Produced by Chuck Greif, Biblioteca digital hispnica and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net [imagen: JUAN PREZ ZIGA Cocina Cmica _Recetas de guisos y postres._ _Poesas culinarias y otros excesos._ MADRID 1898 ] COCINA CMICA JUAN PREZ ZIGA COCINA CMICA RECETAS DE GUISOS Y POSTRES, POESAS CULINARIAS Y OTROS EXCESOS El comer y el rascar todo es empezar. HELIOGBALO. Primera edicin. MADRID IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNNDEZ Libertad, 16 duplicado, bajo. 1897 ES PROPIEDAD _ Mariano de Cavia y Eduardo de Palacio, maestros terico-prcticos en la ciencia de comer y beber, dedica esta modesta obra su admirador, amigo y correligionario,_ [imagen: La firma de Juan Prez Ziga] TODO AQUEL LECTOR QUE TENGA COSTUMBRE DE COMER Con el transcurso del tiempo se ha ido ingiriendo considerablemente la cocina en la literatura, mejor dicho, la literatura en la cocina. No aludo al hecho de que algunas cocineras tengan sobre el fogn tal cual novela para honesta distraccin del espritu atribulado y grasiento. Me refiero lo que se ha escrito de poco tiempo esta parte sobre materias culinarias. No es fcil enumerar todos los tratados de cocina y repostera y los manuales del arte de guisar que han sido publicados, y mucho menos las recetas sueltas que andan por ah[1]. Lo que s puede asegurarse es que los autores que han explotado todas estas materias se han revestido de la mayor seriedad para redactar sus trabajos y ofrecrselos al pblico que come bien, que es el ms sano de todos los pblicos, al menos lo debe ser. la tal seriedad es precisamente lo que yo pretendo sacar punta en estas cortas pero honradas lneas, sin que el hacerlo sea faltar al respeto que los principales guisanderos tericos me infunden, unos por sus mritos y otros porque desgraciadamente hicieron tiempo ha la ltima digestin de su vida. Yo no soy cocinero, y apenas si he tenido roce, (roce tcnico, se entiende), con cocinera alguna; pero como suelo sentir comezn de poner en solfa las cosas ms graves, me permito presentarte, caro lector, un librito humorstico de cocina, menos caro que t y sin ms pretensiones que ensearte confeccionar algunos platos de cocina y de repostera, ya montados, ora de pie, y entretenerte con varias poesas relativas la manducatoria. Mas no debo dejar paso franco las recetas ni las coplas sin consignar antes unas cuantas advertencias respecto lo que en clase de comensal bien nacido debes hacer antes de comer y durante la comida; s, durante ese acto importantsimo que, digan lo que quieran los inapetentes de profesin, constituye, sin duda, el segundo de los placeres con que contamos los mortales en este valle de lgrimas y de patatas fritas. * * * * * Cuando te conviden comer, no debes llegar casa del anfitrin despus que hayan servido los postres; pero tampoco antes de que amanezca el da sealado para la comida. _In medio consistit virtus_, que dijo el otro. Si no ha precedido invitacin y eres t quien se convida, bueno ser que te anuncies con anticipacin para que puedan prepararte comida buena y abundante. La creencia de que donde comen cuatro comen cinco es una majadera de primer orden. Comer cinco donde comen seis ya es algo ms razonable. Bueno es tambin que sepa todo el mundo cules son los manjares de tu mayor devocin. Tendra gracia que te convidasen y con la mejor intencin te dieran besugo (pongo por plato) existiendo embozadas diferencias, quiz odio profundo, entre el besugo y t? Ciertamente no. En las casas de medio pelo para abajo te dirn probablemente antes de comer: Vamos tratarle usted con toda confianza... Por usted no hacemos ningn extraordinario... No lo creas, lector mo. De seguro ha precedido la formacin del _menu_ amplia discusin conyugal sobre tus gustos y sobre la oportunidad de sacar relucir lo mejorcito de la vajilla. Si no te han sealado sitio en la mesa y hay seoras, no seas bobo y colcate junto la ms guapa, no ser que sta tenga por costumbre limpiarse las manos en la ropa del comensal ms prximo escupir sobre l las espinas de los pescados el hueso de las aceitunas. No empieces jams comer antes de que haya manjares en la mesa, pues no est generalizado entre los comensales de buen tono el ir la cocina catar los platos, en alas de la impaciencia. No dejes de ofrecer entremeses las seoras, y mucho ms si tienen la _probalidad_ de ser mancas. Que les gusta lo que las ofreces? Pues contars con su eterno reconocimiento. Que no les gusta? Pues recibirs un desaire, lo cual es amargo siempre, y ya sabes lo conveniente que es empezar comer con algo amargo por va de aperitivo. Respecto la colocacin de la servilleta, no s qu aconsejarte, porque conozco distintos pareceres. Todo lo que no sea limpiarte los labios con las mangas, est bien. Unos individuos desdoblan la servilleta y se la ponen sobre los muslos. Otros se la atan al cuello, como si les fuesen afeitar. Qu debes hacer t? Segn y conforme. Si tienes la corbata rozada has robado alguno de los presentes el alfiler que llevas, debe quedar tu pecho tapado con la servilleta, bien atndotela al pescuezo, bien clavndotela la nuez con disimulo y con una tachuela. En otro caso, bien se est el blanco cendal sirviendo de sudario las rodillas. Por cierto que en esto de la colocacin de la servilleta he visto caprichos muy raros. Un general muy conocido se la ataba al tobillo derecho. Cierto marqus no menos afamado se la pona en la cabeza modo de turbante, y un literato que no quiero nombrar se la suele meter en el bolsillo con no muy santo fin, y digo esto porque veces ha devuelto la comida, pero la servilleta no. Nunca pongas los codos sobre el mantel y mucho menos el mantel sobre los codos. Especialmente esto ltimo es de mal efecto. No cojas las aceitunas con el tenedor, sino con los dedos, prefiriendo los de la mano; pero no con todos, sino con dos, y aun si te es posible con uno solo. Esto es lo ms elegante. Una vez las aceitunas en la boca, no te tragues los huesos: depostalos con disimulo en el bolsillo del comensal colindante. Para comer las rajas de salchichn, qutalas primero el cerco de tripa que las rodea, valindote para ello del cuchillo, nunca de la cuchara, y efectuada la separacin, no te distraigas y vayas tirar la rodaja y comerte la tripa. En cuanto al uso del cuchillo, del tenedor y de la cuchara, poco habr de advertirte. No cortes con el cuchillo los caldos ni las salsas, ni te le metas en la boca conduciendo en su punta bocado alguno, porque te puedes partir la lengua en lonchas. De querer chuparlo todo trance, hazlo por el mango, que al fin y al cabo carece de filo conocido. Si te presentan chuletas empedernidas _entrecocotes_ fsiles, suelta el cuchillo y pide un hacha inmediatamente. Lo dems es perder el cuchillo y mellar el tiempo, viceversa. La cuchara se agarra por el rabo generalmente, y se usa para los lquidos. Pero no interpretes esto al pie de la letra y vayas tomar cucharadas el Champagne el Chartreuse. (Suele emplearse tambin la cuchara para el reconocimiento facultativo de la garganta, tratndose de personas que tienen la lengua levantisca.) Con el tenedor no debes intentar pinchar los huesos de los mamferos ni de las aves, ni chupar como un bobo las pas despus de haberlo usado. Y ya que de las aves te hablo, debo recordarte aquella moraleja que dice as: Partiendo una pechuga Juan Bustillo, tres dedos se cort con el cuchillo, y al pinchar un aln Joaqun Manzano, se clav el tenedor en una mano. Si no quieres comer pasando _miedos_, coge siempre las aves con los dedos. En la imposibilidad de hablarte de todos los manjares difciles de tomar, te voy hacer tres cuatro breves advertencias respecto de algunos, _Alcachofas_.--Constan de un cogollo que est en el centro y muchas hojas que lo abrigan cariosamente. Estas son duras de pelar, y cuando se las tiene en la boca forman un modesto estropajo. Pues bien, lector querido, como la digestin del tal estropajo suele ser ms laboriosa que la constitucin de algunos gobiernos, y como, por otra parte, sacar las hojas de la boca para adornar el borde del plato no es de buen gusto, yo estara ms tranquilo si no comieras alcachofas en toda tu vida. _Esprragos_.--Cmete la cabeza (la de ellos) y el tallo verde, despus de empuarlos por la parte blanca, parte que arrojars, tras de chuparla bien, al plato del comensal ms prximo. _Moluscos_.--Nunca debes comerte la cscara de almeja alguna, por ms que en su afn de que comas de todo te inste ello la seora de la casa. Con el bicho que tiene en el centro te basta y te sobra para relamerte. _Cangrejos_.--Si te los dan, haz lo siguiente: coge al animalito, decaptale, qutale el corpio, los entresijos, la colita y las patas; y como no quedar nada del crustceo, te chupas el dedo y vuelves por otro. _Helado_.--Si es queso, no pretendas quitarle la corteza, y si tiene forma de sorbete piramidal, no eches los dientes la cspide, porque es cosa fea. Tmalo con la cucharilla, y si no la hubiere, con el dedo ndice. En cuanto al orden de los platos, tampoco puedo decirte mucho. Bstete saber que sera de mal efecto comenzar por los postres y acabar por la sopa, no siendo sopa de almendra. Aunque seas muy amante del buen orden en todos los actos de tu vida, no pretendas, cuando comas, empezar por el principio. Tmalo despus del cocido y no te pesar. Y si te _pesa_, agrrate la magnesia efervescente. Extraars una cosa en el curso de la comida, y es que te darn la _entrada_ despus de llevar dentro ms de una hora. Otra cosa: si te dicen que vas tomar el sorbete _detrs_ del asado, d que eso no es posible. Tendra que ser un asado muy grande! Respecto la prelacin en los vinos y en las bebidas espirituosas espirituales (como deca una patrona mohosa que yo tuve), ten slo en cuenta el orden comnmente establecido, pues si malo es tomar vino de Valdepeas con las tartas, an es peor tomar el Ojn, pongo por caso, con la sopa de fideos. No tomes el Oporto ni el Jerez en taza, porque este cacharro est ms admitido para la manzanilla; y si te sirven Madera no abusos de l, que luego puede mortificarte la salida de las virutas. Si crees que el bigote ha de servirte de estorbo para tomar los guisos de salsa, djalo con el sombrero en el recibimiento. Preferible es esto que puedan ver en tu faz inoportunas estalactitas, pues stas son ms propias de las grutas que de los bigotes. Terminada la comida, coge un palillo y lmpiate bien la dentadura; y despus, en vez de volverlo al palillero, ten la galantera de ofrecrselo la seora de la casa. DEBE HABER FLORES SOBRE LA MESA? Por lo mucho que adornan y que animan, soy partidario de ellas. Mas hay que distinguir; no todas pueden estar sobre la mesa. Hace poco rogme un tal _Don Diego_ que en su casa comiera, y all estaban con l _Jacinto Flores_ y su cuada _Hortensia_, y _Flora_, su sobrina, con su novio (un _lila_ de primera) y sus amigas _Margarita_ y _Rosa_ en unin de su abuela, _flor_ de la maravilla, pues no tiene achaques ni dolencias. All me negars que haba flores? Pues ahora considera qu efecto hubieran hecho colocadas encima de la mesa! COMO SE DEBE TOMAR EL CAF? Como viene de Ultramar; como lo suele tomar don Bernab Povedano; es decir, comiendo el grano sin moler y sin tostar. --Toma usted, don Bernab, crudo y en grano el caf? (le dije un da en su cara). No he visto cosa ms rara que esos caprichos de ust! --Pues se los puedo explicar. --Y en dnde su origen tienen? --En el adagio vulgar que dice que _hay que tomar las cosas conforme vienen_. Recetas de guisos. HUEVOS FRITOS Para freir los huevos hace falta tener varias cosas: 1. Huevos.--2. Aceite.--3. Lumbre.--4. Sartn.--Y 5. Paleta. Los huevos han de ser precisamente de ave de corral y el aceite de hgado de aceituna. La lumbre ha de estar caliente, la sartn sin agujeros en el fondo y la paleta provista de rabo. El aceite puede ser sustitudo por manteca. Y sta ha de ser de cerdo, no de olivas. La operacin de freir los huevos no es pesada ni difcil. Sin embargo, no todos los seres humanos la saben realizar. Hay muchos acadmicos que no saben freir ms que la lengua castellana, y algunos personajes polticos que ni siquiera saben lo que son huevos. Pues bien: despus de encender la lumbre y tener sobre ella aceite hirviendo, se coge un huevo con cscara (pues sin ella no se le podra cascar). Se le maltrata contra cualquier objeto duro, y colocndole en alto sobre la sartn y separando cada una de las dos mitades con cada una de las dos manos, pal! se dejan caer las entraas del huevo dentro de dicha vasija, porque si caen fuera es probable que no quede bien frito. La yema queda en medio dndose tono y la clara la guarnece alrededor metiendo un ruido infernal y levantando ampollas su contacto con el aceite. En tal momento es cuando la paleta cumple su misin en este valle de lgrimas. Cmo? Recogiendo la clara para que no se divorcie de la yema, y rociando de aceite todo el huevo con la mejor intencin. El huevo, por su parte, sigue tan calentito y escandalizando como una fiera, hasta que, decretada su libertad provisional, se le saca del bao con la susodicha paleta y se le pone encima de un plato (nunca debajo). Inmediatamente se repite la operacin con otro huevo y se le coloca despus de frito al lado del primero, encargndoles uno y otro que se lleven bien y no rian, pues los huevos estn destinados presentarse en el mundo por parejas, como la Guardia civil. nadie se le ocurre pedir un huevo, ni tres; ha de ser un par. Esto no _quita_ que un vecino mo se coma siete huevos para desayunarse. Y si son fresquitos, del da, y procedentes los siete de una misma gallina, mejor que mejor. Bien es verdad que se los come con otros tantos panecillos. HUEVOS LA MORENITA Este plato, que tiene por cierto un ttulo muy chocante, ha salido todo l de la cabeza de un tal Domenech (q. D. g.), cocinero cataln inspirador espontneo de muchas de las recetas que contiene el presente libro (q. D. g. tambin). Atengmonos la receta aludida. Se toman dos pimientos pornogrficos ( sea verdes) y dos charlotas de tamao natural y se les pasa cuchillo hasta dejarlos hechos una especie de pasta vegetal simptica, la cual habr de resignarse ingresar en una sartn, acompaada de 50 gramos de Tetun (querr decir de tutano?). Mientras se fre la pasta, se coge una modesta pero honrada cuchara de palo, con ella se le da al contenido de la sartn unos cuantos meneos y en cuanto la pasta empieza sofocarse, catapln! se la riega con un vaso de Madera, de vino de Madera seco. Se le deja que humildemente se reduzca la mitad y entonces se le agregan para honra y gloria de Dios un vaso de salsa de tomate ruboroso, otro de juego de carne (debe de ser jugo), una hoja de laurel, azafrn disoluto, pimienta y sal. los diez minutos se retira la salsa descansar. Y ya tenemos la salsa preparada. Ahora vamos con los huevos. Cada uno lleva un costrn de pan. Que cmo se hace el costrn? Pues muy sencillo. Coges miga (la corteza para el nuncio); cortas ocho pedazos de un centmetro de altura y seis centmetros cuadrados de superficie. Les haces un agujero en medio y por all les metes un huevo. Les das un bao de placer en leche pura, los barnizas con yema y los echas freir con manteca de vacas autnticas. Quince minutos antes de servir los costrones y cuando hayan experimentado ya la introduccin del huevo correspondiente, los colocas en un plato y los cubres cariosamente con la salsa mencionada. Con esto y con que pasen cinco minutos ms enchiquerados en el horno, ya estn listos los huevos para volver locos de gusto los comensales ms tranquilos. Y ahora preguntars: Por qu se llaman _Huevos la Morenita_? Oh! Este un misterio culinario difcil de explicar. HUEVOS MOLLETS Fantasia sobre motivos de una receta del insigne cocinero Mr. Domenech, para seis comensales. Ante todo se arma uno de paciencia y de acederas para hacer una especie de cataplasma, que se compondr de 60 hojas cosidas (cocidas debe decir, porque si no resultara un folleto). Se pondrn cocer diez minutos (cmo estarn los minutos cocidos?) y despus se colarn por un colador. (Colarlos por otra cosa, verbigracia, por una bandurria, sera un desatino.) Se pican las hojas (unas otras?), despus de bien escurridas, sobre una mesa, y ya tenemos hecha la pasta. Esta se pone al fuego en una cacerolita con 25 gramos de manteca de vacas ilustres, sal, pimienta y raspaduras y enmiendas de nuez mascada (debe ser moscada). Puesta la pasta en movimiento con una esptula ( en su defecto con una badila), se le agregan dos yemas y medio vaso de nata. Hecha as la pasta, se la retira de la lumbre; pero para que no se resfre se la lleva al consabido balneario de Mara, tapando la cacerolita con un pedazo de papel de barba (que puede afeitarse si conviene). Diez minutos antes de servirse este plato, se pondrn los ocho huevos que corresponden los seis comensales (me parecen pocos huevos) en un cacharro con agua hirviendo, donde permanecern, mal que les pese, durante cuatro minutos justos. Dice la receta que han de estar frescos, pero no se sabe si esto se refiere los huevos los comensales. Se les quta la cscara (esto va con los huevos, seguramente) cogindolos con una servilleta (nada ms que con una), y sobre el pantano que se haya formado con las acederas se colocan, cual leves barquichuelas, los mencionados huevos, rodeando la fuente de tostaditas de pan cualquier otra cenefa frita por el estilo. Termina la receta advirtiendo que al preparar los huevos mollets deber obrar el cocinero con cuidado y ligereza; pero nos parecera ms oportuno que esto lo dejase para despus. HUEVOS LA TRIPA Cuzanse los huevos hasta que se les queden empedernidas las entraas. Quteseles la cscara como cosa despreciable y run. Divdase cada uno de ellos en dos partes iguales y djeseles tranquilos en un recipiente cualquiera mientras se confecciona la _bchamel_, conocida por _besamela_, en las cocinas de medio pelo. Con un poco de manteca de vacas naturales, que no est muy caliente, se mezcla una cucharada de harina, para evitar que todo sea mohina en el plato, y se hace una masa muy compacta, procurando que no se gorulle, porque lo de formar gorullos no es propio de masas bien nacidas. En esta salsa se va echando leche blanca cocida al fuego hasta que adquiera un espesor decoroso la _bchamel_. Adasele perejil picado, nuez de mosca molida y unos cogollitos de lechuga librepensadora. todas estas cosas se les deja cocer en la salsa procurando no molestarlas mucho. Se la ponen los huevos encima y... san se acab. Por qu se llaman huevos la tripa? Lo ignoro. Slo s que constituyen un plato de esos que nos incitan la dulce tarea de chuparnos los dedos uno por uno. COCHIFRITO Se procede la busca y captura de un cabrito de buena familia. Se agarra un cuchillo y se lo hace pedazos al animal. Acto seguido se proporciona uno ajos y perejil. Pica uno los ajos con cario; y todos los objetos mencionados (excepto el cuchillo) se introducen en una cazuela, procurando que sta no tenga ningn agujero en su parte inferior. Adasele pimentn rojo. Despus se le agrega en cantidad respetable aceite frito, que caer suavemente sobre el cabrito de referencia, el cual recibir adems un poco de caldo y se dar por muy satisfecho. Todo ello en la indicada situacin ser abandonado por el oficiante, para que sobre lumbre poco fuerte vaya hacindose despacio. Llegada la hora del almuerzo y ya en la mesa el cochifrito, no quedan ms que dos caminos, comerlo dejarlo. ROPAVIEJA LA AMERICANA No se trata de prendas de vestir en mal uso, sino de un agradable guiso que se hace del modo siguiente: Se agarra una sartn por el mango, se la pone sobre una hornilla en donde haya lumbre (porque si no dara, lo mismo ponerla sobre el fregadero) y en dicho receptculo se echa, con la sana intencin de que se derrita, una porcin de manteca de trigo y de harina de cerdo viceversa, aadindole hierbabuena, perejil (bueno tambin), ajos picados y tres pimientos dulces sin rabo y sin josefinas. Se mezcla esto con caldo y vino blanco y se mueve la mezcla hasta que los ajos digan basta. Entonces se agrega carne cocida y desmenuzada, no siendo indispensable que este ingrediente sea un sobrante de comidas anteriores, pues si bien suele aprovecharse para este guiso la carne usada, ms vale que sea nueva. Se le sazona con sal y se le deja freir sus anchas por espacio de veinte minutos. Despus se sirve... y _pax Christi_. Este plato, inventado por Amrico Vespucio, se recomienda por el abrigo que presta al estmago. Al fin y al cabo es ropa, aunque deteriorada al parecer. CARNE RELLENA Se compra un pedazo gordo de lomo de vaca honrada, procurando que haya en el peso el menor robo posible. Se pica jamn de cerdo con ajo vegetal, perejil del mismo reino, huevo duro de gallina, y aun si se quiere, higadillos de este mismo bpedo de corral. Se aplasta el trozo de carne para que quede chato como un filete y no tenga que envidiar los lenguados. Se baten dos huevos, y tanto el que salga vencedor como el vencido, se revuelven con los antedichos picados, constituyendo un espeso amasijo, que se introduce, aunque sea fraudulentamente, en el filete de carne. ste se le arrolla, y al rollo se le ata con un hilo en buen uso y se fre con manteca. Despus se echa agua en el recipiente que sirve de estuche al rollo, y se le suplica la carne que cueza tres horas. En la salsa hay que hacer intervenir directamente las almendras (sin garapiar), al perejil, la nuez amoscada y al caldo del puchero, sin olvidarse de echar ajos, aun cuando esto parezca cosa fea. Y terminados los trmites del guiso y llegada la hora de comer, puede servirse el plato de que se trata; porque al fin y al cabo para eso se ha hecho. VACA LA MARINERA No vayan ustedes creer que este plato es el manjar con que se alimentan los marineros generalmente, ni se figuren tampoco que se trata de la foca vaca marina. El nombre de vaca la marinera tiene otra procedencia que ahora no explico los que lo ignoren porque dispongo de poco tiempo y menos espacio, aparte de que tampoco lo s yo. Contntese el lector con saber cmo se guisa el plato de referencia. Se compran ( se alquilan, segn la fortuna del comensal) varios filetes de cadera de solomillo. Se avisa unos cuantos salteadores para que acudan saltearlos, y cuando estn bien doraditos (los filetes) se les retira de la lumbre, operacin que agradecen con todas sus fibras. En la propia grasa de ellos se deposita cebolla repicada, sal, pimienta, perejil y una cantidad microscpica de especias francesas, traducidas al castellano. Rehogado todo esto como lo manda la Santa Madre Iglesia, se le echa media cucharada de harina, movindola para que no se agorulle, porque eso est muy mal visto en las cacerolas cultas. Se aade un poca de agua y se arrojan al lquido los filetes hasta que estn bien cocidos, bien cosidos, como dira una sevillana que yo conozco. Cinco minutos antes de servir el plato se descarga sobre l una nube de alcaparras y como guarnicin bien disciplinada se coloca alrededor de la fuente un destacamento de pepinillos misteriosos. El que coma este manjar y no se vuelva loco de gusto ni merece bien de la patria, ni la estimacin de sus conciudadanos, ni mucho menos la gloria eterna. LENGUADO LA PORTUGUESA Se adquiere un lenguado que tenga espinas, pellejo y cabeza; porque si no sera imposible cumplir la primera prescripcin de la receta, que consiste en despellejar al lenguado, decapitarlo y quitarle las espinas. Sobre una fuente untada con manteca de vacas librecambistas se coloca el lenguado. Se le quita el polvo con unos zorros y se le riega con buen vino de Jerez, espolvorendole en seguida con sal y pimienta para que no se escueza. Hecho esto, se mete en el horno fuerte la fuente, y el lenguado tambin, porque dejarlo l fuera sera una tontuna. Por otra parte, en una cacerolita que tenga completa la parte de abajo, se echan 25 gramos de manteca y una cucharada de fcula de chuleta de huerta, dorada fuego. Se les agrega el betn que haya soltado el lenguado al asarse y medio vaso de leche natural, dejando hervir este emplasto 3 o 4 minutos (no trescientos cuatro, eh?) y se pasa por un colador un cazo, echando entonces la salsa unas cuantas alcaparras vergonzosas. Llegado el feliz momento de servir el lenguado, se saca la mesa honestamente cubierto con la salsa antedicha, y rodeado de un escuadrn de cangrejos cocidos que le sirven al pez en su triste fin como si fuesen hermanos de la paz y caridad destinados prestarle dulces consuelos. Del lenguado puesto as no hay ms remedio que hacerse lenguas. Algn comensal de mal gusto puede que reniegue del lenguado. Pero el tal no pasar de ser un deslenguado despreciable. En Portugal es el plato favorito de los acadmicos de la lengua. SALMN AL PLATO Se coge un salmn de costumbres morigeradas (si se deja coger). Se le quita la escama, cuidando de que no vuelva escamarse ante las desventuras que le aguardan. Se le pasa ligeramente por agua, para que se acuerde de sus buenos tiempos. Se le corta en rodajas con todo el mimo posible. Se le echa sal gorda y robusta, zumo de limn (sin cerveza) y cinco minutos... (stos no se le echan aunque lo parece)... cinco minutos antes de servir el salmn, se introduce en manteca de vacas fusionistas el dedo ndice de la mano derecha (previamente lavado con leja Fnix) y se unta con l una fuente de metal, encima de la cual se coloca el salmn, pues colocarlo debajo sera demasiado humillante. Hecho esto, se conduce el salmn al horno, que se cerrar cinco minutos antes de la salida del pez. Transcurrido este lapsus de tiempo, se suelta al pescado y se le ensea el camino de la mesa, en donde los comensales lo devorarn con avidez y con pan, respetando las espinas, por ser de mala educacin comerlas la vista del pblico. MERO LA WICHT Se llega uno al puerto de mar ms prximo y pesca un buen trozo de mero que, ya en la cocina, se cuece con sal, y si se quiere, con sandunga. Se mondan patatas, se cuecen la lumbre y se tamizan. Despus se mezclan con el mero, quien se habr encargado que se vaya deshaciendo por la buena. Si no se deshiciera espontneamente, se le deshar por medios violentos. Hecha la mezcla con toda solemnidad y en proporcin de un kilo de patatas por otro de mero, se le agrega perejil picado, pimienta banderilleada y especias francesas en pequea cantidad, tan pequea que bastar cogerlas con una moneda de dos cntimos y echarlas, cuidando de que la moneda no caiga en el guiso, porque luego siempre es desagradable comerse inadvertidamente un perro, por pequeo que sea. Por cada medio kilo de pescado se echan en la mezcla tres yemas de tres huevos distintos, y con la masa resultante se fabrican decorosamente unas cuantas croquetas bolas porciones de figuras caprichosas, como tricornios, biberones, conejos de Indias caricaturas de personajes polticos susceptibles de ser fritos en sartn. Slo resta advertir que puede no ser este plato _meramente_ de mero. Usase para hacerlo la merluza, la lobina, el bacalao y otros gneros de fantasa por el estilo. TRUCHAS GRILLES CON SALSA VALOIS Se pescan tres truchas, midindolas antes de pescarlas, fin de que sean de un tamao regular. Al pescarlas se procurar que estn frescas. Despus se les desalquilar el vientre, se les quitar la escama (porque son muy escamonas) y se las lavar y se las peinar. Para secarlas deber usarse, en vez de toalla, sal y pimienta y zumo de limn, hecho lo cual sern colocadas en una fuente de vacas untada con leche de metal, viceversa. As las truchas, y con un poco de manteca por encima, se las mete en el horno por espacio de ocho minutos, que viene ser menos de media hora. Se las saca del horno, se les hace cuatro mimos... y la mesa, en la apreciable compaa de la salsa Valois. Cmo se hace esta salsa? Vemoslo. Se toma con toda formalidad una cebolleta de tamao natural, se la pica hasta apurar la suerte y se la exprime. En una cacerolita se pone la cebolleta y medio vaso de vinagre. Se reduce esto la mitad en el fuego y se le aade una yema de huevo y veinticinco vacas de manteca de gramos, movindolo con una cuchara de palo hasta reventar, despus de lo cual se echa otra yema de otro huevo y otros 25 gramos de etc. etc. Retirado todo esto del fuego, se le aaden dos cucharaditas de substancia de pescado virgen, perifollo picado y una chispa elctrica de pimienta de Carrik (sin que cese el tan reputado movimiento). Cuando la salsa tenga la bondad de espesar, se la retira del fuego y se la coloca en una salsera, pues servirla en un maletn, por ejemplo, sera una ridiculez. Segn las sagradas escrituras, resulta excelente la combinacin de la mencionada salsa con las truchas grilles, que (dicho sea entre parntesis) no tienen nada que ver con los grillos, aunque lo parezca. Devorado este manjar, no le queda uno ms obligacin que la de relamerse, si se encuentra con nimo para ello. CONEJO SALTEADO Despus de conquistar un conejito, cosa fcil en todo tiempo, se le despelleja, se le desocupa el fuero interno y se le corta en pedazos pequeitos. En el plato de saltear pnganse 30 gramos de manteca de cerdo, en su defecto, de cerda; tres cucharadas de aceite, nuez de mosca, sal y pimienta. Derrtase la manteca, y somtanse fuego graneado los pedazos del conejo durante veinte minutos. Transcurrido este tiempo, har el conejo su retirada sobre un plato. Se le agregan 25 gramos de harina, dos decilitros de vino blanco y uno de caldo moreno; hierve un minuto, se cuela la salsa, se limpia el plato, se reza un credo, se vuelve poner el plato sobre la salsa y el conejo sobre el plato y la salsa sobre el plato del conejo hasta que se vuelve loca la cocinera. Si sta no acierta saltear el conejo por s misma, puede llegarse los montes de Toledo y llamar en su auxilio unos cuantos salteadores que lo sepan saltear. El que no guste de comer los conejos salteados puede comerlos seguidos. FAISAN TRUFADO En primer lugar hay que llegarse un criadero de faisanes y coger uno de los mejorcitos; porque si bien es cierto que se puede comprar, tambin lo es que en esto de las aves muertas cabe que le endosen cualquiera un mochuelo que se haya disfrazado de faisn in artculo mortis. Despus hay que comprar trufas de toda confianza, porque tambin las venden apcrifas, hechas con pedacitos de pao negro de tumbas. Pues bien, con estos elementos, despus de haber desplumado y soflamado al faisn y de haberle desalquilado el buche, se le rellenar con trufas cocidas y luego se le coser la piel del buche, valindose para ello de una mquina Singer. En una cacerola honrada y sobre un casto lecho de lonjas de tocino, colquese al difunto relleno y distribyase su alrededor una bizarra guarnicin formada por cuadraditos de ternera, de jamn crudo y de otras menudencias. Adanse, guisa de acompaamiento, dos zanahorias vegetales, dos cebollas con mecha ( sea mechadas), clavo, pimienta, sal, caldo y vino Blanco de Filipinas. Esto se deja cocer fuego lento, pero continuo, durante una hora, con lumbre tambin sobre la tapadera, aun cuando este ltimo requisito puede suprimirse si la cocinera tiene buenos ojos, pues bastar que ella est dirigiendo ardientes miradas la tapadera mientras dure la coccin. Terminada sta, se decreta la traslacin del faisn una fuente seca y se sirve la mesa, mejor dicho, los comensales. El faisn trufado es manjar sumamente sano. Por lo menos, conocemos poqusimos barrenderos, cesantes y golfos quienes haya hecho dao. GALANTINA DE CAPN Despojado el apreciable capn de todas y cada una de sus plumas, se proceder quitarle los huesos, procurando que el animalito no pierda su forma ni su esbeltez. Se prepara un nutrido relleno de ternera candorosa, tocino de cerdo, lengua la escarlata y trufas prvulas, y en caliente se rellena el capn con los mencionados elementos. Introdcese al difunto en un molde, se le tiene dos horas en el horno de grado por fuerza, se le deja enfriar tranquilamente y se le pone en libertad provisional. Se le coloca despus en una respetable cacerola untada de tocino, se le aade grasa clarificada, se cierra piedra y lodo la cacerola y se cuece el ave al bao de doa Mara dos tres horas. Despus no resta ms que comer el capn, no sin compadecerle, tanto por su triste condicin, como por las molestias de que se le ha hecho vctima. CHOCHAS EN SALSA LA ESPAOLA Obtenidas las chochas, se las desnuda, mejor dicho, se las despluma con las mismas ganas con que un yerno pelara su suegra (que tambin las hay chochas) y se las chamusca. De esta operacin se encargan la cocinera y la pincha. Acto continuo se las abre el vientre (no la cocinera ni la pincha, sino las chochas), y en l se hallarn los seores intestinos, que, en unin de los huesos y dems apreciables despojos, se machacan en un almirez, hueco en su interior, acompaados de unas tostaditas de pan que no est falto de peso y una cebolla, frito todo con manteca de puerco limpio, hecho lo cual se pasan por un tamiz. Una vez que las chochas estn ligeras de vientre, se rehogan en una cacerola, echndolas cuando estn doraditas un chico de vino blanco dorado fuego. Se divide las chochas en cuatro partes iguales, y cada una de stas se coloca con mucha simetra sobre un picatoste, gusto de la cocinera (que las hay de buen gusto), en una fuente menor que la de la Cibeles, adornndolas con unas zanahorias torneadas y unas cebollitas cocidas. Seguidamente se les echa una capa una manteleta de la expresada salsa. Para sta se usarn las especias que se crea conveniente. Sobre todo deber ir claveteada. Aun cuando este manjar es un poco caro, se come bastante, y prueba de ello es que hay muchas personas que chochean. Son tambin muy sabrosas al natural las chochas hembras. Hay, sin embargo, quien prefiere los machos. CIVET DE LIEBRE Se coge una liebre. (No aludimos al batacazo.) Se la mata como se pueda, bien golpes bien disgustos. Se murmura de ella hasta que se la haya quitado el pellejo completamente, y despus de sacarla del interior los intestinos y otras frioleras, sin desperdiciar la sangre, se la parte en diez pedazos y se incrusta en ellos trocitos, ya tocino de cerdo, ya jamn del mismo coleptero. Se prepara con manteca una cacerola, ponindola fuego fuerte, y cuando est como el corazn de mi nena, se echa la liebre rehogar, cosa que no deja de causarle molestia, y mucho ms cuando se le aade pedazos de una cebolla grande, ms una zanahoria vegetal y un nabo del mismo reino, laurel, tomillo, rgano ( organo), nuez amoscada y pimienta sin amoscar. todo ello se le da movimiento y se le obsequia con media botella de vino tinto blanco. Reducido el lquido la mitad, se le propone la liebre una retirada honrosa y se aleja del fuego. An hay ms. Se coge el hgado de la liebre, se fre sin contemplacin, y se machaca en un mortero hurfano. Se le aade la pasta resultante la inocente sangre del animalito ms un poco de harina y dos vasos de caldo de gallina, y con todo ello mezclado, se abriga bien la liebre, que entra en fuego en segunda instancia, hasta que logre hervir un par de veces ms por si le haba parecido poco la primera. Ultimamente se le agrega una copa de ron coac y 25 kilmetros de manteca de vacas. Y ya no se hace ms. Ah! s; se sirve la liebre rodeada de tringulos de pan frito, que la alegran mucho. Si alguno de los pedazos de la liebre se inquietase en el vientre recordando su pasada ligereza, no hay ms que esperarla la salida con una escopeta, y... cataplum! CHAUFROIX DE CODORNICES _(Receta original del Sr. Domenech.)_ Se da orden las entraas de las codornices para que desalojen inmediatamente el local, y una vez vacas las aves, se soflaman, se limpian y se enjuagan bien con vino de Borgoa blanco, propinndolas una borrachera de media hora. Hecho esto, comienza con toda solemnidad la operacin del relleno, que se har con la siguiente pasta: Se timan (debe decir se toman) pechugas de gallina, pollo, perdiz cualquier otro insecto parecido, y se les ponen varas, lo que es lo mismo, se les pica hasta pulverizarlas, amasndolas con manteca de vacas de Brie ( de Mataporquera) y sal y pimienta de Cayenne, bien de Cayetanne. Rellenas las codornices con esta pasta (de la cual disfrutan ellas antes que los comensales), se les pone al horno en una tartana (debe decir tartera) con fuego suave para que se asen y no se pongan tostadas como mi morena, tapndolas con un pedazo de papel mantecoso que lo mismo puede ser la lista grande que una fe de bautismo. Se les saca del horno y se les da permiso para que se enfren, y cuando estn saturadas del soplo fro de la muerte, se les coloca una por una en calcetines de papel (cajetines debe decir), poniendo la pechuga hacia arriba, segn manda la Santa Madre Iglesia. Luego viene aquello de humedecerlas con un pincel untado de Borgoa blanco y cubrirlas con misericordiosa capa de gelatina interesantes trufas de Peri el gordo. Y despus viene lo de comerlas y chuparse los dedos, porque es un fiambre caro, pero de chipn. Cuantos ms golpes hayan dado en vida las codornices difuntas, ms trabajo costar digerirlas. Las hay que dan siete golpes en los abismos del vientre y se quedan luego tan frescas. PATO CON GUISANTES Se adquiere un pato lo ms esbelto y garboso que sea posible y se le proporciona el descanso eterno, cortndole el hilo de la existencia, desplumndole con cario y sacndole los estorbos del interior. En una cacerola se ponen y se revuelven 30 gramos de manteca de Culln, 20 gramos de cloruro de sodio y 2 gramos de pimiento hembra. En otra cacerola se blanquean 20 gramos de tocino taciturno que se rehogan con 30 gramos de la misma apreciable manteca. Cuando est rubicundo se polvorea con 30 gramos de harina y se le obliga que cueza tres minutos, removindolo con fe y con una cuchara de palo. Despus se le aaden 6 decilitros de caldo, una cebolla picada de viruelas, dos escarpias de especia, un _bouquet_ de perejil y otras hierbas, pimienta y sal. Al primer hervor de todo plaf! se presenta en escena el pato y se le invita para que ingrese en la cacerola con la compaa del tocino, ms un litro de guisantes fusionistas. Cinco cuartos de hora bastan para que el pato se convenza de que debe cocer y cueza resignado. Scanse de su vera el manojito de hierbas y la cebollita picardeada. Se desengrasan los guisantes por el sistema Remington, se ponen con el tocino en la fuente y en ella se mete el pato. Si es hembra, lo que se mete es la pata. Sea lo que quiera, el animalito experimentar una satisfaccin su entrada en la fuente, recordando su entrada en el estanque, y los comensales chuparn con deleite los huesos del pato y despus los dedos propios. PERDIGONES LA PARISIENSE No crea el lector que nos referimos las bolitas de plomo que se emplean, ora para matar animales de pluma, ora para limpiar las plumas de acero. Aludimos en la presente receta los sencillos inocentes pollos de la perdiz, que se guisan del siguiente modo: Primero compra uno manteca, la roba si fuere necesario, y en ella, una vez que se haya liquidado fuerza de lumbre y de reflexiones, se rehogan los perdigones, cuidando de causarles las menos molestias posibles. Antes de que tomen color las avecillas (y son muy capaces de tomarlo pronto) se les moja con caldo, salsa espaola y vino blanco, secndolas despus, si se quiere, con una toalla turca. Saben ustedes lo que son tres cuartos de hora? Pues se es el tiempo necesario para que los perdigones cuezan, encargndoles que no se apresuren en la coccin, pues habr de ser lenta precisamente. Despus se dispone su solemne traslacin una fuente, no ser que ellos soliciten trasladarse por su pie, y se sirven la mesa cubiertos honestamente con su propia salsa. Por regla general, se les come antes que los postres; pero si hay algn caprichoso que prefiere tomarlos tras el caf, no debe contrarirsele. All l. Respecto la otra clase de perdigones, sea los granos de plomo, slo son alimento de las escopetas de caza y no de los seres humanos, sin duda por el mucho tiempo que tardaran en cocerse. Sin embargo, algunas patronas los emplean todos los das con el nombre de garbanzos. POLLO SALTEADO LA MARENGO Vase la clase: Se buscan pollos por doquier y se les deja curiosos (no amigos de enterarse de lo ajeno, sino limpitos y arregladitos). Se los ata con un pedazo de tramilla (que no es ningn veneno) para que adopten buena forma, aunque en estas cosas no es el todo como en los negocios de Estado. As dispuestas las aves, se busca una cacerola que tenga dentro 50 gramos de manteca de senador yankee, se arrima al fuego el cacharro y en l se rehogan los pollos, aunque sea engandoles con un pedazo de cebolla vegetal hecha tirillas pequeas, una hoja de laurel artstico, tomillo campestre y perejil moscovita en rama, formando todo ello un bouquet lindsimo y bien atado, para poderlo despedir de la cacerola cuando ya no sirva (oh condicin humana!). As que los pollos se van acostumbrando al calorcito, y toman un color morenito agradable, se les halaga con una copa de Jerez. Se les remoja con una cucharada de caldo y otra de salsa espaola (ol!) jugo espaol de carne de vaca peninsular de patrona ibrica. Se les deja cocer sus anchas y despacito para que no se equivoquen, tratndoles con afecto hasta que se pongan suaves, que es cuando llega la ocasin de echarles trufas de Perogordo y champignones hechos cisco, con acompaamiento de nuez mosqueada, vino blanco y mantequilla en buen uso. Despus de haber hervido todo con moderacin, se les quita la tramilla (que puede aprovechar la cocinera para hacerse unas ligas); se aparta del fuego los pollos, cuidando de que con la transicin no se constipen, y se les coloca en una fuente mayor que ellos (menor jams), tanto que pueda contener en todo su permetro una valla de huevos fritos y picatostes de confianza, que, rodeando los pollos, impida la fuga de stos. NOTAS.--1. Por ms que arriba no queda expresado, lo primero que hay que hacer con los pollos es prenderlos, asesinarlos y quitarles los caones. 2. El autor de la receta original concluye diciendo que este plato se puede comer despus de haber hecho lo indicado. Y dice muy bien; porque comerlo antes de haberlo hecho, sera realmente una bobada mayscula. MORCILLA BLANCA DE AVE Se machacan con ensaamiento y se pasan por el chico de las de Tamiz varios filetes de pollo elegante, aadindoles igual cantidad de tocino de cerdo natural y miga de pan en buen estado; y por cada 500 gramos de pasta, dos huevos de gallina y dos decilitros de nata doble. (Esto de doble no quiere decir que sean cuatro los decilitros. El que quiera saber estos misterios de las natas que aprenda natacin.) Se baten bizarramente dos claras de huevo, se preparan los intestinos (no los de los comensales) y se los ocupa con la pasta supradicha, formando morcillas de 12 kilmetros[2] de longitud. Los extremos se tocan, y despus se atan, y se les da las morcillas un bao de placer, terminado el cual se las invita que se retiren descansar, no sin haberlas pasado por agua fresca. Despus se escurren, procurando evitar la cada, se les da una vuelta por la parrilla para que se distraigan y, por ltimo, pasan la mesa con resignacin cristiana para que los comensales se relaman con ellas, comindolas el fuero interno y echando las tripas un lado. GUARNICIN IMPERIAL DE PASTA DE CANGREJOS La guarnicin de pasta de cangrejos imperiales sirve para adornar cualquier plato de pescado, por muy elevadas que sean sus aspiraciones. Se llega uno al Mar Rojo en busca de un escuadrn de bizarros cangrejos, y un nmero de stos, proporcionado la pasta que se quiera obtener, se le hace cocer con sal, especias francesas y un bouquet de hierbas finas, durante un espacio de tiempo que pase de un cuarto de hora y no exceda de tres meses. Una vez cocidos los sonrojados animalejos, se les machaca en seco dentro de un honrado mortero hasta conseguir hacerles la pasta. Esta se pasa por un tamiz muy fino para que slo queden servibles las carnes blancas y voluptuosas de los cangrejos, advirtiendo los despojos que no se les permite el paso. La parte utilizable se pesa y se mezcla con igual cantidad de manteca fina de vacas filosficas, hasta que resulte una pasta suave y bondadosa, con la cual se untan pedazos cuadrados de pan frito, en buen uso, como los que se emplean para los emparedados, y entre pan y pan queda la pasta resguardada y satisfecha y dispuesta proporcionar los paladares ms delicados algunos instantes de inefable dicha. Estos emparedados, aunque realmente constituyen por s un plato _super_, son tan modestos que slo figuran en la categora de adornos guarniciones de los pescados respetables. NOTA.--No se debe servir este manjar sin cerciorarse antes de que han quedado bien muertos los cangrejos, pues de otro modo se expone uno que de la expresada guarnicin salga por pies algn destacamento y desaparezca. OTRA.--Se le llama imperial esta guarnicin porque al emperador de Rusia, siendo joven, le gustaba muchsimo, y cuando la probaba, no slo se relama l, sino que haca lo propio con su alta servidumbre, y no as como se quiera, sino andando hacia atrs. Al fin se trataba de cangrejos. ESPRRAGOS GRATINADOS LA ITALIANA Se adquiere un buen manojo de esprragos de intachable conducta. Se les zambulle en un bao de agua y sal, rogndoles que cuezan tranquilamente, pero no tanto que se desmoronen, pues han de quedar enteritos y tiesecitos. Se los retira del agua, en la cual habrn estado en cueros, sin traje de bao alguno; se los deja secos (no por medio del asesinato), se les divorcia del miserable troncho, y se los conduce con cariosa solicitud un honrado molde de hierro con galvana, sea galvanizado, en donde yacern del modo siguiente: Primero se pondr en el fondo una capa social de esprragos; encima otra capa de queso en polvo con esclavina y embozos de pan rallado; sobre esta capa otra de esprragos pundonorosos; encima otra de pan y queso como la antedicha, y as sucesivamente. Toda esta coleccin de capas, que al parecer constituye una prendera espaola ms bien que un plato italiano, se deposita para gratinarla en un horno muy fuerte, mejor dicho, muy caliente (porque los hornos suelen ser fuertecitos aunque estn frescos), y una vez gratinado al horno el timbal, puede ser llevado la mesa y proporcionar los comensales la felicidad suprema. QUESO DE CERDO... Para confeccionar este plato (que figura en el gremio de los fiambres fros) hay que imitar los toreros en dos cosas: hay que _salir por pies_ y hay que _obtener orejas_. Expliqumonos. Es preciso comprar pies y orejas de cerdo (con perdn). Cunto? Un kilo de cada cosa. Se limpian con esmero y con agua sin jabn, y se cortan en tiras despiadadamente. Aparte de esto se cortan dos kilmetros de tapadera de vaca, otro kilo de magro de cerdo, una libra de jamn (tambin de cerdo) y otra de tocino fresco (d. d.). Todas las anteriores carnes van parar una vasija de porcelana, en la cual, por si era poco lo indicado, se agregan tres libras de hgado de cerdo limpio, cortado en pedacitos, sal y pimienta sin cortar, nueces de mosca, dos cebollas lavadas y peinadas, dos copas de vino de gallina, cinco huevos de Jerez, 50 metros de harina en polvo y un vaso de grasa de carne diablica. Se imprime todo esto un suave movimiento de rotacin (porque el de traslacin al estmago no viene hasta despus) y as queda compuesta lo que llaman los cocineros la _marea_ del queso, que, por lo visto, es capaz de marear al verbo. Para poner el queso en el molde y cocerlo, hay que armarse de paciencia y de otras muchas cosas, entre ellas de molde. Previamente untado con manteca, se le coloca una capa, si se quiere una makferlan de pasta; encima unas tiritas de jamn, tocino y lengua viperana de cerdo; sobre esto una nueva capa y sobre ella nuevas tiras, hasta que el molde resulte lleno y el queso abrigadsimo. Deber hacerse esto para que, al ser cortado, el queso de cerdo tenga una excelente vista. Y si aun as no se logra que tenga excelente vista, se aaden los dems ingredientes unas buenas gafas. Lleno el molde, es necesaria una plancha; no de las que hacemos todos lo mejor, ni de las que usan las planchadoras, sino una plancha de zinc. Sobre ella se le coloca al molde, rogndole que est con juicio durante su permanencia dentro del horno, que ser de cuatro horas. Mientras cuece el queso se le rociar con la misma grasa que suelta, murmurando al hacerlo cualquier salmo propsito. Ya cocido y fuera del horno, hay que poner el queso bajo un peso de media arroba, fin de servirlo bien prensado. Dicho peso puede ser mayor, si se quiere. Por ejemplo, si hay algn cannigo que se preste permanecer un par de horas sentado sobre el queso mediante una gratificacin, se le podr utilizar desde luego. Antes de servir este plato se corta en lanchas y rodeado de gelatina de carne, se coloca en una fuente y se pone encima de la mesa, nunca debajo. Qu resta? Comerlo, chuparse la mayora de los dedos y hacer una buena digestin, que es lo que todos deseo. Amn. MACARRONES LA INGLESA Se llega uno Npoles con objeto de comprar macarrones gordos. Sin romperlos ni mancharlos y en medio de un buen caldo, los hace uno cocer durante doce minutos y treinta segundos. Acto continuo se los escurre con mucho mimo para no lastimarlos y se cobra un tomo de molde, mejor dicho, se toma un molde de cobre, untado de manteca como todos los moldes pundonorosos, y en sus paredes se colocan los macarrones en forma de sierpe, quedando el centro dispuesto recibir la agradable visita de los siguientes elementos que constituyen un picadillo de primer orden: Ternera cocida en cuadritos, pies de cerdo (con perdn), jamn del mismo metal, gallina, pollo y repollo, lengua _culote_, setas, una trufa hurfana, sal, pimienta, perejil picado, raspaduras de nuez moscada y de limn sin moscar, un vaso de salsa la crema, queso de gallina y huevos de Parma. Con todos estos ingredientes en plena revolucin, se llena ms de la mitad del molde y el resto se ocupa militarmente con macarrones belicosos. Sobre la ltima capa social de stos se coloca una hoja de papel de barba (por ser preferible al papel afeitado) y sobre la hoja una tapadera de modestas aspiraciones. Se carga con el equipaje y se le zambulle en el bao de nuestra amiga doa Mara, siempre dispuesto recibir manjares en sus irritadas hondas. Transcurrida una hora larga (y aun ancha si se quiere) y fin de que el molde no pierda sus costumbres acuticas, se le saca del bao y se le lleva una fuente, para servir su agradable contenido como primer plato del almuerzo. Hay quien lo comera como plato nico. Y no faltara quien se conformara con el olor. NOTAS 1. Cuando se habla de llenar el molde, entindase que es por la parte de adentro, pues por fuera es muy difcil llenarlo. 2. Se llaman macarrones la inglesa, segn unos porque nadie se relame con tanta fruicin al comerlos como los ingleses. Y segn otros, porque de resultas de tanto gasto en ingredientes caros, el que costea este manjar se crea un nmero de _ingleses_ perpetuidad que mete miedo. LOMBARDA LA POLONESA No es preciso hacer mi viaje Lombarda para obtener la col que sirve de base este plato. Basta con quedarse un poco ms ac; verbigracia, en la plaza de la Cebada. Una vez comprada la lombarda y despus de pagrsela religiosamente la verdulera, se la echa el cuchillo ( la col) y se la separan las hojas duras y el grosero troncho. Se la da un bao de asiento y se la corta en hilos. Se la pone hervir con toda franqueza, y con agua _sal_, durante cinco minutos. Se escurre el agua (ni ms ni menos que un deudor listo) y se deposita la lombarda en una modesta pero honrada cacerola de barro, agregando trocitos de patata, manteca de cerdo en liquidacin, vino tinto, sal y pimienta, jugo del tercer enemigo del alma y un poco de manteca de vacas festivas. Cuece todo ello (porque no tiene ms remedio que cocer y aguantarse), durante una hora, y con la cacerola cubierta para mayor baldn. Cuando va servirse el plato, se le coloca alrededor, guarneciendo la col y su acompaamiento, unas apreciables salchichas de yankee morcillas traspirenaicas, y resulta uno de los manjares ms dignos de aplauso y aun de veneracin que en mesa alguna puedan presentarse. Que por qu se llama Lombarda la Polonesa? Vaya ust saber! Quiz lo inventara la Polonia, una cocinera muy gorda y muy chata que tuvo mi abuela cuando Calomarde galleaba. ALCACHOFAS LA CATALANA Lo primero que hay que hacer es proveerse de alcachofas, sin el concurso de las cuales sera muy difcil hacer este plato. Una vez las alcachofas en poder de la cocinera, del cocinero, se las quita el polvo, se las despoja de las partes duras y se las acaba de castigar cortndolas por las extremidades, escaldndolas con agua hirviendo y ponindolas cocer con la sal del mundo. Cuando se enternezcan las alcachofas (para lo cual sera bueno contarles cosas tristes) se las va escurriendo y exprimiendo una por una para rellenar sus misteriosos huecos con cierta sabrosa salsa que se hace friendo charlotas, ajo, perejil, setas, aceite, pimienta y otros mariscos de la misma especie. Pero no basta esto. Es necesario envolver las alcachofas en papeles untados con manteca, cuidando de que en los papeles no haya impresa ninguna esquela de defuncin, por el mal sabor que pudiera dar al guiso. El empapelado de las alcachofas no se hace precisamente para librarlas del polvo ni para prestarles generoso alivio, sino para colocarlas con dignidad en la parrilla; donde se las vuelve y se las revuelve. Despus se las conduce una fuente, no cristalina, aunque pudiera ser de cristal, y al ponerlas en la mesa se sirve aparte la salsa conocida con el nombre de _alioli_, que se compone de ajos machacados, sal, yema y aceite crudo, y que se llama _alioli_ porque el emperador Trajano, recorriendo de incgnito una vez la lnea de Madrid Zaragoza y Alicante, se encontr en cierta posada con Alifonsa Oliva, matrona romana muy amiga de catar salsas. El posadero reconoci sus huspedes, psoles la salsa de su invencin, y le dijo el emperador:--De hoy en adelante, y en memoria de esta juerga, unirs la primera parte del nombre (_Ali_) con la del apellido (_Oli_) de esta suculenta matrona, y que la palabra resultante sea ya por siempre la denominacin de la salsa que nos has servido. Tanto les satisfizo el condimento en cuestin, que el emperador y la matrona se estuvieron chupando los dedos (uno otro) cuatro das con sus correspondientes noches. CHANFAINA Primero se hace amistad con un cerdo decentito y se le pregunta si lleva en el interior su liviano correspondiente. En caso afirmativo, se le extrae con mimo una libra de dicho liviano, y colocando esta apreciable entraa sobre un tajo pursimo, se la pica de un modo desesperado, valindose para ello de cualquier instrumento cortante, como un cuchillo, una lengua viperina, etc., etc. Una vez apurada la suerte de pica, se deja quieta la pasta resultante para que descanse y se reanime. Mientras tanto se coge una sartn por el mango y en ella se deposita una cucharada de manteca para que tenga la bondad de freirse y aguardar la llegada del liviano picado, que se har sitio entre las mantecosas hondas con un lucido acompaamiento de pimentn ruborizado y cal y arena, digo, sal y harina. Cuando todo ello est frito, se le agasaja con una salsita, que deber estar legalmente constituda por un puado de almendras descamisadas, un vivero de perejil, una tostadita frita, chiquitita y bonita y un ajo de cuerpo entero, disuelto en caldo para mayor honra y gloria del Seor. Se invita todos estos ingredientes que cuezan, y en cuando han adquirido un espesor decoroso, se les ofrece un descanso temporal. Llegada la hora feliz, se presenta en la mesa el manjar que habiendo nacido liviano ha pasado la categora de chanfaina; y con este nombre y con sendos tenedores, se lo almuerzan los comensales, que no podrn prescindir de relamerse, ni ocultar sus vivas ansias de repetir, en el buen sentido de la palabra. JUDAS BLANCAS LA MAYORDOMA Despus de haberse puesto bien con Dios, adquiere uno un litro de judas recin descortezadas, y las zambulle mal que les pese dentro de una cacerola llena de agua hirviendo, que es muy refrescante. Acompaadas de 25 gramos de sal, cocern las judas suavemente durante un perodo de tiempo que pase de diez minutos y no exceda de un trimestre. En un plato aparte se mezclan 10 gramos de harina lacteada y 30 de manteca de cerdo liberal, hasta que se forme una pasta que, cortada en varios pedazos, ir unirse con las judas en la cacerola, y all esperar la llegada de una comisin de perejil picado, zumo de limn patritico, sal y pimienta. Se arma en la cacerola un jolln culinario de mil demontres, y cuando todos los ingredientes se han tranquilizado, se sirve el plato los comensales, quienes pasada la digestin, no pueden permanecer en silencio. Las judas les gustan mucho los cristianos. Pero no es conveniente que abusen de ellas. Se llaman la mayordoma estas judas porque las coma diariamente en la Judea la seora del mayordomo de Poncio Pilato, la cual, segn cuentan, adquiri fama cantando por todas partes. TORTILLA DE ESPRRAGOS Ante todo se adquiere un manojo de huevos trigueros y media docena de esprragos de gallina, viceversa. Aunque hay quien prefiere la parte blanca de los esprragos la parte verde, dando con ello seales de enajenacin mental, lo ms corriente es que sean aprovechadas las cabezas de los _asperges_, as como sus inmediatas prolongaciones, y sean los tronchos despreciativamente arrojados la basura. Bien lavados y peinados los esprragos, oblgaseles cocer mal que les peso. Mientras ellos estn entretenidos en esta operacin, en la cual intervienen los elementos del agua y del fuego (y aun del aire, si el fuelle tiene que actuar), los huevos se cascan y se baten con entusiasmo blico en un plato de buen fondo. Al propio tiempo se coge una sartn por buen sitio, se la llena de aceite y se la coloca sobre la lumbre, previnindola que habr de engendrarse en su seno la tortilla objeto de estas lneas. En su punto el aceite, sazonados con sal los huevos y cocidos los esprragos, comienza el lo. Cmo? Vertiendo en la sartn aqullos mezclados con stos y movindolo todo con una paletilla, mejor dicho con una paleta pequea, hasta trabarlo bien y hacerlo tortilla en forma de submarino Peral. Se la saca de la sartn, porque dejarla all dentro sera una tontera, y se la lleva la mesa, en donde es devorada por los comensales generalmente antes de los dems platos del almuerzo y rarsima vez despus del caf. SALSA DE GROSELLAS VERDES Se adquiere una libra de grosellas clibes. Se las limpia con un plumero y se las da un bao de asiento en agua hirviendo durante cinco minutos. Se las escurre luego con mucho mimo y se las pasa despus por un _sedaso de seda_ (palabras de Domenech, el apstol de la cocina). Despus se las obliga penetrar en una cacerolita, donde permanecen en la agradable compaa de una copa de vino, todo lo blanco posible, y un polvo de azcar y canela (aunque nos parece poqusimo un solo polvo). Compltase esta salsa con una cucharada de jugo de carne y cincuenta gramos de manteca de vacas antiespasmdicas. Cuece todo durante diez minutos, al cabo de los cuales se arrebata la salsa del regazo de la hornilla y se la invita meterse en una salsera. Tambin puede hacerse la salsa sin mutilar las grosellas ni molestarlas hacindolas pasar por el cedazo. En este caso, bueno es servir con ellas unos picatostes largos y estrechos de pan francs, que suelen congeniar con las grosellas, aunque parezca mentira. Se emplea esta salsa generalmente para acompaamiento de pollos, gallinas, perdices, ternera, rosbif, solomillo de recaudador de cdulas personales cualquiera otra legumbre del mismo gnero. MOLLEJAS CON SALSA BEARNESA Y dice la receta del gran cocinero Domenech: Se cortan muy finas cuatro escaluas. Primer tropiezo para mi ignorancia: no s qu son escaluas! Nos acogemos al Diccionario y no contiene la palabra escalua. Las ms parecidas que hay son escalgena (gnero de la apreciable familia de las leguminosas), y escaleta (instrumento para montar las piezas de artillera). Pero volvamos la receta. Se cortan cuatro escaluas de artillera y se ponen en un cacito que contenga por la parte de adentro medio vaso de vinagre de estragn (sin vaso), reducindolas por el fuego la mitad. En otro cacito puesto en el bao de la se Mara, se echan 25 gramos de manteca de vacas insurrectas, tres yemas de huevo, sal y pimienta. Con un batidor (no con un peine) se mueven bien hasta que entran en ganas de cuajar, y entonces plaf! se les echa encima el vinagre y las escataluas escaluas, agregando algo ms de manteca, sin cesar de batir la salsa hasta que quede ms espesa que el verbo. Las seoras mollejas estarn cocidas en blanco y puestas en una fuente sobre una servilleta planchada, con una cenefa de patatas cocidas sin planchar, pero moldeadas segn las leyes vigentes. La salsa bearnesa, que ha de ser hecha diez minutos antes de servirla (pues diez minutos despus llegara tarde), habr de salir la mesa dentro de una salsera, y puede casarse, igualmente que con las mollejas, con los pescados, bisteques, entrecocotes y dems voltiles. No le falta la receta ms que indicar qu clase de seres han de pertenecer las mollejas: si han de ser de gallina, de pavo, de carnero de senador vitalicio. SALSA PARA ESPRRAGOS Ha llegado nosotros una receta que comentamos continuacin: Se le deja cocer dos minutos un huevo (el original dice guebo). (Esto est bien; qu oponerse los deseos del huevo?) Luego se le quita del agua (para evitarle un rema). Despus se casca (pobrecito!) sobre un cacharro y se bate con un tenedor (oh lucha desigual!) mezclndolo con una cucharadita de caf de aceite (cmo ser, el caf de aceite?). Se le echa pimienta blanca, sal (no indica de qu color) y una cuchara llena de vinagre (no estorbar, la cuchara all dentro?). Despus de bien batido, se saca la salsa en una salsera. (Es natural; sacarla en una pandereta, verbigracia, sera un desatino) y se sirve al mismo tiempo de servir los esprragos. (Claro! Servirla una semana despus, sera otro disparate.) Tambin en esta salsa se puede echar media cucharada de mostaza francesa. (Ya lo creo que se puede!... Y un par de sinapismos completos. Pero deber moral de echarla, realmente no le hay). Servidos los esprragos con el apreciable acompaamiento de la salsa referida, no le queda al comensal de buen gusto otro remedio que chuparlos por el extremo verde, despreciando el otro, y despus chuparse los dedos, siquiera basta la segunda falange. LENGUA... Primeramente se compra una lengua de vaca ( no ser que uno se la regalen). Despus de pelarla muy bien y de enjugarla, se le abren varias brechas con el cuchillo lengicida sin miramientos ni contemplaciones de ninguna clase. Se unta la lengua por todos lados con manteca y se introduce solemnemente en la cazuela, acompaada de un poco de manteca, tres ajos mondados, tres hojas de laurel, tres granos de pimienta, tres cascos gordos de cebolla y la sal conveniente. No para aqu la cosa. Despus de bien rehogado el contenido de la cazuela, se le aade dos cacillos de caldo del puchero, dos cacillos de agua (que no sea del Lozoya, para evitar los barrizales en el estmago) y dos ramas de tomillo salsero. Rompe todo cocer, cosa que no debe cesar hasta que la lengua diga "basta" por hallarse tierna, y una vez conseguido esto, se saca de la cazuela todo lo que se ha echado, excepto la lengua y el agua. Se machaca todo, se cuela y se vuelve poner en la cazuela, con el apreciable aditamento de una copa de vino blanco. Cuece todo con poco caldo; adesele un poco de harina tostada y se les puede dar la lengua los comensales ms delicados, quienes si al probarla no se chupan los dedos, es que son refractarios chuparse las extremidades. POTAJE LA GOUFF _Otra receta comentada_: En una reverenda cacerola de buen fondo se pone lo siguiente: una clara de huevo (lo ms clara que pueda ser), dos vasos de vino blanco (lo ms blanco posible), un cuartern de vaca picada, y aun banderilleada si se quiere; dos perros que estn bien limpios (_puerros_ debe decir) y un poco de opio (debe de ser _apio_). Se menea bien esta mezcla hasta que le venga en voluntad hacer espuma, y acto continuo se aaden dos libros de caldo de gallina (dos _litros_ deben de ser). Se pone en fuego suave y se deja hervir suavemente durante treinta suaves minutos, no sin haberle dado antes una ducha, de agua fra de vino blanco para que tome nimos y buen color. Despus de hervir se coge el consom y se le hace pasar por el aro de una servilleta que no est todava muy sucia, ponindole luego al fuego en otra cacerola con cinco cucharadas de tapioca hurfana, y se tiene en danza la pobre tapioca mientras dure la coaccin (lase _coccin_), que ser diez minutos, pasado lo cual se concede el retiro al potaje si est bien de sal. Luego se le completa con filetitos microscpicos de lengua la escalinata, trufas de luto y pechugas de pollo simptico. Cuando la cocinera vaya servir este potaje, hay que hacer que lo vuelque (procurando que no se derrame) en una sopera, mejor an, en una potajera. Hay que servir este plato hirviendo materialmente, y si algn comensal se quema, se le echa por la cabeza un cubo de agua fra. Slo resta decir que el potaje la Gouff est exquisitsimo y muy lejos del alcance de los maestros de escuela. ENSALADA LA ESPAOLA Segn la receta original, se toman en _cantidades iguales_ cebollas, pepinos, pimiento verde, tomate rojo, puntas de esprragos, aceitunas desahuciadas (deshuesadas debe decir), lechuga vegetal, lomos de anchoas, lomos de zanahoria y huevos duros. Lavados y planchados todos los indicados ingredientes, se cortan en pedacitos y se meten en honduras, es decir, en una fuente honda, aun cuando para la ensalada lo que viste ms es la ensaladera. Todo lo referido se sazona con sal, pimienta, perejil, ajo picado y aceite sin picar, y despus de un cuarto de hora, se sirve los comensales, quienes suele hacerles buen provecho. NOTAS. 1. Las zanahorias, los esprragos y los huevos, que de suyo son duros de mollera, habr que ablandarlos hacindoles cocer previamente. 2. Los pepinos que figuran en la relacin anterior habrn de ser naturales, y dos horas antes de hacer la ensalada se les mondar con cario, se les cortar en pedacitos delgados y se les colocar en un plato despus de quitarles el polvo, mudarles tres veces el agua que sueltan y arroparlos con un trapo, si es posible limpio, para evitar esos clicos hermticamente cerrados que tanto molestan sus vctimas. PUR DE LENTEJAS LA REINA Ante todo, no crean ustedes que esto significa un ofrecimiento de lentejas nuestra soberana. Para hacer este pur debe tomarse una libra de lentejas sin inquilinos. Si los tuvieren, se los desahucia y se limpian perfectamente las viviendas. Aseadas las lentejas, se las coloca en una cacerola, se las cubre con un litro de caldo de gallina pudorosa y otro de leche de vacas gazmoas, agregando una zanahoria, un puerro y una cebollita, todo ello muy limpio y muy recortadito. Se procura convencer las lentejas de que con el expresado acompaamiento las conviene hervir hasta que se pongan suaves y sumisas la voz de la cocinera. Oportunamente se las retira del fuego y se las hace pasar por un cedazo fino, operacin que les causa gran placer. Preparado as el pur, se le obliga estar en una cacerola al bao de doa Mariquita, en donde se le agregan dos vasos de nata natural, cuatro huevos hurfanos de clara, 25 gramos de manteca y leves raspaduras de nuez moscada. Muvese todo este revoltijo con mucha fe y con un mimbre, adesele la correspondiente sal, y queda el pur de lentejas hecho y derecho; pero antes de servirlo hay que colocar en el fondo de la sopera (si lo tiene) dos pechugas de gallina partidas en pequeos cuadritos. Si no hay dinero para la gollera de las pechugas, pueden hacerse los cuadritos solamente en la imaginacin. Si de alguna lenteja no se hubiese querido ausentar oportunamente el coquillo y aparece flotando en el pur, debe procederse inmediatamente su captura y aplicrsele la pena de destierro despus de reprenderle hasta que se le salten las lgrimas. SOPA DE CANGREJOS Llmese la cangrejera, saldesela y cmpresela unos cuantos cangrejos de buen porte y buen palmito. Procurando que no se escapen y que no metan mucho ruido, se les va echando en un almirez, despus de haberlos desencolado. La coccin de los pobres animalitos se har con gracia, mejor dicho, con sal y en caldo de carne de pescado, porque en agua de vegeto no quedara tan bien como fuera de desear. En cuanto los cangrejos hayan dejado, con generoso desprendimiento, su propia substancia en beneficio de la sopa, se pasa el caldo por un apreciable tamiz, y con l (no con el tamiz, sino con el caldo) se humedecen las sopas previamente cortadas, tostadas y afeitadas. Todo ello se pone luego cocer, mezclando con las inocentes sopas las tan aplaudidas colitas de los crustceos, y al servir el plato se le guarnece con perejil vegetal y huevos de gallina pudibunda. Podr temerse que los cangrejos, siguiendo la costumbre de andar hacia atrs, despus de tragados quieran volver al lugar de su procedencia, causndose una molestia ellos mismos, al par que se la causan al que los est digiriendo tranquilamente. Pero debe el comensal desechar tal temor, teniendo en cuenta que los cangrejos fueron machacados en un almirez y que tras este disgusto no pueden tener humor de andar hacia atrs ni hacia adelante por puro capricho; harto harn con seguir el camino que la naturaleza les marc. ANCAS DE RANA Se dirige uno un charco donde existan ranas inocentes, y procurando no pescar un rema, pesca uno dos docenitas de los mencionados cuadrpedos, valindose de un medio adecuado al caso, bien sea el anzuelo, ya la dinamita, ora las reflexiones amistosas, y as que uno se ha hecho dueo y seor de las ranas, las conduce la cocina para sacrificarlas, sin escuchar sus justsimas protestas. El guiso ms comn de las ranas es el frito con naranja y pimienta. Pero es ms recomendable prepararlas en forma de albondiguillas, de la manera siguiente: Se coge la rana cuidando de no hacerla cosquillas, y se le quita los huesos, pues de quitarla el pellejo ya se encargan sus vecinas de charco. Se pica la carne de las piernas (la restante ni se pica ni se corre, merece el ms profundo desprecio) y se sazona con especias, pan rallado, sal, yemas crudas y caldo de garbanzos con manteca. Una vez sazonada, hay que procurar que no se desazone. Debe procederse la confeccin de las albondiguillas con el mayor aseo posible, un cuarto de hora antes de servirlas, segn unos; quince minutos, segn otros. Se les da un tamao regular, es decir, mayor que el de los perdigones, pero menor que el de las bolas del puente de Segovia, y se las cuaja (segn la receta original) con llema de uebo y cumo del y Mn. Hay muchas personas que sienten repugnancia ante la consideracin de que van comer bactracios, y antes se llevaran la boca las ancas de todos sus parientes que las de una sola rana. Mejor dicho: les pasa lo que algunos individuos, que no aguantan ancas. Pero, escrpulos aparte, lo cierto es que las ranas con el guiso referido resultan exquisitas, y prueba de ello es que Alcibiades y Temstocles no pedan sus asistentes otro desayuno que ancas de rana griega. No s quin ser el inventor del expresado guiso; pero bien puede asegurarse que no deba de ser rana. _Poesas culinarias._ EL ESPRRAGO EXPANSIVO AUTOBIOGRAFIA Yo he nacido alguna vez. El cmo no me lo explico. Cul fu mi nombre? Perico. Cul fu mi pueblo? Aranjuez. Yo me cri sin mantillas, slo con agua del Tajo, y no cost gran trabajo sacarme de mis casillas. Cuando hecho un mozo me v, condenado me encontr al destierro, aunque no s qu delito comet. Y como aqu nadie auxilia al de humilde condicin, me cortaron en unin de veinte de mi familia, sujetndome ay de m! con ellos de un modo tal, que me dur la seal todo el tiempo que viv. Llegu Madrid con calor. Fu conducido al mercado y desde all trasladado al puesto de un vendedor, donde al punto me ech el ojo una cocinera impa que cop mi compaa, mejor dicho, mi manojo. Ins Franco, quien envidio por su gracia seductora, fu la verdadera autora del cruel esparraguicidio. Ella me mand cocer en uno de los peroles de la casa. Caracoles con el bao de placer! Qued ms blando que un higo y gru ms entre dientes!... Que lo digan mis parientes, los que cocan conmigo! En fin, tras el bao aquel me coloc una real moza en una fuente de loza que puso sobre el mantel. Estuvo un rato Ins Franco si me muerde no me muerde. Y al fin me mordi lo verde! Y al fin me chup lo blanco! No haca lo que Canuto, su esposo, que se zampaba lo blanco y despus tiraba lo verde el cacho de bruto. Con verdadero deleite Ins hizo mi succin, tras de darme un remojn en vinagre, sal y aceite. Tales meneos llev sobre el plato, que hube ya de decir: Que se me va la cabeza! Y se me fu! Ins dijo con franqueza que la volvamos loca, y cuando llegu su boca llegu sin pies ni cabeza. Las muelas de Ins despus hicieron en m un desmoche; ca en un _saco de noche_ que lleva por dentro Ins, y all me encontr reunidos muchos manjares variados, que por lo desmejorados estaban desconocidos. Me tiene oculto mi duea. Ya veis, aunque no estoy mal, que mi situacin actual nada tiene de halagea. Y puedo yo predecir mi porvenir? No, seor. Pensarlo me causa horror! Qu oscuro es mi porvenir!! UN ALMUERZO Conque he de almorzar contigo? Cunto lo agradezco, Luisa! Sentmonos, que ya sacan el primer plato... Judas? No s por qu se me vienen la memoria tus primas, las que pusieron la casa de prstamos en Sevilla. Atn en salsa? Me gusta. Tu padre est bueno, chica! Me le he encontrado en la calle hace tres cuatro das. Hola! Pavo en pepitoria? Creo tener la vista tu abuelo... El pobrecito por el pavo se mora. Ya acab... Calla! Chuletas de cerdo? Son cosa rica. Dme, tu to el cannigo sigue tan gordo en Galicia? Lo celebro... Estas son truchas en escabeche? Qu finas! No s por qu me recuerdan tu madre. Pobrecilla! Qu traen ahora? Un cabrito? Es una pieza hermossima. Me acuerdo ms de tu esposo!... Qu bien est en Filipinas! Ya hemos llegado los postres. Los postres son mi delicia. Hola! Bizcochos borrachos... Tus hermanos en Montilla seguirn lo mismo siempre? Dios les conserve la guita. Buen dulce de calabaza gastamos, querida amiga! Me parece que estoy viendo, aqu en nuestra compaa, tu to el diputado. Qu calabaza tan rica! Tambin hay _Ans del Mono_ para fin de la comida? Ser el ans de tu primo? Qu generoso y qu... lila! * * * * * * Ajaj! Ya he terminado. Mil gracias, amiga ma. Mas permite que te ruegue que, si otro almuerzo me invitas, no me des las mismas cosas; porque, si me das las mismas, se me va estar figurando que me como tu familia. EL BIZCOCHO DE LAS MONJAS En la grata confeccin de bizcochos excelentes son asombro de las gentes las monjitas de Chinchn. Y as como s que hay varios sujetos cuyos favores pagan ellas con labores, cajitas y escapularios, m, en pago de un escrito que hubieron de encomendarme, resolvieron obsequiarme con un bizcocho manguito. Dicen que sor Victorina lo hizo con fe: no lo s; ello es que puso ms fe que azcar, huevo y harina. Qu bizcocho! Desde all me lo mandaron m, y dije en cuanto lo v: Demontre, qu duro est! Sin duda llevaba mucho, mucho tiempo de estar hecho, as es que me fu derecho en busca de un buen serrucho para poderlo partir; mas no lo pude lograr. Yo, qu modo de apretar! El, qu modo de crujir! Con un cuchillo sencillo quise despus darle un tajo, y tras de mucho trabajo lo que part fu el cuchillo. Luego, para que cediera, le di un martillazo bueno; y el bizcocho tan sereno, sin ofenderse siquiera! Despus, llorndole yo, de cosas tristes le habl; pero todo intil fu, porque no se _enterneci_. El trance era pistonudo y ped auxilio Barroso, que es heredero _forzoso_ y debe de ser forzudo, y cual si partiese lea, le hiri con el hacha impa; pero el bizcocho segua tan duro como una pea! Desesperado, tir cuatro tiros al bizcocho, y otros cuatro: total, ocho; pues nada, ni le asust! Por fin, la superiora de las madres de Chinchn la hice saber el _tesn_ de su bizcocho, y ahora me responde que no acierta la causa, pues para m lo haban sacado all del estanque de la huerta, donde con gran inters un sacristn que era cojo lo tuvo puesto en remojo desde el ao veintitrs. As que venci los bronces y triunf del pedernal, tir el bizcocho al corral, y he vivido desde entonces sin saber el paradero que Dios le ha dado, hasta ayer, que pas por el taller de Benito el cerrajero. Sabis lo que la sazn era el yunque de Benito? Pues el bizcocho manguito de las monjas de Chinchn. UNA PRIMA TACAA Mi estimada prima Concha: Se necesita un tup superior para volverme convidar comer cuando an no se me ha olvidado lo que pas la otra vez, gracias lo miserable que el Seor te quiso hacer! Menos mal que, escarmentado (malhaya tu aviso, amn), no asistir tu comida sin llevar dentro un bistek. Por cierto que Ins, tu fmula, bien te secunda. Rediez con la comida ilusoria que nos puso su _merced_! Quiz, Concha, te figuras que yo no recuerdo que nos dio primero unas ostras desalquiladas la Ins? Dijo que eran pa abrir boca y en efecto, dijo bien, pues al verlas, con un palmo de boca abierta qued. quin se le ocurre oh, Concha! darme dos ostras tres sin el bicho que en el centro suelen las conchas tener? Sopa de fideos finos rezaba, el _menu-cartel_; pero tan finos los puso que no los pudimos ver. Y qu paella ms rica nos sirvi luego despus! Traslad mi plato un grano de arroz y le pregunt si saba el paradero de las tajadas. "No s --contest.--Yo no me trato con eso que dice usted." Lengua era el plato segundo, y yo me acuerdo muy bien de que Ins sac la lengua, pero yo no la cat! Pues y los tan anunciados cangrejos? Qu chasco aqul! Me dijo Ins que se haban fugado medio cocer, y los andaba buscando por todo el distrito el juez. Y con la broma te ahorraste los cangrejitos tambin. Despus de darme unas truchas pintadas en un papel, tu economa ms cmica indudablemente fu la del flan. No se me olvida! No recuerdas t que, en vez de darme realmente flan, me estuviste hablando de l? Si me diste la _castaa_ (que es un postre de chipn) _y me la diste con queso_, qu ms pude apetecer? Cuando sal de tu casa, excuso decirte que tena ms apetito que el que no come en un mes. Y claro est, cuantas cosas luego la vista me ech, me pareci, cara prima, que eran cosas de comer. El tintero, desde donde llevo la pluma al papel, se me figur una jcara de chocolate de seis reales libra; la cabeza de un amigo mo, que es magistrado, parecime que era un meln de Aover; mi cartera, un entrecot; el reloj que en la pared tengo colgado, cre que era un jamn de Avils; mis zapatillas, un par de lenguados _al gratn_, y un atn escabechado la mam de mi mujer. Y no me com los muebles y una buena parte de la familia, porque fu desde tu casa al Ingls. En fin, si has de hacer conmigo lo que hiciste la otra vez, vale ms que no me invites, no me invites comer! PARECE MENTIRA! Casta, la pastelera de Burguillos, fabrica con serrn los bartolillos, con sebo los pasteles confecciona y aade al chantilly zaragatona. Y an hay quien dice, conociendo Casta, que es persona que tiene buena _pasta_! COMESTIBLES _( mi amigo V. S.)_ No me vengas, querido, con ms discursos para probar que tiene pocos recursos respecto la pitanza Valdegalletas, ese escondido pueblo donde vegetas! En Madrid es en donde pasa por primo quien compra comestibles, Hay cada timo!... La industria de lo falso vive y se extiende, y es de guardarropa cuanto se vende. Dichoso t que, pobre y enamorado, comers desde el da que te has casado slo pan y cebolla con tu parienta, aunque no es la comida muy suculenta! En cambio yo, gozando de estos lugares, como, por mi desgracia, falsos manjares, que en la tienda me cuestan muchos _doblones_, y despus en mi casa retortijones. Ayer com en la fonda, por la maana, la inglesa, la rusa y la italiana, y aunque prob en la mesa no ser cobarde, el _conflicto europeo_ vino ms tarde. Hoy se adultera todo, mas con tal maa que hay gneros que al Verbo dan la castaa. Hoy se fabrican huevos artificiales, hasta en laboratorios municipales. Hoy tienen gran salida los embuchados con lomo de jumenta confeccionados. Hoy se venden pimientos de la Rioja hechos de suela vieja con funda roja. Hoy hay jerez, burdeos y otros cien vinos que realmente son purgas con nombres finos. Y no digamos nada del chocolate: ser de cacao y azcar? Qu disparate! Hoy el queso es patata, cal la tapioca, el bacalao es pleita y asfalto el moka, y no hay ultramarinos acreditados que no tengan productos falsificados. Esto no es cosa ma: lo ha referido un joven que en mi barrio se ha establecido. Qu orejones de yute vende en su tienda, sin que haya parroquiano que lo comprenda! Qu lenguados ms ricos saca el muchacho de alfombras inservibles de su despacho! Las corta en pedacitos, los adereza con un caldo sacado de su cabeza, los mete en unos botes, y Dios le asombra el dinero que saca de aquella alfombra. Y despus nos extraa que haya en la villa tanto nio inocente con _alfombrilla!_... Nada, querido amigo, vive mil aos, no envidies quien sufre tales engaos, y hasta que Dios aumente tu corta renta come pan y cebolla con tu parienta! PAELLA MORROCOTUDA --Ruperta, quin ha llamado? --Un mozo. --Qu quiere? --Trae un cesto lleno de cosas de la plazuela del Carmen. --Pues coge el cesto y conmigo vente la cocina escape. T no haces bien la paella y hoy me propongo ensearte. --Usted sabe hacerla? --Digo! Mejor que el Cid. T no sabes que el primo de la nodriza de un hermano de mi padre pas en Valencia dos meses? --S lo s. --Pues no te extrae que yo tenga las paellas en la masa de la sangre. Vamos empezar. Primero dame esa cazuela grande. --Tome usted. --Bueno. Ahora llnala de arroz. --Hasta arriba? --Casi. Acrcame la aceitera. --Tenga usted. --Bien. Ahora scate de ese cesto que han trado los dos pedazos de carne, las almejas, la gallina, seis cebollas, dos tomates, cuatro morcillas enteras, seis siete calamares, diez cangrejos y un pedazo de mero, sin olvidarte de echar el hgado encima. --Ya lo creo! No he de echarle? --Prepralo bien; revulvelo en la cazuela, y aade caracoles, longaniza, jamn, aceite, vinagre, menudillos, zanahorias, alcachofas y guisantes. --Qu atrocidad! Y no echamos un poco de chocolate? --No; djalo, que ello cueza sobre la hornilla bastante. Mientras me lavo y me peino, del fogn no te separes, y echa un ojo la cazuela para evitar un desastre. --Que eche la cazuela un ojo? Seora, no puedo echarle! --Por qu no puedes, Ruperta? --Seora, porque no cabe! EPIGRAMA Contaba Cucufate de Avendao que nada en este mundo le hace dao. --Ayer (deca), en el caf de Prada, me tom un chocolate con tostada, y detrs me di un bao. --_Detrs_ se lo di usted, don Cucufate? Buen tamao tendra el chocolate! VALIENTE TORTILLA! Hay en esta capital una taberna indecente, por delante de la cual paso yo frecuentemente, y tiene un escaparate donde hay pjaros muy tiesos, habichuelas con tomate, bacalao y otros excesos. Y as como observo bien, si voy por aquella acera, que cambia en un santiamn los platos la tabernera, me pasma y me maravilla el ver que nunca jams renueva cierta tortilla que est all entre lo dems. Y no hay que decir que cada da es una diferente. Siempre est all colocada la misma precisamente, la misma! y lo afirmo yo, porque conserva en un lado tres motas negras (que no son trufas, por de contado). Al verla, ni aun se entusiasma el que tenga hambre canina. Si aquello es una bona con aires de cataplasma! Qu tortilla, San Ramn! Yo afirmo con seriedad que es la representacin de la inamovilidad. Siempre en su sitio la veo tan lacia, tan escurrida, y con un color tan feo y tan cariacontecida!... No son exageraciones: suda en llegando el esto, y le salen sabaones as que comienza el fro. Quien la compre la ha de hallar tan seca como mi abuelo, y la tendr que afeitar, porque hasta va echando pelo. En fin, queris verla? Est muy fina conmigo, pues tanto me conoce ya de verme un mes y otro mes, que al pasar yo por orilla de la tabernucha aquella, me saluda la tortilla y yo la saludo ella. Y hacerlo as me someto porque es una dama? No. La saludo con respeto porque es ms vieja que yo. MI DESPENSA Una zafra de aceite de oliva (del ms malo, querido lector!) con su tapa en la parte de arriba y espita con llave en la parte inferior. Sobre tosco vasar, al que viste colgadura de rojo papel, un puchero que, si hoy tiene alpiste, contuvo algn da riqusima miel. Una escarpia sujeta en el techo, y pendiente del techo un cordn con un gancho torcido y mal hecho del cual debera colgar un jamn. Cinco latas de ricos pescados que hace tiempo vacas estn, y entre tila, en un bote guardados, algunos bizcochos del tiempo de Adn. Tres botellas de vino pequeas (del que apenas se puede beber) y otras tres del mejor Valdepeas que por mi desgracia se ha echado perder. Dentro de una cazuela de barro avellanas, espliego y jabn, y pegada en los bordes de un tarro manteca de Flandes del propio Chinchn. Seis siete chorizos aejos procedentes de aejo rocn, y las pieles de varios conejos colgadas de un clavo, no s con qu fin. Junto un plato que tiene tocino y unos cuantos mendrugos de pan, un cacharro con ajos, comino, pimienta, guindilla, laurel y azafrn. Dentro de una tinaja, una arroba de garbanzos que apenas se ven. Atrancando la puerta, una escoba (porque es una puerta que no cierra bien), y un boquete de medianera que da paso la luz y al calor. No contiene ms cosas hoy da mi pobre despensa, querido lector! EPIGRAMAS I Es tan goloso Procopio, que mozas que dan el opio no hace el amor en su aldea; porque al volverse jalea, teme comerse s propio. II En cantidad fabulosa comi ayer berros Irene, y aunque el clico que hoy tiene, segn ella, es de otra cosa, la causa del malestar los berros deben de ser, porque la pobre mujer no cesa de berrear. III --Buenas tardes, Leonor. Y tu esposo? --Ahora saldr. En este momento est pastando en el comedor. --Pastando? Qu bromas gastas! Se va el hombre resentir. --No, tonta; quiero decir que est tomando unas pastas. Postres variados. COSA RICA Tcale el turno un postre, cuyos datos acaban de llegar dulcemente nuestro culinario poder. Se llama cosa rica, y se hace de la siguiente manera: Se compran (si no existen de antemano en nuestra despensa) diez y seis huevos, diez y seis onzas de azcar diez y seis de harina y diez y seis de manteca de vacas clibes (todo diez y seis!). Se les quita los huevos la cscara, porque estorba. Se bate la manteca con la mano, pues con el pie no es de buen tono, y se van echando encima los huevos, el azcar y la harina, por este orden, que es el que la etiqueta exige. Previamente habrse tenido preparado un conveniente nmero de cajas de papel, por el estilo de las que tienen para su uso particular las mantecadas de Astorga. Ocpanse estos dbiles receptculos, hasta la mitad, con la masa referida y se les conduce amistosamente al horno, que no deber estar ni fu ni fa, ni fuerte ni fro. Qu resta? Comer la masa y tirar el papel. Hacer lo contrario sera una necedad. BIZCOCHOS ALMIBARADOS Se coge un perol por las asas y en su fondo se deposita medio litro de agua clara, es decir, de cualquier agua que no sea la del Lozoya; quinientos gramos de azcar, unas cortezas de limn del tiempo y un huevo partido, con cascarn y clara. (La yema para el obispo.) una voz de la cocinera, romper todo esto cocer, y cuando se la suba las barbas, zas! el almbar ser sometido la colacin por un pao fino y de educacin esmerada. En una vasija aparte se colocarn dos huevos y se batirn (no sabemos si pistola sable). Inmediatamente se proceder la limpieza del perol, dejndole libre de residuos del almbar y de moscas golosas; vulvese echar en l el almbar clarificado y por l van desfilando uno uno varios bizcochos anchos y pundonorosos, que previamente habrn saludado en su vasija los huevos batidos, teniendo sumo cuidado de que no tomen mucho huevo ni mucho almbar, pues el exceso de ambas cosas podra mortificarlos. Despus de los referidos baos de placer, quedarn los bizcochos en disposicin de ser devorados, no sin haberlos rociado antes con canela fina y haberles dado la uncin con el almbar que haya quedado inclume. Este postre es excelente, y prueba de ello es que en la real mesa de Carlos V figuraba diariamente y que el propio Godofredo de Bulln, al emprender la primera cruzada contra los moros, se zamp catorce bizcochos y no ces de relamerse durante su gloriosa expedicin. DULCE DE CASTAAS Se llega uno en dos brincos al castaar ms prximo, se llena de castaas los bolsillos y regresa uno su hogar con el sano propsito de hacer el dulce cuyo ttulo encabeza estas cortas pero honradas lneas. Se extrae las castaas de su estuche natural, lo que es lo mismo, se las despoja de la cscara, aun exponindolas que se constipen, y se las zambulle en un cacharro que previamente habr sentado sus reales en una hornilla provista de lumbre caliente. Cuando las castaas se hayan enternecido mucho, se las desuella y se las invita pasar por un colador de buenos antecedentes. Se pesa la pasta y se la mezcla con una cantidad de almbar cuya azucarada base pese otro tanto que la pasta, para que no se tengan envidia ni se tomen rencor. cada libra esterlina de castaas debe corresponder otra de azcar dulce y medio cuartillo de agua, que no sea de Loeches, y en la cual no se haya lavado nadie todava. Durante media hora de reloj (precisamente de reloj) se mueve la mezcla expresada sin manifestar cansancio, hasta que quede lo mismo que una natilla incandescente, y una vez pasada, pesada y posada, se deposita en tarros que no hayan tenido belladona ni otro marisco anlogo, y cubrindolos con un papel sujeto con un cordelito, bien con una liga, se dejan reposar hasta que llegue el feliz momento de que su contenido sea devorado. El dulce de castaas es excelente, y puede asegurarse que quien se le d no se le da la castaa. Garca del Castaar, Concha Castaeda, el general Castaos y el barn de la Castaa han sido muy devotos del postre mencionado. Naturalmente! CREMA DE FRESAS Cgese (con cuidado de no dejarlo caer sobre un pie) un perol de tamao natural, y en su cavidad metlica colcanse dos cucharadas pequeas de harina de trigo pequeo, bien tamizada, ocho yemas amarillentas y dos onzas de azcar en polvo fino. esta mezcla se le da movimiento con un honrado mimbre, y los cinco minutos y dos segundos se le incorpora cuartillo y medio de leche de cabras hirviendo (no las cabras), sin que cese el movimiento de la crema hasta que se halle en un estado de alarmante espesor. Colcase sta en el tan aplaudido bao de doa Mariquita por espacio de diez minutos: se le agrega 15 gramos de gelatina disoluta, y al hacer salir del bao la crema, en lugar de secarla con una sbana, se le pasa por un colador lo ms atento posible, dejndola enfriar como cualquier hijo de vecino. As las cosas, se le aade el lquido producido por una libra de fresas que habrn sido previamente despanzurradas sin contemplacin alguna, pasadas, no por exceso de madurez, sino por un cedazo bondadoso. Mezclada la pasta de las fresas con la crema, se coloca en un molde de figura caprichosa, como, por ejemplo, una torre rabe, la cabeza de San Juan Bautista, y el molde dentro de un cacharro mayor que l, cuyo contenido sea hielo del ms fro que haya. Momentos antes de servir este postre (despus no), se le saca del molde, se le acomoda en una fuente y se le rodea, para mayor honra suya, de bizcochitos de lenguas de gato mudo. Y saben ustedes lo que les digo? Que est muy rico. Palabra. (Las cantidades indicadas son para diez personas, bien para nueve si una de ellas come por dos.) PASTELILLOS LA ESPUELA Para medio kilo de harina en polvo pngase una copa de leche de vaca, cien gramos de manteca del mismo bactracio y otro tanto de la de cerdo vegetal. Adase esto un poco de sal, tres huevos hurfanos de cscara y la esencia que se quiera, no siendo esencia de trementina. Mzclese todo hasta que quede convertido en una pasta simptica susceptible de ser extendida sobre una mesa sobre un catre, siendo preferible lo primero. Trabjese durante un prudencial colapso de tiempo y no con el rollo, sino con las manos que se ha de comer la tierra, tratando al amasijo como quien jabona y restrega una chambra. Extindase un pedazo de la masa sobre un pedazo de la mesa, dejndolo con el rollo del grueso de una peseta (no en perros, sino en plata), y crtese con la espuela en trozos de figuras caprichosas al par que honestas. Franse los pastelillos en aceite hasta que estn dorados fuego. Concdaseles el retiro, cbraseles cariosamente con una manteleta de azcar en polvo y condzcaseles la mesa en palanqun. Por qu se llaman _ la espuela_ estos pastelillos? Porque, segn queda indicado, interviene en su confeccin el instrumento denominado _espuela de repostero_; no vaya figurarse el lector que se trata de la espuela del jinete y que al aplicrsela los trozos de masa, stos comienzan galopar por la cocina. TARTA DE MANZANAS Se pone uno el pauelo la cabeza, coge la cesta, se dirige una frutera de buena traza y all escoge medio kilo de manzanas robustas y sin alifafe alguno. Conducidas al hogar, les quita uno el pellejo, ya con el cuchillo, ora con la murmuracin despiadada. Cuando hayan quedado desenfundadas y hurfanas de pipas, se las obliga cocer en almbar claro hasta que se quieran tomar la molestia de hacerse una pasta, que, si no resulta lo bastante espesa, puede quedarlo mediante la ingerencia de un escuadrn de bizcochos despachurrados. Para untar el molde donde ha de meterse la tarta en cintura es preciso quemar previamente azcar, substancia que arde sin necesidad de ser rociada con petrleo. Untado el molde, se echa la pasta dentro, pues echarla fuera acusara falta de juicio en la tartera, sea en la confeccionadora de la tarta. Lleno ya el recipiente, se le hace tomar un bao de placer (sin ropa) que, mucho me equivoco, es el tan reputado bao de Mara. Despus se saca del molde la pasta y se sirve con buenos modos. La tarta de manzana constituye un postre muy estimable y su invencin data de los tiempos ms remotos. Como que hay quien dice que la fruta prohibida fu devorada, no al natural, sino en forma de tarta, por nuestra madre Eva (q. e. p. d.). SOPA DE ALMENDRA Bueno es reunir almendras de toda confianza y machacrselas uno mismo, aun riesgo de reventarse un dedo; pero ms cmodo es llegarse una confitera honrada y comprar pasta de almendra, en cantidad suficiente para hacer una abundante sopa. Con el auxilio de un cuchillo, que tenga filo, se parte la pasta en fragmentos, y stos irn parar una apreciable cacerola que, llena de agua clara, se pone sobre la hornilla oscura, dentro de la cual habr lumbre, porque si no sera difcil la coccin. Se mueve el lquido mientras cuece, ya sea con una badila, ya con un paraguas, hasta que se disuelve bien la pasta, y al propio tiempo se le echan pedacillos de pan, que navegan en el blanco elemento hirviente y acaban por esponjarse de gusto sin exhalar un lamento pesar del calor que hace all. unos les gusta calentita la sopa de almendra y otros fra y aun trasnochada. Hay quien echa en ella cebolleta picada y unos cangrejitos; pero debe considerrsele como un loco rematado. Constituye la sopa de almendra el clsico postre de la Noche-Buena; y la costumbre data del tiempo del Patriarca San Jos, quien, siendo prvulo an, machacaba almendras y se las coma delante del nacimiento que le haban comprado sus respetables padres en Santa Cruz. ARROPE Se escogen uvas maduras, y si no las hay ms que verdes, se las obliga madurar por la buena. Luego se las extrae el corazn, se las desuella, se las machaca y se las pone al fuego dentro de una caldera, porque fuera seran capaces de huir. Como se ve, no es posible darles ms disgustos en menos tiempo. As que empieza el hervor, se espuma el caldo con mimo y se le aaden dos cucharadas de greda en polvo, que al caer en el lquido producen gran efervescencia y gran excitacin en el nimo de las desfiguradas uvas. Esta bromita de la greda y del espumado se ha de repetir, segn los sagrados cnones, hasta que no se note efervescencia ninguna. Entonces se aparta del fuego el fatigado lquido y se le permite que quede en reposo y aun en meditacin profunda durante un da completo, aunque ste sea festivo lluvioso. Quedar el lquido ms claro que chocolate de husped de los de seis reales con asistencia... de insectos variados, y se le pondr cocer (no al husped) hasta que adquiera bastante consistencia y no pueda quejarse de fro. Un poco antes se har tomar baos de asiento en el caldo referido numerosos y distinguidos trozos de membrillo, melocotn, pera, meln, calabaza y otros mariscos anlogos, cuidando mucho de que en la caldera no caiga por descuido algn ratn alguna zapatilla. El arrope es postre ordinario, aunque de buen corazn, y su antigedad en las mesas de los seres humanos se remonta los tiempos ms antiguos. Cuntase que Atila obsequiaba sus soldados con arrope. Sneca muri en un bao de arrope manchego. Y hasta hay quien asegura que la familia de No se arropaba tambin por las noches. WALESKI Se ponen seis huevos, pudiendo encargar de sta operacin preliminar una ms gallinas complacientes. Se baten las seis yemas con encarnizamiento en una vasija modesta, y en otra de mayores pretensiones se baten desesperadamente las seis claras que haban vivido dentro del cascarn en compaa de las susodichas yemas. No se dar reposo las claras hasta que dejen de ser claras para ser espesas; y por su parte las yemas no se darn por satisfechas hasta que estn en cinta, formen cinta. las claras se las bautizar con ron; y tanto con ellas como con las yemas se ir mezclando azcar, que ser recibida en el seno de unas y otras como dulcsima y copiosa nevada. En media taza de agua, mejor dicho en una taza completa, pero llena de agua en su mitad inferior (no en la superior), se disuelve cola de pescado (que no est frito). Cunta cola? Una onza. (Ya ha habido quien ha entendido que la onza eran 16 duros de cola y ha tenido con ella para encolar todos sus parientes.) Se disuelve la cola en el agua, menendola como un perro lo hace cuando est satisfecho de su suerte. Se incorporan las yemas las claras en la vasija _do aquestas yacen_ y se las mueve hasta producirlas vrtigos. Despus de bien trabadas, se les aade la cola sin dejar el movimiento, y en un molde untado previamente con una cosa que acaba _en ina_ (no recuerdo si glicerina hemoglobina, estricnina), se echa la masa, encargndola mucho que no se salga de all hasta que llegue la hora de volcar el molde en una fuente, y no de vecindad. Este plato tiene la ventaja de que no necesita lumbre para su confeccin, en lo cual se parece mucho la ensalada de lechuga. Tiende este postre ponerse correoso con el transcurso del tiempo. As es que si se deja de un da para otro, al tomar uno su racin de Waleski parece que lo que uno se come es un par de guantes en mediano uso, una zapatilla en dulce. Por eso lo mejor es comerlo pronto... y que siente bien. QUESO LA CHANTILLY Ante todo debe uno adquirir la propiedad cuando menos la posesin de un vaso de nata y dos vasos de leche. La receta de donde tomamos estos datos no expresa de qu animal ha de ser la indicada leche; pero despus de descartar la merluza, la comadreja y otros muchos, debemos fijarnos en la oveja, la vaca y la cabra, y elegir cualquiera de ellas. Procdese calentar la leche y la nata, aadiendo diez y seis duros de azcar, sea una onza, ms un aroma cualquiera, gusto del consumidor. Cuando est caliente (no el consumidor, sino el amasijo), se pasa por un tamiz y se le aconseja que se enfre. Se necesita cuajo para continuar la confeccin del queso? S, seor, hace falta un poco de cuajo macerado (cuajo de macero) con agua, para unirlo la mezcla lctea, y se pasa todo por un pao, procurando que este pao no est muy sucio. Mete uno el queso en el interior del molde (porque meter el molde en el interior del queso sera perder el tiempo) y lo pone cuajar en el rescoldo. En cuanto uno ha dejado enfriar el queso, se le escurre con un colador y se coloca sobre un pao, echndole polvos de azcar fina para endulzar su situacin. Para servir el queso la Chantilly (segn la receta) se pone sobre una servilleta, sta sobre un plato y el plato sobre la mesa. Bien hace el autor en detallarlo as, pues pudiera una cocinera torpe colocar la servilleta sobre el queso y la mesa sobre el plato. Y esto sera drsela con queso los comensales. Personas conocedoras del postre de referencia lo elogian con entusiasmo. Un ilustre militar comi queso la Chantilly concluda la batalla de Alcolea. Pues bien, ayer tarde paseaba por el Prado relamindose todava... TARTA DE MOKA El que quiera hacer este postre tiene que reunir, ante todo, abundante Moka, aunque esto parezca una porquera primera vista. Despus debe proceder un concienzudo lavatorio de manos, fin de que stas puedan intervenir por s mismas y no por medio de representante en la confeccin de la tarta. Saben ustedes lo que viene ser un cuarto de kilo de manteca de vacas? Pues eso es precisamente lo que hay que batir con la mano y con el azcar que por clasificacin le corresponda. Cuando la manteca est ya bien batida, y aun abatida por causa de tanto zarandeo, cataplum! se la administra una ducha de caf fro que, ser posible, est tan cargado como yo lo suelo estar algunos das. Sobre el poco frtil suelo de un molde hueco, y sobre las honradas paredes del mismo, se colocan, cual baldosines enternecidos, unos cuantos bizcochos de horma derecha. Encima de ellos se pone una capa de pasta de caf cuidando de impedir que se apolille; sobre la capa una tanda de bizcochos, como si dijramos, una tanda de valses, y as sucesivamente, hasta que se acaben los ingredientes, pues todo se acaba en este mundo. Hecho esto, se saca del molde la tarta, y para que por la diferencia de temperatura no se impresione y coja un catarro trtaro, se la cubre amorosamente con una manteleta de almendra muy picada y rajas de limoncillo prvulo. Hay quien encuentra tan rico este manjar, que pierde la razn, y algunos historiadores sostienen que la verdadera causa de la perturbacin de doa Juana la Loca fu el abuso de las tartas de caf, pues la infeliz hasta las tomaba en combinacin con el cocido. TORTILLA SOUFLE DE COAC Se coge un martillo y con l se rompen seis huevos de gallina, diciendo despus las yemas y las claras, respectivamente: Ustedes por all,--vosotras por all. lo que es lo mismo, se separa las unas de las otras. las yemas se les echa dos onzas de azcar en polvo corts y fino. las claras no se les echa polvo ninguno por esta vez. Adquirida una esptula de madera (cosa sumamente fcil, pues en cualquier parte hay esptulas), se comienza mover con ella las azucaradas yemas hasta que se muestren satisfechas por lo espesas y por lo finas. Entonces, cuando menos lo esperan, cataplum! se les bautiza con una copa de coac. (Lbreme Dios de copiar esta palabra tal y como aparece en la receta original!) No hacen falta ms ingredientes. El intrngulis est en la confeccin. Ante todo la cocinera procurar tener el horno fuerte, aunque sea costa de frotarle con emulsin Scott con hierro Bravais. Bate las claras asta (as lo dice el original; como quien dice cuerno!) hasta que estn punto de merengue, y sin encomendarse Dios ni al diablo las mezcla con las yemas, colocando la argamasa resultante en una fuente de metal blanco (todo lo ms blanco posible) untada previamente con manteca de vacas taurinas. Con la hoja del cuchillo se arregla la pasta en la fuente hacindola que adopte cualquier forma caprichosa, como por ejemplo: un paisaje de Suiza, una corrida de toros, el Concilio de Trento, etc.; y sin ms requilorios meter la pasta en el horno la cocinera, hasta que se le ponga doradita la parte de arriba y la de abajo. La tortilla, una vez que ha estado en el horno el tiempo preciso, se siente orgullosa y se hincha mucho; entonces se la espolvorea con azcar para halagar su coquetera y se sirve inmediatamente la mesa, debiendo apresurarse los comensales concluir con ella (no con la mesa), pues si dejan que baje la hinchazn, ms bien que una tortilla soufle creern que se comen una boina en mediano uso. BUUELOS DE CREMA Copio lo siguiente de una receta que se han dignado facilitarme: Se toma medio kilo de arena (esto es sin duda una equivocacin del original, pues debe decir harina). Se desle con tres huevos y seis yemas (que vienen ser nueve yemas y tres claras), un poco de limn de naranja de la poca actual, medio cuartillo de nata (sin flor), otro medio de jugo lcteo de ubre de vaca conservadora y cien gramos de azcar en dulce. Se pone todo coser (otra equivocacin: debe decir cocer, porque en esto no caben costuras). Cuece diez monitos (lase minutos); y espesada la crema, se extiende sobre una moza (debe ser mesa) de mrmol espolvoreada de harina, dejndola del grueso de una pulga (indudablemente es pulgada). En cuanto la musa (debe ser la masa) se ha quedado fra (para lo cual basta sorprenderla con una noticia desagradable), se corta en pedacitos que se arrullan (ser que se arrollan) entre las manos. Se echan frer en aceite de cerdo manteca de olivas (esto debe de estar tergiversado) y se espolvorean con azcar bien mullida (ser molida?), con lo cual quedan ya los pedazos en disposicin de comerse. Unos otros? No. Querr decir que quedan en disposicin de ser comidos, pero esto es innecesario consignarlo, porque qu otro uso puede dedicar ningn cristiano los buuelos de crema? TORTAS DE MANTECA Cogemos al azar una receta con el fin de comentarla y nos encontramos que dice as: Para hacer las tortas de manteca se necesita media libra de manteca, media de azcar, cuatro huevos y dos jcaras de vino blanco. Se amasa todo con harina, se corta la masa, se hacen tres agujeritos (eh?), se untan de huevo batido con azcar y se llevan al horno. COMENTARIOS: 1. Es muy justo que en las tortas de manteca se reserve la manteca el papel de protagonista. 2. Se habla de una media de azcar. Conocamos las de seda y las de algodn; pero no las de azcar, que, por cierto, deben de congeniar perfectamente con los trajes de lana dulce. Por supuesto que, colocadas en unas buenas pantorrillas, se bastaran por si solas para constituir un postre de rechupete, aun sin manteca. 3. Despus siguen cuatro huevos. Vienen constituir la escolta de la manteca y de la media. Si hasta parece que estara mejor decir: cuatro huevos y un cabo! 4. Las dos jcaras aludidas, mejor que de vino blanco, seran de loza blanca y, ser posible, no hurfanas de asa. El vino ocupar precisamente la parte interior de las jcaras. 5. Respecto la harina, suponemos que, aunque no lo especifica la receta, deber ser de arroz de trigo: porque la harina de linaza no le "dira" del todo bien, adems de que sa ya sera harina de otro costal. 6. Se amasa todo. Con qu? Con paciencia. Luego se corta la masa. Esto no quiere decir que la masa se echa perder. Es que hay que hacerla piazos; Y con qu? Lo ms adecuado es el cuchillo. Si no le hay, puede usarse el hacha, lo sumo la piqueta. Nos encontramos luego con la sorpresa agradable de que hay que hacer tres agujeritos. Cielos! Para qu sern? Y dnde habr que hacerlos? En la masa? En la cocinera? En la pared? Vaya usted saber! Despus se le unta con huevo abatido la torta (as como si furamos afeitarla), y quieras que no, y puesto que ella por su pie no ira nunca, se la conduce al horno, del horno la mesa y de la mesa la boca. Despus... despus no le queda que hacer al comensal ms que relamerse de gusto, y si an le parece poco, relamer toda la familia. ROSCA DE ALMENDRA Llegada nuestro poder la receta de este plato, vemos que dice al pie de la letra lo siguiente: "Obtngase media libra de jamn cocido antes, media libra de ternera, tambin cocida, y un cuartern de almendras machacadas. Se une todo con seis huevos batidos, y si est bien de sal, se hace una rosca y se fre en manteca (que la cocinera tendr muy fuerte), despus de rebozada en pan rallado hasta que se quede muy doradita." Y ahora vienen las aclaraciones: 1. No especifica la receta cunto tiempo antes deber estar cocido el jamn nuestro juicio, no debe pasar de tres cuatro aos. 2. La ternera deber estar cocida tambin, para evitar envidias. 3. Aunque no expresa con qu han de machacarse las almendras, recomendarnos el mazo el almirez. El puo cerrado no es propsito, y la cabeza, no siendo completamente calva, presenta inconvenientes capilares para la maceracin. 4. Los huevos que hayan de ser batidos (parece que se trata de un grupo de insurrectos) han de estar frescos. Para estas batidas es necesaria mucha frescura. 5. El que est bien de sal, para lo cual slo es competente el paladar de la cocinera, depende del estado de nimo en que sta se encuentre. 6. El hacer la rosca es cosa ms grave de lo que parece, y sobre este punto son muy delicadas las aclaraciones. 7. Respecto la manteca no dice la receta de qu animal ha de ser; pero la vaca el cerdo son los ms indicados. Emplear manteca de cocodrilo de recaudador de contribuciones sera un disparate maysculo. 8. juzgar por el texto de la receta, no se sabe si es la cocinera quien hay que rebozar para que quede doradita; pero debemos presumir que es la rosca. Finalmente, una vez hecha la rosca en la cocina, lo que procede, es deshacerla en el comedor. Tejer y destejer! Esta es la vida! BIZCOCHOS FRITOS Primero hay que dirigirse una confitera decente, pedir bizcochos de soletilla y pagarlos (si se puede). Una vez comprados los bizcochos y puesta la lumbre una apreciable sartn provista de manteca de vacas reformistas, se prepara una crema clara con vistas natilla espesa, y no decimos cmo se hace sta porque desde el presidente del Consejo de ministros hasta el golfo ms modesto, saben lo que es una natilla, cuntos son sus componentes y cul su importancia en la sociedad. Pues bien, la parte inferior plana de cada bizcocho, puesta hacia arriba, se cubre honestamente con una cataplasma de crema, la cual se abriga con otro bizcocho que colocado encima le sirve de tapadera inamovible. Dispuestos los bizcochos por parejas como los guardias de seguridad (aunque con la diferencia de que stos no les une crema ninguna), se van echando en la ya mencionada manteca lquida y all se fren. Qu menos se puede exigir unos bizcochos flotantes! Segn van estando fritos se trasladan de la sartn la fuente y de la fuente al plato y del plato la boca. Los bizcochos fritos constituyen un postre muy agradable, como podra confirmarlo, si viviera, el emperador Carlo-Magno, que los coma, segn cuenta la historia, siempre que realizaba alguna conquista, y le agradaban tanto, que no slo se chupaba los dedos, sino que obligaba todos sus soldados que se los chupasen. SAMBAYONG DE JEREZ Se coge por el rabo un cazo alto y estrecho y se echan en l tres copas de Jerez, cuatro yemas de huevo, media copa de coac Martel tres estrellas (esto no quiere decir que se echen tres estrellas en el cazo; alude la marca del coac) y cien gramos de azcar fina y corts. Encima de la plancha del fogn (porque debajo estara incmodo) se coloca el cazo, y su contenido se mueve con unas banderillas de mimbre, sin parar hasta que la mezcla se ponga espumosa, fina y doble que cuando se ech en el cazo. (Es decir, que del cazo han de salir despus del movimiento ocho yemas, seis copas de Jerez y una copa de coac Martel seis estrellas.) Se retira la mezcla del calor bochornoso de la plancha y se sirve en unas tazas de ponche (si no las hay de porcelana), antes del plato de asado, constituyendo un manjar que ya lo hubieran querido para los das de fiesta los emperadores romanos y los arzobispos etruscos. Se cuenta que No y su familia ya tomaban sambayong en el arca; pero como carecan de tazas, lo tomaban todos la vez en un artesn. Puede hacerse tambin el sambayong con champagne, vino blanco, tinto, ron, chartreuse y otras hortalizas. Con lo que no debe confeccionarse es con petrleo, ni con betn del calzado, porque estos ingredientes pudieran tal vez no ser gratos algunos paladares. PANECILLOS DEL SANTO Me refiero los que se muestran la intemperie, no los exquisitos fabricados en las confiteras de Madrid para casa de los padres. Saben ustedes cmo se confeccionan los toscos panecillos callejeros? Pues as: Primero se encomienda uno San Antn y su mantecoso secretario particular, y despus, si no se tiene barro mano, manda uno por barro un pantano prximo. Obtenido el barro y colocado en un perol muy grande, se le echa para cada kilo medio cuartillo de bencina, dos cucharadas de cal hidrulica y cien gramos de pan del ao 56, despus de machacarlo con una cabeza cualquiera y de pasarlo por un colador sin agujeros. Puede tenerse preparado un horno fuerte; pero para destinarlo otra cosa, porque los panecillos no necesitan ms que el fuego eterno. Se les hierra en fro. Bien revueltos los antedichos ingredientes para lograr su posible trabazn, se hace con la masa gran nmero de albndigas, sobre las cuales permanece sentada despus, durante diez minutos, la familia del fabricante, y una vez que hayan adquirido por tal medio su achatada figura, se procede la unin de todos en forma de montaas y su revoque inmediato. Los destinados pasar por panecillos de limn llevarn una capa de yeso blanco y los llamados de canela recibirn un bao fro de carmn barato. Despus se les pone secar al sol por espacio de tres das, y una vez obtenida la necesaria dureza (que se probar con unos cuantos tiros de revlver), se les coloca para su venta sobre una mesita de pino con faldamento de percal planchao. Del santo clico subsiguiente se encargarn ellos solos; porque hasta hay quien los come, demostrando un valor sin lmites. Pero comnmente los compran como materiales de construccin, y en particular para emplearlos mezclados con la grava en el afirmado de carreteras. CANTARES DE UN GOLOSO I Quisiera yo ser un santo para ir al cielo, en un vuelo, porque all ser un encanto comer tocino del cielo. II Hay dos cosas en el mundo que me parecen muy bien: la jalea de guayaba y el jaleo de Jerez. III No creas que est empeado el traje que ayer me has visto: es que era de lana dulce y anoche me lo he comido. IV Porque l sea almibarado no gruas, madre querida, que de ese modo su lado ser ms dulce mi vida. V De los hijos de mi patria nadie el arrojo discute. Qu no ha de dar una tierra que tuvo un general Dulce! VI En un convento de Ostende hay capuchinas muy finas, y aqu Martinho las vende. Ol por las capuchinas! VII Anda el goloso Cernuda tras la tartamuda Marta. No la quiere por lo muda, que la quiere por lo tarta. VIII Mira que te come el coco! me decan de pequeo, y hoy soy yo quien se lo come: lo que _cambean_ los tiempos! IX Anda y vete de mi vera, borracho de los demonios. Qu lstima que tus padres no te hayan hecho bizcocho! X Madrecita de mi alma, dara yo mi fortuna porque estuviese admitido tomar la miel con azcar. XI As como algunos dicen: Recontra! Concho! Carape! yo grito cuando me enfado: Recoco! Acitrn! Guirlache! XII Tu dorada cabellera vale, nia, un dineral, pero ay! el cabello de ngel vale muchsimo ms. XIII Dicen, al verme tan loco, y al verte, nia, tan fresca, que yo parezco demente y t pareces de menta. XIV No toco ms los dulces que suele ofrecer Pilar. La ech mano un limoncillo, y me di una _bofet_! _Platos especiales_ MERLUZA DE CERDO un cuartillo de leche de burras, que haya cocido por espacio de diez minutos en un embudo de metal, se le agrega un manojo de perejil moscado, quince gramos de leja Fnix, una jcara de creosota y seis metros de canela en rama, haciendo hervir toda esta mezcla hasta que quede reducida la nada. Cuando ya no exista ni rastro de todo ello, se compra una liebre de buenos antecedentes y se prensa todo lo posible colocndola debajo de una nodriza montaesa, despus de sacarla los ojos. Al mismo tiempo se tendrn partidos en rodajas dos pepinos de Amrica y dos pias de Legans, viceversa, cuyas rodajas se rebozarn con belladona y se tendrn en el bao de Mara Santsima por espacio de tres meses, hasta que la liebre prensada haya procreado debajo de la nodriza. En seguida se machacan en un mortero dos tres berenjenas y se vuelcan en un cuartillo de limn helado, cuidando de que no se inflamen. Se pasa todo esto por un tamiz y se le introduce la liebre en las entraas, cosa que agradece mucho el animal, porque le produce cosquilleo en los hipocondrios y se los refresca. Colocada la liebre en una fuente de Lozoya y rodeada de la pia, de los pepinos y de unas cuantas cucharadas de orujo recin ordeado, se sirve los comensales, que no recuerdan, seguramente, haber probado en su vida un plato como la merluza de cerdo. BACALAO DE TERNERA Despus de encomendarse las once mil vrgenes, se cra con mucho cuidado y no menos leche una ternera de buena familia. Se la ceba, se la hace exhalar el postrer suspiro, cuando menos lo espere, y se la descuartiza con exquisita amabilidad. Al propio tiempo, y en establo aparte, se cra con gran solicitud un abadejo nacido en cuna humilde, si que tambin hmeda. Igualmente se le ceba, se le decapita, cortndole la cabeza, y se le baa en agua de rosas, despus de sacarle la raspa, pero sin tirarla, porque luego puede aprovecharse para hacer tortilla las finas raspas. los mencionados trozos de ternera se les pica severamente, y se les mezcla en un periquete con perejil vegetal, comino rstico y nuez amoscada, formando con todo ello una cataplasma muy apreciable. Previamente se habrn puesto la lumbre unas parras pequeas (parrillas, que decimos los cocineros cultos), y cuando rompen ellas cocer se las cubre con tocino de bacalao, dividido en trozos del tamao ordinario de las medias suelas. Encima de cada trozo se coloca una pellada de picadillo de la ternera, y encima otra suela de bacalao modo de tapadera y con sus bisagras correspondientes. Se churruscan estos paquetes mixtos, que tanto gusto dan los aficionados promiscuar, y se les da la vuelta con la mano izquierda (para no achicharrarse la derecha) hasta que queden doraditos. En seguida se trasladan por su pie una fuente ms ancha que mi conciencia y ms larga que mis alcances, aunque no tan honda como mis penas. Y una vez la fuente sobre la mesa, los comensales son muy dueos de tomar dejar el contenido de aqulla, debiendo preferir dejarlo, si quieren seguir caminando por el sendero de la vida. El inventor del bacalao de ternera fu un padre agustino que haba sido cocinero antes que fraile, y se lo estuvo poniendo su comunidad todos los viernes de cuaresma, hasta que cierto da, cantando las tinieblas, falleci consecuencia, precisamente, de un clico miserere. O miserable, como dice mi portera. PICADILLO DE CERDO VIRGEN LA CONSTANTINOPOLITANA Se comprarn dos kilos de lomo de cerdo turco. Y se pagarn, si es posible. Sobre un tajo de tamao natural, sobre la cabeza del recaudador de contribuciones ms prximo, ser picado el lomo con esmero y con una badila. Una vez picado (slo una), ser conducido al fondo de una cacerola untada de antemano con aceite de ricino y ser condenado al fuego de la hornilla por espacio de diez minutos, tapando bien la vasija con un cartapacio de cuero. En otra cacerola se habrn echado (quiz por efecto del cansancio) un pimiento sin rabo, un ajo sin cara, veintinueve piones con su cscara, dos cucharadas de aguardiente alcanforado y veinte centmetros de papel de Armenia. Se mover todo esto por espacio de veinticuatro horas con un peine, hasta que haga espuma (si es que quiere hacerla), y aadindole medio kilo de arrope y unas raspaduras de catre de tijera, se dejar reposar la pasta resultante. As que haya reposado, se la filtrar por una servilleta por un chaleco de Bayona, depositndola inmediatamente en una sartn, sobre fuego lento, pero continuo. Ya en ebullicin, y cuando menos lo espere, zas! se la sorprende con los dos kilos de lomo de cerdo y no se interrumpe la coccin sino para aadir una caa de manzanilla y dos cucharadas de manteca fresca de literatas suizas. Se deja enfriar todo el guiso, y los ocho das puede tirarse, servirse, para lo cual ser colocado, con toda la coquetera que exige el cerdo, sobre una fuente cualquiera, como la de la Teja la del Berro, en la seguridad de que los comensales que tengan valor para probar el tal plato no lo tendrn seguramente para repetir. Este picadillo, que resulta excelente, era por cierto uno de los manjares favoritos del Gran Turco, que lo tomaba siempre que sala pelear contra los cristianos comprarse calcetines de algodn. MOJAMA AL CHANTILLY Ante todo, se santigua uno y pone su alcance los elementos siguientes: 50 centmetros de mojama fresca, cuatro ajos (sin puos), un pedazo de cola de carpintero, veinte gramos de cacahuet de Abisinia, medio cuartillo de vinagre de yema y otro medio de leche de burra, dos hojas de escarola, dos cascarones de huevo y una cucharada de polvos insecticidas. Se parte la mojama en 500 pedazos iguales con un serrucho, se los macera con un paraguas, y revueltos con tomate en rama y chocolate sin canela, se les coloca sobre la hornilla dentro de una sombrerera de cartn. As las cosas, mezcla uno la leche de yema con el vinagre de burra, viceversa, y lo pone enfriar al sol. En un plato, aparte, se baten las hojas de escarola hasta que levanten espuma, y entonces se les echa cuatro ajos (aunque haya seoras delante) y se les hace pasar por un tamiz de pleita mal humorada. Mtese luego la cola en una cesta de mimbres seguida de los cascarones. Mzclase todo lo referido y tpase con una mitra episcopal bien untada de cerato simple. Se mete en el horno la sombrerera despus de echarla dentro unos cuantos polvos, y as se tiene el tiempo necesario para que se reblandezca y suelte todo el jugo. Transcurridas dos semanas, se saca la sombrerera del horno; se vierte el guiso en una fuente tan honda como mis pesares y se coloca sobre la mesa, porque colocarla debajo sera un desatino. Alrededor puede ponerse una bonita coleccin de picatostes rbanos tostados, cisco de retama. El que una vez prueba este plato, luego no sabe ya comer otra cosa. Por lo bueno que lo encuentra? No; porque fallece! TODO AQUEL LECTOR QUE HUBIERE COMIDO As como me tom la libertad de ofrecerte en las primeras pginas de este trabajo y guisa ( ms bien guiso) de prlogo unas cuantas advertencias para antes de comer y durante la comida, aqu debera yo cerrar mis desahogos culinarios con otras tantas observaciones higinico-sociales relativas lo que debes hacer despus de haber comido. Pero la falta de espacio por un lado y lo delicado del asunto por otro, me impiden cumplir contigo como quisiera, limitndome darte este par de consejos de ltima hora: No te dediques trabajos intelectuales ni materiales despus de haber comido. Antes, tampoco. Si se te hace penosa la digestin de la comida, no quieras procurarte el alivio con lomo adobado, sino con magnesia efervescente, no ser que lo que te d guerra sea tinta de calamares, pues en este caso no hay nada como las empanadillas de papel secante. Ignoro si existe disposicin alguna eclesistica, civil militar que determine con fijeza el tiempo que los residuos alimenticios han de permanecer formando parte de nuestro ser por la parte de adentro. As, pues, haz respecto este punto aquello que buenamente puedas, dejando llegar los acontecimientos por sus pasos contados, siempre que una demora excesiva no te obligue hacer lo que los delegados de la autoridad en los _meetings_ tumultuosos: desalojar el local por medios violentos, para lo cual suele hacer falta Dios y _ayuda_, y acaso las penas del _purgatorio_. Antes de poner el punto final (porque despus no sera posible) voy decir dos palabras, slo dos palabras, respecto al _aprovechamiento de las sobras_, cosa de suma importancia en las casas particulares, aunque no tanto como en los establecimientos pblicos. Casi todos los residuos de las buenas comidas son aprovechables; y hay cocineras, y aun seoras apaaditas, que hacen con ellos verdaderas diabluras en alas de la ms laudable economa. Al da siguiente de celebrado un banquete, son de rigor las tan renombradas croquetas las no menos aplaudidas albndigas, que llevan al nimo del comensal gratos recuerdos del pasado festn amargas remembranzas de la indigestin que tal vez di lugar. La ropa vieja, la menestra complicada, la tortilla misteriosa y el arroz con incrustaciones indescifrables, son platos impuestos por el furor _aprovechatorio_ de las seoras arregladas. muchas personas les repugna comer en las fondas por temor de que en el _menu_ figuren manjares usados. Y figuran con desconsoladora frecuencia. En nuestros domicilios tampoco es conveniente arrojar la basura los sobrantes de las comidas con el ftil pretexto de que ya han servido una vez, cuando puede hacerse con ellos, disfrazndolos convenientemente, variados platos de fantasa. Pero no hay que sacar de quicio las cosas, como cierta seora que slo con el caparazn de un pollo simptico y las raspas de una merluza distinguida quiso hacer un soberbio timbal de macarrones, y no pudiendo lograrlo, se conform con aplicar aquellos ingredientes la confeccin de unos bollos para tomar el chocolate, que, segn su autora, la supieron gloria, pero que al da siguiente se la llevaron la tumba fra, en unin de una criada y un gato, copartcipes del famoso arreglo. Con esto, lector querido, y con desear que no se te indigesten las presentes pginas, tan desprovistas de sal, doy fin mi trabajo, te saludo y me retiro modestamente por el foro. LTIMA HORA ME HAN MATADO! No sabes lo que me ocurre, queridsimo lector? Pues una desgracia enorme, una desventura atroz. Soy desde chico un goloso de los de marca mayor, y sin duda por lo mucho que mi estmago abus, salen ahora mis doctores dicindome toda voz: No comas en adelante cosas que tengan dulzor y toma en lugar de azcar bicarbonato de sos[3], y ojo al Cristo, porque es grave tu presente situacin. Como madre quien separan de los hijos que cri, como frgil barquichuela que se queda sin timn, como gallo que despluman para echarlo en el arroz, como joven quien sacan quince muelas y un raign, como rgano que queda sin fuelle, como reloj que pierde la maquinaria, as me he quedado yo! Ya para m qu es la vida? Una desesperacin. Se me antoja un pastelillo? Tengo que exclamar:--Horror! Y en lugar de aquellas cremas da feliz recordacin, tengo que comprar guindillas mojama coliflor. Crees que puedo llevar trajes de lana _dulce_? Ya no. Ni admito ya de mis novias dulces miradas de amor, ni tengo la buena _pasta_ que siempre me distingui, ni me como _como enantes_ diez duquesas de un tirn. Nada de hablar en _finstico_ ni de vestir _comme il faut_: ser un chico _almibarado_ sera mi perdicin! El busto del general Dulce, que en un velador de mi casa est, lo tiro maana por el balcn. Y voy romper las cartas de mi prima Leonor, porque es monja _capuchina_, y quitarle mi _chapeau_ las alas _abarquilladas_. Yo barquillos? No, por Dios! Estos doctores ilustres, con el deseo mejor, me han hecho m la... receta de una manera feroz! En fin, para que conozcas lo grande que es mi temor, yo, que siempre le he pedido una muerte dulce Dios, hoy le retiro mi ruego, pues s que, en mi situacin, si tengo una muerte _dulce_... me voy poner peor! NDICE Pginas. _ todo aquel lector que tenga la costumbre de comer_ 7 Debe haber flores en la mesa? 17 Cmo se debe tomar el caf? 18 _Recetas de guisos_ (40) 19 _Poesas culinarias_: El esprrago expansivo 89 Un almuerzo 92 El bizcocho de las monjas 94 una prima tacaa 97 Comestibles 101 Una paella morrocotuda 103 Valiente tortilla! 106 Mi despensa 108 Epigramas 110 _Postres variados_ (ocho) 111 Cantares de un goloso 142 _Platos especiales_ 145 _ todo aquel lector que hubiere comido_ 154 _ltima hora_.--Me han matado! 157 LIBROS DE JUAN PREZ ZIGA Cosas, poesas y artculos. Desafinaciones, poesas. Grgaras poticas, poesas. Guasa viva, poesas y artculos. Pampiroladas, poesas. Piruetas, poesas y artculos. Zuigadas, poesas. (No se halla la venta.) Cosquillas, poesas y artculos. Cocina cmica, recetas y otras cosas. Paella festiva, poesas. OBRAS TEATRALES (EN UN ACTO) La mana de pap, juguete cmico. Felicidades!, juguete cmico. El seor Castao, zarzuela. Viva la Pepa!, zarzuela. Los tos, zarzuela. El quinto cielo, pasillo lrico. Las goteras, zarzuela. La lucha por la existencia, fantasa lrica. El salva-vidas, juguete cmico. La india brava, zarzuela cmica. El mrtir de las veladas, monlogo. Las obras 5., 6., 7. y 8., en colaboracin con don Jos Daz de Quijano. Cocina cmica se halla de venta en las principales libreras al precio de 2 pesetas. Los pedidos casa del autor, calle del Fcar, 19 y 21, la Administracin del _Madrid Cmico_. NOTAS: [1] Las obras ms curiosas que yo conozco entre las del gnero, son el _Manual del perfecto deshuesador de guindas_, escrito por el ilustre pinche francs Mr. Marron, y un _Tratado terico-prctico de la restauracin de las alcachofas usadas_, debido la infundiosa pluma de D. Primitivo Cogolludo, manchego. [2] Debe decir "centmetros". [3] a. End of the Project Gutenberg EBook of Cocina cmica, by Juan Prez Ziga License: Share Alike