Produced by Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images available at The Internet Archive) HAMLET DRAMA EN CINCO ACTOS TRADUCCION DE LA OBRA DE GUILLERMO SHAKESPEARE POR L. FERNANDEZ MORATIN [Illustration: colofn] CASA EDITORIAL MAUCCI Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907, Londres 1913, Pars 1913, y gran premio en la de Buenos Aires 1910 Calle de Mallorca, nm. 166 SHAKESPEARE PRINTED IN SPAIN ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL HAMLET DRAMA EN CINCO ACTOS TRADUCCION DE LA OBRA DE GUILLERMO SHAKESPEARE POR L. FERNANDEZ MORATIN [Illustration: colofn] CASA EDITORIAL MAUCCI Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907, Londres 1913, Pars 1913, y gran premio en la de Buenos Aires 1910 Calle de Mallorca, nm. 166 PERSONAJES CLAUDIO, rey de Dinamarca. GERTRUDIS, reina de Dinamarca. HAMLET, prncipe. FORTIMBRAS, prncipe de Noruega. La sombra del rey Hamlet. POLONIO, sumiller de corps. LAERTES, hijo de Polonio. OFELIA, hija de Polonio. HORACIO, amigo de Hamlet. VOLTIMAN, | CORNELIO, } RICARDO, } cortesanos. GUILLERMO, } ENRIQUE, | MARCELO, } BERNARDO, } soldados. FRANCISCO, } REINALDO, criado de Polonio. Dos embajadores de Inglaterra. Un cura. Un caballero. Un capitn. Un guardia. Un criado. Dos marineros. Dos sepultureros. Cuatro cmicos. Acompaamiento de grandes, caballeros, damas, soldados, curas, cmicos, criados, etc. * * * * * La escena se representa en el palacio y ciudad de Elsingor, en sus cercanas y en las fronteras de Dinamarca. [Illustration: barra decorativa] ACTO PRIMERO ESCENA PRIMERA Explanada delante del palacio real de Elsingor. Noche obscura FRANCISCO, BERNARDO Francisco estar pasendose haciendo centinela. Bernardo se va acercando hacia l. Estos personajes y los de la escena siguiente estarn armados con espada y lanza. BERNARDO.--Quin est ah? FRANCISCO.--No: respndame l m. Detngase, y diga quin es... BERNARDO.--Viva el rey. FRANCISCO.--Es Bernardo? BERNARDO.--El mismo. FRANCISCO.--T eres el ms puntual en venir la hora. BERNARDO.--Las doce han dado ya; bien puedes ir recogerte. FRANCISCO.--Te doy mil gracias por la mudanza. Hace un fro que penetra, y yo estoy delicado del pecho. BERNARDO.--Has hecho tu guardia tranquilamente? FRANCISCO.--Ni un ratn se ha movido. BERNARDO.--Muy bien. Buenas noches. Si encuentras Horacio y Marcelo, mis compaeros de guardia, diles que vengan presto. FRANCISCO.--Me parece que los oigo... Alto ah. Eh! Quin va? ESCENA II HORACIO, MARCELO y dichos HORACIO.--Amigos de este pas. MARCELO.--Y fieles vasallos del rey de Dinamarca. FRANCISCO.--Buenas noches. MARCELO.--Oh honrado soldado! Psalo bien. Quin te relev de la centinela? FRANCISCO.--Bernardo, que queda en mi lugar. Buenas noches. (_Vase Francisco. Marcelo y Horacio se acercan adonde est Bernardo haciendo centinela_). MARCELO.--Hola, Bernardo! BERNARDO.--Quin est ah? Es Horacio? HORACIO.--Un pedazo de l. BERNARDO.--Bien venido, Horacio; Marcelo, bien venido. MARCELO.--Y qu, se ha vuelto aparecer aquella cosa esta noche? BERNARDO.--Yo nada he visto. MARCELO.--Horacio dice que es aprensin nuestra, y nada quiere creer de cuanto le he dicho acerca de ese espantoso fantasma que hemos visto ya en dos ocasiones. Por eso le he rogado que se venga la guardia con nosotros, para que si esta noche vuelve el aparecido, pueda dar crdito nuestros ojos, y le hable si quiere. HORACIO.--Qu! No, no vendr. BERNARDO.--Sentmonos un rato, y deja que asaltemos de nuevo tus odos con el suceso que tanto repugnan oir, y que en dos noches seguidas hemos ya presenciado nosotros. HORACIO.--Muy bien: sentmonos, y oigamos lo que Bernardo nos cuente. (_Sintanse los tres_). BERNARDO.--La noche pasada, cuando esa misma estrella que est al occidente del polo haba hecho ya su carrera para iluminar aquel espacio del cielo donde ahora resplandece, Marcelo y yo, tiempo que el reloj daba la una... MARCELO.--Chit. Calla; mrale por dnde viene otra vez. (_Se aparece un extremo del teatro la sombra del rey Hamlet armado de todas armas, con un manto real, yelmo en la cabeza, y la visera alzada. Los soldados y Horacio se levantan despavoridos_). BERNARDO.--Con la misma figura que tena el difunto rey. MARCELO.--Horacio, t que eres hombre de estudios, hblale. BERNARDO.--No se parece todo al rey? Mrale, Horacio. HORACIO.--Muy parecido es... Su vista me conturba con miedo y asombro. BERNARDO.--Querr que le hablen. MARCELO.--Hblale, Horacio. HORACIO (_se encamina hacia donde est la sombra_).--Quin eres t, que as usurpas este tiempo la noche, y esa presencia noble y guerrera que tuvo un da la majestad del soberano dinamarqus que yace en el sepulcro? Habla: por el cielo te lo pido. (_Vase la sombra paso lento_). MARCELO.--Parece que est irritado. BERNARDO.--Ves? Se va como desprecindonos. HORACIO.--Detnte, habla. Yo te lo mando, habla. MARCELO.--Ya se fu. No quiere responderos. BERNARDO.--Qu tal, Horacio? T tiemblas, y has perdido el color. No es esto algo ms que aprensin? Qu te parece? HORACIO.--Por Dios, que nunca lo hubiera credo sin la sensible y cierta demostracin de mis propios ojos. MARCELO.--No es enteramente parecido al rey? HORACIO.--Como t ti mismo. Y tal era el arns de que iba ceido cuando pele con el ambicioso rey de Noruega; y as le v arrugar ceudo la frente cuando en una alteracin colrica hizo caer al de Polonia sobre el hielo, de un solo golpe... Extraa aparicin es sta! MARCELO.--Pues de esa manera, y esta misma hora de la noche, se ha paseado dos veces con ademn guerrero delante de nuestra guardia. HORACIO.--Yo no comprendo el fin particular con que esto sucede; pero en mi ruda manera de pensar, pronostica alguna extraordinaria mudanza nuestra nacin. MARCELO.--Ahora bien, sentmonos (_sintanse_); y decidme, cualquiera de vosotros que lo sepa, por qu fatigan todas las noches los vasallos con estas guardias tan penosas y vigilantes? Para qu es esta fundicin de caones de bronce, y este acopio extranjero de mquinas de guerra? A qu fin esa multitud de carpinteros de marina, precisados un afn molesto, que no distingue el domingo de lo restante de la semana? Qu causas puede haber para que sudando el trabajador apresurado junte las noches los das? Quin de vosotros podr decrmelo? HORACIO.--Yo te lo dir, lo menos los rumores que sobre esto corren. Nuestro ltimo rey (cuya imagen acaba de aparecrsenos) fu provocado a combate, como ya sabis, por Fortimbrs de Noruega, estimulado ste de la ms orgullosa emulacin. En aquel desafo, nuestro valeroso Hamlet (que tal renombre alcanz en la parte del mundo que nos es conocida) mat Fortimbrs, el cual por un contrato sellado y ratificado segn el fuero de las armas, ceda al vencedor (dado caso que muriese en la pelea) todos aquellos pases que estaban bajo su dominio. Nuestro rey se oblig tambin cederle una porcin equivalente, que hubiera pasado a manos de Fortimbrs, como herencia suya, si hubiese vencido; as como, en virtud de aquel convenio y de los artculos estipulados, recay todo en Hamlet. Ahora el joven Fortimbrs, de un carcter fogoso, falto de experiencia y lleno de presuncin, ha ido recogiendo de aqu y de all por las fronteras de Noruega una turba de gente resuelta y perdida, quien la necesidad de comer determina intentar empresas que piden valor; y segn claramente vemos, su fin no es otro que el de recobrar con violencia y fuerza de armas los mencionados pases que perdi su padre. Este es, en mi dictamen, el motivo principal de nuestras prevenciones, el de esta guardia que hacemos, y la verdadera causa de la agitacin y movimiento en que toda la nacin est. BERNARDO.--Si no es sa, ya no alcanzo cul puede ser... Y en parte lo confirma la visin espantosa que se ha presentado armada en nuestro puesto con la figura misma del rey que fu y es todava el autor de estas guerras. HORACIO.--Es por cierto una mota que turba los ojos del entendimiento. En la poca ms gloriosa y feliz de Roma, poco antes que el poderoso Csar cayese, quedaron vacos los sepulcros, y los amortajados cadveres vagaron por las calles de la ciudad gimiendo en voz confusa; las estrellas resplandecieron con encendidas colas, cay lluvia de sangre, se ocult el sol entre celajes funestos, y el hmedo planeta, cuya influencia gobierna el imperio de Neptuno, padeci eclipse, como si el fin del mundo hubiese llegado. Hemos visto ya iguales anuncios de sucesos terribles, precursores que avisan los futuros destinos: el cielo y la tierra juntos los han manifestado nuestro pas y nuestra gente... Pero... silencio... Veis?... All... Otra vez vuelve... (_Vuelve salir la sombra por otro lado. Se levantan los tres, y echan mano las lanzas. Horacio se encamina hacia la sombra, y los otros dos siguen detrs_). Aunque el terror me hiela, yo le quiero salir al encuentro... Detnte, fantasma. Si puedes articular sonidos, si tienes voz, hblame. Si all donde ests puedes recibir algn beneficio para tu descanso y mi perdn, hblame. Si sabes los hados que amenazan tu pas, los cuales felizmente previstos puedan evitarse, ay! habla... O si acaso durante tu vida acumulaste en las entraas de la tierra mal habidos tesoros, por lo que se dice que vosotros, infelices espritus, despus de la muerte vagis inquietos, declralo... detnte y habla... Marcelo, detnle... (_Canta un gallo lo lejos, y empieza retirarse la sombra; los soldados quieren detenerla haciendo uso de las lanzas: pero la sombra los evita, y desaparece con prontitud_). MARCELO.--Le dar con mi lanza? HORACIO.--S, hirele, si no quiere detenerse. BERNARDO.--Aqu est. HORACIO.--Aqu. MARCELO.--Se ha ido. Nosotros le ofendemos, siendo l un soberano, en hacer demostraciones de violencia. Bien que, segn parece, es invulnerable como el aire, y nuestros esfuerzos vanos y cosa de burla. BERNARDO.--El iba ya hablar cuando el gallo cant. HORACIO.--Es verdad, y al punto se estremeci como el delincuente apremiado con terrible precepto. Yo he odo decir que el gallo, trompeta de la maana, hace despertar al dios del da con la alta y aguda voz de su garganta sonora, y que este anuncio todo extrao espritu errante por la tierra el mar, el fuego el aire, huye su centro; y el fantasma que hemos visto acaba de confirmar la certeza de esta opinin. (_Empieza iluminarse lentamente el teatro_). MARCELO.--En efecto, desapareci al cantar el gallo. Algunos dicen que cuando se acerca el tiempo en que se celebra el nacimiento de nuestro Redentor, este pjaro matutino canta toda la noche, y que entonces ningn espritu se atreve salir de su morada; las noches son saludables, ningn planeta influye siniestramente, ningn maleficio produce efecto, ni las hechiceras tienen poder para sus encantos: tan sagrados son y tan felices aquellos das! HORACIO.--Yo tambin lo tengo entendido as, y en parte lo creo. Pero ved cmo ya la maana, cubierta con la rosada tnica, viene pisando el roco de aquel alto monte oriental. Demos fin la guardia, y soy de opinin que digamos al joven Hamlet lo que hemos visto esta noche; porque yo os prometo que este espritu hablar con l, aunque ha sido para nosotros mudo. No os parece que le demos esta noticia, indispensable en nuestro celo y tan propia de nuestra obligacin? MARCELO.--S, s, hagmoslo. Yo s en dnde le hallaremos esta maana con ms seguridad. ESCENA III Saln de palacio CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO, LAERTES, VOLTIMAN, CORNELIO, caballeros, damas y acompaamiento. CLAUDIO.--Aunque la muerte de mi querido hermano Hamlet est todava tan reciente en nuestra memoria, que obliga mantener en tristeza los corazones, y que en todo el reino slo se observe la imagen del dolor, con todo eso, tanto ha combatido en m la razn la naturaleza, que he conservado un prudente sentimiento de su prdida, junto con la memoria de lo que nosotros nos debemos. A este fin he recibido por esposa la que un tiempo fu mi hermana y hoy reina conmigo, compaera en el trono de esta belicosa nacin; si bien estas alegras son imperfectas, pues en ellas se han unido la felicidad las lgrimas, las fiestas la pompa fnebre, los cnticos de muerte los epitalamios de himeneo, pesados en igual balanza el placer y la afliccin. Ni hemos dejado de seguir los dictmenes de vuestra prudencia, que en esta ocasin ha procedido con absoluta libertad, de lo cual os quedo muy agradecido. Ahora falta deciros que el joven Fortimbrs, estimndome en poco, presumiendo que la reciente muerte de mi querido hermano habr producido en el reino trastorno y desunin, fiado en esta soada superioridad, no ha cesado de importunarme con mensajes, pidindome le restituya aquellas tierras que perdi su padre, y adquiri mi valeroso hermano con todas las formalidades de la ley. Basta ya lo que de l he dicho. Por lo que m toca, y en cuanto al objeto que hoy nos reune, visle aqu: Escribo al rey de Noruega, to del joven Fortimbrs, que doliente y postrado en el lecho apenas tiene noticia de los proyectos de su sobrino, fin de que le impida llevarlos adelante; pues tengo ya exactos informes de la gente que levanta contra m, su calidad, su nmero y fuerzas. Prudente Cornelio, y t, Voltiman, vosotros saludaris en mi nombre al anciano rey; aunque no os doy facultad personal para celebrar con l tratado alguno que exceda los lmites expresados en estos artculos. (_Les da unas cartas_). Id con Dios, y espero que manifestaris en vuestra diligencia el celo de servirme. VOLTIMAN.--En sta y cualquiera otra comisin os daremos pruebas de nuestro respeto. CLAUDIO.--No lo dudar. El cielo os guarde. ESCENA IV CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO, LAERTES, damas, caballeros y acompaamiento CLAUDIO.--Y t, Laertes, qu solicitas? Me has hablado de una pretensin: no me dirs cul sea? En cualquiera cosa justa que pidas al rey de Dinamarca, no ser vano el ruego. Ni qu podrs pedirme, que no sea ms ofrecimiento mo que demanda tuya? No es ms adicto la cabeza el corazn, ni ms pronta la mano en servir la boca, que lo es el trono de Dinamarca para con tu padre. En fin, qu pretendes? LAERTES.--Respetable soberano, solicito la gracia de vuestro permiso para volver Francia. De all he venido voluntariamente Dinamarca manifestaros mi leal afecto, con motivo de vuestra coronacin; pero ya cumplida esta deuda, fuerza es confesaros que mis ideas y mi inclinacin me llaman de nuevo aquel pas, y espero de vuestra mucha bondad esta licencia. CLAUDIO.--Has obtenido ya la de tu padre? Qu dices, Polonio? POLONIO.--A fuerza de importunaciones ha logrado arrancar mi tardo consentimiento. Al verle tan inclinado, firm ltimamente la licencia de que se vaya, aunque pesar mo, y os ruego, seor, que se la concedis. CLAUDIO.--Elige el tiempo que te parezca ms oportuno para salir, y haz cuanto gustes y sea ms conducente tu felicidad. Y t, Hamlet, mi deudo, mi hijo! HAMLET.--Algo ms que deudo y menos que amigo. CLAUDIO.--Qu sombras de tristeza te cubren siempre? HAMLET.--Al contrario, seor: estoy demasiado la luz. GERTRUDIS.--Mi buen Hamlet, no as tu semblante manifieste afliccin; vase en l que eres amigo de Dinamarca: ni siempre con abatidos prpados busques entre el polvo tu generoso padre. T lo sabes, comn es todos; el que vive debe morir, pasando de la naturaleza la eternidad. HAMLET.--S, seora, todos es comn. GERTRUDIS.--Pues si lo es, por qu aparentas tan particular sentimiento? HAMLET.--Aparentar? No, seora, yo no s aparentar. Ni el color negro de este manto, ni el traje acostumbrado en solemnes lutos, ni los interrumpidos sollozos, ni en los ojos un abundante ro, ni la dolorida expresin del semblante, junto con las frmulas, los ademanes, las exterioridades de sentimiento, bastarn por s solos, mi querida madre, manifestar el verdadero afecto que me ocupa el nimo. Estos signos aparentan, es verdad, pero son acciones que un hombre puede fingir... Aqu (_tocndose el pecho_), aqu dentro tengo lo que es ms que apariencia: lo restante no es otra cosa que atavos y adornos del dolor. CLAUDIO.--Bueno y laudable es que tu corazn pague un padre esa lgubre deuda, Hamlet; pero no debes ignorarlo: tu padre perdi un padre tambin, y aqul perdi el suyo. El que sobrevive limita la filial obligacin de su obsequiosa tristeza un cierto trmino; pero continuar en interminable desconsuelo es una conducta de obstinacin impa. Ni es natural en el hombre tan permanente afecto, que anuncia una voluntad rebelde los decretos de la Providencia, un corazn dbil, un alma indcil, un talento limitado y falto de luces. Ser bien que el corazn padezca, queriendo neciamente resistir lo que es y debe ser inevitable? lo que es tan comn como cualquiera de las cosas que ms menudo hieren nuestros sentidos? Este es un delito contra el cielo, contra la muerte, contra la naturaleza misma; es hacer una injuria absurda la razn, que nos da en la muerte de nuestros padres la ms frecuente de sus lecciones, y que nos est diciendo desde el primero de los hombres hasta el ltimo que hoy espira: mortales, ved aqu vuestra irrevocable suerte. Modera, pues, yo te lo ruego, esa intil tristeza; considera que tienes un padre en m, puesto que debe ser notorio al mundo que t eres la persona ms inmediata mi trono, y que te amo con el afecto ms puro que puede tener su hijo un padre. Tu resolucin de volver los estudios de Witemberga es la ms opuesta nuestro deseo, y antes bien te pedimos que desistas de ella, permaneciendo aqu estimado y querido vista nuestra, como el primero de mis cortesanos, mi pariente y mi hijo. GERTRUDIS.--Yo te ruego, Hamlet, que no vayas Witemberga: qudate con nosotros. No sean vanas las splicas de tu madre. HAMLET.--Obedeceros en todo ser siempre mi primer conato. CLAUDIO.--Por esa afectuosa y plausible respuesta quiero que seas otro yo en el imperio dans. Venid, seora. La sincera y fiel condescendencia de Hamlet ha llenado de alegra mi corazn. En aplauso de este acontecimiento no celebrar hoy Dinamarca festivos brindis, sin que lo anuncie las nubes el can robusto, y el cielo retumbe muchas veces las aclamaciones del rey, repitiendo el trueno de la tierra. Venid. ESCENA V HAMLET Oh, si esta demasiado slida masa de carne pudiera ablandarse y liquidarse disuelta en lluvia de lgrimas, el Todopoderoso no asestara el can contra el homicida de s mismo! Oh Dios! oh Dios mo! Cun fatigado ya de todo, juzgo molestos, inspidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de l: es un campo inculto y rudo, que slo abunda en frutos groseros y amargos. Que esto haya llegado suceder los dos meses que l ha muerto!... No, ni tanto; aun no h dos meses. Aquel excelente rey que fu, comparado con ste, como con un stiro, Hiperin; tan amante de mi madre, que ni los aires celestes permita llegar atrevidos su rostro. Oh cielo y tierra!... para qu conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan amorosa como si en la posesin hubieran crecido sus deseos. Y no obstante, en un mes... ah! no quisiera pensar en esto. Fragilidad, t tienes nombre de mujer! En el corto espacio de un mes, y aun antes de romper los zapatos con que, semejante Niobe, baada en lgrimas, acompa el cuerpo de mi triste padre... s, ella, ella misma... Cielos! una fiera, incapaz de razn y discurso, hubiera mostrado afliccin ms durable. Se ha casado, en fin, con mi to, hermano de mi padre; pero no ms parecido l, que yo lo soy Hrcules. En un mes... enrojecidos an los ojos con el prfido llanto, se cas. Ah delincuente precipitacin, ir ocupar con tal diligencia un lecho incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero hazte pedazos, corazn mo, que mi lengua debe reprimirse. ESCENA VI HAMLET, HORACIO, BERNARDO, MARCELO HORACIO.--Buenos das, seor. HAMLET.--Me alegro de verte bueno... Es Horacio, me he olvidado de m propio? HORACIO.--El mismo soy, y siempre vuestro humilde criado. HAMLET.--Mi buen amigo, yo quiero trocar contigo ese ttulo que te das. A qu has venido de Witemberga?... Ah, Marcelo! MARCELO.--Seor. HAMLET.--Mucho me alegro de verte con salud tambin. Pero, la verdad, a qu has venido de Witemberga? HORACIO.--Seor... deseos de holgarme. HAMLET.--No quiera oir de boca de tu enemigo otro tanto; ni podrs forzar mis odos que admitan una disculpa que te ofende. Yo s que no eres desaplicado. Pero dime, qu asuntos tienes en Elsingor? Aqu te ensearemos ser gran bebedor antes que te vuelvas. HORACIO.--He venido ver los funerales de vuestro padre. HAMLET.--No se burle de m, por Dios, seor condiscpulo. Yo creo que habrs venido las bodas de mi madre. HORACIO.--Es verdad: como se han celebrado inmediatamente! HAMLET.--Economa, Horacio, economa. Aun no se haban enfriado los manjares cocidos para el convite del duelo, cuando se sirvieron en las mesas de la boda... Oh! yo quisiera haberme hallado en el cielo con mi mayor enemigo, antes que haber visto aquel da. Mi padre!... me parece que veo mi padre. HORACIO.--En dnde, seor? HAMLET.--Con los ojos del alma, Horacio. HORACIO.--Alguna vez le v. Era un buen rey. HAMLET.--Era un hombre tan cabal en todo, que no espero hallar otro semejante. HORACIO.--Seor, yo creo que le v anoche. HAMLET.--Le viste? A quin? HORACIO.--Al rey vuestro padre. HAMLET.--Al rey mi padre? HORACIO.--Prestadme odo atento, suspendiendo un rato vuestra admiracin, mientras os refiero este caso maravilloso, apoyado con el testimonio de estos caballeros. HAMLET.--S, por Dios, dmelo. HORACIO.--Estos dos seores, Marcelo y Bernardo, le haban visto dos veces hallndose de guardia, como la mitad de la profunda noche. Una figura semejante vuestro padre, armado segn l sola de pis a cabeza, se les puso delante, caminando grave, tardo y majestuoso por donde ellos estaban. Tres veces pas de esta manera ante sus ojos, que oprima el pavor, acercndose hasta donde ellos podan alcanzar con sus lanzas; pero dbiles y casi helados con el miedo, permanecieron mudos sin osar hablarle. Dironme parte de este secreto horrible; voime a la guardia con ellos la tercera noche, y all encontr ser cierto cuanto me haban dicho, as en la hora como en la forma y circunstancias de aquella aparicin. La sombra volvi en efecto. Yo conoc vuestro padre, y es tan parecido l, como lo son entre s estas dos manos mas. HAMLET.--Y en dnde fu eso? MARCELO.--En la muralla de palacio, donde estbamos de centinela. HAMLET.--Y no le hablasteis? HORACIO.--S, seor, yo le habl; pero no me di respuesta alguna. No obstante, una vez me parece que alz la cabeza haciendo con ella un movimiento, como si fuese a hablarme; pero al mismo tiempo se oy la aguda voz del gallo matutino, y al sonido huy con presta fuga desapareciendo de nuestra vista. HAMLET.--Es cosa bien admirable! HORACIO.--Y tan cierta como mi existencia. Nosotros hemos credo que era obligacin nuestra avisaros de ello, mi venerable prncipe. HAMLET.--S, amigos, s... pero esto no me llena de turbacin. Estis de centinela esta noche? TODOS.--S, seor. HAMLET.--Decs que iba armado? TODOS.--S, seor, armado. HAMLET.--De la frente al pie? TODOS.--S, seor, de pies cabeza. HAMLET.--Luego no le visteis el rostro. HORACIO.--Le vimos, porque traa la visera alzada. HAMLET.--Y qu, pareca que estaba irritado? HORACIO.--Ms anunciaba su semblante el dolor, que la ira. HAMLET.--Plido, encendido? HORACIO.--No, muy plido. HAMLET.--Y fijaba la vista en vosotros? HORACIO.--Constantemente. HAMLET.--Yo hubiera querido hallarme all. HORACIO.--Mucho pavor os hubiera causado. HAMLET.--S, es verdad, s... Y permaneci mucho tiempo? HORACIO.--El que puede emplearse en contar desde uno hasta ciento con moderada diligencia. MARCELO.--Ms, ms estuvo. HORACIO.--Cuando yo le v, no. HAMLET.--La barba blanca, eh? HORACIO.--S, seor, como yo se la haba visto, cuando viva, de un color ceniciento. HAMLET.--Quiero ir esta noche con vosotros al puesto, por si acaso vuelve. HORACIO.--Oh! s volver, yo os lo aseguro. HAMLET.--Si l se me presenta en la figura de mi noble padre, yo le hablar, aunque el infierno mismo abriendo sus entraas, me impusiera silencio. Yo os pido todos, que as como hasta ahora habis callado a los dems lo que visteis, de hoy en adelante lo ocultis con el mayor sigilo; y sea cual fuere el suceso de esta noche, fiadlo al pensamiento, pero no a la lengua; yo sabr remunerar vuestro celo. Dios os guarde, amigos. Entre once y doce ir buscaros la muralla. TODOS.--Nuestra obligacin es serviros. HAMLET.--S, conservadme vuestro amor, y estad seguros del mo. Adis. (_Vanse los tres._) El espritu de mi padre... con armas... no es esto bueno. Recelo alguna maldad. Oh, si la noche hubiese ya llegado! Espermosla tranquilamente, alma ma. Las malas acciones, aunque toda la tierra las oculte, se descubren al fin la vista humana. ESCENA VII Sala de casa de Polonio LAERTES, OFELIA LAERTES.--Ya tengo todo mi equipaje bordo. Adis, hermana, y cuando los vientos sean favorables y seguro el paso del mar, no te descuides en darme nuevas de ti. OFELIA.--Puedes dudarlo? LAERTES.--Por lo que hace al frvolo obsequio de Hamlet, debes considerarle como una mera cortesana, un hervor de la sangre, una violeta que en la primavera juvenil de la naturaleza se adelanta vivir, y no permanece; hermosa, no durable; perfume de un momento, y nada ms. OFELIA.--Nada ms? LAERTES.--Pienso que no; porque no slo en nuestra juventud se aumentan las fuerzas y tamao del cuerpo, sino que las facultades interiores del talento y del alma crecen tambin con el templo en que ella reside. Puede ser que l te ame ahora con sinceridad, sin que manche borrn alguno la pureza de su intencin; pero debes temer al considerar su grandeza, que no tiene voluntad propia, y que vive sujeto obrar segn su nacimiento corresponde. El no puede, como una persona vulgar, elegir por s mismo, puesto que de su eleccin depende la salud y la prosperidad de todo un reino; y ve aqu por qu esta eleccin debe arreglarse a la condescendencia unnime de aquel cuerpo de quien es cabeza. As pues, cuando l diga que te ama, ser prudencia en ti no darle crdito, reflexionando que en el alto lugar que ocupa, nada puede cumplir de lo que promete, sino aquello que obtenga el consentimiento de la parte ms principal de Dinamarca. Considera cul prdida padecera tu honor, si con demasiada credulidad dieras odos su voz lisonjera, perdiendo la libertad del corazn, facilitando sus instancias impetuosas el tesoro de tu honestidad. Teme, Ofelia; teme, querida hermana; no sigas inconsiderada tu inclinacin; huye el peligro, colocndote fuera de tiro de los amorosos deseos. La doncella ms honesta es libre en exceso, si descubre su belleza al rayo de la luna. La virtud misma no puede librarse de los golpes de la calumnia. Muchas veces el insecto roe las flores hijas del verano, aun antes que su botn se rompa; y al tiempo que la aurora matutina de la juventud esparce su blando roco, los vientos mortferos son ms frecuentes. Conviene pues no omitir precaucin alguna, pues la mayor seguridad estriba en el temor prudente. La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en s misma su propio enemigo. OFELIA.--Yo conservar para defensa de mi corazn tus saludables mximas. Pero, mi buen hermano, mira no hagas t lo que algunos rgidos pastores hacen, mostrando spero y espinoso el camino del cielo, mientras como impos y abandonados disolutos pisan ellos la senda florida de los placeres, sin cuidarse de practicar su propia doctrina. LAERTES.--Oh! no lo receles. Yo me detengo demasiado; pero all viene mi padre: pues la ocasin es favorable, me despedir de l otra vez. Su bendicin repetida ser un nuevo consuelo para m. ESCENA VIII POLONIO, LAERTES, OFELIA POLONIO.--An ests aqu? Qu mala vergenza! A bordo, bordo; el viento impele ya por la popa tus velas, y ti solo aguardan. Recibe mi bendicin, y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: No publiques con facilidad lo que pienses, ni ejecutes cosa no bien premeditada primero. Debes ser afable, pero no vulgar en el trato. Une tu alma con vnculos de acero aquellos amigos que adoptaste despus de examinada su conducta; pero no acaricies con mano prdiga los que acaban de salir del cascarn y an estn sin plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas, obra de manera que tu contrario huya de ti. Presta el odo todos, y pocos la voz. Oye las censuras de los dems; pero reserva tu propia opinin. Sea tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan, pero no afectado en su hechura; rico, no extravagante; porque el traje dice por lo comn quin es el sujeto, y los caballeros y principales seores franceses tienen el gusto muy delicado en esta materia. Procura no dar ni pedir prestado nadie; porque el que presta suele perder un tiempo el dinero y el amigo, y el que se acostumbra pedir prestado falta al espritu de economa y buen orden que nos es tan til. Pero sobre todo, usa de ingenuidad contigo mismo, y no podrs ser falso con los dems: consecuencia tan necesaria como que la noche suceda al da. Adis, y l permita que mi bendicin haga fructificar en ti esos consejos. LAERTES.--Humildemente os pido vuestra licencia. (_Se arrodilla y besa la mano Polonio._) POLONIO.--S, el tiempo te est convidando, y tus criados esperan; vte. LAERTES.--Adis, Ofelia (_abrazndose Ofelia y Laertes_) y acurdate bien de lo que te he dicho. OFELIA.--En mi memoria queda guardado, y t mismo tendrs la llave. LAERTES.--Adis. ESCENA IX POLONIO, OFELIA POLONIO.--Y qu es lo que te ha dicho, Ofelia? OFELIA.--Si gustis de saberlo, cosas relativas al prncipe Hamlet. POLONIO.--Bien pensado, en verdad. Me han dicho que de poco tiempo esta parte te ha visitado varias veces privadamente, y que t le has admitido con mucha complacencia y libertad. Si esto es as (como me lo han asegurado, fin de que prevenga el riesgo), debo advertirte que no te has portado con aquella delicadeza que corresponde una hija ma y tu propio honor. Qu es lo que ha pasado entre los dos? Dime la verdad. OFELIA.--Ultimamente me ha declarado con mucha ternura su amor. POLONIO.--Amor! ah! T hablas como una muchacha loquilla y sin experiencia en circunstancias tan peligrosas. Ternura la llamas! Y t das crdito esa ternura? OFELIA.--Yo, seor, ignoro lo que debo creer. POLONIO.--En efecto es as, y yo quiero ensertelo. Piensa bien, que eres una nia, que has recibido por verdadera paga esas ternuras que no son moneda corriente. Estmate en ms ti propia; pues si te aprecias en menos de lo que vales (por seguir la comenzada alusin), hars que pierda el entendimiento. OFELIA.--El me ha requerido de amores, es verdad; pero siempre con una apariencia honesta, que... POLONIO.--S, por cierto; apariencia puedes llamarla. Y bien? Prosigue. OFELIA.--Y autoriz cuanto me deca con los ms sagrados juramentos. POLONIO.--S, sas son redes para coger codornices. Yo s muy bien, cuando la sangre hierve, con cunta prodigalidad presta el alma juramentos la lengua; pero son relmpagos, hija ma, que dan ms luz que calor: stos y aqullos se apagan pronto, y no debes tomarlos por fuego verdadero, ni aun en el instante mismo en que parece que sus promesas van efectuarse. De hoy en adelante cuida de ser ms avara de tu presencia virginal; pon tu conversacin precio ms alto, y no la primera insinuacin admitas coloquios. Por lo que toca al prncipe, debes creer de l solamente que es un joven, y que si una vez afloja las riendas, pasar ms all de lo que t le puedes permitir. En suma, Ofelia, no creas sus palabras, que son fementidas, ni es verdadero el color que aparenta; son intercesoras de profanos deseos; y si parecen sagrados y piadosos votos, es slo para engaar mejor. Por ltimo, te digo claramente, que de hoy ms no quiero que pierdas los momentos ociosos en hablar ni mantener conversacin con el prncipe. Cuidado con hacerlo as; yo te lo mando. Vete tu aposento. OFELIA.--As lo har, seor. ESCENA X Explanada delante del palacio. Noche obscura HAMLET, HORACIO, MARCELO HAMLET.--El aire es fro y sutil en demasa. HORACIO.--En efecto, es agudo y penetrante. HAMLET.--Qu hora es ya? HORACIO.--Me parece que aun no son las doce. MARCELO.--No, ya han dado. HORACIO.--No las he odo. Pues en tal caso ya est cerca el tiempo en que el muerto suele pasearse. Pero qu significa este ruido, seor? (_Suena lo lejos msica de clarines y timbales._) HAMLET.--Esta noche se huelga el rey, pasndola desvelado en un banquete con gran vocera y traspis de embriaguez; y a cada copa del Rhin que bebe, los timbales y trompetas anuncian con estrpito sus victoriosos brindis. HORACIO.--Se acostumbra eso aqu? HAMLET.--S se acostumbra; pero aunque he nacido en este pas y estoy hecho sus estilos, me parece que sera ms decoroso quebrantar esta costumbre que seguirla. Un exceso tal, que embrutece el entendimiento, nos infama los ojos de las otras naciones desde oriente occidente. Nos llaman ebrios; manchan nuestro nombre con este dictado afrentoso, y en verdad que l solo, por ms que poseamos en alto grado otras buenas cualidades, basta empaar el lustre de nuestra reputacin. As acontece frecuentemente a los hombres. Cualquier defecto natural en ellos, sea de nacimiento, del cual no son culpables (puesto que nadie puede escoger su origen), sea cualquier desorden ocurrido en su temperamento, que muchas veces rompe los lmites y reparos de la razn, sea cualquier hbito que se aparta demasiado de las costumbres recibidas, llevando estos hombres consigo el signo de un solo defecto que imprimi en ellos la naturaleza el acaso, aunque sus virtudes fuesen tantas cuantas es concedido un mortal, y tan puras como la bondad celeste, sern, no obstante, amancilladas en el concepto pblico por aquel nico vicio que las acompaa; un solo adarme de mezcla quita el valor al ms precioso metal, y le envilece. HORACIO.--Veis, seor? ya viene. (_Aparcese la sombra del rey Hamlet hacia el fondo del teatro. Hamlet al verla se retira lleno de horror, y despus se encamina hacia ella._) HAMLET.--Angeles, y ministros de piedad, defendednos! Ya seas alma dichosa condenada visin, traigas contigo aura celestial ardores del infierno, sea malvada benfica intencin la tuya, en tal forma te me presentas, que es necesario que yo te hable. S, te he de hablar... Hamlet, mi rey, mi padre, soberano de Dinamarca... Oh! respndeme, no me atormentes con la duda. Dime, por qu tus venerables huesos, ya sepultados, han roto su vestidura fnebre? Por qu el sepulcro, donde te dimos urna pacfica te ha echado de s, abriendo sus senos que cerraban pesados mrmoles? Cul puede ser la causa de que tu difunto cuerpo, del todo armado, vuelva otra vez ver los rayos plidos de la luna, aadiendo la noche horror? y que nosotros, ignorantes y dbiles por naturaleza, padezcamos agitacin espantosa con ideas que exceden los alcances de nuestra razn? D, por qu es esto? por qu? qu debemos hacer nosotros? HORACIO.--Os hace seas de que le sigis, como si deseara comunicaros algo solas. MARCELO.--Ved con qu expresivo ademn os indica que le acompais lugar ms remoto; pero no hay que ir con l. HORACIO.--No, por ningn motivo. HAMLET.--Si no quiere hablar, habr de seguirle. HORACIO.--No hagis tal, seor. HAMLET.--Y por qu no? Qu temores debo tener? Yo no estimo la vida en nada, y mi alma qu puede l hacerle, siendo como l mismo cosa inmortal?... Otra vez me llama... Voile a seguir. HORACIO.--Pero, seor, si os arrebata al mar o la espantosa cima de ese monte, levantado sobre los peascos que baten las ondas, y all tomase alguna otra forma horrible, capaz de impediros el uso de razn, y enajenarla con frenes... Ay! ved lo que hacis. El lugar solo inspira ideas melanclicas cualquiera que mire la enorme distancia desde aquella cumbre al mar, y sienta en la profundidad su bramido ronco. HAMLET.--Todava me llama... Camina. Ya te sigo. (_La sombra har los movimientos que indica el dilogo. Horacio y Marcelo quieren detener Hamlet, y l los aparta con violencia, y la sigue._) MARCELO.--No, seor, no iris. HAMLET.--Dejadme. HORACIO.--Creedme, no le sigis. HAMLET.--Mis hados me conducen y prestan la menor fibra de mi cuerpo la nerviosa robustez del len de Nemea. Aun me llama... Seores, apartad esas manos... por Dios... quedar muerto las mas el que me detenga... Otra vez te digo que andes, que voy seguirte. ESCENA XI HORACIO, MARCELO HORACIO.--Su exaltada imaginacin le arrebata. MARCELO.--Sigmosle, que en esto no debemos obedecerle. HORACIO.--S, vamos detrs de l... Cul ser el fin de este suceso? MARCELO.--Algn grave mal se oculta en Dinamarca. HORACIO.--Los cielos dirigirn el xito. MARCELO.--Vamos, sigmosle. ESCENA XII Parte remota cercana al mar vista lo lejos del palacio de Elsingor HAMLET, la sombra del rey HAMLET HAMLET.--A dnde me quieres llevar? Habla, yo no paso de aqu. LA SOMBRA.--Mrame. HAMLET.--Ya te miro. LA SOMBRA.--Cuasi es ya llegada la hora en que debo restituirme las sulfreas y atormentadoras llamas. HAMLET.--Oh, alma infeliz! LA SOMBRA.--No me compadezcas: presta slo atentos odos lo que voy revelarte. HAMLET.--Habla, yo te prometo atencin. LA SOMBRA.--Luego que me oigas, prometers venganza. HAMLET.--Por qu? LA SOMBRA.--Yo soy el alma de tu padre, destinada por cierto tiempo vagar de noche, y aprisionada en fuego durante el da, hasta que sus llamas purifiquen las culpas que comet en el mundo. Oh! si no me fuera vedado manifestar los secretos de la prisin que habito, pudiera decirte cosas que la menor de ellas bastara despedazar tu corazn; helar tu sangre joven; tus ojos, inflamados como estrellas, saltar de sus rbitas; tus anudados cabellos separarse, erizndose como las pas del colrico espn. Pero estos eternos misterios no son para los odos humanos. Atiende, ay! atiende. Si tuviste amor tu tierno padre... HAMLET.--Oh Dios! LA SOMBRA.--Venga su muerte; venga un homicidio cruel y atroz. HAMLET.--Homicidio? LA SOMBRA.--S, homicidio cruel, como todos lo son; pero el ms cruel y el ms injusto y el ms aleve. HAMLET.--Refiremelo presto, para que con alas veloces como la fantasa, o con la prontitud de los pensamientos amorosos, me precipite la venganza. LA SOMBRA.--Ya veo cun dispuesto te hallas, y aunque tan insensible fueras como las malezas que se pudren incultas en las orillas del Leteo, no dejara de conmoverte lo que voy decir. Escchame ahora, Hamlet. Esparcise la voz de que estando en mi jardn dormido me mordi una serpiente. Todos los odos de Dinamarca fueron groseramente engaados con esta fabulosa invencin; pero t debes saber, mancebo generoso, que la serpiente que mordi tu padre hoy cie su corona. HAMLET.--Oh! Prsago me lo deca el corazn. Mi to!... LA SOMBRA.--S, aquel incestuoso, aquel monstruo adltero, valindose de su talento diablico, valindose de traidores ddivas... (Oh, talento y ddivas malditas, que tal poder tenis para seducir!) supo inclinar su deshonesto apetito la voluntad de la reina mi esposa, que yo crea tan llena de virtud. Oh, Hamlet, cuan grande fu su cada! Yo, cuyo amor para con ella fu tan puro... yo, siempre tan fiel los solemnes juramentos que en nuestro desposorio le hice, yo fu aborrecido, y se rindi a aquel miserable, cuyas prendas eran en verdad harto inferiores las mas. Pero as como la virtud ser incorruptible aunque la disolucin procure excitarla bajo divina forma, as la incontinencia, aunque viviese unida un ngel radiante, profanar con oprobio su tlamo celeste... Pero ya me parece que percibo el ambiente de la maana. Debo ser breve. Dorma yo una tarde en mi jardn, segn lo acostumbraba siempre. Tu to me sorprende en aquella hora de quietud, y trayendo consigo una ampolla de licor venenoso, derrama en mi odo su ponzoosa destilacin, la cual de tal manera es contraria la sangre del hombre, que semejante en la sutileza al mercurio, se dilata por todas las entradas y conductos del cuerpo, y con sbita fuerza le ocupa, cuajando la ms pura y robusta sangre como la leche con las gotas cidas. Este efecto produjo inmediatamente en m, y el cutis hinchado, comenz despegarse trechos con una especie de lepra en speras y asquerosas costras. As fu, que estando durmiendo perd manos de mi hermano mismo mi corona, mi esposa y mi vida un tiempo. Perd la vida cuando mi pecado estaba en todo su vigor, sin hallarme dispuesto para aquel trance, sin haber recibido el pan eucarstico, sin haber sonado el clamor de la agona, sin lugar al reconocimiento de tanta culpa, presentado al tribunal eterno con todas mis imperfecciones sobre mi cabeza. Oh, maldad horrible, horrible!... Si oyes la voz de la naturaleza, no sufras, no, que el tlamo real de Dinamarca sea el lecho de la lujuria y abominable incesto. Pero de cualquier modo que dirijas la accin, no manches con delito el alma, previniendo ofensas tu madre. Abandona este cuidado al cielo; deja que aquellas agudas puntas, que tiene fijas en su pecho, la hieran y atormenten. Adis. Ya la lucirnaga, amortiguando su aparente fuego, nos anuncia la proximidad del da. Adis, adis. Acurdate de m. ESCENA XIII HAMLET, y despus HORACIO y MARCELO HAMLET.--Oh vosotros, ejrcitos celestiales! oh tierra!... y quin ms? invocar al infierno tambin?... Eh! no... Detnte, corazn mo, detnte; y vos, mis nervios, no as os debilitis en un momento, sostenedme robustos... Acordarme de ti! S, alma infeliz, mientras haya memoria en este agitado mundo. Acordarme de ti! S, yo me acordar y yo borrar de mi fantasa todos los recuerdos frvolos, las sentencias de los libros, las ideas impresiones de lo pasado que la juventud y la observacin estamparon en ella. Tu precepto solo, sin mezcla de otra cosa menos digna, vivir escrito en el volumen de mi entendimiento. S, por los cielos te lo juro... Oh, mujer la ms delincuente! Oh, malvado, malvado! halageo y execrable malvado! Conviene que yo apunte en este libro... (_Saca un libro de memorias y escribe en l._) S... que un hombre puede halagar y sonreirse, y ser un malvado: lo menos estoy seguro de que en Dinamarca hay un hombre as, y ste es mi to... S, t eres... Ah! pero la expresin que debo conservar es sta: Adis, adis, acurdate de m. Yo he jurado acordarme. HORACIO (_gritando desde adentro_).--Seor! seor! MARCELO (_gritando desde adentro_).--Hamlet! HORACIO.--Los cielos le asistan. HAMLET.--Oh! hganlo as. MARCELO.--Hola! eh! seor. HAMLET.--Hola amigos, eh! venid, venid ac (_Salen Horacio y Marcelo._) MARCELO.--Qu ha sucedido? HORACIO.--Qu noticias nos dais? HAMLET.--Oh! maravillosas. HORACIO.--Mi amado seor, decidlas. HAMLET.--No, que lo revelaris. HORACIO.--No, yo os prometo que no har tal. MARCELO.--Ni yo tampoco. HAMLET.--Creis vosotros que pudiese haber cabido en el corazn humano...? Pero guardaris secreto? LOS DOS.--S, seor, yo os lo juro. HAMLET.--No existe en toda Dinamarca un infame... que no sea un gran malvado. HORACIO.--Pero no era necesario, seor, que un muerto saliera del sepulcro persuadirnos esa verdad. HAMLET.--S, cierto, tenis razn; y por eso mismo, sin tratar ms del asunto, ser bien despedirnos y separarnos; vosotros adonde vuestros negocios vuestra inclinacin os lleven... que todos tienen sus inclinaciones y negocios, sean los que sean; y yo, ya lo sabis, mi triste ejercicio, rezar. HORACIO.--Todas esas palabras, seor, carecen de sentido y orden. HAMLET.--Mucho me pesa de haberos ofendido con ellas; s, por cierto, me pesa en el alma. HORACIO.--Oh! seor, no hay ofensa ninguna. HAMLET.--S, por san Patricio que s la hay, y muy grande, Horacio... En cuanto la aparicin... es un difunto venerable... s, yo os lo aseguro... Pero reprimid cuanto os fuese posible el deseo de saber lo que ha pasado entre l y yo. Ah, mis buenos amigos! yo os pido, pues sois mis amigos y mis compaeros en el estudio y en las armas, que me concedis una corta merced. HORACIO.--Con mucho gusto, seor; decid cul sea. HAMLET.--Que nunca revelaris nadie lo que habis visto esta noche. LOS DOS.--A nadie lo diremos. HAMLET.--Pero es menester que lo juris. HORACIO.--Os doy mi palabra de no decirlo. MARCELO.--Yo os prometo lo mismo. HAMLET.--Sobre mi espada. MARCELO.--Ved que ya lo hemos prometido. HAMLET.--S, s, sobre mi espada. LA SOMBRA.--Juradlo. (_Se oir la voz de la sombra, que suena varias distancias debajo de tierra. Hamlet y los dems, horrorizados, mudan de situacin, segn lo indica el dilogo._) HAMLET.--Ah! eso dices?... Ests ah, hombre de bien?... Vamos, ya le os hablar en lo profundo. Queris jurar? HORACIO.--Proponed la frmula. HAMLET.--Que nunca diris lo que habis visto. Juradlo por mi espada. LA SOMBRA.--Juradlo. HAMLET.--_Hic et ubique?_ Mudaremos de lugar. Seores, acercaos aqu; poned otra vez las manos en mi espada, y jurad por ella que nunca diris nada de esto que habis odo y visto. LA SOMBRA.--Juradlo por su espada. HAMLET.--Bien has dicho, topo viejo, bien has dicho... Pero cmo puedes taladrar con tal prontitud los senos de la tierra, diestro minador? Mudemos otra vez de puesto, amigos. HORACIO.--Oh! Dios de la luz y de las tinieblas, qu extrao prodigio es este! HAMLET.--Por eso como un extrao debis hospedarle y tenerle oculto. Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay ms de lo que puede soar tu filosofa. Pero venid ac, y, como antes dije, prometedme (as el cielo os haga felices) que por ms singular y extraordinaria que sea de hoy ms mi conducta (puesto que acaso juzgar propsito afectar un proceder del todo extravagante), nunca vosotros al verme as daris nada entender, cruzando los brazos de esta manera, haciendo con la cabeza este movimiento, con frases equvocas como: s, s, nosotros sabemos; nosotros pudiramos si quisiramos... si gustramos de hablar; hay tanto que decir en eso; pudiera ser que... en fin, cualquiera otra expresin ambigua, semejante estas, por donde se infiera que vosotros sabis algo de m. Juradlo: as en vuestras necesidades os asista el favor de Dios. Juradlo. LA SOMBRA.--Jurad. HAMLET.--Descansa, descansa, agitado espritu. Seores, yo me recomiendo a vosotros con la mayor instancia, y creed que por ms infeliz que Hamlet se halle, Dios querr que no le falten medios para manifestaros la estimacin y amistad que os profesa. Vmonos. Poned el dedo en la boca, yo os lo ruego... La naturaleza est en desorden... Iniquidad execrable! Oh! nunca yo hubiera nacido para castigarla! Venid, vmonos juntos. ACTO II ESCENA PRIMERA Sala en casa de Polonio POLONIO, REINALDO POLONIO.--Reinaldo, entrgale este dinero y estas cartas. (_Le da un bolsillo y unas cartas._) REINALDO.--As lo har, seor. POLONIO.--Sera un admirable golpe de prudencia, que antes de verle te informaras de su conducta. REINALDO.--En eso mismo estaba yo. POLONIO.--S, es muy buena idea, muy buena. Mira, lo primero has de averiguar qu dinamarqueses hay en Pars, y cmo, en qu trminos, con quin y dnde estn, quin tratan, qu gastos tienen; y sabiendo por estos rodeos y preguntas indirectas que conocen mi hijo, entonces ve en derechura tu objeto, encaminando l en particular tus indagaciones. Haz como si le conocieras de lejos, diciendo: s, conozco su padre, y algunos amigos suyos, y aun l un poco... Lo has entendido? REINALDO.--S, seor, muy bien. POLONIO.--S, le conozco un poco; pero... (has de aadir entonces) pero no le he tratado. Si es el que yo creo, fe que es bien calavera; inclinado tal tal vicio... y luego dirs de l cuanto quieras fingir; digo, pero que no sean cosas tan fuertes que puedan deshonrarle. Cuidado con eso. Habla slo de aquellas travesuras, aquellas locuras y extravos comunes todos que ya se reconocen por compaeros inseparables de la juventud y la libertad. REINALDO.--Como el jugar, eh? POLONIO.--S, el jugar, beber, esgrimir, jurar, disputar, putear... Hasta esto bien puedes alargarte. REINALDO.--Y aun con eso hay harto para quitarle el honor. POLONIO.--No por cierto; adems, que todo depende del modo que le acuses. No debes achacarle delitos escandalosos, ni pintarle como un joven abandonado enteramente a la disolucin; no, no es sa mi idea. Has de insinuar sus defectos con tal arte, que parezcan nulidades producidas de falta de sujecin, y no otra cosa, extravos de una imaginacin ardiente, mpetus nacidos de la efervescencia general de la sangre. REINALDO.--Pero, seor... POLONIO.--Ah! t querrs saber con qu fin debes hacer esto, eh? REINALDO.--Gustara de saberlo. POLONIO.--Pues, seor, mi fin es ste, y creo que es proceder con mucha cordura. Cargando estas pequeas faltas sobre mi hijo (como ligeras manchas de una obra preciosa), ganars por medio de la conversacin la confianza de aqul a quien pretendas examinar. Si l est persuadido de que el muchacho tiene los mencionados vicios que t le imputas, no dudes que l convenga con tu opinin, diciendo: seor mo, amigo, caballero, en fin, segn el ttulo dictado de la persona del pas... REINALDO.--S, ya estoy. POLONIO.--Pues entonces l dice... dice... Qu iba yo a decir ahora...? Algo iba yo a decir. En qu estbamos? REINALDO.--En que l concluir diciendo al amigo al caballero... POLONIO.--S, concluir diciendo... es verdad... as te dir precisamente: Es verdad, yo conozco ese mozo, ayer le v, cualquier otro da, en tal y tal ocasin, con ste con aquel sujeto; y all, como habis dicho, le v que jugaba, all le encontr en una comilona, acull en una quimera sobre el juego de pelota, y... (puede ser que aada) le he visto entrar en una casa pblica, _videlicet_, en un burdel, cosa tal. Lo entiendes ahora? Con el anzuelo de la mentira pescars la verdad, que as es como nosotros los que tenemos talento y prudencia solemos conseguir por indirectas el fin directo, usando de artificios y disimulacin. As lo hars con mi hijo, segn la instruccin y advertencias que acabo de darte. Me has entendido? REINALDO.--S, seor, quedo enterado. POLONIO.--Pues adis, buen viaje. REINALDO.--Seor... POLONIO.--Examina por ti mismo sus inclinaciones. REINALDO.--As lo har. POLONIO.--Dejndole que obre libremente. REINALDO.--Est bien, seor. POLONIO.--Adis. ESCENA II POLONIO, OFELIA POLONIO.--Y bien, Ofelia, qu hay de nuevo? OFELIA.--Ay, seor, que he tenido un susto muy grande! POLONIO.--Con qu motivo? Por Dios que me lo digas. OFELIA.--Yo estaba haciendo labor en mi cuarto, cuando el prncipe Hamlet, la ropa desceida, sin sombrero en la cabeza, sucias las medias, sin atar, cadas hasta los pies, plido como su camisa, las piernas trmulas, el semblante triste como si hubiera salido del infierno para anunciar horror... se presenta delante de m. POLONIO.--Loco, sin duda por tus amores, eh? OFELIA.--Yo, seor, no lo s; pero en verdad lo temo. POLONIO.--Y qu te dijo? OFELIA.--Me asi una mano y me la apret fuertemente. Apartse despus la distancia de su brazo, y poniendo as la otra mano sobre su frente, fij la vista en mi rostro recorrindole con atencin, como si hubiera de retratarle. De este modo permaneci largo rato, hasta que por ltimo sacudindome ligeramente el brazo, y moviendo tres veces la cabeza abajo y arriba, exhal un suspiro tan profundo y triste, que pareci deshacrsele en pedazos el cuerpo y dar fin su vida. Hecho esto, me dej, y levantada la cabeza comenz andar, sin valerse de los ojos para hallar el camino; sali de la puerta sin verla, y al pasar por ella fij la vista en m. POLONIO.--Ven, conmigo; quiero ver al rey. Ese es un verdadero xtasis de amor, que siempre fatal s mismo en un exceso violento, inclina la voluntad empresas temerarias, ms que ninguna otra pasin de cuantas debajo del cielo combaten nuestra naturaleza. Mucho siento este accidente. Pero dime, le has tratado con dureza en estos ltimos das? OFELIA.--No, seor: slo en cumplimiento de lo que mandasteis, le he devuelto sus cartas, y me he negado sus visitas. POLONIO.--Y eso basta para haberle trastornado as. Me pesa no haber juzgado con ms acierto de su pasin. Yo tem que era slo un artificio suyo para perderte... Sospecha indigna! Eh! Tan propio parece de la edad anciana pasar ms all de lo justo en sus conjeturas, como lo es en la juventud la falta de previsin. Vamos ver al rey. Conviene que lo sepa. Si le callo este amor, sera ms grande el sentimiento que pudiera causarte tenindole oculto, que el disgusto que recibir al saberlo. Vamos. ESCENA III Saln de palacio CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO, acompaamiento CLAUDIO.--Bien venido, Guillermo; y t tambin, querido Ricardo. Adems de lo mucho que se me dilata el veros, la necesidad que tengo de vosotros me ha determinado solicitar vuestra venida. Algo habis odo ya de la transformacin de Hamlet. As puedo llamarla, puesto que ni en lo interior ni en lo exterior se parece nada al que antes era; ni llego imaginar qu otra causa haya podido privarle as de la razn, si ya no es la muerte de su padre. Yo os ruego entrambos, pues desde la primera infancia os habis criado con l, y existe entre vosotros aquella intimidad nacida de la igualdad en los aos y el genio, que tengis bien deteneros en mi corte algunos das. Acaso el trato vuestro restablecer su alegra; y aprovechando las ocasiones que se presenten, ved cul sea la ignorada afliccin que as le consume, para que descubrindola procuremos su alivio. GERTRUDIS.--El ha hablado mucho de vosotros, mis buenos seores, y estoy segura de que no se hallarn otros dos sujetos quienes l profese mayor cario. Si tanta fuese vuestra bondad, que gustis de pasar con nosotros algn tiempo para contribuir al logro de mi esperanza, vuestra asistencia ser remunerada como corresponde al agradecimiento de un rey. RICARDO.--VV. MM. tienen soberana autoridad en nosotros, y en vez de rogar deben mandarnos. GUILLERMO.--Uno y otro obedeceremos, y postramos vuestros pies, con el ms puro afecto, el celo de serviros que nos anima. CLAUDIO.--Muchas gracias, corts Guillermo. Gracias, Ricardo. GERTRUDIS.--Os quedo muy agradecida, seores, y os pido que veis cuanto antes mi doliente hijo. (_A los criados._) Conduzca alguno de vosotros estos caballeros adonde Hamlet se halle. GUILLERMO.--Haga el cielo que nuestra compaa y nuestros conatos puedan serle agradables y tiles. GERTRUDIS.--S. Amn. ESCENA IV CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, acompaamiento POLONIO.--Seor: los embajadores enviados a Noruega han vuelto ya en extremo contentos. CLAUDIO.--Siempre has sido t padre de buenas nuevas. POLONIO.--Oh! s, no es verdad? Y os puedo asegurar, venerado seor, que mis acciones y mi corazn no tienen otro objeto que el servicio de Dios y el de mi rey; y si ese talento mo no ha perdido enteramente aquel seguro olfato con que supo siempre rastrear asuntos polticos, pienso haber descubierto ya la verdadera causa de la locura del prncipe. CLAUDIO.--Pues dnosla, que estoy impaciente de saberla. POLONIO.--Ser bien que deis primero audiencia los embajadores: mi informe servir de postres a este gran festn. CLAUDIO.--T mismo puedes ir cumplimentarlos introducirlos. (_Vase Polonio._) Dice que ha descubierto, amada Gertrudis, la causa verdadera de la indisposicin de tu hijo. GERTRUDIS.--Ah! yo dudo que l tenga otra mayor que la muerte de su padre y nuestro acelerado casamiento. CLAUDIO.--Yo sabr examinarle. ESCENA V CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, VOLTIMAN, CORNELIO, acompaamiento CLAUDIO.--Bien venidos, amigos. D, Voltiman, qu respondi nuestro hermano el rey de Noruega? VOLTIMAN.--Corresponde con la ms sincera amistad vuestras atenciones y vuestro ruego. As que llegamos mand suspender los armamentos que haca su sobrino, fingiendo ser preparativos contra el polaco; pero mejor informado despus hall ser cierto que se dirigan en ofensa vuestra. Indignado de que abusaran as de la impotencia que le han reducido su edad y sus males, envi estrechas rdenes Fortimbrs, que sometindose prontamente las reprensiones del to, le ha jurado por ltimo que nunca ms tomar las armas contra V. M. Satisfecho de este procedimiento el anciano rey, le seala sesenta mil escudos anuales, y le permite emplear contra Polonia las tropas que haba levantado. A este fin os ruega concedis paso libre por vuestros estados al ejrcito prevenido para tal empresa, bajo las condiciones de recproca seguridad, expresadas aqu. (_Saca unos papeles y se los da a Claudio._) CLAUDIO.--Est bien: leer en tiempo ms oportuno sus proposiciones, y reflexionar lo que debo en este caso responderle. Entre tanto os doy gracias por el feliz desempeo de vuestro encargo. Descansad. A la noche seris conmigo en el festn. Tendr gusto de veros. ESCENA VI CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO POLONIO.--Este asunto se ha concludo muy bien. (_Claudio hace una sea, y se retira el acompaamiento_). Mi soberano, y vos, seora: explicar lo que es la dignidad de un monarca, las obligaciones del vasallo, por qu el da es da, noche la noche, y tiempo el tiempo. As pues, como quiera que la brevedad es el alma del talento, y que nada hay ms enfadoso que los rodeos y perfrasis... ser muy breve. Vuestro noble hijo est loco; y le llamo loco, porque, si en rigor se examina, qu otra cosa es la locura sino estar uno enteramente loco? Pero dejando esto aparte... GERTRUDIS.--Al caso, Polonio, al caso, y menos artificios. POLONIO.--Yo os prometo, seora, que no me valgo de artificio alguno; es cierto que l est loco! es cierto que es lstima, y es lstima que sea cierto; pero dejemos un lado pueril anttesis, que no quiero usar de artificios. Convengamos pues en que est loco, y ahora falta descubrir la causa de este efecto, por decir, la causa de este defecto; porque este efecto defectuoso nace de una causa, y as resta considerar lo restante. Yo tengo una hija... la tengo mientras es ma: que en prueba de su respeto y sumisin... notad lo que os digo... me ha entregado esta carta. (_Saca una carta y lee en ella los pedazos que indica el dilogo._) Ahora resumid los hechos y sacaris la consecuencia. Al dolo celestial de mi alma, la sin par Ofelia... Es una alta frase... una falta de frase sin par... Es una falta de frase, pero od lo dems. _Estas letras destinadas que tu blanco y hermoso pecho las guarde: estas_... GERTRUDIS.--Y esa carta se la ha enviado Hamlet? POLONIO.--Bueno por cierto! Esperad un poco, ser muy fiel. _Duda que son de fuego las estrellas, duda si al sol el movimiento falta, duda lo cierto, admite lo dudoso; pero no dudes de mi amor las ansias._ _Estos versos aumentan mi dolor, querida Ofelia; ni s tampoco expresar mis penas con arte; pero cree que te amo en extremo, con el mayor extremo posible. Adis. Tuyo siempre, mi adorada nia, mientras esta mquina exista._--HAMLET. Mi hija, en fuerza de su obediencia, me ha hecho ver esta carta, y adems me ha contado las solicitudes del prncipe, segn han ocurrido, con todas las circunstancias del tiempo, el lugar y el modo. CLAUDIO.--Y ella cmo ha recibido su amor? POLONIO.--En qu opinin me tenis? CLAUDIO.--En la de un hombre honrado y veraz. POLONIO.--Y me complazco en probaros que lo soy. Pero qu hubierais pensado de m, si cuando he visto que tomaba vuelo este ardiente amor... porque os puedo asegurar que aun antes que mi hija me hablase, ya lo haba yo advertido?... qu hubiera pensado de m V. M. y la reina que est presente si hubiera tolerado este galanteo? Si hacindome violencia m propio hubiera permanecido silencioso y mudo, mirndolo con indiferencia? Qu hubierais pensado de m? No, seor, yo he ido en derechura al asunto, y le dije a la nia, ni ms ni menos: hija, el seor Hamlet es un prncipe muy superior tu esfera... Esto no debe pasar adelante. Y despus le mand que se encerrase en su estancia, sin admitir recados ni recibir presentes. Ella ha sabido aprovecharse de mis preceptos, y el prncipe... (para abreviar la historia) al verse desdeado, comenz padecer melancolas, despus inapetencia, despus vigilias, despus debilidad, despus aturdimiento, y despus (por una graduacin natural) la locura que le saca de s, y que todos nosotros lloramos. CLAUDIO.--Creis, seora, que esto haya pasado as? GERTRUDIS.--Me parece bastante probable. POLONIO.--Ha sucedido alguna vez... (tendra gusto de saberlo) que yo haya dicho positivamente: Esto hay, y que haya resultado lo contrario? CLAUDIO.--No se me acuerda. POLONIO.--Pues separadme sta de ste (_sealando la cabeza y el cuello_) si otra cosa hubiere en el asunto... Ah! por poco que las circunstancias me ayuden, yo descubrir la verdad donde quiera que se oculte, aunque el centro de la tierra la sepultara. CLAUDIO.--Y cmo te parece que pudiramos hacer nuevas indagaciones? POLONIO.--Bien sabis que el prncipe suele pasearse algunas veces por esa galera cuatro horas enteras. GERTRUDIS.--Es verdad, as suele hacerlo. POLONIO.--Pues cuando l venga, yo har que mi hija le salga al paso. Vos y yo nos ocultaremos detrs de los tapices, para observar lo que hace al verla. Si l no la ama y no es sta la causa de haber perdido el juicio, despedidme de vuestro lado y de vuestra corte, y enviadme una alquera guiar un arado. CLAUDIO.--S, y lo quiero averiguar. GERTRUDIS.--Pero, veis? Qu lstima! Leyendo viene el infeliz. POLONIO.--Retiraos, yo os lo suplico: retiraos entrambos, que le quiero hablar si me dais licencia. ESCENA VII POLONIO, HAMLET POLONIO.--Cmo os va, mi buen seor? (_Hamlet sale leyendo un libro._) HAMLET.--Bien, Dios gracias. POLONIO.--Me conocis? HAMLET.--Perfectamente. T vendes peces. POLONIO.--Yo? No, seor. HAMLET.--As fueras honrado. POLONIO.--Honrado decs? HAMLET.--S, seor, que lo digo. El ser honrado, segn va el mundo, es lo mismo que ser escogido uno entre diez mil. POLONIO.--Todo eso es verdad. HAMLET.--Si el sol engendra gusanos en un perro muerto, y aunque es un dios, alumbra benigno con sus rayos un cadver corrupto... No tienes una hija? POLONIO.--S, seor, una tengo. HAMLET.--Pues no la dejes pasear al sol. La concepcin es una bendicin del cielo, pero no del modo en que tu hija podr concebir. Cuida mucho de esto, amigo. POLONIO.--Pero qu queris decir con eso? Siempre est pensando en mi hija. No obstante, al principio no me conoci... Dice que vendo peces... Est rematado, rematado!... Y en verdad que yo tambin, siendo mozo, me vi muy trastornado por el amor... casi tanto como l. Quiero hablarle otra vez. Qu estis leyendo? HAMLET.--Palabras, palabras, todo palabras. POLONIO.--Y de qu se trata? HAMLET.--Entre quin? POLONIO.--Digo que de qu trata el libro que leis. HAMLET.--De calumnias. Aqu dice el malvado satrico, que los viejos tienen la barba blanca, las caras con arrugas, que vierten de sus ojos mbar abundante y goma de ciruela, que padecen gran debilidad de piernas y mucha falta de entendimiento. Todo lo cual, seor mo, aunque yo plena y eficazmente lo creo, con todo eso, no me parece bien hallarlo afirmado en tales trminos; porque al fin vos serais sin duda tan joven como yo, si os fuera posible andar hacia atrs como el cangrejo. POLONIO.--Aunque todo es locura, no deja de observar mtodo en lo que dice. Queris venir, seor, adonde no os d el aire? HAMLET.--Adnde? A la sepultura? POLONIO.--Cierto que all no da el aire. Con qu agudeza responde siempre! Estos golpes felices son frecuentes en la locura, cuando en el estado de razn y salud tal vez no se logran. Voyle a dejar; y disponer al instante el careo entre l y mi hija. Seor, si me dais licencia de que me vaya... HAMLET.--No me puedes pedir cosa que con ms gusto te conceda, exceptuando la vida, eso s, exceptuando la vida. POLONIO.--Adis, seor. HAMLET.--Fastidiosos y extravagantes viejos! POLONIO (_ Guillermo y Ricardo, que salen por donde l se va_).--Si buscis al prncipe, vedle ah. ESCENA VIII HAMLET, RICARDO, GUILLERMO RICARDO.--Buenos das, seor. GUILLERMO.--Dios guarde V. A. RICARDO.--Mi venerado prncipe. HAMLET.--Oh, buenos amigos! Cmo va? Guillermo, Ricardo, guapos mozos! Cmo va? Qu se hace de bueno? RICARDO.--Nada, seor: pasamos una vida muy indiferente. GUILLERMO.--Nos creemos felices en no ser demasiado felices. No, no servimos de airn al tocado de la fortuna. HAMLET.--Ni de suelas su calzado? RICARDO.--Ni uno, ni otro. HAMLET.--En tal caso estaris colocados hacia su cintura: all es el centro de los favores. GUILLERMO.--Cierto, como privados suyos. HAMLET.--Pues all en lo ms oculto... Ah! dices bien, ella es una prostituta... Qu hay de nuevo? RICARDO.--Nada, sino que ya los hombres van siendo buenos. HAMLET.--Seal que el da del juicio va venir pronto. Pero vuestras noticias no son ciertas... Permitid que os pregunte ms particularmente: por qu delitos os ha trado aqu vuestra mala suerte vivir en prisin? GUILLERMO.--En prisin decs? HAMLET.--S: Dinamarca es una crcel. RICARDO.--Tambin el mundo lo ser. HAMLET.--Y muy grande, con muchas guardas, encierros y calabozos; y Dinamarca es uno de los peores. RICARDO.--Nosotros no ramos de esa opinin. HAMLET.--Para vosotros podr no serlo, porque nada hay bueno ni malo sino en fuerza de nuestra fantasa. Para m es una verdadera crcel. RICARDO.--Ser vuestra ambicin la que os le figura tal: la grandeza de vuestro nimo le hallar estrecho. HAMLET.--Oh, Dios mo! Yo pudiera estar encerrado en la cscara de una nuez, y creerme soberano de un estado inmenso.... Pero estos sueos terribles me hacen infeliz. RICARDO.--Todos esos sueos son ambicin, y todo cuanto al ambicioso le agita no es ms que la sombra de un sueo. HAMLET.--El sueo en s no es ms que una sombra. RICARDO.--Ciertamente, y yo considero la ambicin por tan ligera y vana, que me parece la sombra de una sombra. HAMLET.--De donde resulta que los mendigos son cuerpos, y los monarcas y hroes agigantados, sombras de los mendigos... Iremos un rato la corte, seores, porque la verdad no tengo la cabeza para discurrir. LOS DOS.--Os iremos sirviendo. HAMLET.--Oh! no se trate de eso. No os quiero confundir con mis criados, que, fe de hombre de bien, me sirven indignamente. Pero decidme, por nuestra amistad antigua: qu hacis en Elsingor? RICARDO.--Seor, hemos venido nicamente veros. HAMLET.--Tan pobre soy, que aun de gracias estoy escaso: no obstante, agradezco vuestra fineza... Bien que os puedo asegurar que mis gracias, aunque se paguen ochavo, se pagan mucho. Y quin os ha hecho venir? Es libre esta visita? Me la hacis por vuestro gusto propio? Vaya, habladme con franqueza; vaya, decdmelo. GUILLERMO.--Y qu os hemos de decir, seor? HAMLET.--Todo lo que haya acerca de esto. A vosotros os envan sin duda, y en vuestros ojos hallo una especie de confesin, que toda vuestra reserva no puede desmentir. Yo s que el bueno del rey y tambin la reina os han mandado que vengis. RICARDO.--Pero qu fin? HAMLET.--Eso es lo que debis decirme. Pero os pido por los derechos de nuestra amistad, por la conformidad de nuestros aos juveniles, por las obligaciones de nuestro no interrumpido afecto, por todo aquello, en fin, que sea para vosotros ms grato y respetable, que me digis con sencillez la verdad. Os han mandado venir, no? RICARDO (_mirando Guillermo_).--Qu dices t? HAMLET.--Ya os he dicho que lo estoy viendo en vuestros ojos: si me estimis de veras, no hay que desmentirlos. GUILLERMO.--Pues, seor, es cierto: nos han hecho venir. HAMLET.--Y yo os voy decir el motivo: as me anticipar vuestra propia confesin, sin que la fidelidad que debis al rey y la reina quede por vosotros ofendida. Yo he perdido de poco tiempo esta parte, sin saber la causa, toda mi alegra, olvidando mis ordinarias ocupaciones; y este accidente ha sido tan funesto mi salud, que la tierra, esa divina mquina, me parece un promontorio estril; ese dosel magnfico de los cielos, ese hermoso firmamento que veis sobre nosotros, esa techumbre majestuosa sembrada de doradas luces, no otra cosa me parece que una desagradable y pestfera multitud de vapores. Qu admirable fbrica es la del hombre! Qu noble su razn! Qu infinitas sus facultades! Qu expresivo y maravilloso en su forma y sus movimientos! Qu semejante un ngel en sus acciones! Y en su espritu, qu semejante a Dios! El es, sin duda lo ms hermoso de la tierra, el ms perfecto de todos los animales. Pues no obstante, qu juzgis que es en mi estimacin ese purificado polvo? El hombre no me deleita... ni menos la mujer... bien que ya veo en vuestra sonrisa que aprobis mi opinin. RICARDO.--En verdad, seor, que no habis acertado mis ideas. HAMLET.--Pues por qu te reas cuando dije que no me deleita el hombre? RICARDO.--Me re al considerar, puesto que los hombres no os deleitan, qu comidas de cuaresma daris los cmicos que hemos hallado en el camino, y estn ah deseando emplearse en servicio vuestro. HAMLET.--El que hace de rey sea muy bien venido; S. M. recibir mis obsequios como es de razn: el arrojado caballero sacar lucir su espada y su broquel, el enamorado no suspirar en balde, el que hace de loco acabar su papel en paz, el patn dar aquellas risotadas con que sacude los pulmones ridos, y la dama expresar libremente su pasin, las interrupciones del verso hablarn por ella. Y qu cmicos son? RICARDO.--Los que ms os agradan regularmente. La compaa trgica de nuestra ciudad. HAMLET.--Y por qu andan vagando as? No les sera mejor para su reputacin y sus intereses establecerse en alguna parte? RICARDO.--Creo que los ltimos reglamentos se lo prohiben. HAMLET.--Son hoy tan bien recibidos como cuando yo estuve en la ciudad? Acude siempre el mismo concurso? RICARDO.--No; seor; no, por cierto. HAMLET.--Y en qu consiste? Se han echado perder? RICARDO.--No, seor. Ellos han procurado seguir siempre su acostumbrado mtodo; pero hay aqu una cra de chiquillos, vencejos chillones, que gritando en la declamacin fuera de propsito, son por esto mismo palmoteados hasta el exceso. Esta es la diversin del da; y tanto han denigrado los espectculos ordinarios (como ellos los llaman), que muchos caballeros de espada en cinta, atemorizados de las plumas de ganso de este teatro, rara vez se atreven poner el pie en los otros. HAMLET.--Oiga! Conque son muchachos? Y quin los sostiene? Qu sueldo les dan? Abandonarn el ejercicio cuando pierdan la voz para cantar? Y cuando tengan que hacerse cmicos ordinarios, como parece verosmil que suceda, si carecen de otros medios, no dirn entonces que sus compositores los han perjudicado, hacindolos declamar contra la profesin misma que han tenido que abrazar despus? RICARDO.--Lo cierto es que han ocurrido ya muchos disgustos por ambas partes, y la nacin ve sin escrpulo continuarse la discordia entre ellos. Ha habido tiempo en que el dinero de las piezas no se cobraba hasta que el poeta y el cmico rean y se hartaban de bofetones. HAMLET.--Es posible? GUILLERMO.--Oh, si lo es! Como que ha habido ya muchas cabezas rotas. HAMLET.--Y qu, los chicos han vencido en esas peleas? RICARDO.--Cierto que s, y se hubieran burlado del mismo Hrcules con maza y todo. HAMLET.--No es extrao. Ya veis mi to, rey de Dinamarca. Los que se mofaban de l mientras vivi mi padre, ahora dan veinte, cuarenta y aun cien ducados por su retrato de miniatura. En esto hay algo que es ms que natural, si la filosofa pudiera describirlo. GUILLERMO.--Ya estn ah los cmicos. HAMLET.--Pues, caballeros, muy bien venidos Elsingor; acercaos aqu, dadme las manos. Las seales de una buena acogida consisten por lo comn en ceremonias y cumplimientos; pero permitid que os trate as, porque os hago saber que yo debo recibir muy bien los cmicos en lo exterior, y no quisiera que las distinciones que ellos les haga pareciesen mayores que las que os hago vosotros. Bien venidos... Pero mi to padre, y mi madre ta, fe fe, que se equivocan mucho. GUILLERMO.--En qu, seor? HAMLET.--Yo no estoy loco, sino cuando sopla el nordeste; pero cuando corre el sur, distingo muy bien un huevo de una castaa. ESCENA IX POLONIO y dichos POLONIO.--Dios os guarde, seores. HAMLET.--Oye aqu, Guillermo, y t tambin... un oyente cada lado. Veis aquel vejestorio que acaba de entrar? Pues aun no ha salido de mantillas. RICARDO.--O acaso habr vuelto ellas, porque segn se dice, la vejez es segunda infancia. HAMLET.--Apostar que me viene hablar de los cmicos, tened cuidado... Pues, seor, t tienes razn; eso fu el lunes por la maana, no hay duda. POLONIO.--Seor, tengo que daros una noticia. HAMLET.--Seor, tengo que daros una noticia. (_Imitando la voz de Polonio_). Cuando Roscio era actor en Roma... POLONIO.--Seor, los cmicos han venido. HAMLET.--Tuh! tuh! tuh! POLONIO.--Como soy hombre de bien que s. HAMLET.--Cada actor viene caballero en burro. (_Hamlet declama este verso en tono trgico y los que dice poco despus_). POLONIO.--Estos son los ms excelentes actores del mundo, as en la tragedia como en la comedia, historia pastoral, en lo cmico-pastoral, histrico-pastoral, trgico-histrico, tragi-cmico-histrico-pastoral, escena indivisible, poema ilimitado... Qu! Para ellos ni Sneca es demasiado grave, ni Plauto demasiado ligero, y en cuanto las reglas de composicin y a la franqueza cmica, stos son los nicos. HAMLET.--Oh Jeft, juez de Israel!... Qu tesoro poseste! POLONIO.--Y qu tesoro era el suyo, seor? HAMLET.--Qu tesoro? No ms que una hermosa hija quien amaba en extremo. POLONIO.--Siempre pensando en mi hija. HAMLET.--No tengo razn, anciano Jeft? POLONIO.--Seor, si me llamis Jeft, cierto es que tengo una hija quien amo en extremo. HAMLET.--Oh! no es eso lo que sigue. POLONIO.--Pues qu sigue, seor? HAMLET.--Esto: No hay ms suerte que Dios, ni ms destino. Y luego, ya sabes: Que cuanto nos sucede El lo previno. Lee la primera lnea de aquella devota cancin, y ella sola te manifestar lo dems. Pero, veis? Ah vienen otros hablar por m. ESCENA X HAMLET, RICARDO, GUILLERMO, POLONIO y cuatro cmicos HAMLET.--Bien venidos, seores; me alegro de veros todos tan buenos. Bien venidos... Oh! oh camarada antiguo! mucho se te ha arrugado la cara desde la ltima vez que te vi. Vienes Dinamarca hacerme parecer viejo m tambin? Y t, mi nia, oiga! ya eres una seorita; por la Virgen, que ya est vuesamerced una cuarta ms cerca del cielo desde que no la he visto. Dios quiera que tu voz, semejante una pieza de oro falso, no se descubra al echarla en el crisol. Seores, muy bien venidos todos. Pero, amigos, yo voy en derechura al caso, y corro detrs del primer objeto que se me presenta, como halconero francs. Yo quiero al instante una relacin. S, veamos alguna prueba de vuestra habilidad. Vaya un pasaje afectuoso. CMICO 1.--Y cul queris, seor? HAMLET.--Me acuerdo de haberte odo en otro tiempo una relacin que nunca se ha representado al pblico, una sola vez cuando ms... S, y me acuerdo tambin que no agradaba la multitud; no era ciertamente manjar para el vulgo. Pero m me pareci entonces, y aun otros cuyo dictamen vale ms que el mo, una excelente pieza, bien dispuesta la fbula, y escrita con elegancia y decoro. No falt, sin embargo, quien dijo que no haba en los versos toda la sal necesaria para sazonar el asunto, y que lo insignificante del estilo anunciaba poca sensibilidad en el autor; bien que no dejaban de tenerla por obra escrita con mtodo, instructiva y elegante, y ms brillante que delicada. Particularmente me gust mucho en ella una relacin que Eneas hace Dido, y sobre todo cuando habla de muerte de Pramo. Si la tienes en la memoria... empieza por aquel verso... deja, deja, ver si me acuerdo. Pirro feroz como la hircana tigre... (_Todos los versos de esta escena los dicen con declamacin trgica_). No es este; pero empieza con Pirro... ah!... Pirro feroz, con pavonadas armas, negras como su intento, reclinado dentro en los senos del caballo enorme, la lbrega noche pareca. Ya su terrible, ennegrecido aspecto mayor espanto da. Todo lo tie de la cabeza al pie caliente sangre de ancianos y matronas, de robustos mancebos y de vrgenes, que abrasa el fuego de inflamados edificios en confuso montn; cuya horrenda luz que despiden, el caudillo insano muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira, cubierto de cuajada sangre, vuelve los ojos, al carbunclo semejantes, y busca, instado de infernal venganza, al viejo abuelo Pramo... Prosigue t. POLONIO.--Muy bien declamado, fe ma! con buen acento y bella expresin. CMICO 1.-- Al momento le ve lidiando, resistencia breve! contra los griegos; su temida espada rebelde al brazo ya, le pesa intil. Pirro, de furias lleno, le provoca liza desigual; herirle intenta, y el aire solo del funesto acero postra al dbil anciano. Y cual si fuese a tanto golpe el Ilon sensible, al suelo desplom sus techos altos, ardiendo en llamas, y al rumor suspenso. Pirro... Le veis? la espada que vena herir del teucro la nevada frente se detiene en los aires, y l inmoble, absorto y mudo y sin accin su enojo, la imagen de un tirano representa que figur el pincel. Mas como suele tal vez el cielo en tempestad obscura parar su movimiento, de los aires el mpetu cesar, y en silenciosa quietud de muerte reposar el orbe, hasta que el trueno, con horror zumbando, rompe la alta regin; as un instante suspensa fu la clera de Pirro, y as, dispuesto la venganza, el duro combate renov. No ms tremendo golpe en las armas de Mavorte eternas dieron jams los cclopes tostados, que sobre el triste anciano la cuchilla sangrienta di del sucesor de Aquiles. Oh fortuna falaz!... Vos, poderosos dioses, quitadle su dominio injusto; romped los rayos de su rueda y calces, y el eje circular desde el Olimpo caiga en pedazos del abismo al centro. POLONIO.--Es demasiado largo. HAMLET.--Lo mismo dir de tus barbas el barbero. Prosigue. Este slo gusta de ver bailar de oir cuentos de alcahuetas, si no se duerme. Prosigue con aquello de Hcuba. CMICO 1.--Pero quien viese oh vista dolorosa! la mal ceida reina... HAMLET.--La mal ceida reina! POLONIO.--Esto es bueno, mal ceida reina, bueno! Cmico 1.--Pero quien viese oh vista dolorosa! la mal ceida reina, el pie desnudo, girar de un lado al otro, amenazando extinguir con sus lgrimas el fuego... En vez de vestidura rozagante cubierto el seno, harto fecundo un da, con las ropas del lecho arrebatadas (ni a ms le di lugar el susto horrible), rasgado un velo en su cabeza, donde antes resplandeci corona augusta... Ay! quien la viese, los supremos hados con lengua venenosa execrara. Los dioses mismos, si a piedad los mueve el linaje mortal, dolor sintieran de verla, cuando al implacable Pirro hall esparciendo en trozos con su espada del muerto esposo los helados miembros. Lo ve, y exclama con gemido triste, bastante conturbar all en su altura las deidades de Olimpo, y los brillantes ojos del cielo humedecer en lloro. POLONIO.--Ved cmo muda de color, y se le han saltado las lgrimas. No, no prosigis. HAMLET.--Basta ya, presto me dirs lo que falta. Seor mo, es menester hacer que estos cmicos se establezcan, lo entiendes? y agasajarlos bien. Ellos son sin duda el eptome histrico de los siglos, y ms te valdr tener despus de muerto un mal epitafio que una mala reputacin entre ellos mientras vivas. POLONIO.--Yo, seor, los tratar conforme sus mritos. HAMLET.--Qu cabeza sta! No, seor, mucho mejor. Si a los hombres se los hubiese de tratar segn merecen, quin escapara de ser azotado? Trtalos como corresponde tu nobleza y tu propio honor; cuanto menor sea su mrito, mayor sea tu bondad. Acompalos. POLONIO.--Venid, seores. HAMLET.--Amigos, id con l. Maana habr comedia. Oye aqu t, amigo, dime, no pudierais representar _la Muerte de Gonzago_? CMICO 1.--S, seor. HAMLET.--Pues maana la noche quiero que se haga. Y no podras, si fuese menester aprender de memoria unos doce diez y seis versos que quiero escribir insertar en la pieza? Podrs? CMICO 1.--S, seor. HAMLET.--Muy bien; pues vete con aquel caballero, y cuenta no hagis burla de l. Amigos, hasta la noche. Pasadlo bien. RICARDO.--Seor... HAMLET.--Id con Dios. ESCENA XI HAMLET Ya estoy solo. Qu abatido, qu insensible soy! No es admirable que este actor, en una fbula, en una ficcin, pueda dirigir tan su placer el nimo, que as agite y desfigure el rostro en la declamacin, vertiendo de sus ojos lgrimas, dbil la voz, y todas sus acciones tan acomodadas lo que quiere expresar? Y esto por nadie: por Hcuba. Y quin es Hcuba para l, l para ella, que as llora sus infortunios? Pues qu no hara si l tuviese los tristes motivos de dolor que yo tengo! Inundara el teatro con llanto, su terrible acento conturbara cuantos le oyesen, llenara de desesperacin al culpado, de temor al inocente, al ignorante de confusin, y sorprendera con asombro la facultad de los ojos y los odos. Pero yo, miserable, sin vigor y estpido, sueo adormecido, permanezco mudo, y miro con tal indiferencia mis agravios! Qu, nada merece un rey con quien se cometi el ms atroz delito para despojarle del cetro y la vida? Soy cobarde yo? Quin se atreve llamarme villano, insultarme en mi presencia, arrancarme la barba, soplrmela al rostro, asirme de la nariz, hacerme tragar leja que me llegue al pulmn? Quin se atreve a tanto? Sera yo capaz de sufrirlo? S, que no es posible sino que yo sea como la paloma, que carece de hiel, incapaz de acciones crueles; no ser esto, ya se hubieran cebado los milanos del aire en los despojos de aquel indigno, deshonesto, homicida, prfido seductor, feroz malvado, que vive sin remordimientos de su culpa. Pero por qu he de ser tan necio? Ser generoso proceder el mo, que yo, hijo de un querido padre (de cuya muerte alevosa el cielo y el infierno mismo me piden venganza), afeminado y dbil desahogue con palabras el corazn, prorrumpa en execraciones vanas como una prostituta vil un pillo de cocina? Ah! no, ni aun slo imaginarlo. Eh!... Yo he odo que tal vez asistiendo una representacin hombres muy culpados, han sido heridos en el alma con tal violencia por la ilusin del teatro, que vista de todos han publicado sus delitos; que la culpa, aunque sin lengua, siempre se manifestar por medios maravillosos. Yo har que estos actores representen delante de mi to algn pasaje que tenga semejanza con la muerte de mi padre. Yo le herir en lo ms vivo del corazn, observar sus miradas; si muda de color, si se estremece, ya s lo que me toca hacer. La aparicin que vi pudiera ser un espritu del infierno. Al demonio no le es difcil presentarse bajo la ms agradable forma; s, y acaso como l es tan poderoso sobre una imaginacin perturbada, valindose de mi propia debilidad y melancola, me engaa para perderme. Yo voy adquirir pruebas ms slidas, y esta representacin ha de ser el lazo en que se enrede la conciencia del rey. ACTO III ESCENA PRIMERA Galera de palacio CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--Y no os fu posible indagar en la conversacin que con l tuvisteis, de qu nace aquel desorden de espritu que tan cruelmente altera su quietud con turbulenta y peligrosa demencia? RICARDO.--El mismo reconoce los extravos de su razn, pero no ha querido manifestarnos el origen de ellos. GUILLERMO.--Ni le hallamos en disposicin de ser examinado, porque siempre huye de la cuestin con un rasgo de locura, cuando ve que le conducimos al punto de descubrir la verdad. GERTRUDIS.--Fuisteis bien recibidos de l? RICARDO.--Con mucha cortesa. GUILLERMO.--Pero se le conoca una cierta sujecin. RICARDO.--Pregunt poco, pero responda todo con prontitud. GERTRUDIS.--Le habis convidado para alguna diversin? RICARDO.--S, seora, porque casualmente habamos encontrado una compaa de cmicos en el camino: se lo dijimos, y mostr complacencia al oirlo. Estn ya en la corte, y creo que tienen orden de representarle esta noche una pieza. POLONIO.--As es la verdad, y me ha encargado de suplicar VV. MM. que asistan verla y oirla. CLAUDIO.--Con mucho gusto: me complace en extremo saber que tiene tal inclinacin. Vosotros, seores, excitadle ella, y aplaudid su propensin este gnero de placeres. RICARDO.--As lo haremos. ESCENA II CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA CLAUDIO.--T, mi amada Gertrudis, debers tambin retirarte, porque hemos dispuesto que Hamlet al venir aqu, como si fuera casualidad, encuentre Ofelia. Su padre y yo, testigos los ms aptos para el fin, nos colocaremos donde veamos sin ser vistos: as podremos juzgar de lo que entre ambos pase, y en las acciones y palabras del prncipe conoceremos si es pasin de amor el mal de que adolece. GERTRUDIS.--Voy obedeceros; y por mi parte, Ofelia, oh, cunto deseara que tu rara hermosura fuese el dichoso origen de la demencia de Hamlet! Entonces yo debera esperar que tus prendas amables pudieran para vuestra mutua felicidad restituirle su salud perdida. OFELIA.--Yo, seora, tambin quisiera que fuese as. ESCENA III CLAUDIO, POLONIO, OFELIA POLONIO.--Pasate por aqu, Ofelia. Si V. M. gusta podemos ya ocultarnos. Haz que lees en este libro (_dndole un libro_): esta ocupacin disculpar la soledad del sitio... Materia es por cierto en que tenemos mucho de que acusarnos! Cuntas veces con el semblante de la devocin y la apariencia de acciones piadosas engaamos al diablo mismo! CLAUDIO.--Demasiado cierto es... (_Ap._) Qu cruelmente ha herido esa reflexin mi conciencia! El rostro de la meretriz, hermoseada con el arte, no es ms feo despojado de los afeites, que lo es mi delito disimulado en palabras traidoras. Oh, qu pesada carga me oprime! POLONIO.--Ya le siento llegar, seor; conviene retirarnos. ESCENA IV HAMLET, OFELIA (Hamlet dir este monlogo, creyndose solo. Ofelia un extremo del teatro lee.) HAMLET.--Existir o no existir, sta es la cuestin. Cul es ms digna accin del nimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. No ms? Y por un sueo, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin nmero, patrimonio de nuestra dbil naturaleza?... Este es un trmino que deberamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soar. S, y ved aqu el grande obstculo; porque el considerar qu sueos podrn ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razn harto poderosa para detenernos. Esta es la consideracin que hace nuestra infelicidad tan larga. Quin, si esto no fuese, aguantara la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelas que recibe pacfico el mrito, de los hombres ms indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con slo un pual? Quin podra tolerar tanta opresin, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe alguna cosa ms all de la muerte (aquel pas desconocido, de cuyos lmites ningn caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan, antes que ir buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsin nos hace todos cobardes: as la natural tintura de valor se debilita con los barnices plidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideracin mudan camino, no se ejecutan, y se reducen designios vanos. Pero... la hermosa Ofelia! Graciosa nia, espero que mis defectos no sern olvidados en tus oraciones. OFELIA.--Cmo os habis sentido, seor, en todos estos das? HAMLET.--Muchas gracias. Bien. OFELIA.--Conservo en mi poder algunas expresiones vuestras que deseo restituiros mucho tiempo ha, y os pido que ahora las tomis. HAMLET.--No, yo nunca te di nada. OFELIA.--Bien sabis, seor, que os digo verdad... Y con ellas me dsteis palabras de tan suave aliento compuestas, que alimentaron con extremo su valor; pero ya disipado aquel perfume, recibidlas, que un alma generosa considera como viles los ms opulentos dones, si llega entibiarse el afecto de quien los di. Vedlos aqu. (_Presentndole algunas joyas. Hamlet rehusa tomarlas_). HAMLET.--Oh! oh! Eres honesta? OFELIA.--Seor... HAMLET.--Eres hermosa? OFELIA.--Qu pretendis decir con eso? HAMLET.--Que si eres honesta y hermosa, no debes consentir que tu honestidad trate con tu belleza. OFELIA.--Puede acaso tener la hermosura mejor compaera que la honestidad? HAMLET.--Sin duda alguna. El poder de la hermosura convertir la honestidad en una alcahueta, antes que la honestidad logre dar la hermosura su semejanza. En otro tiempo se tena esto por una paradoja; pero en la edad presente es cosa probada... Yo te quera antes, Ofelia. OFELIA.--As me lo dabais entender. HAMLET.--Y t no debieras haberme credo, porque nunca puede la virtud ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco, que nos quite aquel resquemo original... Yo no te he querido nunca. OFELIA.--Muy engaada estuve. HAMLET.--Mira, vete un convento: para qu te has de exponer ser madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno; pero al considerar algunas cosas de que puedo acusarme, sera mejor que mi madre no me hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso, con ms pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasa para darles forma, ni tiempo para llevarlos ejecucin. A qu fin los miserables como yo han de existir arrastrados entre el cielo y la tierra? Todos somos insignes malvados: no creas ninguno de nosotros; vete, vete un convento... En dnde est tu padre? OFELIA.--En casa est, seor. HAMLET.--S? pues que cierren bien todas las puertas, para que si quiere hacer locuras las haga dentro de su casa. Adis. (_Hace que se va, y vuelve_) OFELIA.--Oh, mi buen Dios, favorecedle! HAMLET.--Si te casas, quiero darte esta maldicin en dote. Aunque seas un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve, no podrs librarte de la calumnia. Vete un convento. Adis. Pero... escucha: si tienes necesidad de casarte, csate con un tonto; porque los hombres avisados saben muy bien que vosotras los converts en fieras... Al convento, y pronto. Adis. (_Hace, que se va, y vuelve_). OFELIA.--El cielo con su poder le alivie! HAMLET.--He odo hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La naturaleza os di una cara, y vosotras os hacis otra distinta. Con esos brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniado, pasis por inocentes y converts en gracia vuestros defectos mismos. Pero no hablemos ms de esta materia, que me ha hecho perder la razn... Digo slo que de hoy en adelante no habr ms casamientos; los que ya estn casados (exceptuando uno) permanecern as; los otros se quedarn solteros... Vte al convento, vte. ESCENA V OFELIA Oh, qu trastorno ha padecido esa alma generosa! La penetracin del cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la esperanza y delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la gentileza que estudiaban los ms advertidos, todo, todo se ha aniquilado. Y yo, la ms desconsolada infeliz de las mujeres, que gust algn da la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento desacordado, como la campana sonora que se hiende; aquella incomparable presencia, aquel semblante de florida juventud, alterado con el frenes. Oh, cunta, cunta es mi desdicha de haber visto lo que vi, para ver ahora lo que veo! ESCENA VI CLAUDIO, POLONIO, OFELIA CLAUDIO.--Amor! Qu! No van por este camino sus afectos; ni en lo que ha dicho, aunque algo falto de orden, hay nada que parezca locura. Alguna idea tiene en el nimo que cubre y fomenta su melancola, y recelo que ha de ser un mal el fruto que produzca. A fin de prevenirlo, he resuelto que salga prontamente para Inglaterra pedir en mi nombre los atrasados tributos. Acaso el mar y los pases diferentes podrn con la variedad de objetos alejar esta pasin que le ocupa, sea la que fuere, sobre la cual su imaginacin sin cesar golpea. Qu te parece? POLONIO.--Que as es lo mejor. Pero yo creo, no obstante, que el origen y principio de su afliccin provengan de un amor mal correspondido. T, Ofelia, no hay para qu nos cuentes lo que te ha dicho el prncipe, que todo lo hemos odo. ESCENA VII CLAUDIO, POLONIO POLONIO.--Haced lo que os parezca, seor; pero si lo juzgis propsito, sera bien que la reina retirada solas con l, luego que se acabe el espectculo le inste a que le manifieste sus penas, hablndole con entera libertad. Yo, si lo permits, me pondr en paraje de donde pueda oir toda la conversacin. Si no logra su madre descubrir este arcano, enviadle Inglaterra, desterradle adonde vuestra prudencia os dicte. CLAUDIO.--As se har. La locura de los poderosos debe ser examinada con escrupulosa atencin. ESCENA VIII Saln de palacio El saln estar iluminado; habr asientos que formen semicrculo para el concurso que ha de asistir al espectculo. Ha de haber en el foro una gran puerta con pabellones y cortina, por donde saldrn su tiempo los actores que deben representar. HAMLET y dos cmicos HAMLET.--Dirs este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de nuestros cmicos; ms valdra entonces dar mis versos al pregonero para que los dijese. Ni manotees as acuchillando el aire; moderacin en todo, puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracn de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresin. A m me desazona en extremo ver un hombre muy cubierta la cabeza con su cabellera, que fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los odos del vulgo rudo, que slo gusta de gesticulaciones insignificantes y de estrpito. Yo mandara azotar un energmeno de tal especie; Herodes de farsa, ms furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio. CMICO 1.--As os lo prometo. HAMLET.--Ni seas tampoco demasiado fro; tu misma prudencia debe guiarte. La accin debe corresponder la palabra, y sta la accin, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No hay defecto que ms se oponga al fin de la representacin, que desde el principio hasta ahora ha sido y es ofrecer la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nacin y cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera se debilita, excitar la risa de los ignorantes; pero no puede menos de disgustar los hombres de buena razn, cuya censura debe ser para vosotros de ms peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo he visto representar algunos cmicos, que otros aplaudan con entusiasmo, por no decir con escndalo, los cuales no tenan acento ni figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos hincharse y bramar no los juzgu de la especie humana, sino unos simulacros rudos de hombres, hechos por algn mal aprendiz. Tan inicuamente imitaban la naturaleza. CMICO 1.--Yo creo que en nuestra compaa se ha corregido bastante ese defecto. HAMLET.--Corregidle del todo, y cuidad tambin que los que hacen de payos no aadan nada lo que est escrito en su papel; porque algunos de ellos, para hacer reir los oyentes ms adustos, empiezan dar risotadas, cuando el inters del drama debera ocupar toda la atencin. Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridculo empeo de lucirlo. Id prepararos. ESCENA IX HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO HAMLET.--Y bien, Polonio, gustar al rey de oir esta pieza? POLONIO.--S, seor, al instante, y la reina tambin. HAMLET.--Ve decir los cmicos que se despachen. Queris ir vosotros darles prisa? RICARDO.--Con mucho gusto. ESCENA X HAMLET, HORACIO HAMLET.--Quin es?... Ah! Horacio. HORACIO.--Veisme aqu, seor, vuestras rdenes. HAMLET.--T, Horacio, eres un hombre cuyo trato me ha agradado siempre. HORACIO.--Oh! seor... HAMLET.--No creas que pretendo adularte; ni qu utilidades puedo yo esperar de ti, que exceptuando tus buenas prendas, no tienes otras rentas para alimentarte y vestirte? Habr quien adule al pobre? No... Los que tienen almibarada la lengua, vyanse lamer con ella la grandeza estpida, y doblen los goznes de sus rodillas donde la lisonja encuentre galardn. Me has entendido? Desde que mi alma se hall capaz de conocer los hombres y pudo elegirlos, t fuiste el escogido y marcado para ella; porque siempre, desgraciado feliz, has recibido con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos aqullos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no son entre los dedos de la fortuna una flauta dispuesta sonar segn ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le colocar en el centro de mi corazn: s, en el corazn de mi corazn, como lo hago contigo. Pero yo me dilato demasiado en esto. Esta noche se representa un drama delante del rey; una de sus escenas contiene circunstancias muy parecidas las de la muerte de mi padre, de que ya te habl. Te encargo que cuando este paso se represente observes mi to con la ms viva atencin del alma; si al ver uno de aquellos lances su oculto delito no se descubre por s solo, sin duda el que hemos visto es un espritu infernal, y son todas mis ideas ms negras que los yunques de Vulcano. Examnale cuidadosamente: yo tambin fijar mi vista en su rostro, y despus uniremos nuestras observaciones para juzgar lo que su exterior nos anuncie. HORACIO.--Est bien, seor; y si durante el espectculo logra hurtar nuestra indagacin el menor arcano, yo pago el hurto. HAMLET.--Ya vienen la funcin; vulvome hacer el loco, y t busca asiento. ESCENA XI CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO y acompaamiento de damas, caballeros, pajes y guardias. (_Suena marcha dnica_). CLAUDIO.--Cmo ests, mi querido Hamlet? HAMLET.--Muy bueno, seor; me mantengo del aire como el camalen, engordo de esperanzas. No podris vos cebar as vuestros capones. CLAUDIO.--No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para m. HAMLET.--Ni para m tampoco. No dices t que una vez representaste en la universidad? eh? POLONIO.--S, seor, as es; y fu reputado por muy buen actor. HAMLET.--Y qu hiciste? POLONIO.--El papel de Julio Csar. Bruto me asesinaba en el Capitolio. HAMLET.--Muy bruto fu el que cometi en el Capitolio tan capital delito. Estn ya prevenidos los cmicos? RICARDO.--S, seor, y esperan slo vuestras rdenes. GERTRUDIS.--Ven aqu, mi querido Hamlet, ponte mi lado. (_Gertrudis y Claudio se sientan junto la puerta por donde han de salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros. Hamlet se sienta en el suelo los pies de Ofelia_). HAMLET.--No, seora; aqu hay un imn de ms atraccin para m. POLONIO.--Ah! ah! habis notado eso? HAMLET.--Permitiris que me ponga sobre vuestra rodilla? OFELIA.--No, seor. HAMLET.--Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla. OFELIA.--S, seor. HAMLET.--Pensis que yo quisiera cometer alguna indecencia? OFELIA.--No, no pienso nada de eso. HAMLET.--Qu dulce cosa es...! OFELIA.--Qu decs, seor? HAMLET.--Nada. OFELIA.--Se conoce que estis de fiesta. HAMLET.--Quin yo? OFELIA.--S, seor. HAMLET.--Lo hago slo por divertiros. Y bien mirado, qu debe hacer un hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qu contenta est, y mi padre muri ayer. OFELIA.--Eh! no, seor, que ya hace dos meses. HAMLET.--Tanto ha? Oh! pues quiero vestirme todo de armios, y llvese el diablo el luto. Dios mo! dos meses h que muri, y todava se acuerdan de l? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un grande hombre le sobreviva quizs medio ao; bien que es menester que haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habr nadie que de l se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice aquel epitafio: Ya muri el caballito de palo, Y ya le olvidaron as que muri. (Suenan trompetas, y se da principio la escena muda.--Salen el duque y la duquesa (que lo harn los cmicos primero y segundo); al encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla mostrando el mayor respeto; l la levanta y reclina la cabeza sobre el pecho de su esposa. Acustase el duque en un lecho de flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cmico tercero (que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le quita al duque la corona, la besa, le derrama en el odo una porcin de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve la duquesa, y hallando muerto su marido, manifiesta gran sentimiento. Sale Luciano con dos tres que le acompaan, y hace ademanes de dolor; manda retirar el cadver, y quedando solas con la duquesa, la solicita y la ofrece ddivas; ella resiste un poco y le desdea, pero al fin admite su amor. Vanse.) OFELIA.--Qu significa esto, seor? HAMLET.--Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades. OFELIA.--Segn parece, la escena muda contiene el argumento del drama. ESCENA XII Cmico cuarto y dichos HAMLET.--Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese actor; los cmicos no pueden callar un secreto, todo lo cuentan. OFELIA.--Nos dir ste lo que significa la escena que hemos visto? HAMLET.--S, por cierto, y cualquiera otra escena que le hagis ver. Como no os avergoncis de representrsela, l no se avergonzar de deciros lo que significa. OFELIA.--Qu malo, qu malo sois! Pero dejadme atender la pieza. CMICO 4.--Humildemente os pedimos que escuchis esta tragedia, disimulando las faltas que haya en nosotros y en ella. HAMLET.--Es esto prlogo, mote de sortija? OFELIA.--Qu corto ha sido! HAMLET.--Como cario de mujer. ESCENA XIII Cmico primero, cmico segundo y dichos CMICO 1.--Ya treinta vueltas di de Febo el carro las ondas saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos, despus que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha nuestra, en nudo santo el corazn y el cuello. CMICO 2.--Y oh! quiera el cielo que otros tantos giros la luna y al sol, seor, contemos antes que el fuego; de este amor se apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tmida recelo... Mas toda mi afliccin nada os conturbe; que en pecho femenil llega al exceso el temor y el amor. All residen en igual proporcin ambos afectos, no existe ninguno, se combinan ste y aqul con el mayor extremo. Cun grande es el amor que vos me inclina, las pruebas lo dirn que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros as toda es temores, muy puro amor abrigar en el pecho. CMICO 1.--S, yo debo dejarte, amada ma; inevitable es ya; cedern presto la muerte mis fuerzas fatigadas; t vivirs, gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un digno esposo... CMICO 2.--No, dad al silencio esos anuncios. Yo? Pues no seran traicin culpable en m tales afectos? Yo un nuevo esposo? No; la que se entrega al segundo seor, mat al primero. HAMLET.--Esto es zumo de ajenjos. CMICO 2.--Motivos de inters tal vez inducen renovar los nudos de himeneo, no motivos de amor; yo causara segunda muerte mi difunto dueo, cuando del nuevo esposo recibiera en tlamo nupcial amantes besos. CMICO 1.--No dudar que el corazn te dicta lo que aseguras hoy; fcil creemos cumplir lo prometido, y fcilmente se quebranta y se olvida. Los deseos del hombre la memoria estn sumisos, que nace activa y desfallece presto. As pende del ramo acerbo el fruto, y as maduro, sin impulso ajeno, se desprende despus. Difcilmente nos acordamos de llevar efecto promesas hechas nosotros mismos, que al cesar la pasin cesa el empeo. Cuando de la afliccin y la alegra se moderan los mpetus violentos, con ellos se disipan las ideas que dieron lugar, y el ms ligero acaso los placeres en afanes muda tal vez, y en risa los lamentos. Amor, como la suerte, es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se ignora si l manda la fortuna, si sta del amor cede al imperio. Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube prosperidad, los que le fueron ms enemigos su amistad procuran (y el amor sigue la fortuna en esto) que nunca al venturoso amigos faltan, ni al pobre desengaos y desprecios. Por diferente senda se encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y slo en l la voluntad es libre, mas no la ejecucin; y as el suceso nuestros designios todos desvanece. T me prometes no rendir nuevo yugo tu libertad... Esas ideas ay! morirn cuando me vieres muerto. CMICO 2.--Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso y placer viva muriendo, desesperada y en prisin obscura, su mesa envidie al eremita austero; cuantas penas el nimo entristecen, todas turben el fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud encuentre en parte alguna con afn eterno; si ya difunto mi primer esposo, segundas bodas prfida celebro. HAMLET.--Si ella no cumpliese lo que promete... CMICO 1.--Mucho juraste... Aqu gozar quisiera solitaria quietud; rendido siento al cansancio mi espritu. Permite que alguna parte le conceda al sueo de las molestas horas. (_Se acuesta en un lecho de flores_) Cmico 2.-- El te halague con tranquilo descanso, y nunca el cielo en unin tan feliz pesares mezcle. (_Vase_). HAMLET.--Y bien, seora, qu tal os va pareciendo la pieza? GERTRUDIS.--Me parece que esa mujer promete demasiado. HAMLET.--S, pero lo cumplir. CLAUDIO.--Te has enterado bien del asunto? Tiene algo que sea de mal ejemplo? HAMLET.--No, seor, no. Si todo ello es mera ficcin; un veneno... fingido; pero mal ejemplo, qu! no, seor. CLAUDIO.--Cmo se intitula este drama? HAMLET.--_La Ratonera._ Cierto que s... es un ttulo metafrico. En esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... el duque se llama Gonzago, y su mujer Baptista... Ya, ya veris presto... Oh! es un enredo maldito! Y qu importa? A V. M. y m, que no tenemos culpado el nimo, no nos puede incomodar; al rocn que est lleno de mataduras le har dar coces; pero bien que nosotros no tenemos desollado el lomo. ESCENA XIV Cmico tercero y dichos HAMLET.--Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque. OFELIA.--Vos supls perfectamente la falta del coro. HAMLET.--Y aun pudiera servir de intrprete entre vos y vuestro amante, si viese puestos en accin entrambos tteres. OFELIA.--Vaya, que tenis una lengua que corta! HAMLET.--Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo. OFELIA.--Eso es; siempre de mal en peor. HAMLET.--As hacis vosotras en la eleccin de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Djate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador est ya gritando venganza. CMICO 3.--Negros designios, brazo ya dispuesto ejecutarlos, tsigo oportuno, sitio remoto, favorable el tiempo, y nadie que lo observe. T, extrado de la profunda noche en el silencio, atroz veneno de mortales hierbas (invocada Prosrpina) compuesto; infectadas tres veces, y otras tantas exprimidas despus, sirve mi intento; pues tu actividad mgica, horrible, la robustez vital cede tan presto. (_Acrcase adonde est durmiendo el cmico primero; destapa un frasquillo, y le echa una porcin de licor en el odo_). HAMLET.--Veis? Ahora le envenena en el jardn para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veris cmo la mujer de Gonzago se enamora del matador. (_Levntase Claudio lleno de indignacin. Gertrudis, los caballeros, damas y acompaamiento hacen lo mismo, y se van segn lo indica el dilogo_). OFELIA.--El rey se levanta. HAMLET.--Qu, le atemoriza un fuego aparente? GERTRUDIS.--Qu tenis, seor? POLONIO.--No pasis adelante, dejadlo. CLAUDIO.--Traed luces. Vamos de aqu. TODOS.--Luces, luces. ESCENA XV HAMLET, HORACIO, cmico primero, cmico tercero (_Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que siguen despus. Los cmicos primero y tercero estarn retirados un extremo del teatro, esperando sus rdenes_). HAMLET.--El ciervo herido llora, y el corzo no tocado de flecha voladora, se huelga por el prado; duerme aquel, y deshora veis ste desvelado; que tanto el mundo va desordenado. Y dgame, seor mo: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta gracia que tengo para la msica y un bosque de plumas en la cabeza, y un par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, no podra hacerme lugar entre un coro de comediantes? HORACIO.--Mediano papel. HAMLET.--Mediano? excelente. T sabes, Damn querido, que esta nacin ha perdido al mismo Jove y violento tirano le ha sucedido en el trono mal habido, un... quin dir yo? un... un sapo. HORACIO.--Bien pudierais haber conservado el consonante. HAMLET.--Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espritu dijo es demasiado cierto. Lo has visto ahora? HORACIO.--S, seor, bien lo he visto. HAMLET.--Cuando se trat del veneno? HORACIO.--Bien, bien le observ entonces. HAMLET.--Ah! quisiera algo de msica (_A los cmicos_:) traedme unas flautas... Si el rey no gusta de la comedia, ser sin duda porque... porque no le gusta. Vaya un poco de msica. ESCENA XVI HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO GUILLERMO.--Seor, permitiris que os diga una palabra? HAMLET.--Y una historia entera. GUILLERMO.--El rey... HAMLET.--Muy bien: qu le sucede? GUILLERMO.--Se ha retirado su cuarto con mucha destemplanza. HAMLET.--De vino, eh? GUILLERMO.--No, seor, de clera. HAMLET.--Pero no sera ms acertado rselo contar al mdico? No veis que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se le aumente? GUILLERMO.--Oh! seor, dad algn sentido lo que hablis, sin desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo decir. HAMLET.--Estamos de acuerdo. Prosigue pues. GUILLERMO.--La reina vuestra madre, llena de la mayor afliccin, me enva buscaros. HAMLET.--Seis muy bien venido. GUILLERMO.--Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queris darme una respuesta sensata, desempear el cargo de la reina; si no, con pediros perdn y retirarme se acab todo. HAMLET.--Pues, seor, no puedo. GUILLERMO.--Cmo? HAMLET.--Me pides una respuesta, y mi razn est un poco achacosa: no obstante, responder del modo que pueda cuanto me mandes, por mejor decir, lo que mi madre me manda. Con que nada hay que aadir en esto. Vamos al caso. T has dicho que mi madre... RICARDO.--Seor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de sorpresa y admiracin. HAMLET.--Oh maravilloso hijo, que as ha podido aturdir su madre! Pero dme, esa admiracin no ha trado otra consecuencia? No hay algo ms? RICARDO.--Slo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayis a recoger. HAMLET.--La obedecer, si diez veces fuera mi madre. Tienes algn otro negocio que tratar conmigo? RICARDO.--Seor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais mucho. HAMLET.--Y ahora tambin. Te lo juro por estas manos rateras. RICARDO.--Pero cul puede ser el motivo de vuestra indisposicin? Eso, por cierto, es cerrar vos mismo las puertas vuestra libertad, no queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sents. HAMLET.--Estoy muy atrasado. RICARDO.--Cmo es posible, cuando tenis el voto del rey mismo para sucederle en el trono de Dinamarca? HAMLET.--S, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el tal refrn. Ah! ya estn aqu las flautas. ESCENA XVII Cmico tercero y dichos HAMLET.--Dejadme ver una.... A qu tengo de ir ah? (_Guillermo y Ricardo se acercan Hamlet con ademn obsequioso, siguindole adonde quiera que se vuelve, hasta que viendo su enfado se apartan_) Parece que me quieres hacer caer en alguna trampa, segn me cercas por todos lados. GUILLERMO.--Ya veo, seor, que si el deseo de cumplir con mi obligacin me da osada, acaso el amor que os tengo me hace grosero tambin importuno. HAMLET.--No entiendo bien eso. Quieres tocar esta flauta? GUILLERMO.--Yo no puedo, seor. HAMLET.--Vamos. GUILLERMO.--De veras que no puedo. HAMLET.--Yo te lo suplico. GUILLERMO.--Pero si no s palabra de eso... HAMLET.--Ms fcil es que tenderse la larga. Mira, pon el pulgar y los dems dedos segn convenga sobre estos agujeros, sopla con la boca, y vers qu lindo sonido resulta. Ves? Estos son los puntos. GUILLERMO.--Bien, pero si no s hacer uso de ellos para que produzcan armona. Como ignoro el arte... HAMLET.--Pues mira t en qu opinin tan baja me tienes. T me quieres tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo ms ntimo de mis secretos, quieres hacer que suene desde el ms grave al ms agudo de mis tonos; y ve aqu este pequeo rgano, capaz de excelentes voces y de armona, que t no puedes hacer sonar. Y juzgas que se me tae m con ms facilidad que una flauta? No, dame el nombre del instrumento que quieras: por ms que le manejes y te fatigues, jams conseguirs hacerle producir el menor sonido. ESCENA XVIII POLONIO y otros HAMLET.--Oh! Dios te bendiga. POLONIO.--Seor, la reina quisiera hablaros al instante. HAMLET.--No ves all aquella nube que parece un camello? POLONIO.--Cierto, as en el tamao parece un camello. HAMLET.--Pues ahora me parece una comadreja. POLONIO.--No hay duda, tiene figura de comadreja. HAMLET.--O como una ballena. POLONIO.--Es verdad, s, como una ballena. HAMLET.--Pues al instante ir ver mi madre. Tanto harn stos, que me volvern loco de veras. Ir, ir al instante. POLONIO.--As se lo dir. HAMLET.--Fcilmente se dice: al instante viene... Dejadme solo, amigos. ESCENA XIX HAMLET Este es el espacio de la noche apto los maleficios. Esta es la hora en que los cementerios se abren, y el infierno respira contagios al mundo. Ahora podra yo beber caliente sangre; ahora podra ejecutar tales acciones, que el da se estremeciese al verlas. Pero vamos ver mi madre. Oh corazn! no desconozcas la naturaleza, ni permitas que en este firme pecho se albergue la fiereza de Nern. Djame ser cruel, pero no parricida. El pual que ha de herirla est en mis palabras, no en mi mano; disimulen el corazn y la lengua; sean las que fueren las execraciones que contra ella pronuncie, nunca, nunca mi alma solicitar que se cumplan. ESCENA XX Gabinete CLAUDIO, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--No, no le quiero aqu, ni conviene nuestra seguridad dejar libre el campo su locura. Prevenos, pues, y har que inmediatamente se os despache para que l os acompae Inglaterra. El inters de mi corona no permite ya exponerme un riesgo tan inmediato, que crece por instantes en los accesos de su demencia. GUILLERMO.--Al momento dispondremos nuestra marcha. El ms santo y religioso temor es aqul que procura la existencia de tantos individuos, cuya vida pende de V. M. RICARDO.--Si es obligacin en un particular defender su vida de toda ofensa, por medio de la fuerza y el arte, cunto ms lo ser conservar aqulla en quien estriba la felicidad pblica? Cuando llega faltar el monarca, no muere l solo, sino que manera de un torrente precipitado arrebata consigo cuanto le rodea, como una gran rueda colocada en la cima del ms alto monte, cuyos enormes rayos estn asidas innumerables piezas menores, que si llega caer, no hay ninguna de ellas, por ms pequea que sea, que no padezca igualmente en el total destrozo. Nunca el soberano exhala un suspiro, sin excitar en su nacin general lamento. CLAUDIO.--Yo os ruego que os prevengis sin dilacin para el viaje. Quiero encadenar este temor, que ahora camina demasiado libre. LOS DOS.--Vamos obedeceros con la mayor prontitud. ESCENA XXI CLAUDIO, POLONIO POLONIO.--Seor, ya se ha encaminado al cuarto de su madre. Voy ocultarme detrs de los tapices para ver el suceso. Es seguro que ella le reprender fuertemente; y como vos mismo habis observado muy bien, conviene que asista oir la conversacin alguien ms que su madre, que naturalmente le ha de ser parcial, como todas sucede. Quedaos adis; yo volver veros antes que os recojis, para deciros lo que haya pasado. CLAUDIO.--Gracias, querido Polonio. ESCENA XXII CLAUDIO Oh, mi culpa es atroz! Su hedor sube al cielo, llevando consigo la maldicin ms terrible; la muerte de un hermano. No puedo recogerme orar, por ms que eficazmente lo procuro; que es ms fuerte que mi voluntad el delito que la destruye. Como el hombre quien dos obligaciones llaman, me detengo considerar por cul empezar primero, y no cumplo ninguna... Pero si este brazo execrable estuviese an ms teido en la sangre fraterna, faltar en los cielos piadosos suficiente lluvia para volverle cndido como la nieve misma? De qu sirve la misericordia, si se niega a ver el rostro del pecado? Qu hay en la oracin sino aquella duplicada fuerza, capaz de sostenernos al ir caer, de adquirirnos el perdn habiendo cado? S, alzar mis ojos al cielo, y quedar borrada mi culpa... Pero qu gnero de oracin habr de usar? Olvida, Seor, olvida el horrible homicidio que comet... Ah! que ser imposible, mientras vivo poseyendo los objetos que me determinaron la maldad: mi ambicin, mi corona, mi esposa... Podr merecerse el perdn cuando la ofensa existe? En este mundo estragado sucede con frecuencia que la mano delincuente, derramando el oro, aleja la justicia y corrompe con ddivas la integridad de las leyes; no as en el cielo, que all no hay engaos, all comparecen las acciones humanas como ellas son, y nos vemos compelidos manifestar nuestras faltas todas sin excusa, sin rebozo alguno... En fin, qu debo hacer?... Probemos lo que puede el arrepentimiento... y qu no podr?... Pero qu ha de poder con quien no puede arrepentirse? Oh situacin infeliz! Oh conciencia, ennegrecida con sombras de muerte! Oh alma ma aprisionada! que cuanto ms te esfuerzas para ser libre, ms quedas oprimida. Angeles, asistidme! Probad en m vuestro poder. Dblense mis rodillas tenaces; y t, corazn mo de aceradas fibras, hazte blando como los nervios del nio que acaba de nacer. Todo, todo puede enmendarse. (_Se arrodilla y apoya los brazos y la cabeza en un silln_). ESCENA XXIII CLAUDIO, HAMLET HAMLET.--Esta es la ocasin propicia. Ahora est rezando, ahora le mato... (_Saca la espada, da algunos pasos en ademn de herirle; se detiene, y se retira otra vez hacia la puerta_). Y as se ir al cielo... Y es esta mi venganza? No, reflexionemos. Un malvado asesina mi padre, y yo, su hijo nico, aseguro al malhechor la gloria; no es esto, en vez de castigo, premio y recompensa? El sorprendi mi padre acabados los desrdenes del banquete, cubierto de ms culpas que mayo tiene flores... Quin sabe, sino Dios, la estrecha cuenta que hubo de dar? Pero, segn nuestra razn concibe, terrible ha sido su sentencia. Y quedar vengado dndole ste la muerte, precisamente cuando purifica su alma, cuando se dispone para la partida? No, espada ma, vuelve tu lugar, y espera ocasin de ejecutar ms tremendo golpe. Cuando est ocupado en el juego, cuando blasfeme colrico, duerma con la embriaguez, se abandone los placeres incestuosos del lecho, cometa acciones contrarias su salvacin, hirele entonces; caiga precipitado al profundo, y su alma quede negra y maldita, como el infierno que ha de recibirle. (_Envaina la espada_). Mi madre me espera. Malvado, esta medicina, que te dilata la dolencia, no evitar tu muerte. ESCENA XXIV CLAUDIO Mis palabras suben al cielo, mis afectos quedan en la tierra. (_Se levanta, con agitacin_). Palabras sin afectos nunca llegan los odos de Dios. ESCENA XXV Cuarto de la reina GERTRUDIS, POLONIO, HAMLET POLONIO.--Va venir al momento. Mostradle entereza; decidle que sus locuras han sido demasiado atrevidas intolerables, que vuestra bondad le ha protegido, mediando entre l y la justa indignacin que excit. Yo entre tanto retirado aqu, guardar silencio. Habladle con libertad, yo os lo suplico. HAMLET (_gritando desde adentro_).--Madre! madre! GERTRUDIS.--As te lo prometo; nada temo. Ya le siento llegar. Retrate. (_Polonio se oculta detrs de unos tapices_). ESCENA XXVI GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO HAMLET.--Qu me mandis, seora? GERTRUDIS.--Hamlet, muy ofendido tienes tu padre. HAMLET.--Madre, muy ofendido tenis al mo. GERTRUDIS.--Ven, ven aqu; t me respondes con lengua demasiado libre. HAMLET.--Voy, voy all... y vos me preguntis con lengua bien perversa. GERTRUDIS.--Qu es esto, Hamlet? HAMLET.--Y qu es eso, madre? GERTRUDIS.--Te olvidas de quien soy? HAMLET.--No, por la cruz bendita que no me olvido. Sois la reina, casada con el hermano de vuestro primer esposo, y... ojal no fuera as!... Eh! sois mi madre. GERTRUDIS.--Bien est. Yo te pondr delante de quien te haga hablar con ms acuerdo. HAMLET.--Venid (_Hamlet, asiendo de un brazo Gertrudis, la hace sentar_), sentaos, y no saldris de aqu, no os moveris, sin que os ponga un espejo delante, en que veis lo ms oculto de vuestra conciencia. GERTRUDIS.--Qu intentas hacer? Quieres matarme?... Quin me socorre? Cielos! (Al ver Gertrudis la extraordinaria agitacin que Hamlet manifiesta en su semblante y acciones, teme que va matarla, y grita despavorida pidiendo socorro. Polonio quiere salir de donde est oculto, y despus se detiene. Hamlet advierte que los tapices se mueven, sospecha que Claudio est escondido detrs de ellos, saca la espada, da dos tres estocadas sobre el bulto que halla, y prosigue hablando con su madre.) POLONIO.--Socorro pide... oh!... HAMLET.--Qu es esto?... Un ratn... Muri... Un ducado que ya est muerto. POLONIO.--Ay de m! GERTRUDIS.--Qu has hecho? HAMLET.--Nada... Qu s yo?... Si sera el rey? GERTRUDIS.--Qu accin tan precipitada y sangrienta! HAMLET.--Es verdad, madre ma, accin sangrienta, y cuasi tan horrible como la de matar un rey, y casarse despus con su hermano. GERTRUDIS.--Matar un rey? HAMLET.--S, seora, eso he dicho. (_Alza el tapiz, y aparece Polonio muerto en el suelo_). Y t, miserable, temerario, entrometido, loco... Adis. Yo te tom por otra persona de ms consideracin. Mira el premio que has adquirido; ve ah el riesgo que tiene la demasiada curiosidad... (_Volviendo hablar con Gertrudis, quien hace sentar de nuevo_). No, no os torzis las manos... Sentaos aqu, y dejad que yo os tuerza el corazn. As he de hacerlo, si no le tenis formado de impenetrable pasta, si las costumbres malditas no le han convertido en un muro de bronce opuesto toda sensibilidad. GERTRUDIS.--Qu hice yo, Hamlet, para que con tal aspereza me insultes? HAMLET.--Una accin que mancha la tez purprea de la modestia, y da nombre de hipocresa la virtud; arrebata las flores de la frente hermosa de un inocente amor, colocando un vejigatorio en ella; que hace ms prfidos los votos conyugales que las promesas del tahur; una accin que destruye la buena fe, alma de los contratos, y convierte la inefable religin en una complicacin frvola de palabras; una accin, en fin, capaz de inflamar en ira la faz del cielo, y trastornar con desorden horrible esta slida y artificiosa mquina del mundo, como si se aproximara su fin temido. GERTRUDIS.--Ay de m! Y qu accin es esa, que as exclamas al anunciarla con espantosa voz de trueno? HAMLET.--Veis aqu presentes en esta y esta pintura (_sealando dos retratos que habr en la pared, uno del rey Hamlet, y otro de Claudio_) los retratos de dos hermanos. Ved cunta gracia resida en aquel semblante! Los cabellos del sol, la frente como la del mismo Jpiter, su vista imperiosa y amenazadora como la de Marte, su gentileza semejante la del mensajero Mercurio cuando aparece sobre una montaa cuya cima llega los cielos. Hermosa combinacin de formas, donde cada uno de los dioses imprimi su carcter, para que el mundo admirase tantas perfecciones en un hombre solo. Este fu vuestro esposo. Ved ahora el que sigue. Este es vuestro esposo, que como la espiga con tizn destruye la santidad de su hermano. Lo veis bien?... Ni podis llamarlo amor, porque en vuestra edad los hervores de la sangre estn ya tibios y obedientes la prudencia; y qu prudencia descendera desde aqul a ste? Sentidos tenis, que a no ser as, no tuvierais afectos; pero esos sentidos deben de padecer letargo profundo. La demencia misma no podra incurrir en tanto error; ni el frenes tiraniza con tal exceso las sensaciones, que no quede suficiente juicio para saber elegir entre dos objetos cuya diferencia es tan visible... Qu espritu infernal os pudo engaar y cegar as? Los ojos sin el tacto, el tacto sin la vista, los odos, el olfato solo, una dbil porcin de cualquier sentido hubiera bastado impedir tal estupidez... Oh modestia! y no te sonrojas? Rebelde infierno! si as pudiste inflamar las mdulas de una matrona, permite, permite que la virtud en la edad juvenil sea dcil como la cera, y se liquide en sus propios fuegos; ni se invoque al pudor para resistir su violencia, puesto que el hielo mismo con tal actividad se enciende, y es ya el entendimiento el que prostituye el corazn. GERTRUDIS.--Oh Hamlet! no digas ms... Tus razones me hacen dirigir la vista mi conciencia, y advierto all las ms negras y groseras manchas, que acaso nunca podrn borrarse. HAMLET.--Y permanecer as entre el pestilente sudor en un lecho incestuoso, envilecida en corrupcin, prodigando caricias de amor en aquella sentina impura! GERTRUDIS.--No ms, no ms, que esas palabras como agudos puales hieren mis odos... No ms, querido Hamlet. HAMLET.--Un asesino... un malvado... vil... inferior mil veces vuestro difunto esposo... escarnio de los reyes, ratero del imperio y el mando, que rob la preciosa corona, y se la guard en el bolsillo. GERTRUDIS.--No ms... ESCENA XXVII GERTRUDIS, HAMLET, la sombra del rey Hamlet HAMLET.--Un rey de botarga... Oh espritus celestes! defendedme, cubridme con vuestras alas... Qu quieres, venerada sombra? GERTRUDIS.--Ay! que est fuera de s. HAMLET.--Vienes acaso culpar la negligencia de tu hijo, que debilitado por la compasin y la tardanza, olvida la importante ejecucin de tu precepto terrible?... Habla. LA SOMBRA.--No lo olvides. Vengo inflamar de nuevo tu ardor casi extinguido. Pero ves? Mira cmo has llenado de asombro tu madre. Ponte entre ella y su alma agitada, y hallars que la imaginacin obra con mayor violencia en los cuerpos ms dbiles. Hblala, Hamlet. HAMLET.--En qu pensis, seora? GERTRUDIS.--Ay! y en qu piensas t, que as diriges la vista donde no hay nada, razonando con el aire incorpreo?... Toda tu alma se ha pasado tus ojos, que se mueven horribles; y tus cabellos, que pendan, adquiriendo vida y movimiento, se erizan y levantan como los soldados quienes improviso rebato despierta. Hijo de mi alma! Oh! derrama sobre el ardiente fuego de tu agitacin la paciencia fra... A quin ests mirando? HAMLET.--A l, l... Le veis qu plida luz despide? Su aspecto y su dolor bastaran conmover las piedras... Ay! no me mires as; no sea que ese lastimoso semblante destruya mis designios crueles, no sea que al ejecutarlos equivoque los medios, y en vez de sangre se derramen lgrimas. GERTRUDIS.--A quin dices eso? HAMLET.--No veis nada all? GERTRUDIS.--Nada, y veo todo lo que hay. HAMLET.--Ni osteis nada tampoco? GERTRUDIS.--Nada ms que lo que nosotros hablamos. HAMLET.--Mirad, all... Le veis?... Ahora se va... Mi padre... con el traje mismo que se vesta... Veis por dnde va?... Ahora llega al prtico. ESCENA XXVIII GERTRUDIS, HAMLET GERTRUDIS.--Todo es efecto de la fantasa. El desorden que padece tu espritu produce esas ilusiones vanas. HAMLET.--Desorden? Mi pulso, como el vuestro late con regular intervalo, y anuncia igual salud en sus compases... Nada de lo que he dicho es locura. Haced la prueba, y veris si os repito cuantas ideas y palabras acabo de proferir, y un loco no puede hacerlo. Ah, madre ma! en merced os pido que no apliquis al alma esa uncin halagea, creyendo que es mi locura la que habla, y no vuestro delito. Con tal medicina lograris slo irritar la parte ulcerada, aumentando la ponzoa pestfera que interiormente la corrompe... Confesad al cielo vuestra culpa, llorad lo pasado, precaved lo futuro, y no extendis el beneficio sobre las malas hierbas para que prosperen lozanas. Perdonad este desahogo mi virtud, ya que en esta delincuente edad la virtud misma tiene que pedir perdn al vicio, y aun para hacerle bien le halaga y le ruega. GERTRUDIS.--Ay, Hamlet! t despedazas mi corazn. HAMLET.--S? Pues apartad de vos aquella porcin ms daada, y vivid con la que resta ms inocente. Buenas noches... Pero no volvis al lecho de mi to. Si carecis de virtud, aparentadla al menos. La costumbre, aquel monstruo que destruye las inclinaciones y afectos del alma, si en lo dems es un demonio, tal vez es un ngel cuando sabe dar las buenas acciones una cierta facilidad con que insensiblemente las hace parecer innatas. Conteneos por esta noche; este esfuerzo os har ms fcil la abstinencia prxima, y la que siga despus la hallaris ms fcil todava. La costumbre es capaz de borrar la impresin misma de la naturaleza, reprimir las malas inclinaciones y alejarlas de nosotros con maravilloso poder. Buenas noches; y cuando aspiris de veras la bendicin del cielo, entonces yo os pedir vuestra bendicin... La desgracia de este hombre (_hace ademn de cargar con el cuerpo de Polonio; pero dejndole en el suelo otra vez vuelve hablar Gertrudis_) me aflige en extremo; pero Dios lo ha querido as: l le ha castigado por mi mano, y m tambin precisndome ser el instrumento de su enojo. Yo le conducir adonde convenga, y sabr justificar la muerte que le d. Basta. Buenas noches. Porque soy piadoso, debo ser cruel; ve aqu el primer dao cometido; pero aun es mayor el que despus ha de ejecutarse... Ah! escuchad otra cosa. GERTRUDIS.--Cul es? Qu debo hacer? HAMLET.--No hacer nada de cuanto os he dicho, nada. Permitid que el rey hinchado con el vino, os conduzca otra vez al lecho, y all os acaricie, apretando lascivo vuestras mejillas, y os tiente el pecho con sus malditas manos, y os bese con negra boca. Agradecida, entonces, declaradle cuanto hay en el caso: decidle que mi locura no es verdadera, que todo es artificio... S, decdselo; porque cmo sera posible callrselo? Id, y pesar de la razn y del sigilo, abrid la jaula sobre el techo de la casa y haced que los pjaros se vuelen; y semejante al mono (tan amigo de hacer experiencias), meted la cabeza en la trampa, riesgo de perecer en ella misma. GERTRUDIS.--No, no lo temas; que si las palabras se forman del aliento, y ste anuncia vida, no hay vida ni aliento en m para repetir lo que me has dicho. HAMLET.--Sabis que debo ir Inglaterra? GERTRUDIS.--Ah! ya lo haba olvidado. S, es cosa resuelta. HAMLET.--He sabido que hay ciertas cartas selladas, y que mis dos condiscpulos (de quienes yo me fiar como de una vbora ponzoosa) van encargados de llevar el mensaje, facilitarme la marcha y conducirme al precipicio. Pero yo los dejar hacer; que es mucho gusto ver volar al minador con su propio hornillo, y mal irn las cosas o yo excavar una vara no ms, debajo de sus minas, y los har saltar hasta la luna. Oh, es mucho gusto cuando un pcaro tropieza con quien se las entiende!..... Este hombre me hace ahora su ganapn... (_Quiere llevar cuestas el cadver, y no pudiendo hacerlo cmodamente, le ase de un pie, y se le lleva arrastrando_) le llevar arrastrando la pieza inmediata. Madre, buenas noches... Por cierto que el seor consejero (que fu en vida un hablador impertinente) es ahora bien reposado, bien serio y taciturno. Vamos, amigo, que es menester sacaros de aqu y acabar con ello. Buenas noches, madre. ACTO IV ESCENA PRIMERA Saln de palacio CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--Esos suspiros, esos profundos sollozos alguna causa tienen; dime cul es, conviene que la sepa yo... En dnde est tu hijo? GERTRUDIS.--Dejadnos solos un instante. (_Vanse Ricardo y Guillermo_). Ah, seor, lo que he visto esta noche! CLAUDIO.--Qu ha sido, Gertrudis? Qu hace Hamlet? GERTRUDIS.--Furioso est como el mar y el viento cuando disputan entre s cul es ms fuerte. Turbado con la demencia que le agita, oy algn ruido detrs del tapiz; saca la espada, grita: un ratn, un ratn; y en su ilusin frentica mat al buen anciano que se hallaba oculto. CLAUDIO.--Funesto accidente! Lo mismo hubiera hecho conmigo si hubiera estado all. Ese desenfreno insolente amenaza todos: m, ti misma, todos en fin. Oh!... y cmo disculparemos una accin tan sangrienta? Nos la imputarn, sin duda, nosotros, porque nuestra autoridad debera haber reprimido ese joven loco, ponindole en paraje donde nadie pudiera ofender. Pero el excesivo amor que le tenemos nos ha impedido hacer lo que ms convena; bien as como el que padece una enfermedad vergonzosa, que por no declararla, consiente primero que le devore la sustancia vital. Y dnde ha ido? GERTRUDIS.--A retirar de all el difunto cuerpo, y en medio de su locura llora el error que ha cometido. As el oro manifiesta su pureza, aunque mezclado tal vez con metales viles. CLAUDIO.--Vamos, Gertrudis, y apenas toque el sol la cima de los montes har que se embarque y se vaya; en tanto ser necesario emplear toda nuestra autoridad y nuestra prudencia para ocultar disculpar un hecho tan indigno. ESCENA II CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--Oh Guillermo, amigos! Id entrambos con alguna gente que os ayude... Hamlet, ciego de frenes, ha muerto Polonio, y le ha sacado arrastrando del cuarto de su madre. Id buscarle; habladle con dulzura; y haced llevar el cadver la capilla. No os detengis. (_Vanse Ricardo y Guillermo_). Vamos, que pienso llamar nuestros ms prudentes amigos para darles cuenta de esta imprevista desgracia, y de lo que resuelvo hacer. Acaso por este medio la calumnia (cuyo rumor ocupa la extensin del orbe, y dirige sus emponzoados tiros con la certeza que el can su blanco), errando esta vez el golpe, dejar nuestro nombre ileso y herir slo al viento insensible. Oh!... Vamos de aqu... mi alma est llena de agitacin y de terror. ESCENA III Cuarto de Hamlet HAMLET, RICARDO, GUILLERMO HAMLET.--Colocado ya en lugar seguro... Pero... RICARDO (_desde adentro_).--Hamlet! seor! HAMLET.--Qu ruido es este? Quin llama Hamlet?... Oh! ya estn aqu. (_Salen Ricardo y Guillermo_). RICARDO.--Seor, qu habis hecho del cadver? HAMLET.--Ya est entre el polvo, del cual es pariente cercano. RICARDO.--Decidnos dnde est, para que le hagamos llevar la capilla. HAMLET.--Ah!... no lo creis, no. RICARDO.--Qu es lo que no debemos creer? HAMLET.--Que yo pueda guardar vuestro secreto, y os revele el mo... Y adems, qu ha de responder el hijo de un rey a las instancias de un entrometido palaciego? RICARDO.--Entrometido me llamis? HAMLET.--S, seor, entrometido; que como una esponja chupa del favor del rey las riquezas y la autoridad. Pero estas gentes lo ltimo de su carrera es cuando sirven mejor al prncipe; porque ste, semejante al mono, se los mete en un rincn de la boca; all los conserva, y el primero que entr es el ltimo que se traga. Cuando el rey necesite lo que t (que eres su esponja) le hayas chupado, te coge, te exprime, y quedas enjuto otra vez. RICARDO.--No comprendo lo que decs. HAMLET.--Me place en extremo. Las razones agudas son ronquidos para los odos tontos. RICARDO.--Seor, lo que importa es que nos digis en dnde est el cuerpo, y os vengis con nosotros ver al rey. HAMLET.--El cuerpo est con el rey; pero el rey no est con el cuerpo. El rey viene ser una cosa, como... GUILLERMO.--Qu cosa, seor? HAMLET.--Una cosa que no vale nada... Pero guarda, Pablo... Vamos verle. ESCENA IV Saln de palacio CLAUDIO Le he enviado llamar, y he mandado buscar el cadver. Qu peligroso es dejar en libertad este mancebo! Pero no es posible tampoco ejercer sobre l la severidad de las leyes. Est muy querido de la fantica multitud, cuyos afectos se determinan por los ojos, no por la razn, y que en tales casos considera el castigo del delincuente, y no el delito. Conviene, para mantener la tranquilidad, que esa repentina ausencia de Hamlet aparezca como cosa muy de antemano meditada y resuelta. Los males desesperados, son incurables, se alivian con desesperados remedios. ESCENA V CLAUDIO, RICARDO CLAUDIO.--Qu hay, qu ha sucedido? RICARDO.--No hemos podido lograr que nos diga adonde ha llevado el cadver. CLAUDIO.--Pero l en dnde est? RICARDO.--Afuera qued con gente que le guarda, esperando vuestras rdenes. CLAUDIO.--Traedle mi presencia. RICARDO.--Guillermo: que venga el prncipe. ESCENA VI CLAUDIO, RICARDO, HAMLET, GUILLERMO, criados CLAUDIO.--Y bien, Hamlet, en dnde est Polonio? HAMLET.--Ha ido cenar. CLAUDIO.--A cenar? Adonde? HAMLET.--No adonde coma, sino adonde es comido, entre una numerosa congregacin de gusanos. El gusano es el monarca supremo de todos los comedores. Nosotros engordamos los dems animales para engordarnos, y engordamos para el gusanillo que nos come despus. El rey gordo y el mendigo flaco son dos platos diferentes, pero se sirven una misma mesa. En esto para todo. CLAUDIO.--Ah! HAMLET.--Tal vez un hombre puede pescar con el gusano que ha comido un rey, y comerse despus el pez que se aliment de aquel gusano. CLAUDIO.--Y qu quieres decir con eso? HAMLET.--Nada ms que manifestar cmo un rey puede pasar progresivamente las tripas de un mendigo. CLAUDIO.--En dnde est Polonio? HAMLET.--En el cielo. Enviad alguno que lo vea, y si vuestro comisionado no le encuentra all, entonces podis vos mismo irle buscar otra parte. Bien que, si no le hallis en todo este mes, le oleris sin duda al subir los escalones de la galera. CLAUDIO.--Id buscarle. (_Vanse los criados_). HAMLET.--No, l no se mover de all hasta que vayan por l. CLAUDIO.--Este suceso, Hamlet, exige que atiendas tu propia seguridad, la cual me interesa tanto como lo demuestra el sentimiento que me causa la accin que has hecho. Conviene que salgas de aqu con acelerada diligencia. Preprate pues. La nave est ya prevenida, el viento es favorable, los compaeros aguardan, y todo est pronto para tu viaje Inglaterra. HAMLET.--A Inglaterra? CLAUDIO.--S, Hamlet. HAMLET.--Muy bien. CLAUDIO.--S, muy bien debe parecerte, si has comprendido el fin que se encaminan mis deseos. HAMLET.--Yo veo un ngel que los ve... Pero vamos Inglaterra. Adis, mi querida madre! CLAUDIO.--Y tu padre que te ama, Hamlet? HAMLET.--Mi madre... Padre y madre son marido y mujer; marido y mujer son una carne misma, con que... mi madre... Eh! Vamos Inglaterra. ESCENA VII CLAUDIO, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--Seguidle inmediatamente; instad con viveza su embarco, no se dilate un punto. Quiero verle fuera de aqu esta noche. Partid. Cuanto es necesario esta comisin, est sellado y pronto. Id, no os detengis. (_Vanse Ricardo y Guillermo._) Y t, Inglaterra, si en algo estimas mi amistad (de cuya importancia mi gran poder te avisa), pues aun miras sangrientas las heridas que recibiste del acero dinamarqus, y en dcil temor me pagas tributos, no dilates tibia la ejecucin de mi suprema voluntad, que por cartas escritas este fin te pide con la mayor instancia la pronta muerte de Hamlet. Su vida es para m una fiebre ardiente, y t sola puedes aliviarme. Hazlo as, Inglaterra, y hasta que sepa que descargaste el golpe, por ms feliz que mi suerte sea, no se restablecern en mi corazn la tranquilidad ni la alegra. ESCENA VIII Campo solitario en las fronteras de Dinamarca FORTIMBRAS, un capitn, soldados FORTIMBRS.--Id, capitn, saludad en mi nombre al monarca dans; decidle que en virtud de su licencia, Fortimbrs pide el paso libre por su reino, segn se le ha prometido. Ya sabis el sitio de nuestra reunin. Si algo quiere S. M. comunicarme, hacedle saber que estoy pronto ir en persona darle pruebas de mi respeto. CAPITN.--As lo har, seor. FORTIMBRS.--Y vosotros caminad con paso vagaroso. ESCENA IX Un capitn, HAMLET, RICARDO, GUILLERMO, soldados HAMLET.--Caballero, de dnde son estas tropas? CAPITN.--De Noruega, seor. HAMLET.--Y decidme, adnde se encaminan? CAPITN.--Contra una parte de Polonia. HAMLET.--Quin las acaudilla? CAPITN.--Fortimbrs, sobrino del anciano rey de Noruega. HAMLET.--Se dirigen contra toda Polonia, slo alguna parte de sus fronteras? CAPITN.--Para deciros sin rodeos la verdad, vamos adquirir una porcin de tierra, de la cual (exceptuando el honor) ninguna otra utilidad puede esperarse. Si me la diesen arrendada en cinco ducados, no la tomara, ni pienso que produzca mayor inters al de Noruega ni al polaco, aunque pblica subasta la vendan. HAMLET.--Sin duda el polaco no tratar de resistir? CAPITN.--Antes bien ha puesto ya en ella tropas que la guarden. HAMLET.--De ese modo el sacrificio de dos mil hombres y veinte mil ducados no decidirn la posesin de un objeto tan frvolo. Esa es una apostema del cuerpo poltico, nacida de la paz y excesiva abundancia que revienta en lo interior, sin que exteriormente se vea la razn por que el hombre perece. Os doy muchas gracias de vuestra cortesa. CAPITN.--Dios os guarde. (_Vanse el capitn y los soldados_). RICARDO.--Queris proseguir el camino? HAMLET.--Presto os alcanzar. Id adelante un poco. ESCENA X HAMLET Cuantos accidentes ocurren, todos me acusan, excitando la venganza mi adormecido aliento. Qu es el hombre que funda su mayor felicidad, y emplea todo su tiempo slo en dormir y alimentarse? Es un bruto y no ms. No: aquel que nos form dotados de tan extenso conocimiento, que con l podemos ver lo pasado y lo futuro, no nos di ciertamente esta facultad, esta razn divina, para que estuviera nosotros sin uso y torpe. Sea, pues, brutal negligencia, sea tmido escrpulo que no se atreve penetrar los casos venideros (proceder en que hay ms parte de cobarda que de prudencia), yo no s para qu existo, diciendo siempre: razn, voluntad, fuerza y medios para ejecutarla. Por todas partes hallo ejemplos grandes que me estimulan. Prueba es bastante ese fuerte y numeroso ejrcito conducido por un prncipe joven y delicado, cuyo espritu impelido de ambicin generosa desprecia la incertidumbre de los sucesos, y expone su existencia frgil y mortal los golpes de la fortuna, la muerte, los peligros ms terribles, y todo por un objeto de tan leve inters. El ser grande no consiste, por cierto, en obrar slo cuando ocurre un gran motivo, sino en saber hallar una razn plausible de contienda, aunque sea pequea la causa, cuando se trata de adquirir honor. Cmo, pues, permanezco yo en ocio indigno, muerto mi padre alevosamente, mi madre envilecida... estmulos capaces de excitar mi razn y mi ardimiento, que yacen dormidos? Mientras para vergenza ma veo la destruccin inmediata de veinte mil hombres, que por un capricho, por una estril gloria van al sepulcro como sus lechos, combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de comprender, por un terreno que aun no es suficiente sepultura tantos cadveres... Oh! de hoy ms, no existir en mi fantasa idea ninguna, cuantas forme sern sangrientas. ESCENA XI Galera de palacio GERTRUDIS, HORACIO GERTRUDIS.--No, no quiero hablarla. HORACIO.--Ella insta por veros. Est loca, es verdad; pero eso mismo debe excitar vuestra compasin. GERTRUDIS.--Y qu pretende? Qu dice? HORACIO.--Habla mucho de su padre: dice que continuamente oye que el mundo est lleno de maldad; solloza, se lastima el pecho, y airada trastorna con el pie cuanto tal pasar encuentra. Profiere razones equvocas en que apenas se halla sentido; pero la misma extravagancia de ellas mueve los que las oyen retenerlas, examinando el fin con que las dice, y dando sus palabras una combinacin arbitraria, segn la idea de cada uno. Al observar sus miradas, sus movimientos de cabeza, su gesticulacin expresiva, llegan creer que puede haber en ella algn asomo de razn; pero nada hay de cierto sino que se halla en el estado ms infeliz. GERTRUDIS.--Ser bien hablarla, antes que mi repulsa esparza conjeturas fatales en aquellos nimos que todo lo interpretan siniestramente. Hazla venir. (_Vase Horacio_). El ms frvolo acaso parece mi daada conciencia presagio de algn grave desastre. Propia es de la culpa esta desconfianza. Tan lleno est siempre de recelos el delincuente, que el temor de ser descubierto hace tal vez que l mismo se descubra. ESCENA XII GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO OFELIA.--En dnde est la hermosa reina de Dinamarca? GERTRUDIS.--Cmo va, Ofelia? OFELIA.--(_Estos versos, y todos los que siguen en el presente acto, los canta Ofelia_). Cmo va al amante que fiel te sirva, de otro cualquiera distinguira? Por las veneras de su esclavina, bordn, sombrero con plumas rizas, y su calzado que adornan cintas. GERTRUDIS.--Oh querida ma! y qu propsito viene esa cancin? OFELIA.--Eso decs?... Atended a sta: Muerto es ya, seora, muerto, y no est aqu. Una tosca piedra sus plantas vi, y al csped del prado su frente cubrir. Ah! ah! ah! (_Dando risotadas_). GERTRUDIS.--S; pero, Ofelia... OFELIA.--Od, od. Blancos paales le vestan... ESCENA XIII CLAUDIO, GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO GERTRUDIS.--Desgraciada! Veis esto, seor? OFELIA.--Blancos paales le vestan como la nieve del monte, y al sepulcro le conducen cubierto de bellas flores, que en tierno llanto de amor se humedecieron entonces. CLAUDIO.--Cmo ests, graciosa nia? OFELIA.--Buena: Dios os lo pague... Dicen que la lechuza fu antes una doncella, hija de un panadero... Ah!... Sabemos lo que somos ahora. Pero no lo que podemos ser... Dios vendr visitarnos. CLAUDIO.--Alusin su padre. OFELIA.--Pero no, no hablemos ms en esto; y si os preguntan lo que significa, decid: De san Valentino la fiesta es maana: yo, nia amorosa, al toque del alba ir que me veas desde tu ventana, para que la suerte dichosa me caiga. Despierta el mancebo, se viste de gala. Y l responde entonces: Por el sol te juro que no lo olvidara, si t no te hubieras venido mi cama. CLAUDIO.--Graciosa Ofelia! OFELIA.--S, voy acabar: sin jurarlo, os prometo que la voy concluir. Ay, msera! Cielos! Torpeza, villana! Qu galn desprecia ventura tan alta? Pues todos son falsos, le dice indignada: antes que en tus brazos me mirase incauta, de hacerme tu esposa me diste palabra. Y abriendo las puertas entr la muchacha, que viniendo virgen volvi desflorada. CLAUDIO.--Cunto ha que est as? OFELIA.--Yo espero que todo ir bien... Debemos tener paciencia... (_Se entristece y llora_). Pero yo no puedo menos de llorar considerando que le han dejado sobre la tierra fra... Mi hermano lo sabr... preciso... Y yo os doy las gracias por vuestros buenos consejos... (_Con mucha viveza y alegra_). Vamos, la carroza. Buenas noches, seoras, buenas noches. Amiguitas, buenas noches, buenas noches, buenas noches. CLAUDIO (_ Horacio_).--Acompala su cuarto, y haz que la asista suficiente guardia. Yo te lo ruego. ESCENA XIV CLAUDIO, GERTRUDIS CLAUDIO.--Oh! todo es efecto de un profundo dolor; todo nace de la muerte de su padre; y ahora observo, Gertrudis, que cuando los males vienen, no vienen esparcidos como espas, sino reunidos en escuadrones. Su padre muerto, tu hijo ausente habiendo dado l mismo justo motivo su destierro), el pueblo alterado en tumulto con daadas ideas y murmuraciones sobre la muerte del buen Polonio, cuyo entierro oculto ha sido no leve imprudencia de nuestra parte; la desdichada Ofelia fuera de s, turbada su razn, sin la cual somos vanos simulacros, comparables slo los brutos, y por ltimo (y esto no es menos esencial que todo lo restante), su hermano, que ha venido secretamente de Francia, y en medio de tan extraos casos, se oculta entre sombras misteriosas, sin que falten lenguas maldicientes que envenenen sus odos, hablndole de la muerte de su padre. Ni en tales discursos, falta de noticias seguras, dejaremos de ser citados continuamente de boca en boca. Todos estos afanes juntos, mi querida Gertrudis, como una mquina destructora que se dispara, me dan muchas muertes un tiempo. (_Suena lo lejos un rumor confuso, que se ir aumentando durante la escena siguiente_). GERTRUDIS.--Ay Dios! Qu estruendo es ste? ESCENA XV CLAUDIO, GERTRUDIS, un caballero CLAUDIO.--En dnde est mi guardia?... Acudid... defended las puertas... Qu es esto? CABALLERO.--Hud, seor. El Ocano, sobrepujando sus trminos, no traga las llanuras con mpetu ms espantoso, que el que manifiesta el joven Laertes ciego de furor, venciendo la resistencia que le oponen vuestros soldados. El vulgo le apellida seor; y como si ahora comenzase existir el mundo, la antigedad y la costumbre (apoyo y seguridad de todo buen gobierno) se olvidan y se desconocen. Gritan por todas partes: Nosotros elegimos por rey a Laertes. Los sombreros arrojados al aire, las manos y las lenguas le aplauden, llegando las nubes la voz general que repite: Laertes ser nuestro rey. Viva Laertes! GERTRUDIS.--Con qu alegra sigue, ladrando, esa tralla prfida el rastro mal seguro en que va perderse! CLAUDIO.--Ya han roto las puertas. ESCENA XVI LAERTES, CLAUDIO, GERTRUDIS, soldados y pueblo LAERTES.--En dnde est el rey? (_Volvindose hacia la puerta por donde ha salido, detiene los conjurados que le acompaan, y hace que se retiren_). Vosotros quedaos todos afuera. VOCES.--No, entremos. LAERTES.--Yo os pido que me dejis. VOCES.--Bien, bien est. LAERTES.--Gracias, seores. Guardad las puertas... y t, indigno prncipe, dame mi padre. GERTRUDIS.--Menos, menos ardor, querido Laertes. LAERTES.--Si hubiese en m una gota de sangre con menos ardor, me declarara por hijo espurio, infamara de cornudo mi padre, imprimira sobre la frente limpia y casta de mi madre honestsima la nota infame de prostituta. CLAUDIO.--Pero, Laertes, cul es el motivo de tan atrevida rebelin?... Djale, Gertrudis, no le contengas... no temas nada contra m. Existe una fuerza divina que defiende los reyes; la traicin no puede como quisiera penetrar hasta ellos, y ve malogrados en la ejecucin todos sus designios... Dime, Laertes, por qu ests tan airado?... Djale, Gertrudis... Habla t. LAERTES.--En dnde est mi padre? CLAUDIO.--Muri. GERTRUDIS.--Pero no le ha muerto el rey. CLAUDIO.--Djale preguntar cuanto quiera. LAERTES.--Y cmo ha sido su muerte?... Eh!... No, m no se me engaa. Vyase al infierno la fidelidad, llvese el ms atezado demonio los juramentos de vasallaje, sepltense la conciencia, la esperanza de salvacin en el abismo ms profundo... La condenacin eterna no me horroriza; suceda lo que quiera, ni ste ni el otro mundo me importan nada... Slo aspiro, y ste es el punto en que insisto, slo aspiro dar completa venganza mi difunto padre. CLAUDIO.--Y quin te lo puede estorbar? LAERTES.--Mi voluntad sola, y no todo el universo; y en cuanto los medios de que he de valerme, no sabr economizarlos de suerte que un pequeo esfuerzo produzca efectos grandes. CLAUDIO.--Buen Laertes, si deseas saber la verdad acerca de la muerte de tu amado padre, est escrito acaso en tu venganza que hayas de atropellar sin distincin amigos y enemigos, culpados inocentes? LAERTES.--No, slo mis enemigos. CLAUDIO.--Querrs, sin duda, conocerlos? LAERTES.--Oh! mis buenos amigos yo los recibir con abiertos brazos, y semejante al pelcano amoroso los alimentar, si necesario fuese, con mi sangre misma. CLAUDIO.--Ahora hablaste como buen hijo y como caballero. Laertes, ni tengo culpa en la muerte de tu padre, ni alguno ha sentido como yo su desgracia. Esta verdad deber ser tan clara tu razn, como tus ojos la luz del da. VOCES.--Dejadla entrar. (_Ruido y voces dentro_). LAERTES.--Qu novedad... qu ruido es ste? ESCENA XVII CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, OFELIA, acompaamiento. Ofelia sale vestida de blanco, el cabello suelto, y una guirnalda en la cabeza, hecha de paja y flores silvestres, trayendo, en el faldelln muchas flores y hierbas. LAERTES.--Oh, calor activo, abrasa mi cerebro! Lgrimas en extremo custicas, consumid la potencia y la sensibilidad de mis ojos! Por los cielos te juro que esa demencia tuya ser pagada por m con tal exceso, que el peso del castigo tuerza el fiel y baje la balanza... Oh, rosa de mayo! amable nia! mi querida Ofelia! mi dulce hermana!... Oh cielos! y es posible que el entendimiento de una tierna joven sea tan frgil como la vida del hombre decrpito?... Pero la naturaleza es muy fina en amor y cuando ste llega al exceso, el alma se desprende tal vez de alguna preciosa parte de s misma, para ofrecrsela en don al objeto amado. OFELIA.--Llevronle en su atad con el rostro descubierto. Ay no ni, ay ay ay no ni. Y sobre su sepultura muchas lgrimas llovieron. Ay no ni, ay ay ay no ni. Adis, querido mo. Adis. LAERTES.--Si gozando de tu razn me incitaras la venganza, no pudieras conmoverme tanto. OFELIA.--Debis cantar aquello de: Abajito est: llmele, seor, que abajito est. Ay, qu propsito viene el estribillo!... El pcaro del mayordomo fu el que rob la seorita. LAERTES.--Esas palabras vanas producen mayor efecto en m, que el ms concertado discurso. OFELIA.--Aqu traigo romero, que es bueno para la memoria. (_A Laertes_). Tomad, amigo, para que os acordis... Y aqu hay trinitarias, que son para los pensamientos. LAERTES.--Aun en medio de su delirio quiere aludir los pensamientos que la agitan y sus memorias tristes. OFELIA (_ Gertrudis_).--Aqu hay hinojo para vos, y palomillas y ruda... para vos tambin, y esto poquito es para m... Nosotros podemos llamarla hierba santa del domingo... vos la usaris con la distincin que os parezca... (_A Claudio_). Esta es una margarita... Bien os quisiera dar algunas violetas; pero todas se marchitaron cuando muri mi padre. Dicen que tuvo un buen fin. Un solitario de plumas vario me da placer. LAERTES.--Ideas funestas, afliccin, pasiones terribles, los horrores del infierno mismo, todo en su boca es gracioso y suave. OFELIA.--Nos deja, se va, y no ha de volver. No, que ya muri, no vendr otra vez... Su barba era nieve, su pelo tambin. Se fu dolorosa partida! se fu. En vano exhalamos suspiros por l. Los cielos piadosos descanso le den. A l y todas las almas cristianas. Dios lo quiera... Eh! seores, adis. ESCENA XVIII CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES LAERTES.--Veis esto, Dios mo! CLAUDIO.--Yo debo tomar parte en tu afliccin, Laertes: no me niegues este derecho. Oyeme aparte. Elige entre los ms prudentes de tus amigos aqullos que te parezca. Oigannos entrambos, y juzguen. Si por m propio por mano ajena result culpado, mi reino, mi corona, mi vida, cuanto puedo llamar mo, todo te lo dar para satisfacerte. Si no hay culpa en m, deber contar otra vez con tu obediencia, y unidos ambos, buscaremos los medios de aliviar tu dolor. LAERTES.--Hgase lo que decs... Su arrebatada muerte, su obscuro funeral, sin trofeos, armas, ni escudos sobre el cadver, ni debidos honores, ni decorosa pompa; todo, todo est clamando del cielo la tierra por un examen el ms riguroso. CLAUDIO.--T le obtendrs, y la segur terrible de la justicia caer sobre el que fuere delincuente. Ven conmigo. ESCENA XIX Sala en casa de Horacio HORACIO, un criado HORACIO.--Quines son los que me quieren hablar? CRIADO.--Unos marineros que, segn dicen, os traen cartas. HORACIO.--Hazlos entrar. (_Vase el criado_). Yo no s de qu parte del mundo pueda nadie escribirme, si ya no es Hamlet mi seor. ESCENA XX HORACIO, dos marineros MARINERO 1.--Dios os guarde. HORACIO.--Y vosotros tambin. MARINERO 1.--As lo har, si es su voluntad. Estas cartas del embajador que se embarc para Inglaterra vienen dirigidas vos, si os llamis Horacio como nos han dicho. HORACIO. (_Lee la carta._)--Horacio: luego que hayas ledo esta, dirigirs esos hombres al rey, para el cual les he dado una carta. Apenas llevbamos dos das de navegacin, cuando empez darnos caza un pirata muy bien armado. Viendo que nuestro navo era poco velero, nos vimos precisados apelar al valor. Llegamos al abordaje: yo salt el primero en la embarcacin enemiga, que al mismo tiempo logr desaferrarse de la nuestra, y por consiguiente me hall solo y prisionero. Ellos se han portado conmigo como ladrones compasivos; pero ya saban lo que se hacan, y se lo he pagado muy bien. Haz que el rey reciba las cartas que le envo, y t ven verme con tanta diligencia como si huyeras de la muerte. Tengo unas cuantas palabras que decirte al odo, que te dejarn atnito, bien que todas ellas no sern suficientes expresar la importancia del caso. Esos buenos hombres te conducirn hasta aqu. Guillermo y Ricardo siguieron su camino Inglaterra. Mucho tengo que decirte de ellos. Adis. Tuyo siempre.--HAMLET. Vamos. Yo os introducir para que presentis esas cartas. Conviene hacerlo pronto, fin de que me llevis despus adonde queda el que os las entreg. ESCENA XXI Gabinete del rey CLAUDIO, LAERTES CLAUDIO.--Sin duda tu rectitud aprobar ya mi descargo, y me dars lugar en el corazn como tu amigo, despus que has odo con pruebas evidentes que el matador de tu noble padre conspiraba contra mi vida. LAERTES.--Claramente se manifiesta... Pero decidme: por qu no procedis contra excesos tan graves y culpables, cuando vuestra prudencia, vuestra grandeza, vuestra propia seguridad, todas las consideraciones juntas deberan excitaros tan particularmente reprimirlos? CLAUDIO.--Por dos razones, que aunque tal vez las juzgars dbiles, para m han sido muy poderosas. Una es que la reina su madre vive pendiente casi de sus miradas, y al mismo tiempo (sea desgracia felicidad ma) tan estrechamente uni el amor mi vida y mi alma la de mi esposa, que as como los astros no se mueven sino dentro de su propia esfera, as en m no hay movimiento alguno que no dependa de su voluntad. La otra razn por que no puedo proceder contra el agresor pblicamente, es el grande cario que le tiene el pueblo; el cual, como la fuente cuyas aguas mudan los troncos en piedras, baando en su afecto las faltas del prncipe, convierte en gracias todos sus yerros. Mis flechas no pueden con tal violencia dispararse, que resistan huracn tan fuerte; y sin tocar el punto que las dirija, se volvern otra vez al arco. LAERTES.--S, y en tanto yo he perdido un ilustre padre, y hallo una hermana en la ms deplorable situacin... Mi hermana, cuyo mrito (si alcanza el elogio lo que ya no existe) se levant sobre lo ms sublime de su siglo, por las raras prendas que en ella se admiraron juntas... Pero llegar, llegar el tiempo de mi venganza. CLAUDIO.--Ese cuidado no debe interrumpirte el sueo, ni has de presumir que yo est formado de materia tan insensible y dura, que me deje remesar la barba y lo tome fiesta... Presto te informar de lo dems. Basta decirte que am tu padre, que nosotros nos amamos tambin, y que espero darte conocer la... Pero... Qu noticias traes? ESCENA XXII CLAUDIO, LAERTES, un guardia GUARDIA.--Seor, veis aqu las cartas del prncipe: sta, para V. M., y sta, para la reina. (_Da unas cartas Claudio_). CLAUDIO.--De Hamlet! Quin las ha trado! GUARDIA.--Dicen que unos marineros; yo no los he visto. Horacio, que las recibi del que las trajo, es el que me las ha entregado m. CLAUDIO.--Oirs lo que dicen, Laertes. Djanos solos. ESCENA XXIII CLAUDIO, LAERTES CLAUDIO. (_Lee una carta._)--Alto y poderoso seor: os hago saber cmo he llegado desnudo vuestro reino. Maana os pedir permiso de ver vuestra presencia real; y entonces, mediante vuestro perdn, os dir la causa de mi extraa y repentina vuelta.--HAMLET. Qu quiere decir esto? Se habrn vuelto los otros tambin, hay alguna equivocacin, acaso todo es falso? LAERTES.--Conocis la letra? CLAUDIO (_examinando con atencin la carta_).--S, es de Hamlet... _Desnudo_... y en una enmienda que hay aqu, dice: _solo_... Qu puede ser esto? LAERTES.--Yo nada alcanzo... Pero dejadle venir, que ya siento encenderse en nuevas iras mi corazn... S, yo vivir, y le dir en su cara: t lo hiciste, y fu de esta manera. CLAUDIO.--Si el caso es cierto... Eh! Cmo es posible!... Y qu otra cosa puede ser?... Quieres dirigirte por m, Laertes? LAERTES.--S, seor, como no procuris inclinarme la paz. CLAUDIO.--A tu propia paz, no otra ninguna. Si l vuelve ahora disgustado de este viaje y rehusa comenzarle de nuevo, yo le ocupar en una empresa que medito, en la cual perecer sin duda. Esta muerte no excitar el aura ms leve de acusacin; su madre misma absolver el hecho juzgndole casual. LAERTES.--Seguir en todo vuestras ideas, y mucho ms si disponis que yo sea el instrumento que le ejecute. CLAUDIO.--Todo sucede bien... Desde que te fuiste se ha hablado mucho de ti delante de Hamlet, por una habilidad en que dicen que sobresales. Las dems que tienes no movieron tanto su envidia como sta sola, que en mi opinin ocupa el ltimo lugar. LAERTES.--Y qu habilidad es, seor? CLAUDIO.--No es ms que un lazo en el sombrero de la juventud, pero que le es muy necesario; puesto que as son propios de la juventud los adornos ligeros y alegres, como de la edad madura las ropas y pieles que se viste por abrigo y decencia... Dos meses ha que estuvo aqu un caballero de Normanda... Yo conozco los franceses muy bien, he militado contra ellos, y son, por cierto, buenos jinetes; pero el galn de quien hablo era un prodigio en esto. Pareca haber nacido sobre la silla, y haca ejecutar al caballo tan admirables movimientos como si l y su valiente bruto animaran un cuerpo solo; y tanto excedi mis ideas, que todas las formas y actitudes que yo pude imaginar no llegaron lo que l hizo. LAERTES.--Decs que era normando? CLAUDIO.--S, normando. LAERTES.--Ese es Lamond, sin duda. CLAUDIO.--El mismo. LAERTES.--Le conozco bien, y es la joya ms preciosa de su nacin. CLAUDIO.--Pues ste, hablando de ti pblicamente, te llenaba de elogios por tu inteligencia y ejercicio en la esgrima, y la bondad de tu espada en la defensa y el ataque; tanto, que dijo alguna vez que sera un espectculo admirable verte lidiar con otro de igual mrito, si pudiera hallarse; puesto que, segn aseguraba l mismo, los ms diestros de su nacin carecan de agilidad para las estocadas y los quites cuando t esgrimas con ellos. Este informe irrit la envidia de Hamlet, y en nada pens desde entonces sino en solicitar con instancia tu pronto regreso para batallar contigo. Fuera de esto... LAERTES.--Y qu hay adems de eso, seor? CLAUDIO.--Laertes, amaste tu padre, eres como las figuras de un lienzo, que tal vez aparentan tristeza en el semblante cuando les falta un corazn? LAERTES.--Por qu lo preguntis? CLAUDIO.--No porque piense que no amabas tu padre, sino porque s que el amor est sujeto al tiempo, y que el tiempo extingue su ardor y sus centellas, segn me lo hace ver la experiencia de los sucesos. Existe en medio de la llama de amor una mecha pbilo que la destruye al fin; nada permanece en un mismo grado de bondad constantemente, pues la salud misma degenerando en pltora perece por su propio exceso. Cuanto nos proponemos hacer debera ejecutarse en el instante mismo en que lo deseamos, porque la voluntad se altera fcilmente, se debilita y se entorpece, segn las lenguas, las manos y los accidentes que se atraviesan; y entonces aquel estril deseo es semejante un suspiro que exhalando prdigo el aliento, causa dao en vez de dar alivio... Pero toquemos en lo vivo de la herida. Hamlet vuelve... Qu accin emprenderas t para manifestar ms con las obras que con las palabras que eres digno hijo de tu padre? LAERTES.--Qu har? Le cortar la cabeza en el templo mismo. CLAUDIO.--Cierto que no debera un homicida hallar asilo en parte alguna, ni reconocer lmites una justa venganza; pero, buen Laertes, haz lo que te dir: Permanece oculto en tu cuarto; cuando llegue Hamlet, sabr que t has venido; yo le har acompaar por algunos que alabando tu destreza den un nuevo lustre los elogios que hizo de ti el francs. Por ltimo, llegaris veros; se harn apuestas en favor de uno y otro... l, que es descuidado, generoso, incapaz de toda malicia, no reconocer los floretes; de suerte que te ser muy fcil, con poca sutileza que uses, elegir una espada sin botn, y en cualquiera de las jugadas tomar satisfaccin de la muerte de tu padre. LAERTES.--As lo har, y ese fin quiero envenenar la espada con cierto ungento que compr de un charlatn, de cualidad tan mortfera, que mojando un cuchillo en l, adondequiera que haga sangre introduce la muerte, sin que haya emplasto eficaz que pueda evitarla, por ms que se componga de cuantos simples medicinales crecen debajo de la luna. Yo baar la punta de mi espada con este veneno, para que apenas le toque muera. CLAUDIO.--Reflexionemos ms sobre esto... Examinemos qu ocasin, qu medios sern ms oportunos nuestro engao; porque si tal vez se malogra, y equivocada la ejecucin se descubren los fines, valiera ms no haberlo emprendido. Conviene, pues, que este proyecto vaya sostenido con otro segundo, capaz de asegurar el golpe, cuando por el primero no se consiga. Espera... Djame ver si... Haremos una apuesta solemne sobre vuestra habilidad y... S, ya hall el medio. Cuando con la agitacin os sintis acalorados y sedientos (puesto que al fin deber ser mayor la violencia del combate), l pedir de beber, y yo le tendr prevenida expresamente una copa, que al gustarla slo, aunque haya podido librarse de tu espada ungida, veremos cumplido nuestro deseo. Pero... calla... Qu ruido se escucha? (_Suena ruido dentro_). ESCENA XXIV GERTRUDIS, CLAUDIO, LAERTES CLAUDIO.--Qu ocurre de nuevo, amada reina? GERTRUDIS.--Una desgracia va siempre pisando las ropas de otra; tan inmediatas caminan. Laertes, tu hermana acaba de ahogarse. LAERTES.--Ahogada!... En dnde?... Cielos! GERTRUDIS.--Donde hallaris un sauce que crece las orillas de ese arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas plidas. All se encamin ridculamente coronada de rannculos, ortigas, margaritas y luengas flores purpreas, que entre los sencillos labradores se reconocen bajo una denominacin grosera, y las modestas doncellas llaman dedos de muerto. Llegada que fu, se quit la guirnalda, y queriendo subir suspenderla de los pendientes ramos, se troncha un vstago envidioso, y caen al torrente fatal ella y todos sus adornos rsticos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que as durase por mucho espacio... Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorban, la arrebataron la infeliz, interrumpiendo su canto dulcsimo la muerte, llena de angustias. LAERTES.--Qu, en fin se ahog? Msero! GERTRUDIS.--S, se ahog, se ahog. LAERTES.--Desdichada Ofelia! demasiada agua tienes ya; por eso quisiera reprimir la de mis ojos.... Bien que pesar de todos nuestros esfuerzos, imperiosa la naturaleza sigue su costumbre, por ms que el valor se avergence... Pero luego que este llanto se vierta, nada quedar en m de femenil ni de cobarde... Adis, seores... Mis palabras de fuego arderan en llamas, si no las apagasen estas lgrimas imprudentes. (_Vase Laertes_). CLAUDIO.--Sigmosle, Gertrudis, que despus de haberme costado tanto aplacar su clera, temo ahora que esta desgracia no la irrite otra vez. Conviene seguirle. ACTO V ESCENA PRIMERA Cementerio contiguo una iglesia Sepultureros primero y segundo SEPULTURERO 1.--Y es la que ha de sepultarse en tierra sagrada, la que deliberadamente ha conspirado contra su propia salvacin? SEPULTURERO 2.--Dgote que s: con que haz presto el hoyo. El juez ha reconocido ya el cadver, y ha dispuesto que se la entierre en sagrado. SEPULTURERO 1.--Yo no entiendo cmo va eso... Aun si se hubiera ahogado haciendo esfuerzos para librarse, anda con Dios. SEPULTURERO 2.--As han juzgado que fu. SEPULTURERO 1.--No, no, eso fu _se offendendo_; ni puede haber sido de otra manera, porque... ve aqu el punto de la dificultad: Si yo me ahogo voluntariamente, esto arguye por de contado una accin, y toda accin consta de tres partes, que son: hacer, obrar y ejecutar; de donde se infiere, amigo Rasura, que ella se ahog voluntariamente. SEPULTURERO 2.--Qu!... Pero igame ahora el to Socaba. SEPULTURERO 1.--No, deja, yo te dir. Mira, aqu est el agua. Bien. Aqu est el hombre. Muy bien... Pues, seor, si este hombre va y se mete dentro del agua, se ahoga s mismo; porque por fas por nefas, ello es que l va... Pero atiende lo que digo. Si el agua viene hacia l y le sorprende y le ahoga, entonces no se ahoga l s propio... Compadre Rasura, el que no desea su muerte no se acorta la vida. SEPULTURERO 2.--Y qu, hay leyes para eso? SEPULTURERO 1.--Ya se ve que las hay, y por ella se gua el juez que examina estos casos. SEPULTURERO 2.--Quieres que te diga la verdad? Pues mira, si la muerta no fuese una seora, yo te aseguro que no la enterraran en sagrado. SEPULTURERO 1.--En efecto, dices bien; y es mucha lstima que los grandes personajes hayan de tener en este mundo especial privilegio, entre todos los dems cristianos, para ahogarse y ahorcarse cuando quieren, sin que nadie les diga nada... Vamos all con el azadn... (_Pnense los dos abrir una sepultura en medio del teatro, sacando la tierra con espuertas, y entre ella calaveras y huesos_). Ello es que no hay caballeros de nobleza ms antigua que los jardineros, sepultureros y cavadores, que son los que ejercen la profesin de Adn. SEPULTURERO 2.--Pues qu, Adn fue caballero? SEPULTURERO 1.--Toma! como que fu el primero que llev armas... Pero voy hacerte una pregunta, y si no me respondes cuento, has de confesar que eres un... SEPULTURERO 2.--Adelante. SEPULTURERO 1.--Cul es el que construye edificios ms fuertes que los que hacen los albailes y los carpinteros de casas y navos? SEPULTURERO 2.--El que hace la horca, porque aquella fbrica sobrevive mil inquilinos. SEPULTURERO 1.--Agudo eres, por vida ma. Buen edificio es la horca; pero cmo es bueno? Es bueno para los que hacen mal: ahora bien, t haces mal en decir que la horca es fbrica ms fuerte que una iglesia; con que la horca podra ser buena para ti... Volvamos la pregunta. SEPULTURERO 2.--Cul es el que hace habitaciones ms durables que las que hacen los albailes, los carpinteros de casas y de navos? SEPULTURERO 1.--S, dmelo, y sales del apuro. SEPULTURERO 2.--Ya se ve que te lo digo. SEPULTURERO 1.--Pues vamos. SEPULTURERO 2.--Pues no puedo decirlo. SEPULTURERO 1.--Vaya, no te rompas la cabeza sobre ello... T eres un burro lerdo que no saldr de su paso por ms que le apaleen. Cuando te hagan esta pregunta, has de responder: El sepulturero. No ves que las casas que l hace duran hasta el da del juicio?... Anda, ve ah casa de Juanillo, y treme una copa de aguardiente. ESCENA II HAMLET, HORACIO, sepulturero primero SEPULTURERO 1.--Yo am en mis primeros aos, (_Cantando_). dulce cosa lo juzgu; pero casarme, eso no, que no me estuviera bien. HAMLET.--Qu poco siente ese hombre lo que hace, que abre una sepultura y canta! HORACIO.--La costumbre le ha hecho ya familiar esa ocupacin. HAMLET.--As es la verdad. La mano que menos trabaja tiene ms delicado el tacto. SEPULTURERO 1.--La edad callada en la huesa (_Cantando_). me hundi con mano crel, y toda se destruy la existencia que goc. HAMLET.--Aquella calavera tendra lengua en otro tiempo, y con ella podra tambin cantar... Cmo la tira al suelo el pcaro! Como si fuese la quijada con que hizo Can el primer homicidio. Y la que est maltratando ahora ese bruto, podra ser muy bien la cabeza de algn estadista, que acaso pretendi engaar al cielo mismo. No te parece? HORACIO.--Bien puede ser. HAMLET.--O la de algn cortesano que dira: Felicsimos das, seor excelentsimo; cmo va de salud, mi venerado seor? Esta puede ser la del caballero Fulano, que haca grandes elogios del potro del caballero Zutano para pedrsele prestado despus. No puede ser as? HORACIO.--S, seor. HAMLET.--Oh! s por cierto; y ahora est en poder del seor gusano, estropeada y hecha pedazos con el azadn de un sepulturero... Grandes revoluciones se hacen aqu, si hubiera entre nosotros medios para observarlas... Pero cost acaso tan poco la formacin de estos huesos la naturaleza, que hayan de servir para que esa gente se divierta en sus garitos con ellos? Eh! Los mos se estremecen al considerarlo. SEPULTURERO 1.--Una piqueta (_Cantando_). con una azada, un lienzo donde revuelto vaya, y un hoyo en tierra que le preparan: para tal husped esto le basta. HAMLET.--Y sa otra, por qu no podra ser la calavera de un letrado?... A dnde se fueron sus equvocos y sutilezas, sus litigios, sus interpretaciones, sus embrollos? Por qu sufre ahora que ese bribn grosero le golpee contra la pared con el azadn lleno de barro!... Y no dir palabra acerca de un hecho tan criminal!... Este sera quizs, mientras vivi, un gran comprador de tierras, con sus obligaciones, reconocimientos, transacciones, seguridades mutuas, pagos, recibos... Ve aqu el arriendo de sus arriendos, y el cobro de sus cobranzas: todo ha venido parar en una calavera llena de lodo. Los ttulos de los bienes que posey cabran difcilmente en su atad, y no obstante eso, todas las fianzas y seguridades recprocas de sus adquisiciones no le han podido asegurar otra posesin que la de un espacio pequeo capaz de cubrirse con un par de sus escrituras... Oh! y su opulento sucesor tampoco le quedar ms. HORACIO.--Verdad es, seor. HAMLET.--No se hace el pergamino de piel de carnero? HORACIO.--S, seor, y de piel de ternera tambin. HAMLET.--Pues dgote, que son ms irracionales que las terneras y carneros los que fundan su felicidad en la posesin de tales pergaminos... Voy tramar conversacin con este hombre. (_Al sepulturero_). De quin es esa sepultura, buena pieza? SEPULTURERO 1.--Ma, seor. Y un hoya en tierra (_Cantando_). que le preparan: para tal husped eso le basta. HAMLET.--S; yo creo que es tuya porque ests ahora dentro de ella... Pero la sepultura es para los muertos, no para los vivos: conque has mentido. SEPULTURERO 1.--Ve ah un ments demasiado vivo; pero yo os le volver. HAMLET.--Para qu muerto cavas esta sepultura? SEPULTURERO 1.--No es hombre, seor. HAMLET.--Pues bien, para qu mujer? SEPULTURERO 1.--Tampoco es eso. HAMLET.--Pues qu es lo que ha de enterrarse ah? SEPULTURERO 1.--Un cadver que fu mujer; pero ya muri... Dios la perdone. HAMLET.--Qu taimado es! Hablmosle clara y sencillamente, porque sino, es capaz de confundirnos equvocos. De tres aos esta parte he observado cunto se va sutilizando la edad en que vivimos... Por vida ma, Horacio, que ya el villano sigue tan de cerca al caballero, que muy pronto le desollar el taln... Cunto tiempo h que eres sepulturero? SEPULTURERO 1.--Toda mi vida, se puede decir. Yo comenc el oficio el da que nuestro ltimo rey Hamlet venci Fortimbrs. HAMLET.--Y cunto tiempo habr? SEPULTURERO 1.--Toma! No lo sabis? Eso sucedi el mismo da en que naci el joven Hamlet, el que est loco y se ha ido Inglaterra. HAMLET.--Oiga! Y por qu se ha ido a Inglaterra? SEPULTURERO 1.--Porque... porgue est loco, y all cobrar su juicio; y si no lo cobra, bien que poco importa. HAMLET.--Por qu? SEPULTURERO 1.--Porque all todos son tan locos como l, y no ser reparado. HAMLET.--Y cmo ha sido volverse loco? SEPULTURERO 1.--De un modo muy extrao, segn dicen. HAMLET.--De qu modo? SEPULTURERO 1.--Habiendo perdido el entendimiento. HAMLET.--Pero, qu motivo di lugar eso? SEPULTURERO 1.--Qu lugar? Aqu en Dinamarca, donde soy enterrador, y lo he sido de chico y de grande por espacio de treinta aos. HAMLET.--Cunto tiempo podr estar enterrado un hombre sin corromperse? SEPULTURERO 1.--De suerte que si l no corrompa ya en vida (como nos sucede todos los das con muchos cuerpos galicados, que no hay por dnde asirlos), podr durar cosa de ocho nueve aos. Un curtidor durar nueve aos seguramente. HAMLET.--Pues qu tiene l ms que otro cualquiera? SEPULTURERO 1.--Lo que tiene es un pellejo tan curtido ya por mor de su ejercicio, que puede resistir mucho tiempo al agua; y el agua, seor mo, es la cosa que ms pronto destruye cualquier hideputa de muerto. Ve aqu una calavera que ha estado debajo de tierra veintitrs aos. HAMLET.--De quin es? SEPULTURERO 1.--Mayor hideputa, loco!..... De quin os parece que ser? HAMLET.--Yo cmo he de saberlo? SEPULTURERO 1.--Mala peste en l y en sus travesuras!... Una vez me ech un frasco de vino del Rhin por los cabezones... Pues, seor, esta calavera es la calavera de Yorick, el bufn del rey. (_El sepulturero le da una calavera Hamlet_). HAMLET.--Esta? SEPULTURERO 1.--La misma. HAMLET.--Ay, pobre Yorick...! Yo le conoc, Horacio... Era un hombre sumamente gracioso, de la ms fecunda imaginacin. Me acuerdo que siendo yo nio me llev mil veces sobre sus hombros... y ahora su vista me llena de horror, y oprimido el pecho palpita... Aqu estuvieron aquellos labios donde yo d besos sin nmero... Qu se hicieron tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes repentinos que de ordinario animaban la mesa con alegre estrpito? Ahora, falto ya enteramente de msculos, ni aun puedes reirte de tu propia deformidad... Ve al tocador de una de nuestras damas, y dile, para excitar su risa, que por ms que se ponga una pulgada de afeite en el rostro, al fin habr de experimentar esta misma transformacin... (_Tira la calavera al montn de tierra inmediato la sepultura_). Dme una cosa, Horacio. HORACIO.--Cul es, seor? HAMLET.--Crees t que Alejandro metido debajo de tierra tendra esa forma? HORACIO.--Cierto que s. HAMLET.--Y exhalara este mismo hedor?... Uh! HORACIO.--Sin diferencia alguna. (El sepulturero primero, acabada la excavacin, sale de la sepultura y se pasea hacia el fondo del teatro. Viene despus el sepulturero segundo, que trae el aguardiente; beben y hablan entre s, permaneciendo retirados hasta la escena siguiente, como lo indica el dilogo.) HAMLET.--En qu abatimiento hemos de parar, Horacio!... Y por qu no podra la imaginacin seguir las ilustres cenizas de Alejandro hasta encontrarlas tapando la boca de algn barril? HORACIO.--A fe, que sera excesiva curiosidad ir examinarlo. HAMLET.--No, no por cierto. No hay sino irle siguiendo hasta conducirle all con probabilidad y sin violencia alguna. Como si dijramos: Alejandro muri, Alejandro fu sepultado, Alejandro se redujo polvo, el polvo es tierra, de la tierra hacemos barro... Y por qu con este barro, en que l est ya convertido, no habrn podido tapar un barril de cerveza? El emperador Csar, muerto y hecho tierra, puede tapar un agujero para estorbar que pase el aire... Oh! Y aquella tierra que tuvo atemorizado el orbe, servir tal vez de reparar las hendiduras de un tabique contra las intemperies del invierno... Pero callemos... hagmonos un lado, que... S... aqu viene el rey, la reina, los grandes... A quin acompaan? Qu ceremonial tan incompleto es ste!... Todo ello me anuncia que el difunto que conducen di fin su vida con desesperada mano... Sin duda era persona de calidad. Ocultmonos un poco, y observa. ESCENA III CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, LAERTES, HORACIO, un cura, dos sepultureros, acompaamiento de damas, caballeros y criados. (Conducen entre cuatro hombres el cadver de Ofelia, vestida con tnica blanca y coronada de flores. Detrs sigue el preste y todos los que hacen el duelo, atravesando el teatro paso lento, hasta llegar donde est la sepultura. Suena el clamor de las campanas. Hamlet y Horacio se retiran un extremo del teatro.) LAERTES.--Qu otra ceremonia falta? HAMLET.--Mira, aqul es Laertes, joven muy ilustre. LAERTES.--Qu ceremonia falta? EL CURA.--Ya se han celebrado sus exequias con toda la decencia posible. Su muerte da lugar muchas dudas, y no haberse interpuesto la suprema autoridad que modifica las leyes, hubiera sido colocada en lugar profano; all estuviera hasta que sonase la trompeta final, y en vez de oraciones piadosas, hubieran cado sobre su cadver guijarros, piedras y cascote. No obstante esto, se le han concedido las vestiduras y adornos virginales, el clamor de las campanas y la sepultura. LAERTES.--Con que no se debe hacer ms? EL CURA.--No ms. Profanaramos los honores sagrados de los difuntos, cantando un _requiem_ para implorar el descanso de su alma, como se hace por aqullos que parten de esta vida con ms cristiana disposicin. LAERTES.--Dadle tierra, pues. _(Ponen el cadver de Ofelia en la sepultura_). Sus hermosos intactos miembros acaso producirn violetas suaves. Y ti, clrigo zafio, te anuncio que mi hermana ser un ngel del Seor, mientras t estars bramando en los abismos. HAMLET.--Qu!... La hermosa Ofelia! GERTRUDIS.--Dulces dones mi dulce amiga. (_Esparce flores sobre el cadver_). Adis... Yo deseaba que hubieras sido la esposa de mi Hamlet, graciosa doncella, y esper cubrir de flores tu lecho nupcial... pero no tu sepulcro. LAERTES.--Oh! una y mil veces sea maldito aqul cuya accin inhumana te priv ti del ms sublime entendimiento!... No... esperad un instante; no echis la tierra todava... no... hasta que otra vez la estreche en mis brazos... (_Mtese en la sepultura_). Echadla ahora sobre la muerta y el vivo, hasta que de este llano hagis un monte que descuelle sobre el antiguo Pelin, sobre la azul extremidad del Olimpo que toca los cielos. HAMLET.--Quin es el que da sus penas idioma tan enftico, el que as invoca en su afliccin las estrellas errantes, hacindolas detenerse admiradas oirle?... Yo soy Hamlet, prncipe de Dinamarca. (Atravesando por en medio de todos, va hacia la sepultura, entra en ella, y luchan l y Laertes, y se dan puadas. Algunos de los circunstantes van all, los sacan del hoyo y los separan.) LAERTES.--El demonio lleve tu alma. HAMLET.--No es justo lo que pides... Quita esos dedos de mi cuello; porque aunque no soy precipitado ni colrico, algn riesgo hay en ofenderme, y si eres prudente debes evitarle... Quita de ah esa mano. CLAUDIO.--Separadlos. GERTRUDIS.--Hamlet! Hamlet! TODOS.--Seores! HORACIO.--Moderaos, seor. HAMLET.--No; por causa tan justa lidiar con l hasta que cierre mis prpados la muerte. GERTRUDIS.--Qu causa puede haber, hijo mo? HAMLET.--Yo he querido Ofelia, y cuatro mil hermanos juntos no podrn con todo su amor exceder al mo... Qu quieres hacer por ella? D. CLAUDIO.--Laertes, mira que est loco. GERTRUDIS.--Por Dios, Laertes, djale. HAMLET.--Dime lo que intentas hacer. (_Los sepultureros llenan la sepultura de tierra y la apisonan_). Quieres llorar, combatir, negarte al sustento, hacerte pedazos, beber todo el Esil, devorar un caimn? Yo lo har tambin... Vienes aqu lamentar su muerte, insultarme precipitndote en su sepulcro, ser enterrado vivo con ella? Pues bien, eso quiero yo; y si hablas de montes, descarguen sobre nosotros yugadas de tierra innumerables, hasta que estos campos tuesten su frente en la trrida zona, y el alto Osa parezca en su comparacin un terrn pequeo... Si me hablas con soberbia, yo usar un lenguaje tan altanero como el tuyo. GERTRUDIS.--Todos son efectos de su frenes, cuya violencia podr agitarle por algn tiempo; pero despus, semejante la mansa paloma cuando siente animadas las mellizas cras, le veris sin movimiento y mudo. HAMLET.--Oyeme: cul es la razn de obrar as conmigo?... Siempre te he querido bien... Pero... nada importa. Aunque el mismo Hrcules con todo su poder quisiera estorbarlo, el gato mayar y el perro quedar vencedor. (_Vase Hamlet y Horacio le sigue_). CLAUDIO.--Horacio, ve, no le abandones... Laertes, nuestra pltica de la noche anterior fortificar tu paciencia mientras dispongo lo que importa en la ocasin presente... Amada Gertrudis, ser bien que alguno se encargue de la guarda de tu hijo... Esta sepultura se adornar con un monumento durable... Espero que gozaremos brevemente horas ms tranquilas; pero entre tanto conviene sufrir. ESCENA IV Saln de palacio, el mismo que sirvi para la representacin, con asientos que han de ocuparse en la escena IX. HAMLET, HORACIO HAMLET.--Baste ya lo dicho sobre esta materia. Ahora quisiera informarte de lo dems; pero, te acuerdas bien de todas las circunstancias? HORACIO.--No he de acordarme, seor? HAMLET.--Pues sabrs, amigo, que agitado continuamente mi corazn en una especie de combate, no me permita conciliar el sueo, y en tal situacin me juzgaba ms infeliz que el delincuente cargado de prisiones. Una temeridad... Bien que debo dar gracias esta temeridad, pues por ella existo... S, confesemos que tal vez nuestra indiscrecin suele sernos til, al paso que los planes concertados con la mayor sagacidad se malogran; prueba certsima de que la mano de Dios conduce su fin todas nuestras acciones, por ms que el hombre las ordene sin inteligencia. HORACIO.--As es la verdad. HAMLET.--Salgo, pues, de mi camarote, mal rebujado con un vestido de marinero; y tientas, favorecido de la obscuridad, llego hasta donde ellos estaban. Logro mi deseo, me apodero de sus papeles, y me vuelvo mi cuarto. All, olvidando mis recelos toda consideracin, tuve la osada de abrir sus despachos, y en ellos encuentro, amigo, una alevosa del rey. Una orden precisa, apoyada en varias razones de ser importante la tranquilidad de Dinamarca y aun la de Inglaterra, y... oh! mil temores y anuncios de mal, si me dejan vivo... En fin, deca que luego que fuese leda, sin dilacin ni aun para afinar la segur el filo, me cortasen la cabeza. HORACIO.--Es posible? HAMLET.--Mira la orden aqu (_le ensea un pliego, y vuelve guardrsele_), podrs leerla en mejor ocasin. Pero, quieres saber lo que yo hice? HORACIO.--S, yo os lo ruego. HAMLET.--Ya ves cmo rodeado as de traiciones, ya ellos haban empezado el drama aun antes de que yo hubiese comprendido el prlogo. No obstante, sintome al bufete, imagino una orden distinta, y la escribo inmediatamente de buena letra... Yo cre algn tiempo (como todos los grandes seores) que el escribir bien fuese un desdoro, y aun no dej de hacer muchos esfuerzos para olvidar esta habilidad; pero ahora conozco, Horacio, cun til me ha sido tenerla. Quieres saber lo que el escrito contena? HORACIO.--S, seor. HAMLET.--Una splica del rey dirigida con grandes instancias al de Inglaterra, como su obediente mandatario, dicindole que su recproca amistad florecer como la palma robusta; que la paz coronada de espigas mantendra la quietud de ambos imperios, unindolos en amor durable, con otras expresiones no menos afectuosas; pidindole por ltimo, que vista que fuese aquella carta, sin otro examen, hiciese perecer con pronta muerte los dos mensajeros, no dndoles tiempo ni aun para confesar su delito. HORACIO.--Y cmo la pudisteis sellar? HAMLET.--Aun eso tambin parece que lo dispuso el cielo; porque felizmente traa conmigo el sello de mi padre, por el cual se hizo el que hoy usa el rey. Cierro el pliego en la forma que el anterior, pngole la misma direccin, el mismo sello, le conduzco sin ser visto al mismo paraje, y nadie nota el cambio... Al da siguiente ocurri el combate naval: lo que despus sucedi, ya lo sabes. HORACIO.--De ese modo, Guillermo y Ricardo caminan derechos a la muerte. HAMLET.--Ya ves que ellos han solicitado este encargo; mi conciencia no me acusa acerca de su castigo... Ellos mismos se han procurado su ruina... Es muy peligroso al inferior meterse entre las puntas de las espadas, cuando dos enemigos poderosos lidian. HORACIO.--Oh, qu rey ste! HAMLET.--Juzgas t que no estoy en obligacin de proseguir lo que falta? El que asesin a mi padre y mi rey, que ha deshonrado mi madre, que se ha introducido furtivamente entre el solio y mis derechos justos, que ha conspirado contra mi vida valindose de medios tan aleves... no ser justicia rectsima castigarle con esta mano? No ser culpa en m tolerar que ese monstruo exista para cometer, como hasta aqu, maldades atroces? HORACIO.--Presto le avisarn de Inglaterra cul ha sido el xito de su solicitud. HAMLET.--S, presto lo sabr; pero entre tanto el tiempo es mo, y para quitar un hombre la vida un instante basta... Slo me disgusta, amigo Horacio, el lance ocurrido con Laertes, en que olvidado de m propio, no vi en mi sentimiento la imagen y semejanza del suyo. Procurar su amistad, s... Pero, ciertamente, aquel tono amenazador que daba sus quejas irrit en exceso mi clera. HORACIO.--Callad... Quin viene aqu? ESCENA V HAMLET, HORACIO, ENRIQUE ENRIQUE.--En hora feliz haya regresado V. A. Dinamarca. HAMLET.--Muchas gracias, caballero... Conoces este moscn? HORACIO.--No, seor. HAMLET.--Nada se te d, que el conocerle es por cierto, poco agradable. Este es seor de muchas tierras y muy frtiles, y por ms que l sea un bestia que manda en otros tan bestias como l, ya se sabe, tiene su pesebre fijo en la mesa del rey... Es la corneja ms charlera que en mi vida he visto; pero, como te he dicho ya, posee una gran porcin de polvo. ENRIQUE.--Amable prncipe, si vuestra grandeza no tiene ocupacin que se lo estorbe, yo le comunicara una cosa de parte del rey. HAMLET.--Estoy dispuesto oirla con la mayor atencin... Pero emplead el sombrero en el uso que fu destinado. El sombrero se hizo para la cabeza. ENRIQUE.--Muchas gracias, seor... Eh! el tiempo est caluroso. HAMLET.--No, al contrario, muy fro. El viento es norte. ENRIQUE.--Cierto, que hace bastante fro. HAMLET.--Antes yo creo... lo menos para mi complexin, hace un calor que abrasa. ENRIQUE.--Oh! en extremo... sumamente fuerte, como... yo no s cmo diga... Pues, seor, el rey me manda que os informe de que ha hecho una grande apuesta en vuestro favor. Este es el asunto. HAMLET.--Tened presente que el sombrero se... ENRIQUE.--Oh! seor... lo hago por comodidad... cierto... Pues ello es que Laertes acaba de llegar la corte... Oh! es un perfecto caballero, no cabe duda. Excelentes cualidades, un trato muy dulce, muy bienquisto de todos... Cierto, hablando sin pasin, es menester confesar que es la nata y flor de la nobleza, porque en l se hallan cuantas prendas pueden verse en un caballero. HAMLET.--La pintura que de l hacis no desmerece nada en vuestra boca, aunque yo cre que al hacer el inventario de sus virtudes se confundiran la aritmtica y la memoria, y ambas seran insuficientes para suma tan larga. Pero sin exagerar su elogio, yo le tengo por un hombre de grande espritu y de tan particular y extraordinaria naturaleza, que (hablando con toda la exactitud posible) no se hallar su semejanza sino en su mismo espejo; pues el que presuma buscarla en otra parte slo encontrar bosquejos informes. ENRIQUE.--V. A. acaba de hacer justicia imparcial en cuanto ha dicho de l. HAMLET.--S; pero spase qu propsito nos enronquecemos ahora, entrometiendo en nuestra conversacin las alabanzas de ese galn. ENRIQUE.--Cmo decs, seor? HORACIO.--No fuera mejor que le hablarais con ms claridad? Yo creo, seor, que no os sera difcil. HAMLET.--Digo que qu viene ahora hablar de ese caballero? ENRIQUE.--De Laertes? HORACIO.--Eh! ya vaci cuanto tena, y se le acab la provisin de frases brillantes. HAMLET.--S; seor; de se mismo. ENRIQUE.--Yo creo que no estaris ignorante de... HAMLET.--Quisiera que no me tuvierais por ignorante; bien que vuestra opinin no me aadira un gran concepto... Y bien, qu ms? ENRIQUE.--Deca, que no podis ignorar el mrito de Laertes. HAMLET.--Yo no me atrever confesarlo por no igualarme con l, siendo averiguado que para conocer bien otro es menester conocerse bien s mismo. ENRIQUE.--Yo lo deca por su destreza en el arma, puesto que segn la voz general, no se le conoce compaero. HAMLET.--Y qu arma es la suya? ENRIQUE.--Espada y daga. HAMLET.--Esas son dos armas... Vaya, adelante. ENRIQUE.--Pues, seor, el rey ha apostado contra l seis caballos brbaros, y l ha impuesto por su parte (segn he sabido) seis espadas francesas con sus dagas y guarniciones correspondientes, como cinturn, colgantes, y as este tenor... Tres de estas cureas particularmente son la cosa ms bien hecha que puede darse. Cureas como ellas!... Oh! es obra de mucho gusto y primor. HAMLET.--Y qu cosa llamis cureas? HORACIO.--Ya recelaba yo que sin el socorro de notas marginales no pudierais acabar el dilogo. ENRIQUE.--Seor, por cureas entiendo yo, as, los... los cinturones... HAMLET.--La expresin sera mucho ms propia, si pudiramos llevar al lado un can de artillera; pero en tanto que este uso no se introduce, los llamaremos cinturones... En fin, vamos al asunto. Seis caballos brbaros contra seis espadas francesas con sus cinturones, y entre ellos tres cureas primorosas... Conque esto es lo que apuesta el francs contra el dinamarqus? Y qu fin se han impuesto (como vos decs) todas esas cosas? ENRIQUE.--El rey ha apostado que si batallis con Laertes, en doce jugadas no pasarn de tres botonazos los que l os d; y l dice, que en las mismas doce os dar nueve cuando menos, y desea que esto se juzgue inmediatamente, si os dignis de responder. HAMLET.--Y si respondo que no? ENRIQUE.--Quiero decir, si admits el partido que os propone. HAMLET.--Pues, seor, yo tengo que pasearme todava en esta sala; porque si S. M. no lo ha por enojo, sta es la hora crtica en que yo acostumbro respirar el ambiente. Triganse aqu los floretes, y si ese caballero lo quiere as, y el rey se mantiene en lo dicho, le har ganar la apuesta si puedo; y si no puedo, lo que yo ganar ser vergenza y golpes. ENRIQUE.--Con que lo dir en esos trminos? HAMLET.--Esta es la substancia; despus lo podis adornar con todas las flores de vuestro ingenio. ENRIQUE.--Seor, recomiendo nuevamente mis respetos vuestra grandeza. HAMLET.--Siempre vuestro, siempre. ESCENA VI HAMLET, HORACIO HAMLET.--El hace muy bien de recomendarse si mismo; porque si no, dudo mucho que nadie lo hiciese por l. HORACIO.--Este me parece un vencejo que empez volar y chillar con el cascarn pegado las plumas. HAMLET.--S, y aun antes de mamar haca ya cumplimientos la teta... Este es uno de los muchos que en nuestra corrompida edad son estimados, nicamente porque saben acomodarse al gusto del da con esa exterioridad halagea y obsequiosa... y con ella tal vez suelen sorprender el aprecio de los hombres prudentes; pero se parecen demasiado la espuma, que por ms que hierva y abulte, al dar un soplo se reconoce lo que es; todas las ampollas huecas se deshacen, y no queda nada en el vaso. ESCENA VII HAMLET, HORACIO, un Caballero CABALLERO.--Seor, parece que S. M. os envi un recado con el joven Enrique, y ste ha vuelto diciendo que esperabais en esta sala. El rey me enva saber si gustis de batallar con Laertes inmediatamente, si queris que se dilate. HAMLET.--Yo soy constante en mi resolucin, y la sujeto la voluntad del rey. Si esta hora fuese cmoda para l, tambin lo es para m: conque hgase al instante cuando guste, con tal que me halle en la buena disposicin que ahora. CABALLERO.--El rey y la reina bajan con toda la corte. HAMLET.--Muy bien. CABALLERO.--La reina quisiera que antes de comenzar la batalla, hablarais Laertes con dulzura y expresiones de amistad. HAMLET.--Es advertencia muy prudente. ESCENA VIII HAMLET, HORACIO HORACIO.--Temo que habis de perder, seor. HAMLET.--No, yo pienso que no. Desde que l parti para Francia, no he cesado de ejercitarme, y creo que le llevar ventaja... Pero... no podrs imaginarte qu angustia siento aqu en el corazn... Y sobre qu?... No hay motivo... HORACIO.--Con todo eso, seor... HAMLET.--Ilusiones vanas!... Especies de presentimientos capaces slo de turbar un alma femenil. HORACIO.--Si sents interiormente alguna repugnancia, no hay por qu empearos. Yo me adelantar encontrarlos, y les dir que estis indispuesto. HAMLET.--No, no... Me burlo yo de tales presagios. Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es llegada, no hay que esperarla; si no ha de venir ya, seal que es hora; y si ahora no fuese, habr de ser despus: todo consiste en hallarse prevenido para cuando venga. Si el hombre al terminar su vida ignora siempre lo que podra ocurrir despus, qu importa que la pierda tarde presto? Sepa morir. ESCENA IX HAMLET, HORACIO, CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, ENRIQUE, caballeros, damas, acompaamiento CLAUDIO.--Ven, Hamlet, ven y recibe esta mano que te presento. (_Hace que Hamlet y Laertes se den la mano_). HAMLET.--Laertes, si estis ofendido de m, os pido perdn. Perdonadme como caballero. Cuantos se hallan presentes saben, y aun vos mismo lo habris odo, el desorden que mi razn padece. Cuanto haya hecho insultando la ternura de vuestro corazn, vuestra nobleza vuestro honor, cualquiera accin, en fin, capaz de irritaros, declaro solemnemente en este lugar que ha sido efecto de mi locura. Puede Hamlet haber ofendido Laertes? No. Hamlet no ha sido, porque estaba fuera de s; y si en tal ocasin (en que l s propio se desconoca) ofendi Laertes, no fu Hamlet el agresor, porque Hamlet lo desaprueba y lo desmiente. Pues quin puede ser? Su demencia sola... Siendo esto as, el desdichado Hamlet es partidario del ofendido, al paso que en su propia locura reconoce su mayor contrario. Permitid, pues, que delante de esta asamblea me justifique de toda siniestra intencin, y espero de vuestro nimo generoso el olvido de mis desaciertos. Disparaba el arpn sobre los muros de ese edificio; y por error her mi hermano. LAERTES.--Mi corazn, cuyos impulsos naturales eran los primeros pedirme en este caso venganza, queda satisfecho. Mi honra no me permite pasar adelante, ni admitir reconciliacin alguna, hasta que examinado el hecho por ancianos y virtuosos rbitros, se declare que mi pundonor est sin mancilla. Mientras llega este caso, admito con afecto recproco el que me anunciis, y os prometo de no ofenderle. HAMLET.--Yo recibo con sincera gratitud ese ofrecimiento, y en cuanto la batalla que va comenzarse, lidiar con vos como si mi competidor fuese mi hermano... Vamos. Dadnos floretes. LAERTES.--S, vamos... uno m. HAMLET.--La victoria no os ser difcil: vuestra habilidad lucir sobre mi ignorancia, como una estrella resplandeciente entre las tinieblas de la noche. LAERTES.--No os burlis, seor. HAMLET.--No, no me burlo. CLAUDIO.--Dales floretes, joven Enrique. Hamlet, ya sabes cules son las condiciones. HAMLET.--S, seor, y en verdad que habis apostado por el ms dbil. (Traen los criados una mesa, y en ella, cuando lo manda Claudio, ponen jarros y copas de oro que llenan de vino. Claudio y Gertrudis se sientan junto la mesa, y todos los dems, segn su clase, ocupan los asientos restantes. Quedan en pie los criados que sirven las copas, Hamlet y Laertes, que se disponen para batallar, y Horacio y Enrique en calidad de jueces padrinos.) CLAUDIO.--No temo perder. Yo os he visto ya esgrimir entrambos, y aunque l haya adelantado despus, por eso mismo el premio es mayor favor nuestro. LAERTES.--Este es muy pasado. Dejadme ver otro. (_Enrique presenta varios floretes. Hamlet toma uno, y Laertes escoge otro_). HAMLET.--Este me parece bueno... Son todos iguales? ENRIQUE.--S, seor. CLAUDIO.--Cubrid esta mesa de copas llenas de vino. Si Hamlet da la primera segunda estocada, en la tercera suerte da un quite al contrario, disparen toda la artillera de las almenas. El rey beber la salud de Hamlet, echando en la copa una perla ms preciosa que la que han usado en su corona los cuatro ltimos soberanos daneses... Traed las copas, y el timbal diga las trompetas, las trompetas al artillero distante, los caones al cielo, y el cielo la tierra: ahora brinda el rey de Dinamarca la salud de Hamlet... Comenzad, y vosotros, que habis de juzgarlos, observad atentos. HAMLET.--Vamos. LAERTES.--Vamos, seor. (_Batallan Hamlet y Laertes_). HAMLET.--Una. LAERTES.--No. HAMLET.--Que juzguen. ENRIQUE.--Una estocada, no hay duda. LAERTES.--Bien; a otra. CLAUDIO.--Esperad... Dadme de beber. (_Claudio echa una perla en la copa y bebe, alarga despus la copa Hamlet, y l rehusa tomarla. Suena lo lejos ruido de trompetas y caonazos_). Hamlet, esta perla es pana ti, y brindo con ella tu salud. Dadle la copa. HAMLET.--Esperad un poco. (_Vuelven batallar_). Quiero dar este bote primero. Vamos... Otra estocada. Qu decs? LAERTES.--S, me ha tocado: lo confieso. CLAUDIO.--Oh! nuestro hijo vencer. GERTRUDIS.--Est grueso y se fatiga demasiado. Ven aqu, Hamlet, toma este lienzo y lmpiate el rostro... La reina brinda tu buena fortuna, querido Hamlet. (_Toma la copa y bebe; Claudio lo quiere estorbar; y Gertrudis bebe segunda vez_). HAMLET.--Muchas gracias, seora. CLAUDIO.--No, no bebis. GERTRUDIS.--Oh! seor, perdonadme, yo he de beber. CLAUDIO.--La copia envenenada!... Pero... no hay remedio. HAMLET.--No, ahora no bebo, esperad un instante. GERTRUDIS.--Ven, hijo mo, te limpiar el sudor del rostro. LAERTES.--Ahora veris si le acierto. (_Laertes habla con Claudio en voz baja, mientras Gertrudis limpia con un lienzo el sudor Hamlet_). CLAUDIO.--Yo pienso que no. LAERTES.--No s qu repugnancia siento al ir ejecutarlo. HAMLET.--Vamos la tercera, Laertes... Pero bien se ve que lo tomis a fiesta: batallad, os ruego, con ms ahinco. Mucho temo que os burlis de m. LAERTES.--Eso decs, seor? Vamos. (_Batallan_). ENRIQUE.--Nada: ni uno ni otro. LAERTES.--Ahora... sta... (Vuelven batallar; se enfurecen, trucanse las espadas y quedan heridos los dos. Horacio y Enrique los separan con dificultad; Gertrudis cae moribunda en los brazos de Claudio. Todo es terror y confusin.) CLAUDIO.--Parece que se acaloran demasiado... Separadlos. HAMLET.--No, no, vamos otra vez. ENRIQUE.--Ved qu tiene la reina... Cielos! HORACIO.--Ambos heridos! Qu es esto, seor? ENRIQUE.--Cmo ha sido, Laertes? LAERTES.--Esto es haber cado en el lazo que prepar... justamente muero vctima de mi propia traicin. HAMLET.--Qu tiene la reina? CLAUDIO.--Se ha desmayado al veros heridos. GERTRUDIS.--No, no... La bebida!... Querido Hamlet!... La bebida!.... Me han envenenado! (_Queda muerta en la silla_). HAMLET.--Oh, qu alevosa!... Oh!... Cerrad las puertas... Traicin... Buscad por todas partes... LAERTES.--No, el traidor est aqu. (_Dir esto sostenido por Enrique_). Hamlet, t eres muerto... No hay medicina que pueda salvarte: vivirs media hora apenas... En tu mano est el instrumento aleve, baada con ponzoa su aguda punta... Volvise en mi dao la trama indigna!... Vesme aqu postrado para no levantarme jams... Tu madre ha bebido un tsigo... No puedo proseguir... El rey, el rey es el delincuente. (Claudio quiere huir. Hamlet corre l furioso, y le atraviesa la espada por el cuerpo. Toma la copa envenenada, y se la hace apurar por fuerza. Le deja muerto en el suelo, y vuelve oir las ltimas palabras de Laertes.) HAMLET.--Est envenenada esta punta? Pues, veneno, produce tus efectos. TODOS.--Traicin, traicin. CLAUDIO.--Amigos, estoy herido... Defendedme. HAMLET.--Malvado, incestuoso, asesino! Bebe esta ponzoa... Est la perla aqu? S, toma, acompaa mi madre. LAERTES.--Justo castigo!... El mismo prepar la pocin mortal... Olvidmonos de todo, generoso Hamlet, y... Oh, no caiga sobre ti la muerte de mi padre y la ma, ni sobre m la tuya! (_Cae muerto_). HAMLET.--El cielo te perdone... Ya voy seguirte... Yo muero, Horacio... Adis, reina infeliz... (_Abrazando el cadver de Gertrudis_). Vosotros, que asists plidos y mudos con el temor este suceso terrible.... Si yo tuviera tiempo... (_Empieza manifestar desfallecimiento y angustias de muerte. Parte de los manifestantes le acompaan y sostienen. Horacio hace extremos de dolor_). La muerte es un ministro inexorable que no dilata la ejecucin... Yo pudiera deciros... pero no es posible. Horacio, yo muero. T, que vivirs, refiere la verdad y los motivos de mi conducta quien los ignora. HORACIO.--Vivir? No lo creis. Yo tengo alma romana, y aun ha quedado aqu parte del tsigo. (Busca en la mesa el jarro del veneno, echa porcin de l en una copa, va beber. Hamlet quiere estorbrselo. Los criados quitan la copa Horacio, la toma Hamlet, y la tira al suelo.) HAMLET.--Dame esa copa... presto... por Dios te lo pido. Oh, querido Horacio! si esto permanece oculto, qu manchada reputacin dejar despus de mi muerte! Si alguna vez me diste lugar en tu corazn, retarda un poco esa felicidad que apeteces, alarga por algn tiempo la fatigosa vida en este mundo lleno de miserias, y divulga por l mi historia... Qu estrpito militar es ste? (_Suena msica militar, que se va aproximando lentamente_). ESCENA X HAMLET, HORACIO, ENRIQUE, un Caballero y acompaamiento CABALLERO.--El joven Fortimbrs, que vuelve vencedor de Polonia, saluda con la salva marcial que os, a los embajadores de Inglaterra. HAMLET.--Yo espiro, Horacio; la activa ponzoa sofoca mi aliento... No puedo vivir para saber nuevas de Inglaterra; pero me atrevo anunciar que Fortimbrs ser elegido por aquella nacin. Yo moribundo le doy mi voto... Dselo t, e infrmale de cuanto acaba de ocurrir... Oh! Para m slo queda ya... silencio eterno. (_Muere_). HORACIO.--En fin, se rompe ese gran corazn!... Adis, adis, amado prncipe. (_Le besa las manos, y hace ademanes de dolor_). Los coros anglicos te acompaen al celeste descanso!... Pero, cmo se acerca hasta aqu ese estruendo de tambores? ESCENA XI FORTIMBRAS, dos embajadores, HORACIO, ENRIQUE, soldados, acompaamiento FORTIMBRS.--En dnde est ese espectculo? HORACIO.--Qu buscis aqu? Si no queris ver desgracias espantosas, no pasis adelante. FORTIMBRS.--Oh! Este destrozo pide sangrienta venganza... Soberbia muerte, qu festn dispones en tu morada infernal, que as has herido con un golpe solo tantas ilustres vctimas? EMBAJADOR 1..--Horroriza el verlo!... Tarde hemos llegado con los mensajes de Inglaterra. Los odos quienes debamos dirigirlos son ya insensibles. Sus rdenes fueron puntualmente ejecutadas. Ricardo y Guillermo perdieron la vida... Pero, quin nos dar las gracias de nuestra obediencia? HORACIO.--No las recibirais de su boca aunque viviese todava, que l nunca di orden para tales muertes. Pero puesto que vos, viniendo victorioso de la guerra contra Polonia, y vosotros, enviados de Inglaterra, os hallis juntos en este lugar, y os veo deseosos de averiguar este suceso trgico, disponed que esos cadveres se expongan sobre una tumba elevada la vista pblica, y entonces har saber al mundo, que lo ignora, el motivo de estas desgracias. Me oiris hablar (pues todo os lo sabr referir fielmente) de acciones crueles, brbaras, atroces: sentencias que dict el acaso, estragos imprevistos, muertes ejecutadas con violencia y aleve astucia, y al fin proyectos malogrados que han hecho perecer sus autores mismos. FORTIMBRS.--Deseo con impaciencia oiros, y convendr que se reuna con este objeto la nobleza de la nacin. No puedo mirar sin horror los dones que me ofrece la fortuna; pero tengo derechos muy antiguos esta corona, y en tal ocasin es justo reclamarlos. HORACIO.--Tambin puedo hablar en ese propsito, declarando el voto que pronunci aquella boca que ya no formar sonido alguno... Pero ahora que los nimos estn en peligroso movimiento, no se dilate la ejecucin un instante solo, para evitar los males que pudieran causar la malignidad el error. FORTIMBRS.--Cuatro de mis capitanes lleven al tmulo el cuerpo de Hamlet con las insignias correspondientes un guerrero. Ah! si l hubiese ocupado el trono, sin duda hubiera sido un excelente monarca... Resuene la msica militar por donde pase la pompa fnebre, y hgansele todos los honores de la guerra... Quitad, quitad de ah esos cadveres. Espectculo sangriento ms es propio de un campo de batalla que de este sitio... Y vosotros haced que salude con descargas todo el ejrcito. FIN DEL DRAMA * * * * * TEATRO FACIL Obras de facilsima representacin por su sencillez de decorado y pocos personajes Hombres Mujeres 1 0 =Como rezan las solteras=, por R. de Campoamor 2 3 =Sistema Ollendorff=, por Felipe Prez Capo 1 1 =Cartas de novios=, por Enrique Arroyo 0 2 =Pescadores de caa=, por A. Mundet 0 5 =A prima fija=, por P. Muoz Seca 1 0 =La ltima carta=, por F. Flores Garca. 2 2 =La marquesita loca=, por A. Jimenez Lora 1 1 =El caminante=, por R. J. Catarineu 1 0 =Marinera=, por Joaqun Dicenta 1 1 =Caminico e la juente=, por Portusach y Castellv 0 2 =El len de bronce=, por Joaqun Dicenta 3 0 =Rosas todo el ao=, por Julio Dantas 2 2 =El billete del baile=, por L. Mill y E. Arroyo 1 2 =Los hombres=, por Armando Oliveros 1 1 =Lo que hace el querer=, por Domingo Moreno 5 2 =Nunca es tarde=, por A. Insua y A. Hernndez Cat 1 5 =El grito de libertad=, por Augusto Fochs 1 2 =Peticin de mano=, por Alberto Cosin 2 2 =Locura=, boceto de drama en un acto, por J. A. 2 2 =Por una furlana!=, juguete por T. de Mun 1 2 =Un ojo de cristal=, juguete en un acto, por L. Emeg 2 3 =Bailes rusos=, juguete por T. de Mun 0 6 =El 4. acto del Tenorio=, por Po M. Glain 0 6 =La factura de un incendio=, por Gil Pimoan 0 7 =El to de su sobrino=, por M. P. y R. 2 3 =Qu escndalo!=, juguete cmico, por Gil Pimoan 0 5 =Expiacin=, cuadro dramtico, por M. P. Areri 1 1 =La cajita de rap=, dilogo por Luis Mill 1 6 =Los tres novios de Petrilla=, por Magin P. Riera 1 5 =El seor empresario=, por Gil Pimoon =A 50 cntimos cada obra= Casa Editorial Maucci, Mallorca, 166.--Barcelona End of the Project Gutenberg EBook of Hamlet, by William Shakespeare and L. Fernndez Moratn License: Share Alike