Produced by Adrian Mastronardi, Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.) EDGAR ALLAN POE POEMAS CON UN PRLOGO DE Rubn Daro EDITOR: CLAUDIO GARCIA SARANDI, 441 1919 POEMAS PEA Hnos.--Imp. INDICE Prlogo de _Rubn Daro_ POEMAS Annabel Lee A mi Madre Para Annie Eldorado Eulalia Un ensueo en un ensueo La ciudad en el mar La Durmiente Balada Nupcial El Coliseo El Gusano Vencedor A Elena A la Ciencia A la Seorita * * * A la Seorita * * * Al Ro Cancin Los Espritus de los Muertos La Romanza El Reino de las Hadas El Lago La Estrella de la Tarde El Da ms Feliz Imitacin Las Campanas Ulalume Estrellas Fijas Dreamland El Cuervo PRLOGO En una maana fra y hmeda llegu por primera vez al inmenso pas de los Estados Unidos. Iba el _steamer_ despacio, y la sirena aullaba roncamente por temor de un choque. Quedaba atrs Fire Island con su erecto faro; estbamos frente a Sandy Hook, de donde nos sali al paso el barco de sanidad. El ladrante slang yanqui sonaba por todas partes, bajo el pabelln de bandas y estrellas. El viento fro, los pitos arromadizados, el humo de las chimeneas, el movimiento de las mquinas, las mismas ondas ventrudas de aquel mar estaado, el vapor que caminaba rumbo a la gran baha, todo deca: _all right_. Entre las brumas se divisaban islas y barcos. Long Island desarrollaba la inmensa cinta de sus costas, y Staten Island, como en el marco de una vieta, se presentaba en su hermosura, tentando al lpiz, ya que no, por falta de sol, a la mquina fotogrfica. Sobre cubierta se agrupan los pasajeros: el comerciante de gruesa panza, congestionado como un pavo, con encorvadas narices israelitas; el clergyman huesoso, enfundado en su largo levitn negro, cubierto con su ancho sombrero de fieltro, y en la mano una pequea Biblia; la muchacha que usa gorra de jockey, y que durante toda la travesa ha cantado con voz fonogrfica, al sn de un banjo; el joven robusto, lampio como un beb, y que, aficionado al box, tiene los puos de tal modo, que bien pudiera desquijarrar un rinoceronte de un solo impulso... En los Narrows se alcanza a ver la tierra pintoresca y florida, las fortalezas. Luego, levantando sobre su cabeza la antorcha simblica, queda a un lado la gigantesca Madona de la Libertad, que tiene por peana un islote. De mi alma brota entonces la salutacin: A ti, prolfica, enorme, dominadora. A ti, Nuestra Seora de la Libertad. A ti, cuyas mamas de bronce alimentan un sinnmero de almas y corazones. A ti, que te alzas solitaria y magnfica sobre tu isla, levantando la divina antorcha. Yo te saludo al paso de mi _steamer_, prosternndome delante de tu majestad. Ave: Good morning! Yo s, divino icono, oh, magna estatua!, que tu solo nombre, el de la excelsa beldad que encarnas, ha hecho brotar estrellas sobre el mundo, a la manera del _fiat_ del Seor. All estn entre todas, brillantes sobre las listas de la bandera, las que iluminan el vuelo del guila de Amrica, de esta tu Amrica formidable, de ojos azules. Ave, Libertad, llena de fuerza; el Seor es contigo: bendita t eres. Pero, sabes?, se te ha herido mucho por el mundo, divinidad, manchando tu esplendor. Anda en la tierra otra que ha usurpado tu nombre, y que, en vez de la antorcha, lleva la tea. Aqulla no es la Diana sagrada de las incomparables flechas: es Hcate. Hecha mi salutacin, mi vista contempla la masa enorme que est al frente, aquella tierra coronada de torres, aquella regin de donde casi sents que viene un soplo subyugador y terrible: Manhattan, la isla de hierro, Nueva York, la sangunea, la ciclpea, la monstruosa, la tormentosa, la irresistible capital del cheque. Rodeada de islas menores, tiene cerca a Jersey; y agarrada a Brooklyn con la ua enorme del puente, Brooklyn, que tiene sobre el palpitante pecho de acero un ramillete de campanarios. Se cree or la voz de Nueva York, el eco de un vasto soliloquio de cifras. Cun distinta de la voz de Pars, cuando uno cree escucharla, al acercarse, halagadora como una cancin de amor, de poesa y de juventud! Sobre el suelo de Manhattan parece que va a verse surgir de pronto un colosal To Samuel, que llama a los pueblos todos a un inaudito remate, y que el martillo del rematador cae sobre cpulas y techumbres produciendo un ensordecedor trueno metlico. Antes de entrar al corazn del monstruo, recuerdo la ciudad, que vio en el poema brbaro el vidente Thogorma: _Thogorma dans ses yeux vit monter des murailles de fer dont s'enroulaient des spirales des tours et des palais cercls d'arain sur des blocs lourds; ruche norme, ghenne aux lgubres entrailles o s'engouffraint les Forts, princes des anciens jours._ * * * * * Semejantes a los Fuertes de los das antiguos, viven en sus torres de piedra, de hierro y de cristal, los hombres de Manhattan. En su fabulosa Babel, gritan, mugen, resuenan, braman, conmueven la Bolsa, la locomotora, la fragua, el banco, la imprenta, el dock y la urna electoral. El edificio Produce Exchange, entre sus muros de hierro y granito, rene tantas almas cuantas hacen un pueblo... He all Broadway. Se experimenta casi una impresin dolorosa; sents el dominio del vrtigo. Por un gran canal, cuyos lados los forman casas monumentales que ostentan sus cien ojos de vidrio y sus tatuajes de rtulos, pasa un ro caudaloso, confuso, de comerciantes, corredores, caballos, tranvas, mnibus, hombres-sandwichs vestidos de anuncios y mujeres bellsimas. Abarcando con la vista la inmensa arteria en su hervor continuo, llega a sentirse la angustia de ciertas pesadillas. Reina la vida del hormiguero: un hormiguero de percherones gigantescos, de carros monstruosos, de toda clase de vehculos. El vendedor de peridicos, rosado y risueo, salta como un gorrin, de tranva en tranva, y grita al pasajero _intanrsooonwoood!_, lo que quiere decir, si gustis comprar cualquiera de esos tres diarios, el _Evening Telegram_, _el Sun_ o el _World_. El ruido es mareador y se siente en el aire una trepidacin incesante; el repiqueteo de los cascos, el vuelo sonoro de las ruedas, parece a cada instante aumentarse. Temerase a cada momento un choque, un fracaso, si no se conociese que este inmenso ro que corre con una fuerza de alud, lleva en sus ondas la exactitud de una mquina. En lo ms intrincado de la muchedumbre, en lo ms convulsivo y crespo de la ola en movimiento, sucede que una lady anciana, bajo su capota negra, o una miss rubia, o una nodriza con su beb, quiere pasar de una acera a otra. Un corpulento policeman alza la mano; detinese el torrente; pasa la dama; all right! Esos cclopes..., dice Groussac; esos feroces calibanes..., escribe Peladan. Tuvo razn el raro Sar al llamar as a estos hombres de la Amrica del Norte? Calibn reina en la isla de Manhattan, en San Francisco, en Boston, en Washington, en todo el pas. Ha conseguido establecer el imperio de la materia desde su estado misterioso con Edison, hasta la apoteosis del puerco, en esa abrumadora ciudad de Chicago. Calibn se satura de wishky, como en el drama de Shakespeare de vino; se desarrolla y crece; y sin ser esclavo de ningn Prspero, ni martirizado por ningn genio del aire, engorda y se multiplica. Su nombre es Legin. Por voluntad de Dios suele brotar de entre esos poderosos monstruos algn sr de superior naturaleza, que tiende las alas a la eterna Miranda de lo ideal. Entonces, Calibn mueve contra l a Sicorax, y se le destierra o se le mata. Esto vio el mundo con Edgar Allan Poe, el cisne desdichado que mejor ha conocido el ensueo y la muerte... Por qu vino tu imagen a mi memoria, Stella, alma, dulce reina ma, tan presto ida para siempre, el da en que, despus de recorrer el hirviente Broadway, me puse a leer los versos de Poe, cuyo nombre de Edgar, harmonioso y legendario, encierra tan vaga y triste poesa, y he visto desfilar la procesin de sus castas enamoradas a travs del polvo de plata de un mstico ensueo? Es porque tu eres hermana de las liliales vrgenes, cantadas en brumosa lengua inglesa por el soador infeliz, prncipe de los poetas malditos. T como ellas eres llama del infinito amor. Frente al balcn, vestido de rosas blancas, por donde en el Paraso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, oh, mi ngel consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama brillante de palidez extraa, venida de all, de los marea lejanos; la segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada as por los ngeles, joven y radiosa en el Edn distante; la otra es Francs, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa regin de Weir, cerca del sombro lago de Auber; la otra Helen, la que fu vista por la primera vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los sculos y las caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que am con un amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda, envuelta en un velo de extraterrestre esplendor... Ellas son, cndido coro de ideales ocenidos, quienes consuelan y enjugan la frente al lrico Prometeo amarrado a la montaa Yankee, cuyo cuervo, ms cruel aun que el buitre esquiliano, sentado sobre el busto de Palas, tortura el corazn del desdichado, apualendole con la montona palabra de la desesperanza. As t para m. En medio de los martirios de la vida, me refrescas y alientas con el aire de tus alas, porque si partiste en tu forma humana al viaje sin retorno, siento la venida de tu sr inmortal, cuando las fuerzas me faltan o cuando el dolor tiende hacia m el negro arco. Entonces, Alma, Stella, oigo sonar cerca de m el oro invisible de tu escudo anglico. Tu nombre luminoso y simblico surge en el cielo de mis noches como un incomparable gua, y por claridad inefable llevo el incienso y la mirra a la cuna de la eterna Esperanza. EL HOMBRE La influencia de Poe en el arte universal ha sido suficientemente honda y transcendente para que su nombre y su obra no sean a la continua recordados. Desde su muerte ac, no hay ao casi en que, ya en el libro o en la revista, no se ocupen del excelso poeta americano, crticos, ensayistas y poetas. La obra de Ingram ilumin la vida del hombre; nada puede aumentar la gloria del soador maravilloso. Por cierto que la publicacin de aquel libro, cuya traduccin a nuestra lengua hay que agradecer al Sr. Mayer, estaba destinada al grueso pblico. Es que en el nmero de los escogidos, de los aristcratas del espritu, no estaba ya pesado en su propio valor, el odioso frrago del canino Griswold? La infame autopsia moral que se hizo del ilustre difunto deba tener esa bella protesta. Ha de ver ya el mundo libre de mancha al cisne inmaculado. Poe, como un Ariel hecho hombre, dirase que ha pasado su vida bajo el flotante influjo de un extrao misterio. Nacido en un pas de vida prctica y material, la influencia del medio obra en l al contrario. De un pas de clculo brota imaginacin tan estupenda. El dn mitolgico parece nacer en l por lejano atavismo, y vese en su poesa un claro rayo del pas del sol y azul en que nacieron sus antepasados. Renace en l el alma caballeresca de los Le Poer alabados en las crnicas de Generaldo Gambresio. Arnoldo Le Poer lanza en la Irlanda de 1327 este terrible insulto al caballero Mauricio de Desmond: Sois un rimador. Por lo cual se empuan las espadas y se traba una ria, que es el prlogo de guerra sangrienta. Cinco siglos despus, un descendiente del provocativo Arnoldo, glorificar a su raza, erigiendo sobre el rico pedestal de la lengua inglesa, y en un nuevo mundo, el palacio de oro de sus rimas. El noble abolengo de Poe; ciertamente, no interesa sino a aquellos que tienen gusto de averiguar los efectos producidos por el pas y el linaje en las peculiaridades mentales y constitucionales de los hombres de genio segn las palabras de la noble Sra. Whitman. Por lo dems, es l quien hoy da valer y honra a todos los pastores protestantes, tenderos, rentistas o mercachifles que llevan su apellido en la tierra del honorable padre de su patria Jorge Washington. Sbese que en el linaje del poeta hubo un bravo sir Rogerio, que batall en compaa de Strongbow, un osado, sir Arnoldo, que defendi a una _lady_, acusada de bruja; una mujer heroica y viril, la clebre _Condesa_ del tiempo de Cromwell; y pasado sobre enredos genealgicos antiguos, un General de los Estados Unidos, su abuelo. Despus de todo, ese sr trgico, de historia tan extraa y romancesca, dio su primer vagido entre las coronas marchitas de una comedianta, la cual le dio vida bajo el imperio del ms ardiente amor. La pobre artista haba quedado hurfana desde muy tierna edad. Amaba el teatro, era inteligente y bella, y de esa dulce gracia naci el plido y melanclico visionario que dio al arte un mundo nuevo. Poe naci con el envidiable dn de la belleza corporal. De todos los retratos que he visto suyos, ninguno da idea de aquella especial hermosura que en descripciones han dejado muchas de las personas que le conocieron. No hay duda que en toda la iconografa poeana, el retrato que debe representarle mejor es el que sirvi a Mr. Clarke para publicar un grabado que copiaba al poeta en el tiempo en que ste trabajaba en la empresa de aquel caballero. El mismo Clarke protest contra los falsos retratos de Poe, que despus de su muerte publicaron. Si no tanto como los que calumniaron su hermosa alma potica, los que desfiguran la belleza de su rostro son dignos de la ms justa censura. De todos los retratos que han llegado a mis manos, los que ms me han llamado la atencin son el de Chiffart, publicado en la edicin ilustrada de Quantin, de los _Cuentos extraordinarios_, y el grabado por R. Loncup, para la traduccin del libro de Ingram por Mayer. En ambos, Poe ha llegado ya a la edad madura. No es, por cierto, aquel gallardo jovencito sensitivo que al conocer a Elena Stannard, qued trmulo y sin voz como el Dante de la _Vita Nuova_.... Es el hombre que ha sufrido ya, que conoce por sus propias desgarradas carnes cmo hieren las asperezas de la vida. En el primero, el artista parece haber querido hacer una cabeza simblica. En los ojos, casi ornitomorfos, en el aire, en la expresin trgica del rostro, Chiffart ha intentado pintar al autor del _Cuervo_, al visionario, al _unhappy Master_, ms que al hombre. En el segundo hay ms realidad: esa mirada triste, de tristeza contagiosa, esa boca apretada, ese vago gesto de dolor y esa frente ancha y magnfica en donde se entroniz la palidez fatal del sufrimiento, pintan al desgraciado en sus das de mayor infortunio, quiz en los que precedieron a su muerte. Los otros retratos, como el de Halpin para la edicin de Amstrong, nos dan ya tipos de lechuguinos de la poca, ya caras que nada tienen que ver con la cabeza bella e inteligente de que habla Clark. Nada ms cierto que la observacin de Gautier: Es raro que un poeta, dice, que un artista sea conocido bajo su primer encantador aspecto. La reputacin no le viene, sino muy tarde, cuando ya las fatigas del estudio, la lucha por la vida y las torturas de las pasiones han alterado su fisonoma primitiva; apenas deja sino una mscara usada, marchita, donde cada dolor ha puesto por estigma una magulladura o una arruga. Desde nio, Poe prometa una gran belleza. Sus compaeros de colegio hablan de su agilidad y robustez. Su imaginacin y su temperamento nervioso estaban contrapesados por la fuerza de sus msculos. El amable y delicado ngel de poesa saba dar excelentes puetazos. Ms tarde dir de l una buena seora: Era un muchacho bonito. Cuando entra a West Point hace notar en l un colega, Mr. Gibson, su mirada cansada, tediosa y hastiada. Ya en su edad viril, recurdale el biblifilo Gowans: Poe tena un exterior notablemente agradable y que predispona en su favor: lo que las damas llamaran claramente bello. Una persona que le oye recitar en Boston, dice: Era la mejor realizacin de un poeta, en su fisonoma, aire y manera. Un precioso retrato es hecho de mano femenina: Una talla algo menos que de altura mediana, quiz, pero tan perfectamente proporcionada y coronada por una cabeza tan noble, llevada tan regiamente, que, a mi juicio de muchacha, causaba la impresin de una estatura dominante. Esos claros y melanclicos ojos parecan mirar desde una eminencia..... Otra dama recuerda la extraa impresin de sus ojos: Los ojos de Poe, en verdad, eran el rasgo que ms impresionaba, y era a ellos a los que su cara deba su atractivo peculiar. Jams he visto otros ojos que en algo se le parecieran. Eran grandes, con pestaas largas y un negro de azabache: el iris acero gris, posea una cristalina claridad y transparencia, a travs de la cual la pupila negra azabache se vea expandirse y contraerse, con toda sombra de pensamiento o de emocin. Observ que los prpados jams se contraan, como es tan usual en la mayor parte de las personas, principalmente cuando hablan; pero su mirada siempre era llena, abierta y sin encogimiento ni emocin. Su expresin habitual era soadora y triste: algunas veces tena un modo de dirigir una mirada ligera, de soslayo, sobre alguna persona que no le observaba a l, y, con una mirada tranquila y fija, pareca que mentalmente estaba midiendo el calibre de la persona que estaba ajena de ello.--Qu ojos tan tremendos tiene el seor Poe!--me dijo una seora. Me hace helar la sangre el verle darse vuelta lentamente y fijarlos sobre m cuando estoy hablando. La misma agrega: Usaba un bigote negro, esmeradamente cuidado, pero que no cubra completamente una expresin ligeramente contrada de la boca y una tensin ocasional del labio superior, que se asemejaba a una expresin de mofa. Esta mofa era fcilmente excitada y se manifestaba por un movimiento del labio, apenas perceptible, y sin embargo, intensamente expresivo. No haba en ella nada de malevolencia, pero s mucho sarcasmo. Sbese, pues, que aquella alma potente y extraa estaba encerrada en hermoso vaso. Parece que la distincin y dotes fsicas deberan ser nativas en todos los portadores de la lira. Apolo, el crinado numen lrico, no es el prototipo de la belleza viril? Mas no todos sus hijos nacen con dote tan esplndido. Los privilegiados se llaman Goethe, Byron, Lamartine, Poe. Nuestro poeta, por su organizacin vigorosa y cultivada, pudo resistir esa terrible dolencia que un mdico escritor llama con gran propiedad la enfermedad del ensueo. Era un sublime apasionado, un nervioso, uno de esos divinos semilocos necesarios para el progreso humano, lamentables cristos del arte, que por amor al eterno ideal tienen su calle de la amargura, sus espinas y su cruz. Naci con la adorable llama de la poesa, y ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio. Desde nio qued hurfano y le recogi un hombre que jams podra conocer el valor intelectual de su hijo adoptivo. El Sr. Allan--cuyo nombre pasar al porvenir al brillo del nombre del poeta--jams pudo imaginarse que el pobre muchacho recitador de versos que alegraba las veladas de su _home_, fuese ms tarde un egregio prncipe del Arte. En Poe reina el _ensueo_ desde la niez. Cuando el viaje de su protector le lleva a Londres, la escuela del dmine Brondeby es para l como un lugar fantstico que despierta en su sr extraas reminiscencias; despus, en la fuerza de su genio, el recuerdo de aquella morada y del viejo profesor han de hacerle producir una de sus subyugadoras pginas. Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra, la fuerza matemtica. Su _ensueo_ est poblado de quimeras y de cifras como la carta de un astrlogo. Vuelto a Amrica, vmosle en la escuela de Clarke, en Richmond, en donde al mismo tiempo que se nutre de clsicos y recita odas latinas, boxea y llega a ser algo como un _champion_ estudiantil; en la carrera hubiera dejado atrs a Atalanta, y aspiraba a los lauros natatorios de Byron. Pero si brilla y descuella intelectual y fsicamente entre sus compaeros, los hijos de familia de la fofa aristocracia del lugar miran por encima del hombro al hijo de la cmica. Cunta no ha de haber sido la hiel que tuvo que devorar este sr exquisito, humillado por un origen del cual en das posteriores habra orgullosamente de gloriarse? Son esos primeros golpes los que empezaron a cincelar el pliegue amargo y sarcstico de sus labios. Desde muy temprano conoci las asechanzas del lobo racional. Por eso buscaba la comunicacin con la Naturaleza, tan sana y fortalecedora. Odio, sobre todo, y detesto este animal que se llama Hombre, escriba Swift a Poe. Poe, a su vez, habla de la mezquina amistad y de la fidelidad de polvillo de fruta (gossamer fidelity) del mero hombre. Ya en el libro de Job, _Eliphaz Themanita_, exclama: Cunto ms el hombre abominable y vil que bebe como la inquietud?. No busc el lrico americano el apoyo de la oracin; no era creyente, o, al menos, su alma estaba alejada del misticismo. A lo cual da por razn James Russell Lowell lo que podra llamarse la matematicidad de su cerebracin. Hasta su misterio es matemtico para su propio espritu. La Ciencia impide al poeta penetrar y tender las alas en la atmsfera de las verdades ideales. Su necesidad de anlisis, la condicin algebraica de su fantasa, hcele producir tristsimos efectos cuando nos arrastra al borde de lo desconocido. La especulacin filosfica nubl en l la fe, que debiera poseer como todo poeta verdadero. En todas sus obras, si mal no recuerdo, slo unas dos veces est escrito el nombre de Cristo. Profesaba, s, la moral cristiana; y en cuanto a los destinos del hombre, crea en una ley divina, en un fallo inexorable. En l la ecuacin dominaba a la creencia, y aun en lo referente a Dios y sus tributos, pensaba con Spinosa que las cosas invisibles y todo lo que es objeto del entendimiento no puede percibirse de otro modo que por los ojos de la demostracin; olvidando la profunda afirmacin filosfica: _Intelectus noster sic de habet? ad prima entium qu sunt manifestissima in natura, sicut oculus vespertillionis ad solem._ No crea en lo sobrenatural, segn confesin propia; pero afirmaba que Dios, como Creador de la Naturaleza, puede, si quiere, modificarla. En la narracin de la metempscosis de Ligeia hay una definicin de Dios, tomada de Granwill, que parece ser sustentada por Poe: Dios no es ms que una gran voluntad que penetra todas las cosas por la naturaleza de su intensidad. Lo cual estaba ya dicho por Santo Toms en estas palabras: Si las cosas mismas no determinan el fin para s, porque desconocen la razn del fin, es necesario que se les determine el fin por otro que sea determinador de la Naturaleza. Este es el que previene todas las cosas, que es sr por s mismo necesario, y a ste llamamos Dios... En la _Revelacin Magntica_, a vuelta de divagaciones filosficas, Mr. Vankirk--que, como casi todos los personajes de Poe, es Poe mismo--afirma la existencia de un Dios material, al cual llama materia suprema e imparticulada. Pero agrega: La materia imparticulada, o sea Dios en estado de reposo, es en lo que entra en nuestra comprensin, lo que los hombres llaman espritu. En el dilogo entre Oinos y Agathos pretende sondear el misterio de la divina inteligencia; as como en los de Monos y Una y de Eros y Charmion penetra en la desconocida sombra de la Muerte, produciendo, como pocos, extraos vislumbres en su concepcin del espritu en el espacio y en el tiempo. _Rubn Daro._ POEMAS TRADUCCIN DE ALBERTO LASPLACES ANNABEL LEE Hace ya bastantes aos, en un reino ms all de la mar viva una nia que podis conocer con el nombre de Annabel Lee. Esa nia viva sin ningn otro pensamiento que amarme y ser amada por m. Yo era un nio y _ella_ era una nia en ese reino ms all de la mar; pero Annabel Lee y yo nos ambamos con un amor que era ms que el amor; un amor tan poderoso que los serafines del cielo nos envidiaban, a ella y a m. Y esa fu la razn por la cual, hace ya bastante tiempo, en ese reino ms all de la mar un soplo descendi de una nube, y hel a mi bella Annabel Lee; de suerte que sus padres vinieron y se la llevaron lejos de m para encerrarla en un sepulcro, en ese reino ms all de la mar. Los ngeles que en el cielo no se sentan ni la mitad de lo felices que ramos nosotros, nos envidiaban nuestra alegra a ella y a m. He ah porque (como cada uno lo sabe en ese reino ms all de la mar) un soplo descendi desde la noche de una nube, helando a mi Annabel Lee. Pero nuestro amor era ms fuerte que el amor de aquellos que nos aventajan en edad y en saber, y ni los ngeles del cielo ni los demonios de los abismos de la mar podrn separar jams mi alma del alma de la bella Annabel Lee. Porque la luna jams resplandece sin traerme recuerdos de la bella Annabel Lee; y cuando las estrellas se levantan, creo ver brillar los ojos de la bella Annabel Lee; y as paso largas noches tendido al lado de mi querida,--mi querida, mi vida y mi compaera,--que est acostada en su sepulcro ms all de la mar, en su tumba, al borde de la mar quejumbrosa. 1849. A MI MADRE (_Soneto_) Porque siento que all arriba, en el cielo, los ngeles que se hablan dulcemente al odo, no pueden encontrar entre sus radiantes palabras de amor una expresin ms ferviente que la de _madre_, he ah por qu, desde hace largo tiempo os llamo con ese nombre querido, a ti que eres para m ms que una madre y que llenis el santuario de mi corazn en el que la muerte os ha instalado, al libertar el alma de mi Virginia. Mi madre, mi propia madre, que muri en buena hora, no era sino mi madre. Pero vos fuisteis la madre de aquella que quise tan tiernamente, y por eso mismo me sois ms querida que la madre que conoc, ms querida que todo, lo mismo que mi mujer era ms amada por mi alma que lo que esta misma amaba su propia vida. PARA ANNIE Gracias a Dios! la crisis, el mal ha pasado y la lnguida enfermedad ha desaparecido por fin, y la fiebre llamada vivir est vencida. Tristemente, s que estoy desposedo de mi fuerza, y no muevo un msculo mientras estoy tendido, todo a lo largo. Pero, qu importa? Siento que voy mejor paulatinamente. Y reposo tan tranquilamente, en el presente, en mi lecho, que a contemplarme se me creera muerto, y podra estremecer al que me viera, creyndome muerto. Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros y las lgrimas son apaciguadas entre tanto por esta horrible palpitacin de mi corazn; ah, esta horrible palpitacin! La incomodidad,--el disgusto--el cruel sufrimiento--han cesado con la fiebre que enloqueca mi cerebro, con la fiebre llamada vivir que consuma mi cerebro. Y de todos los tormentos, aquel que ms tortura ha cesado: el terrible tormento de la sed por la corriente oscura de una pasin maldita. He bebido de un agua que apaga toda sed. He bebido de un agua que corre con sonido arrullador, de una fuente subterrnea pero poco profunda, de una caverna que no est muy lejos, bajo tierra. Ah! que no sea dicho jams: mi cuarto est oscuro, mi lecho es estrecho; porque jams ningn hombre durmi en lecho igual--y para _dormir_ verdaderamente, es en un lecho como ste en el que hay que acostarse. Mi alma tantalizada reposa dulcemente aqu, olvidando, sin recordarlas jams, sus rosas, sus antiguas ansias de mirtos y de rosas. Pues ahora, mientras reposa tan tranquilamente, imagina a su alrededor, una ms santa fragancia de pensamientos, una fragancia de romero mezclado a pensamientos, a sabor callejero y al de los bellos y rgidos pensamientos. Y as yace ella, dichosamente sumergida en recuerdos perennes de la constancia y de la belleza de Annie, anegada en un beso a las trenzas de Annie. Tiernamente me abraza, apasionadamente me acaricia. Y entonces caigo dulcemente adormecido sobre su seno, profundamente adormido del cielo de su seno. Y as reposo tan tranquilamente en mi lecho--conociendo su amor--que me creis muerto. Y as reposo, tan serenamente en mi lecho,--con su amor en mi corazn,--que me creis muerto, que os estremecis al verme, creyndome muerto. Pero mi corazn es ms brillante que todas las estrellas del cielo, porque brilla para Annie, abrasado por la luz del amor de mi Annie, por el recuerdo de los bellos ojos luminosos de mi Annie.... 1849. ELDORADO Brillantemente ataviado, un galante caballero, viaj largo tiempo al sol y a la sombra, cantando su cancin, a la busca del Eldorado. Pero lleg a viejo, el animoso caballero, y sobre su corazn cay la noche porque en ninguna parte encontr la tierra del Eldorado. Y al fin, cuando le faltaron las fuerzas, pudo hallar una sombra peregrina.--Sombra,--le pregunt--dnde podra estar esa tierra del Eldorado? --Ms all de las montaas de la Luna, en el fondo del valle de las sombras; cabalgad, cabalgad sin descanso--respondi la sombra,--si buscis el Eldorado..... 1849. EULALIA Viva slo en un mundo de lamentaciones y mi alma era una onda estancada, hasta que la bella y dulce Eulalia lleg a ser mi pudorosa compaera, hasta que la joven Eulalia, la de los cabellos de oro, lleg a ser mi sonriente compaera. Ah! las estrellas de la noche brillan bastante menos que los ojos de esa radiante nia! Y jams girn de vapor emergido en un irisado claro de luna, podr compararse al bucle ms descuidado de la modesta Eulalia, podr compararse al bucle ms humilde y ms descuidado de Eulalia, la de los brillantes ojos! La duda y la pena no me invaden jams, ahora, porque su alma me entrega suspiro por suspiro. Y durante todo el da, Astart resplandece brillante y fuerte en el cielo, en tanto que siempre hacia ella, mi querida Eulalia, levanta sus ojos de esposa, en tanto que siempre hacia ella mi joven Eulalia eleva sus bellos ojos violetas!... 1845. UN ENSUEO EN UN ENSUEO Recibid este beso en la frente. Y ahora que os dejo, permitidme por lo menos confesar esto: no os agraviis, vos que estimis que mis das han sido un ensueo. Entretanto, si la esperanza se ha ido, en una noche o en un da, en una visin o en un sueo, se ha ido menos por eso? Todo lo que vemos o nos parece, no es sino un ensueo en un ensueo! Me encuentro en medio de los bramidos de una costa atormentada por la resaca, y tengo en la mano granos de arena de oro. Cun poco es! Y cmo se deslizan a travs de mis dedos hacia el abismo, mientras lloro, mientras lloro! Dios mo, no puedo retenerlos en un nudo ms seguro? Dios mo!, no podr salvar uno solo del cruel vaco? Todo lo que vemos o nos parece no es otra cosa que un ensueo en un ensueo? 1849. LA CIUDAD EN EL MAR Ved! La Muerte se ha erigido un trono, en una extraa ciudad que se levanta, solitaria, muy lejos, en el sombro occidente, donde los buenos y los malos, los peores y los mejores han ido hacia la paz eterna. All los templos, los palacios y las torres--torres carcomidas por el tiempo, y que no tiemblan nunca,--no se parecen en nada a las nuestras. A su alrededor, olvidadas por los vientos que no las agitan jams resignadas bajo los cielos, reposan las aguas melanclicas. Desde el cielo sagrado, ningn rayo desciende en la negra noche de esa ciudad; pero un resplandor reflejado por la lvida mar, invade las torres, brilla silenciosamente sobre las almenas, a lo hondo y a lo largo, sobre las cpulas, sobre las cimas, sobre los palacios reales, sobre los templos, sobre las murallas babilnicas, sobre la soledad sombra y desde largo tiempo abandonada, de los macizos de hiedra esculpida y de flores de piedra--sobre tanto y tanto templo maravilloso en cuyos frisos contorneados se entrelazan claveles, violetas y vias. Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas melanclicas. Las torres y las sombras se confunden de tal modo que todo parece suspendido en el aire, mientras que desde una torre orgullosa, la Muerte como un espectro gigante, contempla la ciudad que yace a sus pies. All los templos abiertos y las tumbas sin losa bostezan al nivel de las aguas luminosas; pero ni las riquezas que se muestran en los ojos adiamantados de cada dolo, ni los cadveres con sus rientes adornos de joyas, quitan a las aguas de su lecho; ninguna ondulacin arruga, ay de m! todo ese vasto desierto de cristal; ninguna ola indica que los vientos puedan existir sobre otros mares lejanos y ms felices; ninguna ola, ninguna ola deja suponer que han existido vientos sobre mares menos horrorosamente serenos. Pero, he ah que un estremecimiento agita el aire. Una onda, un movimiento se ha producido, all abajo. Se dira que las torres se han bamboleado y se hunden, dulcemente, en la onda taciturna, como si las cimas hubieran producido un ligero vaco en el cielo brumoso. Entonces las ondas tienen una luz ms roja, las horas transcurren sordas y lnguidas. Y cuando en medio de gemidos que no tengan nada de terrestres, esta ciudad sea engullida por fin y profundamente fijada bajo la mar, todava, levantndose sobre sus mil tronos, el Infierno le rendir homenaje. 1845. LA DURMIENTE En el mes de Junio, a media noche me encuentro bajo la mstica luna. Un oscuro vapor de opio y de roco se exhala de su halo de oro, y dulcemente, filtrando por la cumbre tranquila de la montaa, resbala perezosa y armoniosamente por el valle universal. El romero se adormece sobre la tumba, el lis se inclina hacia la onda. Envolvindose en la bruma se hunde en el reposo. Ved, como parecido al Leteo, el lago parece adormecerse a sabiendas y por nada del mundo quisiera despertar. Toda belleza duerme. Y ved donde reposa--su ventana abierta a los cielos,--Irene, con sus destinos. Oh brillante princesa! por qu dejar esa ventana abierta a la noche? Los espritus juguetones, desde lo alto de los rboles se filtran a travs de la persiana. Los seres incorpreos, turba de magos, revolotean a travs de la cmara y hacen flotar las cortinas del dosel, tan fantsticamente, tan tmidamente, por encima de tu prpado cerrado y franjeado,--bajo el cual se esconde tu alma adormecida--que sobre el piso, al pie del muro, sus sombras se levantan y descienden como una ronda de fantasmas. Querida nia, no tienes miedo? Por qu, y con qu sueas? Has venido, ciertamente, de mares muy lejanos; no eres una maravilla para los rboles de ese jardn? Extraa es tu palidez, extrao tu vestido, extraa sobre todo, la longitud de tus cabellos, y todo este silencio solemne. Ella duerme! Oh! puede que su sueo sea tan profundo como durable!; que el cielo la tenga en su santa guardia! Que esta cmara sea transformada en una ms melanclica y yo rogar a Dios que la deje dormir para siempre, los ojos cerrados, mientras que a su alrededor errarn los fantasmas de oscuros velos! Mi amor: ella duerme! Que su sueo eterno pueda ser profundo! Que los gusanos se deslicen dulcemente a su alrededor! Que en el fondo del bosque viejo y sombro, alguna gran tumba pueda abrirse para ella, alguna gran tumba que haya cerrado otras veces como alas sus negros panneaux triunfantes, por encima de los estandartes funerarios bordados con las armas de su ilustre familia;--alguna tumba lejana y aislada contra la portada de la cual ella haya en su infancia lanzado tantas piedras ociosas;--algn sepulcro cuya puerta sonora no le devuelva jams nuevos ecos, a ella, pobre hija del pecado, que en otro tiempo se estremeca al pensamiento de que fueran los muertos quienes le respondiesen gimiendo! 1845. BALADA NUPCIAL El anillo est en mi dedo y la corona sobre mi frente; he aqu que poseo rasos y joyas en abundancia, y en el presente instante soy feliz. Y mi Seor me ama bien; pero la primera vez que pronunci su voto sent estremecerse mi pecho, porque sus palabras sonaron como un toque de agona y su voz se pareca a la de aquel que cay durante la batalla en el fondo del valle, y que es dichoso ahora. Pero habl de modo de tranquilizarme y bes mi frente plida. Entonces un delirio vino y me transport en espritu al cementerio. Y pensando que mi Seor era el difunto Elormie, suspir por l que estaba delante de mi: oh yo soy dichosa ahora! As fueron pronunciadas las palabras, y as fu empeado el juramento. Y aunque mi fe se haya apagado, y aunque mi corazn llegue a quebrarse, he ah la dorada prenda que prueba que soy dichosa siempre. Quiera Dios que pueda despertar! Porque sueo no s cmo. Y mi alma se agita dolorosamente en el temor de haber hecho mal, en el temor de llegar a saber que el muerto abandonado no es feliz ahora. 1845. EL COLISEO Smbolo de la Roma antigua! Suntuoso relicario de sublimes contemplaciones legadas al tiempo por difuntos siglos de pompa y de podero!! Al fin, despus de tantos das de fatigante peregrinaje y de ardiente sed,--sed de corrientes de la ciencia que yace en ti,--yo, hombre transformado, me arrodillo humildemente entre tus sombras y bebo del fondo mismo de mi alma tu grandeza, tu tristeza y tu gloria. Inmensidad, y edad, y recuerdos de antes! Silencio y desolacin y profunda noche! Os percibo ahora y os siento en toda vuestra fuerza. Oh sortilegios ms eficaces que aquellos que el rey de Judea ense en los jardines de Gethseman! Oh encantos ms poderosos que los que la Caldea encantada arranc jams a las tranquilas estrellas! Aqu, en donde cay un hroe, cae una columna! Aqu, en donde el guila teatral brillaba, cubierta de oro, el oscuro murcilago hace su aquelarre de media noche. Aqu, en donde la cabellera dorada de las damas romanas flotaba al viento, se balancean ahora el cardo y la caa. Aqu, en donde el monarca se inclinaba sobre su trono de oro, el gil y silencioso lagarto se desliza como un espectro hacia su casa de mrmol, al plido resplandor del creciente lunar. Pero, od. Esos muros, esas arcadas revestidas de hiedra, esos zcalos musgosos, esas columnas ennegrecidas, esos vagos relieves, esos frisos ruinosos, esas cornisas rotas, ese naufragio, esa ruina, esas piedras grises, ay! es esto todo lo que queda de famoso y de colosal? es esto todo lo que las horas corrosivas han perdonado, todo lo que ellos nos han dejado al Destino y a mi? No. No es todo,--me responden los ecos,--no es todo. Voces fuertes y profticas se levantan para siempre en nosotros y en toda ruina a la intencin de los sabios, parecidas a los himnos de Memnon al Sol! Reinamos en los corazones de los hombres ms poderosos; reinamos con desptico imperio sobre todas las almas gigantes. No somos impotentes nosotras, plidas piedras. Todo nuestro podero no ha desaparecido,--ni toda nuestra gloria,--ni todo el prestigio de nuestro alto renombre, ni todo lo maravilloso que nos circunda, ni todos los misterios que moran en nosotros,--ni todos los recuerdos que se prenden en nuestros flancos como un vestido, envolvindonos con un manto que es ms que la gloria! 1833. EL GUSANO VENCEDOR Ved!; es noche de gala en estos ltimos aos solitarios. Una multitud de ngeles alados, adornados con velos y anegados en lgrimas, se halla reunida en un teatro para contemplar un drama de esperanzas y de temores mientras la orquesta suspira por intervalos la msica de las esferas. Actores creados a la imagen del Altsimo, murmuran en voz baja y saltan de un lado al otro; pobres fantoches que van y vienen a rdenes de vastas creaturas informes que cambian la decoracin a su capricho, sacudiendo con sus alas de cndor a la invisible desgracia. Este drama abigarrado--estad seguro que no ser olvidado,--con su fantasma perseguido siempre por una muchedumbre que no puede atraparlo, en un crculo que gira siempre sobre s mismo y vuelve sin cesar al mismo punto; ese drama en el cual forman el alma de la intriga mucha locura y todava ms pecado y horror!.... Pero ved, a travs de la bulla de los actores como una forma rampante hace su entrada! Una cosa roja, color sanguinolento viene retorcindose de la parte solitaria de la escena. Cmo se retuerce! Con mortales angustias los actores constituyen su presa, y los ngeles sollozan viendo esas mandibulas de gusano teirse en sangre humana. Todas las luces se apagan, todas, todas. Sobre cada forma todava tiritante, el teln, como un pao mortuorio, desciende con un ruido de tempestad. Y los ngeles, todos plidos y macilentos se levantan y cubrindose afirman que ese drama es una tragedia que se llama El Hombre de la cual el hroe es el Gusano Vencedor....! 1838. A ELENA Elena, tu belleza es para m como esas barcas niceanas de otro tiempo que sobre una mar profunda llevaban dulcemente al viajero, cansado, hacia su ribera natal. Largo tiempo habituado a errar sobre mares desesperados, tu cabellera de jacinto, tu clsico perfil, tus cantos de nyade me han transportado al corazn de aquella gloria que fu la Grecia, de aquella grandeza que fu Roma. Oh! all abajo, en la esplndida abertura de esa ventana, como eres parecida a una estatua, de pie, tu lmpara de gata en la mano. Oh Psiquis, tu que me has llegado de esas regiones que son la Tierra Bendita!.... 1831. A LA CIENCIA _Soneto_ Oh Ciencia! tu eres la verdadera hija del viejo tiempo, tu, cuya mirada indiscreta transforma todas las cosas! Por qu haces tu presa del corazn del poeta, oh buitre, cuyas alas son las sombras realidades? Cmo podra l amarte? Como te creera sabia si no has querido dejarlo vagar en sus ensueos en busca de tesoros en el seno de los cielos constelados, por ms de que hasta all subiera con ala intrpida? No has arrancado Diana a su carro, y obligado a las hamadriadas de la selva a buscar un asilo en alguna otra estrella ms feliz? No has sacado a la nyade de su ola, al elfo de su pradera verde y a m mismo no me has arrebatado mi sueo estival bajo los tamarindos? 1829. A LA SEORITA * * * Qu me importa si mi suerte terrestre no encierra en m mismo ms que una pequea cosa de esta tierra? qu me importa si aos de amor son olvidados en un momento de odio? No lloro en forma alguna porque los desolados sean ms dichosos que yo, pequea, sino porque veo que os afligs por el destino de ste que no es sino un transente sobre la tierra... 1829. A LA SEORITA * * * Las umbras bajo las cuales veo, en mis ensueos, los ms traviesos pjaros cantores, son labios; y toda la meloda de tu voz no es hecha sino por palabras creadas por tus labios. De tus ojos, engastados en el santuario celeste de tu corazn, caen las miradas desoladas ahora, oh Dios!, sobre mi espritu fnebre, como la luz de una estrella sobre un sudario. Tu corazn, tu corazn! Me despierto y suspiro y vuelvo a dormirme para ensoar hasta el da de la verdad, que el oro,--capaz de tantas locuras,--no podr jams comprar. 1829. AL RO Bello ro! en tu clara y brillante onda de cristal, agua vagabunda, eres un emblema del esplendor de la belleza, un emblema del corazn que no se esconde ahora, un emblema de la alegre fantasa de arte en casa de la hija del viejo Alberto. Pero mientras ella mira en tu corriente,--que resplandece y tiembla, por qu el ms hermoso de todos ros recuerda a uno de sus adoradores? Es porque en su corazn como en tu onda, su imagen est profundamente grabada; en su corazn que tiembla bajo el brillo de sus ojos que buscan el alma! 1829. CANCIN Te vi en tu da nupcial, cuando un intenso pudor invada tu frente, aunque todo fuera alegra alrededor de ti y que, delante tuyo, no fuera el mundo sino Amor. En la vivificante luz que brillaba en tus ojos,--haya sido cual haya sido su esencia,--encontr todo lo que mi mirada dolorosa pudo hallar de encantador sobre la tierra. Ese pudor no era, quiz, sino pudor virginal--pudo muy bien pasar por tal,--aunque su esplendor haya hecho nacer una llama ms impetuosa todava en el seno de aquel que, pobre de l! te vio en tu da nupcial, cuando tu frente se cubra de ese rubor invencible, a pesar de que estuvieras rodeada de dicha y que el mundo no fuera sino amor ante ti! 1827. LOS ESPRITUS DE LOS MUERTOS Tu alma se encontrar sola, cautiva de los negros pensamientos de la gris piedra tumbal; ninguna persona te inquietar en tus horas de recogimiento. Qudate silenciosamente en esa soledad que no es abandono,--porque los espritus de los muertos que existieron antes que t en la vida, te alcanzarn y te rodearn en la muerte,--y la sombra proyectada sobre tu cara obedecer a su voluntad; por lo tanto, permanece tranquilo. Aunque serena, la noche fruncir su ceo, y las estrellas, de lo alto de sus tronos celestes, no bajarn ms sus miradas con un resplandor parecido al de la esperanza que se concede a los mortales; pero sus rbitas rojas, desprovistas de todo rayo, sern para tu corazn marchito como una quemadura, como una fiebre que querr unirse a ti para siempre. Ahora, te visitan pensamientos que no ahuyentars jams; ahora surgen ante ti visiones que no se desvanecern jams; jams ellas dejarn tu espritu, pero se fijarn como gotas de roco sobre la hierba. La brisa,--esa respiracin de Dios,--reposa inmvil, y la bruma que se extiende como una sombra sobre la colina,--como una sombra cuyo velo no se ha desgarrado todava,--resulta as un smbolo y un signo. Como logra permanecer suspendida a los rboles, ese es el misterio de los misterios! 1827. LA ROMANZA Oh romanza que gustas cantar, la frente adormecida y las alas plegadas, entre las hojas verdes agitadas a lo lejos sobre algn lago umbro, t has sido para m un papagayo de vivos colores, un pjaro muy familiar; t me has enseado a leer mi alfabeto, a balbucear todas mis primeras palabras, mientras que, nio de mirada sagaz, me hunda en huraos bosques. * * * * * En estos ltimos tiempos, el eterno Cndor de los tiempos ha estremecido de tal modo mi cielo hasta en sus alturas, agrandando el tumulto producido por el pasaje y la huida de los aos, y tengo tan obstinadamente los ojos fijos en el inquietante horizonte, que no me queda tiempo para mis dulces ocios. EL REINO DE LAS HADAS Valles oscuros, torrentes umbros, bosques nebulosos en los cuales nadie puede descubrir las formas a causa de las lgrimas que gota a gota se lloran de todas partes! All, lunas desmesuradas crecen y decrecen, siempre, ahora, siempre, a cada instante de la noche, cambiando siempre de lugar, y bajo el hlito de sus faces plidas ellas oscurecen el resplandor de las temblorosas estrellas. Hacia la duodcima hora del cuadrante nocturno una luna ms nebulosa que las otras,--de una especie que las hadas han probado ser la mejor,--desciende hasta bajo el horizonte y pone su centro sobre la corona de una eminencia de montaas, mientras que su vasta circunferencia se esparce en vestiduras flotantes sobre los caseros, sobre las mismas mansiones distantes, sobre bosques extraos, sobre la mar, sobre los espritus que danzan, sobre cada cosa adormecida, y los sepulta completamente en un laberinto de luz. Y entonces, cun profundo es el xtasis de ese su sueo! De maana, ellas se levantan, y su velo lunar vuela por los cielos mientras se agitan como plido albatros al soplo de la tempestad que las sacude como a casi todas las cosas. Pero cuando las hadas que se han refugiado bajo esa luna de la que se han servido, por as decirlo, como de una tienda, la dejan, no pueden jams volver a encontrar abrigo. Y los tomos de ese astro se dispersan y se convierten bien pronto en una lluvia, de la cual las mariposas de esta tierra, que buscan en vano los cielos y vuelven a descender,--criaturas jams satisfechas!--nos devuelven partculas a veces sobre sus alas estremecidas. 1831. EL LAGO En la primavera de mi juventud, fu mi destino no frecuentar de todo el vasto mundo sino un solo lugar que amaba ms que todos los otros, tanta era de amable la soledad de su lago salvaje, rodeado por negros peascos y de altos pinos que dominaban sus alrededores. Pero cuando la noche tenda su sudario sobre ese lugar como sobre todas las cosas, y se agregaba el mstico viento murmurando su meloda, entonces, oh, entonces se despertaba siempre en m el terror por ese lago solitario! Y sin embargo ese terror no era miedo, sino una turbacin deliciosa, un sentimiento que ninguna mina de piedras preciosas podra inspirarme o convidarme a definir, ni el amor mismo, aunque ese amor fuera el tuyo. La muerte reinaba en el seno de esa onda envenenada, y en su remolino haba una tumba bien hecha para aquel que pudiera beber en ella un consuelo a su imaginacin taciturna, para aquel cuya alma desamparada pudiera haberse hecho un Edn de ese lago velado. 1827. LA ESTRELLA DE LA TARDE Era en el corazn del verano y en medio de la noche. Las estrellas marchando en sus rbitas brillaban con un plido resplandor a travs de la luz ms viva de la fra luna, mientras que sta, rodeada de los planetas, sus esclavos, lanzaba desde lo alto de los cielos, sus rayos sobre las olas. Yo contemplaba su triste sonrisa, demasiado fra, demasiado fra para m. Una nube oscura vino a pasar, semejante a un sudario, y fu entonces que me volv hacia ti, Estrella del Sur, orgullosa en tu gloria lejana. Y ahora me ser ms querida tu luz, porque lo que me traes de ms magnificente a travs del cielo nocturno, es la alegra de mi corazn, y yo prefiero tu discreto y lejano resplandor a esa llama cercana pero ms fra! 1827. EL DA MS FELIZ El da ms feliz, la hora ms dichosa, los ha conocido mi corazn agotado y marchito; pero siento que ha desaparecido ya mi ms alta esperanza de orgullo y de podero. He dicho de podero? S. Pero desde hace largo tiempo, ay de m! se han desvanecido los bellos ensueos de la juventud; han pasado ya: dejmoslos que se desvanezcan! Y t, orgullo, qu har de ti ahora? Otra frente puede bien heredar el veneno que me has dado. Que por lo menos mi espritu permanezca tranquilo. El da ms hermoso, la hora ms feliz que mis ojos hayan visto y hayan podido ver jams, mi ms brillante mirada de orgullo y de podero, todo eso ha existido pero ya no existe; yo lo siento. Y si esa esperanza de orgullo y de podero me fuera ofrecida ahora acompaada de un dolor semejante al que experimento, no quisiera revivir esa hora brillante. Porque bajo su ala llevaba una oscura mezcla y mientras volaba, dejaba caer una esencia todopoderosa para consumir un alma que tan bien la conoca. 1827. IMITACIN Una ola insondable de invencible orgullo, un misterio y un sueo, tal debi parecer mi primera edad. Yo aado que ese sueo estaba atravesado por un pensamiento hurao, siempre despierto, de seres que han existido, y que mi espritu no hubiera apercibido jams si los hubiera dejado pasar cerca de mi, bajo mi ensoadora pupila. Que ningn otro, ac abajo, herede esta visin de mi espritu, de esos pensamientos que a cada instante quisiera dominar y que se extienden como un hechizo sobre mi alma. Porque, al fin, esa brillante esperanza y ese tiempo liviano se han ido, y mi reposo terrestre, me ha dejado, l tambin, con un suspiro, al pasar. Entre tanto, no me preocupo de que l perezca con un pensamiento que entonces amaba....! 1827. TRADUCIDOS POR CARLOS ARTURO TORRES LAS CAMPANAS I Por el aire se dilata alegre campanilleo... Son las campanas de plata del trineo... Oh, qu mundo de alegra expresa su meloda! Qu retintn de cristal en el ambiente glacial! Mientras las luces astrales que titilan en los cielos se miran en los cristales de los hielos, y sube la nota nica como un gil rima rnica que all en la noche serena va dilatando sus ecos por el ltimo confn, y la campanilla suena diln, diln... Melodiosa y cristalina suena, suena, suena, suena, suena, suena la nota gil y argentina con metlico y alegre y lmpido retintn! II Escuchad! Un dulce coro puebla la atmsfera toda: son las campanas de oro de la boda. Qu mundo de venturanza la plcida nota lanza Su voz como una caricia o como un suave reproche desgrana en la calma noche las perlas de su delicia. Son las ureas notas una fuente de ledo murmullo o el enamorado arrullo de la trtola: la Luna en la dormida laguna vierte miradas de plata, y en el ter y en las linfas palpita la serenata... Y cmo en el aire flota la urea nota! Cmo brota, cual dice la dicha ignota, en el balsmico efluvio de noche primaveral! Y cun dulce y cun sonoro, --din dan, din dan--, es el coro, --din dan, din dan--, de la campana de oro, que en su lengua musical celebrando est el misterio de la noche nupcial. III Turba el nocturno sosiego sbita alarma, y entonces a gran campana de bronce toca a fuego! Qu terrfica pavura la siniestra nota augura! Es desesperado ruego desgarrador y tenaz al rojo elemento ciego cada instante ms frentico, cada instante ms voraz! En indescriptible pnico el cataclismo volcnico con raudo impulso titnico avanza, la campanada alarido es de terror; sigue el bronce, sigue el bronce con su clamoroso estruendo diciendo cul crece el peligro horrendo, cul se inflama la llama, y la Luna como forma de sangriento tabernculo, alumbra el rojo espectculo en su fantstico horror. Y el bronce alarmante clama, clama, clama como se extiende la injuria del incendio y crece en furia, y es ya locura el pavor... Bajo cielos escarlatas se extiende inflamado manto, el espanto en tanto crece, y sigue la campana de su rebato el clamor. Y en ese rebato armgero, --dan dan, dan dan--, crece el estrago flamgero --dan dan, dan dan--, al sn violento que dan las campanas de la torre que tocando a fuego estn! IV Dobla y dobla lentamente negra campana de hierro que invita con sn doliente al entierro. Qu solemnes pensamientos despiertan esos acentos! Del lento y triste sonido cada toque, cada nota en el vago viento flota como doliente gemido, y de la noche en la calma el melanclico sn, siente estremecida el alma cual solemne admonicin. Se desprenden esos dobles lgubres y funerarios de los altos campanarios en fnebre vibracin; en esos dobles alienta algn espritu irnico que a cada nota que zumba, con agrio gesto sardnico rueda implacable y derrumba y oprime con todo el peso de la piedra de una tumba el humano corazn! Quienes taen las campanas de los toques funerales no son pobres campaneros, no son sencillos mortales, son espectros sepulcrales! Y es el Rey de los espectros quien toca con ms tesn! Pausado, implacable, lento su toque a cada momento resuena como un lamento pregonando la hora nica en extraa rima rnica, y parece que sintiera intenso placer diablico en este toque simblico de muerte y desolacin. --Din dan, din don--, --din dan, din don--, dobla, dobla el sn montono, dobla el toque funeral, y el Rey espectro su gozo refina en este sollozo, en este intenso suspiro que en su giro remeda el doble augural que va recordando al hombre de su existencia el final. El toque sigue y no cesa y vibra en el alma opresa sordamente como un cuerpo que cayera en una huesa... --Din dan, din don--, resuena en el corazn, --din dan, din don--, de la campana que dobla el lento y lgubre sn! ULALUME I Los cielos cenicientos y sombros, crespas las hojas, lvidas y mustias, y era una noche del doliente octubre del tiempo inmemorial entre las brumas, era en las tristes mrgenes del Auber, el lago tenebroso de aguas mudas, ante los bosques ttricos del Weir, la regin espectral de la pavura. II A solas con mi alma, recorra avenida titnica y oscura de fnebres cipreses... con mi alma, con Psiquis, alma que, al misterio turba... Era la edad del corazn volcnico como las llamas del Yanek sulfreas, como las lavas del Yanek que brotan all del polo en la regin nocturna. III Pocas palabras nos dijimos, era como una confidencia ntima y muda; palabras serias, pensamientos graves que la memoria para siempre turban; no recordamos que era el triste octubre, que era la noche (noche infausta y nica!) no recordamos la regin del Auber que tanto conoci mi desventura, ni el bosque fantasmtico del Weir, la regin espectral de la pavura. IV Y cuando la noche ya avanza de estrellas al vago tremer, al fin de la oscura avenida un lnguido rayo se ve, fulgor diamantino que anuncia de fnebre velo al travs, que emerge de nube fantstica la Luna, la blanca Astart. V Y yo dije a mi alma: Ms que Diana ardiente, aquella misteriosa Luna rueda al travs de un ter de suspiros; lgrimas de su faz una por una caen donde el gusano nunca muere. Para mostrarnos la celeste ruta y el alma imperio de la paz Letea atrs dej al len en las alturas, del len las estrellas traspasando, del len a despecho, ora nos busca y sus miradas lmpidas y dulces son las miradas que el amor anuncian. VI Mas Psiquis dijo sealando al Cielo: La palidez de ese astro me conturba; pronto, huyamos de aqu, pronto, es preciso. Y de sus alas recogi las plumas con intenso terror, y sollozando, presa de pronto de invencible angustia pleg las alas, hasta el polvo fro lentas dejando descender las plumas. VII Y yo le dije: Tu terror es vano, sigamos esa luz trmula y pura, que nos baen sus rayos cristalinos, sus rayos sibilinos que ya auguran e irradian la belleza y la esperanza. Mira: la senda de los cielos busca; sigamos sin temor sus limpios rayos que ellos a playa llevarn segura, sigamos esa luz limpia y tranquila a travs de la bveda cerlea. VIII Tranquilic a mi Psiquis, y besndola, de su mente apart las inquietudes y sus zozobras disip profundas, y convencerla que siguiera pude. Llegamos hasta el fin; ojal nunca llegara! Al fin de la avenida lgubre nos detuvo la puerta de una tumba (oh, triste noche del lejano octubre!) nos detuvo la losa de una tumba, de legendario monumento fnebre. Oh, hermana!--dije--Qu inscripcin confusa en la sellada losa se descubre? Respondiome: Ulalume, esta es su tumba, la tumba de tu plida Ulalume! IX Qued mi corazn como ese Cielo ceniciento, como esas hojas mustias, como esas hojas yertas y crispadas... Ay! pens: el mismo octubre fu, sin duda fu en _esa misma noche_ cuando vine al travs del horror y de la bruma aqu trayendo mi doliente carga... Oh, noche infausta, infausta cual ninguna! Oh! Qu infernal espritu me trajo a esta regin fatal de la tristura? Bien reconozco el mudo lago de Auber, y esta comarca que el horror anubla, y el bosque fantasmtico de Weir, la regin espectral de la pavura! ESTRELLAS FIJAS (TO HELEN) I Te vi un punto; era una noche de julio, noche tibia y perfumada, noche difana, de la Luna plena y lmpida, lmpida como tu alma, descendan sobre el parque adormecido grciles velos de plata; ni una rfaga el infinito silencio y la quietud perturbaban; en el parque evaporaban las rosas los perfumes de sus almas, para que los recogieras en aquella noche mgica; para que t lo aspiraras su ltimo aliento exhalaban, como en una muerte exttica; y era una selva encantada, y era una noche de ensueos y claridades fantsticas! II Toda de blanco vestida, toda blanca sobre un banco de violetas reclinada te vea, y a las rosas moribundas y a ti una luz tenue y difana alumbraba luz de perla diluida en un ter de suspiros y de evaporadas lgrimas! III Qu hado extrao (fu ventura, fu desgracia?) me condujo aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban los suspiros perfumados de su alma? Ni una hoja susurraba; no se oa una pisada, todo mudo, todo en calma, todo en sueo menos _t_ y _yo_ (cul me agito al unir las dos palabras!) menos t y yo. De repente todo cambia. De la Luna la luz lmpida, la luz de perla se apaga, el perfume de las rosas muere en las dormidas auras, los senderos se oscurecen expiran las violas castas, menos _t_ y _yo_, todo huye, todo muere, todo pasa... Todo se apaga y se extingue menos tus hondas miradas, tus dos ojos donde arde tu alma! Y slo veo entre sombras aquellos ojos... Oh, amada! Qu tristezas extrahumanas, qu irreales leyendas de amor relatan! Qu misteriosos dolores, qu sublimes esperanzas, qu mudas renunciaciones expresan aquellos ojos que en las sombras fijan en m sus miradas! IV Noche oscura, ya Diana entre turbios nubarrones hundi la faz plateada; y t sola en medio de la avenida funeraria, te deslizas ideal, mstica y blanca, te deslizas y te alejas incorprea cual fantasma; slo flotan tus miradas, slo tus ojos perennes, tus ojos de hondas miradas fijos quedan! A travs de los espacios y los tiempos marcan, marcan mi sendero, y no me dejan cual me dej la esperanza. Van siguindome, siguindome como dos estrellas cndidas, cual fijas estrellas dobles en el Cielo apareadas! En la noche solitaria purifican con sus rayos y mi corazn abrasan y me prosterno ante ellos con adoracin exttica; y en el da no se ocultan cual se ocult mi esperanza; por todas partes me siguen mirndome fijamente en mi espritu clavadas... Misteriosas y lejanas me persiguen tus miradas como dos estrellas fijas, como dos estrellas tristes, como dos estrellas blancas! DREAMLAND I En una senda abandonada y triste que recorren tan slo ngeles malos, una extraa Deidad la negra Noche ha erigido su trono solitario; all llegu una vez; cruc atrevido de Thule ignota los contornos vagos y al Reino entr que extiende sus confines fuera del Tiempo y fuera del Espacio. II Valles sin lindes, mares sin riberas, cavernas, bosques densos y titnicos, montaas que a los cielos desafan y hunden la base en insondables lagos, en lagos insondables siempre mudos de misteriosos bordes escarpados, glidos lagos, cuyas muertas aguas un Cielo copian ttrico y extrao. III Orillas de esos lagos que reflejan siempre un Cielo fatdico y hurao cerca de aquellos bosques gigantescos, enfrente de esos negros ocanos, al pie de aquellos montes formidables, de esas cavernas en los hondos antros, vense a veces fantasmas silenciosos que pasan a lo lejos sollozando, fnebres y dolientes... son aquellos amigos que por siempre nos dejaron, caros amigos para siempre idos, fuera del Tiempo y fuera del Espacio! IV Para el alma nutrida de pesares, para el transido corazn, acaso es el asilo de la paz suprema, del reposo y la calma en Eldorado. Pero el viajero que azorado cruza la regin no contempla sin espantos que a los mortales ojos sus misterios perennemente seguirn sellados, as lo quiere la Deidad sombra que tiene all su imperio incontrastado. V Por esa senda desolada y triste que recorren tan slo ngeles malos, senda fatal donde la Diosa Noche ha erigido su trono solitario, donde la inexplorada, ltima Thule esfuma en sombras sus contornos vagos, con el alma abrumada de pesares, transido el corazn, he paseado... He paseado en pos de los que huyeron fuera del Tiempo y fuera del Espacio! EL CUERVO TRADUCIDO POR J. PREL BONALDO Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones, sobre ms de un raro infolio de olvidados cronicones inclinaba sooliento la cabeza, de repente a mi puerta o llamar: como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tmida a tocar: Es--me dije--una visita que llamando est a mi puerta: eso es todo, y nada ms! Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo, y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo. Cun ansioso el nuevo da deseaba, en la lectura procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerte de Leonora, la radiante, la sin par virgen pura a quien Leonora las querubes llaman hora ya sin nombre... nunca ms! Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras me aterraba, me llenaba de fantsticas pavuras, de tal modo, que el latido de mi pecho palpitante procurando dominar, es, sin duda, un visitante--repeta con instancia-- que a mi alcoba quiere entrar; un tardo visitante a las puertas de mi estancia... eso es todo, y nada ms! Paso a paso, fuerza y bros fu mi espritu cobrando: Caballero--dije--o dama: mil perdones os demando; mas, el caso es que dorma, y con tanta gentileza me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza y tan tmida constancia os pusisteis a tocar que no o--dije--y las puertas abr al punto de mi estancia; sombras slo y... nada ms! Mudo, trmulo, en la sombra por mirar haciendo empeos, qued all, cual antes nadie los so, forjando sueos; ms profundo era el silencio, y la calma no acusaba ruido alguno... Resonar slo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora yo me puse a murmurar, y que el eco repeta como un soplo: Leonora!... esto apenas, nada ms! A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia pronto o llamar de nuevo--esta vez con ms violencia, De seguro--dije--es algo que se posa en mi persiana; pues, veamos de encontrar la razn abierta y llana de este caso raro y serio y el enigma averiguar. Corazn! Calma un instante y aclaremos el misterio... --Es el viento--y nada ms! La ventana abr--y con rtmico aleteo y garbo extrao entr un cuervo majestuoso de la sacra edad de antao. Sin pararse ni un instante ni seales dar de susto, con aspecto seorial, fu a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal; sobre el busto que de Palas la figura representa, fu y posose--y nada ms! Troc entonces el negro pjaro en sonrisas mi tristeza con su grave, torva y seria decorosa gentileza; y le dije: Aunque la cresta calva llevas, de seguro no eres cuervo nocturnal, viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla... Dime:--Cul tu nombre, cul en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?... Dijo el cuervo: Nunca ms! Asombrado qued oyendo as hablar al avechucho, si bien su rida respuesta no expresaba poco o mucho; pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura que lograse contemplar ave alguna en la moldura de su puerta encaramada, ave o bruto reposar sobre efigie en la cornisa de su puerta, cincelada, con tal nombre: Nunca ms! Mas el cuervo, fijo, inmvil, en la grave efigie aquella, slo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella vinculada--ni una pluma sacuda, ni un acento se le oa pronunciar... Dije entonces al momento: Ya otros antes se han marchado, y la aurora al despuntar, l tambin se ir volando cual mis sueos han volado. Dijo el cuervo:Nunca ms! Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido, no hay ya duda alguna--dije--lo que dice es aprendido; aprendido de algn amo desdichoso a quien la suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar, y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jams, y nunca ms! Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa mi silln rod hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa; luego, hundindome en la seda, fantasa y fantasa dime entonces a juntar, por saber qu pretenda aquel pjaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lgubre y odioso al graznar: Nunca jams! Qued aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma. Esto y ms--sobre cojines reclinado--con anhelo me empeaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprima viva huella luminoso mi fanal-- terciopelo cuya prpura ay! jams volver ella a oprimir--Ah! Nunca ms! Pareciome el aire entonces, por incgnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario, perfumado--Miserable sr--me dije--Dios te ha odo y por medio angelical, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: bebe! bebe ese nepente, y as todo olvida ahora. Dijo el cuervo: Nunca ms! Eh, profeta--dije--o duende, mas profeta al fin, ya seas ave o diablo--ya te enve la tormenta, ya te veas por los bregos barrido a esta playa, desolado pero intrpido a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo imploro: Llegar jams a hallar algn blsamo o consuelo para el mal que triste lloro? Dijo el cuervo: Nunca ms! Oh, profeta--dije--o diablo--Por ese ancho combo velo de zafir que nos cobija, por el mismo Dios del Cielo a quien ambos adoramos, dile a esta alma adolorida, presa infausta del pesar, si jams en otra vida la doncella arrobadora a mi seno he de estrechar, la alma virgen a quien llaman los arcngeles Leonora! Dijo el cuervo: Nunca ms! Esa voz, oh, cuervo, sea la seal de la partida, grit alzndome:--Retorna, vuelve a tu hrrida guarida, la plutnica ribera de la noche y de la bruma!... de tu horrenda falsedad en memoria, ni una pluma dejes, negra, El busto deja! Deja en paz mi soledad! Quita el pico de mi pecho. De mi umbral tu forma aleja... Dijo el cuervo: Nunca ms! Y aun el cuervo inmvil, fijo, sigue fijo en la escultura, sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura... y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo, las visiones ve del mal; y la luz sobre l cayendo, sobre el suelo arroja, trunca su ancha sombra funeral, y mi alma de esa sombra que en el suelo flota... nunca se alzar... nunca jams! FIN. End of the Project Gutenberg EBook of Poemas, by Edgar Allan Poe License: Share Alike