279 y 280, que el obispo D. Leopoldo de Austria fu el que emboved mediados del siglo XVI las naves que rodean la obra alta, construyendo adems los dos pilarones que sufren el empuje de la bveda del coro y trascoro al pi de la catedral. Estas obras se sabe positivamente que son suyas, porque as lo atestiguan historias manuscritas y los escudos que en ellas campean. Pero deben serlo tambien otras de que no hacen mencion los analistas, y que sin embargo manifiestan el mismo carcter: tales son aquellos miembros en que se ven mezclados, bajo bveda ojival de caprichosos enlaces, todos los medios de ornamentacion del gtico-florido y del plateresco. Conviene hacer notar esta semejanza: la decoracion de los pilarones arriba mencionados se compone de medallones de alto relieve en la base, en el cuerpo medio repisas y marquesinas como en disposicion de recibir estatuitas de santos; luego cenefas y anchas fajas de follages, nios y animales; y en el cuerpo alto cornisa con mascarones y cabezas de ariete. El intrados del grande arco que une al primer pilaron con el macho angular N-O. del coro, est cuajado de primorosos arabescos del estilo italiano del mil quinientos. El pilar N-O. del gran rectngulo de la catedral est decorado de una manera anloga: presenta su ornato dos zonas, de filetes formando enrejados, con circulitos, fajas y cenefas horizontales de follagera. La bveda gtica que rodea toda la obra alta, lleva en los tmpanos ojivales formados por el arranque de sus nervios, grandes bajo-relieves, y todos los pilares del lado del norte que la sostienen estan decorados con filetes formando enrejados, cenefas de circulitos, losanges y otras combinaciones. Ahora bien, esta misma amalgama se advierte en la decoracion del trasaltar. Los bajo-relieves de los tmpanos de la bveda son medallones la manera italiana, con bustos de tan alto relieve que parecen los personages esculpidos asomados los marcos en que se contienen. Cada tmpano presenta dos de estos medallones, y en medio un nicho con su repisa gtica destinada al parecer una imgen. De tal manera llevan todas las construcciones de D. Leopoldo de Austria el carcter de su poca, que no es posible desconocerlas; pero el que dude de esta verdad coteje la ornamentacion de estos tmpanos con la de los que estan enfrente, en la arquera rabe que conserv el prelado al tender la bveda del trasaltar, y se convencer de que todo es de un mismo tiempo. Alli son medallones y nichos, y aqui relieves con anchas fajas de grotescos, follages, figuras y cabecitas prominentes; pero todo es obra del egregio prelado de la sangre real de Austria. [382] Vase la lmina que representa este interior. [383] El actual embovedado se construy desde el ao 1713 al 1723, costeando generosamente muchos prebendados las bvedas de algunas naves. [384] Vase la lmina que representa la _Puerta de las Palmas desde el patio_. [385] De estos obispos hermanos, naturales de Crdoba, escribi Gil Gonzalez en el teatro de sus iglesias; y D. Nicols Antonio hizo memoria de las obras escelentes del obispo D. Diego. [386] Vanse pg. 222 y 223. [387] Es histrico. Habia dispuesto la ciudad tres arcos triunfales, _el uno de los cuales era la misma Puerta Real de piedra... En el primero estaban las figuras de los emperadores Maximiliano, y Crlos, y el rey D. Fernando el Santo, y el rey nuestro seor. Habia otras pinturas de mucho entendimiento. Encima de este arco estaba fingido el monte Parnaso con la fuente Helicona que manaba agua de azahar.--Sobre este monte parescieron nueve hermossimas doncellas que representaban las nueve musas, cantando y taendo muy suavemente, etc._ M. S. contemporneo de la coleccion del Sr. D. Valentin Carderera. [388] Este consejo fu instituido por el severo duque de Alba en Flandes. Los franceses le dieron el nombre de _consejo de revueltas_ (_conseil des troubles_); los holandeses el de _consejo de sangre_ (_bloed-raed_). [389] Tomamos todos estos curiosos pormenores, hasta ahora desconocidos, de una interesante coleccion de m. ss. de la poca, que reuni en un tomo el diligente Ambrosio de Morales, y que hoy es propiedad de nuestro buen amigo el Sr. D. Valentin Carderera, quien generosamente nos la ha franqueado.--Las noticias que vamos dando se hallan en una carta que un vecino de Crdoba, relacionado al parecer con las primeras notabilidades de la corte que all acudieron, escribe un personage, refirindole la entrada del rey en la ciudad. [390] El rden que guardaba la comitiva del rey era segun la carta citada el siguiente: Venia delante de su S. M. tanta gente de caballo y tan bien apuesta, que era maravilla, y al fin los seores de ttulo, y al fin los grandes, y tras ellos cuatro maceros caballo, y cuatro hombres de armas, y seguia luego pi la ciudad, y cerca del palio D. Antonio de Toledo con el estoque. [391] Vase pg. 280. [392] Otra carta de la referida coleccion m. s. del Sr. Carderera, fechada en Crdoba 14 de abril de este ao de 1570, dice as: El de Medinasidonia entr ayer por la puente las cinco horas de la tarde, por delante de las ventanas del cardenal, el cual estaba tras una gelosa con el Sr. D. R. de Castro. Precedieron ciento tres acmilas buenas y bien aderezadas de reposteros nuevos de lana; las seis que traan la recmara se cubrian con reposteros de terciopelo morado bordados de plata y oro con sus armas. Despus comenz entrar la caballera de Crdoba, dellos de camino y dellos de rua. Luego la corte toda de camino, y entre ella el de Cuenca y el de Jaen echando bendiciones; y cabo de rato. porque la gente era mucha, lleg Ruy Gomez, y su lado izquierdo el prior D. Antonio. Luego el de Moudejar y marqus de Aguilar. Despues el nuevo cortesano, en medio del de Njera que venia al lado izquierdo, y el de Feria con su guarda que venia al derecho. Detrs venian cincuenta pages en buenos caballos; despues entraron tras ellos doscientos ginetes en muy buenos caballos, con seis trompetas, y estandartes en ellas de damasco carmes, labradas de plata y oro las armas del duque, y luego un estandarte grande de lo mesmo y con la mesma divisa. Delante cuatro cornetas de las cuatro capitanas, de dos en dos. Los cuatro capitanes entraron muy bizarros en ricos caballos y con marlotas de brocado verde. Todos los demas ginetes, trompetas y oficiales de las cuatro compaas, traan marlotas de terciopelo verde aforradas en tafetan blanco, con cercos de una trenza de plata y seda, y caperuzas de lo mismo, y banderas de las mesmas colores en las lanzas, y muy buenas adargas: debajo traan muy buenas armas todos, espadas y dagas plateadas, vainas de terciopelo verde y talabartes bayos. Parecieron tan bien, que no se puede encarecer, as por el buen rden y aderezos, como por ser buena gente toda y escogida. Trelos el duque para ofrecellos S. M.; no se sabe si ha querido drselos pagados. Apese en palacio, el rey le recibi bien aunque porfi en no darle la mano, pero no se quiso levantar hasta haberla besado. Hall su casa bien aderezada de muchos brocados y muy rico aparador en ella. La cena fu mucha y buena, y serian de mesa hasta ciento, y porque no la vi no sabr decir los personages della: bien se podria creer que Ruy Gomez y la princesa estarian con mucho contentamiento desta solemnidad, que en Crdoba se ha celebrado bien por las pecas que en ella ha habido desta manera, aunque se debe todo los ginetes, que cierto fueron lucidos. Olvidseme decir que los garrotes y las chapas de la frente y ojos de las seis acmilas eran de plata. [393] Pg. 276. [394] La pintura habia hecho casi todo el gasto en la decoracion de la capilla del _Sagrario_. Desde su puerta hasta la inmediata de la iglesia, dice Casas-Deza, en la bveda y arcos estaban pintados al fresco diferentes pasages de la Historia Sagrada y figuras alusivas al Santsimo Sacramento, que habia ejecutado Antonio Mohedano, ayudado de Juan Francisco y Esteban Perola, cuyas pinturas se han ido deteriorando con el tiempo hasta nuestros dias, en que lo poco que quedaba ha sido destruido sin consideracion alguna. [395] D. Jos Caveda: _Ensayo histrico sobre los diferentes gneros de arquitectura empleados en Espaa_. [396] Tambien son muy caractersticos de este estilo los flecos y cortinones. [397] Ejemplo, el mismo retablo citado, con sus cornisas interrumpidas y volutadas que denuncian la legua la inutilidad de los esfuerzos del Hermano Matas por conservar las lneas rectas del greco-romano puro. [398] Para completar el cuadro histrico de este insigne monumento, museo de todos cuantos estilos arquitectnicos se han sucedido en Espaa, creemos conveniente continuar el resmen de sus anales; los cuales por otra parte contribuirn esplicar mejor la fiel correspondencia entre el arte y la situacion social de cada poca. Es siempre muy curioso, y mas que curioso til, el ir cotejando las vicisitudes de la arquitectura con las vicisitudes de las ideas, creencias y vida pblica de un pueblo. _Memorias notables relativas la historia de la catedral desde la conclusion del nuevo crucero hasta las ltimas obras hechas en ella._ (Del 1624 al 1777.) _Ao_ 1625. Las muchas guerras que se movieron contra el reino y las necesidades de su defensa, obligaron al rey D. Felipe IV solicitar un donativo voluntario, sobre lo cual recibi el cabildo de Crdoba una carta del presidente de Castilla y confesor de S. M., en cuya vista y la de causa tan justificada ofreci en 7 de febrero un subsidio de 12000 ducados, determinando al mismo tiempo hacer contnuas rogativas por el pronto trmino de las revueltas que afligian la monarqua y la f catlica en Europa, Asia y Africa. El 8 de diciembre de este mismo ao se celebraron con accion de gracias y procesion general los prsperos resultados obtenidos por las armas y la poltica de Espaa. A 2 de octubre de este ao, peticion del obispo D. Cristbal de Lobera, celebr el cabildo honras pblicas al cardenal duque de Lerma en el altar mayor y coro antiguo. 1626. El 11 de enero estuvo espuesto el Santsimo desde la hora de prima, se celebr la misa con sermon y hubo procesion por la tarde, en accion de gracias rogada por el rey, por haberse salvado de manos de los ingleses y holandeses los galeones y flota de Espaa en noviembre del ao ltimo. Empez este ao con tan fuertes temporales y lluvias tan copiosas, que el Guadalquivir sali de madre, lleg casi cerrar los arcos del puente, cubri los molinos, y en varias calles de la ciudad anduvieron barcos para socorrer los vecinos. El 10 de febrero, splica del cabildo y ciudad, fu el obispo la iglesia, y acabadas las horas se visti de pontifical, y en procesion con todas las reliquias, cantando las letanas, subi lo alto y descubierto de la capilla mayor, y conjur los aires y nubes volviendo el rostro todas partes. En la capilla mayor se cant una antfona y se di la bendicion al pueblo. En esta ocasion descubrieron las aguas la otra parte del rio vestigios de edificios antiguos, sobre lo que escribi D. Pedro Diaz de Rivas una curiosa y erudita carta al abad de Rute D. Francisco Fernandez de Crdoba. 1627. A 22 de mayo muri el clebre racionero D. Luis de Gngora y Argote, que fu considerado por su ingenio, erudicion y poesa, como el fnix de su siglo. 1629. Di la iglesia el obispo Lobera el 8 de setiembre la hermosa lmpara de plata que pende en el presbiterio. Esta alhaja cay al suelo por un descuido en el ao 1728 y se maltrat mucho, de resultas de lo cual hubo que renovarla. Su peso actual es de 16 arrobas, 18 libras, 10 onzas y 5 reales de plata; d idea de su hechura la lmina en que est representado el _interior de la catedral_. A 22 de noviembre, habindose presentado en cabildo nombre del rey, D. Alonso de Cabrera de su consejo y cmara, solicitando con una carta de S. M. un donativo para socorro de las grandes y urgentes necesidades del Estado, combatido de las muchas guerras que por todas partes se fomentaban, determin aquel que se diesen 12000 ducados de la mesa capitular y prstamos de las prebendas, pagados plazos. 1630. El dia 13 de octubre se llevaron la catedral con procesion general las reliquias de los santos mrtires que conserva la iglesia de S. Pedro, para celebrarles fiestas por ocho dias consecutivos. Se manifest el Santsimo en el Sagrario, y se hicieron plegarias y rogativas. Hacase esto por la salud del reino, y porque Dios le libertase de la terrible peste que la sazon se padecia en Italia, y que el ignorante vulgo crea originada de los llamados _polvos de Miln_ con que personas malignas inficionran las aguas. 1631. En este ao y en el siguiente fueron contnuas en la catedral las rogativas por la felicidad de las armas catlicas contra el rey de Suecia y los hereges de Alemania. 1633. En la cuaresma de este ao se introdujo cantar en el campo santo un _Miserere_ que concurria de noche gran muchedumbre de ambos sexos, originndose de aqu algunos desrdenes. Era costumbre asmismo acudir all la gente los dias de fiesta pasear en coche y caballo, profanando aquel lugar sagrado con escndalo de los devotos que visitaban las cruces. Deseoso el cabildo de poner todo remedio, encarg al Dr. Alderete, provisor la sazon, que lo prohibiese con el mas suave modo; pero habiendo una noche la gente derribado y hecho pedazos las cruces, para desagravio de tamaa injuria determin el cabildo, que bien compuestas y engalanadas, las pusiesen en el trofeo que en honor de los mrtires habia erigido Ambrosio de Morales, y que de all se llevasen en procesion la catedral para colocarlas en la capilla mayor al lado del Evangelio. As se hizo el 17 de abril, iluminando por la noche la torre, y al dia siguiente se celebr misa muy solemne del triunfo de la Cruz, que asisti la ciudad, predicando el famoso orador de la Compaa de Jesus P. Figueroa. Por la tarde se llevaron las cruces otra vez al campo santo en solemne procesion de todo el clero, religiones y cofradas, llevndolas sacerdotes con capas pluviales carmeses, y conduciendo los prebendados y capellanes de la iglesia, debajo de un palio que llevaban los veinticuatros, la cruz grande del obispo Mardones. Sali la procesion por la puerta del Dean y di vuelta la iglesia, y al regresar del campo santo entr por la puerta del Perdon. 1637. El obispo D. Fr. Domingo Pimentel su vuelta de Italia, regal la catedral dos magnficos blandones de plata de 7 arrobas de peso y 4-1/2 varas de altura, primorosamente trabajadas en Roma por Faustino Taglieto. _No se halla en otra iglesia de Espaa_, dice Bravo, _otra semejante ddiva_. Otros dos blandones de 9 cuartas de altura regal el cardenal arzobispo de Toledo D. Pascual de Aragon; y con doce iguales de bronce dorado hacen magestuosa la capilla mayor en las festividades clsicas. 1638. El domingo 26 de setiembre hizo el cabildo una fiesta solemne nuestra Seora de Villaviciosa, cuya intercesion atribua la victoria que de los franceses acababa de conseguir Espaa en Fuenterraba. 1639. El obispo Pimentel llev personalmente el Santsimo en la procesion del Corpus, dentro de un hermoso sol que mand hacer en lugar de custodia. En esta ocasion, imitando la gran devocion del prelado al augusto Misterio, se introdujo en la catedral la costumbre, seguida despues en las demas iglesias de Espaa, de decir los predicadores despues de la salutacion y el Ave-Mara: _Alabado sea el Santsimo Sacramento, y la Inmaculada Concepcion de la Vrgen nuestra Seora sin pecado original._ 1640. Quit el cabildo peticion de este obispo las completas que se decian con msica los sbados de cuaresma por varias profanaciones de la gente de ambos sexos que concurria por via de recreacion al templo. Fu este ao infausto para la monarqua por el levantamiento y guerra de Catalua; la iglesia de Crdoba resolvi implorar la clemencia divina poniendo por medianeros sus santos mrtires, y sus reliquias fueron llevadas con procesion general la catedral, donde se les hizo fiesta ocho das seguidos, desde el 23 de febrero hasta el 3 de marzo. 1642. Continuaban en la catedral las oraciones y plegarias por los felices sucesos de las armas catlicas. Fu ao de grandes calamidades: gan el rey de Francia Perpian y otras plazas en el Rosellon y Catalua, y el Brasil y las Islas Terceras se entregaron los portugueses. A esto se agreg la gran baja de la moneda de vellon, que publicada en Crdoba 15 de setiembre ocasion tumultos entre el pueblo. El desgraciado Felipe IV, tan miope para los errores de su poltica como perspicaz para el decaimiento de la f religiosa, atribuyendo sus reveses la falta de devocion hcia el Arcngel S. Miguel, deseaba que se le hiciesen demostraciones pblicas de afectuoso culto, y que se le admitiese por patrono del reino. Esta insinuacion no fu bien recibida: la iglesia de Crdoba declar no admitir patronato ni compaa con el nico patron de Espaa Santiago, y no volvi tratarse de este negocio. 1643. El domingo cuarto de cuaresma, hallndose el Tribunal de la Inquisicion en la catedral para hacer la publicacion del Anatema, y ausente el obispo, hubo durante los divinos oficios grande alboroto y escndalo, con motivo de no haber acuerdo sobre quin debia pedir la venia el predicador al comenzar el sermon. Esta cuestion de pura etiqueta fu causa de que el presidente del coro mandase cesar el sermon y continuar la misa, intimando por su parte el tribunal censuras los del altar. Redjose la funcion una confusa babilonia: ambas partes acudieron al rey, y una junta de ministros resolvi _que cuando no estuviese el prelado presente, el predicador solo hiciese la venia al Santsimo_. 1644. Pidi el rey al cabildo un donativo de 1000 fanegas de trigo y otras 1000 de cebada para mantener los ejrcitos. Sin embargo de ser gravsima la necesidad del reino con la guerra, fu concedido. Muchas familias en Crdoba quedaban desamparadas por irse campaa los que cuidaban de sustentarlas: en esta ocasion fu tanta la caridad del obispo, que los nios cantaban por las calles: D. Domingo Pimentel, obispo de esta ciudad, sustenta cinco mil nios media libra de pan. 1645. Los apuros del Estado eran cada dia mayores, y el rey puso toda la plata de su servicio en la casa de la moneda. El cabildo de Crdoba movido del ejemplo le sirvi con 6000 fanegas de trigo y 2000 ducados 9 de noviembre. El prelado le hizo aun mayor donativo. La ciudad contribuy tambien. 1647. Hubo en otoo del ao anterior tan terribles temporales y tales avenidas, que se perdieron las siembras, y en este ao sufri la ciudad gran caresta. Sin embargo vinieron cartas del rey pidiendo nuevos donativos para poder resistir la fiera invasion del prncipe de Cond en Catalua; pero nada pudo dar el cabildo. 1648. Hubo en Madrid congregacion de las iglesias del reino con motivo del breve de Inocencio X concediendo Felipe IV la gracia de exigir de ellas hasta 800000 ducados para los grandes apuros de su reino. Esta gracia se redujo 500000. Iban venderse los baldos de Crdoba con grave perjuicio del comun y de los pobres, y los dos cabildos eclesistico y de ciudad recurrieron al obispo para que lo impidiese. El buen prelado, animado de fervoroso celo, hizo tan eficaces representaciones al rey y sus ministros, que no se llev efecto aquella medida. En el mes de octubre de este mismo ao se celebr Snodo para corregir y renovar algunas constituciones. Empez el domingo 18 celebrando de pontifical el obispo en la capilla mayor y continuaron las sesiones en la de S. Clemente. A 19 de noviembre muri el famoso arcediano de Castro D. Andrs de Rueda y fu enterrado en su capilla de S. Eulogio. 1649. Fu este ao muy funesto para Crdoba porque en l la invadi la peste. Con este triste motivo se hicieron en la catedral muchas rogativas, fiestas y procesiones, implorando la proteccion de Nuestra Seora de Villaviciosa y de los Santos Mrtires. 1650. Enfervorizados los feligreses de la catedral con el ejemplo de la insigne caridad de su obispo D. Fr. Pedro de Tapia, dieron una esplndida comida todos los que habian sido atacados de la peste y sobrevivido esta gran calamidad; llevaron en procesion las santas imgenes de J. C. crucificado y de S. Sebastian que se veneran en el altar del _Punto_, y la vuelta las colocaron en la capilla del Sagrario, donde celebraron fiestas y rogativas por nueve dias. En esta ocasion se introdujo por la primera vez el uso de que el obispo predicase desde un sitial puesto sobre un tablado en la capilla mayor. Tambien en este ao se hizo por la primera vez con gran solemnidad el voto de defender la Inmaculada Concepcion de Nuestra Seora. Di principio este acto, el domingo 11 de setiembre despues del Evangelio, el obispo, prestando su juramento sobre un misal preparado en la capilla mayor. Sentado luego en una silla, fueron por su rden llegando los prebendados, capellanes, corregidor y veinticuatros, y juraron lo mismo en sus manos. 1652. En el mes de mayo hubo grande alboroto en la ciudad por la falta de pan, motivada en parte por la inhumanidad de algunos logreros que monopolizaban las harinas, de lo cual se siguieron graves desrdenes y atropellos. El pueblo se aquiet por la benfica y paternal mediacion del obispo, quien tom por su gobernador gritando mueras su corregidor el vizconde de Peaparda, que tuvo que refugiarse al convento de la Trinidad. Estuvo espuesto el Santsimo, y el cabildo eclesistico vel algunas noches por la pblica tranquilidad. A consecuencia del motin referido se fund en Crdoba un psito de trigo, al que contribuyeron con gran nmero de fanegas el obispo y el cabildo. En la catedral se tributaron Dios solemnes gracias por la recuperacion de Barcelona ocurrida el 13 de octubre. Este obispo Tapia hizo la catedral el donativo de dos fuentes grandes y dos aguamaniles de plata, con motivo de despedirse de su cabildo para ir tomar posesion del arzobispado de Sevilla. 1657. Con motivo del nacimiento del infante D. Felipe Prspero 28 de noviembre tuvieron la ciudad y el cabildo catedral grandes fiestas, que duraron hasta el ao siguiente; pero la temprana muerte de este prncipe troc en desconsuelo la pblica alegra. El real erario, siempre exhausto, exigia nuevos impuestos. Los recaudadores de las provincias las agoviaban con sus exacciones, y para defender la inmunidad eclesistica tuvo el cabildo que proceder con censuras. 1658. Descuidada la guerra de Portugal por no poder atender un mismo tiempo esta y la de Catalua, pusieron sitio Badajoz los portugueses. El rey recurri al obispo y cabildo pidindoles un donativo, y 12 de agosto le asistieron con 2000 ducados del caudal de Cabeza de rentas. Socorrida la plaza, levant el enemigo el sitio el 10 de octubre: recibise la noticia en Crdoba el 17, y se celebr en la catedral solemnemente. 1659. Resucit en este ao el proyecto formado en 1637 de fabricar una nueva Capilla Real suntuosa adonde se trasladasen los cuerpos de D. Fernando IV y D. Alonso XI. Para este objeto cedi secretamente el obispo Alarcon los capellanes reales la nave de Villaviciosa coro antiguo; spolo el cabildo, y fuer de perjudicado en el derecho que siempre habia ejercido de conceder sitio para labrar capillas, se opuso la nueva obra en 1. de octubre. Penetrado el rey de la dificultad, promovise un acuerdo para que la Capilla Real se hiciese en otro sitio; mas tambien para esto surgieron luego inconvenientes. Convino entonces S. M. en que se edificase en el _patio de los Naranjos_, segun habia ya antes propuesto el Dr. Alderete; pero no lleg el caso de mudarse la capilla hasta muy entrado el siglo XVIII, en el cual se incorpor la colegiata de S. Hiplito. 1660. Hizo el cabildo en el mes de mayo rogativas por la feliz conclusion de la guerra entre Espaa y Francia, y por la prosperidad de la paz que parecian inaugurar las bodas de la infanta D. Mara Teresa con el rey Luis XIV: paz que se malogr con los sucesos adversos de los aos siguientes. Prosigui el obispo Alarcon la obra de la torre de la catedral, que no estaba acabada, mand hacer el rgano del lado del Evangelio, las rejas de bronce del coro, capilla mayor y crucero (que costaron 7000 ducados), y unas bancas forradas de terciopelo para el cabildo durante los sermones. Tambien en su tiempo se enderez una danza de arcos junto la capilla de S. Clemente por el arquitecto Juan Francisco Hidalgo, maestro mayor de la iglesia. 1662. Se recibi en Crdoba 14 de enero el breve de Alejandro VII favor de la Inmaculada Concepcion, y se celebr en la catedral con fiestas, lo mismo que en todas las comunidades, iglesias y ermitas. En junio se celebr Snodo y se tuvieron las sesiones en el palacio episcopal causa de los grandes calores. Despues no han vuelto celebrarlo los obispos sucesores, limitndose vigilar la observancia de este, y procurando estirpar los abusos y corruptelas con sus decretos y visitas. El obispo y cabildo asistieron al rey, siempre necesitado, con buena cantidad de granos para la prosecucion de la guerra de Portugal, que ahora felizmente era prspera. 1665. Muri 17 de setiembre Felipe IV y fu aclamado por rey 14 de octubre su hijo D. Crlos II. La ciudad trajo el pendon real la catedral, y el obispo, revestido de pontifical, le bendijo, llevndose luego al cabildo su palacio, donde tenia prevenido mirador para que viese la aclamacion que se hacia en la torre del Homenage del alczar. 1667. Falleci la piadosa D. Elvira Ana de Crdoba, marquesa de los Trujillos, dejando la catedral un gran brasero de plata para que en la octava del Santsimo se pusiese con perfumes en la capilla mayor; y una lmpara dotada Nuestra Seora de Villaviciosa. 1671. Se celebr en la catedral con toda clase de demostraciones festivas la canonizacion del rey S. Fernando, y en la capilla de Villaviciosa se le erigi altar. A 27 de octubre hizo tambien fiesta la catedral por la canonizacion de S. Francisco de Borja, en memoria de haber predicado el santo en ella. Los padres jesuitas, acompaados de las religiones, trajeron el santo el dia antes hasta el _arco de las Bendiciones_, y le llevaron los prebendados la capilla mayor. Por la noche se ilumin la torre, y al dia siguiente se celebr la misa, presentes los PP. que tuvieron su asiento en el presbiterio. 1673. La misma fiesta que S. Francisco de Borja se hizo este ao S. Pedro Pascual, cuya imgen llev la catedral el convento de la Merced. 1675. El cardenal Aragon, arzobispo de Toledo, regal la catedral de Crdoba en el mes de octubre dos blandones de plata y un cliz, con su patena, vinageras y salvilla para el culto divino en los dias clsicos. 1677. En este ao se hicieron rogativas por causa de la peste que padecian Cartagena y otros pueblos, y habiendo pedido el rey trigo para socorrer la plaza de Orn, se le facilitaron 400 fanegas. 1678. Dieron la iglesia, el arcediano de Crdoba D. Juan de Esquivel un gran brasero de plata para que sirviese en las Pascuas en la capilla mayor; y el Dr. Bauelos un frontal de la misma materia para las festividades del Santsimo Sacramento. En este ao volvi pedir el rey dinero las iglesias para los gastos de la guerra de Sicilia. 1679. El rey Crlos II particip al cabildo las bodas con la princesa Mara Luisa de Orleans, y en la catedral se celebr este suceso haciendo solemnes deprecaciones por la felicidad del reino. 1680 y siguientes. Fueron aos de grandes calamidades para toda Espaa y particularmente para Crdoba, de manera que no cesaron en la catedral, lo mismo que en las otras iglesias, las rogativas, las procesiones, las deprecaciones, las fiestas Nuestra Seora de Villaviciosa, al Santsimo, las santas reliquias de los mrtires, etc. Ocurri primero la baja de la moneda de oro y plata; hubo un espantoso terremoto el 9 de octubre de 1680, dia de S. Dionisio; hubo gran sequa, y luego lluvias incesantes y tremendas avenidas, una de las cuales se llev dos arcos del puente; por ltimo un contagio mortfero que dur largo tiempo. A pesar de tan calamitosos tiempos hall medio el obispo Salizanes de repartir grandes cantidades de dinero y de trigo, de erigir Nuestra Seora de la Concepcion una suntuosa capilla, de vestir lujosamente los nios de coro, de dotar doncellas hurfanas, de instituir aniversarios, de hacer fundaciones pas grandes y costosas, de regalar su catedral reliquias, clices, ornamentos, misales, blandones, lmparas y otras alhajas de plata, y de socorrer toda clase de necesidades. La rota de los turcos en Viena por las armas catlicas fu el nico suceso prspero de estos aos. 1693. Se hicieron en la catedral piadosas rogativas para que Dios concediese sucesion al rey en su segunda mujer D. Mara Ana de Neuburg. 1694. Siendo muy estrecha la sacrista de la catedral para la cmoda custodia de los ornamentos y vasos sagrados, por lo cual no correspondia la grandeza de la Fbrica, determin el cardenal Salazar hacer otra mas capaz, para cuyo objeto destin el solar de las tres capillas de S. Martin, S. Andrs y Sta. Brbara. 1695. El famoso cardenal Belluga regal al cabildo desde Roma, como memoria de su afecto, un riqusimo terno bordado en tela blanca. 1696. Hizo el cabildo rogativas por el restablecimiento de la salud del rey. 1698. Celebrronse nuevas rogativas por causa da la gran sequa que afligia la provincia, con fiestas Nuestra Seora de Villaviciosa. Desde este tiempo ha permanecido la milagrosa imgen en la catedral. 1700. Muri Crlos II, y su sucesor D. Felipe V fu aclamado en Crdoba 3 de diciembre. El cardenal Salazar acompaado del cabildo, recibi la ciudad y bendijo el estandarte real. Debia hacerse la proclamacion en la _torre del Homenage_ como era costumbre; pero por haber puesto el Tribunal de la Inquisicion dosel en el Campo Santo, contra el uso de ponerlo en las funciones celebradas con aparato de real representacion, tuvo lugar aquel acto en la Plaza de la Corredera. Este suceso pareci tan mal en la corte, que el inquisidor fu desterrado de los dominios de Espaa. 1701. Pidi Felipe V un donativo para socorrer Ceuta, sitiada por el rey de Mequinez, y obtuvo del cabildo 1000 pesos escudos. 1702. A peticion del cardenal Salazar fu declarado en Roma S. Januario patrono menos principal de Espaa, pero se suspendi este asunto por intervencion de la iglesia de Santiago. En este ao implor el cabildo con rogativas el socorro divino contra el desembarco de los ingleses en Andaluca, y ofreci donativos la reina gobernadora para repelerlos: lo que tuvo feliz resultado con la cooperacion de todas las personas notables de la provincia. 1704. Se hicieron rogativas para el feliz suceso de la campaa de Portugal; mas para el objeto de recuperar Gibraltar perdido hubo que auxiliar al rey, y el cabildo de Crdoba le ofreci 800 fanegas de trigo. 1705. Favoreci la fortuna los ingleses, y fu menester levantar el sitio de Gibraltar constituyndose en la defensiva. Los enemigos interceptaron la comunicacion entre Andaluca y Castilla, y propuesta del marqus de Villadarias, capitan general de las Costas, que pidi gente y caudales para defenderlas, tuvieron que aprontar recursos el cardenal, el cabildo y la ciudad. Al cabildo le correspondi dar 4000 ducados. Estas grandes turbaciones agravaron los habituales achaques del cardenal y le ocasionaron la muerte. 1706. Con la feliz victoria de Almansa y el nacimiento de un prncipe real, recobr el reino la esperanza de alcanzar dias mas bonancibles. La iglesia de Crdoba celebr repetidas fiestas de accion de gracias en la catedral y en el clebre santuario de la Fuen-Santa. Por las grandes urgencias de la guerra pidi el rey un anticipo de dos millones de escudos al estado eclesistico cuenta del subsidio y escusado, y el obispo Bonilla sin esperar la aprobacion de S. S. facilit los 778449 reales que correspondian la iglesia de Crdoba. 1708. Volvi pedir el rey un nuevo subsidio, y el cabildo ofreci 150 doblones. Desagradaron en Roma el anticipo y el donativo, y les neg el Papa su aprobacion; pero al propio tiempo concedi al rey catlico _un donativo honesto_, con lo cual se agrav la dificultad. Por parte de las iglesias catedrales del reino se recurri la sagrada congregacion de inmunidad: en vista de su declaracion, el rey y los ministros instaron los cabildos para que sostuviesen su prerogativa de dar ellos el consentimiento. Nada se decidi sin embargo. 1709. A 2 de julio prohibi Felipe V todo comercio con la corte de Roma por causa del referido altercado. En este ao se trajo en procesion la catedral una reliquia de S. Zoilo 17 de junio. El obispo mand hacer para ella un relicario de gran riqueza. Se mantuvo en la catedral hasta el 14 de abril de 1714, en que se llev la iglesia de S. Miguel. Hubo en este ao algunos dias de luto en los cuales se consider perdido el reino con los grandes progresos que volvi hacer el enemigo. Entonces todas las provincias acudieron al rey con donativos, y entre el cabildo de Crdoba y su obispo le dieron 1000 fanegas de trigo y gran cantidad de dinero. A 10 de diciembre consiguieron las armas reales la famosa victoria de Viruega, que mud el semblante de la guerra y asegur Felipe V la corona. 1710. Se hicieron obras de consideracion en la capilla de Villaviciosa: se hizo altar Sto. Toms, otro nuevo S. Fernando, y se renov completamente el principal de Nuestra Seora. 1711. Mientras se hacia esta ltima obra fueron robadas en la noche del 3 al 4 de marzo todas las alhajas de la sagrada imgen de Villaviciosa, que estaba provisionalmente depositada en la capilla de S. Pablo. Le quitaron un rico pectoral de esmeraldas, otra joya de la misma piedra, y un gran clavo de perlas. Adems se llevaron otros objetos preciosos de la capilla y cinco lmparas de plata. El obispo Bonilla cedi la santa imgen otro pectoral de esmeraldas que casualmente tenia, y otros devotos le ofrecieron dos lmparas de plata. 1712. Deseoso de hacer los ltimos esfuerzos para asegurar una paz ventajosa, resolvi el rey levantar un ejrcito muy poderoso, cuyo fin en 26 de abril escribi al cabildo que le auxiliase con lo que fuese de su agrado. En esta ocasion la iglesia de Crdoba sirvi S. M. con 800 fanegas de trigo. A 20 de julio di al cabildo el cannigo Cruz y Jimena una preciosa esttua de plata de Santiago, patron de Espaa, caballo. El cabildo mand que todos los aos se pusiese en el altar mayor en la festividad del glorioso apstol desde la vspera. 1713. El pintor D. Antonio Palomino, natural de Crdoba, ejecut los lienzos de la Asuncion y de los mrtires del retablo de la capilla mayor, y los de la sacrista que hizo el cardenal Salazar. Empez en Crdoba, y los acab en Madrid. En este ao se empez la custodia nueva para esponer el Santsimo en las octavas del Corpus y Concepcion. Tambien en este ao se hicieron las bvedas de las naves de la iglesia, obra que continu hasta el 1723. 1716. Muri el 13 de octubre el obispo D. Francisco Sols, y fu enterrado en la nave de Villaviciosa, ponindole en su sepultura un largo y pomposo epitfio. 1717. Reconciliadas ya las cortes de Espaa y Roma, habia renovado S. S. por otro quinquenio las gracias del subsidio y escusado cumplidas en 1712. Celebrse congregacion de iglesias en la corte para ponerse de acuerdo con S. M. y remediar algunos perjuicios, y tuvo principio 17 de agosto de este ao de 1717. Pero en las sesiones de la congregacion se agriaron tanto los nimos, que hubo que disolverla, con gran sentimiento del cabildo de Crdoba y otros que deseaban sinceramente la union. 1724. Determin el obispo Siuri acabar la custodia comenzada en 1713 y suspendida por haber faltado la plata: llevla su palacio, all la terminaron, y se estren en la octava del Corpus de este ao. Gast en ella 10000 pesos, y pesaba 800 marcos de plata. Este mismo prelado habia dado el ao anterior la catedral 12000 ducados para redimir un censo en que estaba empeado para continuar las bvedas. El rey D. Luis I, aclamado en Crdoba 20 de febrero con las solemnidades acostumbradas, muri el 31 de agosto. Su padre D. Felipe volvi reinar sin preceder segunda aclamacion. 1727. Hubo el dia de S. Bartolom una horrible tempestad, durante la cual cay en la torre un rayo que la caus notable dao: derrib algunas de sus pirmides y chapiteles, arrebatndolos con tal brio, que sus piedras maltrataron las casas vecinas. 1728. Concedi el Pontfice la union de la Capilla Real con la iglesia colegial de S. Hiplito. Los cuerpos reales se mantuvieron en la capilla hasta el 8 de agosto de 1736 en que fueron trasladados la colegial entre dos y tres de la maana. 1729. Los infantes D. Luis y D. Mara Teresa, que iban Sevilla, fueron su paso por Crdoba agasajados con festivas demostraciones. El dia 5 de mayo el obispo y el cabildo los recibieron por la tarde en la puerta de Sta. Catalina, de donde los llevaron por el _arco de las Bendiciones_ la capilla mayor. Cant muy bien la msica mientras hacian oracion, el obispo les di besar las reliquias, y vieron despues toda la iglesia y las alhajas. Fu muy notado en la ciudad que el infantito D. Luis, que despues fu arzobispo de Toledo, al recibir la visita del prelado, se apoder de su sombrero y no se le quiso entregar. 1738. El obispo D. Pedro de Salazar, sobrino del clebre cardenal del mismo nombre y continuador de su rica capilla de Sta. Teresa, agrand la capilla de S. Lorenzo y puso en ella altar S. Pedro dotndole con lmparas de plata, vasos, alhajas y ornamentos, y una sacristana con su competente cngrua. 1740. Se hicieron obras de consideracion en el antiguo acueducto de la catedral, con lo cual aumentaron las aguas y se embelleci el patio de los Naranjos. Las magnficas caeras y atageas construidas por los sarracenos fueron siempre objeto de muy especial atencion para la ciudad y el cabildo de la iglesia mayor. Puede en rigor decirse que el agua de la mezquita era la que abastecia toda la poblacion. El cabildo eclesistico era propietario por concesion del rey S. Fernando de toda el agua de las dos huertas de la Sierra denominadas de _Sta. Mara_ y del _Hierro_. Habindola conservado siempre cuidadosamente, ayudado en gran parte de las contribuciones que para este efecto se habian impuesto desde el tiempo de D. Alonso el Sabio (Arch.: _libro de las tablas, caj. N_, nm. 271, fol. 17; _caj. Q_, nm. 379), se hall en el siglo XVII en situacion de vender mucha agua los particulares, como en efecto lo verific. En el ao 1752 mand formar un libro que describe minuciosamente todas las caeras del cabildo y contiene un gran mapa iluminado que manifiesta por dnde va la atagea del agua de la huerta de Sta. Mara y dnde comienzan los encaados (_Caj. Q_, nm. 334). Al folio 7 de dicho libro se esplica el repartimiento que se hace en el arca prxima al convento de la Merced. Segun los diversos conductos por donde llega el agua, as vara de nombre: hay agua de _Sta. Clara_, agua de la _Albayda_ de la _Fbrica_, agua del _Arroyo del Moro_, agua del _Arroyo de Pedroche_; y aun se cree que hay en la campia otras aguas perdidas, de las que en tiempo de los rabes fertilizaban sus hoy ridas llanuras. En el citado caj. Q del archivo, bajo los nmeros 40, 321, 359, 379, 380 y 390, hallar el curioso muy interesantes noticias acerca de esto. 1742. Muri el obispo Salazar y dej la catedral una imgen grande de plata de S. Sebastian valuada en mas de 800 pesos, y su capilla de S. Pedro (que como dejamos dicho estaba incorporada con la de S. Lorenzo) un lagar muy productivo en la Sierra. Fu enterrado en su fundacion y tiene en una losa de jaspe negro un buen epitfio. 1748. Empez construirse en este ao la sillera del coro nuevo, obra del escultor D. Pedro Cornejo, toda de rica caoba, que dur nueve aos y se estren en 17 de setiembre de 1757. Es en su lnea, y prescindiendo de su estilo, la primer sillera de Espaa por el primor de su talla en medallones, esttuas y demas escultura. Contribuyeron costearla el obispo Cebrian, y su testamentara despues, con 417091 reales; el cabildo con 60000; la fbrica con 276796; el arcediano Recalde con 120000; la obra pia del Sr. Mardones con 40000. Su autor fu sepultado en la catedral honorficamente. 1750. Fu este ao de grande esterilidad y hambre en toda Andaluca. Estimulado el cabildo de Crdoba con los ejemplos de la caridad insigne de su obispo Cebrian, las muchas limosnas individuales uni las colectivas, form un acervo comun de varias distribuciones que le pertenecian y de algunas obras pias de su patronato, y habiendo as reunido un copioso depsito, acabadas las vsperas de los santos patronos nios Acisclo y Victoria, visti en la catedral hasta 1000 nios, la mitad de cada sexo, dedicndolos estos santos. Formada as una procesion que llen de ternura y lgrimas al gran gento que habia acudido verlos, fueron cantando la letana la capilla de Nuestra Seora de Villaviciosa, conducidos de los mismos capitulares que por sus propias manos los habian vestido. Los trages eran talares, con divisa azul que distinguia los varones de las hembras. Desde aquel dia cada capitular abri su casa un nmero determinado de nios, los que concurriendo all una hora antes de mediodia, recibian del prebendado y de sus criados una leccion de doctrina cristiana, y despues la comida, que se reducia un cuarteron de buen pan y una porcelana de acemite: limosna que dur hasta la nueva cosecha. 1755. El sbado 1. de noviembre, dia de Todos Santos, fu el gran terremoto, y el mas violento y general que se esperiment jams en Espaa. Empez en Crdoba las 10 dadas de la maana con un estruendo terrible. Estaban en la catedral celebrndose los divinos oficios, con un inmenso concurso de fieles: acababa el sermon, y empezaron de repente sordos estampidos, el crujir de los retablos y de las bvedas, el repetido vibrar de las paredes y columnas, el golpear de los sillares que caan desprendidos de la torre y el de los remites que se desgajaban del crucero. Las gentes aterradas se dieron a huir sin tino, unos hcia el presbiterio, otros al Sagrario, los mas las calles inmediatas. La mayor parte de los capitulares y ministros del coro huyeron tambien sobrecogidos de pavor. El preste asistido de los diconos, que acababa de entonar el Credo, viendo la continuacion del terrible fenmeno sac del depsito el Santsimo y lo espuso al corto nmero de personas que habian quedado presentes, sin que hubiese para esta sagrada ceremonia otro cntico que los clamores de los presentes. Dos veces se repiti durante el sacrificio esta tremenda al par que memorable escena: dos veces el preste espuso el Santsimo permaneciendo impvido en el altar como su leal ministro, dispuesto dejarse sepultar bajo la desquiciada mole del templo, mientras todo su alrededor era terror de muerte, tropel y gritera. El crucero y coro quedaron muy quebrantados: la torre sufri tales vaivenes, que despues de haberse desplomado de ella una gran cornisa, un barandal de piedra y diferentes piezas de su adorno, se abri por los cuatro frentes de su segundo cuerpo y desteji todas las claves de sus arcos, claraboyas y ventanas. Con motivo de este gran terremoto creci la devocion al arcngel custodio de Crdoba S. Rafael, determinando el cabildo que se hiciese todos los aos procesion la ermita de su advocacion el dia 7 de mayo, en que se celebra la aparicion del santo patrono. 1756. La plaga de la langosta afligia muchas provincias de Espaa, por lo cual determin S. M. que fuese llevada la cabeza de S. Gregorio Ostiense, abogado especial contra aquel azote, por todos los paises que lo padecian, conducida por cuatro cofrades del Santo, tren eclesisticos y uno seglar expensas de su real hacienda. Llegaron los comisionados Crdoba en enero de 1757 con la santa reliquia: sali recibirla una diputacion de la ciudad, y encaminada derechamente la catedral la recibi otra del cabildo, compuesta de ocho capitulares, que la condujeron la sacrista mayor en procesion, asistidos de muchos capellanes y de la msica. A la tarde siguiente la trajo el cabildo al altar mayor, y se dijeron vsperas solemnes, y al siguiente dia se celebr con todo aparato misa, asistiendo la ciudad, y la tarde se hizo la bendicion. Llevse en procesion general al campo de la Verdad, conducindola en medio del cabildo los capellanes de la veintena en andas, que seguia el prelado D. Martin de Barca de capa magna, y cerraba la ciudad. Al costado izquierdo de la iglesia del Espritu Santo, mirando poniente, se habia formado un gran retablo y altar con sus ornamentos, donde el obispo de pontifical hizo la bendicion del agua con inmersion de la santa cabeza, y despues la de los campos, formando los dos cabildos en el teatro dos alas: hecho lo cual volvi llevarse la reliquia la catedral y colocrsela en el altar mayor, y aquella noche fu devuelta los comisionados, quienes el cabildo y la ciudad dieron buenas limosnas en dinero y el prelado un rico ornamento con cliz y patena. 1761. Con motivo de la consagracion del magistral de esta catedral para obispo de Canarias, se estren un riqusimo terno regalado al cabildo por el mismo D. Martin de Barca. Habialo este prelado mandado hacer en Roma toda costa, y se componia de capa pluvial, casulla, dalmticas, dos paos de plpito y seis capas, todo de lama de plata bordada de oro, con las correspondientes albas de esquisitos encajes, que acompaaban sacras de plata de moderna hechura, trabajadas tambien en Roma. 1766. En este ao muri la reina madre D. Isabel Farnesio, y en la catedral se hicieron las correspondientes demostraciones fnebres. Este mismo ao se trat de hacer nuevos plpitos, cuyo fin por disposicion del obispo Barca se compraron caobas, se formaron proyectos y se entreg al obrero mayor libramiento de 4000 fanegas de trigo, que produjeron 8000 pesos. Depositse esta suma para asegurar en todo tiempo la conclusion de la obra, y para los gastos de esta iba dando libranzas la tesorera. Muri el obispo Barca sin verlos concluidos, y el continuador annimo de Gomez Bravo que puso fin su Apndice en 1777, espresa que aun se seguia trabajando en ellos cuando l escribia: de aqu deducimos que debi esta obra sufrir largas interrupciones, porque de otra manera no se concibe que pudiese durar mas de once aos. [399] D. Francisco Sanchez de Feria en su obra indita _Descripcion moderna y antigua de Crdoba_, que hemos citado otras veces, dice solamente que era propia del vnculo que posea en su tiempo D. Manuel Serrano de Rivas, abogado de los Reales Consejos. [400] Vase pg. 225. [401] Nada dice de esta restauracion el minucioso Bravo en su _Catlogo de los obispos_, etc. Solo nos hablan de ella el capellan Moreno en su obra indita ya citada _Antigedad y grandezas_, etc., y el Sr. Casas-Deza en su _Indicador cordobs_, quien no nos dice de dnde ha tomado tal noticia. Conviene advertir que la obra de Moreno, como escrita muy la ligera, contiene varias inexactitudes; sin embargo, hay una circunstancia que en el caso presente puede dar fuerza su aserto, y es, el aadir que en la clave del arco principal de la referida capilla mayor antigua se hallan esculpidas las armas del obispo D. Iigo. Nuestro descuido en verificar este hecho cuando visitamos la catedral, nos impide sacar al lector de dudas. [402] Hemos tenido la curiosidad de contar las veces que para impetrar del cielo lluvias serenidad fu llevada la Vrgen de Villaviciosa desde su ermita la iglesia mayor solo en el decurso de los 170 aos que median del 1529 al 1699; y resulta que esta traslacion tuvo lugar una vez bajo el reinado de Crlos V, nueve veces bajo el de Felipe II, dos en tiempo de Felipe III, doce reinando Felipe IV, y cinco durante el reinado de Crlos II, en cuyo ltimo ao de vida se hizo la postrera traslacion. [403] Vanse las pg. 199 y siguientes. [404] _Ahlu-dh-dhimmah_ era el nombre que daban los sarracenos los cristianos y judos mozrabes, y significa _pueblo constituido en patrocinio protegido_. [405] Escribironle, enviando tambien cartas para los obispos y prceres de aquel reino. La dirigida al rey llevaba, segun los _Anales Bertinianos_, la data del ao 847. [406] No era dificil que estos concilios fuesen autorizados con metropolitanos, porque estos estaban bajo la jurisdiccion del rey de Crdoba, como lo esplica Florez, _Espaa Sagrada_, trat. 33, cap. 10. [407] Acaeci este hecho memorable el ao 883 con motivo de la irrupcion que hicieron en los dominios cristianos los ejrcitos sarracenos, bajo el califato de Almundhyr, cumplida la tregua pactada entre D. Alfonso y Mohammed. [408] La baslica iglesia de _S. Jorge_, de que habla el moro Rasis, debia ser una de estas, atendidas las robustas presunciones que hay de que fuese el actual monasterio de religiosas de Sta. Clara aquel templo fuerte donde se defendieron por espacio de tres meses los cristianos de Crdoba contra las huestes sitiadoras de Mugueith, despues de la muerte de D. Rodrigo. Vase la nota de la pg. 91, al final. [409] Salviato en la Vida de S. Martin de Soure, y el rabe Al-Makkar en su Historia tantas veces citada; ambos hacen memoria de una iglesia dedicada la Vrgen Mara, que no nombran S. Eulogio, ni Alvaro, ni el abad Sanson. [410] Son de esta opinion el P. Roa, el Dr. Gomez Bravo, y otros diligentes conservadores de las memorias sagradas de Crdoba. Pero no son solo razones de autoridad las que nos inclinan su sentir. La sana crtica no buscar en vano fundamentos que persuadan la grande antigedad de los referidos templos. Sea el primero esa como marca seal gloriosa que parece providencialmente conservada en ellos para que puedan en todo tiempo ser reconocidos; saber, el desmoche demolicion de sus torres acaecido bajo las sangrientas persecuciones de Mohammed, hecho singularmente notable que S. Eulogio testifica en dos de sus obras. Han trascurrido siglos y siglos; pudo la brillante poca de S. Fernando haber erigido en su lugar nuevas torres, y aun parecia necesario hacerlo; las baslicas sin embargo han subsistido con sus torres desmochadas, como en memoria de aquella tempestad terrible suscitada contra la verdadera f que tronch los sagrados mstiles de las naves del Pescador sin sumergir estas; y si alguna se ha reedificado, ha sido, como la de S. Lorenzo, en tiempos muy posteriores, sin temor de que atribuya nadie una poca misma el cuerpo de la iglesia y su torre. Otro fundamento es la clase de construccion que en los muros maestros de dichas parroquias se advierte, donde por rara casualidad la ha dejado descubierta la _mana rebocadora_ de los seores rectores y obreros que de tiempos atrs se han venido sucediendo, la cual cubre hoy indistintamente con una capa de cal y ocre de medio pi de espesor as los rsticos y lisos paredones, como las antiguas, menudas y prolijas esculturas de las archivoltas, capiteles, cenefillas, repisas, etc. Este gnero de construccion es por hiladas de sillares, en las que alternan uno por largo y otro otros dos como de canto; y el escrupuloso observador Diaz de Rivas lo hace peculiar de las fbricas arbigas. Advirtese en S. Lorenzo, de la cual hay tradicion que ocupa el sitio mismo de la baslica erigida en 262 por escitacion de S. Sixto II en el solar donde habia nacido el santo mrtir. Ahora bien, si esta prctica es una importacion de los rabes, cmo suponer que estuviese en uso en tiempo de la reconquista, esto es, cuando ya apenas quedaba en Crdoba un puado de mudjares, y cuando el nuevo estilo occidental triunfante tenia mas proporcion de ostentar sus medios particulares? No es mas natural y sencillo colegir que los cristianos mozrabes la aprendieron de sus dominadores, y la introdujeron en sus construcciones con todas las otras innovaciones de carcter oriental que tambien tomaron de ellos? Otro fundamento por fin pudiera ser la ornamentacion arquitectnica de las citadas parroquias, no como hoy se manifiestan al primer golpe de vista, sino despues de buscar y contemplar sus partes mas antiguas. Porque sucede con frecuencia hallar un edificio de estos medio encubierto por defuera con miembros en diversos tiempos aadidos, dejando apenas ver por encima de un tejado, donde menos se esperaba, los indicios de una fachada inutilizada, los restos de un primitivo bside semicircular, cosas semejantes. Dicha ornamentacion es por s misma motivo de grandes dudas en Andaluca; no lo seria en cualquiera de las provincias del norte del centro de Espaa. Aquellas portadas de una porcion de archivoltas concntricas, de molduras grandemente rehundidas, formando arco abocinado, y revestidas de dientes de sierra, de puntas de diamante, de zig-zags, de graciosos pometados y de menudsima follagera que deja modestamente campear las lneas sin encubrirlas; aquellos capitelitos en forma de dados, aquellos lisos y sencillos fustes que son como la prolongacion misma de los gruesos resaltos molduras de la archivolta; aquellos cordones funculos que manera de collarines cien los fustes por debajo de los capitelillos, sin interrumpirse de una otra esbelta columnilla; aquellas lindas repisas, todas trabajosamente esculpidas con caras, figurillas, follage, que suelen ser el sosten de otros capitelillos intermedios que forman con los de las columnas una faja contnua y apretada de preciosos dados; finalmente, aquellos rsticos tejaroces que coronan las antiguas portadas, y cuyos caprichosos y variados canes, veces de espantables monstruos, veces de lisas y toscas molduras horizontales, casi nunca caen simtricamente sobre las puertas: todos estos son caractres inequvocos del mas puro gusto bizantino segun se practic en Espaa desde los tiempos de los sucesores de Carlomagno hasta fines del siglo XIII. Pero son sumamente equvocos en toda Andaluca, dominada y aleccionada por las gentes de levante, primero en el siglo VI por el vergonzoso pacto de Athanagildo, luego desde el VIII en adelante por el gran desastre de que fu causa la sensualidad de D. Rodrigo. Cabalmente en ambas pocas despedia la mas codiciada luz, difundindola hasta las glidas regiones septentrionales, la escuela artstica de Bizancio: Justiniano y los Porfirognitos fueron en ellas verdaderos faros para los otros reyes de Europa. Ahora bien, si esta ornamentacion, cuyos caractres todos son neo-griegos, sin mas mezcla en apariencia occidental que el arco levemente apuntado (que vimos en la catedral empleado tambien por los arquitectos rabes como mero motivo de decoracion mucho antes de formularse el gran sistema ojival en Occidente); si esta ornamentacion, repetimos, era la que se usaba, tomada de Oriente, por los espaoles andaluces del siglo de S. Eulogio; en este caso, no habria inconveniente para contar entre las antiguas baslicas mozrabes las cuatro de que vamos hablando. Y no solamente estas cuatro, sino tambien la que es hoy parroquia de Santiago, donde se observa el mismo estilo decorativo que hemos ligeramente bosquejado. Es cierto que el estilo que hemos denominado bizantino y neo-griego, y que otros llaman _romnico_ y romano-bizantino, no empez prevalecer en la generalidad de los Estados europeos hasta el XI siglo, perpetundose despues, en unos hasta fines del XII, en otros hasta el ltimo tercio del siglo XIII, como sucedi en muchas provincias de Espaa. Pero quin negar por eso que las provincias del mediodia de nuestra pennsula pudieron bajo la influencia arbiga adelantarse en las prcticas del estilo bizantino mas de dos siglos las demas naciones de Europa, apegadas sus usos antiguos? Se ignora por ventura que Crdoba y Bizancio daban leyes de cultura y buen gusto al Occidente todava semi-brbaro en la poca floreciente de Abde-r-rahman _el Grande_? Ntese que el siglo de S. Eulogio fu aquel en que el arte arbigo, hijo primognito del bizantino, segun queda latamente demostrado en el captulo anterior, alcanz su mayor grado de esplendor; y que el arte mozrabe, cualquiera que fuese, no podia permanecer estrao sus atractivos. Pero supongamos que se mantuviese puro incontaminado en sus antiguas prcticas romanas: todavia quedan en pi los dos primeros fundamentos que hemos esplanado para persuadir la antigedad de las cuatro parroquias referidas; y en este caso lo nico que concederemos ser, que esa ornamentacion bizantina (practicada en casi toda Espaa durante el siglo XIII juntamente con la ojival primaria) ha sido aadida despues de la reconquista para engalanar mas las baslicas parroquias que ya existian. De todas maneras, cualquiera que compare la portada de la fachada antigua de _Santiago_ con la lateral de _Sta. Marina_ publicada en este tomo, advertir desde luego una gran diferencia: la de Santiago con sus capitelitos cbicos esculpidos, con aquel funculo corrido que sirve de astrgalo los fustes de las columnillas, con aquella rusticidad de canes fantsticos colocados sin ninguna simetra, revela al primer golpe de vista una poca muy anterior la de la reconquista. La de Sta. Marina al contrario est pregonando su orgen septentrional: las columnillas que sostienen la sencilla archivolta llevan esbeltos capiteles de follages como los que se ven en las construcciones ojivales del siglo XIII, y la portada se corona con un alto y agudo gablete, muy sencillo y muy saliente, flanqueado de dos estribos modo de agujas que rematan en una especie de flor de lis, formando un conjunto que constituye una muestra perfecta del primer estilo ojival implantado en Espaa. Esta s que es una restauracion hecha en la baslica antigua despues de la reconquista. Pero quin se atrever hoy clasificar con seguridad la arquitectura de las interesantsimas parroquias de Crdoba? El indiferentismo artstico, y las mas de las veces una crasa ignorancia, oponen dificultades inmensas al observador concienzudo para reconocer, desenmascarar y examinar cmoda y detenidamente sus partes. A los seores rector y beneficiados poco les importa que su iglesia sea no visitada y elogiada por los arquelogos. Con tal que est bien enjalvegada por fuera, y por dentro bien blanqueada y clara, les es de todo punto indiferente que se vean no los antiguos ornatos esculpidos; que pueda no estudiarse en ella el aparato de la construccion, su corte de piedras, etc.; que se le atribuya no una remota antigedad (cuando no es para ellos esta antigedad la causa misma de su indiferencia). Como si fuera negocio de poca monta y sin influencia para avivar el celo religioso de sus feligreses, el saber de positivo que esas mismas paredes y ese mismo recinto habian albergado en otro tiempo aquellos ilustres mrtires de los siglos IX y X, y resonado con los himnos de dolor y de jbilo de la desgraciada grey mozrabe, unas veces atribulada por las persecuciones, otras regida en paz y justicia al cesar aquellas! [411] D. Francisco Sanchez Feria en su obra indita citada: _Descripcion moderna y antigua de la ciudad de Crdoba_, pg. 40. [412] Dos iglesias hay en la villa parte alta muy curiosas por lo claramente que indican haber servido de mezquitas: es la una aquella misma iglesia de S. Jorge, hoy monasterio de Sta. Clara, en cuya torre se advierte por la parte inferior la manera de construir de los rabes, con sillares alternados lo largo y de canto; otra es la iglesia de S. Miguel, que conserva de estilo morisco una lindsima fachada lateral con portada de ojiva tmida, ceida por un arrab de bellas fajas esculpidas, y flanqueada de esbeltas columnillas con capiteles bizantinos; y adems una magnfica claraboya de arquitos de herradura sobre columnitas que parten del centro como otros tantos radios. [413] Lo demuestra el sabio anticuario romano _Ciampini_ en varias obras de grande erudicion, una de las cuales se titula _Vetera monimenta_: en dos tomos en folio. [414] L. May: _Des temples anciens et modernes_. [415] El pueblo longobardo, que era menos civilizado que el nuestro, vi en el siglo VI, en tiempo de su reina Teodelinda, cubrir de pinturas las paredes de la baslica de Monza, representando las proezas de todos los reyes de aquella raza hasta Agilulfo. Paul. Diac. _Historia de los longobardos_, cap. 23, lib. 4. [416] Habia particulares que fundaban iglesias y monasterios, y los dotaban, y estos conservaban en la Espaa mozrabe los mismos derechos de patronato que les habian reconocido las leyes visigodas. Como ejemplos de monasterios fundados por particulares, solo en la Sierra de Crdoba y sin salir del IX siglo, podemos citar dos: el _Tabanense_ y el de _Peamelaria_, costeados, el primero por los piadosos cnyuges Jeremias Isabel, y el segundo por los padres de la mrtir Sta. Pomposa. [417] En cuanto esta dependencia subsistia el mismo rgimen de la Espaa goda. El obispo era el principal administrador de todas las rentas eclesisticas, que se componian: de los diezmos y oblaciones gratuitas de los fieles, y del producto de las haciendas y demas inmuebles. Cuidaba de ellas un _ecnomo_, nombrado por el obispo. Los diezmos y oblaciones se dividian en tres partes: una para el prelado, otra para los presbteros y diconos, otra para los subdiconos y demas clrigos. Otras tres partes se hacian del rendimiento de los inmuebles: la primera para el obispo, la segunda para los beneficiados, la tercera para la manutencion y conservacion de la iglesia de que procedian, estando particularmente prevenido que si alguna parroquia necesitaba hacer obra y no tenia bastante dinero, la costease el obispo. Para impedir que los prelados se apoderasen de cosa alguna de la iglesia, apropiasen su catedral lo que era de las parroquias monasterios, estaba mandado que todo obispo despues de su consagracion se hiciese cargo con inventario formal y delante de cinco testigos de lo que se le entregaba en bienes raices y muebles, y en su archivo tuviese nota autntica de las haciendas y haberes de todas las iglesias de su dicesi. [418] Cada cura, dice Masdeu (Hist. crt. etc., tomo XI, _Espaa goda_, lib. III), tenia para el servicio del coro y de su iglesia un nmero de clrigos proporcion de las rentas, pues con estas debia vestirlos y mantenerlos con la debida decencia, teniendo derecho al mismo tiempo para castigarlos y aun azotarlos si no cumplian con su obligacion. Esta costumbre de la Espaa goda persisti bajo la dominacion sarracena, y en todas las iglesias, fuesen no monasterios, hacia el clero vida regular y conventual bajo la direccion de su cura rector, llamado tambien _abad_. As lo aseveran Morales y otros diligentes historiadores. [419] Vase pg. 95, nota 3. [420] Ibid., nota 2. [421] S. Isidoro: _Operum_, tomo 2. _De Ecclesiasticis officiis_, lib. II, cap. 2. [422] Esta creemos sea la interpretacion que deba darse al pasage en que S. Eulogio refiere (_Mentor. Sanctor._, lib. II, cap. 10) que los Stos. Aurelio y Flix resolvieron declarar abiertamente su f haciendo que sus esposas fuesen la iglesia _sin llevar cubierto el rostro_. Es claro que esta mera circunstancia las hacia aparecer cristianas, puesto que todas las mujeres entre los sarracenos, casadas, solteras y viudas, llevaban tapado el rostro con solos los ojos descubiertos. [423] En la Galia Narbonense, menos modestos, solian los clrigos cubrirse de prpura, distintivo de los magistrados. Los nuestros no incurrieron jams en semejante vanidad, si bien fu necesario que el presbtero Leovigildo con su libro _de habitu clericorum_ pusiese correctivo ciertos abusos en no mantener como era debido la insignia de los rdenes mayores. [424] Los legos dejaban crecer la barba; los eclesisticos la raan segun la costumbre antigua del clero de Occidente, contraria la del clero griego; as lo afirma S. Gregorio VII, lib. 8, Epist. [425] Cerca del pueblo de Trasierra, que pertenecia al antiguo condado de Espiel, se encontr limpiando un pozo una campana del tiempo de que vamos hablando. Era un donativo ofrecido por el clebre abad Sanson, rector de la baslica de S. Zoil y abad del monasterio pinamelariense, una iglesia titulada de S. Sebastian, de la cual no queda hoy mas memoria sino que estaba en la Sierra de Crdoba tres leguas de la ciudad. Consrvase esta campana en el Museo provincial de la misma: es de bronce, tiene un solo palmo de dimetro y no tanto de alto; por de fuera es prximamente hemisfrica, y tiene en su borde una inscripcion grabada con muchas abreviaturas, que dice as: OFFERT HOC MUNUS SANSON ABBATIS IN DOMUM SANCTI SABASTIANI MARTYRIS CHRISTI. ERA DCCCC ET XIII. Esta campana singular, que se conserva sin badajo, de seguro no tiene mas sonido que un buen cencerro de los llamados _zumbones_, y es materialmente imposible que pudiese servir para el oficio que hoy entre nosotros tienen las campanas, no estando acompaada de otras varias y formando con ellas una cosa parecida al juego de repique que los franceses llaman _carrillon_. [426] Alvaro: _Indculo luminoso_, nm. 3. [427] As lo testifica S. Eulogio en su Epist. 2. Alvaro. [428] La legaca de S. Juan Gorziense es uno de los sucesos mas curiosos que puede presentar la historia diplomtica de la edad media. Labbe, Mabillon y Pagi nos dan de ella estensas noticias, que hallar el lector habilmente recopiladas en Gomez Bravo, _Catlogo de los obispos_, etc., tomo I, pg. 206 y siguientes. [429] Llambase monasterio dplice mixto aquel en que hacian vida reglada y monstica personas de ambos sexos, si bien con la debida separacion interior, la cual era sumamente rigurosa, como se ver mas adelante. Estos monasterios fueron muy comunes en la Btica, y aun en toda Espaa, desde que se introdujo la vida monacal en ella. En el concilio segundo hispalense celebrado bajo el reinado de Sisebuto, esto es, en el primer tercio del siglo VII, se dictaron reglas muy prudentes sobre esta clase de monasterios. [430] Vase pg. 142. [431] Ibid., nota 1. [432] _Vastissimam horret inter deserta montium solitudinem._ (S. Eulogio. Memor. Sanctor., lib. II, cap. IV.) Ambrosio de Morales en sus escolios esta obra dice que cerca de este antiguo monasterio se edific despues el de S. Francisco del Monte, distante veinticuatro millas de Crdoba, la mrgen del Guadamellato. Bien advierte Florez en su _Espaa Sagrada_ que esta distancia no concuerda con la de treinta millas, que es la que asigna S. Eulogio al monasterio Armilatense; pero hacindose cargo de que podria tal vez haber error en los nmeros, aade que aunque el lugar no sea idntico, es tan notable la observancia de los venerables padres franciscanos en aquella soledad, que pueden decirse herederos del espritu y vigor de los antiguos. [433] Acerca del sitio que ocupaba este insigne monasterio nada se sabe de positivo. Hay tradicion de que estuvo en el mismo lugar donde floreci despues otro famoso santuario, titulado de _Sta. Mara de las Huertas_, que existia en pi cuando la ciudad fu conquistada por S. Fernando en 1236, y que adquiri tierras en el ruedo repartimiento hecho por este rey, segun puede verse en Gomez Bravo, _Catlogo de los obispos_, etc., al ao 1250. No todos los que han escrito de antigedades cordobesas se acomodan con esta tradicion. Morales, Gomez Bravo y otros la sostienen; D. Bartolom Sanchez Feria en su _Palestra Sagrada_ (nota 2 al dia 7 de junio) la impugna; y despues de esplicar la inteligencia que debe darse al breve texto de S. Eulogio que sirve aquellos de fundamento: _in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte occidentali enitescit_: concluye que _Cuteclara_ estuvo donde hoy _Crdoba la vieja_. Esta conclusion de Sanchez Feria es errnea, porque, como mas adelante veremos en el captulo sobre _Medina Az-zahra_, ni _Crdoba la vieja_ est al occidente de Crdoba, ni hubo jams en ese terreno otras construcciones que las de aquel famoso palacio rabe cuyas ruinas se ven todava. D. Pedro de Crdenas y Angulo (_Vida del ermitao Francisco de Sta. Ana_), describiendo el sitio de la Albayda, dice: _Aqu fu el antiguo convento de Sta. Mara de Cuteclara_. Tambien esta aseveracion es equivocada: en primer lugar la Albayda est al norte de la ciudad, no al occidente, como era menester que estuviese para dejar ileso el texto de S. Eulogio; en segundo lugar, en la Albayda no se han descubierto jams rastros de edificacion que puedan suponerse de aquella fecha. All no hay mas edificio que un castillo, hoy propiedad del conde de Hornachuelos, cuya construccion es moderna comparativamente la poca de que se trata, aunque en l se descubran cimientos y muros del tiempo de los rabes. A falta, pues, de mas slidas razones con que destruir la piadosa tradicion, sanos dado seguirla. El santuario _de las Huertas_ y la imgen que en l se veneraba eran objeto de una muy asdua y particular devocion de parte de los cordobeses al tiempo de la reconquista, y de este culto hay abundantes memorias en los siglos siguientes, as en mandas de testamentos, como en procesiones y plegarias motivadas por varias necesidades pblicas. De uno de estos instrumentos, que es la disposicion testamentaria del dean D. Ruy Perez otorgada en 1391, se colige que el santuario de la Vrgen _de las Huertas_, sin mudar su ttulo, se habia convertido ya en beaterio y clausura de mujeres devotas, que llamaban _emparedadas_; y as se le nombra constantemente en otros testamentos posteriores. Luego vemos establecida en este santuario una cofrada con el ttulo de Nuestra Seora de _Roque-Amador_ _Rocamador_, fundada en poca incierta. Ultimamente, en 1510, por donacion hecha los religiosos de S. Francisco de Paula de la Victoria, de esta santa casa con todas sus pertenencias, la cofrada de Rocamador se traslad al hospital de S. Hiplito, dentro de la ciudad, hoy ermita de Nuestra Seora de la Alegra; las emparedadas pasaron tambien otra casa, y la iglesia del antiguo santuario se conserv unida modo de capilla al nuevo templo que los religiosos de la Victoria levantaron. Tienen este templo y convento de Mnimos, ya desierto, su situacion extramuros de la ciudad, cerca de la puerta Gallegos y Almodovar, y en la escritura de donacion que debi su existencia se le la condicion de que habia de titularse _Monasterium Sanct Mari de Victoria de hortis_, para que se perpetuase la memoria de santuario tan antiguo. As pues, segun la piadosa tradicion, la iglesia del antiguo y clebre monasterio _cuteclarense_ habia estado donde estaba ahora la del nuevo convento. Hasta la entrada de los franceses en el presente siglo subsisti al lado del altar de S. Francisco de Paula, donde se habia colocado tambien la antigua imgen de Nuestra Seora, una tabla que la letra decia as: Por la mucha humedad y oscuridad de la capilla que est espaldas de esta obra, y por el poco culto y escasa decencia con que en ella se servian el depsito del Santsimo Sacramento y las sagradas imgenes de Nuestra Seora _de las Huertas_ _de Cuteclara_, y de nuestro glorioso padre S. Francisco de Paula, se sacaron y colocaron en este retablo y altar, que se les construy el ao de 1715. Al cerrarse esta iglesia al culto con la supresion de los regulares, la imgen de Nuestra Seora fu llevada la colegial de S. Hiplito y puesta en el altar de Jesus Crucificado.--Nosotros hemos tenido ocasion de contemplarla de cerca y detenidamente en la sacrista del referido templo, donde se hallaba no sabemos por qu motivo; y observamos en ella algunas de las incorrecciones que caracterizan las obras de escultura de los mas remotos siglos de la edad media. Estremos grandes y desproporcionados, formas cuadradas y sin esbeltez, miembros cortos y abultados que hacen aparecer las figuras enanas, pliegues en cuya disposicion se advierten reminiscencias del clsico antiguo, y por lo tanto mucho mas correctos que los de la escultura de los siglos X, XI y XII, puramente convencionales y brbaros: todas estas son facciones propias de una creacion goda, y confirman hasta cierto punto la tradicion de ser aquella imgen la misma que veneraron los santos mrtires del monasterio _cuteclarense_. Es de piedra, est sentada con el nio Jesus en el regazo, en el cual por cierto se halla el divino infante como hundido; y parece escusado aadir que ambas figuras han sido repetidamente acariciadas en estos ltimos siglos por las brochas de los _pintadores_. [434] As lo atestiguan Beda y Mabillon. [435] Vase Flores, _Espaa Sagrada_; Masdeu, _Hist. crt._, etc. [436] Vase el comentario los cnones captulos del concilio de Aquisgran que public Yepes al fin del tomo III de su interesante _Crnica de S. Benito_: en el cual se citan de contnuo ejemplos de prcticas y usos observados en los monasterios de Espaa, en especial en el de S. Benito de Valladolid, en cumplimiento de lo preceptuado en dichas constituciones. [437] Tngase presente que una cosa es la regla de S. Benito y otra cosa las constituciones y reglamentos particulares de cada congregacion. En el siglo de que vamos hablando no existian aun aquellas famosas abadas matrices de Cluni y del Cister, que por efecto de la inmensa importancia poltica y religiosa que adquirieron, no pueden en manera alguna compararse con los monasterios anteriores la primera reformacion. Fuera de Espaa sin embargo hubo abadas de gran cuenta desde el tiempo de Carlomagno hasta el X siglo; pero las mayores nuestras no llegaron al apogeo de su poderio feudal hasta despues de adoptada en ellas la reforma cluniacense. Esto se esplica facilmente: las gentes que habitan la parte de ac del Danubio y del Rhin, la Suiza, la Baviera, la Alsacia, el Austria occidental, las provincias de Colonia y Trveris, y toda la tierra baja de Flandes, vivian sin industria y sin artes, casi puede decirse sin poblaciones fijas, y mucho mas por consiguiente sin centros de cultivo cientifico y literario, cuando los monges benedictinos empezaron evangelizarlas. Las pocas ciudades que en esta parte de Alemania habia, estaban destruidas con las irrupciones continuas de otros brbaros bajados del Septentrion. Asi como la de Salisburgo tuvo principio en el monasterio de S. Pedro erigido por el monge S. Ruperto, y las de Argentina y Worms por los que edific S. Amando favorecido del rey Dagoberto; del mismo modo otros monasterios de la regla de S. Benito fueron el principio de la restauracion de otras ciudades, y como el ncleo de las principales que en Alemania se fundaron de nuevo. A la parte de all de los dos citados rios, y al otro lado del Bltico, donde la gente era todavia mas brbara inculta, se fueron asimismo agrupando en torno de los monasterios benedictinos muchas poblaciones, que andando los tiempos llegaron un alto grado de esplendor y riqueza. Suevia, Turingia, Sajonia, Dania, Gocia, Suecia, Noruega, Polonia, Rusia, deben sus mas famosas universidades y sus ciudades mas opulentas los monasterios. Quien dude de este aserto puede consultar Beato Renano en su libro II _de las cosas de Alemania_, Alberto Crancio en su _Metrpoli_, Jorge Braun en su _Teatro de las ciudades_, Munstero en su _Geografa_, Bocio en su libro 22 _de las Seales_, nuestro P. Yepes en su _Crnica de S. Benito, centuria 2. al ao 640_, y en otros muchos escritores tan respetables como estos. Fulda, Escafusa, Lucerna, San Galo, Wisemburgo, Sechingen, Amerbaquio, Campidonia, Blamberg, se gloran de su orgen monstico; y la insigne ciudad de Muster ha querido perpetuar la memoria de l en su propio nombre, que en lengua alemana significa _monasterio_. Ahora bien, como estos centros religiosos no solo enseaban aquellas gentes la doctrina de Jesucristo, sino tambien todas las ciencias y artes de utilidad, las matemticas, la astronoma, la aritmtica, la msica, la retrica, las lenguas sabias, la poesa, etc.; como ellos, adems de difundir la luz de la civilizacion en aquellas regiones, eran los defensores de los intereses legtimos de los reyes, de los grandes y de los pueblos en medio del caos espantoso que habia sucedido la caida del imperio romano de Occidente; los nicos que sabian desarmar la petulancia de los magnates oponiendo la resistencia moral la fuerza bruta, y contener la ferocidad de las hordas hambrientas con la mansedumbre y la caridad, y hacer prosperar la causa de los reyes con el ejemplo de una sociedad sabiamente ordenada y tranquila; no debe estraarse que estos grandes servicios alcanzasen su recompensa, y que desde el siglo IX hubiese en Europa establecimientos monsticos esplndidamente enriquecidos con donaciones de tierras, libertades, exenciones, privilegios especiales, y oblaciones de todo gnero. Los que habian enseado la Europa septentrional sacudir la corteza de la barbarie roturando tierras, desecando pantanos, desmontando bosques, regularizando las corrientes, construyendo hornos, abriendo escuelas y talleres, merecian bien de todas las clases y gerarquas: ellos daban ejemplos de abnegacion, protegian los dbiles, socorrian los necesitados, respetaban sus semejantes; ellos son debidos los primeros grmenes de libertad independencia; ellos se debieron despues los primeros bosquejos de organizacion central que en los siglos posteriores adoptaron los reyes. Muy natural era, pues, que la gran familia benedictina alcanzase mayores beneficios all donde mas servicios habia prestado, y que en las naciones de Europa mencionadas llegase haber monasterios como el de S. Galo, el de Fulda, el de Murbaquio, el de Campidonia, el de Wisemburgo, el de Hirsfelden, etc., que mas que casas conventuales pareciesen, semejanza de la de Monte Casino, verdaderas ciudades. La abada de S. Galo conserva aun en los archivos de su suprimido monasterio el plano que para el mismo edificio se supone traz por los aos de 820 el famoso Eginhardo, peticion del piadoso abad Gozberto que la gobernaba. Este plano, que publicaron Mabillon en sus _Anales Benedictinos_, t. II, p. 571, y recientemente M. Fr. Keller con una memoria descriptiva, que puede verse en las _Instrucciones sobre la arquitectura monstica_ de M. Albert Lenoir, d una idea cabal de lo que era una abada de la rden de S. Benito en la primera mitad del siglo IX. Es pues este documento un grande auxiliar para nosotros. La iglesia ocupa en l un grande espacio: presenta dos abaides, uno oriente y otro poniente, perfectamente semicirculares; dos exedras, dos coros, gran nmero de altares aislados en las naves principal y colaterales; ambones como en las primitivas baslicas para leer la Epstola y el Evangelio; la pila bautismal en la nave mayor, junio al coro de occidente; sacrista la derecha del coro de oriente; sala para los escribas la izquierda del mismo coro, con biblioteca en la parte superior; narthex la entrada destinada al pueblo; vestbulo para los familiares del convento; otro vestbulo para los huspedes y estudiantes; y por ltimo varios departamentos pegados al muro del norte de la iglesia para los maestros de las escuelas, y para asilo de los refugiados en ellas. El templo est por todas partes rodeado de edificios; aqu se ve la escuela, con sus patios la manera del _impluvium_ de los romanos y sus ctedras repartidas en las cuatro bandas; mas alla otro edificio en que se comprenden la cillereza, la panadera y las cocinas de los huspedes; al mediodia del templo el refectorio, con el vestuario encima; all cerca la despensa; luego baos; luego el dormitorio pegado la pared de mediodia del crucero, con sus letrinas; luego las cocinas de la comunidad en comunicacion con el refectorio y con los lugares escusados (por medio de corredores sabiamente trazados en planta angular para impedir el paso los malos olores); ltimamente una oficina esclusivamente consagrada la elaboracion del pan azimo para el Sacrificio. Adanse estas dependencias una huerta, en cuyas divisiones se indican los nombres de las verduras que all se cultivan, la casa para el hortelano, el huerto de los rboles frutales, el edificio para noviciado y enfermera, con sus capillas, claustros y salas separadas, los gallineros y corrales con habitacion para el que cuida de ellos, el alojamiento del mdico, un jardinillo de plantas medicinales, la botica, el aposento del abad, con cocina, baos, y cuartos para sus domsticos; hospedera, con cuadras y cochiqueras y habitaciones para criados, pastores, porqueros y demas sirvientes; un edificio separado para toneleros, cordeleros, boyeros, etc., con sus cobertizos y establos; graneros, oficinas para tostar grano y fabricar cerveza; departamento para los esclavos, talleres para zapateros, cojineros, armeros, torneros, guarnicioneros, plateros, cerrageros, etc.; lagar, molino, habitaciones para peregrinos y mendigos, cocina y refectorio para los mismos. Todo esto comprendia una abada de las principales en el siglo IX. Es claro que en Espaa, donde la rden de S. Benito, aunque muy favorecida de los Alfonsos y Ordoos, preponder menos, quizas por no haber sido como en los Estados de Alemania la nica maestra de la civilizacion del pais en aquella ominosa edad de hierro, no serian tan poderosas las abadas, ni tan numerosas sus oficinas y dependencias. Los derechos seoriales y feudales de nuestros abades son muy posteriores la poca por cuya zona discurrimos; al paso que los abades franceses, italianos y alemanes, ya entonces habian comenzado adquirir aquella prodigiosa influencia, que despues desde el siglo X fu la causa principal de la decadencia de la disciplina monstica. No busquemos pues en nuestros anales eclesisticos memorias de grandes abadas mulas de las que hemos nombrado; todo por el contrario induce creer que para citar algo de lo conocido que d una idea aproximada de lo que podrian ser los monasterios nuestros en las provincias dominadas por los infieles, en la poca misma en que se trazaba el suntuoso plano de la abada de S. Galo, habria que acudir las primeras casas de la reforma cisterciense, en las cuales, prescindiendo de toda constitucion y reglamento particular, se vivia estrictamente segun la regla de S. Benito, consagrando el dia la oracion, al estudio y al trabajo corporal, labrando los monges la tierra por sus propias manos, y emplendose personalmente en toda clase de faenas dentro y fuera de la casa, sufriendo las inclemencias de las estaciones, sin criados y familiares que les llevasen la pesada carga del servicio cotidiano y mecnico. No habia en Espaa en la poca que nos referimos abadas de las que se llamaron luego inmediatas la Sede Apostlica por no reconocer mas superior que el Papa, y tener libertad plena en la eleccion de abad sin sujetarse la jurisdiccion del obispo. Todas dependian de sus respectivos prelados, y las grandes mercedes hechas por los monarcas aquellas clebres casas de Compludo, de S. Pedro de Montes, del real monasterio de Sahagun y otras por el estilo, se reducen generalmente donaciones de tierras, que suelen ser cotos redondos con montes, valles y heredades, deslindados por sus trminos y mojones; y de vasos sagrados, relicarios, cruces, coronas, ornamentos y frontales, y otros objetos este tenor, todos los cuales se especifican menudamente. Algunas veces los monarcas reedificaban su costa estas cosas y adornaban sus templos con columnas, mrmoles y jaspes; pero es preciso llegar al siglo X por lo menos para hallar documentos en que se conceda los monasterios jurisdiccion feudal sobre las villas y pueblos del contorno. Vase la historia del monasterio de Sahagun que bosqueja Yepes en su _Crnica_ (centuria 3., fol. 167 y siguientes), donde se corrige la fecha que atribuye Morales al famoso privilegio concedido por D. Alfonso el Magno esta grande abada. [438] As se espresan las referidas constituciones de la rden del Cister, escritas en el ao 1119 por Hugo de Macon, S. Bernardo y otros diez abades benedictinos, al tratar de la _fbrica de los templos_. [439] De un hermano del rey Pipino y tio de Carlomagno, refiere Leon Hostiense que hacia en el monasterio de Monte Casino el oficio de mozo de cocina, ayudando en los ministerios mas viles que all habia. Vase su historia de aquella clebre abada, lib. I, cap. 7. Suponemos que para los nios _ofrecidos_, llamados por otro nombre _oblatos_, habria mas laxa disciplina, y mas adelante tendremos ocasion de sealar alguna de las consideraciones que con ellos se tenian por razon de su tierna edad. [440] De aqu el haber llamado los benedictinos por espacio de muchos siglos, _los monges negros_. [441] Es curioso el cnon 22 del concilio de Aquisgran, que previene todo lo que constituye el vestuario del monge. Encrgase en l al abad que d cada religioso los efectos siguientes: dos camisas, dos tnicas, dos cogullas, dos escapularios, cuatro pares de calzas, dos de calzoncillos, dos de zapatos. Hasta aqui todo es conforme con el capitulo 55 de la Regla; pero aade el cnon, sin duda hacindose cargo de la inclemencia de algunas regiones, que se les d tambien un ropon de pieles largo hasta los talones, dos cintos, guantes forrados y sin forro, para el invierno y para el verano (lo cual, segun la edicion de Plantino, solo debia entenderse respecto de los que iban de camino; dos pares de calzado de dia, y dos de chinelas para la noche (_subtalares_), con las cuales acudian al rezo de maitines para no detenerse en mudar de calzado; zuecos en invierno; y jabon para lavarse ellos mismos su ropa. El citado captulo 55 de la Regla esplica el objeto y uso particular del escapulario y de la cogulla: Bastar cada uno de los monges, dice, una cogulla y una saya (tnica); la cogulla sea en el invierno vellosa, en verano raida vieja, y un escapulario para los trabajos. De modo que el escapulario venia ser como una cogulla capa abreviada. La palabra _cogulla_ viene de la latina _cuculla_, que propiamente significa _capilla_: esta es la parte principal del hbito, y de tal manera que no se daba los religiosos hasta profesar; entonces el que recibia sus votos, que era el abad, al ponrsela en la cabeza se la sujetaba con unas puntadas debajo de la barba como si le amortajase, y el nuevo profeso no podia quitrsela por espacio de tres dias, al cabo de los cuales recibia la comunion, y el que se la administraba le soltaba la cogulla. [442] Acerca del tiempo que duraba el noviciado tenemos alguna duda. S. Gregorio el Magno (_Epst., lib. VIII_), escribiendo Fortunato, obispo de Npoles, d entender que se estendia dos aos con estas palabras: _prius quam biennium in conversatione compleant, nullomodo audeant tonsurare_; que es decir: _no se abran corona hasta cumplir dos aos en la religion_. Aplicando Yepes este pasage los usos prescritos para los novicios _conversos_, que es todo uno, concluye que las coronas se hacian al profesar, esto es, al terminarse el noviciado. Pero el mismo cronista, esplicando luego el cnon 34 del concilio de Aquisgran, dice que lo que dej ordenado S. Benito, y lo que se practic por trescientos aos, fu _que los religiosos tuviesen un ao de probacion antes de profesar_: segun lo cual parece reconocer que el noviciado era de un ao, y no de dos. Si la _probacion_ y el _noviciado_ no eran una cosa misma, la dificultad desaparece. En efecto, podia el noviciado ser de un ao, y sin embargo continuar el religioso sin tonsura y con el mismo hbito de noviciado hasta que se cumpliese otro ao de probacion. De esta manera puede esplicarse el cnon 34 citado que manda no se d fcil ingreso los novicios en el monasterio, y que no se abran coronas ni cambien de vestimenta hasta hacer profesion terminado el ao de prueba. [443] Solo era permitido comer carne los muy ancianos, y los nios que tambien vivian en los monasterios como _oblatos_ ofrecidos por sus padres, menores de catorce aos. [444] Son estos religiosos de la congregacion de S. Pablo, primer ermitao, y viven ejemplarmente siguiendo la primitiva regla, reformada por el venerable Juan de Dios de S. Antonino, en una de las montaas de la Sierra al norte y una legua escasa de Crdoba. Este instituto existe desde los tiempos de Osio, aunque en Crdoba no se introdujo hasta el ao de 1309. Fueron los primeros (dice D. Francisco Sanchez de Feria en su obra indita ya en otras ocasiones citada: _Descripcion antigua y moderna, etc._) unos soldados castellanos, esforzados y valientes, que cansados de padecer trabajos en las dilatadas guerras sobre Algeciras, y desengaados de las cosas del mundo, desampararon las banderas del rey D. Fernando el IV por lo desabrido que estaba con l todo el ejrcito, y se resolvieron militar por el reino del cielo; para lo que se ocultaron en las malezas de los montes cordobeses hacer vida solitaria. Unos habitaban en cuevas, otros en chozas, otros en ermitas que fabricaban... Unos residian en tierra de Ribera la alta, en un cerro eminente de dificil subida, cerca del arroyo _del Gato_, no lejos del rio Guadamellato... Otros se situaron en las montaas del Bauelo, donde permanecen arruinadas sus ermitas... Y otros ocupaban los montes del Albayda... Y habindose fundado en 1417 el observantsimo y religiossimo convento del rden de S. Francisco en el sitio pago de la Arrizafa, dcese se juntaron unos y otros ermitaos en sus inmediaciones... para gozar del pasto espiritual del convento. De nuestro _Diario de viaje_ sacamos los siguientes pormenores descriptivos. La situacion de estas ermitas es en sumo grado pintoresca: desde el mirador que hay su entrada se divisan, la derecha, y como la mitad de la vertiente de la montaa, la quinta de la _Albayda_, antiguo _Castillo Blanco_, propiedad hoy del conde de Hornachuelos; mas lejos el castillo de Almodovar, cuya masa cenicienta descuella confusa en la eminencia de un cerro entre los vapores que se levantan de la campia. Hcia la falda del monte que me sirve de atalaya veo vuelo de pjaro la Ruzafa, antigua casa de recreo de Abde-r-rahman I, luego convento de padres franciscanos... ahora parador, y fonda casi siempre cerrada! Viven en estas ermitas, bajo la proteccion del seor obispo de Crdoba, diez y siete ermitaos profesos, y un solo novicio. Observan riguroso silencio, incomunicacion completa entre s la mayor parte del dia. Renense solamente en la capilla, en la lectura que sigue la misa, y en el refectorio. Cada cual tiene su celdilla, y hace su almuerzo y cena en su cocina: para la comida hay refectorio en la casa principal. Emplean en el trabajo manual y corporal cinco horas diarias. A las horas de oracion cada cual debe tocar su campana en oyendo sonar la de la capilla; incurre en grave falta el que no lo hace. Visten hbito y escapulario con capilla de pao pardo. Hay casa de novicios, separada de las celdas de los profesos, las cuales estan aisladas y diseminadas por toda la tierra que abraza el Santo Yermo. El noviciado dura seis meses. En una de las peas mas avanzadas de esta montaa han labrado los ermitaos para el obispo un cmodo sillon, desde el cual se goza una de las perspectivas mas bellas que pueden imaginarse. Descbrese toda la campia al frente, haciendo fondo la ciudad las sierras de Cabra y de Granada con sus azulados festones de crestas, y sobresaliendo al sudeste el pico de Alcaudete: por detrs de la ciudad se desliza culebreando el magestuoso Guadalquivir. [445] En su famosa carta al obispo de Pamplona Wiliesindo. [446] Era S. Eulogio, dice su condiscpulo Paulo Alvaro, _tan pequeo de cuerpo como grande de alma_. [447] V, carta, y sal con mucha priesa, volando por selvas y collados: atraviesa con apresurado curso los valles y busca los sagrados edificios del amado de Dios Benedicto. All siempre hallan reposo los que llegan fatigados: dseles con abundancia verduras, pan y peces. Hay all alegre amor, y culto Jesucristo todas horas: piadosa paz, entendimiento humilde y hermosa conformidad entre los hermanos. Dirs al abad y sus compaeros: Dios os guarde, vivid felices! Trae estos versos Leon Hostiense en el lib. I, c. 17 de su Hist. de Monte Casino. [448] _Jubet ecclesias nuper structas diruere, et quidquid novo cultu in antiquis basilicis splendebat, fueratque temporibus arabum rudi formatione adiectum elidere, etc._ _Memor. Sanctor._, lib. III, _Destructio basilicarum_, cap. 3. [449] Verificse aquella en el ao 853, y cinco aos despues vemos al clebre Sanson hallarse de abad en el monasterio Peamelariense, cuando vinieron Crdoba por los cuerpos de los santos mrtires Jorge y Aurelio los dos monges Usuardo y Olivardo de la abada de S. German de Paris. [450] Almundhyr sin embargo, mas inclinado la paz que la guerra, medi eficazmente para restablecer la concordia entre su padre Mohammed y el rey D. Alfonso. Con este motivo pas Crdoba el presbtero toledano Dulcidio, el cual cumpli su embajada tan satisfaccion de ambos, que de vuelta los estados de D. Alfonso se llev consigo los cuerpos de S. Eulogio y Sta. Leocricia. El piadoso presbtero sali alegre de Crdoba con las santas reliquias en diciembre de aquel mismo ao (883), y en enero del siguiente lleg Oviedo, donde las recibieron con devocion suma y solemne pompa el rey, el arzobispo Hermenegildo y toda la corte. [451] En este intrvalo florecieron pacficamente los condes Adulfo y Guyfredo, quienes celebr en sus epgramas latinos el arcipreste Ciprian: al primero por la biblioteca que habia regalado la baslica de S. Acisclo (que tampoco habia sido destruida); y al segundo con motivo de un abanico ofrecido la condesa Guysinda, su esposa. [452] Consta de una lpida que en tiempo de Felipe II fu descubierta en el sitio llamado _los Marmolejos_, descifrada por Ambrosio de Morales, y colocada en el que era convento de S. Pablo. [453] El rey de Leon D. Sancho, que acudi Crdoba curarse una hidropesa calificada de incurable. [454] El mismo D. Sancho, que se hallaba desposeido de su trono; su abuela la reina Theuda; el rey de Navarra, su hijo; Ordoo IV, rey de Galicia; la condesa de Galicia, madre del conde Rodrigo Velascon; el conde D. Vela y sus hijos, etc.: todos los cuales fueron alojados, mantenidos con gran decencia, y esplndidamente agasajados por An-nasr y Alhakem, que se preciaban de ser el amparo y refugio de los prncipes estrangeros. [455] El monge aleman Gerberto, que despues lleg ser pontfice con el nombre de Silvestre II. Vino Crdoba, dice en su Crnica el monge Ademaro, _causa sophi_, pues rivalizando en el cultivo de las ciencias y de la literatura los rabes, los cristianos y los judos, lleg verdaderamente esta ciudad convertirse en una nueva Atenas. Quien desee formarse alguna idea del amor que Alhakem II profesaba las ciencias, y de los muchos hombres clebres que florecieron bajo su reinado, puede ver el cap. 6 del lib. VI de la Hist. de Al-Makkar. [456] Tambien resulta del acta del martirio de esta santa que permanecia en pi la baslica de los santos Fausto, Januario y Marcial. Otro tanto se infiere respecto de la baslica de S. Andrs de una lpida de mrmol blanco, sumamente curiosa, que aun conserva la parroquia del mismo nombre en la haz interior de su pared septentrional. Dcese en ella en ocho elegantes versos ymbicos latinos, estar all enterradas _Speciosa_ y su hija _Tranquila_, vrgen consagrada Dios, y que la hija muri en la Era 965 (A-D. 927), muriendo la madre despues en la Era 1004 (A-D. 966). De aqu tambien se deduce la grande antigedad de esta baslica, puesto que, no siendo verosimil que fuese construida en los tiempos de desolacion y pobreza que siguieron al martirio de S. Eulogio, debe racionalmente creerse que existia ya en tiempo de este santo, y para conservarse en pi durante el reinado de Mohammed, debia ya contar mas de trescientos aos de existencia segun el edicto del mismo arriba mencionado. De consiguiente la baslica de S. Andrs debi ser fundacion por lo menos del siglo VI de la Iglesia. Esto no se opone que pudieran restaurarla despues los mozrabes segun su peculiar arquitectura; pero de todos modos la lpida referida, que cubre en aquel muro un sepulcro nunca violado, es prueba evidente de que dicho muro y la fbrica principal del templo estaban en pi mediados del siglo X. El arquelogo debe tener esto presente al visitar dicha iglesia en su parte antigua por dentro y fuera (pues el antiguo templo miraba oriente y tenia su nave central en lo que es hoy crucero), y al comparar su bside primitivo y su portada, que aun se conservan, con los de las parroquias que hemos designado como de mas remota edad. Pegado este bside por la parte del mediodia hay un edificio que tambien indica grande antigedad. Puede haber sido dependencia de la parroquia; pudiera quizs tambien haber servido de asilo algunas religiosas ahuyentadas de su monasterio de la Sierra cuando las del monasterio Tabanense, entregado las llamas, se refugiaron asimismo en una casa contigua la baslica de S. Cipriano. En tal caso viviria la vrgen Tranquila con su madre junto esta parroquia, como vivian unidas la otra Sta. Columba y su hermana Isabel. [457] Distinguiendo al propio tiempo con crecidos estipendios los mozrabes que militaban bajo sus banderas. _Almanzor autem... ita sibi Christianos alicere satagebat, ut Christianos arabibus ostenderet chariores_, dice el arzobispo D. Rodrigo, lib. 5. _Hist._ cap. 14. [458] Hoy todava se ven las ruinas del famoso castillo de este nombre en el centro de la Sierra, cuatro leguas de Crdoba y la derecha del camino que sube desde Trasierra hcia Espiel. Son evidentemente restos de un grande edificio rabe. [459] Tronco y principio de la ilustre casa de los _Manriques de Lara_. [460] Aunque Almanzor era solamente _hagib_ primer ministro del verdadero califa, Hixem II, mandaba de hecho como rey, y por tal le tenia el pueblo castellano. Vase pg. 189. [461] Ambrosio de Morales, _Crn._ lib. XVI, cap. 45. [462] S. Zoil y S. Flix, que llev al famoso monasterio de Carrion. [463] As sucederia con las reliquias de diversos mrtires que se veneran en la iglesia de los santos Fausto, Januario y Marcial, hoy parroquia de S. Pedro, y que no fueron descubiertas hasta el ao 1575, por hallarse debajo de tierra, en una urna de piedra franca; otro tanto puede conjeturarse respecto de las imgenes de _Nuestra Seora de la Alegra_, que solo reapareci por los aos de 1640 al hundir un tabique en la ermita de Rocamador del hospital de S. Hiplito: de _Nuestra Seora de los Remedios_, que fu hallada al tiempo de la reconquista por unos cautivos cristianos en una heredad de la Sierra, y cedida por el rey S. Fernando al convento de Trinitarios calzados; y de algunas otras. [464] En la misma parroquia de S. Andrs, arriba mencionada, hay una lpida, cuya inscripcion copiada la letra con toda su brbara sencillez dice as: FINO DON PERO PEREZ VILLAMMAR ALCALDE DEL REY EN CORDOBA EN DIEZ E SIETE DIAS DE FEBRERO. E. MCC DOYS FERIA SEXTA. MAESTRE DANIEL ME FECIT. DEUS LO BENDIGA. AMEN. Esta lpida, que corresponde al ao de Cristo de 1164, est colocada en la haz del muro la parte esterior junto la portada de la iglesia, unos cinco pis sobre el terreno que fu antiguo cementerio de la misma; y prueba dos cosas: 1. que en 1164 y bajo el imperio de los almohades, aun duraba la grey mozrabe en Crdoba, con algunas de sus baslicas y con sus autoridades privativas; 2. que la decoracion arquitectnica de esta parroquia es anterior aquel tiempo, puesto que para colocar la lpida all hubo que encajarla con gran trabajo en la sillera que acompaa la portada, cortando hasta cuatro sillares cincel y boca de escoda; lo que seguramente no se hubiera hecho si aquella fachada fuera posterior al epitfio. [465] S. Martin de Soure, cautivado en Portugal, muri entonces (ao 1147) en una mazmorra de Crdoba, donde estaba con otros varios cautivos. Los mozrabes le enterraron en la baslica de _Sta. Mara_. Esta baslica cree Gomez Bravo fuese la que hoy se conserva junto la _Corredera_ con el nombre de _Nuestra Seora del Socorro_; y aade que se mantendria espensas de los cautivos cristianos. No vemos la razon por qu habian de mantener los cautivos esta iglesia habiendo en la ciudad cristianos libres que podian hacerlo; pues pesar de la gran persecucion tenian en los aos posteriores, como acabamos de demostrar, otras baslicas para el culto, alcaldes nombrados por el rey castellano, y libertad suficiente para consagrarles honrosas lpidas conmemoraticias. Sirva esta nota de ilustracion complementaria la que estendimos al pi de la pgina 209, de la cual pudieran algunos colegir que con la persecucion del ao 1125 no habia quedado en pi mas baslica que la de _Sta. Mara_. Esta baslica, dice Al-Makkar (t. I, lib. III, cap. IV), era la principal de los cristianos, y ella acudian peregrinos de lejanas tierras. El poeta rabe Ibn Shoheyd entr una noche en ella, vila toda engalanada, llena de luces, cubierto el pavimento de ramas de mirto, en el momento de celebrarse en ella alguna solemne funcion, y sali escandalizado de las sagradas ceremonias de que habia sido testigo. Cules fueran estas no podemos decirlo, porque su narracion parece referirse al Santo Sacrificio, y al mismo tiempo habla de una funcion nocturna. Estaban, dice, revestidos los sacerdotes con ricas vestiduras de seda, de varios y alegres colores, y adelantbanse adorar Jesus; y si se encaminaban hcia la marmrea fuente, era solo para sacar agua de ella en el hueco de la mano. Levantse luego uno de ellos y se coloc en medio, y tomando el cliz se dispuso consagrar el vino; aplic al licor sus ardientes labios, rojos como los de una doncella, y su fragancia le cautiv el sentido; pero cuando lib la deliciosa copa, su dulzura y suavidad le sumergieron en un profundo arrobamiento. [466] La de la catedral. [467] Crdoba, tan afamada en otros tiempos por sus joyantes sederas, por sus vistosos guadameces, por sus delicadas obras de platera, por la abundante esportacion que hacia de sus mercaderas, de sus granos, aceites y otros frutos, Italia, Flandes, las Indias, ve hoy arruinadas su industria y su agricultura, y no esporta mas que barriles de aceitunas, jabon, cordelera, cintas, zapatos y sombreros para las ferias de Andaluca y Estremadura. [468] Entindase de la poca de Fernando VII. [469] Dos de estas recordamos, la de la puerta de Sevilla, y otra que se halla entre la puerta de Almodovar y la de Gallegos, frente al convento que fu de la Victoria. [470] Supnese que se abri aquel postigo para introducir ganado en la ciudad durante el cerco que le tenia puesto S. Fernando, y que habiendo logrado algunos soldados cristianos meterse entre el ganado, contribuyendo luego que se tomase la Ajarqua, el rey moro cuando lo supo esclam: _bien escusada era all aquella puerta!_ (_Memorias de la ciudad de Crdoba, M. S. de la Real Academia de la Hist. D. 129, relato 1._) [471] _Historia general de la M. N. y M. L. Ciudad de Crdoba y de sus nobilsimas familias_, atribuida al Dr. Andrs de Morales. Lib. VI, cap. I.--M. S. de la Real Academia de la Historia. [472] Vase su lmina, donde por equivocacion se estamp el nombre de _puerta de Sevilla_. Sobre su dovelage hay un cartelon de mediano gusto con una inscripcion que dice: _Reinando la sacra, catlica y real magestad del rey D. Felipe nuestro seor, segundo de este nombre_. [473] Hoy ermita de Sta. Quiteria, en la calle de los Judos. Vase la pg. 223. [474] De las puertas interiores de la ciudad que dividian la Almedina y la Ajarqua seala tres Ambrosio de Morales, adems de la del Sol y de la del Rincon: el _portillo de la calle de la Feria_, el _de la Fuenseca_, y la _puerta del Hierro_. De esta ltima hallamos mencion en Al-Makkar y en Ben Adzar bajo el mismo nombre (_babu-l-hadid_), y en algunos documentos posteriores la reconquista. La _puerta del Hierro_ se designa en la donacion de S. Fernando los religiosos de Sto. Domingo como punto prximo al solar que se les adjudica para fundar el convento de S. Pablo; y por el mismo instrumento se comprueba que la huerta enclavada en el mismo se llamaba _del Almezo_ y se estendia toda la manzana. _Feria. M. S. cit. fol. 32._ [475] Sin duda empez tener origen esta tradicion cuando estaba ya formada la falsa creencia de haber tenido la ciudad otro asiento distinto del que hoy tiene, al pi de la Sierra, en el campo vulgarmente llamado de _Crdoba la vieja_. Estractaremos el relato que de ella hace Al-Makkar. Habitaba en la fortaleza de Almodovar un rey, que yendo un dia de caza, solt tras una perdiz un halcon muy querido que tenia, en una floresta donde despues andando el tiempo vino formarse la ciudad de Crdoba. La perdiz acosada se meti en un espeso zarzal: el halcon persiguindola se entr tambien en l; pero viendo el rey al cabo de largo rato que su pajaro favorito no parecia, mand sus monteros cortar aquella maleza y sacarlo. Al practicar esta operacion aparecieron los chapiteles de un grande edificio soterrado, y el rey, que era hombre entendido y emprendedor, mand que inmediatamente se desmontra todo el terreno que le cubria. Hicironse las escavaciones con felicidad, y sali luz un soberbio palacio, cuyos fundamentos se internaban en el agua sobre un slido cimiento de argamasa puesto segun el arte de los antiguos. El rey lleno de gozo lo hizo restaurar con arreglo su forma primitiva; residi en l largas temporadas, y poco poco fueron al rededor levantndose otros edificios, principio y ncleo de la ciudad de Crdoba, donde permaneci la descubierta maravilla como morada perptua de los reyes que le sucedieron. [476] El historiador Aben Hayyn (fol. 14) menciona adems la _puerta cerrada_ (_bbo-s-sudd_), en cuyo arco se pusieron en tiempo de Abde-r-rahman III garfios escarpias para clavar las cabezas de los criminales y reos de lesa magestad. [477] El palacio episcopal fu reedificado mediados del siglo XV por el obispo D. Sancho de Rojas y Sandoval, y entonces subsisti el pasadizo, y por consiguiente el muro de donde arrancaba. D. Alonso de Aguilar lo incendi pocos aos despues, y vuelto reedificar por el obispo D. Pedro Solier, dej el pasadizo intacto. Hcia la mitad del siglo XVI lo ampli D. Leopoldo de Austria, sin demoler dicho muro. En 1622 el obispo Mardones lo prolong con una nueva y suntuosa edificacion hcia el norte, y entonces se demoli el pasadizo rabe dejando en pi el muro primitivo. Segun la descripcion que hace Aben Hayyn (fol. 26) puede creerse que este muro del palacio episcopal servia al alczar rabe como de muralla por levante. Abdalla, dice, hizo abrir una puerta nueva fuera de su alczar y prxima l, la cual concurrian las gentes en dias marcados reclamar justicia (_bbo-l-dal_). Entre ella y el alczar mand construr una galera de piedra sillera, cubierta de cristales, la cual... comunicaba por fin con la maksurah de la gran mezquita. As pues, la galera pasadizo se componia de dos trozos, uno del alczar la _puerta de la Justicia_, y otro de esta puerta la mezquita; y este segundo trozo sera probablemente el que se conserv hasta el siglo XVII. Y la puerta de la Justicia estaria en el muro que es hoy fachada del palacio del Obispo. [478] Despues de arrojado al rio el cadver de S. Eulogio, estaba por la noche de centinela en la torre _de la Vela_ un soldado de Ecija, el cual, acosado de la sed, se pas beber al caz que por encima del muro llevaba el agua los baos del Califa; y estando all vi en el rio una gran claridad, y observ que encima del cuerpo del santo mrtir, que sobrenadaba, se hallaban como suspensos en el aire unos ngeles con blancas vestiduras sacerdotales, salmodiando dulcemente. Qu asunto para un artista de f! Vase la vida y muerte de S. Eulogio escrita por Paulo Alvaro. [479] Habiamos pensado dar al lector un estrado de las piezas referentes la causa formada al clebre inquisidor Luzero con motivo de sus sanguinarios escesos; pero nos vemos precisados retirarlo por su escesivo volmen. Debidas la bondad de los seores cannigos de Crdoba, que nos las permitieron copiar en el archivo de la santa iglesia catedral, las conservamos por si se presenta ocasion de darles cabida entre las memorias de la santa iglesia de Sevilla referentes al arzobispo que se hallaba de inquisidor general de Espaa en tiempo de Luzero, cannigo tambien de aquella catedral. Las cartas que ambos cabildos secular y eclesistico escribieron reyes y personages de estos reinos y de fuera de ellos implorando su proteccion contra aquel monstruo de iniquidad, forman en el _libro de las Tablas_ de dicho _Archivo_ una coleccion sumamente curiosa (_Caj. A_). No lo son menos los documentos del _Caj. I, leg. 7 y 10_, entre los cuales hay un memorial entregado los condes de Cabra nombre de diferentes personas que habian los agentes de Luzero llevado presas los alczares para que declarasen crmenes de que jams habian tenido ni remota idea. En un libretillo (nm. 296) se hacen al rey bajo la forma de memorial interesantes revelaciones: se le dice que el alczar estaba hecho _cueva de traiciones y maldades_, y despues de referirle los atentados que en l cometian Luzero, el licenciado Lafuente, y otros, se suplica con el mayor ahinco S. A. vaya Crdoba poner remedio, seguros los que esponen de que si el rey accediese ello, habia de mandar que en el sitio del _Marrubial_, donde aquellos inicuos jueces habian hecho quemar ciento siete cristianos inocentes, y luego otros veintisiete mas, _se hiciese casca de mrtires_. [480] El sencillo monumento erigido por Ambrosio de Morales en el _Campillo_ desapareci en tiempo de la invasion francesa. El P. Roa y otros escritores han publicado los versos que los mrtires de Crdoba consagr en l el famoso cronista de Felipe II, y recientemente ha publicado un peridico de Madrid la version que de los mismos ha hecho en elegantes endecaslabos castellanos nuestro buen amigo el Sr. D. Francisco de Borja Pavon, natural y vecino de aquella ciudad, anticuario tan erudito cuanto modesto. [481] El annimo parisiense (cdice de mucha autoridad entre los arabistas) dice que cuando Moguen tom Crdoba no habia ya puente, y hubo que vadear el rio, pasarlo nado; que As-samh ben Malek edific el que hoy existe, con autorizacion del califa Omar, el cual le permiti emplear en su construccion los sillares de la antigua muralla; y que las brechas abiertas en esta se rellenaron con ladrillo por no haberse hallado mano piedra propsito (Ao 101 de la Egira.). [482] Vase la lmina _Crdoba desde el castillo de la Carraola_. [483] De aqu vino el llamarse despues _Campo de la verdad_ aquel gran llano que est al otro lado del rio al mediodia de la ciudad. _Historia de Crdoba_, M. S. citado de la Real Academia de la Historia, H. 12, tomo II, pg. 343 y siguientes. [484] La de los santos mrtires Fausto, Januario y Marcial, que se llam luego de _S. Pedro_; la de los santos patronos de Crdoba Acisclo y Victoria, y la de Sta. Olalla extramuros de la ciudad. [485] Asi debi suceder con las de _S. Andrs_, _Sta. Marina_, _la Magdalena_, _S. Lorenzo_, _Santiago_, _S. Nicols de la villa,_ y las demas que creemos existan antes de la reconquista. [486] Vase la lmina _Iglesia de Sta. Marina_. [487] Vase la lmina _Iglesia de S. Lorenzo_. [488] Vase la nota de la pg. 349 en sus ltimos prrafos. [489] Vase en la lmina de Detalles correspondiente el _Roseton de S. Miguel_. [490] Esta torre fu edificada por el obispo D. Iigo Manrique, comenzada segun tradicion en 1494, y terminada, segun la inscripcion gtica que se puso en ella, en 1496. La tradicion refiere que el alcaide de los Donceles D. Diego Fernandez de Crdoba, cuya casa, vecina esta iglesia, recibia molestias de los albailes que fabricaban la torre, despues de haber intilmente reclamado del obispo la suspension de la obra, fu una noche con sus criados y peones, y hundi todo lo que los operarios tenian fabricado. Sabedor el prelado del caso, mand levantar la fbrica de nuevo. Cuanto trabajaban los albailes de dia, otro tanto deshacian por la noche el caballero y su gente. Mediaron conminaciones, y viendo D. Iigo Manrique que el alcaide no hacia caso, le declar descomulgado. Hubo recurso al rey, luego al consejo con demanda formal interpuesta por el caballero; y durante su resolucion la obra estuvo parada. Concluido el pleito, se di sentencia favor del obispo, y mand el tribunal se siguiese la fbrica de la torre, previniendo los maestros que la dirigian que se pusiesen en las ochavas de su cuerpo principal, mirando la casa de D. Diego Fernandez de Crdoba, dos efigies en ademan de postradas, cargando sobre sus espaldas el peso de la fbrica restante, y que debajo de ellas se grabasen estas palabras: un lado PACIENCIA, y al otro OBEDIENCIA: dando entender al caballero y sus sucesores la paciencia que habian de prestar en sufrir las vistas de la nueva torre, y la obediencia debida la Iglesia. As se cumpli. Hoy se ven las referidas figuras en aquellas dos esquinas, sirviendo como de remate dos medias pirmides que arrancan de la base de las mismas ochavas; y para mayor efecto las pintan de colores. Vase la lmina _Torre de S. Nicols de la villa_. [491] No desagradar al lector una noticia sumaria de los principales conventos y casas de las rdenes militares establecidos en Crdoba despues de la reconquista, con espresion de los aos en que se fundaron, sitios en que se establecieron, y personages que ello cooperaron. Fueron antes que otros atendidos los _padres de Sto. Domingo_, que acompaaban al ejrcito del santo rey confesando y auxiliando en todo los soldados. Diseles en 1236 solar espacioso junto la _puerta del Hierro_ para fundar el convento de S. Pablo. Siguieron los _padres de S. Francisco_, instalados por el mismo rey, no se sabe en qu ao, fuera del antiguo muro divisorio (_cerca de la puerta de la Pescadera_, dice Feria. M. S. citado), no lejos del convento de S. Pablo en la misma calle de la Feria. Luego los _Trinitarios Calzados_ (en 1236). Diles el rey, adems del solar donde permanece hoy todo desfigurado su convento, la milagrosa imgen de Nuestra Seora de los Remedios, hallada por los mozrabes cautivos. Vienen despues: _Nuestra Seora de la Merced_, de poca incierta, fundado extramuros en la antigua ermita de Sta. Eulalia.--_S. Agustin_, establecido en 1296 en los Visos; luego por bula pontificia (en 1312) entraron sus religiosos en la ciudad, y estuvieron en el alczar hasta el 1325, en que D. Alfonso XI para ampliar su palacio los estableci donde se ve su convento ahora.--Los _santos mrtires Acisclo y Victoria_, monasterio de benedictinos erigido sobre la baslica antigua de los mismos santos (en 1297) por el P. Fr. Rodrigo de Ordoez, conventual del de S. Pedro de Gumiel. Contribuy su fbrica el rey D. Fernando IV. Desierto desde el ao 1527 por haber ido faltando los Cistercienses que lo poblaban, fu cedido en 1530 los padres Dominicos del monasterio de Scala Coeli, los cuales lo reedificaron. El rey Felipe II, noticioso de que su iglesia amenazaba ruina, di una copiosa limosna para restaurarla. Eran sus patronos los condes de Torres-Cabrera.--_S. Francisco de la Arrizafa_, fundado en 1417 por D. Fernando de Rueda, extramuros de la ciudad, al pi de la Sierra, en la famosa Ruzafa de Abde-r-rahman I. Eran sus patronos los condes de Hornachuelos, seores de la Albayda.--_S. Gernimo de la Sierra_, erigido por el obispo Gonzalez Deza (en 1408) en el Alcor de la Sierra, en el sitio llamado Valparaiso, en terreno cedido sobre el campo de _Crdoba la vieja_ por D. Martin Fernandez de Crdoba, alcaide de los Donceles, y su piadosa madre D. Ins de Pontevedra. La ciudad de Crdoba di los padres Gernimos las ruinas del castillo de _Crdoba la vieja_ para que las aprovechasen en la edificacion de su monasterio.--_S. Francisco del Monte_, fundado (en 1394) en la Sierra por Martin Fernandez de Andjar, caballero de Crdoba, en una heredad suya, peticion de D. Enrique III y la reina D. Catalina; y trasladado al sitio que hoy ocupa en 1413. En uno de los altares de su iglesia se veneraba la imgen de _Nuestra Seora de la Esperanza_ hallada entre las ruinas del famoso y antiguo monasterio Armilatense. El arco de la portera de este convento estaba sostenido por dos columnas de jaspe blanco que segun tradicion fueron sacadas de las mismas ruinas.--Y siguen otros de no poca importancia fundados en los siglos XVI y XVII. Las rdenes militares se instalaron en Crdoba en el ao 1237. La de _S. Juan de Jerusalen_ en una mezquita de la Almedina (hoy _S. Juan de los Caballeros_):--la de _Santiago_ en un solar de la calle de Sta. Ana (tambien en la Almedina). No sabemos cul sea;--la de _Calatrava_ en las _Tendillas de Calatrava_ (hoy _casa de la Encomienda_, donde se conservan preciosos fragmentos arbigos); la de _Alcntara_ en las _casas de Sneca_ (hoy religiosas del _Corpus Christi_), en la Almedina, cerca del muro divisorio. Se fund como convento hospital y oratorio de la regla de S. Benito, y conserva hoy su memoria la cuesta de este nombre;--el _Orden Teutnico_ en la calle de la Madera, en la Almedina. Se estingui este rden en Espaa en 1310, y en el ao 1481 su casa convento de Crdoba estaba ya arruinada;--el _Temple_ en la Ajarqua, en un solar contiguo la parroquia de Santiago. De sus casas solo existen insignificantes reliquias en la calle llamada _del Claustro_. Los conventos de religiosas mas notables eran: el de _S. Clemente_, fundado por D. Alonso X en 1261 en una huerta suya, en la Ajarqua, y luego por el mismo rey trasladado Sevilla;--el de _Sta. Clara_, fundado en 1264 por el arcediano Diaz Sandoval en la iglesia de Sta. Catalina (antigua baslica de S. Jorge: luego mezquita). Para ampliacion de su fbrica compr el fundador al infante D. Luis, las casas labradas por su padre S. Fernando para Juana de Poitiers;--el de _Sta. Mara de las Dueas_, del Cister, fundado en 1372 por el seor de Luque D. Egas Venegas en sus casas propias (colacion del Salvador);--el de _Sta. Cruz_, fundado en 1465 en las casas de su morada (colacion de S. Pedro) por el P. Fr. Francisco Miranda en nombre de los seores Pedro Gutierrez de los Rios, veinticuatro de Crdoba, y Teresa Zurita, su mujer; quienes ofrecieron costearlo para que Dios sacase con vida al Pedro Gutierrez de las justas que iba mantener con Suero de Quiones sobre el paso de los peregrinos por el puente de Orbigo;--el de _Sta. Marta_, edificado en 1468 por el P. Fr. Pedro de Crdoba en las casas de Crdenas (donde aun subsiste). [492] Vanse las lminas _Hospital de Espsitos_, y _Detalles de la fachada_ del mismo. [493] Vase la lmina _Capilla del hospital del cardenal_. [494] Cada uno en una calle de las que llevan el nombre del _Bao_ (_alta_ y _baja_). [495] Vase acerca de esta diferencia la pg. 299. [496] Vase la lmina que la representa. [497] En la calle de _Carniceros_, casa nm. 7, en la de _las Cabezas_, nm. 16, en la de _la Pierna_, en la plaza de S. Andrs: ejemplos que recordamos en este momento; lo que equivale citar uno entre mil. [498] _Afranc_, propiamente _Francia_; pero los rabes aplicaban este nombre todos los dominios cristianos que caan al norte de sus provincias en Espaa; as como llamaban _Andals_ toda la tierra que ellos aqu enseoreaban. [499] Ya hemos tenido alguna vez ocasion de advertir que la prohibicion alcornica de aplicar las artes plsticas la representacion de seres animados se infringia muy menudo en esta poca tan brillante del califado. En la descripcion de Azzahra que emprendemos, seguimos fielmente las noticias que hemos recogido en las historias compiladas por Al-Makkar, en la _Historia de Almagreb_ de Ben Adzar, y en estractos de otras que bondadosamente nos ha comunicado el Sr. Gayangos. De todas ellas hemos formado un conjunto, descartando las especies en que hay contradicciones. Parecer exagerado este relato, pero si se observa que otras descripciones de aquellas historias (las de la mezquita de Crdoba, por ejemplo) han resultado exactas, tal vez el lector depondr su incredulidad para admirar solamente tanta grandeza. [500] Las rentas del estado cordobs eran: 5,480,000 dinares de oro de las contribuciones de las provincias; 765,000 de los zocos y mercados de Crdoba; el quinto del botin cogido al enemigo, y las capitaciones impuestas los mozrabes y judos, que duplicaban aquellos ingresos. [501] Vase en Al-Makkar la curiosa descripcion de la que envi el emperador Constantino Abde-r-rahman III. [502] Ben Hayyn dice que An-nasr recibi al enviado de Constantino en el _pabellon embovedado_, lo cual induce creer que no habia mas que un pabellon con bveda, que probablemente seria el central, llamado tambien _pabellon circular_, _pabellon dorado_, y _salon de los califas_. [503] La carta de Constantino al califa (dice Ben Hayyn) venia escrita en vitela azul celeste con caractres de oro: dentro de ella, en caractres de plata, una lista de los presentes que enviaba el emperador. La carta tenia un sello de oro de cuatro mitcales de peso, con la imgen del Mesas en un lado, y los retratos de Constantino y su hijo en el otro. Estaba metida en una bolsa de tejido de plata, y esta en una caja de oro con el retrato de Constantino admirablemente esmaltado: todo encerrado en un estuche con funda de seda y oro. [504] Este cementerio estaba en el recinto de los alczares de Crdoba. [505] No nos ha sido posible rastrear el verdadero nombre de este obispo, pues entre los prelados toledanos tampoco hallamos ninguno con el nombre esencialmente arbigo de _Kasm_. Otro tanto podemos decir del obispo que trajo de Asia las dos clebres fuentes del palacio que vamos describiendo, quien los historiadores rabes llaman _Rab_. Vase la nota 3 de la pg. 173. [506] El _hagib_ de quien hablamos no era el primer ministro del meznar consejo del califa, sino simplemente uno de sus _camareros_. Este cargo se alter bajo los ltimos Umeyas, cada uno de los cuales tenia un gran nmero de _hagibes_. [507] Durante el reinado de su hijo Al-hakem (del 961 al 976 de J. C.) se hicieron en Medina-Azzahra otras muchas construcciones; pero en los alczares y jardines no habia nada que hacer. [508] _Azzahra_ viene de la palabra rabe _zahra_, que significa _flor_. [509] D. Alfonso VI, conquistador de Toledo. [510] Dicen los historiadores rabes que la peticion del rey D. Alfonso fu sugerida por los obispos y eclesisticos que le acompaaban, por considerar que el alumbramiento de la reina sera mas meritorio los ojos de Dios en aquel lugar, que habia sido antiguamente baslica cristiana. [511] En el referido repartimiento el rey _retuvo para s_ el campo de _Crdoba la vieja_, y en una donacion hecha por el mismo monarca 20 de febrero de la Era 1279 (A-D. 1241), que cita Gomez Bravo (t. 1., pg. 4), se dice: _contra Cordubam la vieja_. [512] El P. Fr. Vasco. [513] Ambrosio de Morales. [514] El licenciado D. Pedro Diaz de Rivas. [515] Estuvo el ciervo en el convento de S. Gernimo de la Sierra hasta hace pocos aos. Ahora se halla en el Museo provincial. Es de alto poco mas de un pi: el carcter de su forma es puramente ornamental, segun la tradicion del arte antiguo, como el de los colosales mitos de Nnive, como el de los toros, leones y monstruos fantsticos de Perspolis, como el de los famosos leones de la Alhambra. Tiene la cabeza algo levantada y la boca abierta como en disposicion de arrojar por ella un cao de agua. La cierva, de la misma materia y tamao, fu llevada al monasterio de Nuestra Seora de Guadalupe. No sabemos si se conserva. [516] Ambrosio de Morales en sus Antigedades se esforz vanamente en persuadir que _Crdoba la vieja_ era la _Colonia patricia_ fundada por Marcelo. No se hizo cargo de los fragmentos de arquitectura decorativa, puramente neo-griega, por all diseminados, ni conoci el estilo arbigo del ciervo de bronce que le estuvo una porcion de aos vertiendo el agua en la pila del claustro de S. Gernimo, cuando l hacia vida de monge. [517] El citado D. Pedro Diaz de Rivas. Vase el Discurso primero de sus _Antigedades de Crdoba_. Siguieron su opinion el P. Roa (_De Cordub in Hispania Betica principatu_), Gomez Bravo (obra citada), y otros. [518] D. Jos Antonio Conde en su _Historia de la dominacion de los rabes, etc._ [519] Dice que se hallaba cinco millas de Crdoba, Guadalquivir abajo. [520] Es esta dehesa propiedad de los marqueses de Guadalczar, no sabemos desde cundo. [521] Nuestro citado amigo D. Pascual de Gayangos, que tradujo del rabe en correcto idioma ingls la historia de Al-Makkar para la Sociedad asitica de Lndres. Sali luz este interesante trabajo en 1840. [522] Vase la lmina _Fragmentos del palacio de Medina-Azzahra_. [523] No habiendo podido proporcionarme ninguno de los capiteles de Medina-Azzahra que yacen en la huerta del monasterio de S. Gernimo, no me es dado ofrecer al lector mas que los dibujos de los otros fragmentos que en mi poder conservo. Sin embargo, por el capitel rabe-bizantino que se publica en la correspondiente lmina de _detalles_ juntamente con otro de estilo africano sacado de la _capilla de Villaviciosa_, se formar una idea exacta de los otros que no ha sido posible ni dibujar siquiera. El espresado capitel rabe-bizantino es obra mandada ejecutar por el mismo califa que fund los alczares de Azzahra, y se conserva hoy en Crdoba en el patio de la casa llamada de las _Encomiendas_, donde lo ha dibujado para remitrnoslo nuestro bondadoso amigo D. Jos Sal, profesor de pintura y vecino de aquella ciudad. Las hojas que le adornan son de acanto silvestre, como las que emple Calimaco al introducir entre los rdenes griegos el bello capitel corintio; y su disposicion en todo conforme con la que se observaba en los mejores tiempos del arte, as en Grecia como en Roma, en los siglos de Pericles y de Augusto. Fltanle solamente los _caulculos_ que se adhieren las volutas por la parte inferior; pero estan felizmente sustituidos con esbeltas espadaas que cindose la voluta terminan en el baco del capitel. La inscripcion esculpida en este, traducida por el Sr. Gayangos, dice as: _En el nombre de Al: la bendicion de parte de Al sea sobre el prncipe de los creyentes (Alargue Al su permanencia en la tierra) Abde-r-rahman ben Mohammad. Esto es de lo que mand labrar por manos de Xenif su page. Hizo esto Fatah el marmolista._ La cruz esculpida en sus volutas pudiera ser quizs obra de cristianos posterior la reconquista. Al considerar estos preciosos indicios de la gran pureza que lleg el arte bajo los reinados de Abde-r-rahman III y de su hijo Al-hakem II, casi se atreve uno creer que los rabes-espaoles sintieron mejor que los bizantinos la belleza del arte helnico, y que muchos elementos de la arquitectura griega de los buenos tiempos revivieron en el arte andaluz de los siglos IX y X hallndose casi proscritos por la arquitectura de Bizancio. Ntese en el capitel africano del tiempo de Almanzor cun brevemente pas la ornamentacion del garbo los primores, del brio la timidez, del franco y libre perfilar al prolijo y nmio afiligranado, en cuyo minucioso ejercicio se perdi lastimosamente en las pocas sucesivas aquel gusto varonil que prometia al Occidente un renacimiento dichoso del arte antiguo seis siglos antes de venir al mundo los grandes genios del tiempo de Leon X. [524] Vanse las descripciones que en sus citadas obras hacen de los vestigios de _Crdoba la vieja_. Estas descripciones pueden hoy servir de utilsima guia para una esploracion detenida de aquel campo, pues en ellas se indican con gran minuciosidad los parages que ocupaban algunos curiosos objetos, torres, cisternas, etc., que hoy ya no se ven, y que sin duda ha cubierto la _marea_ de la llanura. [525] Siendo esta superior mis medios como particular, tuve el honor de escitar al gobierno en diciembre de 1853 que hiciese una esploracion arqueolgica en la referida dehesa de _Crdoba la vieja_, reservndose el emprender escavaciones en regla si aquel prvio reconocimiento prometia algun resultado til la historia del arte. No puedo quejarme de haber sido recibido con indiferencia; al contrario, mis indicaciones, el relato fiel de lo que en aquel campo habia yo visto, y la mera inspeccion de los fragmentos por m recogidos, despertaron en el Sr. D. Agustin Esteban Collantes, la sazon ministro de Fomento, el mas plausible entusiasmo: nombr inmediatamente en Crdoba una comision que entendiese en los trabajos de esploracion, y facilit el pequeo fondo que se crey suficiente para llevarlos cabo. Confisenos al Sr. Gayangos y m el cargo de dirigir los comisionados de Crdoba, los cuales por su parte animados del mejor celo dieron desde luego seales de actividad. Los Sres. D. Ramon Aguilar Fernandez de Crdoba, D. Francisco de Borja Pavon y D. Jos Sal, fueron los comisionados: hicieron de su parte cuanto era de apetecer para el logro del objeto principal de las instrucciones que les fueron remitidas, que era cerciorarse de si habia n edificacion soterrada en aquella planicie plaza elevada rectangular de que dejo hecho mrito. Por causas imprevistas no pudieron comenzar los trabajos hasta mediados de mayo de 1854, pero en cuanto los principiaron aparecieron al abrir una zanja en la planicie referida vestigios de muros y un enlosado con una canal que forma un ngulo recto, dispuesta al parecer para conducir aguas. Desgraciadamente el Sr. marqus de Guadalczar, dueo de la dehesa, al otorgar su consentimiento para dicha esploracion, habia impuesto los comisionados de Crdoba dos condiciones que ignorbamos en Madrid, y que imposibilitaban la continuacion de la tarea comenzada, saber: que la escavacion habia de suspenderse fin de mayo, y que no habia de poderse cortar ni quemar _rbol, arbusto ni mata de ninguna especie_. Cabalmente el desmonte de la gran mata silvestre que obstruye el hueco caverna del declive meridional de la plaza alta, era una de las primeras instrucciones que habiamos dirigido la comision de Crdoba; y por otra parte el vaciado de la escavacion practicada no podia ampliarse tilmente en siete dias que faltaban hasta fin de mayo no cortando matas arbustos. Es pues escusado aadir que la esploracion qued desde entonces paralizada. [526] El Sr. D. Jos Caveda en su escelente _Ensayo histrico_, ya otra vez citado, se lamenta con sentidas frases de que no se conserve siquiera un solo vestigio que nos indique hoy el lugar que ocuparon los palacios de Azzahra. [527] Ambrosio de Morales deduce la gran fertilidad de la Campia de la riqueza que en su tiempo gozaban sus lugares, citando algunas aldeas, como Santaella, la Rambla y otras, que tenian hasta 2000 y 3000 vecinos, sin otra industria que la labranza y la ganadera. [528] En la silva del nacimiento de Lucano. [529] Llambase municipio _Mellariense_: di una fuente nombre al lugar, y ambos la grande abundancia de miel que se recoge por all. Debi ser de bastante importancia, puesto que erigia esttuas los varones benemritos, como lo prueba la inscripcion que se conserva en la puerta de su fortaleza, hoy iglesia parroquial, y que public en sus _Antigedades_ Ambrosio de Morales. [530] El castillo de Belalczar es propiedad del duque de Osuna por la incorporacion del condado en la casa de Benavente. El hecho que acabamos de referir est sacado de la Historia m. s. de la ciudad de Crdoba atribuda D. Andrs Morales que posee la Real Academia de la Historia, Tomo II. pg. 1474 y siguientes. [531] Otro Nuo de Lara (D. Francisco), capitan retirado, prest tambien grandes servicios Montoro en la guerra de la _Independencia_. Con los tiradores de la villa caus daos considerables al ejrcito de Dupont, y lejos de intimidarse con la derrota de las _Ventas de Alcolea_, le tuvo en contnua alarma. [532] As constaba de una lpida de alabastro que estaba en el mismo castillo (segun afirma Garibay en sus _Genealogas m. ss._, tomo 9., lib. 54, fol. 259), que decia lo siguiente: _En el nombre de Dios. Amen. Esta obra mand facer Garci-Mendez de Sotomayor, seor de Jodar: e fzole maestre Mohammad; e fu obrero Ruy Cil, e fzose en la Era de 1363. Christus vincit: Christus regnat: Christus imperat._ [533] El erudito Llaguno y Amrola dej unos curiosos apuntes sobre la navegacion del Guadalquivir y del Genil, estractos de las noticias que traen sobre la misma materia Ziga, Roa y Ambrosio de Morales. Resulta de este estudio que la navegacion desde Sevilla Crdoba, y vice-versa, se mantenia espedita en tiempo de S. Fernando; que despues del reinado de D. Alonso el Sabio, atropellando intereses particulares al pblico, empezaron entorpecer aquella libre navegacion con azudas para molinos, que, aunque dejaban canales para el paso de los barcos, causaban grandes molestias los traficantes y barqueros; que reinando D. Pedro el Cruel se quejaron los barqueros de Sevilla del dao que les hacian los dueos de aquellos molinos cerrando las canales por donde pasaban antes los barcos, y el rey di auto poniendo remedio, en cuya virtud el alcalde mayor de Crdoba, para que constase siempre en adelante el ancho que habian de tener las canales de las presas, tom la medida en el _arco de las bendiciones_ de la catedral, y la di por norma para la anchura referida, sealando de fondo dos varas; que la navegacion se abandon despues por los robos que con sus entradas hacian en los pasajeros los moros de Granada; que por los aos de 1524, habiendo vuelto de Paris el maestro Fernan Perez de Oliva, se agit nuevamente este asunto con mucho calor en el cabildo de Crdoba, en una de cuyas sesiones propuso aquel sabio economista, que dejando el antiguo y mezquino modo de navegar con barquillos traidos remo, se estableciese la navegacion la srga, tan fcil y productiva, como se practicaba en muchos rios de Italia, Francia y Flandes con barcas de suelo llano que cargaban mas de 200 carros de peso y calaban menos de una braza de agua; finalmente, que en 1561 se volvi tratar este importante negocio, hizo el rey Felipe II reconocer el rio por personas entendidas, informado de que la navegacion del Guadalquivir ofrecia dificultades nada insuperables, resolvi S. M. fuese restablecida en cuanto se acabasen las obras para dejar corriente la del Tajo, donde por la singular industria y grande nimo de Juan Bautista Antonelli se estaban venciendo obstculos mucho mayores. Sin embargo de tan buenas esperanzas nada lleg hacerse entonces: luego, en 1629, volvi resucitar el proyecto, y nuevamente qued abandonado. [534] Existe en las casas de Ayuntamiento. Fu hallada entre las ruinas de la ermita de Sta. Sofa y tiene esta inscripcion: SACRATA DOMUS AUGUSTO. [535] Vase la pgina 244, nota 1. [536] Los condes de Alcaudete, cuyo estado fund el adelantado D. Alonso Fernandez de Crdoba, hijo de D. Martin Alonso. [537] Fueron sus primeros seores los Aguilares, por donacion que hizo el rey S. Fernando D. Gonzalo Ibaez, que le mud el nombre de _Poley_ por el de _Aguilar_. [538] Cuando los ltimos Aguilares seores de la villa murieron en Algeciras sin dejar descendencia masculina, el rey D. Alonso XI incorpor el estado de Aguilar la corona, y los descendientes por hembra D. Bernardo vizconde de Cabrera y D. Alonso Fernandez Coronel, los content con la _Puebla de Alcocer y Capilla_. D. Alonso Coronel no obstante obtuvo del rey D. Pedro, por mediacion de D. Juan Alfonso de Alburquerque, el estado de Aguilar reteniendo Capilla. [539] Despues de muerto D. Alonso Coronel, su estado fu incorporado la corona; y muerto el rey D. Pedro, D. Enrique II di la villa de Aguilar D. Gonzalo Fernandez de Crdoba, de quien se deriv sus descendientes los marqueses de Priego. [540] En la parte de esta Sierra colindante con las de Priego, Luque y Carcabuey, se crian muchos vegetales preciosos para la medicina: hay tambien canteras de jaspe rojo de muchas especies, mrmoles, piedra blanca, alabastro y piedra comun, que beneficiaban los rabes. [541] De la famosa _Nava de Cabra_ dice el moro Rasis estas palabras en su historia: Tiene Cabra en su trmino un monte que llaman Selva, y es tan alto que contiende con las nubes. En aquel monte hay muchas flores y de muy buenos olores, y adems yerbas de todas virtudes. [542] La Sima de Cabra, que tanto llam la atencion de Cervantes, se abre un lado de aquella sierra en el llano que hay la espalda del tajo que llaman de Camarena. Las generaciones unas otras han ido desde una poca muy remota legndose maravillosas tradiciones y consejas que la hacen objeto de pavor entre la gente sencilla. Rasis decia que era una de las puertas de la caverna de los vientos. En el ao 1841 se practic en ella un reconocimiento por un profesor de ciencias y otras personas entendidas: result haber la distancia de unas 140 varas de su boca una esplanada bastante capaz, ensanchando desde la entrada sus paredes sin guardar regularidad y en diversos tramos. Desde su mitad algo ms ensancha desproporcionadamente, y en su fondo tienen las paredes musgo y humedad. Solo se encontraron ranas en lo profundo de la Sima. No sin fundamento la mira con espanto el vulgo, porque el puntilloso honor andaluz la escogi algunas veces para sepultura de los infelices autores de sus mancillas. Cuntase de un ttulo cordobs que sacrificando la reparacion de su honor ofendido los vnculos mas tiernos de la naturaleza, precipit en ella una hija suya que vivia amancebada con un jven de oscuro linage. Sirvironle en este acto de cmplices dos hermanos de la vctima: fingieron una huelga campestre diciendo que iban ver un pariente muy ilustre, aderezse todo lo necesario, y la pobre seora creyndolo se compuso lo mejor que pudo y con sus mas costosos aderezos. Metida en una litera con muy honrado acompaamiento, fueron caminando por sendas estraviadas, y llegado que hubieron cerca de la Sima de Cabra se apearon todos. Despues de merendar, mientras merendaban los _criados_, _apartronse_ el padre, la hija y sus dos hermanos, fingiendo ellos ir divertidos con varias razones, y al llegar la Sima di uno de ellos un empellon la desgraciada mujer y la ech dentro. Hecho esto se volvieron, y emprendieron el viaje de retorno para su tierra, muy satisfechos de haber dejado sepultada en la Sima la causa de su deshonra. _Libro de cosas notables que han sucedido en la ciudad de Crdoba_, M. S. de la Real Academia de la Historia, _caso_ 44, fol. 103. [543] El nombre romano de _Egabrum_ que llev, parece derivarse del griego _Aigagros_, que se interpreta _Cabra_ monts silvestre. [544] Tiene en su clave el arco principal esta inscripcion: DIEGO DE BERNU, REGIDOR DE BURGOS, POBL BENAMEX, Y EDIFIC ESTA PUENTE SU COSTA, AO 1556. [545] Aunque el Sr. P y Margall, que comenz este tomo escribiendo sus primeras 64 pginas, se habia propuesto incluir en l las tres provincias de CRDOBA, SEVILLA Y CDIZ, al emprender nosotros su continuacion creimos tan grande la importancia de la historia monumental de CRDOBA, que resolvimos desde luego consagrarlo ella esclusivamente. El lector juzgar ahora en vista del desempeo de nuestra tarea, si hemos hecho bien en estendernos tanto en consideraciones sobre las instituciones islamitas y sobre la historia general de la arquitectura, que nos parecieron indispensables para apreciar debidamente el espritu y significacion de la grande obra que simboliza todas las glorias del Califado. Si aplaude nuestra determinacion, facilmente nos perdonar que no le hayamos aun conducido la mrgen opuesta del Genil; si la desaprueba, srvanos de disculpa la buena intencion con que hemos procedido. End of the Project Gutenberg EBook of Recuerdos y bellezas de Espaa; Crdoba, by Pedro D. 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