Produced by Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el texto. (nota del transcriptor) CALPE LOS HUMORISTAS Volmenes publicados. JORGE COURTELINE.--_Boubouroche._ Traducida del francs por N. Gonzlez Ruiz. _Los seores chupatintas._ Tr. por N. Gonzlez Ruiz. ARNOLD BENNET.--_Enterrado en vida._ Traducida del ingls por Vicente Vera. _El "matador" de Cinco-Villas._ Tr. por C. Rivas Cherif. _La viuda del balcn._ Tr. por C. Rivas Cherif. JULIO CAMBA.--_La rana viajera._ HENRY SIDNOR HARRISON.--_Queed, el doctorcillo._ Tr. del ingls por Juan de Castro. EUGENIO HELTAI.--_"Family Hotel" y Mi segunda mujer._ Tr. del hngaro por A. Rvsz. _Manuel VII y su poca._ (Continuacin de "_Family Hotel_".) Tr. por A. Rvsz. A. CHEJOV.--_Historia de una anguila, y otras historias._ Tr. del ruso por Saturnino Ximnez. RAMON GOMEZ DE LA SERNA.--_Disparates._ ESTEBAN SZOMACHAZY.--_El dramaturgo misterioso._ Tr. del hngaro por A. Rvsz. RENE BENJAMN.--_Gaspar._ Tr. del francs por Manuel Azaa. P. VEBER.--_Los cursos._ Tr. del francs por M. Luengo. En prensa. ARNOLD BENNET.--_Hilda Lesways._ Tr. del ingls por Eugenio Xammar. RENE BENJAMIN.--_El mayor Pipe y su padre._ Traducida del francs por N. Gonzlez Ruiz. PAWLOWSKY.--_Viaje al pais de la cuarta dimensin._ Tr. del francs por R. Snchez Ocaa. ANDRS MAUROIS.--_Los silencios del coronel Bramble._ Tr. del francs por J. J. Llovet. COLECCIN CONTEMPORANEA Primeras obras que aparecen en esta serie. CHARLES MAURRAS.--_Anthinea._ Traducida del francs por Enrique de Mesa. MAURICIO BARRES.--_La colina inspirada._ Traducida del francs por Fernando Garca Vela. _Amori et dolori sacrum._ Traducida por Luis Bello. _El viaje de Esparta._ Tr. por J. Ortega y Gasset. _Los desarraigados._ Tr. por B. G. de Candamo. TOMAS HARDY.--_Lejos de la loca multitud._ Tr. del ingls por F. Climent Terrer. _La mano de Ethelberta._ Tr. por F. Villaverde. _La Bien Amada._ Traducida por F. Climent Terrer. LOS CURSOS ES PROPIEDAD COPYRIGHT BY CALPE, MADRID, 1921 Papel expresamente fabricado por LA PAPELERA ESPAOLA PEDRO VEBER LOS CURSOS _LA TRADUCCION DEL FRANCES_ _HA SIDO HECHA POR_ _JOSE A. LUENGO_ LOS HUMORISTAS CALPE "Tipogrfica Renovacin" (C. A.), Larra, 6 y 8.--MADRID I CURSO DE LITERATURA _En el Liceo Montespan, el despacho de la directora no es severo de aspecto. El limonero del mobiliario, las colgaduras azul de Francia, la luz que cae de una vidriera un poco alta, todo da al decorado la apariencia de un saln de lujo en un paquebote. La directora--la seora Jozielle--bordea los treinta y cinco aos. Aunque famosa por su virtud, que atacaron en vano diez ministros de Instruccin pblica, veinte diputados, treinta consejeros municipales y un nmero incalculable de funcionarios, la seora Jozielle puede pasar por una belleza provocativa; no tiene lentes; luce un vestido azul miosotis; este vestido representa un programa completo, porque es suelto y, por consiguiente, permite adivinarlo todo y no olvidar nada. La directora lo toma todo en serio, hasta las cosas serias; en este momento repasa una carta, cuyos trminos no son muy de su agrado. El timbre del telfono, instalado junto al tintero, tintinea. La directora coge el auricular y, como se hace cuando se telefona, mira vagamente al plinto que hay frente a ella._ LA SEORA JOZIELLE.--Al habla! S...! La seora Labron? Quin es...? Ah..., s...! La seora que me ha escrito? No pude leer la firma de la carta. Acompela hasta aqu...! S! Tiene solicitada una visita... _Un silencio. La seora directora cuelga de nuevo; levntase a medias para examinar su fisonoma en el lejano espejo que forma parte del plinto. Da unos toquecitos a sus hermosos cabellos rojizos y torna a sentarse; toma un libro de cuentas, que aparenta estudiar con un cuidado afanoso. Llaman; un tiempo, y luego la seora Jozielle dice con acento de fastidio_: --Adelante...! _Una criada sin edad abre la puerta y anuncia_: --La seora Labron! _Antes de que la seora directora haya tenido tiempo de manifestar su opinin, otra seora de cierta edad se precipita en la estancia como un tanque; es la seora Labron, que anuncia la cuarentena tan verdicamente como si tuviera la fiebre amarilla a su lado. Es tambin roja, pero la alhea tiene alguna culpa de ello; est vestida con un traje de color de ciruela y tocada con un sombrero verde obscuro; comprende confusamente que esto no se armoniza con las colgaduras de la estancia. Por esta causa adopta el partido de mostrarse agresiva._ LA SEORA LABRON.--Seora directora: soy una madre indignada, que acude... LA SEORA JOZIELLE (_tranquila, levantndose e indicndole una silla junto a su mesa_).--Quiere usted hacerme el favor de sentarse, seora? LA SEORA LABRON.--Muchas gracias! (_Se sienta._) Seora: soy una madre indignada, que... LA SEORA JOZIELLE (_muy afable_).--Usted dispense...! Es usted la seora Labron, verdad?... LA SEORA LABRON (_ya menos duea de s misma_).--S, seora! Soy una madre, que... LA SEORA JOZIELLE (_completamente amable_).--Usted es la mam de Pepita Labron, que est, con las mayores, en primera. Aun sin saber quin es usted la hubiese reconocido, porque su encantadora nia es un vivo retrato de usted. Parecen ustedes dos hermanas... LA SEORA LABRON (_casi sosegada_).--Es usted muy amable! Seora directora: es una mam inquieta, que espera de usted... LA SEORA JOZIELLE.--Seora: en m encontrar usted una amiga, ms vieja, ay!, que usted; una amiga que sabr seguramente calmar su inquietud. En su carta, que recib hace un instante, se queja usted de nuestro eminente profesor de Historia literaria, seor Chabregy... LA SEORA LABRON (_nuevamente encolerizada_).--Es un miserable...! Ha abusado indignamente de mi pobre hija...! LA SEORA JOZIELLE.--Me pasma usted! El seor Chabregy es un sabio austero... LA SEORA LABRON (_furiosa_).--Hay que decirlo! Ha besado a mi hija...! LA SEORA JOZIELLE (_estupefacta_).--Oh...! Y dnde...? LA SEORA LABRON.--En la boca, seora, en la boca...! LA SEORA JOZIELLE.--Usted perdone! Quiero decirle que en qu lugar ha sido ello. LA SEORA LABRON.--La ha besado en el locutorio, seora...! Y en la boca, seora...! LA SEORA JOZIELLE.--Estoy llena de confusin. Es la primera vez que ocurre una cosa parecida en el Liceo Montespan... Y el seor Chabregy...! Oh! Quin le cont este incidente...? LA SEORA LABRON.--La misma Pepita! Entr en casa, me cogi aparte y me dijo: Madre ma: amo al seor Chabregy. Me ha besado en la boca. Quiero casarme con l...! Se convence usted ahora? LA SEORA JOZIELLE (_muy disgustada_).--Evidentemente, puesto que la vctima ha denunciado a su seductor...! Adems, he hecho interrogar a Pepita por la seora Rouvert, mi subdirectora, y ella ha confesado, ruborizndose, lo que usted acaba de decirme... LA SEORA LABRON.--Ah! Lo ve usted...? Qu stiro...! LA SEORA JOZIELLE.--No nos precipitemos...! Primeramente hay que instruir el proceso, saber cmo ha ocurrido la cosa, las circunstancias que concurrieron... LA SEORA LABRON.--Las circunstancias...! Ha besado a mi hija en la boca... Eso es todo...! LA SEORA JOZIELLE (_irritada_).--Ya lo s...! En fin, puede que se trate de un movimiento involuntario... LA SEORA LABRON.--Involuntario...? Por Dios, seora...! La besaron a usted alguna vez de este modo...? LA SEORA JOZIELLE (_digna_).--Qu duda cabe...? Estoy divorciada, seora...! LA SEORA LABRON.--Ah! Enhorabuena...! Pues bien; usted no ignora cmo se conduce un hombre cuando se entrega a estas demostraciones... Principia por la boca...! LA SEORA JOZIELLE (_soadora_).--Es lo general...! LA SEORA LABRON.--Y adnde va a parar...? LA SEORA JOZIELLE.--_Quo non descendam?_, habra dicho Foucquet. Pero nos alejamos del asunto... Usted tiene derecho a una reparacin, seora. Qu exige usted...? Yo puedo despedir al seor Chabregy... Piense usted en las consecuencias; el Consejo de disciplina se enterar del asunto. Este excelente profesor verse obligado a abandonar la Universidad. Es destrozar su porvenir! Piense, seora, que apagar usted una lumbrera de la Ciencia...! LA SEORA LABRON.--De veras...? LA SEORA JOZIELLE.--Adems, no podremos ahogar el escndalo. Su querida Pepita resultar comprometida. Y tiene usted derecho a estropear el porvenir de su hija...? LA SEORA LABRON (_perpleja_).--Es verdad...! Entonces no veo mas que una solucin... Puesto que ese monstruo con rostro humano se ha hecho amar por mi hija..., que se case con ella...! LA SEORA JOZIELLE (_estupefacta_).--Cmo...! Consentira usted en entregar su hija a...? LA SEORA LABRON.--No hay ms remedio! Siga usted mi razonamiento: una rapaza que ha sido besada de esta manera se transforma y ya no tiene ideas normales acerca de la existencia... Mire: cuando yo era una jovencita, el seor Labron me bes la boca en un baile blanco... Recuerdo el efecto que esto me caus...! Hubo que casarme a escape...! Mi hija es mi hija... Me entiende usted...? LA SEORA JOZIELLE.--La entiendo...! Pero hay un obstculo...! (_Vacilando._) Creo que el seor Chabregy es casado...! LA SEORA LABRON (_dando un brinco_).--Casado...! Y se atreve a besar a las jvenes...! Est usted segura de que es casado...? LA SEORA JOZIELLE.--Claro! El me ha presentado a una seora bastante fea como si fuera la seora Chabregy... LA SEORA LABRON.--Quia, seora, quia...! Mi hija me ha dicho que era soltero... Y ella ha debido tomar sus informes...! El le ha presentado a usted a su querida...! Yo pagar lo que haga falta...! O se casa, o dar el escndalo...! Es mi resolucin definitiva...! LA SEORA JOZIELLE.--Est bien, seora...! Voy a interrogar al seor Chabregy y a darle a conocer las condiciones de usted. Haga el favor de retirarse y vuelva dentro de una hora. _La seora Labron se marcha. A los pocos segundos entra en el despacho directorial el profesor literario: es un hombrn rubiazo, miope, rasurado, inverosmilmente flaco y ya un poco calvo; no sabe dnde poner las manos ni los pies; flota como una deuda en una chaqueta lamentable; dirase que fu criado en un telescopio. Parece aburrido ms de cuanto pudiera expresarse._ CHABREGY.--Me ha mandado usted llamar, seora directora...? _La seora Jozielle contempla al seductor con una estupefaccin poco aduladora, con aire de decirse que las jvenes tienen un gusto deplorable. Luego indica una banqueta, donde Chabregy se sienta tmidamente; ruido de rtulas mal engrasadas._ LA SEORA JOZIELLE (_muy en directora_).--Tenemos que hablar, seor profesor... CHABREGY (_suplicante_).--No siga usted, seora directora...! Va usted a hablarme del asunto Pepita...? LA SEORA JOZIELLE.--Ah...! Confiesa usted...? CHABREGY (_enrgico_).--Yo no confieso nada...! Soy vctima de una maquinacin horrible...! Le juro, seora, que soy un hombre amigo de cumplir con mi deber..., que soy un profesor irreprochable...! Y permtame que se lo confiese con orgullo: a pesar de tener treinta y cinco aos, me he conservado virgen... LA SEORA JOZIELLE (_incrdula_).--De veras...? CHABREGY.--No hay en ello mrito alguno; el estudio me absorbe y no me deja tiempo para dedicarme a la francachela. Adems, y esto ya lo debi notar usted, no soy hermoso...! LA SEORA JOZIELLE (_vaga_).--Dios mo...! Los hay ms feos que usted...! CHABREGY (_firme_).--No, seora...! Yo tengo la fealdad profesional, y por eso me eligi usted...! Usted se dijo: Con este, por lo menos, puedo estar bien tranquila...! No inspirar malas ideas a sus discpulas...! Confieso que esta opinin me ufan...! LA SEORA JOZIELLE (_ya interesada_).--Le aseguro, seor Chabregy, que usted exagera su fealdad...! CHABREGY.--No...! Soy tan feo como Littr...! Y juzgbame al abrigo de las vanas pasiones humanas...! Me engaaba...! LA SEORA JOZIELLE.--Caramba...! Es verdad que ha besado usted a una joven en la boca...? S o no...? CHABREGY (_confuso_).--S, seora directora...! Y puedo aadir que no me ha causado placer alguno...! LA SEORA JOZIELLE.--De veras...? Tiene usted el gusto muy difcil, amigo mo...! La seorita Labron es una muchacha muy linda. Es hasta bella...! CHABREGY.--Oh! No exagera usted...! Es una diosa joven, conformes; es tan alta como yo, aunque mejor proporcionada y de buenas carnes. Su rostro tiene la nobleza de las medallas antiguas. Me inspiran horror estas mujeres...! LA SEORA JOZIELLE (_aturdida_).--Entonces no me explico lo sucedido...! CHABREGY.--Va usted a verlo; es sencillsimo: me rog usted que diera a las discpulas mayorcitas un curso de historia literaria; dispusimos de comn acuerdo el tema de mis lecciones: La influencia de la mujer en la literatura y en las costumbres del siglo XVII. LA SEORA JOZIELLE.--Confieso mi imprudencia...! No conviene hablar de las mujeres a las jvenes...! CHABREGY.--Y de qu quiere usted que se les hable...? De los hombres...? Eso sera todava peor...! LA SEORA JOZIELLE (_melanclica_).--Tiene usted razn...! Contine...! CHABREGY.--Hasta entonces yo no haba dado clase mas que a las medianas, a las _back fish_, que aun no tienen sexo, si me atrevo a expresarme as. Estas apenas me intimidaban; pero al entrar en la clase de las mayores sentme sbitamente desorientado, como si penetrara en un pas desconocido, habitado por seres inquietantes; haba all, en esta clase, un extrao perfume, formado por mil perfumes; un aroma que se me suba a la cabeza. Yo perda la conciencia de mi personalidad y me converta en un individuo distinto; yo, que soy modesto y ms bien insignificante, experimentaba un deseo de brillar, de decir cosas espirituales y sutiles, de hacerme valer, en fin...! Qu vergenza...! LA SEORA JOZIELLE (_protestando_).--No hay por qu avergonzarse de esto...! Sus cursos han sido muy estimados. CHABREGY (_severo_).--No lo fueron tanto como debieran...! A pesar mo, me haba convertido en un comicucho. Buscaba los efectos...! Yo no era ya un profesor, sino un conferenciante...! Las muchachas sentan tentaciones de aplaudirme, y yo--no se lo ocultar, seora!--experimentaba un placer infame ante este solo pensamiento. Cuando sala de mi clase estaba como embriagado con una deliciosa embriaguez. Cmo me despreciaba en seguida, Dios mo...! Muchas veces estuve a punto de correr aqu para rogarle que me librara de esta tarea, de la que era indigno. Fu cobarde y continu. Soy el mal sacerdote de la religin acadmica. Eso es, seora...! LA SEORA JOZIELLE.--Y cmo concibi usted el proyecto de seducir a la joven Pepita? CHABREGY (_cambiando de tono_).--Cmo...! Ni por pienso...! Es un absurdo...! Seducir a alguien...? Yo...? Usted no me ha visto bien...! No...! El castigo cay sobre m cuando menos lo esperaba...! Por culpable que fuese, yo haba conservado cierta conciencia profesional. Quera que mis lecciones fuesen, no solamente agradables, sino tambin tiles. Para estar seguro de que me comprendan bien, yo, como todos los pedagogos, haba escogido a la ms estpida de la clase, es decir, a la seorita Labron. Yo me deca: Si esta lo entiende, las dems lo entendern mejor!, y, mientras hablaba, mirbala para seguir en su semblante el trabajo de su lenta inteligencia. Y si su semblante se iluminaba, me senta satisfecho...! Puesto que esta simplota se enteraba, las dems deban de haberse enterado tambin...! LA SEORA JOZIELLE.--Desgraciado...! La pobre muchacha crey que usted le dedicaba una atencin particular...! Al principio sintise adulada, y luego, agradecida. La seorita Labron se dijo: Habla por m...! Interpret esto como una discreta declaracin, y como esta nia es novelesca, enamorse de usted... Y usted no comprendi nada...? CHABREGY.--S, seora; pero demasiado tarde...! Figrese usted que despus de la ltima leccin la seorita me dijo en voz baja: Caballero! Tengo que preguntarle una cosa a solas. Le espero en el locutorio... Yo no desconfiaba ni pizca...! Ocurre con mucha frecuencia que una discpula le pida a uno aclaraciones; no puede rehusarse este benvolo repaso. Me presento, pues, en el locutorio; apenas hube entrado en l, la seorita Pepita se precipita contra la puerta, la cierra, se vuelve hacia m y me dice: Lo s todo, caballero...! Qu sabe usted, seorita...? S que usted me ama y no se atreve a decrmelo... Qu...!, exclam yo. Pues bien; yo tambin le amo...! Seora: si un rayo hubiera cado a mis pies, no me hubiese quedado ms aterrorizado... LA SEORA JOZIELLE.--Bah! Ya se hubiera usted aterrorizado algo ms...! Pero contine...! CHABREGY.--No haba tenido tiempo de salir de mi asombro, cuando esta joven me salt al cuello y me bes en la boca... Luego huy despus de haberme encerrado en el locutorio... Tuve que salir por la ventana...! A esto se reduce toda mi novela de amor...! Juro que he dicho la verdad. Jzgueme usted...! LA SEORA JOZIELLE (_soadora_).--Es usted sincero...! Estas chiquillas tienen a veces unas ocurrencias locas...! Pero me asombra que usted..., un hombre casado... CHABREGY.--Yo...! Yo no soy casado...! LA SEORA JOZIELLE (_severa_).--De modo, caballero, que la seora Chabregy que usted me present era su querida...? CHABREGY.--No...! Es mi madre...! LA SEORA JOZIELLE (_alegre_).--Oh! Entonces es otra cosa...! Usted puede casarse con su vctima...! CHABREGY (_estupefacto_).--Quiere usted que me case...? LA SEORA JOZIELLE (_sin rodeos_).--No discuta usted...! Se trata de una joven exquisita, que le ama y que tiene doscientos mil francos de dote... Los padres exigen que usted repare su falta...! CHABREGY (_afligido_).--Pero si yo no quiero casarme...! Yo no quiero casarme...! LA SEORA JOZIELLE.--Oh! No discuta usted...! No tiene derecho a elegir...! O se casa o, de lo contrario, vendr el Consejo de disciplina y la expulsin...! CHABREGY.--Es usted cruel...! Yo no amo a esa chiquilla...! LA SEORA JOZIELLE.--Peor para usted...! No quiero que haya escndalos en mi Liceo...! Se casar usted...! Se lo exijo...! CHABREGY (_lamentable_).--Puesto que no queda otro remedio...! Har lo que usted quiera...! LA SEORA JOZIELLE.--Gracias a Dios...! Voy a dar una buena respuesta a esa joven madre... CHABREGY.--Dsela usted...! Pero, si quiere conocer mi opinin, he aqu un matrimonio que no ser dichoso... (_Saluda y se va._) II CURSO DE DECLAMACION _La seorita Jessy Loudon se ha metido en la avenida Frochot; busca un pabelln, que le ha indicado la portera; llega ante uno de hermoso aspecto cuya puerta de entrada adrnase con una placa de cobre que tiene estas palabras_: ANTHIME TALMA, CURSO DE DICCIN. _Llama; una criadita de repertorio abre la puerta e introduce a la visitante en un amplio estudio adornado con grabados antiguos. En el fondo, una especie de escenario; a la derecha, un divn, tumba de la virtud de las mujeres; a la izquierda, una mesita de te, sin te, y unas sillas_. (Mise en scne _de la Comedia Francesa_.) _La seorita Jessy se sienta junto a la mesita de te. Es una joven morena, estilo Otero, de buenas carnes y bellamente ataviada con un vestido que, bastante corto segn nuestro gusto, muestra un arranque de piernas esplndidas y descubre un nacimiento de pecho impresionante. Un nacimiento es siempre bendito! Mientras la criadita se retira, Jessy contempla los grabados antiguos, que recuerdan a los grandes artistas, orgullo de nuestro Teatro: Lekain, Potier, los Lepeintre--el joven y el mayor--, Beauvallet, la seorita Mars, la seorita George--esta cocinera heroica--, Rachel, Descle, el famoso Grassot--inventor de un ponche--, Arnal y Vernet, en sus papeles ms clebres. Las obras desaparecieron; pero la efigie de los actores permanece. Jessy contempla a estos antepasados, mientras pasa su mano, distrada, por una banda de perlas, que vale cien mil francos. Hermoso nmero...! Entra el maestro; es Anthime Talma, el comediante ms notable de nuestra tercera Repblica. Pertenece a esa fuerte raza de cmicos que, no habiendo podido triunfar en escena, abrazaron el estado de profesor y prosperaron en l enseando las reglas de un arte que ellos no supieron aplicar nunca. Talma es un eterno galn joven, que tiene cuarenta y cinco aos y representa cincuenta. Cabeza pelada, con las arrugas de la vejez a lo largo de la nariz; frente genial de imbcil y ojos apagados; porte exquisitamente correcto._ TALMA (_saludando_).--Seorita! A quin tengo el gusto...? JESSY (_levantndose_).--Soy la seorita Jessy Loudon; me enva a usted la seorita Marjorie Daw, su discpula... TALMA.--La seorita Daw es ms que una discpula...! Es una emanacin de mi genio...! Hgame el favor de sentarse, seorita Loudon...! Y explqueme lo que la trae por aqu...! Estoy a su disposicin...! _Juega con un monculo que le serva antiguamente en sus papeles de galn joven._ JESSY.--Se trata, maestro, de pedir a usted unas lecciones y... TALMA (_interrumpindola con un noble ademn_).--Un instante...! Tiene usted vocacin, hija ma...? JESSY (_turbada_).--No lo s...! A usted le toca decrmelo...! TALMA.--Somete usted mi conciencia a una dura prueba. Sepa usted que yo tengo el respeto de mi arte...! Antes de alcanzar la celebridad conoc horas dolorosas. Llegu hasta a dudar de mi porvenir...! Pas por pruebas de incertidumbre, donde otros hubieran zozobrado...! Preguntbame yo mismo si posea lo que hace al artista, si tena derecho a imponerme a la admiracin de las multitudes... Ha sentido usted, seorita, estas angustias...? JESSY (_sincera_).--No, maestro...! TALMA.--Pues la envidio...! Usted ignora los atroces dolores que templan al artista. Yo, aqu donde usted me ve, estuve a punto de sucumbir a ellos. Un poco ms, y hubiera renunciado al teatro para entrar en la Compaa de Suez...! La suerte quiso que fracasara en el examen! Torn al arte sublime del comediante! Dios me haba indicado mi camino y lo escuch. Entr en el Conservatorio. JESSY.--Qu suerte tuvo usted...! TALMA (_ofendido_).--No fu suerte, como usted dice. Me haba impuesto al Jurado. Ellos no me haban comprendido, sino soportado; yo llevaba a esa vieja casona un espritu nuevo, una ardiente sensibilidad, que maravillaron a mis profesores. Obtuve el primer premio de Comedia y de Tragedia; los subvencionados se asustaron; no se atrevieron a soltarme en el repertorio. Yo dominaba el teatro desde muy alto; por esta causa me consagr al sacerdocio. Yo, seorita, no soy un simple profesor, sino un sacerdote... Llevo cincuenta francos por leccin; pero enseo, con los preceptos del arte, el respeto al arte. Mi divisa es Todo por el arte puro. Aado que se me pagan por adelantado cuatro lecciones; pero esto es a ttulo de seal. Si usted no tiene condiciones, rechazar con horror sus doscientos francos...! JESSY (_tmida_).--No se trata de dinero, maestro...! Estoy dispuesta a pagar cien francos por leccin...! TALMA (_suavizado_).--Estos sentimientos la honran, seora. No tendr usted por qu arrepentirse. Permtame que la mire...! Tiene usted un buen fsico. Qu edad...? JESSY (_moneando_).--Dios mo...! Podra mentir a usted y decirle la edad que aparento: veintin aos. En realidad, tengo veinticuatro. TALMA.--S! Total, veintiocho...! Si usted se presenta en el Conservatorio, pondremos en la hoja de admisin diez y nueve aos. No proteste; se trata de una antigua costumbre administrativa. JESSY.--Pero protestar mi partida de nacimiento...! TALMA.--Qu cosas tiene usted...! Si todas las partidas de nacimiento de las actrices protestaran, no sera posible entenderse...! Estn pintadas, por espritu de cuerpo. Y para una cmica constituye hasta una ventaja el pasar por el Conservatorio, porque se rejuvenece en l cinco, ocho y aun diez aos. JESSY (_alegre_).--Caramba...! No haba pensado en esto...! TALMA.--No es posible pensar en todo. La comedia es una fuente de juventud. Se llama usted Jessy Loudon? JESSY (_ingenua_).--Ese es mi nombre de guerra... de guerra contra los hombres... Yo me llamo verdaderamente Josefina Branchu. TALMA.--En lo sucesivo, hija ma, se llamar usted Rachel Mars. JESSY (_confusa_).--El nombre no es, por lo visto, moco de pavo. TALMA.--Para una artista, el nombre es la cuarta parte del xito. Ya sabe que me intereso mucho por usted. Adivino que posee usted dotes naturales. Usted ha sido arrastrada al teatro por una de esas vocaciones irresistibles... JESSY.--Quia! No! De ninguna manera...! A m no me gusta el teatro... No me agrada mas que el cinematgrafo...! TALMA (_sofocado_).--Qu blasfemia...! JESSY.--Hasta puedo confesarle a usted que el teatro me disgustaba cuando era muchacha honrada... Hace ya mucho tiempo...! TALMA (_curioso_).--Ah! De manera que usted no es ya...? (_Se acerca._) JESSY.--Claro que no lo soy...! Comprender usted que salgo ya sin mi nodriza...! Y que no he ganado estas perlas cosiendo a mquina...! TALMA.--Lo adivino! Usted es hija de un consejero de Estado arruinado por las especulaciones. JESSY.--Yo soy hija de mis obras, de mis obras vivas. Mam tiene un cuarto amueblado en Montparnasse... TALMA (_molesto_).--Chist...! Chist...! Nada de escndalos...! Eh? JESSY.--Oh! Mam es muy correcta...! Nunca se llev mal con las buenas costumbres...! Yo tambin era correctsima. Poseo todos mis certificados y hubiera podido ser institutriz, como Blanquita... Sabe usted a qu Blanquita me refiero...? TALMA.--A la herona del seor Brieux. Le aconsejo a usted la escena del acto tercero. JESSY.--Ya es demasiado tarde. Entr en las Galeras Wilson, donde alcanc un gran xito como maniqu. Exhiba durante el da hermosos vestidos. Y le advierto que soy una plstica estupenda. Puede usted creerlo...! TALMA.--Lo creo...! (_Se sigue acercando._) JESSY.--Era muy dichosa; pero no lo saba, y por eso me juzgaba muy desdichada. Presentse un buen negocio: el seor Sautriot, el confeccionador al por mayor, un hombre por el estilo de usted, un poco gastado, pero muy corts. Ofrecime una buena posicin. TALMA (_descorazonado_).--Ah, miserable...! JESSY.--El...? Es la flor y nata de los hombres...! Me di a escape todo lo que quera, y adems me daba de propina lo que no quera. Me entrega dinero en forma de renta vitalicia. TALMA (_sin comprenderla_).--Procura hacerse perdonar su edad... JESSY (_impaciente_).--No me entiende usted...! Al hablar as quiero decir que me asegura mi porvenir. No es viejo. Apenas tiene cuarenta aos. Es ms joven que usted...! TALMA (_vejado_).--Usted dispense! Yo tengo...! JESSY.--Usted tiene cuarenta y cinco aos. He comprobado su edad en la lista de los premiados del Conservatorio. Ahora bien; con arreglo a su teora, esto equivale a... TALMA (_evasivo_).--Dejemos eso a un lado...! JESSY.--Como usted guste...! Entonces se produjo en mi vida un fenmeno inverso: creame dichosa, puesto que lo tena todo, y en realidad era muy desdichada. Me aburra con un aburrimiento de ms de cien francos por hora...! Siguise a esto que el seor Sautriot se aburri viendo que yo me aburra. Me compr un aparato fotogrfico perfeccionado, tiles de pirograbado, una caja de colores, las ltimas novelas y los juegos de sociedad. Todo en vano...! Me pag vestidos para distraerme. Me ofreci lecciones de piano. Todo me fastidiaba...! Una noche, al desnudarme delante de l, exclam: Qu piernas tan bonitas tienes, querida ma...! TALMA (_ofuscado_).--Por Dios, seorita...! JESSY.--Dispnseme usted, maestro...! El exclam: Qu piernas tan bonitas tienes...! Con unas piernas semejantes, no se te ocurri nunca hacerte del teatro...? TALMA.--Y usted se neg...? JESSY.--Ni soarlo...! Sent que la vocacin se adueaba de m, que iba a tener al fin algo que me interesara en la vida, que Dios me sealaba el camino que haba de seguir... Dios me haba concedido unas piernas lindas...! Era para que se las enseara a todos los amigos del seor Sautriot y para que el seor Sautriot se enorgulleciera de ello. De esta manera satisfaca mi deseo de actividad y la vanagloria del seor Sautriot. Mi amigo se hubiera desconsolado si yo lo hubiese engaado con un aviador, o con cualquier otro objeto de primera necesidad. Pero sentase ufano de que lo engaase con el pblico. TALMA.--Exactsimo...! Ha definido usted la seduccin que las mujeres de teatro ejercen sobre sus amantes ricos. JESSY.--Sautriot mostrse encantado. Fu a recomendarme a la seora Grattemimi, directora de las Locuras Medianas. Esto debi costarle mucho...! TALMA.--Supone usted que esa dama le pedira dinero...? JESSY.--Djeme continuar...! Esto debi costarle mucho trabajo, porque a l no le gustaba relacionarse con la gente de teatro. Es un negociante apacible y un hombre casado, que no tiene gran inters en encanallarse... Hizo que me contrataran; fu a ver con l a la directora, una verdadera mujer de mundo, en toda la extensin de la palabra. Nos recibi muy amablemente y me dijo: Usted, amiguita, har una Gran Coqueta. Lo veo desde la primera ojeada...! En seguida me rog muy discretamente que le enseara mis piernas y me firm un contrato; en la primera revista, que est en ensayo, debo representar a la hija de Jeft, al Pudor y a la Verdad. He visto los trajes, que son preciosos. Si los reuniera usted pedazo por pedazo, no conseguira hacer con ellos un vestido de mujer honrada. TALMA.--Y acepta usted esto...? JESSY.--No se disguste usted...! Tendr que aceptar cosas peores. Despus de todo, las mujeres honradas se desnudan de da y yo me desnudar de noche. Unicamente nos diferenciar la diversidad de pblico. Yo no amo a nadie; por esta causa estoy resuelta a acostarme con todo el mundo. No aportar vicio alguno con la ejecucin de este programa. Me acostar con los autores, con los principales intrpretes, con el administrador, con el apuntador, con los tramoyistas y hasta con el amante de la seora directora; me acostar con el comanditario, con el vendedor de programas, con el consejero municipal del barrio, con el diputado del distrito y, si es preciso, con el ministro. Me acostar, en fin, con el ms alto magistrado del Estado, si ste tiene tiempo y deseos de hacerlo. Cuando una mujer abraza una carrera, conviene que abrace tambin a todos los que pueden facilitarle el acceso a la misma. Esto no me impedir que entre en la Comedia Francesa, si se me antoja. Por el contrario...! Me ayudar a conseguirlo...! TALMA (_indignado_).--Est usted hiriendo mis convicciones, seora...! JESSY.--Sus convicciones...! Se las compro...! Mire: tome cien sueldos y devulvame cinco francos... Cree todava en la nobleza del arte, usted que nunca tuvo mas que sinsabores? Cree usted en el talento y en el genio? Si yo tuviera la nariz ladeada o la pierna torcida, cambiara la faz del mundo, al menos para el seor Sautriot, y yo no figurara en la compaa de la seora Grattemimi. TALMA.--Est usted pisoteando mis ideas ms queridas. Sin embargo, siento en usted una personalidad rebelde. Quiero convertirla a la religin del arte puro. (_Se acerca._) JESSY.--Demasiado veo adnde va usted a parar...! Cuando un hombre me habla de arte, acaba siempre por... TALMA.--Qu se figura usted...? Quiero que usted se eleve hasta estas cumbres desde las que se contemplan las ideas generales y donde no se experimenta ningn sentimiento ruin. Para interpretar a los genios, a Corneille, a Molire, a Racine, hay que hacerse un alma semejante a la suya; hay que pasar su corazn por el autoclave del sufrimiento; hay que caminar con pies desnudos por los senderos cubiertos con las espinas de la envidia y con las ortigas de la maledicencia. JESSY.--Qu ocurrencias tan graciosas las suyas...! No tengo los pies hechos a eso...! TALMA (_cogindole una mano_).--Yo la ayudar, hija ma...! JESSY.--Pero est usted muy seguro de que hay que comprender a Corneille para interpretar el papel del Pudor en las Locuras Medianas? TALMA.--S...! _Este principia distradamente a entretenerse._ JESSY.--Acaso Gandouille tutea a Racine...? TALMA.--Quin es ese Gandouille...? JESSY.--El cmico que ha perpetrado la revista en que yo trabajo y que hace todas las porqueras que estrena la seora Grattemimi. TALMA (_ajeno a todo esto_).--No lo s...! Es posible...! Todo es posible...! JESSY.--Y usted, que se codea con Molire, qu est buscando en este momento por los alrededores de mis ligas...? Sin duda, esto es lo que usted llama un sendero de espinas... TALMA.--Le suplico, querida ma...! JESSY.--Comprendido...! Es el oficio que entra, como suele decirse... Bah...! Yo soy una buena muchacha...! _Se dirige hacia el divn y se quita el cors._ --Ea...! Vamos a elevar nuestra alma... _Talma no se lo hace repetir. Adivnase la continuacin. Al cabo de unos cuantos minutos, Jessy se levanta tan tranquila como si acabara de cumplir una pequea formalidad administrativa. Se pone su capa y se da unos pocos polvos en la nariz y en las mejillas, en tanto que el querido maestro restablece la buena disposicin de su peinado. Breve silencio. Jessy se toca nuevamente con su sombrero; luego, algo turbada, registra en su bolso y saca dos billetes de cien francos, que alarga a su profesor._ TALMA (_rechazando los billetes_).--Por qu me ofrece usted este dinero...? JESSY.--Caramba...! Es el precio del abono... para la leccin...! TALMA (_digno_).--Por quin me toma usted...? Soy un caballero, seora...! Despus de lo ocurrido entre nosotros yo no puedo recibir la menor cantidad de usted... JESSY (_asombrada y encantada_).--Bueno...! TALMA.--Por lo menos, hoy...! Ya me pagar a fin de mes...! La seora Talma le pasar el recibo...! III CURSO DE EURITMIA _La seora Bouzine ha llevado a su hija nica, Lea, al curso de Euritmia dirigido por la clebre Terpsy, profesora de bellas actitudes. El curso Terpsy est situado en esa regin montaosa que ya no es precisamente Pars y que tampoco es todava Montmartre; calle Blanca; un amplio estudio, situado en el sptimo piso; no hay ascensor. La seora Bouzine, que es morena, bastante gruesa, de rasgos acentuados y de aspecto imponente, jadea al subir la escalera. Lea la sigue ms alegremente; es una muchachita de diez y ocho aos, morena, como su madre; anuncia predisposicin para la obesidad. Por ahora no es ms que rechoncha, pequeita, de buenas carnes y con unas pantorrillas que los seores se vuelven a contemplar cuando va por la calle. Lea se parece desagradablemente a su madre. Llegan por fin al ltimo piso, ante una puerta detrs de la cual djase or una vaga msica; la seora Bouzine recobra el aliento, y luego llama. Una criada, bastante sucia, introduce a las visitantes en un saloncito poco amueblado y cuyo moderno estilo disimula mal la pobreza._ LA CRIADA.--Tengan la bondad de esperar, seoras...! Pronto llegar el entreacto. La seorita Terpsy no tardar...! (_Vase._) LEA.--Oye, mam... Por qu no nos marchamos...? Volveramos otro da...! LA SEORA BOUZINE.--Tienes ganas de broma...? Yo no he subido siete pisos para nada...! Adems, hay que obedecer los consejos de tu to. Esta pequea engorda demasiado... Necesita hacer ejercicio...! Quieres engordar...? S o no...? LEA.--Me da lo mismo...! LA SEORA BOUZINE.--Ests en tu juicio...? Y cuando no puedas casarte...? Buena la habrs hecho! LEA.--Bah! Es que todava puedo...! LA SEORA BOUZINE.--Yo tambin deca eso... Y ya ves a lo que he venido a parar...! LEA (_riendo_).--Ay, mam...! Es que vas a seguir tambin el curso Terpsy...? LA SEORA BOUZINE.--Por qu no...? Algunas ms gruesas que yo lo siguen. Ah tienes a la seora Gimblon...! Era ms recia que yo, y ha adelgazado diez kilos...! LEA (_riendo_).--Y a consecuencia de esto, hasta se le ha desviado un rin...! Yo no quiero tener un rin fuera de su lugar...! LA SEORA BOUZINE (_severa_).--Lo que est fuera de lugar, hija ma, son tus observaciones...! _Detinese la msica entre bastidores. Aparece la seorita Terpsy. Es una mujer alta, de cuarenta aos, con rasgos un poco cansados, pero muy regulares. Est vestida con una especie de peplo grisceo, que cubre un traje de malla de color de carne; piernas y brazos desnudos, pies calzados con sandalias entrelazadas; el peinado rojo de la seorita Terpsy est sujeto con bandeletas de oro. Adivnase un cuerpo esplndido, sobre el cual el peplo forma pliegues de una perfecta armona._ TERPSY (_indicando unas sillas_).--Tengan la bondad de sentarse, seoras...! _Ella se adjudica un silln de forma griega; actitud de Tanagra. Las visitantes estn maravilladas._ LA SEORA BOUZINE.--Es usted la seora Terpsy? Yo soy amiga de la seora Gimblon. TERPSY (_inmvil_).--Ah...! Ya...! De mi Diez-kilos...! LA SEORA BOUZINE.--Qu dice usted...? TERPSY.--Le quit diez kilos en un mes...! LA SEORA BOUZINE.--Ya me lo cont...! Ahora ya puede agacharse! TERPSY.--Esto no es mas que el principio...! La estoy retrasando un poco a causa de los senos...[1]. LA SEORA BOUZINE.--Qu designios...? TERPSY.--Hablo del pecho...! Cuando se adelgaza demasiado de prisa, el pecho cae... Y no conviene...! LEA (_curiosa_).--De manera que los senos de la seora Gimblon...? TERPSY.--Marchan muy bien, gracias a Dios...! Pero... cmo decirlo...? Sentan vrtigos...! Dejbanse caer en... la tentacin...! Yo dije a la seora Gimblon: Hay que someterse al masaje, y cuando ellos no tengan ya vacilaciones volver usted y la dedicar a la prrica... LA SEORA BOUZINE.--Y qu es eso...? TERPSY.--La danza guerrera... Usted desconoce todava mi enseanza: la danza clsica en todas sus manifestaciones. No hay ejercicio mejor...! Desde luego aqu no aprender usted el tango...! LEA (_vivamente_).--Oh...! El tango...? Ya lo s...! TERPSY.--Peor para usted...! Es la nica danza que hace engordar. Principalmente las piernas y el bajo-vientre! LA SEORA BOUZINE (_severa_).--No bailars ms el tango, Lea...! TERPSY (_interesada_).--Ah...! Es esta joven la que necesita mis consejos...? LA SEORA BOUZINE.--Claro...! Qu pensaba usted...? TERPSY (_contemplndola_).--Oh...! Gentil...! Bien proporcionada...! Rostro interesante...! Sin embargo, ya era tiempo...! LA SEORA BOUZINE.--Lo mismo pens su to...! Su to es mdico...! TERPSY.--Estos seores nos envan muchas clientes...! LA SEORA BOUZINE.--Adems, mi cuado se pasar por aqu al caer la tarde... Siente curiosidad por conocer el mtodo de usted...! TERPSY.--Yo no tengo nada oculto para los seores de la Facultad...! Ah...! Le recuerdo el precio de la leccin...! Es de tres mil francos mensuales, a leccin por da...! LA SEORA BOUZINE (_inclinando la cabeza_).--Ya me lo haban indicado...! TERPSY.--Yo les facilito el traje y el peplo: son cuarenta luises. LEA (_irnica_).--Habra que ser verdugo de su cuerpo para privarse de ello...! TERPSY (_muy amable_).--Pero si su seor cuerpo no quiere nada de esto, no hay por qu disgustar a los dems... Yo no corro detrs de las lecciones...! LA SEORA BOUZINE (_alargndole discretamente un sobre_).--Dispense a mi hija...! Es un poco burlona...! Ah van los dos primeros meses. TERPSY (_arrojando el sobre al fondo de un cajn_).--Gracias...! (_Firma un recibo en pergamino, que parece un diploma._) Voy a exponerle mi sistema a grandes rasgos. Aqu tenemos, por ejemplo, a su hija, que es bastante linda...! Sin embargo, se sostiene mal, es de aspecto vulgar y se mueve con dificultad. No tiene un solo ademn que sea gracioso...! LEA (_sonriente_).--Encantador...! Siga usted echndome flores, mientras las haya en su jardn...! TERPSY.--Yo, hija ma, le digo a usted la verdad... Usted no sabe sentarse ni levantarse; usted no sabe acostarse... Usted no sabe andar...! Usted no sabe inclinarse...! Procure usted designar un objeto; este jarrn... Y diga: He aqu un jarrn...! LEA (_obedeciendo_).--He aqu un jarrn... que no me gusta...! TERPSY.--Lo est usted viendo...? Es lo que yo deca...! Hace usted un ademn torpe, un ademn vulgar...! Parece que est usted disparando una pistola con su ndice... Eso carece de gracia...! LEA.--Yo me sirvo de mi ndice como puedo...! TERPSY.--Qu error...! Es una cosa muy villana ensear un dedo...! Mreme...! Yo contemplo el jarrn...! Luego curvo mi brazo, como para la ofrenda de mi deseo, y tiendo mis manos como si fueran una flor... (_Actitud._) LA SEORA BOUZINE (_entusiasmada_).--Bravo...! LEA (_vejada_).--Evidentemente, es bonito...! Pero si hay que ir de ofrenda siempre que se quiera un vaso...! TERPSY (_severa_).--Es necesario...! Atienda...! Apuesto a que usted no sabe coger un paraguas cado...! (_Toma el paraguas de la seora Bouzine y lo tira al suelo._) Hala...! (_Deteniendo a la seora Bouzine, que va a agacharse._) Deje usted a su hija...! Haga usted el favor de cogerlo, seorita Lea...! LEA (_doblndose en dos y cogiendo el paraguas_).--No es nada difcil...! TERPSY (_indignada_).--Quieta...! Sultelo usted, desventurada...! Y mreme; me acerco; voy, no sobre el objeto, sino al lado del objeto; doblo la rodilla derecha y pliego la izquierda; inclino mi cuerpo a la derecha y, con brazo alado, cojo el objeto como la lanza de un hroe difunto... LA SEORA BOUZINE (_en el colmo de la dicha_).--Ah, qu hermoso...! Bravo, seora Terpsy...! Bravo...! (_A su hija._) Te acordars...? (_Lea hace una mueca._) TERPSY.--Se enfada usted conmigo, seorita... Sin embargo, usted adquirir poco a poco la costumbre de poner cierta armona en sus menores ademanes... Bajar usted del coche como una princesa baja de una carroza...! Comer usted tan noblemente, que su yantar no ser la satisfaccin, sino la idealizacin de una necesidad...! Hasta sus ms bajas funciones se revestirn de belleza...! LEA (_interesada_).--Tiene usted tambin una actitud para esto...? TERPSY.--Para todo, seorita...! Mi enseanza no hace mas que expresar con ademanes los sentimientos sugeridos por la msica: de esta suerte, yo la acostumbro a usted a guardar en el odo ciertas frases lricas; stas acompaarn su vida en lo sucesivo. Principio por los sentimientos sencillos: _la alegra_ (danza bquica), _la tristeza_ (el treno), _el ensueo_ (Beethoven), _la voluptuosidad_ (ertica), _la clera_ (prrica), etctera. Una orquesta, oculta detrs de un biombo, toca los trozos de los mejores maestros, mientras que usted realiza cortejos tomados de jarrones etruscos, de bajorrelieves, de medallones y de reconstituciones cuidadosamente clasificadas. As preparamos una juventud digna de este pas... LEA.--Una juventud...? Con la seora Gimblon, que tiene ya la cuarentena...? Hasta le llaman la Fiebre amarilla...! TERPSY (_digna_).--La seora Gimblon torna a sus treinta aos, demasiado mal cuidados...! Es ya canfora, que quiere decir portadora de canastillo...! Dentro de poco ser promovida a hierofante... Vamos a pasar a la sala de los oficios; antes quiere usted decirme el nombre del doctor amigo de la familia que debe venir a buscarlas...? LA SEORA BOUZINE.--Es mi hermano, el profesor Tassouin. TERPSY (_sobrecogida_).--Gilberto Tassouin...? LA SEORA BOUZINE.--El mismo! Le conoce usted...? TERPSY.--De nombre...! Por aqu, seoras... _Dice algunas palabras en voz baja a la criada; luego entran en el estudio: las damas, en peplo y traje de mallas, toman el te con unas amigas ms vestidas. A la entrada de Terpsy se levantan._ TERPSY.--Seoras...! Al altar...! _Todas suben a un pequeo tablado._ TERPSY (_manda_).--Los tirsos...! Interpretemos las Bacantes...! Segn el dibujo nmero 315, copa del museo de Pompeya...! (_A la orquesta._) El _agitato_ de la _suite_ en mi...! _Y de sbito, golpeando a un Baco imaginario, las jvenes se precipitan. Terpsy, con los crtalos en las manos, rima la danza, cuyos pasos son cada vez ms rpidos; todo esto acaba en un furioso torbellino. La seora Bouzine y su hija estn estupefactas y piensan_: --Imposible...! Nos encontramos entre los dingos...! TERPSY (_a Lea_).--Qu le parece a usted, hija ma...? LEA.--Oh! Cuando yo refiera esto a mis compaeras de pensin van a sudar de firme...! Me explico que se pierda grasa con este ejercicio...! TERPSY.--Espere...! Tenemos el treno para descansar. (_A sus discpulas._) Seoras...! El peplo..., los velos negros..., las palmas...! Usted llevar la urna, seorita Punas...! Dibujo 215, segn el vaso fnebre del Louvre... (_A la orquesta._) La marcha _Sulla morte d'un hroe_...! _Las damas forman una procesin detrs de la seorita Punas; avanzan con lento paso, dando muestras del ms profundo dolor._ LA SEORA BOUZINE (_encantada_).--Mira, Lea...! Qu hermoso...! LEA (_burlona_).--S...! Aqu estamos ms contentas que ah enfrente...! _Y la jornada contina de esta manera. A cosa de las seis, el profesor Gilberto Tassouin, antiguo buen mozo, muy grave, se presenta; asiste al final de la sesin sin decir una palabra. La seora Bouzine est inquieta._ LA SEORA BOUZINE.--Qu te parece, Gilberto...? LEA.--Verdad, to, que no se trata de una cosa ordinaria...? GILBERTO (_grave_).--T no comprendes nada de esto, hija ma...! Es muy notable...! LEA (_asombrada_).--Qu dices...? T tambin, maestro, te prendas de esto...? GILBERTO.--Hay en ello una revelacin: la Kineterapia aplicada a la Esttica. Nunca podra aconsejarte bastante cun necesario es para ti que sigas este curso... Por otra parte, voy a quedarme un instante con la seora Terpsy; deseo interrogarla acerca de los resultados obtenidos. (_A la seora Bouzine._) Ir a buscaros esta noche. _Las dos mujeres se marchan. El profesor entra en el saloncito, donde Terpsy se le une, apenas ida su ltima discpula._ GILBERTO (_ceremonioso_).--Seora: dispense usted mi curiosidad...! TERPSY (_saltndole al cuello_).--Quita de ah...! A qu viene eso de seora...? No me besas ya, Gilberto mo...? GILBERTO (_turbado por este beso_).--Ignoraba si deba... TERPSY.--Es cierto...! Me abandonaste cochinamente hace veinte aos...! Pero tuve tiempo de perdonarte...! Te di los mejores aos de mi juventud, bandido...! Y no lo siento...! Quia...! Cunto me alegra que hayas venido...! GILBERTO.--Oh! Me senta atrado por la curiosidad! Que me lleve el diantre si sospechaba que la clebre Terpsy era Melania Boujotte, a la que yo haba dejado de modista en Montmartre...! TERPSY.--Pues, querido mo, algo de culpa tienes t de que yo me haya convertido en Terpsy... Es una cosa que te debo, adems de la prdida de mis ilusiones. GILBERTO.--Imposible...! TERPSY.--Vas a ver cmo se encadena todo. Cuando me dejaste plantada con el pretexto de que te impeda estudiar, estuve a punto de matarme... S, alma ma...! Yo, tu alegra de vivir, como t me llamabas, quise envenenarme; claro est que no pude hacerlo. No tena ganas de trabajar, y entonces me lanc a la vida alegre... Todas las noches iba al baile Vestris y all danzaba para aturdirme... Y nunca regresaba sola...! GILBERTO (_disgustado_).--Siempre con el fin de aturdirte...? TERPSY.--Ah tiene usted a los hombres...! Se preocupan de nuestra fidelidad aun despus que ellos fueron los causantes de nuestra cada... Un da, o, mejor dicho, una maana, haba venido conmigo un viejo cmico, que tuvo antao talento, un tal La Tharillire... GILBERTO.--S...! Lo recuerdo...! TERPSY.--Como no tena ganas de... rer, nos pusimos a charlar. Escuchme bonitamente y luego me dijo: T, hija ma, no sers nunca mas que una pobrecilla fracasada, una triste _horizontal_. De esta manera no logrars atrapar jams al multimillonario. Sin embargo, hace poco te vea bailar: tienes en las piernas una cosa que no es vulgar; ests muy bien formada. Y con esto ya se puede hacer algo...! Me explic su plan: fundar un curso de danza para _snobs_. Oh...! Nada de _fox-trot_ ni de matchichas argentinas...! Esto est gastado y archiconcludo! No! Ha de ser algo medicinal y neosimbolista a la vez...! Entonces fundamos el curso de Belleza aplicada...! La Tharillire subvino a los primeros gastos, y hasta se cas conmigo... S; yo soy la seora La Tharillire...! Ah...! Cmo recuerdo aquellos principios en un cuartito pequen de Clignancourt! Tenamos tres discpulos y un ciego que tocaba el piano...! Poco a poco fu aumentando la clientela: cubanas, chilenas y norteamericanas, que acudan por casualidad y por... algo ms... No frunzas el ceo...! Es necesario comer...! Ya estbamos lanzados...! Nos habamos mudado aqu, contratado una orquesta y hecho repartir prospectos... En esto se le ocurre a mi marido dejarme viuda...! GILBERTO (_interesado_).--Ah...! Eres viuda...? TERPSY.--Desde hace cinco aos...! Apechugu yo sola con el negocio...! Y te aseguro que, si tengo buenas piernas, tampoco tengo mala cabeza... Sabes cunto gano ahora por ao...? Doscientos mil francos...! GILBERTO (_amargado_).--Menos gano yo y soy mdico de los hospitales...! TERPSY (_riendo_).--Caramba! T no puedes recibir a los enfermos mas que de uno en uno, y yo los recibo a montones...! Tengo diez por la maana y veinticinco por la tarde. Voy a ampliar el negocio y a tomar un hotel... Y te aseguro que har una propaganda monstruosa! GILBERTO.--Y... cmo aprendiste los preceptos de tu arte...? TERPSY.--Yo...? Yo no aprend nada...! Entre La Tharillire y yo inventamos todo esto. Compramos cuatro grabados antiguos, y cunto nos divertimos confeccionando las danzas arcaicas...! Pobre viejo...! GILBERTO (_conmovido_).--Melania ma...! (_Le coge la mano._) Estoy turbadsimo... Te encuentro ms bella que nunca..., ms mujer..., ms... TERPSY (_retirando su mano_).--S...! Tus ojos se nublan...! Ya s lo que significa esto...! Nada..., nada...! Aquello se acab...! GILBERTO.--Entonces, me echas...? TERPSY.--Quia...! Estoy encantada de tenerte y te guardo conmigo. Te hago un contrato...! GILBERTO (_asombrado_).--Eh...? TERPSY.--Precisamente estaba buscando un mdico..., un mdico de fama..., para que figurara en mi establecimiento... Necesito un nombre conocido! T no puedes negrmelo...! Te dar un sueldo de cuatro mil francos mensuales... Esto te entretendr una media hora por da...! Y yo pongo en mis prospectos: Direccin mdica: Profesor Gilberto Tassouin. Esto es importante...! Quieres...? GILBERTO.--Acepto; pero por nada, me entiendes? Por nada... TERPSY (_resignada_).--Comprendido...! Por nada quiere decir por m, no es eso...? En fin, si ese es tu gusto... Removeremos las cenizas...! GILBERTO.--Querida ma...! (_Va a ceirle la cintura._) TERPSY.--Un momento...! Voy a avisar a la orquesta...! (_En el acstico._) Toquen ustedes el _Concerto de Schumann_...! (_Volviendo._) Ahora..., a tu disposicin...! IV CURSO DE NATACION _La seora Grelou entra en el establecimiento del doctor Sinclar; ensea su tarjeta de abono y permanece algunos minutos en una cabina; esta mujer es todava deseable, aunque disimula sus cuarenta y cinco primaveras. Las piernas de la seora Grelou son famosas por su contorno. Unicamente el rostro acusa cierto cansancio, por haber estado expuesto durante un cuarto de siglo a la admiracin de los hombres y al menosprecio de las mujeres. Los ojos, azules, muy tiernos, tienen lo que llaman los poetas pata de gallo. Sus cabellos, que eran naturalmente rubios, siguen siendo rubios, aunque menos naturalmente. Su epidermis no tiene ya el brillo de hace diez aos y va adquiriendo un matiz harinoso. En una palabra, la seora Grelou es una antigua rubia; sin embargo, su lnea es siempre elegante y su porte bastante juvenil. Esta dama ha venido a la piscina Sinclar (bao mixto, para uso de los parisienses y de las parisienses de la mejor sociedad) sin la menor intencin de baarse. Sera imprudente para ella arriesgar una zambullida en pblico; hase puesto como pretexto un traje de bao azul obscuro, un gorrito lorens de satn impermeabilizado y unas sandalias gris perla; un peinador de bao, salpicado de dibujitos amarillos y azules, completa su atavo de baista jubilada. Llega hasta la piscina._ _Es un estanque cuadrado, bastante amplio, rodeado de una columnata drica. En el agua, cuatro o cinco personas de uno u otro sexo retozan bajo la vigilancia de cuatro maestros nadadores, que estn pensando en otra cosa; al pie de la columnata hay una profusin de mesitas de te, rodeadas de baistas, con trajes de bao y con peinadores, que se han guardado muy bien de remojarse. La seora Grelou es detenida, al pasar, por cuatro nyades, entre los treinta y cinco y los cincuenta aos, que toman el te._ LA SEORA CELAMINA.--Hola, Simona...! Ven aqu...! LA SEORA GRELOU.--Dentro de un ratito, querida ma...! Aun no he tomado mi bao...! LA SEORA GENTISEL.--Tiene usted tiempo...! Una taza de te no la har dao...! LA SEORA LABONNETTE.--Quiere usted un sorbito de oporto...? EL VIZCONDE GEDEN (_levantndose_).--Sintese usted aqu, seora...! LA SEORA GRELOU (_pasando entre ellos_).--No...! Resueltamente, no...! Tengo que mojarme un poco...! (_Se aleja._) EL VIZCONDE GEDEN (_tornando a sentarse_).--No cabe duda...! Esta mujer est todava bastante buena...! LA SEORA GENTISEL.--Cierto...! Nadie dira que tiene cuarenta y ocho aos...! LA SEORA LABONNETTE.--No hay que ser mala lengua...! No pasa de los cuarenta...! LA SEORA GENTISEL.--Lo dice usted de veras...? Pero si tiene una hija de veinticinco aos...! EL VIZCONDE.--Y un hijo, que est en el asilo de Ancianos del Vesinet. Es el ms pequeo. LA SEORA CELAMINA.--Es usted absurdo, Geden...! Para usted son viejas todas las mujeres que no se le rindieron...! EL VIZCONDE.--Evidente! Tengo veinticinco aos. Me quedan, pues, todava diez aos para no pasar de esa edad. Y me aprovecho de ello para vengarme de las damas que no me quisieron... LA SEORA GENTISEL.--Y Simona no le quiso...! EL VIZCONDE.--Lo confieso. Me gustaba mucho y se lo insinu. Adoro a las mujeres de esta edad, a las mujeres de las que se dice que se defienden; pero a las que nadie ataca ya. Ella me contest que era honrada. LA SEORA GENTISEL.--Lo era para usted...! EL VIZCONDE.--Eso pens yo. Y no tard en descubrir que era honrada para todo el mundo menos para Ral de Saint-Crazy. LA SEORA CELAMINA (_interesada_).--Caramba...! Est usted seguro...? EL VIZCONDE.--Voy a revelarle a usted un secreto, mi querida seora: Ha muerto Napolen...! LA SEORA CELAMINA (_disgustada_).--Es un rumor que se hace correr por ah...! EL VIZCONDE.--Que ha muerto Napolen...? LA SEORA CELAMINA.--No! Que la seora Grelou y el pequeo Crazy... LA SEORA LABONNETTE.--Ah! Permtame usted que proteste... No se habla de otra cosa desde hace mucho tiempo... Esta buena Simona no viene aqu mas que para vigilar al hermoso Ral. LA SEORA GENTISEL.--El hermoso Ral no se priva de nada...! Ayer me lo encontr en el auto de la seorita Fraicherose, la bailarina. Iba en l como en su casa...! LA SEORA CELAMINA.--De qu vive el pobre Ral? EL VIZCONDE.--No se sabe... Vive. Ya es bastante para los tiempos que corremos...! LA SEORA LABONNETTE.--Su padre se arruin por las mujeres. EL VIZCONDE.--Y el hijo sigue aumentando las trampas del padre. LA SEORA GENTISEL.--Usted, Geden, es peor que la peste...! Contamina todas las reputaciones... EL VIZCONDE.--No me defiendo...! Me molesta el tal Ral...! Parece una de esas muecas de escaparate que se visten de oficial para Ao Nuevo. Es dulce, insolente, feroz y, adems, delicioso. Ha posedo a todas las mujeres que yo deseaba. LA SEORA LABONNETTE.--El qu...? A la seorita Fraicherose tambin...? EL VIZCONDE.--A la seorita Fraicherose tambin...! Despus de todo, la seorita Fraicherose tampoco est ya en la flor de su juventud. LA SEORA CELAMINA (_riendo_).--Claro...! Se resisti a usted...! EL VIZCONDE.--Desde luego...! Por eso la envejezco... Adems... es una cualquier cosa! Vive a costa del hermoso Ral y, de propina, le hace pasar por un chulo indecente... Es delicioso...! LA SEORA GENTISEL.--Est aqu esa Fraicherose...? EL VIZCONDE.--S. Al otro lado del abrevadero... Es aquella muchacha alta, delgada y morena que acaba de salir del agua. Porque ella se baa...! Puede resistir la prueba del agua, que fortalece sus carnes, en vez de poner de manifiesto, como en algunas, las injurias del tiempo. LA SEORA GENTISEL (_furiosa_).--Yo tambin me bao...! EL VIZCONDE.--Por Dios, seora...! Yo no me refera a usted...! Sin embargo, consiento en perder todos mis derechos a la corona de Portugal si la seora Grelou desciende a la piscina... Mrela...! Se detiene junto a las mesas... Poco a poco se llega hasta Ral, que charla con la seorita Fraicherose y le paga el te... Porque Ral paga...! Usted es testigo de que paga...! _En efecto; el seor de Saint-Crazy recibe a la seorita Fraicherose a su salida de la piscina. Le ha alargado el peinador recio para que se enjugue y la ha secado tiernamente. Luego le ha puesto el peinador de gala, y los dos se han ido a tomar el te debajo de la columnata._ RAL (_muy conmovido_).--Querida ma...! Hermosa ma...! Al fin te tengo un instante...! FRAICHEROSE.--Ay, amor mo...! Qu cosa tan hermosa es sta...! El agua fra... como una serpiente. RAL.--Y la reaccin...? FRAICHEROSE.--Excelente...! La Reaccin Francesa...! Siento calor por dentro y fro por fuera... Mira...! Tienta...! (_Ella le alarga su brazo desnudo._) RAL (_palpando_).--S...! Ten cuidado...! Nos espan...! FRAICHEROSE.--Qu dices...? Supongo que no te avergonzars de m... RAL (_protestando_).--Pero qu ests hablando ah...? Soy prudente por ti, a causa de Blucher... FRAICHEROSE.--A causa de mi amante...? Bah! Ya sabe a qu atenerse...! Todas las maanas recibe varios annimos. Y figrate si estar enterado...! Adems le he confesado que t eras el amado de mi corazn... RAL.--Ah...! Y qu te ha contestado...? FRAICHEROSE.--Cosas muy bien dichas: Podas haber elegido a alguno peor, querida ma... Eh...? Es muy _chic_...! Es Luis XV puro...! RAL.--Es muy mortificante para m... y para ti...! FRAICHEROSE.--Bah! Qu bobo eres...! Este hombre ser tu amigo ntimo antes de ocho das...! RAL (_amargamente_).--S...! Cuando nos hospedemos en la misma posada, bajo la misma muestra...! FRAICHEROSE.--Bajo qu muestra...? RAL.--A los cornudos complacientes...! Se admiten huspedes a pie y a caballo...! FRAICHEROSE.--Bah! Esas son frases...! Todo el mundo es cornudo...! Mi padre lo era y el Emperador tambin...! Oh...! El te con mandarina es una delicia...! (_Bebe._) RAL (_sin transicin_).--Te acompao...? FRAICHEROSE (_indiferente_).--No, amor mo; esta noche, no. Viene Blucher...! RAL (_devorado por los celos_).--Falso...! Blucher no va...! Est en Versalles...! FRAICHEROSE.--Yo, vida ma, no puedo evitar que sufras; no hago nada para que padezcas... Eres el amado de mi corazn, y no te basta...? En tu oficio no se sufre, porque se _sufre_ todo... RAL (_constreido_).--Ests un poco fuerte...! FRAICHEROSE.--Soy sincera, chico; al pan, pan, y al vino, vino. Yo no siento una pasin loca por ti; pero tampoco me desagradas. Sin embargo, no quiero que me tengas por muy tuya... Me habas prometido la sortija que vimos el otro da en la calle de la Paz... Te acuerdas...? RAL (_inquieto_).--Cul...? Hemos visto tantas sortijas en la calle de la Paz...! FRAICHEROSE (_insistiendo_).--Ya lo creo...! Fu el da en que nos amamos tanto, a primera hora de la tarde... Haca mucho calor... Hasta recalcaste esta frase: Cmo podra yo saber por qu has suspirado, querida ma...? RAL (_riendo_).--Acaso me referira a nuestro futuro hijo...! FRAICHEROSE.--Picaronazo...! Cmo cambias de conversacin...! Esto no es obstculo para que yo te recuerde que una hora despus, en la calle de la Paz, delante de la tienda de Saste, el joyero, te seal una sortija, dicindote: Si quieres saber por qu suspiraba, reglamela...! RAL (_sobresaltado_).--Atiza...! Diez mil francos...! FRAICHEROSE (_tranquila_).--Caramba! Cmo recobras la memoria...! RAL (_descorazonado_).--Es que... Rosette... es que no tengo los diez mil francos...! FRAICHEROSE.--Bah! Si te paras en detalles, no acabaremos nunca...! Si t no me das el brillante esta noche, otro me lo dar maana. Seguiremos siendo buenos amigos, y nada ms. Y dejars de ser el amado de mi corazn. RAL (_en el colmo de la desesperacin_).--Quinientos luises...! Dnde encontrar yo una cantidad semejante...? FRAICHEROSE (_digna_).--Djalo...! Te lo ruego...! Me horrorizan las cuestiones de dinero en el amor...! Yo tambin tengo mi dignidad...! Te espero hasta las ocho y luego saldr... RAL.--Adonde irs...? FRAICHEROSE.--A ver al Nuncio de Su Santidad, que me ha dado una cita para confesarme. Despus de esto, amor mo, me volver a vestir y regresar a casa. Aviso a los aficionados. _Se levanta y se marcha con la altivez de una reina._ RAL (_solo_).--Qu estpido...! Y decir que estoy chiflado por esta potranca...! _Se levanta y va hacia su cabina rumiando los ms amargos pensamientos. Tropieza con la seora Grelou, que lo detiene. Est muy conmovida. El dolor la ha envejecido diez aos._ LA SEORA GRELOU (_avanza con el semblante risueo; pero su voz est velada por los sollozos_).--Hola, seor de Saint-Crazy...! Qu sorpresa...! RAL (_aburrido_).--Encantado de haberla encontrado, seora...! LA SEORA GRELOU.--Salgo del bao. Quiere usted ayudarme a reaccionar...? RAL.--Con mucho gusto...! LA SEORA GRELOU (_en voz baja_).--Por qu no fuiste ayer, Ral...? RAL.--Tuve que hacer...! LA SEORA GRELOU.--Te esper durante tres horas. Oh...! Qu malo eres...! Qu malo...! RAL (_en voz baja_).--Por favor...! Ten cuidado... Nos estn mirando... Sonre, mujer, sonre...! LA SEORA GRELOU.--No puedo ms...! Te estuve acechando all, a tu lado, mientras flirteabas con aquella zorra...! RAL.--Yo...! Flirtear yo con Fraicherose...! Con la amiga de mi amigo Blucher...! Por quin me tomas t...? LA SEORA GRELOU.--Te la comas con los ojos...! Y yo no quiero, lo oyes...? No quiero... RAL.--Apretemos el paso, porque de lo contrario la gente ver que estamos de cuestin... LA SEORA GRELOU.--Es atroz...! Cunto me haces sufrir...! Ya no me amas...! Confisamelo...! Es ms leal...! RAL (_cansado_).--Por lo que ms quieras...! No. Que llores en pblico! Ser un escndalo... LA SEORA GRELOU (_con las mejillas chorreando_).--No...! No...! No lloro...! RAL.--Pero si tienes los ojos arrasados de agua...! Tiene gracia...! Vamos a ser la irrisin de Europa...! LA SEORA GRELOU (_dominndose_).--Tranquilzate...! Ser razonable. Mira cmo se borran mis lgrimas sin que nadie se d cuenta... Anda...! Se luce la seora Gentisel, que nos acecha...! LA SEORA GENTISEL (_al pasar_).--Hola, Simona...! Te cojo con tu flirteo...! LA SEORA GRELOU (_riendo_).--Mi flirteo Saint-Crazy...! Estoy trabajando para casarlo...! LA SEORA GENTISEL.--A buena hora...! Te baaste ya...? LA SEORA GRELOU.--S...! El agua estaba deliciosa... Hasta luego...! _La seora Gentisel se aleja._ RAL.--Una ms que va a chismorrear. LA SEORA GRELOU.--Me da lo mismo. Por qu no viniste ayer...? RAL.--Tuve disgustos... disgustos de importancia. LA SEORA GRELOU.--Y... qu disgustos...? RAL.--Bah! No te interesa... Disgustos de familia...! LA SEORA GRELOU.--Tu hermano...? RAL.--S. Mi hermano, que ha jugado y que ha contrado una deuda de veinte mil francos. Necesito encontrarlos antes de esta noche o, de lo contrario, est perdido. LA SEORA GRELOU (_sorprendida_).--Dios mo...! RAL (_mintiendo con aplomo_).--Ahora figrate cmo habr removido el cielo y la tierra desde ayer; logr reunir diez mil francos... Es todo lo que pude hacer...! LA SEORA GRELOU (_con reproche_).--Y no te acordaste de m...? RAL (_altivo_).--Me ests ofendiendo, Simona...! LA SEORA GRELOU (_ardiente_).--Amor mo...! Ya sabes de sobra que, si fuera preciso, robara para evitarte un disgusto...! Amas a tu hermano...? Deseas salvarlo...? RAL (_avergonzado_).--S! LA SEORA GRELOU.--Pues bien! Tendrs tus diez mil francos...! No te preocupes...! Los tendrs maana por la maana...! RAL.--Es que los necesitaba... antes de esta noche...! LA SEORA GRELOU.--Desde el momento en que respondes por tu hermano, esperarn... Los tendrs maana sin falta...! RAL (_digno_).--Te los devolver en cuanto mi hermano haya cobrado sus rentas. LA SEORA GRELOU (_dichosa_).--Bueno...! Oye... Vamos a vestirnos... Saldrs antes que yo, y yo ir a buscarte a nuestra casa... a nuestro nidito... RAL.--Vida ma...! Siento a la vez vergenza y... LA SEORA GRELOU.--Alivia...! No perdamos el tiempo...! _Ella corre hacia su cabina, en tanto que Ral piensa que va a empear su amor en el Monte de Piedad._ _Pasadas dos horas, mientras Ral, algo sofocado, corre a casa de la seorita Fraicherose para anunciarle que tendr la sortija al da siguiente por la maana, debido slo a que las joyeras estaban cerradas, la seora Grelou regresa a su domicilio. Esta dama encuntrase alegre y satisfecha: primeramente, porque ha gozado de dos horas de pasin, las ms hermosas de su vida; Ral ha estado a la altura de las circunstancias. Adems, piensa que ha salvado al hermano de su amante, el cual, por otra parte--es necesario decirlo?--no tiene hermano alguno._ _La seora Grelou va corriendo en busca de su marido, que lee_ El Tiempo _en el saln. El esposo--un hombrecillo insignificante--levntase en cuanto la ve._ EL SEOR GRELOU.--Mujercita ma...! T...! Gracias a Dios...! LA SEORA GRELOU (_cndida_).--Me he retrasado...? EL SEOR GRELOU.--Acaban de dar las ocho y media. No puedes imaginarte lo que sufro cuando vuelves despus de las ocho. Se me ocurren unas ideas...! LA SEORA GRELOU (_digna_).--Iras a sentir celos...? EL SEOR GRELOU.--De ninguna manera...! Pero sufro, sabes...? Y es atroz...! LA SEORA GRELOU (_sincera_).--Todo el mundo sufre...! EL SEOR GRELOU.--Tienes algn disgusto...? LA SEORA GRELOU.--S... No quera confesrtelo: tengo que pagar una cuenta de doce mil francos... EL SEOR GRELOU (_aterrorizado_).--Caramba...! LA SEORA GRELOU (_vivamente_).--Sin embargo, por ahora tendr bastante con diez mil francos... EL SEOR GRELOU.--No te preocupes, encanto mo. Te los llevar esta noche a tu alcoba... Vamos a comer...? LA SEORA GRELOU.--S...! Siento un hambre...! Figrate...! He ido a tomar un bao a la piscina Sinclar...! El agua estaba deliciosa...! _El resto de la charla se pierde en el comedor._ V CURSO DE IDIOMAS _El seor Csar Juque es un joven agradable, de veintids aos, muy rubio para su edad; est vestido con una chaqueta de antes de la guerra; l ha crecido desde hace cinco aos, mientras que la chaqueta se encoga. Adivnase lo que significa esto. El seor Csar Juque tiene unos ojos de un azul agrisado; su semblante acicalado y velloso tranquiliza a las familias. El seor Csar Juque, pequeito y un tanto afeminado, no es demasiado ridculo; un joven cndido no se presta jams a la risa. El seor Csar Juque va a casa de la seorita Givendolen Lorys, llamada Chadd no se sabe por qu. Esta persona ocupa un hotel muy pequeo, junto a las fortificaciones: una caricatura de casa de tres pisos; dirase que es un telescopio amueblado por Martine; una vivienda paradjica. Csar, que lleva una cartera de ministro, como si fuera un pedicuro, llama a la puerta de esta casa. Una criada gruesa, con aspecto de madre, o, si a ustedes les parece mejor, una madre con aspecto de criada gruesa, sale a abrir._ LA MADRE-CRIADA (_insolente_).--Si viene usted a pedir limosna, puede volverse. La seora socorre solamente a las Hermanitas... (_Pretende cerrar la puerta._) CSAR (_sonriendo_).--No soy un pobre...! Soy el profesor enviado por la Casa Marvitz. LA MADRE-CRIADA (_recelosa_).--De veras...? No dice usted esto para penetrar en la casa y sablear a la seora? CSAR.--Aqu est la carta del Instituto Marvitz, que me acredita cerca de la seora Lorys. (_Le entrega un sobre._) LA MADRE-CRIADA (_leyendo la carta_).--Atiza...! Chadd desea tomar lecciones de ingls...! Pero quiere usted decirme si esto es tener sentido comn...? No me indic nada...! CSAR (_un poco seco_).--Hizo mal. Pero tengo los minutos contados. Si la seora Lorys no recibe, me vuelvo. Las lecciones se pagan por adelantado. LA MADRE-CRIADA (_repentinamente fina_).--Entre, seor profesor, entre...! (_Se deshace en cumplidos._) Sintese en este cofre de madera. Voy corriendo a avisar a mi hija...! _Desaparece. Csar se encuentra en una antesala, muy alta de techo, muy estrecha y amueblada con el mencionado cofre de madera y con una percha. En el fondo se abre una escalera monumental; en esta mansin inverosmil, las habitaciones son minsculas, pero la escalera es inmensa; capricho del arquitecto. Al cabo de un minuto, una voz grita: Seor profesor...! Quiere usted subir hasta el estudio...? Son tres pisos. Csar sube los tres pisos, a razn de treinta escalones cada uno. Ya en lo alto, es recibido por una mujercita con kimono morado y sembrado de grandes ibis; es la seorita Chadd, que, segn se dice, danza en los_ music-halls, _pero que principalmente desempea otras profesiones menos confesables; pertenece a la gente alegre y se gana la vida desayunando, comiendo y bailando el tango en diversos establecimientos de la capital. Figura tambin en los fumaderos de opio, aunque no haya absorbido nunca una bocanada de este brebaje. Es fea; tiene la boca demasiado grande, la nariz bastante puntiaguda y los ojos grises y muy pequeos; pero no parece tonta, y su carilla viciosa de pilluela, muy avispada, promete mucho. Para los hombres, prometer vale ms que cumplir lo prometido._ CHADD (_introduciendo al visitante en un estudio tan pequeo que no podra pintar en l ms que miniaturas_).--Entre usted en la sala de estudio, seor profesor...! CSAR (_al ver una mesita_).--Aqu est lo que necesitamos. (_Se sienta._) CHADD (_mirndole con estupefaccin_).--De veras...? Es usted profesor de idiomas...? CSAR (_molesto_).--S, seora...! No le inspiro confianza...? CHADD (_riendo_).--Ni pizca...! Es usted un chiquillo...! Tiene usted veinte aos, verdad...? CSAR.--Cumplir veintids cuando maduren los albaricoques! Hablo cinco idiomas: el ingls, el ruso, el espaol, el italiano y hasta el francs. CHADD (_compadecida_).--Pobrecito...! Y no se cans aprendiendo todo eso...? Usted ganara una fortuna como portero de hotel...! CSAR (_corts_).--Desde luego...! Pero prefiero ser profesor; me pagan menos, pero me consideran ms. Aunque su seora criada me haya tomado por un sablista...! CHADD.--A mam le pasa siempre lo mismo...! Quiero que le presente sus excusas...! Voy a llamarla...! CSAR (_vivamente_).--Es intil. Tengo alguna prisa. La leccin que le he de dar ser de una hora. Conoce usted el mtodo Marvitz? CHADD.--No! Yo quiero aprender ingls y nada ms...! CSAR.--Pues bien; el mtodo consiste en hablar inmediatamente la lengua. A partir de este instante, no le hablar ya mas que en ingls, indicndole los objetos. Usted repetir las palabras a medida que yo las vaya diciendo. CHADD.--Como usted quiera! Tiene gracia...! CSAR (_indicndole una silla_).--Chair...! CHADD (_repitiendo_).--Chair! En francs, esto quiere decir otra cosa muy distinta y resulta ms bonito...! En fin!... CSAR (_indicndole la mesa_).--Table![2] CHADD (_riendo_).--Eres bonita...! Y hueles bien...! Y esto significa una mesa...! Qu lengua tan hermosa es la lengua inglesa...! CSAR (_oliendo una rosa_).--Good smell...! CHADD (_furiosa_).--Cmo...? Que esto tiene gusto a suela? Una rosa...? Eso es demasiado fuerte...! Usted est de buen humor! CSAR (_interrumpindose_).--Good smell significa buen olor. Si usted me ataja a cada paso, no acabaremos nunca...! CHADD.--Tiene usted razn; pero me parece que estamos perdiendo el tiempo. Yo, amigo mo, no tengo empeo en aprender la lengua inglesa, sino solamente en conocer unas treinta frases de ingls que me son necesarias. Por esta causa no gaste usted su tiempo hablndome de la silla, de la mesa, de la suela y de un montn de cosas sin importancia. CSAR (_resignado_).--Como usted guste, seora...! Qu es lo que desea...? CHADD.--Va usted a explicrselo todo. Mi profesin es la de artista, la de bailarina; pero esto no es mas que la fachada. En realidad, yo soy una... mujer alegre. Hay algn mal en ello...? CSAR.--Santo Dios...! Yo, personalmente, no veo que haya ningn inconveniente...! CHADD.--Tengo una buena clientela en el ejrcito ingls y entre los norteamericanos. Pero estos tipos no hablan francs. Esto es muy molesto...! Para entrar en materia, es muy sencillo: basta una pantomima; pero cuando se trata de fijar las condiciones, ya es muy distinto. Por ejemplo: yo no s cmo se dice un regalito... CSAR.--A little gift. CHADD.--Bueno! Pngame eso por escrito, con la pronunciacin... CSAR (_abre su cartera, saca una hoja de papel y escribe_).--Ah lo tiene...! CHADD (_que ha ledo por encima del hombro_).--Muy bien! Siga usted escribiendo: Me gustas mucho, Necesito veinticinco luises para mi costurera, Tengo gana de ese sombrero tan bonito, Querra un hermoso diamante para el da de mi santo, Tengo sentimientos religiosos... Esto es muy importante...! Soy de buena familia, No sea usted brutal, Hoy es imposible; pero dentro de tres das ser suya, Esta noche tengo mucho apetito... Y luego: Siento mucha sed... Y despus: Pgueme el coche... A continuacin: Qu bien sabes besar...! Cochinillo mo...! Nunca me quisieron as...! CSAR (_escribiendo_).--Podr usted acordarse de todo esto...? CHADD.--Ya lo ver usted...! Cuando yo me propongo alguna cosa...! Adems, me ensayar con usted... Nos veremos muchas veces...! CSAR.--Tiene usted pagadas por adelantado veinte lecciones. CHADD.--Ha ido usted con frecuencia a casa de seoras solas...? CSAR.--Muy a menudo...! Por lo general, suelen hacerme las mismas preguntas que usted! CHADD.--Claro! Hay que comprenderlo...! Una mujer que habla ingls se hace en seguida con un grupito de amigos, que se la recomiendan unos a otros... Ah! Se me olvidaba...! Ponte a tu gusto!... CSAR (_asombrado_).--Qu dice usted...? CHADD.--Es una frase esencial...! CSAR.--Ah...! Bueno...! (_Torna a escribir._) CHADD.--Acurdate de la criada!... Y adems: Vuelve a verme... Y pngame tambin los das de la semana y las horas.... CSAR.--Aguarde un momento...! (_Silencio. Trabaja._) Tome usted... CHADD.--Oh! Ya est...! Va a ser un exitazo...! Me da lo mismo! Cmo van a rabiar mis compaeras cuando me oigan hablar ingls...! Va usted muchas veces al Rey Dagoberto? CSAR.--Al establecimiento de baile? No...! CHADD.--Si quiere usted ir, le regalar las entradas. CSAR.--Es usted muy amable...! Pero no estoy libre por las noches. CHADD.--Trabaja usted? CSAR.--En efecto, trabajo para m... CHADD.--Tiene usted quiz una amiguita...! Le regalar las entradas para ella. CSAR.--Muchas gracias! No tengo amiguita...! CHADD (_interesada_).--Qu muchacho tan arreglado...! CSAR (_riendo_).--Voy a parecerle algo ridculo... No tengo amiguita porque no pens nunca en ello...! CHADD.--Apuesto a que es usted novio...! CSAR.--Tampoco...! CHADD.--Bah! Aunque lo fuera usted, no haba de confesrmelo...! CSAR.--Por qu...? Un novio no es ridculo. Lo ridculo es un marido, o un amante engaado... CHADD.--Yo he conocido a muchos novios y nunca se atrevan a decrmelo...! CSAR.--Le aseguro que carezco de medios para casarme o para tener una amiguita. CHADD.--Entonces... qu hace usted...? CSAR (_avergonzado_).--Trabajo. CHADD (_insistiendo_).--Bueno...! El trabajo es muy bonito; pero hay momentos en que no reemplaza a una linda epidermis fresca, a unos labios, a... Bueno! Va usted a ser la causa de que diga ms de cuatro tonteras... Cuenta usted veintids aos... Sabe usted decir te amo en cinco idiomas. Y no se lo dice usted a nadie...! CSAR.--No tengo a nadie que me escuche. CHADD.--Busc usted...? CSAR.--No he tenido tiempo... Adems, yo no me contentara con la primera que se presentara... CHADD (_burlona_).--Tiene usted el gusto difcil? CSAR.--S de sobra que no tengo derecho a ser as. Soy un jovenzuelo sin importancia. Como hermoso, dejo bastante que desear. CHADD.--Verdad que no es usted bonito. Pero tampoco es usted feo. Es usted pasadero. CSAR (_ingenuo_).--De veras...? CHADD.--Hay hombres mucho ms desagradables que usted y que causan grandes pasiones. CSAR.--Tienen suerte...! CHADD.--Vamos a ver...! Usted me interesa...! Es preciso que le encuentre una mujer...! CSAR.--Nos alejamos un poco de la leccin. CHADD.--Bah! La leccin...! Nos quedan todava diez y nueve...! CSAR.--En este momento yo soy el discpulo y no el profesor. CHADD.--Nunca me he divertido tanto...! Un mocoso que despabilar! Si lo llego a saber, pago cuarenta lecciones...! CSAR (_molesto_).--Usted dispense, seora...! Yo no he dado derecho a suponer... CHADD.--Sintese otra vez...! Tengo todava derecho a treinta minutos de su presencia...! Ya le miro... CSAR (_hablando en ingls_).--Table... Chair... (_Indica estos objetos._) CHADD (_preocupada_).--S... s...! Djelo para despus...! CSAR.--What a fair foot... (_Indica el pie de Chadd._) CHADD (_furiosa_).--Qu...? CSAR.--Esto quiere decir en ingls: Qu pie tan encantador...! CHADD.--No haba cado...! Tiene gracia esta lengua...! Todos los piropos parecen insultos... Yo haba comprendido Vete a hacer...! CSAR (_confuso_).--Jams, seora, me hubiera permitido tal cosa...! CHADD.--No me escriba usted esta frase... Y, adems, dejemos ya el ingls... He reflexionado. El nmero que a usted le conviene es Juanita Pris, una rubia alta y lnguida, que baila conmigo en el Rey Dagoberto. CSAR.--Querra conocer ms detalles. CHADD (_levantndose y yendo en busca de unas fotografas_).--Aqu est...! Mrela vestida de incroyable, de rata de hotel y de Thais... Verdad que est muy bien formada...? CSAR (_fro_).--Si quiere que le d mi opinin, me parece algo imbcil... CHADD (_riendo_).--Y lo es...! Entre nosotras se le llama la Crema. Sin embargo, no le gusta el dinero... CSAR.--Y a m tampoco...! Pero no me gusta la imbecilidad... CHADD.--Yo creo que a ella no le gusta la inteligencia. Pasemos a otra cosa. (_Sacando otra fotografa._) Mire...! Es Julia Tubal... Esta no es imbcil... Aqu est completamente desnuda. Trabaja de modelo con los artistas. CSAR.--En efecto, no parece mala...! Los senos son un poco grandes... las manos demasiado fuertes... y el rostro vulgar... CHADD.--Tiene usted un golpe de vista...! Julia carece de educacin y habla como una rabanera. Se hartara usted de ella en seguida...! (_Tomando otra fotografa._) Esta es mi mejor amiga: Gladys Leal. Tiene un corazn de oro; unos ojos como no los hay de hermosos en la tierra; casi ningn pecho, y unas pantorrillas tan espirituales...! CSAR.--Es muy delgada...! CHADD.--Tiene usted razn. Es delgada... bastante delgada... Y, adems, es muy exigente...! Ya lo demostr con bastantes hombres...! Y, al tratarse de un jovencito como usted, en seguida iba usted a enfurruarse...! CSAR.--No tiene usted otra cosa...? _Un largo silencio; Chadd mira a Csar y ste mira a Chadd con aire de ruego admirativo. Chadd baja los ojos, suspira y luego se decide._ CHADD (_tierna_).--S! Qu tonta soy...! Aqu estoy yo...! _Csar se precipita sobre Chadd y le da una leccin que la Casa Marvitz no haba previsto. Pasada una hora, Chadd despierta:_ --Oye, amor mo... Para la prxima leccin vendrs ms tempranito! _Por la noche, en el Colbert's Bar, el joven barn Latripe charla con su parsito Gemblin, saboreando un_ cock-tail _rosa_. LATRIPE.--S, amigo mo. He conquistado a la pequea Chadd, y de balde. GEMBLIN.--T bromeas...! LATRIPE.--Se trata de un truco digno de m... Me encontr a un bohemio al que haba conocido en el barrio Latino, un tipo asombroso y sabihondo, que se haba visto reducido a contratarse en la Casa Marvitz para vivir. Me refiri que iba a dar lecciones de ingls a la pequea Chadd. Yo le solt doscientos francos por ocupar su puesto... Represent mi papel a la perfeccin... Y Chadd se dej coger en la trampa...! Qu hora pas, amigo mo...! Ella no la tuvo igual para nadie. Y pensar que yo le haba hecho ofrecer, por mediacin de la ta Cognal, cincuenta luises...! Y que Chadd los haba rechazado...! Ahora me falta todava dar a Chadd, tan tierna y tan enamorada!, diez y nueve lecciones. GEMBLIN.--Supongo que las aprovechars todas... LATRIPE.--Jams...! No volver a verme. He avisado a Csar. Figrate cmo lo van a recibir...! Ya ves! Se trata de un individuo que no sale de la cervecera, calvo prematuro y bastante puerco... Imagnate la escena...! GEMBLIN (_soador_).--S...! Sin embargo, para ser chic, deberas continuar desempeando tu oficio... LATRIPE.--Diez y nueve lecciones como la de hace poco...! Quia! No, amigo mo...! Me dejara all los huesos...! No volver a las andadas...! Comprndeme: he logrado de esta criatura lo que jams concedi a nadie. La he posedo por sorpresa. Conformes! Si yo insistiera, no tendra delicadeza. Adems, Chadd comprendera quiz mi treta, y esto lo echara todo a perder. Pasemos a otro orden de ejercicios... VI CURSO DE BRIDGE _El seor Ernesto Lucien sale de su alcoba y entra en su despacho. Como vive de una renta vitalicia de cincuenta mil francos, legados por un padre que ha reconocido as las bondades de la madre sin reconocer al hijo, el seor Ernesto Lucien no necesita trabajar en su despacho. Se acerca a los veinticuatro aos y, aunque haya tenido muy pocos principios, siente la necesidad de aspirar a un fin. Es un mozo arreglado, muy elegante, y bastante agradable de aspecto; parece un joven diplomtico, y, en efecto, es no s qu cosa en el ministerio de Negocios extranjeros. Esto no le ocupa mucho tiempo. Apenas entrado en su despacho, comprueba que un servido de caf de antiguo Rouen ha desaparecido. Se encoleriza y llama. Al cabo de algunos minutos aparece un ayuda de cmara, con tipo de viejo golfo, cano, delgado, calvo, con la nariz demasiado larga, con la boca desdentada y con pinta de borracho empedernido._ ERNESTO (_severo_).--Chupin...! Dnde est mi antiguo Rouen...? CHUPIN (_que se ha esforzado por quedarse junto a la puerta_).--Qu ests diciendo...? ERNESTO.--En primer lugar, te prohibo que me tutees... CHUPIN (_pronto a llorar_).--... Soy tu hermano de leche...! Yo te eduqu... cuando muri tu pobre padre...! ERNESTO (_excitado_).--S..., s...! Ya conozco tu historia...! CHUPIN (_vertiendo lgrimas_).--El pobre hombre me dijo: Chupin: eres hermano de leche de mi hijo. No puedo reconocerlo...! No tiene padre...! T no lo abandonars nunca...! Jramelo...! Y se lo jur...! ERNESTO (_furioso_).--Basta...! Hace veinte aos que te soporto...! Dnde est mi antiguo Rouen...? CHUPIN (_enjugndose las lgrimas con la manga_).--No lo s...! ERNESTO.--Lo has roto...? CHUPIN.--Se cay l solo! (_Cndido._) Anoche debiste venir borracho... ERNESTO (_en el colmo de la clera_).--Desdichado...! T eres quien debi volver borracho esta maana...! CHUPIN.--Se necesita valor para decir tal cosa...! Yo, que no bebo ms que agua...! Son calumnias que se propalan por ah...! ERNESTO.--T has roto mi antiguo Rouen...! Borrachn! Pellejo de vino! Un servicio de caf que haba heredado de mi pobre padre...! CHUPIN.--A m tambin me heredaste de tu pobre padre...! ERNESTO.--Un rico regalo que me hizo...! Hala...! Has colmado ya mi paciencia...! Vete...! CHUPIN.--Est bien...! Volver cuando ests de mejor humor...! ERNESTO.--No...! No volvers ms...! Te echo...! CHUPIN (_sonriendo_).--Me parece que he odo mal...! Me plantas en la calle...? ERNESTO.--S...! Ve a recoger todo lo tuyo... Te ajustar la cuenta en seguida y no te ver ms. CHUPIN (_digno y vacilante_).--Ernesto...! Oye una cosa...! ERNESTO.--No oigo nada...! Djame en paz...! CHUPIN (_furioso_).--Est bien...! Te pesar...! (_Sale dando traspis._) ERNESTO (_sbitamente tranquilo en cuanto se ve solo_).--Uf...! Ya estoy libre de ese viejo borracho... Mi hermano de leche...! Y su madre me cri con bibern...! (_Llaman a lo lejos._) Ah! Es el seor Froment, mi profesor de _bridge_. (_A la puerta._) Entre, seor Froment...! _Aparece el seor Froment, un viejecillo seco como un esparto, con cabeza de gorrin disecado y con cabellos de un blanco amarillento sobre una calvicie excesiva. El profesor de_ bridge _est afeitado; pero tiene_ chic _natural, que revela al antiguo hombre de mundo cado en la miseria_. EL SEOR FROMENT (_muy corts_).--Goza usted de buena salud, mi querido discpulo? ERNESTO (_yendo a buscar una mesita de juego y un_ necessaire _de_ bridge).--Vamos marchando...! Y usted, querido maestro? EL SEOR FROMENT (_sentndose_).--Se lucha...! Es tan dura la vida! ERNESTO (_colocndose al otro lado de la mesa_).--Sin embargo, el oficio de usted es bastante agradable... EL SEOR FROMENT.--Desde luego! Adems, era el nico para el cual poda servir yo... Y, despus de todo, esto me recuerda el tiempo en que yo cartoneaba para satisfaccin ma. ERNESTO.--Ha sido usted jugador...? EL SEOR FROMENT.--Ay! He perdido tres fortunas: he devorado en el Crculo, adems de mis bienes, la herencia de dos tos... ERNESTO.--Caramba...! No est mal...! Y de qu Crculo era usted? EL SEOR FROMENT (_sencillo_).--Del _Jockey_! ERNESTO (_asombrado_).--Eh? De manera que usted, seor Froment, era del _Jockey_...? EL SEOR FROMENT (_vacilante_).--Es que... Froment no es mi nombre patronmico...! ERNESTO.--Qu me cuenta usted...? EL SEOR FROMENT (_solemne_).--Yo me llamo Melchor de Honnemoy de Esketua, ltimo duque de este nombre...! ERNESTO (_estupefacto_).--Usted era duque...? EL SEOR FROMENT.--Y lo sigo siendo! Los de Esketua son los representantes ms antiguos de la magnfica nobleza vasca, que se cubri de gloria al lado de los bearneses, a los que, por otra parte, detestaba. Sin embargo, comprender usted que para dar lecciones de _bridge_ y de _poker_ tuve que mandar a paseo el ducado. ERNESTO.--De manera que usted se arruin en el juego? EL SEOR FROMENT.--Ay, mi querido discpulo...! Las mujeres ayudaron al azar...! Puedo decirlo con orgullo: jams di un beso sin haberlo pagado antes. Sin embargo, el amor me result menos costoso que el juego. Un jugador no es sensual ni enamoradizo. Dejara a la mujer ms amada por una partida de _baccarat_. Conoc a las criaturas ms hermosas de mi tiempo y no me dejaron ningn recuerdo tierno o cruel. Por el contrario, repaso todava en mi debilitada memoria los gloriosos episodios de las partidas en que me arruin, y encuentro en ello un deleite que no acertara a expresarle... En mil novecientos uno, al principio del _bridge_, jugamos en el _Jockey_ la clebre partida que hizo poca: mil francos por punto. Tena por compaeros al vizconde Goutte, al marqus Fridolin y a Toumeh-Baj. Este heroico combate dur tres das con tres noches, durante los cuales nos sostuvimos con _sandwiches_ y con champaa. Yo me hubiera sostenido cuatro das; el vizconde Goutte fu el primero en caer rendido por el sueo. El y yo perdamos cerca de un milln. Creo que es la partida ms fuerte que se ha jugado al _bridge_; todava no tenamos la _auccin_ ni el _pirata_. Comprender usted que yo haba quemado mis naves; liquid mi cuadra de carreras. ERNESTO.--Ah! Luego usted era propietario...? EL SEOR FROMENT.--S! Y, cosa curiosa, ganaba en las carreras. Sin embargo, me empeaba en forzar la suerte con los naipes... Pretenda violentarla...! Mal medio...! Ca, poco a poco, en el subsuelo de la necesidad, en lo ms hondo de la pobreza. Haba vendido granjas y castillos, villas, palacios, mis cuadros, mi despacho de grabados, mis Tanagras del siglo XVIII--la mejor poca para las Tanagras falsas--y mis medallas; toda la paciente herencia de mis antepasados, que eran peritsimos y que tenan almas de chamarileros, desapareci en algunos meses. Encontrme en mitad del arroyo, sin un cntimo. Tena cincuenta y cuatro aos; solamente me quedaba ya por vender mi nombre. ERNESTO.--Y usted era demasiado altivo para consentir semejante cosa...! EL SEOR FROMENT.--No!... En el extremo en que me encontraba, ya no se tiene altivez. Lo que pasaba era que yo tena una reputacin de jugador empedernido. Las damas, que me hubieran comprado mi ttulo en otras circunstancias, apartbanse horrorizadas del jugador perdidoso e impenitente que yo era. Ofrecanseme pensiones vitalicias a condicin de que, una vez efectuado el matrimonio, me fuera a enterrar en provincias. Esto equivala a morir sin gloria...! Perd muy buenas ocasiones, y no lo deploro. No tengo nada; pero sigo siendo dueo de m mismo. Y manejo los naipes como antao; pero ganando con ello, en vez de perder. (_Tornando a su leccin._) Dispnseme, mi querido discpulo, esta digresin; olvdese de mi chchara y trabajemos. Quedamos la ltima vez en el sintriunfos. Es una declaracin que se impone en dos casos: cuando se tiene mucho juego o cuando no se tiene ninguno. ERNESTO (_parndose_).--No me entero ya del juego, seor duque...! Estoy pensando en otra cosa... Lo que usted me ha referido me ha causado una gran turbacin... EL SEOR FROMENT.--Sin embargo, caballero, mi biografa no puede ser ms banal...! ERNESTO.--Usted me ha hecho sus confidencias. Vyase una cortesa por otra...! Yo tambin voy a franquearme con usted. Hoy no jugaremos ms. Me dirijo al hombre de mundo. EL SEOR FROMENT (_recogiendo los naipes_).--Le escucho. ERNESTO.--Caballero: si yo quiero aprender el _bridge_ no es por aficin a los naipes. Los aborrezco. Pero he observado que un joven de mi edad, dotado de cierta ambicin, debe saber el _bridge_, si quiere hacer buen papel en el mundo. Las gentes ms dispares guardan tesoros de amabilidad para un buen cuarto en el _bridge_. De esta manera conoc al seor Leplu-Raboin. EL SEOR FROMENT.--Al gran almacenista de hierros? ERNESTO.--Al mismo! Me lo encontr en Vichy. Nos hospedbamos en el mismo hotel. El estaba all con su hija, la seorita Lysiane. EL SEOR FROMENT.--Una muchacha encantadora! ERNESTO.--No! Es bonita y fea al mismo tiempo. Eso es...! Me gusta por esto. El seor Leplu no me haba prestado ninguna atencin hasta la noche en que se encontr a dos amigos. Estos caballeros pensaron establecer un _bridge_ diario. Les haca falta un cuarto compaero...! Entonces el seor Leplu se mostr muy amable y me dirigi la palabra; al cabo de cinco minutos ya ramos amigos; me pregunt: Sabe usted jugar al _bridge_? Contest afirmativamente. Nos sentamos a la mesa. Comet falta tras falta y perd cinco luises. Esprese...! Al da siguiente jugu tambin. Comet falta tras falta; pero gan doscientos francos. EL SEOR FROMENT.--Dios protege la inocencia...! ERNESTO.--Me da lo mismo! Yo haba podido trabar conocimiento con la seorita Lysiane; durante el da permaneca al lado de la hija y pagaba este gusto acompaando al padre en el juego por la noche. Yo jugaba siempre muy mal; lo cual le disgustaba cuando era mi compaero y le colmaba de alegra cuando era mi adversario. A pesar de todo, sin duda mirando por la belleza del deporte, me di la direccin de usted y me aconsej que tomara lecciones. EL SEOR FROMENT.--El seor Leplu ha sido discpulo mo...! ERNESTO.--Se ve a cien leguas! Me gan cinco mil francos durante el veraneo. Pero yo le haba ganado la hija. En cuanto l estuvo aqu de vuelta, fu a pedirle la mano de la seorita Lysiane. EL SEOR FROMENT.--Y se la concedera...? ERNESTO.--Al principio mostrse encantado: su hija lo haba presentido; tengo una fortuna muy saneada; no soy tonto, ni muy villano; no tengo pasiones; no bebo, y he procurado cuidadosamente evitar los amoros duraderos. EL SEOR FROMENT.--Vaya! El yerno soado...! Si yo tuviera una hija, se la concedera...! ERNESTO.--Es usted muy amable!... Tocaba ya al logro de mis deseos, cuando el seor Leplu quiso enterarse de mi situacin social. Yo tuve que confesarle que era hijo natural, no reconocido. EL SEOR FROMENT.--Ah..., ah...! ERNESTO.--Usted tambin dice Ah..., ah...! Lysiane estaba al corriente de este detalle y me haba manifestado que careca de importancia. Mi futuro suegro no tena la manga tan ancha; cuando ayer tuve que confesarle la irregularidad de mi nacimiento, se contrist. Qu gran contrariedad, amigo mo...! Nosotros pertenecemos a una familia burguesa ltimo refugio de los ms arcaicos principios. Aunque hubiera sido usted el hijo de un Durand o de un Dupont cualquiera, le habramos aceptado. Pero no puedo dar mi hija nica al hijo no reconocido de un desconocido. Lo lamento, porque me agradaba usted. Caramba...! No podra usted dar por ah con un padre legtimo? No debe ser difcil de encontrar, si se busca bien. En esto estaba esta maana, planeando mltiples combinaciones, cuando vino usted y me refiri su historia. EL SEOR FROMENT.--No veo la relacin...! ERNESTO.--S...! Va usted a verla...! Usted, seor duque, no tiene un cntimo; usted vive vegetando. Yo me brindo a salvarle, por lo menos provisionalmente...! Su nombre es soberbio...! Vndamelo...! EL SEOR FROMENT.--Usted tiene ganas de broma! ERNESTO.--Por qu...? Si yo no tengo padre, usted est sin hijo! No le propongo un negocio deshonroso; le pido solamente que me reconozca como hijo suyo. Y yo le ofrezco cien mil francos en dinero contante y sonante, adems de una renta vitalicia de seis mil francos. Pinselo...! EL SEOR FROMENT.--No! No quiero pensarlo...! ERNESTO.--No quiere usted...? EL SEOR FROMENT.--Lo acepto. Entierro al pobre viejo Froment, que da lecciones de _bridge_ para vivir, y torno a ser el hidalgo de siempre. (_Se yergue y adquiere en seguida una dignidad inesperada._) Qu debo hacer, querido hijo...? ERNESTO.--Vuelva en seguida, a las dos... Iremos juntos a casa de mi notario para redactar nuestros acuerdos. Luego nos trasladaremos a la alcalda del dcimo distrito, donde me reconocer usted. Por la noche, en fin, le presentar a la familia de mi novia... _Mientras habla, Ernesto acompaa al seor Froment hasta la puerta, donde se despide de l. En este momento, Chupin irrumpe en el despacho, aun ms borracho que antes._ ERNESTO (_furioso_).--Todava ests aqu, borrachn...? No te haba plantado en la calle...? CHUPIN.--Es posible! Pero vuelvo...! Y, adems, mira cmo me tratas... Ya no soy tu ayuda de cmara...! ERNESTO.--Entonces, qu eres...? CHUPIN.--Soy tu padre...! ERNESTO (_viendo las estrellas_).--Qu...? CHUPIN.--S...! Cuando me fu de aqu, cog a dos compaeros mos, el tabernero de la esquina y un _chauffeur_ de _taxi_, y los tres nos hemos ido a reconocerte a la alcalda del dcimo distrito. Aqu tienes la copia de tu partida de nacimiento...! Est en regla...! Ahora debes respetarme...! ERNESTO (_aplanado_).--Canallas...! VII CURSO DE BELLEZA _La seora Lenclos posee un Instituto de Belleza en una tiendecita muy blanca situada en un entresuelo de la calle de Galileo. Un amplio escaparate y una puerta exigua. En el escaparate, unos bustos de damas, hechos en cera, ofrecen un espectculo horripilante; porque las damas estn divididas en dos partes; la parte de la derecha muestra la vejez con todo su horror: arrugas, bolsas bajo los prpados, pellejos flotantes en la barbilla, tendones en el cuello, amarillez de la epidermis, cabellos blancos y pelos en la nariz y en las orejas. Es la mujer antes del tratamiento de la Lenclos...! La parte izquierda es fresca, juvenil y apetitosa... Nada de bolsas, sino cabellos de un rubio veneciano...! Labios arqueados...! Mejillas carnosas...! Sin embargo, estas cabezas causan la impresin de pertenecer a las malas pagadoras, que no saldaron el precio convenido de antemano y a las que dejaron a la mitad de su rejuvenecimiento. La anaquelera se compone de una profusin de tarritos, de frasquitos, de tiles y objetos extraos, de caretas de caucho, de brochas, de instrumentos de masaje, de vibradores elctricos, de esptulas, etc., etc. La tienda est dividida en seis departamentos. Una dama de aspecto muy juvenil est en el mostrador y comprueba las sumas de su libro Mayor._ _Entra un joven de unos veintids aos, vestido con esa elegancia, un poco oropelesca, de los cmicos que hacen el papel de Perdican en el Conservatorio. Dirgese rectamente al mostrador. Es el seor Beauvallon, primer premio de Comedia._ BEAUVALLON.--Buenos das, La Choute! LA CHOUTE (_alzando los ojos_).--Eres t, Beauvallon...? Qu te trae por aqu...? BEAUVALLON (_estrechndole la mano_).--Te vi esta maana en el Metro, y me dije: Atiza! Qu busca La Choute por estos sitios? Te segu a lo lejos y te vi entrar en esta tienda. Como tena prisa, no me acerqu a ti... Cumpl ya con mi obligacin--unas lecciones en este barrio--, y al regreso he entrado para darte los buenos das. LA CHOUTE (_disgustada_).--Eres muy atento...! Pero, ya que me has visto, vete... BEAUVALLON.--Qu desabrida eres...! As recibes a tu antiguo compaero, a tu interlocutor en La Caja Faur...! LA CHOUTE.--No tengo tiempo de charlar, amigo mo...! Vuelve ms tarde, a las seis, cuando est cerrada la tienda...! BEAUVALLON.--Jams...! Primeramente, cualquiera sabe dnde estar yo a las seis...! T, La Choute, no te portaste bien... Cuando abandonaste el Conservatorio, en el pasado ao, no nos dijiste tu direccin. Te busqu por todas partes, lo sabes...? LA CHOUTE (_divertida_).--Es posible...? BEAUVALLON.--De veras! Senta alguna ternura por ti. Habamos dormido juntos, y esto siempre crea ciertos lazos... LA CHOUTE.--Oh! Lo que es t...! Duermes con todo el mundo...! BEAUVALLON.--Es verdad...! Pero a ti estuve a punto de amarte...! Nada de guasa...! Cuando desapareciste sent algo parecido a un disgusto...! En primer lugar, t eras ms linda y ms joven que las otras... Tenas solamente veintitrs aos... LA CHOUTE.--Veintids...! BEAUVALLON.--Poseas los cabellos rubios ms hermosos del mundo... LA CHOUTE.--Y los sigo poseyendo... _Ella le tiende la cabeza, coronada por una soberbia cabellera de un rubio ceniciento._ BEAUVALLON.--Y tus dientes...? LA CHOUTE (_sonriendo_).--Completos...! Puedes comprobarlo...! BEAUVALLON.--Ah, picarona...! Ests todava ms bonita que el invierno pasado...! Y con tu fsico, con tu inteligencia y con tu hermosura tuviste valor para abandonar el teatro...! LA CHOUTE.--S...! Lo tuve...! Qu quieres...? Comprenda claramente que en l no llegara a ser nada...! No me gustaba el oficio, ni los compaeros; no se puede tomar mas que dos partidos: trabajar o prostituirse. A m no me gusta trabajar y soy demasiado burguesa para dedicarme a cortesana. Por eso me he lanzado al comercio...! BEAUVALLON.--Y has entrado en casa de la Ninon de Lenclos...! LA CHOUTE.--Mejor todava...! La seora de Lenclos soy yo...! BEAUVALLON (_estupefacto_).--Qu! T bromeas...! LA CHOUTE.--Cuando yo te lo digo...! Pero procura callrtelo, porque me arruinaras...! BEAUVALLON.--Vaya una historia...! LA CHOUTE.--Es un cuento de hadas, amigo mo! Aqu, donde t me ves, estoy en camino de hacer fortuna, por haberme encontrado hace seis meses a un viejo y canallesco nigromante, a un tipo astuto, a un hombre extraordinario... al profesor Blsamo...! BEAUVALLON.--Calla...! Yo conozco ese nombre...! LA CHOUTE.--No es profesor, y su verdadero nombre es el de Bouzigue...! No puedes imaginarte un viejo macaco semejante...! Si me dijeran que haba estado preso, no me asombrara. Ha hecho de todo...! Pues vers: volva yo de Saint-Germain, adonde haba ido para ver a mi ta Josette; subo a un coche del ferrocarril, donde se encontraba ya un seor anciano, bien portado, que tira su cigarro en cuanto me sinti. Esto me adula--lo comprendes?--y le digo: Oh, caballero...! Puede usted fumar... No me molesta...! Inciase la conversacin. Al cabo de cinco minutos le haba referido mi vida. BEAUVALLON.--Es una justicia que hay que hacerte...! T cuentas tu historia a todo el mundo...! LA CHOUTE.--Escuchme l con inters, y despus me dijo: Est usted perdiendo el tiempo, hija ma! Lo ms que lograr usted ser un primer accsit en el Conservatorio. Y a qu le conducir esto...? A representar el papel de Blanquita en provincias. Har usted tambin el de Margarita de Borgoa en Provenza y el de Mireya en el Languedoc. Ganar usted veinte luises por mes y los favores soberanos de los consejeros municipales, propuestos en Bellas Artes. Yo no le pido que sea mi querida. Le ofrezco dos mil francos mensuales, y hacemos un contrato por cinco aos. Trtase de un oficio fcil, honrado y horro de fatiga. Siete horas de presencia por da y mucha consideracin. Usted se limitar a explotar la estupidez de las mujeres, hermanas suyas... Y me explic su plan! Era maravilloso...! Tratbase de fundar un Instituto de Belleza, una tienda, en la que se vendera un montn de productos a base de nada, destinados a revocar las juventudes aniquiladas. Acept el trato; en ocho das, el viejo alquil una tienda--sta--, instal el almacn y principi una propaganda de todos los diablos. Habrs visto en todos los peridicos unos carteles enormes anunciando que Ninon de Lenclos rejuveneca a todas las viejas. Todo esto cost cerca de cien mil francos, hoy reembolsados ya. Ay, mi pobre Beauvallon...! Nosotros, comiquillos, que nos pintamos por la noche para complacer al cochino pblico, no somos mas que unos nios comparados con las damas del gran mundo, que se rehacen una belleza y una juventud en beneficio de sus galanes. No tienes una idea del nmero de criaturas que pasan diariamente por aqu, y a las que vendo, por diez francos, unos tarros de pomada que a nosotros nos cuestan cincuenta cntimos, comprendido el envase. El temor de envejecer...! Esto es terrible para las mujeres que no saben hacerse viejas...! Bah...! No hay sacerdote que haya odo las confesiones que yo escucho a diario en uno de estos compartimientos! Todas lanzan este grito de angustia: Prolngueme..., devulvame mi rostro de hace diez aos...! Aydeme a ser amada...! Mi corazn ha permanecido joven; pero mi cuerpo se aniquila. Dicen que posee usted secretos maravillosos...! Vndamelos...! Pagar todo lo que sea preciso... Y yo vendo esperanzas e ilusiones en frascos, en cajitas y en barras. Se lo llevan como pan bendito...! BEAUVALLON.--Y obtienes buenos resultados...? LA CHOUTE.--Desde luego...! Durante algunos das borro las arrugas, revoco las _fachadas_ y fabrico juventudes. Despus, la edad recobra sus derechos; la cliente vuelve. Qu demonio! Yo no puedo luchar mucho contra el tiempo. Llega siempre un momento en que las viejas son viejas. Cuanto ms se esfuerzan ellas por rejuvenecerse, ms envejecen. Si supieras, Beauvallon, las miserias de que soy confidente...! Hay mujeres cuyo cuerpo permanece joven y apetitoso, y de las que solamente se ve el rostro, que ya est feo. He aqu la injusticia de la suerte: el cuerpo y el semblante no se ponen de acuerdo para agostarse. El uno precede siempre al otro en la decrepitud. Te aseguro que mi oficio no tiene nada de alegre...! Desde hace poco comprendo que en el mundo no hay mas que un solo bien: la juventud. Tengo solamente veintitrs aos, y ya me asusta el ao prximo! BEAUVALLON.--Qu ganas de bromear! Con tu hermosura tan fresca...! LA CHOUTE.--Tienes razn, y, sin embargo, es algo ms fuerte que mi voluntad... Temo ser menos linda que ayer... No amo a nadie...! Hasta lamento haber amado a tontitos como t...! Era cansarse...! Me mustiaba! Ay! Ahora soy ms prudente... Me administro y me cuido mejor... Cuando sea rica, dentro de diez o de quince aos, me retirar. Comprar un hermoso castillo en Turena y har quitar de l todos los espejos. BEAUVALLON (_tierno_).--De todas formas, tendrs los ojos de tu amante para mirarte en ellos. LA CHOUTE.--Quita de ah...! De hoy en adelante no tendr ya enamorado. Temer deducir de su actitud los progresos de mi decadencia. El viejo hechicero ha envenenado mi dicha; sin embargo, me ha inspirado la desconfianza contra las drogas, los ungentos, los perfumes y los polvos: contra todo lo que vendo a mis infortunadas clientes. BEAUVALLON.--Sin embargo, en tu profesin debe de haber algunos minutos divertidos. LA CHOUTE.--Son raros, comprendes...? A cada consulta solicitada va unido un secreto doloroso, la confesin de una pasin. Por lo general, las mujeres no quieren ser bellas para ellas solas. Casi todas procuran embaucar a un amante ms joven que ellas o a un viejo que no ama mas que a las jvenes. Si oyeras lo que se dice en estos compartimientos! BEAUVALLON.--No deseo otra cosa...! LA CHOUTE.--No puedo violar el secreto profesional...! BEAUVALLON.--Ni siquiera para m...? LA CHOUTE.--Ni siquiera para ti. Y, adems, no tienes nada urgente que hacer...? Te conozco...! Deben esperarte...! BEAUVALLON.--Que me esperen...! Te lo ruego, La Choute...! Permteme asistir a una de tus consultas...! LA CHOUTE (_decidindose_).--Te juro, guapo destrozador de corazones, que ser una bonita leccin de cosas, de la que saldrs disgustado. En fin, puesto que lo deseas, no puedo negrtelo. En este preciso instante llega una cliente. Escndete en el compartimiento nmero uno, y, sobre todo, no te muevas...! _Introduce a Beauvallon en uno de los exiguos compartimientos, y corre las cortinillas de entrada. Aparece una dama muy elegante y bastante linda, con un rostro armnico, un poco cansado; es de las que adelgazan con la edad._ LA DAMA.--La seora Ninon de Lenclos...? LA CHOUTE.--Yo soy, seora...! LA DAMA (_asombrada_).--Pero... usted parece muy joven, seora...! LA CHOUTE (_grave_).--Qu edad cree usted que tengo? LA DAMA.--Bah! Lo ms, veinticinco aos...! LA CHOUTE.--Muchas gracias...! Tengo cincuenta y cinco! LA DAMA (_estupefacta_).--Imposible...! LA CHOUTE (_sacando un papel de un cajn_).--Aqu est mi partida de nacimiento...! Enriqueta Brezaillon, nacida en mil ochocientos sesenta y cuatro. LA DAMA.--Pues se conserva usted admirablemente! LA CHOUTE.--La mujer que no quiere envejecer, no envejece. Aqu donde usted me ve, tengo una hija de treinta y dos aos y un hijo capitn. Mire sus retratos...! (_Abre un medalln._) Sin embargo, tengo un vientre aplastado y liso como el de una joven. Si usted lo desea, se lo ensear...! LA DAMA.--Es sorprendente...! Dadas estas condiciones, no vacilo en confiarme a los cuidados de una persona tan experta. Y sus cabellos...? Son soberbios...! LA CHOUTE.--Gracias a un tratamiento especial! Estaba amenazada de calvicie completa; un mdico--el nuestro--me ha reimplantado, uno a uno, veinticinco mil cabellos. LA DAMA.--Y... los dientes...? LA CHOUTE.--Ni uno es mo...! Es una maravilla de la prtesis. Haga el favor de pasar a este gabinete. Charlaremos. (_Introduce a la dama en uno de los compartimientos y corre las cortinillas._) Ahora, qu desea usted de m...? LA DAMA (_quitndose el velo_).--En primer lugar, he aqu mi rostro... LA CHOUTE (_admirativa_).--Qu hermosa ha debido usted de ser, seora...! LA DAMA (_amargamente_).--S! Fu muy bella, y entonces me daba lo mismo. No conoca mi riqueza...! Ser bella para su marido es como si una no lo fuera... Cierto que yo me enorgulleca con mi lnea y con mi rostro; durante mucho tiempo gust la envidia de las mujeres. Este placer harta pronto. Pasaron los aos y me enga mi marido. Esto me puso en guardia; pero, en fin de cuentas, no me importaba tres cominos. Hace algunos meses me aficion de nuevo a la coquetera; ambame uno, y yo tambin le amaba. Entonces fu cuando descubr la verdad: no era ya tan bella. Evidentemente, con los trampantojos ordinarios de la toaleta todava causaba cierto efecto a la luz artificial. De regreso en mi casa, hallbame cara a cara con la verdad. Esto es, por otra parte, lo que me ha impedido hasta ahora engaar a mi marido, porque en amor hay que pagar al contado. Qu pensara el que me adora si me viera tal como soy...? Huira de m, despus de una hora de embriaguez, y no le vera ms...! Me causa horror pensarlo...! Deme usted un ao de juventud...! Mire... Deme usted solamente seis meses...! Tenga yo durante seis meses el rostro y el cuerpo que tuve antiguamente...! Y despus, Dios mo...? Despus... me resignar...! LA CHOUTE.--No, seora! No se resignar usted. Y har bien...! Yo no le conceder un ao de juventud, sino diez... Pero le advierto que esto resulta caro...! LA DAMA.--No reparo en dinero! LA CHOUTE.--Y sepa que ciertos mtodos son bastante dolorosos... LA DAMA.--Ah! LA CHOUTE.--Mire... Para poner tersa la piel, tenemos el tratamiento del doctor Sabio. Consiste en una aplicacin de lquido corrosivo, a base de iodo, que consume los tejidos superficiales hasta dejar al descubierto la primitiva piel. Son tres semanas de torturas; pero en seguida encuntrase usted con una piel de jovencita. LA DAMA.--Est bien! Conformes...! Y para el rostro...? LA CHOUTE.--Djeme que la mire...! Ah, s...! Tenemos tres tratamientos. Primeramente, el masaje; ste es bueno, pero no resulta eficaz mas que para un da. Al menor cansancio, las arrugas reaparecen al instante. Tenemos despus la pasta de los Nabis; sta se la aplica usted por la noche con la careta especial. Es una pasta a base de plantas astringentes, que estiran y ponen tersa la piel. Pero hay que aplicrsela todos los das. Tenemos, por ltimo, las inyecciones de parafina, que hinchan el rostro; es bastante doloroso: debe usted permanecer durante un mes en un lugar apartado, mientras es absorbida la parafina. LA DAMA.--Pero lo que usted me propone son suplicios chinos...! LA CHOUTE.--Para estar hermosa hay que sufrir. Adems, todo lo que le ofrezco no tiene sino una eficacia pasajera. Slo hay un tratamiento duradero...! Y ste es... el tratamiento quirrgico...! LA DAMA (_espantada_).--Qu...? Quiere usted que recurra al cirujano...? LA CHOUTE.--Es preciso...! Para las arrugas de la frente, el cirujano le har a usted ah, bajo los cabellos, a derecha e izquierda, dos incisiones, cortar dos pedazos de piel y coser; para las arrugas del cuello, le har otras incisiones detrs de las orejas. LA DAMA (_aterrorizada_).--Calle..., calle...! LA CHOUTE.--Quiere usted ser amada, seora...? Entonces, somtase a lo inevitable...! De lo contrario, djese dominar por la vejez...! LA DAMA.--No..., no...! No me abandone usted, seora...! Lo que me inquieta no es solamente el rostro, sino el cuerpo. Quise adelgazar, y mi pecho, demasiado voluminoso, se convirti... _El resto de la confesin se pierde en el odo complaciente de La Choute; la dama, orgullosa, se muestra desde los pies a la cabeza. No es solamente el pecho el que se le cae. Es el vientre en forma de persiana, son los muslos descarnados, las manos que se manchan de herrumbre y los pies que se deforman. La Choute toma notas, y, cuando ha concludo, manifiesta que todo esto puede repararse._ LA DAMA (_despidindose, llena de esperanza_).--Me enviar usted discretamente todos sus productos, verdad...? LA CHOUTE.--Descuide usted...! Se los llevar yo misma y le indicar la manera de usarlos...! La acompaar tambin a casa del doctor Blsamo, nuestro cirujano. Y no tema usted nada...! Fuera de m, nadie conocer su secreto...! _La dama torna a ponerse su tupido velo, y se marcha._ LA CHOUTE (_soltando a Beauvallon_).--Qu, amigo mo...? Oste...? BEAUVALLON (_plido_).--Todo...! Es horrible...! LA CHOUTE (_riendo_).--Bah...! Y a ti qu te importa...? BEAUVALLON.--Desgraciada...! El enamorado de esa dama, el enamorado para quien ella quiere rejuvenecer... soy yo...! LA CHOUTE.--Imposible...! BEAUVALLON.--Y yo estaba loco por esa mujer...! Despus de lo que s, no la ver ms...! LA CHOUTE.--Quia, amigo mo...! Djate de historias...! No vas a quitarme una cliente de treinta mil francos...! VIII CURSO DE COCINA _El joven Lionel Musot vive en un piso bajo del nmero 152 de la calle de Copenhague. Es uno de esos reducidos departamentos llamados cuartos de soltero porque en ellos no se recibe ms que a muchachas. Este joven, descolorido, imberbe y peinado untuosamente, posee la gentileza usual en cualquier otro de su especie; es deplorablemente rubio y delgado; sus ojos, de un azul de porcelana, tienen una expresin desabrida, que equivale a falta de expresin. Mustrase muy agitado; va desde la alcoba al saln, desde el saln a la cocina, donde todo est preparado para el te, y desde la cocina al recibimiento. Est soberbiamente vestido con un pijama de seda azul, que pondra en peligro las mejores digestiones. Habla consigo mismo, como suele hacerse en las obras del antiguo repertorio._ LIONEL (_furioso, en la cocina_).--El agua hierve...! Har el te...? Pero si lo hago antes de tiempo resultar muy fuerte y me ver precisado a bebrmelo, en el caso de que ella no viniera... Aborrezco el te fuerte...! Me queda el recurso de no beberlo y de tirarlo sobre la piedra del fregadero. S; pero tendr que comerme las pastas. O regalrselas a la portera, a la que odio...! (_Dirigindose a un pblico imaginario._) Seoras y caballeros...! Hace dos meses que dedico a una mujer casada de la alta sociedad, a la seora Line Bisou, un culto apasionado; supe ser tan tierno, tan respetuoso y, al mismo tiempo, tan atrevido, que esta Line cedi a mis splicas, subrayadas con gestos decisivos. Hace un mes que se me entreg en este pisito bajo...! Line no tuvo motivos para quedar descontenta del ensayo, porque me otorg una cita en este modesto palacio para la semana siguiente. Line no acudi, seoras y caballeros; en honor suyo haba perdido una clase de Trigonometra. (_Cantando._) No! Esto no es un sacrificio...!, como dicen en el _Alcestes_, de Gluck. No es un sacrificio, porque s que en el examen de fin de ao me calabacearn y, por tanto, juzgo intil estropearme las meninges estudiando Trigonometra, en la que no sobresaldr nunca. A la semana siguiente, Line me jur con todas las veras de su alma que sera puntual a la nueva cita. Perd una clase ms; compr pastas; hice un te mediano, lo confieso!, y ella no vino... Tampoco vino a la otra semana. Estamos en el cuarto lunes, y ya vern ustedes cmo brillar siempre por su ausencia. Hace un momento llamaron a la puerta de entrada; corr, con el corazn trmulo de alegra, y estuve a punto de abrazar al hombre que vena para ver el contador del gas... Dentro de una hora volvern a llamar y recibir a un chico de telgrafos, que me entregar un despacho, siempre igual: Imposible acudir tan pronto. Descorazonada. Ven a comer el jueves. Ternezas. _Line._ (_Campanillazo._) Ah! Llaman a la verja del parque... Probablemente es el chico de telgrafos, que avisa desde fuera... _Se decide por fin a abrir; una dama, con un velo muy tupido, penetra vivamente en el recibimiento._ LINE (_porque es ella_).--Hay que ver, amor mo...! Cunto tardas en abrir...! LIONEL (_avergonzado_).--Cre que era el chico de telgrafos...! (_Estrechndola contra sus brazos._) Ay, amada ma...! Ay, amada ma...! LINE.--Espera...! En primer lugar, me ahogas...! Y, adems, me metes el velo en la boca...! Deja que me quite el sombrero...! LIONEL.--Alivia..., alivia...! LINE.--Lo sabes...? No me quito mas que esto... Tengo mucha prisa...! No puedo dedicarte mas que media hora...! LIONEL.--Eso se dice...! LINE.--Cmo eso se dice...? No sueltes tonteras, querido mo. Tengo que estar de regreso en mi casa a las siete y media, y son las cinco. Y debo pasar por casa de mi cuada para preparar la coartada...! LIONEL (_furioso_).--Quisiera que tu cuada estuviera casada con un mono y maldigo su posteridad hasta la sexta generacin! LINE (_que se ha quitado el sombrero y la capa_).--Mi cuada no tiene hijos. Dime... Qu te parece mi vestido...? LIONEL.--Es muy bonito...! Y me parecer todava ms bonito cuando te lo hayas quitado...! (_Se lanza sobre el corpio y lo desabrocha._) LINE.--No...! No...! Nada de tonteras...! Se abrocha por detrs, y luego cuesta mucho tiempo ponrselo otra vez... (_Lionel no escucha nada y le quita el corpio como quien despelleja una anguila._) Oh...! Qu bobo eres...! Ahora tengo que quitarme el vestido...! Aguarda un momentito...! Dame primero el te...! LIONEL.--Tienes mucho inters en tomarlo...? LINE.--No puedo pasarme sin el te. Ni siquiera durante la guerra carec nunca de te! LIONEL (_desapareciendo en la cocina_).--Eres una mujer muy metdica! LINE (_dirigindose a los bastidores_).--Hazlo bien, eh...? Una cucharada para la tetera y una cucharada para cada persona. LIONEL (_en lo hondo de la cocina_).--Ya lo s...! Atiza...! Se ha salido el agua y se ha apagado el gas...! LINE.--Alivia...! Me muero de sed...! LIONEL.--Ya est...! (_Reapareciendo con una bandeja._) La seora est servida...! LINE (_sentndose_).--Dios mo! Cmo me divierte tomar el te as... desnuda...! Son las alegras del adulterio...! Un terrn de azcar nada ms...! A ver las pastas...! Ah! Hay golosinas de las que a m me gustan...! Y tartas alsacianas...! Eres una delicia...! No me despeines...! LIONEL.--Bebe ligera...! Si t tienes sed, yo tengo hambre! LINE.--Espera un minuto, qu diablo...! Cada cosa en su tiempo...! No me preguntas por qu estoy este da en tu casa...? LIONEL.--No...! Lo importante es que ests en ella...! Haz el favor de beber...! LINE.--Primero tengo que contarte... Figrate que mi marido est celoso...! LIONEL.--Me da lo mismo...! Lo matar...! LINE.--No lo matars...! No est celoso de ti. Por el contrario, te quiere mucho y dice: El pequeo Lionel es muy agradable, est muy bien educado y no hace la corte a las mujeres casadas...! LIONEL (_molesto_).--Me cree un calabacn, no es eso...? LINE.--A ver si le vas a guardar rencor por eso...! Sospecha del mayor Wetherley, un norteamericano que me trae frita, y est convencido de que este yanqui tiene suerte con las mujeres. Por esta causa, monn, he estado un mes sin poderte cumplir mi palabra. Mi marido me acompaaba a todas partes, hasta a las tiendas, a pesar de que los maridos las aborrecen. El mayor regres ya a Amrica; pero mi querido esposo le haba tomado el gusto a mi compaa y no haba manera de librarse de l... LIONEL.--Ya lo he notado...! LINE.--Pareca que lo haca a propsito. Siempre que tena que venir a verte e invocaba todos los pretextos, Exposicin de pintura, conciertos de msica moderna y obras de caridad, me deca: Voy contigo...! Y, como comprenders, no poda traerlo aqu...! LIONEL (_sombro_).--Lo habra matado...! LINE.--Habras hecho mal...! Ya no se estila eso...! Entonces, ayer tuve una inspiracin genial... La comida era detestable... Y, ya ves!, fu preciso despedir a mi cocinera Gertrudis... LIONEL.--Es lstima. Se coma tan bien en tu casa...! LINE.--Pues en lo sucesivo, amor mo, comers muy mal. Gertrudis me robaba como un mercachifle, sin disimularlo siquiera; la he sustitudo, porque he encontrado a una maritornes de Caen que nos envenena con sus inmundas bazofias. Ayer mismo, Gustavo se puso loco de clera. De manera que en esta casa no se puede comer como es debido...? Nos dejas envenenar... No hay ms remedio que recurrir al restaurante... etctera, etctera. Yo cog la ocasin por el cabello y le dije: Tienes mucha razn, amigo mo. Pero la sustituta de Gertrudis est llena de buena voluntad, y si tomamos otra sera tan ignorante o tal vez menos dispuesta que sta. Conservemos y enseemos a esta idiota que tenemos. Yo me encargo de convertirla en una cocinera modelo. Pero para ello es preciso que la lleve al curso de Cocina. Mi esposo reflexion y pens: Puedo dejarla bajo la vigilancia de su cocinera! Mi honor est seguro...! Y me permiti salir con ella. Aqu, donde me ves, vengo del curso de Cocina...! LIONEL (_estupefacto_).--Pobrecilla querida ma...! Te has impuesto este suplicio...? LINE.--No es un suplicio. Es, por el contrario, una cosa muy divertida. Figrate una gran cocina, instalada en un piso bajo de la calle de La Boetie... Unos hornos soberbios; delante de ellos, una amplia mesa con legumbres preparadas, cacerolas, manteca, etctera. Delante de la mesa, unas sillas, donde estn instaladas unas seoras con sus cocineras; hay all tambin jvenes estudiosos con las manos sucias. Entre la mesa y el horno, un gran sacerdote, cubierto con una tortada blanca y rodeado de sus vicarios, tocados igualmente con tortadas. Es el maestro un afamado cocinero... Y hay que ver lo grave y serio que se pone...! No bromea...! Oficia...! A la apertura del curso, hizo su entrada seguido de sus ayudantes; salud, y, sin decir una sola palabra, comprob el calor del horno; luego volvise hacia nosotros y, apoyando las manos en la tribuna, es decir, sobre la mesa, principi: Seoras y seores: hoy vamos a estudiar el pollo a la Trevoux. Este plato fu descubierto por el famoso Birochon, en mil setecientos ochenta y dos; esta lumbrera de la Cocina francesa estuvo al servicio del duque de Brunswick... LIONEL (_que piensa en otra cosa_).--Es curioso...! Pero, Line, nosotros tenemos que preocuparnos de algo distinto... LINE.--Un instante...! Hasta que acabe mi pastel... Qu impaciente eres....! Por ti fu yo all...! LIONEL (_suplicante_).--Line, por lo que ms quieras...! Que se va el tiempo...! LINE.--No tienes idea de lo que se necesita para fabricar el pollo a la Trevoux... Un montn de cosas...! Coges un pollo, le quitas los huesos... LIONEL (_decidindose_).--T eres mi pollito...! Yo no te quitar los huesos...! _La coge en brazos y se la lleva a viva fuerza. Sigamos! (Despus de todo, esto no le importa a nadie mas que a ellos.) Al cabo de un tiempo incierto, Line despierta. Tambin Lionel sale de su embotamiento._ LINE (_estirndose_).--Ay, querido mo...! LIONEL.--Gatita ma...! Mi comadreja...! Mi conejito...! LINE.--Calla...! Yo conozco eso...! Eso es de La Fontaine...! LIONEL.--S; el fabulista hall todos los bonitos nombres de amor que se toman prestados de los animales... LINE.--Oye...! Me parece que es ya el oporto menos cinco. LIONEL (_saltando al suelo y ponindose el pijama_).--El oporto de la seora se ha adelantado...! (_Corre a un velador y trae dos vasos y una botella._) LINE.--Muy poco...! Medio vaso...! Prefiero tomar cuatro medios vasos a tomar uno lleno. Dios mo, que hambre tengo...! LIONEL.--Todava quedan pastelillos...! LINE.--Gracias...! Hazte cargo...! Este curso de Cocina me haba dejado vaca. Porque todava no te he contado cmo se fabrica el pollo a la Trevoux... Es delicioso...! Segn te iba diciendo, coges tu pollo y le quitas los huesos... Haz el favor de tener las manos quietas...! LIONEL.--Y qu ms...? LINE.--Lo recoses despus de haberlo rellenado con un picadillo de tocino de pecho, en pedacitos, con menudillos, setas, trufas, unos trozos de naranja, una pizca de perejil y la carne machacada de dos pajarillos. Haces cocer tu pollo, en un hornillo econmico, suavemente. LIONEL.--Y despus te lo comes...! LINE.--Todava no...! El pollo no es nada...! La salsa es todo...! LIONEL.--Lo sospechaba...! LINE.--Antes has hecho un buen caldo de pollo. LIONEL.--Con otro pollo...? LINE.--Naturalmente...! Das ste a la cocina; no has guardado de l mas que los menudillos para aumentar el relleno del pollo nmero uno. El maestro nos ha recomendado mucho que pongamos toda nuestra atencin en este caldo... Y ahora resulta que ya no me acuerdo...! Qu coraje...! Quera prepararte este plato para el jueves...! LIONEL.--Es verdad...! El jueves como con tu marido! LINE.--Bah! No pongas esa cara tan seria. No te van a envenenar...! Y, adems, me divertir saborear contigo un plato del que hemos hablado en circunstancias tan particulares... Espero que mi cocinera recordar la manera de hacer la salsa. LIONEL.--Yo tambin lo espero. Tu famoso plato va a resultar incomestible...! LINE.--Te chupars los dedos y pensars: Mi querida estaba en camisa. Cunto nos habamos amado...! Y este severo seor no sospecha nada...! LIONEL.--Eres sdica...! LINE.--Vamos a ver... Ya deben ser cerca de las siete...! Tengo que vestirme... Vuelve para ac el reloj de viaje...! LIONEL (_obedeciendo y ensendole la esfera del mencionado reloj_).--Mira... LINE (_brincando_).--Qu? Son las ocho menos diez...! Y no estoy vestida...! Y qu voy yo a decir, Dios mo...? _Se lanza sobre su cinturn, se sujeta las medias y se pone sus zapatitos murmurando injurias dirigidas contra las personas egostas, que pierden la nocin del tiempo._ LIONEL (_compasivo_).--Qu quieres que le haga...? Era tan dichoso...! LINE.--No digas una sola palabra...! Te mordera...! Me siento furiosa...! Y habrs adelantado mucho...! Mi marido ser vctima otra vez de una crisis de celos, no me dejar ya salir sola y yo no podr explicarte el pollo a la Machin! LIONEL (_contrito_).--Line...! Lineta ma...! LINE.--Tu Lineta est que echa espuma... Dame el corpio y procura abrochrmelo ligero... lo oyes? LIONEL (_muy humilde_).--Ya..., ya est...! LINE (_peinndose_).--Ea! Ya no tengo aspecto de mujer adltera, verdad? LIONEL.--No mucho...! Unicamente los ojos...! LINE.--Los ojos no tienen importancia...! Con tal de que encuentre un _taxi_...! Oh, San Antonio de Padua...! T, que lo encuentras todo, encuntrame tambin un _taxi_...! LIONEL.--Se lo dir a la portera...! LINE.--No..., no...! No hay tiempo...! Hasta el lunes, querido mo...! Estudiaremos la codorniz sobre el canap. IX CURSO DE DECORADO _La seora Lucy Mers ha venido en limosina con su amiga y directora de riqueza, la condesa Rabat, a visitar la instalacin modelo de la seora Maschine, en la calle de Castiglione. Hace cuatro aos, la seora Lucy estaba encargada de la seccin de nios en las Galeras Roosevelt. All fue distinguida por el seor Hiplito Mers, que acababa de ganar muchos millones fabricando vaca en conserva con atn a la marinera. La seora Lucy comprendi en seguida los deberes que le impona su condicin de esposa legtima de un notable comerciante, y se procur la competencia de la condesa Rabat, que no est en la primera juventud; pero que se arruin a fuerza de proteger las letras y las artes y de subvencionar a los artistas. En el vestbulo, la condesa da las ltimas instrucciones a su discpula._ LA CONDESA.--Usted, querida ma, desea amueblar su palacio; hubiera podido llevarla a casa de algn afamado tapicero, que le habra proporcionado un decorado cualquiera; usted hubiera tenido ese interior banal que se ve en casa de todos los nuevos ricos. Yo he preferido traerla a casa de la seora Maschine. LUCY.--Quin es sta...? Una tapicera...? LA CONDESA.--Quia! No...! Es una mujer de la mejor sociedad. Es la viuda del clebre barn ruso Maschine, que fu muerto en Petrogrado cuando la primera revolucin. El barn, que haba sido locamente rico, habase arruinado, en parte, por satisfacer los gustos dispensiosos de su esposa; cuando muri, mi amiga Maschine descubri sbitamente su pobreza. Como era muy linda... LUCY (_acabando la frase_).--Se dedic a la vida alegre...? LA CONDESA.--Se equivoca usted! Era una mujer honrada en toda la extensin de la palabra...! Tom un amante; pero, al mismo tiempo, tom un oficio que no lo pareca. Como era muy artista, hzose de improviso profesora de decorado prctico. Va usted a serle presentada, porque le he pedido una cita y nos espera. Ya ver usted...! Es una mujer exquisita...! Subimos...? _Las damas toman el ascensor, que las lleva hasta el primer piso. La condesa llama; se abre una puerta; un lacayo muy correcto introduce a estas damas en un saln y poco despus aparece la seora Maschine. Es una mujer joven, alta, delgada y de una belleza soberana; luce un vestido de interior muy modesto, pero de una elegancia discreta. Presentaciones._ LA SEORA MASCHINE.--Encantada de conocerla, seora...! La seora condesa Rabat me ha dicho que deseaba usted consultarme... LUCY.--S, seora. Se trata de esto: yo soy... es decir era... (_Decidindose._) Mire... Prefiero decrselo todo en seguida, porque usted acabara por comprenderlo, si es que ya no lo sabe. Soy una nueva rica...! LA SEORA MASCHINE (_sonriente_).--No hay ningn mal en ello, seora...! Hasta hay cierto buen tono en confesarlo...! LUCY.--Es usted muy amable; me siento ms a gusto para hablarle. No voy a decirle que el dinero me desagrada. No! Pero el dinero no es todo para m. Quiero ser feliz antes que nada. No le ocultar que hace poco tiempo era una seorita de almacn y no pensaba que algn da sera una dama del gran mundo como usted y como la condesa: venda trajecitos para muchachos. Cierto da pasa a mi seccin un caballero alto, bastante joven, buen mozo, moreno, como los que se ven en los cinemas. Pnese a regatear un marinero de setenta y dos francos con noventa y cinco cntimos. Al instante vi que no vena por el marinero, sino por la que lo venda. Me miraba, me miraba...! Bueno...! Cogi su marinero y se march. Al da siguiente volvi y me compr otro marinero. Charlamos; era muy amable; le confieso que me gustaba mucho. He aqu que, a los tres das, vuelve y me compra el tercer marinero! Esto principia a inquietarme. Me muestro ms reservada y l no se desanima. Todos los das, a la misma hora, se presentaba y me compraba el mismo trajecito. Al cabo de tres semanas conclu por decirle: Qu piensa usted hacer con todos estos marineros? Entonces l me mir con una expresin que no olvidar nunca: Es para vestir a nuestros hijos, seorita...! LA SEORA MASCHINE.--Como declaracin, resulta bastante original...! LUCY.--Va usted a ver...! Es un cuento de hadas...! Figrese lo sorprendida que me quedara...! El mostrse muy _chic_ y no me propuso nada vergonzoso. Me dijo que me amaba y que haba resuelto casarse conmigo. Quiere usted ser mi mujer...? Yo no saba qu contestarle; arrugaba mi vigsimoquinto marinero; al fin, recobr la sangre fra. Segn y cmo!, le dije. Tiene usted algn oficio...? No se preocupe; tengo una profesin bastante lucrativa. Lo importante es que yo no le desagrade! Me dej caer sobre una silla, me puse a sollozar y me enjugaba los ojos con el marinero. Aquella misma noche, el seor Mers vena a buscarme a la salida del almacn con su auto, me llevaba a nuestra casa y peda mi mano a pap, que estuvo a punto de caer enfermo por la impresin. Ya ve usted...! Un yerno que tena quince millones! El pobre pap no volva de su asombro...! LA SEORA MASCHINE.--Esto no ocurre mas que en el cinema...! LUCY.--Nos casamos a escape y desde entonces vivo en un sueo. Tengo todo lo que quiero. Cuando salimos juntos, no me atrevo a mirar a las tiendas. Me lo comprara todo...! LA SEORA MASCHINE.--Tranquilcese..,! Esto no durar mucho... LUCY.--Al contrario...! Quiero que dure... Y no por los regalos...! Es que cuando se puede tener todo ya no se desea nada. Deseo que me ame porque yo le har agradable la vida. Y, para que se sienta satisfecho en su casa, es preciso que tenga una casa satisfactoria. Hemos comprado un pequeo palacio en la calle de la Faisanderie, y me ha confiado el cuidado de arreglarlo. Si lo logro, se quedar encantado. Haga todo lo posible por que yo lo consiga; esto depende de usted. Soy muy ignorante; pero no tengo nada de tonta, y con algunos consejos saldr bien de este asunto. LA SEORA MASCHINE.--No lo dudo. Voy a darle la primera leccin... La habitacin ms importante... LUCY (_aturdida_).--Es la alcoba...? LA SEORA MASCHINE.--Eso es...! Voy a ensearle una. Sgame...! (_Conduce a las damas a una habitacin muy clara._) Aqu est! Usted ha elegido la habitacin mejor situada, aquella donde entre el sol de la maana. Una cortina muy sencilla, sin ramajes ni chineras, de un tono neutro. LUCY.--Y por qu sin ramajes...! LA SEORA MASCHINE.--Porque stos llegan a ser una obsesin. Siempre siente una la tentacin de contarlos. Para un hombre de negocios no conviene nada que fije su atencin. Su marido debe dejarse imponer el reposo. Sobre todo, nada de armario de luna, ni de muebles altos. Esto abruma. Tampoco habr en ella cuadros; grabados muy plidos y muy dulces, que no se destaquen demasiado. El espejo de la chimenea debe ser pequeo y embutido en un marco de madera apenas ornamentada. Prescinda usted del reflector suspenso del techo; nada entristece tanto una habitacin como la luz que cae desde lo alto. Adems, esto suprime toda intimidad. No debe haber ms que brazos fijos en la chimenea y lmparas, cuyo brillo ser tamizado por gasas para que no hagan dao a la vista. La alfombra ser muy recia y de un matiz uniforme. Arrojar usted de all los divanes y las _chaises longues_, donde se sienten tentaciones de echarse, en tanto que el lecho espera. Y llegamos a la cama; aqu ha de poner usted toda su atencin. Nada de cama de cobre, verdad...? Se parece a un instrumento de suplicio dorado y resplandeciente. No caiga en el exceso contrario; aborrezco los grandes monumentos de encajes, adornados con doseles del siglo XVIII, que se llenan de polvo y atraen los mosquitos. Resulta pretencioso y se siente una ahogada entre ello. Parece que usted representa El sueo de la desposada, y esto tiene algn sabor pueblerino. Necesita una bonita cama baja, muy preciosamente esculpida, con el tablero de los pies sobrepasando apenas el colchn, y con el de la cabecera sobrepasando apenas las almohadas; es indispensable una lamparilla encima de la cabeza; ella le permitir entrever el espectculo de su alegra. Si el seor quiere leer, tendr una luz sobre la mesita colocada a su lado... LUCY.--Oh! No lee, porque yo no le dejo tiempo para ello...! LA SEORA MASCHINE.--Muy bien! Sin embargo, conviene prevenirlo todo. Tendr usted tambin su lucecita encima de la mesa; si el seor lee, usted aparentar igualmente que lee, y l no leer ya. Pasemos al _sommier_; eljalo un poco duro, de fabricacin inglesa. A un marido joven deben repugnarle los lechos demasiado blandos, que adormecen el deseo. Pero ponga todo su cuidado en el colchn, que encargar usted muy recio: as se forma un hoyo y, a pesar suyo, a despecho de los disgustillos pasajeros, los cuerpos se renen en sueos y se perdonan. Le enseo este pequeo truco; es infalible, y prepara un despertar conciliador. LUCY.--No est mal...! LA SEORA MASCHINE.--Una recomendacin: procure no amueblar ninguna habitacin con arreglo a un estilo determinado. Esto ya no se lleva...! Conserve una general armona. El estilo de nuestra poca encierra todos los estilos, todas las caractersticas de las pocas precedentes y todos los exotismos, y, sin embargo, le desafo a que lo formule. En l se mezcla y se armoniza todo; tiene usted estilo Luis XVI y estilo Directorio, que no se espantan de verse juntos. Todo esto, unido, acaba por formar cierto estilo Clemenceau... Ahora vamos a visitar el comedor... Vengan ustedes...! (_Van al comedor._) LUCY.--Qu...? Pero se come ah dentro...? Si parece un tocador...! LA SEORA MASCHINE.--Y lo es...! A qu obedece esa estpida costumbre que nos obliga a ocupar una habitacin solamente con las comidas...? Consagra usted una hora al desayuno y otra a la comida... Y necesita usted una mesa especial para esto...? Tiene usted unos aparadores para poner de manifiesto en ellos la plata de familia...? Puf...! Estas son costumbres de advenedizos. Que la plata no se vea demasiado en el servicio de usted...! Que no se emplee mas que en la presentacin de los platos calientes...! La plata es un metal vulgar. La plata sobredorada es un metal bastardo, que no tiene el valor de su opinin. El oro es el emblema de la estupidez triunfante. Forme usted su vajilla con porcelanas raras y con fayenzas curiosas. LUCY.--Pero yo no veo mesa alguna en este comedor...! LA SEORA MASCHINE.--Las mesas estn en la repostera; se traen en el ltimo momento; son tres o cuatro mesas especiales, que los criados ponen y quitan cuando se van los seores... Detrs de estos tableros se ocultan los estantes de una biblioteca, y detrs de estos otros encontrar usted toda clase de juegos. En la sociedad de usted, la gente tiene aficin a jugar. En algunos minutos, mientras sus invitados saborean el caf en el saln, esta estancia se convierte en sala de juego y en fumadero. Se imponen, pues, unos altos cimacios de nogal claro, decoracin de madera, en que los muebles y los divanes se armonicen con la pared. Alumbrado mediante enchufes situados junto al suelo. Tenga usted brazos de mucha luz sobre su mesa; ponga en ella un centro muy bajo, que no haga penosa la conversacin. En los rincones mandar usted colocar unos fanales de cristal sujetos en aros de madera. Nada de sirvientes; las viandas llegan desde la repostera, lo mismo que los platos. No tolere usted que se imponga a sus convidados el aderezo de los manjares, ni el ruido de la vajilla. Que los criados de usted no confen al odo de sus huspedes la genealoga ni la partida de nacimiento de los vinos preciosos que ellos les sirvan. Esta antigua costumbre constituye un desafo para las apreciaciones de los buenos catadores que usted reciba. LUCY.--Comprendido...! Adnde vamos ahora...? LA SEORA MASCHINE.--Al saln. Esta es la habitacin menos interesante, porque usted no vive en ella. Aqu puede colocar los cuadros de los maestros y los _bibelots_. Convendr que se procure usted una coleccin de cualquier cosa: una coleccin de campanillas antiguas, o unas vitrinas llenas de sajonias autnticas. Estas cosas son motivos de conversacin. Pondr usted un gran espejo encima de la chimenea: ste permite a las personas notables que se miren al hablar, y a las damas, que vean cmo estn los pliegues de sus vestidos, sus semblantes y sus peinados. Muchas sillitas bajas, esparcidas ac y all, sin orden aparente; varias mesitas. En uno de los rincones, la _mise en scne_ necesaria; un pequeo _bureau_, en el que pensarn que escribe usted. En el rincn opuesto, un piano, donde el compositor parsito le tocar algo de Schumann, que l interpreta como nadie en el mundo!. LUCY (_tmida_).--Yo pensaba en recepciones alegres, en tes-tango...! LA SEORA MASCHINE.--Est usted un poco retrasada en cuestin de modas...! Ya no se piensa en bailar; cuando alguien tiene mucho empeo en hacerlo, se va a retozar a cualquier establecimiento de baile. Los tes-tango disgustan a los maridos y turban la paz de un hogar. Por otra parte, usted no utilizar el saln mas que para pasar por l. De esta manera podr lucir en l todos los tapices de la Savonnerie y todos los Beauvais. Antiguamente, esta habitacin tena una razn de ser, en el tiempo en que la conversacin era un deporte. Ahora no se habla mas que en la mesa y en seguida se juega. El ingenio de saln desapareci con la seora Aubernon de Nerville y con la seora de Loynes. Ya no subsiste mas que el ingenio del crculo y el del caf. No se tiene tiempo de chismorrear; los peridicos han matado el arte de la maledicencia elegante. El saln no es mas que el paso de una comida a una mesa de _poker_, del apetito a la digestin. Qu siglo tan triste...! LUCY.--Le queda por ensearme una habitacin: el tocador. LA SEORA MASCHINE.--Lo dejaba para lo ltimo. (_Nuevo viaje; entran en una amplia sala, muy alegre._) Aqu est el santuario! El lugar donde pasar usted la mitad del da...! En cuanto despierte, correr usted a retocar su belleza. Pasemos por alto el bao y no nos fijemos en los aparatos para la ducha; esto ya se lo vendern. Sin embargo, observe que el bao, muy hondo, est enterrado hasta la mitad en el suelo. Puede usted sentarse en l; una sillita est instalada en uno de sus extremos. Aqu tenemos el robusto tubo para la ducha escocesa. Aqu est el gran espejo de tres lunas, que le dir la verdad. All se encuentra el divn para descanso, donde se lee los peridicos mientras se saborea el chocolate reparador. Ms lejos hay un pequeo _bureau_, su verdadero _bureau_, donde usted escribir las cartas para las amigas ntimas y ajustar sus cuentas. Aqu est, por ltimo, la _coiffeuse_; no necesito describir a usted los perfeccionamientos aportados a sta por la Casa X... Ahora bien; lo que debe absorber toda la solicitud de usted es el calientabaos... LUCY.--Por qu? LA SEORA MASCHINE.--Porque es un instrumento caprichoso y variable. No calienta, o calienta demasiado; no se enciende, o provoca incendios. Estalla en el momento en que se le cree dominado. Le hace a una mil jugarretas. Es un perpetuo motivo de inquietud. Un mal calientabaos acaba por agriar a usted el carcter, volvindola irritable y quisquillosa. La hace esclava de los fumistas, unos seores poco cmodos, que le deteriorarn el tocador en cuanto tengan que efectuar la menor reparacin. La vida resultara demasiado dulce si no fuera por esta calamidad del calientabaos. LUCY.--Y si recurriera a la calefaccin central...? LA SEORA MASCHINE.--No tendra nunca agua caliente a la hora que la deseara. Crame usted...! No hay ms remedio que aguantarse. Tanto ms, cuanto que aqu habr de pasar usted sus horas de soledad. Cuando su marido desayune fuera, aqu desayunar usted. Aqu meditar y reflexionar usted; aqu recibir usted a sus mejores amigas. Lo ms claro de su existencia transcurrir en esta sala; en ella reconquistar usted al marido vacilante... LUCY.--Espero que el seor Mers no vacilar nunca... LA SEORA MASCHINE.--Quin sabe...! Acurdese usted de mi consejo: cuide mucho el tocador. (_Un silencio._) Ahora, seoras, ya slo me falta ensearles el recibimiento. LUCY.--La antesala...? (_Nuevo viaje._ LA SEORA MASCHINE.--No! Nada de antesala...! Para qu sirve...? Qu significa este aposentillo amueblado con una percha y con un arcn de madera...? No! Prepare una buena entrada al visitante; que ste no se sienta desconcertado por la decoracin hostil; que pueda esperar, arrellanado en un silln, en medio de un ambiente simptico, el minuto de audiencia que usted le conceder; que salga usted a su encuentro, si es preciso, hasta el vestbulo, el cual resultar as un disimulado recibimiento. Ponga usted aqu la mentira inicial de su vida mundana. Sea esta habitacin encantadora e ntima...! Entrase as a pie llano en la cordialidad de usted. El proveedor, el visitante, el pordiosero, todos se juzgarn bien recibidos, y de esta manera muchos de los indiferentes a quienes usted atienda se convertirn en amigos suyos. LUCY.--Si usted me lo permite, seora, le compro todo el mobiliario. LA SEORA MASCHINE.--Rechazo su proposicin; en primer lugar, porque este mobiliario no es exactamente el que le conviene y, adems, porque ya est vendido. LUCY (_desolada_).--Entonces, me abandona usted...? LA SEORA MASCHINE.--Djeme continuar: maana ir a visitar su palacio. No se preocupe usted de la instalacin; yo me encargo de ella. Le costar doscientos mil francos a precio alzado; pero dentro de veinte das estar usted en su verdadero hogar, que ser todava ms cordial que ste. LUCY.--Una ltima pregunta. Qu tal es el hogar de usted, que se dedica a adornar los hogares del prjimo...? LA SEORA MASCHINE.--Mi hogar...? Yo vivo en un hotel. X CURSO DE MEDICINA _La seorita Sita Volanges, siguiendo las exhortaciones de su amiga ntima Vera Shrestenieff, se ha alistado bajo la bandera de las Hijas de Galia, Sociedad para la educacin de las enfermeras benvolas; las Hijas de Galia se cubrieron de gloria durante la guerra: instalaron ciento cuarenta hospitales en el frente; desafiaron los bombardeos; veinte enfermeras de la Sociedad fueron muertas; ciento cincuenta resultaron heridas; la Casa fu mencionada muchas veces en la orden del da. Damas muy distinguidas organizaron sanatorios bajo la gida de la H. D. G., y ganaron la cruz de guerra. Los cursos para enfermeras benvolas se dan siempre en el amplio hotel cedido por la seora condesa de los Charmes, en la calle Spontini. All est instalado un hospital escolar, donde los peludos son cuidados y mimados. En la sala principal, que antes fuera saln, los ltimos enfermos acaban su convalecencia. Es una amplia sala encristalada, completamente blanca, llena de blancos lechos y flanqueada de mesas. Unas comedidas jvenes, vestidas de blanco, juegan a los naipes y al domin con los gloriosos heridos. Es una escena ntima y muy conmovedora, seoreada por una abrumadora impresin de aburrimiento. Se ha notado que el aburrimiento era un remedio infalible para los convalecientes. Las seoritas Sita y Vera atraviesan con viveza la ciudad doliente y se presentan en un saloncito lleno de jvenes y viejas damas, que esperan la apertura del curso. Estn vestidas de enfermeras._ VERA.--Permtanme ustedes, seoras, que les presente a mi amiga la seorita Volanges, la cual acaba de alistarse bajo nuestra bandera... Haga el favor, mi generala, de tomar a mi ahijada bajo su proteccin. LA GENERALA (_una comadre gruesa y canosa; pero de modales autoritarios_).--Ah...! Una nueva recluta...? Muy bien...! Es usted muy joven y muy linda, seorita...! Y, adems, bastante rubia...! En fin...! A qu se dedica su padre...? SITA (_tmida_).--Mi padre es director de las Forjas de Commentry-Yapamieux. LA GENERALA (_ya ms amable_).--Un metalrgico...? Bueno...! Tiene usted vocacin...? SITA.--Creo que s. Querra consagrar mi vida a cuidar los sufrimientos, a inclinarme sobre los dolores. LA GENERALA.--S...! Adems, para una mujer nunca resulta desagradable ver sufrir a los hombres. Y es ms agradable todava consolarlos. SITA.--Siento dentro de m algo como un apostolado... LA GENERALA.--Ya lo veremos en la curacin...! Pero no en seguida; antes hay que seguir los cursos... SITA.--Yo tengo ya algunas nociones de Medicina. LA GENERALA.--Esto puede ser ya mucho, o puede ser poco. Nosotras debemos atenernos al lado prctico y no procurar jugar a los mdicos, como lo hacen las bachilleras que rodean a la seora marquesa de la Escalinata del Patio de Guardias. SITA.--Quin es esa dama? LA GENERALA.--Una vieja pava blasonada, amiga de la condesa de los Charmes, a la que han nombrado presidenta, mientras que la condesa, que ha prestado su palacio, y yo, que he obtenido el apoyo del Gobierno militar, no somos mas que vicepresidentas... Y pensar que sin m no hubiramos tenido un solo herido...! SITA.--De veras...? LA GENERALA.--A ver...! Las Damas de Aquitania, la Sociedad rival, se las haban compuesto para acaparar todos los heridos graves de Pars y todos los cirujanos famosos... Figrese usted cmo se burlaran de nosotras...! Yo me las arregl de tal modo, que al fin decidieron enviar a nuestro hospital modelo una parte de los heridos, que las imbciles de enfrente pretendan acaparar. Le juro que no fu cosa fcil. Maldita sea...! Qu batalla...! Menos mal que acabamos ganndola por nuestra propia autoridad. Sin embargo, la querida marquesa se atribuy todo el mrito de la victoria y se hizo nombrar presidenta. SITA.--Parece que usted no la quiere mucho...! LA GENERALA.--La detesto, y ella me paga en la misma moneda. Por esta causa, le advierto que no se deje engatusar por ella. Yo soy muy cabal en mis amistades y estimo con razn que las que no estn conmigo estn contra m... SITA (_ingenua_).--Es que hay dos partidos...? LA GENERALA.--Hay hasta tres, si se cuenta el de la seora de los Charmes. Pero esto no tiene importancia...! La buena condesa cedi su palacio y no se le pide ms. VERA (_acercndose_).--Generala: la llaman en el economato... LA GENERALA.--Atiza...! Alguna equivocacin de la encargada...! Lo est usted viendo...? No se puede hacer nada sin m...! (_Ella desaparece, moviendo las caderas._) VERA.--He tomado este pretexto para alejarla de aqu. Mientras se entretiene, le presentar a la patrona mayor, la seora marquesa de la Escalinata del Patio de Guardias. SITA.--Yo no s si debo...! VERA.--Hija ma: en nuestro sacerdocio, lo mismo que en los otros, hay que estar bien con todo el mundo; de lo contrario, aunque ponga usted en ello toda su buena voluntad, no llegar a ser nada... Ah...! Aqu llega nuestra querida presidenta...! _Entra una especie de jamelgo de coche fnebre, un larguirucho esqueleto apocalptico, de una delgadez inverosmil. Es la seora marquesa-presidenta. Mucha nobleza y condescendencia. Esta dama, sin edad y sin belleza, de ojillos negros y penetrantes, lanza sobre todos los humanos una mirada impregnada de desprecio y de compasin. Vera le presenta a Sita._ LA MARQUESA.--Ah...! Perfectamente...! La seorita Volanges...! Su padre hizo un donativo importante a nuestra Obra, y yo le di las gracias con una carta personal. Los grandes industriales han comprendido que deban ayudar a las vctimas de esta guerra, que sirvi para favorecerlos. Viene usted a unirse a nuestras abnegadas hijas...? Muchas gracias...! Entonces voy a indicarle el camino que deber seguir. No se atenga usted demasiado a la parte prctica; nosotras formamos aqu mujeres capaces de suplir a los mdicos cuando stos se encuentran lejos. Deber usted trabajar y seguir nuestros cursos con asiduidad. Las damas que escucharon mis consejos seran capaces de sufrir el examen del internado. La generala le dir a usted que sus funciones son las de una muchacha de sala. Esta pobre criatura se equivoca; si se la hubiera hecho caso, nuestra Casa no existira ya. Yo soy quien reclut los cirujanos y los profesores ms famosos. Si tenemos en nuestra Casa las ms nobles lumbreras de la Ciencia, es gracias a m. Ayer me di la maa suficiente para engatusar al renombrado prctico Moumel, que desea dejar a las Damas de Aquitania para operar en nuestro santuario; me prometi, adems, explicar un curso de Rinoplastia y de Estomatologa dos veces a la semana. Sabe usted lo que son estas dos ciencias...? SITA.--No tienen por objeto restaurar los semblantes de los heridos en el rostro...? LA MARQUESA.--Eso es...! Veo que tiene usted ya conocimientos quirrgicos. Siento que no nos hayan enviado heridos del rostro; como siempre, la generala se ha conducido tan torpemente, que nos vemos privados de tan interesantes heridos. El curso del profesor Moumel ser, sin embargo, muy cautivador, aunque slo sea terico. Las aplicaciones de la ciencia quirrgica no se pierden nunca; si usted no se aprovecha inmediatamente de estas lecciones, puesto que ya termin la guerra, podr utilizar su beneficio cuando llegue el prximo conflicto europeo. SITA (_aterrorizada_).--Por Dios, seora...! Piensa usted que una nueva catstrofe...? LA MARQUESA.--Yo veo claro y ya tengo descontada una nueva conflagracin mundial. Para nosotras, lo mismo que para los militares, la guerra es una ocasin de sacrificio y de actividad. Dios me libre de desearla! La creo fatal y quiero preparar un equipo de mujeres superiores, que suplirn a los hombres de ciencia. Ah! Le advierto que no quiero enfermeras demasiado elegantes. Nada de rojo en los labios, ni de pintura, ni de vestidos de carnaval, ni de perfumes...! SITA (_disgustada_).--Seora presidenta: yo no tena esa intencin... LA MARQUESA.--S..., s...! Todas dicen eso. Y pasados quince das me las encuentro emperifolladas, cubiertas de joyas y apestando a esencias. Estas costumbres son capaces de desacreditar a un hospital modelo. Una advertencia ms: aqu soy yo quien lo dirige todo, y usted no tiene que recibir rdenes de nadie mas que de m. No haga caso de lo que pudiera decirle esa generala; est medio loca. Me agrada usted, y quiero convertirla en algo de provecho; pero acurdese de que las que no estn conmigo estn contra m... SITA (_perpleja_).--Muy bien, seora presidenta...! LA MARQUESA.--Es usted inteligente y triunfar... Hasta ahora, hija ma...! _Alarga a Sita un manojo de huesos y se marcha._ VERA.--Vamos! Qu le parece a usted...? SITA.--No s qu pensar...! Yo no sospechaba que en la consagracin al sacrificio tomara tanta parte la diplomacia. Si sigo a la generala, la marquesa me guardar rencor, y si sigo a la marquesa, la generala me fastidiar todo lo que pueda. VERA.--Lo mismo sucede en todas las Obras. Estas damas se sienten animadas de la mejor intencin cuando se agrupan. Y en cuanto se trata de repartirse los grados, la autoridad, las direcciones y, por consiguiente, las recompensas probables, todo el mundo se pone a reir. Esto no impide que la mquina marche casi bien. He aqu la belleza de las instituciones francesas...! Son indisciplinadas, estn corrodas por luchas internas y, sin embargo, funcionan porque, a pesar de todo, las alimenta la abnegacin. Me espera usted aqu...? Vendr a buscarla en cuanto el profesor se encuentre entre nosotras. _Vera se aleja. Sita, sola, se sienta en un rincn y mira en torno suyo. No conoce a nadie; una enfermera pasa y ve a esta joven, que parece estar en cuarentena. Como es una persona caritativa, se acerca y dirige la palabra a Sita._ LA ENFERMERA.--Espera usted a alguien, seorita...? SITA.--S...! Es decir... no...! Vine con la seorita Vera. LA ENFERMERA.--Ah...! Comprendido...! Usted es la nueva...! SITA.--En efecto...! Y debo tener un aire muy torpe, verdad? LA ENFERMERA.--Es la primera impresin que se experimenta. Luego se acostumbra una... SITA (_por decir alguna cosa_).--Estas damas son muy agradables... LA ENFERMERA.--Bah...! Cuando las conozca usted...! Se han puesto una cofia para chismorrear ms a gusto. SITA.--Hay aqu chismes? LA ENFERMERA.--Desdichada...! Est usted en Villachismosa...! SITA.--Es horrible...! LA ENFERMERA.--No, hija ma...! Cuando haya cuidado usted a algunos heridos se iniciar en el flirteo, que acerca al enfermo a su ngel de la guarda. Todas estas viejas hadas, la generala de las enfermeras y la marquesa de las parlanchinas, no saben lo que es cuidar hombres. Una les ofrece higiene y la otra les brinda operaciones. Bonito tratamiento...! Los desgraciados que vienen del frente, convalecientes o moribundos, no quieren mas que una cosa: alegra. Que una cabeza graciosa se incline sobre su dolor y que tengan el calmante supremo: el amor...! SITA.--El amor para los moribundos...? LA ENFERMERA.--Qu duda cabe...? Si yo fuera la duea, querra que todos los heridos viviesen en un sueo esplndido. Que las enfermeras, sin excepcin, fuesen lindas y cariosas...! No prohibira ni el tango ni el flirteo. Ponga usted aparte los atacados de altas fiebres. Los dems tienen un padecimiento terrible: el aburrimiento. Devuelva usted al convaleciente el placer de vivir, el amor; esto vale ms que las partidas de _piquet_ o de malilla a pblica subasta o que la lectura de la ltima novela salida a luz. Querra que todas las enfermeras fueran enamoradas, criaturas lindamente adornadas y vestidas por los grandes modistos... SITA.--Hay tambin un msculo que se llama el gran sartorio...[3]. LA ENFERMERA.--Es usted ya demasiado sabia, seorita...! Los infortunados que usted cuidar no tienen necesidad de su ciencia; reclaman solamente su gracia. Amelos! Proporcione a los que sufren la ilusin de una tierna novela! No sienta usted ninguna curiosidad fisiolgica...! Procure curar solamente su parte moral. Hay que distraer a estos nios grandes con pasioncillas. Cuando el pensionista se levanta, usted, sublime comedianta, le har una reverencia. De todas formas, lo habr salvado de la desesperacin y del tedio; habr suscitado usted en l la voluntad de vivir, que es el auxiliar ms eficaz del mdico. Le advierto que estos _resucitados_ son luego muy embarazosos... No importa...! Volvieron a ser hombres, y, por consiguiente, hay ya medios para hacerles entrar en razn. Hija ma: yo soy en esta Casa la ltima entre las ltimas; pero tengo lo que falta a todas estas damas: sentido comn... Le ensearn el espica del brazo y el galeno de la cabeza...! SITA.--Los conozco...! Son vendajes. LA ENFERMERA.--Est usted muy enterada para su edad...! No importa...! Lave las escudillas, desinfecte el instrumental, d vueltas a las vendas segn est ordenado; pero no olvide usted que es mujer y que su ternura es la que cura todos los males. Un herido que se enamora de su enfermera adopta en seguida la resolucin de sanar; es dcil, se presta a todas las operaciones, no recrimina y piensa, mientras se le cura: Es por ella...! Sea usted coqueta y dulce. Sea elegante...! Perfmese...! Es necesario...! Esto forma parte de sus deberes...! SITA.--No es as, seora, como se me presentaban mis funciones de enfermera...! LA ENFERMERA.--Mal hecho...! Mire usted la decoracin en que ha de ejercitar sus facultades: es un palacio, que abrig las fiestas ms hermosas de antes de la guerra. Su decoracin fu pensada para gentes dichosas. El marido parti para la guerra en los primeros das de la movilizacin; abandon este interior, que todos los artistas haban exornado para deleite de los ojos; la mujer quiso que este hogar fuera el de todos los hroes que se haban sacrificado por la salud de la patria. Se habl y se brome a costa de los que haban sacrificado su casa. A pesar de todo, los desdichados que vivieron aqu sus horas de sufrimiento conocieron la alegra de una acogida cordial y suntuosa. No ponga usted su atencin en las mezquinas rivalidades de estas damas, que no supieron concebir toda la _feminidad_ de su misin. Ya resulta hermoso que se consagren a esto; perdneles la pobreza de sus ambiciones si el herido ha de beneficiarse con ello. SITA.--Sin embargo, desde que estoy aqu no vi an esa desinteresada abnegacin, cuya grandeza ensalza usted. O a la generala glorificarse a costa de la marquesa; o a la marquesa expresarse sin miramiento alguno en todo lo concerniente a la generala. LA ENFERMERA.--Simple divergencia de mtodos y de autoridades...! Tranquilcese... Como cada una de estas damas quiere afirmar su supremaca sobre la otra, los enfermos estn mejor cuidados. SITA.--Es usted muy indulgente. Adivino que seremos amigas. LA ENFERMERA.--No se haga ilusiones...! SITA.--Quia...! Mi corazn no me engaa nunca. Usted tiene una filosofa prctica y una visin clara de la vida. Pero querra preguntarle algo ms...! LA ENFERMERA.--Pregunte...! SITA.--Hay una persona que me parece representar en este asunto el papel de vctima; se trata de la buena condesa de los Charmes... LA ENFERMERA.--Por qu...? SITA.--Ella cedi su palacio, ella corre con los gastos de la empresa y, sin embargo, nadie le hace caso. La marquesa y la generala parecen tratarla como algo sin importancia; estas matronas se atribuyen todo el xito de la empresa. A ellas irn a parar los honores y las cruces. Qu le parece...? LA ENFERMERA (_turbada_).--Me es muy difcil contestarle... SITA.--Por qu...? LA ENFERMERA.--Porque conozco a la condesa de los Charmes, que es mi amiga ntima. A ella le agradara mucho saber que una persona en el mundo se cuid de su existencia; pero le contestara a usted que no le agrada que la compadezcan y que cumpli con su deber por nada, por el placer que el cumplirlo le produca... Espero que volveremos a vernos, seorita, porque le repito que me es usted muy simptica... Adis...! El famoso profesor Moumel ha llegado y va a principiar su curso... _Estrecha la mano de Sita y se va._ VERA (_corriendo_).--Hala... hala... Sita...! El profesor Moumel ocupa ya la ctedra. Como no alivie usted, no encontraremos buen sitio...! SITA (_levantndose_).--Vamos...! Dgame...! Quin es aquella enfermera que zarandean all, y con la que estuve hablando mucho tiempo...? VERA.--Aquella morenilla...? Oh...! Es la condesa de los Charmes...! (_Desdeosa._) Valiente mujer...! XI CURSO DE PINTURA _En la academia Velzquez, la seorita Lorenza White es la discpula preferida del maestro Joaqun Pont-Dugard, miembro del Instituto y profesor de pintura para seoras. Esta joven es inverosmilmente rubia, con entonacin de oro plido; es delgada de aspecto, pero muy robusta. Una cabeza de_ madonna _prerrafaelista, con ojos de un azul verdoso, muy inquietante; habla el francs con un acento ingls apenas perceptible. Llega la primera a clase y se instala ante su lienzo. El modelo est ya all: es un mozo fornido, completamente desnudo; pero que lleva, por decencia, unos minsculos calzoncillos rojizos._ EL MODELO.--Seorita White...! Llega usted antes de la hora... LORENZA.--Pienso darme una buena sesin de trabajo. Quiero acabar mi estudio. EL MODELO.--Si usted lo desea, adoptar la _pose_. LORENZA.--No! Espere a las dems seoritas. Se molestaran si se empezara sin ellas. EL MODELO.--Oh! No tienen prisa...! Con tal de que las vean en el Metro con la caja de colores ya estn contentas...! (_Desdeoso._) Esto es jugar a ser artistas..., esto es gana de perder el tiempo. Entre todas ellas, usted es la nica formal. LORENZA (_ufana_).--Es usted muy amable, Cornu...! Yo quiero llegar... EL MODELO.--Usted llegar...! Posee la obstinacin, que es una cualidad muy hermosa. Adems, tiene usted dinero. Y esto ayuda siempre...! LORENZA.--Quin le ha dicho que tengo dinero...? EL MODELO.--He odo que el patrn deca al seor Joaqun Pont-Dugard: Querido maestro: atienda mucho a la seorita White. Es la hija de White-Petrole. Conviene que obtenga este ao una mencin en los Artistas franceses. Y Joaqun le respondi: No se preocupe usted...! La tendr...! Y agreg: Es muy rica, verdad? A lo cual le contest el patrn: Ya lo creo! Es ms rica que Berta Morizot...! LORENZA.--Caramba! Qu bien enterados estn estos seores...! EL MODELO.--Bah! Son unos vivos que saben lo que se traen entre manos. Usted lleva aqu poco tiempo. Aguarde algo ms y le tendern la red de la leccin particular. LORENZA.--Qu leccin...? EL MODELO.--Ver usted...! El buen Joaqun es presidente del Jurado en el saln de Artistas. Le aconsejar que acuda a la Exposicin; usted ir a trabajar a su casa, a razn de cien francos diarios; mediante lo cual l le retocar el pandero. LORENZA.--El pandero...? EL MODELO.--Quiero decir el cuadro...! En el ao prximo, si desea usted una medalla, tendr que encargar su retrato al maestro; esto slo cuesta veinte mil francos. Pero os pintar de pie delante del caballete. Ha hecho ya unos veinte del mismo modo. As logr tener su hotelito en Auteuil. Y pensar que Monticelli venda sus cuadros a diez francos cada uno en las terrazas de los cafs de Marsella...! Qu lstima...! LORENZA.--S...! Da grima...! Sin embargo, yo tengo la intencin de imponerme como artista. Y la seorita Cassatt, que era rica, trabaj como si fuera pobre. Pongamos mano a la obra...! EL MODELO (_subindose a la mesa_).--Muy bien, seorita White! Y no se deje usted engatusar por estos tos sinvergenzas! (_Adopta la_ pose _y se apoya noblemente en el mango de una escoba_.) Estoy bien? LORENZA.--S! _Trabaja con encarnizamiento; poco a poco van llegando las dems seoritas con sus cajas de colores. Llega la seorita Elsa Metra, apodada Espermosle!, muchacha desabrida y bastante clortica. Luego llega la seorita Ins Perre, hija nica de la Casa Perre, de pastas al por mayor; es una morenita muy inquieta, ms bonita que fea. Viene despus la seorita Raquel Caen-Duseigneur, hija del famoso anticuario--una Juno--; la seorita Teresa Kiry, elegaca y pensativa, y, por ltimo, la morralla de las discpulas, Juana Aymar, Julieta Capulet, las hermanas Agata y Sofa Fruche, etc. La sala se llena pronto de piar de pajarillos y de risas aflautadas. La seorita White es la nica que trabaja._ ELSA.--Naturalmente...! Lorenza est ya acabando...! INS.--Lo hubiera apostado...! Tiene horas suplementarias...! RAQUEL.--Ella nos da el ejemplo. Buenos das, White...! LORENZA (_corts_).--Muy buenos, amigas mas...! A ver si me dejis en paz...! Estoy a punto de sorprender el secreto del modelado fino. TERESA.--Te divierte pintar as? LORENZA.--Mucho...! No hago mas que pensar en el modelo desde por la maana hasta la noche! INS.--Qu te parece, Cornu...? Vaya satisfaccin para ti...! RAQUEL.--Me siento holgazana, hijas mas...! (_Se despereza._) JULIETA.--Estuviste tambin de juerguecita...? RAQUEL.--Estuve bailando con los norteamericanos hasta las dos de la madrugada...! No s dnde tengo las piernas... Y este endiablado estudio apenas est empezado...! ELSA.--A m me da miedo pensar que tengo que cubrir de color este lienzo...! Lo nico que me interesa de todo esto son los calzoncillos, porque es lo ms fcil de hacer. Lo dems tiene muchos msculos. Prefiero las mujeres, porque tienen menos msculos. JUANA.--Pues yo prefiero los hombres; cuando se ha dado con el quid de los msculos todo marcha como una seda. GATA (_a Juana_).--Quin te ha hecho este vestido, chica...? Armal y Martian...? JUANA.--No! Tengo una modistilla que trabaja muy bien y que me copia los modelos de las Casas ms importantes. Dentro de un rato ir a verla, para que me pruebe unas cosillas, y te llevar conmigo. Atiza...! No est all Luciana...? RAQUEL.--No... Ya no vendr...! Est prometida, y su maridito no quiere que en lo sucesivo vea a ningn hombre desnudo. SOFA.--Bah! Despus de todo, no tena ni pizca de talento. Con quin se casa...? RAQUEL.--Con un pintor llamado Geden Lourmail; un seor que expone en los Independientes mujeres azules y hombres verdes... TODAS (_indignadas_).--Oh! TERESA.--Por nada del mundo querra casarme con un artista. Busco un mdico. ELSA.--Ay! Qu mal haces...! Los mdicos son muy pillastres...! TERESA.--Tomar mis precauciones; tengo una amiga que se cas con un gran gineclogo. Le prohibe que ausculte a las clientes ni siquiera la piel, y asiste a todas las consultas escondida detrs de un tapiz que representa a Alejandro victorioso. Cada vez que su marido va ms all de lo conveniente, Alejandro se agita. JUANA (_dndose polvos_).--Dios mo! Qu estpido ser celosa...! Verdad, Raquel...? RAQUEL.--Ms estpido todava es casarse. A menos que se presente una buena proporcin...! TERESA.--El maestro Joaqun, por ejemplo...! RAQUEL.--Qu quieres decir con eso...? TERESA.--Nada! Oh! Nada...! Haba corrido el rumor de tus esponsales con l...! RAQUEL.--Es una calumnia infame...! El seor Pont-Dugard me ha cortejado, como lo ha hecho con todas... As lo exige su profesin...! Pero t sabes de sobra que no est libre... Tiene un compromiso... GATA.--Bah! Quin es...? INS.--Una princesa italiana que fu raptada por l. Lo sabe todo el mundo...! Se trata de una patricia muy bella que lo aliment cuando l estaba en la miseria. GATA.--Ay! Ests demoliendo a mi dolo...! INS.--Por qu...? Todos los grandes hombres fueron lanzados por mujeres... La princesa Lappioni se ha consagrado a la gloria de nuestro querido maestro; vive en un hotel inmediato al suyo, y hay en l una puerta de comunicacin con una escalerilla secreta... TERESA.--La escalera de sus vicios. JULIETA (_corriendo_).--Hala..., hala...! A trabajar...! Acaba de llegar Joaqun...! _Todas estas seoritas vuelan hacia sus caballetes: se han puesto las blusas y aparentan absorberse en su arte. Joaqun entra; es un hombre de cincuenta aos, extremadamente_ chic _y muy atildado. Tiene manos de prelado, rostro banal de artista mundano, hermosos ojos negros, nariz aguilea, bigotes finos y barba en punta, demasiado negra. Luce una severa levita con la gran roseta de comendador. El que la crtica ha llamado El maestro de la rosa afecta una gran nobleza de actitudes. Cuando habla, sintese uno conquistado al instante. Tan dulce y cantarina es su voz...! A la entrada del gran jefe todas las discpulas abandonan su tarea y permanecen de pie._ JOAQUN.--Dispnsenme ustedes, seoritas, que me haya retrasado; pero me han entretenido en el Elseo, donde yo desayunaba con la delegacin del Instituto. RAQUEL.--Maestro: no me he acordado de decir a mis compaeras que reciba usted esta maana, de manos del presidente, la corbata de comendador. _Viva emocin._ JOAQUN (_modesto_).--No concedamos a estos vagos honores sino la poca importancia que merecen. Slo el Arte debe ser objeto de nuestras ambiciones, seoritas...! El es el que da una significacin, un valor a la existencia...! Trabajemos sin descanso, seoritas...! El trabajo nos proporciona alegras puras, junto a las cuales la riqueza y las condecoraciones no son mas que frusleras. EL MODELO (_entre dientes_).--Farsante...! JOAQUN.--Y ahora voy a ver sus estudios! (_Todas tornan a su tarea. Joaqun principia por el lienzo de Raquel._) Delicioso...! Ah! Delicioso...! Todava un poco compendioso, pero vigorosamente indicado...! Acuse el contorno...! El dibujo es la probidad del Arte, dijo Ingres... Caramba...! Usa usted un perfume exquisito...! RAQUEL.--Es Ola en el alma, de la Casa Liedon. JOAQUN.--Adoro los perfumes, porque viven con vida propia; se identifican con las mujeres y traducen su secreto pensamiento. Un perfume es una confesin! RAQUEL (_enrojeciendo_).--Maestro...! JOAQUN (_satisfecho de su conquista_).--Contine, hija ma, contine...! Su estudio se presenta bien! (_Pasa a la vecina, a Ins, que ha pintarrajeado una imagen informe, una composicin para salvajes._) No se moleste, seorita... (_Estudiando su lienzo._) Delicioso! Oh! Deliciossimo...! Y muy personal...! Sacrifica usted a los falsos dioses de la nueva escuela! INS (_convencida_).--Resulta feo, verdad? JOAQUN (_protestando_).--Yo no he dicho eso...! Est lleno de promesas...! Pero precise ms el dibujo... Acuse los contornos...! D relieve a los msculos...! Haga carne que sea sonrosada...! Aficinese al color de rosa, que es el color de la alegra... Tiene usted un bonito grin... Es de encaje, verdad...? INS (_conmovida_).--S, mi querido maestro. JOAQUN.--Ah, los encajes...! Qu poemas de paciencia y de reflexin...! Se piensa en las mujeres que gastaron aos enteros en producir estas maravillas, ornato de la belleza de usted... Le sienta estupendamente...! INS.--Es usted demasiado bueno, maestro...! JOAQUN (_cogiendo un pincel_).--Con su permiso...! Voy a disminuir este muslo... Qu buenos muslos tiene este mozo...! Ajaj...! Para darle carcter, dibuja usted el esternocleidomastoideo... Qu soberbio msculo...! Trabaje, hija ma. Va usted por buen camino...! (_Se acerca a otra discpula, a Julieta._) Delicioso...! Oh! Completamente delicioso...! Hace usted progresos... Pero no acusa bastante el contorno...! No caiga usted en la tentacin de pintar el fondo con las raspaduras de la paleta... Enternzcase sobre la carne...! No ve usted bastante el tono rosado...! _Etc., etc..._ _De esta manera, el maestro ha dado la vuelta al estudio rectificando los lienzos de todas las seoritas y repartindoles cumplidos, como se ofrecen bombones a los nios de las escuelas primarias. Todas estn encantadas._ JOAQUN (_llega al lado de Lorenza_).--Seorita White...! Mi discpula preferida...! LORENZA (_muy tranquila_).--Maestro...! Reciba usted mis saludos...! JOAQUN (_mirando el estudio_).--Delicioso! Oh...! Qu delicioso...! Ha hecho usted progresos considerables...! LORENZA (_fra_).--Pero no acuso bastante los contornos, verdad? JOAQUN (_turbado_).--En efecto...! LORENZA.--Ni acuso bastante los msculos...! Ay! Conozco mis defectos...! JOAQUN (_recobrndose_).--No! Al revs! Tiene usted tendencia a acusarlos...! Esta no es pintura de mujer...! Hay que atenuar un poco ms...! LORENZA (_asombrada_).--Ah! Yo crea que haba que abordar abiertamente el desnudo...! JOAQUN.--Endulce usted su temperamento, porque de lo contrario caer en el impresionismo. LORENZA.--Es un crimen? JOAQUN.--Por lo menos, es una torpeza...! Se lo advierto: tiene usted muy buenas condiciones... Hasta le permitir que acuda este ao a la Exposicin del Saln. LORENZA.--Cree usted, maestro, que estoy bastante segura de m misma? JOAQUN.--Yo estoy seguro de usted y le garantizo que ser admitida. Tengo un asunto para usted: un lavadero con unas aldeanas, desnudas hasta la cintura, golpeando la ropa. LORENZA (_amargamente_).--Qu novedad...! JOAQUN.--Es un asunto eterno. Vendr usted a hacer esto a mi casa. Maana me traer el esbozo. Se lo figura usted as...? Carnes rosadas al aire libre; vestidos rosados; alrededor, matorrales rosados, y encima, la luz rosada del crepsculo. LORENZA.--Yo he visto lavanderas en Bretaa; eran viejas, sucias, feas y esplndidas; lavaban en pleno sol y estaban amarillas y terrosas. Componan un horrible poema de miseria y de espanto. JOAQUN.--Seorita: es preciso que el pintor magnifique la Naturaleza y la haga agradable. Esta es nuestra razn de ser...! (_Mirndola._) Est usted muy linda, seorita White...! Me gustara hacer su retrato...! LORENZA.--Qu honor para m, maestro...! JOAQUN.--Querra dejar una imagen inmortal de usted... Mire...! La pintara tal como est ahora... delante de su principiado lienzo...! LORENZA (_burlona_).--Esto no se ha hecho nunca! JOAQUN (_ingenuo_).--Verdad que no...? Qu buena idea...! Dgaselo a su padre, y si tengo algunos das libres, siento que, inspirado por su radiante belleza, har uno de mis ms hermosos retratos. Y tampoco resultara mal que los dos expusiramos juntos nuestros cuadros... La crtica hablara de ellos y yo alcanzara en seguida una mencin para usted. LORENZA.--Me colma usted de favores...! JOAQUN.--Me siento atrado hacia usted por una simpata de artista. Quiero revelrselo a usted misma. Venga a mi casa despus de clase. Charlaremos de todo esto...! (_Levantndose._) A los pies de ustedes, seoritas...! _Echa a andar, coge su sombrero y se retira, siempre digno y solemne. El trabajo prosigue. De sbito entra Lafripe, una especie de bohemio sin edad, hirsuto, canoso y con la ropa llena de manchas._ LAFRIPE.--Ustedes dispensen, seoritas! (_Todas se vuelven._) No ha venido todava el maestro? RAQUEL (_secamente_).--Acaba de marcharse, caballero. LAFRIPE.--Maldita sea...! Buena la he hecho! Me va a echar una bronca...! LORENZA.--Qu desea usted decirle? Voy a verlo dentro de un rato. LAFRIPE.--Yo soy quien le pone sus esbozos en cuadrcula. Hay que vivir...! Me haba citado aqu; pero me he entretenido jugando a la malilla... Hola, Cornu...! LORENZA.--Si puedo servirle en algo...! LAFRIPE.--Es usted muy atenta, seorita...! Acepto su ofrecimiento; le dir usted que estuve a ver a una vieja parienta enferma y que me retras por eso. El no creer una sola palabra; pero, por tratarse de usted, aparentar creerla... LORENZA.--Piensa usted que tengo tanto crdito para con l...? LAFRIPE.--Claro...! Usted es su discpula predilecta. (_Acercndose._) Caramba! No est mal del todo este dibujo...! LORENZA (_encantada_).--De veras? LAFRIPE.--En serio. Se nota todava en l cierta inexperiencia, pero no carece de solidez... Adems, es de pintor. Tiene usted buenas cualidades... Qu lstima...! LORENZA.--Por qu qu lstima...!? LAFRIPE.--Porque lo perder todo. Es usted robusta y violenta? Pues Joaqun la sumergir en sus tonos rosados. Dibuja usted con el pincel como los verdaderos, como los puros...? Pues l le har acusar el contorno. Ama usted su arte? Pues l la obligar a caer en el oficio: las Lavanderas almibaradas y las Pastoras de confitera. Y, para concluir, el retrato a la inglesa: la dama tocada con un amplio sombrero, al pie de un olmo y con flores en las manos... Ah! Buen pintamonas est el tal Joaqun...! Cuntos talentos hizo abortar...! Qu viejo tan miserable...! Usted... usted misma tiene entusiasmo e impetuosidad... El color fluye de sus dedos... Y qu est usted buscando en esa caja...? LORENZA.--Procuro aprender la tcnica. LAFRIPE.--Est buena la tcnica de Joaqun...! Vyase usted a su casa; pinte tres manzanas en una compotera, o el carrete de su portera. Trabaje desde la maana a la noche; dibuje y malgaste el color; pero hgalo, sobre todo, sin maestro. Entrguese usted en cuerpo y alma a su labor; reviente de exaltacin, de duda, de despecho, y no pida consejos a nadie. Antes de nada huya de esta escuela como de la peste. Y de aqu a diez aos tal vez sea usted una gran pintora. LORENZA.--Seguir sus indicaciones, caballero. Sin embargo, yo no puedo trabajar sola. Podra usted darme lecciones...? Se las pagara bien. LAFRIPE (_fro_).--Muchas gracias...! Soy un fracasado...! Retoco los lienzos del patrn, juego a la malilla y bebo _bocks_ mientras describo los cuadros que no har nunca. Y me conformo con esto...! Que usted lo pase bien, seorita...! (_Se marcha, vehemente y sucio._) XII CURSO DE MORAL _El sargento Cirilo Bauquet llega a Pars; su primer cuidado es visitar a la seora Leonie Marchesse, una persona muy amable, que lo eligi como ahijado y que durante cuatro aos de guerra lo colm de regalos y de golosinas y le escribi cartas deliciosas, muy bien compuestas, a las cuales respondi l con pginas muy elocuentes; durante la lucha le describa los duros combates, y despus del armisticio le hizo la crnica de la ocupacin. Leonie le contestaba dicindole todo lo que pasaba en la capital, la descripcin de las fiestas de la victoria, el relato de una sesin parlamentaria a la que haba asistido, etc., etc. Cirilo sac la conclusin de que la seora Leonie desempeaba el cargo de ama de gobierno en casa de la seora baronesa de Boel, en la calle de Richelieu. El sargento Bauquet es un joven de fisonoma agradable. Luce sobre el pecho una coleccin de gloriosas insignias: la placa de piloto aviador, a la derecha; la cinta de la cruz de guerra, la de la medalla militar, la de los heridos, la condecoracin norteamericana, etc.; lleva, por ltimo, la forrajera roja. Llega al nmero 206 de la calle de Richelieu: es una casa que parece habitada por comerciantes; pregunta al portero: Hace el favor de decirme dnde vive la seora baronesa de Boel? El portero le mira de un modo extrao: En el primero, pasado el entresuelo; hay una placa. En efecto; en el primero de la derecha, una puerta se adorna con una gran placa de cobre, cubierta en sus cuatro picos de arabescos multicolores; en el centro se lee esta sola palabra_: Boel. _Por lo visto, la baronesa se dedica al comercio. Cirilo llama; repique lejano. Una criadita, con cara de parisiense, abre._ CIRILO.--Vive aqu la seora baronesa de Boel? LA SIRVIENTA.--S, seor. CIRILO.--Podra hablar con la seorita Leonie Marchesse? (_Le entrega su tarjeta._) LA SIRVIENTA.--No s si estar levantada ya. CIRILO (_asombrado_).--A las tres de la tarde? LA SIRVIENTA.--Las damas estas se acostaron muy tarde. De todas maneras, pasar a ver... Quiere esperar el seor en el saln? _La sirvienta introduce a Cirilo en una amplia estancia, parecida a un saln de mdico; ni siquiera falta en ella la obligatoria mesa de incrustaciones. Moblaje estrafalario, comprado pieza por pieza en el Hotel de Ventas. Es de una impersonalidad burguesa, que no permite adivinar el estado civil de la seora Boel ni el gnero de comercio a que se dedica. Debe de ser una mujer de negocios, una dama picapleitos. Al cabo de un cuarto de hora aparece la seora Leonie Marchesse. Es una mujer alta, de hermosa presencia y de agradable fisonoma, con unos admirables ojos, de un encanto muy sugestivo; luce un vestido negro muy sencillo, pero muy elegante; alarga a Cirilo una mano bien cuidada._ LEONIE.--Dispense, mi querido ahijado, que le haya hecho esperar...! Estaba acabando de arreglarme... Por qu no me anunci usted su llegada en la ltima carta...? Habra ido a aguardarle a la estacin...! CIRILO.--Ha sido un viaje imprevisto. Vengo para preparar mi desmovilizacin. LEONIE.--Oh! Es una lstima...! Le sentaba tan bien el uniforme...! CIRILO.--Bastante lo llev ya...! LEONIE.--No quiere usted hacer carrera en el ejrcito...? Me parece mal...! Un hombre joven y bien formado, como usted, tiene un hermoso porvenir en la carrera militar. Pero sintese usted...! CIRILO.--Muchas gracias...! Temera molestarla...! LEONIE.--Oh! No tengo nada que hacer hasta las ocho. Si usted quiere, saldremos juntos a recorrer Pars. CIRILO.--Prefiero permanecer al lado de mi querida madrina, que ha sido tan buena para m y a la que yo deseaba tanto conocer. Sus cartas me sostuvieron durante las horas penosas. Tengo que felicitarla. Escribe usted como madame Sevign...! LEONIE (_orgulloso_).--Oh! Tengo mis ttulos acadmicos, aunque maldito si me sirven de algo. CIRILO.--Una mujer no debe sentir nunca ser instruida, cuando es bonita. LEONIE.--Indudablemente...! Pero es preferible que sea bonita...! LA SIRVIENTA (_entrando sin llamar_).--Leo..! La seora pregunta si podrs salir de paseo a las seis. LEONIE.--Bah! Ya ves que tengo aqu a mi ahijado...! Que mande a Carmen, o a Irma. LA SIRVIENTA.--Es que el general quiere que seas t...! LEONIE.--Pues contstale que he salido y djanos en paz...! _Este breve coloquio sume a Cirilo en una estupefaccin inquieta. La sirvienta sale._ CIRILO.--Tiene usted mucho trabajo? LEONIE.--Ahora hay algo menos que hacer, a causa de la marcha de los norteamericanos. Dentro de poco no nos quedar mas que la clientela ordinaria... CIRILO.--Ah...! Se dedica usted a los negocios? LEONIE.--A qu negocios...? CIRILO.--Yo crea... Acabo de ver en la puerta una placa comercial... LEONIE (_retorcindose de risa_).--Ah...! Es verdad...! No te dije lo que haca...! CIRILO (_asombrado por este tuteo repentino_).--En efecto...! Y tem ser indiscreto si le peda algunos detalles...! LEONIE.--Y como t no me los pedas, yo no te los di. Adems, me disgustaba que supieras lo que haca... Qu habras pensado de tu madrina si sta te hubiera escrito: Estoy empleada en casa de la seora Boel, una amable mujer que recibe desde las ocho de la noche hasta las tres de la madrugada a los caballeros que buscan un alma hermana metidita en carnes...? Habras dicho para tus adentros: Es una perdida...! Y no me hubieras contestado ms. Esto me habra apesadumbrado, porque te llegu a tomar cario. Aqu, en la casa, mis compaeras me gastaban bromas: Ya est Leo escribiendo a su galn...! No le hablis...! Es sagrado...! Y tenan razn! Te escriba todas las noches, despus del yantar, y si me hubiesen molestado, me habra vuelto loca de rabia... CIRILO (_turbado_).--No tengo por qu censurarla, seora. Por el contrario, le debo un gran reconocimiento. Esperaba sus cartas todas las maanas con una impaciencia de la que no puede usted tener idea. Eran tan compasivas y tan conmovidas...! Se las lea a mis compaeros de trinchera y luego a mis camaradas de ocupacin en Maguncia. Todo el mundo me envidiaba; los amigos que partan con permiso me pedan la direccin de usted con el pretexto de traerle noticias mas. Y yo no quera drselas...! LEONIE.--Tenas celos? CIRILO.--No...! Pero los soldados que pasaron en las primeras lneas los meses ms rudos conservaron la rudeza de su precaria existencia. No saben hablar a las mujeres, y alguno hubiera podido agraviarla... LEONIE.--Bah! Figrate t...! Precisamente en mi oficio...! CIRILO.--Desconoca su oficio, como usted dice. Supona que usted era el ama de gobierno de una seora anciana... su lectora... LEONIE (_soadora_).--Por esto y nada ms que por esto hubiera querido esperarte en la estacin y llevarte conmigo por ah. Te avergenzas de m...? CIRILO (_sincero_).--Oh! No tengo derecho a juzgarla. Ya ve usted...! Yo no haba pensado siquiera en buscar madrina... LEONIE (_asombrada_).--Es posible...? Entonces el anuncio de la _Vida Parisiense_... CIRILO.--Era una broma que mis compaeros me haban gastado sin que yo lo supiera. Cuando usted me escribi, su carta me pareci tan bonita, que contest. De esta manera comenz nuestra correspondencia. Yo la estimul; adverta en usted una criatura delicada y maltratada por la vida. Nos comprendimos. LEONIE.--Oh! Te aseguro que te haba comprendido...! Eras tan atento y tan dulce...! Cuando tena algn pesar, me consolabas con las palabras necesarias. Ser una estupidez, pero llegu a enamorarme de ti... No te disgusta que te lo confiese...? CIRILO (_confuso_).--Sin duda est usted de buen humor...! LEONIE.--Hablo muy en serio...! T no eres como los dems; t tienes carcter. Cuando una persona es un grosero, no escribe cosas tan bellas. Por esta causa, yo haba trazado mis proyectos para el porvenir: En cuanto vuelva, saldr a su encuentro. Nos juntaremos; nos iremos a provincias, a su lindo pas de Gascogne, donde estar bien escondida. Me encargar del cuidado de su casa. Le ayudar; ser su abnegada compaera, su esclava, y le amar tanto que acabar por ser dichoso... Todas las noches me dorma pensando en ti y rezaba tambin por ti... Porque sabrs que tengo sentimientos religiosos...! CIRILO (_conmovido_).--De manera que pensaba usted en m de este modo...? LEONIE.--S...! No lo tomes a broma. Estoy segura de haberte preservado de algunos peligros. CIRILO.--Qu extrao...! LEONIE.--Ah...! Comprendido...! Eres como todos los compaeros... No tienes fe...! CIRILO.--Al contrario...! Tengo mucha...! LEONIE (_interrumpindole_).--Ms vale as...! Te aseguro que no miento...! Es intil decirte que no he sido muy feliz. Estaba de maestra de instruccin primaria en un pueblecillo del centro. Conoc al hijo del alcalde. Tena que suceder as! En un pueblecillo de provincias se aburre una. Pasa un buen mozo, bien puesto, que se dedica a perseguirnos. Y se acaba por ceder...! Luego, el seductor os deja plantada con dos nios que se parieron en secreto y que se confiaron a una nodriza... Entonces ya no se sabe a qu santo encomendarse... No basta el sueldo... Y hay que hacerse prostituta, aunque no se tengan ganas de ello... CIRILO (_cogindole las manos_).--Pobrecita ma...! LEONIE.--Afortunadamente, di con la seora Boel, que se port muy bien conmigo. A esta casa vienen solamente personas distinguidas, que no tienen maneras brutales y que pagan convenientemente. Qu diantre...! Son como parroquianos...! La casa est habitada por familias burguesas. Ninguno de los inquilinos sospecha que haya aqu una casa de citas. Jams se da un escndalo; las mujeres no se extralimitan en nada; nunca hemos tenido disgustos con la Polica. Pero me estoy charla que charla y no me acuerdo de que hablemos de ti. CIRILO.--Bah! Yo no soy interesante...! LEONIE.--Por qu...? Vas a ser desmovilizado y debes preocuparte del porvenir... CIRILO.--Volver en seguida a mi antigua profesin... LEONIE.--Tan joven y ya tienes una profesin...! CIRILO.--S...! LEONIE.--Y a qu te dedicabas cuando eras paisano...? Nada... nada...! Tienes que contestarme...! Yo te he referido toda mi vida y t debes ser tambin franco conmigo... De lo contrario, me imaginar que tienes un oficio del que te avergenzas... CIRILO (_confuso_).--No es sta precisamente la razn que me impide confesrselo a usted... LEONIE.--A pesar de mi profesin, yo, hijo mo, soy una buena muchacha... Es que no tienes confianza con tu madrina...! CIRILO (_vacilante_).--Va usted a tomar a mal que no se lo haya avisado antes...! He sido un cobarde. Yo pens: Si me descubro, no me escribir con tanta franqueza...! Adems, hubiera usted dejado de enviarme las golosinas y los obsequios, que yo reparta entre mis compaeros. Fu muy culpable y ahora sufro el castigo de mi disimulo...! LEONIE (_impaciente_).--Acabars por desesperarme! Qu ocultas en tu existencia...? Acuas moneda falsa...? Te dedicas a la trata de blancas...? Eres diputado...? Contstame...! CIRILO.--Soy cura...! LEONIE (_estupefacta_).--Eh...? Que t... que usted es sacerdote...? CIRILO.--Antes de la guerra estaba de cura ecnomo en Saint-Sacernien-Haute-Garonne. Sent plaza para mientras durase la guerra, como mis compaeros. Veinticuatro meses disfrazado! Luego me hirieron en Bouchavesnes; despus entr en aviacin. Y aqu estoy...! No me guarde usted rencor por esta tarda confesin, puesto que usted misma la ha provocado. Yo hubiera querido salir de esta casa dejando a usted ignorante de mi condicin. La veo consternada y pronta a llorar... LEONIE.--No me faltan motivos para ello... Ahora va usted a detestarme... CIRILO.--Soy tan amigo de usted como antes. En cualquier tiempo, nuestra misin fu toda de indulgencia. Pero la guerra ha venido a confirmarla; cuando se vi lo que yo he visto, sintese uno incapaz de severidad, si no es para consigo mismo. Aunque hubiera sabido quin era usted, no habra dejado de venir. LEONIE.--Es usted demasiado bueno, caballero...! Me consuela lo mejor que puede. Si yo lo hubiera sabido, jams me hubiera atrevido a escribirle... CIRILO.--Lo importante para la nobleza de nuestros actos es la intencin, no la persona. Yo he conservado sus queridas cartas y las releer cuando dude de la bondad de los humanos. No me avergenza la ternura que contienen; usted ha puesto en ellas lo mejor de su corazn. Y si no ve usted inconveniente en ello, le ruego que contine esta correspondencia. LEONIE.--Cmo...! Ya, en lo sucesivo, es imposible...! CIRILO (_sonriente_).--Por qu no se atrever usted a dirigirse a un ministro de la religin, mientras que, en cambio, charlaba libremente con el peludo Bauquet? Pues es una tontera, mi querida amiga...! All lejos, como ayer, cumplir con mi obligacin y necesitar de alguien que me d nimos. Adems, qu sera de usted si no tuviera ya la ayuda moral que mis pobres cartas le proporcionaban...? LEONIE.--Yo pensaba escribir a un hombre, caballero...! Me haba forjado ciertas ideas... CIRILO (_sonriente_).--Acaso el sacerdote no es un hombre...? Ninguno, entre mis hermanos, se atrevera a censurarme en este instante. Tengo una deuda de agradecimiento para con usted, y quiero saldarla. Pude apreciarla en todo su valor, mi querida amiga; un alma como la suya no est completamente perdida. Usted puede redimirse de sus faltas, si hay falta en ello. LEONIE (_vaga_).--Cierto...! Pero ya no me las pagarn...! CIRILO.--Usted puede ganarse la vida en otro oficio ms... cmo decirlo...? ms catalogado... Es usted inteligente e instruda; le recuerdo sus propias palabras: usted pensaba convertirse en la esposa de un desmovilizado... LEONIE.--En la suya...! CIRILO.--Yo le encontrar una colocacin decente lejos de Pars. All, si usted lo desea, podr aislarse del pasado y olvidar lo que ha sufrido. Se convertir de nuevo en un ser libre. LEONIE.--Todo eso es muy bonito, pero irrealizable. Si usted hubiera sido un ahijado como todos los dems, hubiramos podido entendernos. Usted hubiese encontrado en m una criada sumisa y pronta a embellecerle todos los minutos de la vida. Hay que renunciar a ello; vuelvo a caer en mi miseria... CIRILO.--Por qu no intenta usted siquiera un esfuerzo...? LEONIE.--Le repito que no resulta prctico. Ejerzo una profesin que no es de las ms regocijadas; hay en ella momentos desagradables... Pero no sirvo mas que para esto...! La costumbre nos hace indiferentes a todas las nuseas... Sea como fuere, tengo el pan seguro para m y para mis hijos. Usted me ha ofrecido buenos consejos, que, por desgracia, llegaron un poco tarde. CIRILO.--Nunca es demasiado tarde...! La Magdalena... Santa Mara Egipcaca... LEONIE.--Siempre mencionan a stas...! Son el orgullo de la corporacin. Tuvieron suerte, y nada ms. En nuestro oficio, para ser perdonadas, hay que hacer antes fortuna. Despus se compra un castillo y se vuelve una decente. CIRILO.--Usted ley eso en las novelas...! LEONIE.--De ningn modo...! Conozco a seoras respetables que principiaron como yo, pero que supieron administrarse y ahorraron dinero. Se casaron y entraron en el buen camino. CIRILO.--No pierdo la esperanza de hacer que usted entre tambin en l; pero por medios ms sencillos. (_Levantndose._) Ea! Ya es tarde y tengo que hacer un montn de cosas... Mi querida madrina: cuando no lleve este uniforme me ser muy difcil visitarla. Adems, abandonar raras veces mi puesto. Promtame que me escribir, que me permitir continuar por carta la obra de su rehabilitacin... LEONIE (_triste_).--Se lo prometo, caballero...! No me servir de mucho... En fin, podemos probar a ver... Lo acompaar hasta la puerta... _Leonie lleva a Cirilo hasta el recibimiento; apenas cerrada la puerta, aparece la sirvienta._ LEONIE.--Qu quieres...? LA SIRVIENTA.--Es lo de siempre... El general, que est colgado del telfono... Pregunta por cuarta vez si volviste a casa... El pobrecito pierde la paciencia. Qu se contesta...? LEONIE.--Que ya voy...! Maldito rufin...! LA SIRVIENTA.--Se march tu ahijado...? Y sin tomar nada...? LEONIE.--No! Figrate...! Es una aventura extraordinaria! Conoces la historia de _Thais_? LA SIRVIENTA.--He ledo algo de eso...! No es un cura de antao, que va a casa de una muchacha alegre para convertirla...? LEONIE.--Justo...! Pues bien, amiga ma; acaba de sucederme lo mismo... LA SIRVIENTA.--Entonces... te metes en un convento...? LEONIE.--Por ahora no! Voy a ver al general... A escape...! Mi sombrero...! XIII CURSO DE AMOR _La seorita Dora Lazique est prometida; debe casarse con el hijo de la firma Lardant-Edward (coches automviles). Ama mucho a su prximo compaero de existencia. Agreguemos que carece de fortuna y que, por consiguiente, su matrimonio es un matrimonio de amor. Reconcese un matrimonio de amor en que el novio aporta la fortuna y adopta el rgimen de la comunidad: a esto se reduce el herosmo del paladn moderno; puede arrepentirse de su gallarda ms tarde, a la hora del divorcio. La seorita Dora acaba de saber por un annimo que su prometido conserva un hilo atado a la pata; es decir, que este joven no ha liquidado su pasado. En esto, lo mismo que en otras debilidades, parcese a muchos jovencillos del Tercer Estado, que no tienen valor para romper y conservan a sus queridas hasta ms all del matrimonio; de suerte que el adulterio es concomitante de los esponsales, y contina despus de los primeros meses del enlace. Habra que formular cosas definitivas referentes a este problema, pero no tenemos tiempo. Ahora bien; la seorita Dora, al recibir el annimo, no se ha espantado ni ha intentado torturar a su prometido exigindole que se lo confiese todo. Ha reledo la carta sin firma: Su prometido tiene una querida, que vive en la calle Molitor, nmero 26, y que se gana la vida dando lecciones de arte industrial; se llama Julia Duval. Trtase de una buena muchacha, vctima de un impostor. Si usted tuviese vergenza...; etc. Dora piensa que la vergenza parece el nombre de una piel; no ha perdido la serenidad un solo instante; decide presentarse en la calle Molitor y ver a la seorita que fu la buena amiga de su futuro. Parte, pues, acompaada de su aya, a la que pone de centinela delante del 26 de la calle Molitor. Luego sube a casa de la seorita Duval, que vive en un sexto piso; llama, y sale a abrirle una seora anciana._ DORA.--La seorita Duval...? LA SEORA.--Aqu es...! Viene usted a propsito de las lecciones...? DORA.--Estoy de paso en Pars y querra adquirir algunas nociones de pirograbado. (_Alargndole una tarjeta._) Soy la seora Stowe, de Chicago. LA SEORA.--Voy a avisar a mi hija. _Sale y deja a la seorita Dora en este recibimiento, que adornan unas acuarelas pobremente enmarcadas y unos grabados extraos. Al cabo de algunos minutos, otra seora, menos vieja de aspecto, abre la puerta de un saloncito-estudio de apariencia muy divertida, porque se adivina que la duea de la casa ha fabricado por s misma todo el decorado: maderas quemadas, cueros estampados, estaos repujados, gredas adornadas y muebles de madera blanca pintados; encima de la chimenea, y en un marco esplndido, sonre la fotografa del que fu dueo de la casa. Est pidiendo a gritos que lo abofeteen. Tan satisfecho de s mismo aparece!... La seora anuncia a una mujer con un rostro que debi ser lindo, y al que una tristeza ya lejana otorga una nobleza especial. Es Julia Duval._ JULIA.--Es usted la seora Stowe, verdad? DORA (_con un acento americano bien imitado, pero que no engaa a nadie_).--La misma! Vengo con motivo del pirograbado y del cuero. JULIA (_muy tranquila_).--Estoy a sus rdenes. Qu gnero de objetos desea usted estudiar ms especialmente? DORA (_guiada por cierta presciencia_).--Dios mo...! Los objetos de ornamentacin corriente... Los que convienen a un hogar burgus... JULIA.--Comprendido...! Usted tiene un marido que se interesa por las artes aplicadas y que deseara convertirla en una artesana... DORA.--No! Estoy aqu sin que lo sepa. Querra darle una sorpresa, me entiende? JULIA (_que ya sabe a qu atenerse_).--S! Se trata de una de esas gestiones que una no se atreve a confesar a su prometido, y todava menos a su esposo, aunque ste sea tan americano como usted y como yo. DORA (_ingenua_).--Justo! Usted es la persona indicada para guiarme. JULIA.--De veras? Ha visto usted obras mas...? DORA.--Naturalmente...! En el Saln...! JULIA.--Pues tiene usted muy buena vista, porque debo confesarle que no he acudido a ninguna Exposicin. DORA.--Qu aturdida soy...! Yo he visto trabajos de usted en otra parte... En casa de Chose..., o de Machin... JULIA (_complaciente_).--Apuesto a que ha sido en la calle de San Honorato...! DORA.--Eso es! Qu cosa tan bonita, Dios mo...! JULIA.--Gracias por sus plcemes; los adoro cuando son sinceros. DORA.--Adems haba odo hablar de usted...! JULIA.--Ah! Quiere decirme a quin...? DORA.--A una amiga que desea permanecer desconocida. JULIA (_burlona_).--Lo adivino! Una amiga annima, verdad? DORA.--Algo parecido! JULIA.--Dar usted las gracias a su amiga, puesto que me proporciona una discpula tan agradable... DORA.--En cuanto al precio... JULIA (_interrumpindola_).--Ya hablaremos de esto ms adelante. Sintese en ese silln, porque tenemos que decirnos muchas cosas. DORA.--Usted qu sabe? JULIA.--Hace poco tena yo un presentimiento. Y pensaba: Hay una seora Stowe, de Chicago, que vendr a verme una de estas tardes para pedirme algunas lecciones. Se mostrar muy confusa, a causa de su gestin, que es un poco atrevida, y apenas llegada aqu tendr grandes deseos de marcharse. Son tan tmidas las americanas...! DORA (_valerosa_).--Se equivoca usted. No me marchar si no me echa a la calle. JULIA.--Me guardar muy bien de portarme as con una persona que acude a m con tanta cortesa. A mi edad, y en mi posicin, debe una dedicarse a formar buenas discpulas, verdad...? DORA.--Eso depende de las intenciones de usted. JULIA.--Oh! Voy a retirarme de los negocios despus de no haber hecho fortuna. Ya no valgo para nada. Por lo tanto, le ceder muy gustosamente mis secretos. Desea usted adornar la casa de su marido...? No conozco al seor Stowe; pero... (_Ojeada a la fotografa._) conozco a bastantes individuos que se le parecen; tomaremos, pues, un nombre general: el del seor Stowe. Adems, todos los nombres se parecen...! DORA.--Tratemos slo del seor Stowe. JULIA.--Es ms cmodo. Vamos a ver... El seor Stowe, es su marido desde hace muy pocos das...? Es un buen mozo, todava joven, de unos treinta y cinco aos...? DORA.--As es, poco ms o menos. JULIA.--Y usted no sabe an nada acerca de su carcter ni de sus gustos...? DORA.--Dios mo...! JULIA.--Dejemos en paz a Dios...! Usted tiene empeo en ser feliz con un ciudadano al que ha aceptado a ojos cerrados...? Nada ms sencillo, si usted acierta a conducirse bien. En primer lugar, lo ama usted? DORA.--Oh! Ya lo creo...! Estoy segura de ello...! JULIA.--El, por su parte, debe amarla. Sin duda, para casarse con usted, ha sacrificado algunos afectos que estimaba en mucho. DORA.--Lo ignoraba hasta hace poco. JULIA.--Bueno! Desde luego hay que contar con que es un hombre formado para la vida del hogar. No se trata de un bohemio. Necesita sus comidas a una hora fija y sus... diversiones estn previstas de antemano. Usted es bastante joven para l y acaso toma el matrimonio como una liberacin de la vida de familia. El, en cambio, entra un poco ms en ella. Mucho cuidado! De aqu provienen las primeras discrepancias. Las primeras horas de toda unin son las ms difciles. Si en ellas sobreviene el choque, se acab!... No caiga usted en el exceso contrario y no sea una fregatriz. Con una poca costumbre, llegar usted a discernir los das en que hay que ser una compaera de fiesta y aquellos en que hay que resignarse a no ser mas que una esposa. Apuesto a que el seor Stowe es uno de estos egostas risueos que quieren que todo el mundo sea feliz en el momento en que ellos estn satisfechos de la vida, y que no toleran que nadie est alegre si ellos estn tristes. No son unos indiferentes; pero consideran al mundo con relacin a su querida persona. Amanse ellos en usted, si me es lcito hablar as, y la aman a usted al travs de ellos. Se ha pretendido errneamente que el amor era el egosmo de dos personas...! DORA.--Me tranquiliza usted...! JULIA.--Los hombres no son santos; pero tienen una excusa, y es que las mujeres apenas valen ms que ellos. Si se encuentran algunas mejores, entre todas, no hay que alabarlas demasiado; la bondad es para ellas un deporte o una costumbre. Prosigamos...! Que la acogida de usted sea siempre risuea, como el vestido ser siempre objeto de sus cuidados. Un joven autor ha consagrado una comedia a las mujeres que no se preocupan de s mismas. En ellas les ha hecho saludables advertencias. DORA.--No tema usted nada. Tengo una serie de _deshabills_ muy notables. JULIA.--Todo no se reduce a los _deshabills_. Usted debe estar siempre en plena representacin delante de su marido; ha de interpretarle continuamente la comedia del descuido; en este momento es usted joven, todo marcha bien y las menores cosas le resultarn fciles; dentro de diez aos habr perdido usted ya su brillo y ganado otros atractivos. Yo as lo espero. Sin embargo, tendr usted que estar sobre aviso, y esta diplomacia no se improvisa. El tiempo en que la mujer est segura de s misma dura muy poco; el tiempo en que est segura de su marido dura todava menos. Hay que prever el minuto en que el compaero es amenazado por el demonio de la saciedad. DORA (_desconsolada_).--Supone usted que mi marido se cansar de m? JULIA (_amargamente_).--No se cans de su querida? Porque supongo que el seor Stowe habr tenido una querida antes de su matrimonio. DORA.--Yo tambin lo supongo. JULIA.--Y piensa usted que esta mujer, que no haca con l su primer experimento, y que acaso lo amaba, no habr recurrido a todo para atrarselo y conservarlo...? DORA.--Y, en opinin de usted, por qu no lo consigui...? JULIA.--Porque el hombre ms enamorado siente la necesidad de comprometer su dicha, aunque no sea mas que para convencerse a s mismo de que es libre; una mujer alegre conserva raramente a su amigo, o, si usted lo prefiere, a su amante, ms de siete aos. DORA.--Qu diferencia establece usted entre el amante y el amigo? JULIA.--Para nosotras, el amigo es el amante legtimo, es lo que representa en nuestra clase al esposo, al caballero de confianza. Despus de todo, los mejores maridos para ustedes se fabrican con nuestros amigos. DORA.--Comprendido! Ustedes son, como quien dice, una escuela de aplicacin...! JULIA.--Ay, s...! Y no ignoramos que formamos discpulos para bien de las mujeres honradas, que nos detestan. Nuestra nica venganza consiste en pensar que con el tiempo nos casaremos con los maridos divorciados de nuestras rivales. DORA (_furiosa_).--Pero yo no quiero que suceda eso! JULIA.--No lo digo por usted, seorita! Confo en que sabr usted defender su tesoro. DORA.--No deseo otra cosa; pero reconozco toda mi inferioridad... JULIA.--Qu entiende usted por eso...? DORA.--Es difcil de explicar! Hay una ciencia del amor, que se hace muy mal en no ensear a las jvenes. De esta suerte, las tales llegan al matrimonio sin conocer los refinamientos que agradan a su compaero. JULIA (_riendo_).--No va usted a hacerme creer que las jovencitas de hoy estn tan poco enteradas de estas cosas. He odo confidencias de caballeros que me ensearon bastante acerca de la inocencia de las seoritas de la buena sociedad. Muchas de estas mosquitas muertas podran darnos lecciones! DORA.--Desgraciadamente, es exacto; sin embargo, hay entre nosotras algunas que no estn muy enteradas y que quieren aparentar que saben ms de lo que saben realmente. JULIA.--Pues aconseje a stas que no se engran con una ciencia de la que no conocen mas que los principios. El hombre que sea su marido, tendr a gran felicidad ensearles la prctica, si le parece bien. Adems, ser preciso animarle; lo que se cuida ms en una comida son los entremeses y el postre. Es importante no asombrarse ante las primeras sorpresas! Por el contrario, reprima usted las manifestaciones de su asombro y diga que todo tiene su razn de ser, hasta las familiaridades que al principio le parezcan excesivas. Sobre todo, no se niegue usted a nada! No sea indiferente ni distrada; espere a comprender el porqu de las acciones que la desconcertaron; esta revelacin no le ser concedida sino al cabo de un tiempo vario; con paciencia y buena voluntad, apenas se har esperar. DORA.--Muchas amigas mas me han confesado que ellas no haban experimentado nunca esta revelacin. JULIA.--Porque sus amigas tendrn unos esposos imbciles o torpes; lo cual viene a ser lo mismo. O bien porque ellas sern bastante tontas y se habrn asqueado de un juego en el que no ganaban desde el primer instante. No hay atajo sin trabajo, ha dicho un fabulista. DORA.--Confiese usted que todo esto resulta muy complicado! JULIA.--Pasa lo que en todos los aprendizajes; pero crea usted que el aprendizaje es lo ms delicioso que hay. Conviene entregarse a l sin procurar analizarse; toda distraccin es nefasta en estos minutos. Procure especialmente no aparentar un entusiasmo que no sienta; esto no engaa a nadie y es ms bien vejatorio para el copartcipe, que tiene medios de comprobar la sinceridad de los sentimientos y la exactitud de las expresiones de usted. Al principio, la ignorancia de usted ser lo que le seducir mejor; luego seguir con alegra sus progresos; el minuto ms precioso ser aquel en que adivinar que usted toma inters en la partida, jugando fuerte y pagando fuerte y en buena moneda. En esta noche quedar l conquistado definitivamente y no pensar ms en la querida, que le ense el arte de las caricias. DORA.--Est usted muy segura de que no pensar ms en ella? JULIA.--Se lo juro; puede usted entregarse con toda confianza al dulce dueo, que la iniciar. Adems, nunca le recomendar bastante que dedique todos sus cuidados al guardarropa. Una mujer enamorada debe estar siempre dispuesta a las conversaciones inesperadas; a partir de los treinta y cinco aos, en cuanto un hombre tiene un... motivo de conversacin, quiere aprovecharlo en seguida, ante el temor de que esta conversacin decaiga; est usted siempre engalanada y emperifollada; no provoque la charla, pero compngaselas para favorecerla. Si parece que su marido no le hace mucho caso, no recurra a los celos; stos son mal excitante, que dejan en pos de s microbios de reproches y de discusiones. Tampoco sirve de nada una visible tristeza; la mujer triste pierde mucho de su encanto o impacienta a su marido. Cierto que excita a los otros; lo cual es una compensacin... DORA.--Una compensacin para las coquetas...! JULIA.--Una coqueta no est triste nunca. Otra recomendacin: no se muestre jams aburrida, porque correra usted el riesgo de aburrir. Sonra, rmese de buen humor y siempre llevar usted las de ganar. Ea! Se me olvida algo...? DORA.--Oh! Todava tengo que aprender muchas cosas. No sospechaba que la vida fuese tan complicada... JULIA.--Tranquilcese! Tiene usted lo esencial, porque es usted bonita, joven y adems nada tonta. DORA.--Y en qu nota usted que no soy tonta? JULIA.--En la gestin que ha hecho. Pocas jvenes hubieran sido capaces de ello, seora Stowe! No le guardo rencor por esto; al contrario, me parece muy bien. Sin embargo, pudiera usted haber dado con una profesora de pirograbado menos indulgente que yo...! DORA.--Le ruego que me perdone si mi visita le ha causado alguna pesadumbre. JULIA.--Mi pesadumbre pas hace ya mucho tiempo. Sin duda voy a empezar otra vez mi vida. No hago otra cosa de veinte aos a esta parte! DORA.--Me dolera entretenerla ms tiempo. (_Levantndose._) Toda leccin merece su salario, seora! La ofender suplicndole que acepte esta sortija, que no tiene valor alguno...? (_Le ofrece una sortija que se ha quitado del dedo._) JULIA (_cogiendo la sortija_).--Muchas gracias, seorita! _Acompaa a Dora y luego entra en el saln, donde la seora anciana acude a su encuentro._ LA SEORA.--Qu! Tienes una nueva discpula? JULIA.--No, mam! Es una muchacha que carece de condiciones para el estudio... XIV CURSO DE CANTO _El despacho de un juez de instruccin; moblaje pobre; un bureau debajo de una ventana; tres sillas; una biblioteca con cortinillas, que probablemente no encierra ningn libro; una puertecilla, que da a las habitaciones del escribano, invisible; se entra por otra puerta que hay en el fondo. Los que vienen por aqu vuelven solos raras veces. A esta puerta va a llamar cierto da el seor Eloy Genvrain; este quincuagenario agostado no se retrasa mucho; en esta misma maana ha recibido una hoja invitndolo a presentarse en el palacio de Justicia, a cosa de las dos, en el despacho del seor Renato de Espardeillan, juez de instruccin. Este viejo caballero estaba ayer mismo reluciente y llevaba erguida una noble faz, muy rasurada, peluda, adornada con una gran nariz delgada y subrayada por un bigote en forma de parntesis. Pareca un bravo jabal domesticado! Hoy no es mas que un msero vejete, repentinamente encorvado, que parece implorar la caridad. Comprndese que este hombre no se teir ms! La vejez lo ha herido irremediablemente, gracias a la citacin del juez._ _Despus de un calvario de indagaciones, llega ante el umbral del Torquemada; llama a la puerta; acrcase un escribano polvoriento; el paciente muestra su citacin; es introducido en este despacho. Sobre el_ bureau _est inclinado un caballero joven, delgado y ms bien elegante, con el aspecto de un primer actor del Vaudeville: nariz roma, boca glotona, ausencia de cejas y calvicie agresiva. Este magistrado, poco decorativo, se levanta cortsmente e indica una silla Imperio que hay junto a su temible_ bureau. EL JUEZ.--Es usted el seor Eloy Genvrain, diputado del Bajo Saona, verdad? ELOY (_humilde_).--El mismo, seor juez! EL JUEZ.--Muchas gracias por haber acudido tan pronto a mi citacin; trtase de un asunto en que los querellantes dan muestras de una prisa especial y quieren una solucin pronta. ELOY (_fingiendo torpemente una sorpresa_).--Le confieso que estoy mal preparado para esta conversacin! EL JUEZ (_burln_).--De qu piensa que se iba a tratar en ella? ELOY.--Soy relator de la ley acerca del aumento de sueldo a los magistrados instructores y pensaba que usted deseaba interrogarme sobre este particular. EL JUEZ (_turbado_).--No, seor diputado...! Desde luego, esta cuestin no me es indiferente. Pero yo le he llamado aqu para un asunto que le atae de un modo ms directo. Le acusan a usted de corruptor de una menor. ELOY (_dando un brinco_).--Yo...! Yo...? Qu infamia...! EL JUEZ.--Comprendo su emocin. Sin embargo, hay una querella contra usted! ELOY (_sin darle importancia_).--Tiene gracia! EL JUEZ.--No lo dudo; pero, con arreglo a los informes de la Polica, usted fu sorprendido en un hotel de la calle de las Grandes Baldosas en compaa de una muchachita que no haba cumplido los quince aos; el padre y el hermano de la joven lograron del comisario un proceso verbal instrudo a instancias suyas; la joven Elisa Machut declar ante el oficial de Polica que haba sido llevada a este hotel merced a prfidos manejos, y que una vez encerrada con usted no haba podido substraerse a sus galantes empeos. ELOY (_aniquilado_).--Seor juez: soy vctima de una abominable maquinacin! Han logrado dar un golpe de _chantage_ poltico sin ejemplo en la historia del sufragio universal! EL JUEZ.--No veo la relacin que pueda tener esto con el sufragio universal! ELOY.--Me juzga usted culpable? EL JUEZ.--Yo le pregunto solamente si confiesa los hechos. ELOY.--No puedo negarlos, puesto que me cogieron en flagrante delito! Pero es preciso que sepa usted la verdad! Aqu donde usted me ve, caballero, nunca he engaado a mi mujer...! EL JUEZ (_dubitativo_).--Sin embargo...! ELOY.--Quiero decir que nunca la haba engaado hasta estos ltimos tiempos. Y algn mrito tena el conservar esta constancia...! Soy diputado desde hace cinco aos. Excuso decirle las tentaciones que habr tenido que sufrir en los teatros subvencionados! Adems, he redactado el informe de Bellas Artes. Y he permanecido casto...! Este hecho es nico en los anales de Bellas Artes! EL JUEZ.--En efecto! ELOY.--Puede usted felicitarme tanto ms cuanto que la seora Genvrain, sin que horripile, tampoco puede pasar por una belleza. EL JUEZ (_indulgente_).--Y usted no tena valor para engaarla! Claro! As, las seoritas subvencionadas no resultan ya tan atrayentes. ELOY.--No tengo opinin sobre este asunto, porque nunca quise verlas de cerca. EL JUEZ.--Estos escrpulos le honran. Pero despus se ha desquitado usted...! Las quera usted menores, picarn! ELOY.--Yo picarn...! Usted tiene ganas de broma...! Aborrezco el amor, as se trate del conyugal...! EL JUEZ.--Usted oculta sus intenciones, mi querido diputado! ELOY.--Le repito que soy vctima de una maquinacin. La culpa de todo esto la tiene la Proporcional. EL JUEZ.--No comprendo cmo la Reforma electoral le ha impulsado a llevar a una menor a una casa de citas. ELOY.--Porque usted no conoce la perfidia de los competidores. Voy a desenvolver ante usted toda la canallada de mis adversarios. Podra hacerse con ella una pelcula...! EL JUEZ (_resignado_).--Est usted aqu para defenderse y yo le escucho con paciencia. ELOY.--Mi historia ser breve. En el Bajo Saona soy el campen de las ideas avanzadas; los republicanos cuentan siempre conmigo; recib proposiciones de Fumeux. No lo conoce usted? EL JUEZ.--No. ELOY.--Es el boticario de Bizons-les-Dames, un agente de la reaccin, a quien derrot en las elecciones de mil novecientos catorce. Este me dijo: Genvrain: quiere usted figurar conmigo en la lista de candidatos? La Accin Francesa le apoyar; saldr usted con dos conservadores, que se disfrazarn de moderados; yo y Chaulard, el liquidador, corremos con los gastos... Qu hubiera hecho usted en mi lugar...? EL JUEZ (_cndido_).--Hubiese aceptado. ELOY.--Yo lo rechac! No se ha hecho ese pan para mis dientes! EL JUEZ.--Bah! La cuestin es comer! ELOY.--Fumeux separse de m lanzndome una mirada perversa, y me amenaz de esta suerte: Amigo mo: ya que se empea usted en obrar por su cuenta, veremos cmo nos las arreglamos para impedirle que triunfe. Entonces no conced importancia a estas palabras; sentame orgulloso de haber rechazado los obsequios de Artajerjes. EL JUEZ.--Todo esto no me explica... ELOY.--Espere usted! A partir de aquel da, recib extraos ofrecimientos: me proponan entrar en Consejos de Administracin y patrocinar negocios comerciales. Iba a ganar miles y ms miles. No se me exiga trabajo alguno! EL JUEZ.--Y decir que yo he buscado durante toda mi vida una ganga como esa! ELOY.--Es usted una criatura! Vease demasiado la trampa; pretendan comprometerme en un negocio puerco. No iban a ir con semejantes destinos a un imbcil como yo...! EL JUEZ.--Justo! ELOY.--Sin embargo, yo no era lo suficientemente estpido para dejarme atrapar; cuando los otros vieron que por este camino no iban a conseguir nada, ensayaron otra martingala: me mandaron a Chabornac; ste es uno de mis electores ms influyentes, un encargado de caf-cantante de toda mi confianza. El tal Chabornac vino a buscarme hace pocos das y me habl de esta manera: Mi querido diputado: vengo de parte de la familia Machut para ver a Elisita Machut, que ha hudo del hogar paterno a fin de debutar en un caf-cantante. A estas buenas personas les disgusta tener una nia en el teatro y querran traerla al buen camino a fuerza de puntapis en... Ya me entiende usted...! En fin, si usted quisiera, vendra conmigo al curso de Canto donde la rapaza se perfecciona; le echaramos el guante, usted le dira buenas cosas y yo me la llevara a Bizons. Usted no puede negarme esto, que causar, adems, un efecto excelente en su distrito...! Yo no me haba olido la trastada, y segu a mi Chabornac; llevme a lo ms hondo de una callejuela, all, por el bulevar de Estrasburgo; subimos la escalera de una casa tan nauseabunda, que usted no la hubiera encontrado digna de albergar siquiera sus canes. Al llegar al entresuelo, pasamos a una habitacin sin muebles; no haba en ella mas que un piano, sobre el cual manoteaba un msero bujarrn tuberculoso; en torno suyo haba una fila de mujercitas, que repetan a coro una cancin necia. El profesor les tarareaba el estribillo de moda; estas desventuradas deban desgaitarse cantando en seguida aquello en los _music-halls_ de provincias, donde son entregadas como pasto a los sargentos mayores de la guarnicin. Y que se tolere esto en nuestra poca...! EL JUEZ.--Se toleran tantas cosas...! ELOY.--Qu tristeza...! Valiente porquera el tal curso de Canto...! Las pobres criaturas cantaban al unsono y descubran sus muslos con el mismo ademn. No he visto en el mundo nada ms lgubre que aquello. En la primera hilera de estas rprobas distinguimos a Elisita Machut, que se mova con ms ardor que sus compaeras y que alzaba la pierna a la altura de un principal. Ya le dar a usted la direccin, seor juez, para que haga cesar este escndalo! EL JUEZ.--S..., s...! Contine...! ELOY.--Esperamos a que acabara esta triste exhibicin; luego se adelant Chabornac, se llev aparte a la rapaza durante algunos minutos y despus de esto me la trajo, dicindome: Aqu la tiene, seor Genvrain! Es una chica razonable, que slo desea tornar al buen camino; vamos a llevarla a comer y usted le sermonear lo que sea necesario... Le juro que haba tomado en serio mi papel de bienhechor; por otra parte, la tarea era fcil: la joven Elisa tena una cara apicarada y un cuerpo delicioso y carnosito. Hubiera usted pensado que contaba por lo menos veinte aos. Tan hermosa y robusta pareca...! EL JUEZ.--Evidentemente, usted se dej engaar por las apariencias...! ELOY.--Fuimos a comer al restaurante Duval para acabar nuestra conversacin; el miserable Chabornac me haca beber, mientras que yo multiplicaba los sabios consejos a la rapaza; sta estaba sentada a mi lado; me contemplaba con sus grandes ojos y murmuraba: Qu bien habla usted...! Habla como mi confesor. Estuve enamorada de mi confesor cuando hice mi primera comunin... Yo charlaba y beba...! A los postres, Chabornac se eclips, como quien no hace nada, dejndome con la pilluela. Esta habase vuelto completamente buena y me juraba que tomara el tren del da siguiente para tornar al redil; yo sentame feliz y orgulloso de haber realizado una buena accin; cierto que estaba a medios pelos y que consideraba al universo con indulgencia. Notaba en m una imprevista juventud. He de advertirle que no fu nunca joven. Ejerca el cargo de ujier en Bizons cuando mi mujer se fij en m. Yo no haba cometido ninguna locura en esta capital de distrito. Desengaado de cuanto se relaciona con los sentidos, habame consagrado a la poltica, canalizando en esta direccin todas mis aspiraciones. Mientras yo predicaba justamente la prudencia, apoderse de m un demonio, que experiment un maligno placer obligndome sin decir oxte ni moxte a hacer ademanes contrarios. Pronunciaba palabras definitivas acerca del deber, en tanto que mis manos se perdan por la rolliza grupa de esta Elisa tan trmula. Qu sucedi luego...? Creo recordar que la joven me condujo a un baile pblico y que me oblig a bailar. Deb escandalizar a los concurrentes habituales de aquel lugar, porque pronto nos plantaron en la calle. Yo era ya un pingajo. La de los Machut hizo entonces de m lo que le di la gana. Cmo despert en un hotelito de la calle de las Grandes Baldosas? Comet el crimen que usted me reprocha? Lo ignoro! No soy mas que un pobre hombre que no puede con el vino de Champaa... EL JUEZ.--Sin embargo, el flagrante delito...! ELOY.--Yo dorma y soaba que acababa de ser nombrado presidente de la Comisin de Presupuestos, cuando unos golpes retumbaron en la puerta; recuerdo que, medio dormido, murmur: Levntate, Julia...! Es el correo! Julia es mi mujer. Los golpes se hicieron ms recios; mi compaera fu a abrir con una precipitacin que me asombr. Entr un comisario, seguido de los Machut, padre e hijo, los cuales no vacilaron en compararme con el ms vil de los animales. El comisario cogi mis papeles y me invit a seguirle; Elisa lloraba y se arrojaba a los pies de su pap; yo contemplaba esta escena bblica con un estupor ridculo. De sbito lo comprend todo! Haba cado en una encerrona! El traidor Chabornac haba maquinado esta perfidia; necesitbase un escndalo para desacreditar al campen de las ideas republicanas en el Bajo Saona. Los Machut se haban vendido al enemigo y Chabornac me haba traicionado! Me atrajeron a este hotel de tercer orden despus de haber alquilado previamente la habitacin. Estaba perdido...! EL JUEZ (_conmovido_).--Seor diputado: su relato es bastante verosmil; pero yo no puedo dejar de cursar una denuncia tan grave. ELOY.--Oh! No hay nada ms sencillo! Anuncie a los querellantes que no me presentar otra vez diputado si desisten de su denuncia. Quieren que cante la palinodia? Pues la canto, y en paz... EL JUEZ (_perplejo_).--Sin embargo, y si est en juego el inters de la Repblica? ELOY.--Oh! El inters de la Repblica...! Si viera usted cun poco me importa! A m no me preocupa mas que una cosa. EL JUEZ.--Cul? ELOY.--Que mi mujer no se entere de esta historia! EL JUEZ.--Ser muy difcil ocultrsela. ELOY.--De veras? EL JUEZ.--Y, adems, qu importara que lo supiera? ELOY (_aterrado_.)--Valiente ocurrencia! Ignora usted que el capital es suyo? EL JUEZ (_amable_).--Bah! Acabar usted por convencerme...! Vamos a ver, mi querido diputado... Acaso hay un medio de arreglarlo todo... ELOY.--No haga que me alegre sin motivo...! EL JUEZ.--Usted, en fin de cuentas, es vctima de unos maestros del _chantage_! ELOY.--Se convence usted? EL JUEZ.--Se echar tierra a este asunto; pero con una condicin. ELOY.--Aceptada...! EL JUEZ.--En estos ltimos tiempos, usted ha votado de una manera que ha contrariado al presidente del Consejo; usted, que era el ms firme apoyo del Gobierno, ha cedido a las peores sugestiones de la oposicin. ELOY.--Lo sabe usted...? EL JUEZ.--Ay, querido diputado! La justicia no es tan ciega como se dice. ELOY.--Ya me doy cuenta...! EL JUEZ.--No tengo que darle ningn consejo. Usted es demasiado listo para no comprender que su suerte est en sus propias manos. Vuelva, pues, a su casa, caballero...! Arreglaremos este asunto. Y en lo sucesivo desconfe del _chantage_, plaga de nuestra poca... XV CURSO DE ESGRIMA _El maestro Eustaquio Bouteloup es el director de una sala de armas situada en el barrio Monceau; tres amplias estancias, adornadas con floretes, espadas, caretas y fusiles antiguos; el maestro es un hombre de estatura mediana y horriblemente musculoso; lleva puesto el peto de asalto; su rostro evoca un retrato de Velzquez; para completar la imagen, slo le falta la gorguera... Este hombrecito es el rey de la espada y su leccin pasa por infalible; no ama mas que su arte y experimenta un placer sensual manejando espadas. Desde hace treinta aos ha sido confidente de todos los duelistas, lo mismo de los ms listos que de los ms ignorantes; solamente la guerra pudo interrumpir las consultas que el maestro Eustaquio solventaba en su pisito bajo de la calle Logelbach. Al comienzo de este dilogo, el maestro se dispone a colocar una hoja de espada en una empuadura; deplora, en tanto que canturrea, la tristeza de estos tiempos, en que nadie se bate y en que no se concede atencin al noble arte de las armas; solamente tiene como discpulos a los antiguos concurrentes a la sala, que combaten la gota o la arterioesclerosis. La guerra ha matado al duelo, lo mismo que mat a la conversacin! El maestro ha terminado de fijar la hoja en la empuadura con grandes precauciones, cuando suena la campanilla de la puerta de entrada. El maestro sale a abrir e introduce a dos caballeros: uno es el seor Bill Sharp, su antiguo discpulo; otro es un joven muy plido, muy alto, muy rubio y que no parece estar muy tranquilo._ EL SEOR SHARP.--Querido maestro Eustaquio: te traigo a uno de mis amigos, el seor vizconde Len de Cogniot, que tiene necesidad de tus conocimientos. EUSTAQUIO.--Adelante, seores! Pasen a la sala de armas; a estas horas no hay nadie todava. (_Introduce a los visitantes en el santuario._) Sintense en el divn...! Bienvenido a nuestra sala, seor vizconde...! Entra usted en un saln que vi las mejores espadas de esta poca. Ah donde se sienta usted se sentaron los ms famosos campeones de espada, que son discpulos mos. EL SEOR SHARP.--El maestro Bouteloup conserva la pura tradicin de la espada! Todo el que recibe sus lecciones es invencible! EL VIZCONDE (_dbil_).--Acepto este augurio! EUSTAQUIO.--De qu se trata...? Quiere adiestrarse este caballero? EL SEOR SHARP.--No! Mi amigo tiene que batirse en duelo dentro de algunos das... EUSTAQUIO (_sorprendido_).--Pues no lo comprendo! No est prohibido el duelo mientras dure el estado de sitio...? EL SEOR SHARP.--Tienes razn, amigo mo; pero dentro de diez das volveremos al antiguo rgimen merced a la ratificacin del Tratado de paz, y entonces las personas decentes podrn zurrarse a su talante en el terreno. En fin, ya era hora...! Se iba uno enmoheciendo...! EUSTAQUIO (_radiante_).--Gracias a Dios! Me traen ustedes una noticia estupenda, por la que les doy las gracias. Les juro que crea que mis compatriotas no tenan mas que sangre de nabo en las venas. Le prometo, seor vizconde, prepararlo con todo esmero. EL VIZCONDE (_siempre dbil_).--Muchas gracias, maestro! EUSTAQUIO.--Vamos a ver de qu se trata...! A m me gusta conocer siempre el asunto, porque debe usted comprender que si ste no me agrada lo enviar a un compaero. EL VIZCONDE.--Apruebo sus escrpulos. Mi caso es de los ms honrosos y estoy seguro de que usted, a su vez, aprobar mi conducta. No tengo nada de matn y desde mis ms tiernos aos evit las cuestiones. Yo me inclino a la conciliacin. EUSTAQUIO (_severo_).--Mal hecho! Un hombre no debe dejarse pisotear por nadie...! EL VIZCONDE.--Tiene usted razn, mi querido maestro; pero yo soy alegre por naturaleza y mis principios me apartan del duelo. EUSTAQUIO.--Veo que no es usted deportista. Usted no tiene sangre en las venas. EL VIZCONDE.--He jugado al _tennis_, que es todo lo que me permitan mis medios. EUSTAQUIO.--S! Usted ha descuidado su educacin. Contine...! EL VIZCONDE (_molesto_).--Yo he cumplido con mi deber durante la guerra! Figur en la seccin veintids y tengo los galones de sargento. EL SEOR SHARP (_confuso_).--Adelante! EL VIZCONDE.--Digo esto para indicar que no soy pendenciero y que no me gusta armar camorra con el prjimo. EUSTAQUIO.--Estos sentimientos le honran! Nunca se debe buscar camorra al prjimo! Lo que se debe hacer es aprovechar las ocasiones que ste le ofrezca a uno para romperle las narices. Eso es todo! EL VIZCONDE.--Usted har de juez, caballero! Estaba yo en el _cabaret_ de Lutecia, en compaa del seor Sharp, mi amigo, aqu presente, y de mi amiga, la seorita Amelia Migeon, conocida principalmente por el sobrenombre de _Zipette_; la velada deslizbase deliciosa, divirtindonos todos delicadamente, como personas bien educadas. Pero he aqu que viene a sentarse junto a nosotros un individuo acompaado de una especie de pellejo. No comprendo cmo admiten gente de esta calaa en el _cabaret_ de Lutecia; la mujer hallbase en un estado de embriaguez avanzada, y el hombre apenas se encontraba mejor que ella; piden champaa, y luego se ponen a mirarnos de hito en hito a _Zipette_ y a m, y a comunicarse en voz baja ciertas reflexiones, que deban ser muy graciosas porque les hacan rer de una manera irritante; yo senta que se me suba la sangre a la cabeza, y mi amiga, por su parte, se agitaba; lo cual no es buena seal en ella. EL SEOR SHARP.--No exager usted las cosas? EL VIZCONDE (_molesto_).--No soy un nio, amigo mo, y veo claramente todo. Usted, en cambio, no ha visto nada, porque nos refera su viaje al Canad. EUSTAQUIO.--Le ruego que refiera pronto su historia. EL VIZCONDE.--Est bien! Los vecinos persistan en su molesta actitud; en esto, mi _Zipette_, agotada ya su paciencia, se pone a hablar en voz alta y a gritar que haba en el vasto universo personas sin educacin, las cuales acabaran por recibir unas cuantas bofetadas de las personas distinguidas de la reunin. EUSTAQUIO.--Ah! Esto es una provocacin. EL VIZCONDE.--Usted perdone! Era la respuesta a una provocacin! EL SEOR SHARP.--Y dale! Vas a empezar otra vez...? Los testigos han reconocido que t eras el ofensor. EL VIZCONDE (_con amargura_).--Los testigos son unos calabazas! EL SEOR SHARP.--Muchas gracias! Se sacrifica uno por ti para que luego lo trates de esta manera! EL VIZCONDE.--Yo no he hablado de ti en particular! Ahora bien; apenas haba lanzado _Zipette_ estas aladas palabras, cuando la doncella de al lado, dirigindose a la concurrencia, aludi a ciertas golfantas que merecan recibir una buena azotaina; agreg que los caballeros y las seoras a quienes interesara este espectculo no tendran que esperar mucho tiempo para verlo. Entonces mi _Zipette_ apostrofa a su vecina y le dice: Usted perdone, seora! Se dirigen a m esas frases? Seora: se dirigen a los pendones en general. Pero si usted quiere aplicrselas...! Los dichos de una prostituta no tienen importancia: por eso desdeo los suyos... Etc., etc. Figrese usted cmo se regocijara la honrada reunin; esto excitaba ms a las dos seoras, las cuales llegaron a emitir dudas acerca de su fidelidad para con sus amantes. Cuando los cocheros rien, llega siempre un momento en que los golpes van a dar sobre los clientes. Lo mismo sucede en las discusiones de mujeres; hasta entonces nos habamos esforzado por calmar a las seoras, pero esto no serva sino para enfurecerlas ms; nos vimos arrastrados en la cuestin; el caballero de al lado me trat de idiota, y yo le califiqu de rastacuero; revolotearon los eptetos; con ademn simultneo nos tiramos los platos a la cabeza; yo le obsequi con un cangrejo a la americana; l me envi mollejas de ternera; nos separaron; cambiamos las tarjetas, y luego nos plantaron a los cinco en la calle. Al da siguiente nuestros testigos ponanse a trabajar; mi adversario, un tal Gmez Ocervo, espaol, exigi la espada. Esto es muy desagradable para m, porque no s coger un florete. Me bato maana, y ser incapaz de defenderme...! EUSTAQUIO.--Creo conocer a su adversario...! Calle...! Ocervo...! Pertenece a la sala Massena...! Es un tipo muy bragado...! EL VIZCONDE (_inquieto_).--De veras? EUSTAQUIO.--Si es el Ocervo que yo me imagino, le vencer desde el primer encuentro... En fin, tranquilcese... Yo me las apaar para que no resulte mas que herido. Dnde se bate usted...? EL SEOR SHARP.--En el Parque de los Prncipes, en el barrio de los exploradores, a las once. EL VIZCONDE.--Yo pensaba que nadie se bata en tiempo de guerra. EUSTAQUIO.--S! Pero se ha levantado el estado de sitio y el duelo no es ya contrario a las leyes del honor. EL VIZCONDE.--No es que tenga miedo; pero yo haba contado con un breve aplazamiento a fin de adiestrarme. EUSTAQUIO.--Voy a ensearle a ponerse en guardia. Si sigue usted bien mis consejos, no arriesgar gran cosa. Pngase este peto y tome esta careta; aqu tiene una manopla parecida a la que usar usted sobre el terreno; coloque su brazo en tal forma que su espada sea como una prolongacin de su antebrazo. Est as, inmvil! No deje que su hoja se separe de la lnea...! Usted tiene un brazo bastante slido y no debe hacer mas que recobrar inmediatamente su posicin. Ahora voy a ensayar las principales estocadas que se intentan sobre el terreno; su adversario es muy fuerte y no arriesgar combinaciones complicadas: rectas, fondos, envolvimientos, una y dos... Conteste sin descubrirse. Cuando advierta que va a venir la estocada, salte hacia atrs. EL VIZCONDE.--Pero y si no advierto que viene? EUSTAQUIO.--Oh! Es cuestin de intuicin...! Si hubiera tenido ms tiempo, le hubiese enseado a replicar inmediatamente. Nada como esto para desconcertar a un adversario...! EL VIZCONDE.--De todas maneras, mi querido maestro, si escapo de sta vendr a perfeccionarme en su arte. EUSTAQUIO (_tranquilo_).--Cuento con ello! Cuidado! Voy a atacarle...! EL VIZCONDE (_saltando muchos metros atrs_).--Caramba...! EUSTAQUIO (_persiguindole_).--Muy bien! Pero no se vaya tan lejos...! _La leccin contina; al cabo de una hora, el vizconde casi sabe ponerse en guardia con la espada; el maestro le garantiza que no har mal papel, le aconseja que se acueste temprano y que duerma y le vende un par de espadas de combate con la cazoleta reglamentaria. El vizconde se marcha seguido del seor Sharp; diez minutos despus de esta visita, el maestro recibe otra: el comandante Prune le trae a un caballero moreno, de tez olivcea, que tampoco parece muy tranquilo._ PRUNE (_cabeza de viejo militar retirado_).--Salud, mi querido Bouteloup! Le traigo a mi amigo el seor Gmez Ocervo, que tiene maana una cuestin de honor. Gmez: el seor maestro Bouteloup, cuyo elogio le he hecho! GMEZ.--Celebro mucho conocerle, maestro! EUSTAQUIO (_que ha pasado ya de la edad de los asombros_).--Es usted pariente del esgrimidor? GMEZ.--De ninguna manera! No somos de la misma familia. Adems, yo no s ni coger una espada...! EUSTAQUIO.--Bah! Ya le ensear a ponerse en guardia. No lo matarn. Apenas le herirn levemente. Y esto es lo esencial! PRUNE (_principiando un discurso_).--Mi amigo ri ayer con un borracho... EUSTAQUIO.--S, s! Ya lo s...! En el _cabaret_ de Lutecia...! PRUNE.--Cmo se ha enterado usted...? EUSTAQUIO.--En mi sala se est al corriente de todas las cuestiones de honor. Este caballero se bate maana, a las once, en el Parque de los Prncipes, no es cierto? GMEZ.--Efectivamente! Est usted bien informado! EUSTAQUIO.--No tiene usted tiempo que perder. Pngase este peto...! (_Le da el mismo peto que acaba de dejar el vizconde._) Cbrase con esta careta! Aqu tiene una manopla parecida a la que usar usted maana! Ya est...! Colquese de forma que su antebrazo sea como una prolongacin de su espada... Etctera..., etctera... _Reprodcese la leccin lo mismo que ya la conocemos; el maestro aconseja a su nefito que no se mueva, que salte nada atrs y as sucesivamente; Gmez se despide de su profesor, despus de haber comprado un par de espadas de combate y la manopla._ EUSTAQUIO.--Ser muy extrao que maana por la maana se hagan dao alguno. De todas formas, ir a ver el duelo, porque me parece que no se aburrir uno all. _Llegan los discpulos y se ponen al corriente del acontecimiento._ _Al otro da por la maana, en el barrio de los exploradores, los cuatro testigos y los dos adversarios se encuentran; saludos ceremoniosos; mientras los duelistas se van, cada uno a su cabina, para ponerse la obligatoria camisa sin almidonar, el director del combate, el clebre Julio, gran campen de espada, charla con los testigos; mdese el suelo a grandes zancadas; juganse los puestos a cara o cruz; los_ chauffeurs _de las dos limosinas que han conducido a los dos grupos han trepado al techo de las cabinas, a fin de asistir al juicio de Dios. Cada uno de ellos se pone de parte de su patrn, aunque ambos son de alquiler._ EL PRIMER CHAUFFEUR.--Qu aire ms ridculo tiene tu cliente...! Apenas puede mantenerse en pie...! EL SEGUNDO CHAUFFEUR.--Tu cliente s que parece ridculo...! Seguramente est temblando! EL PRIMER CHAUFFEUR.--Mi cliente es todo un hombre! Se va a comer al tuyo como si fuera un mostachn...! Y sin beber siquiera...! EL SEGUNDO CHAUFFEUR.--Quita de ah, hombre El mo es todo nervios! Os podremos! Te lo aseguro...! Eso es viejo! EL PRIMER CHAUFFEUR.--T no calles...! Pero ya vers...! _Contina la discusin entre estos caballeros; estn a punto de venir a las manos; pero he aqu que llegan los periodistas, el operador del cinematgrafo, los fotgrafos, el maestro Bouteloup, los parientes y los amigos de cada combatiente; aquello se llena de gente; se desinfectan las espadas quemndolas en una palangana; los dos mdicos, que proceden a esta delicada operacin, parecen hacer un ponche; ambos duelistas, en camisa, se mantienen aparte; el guarda del barrio se acerca al vizconde y le habla._ EL GUARDA.--Caballero: hoy es da de aniversario...! EL VIZCONDE (_encantado de encontrarse con un interlocutor_).--De veras? Y qu aniversario es? EL GUARDA.--Hoy hace seis aos, justos y cabales, que el prncipe Monsousoff fu muerto en desafo en este mismo sitio. EL VIZCONDE (_sonriendo dbilmente_).--Espero que esto no ser contagioso! EL GUARDA.--Quin es capaz de saberlo...? Se da tan pronto una grave estocada! Pobre prncipe...! Lo vuelvo a ver cayendo baado en su sangre! Mire! Fu a morir all, en la cabina, donde usted se ha vestido... EL VIZCONDE (_verduzco_).--Oh! No soy supersticioso...! _Los testigos ponen fin a esta agradable conversacin; los adversarios son conducidos a sus sitios; aqullos hcense un poco atrs; el famoso Julio pronuncia la palabra sacramental: Adelante, caballeros! De comn acuerdo, siguiendo las enseanzas del maestro, ambos combatientes dan un brinco hacia atrs; ligera emocin en la concurrencia; pausa; de esta guisa podran permanecer mucho tiempo; Julio toma la resolucin de conducir otra vez a estos caballeros a su punto de partida; los enemigos se observan, rgido el brazo, sin moverse; el operador del cine da vueltas a su manivela. Esto no formar un conjunto excelente! As se pasa el tiempo del encuentro; luego son separados los adversarios; sus testigos van a confortarlos, en tanto que los doctores se dedican al masaje del antebrazo._ SHARP (_a su apadrinado_).--Muy bien! Ha estado usted estupendo! Pero por qu no intenta usted un pequeo ataque? _Como el comandante Prune ha hecho la misma advertencia a su apadrinado, sguese que en el segundo encuentro los adversarios se atacan con una violencia no exenta de torpeza; hay un cuerpo a cuerpo que regocija al operador de cine; preciptase Julio para separar a estos dos furiosos; pnchase fuertemente en el ndice; lo vendan; descanso._ _Tercer encuentro: ms calma; tejemaneje insignificante y anodino; sin embargo, la espada del vizconde roza la mueca de Gmez._ JULIO (_lleno de esperanza_).--Alto! Ha sido usted tocado, caballero...! _Se desnuda al espaol; no tiene nada; se le vuelve a vestir; se desinfectan las espadas._ _Cuarto encuentro: al esbozar una tmida agresin, el vizconde se pincha en la mueca con la espada tendida de su compaero. No se ha escapado esto a la mirada vigilante de Julio!_ JULIO (_precipitndose con el bastn levantado_).--Alto...! _Los mdicos se apoderan de la mueca que les tiende el vizconde, un poco plido, y, a fuerza de apretrsela, hacen salir una gotita de sangre de la herida._ JULIO (_satisfecho_).--El duelo ha terminado, caballeros, puesto que uno de los adversarios se encuentra en condiciones de inferioridad. _Ceremonia de la reconciliacin; despus de una corta pero corts discusin, Gmez se adelanta hacia el vizconde y le expresa la esperanza de no haberle herido mortalmente; el otro le tiende la mano tan poco ensangrentada; hay un asalto de finezas._ GMEZ.--Pronto ser medioda. Usted no ha desayunado y yo tampoco. Quiere hacerme el favor de ser mi husped en compaa de sus amigos? EL VIZCONDE (_contento_).--Con mucho gusto! Mi coche est ah. Iremos juntos. Adonde nos dirigimos? GMEZ (_finamente_).--El _cabaret_ de Lutecia me parece el lugar ms indicado. Telefonaremos a las seoras, que vendrn a reunirse con nosotros, y as se conocern mejor. _Dicho y hecho; el vizconde y el seor Ocervo suben a la misma limosina; todo el mundo est locamente alegre, menos el_ chauffeur _del vizconde, que no comprende nada de esto_. EL CHAUFFEUR.--Cmo! Se baten y despus se van juntos! Qu asquerosa es la gente del gran mundo! Y decir que he estado a punto de zurrarme con mi colega a causa de este to imbcil...! FIN NDICE Pginas. I.--Curso de literatura 5 II.--Curso de declamacin 17 III.--Curso de euritmia 31 IV.--Curso de natacin 47 V.--Curso de idiomas 63 VI.--Curso de bridge 77 VII.--Curso de belleza 91 VIII.--Curso de cocina 107 IX.--Curso de decorado 119 X.--Curso de medicina 135 XI.--Curso de pintura 149 XII.--Curso de moral 165 XIII.--Curso de amor 179 XIV.--Curso de canto 193 XV.--Curso de esgrima 207 MARCELO PROUST.--_Por el camino de Swann._ Traducida del francs por Pedro Salinas. _A la sombra de las muchachas en flor._ Traducida por Pedro Salinas. ENRIQUE MANN.--_Las diosas. Diana._ Traducida del alemn por Jos P. Bances. _Las diosas. Minerva._ Traducida por M. Pedroso. _Las diosas. Venus._ Traducida por M. Pedroso. _Los pobres._ Traducida por M. Pedroso. _El profesor Unrat._ Traducida por Jos P. Bances. EMILIO CLERMONT.--_Laura._ Traducida del francs por Luis Bello. ANDRES SUARES.--_Crssida._ Traducida del francs por Bernardo G. de Candamo. LEONARDO COIMBRA.--_La alegra, el dolor y la gracia._ Tr. del portugus por Valentn de Pedro. MIGUEL DE UNAMUNO.--_Tres novelas ejemplares y un prlogo._ ANTON CHEJOV.--_El jardn de los cerezos._ Traducida del ruso por Saturnino Ximnez. TOMAS MANN.--_La muerte en Venecia._ _Tristn._ Traducida del alemn por J. Prez Bances. ALEJANDRO ARNOUX.--_El "cabaret"._ Traducida del francs por Bernardo G. de Candamo. JUAN GIRAUDOUX.--_La escuela de los indiferentes._ Traducida del francs por Toms Borrs. _Simn el Pattico._ Traducida por Manuel Azaa. _Lecturas para una sombra._ Traducida por N. Gonzlez Ruiz. FRANCIS JAMMES.--_Rosario_ al sol. Traducida del francs por Magda Donato. ANNIE VIVANTI.--_Los devoradores._ Traducida del italiano por Cristbal de Castro. ESCIPION SIGHELE.--_Eva moderna._ Traducida del italiano por Cristbal de Castro. _La mujer y el amor._ Traducida del italiano por Pedro Pedraza. HUMPHRY WARD.--_Roberto Elsmere._ Traducida del ingls por F. Villaverde. CARLOS PEGUY.--_Obras escogidas._ VALERY LARBAUD.--_Fermina Mrquez._ Traducida del francs por Enrique Dez-Canedo. ISRAEL ZANGWILL.--_Los hijos del Ghetto._ Traducida del ingls por Vicente Vera. EUGENIO D'ORS.--_Oceanografa del tedio._ SCHNITZLER.--_Anatol._ Tr. del alemn por L. Araquistain. LOS POETAS MIGUEL DE UNAMUNO.--_El Cristo de Velzquez._ FRANCIS JAMMES.--_Del toque de alba al toque de oracin._ Tr. del francs por E. Dez-Canedo. TEIXEIRA PASCOAES.--_Tierra prohibida._ Traducida del portugus por Valentn de Pedro. ALBERT SAMAIN.--_En el jardn de la infanta._ Traducida del francs por Emilio Carrre. NOTAS: [1] Aqu hay un juego de palabras intraducible al espaol. _Des seins_--de los senos--_y desseins_--designios--suenan lo mismo al pronunciarlas.--(N. del T.) [2] Aqu y en las lneas siguientes hay varios juegos de palabras inglesas y francesas semejantes o casi semejantes en su pronunciacin y de traduccin imposible al espaol.--(N. del T.) [3] El gran sartorio, en francs, llmase _le grand couturier_, es decir, el gran modisto; de donde un juego de palabras intraducible al espaol.--(N. del T.) End of the Project Gutenberg EBook of Los cursos, by Pierre-Eugne Veber License: Share Alike