Produced by Miranda van de Heijning and the Online Distributed Proofreading Team. This file was produced from images generously made available by the Bibliothque nationale de France (BnF/Gallica) VIAGE AL PARNASO COMPUESTO POR MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. DIRIGIDO A D. RODRIGO DE TAPIA, CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO, &C. PUBLICANSE AHORA DE NUEVO UNA TRAGEDIA Y UNA COMEDIA INEDITAS DEL MISMO CERVANTES: AQUELLA INTITULADA LA NUMANCIA: ESTA EL TRATO DE ARGEL. EN MADRID POR _DON ANTONIO DE SANCHA_. ANO DE M. DCCLXXXIV. Se hallar en su Librera en la _Aduana Vieja_. _Con las Licencias necesarias._ _A DON RODRIGO DE TAPIA, CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO, HIJO DEL SEOR DON PEDRO DE TAPIA, OIDOR DEL CONSEJO REAL, Y CONSULTOR DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICION SUPREMA._ Dirijo Vm. este Viage que hice al Parnaso, que no desdice su edad florida, ni sus loables y estudiosos exercicios. Si Vm. le hace el acogimiento que yo espero de su condicion ilustre, l quedar famoso en el mundo, y mis deseos premiados. Nuestro Seor, &c. _Miguel de Cervantes Saavedra._ PROLOGO AL LECTOR. Si por ventura, Lector curioso, eres poeta, y llegare tus manos (aunque pecadoras) este Viage, si te hallares en l escrito, y notado entre los buenos poetas, da gracias Apolo por la merced que te hizo; y si no te hallares, tambien se las puedes dar. Y Dios te guarde. _D. AUGUSTINI DE CASANATE ROJAS_ EPIGRAMA Excute cruleum, proles Saturnia, tergum, Verbera quadrig sentiat alma Tetys. Agmen Apollineum, nova sacri injuria ponti; Carmineis ratibus per freta tendit iter. Proteus quoreas pecudes, modulamina Triton Monstra cavos latices obstupefacta sinunt. At caveas tant torquent qu mollis habenas, Carmina si excipias nulla tridentis opes. Hesperiis Michal claros conduxit ab oris In pelagus vates. Delphica castra petit. Im age, pone metus, mediis subsiste carinis, Parnassi in littus vela secunda gere. ADVERTENCIA DEL EDITOR. Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto del Viage al Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresion de un libro tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezas igualmente poeticas, que ahora se dan luz la primera vez. Una es tragica: y otra comica. Una se intitula La Numancia: la otra El Trato de Argel. De entrambas hace mencion, baxo estos mismos titulos en el Dialogo con el poeta Pancracio, en el Discurso del Canonigo de Toledo con el Cura Pero Perez, que se introduce en D. Quixote, y al fin de la comedia de los Baos de Argel, impresa el ao de 1613. Estas dos son del nmero de aquellas veinte treinta comedias que escribi por los aos de 1582. recien redimido del cautiverio de Argel, y de las quales dice que todas se representaron en los teatros de Madrid con gusto general del pueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observan ciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las que despues reprehendi tan justamente el mismo Cervantes. Porque el Trato de Argel no tanto merece el nombre de comedia, como el de una simple relacion lastimosa y tragica por lo comun, de los trabajos que padecian los cautivos cristianos en poder de los infieles, en cuya pintura entran tambien las reprobadas costumbres de unos y de otros, cuyos sucesos son tanto mas creibles en la pluma del autor, quanto que por l pasaron muchos de ellos; y asi se introduce en ella s mismo, como historiador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad las varias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zoco plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegaban los muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrian los cautivos para huir: los inclementes castigos con que por esto los atormentaban los moros: el martirio que padeci en Argel Frey Miguel de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden de Montesa, en venganza de haber quemado vivo la Inquisicion de Valencia un morisco, que pasandose Berberia, profes abiertamente el mahometismo, y dandose despues al corso, cay en manos de aquel Tribunal: cuyo suceso refiere largamente el Padre Ahedo en su Historia de Argel. Tampoco omite las deshonestas aficiones con que las moras se inclinaban los cautivos, y los moros las cautivas, valiendose de hechiceras y encantos, con el vano intento de atraer y fixar las voluntades humanas: cosa freqente entre ellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se complicaban con otros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes cuenta los de Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami Arnaut en la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuya prdida hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta y otras desgracias que las galeras de Espaa eran muy pesadas, cuyo peso se aumentaba con el demasiado carguo de mercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra gente, por tener a caso de menos valer echar mano al remo: todo lo qual sucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones mas veleras. Compraron estos esclavos Izuf y Zara, dos moros principales. Enamorase Zara de su cautivo Aurelio, y para inclinarle se vale de la hechicera Ftima, y no contenta con esto, hace tercera de su amor Silvia. Izuf por su parte se aficiona Silvia, y para rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en esta comedia no se advierte una accion principal que estn subordinados los demas incidentes, si algun episodio puede ocupar el lugar de ella, es esta complicacin de afectos de amos y de esclavos: cuyo desenlace consiste en conceder el Rey Azan Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan Espaa solicitar dos mil ducados en que se rescataron, fiando de su palabra y buena fe el cumplimiento de esta condicion. Y el fin de toda la comedia es avistarse en el puerto de Argel el navio que traia la limosna de la Redencion, en que venia el Padre Fray Juan Gil, cuyo suceso fue tambien verdadero, pues este Religioso fue el que rescat Cervantes. Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar. Pedro Alvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de sus amos; y perdiendo el camino Alvarez, se aparece un leon que se le ensea: cuyo extraordinario suceso atribuye la intercesion de nuestra Seora de Montserrate. Introduce tambien figuras morales. La Necesidad y la Ocasion acosan Aurelio para que condescienda con las importunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduce la Espaa en forma de doncella, coronada de torres, informando del sitio que la tenia puesto Scipion; y considerando que solo por la parte por donde baaba el rio la ciudad cercada, podia recibir socorro, le hace una dolorosa splica para que se le preste: y en efecto, sale al teatro el Duero con tres muchachos que representan tres riachuelos que desaguan en l, y despues de una larga arenga en que profetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D. Fernando Alvarez de Toledo haran guerra Roma, la desaucia de todo remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubiera sido y mas natural poner estos discursos en boca de las personas. Pero esta invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se precia de haber sido el primero que introduxo en el teatro las figuras morales con general aplauso: si bien muchos aos antes las vemos introducidas en la comedia de la Duquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el ao de 1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue por aquellos tiempos Lope de Rueda. Por los aos de 1598. compuso Lope de Vega una comedia intitulada: Los Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo que el del Trato de Argel: y con efecto introduce en ella un cautivo llamado Saavedra, en cuya introduccion tubo sin duda presente Cervantes. A lo menos supone sucedidos en el tiempo de su cautiverio los casos que refiere, que casi son identicos con los que se leen en el Trato de Argel: como son el martirio del Caballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan, la complicacion de los amores de amos y cautivos, que es lo que se puede llamar la accion de la comedia. El desenlace es tambien casi identico, y se reduce que Azan concede libertad los dos amantes cautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la misma condicion, que vueltos Espaa adquieran el precio de su rescate, y se lo remitan Soliman su amo. Entre otras impropiedades, tampoco guarda Lope la unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho, los casos de su comedia sucedidos por los aos de 1580. finge que desde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde con varios regocijos celebr D. Francisco de Sandoval y Roxas, Duque despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la Reyna Doa Margarita, contraido el mencionado ao de 1598. Esta conformidad de casos, de escenas, y aun de expresiones con el Trato de Argel, que se hallan en los Cautivos de Lope, prueba que ste tubo presente alguna copia de aquella comedia, que disfrut plenamente; aunque siempre se echa de ver aquella facilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega. Pero volvamos Cervantes. El qual pensando muchos aos despues que compuso el Trato de Argel, que todavia parecian bien sus versos, compuso otras ocho comedias; y viendo que ni los farsantes se las pedian, ni otros las apreciaban, se las vendi al librero Juan de Villarroel, que las imprimi el ao de 1615. Hallase entre ellas una intitulada: Los Baos de Argel, que casi es idntica, con la del Trato de Argel. Conserva en ella principalmente la complicacion de amores de amos y cautivos, aunque vara los nombres; porque estas aficiones ilicitas y contrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion en Cervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sino que las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevo el amor de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamada Zara, que enamorada de D. Lope, uno de los cautivos del Bao, se comunicaba con l por medio de billetes que colgaba de una caa, con cuyo artificio le provey tambien de dineros. El desenlace desenredo es igualmente la libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, que viniendo rescatado Espaa, vuelve Argel con una barca, donde trae todos los compaeros que caben en ella, y Zara especialmente, con quien recibido el bautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes fue verdadero, sino que le renov en D. Quixote. Si en el Trato de Argel se notan impropiedades, no menos se observan en los Baos de Argel. Una de las mas extraordinarias de sta es fingir que los moros vieron una armada de mas de trescientas galeras, representada en las nubes heridas por los rayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los fuegos: y pensando los Genizaros que la enviaba Felipe II. para conquistar aquella republica de piratas, se enfurecieron de tal modo, que para tener menos enemigos, hirieron mas de veinte cautivos, y quitaron la vida mas de treinta. Un erudito Anonimo reimprimi el ao de 1749. estas ocho comedias, acompaandolas con un dilatado prologo en que intenta probar que las compuso su autor con el fin de ridiculizar las de su tiempo, que tanto solian pecar contra las reglas del arte; asi como escribi la Novela de D. Quixote con el de ridiculizar los libros de caballerias. Ultimamente el clebre Abate D. Xavier Lampillas pretende disculpar Cervantes por un nuevo y singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; _sino que la malicia de los impresores public con su nombre y prologo aquellas extravagantes comedias, correspondientes al pervertido gusto del vulgo, suprimiendo las que verdaderamente eran de l, transformandolas en un todo_. Pero como los defectos de la del Trato de Argel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice se recit con general aplauso, certifican de las irregularidades de las que despues l mismo di la estampa, se infiere que Cervantes no compuso sus comedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que quiere hallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y que por consiguiente no es admisible el arbitrio que escogit el Abate Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la fama del autor de D. Quixote. Lo primero, porque l mismo se declara autor de ellas en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en el prologo: y el estilo y discurso de ambas composiciones no permite sospechar que sean de otra pluma: lo segundo, porque no es creible que ninguno tubiese el atrevimiento de prohijar al verdadero autor vista suya, unas obras agenas en lugar de las suyas propias; y quando asi hubiese sucedido, parece imposible que no se hubiese vindicado de semejante supercheria, habiendo sobrevivido la publicacion mas de un ao. Antes se infiere y se comprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huarte alegada por el ingenioso P. Vicente de los Rios en la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra: que para la aplicacion de los ingenios se debe examinar, no solo la ciencia que se adequa mas cada uno, sino tambien si se acomoda mejor la teorica que la practica de aquella ciencia: porque estas requieren por lo comun, diferente indole de ingenio. En Cervantes, prosigue Rios, se verific plenamente esta observacion. Nunca acert componer comedias, y poseia perfectamente su teorica, como lo acreditan muchos lugares de sus obras, y especialmente el Coloquio entre el Cura y el Canonigo de Toledo, que inserta en la primera parte de D. Quixote. Por los defectos expuestos del Trato de Argel, se puede hacer algn juicio de la Numancia, aunque es algo mas regular. [Illustration] VIAGE AL PARNASO. CAPITULO I. Un quidam caporal Italiano, De patria Perusino lo que entiendo, De ingenio Griego, y de valor Romano, Llevado de un capricho reverendo, Le vino en voluntad de ir Parnaso, Por huir de la corte el vario estruendo. Solo y pie partise, y paso paso Lleg donde compr una mul antigua De color parda, y tartamudo paso: Nunca medroso pareci estantigua Mayor, ni menos buena para carga, Grande en los huesos, y en la fuerza exigua: Corta de vista, aunque de cola larga, Escrecha en los hijares, y en el cuero Mas dura que lo son los de una adarga. Era de ingenio cabalmente entero, Caia en qualquier cosa facilmente Asi en Abril, como en el mes de Enero. Enfin sobre ella el poeton valiente Lleg al Parnaso, y fue del rubio Apolo Agasajado con serena frente. Cont, quando volvi el poeta solo Y sin blanca su patria, lo que en vuelo Llev la fama deste al otro polo. Yo que siempre trabajo y me desvelo Por parecer que tengo de poeta La gracia, que no quiso darme el cielo: Quisiera despachar la estafeta Mi alma, por los aires, y ponella Sobre las cumbres del nombrado Oeta. Pues descubriendo desde alli la bella Corriente de Aganipe, en un saltico Pudiera el labio remojar en ella: Y quedar del licor save y rico El pancho lleno: y ser de alli adelante Poeta ilustre, al menos manifico. Mas mil inconvenientes al instante Se me ofrecieron, y qued el deseo En cierne, desvalido, ignorante. Porque en la piedra que en mis hombros veo, Que la fortuna me carg pesada, Mis mal logradas esperanzas leo. Las muchas leguas de la gran jornada Se me representaron que pudieran Torcer la voluntad aficionada, Si en aquel mismo instante no acudieran Los humos de la fama socorrerme, Y corto y facil el camino hicieran. Dixe entre m: si yo viniese verme En la dificil cumbre deste monte, Y una guirnalda de laurel ponerme; No envidiaria el bien decir de Aponte, Ni del muerto Galarza la agudeza, En manos blando, en lengua Radamonte. Mas como de un error siempre se empieza, Creyendo mi deseo, di al camino Los pies, porque di al viento la cabeza. Enfin sobre las ancas del destino, Llevando la eleccion puesta en la silla Hacer el gran viage determino. Si esta cavalgadura maravilla, Sepa el que no lo sabe, que se usa Por todo el mundo, no solo en Casulla. Ninguno tiene, puede dar escusa De no oprimir desta gran bestia el lomo, Ni mortal caminante lo rehusa. Suele, tal vez ser tan ligera, como Va por el aire el aguila, saeta, Y tal vez anda con los pies de plomo. Pero para la carga de un poeta, Siempre ligera, qualquier bestia puede Llevarla, pues carece de maleta. Que es caso ya infalible, que aunque herede Riquezas un poeta, en poder suyo No aumentarlas, perderlas le sucede. Desta verdad ser la ocasion arguyo, Que tu, gran padre Apolo, les infundes En sus intentos el intento tuyo. Y como no le mezclas ni confundes En cosas de agibilibus rateras, Ni en el mar de ganancia vil le hundes; Ellos, traten burlas, sean veras, Sin aspirar la ganancia en cosa, Sobre el convexo van de las esferas: Pintando en la palestra rigurosa Las acciones de Marte, entre las flores Las de Venus mas blanda y amorosa. Llorando guerras, cantando amores La vida como en sueo se les pasa, O como suele el tiempo jugadores. Son hechos los poetas de una masa Dulce, save, correosa y tierna, Y amiga del hogar de agena casa. El poeta mas cuerdo se gobierna Por su antojo valdio y regalado, De trazas lleno, y de ignorancia eterna. Absorto en sus quimeras, y admirado De sus mismas acciones, no procura Llegar rico, como honroso estado. Vayan pues los leyentes con letura, Qual dice el vulgo mal limado y bronco, Que yo soy un poeta desta hechura. Cisne en las canas, y en la voz un ronco Y negro cuervo, sin que el tiempo pueda Desbastar de mi ingenio el duro tronco: Y que en la cumbre de la varia rueda Jamas me pude ver solo un momento, Pues quando subir quiero, se est queda. Pero por ver si un alto pensamiento Se puede prometer feliz suceso, Segu el viage paso tardo y lento. Un candeal con ocho mis de queso Fue en mis alforjas mi reposteria, Util al que camina, y leve peso. A dios dixe la humilde choza mia, A dios, Madrid, dios tu, prado, y fuentes Que manan nectar, llueven ambrosa. A dios, conversaciones suficientes A entretener un pecho cuidadoso, Y dos mil desvalidos pretendientes. A dios, sitio agradable y mentiroso, Do fueron dos gigantes abrasados Con el rayo de Jupiter fogoso. A dios teatros publicos, honrados Por la ignorancia que ensalzada veo En cien mil disparates recitados. A dios de S. Felipe el gran paseo, Donde si baxa, sube el Turco galgo, Como en gaceta de Venecia leo. A dios, hambre sotil de algun hidalgo, Que por no verme ante tus puertas muerto, Hoy de mi patria, y de mi mismo salgo. Con esto poco poco llegu al puerto, A quien los de Cartago dieron nombre, Cerrado todos vientos y encubierto. A cuyo claro y singular renombre Se postran quantos puertos el mar baa, Descubre el sol, y ha navegado el hombre. Arrojose mi vista la campaa Rasa del mar, que truxo mi memoria Del heroyco Don Juan la heroyca hazaa. Donde con alta de soldados gloria, Y con proprio valor y airado pecho Tuve, aunque humilde, parte en la vitoria. Alli con rabia y con mortal despecho El Otomano orgullo vi su brio Hollado y reducido pobre estrecho. Lleno pues de esperanzas, y vacio De temor, busqu luego una fragata, Que efetuase el alto intento mio. Quando por la, aunque azul, liquida plata V venir un bagel vela y remo, Que tomar tierra en el gran puerto trata. Del mas gallardo, y mas vistoso estremo De quantos las espaldas de Neptuno Oprimieron jamas, ni mas supremo. Qual este nunca vi bagel alguno El mar, ni pudo verse en el armada, Que destruy la vengativa Juno. No fu del Vellocino la jornada Argos tan bien compuesta y tan pomposa, Ni de tantas riquezas adornada. Quando entraba en el puerto la hermosa Aurora por las puertas del oriente, Salia en trenza blanda y amorosa. Oyose un estampido de repente, Haciendo salva la real galera, Que despert y alborot la gente. El son de los clarines la ribera Llenaba de dulcisima harmonia, Y el de la chusma alegre y placentera. Entrabanse las horas por el dia, A cuya luz con distincion mas clara Se vi del gran bagel la bizarria. Ancoras echa, y en el puerto pra, Y arroja un ancho esquife al mar tranquilo Con musica, con grita y algazara. Usan los marineros de su estilo, Cubren la popa con tapetes tales Que es oro, y sirgo de su trama el hilo. Tocan de la ribera los umbrales, Sale del rico esquife un caballero En hombros de otros quatro principales. En cuyo trage y ademan severo Vi de Mercurio al vivo la figura, De los fingidos dioses mensagero. En el gallardo talle y compostura, En los alados pies, y el Caduceo, Simbolo de prudencia y de cordura; Digo, que al mismo paraninfo veo, Que truxo mentirosas embaxadas A la tierra del alto coliseo. Vile, y apenas puso las aladas Plantas en las arenas venturosas Por verse de divinos pies tocadas: Quando yo revolviendo cien mil cosas En la imaginacion, llegu postrarme Ante las plantas por adorno hermosas. Mandme el dios parlero luego alzarme, Y con medidos versos y sonantes, Desta manera comenz hablarme: O Adn de los poetas, Cervantes! Qu alforjas y qu trage es este, amigo? Que asi muestra discursos ignorantes. Yo, respondiendo su demanda, digo: Seor, voy al Parnaso, y como pobre Con este alio mi jornada sigo. Y l m dixo: sobrehumano, y sobre Espiritu Cilenio levantado! Toda abundancia, y todo honor te sobre. Que enfin has respondido ser soldado Antiguo y valeroso, qual lo muestra La mano de que ests estropeado. Bien s que en la Naval dura palestra Perdiste el movimiento de la mano Izquierda, para gloria de la diestra. Y s que aquel instinto sobrehumano Que de raro inventor tu pecho encierra, No te le ha dado el padre Apolo en vano. Tus obras los rincones de la tierra, Llevandolas en grupa Rocinante, Descubren, y la envidia mueven guerra. Pasa, raro inventor, pasa adelante Con tu sotil disinio, y presta ayuda A Apolo; que la tuya es importante: Antes que el escuadron vulgar acuda De mas de veintemil sietemesinos Poetas, que de serlo estn en duda. Llenas van ya las sendas y caminos Desta canalla inutil contra el monte, Que aun de estar su sombra no son dinos. Armate de tus versos luego, y ponte A punto de seguir este viage Conmigo, y la gran obra disponte. Conmigo segurisimo pasage Tendrs, sin que te empaches, ni procures Lo que suelen llamar matalotage. Y porque esta verdad que digo, apures, Entra conmigo en mi galera, y mira Cosas con que te asombres y asegures. Yo, aunque pense que todo era mentira, Entr con l en la galera hermosa, Y vi lo que pensar en ello admira. De la quilla la gavia, estraa cosa! Toda de versos era fabricada, Sin que se entremetiese alguna prosa. Las ballesteras eran de ensalada De glosas, todas hechas la boda De la que se llam Malmaridada. Era la chusma de romances toda, Gente atrevida, empero necesaria, Pues todas acciones se acomoda. La popa de materia extraordinaria, Bastarda, y de legitimos sonetos, De labor peregrina en todo, y varia. Eran dos valentisimos tercetos Los espaldares de la izquierda y diestra, Para dar boga larga muy perfetos. Hecha ser la crugia se me muestra De una luenga y tristisima elegia, Que no en cantar, sino en llorar es diestra. Por esta entiendo yo que se diria Lo que suele decirse un desdichado, Quando lo pasa mal, pas crugia. El arbol hasta el cielo levantado De una dura cancion prolija estaba De canto de seis dedos embreado. El, y la entena que por l cruzaba De duros estrambotes, la madera De que eran hechos claro se mostraba. La racamenta, que es siempre parlera, Toda la componian redondillas, Con que ella se mostraba mas ligera. Las jarcias parecian seguidillas De disparates mil y mas compuestas, Que suelen en el alma hacer cosquillas. Las rumbadas, fortisimas y honestas Estancias, eran tablas poderosas, Que llevan un poema y otro cuestas. Era cosa de ver las bulliciosas Vanderillas que al aire tremolaban, De varias rimas algo licenciosas. Los grumetes, que aqui y alli cruzaban, De encadenados versos parecian, Puesto que como libres trabajaban. Todas las obras muertas componian O versos sueltos, sextinas graves, Que la galera mas gallarda hacian. Enfin con modos blandos y saves, Viendo Mercurio que yo visto havia El bagel, que es razon, letor, que alabes, Junto s me sent, y su voz envia A mis oidos en razones claras, Y llenas de suavisima harmonia, Diciendo: entre las cosas que son raras Y nuevas en el mundo y peregrinas, Vers, si en ello adviertes y reparas. Que es una este bagel de las mas dinas De admiracion, que llegue ser espanto A naciones remotas y vecinas. No le formaron maquinas de encanto, Sino el ingenio del divino Apolo, Que puede, quiere, y llega, y sube tanto. Formle, nuevo caso! para solo Que yo llevase en l quantos poetas Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo. De Malta el gran Maestre, quien secretas Espias dan aviso que en oriente Se aperciben las barbaras saetas; Teme, y envia convocar la gente Que sella con la blanca cruz el pecho, Porque en su fuerza su valor se aumente. A cuya imitacion Apolo ha hecho Que los famosos vates al Parnaso Acudan, que est puesto en duro estrecho. Yo, condolido del doliente caso, En el ligero casco, ya instruido De lo que he de hacer, aguijo el paso. De Italia las riberas he barrido, He visto las de Francia y no tocado, Por venir solo Espaa dirigido. Aqui con dulce y con felice agrado Har fin mi camino lo que creo, Y ser facilmente despachado. Tu, aunque en tus canas tu pereza veo, Sers el paraninfo de mi asunto, Y el solicitador de mi deseo. Parte, y no te detengas solo un punto, Y los que en esta lista van escritos Diras de Apolo quanto aqui yo apunto. Sac un papel, y en l casi infinitos Nombres vi de poetas, en que havia Yangueses, Vizcainos, y Coritos. Alli famosos vi de Andalucia, Y entre los Castellanos vi unos hombres, En quien vive de asiento la poesia. Dixo Mercurio: quiero que me nombres Desta turba gentil, pues tu lo sabes, La alteza de su ingenio con los nombres. Yo respondi: de los que son mas graves Dir lo que supiere, por moverte A que ante Apolo su valor alabes. El escuch. Yo dixe desta suerte. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO II. Colgado estaba de mi antigua boca El dios hablante; pero entonces mudo, Que al que escucha, el guardar silencio toca. Quando d de improviso un estornudo, Y haciendo cruces por el mal aguero, Del gran Mercurio al mandamiento acudo, Mir la lista, y v que era el primero El Licenciado JUAN DE OCHOA, amigo Por poeta y christiano verdadero. Deste varon en su alabanza digo Que puede acelerar y dar la muerte Con su claro discurso al enemigo. Y que si no se aparta y se divierte Su ingenio en la Gramatica Espaola, Ser de Apolo sin igual la suerte; Pues de su poesia al mundo sola Puede esperar poner el pie en la cumbre, De la inconstante rueda, varia bola. Este que de los comicos es lumbre, Que el Licenciado POYO es su apellido, No hay nube que su sol claro deslumbre. Pero como est siempre entretenido En trazas, en quimeras, invenciones, No ha de acudir este marcial ruido. Este que en lista por tercero pones: Que HIPOLITO se llama DE VERGARA, Si llevarle al Parnaso te dispones, Haz cuenta que en l llevas una jara, Una saeta, un arcabuz, un rayo, Que contra la ignorancia se dispara. Este, que tiene como mes de Mayo Florido ingenio, y que comienza ahora A hacer de sus comedias nuevo ensayo, GODINEZ es. Y estotro que enamora Las almas con sus versos regalados, Quando de amor ternezas canta llora, Es uno, que valdr por mil soldados, Quando la estraa y nunca vista empresa Fueren los escogidos y llamados: Digo que es DON FRANCISCO, el que profesa Las armas y las letras con tal nombre, Que por su igual Apolo le confiesa. Es DE CALATAYUD su sobrenombre. Con esto queda dicho todo quanto Puedo decir con que la invidia asombre. Este que sigue es un poeta santo, Digo famoso: MIGUEL CID se llama, Que al coro de las musas pone espanto. Estotro que sus versos encarama Sobre los mismos hombros de Calisto, Tan celebrado siempre de la fama, Es aquel agradable, aquel bien quisto, Aquel agudo, aquel sonoro y grave Sobre quantos poetas Febo ha visto: Aquel que tiene de escribir la llave Con gracia y agudeza en tanto estremo, Que su igual en el orbe no se sabe: Es DON LUIS DE GONGORA, aquien temo Agraviar en mis cortas alabanzas, Aunque las suba al grado mas supremo. O tu, divino espiritu, que alcanzas Ya el premio merecido tus deseos, Y tus bien colocadas esperanzas: Ya en nuevos y justisimos empleos, DIVINO HERRERA, tu caudal se aplica, Aspirando del cielo los trofeos. Ya de tu hermosa Luz clara y rica El bello resplandor miras seguro En la que alma tuya beatifica: Y arrimada tu yedra al fuerte muro De la inmortalidad, no estimas quanto Mora en las sombras deste mundo escuro. Y t DON JUAN DE JAUREGUI, que tanto El sabio curso de tu pluma aspira, Que sobre las esferas le levanto: Aunque Lucano por tu voz respira, Dexale un rato, y con piadosos ojos A la necesidad de Apolo mira: Que te estn esperando mil despojos De otros mil atrevidos, que procuran Fertiles campos ser, siendo rastrojos. Y t, por quien las musas aseguran Su partido, DON FELIX ARIAS, siente, Que por su gentileza te conjuran: Y ruegan que defiendas desta gente Non sancta su hermosura, y de Aganipe Y de Hipocrene la inmortal corriente. Consentiras tu dicha participe Del licor suavisimo un poeta, Que al hacer de sus versos sude y hipe? No lo consentirs, pues tu discreta Vena abundante y rica, no permite Cosa que sombra tenga de imperfeta. Seor, este que aqui viene se quite, Dixe Mercurio, que es un chacho necio, Que juega, y es de satiras su embite. Este s que podrs tener en precio, Que es ALONSO DE SALAS BARBADILLO, A quien me inclino y sin medida aprecio. Este que viene aqui, si he de decillo, No hay para que le embarques, y asi puedes Borrarle. Dixo el dios: gusto de oillo. Es un cierto rapaz, que Ganimedes Quiere imitar, vistiendose lo godo, Y asi aconsejo que sin l te quedes. No lo hars con ste desse modo, Que es el gran LUIS CABRERA, que pequeo Todo lo alcanza, pues lo sabe todo. Es de la historia conocido dueo, Y en discursos discretos tan discreto, Que Tacito vers, si te le enseo. Este que viene es un galan, sugeto De la varia fortuna los baibenes, Y del mudable tiempo al duro aprieto. Un tiempo rico de caducos bienes, Y ahora de los firmes inmudables Mas rico, tu mandar firme le tienes. Pueden los altos riscos siempre estables Ser tocados del mar, mas no movidos De sus ondas en cursos variables. Ni menos la tierra trae rendidos Los altos cedros Boreas, quando airado Quiere humillar los mas fortalecidos. Y ste que vivo exemplo nos ha dado: Desta verdad con tal filosofa DON LORENZO RAMIREZ es DE PRADO. Deste que se le sigue aqui, diria Que es DON ANTONIO DE MONROI, que veo En ello qu es ingenio y cortesia. Satisfacion al mas alto deseo Puede dar de valor heroico y ciencia, Pues mil descubro en l y otras mil creo. Este es un caballero de presencia Agradable, y que tiene de Torcato El alma sin alguna diferencia. De DON ANTONIO DE PAREDES trato, A quien dieron las musas sus amigas En tierna edad anciano ingenio y trato. Este que por llevarle te fatigas, Es DON ANTONIO DE MENDOZA, y veo Quanto en llevarle al sacro Apolo obligas. Este que de las musas es recreo, La gracia, y el donaire, y la cordura, Que de la discrecion lleva el trofeo: Es PEDRO DE MORALES, propria hechura Del gusto cortesano, y es asilo Adonde se repara mi ventura. Este, aunque tiene parte de Zolo, Es el grande ESPINEL, que en la guitarra Tiene la prima, y en el raro estilo. Este, que tanto all tira la barra, Que las cumbres se dexa atras de Pindo, Que jura, que vocea, y que desgarra, Tiene mas de poeta que de lindo, Y es JUSEPE DE VARGAS, cuyo astuto Ingenio y rara condicion deslindo. Este, quien pueden dar justo tributo La gala y el ingenio, que mas pueda Ofrecer las musas flor y fruto, Es el famoso ANDRES DE BALMASEDA, De cuyo grave y dulce entendimiento El magno Apolo satisfecho queda. Este es ENCISO, gloria y ornamento Del Tajo, y claro honor de Manzanares, Que con tal hijo aumenta su contento. Este que es escogido entre millares DE GUEVARA LUIS VELEZ es el bravo, Que se puede llamar quitapesares. Es poeta gigante, en quien alabo El verso numeroso, el peregrino Ingenio, si un Gnaton nos pinta, un Davo. Este es DON JUAN DE ESPAA, que es mas dino De alabanzas divinas que de humanas, Pues en todos sus versos es divino. Este por quien de Lugo estn ufanas Las musas, es SILVEIRA, aquel famoso, Que por llevarle con razon te afanas. Este que se le signe, es el curioso Gran DON PEDRO DE HERRERA, conocido Por de ingenio elevado en punto honroso. Este, que de la carcel del olvido. Sac otra vez Proserpina hermosa, Conque Espaa y al Dauro ha enriquecido, Verasle en la contienda rigurosa, Que se teme y se espera en nuestros dias, Culpa de nuestra edad poco dichosa, Mostrar de su valor las lozanias. Pero qu mucho, si es aqueste el doto Y grave DON FRANCISCO DE FARIAS? Este, de quien yo fui siempre devoto Oraculo y Apolo de Granada, Y aun deste clima nuestro y del remoto, PEDRO RODRIGUEZ es. Este es TEJADA, De altitonantes versos, y sonoros Con magestad en todo, levantada. Este, que brota versos por los poros, Y halla patria y amigos donde quiera, Y tiene en los agenos sus tesoros, Es MEDINILLA, el que la vez primera Cant el romance de la tumba escura, Entre cipreses puestos en hilera. Este, que en verdes aos se apresura Y corre al sacro lauro, es DON FERNANDO BERMUDEZ, donde vive la cordura. Este es aquel poeta memorando, Que mostr de su ingenio la agudeza En las selvas de Erifile cantando. Este que la coluna nueva empieza, Con estos dos que con su ser convienen, Nombrarlos, aun lo tengo por baxeza. MIGUEL CEJUDO, y MIGUEL SANCHEZ vienen Juntos aqui, par sin par! en estos Las sacras musas fuerte amparo tienen. Que en los pies de sus versos bien cumpuestos, Llenos de erudicion rara y dotrina, Al ir al grave caso sern prestos. Este gran caballero, que se inclina A la leccion de los poetas buenos, Y al sacro monte con su luz camina, DON FRANCISCO DE SILVA es por lo menos: Qu ser por lo mas? O edad madura, En verdes aos de cordura llenos! DON GABRIEL GOMEZ viene aqui, segura Tiene con l Apolo la vitoria, De la canalla siempre necia y dura. Para honor de su ingenio, para gloria De su florida edad, para que admire Siempre de siglo en siglo su memoria, En este gran sugeto se retire Y abrevie la esperanza deste hecho, Y Febo al gran VALDES atento mire. Ver en l un gallardo y sabio pecho, Un ingenio sutil y levantado, Con que le dexe en todo satisfecho. FIGUEROA es estotro el Dotorado, Que cant de Amarili la constancia En dulce prosa y verso regalado. Quatro vienen aqui en poca distancia Con mayusculas letras de oro escritos, Que son del alto asunto la importancia. De tales quatro siglos infinitos Durar la memoria, sustentada En la alta gravedad de sus escritos. Del claro Apolo la real morada Si viniere caer de su grandeza, Ser por estos quatro levantada. En ellos nos cifr naturaleza El todo de las partes, que son dinas De gozar celsitud, que es mas que alteza. Esta verdad, gran CONDE DE SALINAS, Bien la acreditas con tus raras obras, Que en los terminos tocan de divinas Tu, el de ESQUILACHE PRINCIPE, que cobras De dia en dia credito tamao, Que te adelantas t mismo y sobras: Sers escudo fuerte al grave dao, Que teme Apolo con ventajas tantas, Que no te espere el esquadron tacao. T, CONDE DE SALDAA, que con plantas Tiernas pisas de Pindo la alta cumbre, Y en alas de tu ingenio te levantas. Hacha has de ser de inextinguible lumbre, Que guie al sacro monte, al deseoso De verse en l, sin que la luz deslumbre. T, el de VILLAMEDIANA, el mas famoso De quantos entre Griegos y Latinos Alcanzaron el lauro venturoso: Cruzars por las sendas y caminos Que al monte guian, porque mas seguros Lleguen l los simples peregrinos. A cuya vista destos quatro muros Del Parnaso caern las arrogancias De los mancebos sobre necios duros. O quntas, y quan graves circunstancias Dixera destos quatro, que felices Aseguran de Apolo las ganancias! Y mas si se les llega el de ALCAICES, Marques insigne, harn (puesto que hay una En el mundo no mas) cinco Fenices. Cada qual de por s ser coluna, Que sustente y levante el edificio De Febo sobre el cerco de la luna. Este (puesto que acude al grave oficio, En que se ocupa) el lauro y palma lleva, Que Apolo da por honra y beneficio. En esta ciencia es marabilla nueva, Y en la Jurispericia unico y raro, Su nombre es DON FRANCISCO DE LA CUEVA. Este, que con Homero le comparo, Es el gran DON RODRIGO DE HERRERA, Insigne en letras, y en virtudes raro. Este, que se le sigue es el DE VERA DON JUAN, que por su espada y por su pluma Le honran en la quinta y quarta esfera. Este, que el cuerpo y aun el alma bruma De mil, aunque no muestra ser christiano, Sus escritos el tiempo no consuma. Cayseme la lista de la mano En este punto, y dixo el dios: con estos Que has referido est el negocio llano. Haz que con pies y pensamientos prestos Vengan aqui, donde aguardando quedo La fuerza de tan validos supuestos. Mal podr DON FRANCISCO DE QUEVEDO Venir, dixe yo entonces; y l me dixo: Pues partirme sin l de aqui no puedo. Ese es hijo de Apolo, ese es hijo De Caliope musa, no podemos Irnos sin l, y en esto estar fijo. Es el flagelo de poetas memos, Y echar puntillazos del parnaso Los malos que esperamos y tememos. O, seor, repliqu, que tiene el paso Corto, y no llegar en un siglo entero. Deso, dixo Mercurio, no hago caso. Que el poeta que fuere caballero, Sobre una nube entre pardilla y clara Vendr muy su gusto caballero. Y el que n, pregunt, qu le prepara Apolo? qu carrozas? qu nubes? Qu dromedario? alfana en paso rara? Mucho, me respondi, mucho te subes En tus preguntas, calla y obedece. S har, pues no es infando lo que jubes. Esto le respond, y l me parece Que se turb algun tanto; y en un punto El mar se turba, el viento sopla y crece. Mi rostro entonces, como el de un difunto Se debi de poner, y s haria, Que soy medroso lo que yo barrunto. Vi la noche mezclarse con el dia, Las arenas del hondo mar alzarse A la region del aire, entonces fria. Todos los elementos vi turbarse, La tierra, el agua, el aire, y aun el fuego Vi entre rompidas nubes azorarse. Y en medio deste gran desasosiego Llovian nubes de poetas llenas Sobre el bagel, que se anegara luego, Si no acudieran mas de mil sirenas A dar de azotes la gran borrasca, Que hacia el saltarel por las entenas. Una, que ser pens Juana la Chasca, De dilatado vientre y luengo cuello, Pintiparado aquel de la tarasca, Se lleg m, y me dixo: de un cabello Deste bagel estaba la esperanza Colgada no venir socorrello. Traemos, y no es burla, la bonanza, Que estaba descuidada oyendo atenta Los discursos de un cierto Sancho Panza. En esto sosegose la tormenta, Volvi tranquilo el mar, seren el cielo, Que al regaon el zfiro le ahuyenta. Volvi la vista, y vi en ligero vuelo Una nube romper el aire claro De la color del condensado yelo. O marabilla nueva! caso raro! Vilo, y he de decillo, aunque se dude Del hecho que por brujula declaro. Lo que yo pude ver, lo que yo pude Notar fue, que la nube dividida En dos mitades llover acude. Quien ha visto la tierra prevenida Con tal disposicion, que quando llueve, Cosa ya averiguada y conocida, De cada gota en un instante breve Del polvo se levanta sapo, rana, Que saltos, despacio el paso mueve: Tal se imagine ver ( soberana Virtud!) de cada gota de la nube Saltar un vulto, aunque con forma humana. Por no creer esta verdad estube Mil veces, pero vila con la vista, Que entonces clara y sin legaas tuve. Eran aquestos vultos de la lista Pasada los poetas referidos, A cuya fuerza no hay quien la resista. Unos por hombres buenos conocidos, Otros de rumbo y hampo, y Dios es Christo, Poquitos bien, y muchos mal vestidos. Entre ellos parecime de haver visto A DON ANTONIO DE GALARZA el bravo, Gentilhombre de Apolo, y muy bien quisto. El bagel se llen de cabo cabo, Y su capacidad nadie niega Copioso asiento, que es lo mas que alabo. Llovi otra nube al gran LOPE DE VEGA, Poeta insigne, cuyo verso prosa Ninguno le aventaja, ni aun le llega. Era cosa de ver marabillosa De los poetas la apretada enjambre, En recitar sus versos muy melosa. Este muerto de sed, aquel de hambre: Yo dixe, viendo tantos con voz alta, Cuerpo de mi con tanta poetambre! Por tantas sobras conoci una falta Mercurio, y acudiendo remedialla, Ligero en la mitad del bagel salta. Y con una zaranda que alli halla, No s si antigua, si de nuevo hecha, Zarand mil poetas de gramalla. Los de capa y espada no desecha, Y destos zarand dos mil y tantos, Que fue neguilla entonces la cosecha. Colabanse los buenos y los santos, Y quedabanse arriba los granzones, Mas duros en sus versos que los cantos. Y sin que les valiesen las razones, Que en su disculpa daban, daba luego Mercurio al mar con ellos montones. Entre los arrojados se oy un ciego, Que murmurando entre las ondas iba De Apolo con un psete y reniego. Un sastre (aunque en sus pies flojos estriba, Abriendo con los brazos el camino) Dixo: sucio es Apolo, asi yo viva. Otro (que al parecer iba mohino, Con ser un zapatero de obra prima) Dixo dos mil, no un solo desatino. Trabaja un tundidor, suda, y se anima Por verse la ribera conducido, Que mas la vida que la honra estima. El esquadron nadante reducido A la marina, vuelve la galera EL rostro con seales de ofendido. Y uno por todos dixo, bien pudiera Ese chocante embaxador de Febo Tratarnos bien, y no desta manera. Mas oigan lo que dixo: yo me atrevo A profanar del monte la grandeza, Con libros nuevos, y en estilo nuevo. Call Mercurio, y poner empieza Con gran curiosidad seis camarines, Dando la gracia ilustre rancho y pieza. De nuevo resonaron los clarines, Y asi Mercurio lleno de contento, Sin darle mal aguero los delfines, Remos al agua di, velas al viento. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO III. Eran los remos de la real galera De esdrujulos, y dellos conpelida Se deslizaba por el mar ligera. Hasta el tope la vela iba tendida, Hecha de muy delgados pensamientos, De varios lizos por amor tegida. Soplaban dulces y amorosos vientos, Todos en popa, y todos se mostraban Al gran Viage solamente atentos. Las sirenas en torno navegaban, Dando empellones al bagel lozano, Con cuya ayuda en vuelo le llevaban. Semejaban las aguas del mar cano Colchas encarrujadas, y hacian Azules visos por el verde llano. Todos los del bagel se entretenian, Unos glosando pies dificultosos, Otros cantaban, otros componian. Otros de los tenidos por curiosos Referian sonetos, muchos hechos A diferentes casos amorosos. Otros alfeicados y deshechos En puro azucar, con la voz save, De su melifluidad muy satisfechos, En tono blando, sosegado y grave, Eglogas pastorales recitaban, En quien la gala y la agudeza cabe. Otros de sus seoras celebraban En dulces versos de la amada boca Los escrementos que por ella echaban. Tal huvo quien amor asi le toca, Que alab los riones de su dama, Con gusto grande, y no elegancia poca. Uno cant, que la amorosa llama En mitad de las aguas le encendia, Y como toro agarrochado brama. Desta manera andaba la poesia De uno en otro, haciendo que hablase Este Latin, aquel algaravia. En esto sesga la galera vase Rompiendo el mar con tanta ligereza, Que el viento aun no consiente que la pase. Y en esto descubriose la grandeza De la escombrada playa de Valencia Por arte hermosa y por naturaleza. Hizo luego de s grata presencia El gran DON LUIS FERRER, marcado el pecho De honor, y el alma de divina ciencia. Desembarcse el dios, y fue derecho A darle quatro mil y mas abrazos, De su vista y su ayuda satisfecho. Volvi la vista, y reiter los lazos En DON GUILLEN DE CASTRO, que venia Deseoso de verse en tales brazos. CHRISTOVAL DE VIRUES se le seguia, Con PEDRO DE AGUILAR, junta famosa De las que Turia en sus riberas cria. No le pudo llegar mas valerosa Esquadra al gran Mercurio, ni l pudiera Desearla mejor, ni mas honrosa. Luego se descubri por la ribera Un tropel de gallardos Valencianos, Que ver venian la sinpar galera. Todos con instrumentos en las manos De estilos y librillos de memoria, Por bizarria y por ingenio ufanos. Codiciosos de hallarse en la vitoria, Que ya tenian por segura y cierta, De las heces del mundo y de la escoria. Pero Mercurio les cerr la puerta: Digo, no consinti que se embarcasen, Y el porque no lo dixo, aunque se acierta. Y fue, porque temi que no se alzasen, Siendo tantos y tales con Parnaso, Y nuevo imperio y mando en l fundasen. En esto viose con brioso paso Venir al magno ANDRES REY DE ARTIEDA, No por la edad descaecido laso. Hicieron todos espaciosa rueda, Y cogiendole en medio, le embarcaron, Mas rico de valor que de moneda. Al momento las ancoras alzaron, Y las velas ligadas la entena, Los grumetes apriesa desataron. De nuevo por el aire claro suena El son de los clarines, y de nuevo Vuelve su oficio cada qual sirena. Mir el bagel por entre nubes Febo, Y dixo en voz que pudo ser oida: Aqui mi gusto y mi esperanza llevo. De remos y sirenas impelida La galera se dexa atras el viento, Con milagrosa y prospera corrida. Leiase en los rostros el contento Que llevaban los sabios pasageros, Durable, por no ser nada violento. Unos por el calor iban en cueros, Otros por no tener godescas galas En trage se vistieron de romeros. Hendia entanto las Neptuneas salas La galera del modo como hiende La grulla el aire con tendidas alas. Enfin llegamos donde el mar se estiende, Y ensancha y forma el golfo de Narbona, Que de ningunos vientos se defiende. Del gran Mercurio la cabal persona Sobre seis rezmas de papel sentada Iba con cetro y con real corona: Quando una nube, al parecer preada, Pari quatro poetas en crugia, O los llovi, razon mas concertada. Fue el uno aquel, de quien Apolo fia Su honra, JUAN LUIS DE CASANATE, Poeta insigne de mayor quanta. El mismo Apolo de su ingenio trate, El le alabe, l le premie y recompense, Que el alabarle yo sera dislate. Al segundo llovido el Uticense Catn no le igual, ni tiene Febo, Quien tanto por l mire, ni en l piense. Del Contador GASPAR DE BARRIONUEVO Mal podr el corto flaco ingenio mio Loar el suyo asi como yo debo. Llen del gran bagel el gran vacio El gran FRANCISCO DE RIOJA al punto Que salt de la nube en el navio. A CHRISTOVAL DE MESA vi alli junto A los pies de Mercurio, dando fama A Apolo, siendo dl propio trasunto. A la gavia un grumete se encarama, Y dixo voces: la ciudad se muestra Que Genova del dios Jano se llama. Dexese la ciudad la siniestra Mano, dixo Mercurio, el bagel vaya Y siga su derrota por la diestra. Hacer al Tiber vimos blanca raya Dentro del mar, haviendo ya pasado La ancha Romana y peligrosa playa. De lexos vise el aire condensado Del humo, que el estrombalo vomita, De azufre, y llamas, y de horror formado. Huyen la isla infame, y solicita El suave poniente, asi el viage Que lo acorta, lo allana y facilita. Vimonos en un punto en el parage, Do la nutriz de Eneas piadoso Hizo el forzoso y ultimo pasage. Vimos desde alli poco el mas famoso Monte que encierra en s nuestro emisfero, Mas gallardo la vista y mas hermoso. Las cenizas de Titiro y Sincero Estn en l, y puede ser por esto Nombrado entre los montes por primero. Luego se descubri, donde ech el resto De su poder naturaleza amiga, De formar de otros muchos un compuesto. Vise la pesadumbre sin fatiga De la bella Partenope, sentada A la orilla del mar, que sus pies liga. De castillos y torres coronada, Por fuerte y por hermosa en igual grado Tenida, conocida y estimada. Mandme el del aligero calzado, Que me aprestase y fuese luego tierra A dar los LUPERCIOS un recado. En que les diese cuenta de la guerra Temida, y que venir les persuadiese Al duro y fiero asalto, al cierra, cierra, Seor, le respond, si acaso huviese Otro que la embaxada les llevase, Que mas grato los dos hermanos fuese, Que yo no soy; s bien que negociase Mejor. Dixo Mercurio: no te entiendo, Y has de ir antes que el tiempo mas se pase. Que no me han de escuchar estoy temiendo, Le replique, ya si el ir yo no importa, Puesto que en todo obedecer pretendo. Que no s quien me dice, y quien me exhorta, Que tienen para mi, lo que imagino, La voluntad, como la vista corta. Que si esto asi no fuera, este camino Con tan pobre recamara no hiciera, Ni diera en un tan hondo desatino. Pues si alguna promesa se cumpliera De aquellas muchas, que al partir me hicieron, Llveme Dios si entrra en tu galera. Mucho esper, si mucho prometieron, Mas podra ser, que ocupaciones nuevas Les obligue olvidar lo que dixeron. Muchos, seor, en la galera llevas, Que te podrn sacar el pie del lodo, Parte, y escusa de hacer mas pruebas. Ninguno, dixo, me hable dese modo, Que si me desembarco y los envisto, Voto Dios, que me traiga al Conde, y todo. Con estos dos famosos me enemisto, Que haviendo levantado la poesia Al buen punto en que est, como se ha visto: Quieren con perezosa tirania Alzarse como dicen su mano Con la ciencia que ser divinos guia. Por el solio de Apolo soberano Juro ... y no digo mas: y ardiendo en ira Se ech las barbas una y otra mano. Y prosigui diciendo: el DOTOR MIRA, Apostare, sino lo manda el Conde, Que tambien en sus puntos se retira. Seor galan, parezca: qu se asconde? Pues f por llevarle, si l no gusta, Que ni le busque, aseche, ni le ronde. Es esta empresa acaso tan injusta, Que se esquiven de hallar en ella quantos Tienen conciencia limitada y justa? Carece el cielo de poetas santos? Puesto que brote cada paso el suelo Poetas, que lo son tantos y tantos? No se oyen sacros hymnos en el cielo? La harpa de David all no suena, Causando nuevo acidental consuelo? Fuera melindres, y cese la entena, Que llegue al tope, y luego obedeciendo Fue de la chusma sobre buenas buena. Poco tiempo pas, quando un ruido Se oy, que los oidos atronaba, Y era de perros aspero ladrido. Mercurio se turb, la gente estaba Suspensa al triste son, y en cada pecho El corazon mas valido temblaba. En esto descubrise el corto estrecho, Que Scila, y que Caribdis espantosas, Tan temeroso con su furia han hecho. Estas olas que veis presuntuosas En visitar las nubes de contino, Y aun de tocar el cielo codiciosas. Vencilas el prudente peregrino Amante de Calipso, al tiempo quando Hizo, dixo Mercurio, este camino. Su prudencia nosotros imitando, Echaremos al mar en que se ocupen, Entanto que el bagel pasa volando. Que entanto que ellas tasquen, roan, chupen Al misero que al mar ha de entregarse, Seguro estoy que el paso desocupen. Miren si puede en la galera hallarse Algun poeta desdichado acaso, Que las fieras gargantas pueda darse. Buscaronle, y hallaron LOFRASO, Poeta militar Sardo, que estaba Desmayado un rincon marchito y laso: Que sus diez libros de Fortuna, andaba Aadiendo otros diez, y el tiempo escoge, Que mas desocupado se mostraba. Grit la chusma toda: al mar se arroje, Vaya Lofraso al mar sin resistencia. Por Dios, dixo Mercurio, que me enoje. Cmo? y no ser cargo de conciencia Y grande echar al mar tanta poesia? Puesto que aqui nos hunda su inclemencia? Viva Lofraso, entanto que d al dia Apolo luz, y entanto que los hombres Tengan discreta alegre fantasia. Tocante ti, Lofraso, los renombres, Y epitetos de agudo y de sincero, Y gusto que mi comitre te nombres. Esto dixo Mercurio al caballero, El qual en la crugia en pie se puso Con un rebenque despiadado y fiero. Creo que de sus versos le compuso, Y no s como fue, que en un momento, O ya el cielo, Lofraso lo dispuso, Salimos del estrecho salvamento Sin arrojar al mar poeta alguno, Tanto del Sardo fue el merecimiento. Mas luego otro peligro, otro importuno Temor amenaz, sino gritra Mercurio, qual jamas grit ninguno. Diciendo al timonero: orza, pra, Amainese de golpe, y todo un punto Se hizo, y el peligro se repara. Estos montes que veis que estn tan juntos, Son los que Acroceraunos son llamados, De infame nombre, como yo barrunto. Asieron de los remos los honrados, Los tiernos, los melifluos, los godescos; Y los de cantimplora acostumbrados. Los frios los asieron y los frescos, Asieronlos tambien los calurosos, Y los de calzas largas y greguescos. Del sopraestante dao temerosos, Todos una la galera empujan, Con flacos y con brazos poderosos. Debaxo del bagel se somurmujan Las sirenas que dl no se apartaron, Y si mismas en fuerzas sobrepujan. Y en un pequeo espacio la llevaron A vista de Corf, y mano diestra La isla inexpugnable se dexaron. Y dando la galera la siniestra Discurria de Grecia las riberas, Adonde el cielo su hermosura muestra. Mostravanse las olas lisongeras, Impeliendo el bagel suavemente, Como burlando con alegres veras. Y luego al parecer por el oriente, (Rayando el rubio sol nuestro orizonte Con rayas rojas, hebras de su frente;) Grit un grumete y dixo: el monte, el monte, El monte se descubre, donde tiene Su buen rocin el gran Belorofonte. Por el monte se arroja, y pie viene Apolo recebirnos. Yo lo creo, Dixo Lofraso, ya llega la Hipocrene. Yo desde aqui columbro, miro y veo Que se andan solazando entre unas matas Las musas con dulcisimo recreo. Unas antiguas son, otras novatas, Y todas con ligero paso y tardo Andan las cinco en pie, las quatro gatas. Si tu tal ves, dixo Mercurio, Sardo Poeta, que me corten las orejas, O me tengan los hombres por bastardo. Dime, porqu algun tanto no te alejas De la ignorancia, pobretn, y adviertes Lo que cantan tus rimas en tus quejas? Porqu con tus mentiras nos diviertes De recibir Apolo qual se debe, Por haver mejorado vuestras suertes? En esto mucho mas que el viento leve Bax el lucido Apolo la marina A pie, porque en su carro no se atreve. Quit los rayos de la faz divina, Mostrse en calzas y en jubon vistoso, Porque dar gusto todos determina. Seguiale detras un numeroso Esquadron de doncellas bailadoras, Aunque pequeas, de ademan brioso. Supe poco despues, que estas seoras, Sanas las mas, las menos mal paradas. Las del tiempo y del sol eran las horas. Las medio rotas eran las menguadas, Las sanas las felices, y con esto Eran todas en todo apresuradas. Apolo luego con alegre gesto Abraz los soldados, que esperaba Para la alta ocasion que se ha propuesto. Y no de un mismo modo acariciaba A todos, porque alguna diferiencia Hacia con los que l mas se alegraba. Que los de seoria y excelencia Nuevos abrazos di, razones dixo, En que guard decoro y preeminencia. Entre ellos abraz DON JUAN DE ARGUIJO, Que no s en qu, como, quando hizo Tan aspero viage y tan prolijo. Con l su deseo satisfizo Apolo y confirm su pensamiento, Mand, ved, quit, hizo y deshizo. Hecho pues el sinpar recebimiento, Do se hall DON LUIS DE BARAHONA, Llevado alli por su merecimiento. Del siempre verde lauro una corona Le ofrece Apolo en su intencion, y un vaso Del agua de Castalia y de Elicona. Y luego vuelve el magestoso paso, Y el esquadron pensado y de repente Le sigue por las faldas del Parnaso. Llegse enfin la Castalia fuente, Y en viendola infinitos se arrojaron Sedientos al cristal de su corriente. Unos no solamente se hartaron, Sino que pies y manos, y otras cosas Algo mas indecentes se lavaron. Otros mas advertidos, las sabrosas Aguas gustaron poco poco, dando Espacio al gusto, pausas melindrosas. El brindez y el caraos se puso en vando, Porque los mas de bruces, y no sorbos El suave licor fueron gustando. De ambas manos hacian vasos corbos Otros, y algunos de la boca al agua Temian de hallar cien mil estorbos. Poco poco la fuente se desagua, Y pasa en los estomagos bebientes, Y aun no se apaga de su sed la fragua. Mas dixoles Apolo: otras dos fuentes Aun quedan Aganipe Hipocrene, Ambas sabrosas, ambas excelentes. Cada qual de licor dulce y perene, Todas de calidad aumentativa Del alto ingenio que a gustarlas viene. Beben, y suben por el monte arriba, Por entre palmas, y entre cedros altos, Y entre arboles pacificos de oliva. De gusto llenos y de angustia faltos, Siguiendo Apolo el esquadron camina, Unos pedicox, otros saltos. Al pie sentado de una antigua encina Vi ALONSO DE LEDESMA, componiendo Una cancion angelica y divina. Conocle, y l me fui corriendo Con los brazos abiertos como amigo, Pero no se movi con el estruendo. No ves, me dixo Apolo, que consigo No est Ledesma ahora, no ves claro Que est fuera de s, y est conmigo? A la sombra de un mirto, al verde amparo GERONIMO DE CASTRO sesteaba, Varon de ingenio peregrino y raro. Un motete imagino que cantaba Con voz suave; yo qued admirado De verle alli, porque en Madrid quedaba. Apolo me entendi, y dixo: un soldado Como este no era bien que se quedara Entre el ocio y el sueo sepultado. Yo le truxe, y s como, que mi rara Potencia no la impide otra ninguna, Ni inconveniente alguno la repara. En esto se llegaba la oportuna Hora mi parecer de dar sustento Al estomago pobre, y mas si ayuna; Pero no le pas por pensamiento A Delio que el exercito conduce, Satisfacer al misero hambriento. Primero un jardin rico nos reduce, Donde el poder de la naturaleza, Y el de la industria mas campea y luce. Tuvieron los Hesperidas belleza Menor, no le igualaron los Pensiles En sitio, en hermosura y en grandeza. En su comparacion se muestran viles Los de Alcinoo, en cuyas alabanzas Se han ocupado ingenios bien sotiles: No sugeto del tiempo las madanzas, Que todo el ao primavera ofrece Frutos en posesion, no en esperanzas. Naturaleza y arte alli parece Andar en competencia, y est en duda Qual vence de las dos, qual mas merece. Muestrase balbuciente y casi muda, Si le alaba la lengua mas experta De adulacion y de mentir desnuda. Junto con ser jardin, era una huerta, Un soto, un bosque, un prado, un valle ameno, Que en todos estos titulos concierta. De tanta gracia y hermosura lleno, Que una parte del cielo parecia El todo del bellisimo terreno. Alto en el sitio alegre Apolo hacia, Y alli mand que todos se sentasen A tres horas despues de mediodia. Y porque los asientos sealasen El ingenio y valor de cada uno, Y unos con otros no se embarazasen; A despecho y pesar del importuno Ambicioso deseo, les di asiento En el sitio y lugar mas oportuno. Llegaban los laureles casi ciento, A cuya sombra y troncos se sentaron Algunos de aquel numero contento. Otros los de las palmas ocuparon, De los mirtos, y yedras, y los robles Tambien varios poetas albergaron. Puesto que humildes, eran de los nobles Los asientos qual tronos levantados, Porque t, envidia, aqui tu rabia dobles. Enfin, primero fueron ocupados Los troncos de aquel ancho circuito, Para honrar poetas dedicados, Antes que yo en el numero infinito Hallase asiento: y asi en pie quedeme Despechado, colerico y marchito. Dixe entre m: es posible que se estreme En perseguirme la fortuna airada, Que ofende muchos y ninguno teme? Y volviendome Apolo con turbada Lengua le dixe lo que oir el que gusta Saber, pues la tercera es acabada, La quarta parte desta empresa justa. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO IV. Suele la indignacion componer versos, Pero si el indignado es algun tonto, Ellos tendrn su todo de perversos. De m yo no s mas, sino que pronto Me halle para decir en tercia rima Lo que no dixo el desterrado al Ponto. Y asi le dixe Delio: no se estima, Seor, del vulgo vano el que te sigue Y al arbol sacro del laurel se arrima. La envidia y la ignorancia le persigue, Y asi envidiado siempre y perseguido El bien que espera, por jamas consigue. Yo cort con mi ingenio aquel vestido, Con que al mundo la hermosa _Galatea_ Sali para librarse del olvido. Soy por quien _La Confusa_ nada fea Pareci en los teatros admirable, Si esto su fama es justo se le crea. Yo con estilo en parte razonable He compuesto _Comedias_, que en su tiempo Tuvieron de lo grave y de lo afable. Yo he dado en Don Quixote pasatiempo Al pecho melancolico y mohino En qualquiera sazon, en todo tiempo. Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino, Por do la lengua Castellana puede Mostrar con propriedad un desatino. Yo soy aquel que en la invencion excede A muchos, y al que falta en esta parte, Es fuerza que su fama falta quede. Desde mis tiernos aos am el arte Dulce de la agradable poesia, Y en ella procur siempre agradarte. Nunca vol la pluma humilde mia Por la region satirica, baxeza Que infames premios y desgracias guia. Yo el soneto compuse que asi empieza, Por honra principal de mis escritos: _Voto Dios que me espanta esta grandeza_. Yo he compuesto _Romances_ infinitos, Y el de los zelos es aquel que estimo, Entre otros que los tengo por malditos. Por esto me congojo y me lastimo De verme solo en pie, sin que se aplique Arbol que me conceda algun arrimo. Yo estoy, qual decir suelen, puesto pique Para dar la estampa al gran _Persiles_, Con que mi nombre y obras multiplique. Yo en pensamientos castos y sotiles, Dispuestos en soneto de docena, He honrado tres sugetos fregoniles. Tambien al par de _Filis_ mi _Filena_ Reson por las selvas, que escucharon Mas de una y otra alegre cantilena. Y en dulces varias rimas se llevaron Mis esperanzas los ligeros vientos, Que en ellos y en la arena se sembraron. Tuve, tengo y tendr los pensamientos, Merced al cielo que tal bien me inclina, De toda adulacion libres y esentos. Nunca pongo los pies por do camina La mentira, la fraude y el engao, De la santa virtud total ruina. Con mi corta fortuna no me ensao, Aunque por verme en pie, como me veo, Y en tal lugar, pondero asi mi dao. Con poco me contento, aunque deseo Mucho. A cuyas razones enojadas, Con estas blandas respondi Timbreo: Vienen las malas suertes atrasadas, Y toman tan de lejos la corriente, Que son temidas, pero no escusadas. El bien les viene algunos derepente, A otros poco poco y sin pensallo, Y el mal no guarda estilo diferente. El bien que est adquirido, conservallo Con maa, diligencia y con cordura Es no menor virtud, que el grangeallo. Tu mismo te has forjado tu ventura, Y yo te he visto alguna vez con ella, Pero en el imprudente poco dura. Mas si quieres salir de tu querella, Alegre, y no confuso, y consolado Dobla tu capa, y sientate sobre ella. Que tal vez suele un venturoso estado, Quando le niega sin razon la suerte, Honrar mas merecido, que alcanzado. Bien parece, seor, que no se advierte, Le respond, que yo no tengo capa. El dixo: aunque sea asi, gusto de verte. La virtud es un manto con que tapa Y cubre su indecencia la estrecheza, Que esenta y libre de la envidia escapa. Inclin al gran consejo la cabeza. Quedeme en pie: que no hay asiento bueno, Si el favor no le labra, la riqueza. Alguno murmur, viendome ageno Del honor que pens se me debia, Del planeta de luz y virtud lleno. En esto pareci que cobr el dia Un nuevo resplandor, y el aire oyse Herir de una dulcisima harmonia. Y en esto por un lado descubrise Del sitio un esquadron de ninfas bellas, Con que infinito el rubio dios holgse. Venia enfin, y por remate dellas Una resplandeciendo, como hace El sol ante la luz de las estrellas. La mayor hermosura se deshace Ante ella, y ella sola resplandece Sobre todas, y alegra y satisface. Bien asi semejaba, qual se ofrece Entre liquidas perlas y entre rosas La aurora que despunta y amanece. La rica vestidura, las preciosas Joyas que la adornaban, competian Con las que suelen ser marabillosas. Las ninfas que al querer suyo asistian En el gallardo brio y bello aspecto, Las artes liberales parecian. Todas con amoroso y tierno afecto, Con las ciencias mas claras y escogidas, Le guardaban santisimo respeto. Mostraban que en servirla eran servidas, Y que por su ocasion de todas gentes En mas veneracion eran tenidas. Su influjo y su reflujo las corrientes Del mar y su profundo le mostraban, Y el ser padre de rios y de fuentes. Las yerbas su virtud la presentaban, Los arboles sus frutos y sus flores, Las piedras el valor que en s encerraban. El santo amor castisimos amores, La dulce paz su quietud sabrosa, La guerra amarga todos sus rigores. Mostrabasele clara la espaciosa Via, por donde el sol hace contino Su natural carrera y la forzosa. La inclinacion, fuerza del destino, Y de qu estrellas consta y se compone, Y como influye este planeta sino. Todo lo sabe, todo lo dispone La santa y hermosisima doncella, Que admiracion como alegria pone. Preguntele al parlero, si en la bella Ninfa alguna deidad se disfrazaba, Que fuese justo el adorar en ella. Porque en el rico adorno que mostraba, Y en el gallardo sr que descubria, Del cielo, y no del suelo semejaba. Descubres, respondi, tu boberia, Que ha que la tratas infinitos aos, Y no conoces que es la Poesia. Siempre la he visto envuelta en pobres paos, Le repliqu: jamas la vi compuesta Con adornos tan ricos y tamaos: Parece que la he visto descompuesta, Vestida de color de primavera En los dias de cutio y los de fiesta. Esta que es la poesia verdadera, La grave, la discreta, la elegante, Dixo Mercurio, la alta y la sincera, Siempre con vestidura rozagante Se muestra en qualquier acto que se halla, Quando su profesion es importante. Nunca se inclina, sirve la canalla Trobadora, maligna y trafalmeja, Que en lo que mas ignora, menos calla. Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja, Amiga de sonaja y morteruelo, Que ni tabanco, ni taberna dexa. No se alza dos, ni aun un coto del suelo, Grande amiga de bodas y bautismos, Larga de manos, corta de cerbelo. Tomanla por momentos parasismos, No acierta pronunciar, y si pronuncia, Absurdos hace, y forma solecismos. Baco donde ella esta, su gusto anuncia, Y ella derrama en coplas el poleo, Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia. Pero aquesta que ves, es el aseo, La gala de los cielos y la tierra, Con quien tienen las musas su bureo, Ella abre los secretos y los cierra, Toca y apunta de qualquiera ciencia La superficie y lo mejor que encierra. Mira con mas ahinco su presencia, Vers cifrada en ella la abundancia De lo que en bueno tiene la excelencia. Moran con ella en una misma estancia La divina y moral Filosofia, El estilo mas puro y la elegancia. Puede pintar en la mitad del dia La noche, y en la noche mas escura El alba bella que las perlas cria. El curso de los rios apresura, Y le detiene, el pecho furia incita, Y le reduce luego mas blandura. Por mitad del rigor se precipita De las lucientes armas contrapuestas, Y da vitorias, y vitorias quita. Vers como le prestan las florestas Sus sombras, y sus cantos los pastores, El mal sus lutos y el placer sus fiestas, Perlas el Sur, Sabea sus loores, El oro Tiber, Hibla su dulzura, Galas Milan, y Lusitania amores. Enfin ella es la cifra, do se apura Lo provechoso y honesto, y deleitable, Partes con quien se aumenta la ventura. Es de ingenio tan vivo y admirable, Que veces toca en puntos que suspenden, Por tener nosque de inescrutable. Alabanse los buenos, y se ofenden Los malos con su voz, y destos tales Unos la adoran, otros no la entienden. Son sus obras heroicas inmortales, Las liricas suaves, de manera Que vuelven en divinas las mortales. Si alguna vez se muestra lisongera, Es con tanta elegancia y artificio, Que no castigo, sino premio espera. Gloria de la virtud, pena del vicio Son sus acciones, dando al mundo en ellas De su alto ingenio, y su bondad indicio. En esto estaba, quando por las bellas Ventanas de jazmines y de rosas, Que amor estaba lo que entiendo en ellas; Divis seis personas religiosas Al parecer de honroso y grave aspeto, De luengas togas, limpias y pomposas. Preguntele Mercurio, por qu efeto Aquellos no parecen y se encubren, Y muestran ser personas de respeto? A lo que l respondi: no se descubren Por guardar el decoro al alto estado Que tienen, y asi el rostro todos cubren. Quin son, le repliqu, si es que te es dado Decirlo? Respondime: no por cierto, Porque Apolo lo tiene asi mandado. No son poetas? S. Pues yo no acierto A pensar por qu causa se desprecian De salir con su ingenio campo abierto. Para qu se embobecen y se anecian, Escondiendo el talento que da el cielo A los que mas de ser suyos se precian? Aqui del Rey: qu es esto? qu recelo, O zelo les impele no mostrarse Sin miedo ante la turba vil del suelo? Puede ninguna ciencia compararse Con esta universal de la poesia, Que limites no tiene do encerrarse? Pues siendo esto verdad, saber querria Entre los de la carda, cmo se usa Este miedo, melindre, hipocresia? Hace Monseor versos, y rehusa Que no se sepan, y l los comunica Con muchos, y la lengua agena acusa Y mas que siendo buenos, multiplica La fama su valor, y al dueo canta Con voz de gloria, y de alabanza rica. Qu mucho pues? sino se le levanta Testimonio un Pontifice poeta, Que digan que lo es? por Dios que espanta. Por vida de Lanfusa la discreta, Que si no se me dice quien son estos Togados de bonete y de muceta: Que con trazas y modos descompuestos Tengo de reducir behetria, Estos tan sosegados y compuestos. Por Dios, dixo Mercurio, y fe mia, Que no puedo decirlo, y si lo digo, Tengo de dar la culpa tu porfia. Dilo, seor, que desde aqui me obligo De no decir que tu me lo dixiste, Le dixe: por la fe de buen amigo. El dixo: no nos cayan en el chiste, Llegate m, dirtelo al oido, Pero creo que hay mas de los que viste. Aquel que has visto alli del cuello erguido, Lozano, rozagante y de buen talle, De honestidad y de valor vestido: Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle Puede qual debe Apolo la alabanza, Que pueda sobre el cielo levantalle. Y aun mas su famoso ingenio alcanza, Pues en las verdes hojas de sus dias Nos d de santos frutos esperanza. Aquel que en elevadas fantasias, Y en stasis sabrosos se regala, Y tanto imita las acciones mias, Es el MAESTRO ORENSE, que la gala Se lleva de la mas rara eloquencia Que en las aulas de Atenas se seala. Su natural ingenio con la ciencia, Y ciencias aprendidas le levanta Al grado que le nombra la excelencia. Aquel de amarillez marchita y santa, Que le encubre de lauro aquella rama, Y aquella hojosa y acopada planta: FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama, Descalzo y pobre, pero bien vestido, Con el adorno que le da la fama. Aquel que del rigor fiero de olvido Libra su nombre con eterno gozo, Y es de Apolo y las musas bien querido, Anciano en el ingenio, y nunca mozo, Humanista divino, es segun pienso El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO. Un Licenciado de un ingenio inmenso Es aquel, y aunque en trage Mercenario Como seor le dan las musas censo: RAMON se llama, auxilio necesario Con que Delio se esfuerza y v rendidas Las obstinadas fuerzas del contrario. El otro, cuyas sienes ves ceidas Con los brazos de Dafne en triunfo honroso, Sus glorias tiene en Alcal esculpidas. En su ilustre teatro vitorioso Le nombra el cisne en canto no funesto, Siempre el primero como mas famoso. A los donayres suyos ech el resto Con propiedades al gorron debidas, Por haverlos compuesto descompuesto. Aquestas seis personas referidas, Como estn en divinos puestos puestas, Y en sacra religion constituidas: Tienen las alabanzas por molestas, Que les dan por poetas y holgarian Llevar la loa sin el nombre acuestas. Porqu, le pregunt, seor porfian Los tales escribir y dar noticia De los versos, que paren y que crian? Tambien tiene el ingenio su codicia, Y nunca la alabanza se desprecia, Que al bueno se le debe de justicia, Aquel que de poeta no se precia, Para qu escribe versos y los dice? Porqu desdea lo que mas aprecia? Jamas me content, ni satisfice De hipocritas melindres. Llanamente Quise alabanzas de lo que bien hice. Con todo quiere Apolo, que esta gente Religiosa se tenga aqui secreta, Dixo el dios que presume de eloquente. Oyose en esto el son de una corneta, Y un trapa, trapa, aparta, afuera, afuera, Que viene un gallardisimo poeta. Volv la vista y vi por la ladera. Del monte un postillon y un caballero Correr, como se dice, la ligera. Servia el postillon de pregonero Mucho mas que de guia, cuyas voces En pie se puso el esquadron entero. Preguntme Mercurio: no conoces Quien es este gallardo, este brioso? Imagino que ya le reconoces. Bien, le respondi: que es el famoso Gran DON SANCHO DE LEIVA, cuya espada Y pluma harn Delio venturoso. Vencerse sin duda esta jornada Con tal socorro: y en el mismo instante, Cosa que parecia imaginada, Otro favor no menos importante Para el caso temido se nos muestra, De ingenio, y fuerzas, y valor bastante. Una tropa gentil por la siniestra Parte del monte se descubri: cielos, Que dais de vuestra providencia muestra! Aquel discreto JUAN DE VASCONCELOS Venia delante en un caballo vayo, Dando las musas Lusitanas zelos. Tras l el capitan PEDRO TAMAYO Venia, y aunque enfermo de la gota, Fue al enemigo asombro, fue desmayo. Que por l se vi en fuga, y puesto en rota, Que en los dudosos trances de la guerra Su ingenio admira y su valor se nota. Tambien llegaron la rica tierra, Puestos debaxo de una blanca sea, Por la parte derecha de la sierra Otros, de quien tom luego resea Apolo: y era dellos el primero El joven DON FERNANDO DE LODEA: Poeta primerizo insigne, empero En cuyo ingenio Apolo deposita Sus glorias para el tiempo venidero. Con magestad real, con inaudita Pompa lleg, y al pie del monte para Quien los bienes del monte solicita: El Licenciado fue JUAN DE VERGARA El que lleg, con quien la turba ilustre En sus vecinos medios se repara. De Esculapio y de Apolo gloria, y lustre, Sino digalo el santo bien partido, Y su fama la misma envidia ilustre. Con l fue con aplauso recebido El docto JUAN ANTONIO DE HERRERA, Que puso en fil el desigual partido. O quien con lengua en nada lisongera, Sino con puro afecto en grande exceso, Dos que llegaron alabar pudiera! Pero no es de mis hombros este peso, Fueron los que llegaron los famosos Los dos Maestros CALVO Y VALDIVIESO. Luego se descubri por los undosos Llanos del mar una pequea barca Impelida de remos presurosos: Lleg, y al punto della desembarca El gran DON JUAN DE ARGOTE Y DE GAMBOA En compaia de DON DIEGO ABARCA, Sugetos dinos de incesable loa, Y DON DIEGO XIMENEZ Y DE ENCISO Di un salto tierra desde la alta proa. En estos tres la gala y el aviso Cifr quanto de gusto en s contienen, Como su ingenio y obras dan aviso. Con JUAN LOPEZ DEL VALLE otros dos vienen Juntos alli, y es PAMONES el uno, Con quien las musas ogeriza tienen. Porque pone sus pies por do ninguno Los puso, y con sus nuevas fantasias Mucho mas que agradable es importuno. De lexas tierras por incultas vias Lleg el brabo Irlandes DON JUAN BATEO, Xerxes nuevo en memoria en nuestros dias, Vuelvo la vista, MANTUANO veo, Que tiene al gran Velasco por Mecenas, Y ha sido acertadisimo su empleo. Dexarn estos dos en las agenas Tierras, como en las proprias dilatados Sus nombres, que t, Apolo, asi lo ordenas. Por entre dos fructiferos collados (Habr quien esto crea, aunque lo entienda?) De palmas y laureles coronados, El grave aspecto del ABAD MALUENDA Pareci, dando al monte luz y gloria, Y esperanzas de triunfo en la contienda. Pero de qu enemigos la vitoria No alcanzar un ingenio tan florido? Y una bondad tan digna de memoria? DON ANTONIO GENTIL DE VARGAS, pido Espacio para verte, que llegaste De gala y arte, y de valor vestido; Y aunque de patria Ginoves, mostraste Ser en las musas castellanas doto, Tanto que al esquadron todo admiraste. Desde el Indio apartado del remoto Mundo lleg mi amigo MONTESDOCA, Y el que anud de Arauco el nudo roto. Dixo Apolo los dos: entrambos toca Defender esta vuestra rica estancia De la canalla de verguenza poca. La qual de error armada y de arrogancia Quiere canonizar y dar renombre Inmortal y divino la ignorancia. Que tanto puede la aficion, que un hombre Tiene s mismo, que ignorante siendo, De buen poeta quiere alcanzar nombre. En esto otro milagro, otro estupendo Prodigio se descubre en la marina, Que en pocos versos declarar pretendo Una nave la tierra tan vecina Lleg, que desde el sitio donde estaba, Se ve quanto hay en ella, y determina. Dems de quatro mil salmas pasaba, Que otros suelen llamarlas toneladas, Ancha de vientre y de estatura brava: Asi como las naves que cargadas Llegan de la oriental india Lisboa, Que son por las mayores estimadas. Esta lleg desde la popa proa Cubierta de poetas, mercancia De quien hay saca en Calicut y en Goa. Tomole al roxo dios alferecia Por ver la muchedumbre impertinente, Que en socorro del monte le venia. Y en silencio rog devotamente, Que el vaso naufragase en un momento Al que gobierna el humido tridente. Uno de los del numero hambriento Se puso en esto al borde de la nave, Al parecer mohino y mal contento: Y en voz, que ni de tierna ni suave Tenia un solo adarme, gritando (Dixo tal vez colerico, y tal grave) Lo que impaciente estuve yo escuchando, Porque vi sus razones ser saetas, Que iban mi alma y corazon clavando. O t, dixo, traidor, que los poetas Canonizaste de la larga lista, Por causas y por vias indiretas: Dnde tenias, Magancs, la vista Aguda de tu ingenio, que asi ciego Fuiste tan mentiroso coronista? Yo te confieso, barbaro, y no niego Que algunos de los muchos que escogiste Sin que el respeto te forzase el ruego, En el debido punto los pusiste; Pero con los demas sin duda alguna Prodigo de alabanzas anduviste. Has alzado los cielos la fortuna De muchos, que en el centro del olvido Sin ver la luz del sol, ni de la luna, Yacian: ni llamado, ni escogido Fue el gran pastor de Iberia, el gran BERNARDO, Que de la VEGA tiene el apellido. Fuiste envidioso, descuidado y tardo, Y las Ninfas de Henares y Pastores, Como enemigos les tiraste un dardo, Y tienes tu poetas tan peores Que estos en tu rebao, que imagino Que han de sudar, si quieren ser mejores. Que si este agravio no me turba el tino, Siete trobistas desde aqui diviso, A quien suelen llamar de torbellino, Con quien la gala, discrecion y aviso Tienen poco que ver, y tu los pones Dos leguas mas all del paraiso. Estas quimeras, estas invenciones Tuyas te han de salir al rostro un dia, Si mas no te mesuras y compones. Esta amenaza y gran descortesia Mi blando corazon llen de miedo, Y di al traves con la paciencia mia. Y volviendome Apolo con denuedo Mayor del que esperaba de mis aos, Con voz turbada y con semblante acedo, Le dixe: con bien claros desengaos Descubro, que el servirte me grangea Presentes miedos de futuros daos. Haz, seor, que en publico se lea La lista que Cilenio llev Espaa, Porque mi culpa poca aqui se vea. Si tu deidad en escoger se engaa, Y yo solo aprob lo que l me dixo, Porqu este simple contra m se ensaa? Con justa causa y con razon me aflixo, De ver como estos barbaros se inclinan A tenerme en temor duro y prolixo. Unos, porque los puse me abominan: Otros, porque he dexado de ponellos, De darme pesadumbre determinan. Yo no s como me avendr con ellos, Los puestos se lamentan, los no puestos Gritan, yo tiemblo destos y de aquellos. T, seor, que eres dios, dales los puestos Que piden sus ingenios: llama, y nombra Los que fueren mas habiles y prestos. Y porque el turbio miedo que me asombra, No me acabe, acabada esta contienda, Cubreme con tu manto y con tu sombra. O ponme una seal, por do se entienda Que soy hechura tuya y de tu casa: Y asi no havr ninguno que me ofenda. Vuelve la vista, y mira lo que pasa, Fue de Apolo enojado la respuesta, Que ardiendo en ira el corazon le abrasa. Volvila, y vi la mas alegre fiesta, Y la mas desdichada y compasiva, Que el mundo vi, ni aun la ver qual esta. Mas no se espere que yo aqui la escriba, Sino en la parte quinta, en quien espero Cantar con voz tan entonada y viva, Que piensen que soy cisne, y que me muero. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO V. Oy el seor del humido tridente Las plegarias de Apolo, y escuchlas Con alma tierna y corazon clemente. Hizo de ojo, y di del pie las olas, Y sin que lo entendiesen los poetas En un punto hasta el cielo levantlas. Y l por ocultas vias y secretas Se agazap debaxo del navio, Y us con l de sus traidoras tretas. Hiri con el tridente en lo vacio Del buco, y el estomago le llena De un copioso corriente amargo rio. Advertido el peligro, al aire suena Una confusa voz, la qual resulta De otras mil que el temor forma y la pena. Poco poco el bagel pobre se oculta En las entraas del ceruleo y cano Vientre, que tantas animas sepulta. Suben los llantos por el aire vano De aquellos miserables, que suspiran Por ver su irreparable fin cercano. Trepan y suben por las jarcias, miran Qual del navio es el lugar mas alto, Y en l muchos se apian y retiran. La confusion, el miedo, el sobresalto Les turba los sentidos, que imaginan Que desta la otra vida es grande el salto. Con ningun medio ni remedio atinan; Pero creyendo dilatar su muerte Algun tanto nadar se determinan. Saltan muchos al mar de aquella suerte, Que al charco de la orilla saltan ranas Quando el miedo, el ruido las advierte. Hienden las olas del romperse canas, Menudean las piernas y los brazos, Aunque enfermos estan, y ellas no sanas. Y en medio de tan grandes embarazos La vista ponen en la amada orilla, Deseosos de darla mil abrazos. Y s yo bien, que la fatal quadrilla Antes que alli, holgara de hallarse En el compas famoso de Sevilla. Que no tienen por gusto el ahogarse, Discreta gente al parecer en esto, Pero valioles poco el esforzarse. Que el padre de las aguas ech el resto De su rigor, mostrandose en su carro Con rostro airado y ademan funesto. Quatro delfines, cada qual bizarro, Con cuerdas hechas de tegidas obas Le tiraban con furia y con desgarro. Las ninfas en sus humidas alcobas Sienten tu rabia, vengativo Nume, Y de sus rostros la color les robas. El nadante poeta que presume Llegar la ribera defendida, Sus ayes pierde y su teson consume. Que su corta carrera es impedida De las agudas puntas del tridente, Entonces fiero y aspero homicida. Quien ha visto muchacho diligente Que en goloso si mesmo sobrepuja Que no hay comparacion mas conveniente, Picar en el sombrero la granuja, Que el hallazgo le puso alli la sisa, Con punta alfileresca, ya de aguja: Pues no con menor gana, menor prisa Poetas ensartaba el Nume airado Con gesto infame, y con dudosa risa. En carro de cristal venia sentado, La barba luenga y llena de marisco, Con dos gruesas lampreas coronado. Hacian de sus barbas firme aprisco La Almeja, el Morsillon, Pulpo y Cangrejo, Qual le suelen hacer en pea risco. Era de aspecto venerable y viejo, De verde, azul y plata era el vestido, Robusto al parecer y de buen rejo. Aunque como enojado, denegrido Se mostraba en el rostro, que la saa Asi turba el color como el sentido. Airado contra aquellos mas se ensaa Que nadan mas, y saleles al paso, Juzgando gloria tan cobarde hazaa. En esto, nuevo y milagroso caso, Dino de que se cuente poco poco, Y con los versos de Torcato Taso. Hasta aqui no he invocado, ahora invoco Vuestro favor, musas! necesario Para los altos puntos en que toco. Descerrajad vuestro mas rico almario, Y el aliento me dad que el caso pide, No humilde, no ratero, ni ordinario. Las nubes hiende el aire, pisa y mide La hermosa Venus Acidalia, y baxa Del cielo que ninguno se lo impide. Traia vestida de pardilla raja Una gran saya entera hecha al uso, Que le dice muy bien, quadra y encaja. Luto que por su Adonis se le puso, Luego que el gran colmillo del berraco A atravesar sus ingles se dispuso. A fe que si el mocito fuera Maco, Que l guardra la cara al colmilludo, Que di su vida, y su belleza saco. O valiente garzon, mas que sesudo, Cmo estndo avisado, tu mal tomas, Entrando en trance tan horrendo y crudo? En esto las mansisimas palomas Que el carro de la diosa conducian Por el llano del mar, y por las lomas: Por unas y otras partes discurrian, Hasta que con Neptuno se encontraron, Que era lo que buscaban y querian. Los dioses que se ven, se respetaron, Y haciendo sus zalemas lo moro, De verse juntos en estremo holgaron. Guardaronse real grave decoro, Y procur Ciprinia en aquel punto Mostrar de su belleza el gran tesoro. Ensanch el verdugado, y dile el punto Con ciertos puntapies que fueron coces Para el dios que las vi y qued difunto. Un poeta llamado DON QUINCOCES Andaba semivivo en las saladas Ondas dando gemidos y no voces. Con todo dixo, en mal articuladas Palabras: o, seora, la de Pafo, Y de las otras dos islas nombradas, Muevate compasion el verme gafo De pies y manos, y que ya me ahogo, En otras Linfas que las del Garrafo. Aqui ser mi Pira, aqui mi rogo, Aqui ser QUINCOCES sepultado, Que tuvo en su crianza Pedagogo. Esto dixo el mezquino, esto escuchado Fue de la diosa con ternura tanta, Que volvi componer el verdugado. Y luego en pie y piadosa se levanta, Y poniendo los ojos en el viejo, Desembud la voz de la garganta: Y con cierto desden y sobrecejo, Entre enojada y grave, y dulce dixo Lo que al humido dios tuvo perplejo. Y aunque no fue su razonar prolixo, Todavia le truxo la memoria Hermano de quien era y de quien hijo. Representole quan pequea gloria Era llevar de aquellos miserables El triunfo infausto, y la cruel vitoria. El dixo: si los hados inmudables No huvieran dado la fatal sentencia Destos en su ignorancia siempre estables. Una brizna no mas de tu presencia Que viera yo, bellisima seora, Fuera de mi rigor la resistencia. Mas ya no puede ser, que ya la hora Lleg donde mi blanda y mansa mano Ha de mostrar que es dura y vencedora. Que estos de proceder siempre inhumano, En sus versos han dicho cien mil veces, Azotando las aguas del mar cano. Ni azotado, ni viejo me pareces, Replic Venus, y l le dixo ella: Puesto que me enamoras no enterneces. Que de tal modo la fatal estrella, Influye destos tristes, que no puedo Dar felice despacho tu querella. Del querer de los hados solo un dedo, No me puedo apartar, ya tu lo sabes, Ellos han de acabar, y ha de ser cedo. Primero acabars que los acabes, Le respondi madama, la que tiene De tantas voluntades puerta y llaves. Que aunque el hado feroz su muerte ordene, El modo no ha de ser tu contento, Que muchas muertes el morir contiene. Turbse en esto el liquido elemento, De nuevo renovse la tormenta, Sopl mas vivo y mas apriesa el viento. La hambrienta mesnada, y no sedienta, Se rinde al uracan recien venido, Y por mas no penar muere contenta. O raro caso y por jamas oido, Ni visto! nuevas y admirables trazas De la gran reina obedecida en Gnido! En un instante el mar de calabazas Se vi quajado, algunas tan potentes, Que pasaban de dos, y aun de tres brazas. Tambien hinchados odres y valientes, Sin deshacer del mar la blanca espuma, Nadaban de mil talles diferentes. Esta trasmutacion fue hecha en suma Por Venus de los languidos poetas, Porque Neptuno hundirlos no presuma. El qual le pidi Febo sus saetas, Cuya arma arrojadiza desde aparte A Venus defraudara de sus tretas. Negselas Apolo; y veis do parte Enojado el vejon con su tridente, Pensandolos pasar de parte parte; Mas este se resbala, aquel no siente La herida, y dando esguince se desliza, Y l queda de la colera impaciente. En esto Boreas su furor atiza, Y lleva antecogida la manada, Que con la de los cerdas simboliza. Pidiselo la diosa aficionada A que vivan poetas zarabandos, De aquellos de la seta almidonada: De aquellos blancos, tiernos, dulces, blandos, De los que por momentos se dividen En varias setas, y en contrarios vandos. Los contrapuestos vientos se comiden A complacer la bella rogadora, Y con un solo aliento la mar miden: Llevando la piara gruidora, En calabazas y odres convertida A los reynos contrarios del aurora. Desta dulce semilla referida Espaa, verdad cierta, tanto abunda, Que es por ella estimada y conocida. Que aunque en armas y en letras es fecunda Mas que quantas provincias tiene el suelo, Su gusto en parte en tal semilla funda. Despues desta mudanza que hizo el cielo, O Venus, quien fuese, que no importa Guardar puntualidad como yo suelo, No veo calabaza, luenga corta, Que no imagine que es algun poeta Que alli se estrecha, encubre, encoge, acorta. Pues qu quando veo un cuero, mal discreta Y vana fantasia, asi engaada, Que tanta liviandad ests sugeta! Pienso que el piezgo de la boca atada Es la faz del poeta transformado En aquella figura mal hinchada. Y quando encuentro algun poeta honrado, Digo, poeta firme y valedero, Hombre vestido bien y bien calzado, Luego se me figura ver un cuero, O alguna calabaza, y desta suerte Entre contrarios pensamientos muero, Y no s si lo yerre, si lo acierte, En que las calabazas y los cueros, Y los poetas trate de una suerte. Cerncalos que son lagartigeros No esperen de gozar las preeminencias Que gozan gabilanes no pecheros. Puestas en paz pues ya las diferencias De Delio, y los poetas transformados En tan vanas y huecas apariencias: Los mares y los vientos sosegados, Sumergiose Neptuno mal contento En sus palacios de cristal labrados. Las mansisimas aves por el viento Volaron, y la bella Cipriana Pusieron en su reyno salvamento. Y en seal que del triunfo qued ufana, Lo que hasta alli nadie acab con ella, Del luto se quit la saboyana. Quedando en cueros tan briosa y bella, Que se supo despues que Marte anduvo Todo aquel dia, y otros dos tras ella. Todo el qual tiempo el escuadron estuvo Mirando atento la fatal ruina, Que la canalla transformada tuvo. Y viendo despejada la marina Apolo del socorro mal venido, De dar fin al gran caso determina. Pero en aquel instante un gran ruido Se oy, con que la turba se alboroza, Y pone vista alerta, y presto oido. Y era quien le formaba una carroza Rica, sobre la qual venia sentado El grave DON LORENZO DE MENDOZA, De su felice ingenio acompaado, De su mucho valor y cortesia, Joyas inestimables, adornado. PEDRO JUAN DE REJAULE le seguia En otro coche insigne Valenciano, Y grande defensor de la poesia. Sentado viene su derecha mano JUAN DE SOLIS, mancebo generoso, De raro ingenio en verdes aos cano. Y JUAN DE CARVAJAL, Dotor famoso, Les hace tercio, y no por ser pesado Dexan de hacer su curso presuroso. Porque el divino ingenio al levantado Valor de aquestos tres que el coche encierra, No hay impedirle monte, ni collado. Pasan volando la empinada sierra, Las nubes tocan, llegan casi al cielo, Y alegres pisan la famosa tierra. Con este mismo honroso y grave zelo, BARTOLOME DE MOLA, y GABRIEL LASO Llegaron tocar del monte el suelo. Honra las altas cimas de Parnaso DON DIEGO, que de SILVA tiene el nombre, Y por ellas alegre tiende el paso. A cuyo ingenio, y sin igual renombre Toda ciencia se inclina y le obedece, Y le levanta ser mas que de hombre. Dilatanse las sombras, y descrece El dia, y de la noche el negro manto Guarnecido de estrellas aparece. Y el esquadron que havia esperado tanto En pie, se rinde al sueo perezoso De hambre y sed, y de mortal quebranto. Apolo entonces poco luminoso, Dando hasta los Antipodas un brinco, Sigui su accidental curso forzoso. Pero primero licenci los cinco Poetas titulados su ruego, Que lo pidieron con estrao ahinco, Por parecerles risa, burla y juego Empresas semejantes; y asi Apolo Condecendi con sus deseos luego. Que es el galan de Dafne unico y solo En usar cortesia sobre quantos Descubre el nuestro, y el contrario polo. Del lobrego lugar de los espantos Sac su hisopo el languido Morfeo, Con que ha rendido y embocado tantos, Y del licor que dicen que es Leteo, Que mana de la fuente del olvido, Los parpados ba todos arreo. El mas hambriento se qued dormido, Dos cosas repugnantes, hambre y sueo, Privilegio poetas concedido. Yo qued enfin dormido como un leo, Llena la fantasia de mil cosas, Que de contallas mi palabra empeo, Por mas que sean en s dificultosas. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO VI. De una de tres causas los ensueos Se causan, los sueos, que este nombre Les dan los que del bien hablar son dueos. Primera, de las cosas de que el hombre Trata mas de ordinario: la segunda Quiere la medicina que se nombre, Del humor que en nosotros mas abunda. Toca en revelaciones la tercera, Que en nuestro bien mas que las dos redunda. Dorm, y so, y el sueo la tercera Causa le di principio suficiente, A mezclar el ahito y la dentera. Suea el enfermo, quien la fiebre ardiente Abrasa las entraas, que en la boca Tiene de las que ha visto alguna fuente. Y el labio al fugitivo cristal toca, Y el dormido consuelo imaginado Crece el deseo, y no la sed apoca. Pelea el valentisimo soldado Dormido, casi al modo que despierto Se mostr en el combate fiero armado. Acude el tierno amante su concierto, Y en la imaginacion dormido llega Sin padecer borrasca dulce puerto. El corazon el avariento entrega En la mitad del sueo su tesoro, Que el alma en todo tiempo no le niega. Yo, que siempre guard el comun decoro En las cosas dormidas y despiertas, Pues no soy Troglodita ni soy Moro; De par en par del alma abr las puertas, Y dex entrar al sueo por los ojos Con premisas de gloria y gusto ciertas. Goc durmiendo quatro mil despojos, Que los cont sin que faltase alguno, De gustos que acudieron manojos. El tiempo, la ocasion, el oportuno Lugar correspondian al efeto, Juntos y por s solo cada uno. Dos horas dorm, y mas lo discreto, Sin que imaginaciones ni vapores El celebro tuviesen inquieto. La suelta fantasia entre mil flores Me puso de un pradillo, que exhalaba De Pancaya y Sabea los olores. El agradable sitio se llevaba Tras s la vista que durmiendo, viva Mucho mas que despierta se mostraba. Palpable vi, mas no s si lo escriba, Que las cosas que tienen de imposibles, Siempre mi pluma se ha mostrado esquiva. Las que tienen vislumbre de posibles, De dulces, de suaves y de ciertas Explican mis borrones apacibles. Nunca disparidad abre las puertas Mi corto ingenio, y hallalas contino De par en par la consonancia abiertas. Cmo puede agradar un desatino Si no es que de proposito se hace, Mostrandole el donaire su camino? Que entonces la mentira satisface Quando verdad parece, y est escrita Con gracia, que al discreto y simple aplace. Digo, volviendo al cuento, que infinita Gente vi discurrir por aquel llano, Con algazara placentera y grita: Con habito decente y cortesano Algunos, quien di la hipocresia Vestido pobre; pero limpio y sano. Otros de la color que tiene el dia Quando la luz primera se aparece Entre las trenzas de la aurora fria. La variada primavera ofrece De sus varias colores la abundancia, Con que la vista el gusto alegre crece. La prodigalidad, la exorbitancia Campean juntas por el verde prado Con galas que descubren su ignorancia. En un trono del suelo levantado, (Do el arte la materia se adelanta Puesto que de oro y de marfil labrado) Una doncella v desde la planta Del pie hasta la cabeza asi adornada, Que el verla admira, y el oirla encanta. Estaba en l con magestad sentada, Giganta al parecer en la estatura, Pero aunque grande, bien proporcionada. Parecia mayor su hermosura Mirada desde lejos, y no tanto Si de cerca se ve su compostura. Lleno de admiracion, colmo de espanto, Puse en ella los ojos, y vi en ella Lo que en mis versos desmayados canto. Yo no sabr afirmar si era doncella, Aunque he dicho que s, que en estos casos La vista mas aguda se atropella. Son por la mayor parte siempre escasos De razon los juicios maliciosos En juzgar rotos los enteros vasos. Altaneros sus ojos y amorosos Se mostraban con cierta mansedumbre, Que los hacia en todo estremo hermosos. Ora fuese artificio, ora costumbre, Los rayos de su luz tal vez crecian, Y tal vez daban encogida lumbre. Dos ninfas sus lados asistian, De tan gentil donaire y apariencia, Que miradas las almas suspendian. De la del alto trono en la presencia Desplegaban sus labios en razones, Ricas en suavidad, pobres en ciencia. Levantaban al cielo sus blasones, Que estaban por ser pocos ningunos, Escritos del olvido en los borrones. Al dulce murmurar, al oportuno Razonar de las dos, la del asiento, Que en belleza jamas le igual alguno, Luego se puso en pie, y en un momento Me pareci, que di con la cabeza Mas all de las nubes, y no miento: Y no perdi por esto su belleza, Antes mientras mas grande, se mostraba Igual su perfecion su grandeza: Los brazos de tal modo dilataba, Que de do nace adonde muere el dia Los opuestos estremos alcanzaba. La enfermedad llamada hidropesia Asi le hincha el vientre, que parece Que todo el mar caber en l podia. Al modo destas partes asi crece Toda su compostura, y no por esto, Qual dixe, su hermosura desfallece. Yo atonito esperaba ver el resto De tan grande prodigio, y diera un dedo Por saber la verdad segura, y presto. Uno, y no sabr quien, bien claro y quedo Al oido me habl, y me dixo: espera, Que yo decirte lo que quieres puedo. Esta que ves, que crece de manera, Que apenas tiene ya lugar do quepa, Y aspira en la grandeza ser primera: Esta que por las nube sube y trepa Hasta llegar al cerco de la luna (Puesto que el modo de subir no sepa.) Es la que confiada en su fortuna Piensa tener de la inconstante rueda El exe quedo, y sin mudanza alguna. Esta que no halla mal que le suceda, Ni le teme atrevida y arrogante, Prodiga siempre, venturosa y leda: Es la que con disignio extravagante Di en crecer poco poco hasta ponerse Qual ves en estatura de gigante. No dexa de crecer por no atreverse A emprender las hazaas mas notables, Adonde puedan sus estremos verse. No has oido decir los memorables Arcos, anfiteatros, templos, baos, Termas, porticos, muros admirables: Que pesar y despecho de los aos, Aun duran sus reliquias y entereza, Haciendo al tiempo y la muerte engao? Yo, respondi por m, ninguna pieza Desas que has dicho, dexo de tenella Clavada y remachada en la cabeza. Tengo el sepulcro de la viuda bella, Y el Coloso de Rodas alli junto, Y la lanterna que sirvi de estrella. Pero vengamos de quien es al punto Esta, que lo deseo. Harse luego, Me respondi la voz en baxo punto. Y prosigui, diciendo: no estar ciego Huvieras visto ya quien es la dama: Pero enfin tienes el ingenio lego. Esta que hasta los cielos se encarama Preada, sin saber como, del viento, Es hija del deseo y de la fama. Esta fue la ocasion y el instrumento En todo y parte de que el mundo viese No siete marabillas, sino ciento. Corto numero es ciento: aunque dixese Cien mil y mas millones, no imagines, Que en la cuenta del numero excediese. Esta conduxo memorables fines, Edificios que asientan en la tierra, Y tocan de las nubes los confines. Esta tal vez ha levantado guerra, Donde la paz suave reposaba Que en limites estrechos no se encierra. Quando muri en las llamas, abrasaba El atrevido fuerte brazo y fiero, Esta el incendio horrible resfriaba. Esta arroj al Romano caballero En el abismo de la ardiente cueva, De limpio armado, y de luciente azero. Esta tal vez con marabilla nueva, (De su ambiciosa condicion llevada) Mil imposibles atrevida prueba. Desde la ardiente Libia hasta la helada Citia lleva la fama su memoria, En grandiosas obras dilatada. Enfin ella es la altiva vanagloria, Que en aquellas hazaas se entremete, Que llevan de los siglos la vitoria. Ella misma s misma se promete Triunfos y gustos, sin tener asida A la calva ocasion por el copete. Su natural sustento, su bebida, Es aire, y asi crece en un instante Tanto, que no hay medida su medida. Aquellas dos del placido semblante Que tiene sus dos lados, son aquellas Que sirven la maquina de Atlante. Su delicada voz, sus luces bellas, Su humildad aparente, y las lozanas Razones, que el amor se cifra en ellas, Las hacen mas divinas que no humanas, Y son, (con paz escucha y con paciencia) La adulacion y la mentira hermanas. Estas estn contino en su presencia, Palabras ministrandole al oido, Que tienen de prudentes aparencia. Y ella qual ciega del mejor sentido, No ve que entre las flores de aquel gusto, El aspid ponzooso est escondido. Y asi arrojada con deseo injusto En cristalino vaso prueba y bebe El veneno mortal, sin ningun susto. Quien mas presume de advertido, pruebe A dexarse adular, ver quan presto Pasa su gloria como el viento leve. Esto escuch: y en escuchando aquesto, Di un estampido tal la gloria vana, Que di mi sueo fin dulce y molesto. Y en esto descubrise la maana, Vertiendo perlas y esparciendo flores, Lozana en vista, y en virtud lozana. Los dulces pequeuelos ruiseores Con cantos no aprendidos le decian Enamorados della mil amores. Los silgueros el canto repetian, Y las diestras calandrias entonaban La musica, que todos componian. Unos del esquadron priesa se daban, Porque no los hallase el dios del dia En los forzosos actos en que estaban. Y luego se asom su seoria, Con una cara de tudesco roja, Por los balcones de la aurora fria. En parte gorda, en parte flaca y floja, Como quien teme el esperado trance, Donde verse vencido se le antoja. En propio toledano y buen romance Les di los buenos dias cortesmente, Y luego se aprest al forzoso lance. Y encima de un peasco puesto enfrente Del esquadron, con voz sonora y grave Esta oracion les hizo de repente. O espiritus felices, donde cabe La gala del decir, la sutileza De la ciencia mas docta que se sabe! Donde en su propia natural belleza Asiste la hermosa poesia Entera de los pies la cabeza! No consintais por vida vuestra y mia, (Mirad con que llaneza Apolo os habla) Que triunfe esta canalla que porfia. Esta canalla digo que se endiabla, Que por darles calor su muchedumbre, Ya su ruina, ya la nuestra entabla. Vosotros de mis ojos gloria y lumbre, Faroles do mi luz de asiento mora, Ya por naturaleza, por costumbre, Haveis de consentir que esta embaidora, Hipocrita gentalla se me atreva, De tantas necedades inventora? Haced famosa y memorable prueba De vuestro gran valor en este hecho, Que su castigo y vuestra gloria os lleva. De justa indignacion armad el pecho, Acometed intrepidos la turba, Ociosa, vagamunda, y sin provecho. No se os d nada, no se os d una burba, (Moneda Berberisca, vil y baxa) De aquesta gente, que la paz nos turba. El son de mas de una templada caja, Y el del pifaro triste y la trompeta, Que la colera sube, y flema abaxa; Asi os incite con virtud secreta, Que despierte los animos dormidos En la facion que tanto nos aprieta. Y retumba, ya llega mis oidos Del esquadron contrario el rumor grande, Formado de confusos alaridos. Ya es menester, sin que os lo ruegue, mande, Que cada qual como guerrero experto, sin que por su capricho se desmande, La orden guarde y militar concierto, Y acuda su deber como valiente Hasta quedar, vencedor muerto. En esto por la parte de poniente Pareci el escuadron casi infinito De la barbara, ciega, y pobre gente. Alzan los nuestros al momento un grito Alegre, y no medroso; y gritan, arma, Arma resuena todo aquel distrito; Y aunque mueran, correr quieren al arma. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO VII. Tu, Beligera musa, t, que tienes La voz de bronce, y de metal la lengua, Quando cantar del fiero Marte vienes: T, por quien se aniquila siempre y mengua El gran genero humano: t, que puedes Sacar mi pluma de ignorancia, y mengua: Tu, mano rota, y larga de mercedes; Digo en hacellas: una aqui te pido, (Que no har que menos rica quedes.) La soberbia y maldad, el atrevido Intento de una gente mal mirada Ya se descubre con mortal ruido. Dame una voz al caso acomodada, Una sotil y bien cortada pluma, No de aficion, ni de pasion llevada. Para que pueda referir en suma Con purisimo y nuevo sentimiento, Con verdad clara, y entereza suma, El contrapuesto y desigual intento De uno y otro esquadron, que ardiendo en ira, Sus vanderas descoge al vago viento. El del vando catolico, que mira Al falso y grande al pie del monte puesto, Que de subir al alta cumbre aspira; Con paso largo, y ademan compuesto, Todo el monte coronan, y se ponen A la furia, que en loca ha echado el resto. Las ventajas tantean, y disponen Los animos valientes al asalto, En quien su gloria y su venganza ponen. De rabia lleno y de paciencia falto Apolo su bellisimo estandarte Mand al momento levantar en alto. Arbolole un MARQUES, que el propio Marte Su briosa presencia representa Naturalmente, sin industria y arte. Poeta celeberrimo y de cuenta, Por quien, y en quien Apolo soberano Su gloria y gusto, y su valor aumenta. Era la insinia un cisne hermoso y cano, Tan al vivo pintado, que dixeras, La voz despide alegre al aire vano. Siguen al estandarte sus vanderas De gallardos alfereces llevadas, Honrosas por no estar todas enteras. Las cajas lo belico templadas Al milite mas tardo vuelven presto, De voces de metal acompaadas. GERONIMO DE MORA lleg en esto, Pintor excelentisimo y poeta, Apeles y Virgilio en un supuesto: Y con la autoridad de una gineta, (Que de ser capitan le daba nombre) Al caso acude y la turba aprieta. Y porque mas se turbe, y mas se asombre El enemigo desigual y fiero Lleg el gran BIEDMA de inmortal renombre. Y con l GASPAR DE AVILA, primero Sequz de Apolo, cuyo verso y pluma, Iciar puede envidiar, temer Sincero. Lleg JUAN DE MEZTANZA, cifra y suma De tanta erudicion, donaire y gala, Que no hay muerte, ni edad que la consuma. Apolo le arranc de Guatimala, Y le truxo en su ayuda para ofensa De la canalla en todo estremo mala. Hacer milagros en el trance piensa CEPEDA, y acompaale MEGIA, Poetas dinos de alabanza inmensa. Clarisimo esplendor de Andalucia, Y de la Mancha el sin igual GALINDO Lleg con magestad y bizarria. De la alta cumbre del famoso Pindo Baxaron tres bizarros Lusitanos (A quien mis alabanzas todas rindo.) Con prestos pies y con valientes manos Con FERNANDO CORREA DE LA CERDA, Pis RODRIGUEZ LOBO monte y llanos. Y porque Febo su razon no pierda El grande DON ANTONIO DE ATAIDE Lleg con furia alborotada y cuerda. Las fuerzas del contrario ajusta y mide Con las suyas Apolo, y determina Dar la batalla, y la batalla pide. El ronco sn de mas de una bocina, Instrumento de caza y de la guerra, De Febo los oidos se avecina. Tiembla debaxo de los pies la tierra De infinitos poetas oprimida, Que dan asalto la sagrada sierra. El fiero general de la atrevida Gente, que trae un cuervo en su estandarte, Es ARBOLANCHES, muso por la vida. Puestos estaban en la baxa parte, Y en la cima del monte, frente frente Los campos de quien tiembla el mismo Marte: Quando una, al parecer discreta gente, Del catolico vando al enemigo Se pas, como en numero de veinte. Yo con los ojos su carrera sigo, Y viendo el paradero de su intento, Con voz turbada al sacro Apolo digo: Qu prodigio es aqueste? qu portento? O por mejor decir, qu mal aguero, Que asi me corta el brio y el aliento? Aquel trnsfuga que parti primero, No solo por poeta le tenia, Pero tambien por bravo churrullero. Aquel ligero que tras l corria, En mil corrillos en Madrid le he visto Tiernamente hablar en la poesia. Aquel tercero que parti tan listo, Por satirico, necio, y por pesado S que de todos fue siempre mal quisto. No puedo imaginar como ha llevado Mercurio estos poetas en su lista. Yo fui, respondi Apolo, el engaado; Que de su ingenio la primera vista Indicios descubri que serian buenos Para facilitar esta conquista. Seor, repliqu yo, crei que agenos Eran de las deidades los engaos, Digo, engaarse en poco mas ni menos. La prudencia que nace de los aos, Y tiene por maestra la experiencia, Es la deidad que advierte destos daos. Apolo respondi: por mi conciencia, Que no te entiendo, algo turbado y triste Por ver de aquellos veinte la insolencia. Tu, SARDO militar LOFRASO, fuiste Uno de aquellos barbaros corrientes, Que del contrario el numero creciste. Mas no por esta mengua los valientes Del esquadron catolico temieron, Poetas madrigados y excelentes. Antes tanto corage concibieron Contra los fugitivos corredores, Que riza en ellos y matanza hicieron. O falsos y malditos trobadores, Que pasais plaza de poetas sabios, Siendo la hez de los que son peores. Entre la lengua, paladar y labios Anda contino vuestra poesia, Haciendo la virtud cien mil agravios. Poetas de atrevida hipocresia, Esperad, que de vuestro acabamiento Ya se ha llegado el temeroso dia. De las confusas voces el concento Confuso por el aire resonaba De espesas nubes condensando en viento. Por la falda del monte gateaba Una tropa poetica, aspirando A la cumbre que bien guardada estaba. Hacian hincapie de quando en quando, Y con hondas de estallo y con ballestas Iban libros enteros disparando. No del plomo encendido las funestas Balas, pudieran ser daosas tanto, Ni al disparar pudieran ser mas prestas. Un libro mucho mas duro que un canto A JUSEPE DE VARGAS di en las sienes, Causandole terror, grima y espanto. Grit, y dixo un soneto: t, que vienes De satirica pluma disparado, Porqu el infame curso no detienes? Y qual perro con piedras irritado, Que dexa al que las tira, y va tras ellas, Qual si fueran la causa del pecado, Entre los dedos de sus manos bellas Hizo pedazos al soneto altivo, Que amenazaba al sol y las estrellas. Y dixole Cilenio: rayo vivo Donde la justa indignacion se muestra En un grado y valor superlativo, La espada toma en la temida diestra, Y arrojate valiente y temerario Por esta parte que el peligro adiestra. En esto del tamao de un breviario Volando un libro por el aire vino, De prosa y verso que arroj el contrario. De verso y prosa el puro desatino Nos di entender que de ARBOLANCHES eran Las Avidas pesadas de contino. Unas Rimas llegaron, que pudieran Desbaratar el esquadron christiano, Si acaso vez segunda se imprimieran. Dile Mercurio en la derecha mano Una satira antigua licenciosa, De estilo agudo, pero no mui sano. De una intricada y mal compuesta prosa, De un asunto, sin jugo y sin donaire, Quatro Novelas dispar PEDROSA. Silvando recio, y desgarrando el aire, Otro libro lleg de rimas solas Hechas al parecer como al desgaire. Vilas Apolo y dixo, quando vilas: Dios perdone su autor, y m me guarde De algunas Rimas sueltas espaolas. Lleg EL PASTOR DE IBERIA, aunque algo tarde, Y derrib catorce de los nuestros, Haciendo de su ingenio y fuerza alarde. Pero dos valerosos, dos maestros, Dos lumbreras de Apolo, dos soldados, Unicos en hablar, y en obrar diestros: Del monte puestos en opuestos lados Tanto apretaron la turba multa, Que volvieron atras los encumbrados. Es GREGORIO DE ANGULO el que sepulta La canalla, y con l PEDRO DE SOTO, De prodigioso ingenio, y vena culta. Doctor aquel, estotro unico y doto Licenciado, de Apolo ambos sequaces Con raras obras y animo devoto. Las dos contrarias indignadas haces Ya miden las espadas, ya se cierran Duras en su teson y pertinaces. Con los dientes se muerden y se aferran Con las garras, las fieras imitando, Que toda piedad de s destierran. Haldeando venia, y trasudando El autor de LA PICARA JUSTINA, Capellan lego del contrario vando. Y qual si fuera de una culebrina Dispar de sus manos su librazo, Que fue de nuestro campo la ruina. Al buen TOMAS GRACIAN manc de un brazo, A MEDINILLA derrib una muela, Y le llev de un muslo un gran pedazo. Una despierta nuestra centinela Grit: todos abaxen la cabeza, Que dispara el contrario otra Novela. Dos pelearon una larga pieza, Y el uno al otro con instancia loca De un embion, con arte y con destreza, Seis seguidillas le encaj en la boca, Con que le hizo vomitar el alma Que sali libre de su estrecha roca. De la furia el ardor, del sol la calma Tenia en duda de una, y otra parte La vencedora y pretendida palma. Del cuervo en esto el lobrego estandarte Cede al del cisne, porque vino al suelo Pasado el corazon de parte parte. Su alferez, que era un ANDALUZ mozuelo Trobador repentista, que subia Con la soberbia mas all del cielo, Helosele la sangre que tenia, Murise quando vi que muerto estaba La turba pertinaz en su porfia. Puesto que ausente el gran LUPERCIO estaba Con un solo soneto suyo hizo Lo que de su grandeza se esperaba. Descuadern, desencaj, deshizo Del opuesto esquadron catorce hileras, Dos criollos mat, hiri un mestizo. De sus sabrosas burlas y sus veras El magno CORDOVES un cartapacio Dispar, y aterr quatro vanderas. Daba ya indicios de cansado y lacio El brio de la barbara canalla, Peleando mas flojo y mas despacio. Mas renovse la fatal batalla Mezclandose los unos con los otros, Ni vale arnes, ni presta dura malla, Cinco melifluos sobre cinco potros Llegaron, y envistieron por un lado, Y llevaronse cinco de nosotros. Cada qual como moro ataviado, Con mas letras y cifras, que una carta De Principe enemigo y recatado. De romances moriscos una sarta, Qual si fuera de balas enramadas, Llega con furia y con malicia harta. Y no estar dos esquadras avisadas De las nuestras del recio tiro y presto, Era fuerza quedar desbaratadas. Quiso Apolo indignado echar el resto De su poder y de su fuerza sola, Y dar al enemigo fin molesto. Y una sacra cancion, donde acrisola Su ingenio, gala, estilo y bizarria BARTOLOME LEONARDO DE ARGENSOLA, Qual si fuera un petrarte Apolo envia, Adonde est el teson mas apretado, Mas dura, y mas furiosa la porfia. _Quando me paro contemplar mi estado_ Comienza la cancion, que Apolo pone En el lugar mas noble y levantado. Todo lo mira, todo lo dispone Con ojos de Argos, manda, quita y veda, Y del contrario todo ardid se opone. Tan mezclados estn, que no hay quien pueda Discernir qual es malo, qual es bueno, Qual es GARCILASISTA, TIMONEDA. Pero un mancebo de ignorancia ageno, Grande escudriador de toda historia, Rayo en la pluma, y en la voz un trueno, Lleg, tan rica el alma de memoria, De sana voluntad y entendimiento, Que fue de Febo y de las musas gloria. Con este acelerose el vencimiento, Porque supo decir: este merece Gloria, pero aquel no, sino tormento. Y como ya con distincion parece El justo y el injusto combatiente, El gusto al paso de la pena crece. T PEDRO MANTUANO el excelente, Fuiste quien distingui de la confusa Maquina el que es cobarde del valiente. JULIAN DE ALMENDARIZ no reusa, Puesto que lleg tarde, en dar socorro Al rubio Delio con su ilustre musa. Por las rucias que peino, que me corro De ver que las comedias endiabladas Por divinas se pongan en el corro. Y pesar de las limpias y atildadas Del comico mejor de nuestra Esperia Quieren ser conocidas y pagadas. Mas no ganaron mucho en esta feria, Porque es discreto el vulgo de la corte, Aunque le toca la comun miseria. De llano no le deis, dadle de corte, Estancias Polifemas, al poeta Que no os tuviere por su guia y norte. Inimitables sois, y la discreta Gala que descubris en lo escondido, Toda elegancia puede estar sugeta. Con estas municiones el partido Nuestro se mejor de tal manera, Que el contrario se tuvo por vencido. Cay su presuncion soberbia y fiera, Derrumbanse del monte abaxo quantos Presumieron subir por la ladera, La voz prolija de sus roncos cantos El mal suceso con rigor la vuelve En interrotos y funestos llantos. Tal huvo, que cayendo se resuelve De asirse de una zarza cabrahigo, Y en llanto lo de Ovidio se disuelve. Quatro se arracimaron un quejigo Como enjambre de abejas desmandada, Y le estimaron por el lauro amigo. Otra quadrilla virgen por la espada Y adultera de lengua, di la cura A sus pies de su vida almidonada. BARTOLOME llamado DE SEGURA El toque casi fue del vencimiento, Tal es su ingenio, y tal es su cordura. Reson en esto por el vago viento La voz de la vitoria repetida Del numero escogido en claro acento. La miserable, la fatal caida De las musas del limpio tagarete Fue largos siglos con dolor plaida. A la parte del llanto (ay me!) se mete Zapardiel famoso por su pesca, Sin que un pequeo instante se quiete. La voz de la vitoria se refresca, Vitoria suena aqui, y alli vitoria, Adquirida por nuestra soldadesca, Que canta alegre la alcanzada gloria. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO VIII. Al caer de la maquina excesiva Del esquadron poetico arrogante Que en su no vista muchedumbre estriba: Un poeta, mancebo y estudiante, Dixo: caipaciencia, que algun dia Ser la nuestra, mi valor mediante. De nuevo afilar la espada mia, Digo mi pluma, y cortar de suerte Que d nueva excelencia la porfia. Que ofrece la comedia, si se advierte, Largo campo al ingenio, donde pueda Librar su nombre del olvido y muerte. Fue desto exemplo JUAN DE TIMONEDA, Que con solo imprimir se hizo eterno Las comedias del gran LOPE DE RUEDA. Cinco vuelcos dar en el propio infierno Por hacer recitar una que tengo Nombrada: _El Gran Bastardo de Salerno_. Guarda Apolo, que baxa guarde rengo El golpe de la mano mas gallarda Que ha visto el tiempo en su discurso luengo. En esto el claro sn de una bastarda Alas pone en los pies de la vencida Gente del mundo perezosa y tarda. Con la esperanza del vencer perdida No hay quien no atienda con ligero paso, Si no la honra, conservar la vida. Desde las altas cumbres de Parnaso De un salto uno se puso en Guadarrama, Nuevo, no visto, y verdadero caso. Y al mismo paso la parlera fama Cundi del vencimiento la alta nueva, Desde el claro Caistro hasta Jarama. Llor la gran vitoria el turbio Esgueva, Pisuerga la ri, rila Tajo, Que en vez de arena granos de oro lleva. Del cansancio, del polvo, y del trabajo Las rubicundas hebras de Timbreo Del color se pararon de oro baxo. Pero viendo cumplido su deseo, Al son de la guitarra Mercuriesca Hizo de la gallarda un gran paseo. Y de Castalia en la corriente fresca El rostro se lav, y qued luciente Como de acero la segur Turquesca. Pulise luego, y adorn su frente De magestad mezclada con dulzura, Indicios claros del placer que siente. Las reynas de la humana hermosura Salieron de do estaban retiradas, Mientras duraba la contienda dura: Del arbol siempre verde coronadas, Y enmedio la divina Poesia, Todas de nuevas galas adornadas. MELPOMENE, TERSICORE, Y TALIA, POLIMNIA, URANIA, ERATO, EUTERPE, Y CLIO, Y CALIOPE, hermosa en demasia Muestran ufanas su destreza y brio, Tegiendo una entricada y nueva danza Al dulce son de un instrumento mio. Mio, no dixe bien, ment la usanza Del que dice propios los agenos Versos, que son mas dinos de alabanza. Los anchos prados, y los campos llenos Estn de las esquadras vencedoras, (Que siempre van mas, y nunca menos) Esperando de ver de sus mejoras El colmo con los premios merecidos Por el sudor y aprieto de seis horas. Piensan ser los llamados escogidos Todos premios de grandeza aspiran, Tienense en mas de lo que son tenidos: Ni calidades, ni riquezas miran, A su ingenio se atiene cada uno, Y si hay quatro que acierten, mil deliran. Mas Febo, que no quiere que ninguno Quede quexoso dl, mand la Aurora, Que vaya, y coja _in tempore oportuno_ De las faldas floriferas de Flora Quatro tabaques de purpureas rosas, Y seis de perlas de las que ella llora. Y de las nueve por estremo hermosas Las coronas pidi, y al darlas ellas En nada se mostraron perezosas. Tres, mi parecer, de las mas bellas A Partenope s que se enviaron, Y fue Mercurio el que parti con ellas. Tres sugetos las otras coronaron Alli en el mesmo monte peregrinos, Con que su patria y nombre eternizaron. Tres cupieron Espaa, y tres divinos Poetas se adornaron la cabeza, De tanta gloria justamente dinos. La envidia, monstruo de naturaleza, Maldita, y carcomida, ardiendo en saa A murmurar del sacro dn empieza. Dixo: ser posible que en Espaa Haya nueve poetas laureados? Alta es de Apolo, pero simple hazaa. Los demas de la turba defraudados Del esperado premio, repetian Los himnos de la envidia mal cantados. Todos por laureados se tenian En su imaginacion antes del trance, Y al cielo quejas de su agravio envian. Pero ciertos poetas de romance Del generoso premio hacer esperan A despecho de Febo presto alcance. Otros, aunque latinos, desesperan De tocar del laurel solo una hoja, Aunque del caso en la demanda mueran. Vengase menos el que mas se enoja, Y alguno se toc sienes y frente, Que de estar coronado se le antoja. Pero todo deseo impertinente Apolo resfri, premiando quantos Poetas tuvo el esquadron valiente. De rosas, de jazmines y amarantos Flora le present cinco cestones, Y la Aurora de perlas otros tantos. Estos fueron, letor dulce, los dones Que Delio reparti con larga mano Entre los poetisimos varones. Quedando alegre cada qual, y ufano Con un puo de perlas y una rosa, Estimando el premio sobrehumano. Y porque fuese mas marabillosa La fiesta y regocijo, que se hacia Por la vitoria insigne y prodigiosa, La buena, la importante Poesia Mand traer la bestia, cuya pata Abri la fuente de Castalia fria. Cubierta de finisima escarlata, Un lacayo la truxo en un instante, Tascando un freno de bruida plata. Envidiarle pudiera Rocinante Al gran Pegaso de presencia brava, Y aun Billadoro el del seor de Anglante. Con no s quantas alas adornaba Manos y pies, indicio manifiesto, Que en ligereza al viento aventajaba. Y por mostrar quan agil y quan presto Era, se alz del suelo quatro picas, Con un denuedo y ademan compuesto. T, que me escuchas, si el oido aplicas Al dulce cuento deste gran Viage, Cosas nuevas oiras de gusto ricas. Era del bel troton todo el herrage De durisima plata diamantina, Que no recibe del pisar ultrage. De la color que llaman columbina, De raso en una funda trae la cola, Que suelta con el suelo se avecina. Del color del carmin de amapola Eran sus clines y su cola gruesa, Ellas solas al mundo, y ella sola. Tal vez anda despacio, y tal priesa, Vuela tal vez, y tal hace corbetas, Tal quiere relinchar, y luego cesa. Nueva felicidad de los poetas! Unos sus escrementos recogian En dos de cuero grandes barjuletas. Pregunt, para qu lo tal hacian? Respondime Cilenio lo vellaco Con no s que vislumbres de ironia: Esto que se recoge, es el tabaco, Que los vaguidos sirve de cabeza De algun poeta de celebro flaco. Urania de tal modo lo adereza, Que puesto las narices del doliente, Cobra salud, y vuelve su entereza. Un poco entonces arrugu la frente, Ascos haciendo del remedio estrao, Tan de los ordinarios diferente. Recibes, dixo Apolo, amigo, engao. Leyome el pensamiento. Este remedio De los vaguidos cura, y sana el dao. No come este rocin lo que en asedio Duro y penoso comen los soldados, Que estn entre la muerte y hambre en medio. Son deste tal los piensos regalados, Ambar y almizcle entre algodones puesto, Y bebe del rocio de los prados. Tal vez le damos de almidon un cesto, Tal de algarrobas con que el vientre llena, Y no se estrie, ni se va por esto. Sea, le respondi, muy norabuena, Tieso estoy de celebro por ahora, Vaguido alguno no me causa pena. La nuestra en esto universal seora, Digo la poesia verdadera, Que con Timbreo y con las musas mora, En vestido subcinto la ligera El monte discurri, y abraz todos, Hermosa sobre modo, y placentera. O sangre vencedora de los Godos! Dixo: de aqui adelante ser tratada Con mas suaves y discretos modos Espero ser, y siempre respetada Del ignorante vulgo que no alcanza, Que puesto que soy pobre, soy honrada. Las riquezas os dexo en esperanza, Pero no en posesion, premio seguro Que al reyno aspira de la inmensa holganza. Por la belleza deste monte os juro, Que quisiera al mas minimo entregalle Un privilegio de cien mil de juro. Mas no produce minas este valle, Aguas s, salutiferas y buenas, Y monas que de cisnes tienen talle. Volved ver, amigos, las arenas Del aurifero Tajo en paz segura, Y en dulces horas de pesar agenas. Que esta inaudita hazaa os asegura Eterno nombre, entanto que d Febo Al mundo aliento, y luz serena y pura. O marabilla nueva, caso nuevo, Digno de admiracion que cause espanto, Cuya estraeza me admir de nuevo! Morfeo, el dios del sueo por encanto Alli se apareci; cuya corona Era de ramos de beleo santo. Flogisimo de brio y de persona, De la pereza torpe acompaado, Que no le dexa visperas, ni nona. Traia al silencio su derecho lado, El descuido al siniestro, y el vestido Era de blanda lana fabricado. De las aguas que llaman del olvido, Traia un gran caldero, y de un hisopo Venia como aposta, prevenido. Asa los poetas por el hopo, Y aunque el caso los rostros les volvia En color encendida de piropo, El nos baaba con el agua fria, Causandonos un sueo de tal suerte, Que dormimos un dia y otro dia. Tal es la fuerza del licor, tan fuerte Es de las aguas la virtud, que pueden Competir con los fueros de la muerte. Hace el ingenio alguna vez que queden Las verdades sin credito ninguno, Por ver que toda contingencia exceden. Al despertar del sueo asi importuno, Ni vi monte, ni monta, dios, ni diosa, Ni de tanto poeta vide alguno. Por cierto estraa y nunca vista cosa, Despavil la vista, y parecime Verme en medio de una ciudad famosa. Admiracin y grima el caso dime, Torn mirar, porque el temor engao No de mi buen discurso el paso tome. Y dixeme mi mismo: no me engao. Esta ciudad es Napoles la ilustre, Que yo pis sus ruas mas de un ao: De Italia gloria, y aun del mundo lustre, Pues de quantas ciudades l encierra, Ninguna puede haver que asi le ilustre. Apacible en la paz, dura en la guerra, Madre de la abundancia y la nobleza, De Eliseos campos, y agradable sierra; Si vaguidos no tengo de cabeza, Pareceme que est mudada en parte De sitio, aunque en aumento de belleza. Qu teatro es aquel donde reparte Con l quanto contiene de hermosura, La gala, la grandeza, industria y arte? Sin duda el sueo en mis palpebras dura, Porque este es edificio imaginado, Que excede toda humana compostura. Llegose en esto m disimulado Un mi amigo, llamado Promontorio, Mancebo en dias, pero gran soldado. Creci la admiracion viendo notorio Y palpable, que en Napoles estaba, Espanto los pasados acesorio. Mi amigo tiernamente me abrazaba, Y con tenerme entre sus brazos, dixo: Que del estar yo alli mucho dudaba. Llamme padre, y yo llamele hijo. Qued con esto la verdad en punto, Que aqui puede llamarse punto fijo. Dixome Promontorio: yo barrunto, Padre, que algun gran caso vuestras canas Las trae tan lejos ya semidifunto. En mis horas mas frescas y tempranas Esta tierra habit, hijo, le dixe, Con fuerzas mas briosas y lozanas. Pero la voluntad que todos rige, Digo el querer del cielo, me ha traido A parte que me alegra mas que aflige. Dixera mas, sino que un gran ruido De pifaros, clarines y tambores Me azor el alma, y alegr el oido. Volv la vista al sn, vi los mayores Aparatos de fiesta que vi Roma En sus felices tiempos, y mejores. Dixo mi amigo: Aquel, que ves que asoma Por aquella montaa contrahecha, Cuyo brio al de Marte oprime y doma, Es un alto sugeto, que deshecha Tiene la envidia en rabia, porque pisa De la virtud la senda mas derecha. De gravedad y condicion tan lisa, Que suspende y alegra un mismo instante, Y con su aviso al mismo aviso avisa. Mas quiero antes que pases adelante En ver lo que vers si estas atento, Darte del caso relacion bastante. Ser DON JUAN DE TASIS de mi cuento Principio, porque sea memorable, Y lleguen mis palabras mi intento. Este varon en liberal notable, Que una mediana Villa le hace Conde, Siendo rey en sus obras admirable. Este, que sus haberes nunca esconde, Pues siempre los reparte, los derrama, Ya sepa adonde, ya no sepa adonde: Este, quien tiene tan en fil la fama, Puesta la alteza de su nombre claro, Que liberal y prodigo le llama: Quiso prodigo aqui, y alli no avaro, Primer mantenedor ser de un torneo, Que fiestas sobrehumanas le comparo. Responden sus grandezas al deseo Que tiene de mostrarse alegre, viendo De Espaa y Francia el regio himeneo. Y este que escuchas, duro, alegre estruendo, Es seal que el torneo se comienza, Que admira por lo rico y estupendo. Arqumedes el grande se averguenza De ver que este teatro milagroso Su ingenio apoque, y sus trazas venza. Digo pues que el mancebo generoso, Que alli deciende de encarnado y plata, Sobre todo mortal curso brioso, Es el CONDE DE LEMOS, que dilata Su fama con sus obras por el mundo, Y que lleguen al cielo en tierra trata: Y aunque sale el primero, es el segundo Mantenedor, y en buena cortesia Esta ventaja califico y fundo. El DUQUE DE NOCERA, luz y guia Del arte militar, es el tercero Mantenedor de este festivo dia. El quarto, que pudiera ser primero, Es DE SANTELMO el fuerte CASTELLANO, Que al mesmo Marte en el valor prefiero. El quinto es otro Eneas el Troyano, Arrociolo, que gana en ser valiente Al que fue verdadero, por la mano. El gran concurso y numero de gente Estorb que adelante prosiguiese La comenzada relacion prudente. Por esto le ped que me pusiese Adonde sin ningun impedimento El gran progreso de las fiestas viese. Porque luego me vino al pensamiento De ponerlas en verso numeroso, Favorecido del Febeo aliento. Hizolo asi, y yo vi lo que no oso Pensar, no que decir, que aqui se acorta La lengua y el ingenio mas curioso. Que se pase en silencio es lo que importa, Y que la admiracion supla esta falta El mesmo grandioso caso exrta. Puesto que despues supe que con alta Magnifica elegancia y milagrosa, Donde ni sobra punto ni le falta, El curioso DON JUAN DE OQUINA en prosa La puso, y di la estampa para gloria De nuestra edad, por esto venturosa. Ni en fabulosa, verdadera historia Se halla que otras fiestas hayan sido, Ni puedan ser mas dignas de memoria. Desde alli, y no s como, fui traido Adonde vi al gran DUQUE DE PASTRANA Mil parabienes dar de bien venido: Y que la fama en la verdad ufana Contaba que agrad con su presencia, Y con su cortesia sobrehumana: Que fue nuevo Alexandro en la excelencia Del dar, que satisfizo todo quanto Puede mostrar real magnificencia: Colm de admiracion, llen de espanto. Entr en Madrid en trage de romero, Que es grangeria el parecer ser santo. Y desde lexos me quit el sombrero El famoso ACEVEDO, y dixo: Dio, Voi siate il ben venuto, cabaliero; So parlar Zenoese, & Tusco anchio. Y respondi: la vostra signoria Sia la ben trovata, patron mio. Top LUIS VELEZ, lustre y alegria, Y discrecion del trato cortesano, Y abracle en la calle medio dia. El pecho, el alma, el corazon, la mano Di PEDRO DE MORALES y un abrazo, Y alegre recebi JUSTINIANO. Al volver de una esquina sent un brazo Que el cuello me ceia, mir cuyo, Y mas que gusto me caus embarazo: Por ser uno de aquellos (no rehuyo Decirlo) que al contrario se pasaron, Llevados del cobarde intento suyo. Otros dos al del Layo se llegaron, Y con la risa falsa del conejo, Y con muchas zalemas me hablaron. Yo socarron, yo poeton ya viejo Volviles lo tierno las saludes, Sin mostrar mal talante, sobrecejo. No dudes, letor caro, no dudes, Sino que suele el disimulo veces Servir de aumento las demas virtudes. Dinoslo t, David, que aunque pareces Loco en poder de Aquis, de tu cordura, Fingiendo el loco, la grandeza ofreces. Dexlos esperando coyuntura Y ocasion mas secreta para dalles Vejamen de su miedo, su locura. Si encontraba poetas por las calles, Me ponia pensar, si eran de aquellos Huidos, y pasaba sin hablalles. Ponianseme yertos los cabellos De temor no encontrase algun poeta, De tantos que no pude conocellos; Que con pual buido, con secreta Almarada me hiciese un abugero Que fuese al corazon por via reta. Aunque no es este el premio que yo espero De la fama, que tantos he adquirido Con alma grata, y corazon sincero. Un cierto mancebito cuellierguido, En profesion poeta, y en el trage A mil leguas por Godo conocido: Lleno de presuncion y de corage Me dixo: bien s yo, seor Cervantes, Que puedo ser poeta, aunque soy page. Cargastes de poetas ignorantes, Y dexastesme m, que ver deseo Del Parnaso las fuentes elegantes. Que caducais sin duda alguna creo: Creo, no digo bien: mejor diria Que toco esta verdad, y que la veo. Otro, que al parecer de argenteria, De nacar, de cristal, de perlas y oro Sus infinitos versos componia, Me dixo bravo, qual corrido toro: No s yo para que nadie me puso En lista con tan barbaro decoro. Asi el discreto Apolo lo dispuso, A los dos respond, y en este hecho De ignorancia malicia no me acuso. Fuime con esto, y lleno de despecho Busqu mi antigua y lobrega posada, Y arrogme molido sobre el lecho: Que cansa quando es larga una jornada. ADJUNTA _AL PARNASO._ Algunos dias estuve reparandome de tan largo viage, al cabo de los quales sal ver y ser visto, y recebir parabienes de mis amigos, y malas vistas de mis enemigos, que puesto que pienso que no tengo ninguno, todavia no me aseguro de la comun suerte. Sucedi pues que saliendo una maana del monesterio de Atocha, se lleg m un mancebo al parecer de veinte y quatro aos, poco mas menos, todo limpio, todo aseado y todo crugiendo gorgoranes, pero con un cuello tan grande y tan almidonado, que cre que para llevarle fueran menester los hombros de otro Adlante. Hijos deste cuello eran dos puos chatos, que comenzando de las muecas, subian y trepaban por las canillas del brazo arriba, que parecia que iban dar asalto las barbas. No he visto yo yedra tan codiciosa de subir desde el pie de la muralla donde se arrima, hasta las almenas, como el ahinco que llevaban estos puos ir darse de puadas con los codos. Finalmente la exrbitancia del cuello y puos era tal, que en el cuello se escondia y sepultaba el rostro, y en los puos los brazos. Digo pues que el tal mancebo se lleg m, y con voz grave y reposada me dixo: es por ventura vm. el seor Miguel de Cervantes Saavedra, el que ha pocos dias que vino del Parnaso? A esta pregunta creo sin duda, que perd la color del rostro, porque en un instante imagin y dixe entre m: si es este alguno de los poetas que puse, dex de poner en mi Viage, y viene ahora darme el pago que l se imagina se me debe? Pero sacando fuerzas de flaqueza, le respond: yo, seor, soy el mesmo que vm. dice: qu es lo que se me manda? El luego en oyendo esto, abri los brazos, y me los ech al cuello, y sin duda me besra en la frente, si la grandeza del cuello no lo impidiera, y dixome: vm. seor Cervantes, me tenga por su servidor y por su amigo, porque ha muchos dias que le soy muy aficionado asi por sus obras, como por la fama de su apacible condicion. Oyendo lo qual respir, y los espiritus que andaban al borotados se sosegaron: y abrazandole yo tambien con recato de no ajarle el cuello, le dixe: yo no conozco vm. sino es para servirle; pero por las muestras bien se me trasluce que vm. es muy discreto y muy principal: calidades que obligan tener en veneracion la persona que las tiene. Con estas pasamos otras corteses razones, y anduvieron por alto los ofrecimientos, y de lance en lance me dixo: vm. sabr, seor Cervantes, que yo por la gracia de Apolo soy poeta, lo menos deseo serlo, y mi nombre es Pancracio de Roncesvalles. _Miguel_. Nunca tal creyera, si vm. no me lo hubiera dicho por su mesma boca. _Pancracio_. Pues porqu no lo creyera vm? _Mig_. Porque los poetas por marabilla andan tan atildados como vm. y es la causa, que como son de ingenio tan altaneros y remontados, antes atienden las cosas del espiritu, que las del cuerpo. Yo, seor, dixo l, soy mozo, soy rico, y soy enamorado: partes que deshacen en m la flogedad que infunde la poesia: por la mocedad tengo brio; con la riqueza con que mostrarle: y con el amor con que no parecer descuidado. Las tres partes del camino, le dixe yo, se tiene vm. andadas para llegar ser buen poeta. _Pan_. Quales son? _Mig_. La de la riqueza y la del amor. Porque los partos de los ingenios de la persona rica y enamorada son asombros de la avaricia, y estimulos de la liberalidad, y en el poeta pobre la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan los cuidados de buscar el ordinario sustento. Pero digame vm. por su vida: de qu suerte de menestra poetica gasta gusta mas? A lo que respondi: no entiendo eso de menestra poetica. _Mig_. Quiero decir que qu genero de poesia es vm. mas inclinado? al lirico, al heroico, al comico? A todos estilos me amao, respondi l; pero en el que mas me ocupo, es en el comico. _Mig_. Desa manera habr vm. compuesto algunas comedias. _Pan_. Muchas, pero solo una se ha representado. _Mig_. Pareci bien? _Pan_. Al vulgo no. _Mig_. Y los discretos? _Pan_. Tampoco. _Mig_. La causa? _Pan_. La causa fue, que la achacaron que era larga en los razonamientos, no muy pura en los versos, y desmayada en la invencion. Tachas son estas, respond yo, que pudieran hacer parecer mal las del mesmo Plauto. Y mas, dixo l, que no pudieron juzgalla, porque no la dexaron acabar segun la gritaron. Con todo esto la ech el autor para otro dia: pero porfiar, que porfiar: cinco personas vinieron apenas. Creame vm. dixe yo, que las comedias tienen dias, como algunas mugeres hermosas: y que esto de acertarlas bien, va tanto en la ventura, como en el ingenio: comedia he visto yo apedreada en Madrid, que la han laureado en Toledo: y no por esta primer desgracia dexe vm. de proseguir en componerlas, que podr ser que quando menos lo piense, acierte con alguna que le d credito y dineros. De los dineros no hago caso, respondi l; mas preciaria la fama, que quanto hay: porque es cosa de grandisimo gusto, y de no menos importancia ver salir mucha gente de la comedia, todos contentos, y estar el poeta que la compuso la puerta del teatro, recibiendo parabienes de todos. Sus descuentos tienen esas alegrias, le dixe yo, que tal vez suele ser la comedia tan pesima, que no hay quien alce los ojos mirar al poeta, ni aun l pra quatro calles del coliseo, ni aun los alzan los que la recitaron, avergonzados y corridos de haverse engaado y escogidola por buena. Y vm. seor Cervantes, dixo l, ha sido aficionado la caratula? ha compuesto alguna comedia? S, dixe yo: muchas, y no ser mias, me parecieran dignas de alabanza, como lo fueron: _Los Tratos de Argel: La Numancia: La gran Turquesca: La Batalla Naval: La Gerusalen: La Amaranta La del Mayo: El Bosque amoroso: La Unica y la vizarra Arsinda_, y otras muchas de que no me acuerdo; mas la que yo mas estimo, y de la que mas me precio, fue y es, de una llamada _La Confusa_, la qual, con paz sea dicho de quantas comedias de capa y espada hasta hoy se han representado, bien puede tener lugar sealado por buena entre las mejores. _Pan_. Y agora tiene vm. algunas? _Mig_. Seis tengo con otros seis entremeses. _Pan_. Pues porqu no se representan? _Mig_. Porque ni los autores me buscan, ni yo les voy buscar ellos. _Pan_. No deben de saber que vm. las tiene. _Mig_. S saben, pero como tienen sus poetas paniaguados, y les va bien con ellos, no buscan pan de trastrigo; pero yo pienso darlas la estampa, para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, no se entiende quando las representan; y las comedias tienen sus sazones y tiempos coma los cantares. Aqui llegabamos con nuestra platica, quando Pancracio puso la mano en el seno, y sac dl una carta con su cubierta, y besandola, me la puso en la mano: le el sobrescrito y vi que decia desta manera. A Miguel de Cervantes Saavedra, en la calle de las Huertas, frontero de las casas donde solia vivir el Principe de Marruecos, en Madrid. Al porte: medio real, digo diez y siete maraveds. Escandalizome el porte, y de la declaracion del medio real, digo diez y siete. Y volviendosela le dixe: estando yo en Valladolid llevaron una carta mi casa para m, con un real de porte: recibila y pag el porte una sobrina mia, que nunca ella le pagra; pero dime por disculpa, que muchas veces me havia oido decir que en tres cosas era bien gastado el dinero: en dar limosna, en pagar al buen medico, y en el porte de las cartas ora sean de amigos, de enemigos, que las de los amigos avisan, y de las de los enemigos se puede tomar algun indicio de sus pensamientos. Dieronmela, y venia en ella un soneto malo, desmayado, sin garbo, ni agudeza alguna, diciendo mal del Don Quixote, y de lo que me pes, fue del real, y propuse desde entonces de no tomar carta con porte: asi que, si vm. le quiere llevar desta, bien se la puede volver, que yo s que no me puede importar tanto como el medio real que se me pide. Riose muy de gana el seor Roncesvalles, y dixome: aunque soy poeta, no soy tan misero que me aficionen diez y siete maravedis. Advierta vm. seor Cervantes, que esta carta por lo menos es del mesmo Apolo: l la escribi no ha veinte dias en el Parnaso, y me la di para que vm. la diese. vm. la lea, que yo s que le ha de dar gusto. Har lo que vm. me manda, respond yo: pero quiero que antes de leerla, vm. me le haga de decirme, como, quando, y qu fue al Parnaso? Y l respondi: como fui, fue por mar, y en una fragata que yo y otros diez poetas fletamos en Bercelona: quando fui, fue seis dias despues de la batalla que se di entre los buenos y los malos poetas: a que fui, fue hallarme en ella por obligarme ello la profesion mia. A buen seguro, dixe yo, que fueron vms. bien recebidos del seor Apolo. _Pan_. S fuimos, aunque le hallamos muy ocupado l, y las seoras Pierides, arando y sembrando de sal todo aquel termino del campo donde se di la batalla. Preguntle para qu se hacia aquello, y respondime, que asi como de los dientes de la serpiente de Cadmo havian nacido hombres armados, y de cada cabeza cortada de la Hidra que mat Hercules, habian renacido otras siete, y de las gotas de la sangre de la cabeza de Medusa se havia llenado de serpientes toda la Libia; de la mesma manera de la sangre podrida de los malos poetas que en aquel sitio havian sido muertos, comenzaban nacer del tamao de ratones otros poetillas rateros, que llevaban camino de henchir toda la tierra de aquella mala simiente, y que por esto se araba aquel lugar, y se sembraba de sal, como si fuera casa de traidores. En oyendo esto, abri luego la carta, y vi que decia. APOLO DELFICO A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. SALUD. El seor Pancracio de Roncesvalles, llevador desta, dir vm. seor Miguel de Cervantes, en qu me hall ocupado el dia que lleg verme con sus amigos. Y yo digo, que estoy muy quejoso de la descortesia que conmigo se us en partirse vm. deste monte sin despedirse de m, ni de mis hijas, sabiendo quanto le soy aficionado, y las musas por el consiguiente; pero si se me d por disculpa que le llev el deseo de ver su Mecenas el gran conde de Lemos en las fiestas famosas de Napoles, yo la acepto y le perdono. Despues que vm. parti deste lugar, me han sucedido muchas desgracias, y me he visto en grandes aprietos, especialmente por consumir y acabar los poetas que iban naciendo de la sangre de los malos que aqui murieron, aunque ya, gracias al cielo y mi industria, este dao est remediado. No s si del ruido de la batalla, del vapor que arroj de s la tierra, empapada en la sangre de los contrarios, me han dado unos vaguidos de cabeza, que verdaderamente me tienen como tonto, y no acierto escribir cosa que sea de gusto, ni de provecho: asi, si vm. viere por all que algunos poetas, aunque sean de los mas famosos, escriben y componen impertinencias y cosas de poco fruto, no los culpe, ni los tenga en menos, sino que disimule con ellos; que pues yo que soy el padre y el inventor de la poesia, deliro y parezco mentecato, no es mucho que lo parezcan ellos. Envio vm. unos privilegios, ordenanzas y advertimientos, tocantes los poetas: vm. los haga guardar y cumplir al pie de la letra, que para todo ello doy vm. mi poder cumplido quanto de derecho se requiere. Entre los poetas que aqui vinieron con el seor Pancracio de Roncesvalles, se quejaron algunos de que no iban en la lista de los que Mercurio llev Espaa, y que asi vm. no los havia puesto en su Viage. Yo les dixe, que la culpa era mia y no de Vm. pero que el remedio deste dao estaba en que procurasen ellos ser famosos por sus obras, que ellas por s mismas les darian fama y claro renombre, sin andar mendigando agenas alabanzas. De mano en mano, si se ofreciere ocasion de mensagero, ire enviando mas privilegios, y avisando de lo que en este monte pasare. Vm. haga lo mesmo, avisandome de su salud, y de la de todos los amigos. Al famoso Vicente Espinel dar vm. mis encomiendas, como uno de los mas antiguos y verdaderos amigos que yo tengo. Si D. Francisco de Quevedo no huviere partido para venir Sicilia, donde le esperan, toquele vm. la mano, y digale que no dexe de llegar verme, pues estaremos tan cerca; que quando aqui vino, por la subita partida no tuve lugar de hablarle. Si vm. encontrare por all algun transfuga de los veinte que se pasaron al vando contrario, no les diga nada, ni los aflija, que harta mala ventura tienen, pues son como demonios, que se llevan la pena y la confusion con ellos mesmos, do quiera que vayan. Vm. tenga cuenta con su salud, y mire por s, y guardese de m, especialmente en los caniculares, que aunque le soy amigo, en tales dias no va en mi mano, ni miro en obligaciones, ni en amistades. Al seor Pancracio de Roncesvalles tengale vm. por amigo, y comuniquelo; y pues es rico no se le d nada que sea mal poeta. Y con esto nuestro seor guarde vm. como puede y yo deseo. Del Parnaso 22. de Julio, el dia que me calzo las espuelas para subirme sobre la Canicula, 1614. Servidor de Vm. _Apolo Lucido_ En acabando la Carta, vi que en un papel aparte venia escrito. _PRIVILEGIOS, ORDENANZAS, y advertencias, que Apolo envia los poetas Espaoles_. Es el primero, que algunos poetas sean conocidos tanto por el desalio de sus personas, como por la fama de sus versos. Item, que si algun poeta dixere que es pobre, sea luego creido por su simple palabra, sin otro juramento averiguacion alguna. Ordenase, que todo poeta sea de blanda y de suave condicion, y que no mire en puntos, aunque los traiga sueltos en sus medias. Item, que si algun poeta llegre casa de algun su amigo conocido, y estuviere comiendo y le convidare, que aunque l jure que ya ha comido, no se le crea en ninguna manera, sino que le hagan comer por fuerza, que en tal caso no se le hara muy grande. Item, que el mas pobre poeta del mundo, como no sea de los Adanes y Matusalenes, pueda decir que es enamorado, aunque no lo est, y poner el nombre su dama como mas le viniere cuento, ora llamandola Amarili, ora Anarda, ora Clori, ora Filis, ora Filida, ya Juana Tellez, como mas gustare, sin que desto se le pueda pedir ni pida razon alguna. Item, se ordena que todo poeta de qualquier calidad y condicion que sea, sea tenido y le tengan por hijodalgo en razon del generoso exercicio en que se ocupa, como son tenidos por cristianos viejos los nios que llaman de la piedra. Item, se advierte que ningun poeta sea osado de escribir versos en alabanzas de principes y seores, por ser mi intencion y advertida voluntad, que la lisonja ni la adulacion no atraviesen los umbrales de mi casa. Item, que todo poeta comico, que felizmente huviere sacado luz tres comedias, pueda entrar sin pagar en los teatros, si ya no fuere la limosna de la segunda puerta, y aun esta, si pudiese ser, la escuse. Item, se advierte que si algun poeta quisiere dar la estampa algun libro que l huviere compuesto, no se d entender que por dirigirle algun Monarca, el tal libro ha de ser estimado, porque si l no es bueno, no le adobar la direccion, aunque sea hecha al prior de Guadalupe. Item, se advierte que todo poeta no se desprecie de decir que lo es, que si fuere bueno, ser digno de alabanza, y si malo, no faltar quien lo alabe, que quando nace la escoba &c. Item, que todo buen poeta pueda disponer de m, y de lo que hay en el cielo su beneplacito: conviene saber, que los rayos de mi cabellera los pueda trasladar y aplicar los cabellos de su dama, y hacer dos soles sus ojos, que conmigo sern tres, y asi andar el mundo mas alumbrado; y de las estrellas, signos y planetas puede servirse de modo, que quando menos lo piense, la tenga hecha una esfera celeste. Item, que todo poeta quien sus versos le huvieren dado entender que lo es, se estime y tenga en mucho, ateniendose aquel refran: ruin sea el que por ruin se tiene. Item, se ordena que ningun poeta grave haga corrillo en lugares pblicos, recitando sus versos, que los que son buenos en las aulas de Atenas se havian de recitar, que no en las plazas. Item, se da por aviso particular que si alguna madre tuviere hijos pequeuelos, traviesos y llorones, los pueda amenazar y espantar con el coco, diciendoles: guardaos, nios, que viene el poeta fulano, que os echar con sus malos versos en la sima de Cabra, en el pozo Airon. Item, que los dias de ayuno no se entienda que los ha quebrantado el poeta que aquella maana se ha comido las uas al hacer de sus versos. Item, se ordena que todo poeta que diere en ser espadachin, valenton y arrojado, por aquella parte de la valentia se le desague y vaya la fama que podia alcanzar por sus buenos versos. Item, se advierte que no ha de ser tenido por ladron el poeta que hurtare algun verso ageno, y le encajare entre los suyos, como no sea todo el concepto y toda la copla entera, que en tal caso tan ladron es como Caco. Item, que todo buen poeta, aunque no haya compuesto poema heroico, ni sacado al teatro del mundo obras grandes, con qualesquiera aunque sean pocas pueda alcanzar renombre de Divino, como le alcanzaron Garci Laso de la Vega, Francisco de Figueroa, el capitan Francisco de Aldana, y Hernando de Herrera. Item, se da aviso que si algun poeta fuere favorecido de algun principe, ni le visite menudo, ni le pida nada, sino dexese llevar de la corriente de su ventura, que el que tiene providencia de sustentar las sabandijas de la tierra y los gusarapos del agua, la tendr de alimentar un poeta por sabandija que sea. En suma, estos fueron los privilegios, advertencias y ordenanzas que Apolo me envi, y el seor Pancracio de Roncesvalles me truxo, con quien quede en mucha amistad, y los dos quedamos de concierto de despachar un propio con la respuesta al seor Apolo, con las nuevas desta Corte. Darase noticia del dia para que todos sus aficionados le escriban. _LA NUMANCIA._ TRAGEDIA DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. INTERLOCUTORES. CIPION. JUGURTA. GAYO MARIO. DOS EMBAXADORES DE NUMANCIA. SOLDADOS ROMANOS. QUINTO FABIO. MAXIMO: _hermano de Cipion_. [Illustration:_Mar de la Cruz la invidib. J.J. Fabregat la grave._] JORNADA I. SCENA I. _Salen_ CIPION _y_ JUGURTA. CIPION. Esta dificil y pesada carga Que el senado Romano me ha encargado, Tanto me aprieta, me fatiga y carga, Que ya sale de quicio mi cuidado: Guerra de curso tan estrao y larga, Y que tantos Romanos ha costado, Quin no estar suspenso al acabarla, O quin no temer de renovarla? JUGURTA. Quin, Cipion? quien tiene la ventura Y el valor nunca visto, que en t encierras, Pues con ello y con l est segura La victoria y el triunfo destas guerras. CIPION. El esfuerzo regido con cordura Allana al suelo las mas altas sierras, Y la fuerza feroz de loca mano Aspero vuelve lo que est mas llano: Mas no hay que reprimir lo que veo. La furia del exercito presente, Que olvidado de gloria y de trofeo Yace embebido en la lascivia ardiente: Esto solo pretendo, esto deseo Volver nuevo trato nuestra gente, Que enmendado primero el que es amigo, Sujetar mas presto al enemigo. Mario? _Sale_ GAYO MARIO. GAYO MARIO. Seor? CIPION. Haz que noticia venga De todo nuestro exercito en un punto, Que sin que estorbo alguno le detenga Parezca en este sitio todo junto, Porque una breve platica arenga Les quiero hacer. GAYO MARIO. Harelo en este punto. CIPION. Camina, porque es bien que sepan todos Mis nuevas trazas y sus viejos modos. _Vase_ GAYO MARIO. JUGURTA. Ste decir, seor, que no hay soldado Que no te tema juntamente y te ame; Y porque ese valor tuyo estremado De Antartico Calisto se derrame, Cada qual con feroz animo osado, Quando la trompa la ocasin le llame, Piensa de hacer en tu servicio cosas Que pasen las hazaas fabulosas. CIPION. Primero es menester que se refrene El vicio que entre todos se derrama, Que si este no se quita, en nada tiene Con ellos que hacer la buena fama: Si este dao comn no se previene, Y se dexa arraigar su ardiente llama, El vicio solo puede hacernos guerra Mas que los enemigos desta tierra. _Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado recoger el atambor_. Manda nuestro General Que se recojan armados Luego todos los soldados En la plaza principal, Y que ninguno no quede De parecer esta vista, So pena que de la lista Al punto borrado quede. JUGURTA. No dudo yo, seor, sino que importa Regir con duro freno la milicia, Y que se d al soldado rienda corta Quando l se precipita en la injusticia: La fuerza del exercito se acorta Quando va sin arrimo de justicia, Aunque mas le acompaen montones Mil pintadas vanderas y esquadrones. _A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y_ GAYO MARIO, _armados la antigua, sin arcabuces, y_ CIPION _se sube sobre una peuela que est en el tablado, y mirando los soldados, dice:_ CIPION. En el fiero ademan, en los lozanos Marciales aderezos y vistosos Bien os conozco, amigos, por Romanos; Romanos digo, fuertes y animosos; Mas en las blancas delicadas manos Y en las teces de rostros tan lustrosos All en Bretaa pareceis criados, Y de padres Flamencos engendrados. El general descuido vuestro, amigos, El no mirar por lo que tanto os toca, Levanta los caidos enemigos, Y vuestro esfuezo y opinion apoca. Desta ciudad los muros son testigos Que aun hoy estn qual bien fundada roca, De vuestras perezosas fuerzas vanas, Que solo el nombre tienen de Romanas. Pareceos, hijos, que es gentil hazaa Que tiemble del Romano nombre el mundo, Y que vosotros solos en Espaa Le aniquileis y echeis en el profundo? Qu floxedad es esta tan estraa? Qu floxedad? si mal yo no me fundo, Es floxedad nacida de pereza, Enemiga mortal de fortaleza. La blanda Venus con el duro Marte Jamas hacen durable ayuntamiento: Ella regalos sigue, l sigue el arte Que incita daos, y furor sangriento: La Cipria diosa estese agora parte, Dexe su hijo nuestro aloxamiento: Que mal se aloxa en las marciales tiendas Quien gusta de banquetes y meriendas. Pensais que solo atierra la muralla El ariete de ferrada punta, Y que solo atropella la batalla La multitud de gente y armas junta? Si el esfuerzo y cordura no se halla Que todo lo previene y lo barrunta, Poco aprovechan muchos esquadrones, Y menos infinitas municiones. Si militar concierto se reduce Qualquier pequeo exercito que sea, Vereis que como sol claro reluce, Y alcanza las victorias que desea: Pero si floxedad l se conduce, Aunque abreviado el mundo en l se vea, En un momento quedar deshecho Por mas reglada mano y fuerte pecho. Averguenceos, varones esforzados, Ver que nuestro pesar con arrogancia Tan pocos Espaoles y encerrados Defiendan este nido de Numancia. Diez y seis aos son y mas pasados, Que mantienen la guerra y la jactancia De haver vencido con feroces manos Millares de millares de Romanos. Vosotros os venceis, que estais vencidos Del baxo antojo femenil liviano, Con Venus y con Baco entretenidos, Sin que las armas estendais la mano. Correos agora, sino estais corridos, De ver que este pequeo pueblo Hispano Contra el poder Romano se defienda, Y quando mas rendido, mas ofenda. De nuestro campo quiero en todo caso Que salgan las infames meretrices, Que de ser reducidos este paso Ellas solas han sido las raices. Para beber no quede mas de un vaso, Y los lechos un tiempo ya felices, Llenos de concubinas, se deshagan, Y de fagina y en el suelo se hagan. No me huela el soldado otros olores, Que al olor de la pez y de resina, Ni por gulosidad de los sabores Traiga aparato alguno de cocina, Que el que busca en la guerra estos primores, Muy mal podr sufrir la corazina: No quiero otro primor ni otra fragrancia En tanto que Espaol viva en Numancia. No os parezca, varones, escabroso Ni duro este mi justo mandamiento, Que al fin conocereis ser provechoso, Quando aquel consigais de vuestro intento. Bien s se os ha de hacer dificultoso Dar vuestras costumbres nuevo asiento; Mas sino las mudais, estar firme La guerra, que esta afrenta mas confirme. En blandas camas, entre juego y vino Hallase mal el trabajoso Marte; Otro aparejo busca, otro camino, Otros brazos levantan su estandarte; Cada qual se fabrica su destino; No tiene aqui fortuna alguna parte; La pereza fortuna baxa cria, La diligencia imperio y monarquia. Estoy con todo esto tan seguro De que al fin mostrareis que sois Romanos, Que tengo en nada el defendido muro Destos rebeldes barbaros Hispanos, Y asi os prometo por mi diestra y juro Que si igualais al animo las manos, Que las mias se alarguen en pagaros, Y mi lengua tambien en alabaros. _Miranse los soldados unos otros, y hacen seas uno de ellos_, GAYO MARIO, _que responda por todos, y asi dice:_ GAYO MARIO. Si con atentos ojos has mirado, Inclito General, en los semblantes Que tus breves razones han mostrado Los que tienes agora circunstantes, Qual havreis visto sin color, turbado, Y qual con ella, indicios bien bastantes De que el temor y la verguenza una Los aflixe, molesta, importuna: Verguenza de mirarse reducidos A terminos tan baxos por su culpa, Que viendo ser por t reprehendidos No saben su falta hallar disculpa: Temor de tantos yerros cometidos; Y la torpe pereza que los culpa, Los tiene de tal modo, que se holgaran Antes morir que en esto se hallaran. Pero el lugar y tiempo que les queda Para mostrar alguna recompensa, Es causa que con menos fuerza pueda Fatigar el rigor de tal ofensa: De hoy mas con presta voluntad y leda El mas minimo de estos cuida y piensa De ofrecer sin reves tu servicio La hacienda, vida y honra en sacrificio. Admite pues de sus intentos sanos El justo ofrecimiento, seor mio, Y considera alfin que son Romanos, En quien nunca falt del todo el brio. Vosotros, levantad las diestras manos En seas que aprobais el voto mio. SOLDADOS. Todo lo que aqui has dicho confirmamos, Y lo juramos. TODOS. S juramos. CIPION. Pues arrimada tal ofrecimiento Crecer desde hoy mas mi confianza, Creciendo en vuestros pechos ardimiento, Y del viejo vivir nueva mudanza; Vuestras promesas no se lleve el viento, Hacedlas verdaderas con la lanza, Que las mias saldran tan verdaderas Quanto fuere el valor de vuestras veras. SOLDADO. Dos Numantinos con seguro vienen A darte, Cipion, una embaxada. CIPION. Porqu no llegan ya? en qu se detienen? SOLDADO. Esperan que licencia les sea dada. CIPION. Si son embaxadores, ya la tienen. SOLDADO. Embaxadores son. CIPION. Dales entrada, Que aunque descubra cierto falso pecho El enemigo, siempre es de provecho. Jamas la falsedad vino cubierta Tanto con la verdad, que no mostrase Algun pequeo indicio, alguna puerta Por donde su maldad se investigase: Oir al enemigo es cosa cierta Que siempre aprovech, antes que daase, Y en las cosas de guerra la experiencia Muestra que lo que digo, es cierta ciencia. _Entran dos Embaxadores Numantinos_, PRIMERO _y_ SEGUNDO. PRIMERO. Si nos das, buen seor, grata licencia De decir la embaxada que traemos, Do estamos, ante sola tu presencia, Todo lo que venimos te diremos. CIPION. Decid, que donde quiera doy audiencia. PRIMERO. Pues con ese seguro que tenemos, De tu real grandeza concedido, Dare principio lo que soy venido. Numancia, de quien yo soy ciudadano, Inclito General, t me envia Como al mas fuerte Cipion Romano, Que ha cubierto la noche, visto el dia, A pedirte, seor, la amiga mano En seal de que cesa la porfia Tan trabada y cruel de tantos aos, Que ha causado sus propios y tus daos. Dice que nunca de la ley y fueros Del Romano senado se apartra, Si el insufrible mando y desafueros De un consul y otro no la fatigra: Ellos con duros estatutos fieros Y con su estrecha condicion avara Pusieron tan gran yugo nuestros cuellos, Que forzados salimos dl y de ellos, Y en todo el largo tiempo que ha durado Entre ambas partes la contienda, es cierto Que ningun General hemos hallado Con quien poder tratar de algun concierto. Empero agora, que ha querido el hado Reducir nuestra nave tan buen puerto, Las velas de la guerra recojemos, Y qualquiera partido nos ponemos. Y no imagines que temor nos lleva A pedirte las paces con instancia, Pues la larga experiencia ha dado prueba Del poder valeroso de Numancia: Tu virtud y valor es quien nos ceba, Y nos declara que ser ganancia Mayor de quantas desear podremos Si por seor y amigo te tenemos. A esto ha sido la venida nuestra: Respondenos, seor, lo que te place. CIPION. Tarde de arrepentidos dais la muestra, Poco vuestra amistad me satisface, De nuevo ejercitad la fuerte diestra, Que quiero ver lo que la mia hace, Ya que ha puesto en ella la ventura La gloria mia, y vuestra desventura: A desverguenza de tan largos aos Es poca recompensa pedir paces: Seguid la guerra, renovad los daos, Salgan de nuevo las valientes haces. EMBAXADOR SEGUNDO. La falsa confianza mil engaos Consigo trae: advierte lo que haces, Seor, que esa arrogancia que nos muestras, Renovar el valor en nuestras diestras; Y pues niegas la paz, que con buen zelo Te ha sido por nosotros demandada, De hoy mas la causa nuestra con el cielo Quedar por mejor calificada, Y antes que pises de Numancia el suelo, Probars do se estiende la indignada Furia de aquel que siendote enemigo, Quiere serte vasallo y fiel amigo. CIPION. Teneis mas que decir? PRIMERO. No: mas tenemos Que hacer, pues tu, seor, ansi lo quieres, Sin querer la amistad que te ofrecemos, Correspondiendo mal ser quien eres. Pero entonces vers lo que podemos, Quando nos muestres tu lo que pudieres: Que es una cosa razonar de paces, Y otra romper por las armadas haces. CIPION. Verdad dices, y ansi para mostraros Si s tratar en paz, y obrar en guerra, No quiero por amigos aceptaros, Ni lo ser jamas de vuestra tierra, Y con esto podeis luego tornaros. SEGUNDO. Que en esto tu querer, seor, se encierra? CIPION. Ya he dicho que s. SEGUNDO. Pues ss al hecho: Que guerras ama el Numantino pecho. _Salense los Embaxadores y_ QUINTO FABIO, _hermano de_ CIPION _dice_. El descuido pasado nuestro ha sido El que os hace hablar de aquesa suerte; Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido, Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte: CIPION. El vano blasonar no es admitido De pecho valeroso, honrado y fuerte, Templa las amenazas, Fabio, y calla, Y tu valor descubre en la batalla, Aunque yo pienso hacer que el Numantino Nunca las manos con nosotros venga Buscando de vencerle tal camino, Que mas mi provecho le convenga: Yo har que abaxe el brio y pierda el tino, Y que en s mesmo su furor detenga. Pienso de un hondo foso rodeallos, Y por hambre insufrible subjetallos: No quiero ya que sangre de Romanos Colore mas el suelo desta tierra: Basta la que han vertido estos Hispanos En tan larga, reida, y cruda guerra: Exercitense agora vuestras manos En romper y cabar la dura tierra, Y cubranse de polvo los amigos Que no lo estan de sangre de enemigos: No quede de este oficio reservado Ninguno que le tenga preminente: Trabaje el decurion como el soldado, Y no se muestre en esto diferente: Yo mismo tomare el hierro pesado, Y romper la tierra facilmente. Haced todos qual yo, y vereis que hago Tal obra con que todos satisfago. QUINTO FABIO. Valeroso seor y hermano mio, Bien nos muestras en esto tu cordura, Pues fuera conocido desvario Y temeraria muestra de locura, Pelear contra el loco airado brio Destos desesperados sin ventura: Mejor ser encerrallos, como dices, Y quitarles al brio las raices. Bien puede la ciudad toda cercarse, Sino es la parte por do el rio la baa. CIPION. Vamos, y venga luego efectuarse Esta mi nueva poco usada hazaa, Y si en nuestro favor quiere mostrarse El cielo, quedar subjeta Espaa Al senado Romano solamente Con vencer la soberbia de esta gente. SCENA II. _Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la mano, la qual significa_ ESPAA, _y dice:_ ESPAA. Alto, sereno, y espacioso cielo, Que con tus influencias enriqueces La parte que es mayor desde mi suelo, Y sobre muchos otros le engrandeces, Muevate compasion mi amargo duelo, Y pues al afligido favoreces, Favoreceme m en ansia tamaa, Que soy la sola desdichada Espaa. Bastete ya que un tiempo me tuviste Todos mis fuertes miembros abrasados, Y al sol por mis entraas descubriste El reyno escuro de los condenados: A mil tiranos, mil riquezas diste, A Fenices y Griegos entregados Mis reynos fueron, porque tu has querido, O porque mi maldad lo ha merecido. Ser posible que contino sea Esclava de naciones estrangeras, Y que un pequeo tiempo yo no vea De libertad, tendidas mis banderas? Con justisimo titulo se emplea En m el rigor de tantas penas fieras, Pues mis famosos hijos y valientes Andan entre s mesmos diferentes. Jamas en su provecho concertaron Los divididos animos briosos, Antes entonces mas los apartaron Quando se vieron mas menesterosos; Y ansi con sus discordias convidaron Los barbaros de pechos codiciosos A venir y entregarse en mis riquezas, Usando en m y en ellos mil cruezas. Sola Numancia es la que sola ha sido Quien la luciente espada sac fuera, Y costa de su sangre ha mantenido La amada libertad suya primera: Mas ay! que veo el termino cumplido, Y llegada la hora postrimera Do acabar su vida y no su fama, Qual Fenix renovandose en la llama! Estos tan muchos timidos Romanos, Que buscan de vencer cien mil caminos, Rehuyen de venir mas las manos Con los pocos valientes Numantinos. O si saliesen sus intentos vanos, Y fuesen sus quimeras desatinos, Y esta pequea tierra de Numancia, Sacase de su perdida ganancia! Mas ay! que el enemigo la ha cercado No solo con las armas contrapuestas Al flaco muro suyo, mas ha obrado Con diligencia estraa y manos prestas, Que un foso por la margen trincheado Rodea la ciudad por llano y cuestas; Sola la parte por do el rio se estiende, De este ardid nunca visto se defiende. Ansi estan encogidos y encerrados Los tristes Numantinos en sus muros; Ni ellos pueden salir ni ser entrados, Y estan de los asaltos bien seguros; Pero en solo mirar que estn privados De exercitar sus fuertes brazos duros, Con horrendos acentos y feroces La guerra piden la muerte voces. Y pues sola la parte por do corre Y toca la ciudad el ancho Duero, Es aquella que ayuda y que socorre En algo al Numantino prisionero, Antes que alguna maquina gran torre En sus aguas se funde, rogar quiero Al caudaloso conocido rio, En lo que puede ayude el pueblo mio. Duero gentil, que con torcidas vueltas Humedeces gran parte de mi seno, Ansi en tus aguas siempre veas envueltas Arenas de oro qual el Tajo ameno, Y ansi las ninfas fugitivas sueltas, De que est el verde prado y bosque lleno, Vengan humildes tus aguas claras, Y en prestarte favor no sean avaras, Que prestes mis asperos lamentos Atento oido, que escucharlos vengas, Y aunque dexes un rato tus contentos, Suplicote que en nada te detengas: Si t con tus continos crecimientos Destos fieros Romanos no me vengas, Cerrado veo ya qualquier camino A la salud del pueblo Numantino. _Sale el_ RIO DUERO _con otros muchachos vestidos de rio como l, que son tres riachuelos que entran en_ DUERO. DUERO. Madre y querida Espaa, rato havia Que hirieron mis oidos tus querellas, Y si en salir ac me detenia Fue por no poder dar remedio ellas. El fatal, miserable, y triste dia Segun el disponer de las estrellas Se llega de Numancia, y cierto temo Que no hay dar medio su dolor extremo. Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera Cuyas aguas las mias acrecientan, He llenado mi seno en tal manera, Que los usados margenes rebientan; Mas sin temor de mi veloz carrera, Qual si fuera un arroyo, veo que intentan De hacer lo que t, Espaa, nunca veas, Sobre mis aguas, torres y trincheas. Mas ya que el revolver del duro hado Tenga el ultimo fin estatuido Deste tu pueblo Numantino amado, Pues terminos tales ha venido, Un consuelo le queda en este estado, Que no podran las sombras del olvido Escurecer el sol de sus hazaas, En toda edad temidas por estraas. Y puesto que el feroz Romano tiende El paso agora por tu fertil suelo, Y que te oprime aqui, y alli te ofende Con arrogante y ambicioso zelo, Tiempo vendr, segun que ansi lo entiende El saber que Proteo ha dado el cielo, Que esos Romanos sean oprimidos Por los que agora tienen abatidos. De remotas naciones venir veo Gentes que habitarn tu dulce seno Despues que como quiere tu deseo Havrn los Romanos puesto freno: Godos sern, que con vistoso arreo, Dexando de su fama el mundo lleno, Vendrn recogerse en tus entraas, Dando de nuevo vida sus hazaas. Estas injurias vengar la mano Del fiero Atila en tiempos venideros, Poniendo al pueblo tan feroz Romano Sujeto obedecer todos sus fueros, Y portillos abriendo en Vaticano: Tus bravos hijos, y otros estrangeros Harn que para huir vuelva la planta El gran Piloto de la nave santa. Y tambien vendr tiempo en que se mire Estar blandiendo el Espaol cuchillo Sobre el cuello Romano, y que respire Solo por la bondad de su caudillo El grande Albano: har que se retire El Espaol exercito; sencillo No de valor, sino de poca gente, Que iguala al mayor numero en valiente. Y quando fuere ya mas conocido El propio hacedor de tierra y cielo, Aquel que ha de quedar estatuido Por visorrey de Dios en todo el suelo, A tus Reyes dar tal apellido, Qual viere que mas quadra con su zelo: Catolicos sern llamados todos, Succesion digna de los fuertes Godos. Pero el que mas levantar la mano En honra tuya y general contento, Haciendo que el valor del nombre Hispano Tenga entre todos el mejor asiento, Un Rey ser, de cuyo intento sano Grandes cosas me muestra el pensamiento: Ser llamado, siendo suyo el mundo, El Segundo Filipo sin segundo. Debaxo deste imperio tan dichoso Sern una corona reducidos Por bien universal y tu reposo Tres reynos hasta entonces divididos: El giron Lusitano tan famoso Que un tiempo se cort de los vestidos De la ilustre Castilla, ha de zurcirse De nuevo, y su estado antiguo unirse. Qu invidia, y qu temor, Espaa amada, Te tendrn las naciones estrangeras, En quien tu teirs tu aguda espada, Y tenders triunfando tus banderas! Sirvate esto de alivio en la pesada Ocasion, por quien lloras tan de veras, Pues no puede faltar lo que ordenado Ya tiene de Numancia el duro hado. ESPAA. Tus razones alivio han dado en parte, Famoso Duero, las pasiones mias, Solo porque imagino que no hay parte De engao alguno en estas profecias. DUERO. Bien puedes de eso, Espaa, asegurarte, Puesto que tarden tan dichosos dias, Y Dios, porque me esperan ya mis Ninfas. ESPAA. El cielo aumente tus sabrosas linfas. JORNADA II. SCENA I. INTERLOCUTORES TEOGENES, _y_ CORABINO, _con otros quatro Numantinos, Gobernadores de Numancia, y_ MARQUINO, _hechicero, y un_ CUERPO MUERTO, _que saldr su tiempo. Sientanse consejo, y los quatro Numantinos que no tienen nombres, se sealan asi_: PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO. TEOGENES. Pareceme, varones esforzados, Que en nuestros daos con rigor influyen Los tristes signos y contrarios hados, Pues nuestra fuerza y maa desminuyen: Tienennos los Romanos encerrados, Y con cobardes maas nos destruyen, Ni con matar muriendo no hay vengarnos, Ni podemos sin alas escaparnos. Y no solo vencernos se despiertan Los que havemos vencido veces tantas, Que tambien Espaoles se conciertan Con ellos segar nuestras gargantas. Tan gran maldad los cielos no consientan; Con rayos hieran las ligeras plantas Que se mueven en dao del amigo, Favoreciendo al perfido enemigo. Mirad si imaginais algn remedio Para salir de tanta desventura, Porque este largo y trabajoso asedio Solo promete presta sepultura. El ancho foso nos estorva el medio De probar con las armas la ventura, Aunque veces valientes, fuertes brazos, Rompen mil contrapuestos embarazos. CORABINO A Jupiter pluguiera soberano Que nuestra juventud sola se viera Con todo el bravo exercito Romano A donde el brazo rodear pudiera! Que alli el valor de la Espaola mano La mesma muerte poco estorvo fuera Para dexar de abrir ancho camino A la salud del pueblo Numantino. Mas pues en tales terminos nos vemos, Que estamos como damas encerrados, Hagamos todo quanto hacer podremos Para mostrar los animos osados: A nuestros enemigos convidemos A singular batalla, que cansados De este cerco tan largo, ser podra Quisiesen acabarle por tal via. Y quando este remedio no suceda A la justa medida del deseo, Otro camino de intentar nos queda, Aunque mas trabajoso lo que creo: Este foso y muralla que nos veda El paso al enemigo que alli veo, En un tropel de noche le rompamos Y por ayuda los amigos vamos. NUMANTINO PRIMERO. O sea por el foso por la muerte De abrir tenemos paso nuestra vida; Que es dolor insufrible el de la muerte, Si llega quando mas vive la vida; Remedio las miserias es la muerte, Si se acrecientan ellas con la vida, Y suele tanto mas ser excelente, Quanto se muere mas honradamente. SEGUNDO. Con qu mas honra pueden apartarse De nuestros cuerpos estas almas nuestras Que en las Romanas armas arrojarse Y en su dao mover las fuertes diestras? En la ciudad podr muy bien quedarse Quien gusta de cobarde dar las muestras, Que yo mi gusto pongo en quedar muerto En el cerrado foso campo abierto. TERCERO. Esta insufrible hambre macilenta Que tanto nos persigue y nos rodea, Hacen que en vuestro parecer consienta, Puesto que temerario y duro sea, Muriendo, escusaremos tanta afrenta; Mas quien morir de hambre no desea, Arrojese conmigo al foso, y haga Camino su remedio con la daga. QUARTO. Primero que vengais al trance duro Desta resolucion que haveis tomado, Pareceme ser bien, que desde el muro Nuestro fiero enemigo sea avisado, Diciendole que d campo seguro A un Numantino, y otro su soldado, Y que la muerte de uno sea sentencia Que acabe nuestra antigua diferencia. Son los Romanos tan soberbia gente, Que luego aceptarn este partido, Y si lo aceptan, creo firmemente Que nuestro amargo dao ha fenecido, Pues est Corabino aqui presente, Cuyo valor me tiene persuadido Que l solo contra tres bravos Romanos Quitar la victoria de las manos. Tambien ser acertado, que Marquino, Pues es un agorero tan famoso, Mire qu estrella, qu planeta signo Nos amenaza muerte, fin honroso, Y si puede hallar algun camino Que nos pueda mostrar si del dudoso Cerco cruel, do estamos oprimidos, Saldremos vencedores vencidos. Tambien primero encargo que se haga A Jupiter solene sacrificio, De quien podremos esperar la paga Harto mayor que nuestro beneficio; Curese luego la profunda llaga Del arraigado acostumbrado vicio, Quiza con esto mudar de intento El hado esquivo, y nos dar contento. Para morir jamas le falta tiempo Al que quiere morir desesperado: Siempre seremos sazon y tiempo Para mostrar muriendo el pecho osado, Mas porque no se pase en valde el tiempo, Mirad si os cuadra lo que aqui he ordenado, Y sino os pareciere, dad un modo Que mejor venga, y que convenga todo. MARQUINO. Esa razon que muestran tus razones, Es aprobada del intento mio, Haganse sacrificios y oblaciones, Y pongase en efecto el desafio: Que yo no perder las ocasiones De mostrar de mi ciencia el poderio: Yo sacar del hondo centro escuro Quien nos declare el bien el mal futuro. TEOGENES. Yo desde aqu me ofrezco, si os parece Que puede de mi esfuerzo algo fiarse, De salir este duelo que se ofrece, Si por ventura viene efectuarse. CORABINO. Mas honra tu valor raro merece, Bien pueden de tu esfuerzo confiarse Mas dificiles cosas y mayores, Por ser el que es mejor de los mejores; Y pues t ocupas el lugar primero De la honra y valor con causa justa, Yo que en todo me cuento por postrero, Quiero ser el Haraldo desta justa. PRIMERO. Pues yo con todo el pueblo me prefiero Hacer de lo que Jupiter mas gusta, Que son los sacrificios y oraciones, Si van con enmendados corazones. SEGUNDO. Vamonos, y con presta diligencia Hagamos quanto aqui propuesto havemos, Antes que la pestifera dolencia De la hambre nos ponga en los extremos. TERCERO. Si tiene el cielo dada la sentencia De que en este rigor fiero acabemos, Revoquela, si acaso la merece La justa enmienda que Numancia ofrece. SCENA II. _Salen primero dos Soldados Numantinos_ MORANDRO, _y_ LEONCIO. LEONCIO. Morandro amigo, do vas, O cia do mueves el pie? MORANDRO. Si yo mismo no lo s, Tampoco tu lo sabras. LEONCIO. Cmo te saca de seso Tu amoroso pensamiento? MORANDRO. Antes despues que le siento Tengo mas razon y peso. LEONCIO. Eso ya est averiguado Que el que sirviere al amor, Ha de ser por su dolor Con razon muy mas pesado. MORANDRO. De malicia de agudeza No escapa lo que dixiste. LEONCIO. Tu mi agudeza entendiste, Mas yo entiendo tu simpleza. MORANDRO. Qu, soy simple en querer bien? LEONCIO. S, si ya el querer no se mide, Como la razon lo pide, Con quando, como, y quien. MORANDRO. Reglas quies poner amor? LEONCIO. La razon puede ponellas. MORANDRO. Razonables sern ellas, Mas no de mucho primor. LEONCIO. En la amorosa porfia A razon no hay conocella. MORANDRO. Amor no va contra ella Aunque de ella se desvia. LEONCIO No es ya contra la razon, Siendo t tan buen soldado, Andar tan enamorado En esta estrecha ocasion? Al tiempo que del dios Marte Has de pedir el furor, Te entretienes con amor, Que mil blanduras reparte? Ves la patria consumida, Y de enemigos cercada, Y tu memoria turbada Por amor de ella se olvida? MORANDRO. En ira mi pecho se arde Por verte hablar sin cordura: Hizo el amor por ventura A ningun pecho cobarde? Dexo yo la centinela Por ir donde est mi dama? O estoy durmiendo en la cama Quando mi capitan vela? Hasme tu visto faltar De lo que debo mi oficio, Por algun regalo vicio, Ni menos por bien amar? Y si nada me has hallado De que deba dar disculpa, Porqu me das tanta culpa De que sea enamorado? Y si de conversacion Me ves que ando siempre ageno, Mete la mano en tu seno, Veras si tengo razon. No sabes los muchos aos Que tras Lira ando perdido? No sabes que era venido El fin de mis tristes daos, Porque su padre ordenaba De darmela por muger, Y que Lira su querer Con el mio concertaba? Tambien sabes que lleg En tan dulce coyuntura Esta fuerte guerra dura, Por quien mi gloria ces. Dilatose el casamiento Hasta acabar esta guerra, Porque no est nuestra tierra Para fiestas y contento. Mira quan poca esperanza Puedo tener de mi gloria, Pues est nuestra victoria Toda en la enemiga lanza. De la hambre fatigados, Sin medio de algun remedio, Tal muralla y foso en medio, Pocos, y esos encerrados. Pues como veo llevar Mis esperanzas del viento, Ando triste y descontento Ansi qual me ves andar. LEONCIO. Sosiega, Morandro, el pecho, Vuelve al brio que tenias, Quiz por ocultas vias Se ordena nuestro provecho: Que Jupiter soberano Nos descubrir camino, Por do el pueblo Numantino Quede libre del Romano; Y en dulce paz y sosiego De tu esposa gozars, Y las llamas templars Deste tu amoroso fuego, Que para tener propicio Al gran Jupiter tonante, Hoy Numancia en este instante Le quiere hacer sacrificio. Ya el pueblo viene y se muestra Con las victimas incienso. O Jupiter, padre imenso! Mira la miseria nuestra. _Han de salir agora dos Numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y traen asido de los cuernos en medio de entrambos un carnero grande, coronado de oliva yedra, y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla al hombro, otro con un jarro de plata lleno de agua, otro con otro lleno de vino, otro con otro plato de plata con un poco de incienso, otro con fuego y lea, otro que ponga una mesa con un tapete, donde se ponga todo esto, y salgan en esta scena todos los que huviere en la comedia en habito de Numantinos, y luego los sacerdotes, y dexando el uno el carnero de la mano, diga:_ SACERDOTE PRIMERO. Seales ciertas de dolores ciertos Se me han representado en el camino, Y los canos cabellos tengo yertos. SACERDOTE SEGUNDO. Si acaso yo no soy mal adevino, Nunca con bien saldremos desta impresa. Ay desdichado pueblo Numantino! PRIMERO. Hagamos nuestro oficio con la priesa Que nos incitan los agueros tristes. SEGUNDO. Poned, amigos, acia aqui esa mesa, El vino, encienso y agua, que trugistes, Poneldo encima, y apartaos afuera, y arrepentios de quanto mal hicistes, Que la oblacion mejor y la primera Que se debe ofrecer al alto cielo, Es alma limpia y voluntad sincera. PRIMERO. El fuego no le hagais, vos, en el suelo, Que aqui viene brasero para ello, Que ansi lo pide el religioso zelo. SEGUNDO. Lavaos las manos, y limpiaos el cuello. PRIMERO. Dad aca el agua: el fuego no se enciende? UNO. No hay quien pueda, seores, encendello? SEGUNDO. O Jupiter! qu es esto que pretende De hacer en nuestro dao el hado esquivo? Cmo el fuego en la tea no se enciende? UNO. Ya parece, seor, que est algo vivo. PRIMERO. Qutate afuera, flaca llama escura, Que dolor en mirarte ansi, recibo. No miras como el humo se apresura A caminar al lado del Poniente, Y la amarilla llama mal sigura Sus puntas encamina acia el Oriente? Desdichada seal, seal notoria Que nuestro mal y dao est presente. SEGUNDO. Aunque lleven Romanos la victoria De nuestra muerte, en humo ha de tornarse Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria. PRIMERO. Pues debe con el vino rociarse El sacro fuego, dad aca ese vino, Y el incienso tambien que ha de quemarse. _Rocian el fuego, y la redonda con el vino, y luego ponen el incienso en el fuego, y dice el_ SEGUNDO. Al bien del triste pueblo Numantino Endereza, gran Jupiter, la fuerza Propicia, del contrario amargo signo. PRIMERO. Ansi como este ardiente fuego fuerza A que en humo se vaya el sacro incienso, Ansi se haga al enemigo fuerza, Para que en humo eterno, padre inmenso, Todo su bien, toda su gloria vaya, Ansi como tu puedes, y yo pienso. SEGUNDO. Tengan los cielos su poder raya Ansi como esta victima tenemos, Y lo que ella ha de haber, l tambien haya. PRIMERO. Mal responde el aguero, mal podremos Ofrecer esperanza al pueblo triste, Para salir del mal que poseemos. _Hagase ruido debaxo del tablado con un barril lleno de piedras, y disparese un cohete volador._ SEGUNDO. No oyes un ruido, amigo? viste El rayo ardiente que pas volando? Presago verdadero desto fuiste. PRIMERO. Turbado estoy, de miedo estoy temblando, O qu seales en el ayre veo! Qu amargo fin nos van pronosticando! No ves un esquadron airado y feo De unas aguilas fieras, que pelean Con otras aves en marcial rodeo? SEGUNDO. Solo su esfuerzo y su rigor emplean En encerrar las aves en un cabo, Y con astucia y arte las rodean. PRIMERO. Tal seal vitupero, y no la alabo, Aguilas imperiales vencedoras: Tu vers de Numancia presto el cabo. SEGUNDO. Aguilas, de gran mal anunciadoras, Partios, que ya el aguero vuestro entiendo, Ya el efecto, contadas son las horas. PRIMERO. Con todo, el sacrificio hacer pretendo Desta inocente victima, guardada Para aplacar el dios del rostro horrendo. O gran Pluton, quien por suerte dada Le fue la habitacion del reyno oscuro, Y el mando en la infernal triste morada, Ansi vivas en paz, cierto y seguro De que la hija de la sacra Ceres Corresponde tu amor con amor puro, Que en todo aquello que en provecho vieres Venir del pueblo triste que te invoca, Lo allegues, qual se espera de quien eres; Atapa la profunda escura boca Por do salen las tres fieras hermanas, A hacernos el dao que nos toca, Y sean de daarnos tan livianas _Quite algunos pelos al carnero y echelos al ayre_. Sus intenciones, que las lleve el viento: Y ansi como yo bao y ensangriento Este cuchillo en esta sangre pura Con alma limpia y limpio pensamiento, Ansi la tierra de Numancia dura Se bae con la sangre de Romanos, Y aun les sirva tambien de sepultura. _Aqui ha de salir por los huecos del tablado un demonio hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero, y meterle dentro, y tornar luego salir, y derramar y esparcir el fuego, y todos los sacrificios_. Mas quien me ha arrebatado de las manos La victima? qu es esto, dioses santos? Qu prodigios son estos tan insanos? No os han enternecido ya los llantos Deste pueblo lloroso y afligido, Ni la sagrada voz de nuestros cantos? SEGUNDO. Antes creo que se han endurecido, Qual se puede inferir de las seales Tan fieras como aqui han acontecido; Nuestros vivos remedios son mortales, Toda es nuestra pereza diligencia, Y los bienes agenos nuestros males. UNO DEL PUEBLO. Enfin, dado han los cielos la sentencia De nuestro fin amargo y miserable, No nos quiere valer ya su clemencia. OTRO. Lloremos pues en son tan lamentable Nuestra desdicha, que en la edad postrera Dl y de nuestro esfuerzo siempre se hable. Marquino haga la experiencia entera De todo su saber, y sepa quanto Nos promete de mal la lastimera Suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto. _Salense todos, y quedan solos_ MORANDRO _y_ LEONCIO. MORANDRO. Leoncio, qu te parece? Tendrn remedio mis males Con estas buenas seales, Que aqui el cielo nos ofrece? Tendr fin mi desventura Quando se acabe la guerra? Que ser quando la tierra Me sirva de sepultura? LEONCIO. Morandro, al que es buen soldado Agueros no le dan pena, Que pone la suerte buena En el animo esforzado; Y esas vanas apariencias Nunca le turban el tino, Su brazo es su estrella y signo, Su valor sus influencias; Pero si quieres creer En este notorio engao, Aun quedan, si no me engao, Experiencias mas que hacer, Que Marquino las har, Las mejores de su ciencia, Y el fin de nuestra dolencia Ser bueno, malo sabr. Pareceme que le veo: En que estrao trage viene! MORANDRO. Quien con feos se entretiene No es mucho que venga feo: Ser acertado seguirle? LEONCIO. Acertado me parece Por si acaso se le ofrece Algo en que poder servirle. _Aqu sale_ MARQUINO _con una ropa negra de bocaci ancha, y una cabellera negra, y los pies descalzos, y en la cinta traer, de modo que se le vean, tres redomillas llenas de agua, la una negra, la otra teida con azafran, y la otra clara; y en la una mano una lanza barnizada de negro, y en la otra un libro, y viene_ MILVIO _con l, y asi como entran, se ponen un lado_ LEONCIO _y_ MORANDRO. MARQUINO. D dices, Milvio, que est el joven triste? MILVIO. En esta sepultura est enterrado. MARQUINO. No yerres el lugar do le pusiste. MILVIO. N, que con esta piedra sealado Dex el lugar adonde el mozo tierno Fue con lagrimas tiernas sepultado. MARQUINO. De qu muri? MILVIO. Muri de mal gobierno: La flaca hambre le acab la vida, Peste cruel, salida del infierno. MARQUINO. En fin, que dices, que ninguna herida Le cort el hilo del vital aliento, Ni fue cancer, ni llaga su homicida? Esto te digo, porque hace al cuento De mi saber, que est este cuerpo entero, Organizado todo, y en su asiento. MILVIO. Havr tres horas que le di el postrero Reposo, y le entregu la sepultura, Y de hambre muri, como refiero. MARQUINO. Est muy bien, y es buena coyuntura La que me ofrecen los propicios signos Para invocar de la regin oscura Los feroces espiritus malignos: Presta atentos oidos mis versos. Fiero Pluton, que en la region oscura Entre ministros de animos perversos Te cupo de reynar suerte y ventura, Haz, aunque sean de tu gusto adversos, Cumplidos mis deseos, y en la dura Ocasion que te invoco, no te tardes Ni ser mas oprimido de m aguardes. Quiero que al cuerpo que aqu est enterrado, Vuelvas el alma que le daba vida, Aunque el fiero Caron del otro lado La tenga en la ribera denegrida, Y aunque en las tres gargantas del airado Cerbero est penada y escondida, Salga, y torne la luz del mundo nuestro, Que luego tornar al escuro vuestro; Y pues ha de salir, salga informada Del fin que ha de tener guerra tan cruda, Y desto no me encubra calle nada, Ni me dexe confuso y con mas duda La platica desta alma desdichada, De toda ambiguidad libre y desnuda Tiene de ser. Inviala, qu esperas? Esperas que hable con mas veras? No revolveis la piedra, desleales? Decid, ministros falsos, qu os detiene? Cmo? no me haveis dado ya seales De que haceis lo que digo, y me conviene? Buscais con deteneros vuestros males, O gustais de que yo al momento ordene De poner en efecto los conjuros Que ablandan vuestros fieros pechos duros? Ea pues, vil canalla, mentirosa, Aparejaos duro sentimiento, Pues sabeis que mi voz es poderosa De doblaros la rabia y el tormento. Dime traidor esposo de la esposa Que seis meses del ao su contento Est sin t, haciendote cornudo,[A] Porqu mis peticiones ests mudo? Este hierro baado en agua clara Que al suelo no toc en el mes de Mayo, Herir en esta piedra, y har clara Y patente la fuerza deste ensayo. [Footnote A: _Alusin las puntas cuernos de la luna, quando crece mengua_.] _Con el agua de la redoma clara baa el hierro de la lanza, y luego hiere en la tabla, y debaxo sueltense cohetes, hagase el rumor con el barril de piedras_. Ya parece, canalla, que la clara Dais muestras de que os toma cruel desmayo. Qu rumores son estos, ea malvados, Que alfin venis, aunque venis forzados? Levantad esta piedra, fementidos, Y descubridme el cuerpo que aqui yace. Qu es esto? qu tardais? d sois idos? Cmo mi mandado al punto no se hace? No os curais de amenazas, descreidos? Pues no espereis que mas os amenace: Esta agua negra del Estigio lago Dar vuestra tardanza presto el pago. Agua de la fatal negra laguna, Cogida en triste noche, escura y negra, Por el poder que en ti junto se auna, A quien otro poder ninguno quiebra, ...... diabolica importuna, Y quien la primer forma de culebra Tom, conjuro, apremio, pido y mando, Que venga obedecerme aqui volando. _Rocia con el agua la sepultura, y abrese_. O mal logrado mozo, sal ya fuera, Y vuelve ver el sol claro y sereno; Dexa aquella region do no se espera En ella un dia sosegado y bueno; Dame, pues puedes, relacion entera De lo que has visto en el profundo seno Digo, de aquello que mandado eres, Y mas, si al caso toca, y tu pudieres. _Sale el_ CUERPO _amortajado, con un rostro de mascara, descolorido, como de muerto, y va saliendo poco poco, y en saliendo, dexase caer en el teatro sin mover pie ni mano hasta su tiempo_. Qu es esto? no respondes? no revives? Otra vez has gustado de la muerte? Pues yo har que con tu pena avives, Y tengas el hablar buena suerte, Pues eres de los nuestros, no te esquives De hablarme y responderme, mira, advierte Que si callas, har que con tu mengua Sueltes la atada y encogida lengua. _Rocia el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azota con un azote_. Espiritus malignos, no aprovecha? Pues esperad, saldr el agua encantada Que har mi voluntad tan satisfecha, Quanto es la vuestra perfida y daada, Y aunque esta carne fuera polvos hecha, Siendo con este azote castigada, Cobrar nueva aunque ligera vida, Del aspero rigor suyo oprimida. _Menease y estremecese el cuerpo este punto_. Alma rebelde, vuelve al aposento Que pocas horas ha desocupaste. _El_ CUERPO. Cese la furia del rigor violento, Tuyo, Marquino, baste, triste, baste La que yo paso en la region escura, Sin que t crezcas mas mi desventura. Engaaste, si piensas que recibo Contento de volver esta penosa, Misera y corta vida, que aora vivo, Que ya me va faltando presurosa; Antes me causas un dolor esquivo, Pues otra vez la muerte rigurosa Triunfar de mi vida y de mi alma, Mi enemigo tendr doblada palma, El qual con otros del escuro vando, De los que son sujetos aguardarte, Est con rabia en torno, aqui esperando A que acabe, Marquino, de informarte Del lamentable fin, del mal nefando, Que de Numancia puedo asegurarte, La qual acabar las mismas manos De los que son ella mas cercanos. No llevarn Romanos la victoria De la fuerte Numancia, ni ella menos Tendr del enemigo triunfo gloria, Amigos y enemigos, siendo buenos, No entiendas que de paz havr memoria, Que rabia alverga en sus contrarios senos: El amigo cuchillo el homicida De Numancia ser, y ser su vida, _Arrojase en la sepultura, y dice_: Y quedate, Marquino, que los hados No me conceden mas hablar contigo, Y aunque mis dichos tengas por trocados, Al fin saldr verdad lo que te digo. MARQUINO. O tristes signos, signos desdichados, Si esto ha de suceder del pueblo, amigo, Primero que mirar tal desventura, Mi vida acabe en esta sepultura. _Arrojase_ MARQUINO _en la sepultura_. MORANDRO. Mira, Leoncio, si ves, Por do yo pueda decir, Que no me haya de salir Todo mi gusto al reves! De toda nuestra ventura Cerrado est ya el camino, Sino, digalo, Marquino, El muerto, y la sepultura, LEONCIO. Que todas son ilusiones, Quimeras y fantasias, Agueros y hechicerias, Diabolicas invenciones: No muestres que tienes poca Ciencia en creer desconciertos, Que poco cuidan los muertos De lo que los vivos toca. MILVIO. Nunca, Marquino, hiciera Desatino tan estrao, Si nuestro futuro dao Como presente no viera: Avisemos este caso Al pueblo, que est mortal; Mas para dar nueva tal Quin podr mover el paso? JORNADA III. SCENA I. INTERLOCUTORES CIPION, JUGURTA, _y_ GAYO MARIO. CIPION. En forma estoy contento en mirar como Corresponde mi gusto la ventura, Y esta libre nacion soberbia domo Sin fuerzas, solamente con cordura. En viendo la ocasion, luego la tomo, Porque s que si corre, y se apresura, Y si se pasa, en cosas de la guerra El credito consume y vida atierra. Juzgabades loco desvario Tener los enemigos encerrados, Y que era mengua del Romano brio, No vencerlos con modos mas usados: Bien s que lo havrn dicho, mas yo fio Que los que fueren practicos soldados, Diran que es de tener en mayor cuenta La victoria que menos es sangrienta. Qu gloria puede haver mas levantada En las cosas de guerra que aqui digo, Que sin quitar de su lugar la espada Vencer y sujetar al enemigo? Que quando la victoria es grangeada Con la sangre vertida del amigo, El gusto mengua que causar pudiera La que sin sangre tal, ganada fuera. _Aqui ha de sonar una trompeta desde el muro de Numancia_. QUINTO FABIO. Oye, seor, que de Numancia suena El sn de una trompeta, y me asiguro Que decirte algo desde all se ordena, Pues el salir ac lo estorva el muro. Corabino se ha puesto en una almena, Y una seal ha hecho de seguro: Lleguemonos mas cerca. CIPION. Sea, lleguemos. GAYO MARIO. No mas: que dende aqui le entenderemos. _Ponese_ CORABINO _encima de la muralla con bandera blanca puesta en una lanza_. CORABINO. Romanos, ah Romanos, puede acaso Ser de vosotros esta voz oida? GAYO MARIO. Puesto que mas la baxes, y hables paso, Qualquiera tu razon ser entendida. CORABINO. Decid al General, que acerque el paso Al foso, porque viene dirigida A l una embaxada. CIPION. Dila presto, Que yo soy Cipion. CORABINO. Escucha el resto. Dice Numancia, General prudente, Que consideres bien que ha muchos aos Que entre la nuestra y tu Romana gente Duran los males de la guerra estraos, Y que por evitar que no se aumente La dura pestilencia destos daos, Quiere, si tu quisieres, acaballa, Con una breve y singular batalla. Un soldado se ofrece de los nuestros A combatir cerrado en estacada, Con qualquiera esforzado de los vuestros Por acabar contienda tan pesada, Y si los hados fueren tan siniestros, Que el uno quede sin la vida amada, Si fuere el nuestro, darse ha la tierra, Si el tuyo fuere, acabese la guerra: Y por seguridad deste concierto, Daremos tu gusto los rehenes. Bien s que en l vendrs, porque ests cierto De los soldados que tu cargo tienes, Y sabes que el menor en campo abierto Har sudar el pecho, el rostro y sienes Al mas aventajado de Numancia: Ansi que est sigura tu ganancia. Respondeme, seor, si estas en ello, Porque la execucion se venga luego. CIPION. Donaire es lo que dices, risa, juego, Y loco el que pensase de hacello. Usad el medio del humilde ruego, Si quereis que se escape vuestro cuello De probar el rigor y filos diestros Del Romano cuchillo y brazos nuestros. La fiera que en la jaula est encerrada Por su selvatiquez y fuerza dura, Si puede alli con maa ser domada Y con el tiempo y medios de cordura, Quien la dexase ir libre y desatada, Daria grandes muestras de locura: Bestias sois, y por tales encerrados Os tengo donde haveis de ser domados: Mia ser Numancia pesar vuestro, Sin que me cueste un minimo soldado, Y el que teneis vosotros por mas diestro Rompa por ese foso trincheado, Y si en esto os parece que yo muestro Un poco mi valor acobardado, El viento lleve agora esta verguenza, Y vuelvale la fama quando os venza. _Vanse_ CIPION _y los suyos_. CORABINO. No escuchas mas, cobarde? ya te escondes? Enfadate la igual justa batalla? Mal con tu nombradia correspondes, Mal podrs deste modo sustentalla; En fin, como cobarde me respondes: Cobardes sois, Romanos, vil canalla, En vuestra muchedumbre confiados, Y no en los diestros brazos levantados. Perfidos, desleales, fementidos, Crueles, revoltosos y tiranos, Ingratos, codiciosos, mal nacidos, Pertinaces, feroces y villanos, Adulteros, infames, conocidos Por de industriosas, mas cobardes manos, Qu gloria alcanzareis en darnos muerte Teniendonos atados desta suerte? Encerrado escuadron, manga suelta En la campaa rasa, do no pueda Estorbar la mortal fiera revuelta El ancho foso y muro que la veda, Fuera bien que sin dar el pie la vuelta Y sin tener jamas la espada queda Ese exercito mucho bravo vuestro, Se viera con el poco flaco nuestro. Mas como siempre estais acostumbrados A vencer con ventajas y con maas, Estos conciertos en valor fundados No los admiten bien vuestras maraas: Liebres en pieles fieras disfrazados, Load y engrandeced vuestras hazaas, Que espero en el gran Jupiter de veros Sujetos Numancia y sus fueros. _Baxase, y torna salir luego con todos los Numantinos que salieron en el principio de la segunda jornada, excepto_ MARQUINO, _que se arroj en la sepultura, y sale tambien_ MORANDRO. TEOGENES. En terminos nos tiene nuestra suerte, Dulces amigos, que ser ventura Acabar nuestros daos con la muerte; Por nuestro mal, por nuestra desventura, Vistes del sacrificio el triste aguero, Y Marquino tragar la sepultura: El desafio no ha importado un cero: De intentar que nos queda, no lo siento, Sino es acelerar el fin postrero. Esta noche se muestre el ardimiento Del Numantino acelerado pecho, Y pongase por obra nuestro intento: El enemigo muro sea deshecho, Salgamos morir la campaa, Y no como cobardes en estrecho. Bien s que solo sirve esta hazaa De que nuestro morir se mude el modo, Que con ella la muerte se acompaa. CORABINO. Con ese parecer yo me acomodo, Morir quiero rompiendo el fuerte muro, Y deshacelle por mi mano todo. Mas tieneme una cosa mal seguro, Que si nuestras mugeres saben esto, De que no haremos nada os aseguro. Quando otra vez tuvimos presupuesto De salir y dexallas, cada uno Fiado en su caballo y brazo diestro, Ellas que el trato ellas importuno Supieron, al momento nos robaron Los frenos, sin dexarnos solo uno. Entonces el salir nos estorbaron, Y ansi lo harn agora facilmente, Si las lagrimas muestran que mostraron. MORANDRO. Nuestro disignio todas es patente, Todas lo saben, ya no queda alguna Que no se quexa dello amargamente; Y dicen que en la buena ruin fortuna Quieren en vida y muerte acompaarnos, Aunque su compaia es importuna. _Aqui entran quatro mas mugeres de Numancia, y con ellas_ LIRA, _las mugeres traen unas figuras de nios en los brazos, y otros de las manos, excepto_ LIRA _que no trae ninguno_. Veislas aqui do vienen rogaros, No las dexeis en tantos embarazos, Aunque seais de acero han de ablandaros. Los tiernos hijos vuestros en los brazos Las tristes traen: no veis con qu seales De amor les dan los ultimos abrazos? PRIMERA. Dulces seores nuestros, si en los males Hasta aqui de Numancia padecidos, Que son menores los que son mortales, Y en los bienes tambien que ya son idos, Siempre mostramos ser mugeres vuestras, Y vosotros tambien nuestros maridos, Porqu en las ocasiones tan siniestras Que el cielo airado agora nos ofrece, Nos dais de aquel amor tan cortas muestras? Hemos sabido, y claro se parece Que en las Romanas armas arrojaros Quereis, pues su rigor menos empece Que no la hambre de que veis cercaros, De cuyas flacas manos desabridas Por imposible tengo el escaparos. Peleando quereis dexar las vidas, Y dexarnos tambien desamparadas, A deshonras y muertes ofrecidas. Nuestro cuello ofreced las espadas Vuestras primero, que es mejor partido, Que vernos de enemigos deshonradas. Yo tengo en mi intencion estatuido Que si puedo, har quanto en mi fuere Por morir do muriere mi marido, Y esto mesmo har la que quisiere Mostrar que no los miedos de la muerte Le estorban, de querer quien bien quiere En buena, mala, en dulce, amarga suerte. OTRA. Qu pensais, varones claros? Revolveis aun todavia En la triste fantasia De dexarnos y ausentaros? Quereis dexar por ventura A la Romana arrogancia Las virgines de Numancia Para mayor desventura? Y los libres hijos nuestros Quereis esclavos dexallos? No ser mejor ahogallos Con los propios brazos vuestros? Quereis hartar el deseo De la Romana codicia, Y que triunfe su injusticia De nuestro justo trofeo? Sern por agenas manos Nuestras casas derribadas: Y las bodas esperadas Hanlas de gozar Romanos? En salir hareis error, Que acarrea cien mil yerros, Porque dexais sin los perros El ganado, y sin seor. Si al foso quereis salir Llevadnos en tal salida, Porque tendremos por vida A vuestros lados morir. No apresureis el camino Al morir, porque su estambre Cuidado tiene la hambre. De cercenarla contino. OTRAS. Hijos destas tristes madres, Qu es esto? cmo no hablais? Y con lagrimas rogais Que no os dexen vuestros padres? Basta que la hambre insana Os acabe con dolor, Sin esperar el rigor De la aspereza Romana. Decildes que os engendraron Libres, y libres nacistes, Y que vuestras madres tristes Tambien libres os criaron. Decildes que pues la suerte Nuestra va tan de caida, Que como os dieron la vida, Ansi mismo os den la muerte. O muros desta ciudad, Si podeis hablad, decid, Y mil veces repetid: Numantinos, libertad. Los templos, las casas nuestras Levantadas en concordia Os piden misericordia, Hijos y mugeres vuestras. Ablandad, claros varones, Esos pechos diamantinos, Y mostrad qual Numantinos Amorosos corazones: Que no por romper el muro Remediais un mal tamao, Antes en ello est el dao Mas propincuo y mas seguro. LIRA. Tambien las tiernas doncellas Ponen en vuestra defensa El remedio de su ofensa, Y el alivio sus querellas. No dexeis tan ricos robos A las codiciosas manos, Mirad que son los Romanos Hambrientos y fieros lobos. Desesperacion notoria Es esta que hacer quereis, A donde solo hallareis Breve muerte y larga gloria. Mas ya que salga mejor Que yo pienso, esta hazaa, Qu ciudad hay en Espaa Que quiera daros favor? Mi pobre ingenio os advierte Que si haceis esta salida, Al enemigo dais vida, Y toda Numancia muerte. De vuestro acuerdo gentil Los Romanos burlarn; Porque, decidme, qu harn Tres mil contra ochenta mil? Aunque estuviesen abiertos Los muros y sin defensa, Seriades con ofensa Mal vengados y bien muertos. Mejor es que la ventura Del dao que el cielo ordene, O nos salve, nos condene, De la vida sepultura. TEOGENES. Limpiad los ojos humidos del llanto, Mugeres tiernas, y ten entendido Que vuestra angustia la sentimos tanto, Que responde al amor nuestro subido, Ora crezca el dolor, ora el quebranto, Sea por nuestro bien diminuido, Jamas en vida muerte os dejaremos, Antes en muerte y vida os serviremos. Pensabamos salir al foso ciertos Antes de alli morir que de escaparnos, Pues fuera quedar vivos aunque muertos, Si muriendo pudieramos vengarnos; Mas pues nuestros disignios descubiertos Han sido, y es locura aventurarnos, Amados hijos y mugeres nuestras, Nuestras vidas sern de hoy mas las vuestras. Solo se ha de mirar que el enemigo No alcance de nosotros triunfo y gloria, Antes ha de servir l de testigo Que apruebe y eternice nuestra historia; Y si todos venis en lo que digo Mil siglos durar nuestra memoria, Y es que no quede cosa aqui en Numancia De do el contrario pueda haver ganancia. En medio de la plaza se haga un fuego, En cuya ardiente llama licenciosa Nuestras riquezas todas se echen luego Desde la pobre la mas rica cosa, Y esto podeis tener dulce juego, Quando os declare la intencin honrosa Que se ha de efectuar, despues que sea Abrasada qualquier rica presea. Y para entretener por alguna hora La hambre que ya roe nuestros huesos, Hareis descuartizar luego la hora Esos tristes Romanos que estn presos, Y sin del chico al grande hacer mejora, Repartanse entre todos, que con esos Ser nuestra comida celebrada Por estraa cruel necesitada. Amigos, qu os parece? estais en esto? CORABINO. Digo que mi me tiene satisfecho, Y que la execucion se venga presto De tan estrao y tan honroso hecho. TEOGENES. Pues yo de mi intencion os dir el resto Despues que sea lo que digo hecho. Vamos ser ministros todos luego De encender el ardiente y rico fuego. MUGER PRIMERA. Nosotras desde aqui ya comenzamos A dar con voluntad nuestros arreos, Y la vida las vuestras entregamos Como se han entregado los deseos. LIRA. Ea pues, caminemos, vamos, vamos, Y abrasense en un punto los trofeos Que pudieran hacer ricas las manos, Y aun hartar la codicia de Romanos. _Vanse todos, y al salir_ MORANDRO, _ase _ LIRA _por el brazo, y detienela_. MORANDRO. No vayas tan de corrida, Lira, dexame gozar Del bien que me puede dar En la muerte alegre vida: Dexa que miren mis ojos Un rato tu hermosura, Pues tanto mi desventura Se entretiene en mis enojos. O dulce Lira, que sueas Contino en mi fantasia Con tan suave harmonia Que vuelve en gloria mis penas! Qu tienes? qu ests pensando, Gloria de mi pensamiento? LIRA. Pienso como mi contento Y el tuyo se va acabando, Y no ser su homicida El cerco de nuestra tierra, Que primero que la guerra Se me acabar la vida. MORANDRO Qu dices, bien de mi alma? LIRA. Que me tiene tal la hambre, Que de mi vital estambre Llevar presto la palma. Qu tlamo has de esperar De quien est en tal estremo, Que te aseguro que temo Antes de un hora espirar. Mi hermano ayer espir De la hambre fatigado, Y mi madre ya ha acabado, Que la hambre la acab. Y si la hambre y su fuerza No ha rendido mi salud, Es porque la juventud Contra su rigor se esfuerza. Pero como ha tantos dias Que no le hago defensa, No pueden contra su ofensa Las debiles fuerzas mias. MORANDRO. Enjuga, Lira, los ojos, Dexa que los tristes mios Se vuelvan corrientes rios Nacidos de tus enojos; Y aunque la hambre ofendida Te tenga tan sin compas, De hambre no morirs Mientras yo tuviere vida. Yo me ofrezco de saltar El foso y el muro fuerte, Y entrar por la misma muerte Para la tuya escusar. El pan que el Romano toca Sin que el temor me destruya, Lo quitar de la suya Para ponerlo en tu boca. Con mi brazo har carrera A tu vida y mi muerte, Porque mas me mata el verte, Seora, de esa manera. Yo te traer de comer A pesar de los Romanos, Si ya son estas mis manos Las mismas que solian ser. LIRA. Hablas como enamorado, Morandro, pero no es justo Que ya tome gusto el gusto Con tu peligro comprado. Poco podr sustentarme Qualquier robo que hars, Aunque mas cierto hallars El perderte que ganarme. Goza de tu mocedad En fresca edad y crecida, Que mas importa tu vida Que la mia, la ciudad. Tu podrs bien defendella De la enemiga asechanza, Que no la flaca pujanza Desta tan triste doncella. Ansi que, mi dulce amor, Despide ese pensamiento, Que yo no quiero sustento Ganado con tu sudor. Que aunque puedas alargar Mi muerte por algun dia, Esta hambre que porfia, En fin nos ha de acabar. MORANDRO. En vano trabajas, Lira, De impidirme este camino, Do mi voluntad y signo All me convida y tira. Tu rogars entretanto A los Dioses, que me vuelvan Con despojos que resuelvan Tu miseria y mi quebranto. LIRA. Morandro, mi dulce amigo, No vayas, que se me antoja Que de tu sangre veo roja La espada del enemigo. No hagas esta jornada, Morandro, bien de mi vida, Que si es mala la salida, Es muy peor la tornada. Si quiero aplacar tu brio, Por testigo pongo al cielo, Que de mi dao recelo Y no del provecho mio. Mas si acaso, amado amigo, Prosigues esta contienda, Lleva este abrazo por prenda De que me llevas contigo. MORANDRO. Lira, el cielo te acompae: Vete, que Leoncio veo. LIRA. Y ti te cumpla el deseo, Y en ninguna parte dae. LEONCIO _ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo_ MORANDRO _y_ LIRA. LEONCIO. Terrible ofrecimiento es el que has hecho, Y en l, Morando, se nos muestra claro Que no hay cobarde enamorado pecho, Aunque de tu virtud y valor raro Debe mas esperarse; mas yo temo Que el hado infeliz se muestre avaro. He estado atento al miserable estremo En que te ha dicho Lira que se halla, Indigno cierto su valor supremo: Y que tu has prometido de libralla Deste presente dao, y arrojarte En las armas Romanas batalla. Yo quiero, buen amigo, acompaarte, Y en empresa tan justa y tan forzosa Con mis pequeas fuerzas ayudarte. MORANDRO. O mitad de mi alma! venturosa Amistad no en trabajos dividida, Ni en la ocasion mas prospera y dichosa! Goza, Leoncio, de la dulce vida, Quedate en la ciudad, que yo no quiero Ser de tus verdes aos homicida: Yo solo tengo de ir, yo solo espero Volver con los despojos merecidos A mi inviolable fe y amor sincero. LEONCIO. Pues ya tienes, Morandro, conocidos Mis deseos, que en buena mala suerte Al sabor de los tuyos van medidos. Sabrs que no los miedos de la muerte De ti me apartarn un solo punto, Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte. Contigo tengo de ir, contigo junto He de volver, si ya el cielo no ordena Que quede en tu defensa all difunto. MORANDRO. Quedate, amigo! queda enhorabuena, Porque si yo acabre aqui la vida En esta empresa de peligro llena, Tu puedas mi madre dolorida Consolar en el trance riguroso, Y la esposa de m tanto querida. LEONCIO. Cierto que ests, amigo, muy donoso En pensar que t muerto, quedaria Yo con tal quietud y tal reposo, Que de consuelo alguno serviria A la doliente madre y triste esposa: Pues en la tuya est la muerte mia, Seguirte tengo en la ocasion dudosa, Mira como ha de ser, Morandro, amigo, Y en el quedarme no me hables cosa. MORANDRO. Pues no puedo estorvarte el ir conmigo, En el silencio de la noche oscura Tenemos de asaltar al enemigo; Lleva ligeras armas, que ventura Es la que ha de ayudar al alto intento, Que no la malla entretegida y dura: Lleva ansi mismo puesto el pensamiento En robar y traer buen recado Lo que pudieres mas de bastimento. LEONCIO. Vamos, que no saldr de tu mandado. SCENA II. DOS NUMANTINOS. PRIMERO. Derrama, dulce hermano, por los ojos El alma en llanto amargo convertida, Venga la muerte y lleve los despojos De nuestra miserable y triste vida. SEGUNDO. Bien poco durarn estos enojos, Que ya la muerte viene apercebida Para llevar en presto y breve vuelo A quantos pisan de Numancia el suelo: Principios veo que prometen presto Amargo fin nuestra dulce tierra, Sin que tengan cuidado de hacer esto Los contrarios ministros de la guerra; Nosotros mismos quien ya es molesto Y enfadoso el vivir que nos atierra, Hemos dado sentencia inrevocable De nuestra muerte, aunque cruel, loable. En la plaza mayor ya levantada Queda una ardiente codiciosa hoguera, Que de nuestras riquezas ministrada Sus llamas sube hasta la quarta esfera: Alli con triste priesa acelerada Y con mortal y timida carrera, Acuden todos, como santa ofrenda, A sustentar sus llamas con su hacienda. Alli la perla del rosado Oriente, Y el oro en mil vasijas fabricado, Y el diamante y rub mas excelente, Y la extremada purpura y brocado En medio del rigor fogoso ardiente De la encendida llama es arrojado: Despojos do pudieran los Romanos Henchir los senos y ocupar las manos. _Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen por otra_. Vuelve al triste espectculo la vista, Vers con quanta priesa y quanta gana Toda Numancia en numerosa lista Aguija sustentar la llama insana; Y no con verde leo y seca arista, No con materia al consumir liviana, Sino con sus haciendas mal gozadas, Pues se ganaron para ser quemadas. PRIMERO. Si con esto acabra nuestro dao, Pudieramos llevallo con paciencia, Mas ay! que se ha de dar, si no me engao, De que muramos todos, cruel sentencia. Primero que el rigor barbaro estrao Muestre en nuestras gargantas su inclemencia, Verdugos de nosotros nuestras manos Sern, y no los perfidos Romanos. Han acordado que no quede alguna Muger, nio, ni viejo con la vida, Pues al fin la cruel hambre importuna Con mas fiero rigor es su homicida. Mas ves alli do asoma, hermano, una, Que como sabes, fue de m querida Un tiempo, con estremo tal de amores, Qual es el que ella tiene de dolores. _Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano_. MADRE. O duro vivir molesto! Terrible y triste agonia! HIJO. Madre, por ventura habria Quin nos diese pan por esto? MADRE. Pan, hijo, ni aun otra cosa Que semeje de comer! HIJO. Pues tengo de perecer De dura hambre rabiosa? Con poco pan que me deis, Madre, no os pedir mas. MADRE. Hijo, qu penas me das! HIJO. Pues qu, madre, no quereis? MADRE. S quiero; mas qu har Que no s donde buscallo? HIJO. Bien podeis, madre, comprallo, Si no yo lo comprar: Mas por quitarme de afan, Si alguno conmigo topa, Le dar toda esta ropa Por un mendrugo de pan. MADRE. Qu mamas, triste criatura! No sientes que mi despecho Sacas ya del flaco pecho Por leche, la sangre pura? Lleva la carne pedazos, Y procura de hartarte, Que no pueden mas llevarte Mis floxos, cansados brazos! Hijos del anima mia, Con qu os podr sustentar, Si apenas tengo que os dar De la propia carne mia? O hambre terrible y fuerte, Cmo me acabas la vida! O guerra, solo venida Para causarme la muerte! HIJO. Madre mia, que me fino, Aguijemos do vamos, Que parece que alargamos La hambre con el camino. MADRE. Hijo, cerca est la casa Adonde echarmos luego En mitad del vivo fuego El peso que te embaraza. _Entrase_. JORNADA IV. SCENA I. _Tocase al arma con gran priesa, y este rumor salen_ CIPION _con_ JUGURTA _y_ GAYO MARIO _al tablado_. CIPION. Qu es esto, capitanes? quin nos toca Al arma en tal sazon? es por ventura Alguna gente desmandada y loca Que viene procurar su sepultura? O no sea algun motin el que provoca Tocar al arma en recia coyuntura: Que tan seguro estoy del enemigo, Que tengo mas temor al que es amigo. _Sale_ QUINTO FABIO _con la espada desnuda, y dice:_ QUINTO FABIO. Sosiega el pecho, General prudente, Que ya desta arma la ocasion se sabe, Puesto que ha sido costa de tu gente, De aquella en quien mas brio y fuerza cabe; Dos Numantinos con soberbia fuerte, Cuyo valor ser razon se alabe, Saltando el ancho foso y la muralla Han movido tu campo cruel batalla. A las primeras guardias invistieron, Y en medio de mil lanzas se arrojaron, Y con tal furia y rabia arremetieron, Que libre paso al campo les dexaron: Las tiendas de Fabricio acometieron, Y alli su fuerza y su valor mostraron De modo, que en un punto seis soldados Fueron de agudas puntas traspasados. No con tanta presteza el rayo ardiente Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo, Ni tanto la cometa reluciente Se muestra ir presurosa por el cielo, Como estos dos por medio de tu gente Pasaron, colorando el duro suelo Con la sangre Romana, que sacaban Sus espadas do quiera que llegaban. Queda Fabricio traspasado el pecho, Abierta la cabeza tiene Oracio, Olmida ya perdi el brazo derecho, Y de vivir le queda poco espacio. Fuele ansi mismo poco de provecho La ligereza al valeroso Estacio, Pues el correr al Numantino fuerte Fue abreviar el camino de su muerte. Con presta ligereza discurriendo Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron Un poco de bizcocho, el qual cogieron; El paso y no el furor atras volvieron; El uno dellos se escap huyendo, Al otro mil espadas le acabaron, Por donde infiero que la hambre ha sido Quien les di atrevimiento tan subido. CIPION. Si estando deshambridos y encerrados Muestran tan demasiado atrevimiento, Qu hicieran siendo libres, y enterados En sus fuerzas primeras y ardimiento? Indomitos, al fin sereis domados, Porque contra el furor vuestro violento Se tiene de poner la industria nuestra, Que de domar soberbios es maestra. _Entrase_ CIPION _y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y al rumor sale_ MORANDRO _herido y lleno de sangre, con una cestilla blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado, y dice:_ MORANDRO. No vienes, Leoncio, di? Qu es esto, mi dulce amigo? Si t no vienes conmigo, Cmo vengo yo sin t? Amigo, qu? te has quedado? Amigo, qu? te quedaste? No eres t el que me dexaste, Sino yo el que te he dexado! Qu es posible que ya dan Tus carnes despedazadas Seales averiguadas De lo que cuesta este pan! Y es posible que la herida Que t te dex difunto, En aqueste instante y punto No me quit m la vida! No quiso el hado cruel Acabarme en paso tal Por hacerme m mas mal, Y hacerte t mas bien! T enfin llevars la palma De mas verdadero amigo, Yo desculparme contigo Enviar bien presto el alma: Y tan presto, que el afan A morir me llama y tira, En dando mi dulce Lira Este tan amargo pan: Pan ganado de enemigos, Pero no ha sido ganado, Sino con sangre comprado De dos sin ventura amigos. _Sale_ LIRA _con alguna ropa, como que la lleva quemar, y dice:_ LIRA. Qu es esto que ven mis ojos! MORANDRO. Lo que presto no vern Segun la priesa se dan De acabarme mis enojos: Ves aqui, Lira; cumplida Mi palabra y mis porfias De que t no moririas Mientras yo tuviese vida. Y aun podr mejor decir Que presto vendrs ver Que t sobrar el comer, Y m faltar el vivir. LIRA. Qu dices, Morandro amado? MORANDRO. Lira, que acortes la hambre, Entretanto que la estambre De mi vida corta el hado. Pero mi sangre vertida Y con este pan mezclada, Te ha de dar, mi dulce amada, Triste y amarga comida. Ves aqui el pan que guardaban Ochenta mil enemigos, Que cuesta de dos amigos Las vidas que mas amaban. Y porque lo entiendas cierto Y quanto tu amor merezco, Ya yo, seora, perezco, Y Leoncio ya est muerto. Mi voluntad sana y justa Recibela con amor, Que es la comida mejor Y de que el alma mas gusta. Y pues en tormenta y calma Siempre has sido mi seora, Recibe este cuerpo agora Como recibiste el alma. _Caese muerto, y cogele en las faldas_ LIRA. LIRA. Morandro? dulce bien mio? Qu sentis, qu teneis? Cmo tan presto perdeis Vuestro acostumbrado brio? Mas ay triste sin ventura! Que ya est muerto mi esposo! O caso el mas lastimoso Que se vi en la desventura! Quin os hizo, dulce amado, Con valor tan excelente, Enamorado valiente, Y soldado desdichado? Hicistes una salida, Esposo mio, de suerte, Que por escusar mi muerte Me haveis quitado la vida! O pan de la sangre lleno Que por m se derram. No te tengo en cuenta yo De pan, sino de veneno! No te llegar mi boca Por poderme sustentar, Si ya no es para besar Esta sangre que te toca. _A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el qual es_ HERMANO _de_ LIRA. HERMANO. Lira, hermana, ya espir Mi padre, y mi madre est En terminos que ya, ya Morira qual muero yo. La hambre los ha acabado. Hermana mia, pan tienes? O pan, y quan tarde vienes Que ya no hay pasar bocado! Tiene la hambre apretada Mi garganta en tal manera, Que aunque este pan agua fuera, No pudiera pasar nada. Tomalo, hermana querida, Que por mas crecer mi afan, Veo que me sobra el pan Quando me falta la vida. _Caese muerto_. LIRA. Espiraste, hermano amado? Ni aliento ni vida tiene: Bien es el mal quando viene Sin venir acompaado! Fortuna, por qu me aquejas Con un dao y otro junto? Y por qu en un solo punto Huerfana y viuda me dexas? O duro esquadron Romano! Cmo me tiene tu espada De dos muertos rodeada, Uno esposo y otro hermano! A qual volver la cara En este trance importuno, Si en la vida cada uno Fue prenda del alma cara! Dulce esposo, hermano tierno, Yo os igualar en quereros, Porque pienso presto veros En el cielo el infierno! En el modo de morir A entrambos he de imitar, Porque el hierro ha de acabar Y la hambre mi vivir! Primero dare mi pecho Una daga que este pan, Que quien vive con afan Es la muerte de provecho. Qu aguardo? cobarde estoy! Brazo, ya os haveis turbado? Dulce esposo, hermano amado, Esperadme que ya voy! _A este punto sale una_ MUGER _huyendo, y tras ella un_ SOLDADO NUMANTINO _con una daga en la mano para matarla_. MUGER. Eterno padre, Jupiter piadoso, Favorecedme en tan adversa suerte! SOLDADO. Aunque mas lleves vuelo presuroso Mi dura mano te ha de dar la muerte. _Entrase la_ MUGER _adentro, y dice_ LIRA LIRA. El hierro agudo, el brazo belicoso Contra mi, buen soldado, le convierte; Dexa vivir quien la vida agrada, Y quitame la mia que me enfada. SOLDADO. Puesto que es el decreto del Senado Que ninguna muger quede con vida, Qul ser el bravo pecho acelerado Que en ese hermoso vuestro d herida? Yo, seora, no soy tan mal mirado Que me precie de ser vuestro homicida: Otra mano, otro hierro ha de acabaros, Que yo solo naci para adoraros. LIRA. Esa piedad que quies usar conmigo, Valeroso soldado, yo te juro Y al alto cielo pongo por testigo, Que yo la estimo por rigor muy duro: Tuvierate yo entonces por amigo Quando con pecho y animo seguro Este mio afligido traspasras, Y de la amarga vida me privras. Pero pues quies mostrarte piadoso Tan en dao, seor, de mi contento, Muestralo agora en que mi triste esposo Demos el funeral, ultimo asiento: Tambien este mi hermano, que en reposo Yace, ya libre del vital aliento: Mi esposo feneci por darme vida, De mi hermano la hambre fue homicida. SOLDADO. Hacer lo que me mandas est llano Con condicion que en el camino cuentes, Quin tu amado esposo y caro hermano Truxo los postrimeros accidentes. LIRA. Amigo, ya el hablar no est en mi mano. SOLDADO. Qu tan al cabo estas? qu tal te sientes? Lleva tu hermano, pues que es menor carga, Y yo tu esposo, que mas pesa y carga. _Salense llevando los dos cuerpos_. SCENA II. _Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una lancilla en la mano, que significa la_ GUERRA, _trae consigo la_ ENFERMEDAD, _arrimada una muleta, y rodeada de paos la cabeza, con una mascara amarilla, y la_ HAMBRE _saldr vestida con una ropa de bocac amarillo, y una mascara amarilla descolorida: pueden estas figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras_. GUERRA. Hambre y Enfermedad, executoras De mis terribles mandos y severos, De vidas y salud consumidoras, Con quien no vale ruego, mando, fueros, Pues ya de mi intencion sois sabidoras, No hay para que de nuevo encareceros De quanto gusto me ser y contento, Que luego, luego, hagais mi mandamiento: La fuerza incontrastable de los hados, Cuyos efectos nunca salen vanos, Me fuerza que de m sean ayudados Estos sagaces milites Romanos, Ellos sern un tiempo levantados, Y abatidos tambien estos Hispanos; Pero tiempo vendr en que yo me mude, Y dae al alto, y al pequeo ayude Que yo que soy la poderosa Guerra, De tantas madres detestada en vano, Aunque quien me maldice, veces yerra, Pues no sabe el valor desta mi mano, S bien que en todo el orbe de la tierra Sere llevada del valor Hispano, En la dulce sazon que esten reynando Un Carlos, un Filipo, y un Fernando. ENFERMEDAD. Si ya la Hambre, nuestra amiga fida, No tuviera tomado con instancia A su cargo, de ser fiera homicida De todos quantos viven en Numancia, Fuera de m tu voluntad cumplida, De modo que se viera la ganancia Facil y rica que el Romano huviera, Harto mejor de aquella que se espera. Mas ella, en quanto su poder alcanza, Ya tiene tal al pueblo Numantino Que de esperar alguna buena andanza Le ha tomado las sendas y el camino; Mas del furor la rigurosa lanza, Y la influencia del contrario signo Le trata con tan aspera violencia, Que no es menester hambre ni dolencia. El furor y la rabia, tus sequaces, Han tomado en sus pechos tal asiento, Que qual si fuese de Romanas haces, Cada qual de su sangre est sediento. Muertes, incendios, iras, son sus paces, En el morir han puesto su contento, Y por quitar el triunfo los Romanos, Ellos mesmos se matan con sus manos. HAMBRE. Volved los ojos, y vereis ardiendo De la ciudad los encumbrados techos, Escuchad los suspiros que saliendo Van de mil tristes lastimados pechos; Oid la voz y lamentable estruendo De bellas damas, quien, ya deshechos Los tiernos miembros en ceniza y fuego, No valen padre, amigo, amor, ni ruego. Qual suelen las ovejas descuidadas, Siendo del fiero lobo acometidas, Andar aqui y alli descarriadas Con temor de perder las simples vidas: Tal nios y mugeres delicadas, Huyendo las espadas homicidas Andan de calle en calle, hado insano! Su cierta muerte dilatando en vano. Al pecho de la amada nueva esposa Traspasa del esposo el hierro agudo, Contra la madre, nunca vista cosa! Se muestra el hijo de piedad desnudo: Y contra el hijo el padre con rabiosa Clemencia levantando el brazo duro, Rompe aquellas entraas que ha engendrado, Quedando satisfecho y lastimado. No hay plaza, no hay rincon, no hay calle casa Que de sangre y de muertos no est llena, El hierro mata, el duro fuego abrasa, Y el rigor ferocisimo condena: Presto vereis, que por el suelo rasa Est la mas subida y alta almena, Y las casas y templos mas crecidos En polvo y en ceniza convertidos. Venid, vereis que en los amados cuellos De tiernos hijos y muger querida, Teogenes afila y prueba en ellos De su espada el cruel corte homicida, Y como ya despues de muertos ellos Estima en poco la cansada vida, Buscando de morir un modo estrao Que caus con el suyo mas de un dao. GUERRA. Vamos pues, y ninguno se descuide De executar por eso aqui su fuerza, Y lo que digo solo atienda y cuide, Sin que de mi intencion un punto tuerza. _Vanse_. SCENA III. _Sale_ TEOGENES _con dos_ HIJOS _pequeos y una hija y su_ MUGER. TEOGENES. Quando el paterno amor no me detiene De executar la furia de mi intento, Considerad, mis hijos, qual me tiene El zelo de mi honroso pensamiento! Terrible es el dolor que se previene Con acabar la vida en fin violento, Y mas el mio, pues al hado plugo Que yo sea de vosotros cruel verdugo. No quedareis, hijos de mi alma, Esclavos, ni el Romano poderio Llevar de vosotros triunfo palma, Por mas que sujetarnos alce el brio; El camino mas llano que la palma De nuestra libertad el cielo pio Nos ofrece, nos muestra y nos advierte, Que solo est en las manos de la muerte. Ni vos, dulce consorte amada mia, Os vereis en peligro que Romanos Pongan en vuestro pecho y gallardia Los vanos ojos, y las torpes manos! Mi espada os sacar desta agonia, Y har que sus intentos salgan vanos, Pues por mas que codicia los atiza, Triunfarn de Numancia en la ceniza. Yo soy, consorte amada, el que primero Di el parecer que todos pereciesemos Antes que al insufrible desafuero Del Romano poder sujetos fuesemos, Y en el morir no pienso ser postrero, Ni lo sern mis hijos. MUGER. Si pudiesemos Escaparnos, seor, por otra via, El cielo sabe si me holgaria; Mas pues no puede ser segun yo veo, Y est ya mi muerte tan cercana, Lleva de nuestras vidas t el trofeo, Y no la espada perfida Romana, Mas pues que he de morir, morir deseo En el sagrado templo de Diana: Alla nos lleva, buen seor, y luego Entreganos al hierro, al lazo y fuego. TEOGENES. Ansi se haga, y no nos detengamos, Que ya morir me incita el triste hado. HIJO. Madre, porqu llorais? adnde vamos? Teneos, que andar no puedo de cansado, Mejor ser, mi madre, que comamos, Que la hambre me tiene fatigado. MADRE. Ven en mis brazos, hijo de mi vida, Do te dar la muerte por comida. _Vanse luego, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos ha de ser el que se arroja de la torre, que se llama_ VIRIATO, _y el otro_ SERVIO. VIRIATO. Por dnde quieres que huyamos, Servio? SERVIO. Yo por do quisieres. VIRIATO. Camina, qu floxo eres! T ordenas que aqui muramos. No ves, triste, que nos siguen Mil hierros para matarnos? SERVIO. Imposible es escaparnos De aquellos que nos persiguen; Mas d, qu piensas hacer? O qu medio hay que nos cuadre? VIRIATO. A una torre de mi padre Me pienso ir esconder. SERVIO. Amigo, bien puedes irte, Que yo estoy tan flaco y laso De hambre, que un solo paso No puedo dar ni seguirte. VIRIATO. Qu, no quies venir? SERVIO. No puedo. VIRIATO. Si no puedes caminar, Ahi te havr de acabar La hambre, la espada, miedo. Y voime, porque ya temo Lo que el vivir desbarata, O que la espada me mata, O que en el fuego me quemo. _Vase y sale_ TEOGENES _con dos espadas desnudas, y ensangrentadas las manos, y como_ SERVIO _le ve venir, huyese y entrase dentro_. TEOGENES. Sangre de mis entraas derramada, Pues sois aquella de los hijos mios: Mano contra ti mesma acelerada, Llena de honrosos y crueles brios: Fortuna en dao nuestro conjurada: Cielos de justa piedad vacios, Ofrecedme en tan dura amarga suerte Alguna honrosa aunque cercana muerte! Valientes Numantinos, haced cuenta Que yo soy algun perfido Romano, Y vengad en mi pecho vuestra afrenta, Ensangrentando en l la espada y mano. _Arroja la una espada de la mano_. Una de estas espadas os presenta Mi airada furia, mi dolor insano, Que muriendo en batalla no se siente Tanto el rigor del ultimo acidente: Y el que privare del vital sosiego Al otro, por seal de beneficio Entregue el desdichado cuerpo al fuego, Que este ser bien piadoso oficio. Venid, qu os deteneis? acudid luego, Haced ya de mi vida sacrificio, Y esa terneza que teneis de amigos, Volved en rabia fiera de enemigos. _Un_ NUMANTINO. A quin, fuerte Teogenes, invocas? Qu nuevo modo de morir procuras? Paraqu nos incitas y provocas A tantas desiguales desventuras? TEOGENES. Valiente Numantino, sino apocas Con el miedo tus bravas fuerzas duras, Toma esa espada, y matate conmigo Ansi como si fuese tu enemigo, Que esta manera de morir me aplace En este trance mas que no otra alguna. NUMANTINO. Tambien m me agrada y satisface, Pues que lo quiere ansi nuestra fortuna; Mas vamos la plaza adonde yace La hoguera nuestras vidas importuna, Porque el que alli venciere, pueda luego Entregar el vencido al duro fuego. TEOGENES. Bien dices, y camina, que se tarda El tiempo de morir como deseo, Ora me mate el hierro, el fuego me arda, Que gloria nuestra en qualquier muerte veo. _Entrase_. SCENA IV. CIPION, JUGURTA, QUINTO FABIO, _y_ GAYO MARIO, _y algunos soldados Romanos_. CIPION. Si no me engaa el pensamiento mio, O salen mentirosas las seales, Que haveis visto en Numancia, del estruendo Y lamentable son, y ardientes llamas, Sin duda alguna que recelo y temo Que el barbaro furor del enemigo Contra su propio pecho no se vuelva: Ya no parece gente en la muralla, Ni suenan las usadas centinelas, Todo est en calma y en silencio puesto Como si en paz tranquila y sosegada Estuviesen los fieros Numantinos. GAYO MARIO. Presto podrs salir de aquesa duda, Porque si tu lo quieres, yo me ofrezco De subir sobre el muro, aunque me ponga Al riguroso trance que se ofrece, Solo por ver aquello que en Numancia Hacen nuestros soberbios enemigos. CIPION. Arrima pues, Mario, alguna escala A la muralla, y haz lo que prometes. GAYO MARIO. Id por la escala luego, y vos, Ermilio, Haced que mi rodela se me traiga, Y la celada blanca de las plumas, Que fe que tengo de perder la vida, O sacar desta duda al campo todo. ERMILIO. Ves aqui la rodela y la celada, La escala vesla alli la trae Olimpio. GAYO MARIO. Encomendadme Jupiter inmenso, Que yo voi cumplir lo prometido. CIPION. Alza mas alta la rodilla, Mario, Y encoje el cuerpo, y cubre la cabeza: Animo, que ya llegas lo alto. Qu ves? GAYO MARIO. O santos dioses! y qu es esto? JUGURTA. De qu te admiras? GAYO MARIO. De mirar de sangre Un roxo lago, y de ver mil cuerpos Tendidos por las calles de Numancia. CIPION. Qu no hay ninguno vivo? GAYO MARIO. Ni por pienso; A lo menos ninguno se me ofrece En todo quanto alcanzo con la vista. CIPION. Salta pues dentro, y miralo bien todo. _Salta_ GAYO MARIO _en la ciudad_. Siguele tu tambien, Jugurta, amigo; Mas sigamosle todos. JUGURTA. No conviene Al oficio que tienes esta impresa, Sosiega el pecho, buen seor, y espera Que Mario vuelva yo con la respuesta De lo que pasa en la ciudad soberbia: Tened bien esa escala. O cielos justos! Y quan triste espectculo y horrendo Se me ofrece la vista! caso estrao! Caliente sangre baa todo el suelo: Cuerpos muertos ocupan plaza y calles: Dentro quiero saltar y verlo todo. _Salta_ JUGURTA _en la ciudad, y dice_ QUINTO FABIO. QUINTO FABIO. Sin duda que los fieros Numantinos Del barbaro furor suyo incitados, Viendose sin remedio de salvarse, Antes quisieron entregar las vidas Al filo agudo de sus propios hierros, Que no las vencedoras manos nuestras Aborrecidas dellos lo posible. CIPION. Con uno solo que quedase vivo No se me negaria el triunfo en Roma De haver domado esta nacion soberbia Enemiga mortal de nuestro nombre, Constante en su opinion, presta, arrojada Al peligro mayor y duro trance, De quien jamas se alabar Romano Que vi la espalda vuelta al Numantino, Cuyo valor, cuya destreza en armas Me forz con razon usar el medio De encerrarlos qual fieras indomables, Y triunfar dellos con industria y maa, Pues era con las fuerzas imposible. Pero ya me parece vuelve Mario. GAYO MARIO _torna salir por las murallas, y dice:_ GAYO MARIO. En valde, ilustre General prudente, Han sido nuestras fuerzas ocupadas, En valde te has mostrado diligente, Pues en humo y en viento son tornadas Las ciertas esperanzas de victoria, De tu industria contino aseguradas: El lamentable fin y triste historia De la ciudad invicta de Numancia, Merece ser eterna la memoria. Sacado han de su prdida ganancia, Quitado te han el triunfo de las manos, Muriendo con magnanima constancia. Nuestros disignios han salido vanos, Pues ha podido mas su honroso intento, Que toda la potencia de Romanos. El fatigado pueblo en fin violento Acab la miseria de su vida, Dando triste remate al largo cuento. Numancia est en un lago convertida De roxa sangre y de mil cuerpos llena, De quien fue su rigor propio homicida: De la pesada y sin igual cadena Dura de esclavitud se han escapado Con presta audacia de temor agena. En medio de la plaza levantado Est un ardiente fuego temeroso, De sus cuerpos y haciendas sustentado. A tiempo llegu verle, que el furioso Teogenes, valiente Numantino, De fenecer su vida deseoso, Maldiciendo su corto amargo signo, En medio se arrojaba de la llama Lleno de temerario desatino. Y al arrojarse, dixo: clara fama, Ocupa aqui tus lenguas y tus ojos En esta hazaa que cantar te llama! Venid, Romanos, ya por los despojos Desta ciudad en polvo y humo envueltos, Y sus flores y frutos en abrojos. De alli con pies y pensamientos sueltos Gran parte de la tierra he rodeado, Por las calles y pasos mal revueltos, Y un solo Numantino no he hallado Que poderte traer vivo siquiera Para que fueras dl bien informado Por qu ocasion, de qu suerte manera Cometieron tan grande desvario, Apresurando la mortal carrera. CIPION. Estaba por ventura el pecho mio De barbara arrogancia y muertes lleno, Y de crueldad justisima vacio? Es por ventura de mi condicion ageno Usar benignidad con el rendido, Como conviene al vencedor que es bueno? Mal por cierto tenades conocido El valor en Numancia de mi pecho, Para vencer y perdonar nacido. QUINTO FABIO. Jugurta te har mas satisfecho, Seor, de aquello que saber deseas, Que vesle vuelve lleno de despecho. _Torna_ JUGURTA _por la mesma muralla_. JUGURTA. Prudente General, en vano empleas Mas aqui tu valor, vuelve otra parte La industria sin igual de que te arreas. No hay en Numancia cosa en que ocuparte, Todos son muertos ya, solo uno creo Que queda vivo, para el triunfo darte. Alli en aquella torre, segun veo, Alli denantes un muchacho estaba, Turbado en vista, y de gentil arreo. CIPION. Si eso fuese verdad, eso bastaba Para triunfar en Roma de Numancia, Que es lo que mas agora deseaba. Lleguemonos all, y haced instancia Como el muchacho vuelva nuestras manos Vivo, que es lo que agora es de importancia. VIRIATO _desde la torre_. Dnde venis? qu buscais, Romanos? Si en Numancia quereis entrar por suerte, Hareislo sin contraste pasos llanos. Pero mi lengua desde aqui os advierte Que yo las llaves mal guardadas tengo Desta ciudad, de quien triunf la muerte. CIPION. Por esas, joven, deseoso vengo, Y mas de que tu hagas experiencia Si en este pecho piedad sostengo. VIRIATO. Tarde, cruel, ofreces tu clemencia, Pues no hay en quien usarla, que yo quiero Pasar por el rigor de la sentencia. Que consuelo amargo lastimero De mis padres y patria tan querida Caus el ultimo fin terrible y fiero. QUINTO FABIO. Dime, tienes por suerte aborrecida, Ciego de un temerario desvario, Tu floreciente edad, tu tierna vida? CIPION. Templa, pequeo joven, templa el brio Y subjeta el valor tuyo y pequeo Al mayor de mi honroso poderio. Que desde aqui te doy mi fe, y empeo Mi palabra, que solo de ti seas T mismo el propio y conocido dueo. Y que de ricas joyas y preseas Vivas lo que vivieres, abastado, Como yo podr darte, y tu deseas, Si mi te entregas, y te das de grado. VIRIATO. Todo el furor de quantos ya son muertos En este pueblo, en polvo reducido, Todo el huir los pactos y conciertos, Ni el dar sujecion jamas oido, Sus iras y rencores descubiertos Est en mi pecho todo junto unido; Yo hered de Numancia todo el brio, Ved si pensar vencerme es desvario. Patria querida, pueblo desdichado, No temas ni imagines que delire De lo que debo hacer en ti engendrado, Ni que promesa miedo me retire, Ora me falte el suelo, el cielo, el hado, Ora vencerme todo el mundo aspire, Que imposible ser que yo no haga A tu valor la merecida paga. Que si esconderme aqui me truxo el miedo De la cercana y espantosa muerte, Ella me sacar con mas denuedo, Con el deseo de seguir tu suerte; Del vil temor pasado, como puedo Har ahora la enmienda osado y fuerte, Y el error de mi edad tierna inocente Pagar con morir osadamente. Yo os aseguro, fuertes ciudadanos, Que no falte por m la intencion vuestra De que no triunfen perfidos Romanos, Si ya no fuere de ceniza nuestra. Saldrn conmigo sus intentos vanos, Ora levanten contra m su diestra, O me asesaren con promesa cierta, A vida y regalos, ancha puerta. Teneos, Romanos, sosegad el brio, Y no os canseis en asaltar el muro, Que aunque fuera mayor el poderio Vuestro, de no vencerme os aseguro. Pero muestrese ya el intento mio, Y si ha sido el amor perfecto y puro Que yo tuve mi patria tan querida, Asegurelo luego esta caida. _Aqui se arroja de la torre, y dice_ CIPION. CIPION. O nunca vista memorable hazaa, Dina de anciano y valeroso pecho, Que no solo Numancia, mas Espaa Has adquerido gloria en este hecho! Con tu viva virtud, y heroica, estraa Queda muerto y perdido mi derecho: T con esta caida levantaste Tu fama, y mis victorias derribaste. Que fuera aun viva, y en su ser Numancia Solo porque vivieras, me holgara, Que tu solo has llevado la ganancia Desta larga contienda, ilustre y rara. Lleva pues, nio, lleva la jactancia, Y la gloria que el cielo te prepara, Por haver, derribandote, vencido Al que subiendo queda mas caido. _Suena una trompeta, y sale la_ FAMA. FAMA. Vaya mi clara voz de gente en gente, Y en dulce y suavisimo sonido Llene las almas de un deseo ardiente De eternizar un hecho tan subido. Alzad, Romanos, la inclinada frente, Llevad de aqui este cuerpo, que ha podido En tan pequea edad arrebataros El triunfo que pudiera tanto honraros: Que yo que soy la Fama pregonera, Tendr cuidado, enquanto el alto cielo Moviere el paso en la subida esfera, Dando fuerza y vigor al baxo suelo, De publicar con lengua verdadera, Con justo intento, y presuroso vuelo El valor de Numancia, unico y solo, De Batro Tile, y de uno al otro Polo. Indicio ha dado esta no vista hazaa Del valor que en los siglos venideros Tendrn los hijos de la fuerte Espaa, Hijos de tales padres herederos: No de la muerte la feroz guadaa, Ni los cursos de tiempos tan ligeros Harn que de Numancia yo no cante El fuerte brazo y animo constante: Hallo sola en Numancia todo quanto Debe con justo titulo cantarse Y lo que puede dar materia al canto, Para poder mil siglos ocuparse La fuerza no vencida, el valor tanto, Dino de en prosa y verso celebrarse, Mas pues de esto se encarga mi memoria, Dese feliz remate nuestra historia. _FIN DE LA TRAGEDIA_. _EL TRATO DE ARGEL_ COMEDIA DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA INTERLOCUTORES. AURELIO. SEBASTIAN. SAAVEDRA. PEDRO ALVAREZ. FRANCISCO Y JUAN: _muchachos_. SU PADRE Y MADRE. SILVIA. _Todos cautivos_. FATIMA, Y ZARA: _moras_. LA NECESIDAD. LA OCASION. UN DEMONIO. IZUF: _Rey de Argel, moro_. BAYRAN: _moro_. OTRO MORO. UN CAUTIVO, _que se va_. DOS MERCADERES. UN PREGONERO. UN LEON. JORNADA I. AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ, _cautivos todos tres_. AURELIO. Triste y miserable estado, Dura esclavitud amarga, Donde es la pena tan larga Quan corto el bien y abreviado! O purgatorio en la vida, Infierno puesto en el mundo, Mal que no tiene sigundo, Estrecho do no hay salida, Cifra de quanto dolor Se reparte en los dolores, Dao, que entre los mayores Se ha de tener por mayor, Necesidad increible, Muerte creible y palpable, Trato misero intratable, Mal visible invisible, Toque, que nuestra conciencia Descubre si es valerosa, Pobre vida trabajosa, Retrato de penitencia! Callese aqueste tormento, Que segun me es enemigo No llegar lo que digo A un punto de lo que siento. Ponderese mi dolor Con decir, baado en lloros, Que mi cuerpo est entre moros, Y el alma en poder de amor. Del cuerpo y alma es mi pena, El cuerpo ya veis qual va, El alma rendida est A la amorosa cadena. Pense yo que no tenia Amor poder entre esclavos; Mas en m sus recios clavos Muestra mas su gallarda. Qu buscas en la miseria, Amor, de gente cautiva? Dexala que muera viva Con su pobreza y laceria. No ves que el hilo se corta De esa tu amorosa estambre Aqui con sed y con hambre A la larga la corta? Mas creo, pues no has querido Olvidarme en este estrecho, Que has visto sano mi pecho, Aunque tan roto el vestido. Desde agora claro entiendo Que el poder que en t se encierra, Abraza el cielo y la tierra, Y mas que no comprehendo. Una cosa te pidiera, Si en esa tu condicion Una sombra de razon Por entre mil sombras viera, Y es, que pues fuiste la causa De acabarme y destruirme, En el contino herirme Hagas un momento pausa. Yo no te pido que salgas De mi pecho, pues no puedes, Antes te pido que quedes, Y en este trance me valgas. Del lugar do me pusiste, Me procuran derribar: Pero quin podr acabar Lo que una vez, t, subiste? Ya viene Zara y su arenga. Ay enfadosa porfia! Como que me falte el dia Antes que la noche venga! Valedme, Silvia, bien mio, Que si vos me dais ayuda, De guerra mas ardua y cruda Llevar la palma confio. ZARA. Aurelio? AURELIO. Seora mia? ZARA. Si t por tal me tuvieses, A fe que luego hicieses Lo que ruego, sin porfia. AURELIO. Lo que tu quieres, yo quiero, Porque al fin, te soi esclavo. ZARA. Esas palabras alabo, Mas tus obras vitupero. AURELIO. Qul ha sido por m hecha Que en ella no te complaces? ZARA. Aquellas que no me haces, Me tienen mal satisfecha. AURELIO. Seora, no paro mas: Por agua me parto luego. ZARA. Otra agua pide mi fuego Que no la que tu trairs. No te vayas, est quedo. AURELIO. De lea hay falta en la casa. ZARA. Basta la que mi me abrasa. AURELIO. Mi amo. ZARA. No tengas miedo. AURELIO. Dexame, seora, ir, Que vendr Izuf mi seor. ZARA. Quien queda con tanto amor, Mal te dexar partir. AURELIO. No hay para que mas porfies: Seora, dexame ya. ZARA. Aurelio, llegate ac. AURELIO. Mejor es que te desvies. ZARA. Ansi, Aurelio, me despides? AURELIO. Antes te hago favor, Si con el compas de amor Lo compasas y lo mides. No miras que soi christiano Con suerte y desdicha mala? ZARA. El amor todo lo iguala, Dame, por seas la mano. FATIMA. Zara, seora ma, Digote que me he admirado, Mirando lo que ha pasado Tu altivez y fantasia: Ver, por cierto es gentil cosa Indigna de ser notada, De un cristiano enamorada Una mora tan hermosa; Y lo que mas llega al cabo Tu aficion tan sin medida Es de ver que ests rendida A un cristiano que es tu esclavo. Y monta que corresponde El galan lo que quieres: Perdoname, fragil eres. ZARA. Dnde vas? FATIMA. Bien s yo adonde. ZARA. Dulce amiga verdadera, Lo que dices no lo niego; Mas qu har? que amor es fuego Y mi voluntad es cera. Y puesto que el dao veo Y el fin do habr de parar, Imposible es contrastar Las fuerzas de mi deseo. Vuelve tu lengua intento A combatir esta roca, Que no ser gloria poca Gozar de su vencimiento. FATIMA. Quiero en esto complacerte, Pues al fin puedes mandarme. Cristiano, vuelve mirarme, Que no es mi rostro de muerte. AURELIO. Mas que muerte me causais Con vuestros inducimientos; Dexame con mis tormentos, Porque en vano trabajais. FATIMA. No veis como se retira El bravo en su pundonor: Ansi entiende l del amor Como el asno de la lira. AURELIO. Cmo quieres que yo entienda De amor en esta cadena? ZARA. Eso no te cause pena, Que luego se har la enmienda: Las dos te la quitaremos. AURELIO. Muy mijor ser dexalla, Que no quiero con quitalla Pasar de un estremo estremo. FATIMA. A qu estremo pasars? AURELIO. Quitando al cuerpo este hierro, Cair en otro mayor yerro, Que al alma lastime mas. FATIMA. Almas teneis los cristianos? AURELIO. S, y tan ricas y estremadas, Quanto por Dios rescatadas. FATIMA. Qu! son pensamientos vanos. Pero si almas teneis, De diamante es su labor, Pues en la fragua de amor Muy mas os endureceis. Aurelio, resolucion: Ten cuenta en lo que te digo, No quieras ser tan amigo De tu ostinada opinion. Ya te ves sin libertad, Entre hierros apretado, Pobre, desnudo, cansado, Lleno de necesidad, Sujeto mil desventuras, A palos, bofetones, A mazmorras, prisiones Donde ests de dia escuras. Libertad se te promete, Los hierros te quitarn, De pao te vestirn, No hay temor de oscuro brete. Cuzcuz, pan blanco comer, Gallinas en abundancia, Y aun havr vino de Francia, Si vino quieres beber. No te piden lo imposible, Ni trabajos demasiados, Sino blandos, regalados, Dulces lo mas que es posible. Goza de la coyuntura Que se te pone delante, No hagas del inorante, Pues muestras tener cordura. Mira tu seora Zara, Y lo mucho que merece, Mira que al sol escurece La luz de su rostro clara. Contempla su juventud, Su riqueza, nombre y fama, Mira bien que agora llama A tu puerta la salud. Considera el interes Que en hacer esto te toca, Que hay mil que pondrn la boca Donde ella pone los pies. AURELIO. Has dicho, Fatima? FATIMA. S. AURELIO. Quires que responda yo? FATIMA. Responde. AURELIO. Digo que no. ZARA. Ay Ala! qu es lo que o? AURELIO. Yo digo que no conviene Pedirme lo que peds, Porque muy poco adverts El peligro que contiene. FATIMA. Qu peligro puede haver, Querindolo tu seora? AURELIO. La ofensa, que siendo mora A Mahoma viene hacer. ZARA. Dexame ya con Mahoma, Que agora no es mi seor, Porque soy sierva de amor, Que el alma sujeta y doma. Echa ya el pecho por tierra, Y levantate mi cielo. AURELIO. Seora, tengo un recelo Que me consume y atierra. FATIMA. D, qu recelas de m? AURELIO. Seora, de que no veo Ningun atajo rodeo Como complacerte t. En mi ley no se recibe Hacer yo lo que me ordenas, Antes con muy graves penas Y amenazas se prohibe. Y aun si bautismo tuvieras, Siendo como eres casada, Fuera cosa harto escusada Si lo que pides pidieras. Por eso yo determino Antes morir, que hacer Lo que pide tu querer, Y en esto estar contino. ZARA. Aurelio, ests en tu seso? AURELIO. Antes por estar en l, Soi para t tan cruel. ZARA. Ay desdichado subceso! Es posible que tan poco Valgan mis ruegos contigo? FATIMA. Sin duda que este enemigo Es muy cuerdo, o es muy loco _Aparte._ Ruin, sin razn ni compas, Nacido de vil canalla, Pensabades ya triunfalla, Holgando sin mas ni mas? Necio, tanta fantasia Pensais que hablamos de veras? Antes de mal rayo mueras Primero que pase el dia. Conmigo las has de haber, Y de modo, que te aviso Que dir el que nunca quiso: Mas me valiera querer. No ests, Zara, descontenta, Dexa el remedio en mi mano, Que este falso cristiano, Yo le har que se arrepienta. ZARA. No es bien que por mal se lleve. FATIMA. Ni bien llevallo por bien. ZARA. Cese, Aurelio, tu desden. FATIMA. Con eso el falso se atreve. Ve, seora, al aposento, Que en esta pena crecida O yo perder la vida, O tu tendrs tu contento. _Vanse las moras, y queda_ AURELIO. AURELIO. Padre del cielo, en cuya fuerte diestra Est el gobierno de la tierra y cielo, Cuyo poder ac y all se muestra Con amoroso, justo, y santo zelo; Si tu luz, si tu mano no me adiestra A salir deste caos, temo y recelo Que como el cuerpo est en prisin esquiva, Tambien el alma ha de quedar cautiva. Do ests, Silvia hermosa? qu distino, Qu fuerza insana de inplacable hado El curso de aquel prospero camino Tan sin causa y razon nos ha cortado? O estrella! suerte! fortuna! signo! Si alguno de vosotros ha causado Tamaa perdicion, desde aqui digo Que mil cuentos de veces os maldigo. Yo morire por lo que al alma toca, Antes de hacer lo que mi ama quiere. Firme he de estar qual bien fundada roca, Que en torno el viento y mar combate y hiere: Que sea mi vida mucha, que sea poca Importa poco, solo el que bien muere Puede decir que tuvo larga vida, Y el que mal, una muerte sin medida. _Entrase_ AURELIO, _y sale_ SAAVEDRA _y_ PEDRO ALVAREZ, _y_ SEBASTIAN _ su tiempo_. SAAVEDRA. En la veloz carrera apresuradas Las horas del ligero tiempo veo Contra m con el cielo conjuradas. Queda atras la esperanza y no el deseo, Y ansi la vida de la muerte della El mal, el dao augmentan que poseo. Ay dura, iniqua, inexorable estrella! Como por los cabellos me has traido Al terrible dolor que me atropella! PEDRO ALVAREZ. El llanto en tales tiempos es perdido, Pues si llorando el cielo se ablandara, Ya le huvieran mis lagrimas movido. A la adversa fortuna alegre cara Debe mostrar el pecho generoso, Que qualquier mal buen animo repara. SAAVEDRA. El cuello enflaquecido al trabajoso Yugo de esclavitud amarga puesto, Bien ves que cuerpo y alma es peligroso; Y mas aquel que tiene presupuesto De dexarse morir, antes que pase Un punto al modo del vivir honesto. PEDRO ALVAREZ. Si acaso yo tus obras imitase, Forzoso me seria que al momento En brazos de la hambre me entregase. Bien s que en el cautivo no hay contento, Mas no quiero crecer yo mi fatiga, Teniendo siempre en ella el pensamiento. A mi patrona tengo por amiga, Tratame qual me ves, huelgo y paseo, Cautivo soi, el que quisiere diga. SAAVEDRA. Triunfa, hermano, y goza ese trofeo, Que si por ser cautivo te hermoseas, Yo s que es torpe, desgraciado y feo. PEDRO ALVAREZ. Hermano Saavedra, si te arreas De ser predicador, esta no es tierra Do alcanzars el fruto que deseas. Dexate deso, escucha de la guerra Que el gran Felipe hace, nueva cierta, Y un poco el pesar de ti destierra. Dicen que una fragata de Biserta Lleg esta noche, y alli viene un cautivo Que ha dado vida mi esperanza muerta. Quitole libertad el hado esquivo De Malaga pasando Barcelona, Cautivlo Mam, cosario altivo. En su manera muestra ser persona De calidad, y que es exercitado En el duro exercicio de Belona. Dice el numero cierto que ha pasado De soldados Espaa, forasteros, Sin los tres tercios nuestros que han baxado: Los Principes, seores, caballeros Que servir Filipo van de gana; Los naturales y los estrangeros. Y la muestra hermosisima lozana Que en Badajoz el Rey hacer pretende, De la pujanza de la union cristiana. Dicen en esto, que ninguno entiende El disignio del Rey, y el hablar desto El grande y el pequeo se defiende. SAAVEDRA. Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto El librador de nuestra amarga guerra, Si ya en el suelo no le teneis puesto. Quando llegu vencido en esta tierra Tan nombrada en el mundo, que en su seno Tanto pirata encubre, acoge y cierra, No pude al llanto detener el freno: Que pesar mio, sin saber lo que era, Me vi el marchito rostro de agua lleno, Ofreciendo mis ojos la rivera, Y el monte, donde el grande Carlos tuvo Levantada en el ayre su bandera, Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo, Pues movido de invidia de su gloria, Airado entonces mas que nunca estuvo; Y estas cosas moviendo en mi memoria, Las lagrimas truxeron los ojos, Forzadas de desgracia tan notoria. Pero si el alto cielo en darme enojos No est con mi ventura conjurado, Y aqui no lleva muerte mis despojos, Quando me vea en mas felice estado, O si la suerte, si el favor me ayuda A verme ante Filipo arrodillado, Mi temerosa lengua casi muda Pienso mover en la real presencia, De adulacion y de mentir desnuda, Diciendo: alto seor, cuya potencia Sugetas trae las barbaras naciones Al desabrido yugo de obediencia: A quien los negros indios con sus dones Reconocen honesto vasallage, Trayendo el oro ac de sus rincones, Despierte en tu real pecho coraje La desverguenza con que una bicoca Aspira de contino hacerte ultraje. Su gente es mucha, mas su fuerza es poca, Desnuda, mal armada, que no tiene En su defensa fuerte, muro roca. Cada uno mira si tu armada viene, Para dar los pies el cargo y cura De conservar la vida que sostiene. De la esquiva prisin amarga y dura, Adonde mueren quince mil cristianos, Tienes la llave de su cerradura. Todos de all, qual yo, puestas las manos, Las rodillas por tierra, sollozando, Cercados de tormentos inhumanos, Poderoso seor, te estn rogando Vuelvas los ojos de misericordia A los suyos, que estn siempre llorando: Y pues te dexa agora la discordia, Que tanto te ha oprimido y fatigado, Y mas andar te sigue la concordia, Haz, buen Rey, que sea por t acabado Lo que con tanta audacia y valor tanto Fue por tu amado padre comenzado. Con solo ver que vas, pondr un espanto A la barbara gente, que adivino Yo desde aqui su perdida y quebranto. Quin dubda que el real pecho benigno No se muestre, en oyendo la tristeza Donde estn estos miseros contino? Mas ay! como se muestra la baxeza De mi tan rudo ingenio, pues pretendo Hablar tan baxo ante tan alta alteza. Mas la ocasion es tal, que me defiende. Mas todo silencio poner quiero, Que temo que mi platica te ofende, Y al trabajo me llaman, do muero. _Sale_ SEBASTIAN, _Cautivo_. SEBASTIAN. Hase visto cosa igual? Hay tierra tan sin concordia, Do falta misericordia, Y sobra la crueldad? Donde se hallar disculpa De maldad tan insolente, Que pague el que es inocente, Por el que tuvo la culpa? O cielos! qu es lo que he visto! Este s que es pueblo injusto, Donde se tiene por gusto Matar los siervos de Cristo. O Espaa! patria querida, Mira qual es nuestra suerte, Que si all das justa muerte, Quitan ac justa vida. PEDRO ALVAREZ. Sebastian, dinos que tienes, Que hablas razones tales? SEBASTIAN. Una infinidad de males, Y una pobreza de bienes. SAAVEDRA. En ser, como eres esclavo, Se encierra todo dolor. SEBASTIAN. Otra pena muy mayor Me tiene m tan al cabo. PEDRO ALVAREZ. De donde puede causarse La pena que dices brava? SEBASTIAN. De una vida que hoy se acaba, Para jamas acabarse. Ya sabeis que aqui en Argel Se supo como en Valencia Muri por justa sentencia Un morisco de Sargel. Digo que en Sargel vivia, Puesto que era de Aragon, Y al olor de su nacion Pas el perro Berberia: Y aqui cosario se hizo Con tan prestas crueles manos, Que con sangre de cristianos La suya bien satisfizo. Andando en corso, fue preso, Y como fue conocido, Fue en la Inquisicion metido, Do le formaron proceso, Y alli se le averigu Como siendo bautizado, De Cristo havia renegado, Y en Africa se pas: Y que por su industria y maas, Traidores tratos esquivos Havian sido cautivos Mas de seiscientos cristianos. Y como se le probaron Tantas maldades y errores, Los justos Inquisidores Al fuego le condenaron. Supose del moro ac, Y la muerte que le dieron, Porque luego lo escribieron Los moriscos que hay all. La triste nueva sabida Por los parientes del muerto, Juran y hacen concierto De dar al fuego otra vida. Buscaron luego un cristiano Para pagar este escote, Y hallaronlo sacerdote, Y de nacion Valenciano. Pidieron este gran priesa Para executar su hecho, Porque vieron que en el pecho Traia la cruz de Montesa. La qual seal de victoria Que le cupo en buena suerte, Si en el suelo le di muerte, En el cielo le di gloria. Porque esta gente sin luz, Que en l tal seal han visto, Pensando matar Cristo Matan al que trae su cruz. A su amo le compraron, Y aunque eran pobres, un punto El dinero todo junto De limosna le allegaron. En nuestro pueblo cristiano Por Dios se pide la gente, Para sanar al doliente, No para matar al sano. Mas entre esta descreida Gente y maldito lugar, No piden para sanar, Mas para quitar la vida. Hoy en poder de sayones He visto al siervo de Dios No solamente entre dos, Pero entre dos mil ladrones. Iba el sacerdote justo, Entre injusta gente puesto, Marchito y humilde el gesto, A morir por Dios con gusto. Todo el pueblo se desvela En darle penas dobladas, Qual le da mil bofetadas, Qual sus blancas canas pela. Las manos que Dios tuvieron Mil veces, hoy son tenidas De dos sogas retorcidas, Con que atras se las asieron. Al yugo de otro cordel, El humilde cuello lleva, Haciendo mil moros prueba, Quanto pueden tirar del. A ningun lado miraba Que descubra un solo amigo, Que todo el pueblo enemigo Entorno le rodeaba. Con voluntad tan daada Procuran su pena y lloro, Que se tuvo por mal moro, Quien no le di bofetada. A la marina llegaron Con la victima inocente, Do con barbaria insolente A una ancora le ligaron. Dos ancoras una mano Vi yo alli en contrario zelo, Una de hierro en el suelo, Y otra de fe en el cristiano. Y la una la otra asida, La de hierro se convierte En dar cruda y presta muerte, La de fe en dar larga vida. Ved si es bien contrario el zelo De las dos en esta guerra; La una del suelo afierra, La otra se ase del cielo, Y aunque corra tal fortuna Que asombre el cuerpo y el alma, Como si estuviese en calma, No hay desasirse ninguna. Sin yerro al hierro ligado El siervo de Dios se hallaba, Y en el cuerpo atado, andaba Espiritu desatado. El cuerpo no se rodea, Que le ata mas de un cordel, Mas el espiritu del Todos los cielos pasea. La canalla, que se ensea A hacer nueva crueldad, Truxeron gran cantidad De seca y nudosa lea: Y una espaciosa corona Hicieron luego con ella, Dexando encerrada en ella La santa humilde persona. Y aunque no tienen sosiego Hasta verle ya espirar, Para mas le atormentar Encienden lejos el fuego. Quieren, como el cocinero Que en su oficio mas mirase, Que se ase y no se abrase La carne de aquel cordero. Sube el humo al ayre vano, Y veces le d en los ojos, Quema el fuego los despojos Que le vienen la mano. Vase arrugando el vestido Con el calor violento, Y el fuego poco contento Busca lo mas escondido. Combatenle fuegos dos, El uno humano y visible, El otro santo invisible, Que es luego de amor de Dios. Yo no s qual mas debia, Puesto que los dos pagaba, Al que el cuerpo le abrasaba, O al que el alma le encendia. Los que estaban mirarle, La ira ansi se les previerte, Que mueren por darle muerte, Y entretienense en matarle. Y en medio deste tormento No movi el santo varon La lengua formar razon Que fuese de sentimiento. Antes dicen, y yo he visto, Que si alguna vez hablaba, En el ayre resonaba Y cielo el nombre de Cristo. Y quando en el agonia Ultima el santo se vio, Cinco seis veces llam La Virgen Santa Maria. Al fuego el ayre le atiza, Y con tal ardor revuelve, Que poco poco resuelve El santo cuerpo en ceniza. Mas ya que morir le vieron, Tantas piedras le tiraron, Que con ellas acabaron Lo que las llamas no hicieron. O santo Esteban segundo Que me asigura tu zelo, Que miraste abierto el cielo En tu muerte desde el mundo! Queda el cuerpo en la marina Quemado y apedreado, Y el alma vuelo ha tomado Acia la region divina. Queda el moro muy gozoso Del injusto yerro hecho, El turco est satisfecho, Y el cristiano temeroso. Yo he venido referiros Lo que no pudistes ver, Si os lo ha dexado entender Mis lagrimas y suspiros. SAAVEDRA. Dexa el llanto, amigo, ya, Que no es bien que se haga duelo Por los que se van al cielo, Sino por quien queda ac. Que aunque parece ofendida A humanos ojos su suerte, El acabar con tal muerte Es comenzar nueva vida. Mide por otro nivel Tu llanto, que no hay paciencia Que las muertes de Valencia Se venguen aqui en Argel. Muestrase all la justicia En castigar la maldad, Muestra ac la crueldad Quanto puede la injusticia. SEBASTIAN. En tan amarga querella Quin detendr los gemidos? Ellos con culpa punidos, Nosotros muertos sin ella. PEDRO ALVAREZ. Bastabanos ser cautivos Sin tener mas desconciertos, Que si all queman los muertos, Abrasan aca los vivos. Usa Valencia otros modos En castigar renegados, No en publico condenados, Mueran tosigo todos. Mas un moro viene aca, No estemos juntos aqui, Saavedra por alli, Yo y Sebastian por aca. _Entranse_. JORNADA II. _Salen_ AURELIO _y_ IZUF. IZUF. Trescientos escudos d, Aurelio, por la doncella, Y estos d al turco, que ella Alma y vida le rend, Y es poco, segun es bella. Vendimela de aburrido, Diciendo que no ha podido, Mientras la tuvo en poder, En ningun modo traer Al amoroso partido. Pusela en casa de un moro, Sin osarla traer ac, Y alli est donde ella est Todo mi bien y tesoro, Y quanta gloria amor da. Alli se ve la bondad, Junta con la crueldad Mayor, que se vi en la tierra, Y juntas sin hacer guerra Belleza y honestidad. No pueden prometimientos Ablandar su duro pecho; Veme en lagrimas deshecho, Y ofrece siempre los vientos Quantos servicios la he hecho. No echa de ver su ventura, Ni como el dolor me aprieta Poco apoco suspirando, Antes quando yo mas blando, Entonces ella mas dura. A casa quiero traella Para entregarte en tu mano Mi gozo mas soberano, Quiz tu podrs movella, Siendo como ella cristiano. Y desde aqui te prometo, Que si conduces efeto Mi amorosa voluntad, De darte la libertad, Y serte amigo perfeto. AURELIO. En todo lo que quisieres, He, seor, de complacerte, Por ser tu esclavo, y por verte Que melindres de mugeres Te traigan de aquesta suerte. De qu nacion es la dama Que te enciende en esa llama, Sin mirar en su interes? IZUF. Espaola dicen que es. AURELIO. El nombre? IZUF. Silvia se llama. AURELIO. Silvia? Una Silvia venia A donde yo me embarqu, Y segun que yo mir, No en tanto alli se tenia. IZUF. Esa es: yo la compr. AURELIO. Si es esa, yo s decir Que es hermosa sin mentir, Y que no es tan cruda, altiva, Que su condicion esquiva A ninguno haga morir. Traela casa, seor, luego, Y ten las riendas al miedo, Y tu vers si yo puedo, Como mis manos y ruego Amaine el casto denuedo. IZUF. Yo voy, y mientras se ordena Su venida, por estrena Del contento que me has dado, Yo dire mi renegado Que te quite esa cadena. _Vase_. AURELIO. Qu es esto, cielos, que he oido? Es mi Silvia? Silvia es cierto; Es posible, hado incierto! Que he de ver quien me ha tenido Vivo en muerte, en vida muerto? Esta es mi Silvia, quien llamo, A quien sirvo, y quien amo Mas que todo lo del suelo. Gracias hago y doy al cielo Que los dos ha dado un amo. Tregua tengan mis enojos Entre tanta desventura, Pues por estraa ventura Vendrn mirar mis ojos Tan singular hermosura. Y si della est rendido Mi amo, est conocido Que el que la acert mirar, Era imposible escapar De preso, de mal herido. Y pues tan lascivos brios El descubre en sus amores, Si nos vemos, sus dolores Se encubrirn, y los mios Le dir que son mayores. Y mientras pudiere ver Su hermosura y gentil ser, Templar mi desconsuelo, Hasta que disponga el cielo De los dos lo que ha de ser. _Vase_. _Salen_ DOS MERCADERES. MERCADER. Al fin, Aydar, que en Cerdea Habeis hecho la galima? AYDAR. S, y no de poca estima, Segun sali en la resea. MERCADER. Dicen que os dieron caza De Napoles las galeras. AYDAR. S dieron, mas no de veras, Que el peso las embaraza. El ladron que va hurtar, Para no dar en el lazo Ha de ir muy sin embarazo, Para huir, para alcanzar. Las galeras de cristianos, Sabe, sino lo sabeis, Que tienen falta de pies, Y que no les sobran manos. Y la causa es, porque van Tan llenas de mercancias, Que aunque vogasen seis dias, Un ponton no alcanzarn. Nosotros la ligera, Y sueltos como el fuego, Y en dandonos caza, luego Pico al viento, ropa fuera, Las obras muertas abaxo, Arbol y antena en crugia, Y ansi hacemos nuestra via Contra el viento, sin trabajo. Pero alli tiene la honra El cristiano en tanto estremo, Que asir en un trance el remo Le parece que es deshonra. Y mientras ellos all En sus trece estan honrados, Nosotros dellos cargados Venimos sin honra ac. MERCADER. Esa honra y ese engao Nunca les salga del pecho, Pues nuestro mayor provecho Nace de su propio dao. Un mozo de poca edad De esos Sardos, comprar quiero. AYDAR. Ya los trae el pregonero Vendiendo por la ciudad. _Entra el_ PREGONERO _moro vendiendo los dos_ MUCHACHOS, _y la_ MADRE _y el_ PADRE. PREGONERO. Hay quien compre los chiquitos, Y el viejo que es el grandazo, Y la vieja y su embarazo? Pues fe que son bonitos. Deste me dan ciento y dos, Deste docientos me dan. Pero no le llevarn. Pasa ac, perrazo, vos. JUAN. Qu es esto, madre? por dicha Vendennos aquestos moros? MADRE. S, hijo, que sus tesoros Les crece nuestra desdicha. PREGONERO. Hay quien comprar acierte El nio y la madre juntos? MADRE. O terribles tristes puntos, Mas amargos que la muerte! PADRE. Sosegad, seora, el pecho, Que pues mi Dios lo ha ordenado Ponernos en este estado, El sabe por que lo ha hecho. MADRE. Destos hijos tengo pena, Que no s por donde han de ir. PADRE. Seora, dexad cumplir Lo que el alto cielo ordena. MERCADER. Quanto dan deste? decid. PREGONERO. Ciento y dos escudos dan. MERCADER. Por ciento y diez darle han? PREGONERO. No, sino pasais de ahi. MERCADER. Est sano? PREGONERO. Sano est. _Abrele la boca_. MERCADER. Abre, no tengas temor. JUAN. No me la saque, seor, Que ella mesma se cair. MERCADER. Piensa que sacalle quiero El rapaz alguna muela? JUAN. Paso, seor, no me duela, Tenga, paso, que me muero. AYDAR. Destotro qunto dan dl? PREGONERO. Ducientos escudos dan. AYDAR. Y por quanto le darn? PREGONERO. Trecientos piden por l. AYDAR. Si te compro, sers bueno? FRANCISCO. Aunque vos no me compreis, Ser bueno. AYDAR. Serlo heis? FRANCISCO. Ya lo soi, sin ser ageno. MERCADER. Por este doi ciento y treinta. PREGONERO. Vuestro es, venga el dinero. MERCADER. En casa daroslos quiero. MADRE. El corazon me revienta! MERCADER. Comprad, compaero, esotro. Ven, nio, vente holgar. JUAN. Seor, no he de dexar Mi madre por ir con otro. MADRE. Ve, hijo, que ya no eres Sino del que te ha comprado. JUAN. Ay madre! haveisme dexado? MADRE. Ay cielo, quan cruel eres! MERCADER. Anda, rapaz, ven conmigo. JUAN. Vamonos juntos, hermano? FRANCISCO. No puedo, ni est en mi mano, El cielo vaya contigo. MADRE. O mi bien, y mi alegria, No se olvide de ti Dios! JUAN. Dnde me llevan sin vos, Padre mio, y madre mia? MADRE. Quieres que hable, seor, A mi hijo un momento? Dame ese breve contento, Pues ser eterno el dolor. MERCADER. Quanto quisieres le d, Pues ser la vez postrera. MADRE. S, pues esta es la primera Que en este trance me vi. JUAN. Tenme con vos aqui, Madre, que voy no s donde. MADRE. La ventura se te asconde, Hijo, pues yo te par. Hase escurecido el cielo, Turbado los elementos, Conjurado mar y vientos Todos en mi desconsuelo. No conoces tu desdicha, Aunque estas bien dentro della, Puesto que el no conocella Lo puedes tener por dicha. Lo que te ruego, alma mia, Pues ya el verte se me impide, Es que nunca se te olvide Rezar el Ave Maria. Que esta Reyna de bondad, De virtud y gracia llena, Ha de librar tu cadena, Y ponerte en libertad. AYDAR. Mira la mala cristiana Que consejo d al muchacho, S, que no estaba borracho Como t, falsa, liviana. JUAN. Madre, alfin que no me quedo? Qu me llevan estos moros? MADRE. Contigo van mis tesoros. JUAN. A fe que me ponen miedo. MADRE. Mas miedo me queda m De verte ir do vas, Que nunca te acordars De Dios, de t, ni de m; Porque estos tus tiernos aos Qu prometen sino aquesto? Entre iniqua gente puesto, Fabricadora de engaos. PREGONERO. Calla vieja, mala pieza, Sino quieres por mas mengua, Que lo que dice tu lengua Venga pagar tu cabeza. Destotro hay quin d mas, Que es mas bello y mas lozano, Que no su pequeo hermano? AYDAR. D, por quanto le dars? PREGONERO. No os he dicho, que trecientos Escudos de oro por cuenta? AYDAR. Quis ducientos y cinquenta? PREGONERO. Eso es dar voces al viento. AYDAR. Enamorado me ha El donaire del garzon; Yo los doi en conclusion. PREGONERO. Dinero, y seal me da. AYDAR. Como te llamas me d. FRANCISCO. Seor, Francisco me llamo. AYDAR. Pues has mudado de amo, Muda el Francisco en Maami. FRANCISCO. Eso no, seor patron, Francisco me has de llamar. AYDAR. El palo os har mudar El nombre, y aun la intencion. FRANCISCO. Pues me aparta el hado insano De vos, seor, qu mandais? PADRE. Hijo mio, que vivais Como bueno y fiel cristiano. MADRE. Hijo, no las amenazas, No los gustos y regalos, No los azotes ni palos, No los conciertos ni trazas, No todo quanto tesoro Cubre el cielo, y sol ha visto Te mueva dexar Cristo Por seguir al pueblo moro. FRANCISCO. En m se ver si puedo, Pues mi buen Jess me ayuda, Como en mi alma no muda La fe, la promesa y miedo. PREGONERO. O qu cristiano se muestra El rapaz! pues yo os prometo Que alceis tantico aprieto El brazo, y la mano diestra. Estos rapaces cristianos Al principio muchos lloros, Y despues se vuelven moros Mejor que los mas ancianos. _Vanse_. JORNADA III. _Salen_ IZUF, SILVIA, _y_ ZARA, _y un_ MORO. IZUF. Dexad, Silvia, el llanto ahora, Poned tregua al ansia brava, Que no os compr para esclava, Sino para ser seora. Mira que imagino y creo Que vuestra gran desventura, Para daros mas ventura Ha traido este rodeo. Con vos fortuna en su ley No usa de nuevas leyes, Que esclavos se han visto reyes, Pero vos sois mas que rey. Limpiad ya esos bellos ojos Que sujetan quanto miran, Y al tiempo que se retiran, De alma llevan los despojos. Y no cubra el blanco velo Esa divina hermosura, Que es como la nieve pura. Que impide la luz del cielo. SILVIA. Esme ya tan natural, Seor, el llanto y tormento, Que si me dexa un momento, Lo tengo por mayor mal; Aunque s estoi y estar Alegre al obedeceros, Pues distes tantos dineros Por m, sin saber por que. Porque os prometo, seor, Que de miseria y pobreza Tengo quanto de riqueza, Si la riqueza es dolor. Y de dolor soi tan rica, Quanto por darme pasion Este caudal, la ocasion Por puntos le multiplica. IZUF. Silvia, vives engaada, Que yo no quiero de t, Sino que quieras de m Ser servida y regalada. Que el provecho que yo espero, Silvia, de haverte comprado, Es ver tu rostro estremado, Y no doblar el dinero. Que el amor que se mejora En mostrar su fuerza brava, Me ha hecho esclavo de esclava, Esclava que es mi seora. Y quedo tan satisfecho De perder la libertad, Que alabo la crueldad Deste crudo y nuevo pecho. Y porque lo que aqui digo Lo entiendas, Silvia, mejor, Nunca me llames seor, Sino siervo caro amigo. SILVIA. Aunque tamaa mudanza Ha hecho el cielo en mi estado, No entiendas se me ha olvidado El termino de crianza. Bien s como he de llamarte, Y s que es de obligacion, Que en lo que fuere razon, Procure de contentarte. IZUF. Tu habla tan comedida, Tu donaire, y gracia, y ser Claro me d entender Que eres, Silvia, bien nacida. Y aunque pudiera esperar De t un rescate crecido, A tal termino he venido, Que tu me has de rescatar. Mas entanto que la clara Veas quanto hago por t, Ven, Silvia, vente tras m, Vers tu ama Zara. SILVIA. Vamos, seor, en buena hora. IZUF. Silvia, no tanto seor, Pues la ventura y amor Os ha hecho vos mi seora. ZARA. Seais, Izuf, bien llegado: Cuya es la esclava? IZUF. Mia. SILVIA. Vuestra soi, seora mia. IZUF. Vuestra es, yo la he comprado. ZARA. Por cierto la compra es bella, Si qual hermosa, es honesta. Decid, seor, quanto cuesta? IZUF. Dado he mil doblas por ella. ZARA. Espera ser rescatada? IZUF. De muy rica tiene fama. ZARA. Su nombre? IZUF. Silvia se llama. ZARA. Es doncella, es casada? SILVIA. Casada soy, y doncella. ZARA. Cmo es eso, Silvia, d? SILVIA. Seora, ello es ansi, Que ansi lo quiso mi estrella. El cielo me di marido No para que le gozase, Sino para que quedase Yo perdida, y l perdido. MORO. Izuf, llamar te invia El Rey apriesa nuestro Azan. IZUF. Dnde est? MORO. En el Duan, Metido en grande agonia. Ams, Xem, Zarag, Y los Balucos Baxies, Y todos los Debaxies, Y el Daxs estn all. Hanse juntado consejo Sobre que se ha averiguado Que el Rey de Espaa ha juntado De guerra grande aparejo. Dicen que va Portugal, Mas temese no sea maa, Y es bien que tema su saa Argel, que le hace mas mal. En la guerra hay mil ensayos, De fraudes y astucias llenos, Acull suenan los truenos, Aca disparan los rayos. IZUF. Vamos, que el cielo que toma Por suya nuestra defensa, A Espaa har con su ofensa Sujeta y sierva Mahoma. Y vos, seora, ordenad A Silvia lo que ha de hacer; Y vos, Silvia, su querer Sujetad la voluntad. ZARA. Cristiana, de donde eres? Eres pobre, eres rica? De suerte ensalzada chica? No me lo niegues, si quieres; Porque soi qual t muger, Y no de entraas tan duras, Que tus tristes desventuras No me hayan de enternecer. SILVIA. Seora, soi de Granada, Y de suerte ansi abatida, Qual lo muestra el ser vendida, Y cada paso comprada. Dicen que fui rica un tiempo, Pero toda mi riqueza Se ha vuelto en mayor pobreza, Y ha pasado con el tiempo. ZARA. Has algun tiempo tenido Enamorado deseo? SILVIA. Al estado en que me veo El crudo amor me ha traido. ZARA. Fuiste acaso bien querida? SILVIA. Fuilo, y quise con ventaja Tal, que apenas la mortaja Borrar fe tan subida. ZARA. Fuiste querida primero, U empez el amor de t? SILVIA. Primero querida fui Del que quise, querre, y quiero. ZARA. Es mozo? SILVIA. Y aun gentilhombre. ZARA. Es cristiano? SILVIA. Pues qu moro? No sale de su decoro Quien ha de cristiano nombre. ZARA. Y es pecado querer bien A un moro? SILVIA. Yo no s nada, S que es cosa reprobada, Y cristianos no est bien. ZARA. Y querer mora cristiano? SILVIA. Eso t mejor lo entiendes. ZARA. Ay Silvia, como me ofendes Y me lastimas temprano! SILVIA. Yo, mi seora, en qu suerte? ZARA. Escucha, y te lo dir, Que escuchandome, bien s Que vendrs enternecerte. Has de saber, Silvia, que estos dias, Partieron deste puerto con buen viento Doce baxeles de cosarios todos, Y con prospero viento caminaron, A vuelta de las islas de Cerdea, Y alli en las calas, vueltas y revueltas, Y puntas que la mar hace y revuelve, Se fueron esconder, estando alerta De algun baxel de Genova, Espaa, O de otra nacion, que no fuese Francesa: Y presto un bravo viento se levanta Que Maestral se llama, cuya furia Dicen los marineros que es tan grande, Que las tupidas velas y las jarcias Del mas recio navio y mas armado No pueden resistirle, y es forzoso Acudir al abrigo mas cercano, Si su rigor acaso lo concede. Las levantadas olas y el ruido Del atrevido viento detenia Los cosarios baxeles en los cabos, Sin dexarles salir al mar viento, Y en otra parte con furor insano Mostrando su braveza fatigaba Una galera de cristiana gente Y de riquezas llena, que corriendo Por el hinchado mar sin remo alguno Venia su alvedrio, temerosa De ser sorbida de las bravas hondas; Pero despues al cabo de tres dias Del recio mar y viento contrastada, Descubri tierra, y fue el descubrimiento De su mayor dolor y desventura, Porque la misma isla de San Pedro Vino parar, donde recogidos Estaban los baxeles enemigos, Los quales, de la presa codiciosos, Salen, y de ardor belico adornados A la galera acometen destrozada, Y de solos deseos defendida: Una pelota pasa en el momento Al Capitan el pecho, y su lado Del Lusitano fuerte muerto cae Un caballero ilustre Valenciano. El robo, las riquezas, los cautivos, Que los turcos hallaron en el seno De la triste galera, me ha contado Un cristiano que alli perdi la dulce Y amada libertad, para quitarla A quien quiere rendirse su rendido. Y este cristiano, Silvia, este cristiano, Este cristiano, Silvia, es quien me tiene Fuera del ser que moras es debido, Fuera de mi contento y alegria, Fuera de todo gusto, y estoi fuera, Que es lo peor, de todo mi sentido. Comprle mi marido, y est en casa, Y puesto que con lagrimas y ruegos, Con suspiros, ternezas, y con dadivas Procuro de ablandar su duro pecho Al mio, que contino es blanda cera, El suyo se me muestra de diamante: Ansi que, Silvia hermana, como has dicho Que al cristiano no es licito d gusto En cosas del amor mora alguna, Tus razones me tienen ofendida, Y con aquesas mismas se defiende Aurelio, quien ha hecho tan cristiano El cielo para darme mi la muerte. SILVIA. Aurelio, dices, que por nombre tiene Ese cristiano? ZARA. Ansi se llama. SILVIA. La galera que dices segun creo Se llamaba San Pablo, y era nueva, De la sacra religion de Malta, Yo en ella me perdi, y aun imagino Que conozco ese Aurelio, y es un mozo De rostro grave, y de nacion Hispana. ZARA. Sin dubda has acertado, Silvia mia, Quin es este enemigo de mi gloria? Es caballero, rustico aldeano? Que todo lo parece en su postura, Y dura condicion, el talle ilustre De la ciudad, la condicion del monte. SILVIA. A m pobre escudero me parece, Segun en la galera se trataba, Que de su hacienda no s mas, seora. ZARA. Ni yo s que te diga, Silvia mia, Sino que tal estremo soi venida, Que le tengo de amar sea quien se fuere; Solo te ruego, que procures, Silvia, De ablandar esta fiera tigre Hircana, Y atraerle con dulces sentimientos A que sienta la pena que padece Esta misera esclava de su esclavo: Y si esto, Silvia, haces, yo te juro Por todo el Alcoran de buscar modo Como con brevedad alegre vuelvas Al patrio dulce suelo deseado. SILVIA. Dexa, seora, el cargo Silvia dello, Que tu vers lo que mi industria hace Por gusto tuyo y por provecho mio. JORNADA IV. _Salen los tres morillos, y los cautivos, que van unos por agua y otros por lea, que son_ SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ. MORILLO. Don Juan no venir, y no fuxir, aca morir. OTRO MORO. Aca morir. OTRO MORO. Aca morir, no fuxir, aca morir. SAAVEDRA. Vendr su hermano el inclito Filipo, El qual sin duda ya venido hoviera, Si la cerviz indomita y erguida Del luterano Flandes no ofendiese Tan sin verguenza su Real Corona. MORILLO. No rescatar, no fuxir, Don Juan no venir, aca morir. PEDRO ALVAREZ. Si l acaso viniera, yo s cierto, Murierades vosotros, gente infame. OTRO MORO. Don Juan no venir, no fuxir, aca morir. PEDRO ALVAREZ. Primero ver yo puestas por tierra Estas flacas murallas, y este nido Y cueva de ladrones abrasado, Pena que justamente le es debida A sus continuos y nefandos vicios. SAAVEDRA. Ser nunca acabar si respondemos, Dexalos ya, Pedro Alvarez, amigo, Que ellos se cansarn; y dime agora Si todavia piensas de huirte. PEDRO ALVAREZ. Y cmo? SAAVEDRA. En qu manera? PEDRO ALVAREZ. Por tierra, Que no puedo de otra suerte ni otro modo. SAAVEDRA. Pues un negocio tal ansina emprendes? PEDRO ALVAREZ. Pues qu quieres que haga, Saavedra? Que mis ancianos padres ya son muertos, Y un hermano que tengo, se ha entregado En la hacienda y bienes que dexaron, El qual es tan avaro, que aunque sabe La esclavitud amarga que padezco, No quiere dar para librarme della Un real de mi mismo patrimonio. Como esto considero, y veo que tengo Un amo cruel, como tu sabes, El qual piensa que soi yo caballero, Y que no hay modo que limosna alguna Llegue dar el dinero que l me pide, Y la insufrible vida que padezco, De hambre, desnudez, cansancio y frio, Determino morir antes huyendo, Que vivir una vida tan mezquina. SAAVEDRA. Has hecho la mochila? PEDRO ALVAREZ. S, ya tengo Cosa de diez libras de vizcocho bueno. SAAVEDRA. Pues hay de aqui Oran sesenta leguas, Y no piensas llevar mas de diez libras? PEDRO ALVAREZ. No, porque tengo ya hecha una pasta De harina y huevos, y con miel mezclada, Y cocida muy bien, la qual me dicen, Que d muy poco della gran sustento. Si aquesto me faltare, algunas yerbas Pienso comer con sal, que tambien llevo. SAAVEDRA. Zapatos llevas? PEDRO ALVAREZ. Tres pares buenos. SAAVEDRA. Sabes bien el camino? PEDRO ALVAREZ. Ni por pienso. SAAVEDRA. Pues cmo piensas ir? PEDRO ALVAREZ. Por la marina, Que agora como es tiempo de verano, Los alarbes todos la sierra Se retiran, buscando el fresco viento. SAAVEDRA. Llevas algunas seas por do entiendas Qual es de Oran la deseada tierra? PEDRO ALVAREZ. S llevo, y s que he de pasar primero Dos rios, el uno dellos es nombrado El rio del Azafran, que est aqui junto, El otro, de Hiquina, que es mas lexos, Cerca de Mostagan, y aunque derecha, Est una levantada y alta cuesta, Que dicen que se llama el cerro Gordo, Y puesto encima della se descubre Frente por frente un monte, que es la silla Que sobre Oran levanta la cabeza. SAAVEDRA. Caminars de noche? PEDRO ALVAREZ. Quin lo dubda? SAAVEDRA. Por montaas, por montes, por honduras Te atreves pasar en las tinieblas De la cerrada noche, sin camino Ni senda que te guie donde quieres? O libertad, y quanto eres amada! Amigo caro, el cielo santo haga Salir con buen subceso tu trabajo, Que yo me voi al mio, que es ya hora. Dios te acompae. PEDRO ALVAREZ. Y l vaya contigo. _Sale la Mora al encanto, en entrandose estos._ FATIMA. El esperado punto es ya llegado Que pide la no vista hechiceria, Para poder domar el no domado Pecho, que domar la ciencia mia. Por la region del cielo estrellado Carro lleva la noche oscura y fria, Y la ocasion me llama, do har cosas Horrendas, estupendas y espantosas. El cabello dorado al ayre suelto Tiene de estar, el cuerpo desceido, Descalzo el pie derecho, el rostro vuelto Al mar, donde el sol sea zabullido, Al brazo este sartal ser revuelto De las piedras preadas que en el nido Del aguila se hallan, y esta cuerda Con mi intincion la virtud suya acuerda. Aquestas cinco caas, que cortadas Fueron en la luna llena por mi mano, En esta misma forma acomodadas, Lo que quiero harn fcil y llano. Tambien estas cabezas arrancadas Del gavilo, serpiente en el verano, Hasta en la obra me aprovechan, Y aun estos granos si en el suelo se echan. Esta carne quitada de la frente Del ternezuelo potro quando nace, Cuya virtud probada y excelente En todo mi deseo satisface, Envuelta en esta yerba, quien el diente Toc del corderillo quando nasce, Har que Aurelio venga qual cordero Mansisimo y humilde lo que quiero. Esta figura que de cera es hecha, En el nombre de Aurelio fabricada, Ser con dura mano y blanda flecha Por medio el corazon atravesada: Quedar luego Zara satisfecha De aquella voluntad desordenada, Y el helado cristiano vendr luego Ardiendo en amoroso y vivo fuego. A vosotros, justo Radamonte Y Minos, que con leyes inmutables En los obscuros reynos del espanto Regis las almas tristes miserables, Si acaso tiene fuerza el ronco canto, O murmurios de versos deleytables, Por ellos os conjuro, ruego y pido Ablandeis este pecho endurecido. Rapida, Ronca, Run, Ras, Parisforme, Grandura, Denclifaz, Pantasilonte, Ladrante, tragador, falso y disforme, Arbarico pestifero del monte, Erebo, engendrador del rostro inorme De todo fiero Dios, punto ponte, Ven sin detenerte mi presencia, Sino desprecias la Zoroastria ciencia. FURIA. La fuerza incontrastable de tus versos Y murmurios perversos me han traido Del reyno del olvido obedecerte; Mas, mora, que el verte en esta impresa Infinito me pesa, porque entiendo Que es ir tiempo perdiendo. FATIMA. Por qu causa? FURIA. Pon al conjurar pausa, y al momento Satisfar tu intento en lo que pides, Si acaso tu te mides y acomodas Con mis palabras todas y consejos: Todos tus aparejos son en vano, Porque un pecho cristiano que se arrima A Cristo, poco estima hechicerias: Por muy diversas vias te conviene Atraerle que pene por tu amiga. FATIMA. Ansi que esta fatiga no aprovecha? FURIA. En valde ha sido hecha, mas escucha, Que con presteza mucha y sin rodeo Cumplirs tu deseo en este modo. En el Infierno todo no hay quien haga Mas cruda y fiera plaga entre cristianos, Aunque tengan mas sanos corazones Y limpias intinciones, que es la dura Necesidad que apura la paciencia: No tiene resistencia esta pasion. La otra es la Ocasion, si estas dos vienen Y con tu Aurelio tienen estrecheza, Vers su braveza derribada Y en blandura trocada, y con sosiego Regalarse en el fuego de Cupido. FATIMA. Pues esas dos te pido que me invies, Y que no te desvies desta impresa. FURIA. Tu mandado har con toda priesa. _Vanse_. _Salen_ AURELIO _y_ SILVIA. AURELIO. Dado me ha la fortuna por discuento De todo mi trabajo, Silvia mia, La gloria del mirarte, y el contento. Mi pena ser vuelta en alegria De hoy mas, pues que te veo, Silvia amada, Y mi cerrada noche en claro dia. SILVIA. Yo soi, mi bien, la bien afortunada, Pues que torno gozar de tu presencia, De lo que estaba ya desconfiada. AURELIO. Cmo os ha ido, esposa, en esta ausencia, En poder desta gente, que no alcanza Razon, virtud, almas, conciencia? SILVIA. Como he tenido y tengo la esperanza Puesta en el hacedor de tierra y cielo, Con cristiana y sigura confianza Por su bondad, aun tengo el casto velo, Y tanto con su ayuda santa espero No tener de mancharle algun recelo. AURELIO. Sabras, esposa amada, que el artero Y vengativo amor ha salteado Con aspero rigor airado y fiero El pecho de mi ama, y le ha llagado De una llaga incurable, pues le tiene Deste pecho que es tuyo, enamorado, Y do quiera que voi conmigo viene, Y segun que la mora me declara, Solo con el mirarme se entretiene. SILVIA. Todo ese cuento ya me ha dicho Zara, Y me ha pedido que yo vos os pida No querais desdearla ansi la clara: Tambien no pasa menos triste vida Izuf, nuestro amo, que tambien me adora Con fe, que lo que creo, no es fingida. AURELIO. O pobre moro, y desdichada mora, Cmo inviais en vano al vano viento Vuestros vanos suspiros de hora en hora! Tambien me ha dicho Izuf todo su intento, Y me ha rogado, que yo vos os ruegue Algun alivio deis su tormento; Mas antes con airada furia llegue Una saeta que me pase el pecho, Y esta alma de las carnes se despegue, Que tan costa mia su provecho Y tan en dao nuestro procurase, Aunque l queda de m bien satisfecho. SILVIA. Si en este caso, Aurelio, nos bastase Mostrar estos voluntad trocada, Sin que el dao adelante mas pasase, Tendrialo por cosa yo acertada, Porque deste fingir se grangearia El no estorbarnos nuestra vista amada: Decir Zara que por causa mia No te muestras tan aspero, y al moro Decir que mucho puede tu porfia, Y guardando los dos este decoro Con discrecion, podremos facilmente Aplacar con el vernos nuestro lloro. AURELIO. El parecer que has dado es excelente, Y harase qual ordenas, y entre tanto Quiz se aplacar el hado inclemente: Yo escribir mis padres el quebranto En que estamos los dos: t, Silvia, puedes Escribir los tuyos otro tanto. Y porque veces tienen las paredes, Como dicen, oidos, Silvia mia, Agradeciendo al cielo estas mercedes, Pasemos esta platica otro dia. _Vanse_. _Salen_ PEDRO ALVAREZ _que se va, y otro_ CAUTIVO _que huye, y dos_ MOROS _que le cogen y le vuelven_. PEDRO ALVAREZ. Este largo camino, Tanto pasar de breas y montaas, Y el bramido contino De fieras alimaas Me tienen de tal suerte, Que pienso de acabarlo con la muerte. El pan se me ha acabado, Y roto entre xarales el vestido, Los zapatos rasgados, El brio consumido, De modo que no puedo Un pie del otro pie pasar un dedo. Ya la hambre me aquexa, Y la sed insufrible me atormenta, Ya la fuerza me dexa, Y espero desta afrenta Salir con entregarme A quien de nuevo quisiere cautivarme. Y he ya perdido el tino, No se qual es de Oran la cierta via; Ni senda, ni camino, La triste suerte mia Me ofrece; y qu hace al caso? Que aunque le hallase, no hay mover el paso. Virgen bendita y bella, Remediadora del linage humano, Sed vos aqui la estrella, Que en este mar insano Mi pobre barca guie, Y de tantos peligros la desvie. Virgen de Monserrate, Que esas asperas sierras haceis cielo, Inviadme rescate, Sacadme deste duelo, Pues es hazaa vuestra Al misero caido dar la diestra. Entre estas matas quiero Esconderme pues que es entrado el dia, Aqui morir espero. Santisima Maria, En este trance amargo El cuerpo y alma dexo vuestro cargo. _Sale un Leon y echase junto l, y sale luego el otro_ CAUTIVO _que tambien se va_. CAUTIVO. Estas pisadas no son De moro, por cierto, no, Cristiano las estamp, Que con la mesma intincion Debe de ir, que llevo yo. De alarbes las pisadas Son anchas y mal formadas, Porque es ancho su calzado, El nuestro mas escotado, Y ansi son diferenciadas. Yo seguro que no est Muy lexos de aqui escondido, Porque el rastro he ya perdido; Mas el sol alto va ya, Y yo mal apercibido. Aqui me quiero esconder, Hasta que al anochecer Torne seguir mi viage, Que en este mismo parage Mostagan viene caer. Porque el sol sale de alli, El norte acia all se inclina, No est lexos la marina. O qu mal estoy aqui! Buen Jess, t me encamina, Que mucho alarbe pasa Por esta campaa rasa: Si me he acertado esconder, No me despido de ver Mis hijos, muger, y casa. _Entran dos_ MOROS _por l_. MORO. Zaramir ara furir. _Recuerda_ PEDRO ALVAREZ. PEDRO ALVAREZ. Santo Dios, qu es lo que veo, Que aunque sois fiero Leon, Saltos me d el corazon; Cumplido se ha mi deseo, Libre soi ya de pasion. Pues lo quiere mi ventura Este con su fuerza dura Mis dias acabar, Y su vientre servir Al cuerpo de sepultura. Pero tanta mansedumbre No se vio ansi facilmente En animal tan valiente, Aunque su fiera costumbre Muestra las veces clemente. Mas quin sabe si movido El cielo de mi gemido, Este leon me ha inviado Para ser por l tornado Al camino que he perdido? Sin duda es divina cosa, Y asegurame este intento, Que en m espiritu siento Con fuerza marabillosa, Y nuevo y crecido aliento. Y ya es caso averiguado Que otro leon ha llevado A la Goleta un cautivo, Que le hall en un monte esquivo Huido y descarriado. Obra es esta, Virgen pia, De vuestra divina mano, Porque ya est claro y llano, Que el hombre que en vos confia, Espera, y no confia en vano. Esprame, compaero, Que ya determino y quiero Seguir do quiera que fueres, Que ya me parece que eres, No leon, sino cordero. JORNADA V. _Empiezanla_ PEDRO ALVAREZ, _y el_ LEON. PEDRO ALVAREZ. Nunca menos con afan He caminado camino, Y segun que yo imagino, No est muy lexos Oran: Gracias te doy, Rey divino. Virgen pura, vos alabo, Y ruegoos lleveis al cabo Tan estraa caridad, Que si me dais libertad, Prometo seros esclavo. _Entrase_. _Sale_ OCASION _y_ NECESIDAD. OCASION. Necesidad, fiel executora De qualquiera delito que se ofrece, La publica Ocasion y la secreta Ya ves quan apremiadas y forzadas Del cruel infernal habemos sido, Para venir combatir la roca Del pecho encastillado de un cristiano Que est rebelde, y mas, que no teme Del nio y fiero dios la grande fuerza. Es menester que esta le solicites, Y te le muestres siempre todas horas En el comer, en el beber, en todas Las cosas que pensare y pretendiere. Yo de mi parte de contino pienso Ponermele delante, y la miseria De mis pocos cabellos ofrecerle, Y detener mi vuelo, porque pueda Asirme della, cosa poco usada De mi ligera condicion y presta. NECESIDAD. Bien puedes, Ocasion, estar segura, Que yo hare por mi parte marabillas, Si tu favor y ayuda no me falta. Pero ves aqui viene el indomable, Apercibete, hermana, y derribemos La vana presuncion deste cristiano. _Sale_ AURELIO. AURELIO. Qu no ha de ser posible, pobre Aurelio, El defenderte desta mora infame, Que por tantos caminos te persigue? S ser, sino me niega el cielo El favor que hasta aqui no me ha negado. De mil astucias usa y mil maneras Para traerme su lascivo intento, Ya me regala, ya me vitupera, Ya me mata de hambre y de miseria. NECESIDAD. Grande es por cierto, Aurelio, la que tienes. AURELIO. Grande necesidad es la que paso. NECESIDAD. Rotos traes los zapatos y el vestido. AURELIO. Zapatos y vestido tengo rotos. NECESIDAD. En un pellejo duermes, y en el suelo. AURELIO. En el suelo me acuesto, y en un pellejo. OCASION. Pues yo s, si quisieses, que hallarias Ocasion de salir dese trabajo Muy presto, sin contraste, poca costa. AURELIO. Pues yo s, si quisiese, que hallaria Ocasion de salir deste trabajo Muy presto, sin contraste, poca costa. OCASION. Con no mas que querer tu ama Zara, O con dar muestras solo de querella. AURELIO. Con no mas de querer bien mi ama, O fingir que la quiero, me bastaba. Mas quin podr fingir lo que no quiere? NECESIDAD. Necesidad te fuerza que lo hagas. AURELIO. Necesidad me fuerza que lo haga. OCASION. Qun rica es para t, y quan hermosa! AURELIO. Qun rica y qun hermosa que es mi ama! NECESIDAD. Y liberal, que hace mas al caso, Que te dar montn lo que quisieres. AURELIO. Y siendo liberal y enamorada, Darame todo quanto le pidiere. OCASION. Estraa es la ocasion que se te ofrece. AURELIO. Estraa es la ocasion que se me ofrece, Mas no podr torcer mi hidalga sangre, De lo que es justo, y s misma debe. OCASION. Quin tiene de saber lo que tu haces? Que un pecado secreto aunque sea grave, Cerca tiene el remedio y la disculpa. AURELIO. Quin tiene de saber lo que yo hago? Y un pecado secreto, aunque sea grave, Cerca tiene el remedio y la disculpa. OCASION. Y mas, que la ocasion mil ocasiones Te ofrecer secretas y escondidas. AURELIO. Y mas, que cada paso se me ofrecen Infinitas secretas ocasiones. Cerrar quiero con una. Aurelio, paso, Que no es de caballero lo que piensas, De lo que Cristo y su sangre debes. NECESIDAD. Misericordia tiene y tubo Cristo, Con que perdona siempre las ofensas Que por necesidad pura se hacen. AURELIO. Pero bien sabe Dios que aqui me fuerza Pura necesidad, y esta reciba El cielo por disculpa de mi culpa. OCASION. Ahora es tiempo, Aurelio, ahora puedes Asir la ocasion por los cabellos, Mira quan blanda, dulce y amorosa La mora hermosa viene tu mandado. _Sale_ ZARA. ZARA. Aurelio, solo ests? AURELIO. Y acompaado. ZARA. De quin? AURELIO. De un amoroso pensamiento. ZARA. Quin fue la causa? AURELIO. Si te la dixese, Podr ser que ya no me llamases Riguroso cruel desamorado. NECESIDAD. Obrando va tu fuerza, compaera. OCASION. Pues no ha de obrar? Escucha en lo que pra. ZARA. Sigueme, Aurelio, y entremos en mi casa. _Vase_. AURELIO. S seguir, seora, que ya es tiempo De obedecerte, pues que soi tu esclavo. NECESIDAD. Por tierra va, Ocasion, el fundamento Del bizarro cristiano, y se rinde. OCASION. Tales combates juntos le hemos dado. Entremonos con Zara en su aposento, Y all de nuevo, quando Aurelio entrare, Tornaremos dalle tientos nuevos. _Entranse_ NECESIDAD _y_ OCASION, _y queda_ AURELIO. AURELIO. Aurelio, dnde vas? para d mueves El vagaroso paso? quin te guia? Con tan poco temor de Dios te atreves A contentar tu loca fantasia? Las ocasiones faciles y leves Que el lascivo regalo al alma invia, Tienen de persuadirte y derribarte, Y al vano y torpe amor blando entregarte. Es este el levantado pensamiento, Y el proposito firme que tenias, De no ofender Dios, aunque en tormento Acabases tus torpes tristes dias? Tan presto has ofendido y dado al viento Las justas y amorosas fantasias, Y ocupas la memoria de otras vanas, Deshonestas, infames, y livianas? Vaya lexos de m el intento vano, Afuera pensamiento mal nascido, Que el loco enredador de amor insano De otro mas limpio amor ser rompido, Cierto, cristiano soy, y he de vivir cristiano; Y aunque terminos tristes conducido, Dadivas, promesas, astucias y arte, No harn que un punto de mi Dios me aparte. _Sale_ FRANCISQUITO _cautivo_. FRANCISCO. Has visto, Aurelio, mi hermano? AURELIO. Dices Juanico? FRANCISCO. S. AURELIO. Poquito ha que le v. FRANCISCO. O santo Dios soberano. AURELIO. Padeceis algun tormento? FRANCISCO. S, una fatiga Que no s como la diga Segun la pena que siento. Y no querais saber mas Para entender mi cuidado, Sino que mi hermano ha dado El anima satanas. AURELIO. Ha renegado por dicha? FRANCISCO. Dicha llamas renegar? Si l lo viene efectuar, Ello ser por desdicha. Ha dado ya la palabra, Que esto, hermano, es lo que siento, De ser turco, y este intento Con regalos siempre labra. AURELIO. Vesle, Francisco, do asoma; Bizarro viene por cierto. _Entra_ JUANICO, _vestido como turco bizarro_. FRANCISCO. Estos vestidos le han muerto: Que l, qu sabe de Mahoma? AURELIO. Vengais norabuena, Juan. JUAN. No sabeis que ya me llamo: AURELIO. Cmo? JUAN. Ansi como mi amo. FRANCISCO. En qu modo? JUAN. Soliman. FRANCISCO. Tosigo fuera mejor, Que envenenra aquel hombre Que este ha mudado el nombre. Qu es lo que dices, traidor? JUAN. Pero poquito de aquesto, Que yo lo dir mi amo, Porque Soliman me llamo, Me amenaza, bueno es eso. FRANCISCO. Abrazame, dulce hermano. JUAN. Hermano, de quando ac? Apartese el perro all, No me toque con la mano. FRANCISCO. Porqu conviertes en lloro Mi contento, hermano mio? JUAN. Ese es grande desvario: Hay mas gusto que ser moro? Mira este galan vestido Que mi amo me le ha dado, Y otro tengo de brocado Muy mas rico y mas pulido. Alcuzcuz como sabroso, Corbeta de azucar bebo, Y el carden, que es dulce, bebo, Y el pilao, que es provechoso, Y en valde trabajar De aplacarme con tu lloro; Mas si t quieres ser moro, A fe que lo acertars, Toma mis consejos sanos Y veraste mejorado; Y quedaos, porque es pecado Hablar tanto con cristianos. _Vase con mucha gravedad, haciendo burla._ AURELIO. Hay desventura igual en todo el suelo! Qu red tiene el demonio aqui tendida, Con que estorba al cristiano ir al cielo! FRANCISCO. O tierna edad, quan presto eres vencida! Siendo en esta Sodoma requestada Y con falsos regalos combatida. AURELIO. O quan bien la limosna es empleada En rescatar muchachos, que en sus pechos No est la santa fe bien arraigada! O si de hoy mas en caridad deshechos Se viesen los cristianos corazones, Y fuesen en el dar no tan estrechos, Para sacar de grillos y prisiones Al cristiano cautivo, especialmente A los nios de flacas intenciones! Esta santa obra en s tan excelente, Que en ella sola estan todas las obras Que al cuerpo y alma tocan juntamente. Al que rescatas, de peligro cobras; Reduces su patria al peregrino, Quitasle de cien mil y mas zozobras, De hambre que le aflige de contino, Y de la insufrible sed y de consejos, Que procura cerrarles el buen camino, De muchos y continuos aparejos Que aqui tiene el demonio, con que toma A muchachos estraos, y aun viejos. O fementida seta de Mahoma, Ancha, lasciva, poco escrupulosa, Con qu facilidad los simples doma! FRANCISCO. Mandasme, buen Aurelio, alguna cosa? AURELIO. Dios te guie, Francisco, ten paciencia; Que la mano bendita poderosa Curar de tu hermano la dolencia. _Entra_ SILVIA. SILVIA. D vas, Aurelio, dulce amado esposo? AURELIO. A verte, Silvia, pues tu vista sola Es el perfeto alivio mis trabajos. SILVIA. Tambien verte yo, mi caro Aurelio, Es el remedio de mis graves penas. _Abrazanse y salen sus amos_. ZARA. Perra, esto se sufre ante mis ojos? IZUF. Falso, traidor, esclavo con la esclava? ZARA. No, no, seor, no tiene culpa Aurelio, Que al fin es hombre, sino aquesta perra esclava. IZUF. La esclava no, seora, este malvado, Forzador, inventor de mil embustes, Tiene la culpa destas desverguenzas. ZARA. Si esta lamida, si esta descarada, No diera la ocasion, no se atreviera Aurelio ansi abrazarla estrechamente. AURELIO. No por cierto, seores, no ha nacido Nuestra desenvoltura de ocasiones Lascivas segun dan las muestras dello, Sino que Silvia le rogaba ahora Me hiciese una merced, que ha muchos dias Que se la pido, y no por mi interese, Y ella tambien m me havia persuadido Que un servicio le hiciese, que conviene Para servir mejor la casa vuestra, Y por havernos concedido entrambos Aquello que pedia el uno al otro, En seal de contento nos hallastes De aquel modo que vistes, abrazados, Sin manchar los honestos pensamientos. IZUF. Es verdad esto, Silvia? SILVIA. Verdad dice. IZUF. Que le pediste t l? SILVIA. Poco te importa Saber lo que yo Aurelio le pedia. ZARA. Concediotelo al fin? SILVIA. Como yo quise. IZUF. Entraos dentro, que por fuerza os creo, Porque si no os creyese, convendria Castigar vuestra culpa con mil penas. _Vanse_. Sabreis, seora, que en este mismo punto, Viniendo por el Zoco, me fue dicho Como el Rey me mandaba que llevase A Silvia y Aurelio su presencia, Y tengo para m, que algun tresleo Y mal cristiano, que los dos conoce, Al Rey debe de haver ya declarado Como son de rescate estos cautivos, Y como el Rey est tan mal conmigo, Porque aceptar no quise el cargo y honra De reparar los fosos y murallas, Quieremelos quitar sin dubda alguna. ZARA. El remedio que en esto se me ofrece, Es advertir Aurelio que no diga Al Rey que es caballero, sino un pobre Soldado que iba Italia, y que esta Silvia Es su muger, y si esto el Rey resiste, No querra por el tanto que costaron, Quitartelos, que el precio es muy subido. IZUF. Muy bien dices, seora: bien, entremos Y demos este aviso los dos juntos. _Entranse, y salen poner un estrado con quatro almohadas para el_ REY, _donde se sienta, y salen acompaandole quatro cinco moros, y tambien sale delante el chiquillo renegado_ JUANICO. REY. De ira y de dolor hablar no puedo, Y es la ocasion de mi pesar insano El ver que Don Antonio de Toledo Ansi se me ha escapado de la mano. Los Arraces ufanos, con el miedo Que yo no les tomase su cristiano, A Tituan con priesa lo llevaron, Y en siete mil ducados le tallaron. Un tan ilustre y rico caballero Por tal vil precio distes, vil canalla? Tanto os acudiciastes al dinero? Tan grande os pareci que era la talla, Que le aadistes otro compaero, El qual solo pudiera bien pasalla? Francisco de Valencia no podia Pagar solo por s mayor quantia? En fin, favorecile la ventura Que pudo mas que no mi diligencia, Que esta es la que concluye y asegura Lo que no puede hacer humana ciencia. Conocieron en tiempo y coyuntura, Y huyeron de no verse en mi presencia, Que si yo Don Antonio aqui hallara, Cinquenta mil ducados me pagara. Del conde de Alba hermano es, y sobrino De una principalisima Duquesa, Y en perderse perdi en este camino Ser General en una ilustre impresa. Airado el cielo, se mostr benigno En hacerle cautivo, y darse priesa A darle libertad por tal rodeo, Que no pudo pedir mas el deseo. Pero pues ya no puede remediarse, El tratar mas en ello es escusado. Mirad si viene alguno querellarse. MORO. Seor, aqui est Izuf el renegado. REY. Entre, con intencion de aparejarse A obedecer en todo mi mandado, Sino, fe que le trate en mi presencia Qual merece su necia inobediencia. Dnde estn tus cautivos? IZUF. All fuera. REY. Qunto diste por ellos? IZUF. Mil ducados. REY. Yo los dar por ellos. IZUF. No se espera De tu valor agravios tan sobrados. REY. En esto me replicas? IZUF. Da siquiera Algun alivio en parte mis cuidados. El esclavo te doy, Rey, sin dinero, Y dexame la esclava, por quien muero. REY. Tal osaste decir, cristiano infame? Llevalde abaxo, y dalde tanto palo Hasta que con su sangre se derrame El deseo que tiene torpe y malo. IZUF. Dame, seor, mi esclava, y luego dame La muerte en fuego, en hierro, en gancho palo. REY. Quitadmele delante, acabad presto. IZUF. Por pedir mi hacienda soy molesto? _Aqui sacan al Cautivo que se huy, y le cogieron, y sacanle con una cadena._ MORO. Mi zara fugir. REY. Dnde ibas, di, cristiano? CAUTIVO. Procuraba Llegarme Oran, si el cielo lo quisiera. REY. Dnde cautivaste? CAUTIVO. En el Almadraba. REY. Tu amo? CAUTIVO. Ya muri, que no debiera, Pues me ha dexado en poder De una tan braba muger, Que no la iguala una fiera. REY. Espaol eres? CAUTIVO. En Malaga nacido. REY. Bien lo muestras en ser tan atrevido, O tu Raxa caud, dalde seiscientos palos En las espaldas muy bien dados, Y luego le dad otros quinientos En la barriga, y en los pies cansados. CAUTIVO. Tan sin ley ni razon tantos tormentos Tienes para el que huye, aparejados? REY. Chito, Chifuz, Brequede, atalde, Abrilde, desollalde, y aun matalde, _Metenle_. No s que raza es esta destos perros Cautivos Espaoles. Quin se huye? Espaoles. Quin no cura de los yerros? Espaoles. Quin hurtando nos destruye? Espaoles. Quin comete otros errores? Espaoles: en cuyo pecho el cielo influye Un animo indomable, acelerado, Al bien y al mal contino aparejado. Una virtud en ellos he notado, Que guardan su palabra sin rebeses; Y en esta mi opinion me han confirmado Dos caballeros Sosas, Portugueses: Don Francisco tambien ha asigurado Que tiene el sobrenombre de Meneses, Los quales sobre su palabra han sido Enviados Espaa, y lo han cumplido. Don Fernando de Ormaza tambien fuese Sobre su fe y palabra, y asi ha hecho, Un mes antes que el termino cumpliese, Tal paga, con que quedo satisfecho: Con darles libertad sin interese S que acrecientan mi provecho, Que como van sobre su fe prendados, Pidoles los rescates tresdoblados. Bayran, sal all fuera y llama luego Un cristiano de Izuf, Que quiero que grangee en su sosiego Por ver si mi opinion es verdadera, De prdida y ganancia es este juego. BAYRAN. Seor, del bien hacer siempre se espera Galardon, y si falta en este suelo, La paga se dilata para el cielo. _Entra_ AURELIO. REY. Ya s quien eres, cristiano, Tu virtud, valor, y suerte, Y s que presto has de verte En el patrio suelo Hispano. Esta Silvia es tu muger? AURELIO. Si seor. REY. Y adonde ibas Quando en las aguas esquivas Perdiste todo el placer? AURELIO. Yo te lo dir, seor, En verdaderas razones. De otro Rey y otras prisiones Fui yo esclavo, que fue amor. Desta Silvia enamorado Andube un tiempo en mi tierra, Y la fuerza desta guerra Me ha traido este estado. Cumpli en esto mi deseo, Y pensando ir Milan, Truxome el hado este afan De esclavitud, do me veo. REY. No pierdas la confianza En esta vida importuna, Pues sabes que de fortuna La condicion es mudanza. Yo te dar libertad A t y Silvia al momento, Si teneis conocimiento De pagar tal voluntad. Mil ducados he de dar Por los dos, y lo que quiero Que me deis dos mil, empero Haveismelo de jurar. Y asi sobre vuestra fe Os partireis luego Espaa. AURELIO. Seor, merced tamaa Qu gracias te rendir? Yo prometo de inviallos Dentro de un mes sin mentir, Aunque los sepa pedir Por Dios, sino roballos. REY. Pues luego os aparejad, Y la primera saetia Tomad de Espaa la via, Que los dos doy libertad. AURELIO. El suelo y cielo te trate Qual merece tu bondad, Y toma mi voluntad Por prenda de mi rescate. Que yo perder la vida O cumplir mi palabra, Que este bien ya escarba y labra En mi sangre bien nacida. MORO. Seor, un navio viene. REY. De qu parte? MORO. Gavia tiene. REY. Debe ser de mercancia. MORO. Mi seor, ansi se suena, Que la mercancia es buena. REY. Si es limosna? MORO. Si ser. REY. Vamos. T, Aurelio, procura Tu partida, y ten cuidado De aquello que me has jurado. AURELIO. Crezca el cielo tu ventura. Gracias te doy, eterno Rey del cielo, Que tan sin merecerlo has permitido Que por la mano de quien mas temia, Tanto bien, tanta gloria me ha venido. _Entra_ FRANCISCO _cautivo, y luego los otros tres_. FRANCISCO. Albricias, caro Aurelio, que es llegado Un navio de Espaa, y todos dicen, Que es de limosna, cierto, en el qual viene Un frayle Trinitario, cristianisimo, Amigo de hacer bien, y conocido, Porque ha estado otra vez en esta tierra Rescatando cristianos, y di exemplo De una gran cristiandad y gran prudencia. Su nombre es Fray Juan Gil. AURELIO. Mira no sea Fray Jorge de Olivares, que es de la orden De la Merced, que aqui tambien ha estado, De no menos virtud y entendimiento, Tanto, que ya despues que obo despendido Veinte mil ducados que traia, En otros siete mil qued empeado. O caridad estraa, santo pecho! SAAVEDRA. Qu buen dia, compaeros, La limosna est en el puerto, Mi remedio tengo cierto, Porque aqui me traen dineros. SEBASTIAN. No tengo bien ni le espero, Ni en mi tierra siento quien Me pueda hacer algun bien. OTRO. Pues yo no me desespero. FRANCISCO. Dios nos ha de remediar, Hermanos, mostrad buen pecho, Que el Seor que nos ha hecho, No nos tiene de olvidar. Roguemosle como padre Nos vuelva, y nuestra Seora, Pues es nuestra intercesora Su madre, que es nuestra madre. Porque con su santo medio Nuestro bien est seguro, Que ella es nuestra fuerza y muro, Nuestra luz, nuestro remedio. SAAVEDRA _haciendo oracion_. SAAVEDRA. Vuelve, Virgen santisima Maria, Tus ojos, que dan luz y gloria al cielo, A los tristes que lloran noche y dia, Regando con sus lagrimas el suelo. Socorrednos, bendita Virgen pia, Antes que este mortal corporeo velo Quede sin alma en esta tierra dura, Y carezca de usada sepultura. SEBASTIAN. Virgen bendita, que del Padre eterno Fuiste escogida, para dar el fruto Que quebrant las puertas del infierno, Y del primer pecado quit el luto, Vuelve tu rostro piadoso y tierno A la grande miseria, y al tributo Que aqui pasamos en tan triste calma, Pues est en peligro cada dia el alma. OTRO. En vos, Virgen dulcisima Maria, Entre Dios y los hombres medianera, De nuestro mar incierto cierta guia, Virgen, entre las virgenes primera, En vos, Virgen y madre, en vos confia Mi alma, que sin vos en nadie espera, Que me haveis de sacar con vuestras manos De dura servidumbre de paganos. AURELIO. Si yo, Virgen sagrada, he merecido De tu misericordia bien tan alto, Qundo podr mostrarme agradecido, Tanto, que no quede corto y falto? Recibid mi deseo, que subido Sobre un cristiano obrar, dar tal salto, Que toque ya, olvidado deste suelo, El alto trono del impirio cielo. Y en tanto que se llega el tiempo y punto De poner en efecto mi deseo, Al ilustre auditorio que est junto, En quien tanta bondad decierno y veo, Si ha estado mal sacado este trasunto De la vida de Argel y Trato feo, Pues es bueno el deseo que he tenido, En nombre del autor, perdon les pido. _FIN DE LA COMEDIA_. End of Project Gutenberg's Viage al Parnaso, by Miguel de Cervantes Saveedra License: Share Alike