Produced by Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images available at The Internet Archive) SHAKSPEARE. ES PROPIEDAD. DRAMAS DE GUILLERMO SHAKSPEARE JULIO CSAR. COMO GUSTEIS.--COMEDIA DE EQUIVOCACIONES. LAS ALEGRES COMADRES DE WINDSOR. TRADUCCIN DE JOS ARNALDO MRQUEZ _Dibujos y grabados al boj de los principales artistas alemanes._ _BARCELONA_ BIBLIOTECA ARTE Y LETRAS E. DOMENECH Y C.--_Ausias March, 95_ 1883 [Illustration] IMPRENTA DE F. GIR, BARCELONA JULIO CSAR. TRADUCCIN DE JOS ARNALDO MRQUEZ. Ilustracin de _A. Wagner_. Grabados de _Kseberg_ y _Knesing_. PERSONAJES. JULIO CSAR. OCTAVIO CSAR, } MARCO ANTONIO, } Triunviros despus de la muerte de Julio M. E. LPIDO, } Csar. CICERN, } PUBLIO, } Senadores. POPILIO LENA, } MARCO BRUTO, } CASIO, } CASCA, } TREBONIO, } LIGARIO, } Conspiradores contra Csar. DECIO BRUTO, } METELIO CIMBER, } CINNA, } FLAVIO y MARULO, tribunos. ARTEMIDOR, sofista de Gnidos. UN ADIVINO. CINNA, poeta.--Otro poeta. LUCILIO, TICINIO, MESSALA, CATN el joven y VOLUMNIO, amigos de Bruto y Casio.--VARRO, CLITO, CLAUDIO, STRATO, LUCIO, DARDANIO, criados de Bruto. CALFURNIA, esposa de Csar. PORCIA, esposa de Bruto. * * * * * SENADORES, CIUDADANOS, GUARDIAS, ETC. * * * * * ESCENA.--Durante gran parte de la representacin, en Roma.--Despus en Sardis y cerca de Filipo. [Illustration] ACTO I. Una calle de Roma. Entran FLAVIO, MARULO y una turba de CIUDADANOS. FLAVIO. Fuera! vuestras casas, holgazanes, marchad vuestras casas! Acaso es hoy da de fiesta? Qu! Sois trabajadores, y no sabis que en da de trabajo no debis andar sin la divisa de vuestra profesin?--Habla! Cul es tu oficio? CIUDADANO 1.-- la verdad, seor, soy carpintero. MARULO.--Dnde est tu delantal de cuero y tu escuadra? Qu haces luciendo tu mejor vestido?--Y usarc, seor mo, de qu oficio es? CIUDADANO 2.--En verdad, seor, que comparado con un obrero de lo mejor, no soy mas, como dirais, que un remendn. MARULO.--Pero cul es tu oficio? Responde sin rodeos. CIUDADANO 2.--Un oficio, seor, que espero podr ejercer con toda conciencia; y es, en verdad, seor, el de remendar malas suelas. MARULO.--Qu oficio tienes, bellaco? Avieso bellaco qu oficio? CIUDADANO 2.--No os enojis conmigo, seor, os lo suplico. Pero aun enojado, os puedo remendar. MARULO.--Qu significa eso? Remendarme t, mozo impudente! CIUDADANO 2.--Es claro, seor; remendar vuestro coturno. FLAVIO.--Es decir que eres zapatero de viejo? CIUDADANO 2.--En verdad, seor, yo no vivo sino por la lesna. Ni me entremeto en los asuntos de los negociantes, ni en los de las mujeres, sino con la lesna. Soy en todas veras un cirujano de los calzados viejos. Cuando estn en gran peligro los restauro; y la obra de mis manos ha servido hombres tan correctos, como los que en cualquier tiempo caminaron en el cuero ms lujoso. FLAVIO.--Pues por qu no ests hoy en tu taller? Por qu llevas estos hombres vagar por las calles? CIUDADANO 2.-- decir verdad, seor, para que gasten los zapatos y tener yo as ms trabajo. Pero ciertamente, si holgamos hoy, es por ver Csar y alegrarnos de su triunfo. MARULO.--Regocijarse! de qu? Qu conquista trae la patria? Qu tributarios le siguen Roma, engalanando con los lazos de su cautiverio las ruedas de su carro? Vosotros, imbciles, piedras, menos que cosas inertes, corazones endurecidos, crueles hombres de Roma, no conocisteis Pompeyo? Cuntas y cuntas veces habis escalado muros y parapetos, torres y ventanas, y hasta el tope de las chimeneas, llevando en brazos vuestros pequeuelos, y os habis sentado all todo el largo da en paciente expectacin para ver al gran Pompeyo pasar por las calles de Roma! Y apenas veais asomar su carro no lanzabais una aclamacin universal que haca temblar al Tber en su lecho al oir en sus cncavas mrgenes el eco de vuestro clamoreo? Y ahora os engalanis con vuestros mejores trajes? Y ahora os regalis con un da de fiesta? Y ahora regis de flores el camino de aquel que viene en triunfo sobre la sangre de Pompeyo? Marchaos: corred vuestros hogares, caed de rodillas y rogad los dioses que suspendan la calamidad que por fuerza ha de caer sobre esta ingratitud! FLAVIO.--Id, id, buenas gentes, y por esta falta reunid todos los infelices de vuestra clase; llevadlos orillas del Tber y verted vuestras lgrimas en su cauce, hasta que su ms humilde corriente llegue besar la ms encumbrada de sus mrgenes. (_Salen los ciudadanos._) Mirad si no se conmueve su ms vil instinto. Su culpa les ata la lengua, y se ahuyentan. Bajad por aquella va al Capitolio; yo ir por esta. Desnudad las imgenes si las encontris recargadas de ceremonias. MARULO.--Podremos hacerlo? Sabis que es la fiesta Lupercalia. FLAVIO.--No importa. No dejis que imagen alguna sea colgada con los trofeos de Csar. Ir de aqu para all, y alejar de las calles al vulgo. Haced lo mismo donde quiera que lo veis aglomerarse. Estas plumas crecientes, arrancadas las alas de Csar, no le dejarn alzar ms que un vuelo ordinario. Quin otro se podra cerner sobre la vista de los hombres, y tenernos todos en servil sobrecogimiento? (_Salen._) ESCENA II. Plaza pblica en Roma. Entran en procesin, con msica, CSAR, ANTONIO, para las carreras, CALFURNIA, PORCIA, DECIO, CICERN, BRUTO, CASIO y CASCA. Sguelos una gran muchedumbre en la cual est un ADIVINO. CSAR.--Calfurnia. CASIO.--Silencio! Csar habla. CSAR.--Calfurnia. CALFURNIA.--Heme aqu, mi seor. CSAR.--Cuando Antonio emprenda la carrera, te colocars directamente en su camino. Antonio! ANTONIO.--Csar, mi seor. CSAR.--No olvides, Antonio, en la rapidez de tu carrera, el tocar Calfurnia; porque al decir de nuestros mayores, las estriles tocadas en esta santa carrera, se libertan de la maldicin de su esterilidad. ANTONIO.--Tengo de recordarlo. Cuando Csar dice _Haz esto_, se hace. ADIVINO.--Csar. CSAR.--Ea! Quin llama? CASCA.--Que cese todo ruido! otra vez, silencio! CSAR.--Quin de entre la multitud me ha llamado? Oigo una voz ms vibrante que toda la msica, clamar _Csar_. Habla. Csar se detiene oirte. ADIVINO.--Cuidado con los idus de Marzo! CSAR.--Quin es este hombre? BRUTO.--Un agorero os previene que desconfiis de los idus de Marzo. CSAR.--Traedle mi presencia. Quiero ver su rostro. CASIO.--Mozo, sal de la turba y mira Csar. CSAR.--Qu me dices ahora? Habla de nuevo. ADIVINO.--Cuidado con los idus de Marzo. CSAR.--Es un soador. Dejmoslo. Abrid paso. (_Salen todos, menos Bruto y Casio._) CASIO.--Iris ver el orden de las carreras? BRUTO.--Yo? No. CASIO.--Id. Os lo ruego. BRUTO.--No soy aficionado juegos. Me falta algo de ese vivaz espritu que hay en Antonio. Pero no sea yo estorbo vuestros deseos: me alejar. CASIO.--De poco tiempo ac pongo empeo en observaros, Bruto. No encuentro en vuestros ojos aquella suavidad, aquella afectuosa expresin con que yo deba contar. Os mostris demasiado rgido y extrao para con este amigo que os ama. BRUTO.--Casio, no os engais. Si mi aspecto se ha hecho sombro, su turbacin slo se refiere m mismo. Desde hace poco estoy atormentado por pasiones un tanto desacordes; concepciones que no conciernen sino m propio, y que tal vez dan algn campo mi proceder. No por esto se aflijan mis buenos amigos (de cuyo nmero sed uno, Casio), ni dn mi negligencia otra interpretacin que la de estar el pobre Bruto en lucha consigo mismo, olvidando as el dar muestras de afecto los dems hombres. CASIO.--Pues, Bruto, he equivocado mucho vuestra pasin; y por esto haba yo atesorado en este mi pecho, aspiraciones de alto valor, dignas de ser meditadas. Decidme, buen Bruto, podis mirar vuestro rostro? BRUTO.--No, Casio, porque el ojo no se ve s propio sino por reflejo, por algunos otros objetos. CASIO.--Es exacto. Y deplrase mucho que no tengis, Bruto, espejos que os pongan la vista vuestra oculta vala, para que podis mirar vuestra sombra. All donde se respetan en Roma muchos de los mejores (excepto el inmortal Csar), he odo hablar de Bruto, y gimiendo bajo el yugo de esta poca, anhelar porque el noble Bruto abriera los ojos. BRUTO.-- qu peligros querrais arrastrarme, Casio, hacindome buscar en m mismo lo que no existe en m? CASIO.--Por tanto, buen Bruto, preparaos oir: Y pues conocis que no podrais miraros de mejor modo que por reflejo, yo, espejo vuestro, os revelar modestamente aquella parte de vos mismo que no conocis an. Ni tengis recelo de m, gentil Bruto. Si fuera yo un atolondrado vulgar; acostumbrara repetir con manoseados juramentos mi afecto cada nuevo pretendiente; si supirais que voy en pos de los hombres, los abrazo estrechamente, y lugo los hago blanco del escndalo; que de banquete en banquete me prodigo en adhesiones todos los vencidos, entonces podrais tenerme por peligroso. (_Preludios y aclamaciones._) BRUTO.--Qu significan estas aclamaciones? Temo que el pueblo elija Csar por su rey. CASIO.--En verdad temis eso? Luego debo pensar que no lo deseis as. BRUTO.--No lo quisiera, Casio. Y, sin embargo, le amo bastante. Pero, qu me detenis aqu tanto tiempo? Qu es lo que deseis comunicarme? Si es para el bien general, aunque pusirais en un ojo los honores y en el otro la muerte, sera tan indiferente los unos como la otra. Porque, as me amparen los dioses, como es verdad que amo el nombre del honor ms que temo la muerte. CASIO.--Conozco en vos esa virtud interna, Bruto, como conozco vuestra fisonoma exterior. Pues bien: el honor es el tema de mi relato. No sabra decir lo que vos y otros pensis de esta vida; pero por lo que m toca, m solo, preferira no vivir vivir en el terror de aquello que es igual m. Nac libre, como Csar; y as nacsteis tambin. Ambos hemos sido igualmente bien alimentados, y podemos resistir tan bien como l los rigores del invierno. En cierta ocasin, en un da desapacible y borrascoso, cuando el Tber agitado rompa contra sus mrgenes, me dijo Csar: Te atreveras, Casio, arrojarte ahora conmigo en estas aguas furiosas, y nadar hasta aquel punto all arriba? Apenas lo hubo dicho cuando, equipado como me hallaba, me arroj al agua y le invit seguirme, lo cual ciertamente hizo. Ruga el torrente, y luchamos contra l hendindole con vigoroso esfuerzo y avanzando con corazones inflamados por la emulacin; pero antes de llegar al trmino, clam Csar: Auxliame, Casio, me sumerjo. Yo, como nuestro grande antepasado Eneas, que llev sobre sus hombros al viejo Anquises para salvarlo de las llamas de Troya, llev al fatigado Csar salvndolo de las aguas del Tber. Y este hombre ha llegado ahora ser un dios! Y Casio es un miserable que se ha de encorvar humildemente si Csar se digna enviarle siquiera un negligente saludo! En Iberia tuvo una fiebre, y observ cmo temblaba durante el acceso. Sus cobardes labios palidecieron, y esos mismos ojos cuyo ceo intimida hoy al mundo, perdieron su brillo. Le oa gemir, s; y esa su lengua que invit los romanos distinguirlo y escribir en los libros sus discursos, oh mengua! clamaba como una nia enferma: Dame algo que beber, Ticinio! Por los dioses! que me confunde el ver hombre de tan cuitado carcter ir la cabeza del majestuoso mundo, y llevar la palma l solo. (_Aclamacin._) BRUTO.--Otra aclamacin general! Creo que estos aplausos son por algunos nuevos honores prodigados Csar. CASIO.--Pero, hombre! l se pasea por el estrecho mundo, como un coloso. Y nosotros, turba mezquina, caminamos bajo sus piernas de gigante, y atisbamos por todos lados para ver de encontrar para nosotros una tumba sin honra. Alguna vez los hombres son dueos de sus destinos. La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, si consentimos en ser inferiores. Bruto y Csar. Qu habra en ese Csar? Por qu habra de ser ese nombre ms ruidoso que el vuestro? Escribidlos juntos: tampoco es menos vuestro nombre, no es menos simtrico. Pronunciadlos: fcil la boca. Pesadlos: no pesa menos. Conjurad con ellos: Bruto conmover un espritu tan pronto como Csar. Y ahora, por todos los dioses juntos, de qu vianda se alimenta este nuestro Csar para haber llegado ser tan grande? Vergenza para nuestra poca! Has perdido oh Roma! la prole de las sangres nobles! Cundo pas edad alguna desde el gran diluvio sin que fuese famosa por ms de un hombre? Cundo pudieron decir antes de ahora los que de Roma hablaban, que sus vastos muros no contenan sino un hombre? Y existe ahora en verdad Roma y sobra espacio cuando no hay en ella ms que un solo hombre. Oh! Vos y yo hemos odo decir nuestros padres que existi una vez un Bruto que habra sobrellevado en paciencia al mismo eterno demonio, para mantener su rango en Roma, con tanta facilidad como un rey. BRUTO.--De vuestro afecto no abrigo inquietud. De lo que me inducirais hacer, no me falta alguna aspiracin. Ms tarde os dir cmo he pensado en ello y en las cosas de estos tiempos; mas no deseo hacerlo por ahora. Os ruego afectuosamente que no queris hacerme ir ms lejos. Prestar atencin lo que habis dicho; escuchar con paciencia lo que tenis que decir, y hallar momento oportuno para oir y responder acerca de tan altos propsitos. Hasta entonces, noble amigo mo, meditad en esto: Bruto preferira ser un aldeano reputarse hijo de Roma en las duras condiciones que estos tiempos parecen imponernos. (_Vuelven entrar Csar y su squito._) Han terminado los juegos y Csar est de vuelta. CASIO.--Cuando pase el cortejo, tirad Casca por la manga, y l os dir con su brusca manera cunto hoy ha ocurrido digno de nota. BRUTO.--As lo har; pero, Casio, mira. La clera centellea en el ceo de Csar, y los dems parecen un squito consternado. Las mejillas de Calfurnia han palidecido; y Cicern deja ver en sus ojos el mismo fuego intenso que les hemos visto en el Capitolio cuando le contrariaban algunos senadores. CASIO.--Casca nos dir lo que acontece. CSAR.--Antonio? ANTONIO.--Csar. CSAR.--Rodame de hombres gordos; hombres de poca cabeza, que duermen bien toda la noche. All est Casio con su aspecto esculido y hambriento.--Piensa demasiado. Hombres as son peligrosos. ANTONIO.--No le temis, Csar. No es peligroso. Es un noble romano, y de muy buena pasta. CSAR.--Le querra ms gordo; pero no le temo. Mas si cupiera temor en quien se llama Csar, no s de hombre alguno quien evitara ms pronto que ese esculido Casio. Lee mucho, es gran observador, y penetra perfectamente las acciones de los hombres. No es amigo de juegos como t, Antonio, ni oye msica. Rara vez sonre, y si sonre es de tal modo que parece burlarse de s mismo y desdear su espritu por haber sido capaz de sonreir cosa alguna. Tales hombres jams pueden estar tranquilos la vista de alguno ms grande que ellos, y por eso son muy peligrosos. Prefiero decirte lo que es de temer, no lo que yo tema; porque siempre soy Csar. Ven mi derecha, pues no puedo oir por esta oreja, y dime verazmente lo que piensas de l. (_Salen Csar y su squito. Casca se queda atrs._) CASCA.--Me habis tirado por la manga. Querrais hablar conmigo? BRUTO.--S, Casca. Decidnos qu ha sucedido hoy para que Csar parezca tan melanclico. CASCA.--Pues no estabais con l? Yo as lo crea. BRUTO.--Entonces no preguntara Casca lo que ha sucedido. CASCA.--Pues sucedi que le ofrecieron una corona y al serle ofrecida la apart con el revs de la mano, as. Y entonces el pueblo se puso aclamarlo. BRUTO.--Y el segundo bullicio de qu provino? CASCA.--De lo mismo. BRUTO.--Tres veces aclamaron. Por qu la ltima vez? CASCA.--Pues, por lo mismo. BRUTO.--Tres veces le fu ofrecida la corona? CASCA.--Tres veces, fe ma, y tres veces la apart--cada vez ms suavemente que la anterior--y en cada vez mis honrados vecinos vociferaron. CASIO.--Quin le ofreci la corona? CASCA.--Antonio, por cierto. BRUTO.--Decidnos de qu manera, amable Casca. CASCA.--Que me ahorquen si puedo decir el cmo se hizo. No fu mas que una tontera y apenas me fij en ello. V Marco Antonio ofrecerle una corona--no, no era tampoco una corona; era una especie de coronilla--y, como os he dicho, la apart una vez; pero pesar de todo, tengo para mis adentros que ms le habra gustado tenerla. Se la ofreci lugo por segunda vez, y volvi apartarla; mas, lo que barrunto, se le hizo muy pesado retirar de ella los dedos. Y en seguida se la ofreci por tercera vez, y por tercera vez la puso aparte. Al verle rehusar todava, la turba vitore y bati palmas y arroj por alto sus mugrientos gorros, y exhal tal volumen de pestfero aliento porque Csar haba rehusado la corona, que casi asfixi Csar: pues se desmay y cay en el acto. Por mi parte no me atrev reirme, de miedo de aspirar aquel aire al abrir los labios. BRUTO.--Hablad con calma, os lo ruego. Qu! Se desmay Csar? CASCA.--Cay en la plaza del mercado, arrojando espuma por la boca, y perdi el habla. BRUTO.--Es muy verosmil. Padece de vrtigos. CASIO.--No. Csar no padece de vrtigos. Somos vos y yo, y el honrado Casca quienes sufrimos vrtigos. [Illustration: _Marco Antonio ofreciendo Csar la corona._] CASCA.--No s lo que queris decir en ello; pero estoy seguro de que Csar cay. Y si no es verdad que el populacho palmote y lo silb, segn que l le agradaba le desagradaba, como suele hacerlo con los actores en el teatro, decid que no soy hombre de bien. BRUTO.--Qu dijo cuando volvi en s? CASCA.--Antes de caer, cuando vi aquel rebao de populacho alegrarse de que rehusaba la corona, me pidi abrir su gola, y les ofreci el cuello para que lo cortasen. Y fe ma si yo hubiera sido uno de ellos, le habra tomado la palabra, aunque hubiese tenido que ir al infierno entre los bribones; y as cay. Cuando volvi en s dijo que si haba hecho dicho cosa fuera de camino, deseaba que sus seoras lo atribuyesen su enfermedad. Tres o cuatro perdidos, exclamaron: Ay! qu alma tan buena! y lo perdonaron de todo corazn; pero de estos no se puede hacer caso. No habran dicho menos si Csar hubiese acuchillado sus madres. BRUTO.--Y despus de esto se alej as, lleno de tristeza? CASCA.--S. CASIO.--Dijo algo Cicern? CASCA.--S. Habl en griego. CASIO.--Con qu objeto? CASCA.--Pues si yo os lo dijera, nunca volvera veros la cara. Pero los que le entendan se sonrean uno al otro y meneaban la cabeza. En cuanto m... aquello estaba en griego. Tambin puedo daros ms nuevas. Marulo y Flavio han sido reducidos silencio por haber arrancado adornos de las imgenes de Csar. Adios. Ms tonteras hubo, pero no podra acordarme de todas. CASIO.--Queris cenar conmigo esta noche, Casca? CASCA.--No. Ya he dado palabra otro. CASIO.--Queris comer conmigo maana? CASCA.--S, si estoy vivo, si no cambiis de idea, y si la comida vale la pena. CASIO.--Bueno. Os aguardar. CASCA.--Enhorabuena. Adios, amigos, uno y otro. (_Sale._) BRUTO.--Qu impetuoso carcter ha llegado ser! Ya era harto impulsivo cuando entr la escuela. CASIO.--Y lo mismo es ahora para ejecutar cualquiera audaz noble empresa, aun cuando reviste esa forma embarazosa. Su rudeza sirve para sazonar su buen sentido, y hace que las gentes saboreen ms sus palabras y las digieran mejor. BRUTO.--As es en verdad. Por ahora os dejo. Si os place hablar conmigo maana, ir vuestra casa. Si prefers venir la ma, os aguardar. CASIO.--Har esto ltimo. Y hasta entonces, reflexionad sobre el mundo. (_Sale Bruto._) Bien, Bruto, eres noble, y, sin embargo, veo que, dispuesto como est tu noble metal, se le puede elaborar. Y por esto conviene que las almas nobles estn siempre asociadas sus semejantes; porque quin hay tan firme que no pueda ser seducido? Csar apenas me tolera, pero ama Bruto. Si yo fuese ahora Bruto y Bruto fuese Casio, Csar no me soportara. Por diferentes manos har arrojar esta noche por sus ventanas, escritos, como provenientes de varios ciudadanos, mostrando la alta opinin que Roma tiene de su nombre; y en ellos se insinuar con disimulo la ambicin de Csar. Despus de esto, ya puede Csar ver de asentarse firmemente, porque le derribaremos, habremos de sufrir das peores. (_Sale._) ESCENA III. Calle de Roma. (Truenos y rayos. Entran por lados opuestos CASCA con la espada desnuda, y CICERN.) CICERN.--Buenas tardes, Casca. Habis llevado Csar casa? Por qu estis sin aliento, y por qu miris tan azorado? [Illustration] CASCA.--No os conmueve el ver que todo el cimiento de la tierra se estremece como una cosa insegura? Oh, Cicern! He visto tempestades en que los vientos enfurecidos hendan los nudosos robles. He visto henchirse el ambicioso Ocano, embravecerse y cubrirse de espumas por levantarse hasta las nubes amenazantes. Pero nunca hasta ahora he pasado por una tempestad que destile fuego. hay en el cielo una guerra intestina, el mundo demasiado malo para con los dioses, los provoca enviar la destruccin. CICERN.--Pues qu! Habis visto algo an ms asombroso? CASCA.--Un esclavo ordinario (le conocis bien de vista) alz la mano izquierda que brot llamas y ardi como veinte teas juntas. Y, sin embargo, esa mano, insensible al fuego, permaneci ilesa. Adems (y desde ese instante no he vuelto envainar mi espada), me encontr junto al capitolio con un len que me mir fijamente y se alej encolerizado, sin molestarme. Y sobre un montculo haba agrupadas cien mujeres, plidas, demudadas por el espanto, que juraban haber visto hombres enteramente envueltos en llamas, que paseaban las calles arriba y abajo. Y ayer el ave nocturna se pos aun en mitad del da sobre la plaza del mercado gritando y chillando. Cuando tales prodigios coinciden de tal modo, nadie diga: Son cosas naturales--sus razones son estas; porque creo que son portentos llenos de pronsticos para los lugares donde aparecen. CICERN.--Ciertamente, este es un tiempo asaz extrao. Pero los hombres pueden interpretar las cosas su modo, sin que entre en ello para nada el fin que las cosas mismas se encaminan.--Vendr Csar maana al Capitolio? CASCA.--Vendr porque requiri Antonio para avisarnos que estara all maana. CICERN.--Buenas noches, pues, Casca. Este cielo perturbado no est como para paseo. CASCA.--Adios, Cicern. (_Sale Cicern._) (_Entra Casio._) CASIO.--Quin est ah? CASCA.--Un romano. CASIO.--Por la voz, sois Casca. CASCA.--Tenis buen odo, Casio: qu noche es esta? CASIO.--Una noche muy grata los hombres de bien. CASCA.--Quin vi jams el cielo amenazar as? CASIO.--Los que han conocido cun llena de delitos est la tierra. En cuanto m, he recorrido las calles, arrostrando esta noche de peligros; y desceido como me vis, he desnudado mi pecho al granizo de la tormenta; y cuando el azulado oblicuo rayo pareca abrir el seno del cielo, yo me present en su propia senda y bajo su mismo estallido. CASCA.--Pero para qu provocasteis tanto los cielos? Toca los hombres temer y temblar, cuando los ms poderosos dioses envan como seales heraldos tan terribles para despertar nuestra admiracin. CASIO.--Casca, no sois despierto. Os faltan esos destellos de vida que todo romano debera tener, al menos no os servs de ellos.--Estis plido, azorado, lleno de temor y de asombro al ver la extraa impaciencia de los cielos. Pero si consideraseis la verdadera causa de estos fuegos, de estos espectros que se deslizan; el por qu los decrpitos, los idiotas y los nios calculan; y las aves y bestias de diversa clase y calidad, y mil otras cosas cambian su naturaleza y sus innatas facultades por una condicin monstruosa; entonces hallarais que el cielo les ha infundado esta disposicin para que sean instrumentos de temor y alarma para algn monstruoso estado de cosas. Ahora podra yo, Casca, nombraros un hombre por dems parecido esta terrible noche; hombre que truena, lanza rayos, abre sepulcros y ruje como el len del Capitolio; un hombre que en accin personal no es ms poderoso que vos yo; pero que ha crecido prodigiosamente y es temible como lo son estas extraas erupciones. CASCA.--Aluds Csar, no es as, Casio? CASIO.--Sea quin fuere; porque ahora los romanos tienen miembros y fuerza como sus antepasados; pero mientras tanto oh desventura! el espritu de nuestros padres est muerto, y slo nos anima el de nuestras madres; pues nuestro yugo y sumisin muestran que somos afeminados. CASCA.--En verdad, se dice que los senadores se proponen entronizar maana Csar, como rey; y que llevar su corona por mar y tierra en todas partes excepto aqu en Italia. CASIO.--Entonces, ya s dnde he de usar este pual. Casio libertar de la esclavitud Casio. Por ello oh dioses! tornis los dbiles en los ms fuertes; y por ello oh dioses! vencis los tiranos. Ni las torres de piedra, ni los muros de bronce forjado, ni la prisin subterrnea, ni los fuertes anillos de hierro, pueden reprimir las fuerzas del alma; porque la vida cansada de estas barreras del mundo, jams pierde el poder de libertarse s misma. Y pues s esto, sepa adems todo el mundo, que de la parte de tirana que sufro me puedo sustraer cuando quiera. CASCA.--Tambin lo puedo yo. Cada siervo lleva en su propia mano el poder de acabar su servidumbre. CASIO.--Y entonces, por qu habra de ser un tirano Csar? Pobre hombre! Bien s que no querra ser l un lobo si no viera que los romanos son ovejas; ni sera len si no fueran los romanos ciervos. Los que quieren encender un gran fuego, principian por algunas dbiles pajas. Qu hez es Roma, qu deshecho, qu escombro, cuando sirve de materia y base para iluminar una cosa tan vil como Csar? Mas oh dolor! adnde me has llevado? Tal vez hablo esto ante un cautivo voluntario, y entonces ya s cul tiene que ser mi respuesta; pero estoy armado y no me importan los peligros. CASCA.--Hablis Casca, un hombre que no es un decidor de chascarrillos. Tomad mi mano. Alzad el grito porque se remedien todos estos males, y no habr quien d un paso mas adelante que yo. CASIO.--Pues queda convenido. Sabed ahora, Casca, que he movido ciertos de los ms dignos y generosos romanos acometer conmigo una importante empresa llena de honroso peligro. Y s que ahora me aguardan en el Prtico de Pompeyo, porque en tan terrible noche como esta no hay movimiento ni paseo en las calles; y nos favorece que la condicin de los elementos sea, como la obra que tenemos en mano, la ms sangrienta, fiera y terrible. (_Entra Cinna._) CASCA.--Quedad oculto un momento.--Alguno viene aprisa. CASIO.--Es Cinna. Le conozco por los pasos. Es amigo. Cinna, dnde tan prisa? CINNA.--En busca vuestra. Quin es ese? Metelio Cimber? CASIO.--No. Es Casca: un afiliado nuestro intento. Me aguardan, Cinna? CINNA.--Me alegro de ello. Qu terrible noche! Dos tres de nosotros hemos visto extraas visiones. CASIO.--Me aguardan? Decdmelo, Cinna. CINNA.--S, se os aguarda. Oh Casio; si pudirais solamente atraer al noble Bruto nuestro partido! CASIO.--Estad satisfecho.--Tomad, buen Cinna, este papel y cuidad de ponerlo en la silla del pretor, donde Bruto pueda hallarlo; arrojad este por su ventana; fijad este con cera en la estatua del antiguo Bruto; y hecho todo, encaminaos al Prtico de Pompeyo donde nos hallaris. Estn all Decio Bruto y Tibonio? CINNA.--Todos, excepto Metelio Cimber, que ha ido buscaros en vuestra casa. Bien: me apresurar distribuir estos papeles como me peds. CASIO.--Una vez hecho, dirigos al teatro de Pompeyo. (_Sale Cinna._)--Venid, Casca. Todava veremos ambos Bruto en su casa antes de amanecer. Tres cuartas partes de l son ya nuestras; despus de la prxima entrevista, tendremos todo el hombre. CASCA.--Oh! l ocupa un puesto muy alto en todos los corazones del pueblo! Y aquello mismo que en nosotros parecera delito, se transformara por su sola presencia, como por la ms rica alquimia, en dignidad y en vala. CASIO.--Bien habis estimado Bruto, su valer y la gran necesidad que tenemos de l. Marchmonos; pues es pasada la media noche, y antes del da le despertaremos y contaremos con l. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO II. ESCENA I. El huerto de Bruto, en Roma. Entra Bruto. BRUTO. Ea, Lucio! Hola!... No puedo calcular por la marcha de las estrellas lo que falta para el da. Oyes, Lucio? Ya quisiera yo tener el defecto de dormir tan profundamente.--Hasta cundo? Despierta! Despierta, digo.--Ea, Lucio! (_Entra Lucio._) LUCIO.--Habis llamado, mi seor? BRUTO.--Coloca una lmpara en mi estudio, y encendida que sea, vendrs aqu llamarme. LUCIO.--As lo har, seor. (_Sale._) BRUTO.--Tiene que ser por su muerte.--En cuanto m no tengo para menospreciarle ninguna causa personal, sino la de todos. l deseara coronarse. Cmo pueda cambiar esto su naturaleza, he ah el problema.--Es el da brillante el que hace salir luz la serpiente, y esto aconseja caminar con cautela.--Coronarlo? Sea.--Y entonces, de seguro ponemos en l un estmulo por el cual pueda crear peligros voluntad.--El abuso de la grandeza existe cuando esta separa del poder el remordimiento; y decir verdad de Csar, nunca ha sabido que sus afectos hayan vacilado mas que su razn. Pero es prueba ordinaria que la humildad es para la joven ambicin una escala, desde la cual el trepador vuelve el rostro; pero una vez en el ms alto peldao, da la espalda la escala, alza la vista las nubes y desdea los bajos escalones por los cuales ascendi. Acaso lo haga Csar. Luego, so pena de que llegue hacerlo, hay que evitarlo. Y pues la contienda no versar sobre lo que es l en s, hay que darle esta forma: aumentando lo que l es, se precipitara estos y aquellos extremos; y, por lo tanto, se le debe considerar como al huevo de la serpiente, que incubado, llegara ser peligroso, como todos los de su especie; y hay que matarlo en el cascarn. (_Vuelve entrar Lucio._) LUCIO.--La lmpara, seor, est encendida en vuestro retrete.--Buscando una piedra de chispa en la ventana, hall este papel, sellado como vis. Estoy seguro de que no estaba all cuando fu acostarme. BRUTO.--Vuelve tu lecho, an no es de da. Dime no son maana los idus de Marzo? LUCIO.--No lo s, seor. BRUTO.--Busca en el calendario y avsame. LUCIO.--Lo har, seor. BRUTO.--Las exhalaciones que silban por los aires dan tanta luz que bien podra leer con ella. (_Abre la carta y lee._) Bruto, ests dormido. Despierta y contmplate ti mismo. Tendr que permanecer Roma, etc.--Habla! Hiere! Haz justicia! Ests dormido, Bruto.--Despierta! menudo se han colocado instigaciones de esta clase all donde he debido tomarlas.--Tendr que permanecer Roma, etc.? Luego de todo ello debo desentraar esto: Tendr que permanecer Roma bajo el terror de un hombre? Qu! Roma! Mis antepasados arrojaron de las calles de Roma Tarquino cuando era llamado rey. Habla! Hiere! Haz justicia! Se me suplica pues para que hiera? Oh Roma! Te lo prometo. Si ha de ser para alcanzar justicia, recibe todo lo que pides de las manos de Bruto. (_Vuelve entrar Lucio._) [Illustration] Lucio.--Seor, han pasado catorce das de Marzo. (_Se oye un golpe._) BRUTO.--Est bien. V la puerta, alguien llama. (_Sale Lucio._) Desde el momento en que Casio me excit contra Csar, no he dormido. Entre la ejecucin de una cosa terrible y el primer mvil de ella, todo el intervalo es como un fantasma como un horrible sueo. El genio y los instrumentos mortales, se confrontan entonces; y el estado del hombre, como un pequeo reino, adolece de la naturaleza de una insurreccin. (_Vuelve entrar Lucio._) LUCIO.--Seor, es vuestro hermano Casio que est la puerta y desea veros. BRUTO.--Est solo? LUCIO.--No, seor. Hay otros con l. BRUTO.--Los conoces? LUCIO.--No, seor. Tan enterrados llevan los sombreros y tan oculta en el embozo la mitad de la cara, que de modo alguno podra descubrirlos por sus fisonomas. BRUTO.--Hazlos entrar. (_Sale Lucio._)--Son de la faccin. Oh conspiracin! Te avergenzas acaso de mostrar tu peligroso ceo de noche, cuando en ella campea ms libre el mal? bien dnde encontrars de da una cueva bastante oscura para encubrir tu monstruosa faz? No la busques oh conspiracin! Pon sobre tu rostro una mscara de sonrisas y afabilidad; porque dejarte ver con tu natural aspecto, ni el mismo Erebo sera bastante oscuro para sustraerte la desconfianza. (_Entran Casio, Casca, Decio, Cinna, Metelio Cimber y Trebonio._) CASIO.--Temo robaros el sueo con demasiado atrevimiento. Buenos das, Bruto, os importunamos? BRUTO.--He estado en pi hasta ahora; despierto toda la noche. Conozco estos hombres que os acompaan? CASIO.--S, cada uno de ellos. Y no hay uno solo entre todos que no os honre y venere; y cada cual deseara que tuviseis de vos mismo la opinin que de vos tiene todo romano noble. Este es Trebonio. BRUTO.--Bien venido. CASIO.--Este, Decio Bruto. BRUTO.--Bien venido tambin. CASIO.--Este es Casca; ste, Cinna; y ste, Metelio Cimber. [Illustration: _Los conjurados, en el huerto de Bruto._] BRUTO.--Bien venidos son todos. Qu vigilantes cuidados ahuyentan el reposo de vuestra noche? CASIO.--Permits una palabra? (_Cuchichean._) DECIO.--Aqu est el Este. No es aqu por donde despunta el da? CASCA.--No. CINNA.--Oh! Perdonad, que s; y aquellas lneas pardas que orlan las nubes son mensajeras del da. CASCA.--Habris de confesar que uno y otro estis equivocados. El sol se levanta all adonde apunto con mi espada, que es buen trecho hacia el Sur, considerando la temprana estacin del ao. Dentro de unos dos meses, presentar su fulgor ms hacia el Norte; y el alto Oriente est, como el Capitolio, directamente aqu. BRUTO.--Dadme todos vuestra mano, uno por uno. CASIO.--Y juremos nuestra resolucin. BRUTO.--No, nada de juramento.--Si las miradas de los hombres, si el sufrimiento de nuestras almas, si los abusos del tiempo, no son motivos bastante poderosos, dispersmonos, y que cada cual vuelva al ocioso descanso de su lecho. As dejaremos la tirana previsora que escoja la mira, hasta que caiga su turno el ltimo hombre. Pero si estos tienen, como estoy seguro de ello, sobrado fuego para inflamar los cobardes y para revestir de valor el nimo desfalleciente de las mujeres; entonces, compatriotas, qu habemos menester de ms estmulo que nuestra propia causa para impulsarnos hacer justicia? Qu mejor lazo que el de secretos romanos que han dado su palabra y que no la burlarn? Ni qu otro juramento que el compromiso de la honradez con la honradez, para realizar esto sucumbir por ello? Juren los sacerdotes y los cobardes, y los hombres recelosos, decrpitos, corrompidos, y las almas que en sus padecimientos buscan sendas torcidas.--Juren en pr de las malas causas aquellos miserables que inspiran dudas los hombres; pero no manchis la clara virtud de nuestra empresa, ni la inquebrantable altivez de nuestros nimos, con el pensamiento de que nuestra causa su ejecucin necesitaban ser juradas; siendo as que cada gota de la sangre que cada romano lleva, y lleva noblemente, sera culpable de bastarda si l quebrantara la ms mnima parte de promesa alguna que hubiese hecho. CASIO.--Pero qu hacer respecto de Cicern? Le sondearemos? Pienso que estar resueltamente con nosotros. CASCA.--No lo dejemos fuera. CINNA.--No: de ningn modo. METELIO.--Oh! Tengmosle; porque sus cabellos canos nos harn adquirir buena opinin, y conseguirn que se levanten voces para encomiar nuestros hechos. Se dir que nuestras manos han sido dirigidas por sus sentencias, y lejos de aparecer en lo menor nuestra juventud y fogosidad, desaparecern por completo en su gravedad. BRUTO.--Oh! No mencionis su nombre; pero no rompamos con l. Jams seguir cosa alguna principiada por otros. CASIO.--Entonces, dejadle fuera. CASCA.--En verdad no es hombre propsito. DECIO.--No habr de tocarse hombre alguno, excepto Csar? CASIO.--Bien pensado, Decio. No juzgo oportuno que Marco Antonio, tan amado por Csar, le sobreviva. En l hallaramos un astuto contendiente; y bien sabis que si perfeccionase sus recursos, seran suficientes para fastidiarnos todos. Pues para evitar esto, que Csar y Antonio caigan juntos. BRUTO.--Parecera demasiado sangriento nuestro plan, caro Casio, al cortar la cabeza y mutilar adems los miembros. Sera algo como la ira en la muerte y la envidia despus. Porque Antonio no es sino un miembro de Csar. Casio, seamos sacrificadores, no carniceros. Todos nos erguimos contra el espritu de Csar; pero el espritu de los hombres no tiene sangre. Oh! si pudisemos por ello dominar el espritu de Csar, y no desmembrar Csar! Pero ay! Csar tiene por eso que derramar su sangre! Y, benvolos amigos, matmosle audazmente pero sin ira. Tratmosle como la vianda que se corta para los dioses, no como la osamenta que se arroja los perros. Y hagan nuestros corazones lo que los amos astutos: excitar sus sirvientes un acto de furor, y despus aparentar que se les reprueba. As nuestro propsito aparecer necesario, no envidioso. Y con tal apariencia los ojos de las gentes, se nos llamar redentores, no asesinos.--Y en cuanto Marco Antonio, no pensis en l, porque no tendr ms poder que el brazo de Csar cuando la cabeza de Csar est cortada. CASIO.--Y sin embargo, le temo, causa del profundo amor que tiene Csar. BRUTO.--Ah, buen Casio! no pensis en l. Si ama Csar, lo ms que podr hacer ser reflexionar dentro de s mismo, y morir por Csar.--Y harto sera que lo hiciera; porque es hombre dado juegos y disipacin y muchos camaradas. TREBONIO.--No ofrece peligro. No hay para que muera, desde que gusta de vivir y ha de reirse de esto despus. (_Suena el reloj._) BRUTO.--Silencio: contad la hora. CASIO.--Han dado las tres. TREBONIO.--Es tiempo de partir. CASIO.--Pero es de dudar, si vendr hoy Csar, no, porque de algn tiempo esta parte se ha vuelto supersticioso. Alguna vez tuvo sobre la fantasa, los sueos y las ceremonias, una opinin del todo diferente de la del vulgo; pero quizs estos prodigios aparentes, el extrao terror de esta noche y la persuasin de sus augures le hagan abstenerse de venir hoy al Capitolio. DECIO.--Perded cuidado. Si tal resolviera, yo prevalecera sobre l; porque se deleita en oir que se triunfa de los unicornios por medio de los rboles, de los osos por los espejos, de los elefantes por los fosos, y de los hombres por la adulacin. Y cuando digo que l detesta los aduladores, afirma que s, porque esto le lisonjea ms. Dejadme hacer; que ya dar su humor la disposicin conveniente, y le traer al Capitolio. CASIO.--All estaremos todos para recibirlo. BRUTO.-- la hora octava. Es ese el ltimo trmino? CINNA.--Sea el ltimo, y no faltis entonces. METELIO.--Cayo Ligario tiene mala voluntad Csar, que lo reprendi por haber hablado bien de Pompeyo. Me admira que ninguno de vosotros se haya acordado de l. BRUTO.--Id en seguida encontrarlo, buen Metelio. Me profesa un afecto verdadero y ya me he explicado con l. Enviadle aqu, que yo le apercibir. CASIO.--La maana se nos viene encima, y os dejaremos, Bruto. Amigos, dispersaos; pero recordad todos lo que habis dicho, y haced ver que sois verdaderos romanos. BRUTO.--Buenos caballeros, poned risueos y alegres los semblantes, sin dejar que el aspecto revele los propsitos; antes bien llevadlos, como nuestros actores romanos, con entero aliento y con seria constancia. Y con esto os deseo buen da cada uno. (_Salen todos, menos uno._) Muchacho! Lucio! Dormido como una piedra?--No importa. Goza el dulce y pesado roco del sueo.--No tienes ni los clculos ni las fantasas que el afanoso cuidado hace surgir en el cerebro de los hombres, y por eso tienes el sueo tan profundo. (_Entra Porcia._) PORCIA.--Bruto, mi seor. BRUTO.--Porcia qu intentis? Y para qu os levantis ahora? No es bueno para vuestra salud exponer vuestra delicada constitucin al fro severo de la madrugada. [Illustration] PORCIA.--Tampoco lo es para la vuestra. Os habis deslizado friamente de mi lecho; anoche durante la cena os levantasteis de repente y os pusisteis pasear con los brazos cruzados, meditando y suspirando. Y cuando os pregunt lo que tenais, me mirasteis fijamente, con severidad. Insist y os frotasteis la cabeza, y en un extremo de impaciencia golpesteis el suelo con el pi. Volv insistir de nuevo, y no me respondisteis, sino que con ademn encolerizado me hicisteis sea con la mano para que os dejara. As lo hice, temiendo aumentar esa impaciencia que me pareca ya demasiado irritada; pero esperando pesar de todo que no sera sino efecto del mal humor que veces se apodera de todo hombre. Mas no os dejar comer, ni hablar, ni dormir; y si hubiera de hacer en vuestro semblante el mismo estrago que en vuestro nimo, yo no podra conoceros. Bruto, seor y amado mo, dejadme saber la causa de vuestro pesar. BRUTO.--No estoy bien de salud: no es nada ms. PORCIA.--Bruto es sensato, y estar falto de salud, empleara los medios de recobrarla. BRUTO.--As lo hago. Buena Porcia, id vuestra cama. PORCIA.--Bruto est enfermo? Y es medicinal pasearse descubierto y absorber las emanaciones de la hmeda maana? Qu! Est enfermo Bruto, y abandona su saludable lecho para afrontar los miasmas de la noche, exponerse al aire vaporoso impuro, y agravar su enfermedad? No, Bruto mo. Es en vuestra alma donde hay alguna amarga dolencia, y yo por el derecho y virtud de mi puesto debo conocerla. Y os imploro de rodillas, en nombre de la belleza que algn da se elogiaba en m; en nombre de vuestras protestas de amor y de aquel gran juramento que nos reuni haciendo de ambos uno solo; os imploro para que descubris ante m, pues soy vuestra mitad, pues soy vos mismo, el por qu estis tan adusto; y qu hombres se han dirigido vos esta noche, puesto que haba seis siete de ellos que ocultaban sus rostros aun en medio de la oscuridad. BRUTO.--No os arrodilleis, gentil Porcia. PORCIA.--No lo necesitara si Bruto fuera afable.--Decidme, Bruto: Dentro del vnculo del matrimonio es de esperar que yo ignore secretos que os pertenecen? no soy parte de vos mismo sino de una manera limitada; slo para acompaaros la mesa, confortar vuestro lecho, y hablaros de vez en cuando? No hay sitio para m sino en los confines de vuestra condescendencia? Si no es ms que esto, Porcia es la manceba de Bruto, no su esposa. BRUTO.--Sois mi verdadera y honorable esposa, tan querida para m como las gotas de sangre que afluyen mi triste corazn. PORCIA.--Si esto fuera verdad, sabra yo entonces este secreto. Mujer soy, es cierto; pero mujer quien Bruto tom por esposa. Soy mujer, es cierto; pero mujer bien conocida: hija de un Catn. Pensis que no ser ms fuerte que mi sexo, teniendo tal padre y tal esposo? Decidme vuestros designios: no los revelar. Harta prueba he dado de mi constancia, hacindome voluntariamente una herida aqu en el muslo. Puedo sobrellevar esto con paciencia, y no los secretos de mi esposo? BRUTO.--Oh dioses! Hacedme digno de esta noble esposa! (_Se oye golpear adentro._) Escucha, escucha; alguien llama. Retrate, Porcia, por un rato, y pronto compartir mi corazn con el tuyo sus secretos. Te explicar mis compromisos y todo el significado de mi tristeza. Vete aprisa. (_Sale Porcia._--_Entran Lucio y Ligario._)--Lucio: quin llama? LUCIO.--Hay aqu un hombre enfermo que desea hablaros. BRUTO.--(_Aparte._) Es Cayo Ligario, de quien habl Metelio. Muchacho, aprtate. (_Sale Lucio._) Cayo Ligario? LIGARIO.--Recibid el saludo matinal de una lengua dbil. BRUTO.--Oh! Qu tiempo habis escogido, valeroso Ligario, para llevar pauelo!--Cunto deseara que no estuviseis enfermo! LIGARIO.--No estoy enfermo, si Bruto tiene en mano alguna proeza digna del nombre del honor. BRUTO.--La tengo, Ligario, si queris oirla con sana disposicin. LIGARIO.--Por todos los dioses ante quienes se inclinan los romanos, aqu olvido mi dolencia! Alma de Roma! Valeroso hijo, nacido de dignos progenitores! T, como los exorcistas, has conjurado mi pesaroso espritu. Pdeme ahora que ntre en accin, y procurar lo imposible: ms; lo vencer. Qu debo hacer? BRUTO.--Una faena que tornar en hombres sanos los enfermos. LIGARIO.--Pero no hay algunos sanos quienes debemos tornar enfermos? BRUTO.--Tambin tendremos que hacerlo. Os revelar esto, Cayo mo, mientras vamos hacia aquel en quien se deba realizar. LIGARIO.--Avanzad audazmente; que yo con el corazn de nuevo inflamado, os seguir para hacer no s qu; pero me basta estar guiado por Bruto. BRUTO.--Entonces, seguidme. (_Salen._) ESCENA II. Un cuarto en el palacio de Csar. Los mismos.--Truenos y rayos.--Entra CSAR en traje de noche. CSAR.--Ni cielo ni tierra han estado en paz esta noche. Tres veces ha clamado Calfurnia durante su sueo: Auxilio, oh! Asesinan Csar!--Quin va? (_Entra un criado._) CRIADO.--Seor? CSAR.--V decir los sacerdotes que ofrezcan el sacrificio y me traigan su opinin sobre los sucesos. CRIADO.--Voy en el acto, seor. (_Entra Calfurnia._) CALFURNIA.--Csar qu intentis? Pensis salir? No, no os moveris hoy de vuestra casa. CSAR.--Csar saldr. Jams cosa alguna de cuantas me han amenazado, se me ha presentado de frente. Al ver el rostro de Csar, se desvanecen. CALFURNIA.--Nunca d grande importancia ritos y ceremonias; mas ahora me asustan. Fuera de las cosas que hemos odo y visto, cuntanse las ms horribles visiones como observadas por los guardias. Una leona ha dado nacimiento sus cachorros en la calle; y se han entreabierto las tumbas y dejado salir los muertos. Feroces guerreros combatan airados entre las nubes, en filas, en escuadrones y en extricta forma militar, haciendo llover la sangre sobre el Capitolio.--El fragor de la batalla atronaba el aire, y se oa el relinchar de los caballos y el quejido de los hombres moribundos, y los espectros daban alaridos por las calles. Oh Csar! Estas no son cosas usuales y me infunden temor. CSAR.--Cmo evitar que se cumpla aquello que los dioses hayan dispuesto? Csar saldr; pues esas predicciones tanto se dirigen Csar como todo el mundo. CALFURNIA.--No es al morir los mendigos cuando se ve aparecer los cometas; pero los cielos mismos se inflaman para anunciar la muerte de los prncipes. CSAR.--Los cobardes mueren muchas veces antes de perder la vida. Los valientes no experimentan la muerte sino una vez. De todas las maravillas que he odo, la que ms extraa me parece es el que los hombres tengan miedo; pues la muerte es un fin necesario y cuando haya de venir, vendr. (_Vuelve entrar el criado._) Qu dicen los augures? CRIADO.--No querran veros salir hoy. Sacando las entraas de la vctima ofrecida en el sacrificio, no pudieron encontrarle en el pecho el corazn. CSAR.--Esto lo hacen los dioses para vergenza de la cobarda. Csar sera una bestia sin corazn, si dejase de salir hoy por miedo. No, Csar no lo har. Bien saben los peligros que Csar es ms peligroso que ellos.--Somos leones gemelos; pero nac primero y soy el ms terrible. Y Csar saldr! CALFURNIA.--Ay! La confianza impone silencio vuestra prudencia! No salgis hoy, mi seor. Llamad temor mo, no vuestro, lo que os retiene en casa. Enviaremos Antonio al Palacio del Senado y dir que no estis bien de salud. Dejad que os ruegue de rodillas el concederme esto. CSAR.--Marco Antonio dir que no estoy bien y me quedar en casa por complacerte. (_Entra Decio._)--He aqu Decio Bruto que les dir as. DECIO.--Salud oh Csar! Buenos das, digno Csar. Vengo conduciros al Senado. CSAR.--Y llegis muy tiempo para llevar mi saludo los senadores y decirles que no ir hoy. Que no puedo, sera falso; y que no me atrevo, ms falso an.--No ir hoy: decidles solamente esto. CALFURNIA.--Decid que est enfermo. CSAR.--Csar enviar una mentira? He llevado tan lejos las conquistas de mi brazo, para que tema decir la verdad unos cuantos ancianos? Decio, id decir que Csar no ir. DECIO.--Dejadme alegar alguna causa, poderoso Csar, para que al dar el mensaje no se burlen de m. CSAR.--La causa es mi voluntad.--No ir. Esto basta para satisfacer al Senado. Mas para vuestra satisfaccin particular os har saber, pues os tengo en afecto, que es mi esposa Calfurnia quien me retiene en casa. So anoche haber visto mi estatua, de la cual manaba, como de una fuente de cien bocas, un raudal de sangre; y muchos vigorosos romanos venir empapar sus manos en ella. Y creyendo que esto significa pronsticos, portentos y peligros inminentes, me ha suplicado de rodillas que permanezca hoy en casa. DECIO.--Errada interpretacin ha dado al sueo. Ha sido ms bien una buena y afortunada visin.--Vuestra estatua manando sangre por cien partes, significa que la gran Roma recibir por vos nueva sangre vivificadora; y que grandes hombres se apresurarn por obtener una tintura, una gota, un residuo.--He ah lo que significa el sueo de Calfurnia. CSAR.--Habis dado as una buena explicacin. DECIO.--Mejor la encontraris cuando hayis odo lo que an tengo que decir. Sabedlo ahora: el Senado ha resuelto dar hoy al poderoso Csar una corona. Si enviis decir que no iris, podran acaso variar de intento.--Adems, sera un sarcasmo posible que alguno dijera: Disolved el Senado hasta nueva ocasin, cuando la esposa de Csar tenga mejores sueos. Si Csar se oculta no susurrarn entre ellos Csar tiene miedo? Perdonadme, Csar; pero mi amor, mi profundo amor por vuestros actos me impele decroslo, y siempre mi razn ha sido dcil mis afectos. CSAR.--Qu pueriles aparecen ahora tus temores, Calfurnia! Me avergenzo de haber cedido ante ellos. Dame mi manto porque voy ir. (_Entran Publio, Bruto, Ligario, Metelio, Casca, Trebonio y Cinna._)--Y he aqu Publio que viene conducirme. PUBLIO.--Buenos das, Csar. CSAR.--Bienvenido, Publio. Qu! Tambin habis madrugado, Bruto? Buenos das, Casca.--Cayo Ligario, Csar nunca fu tan enemigo vuestro como esa fiebre que os trae tan extenuado.--Qu hora es? BRUTO.--Csar, han dado las ocho. CSAR.--Gracias por vuestra solicitud y cortesa. (_Entra Antonio_).--Ved: Antonio, pesar de que se divierte hasta tarde en la noche, est en pi. Buenos das, Antonio. ANTONIO.--As los tenga el muy noble Csar. CSAR.--Invtalos prepararse all dentro. Hago mal en hacerme esperar as. Al momento, Cinna. Al momento, Metelio. Qu! Trebonio, tengo en reserva para vos una hora de conversacin. Acordaos de visitarme hoy. Colocaos cerca de m para que lo recuerde. TREBONIO.--Lo har, Csar (_aparte_), y tan cerca, que vuestros mejores amigos hubieran querido verme ms lejos. CSAR.--Entrad, buenos amigos, y bebamos juntos un poco de vino; y como buenos amigos iremos en seguida todos juntos. BRUTO.--(_Aparte._) Oh Csar! El corazn de Bruto se contrista pensando que cada apariencia no es la misma realidad. (_Salen._) ESCENA III. Una calle cerca del Capitolio.--La misma. Entra ARTEMIDORO leyendo un papel. ARTEMIDORO.--Csar, desconfa de Bruto: vigila Casio: no te acerques Casca: observa Cinna: no confes en Trebonio: nota bien Metelio Cimber: Decio Bruto no te ama: has ofendido Cayo Ligario: todos estos hombres tienen un mismo pensamiento, y este pensamiento es contra Csar. Si no eres inmortal, precvete: la seguridad abre las puertas la conspiracin. Que los poderosos dioses te amparen. Tu admirador _Artemidoro._ Me quedar aqu hasta que pase Csar, y como uno del squito, le dar esto. Mi corazn deplora que la virtud no pueda vivir libre de la mordedura de la envidia. Si lees esto, oh Csar! podrs vivir. Si no, los hados se habrn conjurado con los traidores. (_Sale._) ESCENA IV. Otra parte de la misma calle, delante de la casa de Bruto. La misma. PORCIA.--Corre, corre, muchacho, al palacio del Senado. No te detengas responderme, v al instante. qu te detienes? LUCIO.--Para saber qu me encargais, seora. PORCIA.--Querra que pudieses ir y volver, aun antes de decirte lo que has de hacer all. Oh constancia! Dame toda tu fuerza! Pon una montaa entera entre mi corazn y mi boca. Tengo la mente del hombre, pero la debilidad de la mujer. Qu duro es para nosotras guardar secretos! Todava ests aqu?... LUCIO.--Pero qu har, seora? Nada ms que correr al Capitolio? Y regresar lo mismo que he ido, y nada ms? PORCIA.--S, y avsame si tu amo parece bien, porque se fu un poco enfermo; y observa bien lo que hace Csar, y qu squito le rodea.--Escucha! Qu ruido es ese? LUCIO.--No alcanzo a oir nada, seora. (_Entra el adivino._) PORCIA.--Acrcate, mozo. Por dnde has andado? ADIVINO.--En mi propia casa, seora. PORCIA.--Qu hora es? ADIVINO.--Cerca de las nueve, seora. PORCIA.--Ha ido ya Csar al Capitolio? ADIVINO.--Todava no, seora. Voy tomar un sitio para verle pasar al Capitolio. PORCIA.--Tienes algn lugar en el squito de Csar? No es as? ADIVINO.--Le tengo, seora; y si Csar quiere ser tan bueno para Csar, que me preste odo, le suplicar que vele por s propio. PORCIA.--Qu! Sabes acaso que se intente hacerle algn mal? ADIVINO.--Ninguno, que yo sepa; pero alguno muy grande que temo podra acontecerle. Aqu la calle es angosta y la muchedumbre de senadores, pretores y secuaces comunes que se agrupan tras de los pasos de Csar, oprimirn un hombre dbil, quizs hasta ahogarlo. Me ir un sitio ms despejado, y desde all hablar al gran Csar cuando pase. PORCIA.--Debo retirarme. Ay de m! Qu dbil cosa es el corazn de la mujer! Oh Bruto! Los cielos te amparen en tu empresa! Sin duda el muchacho me oy decir: Bruto tiene un squito que no puede agradar Csar. Oh, siento que me desmayo! Corre, Lucio, y hazme presente mi seor: dile que estoy alegre, y vuelve pronto, y repteme lo que te habr dicho. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO III. ESCENA I. El Capitolio de Roma.--El Senado en sesin. Muchedumbre de pueblo en la calle que conduce al Capitolio, y entre ellos ARTEMIDORO y el ADIVINO.--Preludios.--Entran CSAR, BRUTO, CASIO, CASCA, DECIO, METELIO, TREBONIO, CINNA, ANTONIO, LPIDO, POPILIO, PUBLIO y otros. CSAR. Han llegado los idus de Marzo. ADIVINO.--S, Csar: pero no han pasado. ARTEMIDORO.--Salve, Csar. Leed este papel. DECIO.--Trebonio desea que pasis la vista, cuando tengis holgura para ello, sobre esta su humilde peticin. ARTEMIDORO.--Oh Csar! Leed primero la ma, porque es una solicitud que concierne ms de cerca Csar. Leedla, gran Csar. CSAR.--Lo que concierne personalmente Nos se debe dejar para lo ltimo. ARTEMIDORO.--No tardis, Csar. Leed al instante. CSAR.--Qu! Est loco este mozo? PUBLIO.--Aprtate, malandrn! CASIO.--Qu! Instis vuestras peticiones en la calle? Venid al Capitolio. (_Csar entra al Capitolio. Los dems le siguen. Los senadores se ponen en pi._) [Illustration] POPILIO.--Deseo que vuestra empresa hoy prospere. CASIO.--Qu empresa, Popilio? POPILIO.--Que os vaya bien. (_Avanza hacia Csar._) BRUTO.--Qu dijo Popilio Lena? CASIO.--Dijo que deseaba que nuestra empresa hoy prosperase. Temo que haya sido descubierto nuestro intento. BRUTO.--Mira cmo se acerca Csar: obsrvalo. CASIO.--Casca, s rpido, pues tememos la alarma. Bruto, qu se debe hacer? Si esto se llega saber, Casio Csar no volvern jams; pues me quitar la vida. BRUTO.--S constante, Casio. No es de nuestro proyecto de lo que habla Popilio Lena; porque, como ves, se sonre, y Csar no cambia de aspecto. CASIO.--Trebonio conoce su oportunidad: ved, Bruto, cmo se lleva afuera Marco Antonio. (_Salen Antonio y Trebonio. Csar y los senadores se sientan._) DECIO.--Dnde est Metelio Cimber? Que llegue y presente ahora su peticin Csar. BRUTO.--Ya se ha dirigido all. Poneos junto l y secundadle. CINNA.--Casca, sois el primero que alzar su mano. CSAR.--Estamos prontos? Hay cosa alguna errada, que Csar y su Senado deban rectificar? METELIO.--Muy alto, muy noble y muy poderoso Csar, Metelio Cimber depone tus plantas un humilde corazn. (_Se arrodilla._) CSAR.--Debo advertirte, Cimber, que estas genuflexiones y bajas cortesas podrn inflamar la sangre de las gentes vulgares y convertir la preeminencia y el primer rango, en juguetes pueriles. No te lisonjees con la idea de que Csar lleva en s una sangre que pueda cambiar de su verdadera calidad, por lo que hace bullir la sangre de los necios: quiero decir por las palabras almibaradas, las reverencias humillantes y las lisonjas bajas y rastreras.--Tu hermano est expatriado por un decreto. Si te abajas y ruegas y adulas por l, te echo fuera de mi camino como un perro. Entiende que Csar no hace injusticia; ni se dar por satisfecho sin motivo. METELIO.--No hay voz ms digna que la ma para que suene ms grata los odos del gran Csar, al pedir la vuelta de mi hermano desterrado? BRUTO.--Beso tu mano, pero sin adulacin, Csar; deseando que otorgues Publio Cimber la inmediata libertad de regresar. CSAR.--Qu! Bruto! CASIO.--Perdona, Csar, perdona. Casio se pone tus pis para implorar la libertad de Publio Cimber. CSAR.--Podra conmoverme si fuera yo como vosotros; y los ruegos me conmoveran si yo pudiera rogar para conmover.--Pero soy constante como la estrella del Norte, cuya fijeza inmutable condicin no tienen semejante en el firmamento. Esmaltado le vis con innumerables chispas, todas inflamadas y brillante cada una; pero entre todas una, slo una mantiene su lugar. Y as sucede en el mundo: Est bien provisto de hombres; y los hombres, son de carne y sangre, y vacilantes. Sin embargo, entre todos conozco uno, slo uno que mantiene su rango incontrastable, superior toda conmocin. Y que ese uno soy yo, lo mostrar un poco aun en esto: que he sido constante en que se desterrase Cimber, y permanezco constante en mantenerlo as. CINNA.--Oh Csar! CSAR.--Fuera de aqu! Quieres levantar el Olimpo? DECIO.--Gran Csar! CSAR.--No est Bruto intilmente de rodillas? CASCA.--Hablen por m mis manos. (_Casca hiere Csar en el cuello. Csar le toma por el brazo. Hirenle entonces otros conspiradores, y por ltimo Marco Bruto._) CSAR.--Tambin t, Bruto? Csar, djate morir! (_Muere. Los senadores y el pueblo se retiran en confusin._) CINNA.--Libertad! Libertad! La tirana ha muerto! Corred, proclamadlo, pregonadlo por las calles. CASIO.--Que vayan algunos las tribunas populares y griten: Libertad y emancipacin! BRUTO.--Pueblo y senadores, no os asustis.--No huyis: estad quedos. La ambicin ha pagado su deuda. CASCA.--Id la tribuna, Bruto. DECIO.--Y Casio tambin. BRUTO.--Dnde est Publio? CINNA.--Aqu, enteramente azorado con este tumulto. METELIO.--Permaneced bien juntos, no sea que algn amigo de Csar pudiera..... BRUTO.--No hablis de permanecer as!--Buen nimo, Publio. Ningn mal se intenta vuestra persona, ni la de ningn otro romano.--Decidlo as todos. CASIO.--Y dejadnos, Publio; pues si el pueblo se precipitara hacia nosotros, podra ocasionar algn dao vuestra avanzada edad. BRUTO.--Hacedlo as, y que ningn hombre responda de lo acontecido, sino nosotros que lo hemos hecho. (_Vuelve entrar Trebonio._) CASIO.--Dnde est Antonio? TREBONIO.--Huy azorado su casa. Hombres, esposas y nios miran asombrados, vociferan y corren como si fuera el da final. BRUTO.--Hados! conocemos vuestra voluntad. Que tenemos de morir, lo sabemos. Slo ignoramos el tiempo y cules das de los que los hombres cuentan como suyos, han de ser sorteados. CASIO.--Bah! El que suprime veinte aos de vida, suprime veinte aos de estar temiendo la muerte. BRUTO.--Reconoce eso, y entonces la muerte es ya un beneficio. As somos amigos de Csar, habiendo abreviado el tiempo en que haba de temer la muerte. Inclinaos, romanos, inclinaos, y baemos nuestras manos y nuestros brazos en la sangre de Csar, y empapemos en ella nuestras espadas; y salgamos hasta la misma plaza del mercado, y agitando nuestras armas enrojecidas por encima de nuestras cabezas, gritemos: Paz, independencia y libertad. CASIO.--Inclinaos, pues, y lavaos con su sangre. Dentro de cuntas edades se volver representar esta nuestra grandiosa escena en naciones an no nacidas y en idiomas que estn an por crearse! BRUTO.--Cuntas veces se ver en esos juegos futuros desangrar Csar, que yace ahora al pi de la base de Pompeyo, no menos insignificante que un puado de polvo! CASIO.--Y cuntas veces suceda, otras tantas nuestro grupo ser apellidado el de los hombres que libertaron nuestra patria! DECIO.--Y bien saldremos? CASIO.--S: en marcha todo hombre. Bruto ir la cabeza, y nosotros honraremos sus huellas con los ms intrpidos y mejores corazones de Roma. (_Entra un criado._) BRUTO.--Despacio. Quin viene? Un amigo de Antonio. CRIADO.--As, oh Bruto! me encarg mi seor que me arrodillase. As me encarg Marco Antonio prosternarme; y una vez postrado, que dijera estas palabras: Bruto es noble, prudente, valeroso y honrado. Csar era poderoso, audaz, regio y afectuoso. D que amo Bruto, y lo venero. D que tema Csar, lo veneraba y lo amaba. Si Bruto promete que Antonio podr venir sin peligro su presencia, y que se le har comprender cmo Csar haba merecido la muerte, Marco Antonio no amar ms Csar muerto que Bruto vivo; sino que seguir con entera lealtad los trabajos y la suerte del noble Bruto al travs de los azares de este nuevo estado. Esto dice Antonio, mi seor. BRUTO.--Tu seor es un romano sensato y valeroso. Nunca pens menos de l. Dile que si gusta venir aqu, ser satisfecho, y sobre mi honor, volver ileso. CRIADO.--Lo conducir en seguida. (_Sale el criado._) BRUTO.--Conozco que nos conviene tenerlo de amigo seguro. CASIO.--Me alegrara de que se pudiera. Sin embargo, tengo cierta inclinacin considerarlo como muy de temer; y mi recelo persiste en venir maliciosamente al propsito. (_Vuelve entrar Antonio._) BRUTO.--He aqu Antonio que viene. Bienvenido, Marco Antonio. ANTONIO.--Oh poderoso Csar! Y yaces tan abatido? Todas tus conquistas, glorias, triunfos, despojos han venido reducirse esta mezquina condicin? Adios. Ignoro, caballeros, vuestros designios; quin otro deber verter su sangre, quin est designado. Si lo estoy yo, ninguna hora mejor que la que ha visto morir Csar; ni instrumento que sea la mitad tan digno como esas vuestras espadas, enriquecidas ya con la ms noble sangre que hay en el mundo entero.--Si me tenis aversin, os ruego satisfacer vuestro deseo ahora que vuestras manos enrojecidas exhalan todava el vapor de la sangre. Si hubiera de vivir mil aos, jams me encontrara tan dispuesto morir como en este momento. Ningn lugar me agradara tanto como este al lado de Csar; ningn modo de muerte como el recibirla de vosotros los genios superiores y escogidos de esta edad. BRUTO.--Oh Antonio! No implores de nosotros la muerte. Aunque ahora tenemos que parecer sanguinarios y crueles como lo vis por nuestras manos y por este acto nuestro; vos no vis sino las manos y la accin sangrienta que han ejecutado. No vis nuestros corazones. Estn llenos de compasin: y la compasin por el infortunio general de Roma (que as como el fuego ahoga al fuego, ahoga la compasin la compasin), ha consumado este hecho en Csar. En cuanto vos, nuestras espadas no tienen punta para daaros, Marco Antonio. Nuestros brazos, seguros contra la malicia, y nuestros corazones de fraternal genialidad, os reciben con todo benvolo afecto, con sana intencin y reverencia. CASIO.--Vuestra voz alcanzar tanto poder como la de cualquier otro hombre, en la distribucin de nuevas dignidades. BRUTO.--Tened solamente paciencia hasta que hayamos apaciguado la multitud enagenada de espanto, y entonces os presentaremos la causa por la cual yo, que amaba Csar en el momento de herirlo, he procedido as. ANTONIO.--No dudo de vuestra rectitud! Dme cada uno su ensangrentada mano. Primero estrechar la vuestra, Marco Bruto; en seguida la vuestra, Cayo Casio. Ahora vos, Decio Bruto, y vos ahora, Metelio; vuestra mano, Cinna; y, mi valeroso Casca, la vuestra. Y ltimo, aunque no inferior en mi afecto, la vuestra buen Trebonio. Caballeros, todos, ay! qu dir? Mi crdito se asienta hoy en tan resbaladizo terreno, que slo podris considerarme de uno de dos tristes modos: cobarde adulador. S: es verdad que te am oh Csar! Y si ahora tu espritu nos contempla no te afligir, an ms que su muerte, ver Antonio hacer las paces, y estrechar las manos sangrientas de tus adversarios oh t el ms noble de los hombres! en presencia de tu cadver? Si tuviera yo tantos ojos como heridas tienes, y vertiera por ellos tantas lgrimas como sangre han manado stas, me estara mejor que unirme en lazos de amistad con tus enemigos.--Aqu fuste cercado, bravo ciervo, y aqu caste; y aqu estn tus cazadores, puestas sus seales en tus despojos y enrojecidos en tu muerte. T eras el bosque de este siervo oh mundo! y l era, en verdad, tu corazn. Qu semejante al ciervo herido por muchos prncipes, yaces aqu! CASIO.--Marco Antonio. ANTONIO.--Perdonadme, Cayo Casio. Los mismos enemigos de Csar han de decirlo, y por tanto, en boca de un amigo, no es ms que fra modestia. CASIO.--No os censuro porque elogiis as Csar. Pero qu alianza pensis tener con nosotros? Queris ser contado en el nmero de nuestros amigos? seguiremos adelante sin confiar en vos? ANTONIO.--Por eso os estrech las manos. Pero en verdad me distrajo el ver cmo yace Csar. Amigo soy de todos, todos os amo en la esperanza de que me daris las razones de por qu y cmo era peligroso Csar. BRUTO.--Y de no serlo, este sera un espectculo salvaje. Nuestras razones abundan tanto en rectitud, que quedarais satisfecho, Antonio, aun cuando fuerais el hijo de Csar. ANTONIO.--Eso es todo lo que busco. Y adems, solicito poder exhibir su cuerpo en la plaza del mercado, y hablar en la tribuna, como cumple un amigo, en el orden de su funeral. BRUTO.--Lo hars, Marco Antonio. CASIO.--Bruto, quiero deciros una palabra. (_Aparte._) No sabis lo que estis haciendo. No consintis en que hable Antonio en el funeral. Sabis hasta qu grado se podr conmover el pueblo con lo que l diga? BRUTO.--(_Aparte._) Con vuestro permiso. Yo ocupar primero la tribuna y explicar la causa de la muerte de Csar. Har constar que Antonio hablar por nuestra venia y consentimiento y que nos complacemos en que Csar tenga todos los ritos y ceremonias legales. Esto nos har ms provecho que dao. CASIO.--(_Aparte._) No s lo que pueda acontecer. Esto no me place. BRUTO.--Marco Antonio, tomad aqu el cuerpo de Csar. En vuestra oracin fnebre no nos censuris, pero hablaris de Csar todo el bien que podis, y diris que para ello os hemos dado permiso. De otro modo no tendris parte alguna en este funeral. Y hablaris en la misma tribuna que yo, despus de terminar mi discurso. ANTONIO.--Sea as. No deseo ms. BRUTO.--Preparad, pues, el cadver y seguidnos. (_Salen todos, excepto Antonio._) ANTONIO.--Perdname oh despojo desangrado! si soy manso y gentil con estos carniceros. Reliquia eres del hombre ms noble que jams vieron los tiempos. Ay de la mano que derram esta valiosa sangre! Ante tus heridas frescas an, que abren sus labios enrojecidos como bocas mudas implorando de mi lengua la voz y la expresin, hago ahora esta profeca: Caer una maldicin sobre los miembros de los hombres: el furor intestino y la cruel guerra civil arrasarn todas las partes de Italia; la sangre y la destruccin sern tan habituales, y los objetos terribles tan familiares, que las madres no harn mas que sonreir cuando vean sus pequeuelos descuartizados por la mano de la guerra; la costumbre de los hechos atroces ahogar toda piedad: el espritu de Csar, vido de venganza, discurrir teniendo su lado Atos acabada de salir del infierno, y gritar en todos estos confines con voz de monarca: Destruccin!, y soltar los perros de la guerra; y que este crimen trascender por sobre la tierra en el quejido de los moribundos implorando un sepulcro. (_Entra un criado._) T sirves Octavio Csar no es as? CRIADO.--As es, Marco Antonio. ANTONIO.--Csar escribi para que viniese Roma. CRIADO.--Recibi las cartas y est en camino y me encarg deciros de palabra... Oh Csar! (_Viendo el cadver._) ANTONIO.--Tienes henchido el corazn. Aprtate y llora. Veo que la pasin es contagiosa, porque al ver las lgrimas que llenan tus ojos, siento que los mos se humedecen. Viene tu seor? CRIADO.--Esta noche estar menos de siete leguas de Roma. _Antonio_.--Pues vuela encontrarle y dile lo que ha acontecido. Hay una Roma enlutada, una Roma peligrosa; pero todava no hay para Octavio una Roma segura. Sal de aqu y dile esto. Pero, qudate un momento. No tornars hasta que haya yo llevado este cadver la plaza del mercado; all sondear con mi discurso el modo cmo el pueblo ha recibido la cruel resolucin de estos hombres sanguinarios; y segn lo que sea, explicars al joven Octavio el estado de las cosas. Aydame. (_Salen llevando el cuerpo de Csar_). ESCENA II. La misma.--El Foro. Entran BRUTO y CASIO y un grupo de ciudadanos. CIUDADANO.--Queremos satisfacernos! Que se nos satisfaga...! BRUTO.--Pues bien: seguidme y escuchadme, amigos. Casio, id la otra calle, y quede dividido el auditorio. Permanezcan aqu los que desean oirme, y acompaen Casio los que quieran seguirle; y se darn pblicamente las razones de la muerte de Csar. CIUDADANO 1.--Quiero oir hablar Bruto. CIUDADANO 2.--Quiero oir Casio, y comparar sus razones cuando hayamos odo uno y otro. (_Sale Casio con algunos ciudadanos. Bruto va al rostrum._) CIUDADANO 3.--El noble Bruto ha subido. Silencio! BRUTO.--Tened paciencia hasta el fin, romanos, compatriotas y amigos! Escuchadme en mi causa, y guardad silencio para que podis escuchar; creedme por mi honor, y respetad mi honor para que creis: censuradme en vuestra sensatez, y despertad vuestros sentidos para juzgar mejor. Si hubiere en esta asamblea algn caro amigo de Csar, l me dirijo para decirle que l no amaba Csar ms que Bruto. Y si ese amigo pregunta por qu se levant Bruto contra Csar, he aqu mi respuesta: no porque amara menos Csar, sino porque amaba ms Roma. Querrais mas bien que viviera Csar y morir esclavos todos, que ver morir Csar y vivir todos como hombres libres?--Puesto que Csar me amaba, le lloro; de que fu afortunado me regocijo; como valiente le honro; pero como ambicioso le mat. Hay lgrimas para su afecto, alegra para su fortuna, honra para su valor, y muerte para su ambicin. Quin hay aqu tan bajo que quisiera ser siervo? Si le hay, que hable; pues se he ofendido. Quin hay aqu tan embrutecido que no quisiera ser romano? Si le hay, que hable; pues se he ofendido tambin. Quin hay aqu tan vil que no ame su patria? Si le hay, que hable; pues tambin le he ofendido. Me detengo para esperar respuesta. CIUDADANO.--(_Hablan muchos un tiempo._) Ninguno, Bruto, ninguno. BRUTO.--Entonces ninguno he ofendido. No he hecho Csar sino lo que harais Bruto. La cuestin de su muerte est inscrita en el Capitolio: no disminuda su gloria en cuanto era digno de ella, ni exageradas las ofensas por las cuales sufri la muerte. (_Entran Antonio y otros con el cuerpo de Csar._)--Aqu viene su cadver escoltado por Marco Antonio. Ninguna parte tuvo ste en su muerte, y, sin embargo, goza del beneficio de ella, ocupando un puesto en la comunidad. Y cul de vosotros no lo obtendr tambin? Y me despido protestando que si slo por el bien de Roma mat al hombre quien ms amaba, tengo la misma arma para m propio cuando la patria necesite mi muerte. CIUDADANO.--Viva Bruto! Viva, viva! CIUDADANO 1.--Llevmosle en triunfo hasta su casa. CIUDADANO 2.--Erigidle una estatua junto las de sus antepasados. CIUDADANO 3.--Hagmosle Csar. CIUDADANO 4.--Y lo que haba de mejor en Csar ser ahora coronado en Bruto. CIUDADANO 1.--Le llevaremos su casa con vtores y aclamaciones. BRUTO.--Compatriotas mos... CIUDADANO 2.--Orden! Silencio! Bruto habla. BRUTO.--Mis buenos compatriotas, dejadme partir solo, y por merced m quedaos aqu con Antonio. Haced honor al cuerpo de Csar, y la oracin de Antonio encaminada la gloria de Csar. Hcela con nuestro beneplcito y le hemos dado permiso para pronunciarla. Os ruego que ningn hombre se ausente, excepto yo, hasta que Antonio haya hablado. CIUDADANO 1.--Quedmonos para oir Marco Antonio. CIUDADANO 3.--Que suba la tribuna pblica y le oiremos. Noble Antonio, subid. ANTONIO.--Por consideracin Bruto, me vis en presencia vuestra. CIUDADANO 4.--Lo mejor sera que no hablase aqu mal de Bruto. CIUDADANO 1.--Este Csar era un tirano. CIUDADANO 3.--No hay duda de ello. Es una bendicin para nosotros que Roma se haya librado de l. CIUDADANO 2.--Silencio! Oigamos lo que puede decir Antonio. ANTONIO.--Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atencin. Vengo sepultar Csar, no ensalzarlo. El mal que los hombres hacen les sobrevive: el bien es menudo enterrado con sus huesos. Sea tambin as con Csar. El noble Bruto os ha dicho que Csar era ambicioso. Si tal ha sido, su falta fu muy grave, y la habr pagado terriblemente. Ahora, con permiso de Bruto y los dems (porque Bruto es un hombre honorable, y honorables son todos ellos, todos) vengo hablar en el funeral de Csar.--Amigo mo era, leal y justo para m; pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honorable. Muchos cautivos trajo Roma, y con sus rescates llen las arcas pblicas. Pareci esto ambicioso en Csar? Las lgrimas de los pobres hacan llorar Csar, y la ambicin debera ser de ndole ms dura. Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso; y Bruto es un hombre honorable. Todos habis visto cmo en la fiesta Lupercalia le present tres veces una corona real y cmo la rehus tres veces. Era esto ambicin? Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso, y por cierto que l es un hombre honorable. No hablo para reprobar lo que habl Bruto; pero estoy aqu para decir lo que s. Todos le amasteis un da y no fu sin motivo. Qu causa os retiene, pues, para no llevar luto por l? Oh discernimiento! Has ido albergarte en los animales inferiores y los hombres han perdido la razn! Toleradme; porque mi corazn est all en ese fretro, con Csar, y he de detenerme hasta que vuelva m. CIUDADANO 1.--Parece que hay mucho de verdad en lo que dice. CIUDADANO 2.--Bien pensado, se ha hecho grande injusticia Csar. CIUDADANO 3.--En verdad, seores? Pues temo que en lugar suyo venga alguno peor. CIUDADANO 4.--Te has fijado en sus palabras? No quiso tomar la corona. Luego de seguro que no era ambicioso. CIUDADANO 1.--Si resulta as, alguien lo ha de pagar bien caro! CIUDADANO 2.--Pobre hombre! Tiene enrojecidos los ojos de llorar. CIUDADANO 3.--No hay en Roma hombre ms noble que Antonio. CIUDADANO 4.--Observmosle ahora. Vuelve hablar. ANTONIO.--Slo ayer, la palabra de Csar habra hecho frente al mundo todo: y hedle all que yace ahora sin que haya uno solo bastante humilde para rendirle homenaje. Oh seores! Si estuviera dispuesto conmover vuestros corazones y vuestra mente y arrastrarlos la clera y al tumulto, hara injusticia Bruto injusticia Casio; y todos sabis bien que son hombres honorables. No quiero ser injusto para con ellos. Prefiero serlo para con el muerto, para conmigo mismo y para con vosotros, antes que para con hombres tan honorables.--Pero tengo aqu un pergamino con el sello de Csar. Lo encontr en su retrete y es su testamento.--Permitid que oigan su ltima voluntad los ciudadanos (si bien, con vuestro permiso, no me propongo leerlo), irn besar las heridas de Csar muerto, y mojarn sus telas en su sagrada sangre; s; y mendigarn uno solo de sus cabellos como memoria, y al morir lo mencionarn en sus testamentos como rico legado sus sucesores. CIUDADANO 4.--Queremos oir el testamento. Leedlo, Marco Antonio. CIUDADANOS.--El testamento! El testamento! Queremos oir el testamento! ANTONIO.--Tened paciencia, benvolos amigos; no debo leerlo. No es oportuno que sepis qu punto os am Csar. No sois leos, no sois piedras; sois hombres, y como hombres, al oir el testamento de Csar, os sentirais inflamados, exasperados por la indignacin.--No es bien haceros saber que sois sus herederos; pues saberlo qu no podra resultar? CIUDADANO 4.--Leed el testamento. Queremos oirlo, Antonio. Habis de leernos el testamento, el testamento de Csar. CIUDADANOS.--El testamento! El testamento! ANTONIO.--Queris tener paciencia? Permaneceris tranquilos un rato? Me he dejado llevar ms all de mi intento, al deciros eso. Temo hacer mal los hombres honorables cuyos puales hirieron Csar. Lo temo. CIUDADANO 4.--Eran traidores! Hombres honorables! CIUDADANOS.--El testamento! La ltima voluntad! ANTONIO.--Queris forzarme, pues, leer el testamento? Rodead entonces el cadver y dejadme mostraros aquel que hizo el testamento.--Me daris permiso para bajar? CIUDADANOS.--Bajad! CIUDADANO 2.--Descended! CIUDADANO 3.--Tenis el permiso. CIUDADANO 4.--Hagamos rueda. Poneos alrededor. CIUDADANO 1.--Apartaos un tanto del cadver y del fretro. CIUDADANO 2.--Haced lugar para Antonio, para el muy noble Antonio. ANTONIO.--No os agolpis tanto sobre m. Teneos distancia. CIUDADANO.--Atrs! Haced sitio! Retroceded! ANTONIO.--Si tenis lgrimas, preparaos verterlas. Todos conocis este manto. Recuerdo cuando Csar lo llev por primera vez. Era una tarde de verano, en su tienda. Ese da venci los Nervos. Ved: por aqu penetr el pual de Casio. Mirad qu rasgadura hizo el envidioso Casca. Por esta otra hiri Bruto el bien amado. Y observad cmo al retirar su maldito acero, la sangre de Csar parece haberse lanzado en pos de ste, como para cerciorarse de si era Bruto en verdad quien le haba abierto tan odiosamente la puerta. Porque Bruto, bien lo sabis, era el ngel de Csar. Juzgad, oh dioses, qu entraablemente le amaba Csar! Esa fu la ms cruel herida de todas. Porque cuando el noble Csar vi que l tambin le hera, la ingratitud ms fuerte que los brazos de los traidores, lo abrum completamente. Y estall entonces su poderoso corazn; y envolviendo su rostro con el manto, cay el gran Csar en la base de la estatua de Pompeyo, inundada de sangre. Oh, qu cada, compatriotas! All, vosotros y yo camos, y la traicin sangrienta triunf sobre nuestras cabezas. Oh! Ahora lloris: veo que la piedad os mueve, y esas lgrimas son bondadosas. Pero qu! Lloris almas benvolas, cuando vis solamente la desgarrada vestidura de Csar! Mirad aqu, aqu est l mismo, acribillado por los traidores. CIUDADANO 1.--Qu triste espectculo! CIUDADANO 2.--Oh noble Csar! CIUDADANO 3.--Oh desgraciado da! CIUDADANO 4.--Oh traidores! Villanos! CIUDADANO 1.--Oh sangriento cuadro! CIUDADANO 3.--Seremos vengados: Venganza! Buscad, registrad, incendiad, matad. Que no quede un traidor vivo! ANTONIO.--Quedaos, compatriotas. CIUDADANO 1.--Guardad silencio. Oigamos al noble Antonio. CIUDADANO 2.--Le oiremos, y le seguiremos, y moriremos con l. ANTONIO.--Buenos amigos, caros amigos, no anhelo agitaros con semejante irrupcin de tumulto. Aquellos que han consumado ese hecho son honorables. Qu secretos agravios tenan para hacer esto ay! no lo s. Ellos son discretos y honorables, y, sin duda, os respondern con razones. No vengo, amigos, seducir vuestros corazones. Yo no soy orador, como Bruto; y todos me conocis como un hombre sencillo y rudo que amaba su amigo. Y bien lo saban los que me dieron pblicamente permiso para hablar de l; porque no tengo el talento, ni la elocuencia, ni la vala, ni la accin, ni la fuerza de la palabra, para sublevar la sangre de los hombres.--Hablo sin rodeos, y slo os digo aquello que todos sabis: os muestro las heridas del afectuoso Csar, estas pobres, pobres bocas mudas, y les pido que hablen por m. Que si yo fuera Bruto, y Bruto fuera Antonio, habra un Antonio que sublevara vuestros nimos y pondra una lengua en cada herida de Csar capaz de hacer moverse y amotinarse hasta las piedras de Roma. CIUDADANO.--Nos levantaremos! CIUDADANO 1.--Quemaremos la casa de Bruto! CIUDADANO 3.--Pues vamos! Busquemos los conspiradores. ANTONIO.--Odme an, compatriotas: odme unas palabras ms. CIUDADANO.--Silencio! Od Antonio, al muy noble Antonio. ANTONIO.--Pero, amigos, os lanzis hacer no sabis qu. Qu ha hecho Csar para merecer as vuestros afectos? Ay! No sabis an, debo decroslo, habis olvidado el testamento de que os habl. CIUDADANO.--Muy cierto. El testamento. Quedmonos oir el testamento. ANTONIO.--Hedlo aqu, y bajo el sello de Csar. Da cada ciudadano romano, cada un hombre, setenta y cinco dracmas. CIUDADANO 2.--Qu noble Csar! Vengaremos su muerte! CIUDADANO 3.--Qu regio Csar! ANTONIO.--Escuchadme con paciencia. CIUDADANO.--Silencio! Silencio! ANTONIO.--Os ha dejado adems todos sus paseos, sus parques particulares, y sus huertos recin plantados, en este lado del Tber; los ha dejado perpetuidad para vosotros y vuestros herederos, como parques pblicos, para pasearos y solazaros en ellos.--Hed ah lo que ha sido Csar. Cundo vendr uno que se le parezca? CIUDADANO 1.--Nunca, jams. Salgamos, salgamos; quememos sus restos en el lugar sagrado, y con los tizones incendiemos las casas de los traidores! Levantemos el cuerpo. CIUDADANO 2.--Id traer fuego. CIUDADANO 3.--Derribad los bancos. CIUDADANO 4.--Derribad las molduras, las ventanas, lo que sea. (_Salen los ciudadanos con el cuerpo._) ANTONIO.--Y ahora, siga adelante la obra.--Ya ests en marcha oh revuelta! Toma el camino que quieras.--Qu hay ahora, mozo? (_Entra un criado._) CRIADO.--Seor. Octavio ha llegado ya Roma. ANTONIO.--Y en dnde est? CRIADO.--l y Lpido estn en casa de Csar. ANTONIO.--Y all voy inmediatamente visitarlo. Viene como trado al intento. La fortuna est alegre, y en su buen humor nos dar no importa qu. CRIADO.--Les o decir que Bruto y Casio escapan como locos furiosos fuera de las puertas de Roma. ANTONIO.--Es probable que tuviesen alguna noticia del pueblo y de cmo yo lo haba movido.--Condceme donde Octavio. ESCENA III. La misma.--Una calle. Entra CINNA, el poeta. CINNA.--So esta noche que estaba en un banquete con Csar, y las cosas impresionan mi fantasa de un modo desafortunado. No tengo deseo de andar por las calles, y, sin embargo, algo me impele hacerlo. (_Entran ciudadanos._) CIUDADANO 1.--Cmo os llamis? CIUDADANO 2.-- dnde vis? CIUDADANO 3.--Dnde resids? CIUDADANO 4.--Sois casado soltero? CIUDADANO 2.--Responded cada uno terminantemente. CIUDADANO 1.--S; y en pocas palabras. CIUDADANO 4.--S; y discretamente. CIUDADANO 3.--S; y con veracidad. Ser mejor para vos. CINNA.--Cmo me llamo? dnde voy? Dnde resido? Soy casado soltero? Pues para responder cada uno terminantemente, en pocas palabras, discretamente y con veracidad, digo discretamente: soy soltero. CIUDADANO 2.--Eso quiere decir que los que se casan son unos necios. Me temo que esto os costar que os d un golpe. Continuad: terminantemente. CINNA.--Terminantemente, voy al funeral de Csar. CIUDADANO 1.--Como amigo enemigo? CINNA.--Como amigo. CIUDADANO 2.--Ese punto est respondido terminantemente. CIUDADANO 4.--Vuestra residencia? En pocas palabras. CINNA.--En pocas palabras, resido junto al Capitolio. CIUDADANO 3.--Vuestro nombre, seor? Con veracidad. CINNA.--Con veracidad, mi nombre es Cinna. CIUDADANO 1.--Hacedle pedazos. Es un conspirador. CINNA.--Soy Cinna el poeta, soy Cinna el poeta. CIUDADANO 4.--Despedazadle por sus malos versos. Despedazadle por sus malos versos. CIUDADANO 2.--No importa. Su nombre es Cinna. Arrancad solamente ese nombre de su corazn, y hacedle que retroceda. CIUDADANO 3.--Despedazadle, despedazadle! Y ahora las teas! casa de Bruto! casa de Casio! Incendimoslo todo. Que vayan unos casa de Decio, otros la de Casca, otros la de Ligario! (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO IV. ESCENA I. En Roma. Cuarto en casa de Antonio. ANTONIO, OCTAVIO Y LPIDO sentados alrededor de una mesa. ANTONIO. Todos estos, pues, tienen que morir. Sus nombres estn marcados. OCTAVIO.--Vuestro hermano debe morir tambin. Consents, Lpido? LPIDO.--Consiento. OCTAVIO.--Marcadlo, Antonio. LPIDO.-- condicin de que no vivir Publio, que es hijo de vuestra hermana, Marco-Antonio. ANTONIO.--No vivir. Mirad: le condeno con esta seal. Pero id, Lpido, casa de Csar; traed el testamento y arreglaremos el modo de suprimir alguna parte de los legados. LPIDO.--Qu! Os hallar aqu? _Octavio_.--Aqu en el Capitolio. (_Sale Lpido._) _Antonio_.--Este es un pobre hombre sin mrito que slo est bueno para hacer mandados. Es conveniente que, dividido el mundo en tres partes, venga l ser uno de los tres que lo dominen? _Octavio_.--As lo pensabais y consultasteis su voto sobre quines deban ser marcados para morir en nuestra sentencia de muerte y proscripcin. [Illustration] ANTONIO.--Octavio, he vivido ms das que vos, y aunque prodigamos estos honores en este hombre para libertarnos del peso de algunas calumnias, l no los llevar sino como lleva el asno el oro, para trabajar y sudar en la faena, ya sea que al sealar el camino sea guiado sea arreado. Y cuando hemos trado nuestro tesoro adonde queremos, le quitamos la carga y le hacemos irse, como el asno descargado, sacudir las orejas y pacer en el campo. OCTAVIO.--Haced como queris; pero es un bravo y experto soldado. ANTONIO.--Tambin lo es mi caballo, Octavio, y por tanto le proveo con un depsito de heno. Es una criatura la cual he enseado lidiar, partir, detenerse, correr de frente, gobernados siempre por mi espritu los movimientos de su cuerpo. En cierto modo, Lpido no es ms que esto. Tiene que ser enseado, disciplinado, estimulado ir adelante.--Es un espritu estril que se alimenta con objetos, artes imitaciones, manoseadas por otros hombres y cadas en desuso, pero que para l son moda nueva. No hablis de l sino como de una propiedad. Y ahora, Octavio, escuchad grandes cosas. Bruto y Casio estn reclutando fuerzas. Nosotros debemos ir adelante sin vacilar. Combinemos, pues, nuestra alianza, aseguremos nuestros ms fieles amigos y ensanchemos nuestros mejores recursos. Reunmonos inmediatamente en consejo para descubrir mejor las cosas encubiertas y hacer frente los peligros visibles. OCTAVIO.--Hagmoslo; porque estamos en juego, circundados por muchos enemigos, y me temo que algunos de los que nos sonren, tienen en su corazn abismos de maldad. (_Salen._) ESCENA II. Delante de la tienda de Bruto, en el campo cerca de Sardis. Tambor.--Entran BRUTO, LUCILIO, LUCIO y SOLDADOS. TICINIO Y PNDARO se encuentran con ellos. BRUTO.--Alto aqu! LUCILIO.--Dad la voz y haced alto. BRUTO.--Qu hay, Lucilio? Est Casio cerca? LUCILIO.--Va llegar, y Pndaro ha venido saludaros en nombre de su seor. (_Pndaro da una carta Bruto_). BRUTO.--Me saluda bien. Vuestro seor, Pndaro, por mudanza en l, por malos oficiales, me ha dado algn motivo para desear que cosas que haban sido hechas se deshicieran; pero si est tan prximo, quedar satisfecho. PNDARO.--No dudo que mi noble dueo aparecer tal como es, lleno de delicadeza y honor. BRUTO.--No se duda de l. Una palabra, Lucilio. Quiero saber con certeza de qu modo os recibi. LUCILIO.--Cortsmente y con bastante respeto; pero no con las mismas formas familiares, ni con el libre y amistoso trato que acostumbraba en tiempos anteriores. BRUTO.--En ello habis descrito un caluroso amigo que se enfra. Advertid, Lucilio, que cuando el amor principia debilitarse y decaer, usa siempre una ceremonia forzada. La fe honesta y sencilla no conoce disfraces.--Pero los hombres frvolos, como ciertos caballos fogosos al principio, hacen ostentacin y alarde de su firmeza; pero lugo que sienten las sangrientas espuelas, agachan la cabeza como rocines maosos y sucumben en la prueba. Avanza su ejrcito? LUCILIO.--Propnense acampar esta noche en Sardis. La mayor parte, las tropas de caballo, han venido con Casio. BRUTO.--Oyes? Ha llegado. V pausadamente encontrarlo. (_Entran Casio y soldados._) CASIO.--Alto! BRUTO.--Alto! Pasad la voz. DENTRO.--Alto! DENTRO.--Alto! DENTRO.--Alto! CASIO.--Muy noble hermano. Habis sido injusto hacia m. BRUTO.--Juzgadme oh dioses! Hago injusticia mis enemigos? Pues si no la hago cmo podra hacerla un hermano? CASIO.--Bruto, esta sobria apariencia vuestra encubre injusticias; y cuando las hacis.... BRUTO.--Conteneos, Casio. Exponed vuestros agravios tranquilamente. Os conozco bien. Aqu bajo las miradas de nuestros dos ejrcitos, que no deben ver entre nosotros sino buen afecto, no disputemos. Haced que se retiren y lugo en mi tienda, Casio, os espaciaris sobre vuestras quejas y os dar audiencia. CASIO.--Pndaro, pedid los jefes que retiren un poco de este lugar sus tropas. BRUTO.--Hacedlo tambin, Lucilio; y que nadie venga nuestra tienda hasta que haya terminado nuestra conferencia. Que Lucio y Ticinio guarden la puerta. (_Salen._) ESCENA III. En la tienda de Bruto. LUCIO y TICINIO alguna distancia de ella. CASIO.--Que me habis tratado injustamente, se ve en que habis condenado y marcado Lucio Pella por haber recibido aqu sobornos de los sardios; al paso que mis cartas implorando en su favor, porque conozco al hombre, han sido despreciadas. BRUTO.--Os hicisteis injusticia vos mismo, escribiendo en semejante caso. CASIO.--En tiempos como el presente, no es oportuno que una pequea falta sea tan notada. BRUTO.--Dejadme deciros, Casio, que vos, vos mismo, tenis la mala reputacin de la codicia; de vender y traficar por oro nuestros empleos personas indignas. CASIO.--Codicia, yo? Bien sabis, Bruto, que no ser vos quien habla por los dioses! estas seran vuestras ltimas palabras. BRUTO.--Y no estar esta corrupcin amparada bajo el nombre de Casio, no tardara en aparecer el castigo. CASIO.--Castigo! BRUTO.--Acordaos de Marzo, de los dus de Marzo! No fu por la justicia que corri la sangre del gran Julio? Qu villano toc su cuerpo y lo hiri, y no por justicia? Qu! Habr de haber uno de nosotros, los que pusimos la mano sobre el primer hombre del mundo, slo porque protega los expoliadores, que manche ahora sus manos con bajos cohechos? Y venda la alta regin de nuestros grandes honores, por la vil basura que as se pueda recoger?--Antes que ser un romano semejante, prefiriera ser un perro hambriento. CASIO.--No me provoquis, Bruto. No he de sufrirlo. Os olvidis de vos mismo al acusarme. Soldado soy, soldado ms antiguo y experimentado, ms hbil que vos para dictar condiciones. BRUTO.--Apartaos. No sois Casio. CASIO.--Casio soy. BRUTO.--Digo que no. CASIO.--Conteneos lo olvidar todo. Mirad por vos mismo. No me tentis ms. BRUTO.--Fuera! Pobre diablo! CASIO.--Es posible esto? BRUTO.--Od, porque tengo que hablar. Debo yo ceder y abrir campo vuestra temeraria clera? Me asustar de que me mire un loco? CASIO.--Oh dioses! Oh dioses! Y debo soportar todo esto? BRUTO.--Todo esto? S, y ms. Enfureceos hasta que estalle vuestro orgulloso corazn. Id, mostrad vuestros esclavos cun iracundo sois, y que tiemblen vuestros siervos. He de alterarme? He de guardaros consideracin? He de humillarme ante vuestro mal humor? Por los dioses! que habis de digerir el veneno de vuestro fastidio, aunque os haga reventar; porque de hoy en adelante har de vos mi diversin, s, mi hazme-reir, cuando estis rabioso. CASIO.--Y esto hemos llegado? BRUTO.--Decs que sois mejor soldado. Pues mostradlo. Que vuestra jactancia se convierta en hechos y quedar muy contento. Por lo que m toca, me alegrara recibir lecciones de hombres nobles. CASIO.--Me hacis injusticia en todo. Dije que soy soldado ms antiguo, no mejor.--Dije que soy mejor? BRUTO.--Si lo dijisteis, no me importa. CASIO.--Cuando Csar viva no se atrevi provocarme as. BRUTO.--Poco poco. No os atrevisteis tentarlo as! CASIO.--No me atrev? BRUTO.--No. CASIO.--Qu! No atreverme tentarlo? BRUTO.--Por vida vuestra, que no. CASIO.--No contis demasiado sobre mi afecto.--Podra hacer algo que me pesara despus. BRUTO.--Ya habis hecho algo que os debera pesar. Nada hay, Casio, en vuestras amenazas, que pueda inquietarme; porque estoy tan poderosamente armado de honradez, que pasan junto m como el aire juguetn del que no puedo hacer caso. Envi pediros ciertas sumas de oro, que habis rehusado; porque yo no s levantar dinero por medios viles, y antes de arrancar por fraude de las endurecidas manos de los campesinos su mezquina ganancia por los cielos! preferira hacer acuar mi corazn y destilar mi sangre por dracmas! Envi donde vos por oro para pagar mis legiones, y lo negasteis. Fu ese proceder digno de Casio? Habra yo respondido as Cayo Casio? Cuando Marco-Bruto llegue ser tan avaro que encierre de sus amigos esas miserables monedas, aprontad, oh dioses, todos vuestros rayos para despedazarle! CASIO.--No os negu! BRUTO.--Negasteis. CASIO.--No negu. El que os trajo mi respuesta fu un imbcil. Bruto ha desgarrado mi corazn. Un amigo debera soportar los defectos de sus amigos; pero Bruto exagera los mos. BRUTO.--No lo hago, sino cuando me hacis sufrir por ellos. CASIO.--No me tenis afecto. BRUTO.--No me gustan vuestras faltas. CASIO.--El ojo de un amigo nunca podra ver tales faltas. BRUTO.--No las vera un adulador, aunque son tan grandes como el monte Olimpo. CASIO.--Venid, Antonio y joven Octavio, venid y vengaos slo de Casio! Porque Casio est cansado del mundo; odiado por aquel quien ama; retado por su hermano; oprimido como un siervo; observadas todas sus faltas y anotadas en el libro y divulgadas y aprendidas de memoria para arrojrselas al rostro. Oh! Podra llorar el alma por los ojos! Aqu est mi pual: he aqu mi pecho desnudo. Dentro hay un corazn ms valioso que la mina de Pluto, ms rico que el oro. Si es verdad que eres un romano, tmale. Yo que te he negado oro, te entrego mi corazn. Hiere como hiciste con Csar; yo s que cuando ms lo aborreciste, lo amabas an ms que lo que nunca amaste Casio. BRUTO.--Envainad vuestro pual. Montad en clera cuanta os plazca: ya tendr libre campo. Haced lo que os plazca: el deshonor ser mal humor. Oh Casio! Estis uncido con un cordero que soporta la clera como el pedernal soporta el fuego; y que slo cuando se le fuerza mucho, despide una chispa rpida y se enfra al momento. CASIO.--Ha vivido Casio solamente para servir de diversin y risa su Bruto, cuando el pesar y la sangre enardecida le irritaban? BRUTO.--Tambin estaba yo irritado cuando habl as. CASIO.--Confesis esto? Dadme vuestra mano. BRUTO.--Y mi corazn tambin. CASIO.--Oh Bruto! BRUTO.--Qu hay ahora? CASIO.--No tenis por m bastante afecto para tolerarme, cuando ese violento humor que me di mi madre, me hace olvidarlo todo? BRUTO.--S, Casio. Y en adelante, cuando seis demasiado exaltado con vuestro Bruto, l pensar que es vuestra madre quien regaa y os dejar as. (_Ruido dentro._) POETA.--(_Adentro._) Dejadme entrar ver los generales.--Hay un resentimiento entre ellos.--No est bien dejarlos solos. LUCILIO.--(_Adentro._)--No tendris entrada. POETA.--Nada me detendr sino la muerte. (_Entra el poeta._) CASIO.--Qu hay ahora? qu sucede? POETA.--En nombre de la vergenza, generales, qu intentis? Amaos y sed amigos cual cumple dos hombres como vosotros. Porque estoy cierto de haber vivido ms aos que vosotros. CASIO.--Ha! ha! Qu detestablemente rima este cnico! BRUTO.--Fuera de aqu, villano! Mozo impudente, fuera! CASIO.--Tened paciencia con l, Bruto. Es su manera. BRUTO.--Yo sabr soportar su genialidad, cuando l sepa escoger la ocasin.--Qu tiene que hacer la guerra con estos necios danzantes?--Camarada, fuera! CASIO.--Fuera! fuera! Marchaos. (_Sale el poeta._) (_Entran Lucilio y Ticinio._) BRUTO.--Lucilio y Ticinio, encargad los jefes que se preparen alojar sus tropas. CASIO.--Y regresad inmediatamente trayndonos Messala. (_Salen Lucilio y Ticinio._) BRUTO.--Lucio. Una taza de vino. CASIO.--No pens que podais haber estado tan encolerizado. BRUTO.--Oh Casio! Me tienen enfermo muchos pesares. CASIO.--No usis de vuestra filosofa, si dis importancia males accidentales. BRUTO.--Ningn hombre soporta mejor la afliccin.--Porcia ha muerto. CASIO.--Ah! Porcia! BRUTO.--Es muerta. CASIO.--Y habis podido no matarme cuando os contrari tanto! Oh! prdida conmovedora insoportable! De qu dolencia? BRUTO.--Impaciente por mi ausencia, y pesarosa de que el joven Octavio y Marco Antonio se hayan hecho tan fuertes (pues con su muerte lleg esa nueva), perdi la razon, y en ausencia de sus servidores, trag fuego. CASIO.--Y muri as? BRUTO.--As. CASIO.--Oh dioses inmortales! (_Entra Lucio con vino y bujas._) BRUTO.--No hableis ms de ella. Dadme una taza de vino. En esto sepulto todo resentimiento, Casio. (_Bebe._) CASIO.--Sediento est mi corazon de esa noble promesa. Llena, Lucio, llena hasta que se derrame la taza. Nunca beber demasiado del afecto de Bruto. (_Bebe._) (_Vuelven entrar Ticinio y Messala._) BRUTO.--Entrad, Ticinio. Bienvenido, buen Messala. Sentmonos ahora bien junto esta luz y examinemos nuestras necesidades. CASIO.--Porcia! Y eres ida? BRUTO.--Basta. Os lo ruego. Messala, he recibido aqu cartas anunciando que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros con fuerzas poderosas, y que dirigen su marcha hacia Filipi. [Illustration] MESSALA.--Tambin tengo cartas del mismo tenor. BRUTO.--Con qu adicin? MESSALA.--Que por proscripciones y mandando poner fuera de la ley, Octavio, Antonio y Lpido han hecho matar cien senadores. BRUTO.--No estn acordes nuestras cartas en ese punto. Las mas hablan de setenta senadores muertos por sus proscripciones, siendo Cicern uno de ellos. CASIO.--Cicern? MESSALA.--S. Cicern ha muerto por esa orden de proscripcin. Son de vuestra esposa esas cartas, mi seor? BRUTO.--No, Messala. MESSALA.--Ni cosa alguna escrita en esas cartas acerca de ella? BRUTO.--Nada, Messala. MESSALA.--Parceme extraa cosa. BRUTO.--Por qu lo preguntis? Habis sabido algo de ella en vuestras cartas? MESSALA.--No, mi seor. BRUTO.--Pues sois romano, decid la verdad. MESSALA.--Pues bien: sobrellevad como romano la verdad que digo. Muerta es en verdad y de extraa manera. BRUTO.--Adios, pues, Porcia. Tenemos que morir, Messala; y reflexionando en que ella haba de morir un da, encuentro paciencia para sufrir esto ahora. MESSALA.--As es como los grandes hombres deben sobrellevar las grandes prdidas. CASIO.--Tengo tanto de ello en teora como vos; pero mi naturaleza no podra sufrirlo as. BRUTO.--Bien. nuestra obra viva. Qu pensis de marchar inmediatamente Filipi? CASIO.--No me parece bien. BRUTO.--Qu razn tenis? CASIO.--Esta. Es mejor que el enemigo nos busque. As gastar sus recursos y cansar sus soldados, dandose s propio; mientras que nosotros permaneciendo inmviles estamos descansados, fuertes para la defensa y activos. BRUTO.--Las buenas razones han de ceder, es claro, ante las mejores. El pueblo entre Filipi y este campo permanece en una adhesin forzada, pues nos ha dado de mala gana la contribucin. El enemigo, marchando entre ellos, llenar con ellos sus filas y vendr refrescado, acrecido y ms animoso.--Le quitaremos esta ventaja si vamos Filipi hacerle frente, dejando este pueblo nuestra espalda. CASIO.--Escuchadme, buen hermano. BRUTO.--Con vuestro permiso. Debis advertir, adems, que hemos procurado obtener de nuestros amigos lo ms que era posible. Nuestras legiones estn del todo completas y nuestra causa ha llegado su madurez. El enemigo aumenta cada da. Nosotros, que nos hallamos en la cima, estamos expuestos declinar.--Hay en los negocios humanos una marea que, tomada cuando est llena, conduce la fortuna; y omitida, hace que el viaje de la vida est circundado de bajos y miserias.--Flotando estamos ahora en ese mar, y tenemos que aprovechar la corriente cuando es favorable, perder nuestras probabilidades. CASIO.--As, pues, como lo deseis, seguid adelante. Nosotros nos pondremos en marcha y los encontraremos en Filipi. BRUTO.--La alta noche ha avanzado mientras hablbamos. La naturaleza tiene que obedecer la necesidad, y la satisfaremos, aunque mezquinamente, con un breve descanso. No hay ms que hablar? CASIO.--No ms. Buenas noches. Madrugaremos maana, y en camino. BRUTO.--Lucio, mi tnica. (_Sale Lucio._)--Adios, buen Messala. Buenas noches, Ticinio. Buenas noches y buen reposo, noble Casio. CASIO.--Oh querido hermano! Esta noche ha tenido un mal principio. Que jams semejante disensin surja entre nuestras almas! No dejis que suceda, Bruto. BRUTO.--Ya est bien todo. CASIO.--Buenas noches, mi seor. BRUTO.--Buenas noches, buen hermano. TICINIO.--Buenas noches, Bruto, mi seor. BRUTO.--Adios cada uno. (_Salen Casio, Ticinio y Messala.--Vuelve entrar Lucio con la tnica._)--Dame mi tnica. Dnde est tu instrumento? LUCIO.--Aqu en la tienda. BRUTO.--Qu! Hablas medio dormido? Pobre bellaco, no te culpo: has vigilado con exceso.--Llama Claudio y algunos otros de mis hombres. Los har dormir en mi tienda sobre almohadones. LUCIO.--Varro y Claudio! (_Entran Varro y Claudio._) VARRO.--Llamis, seor? BRUTO.--Os ruego, seores, acostaros en mi tienda y dormir. Acaso os despierte ms tarde para asuntos con mi hermano Casio. VARRO.--Con vuestro permiso quedaremos en pi esperando vuestras rdenes. BRUTO.--No lo consentir. Acostaos, buenos seores. Quizs podr variar de pensamiento. Mira, Lucio, aqu est el libro que busqu tanto. Le puse en el bolsillo de la tnica. (_Se acuestan los sirvientes._) _Lucio_.--Estaba seguro de que su seora no me lo haba dado. BRUTO.--Ten paciencia conmigo, buen muchacho; soy muy olvidadizo. Quieres abrir por un rato tus ojos soolientos y tocar uno dos trozos en tu instrumento? LUCIO.--S, mi seor, si os place. BRUTO.--Me place, muchacho. Te fatigo demasiado, pero tienes buena voluntad. LUCIO.--Es mi deber, seor. BRUTO.--Yo no exigira tu deber ms all de tus fuerzas. S que las sangres jvenes anhelan la hora del descanso. LUCIO.--He dormido ya, mi seor. BRUTO.--Has hecho bien; y volvers dormir. No te retendr mucho rato. Si vivo, ser bueno para ti. (_Msica y un canto._)--Es un tono sooliento. Maldito [Illustration: _El espectro de Csar._] sueo! Has dejado caer tu maza de plomo sobre m, muchacho, que as hace msica para ti? Buenas noches, gentil siervo. No te har el dao de despertarte. Si cabeceas rompers tu instrumento. Te lo tomar, y, buen muchacho, buenas noches. Vamos. No est doblada la hoja donde dej la lectura?--Parceme que es esta. (_Se sienta.--Entra el espectro de Csar._) Qu mal arde esta buja! Ah! Quin viene aqu? Pienso que la debilidad de mis ojos da forma esta monstruosa aparicin. Viene hacia m. Eres algo? Eres algn dios, ngel demonio, que haces helarse mi sangre y erizarse mis cabellos? Dime lo que eres. ESPECTRO.--Tu mal genio, Bruto. BRUTO.--Por qu vienes? ESPECTRO.-- decirte que me vers en Filipi. BRUTO.--Bien. Entonces he de verte otra vez? ESPECTRO.--S: en Filipi. (_Se desvanece el espectro._) BRUTO.--Pues bien: te ver entonces en Filipi. Ahora que he recobrado mi serenidad te desvaneces. Mal espritu, querra hablar ms contigo. Muchacho! Lucio! Varro! Claudio! Despertad! Claudio! LUCIO.--Las cuerdas, mi seor, estn destempladas. BRUTO.--Piensa que todava se ocupa de su instrumento. Lucio, despierta! LUCIO.--Mi seor? BRUTO.--Estabas soando, Lucio, para haber gritado as? LUCIO.--Mi seor, no saba que hubiese gritado. BRUTO.--S, por cierto. Viste algo? LUCIO.--Nada, mi seor. BRUTO.--Vuelve dormir, Lucio. Siervo Claudio! Mozo, despierta! VARRO.--Mi seor? CLAUDIO.--Mi seor? BRUTO.--Por qu habis gritado, seores, en vuestro sueo? VARRO Y CLAUDIO.--Hemos gritado, seor? BRUTO.--S. Visteis alguna cosa? VARRO.--No, mi seor, nada he visto. CLAUDIO.--Ni yo, mi seor. BRUTO.--Id y saludad por m mi hermano Casio. Decidle que ponga en movimiento sus fuerzas con anticipacin, y nosotros seguiremos. VARRO Y CLAUDIO.--Se har as, mi seor. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO V. ESCENA I. Los llanos de Filipi. Entran OCTAVIO, ANTONIO y su ejrcito. OCTAVIO. Ahora se realizan, Antonio, nuestras esperanzas. Dijisteis que no bajara el enemigo, sino que se mantendra en las colinas y tierras altas. Resulta no ser as; el grueso de sus fuerzas est muy prximo, y su intento es anticiprsenos aqu en Filipi, buscndonos antes de ser buscados. ANTONIO.--Bah! Penetro bien su nimo, y s por qu lo hacen. Ya se contentaran con ir otros lugares; y si descienden con arrogante intrepidez, slo es para inspirarnos por medio de tal apariencia la idea de que tienen valor. Pero no es verdad. (_Entra un mensajero._) MENSAJERO.--Generales, preparaos! El enemigo viene en bizarro orden marcial. Est levantado su sangriento estandarte y hay que tomar alguna medida inmediatamente. ANTONIO.--Octavio, haced avanzar vuestras fuerzas sin precipitacin sobre la izquierda del terreno llano. OCTAVIO.--Yo ir la derecha: conservad vos la izquierda. ANTONIO.--Por qu me contrariis en este trance? OCTAVIO.--No os contraro; pero har como he dicho. (_Marcha.--Tambor. Entran Bruto, Casio y su ejrcito. Lucilio, Messala y otros._) BRUTO.--Hacen alto, y quieren parlamentar. CASIO.--Manteneos firmes, Ticinio. Nosotros tenemos que ir y hablar. OCTAVIO.--Marco Antonio, daremos la seal de la batalla? ANTONIO.--No, Csar. Responderemos su ataque. Avanzad. Los generales querran decir algo. OCTAVIO.--No os movis hasta que se d la seal. BRUTO.--Antes las palabras que los golpes. No es as, compatriotas? OCTAVIO.--No porque nos agraden ms las palabras, como vosotros. BRUTO.--Buenas palabras son mejores que malos golpes, Octavio. ANTONIO.--En vuestros malos golpes, dis buenas palabras, Bruto. Dgalo, si no, el agujero que hicisteis en el corazn de Csar, gritando: Salve, viva Csar! CASIO.--Antonio: de cmo dis golpes, nada se sabe todava; pero en cuanto vuestras palabras, parecen haber quitado las abejas toda su miel. ANTONIO.--Y su aguijn tambin. BRUTO.--Oh, s! y su zumbido; porque hacis ruido como ellas y muy discretamente amenazis antes de punzar. ANTONIO.--No lo hicisteis vosotros villanos! cuando vuestros viles puales tropezaban uno con otro en los costados de Csar! Mostrabais los dientes como monos, y hacais fiestas como perros, y os inclinabais como siervos para besar los pis de Csar, mientras que el infernal Casca, como un miserable hera por la espalda el cuello de Csar! Oh aduladores! CASIO.--Aduladores! Agradecedlo vos mismo, Bruto, que, haber dominado Casio, esa lengua no habra ofendido hoy as. OCTAVIO.--Venid, venid la causa. Si la discusin trae gotas de sudor, la prueba de ella las traer ms coloridas. Mirad. Desnudo la espada contra conspiradores: cundo pensis que volver la vaina? Nunca, mientras no queden bien vengadas las veintitres heridas de Csar, hasta que otro Csar se aada la carnicera hecha por la espada de los traidores. BRUTO.--Csar, no morirs por manos de traidores, menos que los traigas contigo. OCTAVIO.--As lo espero. No nac para morir por la espada de Bruto. BRUTO.--Oh! Si fueras el ms noble de tu raza, no podras, joven, recibir ms honrosa muerte. CASIO.--Un impertinente muchacho de escuela, indigno de tal honor, unido un jaranista enmascarado. ANTONIO.--Silencio, viejo Casio! OCTAVIO.--Venid, Antonio. Fuera! Os lanzamos el reto al rostro, traidores! Si os atrevis combatir hoy, venid al campo. Si no, cuando hagis el nimo. (_Salen Octavio, Antonio y su ejrcito._) CASIO.--Pues bien: ahora, sopla oh viento! Hnchate, ola; boga, barca; que est encima la tormenta, y todo est en manos del acaso. BRUTO.--Ea! Lucilio. Tengo que deciros una palabra. CASIO.--Messala? MESSALA.--Qu decs, mi general? CASIO.--Messala, hoy es mi cumpleaos; pues Casio naci en este mismo da. Dame tu mano y s testigo de que contra mi voluntad, como sucedi en Pompeya, me veo forzado aventurar en el xito de una batalla todas nuestras libertades. Sabis que tuve en grande estima Epicuro y su doctrina. Ahora, pienso de otro modo, y en parte creo en cosas que son presagios. Viniendo de Sardis, cayeron sobre la ensea de nuestra vanguardia dos vigorosas guilas y en ella se posaban, y se alimentaban de manos de nuestros soldados que nos acompaaron aqu Filipi.--Esta maana volaron y se fueron, y en su lugar vuelan sobre nuestras cabezas cuervos, milanos y buitres que miran hacia nosotros abajo, como si furamos una presa moribunda.--Sus sombras parecan el ms funesto pabelln extendido sobre nuestro ejrcito prximo perecer. MESSALA.--No creis tal cosa. CASIO.--No lo creo sino en parte; porque tengo el espritu despejado, y resuelto afrontar los peligros con toda constancia. BRUTO.--Lucilio tambin. CASIO.--Ahora, muy noble Bruto, los dioses nos son favorables, para que amndonos en paz, dejemos correr los das hasta la vejez. Pero desde que son siempre tan inciertas las cosas humanas, discurramos sobre lo que puede acontecer de peor. Si perdemos esta batalla, seguramente es esta la ltima ocasin en que hablaremos juntos.--En tal caso qu contis hacer? BRUTO.--Seguir la norma de aquella filosofa en cuyo nombre censur Catn por haberse dado la muerte. No s por qu, pero encuentro que es cobarda y vileza anticipar el trmino de la vida, por temor lo que pueda acontecer. Me armar de paciencia para sobrellevar los decretos de los altos poderes que gobiernan las cosas de aqu abajo. CASIO.--Es decir que si perdemos esta batalla, estaris contento con ser llevado como trofeo del vencedor por las calles de Roma? BRUTO.--No, Casio, no. Ni pienses t, noble romano, que Bruto se dejara llevar cautivo Roma. Tiene el alma sobrado grande. Pero este mismo da debe concluir la obra principiada en los idus de Marzo, y no s si volveremos encontrarnos. Recibid por tanto un ltimo adios. Adios, Casio, por siempre jams! Si volvemos encontrarnos bien! ser con una sonrisa. Si no, habremos hecho bien de despedirnos ahora. CASIO.--Por siempre jams, adios, Bruto! Si volvemos encontrarnos, ciertamente que sonreiremos. Si no, en verdad, que esta despedida habr sido oportuna. (_Salen._) ESCENA II. La misma.--El campo de batalla. BRUTO.--Corre toda brida, Messala, corre, corre, y da estas rdenes las legiones en el otro lado. Que avancen al instante porque percibo tibieza en el ala de Octavio, y un ataque repentino los derrotar. Corre, corre, Messala. Que vengan todos. (_Salen._) ESCENA III. La misma.--Otra parte del campo. Toque de alarma.--Entran CASIO y TICINIO. CASIO.--Oh, mirad, Ticinio! Mirad! Los cobardes! Huyen! Yo mismo he debido volverme enemigo de los mos. V que retroceda mi ensea. Mat al cobarde y la tom de sus manos. TICINIO.--Oh Casio! Bruto di la seal demasiado pronto. Haba alcanzado alguna ventaja sobre Octavio, y la asi con demasiada precipitacin. Sus soldados se dieron buscar botn, mientras que nosotros estamos rodeados por todas partes por Antonio. (_Entra Pndaro._) PNDARO.--Hud ms distancia, mi seor, hud ms distancia! Marco Antonio est en vuestras tiendas. Hud, noble Casio, ms lejos! [Illustration] CASIO.--Esta colina est bastante lejos. Mira, mira, Ticinio. Son mis tiendas aquellas donde diviso un incendio? TICINIO.--Ellas son, mi seor. CASIO.--Ticinio, si me amas, monta en mi caballo y sepulta tus espuelas en sus ijares, hasta que hayas llegado aquellas tropas, all arriba, y ests de regreso aqu, fin de que pueda yo estar seguro de si son nuestras del enemigo. _Ticinio_.--Estar de vuelta en un abrir y cerrar de ojos. (_Sale._) CASIO.--Pndaro, sube ms arriba, aquella colina. Mi vista fu siempre dbil. Mira bien, Ticinio, y dime lo que observes en el campo. (_Sale Pndaro._)--En este da exhal mi primer aliento. El tiempo se acerca, y donde principi tengo que acabar. Est llena la medida de mi vida.--Qu noticias? PNDARO.--Oh, mi seor! CASIO.--Qu noticias? PNDARO.--Ticinio est cercado de jinetes que avanzan sobre l escape tendido, pero l sigue adelante. Ya estn su alcance. Ahora se apean algunos. Oh! l se apea tambin. Le han cogido. (_Aclamacin._) Y od! Dan vtores de alegra! CASIO.--Baja: no mires ms. Oh cobarde de m, que vivo hasta haber visto mi mejor amigo apresado en mi presencia! (_Entra Pndaro._)--Ven ac, siervo. En Parcia te hice prisionero, y me juraste como precio de tu vida, que siempre trataras de hacer lo que yo te mandase. Pues bien: cumple tu juramento! S ahora un hombre libre; y con esta buena espada que atraves las entraas de Csar, busca mi seno. No te detengas replicar. Ea! Toma la empuadura, y cuando haya cubierto mi rostro, como ves que ya lo est, hiere! Csar, ests vengado con la misma espada con que te d muerte! (_Muere._) PNDARO.--As, soy libre. No lo habra sido de este modo, si me hubiese atrevido hacer mi voluntad. Oh Casio! Pndaro huir lejos de este pas, adonde ningn romano se pueda acordar de l. (_Sale.--Vuelven entrar Ticinio y Messala._) MESSALA.--No es ms que un cambio, Ticinio, porque Octavio est derrotado por el ejrcito del noble Bruto, como las legiones de Casio lo estn por Antonio. TICINIO.--Estas nuevas darn no poca satisfaccin Casio. MESSALA.--Dnde le dejasteis? TICINIO.--Qued lleno de desconsuelo en esta colina con Pndaro su siervo. MESSALA.--No es l quien yace all en tierra? TICINIO.--No yace como los que viven. Oh dolor! MESSALA.--No es l? TICINIO.--No: ste era l, Messala; pero Casio ya no existe. Oh sol poniente! Como t envuelto en tus rojos rayos te sepultas en la noche, as Casio est envuelto en su roja sangre! Se ha puesto el sol de Roma! Se ha acabado nuestro da! Venid, nubes, lluvias y peligros. Nuestros hechos estn consumados, y de este fu causa la desconfianza de que yo alcanzara buen xito. MESSALA.--La desconfianza del xito ha causado este hecho! Oh odioso error, engendro de la melancola! Por qu presentas la mente de los hombres cosas que no son? Oh error! Prontamente concebido, jams alcanzas un nacimiento feliz; sino que matas la madre que te concibi! TICINIO.--Hola, Pndaro! Dnde est Pndaro? MESSALA.--Bscalo, Ticinio, mientras voy encontrar al noble Bruto y fulminarle esta noticia. Y digo bien fulminarle, porque el agudo acero y los dardos envenenados seran mejor recibidos por Bruto que la noticia de este espectculo. TICINIO.--Id, Messala, que entre tanto yo buscar Pndaro. (_Sale Messala._)-- qu enviarme, valiente Casio? Pues no encontr a tus amigos? No pusieron sobre mis sienes este laurel de victoria invitndome que te lo diera? No oste sus aclamaciones? Y todo lo interpretaste en dao tuyo! Pero toma este lauro para tu frente. Tu Bruto me encarg drtele y cumplo su encargo. Bruto, acercaos un tanto y ved cmo he considerado Cayo Casio. Con vuestro permiso oh dioses! esto es lo que cumple un romano. Ven, espada de Casio, encontrar el corazn de Ticinio. (_Muere.--Alarma. Vuelven entrar Messala, con Bruto, Catn el joven, Strato, Volumnio y Lucilio._) BRUTO.--Dnde, Messala, dnde yace su cuerpo? MESSALA.--Un poco ms all; y Ticinio lo acompaa. BRUTO.--Ticinio, yace de espaldas. CATN.--Ha muerto. BRUTO.--Oh Julio Csar! An eres poderoso! Tu espritu nos persigue y hace tornar nuestras espadas contra nuestras propias entraas! CATN.--Valiente Ticinio! Mirad cmo ha coronado Cayo Casio muerto! BRUTO.--Hay todava entre los vivos dos romanos como estos? Adios, oh t el ltimo romano! Jams, jams podr producir Roma uno igual ti! Amigos, debo este hombre muerto ms lgrimas que las que me verais derramar. Ya encontrar tiempo, Casio, ya encontrar tiempo. Venid, pues, y enviad su cuerpo Fhasos. No debemos hacerle funerales en el campamento, por no desalentar las tropas. Venid, Lucilio y joven Catn, vamos al campo. Labeo y Flavio, avanzad con vuestras fuerzas. Son las tres, y fuer de romanos, probaremos fortuna antes de la noche en un segundo combate. (_Salen._) ESCENA IV. Alarma. Entran combatiendo soldados de ambos ejrcitos. En seguida BRUTO, CATN, LUCILIO y otros. BRUTO.--Ea, compatriotas, erguid la cabeza, erguidla an! CATN.--Qu cobarde no lo har? Quin quiere seguirme? Proclamar mi nombre por el campo. Oh! Soy el hijo de Marco Catn! Enemigo de los tiranos y amigo de la patria! Soy el hijo de Marco Catn! Oh! (_Carga sobre el enemigo_). BRUTO.--Y yo soy Bruto, Marco Bruto soy. Bruto, el amigo de mi patria. Sabed que yo soy Bruto. (_Sale cargando al enemigo. Catn el joven es vencido y cae._) LUCIO.--Oh joven y noble Catn! Has cado? Pues mueres tan valerosamente como Ticinio, y bien se te debe honorar como al hijo de Catn. SOLDADO 1.--Rndete mueres!. LUCILIO.--Yo no me rindo sino para morir. Toma este dinero para que me mates pronto (_le ofrece dinero_); para que te honres con la muerte de Bruto. SOLDADO 1.--No debemos hacerlo. Un noble prisionero! SOLDADO 3.--Campo! Campo! Decid Antonio que Bruto est en nuestras manos. SOLDADO 1.--Dar la nueva. Aqu viene el general. (_Entra Antonio._)--Bruto es prisionero, seor, Bruto es prisionero! ANTONIO.--Dnde est? LUCILIO.--En salvo. Antonio, Bruto est bastante salvo. Me atrevo asegurarte que jams enemigo alguno coger vivo al noble Bruto. Los dioses le defienden de tan gran vergenza. Cuando le encontris, vivo muerto, le hallaris digno de s mismo, digno de Bruto! ANTONIO.--Amigo, este no es Bruto; pero te aseguro que es una presa que no vale menos. Vela por la seguridad de este hombre y trtalo con toda bondad. Prefiere tener tales hombres por amigos que por enemigos. Marchad y ved si Bruto est vivo muerto, y avsanos en la tienda de Octavio de todo lo que haya acontecido. (_Salen._) ESCENA V. Otra parte del campo. Entran BRUTO, DARDANIO, CLITO, STRATO y VOLUMNIO. BRUTO.--Venid, exiguo resto de amigos, y descansad en esta roca. CLITO.--Stacilio mostr la encendida antorcha, pero, seor, no ha vuelto. Ha sido cogido muerto. BRUTO.--Sintate, Clito. Muerto es la palabra. Es la cosa la moda. Escucha, Clito. (_Le habla en secreto._) CLITO.--Qu! Yo! No, mi seor, no por el mundo entero! BRUTO.--Calma, pues; nada de palabras. CLITO.--Primero me matar. BRUTO.--Oye, Dardanio. (_Le habla en secreto._) DARDANIO.--Hacer semejante cosa, yo? CLITO.--Oh, Dardanio! DARDANIO.--Oh, Clito! CLITO.--Qu te pidi Bruto? DARDANIO.--Que lo matara, Clito. Mira. Est meditando. CLITO.--Est ese noble vaso tan colmado de dolor que casi se derrama por sus ojos. BRUTO.--Acrcate, buen Volumnio, y escucha una palabra. VOLUMNIO.--Qu dice mi seor? BRUTO.--Esto, Volumnio. El espectro de Csar se me ha aparecido dos veces de noche: una en Sardis y otra anoche, aqu en el campo de Filipi. Conozco que ha llegado mi hora. VOLUMNIO.--No, por cierto, seor. BRUTO.--Estoy seguro de ello, Volumnio. Ya ves cmo van las cosas. Nuestros enemigos nos han batido completamente. Es ms digno anticiparse que aguardar ser forzado. Buen Volumnio, acurdate de que bamos juntos la escuela. Pues te suplico por ese antiguo afecto, que tengas el puo de mi espada mientras me arrojo sobre ella. VOLUMNIO.--Eso no es lo que cumple un amigo, seor. (_Nueva alarma._) CLITO.--Hud, hud, mi seor. Es imposible quedarse aqu. BRUTO.--Adios vos, y vos, y vos, Volumnio. Strato, has estado dormido todo este tiempo. Adios ti tambin, Strato. Compatriotas! Mi corazn se regocija de que en toda mi vida no he encontrado un hombre que no fuese leal para m. Ms gloria tendr yo por este da de derrota que Octavio y Marco Antonio por su vil conquista. As, adios os digo, porque la lengua de Bruto ha terminado casi la historia de su vida. La noche est suspendida sobre mis ojos y mis huesos deben descansar, ya que han trabajado slo para llegar esta hora. (_Alarma. Gritos adentro: hud! hud!_) CLITO.--Hud, mi seor, hud! BRUTO.--Aljate. Ya te seguir. (_Salen Clito, Dardanio y Volumnio._) BRUTO.--Strato, te ruego que te quedes junto tu seor. T eres un mozo digno y en tu vida ha habido algn destello de honor. Ten, pues, derecha mi espada, y vuelve el rostro un lado, mientras me arrojo sobre ella. Quieres hacerlo, Strato? STRATO.--Dadme primero vuestra mano. Adios, oh mi seor! BRUTO.--Adios, buen Strato. Est tranquilo oh Csar! No tuve para tu muerte la mitad de la buena voluntad que para la ma! (_Se precipita sobre su espada y muere.--Alarma. Retirada. Entran Octavio, Antonio, Messala, Lucilio y su ejrcito._) OCTAVIO.--Qu hombre es ese? MESSALA.--El criado de mi seor. Strato: dnde est tu amo? STRATO.--Libre de la servidumbre en que estis vos, Messala. Los vencedores no podrn hacer de l sino una pira. Bruto no se rindi sino s mismo, y ningn otro hombre tiene el honor de su muerte. [Illustration] LUCILIO.--As es cmo deba encontrarse Bruto. Gracias oh Bruto! que has probado cmo Lucilio haba dicho verdad. OCTAVIO.-- cuantos han servido Bruto mantendr en mi servicio. Mozo, quieres pasar tu tiempo conmigo? STRATO.--S, si Messala me transfiere vos. OCTAVIO.--Consentid, Messala. MESSALA.--Cmo muri mi seor, Strato? STRATO.--Mantuve su espada y se arroj sobre ella. MESSALA.--Octavio, tomadle y que os siga, pues prest mi seor el ltimo servicio. ANTONIO.--Este fu el ms noble romano entre todos ellos. Todos los conspiradores, excepto l, hicieron lo que hicieron slo por envidia al gran Csar; slo l, al asociarse ellos, fu guiado por un pensamiento de general honradez y del bien comn todos. Su vida era pura, y de tal modo se combinaron en l los elementos, que la naturaleza, irguindose, puede decir al mundo: Este era un hombre! OCTAVIO.--Tratmosle conforme sus virtudes, con todo respeto y solemnidad en sus funerales. Sus restos descansarn esta noche en mi tienda como los de un soldado con los debidos honores. Haced, pues, que reposen las tropas y vmonos compartir las glorias de este afortunado da! (_Salen._) [Illustration] * * * * * COMO GUSTIS. TRADUCCIN DE JOS ARNALDO MRQUEZ. Ilustracin de _E. Klimsch_. Grabado de _Fernando Tegetmeyer_. PERSONAJES EL DUQUE, que vive en el destierro. FEDERICO, hermano del duque y usurpador de sus dominios. AMIENS } Lores que asisten al duque en su destierro. JACQUES } LE BEAU, cortesano al servicio de Federico. CARLOS, luchador de Federico. OLIVERIO } SANTIAGO } Hijos de sir Rowland de Bois. ORLANDO } ADAM } DIONISIO } Criados de Oliverio. PIEDRA-DE-TOQUE, Payaso. DON OLIVERIO DAATEXTO, vicario. CORN } SILVIO } Pastores. GUILLERMO, campesino, enamorado de Andry. UNA PERSONA QUE REPRESENTA HIMENEO. ROSALINDA, hija del duque desterrado. CELIA, hija de Federico. FEBE, pastora. TOMASA, campesina. LORES DEL SQUITO DE LOS DUQUES, PAJES, MONTEROS Y OTROS CRIADOS. [Illustration] ACTO I. ESCENA I. Huerto cerca de la casa de Oliverio. Entran ORLANDO y ADAM. ORLANDO. Por lo que recuerdo, Adam, me fu legado de este modo: por testamento, slo unas miserables mil coronas; y, como dices, encarg mi hermano, sobre su bendicin, el cuidarme bien. Y en esto principia mi desconsuelo. Tiene en la escuela mi hermano Santiago, de quien se cuenta con gran elogio el aprovechamiento. En cuanto m, me mantiene en casa groseramente; para hablar con ms propiedad, me detiene aqu sin mantenerme; porque llamis manutencin para un caballero de mi nacimiento, la que no difiere del modo de mantener un buey en el establo? Mejor criados estn sus caballos; pues aparte de lo lozanos que se ven con su alimento, se les ensea y adiestra, teniendo para ello picadores pagados alto precio.--Pero yo, hermano suyo, nada gano bajo su poder, sino la talla; por lo cual tan obligados deben estarle sus animales en sus estercoleros como yo. Fuera de esta nada que tan liberalmente me da, su conducta parece quitarme lo poco que me di la naturaleza. Me hace alimentar entre sus criados, me priva del lugar que corresponde un hermano, y hace cuanto puede para que la educacin mine mi buen natural. Esto es, Adam, lo que me aflige; y el espritu de mi padre, que pienso est dentro de m, principia sublevarse contra esta servidumbre. No la soportar ms tiempo, aunque no conozco todava remedio eficaz para evitarla. (_Entra Oliverio._) ADAM.--Ah viene mi seor, vuestro hermano. ORLANDO.--Retrate un lado, Adam, y oirs cmo ha de atormentarme. OLIVERIO.--Hola, seor mo! Qu hacis aqu? ORLANDO.--Nada. No se me ensea hacer cosa alguna. OLIVERIO.--Pues qu dais, entonces, seor mo? ORLANDO.--Por cierto, seor, os estoy ayudando estropear por la ociosidad una de las obras de Dios: un pobre indigno hermano vuestro. OLIVERIO.--Por cierto, empleaos mejor, y callad algn tanto. ORLANDO.--Cuidar vuestros cerdos, y comer bellotas con ellos? Qu herencia de hijo prdigo he consumido para tener que venir semejante miseria? OLIVERIO.--Sabis, seor mo, dnde estis? ORLANDO.--Oh! Perfectamente. Aqu, en vuestro huerto. OLIVERIO.--Y sabis en presencia de quin? ORLANDO.--S; y mejor que lo que sabe de m aquel en cuya presencia estoy. S que sois mi hermano mayor, y del mismo modo la consideracin de una sangre generosa debera hacerme conocer de vos. Os permite preferencia sobre m la etiqueta que rige en las naciones, por cuanto nacisteis primero; pero la misma tradicin no me despoja de mi sangre, aun cuando hubieran veinte hermanos entre vos y yo. Tengo en m tanto de mi padre como vos, aunque confieso que el nacer antes que yo os acerca ms su respeto. OLIVERIO.--Qu! Muchacho! ORLANDO.--Vamos, vamos, hermano mayor, en esto sois demasiado joven. OLIVERIO.--Y pondrs tus manos en m, villano? ORLANDO.--No soy villano. Soy el hijo menor de sir Rowland de Bois. l fu mi padre; y es tres veces villano quien dice que semejante padre engendr villanos.--Si no fueras mi hermano, no apartara esta mano de tu garganta hasta haber arrancado con la otra la lengua que tal dijo. Te has injuriado ti mismo. ADAM.--(_Avanzando._) Apaciguaos, mis gentiles seores. En nombre de la memoria de vuestro padre, tened armona. OLIVERIO.--Sultame, te digo. ORLANDO.--No lo har hasta que me plazca. Tenis que oirme. Mi padre os encarg en su testamento darme buena educacin. Me habis educado como un gan, oscureciendo y ocultando de m todas las cualidades propias de un caballero. El espritu de mi padre cobra fuerza en m, y no sufrir eso ms tiempo. Por consiguiente, permitidme los ejercicios que cumplen un caballero, dadme la escasa suma que me fu legada en su testamento. Yo tratar de probar con ella fortuna. OLIVERIO.--Y qu irs hacer? Mendigar cuando la hayas gastado? Bien, seor mo, no me molestar por vos mucho tiempo ms: tendris alguna parte de lo que deseis. Os ruego que me dejis. ORLANDO.--No deseo molestaros ms de lo que exige en conciencia mi propio bien. OLIVERIO.--Mrchate con l, perro viejo. ADAM.--Y es mi recompensa que me llamis perro viejo? Mucha verdad es que he perdido los dientes en vuestro servicio. Bendiga Dios mi antiguo amo! Jams habra dicho l semejante palabra! (_Salen Orlando y Adam._) OLIVERIO.--Con que esto hemos llegado? Principiis imponerme? Yo os curar de vuestra petulancia y no por eso dar tampoco las mil coronas. Hola! Dionisio! (_Entra Dionisio._) DIONISIO.--Llama vuesamerced? OLIVERIO.--No haba venido Carlos, el luchador del duque, hablar conmigo? DIONISIO.--Si os place, est la puerta y solicita llegar hasta vos. OLIVERIO.--Hazle entrar. (_Sale Dionisio._) Ser buen medio y la lucha es maana. (_Entra Carlos._) CARLOS.--Buenos das vuestra seora. OLIVERIO.--Mi buen monsieur Carlos, qu noticias en la Corte? CARLOS.--No hay en la Corte, seor, mas noticias que las antiguas, esto es, que el antiguo duque est desterrado por su hermano menor el nuevo duque; y tres cuatro lores, por amor l, se han impuesto un destierro voluntario para acompaarle; y como sus tierras y sus rentas enriquecen al nuevo duque, este les concede de buena gana permiso para que peregrinen. OLIVERIO.--Podis decir si Rosalinda, la hija del duque, es desterrada con su padre? CARLOS.--Oh, no! porque su prima, la hija del duque, que se ha criado junto con ella desde la cuna, la ama tanto, que la habra seguido al destierro habra muerto si hubiera quedado separada de ella. Est en la Corte tan amada del duque como su propia hija, y jams dos seoras se amaron tanto. OLIVERIO.--Dnde vivir el antiguo duque? CARLOS.--Dicen que se encuentra ya en el bosque de Ardenas y buen nmero de hombres alegres con l, y que all viven sin temor rey ni Roque, como el antiguo Robin Hood de Inglaterra. Dicen que muchos caballeros jvenes acuden l de da en da y dejan correr alegremente el tiempo como all en la edad de oro. OLIVERIO.--Y vis luchar maana en presencia del nuevo duque? CARLOS.--S, seor. Y vine haceros saber un asunto. Se me ha dado comprender embozadamente que vuestro hermano menor Orlando est algo dispuesto venir disfrazado para probar contra m sus fuerzas. Maana, seor, luchar por mi reputacin, y el adversario mo que no saque un miembro roto, quedar bien librado. Vuestro hermano es joven y delicado, y, por el afecto que os tengo, se me hara penoso el causarle dao, como tendra que hacerlo por honor mo, si se presentara. As, por el afecto que os profeso, he venido haceros saber esto para que le apartis de su intento para que soporte sin encono el dao que l mismo se lanza, por cuanto es l quien lo busca y lo hace de todo punto contra mi voluntad. OLIVERIO.--Gracias, Carlos, por tu afecto hacia m, que vers cun benvolamente he de recompensar. Ya tena yo noticia del intento de mi hermano y me he esforzado secretamente para disuadirle, pero l est resuelto. Te dir, Carlos, que es el mozo ms testarudo que hay en Francia; lleno de ambicin, mulo envidioso de cuanto sobresale en cada hombre, y oculto y villano conspirador contra m, que soy su natural hermano. As, pues, procede como quieras: tanto me importa que le rompas la crisma, como que le rompas un dedo; y mejor sera que cuidaras de hacerlo, porque si slo le infieres un dao leve, si l no alcanza brillar grandemente costa tuya, te suministrar un veneno, te atrapar en algn lazo traidor y te perseguir hasta arrancarte la vida por cualquiera suerte de medios indirectos. Te aseguro, y hablo as casi con lgrimas en los ojos, que no hay entre los vivos uno que sea la vez tan joven y tan vil. Hablo solamente como hermano; pues si me pusiera analizarlo tus ojos, tal como es en s, tendra yo que ruborizarme y llorar, y t quedaras plido y atnito. CARLOS.--Con todo mi corazn me alegro de haberme dirigido vos. Si viene maana, ya le dar su merecido; pues si vuelve andar por sus pis, jams volver luchar por premio. Y con esto guarde Dios vuestra merced. (_Sale._) OLIVERIO.--Adios, buen Carlos. Y ahora excitar ese tunante. Espero que he de verle llegar su fin; pues sin saber por qu, no hay cosa que mi alma deteste ms que l. Sin embargo, es manso, instrudo sin haber tenido escuela, lleno de noble aspiracin y ciertamente tan amado de todos, y en especial de mi propio pueblo, que es quien mejor le conoce, que yo soy enteramente tenido en menos. Pero esto no ha de durar; este luchador lo allanar todo. Slo falta enardecer al muchacho para que acuda all, y voy al instante ocuparme de ello. (_Sale._) ESCENA II. Esplanada delante del palacio del duque. Entran ROSALINDA y CELIA. CELIA.--Te suplico, mi dulce prima, que ests alegre. ROSALINDA.--Ms alegra demuestro, querida Celia, que la que hay en m.--Y querrais verme ms alegre an? menos que me enseis olvidar un padre desterrado, no debis ensearme recordar ningn placer extraordinario. CELIA.--En esto veo que no me amas con tanta consagracin como yo ti. Si mi to, tu desterrado padre, hubiese desterrado tu to, el duque mi padre, con tal de que hubieses permanecido mi lado, yo habra podido ensear mi afecto tomar tu padre por mo; y as lo haras si la realidad de tu amor hacia m fuera tan bien templada como la de mi amor por ti. ROSALINDA.--Bien. Olvidar las circunstancias de mi posicin, para regocijarme en la tuya. CELIA.--Sabes que mi padre no ha tenido ni es probable que tenga otros hijos que yo; y ciertamente, su muerte, sers su heredera; porque lo que l tom de tu padre por fuerza, te lo devolver por afecto.--Te prometo por mi honor que lo har, y sea yo convertida en un monstruo si quebranto mi juramento. As, pues, mi dulce Rosalinda, mi querida Rosalinda, algrate! ROSALINDA.--Lo har en adelante, prima, idear pasatiempos. Veamos qu pensarais de improvisar unos amores? CELIA.--Excelente, y te ruego lo hagas para divertirte; pero no ames con todas veras hombre alguno, ni te dejes llevar de ese juego tan all que no puedas salir de l libre y con honra costa de un honesto sonrojo. ROSALINDA.--Pues entonces cul ha de ser nuestro pasatiempo? CELIA.--Sentmonos, y con nuestras burlas echemos de su rueda la buena matrona Fortuna, para que en adelante sus dones sean igualmente repartidos. ROSALINDA.--Deseara que as pudiera ser; porque sus favores estn harto mal colocados; y la prdiga ciega se equivoca ms menudo en sus ddivas mujeres. CELIA.--Es verdad; porque rara vez da la honestidad aquellas quienes dota con la hermosura; y da muy pobre apariencia aquellas quienes hace honestas. ROSALINDA.--No. En esto equivocas la tarea de la Fortuna con la de la naturaleza. La Fortuna impera en los dones del mundo, no en los rasgos de la naturaleza. (_Entra Piedra-de-toque._) CELIA.--No? Pues no puede la Fortuna hacer que caiga en el fuego una criatura quien ha hecho hermosa la naturaleza?--Y aunque esta nos ha dado ingenio para burlarnos de la Fortuna: no es esta quien enva este necio para dar al traste con el argumento? ROSALINDA.--En verdad que es la Fortuna demasiado dura para con la naturaleza, cuando se sirve de un natural idiota para imponer silencio al natural ingenio. CELIA.--Quizs tampoco sea esto obra de la Fortuna, sino de la naturaleza; la cual advirtiendo que nuestro ingenio es demasiado obtuso para discurrir sobre semejante diosa, ha enviado este idiota para estimularnos; ya que siempre la estupidez del necio es aguijn del discreto. Hola! Prodigio adnde bueno? PIEDRA.--Seora: debis venir donde vuestro padre. CELIA.--Os tom de mensajero? PIEDRA.--No, por mi honor; pero se me encarg llamaros. CELIA.--Dnde aprendiste ese juramento, bufn? PIEDRA.--De cierto caballero que jur por su honor ser buenas las tortas y jur por su honor ser mala la mostaza. Ahora bien; yo sostengo que eran malas las tortas y buena la mostaza; y, sin embargo, el caballero no perjur. CELIA.--Y cmo lo pruebas, lumbrera de ciencia? ROSALINDA.--S, s. Quita el bozal tu ingenio. PIEDRA.--Adelantad ahora las dos: tocaos las caras y jurad por vuestras barbas que soy un bribn. CELIA.--S que lo sois, por nuestras barbas si las tuviramos. [Illustration] PIEDRA.--S, que lo soy, por mi bribonada si la tuviera. Pero si juris por lo que no tenis, no perjuris; ni ms perjur ese caballero jurando por su honor, pues jams lo tuvo; si lo tuvo lo haba perdido fuerza de jurar antes de haber visto nunca aquella mostaza, ni aquellas tortas. CELIA.--Y te dignars decirme quin aludes? PIEDRA.-- uno quien ama el viejo Federico, vuestro padre. CELIA.--Para honrarle basta el amor de mi padre. Silencio! no hables ms de l. No tardar mucho el que te azoten por maldiciente. PIEDRA.--Tanto ms lastimoso, que los necios no hablen discretamente de las necedades de los discretos. CELIA.-- fe que dices verdad: porque al haberse impuesto silencio al poco ingenio que tienen los necios, la poca necedad que tienen los discretos ha tomado mucho vuelo.--Aqu viene Monsieur Le Beau. (_Entra Le Beau._) ROSALINDA.--Con la boca llena de noticias. CELIA.--Que nos administrar como las palomas dan el sustento sus pequeuelos. ROSALINDA.--As quedaremos cebadas con noticias. CELIA.--Tanto mejor: seremos ms negociables.--Buenos das, monsieur Le Beau, qu nuevas? LE BEAU.--Hermosa princesa, habis perdido muchos juegos interesantes. CELIA.--Juegos? De qu color? LE BEAU.--De qu color, seora? Cmo habr de responderos? ROSALINDA.--Como lo quieren el ingenio y la fortuna. PIEDRA.-- como lo mande el destino. CELIA.--Bien dicho. Eso se ha aplicado con llana. PIEDRA.--Y an ms. Si no mantengo mi rango.... ROSALINDA.--Ests perdiendo tu antiguo olfato. LE BEAU.--Me admiris, seoras. Habra querido contaros una buena lucha, cuyo espectculo habis perdido. ROSALINDA.--Con todo, decidnos cmo fu. LE BEAU.--Os contar el principio, y si os place, podris ver vosotras mismas el fin, porque an falta lo mejor; y vienen aqu, donde os hallis, para ejecutarlo. CELIA.--Bien. Sepamos el principio, que ya est muerto y sepultado. LE BEAU.--Ah viene un anciano con sus tres hijos. CELIA.--Yo podra referir un cuento aejo que principia de ese modo. LE BEAU.--Tres jvenes apuestos, de excelente vigor y presencia. ROSALINDA.--Con carteles en el pescuezo: Sepan cuantos las presentes vieren. LE BEAU.--El hermano mayor luch con Carlos, el luchador del duque, y en un momento fu aquel derribado y sac tres costillas rotas, con lo cual pocas esperanzas le quedan de vida. Y otro tanto hizo con el segundo y con el tercero. All yacen, y el pobre anciano su padre se lamenta de tan lastimosa manera, que cuantos le ven simpatizan sollozando con l. ROSALINDA.--Ay, desdichado! PIEDRA.--Pero, seor, cul es la diversin que han perdido las seoras? LE BEAU.--Pues es claro; la que acabo de decir. PIEDRA.--De este modo los hombres podrn crecer en sensatez de da en da. Es la primera vez que oigo decir que romper costillas es una diversin propia de seoras. CELIA.--Como que s; te lo aseguro. ROSALINDA.--Pero hay alguien ms que tenga comezn porque le apliquen ese solfeo en los costados? Hay algn otro tan apasionado al rompe-costillas? Veremos esta lucha, prima? LE BEAU.--Tendris que verla si os quedis; porque, he ah el sitio destinado para la lucha, y ya estn prontos los que deben tomar parte en ella. CELIA.--All vienen, por cierto. Quedmosnos y vemosla. (_Preludio. Entran el duque Federico, Lores, Orlando, Carlos y squito._) DUQUE.--Venid. Pues el mancebo no da odo splicas, que su audacia responda de su peligro. ROSALINDA.--Es aqul el antagonista? LE BEAU.--l mismo, seora. CELIA.--Ay, qu joven es! Sin embargo, parece como si hubiera de vencer. DUQUE.--Qu es esto, hija y sobrina? Os habis escurrido hasta aqu para ver la lucha? ROSALINDA.--S, mi seor, si os place darnos permiso. DUQUE.--Poca diversin tendris en ella, os lo aseguro, siendo tan desiguales los luchadores. Por compasin la temprana edad del joven, intentara disuadirle, pero no quiere oir consejo. Habldle, nias; ved si podis influir sobre l. CELIA.--Hacedle venir, monsieur Le Beau. DUQUE.--Hacedlo. Yo me apartar. (_El duque se va un lado._) LE BEAU.--Seor desafiador: las princesas quieren hablaros. ORLANDO.--Estoy sus rdenes con todo respeto y humildad. ROSALINDA.--Mancebo, habis desafiado Carlos el luchador? ORLANDO.--No, hermosa princesa. Es l quien hace un reto general. Yo no vengo sino como uno de tantos, para probar en l la fuerza de mi juventud. CELIA.--Vuestro valor oh joven! sobrepuja con exceso vuestros aos. Crueles pruebas habis visto del vigor de ese hombre. Si pudirais veros con nuestros ojos, juzgaros con nuestro discernimiento, el recelo de vuestra aventura os aconsejara una empresa ms proporcionada. Os rogamos, por vuestro bien, que pensis en vuestra seguridad y abandonis esta tentativa. ROSALINDA.--Hacedlo, buen joven; que no por ello ser rebajada vuestra reputacin. Solicitaremos del duque que haga suspender la lucha. ORLANDO.--Os suplico no me impongis el castigo de pensar mal de m, aunque me reconozco culpable de negar cosa alguna tan bellas y eminentes seoras. Pero acompenme en la lucha vuestras hermosas miradas y benvolos deseos; que si he de ser vencido, no tendr que avergonzarse sino uno que jams fu favorecido; y si recibo la muerte, slo sucumbir uno que ya sobrado la desea. Ni causar pesadumbre mis amigos, desde que no tengo uno para deplorarme; ni mal alguno al mundo, en el cual nada poseo; y el lugar que en l ocupo, ser ocupado mejor cuando yo lo deje vaco. ROSALINDA.--Quisiera aadir vuestra fuerza la muy poca que hay en m. CELIA.--Y yo la ma para aumentar la suya. ROSALINDA.--Adios. Ruego al cielo estar equivocada en cuanto vos. CELIA.--Ojal se cumplan vuestros deseos! CARLOS.--Ea! Dnde est ese valeroso joven que tanto afn tiene por yacer en su madre tierra? ORLANDO.--Presto, seor; pero sus deseos son ms modestos. DUQUE.--Slo probaris una suerte. CARLOS.--Aseguro vuestra alteza que no tendr ocasin de rogarle para la segunda, despus de haber intentado con tanto empeo disuadirle de la primera. ORLANDO.--Pensis burlaros de m despus. No deberais burlaros antes. Pero probad como gustis. ROSALINDA.--Que Hrcules os asista, oh joven! CELIA.--Quisiera ser invisible para atrapar por una pierna aquel hombronazo. (_Carlos y Orlando luchan_). ROSALINDA.--Oh extraordinario joven! CELIA.--Si pudiera lanzar de mis ojos un rayo, ya s quin haba de caer. (_Carlos es derribado.--Aclamacin_). DUQUE.--Basta, basta. ORLANDO.--Suplico Vuestra Alteza que nos deje continuar. An no estoy bastante alentado. DUQUE.--Cmo te encuentras, Carlos? LE BEAU.--Ha quedado sin habla, seor. DUQUE.--Llevadlo fuera. (_Llevan Carlos_).--Cmo te llamas, mancebo? ORLANDO.--Orlando, seor, el hijo menor de sir Rowland de Bois. DUQUE.--Habra preferido que fueses hijo de otro. Las gentes tenan tu padre por honorable; pero, sin embargo, encontr en l un enemigo. Ms me habra agradado tu proeza si hubieses descendido de otro linaje. Pero Dios te guarde. Eres un mancebo valiente. Me habra alegrado de que hubieses mencionado otro padre. (_Salen el Duque, Federico, el squito y Le Beau_). CELIA.-- estar yo en lugar de mi padre, hara esto, prima? ORLANDO.-- orgullo tengo ser hijo de sir Rowland, siquiera su hijo menor, y no cambiara de condicin as me adoptara el duque por heredero suyo. ROSALINDA.--Mi padre amaba con toda su alma sir Rowland, y todo el mundo era del mismo modo de sentir. Si hubiese yo conocido antes este joven, hijo suyo, le habra suplicado con lgrimas que no se aventurase de ese modo. CELIA.--Vamos, querida prima, darle las gracias y animarlo. La ndole spera y envidiosa de mi padre me lastima el corazn. Sois digno de aplauso, joven. Si tan bien cumpls vuestras promesas de amor, como la que ahora habis excedido, vuestra amante deber ser muy feliz. ROSALINDA. (_Dndole una cadena de su cuello_).--Caballero, llevad esto en recuerdo mo; que por contraria fortuna no tengo en la mano los medios de ofrecer todo lo que quisiera. Nos iremos, prima? CELIA.--S. Adios, gentil caballero. [Illustration:--_Caballero, llevad esto en recuerdo mo._] ORLANDO.--No puedo daros las gracias? Me habis abrumado en lo que hay de mejor en m, y slo quedo en vuestra presencia como un poste, como un mrmol inerte. ROSALINDA.--Nos llama. Mi orgullo ha desaparecido junto con mi prosperidad. Le preguntar lo que desea. Nos llamasteis, caballero? Habis luchado bien, y vencido an ms que vuestros adversarios. CELIA.--Nos vamos, prima? ROSALINDA.--Soy con vos. Quedad con Dios. (_Salen Rosalinda y Celia_). ORLANDO.--Qu pasin me ata la lengua? Ha querido que le hable y no he podido hablar.--(_Vuelve entrar Le Beau_).--Oh pobre Orlando! Ests derribado. No Carlos, algo ms dbil te domina. LE BEAU.--Amistosamente os aconsejo, buen seor, que abandonis este lugar. Aunque habis merecido altos elogios, aplausos y afecto, la ndole del duque es tal que da mal sentido cuanto habis hecho. El duque es caprichoso; y lo que es l en toda verdad sera mejor que lo presumiseis vos que el que yo os lo dijera. ORLANDO.--Os doy las gracias, seor. Dignaos decirme cul de las dos damas que presenciaron la lucha es la hija del duque? LE BEAU.--Ninguna, juzgar por los modales; pero en realidad es su hija la menor en estatura. La otra es hija del duque desterrado, y la detiene aqu su to el usurpador para que acompae su hija; y las liga un afecto ms estrecho que el natural vnculo de las hermanas. Pero puedo aseguraros que de poco tiempo ac el duque ve con desagrado su gentil sobrina, sin ms motivo que el de alabar el pueblo las virtudes de sta y compadecerla por amor su buen padre. Y fe ma, la mala voluntad del duque hacia ella estallar de repente. Quedad con Dios, seor. Deseara conoceros mejor y gozar de vuestro afecto en el porvenir en un mundo mejor que este. ORLANDO.--Os quedo sumamente agradecido.--(_Sale Le Beau_).--Es decir que tengo que salir de las brasas para caer en las llamas? Del duque tirano al hermano tirano. Pero, divina Rosalinda! (_Sale_). ESCENA III. Un cuarto en el palacio. Entran CELIA y ROSALINDA. CELIA.--Es posible, prima? Es posible, Rosalinda? Ten piedad, Cupido! Ni una palabra? ROSALINDA.--Ni una para echarla un perro. CELIA.--No, tus palabras tienen demasiado valor para desperdiciarlas en perros; echa algunas para m. Ea! Pstrame con razones. ROSALINDA.--Pues as habra dos primas postradas: la una causa de las razones, y la otra por haber enloquecido sin ninguna. CELIA.--Pero es todo esto por tu padre? ROSALINDA.--No. Alguna parte de ello es por la hija de mi padre. Oh, qu lleno de espinas es este fatigoso mundo! CELIA.--No son sino cardillos arrojados sobre ti, en festivo retozo. Si no caminas por las sendas trilladas, hasta tus faldas los atraparn. ROSALINDA.--Podra sacudirlos de mi ropa. Pero estos estn en mi corazn. CELIA.--Tselos y saldrn. ROSALINDA.--Probara; si llorando de tos, pudiera tenerlo. CELIA.--Vamos, vamos, lucha con tus afectos. ROSALINDA.--Ah! Se ponen del lado de un luchador ms fuerte que yo. CELIA.--Vlgate mi buen deseo! Ya hars la prueba su tiempo, riesgo de una cada. Pero dejando un lado estas chanzas, hablemos con seriedad. Es posible que tan de sbito hayas sentido esta vehemente inclinacin por el hijo menor de sir Rowland? [Illustration] ROSALINDA.--El duque, mi padre, amaba ste de todo corazn. CELIA.--Y se sigue de ello que has de amar de todo corazn su hijo? Por ese camino llegaremos que yo debiera odiarle, porque mi padre odi cordialmente al suyo; y sin embargo, no aborrezco Orlando. ROSALINDA.--Por Dios! no le odies, por amor m. CELIA.--Y por qu lo odiara? No merece aprecio? ROSALINDA.--Deja que por ello le ame; y malo t porque yo lo hago. Mira: ah viene el duque. (_Entran el duque Federico y Lores._) DUQUE.--Seorita, disponeos toda prisa y alejaos de nuestra corte. ROSALINDA.--Yo, to? DUQUE.--Vos, sobrina. Si pasados estos diez das se te encuentra veinte millas de mi corte, mueres. ROSALINDA.--Ruego Vuestra Alteza que me haga saber en qu he faltado. Si tengo conciencia de mi misma, si conozco mis deseos; si no sueo no estoy delirando (y confo en que no lo estoy), entonces, querido to, jams he ofendido Vuestra Alteza ni con la sombra de un pensamiento. DUQUE.--As proceden todos los traidores. Si su purificacin consistiera en palabras, seran todos tan inocentes como la gracia misma de Dios.--Baste el que sepas que no confo en t. ROSALINDA.--Vuestra desconfianza no puede hacer que mi traicin exista. Decidme en qu se funda la sospecha. DUQUE.--Eres hija de tu padre; basta con eso. ROSALINDA.--Tambin lo era cuando Vuestra Alteza se apoder de su ducado. Tambin lo era cuando Vuestra Alteza lo desterr. No se hereda la traicin, seor. si la tenemos por contagio de nuestros amigos en qu me afectara eso? Mi padre no fu traidor. No me equivoquis, pues, mi buen seor, tal punto que juzguis traidora mi pobreza. CELIA.--Escuchadme, querido soberano. DUQUE.--Slo por causa vuestra, Celia, la hemos tenido aqu. no ser por eso, habra corrido la suerte de su padre. CELIA.--Yo no ped entonces que se quedara, sino que as lo quisieron vuestro deseo y vuestro propio remordimiento. Era yo entonces demasiado nia para conocerla en todo su valor. Pero ahora la conozco. Si es culpable de traicin, tambin lo soy yo misma. Hasta ahora hemos dormido juntas, y juntas nos hemos levantado, estudiado, jugado y sentado la mesa. Y como los cisnes de Juno, jams fumos lugar alguno sino como una pareja inseparable. DUQUE.--Es demasiado astuta para ti, y su suavidad, su silencio mismo y su paciencia, hablan al pueblo, y ste la compadece. Eres una simple. Ella te defrauda de tu reputacin; y t aparecers ms inteligente y ms virtuosa, cuando ella se haya ido. No repliques, pues. La sentencia que he dado contra ella es firme irrevocable: est desterrada. CELIA.--Pronunciad entonces, seor, esa sentencia contra m. Yo no puedo vivir sino su lado. DUQUE.--Eres una loca. Disponeos partir, sobrina. Si os excedis del plazo, por mi honor y lo sagrado de mi palabra, que os costar la vida. (_Salen el duque Federico y squito._) CELIA.--Oh pobre Rosalinda ma! donde irs? Quieres cambiar de padres? Te dar el mo. Te aseguro que no ests ms desolada que yo. ROSALINDA.--Tengo mayor motivo. CELIA.--No es as, prima. Te ruego que te animes. No comprendes que el duque me ha desterrado, m, su hija? ROSALINDA.--No, no lo ha hecho. CELIA.--Que no? Te falta, pues, Rosalinda, el amor que te ensea que t y yo somos una? Habremos de ser separadas? Habremos de decirnos adios, dulce prenda ma? No. Busque mi padre otro heredero. Discurre conmigo el modo de que huyamos, dnde iremos y lo que habremos de llevar. Y no intentes soportar t sola tus pesares, prescindiendo de m; porque tomo por testigo al cielo, que palidece la vista de nuestras penas, de que pesar de cuanto digas, me marchar contigo. ROSALINDA.--Pero dnde ir? CELIA.-- buscar mi to. ROSALINDA.--Ah! Qu peligro para nosotras, doncellas, viajar tanta distancia! Ms pronto provoca los malvados la belleza que el oro. CELIA.--Me cubrir de pobres y mezquinas vestiduras, y me embadurnar la cara con una especie de barniz oscuro. Haris lo mismo, y as seguiremos nuestro camino sin provocar asaltos. ROSALINDA.--No sera mejor, ya que soy de una estatura ms alta que la general, que me disfrazara de hombre? Con una buena daga al cinto y un venablo en la mano (aunque en mi corazn se anide oculto todo el miedo de la mujer), tendr un exterior marcial imponente. Y en ello ser como muchos hombrezuelos cobardes que con la apariencia ocultan su cobarda. CELIA.--Qu nombre te he de dar cuando seas hombre? ROSALINDA.--No quiero tener un nombre que valga menos que el del mismo paje de Jpiter. As, me llamars Ganimedes. Y qu nombre tomars t? CELIA.--Uno que de algn modo se refiera mi situacin. Ya no me llamar Celia, sino Aliena. ROSALINDA.--Y qu te parecera, prima, si ensayramos robarnos aquel necio de bufn de la corte de vuestro padre? No nos servira de solaz durante el viaje? CELIA.--Me seguira de extremo extremo del mundo. Deja mi cuidado el ganarlo. Vmonos. Juntemos nuestras joyas y nuestro caudal, y discurre t el tiempo ms oportuno y el camino ms seguro para sustraernos la persecucin que se nos ha de hacer despus de mi fuga. Ahora iremos contentas, no al destierro, sino la libertad. [Illustration] [Illustration] ACTO II. ESCENA I. El bosque de Ardenas. Entran el antiguo DUQUE, AMIENS y otros lores en traje de monteros. DUQUE. Y bien, compaeros y hermanos de destierro, no hace la costumbre que sea ms dulce esta vida que la de las vanas pompas? No estn ms exentas de peligro estas selvas que la envidiosa corte? Aqu no tenemos otro padecimiento que el de Adn; la diversidad de la estacin; el rudo zumbido y el diente helado del viento del invierno. Y cuando sopla sobre mi cuerpo y lo muerde y lo hace encogerse de fro, me digo sonriendo: Esto no es adulacin; estos son consejeros que con toda sinceridad me convencen de lo que soy. Dulces son los frutos de la adversidad que, semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una preciosa joya.--Y esta nuestra vida retirada del bullicio pblico, descubre idiomas en los rboles, libros en los arroyos, sermones en las piedras, y el bien en todas las cosas. AMIENS.--No querra cambiarla. Dichoso sois, Alteza, que podis tornar la obstinacin de la fortuna en un modo de ser tan dulce y apacible! DUQUE.--Venid. Iremos matar venados? Y sin embargo me contrista el que estos pobrecillos abigarrados, naturales moradores de esta soledad, sientan que en sus propios confines un venablo de doble filo les atraviese los costados. LORD 1.--Por cierto, mi seor, que el melanclico Santiago se aflige de ello; y en ese sentido jura que sois ms usurpador que el hermano que os ha desterrado. Milord Amiens y yo nos deslizamos hoy ocultamente hasta donde yaca aquel, declinado bajo un roble cuyas viejas raices asoman sobre el arroyo que susurra lo largo de este bosque.--Vino desfallecer all un pobre ciervo fugitivo herido por el arma de algn cazador; y en verdad, seor, que el desventurado animal exhalaba tan hondos quejidos, que su piel se dilataba por el esfuerzo como si hubiera ido rasgarse, y gruesas lgrimas corran de sus ojos una tras otra en lastimera sucesin. As, la pobre alimaa, permaneci en el borde mismo del rpido arroyo que reciba sus lgrimas, mientras la observaba atentamente el melanclico Santiago. DUQUE.--Pero qu dijo ste? No moraliz sobre ese espectculo? LORD 1.--Oh, s, por mil smiles! En primer lugar porque verta sus lgrimas en el arroyo que no necesitaba de ellas, exclam: Pobre venado! Haces testamento como las gentes mundanas, dando lo ms que tienes quien ya tiene demasiado. En seguida por hallarse solo y abandonado por sus amigos de piel aterciopelada, dijo: Es justo: esta desgracia ahuyenta la afluencia de compaeros. Al mismo tiempo un hato harto de pacer pasa saltando su lado sin cuidarse de l. S, seguid adelante, gordos y lustrosos ciudadanos. Es la moda. qu mirar ese quebrado, pobre y arruinado?--As con gran vehemencia destroz la estructura del pas, corte y ciudad, y aun nuestro presente gnero de vida; jurando que no somos ms que usurpadores, tiranos y todo lo que hay de peor, en espantar estos animales y matarlos en su propio y nativo albergue. DUQUE.--Y estaba en tal meditacin cuando le dejasteis? LORD 2.--S, mi seor; llorando y comentando sobre el quejumbroso ciervo. DUQUE.--Mostradme el sitio. Plceme escucharle en estos arranques repentinos, porque entonces est lleno de lucidez. LORD 2.--Os conducir directamente hacia l. (_Salen._) ESCENA II. Cuarto en el palacio. Entran el DUQUE FEDERICO, LORES y SQUITO. DUQUE FEDERICO.--Cmo es posible que ningn hombre las haya visto? No puede ser. Sin duda hay en mi corte algunos villanos que han consentido y cooperado en ello. LORD 1.--No puedo saber de persona alguna que la haya visto. Las seoras camareras suyas, la vieron acostarse en su lecho, y temprano en la maana hallaron que faltaba de l el tesoro de su dueo. LORD 2.--Seor, tambin se echa de menos al bufn que tantas veces hizo reir Vuestra Alteza. Hesperia, la dama de honor de la princesa, confiesa haber odo secretamente vuestra hija y su prima elogiar en extremo las cualidades y atractivos del luchador que poco h venci al robusto Carlos; y cree que adonde quiera que hayan ido, seguramente ese joven las acompaa. DUQUE FEDERICO.--Enviad adonde su hermano, y traed aqu ese valiente. Si se ha ausentado, traedme su hermano. Yo har que lo encuentre. Haced esto al instante, y no haya tregua en la investigacin y diligencia para hacer regresar esas locas fugitivas. (_Salen._) ESCENA III. Delante de la casa de Oliverio. Entran ORLANDO y ADAM, que se encuentran. ORLANDO.--Quin est ah? ADAM.--Cmo! mi joven seor? Oh mi buen y amado seor! Oh vos, memoria viva de sir Rowland! Cmo! Qu hacis aqu? Por qu sois virtuoso? Por qu os aman las gentes? Y por qu sois gentil, fuerte y valeroso? Por qu tomarais tan deseo el vencer al membrudo luchador del caprichoso duque? Demasiado aprisa ha llegado aqu antes que vos vuestra alabanza. No sabis, seor, que para cierta clase de hombres sus buenas prendas les sirven slo de enemigos? As os sirven las vuestras. Vuestras virtudes, mi gentil seor, son para vos santificados traidores. Oh! qu mundo ste en el cual la nobleza de alma atrae el veneno al que la posee! ORLANDO.--Pero qu acontece? ADAM.--Oh desdichado joven! No pasis por estas puertas. Bajo este techo vive el enemigo de todas vuestras virtudes. Vuestro hermano (no, no hermano, y sin embargo es hijo--pero no, no es hijo--no quiero llamarlo hijo--de aquel quien iba llamar su padre) ha odo vuestras alabanzas, y se propone incendiar esta noche el alojamiento en que acostumbris dormir, cuando estis en l. Si no lo consigue as, echar mano de otros medios para deshacerse de vos. Pude oir lo que l y los suyos decan. Este no es un hogar: esta casa no es ms que un matadero. Abominadla, temedla, no entris en ella! [Illustration] ORLANDO.--Pues dnde querras entonces que fuese, Adam? ADAM.--No importa dnde, con tal de que no vengis aqu. ORLANDO.--Pues qu! Querras verme ir mendigar mi alimento? con una espada vil y turbulenta arrancar por fuerza en el camino pblico una subsistencia furtiva? Tendra que hacer esto, no sabra qu hacer. Y esto no lo har jams, suceda lo que quiera. Antes me someter la malignidad de una sangre degenerada, y de un sanguinario hermano. ADAM.--Pero no hagis tal. Tengo quinientas coronas, el salario economizado bajo vuestro padre, que atesor para que me alimentara cuando mis miembros envejecidos no pudieran ya hacer el servicio y estuviera mi vejez abandonada en un rincn. Tomadlas; y aquel que alimenta al cuervo y provee de sustento al gorrioncillo, ser el bculo de mi vejez. He aqu el oro: os le doy por entero. Permitidme ser vuestro criado. Aun cuando parezco anciano, soy vigoroso y activo; porque jams en mi juventud vici mi sangre con licores ardientes y perturbadores; ni con desvergonzada frente atraje sobre m la extenuacin y el agotamiento. As mi edad es como un invierno helado pero saludable. Dejad que os acompae y os prestar en todas vuestras ocupaciones y necesidades los servicios de un hombre ms joven. ORLANDO.--Oh buen anciano! Qu bien se muestra en ti el fiel servicio del mundo antiguo en el cual el servidor derramaba su sudor por el deber, no por la recompensa! No eres t semejante los de este tiempo, en que ninguno trabaja sino por medrar, y una vez conseguido esto, entorpece el servicio aun con la ganancia. No es as contigo, pobre anciano, que cultivas un rbol carcomido que no puede producir ni siquiera una flor en cambio de todas tus fatigas y cuidados. Pero haz como quieres: iremos juntos, y antes de consumir los salarios de tu mocedad, encontraremos algn modesto modo de vivir. ADAM.--Poneos en camino, seor; que yo os seguir hasta el ltimo aliento, con sincera lealtad. Desde que tuve diez y siete aos hasta ahora que cuento cerca de ochenta, he vivido aqu; pero ya aqu no vivo ms. Muchos prueban fortuna los diez y siete aos; pero los ochenta es demasiado tarde. Sin embargo, la fortuna no puede darme mejor premio que el morir bien, habiendo cumplido mi deber con el amo. (_Salen._) ESCENA IV. El bosque de Ardenas. Entran ROSALINDA en traje de mancebo. CELIA vestida de pastora y PIEDRA-DE-TOQUE. ROSALINDA.--Oh Jpiter! Qu fatigado est mi nimo! PIEDRA.--Poco me importara el nimo, si no tuviera cansadas las piernas. ROSALINDA.--Si me dejara llevar de mi corazn, deshonrara mi traje de hombre llorando como una mujer. Pero debo animar la parte ms dbil; porque justillo y bragas han de ostentar valor ante una falda. nimo, pues, buena Aliena. CELIA.--Te ruego que tengas paciencia conmigo. No puedo seguir adelante. PIEDRA.--Pues por lo que m atae, mejor querra llevaros en paciencia que llevaros en brazos; aunque llevaros cuestas no sera llevar ninguna cruz; pues creo que andis con la bolsa vaca. ROSALINDA.--Bien. Esta es la selva de Ardenas. PIEDRA.--S, heme aqu en Ardenas, con lo cual soy doblemente idiota; pues mejor lugar tena cuando estaba en casa. Pero los que viajan han de contentarse con todo. ROSALINDA.--Y as debis hacerlo, buen Piedra-de-toque. Pero mirad quin viene. Son un joven y un anciano que conversan con solemnidad. (_Entran Corino y Silvio._) CORINO.--Ese es el camino para hacer que os desprecie todava. SILVIO.--Oh Corino! Si supieras cuanto la amo! [Illustration] CORINO.--Algo de ello conjeturo; como que alguna vez he amado. SILVIO.--No, Corino. No puedes imaginarlo, siendo anciano, aunque hayas sido en tu juventud un amante tan verdadero, como el que en cualquier tiempo haya suspirado en el insomnio de la media noche. Pero si tu amor se pareca al mo (aunque estoy seguro de que jams hombre alguno am como yo) cuantas acciones soberanamente ridculas no te ha de haber arrastrado tu fantasa! CORINO.-- mil de ellas que ya ni recuerdo. SILVIO.--Oh! Pues entonces jams amaste tan de corazn! Si no tienes presente hasta la ms insignificante locura en que te hiciera caer el amor, no has amado; si no te has sentado, como yo ahora, fatigando tu interlocutor con las alabanzas de tu amada, no has amado: si no has abandonado bruscamente la compaa, como me obliga la pasin hacerlo ahora, no has amado. Oh Febe, Febe, Febe! (_Sale Silvio._) ROSALINDA.--Pobre pastor! Por buscar tu herida, he venido desgraciadamente dar con la ma propia! PIEDRA.--Y yo con la ma. Me acuerdo de que estando enamorado, quebr mi espada contra una piedra, y le dije que aguantara eso por venir de noche en busca de Juana Remilgos; y de cmo bes su batidera y los pezones de la vaca que ella haba ordeado con sus lindas manos agrietadas; y recuerdo, en fin, haber hecho la corte en lugar de ella una vaina de guisantes, de la cual saqu dos y se los devolv diciendo con los ojos llenos de lgrimas: Pntelos por amor m. Nosotros, los que amamos de veras, damos en extraas manas; pero as como todo muere en la naturaleza, toda naturaleza enamorada muere en la tontera. ROSALINDA.--Hablas con ms sensatez de lo que piensas. PIEDRA.--Ya lo creo: no he de caer jams en cuenta de mi propio ingenio, hasta que me d de narices contra l. ROSALINDA.--Oh Jove, Jove! La pasin de este pastor se parece mucho la ma. PIEDRA.--Y la ma; pero ya se me va poniendo un poco rancia aqu dentro. CELIA.--Os ruego que uno de vosotros pregunte aquel hombre, si nos dar por oro algn alimento. Estoy medio muerta de desmayo. PIEDRA.--Hola! ti, villano! ROSALINDA.--Silencio, bufn: no es pariente tuyo. CORINO.--Quin llama? PIEDRA.--Tus superiores, pobre hombre. CORINO.--Muy desvalidos han de ser, si son mis iguales. ROSALINDA.--Silencio, digo. Buenas tardes, amigo. CORINO.--Y vos, gentil caballero, y todos vosotros. ROSALINDA.--Rugote, pastor, que si el afecto el oro pueden comprar algn refrigerio en este desierto, nos procures algo con qu reposar y alimentarnos. He aqu una joven doncella fatigada en demasa por el viaje y que se desmaya por falta de socorro. CORINO.--La compadezco, gentil seor, y quisiera por su bien ms que por el mo que mis recursos fuesen mayores para aliviarla; pero soy pastor al servicio de otro hombre, y no trasquilo el rebao que apaciento. Mi dueo es de carcter duro, y no se cuida de encontrar el camino del cielo por actos de hospitalidad. Por otra parte, su egido, sus ganados y sus pastos estn en venta; y con motivo de su ausencia, no hay en nuestro cortijo cosa con que pudirais alimentaros; pero venid y veris lo que hay, que por mi parte seris muy bienvenidos. ROSALINDA.--Y quin comprar sus rebaos y sus pastos? CORINO.--Aquel joven zagal, que visteis poco h, y que tiene muy poco inters en comprar algo. ROSALINDA.--Te suplico que, guardando los fueros de la honradez, compres t la casa, los pastos y rebaos. Te daremos con que pagarlos. CELIA.--Y aumentaremos tu salario. Gstame el sitio, y de buena gana pasara en l mi tiempo. CORINO.--Que todo est para vender, es seguro. Venid conmigo, y si os agradan los informes sobre el suelo, las ganancias y este gnero de vida, ser vuestro fiel labrador, y lo comprar todo con vuestro oro sin perder momento. (_Salen._) ESCENA V. Entran AMIENS, SANTIAGO y otros. CANTO. AMIENS. Quien bajo el rbol frondoso desee yacer conmigo, y ajustar su alegre canto del ave los dulces trinos, que venga hacia aqu, que venga, donde no hay ms enemigo que el invierno y la tormenta, las tempestades y el fro. JAQUES.--Continuad, continuad, os lo suplico. AMIENS.--Os entristecera, monsieur Jaques. JAQUES.--Y gracias. Ms, os ruego, ms. Puedo sorber melancola de una cancin, como huevos la comadreja. Ms, te ruego, ms. AMIENS.--Estoy enronquecido. Conozco que no podra agradaros. JAQUES.--No deseo que me agradis; deseo, s, que cantis. Vamos: ms: otra estrofa. No las llamis estrofas? AMIENS.--Lo que queris, monsieur Jaques. JAQUES.--No me importan sus nombres. Nada me deben. Queris cantar? AMIENS.--Ms por satisfaceros que por placer mo. JAQUES.--Pues bien: si alguna vez doy las gracias un hombre, ser vos; aunque lo que llaman cumplidos se parece al encuentro de dos monos; y cuando un hombre me da gracias sinceramente, se me figura haberle dado un centavo, y que me devuelve gracias lo mendigo. Vamos, cantad y que los dems cierren la boca. AMIENS.--Bien. Concluir la cancin. Mientras tanto, seores, cubrid la mesa; el duque quiere beber bajo este rbol. Ha esperado todo este da para veros. JAQUES.--Y yo todo este da he estado evitndolo. Discute demasiado para m. Yo pienso en tantos asuntos como l; pero, gracias al cielo, no hago alarde de ello. Vamos, vamos, trinad. CANTO. TODOS. Quien desdea la ambicin y vive del sol al brillo buscando el pan, y contento con lo que haya conseguido, que venga, que venga aqu, donde no hay ms enemigo que el invierno y la tormenta las tempestades y el fro. JAQUES.--Voy daros un verso para esa tonada, que hice ayer, mal que pesara mi inventiva. AMIENS.--Y yo lo cantar. JAQUES.--Dice as: Si por ventura acontece tornarse un hombre en borrico, dejando paz y riqueza por un porfiado capricho, _duc ad me, duc ad me, duc ad me_, que aqu ver otros pollinos como l; y si no, que venga adonde Amiens nuestro amigo. AMIENS.--Qu significa ese _duc ad me_? JAQUES.--Es una invocacin griega para llamar los necios formar crculo. Me voy dormir, si puedo. Y si no pudiese, renegar de todos los primognitos de Egipto. AMIENS.--Y yo voy buscar al duque. Est preparado su banquete. (_Salen separadamente._) ESCENA VI. La misma. Entran ORLANDO y ADAM. ADAM.--Mi querido seor, ya no puedo ir ms lejos. Oh, me muero de hambre! Aqu me acuesto, y marco la medida de mi sepulcro. Adios, mi bondadoso seor. ORLANDO.--Cmo es eso, Adam? T no tienes ms corazn? Vive un poco, anmate un poco, algrate un poco. Si este spero bosque produce algn animal salvaje, yo le servir de alimento, lo traer para alimentarte. Tu imaginacin, no tus fuerzas, es lo que est expuesto morir. Tranquilzate por amor m; y por unos momentos pon raya la muerte. Estar aqu contigo dentro de breve rato, y si no te traigo algn alimento, tendrs mi consentimiento para morir. Pero si mueres antes, me habrs hecho perder mi trabajo. No lo dije? Tienes ms alegre la cara. No tardar en estar de vuelta. Pero yaces aqu la intemperie. Te llevar algn punto abrigado, y si hay cosa que viva en este yermo, no morirs por falta de comida. nimo, buen Adam! (_Salen._) ESCENA VII. La misma.--Una mesa cubierta. Entran el antiguo DUQUE, AMIENS, seores y otros. DUQUE.--Parece que se ha transformado en bestia, pues no puedo encontrarle cosa alguna semejanza del hombre. LORD 1.--Seor, hace un momento que se fu de aqu, donde haba estado alegre oyendo una cancin. DUQUE.--Si l, que es un conjunto de discordancias, se aficiona la msica, no tardaremos en ver discordancia en los cielos. Id buscarle: decidle que deseo hablar con l. (_Entra Jaques._) LORD 1.--Me ahorra la pena viniendo l mismo. DUQUE.--Hola! Cmo es esto, monsieur, y qu vida llevis, que vuestros pobres amigos tienen que conquistar vuestra compaa? JAQUES.--Un bufn! un bufn! Encontr un bufn en el bosque; un bufn abigarrado. Oh miserable mundo! Tan cierto como que vivo encontr un bufn que se acost calentarse al sol, y reneg de la fortuna en buenas frases, en buenas vigorosas frases. Buenos das, zote--le dije.--No seor--respondi--no me llamis zote mientras el cielo no me haya enviado fortuna.--Sac lugo de su bolsillo un reloj de sol y mirndolo con ojos amortiguados, dijo muy sensatamente: Son las diez; por lo cual vemos, aadi, cmo va el mundo. No hace sino una hora que eran las nueve, y dentro de una hora sern las once. As, de hora en hora maduramos y maduramos, y luego de hora en hora nos pudrimos y nos pudrimos, y de aqu sale un cuento. Cuando o aquel pintarrajeado bufn filosofar as sobre el tiempo, solt una carcajada ms sonora que el canto del gallo la madrugada, al pensar que un bufn fuese tan profundamente meditativo, y me re sin tregua una hora entera contada en su reloj. Oh noble bufn! Oh digno bufn! No hay ms traje que el de arlequn. DUQUE.--Qu bufn es este? JAQUES.--Oh insigne bufn! Ha sido cortesano, y dice que con tal de que las damas sean jvenes y hermosas, tienen el don de conocerlo; y en su cerebro tan seco como galleta de viaje pasado, tiene extraos sitios atestados de observaciones las cuales da salida en zurdas formas. Oh qu dara por ser un bufn! Cunto codicio un traje con cascabeles! DUQUE.--Tendrs uno. JAQUES.--Es todo mi deseo, con tal de que desarraiguis de vuestros mejores juicios toda opinin que se haya robustecido en ellos en contra de mi cordura. He de tener completa libertad, una patente tan amplia como el viento, para soplar sobre quien yo quiera, pues as la tienen los bufones. Y aquellos quienes ms zahieran mis bufonadas, son los que ms debern reir. Y por qu ha de ser as, seor? El porqu es claro como camino de iglesia parroquial. Aquel quien el bufn hiera muy cuerdamente, hara una gran necedad, si pesar de lo que le escueza, no pareciera insensible al golpe. Si no, quedara desmenuzada la necedad del cuerdo, aun por las chanzas perdidas del bufn. Revestidme con mi traje de arlequn; dadme permiso para decir lo que pienso, y limpiar por completo el asqueroso cuerpo del infecto mundo, si es que se deja administrar con paciencia mi remedio. DUQUE.--Quita all! Puedo decir lo que haras. JAQUES.--Pues qu hara contrarindolo sino un bien? DUQUE.--Pecaras maligna y groseramente cuando criticaras el pecado; porque t mismo has sido un libertino tan sensual como el instinto brutal mismo. Y derramaras sobre el mundo todas las lceras acumuladas y los males crnicos atrapados por tu libertinaje. JAQUES.--Pues qu! Acusa persona alguna en particular, quien clama contra el orgullo? No fluye con tanta pompa como el mar, hasta que refluye contra los mismos medios que lo sustentan? A qu mujer de la ciudad habr nombrado, si digo que la mujer de la ciudad lleva en sus hombros impdicos el precio pagado por prncipes? Cul de ellas puede venir decirme que he querido hablar de ella, cuando su vecina es ni ms ni menos que ella misma? quin es aqul aun de la ms baja condicin que (pensando que aludo l) dice, que su magnificencia no existe expensas mas, sin que en ello ajuste su propia necedad al tenor de mi discurso? Ahora bien: qu resulta? Dejadme ver en qu le habr ofendido mi lengua. Si le ha hecho justicia, ser l quien se habr ofendido si propio; si no, mi invectiva habr pasado volando como el ganso silvestre que ningn hombre reclama por suyo. Pero quin viene? (_Entra Orlando, espada en mano._) ORLANDO.--Deteneos y no sigis comiendo. JAQUES.--Pues an no he probado bocado. ORLANDO.--Ni lo probaris antes que la miseria sea socorrida. JAQUES.--Qu clase de pjaro es este? DUQUE.--Es la miseria la que te hace proceder as, hombre atrevido, eres un grosero ignorante de los buenos modales, para mostrarte tan falto de buena crianza? ORLANDO.--Acertasteis al principio. La aguda espina de la ms rigorosa necesidad, me priv de mostrarme suave y corts. Nac tierra adentro, y tengo alguna cultura. Pero, deteneos, repito; porque si alguno toca [Illustration:--'_Deteneos, y no sigis comiendo._'] estos frutos antes que yo haya cumplido mi propsito, morir. JAQUES.--Y si no admits razones en respuesta, habr de morir. DUQUE.--Qu deseis? Nos forzara ser benvolos vuestra cortesa, ms que nos inclinara la bondad vuestra fuerza. ORLANDO.--Estoy casi muerto por el hambre. Dejadme tomar alimento. DUQUE.--Sentaos y alimentaos y sed bien venido nuestra mesa. ORLANDO.--Hablis afablemente? Os ruego que me perdonis. Parecame que todo haba de ser salvaje en este lugar, y por eso tom un aspecto imperioso inflexible. Pero quienes quiera que seis, los que en este desierto inaccesible, la sombra del melanclico ramaje vis correr indiferentes las cansadas horas del tiempo; si alguna vez visteis das mejores; si alguna vez osteis el taer de las campanas llamndoos al templo; si os habis sentado al banquete de un hombre de bien; y si alguna vez enjugasteis de vuestros prpados una lgrima de piedad y sabis lo que es compadecer y ser compadecidos, dejad que la humildad sea mi principal fuerza, y en tal esperanza envaino, sonrojndome, este acero. DUQUE.--En verdad, hemos visto das mejores, y la sagrada campana nos ha llamado al templo, y nos hemos sentado las fiestas de hombres buenos, y hemos enjugado de nuestros prpados lgrimas arrancadas por la santa piedad; as, pues, sentaos tranquilamente y disponed de cuanta ayuda podemos ofrecer en alivio de vuestras necesidades. ORLANDO.--Pues bien: aplazad por pocos momentos vuestro alimento, mientras voy, como la cierva, en busca de mi cervato para alimentarlo. Hay all un pobre anciano que sigui con paso fatigado mi largo camino, movido por el ms desinteresado afecto. Hasta que l, oprimido por dos causas de debilidad--los aos y el hambre--sea satisfecho primero, yo no probar bocado. DUQUE.--Id traerlo, y nada ser tocado hasta que volvis. ORLANDO.--Os lo agradezco, y sed bendecidos por vuestro auxilio. (_Sale._) DUQUE.--Ya lo ves: no somos los nicos desgraciados. Este vasto teatro del mundo, presenta escenas an ms dolorosas que esta en que tomamos parte. JAQUES.--Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son meros actores. Todos tienen sus entradas y salidas, y cada hombre en su vida representa muchos papeles, siendo los actos siete edades. Al principio, infante que lloriquea en brazos de la nodriza. Lugo lloroso rapaz, con su saquillo y su luciente cara matutina, arrastrndose de mala gana la escuela, con paso de caracol. Despus, enamorado, suspirando como una fragua, con una triste balada compuesta las cejas de su dama. En seguida, soldado, lleno de extraas imprecaciones, bigotudo como el leopardo, celoso del honor, sbito y pronto en la pendencia, buscando la efmera reputacin hasta en la boca del can. Ms tarde, juez, de redondo y prominente abdomen bien aforrado de capn, de severa mirada y barba cortada en estilo serio, lleno de sesudos adagios y de modernas citas: y as desempea su papel. En la sexta edad mdase en enjuto arlequn, calzado de chinelas, puestas en la nariz las antiparras y el saco al costado, y con las bien conservadas bragas de su mocedad flotando en anchos pliegues sobre sus encogidas piernas; y su sonora voz varonil vuelta al tiple de la infancia resopla y silba en su sonido. La ltima escena de todas, que termina esta extraa y nutrida historia, es la segunda infancia, un mero olvido, sin dientes, sin ojos, sin palabras, sin cosa alguna. (_Vuelve entrar Orlando con Adam._) DUQUE.--Bienvenidos.--Poned en un asiento vuestra venerable carga, y que se alimente. ORLANDO.--Os doy mil gracias por l. ADAM.--As os era menester.--Apenas puedo hablar para hacerlo yo mismo. DUQUE.--Bienvenido. Principiad. Por ahora no os molestar con preguntas acerca de vuestras aventuras.--Dejadnos oir un poco de msica, y, buen primo, cantad. CANTO. AMIENS.--Sopla, sopla, viento helado, que no eres t tan maligno cual la ingratitud del hombre ni muerdes con tanto ahinco, pues no se te puede ver aunque tu soplo sentimos. Cantemos, oh, s, cantemos, de la enramada el asilo! Hay mucha amistad fingida y muchos amores frvolos, mas oh! bajo la enramada la vida es un regocijo. -- Hiela, hiela, crudo cielo, que no ofendes con tu fro como el pago que los hombres dan al bien con el olvido. T tornas el agua en hielo; mas tu soplo no es tan fro como el triste desengao de ver que olvida un amigo. Cantemos, oh, s! etc., etc. DUQUE.--Si sois hijo del buen sir Rowland, como me lo habis fielmente dicho al odo, y como ven mis ojos por su imagen vivamente retratada y viviente en vuestro rostro; sed, en verdad, bienvenido aqu. Soy el duque que am vuestro padre. Vendris mi cueva decirme el fin de vuestras aventuras.--Buen anciano, bienvenido eres tambin, como tu seor. Dadle el brazo, y m la mano; y hacedme comprender toda vuestra situacin. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO III. ESCENA I. Un cuarto en el palacio. Entran el DUQUE FEDERICO, OLIVERIO, nobles y squito. DUQUE FEDERICO. No verle desde entonces? Seor mo, eso no puede ser. Si no fuera la piedad la principal parte de m mismo, no buscara un objeto ausente para saciar mi venganza, hallndote t aqu. Pero ten cuidado: encuentra tu hermano donde quiera que est; bscalo con una linterna: trelo vivo muerto, dentro del plazo de un ao, jams vuelvas buscar tu vida en nuestro territorio. Tus tierras y cuanto hay secuestrable en lo que llamas tuyo, quedan secuestrados en nuestras manos, hasta que puedas justificarte por boca de tu hermano de las sospechas que abrigamos contra ti. OLIVERIO.--Oh, si conociera Vuestra Alteza mis sentimientos en esto! Jams en mi vida he amado mi hermano. DUQUE.--Pues eres tanto ms vil por eso. Echadle fuera! Y que vayan mis funcionarios quienes tal incumbe, embargarle casa y tierras. Hacedlo al punto, y despedidle en seguida. (_Salen._) ESCENA II. El bosque. Entra ORLANDO, con un papel. ORLANDO.--Quedad aqu, versos mos, en testimonio de mi amor. Y t, reina de la noche coronada de triple diadema, observa con tu casta mirada desde tu plida y alta esfera el nombre de tu cazadora, que domina toda mi existencia.--Estos rboles oh Rosalinda! sern mis libros, y grabar mis pensamientos en su corteza, para que tus virtudes sean contempladas por todas partes por cuantos seres hay en este bosque.--Corre, corre, Orlando, y graba en cada rbol el nombre de la bella, la casta, la imponderable. (_Sale.--Entran Corino y Piedra-de-toque._) CORINO.--Y cmo os place esta vida de pastor, seor Piedra-de-toque? PIEDRA.-- la verdad, pastor, que considerada en s misma es una vida buena, pero como vida de pastor no vale nada. Me gusta bastante porque es solitaria; pero siendo tan retrada, es una vida muy despreciable. Agrdame tambin por lo que tiene de campestre, pero me fastidia el que no sea en la corte. Y notad que cuadra bien mi temperamento, porque es una vida econmica; pero como no ofrece mucha abundancia, mi estmago no se aviene con ella. Pastor: tienes algo de filsofo? CORINO.--No ms que lo suficiente para comprender que cuanto ms enfermo est uno, peor se siente; que faltan tres buenos amigos quien no tiene dinero, medios y satisfaccin; que la lluvia moja y el fuego quema; que el buen pasto engorda al rebao; y que entra por mucho el que no haya sol para que sea de noche; y que quien no adquiri ingenio por la naturaleza por el arte, puede quejarse de su educacin de su mala estirpe. PIEDRA.--Un hombre as es un filsofo natural. Has estado alguna vez en la corte, pastor? CORINO.--No, por cierto. PIEDRA.--Pues entonces ests condenado. CORINO.--Espero que no. PIEDRA.--Condenado, en verdad. Te tostarn por un lado como huevo mal frito. CORINO.--Por no haber estado en la corte? Y por qu? PIEDRA.--Es claro. No habiendo estado en la corte nunca has visto buenos modales; y no habiendo visto buenos modales, los tuyos tienen que ser muy malos; y lo malo es un pecado y el pecado se condena. En mal trance te veo, pastor. CORINO.--Nada de eso, Piedra-de-toque. Tan ridculos son en el campo los buenos modales de la corte, como risibles en la corte las maneras del campo. Me habis dicho que en la corte no saludis sino que besis las manos. Tal cortesa no fuera decente, si los cortesanos fuesen pastores. PIEDRA.--Un ejemplo, pronto; vamos, un ejemplo. CORINO.--Continuamente manoseamos nuestras ovejas, y sabis que sus vellones son grasientos. PIEDRA.--Pues qu! No sudan las manos de los cortesanos? Y no es tan saludable la grasa de un carnero como el sudor de un hombre? La razn que alegas es ftil. Dame un ejemplo mejor. Vamos ello. CORINO.--Adems, nuestras manos son speras. PIEDRA.--As las sentirn ms pronto vuestros labios. Otra futileza. Ea! Veamos mejor ejemplo. CORINO.--Y menudo tenemos las manos embreadas con los remedios que aplicamos nuestros rebaos. Os gustara besar brea? Las manos de los cortesanos estn perfumadas con algalia. PIEDRA.--Oh hombre insustancial! Eres comida de gusanos comparada con un buen pedazo de carne fresca.--Aprende de los sensatos y reflexiona. La algalia es de ms baja estirpe que la brea: es una asquerosa secrecin de un gato.--Vamos: mejora el ejemplo, pastor. CORINO.--Tenis, como cortesano, demasiado ingenio para m.--Me callar. PIEDRA.--Quieres condenarte, pues? Dios te valga, hombre superficial! Dios te abra la mollera, porque no sabes nada. CORINO.--Seor, soy un honrado labrador, que gano lo que como y lo que visto; que no aborrezco nadie ni envidio la dicha de ningn hombre; que me alegro del bien de los dems y me resigno mi propio dao; y mi mayor orgullo se reduce ver pastar mis ovejas y amamantar mis corderos. PIEDRA.--He ah otro pecado de ignorancia en que cais: juntar moruecos y ovejas, prometindoos ganar la vida por la cpula del ganado: servir de tercero un carnero-gua, y sacrificar una ovejita de ao entregndola un morueco viejo, de patas torcidas, y de todos modos cornudo, faltando en ello toda equidad y proporcin. Si no te condenas por esto, fe que no querr coger nunca pastores el diablo. No veo por cul otro motivo escaparas. CORINO.--Aqu viene el joven seor Ganimedes, el hermano de mi nueva ama. (_Entra Rosalinda, leyendo un papel._) ROSALINDA.--No hay desde Oriente Poniente joya como Rosalinda. Do quiera lleva el ambiente la fama de Rosalinda. El cuadro ms refulgente negro es junto Rosalinda. Ni recuerde faz la mente sino la de Rosalinda. [Illustration] PIEDRA.--Pues yo os har rimas por el estilo ocho aos seguidos, exceptuando solamente las horas de almorzar, comer y dormir. ROSALINDA.--Calla, loco! PIEDRA.--Va de muestra: Si falta al ciervo una cierva venga y busque Rosalinda. Su especie el gato conserva? Lo mismo har Rosalinda. El forro el calor conserva: otro tanto Rosalinda. Quien siega ha de atar la yerba, y al carro con Rosalinda. Como en nuez dulce, se observa corteza agria en Rosalinda. La rosa de amor enerva y punza, cual Rosalinda. Este es el fastidioso martilleo de los versos. Por qu os contagiis con l? ROSALINDA.--Silencio, tonto! Los encontr en un rbol. PIEDRA.-- fe ma que da mal fruto. ROSALINDA.--Pues lo ingertar contigo, que ser ingertarlo con un nspero, y as ser el fruto ms temprano del pas; porque os habris podrido antes de estar medio maduro, que es la condicin propia del nspero. PIEDRA.--Eso decs; pero si cuerdamente no, que lo decida el bosque. (_Entra Celia, leyendo un papel._) Rosalinda.--Guardad silencio y haceos un lado, que aqu viene mi hermana leyendo. CELIA. Y habr silencio en el desierto bosque porque nadie lo habita? No: que cada rbol prestar una lengua que bellas cosas diga. Una dir cun presto cruza el hombre la senda de la vida, de cuyo espacio el hueco de la mano encierra la medida. Y otra los olvidados juramentos de dos almas amigas. En las ms bellas ramas y al extremo de las mejores lneas, grabar embelleciendo mis sentencias un nombre: Rosalinda. Y cuantos lean notarn que el cielo quiso mostrar un da juntas en breve espacio, sus ms bellas y nobles maravillas. la naturaleza di el encargo de un cuerpo en que se anidan todas las gracias juntas y aumentadas; por eso ella combina la hermosa faz, no el corazn, de Helena: la majestad altiva de Clopatra, el alma de Atalantoa, de Lucrecia la esquiva modestia; y con mil prendas quiso el cielo juntar en Rosalinda de corazones, rostros y miradas la suprema vala. Tan bellos dones quiso dar el cielo su obra favorita para que siendo yo su esclavo siempre rinda sus pis mi vida. ROSALINDA.--Oh Dios de misericordia! Y qu fastidiosa homilia de amor habis hecho pesar sobre vuestros feligreses, sin daros la pena de decir siquiera: Tened paciencia, buenas gentes! CELIA.--Qu es esto? Atrs, amigos! Pastor, retrate un poco: y t, vete con l, bellaco. PIEDRA.--Ven, pastor. Pongmonos en honrosa retirada, si no con carros y bagajes, al menos con zurrn y cayado. (_Salen Corino y Piedra-de-toque._) CELIA.--Oiste esos versos? ROSALINDA.--S: todos ellos y aun ms; porque algunos tenan ms pis que los que el verso admite. CELIA.--Eso no importa: los versos podrn as caminar por sus pis. ROSALINDA.--Bien; pero como eran pis quebrados, el verso no poda caminar con ellos, y por esto los pis hacan que los versos anduviesen cojeando. CELIA.--Pero no te ha admirado el oir que tu nombre estuviese suspendido y grabado en estos rboles? ROSALINDA.--Haca ya una eternidad que me haba pasado el asombro cuando vinisteis; porque, ved lo que encontr en el tronco de una palmera. Jams haba sido yo tan asendereada en versos, desde los das de Pitgoras, en que fu una rata irlandesa, cosa que ya casi se me haba escapado de la memoria. CELIA.--Adivinas quin lo ha hecho? ROSALINDA.--Un hombre? CELIA.--Y que lleva en el cuello una cadena que fu tuya. Cmo! Cambiis de color? ROSALINDA.--Quin? Te lo suplico. CELIA.--Vlgame Dios! No es cosa tan fcil que dos amigos se encuentren; pero hasta las montaas si las traslada un terremoto, se encuentran. ROSALINDA.--Pero l? Quin es l? CELIA.--Es posible? ROSALINDA.--Te vuelvo rogar y ms encarecidamente an, que me digas quin es. CELIA.--Asombroso, asombroso! Asombro de los asombros! Y otra vez an, prodigioso sobre toda ponderacin! ROSALINDA.--Por mi estampa! Te imaginas que porque llevo un traje de hombre, tengo el alma vestida de pantaln y chaqueta? Un minuto ms de demora, es todo un viaje al rededor del mundo. Rugote decir quin es? Pronto y habla aprisa. Deseara que tartamudeases, ver si as echabas por la boca este misterioso hombre, como el vino por el angosto cuello de la botella. demasiado, nada. Te suplico que quites el corcho tu boca para beber yo las nuevas. CELIA.--As podras engullirte un hombre. ROSALINDA.--Es hechura de Dios? Qu especie de hombre? Vale la pena su cabeza de que lleve sombrero? Tiene cara como para barbas? CELIA.--De barbas, pocas tiene. ROSALINDA.--Pues Dios le enviar ms, si l es agradecido. Djame conocer su cara, y yo dejar que le crezcan las barbas. CELIA.--Es el joven Orlando; el que hizo dar un mismo tiempo aquella voltereta al luchador Carlos y tu corazn. ROSALINDA.--Da al diablo las bromas! Habla seriamente y fe de doncella de buena ley. CELIA.--Pues fe de tal, prima, que es l. ROSALINDA.--Orlando? CELIA.--Orlando. ROSALINDA.--Desdichado da! Qu voy hacer ahora con mi justillo y mis bragas? Qu hizo cuando le viste? Qu dijo? Qu aspecto tena?Qu hace aqu? Pregunt por m? Adnde vive? Cmo se despidi de ti? Y cundo volvers verle? Respndeme en una palabra. CELIA.--Primero, consigue prestada para m la boca de Gargantua. La palabra que pides no cabra en ninguna boca de las que se ven en nuestro tiempo. Decir s y no todos esos detalles, sera ms que responder al Catecismo. ROSALINDA.--Pero sabe l que estoy en este bosque y en traje de hombre? Parece tan lozano como el da de la lucha? CELIA.--Satisfacer las preguntas de los amantes, es tan fcil como contar los tomos. Consulate con saber que le he encontrado, y saborea esta buena observacin. Lo hall en tierra al pi de un rbol, como una bellota cada. ROSALINDA.--rbol que deja caer tal fruto no puede ser sino el rbol de Jove. CELIA.--Concededme audiencia, mi buena seora. ROSALINDA.--Contina. CELIA.--Estaba acostado cuan largo es, como un caballero herido. ROSALINDA.--Aunque es lstima ver semejante cuadro, deba venir bien la decoracin. CELIA.--Ataja tu lengua, por Dios. Se pone saltar fuera de tiempo. Vesta de cazador. ROSALINDA.--Siniestro presagio! Viene traspasar mi corazn. CELIA.--Quisiera entonar la cancin sin tropiezo; pero me haces desafinar. ROSALINDA.--No sabes que soy mujer? Cuando pienso, tengo de hablar. Sigue, querida ma, sigue. (_Entran Orlando y Duque._) CELIA.--Me sacis de mis casillas. Calla! no es l quien viene? ROSALINDA.--El es. Escndete y obsrvalo. (_Celia y Rosalinda se retiran._) JAQUES.--Gracias por vuestra compaa; pero en verdad me habra sido lo mismo estar solo. ORLANDO.--Lo mismo que mi. Sin embargo, por cumplir con la moda, os doy tambin las gracias por vuestra sociedad. JAQUES.--Id con Dios. Procuremos encontrarnos lo menos posible. ORLANDO.--Prefiero que seamos enteramente extraos cada uno para el otro. JAQUES.--Y os ruego que no echis perder los rboles escribiendo canciones amorosas en su corteza. ORLANDO.--Y os ruego que no echis perder mis versos leyndolos con tan poca gracia. JAQUES.--Es Rosalinda el nombre de vuestra amada? ORLANDO.--Precisamente. JAQUES.--No me gusta su nombre. ORLANDO.--Sin duda no la bautizaron as para daros gusto. JAQUES.--Qu estatura tiene? ORLANDO.--La que llega hasta mi corazn. JAQUES.--Siempre tenis bonitas respuestas. No habis tenido amistad con esposas de joyeros, y habis aprendido esas respuestas en las inscripciones de las sortijas? ORLANDO.--Nada de eso. Os respondo como las telas pintadas, en las cuales habis estudiado las preguntas. JAQUES.--Tenis el ingenio muy vivo. Parece que le hubieran sacado de los pis de Atalante. Queris que nos sentemos juntos? Echaremos pestes contra nuestras amadas, el mundo y todas nuestras desdichas. ORLANDO.--No murmurar de alma viviente en el mundo, sino de m mismo, que es en quien ms defectos advierto. JAQUES.--El peor que tenis es estar enamorado. ORLANDO.--Pues no cambiara tal defecto por la mejor de vuestras virtudes. Ya me habis cansado. JAQUES.-- fe ma que andaba en busca de un necio cuando d con vos. ORLANDO.--Se haba ahogado en el arroyo. Si os asomis al agua le veris la cara. JAQUES.--All no ver sino la ma. ORLANDO.--Pues tengo para m que si es cara de algo es la de un tonto. JAQUES.--No gastar ms palabras con vos. Adios, seor don Cupido! ORLANDO.--Gracias Dios que os vis. Adios, seor don Quejumbres. (_Sale Jaques.--Celia y Rosalinda se adelantan._) ROSALINDA.--Le hablar como un paje impertinente, y as disfrazada le har alguna travesura. Os? CELIA.--Bien qu queris? ROSALINDA.--Qu hora ha dado? ORLANDO.--Deberais preguntar qu hora es, no qu hora ha sonado. No hay reloj en el bosque. ROSALINDA.--Es decir que no hay en el bosque ningn verdadero enamorado; porque razn de suspiro por minuto y de gemido por hora, podra contar tan bien como un reloj el paso tardo del tiempo. ORLANDO.--Y no sera ms propio decir el paso veloz del tiempo? ROSALINDA.--De ningn modo, seor. El tiempo camina con diferente paso para diferentes personas. Os dir para quin va con paso de andadura, para quin trota, para quin galopa y para quin se para inmoviliza. ORLANDO.--Os ruego me digis para quin trota? ROSALINDA.-- fe, trota duramente para la joven doncella desde el contrato de matrimonio hasta la bendicin nupcial. Y aunque el intervalo no pase de siete das, se hace tan duro el paso del tiempo, que parece haber medido siete aos. ORLANDO.--Y para quin va paso de andadura? ROSALINDA.--Para el clrigo que no sabe bien el latn, y para el rico que no padece de la gota; porque aquel duerme bien no teniendo estudio que le desvele; y ste vive alegremente no sintiendo dolor. Falta al primero el peso de la faena con que la instruccin debilita y consume: al otro la fastidiosa carga de la pobreza. Para ambos va el tiempo paso de andadura. ORLANDO.--Y para quin galopa? ROSALINDA.--Para el ladrn que va al cadalso; pues aunque vaya tan despacio como pueda ser movido el pi, siempre le parece que llega all demasiado pronto. ORLANDO.--Y para quin se detiene? ROSALINDA.--Para los abogados en vacaciones; porque entre el punto que se cierra y el que se abre, se la pasan durmiendo y no perciben la marcha del tiempo. ORLANDO.--Dnde vivs, lindo mancebo? ROSALINDA.--Con esta zagala, hermana ma, en las faldas del bosque, como fleco de saya. ORLANDO.--Es este vuestro lugar nativo? ROSALINDA.--Soy en l como el conejo que vis habitar siempre el sitio donde naci. ORLANDO.--Vuestra habla parece ms refinada que la que puede adquirirse en tan remota habitacin. ROSALINDA.--Muchas personas me lo han dicho. Un anciano y devoto to mo, me ense hablar. Haba sido cortesano en su juventud, y conoca demasiado las cosas de la corte, como que all se haba enamorado. Muchas veces le o disertar contra el amor, y doy gracias Dios de no ser mujer, por no verme manchado con las liviandades y defectos que echaba en cara todo el sexo. ORLANDO.--Podrais recordar algunos de los mayores males de que acusaba las mujeres? ROSALINDA.--Ninguno era mayor, sino tan parecidos iguales todos como los ochavos. Cada pecado pareca monstruoso, hasta que vena igualarlo el inmediato. ORLANDO.--Rugote que repitas algunos. ROSALINDA.--No: no desperdiciar mi remedio dndolo quien no est enfermo. Por ah anda un hombre que vagabundea en el bosque, maltrata nuestras plantas tiernas grabando Rosalinda en sus cortezas; cuelga odas en los espinos y elegas en las zarzas, y todo con el propsito de divinizar el nombre de Rosalinda. Si tropezara yo con este visionario, le dara un buen consejo, porque parece que le aqueja la fiebre cuotidiana del amor. ORLANDO.--Soy yo quien est tan enfermo de amor y os suplico me digis vuestro remedio. ROSALINDA.--No veo en vos ni siquiera una de las seales que deca mi to. l me ense conocer los enamorados, y de seguro que no estis aprisionado en su jaula de mimbres. ORLANDO.--Qu seales eran esas? ROSALINDA.--Mejillas enjutas, que no tenis; ojos ojerudos y hundidos, que no tenis; espritu esquivo, que no tenis; una barba descuidada, que no tenis.--Ah! Perdonad! el no tener barba es en vos herencia de hermano menor. Y lugo, debais andar con las medias sin ligas, el sombrero sin cinta, las mangas sin botones, el calzado sin abrochar, y cada cosa de vuestra persona mostrando el abandono de la desolacin.--Pero no sois tal hombre.--Antes bien parecis esmerado en el vestir, como quien ama su propia persona mucho ms que lo que pareciera amar otra. [Illustration] ORLANDO.--Hermoso joven, quisiera poder convencerte de que amo. ROSALINDA.--Convencerme! Ms fcil sera convencer la que amis; lo cual, os aseguro, ella no confesara por ms que lo creyera; y este es uno de los puntos en que las mujeres desmienten su conciencia.--Pero, en toda seriedad sois vos quien cuelga en los rboles los versos en que se alaba tanto Rosalinda? ORLANDO.--Te juro, joven, por la casta mano de Rosalinda, que ese desgraciado soy yo, yo mismo. ROSALINDA.--Pero estis realmente tan enamorado como lo dicen vuestros versos? ORLANDO.--No hay rima ni discurso que lo puedan expresar tanto como es. ROSALINDA.--El amor no es ms que una locura, y os aseguro que merece tanto una celda oscura y un ltigo, como los otros alienados.--Y si alguna causa hay para que as no se les castigue y cure, es el ser la locura tan general que hasta los azotadores andan enamorados.--No obstante, estoy seguro de curarla con mis consejos. ORLANDO.--Habis curado as alguien? ROSALINDA.--S, uno. Convenimos en que se imaginara que yo era su amante, su Dulcinea, y le puse hacerme la corte cada da; en cuya ocasin, yo, que era un chiquillo caprichoso, apareca triste, afeminado, antojadizo, soberbio, fantstico, de mal humor, frvolo, inconstante, ya lleno de sonrisas, ya de lgrimas; dando algo para cada pasin, y verdaderamente todo para la carencia de pasin,--como que muchachos y mujeres son este respecto ganado de la misma pinta; tan pronto gustaba de l como le aborreca; ya buscaba su conversacin, ya hua de su compaa; ora lloraba por l, ora le ultrajaba; de manera que lo hice pasar de su furiosa locura de enamorado, una locura mansa, cual fu la de alejarse del torrente mundano para refugiarse en el arroyuelo monstico.--As lo cur; y as me comprometo curaros, dejando vuestro corazn ms limpio que el de un borrego sano, sin que quede en l ni la ms pequea mancha de amor. ORLANDO.--No querra ser curado, mancebo. ROSALINDA.--Pues os curar, si solamente consents en llamarme Rosalinda, y en venir todos los das mi ejido hacerme la corte. ORLANDO.--Bien. fe de mi amor, que lo har. Decidme dnde es. ROSALINDA.--Venid conmigo y os le mostrar. Mientras caminamos, me diris en qu parte del bosque vivs. Queris venir? ORLANDO.--Con todo mi corazn, joven amigo. ROSALINDA.--No. Tenis que llamarme Rosalinda. Ea! Hermana! Quieres venir? (_Salen._) ESCENA III. (Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA.--Jaques los observa desde alguna distancia.) PIEDRA-DE-TOQUE.--Vamos, aprate, buena Tomasa, yo te traer las cabras. Y qu tal, Tomasa? Soy todava el que te conviene? Quedas contenta con esta simple fisonoma? TOMASA.--Fisonoma! Dios nos asista! Qu es fisonoma? PIEDRA.--Contigo y tus cabras estoy aqu ni ms ni menos que aquel caprichoso poeta, el honrado Ovidio, entre los godos. JAQUES. (_Aparte._)--Oh erudicin mal colocada! Peor que Jpiter bajo tejado! PIEDRA.--Cuando los versos de un hombre no pueden ser comprendidos, ni secundado su ingenio por el entendimiento, se le mata ms pronto que si se le cobraran por el alquiler de un cuartito las cuentas del gran capitn.--Verdaderamente me habra alegrado de que los dioses te hubiesen hecho potica. TOMASA.--No s qu quiere decir potica. Es algo de honrado en la accin y en la palabra? Es cosa de buena ley? PIEDRA.--En cuanto eso, no; porque la mejor poesa es la que finge mejor. Los enamorados son muy dados poesas; y lo que en ellas juran, se puede decir que, como amantes, lo fingen. TOMASA.--Y as queris que los dioses me hubiesen hecho potica! PIEDRA.--Por cierto que s; porque me juraste que eres honrada: y si fueras poetisa, me quedara alguna esperanza de que me engaabas. TOMASA.--Qu! No me querrais honrada? PIEDRA.--Es claro que no; menos que fueses muy fea; porque aadir la honradez la belleza, es como endulzar el azcar aadindole miel. JAQUES.--(_Aparte._)--Un idiota consumado! TOMASA.--Bien. No soy hermosa, y por lo mismo ruego los dioses que me conserven honrada. PIEDRA.--En verdad, prodigar la honradez en una fregona pestfera, sera poner un manjar sabroso en un plato sucio. TOMASA.--Aunque fea, no soy, Dios gracias, una mujer de esa clase. PIEDRA.--Bueno: demos gracias Dios por tu fealdad. Lo dems vendr con el tiempo. Pero sea de ello lo que fuere, me casar contigo; y con tal fin me he visto con D. Oliverio Daatextos, cura de la aldea vecina.--Me ha prometido venir este sitio del bosque y unirnos. JAQUES. (_Aparte._)--Ya querra yo ver esta entrevista. TOMASA.--Bien, y que los dioses nos dn regocijo. PIEDRA.--Amen. Un hombre de corazn apocado vacilara antes de acometer la empresa; porque aqu no tenemos ms templo que el bosque, ni ms congregacin que los animales de cuernos. Pero y qu? Valor! Por odiosos que sean, los cuernos son necesarios. Suele decirse que muchos ricos no saben todo lo que tienen.--Exacto.--Y muchos hombres tienen buenos cuernos y nunca sabrn cuntos, ni cules sern los ltimos. Bien: es la dote que le da la mujer; no es cosa que l mismo ha trado al matrimonio. Cuernos? Ni ms ni menos. Y slo para los pobres? No: no. El ms noble ciervo los tiene tan desmesurados como el plebeyo. Es acaso feliz por eso el soltero? No: pues as como vale ms una ciudad amurallada que una aldea, as la frente del marido es ms honorable que la frente desnuda del soltero; y as como es ms valiosa la defensa que la impericia, as es tambin ms precioso en igual grado tener un buen cuerno que necesitarlo. (_Entra Oliverio Daatextos._) Aqu viene el seor Oliverio Daatextos. Mucho me alegro de veros, seor. Queris despacharnos aqu, la sombra de este rbol, deberemos ir con vos vuestra capilla? OLIVERIO.--No hay alguien aqu para servir de padrino la novia y entregarla? PIEDRA.--No la tomara yo como ddiva de hombre alguno. OLIVERIO.--Pero si no es dada la novia, el matrimonio no es legtimo. JAQUES. (_Presentndose._).--Continuad: yo la dar. PIEDRA.--Buenas tardes, seor de....... Cmo os llamis? Qu tal os va? Me alegro mucho de encontraros. Dios os premie por vuestra ltima visita. Tengo sumo placer en veros. Tenis an esa friolera en la mano? Vamos, cubros, os ruego. JAQUES.--Os queris casar, bufn? PIEDRA.--Como tienen el buey su yugo, el caballo su brida y el halcn sus cascabeles, as tiene el hombre sus deseos; y como se arrullan las palomitas, as quiere el matrimonio andar picoteando. JAQUES.--Y es posible que un hombre de vuestra condicin se case escondidas como un pordiosero? Id al templo y tomad un buen sacerdote que os pueda decir lo que es el matrimonio: este mozo no har ms que juntaros como dos piezas de ensambladura; y luego uno de vosotros empezar encogerse, como madera verde, y al fin todo quedar torcido. PIEDRA.--(_Aparte._)--Pues me inclino ms que me case este que otro; porque no tiene trazas de casarme en regla; y no siendo en regla el casamiento, ya tendr ms tarde una buena excusa para dejar plantada mi mujer. JAQUES.--Venid conmigo, y dejad que os aconseje. PIEDRA.--Ven, dulce Tomasa. Hemos de casarnos, viviremos salto de mata. No: Oh digno Oliverio! Oh bravo Oliverio! No me dejes atrs! Pero; Velas y buen viento Mrchate al momento. No me cases jams. (_Salen Jaques, Piedra y Tomasa._) OLIVERIO.--No importa.--Nunca me desviar de mi vocacin ninguno de estos antojadizos bellacos. (_Sale._) ESCENA IV. La misma. Delante de una casa de campo. Entran ROSALINDA y CELIA. ROSALINDA.--No me digas palabra; romper en llanto. CELIA.--Hazlo, te ruego; pero ten la bondad de considerar que no sientan bien las lgrimas un hombre. ROSALINDA.--Pero no tengo motivo para llorar? CELIA.--Tanto como se puede desear.--As, pues, llora. ROSALINDA.--Hasta su cabello es del color de la falsedad. CELIA.--Un poco ms oscuro que el de Judas; y fe que sus besos son nietos legtimos de los de ste. ROSALINDA.--Por cierto, tiene el cabello de bonito color. CELIA.--Excelente.--No hay color como tu castao. ROSALINDA.--Y tiene un modo de besar tan casto, como el contacto del pan bendito. CELIA.--Ha comprado un par de labios fundidos en el molde de los de Diana.--Una monja de la hermandad del invierno no pondra en sus besos compuncin ms edificante.--Hay en ellos una castidad de hielo. ROSALINDA.--Pero por qu jur venir esta maana y no viene? CELIA.--Lo cierto es que no hay verdad en l. ROSALINDA.--Te parece? CELIA.--S: no le tengo por un ratero ni por un ladrn de caballos: pero en cuanto su sinceridad en amor, la juzgo tan hueca como un cubilete como una nuez carcomida. ROSALINDA.--Falso en amor? CELIA.--Sincero, cuando est enamorado; pero creo que no lo est. ROSALINDA.--Le habis odo jurar que s lo est. CELIA.--Estaba, es una cosa, y est es otra. Fuera de esto, los juramentos en los enamorados no tienen ms fuerza que las palabras de los taberneros: slo sirven para confirmar cuentas mentirosas. l se halla aqu en el bosque al servicio del duque vuestro padre. ROSALINDA.--Ayer encontr al duque y tuve larga conversacin con l. Preguntme de qu familia desciendo, y le dije que de una tan buena como l; lo cual hizo que se riera y me dejara ir. Pero qu hablamos de padres, habiendo un hombre como Orlando? CELIA.--Oh, es un gallardo sujeto! Escribe gallardos versos, dice gallardas palabras, hace gallardos juramentos y gallardamente los quebranta, como de travs, en el corazn de su amante; como el justador novicio que espolea su caballo por un solo lado, y rompe su lanza como un gallardo majadero. Pero donde impera la juventud y gua el paso la locura, todo es gallardo! Quin viene ah? (_Entra Corino._) CORINO.--Seor, y amo mo, habis indagado ms de una vez acerca de aquel pastor que se quejaba de amores, quien visteis sentado junto m en el csped alabando la altiva y desdeosa zagala que fu su amante. CELIA.--Y bien: qu es de l? CORINO.--Si deseis ver representar un verdadero espectculo, entre el plido aspecto del verdadero amor, y el encendido color del altivo desdn y del desprecio, caminad un breve espacio y os conducir. CELIA.--Ea! vamos. La vista de unos enamorados alimenta los otros. Djanos contemplar esa vista, y podrs decir que tambin he desempeado un activo papel en su comedia. (_Salen._) ESCENA V. Otra parte del bosque. Entran SILVIO y FEBE. SILVIO.--No me desprecies, dulce Febe, no. D que no me amas, pero no lo digas con encono. El verdugo, cuyo corazn est endurecido por el hbito de ver la muerte, no deja caer el hacha sobre la cerviz inclinada sin pedir perdn primero. Quieres ser ms dura que aquel que por oficio pasa toda su vida entre la sangre? (_Entran Rosalinda, Celia y Corino cierta distancia._) FEBE.--No querra ser tu verdugo, y huyo de ti porque no deseo hacerte mal. Me dices que mis ojos despiden la muerte; pero se me antoja que es cosa muy probable el que los ojos--la parte ms dbil y suave, la que se cierra hasta por temor un grano de polvo--no puedan ser llamados tiranos, carniceros, asesinos! Pues bien: ahora te miro con el mas entraable enojo, y que mis ojos te maten en este momento, si son capaces de herir. Finge que te desmayas, ea! Djate caer por tierra; si no puedes, al menos por vergenza no digas que mis ojos son asesinos. Mustrame la herida que te han hecho. Pnzate, aunque slo sea con un alfiler, y te quedar alguna seal: apyate, aunque slo sea sobre un junco, y la mano conservar siquiera por unos instantes la huella de la presin. Pero mis ojos ahora que se han clavado ceudos en ti, no te lastiman; y, estoy segura de ello, ningunos ojos tienen fuerza para hacerlo. SILVIO.--Oh amada Febe! Si alguna vez (y acaso se halle prxima) encuentras en alguna fresca mejilla el poder de la fantasa, entonces sabrs qu invisibles heridas hacen las agudas flechas del amor. FEBE.--Pues hasta entonces no te me acerques; y cuando suceda, persgueme con tus burlas y no me compadezcas, as como yo no he de compadecerte hasta entonces. ROSALINDA. (_Avanzando._)--Y sabris decirme por qu? De qu madre habis nacido que as insultis y desdeis y abrumis un desdichado? Pues aunque tuvirais ms belleza (y, fe ma, no veo que tenis ms que la necesaria para acostaros oscuras) habrais de ser por eso orgullosa implacable? Por qu me miris as? No veo en vos ms que una de tantas obras vulgares de la naturaleza. Por vida ma! Pienso [Illustration:--_Por amor de Dios, no os vayis enamorar de m: no me gustis!_] que quiere tambin confundir mis ojos! No, por cierto, soberbia dama, no esperis tal. No son vuestras cejas color de tinta, vuestro cabello de seda negra, vuestros ojos de abalorio, ni vuestra mejilla de natas, lo que podra subyugar mi nimo vuestra adoracin. Necio pastor: por qu la segus como el brumoso viento del Sur, lleno de rfagas y lluvia? Sois mil veces mejor como hombre que ella como mujer; y son los necios, como vos, quienes llenan el mundo de hijos desgraciados. Sois vos y no su espejo quien la adula; y causa de vos, se ve ella mucho mejor que lo que pueden mostrarla sus propias facciones. Pero, seora, conoceos bien, poneos de rodillas, y dad gracias al cielo, con el ayuno, por el amor de un hombre honrado. Y tengo que deciros una verdad al odo: Vended cuando podis; no sois artculo que tendra salida en cualquier mercado. Pedid perdn al hombre; amadle; aceptad su oferta. Es doblemente fea la que aade la fealdad el desprecio. Tmala, pues, pastor, y quedad con Dios. FEBE.--Hermoso joven, regaadme un ao entero. Prefiero vuestras reconvenciones requiebros de este hombre. ROSALINDA.--l se ha enamorado de la fealdad de ella, y ella acabar por enamorarse de mi enojo. Si es as, cuanto ms airada se muestre contigo, ms la atormentar con palabras amargas. Por qu me miris as? FEBE.--No por mala voluntad. ROSALINDA.--Por amor de Dios, no os vayis enamorar de m, porque soy ms falso que juramento de borracho. Fuera de esto, no me gustis.--Si queris saber dnde vivo, es un paso de aqu, en el olivar. Quieres que nos vayamos, hermana? Pastor, acosadla. Ven, hermana. Pastora, miradle con mejores ojos, y no seis soberbia. Nadie en el mundo entero sera tan engaado por sus ojos como l. Vamos, nuestro ejido. (_Salen Rosalinda, Celia y Corino._) FEBE.--Insensible pastor! Ahora siento la fuerza de esta verdad; quin que am, no am primera vista? SILVIO.--Adorable Febe... FEBE.--Ah! decais algo, Silvio? SILVIO.--Adorable Febe; compadcete de m. FEBE.--En verdad, siento veros as, amable Silvio. SILVIO.--Adonde est el pesar, debera hallarse el consuelo. Si mi amorosa pesadumbre os entristece, vuestra tristeza y mi pesar desapareceran con un poco de amor. FEBE.--Tienes mi afecto. No es casi lo mismo? SILVIO.--Querra poseerte. FEBE.--Eso sera codicia. Silvio, ha pasado el tiempo en que te aborreca; y, sin embargo, no es que sienta amor por ti; pero desde que te muestras tan capaz de hablar bien de amor tolerar tu sociedad, que me era fastidiosa y aun te ocupar; mas no esperes otra recompensa que tu propia satisfaccin en verte ocupado por m. SILVIO.--Tan puro y santo es mi amor y tan pobre me encuentro de mercedes, que ser para m abundante cosecha el ir recogiendo las espigas olvidadas por aquel que recogi la cosecha principal. Dame de vez en cuando una sonrisa perdida y ella me har vivir. FEBE.--Conoces al joven que me habl hace poco? SILVIO.--No mucho, pero le he encontrado muchas veces; y ha comprado la casa y los ganados que pertenecan al viejo hurao. FEBE.--No pienses que le ame aunque pregunte por l. No es ms que un muchacho petulante. Sin embargo, habla bien. Pero acaso me cuido yo de palabras? Las palabras, no obstante, vienen bien, cuando el que las dice es visto con agrado por el que las oye. Es un bonito joven--no demasiado bonito--pero sin duda alguna es orgulloso. Tiene un orgullo que no le sienta mal. Llegar ser un hombre en regla. Lo mejor de l es su temperamento; y antes que sus palabras acabasen de hacer una herida, sus ojos la haban ya cicatrizado. No es de alta estatura, aunque s lo bastante para su edad. La pierna es as, as, pero no est mal. Tienen sus labios un lindo color rosado; un encarnado algo ms maduro y lozano que el que colora sus mejillas: la misma diferencia que entre una encendida rosa de Damasco y otra de color mezclado. Mujeres hay, Silvio, que haberlo examinado minuciosamente, como lo hice, casi se habran enamorado de l; pero en cuanto m, ni le amo ni le aborrezco. Y, sin embargo, ms motivo tendra para aborrecerle que para amarle; porque quin le autorizaba dirigirme reproches? Dijo que mis ojos y mis cabellos son negros; y ahora recuerdo que me trat con desprecio. Me admira el no haberle replicado. Pero en fin de cuentas es lo mismo, ya que cuenta olvidada no es cuenta saldada. Le escribir una carta que le escueza de veras y t se la llevars. Apruebas, Silvio? SILVIO.--Con todo mi corazn, Febe. FEBE.--Pues la escribir en seguida. Lo que he de decirle est en mi cabeza y en mi corazn. Ser con l lacnica y severa. Ven conmigo, Silvio. (_Salen._) [Illustration] ACTO IV. ESCENA I. La misma. Entran ROSALINDA, CELIA y JAQUES. JAQUES. Rugote, bello joven, que me hagas conocerte mejor. ROSALINDA.--Dicen que sois dado la melancola. JAQUES.--As soy. Me gusta ms que la risa. ROSALINDA.--Los que pecan por uno otro de ambos extremos son gentes abominables y se exponen ms la moderna crtica que si cayeran en la embriaguez. JAQUES.--Pues parceme bien que quien est triste guarde silencio. ROSALINDA.--Pues entonces me parece bien ser un poste. JAQUES.--No tengo la melancola del erudito, que es emulacin; ni la del msico, que es fantstica; ni la del cortesano, que es altiva; ni la del soldado, que es ambiciosa; ni la del abogado, que es poltica; ni la de la dama, que es agraciada; ni la del enamorado, que es todo esto la vez. La ma es una melancola peculiar de m mismo, un compuesto de muchos simples, extrado de muchos objetos; y en verdad, la contemplacin de mis viajes, que menudo absorbe mis meditaciones, es una tristeza en extremo caprichosa. ROSALINDA.--Viajero! Pues fe ma que os sobra motivo para estar triste. Me temo que hayis vendido vuestras tierras por ir ver las agenas. Y lugo, haber visto mucho y no tener nada, es tener ojos ricos y manos pobres. JAQUES.--S; he ganado experiencia. (_Entra Orlando._) ROSALINDA.--Y vuestra experiencia os entristece. Yo preferira tener un bufn que me pusiera alegre, y no una experiencia que me pusiera triste. Y todava viajar por ella! ORLANDO.--Buenos das y ventura, amada Rosalinda. JAQUES.--Pues nada; Dios os asista, que estis hablando en verso suelto. ROSALINDA.--Adios, seor viajero. Parad mientes. Mientras no hablis pronunciando con afectacin, os vistis con extraos trajes, echis perder los beneficios de vuestro propio pas, reneguis del amor vuestra nacionalidad y aun echis en cara Dios el haberos dado la forma que tenis, me costar mucho trabajo creer que habis navegado ni siquiera en una gndola. (_Sale Jaques._) Qu significa esto, Orlando? A dnde habis estado todo este tiempo? Y sois un amante? Si os acontece hacerme otra partida como esta, no os volvis presentar mi vista. ORLANDO.--Amada Rosalinda, no ha pasado una hora desde el momento de veros, segn mi promesa. ROSALINDA.--Faltar una hora entera una promesa amorosa! En materia de amor, aquel que divida un minuto en mil partes y falte en fraccin alguna la milsima parte del minuto, est, como si se dijera, en manos de la polica del amor; pero yo garantizo que est sano de corazn. ORLANDO.--Perdonadme, amada Rosalinda. ROSALINDA.--No. Si habis de ser tan lento, no volvis verme. Tanto me valdra tener por pretendiente un caracol. ORLANDO.--Un caracol? ROSALINDA.--S; pues aunque camina despacio, lleva su casa en la cabeza; mejor dote que la que podis hacer mujer alguna. Fuera de esto, lleva consigo su destino. ORLANDO.--Qu es eso? ROSALINDA.--Los cuernos con los cuales se presume que deben aparecer mrito de sus esposas aquellos que se os parecen; mientras que l tiene la suerte de venir armado sin que por ello se pueda difamar su esposa. ORLANDO.--La virtud no es fabricante de cuernos; y mi Rosalinda es virtuosa. ROSALINDA.--Y yo soy vuestra Rosalinda. CELIA.--Le agrada daros ese nombre; pero l tiene una Rosalinda de mejor aspecto que vos. ROSALINDA.--Vamos, galanteadme, galanteadme, que estoy de humor de fiesta, y es bastante probable que consienta. Qu me dirais ahora si yo fuera vuestra Rosalinda en alma y cuerpo? ORLANDO.--Principiara por un beso antes de decir nada. ROSALINDA.--No; mejor sera hablar primero, y cuando os virais embarazado por falta de asunto, podrais aprovechar la oportunidad para los besos. Hay muy buenos oradores que cuando pierden el hilo del discurso se limpian el pecho, y entre los amantes, cuando viene faltar asunto (lo que Dios no permita en nuestro caso) el mejor mtodo de limpiar el pecho es besarse. ORLANDO.--Y cuando se niega el beso? ROSALINDA.--Entonces se os obliga suplicar, y he ah nuevo asunto. ORLANDO.--Pero quin se le perdera el discurso estando en presencia de la dama que adora? ROSALINDA.-- vos, por cierto, si fuese yo la dama; pensara que mi honradez no vala tanto como mi discrecin. No soy vuestra Rosalinda? ORLANDO.--Algn placer encuentro en decir que lo sois, pues as puedo hablar de ella. ROSALINDA.--Pues en nombre de ella os digo que no quiero teneros. ORLANDO.--Pues en mi propio nombre os digo que me muero. ROSALINDA.--No, fe ma; morid por poderes. Este bendito mundo lleva ya cosa de seis mil aos de vida, y en todo ese tiempo jams ha habido varn que haya muerto en persona por enfermedad de amor. Froilo, que es uno de los modelos de amante, tuvo aplastados los sesos por una maza griega; pero hizo cuanto pudo para morir antes. no haber sido por una calurosa noche de la cancula, Leandro habra vivido muchos buenos aos, por mas que Hero se hubiese metido monja; pues habis de saber, buen joven, que no fu al Helesponto mas que por darse una lavada; pero le sobrevino un calambre y se ahog. Por esto los necios cronistas de aquel tiempo echaron la culpa Hero de Sestos. Pero todas estas son mentiras. Los hombres se mueren alguna vez y los gusanos se los comen, pero no por amor. ORLANDO.--No deseara que mi verdadera Rosalinda fuese de ese modo de pensar; pues protesto que su enojo podra matarme. ROSALINDA.--Por esta mano protesto que no podra matar un mosquito. Pero vamos; ser vuestra Rosalinda en ms accesible temperamento y pedidme lo que queris que os lo conceder. ORLANDO.--Pues amadme, Rosalinda. ROSALINDA.--S, fe ma que s, los viernes y los sbados y todo lo dems. [Illustration] ORLANDO.--Y quieres que sea tuyo? ROSALINDA.--Por cierto, y veinte por el estilo. ORLANDO.--Qu dices? ROSALINDA.--No eres bueno? ORLANDO.--Deseo serlo. ROSALINDA.--Pues entonces, no se puede desear de lo bueno lo ms? Ea! hermana! Vos seris el sacerdote y nos casaris. Orlando, dadme vuestra mano. Qu decs, hermana? ORLANDO.--Casadnos, os ruego. CELIA.--No puedo decir las palabras. ORLANDO.--Debis principiar as: Queris, Orlando..... CELIA.--Ya estoy. Queris, Orlando, tomar por esposa Rosalinda? ORLANDO.--S, quiero. ROSALINDA.--S, pero cundo? ORLANDO.--Por supuesto, ahora mismo, y tan aprisa como pueda ella casarnos. ROSALINDA.--Entonces debis decir: Rosalinda, te tomo por esposa. ORLANDO.--Rosalinda, te tomo por esposa. ROSALINDA.--Podra yo pediros que me mostris vuestra credencial; pero, Orlando, te tomo por esposo. He aqu una jovencita que se anticipa al sacerdote: y ciertamente, el pensamiento de la mujer se anticipa sus actos. ORLANDO.--As es con todo pensamiento; tienen alas. ROSALINDA.--Decidme ahora, cunto tiempo querris guardarla despus de haberla posedo? ORLANDO.--Para siempre y un da ms. ROSALINDA.--Decid un da sin el siempre. No, no, Orlando. Los hombres son Abril cuando pretenden y Diciembre cuando se casan. Las doncellas son Mayo cuando solteras, pero casadas, cambia la atmsfera. Tendr ms celos de ti, que un palomo berberisco de su paloma; ser ms bullanguera que un loro cuando asoma la lluvia; ms antojadiza que una mona; ms voluble en mis deseos, que un mico. Romper en llanto por nada, como Diana en la fuente, y he de hacerlo cuando ests dispuesto la alegra; y me reir como una hiena, y esto cuando te sientas ms inclinado dormir. ORLANDO.--Pero hara tal mi Rosalinda? ROSALINDA.--Por vida ma, que har lo mismo que yo. ORLANDO.--Oh! Pero ella es sensata. ROSALINDA.--Y de no serlo le faltara el talento de hacer esto; pues cuanto ms sensata, ms excntrica. Cerrad las puertas al ingenio de la mujer y se saldr por la ventana, cerrad sta y se escapar por el ojo de la cerradura; obstrud este agujero y volar con el humo por la chimenea. ORLANDO.--El hombre que tenga una mujer de tal ingenio, podr decir: Ingenio, adnde te quieres ir? ROSALINDA.--No podis usar de este freno para con l, hasta que lo encontris llevando vuestra mujer al lecho de vuestro vecino. ORLANDO.--Y de dnde sacara ese talento el talento de disculpar eso? ROSALINDA.--Nada ms fcil, iba all en busca vuestra. Jams podris tomar la mujer sin la rplica, menos que la tomis sin su lengua. Oh! La que no pueda echar siempre su marido la culpa de cuanto malo ella hace, que no amamante jams su hijo, porque lo criar como un idiota! ORLANDO.--Rosalinda, me separo de ti por dos horas. ROSALINDA.--Ay, amor mo! No puedo pasar dos horas sin ti. ORLANDO.--He de asistir al duque en la mesa. las dos estar otra vez contigo. ROSALINDA.--Bien est, idos, idos. Ya me lo haba yo presumido. Me lo haban dicho mis amigos y yo no pensaba menos que ellos. Me habis alucinado con vuestras zalameras. Todo se reduce que haya una mujer echada en olvido. Quisiera morir ahora. Vuestra hora es las dos? ORLANDO.--S, amada Rosalinda. ROSALINDA.--Por mi palabra y de todas veras, as Dios me valga, y por todos los juramentos que no sean ruines ni peligrosos, si faltis en una tilde vuestra promesa, si vens un solo minuto despus de la hora, os tendr en concepto del ms pattico embustero y del amante ms superficial y del ms indigno de la que llamis Rosalinda, aun escogiendo entre la vasta caterva de desleales. Por tanto, tened cuidado de mi reprimenda y cumplid vuestra promesa. ORLANDO.--No menos religiosamente que si fuseis Rosalinda en persona. As, hasta lugo. ROSALINDA.--Bueno. El tiempo es el viejo juez que examina tales delincuentes. Dejemos que el tiempo juzgue. Adios. (_Sale Orlando._) CELIA.--En tu charla amorosa, no has hecho ms que maltratar nuestro sexo. Es menester que te pongamos sobre la cabeza tus calzas y tu chaqueta, y hagamos ver al mundo lo que ha hecho el ave su propio nido. ROSALINDA.--Oh, prima, prima hermosa, primita ma, si supieras cuntos brazos de profundidad estoy sumergida en el amor! Pero es imposible sondear esto. Mi afecto, como la baha de Portugal, tiene un fondo desconocido. CELIA.-- ms bien, no tiene fondo; pues cuanto ms afecto derramas sobre l, ms se sale. ROSALINDA.--Que juzgue cun profundamente enamorada estoy el mismo bastardo maligno de Venus, engendrado por el pensamiento, concebido por la hipocondria y nacido de la locura; aquel bellaco ceguezuelo que engaa los ojos de cada cual, porque l no tiene los suyos propios. Te aseguro, Aliena, que no puedo estar sin Orlando ante mis ojos. Voy buscar la sombra y suspirar hasta que l vuelva. ESCENA II. Otra parte del bosque. Entran JAQUES y seores en traje de monteros. JAQUES.--Quin mat al ciervo? LORD 1.--Yo, seor. JAQUES.--Presentmosle al duque como un conquistador romano; y no vendra mal el ponerle los cuernos del ciervo sobre la cabeza, como lauro de victoria. No tenis, montero, alguna cancin adecuada al asunto? LORD 2.--S, seor. JAQUES.--Cantadla, y no importa que desafinis, con tal que metis bastante ruido. CANCIN. Qu dar al montero que mat al venado? Brindmosle el cuero; los cuernos tambin, para que con estos adorne su sin, y llevmosle en triunfo su casa y entonmosle as el parabin. CORO. No te avergence llevar un cuerno: naciste mucho ms tarde que l. De padre en hijo fu adorno eterno; de suegro en yerno, no hay ms segura luna de miel. Pues viva el cuerno! Fuerte y lozano! No lo desprecies, llvalo, hermano! (_Salen._) ESCENA III. El bosque. Entran ROSALINDA y CELIA. ROSALINDA.--Y ahora qu decs? No han dado ya las dos? Pues de Orlando, nada. CELIA.--Te aseguro que, convertido todo l en amor y turbado el cerebro, ha tomado su arco y sus flechas y se ha ido dormir. Pero mira quien viene. (_Entra Silvio._) SILVIO.--Hermoso joven, para vos es mi recado. Mi gentil Febe me pidi entregaros esto. (_Dndole una carta._) Ignoro su contenido; pero lo que presumo por el adusto ceo y vehemente accin que mostraba al escribirla, debe ser de tenor colrico. Perdonadme: no soy ms que mensajero sin culpa. ROSALINDA.--La paciencia misma se violentara y saldra de juicio con esta carta. Soportad esto, y lo soportaris todo. Dice que no tengo ni gallarda ni buenos modales; me llama orgulloso y asegura que no me amara as fueran los hombres tan raros como el fnix. Pues tan singular es mi voluntad, que no es el amor de ella el blanco de mis tiros. De qu le viene el escribirme tales cosas? Vamos, pastor, vamos: eres t quien le ha sugerido esta carta. SILVIO.--No, no. Protesto ignorar el contenido. Es Febe quien la escribi. ROSALINDA.--Vamos, sois un tonto y enamorado de remate. V su mano, una mano de cuero, color de piedra, que me hizo pensar realmente que se haba puesto sus guantes viejos. Pero no, eran sus propias manos: tiene manos de fregona. Mas no importa. Digo que ella jams ha inventado tal carta. Esto es invencin y escritura de hombre. SILVIO.--De seguro es de ella. ROSALINDA.--Cmo! Este es un estilo fanfarrn y cruel, estilo de perdonavidas. Pues no me desafa, como un moro un cristiano? El benigno cerebro de la mujer no podra destilar una invencin tan enormemente grosera, ni tales palabras etiopes, ms negras en su alcance que en su apariencia. Queris oir la carta? SILVIO.--Si lo tenis bien; pues nunca la he odo, aunque s he odo mucho de la crueldad de Febe. ROSALINDA.--Hace de las suyas conmigo. Fijaos en el modo como escribe la tirana. (_Leyendo._) Eres algn dios convertido en pastor, que as has abrasado el corazn de una doncella? Puede una mujer regaar as? SILVIO.--Llamis eso regaar? ROSALINDA.--Por qu, olvidando lo que tienes de divino, te ensaas contra el corazn de una mujer? Habis odo nunca semejante regao? Muchas veces la mirada suplicante del hombre me habl de un amor que no poda conmoverme. Lo cual quiere decir que soy una bestia. Si el desdn de tus ojos basta para encender tanto amor en los mos, ay! qu no me haran sentir si me miraran cariosos? Os am mientras me ofendais. que no me moveran, pues, vuestros ruegos? El mensajero de esta queja amorosa, no sospecha que tal amor existe en m. Confale tu respuesta en pliego sellado, y dime en ella si tu juventud y tu condicin aceptarn la leal oferta de mi persona y de cuanto soy y valgo; desecha mi amor y buscar el modo de morir. SILVIO.--Y esto tambin es regao? CELIA.--Ay, pobre pastor! ROSALINDA.--Le compadecis? No, no merece compasin. Amars semejante mujer? Qu! Servirse de ti como de un instrumento para burlarte mejor! Eso es intolerable. Bien: torna su lado, pues veo que el amor te ha convertido en una serpiente mansa, y dile esto: que si ella me ama, le exijo que te ame; y si no, no la tomar nunca, menos que t mismo ruegues por ella. Si sois un verdadero amante, id y no repliquis palabra, porque viene gente. (_Sale Silvio._) OLIVERIO.--Salud, hermosas. Podis decirme, os ruego, en qu parte del circuto de este bosque se encuentra un ejido circundado de olivos? CELIA.--Al oeste de este sitio, en la hondonada vecina, dejando vuestra derecha la fila de mimbreras que est orillas del arroyo, os encontraris en el redil. Mas en este momento no hay persona alguna en la casa, ni aun para cuidar de ella. OLIVERIO.--Si puede el ojo aprovechar de la lengua, debera yo conoceros por descripcin. Tales trajes y tal edad. El joven es de complexin clara, femenil de aspecto, y se presenta como una hermana experta; pero la joven es de baja estatura y ms morena, que su hermano. No sois dueo de la casa por la cual preguntaba? CELIA.--Pues lo preguntis, no es jactancia deciros que es nuestra. OLIVERIO.--Orlando me encarga saludaros una y otro, y enva al joven quien llama su Rosalinda, esta servilleta ensangrentada. Sois acaso vos? ROSALINDA.--S; pero qu significa esto? OLIVERIO.--Algo de lo que me avergenza, si queris saber qu hombre soy, y cmo y por qu y cundo fu manchado de sangre este pauelo. CELIA.--Referidlo, os ruego. OLIVERIO.--Cuando el joven Orlando se alej de vos, hace poco, empe su palabra de volver dentro de una hora; y caminaba por el bosque, engolfada su fantasa en visiones ya tristes, ya risueas, cuando extrao suceso! al mirar un lado observ qu diris? Un infeliz hombre cubierto de harapos, que yaca de espaldas dormido bajo un roble cuyo ramaje musgoso y encumbrada copa desnuda, dan testimonio de su antigedad. Una sierpe color verde y oro se haba enroscado su cuello, y acercaba sus labios entreabiertos la presta y amenazadora cabeza; pero de sbito al ver Orlando se desenroll y se desliz sinuosamente un matorral, cuya sombra yaca agazapada con la cabeza en el suelo y en acecho como un gato, una leona con las ubres secas, aguardando que el hombre dormido se moviese. Porque es regio instinto de este animal no hacer presa en lo que parece muerto. Al ver esto, Orlando se acerc al hombre y hall que era su hermano, su hermano mayor. [Illustration] CELIA.--Le he odo hablar de ese mismo hermano, y lo describa como al ms desnaturalizado que haba entre los hombres. OLIVERIO.--Y con justicia poda decirlo, porque bien s que era desnaturalizado. ROSALINDA.--Pero Orlando, lo dej all para ser devorado por la exhausta y hambrienta leona? OLIVERIO.--Dos veces volvi la espalda con ese propsito; pero la bondad, ms noble que la venganza, y la naturaleza ms fuerte que la ocasin oportuna, le hicieron luchar contra la leona, que no tard en sucumbir. El ruido de la lucha me despert de mi miserable sueo. CELIA.--Sois su hermano? ROSALINDA.--Sois aquel quien salv? CELIA.--Sois el que tantas veces atent contra su vida? OLIVERIO.--Era yo tal como fu, no como soy. No me avergenza confesaros lo que he sido, desde que la conversin es tan dulce para m, siendo el infeliz que soy. ROSALINDA.--Pero qu del pauelo ensangrentado? OLIVERIO.--En un momento. Cuando las lgrimas de uno y otro hubieron corrido por la narracin de todo lo que haba pasado, hasta decir la manera como vine este desierto; llevme donde el buen duque, quien me di vestidos y asistencia y me encomend al afecto de mi hermano, que me condujo al punto su cueva. All se desnud y en esta parte del brazo la leona haba desgarrado algo de la carne, que desde entonces haba estado desangrando todo el tiempo; al fin se desmay, y al desmayarse llam Rosalinda. En una palabra: le hice volver en s, vend su herida, y recobradas poco rato sus fuerzas, me envi aqu, pesar de ser yo extrao, referiros el suceso para que podis disculparlo de no haber cumplido su promesa, y entregar el pauelo mojado con su sangre al joven zagal quien por juego llama su Rosalinda. CELIA.--Ay! Qu tienes, Ganimedes? Ganimedes mo! (_Rosalinda se desmaya._) OLIVERIO.--Muchos hay quienes la vista de la sangre ocasiona un vrtigo. CELIA.--Algo ms hay en esto.--Primo! Ganimedes! OLIVERIO.--Ya lo vis; vuelve en s. ROSALINDA.--Quisiera estar en casa. CELIA.--Te conduciremos all.--Queris, os lo suplico, sostenerlo por un brazo? OLIVERIO.--Ea! nimo, jovencito.--Y sois un hombre?--No tenis varonil el corazn. ROSALINDA.--Es verdad: lo confieso. Ah, seor! cualquiera pensara que esto estuvo bien fingido. Os ruego decir vuestro hermano lo bien que lo fing. OLIVERIO.--Esto no ha sido ficcin. Demasiado testimonio da vuestro aspecto de que ello era un acceso verdadero. ROSALINDA.--Os aseguro que fu imitacin. OLIVERIO.--Pues bien, entonces cobrad nimo y tratad de pasar por hombre. ROSALINDA.--Es lo que hago; pero por cierto que debera haber sido mujer. CELIA.--Vamos, palideces cada vez ms.--Os ruego que os pongis en camino.--Buen hidalgo, acompaadnos. OLIVERIO.--As lo har, pues debo volver llevando mi hermano la respuesta sobre el modo cmo disculpis mi hermano, Rosalinda. ROSALINDA.--Ya discurrir algo. Pero os suplico que le hagis presente mi pantomima. Queris venir? (_Salen._) [Illustration] ACTO V. ESCENA I. La misma. Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA. PIEDRA. YA encontraremos ocasin, Tomasa: paciencia, gentil Tomasa. TOMASA.--Por vida! que el clrigo era harto bueno, pesar de cuanto deca el caballero viejo. PIEDRA.--Un perverso don Oliverio, Tomasa; un vil Daatextos. Pero, Tomasa, aqu en el bosque hay un mancebo que te reclama. TOMASA.--S, ya s quin es. No tiene en m ni el menor inters del mundo. Aqu viene el que decs. (_Entra Guillermo._) PIEDRA.--La vista de un patn es cosa que me llena y satisface ms que un banquete. fe ma que los hombres de ingenio tenemos mucho de qu responder. Siempre hemos de hacer burla: no podemos evitarlo. GUILLERMO.--Buenas tardes, Tomasa. TOMASA.--Buenas os las d Dios, Guillermo. GUILLERMO.--Y buenas tardes vos, caballero. PIEDRA.--Buenas tardes, buen amigo. Cubre tu cabeza, cubre tu cabeza: te ruego que la cubras. Qu edad tienes, amigo? GUILLERMO.--Veinticinco, seor. PIEDRA.--Madura edad. Es Guillermo tu nombre? GUILLERMO.--Guillermo, seor. PIEDRA.--Bonito nombre. Es este bosque el lugar de tu nacimiento? GUILLERMO.--S, seor, Dios gracias. PIEDRA.-- Dios gracias! Galana respuesta. Eres rico? GUILLERMO.-- fe ma, seor, as... as. PIEDRA.--As, as; est bien, muy bien, desmesuradamente bien; y sin embargo, no lo es; no es ms que as, as. Eres discreto? GUILLERMO.--S, seor: tengo un ingenio regular. PIEDRA.--Pues dices bien. Recuerdo ahora un dicho: el necio se cree discreto y el discreto se tiene s propio en concepto de necio. El filsofo pagano cada vez que tena deseo de comer un racimo de uvas abra los labios al ponerlo en la boca; significando con ello que las uvas han sido hechas para comerlas y los labios para abrirse. Amas esta muchacha? GUILLERMO.--S, seor, la amo. PIEDRA.--Dame tu mano. Eres instrudo? GUILLERMO.--No, seor. PIEDRA.--Entonces aprende de m esto: tener es tener; porque es una figura retrica que la bebida vertida de una taza un vaso, mientras llena al uno deja vaca la otra; pues todos vuestros autores convienen en que _ipse_ es l. Ahora bien; vos no sois _ipse_, porque ese soy yo. GUILLERMO.--Cul es ese? PIEDRA.--El que se ha de casar con esta mujer. Por lo cual vos, patn, abandonad-- en lenguaje vulgar--dejad la sociedad, que en rstico es la compaa, de esta hembra--que en el trato comn es esta mujer--y todo junto quiere decir, abandona la sociedad de esta hembra pereces oh patn!; para que lo entiendas mejor, mueres: saber: te mato, te hago desaparecer, cambio tu vida en muerte, tu libertad en servidumbre. Te administrar veneno, paliza cuchillada. Har asonadas para pelotearte, te abrumar con mi poltica, te matar de ciento cincuenta modos. Tiembla, pues, y vete. TOMASA.--Hazlo, buen Guillermo. GUILLERMO.--Que Dios os conserve el humor, caballero. (_Sale.--Entra Corino._) CORINO.--Nuestros amos os buscan: venid, venid. PIEDRA.--Lista, Tomasa, lista, Tomasa. Ya sigo, ya sigo. (_Sale._) ESCENA II. La misma. Entran ORLANDO y OLIVERIO. ORLANDO.--Es posible que conocindola apenas os hayis prendado de ella? Que la amis slo con haberla visto? Y amndola la pretendis? Y pretendindola haya ella consentido? Y tendris perseverancia en gozarla? OLIVERIO.--No os preocupe lo sbito de mi afecto, ni la pobreza de ella, ni el corto trato y repentino galanteo que me ganaron su consentimiento; sino antes bien, decid conmigo: amo Aliena; con ella, que me ama; y con los dos, que consents para que gocemos cada uno del otro. Y ello ser en beneficio vuestro; porque transferir vuestro favor la casa de mi padre, junto con todas las rentas que fueron del anciano sir Rowland, y yo vivir y morir aqu como pastor. (_Entra Rosalinda._) ORLANDO.--Tenis mi consentimiento. Que sean maana las nupcias. ellas invitar al duque y todos sus joviales secuaces. Id preparar Aliena, pues he aqu que llega Rosalinda. ROSALINDA.--Dios os guarde, hermano. OLIVERIO.--Y vos, hermosa hermana. ROSALINDA.--Oh mi querido Orlando! Cunto me duele verte llevar vendado el corazn! ORLANDO.--Es mi brazo. ROSALINDA.--Pens que las garras de la leona te haban herido el corazn. ORLANDO.--Muy herido est; pena por los ojos de una dama. ROSALINDA.--Djote tu hermano cmo fing desmayarme cuando me mostr tu pauelo? ORLANDO.--S, y aun prodigios mayores que ese. ROSALINDA.--Ya s lo que queris decir. Y en verdad que jams hubo cosa tan repentina, no ser el choque de dos carneros, y la famosa baladronada de Csar: vine, v, venc. Porque todo fu encontrarse vuestro hermano con mi hermana, cuando se vieron; apenas se vieron se amaron; no bien naci este amor, se dieron suspirar; al primer suspiro se preguntaron el por qu; y en el instante de saberlo, buscaron el remedio; de modo que escaln por escaln han subido as un par de escaleras hacia el piso del matrimonio. Y lo escalarn incontinenti, so pena de ser incontinentes antes de entrar en l. Estn en una verdadera furia de amor y quieren unirse. No los apartarn ni garrotazos. ORLANDO.--Se casarn maana, invitar al duque la boda. Pero ay! qu dura cosa es mirar la felicidad por la vista de otros hombres! Tanto mas sentir maana en mi corazn el colmo del abatimiento, cuanto ms piense en la felicidad de mi hermano al obtener lo que desea! ROSALINDA.--Pues entonces, por qu no podr maana hacer el papel de Rosalinda? ORLANDO.--No puedo vivir ms tiempo de ilusiones. ROSALINDA.--Ya no os fatigar mas con palabras ociosas. Dejadme deciros, pues (y hablo ahora con algn propsito), que os conozco por caballero bien educado. Y no lo digo por inspiraros buena opinin de mi discernimiento al expresar que os conozco as; ni tengo por objeto ganar vuestro aprecio ms all de lo necesario para que creis aquello que podr adquiriros algn bien ms que m una gracia. Creed, pues, si os place, que puedo hacer cosas extraas. Desde que tuve tres aos de edad, he tratado un mgico, eximio en su arte, y, sin embargo, no condenable. Si tan de corazn amis Rosalinda como parece declararlo vuestra actitud, os casaris con ella al mismo tiempo que vuestro hermano con Aliena. Conozco bien las adversidades de fortuna en que se encuentra; y no es imposible para m, si no os parece objecionable, hacerla aparecer en vuestra presencia maana, en toda su humana realidad y sin peligro alguno. ORLANDO.--Hablas seriamente? ROSALINDA.--Te lo aseguro por mi vida, la cual tengo un afecto muy tierno, aunque diga que soy mgico. As, pues, vstete de gala, invita tus amigos; porque si quieres casarte maana, te casars; y con Rosalinda, si quieres. (_Entran Silvio y Febe._) Mira, aqu vienen una que se ha enamorado de m, y uno que se ha enamorado de ella. FEBE.--Me habis tratado con demasiada dureza, joven, mostrando la carta que os haba escrito. ROSALINDA.--Si lo he hecho, no me importa. Pongo especial cuidado en parecer adverso y rudo hacia vos. Un fiel pastor os solicita: miradle bien y amadle. Os adora. FEBE.--Buen zagal, decid este joven lo que es amar. SILVIO.--Es volverse uno todo suspiros y lgrimas; como yo por Febe. FEBE.--Y yo por Ganimedes. ORLANDO.--Y yo por Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer. SILVIO.--Tiene que ser todo fe y sumisin, como yo para Febe. FEBE.--Y yo para Ganimedes. ORLANDO.--Y yo para Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo para ninguna mujer. SILVIO.--Tiene que ser todo fantasa, todo pasin, todo deseos, todo adoracin, deber y observancia, todo humildad, todo paciencia impaciencia, todo pulcritud, contradiccin y obediencia, como yo por Febe. FEBE.--Y yo por Ganimedes. ORLANDO.--Y yo por Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer. FEBE.--(_A Rosalinda._) Y si es as por qu tenis mal el que yo os ame? SILVIO.--(_A Febe._) Y si es as por qu tenis mal el que yo os ame? ORLANDO.--Y si es as por qu tenis mal el que yo os ame? ROSALINDA.--De quin hablis al decir tenis a mal que os ame? ORLANDO.--De aquella que no est aqu ni me oye. ROSALINDA.--Basta de esto, basta, os lo ruego. Se parece al aullido de los lobos irlandeses la luna. (_A Silvio._) Os ayudar, si puedo. (_A Febe._) Os amara, si pudiera. Venid juntos verme maana. (_A Febe._) Me casar con vos, si he de casarme con alguna mujer, y me casar maana. (_A Orlando._) Os dar satisfaccin, si alguna vez he de haber podido darla un hombre, y os casaris maana. (_A Silvio._) Os dejar contento, si os contenta lo que os agrada, y os casaris maana. (_A Orlando._) Pues amis Rosalinda, venid la cita. (_A Silvio._) Pues amis Febe, venid la cita. Y pues no amo ninguna, vendr la cita. As, quedad con Dios. Ya os dar mis rdenes. SILVIO.--No faltar, si vivo. FEBE.--Ni yo. ORLANDO.--Ni yo. (_Salen._) ESCENA III. La misma. Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA. PIEDRA.--Maana es el da de jbilo, Tomasa: maana nos casaremos. TOMASA.--Con todo mi corazn lo deseo, y espero que no sea malhonesto el desear ser mujer de mundo. He aqu dos pajes del desterrado duque. (_Entran dos pajes._) PAJE 1.--Buen encuentro, honrado caballero. PIEDRA.--Buen encuentro, por vida ma. Vamos, asiento, asiento, y una cancin. PAJE 2.--Estamos vuestras rdenes: sentaos entre los dos. PAJE 1.--Entraremos en ello de rondn, sin limpiar el pecho, ni escupir, ni decir que estamos roncos, que es el prlogo obligado de toda mala voz? PAJE 2.--Por cierto, por cierto; y ambos en un solo tono, como dos gitanos en un mismo caballo. CANCIN. Iba un amante con su doncella, con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!, por los maizales dejando huella, cuando florece la estacin bella, la primavera dulce y ferz. Las aves cantan de dos en dos, y los amantes se echan por esos trigos la buena de Dios. Entre los surcos de los maices, con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!, sobre los verdes blandos tapices se recostaron los dos felices bajo la sombra de aquel maizal. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. Y principiaron una tonada, con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!, de que la vida no dura nada, como una rosa que la alborada se abre, y de noche marchita est. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. Disfruta la hora cuando es propicia, con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!; porque en amores es la delicia ser coronado con la primicia que en primavera ms bella est. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. PIEDRA.--En verdad, caballeritos, que aunque la letra no vala gran cosa, la entonacin era insoportable. PAJE 1.--Os equivocis, seor. Hemos guardado el tiempo; no hemos perdido el tiempo. PIEDRA.-- fe ma que s; pues el tiempo pasado en oir tan necia cancin no es ms que tiempo perdido. Que Dios os guarde y remiende vuestras voces. Ven, Tomasa. (_Salen._) ESCENA IV. Otra parte del bosque. Entran el DUQUE (MAYOR), AMIENS, JAQUES, ORLANDO, OLIVERIO Y CELIA. DUQUE (M.)--Crees, Orlando, que el mancebo podr cumplir todo lo que ha prometido? ORLANDO.-- veces lo creo y veces no, como aquellos que temen esperar y saben que temen. (_Entran Rosalinda, Silvio y Febe._) ROSALINDA.--Paciencia una vez ms, mientras llega el momento de cumplir nuestro pacto. (_Al Duque._) Decs, seor, que si os traigo vuestra Rosalinda la daris aqu por esposa Orlando? DUQUE (M.)--As lo hara, aunque tuviera que dar reinos con ella. ROSALINDA.--(_A Orlando._) Y vos decs que la tomaris por esposa en el momento en que la traiga? ORLANDO.--As lo hara, aunque fuese soberano de todos los reinos. ROSALINDA.--(_A Febe._) Decs que os casaris conmigo si lo deseo? FEBE.--As lo hara aunque tuviera que morir una hora despus. ROSALINDA.--Pero si rehusis el casaros conmigo, seris la esposa de este fidelsimo pastor? FEBE.--Es lo convenido. ROSALINDA.--(_A Silvio._) Decs que tomaris por esposa Febe, si consiente? SILVIO.--Aunque tomarla y morir fuese todo uno. ROSALINDA.--He prometido allanar todo esto. Cumplid vuestra palabra oh duque! de dar vuestra hija; vos, Orlando, la vuestra de recibir su hija; cumplid vuestra palabra, Febe, de desposaros conmigo; si lo rehusis, de ser la esposa de este pastor. Cumplid vuestra palabra, Silvio, de casaros con ella, si me rehusa; y yo me aparto de aqu para que todas estas perplejidades se aclaren. (_Salen Rosalinda y Celia._) DUQUE (M.)--Este joven zagal me trae vivamente la memoria ciertos rasgos de la fisonoma de mi hija. ORLANDO.--Seor, la primera vez que le v me pareci hermano de vuestra hija; pero, benvolo seor, este joven es nativo de este bosque, y ha sido educado en los rudimentos de muchos aventurados estudios por un to suyo, de quien dice que era gran mgico y que viva oscuramente en el recinto de este bosque. (_Entran Piedra-de-toque y Tomasa._) JAQUES.--De seguro que se aproxima algn nuevo diluvio y estas parejas vienen en busca del arca. He aqu que llega un par de las ms extraas bestias, que en todos los idiomas se conocen con el nombre de imbciles. PIEDRA.--Salud y buenaventura todos. JAQUES.--Acogedle benignamente, seor. ste es el caballero de estrambtica imaginacin, que tantas veces he encontrado en el bosque, y jura que ha sido cortesano. PIEDRA.--Y si hay quien lo dude, la prueba me remito. He bailado una contradanza: he adulado una seora: he sido poltico con mi amigo y suave con mi enemigo: he estafado tres sastres: he tenido cuatro desafos, y uno de ellos casi acaba estocadas. JAQUES.--Pues cmo vino acabar? PIEDRA.--Llegando al terreno, y descubriendo que la disputa versaba sobre la sptima causa. JAQUES.--Qu sptima causa es esa? Duque mo, vale la pena de gustar de este perilln. DUQUE.--No me desagrada en manera alguna. PIEDRA.--Dios os premie, y otro tanto deseo para vos. Vengo aqu, seor, entre la muchedumbre de paisanos copulativos, jurar y perjurar, segn como liga el matrimonio y como la sangre quebranta. Una pobre doncella, seor, nada agraciada, pero ma. Con ella cargo, seor, por un humilde capricho mo, de tener lo que nadie querra. La honestidad oculta su riqueza, como los avaros, seor, en un pobre alojamiento; as como la perla dentro de una fea ostra. DUQUE.-- fe ma que es agudo y sentencioso. PIEDRA.--Conforme la coyunda de los necios, seor, y tales dulzainas dolencias. JAQUES.--Pero vamos la sptima causa. Cmo descubristeis que la querella era sobre la sptima causa? PIEDRA.--Por una mentira contradecida siete veces.--No te pongas en tan mala postura, Tomasa.--Y es como sigue, seor. No me gustaba el corte de la barba de cierto cortesano, y l hizo que me dijeran de su parte que si yo deca que su barba no estaba bien cortada, l era de parecer que s lo estaba: esto se llama _la rplica corts_. Si yo le enviaba decir que no estaba bien cortada, l replicara que la cortaba su gusto: y esto se llama _el sarcasmo modesto_. Si todava, que no estaba bien cortada, me calificara de juez incapaz; y esto es _la rplica grosera_. Si una vez an, que no estaba bien cortada, me respondera que yo faltaba la verdad; y esto se llama _la repulsa valiente_. Y si tornase decir que no estaba bien cortada, me dira que miento; y esto es _el rechazo turbulento_. Y as sucesivamente se llega al _ments condicional_ y al _ments directo_. JAQUES.--Y cuntas veces dijisteis que su barba no estaba bien cortada? PIEDRA.--No me anim pasar del _ments condicional_, ni l se atrevi darme _el ments directo_. As, medimos las armas y nos despedimos. JAQUES.--Podrais enumerar ahora por su orden los grados de la mentira? PIEDRA.--Oh seor! As como tenis libros para los buenos modales, tenemos tambin las querellas en letra de molde, en libro. Os enumerar los grados. Primero, _la rplica corts_; segundo, _el sarcasmo modesto_; tercero, _la rplica grosera_; cuarto, _la repulsa valiente_; quinto, _el rechazo turbulento_; sexto, _el ments condicional_; sptimo, _el ments directo_. Podis evadir todos estos, excepto el _ments directo_; y aun este se puede evadir por medio de un _si_ hipottico. Supe de una querella que siete jueces no haban podido arreglar; pero cuando los contendientes se encontraron uno frente otro en el terreno, ocurrisele uno de ellos aquel _si_, como por ejemplo: Si dijisteis tal cosa, entonces dije tal otra; y se dieron la mano y se juraron amistad eterna. Es increble lo que puede el _si_ hipottico. JAQUES.--Alteza: no es ste un curioso sujeto? Lo mismo sirve para todo; y, sin embargo, es un bufn. DUQUE.--De esa calidad se sirve como de una emboscada, y escondido desde ella dispara sus agudezas. (_Entran Himeneo, conduciendo Rosalinda en traje de mujer, y Celia._) HIMENEO. Hay regocijo en el cielo cuando las cosas del suelo acordes y unidas son. Recibe tu hija querida oh duque! y une su vida al que est en su corazn. Para cumplir tal deseo te la ha trado Himeneo de la celeste regin. ROSALINDA (_al duque._)-- vos me entrego, pues soy vuestra.--(_A Orlando._) vos me entrego, pues soy vuestra. DUQUE.--Si no engaa la vista, sois mi hija. ORLANDO.--Si no engaa la vista, sois mi Rosalinda. FEBE.--Si la vista y la forma no engaan, adios mi amor! ROSALINDA (_al duque._)--No tendr padre, si no lo sois vos. (_A Orlando._) No tendr esposo, si no lo sois vos. (_A Febe._) Ni me casar con mujer, si no es con vos. HIMENEO. Silencio! No haya algazara. Yo de esta historia tan rara deduzco una conclusin. Aqu veo cuatro pares que juntar en mis altares, de mano y de corazn. (_A Rosalinda y Orlando._) Seris felices unidos. (_A Oliverio y Celia._) Dos en uno confundidos como ellos, habris de ser. (_A Febe._) Al zagal tu amor escoja, si tener no se te antoja por marido una mujer. (_A Piedra y Tomasa._) Vosotros en firme nudo seris el invierno rudo y el granizar y el llover. Entre nupciales canciones, averiguad las razones del suceso singular que aqu nos ha reunido, y veris cmo ha nacido y cmo pudo acabar. CANTO. La diadema de Juno fueron las bodas, que en mesa y lecho junta las almas todas. Honremos Himeneo que puebla al mundo y es en todas las zonas el dios fecundo. DUQUE.--Bienvenida eres oh amada sobrina! No menos bienvenida que propia hija. FEBE (_ Silvio_).--No faltar mi palabra, ahora que eres mo. Tu constancia te ha conciliado mi afecto. (_Entra Jaques de Bois._) JAQUES DE B.--Concededme audiencia para unas pocas palabras. Soy el hijo segundo de sir Rowland de Bois, y traigo la digna Asamblea estas nuevas: El duque Federico, informado del considerable nmero de hombres de valer que diariamente afluyen este bosque, se puso la cabeza de un grande ejrcito para apoderarse aqu de su hermano y darle muerte. Haba llegado ya los linderos de este bosque, cuando se encontr con un anciano religioso, y despus de una conferencia con l, qued resuelto abandonar su empresa y retirarse del mundo. La corona queda devuelta su hermano, y restitudos a sus compaeros de destierro todas las propiedades que posean. De la verdad de estas noticias respondo con mi vida. DUQUE.--Sed bienvenido, joven. Traes hermosos presentes las bodas de tu hermano. Al uno, sus tierras confiscadas, y al otro todo un territorio, un poderoso ducado. Ante todo, acabemos en este bosque lo que fu tan felizmente comenzado; y en seguida, todos los que han compartido con nosotros acerbos das, participen de la vuelta de nuestra buena fortuna, conforme su jerarqua. Y al mismo tiempo, olvidemos por un momento esta nueva dignidad, y volvamos nuestros regocijos campestres. Suene la msica, y vosotros, novios y novias, medid por nuestra alegra los compases de la danza. JAQUES.--Con vuestra venia, seor. Si no os he odo mal, el joven duque ha abrazado la vida religiosa, renunciando las pompas de la corte? JAQUES DE B.--As es. JAQUES.--Pues me marcho donde l. Hay mucho que oir y aprender oyendo estos nuevos convertidos. (_Al duque._) Os lego vuestros antiguos honores. Bien los merecen vuestra virtud y paciencia. (_A Orlando._) vos, el amor que con verdadera fe habis conquistado. (_A Oliverio._) vos vuestras tierras, vuestro amor y vuestros poderosos aliados. (_A Silvio._) vos larga duracin en un lecho bien merecido. (_A Piedra._) Y ti el eterno disputar: porque el viaje de tu amor no lleva vveres ni para dos meses.--Y con esto, entregaos vuestros placeres. Yo, no estoy para fiestas. DUQUE.--Quedaos, Jaques, quedaos. JAQUES.--No para ver pasatiempos. Para saber lo que os acontezca, permanecer en la cueva que abandonis. (_Sale._) DUQUE.--Adelante, pues, y principiaremos las ceremonias, que confo terminarn en la ventura de todos. (_Baile._) EPLOGO. ROSALINDA.--No es costumbre ver la dama en el eplogo; pero no es mejor ver al galn en el prlogo. Si es verdad que el buen vino no necesita enseas, tambin lo es que una buena comedia no ha menester eplogo. Sin embargo, en buenas enseas se anuncian buenos vinos, y los buenos eplogos mejoran las buenas comedias. Cul es, pues, mi situacin, no siendo yo un buen eplogo, ni pudiendo insinuar cosa alguna para que tomis por buena esta comedia? No estoy aparejada como los mendigos, y por lo tanto no me cumple mendigar. No me queda otro camino que el de conjuraros; y principiar por las mujeres. Os recomiendo oh mujeres! por el amor que tenis los hombres, que os guste de esta comedia todo lo que ellos agradare; y de igual modo os recomiendo oh varones! por el amor que tenis las mujeres (y creo percibir que ninguno de vosotros las tiene aversin) que entre vosotros y ellas, encontris que la comedia os agrada. ser yo mujer, besara todos aquellos de vosotros que tengan barbas que me gusten, caras que me plazcan y alientos que no me repugnen: y estoy segura de que todos cuantos tienen buenas barbas, hermosas caras aliento puro, querrn en pago de mi oferta despedirme afectuosamente cuando les haga mi reverencia. (_Sale._) [Illustration] * * * * * COMEDIA DE EQUIVOCACIONES. TRADUCCIN DE JOS ARNALDO MRQUEZ. Ilustracin de _H. Knacksuss_. Grabados de _Otto Minde_. PERSONAJES. SOLINO, duque de feso. GEN, mercader de Siracusa. } Hermanos gemelos, hijos de gen ANTFOLO de feso. } y de Emilia, pero desconocidos ANTFOLO de Siracusa. } uno de otro. DROMIO de feso. } Hermanos gemelos y esclavos de los DROMIO de Siracusa. } dos Antfolo. BALTASAR, mercader. ANGELO, platero. UN COMERCIANTE, amigo de Antfolo de Siracusa. PINCH, maestro de escuela y mgico. EMILIA, esposa de gen, abadesa de una comunidad de feso. ADRIANA, esposa de Antfolo de feso. LUCIANA, hermana de Adriana. LUCA, doncella de Luciana. UNA CORTESANA. UN ALCAIDE. OFICIALES DE JUSTICIA Y OTROS. La escena pasa en feso. [Illustration] ACTO I. ESCENA I. Sala en el palacio del duque. El DUQUE DE FESO, GEN, un ALCAIDE, oficiales y otras gentes del squito del duque. GEN. Continuad, Solino; procurad mi prdida; y con la sentencia de muerte, terminad mis desgracias y mi vida. EL DUQUE.--Mercader de Siracusa, cesa de defender tu causa; yo no soy bastante parcial para infringir nuestras leyes.--La enemistad y la discordia, recientemente excitadas por el ultraje brbaro que vuestro duque ha hecho estos mercaderes, honrados compatriotas nuestros, quienes, por falta de oro para rescatar sus vidas, han sellado con su sangre sus rigurosos decretos, excluyen toda piedad de nuestra amenazante actitud; pues desde las querellas intestinas y mortales levantadas entre tus sediciosos compatriotas y los nuestros, se ha sancionado en consejos solemnes, tanto por nosotros como por los siracusanos, no permitir trfico alguno las ciudades enemigas nuestras. Adems, si un natural de feso es visto en los mercados y ferias de Siracusa, si un natural de Siracusa viene la baha de Efeso, muere, y sus mercaderas son confiscadas disposicin del duque, menos que levante una cantidad de mil marcos para cumplir la pena y servirle de rescate. Tus gneros, vendidos al ms alto precio, no pueden subir cien marcos; por consiguiente la ley te condena morir. GEN.--Bien! Lo que me consuela es que, al realizarse vuestras palabras, mis males terminarn con el sol poniente. EL DUQUE.--Vamos, siracusano, dinos brevemente por qu has dejado tu ciudad natal y qu motivo te ha trado feso. GEN.--No poda haberse impuesto tarea ms penosa que la de intimarme decir males indecibles. Sin embargo, fin de que el mundo sea testigo de que mi muerte habr provenido de la naturaleza y no de un crimen vergonzoso, dir todo lo que el dolor me permita decir.--Nac en Siracusa y me cas con una mujer que hubiese sido feliz sin m, y por m tambin sin nuestro mal destino. Viva contento con ella; nuestra fortuna se aument por los fructuosos viajes que con frecuencia haca yo Epdoro, hasta la muerte de nuestro agente de negocios. Su prdida, habiendo dejado en abandono el cuidado de grandes bienes, me oblig sustraerme de los tiernos abrazos de mi esposa. Apenas haban pasado seis meses de ausencia, cuando casi desfallecida bajo la dulce carga que llevan las mujeres, hizo sus preparativos para seguirme, y lleg con prontitud y seguridad los lugares donde me hallaba. Poco tiempo despus de su llegada hzose la feliz madre de dos hermosos nios; y, lo que hay de extrao, tan parecidos entre s, que no se podan distinguir sino por sus nombres. la misma hora y en la misma hostera, una pobre mujer fu desembarazada de una carga semejante, dando al mundo dos gemelos varones igualmente parecidos. Compr estos dos muchachos sus padres, quienes se encontraban en extrema indigencia, y los cri para servir mis hijos. Mi mujer, que no estaba poco orgullosa de estos dos nios, me instaba cada da para volver nuestra patria. Consent pesar mo ay! demasiado temprano. Nos embarcamos.--Estbamos una legua de Epdoro, antes que la mar, siempre dcil los vientos, nos hubiese amenazado con algn accidente trgico; pero no conservamos mucho tiempo la esperanza. La escasa claridad que nos prestaba el cielo no serva sino para mostrar nuestras almas aterradas, el mandato dudoso de una muerte inmediata. En cuanto m, yo la habra abrazado con alegra, si las lgrimas incesantes de mi esposa, que lloraba de antemano la desgracia que vea venir inevitablemente, y los gemidos lastimeros de los dos nios que lloraban por imitacin, ignorando lo que era de temer, no me hubiesen forzado buscar el modo de retardar el instante fatal para ellos y para m; y he aqu cul fu nuestro recurso; no quedaba otro:--Los marineros buscaron su salvacin en nuestro bote, y nos abandonaron dejndonos el barco ya punto de hundirse. Mi esposa, ms atenta velar sobre mi ltimo nacido, lo haba ligado al pequeo mstil de reserva del cual se proveen los marinos para las tempestades; con l estaba ligado uno de los gemelos esclavos; y yo haba tenido que hacer lo mismo con los otros dos nios. Hecho esto, mi esposa y yo con las miradas fijas en aquellos en quienes estaban fijos nuestros corazones, nos atamos cada uno de los extremos del palo; y flotando en seguida voluntad de las olas, fumos llevados por ellas hacia Corinto, lo que nosotros habamos pensado. Al fin, el sol, mostrndose la tierra, disip los vapores que haban causado nuestros males; bajo la influencia benfica de su luz deseada, los mares se calmaron gradualmente, y descubrimos en lontananza dos barcos que navegaban sobre nosotros; de Corinto el ms lejano, y el otro de Epdoro. Pero antes de que nos hubiesen alcanzado... Oh! no me obliguis decir ms; conjeturad lo que aconteci por lo que acabis de oir. EL DUQUE.--Prosigue, anciano: no interrumpas tu relato; podemos al menos compadecerte si no podemos perdonarte. GEN.--Oh! Si los dioses nos hubiesen compadecido, no les llamara ahora con tanta justicia desapiadados hacia nosotros! Antes que los dos barcos hubiesen avanzado diez leguas de nosotros, dimos contra una grande roca; impulsado con violencia sobre este escollo, nuestro mstil de socorro fu roto por el medio; de tal modo que, en esta nuestra injusta separacin, la fortuna nos dej los dos de qu regocijarnos y de qu afligirnos. La mitad que llevaba la infeliz y que pareca cargada de menor peso, aunque no de menor infortunio, fu impulsada con ms velocidad por los vientos: y fueron recogidos los tres nuestra vista por pescadores de Corinto, lo que nos pareci. Finalmente, otro barco se haba apoderado de nosotros; y llegando conocer sus tripulantes quines eran aquellos que la suerte les haba conducido salvar, acogieron con benevolencia sus nufragos: y hubiesen alcanzado quitar los pescadores su presa no haber sido el buque tan mal velero. Se vieron, pues, obligados dirigir su rumbo hacia la patria.--Habis odo cmo he sido separado de mi dicha y cmo mi vida ha sido prolongada por adversidades para haceros el triste relato de mis desventuras. EL DUQUE.--Y, en bien de los que lloras, hazme el favor de decir detalladamente lo que os aconteci ellos y ti hasta ahora. GEN.--Mi hijo menor, que es el mayor en mi cuidado, cumplida la edad de diez y ocho aos, se ha mostrado deseoso de buscar su hermano, y me ha rogado con importunidad permitirle que su joven esclavo (pues los dos muchachos haban compartido la misma suerte, y ste, separado de su hermano, haba conservado el nombre) pudiese acompaarle en esta investigacin. Para poder encontrar uno de los objetos de mi atormentada ternura, yo arriesgaba perder el otro. He recorrido durante cinco veranos las extremidades ms apartadas de la Grecia, errando hasta ms all de los lmites de Asia; y costeando hacia mi ptria, he abordado feso sin esperanza de encontrarlos, pero repugnndome pasar por este lugar cualquiera otro donde habitan hombres, sin explorarlo. Es aqu, en fin, donde debe terminar la historia de mi vida; y sera feliz de esta muerte oportuna, si todos mis viajes me hubiesen asegurado al menos que mis hijos viven. EL DUQUE.--Desventurado gen, quien los hados han marcado para probar el colmo de la desgracia! Creme: mi alma abogara por tu causa si pudiese hacerlo sin violar nuestras leyes, sin ofender mi corona, mi juramento y mi dignidad, que los prncipes no pueden anular, aun cuando lo quisieran. Pero aunque t seas destinado la muerte, y que la sentencia pronunciada no pueda revocarse sin grave dao de nuestro honor, sin embargo te favorecer en lo que pueda. As, mercader, te conceder este da para buscar tu salvacin en un socorro bienhechor: acude todos los amigos que tienes en feso, mendiga toma prestado para recoger la suma y vive; si no, tu muerte es inevitable.--Alcaide, tmalo bajo tu custodia. ALCAIDE.--S, mi seor. (_El duque sale con su squito._) GEN.--gen se retira sin esperanza y sin socorro, y su muerte no es sino diferida. (_Salen._) ESCENA II. Plaza pblica. ANTFOLO y DROMIO de Siracusa; UN MERCADER. EL MERCADER.--Tened cuidado de esparcir la voz de que sois de Epdoro, si no queris ver todos vuestros bienes confiscados al instante. Hoy mismo un mercader de Siracusa acaba de ser preso por haber abordado aqu, y, no encontrndose en estado de rescatar su vida, debe perecer, segn los estatutos de la ciudad, antes que el sol fatigado se ponga al occidente. He aqu vuestro dinero que tena en depsito. ANTFOLO.--(_A Dromio._) V llevarlo al Centauro, donde posamos, Dromio, y esperars all que yo vaya reunirme contigo. Dentro de una hora ser la comida: hasta entonces voy echar un vistazo sobre las costumbres de la ciudad, tratar los mercaderes, mirar los edificios; despus de lo cual volver tomar algn reposo en mi hostera, pues estoy cansado y adolorido de este largo viaje. Vete. DROMIO.--Ms de un hombre os tomara la palabra gustosamente, y se ira en efecto teniendo tan buen medio de partir. (_Sale Dromio._) ANTFOLO.--(_Al mercader._) Es un criado de confianza, seor, que menudo, cuando estoy agobiado por la inquietud y la melancola, alegra mi humor con sus chanzas. Vamos, queris pasearos conmigo en la ciudad y venir en seguida mi posada comer conmigo? EL MERCADER.--Estoy invitado, seor, en casa de ciertos negociantes, de los cuales espero grandes beneficios. Os ruego me excusis. Pero mas tarde, si gustis, las cinco, os tomar en la plaza del mercado, y desde ese momento os har compaa hasta la hora de acostarse. Mis negocios en este instante me obligan dejaros. ANTFOLO.--Adios, pues, hasta lugo. Yo, voy perderme errando de aqu para all, fin de ver la ciudad. EL MERCADER.--Seor, os deseo mucha satisfaccin. (_El mercader sale._) ANTFOLO.--(_Solo._) El que me desea la satisfaccin, me desea lo que no puedo obtener: Estoy en el mundo como una gota de agua que busca en el Ocano otra gota; y no pudiendo encontrar all su compaera, se pierde ella propia errante inapercibida. As yo, desgraciado, para encontrar una madre y un hermano, me pierdo m propio buscndolos. (_Entra Dromio de feso._) ANTFOLO.--(_Percibiendo Dromio._) He aqu el almanaque de mi verdadera fecha. Cmo, cmo sucede que ests de vuelta tan pronto? DROMIO DE FESO.--De vuelta tan pronto, decs? Mas bien vengo demasiado tarde. El capn se quema, el lechn se cae del asador; la campana del reloj ha dado las doce y mi duea las junt en la una sobre mi mejilla. Ella est tan acalorada porque la carne est fra: la carne est fra porque no vens casa; no vens casa porque no tenis apetito; no tenis apetito porque habis almorzado: pero nosotros que sabemos lo que es ayunar y rogar, estamos en penitencia hoy por vuestra culpa. ANTFOLO.--Guardad vuestro resuello, seor, y responded esto, os lo ruego: dnde habis dejado el dinero que os he remitido? DROMIO.--Oh! Qu? Los seis cuartos que tuve el mircoles ltimo para pagar al sillero la gurupera de mi ama? Es el sillero quien los ha tenido, seor; yo no los he guardado. ANTFOLO.--No estoy en este momento de humor de chancear: dime y sin tergiversar dnde est el dinero? Somos extranjeros aqu. Cmo osas confiar otros la custodia de una cantidad tan fuerte? DROMIO.--Os ruego, seor, chancead cuando os sentis la mesa para comer. Corro todo escape buscaros de parte de mi ama: si vuelvo sin vos no tendr escape para que ella no me escriba vuestra culpa en el hocico. Me parece que vuestro estmago debera, como el mo, hacer veces de reloj y llamaros al albergue sin necesidad de mensajero. ANTFOLO.--Vamos, vamos, Dromio, estas chanzas estn fuera de razn. Gurdalas para hora ms alegre que esta. Dnde est el oro que he confiado tu cuidado? DROMIO.-- m, seor? Pero si no me habis dado oro! ANTFOLO.--Vamos, seor bergante, dejad vuestras tonteras y decidme cmo has dispuesto de lo que te confi? DROMIO.--Todo lo que se me ha confiado es el conduciros del mercado casa, al Fnix, para comer: mi ama y su hermana os esperan. ANTFOLO.--Tan verdad como soy cristiano, quieres responderme en qu lugar de seguridad has puesto mi dinero? voy romper tu atolondrada cabeza que se obstina en la broma cuando no estoy dispuesto ello: dnde estn los mil fuertes que has recibido de m? DROMIO.--He recibido de vos algunos fuertes en la cabeza, algunos otros de mi ama sobre las espaldas, pero nunca mil fuertes entre vosotros dos. Y si los devolviera vuestra seora, quiz no los soportara en paciencia. ANTFOLO.--Los fuertes de tu ama! Y qu ama tienes t, esclavo? DROMIO.--La esposa de vuestra seora, mi ama, que est en el Fnix; la que ayuna hasta que vengis comer, y que os ruega venir lo ms pronto para sentarse la mesa. ANTFOLO.--Cmo! Quieres reirte en mi cara de m de ese modo despus de habrtelo prohibido?... Toma, toma esto, pcaro. [Illustration] DROMIO.--Eh! Qu queris decir, seor? En nombre de Dios, tened vuestras manos tranquilas; si no, voy pedir socorro mis piernas. (_Dromio huye._) ANTFOLO.--Por vida ma, de una manera otra, este pcaro se habr dejado escamotear todo mi dinero. Dcese que esta ciudad est llena de pillos, de escamoteadores listos, que engaan la vista; de hechiceros que trabajan en las sombras, y cambian el espritu; de agoreras asesinas del alma, que deforman el cuerpo; de bribones disfrazados, de charlatanes y de mil otros criminales autorizados. Si es as, no partir sino lo ms pronto. Voy ir al Centauro para buscar este esclavo: temo mucho que mi dinero no est en seguridad. (_Sale._) [Illustration] ACTO II. ESCENA I. Plaza pblica. Entran ADRIANA y LUCIANA. ADRIANA. Ni mi marido, ni el esclavo quien con tanta prisa envi buscar su amo, han vuelto. Luciana, son las dos. LUCIANA.--Quizs algn comerciante le habr invitado, y habr ido del mercado comer alguna parte. Querida hermana, comamos y no os agitis. Los hombres son dueos de su libertad. El tiempo es el nico dueo de ellos; y, segn ven el tiempo, van vienen. As, tomad paciencia, mi querida hermana. ADRIANA.--Eh! Por qu ha de ser su libertad mayor que la nuestra? LUCIANA.--Porque sus quehaceres estn siempre fuera del hogar. ADRIANA.--Y ved, cuando yo hago lo mismo lo toma mal. LUCIANA.--Oh! Sabed que l es la brida de vuestra voluntad. ADRIANA.--No hay sino los asnos que se dejan embridar as. LUCIANA.--Una libertad obstinada es herida por la desgracia. Nada existe bajo el cielo, sobre la tierra, en el mar y en el firmamento, que no tenga sus lmites.--Entre los animales, los peces y los pjaros alados, dominan los machos, y los dems estn sujetos su autoridad; los hombres, ms cercanos de la divinidad, dueos de todas esas criaturas, soberanos del ancho mundo y de los vastos y turbulentos mares, dotados de alma y de inteligencia, de un rango ms elevado que los peces y los pjaros, son los dueos de sus esposas y sus seores. Que vuestra voluntad sea, pues, sometida sus acuerdos. [Illustration] ADRIANA.--Es esta esclavitud lo que os impide casaros? LUCIANA.--No, no es eso, sino los inconvenientes del lecho conyugal. ADRIANA.--Pero, si fueses casada, sera necesario soportar la autoridad. LUCIANA.--Antes de aprender amar, quiero acostumbrarme obedecer. ADRIANA.--Y si vuestro marido fuese hacer alguna encartada otra parte? LUCIANA.--Hasta que l hubiese vuelto m, yo tendra paciencia. ADRIANA.--Mientras la paciencia no est perturbada, no es maravilla que se tenga tranquila. Puede ser dulce quien no tenga otro motivo. Pedimos una alma desgraciada, oprimida por la adversidad, que est tranquila cuando la omos gemir. Pero si estuviramos cargadas con el mismo peso de dolor, nos quejaramos nosotros mismos tanto ms an. As, t que no tienes un marido duro que te aflija, pretendes consolarme instando una paciencia que no da ningn socorro; pero si vives suficiente para verte tratar como m, echars pronto un lado esta absurda paciencia. LUCIANA.--Vamos, quiero casarme algn da, aunque no sea sino para hacer la prueba.--Pero, he aqu vuestro esclavo que vuelve; vuestro marido no est lejos. (_Entra Dromio de feso._) ADRIANA.--Y bien! Tu tardo amo est ya cerca? DROMIO.--Verdaderamente, est diez dedos de m; lo cual pueden atestiguar mis orejas. ADRIANA.--Dime le has hablado? Sabes su intencin? DROMIO.--S, s; ha explicado su intencin mi oreja. Maldita sea su mano. Trabajo he tenido para comprenderla! LUCIANA.--Ha hablado de una manera tan equvoca, que no hayas podido sentir su pensamiento? DROMIO.--Oh! ha hablado tan claro, que no he sentido sino demasiado bien sus golpes; y pesar de esto tan confusamente, que apenas los he comprendido. ADRIANA.--Pero, te ruego decirme est en camino para volver aqu? Parece que se cuida bien de agradar su esposa! DROMIO.--Ama, mi amo es seguramente del orden del creciente estis? ADRIANA.--Del orden del creciente, pcaro! DROMIO.--No quiero decir que sea deshonrado; pero ciertamente, es de todo punto luntico.--Cuando le he dado priesa de venir comer, me ha pedido mil coronas en oro.--_Es hora de comer_, le he dicho.--_Mi oro_, ha respondido.--_Vuestras viandas se queman_, he dicho.--_Mi oro_, dijo.--_Vis venir?_ dije.--_Mi oro_, replic, _dnde estn las mil coronas que te he dado, malvado?_--_El lechn_, dije, _est todo quemado_.--_Mi oro_, djome.--_Mi ama, seor_, le dije.--_Que vaya tu ama ahorcarse! Yo no conozco ama! Al diablo tu ama!_ LUCIANA.--Quin ha dicho eso? DROMIO.--Es mi amo quien lo ha dicho. _No conozco_, dijo, _ni casa, ni esposa, ni ama_. De suerte que os traigo sobre mis espaldas el mensaje del cual mi lengua deba haber sido encargada; pues, para concluir, me ha dado golpes sobre ellas. ADRIANA.--Vuelve hacia l, miserable, y trele al albergue. DROMIO.--S, vuelve hacia l, para hacerte enviar otra vez al albergue molido de golpes! En nombre de Dios! Enviad algn otro mensajero. ADRIANA.--Vuelve ir, esclavo, voy abrirte la cabeza por en medio. DROMIO.--Y l bendecir esta cruz con otros golpes. Entre ambos tendr una cabeza bien santa. ADRIANA.--Vete, rstico hablador; conduce tu amo la casa. DROMIO.--Soy tan movible con vos, como lo sois conmigo, para que me echis como una pelota? Vos me arrojis de aqu y l me arrojar para ac. Si he de durar en este servicio, harais bien en aforrarme de cuero. (_Sale._) LUCIANA.--Vaya! Cmo rebaja la impaciencia la expresin de vuestro rostro! ADRIANA.--Es necesario que halague con su compaa sus favoritas, mientras que yo languidezco en el albergue y suspiro por una mirada afectuosa? Ha desaparecido con la fealdad de los aos la belleza seductora de mi pobre rostro? Entonces es l quien lo ha marchitado. Es fastidiosa mi conversacin, estril mi ingenio? Si ya no tengo una conversacin viva y picante, es su dureza, peor que la del mrmol, lo que la ha embotado. Atraen otras su afecto con brillantes aderezos? No es culpa ma: l es dueo de mis bienes. Qu estragos hay en m que no haya causado l? S, es l solo quien ha alterado mis facciones.--Una mirada suya animadora restaurara bien pronto mi belleza; pero l, ciervo indomable, salta las empalizadas y corre buscar pasto lejos de su albergue. Pobre desventurada! No soy ya para l sino un goce pasado. LUCIANA.--Celos con que te atormentas t misma! Ea, pues! arrjalos de ti. ADRIANA.--Slo idiotas insensibles pueden prescindir de semejantes agravios. S que sus ojos llevan otra parte su homenaje; si no qu causa le impedira estar aqu? Hermana, sabis que me ha prometido una cadena.--Pluguiera Dios que esto fuese la sola cosa que me negara! No desertara entonces de su lecho legtimo. Veo que la joya mejor esmaltada ha de perder su hermosura; que si el oro resiste largo tiempo al frotamiento, al fin se gasta con el roce; del mismo modo no hay hombre, que tenga un nombre sin que la falsedad y la corrupcin lo degraden. Puesto que mi belleza no tiene encanto sus ojos, llorando consumir lo que me queda de ella, y morir en el llanto. LUCIANA.--Cuntas amantes insensatas se esclavizan celos furiosos! (_Salen._) ESCENA II. Plaza pblica. Entra ANTFOLO de Siracusa. ANTFOLO.--El oro que remit Dromio est colocado con seguridad en el Centauro, y el solcito esclavo ha ido vagar por la ciudad en busca ma..... Segn mi clculo y la relacin del hostelero, no ha podido hablar Dromio desde que al principio lo envi del mercado..... Pero, hele aqu que viene. (_Entra Dromio de Siracusa_). Y bien! seor, habis perdido vuestro buen humor? Ya que os agradan los golpes, no tenis sino empezar de nuevo vuestra broma conmigo. No conocis el Centauro? No habis recibido el oro? Vuestra ama os ha enviado buscarme para comer? Mi alojamiento era en el Fnix? Has perdido la razn para darme respuestas tan descabelladas? DROMIO.--Qu respuestas, seor? Cundo os he hablado as? ANTFOLO.--Hace apenas un momento, aqu mismo; no hace media hora. DROMIO.--No os he visto desde que me habis mandado de aqu al Centauro con el oro que me habais confiado. ANTFOLO.--Pcaro, me has negado haber recibido este depsito, y me has hablado de una ama y de una comida, lo que me desagradaba demasiado, como habrs sentido, lo espero. DROMIO.--Estoy muy satisfecho de veros en vena de buen humor: pero qu quiere decir esta broma? Os ruego, mi seor, que os expliquis. ANTFOLO.--Qu! quieres hacerme burla an y provocarme de frente? Piensas que chanceo? Toma, toma esto y esto. (_Le golpea_). DROMIO.--Parad, seor, en nombre de Dios! Ya vuestro juego se vuelve de veras. Por qu motivo me golpeais as? ANTFOLO.--Porque te tomo familiarmente algunas veces por mi bufn, y converso contigo, tu insolencia se burlar de mi afecto interrumpir libremente mis horas serias! Cuando brilla el sol retocen los moscones; pero desde que oculta sus rayos escrranse en los agujeros de las paredes. Cuando quieras bromear conmigo, estudia mi rostro y conforma tus modales mi fisonoma, bien har entrar golpes este mtodo en tu cabeza. DROMIO.--En mi crneo, decs. Preferira yo que fuese cabeza, no crneo solo, si dejarais de magullarla; pero si segus con estos golpes, ser necesario procurarme un crneo para cubrir mi cabeza y ponerla al abrigo, si no tendr que buscar mi entendimiento en mis espaldas. Pero por gracia, seor, por qu me golpeais? ANTFOLO.--No lo sabes? DROMIO.--No s nada, seor, sino que soy golpeado. ANTFOLO.--Quieres que te diga por qu? DROMIO.--S, seor, el por qu. Pues dcese que todo por qu tiene su por qu. ANTFOLO.--Desde lugo, porque has osado burlarte de m. Y por qu todava? Por haber venido burlarte una segunda vez. DROMIO.--Se ha golpeado alguna vez un hombre tan mal propsito, cuando en el por qu y en el por qu no hay concordancia ni razn?--Vamos, seor, os doy gracias. ANTFOLO.--Me das gracias, y propsito de qu? DROMIO.--Ah! seor, porque me habis dado algo por nada. ANTFOLO.--Te lo pagar pronto, dndote nada por algo.--Pero dime, es la hora de comer? DROMIO.--No, seor; creo que la comida le falta de lo que yo tengo. ANTFOLO.--Vamos, de qu? DROMIO.--De salsa. ANTFOLO.--Bien! Entonces estar seca. DROMIO.--Si es as, seor, os ruego no probarla. ANTFOLO.--Y la razn? DROMIO.--De miedo de que os haga encolerizaros y me valga otra salsa de palos. ANTFOLO.--Vamos, aprende chancear propsito. Cada cosa su tiempo. DROMIO.--Habra osado negarlo antes que os hubiseis puesto tan enojado. ANTFOLO.--Segn qu regla? DROMIO.--Diablos, seor! Segn una regla tan llana como la cabeza calva del viejo padre Tiempo en persona. ANTFOLO.--Vemosla. DROMIO.--No hay ocasin de que recobre sus cabellos el hombre que se pone naturalmente calvo. ANTFOLO.--No puede recobrarlos por multa y recobros? DROMIO.--S, pagando multa por llevar peluca, y recobrando de los cabellos que ha perdido otro hombre. ANTFOLO.--Por qu el tiempo escatima tanto los cabellos, puesto que son una secrecin tan abundante? DROMIO.--Porque es un dn que prodiga los animales; y lo que quita los hombres en cabellos se lo devuelve en cordura. ANTFOLO.--Cmo! Si existen hombres que tienen ms cabellos que entendimiento! DROMIO.--Ninguno de esos hombres tiene el talento de perder los cabellos. ANTFOLO.--Pues qu! has dicho ahora poco que los hombres de abundantes cabellos son buenas gentes sin ingenio. DROMIO.--Cuanto ms simple es un hombre, tanto ms pronto los pierde. Sin embargo, los pierde con una especie de alegra. ANTFOLO.--Por qu razn? DROMIO.--Por dos razones, y dos buenas. ANTFOLO.--Te ruego no digas _buenas_. DROMIO.--Entonces por dos razones seguras. ANTFOLO.--No, no seguras, en una cosa falsa. DROMIO.--Entonces por dos razones ciertas. ANTFOLO.--Presntalas. DROMIO.--Una, para economizar el dinero que le costaran sus rizos; otra, fin de que en la comida sus cabellos no caigan en la sopa. ANTFOLO.--Deberas haber probado en todo este tiempo que no hay tiempo para todo. DROMIO.--Y as lo he hecho, seor, probando que no hay tiempo para recobrar los cabellos que se han perdido naturalmente. ANTFOLO.--Pero no has dado una razn slida para probar que no hay tiempo alguno para recobrarlos. DROMIO.--Voy remediarlo de este modo. El Tiempo mismo es calvo; as, pues, hasta el fin del mundo tendr un squito de hombres calvos. ANTFOLO.--Saba que la conclusin sera calva. Pero despacio, quin nos hace seas all abajo? (_Entran Adriana y Luciana._) ADRIANA.--S, s, Antfolo; tienes una expresin extraa y adusta: guardas tus dulces miradas para alguna otra querida: no soy ms tu Adriana, tu esposa. Hubo un tiempo en que sin exigrtelo jurabas que ninguna habla era una msica tu odo sino el sonido de mi voz; ningn objeto tan encantador tus ojos como mis miradas; ningn tacto ms lisonjero para tu mano que el de la ma; ningn manjar delicioso que te agradase sino los que yo te serva. Cmo sucede hoy, esposo mo, oh! cmo sucede que te hayas alejado tanto de ti mismo? S; digo alejado de ti mismo, porque lo ests de m; que, siendo incorporada ti, inseparable de ti, soy ms que la mejor y ms amada parte de ti mismo. Ah! no te arranques de mi lado; pues creme, mi bien amado, que te sera tan fcil dejar caer una gota de agua en el Ocano y recogerla en seguida sin mezcla, sin adicin, ni disminucin alguna, como separarte de m sin arrastrarme contigo tambin. Oh! cmo herira tu corazn en lo ms vivo, si oyeras solamente decir que soy infiel, y que este cuerpo, consagrado ti, es manchado por una grosera voluptuosidad? No me escupiras el rostro? No me arrojaras? No me echaras en cara el nombre de marido? No desgarraras la piel teida de mi frente de cortesana? No arrancaras el anillo nupcial de mi mano prfida? Y no le destrozaras con el juramento del divorcio? S que no lo puedes: y bien! hazlo desde este momento..... Estoy cubierta con una mancha adltera; mi sangre est manchada con el crimen de la prostitucin; pues si los dos no formamos sino una sola carne y t eres infiel, recibo el veneno mezclado en tus venas y quedo prostituda por tu contagio.--S, pues, constante y fiel tu lecho legtimo. Entonces viviremos yo sin mancha y t sin deshonor. ANTFOLO.--Es m quien persuads, bella dama? No os conozco. No ha sino dos horas que estoy en feso, tan extranjero vuestra ciudad como vuestros discursos: y aunque tengo que emplear toda mi atencin para estudiar cada una de vuestras palabras, no puedo comprender una sola de lo que decs. LUCIANA.--Vaya, hermano, cmo ha cambiado el mundo para vos! Cundo habis tratado as mi [Illustration:--_Es m quien persuads, bella dama?_] hermana? Ella os ha enviado buscar por Dromio para comer. ANTFOLO.--Por Dromio? DROMIO.--Por m? ADRIANA.--Por ti. Y he aqu la respuesta que me has trado: que l te haba abofeteado, y que al hacerlo haba renegado mi casa por suya y m por su esposa. ANTFOLO.--Habis hablado esta dama? Cul es, pues, el giro y el fin de vuestra intriga? DROMIO.--Yo, seor, no la he visto jams hasta este momento. ANTFOLO.--Mientes, bellaco; pues me has repetido en la plaza las propias palabras que acabas de decir. DROMIO.--Jams en mi vida le he hablado. ANTFOLO.--Cmo sucede, pues, que nos llama por nuestros nombres, menos que no sea por inspiracin? ADRIANA.--Qu mal sienta vuestra gravedad fingir tan groseramente, de acuerdo con vuestro esclavo, y excitarlo que me contrare! Sea ma la culpa y que de ella no os toque parte alguna; pero no os hagis culpable hacia esa culpa aadiendo todava mayor desprecio. Vamos, voy coger tu brazo: t eres el olmo, esposo mo, y yo soy la vid, cuya debilidad unida tu fuerza me da algo de tu vigor; si algn objeto te desliga de m, no puede ser sino una vil planta, una yedra usurpadora un musgo intil que, creciendo sin cultivo, penetra en tu savia, la infecta y vive expensas de tu honor. ANTFOLO.--Es m quien habla! Me toma por tema de sus discursos. Qu! La habr desposado en sueos, estoy dormido en este momento y me imagino oir todo esto? Qu error engaa nuestros odos y nuestros ojos? Hasta que haya aclarado esta incertidumbre quiero entretener el error que se me ofrece. LUCIANA.--Dromio, v decir los criados que sirvan la comida. DROMIO.--Oh! Si yo tuviese mi rosario! Me santiguo como pecador. Este es el pas de las hadas. Oh enigma de los enigmas! Hablamos fantasmas, buhos, espritus fantsticos. Si no les obedecemos, he aqu lo que suceder: nos chuparn la sangre nos pellizcarn hasta ponernos azules y negros. LUCIANA.--Qu refunfuas ah tus solas en lugar de responder? Dromio, zngano, caracol, holgazn, imbcil. DROMIO.--Estoy metamorfoseado, amo; no es verdad? ANTFOLO.--Creo que lo ests en tu alma, y que yo tambin lo estoy. DROMIO.--Todo, fe, amo mo, alma y cuerpo. ANTFOLO.--T conservas tu propia forma. DROMIO.--No: soy un mono. LUCIANA.--Si en algo te has convertido, es en asno. DROMIO.--Eso es verdad: yo la llevo cuestas y estoy ansioso de pacer. No hay duda; soy un asno. De qu otro modo podra ser que la conociese yo tan bien como ella me conoce? ADRIANA.--Vamos, vamos, no quiero ser tan necia que me ponga el dedo en el ojo y llore, mientras que el criado y el amo ren y se burlan de mis males. Vamos, seor, venid comer: Dromio, cuida la puerta. Esposo mo, hoy comer arriba con vos y os obligar hacer confesin de mil travesuras. Oye, bellaco; si alguien viniere preguntar por tu amo, dirs que come fuera y no dejars entrar alma viviente. Venid, hermana. Dromio, haz bien tu papel de portero. ANTFOLO.--Estoy en la tierra, en el cielo en el infierno? Estoy dormido despierto, loco en mi buen sentido? Conocido de stas y disfrazado para m mismo. Dir lo que digan ellas, lo sostendr con perseverancia y en esta niebla me dejar llevar todas las aventuras. DROMIO.--Amo, servir de portero? ANTFOLO.--S; no dejes entrar nadie, si no quieres que te rompa la cabeza. LUCIANA.--Vamos, venid, Antfolo. Comemos demasiado tarde. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO III. ESCENA I. Se ve la calle que pasa delante de la casa de Antfolo de feso. ANTFOLO de feso, DROMIO de feso, ANGELO y BALTASAR. ANTFOLO DE FESO. Mi buen seor Angelo, es necesario que nos excusis todos: mi mujer se pone de mal humor, cuando no llego tiempo. Decid que me entretuve en vuestra tienda viendo trabajar en su cadena, y que maana la llevaris la casa. Pero he aqu un canalla que quiere sostener en mi presencia que me ha alcanzado en la plaza, que le he golpeado, que le he confiado mil marcos en oro, y que he renegado de mi casa y mi esposa.--Qu quisiste decirme con esto, grandsimo borracho? DROMIO DE FESO.--Decid lo que queris, seor; pero yo s lo que s. Guardo todava las seales de vuestra mano para probar que me habis golpeado en la plaza. Si mi piel fuese un pergamino y vuestros golpes tinta, vuestra propia escritura atestiguara lo que digo. ANTFOLO DE FESO.--Yo, digo que eres un asno. DROMIO DE FESO.--Por cierto que as parece por los malos tratos que recibo y por los golpes que sufro. Debera responder un puntapi con una coz, y entonces os guardarais de mis cascos y tendrais cuidado con el asno. ANTFOLO.--Estis triste, seor Baltasar. Ruego Dios que nuestro banquete responda mi buena voluntad y la buena acogida que recibiris aqu. BALTASAR.--Doy poco valor vuestro banquete, seor, al lado del alto valor de vuestra buena acogida. ANTFOLO.--Oh! seor Baltasar, sea carne pescado, una mesa llena de buena acogida hace parecer pobre el plato ms exquisito. BALTASAR.--La buena vianda es comn, seor; se encuentra hasta en la mesa de todos los rsticos. ANTFOLO.--Y una buena acogida es an ms comn; porque no es nada sino palabras. BALTASAR.--Mesa parca y buena acogida hacen una alegre fiesta. ANTFOLO.--S, para un husped avaro y un convidado an ms mezquino. Pero, aunque mis provisiones sean exiguas, aceptadlas de buena gracia: podis encontrar mejor festn, pero no ofrecido ms de corazn.--Pero despacio, mi puerta est cerrada. (_ Dromio._) V decir que se nos abra. DROMIO.--(_Llamando._) Hola, Magdalena, Brgida, Mariana, Cecilia, Giulieta, Juana. DROMIO DE SIRACUSA.--(_Dentro._) Silencio, caballo de noria, capn, gan, idiota! Aljate de la puerta sintate en el umbral. Andas reclutando mozas que as llamas tal surtido de ellas, cuando con una sola hay ya una de ms? Vamos, vete de esta puerta. DROMIO DE FESO.--Qu belitre nos han dado de portero?--Mi amo espera en la calle. DROMIO DE SIRACUSA.--Que se marche por donde vino, no sea que coja fro en los pis. ANTFOLO DE FESO.--Quin habla ah dentro? Hola! abrid la puerta. DROMIO DE SIRACUSA.--Bien, seor; os dir el cundo si me decs para qu! ANTFOLO DE FESO.--Para qu? Para sentarme comer; no he comido hoy. DROMIO DE SIRACUSA.--Ni comeris hoy aqu; volved cuando podis. ANTFOLO DE FESO.--Quin eres para cerrarme la puerta de mi casa? DROMIO DE SIRACUSA.--Soy portero por el momento, seor, y mi nombre es Dromio. DROMIO DE FESO.--Ah! bandido! me has robado la vez mi empleo y mi nombre. El uno no me ha dado jams honra y el otro me ha trado amargos reproches. Si hubieses sido Dromio hoy y hubieses estado en mi lugar, habras cambiado con gusto tu facha por un nombre, tu nombre por un asno. LUCA.--(_Del interior de la casa._) Qu barullo es ese? Dromio, qu gente es esa que est en la puerta? DROMIO DE FESO.--Luca, haz entrar mi amo. LUCA.--No, ciertamente: viene demasiado tarde; puedes decrselo tu amo. DROMIO DE FESO.--Santo Dios! Es necesario que ra.-- vos el proverbio. Debo colocar mi bastn? LUCA.--Y vos este otro; quiere decir cundo? Podis decirlo? DROMIO DE SIRACUSA.--Si tu nombre es Luca, Luca le has respondido bien. ANTFOLO DE FESO.--Oyes, tontuela? Espero que nos dejars entrar? LUCA.--Pensaba habroslo preguntado. DROMIO DE SIRACUSA.--Y habis dicho que no. DROMIO DE FESO.--Vamos, bien, bien contestado; es golpe por golpe. ANTFOLO DE FESO.--Ea! maula, djame entrar. LUCA.--Podrais decir para agradar quin? DROMIO DE FESO.--Seor, golpead fuerte en la puerta. [Illustration] LUCA.--Que golpee, hasta que le duela la puerta. ANTFOLO DE FESO.--Te lo har pagar caro, aunque tenga que echar abajo la puerta. LUCA.--Quin se antoja de eso y de un cepo de pis en la ciudad? ADRIANA.--(_En el interior de la casa._) Quin hace tanto ruido en la puerta? DROMIO DE SIRACUSA.--Bajo mi palabra, que vuestra ciudad est embarullada por mozos turbulentos. ANTFOLO DE FESO.--Estis ah, esposa ma? Podais haber venido un poco ms pronto. ADRIANA.--Vuestra esposa, seor bribn? Ea! Marchaos de esta puerta. DROMIO DE FESO.--Si tenis que sufrir, seor, ese bribn no quedar bueno y sano. ANGELO.--(_ Antfolo de feso._) Aqu no hay ni mesa puesta, ni buena acogida; ya quisiramos tener una otra. BALTASAR.--Discutiendo lo que se debe hacer, no perderemos una ni otra. DROMIO DE FESO.--(_ Antfolo._) Estos seores estn en la puerta, mi amo; decidles pues, que entren. ANTFOLO.--Algo de sospechoso sucede cuando no podemos entrar. DROMIO DE FESO.--Vuestra sopa est caliente, adentro; y vos quedis aqu expuesto al fro. Hay para poner un hombre furioso como un gamo, cuando es engaado y burlado de este modo. ANTFOLO.--V traer alguna cosa para derribar la puerta. DROMIO DE SIRACUSA.--Romped alguna cosa aqu, y yo romper vuestra cabeza de bribn. ANTFOLO DE FESO.--Vamos, quiero entrar por fuerza; v traer una gra. DROMIO DE FESO.--Una gra sin plumas, seor, es lo que queris decir? Para un pez sin nadaderas, h aqu un pjaro sin plumas; si un pjaro puede hacernos entrar, tunante, desplumaremos un cuervo. ANTFOLO.--V pronto buscarme una gra de hierro. BALTASAR.--Tened paciencia, seor. Oh! No lleguis tal extremidad. Hacis mal vuestra reputacin y vais poner al alcance de las sospechas el honor inmaculado de vuestra esposa. Una palabra ms. Vuestra larga experiencia de su sensatez, de su casta virtud, de sus aos y de su modestia alegan en su favor alguna razn que os es desconocida; no dudis, seor; ella os explicar por qu se encuentran hoy cerradas para vos las puertas; dejaos guiar por m, apartaos de este lugar con paciencia y vamos comer juntos la hostera del Tigre, y al caer la tarde volved solo para saber la razn de esta extraa sorpresa. Si queris entrar por fuerza en medio del movimiento del da, se suscitarn sobre esto los comentarios del vulgo. Las suposiciones injuriosas vuestra reputacin, sin mancha an, se deslizarn hasta vuestra tumba y se albergarn sobre ella cuando ya no existis. La calumnia vive de herencias y se establece para siempre all donde penetra una vez. ANTFOLO DE FESO.--Habis prevalecido. Voy retirarme tranquilamente, y despecho de la alegra, pretender estar alegre. Conozco una moza de humor encantador, bonita y espiritual, un poco extravagante, y, sin embargo, benigna. Comeremos all; mi esposa me ha movido querella muy menudo por ese motivo, pero inmerecidamente lo protesto. Iremos comer donde ella. Volved vuestra casa y traed la cadena. S que ha de estar terminada esta hora. Llevadla, os lo ruego, al Puerco-espn, que es la casa. Voy regalar esta cadena mi hostelera, aunque no sea sino para hacer rabiar mi esposa; querido amigo, daos prisa; puesto que mi esposa me cierra las puertas, ir llamar otra parte y veremos si me rechaza del mismo modo. ANGELO.--Ir encontraros esta cita dentro de una hora. ANTFOLO.--Hacedlo; esta broma me costar algn gasto. ESCENA II. La casa de Antfolo de feso. LUCIANA aparece con ANTFOLO de Siracusa. LUCIANA.--Ah! Es posible que hayis olvidado completamente los deberes de un marido? Qu, Antfolo, vendr el odio desde la primavera del amor corromper los primeros brotes de vuestro amor? El edificio empezado fabricar por el amor amenazar ruina desde ahora? Si habis desposado mi hermana por su riqueza, al menos, por consideracin sta, tratadla con ms bondad. Si amis en otra parte, hacedlo en secreto; ocultad vuestro amor prfido con alguna apariencia de misterio y que mi hermana no lo lea en vuestros ojos. Que vuestra lengua no sea heraldo de vuestra vergenza; el aspecto afable, las palabras honestas convienen la deslealtad; revestid al vicio con la librea de la virtud; conservad la actitud de la inocencia, aunque vuestro corazn sea culpable; ensead al crimen llevar el exterior de la santidad; sed prfido en silencio. Qu necesidad hay de que ella sepa nada? Qu ladrn es tan torpe que se jacte de su propio delito? Es doble injuria abandonar vuestro lecho y hacerlo comprender en la mesa por vuestro aspecto. Hay para el vicio una especie de buena fama bastarda cuando se le maneja con habilidad. Las malas acciones se duplican con las malas palabras. Ah! Pobres mujeres! Puesto que es fcil engaarnos, hacednos creer lo menos que nos amis. Si otras tienen el brazo, mostradnos al menos la manga; estamos avasalladas todos vuestros movimientos y nos hacis mover como queris. Vamos, querido hermano, entrad en casa; consolad mi hermana, regocijadla, llamadla vuestra esposa. Es una mentira santa el faltar un poco la sinceridad, cuando la dulce voz de la lisonja subyuga la discordia. ANTFOLO DE SIRACUSA.--Amada seora (pues no conozco vuestro nombre ni s por qu prodigio habis podido acertar con el mo), vuestra inteligencia y vuestra gracia hacen de vos nada menos que una maravilla del mundo. Sois una criatura divina; enseadme lo que debo pensar, lo que debo decir. Manifestad mi inteligencia grosera, terrena, ahogada por los errores, dbil, ligera y superficial, el sentido del enigma oculto en el disfraz de vuestras palabras. Por qu trabajis contra la sencilla rectitud de mi alma para hacerla vagar por un campo desconocido? Sois un dios? Querrais crearme de nuevo? Transformadme, pues, y ceder vuestro poder. Pero si soy yo mismo, s bien entonces que vuestra llorosa hermana no es mi esposa ni debo homenaje alguno su lecho. Mucho ms, mucho ms arrastrado me siento hacia vos. Ah! No me atraigas con tus cantos, dulce sirena, para ahogarme en la corriente de las lgrimas de tu hermana. Canta, sirena, para ti misma y te adorar; extiende sobre la onda plateada tus dorados cabellos y sers el lecho donde me recline. Si tal gloria fuese posible, dichoso aquel que muriera teniendo semejante modo de morir! Que el amor, este sr ligero, se ahogue, si se hunde bajo las aguas. LUCIANA.--Qu! Estis loco para discurrir de esta manera? ANTFOLO.--No, no estoy loco; estoy subyugado, no s cmo. LUCIANA.--Es una ilusin de vuestros ojos. ANTFOLO.--Por haber visto de cerca vuestros rayos, brillante sol. LUCIANA.--No veis sino lo que debis ver, y vuestra vista se despejar. ANTFOLO.--Tanto vale cerrar los ojos, dulce amor, como abrirlos en la oscuridad. LUCIANA.--Qu! Me llamis amor? Dad ese nombre mi hermana. ANTFOLO.-- la hermana de vuestra hermana. LUCIANA.--Queris decir mi hermana. ANTFOLO.--No: sino t misma; t, la mejor mitad de mi sr; la pura luz de mis pupilas; el caro corazn de mi corazn; mi alimento, mi fortuna y el nico anhelo de mi tierna esperanza; t, mi cielo en la tierra, toda mi ambicin en el cielo. [Illustration] LUCIANA.--Mi hermana es todo esto, al menos, debera serlo. ANTFOLO.--Toma t misma el nombre de hermana, mi bien amada, pues es ti quien aspiro: es ti quien quiero amar; es contigo con quien quiero pasar mi vida. No tienes esposo an, ni yo tengo an esposa. Dame tu mano. LUCIANA.--Oh! Poco poco, seor: esperad, voy traer mi hermana para pedirle su consentimiento. (_Sale Luciana.--Entra Dromio de Siracusa._) ANTFOLO DE SIRACUSA.--Y bien! Qu ocurre, Dromio? dnde corres tan aprisa? DROMIO.--Me conocis, seor? Soy Dromio? Soy vuestro criado? Soy yo, yo mismo? ANTFOLO.--Eres Dromio, eres mi criado, eres t mismo. DROMIO.--Soy un asno, soy el hombre de una mujer, y todo esto sin ser yo parte en ello. ANTFOLO.--Cmo! El hombre de qu mujer? Y cmo sin que seas parte en ello? DROMIO.-- fe ma, seor, que sin saber cmo pertenezco una mujer; una mujer que me reivindica; una mujer que me persigue; una mujer que est resuelta tenerme. ANTFOLO.--Qu derechos alega sobre ti? DROMIO.--Ah! seor, el derecho que alegarais sobre vuestro cabello; pretende poseerme como una bestia de carga: no que quiera tenerme por ser yo una bestia, sino que siendo ella una criatura enteramente bestial, quiere tener derechos sobre m. ANTFOLO.--Quin es ella? DROMIO.--Un cuerpo muy venerable: s, uno del cual un hombre no puede hablar sin decir: Muy reverendo seor. Bien flaca suerte me cabra en esta unin, y sin embargo, es un casamiento maravillosamente gordo. ANTFOLO.--Qu quieres decir por un casamiento maravillosamente gordo? DROMIO.--Oh! s, seor: es la moza de cocina, y con ms grasa que piel. Ni se me ocurre lo que podr hacer con ella, menos que sea hacerla arder como una lmpara para escaparme lejos favor de su propia claridad. Garantizo que los andrajos con que se viste y el sebo de que estn impregnados calentaran el invierno de Polonia: y si viviese hasta el juicio final, podra arder una semana ms que el mundo entero. ANTFOLO.--Cul es el color de su rostro? DROMIO.--Prieto como el cuero de mis zapatos, pero est lejos de tener la cara como ellos. Por qu? Porque suda de modo que un hombre tendra que calzar zuecos para andar sobre esa mugre. ANTFOLO.--Esa es una falta que el agua puede corregir. DROMIO.--No, seor, est dentro de la piel: el diluvio de No no llegara limpiarla. ANTFOLO.--Cul es su nombre? DROMIO.--Ana, seor; pero su nombre y tres cuartos, quiero decir, una ana y tres cuartos no bastaran para medirla de un cuadril al otro. ANTFOLO.--Mide, pues, algn ancho? DROMIO.--No es ms larga de la cabeza los pis que ancha de un cuadril otro. Es esfrica como un globo; podra marcar los paises sobre ella. ANTFOLO.--En qu parte de su cuerpo est la Irlanda? DROMIO.-- fe ma, seor, en las nalgas: lo he reconocido por las aguas cenagosas. ANTFOLO.--En dnde la Escocia? DROMIO.--Lo he reconocido por lo vida: est en la palma de la mano. ANTFOLO.--Y la Francia? DROMIO.--Sobre su frente, armada y volteada, y en guerra con sus cabellos. ANTFOLO.--Y la Inglaterra? DROMIO.--He buscado las rocas de yeso: pero no he podido reconocer en ellas ninguna blancura; conjeturo que podr hallarse sobre la barba, segn el flujo salobre que corra entre ella y la Francia. ANTFOLO.--Y la Espaa? DROMIO.-- fe ma que no la he visto; pero la he sentido en el calor de su aliento. ANTFOLO.--Dnde estn las Amricas y las Indias? DROMIO.--Oh! seor, en su nariz; completamente adornada de rubes, escarbunclos y zafiros, inclinando su rico aspecto hacia el clido aliento de la Espaa que enviaba flotas enteras cargar lastre en su nariz. ANTFOLO.--Dnde estaban la Blgica y los Paises Bajos? DROMIO.--Oh! seor; no he estado ver tan abajo. Para concluir: este limpin bruja ha reclamado sus derechos sobre m, me ha llamado Dromio, ha jurado que estaba comprometido con ella, me ha dicho las seales particulares que tena en el cuerpo, por ejemplo, la mancha que tengo en la espalda, el lunar que hay en mi cuello, la gran berruga que tengo en el brazo izquierdo; de modo que, absorto y confundido, he hudo lejos de ella, como de una bruja. Y creo que si mi pecho no hubiese estado tan lleno de fe y mi corazn tan templado como el acero, me habra metamorfoseado en perro rabn me habra hecho dar vueltas al asador. ANTFOLO.--Vete, mrchate en seguida; corre al gran camino: si el viento sopla de cualquier modo de la playa, por poco que sea, no quiero pasar la noche en esta ciudad. Si hay alguna barca lista darse la vela, vuelve al mercado donde me estar paseando hasta que vuelvas. Si todo el mundo nos conoce, no conociendo nosotros nadie, parceme que es tiempo de alistar el equipaje y partir. DROMIO.--Como huira un hombre para salvar de las garras de un oso su vida, as huyo yo de esa que pretende ser mi esposa. ANTFOLO.--En este pas no habitan sino brujas, y por consiguiente deba ya haberme ido. Mi corazn aborrece la que me llama su marido; pero su encantadora hermana posee gracias maravillosas y soberanas; su aire y sus discursos son tan encantadores que casi me he hecho traicin m mismo. Y para no causar yo mi propio dao, tapar mis odos ante los cantos de la sirena. (_Entra Angelo_). ANGELO.--Seor Antfolo? ANTFOLO.--S, ese es mi nombre. ANGELO.--Lo s bien, seor. Tomad, he aqu vuestra cadena. Crea encontraros en el Puerco-espn: la cadena no estaba terminada an; es lo que me ha retardado tanto tiempo. ANTFOLO.--Qu queris que haga de esto? ANGELO.--Lo que gustis, seor; la he hecho para vos. ANTFOLO.--Hecha para m, seor!--No os la he ordenado. ANGELO.--No una vez, no dos veces, sino veinte veces. Id vuestro alojamiento y haced la corte vuestra esposa con este regalo; y lugo, la hora de cena, volver veros y recibir el importe de mi cadena. ANTFOLO.--Os ruego, seor, que recibis el dinero al instante, no sea que no volvis ver ni cadena ni dinero. ANGELO.--Sois jovial, seor; adios, hasta lugo. (_Sale._) ANTFOLO.--Me sera imposible decir lo que debo pensar de todo esto; pero lo que s muy bien, al menos, es que no existe hombre tan tonto para despreciar, cuando se le ofrece, una cadena tan hermosa. Veo que aqu un hombre no necesita atormentarse para vivir, puesto que se hacen en las calles tan ricos presentes. Voy ir la plaza del mercado esperar all Dromio; si algn buque se hace la vela, parto en seguida. [Illustration] ACTO IV. ESCENA I. La escena pasa en la calle. UN MERCADER, ANGELO, UN OFICIAL DE JUSTICIA. EL MERCADER.--(_A Angelo._) Sabis que se debe la cantidad desde Pentecosts, y que desde ese tiempo no os he importunado mucho; ni lo hara aun hoy mismo si no partiese para Persia y no tuviese necesidad de guilder para mi viaje; as satisfacedme inmediatamente, os hago prender por este oficial. ANGELO.--Exactamente la misma cantidad de que os soy deudor, me es debida por Antfolo; y en el instante en que os he encontrado, acababa de entregarle una cadena. las cinco recibir su precio: hacedme el placer de venir conmigo hasta su casa, donde os pagar mi obligacin, y os dar las gracias. (_Entran Antfolo de feso y Dromio de feso._) EL OFICIAL.--(_Apercibindoles, Angelo._) Podis evitaros la molestia: mirad, he aqu que llega. ANTFOLO DE FESO.--Mientras voy casa del platero, v, t, comprar un pedazo de cuerda; quiero servirme de ella para mi esposa y sus cmplices, por haberme cerrado la puerta en pleno da.--Pero despacio! Veo al platero.--Vte; compra una soga y tremela casa. (_Sale._) DROMIO DE FESO.--Ah! Voy comprar una soga! ANTFOLO DE FESO.--Muy lucido queda un hombre cuando cuenta con vos! Haba prometido vuestra visita y la cadena; pero no he visto ni cadena ni platero. Probablemente pensasteis que mi amor mi esposa durara demasiado tiempo si lo encadenabais; y por tanto, no habis venido. ANGELO.--Con permiso de vuestro jovial humor, he aqu la cuenta del peso de vuestra cadena, hasta el ltimo quilate, la ley del oro y el precio de la hechura: todo lo cual importa tres ducados ms que lo que debo este seor.--Os ruego, me hagis el favor de cancelarme con l desde lugo, pues est prximo embarcarse y no espera sino esto para partir. ANTFOLO DE FESO.--No traigo conmigo la cantidad necesaria; por otra parte, tengo algunos negocios en la ciudad.--Conducid este extranjero mi casa; llevad con vos la cadena, y al entregarla mi esposa, decidle que salde la suma; quizs estar all al mismo tiempo que vos. ANGELO.--Entonces llevaris la cadena vos mismo? ANTFOLO DE FESO.--No; tomadla con vos; no sea que yo llegue tarde. ANGELO.--Vamos, seor, est bien. La tenis con vos? ANTFOLO DE FESO.--Si no la tengo, es porque vos la tenis; sin lo cual, podrais volveros sin vuestro dinero. ANGELO.--Vamos, seor, os ruego que me dis la cadena. El viento y la marea esperan este caballero y tengo que reprocharme el haberle retenido aqu tanto tiempo. ANTFOLO DE FESO.--Seor mo, os valis de este pretexto para excusar vuestra falta de palabra, al no haberla llevado al Puerco-Espn; es m quien toca regaaros por esto. Pero, fuer de astuto, principiis por ser el primero en querellarse. EL MERCADER.--La hora avanza. Seor, os ruego que os dis prisa. ANGELO.--Vis cmo me importuna...? Pronto, la cadena. ANTFOLO DE FESO.--Y bien! Llevadla mi esposa, y recibid vuestro dinero. ANGELO.--Vamos, vamos; sabis que os la he dado hace un momento. Enviad la cadena, entregadme alguna prenda. ANTFOLO DE FESO.--Veo que llevis la broma hasta el exceso. Veamos, dnde est la cadena? Dejadme verla. EL MERCADER.--Mis asuntos no permiten estas tardanzas; caro seor, decidme si queris satisfacerme no; si no queris, voy dejar este seor entre las manos del oficial. ANTFOLO DE FESO.--Yo, satisfaceros? Y con qu satisfaceros? ANGELO.--Dando el dinero que me debis por la cadena. ANTFOLO DE FESO.--No os debo nada, mientras no la haya recibido. ANGELO.--Ah! Sabis que os la he entregado hace media hora. ANTFOLO DE FESO.--No me habis dado ninguna cadena: mucho me ofendis dicindome esto. ANGELO.--Vos, seor, me ofendis mucho ms negndolo. Considerad cunto interesa esto mi crdito. EL MERCADER.--Vamos, oficial, prendedlo sobre mi demanda. EL OFICIAL (_ Angelo._)--Os prendo y os intimo obedecer en nombre del duque. ANGELO.--Esto compromete mi reputacin. (_ Antfolo._) consents en pagar la suma mi saldo, os hago prender por este mismo oficial. ANTFOLO DE FESO.--Consentir en pagar una cosa que no he recibido, jams! Prndeme, loco, si te atreves. [Illustration] ANGELO.--He aqu los gastos. Prendedle, seor oficial... No perdonara mi hermano en semejante caso, si me insultaba con tanto desprecio. EL OFICIAL.--Os prendo, seor; os la requisicin. ANTFOLO DE FESO.--Te obedezco, hasta que te d caucin. (_A Angelo._) Bribn, me pagars esta broma con todo el oro que puede haber en tu tienda. ANGELO.--Seor, no dudo que obtendr justicia en feso, para vergenza vuestra. (_Entra Dromio de Siracusa._) DROMIO.--Seor, hay una barca de Epidauro que no espera sino que llegue bordo el armador, y se dar la vela en seguida. He embarcado nuestro equipaje; he comprado aceite, blsamo y aguardiente. El navo est aparejado; un buen viento sopla alegremente de tierra y no se espera sino al armador y vos, seor. ANTFOLO DE FESO.--Qu! Te has vuelto loco? Qu quieres decir, imbcil? Qu barco de Epidamno me espera m, pcaro? DROMIO.--El barco al cual me habis enviado para tomar nuestro pasaje. ANTFOLO DE FESO.--Esclavo ebrio, te he enviado buscar una soga, y te he dicho para qu y lo qu quera hacer con ella. DROMIO.--Es como si dijerais que me habais enviado ahorcarme. Me habis enviado la baha, seor, buscar un buque. ANTFOLO DE FESO.--Examinar este asunto ms despacio y ensear tus orejas escucharme con ms atencin. V, pues, derecho casa de Adriana, pillo, dale esta llave y dile que en el pupitre que est cubierto con una alfombra de Turqua, hay una bolsa llena de ducados; que me la mande; dile que me han prendido en la calle y que este dinero ser una caucin: corre pronto, esclavo: parte. Vamos, oficial, os sigo la crcel, hasta que vuelva el criado. (_Salen._) DROMIO (_solo_).-- casa de Adriana! Quiere decir casa de aquella donde hemos comido, donde Dulcebella me ha reclamado por marido: es demasiado gorda para que yo alcance abrazarla; pero es preciso que vaya, aunque contra mi voluntad: pues es necesario que los criados ejecuten las rdenes de sus amos. (_Sale._) ESCENA II. La escena pasa en la casa de Antfolo de feso. ADRIANA y LUCIANA. ADRIANA.--Cmo, Luciana, te ha tentado hasta este punto? Has podido leer cuidadosamente en sus ojos si sus exigencias eran serias no? Estaba colorado plido, triste alegre? Qu observaciones has hecho en ese instante sobre los meteoros de su corazn que chispeaban en su rostro? LUCIANA.--Desde lugo, ha negado que tuviseis derecho alguno sobre l. ADRIANA.--Quera decir que l obraba como si yo no tuviera ninguno. Por esto mismo estoy an ms indignada. LUCIANA.--En seguida me ha jurado que era extranjero aqu. ADRIANA.--Y ha jurado la verdad, pues ha perjurado de su hogar. LUCIANA.--Entonces he intercedido por vos. ADRIANA.--Y bien! Qu ha dicho l? LUCIANA.--El amor que yo reclamaba para vos, lo ha implorado de m para l. ADRIANA.--Con qu persuasiones ha solicitado tu ternura? LUCIANA.--En trminos que hubiesen podido conmover, tratndose de una pretensin honrada. Primero ha elogiado mi belleza, en seguida mi inteligencia. ADRIANA.--Le has respondido como debas? LUCIANA.--Tened paciencia, os conjuro. ADRIANA.--No puedo, ni quiero tenerme tranquila. Es necesario que se satisfaga mi lengua, si no mi corazn. Es deforme, contrahecho, viejo y marchito, feo de cara, peor configurado de cuerpo, de todo punto deforme; vicioso, rudo, extravagante, tonto y bruto; detestable en los hechos, y ms detestable an en los propsitos. LUCIANA.--Y quin podra estar celosa de semejante hombre? Nunca se llora un mal perdido. ADRIANA.--Ah! Pero pienso mejor de l que lo que hablo. Y, no obstante, quisiera que fuese an ms deforme los ojos de los otros. El Avefra grita lejos de su nido, para que se alejen de l. Mientras mi lengua le maldice, mi corazn ruega por l. (_Entra Dromio._) DROMIO.--Ea! venid. El pupitre, la bolsa: mis caras seoras, apresuraos. LUCIANA.--Por qu ests tan fuera de aliento? DROMIO.-- fuerza de correr. ADRIANA.--Dnde est tu amo, Dromio? Est bien? DROMIO.--No; est en los limbos del Trtaro, peor que en el infierno; un diablo de eterno uniforme lo ha cogido; un diablo cuyo corazn est revestido de acero, un malvado, un genio brutal implacable; un lobo, peor que lobo, un mozo vestido de piel de bfalo, un enemigo secreto que os pone la mano sobre la espalda, y que os cierra el paso de avenidas, esquinas y calles; en fin, alguien que arrastra las pobres almas al infierno antes del juicio. ADRIANA.--Hombre de Dios! De qu se trata? DROMIO.--No s de qu se trata; pero le han prendido. ADRIANA.--Qu! Est preso? Y por demanda de quin? DROMIO.--No s bien por demanda de quin est preso; todo lo que puedo decir, es que el que lo ha prendido est vestido con uniforme de piel de bfalo. Queris, seora, mandarle para rescatarse, el dinero que est en el pupitre? ADRIANA.--V buscarlo, hermana ma. (_Luciana sale._) Me extraa que tenga deudas que yo ignore. Dime le han prendido por un pagar? DROMIO.--No por un pagar, sino propsito de algo mas fuerte; una cadena, una cadena: no os sonar? ADRIANA.--Qu! La cadena? DROMIO.--No, no; la campana. Ya deba haberme marchado; eran las dos cuando me separ de l; y he aqu que el reloj da la una. ADRIANA.--Las horas retroceden pues? Jams he odo tal cosa. DROMIO.--Oh! s, verdaderamente; cuando una de las dos horas encuentra un sargento, retrocede de miedo. ADRIANA.--Como si el tiempo tuviera deudas! Razonas como un loco rematado. DROMIO.--El tiempo es un verdadero quebrado, y debe la estacin ms de lo que l vale. Y es un ladrn tambin; no habis odo decir que el tiempo adelanta paso de lobo, como un ladrn? Si el tiempo est adeudado y es ladrn, y encuentra en el camino un sargento, no tiene razn de retroceder una hora en un da? ADRIANA.--Corre, Dromio, he aqu el dinero (_Luciana vuelve con la bolsa_); llvalo pronto y trae tu amo casa inmediatamente. Venid, hermana ma, estoy abatida por mis conjeturas que ya me animan, ya me desalientan. (_Salen._) ESCENA III. Una calle de feso. ANTFOLO de Siracusa solo. No encuentro un solo hombre que no me salude, como si fuese un amigo familiar, y todos me llaman por mi nombre. Unos me ofrecen dinero, otros me invitan comer; estos me dan las gracias por servicios que les he hecho; aquellos me ofrecen mercaderas en venta. Hace un momento un sastre me ha llamado su tienda y me ha mostrado sederas que haba comprado para m; y rengln seguido ha tomado la medida de mi cuerpo. Seguramente que todo esto no es sino encanto, ilusiones, y los hechiceros de Laponia habitan aqu. (_Entra una cortesana._) DROMIO.--Amo, he aqu el oro que me envisteis buscar..... Qu! Habis hecho vestir de nuevo el retrato del viejo Adam? ANTFOLO.--Qu oro es ese? De qu Adam quieres hablar? DROMIO.--No del Adam que habitaba el paraso, sino del Adam que mora en la crcel; de aquel que anda uniformado con piel del ternero muerto para el hijo prdigo; aquel que vino tras de vos, seor, como un ngel malo, y que os ha ordenado renunciar vuestra libertad. ANTFOLO.--No te entiendo. DROMIO.--No? Y, no obstante, es una cosa bien sencilla: este hombre que andaba como un violn en un estuche de cuero; el hombre, seor, que, cuando los caballeros estn cansados, les da un chasco y los arresta; aquel que tiene piedad de los hombres arruinados, y les da un vestido de crcel; aquel que tiene la pretensin de hacer ms hazaas con su maza que una lanza morisca. ANTFOLO.--Qu! Quieres decir un sargento? DROMIO.--S, seor, el sargento de las obligaciones: aquel que obliga cada individuo que falta sus compromisos, responder de ellos; hombre que cree que uno est siempre punto de acostarse y dice: Dios os d buen descanso! ANTFOLO.--Vamos, amigo, dejmonos de locuras. Hay algn barco que salga esta noche? Podemos partir? DROMIO.--S, seor; he venido daros la respuesta hace una hora; la barca _Expedicin_ partir esta noche; pero estabais impedido por el sargento y obligado retardaros ms all del tiempo fijado. He aqu los dineros que me habis mandado buscar para libertaros. ANTFOLO.--Este mozo est loco y yo tambin; no hacemos sino errar de ilusiones en ilusiones. Que alguna santa proteccin nos saque de aqu! LA CORTESANA.--Ah! Cunto me alegro de encontraros, seor Antfolo! Veo que habis, en fin, hallado al platero: es esa la cadena que me prometsteis hoy? ANTFOLO.--Atrs, Satans! Te prohibo tentarme. DROMIO.--Seor, es esta la seora de Satans? ANTFOLO.--Es el demonio. DROMIO.--Es an peor, es la seora del demonio; y viene aqu bajo la forma de una moza ligera de cascos; y por esto las muchachas dicen: Dios me condene! lo cual significa: Dios me haga una moza de la vida airada! Est escrito que se aparecen los hombres como ngeles de luz. La luz es un efecto del fuego y el fuego quema. _Ergo_, las mozas de placer quemarn; no os aproximis ella. LA CORTESANA.--Vuestro criado y vos, seor, estis de un humor maravilloso. Queris venir conmigo? Recobraremos aqu la comida que no hemos podido tomar en casa. DROMIO.--Amo, si debis probar la sopa, pedid de antemano una cuchara larga. ANTFOLO.--Pues para qu, Dromio? DROMIO.--Verdaderamente, es menester una cuchara larga al hombre que debe comer con el diablo. ANTFOLO.--(_A la cortesana._) Atrs, pues, demonio! qu vienes hablarme de cena? Eres como todas las dems, una bruja. Conjrote que me dejes y te vayas. LA CORTESANA.--Dadme el anillo que me habis tomado en la comida; en cambio de mi diamante, la cadena que me habis prometido; y entonces me ir, seor, y no os importunar ms. DROMIO.--Hay diablos que no piden sino el recorte de una ua, un junco, un cabello, una gota de sangre, un alfiler, una nuez, una semilla de cereza; pero esta, ms codiciosa, quisiera tener una cadena. Amo, tened cuidado: si le dis la cadena, la diabla la sacudir y nos espantar con ella. LA CORTESANA.--Os ruego, seor, que me dis mi sortija mi cadena. Espero que no tenis intencin de defraudarme de este modo. ANTFOLO.--Fuera de aqu, gitana! Vamos, Dromio, partamos. DROMIO.--_Huye del orgullo_, dice el pavo; sabis eso, seora? (_Salen Antfolo y Dromio._) LA CORTESANA.--Ahora est fuera de duda que Antfolo est loco; de otro modo jams se habra conducido tan mal. Me tiene una sortija que vale cuarenta ducados y me haba prometido en cambio una cadena de oro: y ahora me niega la una y la otra, lo que me obliga concluir que se ha vuelto loco. Adems de esta actual prueba de su demencia, me acuerdo de los cuentos extravagantes que me ha endilgado hoy en la comida, como el de no haber podido entrar en su casa, porque le haban cerrado la puerta. Probablemente su esposa, que conoce sus accesos de locura, le ha cerrado, en efecto, la puerta intencionalmente. Lo que tengo que hacer ahora, es llegar pronto su casa, y decir su esposa, que en un acceso de locura ha entrado bruscamente en mi casa, y me ha quitado de viva fuerza una sortija que se ha llevado. He aqu el partido que me parece mejor escoger, pues cuarenta ducados son demasiado para perderlos. ESCENA IV. La escena pasa en la calle. ANTFOLO DE FESO y UN SARGENTO. ANTFOLO.--No tengis ninguna inquietud; no me escapar; te dar como caucin, antes de dejarte, la cantidad por la cual estoy preso. Mi esposa est hoy de mal humor, y no querr fiarse ligeramente al mensajero, ni creer que haya podido yo ser prendido en feso; dgote que esta nueva sonar en sus odos de una manera extraa. (_Entra Dromio de feso, con un pedazo de soga en la mano._) ANTFOLO DE FESO.--He aqu mi criado, creo que traer el dinero. Y bien! Dromio, traes lo que te he mandado buscar? DROMIO DE FESO.--He aqu, os lo garantizo, con qu pagar todos. ANTFOLO.--Pero el dinero dnde est? DROMIO.--Por supuesto, he dado el dinero por el cordel. ANTFOLO.--Quinientos ducados, tunante, por un pedazo de soga? DROMIO.--Yo os dara quinientas, seor, por ese precio. ANTFOLO.--Pues para qu te mand correr toda prisa al alojamiento? DROMIO.--Para traeros un pedazo de soga, seor; y con este he vuelto. ANTFOLO.--Y con este fin, voy recibirte como mereces. (_Le golpea._) EL OFICIAL.--Paciencia, seor. DROMIO.--Verdaderamente yo soy quien debe ser paciente: me acosa la adversidad. EL OFICIAL.--(_A Dromio._) Es bastante: cllate ahora. DROMIO.--Persuadidle ms bien para que haga callar sus manos. ANTFOLO.--Bastardo! Bribn insensible! DROMIO.--Quisiera ser insensible, seor, para no sentir vuestros golpes. ANTFOLO.--No eres sensible sino los golpes, como los asnos. DROMIO.--En efecto, soy un asno; podis probarlo por mis grandes orejas. Le he servido desde la hora de mi nacimiento hasta este instante, y jams he recibido de l por mis servicios, sino golpes. Cuando tengo fro, me calienta con golpes; cuando tengo calor me refresca con golpes; con golpes me despierta cuando estoy dormido; con ellos me hace levantar si estoy sentado; con golpes me despide cuando salgo de la casa, y con golpes me acoge cuando estoy de vuelta. En fin, llevo sus golpes en las espaldas como un mendigo tiene que llevar su pequeuelo; y creo que cuando me haya invalidado, me ser preciso ir mendigar con ello de puerta en puerta. (_Entran Adriana, Luciana, la cortesana, Pinch y otros._) ANTFOLO.--Vamos, seguidme, he all mi esposa que llega. DROMIO.--Ama, _respice finem_, respetad vuestro fin; ms bien la profeca, como el loro, cuidado con la soga! _Antfolo_.--(_Golpeando Dromio._) Y hablars todava? LA CORTESANA.--(_A Adriana._) Y bien! qu pensais ahora? Est loco vuestro marido? ADRIANA.--Su incivilidad no prueba menos. Buen doctor Pinch, vos que sabis exorcisar, restablecedle en su buen sentido, y os dar cuanto pidireis. LUCIANA.--Ay! Qu chispeantes y furiosas son sus miradas! LA CORTESANA.--Ved cmo tiembla en su enagenacin! PINCH.--Dadme vuestra mano; dejadme sentir vuestro pulso. ANTFOLO.--Tomad, he aqu mi mano, y que la sienta vuestra oreja. PINCH.--Te adjuro, Satans, ya que habitas dentro de este hombre, ceder la posesin mis santas oraciones y hundirte al instante en tus dominios tenebrosos; te adjuro por todos los santos del cielo. ANTFOLO.--Silencio, brujo chocho; silencio; no estoy loco. ADRIANA.--Oh! Pluguiese Dios que no lo estuvieses, alma desventurada! ANTFOLO.--(_A su esposa._) Y vos, favorita, son estos vuestros compinches? Es este compaero, cara de azafrn, quien estaba de gala y fiesta hoy en mi casa, mientras que las puertas estaban criminalmente cerradas, y que se me rehusaba la entrada? ADRIANA.--Oh! esposo mo, Dios sabe que habis comido en casa; y ojal hubiseis permanecido hasta ahora al abrigo de esta difamacin y de este pblico oprobio! ANTFOLO.--He comido en casa? T, tunante, qu dices t? DROMIO.--Para decir la verdad, seor, no habis comido en el alojamiento. ANTFOLO.--Mis puertas no estaban cerradas y yo fuera? DROMIO.--Por Dios! Vuestra puerta estaba cerrada y vos fuera. ANTFOLO.--Y ella misma no me ha colmado de injurias? [Illustration:--_Te adjuro, Satans, ya que habitas dentro de este hombre..._] DROMIO.--Sin mentir, os ha dicho injurias ella misma. ANTFOLO.--Su cocinera no me ha insultado, zaherido, despreciado? DROMIO.--Cierto, lo ha hecho: la vestal de la cocina os ha rechazado injuriosamente. ANTFOLO.--Y no me he ido todo enagenado de ira? DROMIO.--En verdad, nada ms cierto: mis huesos son testigos de ello, que han sentido desde entonces toda la fuerza de esta rabia. ADRIANA.--(_A Dromio._) Es bueno darle razn en sus contradicciones? PINCH.--No hay mal en eso: este mozo conoce su humor y cediendo le lisonjea en su frenes. ANTFOLO.--Has conquistado al platero para hacerme prender. ADRIANA.--Ay! al contrario: os he mandado dinero para rescataros, por mano de Dromio que, vedle aqu, haba corrido buscarle. DROMIO.--Dinero? Por mi mano? Buen corazn y buena voluntad, podra ser; pero ciertamente, mi amo, ni una partcula de dinero. ANTFOLO.--No has ido encontrarla para pedirle una bolsa de ducados? ADRIANA.--Ha venido y se la he entregado. LUCIANA.--Y yo soy testigo de que se la entreg. DROMIO.--Dios y el cordelero me son testigos de que no se me ha mandado buscar otra cosa que un pedazo de soga. PINCH.--Seora, el amo y el criado estn posedos ambos. Lo veo en sus semblantes plidos y cadavricos. Es necesario atarlos y ponerlos en algn cuarto oscuro. ANTFOLO.--Responded; por qu me habis cerrado la puerta hoy? Y t, (_ Dromio_) por qu niegas la bolsa de oro que te han dado? ADRIANA.--Mi buen esposo, no os he cerrado la puerta. DROMIO.--Y yo, querido amo, no he recibido oro; pero confieso, seor, que s os han cerrado la puerta. ADRIANA.--Hipcrita villano, dices una doble mentira! ANTFOLO.--Prostituta hipcrita, mientes en todo; y has hecho liga con una banda de forajidos para llenarme de afrentas y desprecio; pero, con estas uas arrancar tus prfidos ojos, que se complacen en verme en tal ignominia. (_Pinch y su gente amarran Antfolo y Dromio de feso._) ADRIANA.--Oh! Amarradle, amarradle; que no se acerque m! PINCH.--Ms gente! El demonio que lo posee es fuerte. LUCIANA.--Ay! Qu plido y desfigurado est el pobre hombre! ANTFOLO.--Qu! Queris asesinarme? T, carcelero, yo soy tu prisionero; sufrirs que me arranquen de tus manos? EL OFICIAL.--Seores, dejadle; es mi preso y vosotros no lo tendris. PINCH.--Vamos, que se amarre este hombre, pues es frentico tambin. ADRIANA.--Qu quieres decir, rencoroso sargento? Tienes gusto de ver un infortunado hacerse mal y dao s mismo? EL OFICIAL.--Es mi preso; si le dejo ir, me exigirn la suma que debe. ADRIANA.--Te eximir de ello antes de dejarte; condceme al instante donde su acreedor. Cuando sepa la naturaleza de esta deuda, la pagar. Mi buen doctor, ved que sea conducido en seguridad hasta mi casa. Oh desventurado da! ANTFOLO.--Oh, miserable prostituda! DROMIO.--Amo, heme aqu apresado por causa de vos. ANTFOLO.--Enhoramala para ti, bandido! Por qu me haces encolerizar? DROMIO.--Queris, pues, que os amarren por nada? Sed loco, amo; gritad, el diablo... LUCIANA.--Dios les asista, pobres almas! Cmo desvaran! ADRIANA.--Vamos, sacadle de aqu. Venid conmigo, hermana. (_Salen Pinch, Antfolo, Dromio, etc.--Al oficial._) Decidme, ahora, requisicin de quin est preso? EL OFICIAL.--Sobre la demanda de un tal Angelo, un platero. Le conocis? ADRIANA.--Le conozco. Qu cantidad le debe? EL OFICIAL.--Doscientos ducados. ADRIANA.--Y por qu se los debe? EL OFICIAL.--Es el valor de una cadena que vuestro esposo ha recibido de l. ADRIANA.--Haba encargado una cadena para m, pero no se le ha entregado. LA CORTESANA.--Cuando vuestro esposo, todo enfurecido, vino hoy mi casa, se llev mi sortija, que he visto en su dedo, hace poco, y momentos despus le he encontrado con mi cadena. ADRIANA.--Eso puede muy bien ser; pero no la he visto nunca. Venid, alcaide, conducidme casa del platero. Estoy impaciente por saber la verdad de esto con todos sus detalles. (_Entran Antfolo de Siracusa con la espada desnuda y Dromio de Siracusa._) LUCIANA.--Oh Dios, tened piedad de nosotros! Heles aqu de nuevo en libertad! ADRIANA.--Y vienen con la espada desnuda! Pidamos socorro, para hacerlos amarrar de nuevo! EL OFICIAL.--Escapmonos; nos mataran. (_Huyen._) ANTFOLO.--Veo que estas brujas tienen miedo de las espadas. DROMIO.--La que quera ser vuestra esposa ahora poco, os huye ahora. ANTFOLO.--Vamos al Centauro. Saquemos nuestros equipajes; no veo la hora de estar sano y salvo bordo. [Illustration] DROMIO.--No, quedaos aqu esta noche; seguramente no se nos har mal alguno. Vis que se nos habla amistosamente, que se nos ha dado oro; me parece que son unas buenas gentes; y sin esta montaa de carne loca, que me reclama para el matrimonio, me sentira con bastante ganas de quedarme aqu siempre, y de hacerme brujo. ANTFOLO.--No me quedara esta noche ni por el valor de la ciudad entera: vmonos hacer llevar nuestro equipaje bordo. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO V. ESCENA I. La misma. Entran EL MERCADER y ANGELO. ANGELO. Siento mucho, seor, haber retardado vuestra partida. Pero os protesto que la cadena le ha sido entregada por m, aunque tenga la deshonra inconcebible de negarlo. EL MERCADER.--Cmo est considerado este hombre en la ciudad? ANGELO.--Goza de una reputacin respetable, de un crdito sin lmites; es muy querido; ningn ciudadano de esta ciudad es superior l: su palabra, cuando l lo quisiera, respondera de toda mi fortuna. EL MERCADER.--Hablad bajo: creo que es l quien se pasea all. (_Entra Antfolo de Siracusa._) ANGELO.--S, es l: y lleva en su cuello esta misma cadena que por perjurio monstruoso ha jurado no haber recibido. Acercaos, seor, voy hablarle.--( _Antfolo_.) Seor Antfolo, me asombra sobremanera que me hayis causado esta vergenza y este embarazo, no sin dao de vuestra propia reputacin. Negarme tan decididamente y con juramentos haber recibido esta cadena que llevis ahora la vista de todos! Adems de la acusacin, la vergenza y el arresto, habis perjudicado tambin este honrado amigo, que no haber tenido que aguardar el fallo de nuestro debate, se habra dado la vela, y estara actualmente en el mar. Habis recibido esta cadena de m! Habis recibido esta cadena de m! Podis negarlo? ANTFOLO.--Creo que la he recibido de vos; no lo he negado jams, seor. ANGELO.--Oh! lo habis negado, seor, y aun habis perjurado. ANTFOLO.--Quin me ha odo negar y jurar lo contrario? EL MERCADER.--Yo, quien conocis, lo he odo con mis propias orejas. Bah! Miserable! Es una vergenza que te sea permitido pasearte all donde concurre la gente honrada. ANTFOLO.--Eres un villano en insultarme as. Probar mi honor y probidad contra vos dentro de un momento, si te atreves hacerme frente. EL MERCADER.--Me atrevo, y te desafo como al vil que eres. (_Sacan las espadas para batirse. Entran Adriana, Luciana, la cortesana y otros._) ADRIANA.--(_Corriendo._) Parad, no le hiris; por el amor de Dios! Est loco. Que alguien se apodere de l; quitadle la espada. Atad Dromio tambin, y conducidles mi casa. DROMIO.--Huyamos, amo mo, huyamos; en nombre de Dios, entrad en alguna casa. He aqu una especie de convento: entremos, estamos perdidos. (_Antfolo de Siracusa y Dromio entran en el convento: se presenta la abadesa._) LA ABADESA.--Silencio, buenas gentes: por qu os agrupis aqu? ADRIANA.--Vengo llevar de aqu mi pobre esposo que est loco. Entremos fin de que podamos atarle con firmeza y conducirle casa para que se cure. ANGELO.--Bien vea yo que no estaba en su entero juicio. EL MERCADER.--Me pesa ahora haber sacado la espada contra l. LA ABADESA.--Desde cundo est as posedo? ADRIANA.--Toda esta semana ha estado melanclico, sombro y triste; bien diferente de lo que era siempre; pero hasta este medio da, su enfermedad no haba jams estallado en tal extremo de rabia. LA ABADESA.--No ha sufrido grandes prdidas en un naufragio? enterrado algn amigo querido? Sus ojos no han extraviado su corazn en un amor ilegtimo? Es un pecado muy comn en los jvenes, quienes dan sus ojos la libertad de verlo todo. cul de estos accidentes ha solido estar sujeto? ADRIANA.-- ninguno, si no es el ltimo. Quiero decir, algn amoro que le alejaba frecuentemente de su casa. LA ABADESA.--Deberais haberle amonestado por ello. ADRIANA.--Por cierto, lo he hecho. LA ABADESA.--Quizs con escasa energa. ADRIANA.--Con tanta como me lo permita el pudor. LA ABADESA.--Quizs en particular. ADRIANA.--Y en pblico tambin. LA ABADESA.--S, pero no lo suficiente. ADRIANA.--Era el tema de todas nuestras conversaciones; en la cama, no poda l dormir, por lo mucho que de ello le hablaba. En la mesa, no poda comer por lo mucho que de ello le hablaba. solas, era el objeto de mis reconvenciones. En sociedad, aluda yo frecuentemente ello, y aun le deca cun malo y vergonzoso era. LA ABADESA.--Y de ah ha sucedido que este hombre se ha vuelto loco. Los clamores emponzoados de una mujer celosa son un veneno ms mortfero que el diente de un perro rabioso.--Parece que su sueo era interrumpido por tus querellas; he ah lo que ha debilitado su cabeza. Dices que las comidas eran sazonadas con tus reproches; las comidas perturbadas hacen las malas digestiones, de donde nacen el fuego y el delirio de la fiebre. Y qu cosa es la fiebre, sino un acceso de locura!--Dices que tu vehemencia ha interrumpido sus pasatiempos. Privando al hombre de una dulce recreacin, qu ha de venir? Una acerba y triste melancola, anloga la feroz inconsolable desesperacin; y en seguida una grande infecta multitud de enfermedades, enemigas de la existencia.--Ser perturbado en sus alimentos, en su recreo, en el sueo conservador de la vida, bastara para hacer que se volvieran locos hombres y bestias. La consecuencia es, pues, que vuestros accesos de celos son los que han privado vuestro esposo del uso de su razn. [Illustration] LUCIANA.--No le ha hecho sino dulces amonestaciones, cuando l se entregaba al mpetu, la brutalidad de arrebatos groseros. (_ su hermana._) Por qu soportis estos reproches sin responder? ADRIANA.--Me ha entregado los reproches de mi propia conciencia. Buenas gentes, entrad y apoderaos de l. LA ABADESA.--No; nadie entra jams en mi casa. ADRIANA.--Entonces, que vuestros criados traigan mi esposo. LA ABADESA.--Eso no ser tampoco; l ha tomado este lugar como un asilo sagrado; y ste lo garantizar de vuestras manos, hasta que yo lo haya devuelto al uso de sus facultades, haya perdido mi trabajo en intentarlo. ADRIANA.--Quiero cuidar mi esposo, ser su custodia, su enfermera, pues es mi obligacin; y no quiero otro agente que yo misma. As dejadme conducirle mi casa. LA ABADESA.--Tened paciencia; no lo dejar salir de aqu hasta que no haya empleado los medios probados que poseo; jarabes, drogas saludables y santas oraciones, para restablecerle en el estado natural del hombre; es una parte de mi voto, un deber caritativo de mi orden; as retiraos y dejadle confiado mis cuidados. ADRIANA.--No me mover de aqu, y no dejar aqu mi esposo. Sienta mal vuestra santidad el separar al marido y la mujer. LA ABADESA.--Calmaos y retiraos. Vos no lo tendris. (_Sale la abadesa._) LUCIANA.--Quejaos al duque de esta indignidad. ADRIANA.--Vamos, venid: caer prosternada sus pis y no me levantar hasta que mis lgrimas y mis ruegos hayan comprometido Su Alteza venir en persona al monasterio, para quitar por fuerza mi esposo la abadesa. EL MERCADER.--El horario de este cuadrante creo que marca las cinco. Estoy seguro de que en este momento, el duque se dirige en persona hacia la triste llanura, lugar de muerte y de tristes ejecuciones, que est detrs de los fosos de esta abada. ANGELO.--Y por qu causa va all? EL MERCADER.--Para ver cortar pblicamente la cabeza de un respetable mercader de Siracusa que ha tenido la desgracia de infringir las leyes y los estatutos de esta ciudad, abordando esta baha. ANGELO.--En efecto, helos aqu que vienen: vamos asistir la ejecucin. LUCIANA.--(_A su hermana._) Arrojaos los pis del duque, antes que haya pasado la abada. (_Entran el duque con su cortejo, gen, con la cabeza descubierta, el verdugo, guardias y otros oficiales._) EL DUQUE.--(_A un pregonero pblico._) Proclamad pblicamente una vez ms, que si hay algn amigo que quiera pagar la suma por l, no morir, pues nos interesamos en su suerte! ADRIANA.--(_Arrojndose las rodillas del duque._) Justicia contra la abadesa! EL DUQUE.--Es una seora virtuosa y respetable: no es posible que os haya hecho mal. ADRIANA.--Que Vuestra Alteza se digne oirme: Antfolo, mi esposo, quien hice dueo de mi persona y de cuanto posea, conforme vuestras cartas presentes, ha sido atacado, en este da fatal, por un espantoso acceso de locura. Se ha lanzado furioso la calle (y con l su esclavo que est loco tambin) ultrajando los ciudadanos, entrando por fuerza en sus casas, llevndose sortijas, joyas, todo lo que agradaba su capricho. He logrado hacerlo atar una vez y conducirlo mi casa, mientras iba yo reparar los perjuicios que su furia haba causado aqu y all en la ciudad. Sin embargo, no s por qu medio ha podido escaparse; se ha desembarazado de los que le custodiaban, seguido de su esclavo, alienado como l; ambos, impulsados por una rabia desenfrenada, con las espadas desnudas, nos han encontrado y han venido caer sobre nosotros y nos han puesto en fuga hasta que provistas de nuevos refuerzos hemos vuelto para detenerlos; entonces se han escapado esta abada, donde les hemos perseguido. Y he aqu que la abadesa nos cierra las puertas y no nos permite buscarle, ni hacerle salir, con el fin de que podamos llevarle. As, muy noble duque, con vuestra autoridad, ordenad que lo traigan y lo lleven su casa, para que all sea auxiliado. EL DUQUE.--Vuestro esposo ha servido ya en mis guerras y os he prometido mi palabra de prncipe, cuando lo admitisteis compartir vuestro lecho, hacerle todo el bien que podra depender de m. Id, alguno de vosotros, tocad las puertas de la abada y decid la seora abadesa que venga hablarme: quiero arreglar esto antes de pasar otra cosa. (_Entra un criado._) EL CRIADO.--Oh! ama ma, ama ma, hud, poneos en salvo! Mi amo y su esclavo se han escapado; han golpeado las sirvientas una tras otra y amarrado al doctor y quemdole las barbas con tizones encendidos; y medida que ardan, le han arrojado baldes de fango infecto para apagar el fuego de sus cabellos. Mi amo le exhorta la paciencia, mientras que su esclavo le trasquila con tijeras como un loco; y seguramente, si no enviis socorro al instante, matarn al mgico entre los dos. ADRIANA.--Calla; imbcil: tu amo y su criado estn aqu; y todo lo que dices, no es ms que un cuento. EL CRIADO.--Ama, por mi vida, os digo la verdad. Desde que v esta escena he corrido casi sin respirar. Grita contra vos, y jura que si puede cogeros, os tostar la cara y os desfigurar. (_Se oyen gritos en el interior._) Escuchad, escuchad; ya le oigo; hud, ama ma, escapaos! EL DUQUE.--(_A Adriana._) Venid, poneos junto m. No tengis ningn temor. Guardadla con vuestras alabardas. ADRIANA.--(_Viendo entrar Antfolo de feso._) Oh dioses! Es mi esposo! Sed testigos, que reaparece aqu como un espritu invisible. No hace sino un momento que le hemos visto refugiarse en esta abada, y hele aqu ahora que llega por otro lado. Esto sobrepuja la inteligencia humana! (_Entran Antfolo y Dromio de feso._) ANTFOLO.--Justicia, generoso duque! Oh! Aseguradme justicia! En nombre de los servicios que os he hecho en tiempos pasados, cuando os he cubierto con mi cuerpo en el combate y he recibido profundas heridas por salvar vuestra vida; en nombre de la sangre que perd entonces por vos, acordadme justicia. GEN.--Si el temor de la muerte no me ha trastornado la razn, es mi hijo Antfolo quien veo, y Dromio. ANTFOLO.--Justicia, buen prncipe, contra esta mujer que vis all! Ella, quien me habis dado vos mismo por esposa, me ha ultrajado y deshonrado, con la ms grande y la ms cruel afrenta. La injuria que sin pudor me ha hecho hoy, sobrepuja la imaginacin. EL DUQUE.--Explicaos y me encontraris justo. ANTFOLO.--Hoy mismo, poderoso duque, ha cerrado para m las puertas de mi casa, mientras que ella se regalaba all con bribones infames. EL DUQUE.--Grave falta; responde, mujer: has obrado as? ADRIANA.--No, mi digno seor. Yo, l y mi hermana, hemos comido hoy juntos. Que caiga sobre mi alma la acusacin, s no es enteramente falsa! LUCIANA.--Que jams vuelva yo ver la luz del da, ni reposar en la noche, si ella no dice la pura verdad Vuestra Alteza! ANGELO.--Oh mujer perjura! Una y otra juran en falso. Sobre este punto, el loco las acusa con justicia. ANTFOLO.--Mi soberano, s lo que digo. No estoy perturbado por los vapores del vino, ni extraviado por el desorden de la clera, aunque las injurias que he recibido bastaran para hacer perder la razn un hombre ms prudente que yo. Esta mujer me ha impedido entrar hoy mi casa para comer: este platero que vis, si no estuviese de acuerdo con ella, podra atestiguarlo, pues estaba conmigo entonces; me ha dejado para ir buscar una cadena, prometiendo trarmela al Puerco-Espn, donde Baltasar y yo comimos juntos; terminada nuestra comida y no volviendo l, he ido buscarle y le he encontrado en la calle en compaa de este caballero. All este platero perjuro me ha jurado descaradamente haberme entregado una cadena que lo sabe Dios! no he visto jams, y por esta causa me ha hecho prender por un sargento! He obedecido y he enviado mi criado mi casa buscar algunos ducados. Volvi, pero sin dinero. Entonces rogu cortesmente al oficial que me acompaase l mismo hasta mi casa. En el camino hemos encontrado mi esposa, su hermana y toda una caterva de viles cmplices; traan con ellos un tal Pinch, un perdido, de cara flaca y aire de hambriento, un esqueleto descarnado, un charlatn, decidor de buena aventura, escamoteador remendado, un miserable necesitado, de ojos hundidos y mirada maliciosa, una momia ambulante. Este pillo peligroso ha osado hacerse pasar por mgico, mirndome los ojos, tomndome el pulso, desprecindome en mi presencia. l, que apenas es un ente, ha exclamado que yo estaba loco. En seguida todos han cado sobre m, me han amarrado, arrastrado y sumergido m y mi criado, atados ambos, en una hmeda y tenebrosa cueva de mi casa. Al fin royendo mis lazos con los dientes, los he roto; he recobrado mi libertad y he corrido en seguida en busca de Vuestra Alteza; conjrola que me haga dar una satisfaccin amplia por estas indignidades y las afrentas inauditas que me han hecho sufrir. ANGELO.--Mi prncipe, en toda verdad, mi testimonio se acuerda con el suyo en que no ha comido en su casa sino que le han cerrado la puerta. EL DUQUE.--Pero le habis entregado no la cadena en cuestin? ANGELO.--La ha recibido de m, Alteza; y cuando corra en esta calle, esta gente ha visto la cadena en su cuello. EL MERCADER.--Adems, yo jurar que con mis propios odos os he odo confesar que habais recibido de l la cadena, despus de haberlo negado con juramento en la plaza del Mercado. En esta ocasin es cuando saqu la espada contra vos: entonces os escapasteis en esta abada, de donde creo habis salido por milagro. ANTFOLO.--Jams he entrado en el recinto de esta abada; jams habis sacado la espada contra m; jams he visto la cadena: tomo por testigo al cielo! Y todo lo que me imputis es mentira. EL DUQUE.--Qu acusacin tan enredada! Creo que habis bebido todos en la copa de Circeo. Si hubiera entrado en esta casa, all estara an; si estuviese loco, no defendera su causa con tanta sangre fra. Decs que ha comido en su casa; el platero lo niega. Y t, tunante, qu dices t? DROMIO.--Prncipe, ha comido con esta mujer en el Puerco-Espn. LA CORTESANA.--S, mi prncipe, ha cogido de mi dedo esa sortija que le vis. ANTFOLO.--Es verdad, mi soberano, es de ella de quien tengo esta sortija. EL DUQUE.--(_A la cortesana._) Le habis visto entrar en esta abada? LA CORTESANA.--Tan seguro, mi prncipe, como lo es, que veo Vuestra Gracia. EL DUQUE.--Es extrao! Id decir la abadesa que se presente aqu: creo, verdaderamente, que estis todos de acuerdo completamente locos. (_Uno de la gente del duque va buscar la abadesa._) GEN.--Poderoso duque, acordadme la libertad de decir una palabra. Quizs veo aqu un amigo que salvar mi vida y pagar la suma que puede libertarme. EL DUQUE.--Decid libremente, siracusano, lo que queris. GEN.--(_ Antfolo._) Vuestro nombre, seor, no es Antfolo? Y no es ese vuestro esclavo Dromio? DROMIO DE FESO.--No hace an una hora, seor, que era su esclavo: pero l, se lo agradezco, ha cortado mis cuerdas con sus dientes; y ahora soy Dromio y su servidor, pero ya no esclavo. GEN.--Estoy seguro que los dos os acordis de m. DROMIO DE FESO.--Nos acordamos de nosotros mismos, seor, en vindoos; pues hace algunos instantes que estbamos ligados, como lo estis vos ahora. No sois un enfermo de Pinch, no es verdad, seor? GEN.--(_ Antfolo._) Por qu me miris como un extrao? Me conocis bien. ANTFOLO DE FESO.--Jams en mi vida os he visto, hasta este momento. GEN.--Oh! la tristeza me ha cambiado desde la ltima vez que me habis visto; mis horas de inquietud, y la mano destructora del tiempo han grabado extraas alteraciones sobre mi rostro. Pero decidme an no reconocis mi voz? ANTFOLO DE FESO.--Tampoco. GEN.--Y t, Dromio? DROMIO DE FESO.--Ni yo, seor; os lo aseguro. GEN.--Y yo estoy seguro que la reconoces. DROMIO DE FESO.--S, seor? Y yo estoy seguro que no, y lo que un hombre os niega, estis obligado ahora creerlo. GEN.--No reconocer mi voz! Oh estrago del tiempo! Has deformado y entorpecido tal punto mi lengua, en el corto espacio de siete aos, que mi hijo nico no pueda ya reconocer mi dbil voz que hacen vibrar desapacible los cuidados! Aunque mi rostro surcado de arrugas, est oculto bajo la nieve del invierno que hiela la savia; aunque todos los canales de mi sangre estn helados; sin embargo, un resto de memoria reluce en la noche de mi vida; las antorchas medio consumidas de mi vista, despiden an alguna plida claridad; mis orejas ensordecidas me sirven an para oir un poco; y todos estos viejos testigos (no, no puedo equivocarme) me dicen que eres mi hijo Antfolo. ANTFOLO DE FESO.--Nunca en mi vida he visto mi padre. GEN.--No hace an siete aos, joven, lo sabes, que nos hemos separado en Siracusa: pero puede ser, hijo mo, que tengas vergenza de reconocerme en el infortunio. ANTFOLO DE FESO.--El duque, y todos los de la ciudad que me conocen, pueden atestiguar conmigo que eso no es verdad. No he visto jams Siracusa, en toda mi vida. EL DUQUE.--Te aseguro, siracusano, que desde ha veinte aos que soy el protector de Antfolo, jams ha visto Siracusa: veo que tu edad y tu peligro perturban tu razn. (_Entra la abadesa, seguida de Antfolo y de Dromio de Siracusa._) LA ABADESA.--Muy poderoso duque, he aqu un hombre cruelmente ultrajado. (_Todo el mundo se aproxima y se apresura para ver._) ADRIANA.--Veo dos maridos, mis ojos me engaan. [Illustration] EL DUQUE.--Uno de estos dos hombres es sin duda el genio del otro; y lo mismo sucede con estos dos esclavos. Cul de los dos es el hombre natural y cul el espritu? Quin puede distinguir al uno del otro? DROMIO DE SIRACUSA.--Soy yo, seor, quien soy Dromio; ordenad ese hombre que se retire. DROMIO DE FESO.--Soy yo, seor, quien soy Dromio: permitid que me quede. ANTFOLO DE SIRACUSA.--No eres gen, eres su fantasma? DROMIO DE SIRACUSA.--Oh mi viejo amo! Quin lo ha cargado aqu con estos lazos? LA ABADESA.--Cualquiera que sea el que le ha encadenado, le libertar de su cadena y ganar un esposo. Hablad, viejo gen, si sois el hombre que tuvo una esposa, hace tiempo, llamada Emilia, que os di la vez dos hermosos nios; oh! si sois el mismo gen, hablad, y hablad la propia Emilia! GEN.--Si no sueo, eres Emilia; si eres Emilia dime dnde est este hijo que flotaba contigo sobre aquella balsa fatal? LA ABADESA.--l y yo con el gemelo Dromio, fumos recogidos por habitantes de Epidamno; pero un momento despus, pescadores feroces de Corinto les quitaron por fuerza Dromio y mi hijo, y me dejaron con los de Epidamno. Lo que fu de ellos despus, no puedo decirlo; m, la fortuna me ha colocado en el estado en que me vis. EL DUQUE.--He aqu que principia confirmarse la historia de esta maana; estos dos Antfolo, estos dos hijos tan parecidos, y estos dos Dromio tan semejantes! He aqu los padres de estos dos nios que la casualidad reune. Antfolo, has venido primero de Corinto? ANTFOLO DE SIRACUSA.--No, prncipe; yo no: vine de Siracusa. EL DUQUE.--Vamos, teneos separados; no puedo distinguiros uno de otro. ANTFOLO DE FESO.--Vine de Corinto, mi bondadoso seor. DROMIO DE FESO.--Y yo con l. ANTFOLO DE FESO.--Conducido a esta ciudad por vuestro to, el duque Menafn, guerrero tan famoso. ADRIANA.--Cul de los dos ha comido conmigo hoy? ANTFOLO DE SIRACUSA.--Yo, mi bella dama. ADRIANA.--Y no sois vos mi esposo? ANTFOLO DE FESO.--No, eso digo yo no. ANTFOLO DE SIRACUSA.--Y convengo con vos; aunque ella me haya dado este ttulo...., y que esta bella seorita, su hermana, que he ah, me haya llamado su hermano.--Lo que os he dicho entonces, espero tener un da la ocasin de probroslo, si todo lo que veo y oigo no es un sueo. ANGELO.--He aqu la cadena, seor, que habis recibido de m. ANTFOLO DE SIRACUSA.--Lo creo, seor, no lo niego. ANTFOLO DE FESO (_ Angelo_).--Y vos, seor, me habis hecho prender por esta cadena. ANGELO.--Creo que s, seor; no lo niego. ADRIANA (_ Antfolo de feso._)--Os he enviado dinero, seor, para serviros de caucin, por Dromio; pero creo que no os lo ha llevado. (_Sealando Dromio de Siracusa._) DROMIO DE SIRACUSA.--No, yo no. ANTFOLO DE SIRACUSA.--He recibido de vos esta bolsa de ducados; y es Dromio, mi criado, quien me la ha trado: veo ahora que cada uno de nosotros ha encontrando el criado del otro; yo he sido tomado por l, y l por m; y de aqu han provenido todas estas equivocaciones. ANTFOLO DE FESO.--Empeo aqu estos ducados por el rescate de mi padre, que he aqu. EL DUQUE.--Es intil; doy la vida vuestro padre. LA CORTESANA (_ Antfolo de feso._)--Seor, es necesario que me volvis este diamante. ANTFOLO DE FESO.--Helo aqu, tomadle, y muchas gracias por vuestra buena carne. LA ABADESA.--Ilustre duque, dignaos daros la molestia de entrar con nosotros en esta abada; oiris la historia entera de nuestras aventuras. Y vosotros todos, que estis reunidos en este lugar y que habis sufrido algn perjuicio por las equivocaciones recprocas de este da, venid, acompaadnos, y tendris plena satisfaccin. Durante veinticinco aos enteros, he sufrido los dolores del alumbramiento, causa de vosotros, hijos mos, y no es sino en esta hora cuando estoy al fin desembarazada de mi penoso fardo. El duque, mi marido, mis dos hijos y vosotros que marcis la fecha de su nacimiento, venid conmigo una fiesta de puerperio; tan largos dolores debe suceder tal natividad. EL DUQUE.--Con todo mi corazn; quiero apadrinar esta fiesta. (_Salen el duque, la abadesa, gen, la cortesana, el mercader y el squito._) DROMIO DE SIRACUSA.--(_A Antfolo de feso._) Mi amo, ir tomar vuestro equipaje bordo? ANTFOLO DE FESO.--Dromio, qu equipaje bordo has embarcado? DROMIO DE SIRACUSA.--Todos vuestros efectos, seor, que tenais en el albergue del Centauro. ANTFOLO DE SIRACUSA.--Es m quien quiere hablar: soy yo, quien soy tu amo, Dromio. Vamos, ven con nosotros: trataremos de arreglar eso ms tarde: abraza tu hermano y divirtete con l. (_Los dos Antfolos salen._) DROMIO DE SIRACUSA.--Hay en la casa de vuestro amo una amiga gorda, que hoy en la comida me ha ENCOCINADO tomndome por vos. En lo sucesivo ser mi hermana y no mi esposa. DROMIO DE FESO.--Me parece que sois mi espejo en lugar de ser mi hermano. Veo en vuestro rostro que soy un muchacho bonito. Queris entrar para ver su fiesta? DROMIO DE SIRACUSA.--No es m, seor, quien toca pasar el primero: sois el mayor. DROMIO DE FESO.--Es una cuestin: cmo la resolveremos? DROMIO DE SIRACUSA.--Tiraremos la paja corta para decidirla. Hasta entonces, pasa t delante. DROMIO DE FESO.--No, tengmonos as. Hemos entrado en el mundo como dos hermanos: entremos aqu mano en mano y no uno delante del otro. (_Salen._) * * * * * LAS ALEGRES COMADRES DE WINDSOR. TRADUCCIN DE JOS ARNALDO MRQUEZ. Ilustracin de _P. Thumann_. Grabados de _H. Gnther_. PERSONAJES. SIR JOHN FALSTAFF. FENTON. POCOFONDO.--Juez de paz de campaa. SLENDER, primo de Pocofondo. Mr. FORD, } Caballeros residentes en Windsor. Mr. PAGE, } GUILLERMO PAGE, menor, hijo de Mr. Page. Dr. HUGH EVANS, cura galo. EL DOCTOR CAIUS, mdico francs. EL POSADERO DE LA LIGA. BARDOLF, } PISTOL, } Acompaantes de Falstaff. NYM, } ROBIN, paje de Falstaff. SIMPLE, criado de Slender. RUGBI, criado del Doctor Caius. SEORA FORD. SEORA PAGE. SEORITA ANA PAGE, su hija, enamorada de Fenton. SEORA APRISA, criada del Dr. Caius. CRIADOS DE PAGE, DE FORD, ETC. La escena pasa en Windsor y sus alrededores. [Illustration] ACTO I. ESCENA I. En Windsor, delante de la casa de Page. Entran el juez POCOFONDO, SLENDER y Sir HUGH EVANS. POCOFONDO. No tratis de disuadirme, sir Hugh. Llevar este asunto la alta corte de justicia para lo criminal. As valiera sir Juan Falstaff veinte como l, no ofender Roberto Pocofondo, escudero. SLENDER.--En el condado de Glocester, Juez de paz y _coram_. POCOFONDO.--S, primo Slender, y _Cust-alorum_. SLENDER.--S, y tambin _ratolorum_, gentilhombre de nacimiento, seor cura, que se firma _armgero_ en todos los actos, notas, recibos, mandatos y obligaciones: _armgero_. POCOFONDO.--S, que lo hacemos y lo hemos hecho invariablemente en estos ltimos trescientos aos. SLENDER.--Todos sus sucesores que han vivido antes que l, lo han hecho; y todos sus antepasados que han de venir despus de l podrn hacerlo. Podrn exhibir los doce lucios en su casaca. POCOFONDO.--Es una antigua casaca. EVANS.--Sienta muy bien una casaca antigua una docena de lucios. Lo uno se aviene muy bien con lo otro. Es un animal familiar al hombre: un emblema de amor. POCOFONDO.--El lucio es pescado fresco: la casaca antigua es pescado salado. SLENDER.--Puedo hacer tercio, primo? [Illustration] POCOFONDO.--Sin duda alguna, si os casis. EVANS.--Pues si entra en tercio, de seguro que no podr hacer sino mal tercio. POCOFONDO.--De ninguna manera. EVANS.--Por nuestra seora, que s. Si l toma un tercio de vuestra casaca, no quedarn, en mi humilde juicio, sino los otros tercios para vos. Pero todo sale lo mismo. Si el caballero Falstaff ha cometido algn desacato hacia vos, miembro soy de la iglesia y me empleara de todo corazn en hacer mediar desagravios y avenimientos. POCOFONDO.--No; la alta corte habr de tomar noticia de esto. Hay rebelin. EVANS.--No es propio que se le haga oir de tal asunto. En las rebeliones no hay temor de Dios y el Consejo preferir oir hablar del temor de Dios ms bien que de una rebelin. Considerad esto. POCOFONDO.--Ah, por vida ma! Si fuese joven an, esto acabara estocadas. EVANS.--Ms vale que sean los amigos y no la espada quien termine esto. Y adems, tengo en la cabeza un proyecto que quizs tenga ventajosos resultados. Hay una Ana Page, hija del seor Jorge Page, que es una guapa doncella. SLENDER.--La seorita Ana Page? Tiene cabellos castaos y habla tmidamente como cumple una mujer. EVANS.--De cuantas hay en el mundo, es ella precisamente la que podrais desear. Y su abuelo (gurdele Dios una resurreccin feliz) en su lecho de muerte le dej setecientas libras en dineros, y oro y plata, para cuando cumpla los diez y siete aos. Sera cosa muy cuerda dejar vuestras disputas y procurar un matrimonio entre el seor Abraham y la seorita Ana Page. POCOFONDO.--Setecientas libras le dej su abuelo? EVANS.--S, por cierto. Y su padre le dar an mejor caudal. POCOFONDO.--Conozco la seorita: tiene buenas prendas. EVANS.--Setecientas libras y esperanzas de heredar ms, no son malas prendas. POCOFONDO.--Bien. Busquemos al digno seor Page. Est all Falstaff? EVANS.--Habr de deciros una mentira? Desprecio al mentiroso, como desprecio uno que es falso, como desprecio uno que no es sincero. El caballero sir Juan est all y os ruego que os dejis guiar por los que os quieren bien. Llamar la puerta y preguntar por el seor Page (_golpea_). Hola! Dios bendiga vuestra casa! (_Entra Page._) PAGE.--Quin llama? EVANS.--He aqu, con la bendicin de Dios y con vuestro amigo, al juez Pocofondo y al joven seor Slender, que acaso podrn contaros un cuento, si las cosas salen gusto vuestro. POCOFONDO.--Seor Page, algrome de veros. Hulguese vuestro buen corazn! Deseo que vuestra cacera mejore, pues no fu muerta como manda la ley. Cmo est la buena seora Page? Os amo de corazn, as, de corazn. PAGE.--Gracias, seor. POCOFONDO.--Gracias, seor; por s y por no, gracias. PAGE.--Me alegro de veros, amiguito Slender. SLENDER.--Cmo est vuestro lebrel leonado, seor? Me dijeron que haba perdido en las carreras de Cotsale. PAGE.--La cosa no pudo ser juzgada. SLENDER.--No queris confesarlo, no queris confesarlo. POCOFONDO.--No lo ha de querer! Es culpa vuestra, es culpa vuestra. Es un buen perro. PAGE.--Perro de mala ralea, seor. POCOFONDO.--Un buen perro, seor, un hermoso perro. Qu ms se puede decir? Es bueno y hermoso. Est aqu el seor Juan Falstaff? PAGE.--Est dentro. Quisiera poder hacer algo en bien de vosotros. EVANS.--As es como debe hablar un cristiano. POCOFONDO.--Seor Page, l me ha ofendido. PAGE.--Lo reconoce en cierto modo, seor. POCOFONDO.--Si lo reconoce, no lo repara. No es as, seor Page? Me ha ofendido; en todas veras me ha ofendido: en una palabra, me ha ofendido. Creedme, Roberto Pocofondo, escudero, lo ha dicho: se le ha ofendido. PAGE.--Aqu viene sir Juan. (_Entran sir Juan Falstaff, Bardolfo, Nym y Pistol._) FALSTAFF.--Y bien, seor Pocofondo: vis quejaros de m al rey? POCOFONDO.--Caballero: habis golpeado mis gentes, muerto mi caza y forzado las puertas de mi habitacin. FALSTAFF.--Pero no he besado la hija de vuestro guardin? POCOFONDO.--Se me da un ardite. Tendris que responder de esto. FALSTAFF.--Y respondo desde lugo: he hecho todo eso. Ya est respondido. POCOFONDO.--Esto ir dar al Consejo. FALSTAFF.--Sera mejor para vos que el Consejo nada supiera. Se reiran de vos. EVANS.--_Pauca verba_, sir Juan, buenas palabras. FALSTAFF.--Buenas palabras! buenas coles! Slender, os romp la cabeza: qu tenis contra m? SLENDER.--Por cierto, seor, tengo algo contra vos en la cabeza y contra vuestros ladrones de conejos, Bardolfo, Nym y Pistol. Me llevaron la taberna, me emborracharon y en seguida me robaron el bolsillo. BARDOLFO.-- ti, queso de Banbury? SLENDER.--Bien, eso no importa. PISTOL.--Con esas nos sales, Mefistfeles? SLENDER.--Bien, eso no importa. NYM.--Tajarlo! digo, _pauca, pauca_, tajarlo! Eso me pide el gusto. SLENDER.--Dnde est Simple, mi criado? Lo sabis, primo? EVANS.--Paz, os ruego! Procuremos entendernos. lo que se me alcanza, hay tres rbitros en este asunto, saber: el seor Page, _fidelicet_, seor Page: yo mismo, _fidelicet_ yo: y por fin y remate el tercero es mi posadero de la Liga. PAGE.--Nosotros tres para entender del asunto y arreglarlo entre ellos. EVANS.--Muy bien. Tomar nota en mi libro memorandum, y despus nos ocuparemos de la causa con toda la discrecin que nos sea posible. FALSTAFF.--Pistol! PISTOL.--Soy todo orejas. EVANS.--El diablo y su abuela! Qu frase es esa ser todo orejas? Pues eso es afectacin. FALSTAFF.--Pistol, robaste la bolsa del seorito Slender? SLENDER.--S, por vida de mis guantes, que lo hizo, ( no querra yo, no ser cierto, volver jams mi gran cmara). Me rob siete monedas de cuatro peniques y dos tablillas Edward para jugar al tejo, que me haban costado dos chelines y dos peniques cada una, en casa de Miller. S, por estos guantes! FALSTAFF.--Es verdad esto, Pistol? EVANS.--No: es falso, si es una ratera. PISTOL.--Ah! Eres un forastero montaraz! Sir Juan, amo mo, reto combate este sable de hoja de lata. Aqu, en tus labios est la mentira: hez y escoria, mientes! SLENDER.--Pues por estos guantes, que entonces era el otro. NYM.--Andad con cuidado y dejaos de bromas, seor mo, que si os acomoda tratarme como ratero, m me acomodar atraparos mi modo. Y esto es lo que hay en el caso. SLENDER.--Pues entonces, por este sombrero, quien tiene la culpa es aquel de la cara colorada; pues aunque no puedo acordarme de lo que hice cuando me embriagasteis, con todo no soy enteramente un asno. FALSTAFF.--Qu decs vosotros, Scarlet y Juan? BARDOLFO.--Por mi parte, lo que digo es que el caballero bebi hasta perder los cinco sentimientos. EVANS.--Los cinco sentidos, se dice. Santo Dios! Qu ignorancia! BARDOLFO.--Y estando achispado, le arreglaron las cuentas, como dicen, y as se acab el cuento. SLENDER.--S, y entonces hablaste en latn pero no importa. Nunca, jams me emborrachar mientras viva otra vez, sino en honrada y buena sociedad, causa de este percance. Si me emborracho, me emborrachar con los que tienen temor de Dios, y no con ebrios bribones. EVANS.--Que Dios me juzgue, como es cierto que ese es un propsito de virtud. FALSTAFF.--Os, seores, que todos esos cargos han sido negados. Lo os? (_Entra Ana Page, trayendo vino, seguida por la Sra. Ford y la Sra. Page._) PAGE.--No, hija. Llvate el vino. Beberemos all dentro. (_Sale Ana Page._) SLENDER.--Oh cielos! Esta es la seorita Ana Page. PAGE.--Cmo va, seora Ford? FALSTAFF.--Por vida ma, seora Ford, sois muy bien venida. Con vuestro permiso, buena seora. (_La besa._) PAGE.--Esposa ma, da la bien venida estos caballeros. Venid, tenemos un buen pastel caliente de cacera para la comida. Vamos, seores, que ahogaremos en el vino todo resentimiento. (_Salen todos menos Pocofondo, Slender y Evans._) SLENDER.--Dara cuarenta chelines por tener aqu mi libro de canciones y sonetos. (_Entra Simple._) Cmo! Simple dnde habis estado? Tendr que ser mi propio sirviente, no es as? Ni tenis tampoco la mano el libro de los enigmas, por supuesto? SIMPLE.--El libro de los enigmas! Pues no lo prestasteis Alicia Pocapasta en la fiesta ltima de Todos Santos, quince das antes del San Miguel? POCOFONDO.--Venid, primo, venid. Os estamos aguardando. Una palabra al odo, primo. Hay, como quien dice, una oferta, una especie de oferta muy lo lejos, hecha por sir Hugh. Entendis? SLENDER.--S, y me encontraris razonable. Si ha de ser as, har lo que est puesto en razn. POCOFONDO.--Pero entendedme bien. SLENDER.--Lo hago, seor. EVANS.--Prestad odo sus consejos, seorito Slender. Ya os describir el asunto si tenis capacidad para ello. SLENDER.--Har como diga mi primo Pocofondo. Perdonadme, pues l es juez de paz en su pas, aunque yo no sea aqu sino un cualquiera. EVANS.--Pero no se trata de eso. Se trata de lo concerniente vuestro matrimonio. POCOFONDO.--S; este es el punto vital de la cuestin. EVANS.--Por cierto que lo es. Es el punto vital de la seorita Ana Page. SLENDER.--Pues siendo as, me casar con ella si se me pide en debida forma. EVANS.--Pero podis amar la mujer? Debemos exigir que lo digis con vuestros labios; porque muchos filsofos pretenden que los labios son una parte de la boca; por tanto, podis, s no, inclinar vuestra buena voluntad hacia la doncella? POCOFONDO.--Primo Abraham Slender, podis amarla? SLENDER.--As lo espero. Har lo que cumple uno que quiere obrar en razn. EVANS.--No, por Dios y sus santos y sus esposas; debis decir positivamente si podis inclinar hacia ella vuestros deseos. POCOFONDO.--Tenis que hacerlo. Queris, siendo buena la dote, casaros con ella? SLENDER.--Har an mucho ms que eso, por cualquiera razn, primo, si lo queris. POCOFONDO.--No; comprendedme, comprendedme, amable primo mo. Lo que hago es por seros grato, primo. Podis amar la doncella? SLENDER.--La tomar por esposa peticin vuestra, seor. Si no hay mucho amor al principio, con el favor del cielo podr disminuir cuando nos conozcamos mejor despus de casados y que haya habido ocasin de conocerse el uno al otro. Espero que con la familiaridad crecer el menosprecio; pero si decs casaos con ella, con ella me caso. eso estoy disuelto disolutamente. EVANS.--Muy juiciosa respuesta; salvo la falta en las palabras disuelto disolutamente, que quisieron significar resuelto absolutamente. Pero su sentido era bueno. POCOFONDO.--S, creo que fu buena la intencin de mi primo. SLENDER.--Y si no, que me ahorquen. (_Vuelve entrar Ana Page._) POCOFONDO.--He aqu la hermosa seorita Ana. Querra por vos volver la juventud, seorita Ana. ANA.--La comida est en la mesa. Mi padre desea el honor de vuestra compaa. POCOFONDO.--Estoy sus rdenes, bella seorita Ana. EVANS.--La voluntad de Dios sea bendecida! No faltar al benedcite. (_Salen Pocofondo y sir Hugh Evans._) ANA.--Tenis bien, caballero, pasar adelante? SLENDER.--No; gracias os doy por ello muy de corazn. Estoy muy bien. ANA.--Os espera la comida, seor. SLENDER.--No tengo hambre, os doy las gracias. V, criado, pues todo t eres mi sirviente, v servir mi primo Pocofondo. (_Sale Simple._) Un juez de paz puede alguna vez quedar obligado su amigo por un sirviente. No tengo mi servicio sino tres criados y un muchacho, hasta que muera mi madre: pero qu importa? Sin embargo, vivo como si fuera un caballero de cuna pobre. ANA.--No entrar sin vos, seor. No se sentarn la mesa hasta que hayis llegado. SLENDER.-- fe ma, no comer. Os agradezco, sin embargo, como si comiera. ANA.--Os suplico, seor, que entris. SLENDER.--Me agradara ms pasear aqu. Os doy las gracias. El otro da, jugando la esgrima, con espada y daga, con un profesor de armas, me lastim la cara. Habamos apostado en tres asaltos un plato de ciruelas guisadas. Desde entonces no puedo soportar el olor de las viandas calientes. Por qu ladran vuestros perros? Hay osos en la ciudad? ANA.--Pienso que s, seor. He odo hablar de ellos. SLENDER.--Me agrada bastante la diversin de cazarlos; pero en ella soy tan pronto en enfadarme como el hombre que ms en Inglaterra. Un oso suelto os intimida no es verdad? ANA.--Ciertamente que s, seor. SLENDER.--Eso para m es ahora como comer y beber. Veinte veces he visto suelto Sakerson, y lo he cogido de la cadena; pero os aseguro que las mujeres han gritado y chillado tanto, que era sobre toda ponderacin. En verdad las mujeres no pueden sufrirlos. Son animales bastante feos y rudos. (_Vuelve entrar Page._) PAGE.--Venid, querido seor Slender, venid. Os esperamos. SLENDER.--No quiero comer nada. Os doy las gracias, seor. PAGE.--Nada, no podis hacer lo que queris. Venid, venid. SLENDER.--No, os lo suplico. Id delante. PAGE.--Vamos, seor; adelante. SLENDER.--Seorita Page, id vos primero. ANA.--De ningn modo yo, seor. Os ruego que sigis. SLENDER.--En verdad, no ir primero, en verdad, no. Sera haceros agravio. ANA.--Os lo suplico, seor. SLENDER.--Prefiero faltar los buenos modales que las conveniencias. Os hacis agravio, en verdad. (_Salen._) ESCENA II. La misma. Entran sir HUGH EVANS y SIMPLE. EVANS.--Id averiguar dnde es la casa del doctor Caius. All vive una seora Aprisa, que le sirve de nodriza de ama seca, de cocinera, lavandera y planchadora. SIMPLE.--Est bien, seor. EVANS.--Aguardad, que hay mejor. Dadle esta carta; porque es mujer muy del conocimiento de la seorita Ana Page; y la carta es para pedirle que haga presentes esta seorita los deseos de vuestro amo. Id desde lugo, os lo encarezco. Yo ir acabar mi comida, pues faltan an las manzanas y el queso. (_Salen._) ESCENA III. Cuarto en la posada de la Liga. Entran FALSTAFF, el POSADERO, BARDOLFO, NYM, PISTOL y ROBIN. FALSTAFF.--Posadero mo de la Liga... POSADERO.--Qu dice mi enredista matasiete? Hablad con discrecin y finura. FALSTAFF.--En verdad, posadero mo, que tengo que despedir algunos de mis secuaces. POSADERO.--Despedidles, mi valeroso Hrcules: echadles; que tomen el portante. Al trote, al trote. FALSTAFF.--Me cuesta el albergue diez libras por semana. POSADERO.--Eres un emperador, Csar, Czar y cavilante. Tomar Bardolfo. Escanciar los barriles y manejar sus llaves. Est bien dicho, bravo Hctor? FALSTAFF.--Hacedlo en buen hora, amigo posadero. POSADERO.--Est dicho. Que me siga. Quiero ver la espuma y la cal. No tengo ms que una palabra. Sgueme. FALSTAFF.--Bardolfo, v con l. Es buen oficio el de mozo de taberna. Una capa vieja hace un nuevo coleto, y un criado gastado hace un nuevo mozo de taberna. Vete. Adios. BARDOLFO.--Es un gnero de vida que deseaba, y he de prosperar en l. (_Sale Bardolfo._) PISTOL.--Oh miserable bohemio! Y quieres manejar las espitas? NYM.--En borrachera fu engendrado. No es natural su gusto? No tiene una mente herica, y de all el que tenga aquel instinto. FALSTAFF.--Me alegro de haberme desembarazado de tal caja de yesca. Sus robos eran demasiado descarados. Su manera de hurtar se parece al canto de un mal aficionado: no guarda tiempo ni comps. NYM.--Lo exquisito es robar en un solo minuto de descanso. [Illustration] PISTOL.--Sutileza, que no robo, es el nombre que dan esto las gentes sensatas. Robo! Mala peste cargue con la palabra. FALSTAFF.--Bien, seores, pero estoy ya en el ltimo apuro. Es necesario que me ingenie, que aguce el majn para encontrar medios. Tiene que ser. PISTOL.--Los buitres jvenes necesitan alimento. FALSTAFF.--Quin de vosotros conoce Ford, de esta ciudad? PISTOL.--Conozco al individuo. No es de mala sustancia. FALSTAFF.--Honrados muchachos mos, voy deciros lo que tengo en perspectiva. PISTOL.--Las dos yardas ms que tenis de circunferencia. FALSTAFF.--Nada de bromas ahora, Pistol. En verdad que me veo con el agua las narices; y a pesar de mis dos yardas de redondez no puedo redondearme. As, estoy por ver de medrar y no de quedarme con un palmo de narices. En una palabra: me propongo enamorar la esposa de Ford. Entreveo disposicin de su parte. Discurre, trincha, dirige miradas tentadoras. Puedo interpretar la accin de su estilo familiar, y la ms slida expresin de su conducta, puesta en buen ingls, dice: Soy de sir Juan Falstaff. PISTOL.--La ha estudiado bien: la ha traducido bien: de la honestidad al ingls. NYM.--Hondo me parece el fondeadero. Morder ah el ancla? FALSTAFF.--Corre la voz de que es ella quien maneja los cordones de la bolsa de su marido. Tiene legiones de ngeles en oro sellado. PISTOL.--Que llaman otros tantos diablos. ella, muchacho! es lo que digo yo. NYM.--El buen humor toma creces: excelente cosa. Poned de buen humor conmigo esos ngeles. FALSTAFF.--Aqu tengo una carta que le he escrito; y he aqu otra para la esposa de Page, que acaba de ponerme ahora mismo los ojos dulces y ha examinado minuciosamente y como persona experta cuanto puede haber en m. Sus miradas, como rayos de oro, brillaban revisando ya mi pi, ya mi majestuoso talle. PISTOL.--Entonces podis decir que el sol brillaba sobre el estercolero. NYM.--Te felicito por esa jovialidad. FALSTAFF.--Oh! Pues recorri todo mi exterior con intencin tan manifiesta, que el fuego del deseo en sus ojos pareca quemarme como un lente puesto al sol. He aqu otra carta para ella. Tambin ella maneja la bolsa: es una regin de la Guayana: toda oro y liberalidades. Explotar una y otra, y sern mi tesorera. Las tendr como mis Indias Orientales y Occidentales, y comerciar con ambas. V y lleva t esta carta la seora Ford; t, esta la seora Page. Prosperaremos, muchachos, prosperaremos. PISTOL.--Y he de volverme un Mercurio, un Pandarus de Troya, yo que llevo un acero al cinto? No: vaya todo al diablo! NYM.--No quiero bajezas en la broma. Ea! Tomad la carta. Yo he de conservar una conducta reputable. FALSTAFF.--Aqu, muchacho (_ Robin._) Lleva t estas cartas, y sal como mi bajel hacia esas playas doradas. Y vosotros bribones! fuera de aqu! lejos! Pasad como el granizo. Trabajad, surcad el suelo con los talones, buscad albergue, marchaos! Falstaff quiere acomodarse al espritu de la poca, y medrar la francesa bribones! para m y para mi paje galoneado. (_Salen Falstaff y Robin._) PISTOL.--Que los buitres te roan las entraas! Siempre son buenos los dados cargados y la botella, porque arriba y abajo seducen al rico y al pobre. Yo tendr llenos de testones los bolsillos, mientras t carecers de ellos, vil turco frigio! NYM.--Algo me bulle en la cabeza, como sugerido por el deseo de venganza. PISTOL.--Quieres vengarte? NYM.--Por el cielo y su estrella. PISTOL.--Por astucia, por acero? NYM.--Con uno y otra. Yo conversar con Page sobre la fantasa de este amor. PISTOL.--Y yo revelar igualmente Ford, cmo Falstaff, vil bribn, tratar de seducir su paloma, robarle su oro y deshonrar su lecho. NYM.--No desmayar mi encono. Inducir Page que se sirva del veneno: har que lo posean los celos, porque la sublevacin del nimo altivo es peligrosa. Tal es mi verdadero anhelo. PISTOL.--Eres el Marte de los descontentos, y yo te secundo. Vamos adelante. (_Salen._) ESCENA IV. Cuarto en casa del doctor Caius. Entran la seora APRISA, SIMPLE y RUGBI. APRISA.--Oyes, Juan Rugbi? Te ruego que vayas la puerta-ventana, y veas si puedes divisar mi seor, el seor doctor Caius, en camino hacia aqu; pues fe ma, que si llega y encuentra alguien en la casa, ya tendrn que pagarlo la paciencia de Dios y el idioma del rey. RUGBI.--Voy hacer de centinela. (_Sale._) APRISA.--V, que por ello tendremos una buena colacin temprano en la noche, te lo prometo, al ltimo calor del carbn de piedra. Es un mozo honrado, servicial y bondadoso como el mejor sirviente que jams pis casa alguna. Y os aseguro que no es chismoso, ni pendenciero. Su peor falta es ser dado rezos, y veces es testarudo en esto; pero no hay quien no tenga algn defecto. As, no hagamos caudal de ello. Decs que vuestro nombre es Pedro Simple? SIMPLE.--S, falta de otro mejor. APRISA.--Y el seor Slender es vuestro amo? SIMPLE.--S, ciertamente. APRISA.--No lleva unas grandes barbas redondeadas como la cuchilla de los guanteros? SIMPLE.--No, en verdad. Tiene una carita esculida con un poquito de barba amarillenta, barba color de Can. APRISA.--Hombre de espritu apocado: no es as? SIMPLE.--Muy cierto; pero tan apto para hacer valer sus manos como cualquiera. Se ha batido con un guarda-caza. APRISA.--Qu decs? Oh, ya debera recordarlo! No lleva muy erguida la cabeza y se pone tieso al caminar? SIMPLE.--Exactamente, as es como hace. APRISA.--Bien. No enve el cielo peor fortuna Ana Page. Decid al seor cura Evans que har por vuestro seorito cuanto pueda. Ana es una buena doncella, y quiero..... (_Vuelve entrar Rugbi._) RUGBI.--Idos. Ay! aqu viene mi amo. APRISA.--Seremos exterminados todos. Corred all, buen joven, meteos en ese armario. (_Encierra Simple en el armario._) No permanecer mucho rato. Hola! Juan Rugbi. Juan, digo! Ea, Juan! V averiguar del seor. Temo que haya enfermado, pues no le veo venir casa. (_Canta._) _Y abajo, abajo, abajo._ (_Entra el doctor Caius._) CAIUS.--Qu cantis ah? No me gustan estos pasatiempos. Id y traed de mi armario un _boitier vert_, una caja, una caja verde. Os lo que digo? Una caja verde. APRISA.--S, ciertamente, os la traer. (_Aparte._) Me alegro de que no se le ocurriera ir en persona. haber encontrado al joven, se habra puesto loco de ira. CAIUS.--Uf! fe ma que hace demasiado calor. Me voy la corte. El gran negocio! APRISA.--Es esta, seor? CAIUS.--S: ponedla en mi bolsillo. Despachad pronto. Dnde est el bellaco Rugbi? APRISA.--Hola! Juan Rugbi! Juan! RUGBI.--Estoy aqu, seor. CAIUS.--Eres un Juan Rugbi y un animal Rugbi. Ea! Toma tu sable y ven la corte pisndome los talones. RUGBI.--Est listo, seor, aqu en el prtico. CAIUS.--Por vida ma, que demor demasiado. De qu me olvido? Ah! All hay unos medicamentos en el armario. No quisiera olvidarlos por nada de este mundo. APRISA.--Ay, Dios mo! Va encontrar all al mozo, y se pondr como un vive Cristo! CAIUS.--Diablo! diablo! Qu hay en mi armario? (_Sacando afuera Simple._) Villano! ladrn! Rugby, mi espada! APRISA.--Seor, tranquilizaos. CAIUS.--Pues hay de qu estar tranquilo! APRISA.--Este es un mozo honrado. CAIUS.--Y qu tienen que hacer los hombres honrados dentro de mi armario? Ningn hombre honrado tiene qu venir mi armario. APRISA.--Os conjuro para que no seis tan flemtico. Escuchad la verdad. l vino donde yo con un recado del cura Hugh Evans. CAIUS.--Y bien? SIMPLE.--S, en conciencia; para rogarle que..... APRISA.--Paz, os ruego. CAIUS.--Paz tu lengua. Dime el cuento t. SIMPLE.-- rogar esta honrada seora, vuestra doncella, que intercediese para con la seorita Ana Page en favor de mi amo, fin de hacer el matrimonio. APRISA.--Eso es todo, ciertamente. Pero no meter yo la mano al fuego, ni necesito hacerlo. CAIUS.--Es sir Hugh quien os ha enviado? Dame un poco de papel, Rugbi. Y vos esperad un momento. (_Escribe._) APRISA.--Harto me alegro de que est tan tranquilo. Si se hubiese impresionado mucho, ya le habrais odo poner el grito en el cielo, y con poca jovialidad. Sin embargo, har por vuestro amo cuanto pueda; pero el s y el no dependen de mi amo el doctor francs. Y digo mi amo, porque, ya lo vis, estoy encargada de su casa, lavo la ropa, hago el pan, preparo la comida, pongo la mesa, hago la cama, la deshago, y tengo que hacerlo todo. [Illustration] SIMPLE.--Pues debis tener bastante peso sobre los brazos. APRISA.--No os parece? Ya veris si es una carga pesada. Levantarse la madrugada y acostarse tarde. Pero no obstante (os lo digo en secreto, pues no deseo que se hable de ello), mi amo en persona est enamorado de la seorita Ana Page; pero pesar de todo, yo conozco la mente de la seorita: ella no piensa en el uno ni en el otro. CAIUS.--V, galopn; entrega esta carta sir Hugh. Voto sanes! Es un cartel de desafo. Le cortar el pescuezo en el parque, y ensear este ganapn de cura entrometerse en lo que no le atae. Marchaos: no tenis que hacer aqu. Vive Dios! Que he de cortarlo en dos, y no le dejar ni manos para tirar una piedra su perro. (_Sale Simple._) APRISA.--El infeliz no habla sino por su amigo. CAIUS.--Eso nada importa. No me decs que Ana Page ha de ser ma? Por vida de...! que he de matar ese intruso clrigo, y ya he encargado al posadero de la Liga que mida nuestras armas. Por mi alma, que he de tener Ana Page para m solo! APRISA.--Seor, la damisela os ama, y todo ir bien. Debemos dejar hablar las gentes. Pues no faltaba ms! CAIUS.--Rugbi, ven conmigo la corte. Por mi vida, que si no tengo Ana Page, te planto en la puerta de la calle. Sgueme, Rugbi. (_Salen Caius y Rugbi._) APRISA.--Lo que tienes es una cabeza de imbcil. No, demasiado bien conozco Ana Page; ni hay en Windsor quien sepa sus intenciones mejor que yo; ni, gracias Dios, quien haga ms que yo por ella. FENTON.--(_Desde adentro._) Hola! Hay alguien en la casa? APRISA.--Quin est ah? Acercaos, os ruego. (_Entra Fenton._) FENTON.--Qu tal, buena mujer? Te sientes bien? APRISA.--Lo mejor que su seora puede desearme. FENTON.--Qu nuevas? Cmo est la bella seorita Ana Page? APRISA.--Y por cierto, seor, que es bella y gentil y honrada; y, lo dir de paso, buena amiga vuestra, gracias sean dadas al cielo. FENTON.--Te parece que har cosa de provecho? No perder mi tiempo en cortejarla? APRISA.--En verdad, seor, que todo depende de la voluntad del que est arriba; pero puedo jurar sobre un libro, que os ama. No tiene vuestra seora un pequeo lunar encima del ojo? FENTON.--Ciertamente que s. Y bien? APRISA.--Pues en ello hay todo un cuento. Qu alegre humor el de Ana! Pero, jams prob pan una doncella ms honesta! Una hora entera hablamos ayer de ese lunar. Estoy seguro de que nadie sino ella sera capaz de hacerme reir. Pero, en verdad, es muy propensa la melancola y los ensueos; no ser por vos. Bien; adelante. FENTON.--Bueno. La ver hoy. He aqu un poco de dinero para ti. Hblale en favor mo, y si la ves antes que yo, saldala mi nombre. APRISA.--Que si lo har? Ya lo creo que s. Y dir vuestra seora algo ms sobre el lunar la prxima vez que podamos hablar confidencialmente; y tambin de otros pretendientes. FENTON.--Bien: adios. Estoy muy de prisa en este momento. (_Sale._) APRISA.--Dios acompae vuestra seora. Honrado caballero, en verdad; pero Ana no le ama; pues yo conozco su mente tanto como quien ms. Acabemos de una vez. Qu se me olvida? (_Sale._) [Illustration] [Illustration] ACTO II. ESCENA I. Delante de la casa de Page. Entra la seora PAGE con una carta. SEORA PAGE. Cmo! En los alegres das de mi belleza habr escapado las cartas de amor, y me ver ahora expuesta ellas? Veamos:--No me preguntis por qu os amo, pues aunque el amor toma la razn por su mdico, jams lo ha tomado por consejero. Ya no estis en la primavera de la juventud ni yo tampoco, y he ah un motivo de simpata. Sois alegre y tambin lo soy. Pues ms simpata por ello. Gustis del jerez seco y yo tambin. Quisirais mayores causas de simpata? Sea suficiente para ti (si al menos el amor de un soldado puede ser suficiente) el saber que te amo. No dir compadcete de m, porque no es frase que cuadre bien un soldado. Pero dir mame. Tu caballero leal que ir combate mortal por tu amor, y que con luz sin luz se har romper el testuz por tu favor, _Juan Falstaff._ Qu Herodes de Judea es este? Oh mundo bellaco, pcaro mundo! Echarla de joven y galante quien se est desmoronando de puro viejo! Qu acto inmeditado ha podido sorprender en mi conversacin y trato, este flamenco borracho, que as se atreve emprender conmigo? Pues si apenas ha estado tres veces en mi sociedad! Qu decirle? Entonces me contena para no reirme, Dios me perdone! Presentar una mocin, para que llevada al Parlamento sirva de freno los hombres. Cmo har para vengarme? Porque de vengarme tengo, tan cierto como que l tiene de budn las entraas. (_Entra la Sra. Ford._) [Illustration] SRA. FORD.--Seora Page! Creedme que iba vuestra casa. SRA. PAGE.--Y yo os aseguro que me diriga la vuestra. Tenis el aire de estar sufriendo mucho. SRA. FORD.--No por cierto, no lo creer nunca. Tengo algo que mostrar en prueba de lo contrario. SRA. PAGE.--Pues fe ma, que para mi modo de ver parecis muy enferma. SRA. FORD.--Bueno: que sea como decs. Pero dije que puedo mostrar algo para probar lo contrario. Oh seora Page; aconsejadme! SRA. PAGE.--De qu se trata, mujer? SRA. FORD.--Oh mujer! qu alto honor podra yo llegar, si no fuera por un frvolo escrpulo de respeto! SRA. PAGE.--Pues vaya enhoramala el escrpulo y echad mano de ese honor. Bagatelas un lado. Qu cosa es? SRA. FORD.--Podra entrar en la orden de la caballera, con slo consentir en irme los infiernos por una eternidad, una friolera semejante. SRA. PAGE.--Cmo! T mientes! Sir Alicia Ford! Estos caballeros son todos unos benditos y as no deberas alterar la condicin de tu alcurnia. SRA. FORD.--Perdemos lastimosamente el da. Leed esto, leed y contemplad el modo como puedo alcanzar la orden de caballera. Mientras me venga las mientes el observar la diferencia en los gustos de los hombres, pensar lo peor acerca de los gordos. Sin embargo, l no habra dicho un juramento por nada del mundo: ensalzaba la modestia de las mujeres, y era tan ordenado y circunspecto en su reprobacin de todas las inconveniencias, que yo habra jurado favor de la entera consonancia entre sus sentimientos y sus palabras. Pero la verdad es que unos y otras no concuerdan mejor que el _miserere_ de los salmos con la tonada de las mangas verdes. Qu borrasca hizo que esta ballena con cien toneladas de aceite en la barriga, viniese varar en Windsor? Cmo me vengar de l? Se me ocurre que lo mejor sera entretenerle con esperanzas, hasta que el diablico fuego de la lujuria le hiciera derretirse en su propia grasa. Quin ha odo jams cosa semejante? SRA. PAGE.--Carta por carta; pero los nombres, Page y Ford, son diferentes. He aqu, para consuelo tuyo en este misterio de malos pensamientos, la hermana gemela de tu carta; pero que la tuya sea la primer nacida y la natural heredera, pues protesto que la ma no lo ser jams. Respondo de que l tiene un millar de estas cartas con el blanco necesario para llenarlo con nombres diferentes; y estas son de la segunda edicin. Sin duda alguna las har imprimir, pues no le importa lo que ponga en prensa, desde que querra ponernos nosotras dos. Por lo que m respecta, ms me gustara ser un gigante, una mujer Titn y tener sobre m el monte Pelin. Verdaderamente que antes podra encontrar veinte tortugas lascivas que un hombre casto. SRA. FORD.--Pues por cierto que son las cartas en todo iguales. La misma escritura, las mismas palabras. Qu ha pensado de nosotras este hombre? SRA. PAGE.--No lo s, en verdad. Tentada estoy casi de armar quimera mi propia honradez. Seguramente me tendr yo misma en el concepto que tendra de m quien ignorase completamente lo que soy; pues menos que haya descubierto l en m algn lado dbil que yo misma no conozco, jams habra podido tener la audacia de abordarme de semejante modo. SRA. FORD.--Llamis esto abordaje? Pues ya lo he de poner yo suspendido sobre cubierta. SRA. PAGE.--Yo har otro tanto. Vengumosnos de l; dmosle una cita; aparentemos alentarlo en sus galanteos; y con una demora gradual y suave, llevmosle hasta que empee sus caballos al posadero de la Liga. SRA. FORD.--Mientras no sea empaando el lustre de nuestra honestidad, consiento en cualquiera bellaquera contra l. Oh, si hubiese visto esta carta mi marido! Habra sido un alimento eterno para sus celos! SRA. PAGE.--Pues mrale ah que viene; y mi buen esposo con l. Tan distante est de tener celos, como yo de darle causa para ellos; y esto, me atrevo decirlo, es una distancia inconmensurable. SRA. FORD.--De las dos, sois la ms feliz. SRA. PAGE.--Consultemos juntas acerca de ese gordo caballero. Venid conmigo. (_Se retiran.--Entran Ford, Pistol, Page y Nym._) FORD.--Bueno: espero que no ser as. PISTOL.--Espero es en muchos negocios un perro sin cola, un carro sin ruedas. Sir Juan es aficionado tu esposa. FORD.--Pero, hombre! si mi esposa no es joven! PISTOL.--El hace la corte la dama y la fregona, la rica y la pobre, la joven y la vieja, una tras otra, dos ms la vez. Le gusta la variedad. Ponte en guardia, Ford. FORD.--Ama mi mujer! PISTOL.--Con un calor de quemarse. Toma tus precauciones, te vas encontrar de repente como aquel sir Acten, que tena al otro sobre los talones. Oh, y qu nombre tan odioso! FORD.--Qu nombre, si gustis? PISTOL.--El nombre de cuerno. Adios. Para mientes y abre el ojo, pues de noche es cuando los ladrones estn en pi. Y no esperes hasta que llegue el verano y empiecen los cuclillos repetir la cantinela. En marcha, seor cabo Nym. Crele, Page; te habla en razn. FORD.--Tendr paciencia hasta descubrir lo que haya en esto. NYM.--Y es la verdad. No gusto de mentiras. Hzome agravio en algunos caprichos. Yo deba haber llevado aquella pcara carta vuestra esposa; pero tengo una espada que me ayudar satisfacer mi necesidad. Lo que hay en todo esto es que l ama vuestra esposa; y lo digo y lo sostengo, como que mi nombre es Nym. Es la verdad, y Nym me llamo, y Falstaff anda enamorado de vuestra esposa. Adios. No me antojo de venderme por pan y queso, y es toda la fantasa que hay en ello. (_Sale Nym._) PAGE.--La fantasa que hay en ello, ha dicho. Vaya un mozo capaz de volver la fantasa en sandez. FORD.--Buscar Falstaff. PAGE.--Jams he odo un bribn tan relamido y tan pesado. FORD.--Si descubro esto, veremos. PAGE.--Yo no dara fe semejante charlatn, as respondiera por l el cura del pueblo. [Illustration] FORD.--Hablaba como hombre de seso y de buena ndole. Veremos. PAGE.--T por aqu, Margarita? SRA. PAGE.-- dnde vis, Jorge? Escuchad. SRA. FORD.--Qu ocurre, querido Frank? Por qu ests melanclico? FORD.--Melanclico! No: no estoy melanclico. Volved casa, id. SRA. FORD.--Jurara que tienes ahora alguna cavilacin que te calienta el cerebro. Queris venir, seora Page? SRA. PAGE.--Soy con vos. Vendris comer, Jorge. Ved quien llega. (_Aparte La seora Ford._) Ella ser nuestro mensajero para el caballero bellaco. (_Entra la seora Aprisa._) SRA. FORD.--Confiad en m. Yo haba pensado en ella, y es muy apta para el caso. SRA. PAGE.--Vens ver mi hija Ana? APRISA.--Ciertamente, y os ruego me digis cmo est la seorita Ana? SRA. PAGE.--Venid con nosotras y la veris. Tenemos que conversar largamente con vos. (_Salen la seora Page, seora Ford y seora Aprisa._) PAGE.--Qu tal, seor Ford? FORD.--Osteis lo que me dijo aquel bribn, no es verdad? PAGE.--S; y osteis lo que me dijo el otro? FORD.--Creis que hablan de buena fe? PAGE.--El diablo cargue con ellos. Esclavos! No pienso que el caballero propusiera tal cosa; pero estos que le acusan de malas intenciones respecto de nuestras esposas, son una pareja de criados despedidos, que se hacen an ms pcaros ahora que se ven sin servicio. FORD.--Eran sirvientes suyos? PAGE.--S que lo eran. FORD.--Pues razn de ms para que la cosa me guste menos. Se hospeda en la Liga? PAGE.--All mismo. Si tal propsito abrigara l acerca de mi esposa, yo se la dejara accesible sin estorbo alguno; y si consiguiera de ella otra cosa que una buena reprimenda, que me la claven en la frente. FORD.--Yo no desconfo de mi mujer; pero se me hara pesado dejarlos entregados s solos. Puede pecar un hombre por exceso de confianza; y no quisiera yo, por cierto, que me clavaran nada en la frente. No es as como puedo quedar satisfecho. PAGE.--He ah nuestro pomposo posadero de la Liga, que se acerca. tiene vino en la testa, dinero en la bolsa, cuando parece tan alegre. Cmo va, posadero mo? (_Entran el posadero y Pocofondo.)_ POSADERO.--Hola, mi gran picarn! T eres un caballero; caballero juez, digo. POCOFONDO.--Soy con vos, mi buen posadero. Buenas tardes, excelente seor Page, una y veinte veces. Querrais venir con nosotros? Tenemos entre manos un pasatiempo. POSADERO.--Contadle, caballero juez, contadle, gran tuno! POCOFONDO.--Pues, seor, hay un duelo pendiente entre el seor Hugh, prroco galo, y el doctor francs Caius. FORD.--Bien, amigo posadero de la Liga. Deseo hablaros una palabra. POSADERO.--Qu dices, gran bribonazo mo? (_Se van un lado._) POCOFONDO.--(_A Page._) Queris venir con nosotros presenciar el lance? Mi alegre posadero ha tenido el encargo de medir las armas; y, lo que pienso, les ha sealado sitios opuestos, porque, creedme, s que el prroco no es hombre de gastar bromas. Escuchad y os dir en qu consiste nuestro juego. POSADERO.--Tienes algo contra mi campen, mi caballero husped? FORD.--Nada, por vida ma; pero os obsequiar con una botella de Jerez rancio si me introducs l dicindole que mi nombre es Brook. Es una mera chanza, pura jovialidad. POSADERO.--Venga esa mano, mi bravo. Tendrs entrada y salida francas. Es bien dicho? Y te llamars Brook. Es un caballero jovial. Queris venir, corazones mos? POCOFONDO.--Soy con vos, amigo posadero. PAGE.--He odo decir que el francs maneja bien su espada. POCOFONDO.--Bah! Ms podra yo decir. En estos tiempos todo se vuelve distancias, y pases, y estocadas, y qu s yo qu ms. Pero el asunto es el valor, seor Page, es el corazn aqu, aqu. Hubo tiempo en que con mi espada larga os habra hecho, los cuatro gallardos mozos que sois, escabulliros como ratoncillos. POSADERO.--Vamos, muchachos, vamos. Hemos de eternizarnos aqu? PAGE.-- vuestras rdenes. Preferira una disputa entre ellos una lucha. (_Salen el Posadero, Pocofondo y Page._) FORD.--Aunque Page es loco de remate y descansa con tanta seguridad en la fidelidad de su esposa, yo no puedo prescindir de mi opinin tan fcilmente. Ella estuvo en compaa de l en casa de Page, y no se me alcanza lo que haran all. Bueno, examinar esto ms de cerca. Tengo un disfraz para sondear Falstaff. Si encuentro que es honrada no habr perdido mi trabajo; y si resulta que no lo es, ser trabajo bien empleado. (_Sale._) ESCENA II. Cuarto en la posada de la Liga. Entran FALSTAFF y FISTOL. FALSTAFF.--No te prestar ni siquiera un penique. PISTOL.--Pues entonces har del mundo una ostra y la abrir con mi espada. Devolver la suma en equipos. FALSTAFF.--Ni un penique. He tenido bien dejaros tomar mi nombre para que tomaseis dinero sobre prendas. He atormentado a mis amigos para que vos y vuestro compinche Nym obtuvirais tres prrrogas; de lo contrario habrais tenido que ir parar tras de las rejas, como un par de monos enjaulados. Tengo el alma condenada al infierno, por haber jurado caballeros amigos mos, que erais buenos soldados y bravos mozos, y cuando la Sra. Bridget perdi el mango de su abanico, respond sobre mi honor de que t no lo habas tomado. PISTOL.--Y no tuviste tu parte? No recibiste quince peniques? FALSTAFF.--Reflexiona, bribn, reflexiona. Te imaginas que he de poner mi alma en peligro, _gratis_? En una palabra, no procures estar colgado de m, que no he nacido para ser el patbulo en que te han de colgar. Vete. Una cuchilla poco larga y un poco de muchedumbre, te hacen falta. Vete tus dominios de Pickthatch, vete. No querais llevar una carta ma, bribn! Hacis punto de honor! Por vida ma, has de saber t, insondable bajeza, que lo ms que puedo hacer yo mismo es mantener ntegras las circunstancias de mi honor. Yo, yo, yo mismo, algunas veces, dejando el temor al cielo en mi mano izquierda, y ocultando en la necesidad mi honor, me veo precisado buscar astucias, acechar, sorprender; y sin embargo vos pretendis esconder vuestros harapos, vuestra figura de gato monts, vuestros dicharachos y vuestros brutales juramentos, bajo la capa de vuestro honor! No, no lo haris nunca! PISTOL.--Cedo. Qu ms podis exigir de un hombre? (_Entra Robin._) ROBIN.--Seor, hay aqu una mujer que desea hablaros. FALSTAFF.--Djala entrar. (_Entra la Sra. Aprisa._) APRISA.--Buenos das vuestra seora. FALSTAFF.--As los tengas, buena esposa. APRISA.--No de esa manera, si place vuestra seora. FALSTAFF.--Pues entonces, buena doncella. APRISA.--Y que podra jurarlo, como mi propia madre cuando me di luz. FALSTAFF.--Lo creo aun sin juramento. Qu se ofrece conmigo? APRISA.--Me permitir su seora hablarle una palabra dos? FALSTAFF.--Dos mil, honrada mujer, y te concedo audiencia. APRISA.--Seor, hay una seora Ford--os ruego que vengis un poquito ms cerca.--Yo resido en casa del Dr. Caius. FALSTAFF.--Bueno. Adelante. Decais que la seora Ford..... APRISA.--Mucha verdad dice vuestra seora. Os suplico que os acerquis un poquito ms. FALSTAFF.--Te aseguro que nadie nos escucha. Esas gentes son de mi servicio: de mi servicio. APRISA.--En verdad? Dios los bendiga y los haga buenos servidores suyos. FALSTAFF.--Bien; pero qu, propsito de la seora Ford? APRISA.--Por mi vida, seor, que es una criatura inmejorable, un alma de Dios! Ay seor! Ay seor! Y qu travieso es vuestra seora! En fin, que el cielo nos perdone, vos y todos nosotros! FALSTAFF.--La seora Ford..... Vamos al caso. La seora Ford..... APRISA.--Pues all va todo el asunto en dos palabras. Le habis trastornado la cabeza de una manera asombrosa! No podra haberlo conseguido el mejor de cuantos galanes luce la corte cuando viene Windsor. Y os aseguro que han venido caballeros y lores, uno tras otro, en sus carruajes. Os lo aseguro, coche tras coche, carta tras carta, presente tras presente, y todo tan lleno de olor de algalia y tan envuelto en oro y seda, y con mensajes en tan elegantes trminos y tan almibarados con la ms fina y mejor azcar, que no habra habido corazn de mujer capaz de resistir. Pues pesar de todo, os garantizo que no consiguieron ni una guiada. Yo misma recib esta maana un obsequio, veinte ngeles; pero desafo todos los ngeles que consigan nada por otro camino que la honradez. Ni el ms encopetado de todos logr alcanzar de ella, vamos, lo que es un sorbo de una taza; y eso que haba condes, y lo que es an ms, pensionistas! Pero os aseguro que con ella todo sale lo mismo. [Illustration] FALSTAFF.--Pero qu dice de m? Sed lacnica, mi seora Mercurio. APRISA.--Por cierto que recibi vuestra carta, por la cual os da mil veces las gracias, y desea que tengis aviso de que su esposo estar fuera de casa entre las diez y las once. FALSTAFF.--Entre diez y once? APRISA.--S, exactamente. Y en ese tiempo podris ir ver la pintura que sabis, y su esposo, el seor Ford, no estar en casa. Ay! qu vida lleva la pobrecita con l! Es un hombre tan celoso, que la hace pasar la mar pi, como dicen. Pobre palomita! FALSTAFF.--Entre diez y once. Presntale mis cumplimientos. No dejar de ser puntual la cita. APRISA.--Muy bien dicho; pero tengo otro mensaje para vuestra seora. La seora Page os presenta tambin sus ms afectuosos cumplimientos--y dejad que os lo diga muy en secreto--es una esposa recatada y virtuosa, como la mejor que pueda haber en Windsor, y que jams falta al rezo de la maana y de la tarde. Me ha pedido decir vuestra seora, que su marido sale muy raras veces de casa, pero que tiene ella la esperanza de que no faltar una oportunidad. Jams, en los das de mi vida, he visto una mujer tan apasionada de un hombre. Seguramente tenis alguna magia para encantarlas. FALSTAFF.--Os aseguro que no. Fuera del natural atractivo en mi persona, no tengo encantos. APRISA.--Pues Dios os bendiga por ellos, mi feliz seor! FALSTAFF.--Slo te ruego que me digas esto: saben la esposa de Ford y la de Page, cada una, que la otra est enamorada de m? APRISA.--Pues bonita la habramos hecho! Espero que no son tan estpidas. Por cierto que eso no habra sido sino una treta. Pero la seora Page desea que todo trance le enviis vuestro pajecito. Su esposo tiene un afecto singular hacia ste, y os aseguro que el seor Page es todo un hombre de bien. No hay en Windsor esposos mejor avenidos; como que l hace lo que ella quiere, dice lo que se le antoja, toma cuanto le pide y paga cuanto toma: se acuesta cuando ella lo desea, se levanta cuando se lo dice, y en todo y por todo no se hace en la casa sino lo que ella ordena. Y en verdad que lo merece; porque si hay en Windsor una excelente mujer, es ella. Debis enviarle vuestro paje, no hay remedio. FALSTAFF.--Por supuesto que lo har. APRISA.--Bien; pues manos la obra. Pero mientras l hace el corre-v-y-dle entre vosotros dos, cuidad de que haya siempre una excusa pretexto ostensible, para que comprendiendo vosotros vuestra buena intencin, l no pueda caer en sospecha alguna, pues no est bien que los muchachos entren en malicia. Los viejos, como sabis, tenemos discrecin y conocemos el mundo. FALSTAFF.--Adios. Hazme presente las dos seoras. He aqu mi bolsa, y todava me reconozco por deudor tuyo. Muchacho, v con esta mujer. Esta noticia me tiene aturdido! (_Salen la seora Aprisa y Robin._) PISTOL.--Esta galera vieja es uno de los mensajeros de Cupido. Forcemos velas, dmosle caza, vamos al abordaje, hagamos fuego y ser ma la presa, que el Ocano nos trague todos! (_Sale Pistol._) FALSTAFF.--Con que esas tenemos, mi viejo Falstaff? Sigue adelante, que todava sacar de tu viejo cuerpo ms que en los tiempos pasados. Todava te persiguen ellas? Y despus de tanto dinero perdido, vas entrar ahora en ganancias? Gracias, cuerpo mo. Que digan enhorabuena que ha sido hecho groseramente. Con tal de que se gane bastante, qu importa? (_Entra Bardolfo._) BARDOLFO.--Seor Juan, hay abajo un seor Brook que desea hablaros y entrar en relacin con vos, y ha enviado para vuestra seora una bota de jerez seco. FALSTAFF.--Dices que se llama Brook? BARDOLFO.--S, seor. FALSTAFF.--Hazle venir. (_Sale Bardolfo._) Esta clase de Brooks, que derrama semejante licor, es siempre bienvenida. Ah! ah! Seora Ford, seora Page, no os he atrapado mal, eh? Adelante, adelante, _via_! (_Vuelve entrar Bardolfo, con Ford disfrazado._) FORD.--Dios os guarde, seor. FALSTAFF.--Y vos. Deseis hablar conmigo? FORD.--Temo ser demasiado audaz, presentndome en vuestra casa sin preparativo alguno. FALSTAFF.--Sois bien venido. Qu deseis? Retrate, mozo. (_Sale Bardolfo._) FORD.--Soy un caballero que ha gastado excesivamente. Me llamo Brook. FALSTAFF.--Mi buen seor Brook, me alegrar de conoceros ms ntimamente. FORD.--El mismo deseo me anima respecto de vos; pues debo declararos que me considero en mejor situacin que la vuestra para prestar dineros. Y esto me ha animado un tanto entrar aqu inoportunamente, como un intruso; pero dicen que cuando el dinero hace veces de introductor, todas las puertas se abren. FALSTAFF.--El dinero es un valeroso soldado, que siempre sale adelante en sus empresas. FORD.--Por cierto. Y he aqu que tengo este saco de dinero que me molesta; y si queris, seor Juan, tomar todo la mitad de l, ese peso menos tendr que llevar. FALSTAFF.--No s en verdad, seor, cmo podr merecer el ayudaros de este modo. FORD.--Os lo dir si queris escucharme. FALSTAFF.--Hablad, mi buen seor Brook. Me encantar ser vuestro auxiliar. FORD.--Dicen que sois instrudo. Por tanto, ser lacnico. Os conozco de tiempo atrs, aunque nunca haya tenido tan buena ocasin como deseaba para entrar en relacin con vos. Y ahora debo haceros una revelacin que pondr al descubierto muchas de mis imperfecciones; pero, buen sir Juan, si fijis la vista en mis locuras, medida que os las refiera, acordaos al mismo tiempo de echar una mirada las vuestras, fin de que me sea menos penosa la censura, sabiendo que vos mismo conocis cun fcil es caer en semejantes debilidades. FALSTAFF.--Perfectamente. Proseguid. FORD.--Hay en esta ciudad una seora cuyo marido se llama Ford. FALSTAFF.--Y bien? FORD.--Hace mucho tiempo que la amo, y os aseguro que no es poco lo que he gastado por ella. La he seguido con la perseverancia ms obstinada: he multiplicado las ocasiones de encontrarme con ella; he promovido hasta las ms leves oportunidades de alcanzar siquiera verla un instante: no solamente he gastado con profusin en obsequiarla, sino que he dado mucho dinero por saber lo que ella querra dar: en una palabra, la he perseguido como me ha perseguido m el amor, esto es, tomando al vuelo todas las ocasiones posibles. Pero cualquiera que haya sido mi merecimiento, ya por el afecto, ya por los medios, ninguna recompensa he recibido, no ser que la experiencia sea, como dicen, una joya, y en este caso la he comprado precio fabuloso. Esto me ha enseado que: Amor cual sombra se aleja de quien sincero le sigue. Deja aquel que le persigue, y persigue quien le deja. FALSTAFF.--Y nunca habis obtenido promesa alguna de satisfaccin? FORD.--Nunca. FALSTAFF.--Y no la habis acosado para ello? FORD.--Nunca. FALSTAFF.--Pues entonces qu clase de amor era el vuestro? FORD.--Como una bella casa fabricada en el terreno de otro hombre; de modo que he perdido mi edificio por haber equivocado el sitio donde haba de erigirlo. FALSTAFF.--Y cul es vuestro propsito al descubrirme todo esto? FORD.--Cuando os lo haya dicho, lo habr dicho todo. Dicen algunas personas que, aun cuando ella aparece honrada ante m, sin embargo suele llevar su alegra tal punto, que se hacen sobre ella poco piadosos comentarios. Y vengo ahora lo esencial de mi propsito. Vos sois un caballero perfectamente educado, admirable en el discurso, bien acogido en la mejor sociedad, valioso por la posicin y la persona, y reconocido por muchas eminentes cualidades de guerra, de corte y de ciencia. FALSTAFF.--Oh! Me abrumis! FORD.--Debis creerme, pues tenis conciencia de todo esto. Aqu tenis dinero: gastadlo; gastadlo todo; gastad ms; gastad cuanto tengo; y en cambio, concededme solamente aquella parte de vuestro tiempo que baste poner un asedio amoroso la honestidad de la mujer de Ford. Emplead para conquistarla todos los recursos de vuestro arte; que si hombre alguno puede triunfar de ella, ninguno lo podra ms pronto que vos. FALSTAFF.--Y cmo puede conciliarse la vehemencia de vuestra pasin, con la idea de que yo me apodere de lo mismo que anhelis disfrutar? Se me figura que os servs de un remedio en extremo ineficaz. FORD.--Oh! Comprended mi intento. Est esa mujer tan encastillada en la excelencia de su honor, que no me atrevo presentarle la locura de mi alma. Es como una luz que no puedo mirar de frente porque me deslumbra. Ahora bien: si pudiera acercarme ella con alguna prueba de su verdadera fragilidad en la mano, mis exigencias y pretensiones tendran un fundamento para hacerse valer: ella quedara desalojada entonces de ese atrincheramiento de su pureza, su reputacin, su juramento de fidelidad al esposo, y de las otras mil defensas que ahora la hacen inexpugnable para m. Qu pensis de este plan? FALSTAFF.--Amigo Brook, principiar por tratar sin ceremonia vuestro dinero; dadme vuestra mano en seguida; y, por ltimo, tan cierto como que soy un caballero, podris, si queris, gozar de la esposa de Ford. FORD.--Oh mi buen amigo! FALSTAFF.--Seor Brook, os digo que ser as. FORD.--No os faltar dinero, no; lo tendris de sobra. FALSTAFF.--Ni vos necesitaris una seora Ford, pues la tendris. Yo estar con ella (podis estar seguro de lo que os digo), entre las diez y las once, por cita que ella misma me ha dado. Precisamente cuando llegabais, acababa de salir su asistente, emisaria corre-v-y-dile. Digo que estar con ella entre las diez y las once, pues esa hora se hallar ausente el bellaco del marido. Venid por la noche y sabris el progreso que habr alcanzado. FORD.--Ah! vuestra amistad es una bendicin para m! Conocis, por ventura, Ford? FALSTAFF.--Que el diablo cargue con ese pobre bellaco cornudo! No le conozco pero le hago injusticia al llamarle pobre; pues dicen que ese celoso cornudo tiene montones de oro, y por esto mismo me parece su mujer muy apetecible. Me servir de ella como de llave para abrir el cofre del cornudo bribn, y all tendr mi cosecha. FORD.--Me alegrara de que conociseis Ford fin de que le evitis si le encontris. FALSTAFF.--Vaya al diablo ese tuno, estatua de manteca salada! Le har perder el seso de un susto; le espantar con mi bastn, levantado como un meteoro sobre sus astas de cornudo. Veris, seor Brook, cmo har lo que quiera de ese paisano, y cmo os acostaris con su esposa. Venid esta noche temprano. Ford es un bribn y yo le aadir lo que le falta. Vos, amigo Brook, conoceris pronto que es bribn y cornudo. Venid temprano esta noche. (_Sale._) FORD.--Qu infernal pillo sibarita es ste! El corazn me quiere estallar de impaciencia! Mi mujer le ha dado cita, queda fijada la hora, y el convenio est hecho! Qu hombre lo habra pensado? Oh! Qu infierno es tener una mujer falsa! La deshonra para mi lecho, el robo para mi caudal, la burla y el escarnio para mi reputacin! Y no solamente he de recibir estos viles ultrajes, sino que he de sobrellevar los ms abominables dictados de boca del mismo que me infama con los hechos! Dictados! Nombres! Satans, Lucifer, Amaimn, todo eso suena bien, aunque sean dictados de demonios, nombres de desalmados. Pero cornudo! Complaciente cornudo! Ni el diablo mismo se resigna llevar semejante nombre! Page es un asno, asno de nacimiento. Confa en su mujer y no es celoso. Antes confiara yo mi manteca un flamenco, mi queso al cura galo Hugh, mi botella de aguardiente un irlands, mi caballo de ms estima un ladrn, que confiar mi mujer s propia. Entonces urde, trama, intriga; y han de ejecutar lo que les viene la mente: lo han de ejecutar, cueste lo que costare. Gracias al cielo por mis celos! Las once es la hora. Evitar esto, sorprender mi mujer, me vengar de Falstaff y me reir de Page. Voy atender ello. Vale ms que sea tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde. Vaya! vaya! vaya! Cornudo!... cornudo!... cornudo!... (_Sale._) ESCENA III. Parque de Windsor. Entran CAIUS y RUGBI. CAIUS.--Rugbi? RUGBI.--Seor. CAIUS.--Qu hora es? RUGBI.--Ha pasado, seor, la hora en que sir Hugh prometi venir. CAIUS.--Por mi vida, que ha salvado su alma con no venir. Ha rezado bien en su biblia, cuando no ha venido. Voto sanes, Rugbi, que si viene, es hombre muerto! RUGBI.--No es tonto, seor. l sabe bien que vuestra seora lo habra muerto si hubiese venido. CAIUS.--Vive Dios, que no hay arenque tan muerto como l cuando yo lo mate. Voy decirte el modo cmo he de matarle. RUGBI.--Ay, seor! Yo no entiendo de esgrima. CAIUS.--Toma tu espada, canalla. RUGBI.--Tened calma. Aqu viene gente. (_Entran el posadero, Pocofondo, Slender y Page._) POSADERO.--Dios te bendiga, bravo doctor. POCOFONDO.--l os salve, seor doctor Caius. PAGE.--Qu tal, mi buen doctor? SLENDER.--Os deseo buen da, seor. CAIUS.-- qu habis venido todos, uno, dos, tres, cuatro? POSADERO.-- verte batindote, yendo fondo, parando, replicando, yendo de aqu para all, dando golpes de punta y de filo, haciendo tus pases, dando tus estocadas en tercia, en cuarta, y, en fin, tu flanconada. Ha muerto, etope mo? Ha muerto, Francisco mo? Ah, bravo! Qu dice mi Esculapio, mi Galeno? Mi corazn de saco? Ah! Est muerto, bravo Stale? Est muerto? CAIUS.--Voto cribas! Es el clrigo ms cobarde del mundo. No se ha dejado ver la cara! POSADERO.--Eres un rey de Castilla, un Hctor de Grecia, muchacho mo! CAIUS.--Dad testimonio, os ruego, de que le he esperado dos y tres horas y que no ha venido. POCOFONDO.--Es el ms prudente, seor doctor. l es curador de almas y vos lo sois de cuerpos. Si os bats, vis directamente contra toda la ndole de vuestra profesin. No es as, seor Page? PAGE.--Vos mismo, seor Pocofondo, habis sido gran duelista, aunque ahora sois hombre de paz. POCOFONDO.--Puales! Amigo Page, viejo y hombre de paz como me vis, cuando veo una espada, me comen los dedos por menearla; pues aunque seamos jueces y doctores y gente de iglesia, nos queda an algo del bro de la juventud. Somos hijos de mujeres, amigo Page. PAGE.--No hay duda de ello, seor Pocofondo. POCOFONDO.--As se ha de descubrir, seor Page. Seor doctor Caius, he venido para llevaros casa. Estoy juramentado para la paz. Habis probado ser un mdico prudente, y el seor Hugh ha probado ser un prudente y sufrido sacerdote. Tenis que venir conmigo, seor doctor. POSADERO.--Perdonad, juez-husped. Una palabra, seor Aguaturbia. CAIUS.--Aguaturbia! Qu significa eso? POSADERO.--En nuestro idioma, quiere decir valenta, bravo mo. CAIUS.--Voto san! que entonces tengo tanta agua turbia como cualquier ingls. Ah, perro sarnoso de clrigo! Voto tantos que le he de cortar las orejas! POSADERO.--Te clavar los dientes de firme, bravo mo. CAIUS.--Qu es eso de clavar los dientes? POSADERO.--Es decir que te dar satisfacciones. CAIUS.--Pues por vida ma que tendr que hacerlo, porque yo he de tenerlas. POSADERO.--Y yo le provocar ello, que se vaya paseo. CAIUS.--Y os doy gracias por esto. POSADERO.--Y adems, bravo mo... Pero ante todo, seor husped, seor Page y caballero Slender, id por la ciudad hasta Frogmore. (_Aparte stos._) PAGE.--Est all el seor Hugh? POSADERO.--All est. Ved en qu disposicin se encuentra, y yo har venir al doctor por entre los campos. Os parece bien? POCOFONDO.--As lo haremos. PAGE.} POCOFONDO.} Adios, amigo doctor. SLENDER.} (_Salen Page, Pocofondo y Slender._) CAIUS.--Voto ....! que he de matar al clrigo, porque se pone hablar Ana Page en favor de ese pedazo de mico! POSADERO.--Que muera en buen hora! Pero primero calma tu impaciencia, echa agua fra sobre tu clera, ven conmigo al travs de los campos hasta Frogmore, y te guiar la quinta donde est Ana Page en una fiesta, y all la conquistars. Digo bien? CAIUS.--Por vida de...! que os lo agradezco. Por vida de...! que os amo, y os he de procurar la amistad de mis clientes, caballeros, nobles y lores. POSADERO.--Por todo lo cual ser tu adversario con Ana Page. Digo bien? CAIUS.--Por mi alma que est bien, muy bien dicho. POSADERO.--Pues entonces, en marcha. CAIUS.--Ven tras de m, Rugby. (_Salen._) [Illustration] [Illustration] ACTO III. ESCENA I. Campo cerca de Frogmore. Entran Sir HUGH EVANS y SIMPLE. EVANS. Os ruego me digis, buen servidor del seor Slender, y amigo Simple por vuestro nombre, de qu manera habis buscado al seor Caius, que se da el ttulo de Doctor en medicina? SIMPLE.--En verdad, seor, le busqu en el distrito de la ciudad y en el del parque, en todas direcciones: en el antiguo camino de Windsor, y en todos los dems, excepto el de la ciudad. EVANS.--Pues deseo con la mayor vehemencia, que busquis tambin en ese camino. SIMPLE.--As lo har. EVANS.--Dios me asista! Cun lleno estoy de clera y de incertidumbre! Me alegrar de que l me haya engaado. Qu melanclico estoy! En la primera oportunidad le har salir la cruz de los calzones por la copa del sombrero, ese bribn! Dios me asista! (_Canta._) Junto al claro riachuelo cuya bella cascada canta el ave en la alborada madrigales desde el cielo, formaremos la sombra, sobre el musgo y entre flores ricas de aroma y colores, un lecho de blanda alfombra. Vlgame Dios! Y qu gana tengo de llorar! Canta el ave melodiosa madrigales desde el cielo, un lecho me brinda el suelo de csped, clavel y rosa junto al claro riachuelo, etc., etc. SIMPLE.--Seor Hugh, vedle que viene por all abajo. EVANS.--Bien venido. Junto al claro riachuelo, cuya bella cascada.... Que el cielo ayude al que tenga justicia! Qu armas trae? SIMPLE.--Ninguna, seor. Vienen mi amo el seor Slender y otro caballero de Frogmore, y se dirigen hacia aqu. EVANS.--Bien. Dame mi toga; ms bien, tenla en tu brazo. (_Entran Page, Pocofondo y Slender._) _Pocofondo_.--Qu tal, seor cura? Buenos das, buen seor Hugh. Quien quiera hacer una maravilla, que separe de los dados un jugador y d su libro un estudiante. SLENDER.--Ah, dulce Ana Page! PAGE.--Dios os guarde, buen seor Hugh. EVANS.--l os bendiga todos por su misericordia. POCOFONDO.--Qu! La espada y la palabra? Estudiis una y otra, seor cura? PAGE.--Y todava andis en cuerpo, como un jovencito, en un da tan crudo y reumtico? EVANS.--Hay motivos y razones para ello. PAGE.--Hemos venido encontraros, seor cura, con nima de hacer una buena accin. EVANS.--Muy bien. Cul es? PAGE.--All hay un venerable caballero, que juzgndose ofendido por alguna persona, est en la ms terrible lucha que se pueda ver con su propia gravedad y paciencia. POCOFONDO.--Ochenta y pico de aos he vivido, y nunca he visto hombre de su posicin, gravedad y saber, tan celoso de su propio respeto. EVANS.--Quin es? PAGE.--Pienso que le conocis. Es el seor doctor Caius, el reputado mdico francs. EVANS.--Por Dios y todos los santos del cielo! Preferira hablar de un hervido de coles! PAGE.--Por qu? EVANS.--Porque no sabe jota de Hipcrates y Galeno. Y adems es un bribn: tan cobarde bribn, como el que ms de cuantos pudirais conocer. PAGE.--Os aseguro que este es quien se batira con l. SLENDER.--Oh dulce Ana Page! POCOFONDO.--As parece, por sus armas. Mantenedles separados: aqu viene el doctor Caius. (_Entran el posadero, Caius y Rugbi._) PAGE.--No, seor cura: no desnudis vuestra arma. POCOFONDO.--Ni tampoco vos, mi buen doctor. POSADERO.--Desarmadles y dejad que discutan. As conservarn ilesos sus miembros y no harn trizas sino nuestro idioma. CAIUS.--Dejadme deciros una palabra al odo, si gustis. Por qu evitis el encuentro conmigo? EVANS.--Tened un poco de paciencia, os ruego. Ya vendr el momento oportuno. CAIUS.--Voto san! que sois un cobarde, un perro, un mico! [Illustration] EVANS.--Os suplico que no nos hagis el hazme-reir del buen humor de otras personas. Deseo vuestra amistad, y de un modo otro os dejar satisfecho. (_En voz baja._) Os he de sacar puntapis la cruz del calzn por la cabeza, gran bellaco, para que no os burlis de citas y compromisos de honor. CAIUS.--Al diablo! Jack Ruby, y vos, hostelero de la Liga, no le esper para matarle? No estuve en el sitio designado? EVANS.--Tan cierto como que soy cristiano, este es el sitio que se haba sealado. Que lo diga el mismo hostelero de la Liga. POSADERO.--Paz! Paz, digo, entre Gales y la Galia! entre galo y francs! Paz entre el que cura el alma y el que cura el cuerpo! CAIUS.--S, eso es muy bueno, excelente! POSADERO.--Paz, digo. Decid si el posadero de la Liga no es un poltico sutil, si no es un Maquiavelo! Perder mi mdico? No! l es quien me da las pociones y mociones. Perder mi cura? mi sacerdote? mi amigo Hugh? No. El me da los proverbios y los _pater-noster_. Dame tu mano, hombre terreno, as. Dadme la tuya, hombre mstico, as. No sois ms que nios en la astucia. Os he engaado ambos, dirigindoos diferentes lugares para que no pudirais encontraros. Vuestros corazones estn llenos de vigor, vuestros cuerpos ilesos, y el desenlace debe ser una libacin de vino jerez. Ea! gurdense esas armas para empeo. Sgueme, hombre de paz. Seguidme, seguidme. POCOFONDO.--Contad conmigo, husped. Seguid, caballeros, seguid. SLENDER.--Oh dulce Ana Page! (_Salen Pocofondo, Slender, Page y el posadero._) CAIUS.--Ah! Ya caigo en cuenta. Nos ha hecho pasar por un par de tontos! ah! ah! EVANS.--Est muy bien. Se ha redo de nosotros. Deseo que vos y yo seamos amigos, y vamos concertando juntos el modo de vengarnos de este despreciable, sarnoso y tahur compaero, el posadero de la Liga. CAIUS.--Voto ! Con todo mi corazn. Me prometi conducirme donde Ana Page y tambin me ha engaado! EVANS.--Bueno. He de romperle la crisma. Tened la bondad de venir conmigo. (_Salen._) ESCENA II. Una calle de Windsor. Entran la seora PAGE y ROBIN. SRA. PAGE.--No; sigue adelante, galancito mo. T debas ir detrs y ahora vas la cabeza. Te gusta ms hacer que te sigan mis ojos, seguir con los tuyos los talones de tu seor? ROBIN.-- fe ma que prefiero ir delante como un hombre, que seguirle como un enano. SRA. PAGE.--Oh! Eres un chico zalamero. Veo que parars en cortesano. (_Entra Ford._) FORD.--Me alegro de encontraros, seora Page. dnde vais? SRA. PAGE.--Por cierto que ver vuestra esposa. Est en casa? FORD.--S, y tan ociosa, por falta de compaa, que no s cmo no se le caen los cuartos. Se me figura que, si muriesen vuestros maridos, os casarais las dos. SRA. PAGE.--De seguro; con otros dos maridos. FORD.--Dnde hubisteis este bonito gallo de campanario? SRA. PAGE.--Por nada puedo acordarme del nombre del sujeto de quien lo tuvo mi esposo. Muchacho cmo se llama tu seor? ROBIN.--El seor Juan Falstaff. FORD.--El seor Juan Falstaff! SRA. PAGE.--El mismo. Nunca puedo dar con su nombre. Hay tanta intimidad entre mi buen hombre y l! Es seguro que vuestra esposa est en casa? FORD.--Seguro que est all. SRA. PAGE.--Con vuestro permiso. Estoy impaciente por verla. (_Salen la seora Page y Robin._) FORD.--Tiene Page sesos? Tiene ojos? Tiene algo como entendimiento? Pues si los tiene, no hay duda de que estn dormidos: no le sirven para nada. Por cierto que este muchacho llevara una carta veinte millas, con tanta facilidad como un can arroja una bala, punto en blanco, doscientas cuarenta yardas. Page da rienda suelta la inclinacin de su esposa; da impulso y facilidades su insensatez; y ahora va donde mi mujer, y la acompaa el muchacho de servicio de Falstaff! Un ciego podra ver al travs de esto. La acompaa el muchacho de Falstaff! Bien urdidas estn las intrigas! Y nuestras mujeres se juntan para condenarse Bueno. Me apoderar de l; en seguida torturar mi esposa, arrancar la mscara de falsa modestia de la hipcrita seora Page, exhibir Page como un Acten voluntario; y estos violentos procederes, todos mis vecinos dirn _amen_. (_Se oye el reloj dar horas._) El reloj me da el aviso, y mi certeza me invita hacer un registro. All encontrar Falstaff; y ser ms encomiado que ridiculizado por esto; porque tan seguro es que Falstaff est all como que la tierra est bajo los pis. Ir. (_Entran Page, Pocofondo, Slender, el posadero, sir Hugh Evans, Caius y Rugbi._) POCOFONDO, PAGE, ETC.--Plceme veros, seor Ford. FORD.--Una buena reunin, fe ma. Hay una buena mesa hoy en casa; y os ruego todos que me acompais. POCOFONDO.--Debo ofreceros mis excusas, seor Ford. SLENDER.--Y yo igualmente, seor. Estamos comprometidos comer donde la seorita Ana, y no le faltara por ninguna suma de dinero que se pueda contar. POCOFONDO.--Hemos disertado sobre unas bodas entre Ana Page y mi primo Slender, y hoy debemos recibir la respuesta. SLENDER.--Espero contar con vuestro favor, padre Page. PAGE.--Tenis mi buena voluntad, seor Slender. Estoy enteramente favor vuestro; pero mi esposa, seor doctor, est no menos decidida por vos. CAIUS.--Y por vida de...! que la doncella est enamorada de m; que as me lo ha dicho mi aya, la seora Aprisa. POSADERO.--Y qu decs al joven seor Fenton? l baila, tiene el brillo de la juventud, escribe versos, habla alegremente, y tiene olor de Abril y Mayo. l ganar la partida; l ganar la partida. Eso est en la masa de la sangre. Ganar la partida. PAGE.--No con mi consentimiento, os lo aseguro. No es un caballero apetecible. Era asociado y compinche del prncipe disoluto y de Poins. Pertenece una regin demasiado elevada, y tiene demasiado mundo. No. No ser con mi caudal con lo que ha de echar un remiendo su fortuna. Si ha de tomar mi hija, la tomar ella sola; pues la riqueza que poseo, ser dirigida por mi voluntad; y mi voluntad no se dirige hacia ese lado. FORD.--Os suplico lo ms encarecidamente que algunos de vosotros vengis casa comer conmigo; pues fuera de la mesa, habr una buena diversin: os har ver un monstruo. Vendris, seor doctor; y tambin vos, seor Page; y vos, seor Hugh. POCOFONDO.--Bien: quedad con Dios. As tendremos ms libertad para los asuntos matrimoniales en casa del seor Page. (_Salen Pocofondo y Slender._) CAIUS.--Vete casa, Rugbi. Ya ir yo. (_Sale Rugbi._) POSADERO.--Adios, amigos de mi alma. Me voy donde mi honrado husped el caballero Falstaff beber con l un trago de vino de Espaa. (_Sale el posadero._) FORD.--(_Aparte._) Creo que primero beber vino de pipa con l. Ya le har bailar. Queris venir, buenos amigos? TODOS.--Somos con vos, para ver el monstruo. (_Salen._) ESCENA III. Cuarto en casa de Ford. Entran la seora FORD y la seora PAGE. SRA. FORD.--Hola, Juan! Hola, Roberto! SRA. PAGE.--Pronto, pronto. Es en la canasta... SRA. FORD.--Por vida ma. Hola, Robin, oyes? (_Entran criados con una canasta._) SRA. PAGE.--Venid, venid. SRA. FORD.--Ponedla aqu. SRA. PAGE.--Dad la orden vuestras gentes. No tenemos tiempo que perder. SRA. FORD.--Entended, como os tengo dicho, Juan y Roberto, que debis estar listos aqu cerca, en la cervecera; y en el mismo instante en que yo os llame, venid, sin dilacin ni tropiezo, y tomad esta canasta en vuestros hombros. Con ella iris toda prisa hacia los lavaderos de la cinaga de Datchet, y la vaciaris en la zanja cenagosa que est junto a la margen del Tmesis. SRA. PAGE.--Lo haris as? SRA. FORD.--Les he hecho el encargo una y otra vez. No son instrucciones lo que les falta. Idos, y acudid en el momento en que os llame. (_Salen los criados._) SRA. PAGE.--Aqu viene el rapazuelo Robin. (_Entra Robin._) SRA. FORD.--Qu tal, chiquitn mo? Qu nuevas traes? ROBIN.--Mi amo sir Juan, ha venido la puerta falsa, seora, y solicita vuestra compaa. SRA. PAGE.--Y t, rapazuelo prestado, no nos has hecho alguna mala partida? ROBIN.--Puedo jurar que no. Mi seor no sabe que estais aqu, y me ha amenazado con despedirme si os digo la menor palabra, pues jura que me pondra la puerta. SRA. PAGE.--Eres un buen muchacho, y tu sigilo te servir de sastre; como que le debers un vestido nuevo. Voy esconderme. SRA. FORD.--Hacedlo. V decir tu seor que estoy sola. Seora Page, no os olvidis de la seal. (_Sale Robin._) SRA. PAGE.--Te lo garantizo. Si no desempeo mi papel, slvame. (_Sale la Sra. Page._) SRA. FORD.--Pues ello. Nos serviremos de esta pestilente humedad, de esta grosera calabaza, y le ensearemos distinguir las flores de los guijarros. (_Entra Falstaff._) FALSTAFF.--Te he alcanzado al fin, celeste joya ma? Pues ahora debera yo morir, ya que he vivido bastante tiempo para ver coronada mi ambicin. Oh! Bendita hora! SRA. FORD.--Oh simptico sir Juan! FALSTAFF.--Seora Ford, no puedo lisonjear, no puedo charlar, seora Ford. Ahora mi deseo es pecaminoso: quisiera que estuviese muerto vuestro marido. En presencia del ms encumbrado lord lo dira: te hara mi esposa. SRA. FORD.--Yo, esposa vuestra, sir Juan! Sera una muy pobre esposa para vos. FALSTAFF.--No la hay igual en toda la corte de Francia! Veo cmo tu mirada rivaliza con el brillo del diamante; tienes en las cejas el arco armonioso que corresponde un modelo veneciano ricamente adornado. SRA. FORD.--Un modesto pauelo es todo lo que puede venirles bien. Y aun eso, lo dudo. FALSTAFF.--Es una traicin lo que te haces hablando as. Haras en todo rigor una excelente dama de corte; y tu paso firme y elstico, dara tu talle la ms seductora oscilacin bajo los semicrculos de la crinolina. Bien veo lo que seras si no te fuera adversa la fortuna; pero la naturaleza te ha favorecido, y esto no puedes ocultarlo. SRA. FORD.--Creedme, no tengo tales atractivos. FALSTAFF.--Pues por qu te he amado? Esto solo basta para convencerte de que hay en ti algo de extraordinario. Vamos, yo no puedo adular y decir que eres esto y aquello, como tantos de esos remilgados pisaverdes que se presentan como mujeres disfrazadas de hombre y perfumados de pis cabeza. No, no puedo hacerlo, pero te amo, ti, ti sola, y lo mereces. SRA. FORD.--Pero no me traicionis. Mucho me temo que amis la Sra. Page. FALSTAFF.--Tanto valdra que dijeras que me gusta ir parar la crcel; cosa que me halaga tanto como el vapor de cal viva. SRA. FORD.--Bueno. El cielo sabe cunto os amo, y algn da os convenceris de ello. FALSTAFF.--No vares de pensamiento, que yo merecer tu amor. SRA. FORD.--Nunca, debo decroslo, si no variis vos mismo; pues entonces no podra pensar del mismo modo. ROBIN.--(_Adentro._) Seora Ford! Seora Ford! La seora Page est la puerta, toda sudando y jadeando y con la cara despavorida, y dice que tiene que hablaros inmediatamente. FALSTAFF.--Es necesario que no me vea. Me ocultar aqu detrs de este tapiz. SRA. FORD.--Hacedlo. Es una mujer muy chismosa. (_Falstaff se oculta._--_Entran la seora Page y Robin._) Qu ocurre? Qu hay de nuevo? SRA. PAGE.--Oh seora Ford! Qu habis hecho? Estis cubierta de afrenta, estis arruinada, estis perdida para siempre! SRA. FORD--Pero qu acontece, buena seora Page? SRA. PAGE.--Pues no es nada, seora Ford! Teniendo por marido un hombre honrado, darle semejante motivo de sospecha! SRA. FORD--Qu motivo de sospecha? SRA. PAGE.--Qu motivo de sospecha? Vergenza para vos! Cmo he podido equivocarme sobre vos? SRA. FORD--Pero por Dios! de qu se trata? SRA. PAGE.--Se trata, mujer, de que vuestro marido viene en este momento con todos los oficiales de Windsor, sorprender un caballero que dice est ahora aqu en su casa, de acuerdo con vos, para aprovechar deshonrosamente su ausencia. Estis perdida! SRA. FORD--(_Aparte._) Hablad ms alto.--Espero que no es as. SRA. PAGE.--Plegue Dios que no sea as el que tengis aqu tal hombre; pero es indudable que vuestro esposo viene con la mitad de Windsor tras de l, para buscarle aqu. Me he adelantado ellos por daros aviso. Si os encontris inocente, me alegro en el alma; pero si ocultis aqu algn amigo, hacedle salir al instante, al instante. No os atolondris; apelad toda vuestra lucidez, defended vuestra reputacin despedos para siempre de la buena vida que habais disfrutado. SRA. FORD--Ay Dios mo! Qu har? All est un caballero, amiga querida; y no es tanto mi vergenza lo que tomo como el peligro que l corre. Dara mil libras por verle sano y salvo fuera de la casa. SRA. PAGE.--Qu disparate! Este no es tiempo de dara esto ni dara aquello. Vuestro marido llegar dentro de pocos instantes. Pensad en algn medio de transportar vuestro amigo. Ocultarlo en la casa es imposible. Oh! Cmo me habis engaado! Mirad. Aqu hay un canasto. Si l no es de una estatura desmedida, podr agazaparse aqu. Lo cubriris con ropas sucias como para enviar al lavado; si an hay tiempo, enviadlo con vuestros criados los lavaderos de la cinaga de Datchet. SRA. FORD.--Es demasiado corpulento para caber ah. (_Vuelve entrar Falstaff._) FALSTAFF.--Dejadme ver! Dejadme ver! Probar entrar. S. Entrar, entrar! SRA. PAGE.--Qu! Seor Juan Falstaff! En esto han venido parar las cartas que me habis escrito, caballero? FALSTAFF.--Es ti quien amo; a nadie sino ti. Aydame escapar. Djame meterme aqu dentro. Jams en mi vida.... (_Se mete en el canasto y lo cubren con ropa sucia._) SRA. PAGE.--Ayuda tapar tu amo, muchacho. Seora Ford, llamad vuestros criados. Desleal caballero! SRA. FORD.--Hola! Juan! Roberto! Juan! (_Sale Robin.--Vuelven entrar los criados._) Ea! Levantad ese canasto de ropas. Pronto! Dnde est la vara en que se cuelga para llevarlo? Vamos! No hay que andar bambolendose. Llevadlo la lavandera en la cinaga de Datchet. Listos, listos! (_Entran Ford, Page, Caius y sir Hugh Evans._) FORD.--Acercaos, os lo suplico. Si mis sospechas carecen de fundamento, pues bien, burlaos de m, hacedme vuestro hazme-reir. Lo tendr bien merecido. Hola! dnde llevis eso? CRIADO.-- donde la lavandera, por cierto. SRA. FORD.--Pues est bien! Qu tenis que hacer con que lleven eso ac all? Sera mejor que os encargaseis del lavado y de apuntar la ropa. FORD.--Apuntar, eh? Ya quisiera yo que lavndome se me quitara lo que me puede apuntar! Punta! Punta! Punta! S; punta, punta, os lo garantizo. Y de la estacin, como se ver lugo. (_Salen los criados con la canasta._) Seores; he tenido anoche un sueo y os le he de contar. He aqu mis llaves; aqu, aqu las tenis. Subid mis habitaciones, buscad, registrad, descubrid. Os aseguro que atraparemos el zorro. Dejadme primero que obstruya esta salida. Ahora, principiad la caza. PAGE.--Buen seor Ford, tranquilizaos. Vos mismo os hacis grave injusticia. FORD.--De veras? Adelante, caballeros, que vais tener diversin. Seguidme, seores. (_Sale._) EVANS.--Fantasas de celoso. CAIUS.--Por vida de...! que no es as la moda en Francia. Nadie tiene celos en Francia. PAGE.--No. Seguidle, seores, y ved el resultado de su investigacin. (_Salen Evans, Page y Caius._) SRA. PAGE.--No hay en esto un doble mrito? SRA. FORD.--No s qu me deleita ms; si ver que mi marido se engaa, ver la burla hecha sir Juan. SRA. PAGE.--Qu bien atrapado debi verse cuando vuestro esposo pregunt lo que iba en el canasto! SRA. FORD.--Temblando estoy de que necesite un bao para lavarse: de manera que echarlo al agua, ser hacerle un beneficio. SRA. PAGE.--Que el diablo cargue con ese bribn sin vergenza! De buena gana vera yo en igual trance todos los de su jaez! SRA. FORD.--Me parece que mi marido tena una sospecha particular de que Falstaff estaba aqu; porque nunca le he visto tan rudo en su celo, como ahora. SRA. PAGE.--Voy urdir una trama, para que tengamos algunas tretas ms contra Falstaff. Su mal crnico de corrupcin, difcilmente ceder este medicamento. SRA. FORD.--Os parece bien enviar esa mala peste de la seora Aprisa, para ofrecerle excusas por haberle echado al agua, y darle una nueva esperanza que le haga caer en un nuevo castigo? SRA. PAGE.--S; hagmoslo. Que venga maana las ocho para recibir satisfacciones. (_Vuelven entrar Ford, Page, Caius y sir Hugh Evans._) FORD.--No he podido encontrarle. Quizs el bribn se jactaba de lo que no poda alcanzar. SRA. PAGE.--Habis odo eso? SRA. FORD.--S, s, basta. Me tratis bien, seor Ford, no os parece as? FORD.--S, as lo hago. SRA. FORD.--Que Dios os haga mejor que vuestros pensamientos. FORD.--Amen. SRA. PAGE.--Os causis un gran mal vos mismo, seor Page. FORD.--S, s. Debo sobrellevar todo esto. EVANS.--As Dios me perdone el da del juicio final, como es verdad que no hay nadie en los dormitorios, ni en los cofres, ni en los armarios. CAIUS.--Por vida de..! yo digo lo mismo. No hay nadie, nadie. PAGE.--Por Dios! No os avergonzis, seor Ford? Qu espritu, qu demonio os sugiere tal imaginacin? No quisiera tener en estos asuntos vuestra vehemencia, ni por todas las riquezas de Windsor. FORD.--Confieso que es culpa ma, seor Page, y sufro por ello. EVANS.--Sufrs por una mala conciencia. Vuestra esposa es una mujer tan honesta como podra desearla yo entre cinco mil y quinientas ms. CAIUS.--Voto ..! que veo claro su honradez. FORD.--Bien. Os promet una comida. Venid dar un paseo por el parque. Os ruego que me perdonis. Ms tarde os dir por qu hice esto. Ven, esposa ma. Venid, seora Page. Os suplico que me perdonis: lo suplico sinceramente. PAGE.--Vamos con l, seores; pero, creedme, que le haremos blanco de nuestra jovialidad. Os invito almorzar maana temprano en mi casa. Despus iremos cazar pjaros; tengo un buen halcn. Os acomoda? FORD.--Lo que queris. EVANS.--Si hay uno, yo ser el segundo de la partida. CAIUS.--Y si hay uno dos, yo ser el tercero. EVANS.--Os ruego ahora que os acordis maana de aquel sucio bribn de posadero. CAIUS.--Perfectamente. Por vida de..! que lo har con todo mi corazn. EVANS.--Sarnoso bribn! Que se permite bromas y burlas! (_Salen._) ESCENA IV. Cuarto en casa de Page. Entran FENTON y ANA PAGE. FENTON.--Veo que no puedo alcanzar el beneplcito de tu padre. No me obligues de nuevo, dulce Ana ma, acudir donde l. ANA.--Ay! Qu hacer, pues? FENTON.--Qu? El ser t misma. Se opone porque considera demasiado alta mi alcurnia, y presume que, mermados mis bienes por mis gastos, slo procuro restablecerlos favor de su riqueza. Fuera de estos obstculos me presenta otros: mis turbulencias pasadas, mis asociaciones de disipacin; y me dice que es imposible que yo te ame de otro modo que como una propiedad. ANA.--Quizs os dice verdad. FENTON.--No; y as me ampare el cielo en el tiempo futuro. Confieso, sin embargo, que la fortuna de tu padre fu el primer mvil que me impuls pretenderte; pero, Ana ma, al hacerlo, encontr que valas ms que toda fortuna en oro en cualquier otro valor. Ahora no ambiciono otra riqueza que t misma. [Illustration] ANA.--Amable seor Fenton, insistid an en solicitar la buena voluntad de mi padre; buscad de nuevo su consentimiento. Si la oportunidad y la humilde solicitud nada consiguiesen, pues bien! entonces... Escuchad un momento. (_Hablan aparte._--_Entran Pocofondo, Slender y la seora Aprisa._) POCOFONDO.--Interrumpid su conversacin, seora Aprisa. Mi pariente debe hablar por s mismo. SLENDER.--Lo echar perder de un modo otro. Esto no es ms que aventurar. POCOFONDO.--No os acobardis. SLENDER.--No, ella no me acobarda. Eso no me importa. Solamente que tengo miedo. APRISA.--Od, Ana. El seor Slender desea hablaros una palabra. ANA.--Soy con l al instante. Este es el escogido por mi padre. Oh! Qu cmulo de viles y feos defectos, parece hermoso por trescientas libras de renta! (_Aparte._) APRISA.--Y qu tal os va, mi buen seor Fenton? POCOFONDO.--Ya viene.-- ella, primo!--Oh muchacho, has tenido padre! SLENDER.--Yo tuve padre, seorita Ana; mi to puede deciros buenas bromas de l. Contad la seorita Ana el chiste de cmo mi padre se rob dos gansos de la jaula. POCOFONDO.--Seorita Ana, mi primo os ama. SLENDER.--Por cierto que s; tanto como cualquiera mujer en Gloucestershire. POCOFONDO.--Y os mantendr en el rango de una dama. SLENDER.--Por cierto que s, y con traje de cola larga, como corresponde al rango de escudero. POCOFONDO.--Y os dar una dote de ciento y cincuenta libras. ANA.--Buen seor Pocofondo, dejad que l hable por s mismo. POCOFONDO.--De buen grado y os doy las gracias. Os agradezco este descanso. Os llama, primo. Me retiro. ANA.--Y bien, seor Slender? SLENDER.--Y bien, seorita Ana? ANA.--Cul es vuestra voluntad, vuestra disposicin? SLENDER.--Mi voluntad? Mi disposicin? Este s que es chiste. Gracias Dios, no soy tan enfermizo que haya tenido que hacer mi disposicin, ni mi voluntad. No he hecho testamento. ANA.--Quiero decir, seor Slender, qu es lo que deseis de m? SLENDER.--Por lo que m toca, en verdad, poco nada tendra que hacer con vos. Vuestro padre y mi to lo han hablado entre ellos. Si sale bien, bueno: si no, tambin. Ellos podrn deciros mejor que yo cmo van estas cosas. Aqu viene vuestro padre; podis preguntarle. (_Entran Page y la Sra. Page._) PAGE.--Bien, seor Slender. male, Ana, hija ma. Qu hacis aqu, seor Fenton? Sabis que me infers agravio empendoos en visitar esta casa. Ya os he dicho que he dispuesto de mi hija. FENTON.--Os suplico no os impacientis, seor Page. SRA. PAGE.--Mi buen seor Fenton, no volvis acercaros mi hija. PAGE.--No es un partido para vos. FENTON.--Queris escucharme, seor? PAGE.--No, mi buen seor Fenton. Venid, seor Slender: venid adentro, as. Sabiendo mi decisin, seor Fenton, me agraviis. FENTON.--Seora Page: amando vuestra hija con toda la verdad y honradez de mi afecto, fuerza es que sostenga mi pretensin pesar de todos los obstculos, repulsas y desaires, y que no desista. Concededme, os suplico, vuestra buena voluntad. ANA.--Buena madre ma, no me casis con ese idiota que est all. SRA. PAGE.--No es mi intencin. Busco mejor esposo para ti. APRISA.--Y ese es mi amo, el seor doctor. ANA.--Ay de m! Antes querra que me pusieran pronto bajo de tierra, y sembraran berzas encima. SRA. PAGE.--Vamos, no te atormentes. Seor Fenton, no ser para vos en esto ni amiga, ni enemiga. Examinar mi hija para saber qu grado de afecto os tiene; y segn lo que en ella descubra arreglar mi proceder. Hasta entonces, adios, seor. Es necesario que Ana ntre, se enfadara su padre. (_Salen la Sra. Page y Ana._) FENTON.--Adios, bondadosa seora; adios, Ana. APRISA.--Todo esto es obra ma. Pues qu!--le dije--vais malograr vuestra hija en manos de un imbcil y por aadidura mdico? Ya lo vis, seor Fenton, todo esto es obra ma. FENTON.--Te doy las gracias, y te ruego que esta noche ds mi dulce Ana esta sortija. Toma por tu molestia. (_Sale._) APRISA.--Dios te llene de bendiciones! Como que tiene un corazn bondadoso. Una mujer sera capaz de echarse de cabeza al fuego por tan buen corazn! Sin embargo, yo quisiera mas bien que Ana fuese de mi amo, del seor Slender; en fin, que fuese del seor Fenton. Har todo lo que pueda por los tres, ya que as lo he prometido y que soy incapaz de faltar mi palabra; pero especialmente por el seor Fenton. Bueno: ahora tengo que ir con otro mensaje al seor Falstaff de parte de mis dos seoras. Soy un animal en tardarme as! (_Sale._) ESCENA V. Cuarto en la posada de la Liga. Entran FALSTAFF y BARDOLFO. FALSTAFF.--Bardolfo, escucha. BARDOLFO.--Seor? FALSTAFF.--V traerme una pinta de Jerez, y una tostada. (_Sale Bardolfo._) Y es posible que haya vivido yo para ver el da en que haban de llevarme en un canasto como un montn de desecho de carnicero, y arrojarme al ro? Por mi alma, que si vuelvo sufrir chasco semejante, he de hacer que mis sesos sirvan para comida de perros el da de ao nuevo. Los pillastres, para echarme al Tmesis no tuvieron ms remordimiento que si se tratara de los cachorros recin nacidos de una perra, con los ojos cerrados. Y por mi tamao es fcil ver que tengo gran propensin sumergirme. Si el fondo del ro fuera tan hondo como el infierno, creo que ira hasta el fondo. no haber sido tan poco profunda la margen, de seguro que me habra ahogado: gnero de muerte que detesto, porque el agua hace que el cuerpo se hinche y qu cuerpo sera el mo si se hinchara! Vaya! una momia como una montaa! (_Vuelve entrar Bardolfo, con el vino._) BARDOLFO.--Seor, aqu est la seora Aprisa, que viene hablaros. FALSTAFF.--Djame vaciar un poco de Jerez sobre esta agua del Tmesis; porque tengo en el vientre un fro tal, que no parece sino que hubiese tomado pldoras de nieve. Hazla entrar. BARDOLFO.--Entrad, mujer. (_Entra la Sra Aprisa._) APRISA.--Con vuestro permiso: merced, os digo. Doy buenos das vuestra seora. FALSTAFF.--Llvate estos vasos. Preprame cuidadosamente un azumbre de Jerez. BARDOLFO.--Con huevos, seor? FALSTAFF.--No: solo. No quiero grasa de gallina en mi bebida. (_Sale Bardolfo._) Y bien? APRISA.--Vengo encontraros de parte de la seora Ford. FALSTAFF.--La seora Ford! Harto de su nombre estoy. Con ese nombre me ha hecho bautizar en el ro. APRISA.--Qu desgracia! Pero no fu culpa suya, pobre palomita! As est furiosa contra sus criados porque equivocaron su direccin. FALSTAFF.--As como me equivoqu yo fundando esperanzas sobre la promesa de una mujer atolondrada. APRISA.--Pues si virais cmo se lamenta de aquello, se os partira el corazn. Su marido sale cazar pjaros esta maana, y ella os ruega una vez ms que vayis verla entre las ocho y las nueve. Me ha exigido que le responda al instante. Ella os dar satisfacciones, os lo garantizo. FALSTAFF.--Bien. Ir visitarla. Dile as, y que considere lo que es un hombre, y su fragilidad, y juzgue por ello de mi merecimiento. APRISA.--As se lo dir. FALSTAFF.--Enbuenhora. Decs que entre nueve y diez? APRISA.--Entre ocho y nueve, seor. FALSTAFF.--Est bien: id. No dejar de verla. APRISA.--Quedad con Dios. (_Sale._) FALSTAFF.--Es extrao que no tenga noticia del seor Brook. Me envi decir que le aguardara. Me agrada bastante su dinero. Oh! Hele aqu que llega. (_Entra Ford._) FORD.--Dios os bendiga, seor. FALSTAFF.--Y bien, seor Brook: habis venido saber lo que ha pasado entre la seora Ford y yo? FORD.--Efectivamente, sir Juan; es el objeto de mi visita. FALSTAFF.--Seor Brook, no os dir una mentira: estuve en su casa la hora convenida. FORD.--Y qu tal os fu por all? FALSTAFF.--Muy desgraciadamente, seor Brook. FORD.--Cmo as? Acaso mud de parecer? FALSTAFF.--No, seor Brook; pero aquel descomunal cornudo de su marido, que vive en la eterna alarma del celoso, se aparece en el instante de ms inters, cuando ya nos habamos abrazado, besado y jurado, y hecho, en fin, el prlogo de nuestra comedia; y tras de l una caterva de sus compaeros, llamados y provocados por su mala ndole, a fin de que registraran la casa en busca del amante de su esposa. FORD.--Qu! Mientras estbais all? FALSTAFF.--Mientras estaba all. FORD.--Y os busc y no pudo encontraros? FALSTAFF.--Vais oirlo. Como si la buena suerte lo hubiera dispuesto, llega una seora Page: da aviso de la llegada de Ford; y gracias su inventiva y la desesperacin de la seora Ford, me hicieron entrar en un canasto de ropa. FORD.--En un canasto de ropa! FALSTAFF.--Por Dios, en un canasto de ropa de lavado. All me sepultaron entre un montn de ropas sucias, camisas y enaguas, hediondas calcetas y medias, servilletas grasientas; de manera, seor Brook, que jams nariz humana sinti semejante compuesto de pestilentes olores! FORD.--Y cunto tiempo permanecsteis all? FALSTAFF.--Vais ver, seor Brook, cunto he padecido por inducir esta mujer al mal para bien vuestro. As acondicionado en el canasto, la seora Ford llam un par de los bribones criados de su marido para hacerme llevar los lavaderos de la Cinaga de Datchet. Tomronme en hombros, y al salir se dieron en la puerta con el celoso bribn de su amo, quien les pregunt una dos veces lo que llevaban en el cesto. Me tembl el cuerpo slo de pensar que el bellaco luntico hubiese querido registrar; pero el destino, para que no pueda dejar de ser cornudo, le detuvo la mano. Bien: l se fu registrar la casa, y yo me fu en calidad de ropa sucia. Pero atended lo que sigui, seor Brook. He sufrido las torturas de tres muertes diversas. Primero: un terror indecible de ser descubierto por el apolillado carnero manso. Segundo: estar como hoja de Toledo enrollada con la punta junto la guarnicin, encerrado en la circunferencia de un celemn, con la cabeza entre los pis. Y lugo ser embutido all con pestferas telas que fermentaban en su propia grasa. Pensad en esto: un hombre de mi temperamento, sensible al calor como la manteca: un hombre que est continuamente sudando y derritindose. Fu un milagro no morir asfixiado. Y en lo ms fuerte de este bao, cuando estaba ya medio cocido en aceite, como guisado holands, ser arrojado al Tmesis, y enfriarse en esa marejada, pasando de repente del rojo cereza al ceniza oscuro, como herradura de caballo. Considerad esto, considerad: un calor de ascua, un calor de infierno! FORD.--Con toda mi alma deploro que por culpa ma hayis sufrido todo esto. Considero, pues, perdida mi pretensin. Pensis no volver hacer la prueba? FALSTAFF.--Seor Brook, consentira en ser arrojado al Etna, como lo he sido al Tmesis, antes que dejar esto as. Su marido ha salido cazar pjaros esta maana; he recibido de ella otro mensaje dndome nueva cita; y la hora es entre las ocho y las nueve. FORD.--Pues ya han dado las ocho, seor. FALSTAFF.--Ya? Entonces acudo inmediatamente la cita. Venid cuando lo tengis bien, y os informar del progreso que haga. La conclusin ha de ser que gozaris de ella. Adios. La tendris, seor Brook, la tendris y pondris los cuernos Ford. (_Sale._) FORD.--Hum! Ah! Es esto una visin? Es esto un sueo? Estoy dormido? Despierta, Ford: Ford, despierta! Tu mejor precaucin se encuentra burlada. Y para esto se casa uno! Para esto tiene uno en su casa ropas y canastas! Bien. Proclamar en alta voz lo que soy. Ahora no se me escapar el miserable, no. Es imposible que se escape. Est en mi casa, y no se ha de ocultar en una alcanca ni en la caja de la pimienta. Registrar hasta los lugares imposibles, y le he de atrapar menos que le ayude su consejero el diablo. Si no puedo evitar lo que soy, al menos no me resignar mansamente ser lo que no quisiera. Y si he detener cuernos, yo har que tenga razn el refrn, y que ese bribn salga por la punta de un cuerno. (_Sale._) [Illustration] [Illustration] ACTO IV. ESCENA I. La calle. Entran la Sra. PAGE, la Sra. APRISA y GUILLERMO. SRA. PAGE. Te parece que est ya en casa de Ford? APRISA.--Sin duda, que ha de estar esta hora, en pocos momentos ms. Pero podis creer que est verdaderamente furioso por aquello de haberlo echado al ro. La seora Ford desea que vayis inmediatamente. SRA. PAGE.--Ya estar con ella dentro de un rato. No voy hacer mas que dejar en la escuela mi chico que vis conmigo. Ah viene su maestro. Es da de asueto, lo que veo. (_Entra sir Hugh Evans._) Cmo estis, seor Hugh? No es hoy da de escuela? EVANS.--No. El seor Slender ha dado los chicos permiso para jugar. SRA. PAGE.--Seor Hugh, mi esposo dice que mi hijo aprovecha maldita de Dios la cosa en su libro. Y os ruego que le hagis algunas preguntas sobre sus rudimentos. EVANS.--Ven aqu, Guillermo. Levanta la cabeza. Ven. SRA. PAGE.--Venid, gran tuno. Erguid la cabeza y responded al maestro. No tengis miedo. EVANS.--Guillermo, cuntos nmeros hay en los nombres? GUILLERMO.--Dos. [Illustration] APRISA.--Pues yo pens que haba uno mas; porque las gentes dicen nombres raros. EVANS.--Dejad vuestra charla. Qu significa _bello_? GUILLERMO.--_Pulchro._ APRISA.--_Sepulcro!_ Pues ya conozco yo muchas cosas ms bellas que un sepulcro! EVANS.--Qu mujer tan simple! Hacedme el favor de callar. Guillermo: qu significa _lapis_? GUILLERMO.--Piedra. EVANS.--Y qu es piedra, Guillermo? GUILLERMO.--Un guijarro. EVANS.--No: es _lapis_. Que no se os borre del cerebro. GUILLERMO.--_Lapis._ EVANS.--Bravo, Guillermito! Y decid: de dnde se toman los artculos? GUILLERMO.--Los artculos se toman del pronombre, y se declinan as: Singular, nominativo _hic_, _hc_, _hoc_. EVANS.--Nominativo _hic_, _hac_, _hoc_. No hay que distraerse. GUILLERMO.--Acusativo _hinc_. EVANS.--Os encargo no perder la memoria. Acusativo _hinc_, _hanc_, _hoc_.--Cul es el caso vocativo? GUILLERMO.--_O_, vocativo. _O_. EVANS.--Acordaos. Vocativo _caret_. APRISA.--Provocativa es la carne. Eso ya se sabe. Lo mismo en latn que en todas las lenguas. EVANS.--Por Dios, mujer! SRA. PAGE.--Callad. EVANS.--Cul es el caso _genitivo_? GUILLERMO.--Caso genitivo? EVANS.--S. GUILLERMO.--_Orum_, _arum_, _orum_. APRISA.--Mal haya con el genit...! Jess! Nio! Nunca digas esa palabra! EVANS.--Por pudor, mujer! APRISA.--Es una temeridad ensear estas palabras los nios! El le ensea cosas de malicia, que ya se las aprenden solos los muchachos en un abrir y cerrar de ojos. Dios lo sabe! EVANS.--Ests loca, mujer? No tienes entendimiento para tus casos y el nmero de los gneros? SRA. PAGE.--Hazme el favor de callar. EVANS.--Declina ahora, Guillermo, algunos pronombres. GUILLERMO.--Se me han olvidado. EVANS.--Es as: _qui_, _que_, _quod_. Si olvidis los _qui_, los _que_ y los _quod_, habr que vestiros de corto. Id jugar. SRA. PAGE.--Sabe mucho ms que lo que yo supona. EVANS.--Tiene una memoria muy feliz. Adios, seora Page. SRA. PAGE.--Adios, buen seor Hugh. Vamos casa, nio. Vamos, ya me he demorado en extremo. (_Salen._) ESCENA II. Cuarto en casa de Ford. Entran FALSTAFF y la Sra. FORD. FALSTAFF.--Seora Ford, vuestro pesar ha hecho desaparecer mi resentimiento. Veo que sois consecuente en vuestro amor, y me precio de cumplido en corresponder hasta la ms mnima fineza. Y esto, seora, no slo en cuanto al amor mismo, sino tambin en todos los accesorios, complementos y ceremonias que lo acompaan. Pero estis ahora segura de vuestro marido? SRA. FORD.--Ha salido cazar, amable sir Juan. SRA. PAGE.--(_Adentro._) Ea! Hola! Seora Ford. Me os? SRA. FORD.--Entrad esa cmara, sir Juan. (_Sale Falstaff.--Entra la Sra. Page._) SRA. PAGE.--Cmo estis, querida ma? Hay alguien con vos en la casa? SRA. FORD.--Quin podra haber? Nadie sino las gentes de mi servicio. SRA. PAGE.--De veras? SRA. FORD.--Nadie, por cierto. (_Aparte._) Hablad ms alto. SRA. PAGE.--No sabis cunto me alegro de que estis sola. SRA. FORD.--Por qu? SRA. PAGE.--Ay, mujer! Vuestro marido vuelve su vieja mana. Si oyrais lo que dice all abajo mi esposo! Y cmo reniega de cuantos matrimonios hay en el mundo! Maldice todas las hijas de Eva, de cualquiera condicin y carcter que sean; y se golpea la frente gritando: Salid de una vez, salid de una vez! de modo que cualquiera locura furiosa que haya visto en mi vida, no es ms que mansedumbre, paciencia y cortesa, comparada con la furia en que l est. Gracias Dios que el caballero gordo no est aqu! SRA. FORD.--Pues qu! Habla de l? SRA. PAGE.--Nada ms que de l; y jura que la ltima vez que lo busc lo hicieron salir dentro de un canasto; asegura mi esposo que l est ahora en este lugar; y ha hecho que todos los que le acompaaban en la caza abandonen su recreo para venir darles una nueva prueba de sus sospechas. Me alegro en el alma de que el caballero no se encuentre aqu; pues as ver vuestro esposo su propio desatino. SRA. FORD.--Y est cerca de la casa? SRA. PAGE.--Al fin de esta calle; de manera que no tardar en llegar. SRA. FORD.--Estoy perdida!--El caballero est ah dentro! SRA. PAGE.--Ay, Dios mo! Pues entonces estis arruinada sin remedio, y l ya se puede dar por hombre muerto! Pero qu mujer sois? Que salga al instante, que salga! Mas vale pasar un bochorno que ser causa de un asesinato! SRA. FORD.--Pero por dnde podr salir? Cmo lo ocultar? Volver ponerlo en el canasto? (_Vuelve entrar Falstaff._) FALSTAFF.--No, no volver entrar en el canasto. No podr irme antes de que l venga? SRA. PAGE.--Ay! All estn guardndo la puerta tres de los hermanos de Ford, armados de pistolas! Y no dejarn salir nadie. Si no fuera por esto, podrais salir antes que l llegase. Pero qu hacis aqu? FALSTAFF.--Qu har? Qu har? Me subir por la chimenea. SRA. FORD.--Siempre que vuelven de cazar descargan all sus escopetas. Meteos por la boca del horno. FALSTAFF.--Adnde est? SRA. FORD.--Pero es indudable que registrar all tambin. No le quedar armario, cofre, bal, pozo, bveda ni rincn por registrar; pues tiene escrita la nota de todo, y se gua por ella: Es imposible ocultaros en la casa. FALSTAFF.--Entonces saldr. SRA. PAGE.--Si sals tal como estis, sir Juan, no pasaris vivo la puerta de la calle. Slo que pudirais disfrazaros... SRA. FORD.--Qu disfraz podremos ponerle? SRA. PAGE.--Qu desgracia! No se me ocurre la menor idea. No hay enaguas bastante grandes para l; que de no, se le podra poner un sombrero, un embozo, un pauelo, y as podra escapar sin dificultad. FALSTAFF.--Por amor de Dios, ingeniad algn medio. Lo que queris, con tal de que no haya aqu alguna catstrofe. SRA. FORD.--La ta de mi doncella de labor, la obesa seora de Brentford, tiene en un cuarto de aqu arriba una bata. SRA. PAGE.--Por vida ma que le vendr bien. Ella es tan gruesa como l. Y ah estn tambin su sombrero tejido y su manto. Subid, sir Juan. SRA. FORD.--Subid, subid, amable sir Juan. La seora Page y yo buscaremos algunas blondas para la cabeza. SRA. PAGE.--Pronto, daos prisa. Subiremos inmediatamente vestiros. Mientras tanto, poneos la bata. (_Sale Falstaff._) SRA. FORD.--Me alegrara de que le encontrase en esta traza mi marido. No puede tolerar la vieja de Brentford: jura que es bruja: le ha prohibido venir la casa, y la ha amenazado con echarla golpes. SRA. PAGE.--Dios le ponga debajo del bastn de vuestro marido, y venga el diablo guiar el bastn! SRA. FORD.--Pero viene realmente mi esposo? SRA. PAGE.--S, y de bastante mal humor, por cierto. Habla del canasto, pero no s cmo haya podido ser informado de esto. SRA. FORD.--Probaremos lo mismo otra vez; porque encargar mis criados que vuelvan llevar el canasto, para que se encuentren con l la puerta, lo mismo que la vez pasada. SRA. PAGE.--Ya no debe tardar en presentarse.--Vamos vestir al otro como la bruja de Brentford. SRA. FORD.--Dar primero instrucciones mis gentes sobre lo que han de hacer con el canasto. Subid, que yo ir en seguida llevando la ropa que falte. (_Sale._) SRA. PAGE.--Cargue el diablo con el muy rematado pillo! Nunca podremos atormentarle como merece. Daremos una prueba en lo que vamos hacer, de que las esposas pueden ser alegres sin dejar de ser honradas. Las que menudo chanceamos y nos remos, no pasamos todas de las palabras bulliciosas las obras calladas. Es refrn antiguo, pero muy verdadero que, del agua mansa nos libre Dios. (_Sale._)--(_Vuelve entrar la Sra. Ford con dos criados._) SRA. FORD.--Ea! Tomad otra vez en hombros el canasto. Vuestro amo est cerca de la puerta. Si os pide poner en tierra vuestra carga, hacedlo. Pronto, daos prisa. (_Sale._) CRIADO 1.--Vamos, vamos, levanta. CRIADO 2.--Dios quiera que no est lleno con el caballero otra vez. CRIADO 1.--Espero en Dios que no. Tanto me gustara que estuviese lleno de plomo. (_Entran Ford, Page, Pocofondo, Caius, y sir Hugh Evans._) FORD.--Bueno. Pero si resulta ser verdad: tendris algn modo de quitarme mi locura? Abajo ese canasto, canalla! Que llamen mi mujer. Oh vosotros, bellacos, alcahuetes! Aqu hay una pandilla, una conspiracin contra m! Pero toda esta infamia saldr ahora luz. Mujer! Os? Venid aqu ver qu ropas tan inocentes enviis al lavadero! PAGE.--Esto es insufrible. Seor Ford, no debis ya andar suelto. Ser menester poneros una camisola de fuerza. EVANS.--Est luntico, loco furioso, tan furioso como un perro con la rabia. POCOFONDO.--Verdaderamente, seor Ford, esto no est bien. En verdad que no. (_Entra la seora Ford._) FORD.--Lo mismo digo yo, seor. Venid aqu, seora Ford; la seora Ford, la mujer honrada, la esposa modesta, la virtuosa criatura que tiene por marido un loco celoso! Sospecho sin motivo, seora ma, no es as? SRA. FORD.--Si sospechis de mi honra, pongo al cielo por testigo de que no tenis razn. FORD.--Muy bien dicho, sin vergenza; insiste en ello. Ven ac, criado. (_Saca las ropas del canasto._) PAGE.--Esto es intolerable. SRA. FORD.--No os avergonzis? Dejad esos trapos. FORD.--Ya os encontrar al instante. EVANS.--Esto no est en el orden. Vis vaciar las ropas de la seora? FORD.--Vaciad el canasto, os digo! SRA. FORD.--Pero hombre! qu es esto? FORD.--Tan cierto como que soy hombre, seor Page, ayer se ha hecho salir de mi casa un hombre en este canasto. Por qu no haba de estar en l tambin hoy? De que se encuentra en mi casa, estoy seguro: mis informes no pueden engaarme, y mi celo es justo. Echadme fuera todas esas telas. SRA. FORD.--Si hallis all un hombre, morir de la muerte de una pulga. PAGE.--Aqu no hay nadie. POCOFONDO.--Sobre mi fe, seor Ford, que esto no est bien. Os hacis agravio vos mismo. EVANS.--Seor Ford, deberais rezar en vez de entregaros las imaginaciones de vuestro corazn. Esto no es ms que celos. FORD.--Bueno. El que busco no est aqu. PAGE.--No: ni en parte alguna que no sea vuestro cerebro. FORD.--Ayudadme registrar la casa nada ms que esta vez; y si no encontramos lo que busco, no tengis misericordia conmigo; hacedme para siempre el tema de vuestra charla de sobremesa, y que se diga de m en todas partes: celoso como Ford, que registr una cscara de nuez para encontrar al amante de su esposa. Dadme una sola vez esta satisfaccin: busquemos esta vez. SRA. FORD.--Hola! Eh! Seora Page! Bajad con la anciana, que mi esposo necesita ir la habitacin. FORD.--Anciana! Qu anciana es esa? SRA. FORD.--La ta de mi doncella, la anciana de Brentford. FORD.--Una bruja, una mujer perdida, una vieja enredista! No le he prohibido venir mi casa? qu vendr sino traer mensajes? Nosotros, hombres sencillos, no sabemos lo que se hace pasar bajo la pretendida profesin de adivinar la fortuna. Ella se sirve de talismanes, de orculos, de figuras y de cosas por el estilo; todo fuera de nuestro elemento; de manera que no podemos saber nada. Baja de ah, vieja bruja, baja, te digo! SRA. FORD.--No le hagis mal, esposo mo. Caballeros, os ruego que no le dejis maltratar la pobre anciana. (_Entra Falstaff vestido de mujer, conducido por la seora Page._) SRA. PAGE.--Venid, madre Prat, venid, dadme la mano. FORD.--S? Pues yo le dar bastn. (_Le da golpes._) Harapo! Pelleja! Gato monts! Pandorga! Fuera de aqu! Fuera! Yo te dar conjuros! Yo te dar adivinar fortuna! SRA. PAGE.--No os da vergenza? Creo que habis casi muerto la pobre mujer! SRA. FORD.--No tardar en hacerlo. Ser para vos un crdito muy honroso. FORD.--Que el diablo cargue con la bruja! EVANS.--Por s por no, me figuro que la mujer es realmente bruja. No me gusta que las mujeres tengan una barba crecida, y he notado una gran barba bajo el embozo de sta. FORD.--Queris seguirme, seores? Os suplico que me sigis ver el xito de mis celos. Si he dado la alarma sin fundamento, no confiis jams en m cuando os invite de nuevo. PAGE.--Obedezcamos su capricho todava un poco ms. Vamos, caballeros. (_Salen Page, Ford, Pocofondo y Evans._) SRA. PAGE.--Creedme, que le ha golpeado lastimosamente. SRA. FORD.--Pues os aseguro por la misa, que no lo ha hecho as; ms bien creo que le ha golpeado sin lstima alguna. SRA. PAGE.--Voy hacer bendecir el bastn y que lo cuelguen en algn altar. Ha prestado un servicio de los ms meritorios. SRA. FORD.--Ahora bien, decidme vuestro parecer. Pensis que en nuestra condicin de seoras y con el testimonio de una buena conciencia, debemos perseguirle con nuevas venganzas? SRA. PAGE.--Tengo por seguro que con estos sustos ya se le habr quitado el espritu de libertinaje. Si el diablo no lo ha comprado sin pacto de retroventa, pienso que jams volver atrevrsenos. SRA. FORD.--Diremos nuestros esposos lo que le hemos hecho? SRA. PAGE.--Indudablemente debemos decrselo, aunque slo fuera para limpiar de fantasmas el cerebro de vuestro marido. Si ellos en su corazn encuentran que el pobre, vicioso y obeso caballero debe ser ms castigado todava, nosotras dos seremos an los instrumentos. SRA. FORD.--Os garantizo que le harn pasar una vergenza en pblico; y creo que de no hacerle pasar esa pblica humillacin, no deberamos cesar un instante en la burla que le hacemos sufrir. SRA. PAGE.--Pues manos la obra. Combinemos el plan. No me gusta que estas cosas se enfren. (_Salen._) ESCENA III. Cuarto en la posada de la Liga. Entran el POSADERO y BARDOLFO. BARDOLFO.--Seor, los alemanes desean tomar tres de vuestros caballos. El duque vendr maana la corte y ellos irn recibirlo. POSADERO.--Qu duque puede ser ese que viene con tanto secreto? No he odo decir de l ni una palabra en la corte. Djame hablar con esos seores. Ellos hablan el idioma. BARDOLFO.--Bien, seor; les dir que vengan. POSADERO.--Les dar mis caballos, pero har que me los paguen buen precio. Yo les exprimir el jugo. Han tenido mis casas su disposicin una semana, he tenido que despedir los dems huspedes. Es necesario hacerles pagar bien: exprimirles el jugo. (_Salen._) ESCENA IV. Cuarto en casa de Ford. Entran PAGE, FORD, la seora PAGE, la seora FORD y sir HUGH EVANS. EVANS.--Es uno de los ms discretos procederes de mujer que jams he visto. PAGE.--Y envi estas cartas cada una de vosotras dos un mismo tiempo? SRA. PAGE.--Con quince minutos de diferencia. FORD.--Perdname, esposa ma. En adelante hars lo que quieras; y ms bien sospechar al sol de fro, que ti de frivolidad. Tu honor es ahora, para este antiguo hereje, una verdadera y firme fe. PAGE.--Est bien: est bien: basta. No seis ahora tan extremado en la sumisin como lo fusteis en la ofensa. Sigamos adelante con nuestro plan, y que nuestras esposas, una vez ms para darnos una diversin pblica, dn cita ese viejo obeso, fin de que nosotros le sorprendamos y le presentemos la pblica vergenza. FORD.--Eso es: y no hay mejor modo que el que ellas han sugerido. PAGE.--Cmo! Hacindole decir que se encontrarn con l media noche en el parque? No vendra jams. EVANS.--Decs que ha sido echado al ro y que se le ha estropeado severamente tomndolo por una vieja? Pues se me figura que habr quedado tan lleno de terror, que no vendr. Y considero adems que carne tan castigada, ya estar curada de malos deseos. PAGE.--Pienso lo mismo. SRA. FORD.--Arreglad el modo cmo habis de recibirle, que ya arreglaremos nosotras el modo de hacerle venir. SRA. PAGE.--Hay un cuento antiguo segn el cual, el cazador Herne, que alguna vez fu guarda-bosque de Windsor, se pasea media noche, durante todo el invierno, al rededor de un roble, llevando en la cabeza grandes cuernos como de ciervo; y all hiela el rbol y ataca al ganado, y hace que la vaca vierta en vez de leche sangre, y sacude una cadena de la manera ms espantosa y temible. Habis odo hablar de ese espritu y sabis bien que los antiguos, llenos de supersticin, recibieron como una verdad, y como tal trasmitieron nuestros das, la fbula del cazador Herne. PAGE.--Sin embargo, no faltan muchos que temen pasar en alta noche junto al roble de Herne. Pero qu resulta de eso? SRA. FORD.--Pues nuestro plan es que Falstaff vaya encontrarse con nosotras al pi del roble, disfrazado de Herne, con grandes cuernos en la cabeza. PAGE.--Bien: admitiendo que acudir la cita en el modo y forma que decs, qu vais hacer con l? Cul es vuestro intento? SRA. PAGE.--Tambin hemos pensado en ello, y he aqu cmo: mi hija Ana Page, mi hijo y tres cuatro chicuelos de su edad, estarn vestidos de enanos, de duendes y de hadas, de color verde y azul, llevando en la cabeza coronas de bujas de cera, y matracas en las manos. En el momento en que Falstaff y nosotras estemos reunidos, saldrn ellos precipitndose de repente de su escondite y entonando alguna bulliciosa cancin; y su vista nos escaparemos nosotras dando muestras de grande asombro. Entonces ellos le rodearn, y usanza de hadas, principiarn pinchar al torpe caballero, preguntando cmo ha podido atreverse, siendo un profano, penetrar en sus sagrados senderos en aquella hora de su fiesta. SRA. FORD.--Y que las supuestas hadas sigan punzndolo bien y quemndolo con sus bujas, hasta que haya confesado la verdad. SRA. PAGE.--Y una vez confesada, nos presentaremos nosotras, quitaremos los cuernos al espritu, y le llevaremos en medio de nuestras burlas hasta su casa en Windsor. FORD.--Ser menester aleccionar bien los nios para esto; de no, jams podrn hacerlo como se debe. EVANS.--Yo ensear los chicos el modo cmo han de conducirse; y yo mismo me disfrazar de mono para quemar con mi buja al caballero. FORD.--Eso ser excelente. Yo ir comprar los disfraces. SRA. PAGE.--Mi Ana ser la reina de todas las hadas, elegantemente vestida de blanco. PAGE.--Yo le comprar esa seda. (_Aparte._) Y al mismo tiempo, se la llevar Slender Eton para que se casen all. Ea! Enva sin demora el mensaje Falstaff. FORD.--Yo volver verle bajo el nombre de Brook y me descubrir todo su propsito. Es seguro que vendr. SRA. PAGE.--No os cuidis de ello. Id y procuradnos las cosas que necesitan nuestras hadas. EVANS.--Ocupmonos de ello desde lugo. Son placeres admirables, y muy honestas bellaqueras. (_Salen Page, Ford y Evans._) SRA. PAGE.--Id, seora Ford, y enviad la seora Aprisa donde sir Juan para conocer su disposicin. (_Sale la seora Ford._) Yo ver al doctor. l, y nadie sino l, ha tenido mi consentimiento para casarse con Ana. Ese Slender, aunque bien fincado, es un idiota; y mi marido le prefiere todos. El doctor es acaudalado y tiene amigos poderosos en la corte. Nadie sino l ha de tener mi hija, aunque haya veinte mil mejores murindose por ella. (_Sale._) ESCENA V. Cuarto en la posada de la Liga. Entran el POSADERO y SIMPLE. POSADERO.--Qu quieres, patn? Qu, imbcil? Habla, resuella, discute; breve, lacnico, pronto, de estallido. SIMPLE.--Vengo, seor, de parte de mi amo el seor Slender, hablar con el seor Falstaff. POSADERO.--Pues all est su cuarto, su casa, su castillo, su cama fija y su cama de ruedas; todo pintado de nuevo con la historia del hijo prdigo. V, golpea y llama. Te hablar como un antropfago. Llama, te digo. SIMPLE.-- ese cuarto ha subido una vieja, una mujer gorda. Si permits, aguardar que baje, porque en verdad vengo hablar con ella. POSADERO.--Hola! Una mujer gorda! Pueden robar al caballero: dar voces. Bravo caballero! Bravo sir Juan! Habla marcialmente desde tus pulmones. Ests ah? Es tu posadero, tu efesino, quien llama. FALSTAFF.--Qu ocurre, posadero mo? (_Desde arriba._) POSADERO.--Aqu hay un trtaro-bohemio que se desespera por que baje tu mujer gorda. Djala bajar, djala bajar. Mis cuartos son santuarios. Secretos, eh? Qu vergenza! Qu vergenza! (_Entra Falstaff._) FALSTAFF.--Hasta hace un momento estaba conmigo una vieja gorda; pero ya se ha ido. SIMPLE.--Tened la bondad de decirme, seor: no era la hechicera de Brentford? FALSTAFF.--Ella misma, concha de ostra: qu tienes que hacer con ella? SIMPLE.--Mi amo el seor Slender, vindola pasar por la calle, enva saber, seor, si un tal Nym que le ha escamoteado una cadena, la tiene no. FALSTAFF.--He hablado de ello con la vieja. SIMPLE.--Os dignaris decirme lo que ella dice? FALSTAFF.--S, por cierto. Dice que el mismo individuo que le escamote la cadena es quien le ha defraudado de ella. SIMPLE.--Hubiera querido hablar con la mujer en persona; pues tena que hablarle de parte de l sobre otros asuntos. FALSTAFF.--Cules? Sepamos. POSADERO.--Al grano: pronto. SIMPLE.--No lo ocultar, seor. FALSTAFF.--Ocltalo, mueres. SIMPLE.--Seor, si no es nada: todo era sobre la seorita Ana Page, para saber si la tendr mi amo no. [Illustration] FALSTAFF.--Esa, esa es su fortuna. SIMPLE.--Cul, seor? FALSTAFF.--Tenerla no. V decirle que as me lo dijo la mujer. SIMPLE.--Deber atreverme decirlo as? FALSTAFF.--S, seor palurdo. Quin se atrever ms? SIMPLE.--Doy gracias vuestra seora. Voy alegrar mi amo con estas nuevas. (_Sale Simple._) POSADERO.--Eres docto, eres docto, sir Juan. Estabas con una adivina? FALSTAFF.--Es verdad, posadero mo, con una que me ha enseado tener ms ingenio, que lo que jams haba aprendido en toda mi vida. Y que en lugar de pagarle por ello, he sido pagado por mi aprendizaje. (_Entra Bardolfo._) BARDOLFO.--Ah, seor! Ha sido una picarda! Una bribonada! POSADERO.--Dnde estn mis caballos? Habla bien de ellos, bellaco. BARDOLFO.--Se han ido con los rateros; porque apenas haba yo pasado de Eton, me arrojaron de las ancas de uno de ellos dentro un gran charco de lodo, y apretaron las espuelas y partieron volando como tres diablos alemanes, como tres doctores Fausto. POSADERO.--No han ido ms que recibir al duque, canalla! No digas que se han fugado: los alemanes son hombres de bien! (_Entra sir Hugh Evans._) EVANS.--Dnde est mi posadero? POSADERO.--Qu se ofrece, seor? EVANS.--Tened cuidado con las gentes que recibs. Un amigo mo que acaba de llegar la ciudad, me dice que andan por aqu unos tres primos alemanes que han desbalijado todos los posaderos de Readings, de Maidenhead y de Colebrook, robndoles dinero y caballos. Os lo aviso por la buena voluntad que os tengo. Vos sois un hombre listo, lleno de bromas y tretas, y no estara bien que os dieran el bromazo de escamotearos. Quedad con Dios. (_Sale._--_Entra el doctor Caius._) CAIUS.--Dnde est mi posadero de la Liga? Posadero.--Heme aqu, seor doctor, lleno de incertidumbre y perplejidad. CAIUS.--No estoy muy al corriente del asunto; pero oigo decir que hacis grandes preparativos para recibir un duque de Alemania. Por mi alma, que en la corte no se tiene la menor noticia de que venga tal duque. Os lo aviso por la buena voluntad que os tengo. Quedad con Dios. (_Sale._) POSADERO.--V, corre, grita, da la alarma, canalla! Ayudadme, caballero! Corre, vuela, da voces de alarma! Villano! Me han robado! (_Salen el Posadero y Bardolfo._) FALSTAFF.--Me alegrara de que todo el mundo fuera escamoteado; porque yo lo he sido, y golpeado por aadidura. Si llegara odos de la corte el modo cmo he sido transformado y cmo mi transformacin ha sido lavada y apaleada, haran derretir gota gota toda mi gordura, y me flagelaran con sus stiras y chistes hasta dejarme ms encogido que una pera seca. Nunca he medrado desde que falt mi propsito la primera vez. Bien. Si me alcanzara el aliento no mas que para decir mis preces, me arrepentira. (_Entra la Sra. Aprisa._) Y bien? De dnde vens? APRISA.--Ya podis pensarlo; de donde las seoras que sabis. FALSTAFF.--Que el diablo cargue con una de ellas, y la hembra del diablo con la otra! As quedarn colocadas las dos. Ms he sufrido por causa de ellas que cuanto puede soportar la villana inconsecuencia de la disposicin del hombre. APRISA.--Y qu! No han padecido ellas? S, por cierto; podis estar seguro de ello. Especialmente la seora Ford pobre palomita! ha quedado de los golpes de su marido, tan llena de manchas azules y moradas, que no tiene un pedacito blanco en todo el cuerpo. FALSTAFF.--Qu me cuentas de azul ni de morado? m me han sacado de la piel fuerza de golpes todos los colores del arco-iris; poco ha faltado para que me prendieran como bruja de Brentford; y gracias la admirable destreza de mi ingenio en imitar las acciones y movimientos de una vieja, pude salvarme. El bribn de condestable me habra puesto en el cepo, en el cepo pblico, por bruja. APRISA.--Permitidme, seor, hablaros en vuestro alojamiento y sabris cmo van las cosas, que, os lo aseguro, no dejarn de satisfaceros. He aqu una carta que os har saber algo. Dios mo! Y qu afanes cuesta poneros uno junto otra! Sin duda que entre vosotros dos hay quien cumple mal con el cielo, segn son las dificultades que se encuentran! FALSTAFF.--Subid mi cuarto. (_Salen._) ESCENA VI. Entran FENTON y el POSADERO. POSADERO.--Seor Fenton, no me hablis. Tengo el nimo abatido y estoy por abandonarlo todo. FENTON.--Oidme, sin embargo; ayudadme en mi intento y fe de caballero prometo daros cien libras en oro sobre el total de vuestra prdida. POSADERO.--Os oir, seor Fenton; y al menos seguir vuestro consejo. FENTON.--De vez en cuando he solido hablaros del ntimo afecto que profeso la bella Ana Page, quien me apoya, hasta donde le es permitido escoger por s misma y corresponde mi amor. Tengo una carta suya, cuyo contenido no dejar de causaros asombro, en la cual andan tan mezclados la jovialidad de aqul y mi propio asunto, que es imposible presentar al uno separado de la otra. En esto corresponde un gran papel al obeso Falstaff; pero ya os mostrar (_ensendole la carta_) ms tarde todo el asunto de la broma. Escuchad ahora, posadero mo. Esta noche, en el roble de Herne, precisamente entre las doce y la una, mi dulce Ana tiene que representar la reina de las hadas y he aqu con qu objeto: mientras tienen lugar otros juegos, deber en obediencia un mandato de su padre, fugar con Slender y dirigirse Eton, donde sern casados inmediatamente. Y ella ha consentido. Por otra parte, su madre, que se opone tenazmente ese enlace y est resuelta favor del doctor Caius, ha convenido en que ste aproveche la distraccin que causarn los juegos y se deslize con ella la abada, en donde los espera un sacerdote para casarles. este plan de su madre, ella, dcil en apariencia, ha consentido, dando su promesa al doctor. Ahora, la cosa se ha arreglado as; su padre quiere que est vestida de blanco y que Slender en el momento oportuno la tome de la mano y la invite seguirle; lo cual deber hacer ella. La madre quiere que para hacerla conocer del doctor (pues todos han de estar enmascarados) se presente vestida de un traje verde, flotante y con largas cintas que bajarn desde la cabeza, y en el instante que parezca favorable al doctor, ste la haga seal con la mano; en lo cual ha consentido la doncella para salir con l. POSADERO.--Y quin desea ella engaar? Al padre la madre? FENTON.-- ambos, mi querido posadero, para poder venir conmigo. Y todo consiste ahora en que me procuris un vicario que me aguarde en la iglesia; entre doce y una y d nuestros corazones en nombre del matrimonio, la unin legal que necesitan. POSADERO.--Bien: abrazo vuestro plan. Ir adonde el vicario. Traed la doncella, que no es sacerdote lo que os podr faltar. FENTON.--Y por ello te ser obligado eternamente, fuera de la recompensa que te otorgar desde lugo. (_Salen._) [Illustration] ACTO V. ESCENA I. Cuarto en la posada de la Liga. Entran FALSTAFF y la Sra. APRISA. FALSTAFF. Basta de charla. Vete. Lo cumplir. Esta es la tercera vez, y creo que la tercera va la vencida. Mrchate. Dicen que hay algo de la voluntad del cielo en los nmeros impares, ya sea en el nacer, en la suerte, en el morir. Vete, vete. APRISA.--Os proveer de la cadena, y har cuanto est mi alcance para procuraros un par de cuernos. FALSTAFF.--Mrchate, digo. El tiempo pasa. Vamos: levanta la cabeza, y trote menudo. (_Sale la Sra. Aprisa._) (_Entra Ford._) Hola! Qu tal, seor Brook? Ha de saberse la verdad esta noche, nunca. Estad en el parque esta media noche, junto al roble de Herne, y veris maravillas. FORD.--No fusteis ayer, seor, conforme la cita que me dijsteis os haba dado? FALSTAFF.-- la cita fu, seor Brook, como el pobre hombre que me vis; pero sal de ella como una pobre vieja. Ese mismo pillo, Ford, su esposo, tena en el cuerpo, seor Brook, el diablo ms furioso de celos que jams haya infundido frenes un hombre. Os dir que, tomndome por una anciana, me aporre terriblemente; pues ya se echa de ver que en mi propia forma de hombre no temera yo ni al mismo Goliat con una viga de telar; porque s tambin que la vida es una lanzadera. Estoy de prisa. Venid conmigo, seor Brook, y os lo dir todo. Desde los das en que desplumaba gansos, corra la tuna y jugaba al trompo, no he sabido lo que es atrapar golpes hasta esta ocasin. Seguidme, y os referir extraas cosas de este bellaco Ford, de quien he de vengarme esta noche, y cuya esposa os he de entregar. (_Salen._) ESCENA II. En el parque de Windsor. Entran PAGE, POCOFONDO y SLENDER. PAGE.--Venid, venid. Nos ocultaremos en el foso del castillo hasta que veamos las luces de nuestras hadas. Hijo Slender, no os olvidis de mi hija. SLENDER.--No, por cierto. La he hallado y tenemos convenida una palabra para reconocernos. Yo debo llegar vestido de blanco y exclamar: _chito!_ y ella debe responder _morral!_ y as conoceremos cada uno al otro. POCOFONDO.--Eso est bien; pero qu necesidad hay de que vos exclamis: _chito!_ y ella _morral_? El vestido blanco os la har ver bien claro. Han dado las diez. PAGE.--La noche es oscura, y le vienen bien luces y espritus. Que el cielo favorezca nuestro juego! Aqu nadie desea el mal sino el diablo, y lo conoceremos por sus cuernos. Vmonos. Seguidme. (_Salen._) ESCENA III. La calle en Windsor. Entran la Sra. PAGE, Sra. FORD y doctor CAIUS. SRA. PAGE.--Seor doctor, mi hija est vestida de verde. Tan pronto como veis llegada la oportunidad, tomadla por la mano, llevadla la abada y despachad la ceremonia aprisa. Id primero al parque. Nosotras dos debemos ir juntas. CAIUS.--Ya s lo que tengo que hacer. Adios. SRA. PAGE.--Id con Dios. (_Sale Caius._) Mi marido no se alegrar tanto de la burla Falstaff, como se fastidiar del casamiento del doctor con mi hija. Vale ms un rato de mal humor que toda una vida de padecimientos. SRA. FORD.--Adnde est ahora Ana con su cortejo de hadas? Y el diablo galo Hugh? SRA. PAGE.--Estn todos en una zanja cerca del roble de Herne, con las luces escondidas, y en el momento en que Falstaff se encuentre con nosotras, las harn brillar todas un tiempo en la oscuridad de la noche. SRA. FORD.--Eso no podr menos que dejarle azorado. SRA. PAGE.--Si no se azora, sufrir la burla. Y si se azora, la sufrir de todos modos. SRA. FORD.--Se la jugaremos buena. SRA. PAGE.--No hay pecado en burlarse de tales libertinos y de su corrupcin. SRA. FORD.--Se acerca la hora. Vamos al roble, al roble! (_Salen._) ESCENA IV. Parque de Windsor. Entran sir HUGH EVANS y hadas. EVANS.--Corred, corred. Vamos, y acordaos de vuestros papeles. Sed osados, os ruego. Seguidme la zanja, y cuando os haya dado la seal, haced lo que os diga. Ea! vamos! corred, corred! ESCENA V. Otra parte del Parque. Entra FALSTAFF disfrazado y con una cabeza postiza de gamo. FALSTAFF.--La campana de Windsor ha sonado las doce; y ahora, que me asistan los dioses de sangre ardorosa. Acurdate, Jpiter, de que por tu Europa fuste toro: llevabas el amor en tus cuernos. Oh poderoso amor! Que bajo ciertos aspectos haces de la bestia un sr humano, y bajo otros haces del hombre una bestia! Tambin oh Jpiter! por amor Leda fuste cisne. Oh amor omnipotente! Qu cerca pusiste al dios de parecer un ganso! Primero, una falta cometida bajo la forma de una bestia; falta bestial; oh Jpiter! Y en seguida otra falta bajo la apariencia de una ave; falta volante. Cuando los dioses hacen tales faltas, qu haremos los pobres hombres? Por mi parte, soy ahora un ciervo de Windsor, el ms gordo de los del bosque, segn creo. Envame oh Jpiter! un buen tiempo de brama. Pero quin viene? Es acaso mi cierva? (_Entran la Sra. Ford y la Sra. Page._) SRA. FORD.--Ests aqu, sir Juan, gamo, gamo mo? FALSTAFF.--Es mi cierva de pequea cola negra? Que lluevan patatas; que los truenos canten la tonada de las mangas verdes, que caigan por granizo confites azucarados: que haya una borrasca de todas las tentaciones; yo me refugiar siempre aqu. (_La abraza._) SRA. FORD.--La seora Page ha venido conmigo, vida ma. FALSTAFF.--Pues divididme como ciervo regalado, la mitad de las ancas para cada una; guardar para m los costados, dar los hombros al mozo que pasea por aqu, y dejar en legado vuestros maridos estos cuernos. No soy un verdadero montas? No hablo como el cazador? Por mi alma que ahora Cupido es muchacho de conciencia, como que hace restitucin. Sed bienvenidas este vuestro espritu verdadero. (_Se oye ruido dentro._) SRA. PAGE.--Ay! Qu ruido! SRA. FORD.--Que el cielo se apiade de nosotras! FALSTAFF.--Qu podr ser? SRA. FORD.} Huyamos! (_Se van._) SRA. PAGE.} FALSTAFF.--Parece que el diablo no quiere que yo me condene, mientras la grasa que hay en m no haga prender fuego al infierno. no ser as, no me contrara de este modo. (_Entran sir Hugh Evans en traje de stiro, la seora Aprisa y Pistol; Ana Page como reina de hadas, acompaada por su hermano y otros, en traje de hadas, con bujas de cera en la cabeza._) APRISA.--Hadas negras, pardas, verdes y blancas; vosotras, alegres huspedes de la claridad de la luna y de las sombras de la noche; vosotras, herederas hurfanas de un destino invariable, atended vuestras funciones y gerarqua. Duende heraldo, haced los tres pregones de las hadas. PISTOL.--Duendes, escribid vuestros nombres: guardad silencio, areos rapazuelos. Grillo, t saltars las chimeneas de Windsor; y en donde encuentres fuegos llenos de cenizas y piedras de hogar sin barrer, punzad las doncellas hasta ponerlas moradas como ciruelas. Nuestra brillante reina aborrece el desaseo y las gentes desaseadas. FALSTAFF.--Son hadas. Quien oiga lo que hablan, tiene que morir por ello. Cerrar los ojos y me acostar. Ningn hombre debe ver lo que hacen. (_Se acuesta boca abajo._) EVANS.-- dnde est Pede? V, y en donde quiera que encuentres una doncella que antes de acostarse haya dicho tres veces sus oraciones, estimulars los rganos de su fantasa y la adormecers en un sueo tan profundo y delicioso como el de la infancia. Pero las que se duermen sin pensar en sus pecados, pnchalas en los brazos, las piernas, las espaldas, los hombros, los costados y las espinillas. APRISA.-- la obra! la obra! Duendes, registrad el castillo de Windsor por dentro y fuera; hechiceras, derramad la buena suerte en cada sagrada habitacin, para que se mantenga en pi hasta el fin de los siglos, en estado tan perfecto como conviene al Estado; digno siempre de su dueo y ste de l. Cuidad de perfumar el asiento de cada orden, con los jugos y aromas de las flores ms preciadas: y sean para siempre bendecidos los leales blasones, escudos y crestas de cada uno. Y por la noche, vosotras, hadas de las praderas, cantad en coro formando un anillo semejanza del de la Jarretera; y que la divisa que ste ostenta, sea ms frtil en nueva vida que todos los campos, y escribid: _Honi soit qui mal y pense_, con ramilletes de esmeralda, flores moradas, blancas y azules, como zafiros, perlas y ricos bordados, enlazndolas bajo la rodilla doblada de esta orden de caballera. Las flores son la escritura de las hadas. Marchad! Dispersaos! Pero hasta que suene la una, renovemos la acostumbrada danza al rededor del roble de Herne el cazador. EVANS.--Poneos en orden, os ruego, entrelazando las manos de unos con otros; y mientras bailamos al rededor del rbol, veinte lucirnagas nos servirn de linternas para guiar nuestra danza. Pero deteneos. Siento el olor de un hombre de enmedio de la tierra. FALSTAFF.--Dios me defienda de este duende galo; no sea que me haga transformar en un pedazo de queso! PISTOL.--Vil gusano! Fuste mirado con desprecio aun en el instante en que naciste. APRISA.--Tocad la extremidad de su dedo con el fuego de prueba. Si es casto, la llama se retirar por s sola sin causarle dolor alguno, pero si hace cualquier movimiento, entonces es la carne de un corazn corrompido. PISTOL.-- la prueba: venid. EVANS.--Venid. Arder esta madera? (_Le queman con sus bujas._) FALSTAFF.--Oh! Oh! Oh! APRISA.--Corrompido, corrompido y manchado por la lujuria! l, duendes y hadas. Entonad una cancin de desprecio, y mientras saltis, idlo pinchando comps. EVANS.--Es justo. Est lleno de lujuria iniquidad. CANCIN. Vergenza para quien ama la sensualidad y el vicio! Su pasin es una llama que se extiende ms y ms desde el corazn impuro donde la aviva el deseo: es fuego de un antro oscuro que no se extingue jams! * * * * * Pinchadle, una por una, por su villano intento, y en torno de l girando quemadle sin piedad, mientras hay luz de luna que alumbre el firmamento, y estrellas derramando su pura claridad. (_Durante la cancin, las hadas pinchan Falstaff. El doctor Caius llega por un lado y se escapa con una hada vestida de verde; Slender por otro lado se lleva una vestida de blanco. Y llega Fenton y se lleva Ana Page. Se oye adentro ruido de caza: todas las hadas huyen. Falstaff se quita la cabeza de gamo y se levanta.--Entran Page, Ford, seora Page y seora Ford, y se apoderan de l._) PAGE.--No hay que huir. Me parece que esta vez os hemos atrapado. No habr nadie sino Herne el cazador que haga vuestro negocio? SRA. PAGE.--Vamos; os ruego no llevar la broma ms lejos. Y ahora, buen sir Juan, qu tal os gustan las esposas de Windsor? Vis, esposo mo? No sientan mejor estas hermosas astas al bosque que la ciudad? FORD.--Y bien, seor mo: quin es ahora el cornudo, el bribn cornudo? He aqu sus cuernos, seor Brook; y no ha gozado cosa alguna de Ford, seor Brook, excepto su canasto de la ropa sucia, su bastn, y veinte libras en dinero, que tendr que pagar al seor Brook, por cuanto, seor Brook, se le han embargado los caballos con ese objeto. SRA. FORD.--Mala suerte hemos tenido, seor Juan; nunca pudimos gozar una cita. No volver tomaros por mi galn, siervo de mis antojos; pero s os contar siempre como mi ciervo. FALSTAFF.--Principio comprender que me han hecho hacer el papel de asno. FORD.--Y adems el de buey. Las pruebas de uno y otro estn la vista. FALSTAFF.--Y estos no son hadas? Tres cuatro veces me asalt la idea de que no eran hadas; y sin embargo, la culpabilidad de mi intento, la sbita sorpresa de mis facultades, convirti la tosquedad de la ficcin en natural creencia de que despecho de todo ritmo y razn eran hadas. He aqu, pues, de qu modo puede degenerar el ingenio en estupidez, cuando se encamina un mal propsito. EVANS.--Servid Dios, sir Juan, y dejad vuestros malos deseos, y las hadas no os atormentarn. FORD.--Bien dicho, duende Hugh. EVANS.--Y dejad vos tambin vuestros celos, os lo suplico. FORD.--Jams volver desconfiar de mi esposa, hasta que podis galantearla en lenguaje correcto. FALSTAFF.--Acaso he puesto mi cerebro secarse al sol, que no veo cmo evitar un exceso tan grosero como este? Tambin tengo que sufrir este cabrn galo? Habr de tener una coronilla de rizos? Ya es tiempo de que me atorase con un pedazo de queso tostado. EVANS.--No es bueno poner mantequilla al queso, y vuestro abdomen es todo mantequilla. FALSTAFF.--Queso y mantequilla! Y se ha de burlar de m hasta este que hace trizas el idioma? Bastara esto para que se acabaran en todo el reino las malas tentaciones y los paseos media noche! SRA. PAGE.--Pero qu! sir Juan: pensis que aun cuando hubisemos arrojado de nuestros corazones toda virtud y nos hubisemos entregado en cuerpo y alma al infierno, habra podido el diablo hacer que nos deleitramos en vos? FORD.--En un budn? En un saco de linaza? SRA. PAGE.--En un hombre inflado? PAGE.--Viejo, fro, ajado, y de entraas intolerables. FORD.--Y tan maldiciente como Satans. PAGE.--Y tan pobre como Job. FORD.--Y tan depravado como su mujer. EVANS.--Y dado la lujuria y tabernas y al vino y la borrachera, y los juramentos, y las disputas! FALSTAFF.--Bien. Soy ahora el blanco de vuestras burlas; tenis la ventaja sobre m; estoy abatido y ni siquiera soy capaz de responder al zurdo galo: hasta la ignorancia misma es una cimera junto m. Podis hacer conmigo lo que gustis. FORD.--Por cierto, seor mo, que os vamos llevar Windsor casa de un tal Brook, quien habis escamoteado dinero ofreciendo servirle de tercero. Despus de lo que habis sufrido, se me figura que restituir ese dinero sera una afliccin cruel. SRA. FORD.--No, esposo mo; dejad que ese dinero quede ah por va de compensacin. Perdonad esa suma y as quedaremos todos amigos. FORD.--Bien: todo queda perdonado. He aqu mi mano. PAGE.-- pesar de todo, algrate, caballero; porque esta noche vas tomar en mi casa un vaso de leche con vino. All te reirs de mi esposa que se re ahora de t; y le dirs que el seor Slender se ha casado con su hija. SRA. PAGE.--Hay doctores que lo dudan (_aparte_); pues si Ana Page es mi hija, esta hora es ya la esposa del doctor Caius. (_Entra Slender._) SLENDER.--Oh! Oh! Padre Page! PAGE.--Hijo qu sucede? Qu ocurre, hijo? Habis despachado ya? SLENDER.--Despachado! He de hacer que esto lo sepa todo Gloucestershire. Quisiera verme ahorcado! PAGE.--Por qu motivo? SLENDER.--Fu all abajo, Eton, casarme con Ana Page, y resulta que se ha vuelto un muchachn contrahecho. Si no hubiramos estado en la iglesia, yo le habra dado una buena zurra, l m. Por cierto que no me hubiera yo movido, si no porque pens que era Ana Page. Ana Page! Un muchacho de la oficina de correos! PAGE.--Pues por vida ma que echasteis mano de l por equivocacin. SLENDER.--Gran noticia me dis! Ya creo que me equivoqu al tomar un muchacho por una doncella. Y aunque estaba vestido de mujer, si me hubiese casado con l no lo habra tomado. PAGE.--Vuestro propio atolondramiento es el que ha ocasionado esto. No os dije que conocirais mi hija por los vestidos? SLENDER.--Conforme habamos convenido, me acerqu ella de blanco y dije: Chito! y ella respondi: Morral! Y sin embargo, no era Ana sino el muchacho del Correo. EVANS.--Jess! Seor Slender! No vis cosa mejor que casaros con muchachos? PAGE.--Tengo el despecho en el corazn. Qu har? SRA. PAGE.--No os enojis, buen Jorge. Yo saba vuestro propsito hice vestir mi hija de verde; y en verdad que ahora est en la abada casndose con el doctor Caius. (_Entra Caius._) CAIUS.--Dnde est la seora Page? Voto sanes, que he sido embaucado! Me he casado con un muchacho, _un garon_! un muchacho campesino! un muchacho que no es Ana Page, voto !... SRA. PAGE.--Qu! Pues no estaba vestida de verde? [Illustration] CAIUS.--S, por cierto, y era muchacho! He de revolver todo Windsor. (_Sale Caius._) SRA. PAGE.--Qu cosa tan extraa! Quin se ha llevado la verdadera Ana? PAGE.--Mal me anuncia el corazn. Aqu viene el seor Fenton. (_Entran Fenton y Ana Page._) Cmo va, seor Fenton? ANA.--Perdn, padre mo! Perdn, buena madre! PAGE.--Cmo es, seorita, que no habis ido con el seor Slender? SRA. PAGE.--Cmo es, nia, que no fuste con el doctor Caius? FENTON.--No debis aturdirla. Os dir la verdad de todo. Vosotros la habrais casado vergonzosamente, sin que hubiese habido en su matrimonio la debida proporcin en los afectos. La verdad es que ella y yo, comprometidos de tiempo atrs, estamos ahora tan seguros, que ya nada podra separarnos. La falta que ha cometido es santa y no se la puede llamar con los nombres de engao y desobediencia en que se falta al deber; pues con ella ha evitado las mil horas de irreligiosa desesperacin que le habra trado un matrimonio forzado. FORD.--No os aturdis. La cosa ya no tiene remedio. En asuntos de amor, es el cielo quien decide. Los dineros compran tierras; pero la mujer nadie la vende sino el destino. FALSTAFF.--Me alegro, pesar del empeo especial que habis puesto contra m, de que vuestro dardo haya resbalado. PAGE.--Bien qu remedio? Fenton, que el cielo te d alegra! Lo que ha de ser bien castigado ha de ser bien perdonado. FALSTAFF.--Cuando se da caza de noche, se persigue toda clase de ciervos. EVANS.--Bailar y comer golosinas en vuestra boda. SRA. PAGE.--Bien: no me entristecer ms tiempo. Seor Fenton, que Dios os d muchos, muchos das felices. Buen esposo mo, vamos todos casa y delante de un buen fuego rimonos de la aventura; todos, incluso sir Juan. FORD.--Sea como dices. Sir Juan: todava cumpliris vuestra palabra al seor Brook; porque esta noche dormir con la seora Ford. (_Salen._) [Illustration] NDICE _Pg._ _Julio Csar_ 1 _Como gustis_ 91 _Comedia de equivocaciones_ 193 _Las alegres comadres de Windsor_ 271 [Illustration] _Abril 1883_ End of the Project Gutenberg EBook of Dramas de Guillermo Shakspeare, by William Shakespeare License: Share Alike